Universidad de Navojoa
Escuela de Teología
“PREDICANDO CON PASIÓN”
Reporte de lectura
Trabajo presentado en cumplimiento parcial
de los requisitos de la materia
de Taller de Homilética
Por
Miguel Ángel Licea Morales
19 Marzo del 2020
Reporte de Lectura:
Montoya Alex. (2003). Predicando con pasión. Michigan: Editorial
Portavoz. 156 págs. Leídas.
James D. Crane. (2003) El sermón eficaz. CASA BAUTISTA DE
PUBLICACIONES
45 págs. Leídas.
Introducción
La predicación es apasionante porque tiene que ver con la naturaleza
misma de Dios y la expresión de su amor por la humanidad. La actitud en el
estudio y en el pulpito, aunque similares son diferentes. Estudio es el
descubrimiento de la verdad y el pulpito el lugar donde se imparte esa verdad.
Si alguien puede permanecer en el púlpito y lograr que la Palabra del
Dios vivo suene seca y aburrida, debe sentarse y dejar que alguien más
predique.
Debemos estar al tanto de nuestra audiencia antes de predicarles y
durante. No estar conscientes de ello, nos lleva a predicar sermones que nadie
necesita oír o a predicar en forma tal que nadie nos quiere oír.
Pasión es poder, impulso, energía, vida al entregar el sermón. Y esta se
origina en el corazón de Dios y se procesa en el corazón del hombre. Dios es
un fuego que consume, de impresionante poder. Cuando Él habla, la tierra
tiembla. Si vamos a sacudir los corazones de los hombres, debemos ser
canales a través de los cuales Dios pueda llegar a esos corazones.
Debemos ser vasos listos y preparados para ejecutar la voluntad de
Dios.
1. Predique con poder espiritual
“Dios trabajando en nuestras vidas”
El secreto para predicar apasionadamente es el poder espiritual. El
poder espiritual viene cuando nos damos cuenta de lo indigno que somos para
predicar y de la necesidad de depender totalmente de Dios. Contritos de alma,
confesión de pecados, comunión con el Salvador, comisionado y controlado por
el Espíritu, consolación de los santos.
Leer las escrituras, meditar en las palabras de Dios, orar
constantemente, crecer en el amor por el Salvador, adorar privada y
públicamente, ayunar y ejercitar la humildad.
2. Predique con convicción
“Al predicador que tiene interés en su tema, siempre se le
escuchará”
La Biblia está repleta de ejemplos de hombres y mujeres que se
mantuvieron firmes en lo que creyeron, que estuvieron dispuestos a sufrir
daños indecibles por sus convicciones, y que aun estuvieron dispuestos a morir
por lo que creyeron que era correcto.
El objetivo primordial de estudiar teología es ponernos al tanto de las
verdades contenidas en las Escrituras y entender la manera en que afectan a
la humanidad. Desdichadamente la teología puede ser estudiada solamente
para propósitos académicos, y consecuentemente se predicar á en esa misma
forma. Un profesor de teología, carente de espíritu, produce predicadores
teológicos carentes de espíritu. Si la teología es la verdad, la teología bíblica
debería hacer arder nuestros corazones como a aquellos discípulos de Emaús
(Lc. 24:32).
La convicción de verdades bíblicas empieza con nuestra exégesis, con
nuestra te‐diosa tarea preliminar de procurar entender qué es lo que el pasaje
de la Biblia significa, qué es lo que quiere decir. El texto a predicarse debe ser
completamente analizado para que podamos responder cualquier pregunta
relacionada con él. Debemos sentir que hemos entendido exactamente qué es
lo que el escritor quiso decir.
3. Predique con compasión
“Predicar es un alma rogándole a otra reconciliación con Dios”
¿Pueden mirar con confianza a las personas que están en miseria y no
percibir que les están pidiendo ayuda? Nuestra predicación no está avivada
porque procede de un corazón de piedra. La verdad es que predicamos por
razones erróneas. Nuestra meta es muy baja. Si fuéramos francos con nosotros
mismos, nos daría vergüenza admitir nuestros verdaderos motivos para
predicar, que no es traer bálsamo espiritual a la afligida grey del Señor. No, los
motivos por lo general son menos nobles, más carnales, más egoístas y más
mercenarios en naturaleza.
La predicación apasionada y poderosa se caracteriza por compasión por
las personas. La compasión es sentir lo mismo que los otros, llevar sus cargas,
participar de su dolor, llorar cuando ellos lloran. La carga que sentimos por
otros es lo que produce pasión en nuestra predicaci ón. Predicar no es un fin en
sí mismo; es un medio para lograr un fin. Predicar es tan solo uno de los
muchos propósitos espirituales que Dios ha ordenado para poner al mundo en
armonía consigo mismo.
4. Predique con autoridad
“Enseñar con autoridad se aprende de Cristo, no de los
escribas”
Acudimos a la psicología, historia, y sucesos actuales para verificar
nuestro mensaje. Si un hombre no está acostumbrado a investigar por sí
mismo en la Biblia y formar sus propios juicios de su significado, de sus
enseñanzas, cualquier otra cosa que posea tendrá muy poco poder vital para
convencer a los demás.
Necesitamos predicar la Palabra, no lo que la gente diga acerca de la
Palabra. La autoridad se fundamenta en la Palabra de Dios, no en las
enseñanzas de hombres. Hable como un creyente, como un embajador, como
un santo, como un erudito, como un hábil artista. No se puede predicar
apasionadamente ni con autoridad sobre lo que no se cree personalmente con
todo el corazón.
Un predicador autoritario no merece ocupar el púlpito, tampoco lo
merece el hombre que carece de autoridad, un hombre que no ha sido enviado
por Dios. Predique con autoridad, hablando como un verdadero creyente en lo
que predica, como un enviado de Dios, como un venerable santo que conoce a
Dios, como una autoridad en la materia, como uno preparado para persuadir y
convencer, como alguien que dice: “¡Tengo un mensaje de Dios para ti!”.
5. Predique con sentido de urgencia
“Cada sermón predicado como si fuera el último”
“Súplica urgente a un mundo perdido”
Las almas necesitan ayuda desesperadamente. El mundo, la carne, y el
diablo están haciendo estragos en las almas de las personas. El fuego eterno
que trata de consumirlos es tan mortífero. Hay una sensación de urgencia
alrededor de nosotros ¿Cómo podemos ser indiferentes y apáticos?
Predicar con mayor sentido de urgencia es tener un propósito específico
en nuestra predicación. Mi mensaje debiera tener un propósito específico qué
entregar y debería esperar una respuesta concreta de mi gente. Cada
participante en cualquier actividad espera lograr algo. El centro delantero tiene
en mente anotar un gol; el portero, detener el balón. Y nada de esto se logra
por un mero esfuerzo rutinario.
Hay una grave carencia del sentido de urgencia hoy día. Por alguna
razón muchos de nosotros la hemos perdido o nunca la tuvimos. Si vamos a
tocar los corazones de la gente, debemos inculcar en ellos los asuntos urgentes
de la vida por medio de una manera de hablar urgente. Si esto no los mueve
tal vez nada lo hará, pero habremos hecho nuestro mejor esfuerzo.
6. Predique con quebrantamiento
“Los grandes predicadores son forjados en el horno de la
aflicción”
Cuando nuestro corazón está quebrantado, entonces aprendemos a
predicar a otros cuyos corazones también lo están. La predicación es para
alcanzar corazones duros y sanar corazones quebrantados. Y eso se logra
cuando el predicador también ha atravesado por su propio valle de aflicción.
El quebrantamiento es un requisito para ser fuerte y vigoroso y así llegar
a ser un predicador apasionado. Una lágrima en los ojos y un corazón dolido le
proveen una rara elocuencia a la predicación. Humildad, Fe y dependencia,
compasión y amor, realidad, sobriedad, justa indignación, denuedo.
7. Predique con todo su ser
“Un hombre muerto no resucita a otro hombre muerto”
La comunicación efectiva solamente puede ser lograda cuando usamos
todo nuestro cuerpo para expresar nuestro mensaje. El Evangelio es un
evangelio proclamado. De ahí que un sermón nunca es un sermón sino hasta
que se entrega. Un ministro nunca es un predicador sino hasta que el mensaje
es comunicado a otros.
El predicador debe sumergirse profundamente en su tema y en su
audiencia. Aprenda a predicar usando todo su cuerpo. Las expresiones faciales
del predicador pueden afirmar y confirmar una verdad en maneras que ni el
argumento ni la ilustración pueden hacerlo. La predicación apasionada lo
demanda. El predicador se da a sí mismo, corazón, ojos, voz, brazos y torsos.
Sea franco y sea usted mismo. Permita que las grandes verdades dominen su
corazón.
8. Predique con imaginación
“Palabras de poder, figuras de lenguaje, ilustraciones e
historias”
La predicación apasionada por naturaleza es imaginativa, llena de color
y estimuladora porque procede del corazón, el asiento de las emociones. La
predicación producida en la cabeza es abstracta, la del corazón es concreta. La
predicación originada en la cabeza es fría, la del corazón es viva y emotiva.
El oyente no tiene el lujo de volver a leer el párrafo. El escucha la verdad
solo una vez, y si no le dice nada de tal forma que haga un efecto en su
corazón, no tiene una segunda oportunidad.
Cristo atrajo a las multitudes, habló el lenguaje de la gente en forma
concreta y vívida, nunca en términos abstractos; y que habló “desde el mismo
nivel que el de ellos”. Jesús estaba interesado en sus problemas, pero como
sus palabras muestran, también estaba interesado en sus hogares, su pesca,
su siembra, su comercio, su vida familiar; en los panaderos, los sastres, los
pastores, y en todos los demás.
Conclusión
¿Por qué el diablo habrá de tener todos los grandes comunicadores?
¡Predicador, nosotros tenemos la verdad! ¡Tenemos la Palabra de Dios!
¡Tenemos la orden de predicar la Palabra! ¿Por qué no predicarla apasionada y
poderosamente? El futuro de la iglesia depende de ello. Las vidas de nuestros
oyentes están puestas en la balanza, cuyo sostén es nuestra predicación.
Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber
realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié. Is.
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