Rebeca
Rebeca
Rebeca fue una matriarca bíblica cuya historia viene narrada en el libro del Génesis. Fue
la mujer de Isaac, hijo de Abraham, quien mandó a su criado Eliécer hasta tierras de
Mesopotamia para encontrar a la mujer de su hijo Isaac. Fue madre de los gemelos Esaú
y Jacob, éste último elegido por su padre Isaac gracias a la mediación de su madre
Rebeca.
Proverbios 4:27
Ella...
1. En Génesis 24:1-9 Abraham habla con su criado Eliezer (15:2) ¿Qué le dice Abraham a
su criado?
~ 24:1-4
~ 24:6-9
~ Génesis 24:5
Las hijas de los cananeos – no conocían al verdadero Dios y por tanto no eran
apropiadas para Isaac.
2. En el v. 10 vemos al criado tomando 10 camellos y regalos para comenzar su viaje
hasta Nacor, en Mesopotamia. Allí hizo descansar a los camellos en un pozo de agua a
las afueras de la ciudad para esperar a las doncellas, que a esa hora salían a buscar
agua (v.11). ¿Cuál es la oración que hace Eliezer en relación a la esposa para Isaac?
(24:12-14)
“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”
4. El criado corrió hacia Rebeca y le pidió que le diera agua de su cántaro, tal y como
había orado con anterioridad para discernir cuál era la mujer que Dios tenía para Isaac.
¿Cuál fue la respuesta de Rebeca ante esta demanda? Génesis 24:17-20
5. Cuando Rebeca hubo terminado de dar de beber a los camellos, Eliezer seguía
esperando que Dios le confirmara si ella era la indicada o no. ¿De qué forma confirmó
Dios al criado que Rebeca era la esposa que El tenía para Isaac? Génesis 24:22-28
¿Te imaginas las conversaciones que Rebeca y Eliezer tendrían durante el viaje?
Probablemente ella quería tener toda la información que pudiera sobre Isaac, al que
amaba sin haber visto.
El cubrirse con el velo (v. 65), era un signo de castidad, modestia y sumisión. Esa
era la forma en la que Rebeca había decidido conocer a su esposo.
Isaac y Rebeca oraron durante 20 años hasta que pudieron tener hijos. Las
leyendas judías dicen que Jacob y Esaú trataron de matarse el uno al otro en el vientre
de Rebeca. Las circunstancias que rodearon su nacimiento fueron usadas para ponerles
nombre. Esaú se refiere a su cantidad de vello corporal y Jacob se refiere al hecho de
que nació agarrando el talón de su hermano. Jacob también tiene que ver con
“engañar”, lo cual se revelaría más tarde como una de sus características.
En Romanos 9:10-13, Pablo usa el hecho de que Dios escogiera a Jacob sobre
Esaú antes de su nacimiento como una ilustración de la soberanía de Dios:
“Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre
(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de
Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le
dijo: El mayor servirá al menor.”
Una señora le dijo una vez a Spurgeon “No puedo comprender cómo Dios pudo odiar a
Esaú” Y Spurgeon le respondió “Esa no es mi dificultad, señora. Mi problema es entender
cómo Dios pudo amar a Jacob”
Quizás no entendamos las razones por las que Dios hace las cosas, pero no nos
toca entenderlas, sólo confiar en que Dios sabe por qué hace las cosas y que su
soberanía nunca es caprichosa, sino que siempre busca nuestro bien.
10. ¿En qué circunstancias fueron Isaac y Rebeca a Gerar? 26:1-3 ¿Qué error comete
Isaac alli? Genesis 26:7-1
11. ¿Qué nos dice la Escritura sobre la forma en la que Esaú y Jacob fueron criados?
~ 25:29-34
~ 26:34-35; Hebreos 12:16
~ 27:35-36
~ 27:41
¿Cuál crees que pudo ser la influencia de Rebeca en todo esto? Recuerda Génesis
25:28.
12. Cuando vemos a Rebeca maquinando con Jacob en Génesis 27:1-29, apenas
reconocemos a aquella muchacha que Eliezer vio en el pozo y que sirvió agua tanto a él
como a sus camellos ¿Qué pudo haberle pasado a Rebeca?
Rebeca aconseja mal a su hijo Jacob para que engañe a su padre. Ya Dios le
había prometido en Génesis 25:23 que Jacob estaría por encima de Esaú, pero ella no
quiso esperar a que Dios hiciera las cosas.
Yo...
~ Si aún eres soltera, ¿qué pasos estás tomando para casarte con el hombre
adecuado? ¿Cuáles son las características que debes buscar en un hombre para poder
casarte de acuerdo a la voluntad de Dios?
2 Corintios 6:14 dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque
¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las
tinieblas?”
~ ¿Cómo tomas decisiones? ¿Tomas en cuenta a Dios antes de decidir? Aquí hay
algunos pasos para tomar decisiones de acuerdo a la voluntad de Dios:
~ Vimos a Eliezer hacer una “Oración de emergencia”, tal y como haría después
Nehemías (Neh 2:4). ¿Cómo es tu vida de oración? ¿Sólo recurres a Dios cuando
necesitas algo? Ten en cuenta que aunque las oraciones de Eliezer y Nehemías fueron
breves y puntuales, habían sido precedidas por un largo tiempo de petición al Señor
(Nehemías 1:4-11). Para llegar a Dios con las oraciones de emergencia, necesitamos
cultivar nuestra relación con El por medio de una vida de oración continua. Cuando ores
recuerda incluir estos elementos:
1. Confesión de pecado
2. Alabanza y adoración
3. Acción de gracias
4. Intercesión por otros
5. Peticiones personales
~ ¿Le temes al trabajo duro o no te cuesta esforzarte y cumplir tus obligaciones con
excelencia? ¿Qué dice estos versículos al respecto?
1 Crónicas 28:20
Salmo 31:24
Proverbios 31:17
2 Timoteo 2:1
~ ¿Luchas contra la soberanía de Dios en tu vida? ¿Crees que hay algún área en la que
Dios ha sido “injusto” contigo? Lee Jeremías 29:11; Romanos 8:28
~ ¿Tienes hijos? ¿Los estás criando piadosamente en la Palabra de Dios? ¿Hay algo que
puedas hacer para mejorar la forma en la que los estás criando?
http://www.elviajedeunamujer.com/2012/07/mujeres-de-la-biblia-3-rebeca-guia-
de.html#.V9mj55jhCM8
LOS PRINCIPIOS DE REBECA SEGÚN LA BIBLIA
(1) Cuando das generosamente, recibes más de lo que jamás creíste ser posible.
Jesús dijo: “…con la medida con que medís se os medirá” (Mateo
7:2b).Establecemos la medida de lo que recibimos en función de lo que damos. Rebeca
dio más de lo que se le pidió y recibió mucho más de lo que hubiera esperado recibir en
la vida. ¡Se convirtió en la tatatatatatatatatatatatatatatatatatatatatatatatatata-
tatatatatatatatatatatatatatarabuela del Mesías! Da lo que puedas y te sorprenderás de lo
que Dios te dará en recompensa.
(2) Cuando das desinteresadamente, tus seres queridos también serán bendecidos.
Cuando el criado de Abraham reveló quién era, sacó objetos de oro y vestidos y se los
dio a Rebeca. Pero también les dio cosas valiosas a su madre y a su hermano (lee
Génesis 24:53). Las recompensas por tu generosidad siempre sobreabundarán y
tocarán las vidas de los que están más cerca de ti.
http://www.devocionalescristianos.org/2014/07/los-principios-de-rebeca-segun-la-
biblia.html
Rebeca no parte sola, como era natural en una joven de casa adinerada. La acompañan
sus doncellas y su nodriza. Y aquí la historia cambia de escenario y vuelve de nuevo a
Isaac quien, hasta ahora, había permanecido ajeno a su propio futuro:
En la época era costumbre que el marido no viera la cara de su esposa hasta la noche de
bodas, así no es de extrañar que Rebeca se cubra la cara con premura al ver a Isaac.
Nada más se dice de la impresión que tuvieron el uno del otro, pero queda claro que
Isaac se consoló con Rebeca de la muerte de su madre, Sara.
A todo eso, Abraham volvió a tomar mujer y tuvo varios hijos más, aunque los envió a
oriente, lejos de su hijo primogénito, Isaac. Abraham murió a los 175 años. Tras su
muerte, Isaac fue bendecido por Yavé y siguió viviendo junto al pozo de Lajai Roi.
Entendemos, por los datos que nos da la historia, que Rebeca era mucho más joven que
Isaac, cuando se desposaron. Isaac tenía 40 años. Al principio Rebeca tardó en quedarse
embarazada y las malas lenguas decían que era estéril. Cuando, por fin, concibió, tuvo
un embarazo difícil:
“Chocábanse en su seno los niños, y dijo: ¿Para esto a qué concebir?” Y fue a consultarle
a Yavé, que le dijo: “Dos pueblos llevas en tu seno, dos pueblos que al salir de tus
entrañas se separarán. Una nación prevalecerá sobre la otra nación. Y el mayor servirá
al menor.” (Génesis, 25, 22-23).
Estas palabras la indican que los dos hermanos serán el origen de dos pueblos que
siempre tendrán problemas para convivir, como son los edomitas (descendientes de
Esaú) y los israelitas (descendientes de Jacob).
Finalmente dio a luz dos gemelos, el mayor Esaú y el menos Jacob. Sabido es que los
nombres no se ponían en balde, sino que significaban algo. Así Esaú vendría a significar
“el velludo o peludo” y Jacob parece ser que significa “Dios proteja”, aunque la
etimología popular relaciona su nombre con el hecho de su curioso nacimiento. Isaac
tenía entonces 60 años:
“Salió primero uno rojo, todo él peludo, como un manto, y se le llamó Esaú. Después
salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y se le llamó Jacob” (Génesis,
25, 25-26).
Estos muchachos crecen y se dedican a labores distintas, a Esaú le atrae la caza porque
es fiero y fuerte; a Jabob le atrae más la vida tranquila y el hogar. Los padres estaban
divididos, aunque Rebeca muestra claramente sus inclinaciones hacia el pequeño. Se
narra el episodio conocido de la venta de la primogenitura por un plato de lentejas como
podemos leer:
“Hizo un día Jacob un guiso, y llegando Esaú del campo, muy fatigado, dijo a Jacob: “Por
favor, dame de comer de ese guiso rojo, que estoy desfallecido”. Por esto se le dio a
Esaú el nombre de Edom. Contestóle Jacob: “Véndeme ahora mismo tu primogenitura”.
Respondió Esaú: “Estoy que me muero; ¿qué me importa la primogenitura?”. “Júramelo
ahora mismo”, le dijo Jacob; y juró Esaú, vendiendo a Jacob su primogenitura. Diole
entonces Jacob pan y el guiso de lentejas; y una vez que comió y bebió, se levantó Esaú
y se fue, sin dársele nada de la primogenitura” (Génesis, 25, 29-34).
En la propia familia hay también problemas, porque Esaú contrae matrimonio con
mujeres del país que no gustan a sus padres, antes al contrario, “fueron para Isaac y
Rebeca una amarga pesadumbre” (Génesis, 26, 35).
Por último, llegamos al episodio crucial del relato que es cuando Isaac, ya anciano, sin
apenas vista, decide bendecir a su hijo mayor antes de morir. Ruega a Esaú que salga al
campo y le prepare un buen guiso antes. Rebeca que ha estado muy antena corre a
decírselo a Jacob y no sólo eso, interviene y cambia el destino. Ordena a su hijo Jacob
que le traiga dos cabritos para que ella misma haga el guiso:
“Ahora, pues, hijo mío, obedéceme y haz lo que yo te mano. Anda, vete al rebaño y
tráeme dos cabritos buenos para que yo haga con ellos a tu padre un guiso como a él le
gusta y se lo lleves a tu padre, y lo coma y te bendiga antes de su muerte” (Génesis, 27,
8-10).
“Sobre mí tu maldición, hijo mío; pero tú obedéceme. Anta y tráemelos” (Génesis, 27,
13).
“Tomó Rebeca vestidos de Esaú, su hijo mayor, los mejores que tenía en casa, y se los
vistió a Jacob, su hijo menor; y con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y lo
desnudó del cuello; puso el guiso y pan, que había hecho, en manos de Jacob, su hijo y
éste se lo llevo a su padre...” (Génesis, 27, 15-17).
Isaac sospecha al principio, pro acaba por bendecir a su hijo pequeño, como si fuera el
primogénito. Cuando ha acabado su bendición llega Esaú, pero ya no se puede dar
marcha atrás porque las palabras han sido pronunciadas. Esaú se desconsuela y ruega
una bendición, la que sea, porque ya se sabe sin nada y le duele. Isaac entonces
pronuncia estas palabras que más que bendición parecen una maldición:
Y a partir de aquí nada más de sabe de Rebeca. Podemos imaginar que le dolería la
ausencia de Jacob, quien tuvo que pasarse mucho tiempo en casa de su tío Labán,
aunque ésa es otra historia. El propio Isaac da la autorización para la partida.
A Rebeca no se le pueden hacer sólo alabanzas; eso está claro, pero acaso sea ése su
mayor encanto puesto que se muestra como una mujer con aspectos negativos y
positivos, una mujer de carne y hueso, que a veces decide bien y otras decide mal.
Rebeca supo mostrarse como una mujer caritativa y eso gustó a Dios, quien la escogió
como esposa de Isaac. Rebeca fue también buena esposa y buena madre hasta cierto
punto, ya que demostró un favoritismo sin motivo hacia su hijo pequeño, quizá porque el
mayor presentó aún mayor voluntad que ella al casarse con paganas, quizá por otras
razones que desconocemos. El caso es que Rebeca cambió el destino y al hacerlo
sembró el odio y el rencor en el corazón de su hijo mayor, a la vez que desataba
problemas en su propia familia.
Y ella misma sufrió la condena al verse privada del hijo al que más amaba. Pero no
vamos a juzgar a Rebeca, no somos quiénes para hacerlo, acaso estaba jugando un
papel mucho más importante en la historia del pueblo escogido, mucho más importante
de lo que ella misma hubiese podido imaginar nunca. Acaso ella misma no fue quien
escogió hacer lo que hizo.
Rebeca era una persona buena, perfecta y agradable, una respuesta real de Dios. A ella
la encontraron trabajando (Génesis 24:15), dispuesta a servir (Génesis 24:18-20) y
preparada para el encuentro (Génesis 24:14-15, 18 y 58). Un ejemplo de cómo se debe
estar cuando la bendición del Señor llegue.
No hay que estar acomodado, esperando que alguien le sirva y sin preparación para
recibir lo que Dios tiene para entregarle. Quizás sea por ese motivo que los milagros
tardan en llegar para algunas personas. ¿Cómo Dios puede entregar algo precioso a
alguien prejuicioso, sin disposición y sin preparación?
El siervo de Abraham fue hasta la familia de Rebeca y le explicó el objetivo con el que
estaba en esas tierras. Su padre y su hermano no vacilaron en creer que todo lo que
sucedió hasta allí era de Dios. E hizieron que Rebeca eligiera si quería realmente ir con él
al encuentro de Isaac, y ella dijo “sí”. Dios es respetuoso y va a esperar su decisión (por
más que Él sepa cual será).
Eso demuestra que Rebeca no era solamente atractiva, bondadosa, dispuesta, diligente
y hospitalaria, sino también decidida, perspicaz y llena de fe implícita. Ella pudo ver que
todo lo que vivió en esos momentos era de Dios y actuó según Su voluntad. Cuando se
tiene el corazón abierto y se está atento a lo que Él muestra y trae, no hay dudas de la
decisión que debemos tomar.
Y Rebeca entonces, fue al encuentro de Isaac. Se casaron y comenzaron a desear tener
hijos. Pero ella era estéril, hecho que no la desanimó porque conocía al Dios a quien
servía (Génesis 25:21). Solo después de 20 años, Dios le concedió lo que tanto pidió: ella
pudo concebir y tener los gemelos Esaú y Jacob.
Un ejemplo más de firmeza y, por encima de todo, de fe. Cuántas veces usted comienza
a orar por un propósito, pero cuando no recibe la respuesta de Dios, desiste y piensa que
Él no le ama. Se olvida de que el tiempo de Dios no es su tiempo (Eclesiastés 3), que
Dios sabe el momento justo para que las cosas sucedan y que es lo mejor para su vida.
Los niños nacieron y Rebeca concentró su afecto en Jacob y, con el tiempo, Esaú llegó
incluso a desprenderse de su primogenitura (Génesis 25:33). Como Dios había prometido
que “… el mayor servirá al menor.”, (Génesis 25:23), Rebeca juntó su afecto por Jacob
con la promesa de Dios, y decidió ayudarlo para que la Su Palabra se cumpliera. Ella lo
ayudó a Jacob a engañar a su padre, Isaac, para que él recibiera la bendición que era
para el hijo mayor.
En fin, Rebeca muestra un defecto que es hacer que las promesas de Dios se cumplan a
través de sus fuerzas. ¿Usted nunca hizo eso? ¿Realmente le entregó su camino y confió
en Él para que Él hiciera (Salmos 37:5)? Dios no necesita ayuda para que Su Palabra se
cumpla. Él solo quiere que crea y confíe que Él hará.
Rebeca vivió la consecuencia de su actitud. Isaac envió a Jacob a Padan-aram para que
busque a una esposa y nunca más regresó. No hay ningún registro bíblico que indique
que ellos se volvieron a ver. ¿Cómo habrán sido los años que ella estuvo sin saber y sin
ver a su hijo amado y preferido?
-Que Rebeca sea realmente un ejemplo de vida y también de lo que no se debe hacer.
Un ejemplo de que Dios no necesita acciones personales para cumplir sus promesas y de
que hay consecuencias de lo que se hace sin el consentimiento de Dios. - See more at:
http://www.universal.org.ar/mujeres-de-la-biblia-rebeca-mujer-firme-y-preparada-para-
las-promesas-de-dios#sthash.LZrE2agS.dpuf
Abraham es una imagen espiritual de Dios Padre; el siervo Eliezer es figura del Espíritu
Santo; Isaac, el Mesías; Rebeca, la Novia de Cristo (el Ungido, el Mesías).
Dios ha enviado al Espíritu Santo a buscar en la Tierra a todos aquellos que quieran ser
parte dela Novia. Los que aceptan deben estar dispuestos a dejarlo todo por él. (Isa.
48:20; Isa. 52:11; Jer. 51:6, 45, 50; 2 Cor. 6:17; Apoc. 18:1-4; Apoc. 21:1-2; Heb. 12:22).
Así como lo hizo Rebeca, los redimidos saldrán de Babilonia (el sistema del mundo) y
vendrán a ser parte de la Novia de Cristo.
Génesis 24 es un rico capítulo Bíblico en donde podemos apreciar las cualidades que
adornan el carácter discreto de Rebeca, la ayuda idónea que Dios preparó para Isaac, el
hijo de su amigo Abraham. Aunque los seres humanos somos imperfectos, dentro de sus
inevitables limitaciones ...
El capítulo 24 del Génesis es una de las más bellas y conmovedoras páginas de todo el
Antiguo Testamento. Me es difícil leerlo sin que se me humedezcan los ojos. Si sabemos
leer entrelíneas, podremos adivinar en su parco relato las cualidades que adornan el
carácter discreto de Rebeca, la ayuda idónea que Dios preparó para Isaac, el hijo de su
amigo Abraham. Aunque los seres humanos somos imperfectos, dentro de sus
inevitables limitaciones, Rebeca era la mujer más adecuada para ser madre del padre de
las doce tribus, esto es, de Jacob, y madre de dos pueblos que serían rivales. (Nota 1)
5.«El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra.
¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste?» En las sociedades patriarcales de la
antigüedad era responsabilidad del padre encontrar novia para su hijo, así como también
novio para la hija. Era su responsabilidad asegurar que se perpetuara el linaje familiar y
que el hijo forme un hogar, que es la base mas sólida para su vida adulta y el mayor
logro de un hombre. Lo sumo de la hombría, en verdad, está en formar una familia
propia. En nuestros días esa meta, ese propósito humano superior, ha sido descartado
en beneficio de un individualismo miope. En consecuencia, los hombres se despojan a sí
mismos, mutilan un aspecto valiosísimo de su naturaleza varonil. Las relaciones con la
mujer se han vuelto pasajeras, ocasionales, superficiales, y no conducen a nada sólido y
estable. ¡Cuánto pierden ellos y ellas en calidad humana!
Así como el destino de la mujer es ser madre —y eso está inscrito elocuentemente en los
órganos para gestar que la naturaleza le ha dado— el destino del hombre es ser padre,
tal como Dios es Padre. La paternidad conjunta de hombre y mujer es una de las leyes
básicas de la vida humana. Negarla, bloquearla, es rebelarse contra Dios. Es cierto que
hay circunstancias que pueden negar a un hombre o a una mujer la oportunidad de
ejercer ese don —y son más frecuentes en el mundo moderno que en el antiguo— pero
no habiendo obstáculos insuperables, ellos sólo pueden renunciar a esa responsabilidad
por un fin más alto o por consideraciones de mucho peso.
Si bien, como se ha dicho, el matrimonio era entonces decidido por los mayores, los
padres temerosos de Dios no imponían su decisión a la hija casadera sino respetaban su
voluntad y buscaban su consentimiento. De ella dependería en este caso irse o no con
Eliezer. Podría objetarse que los parientes de Abraham eran idólatras. Pero Abraham no
hubiera escuchado la voz de Dios si no hubiera nacido en un ambiente en el que el
temor de Dios predominaba. Es innegable, a mi juicio, que la revelación inicial del Dios
único y verdadero, creador de todo lo que existe, se había mantenido con cierta fuerza
en muchos lugares y pueblos de la antigüedad aunque estuviera mezclada con las
idolatrías y supersticiones. El sentimiento del temor de Dios es instintivo en el hombre, y
aunque sea en una apariencia deformada, los pueblos idólatras lo poseen, tal como lo
demuestra la antropología. Si Betuel y Labán invocan el nombre de Jehová es porque lo
conocen y reverencian, no sólo porque lo pronuncie Eliezer, como algunos intérpretes
creen siguiendo la tendencia de ver la historia sólo en términos de blanco y negro.
6-9.«Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. Jehová, Dios de los cielos,
que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me
juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti y tú
traerás de allá mujer para mi hijo. Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre
de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. Entonces el criado puso
su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio.» (Nota 2).
Abraham no quiere que su hijo vaya a Harán porque podía ser tentado a quedarse allá.
Él se aferra a la promesa que Dios le ha hecho de darle a su descendencia la tierra en
que viven como forasteros y no quiere hacer nada que pueda poner su realización en
peligro.
Si Dios le dio un hijo cuando ya no podía tenerlo ¿no será capaz Dios de disponer los
medios para que su promesa se siga cumpliendo en su descendencia? Siendo él un
hombre de fe pone en las manos de Dios el resultado de la empresa de encontrar mujer
para su hijo y, siguiendo su ejemplo, Eliezer hará lo mismo. ¿Cuántos padres cristianos
obran de esa manera?
10–11. «Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando
toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a
la ciudad de Nacor. E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de
agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua.» Eliezer parte
entonces llevando consigo todo lo necesario para su misión y, después de un viaje de no
sabemos cuántos días, llega a la localidad donde habitaba la familia de Nacor. Al arribar
se detiene en el lugar al que se acercan por necesidad todos los forasteros con sus
bestias, a la fuente principal de la ciudad. Es la hora en que las muchachas salen a llenar
sus cántaros de agua para llevar a casa.
12–14. «Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame te ruego, el tener hoy buen
encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. He aquí yo estoy junto a la fuente
de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. Sea, pues, que la
doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella
respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has
destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi
señor.» ¿Cuál son las cualidades que Él busca en la muchacha que será mujer de Isaac?
Que sea servicial, bondadosa, que no rechace el hacer caridad no sólo al hombre sino
también a sus animales.
15–16. «Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había
nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su
cántaro sobre su hombro. Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que
varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía.»
Apenas ha terminado de orar Dios responde y empiezan a suceder los hechos en la
forma que él ha previsto. ¡Qué puntual es Dios cuando confiamos ciegamente en él!
17–20. «Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un
poco de agua de tu cántaro. Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su
cántaro sobre su mano, y le dio a beber. Y cuando acabó de darle de beber, dijo:
También para tus camellos sacaré agua, y sacó para todos sus camellos.» La muchacha
hace exactamente lo que Eliezer le había pedido a Dios que hiciera como signo para
reconocer a la que Él ha escogido como mujer para Isaac..
21. «Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había
prosperado su viaje, o no.» Eliezer contempla maravillado cómo la chica hace con
diligencia y eficiencia lo que le había ofrecido: darle de beber no sólo a él sino también a
sus camellos. No obstante, él no se precipita ni renuncia a su razón aceptando
ciegamente lo que parece ser la respuesta a su oración, sino considera con cautela si
ése es el signo propuesto. ¿Significa eso falta de fe? No creo. Dios no quiere que
dejemos de usar las facultades que nos ha dado.
22–27. «Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro
que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez, y dijo: ¿De quién eres hija?
Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde posemos? Y ella
respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor. Y añadió:
También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. El hombre
entonces se inclinó, y adoró a Jehová, y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo
Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el
camino a casa de los hermanos de mi amo.» El gesto de regalar esas joyas a la
muchacha tiene no sólo el propósito de manifestarle su agradecimiento; también es un
mensaje a los padres de ella para hacerles ver que él viene de parte de un hombre muy
rico. Labán responderá ávidamente a ese gesto (versículos 30 y 31). Como dice
Proverbios, «la dádiva del hombre le ensancha el camino" (Pr 18.16). Eliezer se maravilla
al ver cómo Dios lo ha guiado con mano segura directamente a una muchacha que es de
la parentela de su amo. Él no ha tenido que ir por acá y allá preguntando y averiguando.
Dios ha dirigido sus pasos no sólo por amor a Abraham sino también porque él es siervo
fiel de su patrón..
28–32. Los padres y el hermano de Rebeca reciben gustosos al hombre que viene de
parte de su pariente y le brindan la hospitalidad generosa que era habitual entre ellos
practicar con los forasteros importantes. Le ofrecen su casa para él, sus camellos y los
siervos que trae consigo.
33. «Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi
mensaje. Y él le dijo: Habla.» Eliezer se niega a sentarse a la mesa de la hospitalidad que
le ofrecen sus anfitriones antes de haber transmitido el encargo que lo trae desde tan
lejos. Tiempo hay para comer. Antes de restaurar el cuerpo, él quiere cumplir con su
cometido. Su obligación pasa delante de su satisfacción personal.
34–48. Entonces, muy a la manera oriental, les relata con lujo de detalles la historia del
porqué ha venido y cómo fue el encuentro que tuvo con Rebeca guiado por la mano de
Dios.
54–56. «Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y
levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi Señor. Entonces respondieron su hermano
y madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá. Y él les
dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que
me vaya a mi señor.» Llegados al acuerdo Eliezer quiere partir sin demora para llevar a
Isaac la muchacha que Dios le destina, pero los parientes desean, como es natural, que
se quede un poco de tiempo con ellos para agasajarlo y disfrutar de su compañía.
Aunque seguramente para él también sería agradable quedarse gozando de su
hospitalidad acogedora, Eliezer se niega a permanecer ni un solo día más, obrando de
una forma que podría parecer descortés. Para él lo más importante es cumplir el encargo
que le han encomendado y no detenerse ni demorar la buena nueva por cualquier otra
consideración que lo halague. En esa manera de obrar vemos una manifestación de su
fidelidad.
57–58. «Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. Y
llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré.» Betuel
y los suyos dejan la decisión en manos de la doncella. Pero ¿qué más querría ella sino ir
a encontrar a su prometido? Ella siente también que esto viene de Dios, que es una
gracia excepcional para ella, y tiene prisa para que se lleve a cabo. ¡Qué sabia y
espontánea es su reacción! Sí, me voy con él ahora mismo. Ella no quiere despedidas
largas, no va a extrañar lo que deja. Ella sabe que su destino, fijado por Dios, está en esa
tierra lejana, que no tiene miedo de partir.
62–63. «Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev.
Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y
he aquí los camellos que venían.» Isaac ha salido a hablar con Dios al campo, porque
meditar es buscar a Dios. En ninguna parte puede hacerse mejor que lejos de la
compañía humana, en medio de la paz de la naturaleza. En el campo bulle una vida
diferente, la vida de la creación que obedece en todo a su Creador. Allí se encuentra
Dios y nosotros lo encontramos. Dios vino al encuentro de Moisés en la soledad del
desierto y al encuentro de Jacob cuando estaba solo. Quizá Isaac pedía por el buen fin de
la misión de Eliezer.
64–65 «Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque
había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia
nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se
cubrió.» Cuando Rebeca ve la silueta de un hombre en la lejanía su intuición femenina le
indica que podría ser el varón a quien ella está destinada y prontamente se baja del
camello. Cuando se asegura de que es él cubre su rostro con el velo de novia, según la
costumbre de su pueblo. Ella se sabe bella, pero no quiere asombrar a su novio con su
belleza. (Nota 3). Otras cosas son más importantes. ¿No le habría preguntado ella a
Eliezer en el camino cómo era Isaac? ¿No se había estado ella enamorando de su novio
al escuchar de boca de Eliezer las cualidades que adornaban a Isaac? La Biblia dice poco
acerca de Isaac, pero por lo que transpira el texto era un hombre de carácter noble y
obediente a su padre. Pensemos tan sólo en el episodio de su sacrificio: el joven Isaac no
ofreció resistencia alguna (Gn 22).
66–67.«"Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. Y la trajo Isaac a la
tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer y la amó; y se consoló I saac
después de la muerte de su madre.» Isaac no vivía ya con su padre sino en otro lugar.
Pero puede entenderse que al llegar Rebeca la lleva donde su padre, y la introduce a la
que había sido la tienda de su madre que ya había muerto. Y de inmediato se realiza el
matrimonio a la usanza de ellos.
El texto dice que Isaac la amó. ¿Cómo podría no amarla si ella tenía tantas cualidades?
El suyo era un matrimonio hecho en el cielo. Dice que se consoló de la muerte de su
madre. Es decir, Rebeca toma en su corazón el lugar que su madre había dejado vacío al
irse.
Dos mujeres dominan la vida del hombre, la madre y la esposa, y no deben ser rivales,
sino complementarse, y no debería ser necesario que la madre muera para que la
esposa ocupe plenamente en el corazón de su marido el lugar que le corresponde.
Cuando la madre es sabia la esposa de su hijo la amará y respetará tanto como su hijo
porque ella es un solo cuerpo con su marido
He aquí las cualidades más saltantes de Rebeca, tal como se revelan en este capítulo.
Ella es bella y sin embargo su belleza —como ocurre con tantas muchachas agraciadas—
no la ha vuelto orgullosa ni distante. Al contrario es servicial: le ofrece a Eliezer más de
lo que él le pide. Él pidió de beber para sí y ella le dice que dará de beber además a sus
camellos. Eran diez, y tendrían «sed de camellos», es decir no poca. ¿Cuántas veces
habría bajado ella al pozo a llenar su cántaro? Podemos suponer que también dio de
beber a los siervos que venían con Eliezer.
Notas:
25. 20–21. «Y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de
Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac a Jehová por su
mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová y concibió Rebeca su mujer.» En Isaac se repite
lo ocurrido con su padre Abraham que toma por esposa a una mujer que era estéril. En
la antigüedad la esterilidad era una deshonra para una mujer, mientras que su mayor
honor era engendrar hijos. Para el marido la esterilidad de la mujer era peor que
deshonra, pues significaba que su memoria y el de su linaje morirían con él ya que no
dejaría hijos que los perpetúen. Isaac y Rebeca deben haberse dicho: ¿cómo se cumplirá
la promesa de Dios a nuestro padre Abraham si nosotros no tenemos hijos? Pero
confiados en que si Dios había dado a Sara un hijo a pesar de que ella era estéril, y eso a
una edad muy avanzada, pensaron que bien podría Él dárselo también a Rebeca si
clamaban. La oración de Isaac por su mujer debe haber sido una oración de fe basada en
la experiencia de su propio nacimiento tardío. (Nota 1)
22–24. «Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a
consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos
serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el
mayor servirá al menor. Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había
gemelos en su vientre.» Por el favor de Dios Rebeca concibió, y no sólo uno sino dos
hijos mellizos que luchaban en su seno, algo ciertamente inusual. La pelea le causaba un
malestar tan grande que la vida se le hizo ingrata y deseó morir. ¡Cuánto había ella
deseado durante los primeros veinte años de su matrimonio tener hijos para que ahora,
cuando finalmente los tiene, y por partida doble, esos hijos tan deseados le sean motivo
de sufrimiento! ¡Cuántas veces nos sucede lo mismo: deseamos algo ardientemente
pero cuando lo poseemos nos decepciona y nos arrepentimos de haberlo deseado!
Viéndose atribulada por su embarazo ella sale a buscar la voz de Dios. En respuesta Dios
le habla bien claro y le predice el futuro de sus hijos. Ella sabe en adelante lo que debe
esperar de ellos (2)
La maternidad de Rebeca era penosa porque, de una manera misteriosa para ella y para
nosotros, Dios estaba realizando sus propósitos a través de ella. Dos hijos llevaba en su
vientre pero sólo uno sería el portador de la promesa de Dios a Abraham. La lucha que
se llevaba a cabo en su vientre era un anuncio de la rivalidad que habría más tarde entre
los dos hermanos y entre los descendientes de ambos, es decir, entre dos pueblos. Pero
era también una profecía velada de acontecimientos futuros. El conflicto que aflige a
Rebeca no es una contienda cualquiera: Es un conflicto de alcance cósmico de profunda
significación. Dos principios convivían en su seno y eran contrarios: el de la salvación y
el de la perdición del mundo representados por Jacob y Esaú (3).
25–26. «Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su
nombre Esaú. Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue
llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.»
Y he aquí que Esaú sale primero, como si la causa de Satanás llevara la ventaja. Pero la
causa de Dios no deja triunfar a la del diablo y a la larga vencerá. Eso es un símbolo de
lo que con frecuencia ocurre en la tierra: la causa de Dios parece vencida de antemano,
pero al final triunfa. La mano de Jacob en el calcañar de Esaú es señal de la lucha entre
ambos por nacer primero (4).
27–28. «Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero
Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de
su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.» Los mellizos suelen ser, por lo general, muy
cercanos el uno al otro y muy amigos porque tienen gustos y aficiones comunes. Este es
un caso extremo de diferencia de temperamento y de enemistad. Esaú era cazador,
amaba la acción violenta, mientras Jacob era tranquilo. Esaú era impulsivo, extrovertido;
Jacob era calculador, introvertido. Uno era velludo, el otro, lampiño, y eso sólo es ya un
signo elocuente de diferencia de temperamento. Esaú era del tipo de personas que
suelen ser muy populares, simpáticos, atléticos, deportivos, amantes del aire libre,
fuertes, sensuales, pero nada espirituales ni intelectuales. Esaú era de la tierra. Si en esa
época hubiera habido encuestas de popularidad sin duda Esaú habría salido ganando.
Isaac, que era posiblemente también tranquilo, apreciaba en Esaú las cualidades
expansivas que a él le faltaban. (Nota 5)
En cambio Rebeca prefería a Jacob. Las madres suelen preferir a los hijos dóciles, sobre
todo cuando ellas tienen carácter fuerte; los padres prefieren a los aguerridos. Por
contraste de carácter Jacob estaba más apegado a su madre mientras que Esaú lo
estaba a su padre. Pero hay una razón especial por la cual Rebeca amaba a Jacob. Dice
que Jacob habitaba en tiendas, esto es, permanecía en la casa paterna junto a su madre
(6). Había entre ella y su hijo una relación estrecha que no existía con el otro, que era
amante del campo abierto y de la aventura, y seguramente era de carácter brusco,
independiente y poco afectuoso, mientras que Jacob sí era lo último(7). Lo cierto es que
las miras de Esaú eran muy diferentes a las de Jacob. Él tenía sus ojos puestos en lo
material, en las satisfacciones sensuales; era un vividor, amante de la buena mesa, del
deporte. ¿Sería Jacob más espiritual? Su nombre quiere decir suplantador y los capítulos
siguientes lo muestran como tramposo y calculador. Era astuto donde su hermano
prefería el uso de la fuerza. A la larga la astucia triunfa sobre la fuerza ciega.
Pero si su madre prefería a Jacob era sin duda también porque era más sensible, más
dado a lo espiritual y, ¿por qué no?, a causa de la profecía que había recibido. Él debe
haber escuchado narrar a su padre la promesa que Dios le había hecho a su abuelo, y
también a su madre la palabra del Señor que ella había recibido cuando él estaba en su
seno. ¿Por qué no pensar que él haya deseado fervientemente que la promesa a
Abraham se cumpliera a través de él y no de su tosco hermano, tanto más si su madre
había recibido de Dios una palabra que lo respaldaba y que, como consecuencia, entre
madre e hijo se hubiera establecido una complicidad secreta para lograr ese objetivo? En
todo caso pronto tendría oportunidad, que no desaprovechó, para obtener que Esaú le
cediera el derecho a la primogenitura.
29–34. «Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te
ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue
llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.
Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la
primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juro, y vendió a Jacob su
primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y
bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura:» Jacob ve en el
hambre de Esaú una ocasión favorable para sus propósitos y no la desperdicia. Pero si él
sabía que él estaría algún día sobre su hermano y que eso implicaba la primogenitura
¿por qué no esperó que Dios se la diera y se tomó en cambio la libertad de cogerla por
propia iniciativa? Simplemente porque no sabía cómo Dios actúa y por falta de confianza
en él. Pagará muy caro su error. Pero no seamos demasiado severos con él. ¿Quién
había ahí para enseñarle cómo Dios obra? Durante los años y las peripecias que vendrían
después él iba a aprenderlo y —he ahí lo importante— nosotros lo aprendemos a través
de él. Esas cosas sucedieron y fueron escritas como ejemplo para nosotros, recalca Pablo
(Ro 15.4; 1Co 10.6).
Aunque en su preferencia por el hijo menor hubiera un elemento de puro afecto humano,
como es tan común cuando hay afinidades de temperamento, ella debe haber sido
consciente de que había un propósito de Dios en la irreflexiva cesión de sus derechos,
hecha por Esaú, coincidiendo con lo que a ella le había sido anunciado.
Capítulo 27.1–29. (El lector haría bien en leer este pasaje, que por falta de espacio no
puedo reproducir y en el que se cuenta con lujo de detalles cómo Isaac fue engañado).
Por el motivo señalado arriba, lo ocurrido con el plato de lentejas contó sin duda con la
aprobación de Rebeca, porque cuando ella se enteró de que su esposo Isaac se
preparaba para transferir su herencia de la bendición de Abraham a Esaú, concibió
rápidamente un plan para que la cesión que Esaú había hecho a Jacob de su
primogenitura le fuera confirmada por su padre, de ser necesario mediante un engaño.
Aquí vemos el lado humano de Rebeca. Ella en ese momento de la vida —ya debía haber
pasado los sesenta años— se siente más ligada a su hijo preferido que a su marido,
porque con tal de favorecer a ese hijo no teme engañar a su esposo. A lo largo de la vida
el amor entre los esposos se enfría si el marido no cultiva el cariño de su mujer, y los
hijos ocupan su lugar en el corazón de ella. Llega un momento en que la mujer es más
madre que esposa; el hijo de sus entrañas pesa en su afecto más que el marido que lo
engendró. ¿Tiene que ser siempre así? En muchas sociedades y culturas antiguas el
fuerte patriarcado está compensado por el influjo de la madre en el hogar, por un
matriarcado más sutil pero de influencia más penetrante. La madre tiene a veces más
influencia en los hijos que el padre. Cuando eso sucede dice mucho acerca del carácter
de la madre.
Rebeca, astuta como suele serlo toda mujer instintiva —que las mujeres me perdonen—
concibe un plan audaz para que Jacob suplante a Esaú ante su marido y trama una
estratagema que Jacob temeroso por sí solo nunca se habría atrevido a llevar a cabo
(v.11–12). Ella tiene autoridad sobre su hijo: «Obedéceme, yo sé lo que hago». En su
arrojo ella está dispuesta a asumir la maldición que pudiera recaer sobre su hijo si Isaac
descubre el engaño. (8) Ella no sólo prepara el guiso de la manera cómo le gusta a Isaac,
sino que toma los vestidos de Esaú y se los pone a Jacob, y cubre sus manos, brazos y
cuello lampiños con la piel del cabrito. Pese a sus insistentes sospechas Isaac se deja
engañar por su hijo.
¿Puede Dios aprobar el engaño? ¿Refrendará Dios la bendición conferida por Isaac a
pesar de que se obtuvo mediante un fraude? La frase de Jesús: «lo que atares en la
tierra será atado en el cielo» ¿se aplicaría a este caso? Sea como fuese Dios se vale de
los actos humanos, aun de los injustos para sus propósitos, y refrenda a veces sus
consecuencias, porque en su conocimiento previo de todas las cosas, él ha previsto lo
que haría el hombre. Y se vale de ello. Así es como muchas injusticias y crímenes han
hecho adelantar el plan de Dios. De hecho, como bien sabemos, el más grande de los
crímenes fue utilizado por Dios para llevar a cabo el mayor de sus propósitos, la
salvación del género humano. Y así como la traición de Judas fue parte de su plan, el
engaño concebido por Rebeca formó parte del proyecto de largo alcance de Dios, de
forjar un pueblo que sería la cuna humana de su Hijo (9).
Rebeca ama al hijo de la promesa. ¿Cuántos hijos de la promesa hay en Génesis? Dos:
Isaac y Jacob. Pero Jacob es hijo de una promesa de otro orden, dada a ella
personalmente, no a Isaac. Isaac no parece haber hecho mucho caso de la promesa
hecha a su mujer porque estuvo dispuesto a traspasar los derechos a la bendición de
Abraham a Esaú sin recordar las palabras dichas a Rebeca. Quizá no creía mucho en
ellas. y prefirió seguir la costumbre —el heredero es el mayor— y los dictados de su
corazón. Curiosa ironía: el hijo de la promesa que fue Isaac no se cuida del hijo, también
de promesa, que él tuvo.
27.41–28.5. Pero Rebeca tuvo que pagar caro por el engaño. Cuando ella se enteró de
que Esaú quería vengarse de Jacob y se proponía matarlo cuando su padre muriera, no
le quedó otro remedio que convencer a Jacob que huyera donde los parientes de ella que
estaban en Harán y se quedara ahí hasta que el enojo de Esaú pase (v.41–44). (Nota
10). En esta ocasión ella le dice nuevamente a Jacob: «Obedece a mi voz». Pero ella sola
no puede enviar a su hijo donde sus parientes sin la autorización de su marido. Bajo el
régimen patriarcal que prevalece entonces, en que el padre domina la vida familiar, sólo
él padre puede autorizar al hijo a irse.
46. Entonces ella recurre una vez más a la astucia. Finge estar muy molesta (aunque
quizá no finge, sólo exagera su fastidio) por el hecho de que Esaú haya tomado como
esposas a dos hijas de Het, y le sugiere a su marido enviar a Jacob donde sus parientes
para conseguir mujer, tal como él, Isaac, había recibido de allá a Rebeca. Isaac accedió
al consejo de su esposa y mandó a Jacob donde sus parientes con el consejo expreso de
no tomar mujer de los hijos de Canaán (28.1). Isaac despide a su hijo consciente de que
es la bendición de Abraham la que él le transfiere (28. 3–4). Sin embargo, para Rebeca
tener que enviar al hijo amado tan lejos era privarse de su compañía por mucho tiempo.
En verdad ella pierde de un golpe a sus dos hijos: A uno porque se va, y al otro, porque
seguramente nunca le perdonaría lo que ella le había hecho. Notemos que ella amaba
también a Esaú, que también era su hijo, pues dice: «¿Por qué seré privada de ambos en
un mismo día?» (27.45). En verdad ella nunca volvió a ver Jacob porque cuando él
regresa finalmente después de más de catorce años de ausencia, a ella no se le
menciona, signo seguro de que ya no vivía.
Concluyamos estas reflexiones diciendo que Rebeca, novia, esposa y madre, con sus
virtudes y defectos tan humanos, fue un eslabón precioso y no pequeño en los planes de
Dios para su pueblo y para la salvación del mundo.(16.05.04)
Notas
(1) Este es el segundo caso en la Biblia en que se ore por una deficiencia o
dolencia física y hay sanidad. El primero está en Gn 20.17.
(2) No se nos dice cómo consultó Rebeca al Señor. Se han tejido muchas
conjeturas al respecto. Es posible que ella fuera donde un vidente o profeta, como
había entonces incluso entre los pueblos paganos, a los que la gente acudía en
busca de orientación sobre el presente o sobre el porvenir, tal como la gente hace
ahora. No es imposible tampoco que hubiera entonces siervos del Dios verdadero
a quienes Dios transmitía su palabra («Vino palabra de Dios a....»), al lado de otros
con el mismo género de dones, pero que no estaban en contacto con Dios, sino
con el demonio, y que éste los utilizara, igual que hace hoy, para engañar y
desviar a la gente. Algunos han especulado que pudo haber ido donde
Melquisedec, pero eso es muy aventurado.
(3) En Isaac se reproduce lo ocurrido a su padre, que tuvo también dos hijos —
aunque de madres diferentes— que serían enemigos, ellos y su descendencia (Gn
16.11,12; 21.8–10).
(4) Isaac tiene a su primogénito también a edad avanzada, aunque no tanta como
su padre Abraham (Gn 21.5).
(5) Pero es interesante observar que los tipos simpáticos y extrovertidos como
Esaú no son lo que suelen jugar un papel preponderante en la historia sino los
menos populares porque son más profundos. En este caso, en efecto, él pronto
desaparece del libro del Génesis, mientras que Jacob ocupa muchas de sus
páginas.
(6) Siendo pastores Isaac y su familia no tenían casa fija. Eran nómadas que
plantaban sus tiendas donde encontraban pasto.
(7) En el siguiente capítulo nos enteramos de que las esposas que tomó Esaú entre
las mujeres de los habitantes de Canaán eran causa de amargura para sus padres
(Gn 26.35). ¿Por qué motivo? No se dice ni explica, pero podría ser a causa de su
carácter, o porque fueran idólatras o, por lo menos, de hábitos de vida distintos. Es
un hecho que las esposas de los hijos o viceversa, los maridos de las hijas, pueden
ser causa de satisfacción y alegría para los padres, como también de sufrimiento y
preocupación.
(8) Nótese que aunque Isaac descubre el engaño él no maldice a su hijo. Quizá
piense que había algo de justicia en el hecho de que fuera él y no Esaú el que
recibiera la bendición de Abraham. De hecho Esaú al haber tomado esposas
cananeas e idólatras se descalificaba automáticamente. Quizá tardíamente
recordó también que la primogenitura había sido prometida a Jacob antes de que
naciera. También es cierto que no podía maldecir a quien ya había bendecido: «Yo
le bendije y será bendito» (27.33). Pero el engaño cometido por Jacob y su madre
no deja por eso de tener malas consecuencias para ambos.
(9) El fraude perpetrado por Jacob con el apoyo de Rebeca es muy censurable en
términos de la ética cristiana. Pero nosotros no podemos trasladar sin más la moral
de tiempos posteriores a esos tiempos en que la moral no estaba muy avanzada.
No podemos juzgar los actos y personajes del pasado con los ojos del presente
porque la revelación de que ellos disponían estaba recién en sus comienzos.
(10) Esaú pospone sus deseos de venganza hasta la muerte de su padre,
respetando sus canas, algo que los hermanos de José no hicieron.
Génesis 24:15 – 27:46
El relato bíblico de Rebeca nos muestra diferentes etapas que una mujer puede vivir y
como se desenvuelve en cada una de ellas. Ella fue un personaje bíblico complejo; donde
se aprecia a una mujer servicial pero por otra parte maquinadora. A continuación
veremos quien era ella… Rebeca era la hija de Betuel, esposa de Isaac (Gén. 24:67),
madre de Jacob y Esaú (Gén. 25:25-26). Se le presenta como una hermosa virgen
servicial y hospitalaria con los extranjeros. En obediencia a la voluntad de Dios, dejó su
casa para convertirse en esposa de Isaac. Se convirtió en el consuelo de Isaac después
de la muerte de Sara. Al igual que su suegra Sara, tuvo dificultad para quedar
embarazada. El Señor le concedió la petición de tener hijos y le regaló gemelos; Jacob y
Esaú. Luego de tener a sus niños, Rebeca mostró favoritismo hacia Jacob. La Biblia nos
muestra como ella tramó un plan en el cual engaño a su esposo Isaac con el fin de
favorecer a Jacob. De cada una de las etapas de Rebeca, podemos desprender aspectos
positivos y negativos que pueden ser de gran enseñanza en nuestras vidas.
Abraham decidió buscarle una esposa a su hijo Isaac y quería que fuese de la tierra
donde él había vivido originalmente, no de los pueblos paganos de Canaán. Ante esto, él
envió un criado de confianza para encontrar la esposa a Isaac. Cuando el criado llegó a
la ciudad de Nacor, fue junto a un pozo de agua, en la hora en la que salí an las doncellas
por agua. Estando en el pozo, el criado le oró a Dios que tuviese misericordia de
Abraham y le dijo:
“Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para
que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus
camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto
conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor”Génesis 24:14.
Luego…
“Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había
nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual
salía con su cántaro sobre su hombro. Y la doncella era de aspecto muy
hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la
fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. Entonces el criado corrió hacia ella, y
dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Ella
respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y
le dio a beber. Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus
camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. Y se dio prisa, y vació su
cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos
sus camellos. Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si
Jehová había prosperado su viaje, o no” Génesis 24:15-21.
Podemos apreciar en Génesis 24:21, cómo Rebeca fue observada por el siervo de
Abraham. Rebeca, mostró cualidades que causaron admiración en el siervo. Ella actuó
de manera natural, hizo lo que tenía que hacer y lo hizo bien. El relato bíblico nos
muestra a una doncella hospitalaria, respetuosa y abnegada. Sin embargo, ella
desconocía que éste hombre iba a ser el medio que Dios iba a utilizar para proveerle un
marido (Isaac). Su buen testimonio fue de bendición a su vida. La Biblia nos presenta
que después del criado interactuar con Rebeca, él le explicó a la familia de ella el
propósito de su viaje y manifestó su deseo de llevarla a ser la esposa de Isaac. Rebeca y
su familia accedieron a la petición y ella emprendió un largo viajo con el criado de
Abraham. Al llegar a la región donde estaba Isaac, ella tomó un velo y se cubrió la cara.
El cubrirse con el velo era un signo de castidad, modestia y sumisión. Luego de que el
mayordomo le contara a Isaac todos los detalles del viaje, Isaac llevó a Rebeca a la
tienda de campaña de su madre Sara, y se casó con ella. Así fue como Rebeca llegó a
ser su esposa, y él la amó mucho.
A través de este capítulo de la Biblia podemos valorar grandes virtudes de Rebeca. Ella
sirvió a una persona que desconocía (criado) y lo hizo con esmero y dedicación. En
adicción, tuvo la valentía de dar agua a los 10 camellos del extranjero. En ciertas
circunstancias, los camellos pueden ir hasta 50 días sin agua, sin embargo, cuando
tienen la sensación de su privación se vuelven animales peligrosos. Cuando los camellos
perciben que hay agua, luchan y se pisotean unos a otros para llegar al agua. Esto nos
demuestra, que Rebeca fue una mujer valiente y esforzada, dar agua a 10 camellos
sedientos no es una tarea fácil. La generosidad de Rebeca en aquel pozo de agua dio
comienzo a una nueva etapa de su vida. Aquel acto de bondad, provocó que el siervo le
diera obsequios a ella y a su familia, y sobre todo un compañero. Por sus virtudes, fue
elegida para ser la esposa del hijo de la promesa de Abraham y Sara. Rebeca nos
demostró que estuvo dispuesta a dejar todo lo que conocía para hacer la voluntad de
Dios. Su acto es un ejemplo de lo que la Palabra nos indica en Génesis 2:24: “Por tanto,
dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola
carne”. Ella dejó a su padre y madre y fue junto a su futuro esposo Isaac.
TEXTO BASE: “Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué
vivo yo? Y fue a consultar a Jehová, le respondió Jehová: Dos naciones hay en
tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será
más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”. Génesis 25:22-23
Como se nos muestra en el relato bíblico el encuentro entre Isaac y Rebeca, fue un
encuentro que generó un profundo amor, (Génesis 24:67: “Y la trajo Isaac a la tienda de
su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la
muerte de su madre”). Cuando Isaac se casó con Rebeca, éste tenía cuarenta años, si
bien no era un anciano, si era un hombre mayor para no haberse casado antes. Podemos
concluir que él estaba esperando en el Señor el tiempo y la mujer adecuada, para que
las promesas de Dios se cumplieran. Rebeca cumplío con todas sus expectativas, llenó
todos sus requisitos. Especialmente que era una mujer temerosa y obediente a Dios,
quien no dudo en dejar todo lo que siempre había conocido para hacer la voluntad de
Dios. Génesis 24:58 “Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella
respondió: Sí, iré”.
Pasaron los años y el amor de ésta pareja estaba firme y fundamentado en Dios. Sin
embargo, había una circunstancia dolorosa para ellos, Rebeca era estéril. Isaac quien
amaba a su esposa, hizo lo que todo hombre de Dios, sacerdote de su casa y cabeza de
la mujer debe hacer cada día: orar a Dios por las necesidades de su familia. En este
caso, por la necesidad específica de Rebeca; Génesis 25:21 nos indica: “Y oró Isaac a
Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer”.
Isaac sabía a quién debía acudir y en quién podía confiar para hacer el milagro de dar
vida; en medio de la esterilidad de su mujer. Seguramente él mismo conocía por la boca
de sus padres, su propia historia; cómo el Dios viviente le había hecho una promesa a
sus padres en el ocaso de sus vidas y como él era el cumplimiento vivo de esa promesa.
Así Isaac oró por su mujer, cómo un esposo amoroso y compasivo, y el Señor escuchó su
oración.
En Génesis 25:26 la Palabra nos presenta: “… Y era Isaac de edad de sesenta años
cuando ella los dio a luz”. Dios da y añade, y en vez de un hijo les dio dos (gemelos).
Isaac tenía sesenta años, lo que quiere decir que pasaron veinte años entre el tiempo de
su casamiento y el tiempo en que fueron padres. Isaac amaba a Rebeca sacrificialmente,
como Dios ordena al hombre a amar a su esposa. Él espero con ella el cumplimiento de
las promesas de Dios. Isaac no la abandonó, deshechó, humilló ni la menosprecio, y sin
lugar a dudas esta actitud compasiva de parte de él, hizo que Rebeca le amara aún
más.
Desde el vientre de su madre, los niños manifestaban la clase de conflicto que iban a
vivir en un futuro, tanto que Rebeca deseó morir antes que seguir viviendo esa lucha. Así
quedó manifestado en Génesis 25: 22: “Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es
así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová”. Rebeca sabía al igual que su esposo
de que Dios era su fortaleza, su consuelo y quien en su total soberanía y voluntad le
había permitido concebir, entonces fue a consultarle.
En el versículo 23, la Biblia nos expone: “y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu
seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte
que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor”. Nacieron los niños y como vimos
anteriormente la lucha entre ellos quedó manifestada desde el mismo momento de su
nacimiento (versículos 25 y 26). Las diferencias entre ellos eran claramente notorias, no
solo físicamente sino en su carácter y sus habilidades. Esaú era rubio y velludo y siendo
el primero en nacer, se le otorgaba el derecho de la primogenitura y todo lo que esto
conllevaba. Jacob por el contrario, fue el segundo en nacer, y lo hizo pegado al calcañar
de su hermano. De allí surge su nombre, cuyo significado entre otros es “suplantador”.
Más adelante, en los versículos 27-28, la Biblia nos dice: “Y crecieron los niños, y Esaú
fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en
tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob”.
Vemos como también en las características de su temperamento, habilidades e intereses
ellos fueron diametralmente opuestos; mientras que Esaú era rudo y fuerte, Jacob era
tranquilo y sosegado. Estas diferencias hicieron que cada uno de sus padres tomará
partido a favor de uno de ellos. Isaac amó a Esaú y Rebeca a Jacob.
Las pregunta son: ¿Cómo un padre puede amar más a uno de sus hijos que al otro?
¿Acaso no están los dos hijos en igualdad de condiciones, amor y cariño? ¿No son ambos
fruto del amor de sus padres? ¿No son los dos en este caso, el cumplimiento de la
promesa de Dios? Y la respuesta es que no deben, pero hay casos como el que nos
relata la Biblia que no son casos aislados o único. No obstante, no es lo normal o lo
correcto delante de los ojos de Dios.
En condiciones normales los padres deben amar a todos sus hijos de la misma manera;
con la misma intensidad. Se debe proporcionar a todos sus hijos el mismo ambiente y se
debe proveer para todas sus necesidades en igualdad de condiciones. Los padres no
deben bajo ninguna circunstancia mostrar favoritismo por alguno de ellos, sin depender
de sus intereses, preferencias o afinidades. Todos los hijos deben ser tratados bajo los
mismos parámetros de disciplina y amor.
Detengámonos un momento en la situación de esta familia, por años Isaac y Rebeca
habían estado esperando que el Señor escuchara su oración y les permitiera tener
descendencia. Isaac había escuchado la promesa que Dios le había hecho a su padre
Abraham de que su descendencia sería tan numerosa como la arena del mar;
necesariamente el siendo su hijo, debería participar en el cumplimiento de ella. Por otra
parte, Rebeca anhelaba ser madre como la mayoría de las mujeres anhelan llegar a serlo
algún día. Su oración por fin fue atendida; cuando Dios en su soberanía lo concedió y
tuvieron hijos gemelos. Pero siendo ellos personas temerosas de Dios, y siendo él un
hombre amador de su esposa y ella una mujer respetuosa de su marido, con todo y eso
se equivocaron como padres. El hecho de mostrar favoritismo por uno u otro, generó una
grave tensión familiar que creó una rivalidad innecesaria y dolorosa entre los hermanos.
Esto ocasionó un conflicto que desencadenó graves consecuencias para todos.
Lo que los padres deben hacer es guiarse por el consejo de Dios a través de su palabra.
Proverbios 22:6 nos declara: “Instruye al niño en su camino…”, estudiemos esta frase en
su idioma original. La palabra “instruye” en el hebreo, es la palabra Chanakh que se usa
para referirse a: la encía, al paladar, los jinetes utilizan un puente, cuando hala el freno,
este se mete en la boca del caballo haciendo que este sienta dolor en el paladar y
obedezca la orden del jinete y vaya en la dirección que este le da. Cuando la biblia dice
en Proverbio 22:6, “instruye al niño”, nos está diciendo dale dirección a tu hijo, marca su
rumbo, edúcalo, entrénalo, prepáralo para la vida. Esta tarea debe ser exclusivamente
de los padres, no la podemos delegar a nadie, es nuestra responsabilidad.
Ella debió haber hablado con su esposo, dejarle saber sus inquietudes y sentimientos y
someterse a la voluntad de su esposo; quien correcta o incorrectamente era el único
que tenía el derecho dado por Dios para hacerlo. En los versículos 41-45 leemos: “Y
aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en
su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob. Y
fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob
su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de
matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi
hermano en Harán, y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se
mitigue; hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has
hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos
en un día?”.
Pasaron muchos años y con ellos muchos acontecimientos antes de que estos dos
hermanos se encontraran de nuevo, cara a cara. Se perdieron muchos momentos juntos,
que hubiesen podido vivir felices y en hermandad. Cada uno hizo su vida lejos del otro,
nunca pudieron compartir sus tristezas y alegrías. Nunca más pudieron disfrutar de una
cena en familia, hablando hasta tarde y confiándose sus más íntimas cosas, fueron
tantos abrazos sin recibir, tantos besos que se quedaron sin dar, tantos sentimientos
amarrados en el corazón…. Padre y madre sean sabios, amen a sus hijos y fomenten el
amor fraternal entre ellos. No promueva y sea el causante de conflictos y odios entre
ellos. Antes bien, cuando un conflicto surja sea el mediador; llévelos a que resuelvan
con prontitud y diligencia sus diferencias. Enséñeles que por encima de todo, amen a
Dios y se amen el uno al otro como es agradable a Dios. Instrúyales en el temor de Dios.
Recuerde que las actitudes buenas y malas, que ellos observan en nosotros las imitaran.
Ellos aprenderán los comportamientos correctos cómo los incorrectos, sean sabios. ¡Dios
les bendiga!
http://www.mujereshacendosas.org/mujeres-de-la-biblia/category/rebeca
Rebeca
Rebeca (el árameo ‘cuerda con lazo para atar animales jóvenes’ del vocablo rabaqa, atar
firmemente’).
Mujer de Isaac, hija de Betuel, sobrino de Abraham (Gn. 22.23). El relato de la elección
de Rebeca como esposa para Isaac (Gn. 24) destaca marcadamente la guía y
providencia divinas. Abraham envió al principal criado de su casa, cuyo nombre no se
menciona pero que probablemente era Eliezer, a su país natal a buscar esposa para su
hijo. Después de orar, el mayordomo fue guiado directamente a Rebeca. Betuel y el
hermano de ella, Labán, habiendo escuchado todas las circunstancias, dieron su
conformidad al casamiento.
Durante los primeros veinte años de su vida casada Rebeca fue estéril. Isaac suplicó a
Dios, y ella dio a luz varones mellizos, Esaú y Jacob, recibiendo de Yahvéh antes del
nacimiento un oráculo en el cual se profetizaba sus respectivos destinos (Gn. 25.20–26).
En Gn. 25.28 se anuncia el comienzo de tragedias. Leemos allí del favoritismo de Isaac y
Rebeca por uno u otro de los hijos, lo cual ocasionó inevitablemente la destruccción de la
unidad de la familia.
Los últimos episodios de Rebeca de los cuales se tiene mención son la muerte de su ama
Débora (Gn. 35.8), y su sepultura junto a Isaac en la tumba de la familia en la cueva de
Macpela (Gn. 49.31).