CARTA A LOS FILIPENSES
La carta a la Iglesia de Filipos (Hechos 16), escrita por el apóstol Pablo en fiel compañía del
hermano y joven pastor Timoteo, constituye una carta especial, en cierto sentido. Debido a que
no fue escrita para tratar algún tema conductual, o establecer algún tipo de fundamento
doctrinal. Más bien, esta carta fue escrita en respuesta a la visita y ayuda que los hermanos de
Filipos habían enviado a Pablo, por medio de Epafrodito, una ofrenda de amor, la cual animó a
Pablo en su lucha y su denuedo en pos del Evangelio y a fortalecerlo en su paso duro por prisión.
Esta carta es un tratado de amor extenso, de lucha por el evangelio de gozo y fidelidad hacia
nuestro Señor, los temas expuestos son variados pero giran en torno al andar digno del cristiano,
a la exaltación de Cristo, al amor con el que anduvo y al gozo de conocerlo; la alegría que
desbordo en Pablo al recibir de los hermanos de Filipos una ofrenda santa, de amor. De esa
manera Pablo expone su propia experiencia y anima a los hermanos a un gozo duradero, a un
andar pleno, lleno del Espíritu y a un andar digno y lleno de amor los unos por los otros.
A menudo se habla de que en esta epístola, el gozo es lo primordial, la alegría que deviene al
conocer a Cristo y ser recibido por El, sin embargo, creo que va más allá. Creo que la carta es
una exaltación de Cristo, es muy practica en el sentido que guía, orienta y anima a los creyentes
en un andar pleno, siguiendo el carácter de Cristo, pero Pablo se pone como ejemplo (3,17), no
porque se haya convertido en un apóstol, ejemplar, al contrario, describe el intercambio glorioso
de dejar todo lo que antes atesoraba, para considerarlo como perdida y llamarlo “basura” (3,8),
y exaltar a Cristo “por la excelencia de su conocimiento, el Señor”.
Debemos considerar el pasaje del capítulo 2,5-11 como una preciosa doxología, llena de doctrina
esencial pero que resume en pocas palabras la obra redentora de Cristo. Este pasaje, a la altura
de otros gloriosos pasajes de la escritura (Isaías 53, Colosenses 1,15, Juan 1), constituye un
poema magistral, glorioso en su definición, que contrasta con todo el sentido sencillo de la carta.
Empieza mostrando al siervo del Señor, obediente y humilde, aunque pleno de deidad. Luego
aborda el tema de su ministerio, de las múltiples profecías cumplidas en su persona y en su cruz
y, algo muy importante, la exaltación del Señor, y termina con su reino glorioso, la rendición
ante El, la confesión, y la adoración de su dignidad. Este pasaje es el corazón de la carta.
Entonces la carta a los Filipenses, se convierte en una carta hermosa, dulce en el sentir pleno de
comunión y tierna en la confirmación y defensa de las verdades esenciales del cristianismo, la
comunión de amor, un mismo sentir, el menosprecio de obras muertas y auto meritorias; y la
exaltación de Cristo como nuestro Señor.
Capítulo 1
El tema del capítulo 1 se encuentra en el Evangelio: podemos bosquejarlo de diferente manera,
pero una palabra que se repite constantemente es “Evangelio”, somos puestos para la
“comunión en el Evangelio” (v.5), “la confirmación del Evangelio” (v.7), “el progreso del
Evangelio” (v.12), “la defensa del Evangelio” (v.17), “el andar digno del creyente en el Evangelio”
(v.27) y la “fe del Evangelio” (v.27). A menudo creemos como la carta de Romanos, como aquella
que nos expone en mayor medida la verdad del Evangelio, sin embargo, aquí vemos muchas de
las acciones y actitudes que debemos exhibir como dignos representantes del andar del
creyente en Cristo y en la fe del Evangelio.
El v.6 no expone una verdad esencial, “Aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la
perfeccionara hasta el día de Jesucristo”. A decir verdad, no conozco la posición doctrinal de la
Iglesia pentecostal en el sentido de la Seguridad de la salvación, quiero decir; sé que existen
algunas iglesias que sostienen que la salvación se puede perder, o es necesario guardarla con
buenas obras y “buena conducta”, evidentemente otra posición es la contraria; e incluso se
estira la Gracia, hasta límites insospechados, para sostener una vida de pecado (Hipergracia).
Este versículo es claro, la buena obra, aquella considerada de salvación, es iniciada por Dios, es
sostenida por Él y solo por Él. La salvación es del Señor, (Isaías 43.3, 1, Sal 62,1; 2 Tim 1,9),
además de que la sustenta, estamos seguros en El, la salvación está asegurada, no en nuestras
acciones, al contrario, a pesar de nuestras acciones, Dios es Fiel, a su palabra, a sí mismo, a sus
promesas. Él es Fiel, pero no a nosotros, a sí mismo y en Él, la salvación está segura (Juan 10,27-
29; Judas 1, 24; 2 Tim 1, 12; 1 Pe 1, 5, Rom 8, 35-39).
Los v.9-11 toca un tema esencial, el fruto del cristiano. En el contexto el fruto del cristiano se
relaciona con la “ciencia y el conocimiento”. El conocimiento resultante de un estudio profundo
y sistemático de la Escritura, el cual nos ofrecerá una exposición profunda del carácter de Dios,
sus atributos y sus obras. La contemplación de estos frutos nos dará “frutos de justicia”, por
medio de Jesucristo (Juan 15,1), para gloria de Dios.
Asimismo el fruto que todo cristiano está ligado con tres aspectos. Primero un fruto de actitud,
el cual está vinculado con un carácter cristiano, el crecimiento del creyente en “amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal 5,22-23). Otro tipo de fruto
está relacionado con las acciones de los santos, (Efesios 2,10) asimismo; Romanos 6,22: “tenéis
por vuestro fruto la santificación y como vuestro fin la vida eterna”. Por último, entendemos el
fruto; como nuevos convertidos, personas que se acercan a Cristo por la predicación y el
compartir del Evangelio, las buenas acciones y la santificación expresada en un cambio de
carácter y actitud (Romanos 16,5).
Finalmente solo me gustaría agregar, el fruto del cristiano en todos los sentidos incluye la
voluntad, es de carácter eminentemente volitivo, todos los frutos que el cristiano debe producir,
se dan en un contexto, de muerte en la carne, de entrega total y completa y en un proceso de
santificación. Existe un dilema o contradicción aparente, porque la Escritura dice: “ya no vivo yo,
más vive Cristo en mi” (Gal 2,20), o como decíamos anteriormente “Él que comenzó en nosotros
la buena obra, la perfeccionara” (Fil 1, 11) o “seguid la santificación” (Hebreos 12,14).
Me refiero a que por un lado Dios nos santifica, “Y el mismo Dios de paz os santifique por
completo” (1 Tesalonicenses 5.23). “Santificados en Dios Padre” (Judas 1). Además somos
santificados por el Hijo: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia
sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13.12) y por el Espíritu Santo: “mediante la
santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2.13). Asimismo la palabra de
Dios nos santifica: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17.17). Dios nos da su
palabra, la aceptamos, y así somos santificados mediante “el lavamiento del agua por la palabra”
(Efesios 5.26). La escritura sostiene que los elementos del fruto del creyente son de carácter
voluntario, pero al mismo tiempo obedecen a la acción de nuestro Señor.
El vivir es Cristo, el morir es ganancia, v.21, solamente un cristiano maduro, sería capaz de decir
estas cosas. Me refiero a que no son palabras suaves y blandas. Al contrario, este es un mensaje
fuerte, frontal. Directo hacia el ego y el “yo”. En una generación, donde “Dios nos va a
prosperar”, plagada de sentimentalismo y narcicismo, este mensaje es chocante, y no me refiero
al mundo, sino a la Iglesia. Es el cuerpo de Cristo el que vemos, se acomoda a la cultura, el medio
en el que nos desarrollamos y crecemos es corrupto y está lleno de mundanalidad y carnalidad.
Sin embargo la Iglesia, copia sus métodos, en nombre de la “libertad”, ahora nuestra adoración
es como un concierto de rock, buscamos experiencias sobrenaturales, creemos que por medio
de lo que “sentimos”, compartimos el mensaje y somos espirituales, eso no nos indica la
Escritura, “sed llenos del Espíritu Santo” (Efesios 5, 18).
Pero el mensaje es claro, aunque pierda la vida, Pablo dice, aunque muera, aunque aquí en
prisión termine mi vida. Todo lo he dejado por amor a Cristo y al Evangelio. Mi muerte pues,
glorificara a Dios en toda su magnificencia y aun en esa hora, aunque ponga todo mi cuerpo en
servidumbre, y sea sacrificado; todo es nada, comparado con las glorias de su gracia. Dios
entonces es glorificado y adorado. Vivir es Cristo, y se convierte en el motivo, vivir para Cristo es
un privilegio, poder morir por El y someter a sus pies sueños y esperanzas.
“Comportaos como es digno del Evangelio” v.27, lo cual indica claramente, “no seamos como
el mundo”, no dejemos que el mundo nos moldee. Pablo ya lo advertía en Romanos 12,2: “no
os conforméis a este siglo”, andemos como hijos de luz porque a nosotros se nos ha dado el
honor, el privilegio de “padecer por Él” v.29, Este solo versículo nos indica lo que nos espera, no
“tu mejor vida ahora”, esas son mentiras. Padecer por Él, es llevar una cruz y negarse a sí
mismos, ese ha sido el mensaje de la Iglesia por siglos.
Significa, lleva una vida de santidad, cuida tu corazón, guarda tus pensamientos, crucifica tu
carne diariamente en oración, en adoración. Que cada cosa que hagas de honor y honra a tu
creador. Es así de sencillo, muere a ti mismo y que Dios reina y viva en tu vida, somete a Él todas
las cosas, tus temores, sueños, tu vida entera. Compórtate como alguien digno de ser un esclavo
de Cristo. “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal
que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio
del Evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20, 24).
Capitulo 2
Los v.1-2, nos motivan a seguir el amor, sintiendo y pensando una misma cosa, la misma
consideración y amor en virtud del cual somos llamados esclavos de Cristo. La unidad la
uniformidad de la que habla Pablo, está relacionada con un mismo “sentir”, un consuelo de
afecto sincero y entrañable. Porque luego en los v.3-5, se hace la comparación, la humildad que
debe caracterizarnos como cristianos y sobre todo, “estimando a los demás como superiores”.
Es una consideración sincera y precisa, el cristiano está muerto en la carne, posee un espíritu
irreprensible e inofendible. No podemos argumentar nada a nuestro favor. Los otros deben ser
considerados mejores que nosotros mismos, por encima de nuestro propio concepto.
Los v. 6-11 abren una sección preciosa del capítulo, la exaltación de Cristo. El cual siendo Dios,
se humillo a sí mismo, se humillo porque Él es Dios, “en el principio, creo Dios los cielos y la
tierra” (Gen 1,1), allí estaba Dios, allí estaba Cristo; es decir Aquel todopoderoso creador y
sustentador del universo entero, se hizo hombre, padeció lo que los hombres padecen, la
muerte. Más allá de la consideración especial de ser Dios, sometido a la naturaleza humana, Él
se humillo, se despojó como Dios para convertirse en hombre. Nótese algo importante, Él lo
hizo, porque quiso hacerlo, fue su voluntad. Como cuando dice: “nadie me la quita (la vida), sino
que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.
(Juan 10, 18), pero también añade: “Este mandamiento recibí de mi Padre”. La obediencia de
Jesús es palpable y clara, se sometió al Padre en amor y acatamiento de su voluntad.
Asimismo Cristo se hizo siervo v.7, Isaías 52,13 habla del siervo de Jehová, el cual será bendecido
y prosperado, pero a qué precio. Cuán grande amor el derramo, la condición fue tan dura, el
mismo profeta Isaías en 53, 3 “despreciado y desechado”, el cual fue llevado como oveja al
matadero. “obediente hasta la muerte” v.8 y muerte de cruz y recordemos Gálatas 3,13 “maldito
el que es colgado de un madero”, pero en ese madero Cristo llevaba el “acta que nos era
contraria” (Colosenses 2,14). Cristo más sublime que los cielos (Hebreos 7,26) se sometió a si, a
la humillación de morir y hacerlo por pecadores.
Pero, “vera linaje, la voluntad de Jehová en su mano prosperada”, “vera el fruto de la aflicción
de su alma y quedara satisfecho” (Isaías 53, 11), por lo cual, toda rodilla se prostrará, todo rostro
se bañara en lágrimas, todos caerán a los pies del Cordero, aquellos que tengan coronas, las
arrojarán ante Él en el día final, en el juicio a las naciones, nadie permanecerá en pie, cada boca
exclamara en un cantico gradual, en una oración, una súplica, toda lengua proclamará su
nombre, su señorío y majestad: “Jesús Rey de reyes y Señor de señores”, nombre sobre todo,
exaltado hasta lo sumo, coronado de gloria y alabanza, digno de adoración.
El v.12 se ha tomado de una manera errónea en el contexto, “ocupaos en vuestra salvación” se
esgrime, como un llamado a guardar las obras y la salvación, de ser perdida. Pero el contexto y
el versículo siguiente lo explican Dios produce el “querer y el hacer”, es decir el inicia el proceso
de salvación y como vimos anteriormente también guarda al creyente; para que este ande en
buenas obras y santidad.
Capítulo 3
Pablo nos habla de los méritos de conocer a Cristo, contra las propias obras y ceremonias. Este
pasaje debería ser capaz de llevar a cualquier persona a un auto examen, es eminentemente
evangelístico en el sentido de colocar en una columna todo aquello que podemos considerar
como “ganancia” y en otra columna todo lo denominado “perdida”, el apóstol nos indica que
aquello que antes lo cubría y era como un manto de protección, obras, acciones y condición,
puestas delante de Dios, se han convertido en “trapos de inmundicia” (Isaías 64,6), nuestras
justicias son pues desechadas y tomadas por estiércol, excremento basura.
Empieza argumentando en contra de aquellos judaizantes, al igual que en la carta a los Gálatas
(1,7; 2,7-8, 12, 16; 3, 2, 10, 13) estos pretendían sumar a los méritos de Cristo, las obras de la
ley, argumentaban de debían de circuncidarse para convertirse en judíos espirituales, o para ser
parte de la bendición que fue dada a Abraham, sin embargo Pablo es enfático, “por las obras
de la ley ningún ser humano será justificado” (Romanos 3,20) y agrega que también él tiene de
que gloriarse.
Pablo exhibe las más altas credenciales judías para ser considerado como digno y salvo al confiar
en esta posición: “circuncidado al octavo día”. La circuncisión fue dada como señal de pacto con
Abraham (Génesis 17, 10-12) además ratificada más adelante en la Ley (Levítico 12, 3), del “linaje
de Israel”, es decir, no solamente descendiente de Abraham, quien tuvo dos hijos, pero solo por
Isaac vino la promesa y quien a su vez tuvo como hijos a Esaú y a Jacob, pero de los cuales
escogió Dios a Jacob, quien tuvo doce hijos los cuales dan origen a las doce tribus de Israel y
cuyas tribus más representativas son la tribu de Judá (de la cual proviene el Mesías) y la “tribu
de Benjamín”, debido a que Benjamín fue el último hijo de Jacob con Raquel, a quien amaba
más que a Lea (Génesis 29,30) y quien murió en el parto (Génesis 35,18) y Jacob siempre protegía
y cuidaba de Benjamín (Génesis 42,4, 36). Asimismo la Tribu de Benjamín es la que posee la
ciudad de Jerusalén en su territorio y fue aquella que se unió a Judá para formar el Reino del
Sur, después de muerte de Salomón, debido a que fueron fieles al rey David.
Ahora en cuanto a la ley “fariseo”, Pablo quiere decir, “¿quieren hablar de méritos de guardar
la Ley, yo era fariseo?”. Los fariseos era un grupo cuyo nombre significa “apartados”, son harto
conocidos su celo en cuanto a guardar la ley y el Talmud, asimismo su enfrentamiento con los
seguidores de Juan el Bautista y del propio Jesús, así también nuestro Señor fue muy atacado y
sufrió mucha oposición por ellos, sin embargo también son los más atacados por parte de Cristo
(Mateo 23) es un pequeño ejemplo; debido su observancia a los mandamientos pero la
hipocresía con la que manejaban su vida personal. Es interesante la historia de estos grupos
separatistas y las guerras judío – romanas, tanto antes de la venida de nuestro Señor y las
posteriores debido a que finalmente estas darán pie a la destrucción de Jerusalén y el Templo.
Por ultimo Pablo dice: “en cuanto a celo, perseguidor de la Iglesia”, v.6. En Hechos 9,2 vemos a
Pablo pedir cartas para poder llevar atados a aquellos creyentes en la nueva fe de Jesucristo, y
anteriormente lo vemos consentir en la muerte de Esteban (Hechos 8,1), asimismo en el libro
de Hechos 9,13 -14 mencionan que “hizo muchas cosas terribles”, las cuales no son detalladas
pero el mismo Pablo, aclara en otros pasajes (Gálatas 1,13).
Pero el punto central es el siguiente, aquellas cosas que estaban en la columna de “ganancias”
fueron pasadas a la columna de “perdida”. En un sistema contable es fácil saber lo que se gana
y lo que se pierde, lo extraño es ver una acción de este tipo, en la que aquello que se consideraba
ganancia pasa a ser perdida. Pablo explica porque aquellos ahora es considerado, basura o
estiércol según otras traducciones, “por amor de Cristo… ciertamente, aun estimo todas las
cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (v.7-8)
El v.17 dice: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el
ejemplo que tenéis en nosotros”, nos recuerda las palabra de Jesús en Mateo 11,19 “aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón”. No es el único pasaje donde Pablo se coloca como
ejemplo a seguir, podemos pensar que Pablo se enaltece a sí mismo, pero cualquiera que
conozca a Pablo podría refutar tal pensamiento. El apóstol se hace modelo debido a su práctica
constante de ser “imitador de Cristo” (1 Corintios 11, 4; 2 Tesalonicenses 3, 9), Pablo ruega que
lo imitemos (1 Corintios 4, 16; Gálatas 4, 12). Véase el pasaje de 2 Corintios 11, 23-30, para poder
imitar a Pablo.
Me gustaría llamar la atención para revisar el v.20, nuestra “ciudadanía celestial”, es una idea
que se repite en otras secciones (1 Pedro 1, 4, 17; 2, 11; Hebreos 13,14), creo que en la coyuntura
en la que vivimos actualmente, debemos posar nuestros ojos en Cristo, en aquella “herencia
incontaminada e inmarcesible”, la cual está segura, en las manos de nuestro salvador. Debemos
mirar este mundo como efímero, pasajero y desechable, el cual, finalmente será consumido por
fuego (2 Pedro 3,10) pongamos nuestra vista en el Señor, y dependamos por completo de Él,
recordando que en esta tierra que incluso Abraham habitaba en tiendas, como extranjero en
tierra extraña (Hebreos 11, 9), nosotros somos peregrinos, hagamos nuestro tesoro en el cielo,
y debemos “conducirnos en temor todo el tiempo de nuestra peregrinación” (1 Pedro 1, 17).
Capítulo 4
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”, el v.4 es un consuelo de
esperanza en Cristo, Pablo nos habla de “jaíro”, “estar alegre, feliz”, el gozo del creyente va más
allá de las fuentes terrenales, de donde el mundo bebe para alegrarse. A través de los capítulos
anteriores Pablo nos ha llevado a un gozo diferente, en la aflicción, en la persecución, incluso en
prisión estamos “atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;
perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4, 8-10), pero
estemos plenos de gozo en el Señor; Él es la fuente de la que el mundo no puede beber, y
debemos llevar por medio de la proclamación del Evangelio a que el mundo le conozca.
Nuestra alegría viene del Espíritu como fruto (Gálatas 5, 20), como un elemento subsecuente
del conocimiento de Cristo, nótese, no toda la alegría proviene de la situación, me refiero a que
no debemos confundir la diversión con la alegría, es cierto que comúnmente se asocian, sin
embargo Pablo está siendo enfático en mencionar la fuente de alegría: el Señor, “regocijaos en
el Señor siempre” Él es el origen de la alegría, la mayor alegría proviene del Señor, no de fuentes
absurdas de diversión mundana. La Iglesia, debe ser santa, su andar santo. Debe ser diferente
del mundo. Además Pablo por si quizás no quedo claro, menciona “Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Los v. 7-9, son mi segunda parte favorita de la carta y a menudo pienso en esos versos de manera
personal: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno
de alabanza, en esto pensad” (v.8). Pablo nos da un mandamiento, al menos lo tomo de esa
manera. Las personas somos atacadas por pensamientos de diversa índole, algunos son
abiertamente opuestos y ofensivos a nuestro Señor, es cierto no podemos ser inmunes por
completo a esos pensamientos de temor, codicia, orgullo, sexuales. Siempre están allí, pero este
verso es el más repito en mi mente cada vez que viene algún pensamiento que ofenda a Dios.
Pero asimismo notemos que es un tema de la voluntad, en el v. 7, dice “la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús”. Es decir, una labor del Espíritu, un fruto, pero el Espíritu no tiene necesidad de dar fruto,
somos nosotros, entonces es evidente el componente volitivo que incluye este mandamiento,
como con toda la palabra de Dios, debemos ser obedientes.
Por ultimo; “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Siempre que oigo este versículo, lo oigo
fuera del contexto, Pablo, en los versículos previos, claramente habla de vivir humildemente, y
en abundancia, de escasez, de necesidad, de estar saciado y de padecer hambre. El contraste es
claro, cualquiera sea la situación, Pablo sabe contentarse. No habla de vencer demonios, de
vencer adicciones y sufrimientos, no habla de “declarar” victoria, mucho menos de generalizar
y exportar el versículo para usarlo indiscriminadamente a todo lo que se nos antoje. Es un
problema general de la Iglesia, sacar versículos fuera de contexto para sostener practicas
mentirosas y falaces, Pablo no habla ninguna situación, que no sea la, condición en la cual se
encuentra, de prisión y de necesidad.
Recordemos el contexto general de la carta, hagamos una exegesis precisa, trazando la verdad
como obreros que “no tienen de que avergonzarse”. Existen tantos versículos malinterpretados
de la Biblia, que se usan para sostener enseñanzas falsas. Pero nosotros seamos fieles, un verso
se interpreta en el contexto del pasaje, del capítulo, del libro al que pertenece y del contexto
general de la Biblia, eso es Teología bíblica. Existe la Hermenéutica, para ayudarnos con esas
reglas de interpretación, cualquier, otra interpretación que no es aquella, que el Espíritu nos da,
es un pretexto para dar forma a una herejía, un argumento para decir que la revelación no está
completa y además es opuesta a la enseñanza de doctrina sana y fiel (2 Tim 1, 13; 4, 3; 1 Tim 4,
6; Prov 4,2, Lc 1, 4, Ti 2,7).
Por último el v.19 lo he escuchado tantas veces de parte de los falsos maestros de la prosperidad,
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”,
dicen que mientras más “siembres” (dinero), más te “bendecirá” Dios. Solamente quiero hacer
notar que uno de los rasgos principales de los falsos maestros es su amor al dinero y la voraz
codicia de ganancias deshonestas. No podemos ofrecer a las personas cosas que Dios no ofrece,
una vida piadosa es tan difícil de llevar para aquellos “ricos” y nuestro Señor dice: “De cierto os
digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos” (Mateo 19,23). Hay mucha tela
que cortar con este tema pero, la enseñanza es clara (Hebreos 13, 5; Prov 23, 4; 1 Tim 6, 9: 1
Tim 6, 10) entre otros.