Otras oraciones reveladas por Bahá’u’lláh
¡Puro y santificado eres, oh mi Dios! Cómo ha de correr la pluma y fluir la tinta
después de que han cesado las brisas del tierno afecto y han desaparecido las señales
de la munificencia, cuando se ha levantado el sol de la humillación y se han
desenvainado las espadas de la calamidad, cuando se han elevado los cielos del dolor,
y las nubes del poder han descargado los dardos de la aflicción y las lanzas de la
venganza de tal manera que las señales de la alegría han abandonado todos los
corazones y las muestras de regocijo se han borrado de todos los horizontes, se han
cerrado las puertas de la esperanza, la misericordia de la brisa celestial ha dejado de
soplar sobre el rosedal de la fidelidad, y el torbellino de la extinción ha sacudido el
árbol de la existencia. La pluma gime, la tinta deplora su condición y la tabla está
sobrecogida ante este clamor. La mente está agitada por el sabor de esta pena y este
dolor, y el divino Ruiseñor clama: «¡Ay! ¡Ay por todo lo que se ha hecho que
aparezca!». Y esto, oh mi Dios, no proviene sino de Tus dádivas ocultas.
—Bahá’u’lláh
¡Oh Tú que sostienes en Tu puño el Reino de los nombres y el Dominio de
todas las cosas! Tú ves cómo me he vuelto un extraño fuera de mi país a causa de mi
amor por Ti. Te suplico, por la belleza de Tu rostro, que hagas de la lejanía de mi
tierra un medio para que Tus siervos se aproximen al Manantial de Tu Causa y al
Amanecer de Tu Revelación. ¡Oh Dios! Te invoco con una lengua que no ha
expresado una sola palabra de desobediencia a Ti, implorándote que, por Tu
soberanía y poder, me mantengas a salvo en el refugio de Tu misericordia y me
concedas fuerza para servirte a Ti y para servir a mi padre y a mi madre. Tú eres, en
verdad, el Todopoderoso, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.
—Bahá’u’lláh
¡En el Nombre de nuestro Señor, el Más Santo, el Más Grande, el Excelso, el
Más Glorioso!
¡Gloria sea a Ti, oh Tú que eres el Señor de todos los seres y el Objetivo Último de
toda la creación! Doy testimonio, con la lengua de mi ser interior y exterior, de que Tú Te
has revelado y manifestado, has hecho que desciendan Tus versículos y has demostrado
Tus pruebas, y de que eres independiente de quienquiera que no seas Tú y santificado
por encima de todo cuanto no seas Tú mismo. Te pido, por la gloria de Tu Causa y la
fuerza de Tu Palabra, que ayudes generosamente a quienes se han dispuesto a cumplir
con lo que les ha sido ordenado en Tu Libro, y a llevar a cabo aquello que haga difundirse
la fragancia de Tu aceptación. Tú eres, en verdad, el Poderoso, el Benévolo, el
Perdonador, el Munífico.
—Bahá’u’lláh
¡En el Nombre de nuestro Señor, el Más Santo, el Más Grande, el Excelso, el
Más Glorioso!
¡Oh Dios, mi Dios! Tú ves cómo Tu siervo ha vuelto el rostro hacia Ti
deseando tener el honor de realizar aquello que se le ha ordenado en Tu Libro.
Decreta para él, mediante Tu Exaltadísima Pluma, aquello que le haga acercarse a
la Cumbre Más Sublime. Tú eres, verdaderamente, el Educador del mundo y el
Señor de las naciones, y Tú eres, en verdad, el Potente, Quien todo lo subyuga, el
Todopoderoso.
—Bahá’u’lláh
¡Oh Dios, mi Dios! Glorificado seas por cuanto me has guiado al horizonte de
Tu Revelación, me has iluminado con los esplendores de la luz de Tu gracia y
misericordia, has hecho que declarare Tu alabanza y me has dejado contemplar lo
que ha sido revelado por Tu Pluma.
Te suplico, oh Tú que eres el Señor del reino de los nombres y el Hacedor de la
tierra y el cielo, por el susurro del Divino Árbol del Loto, y por Tu dulcísima expresión que
ha embelesado las realidades de todas las cosas creadas, que me alces en Tu Nombre en
medio de Tus siervos. Soy aquel que, de día y de noche, ha deseado permanecer ante la
puerta de Tu generosidad y personarse ante el trono de Tu justicia. ¡Oh Señor! No alejes
de Ti a quien se ha aferrado al cordón de Tu cercanía, ni apartes a quien ha dirigido los
pasos hacia Tu muy sublime posición, la cumbre de la gloria y el supremo objetivo, esa
posición en la que cada átomo exclama en la lengua más elocuente: «¡La tierra y el cielo,
la gloria y el dominio son de Dios, el Todopoderoso, el Todoglorioso, el Más Generoso!»
—Bahá’u’lláh
¡Él es el Todoglorioso!
¡Alabado seas, oh mi Dios! Tú me llamaste, y yo Te respondí. Me convocaste, y
yo me dirigí presuroso hacia Ti, y me puse al amparo de Tu misericordia y busqué
refugio en el umbral de la puerta de Tu gracia. Tú me has educado, oh mi Señor,
mediante Tu providencia, me has escogido para Ti solo, me has creado para servirte y
me has elegido para presentarme ante Ti. Te suplico, por Tu muy glorioso Nombre y por
Tu belleza que ha asomado sobre el horizonte de Tu exaltadísima Esencia, que me
relaciones contigo, tal como hiciste en otro tiempo, y no me separes de Ti. Haz
entonces, oh mi Dios, que de mí brote aquello que sea digno de Ti. Tú eres, en verdad,
poderoso sobre todas las cosas.
—Bahá’u’lláh
¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! Atestiguo que este es Tu Día, que ha sido
mencionado en Tus Libros, Tus Epístolas, Tus Salmos y Tus Tablas. En él has puesto
de manifiesto lo que estaba oculto en Tu Conocimiento y guardado en los depósitos
de Tu protección infalible. Te suplico, oh Señor del mundo, por Tu Más Grande
Nombre, por el cual fueron sacudidos los miembros de las gentes, que ayudes a
Tus siervos y a Tus siervas a que se vuelvan constantes en Tu Causa y a que se
dispongan a servirte.
En verdad, Tú eres poderoso para hacer todo cuanto sea Tu voluntad, y en
Tu puño están las riendas de todas las cosas. Tú proteges a quien deseas
mediante Tu Poder y Dominio, y Tú eres, verdaderamente, el Todopoderoso,
Quien todo lo domina, el Más Poderoso.
—Bahá’u’lláh
¡Alabado seas, oh Señor mi Dios! Santifica mi ojo, y mi oído, y mi lengua, y mi
espíritu, y mi corazón, y mi alma, y mi cuerpo, y todo mi ser, para que no se vuelva
hacia nadie que no seas Tú. Dame de beber, entonces, de la copa que rebosa con el
vino sellado de Tu gloria.
—Bahá’u’lláh
¡Él es Dios! ¡Exaltado es Él, el Señor de la fuerza y la grandeza!
¡Oh Dios, mi Dios! Te doy gracias en todo momento y Te ofrezco alabanza en
toda condición.
En la prosperidad, toda alabanza es para Ti, oh Señor de los mundos, y en su
ausencia, toda gratitud es para contigo, oh Deseo de quienes Te han reconocido.
En la adversidad, todo honor es Tuyo, oh Adorado de todos cuantos están en el
cielo y en la tierra, y en la aflicción, toda gloria es Tuya, oh Encantador de los
corazones de quienes suspiran por Ti.
En la desdicha, toda alabanza es para Ti, oh Tú, Objetivo de todos cuantos Te
buscan, y en el bienestar, toda acción de gracias es para Ti, oh Tú cuyo recuerdo
atesoran los corazones de quienes están próximos a Ti.
En la riqueza, todo esplendor es Tuyo, oh Señor de quienes están consagrados
a Ti, y en la pobreza, todo mandato es Tuyo, oh Tú, Esperanza de quienes reconocen
Tu unidad.
En la alegría, toda gloria es para ti, oh Tú, fuera de Quien no hay otro Dios, y
en la tristeza, toda belleza es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay otro Dios.
En el hambre, toda justicia es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay otro Dios, y
en la saciedad, toda misericordia es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay otro Dios.
En mi tierra natal, toda merced es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay otro
Dios, y en el exilio, todo decreto es Tuyo, oh Tú, fuera de Quien no hay otro Dios.
Bajo la espada, toda munificencia es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay otro
Dios, y en la seguridad del hogar, toda perfección es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no
hay otro Dios.
En la noble mansión, toda generosidad es Tuya, oh Tú, fuera de Quien no hay
otro Dios, y en el humilde polvo, todo favor es Tuyo, oh Tú, fuera de Quien no hay otro
Dios.
En la prisión, toda fidelidad es para contigo, oh Tú Otorgador de dones, y en el
encarcelamiento, toda eternidad es Tuya, oh Tú que eres el Rey sempiterno.
Toda generosidad es Tuya, oh Tú que eres el Señor de la generosidad, y el
Soberano de la generosidad, y el Rey de la generosidad! Atestiguo que Tú has de ser
alabado por Tus hechos, oh Tú, Fuente de la generosidad, y obedecido en Tus
mandatos, oh Tú, Océano de la generosidad, Aquel de Quien procede toda
generosidad, Aquel a Quien retorna toda generosidad.
—Bahá’u’lláh