0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 205 vistas19 páginasCon El Consentimiento Del Cuerpo
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CON EL CONSENTIMIENTO DEL CUERPO
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‘CON EL CONSENTIMIENTO DEL CUERPO"
w@ EL CONSENTIMIENTO
DEL CUERPO
VAS
fataMovimientoson Io precedente, més otros dos, que podras traby
padire de tu hijo. {Cudntas veces por dia 0 por
haczer? Sélo tu cuerpo puede saberlo. Esto no os
ques tengas que cum,
fia Ceantidad diaria por tus células, y que dejard
tw cuerpo, refrescado, no la necesite mas, Tit sol
en (qué forma estos movimientos modifican poco
como aflojas las mandibulas, como mueves los oj
restpirar y de despertar la inteligencia profunda.
§Si sientes necesidad de ello, puedes reiniciar
te gustan més. Son cortos y no requieren propa
les. Son, por asi decirlo, “movimientos inmévile
rir Ha suficiente concentracién como para poder
una) sala de espera, en un autobis, a espaldus dé
Lo ‘anico que tienen de notable es su extrema,
as0Imbrosos resultados que obtendrés después de
uno} de ellos. Asombrosos, porque si después de
el Piie derecho, por ejemplo, o la pierna, supone
lara mas flexibles y alargados, en cambio no suph
enefontrarse con el ojo derecho mas abierto y con el
de la cara mas distendido. Sin embargo, esto es lo
observar, y podras sentir asi fisicamente cémo toda
en tu cuerpo: la parte inferior esta bajo la depel
139superior, la delantera reacciona a la trasera, una cavidad
rouponde a otra cavidad.
Podris mejorar asi la velocidad y precision de las érdenes
Herviosas entre tu cerebro y tus mtisculos. Podrés afinar las
Percepciones de aquellos muisculos que no puedes gobernar a
Voluntad, los del itero, por ejemplo. Estas percepciones te serén
de una ayuda inestimable para permanecer en contacto armo-
oso con tu bebé a lo largo del embarazo, y también para saber
Heeonocer y aceptar sin temor, Hegado el momento, los movi-
iientos de tu cuerpo entero, pronto a entreabrirse para dar na-
eimiento
ios ojos, 1a boca y
sus movimientos tienen aqui una gran
lejados de ellos por su ubicacién, son pa-
titero y del sexo, Todos estan rigurosamen-
indos a tu sistema nervioso inconsciente.' No sabemos
de los movimientos infimos, continuos y profundos de
OrKahos de los sentidos. Estos movimientos no depen-
voluntad, pero dependen estrechamente de
odbnes. El miedo, el estrés, pueden hacer que tus
Sontraigan, come hacen contraerse los misculos del
‘titudio norteamericano demostré recientemente que
Mujeres encintas cuyos hijos se presentaban por la
un hebés se dieron vuelta espontaneamente tras
madres una serie de sesiones de hipnosis que les
Hescontraerse y, por consiguiente, descontraer la
dol titero, que no permitia la'insercién normal del
§fupo testigo de las madres que no habfan realizado
Hesidn, s6lo veintiséis bebés se pusieron solos cabeza
(ue hacer estos movimientos en el momento de parir?”,
intan a veces las alumnas. Si surgen en su mente, es
@n su boca, en sus ojos 6 en los dedos del pie, spor qué no?
ma neurovogetativo,
tal of American Medicat Association (JAMA), citado por Psycholo
de 1995,
t
Yo los tengo més bien por elementos de un alfabeto indispensa-
ble ala hora de descifrar los mévimientos, las percepciones de tu
cuerpo, del adentro y del afuera. Tal vez en el punto culminante
de la pasi6n no se te ocurriria deletrear cada una de las letras de
cada una de las palabras de una ardiente declaracién de amor.
Poro tu lengua y tu halito seréin fluidos, tus miisculos, déciles y
flexibles, y tu deseo de traer al mundo, poderoso.
1, A LAS PUERTAS DI
PALADAR: LOS LABIOS
Este movimiento de la boca puede realizarse sentada en una
silla, con los pies preferentemente descalzos y hien apoyados en
el suelo. Hay que encontrar un asiento de In altura exacta para
tus piernas. Tus manos estan suavemente echadas con las pal-
mas hacia arriba y descansan sobre tus muslos. Empieza por
hacer unas pequefias sefias “si” con la cabeza
Abre las mandsbulas, pero deja los labios cerrado:
te posados uno sobre otro, con sus misculos flojos, Im:
tus labios se expanden a lo ancho, carnosos y suay
rarse nunca,
Con la punta dela lengua, sigue muy delicadamente por den-
tro el contorno de tus labios unidos. Encuentra sus comisuras
a derecha y a izquierda, Sigue paseando tu lengua muy suave-
mente de un lado al otro, tratando de adivinar con la punta de
a lengua la forma de tu hoca de labios cerrados. Int
leve sonrisa y adivina otra vez, desde el
sonrisa,
2, POTENCIA DE LA LENGUA
Este movimiento te ayudaré a percibir mejor los musculos de
la boca, que tienen la costumbre de hacer juntos una cantidad
de movimientos automaticos. Aprender a percibir los movimien-
tos que vienen de las mandfbulas, los que vienen de Ia lengu
los de los labios, aprender a diferenciarlos, a dominarlos, te
ay
141ayudard a relajar las tensiones museulares de la boca, que son
muy fuertes, y de este modo las de tu cuerpo entero.
Para la primera vez, te aconsejo hacer este movimiento acos-
tada en el suelo de espaldas.’ Después, cuando lo percibas bien,
\drés hacerlo sentada.'Instélate con las piernas flexionadas:
los pies bien planos sobre el suelo, juntos. ‘Tus muslos estén.
juntos. Tu cintura, de ser posible, toca el suelo. Observa tu res-
piracion y, cuando sientas necesidad de expeler el aire, aprieta
entre sf la parte superior de los muslos. Afloja cuando inspires.
Durante el tiempo de dos o tres respiraciones.
Si, se trata cabalmente de un movimiento de la boca. Pero
sera més eficaz todavia si antes de comenzar tienes el euidado
de alargar los misculos interiores de tus muslos. Contraerlos.
jentemente es la mejor manera de hacerlos alargarse, y
Ahora afloja el interior de los muslos. Abre y cierra la boca
mo un pez 'r¢jo, lentamente, tranquilamente. Continia asi
durante uno o Yos minutos, tratando de dejar tu lengua bien.
expandida, acostada en el interior, sobre el piso de tu boca. Pa-
siva. También los misculos de los labios estan pasivos. Sélo tra-
bajan los maseteros, que son los musculos de tus mandibulas.
Observa, sin intentar cambiarlo, el ritmo de tu respiracién.
Ahora deja la boca cerrada, las mandfbulas juntas, pero no apre-
tadas. Trata de contraer la lengua en el interior de tu boca. Muy
musculosa, posee diecisiete misculos para ella sola.
cate suavemente la palma de la mano derecha sobre la
in tapar las aberturas de tus fosas nasales. Entreabre las
mandibulas, y conta punta de la lengua aguzada tantea la palma
de tu mano. Vuelve a entrar la lengua en la boca y empieza de
nuevo. Ahora, en el momento de soltar el aire, intenta apoyar
Ja punta de la lengua contra tu palma. Cuando inspires, afloja la
presién. Continua asi durante alrededor de un minuto.
8, Después de todos los movimientos de espaldas, date tiempo para girar
sobre el costado antes de sentarte. No intontes sentarte mediante un “golpe de
142
Ahora, atiesa la lengua e intenta rechazar tu palma siempre
al expeler el aire con mas fuerza. ‘Tu lengua debe estar en punta,
cénica, muy compacta. ‘Trata de percibir de qué modo, ella sola,
tiene fuerza para levantar la palma de tu mano.
Evita contraer y ahuecar la nuca. Evita contraer los labios y
no cierres las mandibulas después de cada presién. Trata de que
este trabajo sea un puro movimiento de tu lengua, efectuado de
manera precisa en el momento de exhal
3. EL OMBLIGO DEL PALADAR
2Cémo esta hecho el interior de {x1 boca? Pocas personas lo
saben; sin embargo, con un conocimiento téctil, sensorial, de tu
boca puedes finalmente ocupar tu espacio interior, liberar tens
siones de tus maxilares y permitir el libre ida y vuelta del aire
en tus pulmones,
», Coléeate sentada o echada de espaldas, como en el ejere!
precedente, Con la nuca alargada en todos los casos, Con la p
de la lengua, flexible, roza tu paladar. Recorre en todos 108 i
tidos Ia parte rigida de tu paladar. Témate tu tiempo, no da
ni un milimetro sin explorar.
Ahora lleva la lengua hacia la derecha, sobre las encias de
molares de arriba y vuelve lentamente al medio, hacia las e
de los incisivos centrales. No te intereses mas que por tu mi
superior. Haz este recorrido interno varias veces, efectuando.
pequena pausa sobre las raices de cada uno de tus dientes,
después de ir mas alld de los molares, hacia las encias
muela del juicio, arriba a la derecha, aun cuando esta muel
no esté o nunca haya estado. Haz este recorrido a la izquil
con la misma lentitud.
Ahora Hleva la punta de la lengua hacia arriba, hacia eb
la parte flexible de tu paladar. Recérrelo en todos los senti
‘Vuelve hacia la parte rigida y después hacia las encias. Tri
de apreciar con la punta de la lengua la diferencia de relieve,
diferencia de temperatura en el interior de tu boca.
Coloca la punta de la lengua sobre las encias de los incisi
143SSSSSeeevsss
centrales, tus dos dientes de adelante. Y remonta lentamente la
boveda de tu paladar, por su parte media, hasta el velo. Encon-
trards bajo tu lengua una especie de frontera que hace
gas dos paladares, uno derecho y ur erdo. Sigue del
mente esta cresta que separa tus dos paladares. Encontraras
una especie de pequefio “ombligo” baj
ombligo en miniatura. Apoya tu lengua sobre
de expeler el aire. Relaja la presién cuando inspires
Coloca la yema de tu pulgar derecho contra tu paladar dere-
cho. Presta atencién a tu respiracién y, cuando sientas necesidad
de expeler, aprieta el pulgar contra él paladar. Evita contraer el
hombro 0 el brazo... Presiona asf unas diez veces. Més, si te sien-
tes cémoda en este movimiento, Tus ufias deben estar cortas,
evidentemente; pero tendran necesidad de estarlo para la lega-
da de tu bel.
Retira el pplgar. Descansa, Compara el espacio interior de tu
paladar deredho y del izquierdo. Compara tus sensaciones a ni-
je los senos, las mandibulas, los bronquios, los pulmones.
Compara el lado derecho y el izquierdo, Luego coloca el pulgar
ontra tu paladar derecho, y el pulgar izquierdo contra
\dar izquierdo. Presiona, con convicci6n pero sin violencia,
‘tias una decena de respiraciones tranquilas.
4, COMO UNA CUNITA
Para este movimiento necesitas una pelota bastante blanda,
del tamaio de un pomelo grande. Este movimiento permite que
isculos lumbares se descontraigan, se alarguen. El sacro,
uerdo, forma una masa ésea triangular en la parte infe-
de 1a columna; la punta de abajo se articula con el ¢
arriba, el sacro se articula con los huesos de tu pelvis y eon
ma vértebra lumbar. Tiene forma ahombada, convexa del
de la espalda y céncava del lado del vientre. Forma, pues,
pecie de cunita en la que vendrian a acostarse tu utero y
vientre cuando ests echada.
144
‘Tantéate el sacro con la mano, trata de seguir su contorno,
Gon los dedos, encuentra tu eéecix bien abajo de la cohumna, en
Ja raya de las nalgas. Esta situado mas bajo de lo que muy a
menudo imaginamos. Sigue también el contorno de los huesos de
tu pelvis, los huesos de las “eaderas”, como se dice impropiamente.
Las “crestas segtin los libros de anatomfa. Todo esto con
una mano lo mas precisa y liviana posible.
Acuéstate de espaldas, con las piernas fexionadas.
stn juntos y bien planos. Aparta ligeramente los mu:
posar la palma de tu mano derecha entre tus piernas, sobre tu
pubis y tu sexo; posa la palma de tu mano izquierda sobre tu
mano derecha ya en su sitio. No hace falta presionar. Cuando el
volumen de tu titero haga imposible este ademan, no te obstines,
podras hacer el movimiento con los brazos a lo largo del cuerpo.
Presta atencién a tu respiracién y, cuando sientas necesidad de
pereibir contra las manos la fuerza de-tus misculos:
que estan en el interior de ts muslos. Durante el
0 cuatro respiraciones tranquilas.
y los pies juntos sin tensién imutil, y
sacro y del céccix. Después, no hagas nada; es lo més dificil
Deja que tus “rinones”, es decir tus misculos lumbares, se
aproximen al suelo, se posen suavemente. Todas las partes seas,
densas y fuertes de la trasera de tu cuerpo, la columna vertebral,
el sacro, los huesos de la pelvis, se aproximan al suelo, se ahue-
can como una cuna, se hacen acogedores para recibir tu vientre,
tu titero, sus liquidos, su placenta, y para recibir a tu precioso
bebé. No bien percibas los movimientos de tu bebé, percibira
también sus reacciones en el momento preciso en que consigas
estirar la espalda, Probablemente quiera
volteretas, feliz de estar a sus anchas en este espacio que le das.
‘A medida que la parte inferior de tu espalda se alarga, senti-
rs quizs ahuecarse tu nuca y acortarse por un juego de com-
pensacién, como si tus muisculos consintieran por un lado y se
rehusaran por el otro. Intenta mantener también la mica calma
da y, si puedes, tus hombros cerca del su
145Quita la pelota. Coloca muy suavemente las manos sobre el
vientre y saborea la comodidad, la seguridad de tu sacro posado
en el suelo,
8. CUANDO TU ESPALDA RESPIRA.
Para este movimiento necesitas dos pelotitas muy pequenas
de alrededor de dos centimetros de diémetro. Pueden llegar a
tres centimetros si no sientes ninguna molestia, pero nunca més
que eso. Yo utilizo unas pelotitas de corcho, porque se trata de
una materia suave y agradable al tacto. Si no encuentras pelotas
de corcho, puedes tomar unas nueces. O castaiias de Indias bien
redondas y ya un poco arrugadas.
\
‘t
\}
Los puntos corresponden a los lugares donde situar
las pelotitas, a la altura del sacro y de la eintura.
Acuéstate de espaldas, con las piernas flexionadas, los pies
Juntos; contrae el interior de tus muslos como en el movimiento
mimero 4. Luego descansa tus manos a lo largo del cuerpo e
intenta relajar tus misculos “aduetores”, del interior de los
muslos.
Concentra la atencién en tu sacro. rata de pereibir eu forma
¥ 8u contorno segiin su contacto con el suelo. Trata de percibir
con exactitud el lugar en el que comienza a elevarse (hacia su
punta inferior, en las cercanfas del eéccix) y se queda sin tocar
el suelo,
Toma una pelotita de corcho y colécala a la derecha del sacro,
No sobre el hueso del sacro, sino cerca de su borde, ahi donde
ientes que comienza a despegarse del suelo, es decir, en las
cercanias del eéceix. Tu cuerpo est apoyado sobre la pelota,
percibes su contacto, pero no debe ser demasiado doloroso, Si lo
es, hay que cambiar el emplazamiento de la pelota. Ponla més
hacia afuera del sacro, es decir, todavia mas a la derecha, 0
mas abajo. Por supuesto, tu cuerpo debe seguir en contacto con
ella.
Después, no hagas nada. Observa este contacto, las eventua-
les reacciones de tu espalda, de tu vientre, de tus hombros, de
tu nuca. Trata de soltar las tensiones de tus “rifiones; apoya th
cintura en el suelo. Si no sientes mas que un contacto leve, tame
bién esta muy bien, No hay que pensar que cuanto mas dale.
mejor es.
En cuanto tu lado derecho haya dominado ese contacto de
cuerpo extraiio, coloca la otra pelotita a la izquierda, a la mis
altura, en forma simétrica. Asi, tienes las dos pelotas a cada hi
del sacro. Tomate tiempo también para posar la cintura
suelo, para relajar tus “rifiones”.
Abre la boca, mantén la lengua bien expandida en el i
rior. Presta atencién al ritmo de tu respiracién, Cuando si
tas necesidad de expeler el aire, intenta hacer una pret
ligera de tu cuerpo sobre las pelotitas, Cuidado, no levantey
espalda para hacerlo, El movimiento es interno y muy le
Después, cuando sientas necesidad de inspirar, haz tamb)
una presién ligera sobre las pelotitas. Haz como si tuviel
147SSeesssss
ahi, a eada lado del sacro, dos mimiseu
mentarios que quisieran respirar a
flarse, a un ritmo apacible
Al cabo de un minuto, 0 mas si todo esto te agrada, quita las
pelotitas con ademan simple, tratando de no efectuar ninguna
contorsién. Deposita con mucha delicadeza las manos sobre tu
panza, y goza de la amplitud de tu espalda, desde los hombros
‘asta el sacro, Descansa todo el tiempo posible, y después estira
suavemente las piernas, una después de la otra, dejando desli-
arse los talones sobre el suelo sin levantarlos y sin perturbar tu
espalda. Deja caer tus pies como quieran y goza una vez mas dol
oyo confortable de tus pantorrillas, de tus muslos sobre el si
almones suplo-
vez. Inflarse, desin-
6, CUANDO TU BSPALDA RESPIRA AUN.
Cuando estés bien adiestrada en este movimiento podras pasar,
fa, al sigtiente. Intenta localizar, a nivel de tu cintura, el
io entre el hueso de tu pelvis (eresta ilfaca) y tus eo
atrés se encuentran las vértebras lumbares, pero a los
ados no sientes en ese espacio ninguna parte
le se instala lo que yo llamo “puiiados de amor”.
Acuéstate de espaldas, pon tus pies juntos bien planos y acer-
tus muslos. Después coloca la pelotita a la derecha de tu cin-
hacia afuera, es decir bastante a la derecha como para que
ntacto sea perceptible pero no doloroso. Abre la boca, presta
én a tu respiracién, Cuando te sientas eomoda, coloca la
pelotita a [aiaquierda, de forma simétrica. Respira tranqui
rente hacia Jag pelotitas, como si tus pulmones se prolongaran
hasta la cintura, haciendo, n ligero masaje atu
pelotitas, témate tiempo para descansar
as piernas atin flexionadas, y para observar lo mas finamen.
te posible de qué modo se apoyan tu cintura, tu espalda, tus
hombros y de qué modo puedes percibir tu respiracién.
7. COMO UN PULMONCITO ENTRE TUS OREJAS,
Prepara la pelota blanda del tamaho de un pomelo grande.
Acuéstate de espaldas, los pies juntos bien planos y los talones
en vertical a tus rodillas a fin de que la cintura descanse en el
suelo. Coloca las manos entre las piernas y presiona tus muslos
entre sf dos o tres veces, en el momento de expeler el aire; afloja
la presién cuando inspires. No precipites el ritmo de tu respi-
racién,
Descansa tus brazes a lo largo del cuerpo. Concentra tu aten-
j6n en la nuca y los hombros. Abre la boca y afloja la lengua
‘Trata de hacer unas minisculas sefias “si” con la cabeza, sin
levantarla del suelo, Contintta haciéndolo unas diez veces. In-
tenta hacer unas mintsculas sefias “no”. ‘Trata de localizar bien
el apoyo de tu cabeza sobre el suelo. Abre bien grandes los ojos
y mira el techo directamente por encima de tu cara, Localiza un
punto en el cielo raso. Ahora, coloca la pelota grande debajo de
tu cabeza, como una pequefia almohada. Cuidado, no
sino mas bien hacia el vértice del crénco, entre tus orejas. Rspe-
ra a que la cabeza, la nuca y el cuello entren en confianza y
acepten hacer caer su peso sobre la pelota grande,
Deja la lengua expandida y la boca entreabierta. Ahora, trata
de volver a encontrar tu punto de referencia en el techo. Para
hacerlo, no pongas la cabeza hacia atras. Mejor, abre mds los
ojos. Intenta respirar tranquilamente, con la boca sin apretar.
‘Tu caheza esta bien apoyada sobre la pelota y tu cuello esta en
reposo. No es él el que hace el esfuerzo de mirar hacia arriba,
sino tus ojos,
Ahora, cuando sientas necesidad de expeler, trata de hacer
una leve presién sobre la pelota. Afloja esta presién cuando ins-
Pires. Si puedes, trata de no apartar Ia mirada de tu punto de
referencia en el techo. Segtin tu respiracién, tu cara se aleja li-
geramente de él 0 se le acerca. Trata de no levantar Ia cintura y
de no hacer trabajar la nuca, sino solamente la delantera del
cuello cuando presiones Ia pelota con Ia cabeza, Tu sacro, tu
espalda son como un zécalo firme anclado en el suelo, donde
descansan el pecho y el vientre. La pelota que tienes detras de
149la cabeza es como un pulmén suplementario que se infla y se
desinfla ligeramente al ritmo de tu respiracién, Ningtin ruido de
respiracion sale de tu boca, solamente entreabierta y relajada, y
ningtin ruido viene de tu garganta, solamente ofrecida al paso
del aire
Quita la pelota, apoya la cabeza en el suelo, Descansa las
piernas todavia flexionadas. Aprecia los apoyos de tu eréineo, de
tus hombros. Hstira tranguilamente tus piernas deslizando los
talones sobre el piso, primero uno y después el otro.
8 CUANDO TUS OJOS VIAJAN.
Las primeras veces haz este movimiento tendida de espaldas.
Este trabajo, que restituye a tus ojos una mayor libertad de
movimientog, puede disolver rigideces, inhibiciones que no sos-
pechabas y Que a menudo se deben a tu historia desde el primer,
dia de tu vid
Listas, pues, acostada, con los pies juntos y bien planos, los
muslos unidos. Toma las dos pelotitas pequefias y colécalas en el
suelo a cada lado de tu cara, a la altura de tus ojos bien abiertos,
#una distancia que corresponda al largo de tus brazos, Deja caer
los brazos a lo largo del cuerpo. Abre la boca, deja expandida tu
lengua en el interior, desplegada como la hoja de un nenuifar.
Agita los pérpados unas diez veces. Trata de estirar la nuca,
Ahora, sin girar la cabeza, vuelve tu mirada hacia la pelotita
que tienes a la derecha y regresa al medio. Haz varias veces este
ovimiento, Sélg con los ojos, Tal ver sientas que tu mandibula,
o tu lengua, se agitan en el intento de ir también hacia la dere.
cha. Trata de calmarlas y de que s6lo se muevan tus ojos.
Prueba después a volver la mirada hacia la pelotita que tienes
a la izquierda. Varias veces. Es posible que sientas una gran
diferencia de movimiento en los dos lados.
Ahora leva tus ojos de una pelotita a la otra sin detenerte ni
de un lado ni del otro, ni en el medio. Tal vez tu nuca se esté
crispando, Trata de calmarla. Tus mandibulas permanecen flo-
Jas, y de ser posible tu lengua expandida y tu respiracin libre.
150.
Si lo soportas bien, puedes continuar este movimiento durante!
dos 0 tres minutos, |
Después, agita vivamente los parpados. Vuelve a flexionar las
piernas, y después suavemente estiralas.
Si Inego haces este movimiento sentada, lo harés durante
menos tiempo; Instélate en una silla con los pies bien planos,
paralelos y ligeramente separados. Los muslos ligeramente se-
parados también, segtin el ancha de tus caderas. Blige puntos de
referencia a cada lado de tu-cara, a la altura dé los ojos, y sobre
todo no gires la cabeza hacia ellos. Solamente los ojos.
9. CUANDO MENEAS LA CABBZA
COMO UN RECHEN NACIDO..
Girar la cabeza a la derecha, a la izquierda, es uno de los
primeros movimientos de los recién nacidos; buscan con la nari,
con el olfato, el pecho nutricio de su madre.
Este movimiento areaico que también ti hiciste si te dej
el tiempo para ello, ahora te lo aconsejo para trabajar la flexible
lidad de tu nuca. Echate de espaldas, con las piernas flexiona-
das, los pies y los muslos juntos. Haz con la cabeza unos signos
“sf”, intentando mirarte el pecho y la panza.
Ahora, toca con los dedos tu oreja derecha, delicadamente,
sigue el contorno’ del pabellén (si llevabas aros, te los habrag
quitado) y presiona delicadamente el lébulo entre tus dedos,
Luego, deposita los brazos a lo largo del cuerpo, dejando tus manos
blandamente echadas hacia arriba; tratando de mantenerla en
el medio, gira la cabeza a la derecha sin levantarla coma pi
apoyar la oreja en el suelo; vuelve a poner la cara de frente
empieza otra vez. Presta atencién al ritmo de tu respiraciGi
ahora, relajando lo mas que puedas las mandibulas, en el 1
mento en que sientes ganas de expeler el aire, intenta girar
cabeza hacia la derecha para apoyar la oreja. Vuélvete de fr
en el moniento de inspirar. Sobre todo no precipites la respi
cién; este movimiento no debe ser rapido. Si puedes, continua
durante dos 0 tres minutos.
11Después vuelve al medio, estira lentamente las piernas des-
lizando tus talones por el piso. Tomate tiempo para intentar
percibir las sensaciones de tu cara, del lado derecho, del lado
izquierdo, y de tu respiracion, y de tu espalda, y de tus piernas.
Ahora tu pierna derecha es quizé mas larga qué la otra, momen-
tdineamente. Gira la cabeza a la derecha y ala izquierda; intenta
saber qué lado te-parece ms liviano, mas viviente y mévil
Lego, flexiona de nuevo las piernas y “haz” el lado izquierdo.
10. CUANDO TU COLUMNA VERTEBRAL CANTA.
Aqui, todo empieza en la nuca. Las vibraciones de tus cuerdas
voeales podran hacer cantar tu columna vertebral y llegar asi
hunsta tu pelvis donde, desde su sexto mes, tu bebé escucha por
itlos, ¥ por toda su piel probablemente desde mucho antes.
bb begs y provista de todas sus armonfas lo colma de
# la nuca no es facil porque esta cubierta por unos
los cortos, apretados, fibrosos, que no cesan de contraerse.
{turaleza los hace acortarse, y también la naturaleza de los
imientos de nuestra vida. A 1a menor emocién, la nuca se
TelrA y Ke esconde entre los hombros.
Instilate sobre una bangueta, con los pies paralelos, un
poe separados y bien planos. Técate con el dedo la fontanela
posterior. Esta fontanela marca una muy ligera depresién en
Ja cima del créneo, en la juntura de los huesos. Bs un recuerdo
de tu nacimiefito; si naciste por las vias naturales, 1a que
primero vio la luz fue tu fontanela. No confundirla con la fon-
tanela anterior, que se encuentra en Ia parte superior de tu
créneo,
Acarfciate la nuca con mano liviana, bajando; es decir desde
la cabeza hacia tus hombros. Con tu mano izquierda acaricia tu
hombro derecho, sigue con la palma su redondez. Con tu mano
derecha acaricia tu hombro izquierdo. Sobre 1a misma piel, es
mejor. Después, coloca las manos sobre tus muslos, blandamente
echadas hacia arriba.
Ahora concentra toda tu ateneién en la'fon-
tanela posterior; cierra los ojos; imagina que
esta provista de un ojo e inclina un poco la
cabeza para que pueda “ver” lo que sucede
delante de ti, Trata de inclinar solamente la
nuca, y no la espalda. Levanta la cabeza y
vuelve a hacerlo varias veces.
Con los ojos siempre cerrados, trata de
mantener tu fontanela clevada y adelanta
un poco los labios como para mandar un
beso. Varias veces. Intenta percibir el vo-
Tumen, lo carnoso, la suavidad de tus la-
bios. Después, muy suayemente, deja fil-
trar un sonido entre tus labios adelanta-
dos: “Mmma, mmma, mmma...”. Trata
de percibir la resonancia de este sonido
en tu cuerpo, btiscalo en tus labios, o en
la nariz, o en la nuea, 0 en el pecho.
Continiia as{ durante un minuto 0
dos, si esto te agrada, intentando per-
cibir las vibraciones de tus labios, de tu v
en tu perineo, cambiando a veees de tono pero con el sonido
pre muy fino, Apenas una vibracién interna, intimy
Luego, descansa un momento de espaldas, si puedes,
11. DE CERCA ¥ DE LEOS,
0 CUANDO TUS 0408 VIATAN TODAVIA.
Acuéstate de espaldas, con las piernas flexionadas, |
juntos y bien planos. Separa un poco los muslos y pon
derecha entre las piernas sobre el pubis y el sexo; «
mano izquierda encima de tu mano derecha. Abro la bog
cada exhalacién, aprieta los muslos uno contra el otro
\ductores” que estiin en su interior; cuatro 0 @
veces es suficiente. Si tu panza no te permite eolocar fitcilim
153mente a lo largo del cuerpo y conténtate con apretar los muslos
entre si, aflojando la presién cuando inspires.
Deja después tus piernas reunidas, pero no apretadas. Y los
brazos suavemente posados-a lo largo de tu cuerpo, de preferen-
cia con las palmas de las manos hacia arriba. Trata de bajar tu
espalda al suelo, Si se niega, puedes realizar el movimiento
niimero 4, en el que se colocaba una gran pelota blanda bajo el
durante unos minutos. Después, quita la pelota y apoya tu
espalda. No hagas el movimiento que sigue manteniendo esa
[Link] el sacro.
Deja la boca entreabierta, tu lengua distendida en el inte-
rior, y tus labios pasivos. Después, con los ojos bien abiertos,
empieza a mirar en el techo un punto-real o inventado. Miralo
durante unos segundos tratando de exhalar tranquilamente,
sin bloquear la respiracién. Después leva bruscamente la mi-
rada a tu vientre, sin levantar la cabeza. A continuaci6n, eleva
de nuevo los ojps hacia el techo, siempre hacia el mismo punto,
y lévalos otra vez hacia el ombligo. Continda esta ida y vuelta.
varias veces. Si sientes que puedes proseguir, hazlo durante
dos 0 tres minutos. Trata de que tu boca permanezea pasiva y
tu respiracién libre.
Después, cierra los ojos y bajo tus parpados cerrados muévelos
répidamente y en todos los sentidos, como lo haces cuando estas
durmiendo y sofiando, De ser posible, durante un minuto.
Luego estira suavemente las piernas, y descansa.
12, CUANDO EL INTERIOR DE TUS MUSLOS RESPIRA.
Acuéstate boca arriba, las piernas flexionadas, los pies jun-
tos; toma tu pelota blanda y colécala bajo el sacro como en el
movimiento numero 4. Espera a que tus rifiones, tu espalda, tu
nuca se calmen y se acerquen al suelo; después quita la pelota
y descansa.
Luego, sin levantarlas del suelo, estira las piernas eon pre-
caucién, haz deslizar tus talones por el piso para no ahuecar tu
espalda. Si de todas maneras se ahueca un poco, no te preocu-
154
pes. Permanece con las piernas alargadas y haz unas sefas
con la cabeza, tratando de mirarte el pecho y la panza. Luego,
desliza los dedos indice y medio de tu mano derecha en el inte-
rior de tu boca, y “engancha” tu mandibula inferior con estos
dos dedos; no crispes el hombro 0 el brazo. Acttia con deliende-
za, colova tus dedos sobre el hueso de tu mandibula, hacia las
raices de los dientes y no sobre éstos. Mantén asi abierto el
maxilar, ligeramente levado hacia el cuello, Por supuesto, no
fuerces la abertura. Expande la lengua. Continiia inspirando
por la nariz, pero exhala suavemente por la boca; intenta per-
cibir la tibieza de tu soplo, que pasa sobre tu lengua con cada
respiracién. Contintia asi uno o dos minutos, luego deja tu bra
zo a lo largo del cuerpo. Interésate por tu boea, trata de pereibir
tus maxilares quiz mas libres, menos apretados, y tu respira:
cin mas tranquile.
Después de este movimiento, que es bastante corto, puck
flexionar las piernas, volverte de costado, descansar un pi
Luego instdlate de nuevo boca arriba, con las piernas alargad
Otra vez, intenta mirarte el pecho y la panza sin levantar
cabeza. Varias veces,
Luego, concentra tu atencién en tus piernas, que siguen al
gadas es muy importante que no las Jevantes-, y muy sual
mente trata de acerear tus tobillos. Esto no es facil... Qi
decirte que para lograr este movimiento con soltura habriit
tener todos los musculos de la parte trasera del cuerpo flexi
y desanudados, de la nuca a los talones. Por eso, si no Io)
reunir inmediatamente los tobillos y los bordes internos dé
pies, no te desanimes, Lo poco que harés contribuiré ya a al
‘tu musculatura.
Por el momento, todo lo que sientes es quiz que debes
un gran esfuerzo entre los muslos, cerca de tu sexo; y q
hasta sientas que es casi imposible. Tal vez imagines que
rodillas son “demasiado gordas”, pero nunca es eso, se trata
Jos masculos de las piernas que son demasiado cortos y tiran
sesgo de las articulaciones de tus rodillas. En ningun caso
dras imaginar que ests alargando nada en tu musculaturi
Déjame explicarte que tus musculos
155Sood oo ooo ddbD Gs,
estan contracturados en a mayorfa de las personas, hom-
bres o mujeres, por razones anatémicas ¥ fisiolégicas concretas,
y también por razones ligadas a nuestra historia personal. Al
tar acercar Ios tobillos sin levantar las rodillas, sin hacer-
izquear” por dentro, sin retorcer los pies, volver la nuca
acia atras, levantar la espalda o compensar de una manera o de
pides a tus misculos “aductores” que hagan aquello para Io
sstsin hechos: aproximar tus muslos; pero como estan tan
jentemente crispados, se vuelven impotentes para hacer-
Sus fibras contraidas ya no tienen capacidad para cumplir
esta funcién natural que les pertenece. Sin embargo, en el mo-
tu bebé, tendras necesidad de toda la flexibilidad
Ponerse en tijera, separar los muslos a la fuerza esperando
largar los misculos aductores, como vi hacer en ocasiones a
mujeres embarazadas, es ilusorio, y peligroso para la parte infe-
rior de la eapalda, Las leyes de la fisiologia muscular no lo quie-
ren, y forzr estos miisculos no puede sino inducir un reflejo
inconscienté de contraer los , que es algo que ti no
quieres.
La mejor m: largar el interior de los muslos y la
parte inferior de la espalda es tratar de aproximar tus tobillos
on suavidad y firmeza durante unos segundos, haciendo este
iuerz0 en el momento en que expeles el aire, con la boca abierta
¥ ln lengua expandida...
Puedes hacer este movimiento durante unos segundos todos
Tos dins, después de instalarte en el suelo como expliqué antes,
de la rapidez y calidad de los resultados.
jovimiento es uno de los muchos que puedes hacer para
us pies, distenderlos y alargar tu musculatura, Prepara
Litas de corcho; instalate en una silla con los pies desnu-
os algo separados y bien paralelos; la nuca estirada, pon alta tu
yntanela posterior. Deja las manos apoyadas on tus muslos, con
156
lidad posible; puedes imaginar que estas respirando por Ia
ta del pie, tanto como por tus pulmones,
Después, ponte de pie; cierra los ojos; compara los apoys
tu pie derecho, de tu pie izquierdo; procura saber sobre
tus pies te sientes mas firme.
‘Luego, sentada, “haz” el pie izquierdo.
14, DE LOS PIES A LA CABEZA
© CUANDO TU ESPALDA SE BSTIRA POR TUS TORILLOS.
Acuéstate boca arriba, con las piernas estiradas. La m
espalda, las rodillas lo ms cerca del suelo que puedid
mandibulas no estan apretadas. Intenta otra vez acerear
‘mente los tobillos; ahora conoces este movimiento, Lue,
la pierna izquierda a fin de que tu pie izquierdo quedo posi
el suelo, junto a tu rodilla derecha; y concentra la atenciGn.
pierna derecha, que sigue estirada. Alza el pie derecho de
que tus dedos miren al cielo raso, pero deja la pierna bien pot
¥en su eje; intenta empujar el talén lejos de ti, sin levantar
rodilla, la cintura o la nuca. Este pequefio movimiento, que vient _
de tu tobillo y que estira la parte trasera de tu pierna y de tu
muslo, puede vivirse como dificil. Puesto que la parte trasera de
tu muslo se esta alargando, puedes sentir, en consecuencia, la
contraecién de la parte delantera. Esto es normal. cuando un
grupo de misculos se estira, sus antagonistas se contraen. Tic-
157nes precisamente necesidad de que se alargue la parte trasera de
tu muslo, y tienes necesidad de la fuerza de los misculos delan-
teros del muslo, los “cuadriceps”, porque estan casi siempre en
falta. Ademds, no puedes ver tu pie moviéndose, pero esto es
excelente para desarrollar otras percepciones distintas de la vista,
Evita retoreer los dedos del pie, trata de mantenerles su largo.
Ahora, coloca de nuevo los dedos hacia el techo y, siempre sin
levantar 1a rodilla o torcer la pierna, trata de bajar tu pie dere-
cho hacia el suelo; piensa que quieres apoyar primero el dedo
gordo; no se pueden apoyar los dedos en el suelo si las piernas
permanecen estiradas, pero ve en esta direccién intentando de-
Jar bien estirados todos los dedos del pie. Luego, vuelve a subir
él pie en Angulo recto y empieza otra vez. Continua asi unas dien
veces.
Luego descansa, estira suavemente tu pierna izquierda y eom-
para.
Ahora, con dinbas piernas estiradas, procura poner juntos los
dos tobillos. Té forprende quizés encontrar entre ambos un des-
ajuste, porque tu pierna derecha se ha alargado y tus tobillos ya
no estan al mismo nivel... No te preocupes, tu pierna izquierda
aprendera rapidamente de tu pierna derecha,
Deja los dos tobillos reunidos o por lo menos lo mas cerca
posible entre si, mantén las piernas estiradas y pon los dos pies
hacia arriba, con los dedo3 mirando al cielo raso, Empuja loa dos
talones lejos de ti, siempre sin levantar las rodillas, la cintura,
los hombros o la nuca. Imagina que quieres estirar los masculos,
del craneo a Jos talones, de la fontanela posterior a los talones.
Luego siempre tonos tobillos juntos-, baja lentamente los dos
pies, con sus ded68 tan estirados como puedas permitirtelo,
Reinicia lentamente estos dos movimientos: una vez empuja los
talones, una vez estira los dedos y siempre con los tobillos lo mas
cerea posible.
Abre la boca y trata de hallar para estos movimientos un rit-
mo que armonice con tu respiracién. Trata de saber si prefieres
exhalar al empujar los talones o si prefieres inspirar. Haz varios
intentos diferentes.
Trata de percibir las regiones de tu cuerpo que se mueven y
158
se alargan segtin el movimiento de tus tobillos; trata de percibir
lacontinuidad de tu musculatura. ,Puedes sentir este movimiento
en la parte trasera de tus rodillas? ¢Ein la trasera de tus muslos?
2En Ia trasera de tu cintura? {Entre los oméplatos?
Contintia durante uno 0 dos minutos si puedes, luego deja
caer tus pies como quieran, y descansa. Observa el ritmo de tu
respiracién, los apoyos de tu cuerpo sobre el suelo,
Para sentarte, no olvides girar muy lentamente sobre el cos
tado, con ternura y respeto hacia ti misma. Luego da unos pasos
por la habitacion y trata de percibir e6mo se apoyan tus pies, y
de qué modo tus muslos, tus caderas, tu espalda y tu nuca se
colocan y se mueven al caminar.
El padre puede también, con todo su cuerpo, vivir a su manera
el alumbramiento de su bebé. El pequetio varén que él fue, asi
como la pequefia nifia que fuiste ti, sufrieron por no poder abrir
libremente sus ojos, su boca, sus orejas a su entorno, Ambos
podéis juntos prepararos para ver mas libremente, escuchar,
tocar... Dar a luz.
Espalda de mujer contra espalda de hombre. Cerquita
Este movimiento se hace de a dos, tu hombre contigo, De
tres, si se quiere, ti, el bebé y su padre. Es un movimient
Contacto de vuestros cuerpos reunidos y mezclando su sensil
dad, su fuerza y su calor,
Para que la respiracién del padre sea todavia més vivaz,
libre, también 61 puede hacer los movimientos de boea y ojos
preceden,
Siéntate en el suelo, con las rodillas flexionadas, los mu
algo separados, los pies lo mas planos posible.
Tu hombre se sienta también, flexionando las rodillas y a
yando bien los pies. It] acerca su espalda y la une muy suavenn
te ala tuya. En todoel anchor posible. Delicado momento en
curiosamente, cada uno puede creer que el otro quiere pesar sob)
41, entrar en su tertitorio. Momento invalorable cuando finale
mente comienzan a percibir, ambos, que sus espaldas se adé
159SSSSbad5
cuan, se alivian. Dejadlas en contacto por todos sus puntos, 1a
cintura, los rifiones, entre los hombros y, si podéis, los hombros,
a cabeza, el sacro,
Apoya suavemente tus dos manos en Ia parte inferior de tu
panza, hacia el pubis, como para sostener al bebé en tus palmas.
‘Tu hombre apoya también sus dos manos bien planas sobre su
bajo vientre. Abrid la boca. Prestad cada uno atencién al ritmo
de su propia respiracién y al ritmo de la respiracién del otro. Os
sorprenderéis al ver que vuestras espaldas respiran, y se procu-
ran mutuamente una rara sensacién de cdlida seguridad, y de
palda de mujer contra pecho de hombre. Cerquita.
hombre se sienta con las rodillas flexionadas, separadas
Siéntate tdi misma con la espalda contra su pecho. Intenta entrar
tacto cd toda tu espalda, tus hombros, tu sacro, con st
y su vientre. Abrid ambos la boca y, espalda contra pecho,
10s tiempo para descubrir el ritmo de vuestra respiracién,
Poddis meceros ligeramente de adelante hacia atrés. Un balan-
muy pequeiio. Casi imperceptible.
Después, posa las dos palmas en la parte inferior de tu panza,
como para sostener al bebé. Tienes las manos livianas, no pre:
hos. ‘Tu hombre adelanta sus brazos y posa a su vez sus dos
suavidad, trata una ver més de desarquearte para que
nes se pongan en edlido contacto con el vientre de él.
Este movimichto es bienhechor, pues os ayuda a estirar los
los de la espalda, Es maravilloso, también, para que cir-
eulen entre vosotros tres el calor, la ternura, el soplo de la vida.
Bibliografia
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Chapsal, Madeleine: Ce que m’a appris Frangoise Dolto, Paris,
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Comunidad de Madrid
\ i Vielor, Catherine ;
28001 Madrid 20400 Tolosa,
Ana. Martinez Bastida, Edurme
37, [Link], Bilbao, 424 79 a
-565" 09 85 Eibar, Tel. 913-70 03 45
28045 Madrid
Lészaro Leén, Angela
Gomez Tejedor 38
Tel. 91.852 79 95
28224 Pozuelo de Alareén
Menorea
Rodriguez Gémex, Jos
Cami de Rafalet 81
Ses Cametes noves 6
‘Tel. 971-15 11 88
07713 Trebeluger
Galicia
Prats Pérez, Ana Rodriguez, Domingo
Raval Mas 14, Bj, Avda, de las Américas 122 5° A
‘Tel. 93-412 19 14 0 689 01 63 ‘Tel, 982-24 47 62
i 08629 Torrelleis de Llobregat 27004 Lugofuente de amor miei
tiene un influjo
El apoyo del padre, entonces, no sélo deja libre a la ma-
dre para cumplir su funcién propia, sin verse precisada a con-
idades que
as el otro es odiado, y esto en si mismo
in se produce den-
to del contexto de un vinculo rico, y que lo es cada vez més.
El padre «abre un mundo nuevo para los hijo:
to estos empiezan a comprender y aprender
trabajo de él, sus intereses y sus puntos de vista. Cuando jue-
ga con los ninos agrega elementos nuevos valiosos, y cuando
los lleva consigo estos ven ef mundo con un nuevo par de ojos,
lo propio
5).
del papel que el pa-
dre desempefia en Ia vida del hijo se discierne"con claridad
su punto de vista sobre el so de un objeto por parte del nif.
12. La familia
«Seria lugar comin —reflexioné Winnicott— sefalar que
la familia es parte esencial de nuestra civlizacién. Es que se
puede afirmar que la manera en que ordenamos nuestra fa-
refleja la indole de nuestra cultura, como la imagen to-
mada de su rostro retrata al individuo» (43).
Cada quien necesita de una familia
Sé que nuestras relaciones de familia suelen ser un estorbo
y que pueden hacernos renegar de la carga que representan,
Hasta podemos morir a causa de ellas. Pero son muy impor-
tantes para nosotros. No hay mas que considerar las luchas
jeas de los hombres y las mujeres que carecen de
F (como ciertos refugiados o algunos hi-
les renegar, de familiares que amar o que nos amen, que odiar
y que temer, constituye una tremenda desventaja; instila la
tendencia a sospechar hasta de amistosisimos vecinos» (43).
Expuso Winnicott el papel de la familia en el desarr
individual:
«cada
su fusién con la madre hasta exi
rada que se
/iduo tiene que recorrer el largo camino que va desde
‘como una persona sepa:
la madre y el padre
juntos; de ahi, el viaje atraviesa io que se conoce
como Ia familia, en que padre y madre son los principales
rasgos estructurales. La familia tiene su crecimiento propio
ye ni los cambios que son inhe=
rentes aquella y a sus tribulaciones
La familia protege al nifio del mundo. Pero poco a poco’
mundo se cuela dentro. Tias y tios, los vecinos, los primeros
duceién del ambiente es el m
Hegue a relacionar con el anc!
el modelo de luccién a la realidad exterior, operad
por la madre» (43).
La base de la familia es el vinculo entre los padres m
‘mos, incluido su «hondo anhelo de asemejarse a sus propos
padres en el sentido de ser adultos» y su apego reciproce en
los términos de una «superposicin de intereses y quehaceres
cepciény. En otro lugar
neradas por esta fantasia traen consigo, en condiciones
salud, un profundo y to de responsabil
por cada hijo, dimensién esta del cuidado que incumbe so
‘mente a los padres y que brota de sus propias nevesidades fie
‘damentales (43).
No ignoraba Winnicott, por cierto, que los padres te
sus dificultades y que al mismo tiempo que forman una fale |
lia estan ellos mismos en proceso de maduracién. Alzunos pi
res son incapaces de seguir haciendo sacr
hasta el momento en que sus hij
grado de genuina independencia, Sefalé:
«Me parece que no debemos despreciar a los que no estaban
del todo maduros en el momento de casarse y que no pueden
esperar indefinidamente, y les Hega el momento en que porcomienzos de la vida. El miedo de la MUJER es una
Ja madre, Desde luego que tomaba nota de que
10S cincuenta afios se ha producido un cambio
in en este pais, en el sentido de qite los padres
se hacen reales para sus infantes en el papel de madre du
cada en mayor que al parecer sucedia algunas
décadas antes) También tenfa noticia de que «algunos
padres sin duda serian mejores madres que sus esposas» (18)
y de que «los varones maternales pueden ser de mucha ayu-
da. Son buenos sustitutos de la madre, con alivio para esta
si tiene varios hijos, si esta enferma o si quiere volver a su
(06). Pero opinaba que en los casos en que los pa-
en madres, ello estorba en mayor o menor medida
su funci6n de padres. He aqui lo que sefialé acerca del padre
de una de sus pacientes: «Se puede decir que es tan maternal
‘que uno se pregunta cémo se desempefia cuando lo reclaman
como varén 0 como padre genuino» (113)
Winnicott opinaba que también en el padre se producia
tun cambio en Jos uiltimos meses del embarazo, simulténeo con
la preocupacién de la madre por el bebé. En
cambio se vuelve capaz de ser el agente protect
a la madre en libertad para dedicarse al bel
«cobertura protectora» que el padre proporciona se requiere
cuando la madre «pasea, sostiene y amamanta a su bebé» (1),
Porque de esa manera «queda eximida de atender a lo que
la rodea afuera, en momentos en que tanto desea volearse ha-
la es vulnerable a
ue algin otro asuma ese
funcién paterna. Wins
provo-
cadas en cierta medida por una carencia de la cobertura pro-
tectora» en ese periodo (40).
Cuando el infante emerge del estadio de la dependencia
absoluta y empieza a vincularse con personas totales separa-
«das, cl padre como persona cobra importancia para él; esto
se debe en parte a que si el padre es un personaje femiliar,
embargo es esencialmente diferente de Ia madre, de quien
1 infante ha surgido. El vinculo con la madre cobra una
‘mensién nueva cuando la fusién cesa; de esto no hay duda,
pero para el infante y el niflo pequeio la madre conserva una
cualidad subjetiva porque es propio de su funcién permane-
cer disponible para un retorno al estado fusional cuando el
nit lo neces
tegraci
nifio que legaba a conocer a sui padre
18), porque el padre
dre, como su puntual
infante (cuando son oport
yatraen hai
indo: «Buena parte de los ordenamientos de vida
io tienen que ser procurados por la madre,
gusta saber que la madre puede conducit el hogar cual
padre no esta presente. Es preciso que t
w de hablar y obrar con aut
y rigor en la vida de su hijo, junto al amor, levard sobre sug
hombros una carga bien pesada. Ademas, para el nino es mis
facil tener dos progenitores: podra sentir que uno de ellos ¢§” MI CUERPO Y SUS IMAGENES:
smadre-hijo que debe prevalecer para que las sensaciones vivi-
das por el pequefios se inscriban en su inconsciente!
La segunda condicién que debe darse para que una sensa-
i6n forje una imagen duradera es la repeticién. En efecto, para
que una sensacién deje su huella, también es preciso que sea
experimentada con frecuencia, que sea percibida reiteradamen-
te que cada ver esté asociada a Ja presencia tierma, deseante y
simbélica de los padres. Sélo una sensacién reiteradamente
experimentada que emane de un cuerpo impregnado de la pre~
sencia de la madre ~de una madre deseante y deseada por el
padre del nifio~ tendra la intensidad suficiente para grabar en
el inconsciente una imagen neta, vivaz, capaz de influir para
siempre en el destino del sujeto.
LA IMAGEN INCONSCIENTE DEL CUERPO
ES LA IMAGEN DE UN RITMO
Por todo ello, es ficil admitir que una sensacién que respon-
de a esas condiciones es més que una simple sensaci6n, es una
emocién. Hasta ahora, tuve que emplear el término “sensa-
cién”, pero en realidad se trata de una emocién, la emocién de
lun encuentro. En consecuencia, ya no diremos que la Imagen
Inconsciente del Cuerpo es la imagen de una sensaci6n, sino
que es la imagen de una emocién. Ahora bien, aqui se impone
una nueva pre: :eudl puede ser el contenido de la imagen
de una emocién? Quiero decir, equé esti representado en ella?
Supongarios que la imagen es como un medullén, zqué moti-
vo puede aparecer en él? Una efigie, una escena? Para respon-
der a estas preguntas, antes debo definir brevemente la emo-
cién como una tensién, la _tensién creada entre dos
sensibilidades que se enlazan, ondulan y se ajuscan, a semejan-
za de un dio de bailarines que giran al ritmo de la mtsica. La
emocién es la tensién més intima del encuentro carnal, desean-
tey simbélico entre el nifio pequeiio y su madre. Pues bien, lo
EL CONCEPTO DE IMAGEN INCONSCIENTE DEL CUERPO 35
importante, y que quedaré inscrito en imagenes, son las varia~
ciones ritmadas de esta tensién, la cadencia de! intercambio
sensorial y sensual entre dos presencias que menudo concuer-
dan y a veces estin en desacuerdo, Lo que formara una imagen
+ permanecers inscrito en la memoria inconsciente del nifio no
‘es la caricia real de la madre, tampoco el hecho de sentirse aca~
riciado ni de sentir en sf mismo el placer que experimenta la
madre al acariciarlo: no, lo que se inscribe y perdura en el
inconsciente es la percepcién de los tiempos fuertes y los tiem-
ppos débiles de la intensidad del contacto carnal entre ambos.
Ahora se comprende por qué el contenido del medallén no
puede ser figurativo ni narrativo, La imagen de la emocién no
es en modo alguno una figura. Por el contzario, hay que hacer
el esfuerzo de renunciar a representarla con una forma visual
La imagen de la emocién no es visual, sino que es esencialmen-
te ritmica; es la huella de un ritmo, la impronta en relieve de
-s ritmadas de la intensidad emocional. Y esto es
Jas variacioy
finalmente lo que me importaba transmitir. La Imagen
Inconsciente del Cuerpo es, ente todo, la imagen de una emoci6n com-
partido, fa imagen del ritmo de la interaccin tierna, deseante y sim-
Délica entre el nito y su madre.
Con el dibujo de la Figera 2 he inteniado ilustrar, aunque
s6lo sea de manera aproximada, el ritmo de una emocién com-
partida,ESTIMULADORA TEMPRANA,
Prof. Ana Makovsky
09711-1068
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