Arteterapia, imaginación, símbolos y
metáforas.
La especialidad de arteterapia, puede definirse como:
“Una especialización profesional que recurre tanto a las artes y las
imágenes visuales como a los procesos creativos- receptivos con fines
terapéuticos, educativos, de prevención,
rehabilitación y desarrollo
personal” (Marinovic, 2000).
Una de las aportaciones más relevantes y específicas de las terapias de
arte es que éstas parten del desarrollo artístico en un nivel pre-verbal.
Todas las modalidades de arte involucran a la persona como un todo,
incluyendo lo sensoriomotor, lo perceptivo, lo cognitivo, lo emocional, lo
social y lo espiritual.
En el caso de los pacientes con psicosis, la expresión natural de este
trastorno es en sí misma metafórica. El psicoanalista austriaco Ernst Kris,
plantea que “en el lenguaje psicótico: el sueño, las palabras y los objetos
son a menudo intercambiables; las asociaciones sonoras reemplazan a
las asociaciones de objetos, es decir, el doble significado de las palabras
es empleado como el doble significado de las formas en los dibujos”.
La ambigüedad suele acompañar la imaginería de lo psicótico.
Para Kris, estos resultados creativos se asocian con el hecho de que la
psique psicótica se encuentra sometida al proceso primario, propio del
aparato psíquico del inconsciente.
Esta emergencia de los procesos primarios en la psicosis es justamente la
que apoya la necesidad de un trabajo arteterapéutico fundado en la
contención emocional.
De este modo, el abordaje de las personas vulnerables a la psicosis
enfocado hacia el desarrollo de la creatividad necesita de
consideraciones técnicas específicas, como es el fortalecimiento de la
relación de soporte y apoyo.
La afirmación de que todo acto humano siempre comunica algo, nos
situó en el centro de la temática de la comunicación no verbal.
La terapia de arte suele plantearse como una alternativa no verbal en el
trabajo terapéutico.
Por un lado, podemos reconocer su potencial dialéctico, es decir, a
través de la promoción de un intercambio social de un modo indirecto y
menos amenazante. Por otro lado, la elaboración de una imagen visual
implica un proceso de pensamiento plasmado en una dimensión visual
que puede ser vista y/o compartida por otros.
Relación triangular:
La relación triangular en arteterapia se basa principalmente en los
conceptos desarrollados por el psicoanalista inglés Donald Winnicott
(2000) de espacio, objetos y fenómenos transicionales. Esta área
intermedia, crea un ámbito de juego en el que el paciente puede
experimentar con objetos en una actividad simbólica y aprender que no
tienen efectos concretos sobre ellos mismos o el terapeuta.
El objeto intermediario descrito por Winnicott, lugar que ocupa el objeto
de arte en la terapia artística, ocupa un espacio en la fantasía y la
realidad al mismo tiempo. El término objeto de transición es introducido
por Winnicott para describir un área intermedia de la experiencia, antes
de que las relaciones de objeto reales y pruebas de realidad estuvieran
establecidas.
En este sentido, se puede conceptualizar el arteterapia desde la óptica de
zona intermedia, en donde el espacio-taller, los materiales de arte y los
objetos de arte (imágenes bio tridimensionales) cumplirían la función de
objetos transicionales y el terapeuta el de la relación vincular.
Relación intermediaria que desde la mirada del desarrollo psicológico
permitió el estado de integración propio de una función yoica fuerte y
sana. La psicosis se refiere a un estado mental de no integración, es decir,
un estado en donde los límites entre experiencia interna y externa se
encuentran difusos.
De aquí los episodios de crisis en donde el ego se debilita produciendo
experiencias delirantes y pérdidas de juicio de la realidad. En arteterapia
el objeto artístico permite canalizar las ansiedades de los pacientes
graves. En la terapia observamos cómo la naturaleza real e imaginaria de
los productos artísticos permite a los pacientes canalizar experiencias
muy intensas.
Salud y psicologí[Link]
La consigna de coleccionar objetos mágicos.
Miré a mi alrededor y pensé en agarrar una moneda y decir: “Esta
moneda sirve para viajar en el tiempo, si sale cara vas al pasado, si sale
cruz vas al futuro. El valor de la moneda determina la cantidad de
tiempo a atravesar: puede ser un minuto, un año, un siglo”. También
podría ver cualidades mágicas en esa pelota de tenis: “Cada vez que
rebota contra el piso, del impacto crece una flor”, o podría decir que este
cenicero tiene poderes: “Si le apoyás un dedo encima te lo encierra,
dáselo a un fumador y vas a ver cómo deja de fumar”. El papel higiénico
también puede ser especial, dicen que hay uno que viene con
microcuentos y otro con las respuestas a las principales preguntas de la
vida. Y esa botella no es una botella cualquiera, lo que tiene adentro
parece agua, pero si la agitás cuatro veces y le cantás un tema de
Christina Aguilera, le sale papel picado de colores.
Pero me di cuenta de que la magia de los objetos, de mis objetos, es
distinta. Puede que esa moneda, esa pelota, el cenicero o la botella
tengan superpoderes que desconozco, pero son objetos con los que no
establecí ningún vínculo, son circunstanciales, no están domesticados ni
tienen una historia que se relacione conmigo.
Por eso, los objetos que considero mágicos son los que elegí llevarme
por alguna razón. Su magia no es sobrenatural sino cotidiana, está en su
historia, en mis razones para comprarlos o para quedármelos —sabiendo
que cada cosa que me llevo es algo más para cargar en la espalda— y en
las emociones o recuerdos que me evocan cuando los miro o los toco.
Keri Smith