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Psicología Cognitiva y Psicoterapia

El documento describe la evolución de la psicología cognitiva y su impacto en la psicoterapia. Explica que la psicología cognitiva reaccionó contra el conductismo, centrándose en las variables mentales internas del individuo. También señala que la revolución tecnológica impulsó el desarrollo de la psicología cognitiva y que esta evolucionó de un enfoque de procesamiento de información a modelos cognitivo-sociales. Finalmente, indica que la psicología cognitiva influyó en

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Psicología Cognitiva y Psicoterapia

El documento describe la evolución de la psicología cognitiva y su impacto en la psicoterapia. Explica que la psicología cognitiva reaccionó contra el conductismo, centrándose en las variables mentales internas del individuo. También señala que la revolución tecnológica impulsó el desarrollo de la psicología cognitiva y que esta evolucionó de un enfoque de procesamiento de información a modelos cognitivo-sociales. Finalmente, indica que la psicología cognitiva influyó en

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Héctor Fernandez-Alvarez: Fundamentos de un modelo integrativo en psicoterapia.

Capítulo 3. La psicología cognitiva y la psicoterapia.

La evolución de la psicología cognitiva.


Los desarrollos de la moderna psicología cognitiva han realizado valiosas aportaciones en distintos campos, muchas de las
cuales son el punto de apoyo sobre el que se basa la elaboración de un modelo integrativo de psicoterapia. Hablar de una
psicología cognitiva moderna hace referencia al impresionante movimiento que se ha expandido a lo largo y a lo ancho del
conocimiento psicológico en las últimas tres décadas. Algunos de los temas abordados por la psicología cognitiva
contemporánea han sido ya tratados en algún otro momento de la centuria que ya ocupa la llamada psicología científica.
Existe una significativa expansión de la psicología cognitiva y que esto ha modificado al panorama de la psicología en los
últimos años, modificación que en un comienzo tuvo efectos muy impactantes en el campo de lo teórico, pero que
rápidamente se propagó hacia áreas aplicadas que naturalmente están conectadas. Esta renovación ha llegado a afectar
también profundamente el campo de la psicoterapia.
La psicología cognitiva ha reaccionado contra el paradigma conductista E-R, estableciendo la necesidad de centrar el
estudio en las variables mediadoras, otorgando primordial importancia a los fenómenos ocurridos en la mente del
individuo, concebido éste como un operador activo que regula la transición entre estímulo y respuesta.
Los cognitivistas han vuelto el tema del cogito, retomando algunas de las premisas que durante muchos años habían caído
en el más absoluto descrédito dentro del campo científico en general. Esto implica reaccionar contra la certeza de la
objetividad empirista, contra el peso indiscutible de la metodología positivista y contra una visión del sujeto cognoscente
como mero reproductor de una realidad exterior que algún observador esclarecido podía describir de forma exacta y
verdadera. En la psicología, esto significó avanzar sobre el paradigma conductista que, había logrado convertirse en el
presupuesto indiscutido de la ciencia psicológica como disciplina encargada de estudiar el comportamiento humano, y
establecer tanto las leyes que explicaban el funcionamiento, como determinar los procedimientos aplicados que debían
seguirse para mejorar la condición del hombre.
Al reaccionar contra el dominio teórico del conductismo, la naciente psicología cognitiva estableció la necesidad de
centrarse nuevamente el estudio del sujeto en el campo de la psicología. Con el advenimiento de la moderna psicología
cognitiva, el sujeto se resituó como un ser activo y capaz de influir decididamente en la elaboración de la realidad que le
toca vivir. El sujeto volvió a ser considerado como alguien que participa activamente en la conformación de los actos de
conducta, y su experiencia comenzó a ser concebida como un acto de construcción de la realidad.
Es evidente que las preocupaciones que la psicología cognitiva contemporánea retoma no son diferentes de las que se
plantearon los filosóficos desde los tiempos más remotos.
La psicología cognitiva vuelve a plantear la necesidad de adentrarnos en la intimidad del sujeto, en la privacidad de la
mente, en los espacios secretos de la subjetividad, para tratar de responder del mejor modo posible a la pregunta acerca
de cómo tiene lugar el conocimiento ¿Cómo llegamos a conocer lo que conocemos? ¿Quién es el que conoce y por qué lo
hace? ¿Qué tipos de conocimiento existen y qué relación hay entre ellos? Estas son algunas de las preguntas centrales que
atraviesan el territorio de la investigación que el cognitivismo plantea en todos los campos de la psicología, incluida la
clínica.
Y es esa perspectiva, el pensamiento cognitivista se ha emparentado con la tradición que, en el campo psicológico del siglo
XX, estuvo especialmente representada por la investigación clínica al estilo de lo que estudiaron Freud y sus seguidores.
Porque, sin duda alguna, en el psicoanálisis y en todas sus variantes podemos encontrar un modelo de pensamiento que
investigó sobre las propiedades internas del sujeto, sobre la condiciones de producción de lo mental, visto desde su
arquitectura interior.
A mediados de la década del 50, comenzó a desarrollarse con mucha fuerza un nuevo modo de enfocar el comportamiento
interesado de desentrañar la famosa caja negra que los conductistas habían cerrado por muchos años, en forma
aparentemente definitiva, pero que ahora los cognitivistas han vuelto a abrir con una nueva llave. El instrumento inicial que
sirvió a estos fines fue el resultado de una renovación tecnológica que, aun cuando resulte difícil estimar su magnitud
respecto de otras ocurridas en siglos anteriores, aparece sin duda alguna como una de las transformaciones más brutales a
que se vio expuesta la humanidad por obra de su propia evolución. El impacto tecnológico de nuestro siglo y, el efecto
social de dicho impacto a partir de la finalización de la Segunda Guerra, ha generado una serie de consecuencia en el orden
cultural que se traducen en nuevos ordenamientos de las relaciones humanas. La cibernética, la informática, la robótica, el
despliegue incesante de la tecnología computacional, plantean nuevas reglas en todos los planos de la vida
contemporánea.
La psicología cognitiva es la respuesta, en el ámbito de la psicología, a esta revolución tecnológica, y su lenguaje, su estilo y
sus modalidades constituyen la muestra más elocuente de la interrelación que a lo largo de la historia han tenido los
desarrollos tecnológicos y los modelos de pensamiento. En un primer momento, la nueva psicología cognitiva se abrió paso
junto a la gigantesca promesa de descubrimiento que supuso el hallazgo de ciertas semejanzas entre el cerebro y la
computadora. Después de largos siglos de intentarlo, los seres humanos parecían disponer finalmente de un recurso
directo para investigar la manera cómo opera el sistema nervioso y disponer, con los sistemas computacionales de una
nueva máquina capaz de reproducir las acciones del hombre. Algunos autores se refieren a este momento como la primera
revolución cognitiva, lo que supone que hubo una segunda. En efecto, tras el descubrimiento que supuso la equivalencia
cerebro-computadora sobrevino un momento de reflexión crítica en el que los psicólogos comenzaron a cuestionar la
implementación del modelo computacional para explicar el comportamiento humano. La publicación de Cognition and
Reality por Neisser señala un hito fundamental en este giro.
El primer periodo de la psicología cognitiva estuvo marcado principalmente por el empleo del paradigma del
procesamiento de la información. Los comportamientos habían llegado a poder ser descritos y explicados en términos del
modo en que los seres humanos se comportan como sistemas u organismos capaces de operar con la realidad, procesando
secuencialmente la información recibida. El segundo periodo o segunda revolución cognitiva se inició cuando se hizo fuerte
la observación de que tal enfoque, resultaba insuficiente para dar cuenta de la manera como operan los seres humanos, ya
que éstos, a diferencia de las computadoras, despliegan sus conductas en secuencias no lineales sino recursivas y, por el
hecho de que las informaciones que los individuos procesan está n determinadas, por la dinámica de la esfera social.
Fue necesario replantear el modelo cognitivo para dar cuenta de estas dos circunstancias. Científicos como Bandura
avanzaron hacia la formulación de un modelo cognitivo-social, intentando así explicar la conducta en términos de
interacciones entre ambiente, persona y cogniciones.
La importancia de concebir al ser humano como sujeto de conocimiento, centrándolo en su capacidad para manejar signos,
la cualidad eminentemente mediadora que esta actividad de significación tiene su experiencia y el papel constituyente que
para tal fin cumplen sus relaciones sociales como determinante de las estructuras de conocimiento individual, son algunas
de las nociones fuerte que empleamos en nuestros modelos de trabajo.
El universo de la psicología cognitiva se fue constituyendo de un modo altamente complejo por las aportaciones de
pensadores que, partiendo de diferentes enfoques y disciplinas, convergieron en la lucha por esclarecer las condiciones de
operatividad de la mente. En la gestación de este movimiento contribuyeron los trabajos de los cibernistas e informáticos
así como las aportaciones lingüísticas de Chomsky. La psicología cognitiva se ha expandido de tal modo que resulta muy
difícil demarcar sus límites y, por otra parte, existe el peligro de que el prestigio alcanzado por este término en la actualidad
haga correr el riesgo de que bajo él se ampare una diversidad no suficientemente precisa.

El impacto de la revolución cognitiva en la psicología clínica.


Semejante expansión alcanzará también el ámbito de la clínica, a mediados de la década del 60, pero sobre todo a partir de
comienzos de la 70, surgieron las primeras formulaciones de terapia cognitiva. Dos autores han sido los primeros en hablar
sobre esta nueva modalidad terapéutica: Aarón Beck y Albert Ellis. La terapia cognitiva de Beck y la terapia racional
emotiva, como denominó Ellis, constituyen nuevos desarrollos de la psicoterapia que apelaron a nociones cognitivas. A
pesar de que existen muchas diferencias. Ambos plantearon sus propuestas como un intento de ofrecer un nuevo modo de
tratamiento de los trastornos psicológicos, capaz de proveer recursos más eficaces que los procedimientos breves. La tesis
central de esta nueva terapéutica radicó en que los pensamientos erróneos e irracionales caracterizan a las personas que
padecen de desórdenes psicológicos, y que el efecto de estos pensamientos erróneos opera afectando negativamente el
estado emocional de las personas. El objetivo central de esta terapia fue modificar dichos pensamientos y, en
consecuencia, los sistemas de creencias asociados, en la certeza de que dicha modificación y la sustitución por otros modos
de pensar se traduciría en un mejoramiento de las condiciones de las personar perturbadas.
La aplicación de estas nuevas técnicas se tradujo en resultados bastantes espectaculares. Beck, obtuvo fuertes éxitos en el
tratamiento de la depresión que quedaron testimoniados en varias de sus obras. Una de las razones más importantes para
el prestigio que adquirió la terapia cognitiva fueron los resultados mostrados por un amplio programa de investigaciones en
depresiones, que mostraban a dicha terapéutica no solamente más efectiva que otras formas más prolongadas de
psicoterapia sino que, incluso, parecían evidenciar mejores resultados, en comparación con el uso de psicofármacos. El
entusiasmo que esto generó hizo que el modelo se extendiera con posterioridad al tratamiento de otros desórdenes
psicológicos, y nuevas y variadas formas de terapia cognitiva comenzaron a florecer. No tardaron mucho tiempo en
plantearse dos cuestiones críticas respecto de estas nuevas formas de tratamiento. Estos procedimientos abundan en la
propuesta de indicaciones prácticas, que incluían procedimientos directivos y tareas asignadas a los pacientes no sólo
durante la sesión sino también en el tempo transcurrido entre las sesiones; pero, por el contrario, parecían carentes de una
fundamentación sólida desde el punto de vista teórico. Por otra parte, el papel de los pensamientos erróneos y de los
sistemas de creencias en general reducía las emociones a un papel secundario en la determinación de la conducta.
Surgieron numerosas críticas no solamente desde representantes enrolados en otros enfoques de psicoterapia sino desde
el interior del campo de la psicología cognitiva. Un interesante y todavía vivo debate en torno a la relación entre
pensamientos y emociones fue reactualizado, al mismo tiempo que se replanteó el sentido estricto que debía darse al
concepto de operaciones cognitivas y el modo como debía tratarse con ellas.
Lo que denominamos cognición es, la unidad operatoria con que describimos las acciones llevadas a cabo por las personas,
con el fin de adquirir conocimiento, en la medida en que éste resulta indispensable para el despliegue de la experiencia
vital y, como tal, toda cognición implica al mismo tiempo una forma de organización intelectual, así como una forma de
organización emotiva. El estudio de las cogniciones no puede realizarse con prescindencia de los factores motivacionales,
puesto que éstos contribuyen decididamente a la composición de las estrategias que sostienen nuestro conocimiento de la
realidad. Las cogniciones son, formas de la organización de la experiencia, y pueden verificarse en tanto y en cuando
examinemos el modo como los individuos son capaces de procesar información, sea ésta examinada desde las
características formales, como desde el punto de vista de sus características emotivas.
La psicología cognitiva emprendió el análisis de la conducta elaborando una serie de conceptos nuevos como esquemas,
planes y guiones, con el propósito de proveer una representación de la manera de operar en la mente.
Los conceptos de la psicología cognitiva constituyen elaboraciones en la descripción de los procesos, antes que de los
contenidos, lo que les otorga un alto nivel de formalización potencial capa de transferir tales conceptos como instrumentos
útiles para ser aplicados a diferentes contextos empíricos.
La psicología cognitiva se abre como una gran posibilidad para la expansión del campo de la psicología clínica en general,
así como para favorecer la integración de enfoques en cada ámbito particular de trabajo. Sus postulados implican una
redefinición que puede sintetizarse en las siguiente características: recentramiento del sujeto como propulsor activo de las
condiciones que hagan posible el conocimiento de la realidad, consideración de su tarea cognoscente como fruto de
procesar información, provisión de un nuevo conjunto de conceptos capaces de operar como herramientas eficaces para
lograr una nueva manera de describir los fenómenos psíquicos, énfasis en el análisis de procesos por sobre el análisis de
contenidos.
La psicología cognitiva se ofrece como un marco conceptual, que al centrarse en un análisis procesal, profundiza el examen
acerca de “como” ocurren los fenómenos antes que intentar saber el “porque” de esa ocurrencia.
La psicología cognitiva no ha contribuido hasta el momento a elaborar una nueva psicopatología, en el sentido de
configurar un nuevo sistema de ordenación y una taxonomía particular, no existe, una psicopatología cognitivista. Liberada
la preocupación etiologista, la psicoterapia alcanzó en los últimos años nuevas posibilidades y desarrolló nuevos recursos.
La psicología cognitiva ha tenido un peso significativo en ello y es un factor decisivo para propiciar la necesaria integración
en este campo.

Capítulo 4. Primera etapa: empleo del paradigma de procesamiento de información


En los últimos años ha habido un creciente interés por desarrollar intentos de integración entre diferentes modos de
abordaje de la psicoterapia. Son dos las modalidades predominantes que se emprendieron en esta búsqueda: a una,
podemos llamar eclecticismo, reservando para la otra el nombre de integrativa.
La primera se basa en la necesidad de articulación de recursos técnicos, basados fundamentalmente en el principio de la
eficacia empírica. Los terapeutas eclécticos se caracterizan por reunir distintos modelos de intervención combinando
diferentes técnicas provenientes, a veces, de enfoques teóricos bastante alejados entre sí en su versión original. La
legitimidad de una terapia ecléctica se apoya en que pueda demostrar, en la experiencia clínica, que tales articulaciones
pueden operarse en beneficio del paciente. Normalmente, los terapeutas eclécticos tienen una formación basada en un
modelo dominante, y a ello adicionan diferentes métodos de intervención provenientes de otros enfoques en la medida
que se considera justificable su empleo conjunto.
La otra modalidad responde a lo que estrictamente merecer ser llamado abordaje integrativo, y consiste en una
elaboración teórica que postula la construcción de un nuevo modelo que, operando sobre la base de definiciones del
segundo orden, permita referir las elaboraciones provenientes de los enfoques tradicionales en un metanivel que los
resignifique. Un modelo integrativo no consiste en la adición de técnicas sino en la conformación de un enfoque de otro
orden, susceptible de ser utilizado para dar cuenta de los diferentes fenómenos abordados a al cual puedan remitirse las
construcciones de primer nivel que se consideren convenientes, redefinidas en función de esta nueva construcción.
Los problemas fundamentales que debe enfrentar un intento de esta naturaleza son dos. En primer lugar, debe probarse la
concordancia teórico-clínica de diferentes procedimientos terapéuticos y, en segundo lugar, encontrar una nueva forma de
conceptualización capaz de operar integrando otros abordajes.
Un modelo integrativo debe proponerse como una alternativa entre varias y no como la búsqueda de una solución final
para un problema que requerirá el desarrollo y la investigación de forma permanente. Pensamos en un modo integrativo
de practicar la psicoterapia no como una manera de cerrar un campo sino como una síntesis necesaria en este momento de
su evolución.

Caracterización del paradigma de procesamiento de la información.


En nuestra trayectoria hacia un modelo integrativo hemos atravesado por dos momentos sucesivos, y ello se corresponden
con las dos fases por las que evolucionó la revolución cognitiva contemporánea. El primer momento estuvo caracterizado
por la utilización del paradigma del procesamiento de información, como estructura conceptual básica. De acuerdo con
este modelo, la actividad de los organismos puede ser descrita en función del modo como procesan información; la
conducta de los seres humanos puede ser analizada como la actividad del organismo procesador de información. El
comportamiento humano en general y el de las personas que requieren de asistencia psicoterapéutica en particular
pueden ser examinados desde este enfoque, que se ajusta básicamente en los siguientes enunciados:
1. Vivimos en un universo de información
Todos los fenómenos y, todos los organismos están requeridos de procesar la información que habita en ellos. Nuestra
experiencia transcurre en una realidad atravesada de forma permanente por un flujo incesante de información, cuya
circulación ocurre en diferentes niveles y grados, según la cantidad y la complejidad informativa de los emisores y de las
cualidades procesadoras de los receptores. Todos los organismos operan simultáneamente como receptores y emisores, y
la necesidad de procesar la información es un requisito básico de la adaptación.
2. El ingreso de información en un sistema tiene un efecto doble.
La información puede definirse en relación con la incertidumbre capaz de movilizarse dentro de un sistema; toda
información genera al ingresar en un sistema un monto de incertidumbre que deberá ser procesada, el cumplimiento de
ese procesamiento equivale a su resolución. Pero simultáneamente esa misma información puede operar resolviendo una
incertidumbre existente previamente en el sistema.
3. El ingreso de información en un sistema genera una puesta en marcha de una secuencia destinada a su
resolución.
La resolución de la incertidumbre que toda información genera se realiza por medio de un mecanismo de procesamiento
que es equivalente para cualquier información pero que difiere de acuerdo con su cantidad y complejidad.

Entrada (input)

salida(output)
Las vías de entrada consisten en los receptores de que disponemos para incorporar información. Dichas vías son
mecanismos sumamente activos que operan para permitir el ingreso de algunas de las múltiples informaciones que están
presentes en nuestro campo contextual. Dichas vías de entrada no son receptores pasivos impactados por los estímulos
circundantes; no obstante, su actividad en el ambiente y no puede desplazarse en cualquier dirección ni sentido. Operamos
activamente en el ingreso de la información que nos impacta.
La resolución de la incertidumbre que plantea el ingreso de toda información consiste en lograr un conocimiento de ella
acorde con el programa de actividades que el sistema maneja.
Una vez ingresada, toda información es filtrada por los poderosos mecanismos de clasificación, mediante los cuales tiene
lugar una operación de ordenamiento, que permite contrastar la información recién ingresada con las que disponemos en
nuestra memoria. Este ordenamiento implica una selección de los datos y conduce a una clasificación en varias categorías
posibles, según que dicha información resulte equivalente a otras registradas con anterioridad, o bien sea diferente en una
o varias características. Las categorías de esta clasificación son moldes que pueden variar de acuerdo con los
requerimientos que afectan al organismo, pero su poder de variación depende de su antigüedad.
La clasificación vuelve disponible a la información para su resolución, basada en las operaciones que realizan los esquemas
centrales de procesamiento. Estos esquemas constituyen el núcleo del procesamiento y contienen lo programas que, al
resolver la incertidumbre, convierten la información en elementos potenciales de una acción concreta en la conducta.
El uso del paradigma del procesamiento de información permitió oportunamente:
1. Elaborar un esquema formal de análisis de los comportamientos humanos aplicables a todas las conductas, sean
éstas normales o anormales, y a lo largo de todos los momentos evolutivos.
2. Analizar los comportamientos enfatizando la dinámica de los procesos antes que la función de los contenidos.
Enfatizar los procesos significa privilegiar la descripción del modo como operan las conductas, antes de intentar
explicar su presunta causa.
3. Prescindir de hipótesis fuertes sobre la supuesta motivación de los comportamientos como paso previo
imprescindible para la comprensión del modo de operar de los seres humanos en una situación determinada.
4. Investigar los mecanismos interiores del sujeto que organizan la experiencia, sin oposición a una descripción de los
procesos de aprendizaje implicados en cualquier tramo de conducta.
5. Aplicar un esquema de descripción común a todas las formas de comportamiento y a todos los organismos capaces
de procesar información.

El paradigma del procesamiento de información se constituyó en un modelo que permitió contar con un esquema común
para abordar todos los trastornos psicológicos, admitiendo al mismo tiempo un examen diferencial por medio del empleo
de distintos niveles de análisis correspondientes a cada uno de los momentos, y atendiendo a las variables, de cantidad y
complejidad de la información procesada.

Aplicaciones en psicopatología y psicoterapia


El paradigma de procesamiento de información inició una nueva etapa en el campo de la salud mental, tanto en los
estudios psicopatológicos como en el diseño de estrategias de intervención.
Primer momento. Trastornos atribuibles a las vías de entrada: aparecen cuando el individuo selecciona de modo
equivocado las informaciones requeridas para enfrentar una situación determinada, cuando permite ingresar una cantidad
de información mayor de la que está en condiciones de procesar en un momento dado o cuando hace ingresar información
de un nivel de complejidad que supera los esquemas disponibles para su resolución. Los errores en este nivel se
corresponden con las denominadas fallas de focalización.
En realidad, el trastorno no es atribuible en sentido estricto a las vías de entrada.
La ansiedad puede describirse como un fenómeno relativo a la manera como los seres humanos procesan información.
Sin embargo, en determinadas situaciones se producen fenómenos a raíz de los cuales la cantidad y/o complejidad de
información ingresada al sistema superan los límites habituales excediéndolos. En esos casos se produce un estado que
denominamos “ansioso”.
Segundo momento. Trastornos atribuibles a los mecanismos de clasificación: para poder responder adecuadamente al
ingreso de una nueva información necesitamos contar con mecanismos adecuados de clasificación, lo que equivale a
disponer de procesos eficaces de memoria. Nuestra memoria consiste no en un mero receptáculo de informaciones
procesadas precedentemente sino que constituye un complejo aparato de operaciones mediante las cuales las
informaciones se relacionan entre sí y se disponen en secuencias listas para ser utilizadas en posteriores situaciones que así
lo requieran. Como tal operará correctamente cuando es capaz de proveer los indicios adecuados para responder a una
nueva información, pero también podrá operar negativamente si falla en ese propósito.
El fenómeno de la ansiedad puede ponerse en marcha por ciertas disfunciones en las operaciones clasificatorias. En ese
caso, la cantidad de información ingresada es adecuada, pero algunos problemas en las operaciones que permiten
recuperar ciertos recuerdos almacenados para disponer la resolución de incertidumbre en el presente, conducen a un
fracaso de esos mecanismos.
Tercer momento. Trastornos en los esquemas nucleares de procesamiento: a veces, los que nos lleva a procesar
negativamente la información es el hecho de que operamos con un sistema de creencias inadecuado para poder resolver la
situación planteada.
Cada uno resolverá la incertidumbre ajustándola a esos esquemas, seleccionando ciertas informaciones y clasificándola de
un modo acorde a ellos. Los esquemas nucleares son, por lo tanto, los responsables del funcionamiento global, su papel
moldea y condiciona las operaciones de toda la línea.
Para los déficit identificados en el primer momento, encontramos conveniente efectuar un desdoblamiento en dos niveles:
a) cuando el déficit en el ingreso de información resulta de problemas en la focalización o en la orientación de la atención y
b) cuando el déficit en el ingreso resulta de un equivocado encuadramiento de la naturaleza de los datos. Un tercer nivel
corresponde a los trastornos del segundo momento, es decir, del proceso clasificatorio. Un cuarto comienzo se identifica
con la disfunción de los esquemas nucleares. El quinto nivel, correspondiente a aquellos trastornos cuya comprensión exige
estudiar las circunstancias por las cuales una operación procesalmente adecuada se convierte en una acción disfuncional.

Capítulo 5. Segunda etapa: enfoque cognitivo social y constructivo


Las limitaciones del procesamiento de la información
El empleo del paradigma del procesamiento de información generó un entusiasmo que no habría de durar mucho. La
analogía entre los organismos maquina se revelo, muy pronto, como una comparación que no daba cuenta de muchas de
las características peculiares del modo como las personas operan con la información. La inteligencia artificial abrió un
nuevo campo de investigación acerca de los procesos involucrados en la resolución de problemas, y la ingeniería genética
albergó un nuevo ámbito de exploración para el control potencial sobre los fenómenos biológicos, tradicionalmente
considerados como determinante básicos del comportamiento. Estas nuevas disciplinas fueron posibles gracias al
surgimiento de la informática, la cibernética y las ciencias computacionales.
La limitación del procesador de la información como analogía del funcionamiento humano debe buscarse más,
principalmente en su incapacidad para brindar un enfoque adecuado del funcionamiento autorregulador de la conducta
humana. En las personas, a diferencia de lo que ocurre con las maquinas, el proceso final, es decir la resolución de la
incertidumbre, tiene un efecto retroactivo sobre toda la línea del sistema, de modo que los outputs operan como
reguladores de las vías de entrada, por un lado, y como ajustes de los tramos intermedios de la secuencia informal.
El paradigma del procesamiento de información resulta limitadamente útil para la psicología, pues sólo permite explicar un
aspecto parcial de un fenómeno más complejo.
El movimiento de psicología cognitiva se abrió en dos direcciones, muy diferentes una de otra, si bien tienen en común su
interés por explicar el modo como los seres humanos son organismos capaces de producir conocimiento y organizar
procesalmente la experiencia. Una de esas ramas, emparentada con el desarrollo de las ciencias duras, se conectó con los
desarrollos de la inteligencia artificial y con las formulaciones que, dentro del campo de la ciencia cognitiva, se vinculana la
elaboración de modelos racionales y formales. Otro dio lugar a lo que conocemos como enfoque cognitivo-social, según el
cual la dimensión cognitiva se encuadra como expresión de la actividad social del hombre, entroncado con una visión de
éste como constructor de la realidad. Hablamos, de un enfoque cognitivo-constructivista, que retoma y continua la
preocupación inicial de la revolución cognitiva, en el sentido de recentrar al sujeto como mediador de la experiencia.
En lugar de ello, esto que también se ha dado en llamar “segunda revolución cognitiva” se centra en el examen de la
conducta en función de operaciones llevadas a cabo por un sujeto que está ocupado en la tarea de organizar su propia
realidad, construyendo su mundo y respondiendo, en esa tarea a las vicisitudes de una evolución que lo constituye al
mismo tiempo que lo determina. Pasamos a observar los procesamientos como operaciones activas de construcción, en
lugar de la descripción, fuertemente pasiva, que suponía el modelo secuencial original del paradigma del procesamiento de
la información.
La analogía individuo=computadora, si bien nos permite contar con un poderoso recurso para investigar ciertos procesos
de la vida mental, contiene algunas limitaciones ineludibles a la hora de intentar comprender como operan las personas en
la vida real. Las personas desarrollan su actividad en el seno de una matriz cultural, en el marco de procesos de interacción,
que a su vez están determinados por una legalidad social. La comparación del funcionamiento psicológico de los procesos
computacionales choca contra una serie de limitaciones, que requieren amplificar nuestra perspectiva sobre el tipo de
procesadores que somos los seres humanos.
Una de las limitaciones imperantes que tiene el empleo de un modelo duro de la teoría informacional para describir el
comportamiento humano se desprende del hecho de que, en dicha teoría, la unidad de información procede mediante
elecciones binarias.

Procesos retroactivos y proactivos


Los modelos cibernéticos sirvieron para entender que ciertos sistemas operan de modo que los resultados de una
operación tienen la función de corregir la marcha del sistema, actuando sobre los mecanismos iniciales y regulando la
actividad en su conjunto. La retroalimentación supone cierta manera de autorregulación, pero, no es la única forma
posible.
Mahoney, dice, completando las acciones retroactivas, los seres humanos desarrollamos poderosas operaciones proactivas
que tienen la finalidad de estructurar sistemas de significado prefigurantes de situaciones que todavía no han ocurrido más
que en la mente y que se sitúan en un tiempo futuro.
Tratar de abarcar una descripción de los proceso de cambio humano que tenga en cuenta estos procesos proactivos
requiere centrarse en un análisis que privilegie el carácter autoorganizante de la experiencia, y ello supone un giro
epistemológico de importancia. Mahoney y Guidano han señalado, claramente, la necesidad de este giro y el papel de la
epistemología evolucionista tal como ha sido planteado entre otros por Maturana y Varela.
La psicoterapia se desarrolló, en sus inicios, en el seno de una epistemología positivista, que se apoyó en la certeza de que
existe una “realidad objetiva” y en el poder del principio de causalidad. La visión de la experiencia, que de ello derivaba,
suponía la creencia en una objetividad respondiente de las conductas a los estímulos y finalmente, la existencia de
observadores capaces de describir de manera neutral los comportamientos.
No solo procesamos información sino que construimos la realidad donde esta información es procesada. Nuestra capacidad
de operar como sistemas autoorganizantes pone de manifiesto que el tipo de procesamiento que realizamos no es pasivo
en relación con la información que circula, sino que operamos activamente en la selección de dicha información. No sólo
procesamos información sino que somos creadores de nuestros propios programas y, la realidad que vivimos no es algo
externo a nosotros sino que formamos parte de ella como sus constructores. El tipo de procesamiento que realizamos no
es solamente lineal sino más estrictamente circular, en el sentido que intervienen los antecedentes de la información, así
como las anticipaciones que realizamos en cada momento.
Podemos decir que el tipo de procesamiento que llevamos se caracteriza porque:
 Procesamos en forma circular antes que lineal,
 El tipo de procesamiento que realizamos no utiliza solo mecanismos retroactivos sino también proactivos.
 Seleccionamos la información en forma activa,
 Procesamos activamente debido a que intervienen ciertas motivaciones para ello.
Una perspectiva cognitivista de los procesos de cambio debe, atender a este carácter constructivo de nuestra experiencia.
Dicho carácter surge de nuestra capacidad para transformar los datos en signos mediante los cuales operamos con el
entorno y con nosotros mismos.

Desarrollos constructivistas en psicología y psicoterapia.


Mahoney ha estudiado detenidamente los procesos de cambio que producen los seres humanos. En su obra puede
estudiarse minuciosamente cuáles son las operaciones que gobiernan esos procesos y bajo qué condiciones ven facilitados
o dificultados. La enorme utilidad que tiene esta aproximación para un modelo integrativo de psicoterapia cognitivamente
orientado es que permite examinar de formas de organización del conocimiento, desde la perspectiva del modo en que
cada persona y, por lo tanto, del modo en que pueden propiciarse procesos de cambio, tendientes a ayudar a esas
personas a superar su padecimiento.
La psicoterapia tiene un antecedente memorable en este terreno: la obra de George Kelly. El pensamiento de Kelly ha sido,
una de las producciones más enriquecedoras del campo de las psicoterapias y que más anticipación ha logrado en relación
con los temas que hoy tanto nos preocupan. En el pensamiento de Kelly, el ser humano fue visualizado claramente como
un sujeto activo, cuya tarea central estaba destinada a la implementación de los constructos personales, destinados a
diagramar las anticipaciones necesarias para la conformación de un proyecto personal.
El concepto de construcción en el campo de las psicoterapias fue utilizado, en estos últimos treinta años, por autores muy
diversos entre sí y, obviamente, con alcances muy diferentes.
El constructivismo contemporáneo, que apenas acaba de nacer, se ha dividido ya en dos grandes ramas, bastante alejadas
por otra parte entre sí. Se habla de un constructivismo radical y de un constructivismo moderado. Los constructivistas
radicales se inclinan, sucintamente, por la imposibilidad de afirmar ningún grado de consistencia en eso que llamamos
“realidad”. En su forma más extrema, concluyen que se trata de una invención. Los constructivista moderados, por el
contrario, piensan que la realidad existe aunque no esté en nuestro alcance lograr un conocimiento cabal de ella.
Creemos que en la clínica en general y en la psicoterapia en particular el empleo de un enfoque constructivista puede
ayudar definitivamente a la elaboración de un modelo integrativo.

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