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Poemas Al Colegio

Los poemas conmemoran el aniversario de una escuela y evocan recuerdos de la infancia y la juventud, incluyendo las aulas, los maestros y la transición de la niñez a la adultez.
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Poemas Al Colegio

Los poemas conmemoran el aniversario de una escuela y evocan recuerdos de la infancia y la juventud, incluyendo las aulas, los maestros y la transición de la niñez a la adultez.
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Un lugar de estudio, 

que solo busca nuestro futuro,

el labor de escolar, 

en su momento no supimos valorar

el buen centro educativo

el que podemos llamar “hogar”

en el que se puede recordar 

la ilusión y la victoria que se va.

(Alumna)

EL pasado 

el recuerdo del amado

juventud incierta

que a este lugar ingresa

gracias por lo vivido

gracias a Dios por que en la vida encontré a un buen amigo

llamado profesor 

que en las buenas y en las malas me explico que significaba el amor.

(Alumno)

El recuerdo de la persona amada

las alegrías pasadas

juventud incierta

que a este lugar ingresa

gracias por lo vivido

gracias a Dios por que en la vida encontré a un buen amigo

llamado profesor 

que en las buenas y en las malas me explico que significaba el amor.


Alma mater de mi vida
aulas llenas de bullicio
de silencios y docencia
yo jamás te olvidaré
 
 
Arbol frondoso del saber,
tu sombra cobijo sensaciones
mágico jardín, que perfumó
con su aroma mis ilusiones
 
Te recuerdo con nostalgia
añorando el salón de clases,
jugueteando en los recreos
con las motas polvorientas
 
Fiel  testigo de inocencias
miradas tibias cautivantes
algunas lagrimas furtivas
de amores ruborizantes
 
Ahora que el tiempo pasa
que será de mi carpeta
del corazón que grabé
cuando yo me enamoré
 
Siempre estarás presente
en mi lucida memoria
eres para mi la gloria
¡Viva el Gonzales Prada¡

En tus aulas aprendí


a leer , a escribir
a dibujar y a jugar
divirtiéndome cada
día sin cesar.

Tus cálidos docentes


siempre a mi lado
están presentes
cuidando mi educación
con fiel dedicación.

Nos recibes en tus ambientes


cada mañana , como el sol saliente
estás listo a abrir tus puertas
para recibirnos en ellas.

Eres mi colegio querido


con el cuál Dios me ha bendecido
orgulloso llevo en mi alma
tus enseñanzas sabias.

Hoy es tu cumpleaños
he querido recordarlo
como un día especial
que junto a tí hoy
quiero celebrar.
Poema Aniversario de Medardo Angel Silva

¡Hoy cumpliré veinte años: amargura sin nombre


de dejar de ser niño y empezar a ser hombre
de razonar con lógica y proceder según
los sanchos profesores del sentido común!
¡Me son duros mis años ?y apenas si son veinte? ;
ahora se envejece tan prematuramente,
se vive tan de prisa, pronto se va tan lejos,
que repentinamente nos encontramos viejos,
enfrente de las sombras, de espaldas a la aurora,
y solos con la esfinge siempre interrogadora!
¡Oh!, ¡madrugadas rosas olientes a campiñas
y a flor de virgen! ?entonces estaba el alma niña?
Y el canto de la boca fluía de repente
y el reír sin motivo era cosa corriente.
Iba a la escuela por el más largo camino
tras dejar, soñoliento, la sábana de lino,
y la cama bien tibia, cuyo recuerdo halaga
sólo al pensarlo ahora; aquel San Luis Gonzaga
de pupilas azules y risa cabellera
  que velaba los sueños desde la cabecera.
Aunque yendo despacio al fin de la callejuela
acaba, y estábamos al frente de la escuela
con el ?Mantilla? bien oculto bajo el brazo;
y haciendo, en el umbral, mucho más lento el paso.
Y entonces era el ver la calle más bonita,
más de oro el sol y más fresca la mañanita.
Y después, en el aula, con qué mirada inquieta
se observaban las huellas rojas de la palmeta
sonriendo no sin cierto medroso escalofrío,
  de la calva del dómine y su sueño sombrío…
Pero, ¿quién atendía a las explicaciones?…
¡Hay tanto que observar en los negros rincones!
Y, además es mejor contemplar los gorriones
  en los hilos: seguir el áureo derrotero
de un rayito de sol o el girar bullanguero
de un insecto vestido de seda rubia o una
mosca de vellos de oro y alas color de luna.
¡El sol es el amigo más bueno de la infancia!
¡Nos miente tantas cosas bellas a la distancia!
¡Tiene un brillar tan lindo de onza nueva! ¡Reparte
tan bien su oro que nadie se queda sin su parte!
Y por él no atendíamos a las explicaciones;
ese brujo Aladino evocaba visiones
de las Mil y una Noches de las Mil Maravillas
y beodas de sueños, nuestras almas sencillas,
sin pensar, extendían las manos suplicantes
como quien busca a tientas puñados de diamantes.
¡Oh!, los líricos tiempos de la gorra y la blusa
y de la cabellera rebelde que rehúsa
la armonía de los peinados maternales,
cuando íbamos vestidos de ropa nueva a misa
dominical y pese a los serios rituales,
al ver al monaguillo soltábamos la risa!
¡Oh!, los juegos con novias de traje a las rodillas
los besos inocentes que se dan a hurtadillas
a la bebé amorosa de diez a doce años,
y los sedeños roces de sus rizos castaños
y las rimas primeras y las cartas primeras
que motivan insomnios y producen ojeras!
¡Adolescencia mía: te llevas tantas cosas
que dudo si ha de darme la juventud más rosas
y siento como nunca la tristeza sin nombre
de dejar de ser niño y empezar a ser hombre!…
¡Hoy no es la adolescencia mirada y risa franca,
sino el cansado gesto de precoz amargura
y está el alma que fuera una paloma blanca
triste de tantos sueños y de tanta lectura!

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