La Realidad PDF
La Realidad PDF
uy
La realidad
de Denise Despeyroux
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
Cuadro Primero
ANDRÓMEDA: (Sin abrir los ojos, interrumpe apenas un momento el canto.) Luz... ¿falta mucho?
(Pausa. Desde la pantalla, Luz observa amorosamente a su hermana, pero no le contesta.
Andrómeda sigue entonando hasta que vuelve a interrumpirse.) ¿Ya pasaron quince minutos?
(Pausa. Andrómeda, resignada, vuelve a los mantras, por poco tiempo...) Decime por lo menos si
ya pasaron quince minutos. (Pausa en la que Luz sonríe con su sonrisa luminosa.) Luz, ¿seguís ahí?
¿Puedo abrir los ojos?
LUZ: (Desde la pantalla.) Sigo acá, Andrómeda. Pasaron 17 minutos. Te quedan 19.
ANDRÓMEDA: ¿Y por qué tienen que ser justo 36 minutos? No entiendo, es un número caprichoso,
ese. El budismo está lleno de caprichos. No lo digo de mala onda, Luz, lo digo en serio. Lo normal
es contar el tiempo en cuartos de horas, medias horas, pero no... resulta que el mantra hay que
repetirlo exactamente 36 minutos. ¿Tiene algo que ver con la numerología?
LUZ: Andrómeda, todavía no aguantaste ni un sólo día los 36 minutos. Acá se medita horas, a veces
días enteros. Hay días enteros que yo no hago otra cosa más que meditar. Por eso es importante que
vos alcances como mínimo los 36 minutos, ¿entendés?
ANDRÓMEDA: No, no entiendo, Luz, no puedo entender. Porque suponiendo que meditar cambie
algo en mí, ese cambio va a ser por adentro. Y mamá no me va a ver por adentro, me va a ver por
afuera. Lo que mamá va a ver es si camino o no camino como vos, si hablo o no hablo como vos, si
sonrío o no sonrío como vos... así que eso es lo que tendríamos que estar practicando. Aun
suponiendo que la meditación me haga desarrollar sentimientos nobles, mamá no va a percibir lo
que arde en mi pecho, ¿entendés?
LUZ: Mamá te va a sentir vibrar. Yo te estoy enseñando a vibrar en una frecuencia superior a la que
estás acostumbrada, Andrómeda. Y no te pido que me entiendas, lo único que te pido es que me
creas. ¿Podés hacer eso? ¿Podés creerme y observar que pasa si meditás varios días 36 minutos
seguidos?
LUZ: Decidir en qué creer y en qué no creer es una de las decisiones más fundamentales que hay
que hacer en la vida.
ANDRÓMEDA: Escuchame, Luz... Lo que vos no entendés es que yo no tengo que ser vos, tengo sólo
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
que parecer vos... ¿captás el matiz? Vos querés que yo te imite por adentro. Y yo por adentro no te
puedo imitar.
LUZ: Yo lo único que quiero es que tu corazón se cure, Andrómeda. Que en lugar de estar lleno de
resentimiento, esté lleno de gratitud. Un corazón emite campos electromagnéticos que pueden ser
percibidos a más de dos metros de distancia… ¿Crees que mamá no va a notar si soy yo, que le
estoy agradecida, o sos vos, que le guardás rencor?
ANDRÓMEDA: Yo no le guardo ningún rencor a mamá. Lo que pasa es que para vos es más fácil
sentirte agradecida porque siempre fuiste la preferida.
ANDRÓMEDA: Sí, nos quiso a las dos igual con un amor que no alcanzaba ni para una sola.
ANDRÓMEDA: Vos siempre fuiste la preferida, Luz. La preferida de mamá y de papá, por lo menos
reconocelo.
ANDRÓMEDA: Cuando papá quería llamarnos Vía Lactea para repartirnos un solo nombre entre las
dos a mí me tocaba Vía y a vos Lactea. A vos siempre te toca lo más blanco, lo más puro... a mí lo
más ambiguo.
LUZ: Te tocaba Vía simplemente porque saliste la primera, no porque papá tuviera algo personal
con vos. Y yo no veo que Vía sea un nombre ambiguo. Es un lindo nombre... Hay gente que se
llama Camino o Senda.
ANDRÓMEDA: ¿Y por qué entonces después a vos te puso Luz y para mí en cambio eligió un nombre
tan oscuro?
ANDRÓMEDA: Casiopea era tan bella como una Nereida. Y por culpa de eso a Andrómeda su padre
la ata desnuda a una roca y la obliga a casarse con un monstruo. ¿Qué padre pone a su hija un
nombre así? ¿No ves el grado de impunidad y de inconsciencia?
LUZ: Todo lo magnificás, Andrómeda. Querés ver siempre sólo la mitad sórdida, la mitad oscura.
Perseo se enamora de Andrómeda y la rescata.
LUZ: Tenés el nombre de una galaxia porque tu padre ama el firmamento. Podrías sentirte feliz por
eso.
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: ¿Cómo voy a sentirme feliz con un padre que es un eneatipo cinco? Que ejerce la
venganza apartándose del contacto, que nos borró de su vida a todas, como si no hubiéramos
existido jamás.
LUZ: Estás exagerando, Andrómeda, estás exagerando. Yo no me siento borrada de la vida de papá,
yo sé que me une a él un vínculo profundo. Y si no nos dio más es porque no pudo, porque está
herido y siente miedo, no porque quiera vengarse de nosotras. Y te voy a decir una cosa: toda esa
psicología esotérica que estudiás me parece que te hace mal.
LUZ: A todo eso del eneagrama y los eneatipos... todo eso que sólo te sirve para encasillar a la
gente.
ANDRÓMEDA: Pero si eso es el equivalente a tu numerología tántrica. Vos no tenés ni que observar el
comportamiento de la gente para encasillarla. Te basta con saber la fecha de nacimiento. Eso sí que
es esotérico.
LUZ: Te voy a pedir que tratemos de no agredirnos, Andrómeda. Disculpame si estuve mal. Te
quiero aclarar que yo nunca tuve nada en contra de que estudiaras psicología. Pero me parece que
desde que te metiste en todo eso de las constelaciones familiares estás muy alterada. Yo no sé si eso
te hace bien...
LUZ: Mirá, Andrómeda, yo leí muchas cosas de las que me pediste que leyera, para tratar de
entenderte mejor. Simplemente porque sos mi hermana y te amo. Pero a mí me parece que todo eso
que estás estudiando y tratando de poner en práctica no te está sirviendo para lo que en definitiva
importa. A mamá la mareás cada vez que la obligás a constelar. Eso es lo que la pobre me explica en
los mails. Se confunde mucho. Te sigue la corriente y constela porque está preocupada por ti, pero a
veces teme que te esté fallando la cabeza. Reconocé que es raro que tengas convulsiones delante de
mamá cada vez que te ponés a hacer de papá.
ANDRÓMEDA: Tengo convulsiones cuando hago de papá porque asumo toda su cobardía y su
impotencia. Y realmente es muy irónico que ahora me digas que me falla la cabeza. Lo decís porque
estás a miles de kilómetros de distancia, Luz, y no sabés lo que es esta casa. No sabés lo que es estar
acá y tener que lidiar con tanta locura. No sabés cómo está mamá. ¿Querés que te cuente lo que le
dio por hacer ahora?
ANDRÓMEDA: Lo sabés pero lo que no sabés es que va a más... cada vez va a más. El otro día se
puso a llorar porque Gas natural mandó un sobre que decía: “Desde que te fuiste no hemos dejado
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
de añorarte”. Y cambió otra vez de compañía, por supuesto. (Luz se ríe.) No es para reírse, Luz, es
dramático. Ahora anda prácticamente enamorada del director del Corte Inglés.
ANDRÓMEDA: Primero recibió una tarjeta de felicitación navideña firmada por el director del Corte
Inglés, y lógicamente se conmovió. “¿Te das cuenta este hombre con el poco tiempo que tendrá el
detalle que tuvo conmigo?” Le contestó con una carta de dos folios. Después “él” le envió una
felicitación por el cumpleaños y ahí ella ya le escribió contándole cosas de su infancia. La situación
es intolerable, te estoy hablando en serio.
ANDRÓMEDA: Oliver me las lee, sí, porque anda preocupado. Ella se las entrega a él para que las
mande y el pelotudo de Oliver las manda en serio, como si alguien fuera a leerlas.
LUZ: A lo mejor alguien las lee. Y ves... tenés a Oliver, que te apoya siempre en todo.
ANDRÓMEDA: Todo el tiempo me apoya Oliver, todo el tiempo. Hay apoyos que más le valdría a una
no tenerlos.
LUZ: No agradecés nada, Andrómeda. Somos las dos inmensamente afortunadas por tener un primo
como Oliver.
ANDRÓMEDA: Desde que está la tía en casa, Oliver hizo una especie de regresión que roza el orden
de la psicosis, te lo digo en serio. Yo creo que se le infantilizó hasta el hígado; sólo habla de
compasión, igual que vos.
LUZ: ¿Cómo está la tía? Tengo unas ganas locas de ver a la tía.
ANDRÓMEDA: Decís eso porque no sabés cómo volvió de la selva amazónica, después de todos los
rituales esos que hizo. Cree que se convirtió en una especie de bruja o de diosa, no sé muy bien. En
todo caso lo que sí sé es que es una influencia nefasta para Oliver.
LUZ: Andrómeda, ¿como vas a decir eso? ¿Cómo va a ser una influencia nefasta si es la mamá?
ANDRÓMEDA: ¿Y una mamá acaso no puede ser una influencia nefasta para un hijo? Mirá nuestro
caso, o mirá el mío por lo menos.
LUZ: ¿Vos te das cuenta de que estás llena de resentimiento? Es importante que por lo menos te des
cuenta, ese es el primer paso.
ANDRÓMEDA: Mirá Luz, yo querría verte a vos acá lidiando con todo esto... a ver qué pasaba
entonces con las vibraciones de tu corazón. Cuando vieras, por ejemplo, que la tía le provocó a
Oliver un despertar prematuro de la energía kundalini y ahora el pobre anda retorciéndose por toda
la casa, desesperado porque supuestamente esa energía que tenía que subirle hasta la coronilla le
bajo hasta los pies. Yo no me creo nada, lógicamente, sé que es todo sugestión, pero a ver cómo lo
convenzo a Oliver.
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
LUZ: No es sugestión, Andrómeda. Decile a Oliver y a la tía que es importante que consulten a un
yogui experto, a un gurú. La serpiente que tenemos enroscada en el sacro es dueña del veneno y del
antídoto, de la mordedura iniciática y de la mordedura mortal. Probablemente lo que pasó es que
Oliver no estaba preparado para el despertar de la kundalini. “Si muerde la serpiente antes de ser
encantada de nada sirve al encantador” dice el Eclesiastés.
ANDRÓMEDA: No me hables en versículos que ya sabés que me pone nerviosa. Yo lo que creo es que
en esta casa con menos misticismo estaríamos todos un poco mejor. Y ojalá se hubiera quedado la
tía plantada bajo un árbol en la selva amazónica como dice que estuvo.
ANDRÓMEDA: No, enterrada no. Anda haciendo alarde de que pasó cuatro días abajo de un árbol ella
sola sin comer ni beber. Yo no me creo nada, si es impresionante lo que come acá después de
meditar... se ve que la meditación de la da hambre. Te juro que arrasa con todo lo que encuentra en
la nevera y en los armarios. El otro día hasta me entró al cuarto y me afanó una tableta de
chocolate... no me lo podía creer. Es como una especie de bulimia lo que tiene, pero sin culpa.
LUZ: Vos estás muy ansiosa, Andrómeda, no te hace bien juzgar así a tu familia. Me duele mucho lo
que te pasa.
ANDRÓMEDA: Sólo si estuvieras acá podrías entender algo de lo que me pasa, Luz, así que mejor
dejá de psicopatearme.
LUZ: Andrómeda. Yo no puedo estar ahí porque me estoy muriendo. ¿Te acordás de que me estoy
muriendo y que por eso hacemos todo esto? ¿Te acordás de que me vas a suplantar para que mamá
no tenga que cargar con el peso de mi muerte?
ANDRÓMEDA: Perdoname, Luz, por favor, perdoname. Te veo tan bien que a veces me olvido de que
te morís. Te veo tan linda... radiante. Estás siempre tan entera que es fácil olvidarse de que estás
enferma. Ya sé que soy una egoísta de mierda. Soy yo la que tendría que morirme. Vos tendrías que
vivir. Te juro que rezo para morirme yo, rezo aunque no crea. Rezo para morirme y para que vivas
vos.
ANDRÓMEDA: Bueno, hoy sí quiero. Dale... decime la realidad más cruda que se te ocurra. Estoy
inspirada. Vas a ver cómo la convierto.
LUZ: ¿Qué culpa? ¿De qué sos culpable? Andrómeda, por favor...
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: Supongo que trato de que el desprecio al que me someten tenga algún sentido.
ANDRÓMEDA: Vos sabés de quién hablo. No me hagas hablar... No lo digo por quejarme, Luz, lo
digo en serio. Necesito pensar que por lo menos tengo la culpa. Así es más fácil de sobrellevar. La
alternativa es insoportable. Ser inocente es insoportable, Luz. Vos que estás con nenes tan chicos
que sufren tanto, ¿nunca pensás en eso? ¿Nunca te gustaría que por lo menos fuesen culpables de
algo?
ANDRÓMEDA: Vos necesitás creer todo eso de que las almas deciden dónde reencarnarse, que
escogen las pruebas que van a tener que enfrentar. ¿No ves que es una manera de eludir lo
insoportable? Es insoportable que la gente sufra porque sí, que los niños sufran porque sí y no
porque hayan sido criminales en otra vida y ahora estén acá para aprender algo. La inocencia de las
víctimas es insoportable. Por eso todos necesitamos que las víctimas tengan algún tipo de culpa...
pero como eso es inconfesable en lugar de hablar de culpa hablamos de responsabilidad y de
elección.
ANDRÓMEDA: Nuestra sociedad considera que hasta los enfermos son responsables de su propia
enfermedad. Agarrá cualquier libro de autoayuda, Luz: “Dime de qué enfermaste y te diré qué
ocurre en tu alma”. ¿No te parece de una crueldad intolerable, Luz, intolerable...? ¿Qué
responsabilidad tiene un niño? ¿Qué elección?
LUZ: ¡Basta, Andrómeda! Me hacés mal cuando te ponés así. Yo no creo que un niño tenga la culpa
de nada, pero sí creo en la idea de un plan superior. Tengo fe, sencillamente tengo fe. Y por eso
estoy dispuesta a creer que bajo la mirada de la eternidad todo tendría sentido. Si pudiéramos verlo
todo bajo la mirada de la eternidad...
ANDRÓMEDA: ¡No, Luz, no! Hay cosas que jamás tendrán sentido, bajo ninguna circunstancia, ni en
quinientos millones de años... hay cosas que no se podrán justificar nunca. ¿Quién las va a
justificar? Y no te permito que digas que sí, no quiero oírlo de vos. De vos que sos inteligente, de
vos que sos buena. Hay un mal radical. Hay un mal que no puede ser redimido, ¿entendés? Que no
puede ser perdonado, ni ignorado...
LUZ: Ese mal nos mata, Andrómeda. Si no podemos perdonar ese mal, encontrar alguna manera de
dar la espalda a ese mal, no podemos vivir. ¿No ves que todo esto que me estás diciendo tiene que
ver con esa culpa horrible que sentís, con ese desprecio hacia ti misma? Yo convivo con ese mal que
vos decís, Andrómeda. Convivo con él y al mismo tiempo encuentro mi manera de darle la espalda.
Para que ese mal no me congele con su mirada de gorgona, para que no me impida vivir. ¿No
entendés que sólo abrazando la vida podemos conjurar ese mal?
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: Sí... ¿Quién metió acá todo ese mal? ¿Quién lo eligió? ¿Tu Dios?
LUZ: No se trata de eso, Andrómeda, no se trata de que alguien lo eligiera. Se trata de que la
realidad está hecha de luz y de sombra, de fuerzas que construyen y fuerzas que destruyen. No
podemos negar esa parte oscura, es nuestra parte oscura...
ANDRÓMEDA: Ay, Luz, no sé qué tengo... me vino una tristeza espantosa de repente. Una tristeza tan
grande como cuando era chica. Una de esas tristezas inexplicables, ¿sabés? ¿Te acordás que de
chicas nos pasaba a las dos juntas?
ANDRÓMEDA: ¿Y sabés qué fue lo que hiciste exactamente para que te dejara de pasar?
LUZ: Creo que es... porque yo me perdoné. Yo me perdoné por el daño que otros me hicieron.
ANDRÓMEDA: No entiendo, Luz. ¿Cómo podés perdonarte a vos por el daño que te hizo otra
persona?
LUZ: Cuando alguien te hace mucho daño no podés dejar de sufrir aunque el tiempo pase y eso
tenga que convertir el daño en pasado, ¿verdad? Cuando alguien te hizo demasiado daño quedás
atrapada en una especie de presente eterno donde ese daño está todo el tiempo en primer lugar y lo
empaña todo. Pero no podés quedarte esperando a que esa persona venga a reparar el daño,
Andrómeda, porque a lo mejor eso no ocurre nunca.
ANDRÓMEDA: Y bueno... de eso te hablaba yo antes... es lo mismo. Es esa sensación de que deseás
perdonar al otro con toda el alma pero no podés porque el otro decidió no hacerse cargo de lo que
hizo. Entonces lo que hacés es suplicarle que te perdone a ti aunque no sepas ni de qué sos culpable.
Porque pensás que si te perdona te va a dejar de maltratar. Pero te equivocás... el otro no te maltrata
porque seas culpable y no logre perdonarte, te maltrata simplemente porque tiene el poder de
hacerlo. Y eso es sencillamente tan espantoso que deseás con toda el alma tener la culpa de algo. Es
justo lo que te decía antes, Luz... ser inocente es insoportable. No sólo necesitamos que las víctimas
tengan algún tipo de culpa... cuando somos víctimas deseamos con todas nuestras fuerzas ser
culpables. Porque es mucho más fácil soportar un dolor que nos parece merecido.
LUZ: Tenés que perdonarte vos, Andrómeda. Si el perdón no puede ser con el otro porque el otro no
quiere va a tener que ser con vos. Por amor a la vida y a vos misma tenés que perdonarte vos. Si no
puede ser con el otro tiene que ser con vos.
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
LUZ: A veces no. Vos tenés que darte cuenta de que no te merecés vivir con ese dolor adentro. No te
quedás esperando a que el otro venga a perdonarte el dolor que le hiciste y a pedirte perdón por el
que te hizo. Soltás tu dolor por amor a la vida.
ANDRÓMEDA: Pero yo no tengo ese amor a la vida que tenés vos, Luz. Yo cuando algo me duele
demasiado quiero morirme, me pasó siempre, vos lo sabés. Será por eso que mamá siempre quiso
que yo fuera como vos.
LUZ: ¿Cómo que mamá...? ¿No ves que son delirantes las cosas que te metés en la cabeza,
Andrómeda? Al final me voy a enojar.
ANDRÓMEDA: Mamá quería que yo fuera como vos. Y eso es justo lo que estamos tratando de
conseguir ahora. Si fuera al revés... si me muriera yo y siguieras existiendo vos, no se te ocurriría
toda esta locura de la suplantación. Te atreverías a contarle mi muerte a mamá porque sabés que la
superaría. Lo que mamá no podría superar nunca es que de las dos muera la mejor. Vos sos la mejor,
Luz.
LUZ: ¿Por qué estás empeñada en que tiene que haber una mejor que la otra? No ves que es de nena
chiquita esa idea...
ANDRÓMEDA: Vos sos mejor sencillamente porque amás la vida, Luz. ¿Cómo puede ser que de las
dos tenga que morir la que ama la vida? ¿No ves que eso contradice toda tu teoría de un plan
divino?
LUZ: Tu amor por la vida está todavía por descubrir, Andrómeda. Por eso necesitás estar acá más
tiempo que yo. No hay ninguna incompatibilidad con mi teoría de un plan divino.
LUZ: Ay, no, Andrómeda, por favor, no empecemos de nuevo con eso. ¿Qué querés saber? Ya sabés
lo que tenés que saber.
ANDRÓMEDA: Quiero saber por lo menos cuándo, Luz... por lo menos cuándo.
ANDRÓMEDA: ¿Pronto cuándo? ¿En tres meses? ¿En seis? A mí no me parece que vos estés para
morirte en tres meses... agonizante no estás, Luz. Decime por lo menos qué te dijo el médico
exactamente. Porque a lo mejor se equivocó, Luz. Vos tendrías que venirte para acá y consultar un
médico acá. Es una locura lo que estás haciendo, Luz. Es injusto. Es injusto para mí, es injusto para
tu familia...
LUZ: Ya hablamos de eso mil veces, Andrómeda... ¿no se acaba nunca este tema? Ya está aclarado,
ya te expliqué. No hay nada más que te tenga que explicar.
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: Explicame sólo qué te dijo el médico. ¿No te parece que es lo mínimo que puede
exigir el familiar de alguien que va a morirse? Quiero saber la verdad, Luz, la verdad con detalles.
ANDRÓMEDA: ¿Qué acertijo me estás haciendo, Luz? Te pido la verdad. ¿Por qué no voy a creerla si
me la contás?
LUZ: Porque a veces tu verdad, la verdad de una... no resulta creíble para los demás. Creo que ese
va a ser el caso. A veces hay que inventar mentiras para que los demás puedan creer tu verdad.
ANDRÓMEDA: ¿Qué decís, Luz? ¿Qué mentira inventaste? Decime de una vez... me está empezando
a doler la panza.
ANDRÓMEDA: ¿Cómo?
LUZ: No consulté ningún médico, Andrómeda. No necesito consultar ningún médico para saber que
estoy a punto de morirme.
ANDRÓMEDA: No, no, no... pará, pará.... Voy a vibrar unos mantras, voy a tomarme alguna pastillita
de la tía, que está muy mística pero conserva su arsenal psicotrópico, gracias a Dios, y después te
sigo escuchando. Porque si no logro encontrar un espacio de serenidad interior como el de tus
gurús, Luz, te juro que voy a acabar removiendo hasta el infierno si hace falta para que vayan a
buscarte y te metan en un psiquiátrico. Pero acá, Luz, acá, no allá, acá en un psiquiátrico occidental,
sin budas, sin mantras, sin homeopatía, con una orientación científica positivista recalcitrante que te
arranque todos los delirios de golpe. ¿Cómo me podés venir con toda esa historia truculenta de que
te vas a morir sin haber consultado ni siquiera un médico, Luz? ¿Cómo me podés hacer esto?
ANDRÓMEDA: ¡Sí, la creo, la creo! Creo que no consultaste ningún médico... te creo. Siempre fuiste
una hipocondríaca de mierda, Luz. Siempre te diagnosticás antes de ir al médico. No sé cómo no se
me ocurrió que esta vez era igual que todas sólo que con un asunto más grave. Fui una ilusa... no
creí que fueras tan retorcida como para llevar las cosas a estos extremos, Luz... no pensé...
ANDRÓMEDA: Estuviste leyendo de nuevo Mujercitas, Luz. No me engañás a mí. Tenés el síndrome
“soy pura y voy a morirme como Beth”. Te agarra más o menos cada tres primaveras... No sé cómo
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
no relacioné...
ANDRÓMEDA: La culpa es de esos libros de mierda que nos hicieron leer de chicas. Nos perturbaron
el cerebro para siempre.
ANDRÓMEDA: Se empieza leyendo Mujercitas con ocho años y se sigue leyendo Cioran a los quince.
A los veinte años una directamente tiene que convertirse en una lectora carroñera y hurgar en los
diarios de los suicidas.
LUZ: Yo no puedo seguir hablando si no te calmás. Tomate algún psicotrópico del arsenal de la tía,
como decís vos, y llamame dentro de un ratito.
ANDRÓMEDA: Luz... mirame a los ojos y decime: “No volví a leer Mujercitas. Este año no volví a
leer Mujercitas”.
LUZ: ¡Este año leí Mujercitas, sí, de acuerdo, este año lo estoy leyendo! Pero por primera vez en un
montón de años. Te juro que hace añares que no leía Mujercitas. Lo que pasa es que este año me
estoy despidiendo de todo, de todas las cosas que formaron parte de nosotras alguna vez, ya sabés....
ANDRÓMEDA: No te tenés que despedir de nada vos, Luz, porque no vas a morirte. Lo que tenés que
hacer es sacarte de la cabeza esa idea demencial.
LUZ: No es ninguna idea demencial, Andrómeda; es una revelación. Pero qué vas a entender vos si
no crees en nada de lo que yo experimento. ¿Qué te puedo explicar si estás llena de prejuicios?
ANDRÓMEDA: No, Luz, en serio que yo no tengo tantos prejuicios como vos pensás. Si yo creo en
todo... es por eso que dudo tanto, porque sé que todo puede ser cierto. No tiene nada que ver con el
escepticismo lo que me pasa a mí, es otra cosa...
LUZ: Otra cosa... sí. Mirá Andrómeda, resulta que esta vez lo mío es también otra cosa, pero tan
otra cosa... que no lo puedo ni poner en palabras. Si vos no me crees ni siquiera cuando te explico
ciertas cuestiones que soy perfectamente capaz de poner en palabras cómo me vas a creer si te trato
de hablar de lo inefable.
ANDRÓMEDA: Tratá de hablarme de lo inefable, Luz. Dale, tratá. Yo me paso el día lidiando con lo
inefable, en serio. Estoy muy acostumbrada, no me puede perturbar oírte decir lo indecible. Dale,
probá. Confiá un poquito y probá.
LUZ: Bueno... voy a probar. ¿Estás preparada? ¿No vas a ponerte a ironizar ni a dar grititos?
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: Estoy preparada, en serio. Voy a ser muy respetuosa con lo que me digas, sea lo que
sea, Luz.
LUZ: Bien. Fui a una búsqueda de visión, tomé ayahuasca y supe que voy a morirme. Que voy a
morirme pronto.
ANDRÓMEDA: ¿Qué fuiste a dónde? ¿Qué es una búsqueda de visión, Luz? ¿Qué es ayahuasca?
¿Qué tomaste, Luz?
ANDRÓMEDA: ¡Ay sí, ya sé, la tía me habló justo de eso! ¡Te drogaste, Luz! Tomaste una droga
tremenda... ya sé lo que es... sí, sí, me contó la tía. Es una droga alucinógena... es peor que el
peyote, por eso estás así. No tiene que ver con Mujercitas, Luz, es por la droga que te vino toda esta
locura de morirte...
LUZ: ¡No es una droga, Andrómeda! No es una droga. No tenés ni idea de lo que estás hablando, así
que te pido un poquito de humildad y un mínimo de respeto, por favor. Yo no pensaba hablarte de
esto, pero ya que insististe tanto ahora por lo menos respetá lo que no conocés.
ANDRÓMEDA: Esto es el colmo, Luz. Es el colmo que me recomiendes que me drogue. A mí la tía ya
me habló mucho de todas estas cosas. Me parece de lo más lamentable que un grupo de gente se
junte para drogarse con la excusa de encontrarse con Dios… me parece patético. Ya sé lo que es
eso. La tía me contó unas cosas espantosas... me habló de gente vomitando, con unas alucinaciones
terroríficas, ella dice que la devoró una serpiente pitón... me explicó unas cosas completamente
infernales, más que divinas... Hay que estar fatal de la cabeza para tomarse algo que puede hacer
realidad tu peor pesadilla.
LUZ: Hay que ser muy valiente y hay que querer curarse. La planta no inventa nada. La planta te
hace enfrentarte con lo que te tenés que enfrentar. A cada uno le da lo que necesita.
ANDRÓMEDA: ¿Me estás diciendo que te hizo el amor un alienígena? ¿Tuviste sexo con un
marciano, Luz?
LUZ: ¡Ay, bueno, basta! Jamás te tendría que haber hablado de esto. No aprendo, no aprendo
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: La realidad es que no hay nada que contarle a mamá, Luz. La realidad es que no
podés estar segura de que te estás muriendo.
LUZ: No/ podés/ estar... pará, pará... la tengo. ¡Tengo una conversión pura! Mirá, mirá... una pura:
La realidad es que muriendo podés estar segura de que no estás. ¡Tengo cien puntos!
ANDRÓMEDA: No, no tenés cien puntos. Primero que no cuenta porque no estábamos jugando, no
quisiste jugar. Y después que además no es conversión pura. Es cuasipura, te faltó una palabra. Es
dirty.
LUZ: ¡Es clean! ¿Qué palabra me faltó? Las usé todas y no conjugué ni un solo verbo, es una
conversión pura.
LUZ: Pará, pará... El “te” lo tengo que poder meter... ¡Muriéndote! La realidad es que muriéndote
podés estás segura de que no estás. Me anoto cien puntos.
LUZ: Para una vez en la vida que logro una conversión pura no me podés hacer esto, Andrómeda.
ANDRÓMEDA: ¿Por qué te importa tanto de repente si nunca te tomaste este juego en serio? La
realidad es que... muriéndote... podés estar segura... de que no estás. ¡Claro, ahí está! ¡Es portentoso
este juego, es increíble lo que revela! Yo lo tendría que patentar como herramienta en psiquiatría.
ANDRÓMEDA: Vos nunca quisiste estar. Por eso ahora se te metió en la cabeza esa idea loca de que te
morís. Se te ocurrió que morir es la manera más segura de no estar, la más directa.
ANDRÓMEDA: Digo que siempre estuviste huyendo de esta familia y de esta casa. Te fuiste a vivir a
ochocientos mil kilómetros porque no soportabas estar con nosotros. A ochocientos mil kilómetros
es muy fácil seguir siendo la preferida, Luz, y a mí me dejás la ingrata tarea de estar siempre
presente y ser la despreciada.
LUZ: Yo no estoy acá porque huya de nada, estoy acá porque mi propósito en la vida es estar con los
que más sufren.
ANDRÓMEDA: ¿Con los que más sufren? ¿Cómo se mide eso, Luz? ¿Cómo se mide el sufrimiento
ajeno? ¿Cómo se mide el propio? Tu madre sufre, Luz. Tu hermana sufre y te echa de menos todo el
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
tiempo. Y ya que vos crees que todo tiene un sentido y que uno elije las circunstancias que le tocan
en la vida, se te podría ocurrir pensar que por algo naciste en esta familia y no en la India. Tal vez tu
propósito en la vida también tenga algo que ver con esta familia.
LUZ: Cuando te ponés así no se puede hablar contigo. Yo no puedo seguir hablando con vos. Hacé
el ejercicio del desahogo y del perdón que te vengo explicando estos días. Lo sentás en frente y le
decís todo. Todo eso que le escribís en las cartas que no le mandás.
ANDRÓMEDA: Ni loca se las mando. Son cartas demasiado bellas como para arriesgarme a que las
triture con su psicología de suplemento dominical.
LUZ: Bueno, va a estar callado en la silla... no va a poder triturar nada. Decile todo. Curate. Curate
y cuando consigas estar bien con vos te voy a volver a escuchar. Antes no.
ANDRÓMEDA: Luz.... Luz no me cuelgues... ¿Querés que juguemos a La realidad? Te dejo anotar los
cien puntos. Anotate los cien puntos y ahora vas vos. Dale. Vengate. Decime la frase real más cruda
que se te ocurra y yo la trato de convertir.
ANDRÓMEDA: ¡No Luz, no cuelgues! ¿Y el plan? ¿Y el plan de suplantación? ¡Luz, por favor, no me
cuelgues, vos no...! (Luz corta la comunicación.) ¿Dónde está tu compasión? ¿Dónde está la
compasión de los iluminados? ¿Y vos te crees más sana que yo?
El ejercicio de la silla... Quién será el pobre infeliz que tuvo que inventarse el ejercicio de la silla.
Bueno, muy bien, acá está... acá está la silla (Ha colocado una silla frente a otra silla en la que se
sienta.)
Ahí estás vos, acá estoy yo, imaginemos por un momento que esto tiene algún sentido. Mirá... hay
una cosa que tengo cada vez más clara: es mentira que el tiempo cure. Para mi el tiempo pasa y el
daño que me hiciste es cada vez más grande... la reparación que necesita es cada vez más grande.
No sé por dónde empezar... la última carta que te escribí tuve que quemarla. Era una carta brutal,
pero de una violencia también luminosa. Te habría lastimado, por eso la quemé. No quería
lastimarte, sólo quería mostrarte que yo también te podía lastimar, que podía usar toda la fuerza de
mi dolor para decirte exactamente las palabras que más te hirieran, como hiciste vos conmigo. La
diferencia es que yo no lo hice. La diferencia es también que mientras me imaginaba que lo hacía a
la vez quería abrazarte y consolarte todo el tiempo, todo el tiempo...
Ayer fue de nuevo un día luminoso. Me puse el vestido de ir a encontrarte cada vez que no te
encuentro y salí a recorrer calles por las que pasarás o habrás pasado. Por momentos me parecía casi
un milagro a la inversa no encontrarte, y caminaba como compartiendo contigo un secreto que no
sabrás nunca. ¿Y si fuera verdad que nunca más va a importarte por dónde camine? ¿Y si fuera
verdad que ya no te importa que esté viva o muerta? ¿Qué clase de acto de amor podría ser una
respuesta a eso? ¿Con qué tipo de amor se sigue amando a alguien para quien no existís? Ayer me
hacía esas preguntas mientras te buscaba como si buscara una calle desconocida en una ciudad
ajena. De pronto se me acerca un hombre, un hombre joven: "¿Puedo decirte una cosa?", me
pregunta. "Sí, claro", le contesto. Y él me dice "sos preciosa".
Nunca sabrá que nunca logró poner tan triste a alguien. Le doy las gracias y me meto en el primer
bar que encuentro para ir llorando al baño. Me miro al espejo y siento el peso de todas las veces en
que al mirarme solo veo tu ausencia. A lo mejor en eso consiste amar a alguien para quien no
existís, en ver sólo su ausencia al mirarte al espejo. Sé que cuando llegue a casa voy a volver a
quitarme el vestido de ir a encontrarte cada vez que no te encuentro y voy a colgarlo con cuidado en
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
una percha. Pero antes me siento a tomar un café con leche y trato de imaginar que me ves como
cuando podíamos mirarnos. Y en algún segundo de los minutos que transcurren mientras lo imagino
soy consciente de un nuevo secreto incompartible. Creo que entonces sonrío. Sonrío, sí, como si
tomando un café con leche en la calle donde vivís te tuviera más cerca.
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
Cuadro Segundo
(Una proyección muestra a Luz en su cuarto. Está metida en la cama y su aspecto no es bueno.
Tiene el ordenador junto a ella y habla con su hermana a través de skype, pero Andrómeda no la
ve.)
LUZ: Tranquila, Andrómeda, estoy acá. Ya te expliqué... te digo que no puedo prender la cámara,
pero estoy acá.
ANDRÓMEDA: Pero probá otra vez, dale, Luz, hace mucho rato que no probás, a lo mejor ahora se
arregló. Quiero ver que estás bien.
LUZ: Estoy bien, Andrómeda. No me estoy muriendo. No sé qué tengo que hacer para convencerte.
ANDRÓMEDA: Yo ya sé que no te morís, Luz. Pero te noto rara, la voz débil te noto. A lo mejor es
porque te esforzaste tanto en convencerme de que te morías que ahora estoy sugestionada. Probá
otra vez la cámara, dale.
LUZ: A ver... estoy probando de nuevo. (No está probando nada.) Estoy tratando de prenderla y es
imposible. Se habrá fundido la lente, qué sé yo...
ANDRÓMEDA: Todavía no entiendo, Luz, cómo se te ocurrió inventarte una cosa tan espantosa, cómo
pudiste pensar que iba a poder soportar mejor tu muerte que una ausencia voluntaria, por más raro
que sea lo que querés hacer, por más que no me guste... No va a ser para toda la vida la reclusión
esa, en algún momento vas a salir y te voy a volver a ver. No es como si desaparecieras del mundo.
LUZ: De alguna manera sí es como si desapareciera del mundo, Andrómeda. Son decisiones que hay
que tomar así, de una manera radical. Vos no tenés que plantearte si me vas ver o no me vas a volver
a ver.
LUZ: Lo único que te pido es que cuando te acuerdes de mí sepas que yo estoy ahí en algún lugar
queriéndote, ¿tan difícil es eso?
ANDRÓMEDA: Vos me pedís que te tenga el amor que se tiene a los muertos, Luz.
ANDRÓMEDA: Es eso, Luz, es eso. No te puedo ver, no te puedo hablar, no te puedo escribir...
LUZ: Me podés escribir. Ya te dije. Me podés escribir a ese apartado de correos que te di. Yo no voy
a poder contestar tus cartas pero las voy a leer. Sabés que voy a leerlas con todo mi amor y que voy
a ser feliz cada vez que reciba una carta tuya. ¿Eso no te calma?
ANDRÓMEDA: Me calma, sí, pero... no sé... ¿no te parece que es muy triste? Vos estás dispuesta a
dejar de tener cualquier tipo de presencia real en mi vida, Luz, pero querés que cuando me acuerde
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
de vos yo te quiera y además sepa que vos me querés... como por una cuestión de fe. Ese es el amor
que se tiene a los muertos, Luz.
LUZ: Y bueno, vos sabés de eso, ¿no? ¿No seguís escribiendo tus cartas a los muertos?
ANDRÓMEDA: Pero eso es distinto Luz... los míos son muertos que ni conocía, son muertos de
todos. ¿Vos crees que yo le puedo escribir una carta a mi hermana como le escribo una carta a Rilke
o como le escribo una carta a Artaud?
LUZ: La verdad es que siempre me puso los pelos de punta que escribas a los muertos, Andrómeda,
me asusta.
ANDRÓMEDA: Te juro que a veces es mucho mejor escribirle a los muertos que a los vivos, Luz. El
silencio de los muertos es más fácil de sobrellevar. Por lo menos no ejercen la crueldad cada vez
que te ignoran. ¿Cuántos suicidios podrían ser evitados?
LUZ: ¿Qué decís, Andrómeda? ¿De qué me estás hablando? Me ponés los pelos de punta, te juro.
ANDRÓMEDA: En serio, Luz. ¿Cuántos suicidios podrían haberse evitado? Pensá la cantidad de
artistas que anuncian su muerte, a veces años. Pensá la cantidad de veces que esa muerte estará
siendo anunciada a la persona justa, a la única que persona que podría evitarla. Pensá en todas las
veces en que una persona mata a otra silenciosamente, cobardemente, manteniendo la decisión de
darle la espalda de una manera sostenida, inacabable, muda como la muerte que se cuela entre dos
pero empieza a llamar a uno solo. Cada vez con una voz más alta, más rotunda, mientras el pecho
del otro permanece seco y el desierto se extiende.
LUZ: Pará, Andrómeda, pará en serio. Escuchame un poquito a ver si te sirve lo que voy a decirte.
¿Me escuchás?
ANDRÓMEDA: Te escucho.
LUZ: Sí, dos flechas. Una de oro, al corazón de los que empiezan a amarse, y otra de plomo, al
corazón de los que ya no sienten nada el uno por el otro. ¿Me seguís?
ANDRÓMEDA: Te sigo.
ANDRÓMEDA: ¿Podés entender que él tenga el corazón atravesado por una flecha de plomo? ¿Podés
entender que él no sea dueño de su corazón, igual que vos no sos dueña del tuyo? ¿Eso podés
entenderlo?
LUZ: ¿Y por qué no las lanza a la vez? ¿Por qué no las lanza siempre a la vez?
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
entenderte a vos. A vos que siempre te entendí, Luz... ¿cómo puede ser que ahora no te entienda?
¿Vos crees que yo le puedo escribir una carta a mi hermana como le escribo una carta a Rilke o
como le escribo una carta a Artaud?
LUZ: ¿No te parece más raro escribirle una carta a Rilke que a tu hermana aunque sepas que tu
hermana no va a contestarte? Sabés que tu hermana por lo menos va a leer la carta.
ANDRÓMEDA: Claro, pero ahí está el problema... resulta que mi hermana lee la carta y no hace nada,
por una decisión personal no hace nada. Si Rilke no me contesta es únicamente porque está muerto,
yo estoy segura de que si Rilke me conociera no habría dejado ni una sola carta mía sin contestar.
ANDRÓMEDA: No, no es fe, la fe implica creer aceptando la incertidumbre. Yo de esto estoy segura,
Luz... no hay duda, no hay grieta capaz de corromper mi creencia: yo tengo la certeza de que Rilke
habría contestado siempre todas mis cartas. Y Artaud también, por supuesto. Vos tenés tus certezas,
yo tengo las mías.
LUZ: Está bien, Andrómeda, entonces te pido que me ames como se ama a los muertos. Sí, eso te
pido. Si no querés escribirme no me escribas. Pero tratá de aceptar, por favor, que yo a lo mejor
estoy haciendo lo que tengo que hacer, a lo mejor estoy haciendo lo único que puedo hacer.
ANDRÓMEDA: Y sí, Luz, si no me queda más remedio lo voy a a aceptar, qué otra cosa puedo hacer.
No voy a dejar de quererte por el hecho de que no quieras volver a verme ni a oírme ni a hablarme
ni a escribirme en toda tu vida, te voy a querer siempre... pero reconocé que es raro lo que me
pedís... reconocé que es un poco brutal.
LUZ: Y bueno, sí, Andrómeda, a lo mejor soy un poco brutal, sí. Pero te vuelvo a repetir, pensá que
a lo mejor no tengo otra elección.
ANDRÓMEDA: Vos entendés de una manera muy singular la cuestión de la elección, Luz.
LUZ: Andrómeda, no quiero discutir. No discutamos más, por favor. Vamos a despedirnos bien. Te
suplico que nos despidamos bien, ¿sí? Lo necesito, lo necesito de verdad. Te lo suplico, hermana.
ANDRÓMEDA: Sí, tranquila, nos vamos a despedir bien. Pero todavía no, esperá un poquito. ¿No te
puedo llamar mañana?
ANDRÓMEDA:¿Pero por qué no? ¿No te puedo llamar aunque sea unos minutos al móvil, antes de
que te recluyas en el monasterio ese de mierda? ¿Habrá cobertura ahí cuando te bajes del tren?
LUZ: Alguna vez tiene que ser la última vez, Andrómeda. Estos días están siendo muy difíciles para
mí. A mí también me está costando mucho despedirme de vos, porque estoy preocupada por vos,
estoy muy preocupada... Con mamá fue mucho más fácil, no sabés lo bien que lo aceptó, y con
Oliver...
ANDRÓMEDA: Sí, ya sé, Luz, ya sé que para ellos fue mucho más fácil, ya sé lo bien que lo
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
aceptaron. A lo mejor es que te quieren menos... perdón. Perdón, Luz, perdoname, no quise decir
eso. Es que te quieren distinto, simplemente es que te quieren distinto.
LUZ: Cuidalos, Andrómeda, son una familia preciosa, tenés una familia preciosa, cuidala. No los
juzges tanto. Mamá está feliz, ese hombre le está haciendo mucho bien. Es muy lindo lo que está
viviendo. Dejala que lo disfrute, no se lo cuestiones.
ANDRÓMEDA: No me podía creer que ese tipo leyera las cartas de mamá, y para colmo las acabara
contestando. Vos lo usás de argumento para una obra de teatro esto y no se lo cree nadie.
ANDRÓMEDA: Sí, tal cual. Para mí lo que me pedís también supera la ficción, Luz.
ANDRÓMEDA: Sí, perdoname. (Silencio.) Supongo que vamos a tener que encontrar una forma de
despedirnos, ¿no? ¿La inventás vos?
ANDRÓMEDA: Ya lo sé ese acertijo, Luz, el que resolvió Edipo, ese lo sabe todo el mundo.
ANDRÓMEDA: ¿Dos acertijos resolvió Edipo? Nunca tuve noticia... ¿Cuál era el segundo?
LUZ: Son dos hermanas... Dos hermanas, una de ellas engendra a la otra y a su vez es engendrada
por la primera.
ANDRÓMEDA:¿Y la respuesta?
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
ANDRÓMEDA: No, no puedo yo, no tengo ni idea. Pará... dejame pensar... Son dos hermanas...
LUZ: Sí, una de ellas engendra a la otra y a su vez es engendrada por la primera.
ANDRÓMEDA: No, no tengo ni idea, no se me ocurre. Yo no soy muy de acertijos, ya sabés. Decime.
ANDRÓMEDA: ¿El día y la noche? ¿Dos hermanas? ¿Cómo que son dos hermanas el día y la noche?
¿Por qué hermanas?
LUZ: Día, en griego, es femenino. El día es femenino, Andrómeda, igual que la noche. El día y la
noche son dos hermanas. La mujer no es sólo la noche, la luna, la oscuridad. Para los antiguos
pueblos nórdicos la mujer era el sol, el sol era femenino. Para los griegos el día era femenino. La
noche y el día son dos hermanas, como vos y yo.
ANDRÓMEDA: Qué lindo eso, Luz, es muy lindo. ¿Lo pensaste para mí?
LUZ: La oscuridad es luz detenida. Lo saben los físicos. No le tengas miedo a la oscuridad
Andrómeda, sólo dejala que se mueva. Dejala que se mueva, ¿sí?
ANDRÓMEDA: Gracias, Luz. Estoy poco lúcida yo hoy. Pero voy a pensar cosas lindas para vos y te
las voy a escribir, te lo prometo. ¿Me jurás que vas a leer todas mis cartas?
ANDRÓMEDA: Te quiero mucho. Ya cuelgo, ya mismo cuelgo... Te voy a querer siempre. Te voy a
escribir muy pronto, ¿sí?
LUZ: Sí. Yo también te quiero mucho, Andrómeda. Te voy a querer siempre. Colgá vos primero.
ANDRÓMEDA: Te quiero.
LUZ: Te quiero.
(Andrómeda cuelga. Luz cuelga, pero la proyección se continúa viendo. Luz agarra el ejemplar de
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.
www.dramaturgiauruguaya.gub.uy
«–Ah, querida, me das tanta esperanza y valor, y a cambio yo no te puedo entregar más que mi
corazón y estas manos vacías –exclamó el profesor, abrumado.
Estaba visto que Josephine nunca aprendería a comportarse con propiedad, porque en cuanto le oyó
decir esto colocó sus manos entre las suyas y murmuró con dulzura:
–Ahora ya no están vacías.
A continuación se inclinó y lo besó bajo el paraguas. Era una falta de decoro, pero lo hubiese hecho
igualmente aunque la bandada de gorriones que había sobre el seto hubiesen sido personas, puesto
que ya había ido demasiado lejos y lo único que le preocupaba era su felicidad. Y ésta llegó de un
modo muy sencillo, pues en un momento decisivo en su vida, Josephine dio la espalda a la noche, a
la tormenta y a la soledad. Fue hacia la luz, la calidez y la paz del hogar, dejó entrar el amor y cerró
la puerta tras de sí.»
(Andrómeda cierra el libro y levanta la mirada. Luz también levanta la mirada. Por un momento,
en algún lugar donde todo converge, esas miradas se encuentran. Apagón.)
FIN
(Madrid, junio-julio de 2012)
Los contenidos y temáticas son de exclusiva responsabilidad del autor. Todos los Derechos Reservados.
Prohibida su reproducción total o parcial, sin expresa autorización del autor.