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Vanitas

Este documento define y describe el género artístico de la vanitas. Se explica que la vanitas resalta la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte a través de la representación simbólica de objetos. Tuvo su mayor auge durante el Barroco y se extendió por Europa, utilizando símbolos como cráneos y flores marchitas para transmitir este mensaje.

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Vanitas

Este documento define y describe el género artístico de la vanitas. Se explica que la vanitas resalta la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte a través de la representación simbólica de objetos. Tuvo su mayor auge durante el Barroco y se extendió por Europa, utilizando símbolos como cráneos y flores marchitas para transmitir este mensaje.

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La vanitas es un género artístico que resalta la vacuidad de la vida y la

relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos. Se considera un


subgénero del bodegón o naturaleza muerta, por lo general de alto valor simbólico y
alegórico. Es un término latino (vanĭtas) que significa vanidad (de vanus,
«vacío»), entendida no como soberbia u orgullo sino en el sentido de futilidad,
insignificancia, fragilidad de la vida, brevedad de la existencia.1

Este tipo de representaciones se encuentran prácticamente en toda la historia del


arte: cráneos y esqueletos aparecen en los frescos pompeyanos y en la Edad Media
eran frecuentes las llamadas danzas de la muerte. Sin embargo, su mayor auge se dio
durante el Barroco, época en que pasó a considerarse un género independiente.1 En
dicho período cabe establecer su inicio en los Países Bajos en torno a 1620, desde
donde se extendió por Francia y Flandes y, posteriormente, Alemania, Italia, España
y otros países.2

Su nombre y su concepción se relacionan con un pasaje del Eclesiastés (Ec 1, 2):


Vanitas vanitatum et omnia vanitas («vanidad de vanidades, todo es vanidad»).3 El
mensaje que pretende transmitir es la futilidad de los placeres mundanos frente a
la certeza de la muerte, animando a la adopción de un estoico punto de vista sobre
la vida.

Índice
1 Definición
2 Historia
2.1 Antecedentes
2.2 Barroco
2.2.1 Países Bajos
2.2.2 Flandes
2.2.3 Francia
2.2.4 Alemania
2.2.5 Italia
2.2.6 España
2.3 Siglo XVIII
2.4 Siglo XIX
2.5 Siglo XX
2.6 Siglo XXI
3 Véase también
4 Referencias
5 Bibliografía
6 Enlaces externos
Definición

Vanitas con libros, manuscritos y una calavera (1663), de Edwaert Collier, Museo
Nacional de Arte Occidental, Tokio
La vanitas se suele considerar un subgénero de la naturaleza muerta, aunque tiene
también una estrecha relación con la alegoría. Tiene fuertes connotaciones
simbólicas y filosóficas, a menudo relacionadas con la religión cristiana, ya sea
católica o protestante. Este género pretendía transmitir tres mensajes
fundamentales: un concepto de la vida como algo pasajero, transitorio, incluso
extremadadamente fugaz; la idea de que cualquier bien que pueda adquirir el ser
humano, ya sea material o inmaterial, es vacuo, irrelevante, carente de sentido; y
una finalidad de redención, de preparar el alma para la salvación y la vida
eterna.4

Se caracteriza principalmente por el carácter simbólico de los objetos


representados, alusivos en general a la fragilidad y la brevedad de la vida, al
tiempo que pasa, a la inevitabilidad de la muerte. Por lo general, se contraponen
diversos objetos relativos a los dones de la naturaleza o de la actividad humana
con otros alegóricos de la muerte y la vacuidad de la vida.2 Entre ellos destaca el
cráneo o el esqueleto humano, símbolo por excelencia de la muerte. Otros objetos
aluden a cualidades humanas efímeras como el saber, la riqueza, el placer o la
belleza, de las que se muestra su caducidad y su vana persecución. Otros símbolos
que suelen encontrarse en las vanidades son fruta podrida, flores marchitadas,
insectos, conchas, velas consumidas, relojes (mecánicos o de arena), burbujas,
polvo, humo, vasos vacíos o volcados, pipas vacías o arquitectura en ruinas, todos
ellos símbolos de la brevedad y la naturaleza efímera de la vida. También se
encuentran alusiones alegóricas a conceptos como las ciencias, las letras y las
artes, el conocimiento (libros, instrumentos científicos), la riqueza (dinero,
joyas) y el poder (coronas, armas), o bien actividades humanas (instrumentos
musicales, juegos de naipes o dados), así como en ocasiones un globo terráqueo como
símbolo del poder terrenal. Los objetos que evocan la riqueza o el placer figuran
en contraposición a los que representan la muerte y denotan la insignificancia que
tienen en relación al tránsito de la vida.1 En ocasiones pueden aparecer espinas de
trigo o coronas de laurel como símbolo de resurrección.5 En otras ocasiones se
añaden frases —generalmente latinas— como memento mori («recuerda que morirás»),
tempus fugit («el tiempo huye»), ubi sunt («¿dónde están?») o sic transit gloria
mundi («así pasa la gloria del mundo»).2

Naturaleza muerta con libros y un reloj de arena (c. 1630-1640), artista español
anónimo, Gemäldegalerie de Berlín
Los bodegones de animales muertos pueden ser también considerados una forma de
vanitas, por cuanto la contemplación de unos restos de carne evocan el final de la
vida. Esta línea de obras tiene una larga tradición que va desde El buey desollado
de Rembrandt hasta versiones modernas del mismo tema realizadas por Chaïm Soutine,
Marc Chagall y Francis Bacon.6

El historiador Jan Białostocki diferenció tres grupos de símbolos en las vanitas:


los de la existencia terrena, los de la mortalidad de la vida humana y los de la
resurrección a la vida eterna. Los dos primeros se refieren a la actividad humana,
dividida a su vez, según Hadrianus Junius, en tres conceptos: vita contemplativa
(libros, objetos relacionados con las artes y las ciencias), vita practica (joyas,
armas, coronas, cetros) y vita voluptuaria (copas, vasijas, instrumentos musicales,
naipes y dados).7

Un tema derivado de la vanitas es la futilidad del conocimiento, ejemplificado


generalmente por libros, contrapuestos a los símbolos habituales de la vanidad: un
exponente es Naturaleza muerta con libros y un reloj de arena (c. 1630-1640,
Gemäldegalerie de Berlín), obra de un artista barroco español anónimo, en que
aparecen tres libros sobre una mesa y un reloj de arena invertido en el que justo
empieza a caer la arena, simbolizando el paso del conocimiento escrito de una
generación a otra, aunque el conocimiento individual sea limitado.8

Vanitas con putto (c. 1600), de Bartholomäus Spranger, castillo de Wawel, Cracovia,
ejemplo de Nascendo morimur
Existen también varios subgéneros de la vanitas, como el Nascendo morimur («así
como nacemos, morimos»), en el que generalmente se representa a un bebé o un niño
pequeño junto a una calavera o algún otro recordatorio de la muerte, en el sentido
de que la muerte es tan natural como el nacer;9 o el homo bulla («hombre burbuja»),
en el que suele aparecer un niño haciendo pompas de jabón, como símbolo de la
fragilidad de la vida, un tema procedente de la frase latina Homo bulla est («el
ser humano es como una pompa de jabón»).10

Colgante Memento mori, siglo xviii


Aunque se desarrolló sobre todo en la pintura, existen también algunos ejemplos de
vanitas en el grabado, la escultura e incluso en la arquitectura, como en la
capilla Magdalenenklause, en los jardines del palacio de Nymphenburg en Múnich.11
También se dio incluso en la orfebrería y joyería: entre los siglos xvi y xviii
fueron corrientes un tipo de colgantes llamados Memento mori, unos estuches con
forma de ataúd que al abrirlos aparecía un esqueleto, realizados generalmente en
oro, plata o marfil. También se produjeron estatuillas con forma de esqueleto o
bien anillos, que además de imágenes de esqueletos o cráneos solían llevar algún
mensaje de tipo religioso.12

Conviene recordar que, como subgénero del bodegón, la vanitas por antonomasia basa
su composición en la exposición en una imagen de diversos objetos inertes, con la
presencia o no de la figura humana, en todo caso secundaria. Sin embargo, en
ocasiones puede entremezclarse con otros géneros artísticos en composiciones que
combinen diversos géneros, como puede ocurrir con la pintura religiosa (como, por
ejemplo, Tentaciones de san Jerónimo de Francisco de Zurbarán), la pintura de
género (La tasadora de perlas de Johannes Vermeer) o el retrato (Niña haciendo
pompas de jabón (Luisa María Ana de Borbón) de Pierre Mignard).13

Cabe reseñar por último la relación entre la vanitas y el género artístico-


literario de la emblemática, especialmente en el Barroco. Este tipo de obras
aportaron buena parte del repertorio iconográfico a las vanitas, ya que cada objeto
adquiría un significado simbólico que podía ser reconocido por todo aquel iniciado
en la materia. El emblema barroco aglutinaba imagen, poesía y retórica, con un alto
contenido simbólico y alegórico. Por lo general, se componían de un dibujo
(pictura), un lema (inscriptio) y un epigrama (subscriptio), normalmente en
latín.14 El inicio de la vanitas en los Países Bajos estuvo fuertemente relacionado
con libros de emblemas como Sinnepoppen de Roemer Visscher (Ámsterdam, 1614),
Emblemata of zinne-werck de Johan de Brune (Ámsterdam, 1624), Emblemata de
Zacharias Heyns (Rótterdam, 1625) y Sinne- en minnebeelden de Jacob Cats
(Ámsterdam, 1627).15 Por lo general, este tipo de emblemas tenían un objetivo
moralizante, como combatir las adicciones al juego, la bebida o el tabaco, o
incluso el coleccionismo de conchas marinas y el cultivo de los tulipanes —cuya
euforia especulativa dio lugar a la llamada Crisis de los tulipanes—. Muchos de
estos motivos pasaron a la vanitas.16

Historia

Memento mori, mosaico pompeyano (siglo i a. C.), Museo Arqueológico Nacional de


Nápoles
Antecedentes
Los principales antecedentes de la vanitas se encuentran en las diversas
representaciones relativas a la muerte, generalmente ejemplificadas con esqueletos
o cráneos, de las cuales existen múltiples manifestaciones desde la prehistoria.
Sin embargo, en relación con el género estudiado, conviene atender más que las
simples representaciones alusivas a la muerte las que añaden un componente
filosófico o moral, las que señalan a la brevedad de la vida y la inevitabilidad de
la muerte. Estas manifestaciones aparecieron sobre todo en el arte romano,
relacionadas con el memento mori, la frase que los siervos repetían a los generales
romanos en sus triunfos para recordarles que las glorias eran efímeras. Imágenes de
ese tipo se encuentran en los frescos pompeyanos del siglo i a. C. que se conservan
en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, generalmente con esqueletos en
diferentes actitudes, a veces sujetando vasos o jarras u otro tipo de utensilios
relacionados con los banquetes romanos.12

Uno de estos mosaicos conservados en Nápoles, titulado Memento mori (Pompeya I, 5,


2) representa la Rueda de la Fortuna, que puede hacer que los ricos, simbolizados
por la tela morada a la izquierda, sean pobres, mientras los pobres, simbolizados
por la piel de cabra a la derecha, sean ricos, todo ello vigilado por la muerte en
forma de cráneo sobre la rueda y la vida colgando de un hilo: cuando se rompe, el
alma, simbolizada por la mariposa, vuela.17 Otro es el llamado Carpe diem
(«aprovecha el día») o Esqueleto copero, que muestra un esqueleto con copas en las
manos. Otro mosaico famoso de la antigüedad es el titulado Gnōthi seautón (γνῶθι
σεαυτόν, «conócete a ti mismo» en griego), conservado en el Museo delle Terme di
Diocleziano (Roma), en que se ve un esqueleto recostado sobre su guadaña. Cabe
reseñar también un mosaico del siglo iii a. C. conservado en el Museo Arqueológico
de Hatay en Antioquía, que muestra un esqueleto con una jarra de vino y una hogaza
de pan y la inscripción «sed alegres, vivid vuestra vida».12

Otras muestras de este tipo de representaciones fueron las larva convivialis,


figurillas en forma de esqueleto, ya sea exentas o realizadas en relieve en jarras
y otros objetos. Cabe destacar en este terreno las copas talladas de Boscoreale.12

Gnōthi seautón, mosaico romano, Museo delle Terme di Diocleziano, Roma

Carpe diem, mosaico pompeyano (siglo I a. C.), Museo Arqueológico Nacional de


Nápoles

Copa con larva convivialis (c. siglo I a. C.-siglo I d.C.), Museos Estatales de
Berlín

Memento mori romano (c. 200-500 d.C.)

Durante el románico se emplearon imágenes de memento mori en los muros de las


iglesias como mensajes moralizantes para la feligresía, como recordatorio de la
fugacidad de la vida y la necesidad de la penitencia y la redención. En numerosas
ocasiones se trataba de calaveras, con una iconografía heredera de las imágenes
romanas, como en el caso de la calavera pintada por el Maestro de Sorpe para la
nave central de la iglesia de Sant Pere de Sorpe (mediados del siglo xii,
actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña) o la esculpida en uno de los
canetes del ábside de la iglesia de San Martino de Villallana (siglo xiii).6

La Danza de la Muerte (1493), de Michael Wolgemut


En la Edad Media hay que valorar el impacto de la peste negra en la sociedad de la
época, que conllevó un sentimiento de familiaridad con la muerte y de consideración
de la vida como algo frágil y efímero. Ello se tradujo en representaciones como las
«danzas de la muerte», un tipo de escenas donde figuraban cortejos de esqueletos
bailando y tocando música, que acompañaban a personas de los tres estamentos
sociales (nobleza, clero y plebe), a los que guiaban a su trágico final. Estas
imágenes se solían acompañar de versos que ilustraban el tema y en época medieval
incluso se recreaban en vivo, de forma teatralizada, una tradición que aún perdura
en diversos lugares, como en la procesión de Verges (provincia de Gerona) celebrada
los jueves santos.6

En relación con esta temática cabe citar una interesante obra del gótico italiano,
El triunfo de la muerte o La leyenda de los tres vivos y los tres muertos (c. 1355,
Camposanto de Pisa), atribuida tanto a Francesco Traini como a Buonamico
Buffalmacco. En ella aparece un grupo de caballeros y damas a caballo que se
encuentra en su camino con tres ataúdes abiertos; en un lateral, un ermitaño
sostiene un rollo de papel con el mensaje «la muerte vence al orgullo y a la
vanidad».18
Tríptico Braque (1450), de Rogier van der Weyden, Museo del Louvre, París
En el siglo xv se fueron desarrollando un tipo de imágenes que apuntaban ya al
género de la vanitas: uno de los primeros antecedentes fue el Tríptico Braque de
Rogier van der Weyden (1450, Museo del Louvre, París), un retablo de contenido
religioso que muestra en su parte frontal varios personajes del Nuevo Testamento,
mientras que por su lado posterior, con los paneles cerrados, muestra un cráneo y
una cruz. Otro exponente fue el Retrato de Hieronymus Tschekkenbülin del Maestro de
Basilea (c. 1487), formado por dos paneles donde se representan el retratado y un
esqueleto, enfrentados uno al otro.6

En relación con esta temática, una de las representaciones más emblemáticas durante
toda la historia del arte fue la calavera, presente ya en los frescos pompeyanos y
que se encuentra en la Edad Media y el Renacimiento en obras como el mencionado
Tríptico Braque de Rogier van der Weyden, el frontispicio del Retrato de Girolamo
Casio de Giovanni Antonio Boltraffio (c. 1510), el Retrato de Jane-Loyse von
Nettesheim de Bartholomäus Bruyn el Viejo (1524, Museo Kröller-Müller, Otterlo),
las Vanidades de Jacopo Ligozzi (1604, colección Aberconway, Bodnant) y la Vanitas
de Jacob de Gheyn (1603, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York).2 Durante los
siglos xv y xvi este tipo de representaciones solían realizarse a menudo en la
parte posterior de los retablos, como en el Díptico de san Juan Bautista y santa
Verónica de Hans Memling (c. 1475): en la puerta izquierda (Pinacoteca Antigua de
Múnich) representó una calavera situada en un nicho, con la inscripción latina
morieris («moriréis»), mientras que en la puerta derecha (National Gallery de
Washington D.C.) pintó también dentro de un nicho un cáliz con una serpiente.19
Otro ejemplo es la Naturaleza muerta con cráneo de Jan Gossaert (1517, Museo del
Louvre, París), situado en la parte posterior del Díptico de Jean II Carondelet,
que contiene una inscripción en latín que dice «aquel que piense siempre en la
muerte puede despreciar siempre todas las cosas», una frase de san Jerónimo.20

Díptico de san Juan Bautista y santa Verónica (c. 1475), de Hans Memling,
Pinacoteca Antigua de Múnich y National Gallery de Washington D.C.
Otro de los orígenes iconográficos de la vanitas se encuentra en las
representaciones medievales de san Jerónimo en su celda, en las que solían aparecer
un libro y una vela como símbolos de la reflexión intelectual y un cráneo y un
reloj de arena como alusiones a la inevitabilidad de la muerte. Una representación
de ese tipo sería un San Jerónimo actualmente perdido de Jan Van Eyck —se conserva
una copia en el Detroit Institute of Arts—, en el que se inspiraría un lienzo del
mismo tema de Colantonio (Museo de Capodimonte, Nápoles) y que daría origen a
varias réplicas, como las de Vittore Carpaccio y Antonello da Messina. De aquí pasó
a representaciones similares de otros santos, como el San Eloy de Petrus Christus
(Metropolitan Museum, Nueva York), o incluso temas profanos, como en Banqueros de
Quentin Metsys (1510, Museo del Louvre, París), Calaveras, báculos y libros de Fra
Vincenzo da Verona (1520-1523, Museo del Louvre, París) o El cambista y su mujer de
Marinus van Reymerswaele (1539, Museo del Prado, Madrid).2 Otros artistas que
trataron el tema fueron: Antonio Allegri da Correggio (San Jerónimo, 1515-1518,
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid), Alberto Durero (San
Jerónimo, 1521, Museo Nacional de Arte Antiguo, Lisboa),21 Joos van Cleve (San
Jerónimo en su estudio, c. 1525, Musée des Beaux-Arts et d'Archéologie de Châlons-
en-Champagne),22 Jan Cornelisz. Vermeyen (San Jerónimo meditando, 1525, Museo del
Louvre, París)23 y Tiziano (San Jerónimo, 1560, Pinacoteca de Brera).24

La calavera también se asocia corrientemente con las figuras de san Francisco de


Asís y santa María Magdalena —suele ser un atributo habitual de los penitentes—,
así como a la crucifixión de Cristo, que se produjo en el Gólgota, «el lugar del
cráneo»,20 donde según la tradición se hallaba la tumba de Adán.25
Un primer artista que realizó obras cercanas a lo que sería una vanitas plena fue
Vincenzo dalle Vacche, autor en 1520 de dos taraceas para la iglesia de San
Benedetto Novello de Padua: Vanidad del poder terrenal de la Iglesia y los legos,
donde presenta entre otros objetos una cruz pectoral, una corona, un reloj de arena
y una calavera; y Vanidad de la ciencia, con un globo celeste, un sextante, un
libro de matemáticas, una partitura y una viola con una cuerda rota.26

En las primeras décadas del siglo xvi cabe destacar también las diversas imágenes
de Hans Baldung Grien en las que mostraba jóvenes doncellas acosadas por el
esqueleto de la Muerte, como en El caballero, la doncella y la Muerte (c. 1505,
Museo del Louvre, París), La Muerte y la doncella (1517, Museo de Arte de Basilea),
La Muerte y la doncella (1518-1520, Museo de Arte de Basilea) y Las Edades y la
Muerte (1541-1544, Museo del Prado, Madrid).6 En Las tres edades y la Muerte (1509-
1510, Museo de Historia del Arte de Viena) compuso una alegoría de la vida formada
por tres distintas edades (un niño, una joven desnuda y una anciana) enfrentadas al
esqueleto de la Muerte, que sostiene un reloj de arena.27

Imagen principal

Calavera en anamorfosis
Los embajadores (1533), de Hans Holbein el Joven, The National Gallery, Londres
Una obra excepcional cercana ya a la vanitas barroca es Los embajadores de Hans
Holbein el Joven (1533, The National Gallery, Londres). Se trata de un doble
retrato: Jean de Dinteville (izquierda), embajador de Francia en Inglaterra, y
Georges de Selve (derecha), obispo de Lavaur que actuó de embajador ante el Sacro
Imperio Romano Germánico, la república de Venecia y la Santa Sede. Ambos personajes
se apoyan con el brazo sobre un aparador dispuesto a modo de bodegón, con múltiples
objetos relacionados con el quadrivium, las cuatro ciencias matemáticas
pertenecientes a las siete artes liberales: aritmética, geometría, música y
astronomía. Pero lo más curioso es un objeto situado a los pies de los embajadores
no perceptible a simple vista —de hecho, no fue descifrado hasta el siglo xx—: una
calavera en anamorfosis, una imagen deformada que solo se puede percibir con una
lente (o con el dorso de una cuchara) situada de forma perpendicular a la imagen.26

Como símbolo de la muerte, la calavera era un objeto corriente en las celdas de los
monjes católicos, especialmente durante la Contrarreforma, como objeto de
meditación sobre el sentido de la vida y lo efímero de la existencia.28 Así, era un
objeto corriente en la representación de los santos, como se aprecia en la obra de
El Greco: San Francisco en éxtasis (1577-1580, Museo Lázaro Galdiano, Madrid), La
Magdalena penitente (1585-1590, Museo Cau Ferrat, Sitges), Santo Domingo en oración
en su celda (c. 1590-1600, colección J. Nicholas Brown, Newport, Rhode Island), San
Francisco arrodillado en meditación (1595-1600, M. H. de Young Memorial Museum, San
Francisco), San Jerónimo penitente (1595-1600, National Gallery of Scotland,
Edimburgo), San Francisco y fray León meditando sobre la muerte (1600-1606,
veinticuatro versiones en museos de todo el mundo).29

Vanitas (c. 1535-1540), de Jan Sanders van Hemessen, Palais des Beaux-Arts de Lille
Una obra bastante sobrecogedora es In omnibus operibus de Juan de Juanes (primera
mitad del siglo xvi, Museo de Bellas Artes de Valencia), en que aparece únicamente
una calavera con una cartela con el mensaje In omnibus operibus tuis memorare
novissima tua et in aeternum non peccabis («en tus acciones ten presente tu final,
y así jamás cometerás pecado», Eclesiastés 7, 36). Esta obra denota la influencia
flamenca, especialmente por el dibujo y el tratamiento de la luz.30

Amorcillo durmiente con calavera (c. 1600), talla en marfil, probablemente


neerlandesa, Museum Schnütgen, Colonia
Una pintura que se acerca a la vanitas barroca es la Vanidad del flamenco Jan
Sanders van Hemessen (c. 1535-1540, Palais des Beaux-Arts de Lille), en el que
aparece un ángel con alas de mariposa que sostiene un espejo en cuyo reflejo
aparece un cráneo. Alrededor del espejo figura el mensaje Ecce rapinam rerum omnium
(«la muerte saquea todas las cosas») y en la cinta que rodea el brazo del ángel
«mira el final de la fuerza, la belleza y la riqueza». La obra fue probablemente el
panel izquierdo de un díptico, del que seguramente el derecho sería un retrato,
cuyo personaje sería el reflejado en el espejo y al que el ángel advierte de lo
efímero de la existencia.31

Otra obra de interés con la presencia de la calavera es el Retrato de familia de


Adriaen Thomasz. Key (1583, Museo del Prado, Madrid), en la que aparece un padre
rodeado de sus seis hijos, con la mano apoyada en una calavera situada sobre una
mesita, junto a la que aparece también un reloj de arena, ambos símbolos de la
fugacidad de la vida, en este caso probablemente por la pérdida de la madre, que no
aparece en la imagen.32

En el terreno del grabado hay que destacar la obra del alemán Alberto Durero, autor
de una célebre estampa, San Jerónimo en su gabinete (1514), donde aparece el santo
en su estudio, con una calavera en el alféizar de una ventana y un perro y un león
dormidos a sus pies.33 Otra obra suya fue El caballero, la Muerte y el Diablo
(1513, Galería Nacional de Arte, Washington D.C.), donde un jinete con armadura
montado a caballo se encuentra en su camino con la Muerte y el Diablo, en forma de
figuras monstruosas; la Muerte lleva un reloj de arena, mientras que en la esquina
inferior izquierda figura una calavera.18 Formado en el taller de Durero, Barthel
Beham fue un notable retratista, aunque fue en el grabado donde obtuvo un gran
éxito, especialmente con escenas populares de pequeño tamaño. Realizó varias obras
de memento mori, como Niño con tres calaveras (1529, Galería Nacional de Arte,
Washington D. C.).34 Otro exponente fue Heinrich Aldegrever, igualmente alemán,
pintor, grabador y orfebre influido por la pintura flamenca y por Durero, autor de
temas religiosos, mitológicos y retratos.35 Hacia 1530 realizó Respice Finem
(«piensa en el final»), donde aparece una mujer desnuda con un reloj de arena en la
mano y un sepulcro abierto a sus pies, con una calavera en el suelo.36

In omnibus operibus (primera mitad del siglo xvi), de Juan de Juanes, Museo de
Bellas Artes de Valencia

Naturaleza muerta con cráneo (1517), de Jan Gossaert, Museo del Louvre, París

San Jerónimo (1521), de Alberto Durero, Museo Nacional de Arte Antiguo, Lisboa

Reverso del Retrato de Jane-Loyse von Nettesheim (1524), de Bartholomäus Bruyn,


Museo Kröller-Müller, Otterlo

San Jerónimo en su estudio (c. 1525), de Joos van Cleve, Musée des Beaux-Arts et
d'Archéologie de Châlons-en-Champagne

Niño con tres calaveras (1529), de Barthel Beham, Galería Nacional de Arte,
Washington D. C.

Respice Finem (c. 1530), de Heinrich Aldegrever, British Museum, Londres

Retrato de familia (1583), de Adriaen Thomasz. Key, Museo del Prado, Madrid

Barroco

Autorretrato con naturaleza muerta (1651), de David Bailly, Stedelijk Museum De


Lakenhal, Leiden
Países Bajos
El inicio de la vanitas plena se dio en el Barroco en los Países Bajos. En este
país los bodegones, junto a los paisajes, gozaron de mucho éxito, así como las
vanitas, ya que su carácter moralizante se adecuaba con la rígida religión
calvinista profesada en la época, al tiempo que su detallismo y precisión visual
concordaban con el interés científico mostrado por la sociedad neerlandesa de
entonces.37

Su desarrollo se produjo especialmente en la Escuela de Leiden, un bastión


calvinista donde se fraguó una atmósfera intelectual y religiosa que favoreció la
plasmación de escenas en que se rechazaban los placeres y riquezas mundanos, tal
como defendía el teólogo reformista francés André Rivet, profesor en Leiden de 1620
a 1632.2

Vanitas de David Bailly en el Album amicorum de Cornelis de Glarges (1624),


Biblioteca Real Neerlandesa, La Haya
Uno de sus primeros exponentes fue David Bailly, retratista y bodegonista influido
por Rembrandt y Frans Hals.38 Su obra más emblemática en este género fue
Autorretrato con naturaleza muerta (1651, Stedelijk Museum De Lakenhal, Leiden): en
el lado izquierdo aparece retratado el artista cuando era joven, que sostiene un
retrato de sí mismo en el momento de la realización del cuadro, más envejecido; a
su lado, sobre una mesa, se apilan una serie de objetos entre los que encontramos
muchos relacionados con este género, como la calavera, la vela, el vaso volcado, la
pipa vacía, las flores marchitadas, una flauta, dinero, joyas, libros, un espejo,
un reloj de arena, objetos de arte y, flotando en el aire, pompas de jabón. Además,
en la esquina inferior derecha, un pergamino contiene los versos del Eclesiastés
que dieron nombre al género: vanitas vanitatum et omnia vanitas.39

Un dibujo a la pluma de David Bailly inscrito en el Album amicorum de Cornelis de


Glarges (1624, Biblioteca Real Neerlandesa, La Haya) está considerado el incunable
de la vanitas: presenta una calavera, un reloj de arena, una pipa humeante y un
rollo de papel con la inscripción quis evadet («¿quién escapa?»).240

Vanidades (1640-1645), de Harmen Steenwijck, The National Gallery, Londres


En esta escuela destacaron especialmente los hermanos Harmen y Pieter Steenwijck,
sobrinos y alumnos de Bailly, introductores de algunos de los rasgos
característicos de la vanitas neerlandesa: tendencia a la monocromía, iluminación
lateral, composición en diagonal, desorden aparente de los objetos representados.41
Harmen desarrolló un estilo caracterizado por el predominio cromático del gris y el
amarillo, en imágenes simples, de carácter íntimo, donde cobra un especial
protagonismo la luz, que suele ser indirecta, con unos efectos de luz a través de
pequeñas gotas granuladas en forma de perla.42 Entre sus obras destaca Vanidades
(1640-1645, The National Gallery, Londres), en la que todos los objetos
representados tienen un significado simbólico: una concha vacía, que simboliza a la
vez la riqueza y la mortalidad humana; una espada japonesa, símbolo del poder
terreno que sin embargo no es capaz de vencer a la muerte; un reloj, símbolo de la
fugacidad del tiempo y de lo limitado de la vida; una flauta y una chirimía, que
representan lo efímero del placer sensual; una calavera, que simboliza la muerte,
el memento mori; una lámpara apagada, nuevo símbolo de la caducidad de la vida, que
se apaga como una vela; y varios libros, que simbolizan la vanidad del saber.43 Por
su parte, Pieter fue autor de varias vanitas —como las conservadas en los museos de
Leiden, Belfort, Lund y el Prado—, similares a las de su hermano, en tonos
amarillos y grises.42 Cabe destacar la del Prado, Emblema de la Muerte (1635-1640),
en que dispuso sobre una mesa los habituales símbolos de la vanitas iluminados por
un rayo de luz en diagonal, siendo de remarcar la presencia de una bolsa de viaje
como símbolo de la vida entendida como un viaje sin retorno, además de un laúd y
una flauta dulce, esta última ensartada en la boca del cráneo que centra la
escena.44

Vanitas con calavera, libro y rosas (c. 1630), de Jan Davidsz. de Heem, Museo
Nacional de Estocolmo
A esta escuela perteneció también Pieter Potter, que recibió la influencia de
Bailly y de Rembrandt, como en su Vanitas del Rijksmuseum de Ámsterdam (1646).45
Posteriormente, Jan Davidsz. de Heem llevó la vanitas de Leiden a Amberes
(Flandes).2 Discípulo de Bailly, de Heem tuvo una primera etapa de estilo monocromo
y austero, pero tras su traslado a Amberes se contagió del estilo opulento del
bodegón flamenco, con influencia de Frans Snyders y Jan Fyt. Entre sus obras se
encuentran: Vanitas con libros, un globo, una calavera, un violín y un abanico (c.
1623, colección privada), Vanitas (1628, Musée des Beaux-Arts de Caen), Vanitas
(1629, Galería Regional de Liberec) y Vanitas con calavera, libro y rosas (c. 1630,
Museo Nacional de Estocolmo).46

Alumna de Heem fue Maria van Oosterwijck, especializada en bodegones florales. Fue
autora de Vanitas con una calavera, libros, flores en un jarrón y un globo celeste
(1668, Museo de Historia del Arte de Viena) y Vanitas y naturaleza muerta con
girasol (c. 1670-1680, colección privada).47

Vanitas (1630), de Pieter Claesz, Mauritshuis, La Haya


Dos de los mejores pintores de bodegones neerlandeses, Pieter Claesz y Willem Heda,
practicaron también la vanitas. El primero, activo en Haarlem, pintó bodegones de
comidas y banquetes, así como algunas vanitas, en un estilo monocromo como el
iniciado en Leiden, entre las que destaca la Vanitas del museo Mauritshuis de La
Haya (1630).48 El segundo, también natural de Haarlem, pintó retratos y cuadros
religiosos, pero destacó especialmente en el bodegón, con una composición sobria y
armonía de colores, entre los que predominan el amarillo y el plateado, en
consonancia con la corriente monocromista. Entre sus obras de este género destaca
una Vanitas del Museo Bredius de La Haya (1621).46

En Haarlem trabajó también Vincent Laurensz. van der Vinne, discípulo de Frans
Hals. Fue autor de algunas vanitas en las que solía autorretratarse, como Vanitas
(c. 1660, Museo Frans Hals, Haarlem), en un papel que cuelga de la mesa, o Vanitas
(Museo Pushkin, Moscú), en la que aparece reflejado en una bola de cristal. En
Vanitas con corona real (c. 1650, Museo del Louvre, París) alude al fin de la
monarquía.49

Joven sosteniendo una calavera (1626), de Frans Hals, The National Gallery, Londres
Procedente del manierismo, el pintor y grabador Hendrick Goltzius mostró al final
de su carrera la influencia de Rubens.50 Problemas de vista y una mano paralizada
le impidieron desde 1600 realizar grabados, por lo que se dedicó a efectuar una
serie de dibujos que simulaban grabados. Entre ellos está Joven sosteniendo una
calavera y un tulipán (1614, The Morgan Library & Museum, Nueva York), un dibujo a
pluma y tinta marrón sobre papel, en el que un joven con sombrero de plumas sotiene
una calavera y un tulipán, mientras al fondo aparece un reloj de arena y la
inscripción QVIS EVADET / NEMO («¿Quién escapa? Nadie»).51

Igual origen manierista tuvo Abraham Bloemaert, pintor y aguafortista que practicó
casi todos los géneros de la pintura. Fue autor de Vanitas con libros, una
calavera, un crucifijo y un reloj de arena, San Jerónimo en el fondo (c. 1620,
colección privada).52

Entre los grandes nombres de la pintura neerlandesa que trataron el tema se


encuentra Frans Hals, un eminente retratista activo en Haarlem. Formado en la
escuela manierista de su ciudad, pronto se desmarcó del estilo italianizante de ese
círculo y se dedicó a la búsqueda de un mayor realismo, de una visión objetiva de
la sociedad de su tiempo, con un estilo libre, de matizados valores y un intenso
tratamiento de la luz.53 Fue autor de Joven sosteniendo una calavera (1626, The
National Gallery, Londres), donde un joven con capa y gorro con pluma sostiene un
cráneo en su mano izquierda, como símbolo de la brevedad de la existencia.54

El buey desollado (1655), de Rembrandt, Museo del Louvre, París


Uno de los pintores más influyentes de su época, Rembrandt, trató el tema en El
buey desollado (dos versiones: 1643, Museo y Galería de Arte de Glasgow; y 1655,
Museo del Louvre, París). Artista original de fuerte sello personal, desarrolló un
estilo cercano al tenebrismo, pero más difuminado, sin los marcados contrastes
entre luz y sombra propios de los caravaggistas, sino una penumbra más sutil y
difusa. Cultivó todo tipo de géneros, desde el religioso y mitológico hasta el
paisaje, el retrato y el bodegón.55 En esta obra mostró los restos de un buey
desollado colgado de una barra cerca del techo, con un crudo realismo que, más allá
del componente físico, evoca con crudeza el fin de la existencia. La ejecución se
basa en pinceladas gruesas y violentas, gestuales, antecediendo a estilos modernos
como el expresionismo.56

La tasadora de perlas (1664), de Johannes Vermeer, Galería Nacional de Arte,


Washington D.C.
Otro de los grandes referentes del Barroco neerlandés fue Johannes Vermeer,
especializado en paisajes y escenas de género, a los que otorgó un gran sentido
poético, algo melancólico, donde destaca especialmente el uso de la luz y los
colores claros, con una técnica casi puntillista.57 En una de sus obras,
etiquetable en principio como escena de género, se perciben elementos propios de la
vanitas: La tasadora de perlas (1664, Galería Nacional de Arte, Washington D.C.),
donde una joven —probablemente Catharina Vermeer, esposa del pintor— sostiene una
balanza, mientras que sobre la mesa se ven perlas y monedas. Situada justo en el
centro del cuadro y destino del rayo de luz que entra diagonalmente por la ventana,
la balanza, vacía, permanece en posición horizontal, como posible mensaje a «pesar
nuestras decisiones», tal como aconsejaba Ignacio de Loyola en sus Ejercicios
espirituales. Frente a la mujer, en la pared, un espejo simboliza la templanza,
actitud necesaria frente a la riqueza esparcida en la mesa.58 En la pared del fondo
hay un cuadro del Juicio Final, que se contrapone al hecho de que la mujer se
encuentra encinta, en una clara alusión al ciclo de la vida (nacimiento-muerte).59

Otra obra que mezcló el género de la vanitas con la pintura costumbrista fue La
última gota (El alegre caballero) de Judith Leyster (1639, Museo de Arte de
Filadelfia), en la que se ve a dos borrachos a los que se aparece la muerte en
forma de esqueleto con un cráneo y una vela encendida en una mano y un reloj de
arena en la otra, como recordatorio de que la vida se les acaba.60 Su marido, Jan
Miense Molenaer, fue discípulo de Frans Hals y recibió también la influencia de
Rembrandt. Realizó preferentemente escenas de género. En su Alegoría de la vanidad
(1633, Toledo Museum of Art, Toledo, Ohio), retrató a una joven dama mirándose al
espejo mientras la peina un peluquero, apoyando un pie sobre una calavera en el
suelo; a su lado, un niño hace pompas de jabón.61 Realizó también un Autorretrato
(c. 1640, Pinacoteca Antigua de Múnich) en que apoya su mano derecha sobre una
calavera situada en una mesa.62

El género fue tratado también por los pintores de la Escuela caravaggista de


Utrecht, un grupo de artistas influidos por el tenebrismo de Caravaggio, entre los
que destacaron Hendrik Terbrugghen, Dirck van Baburen y Gerard van Honthorst,
activos entre 1615 y 1635, aproximadamente. Como en el caravaggismo, la obra de
estos artistas destaca por la profusa utilización del claroscuro, del fuerte
contraste entre luces y sombras, así como una visión realista de los temas
artísticos, principalmente religiosos, retratos y escenas de género. Trataron
también la vanitas, como el San Jerónimo (1621, Museo de Arte de Cleveland) o la
Melancolía (1627, Galería de Arte de Ontario, Toronto) de Hendrick ter Brugghen, el
San Jerónimo (1625-1630, Centraal Museum, Utrecht) de Gerard van Honthorst o el San
Francisco (1618, Museo de Historia del Arte de Viena) de Dirck van Baburen.63

Niño soplando pompas de jabón: Homo Bulla, de Jan Lievens, Musée des Beaux-Arts et
d'Archéologie de Besançon
En un estilo de influencia rembrandtiana, Willem de Poorter, activo en Haarlem,
realizó cuadros históricos y mitológicos, así como naturalezas muertas, de las que
destacan sus vanitas especializadas en armas de guerra, corazas y banderas, con uso
del claroscuro y una delicada tonalidad. Fue autor de dos Alegoría de la vanidad
(1635-1640, National Gallery, Londres; y 1645-1650, colección privada, Múnich).64

Otro discípulo de Rembrandt fue Jan Lievens. Tras unos años en Inglaterra y Amberes
se instaló en Ámsterdam. Desarrolló un estilo influido en sus inicios por
Rembrandt, y más tarde por Rubens y Van Dyck. Fue autor preferentemente de cuadros
religiosos, retratos y paisajes.65 Entre sus obras se encuentra una Vanitas (1627,
Museum de Fundatie, Zwolle), en la que sobre una mesa aparece una calavera junto a
un reloj de arena, libros, un candelabro con una vela apagada y un violín. Otra
obra suya fue Niño soplando pompas de jabón: Homo Bulla (Musée des Beaux-Arts et
d'Archéologie de Besançon), en la que aparece un niño haciendo pompas de jabón con
un cráneo y varios huesos a sus pies, y un reloj de arena en un costado.66

Naturaleza muerta con calavera (c. 1650), de Gerard Dou, Muzeum Narodowe, Gdańsk
Igual influencia rembrandtiana mostró Gerard Dou, discípulo de Rembrandt en su
taller de Leiden. Se dedicó sobre todo a la pintura de género, con un estilo
minucioso y perfeccionista, que gozó de gran popularidad. En su etapa madura se
alejó de su maestro, con un colorido más vistoso y una factura más clara y lisa,
con preferencia por composiciones enmarcadas en hornacinas, en falsa perspectiva, y
gusto por los claroscuros formados por luces de velas. Realizó algunas vanitas,
como Bodegón con un niño soplando pompas de jabón (1645, Museo Nacional de Arte
Occidental, Tokio), Naturaleza muerta con calavera (c. 1650, Muzeum Narodowe,
Gdańsk) o su propio Autorretrato (1658, Galería Uffizi, Florencia).67

Fue discípulo suyo Godfried Schalcken, que trabajó además de en su país natal en
Inglaterra y Alemania. Excelente retratista, en muchas de sus obras empleó una luz
artificial de velas o bujías, de influencia rembrandtiana.68 Fue autor de Alegoría
de la vanidad: niña con una concha, una burbuja y una antorcha (c. 1680-1685,
colección privada).69

Discípulo de Frans Hals, Pieter Gerritsz. van Roestraeten fue autor de escenas de
género y de bodegones especializados en piezas de orfebrería y porcelanas: Vanitas
(Frans Hals Museum, Haarlem), Vanitas (Royal Collection).70
Vanitas con calavera coronada (1689), de Edwaert Collier, colección privada
Un prolífico autor de vanitas fue Edwaert Collier, activo en Leiden, con una obra
influida por Pieter Claesz y Vincent Laurensz. van der Vinne. Fue autor, entre
otras, de Vanitas con libros, manuscritos y una calavera (1663, Museo Nacional de
Arte Occidental, Tokio), Vanitas (1675, Museo de Bellas Artes de Budapest), Vanitas
(1675, Mauritshuis, La Haya), Autorretrato con vanitas (1684, Museo de Arte de
Honolulu) y Vanitas con calavera coronada (1689, colección privada).71

Jacques de Claeuw, yerno de Jan van Goyen y cuñado de Jan Steen, realizó bodegones
coloristas en los que solía disponer objetos preciosos y extraños, descritos de
forma minuciosa, con una cierta influencia de David Bailly. Entre sus obras
destacan: Vanitas con calavera, bola de cristal y estandarte (1642, Rijksdienst
voor het Cultureel Erfgoed, Rijswijk), Vanitas (1650, Rijksmuseum, Ámsterdam) y
Vanitas (1677, Cummer Museum of Art and Gardens, Jacksonville).48

Vanitas (1650), de Jacques de Claeuw, Rijksmuseum, Ámsterdam


De una familia de artistas, Ambrosius Bosschaert II se especializó en bodegones de
flores. Fue autor de Vanitas con calavera, globo, jarrón con flores, rosa, libros y
vajilla sobre una alfombra azul (c. 1640-1645, colección privada).72

Willem Bartsius fue paisajista y retratista. Elaboró una Alegoría de la Vanidad (c.
1640, Museo de Arte e Historia de Ginebra) en forma de joven elegantemente vestida,
sentada con una calavera en el regazo; en una mesita a su lado se encuentran una
taza, libros, joyas y un nautilo, mientras que a sus pies hay varios objetos
apilados, entre los que se encuentran un globo terráqueo, un laúd, un violín, una
flauta y varios libros.73

Juriaen van Streeck, activo en Ámsterdam, realizó preferentemente naturalezas


muertas en las que denotó la influencia de Willem Kalf. Mostró predilección por
objetos metálicos, porcelana y orfebrería, así como moluscos y conchas. Destaca su
Vanitas del Museo Pushkin de Moscú.74

Vanitas (c. 1640-1660), de Aelbert Jansz. van der Schoor, Rijksmuseum, Ámsterdam
Simon Luttichuys recibió la influencia de Jan Davidsz. de Heem, con un estilo
suntuoso, como se denota en Vanitas del busto (colección privada, La Haya).75

Aelbert Jansz. van der Schoor fue autor de Vanitas (c. 1640-1660, Rijksmuseum,
Ámsterdam), un sobrecogedor conjunto de seis calaveras junto a varios huesos más,
además de rosas, un reloj de arena y una vela encendida; sobre un estante al fondo
hay varios documentos con sellos y libros.76

Cabe mencionar también a Adriaen Coorte, pintor del que se desconocen sus datos
biográficos, tan solo que estuvo activo en Middelburg de 1683 a 1707, centrado en
el género de la naturaleza muerta. Fue autor de Vanitas en un nicho (1688, Zeeuws
Museum, Middelburg) y Vanitas con calavera y reloj de arena (1686, colección
privada).77

En un estilo pomposo cercano ya al rococó dieciochesco se encuentra la obra de


Matthias Withoos, autor de varias vanitas inmersas en paisajes donde situaba
esqueletos y cráneos tanto humanos como animales junto a otros objetos, así como en
ocasiones pirámides conmemorativas: Vanitas (Museo Pushkin, Moscú), Símbolos de
vanitas en un paisaje (1658, Museum Flehite, Amersfoort), Vanitas en un paisaje (c.
1660, Galería Nacional de Dinamarca, Copenhague), Mors omnia vincit (1660-1670,
Musée Jeanne-d'Aboville, La Fère).2
A caballo entre los siglos xvii y xviii, Herman Henstenburgh es conocido por sus
bodegones de frutas y flores, con especialidad en insectos y pájaros. Fue autor
también de varias obras del género: Vanitas con calavera sobre una lámina de mármol
(1698, Westfries Museum, Hoorn), Vanitas (Museo Metropolitano de Arte, Nueva
York).78

En el arte del grabado hay que mencionar a Hendrik Hondius II, miembro de una
familia de grabadores, que realizó grabados inspirados en obras de Bruegel,
especialmente retratos y paisajes.79 Fue autor de Finis coronat opus («el fin
corona la obra»), un grabado en cobre de 1626, en que aparece una mesa con libros
sobre los que se encuentra una calavera coronada de laurel, así como diversos
objetos más, como un candelabro, un reloj de arena, un jarrón con flores, una
paleta con pinceles e instrumentos científicos.80

Joven sosteniendo una calavera y un tulipán (1614), de Hendrick Goltzius, The


Morgan Library & Museum, Nueva York

San Francisco (1618), de Dirck van Baburen, Museo de Historia del Arte de Viena

Vanitas con libros, una calavera, un crucifijo y un reloj de arena, San Jerónimo en
el fondo (c. 1620), de Abraham Bloemaert, colección privada

El trabajo está coronado (1626), grabado de Hendrik Hondius II, colección privada

Melancolía (1627), de Hendrick ter Brugghen, Galería de Arte de Ontario, Toronto

Naturaleza muerta vanitas con el Spinario (1628), de Pieter Claesz, Rijksmuseum,


Ámsterdam

Alegoría de la vanidad (1633), de Jan Miense Molenaer, Toledo Museum of Art, Toledo
(Ohio)

Emblema de la muerte (c. 1635-1640), de Pieter Steenwijck, Museo del Prado, Madrid

La última gota (El alegre caballero) (1639), de Judith Leyster, Museo de Arte de
Filadelfia

Vanidad (c. 1640), de Willem Bartsius, Museo de Arte e Historia de Ginebra


Vanitas con calavera, globo, jarrón con flores, rosa, libros y vajilla sobre una
alfombra azul (c. 1640-1645), de Ambrosius Bosschaert II, colección privada

Vanitas (c. 1660), de Vincent Laurensz. van der Vinne, Museo Frans Hals, Haarlem

Vanitas en un paisaje (c. 1660), de Matthias Withoos, Galería Nacional de


Dinamarca, Copenhague

Vanitas con una calavera, libros, flores en un jarrón y un globo celeste (1668), de
Maria van Oosterwijck, Museo de Historia del Arte de Viena

Alegoría de la vanidad: niña con una concha, una burbuja y una antorcha (c. 1680-
1685), de Godfried Schalcken, colección privada

Vanitas con calavera sobre una lámina de mármol (1698), de Herman Henstenburgh,
Westfries Museum, Hoorn

Flandes

Vanitas con cráneo, reloj de arena, vela, libro, carta y un crucifijo en un zócalo
de piedra, de Alexander Coosemans, Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica,
Bruselas
En Flandes, como se ha visto, artistas neerlandesde como Jan Davidsz. de Heem
llevaron la vanitas a esa región, por lo que inicialmente tuvo una acusada
influencia neerlandesa, aunque con el tiempo adoptó también los rasgos de la
escuela flamenca, marcada en esos años por la figura de Rubens. Discípulos de Heem
fueron Alexander Coosemans, Carstian Luyckx y Joris van Son. El primero fue autor
de alegorías religiosas y de todo tipo de bodegones, desde flores y caza hasta
vanitas, como en Vanitas con bouquet (Museo de Bellas Artes de Gante) o Vanitas con
cráneo, reloj de arena, vela, libro, carta y un crucifijo en un zócalo de piedra
(Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas).81

Carstian Luyckx, activo en Amberes en los años 1640-1670, fue un prolífico autor de
vanitas. Entre sus obras destacan: Memento mori con instrumentos musicales, libros,
partituras, esqueleto, cráneo y armadura (c. 1670), Alegoría de Carlos I de
Inglaterra y Enriqueta de Francia en Vanitas (c. 1670, Museo de Arte de
Birmingham), Vanitas con globo celeste (c. 1660-1670, Castillo Real de Varsovia),
Vanitas con calavera, libro de música, violín y conchas (Musée des Beaux-Arts,
Marsella).82

Alegoría de la vida humana (c. 1658-1660), de Joris van Son, Walters Art Museum,
Baltimore
Joris van Son mostró la influencia de Daniel Seghers, además de la de Heem. Se
especializó en guirnaldas de flores, pero también hizo alguna vanitas, como Vanitas
con una calavera, una pistola, un laúd con cuerdas rotas, una flauta, conchas,
duraznos, higos, pan y una urna en una repisa parcialmente cubierta (1651,
colección privada). En Alegoría de la vida humana (c. 1658-1660, Walters Art
Museum, Baltimore) mostró una calavera, un reloj de arena y una vela encendida
rodeados de una guirnalda de flores y frutas, además de una mazorca de maíz,
mariposas y un escarabajo.83 Fue autor también de Tres Putti con símbolos de
vanitas dentro de un cartucho decorado (1643-1667, colección privada), en que
aparecen tres amorcillos, uno con una calavera y otro haciendo pompas de jabón, en
un medallón rodeado de una guirnalda de flores y frutas.84

Vanitas (1663), de Pieter Boel, Palais des Beaux-Arts de Lille


Un buen exponente del género fue Pieter Boel, autor de Vanitas (1663, Palais des
Beaux-Arts de Lille), donde el artista consignó en el lienzo un gran número de
objetos alusivos a la vanidad, apilados desordenadamente, como en un trastero, y
situados en el interior de una iglesia en ruinas. Así, y en consonancia con la
típica opulencia barroca, estos objetos —relacionados tanto con el poder terrenal
como con el espiritual, y entre los que destacan una corona, una mitra, un báculo y
un globo terráqueo— son un ejemplo de ostentación, de riqueza estéril y vacía. Como
única referencia al memento mori se encuentra una calavera situada en la parte
superior de la pirámide visual que forman los objetos, así como un sarcófago
situado en segundo plano, que contiene la inscripción VANITATI S(ACRIFICIUM)
(«sacrificio de la vanidad»).85

Naturaleza muerta con bouquet y calavera (1642), de Adriaen van Utrecht, colección
privada
Otro gran intérprete del género fue Adriaen van Utrecht, especialista en bodegones
y cuadros de caza. Viajó por Francia, Italia y Alemania absorbiendo diversas
influencias, que reflejó en sus cuadros. Junto a Frans Snyders se le considera el
inventor del Pronkstilleven («bodegón suntuoso»). Fue autor, entre otras, de
Naturaleza muerta con bouquet y calavera (1642, colección privada) y Vanitas o
alegoría de la fugacidad de la felicidad (1640-1645, Pinacoteca Antigua de
Múnich).86

Con el anterior colaboró en ocasiones Nicolaes van Verendael, especialista en


bodegones de flores, autor también de las flores de una vanitas de Jan Davidsz de
Heem. Entre sus obras cabe citar Vanitas (c. 1680, Musée des Beaux-Arts de Caen) y
Vanitas con un ramo de flores, una vela, implementos para fumar y una calavera
(Galería de la Academia de Venecia).87

Vanitas (1664), de Cornelis Norbertus Gysbrechts, Ferens Art Gallery, Kingston upon
Hull
Cornelis Norbertus Gysbrechts realizó bodegones de falsa perspectiva en los que
aglutinaba objetos de la más diversa procedencia.88 Cabe destacar su Vanitas (1664,
Ferens Art Gallery, Kingston upon Hull), un interesante ejercicio de trampantojo en
el que dispuso una vanitas tradicional en un lienzo situado en la pared, con la
esquina superior derecha doblada y con una paleta y pinceles en la parte inferior,
cuyos pigmentos gotean al estar colocada la paleta en posición vertical; en la
esquina superior derecha hay un medallón con un autorretrato suyo.89 Una
composición similar se encuentra en otra Vanitas (1668) conservada en la Galería
Nacional de Dinamarca.90 Siguió sus pasos su hijo Franciscus Gysbrechts, autor de
Vanidad con cráneo (Museo de Bellas Artes de Rennes), Vanitas con una calavera, un
globo terráqueo, una trompeta e instrumentos para fumar (c. 1660-1675, Museo Real
de Bellas Artes de Amberes), Naturaleza muerta con calavera (c. 1675, Muzeum
Narodowe, Gdańsk).88

Jean-François de Le Motte fue junto a Gysbrechts uno de los mejores pintores de


perspectivas ilusionistas, generalmente en composiciones centradas en tabiques en
los que colocaba objetos como libros, cartas, yesos, grabados, pinceles y paletas,
como en Vanidad y trompe-l'œil (Museo de Bellas Artes de Dijon).91
Naturaleza muerta con cráneo humano, globo, libros, corona, inglete, burbujas,
concha de mejillón con pipa de burbuja, corona de acebo en el cráneo, reloj en la
mesa, candelabro (con reflejo del retrato del artista) (c. 1650), de Hendrick
Andriessen, Mount Holyoke College Art Museum, South Hadley (Massachusetts)
Hendrick Andriessen se especializó en vanitas, de las que se conocen unas diez en
varios museos. Entre ellas cabe citar: Vanitas con una calavera, un 'Roemer' roto,
una rosa, un reloj de arena, una concha de nautilus, un reloj de bolsillo y otros
objetos, todo sobre una mesa cubierta (c. 1630-1640, colección privada), Naturaleza
muerta con cráneo humano, globo, libros, corona, inglete, burbujas, concha de
mejillón con pipa de burbuja, corona de acebo en el cráneo, reloj en la mesa,
candelabro (con reflejo del retrato del artista) (c. 1650, Mount Holyoke College
Art Museum, South Hadley, Massachusetts), Vanitas con una calavera y un niño moro
sosteniendo un retrato del pintor (c. 1650, Herbert F. Johnson Museum of Art,
Ithaca, Nueva York), Vanitas (c. 1650, Museo de Bellas Artes de Gante), Naturaleza
muerta con máscara, calavera, globo y pompas de jabón (c. 1650-1655, Ashmolean
Museum, Oxford) y Vanitas (Galería de Arte de Ontario, Toronto).92

Roelant Savery se formó en Ámsterdam y pasó unos años en Praga al servicio del
emperador Rodolfo II. Realizó paisajes, escenas de género, cuadros de animales y
bodegones, especialmente de flores, con un estilo preciso de evocación poética.93
Fue autor de Memento mori (c. 1600-1609, Museo Nacional de Estocolmo), donde
diversos animales e insectos vivos se entremezclan con cráneos y huesos de animales
muertos, como recordatorio del destino final de todo ser vivo.94

Joannes de Cordua, activo en Viena y Praga, fue autor de pintura religiosa, escenas
de género, retratos y bodegones. Cabe destacar su Vanitas con busto (1665, Museo de
Bellas Artes de Pau), donde expuso sobre una mesa una calavera coronada de espigas,
un busto, una pipa, una caracola, un dibujo y varios objetos más.95

Catarina Ykens I, de una familia de pintores, es conocida por sus guirnaldas


florales. Fue autora de Bodegón de un jarrón de flores, una calavera y un crucifijo
(c. 1650, colección privada).96 Su homónima, Catarina Ykens II, se especializó en
naturalezas muertas y guirnaldas de flores y frutos. Fue autora de Vanitas con
busto de una dama con una corona de flores en una repisa (1688, colección privada),
en la que aparece un busto de mujer cuya cabeza es una calavera, tocada con un ramo
de flores y un pájaro en su hombro.97

En cuanto al grabado, cabe citar a Cornelis Galle el Viejo, autor de Bodegón con
calavera, reloj de bolsillo y rosas (segundo cuarto del siglo xvii, Biblioteca de
la Academia Polaca de Artes y Ciencias y de la Academia Polaca de Ciencias), donde
aparece una calavera con un reloj de bolsillo, un jarrón con rosas y la inscripción
MEMORARE NOVISSIMA, / ET IN AETERNVM NON PECCABIS («recuerda las últimas cosas, y
nunca pecarás»).98

Memento mori (c. 1600-1609), de Roelant Savery, Museo Nacional de Estocolmo

Bodegón de un jarrón de flores, una calavera y un crucifijo (c. 1650), de Catarina


Ykens I, colección privada

Vanitas con una calavera, una pistola, un laúd con cuerdas rotas, una flauta,
conchas, duraznos, higos, pan y una urna en una repisa parcialmente cubierta
(1651), de Joris van Son, colección privada
Vanitas con busto (1665), de Joannes de Cordua, Museo de Bellas Artes de Pau

Vanitas con una calavera, un globo terráqueo, una trompeta e instrumentos para
fumar (c. 1660-1675), de Franciscus Gysbrechts, Museo Real de Bellas Artes de
Amberes

Memento mori con instrumentos musicales, libros, partituras, esqueleto, cráneo y


armadura (c. 1670), de Carstian Luyckx

Vanitas (c. 1680), de Nicolaes van Verendael, Musée des Beaux-Arts de Caen

Vanitas con busto de una dama con una corona de flores en una repisa (1688), de
Catarina Ykens II, colección privada

Francia

Vanitas (1641), de Sebastian Stoskopff, Musée de l'Œuvre Notre-Dame, Estrasburgo


En Francia, el género fue introducido por la comunidad de pintores flamencos de
Saint-Germain-des-Prés, entre los que destacan N.L. Peschier y Sébastien Bonnecroy,
así como Sebastian Stoskopff, alsaciano de origen, pero miembro de este grupo. El
primero realizó vanitas influidas por Vincent van der Vinne y Edwaert Collier, como
Vanitas con violín, libro, calavera y pluma (1660, Rijksmuseum, Ámsterdam), Vanitas
(1660, Museo de Bellas Artes de Montreal) y Calavera, bolsas de dinero y documentos
(1661, Institut Néerlandais, París).99 De Bonnecroy se tienen escasos datos. Fue
autor de Vanitas (1641, Museo de Bellas Artes de Estrasburgo) y Vanitas: una
calavera, un violín, una taza volcada, libros, cartas del tarot, un reloj de
bolsillo, una pipa de arcilla, un cono y una bolsa de tabaco en un plato de peltre,
en una mesa de madera cubierta con una alfombra (colección privada).100 Stoskopff
se formó con Daniel Soreau, un artista valón especializado en bodegones, que había
sido discípulo de Georg Flegel. En 1621, a causa de la Guerra de los Treinta Años,
se trasladó a París. Aunó influencias francesas, alemanas y flamencas, y se
especializó en bodegones.101 Fue autor de Vanitas (1641, Musée de l'Œuvre Notre-
Dame, Estrasburgo), donde presenta una composición centrada en la calavera y
rodeada de diversos elementos propios de las vanidades: un laúd, libros, un
grabado, copas de orfebrería, una armadura y una espada, un globo terráqueo y un
reloj de arena.102

Vanitas: una calavera, un violín, una taza volcada, libros, cartas del tarot, un
reloj de bolsillo, una pipa de arcilla, un cono y una bolsa de tabaco en un plato
de peltre, en una mesa de madera cubierta con una alfombra, de Sébastien Bonnecroy,
colección privada
En este país fue frecuente una variedad de vanitas centrada en los cinco sentidos:
por lo general, se representaba la vista con espejos, el oído con instrumentos
musicales, el tacto con dinero o juegos de mesa, el olfato con flores y el gusto
con comida. Entre estos casos se encuentran El verano o los cinco sentidos de
Sebastian Stoskopff (1633, Musée de l'Œuvre Notre-Dame, Estrasburgo), el Damero de
Lubin Baugin (Museo del Louvre, París) o los Cinco sentidos de Jacques Linard
(Museo del Louvre, París).103

Otro artista de origen flamenco fue Philippe de Champaigne, nombrado a los


veinticinco años pintor de cámara del rey Luis XIII. Desarrolló un estilo bastante
ecléctico, en el que mezcló su formación flamenca con el clasicismo francés, además
de cierto manierismo y un influjo del caravaggismo italiano. Realizó principalmente
cuadros religiosos y retratos, así como paisajes.104 Fue autor de una de las obras
más paradigmáticas del género, Naturaleza muerta con calavera o Alegoría de la vida
humana (1671, Museo de Tessé, Le Mans), sobrecogedora pese a su extrema sobriedad:
sobre una placa de piedra caliza se ve una calavera de frente, flanqueada de un
reloj de arena y un jarrón con un tulipán, con un fondo oscuro de estilo
tenebrista.105

Naturaleza muerta con calavera (1671), de Philippe de Champaigne, Museo de Tessé,


Le Mans
Algunos de los mejores artistas franceses de la centuria también trataron el
género, como Georges de La Tour, el mejor representante en su país del naturalismo
de tradición caravaggista. En su obra se distinguen dos fases, una centrada en la
representación de tipos populares y escenas jocosas, y otra donde predomina la
temática religiosa, con un radical tenebrismo donde las figuras se vislumbran con
tenues luces de velas o lámparas de bujía.106 Entre estas últimas se encuentra
Magdalena penitente (c. 1625-1650, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York), en que
se representa la santa por algunos de sus atributos iconográficos habituales, como
el pelo largo y el vestido rojo, mientras que sostiene en su regazo un cráneo y
dirige su mirada hacia un espejo, en el que se refleja una vela situada delante. El
espejo es un habitual símbolo de la vanidad, como las joyas situadas junto a la
vela, cuya llama simboliza de nuevo el paso del tiempo y el fin de la vida.107

Magdalena penitente (1625-1650), de Georges de La Tour, Museo Metropolitano de


Arte, Nueva York
Otro gran exponente fue Nicolas Poussin, representante en este caso de la línea
clasicista, el estilo adoptado como «arte oficial» por la monarquía y la
aristocracia, que le dieron unas señas de identidad propias con la acuñación del
término «clasicismo francés». Recibió la influencia de la pintura rafaelesca y de
la escuela boloñesa, y creó un tipo de representación de escenas —de temática
generalmente mitológica— donde evoca el esplendoroso pasado de la antigüedad
grecorromana como un paraíso idealizado de perfección, una edad dorada de la
humanidad.108 Entre ellas se encuentra una cuya temática se acerca al género de la
vanitas: La danza de la vida humana (c. 1638-1640, Colección Wallace, Londres), una
escena alegórica donde cuatro figuras danzantes representan el Placer, el Trabajo,
la Riqueza y la Pobreza, en una rueda de la fortuna por la cual cualquier persona
puede fluctuar a lo largo de la vida; a su lado, la figura alada es el Padre Tiempo
tocando una lira. Otros elementos son alusivos igualmente a la fugacidad de la
vida: un amorcillo con un reloj de arena, un niño haciendo burbujas de jabón y unas
guirnaldas de flores.109

La danza de la vida humana (c. 1638-1640), de Nicolas Poussin, Colección Wallace,


Londres
Simon Vouet vivió durante su juventud en Italia, para instalarse posteriormente en
París, donde fue el artista preferido de Luis XIII. Su obra inicial denotó la
influencia tanto del caravaggismo como del clasicismo boloñés, aunque
posteriormente evolucionó a un estilo más colorista y decorativo.110 Fue autor de
La pareja mal emparejada (1621, Museo Nacional de Varsovia), en la que aparece un
hombre mayor que intenta seducir a un chica joven, la cual señala con el dedo una
calavera situada sobre una mesa.111
Discípulo suyo fue Pierre Mignard, quien tras su formación inicial pasó una
estancia de veinte años en Italia, donde recibió la influencia de la Escuela de
Bolonia. Fue autor principalmente de obras religiosas y retratos, en los que aunaba
realismo y cierto sentimentalismo.112 Fue autor de Niña haciendo pompas de jabón
(1674, Palacio de Versalles), retrato de Luisa María Ana de Borbón —llamada
Mademoiselle de Tours—, hija de Luis XIV y de Madame de Montespan. Ejemplo de homo
bulla, en su mano izquierda sostiene una concha con el agua jabonosa, mientras que
con la derecha sostiene una pajita de la que pende una burbuja a punto de explotar.
Sobre la mesita hay un reloj de bolsillo, símbolo del paso del tiempo. A los pies
de la niña, un loro simboliza la pureza y la inocencia de la niñez.113

Alegoría de la vanidad de las cosas terrenales (c. 1630), de Trophime Bigot,


Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma
Trophime Bigot fue representante del naturalismo caravaggista, apodado Maître à la
chandelle («maestro de la vela») por sus escenas de luz artificial, en las que
mostró una gran pericia en la técnica del claroscuro.114 Fue autor de Alegoría de
la vanidad de las cosas terrenales (c. 1630, Galería Nacional de Arte Antiguo,
Roma), donde aparece una joven con turbante que señala una calavera con la mano
derecha, mientras que con la otra sujeta un espejo en que se refleja una lámpara de
aceite que tiene al lado, situada sobre un reloj de arena. Existen dudas sobre la
atribución de esta obra a Bigot o a un maestro anónimo.115

Jacques Linard fue autor de cuadros alegóricos —como los Cinco sentidos o los
Cuatro elementos— y naturalezas muertas, pobladas de detalles anecdóticos de
evocación poética, lo que lo aleja del naturalismo del bodegón flamenco y
neerlandés.116 Fue autor de la Vanitas del Museo del Prado (1640-1645), en que
colocó un cráneo sobre un libro y un jarrón con un clavel al lado, una composición
sencilla, pero evocadora.117

Simon Renard de Saint-André fue pintor y grabador, un insigne retratista muy


apreciado en su tiempo. Fue autor de varias vanidades, como las del Museo Garinet
de Châlons-en-Champagne, el Museo de Bellas Artes de Marsella y el Museo de Bellas
Artes de Estrasburgo. Destaca Vanitas (c. 1650, Museo de Bellas Artes de Lyon),
donde una calavera coronada de laurel evoca la fama póstuma de un poeta, quizá
Balthazar Cozon, cuyos versos manuscritos aparecen bajo el cráneo. Otros elementos
de la imagen son medallas, partituras, flautas, una concha vacía, un vaso roto, una
botella de vino y pompas de jabón.118

Cabe mencionar también a la pintora Madeleine Boullogne, perteneciente a una


familia de pintores caracterizados por aunar el clasicismo francés con el
caravaggismo italiano. Se especializó en naturalezas muertas, especialmente obras
en las que se amontonaban trofeos, armaduras e instrumentos musicales, de las que
se conservan cuatro en el palacio de Versalles. En su Vanitas del Museo de Bellas
Artes de Mulhouse dispuso encima de una mesa con un tapete rojo varios libros, dos
calaveras, un espejo, un candelabro y un reloj de arena.119

La pareja mal emparejada (1621), de Simon Vouet, Museo Nacional de Varsovia

Vanitas (1640-1645), de Jacques Linard, Museo del Prado, Madrid

Vanitas (1641), de Damien Lhomme, Musée Saint Loup, Troyes


Vanitas (c. 1650), de Simon Renard de Saint-André, Museo de Bellas Artes de Lyon

Vanitas (c. 1650), anónimo, Museo del Louvre, París

Vanitas con violín, libro, calavera y pluma (1660), de N.L. Peschier, Rijksmuseum,
Ámsterdam

Niña haciendo pompas de jabón (1674), de Pierre Mignard, palacio de Versalles

Vanitas, de Madeleine Boullogne, Museo de Bellas Artes de Mulhouse

Alemania

Vanitas (1637), de Jacob Marrel, Kunsthalle, Karlsruhe


En Alemania, este género estuvo bastante vinculado al tema del «sentimiento de la
muerte», intrínseco a la cultura de ese país.120 Georg Flegel fue el introductor
del bodegón como género autónomo en Alemania, siguiendo los pasos iniciados en los
Países Bajos. Su especialidad fue la del «almuerzo», mesas servidas con alimentos
de todo tipo, en ocasiones con flores u otras plantas e, incluso, insectos, con un
estilo austero y minucioso. En los últimos años de su carrera (1635-1638) este tipo
de representaciones evolucionaron hacia un tono más marronáceo e iluminado por la
luz de una vela que se consume, evocando como en las vanitas el carácter efímero de
las cosas terrenales.121

Cabe destacar a Johann Georg Hainz, un pintor casi desconocido en lo que respecta a
su biografía. Se le conoce activo en Leipzig y, posteriormente, Hamburgo, donde
realizó especialmente bodegones de influencia neerlandesa, con un gusto preferente
por los objetos preciosos, tratados con una extrema precisión, destinados a
coleccionistas, como en Alacena de orfebrería y calavera (1666, Kunsthalle de
Hamburgo).122

Niño dormido con calavera, de Leonhard Kern, Museo Louvre-Lens


Johann Heinrich Schönfeld, de formación manierista, pasó una estancia de unos diez
años en Italia, primero en Roma, donde recibió la influencia de Adam Elsheimer, y
después en Nápoles, donde evidenció el influjo de Aniello Falcone y Salvator Rosa.
Desarrolló un estilo poético e intimista, de sutil colorido y pequeño formato. En
su obra diversificó paisajes idílicos y escenas religiosas y mitológicas de aire
bucólico con el género de las vanidades, en obras donde objetos como velas que se
apagan, pompas de jabón, animales muertos, sepulcros y sarcófagos, paisajes
desolados o arquitecturas en ruinas expresan la precariedad de las cosas y lo
efímero de la vida.123 Entre sus obras destaca El Tiempo (Cronos) (c. 1645,
Deutsche Barockgalerie im Schaezlerpalais, Augsburgo), en la que un Cronos alado en
actitud melancólica se apoya en un zócalo con la inscripción Il Tempo, sobre el que
se encuentran una vela y un reloj de arena; al lado, un amorcillo hace pompas de
jabón.124

Un artista a caballo entre Alemania y Países Bajos fue Jacob Marrel. Fue discípulo
de Georg Flegel en Fráncfort de 1627 a 1632, año en que se trasladó a Utrecht,
donde fue discípulo de Jan Davidsz. de Heem. Residió en esa ciudad hasta 1650, y de
nuevo entre 1659 y 1669. Se especializó en bodegones de guirnaldas y jarrones de
flores. Entre sus obras se encuentra una Vanitas (1637, Kunsthalle de Karlsruhe),
donde sitúa un jarrón de flores, una calavera, un violín, un libro, un tintero, una
pipa y diversos objetos más, así como un ratón y varios insectos, enmarcados en un
nicho con figuras de angelotes en los flancos superiores, uno de ellos haciendo
pompas de jabón.125

Discípulo suyo fue Abraham Mignon, que se trasladó con su maestro a Utrecht y
trabajó igualmente en el taller de Heem, cuyo estilo imitó inicialmente, aunque
posteriormente evolucionó hacia un tipo de obras más finas y precisas, de gran
virtuosismo. Elaboró principalmente cuadros de flores, acompañadas generalmente de
gatos, pájaros o insectos.112 Entre sus obras se encuentra Bodegón de flores con
naranja, reloj de arena y calavera (c. 1670, colección privada), un exuberante
jarrón de flores con insectos volando situado sobre una mesa en cuyo lado derecho
se aprecia una calavera y un reloj de arena.126

Otro discípulo de Marrel fue Johann Andreas Graff, pintor y grabador, autor con su
esposa Maria Sibylla Merian de ilustraciones botánicas, así como vistas de ciudades
y edificios. Fue autor de una Vanitas (c. 1680-1690, colección privada) en que
aparece una calavera con un pergamino con la inscripción memento mori, junto a una
estatuilla, una vasija, unas medallas y una paleta y pinceles de pintor.127

Cabe mencionar en el campo de la escultura a Leonhard Kern, autor de Niño dormido


con calavera (segunda mitad del siglo xvii, Museo Louvre-Lens), una obra de marfil
que representa a un niño dormido, desnudo y tocado con una corona de laurel, que se
apoya sobre una calavera situada encima de un reloj de arena, dos símbolos
arquetípicos de la vanitas. Sujeta con una mano una antorcha invertida, otro
símbolo de la vida que se apaga.11

En el terreno del grabado hay que mencionar al suizo Matthäus Merian, activo en
Basilea y posteriormente en Fráncfort, especializado en planos y vistas de
ciudades.128 Fue autor de varias «danzas de la muerte» y alguna vanitas, como
Memento mori (Finis coronat opus) (1649), inspirada en el grabado de Hondius de
1626: sobre un libro flanqueado por un candelabro y un jarrón de flores se sitúa un
cráneo coronado de laurel con un reloj de arena encima que tiene dos alas, una de
ángel y otra de demonio, como símbolo de los dos posibles destinos tras la
muerte.129

Cena a la luz de las velas (c. 1635-1638), de Georg Flegel, colección privada

El Tiempo (Cronos) (c. 1645), de Johann Heinrich Schönfeld, Deutsche Barockgalerie


im Schaezlerpalais, Augsburgo

Memento mori (Finis coronat opus) (1649), de Matthäus Merian

Alacena de orfebrería y calavera (1666), de Johann Georg Hainz, Kunsthalle de


Hamburgo

Bodegón de flores con naranja, reloj de arena y calavera (c. 1670), de Abraham
Mignon, colección privada
Vanitas (c. 1680-1690), de Johann Andreas Graff, colección privada

Italia

San Jerónimo escribiente (1605), de Caravaggio, Galería Borghese, Roma


La pintura barroca italiana estuvo marcada por dos tendencias contrapuestas: el
naturalismo, caracterizado por una representación realista de la naturaleza y la
sociedad, que tuvo su máximo exponente en Caravaggio; y el clasicismo, que buscaba
una representación idealizada de la naturaleza, surgido en torno a la denominada
escuela boloñesa.130

Caravaggio fue un artista original y de vida azarosa que, pese a su prematura


muerte, dejó numerosas obras maestras en las que se sintetizan la descripción
minuciosa de la realidad y el tratamiento casi vulgar de los personajes con una
visión no exenta de reflexión intelectual. Fue introductor del tenebrismo, donde
los personajes destacan sobre un fondo oscuro, con una iluminación artificial y
dirigida, de efecto teatral, que hace resaltar los objetos y los gestos y actitudes
de los personajes.131 Su Cesto con frutas (c. 1596, Pinacoteca Ambrosiana, Milán),
sin ser propiamente una vanitas en sentido estricto, se acerca al género por cuanto
la representación de la fruta podrida hace evocar la caducidad de las cosas.132 Fue
autor también de un San Jerónimo escribiente (1605, Galería Borghese, Roma), en el
que muestra una calavera encima de un libro, como era habitual en la iconografía de
este santo.133

Et in Arcadia ego (1618-1622), de Guercino, Galería Nacional de Arte Antiguo, Roma


Uno de sus discípulos fue Cecco del Caravaggio, un artista posiblemente de origen
francés o flamenco del que no se tienen prácticamente datos biográficos, ni
siquiera su nombre exacto. Activo en el primer tercio del siglo xvii, realizó obras
de una iluminación violenta y expresiva, con personajes de expresión inquieta. Fue
autor de Magdalena penitente (c. 1610-1620, Städtische Kunstsammlungen, Augsburgo),
en el que la santa contempla un crucifijo mientras apoya su brazo derecho sobre una
calavera situada encima de un libro.134

En el seno del clasicismo, de corte idealista y por tanto alejado del dramatismo de
este tipo de escenas, se encuentran pocos ejemplos, pero cabe resaltar, sin
embargo, una obra de Guercino, Et in Arcadia ego (1618-1622, Galería Nacional de
Arte Antiguo, Roma), una escena pastoril, pero con mensaje relativo al memento
mori: frente a un paisaje boscoso, dos pastores contemplan una calavera, situada
sobre un pedestal con la inscripción Et in Arcadia ego («yo también estoy en
Arcadia»), en alusión a la Muerte, que también se halla en el paraíso. El cráneo
está en fase de descomposición, roído por un ratón y varios insectos.135

Humana fragilitas (1657), de Salvator Rosa, Fitzwilliam Museum, Cambridge


Un artista original fue Salvator Rosa, un pintor excéntrico, de fuerte
temperamento, un romántico avant-la lettre, autor de cuadros en los que mostró un
sentimentalismo melancólico y una gran fantasía creadora. Estuvo influido por el
caravaggismo y el populismo de los bamboccianti, aunque hacia la mitad de su
carrera se decantó hacia el clasicismo, para evolucionar más tarde a un estilo
anticlásico que se podría considerar prerromántico.136 Fue autor de Humana
fragilitas (1657, Fitzwilliam Museum, Cambridge), una alegoría donde aparece una
mujer que sostiene un niño en su regazo, el cual escribe sobre un pergamino que le
tiende la Muerte —en forma de esqueleto alado— una frase de Adán de San Víctor:
Conceptio culpa, Nasci pena, Labor vita, Necesse mori («la concepción es un pecado,
el nacimiento es dolor, la vida es un trabajo, la muerte es una necesidad»). En la
esquina inferior izquierda aparecen otros dos niños, uno que enciende una antorcha,
símbolo de lo efímero, y otro que hace pompas de jabón, símbolo de la fragilidad
humana. En la esquina inferior derecha figura una lechuza, considerada generalmente
un ave de mal augurio y muerte.137 Detrás de la mujer hay un busto de Término, el
dios de los límites e hitos fronterizos.138

La Melancolía (c. 1620), de Domenico Fetti, Museo del Louvre, París


Giuseppe Recco, miembro de una familia napolitana de bodegonistas, se formó con el
lombardo Evaristo Baschenis, por lo que aglutinó el estilo de ambas escuelas, al
que añadió cierta influencia de Caravaggio y de la pintura española. Se especializó
en bodegones de peces, situados en escaparates o, en ocasiones, en paisajes o
cuevas marinas, con un colorido de gran lirismo. Fue autor de Vanitas con una
calavera descansando sobre un libro con otros objetos de peltre sobre una mesa
cubierta de alfombras (colección privada).139

Domenico Fetti fue un pintor de corta carrera —murió a los treinta y cuatro años—,
que recibió la influencia de Caravaggio y de la pintura veneciana, con un estilo de
rico cromatismo y pincelada ligera, de tono poético y algo romántico, con gusto por
lo anecdótico.140 Fue autor de La Melancolía (c. 1620, Museo del Louvre, París),
donde una mujer contempla una calavera en actitud melancólica; a sus pies se
encuentran diversos objetos alusivos a las artes (cepillo, paleta, pincel, modelo
de torso) y las ciencias (astrolabio, libro, manual de geometría), como metáfora de
que estos conocimientos no son sino más que problemas irresolubles que generan
melancolía.141

Alegoría de la vida humana (c. 1650), de Guido Cagnacci, Fondazione Cavallini


Sgarbi, Ro
Pietro Negri fue un artista a caballo entre el tardomanierismo y el naturalismo
tenebrista. Fue autor de Vanitas (1662, Museo del Prado, Madrid), llamada
anteriormente Magdalena penitente, pero más tarde reinterpretada como una alegoría
de la vanidad, ya que su vestido lujoso —pese a tener el torso desnudo—, sus joyas,
la cinta que le cruza el pecho y su cabello arreglado no cuadraban bien con la
iconografía habitual de la Magdalena. Se acompaña además de los elementos
habituales que expresan la fugacidad de la vida: la calavera, la vela que se apaga
y el reloj de arena.142

De tendencia naturalista, Guido Cagnacci fue autor preferentemente de cuadros


religiosos, aunque al final de su carrera trató también temas profanos y algunos
desnudos. Entre sus obras se encuentra una Alegoría de la Vanitas y de la
Penitencia (Museo de Picardía, Amiens) y una Alegoría de la vida humana (c. 1650,
Fondazione Cavallini Sgarbi, Ro).143

Alegoría de la vanidad (Pandora) (1626), de Nicolas Régnier, Galería Estatal de


Stuttgart
Giovanna Garzoni se especializó en miniaturas y pinturas de pequeñas dimensiones, a
menudo sobre pergamino, destinadas por lo general a clientes aristocráticos. Con un
estilo aparentemente frágil, sus obras destacan, sin embargo, por su virtuosismo,
con un grafismo nítido y un colorido de cierta transparencia y aire sugestivo. Por
lo general, sus imágenes se centraban en uno o pocos objetos, mostrados en primer
término y con fondos planos, generalmente de color claro.144 Realizó varias obras
del género: Calavera, libros y una medalla con el retrato de Francesco dei Medici,
Calavera y reloj, Bodegón con frutas, calavera y botella y Bodegón con frutas,
calavera y un tulipán.145

De origen flamenco, Nicolas Régnier se estableció en Italia en 1615, primero en


Roma y luego en Venecia, donde desarrolló su carrera, en un estilo inicialmente
caravaggista, influido por la obra de Bartolomeo Manfredi, y más adelante marcado
por la escuela veneciana, con obras decorativas y suntuosas, generalmente escenas
históricas, mitológicas o alegorías.146 Fue autor de Alegoría de la vanidad
(Pandora) (1626, Galería Estatal de Stuttgart), en que aparece una joven
elegantemente vestida junto a una mesita con una vasija, una máscara de teatro y
diversas joyas, mientras con el pie pisa una calavera.147

Giovanni Martinelli fue un pintor florentino cercano al naturalismo, pero con un


espíritu poético y melancólico, de sencillez narrativa y estilo luminoso, algo
arcaizante.148 En La muerte llega a la mesa del banquete (Memento Mori) (1635,
Museo de Arte de Nueva Orleans) representó la llegada de la Muerte en forma de
esqueleto con un reloj de arena en la mano a un banquete, cuyos comensales la miran
horrorizados.149

Apodado il Genovesino, Luigi Miradori denota una formación entre Lombardía y


Génova, con influencia de Adam Elsheimer y de la pintura española. Autor en su
mayoría de obras religiosas, cabe destacar en el género estudiado su Cupido dormido
(c. 1650, Museo civico Ala Ponzone, Cremona), en que aparece Cupido, el dios del
deseo amoroso, dormido con la cabeza apoyada en una calavera, con un jarrón de
flores a su lado.150

Otro destacado bodegonista fue Pier Francesco Cittadini, formado con Guido Reni,
representante de un tipo de bodegones opulentos de influencia flamenco-neerlandesa,
poblados de objetos preciosos, vajillas y alfombras orientales. Fue autor de
Vanitas con violín, libro de música, florero y calavera (1681, colección
privada).151

Cabe destacar por último, en el arte de la escultura, una obra de Gianlorenzo


Bernini, arquitecto y escultor, uno de los principales artífices de la Roma papal
de su tiempo, autor del baldaquino de San Pedro y de la columnata de la plaza de
San Pedro. Entre sus obras se encuentra la tumba de Alejandro VII (1671, basílica
de San Pedro del Vaticano), un conjunto escultórico en mármol y bronce presidido
por una estatua del pontífice arrodillado en actitud de oración, bajo cuya figura
aparece el esqueleto de la Muerte con un reloj de arena, flanqueado a la izquierda
por la Caridad y la Prudencia y a la derecha por la Verdad y la Justicia. El
sentido alegórico de estas figuras significa el triunfo del Tiempo sobre la Vida y
de la Verdad sobre el Tiempo.152

La muerte llega a la mesa del banquete (Memento Mori) (1635), de Giovanni


Martinelli, Museo de Arte de Nueva Orleans

Cupido dormido (c. 1650), de Luigi Miradori, Museo civico Ala Ponzone, Cremona

Vanitas (1662), de Pietro Negri, Museo del Prado, Madrid

Detalle de la tumba de Alejandro VII (1671), de Gianlorenzo Bernini, basílica de


San Pedro del Vaticano

Vanitas con violín, libro de música, florero y calavera (1681), de Pierfrancesco


Cittadini, colección privada
Vanitas con una calavera descansando sobre un libro con otros objetos de peltre
sobre una mesa cubierta de alfombras, de Giuseppe Recco, colección privada

Bodegón con frutas, calavera y un tulipán, de Giovanna Garzoni

España

In ictu oculi (izquierda) y Finis Gloriae Mundi (derecha), de Juan de Valdés Leal,
Iglesia y Hospital de la Caridad (Sevilla) (1670-1672)
En España, la vanitas llegó bajo la influencia neerlandesa y flamenca, aunque
pronto adquirió características propias, ya que si bien en estos países el género
tenía un carácter de una moralidad más laica, que evocaba la inmortalidad de una
manera más positiva, incluso con cierto factor estético en la imagen, en la España
contrarreformista el género adquirió un sentido fuertemente religioso, encaminado a
la reflexión y la penitencia, con un componente más pesimista, aunque abierto
igualmente al sentido de redención. Por otro lado, en este país la vanitas tuvo un
fuerte sustrato procedente de la literatura, que durante esta época se prodigó en
la reflexión sobre la muerte, en obras como: El arte de bien morir (h. 1500), de
Rodrigo Fernández de Santaella; los Ejercicios espirituales (1522), de san Ignacio
de Loyola; el Tratado de la vanidad del mundo (1552), de fray Diego de Estella; el
Libro de la oración y meditación (1554), de fray Luis de Granada; o las
Meditaciones espirituales (1605), de Luis de la Puente.4

En la España del siglo xvii la vanitas era denominada «desengaño», un término que
reflejaba el pesimismo y la decepción que imperaban en la sociedad de entonces,
marcado por la filosofía estoica de signo senequista que predominaba entre los
intelectuales de la época. El vocablo tuvo su origen en la literatura,
ejemplificado por una frase de Sebastián de Covarrubias: «desengaño es la mesma
verdad que nos desengaña». En una época de desilusión, la certeza más evidente es
la muerte.153

Alegoría de la vanidad (1660), de Juan de Valdés Leal, Wadsworth Atheneum,


Hartford, Connecticut
El género de la vanitas dio en España dos nombres excepcionales: Juan de Valdés
Leal y Antonio de Pereda. Valdés se formó en Córdoba, donde recibió la influencia
de Antonio del Castillo y de Francisco de Herrera el Viejo. Instalado después en
Sevilla, trabajó para varias instituciones religiosas, en un estilo expresionista
de corte dramático en que le interesaba más el dinamismo y la tensión que la
armonía o el equilibrio, el realismo concreto más que la belleza ideal.154

Realizó dos de las más emblemáticas representaciones de vanitas que existen para la
iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla: In ictu oculi y Finis Gloriae Mundi
(1670-1672). En relación con su destino, los llamados Jeroglíficos de las
postrimerías simbolizan el poder de la caridad como instrumento de salvación frente
a la perdición eterna. In ictu oculi («en un abrir y cerrar de ojos») presenta a la
Muerte en forma de esqueleto portando un ataúd y una guadaña en el brazo izquierdo,
mientras que con la mano derecha apaga la llama de una vela que simboliza la vida
humana; a sus pies, un globo terráqueo, una tiara papal, una corona imperial, una
armadura de caballero, diversos libros y varios objetos más representan la
futilidad de las vanidades humanas frente a la certeza de la muerte. Finis Gloriae
Mundi («fin de la gloria terrenal») muestra una cripta con varios cadáveres en
diversos estadios de descomposición, entre los que destacan un obispo y un
caballero de la Orden de Calatrava, mientras que en la parte superior la mano de
Jesucristo sostiene una balanza: a un lado se muestran varios objetos que
simbolizan los siete pecados capitales y al otro los símbolos de la fe cristiana
(caridad, oración y penitencia).155 Ambas obras se inspiraron en el Discurso de la
verdad (1672), de Miguel Mañara, el mecenas del hospital sevillano, donde señalaba
las obras de misericordia como único instrumento para la salvación del alma, y cómo
las glorias terren

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