100% encontró este documento útil (1 voto)
193 vistas17 páginas

Cristobal de Acuña

Este documento resume la vida y obra de Cristóbal de Acuña, un jesuita español que realizó una expedición científica a la Amazonía en 1639. Acuña nació en 1598 en Burgos, España y se unió a la Compañía de Jesús en 1613. En 1639, fue seleccionado junto con otro jesuita, Andrés Artieda, para acompañar a una expedición portuguesa que había descubierto una ruta entre Quito, Ecuador y el río Amazonas. Acuña y Artieda pasaron 11 meses

Cargado por

Karen Medina
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
193 vistas17 páginas

Cristobal de Acuña

Este documento resume la vida y obra de Cristóbal de Acuña, un jesuita español que realizó una expedición científica a la Amazonía en 1639. Acuña nació en 1598 en Burgos, España y se unió a la Compañía de Jesús en 1613. En 1639, fue seleccionado junto con otro jesuita, Andrés Artieda, para acompañar a una expedición portuguesa que había descubierto una ruta entre Quito, Ecuador y el río Amazonas. Acuña y Artieda pasaron 11 meses

Cargado por

Karen Medina
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Cristóbal de Acuña y su aproximación a la Amazonía

José Luis Guzón

1. Introducción

En el año 2007, en el contexto de un congreso sobre pensamiento hispánico en


América (siglos XVI-XVIII), tuve la oportunidad de asomarme al maravilloso mundo de
las expediciones científicas en el contexto iberoamericano. En aquella ocasión tuve
ocasión de afrontar una de las más famosas por cuanto reúne todas las características de
las expediciones botánicas ilustradas. Se trataba de estudiar la figura de Hipólito Ruiz
López (1754-1816), su expedición a Perú, Chile y Ecuador (1777-1788) y la relación con
las investigaciones farmacológicas en España en el siglo XVIII. La política científica
ilustrada en la metrópoli tenía este tipo de actividades como algo central en el conjunto
de las actividades científicas.

Aunque las expediciones científicas comienzan en España en la Edad Media, será


a partir del descubrimiento/conquista de América (1492) cuando éstas van a adquirir unas
dimensiones de estudio. El siglo XV tiene como centro las expediciones colombinas, y
algunos de sus protagonistas pueden ser: Vicente Yáñez Pinzón y Martín Alonso Pinzón,
Américo Vespucio, Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa.

Ya en el siglo XVI se van multiplicando este tipo de aventuras y podemos destacar


la científica a Nueva España de Francisco Hernández de Toledo (1571 y 1577)1 y la
primera circunnavegación del mundo (Expedición de Magallanes-Elcano).

El siglo XVII, período al que se refiere la expedición de nuestro autor, tiene


algunas gestas y protagonistas quizás más conocidos que Cristóbal de Acuña (la
Expedición a Vanuatu y Australia de Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres
en 1606. Bartolomé de Fonte dijo haber navegado entre la Bahía de Hudson y el Pacífico
en 1640. Y Ordóñez de Ceballos, el «clérigo agradecido», jesuita en la Cochinchina, que
escribe su Viage del Mundo), pero sin duda suscitó y sigue suscitando también el interés
de historiadores, americanistas, científicos y antropólogos, y podemos señalar que Acuña
ya pertenece al grueso número de expedicionarios que dieron su nombre a complejos
programas de estudio en cartografía, botánica, zoología, mineralogía, medicina,
hidrografía, geodesia, física, antropología, gastronomía, astronomía, etc., aunque ni su
expedición ni su nombre sea tan famoso como los de Francisco Hérnández, Antonio
Ulloa, Jorge Juan, Balmis, Malaspina, Mutis, Churruca, Urdaneta, etc. todos ellos
científicos, aventureros o almirantes que encabezaron estas expediciones españolas en
busca del conocimiento y el saber y que aportaron nuevos conocimientos y hallazgos de
gran utilidad tanto para la metrópoli como para las tierras americanas.

El siglo XVIII es el más significativo en las tradiciones expedicionarias. Como


señala Leoncio López-Ocón Cabrera: «Como afirmamos anteriormente, otra de las
características estructurales de la ciencia hispana ilustrada fue su dimensión americana.

1
J. PARDO TOMÁS, Oviedo, Monardes, Hernández. El tesoro natural de América. Colonialismo y ciencia
en el siglo XVI, Nivola, Madrid 2002, pp. 127-179.

1
Esta orientación ultramarina se desarrolló en el marco de una dinámica imperial, ya que
la organización y el control del Imperio fueron los motores de la política de la monarquía
del Setecientos. A lo largo de todo el siglo XVIII, e inclusive en los primeros años del
siglo XIX, la mejora de la gestión política y de la rentabilidad económica de las colonias
americanas fue una de las prioridades de los gobernantes ilustrados, que impulsaron desde
la metrópoli una “reconquista” de América a través de un proceso de reestructuración
económica, jurídica y tecnológica que incrementase la utilidad del dominio colonial. Esa
nueva racionalidad en la gestión colonial, consistente en el inventario, sistematización y
ordenación de un ingente volumen de información disponible, se construyó, en gran
medida la ciencia. Pero en la cultura científica de la América española no existía un vacío.
Allí funcionaban otros aparatos burocrático –como las cortes virreinales y la Iglesia –que
intervenían en sus respectivas sociedades desde el siglo XVI. […] De ahí que actuasen en
tierras americanas tres tradiciones científicas científicas, que a lo largo del siglo XVIII
generaron diferentes estrategias expedicionarias para reconocimiento y ordenación de sus
vastos territorios, asociadas a las tres grandes estructuras del poder político,
administrativo y económico presentes en las colonias americanas: la metropolitana, la
virreinal y la eclesiástica»2.

Por razones de espacio no vamos a continuar indicando el resto de la historia de


nuestras expediciones científicas hasta el presente, sino que comenzamos a estudiar a
nuestro autor y su obra.

2. Cristóbal de Acuña. Vida y obra

Cristóbal de Acuña nació en Burgos, España, en 1598. Ingresó en 1613 en


Villagarcía de Campos (Valladolid) en el noviciado de la Compañía de Jesús, donde
realizó su formación inicial para después continuar su vocación misionera que estuvo
vinculada de un modo especial con la Escuela de Quito3.

Fue destinado a la provincia del Paraguay y llegó a Buenos Aires el 12 de marzo


de 16224, en la expedición de veintidós misioneros, dirigida por Francisco Vázquez
Trujillo. Desde 1625, trabajó en Chile, primero en las misiones araucanas, y después en
Concepción y Santiago. En 1637 se trasladó a Cuenca con los padres Francisco de
Figueroa, natural de Popayán, y Bartolomé Pérez, español, y con ellos fundó y fue Rector
de esa Escuela (1638), como paso previo para iniciar la entrada al río Marañón o
Amazonas a través del río Paute, por la ciudad de Loja, o directamente por Jaén de
Bracamoros.

En 1638 era Corregidor de Quito su hermano el General Juan Vásquez de Acuña,


Caballero de la Orden de Calatrava, cuando llegó a la ciudad el General Pedro Texeiras,
enviado por el Gobernador del Pará, quien había salido desde el pueblo de Curapá el 17
de octubre, en cuarenta canoas, con sesenta portugueses y mil doscientos indios remeros,
2
L. LÓPEZ-OCÓN CABRERA, Breve historia de la ciencia española, Alianza, Madrid 2003, pp. 200-
201. Todos los autores coinciden en esto básicamente. El siglo XVIII y comienzos del XIX es la época
dorada de las expediciones. La de Acosta nunca suele aparecer entre las más significativas.
3
Cf. C. ACUÑA, de., Nuevo descubrimiento del Gran Río de las Amazonas, Universidad de Navarra,
Iberoamericana-Vervuert, Madrid-Frankfurt 2009, ed. de Ignacio Arellano, José María Díez Borque y
Gonzalo Santonja, pp. 17-20.
4
Cf. Ch.-E. O’NEILL-J.-M. DOMÍNGUEZ, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, Institutum
Historicum SI-UPCO, Roma-Madrid 2001, vol. 1., p. 13.

2
la mayor parte de los cuales se habían quedado en San Antonio de los Encabellados, y
tras remontar el Amazonas hasta la boca del Napo, navegaron por las estribaciones de la
cordillera y subieron a Quito, abriendo la ruta que había permanecido cerrada casi un
siglo desde que el Francisco de Orellana, en la expedición de Gonzalo Pizarro,
descubriera dicho río.

Texeira había examinado con detención las distancias, profundidades de los ríos,
las poblaciones y alturas por medio de un experto y su expedición constituyó una gesta
con grandes beneficios para Quito, pues de esa manera alejaba el aislamiento en que se
hallaba. La Audiencia veía un futuro de inmediata expansión y la Iglesia un nuevo campo
de apostolado misionero. El presidente Alonso Pérez de Salazar, considerando la
trascendencia del suceso informó inmediatamente al Virrey del Perú, quien ordenó a
Texeira que regresara con sus compañeros al Pará y que la Audiencia de Quito, además
de auxiliarle para ese viaje, enviara algunos comisionados con la consigna de apuntar
todos los detalles geográficos y etnográficos para informar al Rey sobre tan feliz suceso
que uniría Quito y Europa por el gran río, el mayor del mundo; pero como el
cumplimiento de esta orden significaba un gasto considerable, se ofreció Vázquez de
Acuña a cubrirlo y hasta para acompañar a los expedicionarios, pero la Audiencia le negó
la licencia por creerlo necesario en el puesto que ocupaba.

Ante esta situación, se encargó esa misión a la Compañía de Jesús, que eligió a
los padres Andrés Artieda, lector de teología en el Colegio de Quito, y Cristóbal de
Acuña, rector en el Colegio de Cuenca, quienes salieron de Quito con Texeira el 16 de
febrero de 1639 y llegaron al primer puerto del Napo, desde donde emprendieron su
aventura por el Amazonas hasta su desembocadura, averiguando todo lo concerniente al
viaje, observando los detalles y demarcando los puntos principales, de modo que hubo de
emplear Acuña once meses hasta su llegada al Pará el 12 de diciembre.

Allí se detuvieron hasta hallar una nave que los condujera a España, tiempo que
aprovechó en escribir «Nuevo descubrimiento y relación histórico-geográfica del gran río
Marañón, el año de 1639, por la Provincia de Quito en los reinos del Perú», que dedicó al
ministro Gaspar de Guzmán Pimentel, el Conde-Duque de Olivares.

Por fin, en marzo de 1640 ambos religiosos se embarcaron a España llevando una
recomendación de Texeira sobre todas sus tareas y servicios. En Madrid dieron cuenta al
rey Felipe del viaje y presentaron al Consejo de Indias la Real Provisión de la Audiencia,
la susodicha Recomendación y los demás instrumentos relativos al asunto, entre los
cuales se hallaba el «Memorial dado al rey pidiendo la conquista y predicación de las
tierras del río de las Amazonas» y el Consejo dispuso la impresión de la Relación, que
vio la luz en 1641.

Mas, la intranquilidad que se vivía entonces en la corte española motivada por la


sublevación de Portugal, impidió una acción real y efectiva en las extensas zonas de la
Amazonía, para las cuales Cristóbal de Acuña anhelaba estupendos proyectos.

3
De allí en adelante Acuña viajó a Roma como Procurador de su provincia y al
regresar a España fue nombrado «Calificador»5 de la Inquisición, mientras su compañero
Artieda volvía a Quito en 1643 a través de Cartagena de Indias y Bogotá.

Acuña seguía esperanzado en recibir ayuda de la corte, pero ante la negativa,


decidió venirse a América a través de Panamá y de allí siguió a Lima, donde vivió hasta
16706.

Su obra fue estudiada por el geógrafo Sansón7, que sacó de ella y delineó el mapa
del río Amazonas por primera vez en el mundo, para acompañar su traducción francesa.
En 1701 Lisle lo volvió a imprimir y el 7 lo mejoró el padre Samuel Fritz (1673-1725),
grabándolo en Quito.

También se conocen otras traducciones de la Relación al inglés y al alemán, al


francés y se ha convertido en un clásico de la bibliografía sobre el Amazonas.

Acuña no fue realmente un descubridor de la ruta del Amazonas, pues el honor le


correspondió al capitán Texeira. Incluso se ha escrito que Acuña quiso arrebatar a la orden
franciscana el mérito de la apertura de la vía Quito-Marañón, que fue tanto de Texeira
como de los hermanos legos de la Orden, miembros importantes de su expedición; sin
embargo, le correspondió el mérito de ser el autor de la Relación del nuevo
descubrimiento del Marañón, que se divulgó por el mundo europeo del siglo XVII y
proporcionó un cabal conocimiento de la existencia de esas tierras, antes desconocidas8.

3. El descubrimiento del gran río de las Amazonas

La obra de Acuña se enmarca dentro de una larga lista de historias del


Amazonas que se han escrito como las de Fernández de Oviedo y Valdés (Historia
general de las Indias, 1535); Agustín de Zárate (Historia del descubrimiento y
conquista de la provincia del Perú, 1555); Francisco López de Gómara (Historia
general de las Indias, 1512); Antonio de Herrera (Décadas, 1601-1615); Pedro
Cieza de León (La guerra de Chupas, 1553); el Inca Garcilaso de la Vega (Historia
general del Perú, 1617), etc. Junto a estas obras, habría que recurrir al teatro, a la
literatura y a la historia, porque realmente el Amazonas despertó gran interés 9.

No es extraño, pues, que el propio Acuña acuda a la crónica de otros


descubridores. Por ejemplo, Francisco de Orellana (1511-1546): «Estos deseos
solicitaron el corazón de Francisco de Orellana a que el año de mil y quinientos y

5
El tribunal de la Inquisición o Santo Oficio contaba al principio con los siguientes cargos: dos inquisidores,
un calificador, un alguacil y un fiscal. Después surgieron algunos más. El «calificador» era un teólogo al
que se le remitían las causas para que las clasificara.
6
Los datos de referencia (nacimiento, profesión en la Compañía de Jesús y muerte están tomados de Ch-E.
O’NEILL-J.-Mª. DOMÍNGUEZ, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, Institutum Historicum
SI-UPCO, Roma-Madrid 2001, v. 1, p. 13. Tb.: R. PÉREZ PIMENTEL, Diccionario biográfico del
Ecuador [on line].
7
Nicolás Sanson D’Abbeville (1600-1667).
8
Los datos principales para su biografía, dentro de la escasez existente, se pueden tomar de Luis Rubio
González, J. Simón Díaz y M.Y. Leite Linhares (cf. bibliografía).
9
Cf. C. de ACUÑA, Nuevo descubrimiento del Gran Río de las Amazonas, pp. 20-28.

4
cuarenta, en cierta embarcación y con algunos compañeros, se fiase de las corrientes de
este gran río, que desde entonces tomó también el nombre de Orellana»10.

O con la de Pedro de Ursúa y la intervención del famoso (en la literatura


también) Lope de Aguirre:

«Volviéronse a avivar estas esperanzas veinte años después, que fue el de


quinientos y sesenta, con la entrada que por orden del virrey del Perú hizo a este
gran río el general Pedro de Orsúa, arrojándose con buen ejército a sus aguas para
ser testigo de vista de las grandezas que solo por noticias se publicaban de él, pero
con tal mal suceso que fue muerto a traición por el tirano Lope de Aguirre, el cual,
levantándose no solo por general, sino también por rey, y prosiguiendo el viaje
comenzado, no permitió Dios que acertase a la principal boca por donde este gran
río desagua en el océano...»11.

Se señalan también otros intentos y sus resultados. Señala los fallidos de


Vicente de los Reyes, Alonso de Miranda, José de Villamayor, Benito Maciel, Francisco
Coello, por diversas causas.

Hacia 1635, 1636 ó 1637 varios franciscanos, acompañando al capitán


Juan de Palacios, emprenden la navegación de tan «tentador» río, que ya habían
intentado hacía más de treinta años unos jesuitas con final trágico. Llegaron los
franciscanos a tierras de los encabellados, y algunos de ellos (fray Domingo de
Brieva y fray Andrés de Toledo)12 consiguieron llegar a la ciudad de Pará y san Luis
de Marañón13.

Para «aclarar las sombras», por orden del rey, emprende viaje Pedro Texeira,
que es la expedición que precede inmediatamente a la de Acuña. Este primer viaje se
lleva a cabo desde la desembocadura hacia Quito14.

El 10 de noviembre de 1638 se decide que el capitán mayor Pedro Texeira


realizase un nuevo viaje a la inversa (de Quito hacia la ciudad de Pará). Aquí comienza
la aventura amazónica del jesuita Cristóbal de Acuña, acompañado del también
jesuita Andrés de Artieda, a los que nombra la Real Chancillería de Quito con una
misión muy concreta «notando con cuidado todo lo digno de advertencia en este gran
río»15.

El relato de Acuña rezuma veracidad, objetividad y fidelidad, tanto cuando


se muestra cauteloso «porque no hay suficientes noticias», como cuando comenta
el grado de fiabilidad de lo que otros relatan, o insiste en que averigua «con
cuidado» y recopila «con puntualidad», etc.

Supuesto esto, es verdad que hay que estar atentos en el texto a otras
intencionalidades. El recorrido realizado no es propiamente el de un naturalista, de un

10
Nº II. Cf. Ibid., p. 62.
11
Nº III. Ibid., pp. 63-64.
12
Cf. nº VII, ibid., p. 69.
13
Cf. nº VIII, ibid., pp. 69-70.
14
Cf. nº X, ibid., pp. 71-72.
15
Nº XVI, ibid., p. 77.

5
geógrafo, o de un antropólogo (aunque de todo esto haya algo en su obra). La
expedición de Acuña tenía unos fines muy precisos a los que se alude varias veces
en la obra, pero especialmente en documentos preliminares y en el Memorial
presentado en el Real Consejo de Indias: interés misionero y voluntad de que esta
tarea se encomiende a la Compañía de Jesús.

Junto a estos intereses misioneros y congregacionales, se trataba también de


confirmar los derechos españoles frente a Portugal (intereses politicos, económicos,
militares), que no se le escapan tampoco a Cristóbal de Acuña, como señalan los
historiadores Leite16 y Díaz Maderuelo.

4. Temas y contenidos

Nos detenemos ahora brevemente en los temas y contenidos que son recurrentes
en estos libros de expedición que consideran a América, y a las tierras amazónicas en
concreto, lugar de riqueza y fertilidad, para recorrer después la sorprendente geografía
amazónica, sus gentes, vida y costumbres.

4.1. Riquezas y maravillas

José María Díez Borque señala que pensar en América como lugar de
riquezas y maravillas estaba en el imaginario colectivo de la época:

«Pero como sabemos y ya adelanté, en el «imaginario» colectivo, y también


en el teatro de Calderón, las Indias Occidentales son el lugar de la riqueza por
excelencia, tierra de promisión de la que llegan «tesoros» a la metrópoli,
convirtiéndose también en incitación personal para participar en la aventura.
Hemos venido viendo la justificación religiosa de la conquista, la construcción
ideológica para explicar una guerra de dominio e imposición, la explicación por
valores sobrenaturales, con las repetidas protestas de que a América se fue a
catequizar y no a colonizar. Pero esto no impide que en el teatro de Calderón de la
Barca —poliédrico, contradictorio y plural— aparezca repetidamente la idea de
que las Indias occidentales son, por antonomasia, el lugar de la riqueza, que hace
atractivo el riesgo para obtener unos beneficios»17.

En Nuevo descubrimiento de Acuña aparece repetidamente la idea de


enriquecimiento y conversión como frutos de la conquista. Así en la dedicatoria al
Conde Duque de Olivares dice: «¿Y quién, para decirlo de una vez, sino el
excelentísimo señor Conde Duque, podrá patronizar tan grandiosa empresa, de que

16
M. Y. LEITE LINHARES, Prefacio, en C. de ACUÑA, Novo descobrimiento do rio Amazonas, Agir,
Rio de Janeiro 1994, p. 6, y R. DÍAZ MADERUELO, Introducción, a FRAY G. de CARVAJAL, P. ARIAS
DE ALMESTO, A de ROJAS, La aventura de Amazonas, Dustin, Madrid 2002.
17
J.-M. DÍEZ BORQUE, Calderón de la Barca y las Indias Occidentales, en J. ALCALÁ-ZAMORA-E.
BELEGUER (eds.), Calderón de la Barca y la España del Barroco, CEPYC-SEENM, Madrid 2001, pp.
691-716.

6
depende la conversión de infinitas almas, el acrecentamiento de la real corona, y la
defensa y guarda de todos los tesoros del Perú? (Dedicatoria al Conde Duque)»18.

Valgan estos tres textos:

«Casi con las primeras vistas de aquella parte de la América que hoy tiene
nombre de Perú, nacieron en nuestra España, aunque por confusas noticias,
encendidos deseos del descubrimiento del gran río de las Amazonas [...] no solo por
las muchas riquezas de que fue siempre sospechoso, ni por la multitud de gente que
mantenían sus orillas, ni por la fertilidad de las tierras y temples apacibles de su
habitación...»19.

«Cometiendo juntamente lo espiritual de ellas, en lo tocante a la conversión


y enseñanza de los naturales a los religiosos de la Compañía de Jesús (...este
grandioso río, ofrece crecidos aumentos a la real corona de vuestra majestad»
(Memorial)20.

«No trato de las muchas minas de oro y plata de que se tiene noticia en lo
descubierto y que se descubrirán forzosamente en adelante, que si mi juicio no me
engaña han de ser más y más ricas que todas las del Perú, aunque entren en ellas
las del afamado cerro de Potosí»21.

4.2. Las tierras: geografía del Amazonas

La crónica de Acuña es una minuciosa descripción de la cuenca del Amazonas


en sus diversos aspectos: nacimiento, longitud, anchura, entradas, puertos, islas,
riberas, pobladores, desembocadura, etc.

Una crónica minuciosa con un lenguaje barroco en el que se describe la


magnificencia del Amazonas, que nuestro autor transmite con una prosa que rezuma
sorpresa y admiración ante tal prodigio de la naturaleza:

«Porque si el dilatado imperio de Etiopia se alza con tan glorioso renombre


por ocupar su juridición espacio de novecientas leguas, si la gran China, por
encerrar en dos mil de circuito quince diferentes reinos, espanta al mundo su
grandeza, y si la longitud que dcl Perú sc publica se reduce a términos de mil y
quinientas leguas, que se miden desde el Nuevo Reino de Granada hasta los
últimos fines del de Chile, con cuánta más razón adquirirá sobre todo lo
descubierto titulo de grande el río de las Amazonas, pues en espacio de casi cuatro
mil leguas de contorno encierra más de ciento y cincuenta naciones de lenguas
diferentes, suficiente cada una de ellas a hacer por sí sola un dilatado reino, y todos
juntos un nuevo y poderoso imperio» (Dedicatoria al Conde Duque)22.

18
Nº I.: C. DE ACUÑA, Nuevo descubrimiento del Gran río de las Amazonas, Introducción y estudio, pp.
61-62
19
Nº I, ibid., pp. 61-62.
20
Ibid., p. 165.
21
Nº XXXIV, ibid., p. 103.
22
Ibid., pp, 52-53.

7
Con espíritu erudito compara el Amazonas con los grandes y famosos ríos
de la antigüedad, como el Ganges, Nilo, Eufrates, lo que lleva a sus últimas
consecuencias al tratar de las desembocaduras: al fin, de la grandeza de este río se
derivarán grandes beneficios, riquezas y conversiones:

«Este es en suma el nuevo descubrimiento de este gran río que, enterrando


en sí grandiosos tesoros, a nadie excluye, mas antes a todo género de gente convida
liberal a que se aproveche de ellos. Al pobre ofrece sustento, al trabajador satisfación
de su trabajo, al mercader empleos, al soldado ocasiones de valer, al rico mayores
acrecentamientos, al noble honras, al poderoso estados y al mesmo rey un nuevo
imperio»23.

El clima de estas tierras amazónicas entra también en los cauces de esa visión
idílica, de ese mundo de maravilla: es templado, «de suerte que ni hay calor que
enfade, ni frío que fatigue, ni variedad que sea molesta ni conoce los aires corruptos
tan peligrosos para la salud»24 ¡Lástima de los mosquitos, que impiden confundir a tales
parajes con el Edén!25

4.3. Las gentes: los indios, las amazonas

En la descripción que hace Acuña de la población nativa destaca, naturalmente,


la presentación del extraordinario y mítico pueblo de las mujeres guerreras, las
amazonas, que darán nombre al río. Pero es importante la imagen que nos devuelve
de sus gentes y de las diversas tribus y grupos humanos que encuentran en su camino.

Acuña nos transmite una impresión positiva de la población indígena,


destacando su mansedumbre, apacibilidad y generosidad con los españoles26, es
decir, son de apacible natural, bien agestados, de buenos entendimientos y raras
habilidades, todo lo cual promete «grandes esperanzas de que si se les diese noticia
del verdadero criador de cielos y tierra, con poca dificultad abrazarían su santa ley»27.

Nos describe con sobriedad la multitud de tribus que habitan el Amazonas:

«Todo este Nuevo Mundo, llamémosle así, está habitado de bárbaros en


distintas provincias y naciones, de las que puedo dar fe, nombrándolas con sus
nombres y señalándolas sus sitios, unas de vista y otras por informaciones de los
indios que en ellas habían estado.

Pasan de ciento y cincuenta, todas de lenguas diferentes, tan dilatadas y


pobladas de moradores como las que vimos por todo este camino, de que después
diremos»28.

23
Nº LXXXIII, Ibid., p. 163.
24
Nº XXIX, Ibid., p. 97.
25
Nota de los editores (Ignacio Arellano, José M. Díez Borque y Gonzalo Santonja).
26
Cf. nº XLIII, ibid., p. 113.
27
Nº XLIII, ibid., p. 113.
28
Nº XXXVI, ibid., 106.

8
Pero, indudablemente, son las míticas amazonas, esas «mujeres guerreras»,
«solas sin varones, con quienes no más de a ciertos tiempos tenían cohabitación»29
las que más han atraído el interés de lectores e historiadores:

«Solo echo mano de lo que oí con mis oídos y con cuidado averigüé desde
que pusimos los pies en este río, en que no hay generalmente cosa más común y
que nadie la ignora, que decir habitan en él estas mujeres, dando señas tan
particulares que conviviendo todos en unas mesuras, no es creíble se pudiese una
mentira haber entablado en tantas lenguas y en tantas naciones, con tantas colores
de verdad»30.

4.4. Vida y costumbres

Se fija Acosta en la vegetación exuberante de la cual se extraen los


materiales para la construcción de canoas y embarcaciones:

«son cedros, ceibos, palo hierro, palo colorado y otros muchos reconocidos
ya en aquellas partes y experimentados por los mejores del mundo para fabricar
embarcaciones; las cuales en este río, mejor y con menos costo que en parte
ninguna, se podrán acabadas y perfectas echar al agua, sin que se necesite de nuestra
Europa sino solo hierro para la clavazón.

Porque aquí, como digo, están las maderas a pedir de boca. Aquí la jarcia tan
fuerte como la de cáñamo, de ciertas cortezas de árboles, de que se hacen amarras
que solas ellas sustentan las naos en tormentas deshechas; aquí la pez y hita tan
perfecta como la arábiga; aquí el aceite, así de árboles como de pescados, para darla
punto y templar su dureza; aquí se saca estopa excelente, que llamara embira, que
para calafetear las naos y juntamente para cuerda de arcabuz no se conoce otra
mejor; aquí el algodón para el velambre es la semilla que mejor producen los
campos; y aquí finalmente está la multitud de gente que después diremos, con que
no falta nada para fabricar cuantos galeones se quisieren poner en astillero»31.

Nos hablará también de la vida ordinaria, del trabajo, de las herramientas


utilizadas, con una curiosa comparativa con Europa:

«Las herramientas de que usan para labrar, no solo sus canoas, sino sus
casas y lo demás que han menester, son hachas y azuelas, no fraguadas por buenos
oficiales en las herrerías de Vizcaya, sino forjadas en las fraguas de sus
entendimientos, teniendo por maestra, como en otras cosas, a la necesidad. Esta les
enseñó a cortar del casco más fuerte de la tortuga […] una plancha [...] que curada
al humo y sacándola el filo en una piedra, la fijan en su astil, y con ella como con
una buena hacha […] De este mismo metal hacen las azuelas, sirviéndoles de cabo
para ellas una quijada de pejebuey [...] En algunas naciones son estas hachas de
piedra [...] Sus escoplos, gubias y cinceles para obras delicadas, que las hacen con
gran primor, son dientes y colmillos de animales»32.

29
Nº LXXI, ibid., p. 152.
30
Ibid.
31
Nº XXXI, ibid., pp. 100-101.
32
Nº XXXIX, ibid., p. 109.

9
Nos habla de sus armas (azagayas, estólicas, arcos y flechas, rodelas defensivas,
hierbas venenosas para las puntas de las saetas, etc.), de sus artes de caza y pesca.
Enumera nuestro autor la riqueza de frutas de tierra tan feraz: plátanos, piñas,
guayabas, castañas, cocos, palmas, dátiles, batatas, yuca, criadillas de tierra...

No elude hablar de cosas negativas como el canibalismo, pero intentando no


exagerar las prácticas sino reduciéndolas a datos objetivos, frente a las acusaciones
arbitrarias que hacen algunos traficantes de esclavos portugueses, que justifican sus
atropellos aduciendo un canibalismo inexistente entre ciertas naciones indígenas:

«No quiero con esto negar que hay en este río gente caribe, que en oca-
siones no tiene horror de comer carne humana. lo que quiero persuadir es no hay
en todo él carnicerías públicas en que todo cl año se pesa carne de indios, como
publican los que a título de evitar semejante crueldad la usan ellos mayor, haciendo
con sus rigores y amenazas esclavos a los que no lo son»33.

Señala sus alimentos más comunes: maíz, mandioca, yuca con la que hacen
el cazabe, «pan ordinario en todas aquellas costas del Brasil», que guardan para todo
el año.

Nos introduce en el mundo de las celebraciones y las fiestas:

«Este es, como ya dije, el cotidiano pan que siempre acompaña las demás
viandas.Y no solo sirve de comida sino juntamente de bebida, a que son en general
muy inclinados todos los naturales, para lo cual hacen unas grandes tortas delgadas
que, cocidas en horno, se abizcochan de suerte que duran por muchos meses. Estas
guardan en lo más alto de sus casas para tenerlas libres de las humedades de la
tierra, y cuando las quieren aprovechar, echándolas en agua las deshacen, y cocidas
al fuego, les dan el punto que han menester. Reposan este caldo, y frío es el
ordinario vino de que ellos usan [...] Con este vino celebran sus fiestas, lloran sus
muertos, reciben sus güéspedes, hacen sus sementeras y las cogen y, finalmente, no
hay ocasión en que se junten que no sea este el azogue que los recoge y la liga que
los detiene».

No podían faltar las plantas medicinales:

«En estos incultos bosques tienen los naturales librada para sus dolencias la
mejor botica de simples que hay en lo descubierto, porque aquí se coge la más gruesa
cañafístola que en parte alguna, la zarzaparrilla más perfecta, las gomas y resinas
saludables más en abundancia [...] Aquí el aceite de andirova, que es un árbol, que
no tiene precio para curar heridas; aquí al de copaiba, que también lo es, no iguala
el mejor bálsamo; aquí se hallan mil géneros de hierbas y. árboles de
particularísimos efectos y hay aún por descubrir otras muchas que pudiera salir
segundo Dioscórides y tercero Plinio y todos tuvieran bien que hacer en averiguar
sus propiedades»34.

33
Nº LII, ibid., p. 127.
34
Nº XXX, ibid., pp. 99-100.

10
También nos ofrece datos sobre la vida familiar y la lengua, la dificultad de
comunicación, aunque apunta a la extensión de una lengua general, común en algunas
zonas de la costa.

Finalmente nos describe sus prácticas rituales:

«Los ritos de toda esta gentilidad son casi en general unos mesmos: adoran
ídolos que fabrican con sus manos, atribuyendo a unos el poder sobre las aguas, y
así les ponen por divisa un pescado en la mano; a otros escogen por dueños de las
sementeras, y a otros por valedores en sus batallas.

Dicen que estos dioses bajaron del cielo para acompañarlos y hacerlos bien:
no usan de alguna ceremonia para adorarlos, mas antes les tienen olvidados en un
rincón hasta el tiempo que los han menester, y así, cuando han de ir a la guerra,
llevan en la proa de las canoas el ídolo en quien tienen puestas las esperanzas de la
vitoria, y cuando salen a hacer sus pesquerías echan mano de aquel a quien tienen
entregado el dominio de las aguas; pero ni en unos ni en otros fían tanto que no
reconozcan puede haber otro mayor»35).

Y sobre la muerte:

«En el enterrar sus difuntos son varios entre sí, porque unos los tienen
dentro de sus mesmas casas, teniendo siempre en todas las ocasiones presente la
memoria de la muerte, que si con este fin lo hiciesen las tendrían sin duda más
ajustadas. Otros en hogueras grandes no solo queman los cadáveres, sino
juntamente con ellos cuanto poseyeron en vida. Y así los unos como los otros
celebran sus exequias por muchos días con continuos llantos interrumpidos con
grandes borracheras»36).

5. La cuestión de la doble edición de la obra

Cuando he comenzado a profundizar en la obra de Acosta me he encontrado con


el trabajo de Hugo Burgos Guevara que nos cuenta que el texto del Nuevo Descubrimiento
ha tenido varias ediciones. Su tesis es que la primera Relación fue prohibida y después
escribió una Relación más oficial, que es la que se ha conocido y ha trascendido más.

Enumero sus conclusiones:

«a) El cronista Acuña llega con una crónica que contenía datos “reservados" sobre
el Amazonas cuando lo recorrió con los portugueses en 1639, partiendo de Quito.

b) A este informe acompañaba un mapa pintado a mano sobre los principales


accidentes y características fluviales que permitían o impedían la navegación.
Adelantarnos que este mapa puede haber sido pintado en Quito gracias a los informes del
piloto portugués Benito da Acosta que acompañó a Texeira, pero todavía no hay
indicaciones ciertas de quién lo pintara. Sería aventurado decir que Acuña lo hizo pintar
en Belem do Pará o en Madrid.
35
Nº XL, ibid., p. 110.
36
Nº XLII, ibid., p. 112.

11
c) En ello se entrecruzan mitos y leyendas sobre montes de oro, riquezas enormes y
hasta gigantes. No importó a la corona tal exageración, cuanto pretender exhibir la
exactitud de las mediciones y cálculos sobre el río tan disputado. Todo el mapa estaba
organizado corno habían planificado las misiones jesuitas del siglo XVII: tomando a la
ciudad de Quito como epicentro de las movilizaciones misioneras. Hasta llegarían a pintar
a Quito como ciudad cabecera del Alto Amazonas, insertado su escudo de armas (1541) y
otros detalles de los ríos orientales que eran de la Real Audiencia de Quito. Se agregan
otras imágenes como las torres de sus iglesias, sus volcanes activos, humeando, y es
muy importante que el mapa ofrezca detalle minucioso de los ríos que forman el
delta amazónico, inclusive el dibujo del "fuerte del Curupá”, y en nuestra crónica
enumera hasta con cuantos cañones contaba.

La verdad era que los holandeses no habían recorrido completamente el


Amazonas, excepto el lado de Río Negro y la Guayana, porque su política no era
del arraigo colonial-territorial, tipo español, sino la del comercio, finanzas,
movimiento del oro. El temor resultaba más bien una "cortina de humo", que
ocultaba que el "verdadero enemigo" eran los portugueses, quienes extendían cada vez
sus fronteras, sin obstáculo ninguno, casi hasta los linderos y ríos orientales de Quito.
Esta investigación podía ser otra misión que se le había encomendado a Acuña.
La primera "relación" presentada por Acuña al Consejo de Indias no fue desestimada
pero sí impedida de imprimirse para el público. Por ello, tuvo que quedar relegada
en cualquier archivo de la orden jesuítica. Posteriormente, desengañado, él la
llevaría consigo a Roma, a donde la dejó, antes de regresar con otro cargo a América.

Acuña tuvo entonces que volver a escribir una segunda relación, eliminando de
aquella los detalles geográficos y estratégicos inconvenientes a la Corona, lo que le
obligaba a quedarse más tiempo en España. Ahora, con calma y tiempo, la
orientación de la segunda crónica será amplia y diversificada en secciones y
apostillas elegantes. Esta es la crónica oficial, la que ha venido leyendo y conoce el
mundo occidental desde los años señalados (1641, 1645). Su ficha es: NUEVO
DESCUBRIMIENTO DEL GRAN RIO DEL AMAZONAS EL AÑO DE 1639. POR LA
PROVINCIA DE QUITO, EN EL REINO DEL PERU. Madrid.

No se debe confundir esta segunda crónica con la primera, no solo por las
implicaciones de deformación histórica, sino porque la primera ha permanecido
enclaustrada en Roma, y su identidad ha sido confundida ante la conciencia
mundial. La crónica primigenia, escrita por Acuña, reza así: RELACION DEL
DESCUBRIMIENTO DEL RÍO DE LAS AMAZONAS OY [sic] RIO DE SAN FRANCO
DEL QUITO Y DECLARACIÓN DEL MAPA EN DONDE ESTÁ PINTADO. Fue
encontrada por Hugo Burgos G. en Archivium, Romanum Societatis lesu (Letras
Annuas de la Vice provincia de Quito y el Nuevo Reino en los Reynos del Peru 1605-
1669, R. et Q. 75’,-9 , Folio 274-280). El documento es manuscrito, paleografía
jesuítica de comienzos del siglo XVII (Vide: toda la Relación primigenia de Acuña es
reproducida en esta obra).

Para la historia geopolítica, las dos crónicas son válidas, pero cada una tiene
un valor independiente y autónomo, y sobre la «primera», la nuestra, descubierta
en Roma, es lo que la comunidad científica no ha conocido, y que ahora permite

12
hacer rectificaciones, no obstante los siglos de incomunicación e interpretaciones
erradas, hechas de buena fe.

El sustentamiento de esta situación conduce a errores que no deben pervivir


teniendo a la mano los documentos encontrados. Todavía quedan falsas
explicaciones creadas de buena fe en el siglo XIX, pero que hoy deben ser
rectificadas, so pena de seguir viviendo de un error involuntario, creado por
pasadas generaciones de humanistas. Y esto es mucho más urgente, tratándose de
fortalecer el proceso de paz e integración en América. A otra escala, es vital el
esclarecimiento de un tema poco explorado en Ecuador, como es el proceso de
evangelización amazónica, que iniciaran franciscanos y jesuitas, desde la fría meseta de
la ciudad española de Quito, a comienzos del siglo XVII.

De la comparación de las dos crónicas, sólo hace el autor unas breves


consideraciones «Cristóbal de Acuña tomó algunas líneas de su primera crónica; otras
veces copió párrafos enteros para constituir su crónica oficial que fue difundida desde el
Consejo de Indias en 1641. Sería innecesario entrar en detalles sobre ese traslado. Sin
embargo, en la crónica oficial no se habla de ningún mapa, y ahora conocemos la causa
por la que estaba vedado evidenciar en la esfera pública tan importante documento. En
cambio, la crónica primigenia, la "breve" tiene 30 párrafos contenidos en 13 páginas
manuscritas en letra elegante, se refiere varias veces al mapa que está adjunto, y fue
escrita entre diciembre de 1639 y siguientes meses de 1640. La crónica oficial contiene 83
secciones de párrafos cortos, a lo largo de unas 64 páginas, según la edición; fue escrita en
meses posteriores de 1640, y en lugar alguno la "oficial" menciona algo sobre el
decantado mapa, que finalmente le fue impedido a Acuña publicarlo»37.

6. Referencias bibliográficas:

6.1.Fuentes:

• ACUÑA, C. de, Relation de la grande riviere des Amazones dans le nouveau monde, chez la
veuve Loüis Billaine, Paris 1681, 4 vols.

• _____, Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas, A. Gonçalez de Reyes, Madrid
1683, ed. del padre Manuel Rodríguez.

• _____, Relaciones del descubrimiento del Río de las Amazonas, Impr. Instituto Gráfico,
Bogotà 1942, por José de Maldonado, reimpr. De la 1ª ed. de 1642 revisada y anotada por
Juan B. Bueno Medina.

• _____, An Historical and Geographical Description of the Great Country and River of the
Amazones in America, J. Starkey, London 1660, ed. de Blaise François de Pagan.

• Relation historique et geographique de la grande riviere des Amazones dans L’Amerique,


chez C. Besongne, Paris 1655,ed. de Blaise François de Pagan.

• _____, Quellen zur Geschichte Amazoniens, Holos, Bonn 1991.

37
H. BURGOS GUEVARA, La Crónica Prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas, Fonsal,
Quito2005, pp. 90-94.

13
• _____ -FIGUEROA, F. de, Informes de Jesuitas en el Amazonas 1660-1684, Monumenta
Amazonica, Iquitos (Perú) 1986.

• ACOSTA, J., Historia natural y moral de las Indias, Juan de León, Sevilla 1590.

• ÁLVAREZ DE TOLEDO, J. (dir.), Atlas de los exploradores españoles, Geoplaneta-


Sociedad Geográfica Española, Barcelona 2009.

• ARCHIVUM ROMANUM S.I., Roma Paraq. 4/1. 68v, 173, 4/II

• BURGOS GUEVARA, H., La crónica prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas,


Fonsal, Quito 2005.

• ESTEVES, A.-R., Introduçâo, en P. CRISTÓBAL DE ACUÑA, Novo descobrimento do rio


Amazonas, ediçâo bilingüe, Embajada de España en Brasil, Oltaver, Montevideo 2004.

• LEITE LINHARES, M.-Y., Prefacio, en C. de ACUÑA, Novo descobrimiento do rio


Amazonas, Agir, Rio de Janeiro 1994.

• MEDINA, E., Monografía sobre el descubrimiento del río Amazonas, Imprenta Nacional,
Bogotá 1933.

• O’NEILL, Ch.-E.-DOMÍNGUEZ, J.-M., Diccionario histórico de la Compañía de Jesús,


Institutum Historicum S.I.-UPCO, Roma-Madrid 2001, 4 vols, 1º v., p. 13.

• VARIOS, Voyages and Discoveries in South America, S. Buckley, London 1697.

6.2. Diccionarios:

• Diccionario de Historia Eclesiástica de España, Madrid 1972-1987, 5 vols.

• Dictionnaire d’Histoire et de Geographie ecclésiastiques, Paris 1912-.

• Enciclopedia Cattolica, Roma 1949-1954. 12 vols.

• Encycklopedia Katolicka, Lublín 1973-.

• New Catholic Encyclopedia, New York 1967,15 vols.

6.3. Bibliografía general:

• ALCEDO, A., de, Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América,


Imprenta de Benito Cano, Madrid 1786-1789, 5 vols.

• ASTRAIN, A., Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Madrid 1902-


1025, 7 vols.

• AUT, Diccionario de Autoridades, facsímil, Gredos, Madrid 1979.

• BAYLE, C., Descubridores jesuitas del Amazonas, «Revista de Indias» 1 (1940) 121-185.

• CARVAJAL, G. de, Relación que escribió Fray Gaspar de Carvajal, en M. CUESTA (ed.),
La Amazonía. Primeras expediciones, Banco Santander de Negocios, Madrid 1993.

14
• CHANTRE Y HERRERA, J., Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el
Marañón español, Imprenta de A. Avrial, Madrid 1901.

• CIEZA DE LEÓN, P., La crónica del Perú, ed. M. Ballesteros, Historia 16, Madrid 1984.

• CRUZ, L. de la, Nuevo descubrimiento del río Marañón, en La Amazonía. Primeras


expediciones, ed. M. Cuesta, Banco Santander de Negocios, Madrid 1993.

• CUESTA, M. (ed.), La Amazonia. Primeras expediciones, Banco Santander de Negocios,


Madrid 1993.

• DÍAZ MADERUELO, R., Introducción, a FRAY G. de CARVAJAL, P. ARIAS DE


ALMESTO, A de ROJAS, La aventura de Amazonas, Dustin, Madrid 2002.

• EGUÍA, C.-R., España y sus misioneros e los países del Plata, Madrid 1953.

• ESTEVES, A.-R., A ocupaçâo da Amazônia, Brasiliense, Sao Paulo 1993.

• FERNÁNDEZ G.-E., «Acuña, Cristóbal de» en CH.- E. O'NEILL – J.-M.


DOMÍNGUEZ (dir.), Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, tomo I, Institutum
historicum S.I., Roma 2001, p. 13.

• FERNÁNDEZ DE OVIEDO, G., Sumario de la natural historia de las Indias, ed. M.


Ballesteros, Historia 16, Madrid 1986.

• GIL MUNILLA, L., Descubrimiento del Marañón, Escuela de Estudios hispanoamericanos,


Sevilla 1954.

• JIMÉNEZ DE LA ESPADA, M., Viaje del capitán Pedro Tejeira aguas arriba del río de las
Amazonas, Fortanet, Madrid 1889.

• JOUANEN, J.-J., Historia de la Compañía de Jesús en la Antigua Provincia de Quito 1570-


1774, Quito 1941-1943, 2 vols.

• LA CONDAMINE, Ch.-M. de, Journal du voyage fair par ordre du roi, Imprimiere Royale,
Paris 1751.

• LÓPEZ DE GOMARA, F., Historia general de las Indias, ed. P. Guibelalde, Orbis, Barcelona
1985.

• LÓPEZ-OCÓN CABRERA, L., Breve historia de la ciencia española, Alianza, Madrid 2003.

• MARONI, P., Noticias auténticas del famoso río Marañón, IIAP-CET, Iquitos 1988.

• MARTÍNEZ AÑIBARRO Y RIVES, Manuel. Intento de un diccionario biográfico y


bibliográfico de autores de la provincia de Burgos, 1890.

• MEGGERS, B.-J., Amazonia. Man and Culture in a Counterfiet Paradise, Aldhine-Adherton,


Chicago 1971.

• MELO LEITÂO, C. de, Descobrimento do rio das Amazonas, Companhia Editôra Nacional
Brasiliana, Sâo Paulo 1941.

• ORTON, J., The Andes and the Amazon, Harper, New York 1870.

• PACHECO, J.-M., Los Jesuitas de Colombia (1567-1767), Bogotá 1959-1989, 3 vols.

• PARDO TOMÁS, J.., Oviedo, Monardes, Hernández. El tesoro natural de América.


Colonialismo y ciencia en el siglo XVI, Nivola, Madrid 2002.

15
• PASTELLS, P., Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay según los
documentos originales, Madrid 1912-1949, 9 vols.

• PÉREZ BARREDO, R., Un burgalés en el Amazonas, «Diario de Burgos» (12 de octubre de


2008), pp. 18 y 19.

• PÉREZ, M.-T., El descubrimiento del Amazonas. Historia y mito, Alfar, Sevilla 1989.

• PÉREZ PIMENTEL, R.,


http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo8/a1.htm3 de mayo de 2012.

• PESET, J.-L., La Ciencia Moderna y el Nuevo Mundo. Actas de la I Reunión de Historia de


la Ciencia y de la Técnica de los Países Ibéricos e iberoamericanos (Madrid, 25 a 28 de
septiembre de 1984), CSIC-Sociedad Latinoamericana de Historia de las Ciencias y de la
Tecnología, Madrid 1985.

• PHELAN, J.-L., The Kingdom of Quito in the Seventeenth Century. Bureaucratic Politics in
the Spanish Empire, University of Wisconsin Press, Madison 1967.

• PORRO, A. (ed.), As Crônicas do Rio Amazonas, Petròpolis, Vozes 1993.

• PUIG-SAMPER, M.-A., Las expediciones científicas durante el siglo XVIII, Akal, Madrid
1991, Cuadernos Akal 28.

• PULGAR, L., Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jésus 1901-1980, 3 t. en 6


vols., Roma 1983-1990 [1981-2000 en AHSI].

• RALEIGH, W., Las doradas colinas de Manoa, Centauro, Caracas 1980.

• RODRÍGUEZ, M., El descubrimiento del Marañón, ed. Á. Durán, Alianza, Madrid 1990.

• RUBIO GONZÁLEZ, L, Castellanos y leoneses cronistas de Indias (Estudios y textos),


Ámbito, Valladolid 1988.

• SIMÓN DÍAZ, J., Bibliografía de la Literatura hispánica, CSIC, Madrid 1955.

• SOMMERVOGEL, C., Bibliothèque de la Compagnie de Jésus, Bruselas-Paris 1890-1932,


vol. 12, supl. 1960.

• STORNI, H., Catálogo de los jesuitas de la Provincia del Paraguay (Cuenca del Plata 1585-
1768), Roma 1980.

• TODOROV, T., La conquista de América: el problema del otro, Siglo XXI, México 1987.

• TORRES SALDAMANDO, E., Los antiguos jesuitas del Perú: Biografías, Lima 1882.

• ULLÁN DE LA ROSA, F.-J., Los indios ticuna del Amazonas: procesos de cambio social y
aculturación, Tesis Doctoral, Complutense, Madrid 2004.

• URIARTE, J.-E. de-LECINA, B., Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús


pertenecientes a la antigua Asistencia de España [A-Ferrusola], Madrid 1925-1930.

• VARGAS UGARTE, R., Historia de la Compañía de Jesús en el Perú, Burgos 1963-1965, 4


vols.

• VARIOS, Informes de Jesuitas en el Amazonas. Francisco de Figueroa, Cristóbal de Acuña


y otros, Monumenta Amazonica B-1, IIAP-CETA, Iquitos 1986.

16
• VÁZQUEZ, F., Relación verdadera de todo lo que ocurrió en la jornada de Omagua y
Dorado, en La Amazonia. Primeras expediciones, ed. M. Cuesta, Banco Santander de
Negocios, Madrid 1993.

• VELASCO, J., Historia moderna del Reino de Quito y Crónica dela Provincia de la
Compañía de Jesús 1550-1685, Quito 1942.

• WILSON, J.-G.-FISKE, J.-KLOS, S.-L. (eds.), Appleton's Cyclopedia of American Biography


,D. Appleton and Company, New York 1887-1889.

17

También podría gustarte