Cristobal de Acuña
Cristobal de Acuña
1. Introducción
1
J. PARDO TOMÁS, Oviedo, Monardes, Hernández. El tesoro natural de América. Colonialismo y ciencia
en el siglo XVI, Nivola, Madrid 2002, pp. 127-179.
1
Esta orientación ultramarina se desarrolló en el marco de una dinámica imperial, ya que
la organización y el control del Imperio fueron los motores de la política de la monarquía
del Setecientos. A lo largo de todo el siglo XVIII, e inclusive en los primeros años del
siglo XIX, la mejora de la gestión política y de la rentabilidad económica de las colonias
americanas fue una de las prioridades de los gobernantes ilustrados, que impulsaron desde
la metrópoli una “reconquista” de América a través de un proceso de reestructuración
económica, jurídica y tecnológica que incrementase la utilidad del dominio colonial. Esa
nueva racionalidad en la gestión colonial, consistente en el inventario, sistematización y
ordenación de un ingente volumen de información disponible, se construyó, en gran
medida la ciencia. Pero en la cultura científica de la América española no existía un vacío.
Allí funcionaban otros aparatos burocrático –como las cortes virreinales y la Iglesia –que
intervenían en sus respectivas sociedades desde el siglo XVI. […] De ahí que actuasen en
tierras americanas tres tradiciones científicas científicas, que a lo largo del siglo XVIII
generaron diferentes estrategias expedicionarias para reconocimiento y ordenación de sus
vastos territorios, asociadas a las tres grandes estructuras del poder político,
administrativo y económico presentes en las colonias americanas: la metropolitana, la
virreinal y la eclesiástica»2.
2
la mayor parte de los cuales se habían quedado en San Antonio de los Encabellados, y
tras remontar el Amazonas hasta la boca del Napo, navegaron por las estribaciones de la
cordillera y subieron a Quito, abriendo la ruta que había permanecido cerrada casi un
siglo desde que el Francisco de Orellana, en la expedición de Gonzalo Pizarro,
descubriera dicho río.
Texeira había examinado con detención las distancias, profundidades de los ríos,
las poblaciones y alturas por medio de un experto y su expedición constituyó una gesta
con grandes beneficios para Quito, pues de esa manera alejaba el aislamiento en que se
hallaba. La Audiencia veía un futuro de inmediata expansión y la Iglesia un nuevo campo
de apostolado misionero. El presidente Alonso Pérez de Salazar, considerando la
trascendencia del suceso informó inmediatamente al Virrey del Perú, quien ordenó a
Texeira que regresara con sus compañeros al Pará y que la Audiencia de Quito, además
de auxiliarle para ese viaje, enviara algunos comisionados con la consigna de apuntar
todos los detalles geográficos y etnográficos para informar al Rey sobre tan feliz suceso
que uniría Quito y Europa por el gran río, el mayor del mundo; pero como el
cumplimiento de esta orden significaba un gasto considerable, se ofreció Vázquez de
Acuña a cubrirlo y hasta para acompañar a los expedicionarios, pero la Audiencia le negó
la licencia por creerlo necesario en el puesto que ocupaba.
Ante esta situación, se encargó esa misión a la Compañía de Jesús, que eligió a
los padres Andrés Artieda, lector de teología en el Colegio de Quito, y Cristóbal de
Acuña, rector en el Colegio de Cuenca, quienes salieron de Quito con Texeira el 16 de
febrero de 1639 y llegaron al primer puerto del Napo, desde donde emprendieron su
aventura por el Amazonas hasta su desembocadura, averiguando todo lo concerniente al
viaje, observando los detalles y demarcando los puntos principales, de modo que hubo de
emplear Acuña once meses hasta su llegada al Pará el 12 de diciembre.
Allí se detuvieron hasta hallar una nave que los condujera a España, tiempo que
aprovechó en escribir «Nuevo descubrimiento y relación histórico-geográfica del gran río
Marañón, el año de 1639, por la Provincia de Quito en los reinos del Perú», que dedicó al
ministro Gaspar de Guzmán Pimentel, el Conde-Duque de Olivares.
Por fin, en marzo de 1640 ambos religiosos se embarcaron a España llevando una
recomendación de Texeira sobre todas sus tareas y servicios. En Madrid dieron cuenta al
rey Felipe del viaje y presentaron al Consejo de Indias la Real Provisión de la Audiencia,
la susodicha Recomendación y los demás instrumentos relativos al asunto, entre los
cuales se hallaba el «Memorial dado al rey pidiendo la conquista y predicación de las
tierras del río de las Amazonas» y el Consejo dispuso la impresión de la Relación, que
vio la luz en 1641.
3
De allí en adelante Acuña viajó a Roma como Procurador de su provincia y al
regresar a España fue nombrado «Calificador»5 de la Inquisición, mientras su compañero
Artieda volvía a Quito en 1643 a través de Cartagena de Indias y Bogotá.
Su obra fue estudiada por el geógrafo Sansón7, que sacó de ella y delineó el mapa
del río Amazonas por primera vez en el mundo, para acompañar su traducción francesa.
En 1701 Lisle lo volvió a imprimir y el 7 lo mejoró el padre Samuel Fritz (1673-1725),
grabándolo en Quito.
5
El tribunal de la Inquisición o Santo Oficio contaba al principio con los siguientes cargos: dos inquisidores,
un calificador, un alguacil y un fiscal. Después surgieron algunos más. El «calificador» era un teólogo al
que se le remitían las causas para que las clasificara.
6
Los datos de referencia (nacimiento, profesión en la Compañía de Jesús y muerte están tomados de Ch-E.
O’NEILL-J.-Mª. DOMÍNGUEZ, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús, Institutum Historicum
SI-UPCO, Roma-Madrid 2001, v. 1, p. 13. Tb.: R. PÉREZ PIMENTEL, Diccionario biográfico del
Ecuador [on line].
7
Nicolás Sanson D’Abbeville (1600-1667).
8
Los datos principales para su biografía, dentro de la escasez existente, se pueden tomar de Luis Rubio
González, J. Simón Díaz y M.Y. Leite Linhares (cf. bibliografía).
9
Cf. C. de ACUÑA, Nuevo descubrimiento del Gran Río de las Amazonas, pp. 20-28.
4
cuarenta, en cierta embarcación y con algunos compañeros, se fiase de las corrientes de
este gran río, que desde entonces tomó también el nombre de Orellana»10.
Para «aclarar las sombras», por orden del rey, emprende viaje Pedro Texeira,
que es la expedición que precede inmediatamente a la de Acuña. Este primer viaje se
lleva a cabo desde la desembocadura hacia Quito14.
Supuesto esto, es verdad que hay que estar atentos en el texto a otras
intencionalidades. El recorrido realizado no es propiamente el de un naturalista, de un
10
Nº II. Cf. Ibid., p. 62.
11
Nº III. Ibid., pp. 63-64.
12
Cf. nº VII, ibid., p. 69.
13
Cf. nº VIII, ibid., pp. 69-70.
14
Cf. nº X, ibid., pp. 71-72.
15
Nº XVI, ibid., p. 77.
5
geógrafo, o de un antropólogo (aunque de todo esto haya algo en su obra). La
expedición de Acuña tenía unos fines muy precisos a los que se alude varias veces
en la obra, pero especialmente en documentos preliminares y en el Memorial
presentado en el Real Consejo de Indias: interés misionero y voluntad de que esta
tarea se encomiende a la Compañía de Jesús.
4. Temas y contenidos
Nos detenemos ahora brevemente en los temas y contenidos que son recurrentes
en estos libros de expedición que consideran a América, y a las tierras amazónicas en
concreto, lugar de riqueza y fertilidad, para recorrer después la sorprendente geografía
amazónica, sus gentes, vida y costumbres.
José María Díez Borque señala que pensar en América como lugar de
riquezas y maravillas estaba en el imaginario colectivo de la época:
16
M. Y. LEITE LINHARES, Prefacio, en C. de ACUÑA, Novo descobrimiento do rio Amazonas, Agir,
Rio de Janeiro 1994, p. 6, y R. DÍAZ MADERUELO, Introducción, a FRAY G. de CARVAJAL, P. ARIAS
DE ALMESTO, A de ROJAS, La aventura de Amazonas, Dustin, Madrid 2002.
17
J.-M. DÍEZ BORQUE, Calderón de la Barca y las Indias Occidentales, en J. ALCALÁ-ZAMORA-E.
BELEGUER (eds.), Calderón de la Barca y la España del Barroco, CEPYC-SEENM, Madrid 2001, pp.
691-716.
6
depende la conversión de infinitas almas, el acrecentamiento de la real corona, y la
defensa y guarda de todos los tesoros del Perú? (Dedicatoria al Conde Duque)»18.
«Casi con las primeras vistas de aquella parte de la América que hoy tiene
nombre de Perú, nacieron en nuestra España, aunque por confusas noticias,
encendidos deseos del descubrimiento del gran río de las Amazonas [...] no solo por
las muchas riquezas de que fue siempre sospechoso, ni por la multitud de gente que
mantenían sus orillas, ni por la fertilidad de las tierras y temples apacibles de su
habitación...»19.
«No trato de las muchas minas de oro y plata de que se tiene noticia en lo
descubierto y que se descubrirán forzosamente en adelante, que si mi juicio no me
engaña han de ser más y más ricas que todas las del Perú, aunque entren en ellas
las del afamado cerro de Potosí»21.
18
Nº I.: C. DE ACUÑA, Nuevo descubrimiento del Gran río de las Amazonas, Introducción y estudio, pp.
61-62
19
Nº I, ibid., pp. 61-62.
20
Ibid., p. 165.
21
Nº XXXIV, ibid., p. 103.
22
Ibid., pp, 52-53.
7
Con espíritu erudito compara el Amazonas con los grandes y famosos ríos
de la antigüedad, como el Ganges, Nilo, Eufrates, lo que lleva a sus últimas
consecuencias al tratar de las desembocaduras: al fin, de la grandeza de este río se
derivarán grandes beneficios, riquezas y conversiones:
El clima de estas tierras amazónicas entra también en los cauces de esa visión
idílica, de ese mundo de maravilla: es templado, «de suerte que ni hay calor que
enfade, ni frío que fatigue, ni variedad que sea molesta ni conoce los aires corruptos
tan peligrosos para la salud»24 ¡Lástima de los mosquitos, que impiden confundir a tales
parajes con el Edén!25
23
Nº LXXXIII, Ibid., p. 163.
24
Nº XXIX, Ibid., p. 97.
25
Nota de los editores (Ignacio Arellano, José M. Díez Borque y Gonzalo Santonja).
26
Cf. nº XLIII, ibid., p. 113.
27
Nº XLIII, ibid., p. 113.
28
Nº XXXVI, ibid., 106.
8
Pero, indudablemente, son las míticas amazonas, esas «mujeres guerreras»,
«solas sin varones, con quienes no más de a ciertos tiempos tenían cohabitación»29
las que más han atraído el interés de lectores e historiadores:
«Solo echo mano de lo que oí con mis oídos y con cuidado averigüé desde
que pusimos los pies en este río, en que no hay generalmente cosa más común y
que nadie la ignora, que decir habitan en él estas mujeres, dando señas tan
particulares que conviviendo todos en unas mesuras, no es creíble se pudiese una
mentira haber entablado en tantas lenguas y en tantas naciones, con tantas colores
de verdad»30.
«son cedros, ceibos, palo hierro, palo colorado y otros muchos reconocidos
ya en aquellas partes y experimentados por los mejores del mundo para fabricar
embarcaciones; las cuales en este río, mejor y con menos costo que en parte
ninguna, se podrán acabadas y perfectas echar al agua, sin que se necesite de nuestra
Europa sino solo hierro para la clavazón.
Porque aquí, como digo, están las maderas a pedir de boca. Aquí la jarcia tan
fuerte como la de cáñamo, de ciertas cortezas de árboles, de que se hacen amarras
que solas ellas sustentan las naos en tormentas deshechas; aquí la pez y hita tan
perfecta como la arábiga; aquí el aceite, así de árboles como de pescados, para darla
punto y templar su dureza; aquí se saca estopa excelente, que llamara embira, que
para calafetear las naos y juntamente para cuerda de arcabuz no se conoce otra
mejor; aquí el algodón para el velambre es la semilla que mejor producen los
campos; y aquí finalmente está la multitud de gente que después diremos, con que
no falta nada para fabricar cuantos galeones se quisieren poner en astillero»31.
«Las herramientas de que usan para labrar, no solo sus canoas, sino sus
casas y lo demás que han menester, son hachas y azuelas, no fraguadas por buenos
oficiales en las herrerías de Vizcaya, sino forjadas en las fraguas de sus
entendimientos, teniendo por maestra, como en otras cosas, a la necesidad. Esta les
enseñó a cortar del casco más fuerte de la tortuga […] una plancha [...] que curada
al humo y sacándola el filo en una piedra, la fijan en su astil, y con ella como con
una buena hacha […] De este mismo metal hacen las azuelas, sirviéndoles de cabo
para ellas una quijada de pejebuey [...] En algunas naciones son estas hachas de
piedra [...] Sus escoplos, gubias y cinceles para obras delicadas, que las hacen con
gran primor, son dientes y colmillos de animales»32.
29
Nº LXXI, ibid., p. 152.
30
Ibid.
31
Nº XXXI, ibid., pp. 100-101.
32
Nº XXXIX, ibid., p. 109.
9
Nos habla de sus armas (azagayas, estólicas, arcos y flechas, rodelas defensivas,
hierbas venenosas para las puntas de las saetas, etc.), de sus artes de caza y pesca.
Enumera nuestro autor la riqueza de frutas de tierra tan feraz: plátanos, piñas,
guayabas, castañas, cocos, palmas, dátiles, batatas, yuca, criadillas de tierra...
«No quiero con esto negar que hay en este río gente caribe, que en oca-
siones no tiene horror de comer carne humana. lo que quiero persuadir es no hay
en todo él carnicerías públicas en que todo cl año se pesa carne de indios, como
publican los que a título de evitar semejante crueldad la usan ellos mayor, haciendo
con sus rigores y amenazas esclavos a los que no lo son»33.
Señala sus alimentos más comunes: maíz, mandioca, yuca con la que hacen
el cazabe, «pan ordinario en todas aquellas costas del Brasil», que guardan para todo
el año.
«Este es, como ya dije, el cotidiano pan que siempre acompaña las demás
viandas.Y no solo sirve de comida sino juntamente de bebida, a que son en general
muy inclinados todos los naturales, para lo cual hacen unas grandes tortas delgadas
que, cocidas en horno, se abizcochan de suerte que duran por muchos meses. Estas
guardan en lo más alto de sus casas para tenerlas libres de las humedades de la
tierra, y cuando las quieren aprovechar, echándolas en agua las deshacen, y cocidas
al fuego, les dan el punto que han menester. Reposan este caldo, y frío es el
ordinario vino de que ellos usan [...] Con este vino celebran sus fiestas, lloran sus
muertos, reciben sus güéspedes, hacen sus sementeras y las cogen y, finalmente, no
hay ocasión en que se junten que no sea este el azogue que los recoge y la liga que
los detiene».
«En estos incultos bosques tienen los naturales librada para sus dolencias la
mejor botica de simples que hay en lo descubierto, porque aquí se coge la más gruesa
cañafístola que en parte alguna, la zarzaparrilla más perfecta, las gomas y resinas
saludables más en abundancia [...] Aquí el aceite de andirova, que es un árbol, que
no tiene precio para curar heridas; aquí al de copaiba, que también lo es, no iguala
el mejor bálsamo; aquí se hallan mil géneros de hierbas y. árboles de
particularísimos efectos y hay aún por descubrir otras muchas que pudiera salir
segundo Dioscórides y tercero Plinio y todos tuvieran bien que hacer en averiguar
sus propiedades»34.
33
Nº LII, ibid., p. 127.
34
Nº XXX, ibid., pp. 99-100.
10
También nos ofrece datos sobre la vida familiar y la lengua, la dificultad de
comunicación, aunque apunta a la extensión de una lengua general, común en algunas
zonas de la costa.
«Los ritos de toda esta gentilidad son casi en general unos mesmos: adoran
ídolos que fabrican con sus manos, atribuyendo a unos el poder sobre las aguas, y
así les ponen por divisa un pescado en la mano; a otros escogen por dueños de las
sementeras, y a otros por valedores en sus batallas.
Dicen que estos dioses bajaron del cielo para acompañarlos y hacerlos bien:
no usan de alguna ceremonia para adorarlos, mas antes les tienen olvidados en un
rincón hasta el tiempo que los han menester, y así, cuando han de ir a la guerra,
llevan en la proa de las canoas el ídolo en quien tienen puestas las esperanzas de la
vitoria, y cuando salen a hacer sus pesquerías echan mano de aquel a quien tienen
entregado el dominio de las aguas; pero ni en unos ni en otros fían tanto que no
reconozcan puede haber otro mayor»35).
Y sobre la muerte:
«En el enterrar sus difuntos son varios entre sí, porque unos los tienen
dentro de sus mesmas casas, teniendo siempre en todas las ocasiones presente la
memoria de la muerte, que si con este fin lo hiciesen las tendrían sin duda más
ajustadas. Otros en hogueras grandes no solo queman los cadáveres, sino
juntamente con ellos cuanto poseyeron en vida. Y así los unos como los otros
celebran sus exequias por muchos días con continuos llantos interrumpidos con
grandes borracheras»36).
«a) El cronista Acuña llega con una crónica que contenía datos “reservados" sobre
el Amazonas cuando lo recorrió con los portugueses en 1639, partiendo de Quito.
11
c) En ello se entrecruzan mitos y leyendas sobre montes de oro, riquezas enormes y
hasta gigantes. No importó a la corona tal exageración, cuanto pretender exhibir la
exactitud de las mediciones y cálculos sobre el río tan disputado. Todo el mapa estaba
organizado corno habían planificado las misiones jesuitas del siglo XVII: tomando a la
ciudad de Quito como epicentro de las movilizaciones misioneras. Hasta llegarían a pintar
a Quito como ciudad cabecera del Alto Amazonas, insertado su escudo de armas (1541) y
otros detalles de los ríos orientales que eran de la Real Audiencia de Quito. Se agregan
otras imágenes como las torres de sus iglesias, sus volcanes activos, humeando, y es
muy importante que el mapa ofrezca detalle minucioso de los ríos que forman el
delta amazónico, inclusive el dibujo del "fuerte del Curupá”, y en nuestra crónica
enumera hasta con cuantos cañones contaba.
Acuña tuvo entonces que volver a escribir una segunda relación, eliminando de
aquella los detalles geográficos y estratégicos inconvenientes a la Corona, lo que le
obligaba a quedarse más tiempo en España. Ahora, con calma y tiempo, la
orientación de la segunda crónica será amplia y diversificada en secciones y
apostillas elegantes. Esta es la crónica oficial, la que ha venido leyendo y conoce el
mundo occidental desde los años señalados (1641, 1645). Su ficha es: NUEVO
DESCUBRIMIENTO DEL GRAN RIO DEL AMAZONAS EL AÑO DE 1639. POR LA
PROVINCIA DE QUITO, EN EL REINO DEL PERU. Madrid.
No se debe confundir esta segunda crónica con la primera, no solo por las
implicaciones de deformación histórica, sino porque la primera ha permanecido
enclaustrada en Roma, y su identidad ha sido confundida ante la conciencia
mundial. La crónica primigenia, escrita por Acuña, reza así: RELACION DEL
DESCUBRIMIENTO DEL RÍO DE LAS AMAZONAS OY [sic] RIO DE SAN FRANCO
DEL QUITO Y DECLARACIÓN DEL MAPA EN DONDE ESTÁ PINTADO. Fue
encontrada por Hugo Burgos G. en Archivium, Romanum Societatis lesu (Letras
Annuas de la Vice provincia de Quito y el Nuevo Reino en los Reynos del Peru 1605-
1669, R. et Q. 75’,-9 , Folio 274-280). El documento es manuscrito, paleografía
jesuítica de comienzos del siglo XVII (Vide: toda la Relación primigenia de Acuña es
reproducida en esta obra).
Para la historia geopolítica, las dos crónicas son válidas, pero cada una tiene
un valor independiente y autónomo, y sobre la «primera», la nuestra, descubierta
en Roma, es lo que la comunidad científica no ha conocido, y que ahora permite
12
hacer rectificaciones, no obstante los siglos de incomunicación e interpretaciones
erradas, hechas de buena fe.
6. Referencias bibliográficas:
6.1.Fuentes:
• ACUÑA, C. de, Relation de la grande riviere des Amazones dans le nouveau monde, chez la
veuve Loüis Billaine, Paris 1681, 4 vols.
• _____, Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas, A. Gonçalez de Reyes, Madrid
1683, ed. del padre Manuel Rodríguez.
• _____, Relaciones del descubrimiento del Río de las Amazonas, Impr. Instituto Gráfico,
Bogotà 1942, por José de Maldonado, reimpr. De la 1ª ed. de 1642 revisada y anotada por
Juan B. Bueno Medina.
• _____, An Historical and Geographical Description of the Great Country and River of the
Amazones in America, J. Starkey, London 1660, ed. de Blaise François de Pagan.
37
H. BURGOS GUEVARA, La Crónica Prohibida. Cristóbal de Acuña en el Amazonas, Fonsal,
Quito2005, pp. 90-94.
13
• _____ -FIGUEROA, F. de, Informes de Jesuitas en el Amazonas 1660-1684, Monumenta
Amazonica, Iquitos (Perú) 1986.
• ACOSTA, J., Historia natural y moral de las Indias, Juan de León, Sevilla 1590.
• MEDINA, E., Monografía sobre el descubrimiento del río Amazonas, Imprenta Nacional,
Bogotá 1933.
6.2. Diccionarios:
• BAYLE, C., Descubridores jesuitas del Amazonas, «Revista de Indias» 1 (1940) 121-185.
• CARVAJAL, G. de, Relación que escribió Fray Gaspar de Carvajal, en M. CUESTA (ed.),
La Amazonía. Primeras expediciones, Banco Santander de Negocios, Madrid 1993.
14
• CHANTRE Y HERRERA, J., Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el
Marañón español, Imprenta de A. Avrial, Madrid 1901.
• CIEZA DE LEÓN, P., La crónica del Perú, ed. M. Ballesteros, Historia 16, Madrid 1984.
• EGUÍA, C.-R., España y sus misioneros e los países del Plata, Madrid 1953.
• JIMÉNEZ DE LA ESPADA, M., Viaje del capitán Pedro Tejeira aguas arriba del río de las
Amazonas, Fortanet, Madrid 1889.
• LA CONDAMINE, Ch.-M. de, Journal du voyage fair par ordre du roi, Imprimiere Royale,
Paris 1751.
• LÓPEZ DE GOMARA, F., Historia general de las Indias, ed. P. Guibelalde, Orbis, Barcelona
1985.
• LÓPEZ-OCÓN CABRERA, L., Breve historia de la ciencia española, Alianza, Madrid 2003.
• MARONI, P., Noticias auténticas del famoso río Marañón, IIAP-CET, Iquitos 1988.
• MELO LEITÂO, C. de, Descobrimento do rio das Amazonas, Companhia Editôra Nacional
Brasiliana, Sâo Paulo 1941.
• ORTON, J., The Andes and the Amazon, Harper, New York 1870.
15
• PASTELLS, P., Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay según los
documentos originales, Madrid 1912-1949, 9 vols.
• PÉREZ, M.-T., El descubrimiento del Amazonas. Historia y mito, Alfar, Sevilla 1989.
• PHELAN, J.-L., The Kingdom of Quito in the Seventeenth Century. Bureaucratic Politics in
the Spanish Empire, University of Wisconsin Press, Madison 1967.
• PUIG-SAMPER, M.-A., Las expediciones científicas durante el siglo XVIII, Akal, Madrid
1991, Cuadernos Akal 28.
• RODRÍGUEZ, M., El descubrimiento del Marañón, ed. Á. Durán, Alianza, Madrid 1990.
• STORNI, H., Catálogo de los jesuitas de la Provincia del Paraguay (Cuenca del Plata 1585-
1768), Roma 1980.
• TODOROV, T., La conquista de América: el problema del otro, Siglo XXI, México 1987.
• TORRES SALDAMANDO, E., Los antiguos jesuitas del Perú: Biografías, Lima 1882.
• ULLÁN DE LA ROSA, F.-J., Los indios ticuna del Amazonas: procesos de cambio social y
aculturación, Tesis Doctoral, Complutense, Madrid 2004.
16
• VÁZQUEZ, F., Relación verdadera de todo lo que ocurrió en la jornada de Omagua y
Dorado, en La Amazonia. Primeras expediciones, ed. M. Cuesta, Banco Santander de
Negocios, Madrid 1993.
• VELASCO, J., Historia moderna del Reino de Quito y Crónica dela Provincia de la
Compañía de Jesús 1550-1685, Quito 1942.
17