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Relatos de abuelas sobre el pollo en Colombia

El documento resume las experiencias de las abuelas del autor con los pollos y la carne de pollo. La abuela materna venía de una familia adinerada donde comer pollo era un privilegio los domingos. Los pollos se traían vivos de las fincas y las empleadas los mataban. Ella tuvo un pollo de mascota una vez, pero su padre dijo que no era apropiado y se lo dio a su tía. La abuela paterna tuvo una infancia difícil y aprendió desde pequeña a matar pollos de forma experta. La carne de pollo
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Relatos de abuelas sobre el pollo en Colombia

El documento resume las experiencias de las abuelas del autor con los pollos y la carne de pollo. La abuela materna venía de una familia adinerada donde comer pollo era un privilegio los domingos. Los pollos se traían vivos de las fincas y las empleadas los mataban. Ella tuvo un pollo de mascota una vez, pero su padre dijo que no era apropiado y se lo dio a su tía. La abuela paterna tuvo una infancia difícil y aprendió desde pequeña a matar pollos de forma experta. La carne de pollo
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María Fernanda Pacavita García 202014638

Mata el pollo y pon la mesa


Para efectos del trabajo decidí entrevistar a mi abuela materna y a mi abuela paterna. A
continuación voy a dar el contexto general de cada una de ellas, para luego proceder a su
relación con los pollos y la carne de pollo. Comenzaré con mi abuela materna, que fue la
primera entrevistada.
Mi abuela materna venía de una familia (de raíces árabes bastante cercanas) muy pudiente,
con empleadas que cocinaban las comidas y limpiaban las casas. Vivía con toda su familia
hasta que se casó y no pudo acceder a la herencia, de modo que a partir de esto, ella viviría
una vida un poco más común, sin tantos lujos y preparando su propia comida. Los relatos
presentados en la entrevista corresponden al espacio temporal en el que ella aún vivía con
su familia y varía en edades desde los 10 a los 17 años. Aunque también hay alguno de
cuando ya estaba casada.
Comer pollo era un privilegio “Más que todo se acostumbraba (a comer pollo) los
domingos y días festivos. Se hacían sancochos de gallina y todo eso”, esto lo preparaba(n)
la(s) empleada(s) de su casa “Preparaba el sancocho, o el pollo sudado, según se le mandara
a hacer”. Los pollos que consumían salían de fincas criaderas de pollos que poseían por
fuera de Bogotá, traídos para el consumo humano, pues los pollos habitualmente no se
compraban en carnicerías ni nada por el estilo “Se vivía en el pueblo, pero le traían el pollo
de la finca. Así fuera en la finca nuestra u otras fincas aledañas a donde se vivía”. Tampoco
se compraba el pollo en carne ya preparado “Lo comprábamos vivo”, aunque al ser una
familia de alta clase, ningún miembro propio de esta lo mataba “No no no, yo no lo mataba.
Lo mataba la empleada”, sin embargo, en un punto de querer enseñarle a los niños como
preparar las comidas (para evitar que no supiesen hacer nada de adultos) les dejaban ver
como se mataba el pollo “Eso le torcían así, le hacían vuelta y vuelta y vuelta, y este dedo
(el pulgar) se lo ponían así (en un hueco al final de la cabeza) y jalaban. Si, se llamaba
“Esnucar””. La opinión de mi abuela materna sobre la carne de pollo es relativamente
positiva en cuanto a salud (y un poco sobre gusto) se trata “Pues que es saludable ¿no?
Porque no tiene tanta grasa… No… ¡y es agradable! Y... y nutritiva ¿no? Nutritiva.”.
Respecto a la relación con los pollos, mi abuela tenía singulares relatos que comienzan en
la inocencia de unos niños visitando las fincas que sus padres y parientes poseían
“Pequeñitos, cuando íbamos a la finca, pues éramos felices corretiándolos y… echándoles
el maíz y… y así, de resto, pues ¿Cómo podía ser? Solo cuándo… Uno interactuaba con
ellos cuando iba a la finca. A echarles el maíz, el agua… y “pio pio pio pio” y les botaba
uno el maíz y venían corriendo”.
Otro relato excelente trata de un pollo adoptado por mi abuela, que decidió tener como
mascota “Ya estaba grandecita, tenía como unos que, como unos dieciocho años. Eee... me
regalaron un pollito de… de… amarillito de esos que todavía no le habían salido las
plumitas ni nada. Entonces me lo traje para Bogotá y lo mantuve ahí en la casa” Sin
embargo, el tener un pollo en el día a día no era tan fácil para su familia, ni mucho menos
para el pollo “pero el pollito caminaba pa’ un lado, caminaba pal’ otro, entonces eso lo
María Fernanda Pacavita García 202014638

pisaban, eso lo maltrataban y todo” El sufrimiento del animal hizo que el papá de mi abuela
le pidiera que no lo tuviera más en la casa, pues según él, no era un lugar adecuado para
mantener a un animal de ese estilo. “Y mi papa dijo “no tenga ese animalito, porque
además, cuando crezca, no lo puede tener de… de mascota digamos, sino tiene que
comérselo ¿no? ¿O que va a hacer con el pollo? Entonces, como no va a ser capaz de
comérselo, no es un animal para tener así en la casa. Déselo a su tía para que lo lleve a la
finca y lo tenga allá.”” La recomendación de su padre de darle el pollo a su tía tenía una
razón más allá de tenerlo en otro lugar “Ella tenía cría de pollos.” Con mucho pesar, pero
comprendiendo la situación en la que se encontraba su peculiar mascota, mi abuela decidió
darle el pollo a su tía, pues creía que estaría en mejores manos con una persona experta en
estos animales y en su crianza. “Entonces se lo di a mi tía. Y a los ocho días que volvió mi
tía a Bogotá, le pregunté por el pollito y me dijo que un perro se lo había comido. De nada
me sirvió ni que lo tuviera aquí pisándolo, ni nada.”
Había también otra anécdota sobre el mantener a un pollo como mascota, ya viviendo de
forma independiente “Una vez ya casada, ya con los hijos… Estaban pues, pequeños ¿no?
La empleada se le vino detrás un pollo, y entonces ella dijo qué había preguntado en la
tienda… y en los alrededores que de quien era ese pollo. Nadie dijo que era de él. Entonces
lo entró a la casa, lo criamos ahí” Sin embargo, eran tiempos difíciles para la familia, y
muchas veces no había que comer. “En ese momento no había modos”. Así que no
pudieron posponer más lo inevitable “Lo sacrificamos para el almuerzo. Y después de que
mis hijos comieron y todo, entonces al rato dicen “Mamá, no he visto al pollo”, entonces le
dije yo “¿Y que comió al almuerzo mijo?” “Ayyy mamá nooo, ¿Cómo nos comimos el
pollito?” Entonces le dije “Si, nos comimos el pollito”.

Mi abuela paterna viene de Boyacá, Colombia. Tuvo una infancia muy dura, pues era la
mayor de 11 hijos y tenía que responder por el aseo de la casa, la preparación de algunas de
las comidas diarias y por todos sus hermanos y hermanas. El agua había que recogerla en
un rio cercano, con baldes y muchas veces en la noche y a oscuras. Sus padres no eran los
más atentos y considerados, una cosa mal hecha significaba un regaño, y un regaño
significaba un golpe. “Allá era a usted la mandan a hacer algo y para eso le decían “abra los
ojos”. Que van a hacer tal cosa, “abra los ojos” ¿sí? Si no puso cuidado, a usted le toco el
día que le toco” los Desde pequeña aprendió a matar pollos y gallinas.
Hablar con ella sobre como matar un pollo, era como leerse un manual completo con cada
una de las especificaciones “Se coge, se tiene un ratico por ahí, como pa’ que repose
tantico, si es que hay tiempo, y luego se coge con la mano izquierda de las patas y con la
mano derecha del pescuezo, entonces a veces uno lo pone sobre la rodilla, así como pa’
doblar.” También es experta en las cosas importantes que se tienen que hacer para un
asesinato exitoso del pollo “Para que muera tiene que despegarle lo que llaman el
guacharaco, ósea, la columna del pollo. Hay gente que le arranca el pescuezo con cuero y
todo, pero eso no es así, uno tiene que calcular para que esgonce. Cuando totee ese
pedacito, que uno sienta que toteó, ahí es donde se coge de las patas y se levanta para que
María Fernanda Pacavita García 202014638

comience a aletear y a aletear, y toda la sangre se baja al pescuezo, y esa es la forma para
que toda la carne quede blanca, quede bonita. A eso se le llama desangrar el animal.”
Mi abuela sabe, además de esto, como hacer para tener un pollo bien preparado “Son dos
cosas importantes, desangrar el animal y sacarle la hiel. Si usted no le saca la hiel, que es
algo que uno tiene junto al hígado, por decir en nosotros la vesícula. Si rompes la hiel, pues
todo se amarga, se daña, se pierde todo. Lo mismo que si usted no sabe sacarle las tripas o
el buche”. Tnemos toda una lista de instruccioes para hacer el proceso en el que un animal
y ser vivo se convierte en un pedazo de carne sin rastro de que hubiese algo más que
comida en él. “Dependiendo del animal. Si el animal es tierno, no sirve ponerlo en agua tan
caliente porque se le cae el cuero. Si el animal es viejo, como un gallo, una gallina dura, si
tiene que estar ya a punto de hervir y la mete usted y luego la coge de las patas y deja que el
agua le coja las alas, que es lo más difícil de desemplumar, y el rabo. Se le quita el hollejo
de las patas con el agua en el fogón”
La carne de pollo era muy escasa en el hogar de mi abuela, y casi nunca comían algo por el
estilo “Ah, no mamita, cada vez que caía un chulo. En mi casa no era muy frecuente. Se
daba cuando venía visita y la comida ni siquiera era para nosotros, sino para la visita”. Los
pollos y las gallinas las conseguían ellos mismos “No teníamos criadero de gallinas, pero
teníamos ahí como 10 gallinas y uno o un par de gallos para que fecundaran” Al ser la
mayor, ella era la encargada de matar los pollos y las gallinas para su pronto consumo “Mi
madre hacia estirar ese pollo como un jediondo” La forma de preparar el pollo era muy
utilizada “Generalmente la gallina se ponía a cocinar y se hacía sancocho con plátano, yuca,
papa., se hacía arroz y se servía con la porción de arroz” pero se preparaban diferente los
pollos y las gallinas “Cuando era gallina, se hacía sancocho, y cuando era pollo, se hacía
sudado”.
Las experiencias de mi abuelita y su relación con estos animales se resumía a darles de
comer “¿Mi relación? Pues era buena, pues porque me querían. ¿No ve que yo era la que
les daba de comer?” Por otro lado, ella era la encargada de velar por el nacimiento de los
pollitos más débiles “A mí me daban el ultimo huevo, el que no tenía fuerza pa’ nacer.
Entonces yo lo envolvía en un trapo caliente, lo ponía al sol, y lo cuidaba hasta que nacía.
A mi casi todos me salían hembras. Y eso era un privilegio, el que a uno le saliera hembra
era una bendición, pues porque podía dar cría.”
Su opinión sobre la carne de pollo es muy coherente con la apropiación de las costumbres
Colombianas, en el sentido de que cree que hace parte fundamental de la alimentación
cotidiana “Es parte de la proteína. Eso es algo que usted su plato, normalmente el plato
colombiano lleva arroz, lleva una harina, lleva su ensalada o lo que sea y lleva una proteína.
En este caso, el pollo es muy frecuente en la alimentación de los colombianos. Es como
más apetecida.”
Comparar estas dos personas en torno a su relación con la carne de pollo me hace pensar
muchas cosas. Y es necesario decir que la mayoría de mi análisis va a ser centrado en las
diferencias debido al estatus socio-económico de mis abuelas, ya que es el aspecto más
diferenciado con el cual podemos seguir el hilo del tema a tratar.
María Fernanda Pacavita García 202014638

Hay cierta jerarquía o subordinación con las personas que matan los pollos y con las
personas que se lo comen. Para los ricos, era muy frecuente comer pollo, pero para los
pobres, esto era un privilegio otorgado a sus invitados o a su familia en ocasiones
especiales. También parecen ser los pobres (o personas que les sirven a los pudientes, como
las empleadas) los que matan a los pollos, pues esto no era previsto para los de alta
sociedad. Por otro lado, también hay que ver que mientras la parte más rural (como la zona
en la que vivía mi abuela paterna) tenía a los pollos en su propiedad, la parte que vivía en
las ciudades o tenía cierto estatus económico (como la familia de mi abuela materna) los
sacaba de propiedades que tenían a su nombre, pero que no eran los lugares en los que
vivían. También es importante observar con detenimiento que la relación entre las personas
es muy diferente, pues en un pueblo como Boyacá, solo se tiene tiempo para seguir
ordenes, y estas enfatizaban en hacer lo estrictamente necesario para obtener comida de los
animales que se tenían. Mientras que en la ciudad, se tomaban otros aspectos como el
entretenimiento y el poder encariñarse con los animales que coexistían con las familias, ya
sea por tirarles algo de maíz y corretearlas, o por tenerlas como mascotas casuales.
El conocimiento de mi abuela materna acerca de cómo matar un pollo, se reduce a “pasarle
un palo de escoba por la garganta” o dejar que la empleada lo prepare, mientras que mi
abuela paterna tiene todo un repertorio de formas para matar a estos animales, ya sean
carnes tiernas como el pollo, o carnes duras como el gallo o la gallina. Esto se debe en
parte, claramente, por la práctica que tienen en este tema. Esto por algo que ya explicaba mi
abuela paterna anteriormente, que es que en un pueblo como en el que ella vivía, con una
situación económica y familiar como la que ella tenía, era necesario prestar atención a todo
lo que hacían los adultos y a la forma en la que lo hacían, pues en algún punto llegaban a
pedirle a los niños que lo hicieran, y estos ya tenía que saber cómo hacer todo.
Me parece muy interesante la experiencia de mi abuelita materna estando ya casada y con
hijos. Me hace pensar mucho en que tan rápido podemos convertir a un animal de compañía
en nuestra próxima comida. Muy seguramente, ni una cuarta parte de las personas que
tienen una mascota, pensarían siquiera en comerse a su compañero de 4 patas; sin embargo,
creo que si se les dice que se trata de pollos o gallinas, sería más fácil de entender. Creo
fielmente que esto se debe a la cultura que nos envuelve y a lo que llegamos a denominar
un “animal de compañía” y un “animal para consumo”. En otros países (como la India por
ejemplo) se ven a las vacas como un animal sagrado y de buena suerte; y mientras que acá
comer carne de res es algo del día a día, allí es una barbaridad. También hay una pequeña
“franja gris” aquí, y es que hay animales para consumo humano, pero es un consumo no
necesario, pues no necesitan de este para poder sobrevivir. Es decir, mi abuela materna se
comió a su pollo mascota, pero era porque la situación económica era tan difícil, que tuvo
que sacrificarlo para poder asegurar su supervivencia y la de sus hijos, que era lo más
importante para ella en su momento. Sin embargo, hay otros animales que se suele matar
para usar sus pieles como nueva moda, lo cual no es para nada necesario. Estaríamos
entonces hablando, de que en términos de supervivencia solo es necesaria la matanza de
animales que nos sirvan como fuente de alimentación o para suplir algún otro elemento
María Fernanda Pacavita García 202014638

básico en nuestra existencia. Pero si esto es cierto, ¿Está entonces justificada la matanza de
animales para consumo de carne?

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