SEMINARIO CONCILIAR DE TUNJA
HISTORIA DE LA IGLESIA CONTEMÓRÁNEA
ESTUDIANTE: WILMAR YESID RAMOS RAMÍREZ. CURSO: IV DE TEOLOGÍA
LA MASONERÍA
La Masonería, organización iniciática integrada dentro de la gran corriente del
Hermetismo, remonta sus orígenes históricos a la época de los constructores medievales,
conocidos como los free-masons o franc-masones (los “albañiles libres”), si bien éstos
eran depositarios de una herencia mucho más antigua, como atestiguan las propias
leyendas masónicas con genealogías que se remontan a la construcción del Templo de
Salomón, e incluso mucho más allá, a los tiempos antediluvianos y primordiales.
Una de las leyendas más importantes de la francmasonería atribuye a Hiram Abif, mítico
arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, el origen mítico de la orden masónica.
Los franc-masones eran llamados así por estar exentos del impuesto de franquicia, lo que
les permitía viajar y practicar su oficio con total libertad, aunque si se quiere ir al fondo de
las cosas hemos de admitir que por encima de ese aspecto exterior el antiguo masón era
libre porque el ejercicio de su arte, el Arte Constructivo, emanado de la Ciencia Sagrada,
lo llevaba al desarrollo de todas las potencias de su ser, y no existe a nivel humano mayor
libertad que la que conlleva el conocimiento de lo que en realidad somos.
En efecto, los símbolos masónicos se refieren a un conjunto de ideas relacionadas
directamente con el conocimiento de la Cosmogonía, y por tanto del hombre, pues éste es
un cosmos en pequeño, un microcosmos. Precisamente los antiguos constructores
consideraban al Cosmos (con sus distintos planos o niveles: celeste, intermediario y
terrestre) como su modelo simbólico por excelencia, y para levantar sus edificios imitaban
las estructuras de ese modelo, reveladas sobre todo a través de las formas geométricas,
entre las que destacan el círculo y el cuadrado, símbolos respectivos del Cielo y la Tierra.
Esas formas y estructuras simbólicas siempre responden a unos arquetipos universales, a
unos principios que son coetáneos con cualquier tiempo o circunstancia histórica o
personal, por lo que pueden ser actualizados en cualquier momento, aquí y ahora.
La Masonería no es una religión, como pueda serlo la cristiana, la judía o la islámica, sino
una organización iniciática que entrega al hombre los medios y los conocimientos
necesarios para su perfeccionamiento como ser humano. Se puede decir, que la
Masonería es una Ciencia y un Arte, y su Principio Supremo se manifiesta como la
Inteligencia que organiza el Cosmos, el Templo Universal, de acuerdo al plan ideal
concebido en su Sabiduría, que como se lee en el Libro de la Ley Sagrada “todo lo
dispuso en medida, número y peso”. Esto nada tiene que ver con un dios religioso al que
se tenga que «adorar», como si se tratara de algo que está fuera del hombre y no
constituyera su esencia misma. Como dice a este respecto René Guénon:
El símbolo del Gran Arquitecto del Universo no es la expresión de un dogma, y si se
comprende como debe serlo, puede ser aceptado por todos los Masones, sin distinción de
opiniones filosóficas, porque esto no implica por su parte el reconocimiento de la existencia
de un Dios cualquiera.1
No es, por tanto, la adscripción a un “dogma” religioso lo que se pide a quien entra por
primera vez en el templo masónico, pues de los símbolos allí presentes no se desprende
ninguna enseñanza de ese tipo. No se trata de “creer” en el símbolo, sino de
comprenderlo, pues en la medida en que lo comprendemos y nos penetramos de su
significado profundo seremos uno con la idea que lo conforma. El masón toma al símbolo
como vehículo de Conocimiento y no como un objeto de “culto”, pues sabe que no hay
que confundir al símbolo con lo que éste simboliza.
Algunas características de los masones:
La Masonería reconoce la existencia de Dios, a quién llama; “Gran Arquitecto del
Universo” la inmortalidad del alma y la inviolabilidad de la persona humana. Estos
puntos son esenciales para cimentar la confraternidad entre la familia masónica.
El amor al prójimo y el ejercicio de la caridad son las prácticas más usuales y
corrientes dentro de la Institución.
Los masones combaten el fanatismo, la ignorancia, la hipocresía y la mentira;
dentro de sus Templos (casa donde celebran sus reuniones) desaparecen las
categorías y fastuosidades de la vida profana, (o del mundo) convirtiéndose en
una sola familia Y llamándose HERMANOS.
La Masonería trabaja por el mejoramiento material y moral, y por el
perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad. Tiene por principio la
tolerancia mutua, el respeto de sí mismo como de los demás, la libertad absoluta
de conciencia y el culto de cualquiera religión, o de ninguna, puesto que está
basada en la Moral Universal.
El masón, tiene el deber de ayudar y proteger a su hermano en cualquiera
circunstancia, llegando a exponer su vida, si fuera preciso, para defenderle contra
la injusticia. Para solicitar auxilio o socorro, tienen los masones constantemente
abiertas las puertas de las Logias y las casas de todos los afiliados a la Orden.
La Masonería, considera el trabajo como uno de los deberes esenciales del
hombre; teniendo muy presente que la virtud no puede reinar allí donde domina la
pereza.
Las admisiones en la Masonería deben ser muy seleccionadas; toda presentación
será materia de un detenido estudio por parte del masón que la haga. Toda
admisión está sometida a votaciones, en las cuales tienen derecho a tomar parte
cuantos masones se hallen presentes, sean o no miembros activos de la Logia
donde aquéllas se verifiquen, exigiéndose únicamente que sean regulares.
El Templo Masónico, es el edificio donde existe la Logia y dentro de él hay
instaladas otras oficinas que son necesarias para las ceremonias que los masones
ejecutan en sus diferentes trabajos. Comúnmente a la misma Logia la llaman
1
“A propos du Grand Architecte de l’Univers”, artículo perteneciente al volumen II de Etudes sur la Franc-
Maçonnerie et le Compagnonnage.
Templo y tan corriente se ha hecho esta costumbre que hasta en los documentos
oficiales se emplea esta designación.
En el Templo, como he dicho, hay otros locales; entre ellos son indispensables: la
Sala de Pasos Perdidos, el Cuarto de las Reflexiones, el Salón de Banquetes, la
Secretaría y Biblioteca. Puesto que cada local tiene su nombre propio, es lo
natural que a la Logia no se le llame Templo.
La masonería no es una sociedad secreta, sino que es discreta y con algunos
secretos que son revelados a sus miembros a medida que éstos progresan. En lo
que se refiere a las actividades de las logias, éstas son discretas. Con respecto al
secreto, existen dos tipos de secretos prioritarios, uno de ellos asociado con el
reconocimiento, las palabras de pase, los toques al saludarse y las respuestas a
preguntas específicas para poder ingresar a la orden. Estos elementos forman
parte del conocimiento esotérico que sólo se transmite en el interior de la
institución y a quienes han alcanzado el conocimiento y el reconocimiento de sus
iguales para llegar ahí. El otro tipo de secreto es ritual y personal: es el
conocimiento que cada miembro de la logia va adquiriendo de sí mismo conforme
aprende. Es una experiencia personal que por definición no puede transmitirse a
nadie más.
En conclusión:
La “masonería”, que es un movimiento ideológico organizado en “logias”
o grupos caracterizados por su carácter filantrópico y sus creencias en
la igualdad humana, siendo teístas (creyentes en un dios personal y providente, creador y
conservador del mundo) la mayoría de sus miembros. Practican una iniciación con
grados, se dedican especialmente a estudios filosóficos y tienen
como símbolos característicos instrumentos de albañilería y arquitectura, como por
ejemplo la escuadra y el compás. Pese a que se arguyen diversos orígenes legendarios y
remotos para la masonería, ésta realmente aparece cuando se formaron las cofradías y
hermandades de constructores en la Edad Media, las cuales posteriormente se
transformaron en organizaciones especulativas destinadas al estudio, la discusión y el
fomento de sus ideales dentro de la sociedad.
Por lo tanto, la masonería tal cual hoy la conocemos se inició a finales del siglo XVII y
tuvo su punto álgido en los siglos XVIII y XIX, siendo secreta la pertenencia a sus logias al
menos al principio. El movimiento masónico se extendió mucho y con rapidez en el
occidente europeo, influyendo considerablemente en la Revolución Francesa y en
innumerables causas ideológicas y políticas del siglo XIX. El catolicismo y el islamismo
pronto se consideraron amenazados por la expansión masónica y reaccionaron
condenándola bajo la acusación de propagar las ciencias ocultas y el satanismo, algo que
posteriormente se ha visto carente de fundamento en general, siendo más bien el recelo
religioso malintencionado la causa de dichas condenas. También, las monarquías
absolutistas y las dictaduras de los siglos XIX y XX, aparentemente influidas en buena
parte por la iglesia católica, sintieron desconfianza hacia la masonería y hasta llegaron a
perseguirla con dureza y crueldad.
BIBLIOGRAFÍA
GABRIEL DE LA GALÁ, La Masonería, (Logías Masónicas), Imprenta y Litografía
Esmeralda, 1901. Santiago de Chile.
FRANCISCO ARIZA, La Masonería (Símbolos y ritos). Colección dirigida por Raúl
Herrero. Biblioteca Golpe de Dados.
MGR. LEON MEURIN, S, J. Simbolismo de la Masonería. Biblioteca de Filosofía e
Historia, NOS, Madrid, 1957.