Guerra Económica: Realidad Social y Económica de Venezuela
En la coyuntura actual; específicamente a partir de 2014, han surgido
males como la corrupción expresada en la Guerra Económica; con la puesta
en escena de este concepto oficial, sinónimo de (acaparamiento, boicot,
bachaqueo o contrabando de extracción y bachaqueo domestico), y el
conjunto de medidas para combatirla (forzar la venta a precios regulados,
captahuellas, días de compra por número de cédula, prohibición de envío de
alimentos y medicinas por correo o transporte público o privado, registro en
farmacias para adquirir medicamentos para enfermedades crónicas; entre
otras), se configuró un nuevo escenario para la evolución de la corrupción.
La escasez de bienes (especialmente alimentos regulados,
medicamentos y repuestos) y las crecientes dificultades para acceder a lo
poco que hay (con el componente añadido de la especulación y el eventual
acaparamiento), ha creado en la gente común una necesidad material y
psicológica que los convierte en compradores compulsivos e itinerantes y
que se expresa en las colas frente a los automercados y farmacias. Pero
también ha creado nuevas formas de organización social, algunas de las
cuales van mucho más allá de la necesidad real de obtener los bienes
escasos.
Así, localizamos en las colas a una fauna de nuevos personajes: el
facilitador que genera “caminos verdes” para obviar la espera; el vendedor de
cupos para acceder a los productos; el manipulador de las “captahuellas” y
los números de cédula; el “campanero” que ha creado su propia red de
asociados, para anunciar la llegada de ciertos productos; el proveedor de
cédulas falsas para facilitar el acceso al negocio. Asociados a estos
personajes, algunos de los cuales son funcionarios policiales o de seguridad,
se encuentra una red de empleados de establecimientos y “cuidadores”.
Todos ellos obtienen en el proceso, algunos beneficios económicos por la vía
del “cobro por favores recibidos” o bien en forma de productos mismos.
Encontramos aquí una nueva forma social de corrupción, a la cual hay
que agregar, ahora, a los denominados “bachaqueros”. Los bachaqueros
son, esencialmente, contrabandistas o comerciantes informales organizados,
que han sido estimulados por el enorme diferencial de precios de los
productos en los países vecinos (entre 10 y 20 veces el precio regulado, no
incluida la gasolina donde el diferencial es mucho mayor), pero también a lo
interno (entre 3 y 5 veces el precio regulado), por la escasez.
Estas nuevas formas de organización social, permiten a un sector de la
población, generalmente gente del pueblo, obtener beneficios económicos a
través de modalidades de comercio que involucran todo tipo de acciones
poco éticas e ilegales, pero altamente rentables, especialmente cuando
cuentan con la complicidad de funcionarios públicos. De nuevo, el mal
ejemplo y la impunidad hicieron su tarea y convirtieron la crisis social y
económica en un mecanismo que llevó la corrupción a los estratos que,
hasta ahora, habían sido solo espectadores.
En este sentido, la Guerra económica es un “cóctel” de varios
fenómenos económicos, que en su esencia son complejos, veamos algunos
a continuación: Sectores productivos nacionales ineficientes y su
dependencia de las importaciones:
Poca producción de bienes y servicios a nivel nacional, por tanto, alta
dependencia de los importados, aunado a sectores productivos privados que
NO acompañan el ritmo de crecimiento de la demanda y generan la escasez,
el acaparamiento y la especulación del Mercado Negro de los productos
regulados por el Gobierno Nacional.
Un Ahorro Nacional que no encuentra vías para financiar la producción
nacional. No hay motivación al Ahorro Nacional, a invertir en instrumentos
financieros, bancarios o en sector vivienda. La clase profesional ve cada vez
más alejada la posibilidad de invertir en una vivienda, trasladándose a
sectores especulativos como compra de vehículos o compra de dólares en el
“mercado negro”. Y, en el caso de los de menos recursos, lo resguardan por
medio de las compras nerviosas de electrodomésticos, equipos tecnológicos
(teléfonos inteligentes, laptops, tabletas, televisores) y otras manufacturas
importadas.
Problemas de control en el sistema cambiario nacional (Control de
Cambio desde el 05 de febrero de 2003).
Secuelas dejadas por el ajuste cambiario de febrero de 2013.
Corrupción en el sistema de control de precios de los bienes y servicios
(SUNDESS) y en el de asignación de divisas (CENCOEX)
Como consecuencia de ese cóctel, una inflación acumulada a
septiembre de 2013 de 38,71% y anualizada del 49,37% (Fuente: BCV); y
un valor referencial del dólar en el mercado paralelo de más de cinco veces
el valor oficial (referenciado por el dólar Simadi a Bs. 13,5/US$).
Evidentemente, esto genera unas expectativas de futura inestabilidad que
hace que las reservas internacionales se vean amenazadas, incrementando
el riesgo de la fuga de capitales a pesar del control cambiario.
Para afrontar el panorama anterior, el Gobierno revolucionario debe ir
cambiando la estrategia de dedicarse sólo a asignar las divisas generadas
por la renta petrolera al sector empresarial privado en el mediano y largo
plazo sin exigirles nada a cambio, y por el contrario, exigirles una política de
reversión y fortalecimiento del aparato industrial para dar fin a ese problema
estructural de dependencia de tecnologías e insumos importados.
En ese sentido, el Gobierno debe plantear un debate nacional sobre la
ineficiencia de esos sectores empresariales tradicionales de generar su
propia independencia económica, tecnológica y financiera dentro del país,
haciendo un llamado a los verdaderos productores con espíritu de innovación
e invención, que quieran invertir la renta petrolera en Venezuela y no en
otros países.
Por ejemplo, se podría convocar a un encuentro nacional de
productores innovadores de tecnologías en maquinarias y equipos, métodos
y procesos productivos, con la finalidad de ir creando las verdaderas redes
de producción de bienes y servicios nacionales, y así dar pasos firmes para
terminar con la Guerra Económica existente con los sectores empresariales
privados “politizados”, que están afectando directamente a los consumidores,
que en fin, son todas las familias venezolanas.
Se está consciente que es un camino largo y difícil por recorrer pero
¡hay que comenzarlo ya!, o seguiremos siendo aquel país monoproductor,
con altos ingresos y poca producción de bienes y servicios.