LUEVANO VILLA CÉSAR ALEJANDRO 4°A T/V ESTUDIO DE CASO DE
INSTITUCIONES JURIDICAS III
Relatoría de Conferencia Magistral “Legítima defensa, características
técnicas” por el Mtro. José Luis Ramos Rivera.
El video de la conferencia me gustó mucho porque habla de la increíble complejidad
de la legítima defensa la cual conlleva a consecuencias lamentables. El caso que
nos ocupa este semestre sobre Yakiri Rubio, una mujer que en legitima defensa
asesino a su agresor y fue culpada de homicidio doloso me hace preguntarme
¿Cuáles y qué tan eficaces son los criterios para argumentar legítima defensa en
nuestro País? es posible sostener la hipótesis de que, sin duda, al interpretar
rígidamente los criterios para argumentar legítima defensa, numerosos casos en los
cuales debería aplicar esta causa de justificación del delito son excluidos y esto
implica sentencias injustas para individuos inocentes. Para comenzar, es pertinente
definir el concepto de causas de justificación del delito —con base en la
publicación Causas de justificación en nuestro ordenamiento penal de la académica
Esther Hava García— como: aquellos motivos que eliminan la posibilidad de que un
acto típico sea considerado como delito y, en consecuencia, el carácter punible del
mismo. Ahora bien, para fines de este ensayo, y siguiendo el artículo 15 del código
penal federal, el concepto de legítima defensa será definido como una causa de
justificación que excluye de la responsabilidad adquirida al cometer un delito,
siempre y cuando una acción sea realizada con la intención de repeler una agresión
real, actual o inminente, y antijurídica, que atente contra los bienes jurídicos propios
o de un tercero; que cumpla con los factores de necesidad y racionalidad; y que ésta
no medie provocación dolosa. Una vez definido el concepto de legítima defensa es
de suma importancia desglosar y analizar la definición para determinar cuáles son
los criterios que causan mayor controversia al momento de argumentar y dictar
sentencias respecto a esta causa de justificación. El primer criterio que será
analizado es el que establece que la agresión debe ser real, actual o inminente.
Esto significa que la agresión forzosamente tiene que existir; no puede ser subjetiva
o imaginativa. La agresión cumple con el criterio de actualidad e inminencia cuando
ésta se encuentra activa; esto es, desde que el agresor comienza a realizar
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acciones con el fin de lastimar el bien jurídico, hasta que la agresión ha cesado ya
sea porque ésta ha cumplido su objetivo o porque ha sido detenida por medio de la
defensa inmediata. Existen dos maneras de violar el criterio de actualidad de la
agresión que establece legítima defensa y determinar cuál de las dos fue la que
utilizó la presunta víctima, implica un alto grado de subjetividad. La primera manera
de violar el criterio mencionado con anterioridad es la defensa putativa, que, con
base en el libro Dolo, error y eximentes putativas de Tozzini, es definida de la
siguiente manera: “Es aquella situación en la que un sujeto obra en contra de otro
que cree es su agresor, el que, en verdad, no le ataca ilícita, grave o
inminentemente, siendo en consecuencia, el agredido imaginario el verdadero
agresor”. Esto implica que la supuesta víctima debe de creer de buena fe que está
ante una agresión real y que, al momento de realizar la repulsión de la presunta
agresión, su principal objetivo sea proteger su integridad y no lastimar al presunto
agresor. Dicho esto, es posible deducir que, como la intencionalidad del individuo
no era lastimar al presunto agresor y creía firmemente que de no hacerlo su
integridad corría peligro, la acción constituye un error de malinterpretación de los
hechos y, por lo tanto, no será punible siempre y cuando en efecto haya considerado
erróneamente la existencia de una agresión. Por el contrario, si la defensa continúa
aun después de que el agredido esté consciente de que la agresión ha cesado, la
víctima de agresión incurre en la segunda manera de violar el criterio de actualidad
e inminencia. Ésta es conocida como exceso extensivo de la legítima defensa y es
definido por Miguel Ontiveros Alonso como la infracción en la que incurren los
sujetos activos de la defensa cuando ya no existe el elemento de inminencia o
actualidad de la agresión, es decir, continuar ejerciendo la defensa después de que
la agresión ha concluido. Por lo tanto, aquellas acciones que encajen en el exceso
extensivo no podrán ser catalogadas como legítima defensa. Esto es debido a que,
al continuar la defensa intencionalmente después de que la agresión ha cesado,
ésta no es real ni actual y la supuesta defensa es en realidad una agresión punible
(delito). Consecuentemente, el criterio que establece que la agresión debe ser real,
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actual o inminente, implica un alto grado de subjetividad para determinar cuál de las
dos violaciones incurre; puesto que para catalogar las acciones del sujeto en el
exceso extensivo de la defensa legítima o en la defensa putativa, el único factor
determinante es si el individuo consideraba que la agresión aún era vigente y
representaba un peligro o si continuó la defensa con el único fin de lastimar al
agresor. Debido a lo anterior, la víctima o presunta víctima según sea el caso, puede
realizar acciones que encajen con la definición de exceso extensivo y, sin embargo,
argumentar durante su juicio que consideró que la agresión seguía vigente y que,
de no haber continuado la defensa, ésta representaba un grave peligro para su
integridad. Esto con el fin de eliminar el factor de punibilidad y evitar una sentencia
condenatoria en su contra. Aun así, aunque el individuo utilice el argumento
mencionado con anterioridad, los hechos del caso serán analizados por un juez;
pero a final de cuentas, el juez no podrá dar una resolución totalmente objetiva del
caso ya que no puede determinar qué es exactamente lo que el individuo pensaba
en el momento en que los hechos se llevaron a cabo. Es necesario percatarse de
que existen un sinfín de variables que no deben ser omitidas para deducir qué fue
lo que realmente sucedió en cada caso y, de este modo, dictar la sentencia más
justa y objetiva posible. Ahora bien, en caso de que la violación incurrida
definitivamente sea el exceso extensivo de la legítima defensa, es pertinente
preguntarse si la acción debería ser punible puesto que, al encontrarse en una
situación de peligro, interviene el instinto de supervivencia e impide que la víctima
piense o actúe racionalmente. Consecuentemente, es posible que la defensa
continúe después de que la agresión haya concluido por el efecto de adrenalina y
el estado irracional en el que la víctima se encuentra. Por lo tanto, es necesario
reflexionar si es posible solicitarle a un individuo que reaccione de manera racional
cuando su integridad peligra. En contraposición, tampoco debe descartarse la
posibilidad de que el exceso extensivo puede ser un indicio de motivos personales
que conlleven a crímenes dolosos. Total, incluso cuando ha sido determinada la
falta que ha sido incurrida, es sumamente complejo dictar una sentencia justa al
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interpretar rígidamente los criterios para argumentar legítima defensa ya que
pueden omitirse factores determinantes del caso que involucren la subjetividad de
los actores de este. Para continuar, serán analizados los siguientes criterios: la
racionalidad de la defensa y la intencionalidad de la víctima. Con frecuencia, el
criterio de racionalidad es confundido con la proporcionalidad de las acciones al
momento de su interpretación y esta equivocación puede conllevar consecuencias
jurídicas lamentables al momento de dictar sentencias como será demostrado más
adelante. La proporcionalidad —según lo establecido en la publicación del bufete
de abogados Rodríguez Menéndez— implica que la defensa sea de la misma o
menor magnitud o intensidad que la agresión; por lo tanto, no solo el medio utilizado
para llevar a cabo la defensa, sino también el bien jurídico al que será dirigida, deben
ser de igual o menor intensidad o valor que los que utiliza o atenta perjudicar
respectivamente el agresor. En cambio, según Esther Hava García en el blog
Derecho en Red, la racionalidad exige que la repulsión llevada a cabo por la víctima
no sólo sea suficiente para hacer cesar la agresión, sino también procure en todo
momento causar el menor daño posible al agresor. En contraste con la
proporcionalidad, la racionalidad no exige que el medio utilizado para llevar a cabo
la defensa, ni el bien jurídico al que ésta va dirigida, sean de igual o menor
proporción a los utilizados o atentados por el agresor. Por ejemplo, es posible que
la repulsión de la agresión atente contra la vida del agresor cuando éste está
intentado privar de la libertad sexual a la víctima, siempre y cuando dicha acción
represente su último recurso o sea el único que racionalmente haga cesar la
agresión. Según Miguel Ontiveros Alonso, la proporcionalidad es un factor
determinante en las causas de justificación, pero no pertenece a la legítima defensa
sino al estado de necesidad. Por lo tanto, es de suma importancia aclarar que la
legítima defensa debe tomar en cuenta estrictamente el carácter de racionalidad y
no exige la proporcionalidad de la defensa. Al eliminar las malas interpretaciones de
los jueces y aclarar las diferencias entre los dos criterios, será posible impedir que
más personas inocentes sean víctimas de la errónea interpretación del criterio de
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racionalidad al momento de argumentar legítima defensa. Por su parte, el criterio de
intencionalidad también representa un grave problema al momento de argumentar
legítima defensa. Como han establecido algunos tribunales: La legítima defensa
requiere subjetivamente el reconocimiento de la situación de defensa y la finalidad
de defenderse, pues en todas las causas de justificación la intención del autor debe
coincidir con la proposición permisiva como única forma de eliminar el desvalor de
la acción. Entonces, para que la víctima de una agresión pueda argumentar que
actuó en legítima defensa, ésta debe haber tenido forzosamente la intención de
realizar una acción voluntaria que repeliera e hiciera concluir la agresión a la que
estaba expuesta. De lo contrario, si por algún motivo involuntario la víctima hace
cesar la agresión, dicha acción involuntaria no califica como legítima defensa y es
catalogada como una agresión. Esto pudiera no parecer justo ya que, incluso si la
repulsión de la agresión fue llevada a cabo sin dolo, no cabe duda de que la víctima
se encontraba expuesta a una agresión que podría incluso representar un grave
peligro para su vida y que la acción que llevó a cabo (intencionalmente o no) le
brindó la protección necesaria para impedir ser lastimada.
En conclusión, con base en los argumentos teóricos y empíricos surgidos tanto de
la investigación, como del análisis del video que permiten ejemplificar los errores
frecuentes incurridos al momento de interpretar si los criterios para argumentar
legítima defensa fueron cumplidos, es posible afirmar que, sin lugar a duda, al
interpretar rígidamente los criterios para argumentar legítima defensa, numerosos
casos en los cuales las víctimas de agresiones deberían ser excluidas de
responsabilidad penal, son erróneamente sentenciadas con penas que no merecen.
Así las cosas, es necesario analizar cautelosamente todas las variables en los
distintos casos que involucren esta causa de justificación y evitar la rígida
interpretación de sus criterios para que sus resoluciones sean lo más justas
posibles. En ninguna circunstancia, individuos inocentes deberían ser sancionados
por defender debidamente su integridad.