UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América
EL SECRETARIO DEL DESPACHO
DON ANTONIO DE UBILLA Y MEDINA.
SU VIDA Y OBRA (1643-1726)
ADOLFO HAMER FLORES
CÓRDOBA
2013
TITULO: EL SECRETARIO DEL DESPACHO DON ANTONIO DE UBILLA Y
MEDINA. SU VIDA Y OBRA (1643-1726).
AUTOR: ADOLFO HAMER FLORES
© Edita: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba.
Campus de Rabanales
Ctra. Nacional IV, Km. 396 A
14071 Córdoba
www.uco.es/publicaciones
[email protected]
EL SECRETARIO DEL DESPACHO
DON ANTONIO DE UBILLA Y MEDINA.
SU VIDA Y OBRA (1643-1726)
Tesis presentada para la obtención del título de Doctor por
D. ADOLFO HAMER FLORES
Realizada bajo la dirección del
Dr. D. JOSÉ MANUEL DE BERNARDO ARES
Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba
Departamento de Historia Moderna, Contemporánea y de América
Facultad de Filosofía y Letras
UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA
2013
Tesis doctoral realizada gracias a una beca de la
Fundación Ramón Areces durante los años 2006-2010
Con mi más sincero agradecimiento
para todas aquellas personas con cuya
ayuda ha sido factible la realización del
presente trabajo y, de manera especial, para
D. José Manuel de Bernardo Ares, impulsor
de esta tesis doctoral, sin cuya inapreciable
dirección no hubiera sido posible su
elaboración.
«Como historiador de César soy contemporáneo
de César. Cuando un hombre está muerto, el
mundo le ha juzgado, y mi juicio no importa; pero
el mero hecho de que estoy reconsiderando su
historia prueba que no ha muerto, que el mundo
no ha emitido todavía su juicio… El pensamiento
es vida, y por consiguiente el historiador nunca
puede ser imparcial».
(Robin George COLLINWOOD, Ensayos sobre la
filosofía de la Historia…, p. 54).
«Una sola es la nobleza, y esta es la virtud; y en
ella tiene su eminencia, y aun su esencia, toda
honra y verdadera nobleza, resplandor insepa-
rable de la honestidad».
María Luisa de PADILLA MANRIQUE Y ACUÑA, Idea
de Nobles y sus desempeños…, p. 63.
AGRADECIMIENTOS
Concluido el largo recorrido que se emprende cuando se decide iniciar las
labores de realización de una Tesis Doctoral, ha llegado el momento de dar
cumplida cuenta de los agradecimientos. En primer lugar es obligado
mencionar a la Fundación Ramón Areces, pues gracias a su apoyo,
concretado en una beca predoctoral, este trabajo puede ver ahora la luz.
Asimismo, también quiero expresar mi gratitud a su director, el Dr. D.
José Manuel de Bernardo Ares, quien siempre ha mostrado la mayor
disponibilidad en cuantas consultas le he realizado y cuya atenta y
constante orientación ha tenido un papel de primer orden en todo lo
plasmado a lo largo de la investigación que el lector tiene en sus manos.
Los aciertos que en ella se contienen son deudores de su inestimable
magisterio, siendo todos los errores responsabilidad únicamente de quien
suscribe estas líneas.
Igualmente, me gustaría dedicar unas palabras de reconocimiento a
todos aquellos profesores que a lo largo de toda mi formación académica
han contribuido a que hoy haya podido alcanzar esta meta. Pocas veces
suele reconocerse el tiempo y esfuerzo que maestros y profesores dedican a
sus alumnos con el único objetivo de prepararlos del mejor modo posible
para su futuro, aún así pensamos, al igual que sostenía Henry B. Adams,
que la grandeza de un profesor estriba en que trabaja para la eternidad y
nadie puede decir dónde acaba su influencia. Pero este reconocimiento no
sería completo si no incluyera también a aquellos que han contribuido y
contribuyen en las aulas al avance en mi propio desarrollo profesional
docente.
Del mismo modo, ocupan un lugar destacado todas aquellas
amistades surgidas tanto en las aulas universitarias como fuera de ellas, las
cuales aún permanecen una década después. A ellas este trabajo debe
mucho más de lo que piensan. Asimismo, también debemos reconocer la
colaboración prestada por los archiveros y bibliotecarios de todas las
instituciones de las que hemos hecho uso durante el transcurso de
nuestras investigaciones, los cuales, en no pocas ocasiones, hicieron gala
de una atención y disponibilidad que fueron más allá de su estricta
obligación profesional.
Finalmente, aunque no por ello menos importante, me gustaría
hacer mención a mi familia. A ellos debo prácticamente todo lo que soy;
soy deudor de su dedicación, comprensión y paciencia, así como
depositario de unas enseñanzas y valores que espero que me acompañen el
resto de mi vida.
RESUMEN
La presente investigación tuvo un objetivo doble: de un lado, realizar una
aproximación biográfica a la figura de Antonio de Ubilla y Medina (1643-
1726); y de otro, analizar desde distintas ópticas (institucional, social y
política) la secretaría del Despacho Universal desde su creación a
comienzos del siglo XVII hasta 1705. Todo ello concediendo especial
protagonismo a la etapa en la que Ubilla desempeñó dicha secretaría, que
vendría a coincidir con el complejo periodo de sucesión borbónica a la
Monarquía Hispánica (1698-1705).
A través del estudio y análisis de la bibliografía existente al respecto
y de cuantas fuentes primarias hemos podido localizar, se concluye que
nos encontramos ante un destacado caso de promoción social; pasando el
biografiado, por ejemplo, de simple hidalgo a poseedor un título nobiliario
y diversas posesiones señoriales. Siendo fundamental en todo ese proceso
el desempeño de distintos empleos de tipo burocrático en los organismos e
instituciones de la administración central. Por su parte, la secretaría del
Despacho Universal ha mostrado ser una institución surgida como un
mecanismo de reforzamiento del poder de los validos que pasó a erigirse
en la segunda mitad del siglo XVII en un organismo con un peso
trascendental en la adopción de decisiones de tipo político; algo que se
evidenciaría, sobre todo, en el contexto de la compleja sucesión de Carlos
II. Igualmente, la llegada de los Borbones a la Corona española significaría
un reforzamiento del papel de ese Despacho, que se emplearía para un
mejor control por parte del rey francés Luis XIV de las decisiones que se
adoptaban en Madrid; una realidad que, a la postre, vendría a facilitar la
división temática de la única secretaría del Despacho Universal a partir de
1705. Se daba inicio así al sistema ministerial.
Palabras Clave: secretaría del Despacho, Antonio de Ubilla, sucesión,
burocracia, instituciones, poder.
ABSTRACT
This investigation had a double objective: on one hand, making a
biographical approximation of Antonio de Ubilla y Medina (1643-1726);
and on the other hand, analysing from different points of view
(institutional, social y political) the secretariat of the Universal Office
(Despacho Universal) from its creation at the beginning of the 17th century
until 1705. For all of the above giving special importance to the stage when
Ubilla fulfilled such secretariat, which came to coincide with the complex
period of Bourbon succession to the Monarchy (1698-1705).
Through the study and analysis of the existing bibliography in
relation to and from all primary sources we were able to trace, we
concluded that we are dealing with a prominent case of social promotion;
the subject of the biography going, for example, from a simple nobleman
to holder of a title and various feudal properties. The fulfilment of different
bureaucratic positions in the organisms and institutions of the central
administration being fundamental in all this process. On its own account,
the secretariat of the Universal Office has shown to be an institution
started as a mechanism to strengthen the power of the court favourites
that was established in the second half of the 17th century in an organism
with transcendental weight in adopting political decisions; something that
would be highlighted, above all, in the context of the complex succession of
Carlos II. Likewise, the succession of the Bourbons to the Spanish Crown
would mean a strengthening of the function of such Office, which would be
employed for better controlling, on behalf of the French king Luis XIV, of
the decisions that were taken in Madrid; a situation that, in the end, would
facilitate the thematic division of the single secretariat of the Universal
Office starting from 1705. The ministerial system was thus started.
Key Words: secretaría del Despacho, Antonio de Ubilla, succession,
bureaucracy, institutions, power.
SUMARIO
SIGLAS Y ABREVIATURAS……………………………………………………………… 023
Siglas……………………………………………………………………………………………….. 023
Abreviaturas…………………………………………………………………………………….. 023
INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………. 025
Objetivos…………………………………………………………………………………………. 028
Fuentes……………………………………………………………………………………………. 030
Bibliografía………………………………………………………………………………………. 036
Metodología……………………………………………………………………………………… 040
Estructura de la investigación….…………………………………………………………. 041
PRIMERA PARTE
EL SECRETARIO DEL DESPACHO ANTONIO DE UBILLA
I. FAMILIA Y VIDA PERSONAL
CAPÍTULO 1. UNA ASCENDENCIA DE HIDALGOS………………………………… 049
1.1. Los Ubilla…………………………………………………………………………………… 049
1.1.1. Los elementos identificativos de la familia: el escudo y la
casa………………………………………………………………….…………………. 059
1.2. Los Medina………………………………………………………………………………… 060
1.2.1. Los elementos identificativos de la familia: el escudo y la casa….. 063
CAPÍTULO 2. INFANCIA Y JUVENTUD: UN BALANCE EN CLAROSCURO
2.1. Nacimiento y primeros años………………………………………………………. 065
2.2. Las “carencias” en la formación………………………………………………….. 069
CAPÍTULO 3. EL FRACASO DE UNA ESTRATEGIA SUCESORIA……………. 071
CAPÍTULO 4. ENTORNO COTIDIANO Y ESTILO DE VIDA: LA CULTURA
DEL LUCIMIENTO………………………………………………………………………………. 079
4.1. Las casas principales…………………………………………………….……………. 080
4.2. Las vestimentas…………………………………………………………………………. 082
4.3. Los criados………………………………………………………………………………… 083
4.4. Medios de transporte………………………………………………………………….. 085
4.2. Actividades de ocio y diversión……..……………………………………………… 086
CAPÍTULO 5. LOS VÍNCULOS CON LA CIUDAD DE FUENTERRABÍA……. 089
5.1. Antonio de Ubilla: mediador en los asuntos de la ciudad de
Fuenterrabía en la corte……………………………………………………………………. 091
CAPÍTULO 6. DE LA FE AL ANSIA DE PERPETUIDAD………………………….. 101
6.1. Las mandas testamentarias y la mentalidad religiosa…………………….. 102
6.2. Forma de entierro……………………………………………………………………… 105
6.3. Lugar de enterramiento……………………………………………………………… 107
II. PATRIMONIO Y DIGNIDADES
CAPÍTULO 7. EL PATRIMONIO…………………………………………………………… 113
7.1. Propiedades inmuebles………………………………………………………………. 114
7.2. Bienes muebles y semovivientes…………………………………………………. 120
7.3. Las rentas señoriales y de encomiendas de Órdenes Militares………. 121
CAPÍTULO 8. TÍTULOS, SEÑORÍOS Y ENCOMIENDAS………………………… 125
8.1. El hábito de la Orden de Santiago……………………………………………….. 126
8.2. El marquesado y señorío de Ribas………………………………………………. 129
8.2.1. Concesión y litigios……………………………………………………………... 129
8.2.2. Descripción de la jurisdicción de Ribas………………………………. 134
8.3. El señorío de Velilla…………………………………………………………………… 135
8.3.1. Concesión y litigios……………………………………………………………… 135
8.3.2. Descripción de la jurisdicción de Velilla………………………………… 145
8.4. Las encomiendas de Quintana, Peso Real de Valencia y Portugalesa
en la Orden de Alcántara…………………………………………………………………. 146
8.4.1. Concesión……………………………………………………………………………. 146
8.4.2. Descripción…………………………………………………………………………. 149
8.4.3. Gestión y administración……………………………………………………… 154
CAPÍTULO 9. LA HERENCIA DEL MARQUÉS DE RIBAS……………………….. 159
9.1. Cumplimiento de últimas voluntades y usufructo de la marquesa
viuda (1726-1737)………..……………………………………………………………………. 159
9.2. La herencia en manos de la VOT de San Francisco de Madrid…..…….. 165
III. LA CARRERA DE UN BURÓCRATA
CAPÍTULO 10. DE OFICIAL ENTRETENIDO A SECRETARIO DEL
CONSEJO DE ESTADO (1661-1698)………………………………………………………. 171
10.1. Un largo recorrido: de oficial entretenido a secretario de la
secretaría de Estado, negociado de Italia……..……………………………………… 173
CAPÍTULO 11. EL DESEMPEÑO DE LA SECRETARÍA DEL DESPACHO
UNIVERSAL (1698-1705)……………………………………………………………………… 183
11.1. Secretario de Estado y del Despacho Universal de Carlos II……………. 183
11.2. Secretario de Estado y del Despacho Universal de Felipe V……………. 188
CAPÍTULO 12. EN EL CONSEJO, CÁMARA Y JUNTA DE GUERRA DE
INDIAS (1705-1726). LA CAÍDA EN DESGRACIA……………………………………. 193
12.1. En el Consejo de Indias (1702-1706)…..……………………………………….. 194
12.2. La caída en desgracia (1706-1715)………………………………………………. 196
12.3. En el Consejo y Cámara de Indias (1715-1726)…..…………………………. 206
IV. ANTONIO DE UBILLA, CRONISTA ‘FORZADO’ DE FELIPE V
CAPÍTULO 13. ANTONIO DE UBILLA, CRONISTA DE LOS PRIMEROS
AÑOS DE FELIPE V……………………………………………………………………………… 213
13.1. El Juramento y pleito homenaje (1701)………………………………………… 216
13.2. La Jornada a Italia (1701-1703)………………………………………………….. 218
13.3. La Jornada y campaña de Portugal……………………………………………… 222
13.4. La Jornada a Barcelona……………………………………………………………… 225
SEGUNDA PARTE
LA SECRETARÍA DEL DESPACHO UNIVERSAL: INSTRUMENTO
DE PODER DE VALIDOS Y REYES
CAPÍTULO 1. A LA SOMBRA DEL VALIDO. LOS ORÍGENES DE LA
SECRETARÍA DEL DESPACHO UNIVERSAL…………………………………………. 229
1.1. Monarquía y privanza en los reinados de Felipe III y Felipe IV………… 230
1.1.1. Felipe III y el origen de los validos…………………………………………. 231
1.1.2. La caída de Lerma y la real cédula de 1618: un golpe para la
privanza………………………………………………………………………………………. 236
1.1.3. Felipe IV y el resurgimiento del valido……………………………………. 238
1.2. Un camino en solitario. La secretaría del Despacho Universal en el
reinado de Carlos II….…………………..…………………………………………………... 243
CAPÍTULO 2. LOS SECRETARIOS DEL DESPACHO UNIVERSAL…………… 247
2.1. El perfil de los secretarios del Despacho Universal…………………………. 248
2.1.1. Naturaleza y competencias del empleo…………………………………… 248
2.1.2. Duración en el cargo……………………………………………………………. 249
2.1.3. Origen y perfil de los secretarios……………………………………………. 251
2.2. Los secretarios del Despacho. Aproximación prosopográfica………….. 253
2.2.1. Antonio de Aróstegui (1621-1623)…………………………………………. 254
2.2.2. Pedro de Contreras y Villalobos (1623-1626)………………………….. 256
2.2.3. Juan de Insausti Rodríguez (1626-1627)………………………………… 258
2.2.4. Jerónimo de Villanueva (1627-1643)……………………………………… 260
2.2.5. Andrés de Rozas (1643-1648)……………………………………………….. 262
2.2.6. Fernando Ruiz de Contreras (1648-1660)………………………………. 263
2.2.7. Pedro Coloma (1660)……………………………………………………………. 266
2.2.8. Antonio Carnero Trogner (1660-1661)…………………………………… 267
2.2.9. Luis de Oyanguren (1661-1665)…………………………………………….. 269
2.2.10. Blasco de Loyola (1665-1669)……………………………………………… 271
2.2.11. Pedro Fernández del Campo (1669-1676), marqués de
Mejorada…………………………………………………………………………….. 274
2.2.12. Jerónimo de Eguía y Grifo (1677-1682)………………………………… 277
2.2.13. José de Veitia y Linaje (1682-1685)……………………………………… 278
2.2.14. Manuel Francisco de Lira (1685-1691)………………………………….. 280
2.2.15. Juan de Angulo (1691-1694)………………………………………………… 283
2.2.16. Alonso Gaspar Carnero López de Zárate (1694-1695)…………….. 285
2.2.17. Juan de Larrea (1695-1697)…………………………………………………. 287
2.2.18. José Antonio López de Zárate (1697-1698), marqués de
Villanueva…………………………………………………………………………… 288
2.2.19. Antonio de Ubilla y Medina (1698-1705), marqués de Ribas…… 289
2.2.20. Manuel de Coloma y Escolano (1703-1704), marqués de
Canales……………………………………………………………………………….. 290
2.2.21. Pedro Caetano Fernández del Campo Angulo y Velasco (1705),
marqués de Mejorada…………………………………………………………… 291
CAPÍTULO 3. ENTRE LA VOLUNTAD REGIA Y LAS REDES DE
PARENTESCO Y PODER………………………………………………………………………. 293
3.1. La secretaría del Despacho Universal y la administración central de
la Monarquía Hispánica………………………………………………………………. 295
3.2. Parentesco y poder. Los secretarios del Despacho Universal a fines
del siglo XVII……………………………………………………………………………… 299
CAPÍTULO 4. LA SUCESIÓN A LA MONARQUÍA HISPÁNICA. EL
DIFÍCIL EQUILIBRO……………………………………………………………………………. 305
4.1. La actividad de la secretaría del Despacho Universal en el paso de
Austrias a Borbones……………………………………………………………………. 305
4.1.1. El papel de la Secretaría del Despacho Universal en la sucesión a
la Monarquía Hispánica…………………………………………………….. 306
4.2. La secretaría del Despacho Universal en los planes de sucesión y
reforma del cardenal Portocarrero……………………………………………….. 317
4.2.1. Luis Manuel Fernández Portocarrero: el «Cardenal de Hierro».. 319
4.2.1.1. Génesis y características de su pensamiento político………… 323
4.2.1.2. De la teoría a la praxis. La cuestión sucesoria (1694-1700).. 324
4.2.2. Una colaboración necesaria: Portocarrero y la secretaría del
Despacho Universal……………………………………………………………… 336
CAPÍTULO 5. HACIA EL ABSOLUTISMO BORBÓNICO. REFORMAS EN
EL DESPACHO Y EN LA SECRETARÍA DEL DESPACHO………………………… 341
5.1. Un reformismo orientado por Versalles (1700-1705)………………………. 342
5.1.1. El Consejo de Despacho. Génesis, evolución y propuestas de
reforma…………………………………………………………………………………. 345
5.1.2. El triunfo de la vía ejecutiva: de la secretaría del Despacho
Universal a las secretarías de Estado y del Despacho…………………. 356
5.2. La frustrada vía reformista del cardenal Portocarrero (1700-1703)…. 356
5.2.1. Los primeros años del reinado de Felipe V según el cardenal
Portocarrero………………………………………………………………………… 357
5.2.2. La decepción de Portocarrero. De la oposición a la ruptura……… 360
CONCLUSIONES……………………………………………………………………………….. 365
IN CONCLUSION………………………………………………………………………………. 377
FUENTES
Fuentes manuscritas…………………………………………………………………………. 391
Fuentes impresas……………………………………………………………………………… 395
Fuentes cartográficas..………………………………………………………………………. 403
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 405
URLs (o sitios WEB)………………………………………………………………………… 425
APÉNDICE DOCUMENTAL……………………………………………………………… 429
ANEXOS……………………………………………………………………………………………. 505
Anexo 1. Cronología………………………………………………………………………….. 507
Anexo 2. Glosario histórico………………………………………………………………… 519
Anexo 3. Biografías…………………………………………………………………………… 527
Anexo 4. Escritos de Antonio de Ubilla……………………………………………….. 549
Anexo 5. Organigramas……………………………………………………………………… 601
Anexo 6. Cuadros……………………………………………………………………………… 609
Anexo 7. Mapas, planos y vistas…………………………………………………………. 613
Anexo 8. Imágenes……………………………………………………………………………. 621
ÍNDICES
Índice de figuras del texto………………………………………………………………….. 633
Índice del Apéndice Documental y del Anexo………………………………………. 637
SIGLAS Y ABREVIATURAS
SIGLAS
A.A.H.: Archivo del Ayuntamiento de Hondarribia (Guipúzcoa)
A.G.I.: Archivo General de Indias (Sevilla)
A.G.S.: Archivo General de Simancas (Valladolid)
A.H.D.SS.: Archivo Histórico Diocesano de San Sebastián (Guipúzcoa)
A.H.N.: Archivo Histórico Nacional (Madrid)
A.H.P.C.: Archivo Histórico Provincial de Cáceres
A.H.P.CO.: Archivo Histórico Provincial de Córdoba
A.H.P.G.: Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa (Oñati)
A.H.P.M.: Archivo Histórico de Protocolos de Madrid
A.H.P.SE.: Archivo Histórico Provincial de Sevilla
A.R.Ch.V.: Archivo de la Real Chancillería de Valladolid
A.M.A.E.: Archives du Ministère des Affaires Étrangères (París, Francia)
A.M.AR.: Archivo Municipal de Arganda del Rey (Madrid)
A.M.D.: Archives du Ministère de la Défense (Vincennes, Francia)
A.V.M.: Archivo de la Villa de Madrid
B.H.M.M.: Biblioteca Histórica Municipal de Madrid
B.N.E.: Biblioteca Nacional de España (Madrid)
B.N.F.: Bibliothèque Nationale de France (París, Francia)
B.R.A.H.: Biblioteca de la Real Academia de la Historia (Madrid)
B.US.: Biblioteca de la Universidad de Sevilla
DA: Diccionario de Autoridades de la Real Academia de la Lengua Española.
F.S.S.: Fundación Sancho el Sabio (Vitoria)
RAE: Real Academia Española de la Lengua
S.N.-A.H.N.: Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional (Toledo)
VOT: Venerable Orden Tercera
ABREVIATURAS
coord.: coordinador
ed.: edición / editor
exp.: expediente
exps.: expedientes
f.: folio
ff.: folios
leg.: legajo
legs.: legajos
23
ms.: manuscrito
mss.: manuscritos
mrs.: maravedíes
p.: página
pp.: páginas
r.: recto
reg.: registro
rs.: reales
v.: vuelto
vol.: volumen
vols.: volúmenes
24
INTRODUCCIÓN
25
A lo largo del presente trabajo se presentarán los datos de
naturaleza biográfica que hemos logrado recopilar del
secretario del Despacho Universal don Antonio de Ubilla
y Medina (1643-1726), no sólo con el objetivo de conocer mejor a uno de
tantos burócratas, madrileño de nacimiento pero cuya ascendencia
paterna era oriunda de Fuenterrabía (Hondarribia, Guipúzcoa), que
pudieron ascender socialmente como premio a sus servicios a la Corona;
sino, sobre todo, con el propósito final de entender mejor las decisiones y
actuaciones de una figura de tanta relevancia a nivel nacional e
internacional en el tránsito de los siglos XVII al XVIII por el desempeño de
la secretaría del Despacho Universal en un momento clave en la historia de
España como fue la sucesión de Carlos II1. Sólo sabiendo quién era,
estaremos en disposición de valorar qué, cómo o por qué actuó del modo
en que lo hizo.
Por tanto, el estudio que aquí se pretende elaborar viene a ser una
investigación acerca de algunas de las circunstancias políticas por las que
atravesó el reinado de Carlos II, y el de su sucesor Felipe V, desde el punto
de vista de la trayectoria vital del mencionado Antonio de Ubilla. Para ello,
su cargo de secretario del Despacho entre 1698 y 1705 nos permitirá
centrarnos con especial énfasis en la delicada crisis sucesoria de la
Monarquía Hispánica, así como en la instauración de la dinastía francesa
de los Borbones, y su afán centralizador, en la Monarquía Hispánica.
Ahora bien, una investigación del secretario del Despacho sin el
correspondiente análisis de la secretaría que desempeñó y del papel que
1La elección de este tema de Tesis Doctoral es deudora del Proyecto de Investigación
HUM2007-65003-C02-00 (CO.MA.VE.: Las Cortes de Madrid y Versalles durante la
Guerra de Sucesión a la Corona española), financiado por el Ministerio de Educación y
Ciencia con fondos FEDER y PGE.
27
ésta tuvo en la cuestión sucesoria, resultaría a todas luces incompleta.
Especialmente si consideramos que es aún muy escasa la información que
poseemos en nuestros días sobre este empleo burocrático nacido a inicios
del reinado de Felipe IV. De ahí que la segunda parte de esta tesis se
dedique a estudiar el origen de esta secretaría del Despacho, ofreciendo
una nueva hipótesis complementaria a la manejada hasta el momento, una
aproximación prosopográfica a todos los que ejercieron como secretarios
del Despacho, un estudio del papel que tuvo en el contexto de sucesión de
Carlos II y, finalmente, las distintas iniciativas de reforma de la secretaría
del Despacho que se pusieron en marcha en los primeros años del reinado
de Felipe V; en los que se crearía un Consejo de Despacho, que facilitó el
control de Luis XIV sobre las decisiones adoptadas en Madrid, y en los que
se ensayó una primera división temática de la secretaría. Todo ello
complementado con diversas informaciones relacionadas con el cardenal
Portocarrero2, hombre fuerte de la monarquía en esos años, y su relación
con la institución que estudiamos.
Objetivos
La tesis doctoral que el lector tiene en sus manos aspira a conseguir un
doble propósito. De un lado, una mejor comprensión de los mecanismos
de ascenso social en la corte madrileña en el tránsito entre los siglos XVII y
XVIII; y, de otro, una visión más completa de la sucesión a la Monarquía
Hispánica, con todo lo que ella implicó tanto a nivel nacional como
internacional. No obstante, para afrontar con garantías el estudio
proyectado, somos conscientes de que debemos delimitar el objeto de
estudio. De ahí que hayamos optado por establecer dos objetivos
generales:
- El primero consiste en realizar la biografía global de don Antonio de
Ubilla y Medina (1643-1726), un individuo que se erige, como tantos
2Luis Manuel Fernández de Portocarrero (Palma del Río, 8 de enero de 1635 – Madrid, 14
de septiembre de 1709).
28
otros, en verdadero paradigma de las facilidades que se dieron en los
reinados de Felipe IV, Carlos II y Felipe V para el ascenso social de
hidalgos y oligarcas; y que, por otro lado, tendría un papel esencial en
los años del cambio dinástico.
- El segundo objetivo, por su parte, se centra en ejecutar una
aproximación a la secretaría del Despacho Universal (tanto de su
origen como de su evolución, sin olvidar el perfil de sus poseedores),
así como acercarnos al importante papel que ésta tuvo en los últimos
años del siglo XVII y los primeros del siguiente.
Obviamente, la significación historiográfica del segundo de los
objetivos supera con creces a la del primero, no sólo porque este último
haya merecido un mejor tratamiento entre los historiadores sino porque
aborda un aspecto de la sucesión de la Monarquía Hispánica casi inédito.
Aún así, no debe restarse valor al conocimiento de la trayectoria vital de un
individuo clave que actuó en un momento decisivo de la Edad Moderna
española, y del que apenas conocíamos algunos apuntes biográficos.
Es sabido que durante el reinado de Carlos II, el anquilosamiento
del sistema de consejos presente en la Monarquía Hispánica se fue
agravando, acumulándose los asuntos y papeles en sus secretarías y
demorándose las resoluciones en multitud de conflictos de procedimientos
y jurisdicción. Sólo la secretaría del Despacho Universal, regentada en los
últimos años del reinado por el personaje que aquí nos ocupa, conservaba
entonces cierta actividad; básicamente porque sus funciones se realizaban
al margen del sistema polisinodial.
De este modo, cuando se produjo la sucesión de Felipe V en el trono
español, difícilmente se podía haber prescindido de una figura tan
importante, aunque no dispusiese de responsabilidad política, como era
Antonio de Ubilla. Así, éste permanecería en su cargo, no sin algún vaivén,
hasta principios de 1705, momento en el que la nueva dinastía ya estaba en
disposición de manejar a través de otros individuos los resortes del poder.
29
Desentrañando el papel que jugó la secretaría del Despacho
Universal, verdadero vértice del sistema polisinodial, en el cambio
dinástico y en el asentamiento de la nueva dinastía de los borbones, a
través de la biografía de su titular en dicha coyuntura creemos factible una
mejor comprensión de los mecanismos iniciales del absolutismo borbónico
español.
Fuentes
Al objeto de dar respuesta a los objetivos planteados, se ha procedido a
realizar una intensa búsqueda de información en la que hemos acudido a
fuentes variadas y muy diversas. En la línea de lo que afirmara Carlos Seco
Serrano allá por los inicios del último cuarto del pasado siglo XX, las
labores de búsqueda de información para nuestra investigación han tenido
como meta el ser lo más amplias posibles, pues “la biografía científica debe
partir, en primer lugar de una búsqueda documental exhaustiva (…) base
insustituible (…) para cualquier tipo de investigación o profundización en
lo humano”3.
Una labor que se ha mostrado muy dificultosa no sólo por la escasez
y dispersión de las fuentes primarias, sino también por la parquedad
informativa de bastantes documentos. Realidad que nos ha llevado a tratar
de localizar información referida tanto a Ubilla como a la secretaría del
Despacho en todo archivo y biblioteca –ya fuera local, regional o nacional-
que considerábamos que podía albergar algún dato, tanto en España como
en el extranjero (fundamentalmente Francia). Decisión que aunque ha
llevado aparejada innumerables búsquedas frustradas, también nos ha
permitido localizar documentación de primer orden para la confección del
presente trabajo.
Así pues, aunque quizá haya pocas tareas más tediosas que la
reconstrucción de una trayectoria vital cuando no se dispone de un corpus
mínimo de referencias que faciliten la búsqueda de documentación, a la
3 Carlos SECO SERRANO, “La biografía como género historiográfico”, en Once ensayos
sobre la historia, Madrid, Fundación Juan March, 1976, pp. 107-117.
30
par no puede ser menos satisfactoria la sensación de haber conseguido
encajar no pocas piezas de ese puzle cuando de esa breve información con
la que se contaba al inicio se pasa a disponer de decenas de páginas que
ilustran distintos episodios y aspectos de la biografía.
Desde el principio contábamos con un doble inconveniente tanto
para el estudio de la trayectoria biográfica de Antonio de Ubilla como para
el análisis de la propia secretaría del Despacho Universal: de un lado, sólo
se conserva en nuestros días un legajo de papeles del archivo personal que
conformó Antonio de Ubilla y, de otro, el propio funcionamiento de la
secretaría del Despacho en la etapa anterior a 1705 hace que la
documentación vinculada a ella esté extraordinariamente diseminada
entre la documentación del resto de instituciones y organismos de la
Monarquía Hispánica. Aún más, gran parte de los registros que
probablemente se llevaban en ella serían pasto de las llamas en alguno de
los dos incendios que afectaron al Palacio Real en el siglo XVIII4.
Analicemos estos puntos con más detalle.
Desconocemos la suerte que corrieron los papeles personales que
poseyó el marqués de Ribas, entre los que se incluirían, lógicamente,
informaciones que versarían sobre los empleos que desempeñó durante su
vida. Aún así, hemos podido hacer uso de un legajo de documentos
manuscritos que en su día le pertenecieron. Se trata de un grueso volumen
que, procedente de la Biblioteca del Ministerio de Ultramar, se encuentra
hoy en el fondo de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España5. Su
contenido es muy variado y va desde 1676 hasta 1727, siendo
predominantes las copias de informes, consultas y demás material que le
serviría de apoyo en sus labores administrativas. Sin embargo, y esto es lo
que más nos interesa, se incluyen también en el referido manuscrito
4El primer incendio que afectaría a los fondos de las secretarías de Estado tuvo lugar en
1718, procediéndose de manera inmediata al traslado de fondos con destino al Archivo de
Simancas, pero sería el gran incendio del 24 de diciembre de 1734 el que mayores
pérdidas ocasionaría (María Jesús ÁLVAREZ-COCA GONZÁLEZ, “La Cámara de Castilla:
secretaría…”, en Johannes-Michael SCHOLZ (coord.), El tercer poder: hacia una
comprensión histórica…, p. 17).
5 B.N.E., ms. 19512: “Papeles del marqués de Rivas sobre España, América y Filipinas en
los reinados de Carlos II y Felipe V”, 596 folios. Se desconoce cómo llegó este conjunto
documental a la Biblioteca del Ministerio de Ultramar.
31
algunas copias y borradores de correspondencia privada, al igual que algún
escrito del propio Ubilla. Tanto es así que estos documentos han sido
fundamentales para poder resolver no pocas dudas sobre la etapa en la
que perdió el favor real (1706-1715), al igual que para conocer diversos
datos sobre de su vida privada.
En lo concerniente a los archivos de la secretaría del Despacho
Universal, todo apunta a que durante el siglo XVII sólo se custodiarían
finalmente en ella dos tipos de libros-registro, unos en los que se
consignarían los envíos de documentación y diversas operaciones llevadas
a cabo por orden directa del rey y otros en los que se anotaba el resumen
de las consultas o dictámenes de Consejos y Juntas, con la anotación
marginal de la resolución tomada por el rey. La circunstancia de actuar
como intermediaria entre el rey y el resto de instituciones e individuos,
hacía que la mayor parte de los documentos que llegaban a ella para su
consulta volvieran a sus organismos de origen o se pasaran al que
correspondiera para que se estudiaran. Sólo cabría una excepción a esta
norma, la de aquella correspondencia mantenida por la vía reservada; que
suponemos que permanecería en la covachuela, pero de la que no tenemos
noticia.
Aunque se conserva alguno de estos libros-registro que hacen
referencia a la época en la que nuestro personaje ocupó la secretaría del
Despacho, en sus páginas se recoge información meramente burocrática y
ofrecen, lamentablemente, poca utilidad para nuestro estudio6. De ahí que
para conocer la evolución y las decisiones de tipo político que se adoptaron
en relación con este empleo hayamos recurrido a otro tipo de fuentes:
básicamente correspondencia administrativa y diplomática, que
analizaremos más adelante.
Habida cuenta de la ya indicada dispersión de datos sobre el tema
que estudiamos, resultaría demasiado complejo, a la vez que poco útil,
detallar la procedencia de cada uno de ellos. En lugar de ello,
6Se trata del libro 232 de la sección Estado del Archivo Histórico Nacional. Suponemos
que la secretaría del Despacho custodiaría, para su mejor manejo, documentación muy
diversa que, probablemente, desaparecería en el incendio de 1734 (José Luis BERMEJO
CABRERO, Estudios sobre la Administración Central española…, pp. 28-29).
32
consideramos de mayor interés ofrecer una relación de archivos y
bibliotecas consultadas, dando algunas pinceladas del tipo de información
que nos proporcionaron.
El Archivo Histórico Nacional (Madrid) constituye, sin duda, la
institución que más documentación nos ha proporcionado para nuestro
trabajo. Su sección de Órdenes Militares nos ha brindado tanto los
expedientes que se instruyeron para vestir alguna de las órdenes de gran
parte de los secretarios del Despacho, incluido nuestro biografiado, como
de otros individuos, vinculados o no, familiarmente a éste; al igual que
expedientes para contraer matrimonio y de toma de posesión y visita de las
encomiendas de Quintana y La Portugalesa. En líneas generales, se trata
de una documentación muy rica en datos, aunque la pérdida de algunos
expedientes instruidos para vestir un hábito, al igual que las considerables
lagunas que aquejan a la documentación referida a encomiendas, han
dificultado que podamos obtener un mejor conocimiento de individuos y
posesiones. La sección de Consejos nos facilitó, sobre todo, diversas
informaciones acerca del marquesado de Ribas y de algunos pleitos que
nuestro personaje sostuvo por la jurisdicción de sus señoríos; que se
complementarían con referencias puntuales de la sección de Fondos
Contemporáneos. Sin lugar a dudas, el nivel de descripción de la
documentación perteneciente a dicha sección de Consejos Suprimidos aún
dista mucho de ser el más adecuado cuando se tienen intereses tan
concretos; ello tiene como consecuencia el que a pesar de ser el mayor
fondo del todo el archivo y, por la procedencia de sus legajos, tener una
extraordinaria riqueza informativa, no resulte sencillo –cuando no
simplemente imposible sin dedicar mucho más tiempo del que se dispone-
localizar la documentación deseada. Finalmente, en la sección Estado se
localizan diversos libros que nos muestran la actividad del Consejo de este
nombre y de la propia secretaría del Despacho; destacando, sin embargo,
la localización de las reales cédulas en las que se autorizó la impresión del
libro que Ubilla escribió sobre la campaña de Felipe V en Portugal, el cual
no llegó a salir de imprenta; cuya existencia se desconocía. En otro orden
de cosas, en el fondo correspondiente al marquesado de Guadalcázar de la
Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, ubicada en
33
Toledo, obtuvimos algunas informaciones relacionadas con los marqueses
de Mejorada.
Los fondos de otros archivos y bibliotecas madrileños también nos
brindaron no pocos datos. La Biblioteca de la Real Academia de la
Historia, en especial el fondo Salazar y Castro, nos proporcionó alguna
documentación de tipo genealógico7; al igual que un par de pleitos
impresos relacionados con el señorío de Velilla. El Archivo Histórico de
Protocolos de Madrid no fue muy generoso en información,
facilitándonos sólo algunos datos sobre las propiedades que Ubilla poseía
en Fuenterrabía. En la Biblioteca Nacional de España pudimos
consultar el manuscrito con papeles personales de Ubilla que ya hemos
mencionado en este apartado, al igual que otros documentos de las
secciones de Manuscritos y de Raros; a los que sumamos la consulta de
algunas obras impresas. La Biblioteca Histórica Municipal de
Madrid custodia el ejemplar del libro sobre la jornada a Italia que nuestro
biografiado regaló a Felipe V, el cual incluye la correspondiente carta
autógrafa original con la dedicatoria. Por último, dado que ni Velilla de
San Antonio ni Ribas de Jarama (incorporado actualmente a Rivas-
Vaciamadrid) poseen documentación de la época estudiada en sus archivos
municipales, fue el Archivo Municipal de Arganda del Rey el que nos
facilitó un par de contratos de compraventa de viñedo del término de
Velilla.
El Archivo Histórico Diocesano de San Sebastián, el
Archivo Histórico Municipal de Hondarribia8 y el Archivo
Histórico de Protocolos de Guipúzcoa, localizados los tres en esta
provincia, nos facilitaron documentación relativa a la familia paterna de
Antonio de Ubilla (fundamentalmente de tipo genealógico), a algunas de
sus propiedades y a los vínculos que mantuvo con la ciudad de
Fuenterrabía durante toda su vida. Por otro lado, la Fundación Sancho
7 Debemos aclarar que la consulta, en distintas fechas, de la documentación custodiada en
este centro ha llevado a que en nuestra tesis hagamos uso en ocasiones de la antigua
signatura de los documentos y, en otras, de la nueva.
8 Hondarribia es la versión en euskera del topónimo Fuenterrabía. A lo largo de la
investigación hemos preferido hacer uso de la versión Fuenterrabía, que es la utilizada
habitualmente en los siglos XVII y XVIII para referirse a la ciudad guipuzcoana.
34
el Sabio (Vitoria) custodia parte del archivo personal de la familia Larrea,
localizándose en éste documentos relacionados con el secretario del
Despacho Juan de Larrea.
El Archivo de la Real Chancillería de Valladolid nos
proporcionó un legajo de una importancia capital para reconstruir los
últimos momentos de vida del marqués de Ribas y el destino de sus bienes
tras su fallecimiento. La desaparición de los protocolos notariales del
escribano madrileño ante el que éste otorgó su poder para testar, ante el
que su viuda otorgó testamento en nombre de su marido y ante el que se
siguieron las correspondientes operaciones de inventario de bienes, que
deberían haberse conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de
Madrid, se pudo subsanar por la inclusión de traslados notariales de
aquellos en un pleito seguido algunos años después en la Real
Chancillería9.
El Archivo General de Simancas nos dio acceso, en su serie de
Quitaciones de Corte, a títulos y cartas de pago correspondientes a los
distintos empleos ejercidos por nuestro personaje, y a algunos datos
relacionados con su abuelo paterno la sección Consejo de Guerra; al igual
que a la información correspondiente a las villas de Ribas de Jarama y
Velilla de San Antonio de las averiguaciones del Catastro de Ensenada.
Por otro lado, diversos datos relacionados con nombramientos conferidos
en el Consejo de Indias tuvieron su procedencia en la sección Gobierno,
Indiferente General del Archivo General de Indias. Completan este
recorrido en España el Archivo Histórico Provincial de Córdoba,
donde pudimos localizar algunos documentos relacionados con la familia
de la tercera esposa de Ubilla, que era natural de esta ciudad; y el Archivo
Histórico Provincial de Sevilla, que nos brindó una escritura notarial
que amplió nuestros datos acerca del galeón que sus abuelos paternos
construyeron y se hundió en las Indias.
En lo que respecta a archivos e instituciones consultados fuera de
nuestras fronteras, se han mostrado especialmente útiles los relacionados
9Se incluyen traslados autorizados del poder para testar y del testamento otorgado por la
viuda del marqués; no obstante, del inventario de bienes, que hubiera sido de una
importancia capital para nuestro estudio, sólo se incluyeron referencias globales.
35
a continuación. La sección Correspondance Politique de Espagne de los
Archives du Ministère des Affaires Étrangères, convenientemente
clasificada por orden cronológico, lo cual facilita enormemente la consulta,
nos ofreció la correspondencia e informes intercambiados por las cortes
española y francesa en el periodo en que Antonio de Ubilla se ocupó del
Despacho Universal. Datos que hemos completado con informaciones
procedentes de los Archives du Ministère de la Défense y de la
Bibliotèque National de France.
Finalmente, debemos indicar también que hemos hecho uso de
abundantes fuentes impresas y algunas de naturaleza cartográfica. Entre
las primeras destacamos diversos libros de memorias (como las de Villars
y Saint-Simon) y correspondencia de individuos de la época historiada
(como la de Luis XIV con su embajador Michel Jean d’Amelot); así como
también algunas obras de tipo histórico (como las de Belando y Bacallar) o
aquellas otras que recogen documentos originales (como, por ejemplo, la
de Alfred Morel y Henry Fatio que recopila las instrucciones dadas a los
embajadores franceses en España). Asimismo, también hemos hecho uso
de las obras que escribió nuestro biografiado.
En cuanto a las fuentes cartográficas, con ellas se ha pretendido
complementar lo que nos dicen las fuentes documentales y la bibliografía,
de ahí que estén relacionados con el territorio donde se ubicaban sus
encomiendas, con la ciudad de Fuenterrabía y su sitio de 1719 o con el
desaparecido convento de San Francisco de Madrid.
Bibliografía
Las publicaciones vinculadas directamente con la trayectoria biográfica de
Antonio de Ubilla y con la secretaría del Despacho Universal,
especialmente en el periodo comprendido entre 1698 y 1705, no son
demasiado numerosas. Es evidente que las notables dificultades que
entraña su estudio han constituido el principal argumento por el que hasta
la fecha prácticamente no se había acometido su estudio. Aún así, los
referidos trabajos nos fueron de extraordinaria utilidad para iniciar
36
nuestras propias pesquisas, ofreciéndonos pistas sobre las que apoyarnos
en la lenta y compleja labor de localización de fuentes documentales.
En cuanto al primer caso, aparte de la breve biografía que Álvarez y
Baena le dedicó a finales del siglo XVIII en su diccionario biográfico de
madrileños ilustres10, sólo contamos con una memoria de licenciatura
inédita elaborada por Pilar Delgado Albert en la Universidad de Deusto
(San Sebastián) hace cuatro décadas11. Aún así, esta investigación sólo se
centró desde una perspectiva muy global en el periodo en el que nuestro
biografiado ocupó la secretaría del Despacho12, haciendo uso de
documentos, en su mayor parte también manejados por nosotros,
procedentes del Archivo Histórico Nacional, del Archivo General de
Simancas y de los Archives du Ministère des Affaires Étrangères de
Francia; así como de conocidas fuentes impresas (como, por ejemplo, los
Comentarios de la Guerra de España de Bacallar y Sanna) y obras de
investigación sobre la época (por ejemplo, Philippe V et la Cour de France
de Alfred Baudrillad o Documentos inéditos referentes a las postrimerías
de la Casa de Austria en España de Gabriel Maura Gamazo).
El resto de menciones y referencias que se consignan en la
bibliografía manejada prácticamente sólo se limitan a consignar estos
mismos datos ya conocidos junto a algunas aportaciones puntuales13.
La secretaría del Despacho Universal no ha tenido tampoco mucha
más fortuna historiográfica. Desde los trabajos clásicos de los profesores
Escudero López14 y Bermejo Cabrero15, que vieron la luz hace más de tres
10 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, pp. 174-176.
11Pilar DELGADO ALBERT, Antonio de Ubilla y Medina, marqués de Rivas: político e
historiador. Bilbao, 1972; 119 pp., ejemplar mecanografiado, 28 cm. Memoria de
Licenciatura defendida en la Universidad de Deusto. Director: Carmelo Sáenz de
Santamaría.
12El trabajo se distribuye en dos partes: la primera, dedicada al reinado de Carlos II, trata
la toma de posesión en la secretaría del Despacho Universal y el desempeño de sus
funciones en esa etapa; y la segunda, centrada en el de Felipe V, analiza la confirmación
en dicho empleo, la concesión del título de marqués de Ribas, el viaje a Italia, la división
de la secretaría del Despacho de 1703, la sustitución del embajador francés Estrées por
Gramont y la caída de Ubilla en 1705.
13Un ejemplo de lo que afirmamos en María Victoria LÓPEZ-CORDÓN, “Instauración
dinástica y reformismo administrativo…”, Manuscrits, 18 (2000), p. 98.
14José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho (1474-
1724), Madrid, Instituto de Estudios Administrativos, 2ª ed., 1974, 4 vols (1ª edición en
37
décadas, los estudios en los que se ha abordado este empleo han bebido
fundamentalmente de la ingente cantidad de información que aquellos
recopilaron16. Aún más, no nos consta ninguna monografía, comunicación
o artículo que la haya tenido como objeto central de estudio hasta nuestras
publicaciones17; panorama que no mejora si lo analizamos desde la óptica
de sus titulares, pues salvo el caso de Manuel Coloma, segundo marqués de
Canales18, que se haría cargo de la secretaría del Despacho de Guerra entre
1703 y 1704, ningún otro secretario del Despacho Universal ha merecido
que se le dedique un estudio monográfico19.
Mejor fortuna historiográfica, en cambio, ha tenido el estudio de la
sucesión borbónica a la Monarquía Hispánica en los últimos tiempos. En
buena medida vinculados a la celebración de distintos centenarios, desde
el año 2000 han proliferado los congresos, las monografías y los artículos
centrados en esta temática. Tanto es así que difícilmente podríamos hacer
referencia a todos ellos sin convertir el presente epígrafe en una suerte de
catálogo bibliográfico. En cualquier caso, sí mencionaremos una serie de
trabajos que han sido fundamentales en el transcurso de nuestras labores
de contextualización e investigación.
En primer lugar, debemos tener en cuenta los numerosos trabajos
elaborados por el profesor José Manuel de Bernardo Ares20, vinculados a
1969); y Los orígenes del Consejo de Ministros en España. La Junta Suprema de Estado,
Madrid, Editora Nacional, 1979, I (hay una 2ª edición de 2003).
15 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la Administración Central española
(siglos XVII y XVIII), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1982.
16Entre los más recientes podemos mencionar Juan Luis CASTELLANO, Gobierno y
poder en la España del siglo XVIII, Granada, Editorial Universidad de Granada, 2006,
pp. 64-71.
17 Pueden verse en el apartado de Bibliografía.
18Concepción de CASTRO MONSALVE, “Las primeras reformas institucionales de Felipe
V: el marqués de Canales (1703-1704)”, Cuadernos Dieciochistas, 1 (2000), pp. 155-183.
19Contamos, ciertamente, con algún artículo referido a la obra artística patrocinada por
los marqueses de Mejorada, así como con una tesis doctoral centrada en la biblioteca
conformada por el hijo del secretario del Despacho Jerónimo de Eguía (véanse las
referencias en las biografías correspondientes del capítulo segundo de la segunda parte de
esta tesis); sin embargo, se trata de estudios que no tienen como objeto el estudio de los
secretarios y, menos aún, la secretaría del Despacho.
20Señalamos algunos de los más destacados: José Manuel de BERNARDO ARES, “El
conde de Oropesa. El antifrancesismo como causa de un proceso político”, en Santiago
MUÑOZ MACHADO et al. (eds.), Los grandes procesos de la historia de España,
Barcelona, Crítica, 2002, pp. 172-192; La correspondencia entre Felipe V y Luis XIV. I.
38
las líneas de investigación en las que nosotros también participamos, a los
que se suman diversas monografías que se han mostrado como una gran
ayuda para nuestra orientación formal y temática; nos referimos a las
centradas en José de Grimaldo21, Jean Orry22 o Michel Chamillart23.
Igualmente, para todo lo relacionado con las estrategias políticas de la
corte madrileña se han mostrado muy útiles un par de estudios elaborados
por investigadores franceses24.
En otro orden de cosas, para el desarrollo de las temáticas
abordadas en cada uno de los capítulos de esta tesis (que afectan a temas
tan variados como educación, mentalidades, muerte, propiedad,
instituciones,…) hemos tratado de hacer uso de la bibliografía
especializada más completa25; aunque en ocasiones nos hemos encontrado
Estudio histórico, informático y traductológico, Córdoba, Universidad de Córdoba –
Cajasur Publicaciones, 2006; “La España francesa y la Europa británica a comienzos del
siglo XVIII: de la monarquía ‘paccionada’ de los Austrias a la monarquía ‘nacional’ de los
Borbones”, en Santiago MUÑOZ MACHADO y José Manuel de BERNARDO ARES
(coord.), El Estado-Nación en dos encrucijadas históricas, Madrid, Iustel, 2006, pp. 153-
186; “Las dos Españas de 1706 según las cartas reales de los reyes borbónicos”, en
Antonio ÁLVAREZ-OSSORIO; GARCÍA GARCÍA, Bernardo J.; y Virginia LEÓN (eds.), La
pérdida de Europa. La guerra de Sucesión por la Monarquía de España, Madrid,
Fundación Carlos de Amberes, 2007, pp. 249-269; “El iberismo como alternativa político-
dinástica al francesismo y al austracismo (1665-1725)”, Anais de História de Além-Mar, 3
(2007), pp. 11-36; “Franceses divididos y españoles desencantados. La lucha por el poder
en los primeros años del reinado de Felipe V”, en Juan Luis CASTELLANO CASTELLANO
y Miguel Luis LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ (coord.), Homenaje a Antonio Domínguez
Ortiz, Granada, Universidad de Granada, 2008, III, pp. 135-158; “Embajadores franceses
en España: primeros ministros de la Monarquía Hispánica (1701-1709)”, en María del
Rosario PORRES MARIJUÁN e Iñaki REGUERA ACEDO (coords), La proyección de la
Monarquía Hispánica en Europa: política, guerra y diplomacia entre los siglos XVI y
XVII, Vitoria, Universidad del País Vasco, 2009, pp. 121-146.
21Concepción de CASTRO MONSALVE, A la sombra de Felipe V. José de Grimaldo,
ministro responsable (1703-1726), Madrid, Marcial Pons, 2004.
22Anne DUBET, Un estadista francés en la España de los Borbones: Juan Orry y las
primeras reformas de Felipe V (1701-1706), Madrid, Biblioteca Nueva, 2008; Guillaume
HANOTIN, Jean Orry. Un homme des finances royales entre France et Espagne (1701-
1705), Cordoue, Universidad de Córdoba, 2009.
23Emmanuel PENICAUT, Faveur et pouvoir au tournant du Grand Siècle. Michel
Chamillart, ministre et secrétaire d’Etat de la guerre de Louis XIV, École des Chartes,
Paris, 2004.
24 Emmanuel LE ROY LADURIE y Jean-François FITOU, Saint-Simon ou le système de
la Cour, Fayard, Paris, 1997. Catherine DESOS, L’entourage français de Philippe V
d’Espagne 1700-1724. Étude d’une société de cour dans le premier quart du XVIIIème
siècle, Université Strasbourg II-Marc Bloch, mars 2007, 3 vols. Tesis de Doctorado.
Director : Dominique DINET.
25 Pueden consultarse en cada uno de los referidos capítulos.
39
con la problemática de no existir –o no haber podido localizar- las
investigaciones que hubieran allanado notablemente nuestro camino.
Metodología
Una vez precisados los objetivos y el marco teórico de la investigación –
que hacen de la biografía de un importante burócrata español a caballo
entre los siglos XVII y XVIII el punto de partida del análisis del ascenso de
un cuerpo social y de la sucesión de Austrias por Borbones en la
Monarquía Hispánica- y delimitadas las fuentes y la bibliografía,
expondremos cuáles serán las operaciones intelectuales adoptadas en el
proceso de elaboración del trabajo de investigación.
En primer lugar, hemos desarrollado un atenta labor de análisis de
las fuentes documentales, individualizando todos y cada uno de los datos
que nos suministraron las fuentes elegidas, tanto los de carácter
cuantitativo como cualitativo. Concluida la fase de análisis, dimos
comienzo al proceso de síntesis de los datos obtenidos, reduciéndolos a un
sistema plenamente coherente, estableciendo relaciones lógicas entre
entidades antes inconexas y teniendo en cuenta criterios básicos:
circunstancias personales y familiares; educación; mentalidad;
patrimonio; relación con hechos políticos y socioeconómicos
determinados; etc.
Todo ello nos ha posibilitado el poder ofrecer una teoría explicativa
derivada de una interpretación rigurosa sobre la multitud de datos
previamente analizados y posteriormente sistematizados con la que dar
respuesta a los objetivos planteados. Se articulaba así un conjunto de
hechos históricos en un sistema de relaciones interdependientes que
conforman la biografía global a la que aspirábamos, del mismo modo que
se plasmaban las características básicas del origen, perfil socioinstitucional
y papel desempeñado en los últimos años del siglo XVII y comienzos de la
siguiente centuria por la secretaría del Despacho Universal.
Este entramado metodológico se ha sustentado en unos principios
epistemológicos que afirman que el conocimiento histórico es un
40
conocimiento científico, pues la Historia elabora explicaciones globales
(conexión de los distintos hechos y articulación de éstos en un conjunto
global) y verifica los planteamientos teóricos. En virtud de ello, nuestro
trabajo ofrece toda una serie de aportaciones científicas en el campo de la
historia política e institucional.
Ahora bien, no quedan sólo ahí las aportaciones, los resultados
alcanzados disfrutan de una máxima actualidad y suponen una aportación
decisiva en el terreno de la sociología política más reciente. Aunque sean
momentos distantes cronológicamente, la investigación programada, al
moverse también en el polo supranacional de la Monarquía Hispánica, no
sólo aviva nuestra conciencia histórica, sino que, admitiendo las
regularidades en la historia, brinda cuantiosísimos elementos para percibir
los mecanismos de la acción política actual y también para orientar su
radical y necesaria transformación.
Estructura de la investigación
Los contenidos del presente trabajo se han plasmado, a fin de dar una
clara respuesta a los objetivos planteados, en dos grandes bloques o partes;
distribuidas, a su vez, en un número variable de capítulos en función de los
contenidos que debíamos analizar.
En la primera parte, compuesta por trece capítulos, nos centramos
en la trayectoria biográfica de Antonio de Ubilla y Medina, desarrollándola
a partir de cuatro indicadores, que dan lugar a cuatro bloques, que
consideramos que nos ofrecen, a pesar de las limitaciones documentales a
las que nos hemos enfrentado, una visión integral de su vida.
El primer bloque, conformado por los seis primeros capítulos, trata
sobre su familia y vida personal. Analizamos su pertenencia a dos familias
de origen hidalgo que trataron de promocionar socialmente en el siglo
XVII, ofrecemos datos acerca de cómo transcurrió su infancia y juventud,
de los distintos enlaces matrimoniales que realizó, de su entorno cotidiano
y estilo de vida, de la especial relación que mantuvo durante toda su vida
41
con la ciudad su familia paterna (Fuenterrabía) y concluimos ofreciendo
información acerca de todo lo que rodeó a su muerte y últimas voluntades.
El segundo bloque, compuesto por tres capítulos, analiza todo lo
relativo al patrimonio y a los títulos y dignidades que disfrutó Antonio de
Ubilla durante su existencia (entre las que destacó el ser nombrado
marqués de Ribas26) al igual que lo ocurrido con sus bienes tras su
fallecimiento sin haber logrado descendencia.
En un tercer bloque nos ocupamos, a lo largo de otros tres capítulos,
de lo que podríamos denominar como su currículum vitae, es decir los
puestos que desempeñó a lo largo de su vida profesional al servicio de la
Corona española. Comenzamos, pues, con el estudio de los distintos
empleos que poseyó desde su acceso en 1659 como entretenido a la
secretaría de Estado de Italia hasta su llegada en 1698 a la titularidad de
esta misma oficina y a la del Despacho Universal; pasando, acto seguido, a
ofrecer algunas pinceladas de su etapa al frente del Despacho Universal
(1698-1705); y concluyendo con un análisis de su etapa como consejero y
camarista del Consejo de Indias Indias (1705-1706 y 1715-1726), en el cual
damos buena cuenta de la hasta ahora desconocida etapa en la que cayó en
desgracia de resultas de la ocupación austracista de Madrid del verano de
1706.
Finalmente, un cuarto bloque, integrado por un único capítulo,
aborda la faceta del marqués de Ribas como cronista de los principales
acontecimientos de los inicios del reinado de Felipe V. El rey le indicaría
hasta en cuatro ocasiones, mediando real orden en todas ellas, que
plasmase por escrito esos hechos. La comunidad científica conoce
sobradamente las dos primeras obras salidas de su pluma27, pero se
26 La falta de fijación de normas ortográficas en la época estudiada hace que el término
Ribas aparezca escrito en la documentación tanto con be como con uve. Un ejemplo
paradigmático de esta realidad es el hecho de que la villa homónima se denominara Ribas
de Jarama hasta 1954, momento en el que, paradójicamente, se cambió su nombre por el
de Rivas-Vaciamadrid. No obstante, al objeto de uniformizar la grafía en la investigación
hemos decidido adoptar siempre (salvo en transcripciones de documentos) la forma
Ribas, pues, al margen de que pueda ser más correcta o no que la otra versión, fue la que
el propio Antonio de Ubilla utilizó.
27Nos referimos a relación del juramento y pleito homenaje que le hicieron los reinos de
Castilla y León en mayo de 1701; y la que recoge el acceso al trono y posteriores jornadas a
Aragón e Italia del monarca, publicada en 1704.
42
desconocía que formaran parte de un programa más amplio, frustrado por
los acontecimientos de 1706.
Por otro lado, en lo que respecta a la segunda parte de la tesis, que
se desarrolla a lo largo de cinco capítulos, se ocupa de analizar la secretaría
del Despacho Universal desde distintas ópticas: jurídica, sociológica y
política. Su contenido se consagra a resolver cuál fue el contexto en el que
surgió, el perfil de quiénes la ostentaron y el destacado papel que jugó
desde su creación hasta comienzos del siglo XVIII, cuando no sólo no se
debilitaría sino que el posterior sistema ministerial tendría en ella su
punto de partida.
En un primer capítulo se analiza su origen vinculado al fenómeno
del valimiento como una herramienta con la que, sin incumplir la
pragmática de 1618, el rey y su valido pudieran centralizar y controlar a
través de una única oficina todo el sistema administrativo de la Monarquía
Hispánica.
En el segundo capítulo nos ocupamos del estudio prosopográfico de
todos los individuos que desempeñaron el empleo de secretario del
Despacho desde su creación a inicios del reinado de Felipe IV hasta su
desaparición en 1705 al darse inicio a un proceso de división de ésta
atendiendo a criterios temáticos; multiplicándose a partir de ese momento
el número de secretarías del Despacho. Se incluye aquí la primera relación
completa de perfiles biográficos de todos los secretarios del Despacho
Universal.
En el tercero, detallaremos las redes de parentesco existentes entre
un considerable número de secretarios del Despacho, lo cual nos evidencia
que esta secretaría, a pesar de tener una naturaleza distinta a las restantes
de la administración central, no pudo sustraerse de los elementos que
caracterizaron a estas últimas; de ahí que, al igual que aquellas, acabara
siendo detentada por individuos que formaban parte de unos mismos
grupos con conexiones familiares e intereses comunes.
El papel que desempeñó la secretaría del Despacho, y su titular, en
la sucesión borbónica a la Monarquía Hispánica constituye el objeto
central del cuarto capítulo; en el que también abordamos el modo en el
43
que participó de las iniciativas promovidas por uno de los personajes de
mayor trascendencia en la época, el cardenal Luis Manuel Fernández
Portocarrero.
Finalmente, en el quinto y último capítulo analizamos el modo en el
que los Borbones, desde el centro de decisión, que se radicaba en Versalles,
se valieron del Despacho para acrecentar su influencia en la Monarquía
Hispánica, transformándolo inicialmente en un Consejo en el que tendrían
cabida diferentes individuos vinculados a Luis XIV, especialmente sus
embajadores, y procediendo a partir de julio de 1705 a desdoblar
temáticamente la secretaría para gobernar con ellas valiéndose de la vía
ejecutiva; del mismo modo, estudiamos cómo esas derivas desencantaron
al que había sido el principal valedor de Felipe V, el cardenal Portocarrero,
que a partir de 1703 comenzará a desligarse de las reformas emprendidas.
Tras las correspondientes conclusiones, y como cierre de la
investigación, se incluye la relación de fuentes (documentales, impresas y
cartográficas) y bibliografía consultadas. En la parte final se han
recopilado en un apéndice documental algunos de los textos originales más
relevantes que hemos localizado y en los que se basa nuestra investigación.
Los documentos seleccionados ascienden a un total de treinta y tres,
procedentes de siete archivos y tres bibliotecas diferentes; destacando
entre los primeros los obtenidos de los Archives du Ministère des Affaires
Étrangères de Francia (ocho) y los del Archivo Histórico Nacional de
España (seis); mientras que entre las segundas, tienen un protagonismo
destacado los localizados en la Biblioteca Nacional de España (siete).
Concluyen la tesis una serie de ocho anexos que sirven de apoyo al
cuerpo de la investigación. En ellos encontramos una cronología, un
glosario histórico y un conjunto de biografías breves que facilitan la
comprensión de conceptos manejados en el texto y permiten identificar a
distintos actores que se mencionan en él; se incorporan asimismo un
apartado con algunos escritos debidos a la pluma de nuestro biografiado,
al igual que una serie de organigramas, cuadros, mapas e imágenes que
amplían la información ofrecida a lo largo de los distintos capítulos.
44
PRIMERA PARTE
EL SECRETARIO DEL DESPACHO
ANTONIO DE UBILLA
45
I
FAMILIA Y VIDA PERSONAL
47
CAPÍTULO 1
UNA ASCENDENCIA DE HIDALGOS
Como no podía ser de otro modo para todo aquel que aspirase a
promocionar en un Estado en el que la estructura social segregaba a la
población en tres estamentos, dos de ellos privilegiados y el tercero no, los
antepasados de Antonio de Ubilla y Medina habían de tener un origen noble.
Ciertamente ocupaban el escalafón más bajo de la nobleza, la hidalguía, pero
nobles al fin y al cabo.
La importancia que tuvo la familia en la Edad Moderna hace que
consideremos inevitable el ofrecer algunas pinceladas acerca de sus
antepasados y parientes. Estas informaciones nos ayudarán a entender
mejor el sorprendente proceso de ascenso social que nuestro biografiado
experimentó durante su vida, al igual que otras cuestiones más mundanas
como, por ejemplo, los motivos por los que el patrimonio de los Ubilla
quedó notablemente reducido a fines del primer tercio del siglo XVI.
1.1. Los Ubilla
Los orígenes de la familia Ubilla se encuentran en la localidad guipuzcoana
de Fuenterrabía, en la frontera con el vecino país galo. Una localidad que
nacida oficialmente28 el 18 de abril de 1203, cuando el rey castellano
Alfonso VIII, sólo tres años después de que el reino de Navarra cediera
Guipúzcoa y el norte de Álava al reino de Castilla, le concedió la Carta
Puebla y el Fuero de San Sebastián, se caracterizaría por ser frecuente
escenario de conflictos fronterizos29.
28Fuenterrabía fue una fundación Navarra, realizada antes de 1200, ya que en el momento
de la conquista realizada por Alfonso VIII se afirma que pasaban a dominio castellano el
territorio guipuzcoano y los enclaves de San Sebastián y Fuenterrabía.
29José Luis ORELLA UNZUÉ, “Historia de Hondarribia en la Alta y Baja Edad Media…”, en
Historia de Hondarribia…, p. 65.
49
Durante la Edad Moderna, los Ubilla se contarían entre las familias
más destacadas. Aunque la categoría fundamental de la sociedad
hondarribiarra era la de noble, sólo unas pocas familias se distinguían de los
simples hidalgos siendo propietarios de una casa solar raíz que acreditaba su
linaje30. Aún así, la simple posesión de una hacienda no garantizaba por sí
sola esa preeminencia social que, habitualmente, se lograba ejerciendo
distintos puestos vinculados a la administración local o provincial. En este
sentido, nos consta, por ejemplo, que la posesión de escribanías fue un
elemento clave en el ascenso y promoción social de las élites locales de
Fuenterrabía en la Edad Moderna; poseyendo las tres más destacadas
(Zuloaga, Casadevante y Ubilla) sendas escribanías en la villa a comienzos
de la Edad Moderna31.
Ahora bien, a pesar de que es posible constatar a individuos que
portan este apellido desde fechas muy tempranas, el antepasado directo más
remoto de nuestro biografiado que hemos podido localizar es su bisabuelo;
lo cual sólo nos permite retrotraernos a la segunda mitad del siglo XVI. Juan
Pérez de Ubilla, natural de Fuenterrabía, contrajo primeras nupcias con Ana
de Estrada, con la que tendría a Antonio de Ubilla y Estrada. Al fallecer su
esposa, casó en segundas nupcias con Juana de Alchacoa, naciendo de este
enlace Sancho de Ubilla; al que su madre, tras enviudar el 2 de marzo de
159732, legaría la hacienda de los Ubilla33.
Antonio de Ubilla y Estrada ejercería como contador de la artillería de
los presidios de Fuenterrabía y San Sebastián34, accediendo en distintos
momentos de su vida a puestos en el concejo hondarribiarra35. Se casó el 27
30Lourdes SORIA SESÉ, “Hondarribia en la Edad Moderna”, Historia de Hondarribia…, p.
189.
31 Juan Carlos MORA AFÁN, Familia y poder en Época Moderna…, p. 126.
32 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1º de Defunciones, ff. 79r-80r.
33A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
34 Desconocemos el periodo en el que ejerció el cargo pero contamos con algunos
testimonios de fechas en los que lo detentaba: A.G.S., Consejo de Guerra, Guerra y Marina,
libro 89, f. 18r (17 de septiembre de 1600) y libro 98, f. 116v (19 de octubre de 1604).
35Actuó como alcalde ordinario en los años 1599 y 1624, y como teniente de alcalde
ordinario en 1606 y 1620 (A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248).
50
de diciembre de 1599 con María Izaguirre36, hija de Sabat de Izaguirre y de
María Martín de Iraurgui, nacida en septiembre de 157737. Un enlace del que
nacerían un total de diez hijos, entre ellos el padre de nuestro biografiado,
antes de su fallecimiento el 18 de diciembre de 162938:
- Antonio de Ubilla, bautizado el 16 de abril de 160039 y fallecido en
Madrid en 164840.
- Ana de Ubilla, bautizada el 20 de abril de 160341.
- Francisca de Ubilla, bautizada el 19 de abril de 160442.
- Madalena de Ubilla, bautizada el 19 de mayo de 160543.
- Catalina de Ubilla, bautizada el 15 de febrero de 160744 y fallecida el
13 de enero de 168445.
- Miguel de Ubilla, bautizado en junio de 160846 y fallecido el 23 de
septiembre de 164847. Casó en la villa de Vergara con Tomasa Sequera
Oxirondo el 21 de marzo de 162648. De este matrimonio nacerían:
36 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1º de Matrimonios, f. 51v. Véase el Documento I del Apéndice
Documental.
37A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 1ºB de Bautismos, f. 7r.
38 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 2º de Defunciones, f. 130v.
39 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1ºB de Bautismos, f. 99v. Véase el Documento 2 del Apéndice
Documental.
40 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 3º de Defunciones, f. 7v. “Madrid. Don Antonio de Ubilla. En siete de
março de mill y seisçientos y quarenta y ocho vino la nueva de la muerte de don Antonio de
Ubilla, secretario de Su Majestad, y se hizo conmemoración y aniversario de difunto. No se
save de testamento ni mandas”.
41A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 1ºB de Bautismos, f. 113r.
42 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1ºB de Bautismos, f. 117r.
43 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1ºB de Bautismos, f. 121r.
44 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1ºB de Bautismos, f. 130v.
45A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 3º de Defunciones, f. 96r.
51
- Miguel José de Ubilla, bautizado en Fuenterrabía el 21 de
diciembre de 164249.
- Antonio de Ubilla, bautizado en Vergara el 11 de enero de
162750.
- María Josefa de Ubilla, bautizada en Vergara el 13 de
febrero de 162851.
- Ignacio de Ubilla, bautizado en Vergara el 3 de enero de
163052.
- Mariana de Ubilla, bautizada el 6 de noviembre de 161153.
- Francisco de Ubilla, bautizado el 19 de noviembre de 161354.
- Sancho de Ubilla, bautizado el 25 de julio de 161655.
- Bárbara de Ubilla, bautizada el 8 de diciembre de 162056.
Pero Antonio de Ubilla no sólo actuaría como contador. Según
indicaría él mismo en 1600, el corto sueldo que recibía apenas le permitía
46 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 1ºB de Bautismos, f. 135v.
47A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 3º de Defunciones, f. 9r.
48A.H.D.SS., Parroquia de San Pedro Apóstol de Bergara, Libro 2º de Matrimonios, f.
206r.
49 A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de
Fuenterrabía, Libro 2º de Bautismos, f. 220r.
50 A.H.D.SS., Parroquia de San Pedro Apóstol de Bergara, Libro 3º de Bautismos, f. 38v.
51 A.H.D.SS., Parroquia de San Pedro Apóstol de Bergara, Libro 3º de Bautismos, f. 45r.
52 A.H.D.SS., Parroquia de San Pedro Apóstol de Bergara, Libro 3º de Bautismos, f. 55v.
53A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 1ºB de Bautismos, f. 155v.
54A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 1ºB de Bautismos, f. 165v.
55A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 2º de Bautismos, f. 17v.
56A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano de Fuenterrabía,
Libro 2º de Bautismos, f. 50r.
52
mantener a su familia; y aunque el rey le concedió entonces por vía de ayuda
de costa 1.192 reales y medio que se habían requisado a unos franceses, ello
sólo resolvío el problema temporalmente57. No debe sorprendernos, pues,
que la importancia de la industria naval vasca, teniendo su localidad natal
unos importantes astilleros, le llevase a invertir en la construcción de un
galeón para comerciar con las Indias. Una iniciativa que pondría,
desafortunadamente, en serio riesgo todo el patrimonio familiar. En los
astilleros de Fuenterrabía, concretamente en las gradas de Borlaborda, el
contador Ubilla y su mujer encargarían la construcción de un galeón de 650
toneladas de capacidad en 1622-1623; al que llamaron “Nuestra Señora del
Juncal”. Su primer viaje lo hizo a finales de septiembre de 1623, zarpando
con destino a Cádiz cargado de hierro y otras mercancías58.
Al enviudar en 1629, María de Izaguirre decidió solicitar una licencia
para llevarlo a las indias en la flota de Nueva España y recuperar así la
inversión realizada, que había consumido toda su dote y el patrimonio de
sus hijos. Sin embargo, sus ochocientas toneladas59 lo hicieron candidato a
ser requisado por la Corona para emplearlo como uno de los dos buques que
se armaban para escoltar a la referida flota 60. Aún así, no cejó en su empeño
y en 1630 dio poder a Juan Martínez de Aldabe y a Pedro de Aramburu para
que le administrara el galeón y se lo vendiera a su vuelta de las Indias. Pero
ello no fue posible porque en 1631, al regreso de esta última expedición, se
hundió en las costas de Campeche, en pleno golfo de México61.
En cuanto tuvo noticia de ello, María de Izaguirre reclamaría a la
Corona una compensación, pues el barco le había sido embargado. Sin
contar que al haberse detenido demasiado tiempo en Cádiz y Veracruz, por
temor a que se repitiera lo acaecido en la anterior expedición, la cual fue
capturada en Matanzas por los holandeses, se habían incrementado los
57A.G.S., Consejo de Guerra, Guerra y Marina, libro 89, f. 18r. Real orden de 17 de
septiembre de 1600.
58 Lourdes ODRIOZOLA OYARBIDE, La construcción naval en Hondarribia…, pp. 92 y 94.
59Aunque en el contrato para la construcción del galeón se indicaba que su capacidad era de
650 toneladas, suponemos que sería frecuente que las dimensiones declaradas fueran
menores a las reales, como parece probarlo este.
60 Pablo Emilio PÉREZ-MALLAÍNA BUENO, El hombre frente al mar…, pp. 118-119.
61 Lourdes ODRIOZOLA OYARBIDE, La construcción naval en Hondarribia…, pp. 92 y 94.
53
intereses de los préstamos que había tenido que pedir para sufragar los
aprestos y los salarios de la tripulación.
Felipe IV atendería su súplica y le concedió el que pudiese revender
dos licencias para que otras tantas naves viajasen a las Indias. Una
compensación que, sin duda, era un mal negocio para la Izaguirre. En esos
años, el comercio con el continente americano estaba en franca recesión, lo
cual, sumado a la existencia de no pocas de esas licencias, hacía muy difícil
su venta. Tanto es así que sólo dos años después le plantearía al monarca
una alternativa con la que se consideraría compensada: una buena ayuda de
costa y un hábito para alguna de sus hijas, y a Antonio de Ubilla, su hijo
mayor, a quien más había afectado la pérdida del galeón y que ya
desempeñaba un puesto de oficial de cifra en la secretaría de Estado, el
título de secretario del rey por los servicios prestados por su padre y sus
antepasados. No obstante, aunque la consulta de la Junta de Guerra fue
favorable a la petición, Felipe IV decidió no acceder a lo solicitado62.
Quedaba, por tanto, pendiente la correspondiente compensación por la
pérdida del galeón.
El asunto se dilató tanto en el tiempo que aún no se había resuelto
por completo en 1699. Al parecer, el asunto estuvo completamente parado
durante décadas hasta que por real cédula de 3 de octubre de 1697, Carlos II
concedió a los herederos de María de Izaguirre facultad para que pudieran
navegar novecientas toneladas de buque; las cuatrocientas cincuentas
primeras en el primer viaje de la flota a Nuevas España que saliese y las
otras cuatrocientas cincuenta restantes en la primera que saliera para tierra
firme. De este modo, en los años siguientes comenzaron a ejecutarse dichas
licencias63.
Por las fechas en las que se logró la reactivación de la compensación,
consideramos muy probable que tuviera mucho que ver en ello el empleo de
secretario del Consejo de Indias que nuestro biografiado desempeñaba
entonces. Sin duda, su proximidad al rey y a los asuntos relacionados con el
62 Pablo Emilio PÉREZ-MALLAÍNA BUENO, El hombre frente al mar…, pp. 118-119.
63 A.H.P.SE., Protocolos de Sevilla, leg. 10314, ff. 964r-966r.
54
referido Consejo facilitó, casi siete décadas más tarde, el cobro de la
compensación.
Visto este asunto, pasaremos a continuación a detallar la trayectoria
de algunos de los hijos del contador Ubilla. El mayor, Antonio de Ubilla e
Izaguirre, se trasladó a la corte hacia 1617 empezando a servir como oficial
entretenido en la secretaría de Estado de Italia64. En esta oficina iría
ascendiendo en las décadas siguientes. El 1 de enero de 1634 ocupaba el
puesto de oficial 3º, con un salario de 300 ducados y derecho a casa de
aposento decente en la corte; y seis años más tarde accedería al cargo de
oficial 2º, incrementándose su salario anual hasta los 400 ducados. En
octubre de 1642, Felipe IV le haría merced del título de secretario de Su
Majestad sin salario. Finalmente, el último ascenso lo recibiría el 15 de
diciembre de 1645 al ser nombrado oficial mayor de la secretaría, un cargo
que juraría el 11 de febrero del año siguiente65. Su fallecimiento el 10 de
febrero de 164866, truncaría una carrera que se vislumbraba prometedora; a
la vez que dejó huérfano de padre a nuestro biografiado con apenas cuatro
años.
Miguel de Ubilla ejerció como capitán de la infantería española del
presidio de Fuenterrabía67. En ella se hallaba cuando el 1 de julio de 1638, en
el marco de la Guerra de los Treinta Años, ésta sufriría un famoso asedio
durante dos meses por parte de las tropas francesas de Luis XIII68. Por su
acción en ella se le recompensó con la plaza de sargento mayor del presidio
de Fuenterrabía. Posteriormente se le hizo merced del cargo de capitán de
corazas en Perpignan, donde sirvió durante más de dos años. Al cabo de
ellos volvió a Madrid. Iba a ser almirante de la flota que viajaría a Nueva
España, pero falleció por entonces69. Asimismo, también se le haría
64 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
65 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1397r-1409r.
66 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 174.
67A pesar de ello, y al igual que su padre, también fue nombrado alcalde ordinario de
Fuenterrabía en 1633 (A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248).
68Un estudio sobre este asedio y otros conflictos de esos años puede verse en Pedro
ESARTE MUNIAIN, Asedio a Fuenterrabía y avasallamiento de Guipúzcoa (1635-1644),
Pamplona, Pamiela, 2005.
69 A.G.I., México, leg. 191, número 39.
55
concesión de un hábito de la orden de Santiago el 9 de agosto de 1638,
siguiéndose las pruebas en Madrid y despachándosele el título con
significativa rapidez, pues ya estaba listo el día 1770. Finalmente, el marqués
de Mortara le armaría caballero en su villa natal el 19 de septiembre
siguiente.
Dos de los hijos que tuvo con Tomasa Sequera, al igual que hicieron
en la época numerosos vascos y navarros, decidieron probar fortuna en las
Indias; obteniendo tanto éxito que incluso al mayor de ellos, Miguel José de
Ubilla, se le concedería “en atención a sus servicios” el 17 de enero de 1708 el
título de marqués de Santa Sabina71. Además, nos consta que ambos
mantuvieron contacto con nuestro biografiado, valiéndose de él, para
diversas gestiones en la corte que, por su estancia en América, debían
resolver a través de representantes. Dado que esta rama de la familia
también alcanzó notable protagonismo, ofreceremos a continuación algunas
informaciones sobre ellos.
Miguel José de Ubilla pasaría a Nueva España en compañía del virrey
Antonio de Toledo y Salazar, segundo marqués de Mancera, que tomaría
posesión de su cargo en octubre de 1664. Permaneció en la ciudad de México
en compañía primero del capitán Juan de Celaeta y Alzubilde72 y, tras su
fallecimiento, de la de su viuda Juana de Escalante73. El 14 de junio de 1669,
cuando contaba con veinticinco años de edad, fue nombrado tesorero de la
Real Hacienda en la ciudad y minas de Pachuca (México)74; un empleo de
nueva creación que había solicitado al rey en 166775. La reina gobernadora le
haría concesión en junio de 1674 de un hábito de la orden de Santiago, que
pudo vestir a partir de marzo de 167676. En los años siguientes iría
promocionando de unos destinos a otros. El 1 de enero de 1693, el cabildo
70 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 2088.
71A.G.I., Títulos de Castilla, leg. 11, registro 5, f. 7r. A.H.N., Consejos, leg. 8976, exp. 2.
Véase el Documento 26 del Apéndice Documental.
72Pariente de Miguel de Ubilla, nos consta que era natural de Fuenterrabía y vestía hábito
de la orden de Santiago.
73 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 4615.
74 Ricardo MAGDALENO, Títulos de Indias…, p. 198.
75 A.G.I., México, leg. 191, número 39.
76 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 4615.
56
del concejo de México lo nombró alcalde ordinario de la ciudad
argumentando que era “caballero de obligaciones tan conocidas, hallándose
casado con nacional de esta ciudad hija del señor don Fernando de Deza y
Ulloa, familia tan ilustre”. Hasta ese momento venía desempeñando el
empleo de contador del Tribunal y Audiencia Real de Cuentas de Nueva
España77. Sólo unos meses más tarde, en el mes de octubre, sería nombrado
superintendente del papel sellado de México78.
Por su parte, Ignacio de Ubilla comenzó a servir en los conocidos
como galeones de la plata en 1656, habiendo alcanzado doce años más tarde
el grado de capitán de mar y guerra79; un empleo que lo llevaría a fijar su
residencia en Sevilla80, donde casaría con la hija de otro hondarribiarra81.
De ella le nacería un hijo en dicha ciudad, el célebre Juan Esteban de Ubilla
y Echeverría. Caballero de Santiago desde 1690 gracias a una merced que el
rey hiciera a su padre cuatro años antes82, llegaría a alcanzar el rango de
general de marina del virreinato de Nueva España83; haciéndose cargo de
distintas flotas84. Este Juan Esteban de Ubilla es el protagonista de una
curiosa leyenda que en la que no falta un fabuloso tesoro y los juegos de
intrigas derivados del apoyo a un bando u otro durante la Guerra de
Sucesión española. Lo que en ella se sostiene, muy difícilmente pudo ocurrir
como se narra, aún así, ofreceremos algunas pinceladas sobre ella;
fundamentalmente porque la búsqueda de dicho tesoro sigue estando
presente en la mente de los cazatesoros85.
77 A.G.I., México, leg. 62, registro 3, número 29.
78 Ricardo MAGDALENO, Títulos de Indias…, p. 189.
79 A.G.I., México, leg. 191, número 39.
80 Nos consta que estaba avecindado en ella en 1671 (A.G.I., Contratación, leg. 5437,
número 2, registro 54), en 1674 (A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 4615) y
en 1690 (A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 5406).
81 Juana Josefa de Echevería era natural de la ciudad de Sevilla e hija de Juan de
Echeverría, nacido en Fuenterrabía, y de Ana Tejerizo, natural de la mencionada Sevilla
(A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 5406).
82 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 5406.
83 Ricardo MAGDALENO, Títulos de Indias…, p. 104.
84 Así ocurría en los años 1714 y 1715 (A.G.I., Contaduría, leg. 1030, número 3).
85“La isla de Robinson Crusoe existe en los mares del Sur”, 20 minutos, 8 de octubre de
2012: http://www.20minutos.es/noticia/1610757/0/isla-robinson-crusoe/pacifico/chile/
[consultado: 15 de octubre de 2012]. Desde 1995 el holandés, con nacionalidad
57
Según la creencia popular, Ubilla, siendo en 1714 general de la flota
que permanecía en Veracruz (México) ocultó en la isla de Más a Tierra86,
actualmente conocida como Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan
Fernández, un fabuloso tesoro que debería haber llegado a la península. Al
parecer, éste estaba vinculado a una facción afín a los austracistas, por lo
que no deseaba que estas riquezas cayesen en manos de los Borbones y les
permitieran decantar la guerra a su favor. No obstante, el marino fallecería
al año siguiente en un naufragio, llevándose con él el secreto de la ubicación
exacta del tesoro87.
Finalmente, Sancho de Ubilla Izaguirre, tras cursar estudios
universitarios, sería nombrado fiscal de la Audiencia de Santo Domingo,
cargo que ejerció entre el 13 de septiembre de 1657 y el 23 de julio de 1658;
pasando a ser su oidor a partir de esta última fecha88. En este ínterin pasó
con su familia a la península, que volvería abandonar el 22 de noviembre de
1658. Se le daría en esa ocasión permiso para que pudiera viajar a América
con su mujer, sus dos hijas, tres criados y tres criadas. Los criados
manifestaría no tenerlos en ese momento para poder llevarlos, pero sí le
acompañaron su mujer, María de Rivadeneira, que era “de buen cuerpo,
blanca, cabello castaño, con un lunar en la mejilla izquierda, de edad de
treinta años”, y sus hijas Rafaela, de siete años, y Margarita, de treinta
meses89.
Poco tiempo después, se le encomendaría el realizar la visita de dicha
audiencia90. En 1660 Sancho de Ubilla visitó las cajas reales de Santo
estadounidense, Bernard Keiser ha invertido millones de dólares para intentar localizar este
tesoro.
86 Posesión de soberanía chilena, emplazada a 700 kilómetros al oeste de Valparaiso.
Jesús Ignacio FERNÁNDEZ DOMINGO, Los tesoros del mar y su régimen jurídico,
87
Madrid, Editorial Reus, 2010, pp. 208-209.
Ernesto SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias.., II, pp. 389 y 391. Ricardo
88
MAGDALENO, Títulos de Indias…, p. 302.
89 A.G.I., Contratación, leg. 5431, número 5, registro 88.
90Ernesto SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo…, II, p. 389. En 1658 el rey dio comisión
a Ubilla para que averiguase los tratos y contratos ejercidos por Rodrigo Pimentel, regidor
de la ciudad de Santo Domingo (A.G.I., Escribanía, leg. 23D).
58
Domingo91; y por título de 15 de enero de 1663 fue designado oidor de la
Audiencia de Panamá92.
1.1.1. Los elementos identificativos de la familia: el escudo y la casa
Como ya hemos manifestado, los Ubilla se caracterizaron por disponer en
Fuenterrabía de su correspondiente casa solar, en la que no faltó el escudo
de la familia. Es más, la importancia del abuelo paterno de nuestro
biografiado sería tal, que la calle en la que se ubicaba su domicilio acabó
recibiendo su nombre; el cual, transcurridos más de cuatro siglos aún
conserva93. Lamentablemente, este inmueble no ha llegado a nuestros días,
pero tenemos la fortuna de disponer de una descripción fechada en 1663:
“En la ciudad de Fuenterrabía, a diez y siete de octubre de mil y
seiscientos y sesenta y tres años. Habiendo venido a la calle que llaman
del contador Ubilla, y preguntando en ella cuáles eran las casas de don
Antonio de Ubilla y Medina, pretendiente del hábito de la orden del
señor Santiago, las reconocimos. Tienen la fachada de piedra labrada
de cantería desde el suelo al tejado con rejas en lo bajo y dos órdenes
de balcones, y sobre el del medio del primer suelo un escudo con el
hábito de Santiago, y las armas que hay en él dijeron ser del apellido de
Ubilla, y son una banda con dragantes que atraviesa del lado derecho al
izquierdo, dividiéndole en dos cuarteles, en el principal hay una cruz
de brazos iguales, semejante a la de Montesa, sobre algunas ondas, y
en el otro un árbol con copa, y dos ramas cortadas, y en la orla del
escudo un mote que dice más vale paz”94.
Una descripción la del escudo, que se corresponde con el de la casa solar de
Ubilla en Marquina (Vizcaya)95, de donde posiblemente procedía la familia;
91 A.G.I., Contratación, leg. 594B, número 10.
92 Ricardo MAGDALENO, Títulos de Indias…, p. 478.
93Véase una imagen de la calle Contador Ubilla de Fuenterrabía con el estado que mostraba
en el siglo XIX en la Imagen 1 del Anexo de Imágenes.
94 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
95 Lope MARTÍNEZ DE ISASTI, Compendio historia de la M.N. y M.L. provincia…, p. 464.
59
o quizá al contrario. A tenor de lo indicado, la
descripción exacta del escudo utilizado por los Ubilla
de Fuenterrabía debía ser la siguiente: “escudo
tronchado por una banda de gules, engolada en
dragantes de sinople; lo alto, de oro, con una cruz
llana, de gules, sobre ondas de agua de azur y plata, y
lo bajo, de oro, con un árbol de sinople, y jabalí de
sable, pasante, al pie del tronco. Bordura de plata,
con esta leyenda en letras de sable: Más vale paz”96.
En otro orden de cosas, también disponemos de otra referencia que
nos habla de la suntuosidad de estas casas principales de los Ubilla. El
oficial mayor de la secretaría de Guerra, parte de Tierra, Juan de Cetina
afirmaba en ese mismo año que en 1638 “vio que el dicho don Antonio [de
Ubilla Izaguirre] tenía en dicha ciudad [de Fuenterrabía] casas suntuosas y
que manifestaban la calidad del dueño”97.
Finalmente, la familia que analizamos también disponía de
enterramiento en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del
Manzano. Nos lo describe en 1679 Catalina de Ubilla e Izaguirre, tía paterna
de nuestro personaje, cuando en sus últimas voluntades dispone ser
enterrada en la “sepultura principal” de sus padres que estaba “en la nave
principal de la iglesia” de Fuenterrabía “con su piedra de mármol”, sobre la
que quería que se le hicieran las honras y aniversarios98.
1.2. Los Medina
En el caso de la familia materna de nuestro personaje, podemos
retrotraernos genealógicamente hasta el siglo XV99. Presentes en Madrid
desde, al menos, aquella época, su hidalguía difícilmente podía ser
contestada, pues el antepasado más remoto del que nos has ido posible
96 Fernando GONZÁLEZ DORIA, Diccionario Heráldico y Nobiliario…, p. 769.
97 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
98 A.H.P.G., Protocolos de Hondarribia, leg. 30556, f. 54r.
99 Véase, al respecto, el Organigrama 2 del Anexo de Organigramas.
60
conocer su identidad, constaba ya como hidalgo en los padrones de la
parroquia de San Ginés de 1494 y 1506.
Nos referimos a Fernando de Medina, que estaba casado con Catalina
López. Un matrimonio del que nacería en noviembre de 1502 Cristóbal de
Medina López quien, a su vez, matrimonió con María de la Cruz; falleciendo
el primero en 1563 y la segunda en 1587. De este enlace nació Cristóbal de
Medina Cruz en octubre de 1541, el cual se desposó en Madrid con una joven
nacida en 1543 en Tiñosillos (Ávila) y que era hija de Pedro Gutiérrez y
María Martínez. Ellos serían los padres de Cristóbal de Medina Martínez,
abuelo materno de nuestro biografiado, que vería la luz en Madrid a
mediados de noviembre de 1567.
Por su condición de noble fue elegido el 29 de septiembre de 1625
para uno de los oficios de fiel de vara de Madrid; y en igual fecha de 1629,
para ocuparse de una alcaldía de santa hermandad100. Sin embargo, sería el
empleo de gentilhombre de la Casa del infante-cardenal Fernando de
Austria, hermano de Felipe IV, el que probablemente fuera cargo de mayor
trascendencia de cuantos ocupó. Contrajo matrimonio con Melchora de
Vega, hija de Diego de Vega y María Ortiz; naciéndole tres hijos de esta
unión. Finalmente, fallecería el 17 de agosto de 1632, momento en el que
ejercía como tesorero y receptor de las alcabalas de Madrid y su partido101.
Veamos algunos datos de sus hijos. El primero sería Cristóbal de
Medina, que nació en Madrid el 23 de febrero de 1600. Éste desempeñaría el
cargo de regidor de su concejo a partir de 1619; tras haber procedido su
padre a adquirir para él esta regiduraía por un total de 99.000
maravedíes102. Igualmente, la vinculación de su progenitor a la casa del
Cardenal-Infante también facilitaría que él desempeñase distintas funciones
en ella: en 1628 era su ayuda de cámara y cinco años después actuaba ya
como su secretario. Finalmente, también desempeñaría el empleo de
familiar del Santo Oficio. Como podemos apreciar, todos ellos empleos que
100 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 5059.
101 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
102 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, pp. 390 y 403.
61
le permitían posicionarse, dejando al margen la corte, entre las oligarquías
locales.
En lo que respecta a su vida personal, matrimonió con Isabel Carrillo
de Albornoz, procedente del ámbito cortesano, pues formaba parte de la
cámara de la reina. No tendría descendencia de este matrimonio, por lo que
los bienes que le correspondían por mejora que hicieron en él sus padres103,
para que instituyera con ellos un mayorazgo, pasarían por disposición de su
madre a su hermana menor Antonia de Medina.
La segunda hija sería Melchora de Medina, que casó con Juan
Álvarez, al que conoció por ejercer, al igual que su hermano, una de las
regidurías del concejo madrileño; adquirida también por compra. Ellos
serían los progenitores de María Álvarez de Medina, que contrajo
matrimonio con Íñigo López de Zárate (1606-1669). Hijo de Juan López de
Zárate, natural de Navarrete y secretario del Consejo de Italia, y de Juana
Balaguer, natural de Casarrubios del Monte, desempeñó diversos empleos
como los de regidor de Madrid, secretario del Consejo Real de Hacienda,
ministro del Consejo de Nápoles y secretario de Cámara del Supremo de
Italia en la negociación de Nápoles; llegando incluso a recibir de Carlos II
una plaza de capa y espada en el citado Consejo de Italia, con la que murió el
7 de septiembre de 1669 a los sesenta y cuatro años104.
De esta unión, nacerían Juan Antonio e Íñigo López de Zárate y
Álvarez. El primero de ellos hizo, al igual que nuestro biografiado, una
trepidante carrera burocrática que lo llevó a desempeñar la secretaría de
Estado parte de Italia y la del Despacho Universal desde el verano de 1697
hasta comienzos del año siguiente, en que fallecería105; siendo sucedido en
sus empleos por su tío en segundo grado Antonio de Ubilla y Medina.
Finalmente, la hija menor del matrimonio sería Antonia de Medina;
la cual contraería matrimonio, con posterioridad a la muerte de su padre,
con el oficial de la secretaría de Estado de Italia Antonio de Ubilla Izaguirre.
Ambos pasaron a residir entonces en las casas principales de los Medina,
103 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
104 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 407.
105 Véase la correspondiente reseña biográfica en el Capítulo 2 de la Segunda Parte.
62
que heredaría Antonia y que, una vez fallecida ésta en 1694, pasaría a
disfrutar nuestro biografiado.
1.2.1. Los elementos identificativos de la familia: el escudo y la casa
El abuelo materno de nuestro biografiado dedicaría una gran atención a
proveerse de elementos que permitiesen identificar su estatus noble. En este
sentido nos consta que procedió al arreglo y ampliación de sus casas
principales, emplazadas en las tabernillas de San Francisco, anexas a la
primitiva sede del Colegio de San Ildefonso y en las proximidades de la
parroquia madrileña de San Andrés. Aún más, también procedería a
comprar y adecentar una capilla en la iglesia del convento de San Francisco
para destinarla a enterramiento para su familia. Precisamente en esta
última, sabemos que colocó su escudo de armas.
En este caso, sin embargo, no disponemos de ninguna descripción de
dicho escudo nobiliario; de ahí que no podamos precisar qué elementos
componían sus cuarteles.
En otro orden de cosas, los Medina no sólo desplegaron esta cultura
del lucimiento en Madrid; también la desarrollaron en, al menos, otra villa.
Cristóbal de Medina compró hacia 1613 en Fuente el Fresno, en la
jurisdicción de Madrid, diversas propiedades con las que configuró una
hacienda considerable; a las que sumó el derecho de cobro de las alcabalas
del lugar y unas casas principales en la plaza de la villa en las que puso sus
armas106. Del mismo modo, al igual que era reconocido en Madrid como
hidalgo notorio, también en este lugar, tanto él como su hijo disfrutaron de
de las preeminencias de dicha condición, siendo admitidos en los oficios del
estado noble y quedando exentos de impuestos107.
En este sentido, Cristóbal de Medina sería regidor (1630-1631 y 1631-
1632), alcalde (1619-1620, 1622-1623, 1624-1625, 1627-1628,1633 y 1634) y
106 Uno de los testimonios localizados nos indica que “tuvo casas con armas junto a la
iglesia”.
107A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Nos consta que el 28 de diciembre de
1617, estando el concejo de Fuente el Fresno reunido, Cristóbal de Medina pidió ser recibido
como vecino, siendo aceptado (A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 5059).
63
procurador general por dicho estado (1629-1630); una realidad que también
se constata en su hijo Cristóbal de Medina, que igualemnte desempeñó los
cargos de regidor (1628-1629, 1629-1630 y 1634-1635), alcalde (1620-1621,
1626-1627, 1631-1632 y 1634) y procurador general (1632-1633 y 1635-
1636).
Unos bienes y propiedades que pudo adquirir por la notable herencia
que recibió de sus padres y que él se encargaría de acrecentar. En este
sentido, sabemos que se le adjudicaron por legítimas paterna y materna en
la partición de bienes paternos y maternos un total de 3.959.716 maravedíes
y medio. Un potencial económico que llevaría a la familia de su futura
esposa a dotarla con una considerable dote de 3.000 ducados108. Una
desahogada economía familiar que se iría debilitando tras los sucesivos
fallecimientos de los hombres de la familia a partir de 1632.
Sin padre, sin marido y, posteriormente, sin hermano, los ingresos
que le quedaron a Antonia de Medina para hacer frente al mantenimiento de
su casa y crianza de sus hijos se redujeron considerablemente.
108 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
64
CAPÍTULO 2
INFANCIA Y JUVENTUD: UN BALANCE
EN CLAROSCURO
A excepción de la realeza o grandes casas nobiliarias, no suele ser habitual el
disponer de mucha información relativa a la niñez y juventud de los
individuos que vivieron durante la Modernidad. De este modo, salvo que el
sujeto en cuestión, o algún contemporáneo que le conociese o estuviera bien
informado, haya dejado testimonio escrito de esos años, es muy complejo
obtener datos que vayan más allá de la fecha y lugar de nacimiento y
bautismo, o de algún dato anecdótico.
Lamentablemente, el caso del personaje que nos ocupa es uno de
ellos. Aunque llegó a titularse marqués de Ribas, en su niñez sólo era el hijo
de un oficial de la secretaría de Estado y el sobrino de un regidor del concejo
de Madrid, por lo que a pocos podía interesar plasmar por escrito lo que
pudiera sucederle entonces y menos aún dar cuenta de ello109. Además,
entre la escasa documentación que hemos podido localizar del propio Ubilla
en la que narra acontecimientos de su pasado, no arroja ningún tipo de luz
acerca de esta primera etapa. Aún así, algunos testimonios recopilados en
1663 durante las averiguaciones que se hicieron para que pudiera vestir el
hábito de la Orden de Santiago, nos han brindado algunos datos de interés
que pasaremos a detallar a continuación. Ciertamente son escasos, pero nos
permiten aproximarnos a su formación y educación.
2.1. Nacimiento y primeros años
Antonio de Ubilla y Medina nació en Madrid el 28 de noviembre de 1643,
concretamente en la casa de sus padres, situada en las tabernillas de San
109 No descartamos que se pudiera haber dado cuenta por escrito a la familia paterna, que
residía en Fuenterrabía, de lo que acaeciera a Antonio y a sus hermanas en estos años; aún
así, en caso de que estas cartas hubieran llegado a existir, no nos consta que se hayan
conservado.
65
Francisco. Como parroquiano de San Andrés, sería bautizado en dicho
templo110, que se encontraba muy cerca de su domicilio, el 16 de
diciembre111.
Huérfano de padre con sólo cinco años, viviría su niñez y juventud en
compañía de su madre sin hacer ausencia notable de su domicilio a
excepción de las ocasiones en las que acudió a “holgar” en las propiedades
que su familia materna poseía en Fuente el Fresno112, en la jurisdicción de
Madrid. Tanto es así que en 1663 el secretario de Su Majestad y escribano
del Concejo de Madrid Francisco Méndez Testa sostuvo que siempre lo “vio
criar, alimentar y educar (…) en la casa de los dichos sus padres, tratándole
como a hijo y él a ellos como a padres”113.
Así pues, queda probado que nuestro personaje debió recibir toda su
formación en su propio hogar antes de que en 1659, con sólo dieciséis años,
entrase a servir en la secretaría de Estado. Algo que no constituía una
excepción entre sus contemporáneos. La familia se erigía en el entorno de
referencia educativa de los niños, a los que se integraba desde muy
temprano en el mundo de los adultos. Estos recibían una educación acorde a
la posición económica y, lógicamente, también a su sexo; los niños tenderían
a reproducir las conductas paternas y las niñas las maternas114. La
instrucción de la nobleza tendría lugar en el propio hogar hasta los quince o
dieciséis años, momento en el que los jóvenes podían asistir, si así se
consideraba conveniente, a la Universidad o a otras instituciones educativas
destinadas a este segmento social.
Los restantes niños recibían una educación en función de lo que
pudieran permitirse, pues, salvo excepciones, desde las escuelas de primeras
110 Véase la Imagen 2 del Anexo de Imágenes.
111A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Traslado autorizado de su partida de
bautismo (véase el Documento 4 del Apéndice Documental). Los registros sacramentales de
San Andrés sufrieron numerosas pérdidas en la última Guerra Civil española, entre ellas los
libros correspondientes a la época que aquí nos ocupa, de ahí que tengamos que valernos de
traslados y copias presentes en otros archivos.
112Véase el término de Fuente el Fresno en 1770 en la Figura 4 del Anexo de Mapas, planos
y vistas.
113 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
114 Gloria Ángeles FRANCO RUBIO, Cultura y mentalidad en la Edad Moderna…, p. 204.
66
letras hasta las universidades, pasando por las escuelas de gramática, eran
privadas. Entre las familias más pudientes, imitando a la nobleza, lo
habitual era que la enseñanza primaria, e incluso la secundaria como parece
ser el caso de Ubilla, se impartiesen en el propio domicilio valiéndose de un
preceptor o de varios. De este modo, alcanzados unos conocimientos
básicos, los niños cuyos padres no quisieran o pudieran seguir satisfaciendo
el elevado coste que representaban los preceptores particulares, podían
pasar a las escuelas de gramática. Éstas, salvando las distancias, vendrían a
ser una suerte de instituciones en las que se impartía la enseñanza
secundaria; allí se recibía una formación variada en geografía, historia,
matemáticas, filosofía o retórica, concediéndose una importancia especial al
aprendizaje del latín115. No en vano, multitud de documentos
administrativos, especialmente los vinculados a la Iglesia y a la diplomacia
internacional, se redactaban en esta lengua.
En cuanto al tipo de materiales pedagógicos que pudieron utilizar los
preceptores de nuestro personaje para su educación, suponemos que se
valdrían de los entonces al uso: los cartapolos, las cartillas y los catones. Los
primeros eran unos grandes carteles que se solían colocar en las paredes de
las escuelas o lugares donde se daban las clases y que contenían el
abecedario, normalmente asociando cada letra a la imagen de algún objeto,
planta o animal cuyo nombre comenzase con ella o la contuviese. Las
cartillas eran pequeños cuadernos con un contenido básico, que presentaban
variantes según niveles. En las de iniciación no faltaban abecedarios,
silabarios, pautas de escritura y nociones gramaticales básicas. Los niños
que ya habían superado esta fase, recibían y trabajaban otras que podían ser
de distinto tipo: algunas contenían las tablas de multiplicar y unos primeros
contenidos de doctrina cristiana, mientras que otras trataban distintos
contenidos de manera dialogada.
Una vez que el niño había alcanzado el dominio de los contenidos de
las cartillas, se pasaba a los catones. A partir de un método basado en la
repetición, estos libritos contenían frases y textos cortos destinados a
115Ricardo GARCÍA CÁRCEL, “La vida en el Siglo de Oro…”, Cuadernos Historia 16, 130
(1995), p. 24.
67
ejercitar la lectura y memorización. Estos facilitaban que el joven pudiera ir
leyendo textos cada vez más complejos. Aún así, el uso de cartillas no
desaparecía al pasar a los catones, pues para la enseñanza de materias más
complejas, como el latín, también disponían los preceptores de cartillas que
facilitaban la labor de instruir a sus alumnos y a estos últimos la de aprender
sus contenidos116.
Los sectores sociales más elevados se valían también de otras
herramientas para educar a sus hijos una vez habían alcanzado destreza en
la lectura. Existían, por ejemplo, los libros de exemplo, es decir, tratados en
los que se exponía la biografía de un destacado personaje reseñando todas
sus virtudes a imitar117, o los cuentos morales a estilo del Conde Lucanor, de
don Juan Manuel, en los que se utilizaban las parábolas como instrumento
de enseñanza. Finalmente, no podemos dejar atrás los libros de historia, que
al incluir grandes batallas o perfiles de destacados héroes cumplía la misión
de ofrecer modelos a imitar para alcanzar honor y fama118.
Pero no todo eran enseñanzas intelectuales, la nobleza y sectores más
acomodados procuraban también a sus hijos la adquisición de otras
destrezas propias del mundo aristocrático como podían ser la equitación, la
esgrima o la caza y la montería. No en vano, Castiglione afirmaba de estas
últimas que eran “los pasatiempos que más convienen a señores y hombres
de corte”119.
En este sentido, nos consta que la familia de nuestro personaje no
debió descuidar tampoco estos asuntos. Méndez Testa también afirmaba en
1663 que Ubilla “tiene caballo y que le sabe manejar, y que esto lo ha visto
116 Antonio VIÑAO FRAGO, “Aprender a leer en el Antiguo Régimen…”, en Agustín
ESCOLANO BENITO (coord.), Historia ilustrada del libro escolar en España…, pp. 149-
183. Víctor INFANTES, De las primeras letras: cartillas españolas… (esta obra incluye la
interesantísima edición facsímil de un total de treinta y cinco cartillas diferentes localizadas
por autor).
117Un ejemplo de este tipo de obras es el tratado de María Luisa de PADILLA MANRIQUE Y
ACUÑA, condesa de Aranda, titulado Idea de Nobles y sus desempeños en aforismos
(Zaragoza, 1644), en el que la autora se sirve del marqués de Santillana con este propósito
ejemplarizante.
118Las publicaciones de este tipo fueron muy numerosas, por lo que sólo mencionaremos
dos de las más conocidas en el siglo XVII: Marcos BRAVO DE LA SERNA, Espejo de la
juventud moral político y christiano (Madrid, 1674) y Pedro NAVARRA Y DE LA CUEVA,
Logros de la Monarquía en aciertos de un valido (Madrid, 1669).
119 Baldassare CASTIGLIONE, El Cortesano…, p. 137.
68
en algunas ocasiones públicas y paseos”120. En cuanto a la caza y la
montería, es lógico pensar que sería una de las actividades en las que
participaría cuando descansaba en las posesiones familiares de Fuente el
Fresno.
Asimismo, hemos de considerar también la educación asentada en la
experiencia vital que suponía ver cómo sus progenitores y parientes
administraban sus casas y posesiones. Lógicamente, este tipo de educación
oralizada y apoyada en la experiencia es casi imposible de rastrear, pero
consideramos que debió ejercer una influencia fundamental en la
conformación de la mentalidad y modos de actuar de nuestro personaje.
En suma, la educación recibida por nuestro personaje le permitiría
contar con los conocimientos y habilidades sociales que se esperarían de un
futuro burócrata, probándolo los sucesivos ascensos que fue recibiendo en
su trayectoria profesional (desde entretenido sin sueldo en la secretaría de
Estado hasta secretario del Despacho Universal) en la alta administración de
la Monarquía Hispánica.
2.2. Las “carencias” en la formación
La mencionada trayectoria profesional de Antonio de Ubilla mostraría que
no siempre dispuso de los conocimientos que hubiera necesitado,
especialmente en el campo de los idiomas. Ciertamente, el uso del latín
como lengua franca le permitiría resolver no pocas situaciones sin la
necesitad de hacer uso de un intérprete, pero su desconocimiento del
francés pensamos que dificultó en alguna medida las labores del despacho
durante los inicios del reinado de Felipe V. Aún más, sabemos que no
llegaría a alcanzar demasiada destreza en el dominio de esta lengua, como el
propio duque de Saint-Simon evidencia en la visita que le haría ya en 1721:
“[Il marquis de Rivas] c’était un petit homme mince, et sur l'âge, dont
la mine n’imposait pas, mais plein d’esprit, de sens et de mémoire, et
120 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
69
avec qui je me serais extrêmement plu et instruit, s’il avait parlé
moins difficilement français”121.
El aprendizaje de lenguas vernáculas diferentes a las habladas en cada
territorio era algo poco usual en la Monarquía Hispánica en el siglo XVII,
una realidad a la que contribuía notablemente el que el español fuera por
aquel entonces la lengua de moda. Desde finales del siglo XVI hasta
comienzos del siglo XVII, nuestro idioma se había convertido en un
instrumento del todo necesario para multitud de europeos: comerciantes,
viajeros, misioneros, artistas, militares,…122.
De ahí que lo habitual fuera que el conocimiento de otras lenguas se
derivara de un aprendizaje directo en los lugares donde se hablaban,
circunstancia que solía restringirse a soldados, embajadores y personal de
administración destinado a cumplir sus funciones en países o lugares que
poseían un idioma distinto al suyo. Este último hecho, precisamente, fue el
que permitió a Antonio de Ubilla aprender italiano, ya que sirvió como
secretario al cuarto duque de Alburquerque mientras que éste ejerció como
virrey de Sicilia (1666-1670)123.
Un aprendizaje que facilitó, sin duda, tanto el viaje que realizó en 1702
acompañando a Felipe V a sus posesiones italianas como la comunicación
con las dos esposas de este monarca, cuya lengua materna era la italiana.
Arthur André Gabriel Michel de BOISLISLE (éd.), Mémoires complètes et authentiques
121
du duc de Saint-Simon…, XIX, p. 59. El subrayado es nuestro.
122 José Joaquín MARTÍNEZ EGIDO, La obra pedagógica del hispanista…, p. 21.
123 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1450r-1453v.
70
CAPÍTULO 3
EL FRACASO DE UNA ESTRATEGIA SUCESORIA
A pesar de llegar a contraer nupcias hasta en tres ocasiones, nuestro
biografiado no lograría descendencia de ninguno de dichos matrimonios.
Seis días antes de morir, él mismo nos confirmará este hecho con sus
propias palabras al afirmar en sus últimas voluntades “declarando como
declaro no tener hijos algunos”124. Aún más, tampoco parece que mantuviera
cerca de él a ningún pariente cercano125 o lejano, de ahí que no tuviera
reparo en dejar como heredera de todos sus bienes a la VOT de San
Francisco de Madrid.
Sin duda, esta realidad constituiría un serio revés pues no podría
legar a sus descendientes las dignidades y patrimonio acumulados durante
toda su vida, circunstancia que no dejaba de ser uno de los objetivos básicos
de todo grupo familiar. Suponemos que Ubilla albergó la esperanza de lograr
un heredero hasta entrado el siglo XVIII, pues en su último matrimonio,
realizado en 1709, mientras que él contaba ya con sesenta y cinco años su
mujer apenas tendría unos treinta. Pero tampoco en esta ocasión se
cumpliría su aspiración sucesoria.
Como es lógico, sus matrimonios se realizaron con mujeres acordes a
su estatus social en el momento de realizarse. De este modo, sus dos
primeras esposas formaban parte de familias vinculadas a la alta
administración de la Monarquía, y la tercera, siendo ya marqués de Ribas, a
la nobleza titulada de la ciudad de Córdoba. Por ello, conocería bien a los
familiares de las dos primeras, mientas que todo apunta a que el tercer
enlace fue acordado en la distancia.
124A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
125 Antonio de Ubilla, aunque tuvo dos hermanas, no contó con sobrinos carnales.
71
En abril de 1675, Antonio de Ubilla pidió al rey, y obtuvo, la licencia
necesaria126 para casarse con Gerónima Calva y Mensa, dama perteneciente
a la Cámara de la reina. Ésta era hija del secretario Rodrigo de Calva, que
había sido oficial segundo de la secretaría de Estado –donde el progenitor de
nuestro personaje había llegado a ocupar el puesto de oficial segundo-,
natural del valle de Camargo en las montañas de Burgos y vecino de
Santander, y de Luisa Mensa, natural y vecina de Madrid127. Su abuelo
materno, Clemente Mensa, que aún vivía, había sido secretario del Consejo
de Aragón en la parte de Cerdeña128.
El hecho de que Gerónima Calva perteneciera a la Cámara de la reina
Mariana de Austria supuso para nuestro personaje un singular golpe de
fortuna, pues gracias al enlace se aceleró su lento ascenso en la
administración. Tras su vuelta del reino de Sicilia, Ubilla sólo había logrado
promocionar en 1672 al puesto de oficial entretenido con remuneración de
quince escudos mensuales; por lo que sería providencial el hecho de que la
reina, en vista de ese futuro matrimonio, le concediese el 19 de octubre de
1674 la “merced de las ausencias y enfermedades del secretario que sirviere
la secretaría de Reales Descargos con el salario, gajes y emolumentos que le
corresponden”, lo que llevó aparejado su nombramiento el 29 de mayo de
1675 como secretario de Su Majestad ad honorem para que pudiera
desempeñarlo129, manteniendo la propiedad y sueldo de la que poseía y
declarándosele con derecho incluso a ocupar la vacante de la secretaría de
los Reales Descargos si ésta se produjese. Así pues, por real cédula de 18 de
septiembre de 1675 se hizo efectiva dicha merced130, pasando a
desempeñarla a partir de ese momento en las ausencias y enfermedades del
126Como caballero de la Orden Militar de Santiago, Ubilla estaba obligado a solicitar
permiso al rey, como administrador que era de dicha Orden.
127 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Santiago, exp. 88.
128 B.R.A.H., Salazar y Castro, D-29, f. 55v. Véase la Imagen 4 Anexo de Imágenes.
129Era preciso tener el nombramiento de secretario del rey para poder refrendar las cartas,
cédulas, provisiones y otros despachos que éste firmara.
130Aunque las sustituciones sólo se produjeron a partir de esta real cédula, la reina declaró
que le correspondían y que se le abonasen las propinas y luminarias que le correspondieran
desde la fecha en la que le había hecho concesión de la merced.
72
titular; y a partir del año siguiente en propiedad, al ser nombrado en 1676
secretario de la Junta de Reales Descargos131.
Sin embargo, este matrimonio no duraría mucho, ya que Gerónima
falleció el 25 de diciembre de 1678132. Viudo y con sólo treinta y cinco años,
Ubilla se dispuso a conseguir una nueva esposa. De este modo, en octubre de
1680 obtuvo de Carlos II nueva licencia para poder contraer matrimonio con
Ana María de Sobremonte y Carnero, natural de la ciudad de Roma133. Allí
había nacido entre 1658 y 1660, pues su padre había sido enviado allí como
agente de la Monarquía Hispánica134; lo cual nos indica que tendría entonces
en torno a veinte años.
La joven era hija de Gaspar de Sobremonte y Rebolledo, caballero de
Santiago135, natural de Aguilar de Campoo, y de Juana Carnero, natural de
Madrid136; así como hermana del que llegaría a ser conde consorte de
Villafranca de Gaitán137. Su abuelo paterno, Gaspar de Sobremonte, había
sido del Consejo de Su Majestad en el Real de Castilla y su abuelo materno,
Antonio Carnero, fue caballero de Santiago y secretario de Estado y del
Despacho Universal durante el reinado de Felipe IV138; empleo este último
que también ocuparía años después Alonso Gaspar Carnero, hermano de su
madre.
Las familias de ambos se conocían desde hacía décadas. Nos consta
que vivían en la misma parroquia139 y Gaspar de Sobremonte fue uno de los
testigos que declaró en las averiguaciones que se hicieron en 1663 para
131A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1454r-1455r y
1465r.
132 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 176.
133 A.H.N., Órdenes Militares, Casamiento Santiago, exp. 453.
134Gaspar de Sobremonte comienza en 1658 sus labores como nuevo agente –ya que se
había decidido no darle el nombramiento de embajador ordinario- de España en Roma
(Carlos PUYOL BUIL, Inquisición y política en el reinado de Felipe IV…, p. 685).
135 A.H.N., Órdenes Militares, expedientillo 3563. Vistió el hábito en 1655.
136 A.H.N., Órdenes Militares, Casamiento Santiago, exp. 453.
137José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, p. 58. Nos referimos
a José Francisco de Sobremonte y Carnero.
138 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
139José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, p. 58. José Francisco
de Sobremonte y Carnero fue bautizado en 1663 en la parroquia madrileña de San Andrés,
indicándose que sus padres eran vecinos de ella.
73
conceder el hábito de la orden de Santiago al propio Antonio de Ubilla. En
aquel entonces, el abuelo de la que ahora era su segunda esposa, afirmaba
que lo conocía de vista y comunicación y que, además, trató a su padre
durante muchos años140.
Esta unión matrimonial se extendería durante más de veinticinco
años, falleciendo Ana María de Sobremonte entre los años 1707 y 1709141. La
ausencia de hijos del enlace y el hecho de que o bien ella falleciese ab
intestato o bien dispusiese que sus bienes pasasen a su familia, llevó al
marqués de Ribas a tener que litigar un pleito con su cuñado, el conde
consorte de Villafranca de Gaytán, por la partición de bienes de su mujer; en
el cual sabemos que se ordenó hacer tasación de bienes raíces y muebles
como por ejemplo el señorío de Velilla, recién adquirido142. No nos consta
cómo se resolvió dicho pleito, pero suponemos que las partes acabarían
llegando a un acuerdo acerca de los bienes y cantidades que correspondían
al conde y demás herederos.
Finalmente, en 1709, pocos días antes de dejar Madrid para
acompañar a Felipe V cuando decidió pasar al ejército de Cataluña143, el
marqués de Ribas contraería terceras nupcias con una joven natural de la
ciudad de Córdoba e integrante de una familia de reconocida nobleza. Nos
referimos a Ana María Fernández de Mesa y Sousa144.
Hija de Andrés Fernández de Mesa y Argote y de su segunda mujer
Ana María de Sousa y Cárcamo, había nacido en Córdoba en algún momento
entre 1675 y 1684; por lo que contaba en el momento de casar, como
máximo, con treinta y cuatro años. Es decir, aproximadamente la mitad de
los que poseía su marido.
Huérfana desde muy pequeña, parece que, junto a sus hermanos,
quedó inicialmente al cuidado de Francisco Antonio Fernández de Córdoba,
140 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
141Nos basamos para esta afirmación en el hecho de que en 1707 se refiera a ella como aún
viva (B.N.E., ms. 19512, f. 111v) y en el de que contraería matrimonio dos años después con
su tercera esposa.
142 B.R.A.H., 14/11513(1).
143 B.N.E., ms. 19512, f. 262v.
144 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 176.
74
tío de su padre, que ejercería como tutor de todos ellos145. Y consideramos
que posteriormente quedaría al cuidado de alguno de sus hermanos, ya que
todo apunta a que ésta residió siempre en su ciudad natal hasta que marchó
a Madrid a contraer nupcias. Buena prueba de ello es la afirmación que ella
misma hizo años después, ya viuda, de que su difunto marido le había
enviado aderezos y joyas “a la ciudad de Córdoba mucho antes de venir a su
poder”146.
Andrés Fernández de Mesa y Argote, hijo del veinticuatro de Córdoba
Alonso Fernández de Mesa y Argote y de Leonor Cabrera de los Ríos, había
sido caballero de Calatrava147, señor de la villa de Chanciller y veinticuatro
también de la ciudad de Córdoba148. Casó en primeras nupcias en 1668 con
Paula Fernández de Córdoba y Figueroa, hija de Luis Gómez Fernández de
Córdoba y Figueroa, caballero de Calatrava y señor de la villa de Villaseca, y
de Isabel Fernández de Córdoba149; de cuyo matrimonio tuvo a Alonso e
Isabel Fernández de Mesa y Fernández de Córdoba150. Tras enviudar, en
1675 contrajo segundas nupcias con Ana María de Sousa y Cárcamo151; la
que fallecería en 1684 dejando cinco hijos vivos (entre ellos Ana María
Fernández de Mesa y Sousa). Casó por tercera vez con María Fernández de
Córdoba Ponce de León y Cárcamo, de la que quedó viudo en 1685 sin
descendencia; la cual lo dejó instituido como heredero de sus bienes en
partes iguales con su madre. Andrés otorgaría testamento en Córdoba el 4
de noviembre de 1686, dejando en él como sucesor de su mayorazgo y
mejorando en el tercio y quinto de sus bienes a su hijo mayor, Alonso
Fernández de Mesa y Fernández de Córdoba. Falleció poco después, siendo
145A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1687, ff. 278r-281v. Actuaba
ya como tal el 22 de febrero de 1687.
146A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
147 A.H.N., Órdenes Militares, Calatrava, exp. 932. Vistió el hábito en 1648.
148 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
149 A.H.N., Estado, Orden de Carlos III, exp. 412. En 1703 se comprobó que este
matrimonio no constaba en el libro de actas de matrimonios de la parroquia de Santa
Marina, donde se realizó el enlace, por lo que se procedió, previo auto y declaración de
testigos, a inscribirla entonces.
150 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
151 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Calatrava, exp. 142.
75
sepultado en el enterramiento de su casa y mayorazgo que estaba en la
capilla de San Jacinto del convento cordobés de San Pablo.
En honor a la verdad, pocos bienes podía aportar Ana María
Fernández de Mesa a su matrimonio con el marqués de Ribas, ya que su
padre había mejorado en 1686 en el tercio y quinto de todos sus bienes a su
medio hermano Alonso Fernández de Mesa y Fernández de Córdoba
instituyendo con ellos un mayorazgo en su favor152. Sus bienes dotales se
evaluaron en 1727 en 164.000 reales, una cifra considerable pero que ha de
matizarse ya que en ella se incluían los aderezos, joyas y cantidades que
Ubilla le regaló antes de casar, así como el valor de las rentas de la
encomienda de Quintana desde la fecha del enlace hasta el fallecimiento
aquel, ya que se las había concedido como aumento de dote153.
No obstante, sí podía acreditar la nobleza de su sangre. Un hermano
de su madre, Vasco Alfonso de Sousa, heredó por vía materna en 1704154 el
condado de Arenales155; mientras que su abuelo materno, Juan Alfonso de
Sousa y Fernández de Córdoba, reclamó para sí el marquesado de
Guadalcázar en 1671 al fallecer el último marqués sin descendencia
masculina. La hija del finado, Josefa Fernández de Córdoba, tomó posesión
del mayorazgo y se tituló como marquesa; aún así el pleito siguió su curso y
en 1731, setenta años después, se resolvió por la Sala de Mil y Quinientas del
Consejo de Castilla dando la razón al demandante y mandando que el
mayorazgo y título de marqués de Guadalcázar pasase a Juan Alfonso Sousa
y Portugal156, que era nieto de Juan Alfonso de Sousa y Fernández de
Córdoba e hijo de Vasco Alfonso de Sousa, de quien había heredado el
condado de Arenales.
Bien es cierto que el abuelo y tío maternos de Ana María Fernández
de Mesa no pudieron titularse como marqueses de Guadalcázar en vida,
152 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
153A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1).
154 José RAMOS, Aparato para la corrección…, p. 163.
155 Francisco RUANO, Casa de Cabrera en Córdoba…, p. 374.
156Vicente de CADENAS Y VICENT; Julio de ATIENZA; Jesús LARIOS Y MARTÍN; Manuel
RAVENTÓS NOGUER; y Antonio de VARGAS ZÚÑIGA, Tratado de Genealogía, Heráldica
y Derecho nobiliario…, pp. 285 y 290.
76
pero la sentencia de 1731 reconocía el mejor derecho que tenían al título
nobiliario.
Asimismo, al momento de contraer matrimonio, su medio hermano
Luis Fernández de Mesa y Fernández de Córdoba era marqués de Villaseca.
Este marquesado lo había creado Felipe V el 16 de febrero de 1703 a favor de
Gómez Luis Fernández de Córdoba157 en agradecimiento por haber servido
en 1702 contra las tropas proaustracistas que desembarcaron en las costas
de Andalucía. Era caballero de la Orden de Alcántara y estuvo casado con
María de la Concepción Fernández de Argote y Galindo, de la que le nació un
hijo llamado Luis que “falleció desgraciadamente de una pedrada en la
puerta de su casa”. Quedó pues sin descendientes, por lo que decidió
declarar como heredero de su casa y mayorazgo, del marquesado y de otros
bienes158 al hijo de su hermana, el mencionado Luis Fernández de Mesa y
Fernández de Córdoba, a través de un poder para testar otorgado a favor de
su mujer fechado el 8 de julio de 1704; que ella otorgaría a finales de dicho
mes una vez fallecido el primer marqués de Villaseca159.
Así, desde dicho año hasta su fallecimiento en diciembre de 1711160, su
medio hermano sería el segundo marqués de Villaseca; heredando entonces
el título su sobrino.
Tras diecisiete años en común, Ana María Fernández de Mesa
enviudaría en octubre de 1726. El marqués, aunque declaró como heredera
de todos sus bienes a la VOT de San Francisco de Madrid, no quiso dejar
desamparada a su tercera esposa; de ahí que le concediese la segunda vida
con la que Carlos II le había donado las encomiendas de Quintana y Peso
Real de Valencia, y la declarase usufructuaria de todos sus bienes “por los
largos días de su vida sin poderlos vender, empeñar ni enajenar de ellos en
tiempo ni manera alguna; esto en atención a su apreciable y conocida
157 A.H.N., Consejos, leg. 2753, año 1703, exp. 9.
158Estos fueron los patronatos de la Capilla Mayor y Convento de Santa Isabel, las
capellanías fundadas en la capilla de San Antonio Abad de la Catedras y el patronato de la
Hermandad de las Angustias.
159Francisco RUANO, Casa de Cabrera en Córdoba…, pp. 470-471. Descripción
genealógica y historial de la ilustre Casa de Sousa…, p. 306.
160 A.H.N., Estado, Orden de Carlos III, exp. 412.
77
calidad y méritos grandes de su persona y a la cuidadosa atención y
conformidad que la he debido y para que durante su larga vida pueda
mantenerse con la estrechez a que las pocas rentas que producen mis
posesiones”. Ahora bien, Ubilla precisó aún más las condiciones de este
usufructo, indicando que “la dicha señora marquesa de Rivas, mi mujer,
pasare a tomar otro cualquier estado no manteniéndose de viuda, la excluyo
de tal heredera usufructuaria, y pasen y recaigan todos los dichos mis bienes
y hacienda en la dicha orden tercera”161. Y viuda permaneció ésta hasta su
fallecimiento, que tendría lugar en Madrid el 3 de marzo de 1737162.
161A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2, ff. 17v-18r.
162 A.H.P.M., Protocolos de Madrid, prot. 19486, f. 808r.
78
CAPÍTULO 4
ENTORNO COTIDIANO Y ESTILO DE VIDA:
LA CULTURA DEL LUCIMIENTO
Como ya hemos evidenciado al hablar del patrimonio de la familia paterna y
materna de Antonio de Ubilla, y también mostraremos cuando tratemos del
patrimonio de nuestro biografiado, la gestión patrimonial y el modo de vida
de los sectores nobles estaba influido en la época que estudiamos por un
afán de lucimiento. Un deseo de mostrar a la sociedad el poder y la calidad
de dichas familias. La vida noble se sustentaba, así, tanto en una ideología
reinante como, necesariamente, en aspectos materiales de la misma163.
Será el propio sector nobiliario el que se encargará de ensalzar y hacer
que se valore esa cultura de élite que los diferencia del resto de la
sociedad164. Para ello recurrirán a ciertos mecanismos de distinción que,
básicamente, consistirán en su aproximación a las fuentes de poder y en
unos signos externos de distinción: propiedades, títulos nobiliarios, órdenes
militares, estilo de vida y muchos otros. En el presente capítulo nos
ocuparemos de lo respectivo al estilo de vida, dejando para posteriores
capítulos el desarrollo de los restantes elementos.
Ni que decir tiene que en la sociedad española de la Edad Moderna no
bastaba con tener sangre noble para gozar de una posición dominante. A
pesar de que se consideraba que se era receptor de las virtudes de los
antepasados, debían demostrarse de manera efectiva esas virtudes a través
de una conducta y unos comportamientos nobles. Elementos ambos que se
163 Antonio DOMÍNGUEZ ORTÍZ, Las clases privilegiadas del Antiguo Régimen…, p. 147.
164La política de gasto suntuario destinado a mantener y, en la medida de lo posible,
aumentar el honor y la calidad de la nobleza no fue un fenómeno únicamente hispánico. Ya
Lawrence Stone dio cuenta de estas mismas prácticas para el caso inglés en la temprana
Edad Moderna (Lawrence STONE, The crisis of the aristocracy, 1558-1641, Oxford,
Clavendon Press, 1965).
79
encuadrarían dentro de lo que podríamos denominar cultura del
lucimiento165.
En concreto, analizaremos aquí algunos de los aspectos que la
integraron (casa, vestimentas, criados, medios de transporte y actividades
de ocio y diversión), tratando otros que también formaron parte de este
lucimiento cuando abordemos los demás aspectos de la trayectoria de
nuestro biografiado. Nos referimos, por ejemplo, a la capilla funeraria de su
familia o a la posesión de distintos cargos y dignidades (hábito,
encomiendas y señoríos).
4.1. Las casas principales
La vivienda noble era en la época analizada un espacio mucho más abierto
que los domicilios actuales. No sólo desfilaban dentro de sus muros un
nutrido grupo de empleados domésticos, sino que era escenario de no pocas
reuniones de amigos o, simplemente, de celebraciones o visitas. La casa, por
tanto, debió convertirse así en una suerte de escaparate o muestrario de las
virtudes familiares.
La residencia principal del marqués de Ribas era la misma en la que
había nacido y que anteriormente había pertenecido primero a sus abuelos
maternos (que le habían incorporado una casa y cochera, así como unas
caballerizas) y, posteriormente, a sus progenitores. Se trataba de unas casas
situadas “junto a las tabernillas [de San Francisco] y (…) accesorias a los
niños del colegio de San Ildefonso”166. A pesar de que actualmente no queda
ni rastro de este inmueble, suponemos que dispondría de dos plantas y
muchas habitaciones que dieron alojamiento tanto a su familia como al ya
referido servicio doméstico. Su fachada, en la línea de lo que era habitual,
165A pesar de que en ocasiones se denomine a estas prácticas como cultura o afán de
ostentación, consideramos más apropiado adoptar la denominación que los propios
contemporáneos utilizaban para referirse a este estilo de vida.
166 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Declaración realizada el 18 de
septiembre de 1663 por don Francisco Méndez Testa, secretario de Su Majestad y escribano
mayor del Ayuntamiento de Madrid; éste era natural de Madrid y contaba entonces con
sesenta y tres años.
80
sería ostentosa; aunque desconocemos si se llegó a ubicar en ella el escudo
de armas familiar167.
En lo que respecta a su interior, aunque las noticias que hemos podido
recopilar son muy parcas, nos encontramos con los elementos habituales en
un domicilio de este tipo: mobiliario y objetos de valor (espejos, pinturas,
escritorios, tapices y urnas), así como algunos objetos de plata (por ejemplo
una vajilla pequeña de camino compuesta por doce platos, salvilla, salero y
demás necesario) que mostrarían a los visitantes la suntuosidad y lujo de sus
anfitriones168.
Es fácil imaginar que la etapa en la que ocupó la secretaría del
Despacho Universal, que coincidió además con su acceso a la nobleza
titulada, sería cuando en mayor medida debió desplegar esa cultura del
lucimiento. Probablemente, a ello se debieron las notables dificultades
económicas que le afectaron en aquel entonces y que le acompañaron, aún
más si cabe, en el periodo de su caída en desgracia (1706-1715). En 1705,
poco después de comprar el señorío de Velilla, procedió a cargar esta
jurisdicción con censos por un valor incluso superior al precio de la
compra169; y en 1710, tras haber seguido al rey durante las campañas de los
dos años anteriores, tuvo que abandonar este tercer viaje tanto por una
enfermedad que lo mantuvo postrado muchos días como por “la falta de
caudal”. Tanto es así que en aquel momento hubo de valerse de dinero
prestado para regresar a Madrid170.
A pesar de que recuperó en 1715 los cargos de consejero y camarista de
Indias, el marqués de Ribas parece que viviría a partir de entonces
prácticamente recluido en sus casas principales en compañía de su esposa.
Aquellos años en los que desempeñara funciones de primer orden y en los
que fue un destacado actor en el complejo juego sucesorio a la Monarquía
167El hecho de que sólo se mencione, en 1663, la presencia de escudos en las casas que su
abuelo materno mandó edificar en sus posesiones de Fuente el Fresno y en la capilla que
adquirió en la iglesia del convento de San Francisco, parece indicarnos que en dichas casas
probablemente no se dispuso su colocación.
168A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
169 B.R.A.H., 14/11544(1).
170 B.N.E., ms. 19512, f. 239r.
81
Hispánica quedaban ya muy lejos. Tanto es así que, en 1721, cuando el
duque de Saint-Simon acudió a su domicilio a hacerle una visita, no pudo
dejar de extrañarse por su situación:
“Il languissait depuis obscurément et avec peu de bien, dans le conseil
de Castille, où on lui avait donné une place, comme dans un vieux
sérail; et, avec les années et l'infortune, il vivait fort seul, fort
abandonné, se présentant rarement, toujours très inutilement, au
palais où il était fort peu accueilli”171.
4.2. Las vestimentas
Si las casas de la familia contribuyen a esa voluntad de ostentación, no
menos importancia tuvo el mostrarse ante el resto de la sociedad con una
indumentaria acorde con su rango. En este sentido, nos consta que en el
caso del padre de nuestro biografiado, “su porte y lustre fue de hombre
noble”; y de Antonio de Ubilla no pocos testigos sostendrían que mostraría
gran “porte, vistiendo con lucimiento”172. Indumentaria a la que nuestro
biografiado pudo sumar en 1663 el hábito de la orden de Santiago, lo que le
permitiría, sin duda, aumentar su imagen de dignidad ante el resto de
ciudadanos.
De otra parte, las mujeres de su familia (madre y hermanas) y sus
sucesivas esposas, hemos de suponer que llevarían vestidos lujosos y
lucirían joyas, sortijas o aderezos. No en vano, existía la figura de la dote,
destinada a que las mujeres dispusiesen de ropas y complementos acortes a
su estatus. De este modo, es fácil suponer que en sus guardarropas no
faltarían pañuelos, enaguas, guantes perfumados, medias de seda o zapatos.
Es poco lo que conocemos de este particular para el caso que aquí
estudiamos, salvo la afirmación realizada en 1727 por la marquesa viuda de
Ribas de poseer aderezos y joyas procedentes de sus bienes dotales. En
concreto, menciona una joya grande de diamantes que se hallaba entonces
Arthur André Gabriel Michel de BOISLISLE (éd.), Mémoires complètes et authentiques
171
du duc de Saint-Simon…, XIX, p. 59. El subrayado es nuestro.
172 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Declaraciones realizadas en 1663.
82
empeñada; así como de otras que le remitió Ubilla a Córdoba y que
posteriormente, con su permiso, se emplearon para labrar una venera
grande con diamantes en plata que luciría el marqués173.
4.3. Los criados
A diferencia de lo que ocurriría en la Edad Contemporánea, en el Antiguo
Régimen los criados constituían algo así como una prolongación del núcleo
familiar. La relación entre señores y empleados iba más allá de la pura
relación contractual. No se servía únicamente por un salario o por
asegurarse el sustento, sino que la cercanía a dichos señores les hacía
partícipes de algún modo del poder y honor de la casa.
Aún así, los criados constituían un signo más de prestigio. Tenerlos y
poder mantenerlos constituía un elemento recurrente en las pruebas de
nobleza que se realizaban en la Edad Moderna, incluidas las que se
instruyeron a nuestro biografiado para la concesión del hábito de la orden
de Santiago. En las grandes casas, e incluso en las menores, el número de
empleados domésticos era muy elevado; pues esa pléyade de criados
incrementaban el prestigio y poder del señor.
Ello explica, por ejemplo, que el duque de Medina Sidonia tuviera a
su servicio en sus casas a comienzos del siglo XVI a unas 200 personas de
servicio y a más de 250 esclavos. Pero esta carrera para ver quién mantenía
a más criados acabaría comprometiendo la economía de no pocas de dichas
familias, por lo que la Corona trató de limitar en 1623 a sólo dieciocho el
número de empleados domésticos de toda categoría que se podían tener;
una prohibición que, ni que decir tiene, sería sistemáticamente
incumplida174. De este modo, en el siglo XVIII, al igual que en la centuria
anterior, las casas de las grandes familias nobiliarias y, en menor medida,
las del resto de la nobleza que residía en la Corte, tendían a mostrar su
173A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), exp. 2.
174 Faustino MENÉNDEZ PIDAL, La nobleza en España: ideas,…, pp. 79-80.
83
riqueza y a exhibir un elevado número de sirvientes175. Aún así, pensamos
que dicha limitación legal contribuiría a que se frenase esa competencia.
En cualquier caso, no constituye una tarea fácil el conocer con certeza
el número de empleados de los que se disponía, básicamente porque los
testamentos, que suelen ser los principales documentos que nos informan
de este punto, mencionan sólo a quienes se quiere premiar de algún modo.
Así pues, es más fácil para nosotros conocer su variedad (doncellas,
mayordomos, camareras, lacayos, cocheros,…) que su cantidad.
Nos consta que el marqués de Ribas, al igual que sus padres y
abuelos, siempre dispuso de criados a su servicio176; habiendo permanecido
algunos de ellos durante toda su vida en sus casas principales e incluso se
habían sumado a su servicio descendientes de aquellos. Tenemos
conocimiento de ello gracias a la relación de legados que Ubilla y su viuda
realizaron en los años 1726 y 1727. Por ejemplo, Dª. Teresa Martínez de
Molina se había criado en la casa del marqués desde que tenía seis años y
era hija de un antiguo criado de Ubilla llamado D. José Martínez de Molina.
Asimismo, podemos comprobar los lazos que con el paso de los años
se habían establecido entre señores y empleados. En este sentido, el
marqués sólo indicará en su poder para testar que mantuviera en el cargo a
su criado mayor don Miguel Bernardo del Barrio Canal y a su lacayo
Francisco Carrera, el cual le había servido en la corte y durante las jornadas
que había realizado; dejando libertad a su esposa para que distribuyera los
legados que estimase oportunos entre los demás. Un hecho que parece
ponernos en la pista de la cercanía que mantuvieron estos dos individuos y
el Ubilla.
Sería pues Ana María Fernández de Mesa la encargada de ofrecernos,
al otorgar testamento en nombre de su marido, las identidades de los
175Probablemente, los estudios que más hayan profundizado en el conocimiento del servicio
doméstico en la Edad Moderna son los dedicados a las grandes casas nobiliarias francesas
(véanse, por ejemplo, Jean Pierre GUTTON, Domestiques et serviteurs dans la France de
l’Ancien Régime, Paris, Aubier-Montaigne, 1981; o Sarah MAZA, Servants and Masters in
Eighteenth-Century France. The Uses of Loyalty, Princeton, Princeton University Press,
1983).
176A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Coinciden en ello varias declaraciones
de testigos en 1663 que manifestaban que se servía “con criados de toda estimación” o que
vivía “con lucimiento de criados”.
84
restantes criados, ya que el hecho de que éste le pidiera que asistiera a todos
ellos dándoles lo que fuera de su voluntad parece probarnos que, en esta
ocasión, sí nos encontramos ante una lista completa:
Cuadro I.4.1
Empleados en la casa del marqués de Ribas en 1726-1727
Nombre Ocupación
D. Miguel Bernardo del Barrio Canal Criado mayor y secretario
D. Cristóbal Bernardo del Barrio Canal Criado mayor y caballero
D. Juan Gabriel de Bazterechea
Francisco Carrera Lacayo
Lorenzo Arias Lacayo
Antonio Martínez Cochero mayor
Bernardo Guerra Mozo de mulas
Dª. María Josefa de Témez Asistenta y camarera
Dª. Teresa Martínez de Molina
Dª. Rosa de Témez Asistenta de la marquesa
Josefa García Criada de la cámara
Manuela Martinez Criada de la cocina
Catalina Morante Criada
Sabemos, gracias a ello, que en sus últimos momentos de vida servían
al marqués un total de trece empleados, cifra que consideramos significativa
si tenemos en cuenta que éste vivía solo en compañía de su mujer.
Probablemente se trataba del único número que el marqués, cuya situación
económica no fue demasiado buena, como ya hemos expuesto, en sus
últimas décadas de vida, podía permitirse; o, quizá, el mínimo que según su
calidad se esperaba que poseyera aunque tuviera dificultades para
mantenerlos. Al no disponer, lamentablemente, de las cuantías que recibían
como salario nos es imposible precisar este punto177.
4.4. Los medios de transporte
Otro elemento que contribuyó a marcar esta cultura del lucimiento fue la
presencia de carruajes, los cuales constituyeron un elemento esencial de la
puesta en escena nobiliaria. El elevado coste tanto del propio vehículo como
de las guarniciones, arneses y sillas de las caballerías, que también había
Las investigaciones de Janine Fayard, basadas en los testamentos de los Consejeros de
177
Castilla, estimaron que el salario diario de un criado podía variar en el Madrid del periodo
que analizamos entre menos de un real y más de diez (Janine FAYARD, Los miembros del
Consejo de Castilla…, p. 441).
85
que poseer y alimentar, llevaría a que sólo las rentas más altas pudieran
disponer de ellos. Ello explica que la presencia de coches o carruajes, en sus
distintos tipos: berlinas, birlochos, carretones, etc., fuera más habitual en
los grandes núcleos urbanos178.
En Madrid, como capital de la Monarquía, la posesión de dichos
carruajes y arreos de caballería se acabó convirtiendo en un elemento
necesario para todo noble que precisase recorrer sus calles. Aún más, se
iniciaría a la vez un proceso para hacer de esas piezas elementos cada vez
más ostentosos y, por ende, caros179.
No contamos, en verdad, con un inventario de bienes que nos hable
de la presencia de este tipo de medio de transporte entre las posesiones del
marqués de Ribas; sin embargo, su lógica existencia parece probada por la
mención entre su servicio doméstico de un cochero mayor, de un criado
mayor y caballero y de un mozo de mulas180. Ellos se encargarían,
respectivamente, de mantener y manejar el coche y de cuidar los caballos y
mulas que éste requería.
El que estuviera situado entre el selecto grupo de nobles titulados y,
especialmente, el haber desempeñado cargos de primer orden en la
Monarquía, incluyendo alguno que suponía contacto frecuente con el propio
rey, nos hacen considerar que hubiera sido prácticamente imposible que
Ubilla no dispusiera de, al menos, un carruaje para sus desplazamientos y
los de su familia.
4.5. Actividades de ocio y diversión
Los inicios de la Modernidad constituyeron una etapa caracterizada por los
juegos, las diversiones y las fiestas. En el mundo cortesano, estos elementos
178 Sirva como ejemplo de ello el que entre la nobleza valenciana del siglo XVIII, usando
como fuente testamentos e inventarios de bienes, sólo se hayan podido localizar cinco
carruajes (Jorge Antonio CATALÁ SANZ, Rentas y patrimonios de la nobleza valenciana…,
p. 158).
Antonio URQUÍZAR HERRERA, Coleccionismo y nobleza. Signos de distinción social…,
179
pp. 45-46.
180A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), exp. 2.
86
adquirieron un enorme protagonismo; tanto que acabaron convirtiéndose
en un pilar del ritual del poder. Lo que para las clases populares constituían
juegos y fiestas ligados al mundo laboral, para la nobleza, al ser un elemento
central en la vida cortesana, llegarían a ser un medio esencial de la praxis
política181.
Aún así, el trabajo y el ocio no debían aparecer separados en el ideario
de la época, que los contemplaba como actividades que servían para
interrumpir el trabajo diario o para descansar; de ahí que algunos
tratadistas del siglo XVII censuraran una excesiva atención al tiempo
destinado al ocio y a las diversiones182.
Como lamentablemente ocurre en no pocos aspectos de la vida
privada de nuestro biografiado, contamos con escasa información acerca de
aquellas actividades lúdicas en las que pudo participar Antonio de Ubilla. Es
lógico pensar que no faltaría en muchos de los numerosos festejos públicos,
tanto de carácter civil como religioso (desfiles, procesiones, carnavales,…),
que se organizarían en Madrid; y que en ellos, tanto él como su familia,
tendría ocasión de mostrarse ante el resto de la sociedad. Del mismo modo,
celebraciones como bodas y bautizos, que solían dilatarse en ocasiones
durante días, serían también ocasión para confraternizar con sus conocidos
y demás integrantes de su círculo.
Por otro lado, consideramos de utilidad para finalizar el referir un
curioso testimonio que nos informa de que nuestro personaje y su familia
solían acudir, antes de que su madre las vendiera en los años cincuenta del
siglo XVII, “a holgar” a las propiedades que su abuelo materno había
adquirido en Fuente el Fresno183. Nos encontramos, pues, ante un
comportamiento típicamente nobiliario de abandonar los núcleos urbanos
para descansar en sus posesiones situadas en el campo, en este caso a unas
leguas de Madrid dentro de su propia jurisdicción.
181 Richard van DÜLMEN, Los inicios de Europa Moderna…, pp. 202-203.
182A modo de ejemplo, Núñez de Castro sostendría que “El ocio es todos los vicios en flor, y
lo malo es que son estas flores tan infelizmente dichosas que nunca asientan los frutos”
(Alonso NÚÑEZ DE CASTRO, Libro histórico-político, sólo Madrid…, p. 280).
183A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Declaración realizada por Mari López,
viuda de sesenta años y natural de Fuente el Fresno, en 1663. Véase la Figura 4 del Anexo
de Mapas, Planos y Vistas.
87
CAPÍTULO 5
VÍNCULOS CON LA CIUDAD DE
FUENTERRABÍA
Junto a las Cortes y al sistema polisinodial, los territorios de Castilla
empleaban otros cauces para relacionarse con la Corona, tales como
naturales del territorio o agentes a los que se acudía para que los
representasen en las negociaciones184. Incluso cuando se contaba con
representantes oficiales en la Corte era habitual recurrir a agentes para
encauzar las negociaciones políticas, económicas, militares,… y lograr una
mejor defensa de sus intereses185.
Básicamente podemos distinguir dos tipos de agentes: los que
residían por periodos más o menos extensos en Madrid y los que viajaban ex
profeso para tratar allí asuntos puntuales. En ambos casos recibían un
nombramiento en el que se fijaba la duración y competencias de su
comisión, al igual que un salario. Ahora bien, a estos debemos sumar
también todos aquellos individuos que residían en la Corte y que, a petición
de las ciudades de las que eran originarios ellos o sus familias, actuaban
como representantes de sus intereses. Actuaban así como una suerte de
“embajadores” o “representantes” de dichos lugares. Una estrategia que los
concejos vascos usarían intensivamente durante toda la Modernidad, dado
el elevado número de guipuzcoanos, vizcaínos o navarros que había en la
alta administración186.
184 Jon ARRIETA ALBERDI, “Las formas de vinculación a la Monarquía…”, en Antonio
ÁLVAREZ-OSSORIO y Bernardo José GARCÍA GARCÍA (eds.), La monarquía de las
naciones…, pp. 303-326.
185 Este es el caso, por ejemplo, de la ciudad y reino de Murcia: Francisco Javier
GUILLAMÓN ALVÁREZ; José Javier RUIZ IBAÑEZ y José Jesús GARCÍA-HOURCADE,
La corona y los representantes del reino de Murcia…, pp. 50-63.
186 A pesar de la frecuencia con la que se acudía a este recurso, las investigaciones sobre
estos representantes de localidades o señoríos vascos en la corte son aún muy escasas. De
ahí que aquí sólo citemos un par de trabajos vinculados con la provincia de Guipúzcoa,
donde estaba enclavada la ciudad de Fuenterrabía. Nos referimos a las actuaciones de los
nuncios o agentes de la referida provincia, cuyas actuaciones para los siglos XVI y XVII han
sido estudiadas por Susana TRUCHUELO GARCÍA, Gipuzkoa y el poder real en la Alta
89
No es de extrañar entonces que la ciudad guipuzcoana de
Fuenterrabía, patria, como hemos tenido ocasión de manifestar, de la
familia paterna de nuestro personaje, recurriera tanto al envío de agentes a
la Corte como a solicitar la mediación de individuos vinculados con ella y
que ocupaban destacados puestos en Madrid. Un hecho especialmente
evidente en aquellos empleos que implicaban el estar próximo al monarca o
a quienes podían influir en una decisión favorable a la petición.
Este sería el caso, entre otras, de la familia Ubilla. Sus integrantes, al
menos desde mediados del siglo XVI, nos consta que ejercieron distintas
comisiones en representación de su ciudad. El caso más antiguo que hemos
podido localizar es el del contador de presidios de la provincia de Guipúzcoa
Juan Pérez de Ubilla, bisabuelo de nuestro biografiado, que sabemos que
estaba en Madrid en 1564 actuando como agente de la villa de Fuenterrabía.
Una confianza del concejo hodarribitarra que también obtuvo su abuelo, el
contador Antonio de Ubilla, que sería uno de los dos procuradores enviados
por la ciudad el 13 de noviembre de 1613 a Tolosa para visitar y cortejar al
condestable de Castilla Juan Fernández de Velasco187.
Aún más, su propio padre, poco después de arribar a la Corte en 1617,
ya nos consta que mantenía contacto epistolar con su ciudad.
Lamentablemente, las series de correspondencia de los archivos municipales
no suelen ser todo lo completas que nos gustaría, de ahí que sólo hayamos
podido localizar una carta que Antonio de Ubilla e Izaguirre dirigió desde
Aranjuez a la ciudad de Fuenterrabía el 4 de mayo de 1620. En ella informa,
tras indicarnos que el oficio al que respondía le había sido remitido desde
Madrid por tu tío, el alférez Juan Casadevante, al Real Sitio de San Lorenzo
de El Escorial, donde se encontraba entonces acompañando al rey como su
servidor, que la dilación en su respuesta se había debido a que había estado
informándose de los asuntos que se le habían confiado en ella188.
Edad Moderna…; y para los últimos años del XVII y comienzos del siglo XVIII por Alfonso
GÓNZÁLEZ GONZÁLEZ, Instituciones y sociedad guipuzcoanas en los comienzos del
centralismo…, pp. 103-116.
187 Juan Carlos MORA AFÁN, Familia y poder en Época Moderna…, pp. 183 y 187.
A.A.H., Fondo Municipal, E-8-1, libro 2, exp. 2. Véase el Documento 3 del Apéndice
188
Documental.
90
No obstante, sería nuestro biografiado el miembro de la familia que
en más ocasiones sería requerido para que actuase como intermediario en
asuntos generalmente relacionados con problemas con el vecino país galo;
teniendo mucho que ver en ello, obviamente, los destacados puestos que
ejerció y la propia proximidad que tenía con el monarca y con el resto del
personal administrativo y grandes personajes que lo rodeaban.
5.1. Antonio de Ubilla: mediador en los asuntos de la ciudad de
Fuenterrabía en la corte
Suponemos que Antonio de Ubilla ejerció como mediador en los asuntos de
la ciudad desde que se incorporó a la plantilla de la secretaría de Estado de
la negociación de Italia, no obstante el primer testimonio documental de que
disponemos nos lleva hasta 1680. En mayo de ese año, Fuenterrabía
presentó un memorial al monarca manifestando su desacuerdo por el hecho
de que se hubiera nombrado un juez pesquisidor por parte del rey para
investigar lo acontecido en la frontera con ciertos asuntos y controversias
con los vecinos de Hendaya, pues dichas cuestiones competían a su
jurisdicción; por lo que solicitaban que se reconsiderase su envío.
La ciudad obtuvo respuesta a través de Antonio de Ubilla, que en
sendas cartas de 15 y 16 de mayo informaba de que se haría lo posible para
que dicho juez no acudiera y si lo hacía se centraría en comprobar el estado
de la situación y no en investigar a la ciudad; indicando además que él
estaba “bien enterado” de que el nombramiento se había hecho para evitar
que la provincia de Guipúzcoa lo designase en su nombre. Asimismo,
aunque no se pretendía castigar ni a la ciudad ni a la provincia, como el
propio Ubilla indica en otra misiva fechada el 13 de junio, el
comportamiento de los clérigos con los agentes de la provincia, saliendo
armados para impedir su entrada en Fuenterrabía, había provocado
malestar en Madrid y no podía quedar sin respuesta189.
Dos años después, la ciudad volvería a acudir a nuestro personaje. El
22 de enero de 1682 se le dirigió una misiva informándole de que se había
189 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 3, reg. 4.
91
enviado a Miguel de Abadía y Alzate a la corte para que representase el
peligro en que se hallaba Fuenterrabía por los movimientos que hacía
Francia y solicitando su asistencia en este asunto. No obstante, la llegada de
la carta a su destinatario se dilató en exceso, tanto que cuando supo de la
llegada a la capital de Abadía y trató de encontrarlo no lo logró por haber
regresado ya. Aún así, en su respuesta de 19 de febrero, indicaba que estaba
dispuesto a colaborar en sus peticiones, manifestando incluso que si su
empleo no se lo impidiese iría personalmente a servir a la ciudad190.
El 29 de marzo de 1684, Ubilla comunica al concejo hondarribiarra
que en la corte han tenido muy buena acogida los ofrecimientos hechos por
la ciudad en el contexto de los enfrentamientos que se mantenían con
Francia; mientras que el 8 de junio se hace eco de las impresiones que
circulaban en los centros oficiales sobre la demolición del fuerte de Hendaya
que había propuesto una comisión de la ciudad al monarca. Ubilla indicaba
que se reuniría con dichos comisionados y que posteriormente trasladaría a
la ciudad el estado de los asuntos; sin embargo, la resolución sobre este
punto se dilató más de lo esperado. Así pues, hasta el 23 de agosto no pudo
informar de que se había resuelto que los franceses eran dueños de construir
el fuerte en su territorio, por lo que demoler esta infraestructura podría
suponer tener que mantener más soldados en la zona fronteriza191.
En junio del año siguiente se tuvo noticia de la llegada a Bayona de
once embarcaciones francesas (cuatro de guerra y siete mercantes) con
artillería y pertrechos de guerra, por lo que la provincia lo puso en
conocimiento del rey de manera inmediata. Nuestro biografiado escribirá a
Fuenterrabía acusando recibo de dicha información, aparte de mostrar
extrañeza por el hecho de que los franceses no hubieran llevado a cabo
acciones a mayor escala, pero indicando que se gestionará el asunto; de este
modo, en las semanas siguientes se llevaron a cabo diversas negociaciones
con Francia, llegándose a acuerdos192.
190 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 3, reg. 6.
191 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 3, reg. 7.
192 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 3, reg. 8.
92
Aunque carecemos de testimonios que avalen nuestra hipótesis, más
allá del significativo incremento de peticiones que se le dirigieron,
suponemos que la ciudad de Fuenterrabía aprovecharía la etapa de Ubilla
como secretario del Despacho para elevar a través de él sus memoriales.
Algo que seguiría haciendo en los años siguientes, especialmente cuando a
partir de 1715 éste recuperó el favor regio. En este sentido, el papel
desempeñado por el marqués de Ribas en todo el proceso que rodeó el sitio y
ocupación de Fuenterrabía por parte de los franceses durante la guerra de la
Cuádruple Alianza parece que fue muy destacado.
Este conflicto bélico se extendió entre 1717 y 1721 y enfrentó a España
contra la Cuádruple Alianza, una coalición formada por Reino Unido,
Holanda, Francia y el Sacro Imperio. Felipe V, animado por su segunda
esposa, Isabel de Farnesio, y su principal consejero, Giulio Alberoni, no
estuvo dispuesto a aceptar la pérdida de los territorios italianos que
establecía para la Monarquía Hispánica el Tratado de Utrecht.
Nápoles, Cerdeña y Milán pasaron al Sacro Imperio, y Sicilia al duque
de Saboya; lo que suponía la desaparición de toda influencia en el
Mediterráneo. La disconformidad española hizo que se retrasase la firma del
tratado de Utrecht con el Sacro Imperio, pues había sido Francia la que
entregó, con la disconformidad de Felipe V, en el Tratado de Rastadt, las
posesiones españolas en Italia al emperador.
En este estado de las cosas, Reino Unido, Francia y Holanda firmaron
la Triple Alianza el 4 de enero de 1717 para reiterar los acuerdos del Tratado
de Utrecht, recordar a Carlos VI que renunciara a la Corona española y a
Felipe V que renunciara a los Países Bajos, Nápoles, Milán y Cerdeña,
ocupados ya por tropas imperiales. Sin embargo, en aquel entonces, Felipe V
y su segunda esposa veían con preocupación el incremento de tropas cerca
del Ducado de Parma, gobernado por el tío de Isabel de Farnesio. La tensión
iba en aumento y cualquier chispa encendería el conflicto; y ésta no tardó en
llegar de la mano de la muerte del inquisidor general español.
La detención, y posterior fallecimiento durante su cautiverio, del
inquisidor general, José Molinés, por parte de los austríacos en Milán
cuando regresaba desde Roma, llevó al rey español a proyectar el atacarlos
93
en Cerdeña. A comienzos de 1717 comenzaron en Barcelona los preparativos
para una campaña que teóricamente iría dirigida contra los turcos pero que,
en realidad, en julio saldría con destino a Córcega. Un total de cien barcos de
transporte protegidos por nueve navíos de línea y seis fragatas
transportaban a 8.500 soldados de infantería y 500 de caballería, los cuales
lograron someter a la isla entre agosto y noviembre.
Este éxito animó a Alberoni a organizar la conquista de Sicilia, para lo
cual se conformó un gran ejército de campaña de 30.000 soldados, 6.000
caballos y 200 piezas de artillería que fueron trasladados en 350 buques de
transporte escoltados por una escuadra de 30 navíos de guerra. La iniciativa
española tuvo buena acogida por los sicilianos, por lo que el avance fue
rápido; aún así, sería frenado por los ingleses que, sin mediar declaración de
guerra, derrotaron a la escuadra española el 11 de agosto de 1718 en cabo
Passaro, lo que dejó incomunicado al ejército español en la isla y sin
posibilidad de recibir refuerzos y suministros. Aún así, el asedio de Mesina
continuó, rindiéndose la plaza el 30 de septiembre, quedando el marqués de
Lede como virrey.
Estos hechos llevaron al emperador a sumarse a la Triple Alianza en
agosto de 1818, pasando a denominarse Cuádruple Alianza desde entonces.
Inmediatamente se exigió a España que se retirase de Cerceña y Sicilia,
llevando a cabo diversas operaciones desventajosas para el gobierno
español. Pero la negativa llevaría a la declaración formal de guerra por parte
de Reino Unido, Francia y Sacro Imperio el 17 de diciembre, a la que se
sumaría Holanda unos meses después.
Alberoni, para distraer a franceses e ingleses del escenario
mediterráneo, organizó sendas expediciones hacia Escocia y la Bretaña
francesa. La primera, destinada a invadir Escocia en nombre de Jacobo III
sería desecha por las tormentas en abril de 1719 cerca de La Coruña; aún así
serían enviadas dos fragatas, que fueron derrotadas por los británicos. En
cuanto a la segunda expedición, nunca llegó a salir por las inclemencias
meteorológicas.
La situación empeoraba por momentos. Al frente de un formidable
ejército, el duque de Berwick entró por Guipúzcoa invadiendo diversas
94
plazas fuertes como Fuenterrabía (18 de junio) y San Sebastián (17 de
agosto). Felipe V contó con la suerte de que la campaña de Berwick fuera
una guerra de castigo y no de ocupación, por lo que evitó enfrentarse al
grueso de las tropas españolas que se encontraban en Pamplona; optando
por invadir Cataluña a través de los Pirineos193. De este modo, el avance por
el frente vasco pudo ser frenado.
Sin embargo, en octubre los británicos tomaron Vigo y Pontevedra
tras haber desembarcado 5.000 soldados en Ribadeo y organizado durante
cuatro días columnas de castigo. Asimismo, la situación en Mesina se hacía
insostenible por momentos, de ahí que cayera a comienzos de 1720 tras un
largo asedio194.
Las sucesivas derrotas españolas habían llevado a Alberoni a tratar de
negociar la paz195, pero su momento político había pasado. Todos estos
acontecimientos llevaron al monarca español a decretar su expulsión de sus
dominios, iniciando las referidas negociaciones de paz que se plasmarían en
el Tratado de La Haya de 17 de febrero de 1720. Concluían así en dicho año
las hostilidades. En ese tratado, el monarca español renunciaba a sus
aspiraciones sobre los territorios italianos pero, a cambio, lograba que su
hijo Carlos heredara el ducado de Parma cuando se extinguiera la rama
Farnesio (algo que ocurrió en 1731) y el duque de Saboya fue obligado a
cambiar la isla de Sicilia por la de Cerdeña, la cual desde este momento pasó
a ser un reino.
Las negociaciones continuarían en los años siguientes llegándose a
nuevos acuerdos. El Reino Unido y Francia obtuvieron ventajas económicas
en la América española, devolviendo esta última a España Pensacola (en
Florida) y las provincias vascas (Fuenterrabía y San Sebastián serían
reintegradas oficialmente en agosto de 1722). El emperador Carlos VI
renunció al título de rey de España que usaba desde su coronación en 1704,
193Las intervenciones y sucesos acaecidos en Cataluña en el contexto de la Guerra de la
Cuádruple Alianza han sido estudiados por Enrique GIMÉNEZ LÓPEZ, “Conflicto armado
con Francia y guerrilla austracista…”, Hispania. Revista Española de Historia, vol. 65, nº
220 (2005), pp. 543-600.
194 Henry KAMEN, Felipe V, el rey que reinó dos veces…, pp. 151-164.
195Consuelo MAQUEDA ABREU, Alberoni: entorno jurídico de un poder singular…, pp.
161 y 261.
95
reconociendo a Felipe V como rey de España; se reconocían asimismo los
derechos de la reina consorte Isabel de Farnesio sobre los ducados de Parma
y Toscana, que se fijaron en su hijo Carlos196.
El sitio y la referida entrada del duque de Berwick a la ciudad de
Fuenterrabía supondrían para ella notables destrucciones materiales en sus
edificaciones, especialmente en su muralla. Desde el mismo momento en
que se sitiaba la plaza fuerte, la ciudad se valió del marqués de Ribas como
intermediario ante el monarca, por lo que consideramos de significativa
trascendencia el detallar los hechos acaecidos a partir de 1719.
El 19 de abril del referido año, un formidable ejército francés cruzó
los pasos del Bidasoa tras haberse agrupado en las riberas de la provincia
francesa de Laburdi para ocupar tantas tierras de la Monarquía Hispánica
como fuera posible; comenzando con el asalto de la plaza fuerte de
Fuenterrabía para avanzar después por la provincia y más allá de ella. Para
ello, se encontraba allí una representación de lo mejor de los regimientos
franceses. Los regimientos de infantería (Richelieu, Bretaña, Soissonois,
Languedoc, Flandes,…) y la caballería (Royal Etranger, Noailles, Royal
Cravatte,…) estuvieron reforzados por varios regimientos de dragones
(Languedoc o Beaufremont), un cuerpo de ingenieros, un batallón de
bombarderos, seis compañías de minadores y un tren de artillería con
cuarenta piezas. Asimismo, se contó con el apoyo desde la costa de una flota
al mando del almirante inglés Stanhope.
Mediante una fragata de guerra, los franceses comunicaron al
comandante en jefe de la plaza de Fuenterrabía, el caballero Emparan, que
se disponían a pasar el río y que no habían recibido órdenes de hostigar la
plaza si desde ésta no se les atacaba. La amenaza implícita en esta
comunicación fue contestada por Emparan dando orden de que se disparase
contra dicha fragata, obligándola a levar anclas y salir de la bahía.
Como era de esperar, la respuesta del mariscal duque de Berwick, que
dirigía aquel ejército de la Cuádruple Alianza, fue contundente. Sus tropas,
que ascendían a más de veinticinco mil hombres, se instalan el 12 de mayo
196 Henry KAMEN, Felipe V, el rey que reinó dos veces…, p. 164.
96
en Irún y comienzan sus primeros movimientos hostiles. El día 17, el ejército
invasor había alcanzado la zona de Jaizubia y el convento de los capuchinos
con el objetivo de sitiar la plaza fuerte de Fuenterrabía; que respondería con
las piezas instaladas en los bastiones y baluartes de la ciudad.
Aún así, la resistencia fue de poca utilidad, pues sin ayuda exterior
acabarían cayendo en manos del enemigo. Berwick logró estrechar el cerco
abriendo trincheras para acercarse a la ciudad y montar baterías con las que
realizar brechas en sus muros que permitieron el asalto definitivo a la
infantería francesa197.
En este contexto, la ciudad escribe el 6 de agosto de 1719 a Ubilla
informándole de que no le ha dado cuenta hasta entonces de la pérdida de la
plaza de Fuenterrabía por haber pasado los franceses al sitio de San
Sebastián y cerrado todos los pasos de comunicación; pero que procedía a
hacerlo en ese momento. Tras treinta y siete días de bloqueo por mar y tierra
y otros veinte de sitio formal198, en los que sí le había ido dando cuenta de lo
que obraba y se ofrecía en la defensa de la plaza, el hecho de que hubiera
abiertas dos brechas en el baluarte de la Reina y en la cortina contigua,
capaces ambas de poder avanzar veinte hombre de frente, forzó a que el 16
de junio a las cinco de la tarde el brigadier Francisco José de Emparan,
manejando la noticia que le dieron de que el enemigo se dispondría para un
avance general, junto al consejo de guerra mantenido con dos caballeros que
se hallaban de guardia en la muralla, determinase el hacer llamada y
capitular; solicitando para ello al concejo que expusiese lo que le convenía
hacer, sumándose también este a dicha opinión.
En dicha capitulación ante los franceses se estipuló que se le
guardarían y observarían a la ciudad sus privilegios y le darían un año a sus
naturales para vender sus haciendas y salir fuera los que quisieren con todos
sus muebles. Aún así, Fuenterrabía escribió el 4 de septiembre al marqués
de Ribas para que hiciera llegar una carta a Felipe V en la que le expresaba
su lealtad y solicitando que él acudiera en su ayuda; carta que, recibida el día
197 Juan Carlos MORA AFÁN (éd), Gerra ilustratua Hondarribian…, pp. 9-15.
Véase una representación gráfica del asedio a Fuenterrabía en la Figura 3 del Anexo de
198
Mapas, planos y vistas.
97
20, fue remitida a Miguel Fernández Durán, secretario del Despacho de
Guerra, Hacienda y Marina, para que trasladase su contenido al monarca.
Este último acusó recibo de ella ese mismo día, informando inmediatamente
el marqués a la ciudad199.
En enero de 1720, la ciudad volvería a remitir varias cartas dirigidas a
Felipe V a través de Ubilla. En esta ocasión, éste respondería, el día 31, que
“personalmente [las] puse ayer a mediodía en las reales manos de Su
Majestad refiriéndole en voz el contenido de ellas para que desde luego
quedara Su Majestad informado de los sucesos”; por lo que manifestaba que
esperaba que el rey tomase la decisión más adecuada. En febrero vuelve a
hacer lo propio con otras cartas fechadas el 9 de febrero, informando de ello
el día 21; y de nuevo el 6 de marzo señalaría que había procedido a hacer lo
mismo con otras de 16 de febrero200. Junto a diversas circunstancias, se
trasladarían entonces al soberano los daños que habían sufrido los edificios
y murallas201.
El 29 de agosto de 1721, restituida ya la ciudad al dominio español,
ésta pide al marqués de Ribas que exprese al rey su agradecimiento. Dejan a
su elección tres modelos de cartas de agradecimiento firmadas ese mismo
día202, estando una de ellas en blanco, indicándole además que sería de su
aprecio y estimación que también él acompañase su carta con otra propia. El
marqués, que recibió este correo el 8 de septiembre por la mañana, dado
que el rey salía ese mismo día para Segovia, y por “la experiencia de que no
es bien embarazar [al rey] en su diversión”, optó por enviar de manera
inmediata al marqués de Grimaldo una carta en la que adjuntaba la remitida
por la ciudad; y escribió a la ciudad ese mismo día sin esperar respuesta
para que ésta tuviera pronta noticia de ello, remitiendo de paso las cartas no
utilizadas203. Días más tarde, en concreto el 15 de septiembre, Grimaldo
manifestaría a la provincia la especial estimación que hacía el rey de los
199 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 5, reg. 1.
200 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 6, reg. 1.
201 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 1, reg. 8.
202 Véase el Documento 29 del Apéndice Documental.
203 Véase el Documento 30 del Apéndice Documental.
98
delegados que había enviado para agradecer la restitución al dominio de
España204.
Pero la cuestión no quedaría sólo en el agradecimiento. Los daños
sufridos por la ciudad entre 1719 y 1721 requerían de su correspondiente
arreglo205, pero ésta carecía de recursos para hacer frente a las obras, por lo
que solicitaría al rey su contribución. Entre tanto, se comenzaron las labores
de evaluación de daños y de elaboración de presupuestos. Estos trabajos se
encargaron al ingeniero Luis de Langot que, en febrero de 1723, fijó los
costos de todas las reparaciones en 106.479 reales de plata dobles, siendo la
partida más importante la correspondiente al restablecimiento de las
brechas en la muralla, pues suponía algo más de setenta y un mil. En ese
mismo mes, el proyecto, acompañado de un completo complemento gráfico,
se remitió a consideración del rey; el cual en julio respondería indicando que
dichas reparaciones habrían de realizarse en otro año por la falta de
caudales en la que se hallaba la real hacienda. Aún así, las obras, que
incluyeron no pocas mejoras para la mejor defensa de la ciudad y
condiciones de vida de sus habitantes, comenzarían pronto; de este modo,
en los años siguientes se irían reparando distintos elementos en la medida
que se dispuso de caudales para ello206.
Esta campaña para conseguir que la Corona contribuyese a sufragar
las obras comenzó ya en 1721, cuando la ciudad presentó un primer
memorial al rey en el que se ponía en su conocimiento la necesidad de
dichas reparaciones. En abril del año siguiente, procedería a enviar a Madrid
como comisionados a Pedro Ignacio de Zuloaga y a Francisco Sáenz
Izquierdo con el objetivo de que gestionaran alguna concesión del rey para
reedificar la ciudad, valiéndose de nuevo del marqués de Ribas como
elemento de conexión con la corte. El asunto se gestionó con lentitud y hasta
junio no recibieron del marqués de Grimaldo la indicación de que entregaría
204 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 5, reg. 3. A.A.H., Fondo Municipal, A-1, libro 63,
ff. 105r-108r.
205Los daños en la ciudad fueron muy significativos, tanto es así que incluso la casa del
contador Ubilla, propiedad de nuestro personaje, quedó derruida a causa del asedio de 1719
(Juan Carlos MORA AFÁN, Familia y poder en Época Moderna…, p. 147).
206María Isabel ASTIAZARAIN ACHABAL, “El patrimonio militar de Hondarribia”, en
Historia de Hondarribia…, pp. 503-504.
99
su memorial al rey. Días después, los comisionados informaban a la ciudad
de que dicho memorial había pasado a la secretaría del Despacho que ocupa
el marqués de Campoflorido para que reservadamente por orden del rey
emitiese un dictamen207.
Las comisiones y gestiones continuaron en los años siguientes. Sin
embargo, los escasos recursos de la hacienda local llevarían en abril de 1725
a la ciudad a comunicar a su agente en Madrid, que desempeñaba este
cometido desde hacía tres años, que regresase a Fuenterrabía. Se dejaban así
los asuntos de la ciudad en manos de un agente del marqués de Ribas. En
vista de ello, dicho agente se ofreció a seguir las negociaciones que se le
habían encomendado con su peculio particular, al igual que ya habían hecho
anteriormente otros individuos de su familia, contando con el visto bueno de
Fuenterrabía. Continuó Izquierdo, de este modo, con sus gestiones en los
meses siguientes, logrando entrevistarse con el rey en varias ocasiones y que
en diciembre de ese mismo año éste librara un decreto en el que hacía
merced a la ciudad de 1.000 toneladas en las armadas de galeones y flotas
que salieran para Tierra Firme y Nueva España, una gracia que se calculaba
que pasaría de 40.000 pesos escudos208.
Concluyen en este año 1725 las últimas menciones de contactos entre
la ciudad de Fuenterrabía y el marqués de Ribas, el cual fallecería al año
siguiente.
207 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 5, reg. 4.
208 A.A.H., Fondo Municipal, E-5-1, libro 5, reg. 6.
100
CAPÍTULO 6
DE LA FE AL ANSIA DE PERPETUIDAD
Conocer la mentalidad religiosa y las manifestaciones culturales que
rodearon el enterramiento del marqués de Ribas se nos antoja fundamental
para entender sus propias acciones209. En este sentido, la mejor fuente de la
que disponemos para analizar y comprender la mentalidad religiosa de un
individuo y de su época son las últimas voluntades210; pues no sólo nos
informan de los deseos de sus otorgantes en materia económica sino que
plasman una imagen de sus creencias211.
El 10 de octubre de 1726, sólo seis días antes de morir212, hallándose
enfermo en la cama pero viéndose imposibilitado para otorgar testamento,
el marqués de Ribas se dispuso a otorgar un poder para testar a favor de su
esposa en el que consignaría las cuestiones fundamentales relacionadas con
la declaración de fe, encomendación, rito funerario, sufragios, mandas y
sucesión de sus bienes213. Su viuda, ya en febrero del año siguiente,
procedería a otorgar el correspondiente testamento.
209 Salvo que se indique otra referencia, los datos referidos a las últimas disposiciones del
marqués de Ribas indicadas en este capítulo se tomarán de su poder para testar y del
testamento por poder otorgado por su viuda (A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de
Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio Rodríguez, leg. 2.243-1, pieza 2).
210Véanse, en este sentido, los trabajos de una de las más destacadas especialistas en la
muerte en el ámbito español. Aunque su análisis y conclusiones se centran en el caso del
reino de Córdoba, son aplicables al resto del país (Soledad GÓMEZ NAVARRO, Una
elaboración cultural de la experiencia del morir, Córdoba, Universidad de Córdoba, 1998;
y Materiales para la experiencia del morir en la Córdoba del Antiguo Régimen, Córdoba,
Universidad de Córdoba, 1998).
211Pierre CHAUNU, La mort à Paris (XVI, XVII et XVIII siècles), Paris, Fayard, 1978.
Francisco Javier LORENZO PINAR, “Testamentos zamoranos del siglo XVI: las exequias
fúnebres”, Studia Zamorensia. Historica, 8 (1987), pp. 53-71. José Antonio RIVAS
ÁLVAREZ, Miedo y piedad: testamentos sevillanos del siglo XVIII, Sevilla, Diputación
Provincial de Sevilla, 1986. Soledad GÓMEZ NAVARRO, “Un territorio sugestivo y
sugerente: historiar la muerte”, Anuario de Investigaciones Hespérides, 12 (2004), pp.
323-387.
El marqués de Ribas falleció el 16 de octubre de 1726, recogiéndose la noticia de su
212
muerte en la Gaceta de Madrid (Gaceta de Madrid, 22 de octubre de 1726, p. 176).
213 Véase el Documento 33 del Apéndice Documental.
101
6.1. Las mandas testamentarias y la mentalidad religiosa
Los testamentos de la nobleza castellana en la Modernidad nos muestran
varios legados o últimas disposiciones en los que vienen a coincidir gran
parte de ellos y que reflejan un modo de pensar común a toda la sociedad. A
través de estas mandas, se procedía a saldar deudas y a realizar obras de
caridad con objeto de reducir en lo posible la estancia en el Purgatorio. Sin
duda, la proximidad de la muerte hacía aflorar todos aquellos miedos por
haberse desviado del camino marcado por la Iglesia; o simplemente se
plasmaban aquellos ideales en los que se creía firmemente, contribuyendo
en obras e iniciativas con las que se estaba de acuerdo.
En este sentido, el caso del marqués de Ribas constituye un claro
ejemplo de lo manifestado. Al carecer de hijos y de parientes cercanos,
decidió legar el grueso de sus bienes para que se destinasen a una obra pía.
Quizá ello explique que, salvo las mandas forzosas, no se registre ningún
otro tipo de legado a instituciones religiosas en sus últimas voluntades. Aún
así, dichas mandas no consistieron, como era habitual en el siglo XVII, en
cantidades simbólicas214, sino en una cifra respetable pues destinó a ellas un
total de 300 reales de vellón distribuidos en 150 para los Santos Lugares, 90
para redención de cautivos y 60 para niños de inclusa.
La cantidad de misas, en cambio, sí podemos considerarla como
significativa tanto por hablarnos del poder adquisitivo del testador como de
su religiosidad. Junto al novenario de misas y demás sufragios que se
acostumbraba a realizar tras los entierros en el convento de San Francisco,
donde sería enterrado, el marqués solicitó que se dijeran por su alma e
intención un total de 3.000 misas de tres reales de limosna cada una;
disponiendo que la cuarta parroquial fuera para la parroquia de San Andrés,
de la que era feligrés, y las restantes se dijesen donde su viuda determinase.
Última voluntad que sólo unas semanas más tarde ya había sido cumplida
214 Fernando MARTÍNEZ GIL, Muerte y sociedad en la España…, p. 563. Este autor nos
indica que, en los testamentos analizados, lo habitual era destinar unos pocos maravedíes a
cada una de las cinco mandas forzosas; una cifra que apenas se elevó a uno o dos reales en
el siglo XVIII.
102
en su totalidad, lo cual nos probaría que en este caso pesó más el
componente religioso que el de mostrar su poder y calidad, que también,
ante la sociedad. La rapidez con la que se ejecuta esta petición sumada a la
inexistencia de mandas relacionadas con el establecimiento de misas
perpetuas o similar, parece probar que para Ubilla –probablemente por la
ausencia de hijos- era de más importancia el cumplir con un buen morir
católico que el de perpetuar su nombre o el de su linaje a través de dichas
fundaciones.
En cualquier caso, no debemos perder de vista que sobre la capilla en
la que descansaban sus familiares fallecidos y en la que él mismo sería
enterrado, su abuelo había fundado una capellanía perpetua215; por lo que
quizá considerase que ello bastaba y de ahí la ausencia en sus últimas
voluntades de otro tipo de misas más allá de las indicadas. No en vano, esas
capellanías, sumadas a misas, aniversarios y otros recordatorios de los
familiares fallecidos, según afirmara don Antonio Domínguez Ortiz, tendían
a consumir un porcentaje no despreciable de la renta de los vivos216.
Si las misas que dispuso ya suponían una cantidad considerable, el
que declarase heredera, tras el fallecimiento de su viuda –a la que nombraba
heredera usufructuaria mientras tanto-, de todos sus bienes a la Venerable
Orden Tercera de San Francisco de Madrid sí que puede considerarse una
manda extraordinariamente elevada. Aún a pesar de que de dicha herencia
había de restarse lo necesario para pagar todo lo dispuesto en sus últimas
voluntades, otras deudas que pudiera tener y lo que correspondía a su mujer
en concepto de bienes dotales y regalos y donaciones que le hubiera
realizado, seguía siendo un legado muy considerable. Tanto es así que en
1737, la VOT de San Francisco tomaría posesión, entre otros, de las casas
principales en las que había nacido y residido durante toda su vida, del
señorío y título de marqués de Ribas y de todas las propiedades rústicas y
urbanas que el linaje de los Ubilla había reunido en Fuenterrabía.
Ahora bien, esta importante donación la realizaría con un objetivo
concreto, el que lo que se obtuviese de ellas se destinase a la memoria y obra
215 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
216 Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ, El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos…, p. 231.
103
pía de redención de cautivos que gestionaba dicha VOT de San Francisco; o,
en su defecto, si no existiera al momento de su muerte o antes de cumplirse
íntegramente su voluntad, a su enfermería para la asistencia y curación de
los enfermos que atendía.
Consideramos que el marqués de Ribas tomó esta decisión sobre todo
por dos motivos, relacionados a su vez entre sí: de un lado, por su devoción a
San Francisco de Asís, que se refleja, por ejemplo, en sus últimas voluntades
cuando en las disposiciones espirituales pide especialmente la intercesión a
su favor del Glorioso Seráfico Padre San Francisco; y de otro, por su
pertenencia a dicha VOT de San Francisco, de la que era hermano profeso y
en la que llegó a ocupar algún cargo.
Los presupuestos del franciscanismo seglar llevaban a apostar por
vivir según el Evangelio en el mundo, lo que se traduciría en la época que
nos ocupa en la promoción de cofradías piadosas y en la puesta en marcha
de iniciativas de caridad y asistencia social. Ciertamente, la VOT madrileña
de San Francisco sufrió a comienzos de la Edad Moderna un profundo
proceso de aristocratización, llegando a formar parte de ella miembros de
las familias nobiliarias más importantes, incluidos miembros de la Casa
Real; aún así, los fines y presupuestos que defendía seguían el espíritu de la
obra de San Francisco.
En lo concerniente a la participación de nuestro personaje en este
organismo, no es mucho lo que conocemos. Aparte de su condición de
hermano profeso de la VOT, sólo nos ha sido posible saber que 1676 estuvo
entre los primeros hermanos que hizo una donación para el nuevo hospital
que ésta había promovido y que en diciembre de 1685 actuaba como
secretario de ella. Aún así, el destacado papel que los López de Zárate,
parientes por línea materna del marqués, tuvieron en la orden durante la
segunda mitad del siglo XVII nos pone en la pista de que su vinculación a
ella debió ser muy estrecha aunque los testimonios que nos hablen de ella
sean tan escasos. De otro modo no podría entenderse tan generosa
contribución a su obra pía para redención de cautivos, tanto que ésta se
encuentra entre las más importantes que recibió la VOT en los siglos XVII y
XVIII.
104
Habitualmente la orden se financiaba a través de tres tipos de
ingresos: en primer lugar, las limosnas; en segundo, las cuotas obligatorias y
donaciones voluntarias y, en tercer y último lugar, los ingresos derivados de
sus bienes patrimoniales. Unas entradas de dinero que les permitían ir
cumpliendo sus objetivos, aunque tampoco con demasiada holgura, por lo
que contribuciones de este tipo venían a suponer una importante ayuda a
sus propósitos217.
En otro orden de cosas, junto a todas estas disposiciones también es
habitual encontrar en los documentos de últimas voluntades otro tipo de
mandas destinadas a saldar todas las deudas que se tenían en vida.
Conscientes de que la no satisfacción de dichos pagos podía ocasionar
perjuicio a sus acreedores, el pago de lo adeudado se acabaría convirtiendo
en algo así como una creencia religiosa cuyo cumplimiento permitiría si no
aligerar sí al menos no incrementar el periodo de estancia en el Purgatorio.
Es lógico pues que nuestro biografiado solicite que se paguen sus deudas
cuanto antes, lo cual podía hacerse con facilidad ya que había llevado libros
de cuenta y razón en los que manifestaba haber tratado de observar la mayor
puntualidad y claridad.
6.2. Forma de entierro
Las honras fúnebres y, en general, los entierros en sí constituyen uno de los
mejores indicadores de lo que significaban socialmente estos eventos218. En
función, por ejemplo, del número de misas que se disponían, de la ropa con
la que se quería ser amortajado o del acompañamiento estaremos ante una
estampa del pensamiento del personaje en cuestión o, en su defecto, de lo
que su sociedad coetánea esperaba de él.
Dejando a un lado el lugar de entierro, que analizaremos en el
siguiente apartado, consideramos de enorme utilidad tratar varios de estos
elementos para el caso de nuestro personaje. El primero de ellos sería el
María Dolores DELGADO PAVÓN, La Venerable Orden Tercera de San Francisco…, pp.
217
223-224, 321 y 324.
218 Fernando MARTÍNEZ GIL, Muerte y sociedad en la España…, p. 555.
105
hecho de que se disponga que se vista el cadáver con hábito o prendas
vinculadas a órdenes religiosas, lo cual evidenciaría una estrecha relación
del solicitante con respecta a dichas instituciones. El marqués de Ribas, en
este sentido, dispuso que su cadáver se amortajase con hábito de San
Francisco y fuera adornado con manto capitular de la orden de Santiago. Su
ya mencionada condición de hijo profeso de la VOT de San Francisco y de
caballero de la referida orden militar explica suficientemente dicha elección.
Desconocemos, en cambio, si se seguiría en su caso la costumbre existente
entre los hermanos de la VOT de que el cadáver tuviese los pies desnudos y
la pierna descubierta, a imitación de los frailes mendicantes franciscanos,
como signo de humildad y de sencillez en el momento de presentarse ante
Dios219.
En lo que respecta la ceremonia en sí, Antonio de Ubilla, en la línea
de algunos de sus contemporáneos220, aunque sin llegar al grado de pedir
que fuese llano o humilde, dispondrá que se evite la vanidad en su funeral y
entierro. Sin duda, era consciente de lo que la sociedad coetánea esperaba de
dicho evento pero a la vez que éste podía suponer un desembolso económico
excesivo221, por lo que dejaría en manos de su viuda su organización; la cual
lo ejecutó con toda solemnidad y la pompa correspondiente a su persona, es
decir, mostrando su poder social y económico, aunque afirmando haber
prescindido, según dispuso su marido, de cosas vanas y superfluas.
María Dolores DELGADO PAVÓN, La Venerable Orden Tercera de San Francisco…, p.
219
257.
220 A pesar de que estudios realizado en el vecino país galo evidenciasen que en los siglos
XVII y XVIII hubo un significativo incremento, en los documentos de última voluntad, de
referencias acerca de renunciar a los fastos del entierro y la sepultura (Philippe ARIÈS, El
hombre ante la muerte…, pp. 267-270; Michel VOVELLE, Piété baroque et
déchristianisation en Provence…, pp. 96-97; La mort et l’Occident…, p. 367-503); en el caso
español no se ha comprobado un incremento tan marcado, permaneciendo dichas
referencias a un nivel mucho más reducido. Véanse, en este sentido, por ejemplo, los casos
de Málaga (Marion REDER GADOW, Morir en Málaga…, pp. 107-110) o de Sevilla (José
Antonio RIVAS ÁLVAREZ, Miedo y piedad: testamentos sevillanos…, p. 143) en la centuria
ilustrada.
221No debe perderse de vista que el marqués de Ribas tuvo, en no pocas ocasiones en las
últimas décadas de vida, dificultades económicas. El mantener el elevado estatus de vida
que se esperaba de un título de Castilla que había formado parte, y aún lo hacía, de los
principales organismos de la Monarquía Hispánica conllevaba no sólo el padecer problemas
de liquidez monetaria sino incluso la necesidad de endeudarse para poseer bienes (por
ejemplo, señoríos) y mantener un elevado número de empleados domésticos que otros
coetáneos suyos a su nivel tenían habitualmente.
106
6.3. Lugar de enterramiento
Tras fallecer en su casa, como ya hemos indicado, el 16 de octubre de 1726,
Antonio de Ubilla y Medina “se enterró la noche del día siguiente en el
convento de religiosos observantes de San Francisco de Madrid”222,
concretamente en la bóveda de la capilla que su familia poseía en él223. Así lo
había dispuesto él mismo al indicar que su cadáver se amortajase con el
hábito de San Francisco, adornándolo con el manto capitular como caballero
de Santiago, y que fuese sepultado en la capilla de los Medinas del Convento
de San Francisco, mandada labrar por su abuelo materno y donde estaban
enterrados sus padres y gran parte de sus parientes224.
Toda la nobleza, incluida la más modesta, poseía enterramiento
propio225. Es más, no sería infrecuente que dispusieran de más de uno,
pudiendo elegir en cuál de ellos querían ser sepultados. Nuestro biografiado
era uno de estos últimos, pues disponía de uno en la iglesia de Fuenterrabía,
perteneciente a los Ubilla, y otro en la iglesia del mencionado convento de
San Francisco, propio de los Medina. Aún así, los vínculos que mantuvo con
la ciudad de origen de su familia paterna nunca pudieron superar a los que
tuvo con su lugar de nacimiento, tanto es así que parece que nunca llegó a
visitar Fuenterrabía226. Por ello, era ciertamente previsible que eligiese la
capilla de Nuestra Señora de la Concepción del templo de San Francisco.
Por otro lado, la creencia de que este convento había sido una
fundación del propio San Francisco de Asís debió contribuir también en no
poca medida a elegirlo como su última morada, habida cuenta de su
mencionada devoción a este santo. Fray Gerónimo de Quintana nos informa
222 A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4428.
223 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid ilustres…, I, p. 175.
224A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
225 Santiago ARAGÓN MATEOS, La nobleza extremeña en el siglo XVIII…, p. 651.
226B.N.E., ms. 19512, f. 239. En 1710, el marqués de Ribas se trasladaría desde Valladolid a
Vitoria, donde permaneció al servicio de la reina. A pesar de las instancias que le remitió la
ciudad de Fuenterrabía, se mantuvo en Vitoria; donde enfermó, debiendo interrumpir su
viaje y regresando a la corte. De este modo, no podría finalmente visitar la ciudad de su
familia paterna.
107
de que fue el propio San Francisco de Asís, durante su viaje a España, que
fecha erróneamente227 en 1217, quien fundaría este convento madrileño de
Jesús y María de la orden franciscana. No obstante, el hecho de que no
exista constancia de que el Santo fundase ningún convento durante este
viaje y que el cenobio madrileño no se mencione en el Bullarium
Franciscanum, nos pone en la pista de que probablemente nos hallemos
ante uno más de los muchos intentos de las instituciones franciscanas por
ensalzar sus orígenes. Aún así, no puede descartarse por completo una
fundación por aquellas fechas por parte de alguno de sus discípulos; pero, en
cualquier caso, la referencia documental más antigua hasta ahora localizada
sólo nos lleva a 1283228. Estas informaciones, empero, no eran manejadas en
la época que historiamos por lo que la creencia de que era una fundación de
San Francisco confería para las gentes de los siglos XVII y XVIII un valor
añadido al templo.
En nuestros días, lamentablemente, nada queda de aquel convento ni
de su iglesia229; lo que nos impide conocer el lugar en el que fue sepultado, el
cual, siguiendo la costumbre de la época, incluso lucía las “armas propias”
de la familia230. En la segunda mitad del siglo XVIII, los religiosos, por la
poca capacidad del templo, decidieron demolerlo y construirlo de nuevo. Así
pues, el 31 de agosto de 1760 se trasladó el Santísimo Sacramento a la capilla
de la Venerable Orden Tercera y se iniciaron las labores de derribo de la
iglesia, las capillas y todo el claustro principal. La primera piedra se puso el
8 de noviembre de 1761, continuándose las obras hasta finales de 1784 en
que se procedería a colocar el Santísimo Sacramento en el nuevo edificio231.
227Al parecer, San Francisco estuvo en la Península Ibérica bien a finales de 1213 o a
comienzos del siguiente año.
228María Teresa CARRASCO LAZARENO, “Los conventos de San Francisco…”, en José
Ignacio de la IGLESIA DUARTE; Javier GARCÍA TURZA; y José Ángel GARCÍA DE
CORTÁZAR Y RUIZ DE AGUIRRE (coords.), VI Semana de Estudios Medievales…, p. 241.
229Tanto es así que sólo podemos hacernos una idea de cómo eran gracias a documentos
gráficos como el mapa de Texeira de mediados del siglo XVIII (véase la Figura 2 del Anexo
de Mapas, planos y vistas).
230 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Declaración realizada el 18 de
septiembre de 1663 por don Francisco Méndez Testa, secretario de Su Majestad y escribano
mayor del Ayuntamiento de Madrid; éste era natural de Madrid y contaba entonces con
sesenta y tres años.
231José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Compendio histórico de las grandezas…, pp. 100-
101.
108
Se abría al culto así la que actualmente se conoce como Basílica de San
Francisco el Grande, desapareciendo cualquier vestigio del lugar donde
recibió su último descanso el marqués de Ribas232.
232 Véase la Imagen 8 del Anexo de Imágenes.
109
II
PATRIMONIO Y DIGNIDADES
111
CAPÍTULO 7
EL PATRIMONIO
El conjunto de propiedades y derechos de naturaleza económica de los que
dispone un individuo o familia noble constituían, sin duda, un pilar
fundamental en el que se asentaba su permanencia en determinadas esferas
de poder. Se hacía, por ende, necesario disponer de una sólida posición
económica que debía mantenerse y, siempre que fuera factible, acrecentarse.
Aún así, si algo caracterizó siempre al patrimonio de nuestro
biografiado fue precisamente su carácter limitado. Aún más, salvo las rentas
derivadas de las encomiendas, el resto de bienes y rentas tuvieron, a nuestro
parecer, más relación con la necesidad de poseer elementos asociados a la
élite, especialmente si se formaba parte del selecto grupo de la nobleza
titulada, que al propio hecho de ser inversiones demasiado rentables. De ahí
que la nómina de los que hemos podido localizar se muestre ciertamente
breve.
Es decir, el marqués de Ribas habría tratado de mantener durante
toda su vida un difícil equilibrio entre los ingresos que le reportaban sus
bienes y rentas y los gastos que debió hacer en su proceso de ascenso social y
mantenimiento en el estatus alcanzado. Tanto es así que si consideramos el
relativamente escaso rendimiento de aquellos y los altos niveles de
endeudamiento en los que se sumió en el siglo XVIII, podemos sostener que
la conformación de la mayor parte de su patrimonio fue financiada con los
salarios que recibió de sus diferentes cargos en la alta administración de la
Monarquía Hispánica.
Nuestro objetivo aquí, por tanto, es el de analizar el patrimonio que
poseyó Antonio de Ubilla a lo largo de su vida. Nos interesa conocer cuáles
fueron los bienes y rentas de los que dispuso, al igual que cómo los adquirió;
para lo cual seguiremos la siguiente clasificación: propiedades inmuebles,
113
propiedades muebles y semovivientes, rentas señoriales y rentas derivadas
de la posesión de encomiendas.
7.1. Propiedades inmuebles
La posesión de bienes de tipo inmueble, al margen de las incluidas dentro de
los señoríos y que trataremos en el epígrafe correspondiente, se limitó
prácticamente a las casas principales en las que Ubilla nació y residió
durante toda su vida, así como a algunas otras propiedades en la ciudad de
Fuenterrabía. Aunque sus progenitores habían poseído algunas otras, tales
como una casa en la calle madrileña de San Andrés, que su padre vendió en
1628233, o la hacienda que su abuelo materno adquirió en Fuente el Fresno,
y que su madre vendió cuando él era aún muy joven234, sólo nos consta que
dispuso de aquellas.
A todas luces un patrimonio ciertamente limitado y con el que no
sería fácil mantener el estilo de vida propio de las familias hidalgas y nobles
que conformaban las oligarquías de Madrid si no se hubiera podido recurrir
a otros ingresos como los derivados de las retribuciones obtenidas por el
ejercicio de tareas en la administración. Una sombría realidad que se
cerniría sobre la familia cuando el 10 de febrero de 1648 falleció Antonio de
Ubilla e Izaguirre235, dejando a su viuda con tres hijos (Luisa Teresa,
Tomasa María y Antonio de Ubilla y Medina); todos menores, pues nuestro
personaje contaba por aquel entonces con apenas cuatro años.
Consideramos que sería precisamente esta difícil situación en la que
quedaron la que llevó a Felipe IV a asignar a su viuda el 2 de abril de ese
mismo año una pensión de trescientos ducados anuales de plata
(equivalentes a 450 ducados de vellón) y a su hija mayor, Luisa Teresa de
Ubilla y Medina, otros doscientos ducados (300 ducados de vellón)236. Unos
ingresos a los que se sumarían gran parte de los bienes de sus padres, que
233 Juan Carlos ZOFÍO LLORENTE, Las culturas del trabajo en Madrid…, pp. 162-163.
234 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
235 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 174.
236 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1419r-1420v.
114
aunque habían mejorado a su hermano mayor, por la muerte sin herederos
de éste finalmente irían a parar a manos de Antonia de Medina. Decisión
que consideramos relacionada con la circunstancia de ser la hija que en peor
situación económica se encontraba.
Ahora bien, como solía ser habitual, habida cuenta de las numerosas
dificultades que atravesaba la real hacienda en el siglo XVII, estos pagos se
retrasaron con frecuencia; llevando a la familia, al parecer, a vivir con
algunas limitaciones, especialmente en los años posteriores a la viudez pues
cuando Ubilla comenzó a servir en la administración, su salario creemos que
contribuiría a mejorar la economía doméstica.
Dos años y medio después de concedérsele la gracia, Antonia de
Medina acudió al rey declarando que hasta ese momento no había podido
cobrar nada de la asignación, proponiendo como solución que se le pagase lo
adeudado y que lo que en adelante debía recibir lo cobrase del mismo lugar
de donde percibían sus emolumentos los oficiales de Estado. El rey, tras
comprobar que era “mucha su necesidad”, determinó el 18 de diciembre de
1650 que se le pagase en vía de limosna durante toda su vida para ayuda de
su sustento y de sus hijos de ese referido fondo la cantidad asignada, al igual
que lo que se le adeudaba, sin cobro de la media anata.
Aún así, esta solución tampoco significó el fin de los retrasos en los
pagos. En 1658, Luisa Teresa de Ubilla acude al rey manifestando que de la
consignación que se le adjudicó, “como ayuda a tomar estado” al fallecer su
padre, se le adeudaban hasta finales de 1657 un total de 1.335 ducados de
plata; resolviendo el monarca en junio que había de reenvolsársele lo que se
le debía desde primero de enero de ese mismo año con cargo a la nómina de
los Consejos237. Aún así, finalmente no se satisfizo íntegramente esta
disposición, pues años después seguía debiéndosele un tercio de 1656 y
medio año de 1657.
237A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1412r y v, 1415r-
1416v.
115
Los retrasos, por tanto, fueron una constante y estarían presentes en
las décadas siguientes238, incrementándose en ellas, todavía más, las
cantidades adeudadas. Aún así, Antonia de Medina decidió renunciar en
1669 a su consignación, y a los 228.219 maravedíes de vellón que se le
adeudaban, mediante escritura otorgada el 1 de marzo a favor de su hija
Tomasa María de Medina como ayuda para que pudiera tomar estado; una
decisión que el rey autorizó el 6 de septiembre239. A partir de esa fecha,
tanto nuestro personaje como sus dos hermanas dispondrían, en principio,
de rentas con las que poder mantenerse; conservando su madre las alcabalas
de Fuente el Fresno240.
Analizadas las rentas anteriores, pasemos a continuación a detallar el
modo en el que Antonio de Ubilla accedió a la propiedad de las casas
principales en las que residió y de la hacienda de la familia Ubilla en
Fuenterrabía. Por el testamento ológrafo, mancomunado con su esposa,
otorgado el 13 de agosto de 1632 y bajo el que falleció su abuelo materno
cinco días más tarde, éste trató de dejar vinculada la casa principal de los
Medina y su accesoria, llevando el vínculo a su tío Cristóbal de Medina y sus
herederos. Sin embargo, su referido tío falleció sin tomar posesión del
vínculo, sin hacer uso de él y sin dejar herederos; de ahí que su abuela se
apartase de lo dispuesto antes y nombrara por su sucesora y heredera a
Antonia de Medina, madre de nuestro personaje241. Unos bienes que
pasarían a sus manos, habida cuenta de que sus dos hermanas fallecieron
sin descendencia y antes que él242, tras su fallecimiento el 15 de enero de
1694243.
Carecemos de información al respecto en la etapa posterior a 1681, aún así consideramos
238
que difícilmente se pondrían al día los pagos en estas últimas décadas del siglo XVII.
239 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1419r-1426r.
240 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
241A.R.Ch.V., Real Chancillería de Valladolid, Pleitos civiles, Alonso Rodríguez (F), leg.
2243-1, pieza 2.
242Desconocemos, en verdad, la fecha de defunción de Luisa Teresa y Tomasa María de
Ubilla, pero en la primera década del siglo XVIII, el marqués de Ribas sólo menciona a una
de ellas; indicándonos que llevaba entonces muchos años impedida (B.N.E., ms. 19512, f.
111v). Además, en su poder para testar no hace ningún tipo de referencia a ésta que de
haber permanecido viva consideramos que habría mencionado.
243 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 174.
116
Por otro lado, la hacienda de los Ubilla de Fuenterrabía, aunque había
pertenecido a su padre, no llegó a manos de nuestro personaje hasta 1679.
Se componía de tres casas y un solar en el núcleo urbano, varias propiedades
rústicas, un censo, un patronato y capellanía, y todo lo honorífico que se
asociaba a esa hacienda244:
- Una casa principal, llamada de los Ubillas, intramuros de la ciudad de
Fuenterrabía, sita en la calle que llamaban del Contador Ubilla.
- Una casa en la calle Mayor, frente a la iglesia parroquial que llegaba
por la espalda a la calle Pampinot.
- Una casa en la calle de las Tiendas que daba a su espalda a una
callejuela.
- Un solar en la calle Gorgot, a espaldas del lienzo de muralla que
corría desde el cubo de Santa María hasta el baluarte de la Reina.
- Casería de Merioaremborda o Mediaborda, sita en el término de
Jaizubia, jurisdicción de Fuenterrabía, con tierras de sembradura de
pan llevar, manzanales, arboledas de robles, castañas, carrascos,
árboles bravos y alijos; así como un horno de cocer teja.
- Un cercado de tierras de sembradura, llamado Ubilla Oyaba en el
término de Jaizubia.
- Una casería llamada Savat Izaguirre, sobre la ermita de Santiago,
sufragánea de la parroquial de Fuenterrabía, con su manzanal.
- Una casería llamada Jardín de Ubilla en el término de Chiplao con su
manzanal, tierras sembradías y otras pertenencias.
- Casería de Planta con tierras de sembradura, manzanales, monte de
robles y castaños.
- Casería de Lerín en el término de San Telmo, jurisdicción de
Fuenterrabía, con sus tierras de sembradura, manzanales, plantíos
de robles, castaños y otros árboles.
- Una tierra de manzanal en San Telmo.
244 A.H.P.M, Protocolos de Madrid, leg. 19486, ff. 803r-809v.
117
- Casería de Lerín en término de Zubieta con tierras de sembradura y
manzanales.
- Un censo de 180 ducados de vellón procedente de 3.000 reales contra
el concurso de bienes del licenciado don Dionisio de Arsu, vicario
que fue de Fuenterrabía.
- Un patronato y capellanía que fundó don Martín de Echeverría.
- “Todo lo honorífico que está agregado a los bienes antecedentes, así
de sepulturas, asientos de mujeres en la iglesia parroquial de dicha
ciudad de Fuenterrabía y demás preeminencias anexas y
pertenecientes a ellos”.
Todos estos bienes excepto dos pedazos de tierra con la tejería y
caleras, un solar de casa, unos montes jarales y el censo de 180 ducados,
habían pertenecido a Juan Pérez de Ubilla (bisabuelo de nuestro personaje)
y a Juana de Alchacoa, su mujer, a finales del siglo XVI y comienzos del
siguiente. Estando esta última viuda, otorgó testamento el 23 de octubre de
1603 nombrando por su heredero único a su hijo Sancho de Ubilla, casado
con Marina de Isasa. Éste impuso sobre sus bienes un censo de 2.000
ducados de principal a favor de María Erano de Echevarría el 15 de
septiembre de 1612, cantidad que redimió en su mitad el 23 enero de 1614.
Sancho de Ubilla falleció en 1615 con un testamento otorgado en la
ciudad de México el 11 de mayo de 1605 en el que declaraba heredero de esta
hacienda a su hermano el contador Antonio de Ubilla; a quien tras el
pertinente inventario se le dio posesión el 17 de diciembre de ese mismo
año. No obstante, la viuda de su hermano inició un proceso judicial pidiendo
que se revocase dicha posesión hasta que su dote y arras estuvieran pagadas,
el cual encontraría solución, tras varios recursos, cuando ambas partes
firmaron en junio de 1616 una transacción en la que Marina de Isasa se
apartaba de cualquier derecho que pudiera tener sobre los bienes raíces
heredados por su cuñado, cediéndoselos.
Antonio de Ubilla procedería a redimir los otros 1.000 ducados del
censo el 11 de febrero de 1617 e incluso a incrementar la hacienda
118
comprando en julio del año siguiente dos pedazos de tierra, uno baldío y el
otro con seiscientos pies de tierra de manzanos y una casa tejería y caleras.
No obstante, años más tarde, impondría sobre ella otros tres censos que, al
morir en 1629, trasladó, junto a las propiedades, a su hijo Antonio de Ubilla
e Izaguirre, por entonces oficial en la secretaría de Estado. Disfrutó éste
durante poco más de una década de la hacienda, procediendo en 1640 y
1642 a redimir tres censos impuestos por sus padres en 1627. El 22 de marzo
de 1640 abonó los 300 ducados de principal que se impusieron entonces a
favor de su hermano Miguel de Ubilla; el 20 de septiembre de 1642 satisfizo
los otros trescientos ducados de principal que también se impusieron en la
misma fecha a favor de su hermano; y, finalmente, el 21 de septiembre de
ese mismo año procedió a redimir los 75 ducados de principal impuestos a
favor del cabildo secular de Fuenterrabía.
Le sucedió en la hacienda, años antes de fallecer, su referido hermano
Miguel de Ubilla, caballero de Santiago y sargento mayor del presidio de
Fuenterrabía, el cual la incrementó en 1645 con la adquisición de una casa
que sería la principal de la familia Ubilla (emplazada en la calle Gorgot y que
quedaría reducida a solar durante la ocupación de la ciudad por parte del
duque de Berwick) a cambio de la cual entregó a Antonio de Casadevante
unos montes jarales en Jaizubia que se llamaban de Antonio de Ubilla y que
estaban cercados. Al fallecer éste, su hermana Catalina de Ubilla, como hija
del contador Ubilla, también pidió posesión de los bienes en 1649; pasando
a disfrutarlos a partir de entonces245.
Ahora bien, en 1679, careciendo de hijos y estando próxima a morir,
Catalina decidió declarar en su testamento otorgado el 18 de julio como
heredero a su sobrino Antonio de Ubilla y Medina246. Recaía, de este modo,
la hacienda de su familia paterna en sus manos; pudiéndola sumar a unos
montes jarales situados junto a la casería de Vachillartegui en Fuenterrabía
245A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
246 A.H.P.G., Protocolos de Hondarribia, leg. 3/0556, ff. 54r-55r.
119
que había recibido apenas cuatro años antes por cesión que le había hecho
María de Casadevante el 20 de noviembre de 1675247.
7.2. Bienes muebles y semovivientes
Las noticias que disponemos sobre los bienes muebles y semovivientes de
nuestro personaje se han mostrado muy escasas y diseminadas. En lo que
respecta a los bienes muebles, únicamente hemos podido conocer la
existencia de algunos de los que poseía al final de su vida (joyas, muebles,
escritorios, pinturas, libros o bienes de plata labrada); siendo todos ellos
tasados en 1727 por un montante de 164.000 reales.
En lo que respecta a la posesión de ganado, al margen del que
poseyera en su domicilio destinado al transporte, parece que el marqués de
Ribas pudo hacerse de una importante cabaña lanar en su señorío de Velilla.
A pesar de disponer de dos encomiendas en tierras extremeñas orientadas
fundamentalmente a proveer de pastos al ganado trashumante, prefirió
localizarla más cerca de Madrid; aún así, esa cabaña la pondría en marcha
con las rentas obtenidas de la encomienda de Quintana248. Un hecho que
viene a reforzar la consideración generalizada de dichas encomiendas de las
Órdenes Militares desde una óptica meramente rentista.
Aunque no nos consta el número exacto de cabezas que la
integraban, el hecho de que a mediados del siglo XVIII el nuevo señor
jurisdiccional de Velilla poseyera no sólo un importante número de ovejas
en la villa249, que se mantenían con las hierbas existentes en ella, sino
también una cabaña merina trashumante de 11.000 ejemplares, para cuyo
mantenimiento no bastaban dichas hierbas, nos pone en la pista de que
quizá se tratase de la misma cabaña250.
247A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
248A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
249No contamos con la cifra exacta en manos del señor temporal, ya que el número de
ejemplares, que ascendía en 1751 a 1.830 cabezas, se computa junto a los poseídos por otro
propietario local.
250 A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 457, f. 304r.
120
7.3. Las rentas señoriales y de encomiendas de Órdenes Militares
Junto al prestigio social que conllevaba su posesión, el disponer de una serie
de rentas en los señoríos que se poseían, a las que podían sumarse algunas
rentas reales enajenadas, significaba el disponer de una serie de ingresos.
Tanto es así que estas rentas señoriales constituyeron uno de los aspectos
más destacados del dominio señorial en la España Moderna, siendo una de
las principales razones por las que se mantuvo.
Ahora bien, no todos los señoríos generaban los mismos beneficios a
sus señores temporales. En modo alguno pueden ser comparables los que
disfrutaban las grandes casas nobiliarias desde la Edad Media con los
correspondientes a pequeñas jurisdicciones señorializadas en el siglo XVII,
en muchos casos prácticamente sin vecinos, como es el caso de las dos que
poseyera Antonio de Ubilla251. Existía una relación inequívoca entre
población señorial y potencial económico, ya que era sobre dicha población
sobre la que se ejercía la carga fiscal que posteriormente revertía en el
señor252. Ello explica por qué las rentas que le correspondían por Ribas y
Velilla fueron tan escasas, pues entre ambas no sumaban ni medio centenar
de vecinos.
La falta de concreción en la documentación consultada, sumada a la
inexistencia de libros de cuentas de la gestión de estos señoríos253, nos
obliga a hacer uso de los datos consignados en el Catastro del marqués de la
Ensenada; aún así, la proximidad temporal a la época que estudiamos y el
hecho de que dichas rentas no solían modificarse, consideramos que es
251Desconocemos si Antonio de Ubilla llegó a heredar las alcabalas que su madre había
conservado tras vender, no mucho antes de 1663, la hacienda que los Medina tenían en
Fuente el Fresno y que ella había heredado de sus padres (A.H.N., Órdenes Militares,
Santiago, exp. 8248). De cualquier modo, parece que no las tenía ya cuando falleció.
Raúl MOLINA RECIO, “Nobleza y poder señorial. Los señoríos andaluces…”, Francisco
252
ANDÚJAR CASTILLO y Julián Pablo DÍAZ LÓPEZ (coords.), Los señoríos en la Andalucía
Moderna…, pp. 802-803.
253Aunque el marqués de Ribas afirmaba haber llevado con claridad toda su contabilidad en
libros, estos documentos no han llegado hasta nosotros.
121
factible el acceder a un conocimiento muy cabal de lo que ocurría mientras
que Ubilla fue su titular254.
Al parecer, los vecinos de Ribas estaban obligados a pagar las
alcabalas, así como la primicia y diezmo. Las alcabalas eran un impuesto que
gravaba con el diez por ciento el valor de las compraventas e intercambios
realizados en la Corona de Castilla que, desde el siglo XV, le correspondía
saldar al vendedor255. Su valor, por tanto, estaba en relación directa con la
importancia de las transacciones económicas del lugar al que
correspondiesen, por lo que dependían de su actividad económica. Ello
explica que sólo en aquellos casos en los que ésta fuera significativa se
procedía al arriendo de alcabalas por actividad, arrendándose en bloque en
los restantes lugares. Por su parte, las tercias reales eran una participación
que la Corona tenía en las rentas de la Iglesia, la cual, a pesar de su nombre,
suponía dos novenos de todos los diezmos cobrados.
En 1751, las alcabalas de Ribas rentaban anualmente 662 reales256,
mientras que por las tercias reales el señor temporal recibía un total de 607
reales y 7 y ½ maravedíes. Asimismo, también disponía dicho señor de los
productos del arriendo de una taberna anexa a la tienda de la villa, que
ascendían a 2.000 reales al año. Cifras que en conjunto suponían apenas
3.269 reales y 7 y ½ maravedíes.
El señorío de Velilla, en cambio, sí se mostraría más productivo a la
hacienda del marqués. En concepto de señorío se le contribuía anualmente
con 150 reales, le pertenecían los mostrencos (aunque este derecho no le
rentaba nada) y el situado del derecho de alcabalas y el tercero y cuarto
medios por ciento le reportaba otros 900 reales. Las tercias reales, en
cambio, no le correspondían en esta jurisdicción. A esta suma habría que
A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 457, ff. 294r-306r; y libro
254
460, ff. 273r-282r.
Estaban exentos del pago de alcabalas algunos productos tales como libros, pan, mulas o
255
armas.
256 A mediados del siglo XVIII, el derecho de las alcabalas de Ribas no estaba en manos del
señor temporal; una circunstancia que consideramos que debía ser temporal, pues tanto en
la primera concesión del marquesado de Ribas en 1641 como ya en el siglo XIX, los titulares
poseían dichas alcabalas (A.H.N., Fondos Contemporáneos, Delegación Provincial de
Hacienda de Madrid, leg. 884, exp. 4. Rafael Manso de Santa Cruz, IV marqués de Ribas,
disfrutaría de estas alcabalas en los años treinta del siglo XIX).
122
añadir el importe de los alquileres con los que debían contribuir las treinta
y nueve casas existentes en la villa (5.525 reales las treinta y ocho existentes
en el pueblo y 500 la localizada en el campo) y el de la casa taberna y tienda
(500 reales). Todo ello permitía al señor temporal disponer de 7.575 reales
anuales.
No obstante, serían otros bienes propios, y que detallaremos en el
siguiente capítulo, los que más beneficios reportarían al marqués en este
señorío. Junto a esta jurisdicción, también adquiriría una serie de
propiedades entre las que se encontraban, por ejemplo, un horno para
fabricar tejas y ladrillos, que le rentaba anualmente 160 reales; dos bodegas,
que le rentaban 500; tres pajares, que le rentaban 410; un pozo de nieve, por
el que ingresaba otros 200; y una parte del prado de la Rinconada de Velilla,
de unas doscientas fanegas pero que al estar proindiviso lo poseía todo el
señor temporal.
Para finalizar, y a pesar de que este aspecto también lo trataremos en
el próximo capítulo, no podemos dejar de mencionar la importancia que
tuvieron en la hacienda del marqués de Ribas las rentas derivadas de la
posesión de tres encomiendas de la Orden Militar de Alcántara. Éste
disfrutó de ellas durante un dilatado periodo, pues recibió las de Quintana y
El Peso Real de Valencia en 1699 y la de La Portugalesa en 1705;
precisamente en la etapa que mayores gastos debió hacer tanto por la
adquisición de su título y señoríos como por haber caído en desgracia entre
1706 y 1715, no recibiendo en ese periodo más rentas que las de sus
propiedades y estas encomiendas. Unas rentas de las encomiendas que, en
buena medida, también pudo seguir disfrutando su viuda tras su muerte,
pues las dos primeras le fueron concedidas por dos vidas con la facultad de
poder nombrar a quién habría de sucederle en ellas; y el designó para esa
segunda vida en ambas como beneficiaria o titular a su mujer.
123
CAPÍTULO 8
TÍTULOS, SEÑORÍOS Y ENCOMIENDAS
La aspiración de todo grupo familiar que deseara medrar en la Monarquía
Hispánica, al igual que fuera de ella, en los primeros siglos de la
Modernidad pasaba no sólo por hacerse con bienes raíces y rentas derivadas
de empleos o instituciones, sino también por acumular en sus miembros
todo un elenco de dignidades seculares y eclesiásticas.
Ahora bien, no todas ellas estaban al alcance de quien las pretendiese
obtener. Algunas de ellas, sin duda las más prestigiosas y valoradas
socialmente, se concentraban en la élite de la pirámide social de la
Monarquía al recibirse por merced regia y tener que acreditar calidad,
mérito y servicios para ello. De ahí el esfuerzo que las mencionadas familias
ponían en acceder al mayor número de dignidades posible, ya que la
inversión social era altamente rentable habida cuenta del carácter
hereditario de algunas de ellas (señoríos y títulos, fundamentalmente).
La hidalguía podía abrir la puerta a vestir un hábito de alguna de las
tres Órdenes Militares que más acogida tuvieron: Santiago, Alcántara y
Calatrava257. Además, si la trayectoria profesional al servicio de la Corona
era lo suficientemente destacada, contando con que las dignidades no fueran
recibidas por herencia familiar, a ese hábito podría sumársele alguna
encomienda o señorío; incluso en casos muy destacados un título
nobiliario258.
María Jesús ÁLVAREZ-COCA GONZÁLEZ, “La concesión de hábitos de caballeros…”,
257
Cuadernos de Historia Moderna, 14 (1993), pp. 277-297.
258José María IMÍZCOZ BEUNZA, “El entramado social y político”, en Alfredo FLORISTÁN
IMÍZCOZ (coord.), Historia de España en la Edad Moderna…, p. 61. Durante la Edad
Moderna, la nobleza española se renovó mediante la promoción social de nuevas familias a
través del servicio al rey y del dinero. Comerciantes y, sobre todo, burócratas aspiraban a
comprar señoríos y a adquirir títulos nobiliarios. Se pasaba así de una omnipresente
nobleza apoyada en las armas a otra en la que también estarían presentes los que habían
ascendido gracias al dinero y al servicio burocrático.
125
Precisamente éste, como ya hemos tenido ocasión de exponer, sería el
caso de nuestro personaje, que nació hidalgo y murió siendo marqués;
sumando a este título otras dignidades como administrador de tres
encomiendas de la Orden de Alcántara o la posesión de dos señoríos. Por
otro lado, también fue receptor de otros honores nada desdeñables como el
haber sido nombrado en 1698 notario mayor de reinos259 para extender el
segundo testamento de Carlos II, dignidad de la que también haría uso
cuando se le hizo extender las terceras y últimas voluntades del monarca, y
el ser designado gentilhombre de Cámara de Felipe V con llave de
entrada260.
8.1. El hábito de la Orden de Santiago
Apenas dos años después de haber nombrado oficial entretenido de la
secretaría de Estado de Italia a Antonio de Ubilla, Felipe IV decidió
concederle por decreto de 18 de julio de 1663 el hábito de la Orden de
Santiago, para lo cual se expidió real cédula al Consejo de las Órdenes a
comienzos del mes de septiembre al objeto de que se recibiesen las
informaciones necesarias para acreditar que reunía las calidades necesarias
para vestir dicho hábito.
Los comisionados recabaron cuanta información fue precisa en la
ciudad de Madrid, en el lugar de Fuente el Fresno (en la jurisdicción de
Madrid)261 y en la ciudad guipuzcoana de Fuenterrabía; de resultas de lo
cual el 31 de octubre se ordenó que se el Consejo le despachase título de
caballero de Santiago262.
Con ello, nuestro personaje pasaba a ser el tercer individuo de su
familia más cercana que recibía un hábito de Santiago, pues, como ya hemos
tenido ocasión de manifestar, a su tío paterno Miguel de Ubilla se le
259 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 175.
260A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
261 Actualmente forma parte del término municipal de San Sebastián de los Reyes.
262A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 3933. Véase el Documento 5 del
Apéndice Documental.
126
despachó en agosto de 1638263 y a su tío materno Cristóbal de Medina se lo
despacharon en enero de 1643264.
Ciertamente, no había un interés económico en ser caballero de una
Orden, pues los privilegios y exenciones fiscales ya los disfrutaban los que
las recibían porque entre las exigencias se contaba el de ser hidalgos. Al
contrario, el acceso a un hábito militar suponía unos cuantiosos gastos, pues
las averiguaciones e informaciones genealógicas para justificar que se
reunían los requisitos para poder llevarlo se hicieron cada vez más
detalladas y costosas. Por no hablar de las ventas de mercedes de hábito265
que la Corona realizaría en el siglo XVII como un mecanismo de
recaudación para allegar fondos a las depauperadas arcas de la real
hacienda266. El que las cantidades obtenidas de estas ventas recibieran
denominaciones como, por ejemplo, la de donativo, y el que éstas se
depositasen sin que quedase constancia en el expediente de concesión, hace
difícil conocer todos los casos en los que pudieron darse; aún así, a efectos
indicativos mencionaremos que en los años veinte y treinta de esa centuria
el “precio” de un hábito oscilaba entre cinco mil y seis mil ducados.
La posesión de un hábito y, por tanto, el poder mostrar la cruz de esa
orden en el pecho, garantizaba socialmente la legitimidad (padres casados
legítimamente), una buena posición económica, la pertenencia a la hidalguía
y la limpieza de sangre y oficios. Tanto es así que cuando en el siglo XVII la
concesión de hábitos se incrementó notablemente, la sociedad tendía a
pensar que si alguien que reunía los requisitos para llevarlo no lo portaba
quizá podría deberse a que no tenía sangre limpia y noble; con lo que la
263 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 2088.
264 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 2594.
265Al venderse un honor vitalicio y no un título, la venta de hábitos de Órdenes no supuso
ningún problema de conciencia a los monarcas. En la práctica, se vendiesen o no, la
concesión de hábitos venía a ser sólo un “reconocimiento”, ya que el candidato debía
demostrar que merecía el honor.
Francisco FERNÁNDEZ IZQUIERDO, “¿Qué era ser caballero de una Orden Militar…?”,
266
Torre de los Lujanes, 49/1 (2003), p. 152.
127
necesidad de vestir un hábito267 se hizo patente entre las familias que
tuvieron como objetivo promocionar socialmente268.
Ahora bien, una vez visto lo que significaba poseer un hábito,
consideramos de utilidad indicar cuáles eran las obligaciones a las que se
comprometía un caballero de la Orden de Santiago269. Los novicios estaban
obligados a servir tres meses en las galeras y habitar un mes en un
monasterio de la Orden para aprender en él la regla; no obstante este
requisito era fácilmente dispensado por el rey y el Consejo de las Órdenes, y
habida cuenta de las ocupaciones de Ubilla al servicio del monarca es lógico
pensar que también a él se le dispensaría. Su profesión era de obediencia, de
vivir sin propio (es decir, tener con licencia del maestre lo que poseyeran), la
castidad conyugal270 y, desde 1652, el voto de defender la Inmaculada
Concepción de María271.
La orden de Santiago, a diferencia de las de Alcántara y Calatrava,
que hubieron de esperar a la bula “del casar” aprobada por el papa Paulo III
en 1540 para ver modificado el requisito del celibato forzoso, permitía desde
tiempos fundacionales que sus caballeros contrajesen matrimonio (eran los
llamados freires). Ahora bien, para ello dichos caballeros debían solicitar
licencia al maestre, que en la época que aquí estudiamos era el rey, y que la
novia aprobase una investigación genealógica que evidenciase que reunía las
calidades de legitimidad y limpieza de sangre que se esperarían de alguien
que iba a matrimoniar con quien las poseía272. Ni que decir tiene que
267En su defecto, no pocos trataron de hacerse con familiaturas del Santo Oficio o pasaron a
ingresar en cofradías y organismos que exigían tenían la limpieza de sangre entre sus
requisitos.
268Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ, “Valoración social de los hábitos…”, en Jerónimo
LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ (coord.), Las Órdenes Militares en la Península Ibérica…, II, pp.
1162-1165 y 1169.
269Aunque los caballeros en el día a día sólo solían utilizar la vestimenta ordinaria con el
añadido de la cruz de Santiago en el pecho, resulta significativo indicar que el hábito de la
orden era “blanco, con una cruz encarnada de la figura de una espada flordelisada en el
puño y en los brazos”.
270A diferencia de la castidad perpetua, la castidad conyugal sólo implicaba la castidad total
antes del matrimonio o acabado éste, y la castidad y fidelidad conyugal mientras se
permaneciera casado.
Benito Francisco de CASTRO, Diccionario histórico-portátil de las Órdenes Religiosas y
271
Militares…, II, pp. 415-416.
Francisco FERNÁNDEZ IZQUIERDO, “¿Qué era ser caballero de una Orden Militar…?”,
272
Torre de los Lujanes, 49/1 (2003), p. 147.
128
nuestro personaje solicitó para sus enlaces dichas licencias, como lo prueba
el que se conserven las correspondientes a sus dos primeros matrimonios273.
8.2. El marquesado y señorío de Ribas
8.2.1. Concesión y litigios
En agradecimiento por su apoyo al partido francés durante la sucesión a la
Monarquía Hispánica274, Felipe V concedió el 2 de agosto de 1701 a Antonio
de Ubilla la gracia de un título de Castilla275; eligiendo éste para titularse el
de marqués de Ribas tras adquirir dicha villa276 (con jurisdicción civil y
criminal, mero mixto imperio, penas de sangre y calumnias, bienes
mostrencos, señorío y vasallaje), al parecer, por un total de 2.889.775
maravedíes277. Así pues, el 3 de enero de 1703 se le hizo merced por real
despacho del título de marqués de Ribas, indicándose que podría disponer
de él después de sus días en la forma que desease278.
Ahora bien, esta merced supuso para nuestro biografiado no pocos
dolores de cabeza en los siguientes años; básicamente porque el título de
273 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Santiago, exps. 88 y 453. La licencia
correspondiente al su tercer matrimonio, realizado en 1709, no nos ha sido posible
localizarla; por lo que pensamos que puede ser uno de tantos documentos pertenecientes a
las Órdenes Militares que no han llegado a nuestros días.
274Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (éds.), Récueil des Instructions donnés
aux ambassadeurs…, p. 30.
275A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 92, f. 108r. y v. Carta de Antonio de
Ubilla al marqués de Torcy, 10 de agosto de 1701 (véase el Documento 10 del Apéndice
Documental). A.H.N., Consejos, leg. 9824, exp. 3. El título de marqués de Ribas puede verse
en el Documento 12 del Apéndice Documental.
276Salvador de Moxó sostiene que Felipe V concedió en 1702 al secretario del Despacho
Antonio de Ubilla y Medina la villa de Valdepeñas, permutada muy poco después por el
lugar de Ribas de Jarama (Salvador de MOXO, La incorporación de señoríos en la
España…, p. 58).
277 Gaceta de Madrid, 23 de agosto de 1887, p. 570.
278 Como era preceptivo desde el reinado de Felipe IV, la concesión del marquesado de
Ribas estuvo precedida por la concesión del de vizconde de Medina, que quedaba roto y
cancelado en ese mismo día. Felipe IV, por real resolución de 15 de octubre de 1631,
ratificada por real cédula de 3 de julio de 1664, determinó que en lo sucesivo no se
concedería ningún título de marqués o conde sin haber otorgado antes el de vizconde con
igual o distinta denominación a la del marquesado o condado. Normalmente, este título se
cancelaba al ser expedida la real cédula confirmatoria del título correspondiente (Juan
Miguel SOLER SALCEDO, Nobleza Española…, p. 17).
129
marqués y el señorío de Ribas habían sido concedidos con anterioridad a
otro individuo, cuyos descendientes litigaron para recuperarlos. Desde su
incorporación a la Corona por parte de Alfonso VIII de Castilla en 1190
hasta su compra a comienzos del siglo XVII por parte de José de Saavedra
Ramírez, Ribas había sido un territorio de realengo. De este modo, por
ejemplo, una declaración realizada ante escribano nos informa de que en
1576 constaba que era de la Corona, de la jurisdicción de Madrid y reino de
Toledo. Tenía por aquellos entonces veinticinco vecinos y su término
producía trigo y cebada, pastando en él ovejas y carneros; en algunas
huertas se cogían ciruelas y peras; y en el río Jarama, que está cercano, se
pescaban barbos y bogas279.
Ahora bien, el proceso de venta de vasallos puesto en marcha por el
conde-duque de Olivares en 1625280 llevaría a la enajenación de Ribas el 21
de agosto de 1628281. El concejo de Madrid trató de recuperar los
despoblados pertenecientes a su jurisdicción que se pretendía vender, entre
ellos el que aquí nos ocupa, ofreciendo al rey en 1629 servir con 1.000
infantes para las guerras de Italia; pero las gestiones resultaron
infructuosas282. De este modo, Ribas continuaría en manos de José Saavedra
Ramírez que al serle concedido por Felipe IV un título de Castilla en premio
a sus servicios y los de sus ascendientes a la Corona la eligió para titularse.
Así, el 25 de julio de 1641, éste pasaba a ser marqués de Ribas283.
La venta de la villa, señorío, jurisdicción y vasallaje de Ribas, a los
que se sumaron las alcabalas y otros derechos reales en atención a su corto
vecindario, se realizó por el precio de 2.800 ducados de plata. En el contrato
suscrito se indicaba que Ramírez de Saavedra se obligaba a pagar un 8%
anual a la Real Hacienda mientras que no abonase la totalidad del precio de
279Juan ORTEGA RUBIO, Historia de Madrid y de los pueblos de la provincia…, pp. 68-
69.
280 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 280.
281 Miguel MAYORAL MORAGA; José Enrique BENITO LÓPEZ; Víctor Manuel RICOTE
REDRUEJO; y Marcos Antonio GONZÁLEZ LÓPEZ, Historia de Velilla de San Antonio…,
p. 130.
282Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 281. Recogido en privilegio de 25
de septiembre de 1630 (A.V.M., Libro manuscrito 112, ff. 331-428).
283 José Manuel de BERNARDO ARES, El poder municipal y la organización…, p. 218.
130
la venta, a contar desde el momento que tomase posesión del señorío.
Posesión que no podría entenderse como una transferencia de dominio
hasta que se hubiese completado el pago, pudiéndosele desposeer y despojar
si no lo completaba.
La correspondiente toma de posesión tendría lugar con bastante
rapidez, pues se realizó el 11 de enero de 1629. Los pagos, sin embargo, se
fueron retrasando. Tanto es así que en 1648 la Real Hacienda realizó un
tanteo de las cantidades pagadas y resultó que entonces aún se estaban
debiendo 1.472.582 maravedíes de plata (829.413 del principal y 643.169 de
intereses), cantidad que se vería incrementada en las décadas siguientes por
los intereses correspondientes.
En 1692, en virtud de diferentes decretos distribuidos por todos los
territorios de la Monarquía Hispánica, se dispuso para conocimiento de sus
dueños que aquellas jurisdicciones que hubieran sido compradas y de las
que no se diese satisfacción en el plazo de dos meses de la cantidad que se
debía de su pago se reincorporarían a la Corona. Concluido dicho plazo, la
Real Hacienda tomó posesión quieta y pacíficamente del señorío de Ribas
sin que Francisco Ramírez de Saavedra reclamase o se opusiese. Lo haría
seis años después, cuando el 2 de octubre de 1698 solicitó que se alzase lo
que él consideraba un embargo de la jurisdicción que legítimamente había
heredado de su padre y le pertenecía, alegando que por estar en las Indias
no tuvo conocimiento de los decretos de 1692, que el embargo no se
comunicó a sus poderes habientes y que contaba con cartas de pago que
probaban que se había satisfecho la totalidad de lo adeudado, tanto
principal como intereses.
Dichas cartas de pago, según lo dispuesto por decreto de 2 de octubre
de 1628, serían estudiadas pero no pudieron comprobarse parte de dichos
abonos, por lo que se requirió a Ramírez de Saavedra para que aportase los
datos que se necesitaban para ello. Sin embargo, éste no los presentó en el
plazo establecido, por lo que no prosiguieron las diligencias. El señorío, por
tanto, continuó sujeto a la Corona.
Pero la venta a Antonio de Ubilla del señorío de Ribas, al igual que el
que se titulase como marqués de Ribas, reactivaría el pleito. En 1705, sólo
131
dos años después, Ramírez de Saavedra acudió al Consejo de Castilla
oponiéndose a dicha gracia, sosteniendo que dicho señorío pertenecía a su
Casa desde hacía muchos años e indicando que Felipe IV había hecho
merced de título de marqués de Ribas a su padre; por lo que solicitaba que
se recogiera a Ubilla el título original y se trasladasen todos los autos y
papeles que había sobre el particular en el Consejo de Hacienda al de
Castilla. El hecho de que se considerase revertido a la Corona el señorío tras
no haber justificado en 1692 las cantidades adeudadas, sería decisivo para
que el 1 de junio de 1708 el fiscal del Consejo sostuviera en su dictamen que
no había lugar a lo solicitado por el demandante. Finalmente, el pleito se
resolvería a favor de Antonio de Ubilla en 1713, disponiéndose que éste
continuaría en el uso y goce del título y señorío de Ribas; mientras que se
disponía que Ramírez de Saavedra dejara de titularse marqués de Ribas,
anotándose esta prevención en el título original de expedición del título de
25 de julio de 1641, que obraba entonces en el Archivo General de
Simancas284. Disfrutaría así nuestro biografiado de cierto periodo de calma
en lo concerniente a este tema, al menos, hasta el final de sus días.
Haciendo uso de la libertad que le concedía el que en la cédula de
concesión del título nobiliario se indicase que podía disponer de éste al final
de sus días como mejor le conviniese, Ubilla dispuso en su poder para testar,
de 1726, que su título de marqués de Ribas sería heredado, después del
fallecimiento de su viuda, por la Venerable Orden Tercera de Nuestro Padre
San Francisco de Madrid para que con el producto de su venta pudiera
atender al rescate de cautivos cristianos en territorio musulmán285. Ahora
bien, su muerte y esta decisión implicarían la vuelta de pleitos por la
posesión del señorío y marquesado. Sólo unas semanas después, Lorenzo
Arias de Saavedra, hijo de Francisco Ramírez Saavedra, elevó un memorial
al Consejo de Castilla en el que pedía la posesión de la jurisdicción de la villa
de Ribas; comenzando a partir del 5 de diciembre un proceso del que apenas
poseemos datos, pero que a tenor de que el señorío continuó en manos de la
284 A.H.N., Consejos, leg. 9824, exp. 3.
285 A.H.N., Consejos, leg. 11754, exp. 7.
132
marquesa viuda y, posteriormente, pasó a la VOT de San Francisco,
deducimos que no se resolvió a favor del demandante286.
Pero no sería éste el único proceso legal al que se enfrentaron los
herederos de Ubilla. Cuando en 1737 el título y señorío pasó a manos de la
VOT, ésta tuvo que enfrentarse a la reclamación presentada en el Consejo de
Castilla a instancia de María de los Ángeles López de Zárate Vargas y Ubilla,
nieta de Miguel de Ubilla, primo hermano del marqués de Ribas, que los
reclamaba para sí como su familiar más inmediata287.
Carecemos, igualmente, de más datos sobre este pleito, pero a tenor
de los hechos posteriores debió resolverse a favor de la VOT de San
Francisco que, en 1759, pudo venderlos, previa autorización real, a Luis
Nicolás Manso de Velasco288. La operación se formalizó el 4 de noviembre
de 1759 por un total de 280.000 reales de vellón, incluyéndose junto al
título de marqués de Ribas de Jarama “todos los derechos a él anejos, títulos
y derechos que dicha corporación había heredado de D. Antonio de Ubilla y
Medina”289; como lo prueba el que años más tarde, concretamente en agosto
de 1776, éste donase esta villa a su sobrino Francisco Antonio Manso de
Velasco290.
Así pues, de resultas de ello, tanto el segundo marqués de Ribas como
sus sucesores hasta la actualidad, carecían de vínculos familiares con
nuestro biografiado. Pero al igual que le ocurriera a nuestro personaje,
tampoco los Manso estuvieron exentos de pleitos y reclamaciones. Aunque
conservaron el título, eso sí extinguiéndose varias veces la línea principal
hasta nuestros días, no ocurrió lo mismo con el señorío de Ribas. A
comienzos del siglo XIX, el fiscal presentó ante el Consejo de Hacienda una
demanda de incorporación a la Corona de éste; y por sentencia definitiva de
4 de diciembre de 1826 se la declaró incorporado a ésta. Se dispuso, empero,
que no se despojase al que entonces era su poseedor, Rafael Manso y
286 A.H.N., Consejos, leg. 9824, exp. 3.
287 A.H.N., Órdenes Militares, expedientillo 3933.
288A.H.N., Consejos, leg. 11754, año 1754, exp. 7. Por el derecho de media anata satisfizo en
octubre de 1759 un total de 843.750 mrs.
289 Gaceta de Madrid, 23 de agosto de 1887, p. 570.
290 Antonio MATILLA TASCÓN, Catálogo de documentos notariales de nobles…, p. 540.
133
Domonte, hasta que no se le reintegraran los 2.889.775 maravedíes en que
se regularon los servicios de Antonio de Ubilla291. De este modo, los Manso
siguieron recibiendo las alcabalas de la villa de Ribas durante buena parte
del siglo XIX292.
8.2.2. Descripción de la jurisdicción de Ribas
Aunque no nos ha sido posible localizar ninguna descripción de la
jurisdicción de Ribas293 correspondiente a la época en la que nuestro
biografiado la poseyó, consideramos de interés el ofrecer algunas
informaciones sobre ella. Emplearemos con este fin los datos recabados a
mediados del siglo XVIII en el contexto de las averiguaciones realizadas por
disposición del marqués de la Ensenada para establecer la única
contribución294, pues la relativa proximidad temporal entre ambos periodos
hace que consideremos que los cambios, de haberlos, debieron ser leves y los
rasgos fundamentales debieron permanecer prácticamente igual.
El término de Ribas tenía una forma cuadrilonga, extendiéndose tres
cuartos de legua tanto de Este a Oeste como de Norte a Sur; teniendo, por
tanto, dos leguas de circunferencia y siendo su extensión de 3.173 fanegas y
5 celemines. Al Este lindaba con Velilla y Mejorada, al Oeste con Vicálvaro y
Campo de Torrepedrosa, al Norte con Campo de San Fernando y al Sur con
Vaciamadrid. En lo que concierne al aprovechamiento agrícola del término,
se distribuía del siguiente modo295:
291 Gaceta de Madrid, 21 de septiembre de 1879, p. 945.
292El IV marqués de Ribas de Jarama, Rafael Manso de Santa Cruz, disfrutaba de estas
alcabalas en los años treinta del siglo XIX (A.H.N., Fondos Contemporáneos, Delegación
Provincial de Hacienda de Madrid, leg. 884, exp. 4).
293 Véase el término de Ribas en 1770 en la Figura 5 del Anexo de Mapas, planos y vistas.
294 A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 460, ff. 273r-282r.
295 Véase el Cuadro 1 del Anexo de Cuadros.
134
Gráfico I.8.1
Aprovechamiento agrícola del señorío de Ribas en 1751
Regadío
0,02%
Año y vez
40,40%
Prados
59,58%
Fuente: A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 460, f. 279v.
Entre los productos que se daban en el término pueden mencionarse el
trigo, la cebada, las algarrobas y el vino. El único impuesto de sus ocho
vecinos era la primicia y el diezmo, del que participaba la fábrica parroquial,
el curato, el arzobispo de Toledo, los canónigos de Toledo y el arcediano;
correspondiendo las tercias reales al señor jurisdiccional.
En materia eclesiástica, el sacerdote sólo acudía a Ribas, desde la
cercana villa de Mejorada, para administrar los sacramentos. Asimismo, se
encontraba en la villa el convento de Santa Cecilia de Ribas de Jarama, de
los padres mercedarios descalzos, donde residían cuarenta religiosos.
8.3. El señorío de Velilla
8.3.1. Concesión y litigios
Desconocemos los motivos por los que nuestro personaje decidió comprar el
señorío de Velilla296 poco después de hacer frente a los elevados gastos que
se derivarían de su título de marqués y de la adquisición del señorío de
296La jurisdicción de Velilla incluía dentro de su demarcación otra jurisdicción despoblada
conocida como Torrebermeja, lo que llevará a nuestro biografiado a denominarse a sí
mismo como señor de Velilla y de Torrebermeja.
135
Ribas, pero consideramos que lo hizo, fundamentalmente, por el hecho de
estar aquella jurisdicción confinante con la que ya poseía; circunstancia que
parece quedar probada por el hecho de que nada más adquirir Velilla, como
veremos a continuación, la gravase con censos por una cantidad incluso
superior al coste de su compra. Indudablemente, su situación económica no
permitía entonces un gasto tan considerable, pero quiso aprovechar la
ocasión que se le brindaba y que difícilmente volvería a presentársele.
Aún así, tampoco podemos ni debemos descartar la voluntad de
aprovechar la ocasión para adquirir un señorío lindante con el suyo por un
importe significativamente más bajo de su valor real. La venta se realizó en
diciembre de 1704 en el contexto de las gestiones de la testamentaría de
María Francisca de Ituño y Aguirre, viuda del regidor del concejo de Madrid
Andrés Martínez Navarrete, que había sido su propietario. Ésta había
dispuesto en su testamento cerrado de 29 de abril de 1703, que se abrió el 22
de enero del año siguiente a su fallecimiento, que se vendiese la villa de
Velilla297.
Dicha venta fue judicial y estuvo precedida de una dilatada y pública
almoneda. Hechos que explican la considerable reducción en el precio por el
que finalmente se remató. Antonio de Ubilla adquirió así el señorío de
Velilla por 42.500 ducados (467.500 reales), a pesar de que el legítimo
precio, según los testamentarios de la Ituño, era de 85.495 ducados
(940.445 reales). Estos basaban su afirmación en el hecho de que en el
inventario de bienes que dejó aquella, y que se vendieron al marqués, el
valor de todos ellos importaba 1.735.558 reales; lo que significaba que la
cantidad del remate apenas suponía el 26,94% del valor real.
En un primer momento, se concedió un plazo de ocho días para que
se procediese al pago; pero, reconsiderada esta decisión por ser demasiado
breve, finalmente se ampliaría a seis meses. Así, nuestro personaje pondría
en poder de la testamentaría la cantidad acordada en tiempo y forma,
tomando posesión de su nuevo dominio.
Miguel LASSO DE LA VEGA Y LÓPEZ DE TEJADA, Historia Nobiliaria española…, p.
297
348.
136
Visto el proceso de adquisición del señorío, consideramos de utilidad
hacer un recorrido por su historia durante el siglo XVII, pues de este modo
podremos estar en disposición de entender mejor el origen de las distintas
rentas y propiedades, al igual que de alguno de los pleitos y reclamaciones
que el marqués de Ribas y sus herederos mantuvieron por distintas causas.
Velilla, al igual que sucediera con la ya estudiada y lindante Ribas, era
desde la Edad Media una aldea de realengo dependiente de Madrid, cuyo
concejo se ocupaba de nombrar sus cargos de administración y gobierno.
Debido a su corto vecindario, a comienzos del siglo XVI ésta estaba
representada únicamente por un alcalde ordinario, dos regidores y un
mayordomo encargado de llevar las cuentas; a los que se sumaron en la
segunda mitad de la dicha centuria el encargado de llevar las cuentas; y ya a
finales de siglo un alcalde de la Santa Hermandad, un escribano, un
procurador y dos repartidores.
Las malas cosechas y las dificultades que afectaron a la Castilla de
finales del siglo XVI y comienzos del XVII, también pasaron factura en
Velilla; que vería reducido su vecindario desde los cuarenta y seis vecinos
que poseía en las postrimerías del siglo XVI a los escasos veinte que la
habitaban en 1626298. Aun así, nada hacía presagiar lo que ocurriría a partir
de 1625. La acuciante necesidad de la real hacienda por obtener ingresos
llevó a que se aprobase en ese año una primera299 venta de 20.000 vasallos
de los reinos y provincias de Castilla300. Un hecho que permitía la
enajenación de cualquier villa de realengo o behetría con sus rentas
jurisdiccionales301.
Tanto era el interés del conde-duque de Olivares por crear un amplio
estado señorial junto a la corte, que no muchos días después de aprobarse la
298Miguel MAYORAL MORAGA; José Enrique BENITO LÓPEZ; Víctor Manuel RICOTE
REDRUEJO; y Marcos Antonio GONZÁLEZ LÓPEZ, Historia de Velilla de San Antonio…,
pp. 71-72 y 105-107.
299 En 1630 se concedió la venta de 12.000 vasallos y en 1638 se autorizó la de otros 8.000.
300 Antonio DOMÍNGUEZ ORTÍZ, Instituciones y sociedad en la España…, p. 58.
301Los trabajos que se han ocupado de la venta de señoríos, aún a pesar de que aún restan
no pocos espacios por investigar, son muy numerosos como para poder mencionarlos aquí.
Aún así, no nos resistimos a citar un ejemplo harto conocido y referenciado en la
bibliografía especializada sobre el tema: Enrique SORIA MESA, Señores y oligarcas: los
señoríos del Reino de Granada en la Edad Moderna, Granada, 1997.
137
venta de vasallos, el conde-duque depositó la correspondiente fianza en el
Consejo de Hacienda para comprar Vaciamadrid, Velilla, Ribas, Canillas,
Chamartin, Fuencarral y Hortaleza. Ahora bien, como cabía esperar, el
concejo de Madrid reaccionó inmediatamente para tratar de impedir que le
arrebatasen gran parte de su alfoz. El rey no transigiría en su empeño,
ofreciendo al concejo que pagase el importe de los vasallos a transferir para
conservarlos; lo cual era muy problemático por el maltrecho estado de las
arcas concejiles. A pesar de todo, finalmente se llegó a un acuerdo para la
venta de 1.500 vasallos pertenecientes al referido alfoz madrileño, siempre
que estuvieran alejados más de una legua y cuarto de la villa de Madrid;
reservándose esta última la jurisdicción de algunos lugares con sotos, tierras
y otras haciendas.
Velilla se encontraba en el caso expuesto de contener sotos y tierras
de interés para el concejo de Madrid, pero nada pudo hacer éste para evitar
la enajenación. El 4 de junio de 1627, Olivares ejecutó su opción de compra
sobre ella y sobre Vaciamadrid; tomando plena posesión de Velilla el 27 de
agosto de ese mismo año302. Obtenía de este modo el comprador las penas
de sangre, calumnias, mostrencos y demás rentas jurisdiccionales de la
jurisdicción adquirida; así como, en caso de existir, las escribanías que
hubiera.
No nos consta el precio por el que se produjo la venta de Velilla, pero
la Real Hacienda se reservaba el procedimiento de cálculo que más
ventajoso resultase, de ahí que pudiera calcularse computando 16.000
maravedíes por vecino o atender a las extensión y calidad del término (unos
6.400 ducados por legua cuadrada)303. El reducido número de vecinos nos
induce a pensar que tras la tasación y liquidación de los vecinos y término, la
cantidad resultante de la extensión y calidad del término sería la abonada.
A su muerte en 1645, el conde-duque, por disposición testamentaria,
legó los señoríos de Velilla y Vaciamadrid a su primo Diego Mesía Felípez de
302Miguel MAYORAL MORAGA; José Enrique BENITO LÓPEZ; Víctor Manuel RICOTE
REDRUEJO; y Marcos Antonio GONZÁLEZ LÓPEZ, Historia de Velilla de San Antonio…,
pp. 121-125.
303 Antonio DOMÍNGUEZ ORTÍZ, Instituciones y sociedad en la España…, p. 60.
138
Guzmán, que había titulado sobre el señorío de Leganés que compró por las
mismas fechas que el Olivares adquiría los suyos304.
En 1655, al fallecer el primer marqués de Leganés, heredaría el
señorío de Velilla su hijo Gaspar Felípez de Guzmán, segundo marqués de
Leganés y primero de Morata; quien lo poseyó hasta su fallecimiento,
acaecido en 1666, momento en el que pasó a disfrutarlo su primogénito
Diego Mesía de Guzmán, tercer marqués de Leganés305. Este último, no
obstante, la retendría en su poder poco tiempo, ya que el 29 de julio de 1670
procedió a venderla por 5.000 ducados (55.000 reales) al regidor del
concejo de Madrid Andrés Martínez Navarrete; operación que contó con
aprobación real en virtud de real cédula de 29 de diciembre de dicho año306.
El regidor se centró en los años siguientes en hacer mejoras en su
señorío, adquiriendo también parte del lindante despoblado de
Torrebermeja. A finales del siglo XVI, décadas antes de la señorialización,
dicho despoblado estaba compuesto por tierras labrantías y sotos, formando
parte de la jurisdicción de Madrid. Disfrutaban de esas tierras labrantías y
sotos la villa de Velilla y los frailes de San Lorenzo de El Escorial (como
sucesores del abad de Santa Leocadia de Toledo307); a las monjas del
convento de Santo Domingo el Real de Madrid les correspondía la leña,
pesca y caza de los sotos, así como el trigo y la cebada de la renta de las
tierras e hierbas de estos; mientras que la hierba y leña que había que rozar
en los labrados pertenecían a la villa de Madrid308.
Dichas monjas poseían asimismo una hacienda de 48 fanegas y 6
celemines en el soto de Torrebermeja y otras posesiones en Velilla, que
procedieron a vender a Andrés Martínez Navarrete el 15 de septiembre de
304 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 230.
305 Luis de SALAZAR Y CASTRO, Árboles de costados…, p. 34.
306Miguel LASSO DE LA VEGA Y LÓPEZ DE TEJADA, Historia Nobiliaria española…, p.
348.
307El Soto de Torrebermeja había sido desmembrado del beneficio de la iglesia toledana de
Santa Leocadia a petición de Felipe II por el papa Gregorio XIII en 1578. Consistía en una
considerable extensión de terreno fértil que dicha iglesia apenas había explotado cobrando
algunas rentas por aprovechamiento de la hierba y por caza, pesca y leña (Miguel
MAYORAL MORAGA; José Enrique BENITO LÓPEZ; Víctor Manuel RICOTE REDRUEJO;
y Marcos Antonio GONZÁLEZ LÓPEZ, Historia de Velilla de San Antonio…, p. 96).
308 Alfredo ALVAR EZQUERRA (coord.), Relaciones topográficas de Felipe II…, II, p. 823.
139
1667 por 15.000 ducados. Esta heredad de Torrebermeja había sido
posesión del convento desde la era309 de 1257, cuando ante un escribano
diácono hicieron donación Yago Marres y Mari Esteban, su mujer, de
diferentes bienes a la orden de predicadores310.
En 1670, Martínez Navarrete adquiriría también una corraliza,
cercada con sus correspondientes tapias, en la villa de Velilla que lindaba
con una de las casas de su propiedad; así como parte de otra corraliza
lindante con la anterior. En 1674 compró otra fanega y media de tierra.
Pero las compras no quedaron ahí, ya que también decidiría
incrementar sus derechos señoriales adquiriendo la jurisdicción sobre
Torrebermeja; así como, en 1678, las alcabalas y dos unos por ciento del
lugar de Velilla311. Igualmente, también se hizo con el desempeño del situado
y jurisdicción para la administración por 32.329 reales312. Los ingresos que
recibía el señor solían ser escasos, siendo sólo de alguna consideración los
encabezamientos, las alcabalas y las tercias reales; de ahí el interés que
muchos, como Martínez Navarrete, mostraron por ir haciéndose con
distintos derechos que no tenían en sus señoríos.
Aún más, a fin de incrementar sus beneficios, Martínez Navarrete
cedió 526 fanegas de tierra en régimen de enfiteusis a un buen número de
vecinos del lugar para que las plantaran de viñas313; los cuales tendrían el
cargo de pagar cada año de réditos seis reales de vellón por cada fanega,
correspondiendo al propietario el derecho de veintena y comiso314.
309Hace referencia a la Era Hispánica, sistema para datar el tiempo establecido en Hispania
por Octavio Augusto y que comenzaba en el 38 a.C. Estuvo vigente en Castilla hasta fines
del siglo XIV, por lo que en la Era Cristiana la fecha que indicamos se corresponde con el
año 1219.
310 B.R.A.H., 14/11544(1).
311 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 230.
312 B.R.A.H., 14/11513(1).
313 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 132.
314 A.M.AR., Fondo Notarial, escribano Sebastián Herranz (1666-1711), signatura
8000010133, ff. 229r-230v. Venta a Cristóbal de Rivadeneira de un majuelo de viña en
Torrebermeja, término de Velilla, 10 de mayo de 1688. A.M.AR., Fondo Notarial, escribano
Sebastián Herranz (1666-1711), signatura 8000010213, f. 381r. y v. Revocación de la venta a
Cristóbal de Rivadeneira de un majuelo de viña en Velilla, 12 de agosto de 1689.
140
Las compras y mejoras continuarían durante los años en los que
estuvo al frente del señorío, e incluso ya fallecido Martínez Navarrete, su
viuda aumentó los bienes de éste al comprar 44 censos perpetuos sobre 149
fanegas, 4 celemines y 3 cuartillos315.
De este modo, cuando el marqués de Ribas tomó posesión en 1705 de
los bienes que acababa de comprar, adquirió no sólo la jurisdicción, señorío
y vasallaje de la villa de Velilla y Torrebermeja, y las referidas alcabalas y
tercero y cuartos medios por ciento de ella y sus términos, sino también una
serie de bienes dentro de la jurisdicción:
- Diferentes tierras de pan llevar en el término.
- Una era grande empedrada.
- Diferentes solares y corralizas.
- Dos sotos (Torrebermeja y Rinconada).
- Unas casas principales en la villa y otras dos en su plaza.
- Un pozo de nieve.
- 98 fanegas de tierra de viña.
- 44 censos perpetuos sobre viñas pertenecientes a diferentes personas.
- Otros elementos como tinajas grandes, cubas, viga, lagar y doce
escopetas.
El marqués aceptó inicialmente los bienes que recibió y reconoció que
se le entregaban todos los instrumentos y títulos de estos. Sin embargo, no
mucho después, pero concluido ya el plazo establecido para ello, solicitaría
que se remidiesen algunos terrenos (argumentando que su valor real era
menor que el pagado), y que se le entregasen otros instrumentos y títulos de
bienes adquiridos que afirmaba que no se detallaban en la documentación
facilitada. Se daba inicio así a un dilatado pleito que se resolvió a favor de los
demandados.
El 2 de octubre de 1705, Ubilla manifestó que de los 44 censos
perpetuos que la testamentaría le había vendido, impuestos sobre 676
fanegas, 3 celemines y 2 cuartillos de tierra (que suponían una renta de
2.904 reales y 10 maravedíes y de 30 fanegas y 3 celemines de pan por
315 B.R.A.H., 14/11513(1).
141
mitad), le faltaban los títulos de pertenencia sobre 126 fanegas, 3 celemines
y 1 cuartillo de ellas (equivalentes a 436 reales y 17 maravedíes, y 28 fanegas
y 3 celemines de pan por mitad); por lo que apremiaba a los testamentarios
y herederos de la Ituño a que se los entregaran lo antes posible. En
noviembre de 1709 se condenó a los herederos y testamentarios a entregar
en el plazo de tres días los reconocimientos de esos 44 censos perpetuos,
pero por ejecutoria del Consejo de 27 de febrero de 1711 se revocó esta
decisión y se devolvieron los autos al teniente ante el que se seguía el pleito.
Asimismo, solicitó también Ubilla los instrumentos de pertenencia de
las tierras, soto, casas y lo demás que el convento de Santo Domingo el Real
vendió a Andrés Martínez Navarrete, pero se le indicó que era una petición
vaga e insustancial pues se le entregaron todos los instrumentos que los
testamentarios poseían. Igualmente, reclamaba los títulos de un pozo de
nieve y dos casas en la plaza mayor de la villa, que había labrado Pedro
Ituño, padre de María Francisca de Ituño, pero se le comunicó que dichos
títulos no existían ni los necesitaba para el verdadero dominio y posesión
pues en la venta se mencionaban.
Pero no sólo reclamaría en el pleito por la falta de títulos sino
también por los desajustes entre lo que se afirmaba en la venta y lo que
había podido verificar en la realidad. El marqués sostenía, entre otros, que
se le vendió un censo perpetuo que pagaba el marqués del Solar sobre 97
fanegas y 1 celemín cuando realmente era sobre 85 fanegas y 8 celemines; al
igual que otro que debía ser sobre 164 fanegas y 8 celemines pero realmente
sólo era sobre 114 fanegas y 9 celemines. En vista de ello, se acordó proceder
a medir clara y específicamente esta propiedad; cada parte nombró a sus
peritos316 y se midieron un total de 669 fanegas y 3 celemines,
mayoritariamente plantadas de viña, cifra muy cercana a las 676 vendidas;
achacándose la diferencia a las medidas. Un hecho que también pudo
verificarse al calcular las tierras de pan llevar, en las que el marqués
316Ubilla nombró para las medidas al padre Pedro de Ulloa, de la Compañía de Jesús y
catedrático de Matemática, y a Felipe Pallota, arquitecto de Su Majestad. Por su parte, la
testamentaría designó a Juan Dorado, medidor de tierras, a Juan Alonso y a Manuel de
Lucas; vecinos de Velilla.
142
afirmaba faltarle más de ochenta fanegas pero que resultaron ser sólo ocho
en el total de las 219 vendidas.
Asimismo, consideraba el marqués que los censos estaban
sobrevalorados, al haberse tasado en 834.629 reales y 17 maravedíes,
cuando su verdadero valor sólo era de 133.378 reales y 20 maravedíes. Pero
en el proceso se consideró que este punto no estaba probado.
Finalmente, también consideraba que había sufrido un perjuicio al
haberse tasado los bienes de la Ituño muy por encima de su valor real. Al
morir ésta, se procedió a calcular el valor de la jurisdicción, señorío,
vasallaje, alcabalas y derechos de tercero y cuarto medios por ciento de la
villa de Velilla, alcanzándose la cifra de 7.956.864 maravedíes de vellón. Sin
embargo, en la tasación que realizó la Contaduría de la Razón de la Real
Hacienda en el contexto del pleito que sostuvo Ubilla con su cuñado el conde
consorte de Villafranca de Gaytán, la cantidad sólo fue de 6.255.026
maravedíes. De ahí que solicitara la restitución de 1.701.838 maravedíes
(50.054 reales y 2 maravedíes), los cuales sostenía que se le habían cargado
de más en la venta.
Cuadro I.8.1.
Comparación entre las tasaciones del señorío de Velilla realizadas por la
testamentaría de la Ituño y en un pleito seguido por el marqués de Ribas
Tasación de
Tasación
la Diferencia
de Ubilla
testamentaría
Jurisdicción, señorío y
3.150.000 3.515.306 - 365.306
vasallaje
Alcabalas y cientos 4.806.864 2.739.720 +2.067.144
Total 7.956.864 6.255.026 +1.701.838
Ahora bien, el Consejo de Castilla, por ejecutoria de 6 de marzo de
1714, desestimó las medidas y tasaciones realizadas en el contexto de este
pleito sostenido con dicho conde, pues se trataba de informaciones
obtenidas sin ser citada la testamentaría de la Ituño; por cuya razón no era
lícito que le causasen perjuicio. De este modo, la sentencia definitiva del
proceso determinó que la testamentaría y herederos de aquella quedaban
absueltos de las demandas y pretensiones del marqués.
143
Pero los inconvenientes relacionados con este señorío no quedaron
ahí. El marqués debió hacer frente a otros dos pleitos más, los cuales no se
resolverían hasta después de su fallecimiento y que, en este caso, no serían
promovidos por él. Veamos el primero. El convento de religiosas de Santo
Domingo el Real de Madrid decidió reclamar la devolución de la heredad de
Torrebermeja aduciendo defecto de causa y solemnidad en su venta. La
enajenación de dicha heredad, como ya hemos manifestado, se había
producido en 1667 a favor de Andrés Martínez Navarrete, tras no pocas
dificultades para encontrar comprador, habiendo mediado licencia y patente
del superior de las religiosas, el vicario general y provincial electo de la
provincia de España. Sin embargo, ellas afirmaban que la venta había sido
nula por defecto de forma y solemnidad, ya que no se tasó la heredad y no se
había pedido permiso al papa para proceder a la venta317.
Por otro lado, también el juzgado de la Junta de Obras y Bosques, que
tenía jurisdicción privativa en los bosques y sitios reales, iniciaría un pleito
sobre la jurisdicción de Torrebermeja318. Lamentablemente, en este caso
desconocemos los motivos que los llevaron a litigar.
La existencia de estos procesos llevaría a que para satisfacer los
gastos derivados del entierro y cumplimiento de disposiciones
testamentarias del marqués se decidiese proceder a la venta del señorío de
Velilla, al igual que la jurisdicción de Torrebermeja. Sin duda, el que estos
bienes estuviesen gravados con censos por un valor superior al de la
compra319 y el tener los referidos frentes legales abiertos, hacían poco
atractivo el conservar esta propiedad. Se cerraba de este modo con su
enajenación una etapa de pleitos y se lograba, de paso, la cantidad que se
requería.
En otro orden de cosas, no nos parecería adecuado finalizar el
presente apartado sin mencionar una circunstancia que aunque anecdótica
317 B.R.A.H., 14/11544(1).
318A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
319Poco después de la compra, entre 1705 y 1706, el marqués gravó con censos estas
posesiones por una cifra superior al precio de compra; censos que no redimiría durante su
vida. Concretamente, las cargas que impuso sobre ellos ascendían a 487.333 reales (44.303
ducados).
144
se ha mantenido hasta la actualidad. Tras la compra del señorío de Velilla
por parte del marqués de Ribas, éste comenzaría a denominarse como
Velilla de San Antonio320, como lo prueba el hecho de que los testimonios
anteriores a comienzos del siglo XVIII la denominen siempre sólo como
Velilla321. Los investigadores que han tratado el tema afirman desconocer el
motivo de este cambio de nombre, pero consideran errada la tradición
popular que atribuye un origen medieval al añadido “de San Antonio”322.
Nosotros, lamentablemente, tampoco hemos hallado una prueba sólida que
explique este hecho, pero consideramos que es muy probable que dicha
modificación se deba a una decisión del propio marqués, que añadiría al
nombre de su señorío el del santo correspondiente a su nombre de pila, que
era Antonio.
8.3.2. Descripción de la jurisdicción de Velilla
A diferencia del caso de Ribas, para el caso de Velilla, como acabamos de
ver, poseemos algunas informaciones acerca de su jurisdicción; las cuales
completaremos aquí con las existentes en 1751323. El término y jurisdicción
de Velilla de San Antonio324 incluía, desde el siglo XVII, el despoblado de
Torrebermeja. De este modo, se extendía de Este a Oeste cuarto y medio de
legua y de Norte a Sur por otros dos cuartos; ascendiendo su superficie a
4.829 fanegas y un celemín y medio. Lindaba por el Este con la villa de
Loeches, por el Oeste con la de Ribas, al Norte con Mejorada y al Sur con
Vilches. En lo que respecta a la distribución de cultivos325, la ya indicada
320A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
321La primera vez que se denomina Velilla de San Antonio a esta villa será en 1726,
precisamente en el poder para testar otorgado por el marqués de Ribas (véase, en este
sentido, el Documento 33 del Apéndice Documental).
322Miguel MAYORAL MORAGA; José Enrique BENITO LÓPEZ; Víctor Manuel RICOTE
REDRUEJO; y Marcos Antonio GONZÁLEZ LÓPEZ, Historia de Velilla de San Antonio…,
pp. 136-137.
323 A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 457, ff. 294r-306r.
324Véase el término de Velilla de San Antonio en 1770 en la Figura 5 del Anexo de Mapas,
planos y vistas.
325 Véase el Cuadro 1 del Anexo de Cuadros.
145
presencia de sotos y viñas hacía que en torno a dos tercios del término
estuviesen cubiertos de viñedo y de sotos, dehesas y prados.
Gráfico I.8.2
Aprovechamiento agrícola del señorío de Velilla de San Antonio en 1751
Año y vez
29,84%
Sot os, dehesas y
prados
42,11%
Viña
28,05%
Fuente: A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro 457, f. 302v.
8.4. Las encomiendas de Quintana, Peso Real de Valencia y
Portugalesa en la Orden de Alcántara
8.4.1. Concesión
Tras la conquista del Reino de Granada, la pertenencia a las órdenes
militares perdió su sentido medieval convirtiéndose en una dignidad
nobiliar que aseguraba un origen familiar intachable, amén de rentas326. El
Consejo de Órdenes y el rey, como administrador perpetuo en sustitución
del antiguo maestre, gobernarán estas instituciones; las cuales nunca
dejarían de estar vinculadas a Roma por su carácter religioso. Buena prueba
326 La condesa d’Aulnoy dejaría testimonio a finales del siglo XVII en sus memorias de la
visión irónica de los españoles ante esta realidad aristocratizadora, al referir la anécdota
ficticia de que habiendo solicitado Jesucristo ser admitido como caballero de Santiago, se le
rechazó por ser hijo de carpintero y costurera (Georges-Nicolas DESDEVISES DU DEZERT,
La España del Antiguo Régimen…, p. 124).
146
de ello eran las bulas papales que los agraciados con alguna encomienda
debían adquirir para tomar posesión de éstas.
Ya a finales del siglo XVII, y aún más en la siguiente centuria, era
bastante general la concesión de hábitos y encomiendas de las Órdenes
como premio a servicios militares o burocráticos327. Engrandecían así estos
beneficiarios su grado de nobleza, si ya lo eran, o accedían a ella por
“servicios” a la Corona; sumándose a la nobleza de sangre, en la que
destacaban infantes y Grandes de España, que había sido la tradicional
detentadora de hábitos, encomiendas y títulos.
Precisamente, nuestro personaje recibiría las tres encomiendas de las
que fue beneficiario como pago a los servicios prestados a la Corona en su
cargo de secretario del Despacho Universal. En 1699, obtuvo de Carlos II,
por dos vidas, las encomiendas de Quintana y del Peso Real de Valencia de
la orden de Alcántara; al parecer por deseo de la reina Mariana de
Neoburgo328, la cual era muy consciente de la importancia de granjearse el
agradecimiento de un hombre tan cercano al cardenal Portocarrero y que
mantenía, gracias al Despacho, una estrecha comunicación con el rey.
Igualmente, cuando por real decreto de 26 de enero de 1705 se le
concede a Ubilla en administración y con goce de frutos la encomienda de La
Portugalesa, también de la orden de Alcántara, Felipe V indica que esta
gracia se debe a “los buenos y largos servicios de don Antonio de Ubilla y
Medina, marqués de Rivas (sic), ejecutados últimamente en el empleo de
secretario del Despacho Universal”329.
Esta gracia requirió, como la de siete años antes, de un breve de
confirmación de Su Santidad, obtenido apenas un mes después, en el que
permitiese que pudiera gozar de ella a pesar de vestir hábito de la orden de
Santiago y disfrutar ya de los frutos y rentas de otras dos encomiendas en la
de Alcántara.
327 Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ, “Valoración social de los hábitos…”, en Jerónimo
LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ (coord.), Las Órdenes Militares en la Península Ibérica…, II, p.
1175.
328 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p, 605.
329A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4428. La merced de la encomienda de La Portugalesa
puede verse en el Documento 20 del Apéndice Documental.
147
La singular acumulación de tres encomiendas en la misma orden, un
fenómeno más propio del periodo posterior a la primera mitad del siglo
XVIII330, nos prueba sin ningún género de duda el destacado papel que
Ubilla desempeñó en el periodo de transición entre la Casa de Austria y la
Casa de Borbón. Es más, el hecho de que todas se correspondieran a la
orden de Alcántara, sin perder de vista que la Corona sólo podía adjudicar
las que estuvieran vacantes en el momento de la concesión, también es
sintomático del deseo de garantizarle unas rentas elevadas.
La mayor y más sustanciosa parte de las encomiendas de Alcántara
estaban situadas en la actual comunidad autónoma de Extremadura.
Aunque su número y distribución muestran modificaciones a lo largo de la
Edad Moderna, en el siglo XVII se constatan cinco partidos:
- Alcántara (con las encomiendas de Aceuche, Belvís de la Sierra,
Benfayán, Casas de Calatrava, Castillo, Ceclavín, Clavería, Hornos,
Magdalena, Portezuelo y Zarza).
- Brozas (Belvís y Navarra, Mayor de Alcántara y Puebla).
- Gata (Eljas, Moraleja y Santibáñez).
- La Serena (Adelfa, Batundeira, Cabeza de Buey, Castelnovo, Diezmos,
Esparragosa, Galizuela, Peraleda, Portugalesa, Santi Spíritus y
Zalamea).
- Valencia de Alcantara (Esparragal, Herrera de Alcántara, Mayorga y
Piedrabuena).
A las cuales habría que sumar, además, los juros correspondientes a
las encomiendas del Peso Real de Valencia, Coria, Heliche y Villasbuenas331.
En las tierras de la Orden de Alcántara, la jurisdicción civil y criminal
correspondía a los alcaldes ordinarios; de ahí que los beneficiarios de sus
encomiendas sólo gozaran de la administración de sus frutos y rentas. Así
330Contamos con alguna excepción directamente vinculada a la Corona, como es el caso del
cardenal-infante Luis Antonio de Borbón y Farnesio que reuniría más de treinta
encomiendas, que le generaban unas gentas superiores a tres millones de reales anuales
hasta que renunció a ellas en 1754 (A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4145).
331 José Ignacio RUIZ RODRÍGUEZ, Las Órdenes Militares castellanas…, p. 32.
148
pues, nuestro personaje dispuso de ellas desde la toma de posesión hasta su
fallecimiento en 1726; gozando a partir de entonces de las de Quintana y
Peso Real de Valencia su viuda por la segunda vida con que se le habían
concedido332, y quedando vacante la de La Portugalesa. De esta última, junto
a las de Bexís y Castel de Castells, Burriana, Guadalerza, Mestanza, Onda y
Valle del Perpunchent, se concedió en 1727 una tercera parte de las rentas de
la vacante para contribuir al mantenimiento del Colegio de Niñas Huérfanas
de Nuestra Señora del Socorro de Madrid333.
8.4.2. Descripción
Analizado el modo en el que Antonio de Ubilla y Medina recibió las
encomiendas de la orden de Alcántara que disfrutó, consideramos útil
describir en qué consistieron éstas; pues de este modo podremos hacernos
una mejor idea de los bienes que gestionó y de los beneficios que obtuvo.
Dada la distinta naturaleza de la del Peso Real de Valencia, iniciaremos este
apartado refiriéndonos a ella. Surgida en el siglo XVII, no era una
encomienda al uso con derechos territoriales y jurisdiccionales. En 1653, la
Orden de Alcántara aprovechó algunos derechos fiscales que poseía en la
alhóndiga del aceite de Valencia para crear con dichas rentas una
encomienda conocida como “el Peso Real de Mercaderías de la ciudad de
Valencia”334.
Las de Quintana y La Portugalesa estaban emplazadas en el partido
extremeño de La Serena335, muy próximas, por tanto, entre sí. En agosto de
1708, los bienes de la encomienda de La Portugalesa, a tenor de la
declaración tomada por auto del alcalde ordinario a varios personajes
principales de la villa de Campanario336, consistían en:
332A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
333 José Ignacio RUIZ RODRÍGUEZ, Las Órdenes Militares castellanas…, p. 497.
334 Juan de A. GIJÓN GRANADOS, La Casa de Borbón y las Órdenes Militares…, p. 133.
335 Véase la Figura 6 del Anexo de Mapas, planos y vistas.
336 Se trató del cura, un familiar del Santo Oficio y un vecino de la localidad.
149
- Una dehesa de tierra, conocida como dehesa de La Portugalesa, que
hace 4.300 de cuerda de hierba para cabezas de ganado ovejuno,
localizada en medio de la dehesa de La Serena (que es propia de Su
Majestad), lindando con el río de Zújar y arroyo de Guadalefra.
- Un solar de unas casas caídas y arruinadas desde hacía muchos años.
Lindaban con casas que fueron capellanía que fundó doña Ana
Mendoza, que entonces gozaba Lorenzo Muñoz, y con casas de
Rodrigo Márquez de Murillo, sombrerero, y casas mesón de los
herederos de Blas Sánchez.
- Una sepultura en la parroquial de la villa de Campanario, junto a la
grada del altar mayor e inmediata al altar de Santiago con una laude
quebrada que era desde tiempo inmemorial la sepultura del
comendador; en ella no tenía dominio la iglesia ni otra persona
alguna para su apertura.
No obstante, este inventario mandado realizar por Ubilla es
incompleto a tenor de otros localizados de la misma encomienda como los
fechados en 1619 y 1737. De ahí que consideremos que se trató sólo de una
averiguación superficial, aunque llama la atención que no se mencionen el
resto de rentas vinculadas a ella y que no debían ser desconocidas para los
declarantes. En 1619 le pertenecían la octava parte de los ganados que
nacían de los que amuermaban y pastaban en la dehesa de La Portugalesa
después de mediados de marzo, así como las apreciaduras de las yeguas y
bestias que le nacían a los serranos que pastaban en dicha dehesa. Por su
parte, en 1737 se constata que diez años atrás se habían fabricado dos casas
pequeñas en el solar de la encomienda y alguna otra ocupación; resultado de
la situación de ruina que presentaba lo poco que quedaba de la antigua casa
de encomienda. La sepultura de la iglesia se nos describe con más prolijidad,
indicando que es una lauda de piedra de cantería quebrada en que había
grabadas diversas letras y renglones antiguos que no pudieron leerse por ese
motivo; reconociéndose sólo un hábito de Alcántara estampado, un león y
diez cuarteles o panecillo.
150
La dehesa de La Portugalesa tenía entonces una extensión de
5.147.426 varas cuadradas distribuidas en cuatro millares (Rincón de
Malpastor, Sierrezuela, Casarón y Valsordillo) sin presencia de monte alto o
bajo, así como tampoco de ninguna casa o edificación; se la tasó como capaz
para 4.730 ovejas de parir a seis reales cada una.
- Millar del Rincón del Malpastor. Dedicado a pasto, se tasó en 1.100
ovejas de parir de invernadero a seis reales de vellón cada una.
- Millar de Sierrezuela y Cuadrajones. Se dividía en dos cuartos
dedicados a pastos con dichos nombres, que sumaban 6.053.440
varas cuadradas. Se tasaron por un invernadero en 1.383 ovejas a seis
reales cada una.
- Millar del Casarón. Sumaba 5.006.229 varas cuadradas dedicadas a
pasto y se tasó en 1.144,5 ovejas de parir.
- Millar de Valsordillo. Dedicado a pasto, se tasó en 1.160 ovejas de
parir al precio de seis reales cada una.
Ahora bien, además de ellas, en este año se registrarán algunas otras
propiedades adscritas a la encomienda, y que anteriormente debieron
haberse computado junto a referida dehesa:
- Tierras de labor de particulares. Se extendían por 342.500 varas
cuadradas o 34 fanegas y 3 celemines337.
Finalmente, en el referido año 1737 se mencionan también como
pertenecientes a la encomienda de La Portugalesa una cerca338; el diezmo de
corderos de que nacían en la dehesa aunque fuesen ganados serranos; el
diezmo de quesos; el diezmo de miel, cera y enjambres de las colmenas; la
octava parte de los ganados que nacen de los que salen a pastar en la dehesa
337Según el inventario y visita de 1619, los diezmos de estas tierras de sembradura en la
dehesa correspondían enteramente a la encomienda de La Portugalesa.
338Se había incorporado a la encomienda por compra realizada por frey Alonso Godínez,
comendador de ella, pero se seguía pleito por haberse vendido antes dicha propiedad a otro
particular. Se desconocía el estado en que se encontraba el pleito.
151
después de mediados de marzo; la apreciadura de las yeguas y bestias de los
serranos que nacían en ella; los diezmos de los granos de las tierras de
particulares sembradas en la dehesa; y una serie de censos339. Además, se
registran las cargas que gravitaban sobre ella, que consistían en la obligación
de su comendador de servir al rey y a la Orden con su persona y una lanza
(dos lanzas), en la entrega anual de un carro de trigo, un cerdo y 400
maravedíes al prior de Magacela, en el pago anual de 42.270 maravedíes de
subsidio y excusado y en el de otro pago de 3.000 por el servicio de
lanzas340.
El conocimiento que poseemos de la encomienda de Quintana, en
cambio, no es tan detallado como el del caso anterior. La desigual
conservación de la documentación del Consejo de Órdenes, sumado a la
pérdida de los archivos de las propias encomiendas341, hace que debamos
valernos de datos referidos a 1665; cuya validez viene reforzada no sólo por
la proximidad temporal a la etapa que aquí estudiamos sino por el propio
hecho de que en la portada del auto de visita se indica que éste fue
entregado a la contaduría de las Órdenes por la marquesa viuda de Ribas de
Jarama342. En vista de este documento podemos conocer cuáles eran los
bienes de la encomienda, que se correspondían con la práctica totalidad de
contribuciones pagadas por los vecinos:
- Todo el diezmo del trigo y la cebada que cojan los vecinos de la villa
de Quintana.
- Primicia de trigo y cebada.
339 El 23 de diciembre de 1729 se declaró que pertenecían a la encomienda cuatro censos:
uno de 11.072 mrs de renta al año impuesto a su favor en 1622 por Andrés de Castro,
comendador que fue de ella; otro de 6.000 mrs impuesto sobre la ciudad de Salamanca;
otro de 6.000 mrs impuesto por el doctor Buendía sobre sus bienes y hacienda; y,
finalmente, otro perpetuo de 2.500 maravedíes de renta que pagaban Leonor de Molina y
sus herederos, vecinos de la villa de Coca, por una huerta y dos pares de casa en la misma
villa. Aparte de estos cuatro, también pertenecía a la encomienda un censo de 15.816 mrs de
renta anual sobre el concejo del lugar de Chozas, jurisdicción de la villa de Talavera por una
escritura otorgada en agosto de 1566; aún así de este último censo no se tenían noticias
acerca de si se había pagado en los últimos tiempos.
340 A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4428.
341A modo de ejemplo, en la encomienda de La Portugalesa se indica en 1737 que no existe
archivo de papeles y escrituras de dicha encomienda ni le consta a nadie que lo hubiera
habido.
342 A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4461.
152
- El diezmo de las senaras de los mozos a soldada.
- Diezmo del vino.
- Diezmo del lino.
- Diezmo de queso y lana.
- Diezmo de becerros, corderos, cabritos y cerdos.
- Diezmo de potros y burros.
- Diezmo de ajos, cebollas, patos, pollos y hortalizas.
- Diezmo de miel, cera y enjambres de abejas.
- Diezmo de tejas y ladrillos.
- Estanco del vino.
- Portazgo de ganados y ganadería mayor.
- Portazgo de mercaderías.
- Arancel del portazgo.
- Martiniega.
- Una casa de encomienda. Se localizaba en la villa de Quintana y
necesitaba reparos según el maestro de obras del partido que
afirmaba que si no se reparaba con brevedad, “el daño vendrá a ser
mucho más”.
Del mismo modo, conocemos las cargas que gravitaban sobre la
encomienda. El comendador debía servir al rey y a la Orden con una lanza,
entregar anualmente al prior de Magacela cinco cahíces de trigo y un cerdo
tasado en 400 maravedíes, dar cada año al cura de Quintana 6.650
maravedíes para su alimento, más otros 6.272 maravedíes que también se le
entregaban, y, finalmente, el subsidio y excusado (que supusieron 50.470
maravedíes en 1594).
En suma, nos encontramos con unos bienes y derechos que se derivan
fundamentalmente de la actividad ganadera, pilar económico de la región
extremeña desde su conquista a los musulmanes, y de transacciones
comerciales.
153
8.4.3. Gestión y administración
Tras su concesión en 1699, nuestro personaje entró en la gestión y disfrute
de las encomiendas de Quintana y Peso Real de Valencia en 1700. La de La
Portugalesa entró a poseerla el 5 de junio de 1705, mandando ejecutar una
descripción de los bienes que le pertenecían tres años más tarde a través de
su administrador en esta encomienda y en la de Quintana Félix Francisco de
Bustamante Bustillo, conservador y juez contador de las rentas de la mesa
maestral del partido de La Serena. Ubilla le dio poder para que
compareciera ante la justicia de Campanario con el fin de que se hiciera
descripción de las dehesas, bienes y propios de que se componía la
encomienda de La Portugalesa; lo que se ejecutó el 27 de agosto de 1708343.
En las capitulaciones matrimoniales que firmó al contraer
matrimonio con su tercera esposa Ana María Fernández de Mesa, su futuro
marido le concedía como aumento de dote las rentas de la encomienda de
Quintana para sus gastos; una circunstancia que, según el testimonio de
aquella, nunca tuvo efecto, al disponer su marido de esas rentas. De ahí que
ella reclame como suyo el ganado lanar y vacuno que a la muerte de Ubilla
había quedado en Velilla, pues éste se adquirió con los productos de dicha
encomienda344.
Prácticamente carecemos de información relativa al modo en que se
administraron estas encomiendas, aunque el hecho de que el administrador
de las que poseía en el Partido de La Serena fuera el propio conservador y
juez contador de las rentas de la mesa maestral de éste, nos pone en la pista
de que nuestro personaje se valdría de individuos vinculados a la gestión de
las encomiendas de la orden de Alcántara por parte del Consejo de Órdenes.
Aún más, el hecho de que Antonio de Ubilla ocupara la secretaría de este
consejo algunos meses entre 1694 y 1695 pudo facilitar el que tomase
contacto y conociese de primera mano a este personal.
343 A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4428.
344 A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2. En concreto, la marquesa afirmaba que su marido le
cedió la encomienda “para alfileres y gastos precisos de mi cámara”.
154
Del periodo en el que las encomiendas estuvieron en manos de Ubilla,
o de su viuda, sólo hemos podido localizar datos sobre lo que éstas le
producían en 1712345. Aún así, esas cantidades pueden darnos una idea de
los cuantiosos beneficios que le reportaban; así como de la enorme
significación que en esas cantidades tenía la encomienda de La
Portugalesa346.
Cuadro I.8.2
Rentas en maravedíes de las encomiendas administradas por el
marqués de Ribas en 1712
Encomienda Valor Cargas ordinarias Líquido
Quintana 322.155 90.709 232.155
La Portugalesa 856.800 71.629 785.171
Peso Real de Valencia 129.780 Un censo perpetuo 129.780
Total 1.308.735 162.338 1.147.106
Contamos, igualmente, con un segundo testimonio relativo a ese
mismo año. En un memorial dirigido al rey en el mes de agosto, el marqués
indica que tras haber perdido en 1706 empleos y salarios debía mantenerse
con las rentas de la encomienda que le concedió (La Portugalesa), que
apenas ascendían a 1.400 ducados de vellón anuales347; que además percibía
completos el tesorero de la Orden una vez cada diez años.
Sin entrar a considerar si esta cantidad le permitía mantenerse
acorde a su estatus, es fácilmente apreciable que omite en su afirmación el
hecho de que también dispone de los ingresos procedentes de las otras dos
encomiendas, así como de distintas propiedades que había heredado. Aún
más, la cantidad que ofrece quizá esté rebajada, pues si transformamos en
ducados de vellón las cifras reflejadas en el cuadro que expusimos arriba nos
muestran unas rentas de unos 2.099 ducados de vellón.
Aún así, los datos manejados evidencian significativas diferencias en
lo que respecta a las rentas de estas encomiendas. Poseemos información
En este año poseía, en calidad de administrador, tres encomiendas de las treinta y ocho
345
que entonces tenía la orden de Alcántara, siendo precisamente el único que tenía más de
una en esta orden.
346 B.N.E., Raros, 23888 (6).
347 B.N.E., ms. 19512, ff. 265v-266r.
155
para dos de las encomiendas a comienzos del siglo XVIII348 y para las tres en
el año 1738349, justo el año siguiente de fallecer la marquesa viuda de Ribas
de Jarama, que aparte de mostrar significativas diferencias nos hablan de un
incremento sustancial en el periodo 1712-1738.
Cuadro I.8.3
Comparación entre el líquido de las encomiendas que administró
el marqués de Ribas (1700 y 1738)
Aumento 1712-1738
Encomienda Ca. 1700 1712 1738
Mrs %
Quintana 455.703 232.155 342.380 110.225 147,48
La Portugalesa 531.454 78 5.171 964.580 179.409 122,85
Peso Real de Valencia Sin datos 129.780 492.292 362.512 379,33
Total 1.147.106 1.799.252 652.156 156,85
Los estudios coinciden al afirmar que las encomiendas no se
rentabilizaban lo suficiente por parte de sus dueños. A pesar de que en las
que nosotros estudiamos se aprecia un incremento en los beneficios, esa
realidad no se podría aplicar al conjunto de las encomiendas de la Orden de
Alcántara en la primera mitad del siglo XVIII; habiéndose calculado para
ese periodo una caída en el rendimiento de 14%. El cual se atribuye a los
siguientes elementos:
- La explotación de pastos constituía la mayor parte de las rentas de casi
todas las encomiendas. Una circunstancia que puesta en relación con el
hecho de que los ganaderos trashumantes constituían un reducido grupo
que se repartían los contratos de las hierbas de invierno, nos pone en la pista
de que éstos tenían capacidad, por ellos mismos o a través de segundas
personas, de controlar las subastas y acomodar los remates a sus intereses.
348 Miguel Ángel MELÓN JIMÉNEZ, “Una forma de la propiedad de la tierra…”, Norba.
Revista de Historia, 6 (1985), p. 182. Los datos, sin fechar pero según el autor de inicios de
siglo, vienen expresados en reales de vellón, que nosotros hemos convertido en maravedíes
de vellón al objeto de poder comparar las cantidades.
349Francisco Javier de GARMA Y SALCEDO, Teatro universal de España…, II, p. 82. Los
datos, correspondientes a 1738, vienen expresados en reales de vellón, que nosotros hemos
convertido en maravedíes de vellón al objeto de poder comparar las cantidades.
156
- La difusión de cultivos como el olivar en áreas en las que los pastos no
ofrecían una alta rentabilidad.
- La falta de interés de los comendadores y sus empleados, sumada al poco
control que ejercía el propio Consejo de Órdenes. Las encomiendas pasaban
de unas manos a otras, con toma de posesión e inventario pero sin que se
invirtiese en la mejora de éstas; prueba evidente de lo que afirmamos, como
ya hemos visto, es que la de La Portugalesa tenía la casa de encomienda
arruinada y la de Quintana estaba en muy mal estado a mediados del siglo
XVII350.
350Miguel Ángel MELÓN JIMÉNEZ, “Una forma de la propiedad de la tierra…”, Norba.
Revista de Historia, 6 (1985), pp. 180-181.
157
CAPÍTULO 9
LA HERENCIA DEL MARQUÉS DE RIBAS
Antonio de Ubilla y Medina no logró, ciertamente, descendencia de ninguno
de sus tres enlaces matrimoniales; por lo que la ausencia de hijos y de
parientes próximos determinaría el futuro de todos los bienes que logró
acumular durante su vida. Así pues, tras décadas acrecentando su
patrimonio, su fallecimiento en 1726 daría inicio a su disgregación.
Como ya hemos tenido ocasión de manifestar al lector, el marqués de
Ribas, una vez resuelto el pago de sus deudas y cumplidas el resto de
mandas testamentarias, procedería a legar el grueso de sus posesiones a la
Venerable Orden Tercera de San Francisco de Madrid como heredera
universal tras los días de su mujer; a la que dejaba como heredera
usufructuaria de ellos mientras viviese.
Veamos pues cuáles fueron aquellas últimas voluntades en lo
referente a sus propiedades y cuál la suerte que éstas corrieron en los años
posteriores a su defunción.
9.1. Cumplimiento de últimas voluntades y usufructo de la
marquesa viuda (1726-1737)
Estando enfermo en cama, la “gravedad de su accidente” sólo permitió al
marqués otorgar el 10 de octubre de 1726 un poder para testar a favor de su
mujer, declarándola única y universal heredera usufructuaria de sus bienes
durante su vida, no pudiéndolos vender, empeñar ni enajenar; y para
después de los día de aquella, declaraba heredera en propiedad a la VOT de
159
San Francisco de Madrid para que los distribuyese en la memoria y obra pía
de redención de cautivos351.
En dicho poder, el marqués procedería a darle una serie de
indicaciones para que ella las cumpliese, entre ellas que tras su fallecimiento
se realizara el inventario y tasación judicial de todos sus bienes;
procediéndose en primer lugar a cumplir con los gastos derivados de sus
mandas y legados testamentarios, a abonar todas sus deudas pendientes y a
reintegrar a su mujer los bienes correspondientes a su dote, para lo cual
establecía que se podían vender los bienes de su propiedad que fuesen
necesarios y que él indicaba.
Comenzaremos con el cumplimiento de mandas y legados, así como
de las disposiciones relativas al pago de deudas. El abono de los gastos
derivados del entierro, de las misas que mandó que se dijesen por su alma e
intención y de las mandas forzosas se realizó de manera inmediata, estando
ya todo satisfecho en febrero de 1727. Del mismo modo, también dispuso la
marquesa de otros 4.000 ducados de vellón para cumplir “ciertas
disposiciones”352 que su marido le encomendó también entre sus últimas
voluntades, aunque no se mencionaban en su poder para testar.
Aunque el marqués no detalló los legados que deseaba hacer a sus
criados353, disponiendo sólo que su viuda mantuviese junto a ella a dos de
estos354, le manifestó que era su voluntad que asistiese a todos ellos
dándoles lo que fuese su voluntad. Algo que procedió a cumplir cuando en
febrero de 1727 otorgó testamento en nombre del marqués valiéndose del
referido poder que había hecho a su favor. Pensamos que la considerable
cifra que alcanzaron dichos legados, un total de 9.350 ducados, llevaría a
Siempre que no se indique otra fuente, los datos indicados en el presente capítulo se han
351
tomado de A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
352La viuda del marqués no indicaría en qué consistieron dichas disposiciones, sólo que
estaba dispuesta a dar recibo de esa cantidad.
353Entendemos que los marqueses de Ribas hacen un uso amplio del término criado,
denominando así a todo el personal que dependía de ellos y vivía en sus casas principales.
354Se trató de su criado mayor y secretario don Miguel Bernardo del Barrio Canales, en
atención a “la entera satisfacción que tengo de su buen proceder y conocimiento de mis
pendencias que han estado a su cuidado”, y de su lacayo Francisco Carrera, por el tiempo
que le había servido en la corte y en las jornadas que había realizado.
160
que fueran satisfechos una vez obtenidas las cantidades correspondientes a
la venta del señorío de Velilla.
Cuadro I.9.1
Legados concedidos a los criados de la casa del marqués de Ribas en 1726-1727
Nombre Ocupación Ducados
D. Miguel Bernardo del Barrio Canal Criado mayor y secretario 1.000
D. Cristóbal Bernardo del Barrio Canal Criado mayor y caballero 500
D. Juan Gabriel de Bazterechea 800
Francisco Carrera Lacayo 400
Lorenzo Arias Lacayo 200
Antonio Martínez Cochero mayor 200
Bernardo Guerra Mozo de mulas 50
Dª. María Josefa de Témez Asistenta y camarera 3.000
Dª. Teresa Martínez de Molina 1.500
Dª. Rosa de Témez Asistenta de la marquesa 1.000
Josefa García Criada de la cámara 300
Manuela Martinez Criada de la cocina 200
Catalina Morante Criada 200
Como es fácilmente apreciable en el cuadro anterior, la marquesa
distribuyó las cantidades beneficiando fundamentalmente al servicio
vinculado más estrechamente a su persona. De ahí que mientras que los
criados recibieron un total de 3.150 ducados, las criadas obtendrían 6.200.
Consideramos que Ana María Fernández de Mesa, de manera más o menos
planeada, tendió a beneficiar a sus más allegadas; con lo cual, dicho sea de
paso, buscaría asegurarse el disponer de cuidados y atenciones ahora que su
marido faltaba.
En lo concerniente a lo dispuesto a favor de la marquesa, Ubilla
indicó que se le reintegrasen sus bienes dotales así como las arras y
donaciones que le mandó a Córdoba, al igual que todo lo que le concedió
después de su matrimonio; incluidas las rentas de la encomienda de
Quintana que le entregó por aumento de dote. Importando todo ello la cifra
de 164.000 reales.
La marquesa declararía que todos sus aderezos y joyas eran bienes
dotales, pues se los había remitido su marido a su ciudad natal antes de
contraer nupcias, indicando que lo eran también una joya grande redonda
de diamantes que estaba empeñada (y que, por tanto, debía desempeñarse)
y la venera grande de diamantes en plata que tenía el marqués, realizada con
joyas de ella. Por otro lado, también indicó que le correspondía una vajilla
161
de plata pequeña de camino, compuesta por doce platos, salvilla, salero y
demás necesario para la mesa, que le regaló su marido en el primer
cumpleaños que pasó en su compañía. Finalmente, ésta indicaría que por las
rentas no recibidas de la encomienda de Quintana también le correspondía
en pago el ganado lanar y vacuno que poseían en Velilla, ya que se adquirió
con el dinero y producto de dicha encomienda.
Además de estos bienes, le concedería la segunda vida, con que se le
hicieron donación en 1699, las encomiendas de Quintana y del Peso Real de
Valencia y la declaraba heredera usufructuaria de sus bienes, y del
marquesado y señorío de Ribas, mientras viviera y permaneciese viuda. En
la escritura de capitulación matrimonial que había precedido a su último
matrimonio, celebrado en 1709, el marqués había cedido a su esposa las
rentas de la encomienda de Quintana como mejora de su dote; en concreto
“para alfileres y gastos precisos de [su] cámara”. No obstante, este punto,
según declararía su viuda, nunca tuvo efecto, por lo que para compensarla
no sólo le concedía el reintegro de lo que no había percibido sino también la
segunda vida tanto de esta encomienda como de la del Peso Real de
Valencia.
Asimismo, también dispuso que ella “tenga, goce y posea el título y
sea señora de la dicha villa de Rivas (sic) con todas las preeminencias,
facultades, honores y rentas que se [le] concedieron [a él]”; disponiendo que
una vez fallecida tanto el título como sus rentas fuesen bienes libres para
aplicarlos a la obra pía de redención de cautivos de la VOT de San Francisco
de Madrid.
Del mismo modo, también indicaría que continuase viviendo en la
casa en la que habían residido en las tabernillas de San Francisco y que
había hecho fabricar su abuelo materno. No obstante, señaló que aunque
por el testamento mancomunado bajo el que falleció su indicado abuelo se
intentó dejar vinculada esa casa y su accesoria a favor de su tío y sus
herederos, este último falleció sin sucesión alguna y sin tomar posesión del
vínculo ni hecho uso de él; por lo que su abuela se apartó de lo dispuesto
antes y nombró por su sucesora y heredera a su hija Antonia de Medina,
madre de nuestro biografiado y de quién él la heredaría en 1694. Por ello, el
162
marqués consideraba que en la fundación de dicho vínculo concurrían todas
las nulidades, como le habían manifestado diferentes abogados a los que
había referido el particular, por lo que consideraba que podía disponer
libremente de esta casa.
De ahí que solicitara que se pidiera a la Cámara de Castila la
declaración de nulidad del vínculo y que tras el fallecimiento de su mujer
tomara posesión de ella la VOT. En cualquier caso, si se dictaminaba que las
casas debían seguir vinculadas, quería que continuara con dicho vínculo el
gravamen y carga de dos censos que tenían cuando él las heredó355, así como
que se reintegrasen todas las mejoras y reparos que había realizado.
En lo que respecta al pago de los legados y deudas del marqués, la
suma total adeudada ascendía a más de 400.000 reales; los cuales pudieron
ser abonados sin necesidad de desapropiar efectos, juros ni el señorío y
título de Ribas.
La venta en almoneda pública de bienes muebles, incluidas las alhajas
que se tomaron para el pago de acreedores, ascendió a 164.000 reales, y la
del señorío de Velilla356 a casi 900.000 reales, los cuales permitieron
redimir los censos que Ubilla había impuesto contra ella y que aún quedasen
reales para satisfacer algunas deudas y parte de los legados.
Dispuso la testamentaría, de este modo, de algo más de un millón de
reales con los que pudo satisfacer los 487.333 reales a los que ascendía el
principal de los censos que había contra Velilla, los 400.000 reales de débito
a favor de la mayor parte de acreedores y legatarios y los 164.000 reales de
los derechos dotales de la marquesa. Aún así, faltaron finalmente de cuatro a
cinco mil ducados para cerrar todas las cuentas; no obstante, la cuestión se
resolvió favorablemente ya que algunos legatarios se convinieron a dejar sus
mandas en la hacienda a censo reservativo con el rédito anual del 3%.
355El primero consistía en 48.079 reales de vellón de principal, que subrogaría por escritura
otorgada en 14 de enero de 1699; y el segundo en 1.100 reales de vellón de principal
impuesto a favor de Su Majestad y en su real nombre a la Junta de Aposento de Corte,
subrogados el 28 de abril de ese mismo año.
356La villa de Velilla parece ser que se vendió a Andrés Díaz Navarro. A mediados del siglo
XVIII ejercía el dominio temporal sobre ella su viuda, Catalina Ramos de Velasco, como
tutora y curadora de sus hijos (A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libro
457, f. 296v).
163
Quedaban así resueltas todas las disposiciones testamentarias del
marqués de Ribas y su viuda viviría a partir de entonces con las rentas que le
quedaron de los bienes y efectos que no se vendieron. Del mismo modo,
suponemos, aunque nuestras pesquisas por aclarar este punto han resultado
infructuosas, que la Corona le concedería alguna pensión de viudedad en
atención a los empleos de su marido, que falleció siendo consejero y
camarista de Indias. En cualquier caso, alguna fuente nos habla de que la
situación económica de Ana María Fernández de Mesa no fue la mejor en
sus últimos años de vida357.
Quizá de ahí el interés de la marquesa por evaluar la hacienda de los
Ubilla en Fuenterrabía, al objeto de conocer con exactitud de qué se
componía y cuál era su valor. Ya el 6 de enero de 1727, había procedido a
otorgar poder a Josefa Moyúa, vecina de Fuenterrabía y madre de quien
posteriormente adquiriría la hacienda de los Ubilla a la VOT de San
Francisco, para que pudiese administrar sus bienes; sin embargo, no será
hasta marzo de 1730 cuando solicite a su nuevo poder habiente, Pedro
Ignacio de Zuloaga, hijo de la anterior, que se le diera posesión judicial de
todos los bienes y efectos que había heredado de su marido. De este modo,
en julio de 1732 se procedió al evalúo de dichas posesiones mediante
inventario, ascendiendo todos los bienes a 118.828 reales de plata358.
Cuadro I.9.2
Tasación realizada en 1732 de los bienes del marqués de Ribas que quedaron
en Fuenterrabía tras su fallecimiento
Propiedad Rs de plata
Casa de los Ubillas en la calle Contador Ubilla 30.741
Casa en la calle Mayor 10.111
Casa en la calle de las Tiendas 6.903
Solar en la calle Gorgot 650
Casa y casería de Merioaremborda o Mediaborda 31.557
Horno de cocer teja en Merioaremborda 2.834
Casa y casería de Echeverriarcano 5.360
Cercado de tierras de Ubilla Oyaba 2.100
Casería de Sabat Izaguirre 3.060
357 Mark A. BURKHOLDER, Biographical Dictionary of Councillors…, p. 124.
358 Las fuentes documentales no son claras en este punto, ofreciendo en algunas ocasiones
cifras levemente diferentes. Nosotros reflejamos la cantidad consignada por corresponderse
con la suma de cada uno de los ítems inventariados.
164
Jardín de Ubilla 1.140
Casa y casería de Planta 8.234
Casería de Lerín en San Telmo 8.784
Tierra de manzanal en San Telmo 920
Casería de Lerín en Zubieta 6.434
118.828
No obstante, no disfrutaría durante mucho tiempo la viuda de
nuestro personaje estas propiedades, ni sus escasas rentas, que apenas
llegaban a 1.000 reales anuales, pues a pesar de ser significativamente más
joven que él falleció sólo diez años más tarde.
9.2. La herencia en manos de la VOT de San Francisco de Madrid
Fallecida la marquesa viuda de Ribas el 3 de marzo de 1737359, la VOT otorgó
poder general el 20 de abril para proceder al cobro de los bienes muebles y
raíces de Antonio de Ubilla, así como para pagar a los acreedores.
La distancia a la que se encontraba la hacienda de Ubilla en
Fuenterrabía y sus escaso rendimiento360, llevó a la VOT a gestionar con
bastante rapidez su venta a Gabriel de Zuloaga, pariente y uno de los
albaceas del marqués, que era mariscal de campo de los ejércitos de Su
Majestad, gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela, reino
de Perú, residente en Madrid y próximo entonces a pasar a las Indias a
ejercer su empleo, para que comprase la hacienda existente en Fuenterrabía
por la mitad del precio en que estaba tasada. El objetivo prioritario de la
VOT era el lograr con esta venta bien dinero en efectivo o bien propiedades
en Madrid o, en defecto de ambas opciones, que se ajustase a su favor un
censo reservativo con réditos anuales del 3%.
De este modo, el 21 de junio se hizo contrata y capítulo por el que se
acordó que Zuloaga tomaría posesión de casi todos esos bienes por la mitad
del valor de la tasación de ellos realizada en 1732, rebajándosele además
359 A.H.P.M., Protocolos de Madrid, prot. 19486, f. 808r.
360En este sentido, el escribano madrileño Eugenio Aguado, afirmaba en abril de 1738 que
“según lo que ha oído de diferentes personas comensales de la casa de dicho señor marqués
[de Ribas] y a otras que corrían con sus dependencias, de que el fruto que producían estos
bienes [de Fuenterrabía] en cada un año no llegaba a mil reales y estos los pagaban en
varias especies como aconteció en tiempo que los poseyó la señora marquesa su mujer
como heredera usufructuaria”.
165
todas aquellas cargas que tuviera la hacienda. Con dicha cantidad se acordó
establecer un censo reservativo de lo líquido361 a favor de la VOT y de la
memoria de redención de cautivos, obligándose a pagar un 3% en la corte.
Dicho censo correría desde el día posterior a la muerte de la marquesa
viuda, entendiéndose también que desde dicha fecha gozaba Zuloaga la
referida hacienda.
De todas esas heredades y bienes raíces, se excluiría la casería de
Echeverriarcano, que quedaba reservada para que sirviese “en parte de pago
del legado de ochocientos ducados que hizo el dicho señor marqués a don
Juan Gabriel de Bazterechea, residente en Indias”. Un hecho que nos prueba
que una década después de haberse establecido los legados a favor de los
criados del marqués, alguno aún no se había abonado. Asimismo, en lo que
concierne al patronato y capellanía que fundara Martín de Echeverría, se le
cedía graciosamente, pudiendo Zuloaga nombrar patrón, capellán o
capellanes según previniesen los estatutos del patronato, pero quedaba
obligado a hacer frente a los gastos de éste sin reservarse por este concepto
ningún maravedí del principal de la venta que se le hacía de la hacienda de
los Ubilla.
No obstante, el proceso se dilató algo más de lo esperado al detectarse
un error en la mencionada tasación de 1732, al haberse sobrevalorado
agunos conceptos. Así pues, se hizo otra en 1738 que alcanzó los 184.470
reales de vellón, cuya mitad se correspondía con 92.235 reales362; sobre ellos
se establecería el correspondiente censo reservativo el 20 de junio de 1738
con unos réditos anuales de 2.737 reales (el 3%), debiendo pagar siempre un
año por adelantado. Zuloaga obligaba para ello los bienes adquiridos así
como otros suyos, heredados de su tío José de Zuloaga, que consistían en: la
casa de San Jaime, situada en la plaza de Armas; tierras sembradías en Arzu,
cercanas al molino de Emotandia; cercado de tierras sembradías contiguas a
las tierras de la casa de Uranau; cercado de tierras sembradías en el término
361 Este censo reservativo podía redimirse sólo por mitad o terceras partes.
362En esta cantidad se contemplaban 15.000 reales correspondientes a la mitad de un
crédito que perteneció al marqués contra el concurso del licenciado Dionisio de Arsu, que
había sido vicario de Fuenterrabía.
166
de Mendelo; y una arboleda de robles bravos y trasmóchales en dicho
término de Mendelo.
Este censo podría ser redimido íntegramente o por terceras partes
avisando a la VOT con dos meses de antelación, pues en caso contrario la
operación sería nula; comprometiéndose además el comprador a que
mientras que no lo redimiese ni él ni ninguno de sus sucesores podrían
vender, dividir o enajenar dichos bienes que, además, debían estar “siempre
bien labrados y reparados”.
De este modo, pasaron a manos de Zuloaga la totalidad de los bienes
y efectos del marqués de Ribas en Fuenterrabía, a excepción de la referida
casería de Echeverriarcano, entre los que también se incluían algunos
elementos honoríficos como sepulturas y asientos de mujeres en la iglesia
parroquial de Fuenterrabía. La toma de posesión judicial de todos ellos
tendría lugar los días 15 y 16 de julio de 1740 por parte de Pedro Ignacio de
Zuloaga, a nombre de su hermano el mariscal de campo Gabriel de Zuloaga.
Mientras tanto, la VOT continuaba con las labores de inventariar y
tasar los bienes heredados del marqués, las cuales no concluirían hasta el 3
de marzo de 1738, cuando en la junta general de aquel día se informó que
dichas operaciones habían finalizado. De este modo, el proceso para la
enajenación de todos esos bienes pudo iniciarse.
En las casas principales de Ubilla, que la VOT escrituró a su nombre
tras cerrar las ventanas que caían al colegio de niños de la doctrina363,
habían quedado a su disposición, pues no puede perderse de vista que la
marquesa residió en ellas usufructuando todos los objetos que contenía, una
serie de bienes muebles (destacando entre ellos espejos, pinturas,
escritorios, urnas, tapices, libros, manillas y algunas alhajas de diamantes);
los cuales importaban más de diez mil ducados. Los representantes de la
VOT consideraron que sería difícil vender en la península muchos de estos
bienes, por lo que se iniciaron gestiones para vender pinturas y otras cosas a
363 La circunstancia de que se indique este particular del cierre, léase tapiado, de las
ventanas que daban a la primitiva sede del Colegio de San Ildefonso parece evidenciar que
se seguía algún pleito entre dicho colegio y los marqueses de Ribas; y que la VOT decidió
resolverlo cerrándolas, aunque ello fuera en su propio perjuicio. Del mismo modo, parece
ser que el concejo de Madrid mostró interés en adquirir estas casas principales habiendo
puesto como condición para adquirirlas el que se cerrasen dichas ventanas.
167
personas que comerciaban con ellas y para trasladar a las Indias los
quinientos ejemplares que habían quedado del libro que el marqués de
Ribas dedicó a la jornada a Italia de Felipe V. Estos últimos se consideraban
prácticamente imposibles de vender si no se autorizaba dicho traslado.
168
III
LA CARRERA DE UN BURÓCRATA
169
CAPÍTULO 10
DE OFICIAL ENTRETENIDO A SECRETARIO
DEL CONSEJO DE ESTADO (1661-1698)
Como solía ser habitual en la España de la Edad Moderna, el acceso a
empleos de la alta administración solía estar vinculado a la pertenencia o
vinculación a los grupos sociales cuyos miembros ya formaban parte de ella.
A pesar de constituir carreras muy burocratizadas, el peso de las relaciones
personales siempre estuvo muy presente364. Este sería el caso de Antonio de
Ubilla y Medina, que comenzaría su cursus honorum en la alta
administración de la Monarquía Hispánica, debido, fundamentalmente, a la
labor desempeñada por su progenitor en la secretaría de Estado de la
negociación de Italia; en la que entró como entretenido y acabaría siendo su
oficial mayor. Tanto es así, que uno de los testigos que declaró en 1663 en
las averiguaciones para la concesión del hábito de la Orden de Santiago a
nuestro personaje afirmaría que su presencia en este organismo se debía a
los servicios realizados de su padre en esta forma:
“tiene plaza de oficial en la secretaría de Estado de la parte de Italia,
donde es oficial mayor este testigo, y que le hizo merced de ella Su
Majestad en consideración de los servicios de su padre (…), que este es
puesto decente a cualquier caballero, como lo fueron los que hubo el
dicho don Antonio de Ubilla, su padre, en la misma secretaría, donde
364María Victoria LÓPEZ CORDÓN, “Secretarios y secretarías en la Edad Moderna…”,
Studia Historica. Historia Moderna, 15 (1996), pp. 121-127; María Victoria LÓPEZ
CORDÓN, “Cambio social y poder administrativo en la España…”, en Juan Luis
CASTELLANO (ed.), Sociedad, administración y poder en la España…, pp. 116-120; Miguel
MARTÍNEZ ROBLES, Los oficiales de las secretarías de la Corte…, pp. 142-143; Juan Luis
CASTELLANO, “La carrera burocrática en la España…”, en Juan Luis CASTELLANO (ed.),
Sociedad, administración y poder en la España…, pp. 40-43.
171
es notorio que fue en sus principios oficial entretenido y que por sus
grados llegó a ser oficial mayor y secretario de Su Majestad”365.
Ahora bien, la posibilidad de acceder a un puesto en la administración
no significaba, en modo alguno, que se pudiera conservar y, menos aún,
promocionar en ella si no se mostraban las habilidades que requería el
ejercicio del cargo. Precisamente por ello lo habitual era comenzar
desempeñando actividades auxiliares en las oficinas, que facilitaban el
aprendizaje de la profesión y permitían descartar a quienes no tuvieran
aptitudes para su desempeño.
De este modo, la excepcional carrera que llevó a nuestro personaje
desde simple entretenido en la referida secretaría de Estado hasta ocupar el
cargo de secretario de ese mismo negociado y desempeñar, a su vez, la
secretaría del Despacho Universal nos muestra una gran capacidad para el
trabajo, así como que dispuso de la correspondiente habilidad para resolver
satisfactoriamente, y a su favor, los distintos asuntos a los que se enfrentó
durante su vida profesional. Una trayectoria que culminaría formando parte
del Consejo de Indias, destino común a no pocos secretarios del Despacho
Universal que le precedieron.
Aún así, no pudo evitar perder el favor regio entre 1706 y 1715 por
haber colaborado, supuestamente, con los austracistas durante la ocupación
de Madrid que tuvo lugar en la primera de las indicadas fechas. Si en un
primer momento la nueva dinastía difícilmente pudo prescindir de un
individuo que conocía, mejor que nadie, los resortes más importantes de la
monarquía (de ahí que Luis XIV mostrara su apoyo a Ubilla en no pocas
ocasiones en esos años, frente a Felipe V y su mujer que nunca mostraron
una disposición muy favorable hacia él), transcurrido un lustro sus
valedores escaseaban y quienes se habían visto forzados a permitir su
continuidad en los empleos que venía desempeñando, no moverían un dedo
a su favor. Tanto es así que sólo recuperaría el favor regio, ya en 1715, por la
intercesión a su favor de Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, la
365A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248. Testimonio de Juan Bautista Salazar,
caballero de Calatrava, secretario de Su Majestad y oficial mayor de la secretaría de Estado,
parte de Italia.
172
cual quizá vería en la desgracia de nuestro personaje una situación análoga a
la que vivió su tía Mariana de Neoburgo, considerándolo víctima de ciertos
sectores franceses366.
10.1. Un largo recorrido: de oficial entretenido a secretario de la
secretaría de Estado, negociado de Italia
Como ya hemos indicado, en 1659, cuando Antonio de Ubilla contaba con
sólo dieciséis años, recibiría de Felipe IV la merced de comenzar a actuar
como entretenido sin sueldo en el negociado de Italia de la secretaría de
Estado367; asignándosele sólo dos años después su primer salario por título
de 15 de julio de 1661. A propuesta de Luis de Oyanguren, el rey había
decidido dividir entre dos personas los trescientos ducados de plata que
gozaba al año Juan Francisco Fernández Navarrete y que había dejado
vacantes por su promoción al entretenimiento de quince escudos mensuales,
habiendo sido Ubilla uno de los elegidos “por sus buenas partes y haber
servido en la dicha secretaría con satisfacción a imitación de don Antonio de
Ubilla, su padre”. Se le adjudicó de este modo una consignación de 200
ducados de plata anuales (300 ducados de vellón), que se le pagaron desde
el 21 de enero de ese mismo año. Cantidad que se vería incrementada a
finales de 1662 cuando recibió otros 100 ducados de plata al año por vía de
ayuda de costa ordinaria368.
Desempeñaba este entretenimiento, habiendo sumado en 1663 el
lucir hábito de la orden de Santiago369, cuando Francisco Fernández de la
366 Isabel de Farnesio era hija de Eduardo II Farnesio y de Sofía Dorotea de Neoburgo;
hermana de Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II de España. Antes de la
llegada de Felipe V, a instancia del rey de Francia, la reina viuda debió abandonar el alcázar
madrileño y refugiarse en la casa de su caballerizo mayor, el duque de Terranova y
Monteleón. Una estancia que no duraría mucho pues poco después se le indicó que debía
abandonar la corte, pasando entonces a residir durante varios años en la ciudad de Toledo;
no obstante, su apoyo en 1706 al archiduque Carlos –que era su sobrino- accediendo, al
igual que el cardenal Portocarrero, a que dicha ciudad levantara el estandarte real para
proclamar como rey a Carlos III de Austria le granjearía la orden de destierro que en agosto
dictó contra ella Felipe V, que dispuso que pasase inmediatamente a la ciudad francesa de
Bayona (Ángel SANTOS VAQUERO, “Mariana de Neoburgo en Toledo”, Cuadernos de
Historia Moderna, 36 (2011), pp. 152-162)
367 Mark A. BURKHOLDER, Biographical Dictionary of Councillors…, p. 124.
368 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1447r-1448v.
369 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
173
Cueva y Enríquez de Cabrera, VIII duque de Alburquerque370, lo eligió “por
su capacidad y buenas prendas” para que le asistiera de secretario de
Cámara en la jornada a Alemania de la futura emperatriz consorte y durante
su estancia en el virreinato de Sicilia; petición a la que la reina regente
Mariana de Austria accedería el 3 de abril de 1666, manteniéndole la plaza
que tenía con gajes, emolumentos y ascensos371. El duque había sido
nombrado embajador extraordinario para acompañar a la infanta Margarita
María Teresa de Austria, que iba a contraer matrimonio con su tío el
emperador Leopoldo I; verificado lo cual se le había encargado que asumiese
el gobierno del reino de Sicilia.
Se enfrentaba así nuestro personaje al que probablemente sería su
primer viaje más allá de las proximidades de la corte. El duque salió de
Madrid el 28 de abril, pasando por Hinojosas y Bonete, y descansando en
Gandía, con destino a Denia; donde, tras descansar la comitiva durante unos
días, embarcaron en la armada real española rumbo a Barcelona. Allí
desembarcaron el 18 de julio, debiendo permanecer la infanta durante más
tiempo del previsto en la ciudad condal por haberse indispuesto,
convalecencia en la que sería atendida por la duquesa de Alburquerque,
quien actuó durante el viaje como su camarera mayor. Repuesta aquella por
completo, la escuadra salió el 10 de agosto rumbo al marquesado de
Finale372, donde desembarcó diez días más tarde. Allí los esperaba Luis
Guzmán Ponce de León, gobernador del ducado de Milán, quien había
organizado en honor de la infanta emperatriz toda una serie de festejos a los
que asistió una amplia comitiva formada por grandes de España, capitanes,
gobernadores y otros cargos, y que concluirían en la iglesia de San Juan
cantándose un Te Deum. Once días permanecería la embajada en el puerto
hasta que el 1 de septiembre partiría rumbo a Milán, donde se celebraría
fastuosamente su entrada el día 15. Dos días más tarde, coincidiendo con el
370 Véase la Imagen 3 del Anexo de Imágenes.
371 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1450r-1451r.
372 El marquesado de Finale, que tenía un valor estratégico fundamental al actuar como
puerto marítimo del ducado de Milán, formaba parte de la Monarquía Hispánica desde
1602, cuando se hizo efectiva la toma de posesión del territorio tras haber vendido su
último marqués, Sforza Andrea del Caretto, todos sus derechos feudales sobre el territorio a
Felipe II.
174
primer aniversario del fallecimiento de Felipe IV, quiso su hija que se
celebrase el duelo en la iglesia del Duomo373, vistiendo todos los asistentes
luto de corte.
Durante algunos días más permanecería la embajada en esta ciudad
recibiendo la infanta distintas visitas, incluida la del marqués de la Grana,
que acudió en representación del emperador. El 29 de septiembre
continuaría el viaje por tierras del Milanesado durante varias jornadas, muy
dificultosas por las continuas lluvias, hasta entrar en las de Venecia, donde
la recibieron y hospedaron los embajadores que envió esta república.
El 8 de octubre se hizo la jornada a Roveredo, punto designado para
proceder a las solemnes entregas, donde la infanta sería recibida y
agasajada, entre muchos otros, por el cardenal Harrach, obispo de Trento, y
por el príncipe de Dietrichstein, que habría de ser su mayordomo mayor. Al
día siguiente, por la mañana, acudirían todos a misa (incluida la librea del
duque, que ascendía a más de doscientas personas) en la iglesia de San
Marcos con sus mejores galas. Entre ellos estaba Antonio de Ubilla, el cual
vestiría para la ocasión de “paño amusco guarnecido de encajes de plata”,
luciendo, como muchos otros, “cadenas de oro y plata y plumas blancas y
encarnadas”.
Las solemnes entregas tuvieron lugar el 10 de octubre al salir de misa.
En ellas, el duque de Alburquerque, en nombre de Carlos II y de su madre la
reina regente, entregó a la emperatriz a los ya mencionados cardenal
Harrach y príncipe de Dietrichstein, nombrados para este efecto por el
emperador Leopoldo I. Concluida su misión, Alburquerque se despidió de la
emperatriz y se puso en marcha para embarcar en el puerto de Finale en las
galeras que lo llevarían a Sicilia374. Comenzaba así su etapa como virrey de
este territorio en 1666, cargo en el que permanecería durante un trienio más
otro año; siendo sucedido a su término por Claudio Lamoraldo, príncipe de
Ligne375.
373Se trata de la catedral gótica de Milán, conocida como el Duomo di Milano (duomo viene
del latín Domus Dei, casa de Dios)
374Antonio RODRÍGUEZ VILLA, “Dos viajes regios (1679 y 1666)”, Boletín de la Real
Academia de la Historia, tomo 42 (1903), pp. 379-390.
375 Antonino de AMICO, Chronología de los Virreyes…, p. 52.
175
El reino de Sicilia se había vinculado a finales del siglo XIII, tras las
Vísperas Sicilianas, que lo desligó de la casa de Anjou, a la Corona de Aragón
como una unión personal de Sicilia al rey. Es decir, nunca se sintió integrada
en dicha Corona, lo cual pondría de manifiesto en no pocas revueltas
motivadas por la presencia de nobles aragoneses desempeñando cargos en la
isla. Esta circunstancia haría que los individuos elegidos para asumir la
representación del monarca en ella, dado su inmenso poder, fueran
personajes fieles a su persona y de su absoluta confianza. Aún así, Felipe II
consideró necesario reducir la duración del virreinato a sólo tres años y
promover la renovación de otros cargos376.
Alburquerque, al igual que sus antecesores, pasaría a residir en
Palermo, concretamente en su palacio real, custodiado por infantería
española, cuarenta soldados alemanes y una compañía de cien caballos
borgoñones. El modo en el que tomó posesión, y del que Ubilla sería
partícipe, nos es bien conocido gracias a una descripción de la época:
“Hace después la entrada, embarcándose juntamente con la señora
virreina en la galera capitana y se apean en una puente muy costosa y
bien aderezada que suele hacer la ciudad y desde ahí el señor virrey
sobre un caballo acompañado de toda la nobleza de aquella ciudad se
va a la iglesia mayor y la señora virreina con algunas señoras de título
se pone en un coche acompañada de uno de los títulos principales a
caballo se va derechamente a palacio y si se quisiere ir en silla le
acompañan muchos títulos a caballo. Se compone este
acompañamiento del señor virrey de todos los títulos, consejeros,
ministros y caballeros del reino y senado de dicha ciudad o de Palermo
o Mesina a donde se hallare.
Entra en la ciudad dicho señor virrey a caballo como se ha dicho y
lleva a su lado derecho el más antiguo título y a la izquierda el pretor
de la dicha ciudad de Palermo, y siendo en Mesina el jurado semanero,
siguiéndole después los demás jurados acompañando a cada uno de
ellos un título y prosiguiendo los demás ministros de la ciudad. Lleva
376 Manuel RIVERO RODRÍGUEZ, Felipe II y el gobierno de Italia…, p. 72.
176
delante de sí los dichos porteros de Cámara con sus mazas y después
de estos los de la ciudad. Prosigue el Consejo y, antes de él, el capitán
de la guarda de la Gran Corte. Después van prosiguiendo los demás
títulos y caballeros (…).
Vase derechamente a la iglesia mayor y al entrar el capítulo y clero de
ella le da el agua bendita y cerca del altar mayor el protonotario del
reino, en presencia del Consejo, títulos y caballeros, lee el título o
patente de Su Majestad y, acabado de leer, la jura el señor virrey en sus
manos de guardar los capítulos, leyes, pragmáticas y constituciones del
reino y en las de los síndicos de observar los privilegios y fueros de la
ciudad de Palermo o Mesina”377.
Ubilla serviría al virrey en sus labores de gobierno, ocupándose del
manejo de cifras y correspondencia con la reina gobernadora y sus
ministros378, al igual que de los asuntos derivados de la propia
administración de Sicilia. Labores que integraban, junto al correspondiente
despacho de Alburquerque con organismos e instituciones del reino, la
celebración de dos audiencias públicas semanales. Igualmente, todos los
virreyes estaban obligados a visitar al menos una vez el reino, especialmente
sus fortalezas, dando cuenta de dichas inspecciones al rey; revistas que,
suponemos, también realizaría este virrey en compañía de nuestro
personaje379.
Finalizado este virreinato, y tras haber permanecido durante cuatro
años en Sicilia, durante los cuales aprendería la lengua italiana, se
reintegraría en 1670 en su puesto de oficial entretenido en la secretaría de
Estado. Allí continuaría en sus labores a la espera de que alguna vacante o
promoción le permitiera ascender; lo cual no tendría lugar hasta dos años
más tarde, cuando fue ascendido al entretenimiento de quince ducados de
plata de ayuda de costa ordinaria mensuales, más otros 200 ducados
377Josefina MATEU IBARS, “Noticias del reyno de Sicilia…”, Boletín de la Real Academia
de Buenas Letras de Barcelona, 30 (1964), pp. 190-191.
378 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1486r-1491r.
379Josefina MATEU IBARS, “Noticias del reyno de Sicilia…”, Boletín de la Real Academia
de Buenas Letras de Barcelona, 30 (1964), p. 194.
177
anuales para casas de aposento, por haber ascendido Juan Vallezei al
entretenimiento de 20 escudos de plata al mes380.
Ahora bien, a pesar de este ascenso, la carrera de Ubilla parecía
mostrar las mismas perspectivas de futuro que la de su padre, que en una
lenta promoción profesional sólo pudo alcanzar, antes de su muerte, el
empleo de oficial mayor en dicha secretaría. Su primer enlace matrimonial,
empero, rompería esta dinámica y le permitió acelerar considerablemente
dicha promoción. El hecho de que su prometida fuera camarera de la reina
regente Mariana de Austria, facilitó que fuera receptor a través de una real
orden de 19 de octubre de 1674 de la merced de suplir en sus ausencias y
enfermedades al secretario de los reales descargos con los salarios y
emolumentos que le correspondían, sin perder por ello su plaza anterior;
indicando que tendría derecho a suceder a dicho secretario en caso de que
vacase. Aún más, para que pudiera ejercer este empleo también se le
concedería el 29 de enero del año siguiente el necesario título de secretario
ad honorem de Su Majestad; pues no era posible refrendar en su nombre,
sin poseerlo, los documentos que firmase el rey o la regente381.
Tras haber suplido algunas ausencias, Ubilla accedería con relativa
prontitud a la indicada plaza, pues en 1676 ya se encontraba al frente de la
secretaría de la Junta de Reales Descargos; y al frente de ella permanecería
hasta 1682. Esta Junta había sido creada en 1598 con el objetivo de cuidar el
cumplimiento de las últimas disposiciones de los reyes, función que hasta
entonces había correspondido a las formadas por los albaceas y
testamentarios designados por cada uno de ellos en sus testamentos382. Se le
asignó en aquel momento un secretario que, desde 1613, estuvo auxiliado
por dos oficiales383; y que gozaba de 100.000 maravedíes de gajes384.
380 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1454r-1455r. El
título está fechado en 20 de agosto de 1672. El salario comenzaría a cobrarlo desde 15 de
julio anterior.
381A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1465r-1466v y
1458r-1461r.
382 Andrés CORNEJO, Diccionario histórico y forense del Derecho Real…, p. 367.
383Antonio VALLADARES DE SOTOMAYOR, Semanario erudito que comprehende…, I,
pp. 190-191.
384 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1470r-1471v.
178
Del mismo modo, en estos años también se le nombró para que
asistiera a la junta de los testamentarios de don Juan José de Austria,
fallecido en 1679385.
El 5 de septiembre de 1682 pasó a servir, con los mismos gajes que
gozaba en la Junta de Reales Descargos386, la secretaría del Consejo de la
Santa Cruzada; que se ocupaba de la hacienda de la bula de la Cruzada,
Subsidio y Excusado, así como de la administración de todo lo que pudiera
pertenecerle y se determinase en los pleitos que se resolviesen a su favor.
Éste estaba compuesto por un comisario general, dos contadores, un fiscal
de ropa y dos del Consejo Real, otro del Consejo de Aragón y otro del de las
Indias, los cuales actuaban como comisarios387. Ubilla serviría en este
destino durante más de doce años, en los que también asistiría a la Junta en
la que se trataban negocios tocantes a la Inmaculada Concepción388.
El monarca pensó en él cuando en 1690 se hizo necesario cubrir la
vacante de secretario de Estado y Guerra de los Países Bajos, pero en este
caso nuestro personaje elevaría una representación renunciando a esta
merced, siendo aceptado por Carlos II. Es probable que la renuncia viniera
determinada por la necesidad de trasladarse a Flandes para desempeñarla,
ya que este secretario era un empleado nombrado por el rey que actuaba
ante el gobernador general de los Países Bajos. En la rama de Estado se
ocupaba de la correspondencia española, y en la militar entendía de
cuestiones relativas al ejército389.
Una negativa que no impediría que ese mismo año se le indicase que
debía actuar como secretario en la Junta que se había formado para tratar
negocios de la Real Hacienda, así como en la que se le encargó al cardenal
Portocarrero para el resguardo de las rentas reales. Aún más, su buen hacer
385Una copia del testamento de Juan José de Austria puede consultarse en B.N.E., ms.
10901, ff. 1r-45r. En lo que respecta a la destacada trayectoria de este hijo de Felipe IV, son
de obligada consulta: Ignacio RUIZ RODRÍGUEZ, Don Juan José de Austria en la
Monarquía Hispánica…; Ignacio RUIZ RODRÍGUEZ, Juan José de Austria: un bastardo
regio…; y José CALVO POYATO, Juan José de Austria. Un bastardo regio…
386 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1470r-1471v.
387Instrucción que se dio al señor Felipe Quarto…, en Antonio VALLADARES DE
SOTOMAYOR, Semanario erudito que comprehende varias obras inéditas…, XI, p. 210.
388 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1472r-1477v.
389 Miguel Ángel ECHEVARRÍA BACIGALUPE, Flandes y la Monarquía Hispánica…, p. 25.
179
en el Consejo de la Santa Cruzada facilitaría que, por decreto de 4 de octubre
de 1694, se le hiciera merced del gobierno de la secretaría del Consejo y
Junta de Caballería de las Órdenes, que estaba entonces vacante por
promoción de Bernardino Antonio de Pardiñas a la de Nueva España390;
tomando posesión de ella el 9 de diciembre391. Dicho Consejo tenía como
cometido despachar las pruebas de aquellos a quienes el rey había hecho
merced de hábito y sentenciar las causas que llegaban a él en grado de
apelación de los lugares incluidos en la jurisdicción de las Órdenes; estando
compuesto por un presidente y seis oidores, un secretario y un fiscal. El
secretario cobraba 200.000 maravedíes anuales392, lo que significa que
Ubilla duplicaría entonces sus ingresos.
Ahora bien, este destino habría de ser muy fugaz, fundamentalmente
porque sólo dieciséis días después de hacerle merced de él, sería receptor de
otra por la que se le adjudicaba la primera secretaría que vacase del Consejo
de Indias. Ello tendría lugar a mediados del año siguiente, cuando la de Perú
quedó vacante por promoción de Antonio Ortiz de Otalora a la secretaría de
Milán en gobierno; se mandaría, por tanto, mediante decreto de 12 de junio
de 1695, que se verificase en gobierno la gracia que se le había dispensado.
Decisión que se completaría sólo unas semanas más tarde cuando por el
acceso de Ortiz de Otalora en propiedad a la secretaría de Milán se
decidiese, por decreto de 1 de julio, concederle a Ubilla la de Perú;
expidiéndosele el correspondiente título doce días más tarde y comenzando
a ejercer en ella a partir del 4 de agosto con el mismo salario que habían
disfrutado sus antecesores393, que ascendía a 500.000 maravedíes
anuales394.
390 Mª Jesús ÁLVAREZ-COCA GONZÁLEZ, “El Consejo de las Órdenes Militares”,
Cuadernos de Historia Moderna, 15 (1994), p. 307. Por real cédula de 20 de octubre de
1694 se le concedería la primera plaza de secretario del Consejo de Indias que quedara
vacante (A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 479, libro 1, s.f.).
391 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, f. 1484r.
392Instrucción que se dio al señor Felipe Quarto…, en Antonio VALLADARES DE
SOTOMAYOR, Semanario erudito que comprehende varias obras inéditas…, XI, p. 208.
393 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1478rr-1482r.
394Instrucción que se dio al señor Felipe Quarto…, en Antonio VALLADARES DE
SOTOMAYOR, Semanario erudito que comprehende varias obras inéditas…, XI, 206.
180
Desde la real orden de 31 de diciembre de 1604, los asuntos que
atendiera la primitiva secretaría del Consejo de Indias se distribuyeron
territorialmente entre dos secretarios. De este modo, uno se encargaría del
virreinato de Perú y otro del de Nueva España, correspondiéndoles en sus
respectivos ámbitos geográficos el hacer relación de los negocios para el
despacho con el monarca, informar de las cartas y peticiones, recoger lo que
se acordase y resolviese, así como redactar los despachos y consultas
correspondientes395.
En esta plaza se mantendría durante los tres años siguientes, en los
cuales, probablemente por mediación del propio secretario del Despacho
Universal, el marqués de Villanueva de la Sagra (que, recordemos, era hijo
de una prima hermana de nuestro personaje), participaría en las labores de
la secretaría del Despacho Universal; llegando a despachar con el rey
durante las ausencias y enfermedades del titular396, que había accedido al
empleo en agosto de 1697. Una realidad que, sin duda, tendría mucho que
ver en el hecho de que en enero de 1698, al encontrarse enfermo el marqués
de Villanueva de la Sagra, fuera llamado a desempeñar el Despacho
Universal397. Su nombramiento como secretario de Estado para las
negociaciones de Italia, empleo habitualmente asociado al referido
Despacho Universal, sólo sería cuestión de meses pues López de Zárate
había fallecido el 8 de febrero398.
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, “El gobierno central de las Indias…”, en Feliciano
395
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, p. 101.
396 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1486r-1491r.
397 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 608.
398 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, p. 268.
181
CAPÍTULO 11
EL DESEMPEÑO DE LA SECRETARÍA DEL
DESPACHO UNIVERSAL (1698-1705)
La etapa en la que Antonio de Ubilla ejerció como secretario de Estado y del
Despacho Universal constituye, sin duda alguna, el periodo en el que
adquirió mayor relevancia pública. Su mediación en la práctica totalidad de
los asuntos que llegaban al monarca hacía que su nombre fuera conocido
prácticamente en todos los lugares de la Monarquía Hispánica, al igual que
en las cancillerías y principales instituciones de gobierno de otros Estados.
No debemos olvidar que, aunque inmersa en un proceso de decadencia, la
Corona española aún seguía siendo entonces la potencia hegemónica
mundial.
Pero por si esto no era suficiente, la etapa en la que nuestro personaje
desempeñó estos cometidos (1698-1705) coincidiría con el complejo proceso
de sucesión que permitió que la monarquía pasara de los Austrias a los
Borbones. Se convertiría de ese modo en una pieza fundamental dentro de
las iniciativas y movimientos políticos, incluidas las intrigas, que se
desarrollaron en los tres últimos años del reinado de Carlos II y los cuatro
primeros del de Felipe V.
Aunque la segunda parte de este trabajo la dedicaremos al análisis de
la secretaría del Despacho Universal, así como de los principales
acontecimientos que rodearon a Ubilla durante esos años, no renunciamos a
ofrecer en el presente capítulo algunas consideraciones generales.
11.1. Secretario de Estado y del Despacho Universal de Carlos II
El correcto desempeño de la secretaría del Despacho Universal desde el mes
de enero de 1698, animaría a Carlos II a nombrarlo secretario de Estado
183
para las negociaciones de Italia el 20 de julio399; con lo que, de facto, venía a
ratificarlo en aquel empleo. Desde su creación, la secretaría del Despacho
Universal había sido un cargo de confianza, por lo que no se expedía, ni era
necesario, ningún título a quienes lo desempeñaban. El inicio y cese en ella
dependían únicamente de la voluntad del monarca. Ahora bien, desde el
principio se consideró útil que este Despacho fuese desempeñado por
individuos que ocupasen alguna secretaría del principal consejo de la
monarquía, el Consejo de Estado. De ahí que se convirtiera en práctica
habitual que el secretario del Despacho fuese también secretario de Estado,
normalmente de la negociación de Italia; un empleo que sólo tendría en
propiedad y no en gobierno, ya que las numerosas ocupaciones del
Despacho impedían compatibilizar ambas funciones.
Surgida a comienzos del reinado de Felipe IV, esta secretaría debía
hacer frente, desde la covachuela de palacio400, a la ingente cantidad de
billetes y consultas que, procedentes de Juntas y Consejos, llegaban a la
última instancia decisoria del rey y, en ocasiones, de su valido401. Sin olvidar
que también era receptora, a través de la vía reservaba, de no poca
correspondencia con agentes, embajadores y diversas personalidades402.
Probablemente una de las mejores descripciones que poseemos de
esta oficina, que se componía de secretario y de varios oficiales que lo
auxiliaban en sus funciones, sea la que en 1688 elaboró el embajador francés
en España, conde de Rébenac, para conocimiento de su propio gobierno:
“Cette secrétairerie est la première de toutes celles du royaume, et pour
cela elle est appelée Universelles. Elle est dans le palais et dans le
399A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1486r-1491r (véase
el Documento 6 del Apéndice Documental). José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los
secretarios de Estado…, II, p. 426.
400La covachuela era la oficina donde trabajaba el secretario del Despacho Universal con
sus oficiales, estaba situada en los sótanos del palacio, de ahí su denominación (REAL
ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la lengua castellana…, II, p. 647. Voz
“covachuela”).
401 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Rey, ministros y grupos políticos…, pp. 39-40.
402 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la Administración Central española…,
p. 35.
184
quartier même de Sa Majesté. C’est la que vont les mémoriaux de
toutes les affaires de la Monarchie, tant grandes que petites. (…)
Il dépêche avec le roi deux fois par jour, soir et matin. Il envoi aux
présidents des Conseils les ordres que sa donne ou les mémoriaux qui
regardent les affaires de leurs Conseils, affin qu’ils les examinent et en
disent leur avis ; et ensuite sur l’avis dés Conseils le roi résout ce qui lui
plait et le secrétaire en donne les expéditions.
Il y a dans cette secrétairerie six commis, dépend du secrétaire des
Dépêches Universelles”403.
Superada ya en el reinado de Carlos II la etapa de los grandes
valimientos, el secretario del Despacho Universal pasaría a ser, junto al
confesor, una de las personas en las que el monarca más se apoyaba para
tomar decisiones. Una circunstancia que hizo que los nombramientos de
quienes habían de desempeñar estos empleos estuvieran sujetos a intrigas y
fuera difícil permanecer mucho tiempo en ellos404.
Pero por si todo esto no fuera suficiente, el hecho de que también a
los secretarios del Despacho, como secretarios de Estado, les correspondiera
dar fe de los testamentos y de asistir a la entrega de los cuerpos reales, tanto
en el sitio del fallecimiento como en el panteón donde se depositaban y
entierraban, los situaría aún más en el centro de todas las negociaciones,
cábalas e intrigas405. Una función que adquirió en los últimos años de
reinado de Carlos II una importancia de primer orden, pues la ausencia de
herederos forzosos hacía del testamento del rey un documento
trascendental, reforzando la importancia de quien habría de ser el fedatario
público ante quien se otorgase.
En este complejo panorama accedería nuestro personaje al
desempeño de la secretaría. No debe extrañarnos, por tanto, que sólo unos
meses después de iniciadas sus labores, el sector afín a reina Mariana de
403 B.N.F., ms. 9045, pp. 385-386.
404 Marie-Françoise MAQUART, L’Espagne de Charles II y la France…, pp. 44-45.
405 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 514. El que este
cometido correspondiera a los secretarios de Estado fue una práctica habitual a partir del
reinado de Felipe III.
185
Neoburgo considerase la necesidad de apartarlo del Despacho para colocar
en él a Francisco Moles, duque de Pareti406; iniciativa que resultaría
infructuosa pero que no hizo cejar a este sector, que logró al año siguiente
que Moles fuera enviado como embajador ante el emperador407. Así pues,
continuó Ubilla en sus ocupaciones en los años siguientes, participando muy
tímidamente en las estrategias y manejos de los distintos partidos que se
disputaban el poder en la corte. Da buena prueba de ello el que los
testimonios de la época muestren que se tendiera a desconfiar de él, pues las
manifestaciones de apoyo que expresaba a los integrantes de todas estas
facciones y partidos no se correspondían demasiado fielmente con lo que
pudo comprobarse posteriormente.
Muchos son los ejemplos que podrían citarse, pero consideramos que
la exposición de uno de ellos será suficientemente ilustrativa de lo que
afirmamos. En junio de 1699, a pesar de que el rey había extendido un
decreto por el que se desterraba de sus reinos al Almirante de Castilla, éste
se encontraba en Aranjuez entretenido con cacerías, reuniones y banquetes.
Un hecho que se debía, según informaba el conde Aloisio Luis de Harrach al
emperador, a que a pesar de que Antonio de Ubilla había recibido orden de
extender dicho decreto, “por obedecer a la reina, se limitó a mandar
preguntar al almirante cuánto tiempo pensaba demorarse” allí. Proceder que
disgustaría enormemente al cardenal Portocarrero y sus aliados, que no
dudaron en expresar su malestar por ello al monarca.
Una situación que venía a complicar la buena relación que Ubilla
mantenía con aquellos. Tanto es así que sólo un mes antes, el cardenal y el
secretario del Despacho habían compartido junto al marqués de Leganés, el
conde de Monterrey y el confesor del rey, el objetivo común de lograr que
Carlos II desterrase al conde de Oropesa. Nuestro personaje, por tanto, no
tardaría en mover ficha, valiéndose de la mediación de Harrach, pues de
406Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, p. 864. Ariberti comunicaba al elector palatino el 24 de octubre de 1698
que la ocasión era propicia para que Moles se hiciera con la secretaría del Despacho
Universal, aunque la reina no se mostraba muy proclive a ello.
407Virginia LEÓN SANZ, “Colaboración del ejército imperial…”, en Enrique GARCÍA
HERNÁN y Davide MAFFI (eds.), Guerra y sociedad en la Monarquía Hispánica…., I, p.
143.
186
resultas de ese asunto había quedado mal ante la reina y ante Portocarrero y
sus afines, que transmitiría al cardenal y a Monterrey la adhesión de Ubilla a
su causa. Como era de esperar, estos responderían que no daban crédito a
sus palabras y que debía demostrarlo con obras; a lo cual replicó el
secretario que él no cesaba de instar al rey para que expulsase a la Berlips y
al padre Gabriel, así como para que colocara en las presidencias de los
Consejos a personas aptas y honradas, pero que no era culpa suya si
finalmente la indecisión del rey lo frustraba todo408.
En otro orden de cosas, tampoco podría sustraerse de las estrategias
de ocultación de información que tuvieron lugar entre el propio rey y su
consorte en esos mismos años. Unos manejos de los que no siempre tuvo
conocimiento y que podrían haber hecho peligrar su continuidad en el
Despacho. Por ejemplo, en julio de 1699, el príncipe de Darmstadt escribió a
la reina informándole de que a los soldados alemanes de Cataluña se les
debían cincuenta meses de sueldo. La reina se lo comunicaría a su marido,
que le indicó que él también tenía noticias sobre ello pero que eran
diferentes. Esta discrepancia en los datos, haría que se iniciasen
averiguaciones para saber quiénes eran los traidores que engañaban a
Carlos II con falsos informes. No obstante, al ser preguntado Ubilla sobre el
particular se mostraría asombrado por la respuesta del rey a la reina pues lo
manifestado era distinto a los informes que habían pasado por sus manos,
entre ellos una carta idéntica a la remitida a Mariana de Neoburgo, que
puesta en conocimiento de Carlos II había dispuesto que se pondría pronto
remedio allegando recursos para pagar a las tropas409.
En cualquier caso, nuestro personaje logró soslayar todas estas
dificultades, inclusos algunos periodos en los que no contó con la gracia del
rey, siendo el responsable de extender su último testamento a comienzos de
octubre de 1700; que, como de sobra es conocido, llamaba a sucederle al
duque de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. La muerte de Carlos II el 1 de
noviembre siguiente pondría en marcha la sucesión. El cardenal
408 Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, pp. 999, 1029 y 1038.
409Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, II, p. 1054. Aloisio Luis de Harrach al emperador, julio de 1699.
187
Portocarrero se perfilaba entonces como el hombre fuerte de la monarquía
pues no sólo había logrado que su propuesta sucesoria fuera la elegida
finalmente, sino que el propio rey lo había llegado a designar el 29 de
octubre gobernador de sus reinos para que se ocupase de ellos durante su
convalecencia410.
En virtud de lo dispuesto en el testamento, se procedería a formar
una Junta de Gobierno que actuaría mientras que el duque de Anjou
aceptaba la Corona y tomaba de posesión de la misma, en la que Antonio de
Ubilla actuaría como secretario411.
11.2. Secretario de Estado y del Despacho Universal de Felipe V
Una vez instalado en Madrid, Felipe V lo confirmó en febrero de 1701 en su
empleo de secretario del Despacho Universal; en el que se mantuvo hasta
enero de 1705412. Años en los que, a diferencia del reinado anterior, en el que
los desplazamientos del monarca se limitaban a los reales sitios, su
presencia en la corte se reduciría notablemente. Acompañó al rey en las
jornadas de Cataluña e Italia (1701-1703), así como a la campaña que realizó
contra Portugal (1704)413.
Parece ser que, a pesar de recibir distintas mercedes en estos años,
como se vio en los capítulos anteriores, nunca llegó a contar con las
simpatías del rey ni de su consorte414. Sería la necesidad de contar con sus
conocimientos en el manejo de los negocios de la monarquía y el apoyo de
Luis XIV, que lo veía, al haber sido nombrado durante el anterior reinado,
como un individuo clave para una fácil transmisión de las decisiones que se
410 B.N.E., ms. 12964/20. Véase el Documento 7 del Apéndice Documental.
411Esta Junta sería objeto, como tan frecuente era en la época, de la sátira popular. Puede
verse como ejemplo un romance que se elaboraría a finales de 1700 en el que, entre otros,
también se dedican unos versos a Antonio de Ubilla (Documento 8 del Apéndice
Documental).
412 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 175.
413 Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, p. 79.
414Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, p. 27. Del mismo modo, también en la propia
Corte contaría con detractores, como nos lo prueba su inclusión en coplas y romances
satíricos como el que puede leer se en el Documento 8 del Apéndice Documental.
188
adoptaban, los que permitieron su continuidad en la secretaría durante
cuatro años. Aún así, entre septiembre de 1703 y agosto de 1704, se le
retiraron los asuntos relativos a la Guerra; que le fueron encomendados al
marqués de Canales, individuo cercano a Jean Orry y a la princesa de los
Ursinos415. La retirada del Consejo de Despacho del cardenal Portocarrero
hizo que se considerase poco prudente mantenerlo únicamente con
consejeros franceses, por lo que se volvería al Despacho tradicional del rey
con su secretario del mismo nombre. No obstante, la situación de guerra,
según se afirmaría, impedía que el marqués de Ribas pudiera atender
convenientemente toda esa cantidad de papeles que pasaban por sus manos,
por lo que se optó por dividir de facto la secretaría416.
En otro orden de cosas, el desempeño de esta secretaría significaría
para nuestro personaje un considerable incremento de sus ingresos. Ubilla
percibía unos 60.000 reales anuales, que se complementaban con otros
51.000 que recibía como secretario de Estado de Italia, aunque sólo lo
ocupase en propiedad. De este modo, la cantidad global ascendía a 111.000
reales anuales, cifra ligeramente inferior a los 120.000 reales que Felipe V
fijó como honorarios del marqués de Canales cuando fue nombrado
secretario del Despacho de la Guerra. Un salario que quedaría fijo para los
posteriores secretarios de Estado y del Despacho417. Además, a estos
ingresos debían sumarse otras cantidades correspondientes, por ejemplo, a
casa de aposento (800 ducados de plata) o a propinas, luminarias y demás
emolumentos418.
Como vimos, Felipe V cesaría al marqués de Ribas a finales de enero
de 1705, tras una intensa campaña en su contra del embajador francés,
duque de Gramont. En concreto, sería especialmente decisivo un extenso
informe que éste remitiría con fecha de 21 de diciembre de 1704 a Luis XIV,
que lograría que finalmente el monarca francés no se opusiera a su
Anne DUBET, “¿La importación de un modelo francés?...”, Revista de Historia
415
Moderna, 25 (2007), p. 208.
416 María Victoria LÓPEZ CORDÓN, “Instauración dinástica y reformismo
administrativo…”, Manuscrits, 18 (2000), pp. 96-97.
417 Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, p. 73.
418 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff. 1486r-1491r.
189
destitución. En éste daba cuenta de las dificultades que tenía para disponer
de datos acerca de cómo iban los asuntos de la guerra y, lo que era más
grave, manifestaba que era necesario “mettre quelque ordre dans les affaires
du roi”, pues “n’y a pas de secret dans la cavachuela419 pour les choses
ordinaires, mais si le roy d’Espagne reçoit quelque avis importan ton sçait le
quart d’heure d’après dans tout Madrid”. Unas acusaciones sobre sobre un
flagrante incumplimiento de la obligación de guardar secreto que,
justificadas mediante varios ejemplos, permitirían a Gramont indicar a Luis
XIV que se veía precisado a proponer la sustitución del marqués de Ribas.
Aún más, no dudó en poner de manifiesto que el propio Felipe V le había
manifestado, días atrás, la necesidad de ese cambio; teniendo incluso un
candidato para el reemplazo, el marqués de Mejorada. Al parecer, Felipe V
valoraba en él que fuera “un homme fort riche, retiré est n’aimant que
l’etude”420.
La recepción de este documento en la corte francesa se retrasó hasta
bien entrado en mes de enero. El día 11, Luis XIV manifestará su sorpresa
por las informaciones que se le hacían llegar sobre Ubilla, incidiendo en que
no era prudente desplazar en esa coyuntura a un hombre establecido en una
destacada secretaría desde la que se controlaban los asuntos más
importantes de la Monarquía Hispánica; aún así, dio su visto bueno
indicando que el secretario saliente debía colaborar con el entrante si este se
lo solicitaba421. Por su parte, tampoco el mariscal Tessé contribuiría a la
permanencia de nuestro personaje en el Despacho, pues el 20 de enero
indicó al rey galo que “le marquis de Rivas ne songe qu’à nager entre deux
eaux et pleurer aux Conseils”422.
Así pues, el 23 de enero de 1705, después de cenar, el rey informaba a
Ubilla de que sus labores en el Despacho pasarían a ser desempeñadas por
419El escaso conocimiento que tendrían del idioma español tanto Gramont como su
secretario llevaría a que el término covachuela acabase plasmado en esta versión.” “”
420 A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 145, ff. 134r-138.
421A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 145, ff. 151r y v. Luis XIV indicaría que
“la necessité de ce changement est si pressante que je crois que le roy d’Espagne doit le faire
au plutôt.Je ne connois point les sujets qui peuvent le servir mieux dans cette emplois”.
422A.M.D., Service Historique de la Défense, Centre Historique de la Défense, Armée du
Terre, A1 1883, doc. 105.
190
Pedro Caetano Fernández del Campo, segundo marqués de Mejorada
consumándose, así, el que Tessé consideró como hecho de mayor trascen-
dencia desde la aceptación del testamento de Carlos II423.
Al igual que los secretarios del Despacho anteriores, Mejorada recibió
una oficina compuesta entonces por nueve oficiales que le auxiliarían en sus
funciones424. Asimismo, no mucho después sería nombrado en propiedad
secretario de Estado de Italia el 8 de febrero425.
No obstante, no tuvo que hacerse cargo de todos estos asuntos
durante mucho tiempo, pues por decreto de 11 de julio se procedería a
dividir en dos dicha secretaría aplicando para ello un criterio temático. José
de Grimaldo se encargaría de la secretaría de Estado y del Despacho de
Guerra y Hacienda, permaneciendo Mejorada en el manejo del resto de
asuntos en otra secretaría426. De nuevo había salido a colación el asunto de
ser excesiva la carga burocrática de la gestión de todos los asuntos de la
Corona para ser desempeñada por una única secretaría.
De este modo, se daba inicio con ese real decreto a una serie de
particiones de la secretaría, tendentes a una especialización en las áreas de
gobierno, que permitirían pasar progresivamente, la siguiente división
tendría lugar en noviembre de 1714, de una administración colegiada a otra
de tipo personal; de órganos básicamente judiciales a órganos
fundamentalmente gubernativos427.
423A.M.D., Service Historique de la Défense, Centre Historique de la Défense, Armée du
Terre, A1 1883, docs. 124 y 129.
424 Gaceta de Madrid, 17 de febrero de 1705. Véase el Cuadro 2 del Anexo de Cuadros.
425 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 36, ff. 1223r-1224v. El
título se le expediría el 2 de marzo de 1705.
426 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 296.
427 Juan Luis CASTELLANO, Gobierno y poder en la España…, pp. 64-68.
191
CAPÍTULO12
EN EL CONSEJO, CÁMARA Y JUNTA DE
GUERRA DE INDIAS. LA CAÍDA EN DESGRACIA
(1705-1726)
Al igual que no pocos de sus antecesores en el cargo de secretario del
Despacho Universal428, Antonio de Ubilla también recibiría del rey la
merced de ocupar una plaza como consejero en el Real y Supremo Consejo
de Indias429 para cuando cesase en las labores del Despacho. Se le daba así
acomodo en un organismo cuyos integrantes, como ocurría en el resto del
sistema polisinodial, formaban parte de las principales familias de la
Monarquía. Pasaba, así, de trasladar información al rey y de ejecutar sus
órdenes a colaborar en las tareas de asesoramiento que los Consejos
realizaban.
Aunque la concesión tendría lugar en 1702, sólo se haría efectiva a
comienzos de 1705 cuando Felipe V decidió que dejase de prestar sus
servicios al frente de la secretaría del Despacho. Se incorporó, de este modo,
a sus nuevas labores como consejero de capa y espada en el Consejo de
Indias. No obstante, como ya hemos tenido ocasión de indicar, al año
siguiente sería una de las víctimas de la importante depuración que el rey
realizó en este tribunal aprovechando la tibieza o manifiesta infidelidad de
sus consejeros durante la entrada del archiduque Carlos en Madrid.
Ubilla trataría en los años siguientes de recuperar el favor regio,
resultando infructuosas todas sus gestiones hasta que la entrada en escena
428A modo de ejemplo podemos citar a Jose Veitia, Manuel Francisco de Lira, Alonso
Gaspar Carnero y Juan de Larrea.
429 Para conocer el origen, estructura, funcionamiento y evolución de este Consejo son
fundamentales las siguientes monografías: Enrique SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo
de las Indias. Su historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la
Casa de Austria, Salamanca, Junta de Castilla y León-Marcial Pons Historia, 2003, 2 vols; y
Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État et le Conseil espagnol des Indes (1700-1808),
Genève, Librairie Droz, 1972.
193
en 1715 de la nueva consorte del rey, Isabel de Farnesio, le permitiría
reincorporarse al Consejo de Indias; donde permanecería hasta su
fallecimiento.
12.1. En el Consejo de Indias (1702-1706)
En el camino de regreso de su viaje a los territorios italianos, Felipe V
procedería a conceder a Antonio de Ubilla una plaza en el Consejo y Junta
de Guerra de Indias mediante un real decreto firmado en Marsella el 30 de
noviembre de 1702. Según se expresa en el propio título, le hacía
beneficiario de esta merced en agradecimiento por los servicios prestados,
especialmente durante esa jornada a Italia.
Ahora bien, aunque le concedía dicha plaza sólo percibiría de ella, por
el momento, las correspondientes obvenciones (por lo que, al no cobrar
sueldo, estaba exento de pagar la media anata) pues deseaba que siguiera
conservando la propiedad y sueldo de secretario de Estado, parte de Italia, y
que le continuara sirviendo como secretario del Despacho Universal.
Igualmente, también le concedía una plaza en la Cámara de Indias en caso
de que se considerase conveniente su restablecimiento430, ya que había sido
suprimida el año anterior.
De cualquier modo, la concesión de este empleo no venía a ser más
que la práctica habitual que los reyes habían adoptado para dar un último
destino honroso a sus secretarios de Estado y del Despacho Universal. Tanto
es así que no sólo varios de sus predecesores, como ya hemos indicado,
habían recibido igual gracia, sino que incluso él mismo ya la había obtenido
de Carlos II, pero su última indisposición, de resultas de la cual fallecería,
impidió ejecutar el correspondiente decreto431.
El acceso efectivo a este organismo tendría lugar en febrero de 1705,
cuando el rey dispuso por real decreto, comunicado al Consejo de Indias,
que concedía al marqués de Ribas el goce entero de su plaza en dicha
430A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 553A, libro 3, ff. 30r-31r. Véase el
Documento 11 del Apéndice Documental.
431 B.N.E., ms. 19512, f. 256r.
194
institución desde la fecha en que cesó como secretario de Estado y del
Despacho Universal432; una plaza que ocuparía en calidad de consejero de
capa y espada433. Se incorporaba así a un consejo en el que se trataban las
cuestiones de gobierno y administración de las Indias, pero al que ya habían
comenzado a detraérsele atribuciones a favor de las secretarías de Estado y
del Despacho. Siguiendo la tradición centralizadora francesa, que buscaba
reunir en manos del monarca español y sus directos colaboradores toda la
labor de gobierno, ya en marzo de 1701 se procedió a reorganizar el Consejo
de Indias de acuerdo con los decretos de 1691. Se aspiraba así, teóricamente,
a eliminar todos los vicios de funcionamiento que lo aquejaban valiéndose
de medidas como la reducción de su personal, la desaparición de los
supernumerarios, la supresión de todos los empleos que no contaran con
autorización real o la obligación de cobrar los salarios de la Hacienda Real
para evitar dobles pagas434. En cualquier caso, no parece que esta
disposición tuviera demasiado efecto en los años siguientes, pues cuando en
septiembre de 1706 se procedió a reducir el número de consejeros, se
superaba ampliamente la cifra establecida en 1691435.
Su amplio conocimiento sobre los asuntos de la Monarquía, las Indias
incluidas, fue, probablemente, un elemento fundamental para el desempeño
de sus nuevos cometidos. No sólo había tenido acceso, como secretario del
Despacho, a lo tratado y acordado en ese Consejo en los seis años anteriores,
sino que también contaba con la experiencia adquirida durante los tres años
que ocupó una de sus dos secretarías.
Pero aparte de la actividad ordinaria que realizaba en el Consejo,
Ubilla también debía participar dos días a la semana en un consejo
extraordinario denominado Junta de Guerra de Indias, al que asistían
A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 553A, libro 3, s.f. Véase el Documento 21 del
432
Apéndice Documental.
433 Mark A. BURKHOLDER, Biographical Dictionary of Councillors..., p. 134.
Alfonso Federico GONZÁLEZ GONZÁLEZ, “El Consejo de Indias en la crisis…”, Boletín
434
Americanista, 28 (1978), pp. 169-170.
435 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, pp. 4-6.
195
cuatro consejeros de Guerra y cuatro de Indias con el presidente para tratar
todas las cosas de guerra que sucedieran en ellas436.
Unas labores que nuestro personaje desempeñaría con normalidad
durante año y medio. Concluido ese periodo, la ocupación de Madrid por las
tropas del archiduque Carlos en el verano de 1706 vendría a trastocar su
futuro durante casi una década.
12.2. La caída en desgracia (1706-1715)
Aunque la historiografía ha manifestado en alguna ocasión que Antonio de
Ubilla, al igual que hiciera el cardenal Portocarrero, se sumó al bando
austracista durante la campaña de ocupación que emprendió en 1706437, lo
cierto es que la documentación que hemos manejado indica que no ocurrió
de este modo. Así pues, consideramos que su inclusión entre los condenados
en el proceso que se siguió contra los miembros del Consejo de Indias en
dicho año respondió más a un deseo de todos sus detractores por eliminarlo
de la vida pública que a una hipotética colaboración con el archiduque.
En junio de 1706 las tropas del bando austracista se aproximaban a
Madrid, por lo que el monarca dispuso el día 17 que los presidentes,
consejeros y otros tribunales de la corte debían pasar junto con él a
Guadalajara. Lo impreciso de la disposición, empero, llevó al Consejo de
Indias a elevar una consulta para saber quién debía partir, respondiendo
Felipe V que su presidente saldría de la Corte con dos ministros, el
procurador, los dos secretarios, un comisario y el personal subalterno
necesario; llevando consigo archivos y sellos438.
El marqués de Ribas solicitó ser uno de los que habrían de seguir al
presidente del Consejo de Indias, pero no resultó entre los elegidos,
debiendo permanecer, en contra de lo que hubiera deseado, en la capital.
Aún así, daría buena muestra de su lealtad al monarca al día siguiente de su
436Instrucción que se dio al señor Felipe Quarto…, en Antonio VALLADARES DE
SOTOMAYOR, Semanario erudito que comprehende varias obras inéditas…, XI, p. 206.
437 Ricardo GARCÍA CÁRCEL y Rosa Mª ALABRÚS IGLESIAS, España en 1700…, p. 101.
438 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, p. 2.
196
salida de Madrid al acudir al Ayuntamiento a poner a disposición del
corregidor, que entonces lo era el marqués de Fuente Pelayo, su persona,
familia y hacienda439. El 25 de junio el ejército del archiduque entró en
Madrid, decretando éste que todos los Consejos debían reunirse bajo la
presidencia de los ministros de mayor edad. Así pues, aunque el marqués del
Carpio se excusaría aduciendo que su hija pequeña estaba enferma para no
tener que asumir este título en el de Indias, finalmente se reunirían y
tendrían cierta actividad tanto éste como el Consejo de Órdenes y el Consejo
Real440.
De este modo, nuestro biografiado participaría junto a los restantes
consejeros que habían permanecido en Madrid en distintas sesiones durante
la ocupación austracista. Un hecho que, lejos de lo que pudiéramos pensar,
nunca alejó de su mente el temor de que los partidarios del archiduque
actuarían contra él. En un primer momento permaneció en su casa, ajeno a
las órdenes que se habían dirigido al corregidor para que lo pusiese preso, y
que éste había decidido no ejecutar a pesar de las reiteradas amenazas que
recibió para que procediera a ello; aún así, no tardaría en tener
conocimiento de la situación.
La situación se complicaba por momentos. Tanto es así que Ubilla
acabaría refugiándose “las horas del día en lo sagrado de una vecina
iglesia”441 donde no dejó “de entender amenazas de enemigos”. Prueba
inequívoca de que no colaboró con los ocupantes, tal y como la propia María
Luisa Gabriela de Saboya reconocería en una carta que le dirigió al indicarle
que “si hubierais sido malo, nadie podría haber hecho más mal”442. Los
austracistas perseguían, al parecer, la huída del marqués para “acreditar con
ella tiránica máxima de poner en mala fe el testamento del rey que haya
gloria” como él mismo nos indica; pero consciente de ello, se mantuvo en
silencio443.
439 B.N.E., ms. 19512, ff. 256v-257r.
440 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, p. 3.
Suponemos que pudo tratarse bien de la parroquia de San Andrés o bien de la iglesia del
441
convento de San Francisco, que eran las más próximas a su domicilio.
442 B.N.E., ms. 19512, ff. 257v-259r.
443 B.N.E., ms. 19512, ff. 115r. Véase el Documento 24 del Apéndice Documental.
197
Ahora bien, carecemos de información acerca de si realmente el
archiduque en algún momento pretendió ganarse al antiguo secretario del
Despacho Universal, pues no podemos perder de vista que si Ubilla hubiera
aceptado colaborar con los austracistas sosteniendo, por ejemplo, que el
último testamento de Carlos II no fue válido, ello habría significado un
notable apoyo y habría puesto en entredicho la legitimidad de Felipe V. Es
evidente que si existió alguna propuesta, más o menos forzada, en este
sentido, nuestro personaje evitó mencionarla para evitar que unos
hipotéticos contactos a tan alto nivel con el enemigo pudieran contribuir a
empeorar aún más su situación.
Recuperado el 4 de octubre el control sobre Madrid, Felipe V no
perdonó444 al Consejo de Indias que hubiese actuado durante su ausencia,
poniendo en ejecución las distintas órdenes que había firmado en las
semanas anteriores. El 16 de septiembre dispondría que todos aquellos que
habían participado en las reuniones del Consejo se retirasen a cuatro leguas
de la corte en el plazo de veinticuatro horas; estableciéndose, asimismo, una
junta para examinar todos los casos. De resultas de su aplicación, recibirían
dicha orden de salida los dos secretarios y un total trece consejeros; nuestro
biografiado entre ellos:
- Manuel García de Bustamante.
- Juan de Castro y Gallego.
- Pedro Gamarra.
- José Valero.
- Ramón Portocarrero.
- José Cossio.
- Sancho de Castro.
- Marqués de Ribas.
- Juan de Larrea.
- Manuel de Gamboa.
- Marqués de Casal
444En relación a algunos de los castigos impuestos a los partidarios del archiduque, véase
Juan C. SAAVEDRA ZAPATER, “Entre el castigo y el perdón…”, Espacio, Tiempo y Forma,
13 (2000), pp. 469-503.
198
- Marqués de Laguna
- José de Escals.
Asimismo, el día 23 de septiembre había confirmado la reforma de
marzo de 1701, con lo que los consejeros, que entonces eran veinticuatro,
pasaron a ser sólo ocho445; no contándose Ubilla entre ellos. Esta medida
sería el primer paso realmente decisivo para incrementar el poder del
monarca sobre el Consejo y su personal, no obstante, a diferencia de lo que
sostenía el profesor Gildas Bernard, que vería en la decadencia de este
tribunal en el siglo XVIII una consecuencia de la colaboración que prestó al
archiduque en 1706, nosotros consideramos que fue un paso más, muy
destacado ciertamente, en una voluntad de reforzamiento de la autoridad y
competencias del rey, de la que se venía dando muestras desde los inicios
del reinado, y que los sucesos derivados de la ocupación de Madrid fueron
hábilmente empleados con este objetivo.
Concluidas las investigaciones sobre integrantes y personal
subalterno del Consejo, Felipe V procedería el 6 de febrero de 1707 a
incrementar el castigo a todos aquellos a los que había confinado a tres o
cuatro leguas de Madrid, a excepción de Juan de Larrea, elevando con una
nueva orden esa distancia hasta las veinte leguas. Junto a los dos
secretarios, los consejeros afectados por esta nueva disposición, entre los
que de nuevo encontramos a nuestro biografiado, fueron los siguientes:
- Manuel García de Bustamante.
- Pedro Gamarra.
- Marqués de Ribas.
- Manuel de Gamboa.
- José Valero.
- Ramón Portocarrero.
- Marqués de Casal
- Sancho de Castro.
445 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, pp. 3-4.
199
- José Cossío446.
Esta noticia sorprendería, por inesperada, al marqués de Ribas. Tras
haber sido desplazado en 1705 del empleo de secretario del Despacho
Universal, en una decisión que no esperaba habida cuenta de que sólo unos
meses antes había contado con el apoyo de Luis XIV para que el rey español
lo reintegrase en el manejo de todos los asuntos del Despacho, en esta
ocasión la sorpresa fue aún mayor. Felipe V lo condenaba a pesar de haber
manifestado antes de la ocupación su deseo de acompañarlo. Él mismo nos
da buena cuenta de lo que sintió al ser declarado traidor:
“(…) me hallo dos veces castigado, una antes del año de mil setecientos
y seis, arrojándome Vuestra Majestad de sus pies, y otra en aquel año,
suspendiéndome el ejercicio y goce de la plaza del Consejo de Indias; la
primera me calificó de inútil, no delincuente, pero la segunda denigró
mi honor, incluyéndole en la fealdad del mayor delito sin que haya
llegado el caso de las excepciones, que me distinguen y que dejo hechas
presentes a Vuestra Majestad con que verdaderamente soy el más
corregido y desgraciado”447.
En cualquier caso, desde ese momento, todos los empeños del marqués
de Ribas irían destinados a recuperar el favor regio y a restablecer el honor
perdido. Una tarea que durante su destierro resultaría compleja. Para
cumplir la primera disposición de Felipe V, se trasladó a su señorío de
Velilla, que estaba situado a tres leguas de la corte. Allí permaneció siete
meses, lo cual nos lleva hasta aproximadamente abril o mayo de 1707;
momento en el que para dar cumplimiento a lo ordenado en febrero, se
trasladó a una aldea dependiente de la jurisdicción de Cuéllar llamada
Vallelado, situada a veinticinco leguas de Madrid448. Pero, ¿por qué este
destino y un traslado meses después de recibir la real orden? No nos consta
446Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État…, pp. 4-5. Manuel García de Bustamante no
pudo cumplir esta disposición por hallarse enfermo.
447 B.N.E., ms. 19512, f. 265v. Testimonio de 31 de agosto de 1712.
448 B.N.E., ms. 19512, ff. 108r-112v.
200
con seguridad pero suponemos que los achaques de salud que le afectaban
por aquel entonces pudieron tener que ver en esa tardanza en alejarse al
menos veinte leguas de la corte y, a la vez, explicarían por qué no optó por
trasladarse bien a sus posesiones en Fuenterrabía o bien a alguna de sus
encomiendas extremeñas. En esta situación consideramos que decidiría
acudir a algún conocido para poder instalarse en alguna de sus posesiones,
hecho que parece confirmarse por la circunstancia de estar la jurisdicción de
Cuéllar bajo el dominio del duque de Alburquerque, que también era
marqués de Cuéllar.
Francisco Fernández de la Cueva, X duque de Alburquerque, era
sobrino por línea paterna y nieto por la materna de Francisco Fernández de
la Cueva, VIII duque, a quien Ubilla, como ya hemos detallado en el capítulo
10, había acompañado entre 1666 y 1670 en la jornada de las entregas de la
infanta emperatriz y durante su etapa como virrey de Sicilia. Aún más, había
nacido en Génova en noviembre de 1666 en el camino de vuelta tras haber
realizado las entregas de la emperatriz449, por lo que lo conocía desde su
infancia. Consideramos que los lazos establecidos con los duques de
Alburquerque en los años sesenta del siglo XVII no se interrumpirían con el
paso del tiempo, dando lugar a que en 1706 el marqués de Ribas pudiera
alojarse dentro de sus dominios. Por aquel entonces, Fernández de la Cueva
se encontraba sirviendo como virrey de Nueva España450, por lo que la
autorización le sería concedida, probablemente, por alguno de sus parientes.
Aún así, no permanecería mucho tiempo en Vallelado pues el rey le
permitiría en agosto establecerse de nuevo en Velilla para lograr una mejor
curación de sus dolencias451. Una disposición que no sabemos si finalmente
pudo llevar a efecto, pues sólo unas semanas después Felipe V procedía a
levantar el destierro a todos los ministros de los Consejos. Entre las gracias
que concedió por el nacimiento de su primogénito, el príncipe Luis, estuvo la
de permitir el 25 de agosto de 1707 que todos los que fueron ministros de los
449 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2936. José Ignacio RUBIO MAÑÉ, El
Virreinato I. Orígenes…, pp. 249-252.
450José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los hombres de la Monarquía Universal…, p. 219.
Fue nombrado para este destino en 1702.
451A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 584, libro 4, f. 60r. Real orden de 12 de
agosto de 1707 dirigida al Consejo de Indias.
201
Consejos y se hallasen desterrados, pudieran retornar a sus casas en la corte,
sin que ellos ni los que estaban en Madrid por tiempo señalado estuvieran
precisados a reclusión alguna452.
A pesar de que esta vuelta le permitió que pudiera hacerse cargo de su
hermana, que estaba impedida de pies y manos, y de la madre de su
mujer453, viuda desde hacía más de tres décadas454, esta disposición no
implicaba un perdón. El marqués de Ribas seguiría apartado de su empleo
en el Consejo de Indias. Un hecho que no impediría que mostrase su
fidelidad y obediencia al rey en los años siguientes, siempre con la esperanza
de ver reintegrado su honor.
En 1709, cuando el rey resolvió pasar al ejército de Cataluña, solicitó
que se le permitiera acompañarlo en dicha campaña; siéndole concedido lo
que pedía. De este modo, a pesar de los pocos recursos de que disponía y de
haber contraído matrimonio hacía muy poco tiempo con su tercera mujer,
estuvo junto a Felipe V en esa campaña exitosa. Al año siguiente también
acompañaría a los reyes en sus viajes, saliendo con ellos con destino a
Valladolid, desde donde la reina seguiría hasta Vitoria. Pidió entonces
indicaciones al rey acerca de lo que determinaba que hiciese, y éste le mandó
servir a su esposa. Comisión que cumplió con tanta dedicación que no faltó
de su antecámara ningún día de los que permaneció en dicha ciudad,
posponiendo incluso las instancias que le remitió Fuenterrabía para que
acudiera a la patria de su familia paterna.
Sin embargo, poco antes de que la reina dejase Vitoria, él cayó
enfermo, lo cual lo mantendría postrado en cama durante muchos días. Por
este motivo, unido a su falta de capital, debió dejar de seguir al rey; aún así,
una vez repuesto, retomó el viaje, anteponiendo su deber al propio bienestar
de su familia, pues dejaba a su mujer “con accidentes que obligaron a que
recibiese el viático y a ejecutar la última disposición, y a una hermana
inmóvil por estar siempre impedida”455.
452 Gaceta de Madrid, 30 de agosto de 1707, p. 140.
453 B.N.E., ms. 19512, f. 111v.
454 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
455 B.N.E., ms. 19512, ff. 262v-263v.
202
Por otro lado, también haría llegar a Felipe V algunos documentos
con el propósito de colaborar con el gobierno. En este sentido, sabemos que
puso en sus manos, valiéndose para ello del marqués de Amelot, embajador
de Francia, un documento sobre las inesperadas declaraciones pontificias de
1709456, y al año siguiente, a través del confesor Pierre Robinet, otro para
ayudar a la conquista de Barcelona457. Este último consistía en un panfleto
en el que se hacía pasar por un catalán agradecido con el gobierno de Felipe
V. El rey lo aprobó pero le comunicó “que las cosas de Cataluña no estaban
en estado de valerse de estos medios”; aún así, no llegó a devolverle el texto
remitido458.
A pesar de que todos estos intentos resultaron infructuosos, nos
encontramos ante la paradójica circunstancia de que el rey acudiría a él en
1712 para que redactase un documento que habría de ser remitido a Francia
con ocasión del fallecimiento, en corto espacio de tiempo, del padre,
hermano, cuñada y sobrino de Felipe V459. Una petición que en cierto modo
le desconcertaría, especialmente porque la real orden le había sido
transmitida indirectamente, por lo que no dudará en plasmar en el propio
documento, sin duda para curarse en salud, que no abordaría estos temas de
no ser porque el rey se lo había ordenado; expresando, literalmente, que sin
456 Probablemente se haga referencia a la ruptura de relaciones diplomáticas de Felipe V
con Roma al haber reconocido el papa Clemente XI, presionado por las tropas austracistas,
al archiduque Carlos como rey católico de España; aunque sin revocar el reconocimiento a
Felipe V (Antonio Luis CORTÉS PEÑA, “La Iglesia y el cambio dinástico”, en Eliseo
SERRANO (ed.), Felipe V y su tiempo…, pp. 1008-1010). No disponemos del texto de este
documento elaborado por el marqués de Ribas, pero no sería el único memorial que se
escribiera sobre este particular (B.R.A.H., ms. 9/278, ff. 148r-166v. Memorial al rey Felipe
V sobre las diferencias con la Corte romana, por haber declarado el papa Clemente XI por
rey católico de España al archiduque de Austria, Carlos VI, emperador, después de haber
reconocido a Felipe V).
457 B.N.E., ms. 19512, f. 265r.
458B.N.E., ms. 19512, ff. 204r-212v. Carta que un caballero catalán escribe a su patria
sentido de su padecer y vacilante ya en su determinación (1710).
459 Discurso por haber faltado en corto espacio de tiempo, y en las más florecientes edades,
el serenísimo señor don Luis Décimoquinto, primogénito del Rey Cristianísimo y Delfín de
Francia; la serenísima señora duquesa de Borgoña, su hija; a quien también siguió en
aquel funesto camino el serenísimo señor duque de Borgoña, su esposo, nieto de Su
Majestad Cristianísima y Delfín sucesivo de Francia (23 de abril de 1712). Véase este
documento en el Anexo de Escritos de Antonio de Ubilla.
203
su “licencia no me fuera lícito cumplir aquella obligación e introducirme en
tan difícil asunto y peligrosas consideraciones”460.
El que se acuda al marqués de Ribas para que pusiera por escrito
cuáles eran los derechos que tenía entonces Felipe V sobre la Corona
francesa y cuáles las distintas alternativas sucesorias que se podían dar
tanto en dicha monarquía como en la española, constituye una realidad
harto significativa y que pone de manifiesto que aún a pesar de haber caído
en desgracia, no dejaba de ser el secretario del Despacho que, actuando
como notario mayor del reino, se ocupó de legalizar y dar validez a las
últimas disposiciones testamentarias de Carlos II.
Aunque el rumbo de los acontecimientos haría que finalmente nada
de lo recogido en el documento del que hablamos se llevase a la práctica,
consideramos de enorme interés conocer cuáles fueron las alternativas que
barajó el rey español en un momento en el que se había situado el segundo
en el orden sucesorio al vecino país galo, tras un sobrino que apenas tenía
unos meses de edad, por lo que su supervivencia no estaba garantizada en
una época en la que la mortalidad infantil, incluidos los sectores más
acomodados, era muy elevada. Además, Luis XIV tenía en aquel entonces
setenta y tres años, lo que hacía aún más factible que el monarca español
pudiera encontrarse con ambas Coronas en sus manos.
Veamos las ideas más destacadas que se plasman en sus páginas. Un
argumento básico que maneja Ubilla es que, en caso de que Felipe V
heredase la monarquía francesa, no debía conservar en su persona lo
derechos de ambas; es decir, no debía ser monarca de las dos
simultáneamente. Si fuese a Francia y mantuviera España, se suscitarían
problemas con otros posibles herederos como era el duque de Berry, quien
podría entender que el rey español rechazaba así esta Corona por la
francesa; pudiendo entrar a sucederle en España como dispuso Carlos II.
De ahí que si Felipe V decidiera quedarse con Francia, podría
proceder de varios modos ya que la renuncia sería un acto personal y no
excluiría los derechos de sus sucesores. Como ya tiene heredero jurado en
460 B.N.E., ms. 19512, f. 274v.
204
España (que no perdería sus derechos en Francia), podría dejar a éste como
rey. Si esta posibilidad no le agradara, por desear que su hijo mayor fuese su
heredero en el país vecino, la solución sería dejar a su segundo hijo (del que
la reina estaba embarazada) como heredero en España; indicando que si
finalmente la reina alumbrara una niña461, sería la opción más acertada ya
que las leyes de Castilla no impedían dicha sucesión. Aún así, Ubilla no
renuncia a expresar que aunque esa infanta podría enlazar con “las lises”, es
decir, casar con un pariente para que se mantuviera la casa de Borbón en
España, consideraba que el deber de todo rey es atender a su varonía.
Si la decisión, en cambio, fuera elegir sólo una de las Coronas se
debería proceder del siguiente modo: si Felipe V elegía España, consideraba
que debía suceder en Francia su hermano el duque de Berry; y si optaba por
Francia, quedaría como sucesor este último en España. En cualquier caso,
pone de manifiesto que debía tenerse en cuenta a la hora de tomar esta
decisión el que Felipe ya conociera bien su reino, algo que no ocurría con
Francia aunque naciera allí; así como que independientemente de la
decisión que se adoptase, debía continuar la excelente relación que ambos
hermanos mantenían.
La elaboración de este documento tampoco permitiría a Ubilla
granjearse el perdón del rey, resultando tan infructuoso como el memorial
que le remitiría en agosto de ese mismo año solicitándole que se le
reintegrase en su honor y manifestando la cortedad de las rentas con las que
debía mantenerse. La reposición en su plaza de consejero de Indias,
motivada por la intercesión de la reina Isabel de Farnesio, tendría que
esperar a la caída de Jean Orry462. El 12 de febrero de 1715 llegaría la tan
ansiada orden que le permitía volver a dicho Consejo463.
461Finalmente, nacería un niño el 7 de junio de 1712, el infante Felipe Pedro Gabriel de
Borbón, que fallecería a los siete años de edad.
462 Manuel DÁNVILA, Significación que tuvieron en el gobierno de América…, p. 37.
463 Gaceta de Madrid, 12 de febrero de 1715, p. 22.
205
12.3. En el Consejo y Cámara de Indias (1715-1726)
El segundo enlace matrimonial de Felipe V, realizado por poderes el 16 de
septiembre de 1714, significó el fin de una época en cuanto su nueva esposa
se personó en la Corte madrileña en diciembre de ese mismo año. Entre sus
primeras disposiciones estuvo la de expulsar a la princesa de los Ursinos, a
la que despidió sin contemplaciones ordenándole abandonar el país, una
iniciativa con la que comenzaría a desmontar toda la influencia francesa que
se había implantado desde comienzos del reinado de Felipe V. Unos aires de
cambio que darían esperanzas al marqués de Ribas, quien decidió escribir
en febrero de 1715 al padre Daubenton, confesor del rey, para que
intercediera en su favor ante la nueva reina464. Gestiones que darían los
resultados esperados, ya que Isabel de Farnesio conseguiría que su marido
accediese a reintegrarlo en su plaza del Consejo de Indias; motivo por el cual
nuestro personaje le enviaría una carta de agradecimiento fechada el 18 de
ese mismo mes465.
Tras años ansiando volver, no demoraría demasiado su primera
asistencia a una sesión del Consejo de Indias. Tanto es así que nos consta
que acudiría a la celebrada el día 22 de ese mismo mes466. Igualmente,
también se reincorporaría a las sesiones de la Junta de Guerra, aunque en
este caso no hemos podido localizar su presencia en ella antes del 20 de
diciembre467.
No obstante, el Consejo al que se reincorporaba no tenía mucho que
ver con aquel en el que participara en 1705 y 1706. A iniciativa de la princesa
de los Ursinos y de Jean Orry, se había procedido mediante decreto de 10 de
noviembre de 1713 a reorganizar el Consejo con tres presidentes, veinte
consejeros (diez togados y diez de capa y espada), un fiscal, dos abogados
generales y tres secretarios. La actividad pasaría a desarrollarse en tres
salas, de plenario, gobierno y justicia. El Consejo pleno de Indias, sala a la
464 B.N.E., ms. 19512, f. 307r. y v.
465B.N.E., ms. 19512, f. 295r-296r. Véase la carta de agradecimiento del marqués de Ribas
en el Documento 27 del Apéndice Documental.
466 A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 572, libro 7, f. 178v.
467 A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 572, libro 7, f. 237v.
206
que concurrían todos sus componentes, se ocupaba de los negocios graves
de carácter eclesiástico o general, tanto de Perú como de Nueva España,
para, posteriormente, reenviarlos ya examinados a las otras dos salas de
justicia y gobierno. La Sala de Gobierno trataba con separación las materias
de cada territorio, estando compuesta por los tres presidentes, ocho
consejeros –cuatro de cada tipo-, el fiscal y uno de los tres secretarios.
Finalmente, la Sala de Justicia estaba integrada por los seis consejeros
togados que no formaban parte de la de Gobierno, los dos abogados
generales y el secretario al que le correspondiera en función de la materia a
examinar468. A la par, el decreto trasladaba a una Junta de nueva creación
los asuntos relativos a las rentas americanas y al comercio con aquellos
territorios. Nombrada por el rey, estaría formada por tres consejeros de
Indias y otros tres de Hacienda, el fiscal de Indias y uno del de Hacienda;
actuando como secretario Jerónimo de Ustáriz y siendo su presidente uno
de los presidentes del Consejo de Hacienda469.
Una estructura que desaparecidos sus promotores de la escena
política española se rectificaría mediante los decretos de 9 de junio y 5 de
agosto de 1715, que se concibieron como una contrarreforma. El número de
presidentes quedó reducido a uno, desaparecieron los abogados generales, el
número de consejeros se redujo a diez (ocho togados y dos de capa y
espada), se creó un segundo procurador general y se volvió a la doble vía
Perú-Nueva España en las secretarías470.
La nueva planta, en cambio, parece ser que dejó fuera de escena de
nuevo al marqués de Ribas; que nuevamente acudiría, el 15 de agosto, al
padre Daubenton para que intercediera ante el rey en su favor. Suplicaba
que “se atienda al perjuicio de tercero que se me hace excluyéndome del
Consejo”, indicando que su deseo era seguir sirviéndolo471. No nos consta
cómo se resolvió este asunto, pero el hecho de que, como indicábamos unos
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, “El gobierno central de las Indias…”, en Feliciano
468
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, pp. 102-103.
Rafael D. GARCÍA PÉREZ, “El Consejo de Indias en la Corte de Felipe V…”, en Feliciano
469
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, p. 177.
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, “El gobierno central de las Indias…”, en Feliciano
470
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, p. 103.
471 B.N.E., ms. 19512, ff. 316r-317v.
207
párrafos atrás, actuase en la Junta de Guerra a finales de diciembre de ese
mismo año nos muestra que finalmente se le mantendría en su plaza.
En cualquier caso, esta reforma apenas estaría vigente un bienio, pues
mediante tres reales decretos firmados el 20 de enero de 1717, Felipe V
procedió a reformar de nuevo el Consejo de Indias. El entonces presidente,
conde de Frigiliana, fue sustituido por Andrés de Pez, quien sería nombrado
gobernador; el número de consejeros se redujo de diez a ocho (seis togados y
dos de capa y espada); manteniéndose los dos fiscales y los dos secretarios.
Por otro lado, se indicaba que lo “gubernativo, económico y providencial”
sería propio de la reserva del rey y, consecuentemente, de esa vía reservada
que sustraería competencias al Consejo a favor de la secretaría de Estado y
del Despacho que se ocupase de los asuntos de Indias472.
En esta ocasión, el marqués de Ribas permanecería en el Consejo
como uno de los dos ministros de capa y espada473. Algo que le permitiría
seguir contando con los ingresos que le reportaba su empleo, que en 1717
ascendían a 36.000 reales anuales y que ya 1724 se habían elevado hasta los
40.000.
Por otro lado, en lo concerniente al Consejo de Cámara de Indias, su
historia fue bastante azarosa. Surgido como un organismo integrado por el
presidente y tres consejeros del Consejo de Indias con el fin de consultar al
monarca sobre las provisiones eclesiásticas y seglares que tuvieran que
hacerse para el gobierno espiritual y temporal de las Indias, se fundó el 25
de agosto de 1600. La iniciativa, al parecer, partió del duque de Lerma, aún
así sería suprimida sólo nueve años después, ya que este nuevo organismo
incrementó las tensiones en el seno del Consejo, al ver cómo se le detraían
parte de sus competencias. Aún así, sería restablecida de nuevo en febrero
de 1644, siendo suprimido con la llegada de los Borbones el 6 de marzo de
1701474. Una disposición que sería repetida por real decreto de 3 de marzo de
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, “El gobierno central de las Indias…”, en Feliciano
472
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, p. 103.
473A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 542, libro 2, ff. 7r-8r. Véase el Documento 28
del Apéndice Documental.
474 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État et le Conseil espagnol…, pp. 112 y 238.
208
1703, en el que se indicaba que todas sus competencias pasarían al
Consejo475.
El 29 de abril de 1716 el rey restituye oficialmente la Cámara, con lo
cual se podría ejecutar la merced que hiciera Felipe V en 1702 a nuestro
personaje de una plaza en ella cuando se restableciera. En esta ocasión, la
Cámara se compondría de los siguientes cargos: presidente o gobernador y
tres consejeros, dos de capa y espada y uno t0gado; que fueron
respectivamente Alonso Carnero, el marqués de Ribas y Alonso Araciel. Su
participación en este Consejo no les reportaría ninguna remuneración
aparte de la que recibían como consejeros ordinarios.
A pesar de que, en principio, no hubo mayor problema en su
funcionamiento, el 20 de enero de 1717, el rey decidió que todos los fondos
percibidos por la Cámara serían remitidos a la Tesorería General;
disponiendo el 11 de septiembre una nueva supresión de este organismo,
cuyas competencias reasumía de nuevo el Consejo de Indias. Algunos meses
más tarde, sin embargo, Felipe V solicitó a su presidente, Andrés de Pez,
noticias sobre un eventual restablecimiento de la Cámara. En la respuesta,
aparte de indicarle que no acertaba a entender las razones que habían
llevado a su reciente supresión, sostenía que era más conveniente y acertado
tratar los asuntos que en ella se resolvían con poca gente mejor que con
mucha.
Aún así, el definitivo restablecimiento se haría esperar hasta 1721. El
22 de diciembre de ese año, Felipe V volvería a ponerla en funcionamiento;
permaneciendo vigente en esta ocasión, sin interrupciones, hasta 1809476.
Aunque tampoco ahora disfrutarían sus miembros de más salario que el que
ya percibían como consejeros, su planta sí sería algo diferente a la de 1717, al
contemplar la incorporación de un cuarto consejero para que fueran siempre
cinco a la hora de tomar decisiones. Por tanto, quedaría así: Andrés de Pez
como presidente; el marqués de Ribas y Manuel de Silva como consejeros de
475 Manuel DÁNVILA, Significación que tuvieron en el gobierno de América…, pp. 36-37.
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, “El gobierno central de las Indias…”, en Feliciano
476
BARRIOS (coord.), El gobierno de un mundo…, pp. 104-105.
209
capa y espada; y Diego de Zúñiga y Gonzalo Machado como consejeros
togados477.
De este modo, cuando el marqués de Ribas falleció a finales de 1726
con casi ochenta y tres años lo haría tras más de una década ocupado en
asuntos de las Indias y siendo decano de ambos Consejos478.
477 Gildas BERNARD, Le secrétariat d’État et le Conseil espagnol…, p. 112.
478No descuidaría en estos últimos años de vida su relación con el soberano. A modo de
ejemplo, cuando Felipe V abdicó en 1724 le remitiría un escrito de despedida (véase el
Documento 31 del Apéndice Documental); curiosamente en la misma fecha en la que el
Consejo de Indias felicitó el ascenso al trono de su hijo Luis I (véase el Documento 32 del
Apéndice Documental), circunstancia que nos pone en la pista de que probablemente se
encomendase al marqués de Ribas el elevar esta felicitación en nombre del Consejo.
210
IV
ANTONIO DE UBILLA:
CRONISTA “FORZADO” DE FELIPE V
211
CAPÍTULO 13
ANTONIO DE UBILLA, CRONISTA DE LOS
PRIMEROS AÑOS DEL REINADO DE FELIPE V
El hecho de haber otorgado Carlos II su último testamento ante Antonio de
Ubilla, así como la circunstancia de haber ejercido el cargo de secretario del
Despacho en los últimos años del reinado de aquel y los primeros del de
Felipe V, actuaron indudablemente como elementos condicionantes para
que la nueva dinastía hiciese de él una suerte de cronista de los inicios de su
reinado. Su firma daba garantía de veracidad en lo relatado, pues pocos
podían tener un conocimiento más completo y exhaustivo de lo que ocurría
en la Monarquía Hipánica que el que poseía como secretario del Despacho.
Igualmente, la mencionada circunstancia de haberse otorgado ante él
las últimas voluntades del último Austria, que llevaron al duque de Anjou a
ocupar el trono español, hacía que la narración de Ubilla sobre hechos del
reinado de Felipe V participase de esa “legitimidad”. Si quien había
garantizado que aquel testamento se otorgó sin defecto de forma mostraba
posteriormente por escrito su apoyo al nuevo rey, se lograba un efecto no
sólo de propaganda y exaltación, a las que sin duda también se aspiraba,
sino además de refuerzo a la validez de la decisión de nombrar heredero a
Felipe V. Realidad que, indudablemente, se tendría muy en cuenta en un
contexto en el que se cuestionaba la sucesión borbónica de la Monarquía
Hispánica. De ahí que el monarca, mediando real orden, le indicara hasta en
cuatro ocasiones que procediese a narrar distintos sucesos de su reinado.
Tanto es así, que apenas llevaba unos meses en el trono cuando
dispuso que Ubilla se ocupase de preparar un texto sobre el proceso de
juramento y pleito homenaje479 que los reinos de Castilla y León hicieron al
479Juramento, y pleyto omenage, que los Reynos de Castilla, y Leon, por medio de sus
Capitulares, y los Prelados, Grandes, y Titulos, y otras personas, hizieron el dia 8 de mayo
de 1701 en el Real Convento de S. Geronimo, Extramuros de la Villa de Madrid a el Rey
Nuestro Señor Don Phelipe Quinto, hijo del Serenissimo Señor Delphin, y de la
213
joven rey en mayo de 1701. Un texto no muy extenso pero cuyo contenido
parece que pudo tener gran difusión, como lo apuntan las dos ediciones que
salieron dicho año de imprenta y el que fuera el texto base para versiones del
juramento y pleito homenaje publicadas por otros autores.
Tras la jornada a Italia, ya de regreso en Madrid a comienzos de 1703,
Felipe V volvió a comunicarle mediante real orden que escribiera la relación
de su viaje y campañas en sus posesiones italianas. Una petición que Ubilla
amplió con los primeros meses del reinado habida cuenta de que, según sus
propias palabras, no existía nada publicado sobre esa etapa. De este modo,
al año siguiente, culminaría un voluminoso relato en el que se daba cuenta
del periodo comprendido entre finales de 1700 y comienzos de 1703; con el
valor añadido de haber incluido la transcripción de numerosos documentos
y cartas a los que tuvo acceso por su cargo480.
El trabajo, tras las pertinentes revisiones, lograría el permiso regio
para su impresión; que se dilataría algunos meses. El hecho de que alguna
lámina incluida en el libro esté fechada en 1705 nos hace pensar que su
salida de imprenta tendría lugar en este último año a pesar de que en la
portada consta 1704. Esta circunstancia haría que los trabajos de edición de
este libro casi se superpusieran a las de escritura de la jornada y campaña de
Portugal; pues nada más finalizar ésta, parece que Felipe V dispuso que
Ubilla continuase el relato interrumpido a comienzos de 1703 incluyendo la
narración de los sucesos de 1704.
Por tercera vez, se dispondría a poner por escrito los principales
acontecimientos que rodearon al monarca y, por ende, a sus reinos. Como
en la ocasión anterior, el que el marqués de Ribas hubiera sido testigo de la
mayor parte de estos, ya que acompañó al rey en dicha jornada, facilitaría la
rigurosidad del relato y, probablemente, que en 1706 ya hubiera concluido
su nuevo encargo. Conforme el monarca con su contenido, procedería a
concederle las correspondientes licencias de impresión; de las cuales,
Serenissima señora Doña Mariana Cristina Victoria, Princesa Electoral de Baviera, y del
que Su Magestad hizo a sus Reynos (1701).
480Succession de el rey D. Phelipe V, nuestro señor, en la Corona de España; diario de sus
viages desde Versalles a Madrid; el que executó para su feliz casamiento; jornada a
Napoles, a Milan, y a su Exercito; successos de la campaña, y su vuelta a Madrid (1704).
214
lamentablemente, nuestro personaje no llegó a hacer uso, pues las
dificultades en su economía doméstica le hicieron renunciar a dar inicio a
dichos trabajos de impresión por ser demasiado gravosos. Una realidad que
nos impide hoy conocer esta obra, pues, en caso de que aún se conserve
algún ejemplar manuscrito de ella, no nos ha sido posible localizarlo481.
A pesar de esto, el rey volvería solicitarle en una ocasión más,
probablemente hacia 1708, que pusiese por escrito los principales sucesos de
su reinado; continuándolos a partir de la campaña de Portugal. Una petición
que se nos muestra muy interesante, ya que se acude a él para este menester
a pesar de que por aquel entonces su situación había cambiado
notablemente. Ciertamente ya había concluido su destierro de la corte por
haber, supuestamente, colaborado con el gobierno del archiduque Carlos
cuando ocupó Madrid en 1706, pero no había recuperado aún el favor regio.
Buena prueba de ello es, como ya tuvimos ocasión de manifestar
anteriormente, el que se encontrase suspendido de su sueldo y empleo de
consejero y camarista de Indias.
El deseo de Ubilla de que su narración fuera lo más exacta posible, así
como de tener que valerse del menor número posible de fuentes indirectas,
lo llevaría a solicitar a Felipe V el correspondiente permiso para
acompañarlo en sus campañas. Una autorización que recibió los años 1709 y
1710, pero que se le denegaría en 1711. Desconocemos a qué pudo deberse
esta decisión, pero el propio Ubilla parece indicarnos que su presencia, así
como su cometido, no fue bien visto en esos años; hasta el punto de
sustituirse el permiso para viajar junto al rey por la gracia de poder recibir
cuanta información y testimonios necesitase para continuar con su obra.
No obstante, nuestro personaje interpretó esta decisión como una
velada indicación para que abandonase el proyecto, como en efecto hizo. De
ahí que este libro nunca llegase a ir más allá de un borrador en el que se
plasmaba la etapa comprendida entre 1704 y 1706, que, al igual que el
trabajo anterior, no ha podido ser localizado.
481Tanto es así que desconocemos incluso su título completo, pues en la documentación
manejada sólo se la referencia como Jornada y campaña de Portugal; una denominación
que es, a todas luces, una versión abreviada del original.
215
De este modo, todo lo expuesto anteriormente nos lleva a concluir
que las dos obras editadas y conocidas de Antonio de Ubilla fueron resultado
del deseo de Felipe V por contar con una narración de sus primeros años al
frente de la Monarquía Hispánica. Un relato debido a la pluma de quien
actuara como fedatario público cuando Carlos II dispuso que heredase sus
reinos. Así pues, consideramos que estos trabajos deben adquirir una nueva
dimensión en la historiografía, toda vez que hasta ahora sólo han sido
entendidos como trabajos puntuales.
13.1. El Juramento y pleito homenaje (1701)
La primera obra de Antonio de Ubilla que salió de imprenta se correspondió
con un breve opúsculo en el que se daba cuenta del juramento y pleito
homenaje que los representantes de los reinos de Castilla y León realizaron
a Felipe V el 8 de mayo de 1701 en el madrileño convento de San Jerónimo
el Real. El motivo fundamental para no retrasar este evento radicaba en que
Carlos II lo había dispuesto en la cláusula decimotercera de su último
testamento, al indicar que todos sus reinos reconocieran al duque de Anjou
como su rey, dándole posesión “precediendo el juramento que debe hacer de
observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis reinos”482.
Así pues, en un contexto internacional en el que las tensiones iban in
crescendo, no convenía dejar más cabos sueltos en el cumplimiento de lo
dispuesto en dicho documento, pues el rey ya había tomado posesión de sus
reinos sin ese requisito previo; a lo que se sumaba el hecho de haberse
convalidado en el Parlamento de París el 1 de febrero de 1701 los derechos
sucesorios de Felipe V al trono francés483, lo que suponía un claro
incumplimiento de otras disposiciones del testamento y dejaban aún más
expuesta la posición del monarca.
Pero, ¿cuál fue el motivo que llevó a no ejecutar fielmente esta
disposición? Indudablemente el temor de Luis XIV y, por ende, de su nieto
de ver reducido su poder con la convocatoria de Cortes en los distintos
482 Testamento de Carlos II. Edición facsímil…, cláusula 13.
483 Esta decisión había sido tomada por Luis XIV ya en el propio mes de diciembre de 1700.
216
reinos de la Monarquía Hispánica; especialmente en los de Castilla y León.
Tanto es así que la Junta de Regencia, antes de la llegada de Felipe V a
Madrid, trataría de evitar dicha convocatoria disponiendo que las ciudades
con voto en Cortes delegasen poderes especiales en el presidente del Consejo
de Castilla para que éste ejecutase ese juramento en nombre de todo el
reino484. Aún así, este novedoso mecanismo no sería, lógicamente, del
agrado de dichas ciudades, lo cual sumado al deseo de asegurar la fidelidad
de sus súbditos, llevarían a reconsiderar la decisión inicial.
De ahí que antes de pasar al reino de Aragón485 y, posteriormente, a
las posesiones de la península itálica, Felipe V procediera el 10 de marzo a
convocar a las ciudades con voto en Cortes para que enviasen a sus
representantes para dar cumplimiento a la declaración formal de Felipe V
como heredero de Carlos II. El joven monarca no dudó en aprovechar esta
ceremonia para consolidar su legitimidad frente a las aspiraciones del
archiduque Carlos, tanto es así que no debe extrañar que fuera precisamente
Antonio de Ubilla el elegido, mediante real orden, para plasmar por escrito
la crónica de dicho juramento y pleito homenaje celebrado el 8 de mayo,
pues al haberse otorgado ante él el último testamento de Carlos II se
reforzaba aún más si cabe la legalidad y legitimidad de lo obrado.
La publicación de este relato, por tanto, no se hizo esperar.
Ciertamente desconocemos la fecha exacta en la que el opúsculo salió de
imprenta pero es probable que sólo unas pocas semanas después ya
estuviera circulando por la corte y, posteriormente, por el resto de la
monarquía486. Incluso nos constan dos ediciones, una en cuarto mayor487 y
484 A.H.N., Consejos, leg. 51447 (2), s.f.
485La idea de aprovechar el viaje a la Corona de Aragón con motivo del matrimonio del rey
con María Luisa Gabriela de Saboya para que aquellos reinos prestasen juramento y pleito
homenaje a Felipe V fue propuesta a Luis XIV por carta de 10 de mayo de 1701. Con ello,
obviamente completaría el que acababa de recibir dos días atrás (A.M.A.E.,
Correspondance Politique, Espagne, t. 89, ff. 93r-99v).
486Nos basamos para esta hipótesis en el hecho de que este opúsculo aparezca entre los
documentos correspondientes al mes de mayo de 1701 de la secretaría d’État des Affaires
Étrangères de Francia. El hecho de que la obra esté dedicada a Luis XIV haría que Antonio
de Ubilla, lógicamente, le remitiera un ejemplar (A.M.A.E., Correspondance Politique,
Espagne, t. 89, ff. 44r-79v).
487 Puede consultarse un ejemplar en B.N.E., R/23787(15). El contenido se extiende a lo
largo de veinticuatro páginas.
217
otra en cuarto menor488; aunque quizá esta última fuese la más difundida,
como parece probarlo el hecho de que el ejemplar remitido a Luis XIV
correspondiese a esta tirada, al igual que la mayor parte de los ejemplares de
éste localizados por nosotros en distintas bibliotecas489. Ambas incluían un
grabado de Pedro de Araujo en el que se representaba el acto de juramento y
pleito de homenaje, y que nos permite identificar a los asistentes y su
posición490.
Aún más, no faltaría algún autor, como José Alfonso de Guerra y
Villegas (que era Rey de Armas), que publicara una versión del juramento y
pleito homenaje prácticamente idéntica al texto de Ubilla; en este caso con
el objetivo de dedicársela a la ciudad de Toledo491. Circunstancia que, al
margen de consideraciones acerca del respeto sobre la autoría original del
texto, refuerza que su contenido gozó de amplia difusión.
13.2. La Jornada a Italia (1701-1703)
Concluido el viaje que Felipe V realizó al reino de Aragón y a los
territorios italianos entre 1701 y 1703, éste volvería a requerir en abril de
este último año los servicios de Antonio de Ubilla para que plasmase por
Puede verse un ejemplar en B.N.E., ER 1637. El tamaño más reducido del ejemplar hace
488
que el texto se extienda por sesenta y cinco páginas.
489Es evidente que cualquier pretensión de elaborar un listado completo de los ejemplares
conservados hoy día de este opúsculo resultaría marcadamente fructuosa, pues sin tener en
cuenta los que puedan hallarse en manos de particulares el hecho de ser un texto breve lleva
a que también en los archivos y bibliotecas públicas puedan estar mezclados con
documentos manuscritos o formando tomos misceláneos con otros impresos; por lo que
podrían no incluirse en sus catálogos e inventarios. Aún así, hemos localizado ejemplares de
esta edición en cuarto menor en la Biblioteca de los Padres Escolapios de Zaragoza, en la
Biblioteca Pública de Castilla-La Mancha (Toledo) [2 ejemplares], en la Biblioteca de la
Provincia Tarraconense de la Compañía de Jesús (San Cugat del Vallés), en la Biblioteca
Foral de Vizcaya, en la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, en la Biblioteca Nacional
de España, en la Biblioteca Regional de Madrid, en la Biblioteca de la Fundación Lázaro
Galdiano (Madrid) y en los Archives du Ministère des Affaires Etrangères (Paris, Francia);
frente a los sólo tres localizados de la edición en cuarto mayor y que se conservan en la
Biblioteca Regional de Madrid, la Biblioteca Nacional de España y la Biblioteca-Museo
Víctor Balaguer (Vilanova i la Geltrú).
490 Véase la Imagen 6 de los Anexos.
491B.N.E., ms. 9276/7. José Alfonso de GUERRA Y VILLEGAS, Juramento y pleito
homenaje que los reinos de Castilla y León, por medio de los Capitulares de sus Ciudades
de Voto en Cortes y los Prelados, Grandes y Títulos, y otras Personas, hicieron el día 8 de
mayo, año de 1701, s.l., s.a. Ejemplar impreso.
218
escrito una relación diaria de sus jornadas y campañas. Labor que, como él
mismo nos indica en diversas ocasiones, inclusive en el propio texto de
presentación del ejemplar impreso de esta obra, llevó a cabo más por ser
voluntad regia que por considerar que poseyera habilidades para la
literatura:
“El rey nuestro señor (Dios le guarde) fue servido de mandarme en
abril del año pasado de mil setecientos y tres, que escribiese relación
diaria de sus jornadas y campañas, y si bien procuraron mi
conocimiento y mi reverencia interponer como debía rendidas súplicas
a Su Majestad para que, experimentado de mi cortedad, ya que piadoso
la suple, permitiese benigno que no la hiciera pública en el grave
empeño a que no podía corresponder, y menos desprevenido, de las
particulares observaciones en los sucesos para referirlos sin
aventurarlos; pero repitiéndome Su Majestad la orden, obedecí
rendido, recapacité la memoria y solicité la curiosidad, formando esta
relación (…)”.
La dedicación de Ubilla a este cometido debió ser bastante intensa en
los siguientes meses pues aunque disponía de la documentación necesaria y
había sido testigo de muchos de los hechos narrados, consideró que al no
existir entonces ninguna relación de lo acontecido al monarca desde su
salida de Francia y durante sus primeros meses en España, la orden del rey
también comprendía el que se ocupase de narrar esa etapa. Un cometido
para el que tendría que documentarse a fin de que toda la información
incluida en su libro gozara de la misma rigurosidad.
A comienzos del año siguiente, el manuscrito ya estaba concluido y el
rey le concedería en varias reales cédulas fechadas en febrero y marzo la
facultad y licencia para poder imprimirlo durante veinte años en sus reinos,
previa tasación por parte del Consejo del precio al que se había de vender.
Aun así, todavía sería necesaria la licencia de la autoridad eclesiástica dando
fe de que su contenido no se oponía a la religión Católica ni a las buenas
costumbres, la cual obtendría del cardenal Portocarrero a finales de julio.
219
Cumplido este requisito, la obra estuvo lista para dar inicio a las
labores de impresión, que suponemos se dilataron durante varios meses.
Tanto es así que aunque en la portada de la obra, que recibió, como era
habitual en la época, el extenso título de Succession de el rey D. Phelipe V,
nuestro señor, en la Corona de España; diario de sus viages desde
Versalles a Madrid; el que executó para su feliz casamiento; jornada a
Napoles, a Milan, y a su Exercito; successos de la campaña, y su vuelta a
Madrid, indica que se imprimió en 1704, realmente debió salir de imprenta
al año siguiente492. Nos basamos para realizar esta afirmación, como
decíamos anteriormente, en la fecha de algunas de las láminas que se
incluyeron en el libro. Junto al grabado de 1701 de Araujo sobre el
juramento y pleito homenaje493, se ofreció un interesante conjunto de
grabados calcográficos desplegables debidos a Filippo Pallota fechados entre
1703 y 1705.
En lo que respecta a las características formales, esta obra se
presentaba como un voluminoso tomo en tamaño folio de más de
setecientas páginas, lo cual nos habla no sólo acerca de que se apostó por
una edición muy cuidada sino también de la minuciosidad y detalle con la
que se abordó la narración de un periodo de poco más de dos años. El
contenido se distribuyó en cuatro libros o partes: en el primero se tratan las
circunstancias de la sucesión a la Corona española de Felipe V y de su viaje a
España (pp. 1-170); en el segundo se abordan el matrimonio del rey y la
celebración de Cortes en el reino de Aragón (pp. 171-380); el tercero se
centra en el viaje del rey a los territorios italianos de Nápoles y Milán y en la
participación, antes de pasar a Madrid, de la reina en las Cortes de Aragón
(pp. 381-534); y, finalmente, en la cuarta y última parte se narra la
492Del retraso de la salida de imprenta del libro parece hablarnos el que Antonio de Ubilla
no hiciera llegar un ejemplar de éste al monarca hasta finales de enero de 1706, valiéndose
para ello del marqués de Fuente Pelayo (B.M.M., carta incluida en B/29; véase, al respecto,
el Documento 22 del Apéndice Documental).
493La circunstancia de estar comprendido el juramento y pleito homenaje que los reinos de
Castilla y León hicieron a Felipe V en mayo de 1701 en el periodo que se historiaba, llevó a
Antonio de Ubilla a incorporar en esta obra el texto redactado en aquel año. Él mismo
explicaba esta inclusión, en la página 101 del libro, al indicarnos “porque el rey me mandó
también en aquel caso formase relación de él y de su real orden se imprimió, debo insertarle
en este escrito considerándole propio en él”. El texto correspondiente al juramento y pleito
homenaje incluido en la obra de 1704 puede verse en el primer documento del anexo de
Escritos de Antonio de Ubilla.
220
participación de Felipe V en distintas campañas militares en Milán en 1702 y
su vuelta a España a comienzos del año siguiente (pp. 535-672).
Por otro lado, el afán de objetividad de Ubilla lo llevaría a incluir en
su obra un elevadísimo número de transcripciones de todo tipo de
documentos: cláusulas testamentarias, cartas, reales órdenes, textos de
juramentos, capitulaciones matrimoniales, etc. Su empleo de secretario del
Despacho Universal le permitía tener acceso, a diferencia de lo que ocurría
en el caso de otros escritores, que debían conformarse con testimonios
indirectos y los pocos documentos que se hubieran publicado, a la mayor
parte de la documentación más importante de la Monarquía Hispánica. Esta
afortunada decisión nos brinda la colección más amplia y completa de
documentos relativos a los primeros momentos del reinado de Felipe V
publicada durante su reinado, lo que ha venido a reforzar el uso de esta obra
no sólo como narración fidedigna494 del periodo 1700-1703 sino también
como fuente para acceder a dichos documentos.
Ahora bien, una obra tan extensa y una edición tan cuidada llevaron a
que el coste de su impresión fuera muy considerable. Desconocemos, en
verdad, el número de ejemplares de la tirada y el valor que el Consejo asignó
a cada ejemplar para su venta, pero referencias indirectas nos hablan de que
tanto uno como otro fueron bastante elevados. Circunstancias que,
lógicamente, dificultarían su venta. En este sentido, nos consta que pocos
años después de su salida de imprenta, uno de ellos fue tasado en 90
reales495; cifra que si la ponemos en relación con los más de quinientos
tomos que dejó Ubilla entre sus pertenencias tras fallecer y que no había
podido vender, nos habla de una importante inversión en 1704 por parte de
nuestro personaje. Aún más, no podemos descartar que entre las razones
que lo moverían a no dar a la imprenta en 1706 su libro sobre la jornada y
campaña de Portugal, que trataremos en el próximo apartado, también se
494Es innegable que Antonio de Ubilla, como súbdito de Felipe V, ofrezca un relato en el
que está ausente cualquier atisbo de crítica y se refuerzan las alabanzas a sus acciones y
decisiones, pero al margen de esta circunstancia, lógica además si tenemos en cuenta que es
una obra realizada a petición del propio monarca, es evidente su voluntad por plasmar los
hechos que se narran con toda la rigurosidad posible.
495B.R.A.H., ms. 9/1378. Se trata de un inventario de libros que quedaron a la muerte de
Jerónimo Francisco de Eguía (1658-1708), primer marqués de Narros.
221
hallase la de tener que realizar un considerable desembolso económico sin
garantía de recuperar a corto plazo dicha cantidad con los ingresos de las
ventas.
Así pues, cuando en 1738, como ya hemos indicado, la VOT de San
Francisco de Madrid tomó posesión de los bienes del marqués de Ribas al
fallecer su viuda, comprobó que entre ellos había más de quinientos
ejemplares del libro del “viaje a Italia”. Evidentemente, la idea de la VOT
consistió en pensar en proceder a su venta, pero consciente de que no sería
fácil conseguir compradores en la península, decidieron iniciar las gestiones
para su envío a las Indias donde consideraban que tendrían mayor salida496.
Aún más, refuerza esta realidad de lo dificultoso que resultó la venta de los
ejemplares de esta tirada el que varias décadas después de su impresión
siguieran publicándose anuncios para su venta, como los aparecidos en la
Gaceta de Madrid en 1727497 y 1746498.
13.3. La Jornada y campaña de Portugal
El libro que acabamos de tratar en el apartado anterior, según palabras del
propio Ubilla, tuvo una segunda parte “en la que con los sucesos de Europa
refiero la campaña de Vuestra Majestad hizo en sus dominios de
Portugal”499. Una narración que continuó el relato interrumpido a
comienzos de 1703 y que lo ampliaba hasta 1704, y cuyo objetivo
fundamental consistía en dar cuenta de la referida campaña desarrollada
por Felipe V contra Portugal en este último año.
En un contexto tan complejo para el sector borbónico, la
publicitación de sus victorias y la justificación de sus acciones bélicas
constituían un elemento fundamental para reforzar su posición. Tanto es así
que entre los frecuentes folletos y volantes que circulaban por toda Europa,
hemos localizado un ejemplar de 30 de abril de 1704 conteniendo una
496A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
497 Gaceta de Madrid, 2 de julio de 1737, p. 108.
498 Gaceta de Madrid, 7 de junio de 1746, p. 184.
499 B.N.E., ms. 19512, f. 264r. Testimonio de 1712.
222
versión impresa de una carta firmada por Felipe V y refrendada por Ubilla
en la que manifiesta los motivos que le llevan a emprender la campaña de
Portugal500.
Al igual que ocurriera con las obras anteriores, también en el caso del
libro que nos ocupa en este apartado mediaría una real orden del monarca
español, probablemente a finales de 1704, disponiendo que el marqués de
Ribas se ocupase de su composición. Labor que le llevaría todo el año
siguiente, obteniendo el 11 de febrero de 1706 los mismos despachos que se
le dieron para imprimir la Jornada de Italia501. Dicha impresión, sin
embargo, nunca tendría lugar. Nuestro autor afirmaba, en 1712, que la había
suspendido “por desgracia de fácil justificación en que depondrán mis
conocidas deudas y serán testigos mis muchos acreedores”502; es decir, las
dificultades económicas que tuvo en aquellos años, derivadas, entre otros,
del cuantioso gasto que le supuso adquirir en poco plazo de tiempo dos
señoríos y que puede analizarse con más detalle en el capítulo dedicado a su
patrimonio.
Una delicada situación que empeoró aún más en los meses siguientes
cuando fue apartado de su plaza en el Consejo y Cámara de Indias, dejando
de recibir el correspondiente salario, y debió asumir los costes de estar
varios meses desterrado de la corte. Ello, sumado a la dificultad de dar
salida aún a muchos ejemplares de su libro anterior, no dudamos que fue el
elemento definitivo que inclinó la balanza hacia no iniciar las labores de
impresión.
Una decisión que nos ha privado en la actualidad de poder disponer
de esta obra, pues no nos ha sido posible hallar hasta la fecha el borrador
500 Antonio de UBILLA E MEDINA, Ragioni della guerra del re cattolico contro il re di
Portogallo, l'arciduca Carlo di Austria, e i suoi alleati, Milà, 1704; [4] p.; 4º (20 cm).
Hemos localizado ejemplares de este escrito en la Biblioteca de Catalunya (Depòsit de
Reserva, Toda 10-VI-23/10), en la Biblioteca Casanatense en Roma (VOL MISC.2038 13) y
en la Biblioteca Nazionale di Montecassino (ANT BW.X 5/41). Una versión en español de
este pampleto puede verse en el Documento 19 del Apéndice Documental.
501A.H.N., Estado, libro 928, ff. 178v-179r. Véase el Documento 23 del Apéndice
Documental.
502 B.N.E., ms. 19512, f. 264r.
223
original o, en su defecto, alguna copia503. Ello hace que casi no conozcamos
nada sobre su contenido y estructura, a excepción de la pocas pinceladas que
ofrece el autor, así como el propio decreto de impresión en el que se indica
que Felipe V ordenó que escribiera una “relación diaria” de la jornada y
campaña que el monarca hizo contra Portugal en 1704504. La circunstancia,
empero, de que Ubilla se refiera a ella como segunda parte de su anterior
obra quizá nos esté indicando que siguió una metodología y una estructura
muy similares, realizando un minucioso relato de todo lo que rodeó al rey e
incluyendo numerosas transcripciones de documentos de primer orden
relativos al conflicto.
Aún más, al igual que ocurriera con el viaje y jornada a Italia,
consideramos factible que se pudiera haber pensado en ilustrar también este
relato sobre la jornada y campaña a Portugal con una serie de grabados505
que se realizaron sobre ella y en cuya elaboración participó Filippo Pallota.
Nos referimos, en concreto, a un conjunto de cinco grabados que se
conservan en la Biblioteca Nacional de España506:
- (1) Aspecto del Real Palacio de Madrid y su plaza como estuvo el día 4
de marzo de 1704 en que el rey católico nuestro señor don Felipe
Quinto salió a la campaña de Portugal. Plancha de 435 x 600 mm.
- (2) Pasaje del rey nuestro señor por puente de barcas que se
construyó sobre el Tajo para ir desde la provincia de la Beyra a la de
Alentejo el día 30 de mayo de 1704. Plancha de 435 x 580 mm.
- (3) Puente de barcas por donde pasó el rey nuestro señor don Felipe
Quinto el día 30 de mayo de 1704, siendo la primera por aquellas
503 La circunstancia de haber sido autorizada su publicación hace factible que en algún
archivo estatal, o quizá en alguna biblioteca, pueda haberse conservado hasta nuestros días
alguna copia. No obstante, en caso de existir, ésta aún no se ha descrito ni catalogado por lo
que no podemos disponer de la que sería una importante fuente de información para los
inicios del reinado de Felipe V.
504 A.H.N., Estado, libro 928, ff. 178v-179r.
505Las dimensiones prácticamente idénticas de la plancha de los grabados, la temática y
tener al mimo autor nos prueban que se trató de un proyecto concebido para plasmar las
principales escenas y sucesos de la campaña contra Portugal de 1704.
506B.N.E., ER 3346. Hemos actualizado la ortografía de los títulos de los grabados que se
han tomado, en la medida de lo posible, de sus leyendas.
224
partes que se construyó en el Tajo para entrar desde la provincia de la
Beyra a la de Alentejo, por la Ribera de Villa-Vella a la Montaña.
Plancha de 438 x 595 mm.
- (4) Portalegre sitiada y rendida por el rey nuestro señor en 8 de junio
de 1704. Plancha de 442 x 596 mm.
- (5) Corografía perteneciente a las dos provincias de la Veira y del
Alentejo de Portugal, plazas y territorio conquistado por el rey de
España don Felipe V, nuestro señor, y sus campamentos desde el
principio de mayo hasta los primeros días de julio de 1704. Plancha de
450 x 593 mm.
13.4. La Jornada a Barcelona
Finalmente, el cuarto y último proyecto del que nos ocuparemos es el de la
narración de la Jornada a Barcelona. Debemos comenzar indicando que esta
obra, dado que no se finalizó, ni siquiera llegaría, probablemente, a poseer
un título más o menos provisional. De ahí que nosotros empleemos la
denominación que el propio marqués de Ribas utiliza para referirse a ella,
aún a sabiendas de que el contenido iba a exceder ese episodio en concreto.
Felipe V le dio orden en 1706 para que continuase su libro sobre la
jornada a Portugal con los siguientes sucesos de la campaña de Barcelona
que iba a iniciar de inmediato. Ubilla, al objeto de obtener información de
primera mano acerca de los sucesos que iba a plasmar en su nueva obra,
solicitó al monarca el poder seguirle en aquella; no obstante, el rey no
accedió a la petición, indicándole que recibiría toda la información que
solicitase.
De este modo, escribió todo lo ocurrido desde 1704 hasta que el rey
obligó a las tropas austraciastas que se rindiesen en el castillo de Monjuïc en
1706. En febrero de este último año, Felipe V dejó Madrid, reuniéndose en
Caspe con el mariscal Tessé, para proceder a sitiar Barcelona por tierra y por
mar, llegando a reconquistar la referida plaza. No obstante, la llegada al
puerto de Barcelona de una fuerte escuadra anglo-holandesa y el avance de
225
un ejército anglo-portugués hacia Badajoz y Plasencia, y que puso rumbo a
Madrid, hizo que los borbónicos abandonasen el asedio de Barcelona y
decidiesen regresar a Madrid por el sur de Francia y la ruta Irún-Burgos.
Aún así, en mayo los aliados tomaron Ciudad Rodrigo y Salamanca,
forzando a los reyes a trasladar la corte a Burgos. Zaragoza proclamó
entonces rey al archiduque Carlos, dirigiéndose éste desde Barcelona a
Madrid, donde entró con un ejército extranjero y fue proclamado el 29 de
junio con una frialdad que sorprendió a todos. Pero la leva de nuevos
ejércitos de voluntarios en Castilla y un cuerpo expedicionario al mando del
duque de Berwick, enviado por Luis XIV, permitió expulsar a los aliados de
Castilla y Felipe V entró en Madrid en el mes de octubre507. Fecha a partir de
la cual comenzaría la etapa más dura y amarga para el marqués de Ribas al
ser incluido entre los traidores al bando borbónico.
La redacción del libro, sin embargo, se interrumpió en este punto de
la historia debido precisamente a esa caída en desgracia. El propio marqués
nos informa en 1712 de que “habiendo comprendido la respuesta que se me
dio y he referido sobre la continuación [del libro anterior], doblé allí las
hojas porque ni aún en lo secreto de mi retiro ejecutaré cosa en que exceda
de la real voluntad de vuestra majestad”508. Es decir, al comprender que
había perdido el favor regio, consideró que carecía de sentido continuar con
el proyecto. Finalizaba pues en aquel momento la faceta del marqués de
Ribas como “cronista” de los primeros años del reinado del primer Borbón
español. Ciertamente se le volverían a pedir informes y documentos con
posterioridad, incluso durante su desgracia, pero no nos consta que se
requiriese su pluma para plasmar los hechos más destacados de su reinado
con vistas a su publicación.
507 Carmen SANZ AYÁN, La Guerra de Sucesión española…, pp. 36-39.
508 B.N.E., ms. 19512, f. 264v. Testimonio de 1712.
226
SEGUNDA PARTE
LA SECRETARÍA DEL DESPACHO
UNIVERSAL: INSTRUMENTO DE
PODER DE VALIDOS Y REYES
227
CAPÍTULO 1
A LA SOMBRA DEL VALIDO. LOS ORÍGENES DE
LA SECRETARÍA DEL DESPACHO UNIVERSAL
Nuestro objetivo en el presente capítulo será el de ofrecer una nueva
explicación sobre el origen de los secretarios del Despacho, pues la que hasta
ahora se contempla nos parece incompleta e insuficiente. La historiografía
que se ha ocupado de este empleo resuulta francamente escasa, limitándose
en la práctica a algunos profesionales del Derecho, como José Luis Bermejo
y, sobre todo, José Antonio Escudero. En ella se argumenta que su origen se
halla en la necesidad de descargar al valido de la enorme carga burocrática a
la que debía enfrentarse para así poder centrarse mejor en las tareas de
gobierno. Sin embargo, esta explicación, sin ser falsa, se nos antoja
incompleta509.
Nosotros apostamos porque ese empleo surgió para acrecentar el
poder de los validos soslayando las disposiciones de la real cédula de 1618.
Si en virtud de ésta, el privado del rey no podía transmitir órdenes regias,
siendo necesario que fueran los secretarios que llevaban los asuntos los que
lo hicieran; es lógico, pues, que el valido tratase de evitar esta pérdida de
control de los asuntos que se resolvían y conocía el monarca con la creación
de una nueva secretaría que monopolizaría el Despacho y que él podría
controlar. Pero, si ya de por sí esto es importante, con la creación de este
empleo, el valido lograba además introducir en la compleja y lenta
maquinaria burocrática de la monarquía un organismo que agilizaba
notablemente el trámite y resolución de los asuntos.
Así pues, queda fuera de toda duda que conocer mejor el origen de
este empleo es fundamental, sobre todo por la especial importancia que tuvo
509Uno de los elementos que contribuye a debilitar esta hipótesis es el propio hecho de que
los validos dispusieran de sus propios secretarios privados, entre los que distribuían los
asuntos que trataban.
229
en el proceso de instauración y asentamiento de la dinastía borbónica en la
Monarquía Hispánica.
1.1. Monarquía y privanza en los reinados de Felipe III y Felipe IV
La historiografía tradicional, que se extendió hasta los años sesenta del
pasado siglo, defendió que el valimiento real en la monarquía española
encontró su razón de ser en el ascenso al trono de unos monarcas débiles
que perdieron parte de su soberanía a favor de unos individuos
pertenecientes a la alta aristocracia, los cuales, gracias a la confianza y
amistad que el rey les dispensó, se beneficiaron de su posición para
acumular oficios y riquezas. De este modo, validos y decadencia irían de la
mano. Tomás y Valiente elaboraría una explicación menos negativa,
insertándolo como un elemento del sistema político. De este modo, el valido
en España, así como otros privados en varios países europeos, habría nacido
de la necesidad de resolver las crecientes necesidades político-
administrativas a las que debía dar respuesta el monarca en un momento en
el que no se había fijado aún una cultura y una estructura institucional para
ello.
Felipe III permitió lo que su padre y abuelo habían tratado de evitar:
la existencia de un único ministro. El propio Carlos I manifestó a su hijo que
entre los principales inconvenientes de obrar así estaba el que los súbditos
podían pensar que el rey era gobernado, que se le daría tanto poder a este
individuo que podía llegar a ser peligroso para el propio monarca o que
podía aumentar la inestabilidad política al favorecerse una facción concreta.
Por ello se debía gobernar con la ayuda y consejo de muchos ministros
aunque con uno solo fuera más cómodo510.
Se ha afirmado reiteradamente que con el reinado de Felipe III
comenzó una etapa oscura de debilitamiento de la institución monárquica,
pero lo que acaeció fue precisamente lo contrario. La necesidad de reforzar
la autoridad real se manifestó con una firme voluntad tanto en la Monarquía
Hispánica como en otras potencias, por ejemplo Francia, y para ello era
510 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, p. 42.
230
fundamental acometer reformas511. Pero la historiografía ha hecho excesivo
hincapié en la supuesta contradicción entre el deseo del valido de oír la voz
del pueblo y su poco afecto a las asambleas representativas, sin embargo
esto no es un contrasentido. Esas asambleas, en la práctica, no se
representaban más que a sí mismas y a sus intereses particulares; es decir,
eran instituciones representativas nominalmente pero no realmente. De ahí
la percepción de perniciosas para los intereses del Estado que tenía el
gobierno de ellas.
Pero a pesar de ese reforzamiento de la institución monárquica, nos
encontramos también ante un incremento del poder de las oligarquías
locales, especialmente en las grandes ciudades. Una realidad a la que
contribuyó decisivamente la asfixia hacendística de la monarquía, que hizo
posible la venta de oficios y dignidades. La patrimonialización de oficios y
espacios públicos contribuyo, sin duda, a reducir el control que la Corona
tenía sobre sus dominios.
De este modo, aunque se reforzó la autoridad regia, a la par se la
debilitó en la práctica al hacer más fuertes a las oligarquías locales, que
estarían más preocupadas por sus intereses particulares que en los de un
Estado que dilapidaba sus recursos en inacabables conflictos para mantener
su hegemonía y su reputación. Dichas oligarquías supieron luchar contra el
poder central haciendo valer sus privilegios y negándose a participar en lo
que ellos denominaban un mal gobierno.
Un reforzamiento del poder monárquico en el que también
participaría el propio valido. Como alter ego del rey, también se cuidó todo
el ceremonial destinado a mostrar su calidad y poder.
1.1.1. Felipe III y el origen de los validos
La figura del valido surge en los últimos años del reinado de Felipe II.
Constituye, sin duda, una situación sorprendente si tenemos en cuenta que
se ha difundido hasta la saciedad su perfil de rey incansable, que
511 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, p. 90.
231
despachaba durante horas leyendo cuanto documento se le enviaba y
anotando él mimo en no pocas ocasiones sus reales órdenes. No obstante, en
los últimos años del rey prudente asistimos, como ya hemos expresado, a la
génesis de la figura del valido. Se ha hecho hincapié en que la enfermedad
del rey le llevó a asistirse de una junta de gobierno integrada por Cristóbal
de Moura, Juan de Idiáquez, Diego Fernández de Cabrera Bovadilla, conde
de Chinchón, el marqués de Velada, el cardenal Alberto y el príncipe Felipe,
heredero del trono512; pero no tanto en que éste, al contrario de lo que había
hecho durante todo su reinado, marcado por un acentuado personalismo, no
sólo decidiese en esos años apoyarse especialmente en uno de esos hombres,
Cristóbal de Moura, sino que en 1591 le otorgó la autoridad para responder a
las consultas de la junta de Gobierno y que, sorprendentemente, desde 1695
le permitiese transmitir reales órdenes513.
Tanto es así que Felipe II llegaría a afirmar que sin la ayuda de Moura
“es cierto yo no podría dar un solo paso adelante con tan gran carga sin dar
con ella en tierra”, recomendando a su hijo que se sirviera de él para
gobernar514. Así pues, a pesar de que el rey había sido un gobernante
burócrata por excelencia, a finales de su reinado tuvo un valido. Por tanto,
Felipe III, o mejor dicho, Lerma sólo consolida un sistema que ya se había
adoptado515.
Pero ni a Felipe II ni a sus colaboradores, entre ellos Moura, les
gustaba el favorito del príncipe heredero: el conde de Lerma. De ahí que se
tratase de alejarlo de la corte nombrándolo virrey de Valencia en 1695. Sin
embargo, a finales de 1697 de nuevo estaba en la corte. El príncipe Felipe
512 Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, pp. 7-8.
513Esta posibilidad de transmitir reales órdenes para el caso concreto del duque de Lerma
ha generado una corriente de hipótesis desde la errónea afirmación de Leopold von Ranke
de que Felipe III dio a la firma de Lerma igual valor que la suya. Una afirmación de todo
punto inaceptable ya que la autoridad y el poder del valido emanan del monarca, por tanto
lo realmente importante es poder firmar en nombre del rey sin que la firma regia esté
presente.
514 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, p. 100.
515Nos parece interesante reseñar, como expresa Tomás y Valiente, que no consta que nadie
se opusiera a la práctica de que Lerma transmitiera órdenes reales (Francisco TOMÁS Y
VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, p. 8); a lo cual quizá contribuyó la ya
mencionada circunstancia de que Felipe II hubiera permitido obrar de igual manera a
Cristóbal de Moura.
232
apostará claramente por Lerma, tanto que ya antes de fallecer su padre (13
de septiembre de 1698) su favorito fue nombrado caballerizo mayor por
título de 4 de agosto de 1698. Y nada más heredar la Corona, no sólo lo
confirma en este cargo sino que al día siguiente de fallecer Felipe II lo
designó también consejero de Estado516.
Felipe III deposita, así, su confianza en Lerma, insertándolo en las
labores de gobierno y haciéndole partícipe al más alto nivel de la maquinaria
burocrática del Estado. De este modo, éste comienza una tarea de
desmantelamiento del sistema de poder anterior517 y a construir el suyo
propio. No se olvidó nada. Se iniciaría incluso una campaña de opinión
apoyada en panfletos, memoriales, cartas,… que atacaba a los favoritos de
Felipe II tachándolos de avariciosos cortesanos, de intentar usurpar el poder
real y de tratar de mostrar al príncipe heredero como incapaz para el
gobierno. En este contexto, en los primeros meses del reinado, Lerma fue
desplazando o marginando, según quienes fueran los individuos, de forma
más evidente (Pedro de Portocarrero, obispo de Cuenca e inquisidor
general; Rodrigo Vázquez de Arce, presidente del Consejo de Castilla; García
de Loaysa, tutor del príncipe; etc.) o disimuladamente (Cristóbal de
Moura518), a todos aquellos que le pudieran hacer sombra519. El valido alejó
del rey a todo el que pudiera ir contra él, dejando prácticamente sólo a Juan
de Idiáquez, y ello porque le venía bien la confianza que en él tenía el
monarca520.
En qué se fundamenta el valido: fundamentalmente en gozar de la
confianza del rey y en erigirse en intermediario entre éste y el resto de la
monarquía. Una intención que Lerma nunca pudo ver culminada pues, al
516 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, pp. 105-111.
El desmantelamiento del sistema de juntas de Felipe II, unido a algunos nombramientos
517
de consejeros, hicieron pensar en un primer momento que se devolvería a los Consejos su
poder central como supuestos garantes de un gobierno justo.
518Su condición de ministro principal de Felipe II aconsejaba proceder con delicadeza. En
este sentido, se le concedió el título de marqués de Castel Rodrigo en 1699, así como una
sustanciosa encomienda en la orden de Calatrava, pero como contrapartida había perdido
su puesto como sumiller de corps a finales de 1698. Pero la cuestión no quedó ahí, en enero
de 1600 se le ordenó salir de la corte y retirarse a sus estados de Castilla, y sólo tres meses
más tarde se le nombró virrey de Portugal.
519 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, p. 127.
520 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado..., I, pp. 224-225.
233
igual que el conde-duque décadas después, también contó con enemigos
potenciales en los momentos de más férreo control, tales como el confesor
real y el nuncio papal521.
En cuanto a su forma de acceso, se trata de un personaje ligado a
oficios palatinos, destacando el de gentilhombre de cámara por la
proximidad que daba al rey. Aunque gracias a la confianza regia acabaría
haciéndose con la mayor parte de los más destacados, lo cual sumado a un
conveniente control de la etiqueta le permitía estar presente siempre junto
al rey. Lerma era mayordomo mayor desde agosto de 1698, un cargo al que
une el de sumiller de corps el 17 de diciembre de ese mismo año. Dicho
sumiller de corps actuaba como cabeza de la cámara del rey, pues aunque el
titular era el camarero mayor, al no nombrarse desde finales del siglo XVI a
nadie, sus responsabilidades pasaron a éste. Su deber más importante era el
de asistir al rey cuando se levantaba y acostaba, así como cuando comía en
sus habitaciones privadas. El sumiller no podía separarse del rey, al que
debía acompañar en todas las audiencias públicas, visitas a las habitaciones
de la reina y cuando se retiraba a su cámara. Además, elegía y gobernaba a
un amplio número de servidores de palacio, incluidos los gentileshombres
de la cámara. Por su parte, el caballerizo mayor acompañaba al rey siempre
que salía de palacio. Así pues, con el control de estos dos empleos, que
obligaban a residir en palacio, el valido lograba estar presente siempre junto
al monarca. Una presencia que se acrecentó aún más en 1603, cuando el
duque fue nombrado general de la caballería de España.
También usó a su favor la etiqueta palatina. Lerma contaba con la
ventaja de que aunque el palacio real estuviese frecuentemente concurrido
de empleados y Grandes, éstos estaban obligados a permanecer en silencio
ante el rey; realidad a la que pudo sumar una real orden de 1599 que redujo
aún más el acceso a la cámara del rey. A partir de entonces sólo quien
tuviera llave de la cámara, es decir, los servidores mayores de palacio y los
gentileshombres de cámara, podían entrar en ésta. Así se evitaba que
pudieran acceder a las habitaciones privadas del rey los Grandes sin oficio
521 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, p. 79.
234
palatino; las reuniones con estos las celebraba el rey en la Pieza Obscura,
adyacente a la alcoba regia, en presencia del sumiller de corps522.
Además, en este entorno palaciego, tanto de la casa del rey como de la
reina, así como en los Consejos y tribunales de la monarquía iría situando a
sus familiares y clientes; a sus «hechuras» utilizando la jerga de la época.
Lerma influyó en la composición del Consejo de Estado y en el
nombramiento de los secretarios de Estado523. Por ejemplo, para poder
inspeccionar todos los memoriales dirigidos al monarca, situó en 1601 como
secretario de la cámara del rey a su favorito Rodrigo Calderón. Asimismo, en
un ámbito que le era hostil, como fue la casa de la reina, Lerma ubicó a otro
de sus favoritos, Pedro Franqueza, como secretario de la reina. Pero no sólo
de amigos y clientes se valió para estos empleos, también los utilizó para
ganarse el apoyo de los grandes de Castilla.
En cuanto a su participación en el gobierno, actuó gobernando a
través de juntas, a las que no acudía el monarca, y controlando el despacho
del rey limitándolo casi a su persona. Para inspeccionarlo todo, Lerma
necesitaba controlar el proceso consultivo, por lo que procedió con varias
iniciativas. En noviembre de 1598 hizo que todas las consultas dirigidas al
rey debieran consignarse por escrito, y gradualmente logró convertirse en el
único intermediario entre éste y el resto de instituciones. De este modo,
Lerma, sin ser secretario, incluso llegó a transmitir reales órdenes
valiéndose sistemáticamente de expresiones muy similares a las empleadas
por Moura: «El rey, por billete del duque de Lerma, manda…»524. El valido
operaría con la fórmula “de parte de Su Majestad”525. Un proceder que
encontró un respaldo sin precedentes en la real cédula de 23 de octubre de
1612. Este poder sobre el despacho fue sin duda el más importante para
hacer valer la influencia que tenía sobre el monarca. Su margen de maniobra
era tal que podía jugar incluso con enviar o no lo asuntos al Consejo de
Estado según le conviniera.
522 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, pp. 130 y 176-179.
523 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado..., I, pp. 226-227.
524 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, pp. 181, 186 y 203-206.
525 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado..., I, p. 236.
235
Los validos monopolizan el despacho a boca, no teniendo el monarca
secretarios con los que despachar independientemente526. Los secretarios
del Consejo de Estado, al igual que los de otros organismos, quedaron
limitados a entregar la información y a recibirla ya elaborada; ellos no la
expondrían. Su relación con el rey sería estrictamente profesional. El valido
podía transmitir las órdenes del monarca y abrir los despachos, por lo que la
presencia de un secretario junto a aquel era innecesaria. Pero este sistema,
obviamente, no tardó en ganarse detractores y gozar de no poca
impopularidad. El privado se arrogaba tantas facultades que difícilmente no
se pensaría que estaba secuestrando la voluntad regia y extralimitándose,
cuando no usurpando, en las funciones que podía ejercer.
Aún así, no puede negarse la intensa labor que el duque desarrolló
para reforzar el poder del rey; aunque ello repercutiera, indirectamente, en
su propio beneficio. A pesar de que se consideraba incuestionable el carácter
sagrado de la Corona, la monarquía española no dispuso de muchas de las
formas externas asociadas a la monarquía divina en otros Estados europeos.
El rey español, a diferencia de los de Francia, carecía de poderes curativos y,
desde 1379, no había ceremonia de coronación al acceder al trono. El
heredero recibía homenaje como príncipe, siendo las únicas ceremonias que
tenían lugar el izar banderas y su proclamación oficial. Aún más, todo
apunta a que hasta finales del siglo XVI no se hicieron omnipresentes trono,
cetro y corona527.
1.1.2. La caída de Lerma y la real cédula de 1618: un golpe para la
privanza
La etapa de Lerma como privado de Felipe III puede considerarse como
excesivamente personalista. No se cuidó suficientemente la imagen pública
de un gobernante activo, una circunstancia que se sumaría a las teorías de la
majestad real entonces imperantes, que sostenían que un rey que delegaba
era un monarca débil528. Por tanto, después de dos décadas hubo un lógico
526 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado..., I, p. 233.
527 John Huxtable ELLIOT, España y su mundo…, pp. 205-206.
528 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, pp. 471-473.
236
desgaste. Fueron surgiendo problemas con los adeptos, tales como la
corrupción, y los detractores cada vez serían más. Lerma y sus partidarios
justificaban su enorme enriquecimiento como un lógico pago a sus servicios
a la monarquía, pues en su época estos beneficios personales eran asumidos
como habituales; pero ello no convencía ni a sus detractores ni al pueblo en
general. Ahora bien, lo que no debemos perder de vista es que esa
acumulación fue tan desmedida que también es posible hablar, como lo
hicieron sus mencionados detractores, de corrupción529.
La real cédula de 15 de noviembre de 1618 sólo indica que Lerma y
Uceda, en el poco tiempo que llevaba, habían firmado órdenes “en diversas
materias por mi mandado”530. Así pues, a través de ella, Felipe III trataría de
limitar la excesiva libertad del valido en la firma, reservándose la firma de
las mercedes y órdenes universales; es decir, no deseaba que el valido
firmase en su real nombre asuntos de primer orden. Además, derogaba y
dejaba sin ningún valor la real cédula de 1612.
El rey trataría, por tanto, de limitar esa autoridad excesiva.
Ciertamente no se condenaba el sistema de gobierno mediante validos pero
sí se evidenciaban como excesivas las atribuciones concedidas al duque de
Lerma. Por ello, a través de la mencionada real cédula se prohíbe que nadie
sino el rey, a través de sus secretarios, pueda transmitir reales órdenes. Es
decir, el valido no podría suplir hasta ese punto al monarca. Así pues,
aunque el duque de Uceda poseyó también cargos palatinos de primer
orden, como ser sumiller de corps, y gozase del favor real, su poder como
valido fue sin duda más limitado que el que tuvo su padre, el duque de
Lerma.
La caída de este último en octubre de 1618 y la sucesión de Uceda
significaron un modo distinto de actuar sobre el Consejo de Estado. Aunque
Felipe III trata inicialmente de que no se reproduzca la situación anterior,
de hecho Uceda acabó controlando gran parte del gobierno. Es decir, la
institución monárquica comprendió la necesidad de corregir el margen de
529 Alberto MARCOS MARTÍN, “Desde la hoja del monte hasta…”, Publicaciones del
Instituto Tello Téllez de Meneses, 74 (2003), pp. 102-103.
530 Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, p. 10.
237
autonomía del valido. Por tanto, si el rey tiene que gobernar, lo mejor es
controlar la información que le llega y que ésta sea lo más amplia y variada
posible.
Con la muerte de Felipe III, el valimiento pasaría de Uceda a Baltasar
de Zúñiga (que había sido ayo del nuevo rey) por deseo de Felipe IV. El
conde-duque (que había sido su gentilhombre) quedó entonces en un
segundo plano pero asociado a su tío. El nuevo monarca mostró
inicialmente la intención de despachar él mismo y que Zúñiga sólo tuviese
una función burocrática, de asesoramiento. Mientras tanto, Olivares se
ocupó del mundo de palacio, reforzando su ascendiente sobre el joven rey.
Pero a medida que pasaban los meses, Olivares fue desembarcando en el
gobierno, suponemos que con la aquiescencia del rey; es decir, llegó a ser
valido por voluntad del joven rey531. No puede sorprendernos, pues, que
cuando Baltasar de Zúñiga falleció el 7 de octubre de 1622, Felipe IV
dispusiese que Olivares se encargara del manejo de los papeles del gobierno,
debiendo, al parecer, reiterar el monarca la orden ante las reticencias –
desconocemos si fingidas o no- del conde.
1.1.3. Felipe IV y el resurgimiento del valido
Nada más acceder al trono, todo apunta a que Felipe IV llamó a su secretario
de Estado de la parte de Italia, el granadino Antonio de Aróstegui, para que
le asistiese en el despacho de papeles532. Es decir, para que se ocupase no
sólo de la consulta y tramitación de los asuntos propios de su negociado sino
también del resto de organismos e instituciones de la Monarquía Hispánica.
Una decisión que, muy probablemente, estuviera sugerida por alguno del os
hombres fuertes del momento (Zúñiga y Olivares); y si no lo estuvo, no cabe
duda de que sería fomentada por los validos. Es de suponer que,
inicialmente, no todos los asuntos pasaron por las manos del que
posteriormente sería conocido como secretario del Despacho Universal,
pero se daban los primeros pasos para dotarlo de una serie de competencias.
531 Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, p. 13.
532 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los orígenes del Consejo de Ministros…, I, p. 26.
238
Así pues, con el secretario del Despacho se incluiría a un especialista
en el núcleo decisorio rey-valido. Además, se optaba por atraer a estas
funciones a uno de los secretarios de Estado, en vez de crear uno ex novo
que hubiera contado, sin duda, con mayores dificultades para cumplir con
su cometido; pues no debemos perder de vista que Consejos y Juntas, sobre
todo, no llevarían demasiado bien el que se introdujera a un individuo en
unas labores de despacho que hasta entonces habían realizado ellos
directamente con el monarca. Ahora bien, el que la secretaría del Despacho
fuera ejercida por un secretario de Estado no significaba que a este último
empleo se le hubieran conferido nuevas competencias; la secretaría del
Despacho se concibió como un empleo de confianza y quién lo poseía, y
durante cuánto tiempo, dependían únicamente de la voluntad del
monarca533.
Aún así, el papel de estos secretarios fue durante décadas muy
limitado, estando sometidos a la voluntad de los validos y privados del rey,
así como actuando casi como meros intermediarios entre el rey y el resto de
organismos de la Monarquía Hispánica. El pensamiento político imperante
en el siglo XVII exigía al monarca un gobierno personal y la vía burocrática,
todavía muy incipiente, difícilmente podía aceptarse ni dentro ni fuera de
nuestras fronteras como herramienta de gobierno frente al sistema de
Consejos. No debe extrañarnos pues que a Lerma le sucediera su hijo, el
duque de Uceda, y después de él nos encontremos al conde-duque de
Olivares. O saliendo de nuestras fronteras que, en el caso de Francia,
después de Concini encontremos al cardenal Richelieu. Pero Olivares, al
igual que Richelieu en Francia, se enfrentó en su ascenso al poder con un
clima político que era cada vez más enemigo de la existencia de un favorito
real534; por lo que la búsqueda de estrategias que permitieran seguir
controlando casi todo sin que lo pareciera se convirtieron en una necesidad.
El apoyarse en secretarios para reforzar el poder real se produce en
España prácticamente en la misma época que en otros países como la
referida Francia, aunque el contexto en el que éstos surgen y se desarrollan
533 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado..., I, p. 253.
534 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, p. 50.
239
es distinto. Mientras en la Monarquía Hispánica el poder del secretario se
acrecienta gracias a una corte fragmentada en multitud de partidos,
agobiada por las intrigas y con un sistema de gobierno cada vez más lento e
ineficaz; en Francia lo hará de la mano de Luis XIV, deseoso de consolidar
su poder después de décadas de conflictos y enfrentamientos.
Así pues, es lógico que la respuesta fuera o un gobierno fuertemente
dirigido por el monarca, al estilo de un Felipe II en sus primeras décadas de
reinado, o la existencia de un valido. Y obviamente, aunque Felipe IV mostró
mayor interés que su progenitor en las tareas de gobierno, acabó
replegándose al valido.
Felipe IV nombró a Olivares sumiller de corps en 1621 y caballerizo
mayor al año siguiente. Cargos y dignidades a las que se sumó la concesión
el 5 de enero de 1625 del ducado de Sanlúcar la Mayor535. Además era
comendador mayor de Víboras en la orden de Calatrava, del Consejo de
Estado, sumiller de corps y caballerizo mayor cuando el 27 de agosto de
1623 el rey le hizo merced de canciller mayor de las Indias536.
Olivares actúa, por tanto, en su forma de ascenso con mecanismos
muy similares a los que utilizó Lerma. En 1615, cuando el príncipe Felipe
contaba con diez años de edad, le fue asignada su propia corte con ocasión
de su matrimonio con Isabel de Borbón. Aunque el duque de Lerma
desconfiaba de Baltasar de Guzmán, accedió a que se le nombrara
gentilhombre del príncipe; logrando éste poco a poco un gran ascendiente
sobre el futuro Felipe IV. Por otro lado, a medida que el valimiento de
Lerma se acercaba a su fin, Guzmán, en estrecha colaboración con su tío,
Baltasar de Zúñiga, fue consolidando su poder político en la corte. Olivares
tenía el firme propósito de devolver a España, en especial a Castilla, la
grandeza que había tenido durante los reinados de Carlos I y Felipe II.
Atribuía, por tanto, a la etapa de Lerma, caracterizada por la ineptitud y
corrupción, una recesión en todos los sentidos537.
535 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, pp. 54 y 76.
536 Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, p. 165.
537 John Huxtable ELLIOT, España y su mundo…, p. 203.
240
Para su proyecto de reformación, el futuro conde-duque contó con
dos dificultades: tener que controlar a los Consejos y Tribunales de la
monarquía, y la propia diversidad de estos y de territorios de que ésta se
componía. Para superar el primer problema optó por ir colocando en ellos a
personas de su confianza y valerse todo lo posible de juntas, más fáciles de
controlar y más eficaces en la tramitación de asuntos que el parsimonioso
sistema polisinodial. Para superar el problema de la diversidad de
jurisdicciones apostaba por la uniformización de los distintos
ordenamientos jurídicos de los territorios de la monarquía, aunque al estilo
y leyes de Castilla. Olivares crea en 1625 la Junta Grande de Competencias,
en la que estarían representados los distintos Consejos y tribunales, a fin de
situarla en la cúspide del mencionado sistema polisinodial; y lo logró, pues
sus decisiones eran definitivas y ejecutorias al no poderse apelar ante
ningún otro tribunal538. Aún más, en los momentos más críticos incluso
logró eludir la intervención del propio Consejo de Estado. Olivares creó un
pequeño gabinete de guerra que recibió el nombre de Junta de Ejecución,
datando la primera referencia sobre su existencia de 1637. En un principio
estaba conformada por el conde-duque, el duque de Villahermosa, Carlos
Coloma y el protonotario Villanueva539, que actuaba como secretario del
Despacho Universal.
Ahora bien, aunque en los mecanismos de ascenso y conformación
del conde-duque hay muchas similitudes con los del duque de Lerma,
también encontramos importantes matices que los diferencian. No en vano,
Olivares se contó entre los detractores del sistema de valimiento de
Lerma540. En este sentido, destacan esencialmente dos elementos que
marcan la diferencia entre ambos valimientos: en primer lugar, en la etapa
del conde-duque, el rey es más visible y participa más activamente en el
gobierno541, una circunstancia que permite al monarca mostrar que no es
gobernado por su valido y al valido defenderse de las acusaciones de sus
538Luis María GARCÍA-BADELL ARIAS, “La Junta Grande de Competencias…”, Cuadernos
de Historia del Derecho, 1 (2004), pp. 107-109.
539 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., p. 564.
540 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, p. 55.
541 Antonio FEROS, El duque de Lerma…, p. 475.
241
detractores542; y en segundo lugar, en el valimiento de Olivares el privado
ayuda al rey pero no interfiere bruscamente en los mecanismos de gobierno.
Es decir, el valido, en cumplimiento de lo dispuesto en la real cédula de
1618, no transmite reales órdenes, una función que corresponde a los
secretarios.
Ahora bien, si el hecho de hacer más visible al monarca no presenta
mayor inconveniente para Olivares, más bien todo lo contrario pues
contribuye a marcar diferencias con los procedimientos de Lerma, el deseo,
necesidad podríamos decir, de convertirse prácticamente en el único
intermediario entre Felipe IV y el resto del mundo, le llevaron casi con
seguridad a buscar una solución a la cuestión del despacho con el monarca.
Aunque él estuviera presente, era una imprudencia que distintos secretarios
pudieran tener acceso directo al monarca543. Por ello, se arbitra una
interesante solución que, a la vez, permite al conde-duque matar dos pájaros
de un tiro. La idea consistía en encomendar el despacho con el rey a un
único secretario. Con ello el valido evitaba contactos no deseados con el
monarca y podría controlar mejor la situación. Sobre todo si él podía
controlar, como de hecho ocurrió, quiénes desempeñarían este empleo. Esta
circunstancia era fundamental ya que en ocasiones sería necesario ocultar o
retrasar el conocimiento de ciertos datos al rey. En este sentido, contamos
con un ejemplo: en los últimos momentos de su valimiento nos consta que
Olivares derivaba informaciones relativas a la situación en Flandes hacia su
persona; es decir, trataba de estar lo mejor informado de todo sin que esa
noticia pasase al Despacho. El monarca, al saberlo, se molestaría y pondría
542Es significativo en este sentido el que el 4 de septiembre de 1626, Olivares escribiera una
carta a Felipe IV pidiéndole mayor colaboración en el despacho. Es decir, Olivares trata de
mostrar que el que verdaderamente manda es Felipe IV. Iniciativas como ésta le vienen
bien ante el monarca y ante sus contemporáneos. El rey le contesta que hará lo que le pide
(Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, pp. 171-174).
543 Tampoco debemos descartar que con la creación de la secretaría del Despacho se
aspirase a evitar otro posible problema para el valido. Si se volvía a una situación anterior al
valimiento de Lerma, el secretario privado del monarca volvería a adquirir un destacado
papel en el conocimiento de los asuntos de la monarquía; por tanto, era preferible un cargo
que supliera a este secretario privado en los asuntos de gobierno, dejando a los secretarios
privados el estricto ámbito privado del monarca o, al menos, como meros transmisores de
información.
242
de manifiesto que se le debía escribir a él, ya que Olivares podía conocer los
asuntos al enviarse al Despacho544.
Pero la cuestión no queda ahí, al establecer este empleo, de un
plumazo, se creaba una pieza que venía a erigirse en vértice de todo el
sistema burocrático de la administración central. Una medida que, sin duda,
hemos de poner en relación con su plan de «reformación interior», a pesar
de que hasta la fecha nadie haya interpretado la creación de este empleo en
este sentido.
Haciendo una suerte de historia comparada, el aumento del poder
regio en Francia pasó, entre otros, porque Richelieu diera un impuso al
Conseil d’en Haut, del que él formaba parte y al que acudían los cuatro
secretarios de Estado545. Así pues, en la Monarquía Hispánica, el poder del
valido se incrementó por la presencia de un secretario que centralizaba
todas las labores burocráticas de la Corona y que participaba en un despacho
con el monarca en el que dicho valido tenía un enorme margen de maniobra.
Al haber delegado en él, el propio monarca debía depender, en la mayor
parte de los casos, de lo que le éste y el secretario le transmitían para
formarse una opinión acerca de los asuntos tratados.
1.2. Un camino en solitario. La secretaría del Despacho Universal
en el reinado de Carlos II
Los dos puntos fuertes del valido fueron la intimidad que mantenía con el
rey, es decir, éste llegaba al poder y se mantenía en él por la amistad y
confianza que le unían al monarca; y la intervención directa en los temas de
gobierno. Así pues, aunque el rey podía tener varios privados sólo era
posible disponer de un valido546. De este modo, cuando sólo había un
privado y éste gozaba de la confianza regia y de un enorme margen de
maniobra en el gobierno, nos encontramos ante un valido.
544 Francisco TOMÁS Y VALIENTE, Los validos en la monarquía española…, p. 175.
545 John Huxtable ELLIOT, Richelieu y Olivares…, p. 67.
546 Advertimos al lector que en algunas ocasiones, al objeto de no abusar del término
‘valido’, nos hemos tomado la licencia de usar como sinónimo de éste, refiriéndonos a
Lerma u Olivares, otros conceptos como el de privado.
243
Ahora bien, a medida que avanzó el siglo XVII, el nivel de amistad y
confianza del rey con su valido se iría reduciendo. Tanto es así que tras la
etapa de Fernando de Valenzuela, protegido de la reina regente Mariana de
Austria durante la minoría de edad de Carlos II, sólo podemos hablar de
primeros ministros pues ninguno de ellos logró reunir los requisitos
suficientes como para recibir aquella denominación que, dicho sea de paso,
siempre fue un empleo de confianza. Nunca existió un título de valido, se
trataba de una situación, un estado, y su poder y honores estaban en
función, como ya hemos puesto de manifiesto, en otros cargos,
fundamentalmente palatinos.
La desaparición de los grandes validos no significó, sin embargo, un
debilitamiento del empleo del que estos se valieron para reforzar su poder.
Al contrario, la secretaría del Despacho Universal se erigiría en un
organismo fundamental para impedir el colapso al que la lenta y compleja
maquinaria burocrática de los Consejos parecía abocar. El secretario del
Despacho, auxiliado en la covachuela por un reducido número de oficiales,
seleccionados entre los más capaces de las distintas secretarías de los
Consejos, permitía agilizar el gobierno de la Monarquía Hispánica547. Una
circunstancia que facilitaría el que progresivamente fuera dotándose, de
facto, de mayor control sobre el resto de organismos; y sus titulares
adquirirían un enorme poder. En verdad, carecían de la iniciativa que sí
tenían otros individuos y organismos, siendo sólo meros transmisores de
información y de la voluntad regia; pero, a la vez, esa proximidad al
monarca, que le otorgaba un enorme margen de maniobra para influir en
sus decisiones, y el propio hecho de ser, sin duda, el individuo mejor
informado de cuanto acontecía en la Monarquía Hispánica y en las cortes
extranjeras, le conferían un poder que los hizo temidos y respetados.
El empleo de secretario del Despacho pasó, de este modo, a ocupar un
lugar central en los movimientos políticos e intrigas cortesanas del reinado
de Carlos II. Todos los sectores querían ubicar a sus adeptos en la
547 El conocimiento acerca de quiénes fueron estos oficiales al servicio del secretario del
Despacho es muy escaso. Mientras que en el siglo XVIII es frecuente la elaboración de
relaciones de personal adscrito a cada secretaría de Estado y del Despacho, en el siglo
anterior los testimonios que poseemos son muy puntuales y, en muchos casos, debidos a
embajadores de otros países que los mencionan al tratar la secretaría del Despacho.
244
covachuela y, lógicamente, trataron de hacer caer a aquellos que no eran
afines a sus intereses. Un complejo panorama en el que sería difícil la
permanencia en el empleo durante demasiado tiempo y que llevaría a que
sus titulares desarrollasen notablemente su instinto de supervivencia en la
administración; caso, por ejemplo, de Antonio de Ubilla y Medina, al que
sus coetáneos no podían adscribir con seguridad a ninguna facción
cortesana.
245
CAPÍTULO 2
LOS SECRETARIOS DEL DESPACHO
UNIVERSAL
Aunque la historiografía que se ha ocupado del análisis de las distintas
instituciones de la administración central de la Monarquía Hispánica en el
siglo XVII, incluidos los estudios que se han centrado o dedicado bastante
atención a los secretarios de Estado y del Despacho Universal548, ha ofrecido
distintas y variadas informaciones acerca de los individuos que ocuparon el
empleo de secretario del Despacho Universal, no contamos aún,
ciertamente, con una lista completa de éstos549 ni de sus trayectorias.
Una realidad que contrasta con el nivel de conocimientos que
tenemos de las secretarías de Estado y del Despacho del siglo XVIII, que
cuentan con no pocas aproximaciones de carácter institucional y
prosopográfico550. Así pues, en el presente capítulo trataremos de realizar
548 Véase, al respecto, al apartado de bibliografía de la Introducción.
549Es habitual que en los listados de secretarios del Despacho Universal no aparezcan
algunos como Antonio Carnero, Pedro Coloma o Pedro Caetano Fernández del Campo.
550La producción sobre esta temática es tan amplia que debemos conformarnos con reseñar
a continuación algunos de los trabajos más conocidos: Gloria Ángeles FRANCO RUBIO,
“Reformismo institucional y élites administrativas en la España del siglo XVIII: nuevos
oficios, nueva burocracia. La secretaría de Estado y del Despacho de Marina (1721-1808)”,
en Juan Luis CASTELLANO, Jean Pierre DEDIEU y Mª Victoria LÓPEZ-CORDÓN, La
pluma, la mitra y la espada, Madrid, Marcial Pons, 2000, pp. 95-130. Concepción de
CASTRO MONSALVE, “Las secretarías de los Consejos, las de Estado y del Despacho y sus
oficiales durante la primera mitad del siglo XVIII”, Hispania. Revista Española de
Historia, vol. 59, nº 201 (1999), pp. 193-215. Gloria Ángeles FRANCO RUBIO; María
Teresa NAVA RODRÍGUEZ; y María Victoria LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, “Perfiles
socioprofesionales de la burocracia española en el siglo XVIII: las secretarías de Estado y
del Despacho”, en Luis Miguel ENCISO RECIO (coord.), La burguesía española en la Edad
Moderna. Actas del Congreso Internacional celebrado en Madrid y Soria los días 16 a 18
de diciembre de 1991, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996, II, pp. 1009-1034.
Miguel Ángel PÉREZ DE LA CANAL, “Las secretarías de Estado y del Despacho de Gracia y
Justicia de Indias y de Hacienda de Indias (1809-1834)”, Historia, Instituciones,
Documentos, 17 (1990), pp. 183-194. María Teresa NAVA RODRÍGUEZ, “La secretaría de
Hacienda en el Setecientos español: Una aproximación prosopográfica”, en El mundo
hispánico en el Siglo de las Luces, Madrid, Editorial Complutense, 1996, II, pp. 949-966.
María Victoria LOPEZ-CORDÓN CORTEZO, “La Primera Secretaría de Estado: La
247
un primer análisis de los referidos secretarios del Despacho Universal.
Ahora bien, consideramos de justicia indicar que la labor de localización de
los datos consignados en las páginas siguientes ha sido, en ocasiones, muy
ardua y compleja por la excesiva dispersión de la información; de ahí que
algunos perfiles no hayan podido ser reconstruidos con la precisión que
hubiéramos deseado. Aún así, pensamos que tanto las reconstrucciones
biográficas como las conclusiones alcanzadas nos permiten conocer mejor
este empleo, del que nacerían todas aquellas secretarías dieciochescas.
2.1. El perfil de los secretarios del Despacho Universal.
2.1.1. Naturaleza y competencias del empleo
Habida cuenta que la historiografía ha aceptado sin más la hipótesis
planteada por el profesor Escudero López hace ya cuatro décadas, nos ha
parecido conveniente ofrecer una nueva explicación, complementaria de
aquella, sobre el origen de los secretarios del Despacho. Para aquel, el origen
de estos estaría en servir de apoyo burocrático a la labor del valido; es decir,
serían unos secretarios con una mera labor mecánica en sus inicios y que a
lo largo del siglo XVII fueron adquiriendo una relevancia cada vez mayor.
Frente a esta hipótesis, nosotros defendemos un origen vinculado a
los mecanismos de reforzamiento de poder que desarrollaron los validos de
Felipe IV, especialmente el conde-duque de Olivares. Para ello no dudaron
en situar al frente de esta secretaría a individuos pertenecientes a sus
clientelas. Es más, con la introducción de este empleo, el valido, de un
plumazo, no sólo logró incrementar su margen de maniobra sino además
realizar una reforma trascendental en la administración central de la
Monarquía Hispánica. Aunque tímidamente en un principio, éste empleo se
haría finalmente con unas funciones muy importantes. El problema es que
como las adquirió gradualmente, no se ha apreciado con suficiente altura de
miras la importancia de la reforma.
institución, los hombres y su entorno (1714-1833)”, Revista de la Universidad
Complutense, 116 (1979), pp. 15-44. Beatriz BADORREY MARTÍN, Los orígenes del
Ministerio de Asuntos Exteriores (1714-1808), Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores,
1999.
248
Los secretarios irían adquiriendo poco a poco sus competencias. Los
escasos testimonios documentales conservados sobre ello no nos permiten
trazar un panorama preciso de esta evolución; aún así, podemos apuntar
que desde el inicio esas funciones de burócrata pronto se vieron
incrementadas con otras ocupaciones. A modo de ejemplo, el segundo
secretario del Despacho ya estuvo encargado de la bolsa secreta del
monarca; labor que también tendrían sus sucesores.
No se trató pues de una reforma puntual, resultado de una decisión
concreta, sino que sería el resultado de pequeñas y dilatadas atribuciones.
Por ello no ha sido vista como lo que realmente es: la reforma de más alto
calado, importancia y, sobre todo, éxito de todo el siglo XVII español. Tanto
es así que los Borbones no dudaron en apoyarse en este empleo para
promover sus reformas en la administración central. Por tanto, nos
encontramos ante una iniciativa de primer orden que cambia no sólo el
enfoque desde el que debemos observar la secretaría que aquí nos ocupa
sino el propio modo de ejercer el poder el propio valido.
A pesar de que la secretaría del Despacho surgió vinculada a esa
institución del valimiento, a la par se había logrado un mecanismo que
aceleraba significativamente los asuntos de gobierno. Por tanto es lógico que
no se suprimiera aunque ya no estuvieran presentes en la monarquía los
grandes validos. Una desaparición que sumada a otros factores, como la
atomización en partidos de la corte durante el reinado de Carlos II, reforzó
la importancia del empleo. Tanto que no debe sorprendernos que el
marqués de Villars, embajador de Francia en Madrid entre 1679 y 1681,
afirmara que aunque en la corte podían distinguirse dos partidos, uno que
ante la falta de hijos del rey se decantaba por un heredero de la casa de
Austria y otro que apostaba por uno de la casa de Borbón, también debía
considerarse la existencia de un tercer partido, compuesto por un único
individuo, el secretario del Despacho Universal.
2.1.2. Duración en el cargo
Si algo caracteriza a la secretaría del Despacho Universal es el breve periodo
249
que, en la mayor parte de los casos, sus titulares la desempeñaron. Sólo dos
de los nueve secretarios del reinado de Felipe IV superaron los cinco años en
ella, siendo el caso de Jerónimo de Villanueva, que se convertiría en el gran
pilar burocrático de la política del conde-duque, el que más años muestra, ya
que permaneció desde 1627 hasta 1643. Por su parte, Fernando Ruiz de
Contreras, que también superaría un decenio en el cargo, desde 1648 hasta
1660, parece que accedió al Despacho por mediación de Luis de Haro,
sobrino del conde-duque y privado de Felipe IV hasta su fallecimiento en
1661, por lo que nos encontramos posiblemente ante un nuevo caso de
secretario que se mantiene en el cargo por gozar de la confianza del privado
del rey y del propio monarca.
Aún así, en el resto de los casos del reinado del Rey Planeta no
podemos afirmar que la corta permanencia se corresponda con una menor
afinidad con la figura del valido, pues varios de ellos accedieron al cargo con
una edad muy avanzada o simplemente no permanecieron más tiempo
porque fallecerían mientras lo desempeñaban. En este sentido,
probablemente tanto Villanueva como Ruiz de Contreras se encontraron
entre los que más jóvenes accedieron al empleo, pues el primero sólo
contaba con veintitrés años mientras que el segundo no podía tener más de
cincuenta y cinco. Frente a ello, ninguno de los restantes de los que
conocemos fecha de nacimiento (no nos consta la de dos de ellos) accedió
con menos de cincuenta años; contando con casos llamativos como Pedro de
Contreras que tenía unos 67, Andrés de Rozas con unos 74 y Antonio
Carnero con unos 92. No puede sorprendernos, por tanto, que varios de
ellos, como Insausti, Coloma, Carnero u Oyanguren, fallecieran mientras se
ocupaban del Despacho.
Durante el reinado de Carlos II y los primeros años del de Felipe V, la
duración del desempeño de la secretaría se mantuvo también en cifras muy
bajas. En ellos, ocho de los doce secretarios permanecieron menos de un
lustro, siendo Pedro Fernández del Campo quien más años la ejerció seguido
de Antonio de Ubilla; una realidad que parece ir asociada a la importancia
que cobraron, la cual llevaría a que fuera difícil permanecer mucho tiempo
en el Despacho. Reafirma nuestra hipótesis no sólo el que la media de edad
250
no fuera excesivamente alta sino el que sólo unos pocos de ellos murieran
mientras ejercían el empleo.
Igualmente, también primó en estos reinados la experiencia a la hora
de hacer nombramientos, pues ningún titular551 tenía menos de cincuenta
años cuando fueron nombrados, estando la media de edad en torno a los 56
años. No encontramos, en cambio, ningún caso de entrada a una edad muy
avanzada como en el anterior reinado, pues las más altas son los 66 de
Manuel Colona y los 63 de Pedro Fernández del Campo. Dar trámite a los
papeles de la covachuela no sólo era cuestión de disponer de un número
adecuado de oficiales sino, sobre todo, disponer de un secretario ágil mental
y, en la medida de lo posible, físicamente.
2.1.3. Origen y perfil de los secretarios
Consideramos que realizar una clasificación de los secretarios atendiendo a
su lugar de origen, sin duda, podría ofrecernos una falsa impresión. Todos
ellos accedieron al empleo cuando ya formaban parte del aparato
burocrático existente en la corte; por tanto, su lugar de origen, más que
indicarnos posibles preferencias en la designación, nos evidencia el flujo de
individuos pertenecientes a las oligarquías hidalgas de distintos puntos de la
monarquía que, valiéndose de distintas redes de parentesco y clientelares,
habían logrado un puesto en la administración central. Asimismo, los
lugares de origen también nos ponen en la pista del control que ejercían las
familias radicadas en Madrid y de las facilidades que tenían los recién
llegados para acceder a puestos tan destacados. Durante el reinado de Felipe
IV al menos seis de los nueve titulares no nacieron en Madrid; pasando en el
de Carlos II a ser, al menos, cinco de los diez que fueron nombrados; y en el
de Felipe V, los dos designados fueron madrileños.
En cuanto al perfil de los secretarios, durante el reinado de Felipe IV
todos formaban parte de la baja nobleza (hidalgos) y lucían
mayoritariamente el hábito de la orden de Santiago, con la única excepción
Carecemos de fecha de nacimiento para dos de los doce individuos comprendidos en este
551
periodo.
251
de Jerónimo de Villanueva y Luis de Oyanguren que vestían,
respectivamente, los de Alcántara y Calatrava. Durante el reinado de Carlos
II y los inicios del de Felipe V, la situación no cambió sustancialmente
(todos vestían hábito de Santiago excepto Juan de Larrea y Pedro Caetano
Fernández del Campo, que eran caballeros de Calatrava y Alcántara
respectivamente), pero entre los doce titulares encontramos tres casos552 en
los que al acceder poseían un Título de Castilla (dos marqueses y un conde)
y dos553 en los que se obtuvo mientras se desempeñaba (dos marqueses);
tendiendo, además, a concentrarse todos estos casos en las postrimerías del
siglo XVII y comienzos del siguiente. Una realidad que nos está hablando de
la enorme dimensión adquirida por la secretaría ya en aquel entonces.
En lo que respecta al cargo que ejercían con anterioridad al
nombramiento como secretarios del Despacho, la casuística es variada en el
reinado de Felipe IV, aunque casi desde el inicio se trató de vincularlo al
desempeño de una secretaría de Estado. En este sentido, en 1630 se crearía
la secretaría de Estado de España, que estaría por encima de la de Italia y la
del Norte, con la intención de asociarla al Despacho554. La iniciativa acabaría
fracasando, suprimiéndose aquella, pero se convirtió en práctica habitual
que todo secretario del Despacho tuviera en propiedad la secretaría de
Estado de Italia mientras existió la secretaría del Despacho Universal.
Finalmente, consideramos interesante reseñar que aunque ya en el
segundo tercio del siglo XVII comprobamos el caso de alguna concesión de
plaza en el Consejo de Indias a modo de jubilación tras prestar servicios
como secretario de Estado y del Despacho Universal, esta práctica se haría
habitual ya durante el reinado de Carlos II. Todos los secretarios designados
entre 1665 y 1700, a excepción de Juan de Angulo (del que no disponemos
de datos) y de Juan Antonio López de Zárate (que falleció cuando apenas
llevaba unos cinco meses en la secretaría), recibieron el nombramiento
como consejeros del Consejo de Castilla.
552De estos tres títulos (Juan Antonio López de Zárate –marqués de Villanueva-, Pedro
Caetano Fernández del Campo –marqués de Mejorada- y Manuel Coloma –conde de
Canales-), sólo López de Zárate se corresponde con el reinado de Carlos II.
Se trató de Pedro Fernández del Campo, marqués de Mejorada, y de Antonio de Ubilla,
553
marqués de Ribas. Sólo el primero recibió su título durante el reinado de Carlos II.
554 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado..., I, pp. 241 y 244.
252
Cuadro 1
Secretarios del Despacho Universal (1621-1705)
Etapa
Felipe IV Antonio de Aróstegui 1621-1623
Pedro de Contreras 1623-1626
Juan de Insausti 1626-1627
Jerónimo de Villanueva 1627-1643
Andrés de Rozas 1643-1648
Fernando Ruiz de Contreras 1648-1660
Pedro Coloma 1660
Antonio Carnero Trogner 1660-1661
Luis de Oyanguren 1661-1665
Carlos II Blasco de Loyola 1665-1669
Pedro Fernández del Campo 1669-1676
Jerónimo de Eguía y Eguía 1677-1682
José de Veitia y Linaje 1682-1685
Manuel Francisco de Lira y Castillo 1685-1691
Juan de Angulo 1691-1694
Alonso Gaspar Carnero López de Zárate 1694-1695
Juan de Larrea 1695-1697
Juan Antonio López de Zárate 1697-1698
Antonio de Ubilla y Medina 1698-1705
Felipe V Pedro Cayetano Fernández del Campo 1705
2.2. Los secretarios del Despacho. Aproximación prosopográfica
La secretaría del Despacho Universal estaría vigente entre 1621 y 1705, un
dilatado periodo en el que se sucederían al frente de ella un total de veinte
titulares; a los que habría que sumar uno más (el marqués de Canales) que
aunque sólo se ocupó de los asuntos de Guerra sería titular de la secretaría
al mismo tiempo que el marqués de Ribas durante casi un año.
253
2.2.1. Antonio de Aróstegui (1621-1623)
Natural de Padul (Granada), donde fue bautizado el 27 de enero de 1566.
Hijo de Martín Pérez de Aróstegui y de Luisa Suárez Zazo, naturales y
vecinos de Padul. Nieto por línea paterna de Martín Pérez de Aróstegui
Vergara y de Isabel Regidora Basurdo, y por línea materna de Rodrigo Zazo
y de Juana Suárez, todos naturales y vecinos de Granada555.
Siendo muy pequeño se produciría la rebelión de las Alpujarras de
1569, participando su padre en las labores para sofocarla. En agosto de ese
año, “advirtieron los turcos en una casa fuerte grande y principal, que estaba
a la salida del lugar [de Padul] […], de un noble caballero vizcaíno natural de
la villa de Bergara556, llamado Martín Pérez de Aróztegui […], que habiendo
llevado a […] doña Luisa Suárez Zaço, su mujer, hijos y demás familia a la
ciudad de Granada, para más seguridad, como buen caballero, había vuelto,
aunque de acuerdo a la defensa de su patria y casa, muy acaso aquella noche
antes; cogiéndole este asalto de tantos turcos fortalecido en su casa con sola
su escopeta de caza, cuatro de sus criado desapercibidos de armas y tres
moriscos paniaguados, que no teniendo lugar de acogerse al fuerte, se
favoreciendo de ella […]”557.
Fue nombrado secretario del rey el 19 de marzo de 1600 y secretario
de Guerra por título de 12 de marzo de 1606558. Desde allí pasaría en 1610 a
la secretaría de Estado del Norte559. El 2 de agosto de 1611 se acuerda
despacharle título de caballero de Santiago560. Llevaba poco tiempo en ese
cargo cuando en 1612 fue nombrado secretario de Estado de Italia561, aunque
ya desde julio de 1611 se había hecho cargo de los papeles de esta
555 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 645.
556 Aunque su familia procedía de esta villa guipuzcoana, éste había nacido en Padul.
557 Feliciano MARAÑÓN DE MENDOZA, Primera parte del maiorazgo real…, prólogo s.p.
558 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, pp. 230-231.
559José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, p. 425. Título de 1 de abril de
1610.
560 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 645.
561José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 231. Título de 10 de
septiembre de 1612.
254
secretaría562, permaneciendo en ella durante el resto del reinado de Felipe
III. Estuvo presente y dio testimonio en octubre de 1615 del acto de las
entregas de las infantas Ana de Austria e Isabel de Borbón en la isla de los
Faisanes; la primera contrajo matrimonio con Luis XIII de Francia mientras
que la segunda hizo lo propio con el infante Felipe, futuro Felipe IV563.
En 1621, poco después de acceder al trono, Felipe IV llamó a
Aróstegui para que le asistiera en la resolución de consultas y manejo de
papeles, naciendo de este modo las que posteriormente se conocerían como
labores del Despacho Universal564. El 7 de noviembre de 1622 el rey le hizo
merced de plaza en el Consejo de Guerra, no pudiendo gozar de ella durante
mucho tiempo pues falleció el 24 de febrero de 1623. Su cuerpo fue
depositado en San Felipe el Real, estando presente en su entierro el conde
de Olivares, “y entre él y Andrés de Prada llevaron en el cortejo a Martín de
Aróstegui, secretario y hermano del difunto”565. Sus “papeles se le dieron a
Pedro de Contreras con retención de la secretaría de la Cámara”566.
Contrajo matrimonio con Agustina de Urramendi, de la que no
obtuvo descendencia567. Disfrutó la encomienda del Santo Colorio de la
orden de Santiago568. En 1622, Feliciano Marañón de Mendoza le dedicó su
libro Primera parte del Maiorazgo Real de Nuestro Señor Padre Ihesus569.
562 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, Cuadro sinóptico.
563 B.R.A.H., Salazar y Castro, G-29, ff. 58r. y v., y 65r-66r.
564 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los orígenes del Consejo de Ministros…, I, p. 26.
Francisco QUEVEDO VILLEGAS, “Grandes anales de...”, en Obras de don Francisco de
565
Quevedo..., I, p. 216, nota a).
566 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, p. 564.
567 B.R.A.H., Salazar y Castro, X-59, ff. 229r-245v. Impreso.
568 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, p. 542.
569Feliciano MARAÑÓN DE MENDOZA, Primera parte del Maiorazgo Real de Nuestro
Señor Padre Ihesus, Granada, 1622.
255
2.2.2. Pedro de Contreras y Villalobos (1623-1626)
Nació en Huéscar (Granada) hacia 1556570. Hijo de Diego de Contreras,
natural de Cardeñuela, y de Catalina de Villalobos, natural de Sosilla en la
jurisdicción de Aguilar de Campoo (Palencia). Nieto por línea paterna de
Juan de Contreras y de María de Robledo, naturales de Cardeñuela; y por
570 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, p. 320.
256
línea materna de Martín de Villalobos e Isabel Gómez, naturales de
Sosilla571. En 1623 se le hizo merced del hábito de la Orden de Santiago572.
Disfrutó de la encomienda de Fuente del Maestre (actualmente en Badajoz)
de la orden de Santiago573.
Por cédula real de 29 de octubre de 1588, Felipe II dispuso que
tuviese cargo y cuidado de tomar la razón de las facultades que el rey
concediese a grandes, señores, caballeros y otros individuos para imponer
censos sobre los bienes de sus estados y mayorazgos; al igual que de todas
las provisiones y cédulas que hiciese por el Consejo de la Cámara. Con fecha
de 25 de mayo de 1591 se le indicó que tomase razón de todas las mercedes y
satisfacciones de servicios librados por cualquier tribunal de la Corona de
Castilla. El 11 de septiembre de 1596 fue nombrado notario mayor del reino
de Castilla, vacante por la muerte de Pedro Téllez Girón, duque de Osuna. El
25 de agosto de 1602 se le hizo secretario del rey574. Siendo secretario de la
Cámara, fue nombrado para sustituir a Antonio de Aróstegui en el despacho
“el 10 de marzo siguiente [de 1623], con retención de sus oficios, y que
tuviera a su cargo el bolsillo”575.
En 1626, antes de ser nombrado consejero de Indias, se procede a
hacer entrega la secretaría del Despacho Universal a su sucesor Juan de
Insausti576. Se le concedió el 1 de enero de 1627 plaza en el Consejo de
Indias, “teniendo consideración a los muchos y particulares servicios de
Pedro de Contreras, mi secretario, y al celo y desvelo con que los va
continuando con tanta asistencia y cuidado en el Despacho Universal de los
negocios cerca de mi persona”577. Falleció en Madrid el 17 de septiembre de
1637 a los ochenta y un años.
571 B.R.A.H., ms. 9/323, f. 97. A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2067.
572 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2067.
573 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, p. 321.
574 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 256.
Francisco QUEVEDO VILLEGAS, “Grandes anales de...”, en Obras de don Francisco de
575
Quevedo..., I, p. 216, nota a).
576 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 257.
577José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, p. 568. Felipe IV se lo
comunicó con esa fecha al presidente del Consejo de Indias.
257
Contrajo matrimonio con María de Mitarte Vázquez, natural de
Tordesillas (Valladolid). De ella tendría varios hijos. Sebastián Antonio de
Contreras y Mitarte nació el 20 de enero de 1599 en Madrid, siendo
bautizado en la parroquia de San Pedro el Real el 2 de febrero siguiente. Por
cédula de 23 de diciembre de 1621 se le concedió el hábito de la orden de
Santiago “en atención a los méritos de su padre”, al que sucedió en la
secretaría de Cámara y Estado de Castilla, y como tal asistió el 7 de marzo de
1632 a la jura del príncipe Baltasar Carlos. Fallecería el 12 de octubre de
1659578. Por otro lado, Pedro de Contreras Mitarte y Castrillo, nacido
también en Madrid, ingresaría en la orden de Santiago en 1628579.
2.2.3. Juan de Insausti Rodríguez (1626-1627)
Aunque Juan de Insausti afirmaba ser natural de Azcoitia (Guipúzcoa),
nació en la collación de Omnium Sanctorum de la ciudad de Sevilla hacia
1575. Fue hijo natural de Juan Ramos de Insausti, familiar del Santo Oficio,
y de Catalina Ramírez de Celo, que lo tuvieron estando ambos solteros580.
Era nieto por línea paterna de Juan Urmansoro de Insauti y de Estíbaliz de
Insausti; y por línea materna de Pedro Rodríguez de Cela y de Catalina
Ramírez. Su padre no llegó a contraer matrimonio con su madre, a pesar de
haberle dado palabra de matrimonio, dejando a su hijo al cuidado del
canónigo Baltasar del Hierro por temor a los abuelos maternos “que lo
llevaron tan mal cuando lo supieron que quisieron muchas veces matar a su
hija” y hasta a él mismo; debiéndose mudar “de casa y barrio por temor [a]
alguna desgracia”. Cuando el niño tuvo unos seis años se lo llevó a Azcoitia,
578 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, pp. 320-322.
579 R.A.H., Salazar y Castro, 9/323, f. 97r.
580 Francisca Valdés declaró el 29 de marzo de 1623 en Sevilla que Juan de Insausti “nació
en esta ciudad en la barrera de Alvar Negro, en la collación de Onnum Santorun (sic), y sabe
esto porque de quince días nacido, Joan Ramos de Insausti, su padre, vino en casa del
canónigo Baltasar del Hierro, tío de esta declarante, y le dijo ‘un hijo me ha nacido de
Catalina Ramírez de Cela y es menester que os encarguéis de él y se críe con secreto por la
honra de la susodicha, y porque sus padres no lo entendieren y la maten; y ansí (sic) como
tienían (sic) tan estrecha amistad, se encargó del niño y lo crió hasta que fue de cinco o seis
años, que enton[ces] envió su padre por él desde Azcoitia, y se le envió dicho canónigo”.
258
criándolo junto a él y dejándolo como su heredero al fallecer581; de este
modo, Juan de Insausti pasaría a ser señor de la casa de Insausti y patrón de
la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Hernani. Contraería
matrimonio con Catalina de Paredes582.
Juan de Insausti pidió hacia 1612 dispensa por ser hijo natural,
siéndole concedida por la secretaría de la Cámara. Vistió hábito de la orden
militar de Santiago desde abril de 1623583.
Su acceso a la corte tuvo lugar por medio de Juan de Idiáquez, de
quien sería criado584. Fue oficial de la secretaría de Estado, parte de Italia,
desde el 13 de octubre de 1615. El 10 de abril de 1621 fue nombrado
secretario del rey. Por título de 21 de junio de 1624 es designado secretario
del Patronato Real de la Iglesia en la Corona de Castilla585, cubriendo la
vacante que había dejado el fallecimiento de Jorge de Tobar586. A finales de
1626, antes de ser nombrado Pedro de Contreras consejero de Indias el
primer día del año siguiente, se le entrega la secretaría del Despacho
Universal587; sin embargo, estuvo en ella pocos meses, ya que falleció en
Madrid en agosto de 1627588. Está sepultado junto a su mujer y su cuñado,
quien fue obispo de Oviedo, en la iglesia del antiguo convento de agustinas
de Medina del Campo (Valladolid), donde se ubicaron sus esculturas
funerarias; las cuales fueron obra de Luis Fernández de la Vega589.
581A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4097. Al fallecer otro hijo natural que tuvo
Juan Ramos de Insausti, Juan quedaría como único heredero.
582 B.R.A.H., ms. 9/301, f. 233v.
583 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4097.
584Alfonso de OTAZU y José Ramón DÍAZ DE DURANA, El espíritu emprendedor de los
vascos…, p. 532.
585 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 257.
586 José LEÓN SANCHO, Colección de libros españoles raros…, p. 180.
587 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 257.
588 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., p. 352.
589El obispo Bernardo Caballero de Paredes fundó el convento de agustinas (actualmente
carmelitas) de Medina del Campo. En su presbiterio están los sepulcros y esculturas de
Catalina de Paredes y de Juan de Insausti (Germán RAMALLO ASENSIO, “Reactivación del
culto a las reliquias…”, Liño. Revista anual de Historia del Arte, 11 (2005), p. 88).
259
Imagen II.2.1
Esculturas funerarias de Juan de Insausti y su mujer590
2.2.4. Jerónimo de Villanueva (1627-1643)
Nació en Madrid el 24 de marzo de 1594, siendo bautizado en la parroquia
de San Justo el 2 de abril del mismo año. Primogénito de nueve hermanos,
todos madrileños. Hijo de Agustín de Villanueva, natural de Castiliscar
(Zaragoza), y de Ana Díez de Villegas, natural de la montaña santanderina;
emparentada, sin duda, con los Díaz de Villegas de la familia del escritor
Francisco de Quevedo591. Caballero de la orden de Alcántara desde 1639592.
El ascenso en los cargos públicos de la familia Villanueva no está muy
claro pero todo parece indicar que fueron hechuras de los duques de Lerma
y Uceda. En 1594 su padre constaba como secretario del rey, cargo en el que
actuaba en 1598, 1609 y 1613.
590http://www.minube.com/fotos/rincon/628111/3806091 [consultado: 20 de diciembre
de 2011].
591 Carlos PUYOL BUIL, Inquisición y política en el reinado..., p. 11.
592 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1618.
260
Jerónimo estudió, al igual que su hermano Agustín, en el Colegio
Imperial de los Jesuitas que, en aquel tiempo, estaba frecuentado
principalmente por la nobleza. Ingresó el 30 de septiembre de 1606,
formando parte, en ese mismo año y hasta 1610, de la Congregación de la
Anunciata que reunía a los alumnos más virtuosos y distinguidos. Su
religiosidad llevó a pensar a algunos de los padres de la Compañía que
Villanueva iba a ser de la Compañía. No nos consta que llegara a conseguir
ningún grado universitario en Alcalá o en alguna otra universidad de
Castilla. Su formación como funcionario público la adquirió, como era
costumbre en su época, junto a su padre. Jerónimo, siguiendo la tradición
familiar, entró al servicio del rey comenzando por puestos menores en las
secretarías de Aragón y Mallorca. En 1620, cuando contaba 26 años, murió
su padre, sucediéndole en el puesto de protonotario del Consejo de Aragón;
ésta fue su primera promoción política593. Tres meses después de la
enfermedad del rey (1627), Jerónimo de Villanueva, protonotario del
Consejo de Aragón y mano derecha de Olivares, fue puesto al cargo de los
gastos secretos del rey594; lo que supone que comenzó a actuar en el
despacho de papeles, para lo cual recibió el título de secretario del rey el 4 de
enero de 1628. Se encargaría de la secretaría del Despacho hasta 1643595.
Se mostró partidario de la política del conde-duque de Olivares, quien
hizo de él uno de sus principales consejeros596. Actuó de protonotario del
Consejo de Aragón y en la secretaría del Despacho hasta que en 1630 se
produjo el llamamiento al desempeño de la secretaría de Estado de España,
que recibiría el 27 de septiembre indicándose en el título que había “de ser el
primero en orden de los tres” secretarios; a saber, del Norte, de Italia y de
España597.
593 Carlos PUYOL BUIL, Inquisición y política en el reinado..., pp. 10-13.
594 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., p. 355.
595 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 245 y 257.
596 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, III, p. 648.
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 244-245; y II, p.
597
562.
261
El 28 de abril de 1643 se le hizo merced de una plaza supernumeraria
en el Consejo de Indias598, completada el 10 de febrero de 1644 con otra en
la Cámara de Indias. Fue destituido en 1643 de todos sus cargos al caer el
conde-duque de Olivares. Fue preso por la Inquisición el 31 de agosto de del
año siguiente, acusado de participar en el escándalo de las monjas del
convento de San Plácido (1630). Perdería por ello en 1646 sus cargos en el
Consejo de Indias y en la Cámara de Indias, siendo sustituido en esta última
por el secretario Ruiz de Contreras599.
Desde su salida de la cárcel de Toledo en 1647 no regresó a la corte ni
salió de Zaragoza. Falleció en este último lugar a los 59 años de edad el 21 de
julio de 1653, al día siguiente de haber hecho testamento ante Miguel
Antonio Villanueva, notario de número de dicha ciudad600.
2.2.5. Andrés de Rozas (1643-1648)
Andrés Pérez de Rozas y García Núñez, conocido como Andrés de Rozas, era
natural de Valdelacuesta, en la merindad de Cuesta Urria (Burgos); donde
sería bautizado el 25 de noviembre de 1569601. Hijo de Andrés Pérez de
Rozas, natural de Valdelacuesta, y de Magdalena Núñez, natural de Baillo en
la misma merindad. Nieto por línea paterna de Martín Pérez de Rozas,
nacido en Valdelacuesta, y de Isabel Martínez Céspedes, natural de Para; y
por línea materna de Diego García Núñez y de Joana Núñez, naturales de
Baillo. Fue nombrado caballero de la orden de Santiago en diciembre de
1628602.
El 24 de noviembre de 1618 fue nombrado secretario del rey603. El
conde-duque de Olivares sintió mucho la muerte en 1624 de su secretario
Francisco de Elosu y Alviz. Tras ella, procedió a reorganizar su secretaría
598 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 569.
599 Ernesto SCHÄFFER, El Consejo Real y Supremo…, I, p. 343.
600 Carlos PUYOL BUIL, Inquisición y política en el reinado..., p. 647.
601 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 7254, f. 34v.
602 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 1405.
603 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 245.
262
particular, correspondiendole a Andrés de Rozas, que había sido secretario
del arzobispo Acebedo, presidente del Consejo de Castilla, despachar los
asuntos internacionales y los documentos de los consejos de Estado, Italia y
Flandes y “más o menos lo que yo ordenare”604.
Estuvo hasta 1625 en la secretaría de Órdenes, pasando entonces a la
secretaría de Indias. El 27 de noviembre de 1630 fue nombrado en gobierno
secretario de Estado del Norte605. Hacia junio de 1640, por favor del conde-
duque, se le concedió asiento en el consistorio municipal de Murcia. Aún así,
estuvo marginado en los últimos años del valimiento606.
En 1643, tras el destierro de Olivares, accedería a la secretaría del
Despacho. Sin embargo, las muchas ocupaciones de este último empleo
harían que no pudiera hacerse cargo adecuadamente de la del Norte; por
ello se decidió que Jerónimo de Villanueva pasara de los asuntos de España
a los del Norte suprimiéndose el primer negociado. Rozas permanecería en
el Despacho hasta 1648607.
2.2.6. Fernando Ruiz de Contreras (1648-1660)
Nació en Madrid después de 1593. Hijo de Juan Ruiz de Contreras (caballero
de la orden de Santiago y secretario del Consejo de Indias) y de Petronila
Gaitán, ambos naturales de Toledo; que contrajeron matrimonio en Madrid
en febrero de 1593. El 2 de diciembre de 1635 se le hizo merced de hábito de
la orden de Santiago.
Empezó a servir al rey en 1616 en varios puestos y comisiones dentro
y fuera de España608. El 7 de enero de 1622 fue nombrado secretario del
Consejo de Indias, parte de Nueva España; y después lo sería del Perú609.
604 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., p. 326.
605 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 244 y 249.
606 John Huxtable, El conde-duque de Olivares..., pp. 614 y 725.
607 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 245-246 y 257.
608José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 51. A.H.N.,
Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 1885.
Ernesto Schäffer sostiene que estuvo en este cargo hasta 1628 (Ernesto SCHÄFFER, El
609
Consejo Real y Supremo…, I, p. 353), pero Álvarez y Baena afirma que todavía lo
263
Pasó después a ejercer como secretario del Consejo de Guerra, parte de
Tierra610. Con retención de esta última plaza, se le dio el 5 de marzo de 1640
la de ministro del Consejo de Indias de capa y espada611; y la de miembro de
la Cámara de Indias el 13 de enero de 1647612. Tras la caída del conde-duque,
Ruiz de Contreras trató de congraciarse con el nuevo privado del rey, Luis
Méndez de Haro, marqués del Carpio; al que le ofreció sus servicios en
diciembre de 1645613.
Por título de 30 de marzo de 1648614, habiendo restablecido Felipe IV
la secretaría de Estado, parte de España, que se hallaba suprimida, se le
confirió junto con la del Despacho Universal; desempeñando una y otra el
resto de su vida “con gran capacidad y prudencia”. Le correspondería a él
sellar el 10 de diciembre de 1659 las capitulaciones matrimoniales de la
infanta María Teresa de Austria, que se casó con Luis XIV; acompañando a
Felipe IV al año siguiente en la jornada que hizo para la entrega, que tendría
lugar en el Bidasoa615.
Murió en Madrid el 27 de julio de 1660616, siendo enterrado en la
capilla de Santo Domingo Soriano del Colegio de Santo Tomás de Madrid;
de la que había adquirido el patronato en septiembre de 1652. Allí se colocó
una lápida con la siguiente inscripción617:
desempeñaba en 1535 (José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p.
51).
610Se encontraba en ellas en 1637 y 1638 (John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de
Olivares..., pp. 580 y 592).
611 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 51.
612 Ernesto SCHÄFFER, El Consejo Real y Supremo…, I, pp. 342-343.
613 B.R.A.H., Colección Salazar y Castro, K-15, f. 65r.
614 Ernesto SCHÄFFER, El Consejo Real y Supremo…, I, pp. 342-343.
José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, pp. 51-52. B. R.A.H.,
615
Colección Salazar y Castro, A-53, ff. 24r-27v.
616José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 52. Ernesto
SCHÄFFER sostiene que falleció el 17 de julio de 1660 (Ernesto SCHÄFFER, El Consejo
Real y Supremo…, I, pp. 342-343).
617 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 52.
264
D.O.M.
D. FERDINANDUS DE FONSECA RUIZ DE CONTRERAS.
MARCHIO DE LA LAPILLA, JACOBEAE MILITIAE EQUES
EX CONSILIIS BELLI, ET CAMERAE INDIARUM,
AUGUSTISSIMO REGI PHILIPPO QUARTO,
AB STATUS, ET EXPEDITIONIS UNIVERSAE COMMENTARIIS,
ISTUD SACELLUM EXTRUXIT, DOTAVIT,
SUISQUE ORNAVIT SUMPTIBUS,
AD MAJOREM S. DOMINICI DE GUZMAN SORIANI CULTUM,
ET IPSE EJUSQUE UXOR D. MARIA PHILIPPA DE FONSECA.
MARQUIO DE LA LAPILLA,
IBI, SUISQUE SUCCESORIBUS,
HAEREDITARIUM DELEGERUNT SEPULCRUM,
UT CONTINUA MORTIS RECORDATIONE
INTER MORTUS VIVENTES IN TERRIS
MORTUI TANDEM INTER VIVOS IN COELIS DEGERENT.
ANNO A PARTU VIRGINIS M.DC.LVI.
Contrajo matrimonio en dos ocasiones. La primera con María Arrieta
Utoq, natural de París e hija de Esteban de Utoq y de Oportuna de Wde618, y
la segunda con María Felipa de Fonseca, I marquesa de La Lapilla el 14 de
septiembre de 1654. Del primer enlace tendría en 1632 a Juan José Ruiz de
Contreras, caballero de la orden de Santiago desde 1635, así como a Mariana
Ruiz de Contreras, que se casó con Luis Nieto de Silva, vizconde de San
Miguel619.
Andrés Mendo le dedicaría su obra De las Órdenes Militares, de sus
principios, gobierno, privilegios, fechada en Salamanca el 10 de mayo de
1657620. Igualmente, Alonso Núñez de Castro le dedicó la edición de 1658 de
su libro El Cortesano en Madrid.
618 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 7298.
619 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 51.
620 B.R.A.H., ms. 9/336, ff. 90r-92r.
265
2.2.7. Pedro Coloma Novajas (1660)
Natural de Navarrete (La Rioja)621. Hijo de Martín de Santa Coloma,
sargento mayor de infantería en Flandes, y de Ana Novajas Lobo y Castrillo,
natural de Navarrete. Nieto por línea paterna de Pedro de Santa Coloma y de
Isabel Corral de Novajas; y por la materna de Diego de Novajas y de María
Miguel de Bolinaga; todos ellos naturales de Navarrete, excepto Isabel que
621 José de ROXAS Y CONTRERAS, Historia del Colegio Viejo de S. Bartolomé…, p. 444.
266
era de Fuenmayor. Fue caballero de la orden de Santiago desde junio de
1632622.
Accedió a la secretaría de Estado del Norte por título de 3 de
septiembre de 1644, de la cual pasaría a la de Italia en gobierno. Debió
ocupar la secretaría del Despacho muy poco tiempo en 1660 pues su
presencia en ella sólo nos consta por algunos documentos. En el título de
secretario de Estado de Italia de Luis de Oyanguren, expedido en octubre de
1660, se dice que Pedro Coloma, al que remplazaba y que acababa de
fallecer, fue “secretario de Estado de la negociación de Italia y del Despacho
Universal”623.
Contrajo matrimonio con Maríana Escolano, hija de Lapercio
Escolano y de Isabel de Ledesma Diosdado; hermana, asimismo, del
arzobispo de Granada624. De ella tendría a Manuel Coloma y Escolano, que
sería secretario del Despacho de Guerra entre 1703 y 1704.
2.2.8. Antonio Carnero Trogner (1660-1661)
Nació en Bruselas (Flandes) hacia 1568. Hijo de Alonso Carnero, natural de
Madrid, y de Ana Trogner, natural de Amberes. Nieto por línea paterna de
Antonio Carnero y de Inés Suárez, naturales de Madrid; y por línea materna
de Juan de Trogner y de Catalina van der Heiden, naturales de Amberes. Su
padre estuvo destinado en los Países Bajos (Flandes) como contador del
ejército de Flandes de 1584 a 1587 y de nuevo de 1589 a 1595. Se le despachó
hábito de caballero de la orden militar de Santiago el 22 de junio de 1632.
Al haber nacido en Bruselas, Antonio Carnero aprendió
perfectamente francés, siendo, según el Consejo de Estado, uno de los pocos
españoles que vivían en 1639 en Madrid que pudieran hacerlo. Los primeros
años de su carrera secretarial los pasó en los Países Bajos, hasta que lo
llamaron a Madrid en 1621 para ayudar al valido Baltasar de Zúñiga en el
622B.R.A.H., ms. 9/294, f. 285v. José SIMÓN DÍAZ, “Nobilidario riojano”, Berceo, 5 (1947),
p. 600.
623 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 248.
624 B.R.A.H., ms. 9/294, f. 285v.
267
despacho de sus negocios. Cuando éste murió al año siguiente, pasó al
servicio del conde-duque de Olivares (a cuyo padre había servido el suyo),
de quien llegó a ser secretario particular y hombre de confianza. En
concreto, se ocuparía de la correspondencia española y de los asuntos del
Consejo de Guerra, haciéndose cargo de todo lo relativo a los cargos
palaciegos del conde-duque. En diciembre de 1626, el nuncio papal daba
cuenta de que habían nombrado a Carnero ayuda de cámara del rey,
teniendo así acceso a cualquier hora a los aposentos reales, así como de que
iba progresando cada vez más en la privanza del conde-duque625.
Fue nombrado secretario del rey ad honorem el 15 de octubre de
1624. El 5 de octubre de 1625 se hizo cargo de la secretaría de Órdenes. Tras
la muerte del secretario Luis Ortiz de Matienzo sirvió a la vez las secretarías
de Nápoles y Milán626.
El conde-duque adjudicó a Carnero una serie de nombramientos y
prebendas, como por ejemplo un asiento en junio de 1640 en el consistorio
municipal de Madrid, muy necesarios habida cuenta de que tenía once hijos
que mantener de su matrimonio con Ana María López de Zárate627, hija de
su predecesor en la secretaría de Italia. Carnero, a cambio, no escatimaría su
lealtad para con su protector en los años de su desgracia.
Una lealtad que a punto estuvo alguna vez de costarle la vida. El 17 de
julio de 1641, cuando Olivares pasaba revista a las tropas fuera de los muros
de Molina de Aragón, el marqués de Salinas disparó una salva de honor y
una bala fue a parar en la varilla del coche de Olivares y dos de sus
acompañantes fueron heridos levemente por los fragmentos, siendo uno de
ellos el secretario Antonio Carnero. Aunque se indagó no se pudo saber si se
trató o no de un atentado contra el conde-duque.
Demostró una significativa capacidad de supervivencia a pesar de los
estrechos lazos que le unían a Olivares. Cesó como secretario para
correspondencia secreta del rey, pero mantuvo el cargo de secretario de
625John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., pp. 96 y 326. A.H.N., Órdenes
Militares, Santiago, expedientillo 1689.
626 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 249.
627 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Calatrava, exp. 144.
268
gracia del Consejo de Cámara de Castilla que le había concedido aquel en los
últimos días de su ministerio628. Asimismo, el 4 de febrero de 1643, Felipe
IV le concedería el título de secretario de la Cámara y Estado de Castilla para
que pudiera entrar “en el Consejo de ella y decretar […] cartas y memoriales
y otros despachos que en él se proveyeren, trataren, practicaren y
acordaren”629.
Aún así, no olvidó a su valedor. En febrero de 1645, Carnero visitó a
Luis de Haro con la esperanza de obtener una autorización para que
Olivares pudiera acabar sus días en Loeches (Madrid), pues Olivares estaba
entonces desterrado en Toro, donde murió el 22 de julio de de ese mismo
año a los 58 años630.
Desconocemos la fecha exacta en la que se hizo cargo del Despacho,
pero parece que esto ya era así en septiembre de 1660 cuando Felipe IV
ordenó al Consejo de Aragón que entrasen en poder de Carnero los efectos
de los gastos secretos de dicho Consejo sin que se le hiciera cargo631. Cuando
el 12 de octubre de 1660 se le concedió la secretaría de Estado de España, se
indica que era secretario del Despacho Universal y secretario de Cámara de
Estado de Castilla. Falleció en Madrid en 1661, decidiendo el rey que la
secretaría de Estado de España no se proveería; suprimiéndose por real
decreto de 23 de noviembre de 1661632.
2.2.9. Luis de Oyanguren (1661-1665)
Natural de Portugalete (Vizcaya)633. Hijo de Juan Sanz de Oyanguren y de
Beatriz de Natera y Piña. Nieto por línea paterna de Juan de Oyanguren y de
Ana Miguel Ximénez; y por línea materna de Fernán López Delgado,
familiar del Santo Oficio, y de Francisca de Natera y Piña, natural de
628 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., pp. 326, 614, 695 y 725.
629 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 249.
630 J.H. ELLIOT, El conde-duque de Olivares..., pp. 730-731.
631 B.R.A.H., Salazar y Castro, K-17, f. 191r.
632 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 250; y III, p. 655.
633 Juan ANTONIO LLORENTE, Noticias históricas de las tres provincias…, V, p. 502.
269
Gibraltar634. En 1632 se le concedió hábito de la orden militar de
Calatrava635.
Fue nombrado secretario del rey el 27 de junio de 1650. Por título de 1
de agosto de 1650 es nombrado secretario del Consejo de Guerra, parte del
Mar, con 2.000 ducados de sueldo anual. Cesa en ésta el 9 de enero de 1660,
cuando se le da título de secretario de Estado del Norte. Por muerte de
Pedro de Coloma se le nombra secretario de Estado de Italia. Es llamado al
Despacho Universal a finales de 1661, reteniendo la propiedad de la
secretaría de Estado de Italia. Pero se hace necesario proveer esta plaza en
gobierno, por lo que se nombra a Blasco de Loyola. Desde abril de 1662, en
que se divide la secretaría de Estado de Italia en propiedad y gobierno,
Oyanguren se queda con la propiedad hasta octubre de 1665636.
Fue nombrado consejero de Indias, siendo secretario de Estado y del
Despacho, por título de 22 de noviembre de 1662637. Falleció en Madrid el 8
de septiembre de 1665638.
Contrajo matrimonio en 1654 con Alfonsa Jacinta de Vallecilla y
Velasco, natural de Portugalete639. Su hija Alfonsa de Oyanguren contrajo
matrimonio con Antonio de Loyola, primer marqués de La Olmeda, e hijo
del secretario del Despacho Universal Blasco de Loyola y de su mujer Úrsula
Veno de Rey640.
Juan de Ribas le dedicó un opúsculo titulado Defensa de la doctrina
del Angélico Doctor [santo Tomás de Aquino]... diciendo: Bendito y
alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la Inmaculada
Concepción de la Virgen María N.S. concebida sin marcha de pecado
original en el primer instante de su ser, publicado en Madrid en 1663.
634 B.R.A.H., ms. 9/295, f. 242r.
635 A.H.N., Órdenes Militares, Calatrava, expedientillo 10025.
636José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, pp. 248 y 251; y II, p. 521 y
cuadro sinóptico.
637 Ernesto SCHÄFFER, El Consejo Real y Supremo…, I, p. 345.
638 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 262.
639 A.H.N., Órdenes Militares, Casamiento Calatrava, exp. 745.
640 A.H.N., Órdenes Militares, San Juan de Jerusalén, exp. 23464.
270
2.2.10. Blasco de Loyola (1665-1669)
Natural de Navarrete (La Rioja). Hijo de Nicolás Asensio de Loyola y
Catalina de Soria, naturales de Navarrete. Nieto por línea paterna de
Fernando Asensio de Loyola y Magdalena de Sevilla, y por línea materna de
271
Diego de Soria y Catalina Lobo de Castrillo; todos naturales de Navarrete
excepto el abuelo paterno que lo era de Fuenmayor. Oficial del Santo Oficio.
Caballero de la orden de Santiago en 1647641, al igual que comendador de
Villarrubia de Ocaña dicha orden642.
Fue nombrado secretario honorario del rey, sin salario y sin ejercicio
señalado, el 6 de marzo de 1633. Secretario de Estado de Italia en gobierno
en abril de 1662, reteniendo la propiedad de la de Guerra de Tierra. La
muerte de Luis de Oyanguren sólo una semana antes de que el propio Felipe
IV falleciera, facilitó su llegada a la secretaría del Despacho, otorgando el rey
testamento ante él en Madrid el 14 de septiembre de 1665643; siendo
nombrado por su empleo como secretario de la Junta de Gobierno
establecida en el testamento del rey644. El 19 de octubre de ese mismo año se
le hizo merced de la propiedad de la secretaría de Estado de Italia que servía
en gobierno, expidiéndosele título el 9 de diciembre645.
Se le hizo merced de una plaza de capa y espada del Consejo de Indias
el 2 de noviembre de 1665646, aunque continuaría sirviendo en el despacho
de papeles con el rey. Las malas lenguas de Madrid le atribuían una
“excesiva afición al fermentado zumo de las uvas de la meseta central, harto
más reconfortador que las norteñas”647. Falleció en Madrid el 14 de octubre
de 1669648.
641 B.R.A.H., ms. 9/325, f. 9v. A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4658.
642 Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, p. 397.
643José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, II, pp.
335, 424, 516 y 565.
644 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 412.
645 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 263; y II, p. 566.
646 Ernesto SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias…, I, p. 345.
647 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 382.
Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 533. El inventario de los bienes que dejó al
648
morir está estudiado en José Luis BARRIO MOYA, “El hidalgo guipuzcoano Blasco de
Loyola y el inventario de sus bienes (1669)”, Kultura. Cuadernos de cultura Vitoria-
Gasteiz, 10 (1987), pp. 83-90.
272
Contrajo matrimonio con Úrsula Veno de Rey, natural de Madrid, e
hija de Carlos Veno de Rey, repostero de cama de la reina Isabel de
Borbón649. Nacerían de este enlace varios hijos:
1. Fernando Antonio de Loyola y Rey. Por real cédula de 9 de junio de
1664 se le hizo merced de hábito en la orden de Santiago, del que el Consejo
de Órdenes le despachó título el 29 de julio siguiente. Tuvo la encomienda
de Villarrubia en dicha orden. Fue regidor de Madrid y ministro en el
Consejo de Hacienda. Carlos II, por decreto de 2 de marzo de 1683, lo creó
primer marqués de la Olmeda. Se casó con Alfonsa de Oyanguren, natural
de Madrid e hija de Luis de Oyanguren, caballero de Calatrava y secretario
de Estado y del Despacho Universal650.
2. Catalina Teresa de Loyola y Rey. Se casó con Juan de Santelices y
Guevara, colegial mayor de San Ildefonso de Alcalá, nombrado consejero de
Indias en 1668 y de Castilla en 1684, y que falleció en 1699; aunque antes
compraría el señorío de Chiloeches y se titularía en 1692 marqués de dicha
villa651. Catalina Teresa había llevado a su matrimonio una plaza de alcalde
del crimen de la Chancillería de Valladolid, valorada en 10.000 ducados, que
el rey había concedido a Blasco de Loyola, en agradecimiento a sus servicios,
para aquel que se casase con su hija; tomando posesión Santelices de ella
tras celebrarse el matrimonio el 17 de septiembre de 1664. De este enlace
nacerían nueve hijos.
3. Josefa Ángela de Loyola y Rey. Contrajo matrimonio en 1687 con
Isidro Camargo, viudo entonces por dos veces, y que ocupaba el cargo de
consejero de Castilla652.
4. Juana de Loyola y Rey. Se casó con Isidro de Guzmán y Paz,
miembro del Consejo de Castilla e hijo de otro consejero
5. María de Loyola y Rey. Contrajo matrimonio con Juan Antonio
López de Zárate, que sería secretario de Estado y del Despacho Universal653.
649 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4658.
650 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, pp. 61-62.
651 Enrique SORIA MESA, La nobleza en la España Moderna…, p. 132.
652 Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, pp. 66, 89, 284, 287 y 289.
273
2.2.11. Pedro Fernández del Campo (1669-1676), marqués de Mejorada
Natural de Bilbao, donde fue bautizado el 30 de octubre de 1616. Hijo de
Pedro Fernández del Campo, familiar del Santo Oficio y natural de La Llana
en el valle de Tudela, y de María Fernández de Angulo y Velasco, natural de
Santa María en el referido valle de Tudela. Nieto por línea paterna de Pedro
Fernández del Campo, familiar del Santo Oficio, y de María Íñiguez de
Iruega; y por línea materna de Íñigo Fernández de Angulo y de María de
Velasco; todos naturales del valle de Tudela. Se incorporó a la orden de
Santiago en 1649654, llegando a ser caballero Trece de ella655.
El patrimonio de su familia se apoyó básicamente en el comercio y la
agricultura. Fue alcalde de Bilbao, ciudad donde su padre también sería
alcalde y regidor en 1625 y 1626. Se trasladó a Madrid, entrando al servicio
de la administración656. Fue nombrado oficial segundo de la secretaría de
Estado, parte de España, el 1 de julio de 1652 y oficial mayor el 7 de julio de
1659. Secretario de Estado de Italia en gobierno el 18 de agosto de 1662,
recibiría la secretaría de Estado del Norte en propiedad el 19 de octubre de
1665. El 18 de octubre de 1669 es nombrado secretario de Estado parte de
Italia en propiedad, pasando a ejercer el Despacho Universal. El 15 de enero
de 1670, como era habitual en aquellos que se ocupaban de la covachuela,
recibe una plaza de consejero del Consejo de Indias y Junta de Guerra657.
Durante la regencia de Mariana de Austria, con Valenzuela en la
privanza, actuó Fernández del Campo con celo y acomodándose a los deseos
del privado. Tanto es así que la literatura anónima de la época se burlaría
del secretario, criticando su forma de llevar el Despacho, los favores que
recibían sus allegados y el excesivo servilismo que mostraba hacia
Valenzuela.
653 Enrique SORIA MESA, La nobleza en la España Moderna…, pp. 132-133.
654 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2890.
655 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los hombres de la Monarquía Universal…, p. 204.
656 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 412.
657José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, pp. 426, 452, 564-
565 y 568.
274
No obstante, los problemas acabaron llegando. La sumisión de
Fernández del Campo tocó suelo cuando el favorito de la reina pretendió
arrancar a Carlos II un decreto sin guardar la correspondiente legalidad,
proceder al que se opuso el secretario; lo que le valdría un enfrentamiento
con Valenzuela que rechazaba la idea de que antes se procediera a oír el
dictamen o consulta del Consejo de Estado. La reacción del privado fue, al
parecer tan violenta, que Fernández del Campo cayó enfermo dejando de
acudir al despacho, cosa muy extraña en él, durante varios días658.
Por sus problemas de salud solicita al rey, y obtiene, su retiro el 4 de
octubre de 1676, disponiendo el monarca que retuviera la propiedad y
sueldos de consejero del Consejo de Indias y de secretario de Estado de la
parte de Italia659. Falleció el 3 de marzo de 1680660.
Contrajo matrimonio con doña Teresa Salvatierra Blasco y Adanza, de
la que tuvo a Pedro Caetano Fernández del Campo, que sería II marqués de
Mejorada y secretario del Despacho Universal entre enero y julio de 1705661.
658 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la Administración Central española…,
p. 23.
659 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, pp. 572-573. “El Rey.
D. Juan de Morales, Pagador General de mis Reales Consejos o al que adelante lo fuere o
sirviere el dicho oficio. Sabed que habiéndome representado Don Pedro Fernández del
Campo y Angulo, Marqués de Mejorada, caballero del Orden de Santiago, de mi Consejo,
Cámara y Junta de Guerra de el de Indias y mi Secretario de Estado de la negociación de
Italia y de mi Despacho Universal, su falta de salud y que ésta no le permite ni da lugar,
como él quisiera, a poder continuar como siempre lo ha hecho en el trabajo y asistencia tan
precisa de que necesita la dicha ocupación de mi Secretario del Despacho Universal. Y que
así por esta razón y para que no se falte de él, me suplicó tuviere por bien y fuese servido de
mandarle jubilar en dicho empleo. Y atendiendo a su representación he tenido por bien de
venir en ello quedando con entera satisfacción de su persona, servicios y méritos que tendré
presente y a sus hijos para favorecerles, y conservándole como mando se le conserve al
dicho marqués de Mejorada con lo que hoy goza con la plaza que obtiene de mi Consejo de
Cámara y Junta de Guerra de Indias, y que también se le conserve en lo que asimismo goza
y percibe con la propiedad de mi secretaría de la negociación de Italia. Todo lo cual mandé
advertir a mi Consejo de Hacienda por orden mía de veinte de Agosto pasado de este
presente año de mil seiscientos setenta y seis, para ejecutarlo así en la parte que le toca. Y
que todo lo referido sea y se entienda no obstante y sin embargo de las órdenes que hubiere
en contrario y de la última que he mandado dar en veinte y tres de julio próximo pasado
para que no se puedan percibir y gozar sueldos, casas de aposentos, propinas ni luminarias
duplicadas, porque ninguna se ha de entender con el dicho marqués de Mejorada por los
particulares motivos que concurren en este caso”.
660Ernesto SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias…, I, p. 346. Su escultura
funeraria, así como la de su mujer, se conservan actualmente en el Museo Arqueológico
Nacional (véase la Imagen 5 del Anexo de Imágenes).
661 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, p. 246.
275
Compró el señorío de Mejorada, sobre el que se tituló marqués662;
adquiriendo también en diciembre de 1672 los derechos 1º, 2º, 3º y 4º uno
por ciento y el servicio ordinario y extraordinario de esta villa663. En 1671 se
le declaró patrón perpetuo de la capilla mayor del convento de religiosos
descalzos de Nuestro Padre San Agustín extramuros de la villa de Madrid,
pudiendo adornarla con pinturas o alhajas y poner sus armas, letreros e
insignias; procediendo éste a agregar el patronato a su mayorazgo de la casa
y torre del Campo de La Llana664.
Bernardo González Güemez de la Mora le dedicó su obra, editada en
Madrid en 1659, El Secretario. En diez y seis discursos que comprenden a
todo género de Ministros665.
662 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 412.
663 S.N.-A.H.N., Guadalcázar, caja 3, doc. 10.
664 S.N.-A.H.N., Guadalcázar, caja 3, doc. 4.
665José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 377. “Dedicado a
D. Pedro Fernández del Campo, cavallero de la Orden de Santiago, del Consejo de su
Majestad y su Secretario, Oficial Mayor del Despacho Universal”.
276
2.2.12. Jerónimo de Eguía y Grifo (1677-1682)666
Nació en Génova667, siendo bautizado en la iglesia de San Francisco en 1628.
Hijo del capitán Pedro de Eguía, nacido en Milán, y de Catalina Grifo,
natural de Bares en Milán; casados en agosto de 1627. Nieto por línea
paterna de Gerónimo de Eguía, natural de Estella en el reino de Navarra, y
de Francisca Mejía, natural de Jaén; y por línea materna de José Grifo y de
Francisca Brona, nacidos en Bares y Lugano respectivamente. Su padre
había servido como soldado en Milán y Génova, recibiendo del rey a su
vuelta a la península una plaza de oidor en la Cámara de Contos de Navarra,
relevándole de su residencia en dicho reino por ser necesaria su presencia en
Madrid al servicio del monarca. Caballero de la orden de Santiago desde
1664668.
Ejerció como subalterno en la secretaría de Estado, negociación del
Norte, desde 1648. Fue nombrado oficial tercero de la secretaría de Estado
del Norte el 12 de noviembre de 1660. Secretario del rey el 15 de septiembre
de 1662. Asciende a oficial segundo de número de la secretaría de Estado del
Norte el 17 de agosto de 1666 y a oficial segundo el 28 de febrero de 1670. El
11 de febrero de 1674 es nombrado para que sirviese en gobierno la
secretaría de Justicia de la Cámara, reteniendo en propiedad la de Órdenes,
que desempeñaba.
Sustituyó en el Despacho Universal a Pedro Fernández del Campo en
los primeros meses de 1677, pero ya le venía remplazando en sus ausencias y
enfermedades desde al menos el año anterior669. Aún más, nos consta que
en 1664 ejercía como oficial de la secretaría de Estado parte de Flandes con
666 Contamos con una tesis doctoral que se centra en la trayectoria personal y, más
concretamente, en la biblioteca de Jerónimo de Eguía y Eguía, hijo de este secretario del
Despacho Universal. A ella nos remitimos si se desea conocer con más profundidad la
historia familiar (Almudena TORREGO CASADO, Una biblioteca nobiliaria madrileña del
siglo XVII: Don Jerónimo de Eguía y Eguía, primer marqués de Narros. Madrid,
Universidad Complutense, 2011. Tesis Doctoral)
667 Sus progenitores estaban allí de paso sirviendo al rey.
668 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2582.
669José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, I, p. 270;
y II, pp. 271, 423, 451-452 y 564.
277
asistencia al Despacho Universal670. A diferencia de sus predecesores, llegó a
esta secretaría sin provenir de una de las de Estado671; siendo nombrado
secretario de Estado, en abstracto, el 26 de septiembre de 1677.
Fue nombrado consejero de Indias el 16 de marzo de 1680, y
miembro de su Cámara el 27 de ese mismo mes; sin embargo, desempeñaría
las labores del Despacho hasta su fallecimiento el 5 de abril de 1682672.
Contrajo matrimonio con doña María Luisa de Eguía673, nacida en
Iraeta en la jurisdicción guipuzcoana de Aizarna. De ella tuvo a Jerónimo
Francisco de Eguía y Eguía, nacido el 2 de enero de 1658, el cual también se
cruzó caballero de Santiago en 1664674.
2.2.13. José de Veitia y Linaje (1682-1685)
Nació en Burgos, siendo bautizado el 12 de enero de 1623. Hijo de Pedro de
Veitia, natural de Cortézubi en la jurisdicción de Guernica en Vizcaya, y de
María Alonso de Linaje. Nieto por línea paterna de Santiago de Gasteategui
y de Gracia de Zabala, naturales de Cortézubi; y por línea materna de Lucas
Alonso de Linaje y de Casilda Ruiz, naturales de la merindad de Bureba.
Caballero Santiago desde 1668675.
En 1636, por mediación del arcediano de Bribiesca, pasó a Oñate a
ampliar estudio, aunque no conseguiría título académico alguno. En 1641 se
trasladaría a Sevilla, donde por su talento sería colocado tres años después
en la aduana. Dos años más tarde, ya casado con Tomasa Teresa Murillo,
sobrina del pintor Bartolomé Esteban Murillo, ascendió al almojarifazgo. En
1659 sería designado tesorero y juez oficial de la Casa de la Contratación676.
670 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2582.
671 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, I, p. 271.
672 Ernesto SCHÄFER, El Consejo Real y Supremo de las Indias…, I, p. 347.
673 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, pp. 339-340.
674 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2579.
675 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 945.
676María del Carmen BORREGO PLÁ, “Don José de Veitia y la Universidad de Mareantes”,
en Fernando NAVARRO ANTOLÍN (coord.), Orbis Incognitus. Avisos y legajos…, I, pp.
294-295.
278
Fue nombrado oidor y superintendente de la Casa de la Moneda de la Puebla
de los Ángeles (Nueva España). Después recibiría del rey el cargo de juez,
oficial y tesorero del Consejo de Su Majestad y secretario en los negocios de
Nueva España677. En 1671 era tesorero de la Casa de Contratación. Además,
fue uno de los cuatro ministros, en representación del Consejo de Indias,
que formaron parte de la Real y General Junta de Comercio creada por real
decreto de 29 de enero de 1679678.
Era secretario del Consejo de Indias cuando con el apoyo del duque
de Medinaceli sustituyó en abril de 1682 en la secretaría del Despacho
Universal a Jerónimo de Eguía679. Ocupando ya esta secretaría, fue
distinguido el 7 de abril de 1682 con el título honorífico de secretario de
Estado “con todos los honores, preeminencias, prerrogativas, gajes y demás
emolumentos que corresponden y gozan los demás”. El 21 de octubre de
1682 se le hizo merced de una plaza en el Consejo, Cámara y Junta de
Guerra de Indias “como la han tenido los demás Secretarios del Despacho
sus antecesores”.
No le faltarían detractores durante su etapa al frente del Despacho,
como por ejemplo aquel que desde Cádiz remitió a Carlos II un memorial
anónimo en el que se pedía “un buen secretario del Despacho Universal,
cristiano y capaz y desinteresado, porque de las circunferencia de este sujeto
que hay hoy salen viciadas todas las resoluciones, de que es buen testigo
vuestra majestad, pues no se ha experimentado cosa buena después que
entró a ejercer este empleo”.
La caída de Medinaceli, que era su patrono, llevó también a Veitia a
solicitar, aduciendo falta de salud, en abril de 1685 la jubilación en los
asuntos del Despacho, accediendo el rey a ello por real decreto de 10 de
mayo680; situando el conde de Oropesa en su lugar a Manuel de Lira681.
677Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana…, LXVII, p. 571. Voz “Veitia
Linaje, José de”.
678 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, pp. 123 y 213.
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, I, p. 271.
679
Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 586.
680 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, I, p. 272;
y II, pp. 350, 421 y 569..
681 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 586.
279
Como compensación por sus servicios, se le expediría “cédula secreta
haciendo merced para doña Francisca, su hija, de la alcaidía del Miembro de
la Dehesa, del Rincón de Almorchón en la orden de Alcántara”682. Falleció
Veitia en Madrid el 20 de julio de 1688683.
En 1672, cuando era un destacado funcionario de la Casa de la
Contratación de Sevilla, daría a la imprenta en Sevilla, con el título Norte de
la Contratación de las Indias Occidentales, el primer estudio sistemático de
la travesía atlántica684. La primera parte trata de lo relativo al derecho
político y judicial, y la segunda al ejército y marina; incluyendo además,
entre otros, noticias sobre plata y oro y sobre casas de moneda y sus
ordenanzas685. Gozó este libro de notable éxito, siendo traducido al ingés
por Juan Stevens con el título de The Spanish rule of trade to the West-
Indies (London, Printed for Samuel Crouch, 1702).
2.2.14. Manuel Francisco de Lira (1685-1691)
Nació en Madrid, siendo bautizado en la parroquia de San Justo y Pastor el
12 de abril de 1631. Hijo de Juan de Lira (caballero de Santiago desde 1639,
acemilero mayor de los reyes Felipe III y Felipe IV, pagador general de
Flandes y del Consejo de Su Majestad en el Tribunal de Cuentas de Madrid),
bautizado en la misma parroquia que su hijo el 27 de mayo de 1587, y de
Felipa del Castillo Sigoney, cristianada en la parroquia madrileña de San
Martín el 12 de noviembre de 1591. Caballero de Santiago desde 1677. Tuvo
un hermano de padre y madre llamado Francisco de Lira, que había
ingresado en la misma orden en 1644686.
682José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, II, p.
573.
683María del Carmen BORREGO PLÁ, “Don José de Veitia y la Universidad de Mareantes”,
en Fernando NAVARRO ANTOLÍN (coord.), Orbis Incognitus. Avisos y legajos…, I, p. 295.
684 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 123.
685Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana…, LXVII, p. 571. Voz “Veitia
Linaje, José de”.
686 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4884.
280
Sus abuelos paternos fueron Pedro de Lira, teniente de acemilero
mayor de Felipe II, natural de la villa de Liera, en Flandes, y de doña
Catalina de Huidobro, natural de Arroyo, en el valle de Valdivieso.
Siguió la carrera militar, sirviendo después como embajador de
España en la república de Holanda, donde firmaría en diciembre de 1672 la
Liga que se hizo contra Francia. En agosto del año siguiente asistió, en
calidad de enviado extraordinario, en La Haya a la alianza que se hizo con
los Estados Generales de las Provincias Unidas.
De regreso en España, se le nombró en 1679 secretario de Estado de
la parte de Italia en gobierno, jurando el empleo en el Consejo de Estado el
28 de noviembre del mismo año, con gran concurso de ministros y
nobleza687; ocupándose de la secretaría del Despacho Universal a partir de
mediados de julio de 1685. Aunque el conde de Oropesa pretendió
inicialmente colocar a Manuel Coloma en este empleo, finalmente hubo de
conformarse con Lira. Las coplillas populares se harían eco de estos
manejos:
Los alegres quieren Lira,
los bebedores, Botello,
los espléndidos, Coloma,
los comedores, Carnero.
[A Lira:]
En su covachuela trata
de que le crean profundo
tanto a su aliño se ata
que para enmendar el mundo
tiene tinteros de plata.
En cualquier caso, junto a estas sátiras populares, contamos con
testimonios que nos hablan de las capacidades de Lira. El embajador de
687 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, pp. 161-162.
281
Venecia, Foscarini, diría de él que “es hombre de gran corazón, finísimo
entendimiento, vivaz y ardido espíritu, pero muy independiente, desdeñoso
con los demás y hasta rayano en la insolencia. Habla varios idiomas, conoce
bien la política exterior, singularmente la del Norte, como quizá ningún otro
español. Tiene en poco los asuntos de Italia y desprecia los de Roma, a la
que opina se ha de tratar con enérgica superioridad”. Igualmente, otro
testimonio coetáneo sostiene que “es hombre de grande alma, noble
entendimiento, bizarros espíritus y condición generosa; sabe lo que os debe
y si no pierde su ser no puede ser ingrato; nada antepondrá a vuestro gusto
si no fuere su honra; él se conoce superior a su esfera y por más que procura
en su trato, con desenvoltura discreta y libertad segura, disimular la
elevación de sus pensamientos, acomodándose alguna vez a familiaridades
propias y conversaciones desiguales, no vale tanto este artificio como las
infalibles señas que han explicado la grandeza de sus deseos; las mercedes
que fueron crecida satisfacción para sus antecesores han sido para él
desagradables”688.
Como tal secretario del Despacho, acompañó en 1690 al rey en su
viaje a Valladolid para recibir a la reina Mariana de Neoburgo689; un enlace
del que él se mostró partidario tras fallecer la reina María Luisa de
Orleans690.
En 1691, por problemas relacionados con el gobierno de Flandes, que
tenía su amigo el marqués de Gaztañaga691, se vio precisado a hacer dejación
de su empleo aduciendo problemas de vista692. El rey admitió la dimisión a
688 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 272-274.
689 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, pp. 161-162.
690 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 274.
691Incide en esta misma línea de que su retiro se debió a problemas sobre la política en los
Países Bajos también Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 589.
692La carta de renuncia que puso en manos de Carlos II decía lo siguiente: “Señor. Cuarenta
años he servido a Vuestra Majestad con desperdicio de mi hacienda y de mi sangre.
Sacóseme de la profesión militar a la política de las embajadas, y de ésta a la del ministerio
en los empleos de secretario de Estado y del Despacho Universal, en que he continuado con
el celo y desinterés de que tengo en Vuestra Majestad mismo el más auténtico y más
autorizado testimonio. De resultas de mis heridas me ha faltado enteramente la vista; y
aumentándoseme otros accidentes ya habituales y repetidos, que necesitan de larga y
dudosa curación; no es culpa sino mérito mi propia inutilidad, que me obliga con violencia
a representar a Vuestra Majestad con respeto y dolor profundo, para no quedar con el cargo
de querer proseguir en los que por falta de mi salud no soy ya capaz de ejercer, que es la
282
comienzos del mes de junio, dándole plaza el 19 de junio de 1691693 en el
Consejo y Cámara de las Indias, la que disfrutó muy poco; pues su salud
empeoró y murió a los pocos días.
Se casó con doña Jerónima de la Torres, la cual fallecería en Madrid
el 3 de febrero de 1708, siendo enterrada en la bóveda de la Casa del Espíritu
Santo de Clérigos Menores694.
En el tomo II, páginas 9 a 120, de la obra Mémoires et considérations
sur le commerce et les finances d’Espagne, impresa en Ámsterdam en 1761,
se halla traducida al francés una consulta que Lira redactó acerca del
comercio con las Indias. Un documento que sería traducido al español
décadas más tarde e incluido por Juan Sempere y Guarinos en el cuarto
volumen de su Biblioteca Española Económico-Política (1821).
2.2.15. Juan de Angulo (1691-1694)
Caballero de Santiago695. La marcha de Lira del Despacho en junio de 1691
planteó un problema para encontrarle sucesor. El rey decidió dilatar la
elección de un nuevo titular por hallarse intrigando diversos personajes
acerca de quién debían ser el elegido. La reina quería que el elegido fuese o
Pedro Coloma, hábil pero con una intolerable presunción y sobrada vanidad,
o Alonso Carnero, que aunque no reunía todas las cualidades que requería el
empleo difícilmente se hallaría alguien con tantas como él en las secretarías.
No obstante, finalmente el conde de Oropesa logró que Carlos II antepusiese
a Juan de Angulo, con la idea de que en la secretaría estuviese un hombre
obediente y sumiso (había sido paje del padre del conde); lo que le costó que
la reina convenciese a su marido para que mandase retirarse de la corte a
última fineza que en servicio de Vuestra Majestad puede dar de sí y mi obsequioso
reconocimiento. Espero de la suma justificación y grandeza de Vuestra Majestad que reciba
benignamente este sacrificio de mi amor y fidelidad, doliéndose del estado en que quedo,
cargado de servicios, de obligaciones y de accidentes. Nuestro Señor guarde la C.R. persona
de Vuestra Majestad, etc” (José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…,
III, p. 162).
693 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 274.
694 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, pp. 7-10.
695 Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, p. 284.
283
Oropesa. Aún así, los malos informes que el rey tenía de Coloma hacían
complicada su elección, por lo que la Neoburgo optó por apoyar la
candidatura de Angulo; que sería el designado finalmente.
Juan de Angulo, que había ejercido hasta entonces como oficial
primero de la covachuela, recibiría en septiembre la merced del título de
secretario de Estado, cesando en la secretaría de Nápoles. De este modo, se
hizo cargo de los papeles del Despacho hasta marzo de 1694696, en el que
fallecería697.
Al parecer, las aptitudes que mostraba no eran precisamente las más
idóneas para el ejercicio de un empleo de tamaña importancia; sin embargo,
su nivel de sumisión a la voluntad del monarca y su falta de espíritu serían
elementos fundamentales para explicar su dilatada presencia en el
Despacho. Carlos II se encontraba cómodo con alguien que jamás
contravenía sus mandamientos y que, incluso, toleraba pacientemente todos
los títulos que el rey le llamaba para divertirse como “mi macho, mi
mulo”698.
Contrajo matrimonio con Manuela de Albizu Villamayor, hija de
Matías de Albizu y Chávarri, caballero de Calatravar, y de Catalina de
Villamayor, hermana del I marqués de Villamayor. De este matrimonio
tuvieron a Francisca de Angulo, que contrajo matrimonio con Andrés
Medrano, conde de Torrubia; a María de las Nieves de Angulo, que casó con
Andrés de Dóriga; a Lorenza de Angulo; y a Catalina de Angulo699. Francisca
aportó como dote en 1693 a Andrés de Medrano 548.229 reales, dándole él
60.000 reales de arras; una cantidad que en 1701 la dote de su hermana
Catalina no pudo igualar, quedando en 350.000 reales aproximadamente,
cantidad por la que Lorenzo Mateu Villamayor entregó 88.000 reales de
arras700.
696José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 274-275; y IV, p.
1088.
697Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, p. 384.
698 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 274-275.
699 Luis de SALAZAR Y CASTRO, Historia genealógica de la Casa de Lara…, III, p. 399.
700 Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, p. 284.
284
2.2.16. Alonso Gaspar Carnero López de Zárate (1694-1695)
Nació en Madrid el 22 de abril de 1634, siendo bautizado en la parroquia de
San Martín. Hijo de Antonio Carnero (caballero de la orden de Santiago, del
Consejo y secretario de Estado de Felipe IV), natural de Bruselas (aunque
sus padres y abuelos lo eran de la villa de Madrid), y de doña Ana María
López de Zárate, natural de Madrid701. Por real decreto de 22 de diciembre
de 1652 le hizo Felipe IV merced del hábito de Santiago; siendo armado
caballero de dicha orden el 9 de octubre del año siguiente en el monasterio
de la Concepción Francisca por el marqués de Leganés. Señor de Chapinería
y regidor perpetuo de Ávila.
Poco después de acceder su padre a la secretaría de Estado de España
fue nombrado oficial segundo de la secretaría de Estado de España por título
de 15 de noviembre de 1660. Nombrado secretario del rey el 23 de febrero de
1674, cuando ya era oficial mayor de la secretaría de Estado parte del
Norte702. En 1679, por muerte de Miguel Iturrieta, fue designado secretario
de Estado y Guerra de los Estados de Flandes; y, desde 1682, sería veedor
general de los ejércitos de Flandes. En 1689, de nuevo en la península,
autorizó, como secretario de Estado y Notario Mayor, las entregas del
cadáver de la reina María Luisa de Orleans.
En 1691, por jubilación de Manuel Francisco de Lira, fue nombrado
secretario de Estado de la parte de Italia; y en 1694 pasó a desempeñar la del
Despacho Universal, que sólo sirvió un año por haber pedido su retiro703.
Con anterioridad, la había servido en distintas ocasiones por las
enfermedades de Lira. Al parecer, superaba en cultura de espíritu e
independencia a su predecesor “por su conocimiento de personas, lenguas y
cosas extranjeras”. Se mostró inicialmente afecto a la reina y al Elector704.
701 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 1572.
702 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, pp. 266-267.
703 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, pp. 65-66.
704 Antonio MAURA Y GAMAZO, Vida y reinado de Carlos II…, p. 422.
285
Aún así, no pudo evitar que la Neoburgo lograra en enero de 1695 su
destitución del Despacho Universal705.
La mediación del confesor del rey permitió que su retiro no le fuera
desfavorable706, pues se le permitió conservar los goces y sueldo de
secretario de Estado, derogando cualquier incompatibilidad de sueldos en
junio de 1695707, del mismo modo que se le concedió el 6 de julio una plaza
de ministro del Consejo de Indias y en su Cámara y Juntas708; donde llegaría
a ser decano. Falleció en Madrid en abril de 1721.
Contrajo matrimonio en primeras nupcias con María Teresa de la
Nueva, natural de Flandes, y en segundas con Mariana de Acuña, hija del
primer marqués de Escalona y viuda del marqués de Vallecerrato; pero, al
parecer, murió sin dejar sucesión. Falleció en Madrid en abril de 1721709.
Probablemente, Alonso Carnero es el secretario del Despacho al que
más atención prestó la sátira y crítica, tanto de intelectuales como del
pueblo en general, en las postrimerías del siglo XVII. Un anónimo redactaría
unos decretos del rey en el que de manera paródica se daban diversos
detalles del proceso de elaboración normativa. Se muestra a un secretario
sumiso y doblegado siguiendo las indicaciones del monarca mientras
decreta el cese de personajes tan destacados como Manuel Arias, presidente
del Consejo de Castillo710.
705 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, p. 607.
706 Antonio MAURA Y GAMAZO, Vida y reinado de Carlos II…, pp. 431, 438-441 y 450.
707 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, II, p.
561. “Por cuanto atendiendo a los servicios y méritos de D. Alonso Carnero, ejecutados en
diferentes empleos y últimamente en los de Secretario de Estado y Despacho Universal, a
imitación de su padre que obtuvo los mismos puestos, de que me hallo con entera
satisfacción, he venido por orden mía de dos del presente mes de julio en que se le conserve
todo el goce de Secretario de Estado en las mismas partes y efectos que hoy le tiene,
dispensando (como dispenso) cualesquier ordenes que se opongan al goce de sueldos o
salarios duplicados, que derogo para en este caso…”.
708José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado y del Despacho…, II, p.
568.
709 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, pp. 65-66.
710 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la Administración Central…, p. 25.
286
2.2.17. Juan de Larrea (1695-1697)
Nació en Argomániz (Álava), siendo bautizado en la parroquia de San
Andrés el 26 de febrero de 1642. Hijo de Juan Pérez de Henayo, natural de
la villa alavesa de Alegría, y de Mariana de Larrea, natural de Argomániz.
Nieto por línea paterna de Diego Pérez de Henayo y de Ana Díaz de Otazu,
naturales de Alegría; y por línea materna de Francisco de Larrea, natural de
Zornoza (Vizcaya), y de Clara de Larrea, de Argomániz. Caballero de
Calatrava desde 1667711.
La reina gobernadora, doña Mariana de Austria, por real decreto de
21 de febrero de 1675 le concedió el grado de secretario ad honorem. El 14
de agosto de 1686 se le expidió el título de secretario del rey sin salario. Por
título de 1 de agosto de 1681 fue nombrado oficial segundo de la secretaría
de Estado, parte del norte; ascendiendo por título de 29 de octubre de 1683
a la oficialía mayor de esta secretaría. En marzo de 1691 fue nombrado
secretario del Consejo de Indias, parte de Nueva España. El 13 de octubre de
1694 es nombrado secretario de Guerra de la parte del Mar en gobierno,
conservando la propiedad de la de Indias712. Actuaba como primer oficial de
la secretaría del Despacho Universal cuando Alonso Carnero cesó en enero
de 1695 de su cargo de secretario de la covachuela, desempeñándola
interinamente hasta que en el mes de junio Carlos II lo confirmó en el
empleo713 y lo nombró secretario de Estado. Anteriormente ya había tenido
ocasión de participar en el Despacho, pues en las indisposiciones de Carnero
y Angulo, siendo secretario del Consejo de Indias, se ocupó de los asuntos
que en ella se resolvían714. Su valedor para obtener el cargo sería el
Almirante de Castilla715.
711 A.H.N., Órdenes Militares, Calatrava, exp. 1361.
712 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I,p. 277; y II, p. 562.
713 Antonio MAURA Y GAMAZO, Vida y reinado de Carlos II…, p. 450.
714 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 277; y II, p. 349.
715 Antonio MAURA Y GAMAZO, Vida y reinado de Carlos II…, p. 450.
287
Nombrado consejero de Indias el 18 de abril de 1697716. Al cesar como
secretario del Despacho en agosto de 1697, Carlos II le permite conservar los
goces y sueldo de secretario717. Falleció hacia 1713718.
Contrajo primeras nupcias en 1672 con María Antonia Solerana719 y
segundo matrimonio con Teresa Mudarra y Herrera, que falleció el 15 de
octubre de 1726. Fue patrón y fundador del convento de religiosos
carmelitas descalzos de San Juan Bautista que estableció en la merindad de
Zornoza720.
2.2.18. Juan Antonio López de Zárate (1697-1698), marqués de Villanueva
Nació en Madrid el 10 de mayo de 1646721. Hijo de Íñigo López de Zárate
(secretario del Consejo de Italia parte de Nápoles) y de María Álvarez de
Medina, ambos naturales de Madrid. Nieto por línea paterna de Juan López
de Zárate, natural de Navarrete (La Rioja) y de Juana Balaguer, natural de
Casarrubios del Monte (Toledo); y por línea materna de Juan Álvarez
(regidor de Madrid), vecino de la villa de San Félix en las montañas de León,
y de Melchora de Medina, natural de Madrid722. Felipe IV, por cédula de 10
de noviembre de 1648, le hizo merced a su padre de un hábito de Santiago
para su hijo mayor, que era don Juan Antonio, pero no lo vistió hasta el día
9 de octubre de 1653, en que el marqués de Leganés le armó caballero en el
convento de la Concepción Franciscana. Disfrutó de la encomienda mayor
de El Acebuchal en dicha orden de Santiago723. Fue el primer marqués de
716 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 569.
717José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 531. “Por cuanto
atendiendo a los servicios y méritos de D. Juan de Larrea, ejecutados en diferentes empleos
y últimamente en los de Secretario de Estado y del Despacho Universal, de que me hallo con
entera satisfacción, he venido por orden mía de trece de agosto de este año en que se le
continúe el goce todo de Secretario de Estado en las mismas partes y efectos que hoy le
tiene, dispensando cualesquier ordenes que se opongan al goce de sueldos o salarios
duplicados que derogo para en este caso”.
718 F.S.S., Fondo Larrea, caja 11, exp. 20.
719 F.S.S., Fondo Larrea, caja 4, exp. 26.
720 F.S.S., Fondo Larrea, caja 4, exp. 13, doc. 3.
721 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, p. 268.
722 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4619.
723 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, pp. 268-269.
288
Villanueva de la Sagra gracias a la merced que Carlos II le hizo en 1686
como recompensa a sus servicios. El título recayó sobre el señorío de
Nominchal, cuya jurisdicción había adquirido el año anterior “vendiendo un
regimiento que tenía en Madrid” y al que cambió el nombre por el de
Villanueva de la Sagra.
Sirvió desde 1661 en las secretarías de Milán, Sicilia y Nápoles en el
Consejo de Italia. Nombrado secretario de Guerra parte de Tierra en
gobierno, conservando la propiedad de la secretaría de Nápoles, el 5 de
febrero de 1676. Secretario de Estado de Italia en gobierno por merced
concedida en septiembre de 1694, siéndole expedido el título de 12 de
octubre. En julio de 1695 accedió en propiedad a esta secretaría, que sirvió
hasta que en agosto de 1697 se le dio la secretaría del Despacho Universal,
aunque con retención de la propiedad de la de Italia724.
Falleció en Madrid el 8 de febrero de 1698 y fue sepultado en la
capilla de la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Instituyó por
heredera de sus bienes a María de Loyola y Rey (hija del secretario del
Despacho Blasco de Loyola), su mujer, por no tener hijos, y del título de
marqués a su hermano Ignacio López de Zárate725. Tuvo, asimismo, otros
dos hermanos: Francisco Manuel López de Zárate, caballero de Santiago en
1666, gentilhombre de la boca del rey, administrador de las reales rentas en
Badajoz y gobernador de Llerena; y María Teresa López de Zárate, mujer de
Gaspar Girón Venegas, comendador de Pozorrubio, aposentador mayor del
rey y gentilhombre de la Cámara del Emperador726.
2.2.19. Antonio de Ubilla y Medina (1698-1705), marqués de Ribas
La inclusión de Antonio de Ubilla y Medina, que ocupó la secretaría del
Despacho Universal desde enero de 1698 hasta igual mes de 1705, en esta
relación obedece a nuestro deseo de presentar un listado completo. No
José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, pp. 387, 521, 560-561,
724
565 y 521; y IV, p. 1088.
725 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, p. 269.
726 Enrique SORIA MESA, La nobleza en la España Moderna…, pp. 133-134.
289
obstante, no desarrollaremos aquí su perfil biográfico, pues éste puede
consultarse por extenso en la primera parte de esta tesis.
2.2.20. Manuel de Coloma y Escolano (1703-1704), marqués de Canales
A pesar de que este individuo no sería, sensu stricto, secretario del
Despacho Universal, pues sólo se ocupó de los asuntos de Guerra,
consideramos de utilidad su inclusión en esta relación. Entre septiembre de
1703 y agosto de 1704, aunque la secretaría no se dividió legalmente, sus
asuntos sí se distribuyeron de hecho entre Coloma y el marqués de Ribas;
haciendo posible que hubiera dos secretarios del Despacho para atenderla.
Nació en Madrid en 1637, siendo bautizado en la parroquia de San
Martín727. Hijo de Pedro Coloma Novajas (miembro del Consejo, Cámara y
Junta de Guerra de Indias; y secretario de Estado y del Despacho Universal),
natural de Navarrete, y de María Escolano, natural de Longares en el reino
de Aragón728. Caballero de la orden de Santiago desde 1653729. Heredó el
título de marqués de Canales, creado por Carlos II en 1680, de su primer
titular, su hermano mayor Pedro Coloma y Escolano730.
Fue recibido como colegial en el Colegio de San Bartolomé de la
Universidad de Salamanca el 27 de mayo de 1660. En 1661 recibió una plaza
de hidalgo de la Chancillería de Valladolid, que dejó por una de oidor en la
de Granada. De esta última fue promovido a la fiscalía del Consejo de
Guerra y poco después a una plaza en el Consejo de Órdenes. Pasó después a
servir en el Consejo de Castilla, donde se encontraba cuando Carlos II lo
envió como embajador a Génova; pasando a continuación a la de Holanda.
Concluida esta embajada, se le destinó a la de Inglaterra haciéndolo
Consejero de Estado y gentilhombre de la Cámara con entrada731.
727 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2012.
728 José de ROXAS Y CONTRERAS, Historia del Colegio Viejo de S. Bartolomé…, p. 444.
729 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 2012.
730 Concepción de CASTRO MONSALVE, A la sombra de Felipe V…, p. 71.
José de ROXAS Y CONTRERAS, Historia del Colegio Viejo de S. Bartolomé…, pp. 444-
731
445.
290
Encargado de los asuntos de guerra de la secretaría del Despacho
Universal, por mediación de Jean Orry, desde septiembre de 1703 y hasta
agosto de 1704. Al ser cesado se le dio una plaza en el Consejo de Estado732.
Falleció en Madrid el 21 de diciembre de 1716, siendo enterrado en el
Real Colegio de la Compañía de Salamanca. Contrajo matrimonio733 con
Máxima Dorotea de T’Serclaes, primero condesa y luego princesa de Tilli,
condesa del Sacro Romano Imperio y Grande de España, de la que tuvo a
María Teresa Coloma, que heredó los títulos nobiliarios de sus progenitores
y murió sin descendencia734.
2.2.21. Pedro Caetano Fernández del Campo Angulo y Velasco (1705),
marqués de Mejorada
Nació en Madrid en 1656735. Hijo de Pedro Fernández del Campo (caballero
de Santiago y secretario de Estado y del Despacho), natural de Bilbao, y de
Teresa de Salvatierra, natural de Salamanca. Nieto por línea paterna de
Pedro Fernández del Campo y de María Fernández Angulo, naturales del
valle de Tudela; y por línea materna de Diego de Salvatierra y de Tomasa de
Blasco, naturales de Salamanca. Caballero de Alcántara desde 1663736 y
comendador de Peraleda en esta misma orden737.
Su padre trató de proporcionarle una buena carrera. Logrando
mientras que desempeñaba la secretaría del Despacho que Carlos II
concediese a su hijo el cargo de oficial segundo de la secretaría de Estado
parte del Norte, incluso a pesar de que no tenía edad para poder
desempeñarla738. Del mismo modo, en consideración a los largos y
732 Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, pp. 72 y 101.
733Este enlace tendría lugar en 1681 (A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Santiago,
exp. 10443).
José de ROXAS Y CONTRERAS, Historia del Colegio Viejo de S. Bartolomé…, pp. 447-
734
448.
735Margarita ESTELLA MARCOS, “El mecenazgo de los marqueses de Mejorada…”,
Archivo Español de Arte, 288 (1999), p. 453.
736 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, expedientillo 13969.
737 S.N.-A.H.N., Guadalcázar, caja 3, doc. 4.
738 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, p. 452. “Secretarías
de Estado. Hallándose vaca en la de la parte del Norte la plaza de oficial segundo de ellas,
291
agradables servicios de su padre, recibió de Carlos II la merced del puesto de
acemilero mayor por decreto de 25 de noviembre de 1675. Igualmente, fue
nombrado secretario del rey el 13 de enero de 1688739.
En enero de 1705 accedería a la secretaría del Despacho Universal,
recibiendo el 8 de febrero el cargo de secretario del Consejo de Estado parte
de Italia; cuyo título se le expediría 2 de marzo740. Continuó en el Despacho
Universal hasta la firma del decreto de 11 de julio de 1705, que procedía a
dividir la primitiva secretaría en dos: una que se encargaría de los asuntos
de Guerra y Hacienda y otra, de la que se encargaría Mejorada, que se
ocuparía de todo lo demás741.
Falleció en Madrid el 19 de mayo de 1721, siendo enterrado en el
convento de agustinos recoletos y llevándose su corazón, como dispondría
en sus últimas voluntades, a Guadalupe.
Contrajo matrimonio en 1681742 con Teresa de Alvarado Bracamonte
y Grimon, marquesa de la Breña, de la que tuvo dos hijas: Mariana Sinforosa
Fernández del Campo (marquesa de Mejorada), que casaría con Cristóbal
Alfonso de Sousa Fernández de Córdoba, y María Teresa Fernández del
Campo (marquesa de Hinojares), que haría lo propio con Juan Alfonso de
Sousa Fernández de Córdoba, conde de Arenales743.
propuso Dn. Pedro Fernández del Campo, su Secretario, para ella a Dn. Pedro Cayetano
Fernández del Campo, su hijo. Y Su Magestad, en consideración de los servicios del padre,
nombró para la propiedad de esta plaza al hijo, con calidad que no había de entrar al goze y
exercicio hasta tener quinze años. Que para este ínterin, con el título de oficial segundo y los
ascensos hasta aquel grado, propusiese los sugetos mas idóneos”.
739 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, II, pp. 423 y 538.
740 A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 36, ff. 1223r-1224v.
741 José Antonio ESCUDERO LÓPEZ, Los secretarios de Estado…, I, p. 296.
742Margarita ESTELLA MARCOS, “El mecenazgo de los marqueses de Mejorada…”,
Archivo Español de Arte, 288 (1999), p. 454.
743 S.N.-A.H.N., Guadalcázar, caja 22, doc. 6.
292
CAPÍTULO 3
ENTRE LA VOLUNTAD REGIA Y LAS REDES DE
PARENTESCO Y PODER
«Secrétaire d’État et del Despacho Universal. Ce secrétaire
est en état de servir ou de nuire comme il veut à bien des
gens, parce que toutes les requêtes et les placets, que l’on
nomme ici mémoriaux, et que l’on présente au roi, ou au
premier ministre, reviennent entre ses mains…»
Madame d’Aulnoy744
El objetivo principal de este capítulo consistirá en poner de relieve la
importancia de la secretaría del Despacho Universal en las últimas décadas
del siglo XVII745 y en ofrecer detalles de su participación, al igual que otras
secretarías, en las estrategias de poder forjadas por una serie de familias que
apoyándose fundamentalmente en el parentesco, el clientelismo y la
amistad, deseaban promocionar socialmente dentro de la administración
central.
Los secretarios del Despacho Universal pueden ser considerados, sin
lugar a duda, como la élite del organigrama burocrático de la Monarquía
Hispánica a finales del siglo XVII. Sin embargo, y a pesar de ello, en
nuestros días sólo disponemos de un par de estudios que se aproximen
extensa y detalladamente a este cargo: el conocidísimo trabajo del profesor
Escudero746 y el menos utilizado, aunque no menos interesante, libro de
744 Marie-Catherine le Jumel de Barneville, Baronne d’AULNOY, Mémoires de la cour…, I,
p. 396.
745Una primera versión de este capítulo fue publicada en Adolfo HAMER FLORES,
“Parentesco y redes de poder en la Alta Administración española. La secretaría del
Despacho Universal a finales del siglo XVII”, en Enrique SORIA MESA y Raúl MOLINA
RECIO (eds.), Las élites en la Época Moderna: La monarquía española, Córdoba,
Universidad de Córdoba, 2009, II, pp. 259-269.
José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado y del Despacho (1474-1724),
746
Madrid, Instituto de Estudios Administrativos, 1976, 4 vols.
293
José Luis Bermejo747. Ambos, desde una metodología estrictamente
institucional y basándose fundamentalmente en textos reglamentarios,
reconstruyen la evolución de esta secretaría a lo largo de su existencia. Los
actores sociales interesan sólo en la medida que aclaran aspectos
institucionales.
Ahora bien, toda institución funciona con hombres. Individuos
inmersos en distintas redes sociales que exceden con creces el ámbito de ese
organismo. Por lo que para no disponer de una visión parcial de esta
secretaría debemos superar el relato, útil pero insuficiente, del debe ser de
las disposiciones gubernativas, adornado con algunos datos de los hombres
que trabajaron en ella, para elaborar un estudio en el que se aborde este
cargo integrando las perspectivas institucional y prosopográfica; aunque
evitando la extendida tendencia a estudiarla de manera aislada, como si no
mantuviese relación con otras instituciones y como si sus actores no
estuvieran inmersos en redes sociales más amplias.
En las sociedades del Antiguo Régimen, los vínculos familiares y de
parentesco constituyeron los lazos personales más inmediatos. Presidían, de
manera significativa, la vida colectiva y la acción social de los individuos,
tenían un elevado contenido social y un marcado poder vertebrador, y
condicionaban bastante su vida personal. Unas relaciones a las que se
sumaba la comunidad de intereses, pues los miembros de la familia eran
frecuentemente solidarios en actividades comunes748.
Pero nosotros, a pesar de lo anteriormente expuesto, somos
conscientes de las limitaciones documentales del tema que nos ocupa. La
secretaría del Despacho Universal, más que ninguna otra institución del
siglo XVII español, tuvo una existencia y una actividad muy discreta, quizá
demasiado discreta. Un hecho que dificulta hasta niveles inauditos su
estudio y que, paradójicamente, contrasta con la importancia que tuvo.
747 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la administración central española
(siglos XVII-XVIII), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1982.
748José María IMÍZCOZ BEUNZA, “Comunidad, red social y élites…”, en José María
IMÍZCOZ BEUNZA (dir.), Élites, poder y red social…, p. 31.
294
Por ello, en las siguientes páginas sólo aspiramos a contribuir
modestamente al conocimiento de este organismo, analizando los vínculos
de parentesco existentes entre algunos secretarios del Despacho Universal a
finales del referido siglo XVII.
3.1. La secretaría del Despacho Universal y la administración
central de la Monarquía Hispánica
La organización política de la Monarquía Hispánica se configuraba
institucionalmente sobre dos ejes básicos: el rey (con toda la administración
central detrás) y el reino (que actuaba reunido en cortes o, en su defecto, a
través de los cabildos de las ciudades con voto en ellas)749. Es decir, una
estructura política fundamentada en el binomio poder central-supranacional
(rey) y poder territorial o local (reino)750.
Este poder central, que es el que aquí nos ocupa, se desglosaba a su
vez orgánica y funcionalmente en tres pilares: el poder político de Juntas y
Consejos, el poder palatino de la Casa Real y el poder burocrático de los
secretarios del Despacho Universal751. Veamos este último.
El Despacho Universal, emplazado en el sótano de palacio (conocido
vulgarmente como la covachuela), fue creado, como ya hemos tenido
ocasión de exponer en el primer capítulo de esta segunda parte de nuestra
tesis, por Felipe IV a comienzos de su reinado para que se ocupase de dar
curso a la cada vez más extenuante y profusa documentación regia752; así,
los validos podrían consagrarse completamente a sus ocupaciones sin
perderse en los detalles del tráfago burocrático. Por tanto, este nuevo cargo
749José Manuel de BERNARDO ARES, “El reinado de Carlos II…”, en Actas de las Juntas
del…, p. 39.
750Sobre este aspecto véase José Manuel de BERNARDO ARES, “Rey-reino: el binomio
estatal…”, en Juan Luis CASTELLANO, Jean Pierre DEDIEU y Mª Victoria LÓPEZ-
CORDÓN, La pluma, la mitra y…, pp. 335-354.
751José Manuel de BERNARDO ARES, “El reinado de Carlos II…”, en Actas de las Juntas
del…, p. 45.
752La creación de la figura el valido durante el reinado de Felipe III había desplazado el
habitual despacho de los secretarios del Consejo de Estado con el rey; sin embargo, éstos se
centraron mucho más en desplegar su enorme poder ejecutivo que en mantener al día los
asuntos burocrático de la monarquía.
295
surge subordinado al valido, el cual seguirá arrogándose, casi en exclusiva,
el despacho a boca con el monarca.
Sin embargo, en el reinado de Carlos II el contexto político será muy
diferente. Ya no encontraremos personajes de la talla e importancia del
conde-duque de Olivares o de don Luis de Haro, marqués del Carpio.
Asistimos a una etapa de gobierno de primeros ministros y de desorden
administrativo, que ha sido definida como poliarquía753. La ausencia de
ímpetu y constancia del rey, unidas a sus frecuentes enfermedades, hicieron
que éste nunca llevase completamente, a pesar de sus intentos, las riendas
del gobierno. Una situación que se agravaría desde 1689, pues la nueva
reina, Mariana de Neoburgo, siempre trató de participar activamente en
política, siéndole muy beneficiosa para ello la estrategia de mantener la
esperanza de poder alumbrar un heredero para el trono. El resultado fue, en
palabras de Oropesa, un «ministerio duende», una forma de gobierno en la
que había una ausencia absoluta de referencia política, un sistema incapaz
de precisar quién y cómo habría de gobernar. Sólo la figura de la reina
estaba siempre subyaciendo, logrando con ello que la forma de gobernar
fuese un caos anárquico y desolador754.
Un contexto que permitiría al secretario del Despacho acrecentar su
importancia755. La posición de éste como intermediario entre el primer
ministro o privado (el presidente del Consejo de Castilla) y el rey se iría
afianzando más y más. Ningún otro personaje de la corte tendrá un trato tan
directo con el rey756, de ahí su importancia en el complejo juego de partidos
y facciones que en estos años finiseculares se disputaban la sucesión de la
monarquía para su correspondiente candidato.
Así pues, aunque estudios recientes sigan afirmando que la labor del
secretario del Despacho Universal fue, hasta las reformas borbónicas,
Adolfo CARRASCO MARTÍNEZ, “Los grandes, el poder y…”, Studia Historica. Historia
753
Moderna, 20 (1999), p. 130.
754 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, p. 275.
755 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, pp. 349-350.
756Es posible que sólo la cercanía del monarca con su confesor pudiera rivalizar con la
existente entre él y el secretario del Despacho. Ahora bien, el mencionado confesor no
debía inmiscuirse ni opinar en asuntos ajenos a la fe, especialmente en los concernientes al
gobierno de la monarquía.
296
esencialmente mecánica757, la verdad es que ya en el siglo XVII pueden
apreciarse bastantes facultades que implican un margen de
“responsabilidad” bastante elevado758. Lo cual nos lleva a concluir que en la
transformación de la secretaría del Despacho Universal en diversas
secretarías de Estado y del Despacho no hubo una “ruptura” sino una
“evolución”. Felipe V sólo tuvo que dar el impulso definitivo a una dinámica
que se venía desarrollando desde la primera mitad del siglo XVII.
La labor más conocida de los secretarios del Despacho, y para la que
precisamente fueron creados, consistía en leer, resumidos759, los asuntos del
día ante el monarca, registrando después las respuestas para transmitirlas a
sus destinatarios. Unos asuntos que iban desde las cartas de otros monarcas
hasta los memoriales y las representaciones que hacían ministros y oficiales;
en suma, todo tipo de escritos dirigidos al rey.
Ahora bien, en ocasiones esta labor de simple intermediario
desaparecía, adquiriendo un papel particular. Normalmente, las autoridades
destacadas en los territorios hispánicos (virreyes, generales, capitanes
generales) y en el extranjero (embajadores, cónsules), mantenían
correspondencia «reservada y por cifra secreta» con los Consejos y Juntas,
debiendo remitir también una copia de ésta a la secretaría del Despacho
Universal; sin embargo, existía la posibilidad de enviar directamente
escritos de tipo reservado a esta secretaría. Un procedimiento muy
interesante, pues privaba al complejo sistema polisinodial del manejo de
información de primer orden; información que, dicho sea de paso, podría
afectar a consejeros, y que de no ser por este procedimiento difícilmente
llegaría al monarca.
757 Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, pp. 19 y 37-38.
758 Ciertamente, el grado de responsabilidad (y operatividad al dividirse la secretaría)
alcanzado por los secretarios de Estado y del Despacho a partir de 1705 es muy superior al
que pudo tener cualquier secretario de Estado y del Despacho Universal en la etapa
anterior; sin embargo, afirmar que estos últimos carecieron de cualquier responsabilidad y
que su trabajo fue meramente mecánico (aunque se contemple su proximidad al monarca
como factor de prestigio y obtención de mercedes) resulta incorrecto.
759Los resúmenes se hacían en la secretaría del Despacho, donde unos cuantos oficiales
trabajaban bajo las órdenes del secretario, y permitían que en el despacho a boca con el rey
se pudiese ahorrar tiempo y tratar, de este modo, más asuntos; evitando así la paralización
de la maquinaria estatal.
297
Pero quizá lo más destacado, por lo que supone de precedente para la
reforma de 1705, sea el que una nota de aviso del secretario del Despacho
(con la debida anotación de mediar órdenes reales) tuviese fuerza ejecutiva;
con la firma del secretario y una cláusula del tipo «de orden del rey», esta
comunicación se convertía en algo equivalente a un decreto real. Una
realidad que situaría a los secretarios del Despacho a nivel similar, en
materia ejecutiva, a los presidentes de los Consejos y a los secretarios de
Estado y Guerra, pues éstos necesitaban de un decreto real para que sus
comunicaciones tuvieran fuerza ejecutiva.
Sin embargo, su potencial de actuación no quedaba ahí. También era
el encargado de efectuar los pagos realizados por orden real con cargo a los
fondos de la bolsa secreta del monarca. Una tarea que implicaba,
necesariamente, una estrecha relación y una enorme confianza con el rey, el
cual le hacía partícipe de algo tan delicado como eran sus manejos y
estrategias secretas, así como de la compra de voluntades. Asimismo,
también ejercía un control sobre los medios de comunicación postal de tipo
político utilizados en la Monarquía Hispánica. De ahí que toda reforma de
los correos oficiales, tanto ordinarios como extraordinarios, necesitase de su
aprobación760.
Por ello, este secretario, aunque careciera per se de iniciativa y de
responsabilidad política, inevitablemente disponía de cierto poder al
manejar información nacional e internacional de primera magnitud, así
como por disponer de cierto control sobre otros organismos.
Ahora bien, un cargo de tanta responsabilidad requería de personas
con una elevada preparación jurídica y, sobre todo, con amplia experiencia
en otros niveles de la administración, por lo que era habitual que los
secretarios elegidos procediesen mayoritariamente de una de las secretarías
del Consejo de Estado, en concreto de la de Italia. De este modo, como
acertadamente afirma el profesor de Bernardo Ares, «el secretario del
Despacho Universal, con su imponente poder burocrático, estaba en medio
del poder palatino de la casa real y del poder político de Consejos y Juntas,
760 José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la administración central…, pp. 32-39.
298
participando de ambos poderes en su condición de inexcusable
interlocutor»761.
3.2. Parentesco y poder. Los secretarios del Despacho Universal a
fines del siglo XVII
En España, durante la Edad Moderna, la familia y las relaciones
interpersonales tuvieron un papel determinante en la conformación de
estructuras de poder762; y la administración central no fue una excepción.
Parece suficientemente probado que una serie de redes familiares fundadas
en estructuras de parentesco de larga duración monopolizaron de hecho el
ejercicio administrativo en las principales instituciones de la corte
madrileña durante estos siglos.
Así, en el caso concreto de las secretarías de los distintos Consejos,
era habitual que los secretarios se sucediesen unos a otros en un contexto de
círculos familiares cerrados763. Éstos introducían desde la adolescencia a sus
hijos o parientes en los trabajos menores de índole burocrática
(entretenidos, pajes de bolsa, oficiales, etc.), con lo que, con el tiempo, irían
adquiriendo una probada práctica y una dilatada experiencia. Un
procedimiento de suma importancia, ya que la pericia en el manejo de
papeles constituía una especie de requisito que, si bien no se exigía
formalmente, condicionaba la elección de los titulares del oficio764.
Sólo restaba un detalle para culminar este propósito: gozar del favor
real765. Un favor, obviamente, más fácil de obtener si algún pariente ocupaba
o había ocupado un destacado puesto en la administración. Por tanto, lo
normal en estas estrategias de poder era hacer valer los cargos y prebendas
761José Manuel de BERNARDO ARES, “El reinado de Carlos II…”, en Actas de las Juntas
del…, p. 49.
762Marta Elena CASAÚS, “La pervivencia de las redes…”, Anuario de Estudios
Centroamericanos, 20/2 (1994), p. 44.
763José Mª IMÍZCOZ y Rafael GUERRERO, “Familias en la Monarquía. La política…”, en
José Mª IMÍZCOZ (ed.), Casa, familia y sociedad…, p. 203.
764 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, pp. 382-383.
765José Mª IMÍZCOZ y Rafael GUERRERO, “Familias en la Monarquía. La política…”, en
José Mª IMÍZCOZ (ed.), Casa, familia y sociedad…, p. 197.
299
de los ascendientes para conseguir el relevo del grupo familiar en los puestos
ya conseguidos en la administración a través de hermanos, primos, tíos,
hijos,…766.
Una realidad de la que, evidentemente, un cargo de tanta importancia
política como la secretaría del Despacho no pudo sustraerse. También ella se
vería inmersa en las complejas estrategias familiares que se desarrollaban en
el seno de la alta administración española, pues no debemos olvidar que ésta
la desempeñaban individuos procedentes de otras secretarías767. En este
sentido, hemos podido constatar hasta ahora cinco interesantes casos de
parentesco entre secretarios del Despacho Universal; con la particularidad
añadida de que también entre ellos existían otros vínculos familiares de
naturaleza política768. Los dos primeros y, sin duda, más evidentes fueron
los protagonizados por los Carnero y los Fernández del Campo. Antonio y
Alonso Gaspar Carnero, padre e hijo respectivamente, llegarían a ocupar la
secretaría del Despacho Universal en distintos momentos del siglo XVII769.
Igualmente, también Pedro Fernández del Campo, secretario desde 1669
hasta 1677, y Pedro Caetano Fernández del Campo, que lo sería en 1705 eran
padre e hijo. Por su parte, el tercero también vincula a otro padre con su
hijo: entre 1703 y 1704 se ocupó de la secretaría del Despacho de Guerra el
segundo marqués de Canales, hijo de Pedro Coloma, quien desempeñó el
Despacho Universal en 1660. Finalmente, los dos últimos casos afectarían a
Juan Antonio López de Zárate y Alonso Gaspar Carnero, que eran primos
hermanos, a otros dos individuos con un parentesco algo más lejano: Juan
766Gloria Ángeles FRANCO RUBIO, “Reformismo institucional y élites administrativas…”,
en Juan Luis CASTELLANO, Jean Pierre DEDIEU y Mª Victoria LÓPEZ-CORDÓN, La
pluma, la mitra y…, p. 120.
767 Aunque el profesor Escudero sí constató los vínculos familiares entre secretarios de
distintos Consejos, no hace mención alguna de esta realidad para el caso concreto de la
secretaría del Despacho Universal en la etapa final de los Austrias. Sólo nos consta que se
haya pronunciado en este sentido el profesor José Manuel de Bernardo, aunque
ciertamente no aporta testimonios documentales que corroboren su afirmación (José
Manuel de BERNARDO ARES, “El reinado de Carlos II…”, en Actas de las Juntas del…, p.
49).
768Para todos estos parentescos, véanse las los Organigramas 3 a 8 del Anexo de
Organigramas.
769 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, II, pp. 560-561.
300
Antonio López de Zárate y Antonio de Ubilla, siendo este último tío segundo
de aquel770.
Ahora bien, esta situación no se hubiera dado si estos individuos no
hubiesen acreditado suficientemente su valía para el cargo. Una acreditación
que pasaba inexcusablemente por la posesión de un curriculum profesional,
y personal, dilatado e intachable.
En otro orden de cosas, y a modo de conclusión, nos gustaría apuntar
también que no fue nada infrecuente el que una vez alcanzada la secretaría
del Despacho, el secretario de turno771 intentase reforzar sus redes de poder;
especialmente a través del establecimiento de alianzas matrimoniales con
familias de la nobleza titulada. Una práctica con la que estos burócratas
trataron de consagrar definitivamente su ascenso social772. En este sentido,
podemos mencionar algunos ejemplos. Fernando Fonseca Ruiz de
Contreras, que ocupó esta secretaría entre 1648 y 1660, contrajo segundas
nupcias con la primera marquesa de La Lapilla; y una hija de su primer
matrimonio se desposó con el vizconde de San Miguel773. Alonso Carnero,
que estuvo al frente del Despacho entre 1694 y 1695, se casó con doña
Mariana de Acuña, hija del primer marqués de Escalona y viuda del
marqués de Vallecerrato774. Antonio de Ubilla y Medina, secretario entre
1698 y 1705, tuvo como segunda esposa a la hermana del conde de
Villafranca de Gaitán775. Por último, Pedro Caetano Fernández del Campo,
segundo marqués de Mejorada y secretario del Despacho Universal desde
770 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
771También hemos de integrar en esta dinámica a sus hijos pues, a veces, estas estrategias
necesitaban algún tiempo más para consolidarse. Por otro lado, el hecho de que a algunos
secretarios, o a sus hijos, se les concediese el título de marqués facilitaba estos enlaces; pues
podían realizarse con miembros de familias con las que se tenía una estrecha relación.
Ejemplo paradigmático de lo que afirmamos fue el matrimonio de un hijo del secretario del
Despacho don Blasco de Loyola, al que Carlos II había hecho en 1683 marqués de la Olmeda
(José BERNI Y CATALÁ, Creación, antigüedad y privilegios de…, p. 380), con una hija del
también secretario del Despacho don Luis de Oyanguren.
772José Mª IMÍZCOZ y Rafael GUERRERO, “Familias en la Monarquía. La política…”, en
José Mª IMÍZCOZ (ed.), Casa, familia y sociedad…, p. 203.
773 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, II, p. 53.
774 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 66.
775 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, I, p. 176; II, p. 58.
301
enero 1705 hasta su desaparición en julio de ese mismo año, contrajo
matrimonio con la marquesa de la Breña776.
Una vez desarrollados los contenidos que nos proponíamos analizar
desearíamos resaltar dos consideraciones a modo de conclusión final. En
primer lugar, creemos haber puesto suficientemente de manifiesto que la
secretaría del Despacho Universal fue en las últimas décadas del siglo XVII
el puesto más elevado dentro la carrera burocrática de la administración en
la Monarquía Hispánica. Sus titulares poseían unas competencias que
desbordaban lo estrictamente oficinesco, adquiriendo tal relevancia que
sería esta secretaría, y no el Consejo de Castilla o el de Estado, el organismo
sobre el que los Borbones construyeron su modelo ejecutivo y centralizado
de gobierno.
En segundo lugar, también hemos expuesto que esta secretaría no
pudo sustraerse de los reducidos círculos familiares en los que se movía el
desempeño de cargos en las distintas secretarías de la administración
central. Ni tan siquiera el hecho de no tratarse de un oficio sino más
exactamente de un cargo de confianza777, lo que implicaba que el rey podía
elegir como secretario del Despacho a quien quisiese y cesarlo sin más
cuando lo estimase oportuno, pudo evitarlo. Una circunstancia que nos
evidencia el importantísimo papel que tuvieron la familia, el parentesco y las
clientelas en el aparato burocrático español aún antes de alcanzar su
máxima expresión en el siglo XVIII.
Ahora bien, con respecto al punto anterior, nos gustaría finalizar
apuntando otra hipótesis complementaria. Carecemos aún, en verdad, de
testimonios documentales que confirmen nuestras sospechas, pero el hecho
de que haya entre los secretarios del Despacho Universal individuos que
fueron parientes entre sí tal vez no sólo responda a unas estrategias de
poder de esas familias, ansiosas de promocionar socialmente. Quizá no
estemos muy equivocados si pensamos que detrás de la elección de un
776 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, p. 247.
777Prueba de ello es que nunca se libró un título de secretario del Despacho Universal. Una
circunstancia que llevaría a que el titular de esta secretaría o bien conservase en propiedad
su cargo anterior o bien fuese proveído con otro (normalmente la secretaría de Estado,
parte de Italia); de este modo no se lesionarían sus derechos y prebendas.
302
pariente para esta secretaría se escondía la intención de que de este modo se
mantuviese una misma línea de actuación en el Despacho.
Ello es lo que parece que pudo ocurrir en el caso de Juan Antonio
López de Zárate y Antonio de Ubilla. A pesar de que su parentesco no era
muy cercano, sí lo había sido su trayectoria vital. Tenían casi la misma edad,
un trato cordial y cercano y, probablemente, una manera de proceder y un
pensamiento político muy similar. Elementos suficientes para que en un
periodo tan complicado como los últimos años de vida de Carlos II, en los
que la corte madrileña asistió a una feroz lucha entre las distintas facciones
para imponer a su candidato a la sucesión a la monarquía, se optase por no
romper la línea de actuación del marqués de Villanueva de la Sagra en la
secretaría. Para reemplazar su vacante se eligió a Antonio de Ubilla y
Medina, que entonces era secretario del Consejo de Indias, parte del Perú;
alterando de este modo la dinámica habitual de nombrar a un secretario de
Estado.
303
CAPÍTULO 4
LA SUCESIÓN A LA MONARQUÍA HISPÁNICA.
EL DIFÍCIL EQUILIBRIO
«[Antonio de Ubilla] avait l’esprit souple, poli, délié, fin,
avec cela ferme, net, et voyait clair avec grande capacité
et pénétration dans les affaires; intègre pour un homme
élevé par ces sortes d’emplois-là, et uniquement attaché
au bien, à la grandeur et à la conservation de la
monarchie».
Duc de Saint-Simon778
4.1. La actividad de la secretaría del Despacho Universal en el
paso de Austrias a Borbones
El presente apartado779 propone un acercamiento a uno de los temas más
desatendidos de la historiografía consagrada al estudio del tránsito entre los
siglos XVII y XVIII en España. Nos referimos, en concreto, al protagonismo
que tuvo en esta coyuntura el cargo burocrático más importante de la
administración central; a saber, la secretaría del Despacho Universal.
A pesar de dicha relevancia, este puesto ha venido siendo casi
ignorado en los grandes estudios de conjunto relativos a los dos últimos
Austrias menores, y eso que contamos desde hace varias décadas con
estudios tan significativos como las ya mencionadas obras del profesor José
Antonio Escudero Los secretarios de Estado y del Despacho (1474-1725), de
1969, y El origen del Consejo de Ministros en España. La Junta Suprema de
Estado, de 1979; las cuales nos aportan no pocos datos sobre dicha
secretaría.
778 Duc de SAINT-SIMON, Mémoires…, I, p. 760.
779 Parte de una primera versión del presente apartado se publicó en Adolfo HAMER
FLORES, “De Austrias a Borbones. La secretaría del Despacho Universal en la sucesión a la
Monarquía Hispánica”, en BERNARDO ARES, José Manuel de (coord.), La sucesión de la
Monarquía Hispánica, 1665-1725. Biografías relevantes y procesos complejos, Madrid,
Sílex Ediciones y CajaSur, 2009, pp. 87-106.
305
Pero es más, ello ocurre aún cuando algunos destacados historiadores
reconocen su activo papel en la maquinaria gubernativa de la Monarquía
Hispánica. En este sentido, contamos con afirmaciones tan interesantes
como la sostenida, hace ya algunos años, por el profesor José Manuel de
Bernardo, que al detallarnos los cuatro poderes que se distinguían en la
corte de Madrid en la última fase de reinado de Carlos II, señala entre ellos
el poder administrativo-burocrático de los secretarios del Despacho
Universal780.
Por ello, nuestro objetivo fundamental aquí radicará en poner de
manifiesto el importante papel desempeñado por esta secretaría en la
sucesión borbónica a la Monarquía Hispánica. Para alcanzar dicho fin,
analizaremos no sólo su implicación directa en el proceso de designación de
heredero por parte de Carlos II, sino también su contribución al
establecimiento de la nueva dinastía.
4.1.1. El papel de la Secretaría del Despacho Universal en la sucesión a la
Monarquía Hispánica
La forma en la que a finales del siglo XVII los distintos individuos que
regentaron la secretaría del Despacho Universal participaron o no del
enfrentamiento entre las distintas facciones cortesanas por la cuestión
sucesoria se nos muestra desigual; aunque ciertamente primó el mantenerse
en lo posible al margen. Sin embargo, hubo excepciones, siendo tal vez el
caso más destacado el de Alonso Gaspar Carnero, que ocupó este cargo entre
1694 y 1695, y que se mostraría firme partidario de una sucesión a favor del
príncipe José Fernando de Baviera. Su atrevimiento, al parecer, llegó a tal
extremo que no dudaba en criticar a la reina y a su camarilla ante el propio
Carlos II; al que aconsejaba, además, que viajase a Aragón para convocar
cortes en ese reino (y evitar así su pérdida a manos de los franceses) y
aprovechar este distanciamiento de Madrid para expulsar y/o desterrar a
780José Manuel de BERNARDO ARES, “El conde de Oropesa. El antifrancesismo…”, en
Santiago MUÑOZ MACHADO et al. (eds.), Los grandes procesos de la…, p. 177.
306
todos los austracistas. Proceder que, obviamente, le granjearía la enemistad
de Mariana de Neoburgo, la cual muy pronto logró que su marido lo cesase.
Un hecho del que sus sucesores en el cargo tomaron buena nota. Sin
embargo, esta nueva actitud de prudencia no siempre fue entendida. Don
Juan Larrea, que obtuvo la secretaría del Despacho a comienzos de 1695, a
pesar de haber contado en un principio con el apoyo de la reina, pasaría a
ser considerado por ella un traidor por su participación en el otorgamiento
del primer testamento probávaro de Carlos II. Sólo había cumplido con su
deber, pero la Neoburgo no cejó en su empeño de que se le destituyese hasta
que finalmente lo consiguió en agosto de 1697781.
A todas luces, se hacía necesario en estos tiempos tan convulsos un
proceder lo más aséptico posible. Y esto, a nuestro juicio, fue lo que el
último secretario del Despacho Universal del rey hechizado practicó a pie y
juntillas. Ahora bien, ello no significó que los distintos partidos de la corte
no tratasen continuamente de atraerlo a sus filas. Nos referimos a Antonio
Cristóbal de Ubilla y Medina, un personaje clave en los últimos años del
siglo XVII y en los primeros del XVIII y que es el objeto central de la
presente tesis.
En vista de la documentación y bibliografía manejada, nos inclinamos
a considerar el papel de Ubilla en el conflicto sucesorio como equidistante
de todas las facciones. Hábilmente, se centró en el desempeño de sus
deberes sin decantarse por ningún bando. Una maniobra que le haría
colaborador prudente de todos, y le evitaría hacerse demasiado molesto.
Un comportamiento que lejos de ser oportunista o interesado,
podemos calificar de prudente y profesional; sobre todo si consideramos que
la corte madrileña era por aquel entonces un lugar en el que se hacía más
fácil ganar enemigos que lograr aliados. Este proceder, sin duda,
desconcertaba y quizá en ello radique la explicación de los juicios
contradictorios que encontramos sobre él.
Por un lado contamos con testimonios que lo sitúan como firme
partidario de la camarilla de la reina Mariana de Neoburgo. Según Cánovas
781 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 438, 441 y 475.
307
del Castillo, Antonio de Ubilla quedó tras el motín de Oropesa como uno de
los pocos seguidores de la reina, junto a los condes de Frigiliana y Aguilar;
llegando a ser uno de sus caudillos a falta de otros más cualificados
(recordemos que el Almirante de Castilla y otros destacados austracistas
acababan de ser desterrados)782. Es más, asevera también que fue tan firme
partidario de la reina y del partido austracista que en el verano de 1700
Portocarrero se vio en la necesidad de apartarlo a él y a la reina de la
compañía del rey para lograr que Carlos II hiciese consulta sobre la cuestión
sucesoria a los Consejos de Castilla y de Estado, y después al papa Inocencio
XII783. Por otro lado, un felipista convencido como fue Vicente Bacallar y
Sanna afirmaría que mientras que Portocarrero y sus partidarios (el duque
de Medina Sidonia, el marqués de Mancera y don Manuel Arias) intentaban
que en sus últimos momentos de vida el rey testase a favor del duque de
Anjou, estos “no tenían la mayor confianza en el secretario del Despacho
Universal” 784; pues éste, en colaboración con la reina, trataba de convencer
al rey de que no lo hiciese asegurándole que “ningún mortal achaque le
amenazaba de muerte”785. Asimismo, el marqués de Louville nos indica que
el conde de Aguilar, destacado austracista, mantuvo contactos en 1700 con
el duque de Moles, embajador español en Viena, para conseguir que el
Archiduque viajara a Madrid y, mientras tanto, acordaría con Ubilla y el
embajador imperial mantener al rey en sus incertidumbres, valiéndose de
medios como convencer a Carlos II de que el monarca francés era herético
por consentir en su reino la presencia de los hugonotes786. Pero quizá el
testimonio más interesante sea el del embajador cesáreo en Madrid,
Harrach, el cual llegaría a afirmar a principios de noviembre de 1699 que el
782 Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO, Historia de la decadencia de España…, p. 733.
783Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO, Historia de la decadencia de España…, pp. 738-
739. Literalmente afirma “Ubilla ayudó poderosamente a la reina”.
784Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, pp. 16-17. Sin
ánimo de criticar o minusvalorar su opinión, consideramos conveniente advertir al lector de
que las escasas referencias a Ubilla en la obra del marqués de San Felipe no evidencian
precisamente una buena relación entre ambos.
785 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, p. 13.
786María Luz GONZÁLEZ MEZQUITA, “El oficio de cortesano: cursus honorum…”,
Cuadernos de Historia de España [online], 78.1 (2003).
308
secretario del Despacho era un incondicional de la camarilla de la reina; y
que lo era “porque se han adjudicado a Ubilla dos sabrosas encomiendas”787.
Sin embargo, y al margen de los anteriores, también disponemos de
otros testimonios que lo hacen fiel aliado del cardenal Portocarrero. En la
carta que el ya referido Harrach dirigió a su padre el 8 de mayo de 1699 para
informarle del motín contra Oropesa, le describió la complicada situación en
que entonces estaban los austracistas; indicándole además que
Portocarrero, Monterrey, Leganés, Ubilla y el confesor real conferenciaban
todos los días. Es más, éste en otra carta del día 22 de ese mismo mes,
dirigida al propio Emperador, informará de la supuesta intriga política que
hubo tras el motín madrileño, revelando que los conspiradores habían sido
Portocarrero, Ronquillo, Arias, Urraca, Ubilla, Monterrey, Leganés,
Benavente, Villafranca, Medina Sidonia, Pastrana y Quintana; los cuales
formaban el partido de “los Celosos”, grupo que había sustituido a “la
Cábala”788.
Asimismo, el duque de Saint-Simon también se mostraría convencido
de que Ubilla colaboró con el cardenal Portocarrero. Según su testimonio, el
secretario del Despacho Universal formaba parte, junto al propio cardenal, a
Villafranca y a Santisteban, de lo que él denomina grupo del secreto, es
decir, habría sido uno de sus más cercanos colaboradores; un hecho muy
importante, pues según él les habría permitido mantener en el más estricto
secreto tanto la consulta en materia sucesoria de Carlos II a Inocencio XII
como la respuesta a favor de Francia emitida por éste en el verano de
1700789.
Ahora bien, al margen de estos testimonios, demasiado ambiguos
como para permitirnos ubicar a Ubilla en alguno de estos dos bandos, lo
verdaderamente interesante es que éste, por su cargo como secretario de
Estado y del Despacho Universal, así como por ser escribano y notario
público de los reinos y señoríos de Carlos II, fue el individuo encargado no
787 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 605. El duque de Maura hace
referencia a las encomiendas de Quintana y El Peso Real de Valencia.
788 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 294-295.
789 Duc de SAINT-SIMON, Mémoires…, I, pp. 767 y 169.
309
sólo de otorgar y custodiar el testamento de 1698 sino también de hacer lo
propio con el fechado en 2 de octubre de 1700. Y en ambos casos su
discreción y profesionalidad fueron intachables.
Un último testamento que nombraba heredero al trono español al
duque de Anjou, y que instituyó, para que se ocupase del gobierno de la
monarquía hasta que éste llegase a la corte madrileña, una Junta de
Gobernación integrada por la reina; por el cardenal Portocarrero; por el
presidente del Consejo de Castilla, don Manuel Arias; por el del Consejo de
Aragón, duque de Montalto; por el del Consejo de Italia, marqués de
Villafranca; por el del Consejo de Flandes, conde de Monterrey; por don
Baltasar de Mendoza, Inquisidor General; por don Pedro Pimentel, conde de
Benavente, en representación de los Grandes y la nobleza; y por el conde de
Frigiliana, como consejero de Estado790. Junta en la que don Antonio de
Ubilla actuaría como secretario.
La llegada a España de la nueva dinastía supuso la implantación del
modelo monárquico absolutista impuesto en Francia por Luis XIV. Un
absolutismo de corte ilustrado que implicaba la centralización, la
uniformidad y la racionalización en todas las esferas de la administración. Y
que, hasta al menos 1709, llevó también aparejado una significativa
(¿determinante?) intervención del Rey Sol en la toma de decisiones y en los
nombramientos de cargos.
Desde un primer momento, comenzaron las reformas y los criterios
de los embajadores y de los hombres de Versalles se superpusieron a los de
los Grandes, que alzarían sus protestas contra ello reiteradamente. Tanto es
así, que el mismo día en que Felipe V llegó a Madrid decidió alterar el modo
de gestionar los asuntos del estado791. Hasta entonces los reyes se habían
790 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, p. 11.
791Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, pp. 95-96. El 17 de
enero de 1701, justo después de confirmarlo en sus cargos, el nuevo monarca dio hora a don
Antonio de Ubilla para celebrar su primer Despacho el día siguiente a las nueve de la
mañana. Un Despacho al que mandó que también asistieran el cardenal Portocarrero, don
Manuel Arias y el embajador francés, duque de Harcourt. Lamentablemente, no conocemos
qué asuntos se trataron en aquella primera audiencia pero sí contamos con un testimonio
no menos interesante en el que el propio Ubilla nos describe cómo se distribuyeron los
distintos personajes en la cámara del rey: «[…] estando el rey inmediato a la mesa del
Despacho, seguía el Cardenal por la mano derecha, apartado de la mesa por aquel lado en
una silla de terciopelo carmesí; seguíale el Gobernador del Consejo, sentado en un taburete
310
apoyado puntualmente en las opiniones de algunos organismos y personas,
pero el primer Borbón decide incorporar al tradicional Despacho, en el que
normalmente sólo estaban presentes el monarca y el secretario de este
nombre, una serie de personas escogidas para que le asesorasen. Surgía así
el conocido como Consejo de Gabinete o de Despacho.
En teoría, su función era la de aconsejar en su labor de gobierno al
joven e inexperto monarca, pues desde Versalles se temía que don Antonio
de Ubilla pudiese influir en las decisiones de Felipe V; sin embargo, su
principal cometido realmente no era otro que el de desplazar a un segundo
plano el complejo sistema polisinodial, permitiendo a Luis XIV manejar, a
través de la presencia en este consejo de individuos afectos a Versalles
(léase, sobre todo, el embajador francés) las riendas del poder en la
monarquía española.
Como afirman muchos investigadores, se trataba de una novedad
absoluta. Este consejo monopolizaría por completo el despacho a boca con
el monarca, llegando a él todos los papeles que se comunicaban al rey. Ahora
bien, no podemos perder de vista que el Consejo de Despacho era la
denominación que se daba al grupo de individuos que asesoraban al rey
durante el Despacho; tan sólo una ampliación pluripersonal del Despacho
que tenía con el rey el secretario del mismo nombre792. Por lo que, a nuestro
juicio, es necesario invertir el discurso que actualmente parece difundirse;
en el que parece que se entiende este consejo como un organismo autónomo
e institucionalizado. Así, afirmaciones tales como que el Consejo de
Gabinete se dotó de una secretaría para aumentar su capacidad793 son
absolutamente inaceptables. En todo caso, el Consejo de Despacho se habría
creado para aumentar la limitada capacidad (recordemos que era
desempeñada por un único individuo) de la secretaría del Despacho
Universal.
rojo; en el otro lado, y en la misma forma, el duque de Harcourt; y yo de rodillas sobre un
almohada arrimado al bufete en que despachaba Su Majestad».
792 José Antonio ESCUDERO, Los orígenes del Consejo…, I, pp. 32-33.
793 Jean-Pierre DEDIEU, “La Nueva Planta en su…”, Manuscrits, 18 (2000), p. 115.
311
Ahora bien, una vez aclarado este punto, podemos pasar a ofrecer al
lector algunos de los hitos más destacados de la labor de don Antonio de
Ubilla durante estos primeros años del reinado de Felipe V. Ciertamente fue
un individuo imprescindible en ellos, pues nadie conocía mejor que él la
administración de la monarquía española. Un hecho que no dejó de
granjearle los recelos y hasta el odio de otros destacados personajes.
Por su cargo, Ubilla acompañaría al rey en su estancia en Cataluña y
durante su posterior viaje a Italia. Circunstancia que le permitió ganarse
inicialmente el afecto del joven Borbón. Baste indicar como prueba de ello el
que le concediese asiento en el Despacho.
Pero mientras Felipe V permaneció fuera de la península en la corte
madrileña se produjeron muchos cambios. La reina había quedado como
gobernadora, asistida de un Consejo de Gabinete compuesto por el Cardenal
Portocarrero, don Manuel Arias, los duques de Medinaceli y Montalto, y el
marqués de Villafranca794; sin embargo, sería la princesa de los Ursinos la
que realmente manejara la situación. El profundo afecto y la dilatada
confianza que la jovencísima reina sentía por su Camarera Mayor, le
permitirían extender toda una red de intrigas. Así, al igual que en los
últimos años del reinado de Carlos II, Madrid se vería invadido por
facciones y grupos enfrentados entre sí.
Un panorama con el que tendría que enfrentarse el rey tras regresar
(enero de 1703) de su periplo italiano. La situación había llegado a ser tan
tensa, que el cardenal Portocarrero, enfrentado abiertamente con la reina y
su Camarera Mayor, le pediría inmediatamente el ser descargado de la
obligación de asistir al Despacho; y Felipe, sin mediar las habituales
consultas a su abuelo, accedió.
Desde entonces, el monarca español, preocupado por atenuar ante los
ojos de sus súbditos la dependencia existente de Luis XIV, comenzaría a
despachar sólo con Ubilla. Parece ser que en esta decisión, que alarmaría
profundamente a Versalles, pues alejaba de su conocimiento y control las
tareas de gobierno en España, tuvo alguna influencia la princesa de los
794 Enrique FLÓREZ, Memorias de las reynas católicas…, II, pp. 1000-1001.
312
Ursinos. Sin embargo, esta forma de gobierno no duraría mucho. De un
lado, el monarca francés presionaría a su nieto para que volviese a llamar al
Despacho a Portocarrero, así también podría entrar en él, sin demasiados
recelos, el embajador francés; petición a la que Felipe V accedería,
ordenando al cardenal que volviese el referido Despacho aunque sólo fuese
durante algunos meses795. Pero, de otro, muy pronto el marqués de Ribas
perdió la confianza de la princesa y, por tanto, la de la reina; por lo que no se
opondrían a la petición del Rey Sol. Sospechamos, aunque aún no
disponemos de testimonios documentales firmes que avalen nuestra
hipótesis796, que ésta quizá trataría inicialmente de atraer a Ubilla a su juego
de intrigas cortesanas, pero no lo logró, lo que la llevaría desde entonces a
tratar de forjar la desgracia de este burócrata. Y, ciertamente, en muy poco
tiempo sus manejos comenzaron a dar resultados.
Dos meses antes de la partida del Consejo de Despacho de los
cardenales Portocarrero y D’Estrées, ocurrida en noviembre de 1703, tuvo
lugar una importante reforma en la secretaría del Despacho. Sus asuntos se
repartieron entre el marqués de Canales (al que se entregaron los asuntos de
Guerra), muy apreciado por la reina, y el marqués de Ribas (al que se
dejaron todos los demás)797. Sin embargo, no se trató de una división de esta
secretaría para constituir dos autónomas; fue un simple reparto de asuntos,
motivado sobre todo por la guerra, de la que estructuralmente seguía siendo
una única oficina.
Pero la mala gestión de Orry y Canales en el conflicto llevó, algunos
meses después, a Luis XIV a sugerir a su nieto que devolviese al marqués de
795 José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado…, I, p. 291.
796Sólo hemos localizado una interesante referencia al respecto. En un informe de Tessé a
Chamillart, elaborado según todos los indicios en 1704 para instruir a Luis XIV sobre el
funcionamiento y condición de los componentes del Consejo de Despacho español, se nos
dice: «Más capaz de servir sería Rivas (sic) que todos los demás, pero la desdicha que tuvo
de indisponerse con la princesa de los Ursinos hizo que lo tuviese la reina por sospechoso e
insoportable» (José Antonio ESCUDERO, Los orígenes del Consejo…, I, p. 39)
797Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, pp. 70-71. El marqués de Canales
agradecería el 10 de septiembre de 1703 a Luis XIV el que Felipe V le hubiera encargado los
asuntos de Guerra (véase el Documento 13 del Apéndice Documental). Por su parte, el
marqués de Ribas, que se consideró agraviado con este reparto de funciones, llegaría a
solicitar –infructuosamente- su retiro en 1704 (véase el Documento 14 del Apéndice
Documental).
313
Ribas el control de todos los asuntos del Despacho798; haciendo del Consejo
de Gabinete el verdadero centro de decisión de su monarquía. Sin embargo,
la reina no estaba dispuesta a permitir lo primero, pues detestaba a Ubilla.
En este sentido, el 26 de julio de 1704, Felipe V representará a su abuelo su
disconformidad para acceder en el asunto del marqués de Ribas. Aceptaba la
revocación de Canales, pero se comprometía a reemplazarlo por otro de su
agrado799. Sin embargo, el Rey Sol no admitió la propuesta y se reafirmó en
sus palabras800. Felipe quería obedecer, pero María Luisa permaneció
inquebrantable; lo cual suponía tensar en exceso las relaciones con
Versalles.
Y en esta delicada coyuntura, un hecho vino a ser providencial. La
caída de Gibraltar el 4 de agosto de 1704 en manos de los ingleses precipitó
la situación. La gravedad del suceso hizo que Felipe V tomase la medida de
formar una junta que, a juicio del embajador francés, Gramont, debía
componerse por el cardenal Portocarrero, por el conde de Montellano y los
miembros del Despacho. Pero la reina mandó echar al cardenal y a Ubilla.
Sin embargo, al día siguiente no le quedó más remedio que reconocer que
España no podía prescindir de los recursos de Luis XIV, por lo que llamó a
Ribas y le comunicó que todos los problemas entre ellos quedaban
olvidados801.
Volvía pues, de este modo, don Antonio de Ubilla al manejo de todos
los asuntos de la secretaría del Despacho. Un trabajo en verdad excesivo
para un único individuo, pero que en esta ocasión tuvo que compaginar
además con los durísimos ataques que desde septiembre le profirió el
embajador francés. Éste sostenía que el marqués de Ribas había nacido
pícaro y no sabía más que actuar con rectitud; decía palabras, pero no hacía
798 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires pour…, II, p. 306.
«Il paraissait essentiel pour les vous de la Cour de France que le Despacho fût tel qu’on
l’avait réglé au commencement. Depuis que les fonctions de secrétaires étaient partagées,
les partages de plus importantes alors, celles de la guerre, étaient devenues secrètes entre le
roi, le marquis de Canalez et Orri. On voulait que le marquis de Rivas redevînt secrétaire
unique. La chose était fort difficile parce qu’il avait déplu à Philippe et à la reine».
799 José Manuel de BERNARDO ARES et alii, La correspondencia entre Felipe V…, p. 282.
800 Véase, al respecto, los Documentos 15 y 18 del Apéndice Documental. El marqués de
Ribas agradecería a Luis XIV la confianza que depositaba en su persona (Documentos 16 y
17 del Apéndice Documental).
801 Alfred BAUDRILLART, Felipe V y la Corte…, p. 174.
314
profesión de mantenerlas, era interesado, y las ventajas del Estado nunca se
comparaban con la suya; quería prosperar y enriquecerse; lo demás le
importaba poco802.
Unas presiones que finalmente fueron efectivas. Felipe V, en 20 de
diciembre de 1704, le indicaría a su abuelo que fue una equivocación el que
el marqués de Ribas dirigiese los asuntos de guerra803. Por su parte, la reina
tampoco dejó de hacer oír su voz. Así pues, finalmente el Rey Sol acabó
cediendo al cambio de titular en la secretaría del Despacho.
A finales de enero de 1705804, el segundo marqués de Mejorada, don
Pedro Caetano Fernández del Campo, por propuesta del conde de
Montellano, fue nombrado como sucesor de Ubilla (quien pasó a ocupar,
como tuvimos ocasión de manifestar en el capítulo correspondiente de la
primera parte de este trabajo, un puesto de consejero de capa y espada en el
Consejo de Indias805). Ahora bien, si todo el trabajo que este cargo acarreaba
difícilmente había podía ser asumido por el marqués de Ribas, era imposible
que alguien recién llegado a la secretaría lograse desempeñarla
eficientemente806; por lo que sólo unos meses después, en virtud del Real
Decreto de 11 de julio de 1705, se optó por dividir esta secretaría en dos
oficinas distintas. Así, los asuntos relativos a Guerra y Hacienda se
encomendaron a don José González de Grimaldo, mientras que el resto
continuaron en manos de Mejorada807.
802 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires pour…, II, p. 336.
803 José Manuel de BERNARDO ARES et alii, La correspondencia entre Felipe V…, p. 297.
804Ya se encontraba desempeñando la secretaría del Despacho Universal el 25 de enero
(A.M.D., Service Historique de la Défense, Centre Historique de la Défense, Armée du
Terre, A1 1883, doc. 129).
805 Mark A. BURKHOLDER, Biographical Dictionary of Councillors…, p. 134.
806 En este sentido, nos parece muy interesante la opinión que en un informe, ya
mencionado anteriormente, de Tessé a Chamillart, elaborado según todos los indicios en
1704 para instruir a Luis XIV sobre el funcionamiento y condición de los componentes del
Consejo de Despacho español, se nos da sobre Mejorada. En él, literalmente se afirma que
«el marqués de Mejorada es hombre honrado, rico, bien intencionado, no ha servido jamás,
no quiere ser responsable de nada ni cuidar de cosa ninguna. Sería un dependiente fiel y
concienzudo si no tuviese más que hacer que lo que le mandasen, pero jamás se cuidará
más que de dar gusto a los magnates a quienes respeta» (José Antonio ESCUDERO, Los
orígenes del Consejo…, I, p. 39).
807 Alfred BAUDRILLART, Felipe V y la Corte…, pp. 200-201.
315
En definitiva, podemos resumir que en una etapa tan convulsa a
todos los niveles, incluido el político, como fue la que coincidió con las
últimas décadas del siglo XVII, destacaría sobremanera un cargo
burocrático; el cual se mantuvo al margen de la paralización generalizada
que entonces afectaba al organigrama administrativo español. Nos referimos
a la conocida como secretaría del Despacho Universal, a cuyo frente se
situaba un secretario asistido por unos pocos oficiales, que tuvo la enorme
responsabilidad de agilizar la resolución de los asuntos de gobierno;
evitando así el colapso generalizado del sistema.
Sus titulares conocerían, como ningún otro individuo en su época,
hasta los últimos resquicios de los grandes temas que afectaban a la
monarquía. Por lo que se harían colaboradores imprescindibles del rey en su
tarea de gobernar.
Una realidad que alcanzó su máxima expresión con la llegada al trono
español de Felipe V de Borbón. Para el nuevo rey y sus colaboradores, don
Antonio de Ubilla sería durante algunos años ciertamente indispensable.
Algo que Luis XIV, verdadero gobernante de la monarquía española, pareció
siempre entender mejor que los monarcas españoles, de aquí que nunca le
retirase su confianza808. Sin embargo, María Luisa Gabriela de Saboya lo
detestaba809 (desconocemos en profundidad las razones, pero tal vez tuviera
algo que ver la princesa de los Ursinos), y eso influyó probablemente en la
opinión de su marido; así como en la separación definitiva de este personaje
del Despacho Universal a comienzos de 1705.
808 Ubilla, consciente de ello, no dudaría en cultivar este aprecio. De este modo, es
reseñable que dedicase en 1701 a Luis XIV el opúsculo que, de orden del rey español,
escribió acerca del juramento y pleito homenaje que este último recibió en 8 de mayo de
1701 (Antonio de UBILLA Y MEDINA, Juramento y pleyto omenaje que los reynos de
Castilla y León, por medio de sus capitulares, y los prelados, Grandes, y Títulos, y otras
personas, hizieron el día 8 de Mayo de 1701 en el Real Convento de S. Gerónimo,
extramuros de la villa de Madrid, a el rey nuestro señor don Phelipe Quinto, hijo del
serenísimo señor Delphín, y de la serenísima señora Doña Mariana Cristiana Victoria,
princesa electoral de Baviera; y del que Su Majestad hizo a sus reynos, Madrid, por Juan
García Infanzón, 1701).
809En el mismo sentido que la nota anterior, resulta interesante la dedicatoria que el
marqués de Ribas plasma en su relación del viaje de Felipe V a Italia. Sabedor de que María
Luisa Gabriela de Saboya no lo veía con buenos ojos, decide dedicarle esta obra (Antonio de
UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V Nuestro Señor en la Corona de
España. Diario de sus viajes desde Versalles a Madrid; el que executó para su feliz
casamiento. Jornada a Nápoles, a Milán, y a su exercito; sucesos de la campaña y su
buelta a Madrid, Madrid, por Juan García Infanzón, 1704).
316
4.2. La secretaría del Despacho Universal en los planes de
sucesión y reforma del cardenal Portocarrero
«... [Los españoles] habían concebido tanta esperanza
que, a menos que Dios nos enviara a sus ángeles para
gobernar, es difícil que se les pudiera satisfacer. Que
un reino que sufre gangrena de un extremo al otro se
restablezca en poco tiempo es una visión, o más bien
una locura; pero es la de todos los pueblos, que se
quejan siempre de los mejores gobiernos».
Marqués de Louville810
En el presente apartado pretendemos analizar el papel que desempeñó la
secretaría del Despacho Universal en los planes sucesorios para la
Monarquía Hispánica que ideó el cardenal Portocarrero811. Una cuestión tan
fascinante como olvidada pues, a pesar de su trascendencia, no ha sido
atendida por ningún historiador hasta la fecha812. Los estudios que se han
venido dedicando de esta compleja coyuntura histórica no han sido escasos,
pero aún desconocemos en gran medida muchos aspectos importantes.
Hasta hace bien poco, su discurso solía ser casi coincidente; es decir, poco
de innovación y bastante de lo ya sabido.
Afortunadamente, en los últimos años se han abierto paso nuevos
enfoques, entre los que destacamos el detallado estudio sobre personajes
con una participación de primer orden en la cuestión sucesoria. Dinámica
que se enmarca en una tendencia historiográfica que trata de desvelar
perfiles personales y aclarar los temas más complejos de la organización de
810Alfred BAUDRILLART, Felipe V y la Corte…, p. 89. Advertimos al lector que nos hemos
visto en la obligación de realizar un par de correcciones en este texto, pues la traducción al
español de esta obra francesa decimonónica es bastante descuidada. Circunstancia que no
acertamos a comprender, sobre todo si consideramos que participaron en su edición varios
profesionales universitarios de probada cualificación.
Una primera versión del presente apartado se publicó en Adolfo HAMER FLORES, El
811
papel de la secretaría del Despacho Universal en el plan de sucesión a la Monarquía
Hispánica del cardenal Portocarrero”, Ariadna, 19 (2008), pp. 155-181.
812Esto es lo que parece deducirse de la abundante bibliografía que hasta ahora hemos
manejado. Es verdad que en alguna ocasión se menciona al secretario del Despacho
Universal, pero las referencias son siempre muy escuetas; tanto que el lector tiene la
impresión de que fue un “figurante” más, y no un destacado “actor”, del complejo tránsito
de Austrias a Borbones en España.
317
las sociedades en toda época y lugar. Este es el caso, por ejemplo, de Juan
Tomás Enríquez de Cabrera (Almirante de Castilla)813 y de Luis Manuel
Fernández Portocarrero (cardenal Portocarrero)814, ambos indiscutibles
testigos y protagonistas de las tensiones, rivalidades y enfrentamientos
vividos en la corte madrileña durante la última década del siglo XVII.
Conocer sus vidas, sus acciones y sus amistades nos permite entender mejor
cómo y por qué sucedieron los hechos del modo en que lo hicieron.
Asimismo, nos posibilita también el evaluar con mayor precisión el papel
que cada personaje tuvo en dicha coyuntura. Circunstancia esta última nada
baladí, pues, a modo de muestra, si hemos de creer a las fuentes de la época,
así como a no pocos discursos historiográficos actuales, el referido cardenal
Portocarrero habría sido el único responsable de la sucesión borbónica.
Todo un pro-borbónico convencido que sirvió de adalid a la causa del nieto
de Luis XIV.
Pero, como tendremos ocasión de ver, nada más lejos de la realidad.
Su papel fue decisivo pero nunca actuó solo; es más, sospechamos que no
fue jamás un pro-borbónico815. A Portocarrero debemos la llegada al trono
de Felipe V pero, aunque en ocasiones parece que se olvida, los grandes
cambios e iniciativas de la Historia nunca se deben en exclusiva a un único
individuo. Necesariamente, cualquier personaje destacado siempre ha
necesitado del concurso, o de la no intervención, de otros para poner en
813María Luz GONZÁLEZ MEZQUITA, Oposición y disidencia nobiliaria en la Guerra de
Sucesión Española. El caso del Almirante de Castilla, Universidad Complutense de Madrid,
2002. Se trata de la tesis doctoral de esta joven historiadora, la cual permanece aún inédita.
Afortunadamente, podemos disponer de parte de su contenido gracias a algunos artículos
publicados por la autora.
814Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La crisis sucesoria de la monarquía española. El
cardenal Portocarrero y el primer gobierno de Felipe V (1698-1705), Universidad
Autónoma de Barcelona, 2005, 4 vols.
815Diversos autores nos muestran a un cardenal Portocarrero que más parece un súbdito
del Rey Sol que el Cardenal Primado de España. Sin embargo, esta forma de adhesión a la
causa borbónica que ellos describen en modo alguno es aceptable para nosotros. Creemos
que el cardenal era ante todo y sobre todo un español fiel a su gobierno y a su rey,
preocupado por garantizar la subsistencia e integridad de la Monarquía Hispánica y
consciente de la necesidad de introducir diversas reformas para evitar el hundimiento que
él atisbaba que se cernía sobre ella si no se buscaba un pronto remedio. Así pues, su
condición de partidario de una sucesión borbónica respondería única y exclusivamente a un
convencimiento de que era lo mejor para España. Sólo entregando el trono español a un
nieto del rey de Francia (recordemos que era entonces el estado más poderoso de Europa)
podrían evitarse los distintos peligros que la acechaban: invasión por parte del ejército de
Luis XIV, puesta en marcha del tratado de partición, una guerra generalizada,...
318
práctica sus ideas. Así pues, no es factible una obra tan personal que no
necesite de colaboradores; eso es lo que tiene vivir en sociedad.
En este contexto se enmarca precisamente nuestra contribución, que
se ocupa del modo en que participaron en las iniciativas del cardenal
Portocarrero los distintos titulares del cargo más elevado de la
administración central de la Monarquía Hispánica: la secretaría del
Despacho Universal.
4.2.1. Luis Manuel Fernández Portocarrero: el «Cardenal de Hierro»816
Aunque pueda resultar sorprendente, debemos confesar que no resulta nada
fácil ofrecer una síntesis biográfica del cardenal Portocarrero817. A pesar de
ello, trataremos de detallar los principales hitos de su vida. Luis Manuel
Fernández Portocarrero nació en la villa cordobesa de Palma el 8 de
septiembre de 1629 en el seno de una noble e ilustre familia. Fue el tercer
hijo de Luis Antonio Fernández Portocarrero, tercer conde de Palma, y de
Leonor de Guzmán818. Desde muy joven sería cuidado y guiado por su tío
Alonso Portocarrero, deán de la Catedral de Toledo, cargo en el que andando
el tiempo le sucedería por renuncia de su tío en él. Gracias al duque del
Infantado pasó a la corte como sumiller de cortina de Felipe IV; y más tarde
fue designado visitador del Grande y Real Templo de Santiago Apóstol819.
Fue promovido por Clemente IX a cardenal el 5 de agosto de 1669820. A la
muerte de Pascual de Aragón en 1677821, sería nombrado arzobispo de
Toledo. Un cargo que le llevó a ser designado el 20 de abril de ese mismo
816Aunque no nos consta que ninguno de sus coetáneos lo denominase de este modo, no
cabe duda de que esta definición encaja perfectamente con la visión que tenían sobre él.
Sólo por ello nos permitimos la licencia de utilizarla.
817Hasta la fecha carecemos de un estudio monográfico sobre la figura de Luis Manuel
Fernández Portocarrero. Contamos con diversas –y dispersas- referencias, pero son, a
nuestro juicio, insuficientes aún para obtener una visión histórica más o menos completa de
este personaje. Esperemos que algún día se le dedique la tesis doctoral de la que es
sobradamente merecedor.
818 Rosa María GARCÍA NARANJO, Doña Leonor de Guzmán…, p. 78.
819 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 155-156.
820 Duc de SAINT-SIMON, Mémoires (1691-1701). Additions…, p. 758.
821 Marquis de VILLARS, Mémoires de la Cour d’Espagne…, p. 291.
319
año consejero de Estado822, un puesto en el que desempeñó funciones
políticas de primera importancia823.
Su fuerte personalidad y su determinación le llevaron desde muy
pronto a destacar en la corte. Algo que la reina madre Mariana de Austria
nunca vio con buenos ojos. Los problemas entre ambos surgieron en el
mismo momento en que Portocarrero fue nombrado cardenal, pues el
Consejo de Estado lo había incluido en la terna sin tener a bien presentar al
Santo Padre la candidatura de Everardo Nithardt, apoyada firmemente por
la reina.
Portocarrero suponía para ella un peligro en potencia, de ahí sus
continuos intentos de alejarlo de la corte, así como de permutar su
arzobispado de Toledo por otro en la periferia peninsular (Granada). Y en
parte lo lograría, pues aunque no pudo enviarlo a Flandes, como
inicialmente tenía pensado, sí consiguió ver aliviada cómo marchaba a
Roma en abril de 1670 para participar, por la muerte de Clemente IX, en el
cónclave que elegiría al nuevo papa. Desde entonces todo fue cuestión de ir
encomendándole distintas ocupaciones para evitar que regresase a la
península. De este modo, el cardenal no volvería de su periplo italiano hasta
1679824.
En los años siguientes, llevaría una vida relativamente discreta a
caballo entre la corte y su palacio arzobispal toledano; siendo una de sus
mayores preocupaciones por aquel entonces el que el rey contrajera
matrimonio y tuviese hijos. Para ello, intervino en la elección tanto de la
reina María Luisa de Orleáns como en la de Mariana de Neoburgo. Sin
embargo, no hubo suerte; ninguna de ellas pudo dar el ansiado heredero a la
Corona. Al contrario, la elección de la segunda esposa no pudo ser más
desafortunada; desde su llegada en 1689, la nueva reina agravó aún más la
tensión y los enfrentamientos que se vivían en la corte.
No obstante, a comienzos de la última década del siglo, este
complicado panorama de una corte dominada por facciones y partidos, y de
822 Francisco Javier de GARMA Y DURÁN, Theatro universal de España…, IV, p. 117.
823 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, pp. 267.
824 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 157 y 172.
320
una monarquía sin heredero adquirió visos de poder solucionarse al menos
en parte. El nacimiento en 1692 del príncipe José Fernando de Baviera
permitía disponer de un heredero que pudiera ser aceptado por el resto de
las potencias europeas en caso de morir Carlos II sin hijos. Desde entonces,
el cardenal se empleó en tratar de convencer al monarca para que hiciese
testamento a favor del candidato bávaro.
Pero a comienzos de 1699 la muerte del pequeño príncipe abrió de
nuevo la crisis sucesoria, precisamente en un momento en el que la salud del
rey y la coyuntura internacional no eran las más favorables. Portocarrero,
consciente de la debilidad española para hacer frente a cualquier invasión o
guerra a escala europea, y sabedor del enorme poder militar de la Francia de
Luis XIV, optó por apoyar a partir de entonces la candidatura del duque de
Anjou. A todas luces, una sucesión a favor del archiduque Carlos supondría
casi con seguridad la invasión, y posterior desmembramiento, de la
Monarquía Hispánica por parte de Francia y sus aliados; y ello Portocarrero
lo sabía825.
Más que mantener una dinastía, lo verdaderamente fundamental
para él era conservar la monarquía. Y, finalmente, lo logró; aunque ello le
requirió un dilatado y extenuante esfuerzo que se prolongó durante meses.
Pero Carlos II cedió, y a comienzos de octubre de 1700 firmó un testamento
favorable al nieto de Luis XIV (circunstancia que el Rey Sol no dudó en
agradecerle; véase al respecto el apéndice I). Por aquel entonces la
importancia del cardenal en la corte y la confianza depositada en él por el
rey había llegado a ser tal que en una iniciativa sin precedentes éste lo
nombró gobernador de sus reinos durante su enfermedad por real decreto
de 29 de octubre826. Un cargo que desempeñó sólo durante dos días, pero
825 Aunque Madrid vivía envuelto en un ambiente político profundamente tenso y
conflictivo, todos los individuos implicados en estos enfrentamientos coincidían en un
principio: la monarquía era patrimonial. La institución tenía plena soberanía, ejercida sobre
un conjunto de reinos con los que había establecido un pacto político que ambos (la corona
y el reino) consideraban como de derecho natural. Un pacto que, al entenderse inserto en la
misma naturaleza, ninguna de las dos partes podía romper. Por tanto, la partición de la
Monarquía Hispánica era impensable para un español.
826Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, pp. 10-11. Véase el
text0 de este decreto en el Documento 7 del Apéndice Documental.
321
que enlazó con el de presidente de la Junta de Regencia establecida tras la
muerte del monarca el día de Todos los Santos de ese mismo año.
Se convirtió así en un personaje clave en el tránsito entre una dinastía
y otra, pasando a ser un estrecho y necesario colaborador del nuevo rey en
los primeros años de su gobierno. Finalmente, ya bastante anciano, y con la
mancha en su curriculum de haber reconocido al Archiduque como rey de
España en 1706827, falleció en su retiro toledano el 14 de septiembre de
1709828.
En otro orden de cosas, y al margen de su trayectoria vital, nos parece
muy interesante también reseñar algo acerca de sus características psíquico-
somáticas. En este sentido, los testimonios de sus coetáneos829 acerca de su
personalidad suelen ser bastante coincidentes. El marqués de Villars diría de
él que era “homme de bonne intentions, de bon commerce, de médiocre
capacité et grand seigneur par ses bénéficies”830, opinión que también
compartían en parte las sátiras populares, que se mofaban frecuentemente
de su supuesta escasa inteligencia y de su horror a la lectura831. Ahora bien,
la mejor descripción del cardenal que hoy poseemos, sin duda alguna, es la
que nos ofrece el duque de Saint-Simon. Según su testimonio, Portocarrero
“était un grand homme tout blanc, assez gros, de bonne mine, avec un air
vénérable et toute sa figure noble et majestueuse; honnête, poli, franc, libre,
parlant vite, avec beaucoup de probité, de grandeur, de noblesse; les sens
bon et droit avec un esprit et une capacité fort médiocres, une opiniâtreté
entêtée; assez politique, excellent ami, ennemi implacable; un grand amour
pour sa maison et tous ses parents, et voulait tout faire et tout gouverner,
827 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 680.
828 Francisco Javier de GARMA Y DURÁN, Theatro universal de España…, IV, p. 118.
829Su personalidad no ha dejado de ser objeto de atención incluso hasta nuestros días. Por
ejemplo, casi medio siglo después de su fallecimiento todavía se referían a él con gran
apasionamiento, haciéndolo poseedor “d’un esprit altier, d’un caractère inflexible, adoré du
peuple, respecté des grands, protecteur de la France qu’il fais soit, avide de gloire, […]”
(Monsieur de la BEAUMELLE, Mémoires pour servir a l’histoire…, IV, p. 6).
830 Marquis de VILLARS, Mémoires de la Cour d’Espagne…, p. 22.
831 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, p. 267.
322
ardent en tout ce qu’il voulait, et, sur le tout, dévot, haut et glorieux, et,
quoique grand autrichien, ennemi de la reine et de tous les siens […]”832.
4.2.1.1. Génesis y características de su pensamiento político
Si algo parece claro en el complejo, y en gran medida aún desconocido,
pensamiento político del cardenal Portocarrero es que aspiraba a que la
Monarquía Hispánica tuviese un gobierno fuerte y estable que recondujera
la situación de crisis en la que estaba sumida. Como de sobra es sabido, el
reinado de Carlos II estuvo aquejado por una crisis permanente en el
sistema gubernativo, que se fue agravando conforme llegaba a su fin. Sin
primeros ministros del corte y la talla política de los validos de los reinados
anteriores, sin un linaje nobiliario que pudiese monopolizar el poder (como
habían hecho los Sandoval-Mendoza y los Zúñiga-Guzmán en la primera
parte del siglo XVII) y sin un rey capaz de sostener los alborotos e intrigas
nobiliarias, la situación no podía ser demasiado boyante.
Ahora bien, sus ideas políticas no hacen precisamente de
Portocarrero un individuo excepcional en su tiempo; sólo estuvo en el lugar
y en el momento adecuados armado con la voluntad, el ímpetu y la valentía
necesarias para hacer realidad sus ideas. Lo que, dicho sea de paso, en modo
alguno es poco. Al igual que él, muchos de sus contemporáneos fueron
conscientes de cuáles eran los problemas –y cuáles las posibles soluciones-
que aquejaban a la monarquía. Pero o bien nada podían hacer para cambiar
la situación o bien preferían aprovechar al máximo los beneficios que les
reportaba esta convulsa época.
Portocarrero, sin embargo, tampoco se mantuvo al margen de los
manejos de sus coetáneos. Las cuestiones que él tanto criticaba, no le fueron
ajenas. Como integrante de un linaje noble y situado en un destacado puesto
de la monarquía, se valdría reiteradamente de su influencia para
beneficiarse a sí mismo y a los suyos. Ahora bien, él también era consciente
de que el mundo en el que vivía no podría subsistir mucho tiempo más con
832 Duc de SAINT-SIMON, Mémoires (1691-1701). Additions…, p. 759.
323
tal grado de desorden y corrupción; y ello le preocupaba. Veía necesaria una
intervención contundente, que impusiese de nuevo el orden; y si esta
intervención la podía liderar él, pues mejor.
Ya desde una fecha tan temprana como 1677, coincidiendo con su
etapa como virrey interino de Sicilia, el cardenal mostraría abiertamente su
decepción de las élites gobernantes españolas, especialmente de los Grandes
y Títulos, pues según él sólo se ocupaban de sus intereses y disputas,
dejando los asuntos y prioridades de la monarquía en un segundo plano. Así,
se convenció de la necesidad de cambiar el sistema político y el gobierno.
En un primer momento parece que consideró la posibilidad de que
don Juan José de Austria, valiéndose de un sistema de gobierno caudillista,
fuese esa solución que él ansiaba833. Pero la realidad fue otra. El bastardo de
Felipe IV nunca aceptó que un hombre fuerte, como lo era Portocarrero,
pudiera estar a su lado haciéndole sombra, por lo que centró su interés en
mantenerlo alejado de la corte. Además, en su corta etapa de gobierno los
logros fueron muy escasos.
No debe extrañarnos, pues, que el cardenal se convenciese tras esta
decepción de que sólo lograría sus propósitos si él mismo los llevaba a
término. Hecho nada descabellado pues por su cargo de consejero de
Estado, así como por la influencia religiosa que tenía como cardenal
Primado de España, poseía un significativo ascendiente sobre el monarca.
Sólo era cuestión de encontrar la forma y la coyuntura más adecuadas.
4.2.1.2. De la teoría a la praxis. La cuestión sucesoria (1694-1700)
Tras la caída de Oropesa en junio de 1691, de resultas de las intrigas de la
nueva reina y del Almirante de Castilla, Carlos II se negó a nombrar nuevo
primer ministro, decidiendo gobernar él solo. Pero pronto vino el desánimo,
y Mariana de Neoburgo se hizo presente. La camarilla de la nueva reina
tendría en los primeros años de esta década las riendas del poder.
833Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, “El Virrey de Sicilia…”, Tiempos Modernos, 4
(2000), pp. 2 y 10-11.
324
Un reducido círculo, conocido como la camarilla austríaca, en el que
destacaban personajes como su camarera mayor, Gertrudis María Josefa de
Guttenberg, baronesa von Barlepsch (la Berlips o Perdiz de las sátiras
populares), colaboradora activa sobre todo en la cuestión de los embarazos
fingidos de la reina; su secretario, Henrich Xavier Wiser, en extremo
ambicioso y aquejado de una marcada cojera (las sátiras se referían a él
como el Cojo); el conde de Baños; o el Almirante de Castilla, don Juan
Tomás Enríquez de Cabrera.
Por entonces, como ya hemos indicado, la actividad de Portocarrero
era bastante discreta en materia política. El cardenal había apoyado la
candidatura de Mariana de Neoburgo con la esperanza de que asegurase la
deseada sucesión. Pero pronto las relaciones entre el cardenal y la reina se
fueron deteriorando, sobre todo por la ausencia de esos hijos834. Ahora bien,
a finales de octubre de 1692 la situación dio un giro copernicano. Había
nacido en Viena el príncipe José Fernando de Baviera, hijo del elector
Maximiliano Manuel de Baviera y de la archiduquesa María Antonia, hija
del Emperador y única nieta de Felipe IV y Mariana de Austria. Y con él
nacía una esperanza dinástica para la monarquía española, una sucesión
muy interesante pues muchos consideraron que quizá era la única que podía
garantizar el equilibrio en Europa.
No serían pocos los que así lo vieron. Incluso declarados rivales como
eran la reina madre y el cardenal Portocarrero coincidieron en que ante la
falta de herederos de Carlos II, lo más conveniente era nombrar como
sucesor al trono al príncipe bávaro. Ahora bien, antes había que reducir el
poder de la camarilla austracista en la corte. Con este objetivo, a los
partidarios de la reina Mariana se les enfrentaron primero la “compañía de
los siete hombres justos”, dirigida por Francisco Ronquillo, y después, o
incluso simultáneamente, el poderoso bando del cardenal Portocarrero835.
Iniciativas en un primer momento muy tímidas, pues apenas
contaban con apoyos. Pero la desastrosa marcha de la Guerra de los Nueve
834 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, p. 267.
835José Manuel de BERNARDO ARES, “El reinado de Carlos II…”, en Actas de las Juntas
del…, p. 56.
325
Años y el público despilfarro de la Hacienda Nacional que realizaban la
Neoburgo y sus partidarios (sobre todo en la concesión de mercedes y
compra de alianzas), la debilitaron.
A finales de 1694 la situación era crítica, los franceses estaban a punto
de tomar Barcelona y las arcas reales se mostraban casi vacías. Un contexto
hábilmente aprovechado por Portocarrero y los suyos. En diciembre, por la
reiterada insistencia del cardenal, el Consejo de Castilla hizo oír su voz
contra la reina y su camarilla836. Además, Portocarrero insistirá
continuamente al rey en sus memoriales, como hizo en el de 4 de enero de
1695, en que “salgan los sujetos que están en Madrid obscureciendo la real
autoridad de Vuestra Majestad destruyendo sus pueblos y particulares”837.
Los austracistas, por su parte, temerosos de que Carlos II no
aguantase mucho más las presiones decidieron actuar. Casi con seguridad
fueron ellos quienes, por aquel entonces, difundieron en la corte el rumor de
que si no se actuaba pronto contra la camarilla austracista, el propio
cardenal prendería a Wiser y a la reina, a la que encerraría en un convento.
De este modo, la Cábala838 podría secuestrar al rey y declararlo estéril e
incapacitado; colocando al príncipe bávaro en su lugar. Y como éste era
menor, el cardenal podría ocupar durante largo tiempo la regencia del reino.
Un enfrentamiento que se resolvería en contra de Portocarrero, pues
la reina hizo valer su enorme influencia sobre el débil Carlos II, logrando
que parte de los partidarios del cardenal perdiesen sus cargos. Este fue el
caso de don Alonso Carnero, destituido de la secretaría del Despacho
Universal; de Montalto, cesado de la presidencia del Consejo de Indias; y del
duque de Medina Sidonia, apartado de la presidencia del Consejo de Aragón.
Sin embargo, el cardenal no estuvo dispuesto a aceptar su derrota sin más.
Se retiró a Toledo, desde donde se negó a reconocer las destituciones y
nuevos nombramientos; sin duda, un desafío sin precedentes. Todo ello dio
836 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, p. 264.
B.N.E., ms. 10889, ff. 8v-9r. Copia del memorial que el cardenal Portocarrero dio a Su
837
Majestad en 4 de enero de 1695.
838Este era el término con el que entonces los austracistas se referían a sus opositores,
especialmente al cardenal Portocarrero y sus aliados. Ahora bien, parece que en los últimos
años del siglo, prefirieron denominarlos “los Celosos”.
326
lugar a una coyuntura tan convulsa que finalmente las presiones surtieron
efecto, y aunque no se expulsó a toda la camarilla, la reina no logró que
Wiser y Baños pudiesen permanecer en la corte. Así pues, ella no se sintió
derrotada puesto que había salvado al resto de sus partidarios, con el
Almirante a su cabeza839.
Pero en mayo de 1696 la situación volvió a cambiar. La reina madre
fallecería víctima de un cáncer de pecho, no sin antes arrancar a su hijo la
promesa de que testaría a favor de José Fernando de Baviera. Carlos II no
estaba muy convencido de cumplir su promesa, pero la insistencia de
Portocarrero y la necesidad de fortalecer la situación de España declarando
un sucesor (teniendo en cuenta sobre todo que Francia había invadido gran
parte de Cataluña), dio finalmente resultados. El cardenal se impuso en una
sesión del Consejo de Estado de septiembre de 1696 al Almirante de Castilla,
consiguiendo que se determinase que el rey testase a favor del príncipe José
Fernando de Baviera840.
El 13 de septiembre de 1696 el rey firmó el mencionado testamento.
Los hombres de Portocarrero habían logrado imponer momentáneamente
sus tesis, siendo el propio cardenal el que presentó al rey el testamento para
que lo firmase después de recuperarse de unas persistentes tercianas, y
aprovechando una breve ausencia de la reina aquejada de una leve
enfermedad.
Enterada la Neoburgo de lo ocurrido no cejaría en el intento de hacer
desaparecer ese testamento. Ciertamente desconocemos a ciencia cierta qué
ocurrió con él, pero las versiones son casi tantas como individuos nos
muestran su opinión. De este modo, algún testimonio afirma que la reina,
nada más enterarse, en un arrebato de ira, secuestró el testamento
sacándolo fraudulentamente de los archivos del secretario del Despacho
Universal841. Sin embargo, otros sostienen que el testamento continuó en
dicha secretaría pues, al parecer, en 1697, la reina estuvo obstinada en lograr
839 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, pp. 264-266.
840María Luz GONZÁLEZ MEZQUITA, “Fidelidad, honor y conspiración…”, en José
Manuel de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la monarquía…, p. 175.
841 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, pp. 288-289.
327
que su marido, con cualquier pretexto, reclamase el original del testamento
para ella “tener el gusto de destruirlo, rasgándolo o quemándolo”. Aún más,
en abril del año siguiente, Bertier, consejero de Maximiliano Manuel de
Baviera, escribirá: “He sabido de buena fuente que el primer testamento del
rey está en su ser, sin haber hecho otro”842.
En cualquier caso, Mariana de Neoburgo, consciente de su descuido,
comenzaría desde entonces a evitar que el cardenal pudiese influir sobre el
rey (sobre todo impidiendo que se entrevistase con él sin estar ella
presente), así como a tratar de atraérselo843; aunque todo ello con poco éxito
en la práctica.
Ahora bien, si todo ello no era suficiente, la situación se complicó aún
más en la corte madrileña. A Luis XIV no le agradaban los derroteros que
estaba tomando la sucesión española, por lo que decidió en 1697 dar por
concluida la Guerra de los Nueve Años con la firma de la paz de Ryswick. Un
acuerdo en el que se evidencia que el monarca galo aceptó las concesiones a
España no por hallarse vencido, sino porque la falta de sucesión de la
Monarquía Hispánica hacía posible para el Rey Sol el hacerse con la
totalidad o, al menos, con una parte sustanciosa de ésta. De ahí que fuera
necesario normalizar las relaciones con Madrid. De este modo, tras la firma
de la paz, el Rey Sol pidió que se le aceptara un embajador, a lo que no se
pusieron problemas. Así, en febrero de 1698 llegó a Madrid el marqués de
Harcourt con el objetivo de crear un partido francés y debilitar a los
partidos bávaro y austracista844.
Mientras tanto, como ya hemos indicado, la reina evitaba
celosamente que Portocarrero o alguno de los suyos se entrevistase con el
rey sin estar ella presente, pero el cardenal aprovechó una visita de la
Neoburgo y del Almirante a la basílica de Atocha en marzo de 1698 para que
Carlos II le recibiese a él y a fray Froilán Díaz. Una audiencia que hizo creer
842 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, pp. 480 y 514.
843Esto es lo que parece deducirse de las palabras de la condesa von Barlepsch, que en 9 de
noviembre de 1697 escribe: “Se nombró ayer consejero de Estado al Cardenal Obispo de
Córdoba, para que contrarreste allí la influencia del otro Cardenal [se refiere a
Portocarrero], de quien no se consigue llegue a ser buen amigo de la reina” (Gabriel
MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 498).
844 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, pp. 261-262.
328
al rey que su esposa y el conde de Melgar trabajaban para la perdición de su
alma. Mariana, con gran esfuerzo, logró reconducir la situación, pero no
pudo evitar que su esposo cubriese la vacante de la presidencia del Consejo
de Castilla con el conde de Oropesa. A todas luces ello suponía una victoria
de Portocarrero, que podría inclinar la sucesión hacia el candidato
bávaro845.
Y no se equivocó. Bacallar y Sanna nos dice que Oropesa logró de
Carlos II la formación de una junta de ministros escogidos del Consejo de
Castilla para que consultasen quién tenía más derechos al trono: el
Emperador, el rey de Francia o el hijo del duque de Baviera. La mayor parte
votó al príncipe bávaro. La consulta pasó después al Consejo de Estado,
donde también venció el príncipe José Fernando. Entonces, Oropesa y el
secretario del Despacho Universal (Antonio de Ubilla) se ocuparon de
redactar en secreto el testamento, todo con el objetivo de que la reina y el
Almirante no lo supiesen. En él, Carlos II declaraba heredero de sus reinos
al citado príncipe, y mientras durase su minoría, por gobernador de ellos a
su padre y, mientras pasase a España, al conde de Oropesa846.
Los austracistas, que intuían que algo se tramaba, no permanecieron
impasibles y proyectaron un motín contra Oropesa en el verano de 1698,
aunque finalmente tuvo que cancelarse por la bajada de los precios de la
cebada, la paja, el trigo y el pan847. Un problema al que se vino a sumarse el
rumor de estarse preparando un acuerdo de repartición de la Monarquía
Hispánica. El 25 de septiembre de 1898 el embajador francés en Madrid,
Harcourt, recibe despachos de Luis XIV informándole de la inminencia de
un tratado de repartición de la monarquía española, adjuntándole un
borrador848. El tratado se firmó en La Haya el 11 de octubre y era en teoría
secreto, pero hubo demasiadas filtraciones. Del mismo modo que Harcourt
recibió a principios de noviembre a varios comerciantes holandeses que
845 Jaime CONTRERAS, Carlos II el Hechizado…, pp. 271-272.
846 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, pp. 2-3.
847 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, pp. 530-533.
848Según éste, el príncipe elector recibiría España y sus posesiones fuera de Europa. El
ducado de Milán sería para el Archiduque Carlos; y las Sicilias, algunos dominios italianos y
Guipúzcoa se entregarían al Delfín.
329
habían sabido de él, a Madrid también debieron llegar pronto rumores. Se
hizo necesario actuar con rapidez y firmeza. De ahí que Portocarrero
enviara, en 29 de octubre, al embajador francés un aviso informándole de
estarse preparando un segundo testamento849.
Aunque aún no está suficientemente claro, parece que fue el propio
cardenal850 el que presentó a Carlos II el 11 de noviembre de 1698 el nuevo
testamento secreto, en el que se nombraba como heredero único de la
monarquía al príncipe José Fernando de Baviera851; y que excluía a los
Borbones. La sucesión en el candidato bávaro constituía una vía intermedia
entre la conservación austríaca, las reformas y las reclamaciones francesas.
Además este testamento no suponía una variación en la situación política
forjada en Europa tras Ryswick y permitía dar una solución a la
inestabilidad política de la Monarquía española, que de este modo podría
preservar su integridad y alejar el fantasma de una guerra852.
Pero Luis XIV no se conformó con el nuevo testamento. Para
presionar al gobierno español, envió con fecha de 9 de enero de 1699 a su
embajador en Madrid un despacho con una nota adjunta en la que el Rey Sol
mostraba su disconformidad con las disposiciones testamentarias. Pero
Carlos II, en la audiencia que le concedió el día 19 de enero a Harcourt,
jugando a crear aún más confusión, le indicaría que su rey no debía hacer
caso de rumores; no había otorgado ningún testamento853.
Mientras tenían lugar todos estos manejos diplomáticos, el príncipe
José Fernando de Baviera fallecía tras una corta enfermedad el 3 de febrero
de 1699. La vía intermedia entre Austrias y Borbones ya no era posible, y la
crisis sucesoria se intensificaba como nunca antes. A partir de entonces se
849 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, pp. 538 y 541. Prueba de este
conocimiento del tratado fue la resolución que se tomó (a consulta del Consejo de Estado y
por acuerdo del rey) de no hacer público el contenido del testamento hasta que no lo fuese
el Tratado de La Haya.
850Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, “Crisis de sucesión: Felipe V y…”, en José Manuel
de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la monarquía…, p. 196.
851 Henry KAMEN, Felipe V, el rey que…, 14.
852Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, “Crisis de sucesión: Felipe V y…”, en José Manuel
de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la monarquía…, p. 196.
853 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 546.
330
delimitarían claramente dos partidos en la corte: el partido austracista, que
optaba por el archiduque Carlos, y el partido francés, que apoyaba la
sucesión en el duque de Anjou. El primero estaría encabezado por la reina,
apoyada por el presidente del Consejo de Castilla, el conde de Oropesa; y el
segundo lo lideraría el cardenal Portocarrero854.
Sin embargo la situación no era en el día a día tan simple. Todo era
muy confuso y a todos les convenía suavizar la crispación con los rivales.
Tanto es así que el propio embajador cesáreo llegaría a afirmar a su padre el
día 2 de febrero que “en general, se me trata mejor que antes, y he notado el
cambio incluso en Portocarrero, de quien no se puede ya dudar que es afecto
a la causa imperial”855.
Pero en realidad al cardenal no le quedaría otra opción que ceder a las
ambiciones de Luis XIV. Sólo con los Borbones en el trono español podría
salvaguardarse la unidad e integridad de la monarquía, y alejar un más que
probable ataque militar. En suma, Francia parecía garantizar lo que Austria
no podía856.
Sin embargo la desaparición del candidato bávaro supuso un
reforzamiento de la camarilla austracista, que vio como el conde de Oropesa
se sumaba a ella. El cardenal comprendió que para reconducir la situación
no cabía ya diplomacia alguna, no se podía perder más tiempo; era necesario
actuar con contundencia. De este modo, el 28 de abril de 1699,
aprovechando una fase alcista de los precios de los alimentos en Madrid se
pudo dar un golpe de fuerza857. Valiéndose de un suceso puntual, los
conjurados consiguieron extender y difundir durante días un
importantísimo alboroto popular por gran parte de Madrid. La furiosa
multitud hacía responsable de sus males al gobierno de Oropesa, por lo que
854 Concepción de CASTRO, A la sombra de Felipe V…, p. 32.
855 Gabriel MAURA, Vida y reinado de Carlos II…, p. 554.
856Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, “Crisis de sucesión: Felipe V y…”, en José Manuel
de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la monarquía…, p. 199.
857Peña Izquierdo califica esta iniciativa como de golpe de estado, pero nosotros evitaremos
aquí esta denominación. A nuestro juicio, la idea que un lector actual tiene sobre lo que es
un golpe de estado difiere en gran medida de lo que ocurrió realmente en el Madrid de abril
de 1699, por lo que al utilizar estos términos tendríamos que matizarlos bastante para no
mover a equívocos.
331
no dudó en dirigirse a su palacio para tomarse la justicia por su mano. Y lo
hubiera conseguido de no haberse refugiado el conde en la casa del
Inquisidor General.
Este motín asustó bastante a Carlos II, que finalmente acabó
firmando, entre otras, las órdenes de destierro del conde de Oropesa y del
Almirante de Castilla; con lo que se daba un golpe definitivo al partido
austracista, que ya no pudo recuperarse. Como contrapartida, el cardenal
Portocarrero pasaba a convertirse en el nuevo hombre fuerte de la
monarquía858. Posición desde la que le sería más fácil doblegar las
reticencias del rey y hacerle firmar un testamento favorable al duque de
Anjou859.
Apunto estuvo de conseguirlo en junio de 1699, coincidiendo con una
grave recaída del monarca, cuando el Consejo de Estado votó a favor de un
testamento acorde con su propuesta. Pero el restablecimiento del rey dejaría
la firma de este documento en suspenso860.
Sin embargo, mientras tanto, muy al pesar de los españoles861, en
Europa seguían las negociaciones secretas para repartirse la Monarquía
Hispánica. El 25 de marzo de 1700, Francia, Inglaterra y Holanda firmaron
la última versión del segundo tratado de partición en los términos acordados
en junio del año anterior862.
Portocarrero era consciente de que este tratado, del que tuvo noticia a
través del nuncio pontificio863, era un mecanismo de presión francés; pero, a
la par, de él también se podía deducir que no se deseaba una guerra. De ahí
858Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, “Crisis de sucesión: Felipe V y…”, en José Manuel
de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la monarquía…, p. 197.
859Si no lograba su objetivo y el monarca moría sin testar de nuevo, el testamento que se
tendría que poner en práctica sería el de noviembre de 1698; en el que se disponía que en
caso de fallecer el príncipe bávaro sin herederos, el siguiente en la línea sucesoria sería el
archiduque.
860 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, p. 297.
861 Carlos II nunca aceptó los tratados de partición, argumentando que todo tratado
referente a su monarquía era nulo por carecer de la firma de Dios. Sólo él y el Todopoderoso
podían decidir legal y legítimamente sobre el futuro de España (Monsieur de la
BEAUMELLE, Mémoires pour servir a l’histoire…, IV, p. 2).
862 The treaty betwixt the Most Christian King…
863 Henry KAMEN, La España de Carlos II…, pp. 610-611.
332
que el cardenal adoptase a partir de mayo la estrategia de crear confusión en
las cancillerías europeas. España no tenía capacidad suficiente para
aguantar la envestida de ninguna otra potencia, por lo que se hacía
imprescindible ganar tiempo hasta lograr la firma de un nuevo testamento.
Una confusión que no sólo debía extenderse en las citadas cancillerías sino
también entre los propios organismos de la administración central de la
Monarquía Hispánica. Portocarrero, de este modo, con todo paralizado,
controlaría mejor la situación. Prueba de ello parece ser el hecho de haber
conformado en su casa una junta (a la que acudían Fresno, Villafranca y
Santisteban) desde la que se decidían los pasos a seguir864.
Mientras tanto intensificó su estrategia de convencer al rey. Carlos II
decidió consultar en junio al papa Inocencio XII sobre la cuestión sucesoria,
el cual, tras dar el asunto a estudio de una junta de tres cardenales865, se
mostraría partidario de los derechos del Delfín. No obstante, no
conformándose completamente decidió que también se pronunciaran sobre
este particular el Consejo de Castilla, varios jurisperitos de diversas
universidades españolas y, finalmente, el Consejo de Estado. En todos
triunfó la tesis borbónica866.
Ahora bien, mientras los avances del cardenal marchaban a un ritmo
demasiado lento, la situación internacional se deterioraba por momentos.
Desde comienzos de agosto la estrategia de crear confusión hubo de
modificarse. Era necesario convencer a las cancillerías europeas de que el
Consejo de Estado estaba a la espera de un próximo testamento de Carlos II,
con lo que quizá se podría ganar el apoyo de las distintas cortes y evitar así
que se forjasen grandes alianzas. Sin embargo, el empeoramiento de la salud
del rey a partir de mediados de septiembre hizo que dichas cancillerías
empezasen a negociar.
864 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 300-302.
865 Entre ellos se encontraba el futuro papa Clemente XI. Nos referimos a Giovanni
Francesco Albani, nacido en Urbino el 22 de julio de 1649, y que se caracterizó por ser un
firme partidario de los intereses de Francia (Paulino CASTAÑEDA DELGADO, “Clemente
XI y la Guerra…”, en La Guerra de Sucesión en…, p. 865)
866 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, pp. 10-11.
333
Se rumoreaba que las tropas del Emperador entrarían de un
momento a otro en los dominios de la Corona española. Por lo que la
respuesta de Luis XIV no se hizo esperar. Ordenó a su embajador en Madrid
que entregase un papel a Carlos II, en él, con un tono ciertamente
amenazante, exigía al rey español que no permitiese que dichas tropas, ni las
de ninguna otra potencia, entrasen en sus dominios867. En caso contrario, él
y sus aliados usarían de todos los medios que juzgasen convenientes para
oponerse a ello. Y las demostraciones de fuerza no se hicieron esperar. En
los últimos momentos de vida del último Habsburgo español, Luis XIV
desplegó un numeroso ejército en los Pirineos de Navarra y Cataluña868.
Era imprescindible actuar pronto y convencer al rey para que
otorgase un nuevo testamento. En este sentido, el 27 de septiembre el
Consejo de Estado elevó un memorial al rey869; y el 1 de octubre, el cardenal
presentó en una sesión de éste un modelo de testamento favorable al
candidato francés para su aprobación, elevándose una resolución al rey ese
mismo día870. Pero a pesar de la extrema gravedad del monarca, éste todavía
tuvo fuerzas para resistirse a firmar. Portocarrero debió emplearse a fondo y
recurrir a todo tipo de medios para reconducir la voluntad del moribundo;
finalmente, el rey accedió a firmar.
Desde entonces hasta nuestros días, han corrido verdaderos ríos de
tinta acerca de este asunto. Con versiones que van desde que Carlos II firmó
ese testamento sólo por el bien de su monarquía871 hasta que para ello fue
B.N.E., ms. 10889, ff. 13r-13v. Copia del papel que dio el embajador de Francia, en
867
nombre de Luis XIV, a Carlos II en 9 de septiembre de 1700.
868 José Antonio VIDAL SALES, Felipe V…, p. 10.
869 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 304-309.
870Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ, “Introducción al testamento…”, en Testamento de Carlos
II…, p. XLVIII.
871 El marqués de San Felipe afirmaría: “Esto executó el Rey libremente, no sin
repugnancias de la voluntad, vencida la razón; no le era de la mayor satisfacción, pero le
pareció lo más justo, y rendido al dictamen de los que tenía por sabios e ingenuos, y al amor
a sus vasallos, a quienes creyendo dar una perpetua paz dejó una guerra cruel” (Vicente
BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, p. 19).
334
coaccionado por el cardenal Portocarrero872, pasando por otras como la que
sostiene que el rey no era consciente de lo que hacía873.
Pero lo cierto y verdad es que lo otorgó el domingo día 3 de octubre
de 1700 ante don Antonio de Ubilla y Medina, su secretario de Estado y del
Despacho Universal y notario público de todos sus reinos y señoríos874. Para
el acto en sí, el rey sólo dejó a su lado a Ubilla, a Portocarrero y a Arias,
mandando apartarse a todos los circunstantes875.
Tras ser leído en voz alta, y posteriormente ratificado y firmado por el
rey, así como por don Antonio Ronquillo como testigo, se cerró con siete
sellos; y por fuera firmaron el resto de asistentes como testigos876. Éstos
fueron los cardenales Portocarrero y Borja; el presidente del Consejo de
Castilla, don Manuel Arias; el duque de Medina Sidonia, mayordomo mayor;
el conde de Benavente, sumiller de corps; y los duques de Sessa y del
Infantado, gentiles hombres de la Cámara. Concluido el otorgamiento,
Ubilla se hizo cargo de su custodia y de la de un sobre cerrado que contenía
872Sobre esta versión hay, al menos, un par de variantes. En una, el cardenal Portocarrero
se habría valido de un secreto para presionar a Carlos II pues, al parecer, el cardenal
escribió textualmente al duque de Anjou lo siguiente: “El padre de las Torres [confesor de
Carlos II] ha revelado el secreto de que nos habíamos valido para hacer un testamento a
favor de V.M., publica sin reboza que el rey antes de morir le había confiado que le habían
forzado a firmar un testamento, lo que nunca hubiera hecho si hubiese seguido los justos
impulsos de su conciencia” (Germán SEGURA GARCÍA, “Cataluña contra la Monarquía
Borbónica…”, Tiempos Modernos, 13 (2006), p. 7). En la otra, ciertamente más difícil de
creer, se afirmaba que Portocarrero había obligado al rey a coger en la mano la estampilla e
imprimir su firma en el testamento (Jean ROUSSET DE MISSY, Histoire publique et
secrète de…, p. 32). Esta mención a la estampilla se nos antoja muy interesante.
Ciertamente, sólo este documento nos ofrece este dato. A finales del siglo XVII existió en la
corte madrileña un elemento tan interesante, a la par que desconocido en cualquier otro
estado europeo, como fue la estampilla. Consistía en un sello de acero con la firma del rey,
tan exacta que no podía distinguirse de la autógrafa. Ésta no podía sacarse del lugar donde
estuviera el rey y su uso se debía al enorme número de papeles que había de firmar el
monarca (Duc de SAINT-SIMON, Mémoires (1691-1701). Additions…, p. 851). El
responsable de la estampilla era el secretario de Cámara (Alonso NÚÑEZ DE CASTRO,
Libro histórico político, sólo Madrid…, p. 164).
873Alejandro Herrera, austracista convencido, afirmaba que “otros dicen que el testamento
se hiciera delante del rey, pero a tiempo que ya no había más que la presencia material
estando aquel rey en los últimos alientos de la vida sin habla, sin advertencia y sin sentidos;
términos en que para el acto de testar se reputa un hombre por ya muerto” (Alejandro
HERRERA, Alegación jurídica en que por…, pp. 197-198).
874The last will and codicil…, p. 27. Es el propio Carlos II quien nos informa de ello en el
codicilo de 5 de octubre de 1700.
875 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, I, p. 18.
876 Nicolás Jesús de BELANDO, Historia civil de España…, I, p. 15.
335
los nombres de las dos personas que debían representar a la Grandeza y al
Consejo de Estado en la Junta de Gobierno877.
Pero no permaneció este documento cerrado durante mucho tiempo
en la secretaría del Despacho Universal. El 1 de noviembre de 1700, Carlos II
fallecía tras casi cuatro décadas de reinado y, una vez certificada por los
médicos la defunción, el cardenal Portocarrero (en virtud de su
nombramiento de 29 de octubre como gobernador de la monarquía) mandó
abrir su último testamento878. Tarea que también correspondió a don
Antonio de Ubilla879, que procedió a su lectura en un acto bastante
concurrido y al que asistió en calidad de juez don Antonio Ronquillo880.
Sólo entonces se despejaron todas las dudas. El último Habsburgo
español nombraba heredero de su fabulosa monarquía al duque de Anjou.
Lo cual suponía una victoria para el cardenal Portocarrero, que a su juicio
había procedido del mejor modo para garantizar la integridad de España.
Éste había hecho posible un documento tan interesante como bien
pensado, pues aunque declaraba heredero a Felipe de Anjou, si el monarca
francés no aceptaba la Corona española para su nieto, ésta pasaría en toda
su integridad al archiduque Carlos. Luis XIV, que durante tantos años había
luchado por hacerse con parte de la Monarquía Hispánica, la tenía ahora en
sus manos; en él quedaba la decisión de rechazarla (con lo que ello
implicaba), de aceptarla para su nieto o de poner en práctica el último
tratado de partición (que recordemos había sido rechazado por Austria).
4.2.2. Una colaboración necesaria: Portocarrero y la secretaría del
Despacho Universal
La forma en la que los distintos individuos que regentaron esta secretaría a
finales del siglo XVII participaron o no de las ideas e iniciativas del cardenal
877Antonio DOMÍNGUEZ ORTIZ, “Introducción al testamento…”, en Testamento de Carlos
II…, XLVIII-XLIX.
878 Nicolás Jesús de BELANDO, Historia civil de España…, I, p. 16.
879 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, p. 7.
Ronquillo era conde de Francos y de Gramedo, caballero de la Orden de Santiago y del
880
Consejo y Cámara de Castilla.
336
fue muy variada. Dados los constantes movimientos en los partidos
cortesanos, nos retrotraeremos tan sólo al caso de Alonso Gaspar Carnero,
que sería secretario del Despacho entre 1694 y 1695. Su acceso a la
covachuela por intervención de la reina, haría francamente complejo para el
cardenal el llevarlo a su terreno. Ahora bien, en el ejercicio de este empleo,
Carnero se granjería la enemistad de Mariana de Neoburgo al no acceder a
todas sus indicaciones.
Los primeros desencuentros serían evidentes casi desde sus primeros
momentos en el Despacho, pues ante la petición de la reina de que se uniese
a sus intereses para reforzar su partido en la corte; Carnero respondería que
era innecesario este proceder, pues siendo criado del rey también lo era de la
reina. Pero el episodio que significó la ruptura definitiva tendría lugar
cuando, de orden de la reina, Wiser acudió a la covachuela para indicarle
que debía leer ante el rey un memorial en el que se pedía una encomienda
para un hijo de la Berlips. La respuesta que dio Carnero consistió en
evidenciar que estando tan reciente la concesión de la merced de
archimandrita de Sicilia al otro hijo de aquella, no convenía soliviantar más
aún a los vasallos con semejantes concesiones; por lo que no sabía si Carlos
II tendría a bien acceder a esta solicitud. Aún más, se atrevió incluso a
insinuar que en qué pensaban aquellos que llevaban a la Neoburgo a
promover iniciativas como estas que la desacreditaban ante los vasallos, que
la cuerda estaba ya muy tensa y no convenía seguir en esa línea.
Episodios como éste seguirían repitiéndose hasta que en enero de
1695, la reina logró finalmente que su marido cesase a un secretario que
había tratado de frenar las ansias de poder del partido de la reina. Un
movimiento que llevaría a que se produjera una suerte de “manifestación”
en palación en señal de apoyo al depuesto Carnero. Todos los lacayos y
cocheros de los señores que participaban en las representaciones de
comedias en palacio, se reunieron en el patio y comenzaron a gritar en
forma de pregón: “Esta es la justicia que manda hacer la reina al rey nuestro
337
señor, que echa a carnero porque no es ladrón”; acudiendo la guardia a
hacerlos callar y echarlos de allí a palos881.
Estaba claro, pues, que en una etapa en la que la rivalidad y los
enfrentamientos entre las facciones cortesanas cobraban tamaño
protagonismo, sólo si el secretario mostraba una actitud prudente
conseguiría mantenerse en el cargo. Estos grupos, lógicamente, tratarían de
atraerlo hacia sus filas; pasando, habitualmente, a promover su caída
cuando comprobaban que no accedíana todas sus pretensiones.
La caída de Juan de Larrea en agosto de 1697 a instancias de la
Neoburgo882, haría que sus sucesores tomaran buena nota; tratando de
evitar en lo posible, tanto Juan Antonio López de Zárate como Antonio de
Ubilla, el mostrarse demasiado afines a ningún sector. Pero centrémonos en
el caso de Antonio de Ubilla. Como ya hemos tenido ocasión de manifestar,
contamos con testimonios que los sitúan en las postrimerías del siglo XVII
tanto como entre los firmes partidarios de la reina883 como participando
junto al cardenal Portocarrero en diversas reuniones que tenían como
objetivo lograr una sucesión a favor del duque de Anjou y cuyos integrantes
eran conocidos como “los Celosos”884 o “grupo del secreto”885.
Unos testimonios que impiden que podamos situar a Ubilla en
ninguno de los bandos más destacados. Se limitaría, ni más ni menos, a
cumplir con las obligaciones inherentes a su empleo tratando de capear, en
la medida de lo posible, los enfrentamientos. Sin duda, su discreción y
profesionalidad fueron intachables. Ahora bien, este proceder llevaría a sus
contemporáneos a desconfiar de él.
En noviembre de 1699, el conde Aloisio Luis de Harrach escribiría al
emperador indicándole que había hecho bien en proteger a Antonio de
881Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, pp. 469-470. Carta sin emisor ni destinatario de 20 de enero de 1695.
882 Un testimonio de la época afirma que “Larrea ha caído en desgracia por altivo e
insolente, y el marqués de Villanueva le ha sucedido en la covachuela del Despacho
Universal” (Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos
referentes a las postrimerías…, p. 651).
883 Antonio CÁNOVAS DEL CASTILLO, Historia de la decadencia de España…, p. 733.
884 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La Casa de Palma. La familia…, pp. 294-295.
885 Duc de SAINT-SIMON, Mémoires (1691-1701)…, pp.767 y 769.
338
Ubilla, pues lo necesitaba; ofreciéndonos una interesante descripción de las
relaciones que mantenía en aquel momento con el resto de actores políticos
presentes en la corte. Al parecer, no contaba entonces con la gracia de la
reina, estaba mal mirado por el partido francés a causa de ser austriaco y su
relación con el cardenal Portocarrero se había enfriado notablemente
porque este último lo hacía responsable del destierro de su enano
favorito886. Se trataba de don Esteban, el cual había sido el enano predilecto
de don Juan José de Austria, antes de pasar tras el fallecimiento de este
último, en 1679, a manos del cardenal887.
Aún así, estos episodios no serían más que desencuentros puntuales.
El cardenal no podía prescindir de elementos tan significativos como la
figura del confesor real o el secretario del Despacho Universal. En verdad,
no puede afirmarse que Ubilla apoyara de manera decisiva la vía borbónica
propuesta por Portocarrero; no obstante, en muchas ocasiones,
simplemente el no mostrar oposición a una iniciativa puede entenderse
también como una muestra de apoyo. En este sentido, nosotros
consideramos que el cardenal tuvo en Antonio de Ubilla a un excelente
colaborador pasivo.
Como acabamos de ver, don Luis Manuel Fernández Portocarrero
tuvo, políticamente hablando, un especial protagonismo en España durante
el delicado tránsito entre los siglos XVII y XVIII. Es más, podemos afirmar
que su proceder fue imprescindible para permitir que a Carlos II le
sucediese legalmente un Borbón. Su fuerte personalidad, su convencimiento
acerca de cuáles eran los males que aquejaban a España y, especialmente, su
determinación en que la situación debía cambiar le hicieron abanderar una
serie de iniciativas que sentaron las bases de lo que sería el estado
centralista dieciochesco.
Sin embargo, también hemos dejado claro que para poner en práctica
sus planes el Cardenal necesitó del concurso de algunos individuos, así como
de la “no oposición” de otros. Y entre ellos destacaron sin duda los titulares
886Adalberto de BAVIERA y Gabriel MAURA GAMAZO, Documentos inéditos referentes a
las postrimerías…, pp. 469-470. Carta sin emisor ni destinatario de 20 de enero de 1695.
887 Agustín GONZÁLEZ AMEZÚA Y MAYO, Fantasías y realidades del viaje…, p. 148.
339
de la secretaría del Despacho Universal, regentada en los últimos años del
“siglo de hierro” por personajes tan destacados como don Alonso Gaspar
Carnero, don Juan Larrea y, sobre todo, don Antonio de Ubilla y Medina.
340
CAPÍTULO 5
HACIA EL ABSOLUTISMO BORBÓNICO.
REFORMAS EN EL DESPACHO Y EN LA
SECRETARÍA DEL DESPACHO
Como en reiteradas ocasiones hemos puesto de manifiesto a lo largo del
presente trabajo, la llegada al trono español de los Borbones supuso el inicio
de numerosas reformas (económicas, políticas y administrativas
fundamentalmente) conducentes a lograr en España una monarquía más
absoluta y centralizada, al estilo de la francesa888.
En este sentido, en el marco administrativo, la existencia de la
secretaría del Despacho Universal se mostró como una institución clave;
tanto que las principales reformas en este campo pasaron necesariamente
por ella. Desde un primer momento, Felipe V configuró un Consejo de
Despacho que le ofreció asesoramiento en sus labores de gobierno y que
permitiría a Luis XIV, a través de su embajador y de otros personajes
influyentes que rodeaban a su nieto, tener un amplio margen de maniobra
en los asuntos de la Monarquía Hispánica. Tanto es así que puede afirmarse
que la unión entre ambas monarquías era tal que no pocas de las decisiones
de importancia capital se tomaban en última instancia en Versalles. No fue,
por tanto, una excepción el que el rey francés llevase en nombre de su nieto
gran parte de las negociaciones de paz durante la Guerra de Sucesión
española, sino más bien lo habitual.
Sin embargo, este reformismo no iría en la línea de lo que destacadas
personalidades hubieran deseado. Este es el caso del cardenal Portocarrero,
que a pesar de haber sido el gran valedor de la candidatura del duque de
Anjou en la sucesión de Carlos II, vería cómo sus planes de reforma no
fueron tenidos en cuenta. Una realidad que llevaría a su progresivo
distanciamiento del gobierno a partir de 1703.
888 Concepción de Castro, A la sombra de la Corona…, p. 43.
341
5.1. Un reformismo orientado por Versalles (1700-1705)889
Los asuntos de España a comienzos del siglo XVIII constituyeron el punto
básico de la política francesa y europea de entonces890. Como ya hemos
afirmado, el propósito de Versalles tras el acceso al trono de Felipe V fue la
plena unión gubernamental de ambas monarquías. Una voluntad que se
manifestaría incluso antes de que el duque de Anjou llegase a Madrid, pues
Luis XIV no dudó en paralizar y mediatizar la que tendría que haber sido
una normal actividad de la junta de gobierno instituida en el testamento de
Carlos II891.
Sin embargo, el organigrama político-administrativo que habían
dejado los Habsburgo no facilitaba precisamente esta intención. Las
reformas se hacían, por tanto, absolutamente imprescindibles, y éstas
afectarían fundamentalmente a tres ámbitos: la administración, buscando
una mayor centralización operativa; la hacienda, racionalizándola para
acrecentar los ingresos; y la defensa, para que el peso militar descansase
sobre los recursos humanos y materiales de España892.
En este mismo sentido, el primer objetivo a cumplir para acrecentar
la independencia del rey de España consistirá en liberarlo de la tutela de los
Consejos893. Éstos habían surgido como órganos supremos para la
administración de justicia y el asesoramiento del monarca, pero pronto se
convirtieron en una maquinaria compleja, con competencias entrecruzadas
y con unos integrantes que trataban los asuntos con excesivas sutilezas
889Parte de una primera versión de este apartado fue publicada en Adolfo HAMER
FLORES, “Hacia el centralismo borbónico. El establecimiento del Consejo de Despacho en
la España de Felipe V”, Codex. Boletín de la Ilustre Sociedad Andaluza de Estudios
Histórico-Jurídicos, 3 (2008), pp. 55-76.
890 Marcel LANGLOIS, Louis XIV et la cour d’après trois témoins…, p. 215.
891José Manuel de BERNARDO ARES, “La España francesa y la Europa británica…”, en
José Manuel de BERNARDO ARES y Santiago MUÑOZ MACHADO (dirs.), El estado-
nación en dos encrucijadas…, p. 170.
892José Manuel de BERNARDO ARES, “La España francesa y la Europa británica…”, en
José Manuel de BERNARDO ARES y Santiago MUÑOZ MACHADO (dirs.), El estado-
nación en dos encrucijadas…, p. 184.
893 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 349.
342
legales894. El Consejo de Estado, siendo el principal de la monarquía,
hubiera sido el idóneo para hacer más uniforme este gobierno y para
coordinar al resto de consejos, dada su capacidad de influir en ellos e incluso
para revocar sus decisiones895. Sin embargo, éste nunca aspiró a cumplir
esta función, centrándose fundamentalmente en el manejo de la política
exterior. En consecuencia, el régimen de gobierno polisinodial se mostraba a
los franceses exasperantemente lento896.
De ahí que para lograr que los deseos de Luis XIV pudieran
transmitirse a las instituciones españolas se optara por crear un nuevo
organismo: el Consejo de Despacho. Ahora bien, éste no se implantó ex
novo; simplemente se decidió incorporar a varios individuos al despacho
que normalmente celebraba el rey español con su secretario de este
nombre897. Con ello se lograban a la vez dos objetivos: por un lado, se
reducía el rechazo que podía causar la creación de un nuevo consejo al
utilizar una institución ya existente; y de otro, se aprovechaban las enormes
potencialidades que mostraba la secretaría del Despacho Universal898. Ésta
última tenía a la muerte de Carlos II unas atribuciones y competencias que
no pueden dejar de ser muy significativas en el contexto de un gobierno de
tipo polisinodial; por tanto, aunque el secretario del Despacho Universal no
era en modo alguno un primer ministro (aunque no faltan testimonios de
extranjeros que los vieron de este modo), gozaba entonces de la confianza
Las consultas plasmaban criterios jurídicos o legales, por lo que lo habitual fue que se
894
impusiese su consejo a los puntos de vista políticos que pudiera tener el monarca.
895 José Antonio MARAVALL, Teoría del Estado en España…, p. 293. Juan de Madariaga
afirma esto en su tratado titulado Del senado y de su príncipe (Valencia, 1617).
896José Antonio ESCUDERO, “Rey, ministros y grupos políticos”, en José Antonio
ESCUDERO, Administración y Estado en la España Moderna…, pp. 516 y 522.
897 En los últimos tiempos estamos asistiendo a una revisión del reformismo borbónico en
España tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Entre las aportaciones más
interesantes podemos citar uno de los últimos trabajos de la profesora Anne Dubet, quien
sostiene que el nuevo sistema no fue tan novedoso como hasta ahora se ha venido
afirmando (Anne DUBET, “¿Francia en España? La elaboración…”, en Antonio ÁLVAREZ-
OSORIO, Bernardo J. GARCÍA GARCÍA, y Virginia LEÓN (eds.), La pérdida de Europa. La
guerra de Sucesión…, p. 306).
898Sobre este empleo pueden verse José Antonio ESCUDERO, Los secretarios de Estado y
del Despacho…, I, pp. 252-258 y 186-195; José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre
la administración central…, pp. 19-39; y Adolfo HAMER FLORES, “De Austrias a
Borbones. La secretaría del Despacho Universal…”, en José Manuel de BERNARDO ARES
(coord.), La sucesión de la Monarquía Hispánica, 1665-1725 (II)…, en prensa.
343
del rey y era el individuo mejor informado de cuanto ocurría, y podía
ocurrir, en la Monarquía Hispánica.
Tantas eran sus facultades que a los franceses se les antojaban
excesivas ante un rey joven e inexperto, por lo que desde un primer
momento se apostó por reducir algunas de ellas899. En este sentido, al
incluir varios individuos en el despacho, el secretario fue relegado de facto
casi al rol de escribano; además, el bolsillo secreto que éste administraba se
confió al primer criado de Cámara del rey, revestido al mismo tiempo con el
título de secretario de la estampilla. Ahora bien, para recompensar estos
recortes de competencias, Antonio de Ubilla y Medina, titular entonces de la
secretaría del Despacho, fue hecho marqués de Ribas, se le dio plaza de
gentilhombre de la Cámara con las entradas900 e incluso Felipe V le dispensó
el 20 de junio de 1702 que le sirviese de rodillas en el despacho; dándole en
adelante asiento igual que a los restantes miembros que asistían al Consejo
de Despacho901.
En este referido consejo se analizaban todas las consultas y
deliberaciones de los tribunales de la Monarquía Hispánica y se trataban
todas las gracias y los favores que el rey acordaba. Se reunía todos los días, a
veces incluso en dos ocasiones. A todas luces se convirtió en el principal
sínodo, llegando a suplantar de tal modo al Consejo de Estado en la
resolución de asuntos que en éste, en una sesión celebrada el 19 de junio de
1703, se llegó a tratar acerca de la conveniencia de su disolución; a lo que
Felipe V se opuso por el real decreto de 22 de junio de ese año, en el que
ordenaba se guardase la práctica acostumbrada902.
899 Muchos son los testimonios que podríamos aportar sobre este particular, pero
consideramos suficientemente ilustrativa la afirmación que el marqués de Louville realizó
en abril de 1701 acerca de que cuando Felipe V salía del despacho, ya había olvidado los
asuntos tratados en él (Alfred BAUDRILLART, Felipe V y la Corte de Francia…, I, p. 76).
900 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 128.
901 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, p. 554.
902Feliciano BARRIOS, El Consejo de Estado…, 180. El Consejo de Estado no tenía una
organización fija y dependía sólo de la voluntad del rey para convocarlo y para enviarle
materias a tratar. Existía por pura voluntad del rey, el cual podía, por tanto, dejar de
convocarlo; y eso fue lo que se hizo (José Luis BERMEJO CABRERO, Estudios sobre la
administración central…, pp. 48 y 60).
344
En suma, los deseos de Versalles desembocaron en el tránsito desde
una forma de gobernar jurisdiccionalista, propia del régimen polisinodial, a
otra ejecutiva, propia del régimen de secretarías. Es decir, esta reforma
contribuyó a reafirmar notablemente el poder del monarca español, aún a
pesar de que las decisiones fundamentales se tomaban en el país vecino.
5.1.1. El Consejo de Despacho. Génesis, evolución y propuestas de reforma
El Consejo de Despacho se implanta en febrero de 1701. Su nacimiento
estuvo apoyado tanto por Luis XIV como por el sector profrancés en Madrid.
Luis XIV recomendaba en unas instrucciones a su nieto fechadas el 3 de
diciembre de 1700 que no tuviese favoritos ni primeros ministros, y que
consultase siempre a su consejo antes de decidir. Pero, ¿a qué consejo se
refería el monarca francés? Por el contexto parece que no se está refiriendo
al Consejo de Estado. Es decir, que ya en fechas tan tempranas se está
indicando a Felipe V que debe crear en España un consejo asesor similar al
Conseil d’en Haut francés903. Por otra parte, parece que también
Portocarrero era partidario de esta misma idea904.
Luis XIV pretendía, mejor dicho, necesitaba que su nieto tuviese un
amplio margen de decisión y actuación en España. Esto, sin embargo, era
muy complicado habida cuenta del funcionamiento del sistema polisinodial
español, y de que la debilidad del último rey había incrementado la
importancia fáctica de los consejos. No sería fácil, pues, tratar de que Felipe
V gobernase del modo en que en el siglo XVI lo habían hecho Carlos I y
Felipe II; y aún menos que este gobierno estuviese tutelado desde Versalles.
Era imprescindible, por tanto, la creación de un nuevo organismo
consultivo a través del cual la Corona pudiera salvar el determinismo de los
consejos. A sugerencia del propio cardenal Portocarrero, deseoso de tener
un significativo protagonismo en el nuevo reinado, se aprovechó el despacho
que mantenía el rey con el secretario del Despacho Universal. De este modo,
903Jean LONGNON (éd.), Mémoires de Louis XIV…, pp. 283-286. Las referencias a este
Consejo se encuentran en los puntos 8, 15 y 33.
904Francisco de CASTELLVÍ, Narraciones históricas…, I, p. 186. Castellví asegura que la
idea del establecimiento de un Consejo de Despacho partió del cardenal Portocarrero.
345
a este trámite, en el que hasta entonces sólo participaban normalmente el
rey y el secretario, se añadieron una serie de individuos con objeto de que
asesorasen al monarca en la resolución de asuntos905. El cardenal propuso
en enero de 1701 que estos individuos fueran él mismo, el presidente del
Consejo de Castilla y el embajador de Francia.
El 12 de enero de 1701, el duque de Harcourt escribe a Luis XIV
indicándole que en los dos últimos reinados en España todas las consultas
habían llegado al rey a través del secretario del Despacho Universal, con el
que el rey tomaba todas las decisiones; pero que la corta edad de Felipe V
hacía poco conveniente esta práctica. El cardenal Portocarrero y Arias
también hacen mención de esta circunstancia, por lo cual ven conveniente la
entrada del embajador al despacho bajo el pretexto de servir de intérprete.
Luis XIV, en carta de 17 de enero, considera bueno que Portocarrero asista
pero no accede a que lo haga su embajador aduciendo que ello podría causar
malestar tanto a España como a Europa. Éste sólo podría concurrir en
ocasiones puntuales y bajo el pretexto de servir como intérprete al rey.
Harcourt respondió que aceptaría, pero que a su juicio se perdía una
oportunidad única, y que difícilmente se volvería a presentar, para
introducirse en este alto organismo gubernativo906.
De acuerdo con el deseo de Portocarrero, Felipe V establece que al
despacho debían asistir el éste, Manuel Arias y el embajador de Francia. El
18 de febrero de 1701, en el palacio del Buen Retiro, Felipe V confirmó a
Antonio de Ubilla en su cargo de secretario del Despacho Universal; dándole
hora para el despacho que tendía lugar al día siguiente a las nueve de la
mañana907. Así pues, la primera reunión del Consejo de Despacho se
produjo el 19 de febrero.
Éste se seguiría reuniendo todos los días tanto por la mañana como
por la tarde, pero muy pronto Harcourt dejó de acudir, salvo cuando Felipe
V así lo disponía en asuntos de especial interés y noticia de ambas
905 Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, p. 21.
906 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires…, I, pp. 308-310.
907 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, p. 95.
346
coronas908. El embajador manifestaba que no podía estar presente en él sin
el consentimiento de Luis XIV, por lo que Portocarrero y Arias no dudaron
en elevar sendas representaciones al monarca francés solicitándole que
accediese a ello, pues de otro modo no se podrían saber sus intenciones
cuando se resolvieran los asuntos909.
Luis XIV trataba de aparentar ante los españoles, así como ante el
resto de Europa, que no deseaba inmiscuirse mucho en la política de su
nieto, de ahí que no considerara prudente acceder a la petición de Harcourt
de entrar al despacho, aunque fuera con la excusa de servir de intérprete.
Ahora bien, la marcha de la situación internacional, así como las peticiones
recibidas desde España, lleva a Luis XIV a reconsiderar su decisión. En una
carta de 7 de marzo de 1701 dirigida a Felipe V, Luis XIV aprueba que su
embajador asista al despacho, a fin de que pudiera orientar, obviamente
según el dictado de Versalles, las decisiones a tomar; aunque recomienda a
Harcourt que tuviera prudencia y moderación en su proceder910. De este
modo, el embajador francés añadió a las tradicionales funciones de reunir
información, negociar y representar a Luis XIV, la de actuar como primer
ministro911.
El Consejo de Despacho, por tanto, se consolida como institución
básica de contacto entre Versalles y Madrid. En su seno se producirá la
transmisión por parte de Francia de las principales directrices a seguir. Los
embajadores franceses se convirtieron en la piedra institucional angular de
esta unión gubernamental entre la monarquía francesa y la española. A
pesar de los titubeos iniciales, desde muy pronto estos pasaron a ser de
hecho los primeros ministros de la monarquía hispánica. Una realidad que
ya puede apreciarse claramente en las instrucciones que Luis XIV firmó el 7
de julio de 1701 para el conde de Marcin. En ellas se afirma que “il est
présentement nécessaire que l’ambassadeur de Sa Majesté [Luis XIV] soit
ministre du Roi Catholique; que sans avoir le titre, il en exerce les fonctions ;
908 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, p. 100.
909 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires…, I, pp. 318-319.
910 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires…, I, pp. 327-328.
911 Ana Isabel ÁLVAREZ LÓPEZ, Los embajadores de Luis XIV…, p. 104.
347
qu’il aide au roi d’Espagne à connaître l’état des affaires et à gouverner par
lui-même”912.
La trayectoria de este organismo, no obstante, se vería afectada por
dos graves problemas en los primeros años del reinado de Felipe V: la
lentitud en la resolución de los asuntos y su traslado junto al rey durante su
viaje a Aragón e Italia. Con respecto al primero de ellos, contamos con
testimonios tan claros como el de Blécourt, quien a mediados de 1701
afirmaba que todo iba muy lento en este consejo, sobre todo por la enorme
cantidad de asuntos a tratar por una única secretaría913. Ni siquiera la
presencia del embajador de Francia era garantía suficiente para que las
cosas avanzasen más rápido.
Por otro lado, el viaje a Aragón y a Italia forzó a que Felipe V llevase
consigo un reducido Consejo de Despacho, dejando en Madrid por real
decreto de 2 de febrero de 1702 una junta que gobernaría en nombre del rey
hasta su vuelta y en la que el cardenal Portocarrero tuvo las mismas
facultades y prerrogativas que había tenido la reina Mariana de Neoburgo.
Junto a él estarían: el gobernador del Consejo de Castilla, el presidente del
Consejo de Aragón, el presidente del Consejo de Italia, el presidente del
Consejo de Flandes, el presidente del Consejo de Indias y el marqués de
Villafranca, mayordomo mayor914.
A esta junta le sucedería poco después otra presidida por la joven
reina regente915. El rey dispuso el 13 de mayo de 1702 que cuando su esposa
llegase a Madrid, gobernase la Corona, y que para ello tuviese una junta.
Ésta estuvo compuesta por el cardenal Portocarrero, Manuel Arias
(arzobispo electo de Sevilla, consejero de Estado y presidente del Consejo de
Castilla), el duque de Montalto (gentilhombre de la Cámara, consejero de
912José Manuel de BERNARDO ARES, “Embajadores influyentes y nobles enfrentados…”,
en Agustín GUIMERÁ RAVINA y Víctor PERALTA RUIZ (coords.), El equilibrio de los
imperios: de Utrecht a Trafalgar…, II, p. 79.
913 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires…, I, p. 351.
914 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, pp. 362-364.
A pesar de que la historiografía suele mostrar en este asunto bastantes contradicciones,
915
puede afirmarse que la junta presidida por Portocarrero y la que después encabezó la reina
nunca se situaron al mismo nivel que el Consejo de Despacho; prueba elocuente de ello es
que los asuntos principales debían consultarse a Felipe V.
348
Estado y presidente del Consejo de Aragón), el marqués de Mancera
(gentilhombre de la Cámara, consejero de Estado y presidente del Consejo
de Flandes), el duque de Medinaceli (gentilhombre de la Cámara, consejero
de Estado y presidente del Consejo de Indias), el marqués de Villafranca
(gentilhombre de la Cámara y mayordomo mayor). Todos ellos concurrieron
a ella como consejeros de Estado y pudieron decidir en cualquier materia
excepto en lo militar y político, qué se debía remitir al rey. Como secretario
de esta junta se nombró a Manuel de Vadillo y Velasco, quien suplía en la
secretaría del Despacho Universal la ausencia de Antonio de Ubilla916. El
nexo de unión entre esta junta y el rey fue la secretaría del Despacho de
Madrid917. De este modo, tras llegar a Madrid el 30 de junio de 1702, la reina
asistió todos los días dos o tres horas918, circunstancia que no pudo impedir
que los asuntos se acumulasen, dilatándose en exceso su resolución919.
Pero por si todo ello no era suficiente, entre 1703 y 1705 existió un
Consejo de Despacho muy dividido y en el que era muy difícil la resolución
de los asuntos920. La rivalidad entre la princesa de los Ursinos y los
sucesivos embajadores franceses fue indudablemente el principal motivo921.
A su vuelta de Italia, y ante la petición de retiro del cardenal
Portocarrero, el rey decidió despachar sólo con el marqués de Ribas al
considerar poco prudente la entrada del embajador francés al consejo sin
que acudiese un ministro español; un proceder que contrarió y disgustó a
Luis XIV, quien apercibió seriamente a su nieto en una carta fechada en 4 de
916 Modesto LAFUENTE, Historia general de España…, XVIII, p. 26.
917 Antonio de UBILLA Y MEDINA, Sucesión de el rey D. Phelipe V…, p. 463.
918 Claude François Xavier MILLOT, Mémoires politiques et militaires…, II, p. 70.
José Antonio ESCUDERO, “La reconstrucción de la administración central…”, en José
919
Antonio ESCUDERO, Administración y Estado en la España Moderna…, p. 143.
920Ello facilitaría la existencia de un despacho secreto, o privado, con el rey en el que se
resolvían realmente todos los asuntos que se trataban en el Consejo de Despacho. A éste
acudirían pocas personas, entre las que podemos mencionar a la reina, a la princesa de los
Ursinos, a Jean Orry y al marqués de Canales.
921El 2 de febrero de 1703, en una carta a la mujer del mariscal de Noailles, la princesa de
los Ursinos afirmaba sobre el cardenal y el abad Estrées que “ils ne cessent de faire tout ce
qu’ils peuvent pour me faire des ennemis; mails ils se fon plus de mal qu’à moi, car, à
commencer par Leurs Majestés, tout Madrid sera bien tôt révolté contre eux” (M. A.
GEFFROY, Lettres inédites de la princesse des Ursins…, pp. 134-135).
349
febrero de 1703. Así pues, inmediatamente se hizo volver al cardenal
Portocarrero para que el cardenal Estreés pudiera asistir.
Pero los problemas tampoco acabaron entonces. La posterior entrada
en el consejo de nuevos miembros (el marqués de Mancera y el arzobispo de
Sevilla) trajo consigo el planteamiento de la necesidad de volver al sistema
de gobierno polisinodial. Felipe V se mostraba indeciso, pero Luis XIV
rechazó categóricamente esta propuesta a través de Gramont, ya que a su
juicio supondría convertir al secretario del Despacho en un primer ministro.
Al contrario, insistió en el reforzamiento del Consejo de Despacho. En
agosto de 1704, Luis XIV le indica a su nieto que dicho organismo habría de
entender en los negocios de guerra, hacienda y política, integrando al
embajador francés como asesor principal. Así pues, el consejo se reorganizó
de nuevo incrementándose el número de miembros, pero los problemas
tampoco finalizaron, ya que sus integrantes casi siempre contradecían lo que
sostuviese el embajador922.
Por otro lado, hay un elemento muy importante a tener en cuenta de
este Consejo de Despacho. Como ya hemos afirmado, se trató de un
organismo consultivo establecido por voluntad regia. Carecía, por tanto, de
reglamentos o normas de funcionamiento puestas por escrito; es más, nunca
existió ningún nombramiento de consejero del Despacho. Sus integrantes
acudían a él por un aviso del rey, y permanecían en él por su voluntad; y
aunque poseía secretario, éste, a pesar de que la documentación se refiera en
alguna ocasión a él en este sentido, no debe verse tanto como secretario del
Consejo de Despacho sino más como secretario del Despacho Universal.
Todos los asuntos que se trataban en este Consejo de Despacho fueron los
mismos que se hubieran tratado si el despacho sólo se hubiera celebrado,
como en el reinado anterior, entre el rey y su secretario923.
Este hecho hace que la mayor parte de los procedimientos del
despacho sigan igual en el reinado del primer Borbón español. Así, todavía
José Antonio ESCUDERO, “La reconstrucción de la administración central…”, en José
922
Antonio ESCUDERO, Administración y Estado en la España Moderna…, pp. 143-144.
923Ello explica, por ejemplo, que el Consejo de Despacho no generase ninguna
documentación propia. Todo lo que en él se gestionaba no era otra cosa que lo que hasta la
muerte de Carlos II habían gestionado los distintos secretarios del Despacho Universal.
350
en marzo de 1705 el círculo de la princesa de los Ursinos se quejaba de que
ningún integrante del despacho, ni siquiera el embajador francés,
controlaba las tareas del secretario del Despacho Universal. Orry nos dice
que “il rapporte lui seul les consultes au Despacho, et la plupart du tems par
extrait, personne n’examine si il dit le fait comme il est, on va ensuite aux
opinions, le Roy décide, le secrétaire minute cette décision sur un simple
papier volant, ces consultes et ces minutes retournent a la secrétairerie, il
met les décrets de sa main sur chaque consulte, le Roy les signe le lendemain
sans qu’il s’en fasse aucune lecture. Il est de même des ordonnances et de
tous les ordres en général, et personne ne surveille sur ce que le Roy
signe”924.
Ello facilitó el que se propusieran varios intentos de reforma de este
Consejo. Desde un primer momento apreciamos en estas propuestas un
intento de institucionalizarlo, pero ninguno de los proyectos se puso
finalmente en práctica; aunque sí hubo algunos cambios relacionados con
ellos. Por ejemplo, la división de la secretaría del Despacho Universal en
1703 y 1705 se vinculó al fracaso de las propuestas elevadas en esos años.
Nos interesa analizar estos intentos de institucionalización por
considerarlos muy significativos para evaluar la preocupación del grupo
francés que rodeaba a la princesa de los Ursinos por que no se produjera
una ruptura entre la Corona y las instituciones tradicionales de la
Monarquía Hispánica que llevara a un rechazo de la nueva dinastía. En este
sentido, la propuesta de 1705 es muy interesante, ya que hubiera permitido
una centralización administrativa a la par que un mantenimiento del
sistema polisinodial. Obviamente, este sistema, que habría podido dar muy
buenos resultados al rebajar el nivel de crispación y oposición a la política
francesa, no podía ser bien visto desde Versalles. Y todo porque con este
sistema el Consejo de Despacho no podría ser dirigido completamente por el
embajador francés. Además, sus integrantes lo serían en calidad de
presidentes de un Consejo, por lo que no sería tan fácil reemplazar a
aquellos que resultasen molestos a los intereses de Francia. En suma,
después de esta reforma no se podría mantener un despacho para salvar las
924 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 714.
351
formas, decidiéndose todo en reducidos círculos y, en última instancia, en
Versalles.
La presencia del embajador de Francia en el Consejo de Despacho no
fue, como ya hemos afirmado, suficiente para que las cosas avanzasen. Ello
hace concebir en 1702 a Jean Orry la necesidad de una reforma en la
administración central, pues el modo de gobierno por consultas de los
consejos paralizaba las iniciativas. Para reducir la importancia de éstos,
propone la creación de un Consejo Real que se emplazaría jerárquicamente
entre el Consejo de Despacho y el Consejo de Estado; que estaría integrado
por un reducido número de personas elegidas por el rey, y cuyas
competencias se extenderían a todos los asuntos. En concreto, se trataría de
cinco: un jefe del consejo, un ministro, un veedor encargado de las finanzas
y, alternativamente, un secretario de Estado para asuntos exteriores y un
secretario para asuntos interiores; resultado de dividir en dos la secretaría
del Despacho Universal925. En marzo del año siguiente, elevó una nueva
propuesta muy similar, aunque en esta ocasión propuso que el referido
Consejo Real se denominase Consejo de Despacho a fin de evitar recelos
entre los españoles; ahora bien, casi con seguridad, ello no implicaría la
desaparición de este organismo, sino sólo su transformación en un consejo
privado de asesoramiento al monarca926.
Este consejo debía conocer e intervenir en todos los asuntos, para lo
cual propuso dividir, siguiendo criterios geográficos927, la secretaría del
Despacho Universal en tres empleos distintos. Una se ocuparía de los
asuntos exteriores, de Italia y Flandes, otra de los de Indias, navegación y
comercio, y otra de los de España. En cualquier caso, no se debía apartar
completamente a los consejos; haciéndolos receptores sólo de los asuntos
925 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, pp. 348-350.
926Los cambios que Orry introduce en sus propuestas, sumados al hecho de que nunca se
pusieron en práctica, hacen difícil a veces interpretar sus proyectos. En cualquier caso, que
éste pudiera apoyar un despacho privado no es extraño, sobre todo habida cuenta que entre
1703 y 1705, por las desavenencias entre los monarcas y los embajadores franceses, las
cuestiones más importantes se resolvieron en un despacho secreto entre los reyes y
personajes como el propio Orry, la princesa de los Ursinos y el secretario Canales.
927 La concesión de asuntos hacendísticos o de guerra a un único individuos podría
dificultar el trabajo por la diversidad existente entre los distintos reinos de la monarquía
hispánica.
352
cuya resolución no fuera urgente y de aquellos que por sus formalidades
requirieran de ello928.
Pero Versalles tampoco acepta este plan. Orry, sin embargo, no se da
por vencido; y si no se podía reformar el consejo, intentaría dividir al menos
la secretaría. En septiembre de 1703 logró que los asuntos de Guerra se
encomendasen a su amigo el marqués de Canales929. Pero con ello tampoco
mejoraron mucho las cosas. El empeoramiento de la situación bélica, unido
a los ataques que los embajadores franceses realizaban contra el entorno de
la princesa de los Ursinos y Orry, llevó a Luis XIV a considerar necesario que
el marqués de Rinas volviera a ocuparse de todos los asuntos de la secretaría
del Despacho. La caída de Gibraltar en manos de los ingleses fue la gota que
colmó el vaso, el marqués de Canales fue cesado y Orry llamado a Versalles;
por tanto, según los deseos del monarca francés, Antonio de Ubilla volvía a
hacerse cargo de la secretaría a partir de agosto de 1704.
Sin embargo, la situación no experimentó cambios en los meses
siguientes y desde Versalles la preocupación era cada vez mayor. De este
modo, tanto el embajador francés, Gramont, como los propios reyes, que
detestaban al marqués de Ribas y sólo lo mantenían en el cargo por deseo de
Luis XIV, lograron su deseo de que se accediese a apartarlo de la secretaría
del Despacho Universal930 en enero de 1705; sustituyéndole Pedro Caetano
Fernández del Campo, segundo marqués de Mejorada931.
928 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 352.
929Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 353. En octubre de 1703,
Orry afirmaba que Canales era “le plus honnête homme et le meilleur serviteur du roi qu’on
put trouver, mais il nous a fait quelques bévues qui nous ont un peu embarrassé, il ne faut
pas compter sur une capacité consommée”.
930 José Manuel de BERNARDO ARES, “Los tres reyes de la monarquía católica…”, en José
Manuel de BERNARDO ARES y otros, La correspondencia entre Felipe V y Luis XIV (I)…,
p. 19.
931 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres..., IV, p. 246. Disponemos
de varios testimonios que coinciden en las virtudes del marqués de Mejorada, pero que
también señalan su escasa idoneidad para esta secretaría. Tessé afirmaba en abril de 1705
que Mejorada “es hombre honrado, rico, bienintencionado, no ha servido jamás, no quiere
ser responsable de nada ni cuidar de cosa ninguna. Sería un dependiente fiel y concienzudo
si no tuviese más que hacer que lo que le mandasen, pero jamás se cuidará más que de dar
gusto a los magnates, a quienes respeta” (William COXE, España bajo el reinado de la casa
de Borbón…, I, p. 252); por otro lado, el marqués de San Felipe afirmaba que era “hombre
de gran complexión, ingenuo, entero y con el largo uso de la negociación de la secretaría de
Real Patronato, muy práctico y de pronto expediente, aunque el natural no el más dulce”
(Vicente BACALLAR Y SANNA, Comentarios de la guerra de España…, p. 84).
353
No obstante, era evidente que el mantenimiento de una única
secretaría era poco operativo. Se hacía necesaria una división, tal y como
sostuvo el mariscal Tessé. Luis XIV aceptó esta propuesta, y en las
instrucciones que se entregaron al nuevo embajador francés, Amelot, que
llegó a Madrid en mayo de 1705, se le encomendaba buscar un individuo a
propósito para encomendarle la nueva secretaría de Guerra. Un cargo que
por real decreto de 11 de julio de 1705 recayó en José de Grimaldo.
Pero también en esta ocasión la princesa de los Ursinos había
diseñado con Orry un nuevo e interesante plan para el Consejo de
Despacho932. Éste debía convertirse para ellos en una especie de órgano que
armonizase la compleja estructura polisinodial de la monarquía. Sus
objetivos principales consistían en fijar una planta que pudiera contentar a
los representantes del sistema polisinodial español, en distribuir sus
sesiones temáticamente y en dividir en dos oficinas la secretaría del
Despacho Universal. Con la primera medida, se reduciría el malestar de los
consejos y de la clase política hispana, pues se adoptaría un esquema similar
al que habían tenido las juntas de gobierno instituidas para el tránsito entre
dos monarcas o para gobernar en su ausencia. Si una junta de gobierno
podía ser un puente transmisor del poder soberano, así como asumirlo
temporalmente en su ausencia, es lógico pensar que un consejo con esta
estructura habría de mostrar menos recelos. Con la segunda, se lograría
hacerlo más efectivo, así como evitar que el poder de sus integrantes pudiera
extralimitarse, ya que ninguno de ellos podría formar parte de todas las
secciones. Finalmente, con la tercera se reduciría el considerable poder del
que disfrutaba el secretario del Despacho Universal todavía en 1705. Un
secretario se ocuparía de los asuntos de Estado, Aragón, Italia, Órdenes y
Cruzada; y el otro de Guerra, Hacienda, Castilla e Indias. Además, su acción
sería verificada por los integrantes de este Consejo de Despacho.
932 Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, pp. 356, 358 y 710-714.
354
Cuadro II.5.1
Integrantes de cada una de las secciones en las que la princesa de los Ursinos
proponía dividir en 1705 el Consejo de Despacho
Sección Integrantes
Representante del Consejo de Estado
Representante del Consejo de Guerra
Estado 5 Presidente del Consejo de Aragón
Presidente del Consejo de Italia
Presidente del Consejo de Órdenes
Representante del Consejo de Estado
Representante del Consejo de Guerra
Guerra 4
Presidente del Consejo de Aragón
Presidente del Consejo de Castilla
Representante del Consejo de Estado
Presidente del Consejo de Castilla
Hacienda, Castilla e Indias 5 Presidente del Consejo de Hacienda
Presidente del Consejo de Indias
Presidente del Consejo de Órdenes
Representante del Consejo de Guerra
Italia y Aragón 3 Presidente del Consejo de Aragón
Presidente del Consejo de Italia
Presidente del Consejo de Castilla
Órdenes y Cruzada 3 Presidente del Consejo de Italia
Presidente del Consejo de Órdenes
Fuente: Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 711. Elaboración propia.
Cuadro II.5.2
Distribución semanal de las reuniones de las secciones del Consejo de
Despacho que pretendía establecer en 1705 la princesa de los Ursinos
Mañana Tarde
Lunes Guerra
Martes Hacienda, Castilla e Indias Órdenes y Cruzada
Miércoles Guerra
Jueves Hacienda, Castilla e Indias
Viernes Italia y Aragón
Sábado Hacienda, Castilla e Indias Guerra
Domingo Estado
Fuente: Catherine DÉSOS, L’entourage français de Philippe V…, p. 711. Elaboración propia.
Ahora bien, esta propuesta de reforma, como las anteriores, no contó
con el beneplácito de Versalles; y las razones de ello son sencillas. Ya hemos
afirmado que para Luis XIV el Consejo de Despacho sólo era un mero
transmisor de su voluntad hacia las instituciones de la Monarquía
Hispánica, por lo cual éste no podía aceptar una reforma de este organismo
que restase poder a su embajador.
355
En cualquier caso, el Consejo de Despacho no pudo evitar ser un
importante paso hacia la centralización gubernativa. Aunque de él no pudo
surgir el estado centralista de tipo ejecutivo del siglo XVIII español, su
existencia sí lo favoreció. Esta centralización se operó a través del
reforzamiento y división de un cargo que el primer Borbón español había
heredado del reinado anterior: la secretaría del Despacho Universal933.
5.1.2. El triunfo de la vía ejecutiva: de la secretaría del Despacho Universal
a las secretarías de Estado y del Despacho
Por decreto de 11 de julio de 1705 se puso el fin del carácter universal de la
secretaría del Despacho, fijando de derecho lo que dos años antes se había
dividido de hecho934. Esta división temática permitía que los asuntos
pudieran atenderse, ya que una única secretaría lo hacía ciertamente
inviable. Es evidente que si el gobierno de los Austrias requirió diversos
consejos, el nuevo sistema necesitaba de diversas secretarías que asumieran
muchas, aunque no todas, de las competencias de aquellos.
Por tanto, al final no se hizo otra cosa que avanzar en una dinámica
de centralización que comenzó con los Austrias. Si estos conformaron en las
últimas décadas del siglo XVII una secretaría que servía de nexo entre el
monarca y todas las instituciones de dentro y fuera de la monarquía; los
Borbones la dividieron temáticamente, acrecentando, en detrimento de los
consejos, su margen de responsabilidad en materias gubernativas.
5.2. La frustrada vía reformista del cardenal Portocarrero (1700-
1703)
Nuestro objetivo en esta capítulo es el de profundizar en las medidas
reformistas desarrolladas por el cardenal Portocarrero en los primeros años
del reinado de Felipe V. A través de ellas, el cardenal trató de aprovechar el
acceso de la nueva dinastía para introducir una serie de cambios en el
José Antonio ESCUDERO, “Orígenes de la administración central…”, en José Antonio
933
ESCUDERO, Administración y Estado en la España Moderna…, p. 50.
José Antonio ESCUDERO, “La reconstrucción de la administración central…”, en José
934
Antonio ESCUDERO, Administración y Estado en la España Moderna…, p. 144.
356
sistema de gobierno español, conducentes en buena medida a reducir el
poder de una nobleza ociosa y evitar el panorama de facciones y luchas
políticas que habían caracterizado el reinado de Carlos II.
Unas iniciativas que pudo liderar por el significativo ascendiente que
había alcanzado sobre el último Austria español (no en vano llegó a ser
nombrado en 29 de octubre de 1700 gobernador de la monarquía) y la
consolidada posición que tenía dentro de los principales sectores del Estado;
así como por el apoyo que le prestaron inicialmente Felipe V y Luis XIV. Sin
embargo, lo cierto es que estas iniciativas del cardenal fueron permitidas por
Versalles fundamentalmente porque reforzarían el poder y la autoridad del
nuevo monarca sin que se produjese ningún desgaste en la figura de Felipe
V, ya que el malestar popular y de los organismos de la alta administración
se desviarían hacia Portocarrero.
Ahora bien, transcurridos algunos meses de reinado, y coincidiendo
con el momento en que Versalles consideró que Felipe V estaba
suficientemente asentado en el trono español, el sector francés presente en
Madrid comenzaría a tratar de frenar ese influjo reformista ya que de seguir
adelante hubiera puesto en jaque la influencia del Rey Sol sobre su nieto. De
este modo, el cardenal pudo comprobar que el gobierno de Felipe V no
pasaba de ser un títere sujeto a los intereses y necesidades de Versalles; no
veía un deseo de gobernar España, sino de violentar las instituciones
españolas para imponer las decisiones tomadas en Francia. Por ello, éste no
dudó incluso en oponerse abiertamente a partir de 1702, desde su cargo de
consejero de Estado, a no pocas medidas adoptadas por el nuevo rey.
5.2.1. Los primeros años del reinado de Felipe V según el cardenal
Portocarrero
Contamos con un interesantísimo testimonio en el que el propio
Portocarrero nos detalla cuáles fueron sus objetivos de reforma en 1701, así
como su frustración y desengaño por el abandono de todas las iniciativas
propuestas sólo seis meses después de arribar Felipe V a España. Se trata de
un documento de primer orden, ya que es precisamente uno de los
principales actores del proceso de sucesión borbónica a la Monarquía
357
Hispánica quien valora a comienzos de 1703 los dos primeros años de
reinado.
Un documento que, dicho sea de paso, nos permite reafirmarnos en
nuestra creencia de que si el cardenal apoyó a Felipe V fue porque consideró
que era quién mejor podía garantizar la continuidad de la Monarquía
Hispánica y acometer las necesarias reformas. Su contenido es de una
importancia capital tanto por lo que nos dice directamente como por lo que
nos revela indirectamente. Tanto es así que puede afirmarse que nos
encontramos ante una clara crítica a las derivas que tomó el gobierno de la
Monarquía Hispánica a partir de septiembre de 1701.
Portocarrero expone que a la muerte de Carlos II la situación de la
Monarquía Hispánica era desastrosa. Entre otros, faltaba flota de barcos, las
fronteras estaban mal defendidas, en los territorios de la monarquía faltaba
orden y seguridad, el Real Erario estaba exhausto, el gobierno tiranizado y
perturbado el orden del Estado. El cardenal consideraba que la razón
principal de todo ello estribaba en “la falta de administración de justicia,
teniendo el delito premio, el mérito abandono, inobservancia y desprecio en
sus ministros la majestad y ningún fomento la virtud, trabajo y
aplicación”935.
Para lograr el alivio y felicidad de la patria consideró esencial
mantener a Felipe V en una pureza de costumbres; es decir, evitar que los
“antiguos abusos y desórdenes” perturbasen y alterasen el ánimo de un rey
joven e inexperto. Para ello convino con Harcourt en arreglar y dar a lo
decoroso la familia y casa del rey; sobre todo en las primeras personas que
debían asistirlo. Había que evitar gastos superfluos y excesivos, y reducir las
mercedes, ayudas de costa y exenciones que se concedían por cercanía al
rey.
Aunque la situación de conflicto internacional obligaba a no acometer
todas las reformas a comienzos del reinado, al menos se tendría presente
evitar que aumentasen los males que afectaban a la monarquía. De este
modo, debía aprovecharse el inicio del reinado para reducir el premio y el
935 A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 114, f. 27v.
358
castigo a sus debidas clases, devolver al rey el respeto y obediencia en sus
ministros y arreglar sus tribunales de justicia y gobierno, prestando especial
atención a detener las mercedes, dispensas y concesiones inútiles y
exuberantes que dilapidaban los escasos recursos de la Real Hacienda.
Portocarrero argumenta que si en el gobierno central el mecanismo
de promoción es la adulación, en el resto del Estado ocurriría lo mismo.
Imponiendo otro modelo, la monarquía caminaría mejor. Había que pasar
de una competencia entre aduladores que sólo suponían al Estado excesivos
gastos y un mal gobierno, a una competencia entre individuos capacitados.
Si lo que se premia es el trabajo bien hecho, todos tratarán de hacerlo bien;
así, había que conceder todos los empleos de gobierno y justicia sólo “a los
sujetos más hábiles, experimentados y beneméritos”; y restringir las
mercedes y gracias a los que “más se adelantasen en el real servicio”.
Todas estas iniciativas se pondrían en marcha en los primeros meses
de reinado, pero con la marcha del rey a Cataluña e Italia éstas se
paralizaron. De este modo, aunque el cardenal no lo afirme expresamente,
viene a decirnos que la situación a comienzos de 1703 era aún peor en
aquellos aspectos que el cardenal consideraba que eran los principales
problemas de la monarquía que cuando Carlos II falleció. Algo que parece
confirmarse con la significativa afirmación que hizo Portocarrero que haría
“abandono de su conciencia” si continuase en las labores de gobierno.
Así pues, si el que había sido el principal valedor de la causa
borbónica sólo dos años después de la sucesión estaba desencantado con
ella, no debe extrañarnos demasiado que otros personajes que simplemente
la aceptaron como un hecho consumado, empezaran a plantearse la
alternativa que presentaba el archiduque Carlos.
Una decepción directamente relacionada con el hecho de que las
reformas que se permitieron en los primeros meses de reinado no estuvieron
sólo enfocadas a “reformar” la desastrosa situación de la Monarquía
Hispánica, sino que éstas fueron permitidas e incentivadas por el sector
francés con vistas a facilitar la introducción de unos cambios que ellos
necesitaban para aumentar su influencia en España; pero era más
inteligente no granjearse con ello la enemistad y recelos del pueblo y los
359
grupos políticos españoles, sino que el receptor de las iras y críticas fuera un
destacado miembro del gobierno español.
Pero una vez asentado el nuevo rey en Madrid, tras su entrada y
juramento y pleito homenaje de los reinos de Castilla y León, se consideraría
conveniente frenar ese influjo reformista del cardenal; ya que avanzar en esa
línea supondría finalmente el restar influencia de Versalles sobre la
monarquía española. En este sentido, el viaje de Felipe V a Cataluña primero
y a Italia después fue providencial para los intereses franceses. El cardenal
permanecería en Madrid, alejado por tanto de la figura del monarca.
A partir de entonces, el cardenal comenzaría de manera gradual a
mantener un extenso y, en ocasiones, forzado pulso con el círculo inmediato
del rey en no pocos asuntos de primera importancia tales como el comercio
y la guerra. Portocarrero tiene ocasión de comprobar que el gobierno de
Felipe V no pasa de ser un títere sujeto a los intereses y necesidades de
Francia. No hay un deseo de gobernar, sino de violentar y relegar a un
segundo plano las instituciones tradicionales de la Monarquía Hispánica
para imponer las decisiones tomadas en el eje Versalles-Madrid.
5.2.2. La decepción de Portocarrero. De la oposición a la ruptura
A partir de agosto de 1702 se recrudeció el enfrentamiento entre el cardenal
Portocarrero y el Consejo de Estado con Felipe V. Frente a la línea
continuista de los primeros cada vez se perfilaban con más fuerza los deseos
rupturistas del binomio Madrid-Versalles. Para ello el Borbón no puede
valerse de la antigua aristocracia, que se opone, por lo que opta por apoyarse
en homines novi que deban todo lo que son a la nueva dinastía y que sean
totalmente adeptos a las sucesivas reformas936. Aunque con el importante
matiz de que con esta sustitución no se lograba esa “regeneración” con la
que soñaba el cardenal; tan sólo se trataba de sustituir a los que ocupaban
los principales cargos de la monarquía por otros totalmente fieles.
936 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La crisis sucesoria de la monarquía española…,
III, p. 227.
360
Así pues, lo que realmente hizo Felipe V fue sustituir unas bases
sociales (la nobleza) por otras completamente fieles y manejables
(mesocracia), pero el resultado era que los problemas de fondo continuaban
ahí.
Una situación que empieza a tener efectos importantes efectos
políticos. A partir de mediados de 1702, la alta nobleza comienza a
considerar seriamente la alternativa austracista, produciéndose las primeros
cambios de bando (almirante de Castilla, conde de Oropesa, Corzana,…);
dinámica que irá ampliándose a otras capas sociales en los meses siguientes.
Portocarrero se opuso en agosto de 1702 a que los navíos franceses
pudieran comerciar libremente con la península y las posesiones americanas
españolas, de no ser así se incumpliría lo dispuesto en el testamento de
Carlos II sobre independencia de ambas Coronas. Sin embargo, Felipe V
reaccionó ordenando que no se cumplieran las órdenes del cardenal
argumentando que ir contra los intereses de Francia suponía ir contra los
intereses de España ya que la presencia militar y comercial francesa en el
Atlántico contribuía a frenar los ataques ingleses. Es más, se dispone incluso
que las armadas española y francesa se uniesen en una sola bajo el mando
del conde de Saternaut, dejando al almirante Navarrete a las órdenes de
aquel.
Otro conflicto ocurrido entonces fue el relacionado con el pago de la
ayuda prestada por Francia en el Atlántico. Ésta no se había pagado y se
dispuso que España debía pagar las algo más de 190.000 libras adeudadas.
El cardenal y el Consejo acordaron en septiembre dar orden de que no se
procediese a ningún pago, sobre todo porque la ayuda francesa se podía
calificar como de “fraude”, ya que consistía fundamentalmente en
municiones inservibles, armas viejas y material deteriorado, pero de nuevo
Felipe V ordenó que se hicieran. El Consejo de Estado se reafirmó pocos días
después en su postura, ante lo cual el rey finalmente tuvo que ceder.
Sin embargo, la Corona no iba a permitir durante más tiempo todas
estas injerencias. A su vuelta de Italia, el sector francés con el rey a la cabeza
se propuso desarticular el poder del Consejo de Estado: se impuso la
obligatoriedad de tratar sólo los asuntos incluidos en el orden del día, sólo se
361
podrían celebrar reuniones con la presencia de un representante del
monarca, se retrasaron los pagos de sueldos, etc. Todo ello junto con un
deseo de reforzar la vía ejecutiva prescindiendo del Consejo del Despacho y
volviendo al antiguo despacho del rey a solas con el secretario de igual
nombre937.
Aunque Felipe V dispuso a comienzos de 1703 que Portocarrero
continuase asistiéndole en el Despacho, el cardenal solicitó su retiro
aduciendo falta de salud, fuerza y edad para atender bien los asuntos de
gobierno. Sin embargo, no desaprovecha la oportunidad para remitir a Luis
XIV una copia de la memoria que acababa de enviar al cardenal d’Estreés, y
que ya hemos mencionado anteriormente, en la que le da cuenta de “las
máximas que he juzgado se han debido aplicar siempre para su [se refiere a
Felipe V] mayor gloria y bien universal de sus reinos y vasallos”; y en la que
se queja amargamente de que ha tenido poco éxito en la puesta en práctica
de sus ideas938.
Como era de esperar, Felipe V no aceptó esta renuncia, conminándolo
a que continuase en el Despacho durante algunos meses más; un periodo
que se emplearía en preparar varias reformas tales como la creación de un
secretario del Despacho Universal de Guerra en septiembre de 1703 y la de
un tesorero mayor de Guerra al mes siguiente.
Sin embargo, no era conveniente que un personaje de la talla del
cardenal se distanciase de los intereses de los Borbones. De este modo, se
empleó con él una buena herramienta para ganarse adeptos o, al menos,
evitar que determinados personajes se pudieran pasar al bando del
archiduque, que fue la de concederle la merced de ser caballero de la orden
francesa del Santo Espíritu o Sancti Spiritus. Esta orden fue instituida en
1578 por el rey francés Enrique III, reservándose éste la dignidad de gran
maestre. Se trataba de la orden francesa más importante de su tiempo y el
número de sus miembros no era muy elevado. Nos encontramos, por tanto,
937 Antonio Ramón PEÑA IZQUIERDO, La crisis sucesoria de la monarquía española…,
III, pp. 255-259.
938A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 114, ff. 25r-26v. Carta del cardenal
Portocarrero al marqués de Torcy, 18 de enero de 1703.
362
ante un importantísimo honor para un español, especialmente porque solía
reservarse para los miembros de la casa real.
De ahí la impaciencia de Portocarrero por el retraso del inicio de las
informaciones pertinentes para su concesión. Éste acusa recibo en enero de
1703 de una carta del secretario de Estado de Asuntos Exteriores francés,
fechada en 19 de diciembre de 1703, en la que Luis XIV lo dispensa de las
ordenanzas para que pueda lograr con la mayor rapidez el honor de la orden
del Sancti Spiritus939; sin embargo, transcurrido sólo un mes, vuelve a
oficiar al marqués de Torcy expresándole que a pesar de que todas las
escrituras necesarias están preparadas todavía no ha llegado a Madrid la
comisión para las referidas informaciones; por lo que solicita que se envíe
ésta y que, además, se le permita ponerse esa insignia “sin esperar la
conclusión de las informaciones”940.
Ahora bien, los problemas y tensiones entre Felipe V y el cardenal no
cesaron en los meses siguientes; por lo que en 1706, coincidiendo con la
levantamiento de Toledo contra Felipe V y a favor del archiduque,
Portocarrero no dudó ya en proclamarlo rey de España; consumando de este
modo su ruptura con el modelo propuesto por los Borbones.
Todo ello nos permite concluir que el cardenal Portocarrero trató de
aprovechar el cambio dinástico para establecer una serie de reformas en el
sistema de gobierno español, conducentes sobre todo a reducir el poder de
una nobleza ociosa y que dilapidaba los escasos recursos de la Monarquía.
Esas reformas fueron permitidas por Versalles porque desviarían el
malestar de los descontentos con los cambios hacia el cardenal y facilitarían
su acceso al poder. Así pues, en cuanto se comprueba que el primer Borbón
está suficientemente afianzado en el trono, se prescinde del papel activo del
cardenal; se deseaba que éste siguiera prestando su colaboración, aunque
sobre todo su imagen, con el gobierno de Felipe V fundamentalmente para
939A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 114, f. 7r. y v. Carta del cardenal
Portocarrero al marqués de Torcy, 6 de enero de 1703.
940A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 114, f. 121r. y v. Carta del cardenal
Portocarrero al marqués de Torcy, 3 de febrero de 1703.
363
evitar que los españoles comprobaran el predominante influjo francés en las
decisiones adoptadas en Madrid.
Una situación que decepcionó profundamente a Portocarrero, y que
lo llevó a hacer oposición desde 1702 al núcleo francés desde su puesto de
consejero de Estado e incluso a solicitar su retirada de la actividad política
en enero del año siguiente. Pero no era demasiado prudente prescindir de
un personaje tan destacado, por lo que Versalles opta por tratar de ganárselo
con prebendas (como por ejemplo la orden del Santo Espíritu, por la que el
cardenal sentía especial atracción); e incluso no le quedó más remedio que
perdonar su apoyo en 1706 al archiduque.
Aún más, en julio de 1709, Luis XIV pone en conocimiento de su
embajador en España, Michel Jean Amelot, que su nieto cada vez tenía más
problemas para rodearse de hombres capaces y afines en el Despacho, por lo
que se había vuelto a ofrecer a Portocarrero una plaza en este organismo941.
Prueba evidente de que siempre se consideró fundamental el cuidar que el
descontento entre los personajes más destacados se extendiera.
941 Baron de GIRARDOT, Correspondance de Louis XIV avec M. Amelot…, p. 154.
364
CONCLUSIONES
365
Una vez realizados, pues, toda esta serie de análisis parciales, podemos
pasar a establecer un conjunto de conclusiones generales sobre los distintos
aspectos que hemos abordado, las cuales nos permitirán conocer mejor no
sólo a un individuo que, entre otros aspectos, tuvo un destacado papel en el
proceso de sucesión borbónica a la Monarquía Hispánica, sino también
obtener un conocimiento cabal de una institución clave en la Historia de
España como fue la secretaría del Despacho Universal; no en vano el sistema
ministerial actual tiene su origen más remoto en este empleo surgido a
comienzos del siglo XVII.
En la primera parte de la tesis, el objetivo que nos propusimos fue el
de reconstruir la trayectoria biográfica de Antonio de Ubilla y Medina (1643-
1726), de la que todo lo que conocíamos con anterioridad a este trabajo
podía plasmarse en apenas unos pocos párrafos. Una empresa que
consideramos que hemos alcanzado satisfactoriamente, aun a pesar de que
la escasez de datos sobre algunos aspectos nos ha impedido plasmar en ella
algunos contenidos con la prolijidad que hubiéramos deseado. Así pues,
haciendo uso del mismo esquema utilizado en el desarrollo de los
contenidos (familia y vida personal; patrimonio y dignidades; carrera
burocrática; y labor como cronista), procederemos a señalar las
conclusiones más destacadas.
El estudio de su familia y vida personal nos ha mostrado que nuestro
biografiado formaba parte de dos familias de la baja nobleza, hidalgas
ambas, que se volcaron a lo largo de la primera mitad del siglo XVII en un
intenso proceso de ascenso social. Su familia paterna, los Ubilla, procedía de
la ciudad guipuzcoana de Fuenterrabía, de la que partiría su progenitor con
el fin de medrar, al igual que habían hecho y hacían numerosas familias
vascas y navarras, como burócrata al servicio de la alta administración de la
monarquía. Ahora bien, ello no significó que se rompieran los vínculos con
367
aquella, pues no sólo su padre actuó como representante de sus intereses en
la Corte sino que él mismo también lo haría, especialmente en sus últimos
años de vida.
Por su parte, la familia materna, los Medina, participaba tanto en las
instituciones de poder local (Cristóbal de Medina, tío de nuestro personaje,
fue familiar del Santo Oficio y regidor del concejo de Madrid) como al
servicio de algún miembro de la Casa Real (su abuelo sería gentilhombre del
cardenal-infante Fernando de Austria); habiéndose dotado de distintos
elementos con el objetivo de reforzar su ascenso social como fueron la
compra de una hacienda en Fuente el Fresno, dentro de la jurisdicción de
Madrid, y la adquisición de unas casas principales y una capilla funeraria.
Igualmente, ofrecimos algunos datos acerca de cómo fue su infancia y su
formación, los cuales nos indican que se desarrollarían en el domicilio
familiar, en compañía de su madre viuda y de dos hermanas mayores. No
tuvo Ubilla, por tanto, una formación universitaria, pasando a completar los
conocimientos adquiridos durante su formación primaria y secundaria con
la propia práctica administrativa al ser designado oficial entretenido, a los
dieciséis años de edad, en la misma secretaría de Estado en la que su
progenitor había llegado a alcanzar el empleo de oficial mayor. Esta
temprana experiencia en el manejo de papeles sería la que le permitiría,
posteriormente, ir promocionando a mejores empleos.
El estudio de todo lo relacionado con su entorno cotidiano y estilo de
vida nos ha permitido comprobar cómo trató de disponer de todo aquello
que se esperaba de alguien de su estatus y de actuar conforme a ello. Aún
así, el mantenimiento de todos esos elementos que conformaban lo que
hemos denominado como cultura del lucimiento requirió de unas
inversiones económicas que no siempre estuvieron a su alcance, por lo que
en todo momento evitaría los grandes dispendios y procuraría hacerse sólo
con lo que se considerase indispensable.
Sus tres matrimonios podemos contemplarlos desde dos ópticas
distintas: de un lado, le permitieron promocionar profesional y socialmente;
pero, de otro, estos enlaces se verían condicionados por él estatus que él
tenía cuando se realizaron. Veamos el primer punto. Matrimoniar en 1675
368
con una dama al servicio de la reina, le permitió acceder, por concesión
regia, a la secretaría de la Junta de Reales Descargos, lo que daría un
impulso decisivo a su carrera burocrática. Asimismo, su segunda boda le
ayudó a reforzar su parentesco con diversos integrantes del personal
vinculado a la alta administración (sirva como ejemplo de lo manifestado
que su mujer fuese nieta de Antonio Carnero, que había sido secretario del
Despacho Universal de Felipe IV; al igual que sobrina carnal de Alonso
Gaspar Carnero, que ocuparía este mismo empleo años algunos años
después del enlace). En cuanto al segundo punto, correspondiente, como
decíamos, a que estos enlaces matrimoniales se vieron condicionados por el
nivel que tenía Ubilla en cada momento, resulta de todo punto claro que a
medida que ascendía socialmente, esos enlaces debió realizarlos con
mujeres que estuvieran acorde con su calidad. Ello explica que para su
tercer enlace, realizado cuando ya era marqués de Ribas y disponía de
señoríos, encomiendas y el prestigio de haber alcanzado el empleo más
elevado de la administración central de la Monarquía Hispánica, la
secretaría del Despacho Universal, la elegida fuese una joven vinculada a la
nobleza; ahora bien, las limitaciones de su patrimonio lo llevarían, muy
probablemente, a elegirla entre la nobleza provinciana, fijándose para ello
en la ciudad de Córdoba.
Las últimas voluntades de Antonio de Ubilla estuvieron marcadas por
su profunda devoción a San Francisco de Asís. Tanto es así que en su
testamento solicitaría especialmente la intercesión de este santo a favor de
su alma. No debe extrañarnos, pues, que fuera hermano profeso de la
Venerable Orden Tercera de San Francisco de Madrid, o que decidiese legar
a esta institución la mayor parte de sus bienes ante la ausencia de herederos
forzosos. Aún más, quizá esta devoción también influyera en su estilo de
vida que, al igual que su funeral y entierro, probablemente se caracterizó por
ser lo más sencilla que pudo dentro de su condición.
En lo que concierne al patrimonio y dignidades que disfrutó Antonio
de Ubilla durante su vida, afirmamos en consecuencia con lo dicho hasta
ahora, que sus propiedades muebles e inmuebles fueron siempre muy
escasas, por lo que de no haber sido por su salario, difícilmente hubiera
369
podido mantener el nivel de vida que se esperaba que tuviera. Esta realidad
condicionaría la adquisición de los señoríos que poseyó, pues en ambos
casos se trató de pequeñas jurisdicciones casi despobladas y que apenas le
proporcionaban ingresos. Así pues, aunque el poseer un título de Castilla lo
había llevado a verse “obligado” a dotarse de bienes acordes a su estatus,
procuró que estas adquisiciones fueran lo menos gravosas posible para sus
finanzas (por ejemplo, el señorío de Velilla lo adquirió por un tercio de su
valor en una venta judicial realizada en el contexto de una testamentaría).
En lo relacionado con los distintos honores y concesiones que Ubilla
disfrutó, podemos afirmar que protagonizaría una interesante y
sorprendente promoción social a lo largo de su vida, muy evidente sobre
todo en los años que ocupó la secretaría del Despacho Universal. En 1663
vestiría un hábito de la orden de Santiago, en 1698 sería nombrado notario
mayor del reino, en 1699 se le donarían las encomiendas de Quintana y El
Peso Real de Valencia en la orden de Alcántara, en 1701 el rey Felipe V le
haría merced de un título de Castilla, en los años siguientes adquiriría los
señoríos de Ribas y Velilla y en 1705 se le adjudicaría una tercera
encomienda de la misma Orden, la de La Portugalesa. Todo ello sin contar
que también recibió el nombramiento de gentilhombre de la Cámara de este
monarca con llave de entrada.
A pesar de los referidos matrimonios, Ubilla no logró descendencia de
ninguna de sus esposas; algo que condicionaría sus últimas voluntades,
otorgadas en 1726. En ellas dispuso que su mujer sería heredera
usufructuaria, hasta su fallecimiento, de todos aquellos bienes que hubieran
quedado tras satisfacer sus deudas, pagar sus legados y reintegrar su dote y
demás bienes a la marquesa; debiendo pasar después en propiedad a la
Venerable Orden Tercera de San Francisco de Madrid para que los destinase
a la obra pía de redención de cautivos. Una decisión que llevaría a que
nuestro personaje se encuentre entre aquellos que mayores legados hicieron
a esta organización durante los siglos XVII y XVIII.
El análisis de la carrera burocrática de nuestro personaje nos ha
mostrado a un individuo que se forjó profesionalmente en las oficinas de las
secretarías de Juntas y Consejos desde su juventud y que logró ascender
370
desde el puesto de entretenido hasta el de secretario del Despacho
Universal, emplazado en la cima de todo el sistema. Un empleo, este último,
que desempeñaría en una etapa crucial de la historia de nuestro país, pues
coincidiría con los últimos años del reinado de Carlos II y los primeros de
Felipe V.
No obstante, los complejos juegos de intrigas cortesanas que le
habían hecho perder parcialmente el favor regio en 1703, cuando se le
retiraron parte de sus funciones en el Despacho, y la propia secretaria en
1705, alcanzaron un éxito completo al año siguiente. A pesar de que no
pocos testigos declararon a su favor, el rey le privaría de la plaza que tenía
entonces en el Consejo de Indias (que disfrutaba desde su cese en la
secretaría del Despacho) por haber apoyado supuestamente al archiduque
durante la ocupación de Madrid, condenándolo al destierro de la villa y
corte. Iniciaría nuestro personaje a partir de entonces una intensa campaña
para recuperar el favor regio, no obteniendo éxito hasta la mediación en 1715
de la reina Isabel de Farnesio; sólo entonces pudo reintegrarse a sus
ocupaciones en el referido Consejo de Indias, del que llegaría a ser decano.
Finalmente, concluimos la primera parte de este trabajo con un
análisis de la labor del marqués de Ribas como cronista de los primeros
años del reinado de Felipe V. Ciertamente, no se trató de una actividad que
desempeñase por iniciativa propia, sino que en todos los casos mediaría una
real orden en la que se le conminaba a poner por escrito diferentes sucesos.
Es por ello por lo que hemos procedido a denominarlo como “cronista
forzado”; y fue así por el simple –y a la vez trascendental- hecho de haber
sido el individuo ante quien se otorgó el último testamento de Carlos II,
aquel documento que había permitido el acceso de los Borbones a la
Monarquía Hispánica. Por tanto, una historia de las hazañas del monarca
escrita por quien ocupaba la secretaría del Despacho y, a la vez, había dado
fe de la validez del citado testamento, adquiriría mayor fuerza que si la
redactase cualquier otro individuo. Quizá esto explique la sucesión de
encargos que se le hicieron y que no nos conste que ningún otro individuo
recibiese un encargo similar en dicho periodo.
371
Actualmente, sólo conocemos dos obras de las cuatro que se
encargaron a nuestro personaje; precisamente las dos primeras y las únicas
que se llegaron a imprimir. En una se recoge todo lo relativo al juramento y
pleito homenaje que hicieron en mayo de 1701 los reinos de Castilla y León a
Felipe V, y en la otra se detalla todo lo acaecido desde que se decidió la
sucesión a favor del joven duque de Anjou en 1700 hasta el regreso del rey a
Madrid tras su periplo italiano en enero de 1703. El tercer libro, que se
centró en narrar la campaña de Portugal de 1704 y cuyo manuscrito llegó a
obtener hasta las correspondientes licencias de impresión, nunca llegó a ver
la luz y, en nuestros días no parece haberse conservado (al menos no se ha
localizado aún) ni el manuscrito original ni copia alguna de éste. Por último,
el cuarto libro, que debería haber contenido los sucesos posteriores a la
jornada del rey a Portugal, quedaría inconcluso. La caída en desgracia del
marqués de Ribas tras la ocupación austracista de Madrid en el verano de
1706, lo llevó a abandonar el proyecto cuando ya había puesto por escrito
todo lo acaecido hasta la ocupación por parte de Felipe V de la plaza de
Monjuïc en ese mismo año 1706.
En lo que respecta a la segunda parte de la tesis, que se desarrolla a lo
largo de cinco capítulos, en los que se ofrece un análisis de la secretaría del
Despacho Universal desde distintas ópticas (jurídica, sociológica y política)
desde su origen a comienzos del reinado de Felipe IV hasta su desaparición
como una única secretaría en 1705, nos ha brindado la posibilidad de
adentrarnos en el conocimiento de una de las instituciones más destacadas
y, a la par, más desconocidas de la Edad Moderna española.
La secretaría del Despacho nacería, como hemos defendido a lo largo
del primer capítulo, en los primeros momentos del reinado de Felipe IV
como un mecanismo que permitía al valido reforzar su poder. Se creó, por
tanto, a iniciativa, probablemente, del conde-duque de Olivares; pudiendo
con ella centralizar y controlar a través de un único individuo, que formaba
parte de sus clientelas, todo el complejo sistema administrativo de la
Monarquía Hispánica. Se evitaba de este modo tener que incumplir la real
pragmática de 1618, en la que tanto empeño habían puesto los detractores
372
del duque de Lerma, Olivares entre ellos, la cual indicaba que sólo los
secretarios podrían trasladar, en adelante, las reales órdenes del monarca.
En el segundo capítulo se ha puesto de manifiesto cómo el empleo o
cargo fue cobrando importancia a medida que transcurrían los años, una
realidad que beneficiaría a los distintos validos de Felipe IV. No obstante,
desaparecidos en el reinado de su hijo los grandes valimientos, la secretaría
del Despacho pasaría a ser una destacada institución que permitió agilizar la
lenta tramitación de asuntos en un Estado que aún ocupaba una posición
hegemónica en el mundo. Circunstancia que concedería a sus titulares una
importancia trascendental, pues a pesar de ser meros transmisores de
información y de la voluntad del monarca, no dejaban de ser a la vez los
individuos mejor informados de los asuntos más importantes que afectaban
a la Monarquía Hispánica y a otros países. El modo en el que empleaban esa
información, o en el que los demás consideraban que podrían emplearla, los
situaba de facto en un primer plano político.
En cualquier caso, tampoco la secretaría que estudiamos pudo
sustraerse, como se analiza en el capítulo tercero, de las redes familiares que
solían ligar a las personas que ejercían su empleo en la alta administración
de la Monarquía Hispánica. La necesidad de contar con colaboradores que
actuasen con la máxima profesionalidad, así como con la discreción que un
empleo como el de secretario requería, haría que se establecieran fuertes
vínculos entre ellos (incluidos los familiares), hecho que, a la postre,
condicionaría el margen de maniobra del que el propio soberano dispondría
a la hora de elegir a su secretario del Despacho Universal.
Finalmente, en los dos últimos capítulos hemos puesto de relieve el
papel que tuvo la secretaría del Despacho, al igual que su titular, en el
complejo juego de maniobras políticas de los últimos años del reinado de
Carlos II, así como en el primer lustro del reinado de Felipe V. La
documentación consultada nos muestra que, salvo casos puntuales, que les
costaría el perder el favor regio, se mantuvo una posición conscientemente
ambigua. El secretario oía y daba esperanzas a casi todos los bandos pero no
se comprometía con ninguno. Esto es lo que también haría nuestro
biografiado.
373
Al igual que el cardenal Portocarrero, que sería el hombre fuerte de la
monarquía en este mismo periodo, Antonio de Ubilla actuaría guiado por lo
que consideró mejor para la Corona y para su permanencia; por lo que
aunque no colaboraría de manera activa a favor de la opción sucesoria
borbónica, no se opondría a las gestiones y movimientos del cardenal, que
consideraba que sólo esa opción permitiría conservar la integridad
territorial de la Monarquía Hispánica a la par que acometería las necesarias
reformas que la sacaran de su decadencia. Gracias a ello, finalmente, la
voluntad de Carlos II se decantó por el duque de Anjou. Ahora bien, la
llegada del nuevo rey no implicaría la puesta en marcha de las ansiadas
reformas que defendía Portocarrero, sino toda una serie de movimientos
que mostraron que realmente las decisiones más importantes se adoptaban
en Versalles y no en Madrid; por lo que éste, en vista de que sus propuestas
ni se habían tenido ni se tendrían en cuenta, decidiría a partir de 1703 pasar
a un segundo plano.
En este mismo sentido, hemos comprobado que Luis XIV se valdría
del Despacho para acrecentar su influencia en España. En los primeros años
del reinado de Felipe V se optó por prescindir del tradicional despacho de
papeles que el rey mantenía únicamente con su secretario del Despacho y
reemplazarlo por un Consejo de Despacho que ayudaría al monarca en la
adopción de sus decisiones; una iniciativa con la que se restaba poder al
secretario (que, dicho sea de paso, nunca gozó del apoyo del rey ni del de su
consorte), que no podría influir en el joven e inexperto monarca, a la vez que
se conseguía introducir en el principal núcleo decisorio de la monarquía a
personajes que representaban los intereses de Francia (especialmente su
embajador).
Pero este propósito inicial del Consejo de Despacho, aunque permitió
a Luis XIV controlar los destinos de España durante años, sólo tuvo un éxito
relativo. La implantación de un organismo demasiado similar al Conseil d’en
Haut francés, el cual no se adecuaría lo suficiente a la realidad gubernativa
de nuestro país, que distaba mucho del Estado centralizado que el Rey Sol
había configurado tras varias décadas de reinado, y en consecuencia no se
alcanzarían los resultados previstos. Los enfrentamientos y conflictos fueron
374
frecuentes en su seno, hasta llegar a hacerlo poco operativo; a lo que
debemos sumar el progresivo descontento y distanciamiento de muchos
grandes personajes españoles que inicialmente apoyaron al nuevo rey, pero
que verían cómo el sector francés se hacía fuerte en los distintos empleos
palatinos y que el Consejo de Despacho no siempre actuaba, a su juicio, en
defensa de los intereses de España.
Todo ello, sumado a la propia necesidad de reforzar la vía ejecutiva en
el gobierno de la Monarquía Hispánica, llevó a que se plantease una división
temática de la secretaría del Despacho Universal en 1705; la cual, en buena
medida, también estaría condicionada por el cese del marqués de Ribas en
enero de ese mismo año, que dejó en evidencia la dificultad para que un
único individuo llevase toda la carga burocrática de la monarquía. De este
modo, Felipe V apostaba definitivamente, con esa decisión, por una
institución heredada de la España de los Austrias; y sobre ella comenzaría a
dar forma a su Estado centralizado. Comenzaba a desarrollarse así el
sistema ministerial.
Todos estos resultados, empero, no constituyen el fin del trabajo sino
el inicio. Restan todavía no pocos aspectos por conocer de la trayectoria
biográfica de Antonio de Ubilla y Medina, los cuales, en la medida que se
vayan localizando nuevas fuentes documentales que permitan su
conocimiento, contribuirán a su mejor comprensión; del mismo modo, el
estudio sobre la secretaría del Despacho Universal tampoco puede
considerarse como definitivo, pues consideramos fundamental que otros
investigadores acometan el estudio individualizado de los restantes
personajes que la desempeñaron. Sólo así estaremos en disposición de
conocer la importancia de este organismo en el siglo XVII.
Nuestros objetivos, como ya hemos indicado, consistían en
reconstruir la biografía del que fuera secretario del Despacho Universal en
los últimos momentos del indicado siglo XVII e inicios del siguiente, así
como en ofrecer un análisis de la secretaría del Despacho Universal
centrado, fundamentalmente, en el periodo en el que nuestro personaje la
desempeñó. Unos propósitos que, aun a pesar de las dificultades vividas en
375
la localización de documentación apropiada para su estudio, paliadas sólo
en parte con la consulta de numerosos archivos y bibliotecas tanto
nacionales como extranjeras, confiamos en haber conseguido.
376
IN CONCLUSION
377
Now that our analysis has been carried out, we can proceed to establish a set
of general conclusions about the different aspects that we have addressed,
which will allow us to better understand not only an individual who, among
other things, played an important role in the process of Bourbon succession
to the Spanish monarchy, but also gain a thorough understanding of the key
institution in the history of Spain that was the Secretary of Universal
Dispatch. It is with good reason that the current ministerial system has its
earliest origins in this position that emerged in the early seventeenth
century.
In the first part of the thesis, we set the goal of reconstructing the
biography of Antonio de Ubilla y Medina (1643-1726), with everything we
knew previously having been no more than a few paragraphs. This is a goal
that we believe we have successfully achieved, even though the lack of
information on some aspects of his life prevented us covering some areas
with the thoroughness we would have liked. Thus, working from the same
classification used in the contents (family and personal life; property and
honours; bureaucratic career; and work as a chronicler), we can highlight
the main conclusions.
Studying his family and personal life has shown us that the subject
of our biography was part of two families of the lower nobility, both Hidalgo
families, who experienced an intense process of social ascent over the first
half of the seventeenth century. His paternal family, the Ubillas, came from
the Guipuzcoan city of Fuenterrabía, where his father began to thrive, just as
many Basque and Navarrese families had done, as a bureaucrat in the
service of the senior administration of the monarchy. However, this did not
mean breaking ties with the city, because not only did his father act as a
representative of its interests at Court but he too did so, especially in his
later years.
379
Meanwhile, the maternal family, the Medinas, participated in both
local power institutions (Cristóbal de Medina, the uncle of our protagonist,
had ties to the Holy Office and was an alderman of the Madrid Council) and
were in the service of members of the Royal Family (his grandfather was a
gentleman of Cardinal-Infante Ferdinand of Austria). They did this through
the acquisition of elements that strengthened their social ascent such as
buying an estate in Fuente el Fresno, within the jurisdiction of Madrid, and
the acquisition of homes and a funeral chapel. Similarly, some facts have
been provided about his childhood and formative years, which indicate that
he was raised in the family home with his widowed mother and two older
sisters. Ubilla therefore did not receive a university education, instead
supplementing the knowledge he acquired during his primary and
secondary education with administrative experience gained through being
designated as an official at sixteen years of age in the same State secretariat
where his father had come to achieve employment as a senior official. This
early experience in handling paperwork would allow him to subsequently
receive promotions to better jobs.
Studying everything related to his everyday environment and lifestyle
has shown us how he tried to attain everything that was expected of
someone of his status and to act in a way that befitted it. Maintaining all the
elements that made up what we have termed 'opulence culture' required a
level of spending that was not always within reach, and as a result he always
avoided large expenses and sought only what he deemed essential.
His three marriages can be viewed from two different perspectives.
On the one hand they afforded him professional and social advancement,
but on the other these links were conditioned by the status he had when they
were made. Let us consider the first of these perspectives. His marriage in
1675 to a lady in the Queen's service allowed him to progress with royal
approval to the secretariat of the Board of Royal Depositions, something
which gave a major boost to his bureaucratic career. Moreover, his second
marriage helped strengthen his kinship with various members of staff
working with the senior administration (for example, his wife was the
granddaughter of Antonio Carnero, who had been secretary of Universal
380
Dispatch of Philip IV; she was also the niece of Alonso Gaspar Carnero, who
would occupy this same position a few years after the union). Regarding the
second perspective that, as argued, these marriages were conditioned by
Ubilla's own station at any given moment, it is absolutely clear that as he
ascended socially, his unions had to be made with women who were in line
with his own quality. This explains why for his third union, made when he
was by then Marquis de Ribas and held different seigniories, duties and the
prestige of having achieved the highest employment in the central
administration of the Spanish monarchy, namely the secretary of Universal
Dispatch, his chosen bride was to be a young lady with ties to the nobility.
However, the limitations of his assets were very likely what led him to
choose a bride from among the provincial nobility, with him focusing on the
city of Córdoba.
Antonio de Ubilla's will is characterised by his deep devotion to St.
Francis of Assisi, so much so that in the will he specifically solicited the
saint's intercession for his soul. It should be no surprise, then, that he was a
Brother of the Venerable Third Order of St. Francis de Madrid, or that this
was the institution to which he decided to bequeath the bulk of his property
in the absence of heirs. Furthermore, this devotion may also have influenced
his lifestyle which, like his funeral and burial, was probably characterised by
abstaining from ostentation and vanity.
With respect to property and honours that Antonio de Ubilla
enjoyed during his lifetime, as we have seen, his property--both real estate
and possessions--were always very scarce, so had it not been for his salary
he would have had difficulty maintaining the standard of living that he was
expected to have. This reality would condition the acquisition of the
seigniories that he possessed, since in both cases they were almost
completely unpopulated jurisdictions that barely provided any income.
Therefore although the holder of a title in Castile would have been "obliged"
to provide himself with property consistent with his status, he made sure
that these acquisitions were the least burdensome possible for his finances
(for example, he acquired the seigniory of Velilla at a third of its value in a
foreclosure sale conducted in the context of the execution of a will). With
381
regard to the various honours and awards that Ubilla enjoyed, it can be
stated that he was the protagonist of an interesting and surprising story of
social promotion throughout his life, with this being most evident in the
years he was the secretary of Universal Dispatch. In 1663 he was awarded
the habit of the Order of Santiago; in 1698 he was appointed chief notary of
the kingdom; in 1699 he was given the encomiendas of Quintana and El
Peso Real de Valencia of the Order of Alcantara; in 1701 King Philip V gave
him the gift of a title of Castile; in the following years he would acquire the
seigniories of Ribas and Velilla; and in 1705 he was awarded a third
encomienda, La Portugalesa, in the same Order. He was also appointed a
gentleman of this monarch's Chamber, with his own entry key.
In spite of the marriages mentioned here, Ubilla failed to produce a
descendant with any of his wives, something that would condition his will,
which was executed in 1726. The will ordered that his wife would be the
beneficial owner, until her death, of all property that remained after paying
his debts, bequests and repaying the marquess's dowry and other items; it
would then be given to the Venerable Third Order of San Francisco of
Madrid for use in the holy work of redeeming prisoners. It was a decision
that made him among those who left the greatest legacies to this
organization during the seventeenth and eighteenth centuries.
The analysis of his bureaucratic career has revealed an individual
who was professionally forged in the offices of the secretaries of Boards and
Councils since his youth and worked his way up from the post of official to
the peak of the system that was the post of secretary of Universal Dispatch.
This last post was one that he would hold during a crucial stage of our
country's history, as it would coincide with the last years of the reign of
Charles II and the first of Philip V.
However, the complex games of court intrigues that had made him
lose part the royal favour in 1703, when he was removed from his duties in
office, and then the post of secretary itself in 1705, achieved a complete
success the following year. Although a fair few witnesses testified in his
favour, the king deprived him of the place he then had in the Council of the
Indies (which he had held since ceasing to be the Secretary of Dispatch) for
382
having allegedly supported the Archduke during the occupation of Madrid,
and he was also banished from the city and court. Our protagonist thereafter
began an intense campaign to regain royal favour, not being successful in
this until the mediation in 1715 of Queen Isabel de Farnesio; it was only after
this that he could return to his post in the aforementioned Council of the
Indies, of which would become a senior member.
We ultimately concluded the first part of this work with an analysis of
the Work of the Marquis de Ribas as a Chronicler of the early years of the
reign of Philip V. Certainly, it was not an activity that he undertook at his
own initiative, but rather at all times did so through a royal order that
compelled him to record various events in writing. That is why we have
proceeded to call him a "forced chronicler"; and it is also why he was the
individual who had the simple--yet also crucial--task taking the last will of
Charles II, the document which allowed the Bourbons to ascend to the
Spanish Monarchy. The story of the monarch's great deeds, written by an
individual who had held the post of Secretary of Dispatch and had also
attested to the validity of this final testament, therefore gained greater
weight than if it had been written by another individual. Perhaps this
explains the succession of posts hew was given, which no other individual
appears to have been given in this period.
Today, we know only two of the four works that our subject was
charged with writing; these were the first and only two that went into to
print. In one he records everything related to the oaths and homages that
the kings of Castilla and Leon made in May 1701 to Philip V, and in the other
he details everything that happened after succession was decided in favour
of the young Duke of Anjou in 1700 until the king's return to Madrid after
his tour of Italy in January 1703. The third book, which focused on narrating
the Portuguese campaign of 1704 and whose manuscript was given the
necessary licenses to be printed never saw the light of day and does not seem
to have survived until the present day (or at least it has not yet been found),
either in original manuscript form or any copy of it. Finally, the fourth book,
which would have contained the events following the King's conference in
Portugal, would have remained incomplete. The Marquis de Ribas's fall
383
from grace following the Austrian occupation of Madrid in the summer of
1706 led him to abandon the project after he had already written down
everything that had happened until Philip V's occupation of the Plaza de
Montjuïc, also in 1706.
With respect to the second part of the thesis, which is presented over
five chapters and provides an analysis of the secretary of Universal Dispatch
from different perspectives (legal, sociological and political) from its
inception in the early reign of Philip IV to its demise as a single secretariat in
1705, has given us the opportunity to gain a knowledge of one of the leading
yet at the same time least well known of modern-era Spain.
The Secretariat of Dispatch was born, as was argued throughout the
first chapter, in the early days of the reign of Philip IV as a mechanism
allowing the royal favourite to strengthen his power. It was created,
therefore, on the initiative, perhaps, of the Count-Duke of Olivares, through
which he was able to centralize and control, through a single individual who
was part of his clientèle, the entirety of the Spanish monarchy's complex
administrative system. This avoided having to break the Royal Pragmatic of
1618 that the detractors of the Duke of Lerma--Olivares amongst them--had
put so much effort into, which indicated that only the secretaries could from
henceforth handle the royal orders of the monarch.
The second chapter showed how the post became more significant as
the years passed, a reality that benefited Philip IV's royal favourites.
However, with the greatest royal favourites gone in his son's reign, the
secretary of Dispatch would become a leading institution that allowed the
slow processing of affairs in a state that still occupied a hegemonic position
in the world to be sped up. These circumstances gave its holders a vital
importance because despite being mere transmitters of information and the
will of the monarch, they continued also to be the best informed individuals
about important issues affecting the kingdom and other countries. The way
in which they made use of such information, or in which others thought they
could make use of it, placed them de facto at the forefront of politics.
384
In any case, neither could the secretariat that is the subject of this
study escape, as discussed in the third chapter, from the family networks
that often used to bind the members of the senior administration of the
Spanish monarchy. The need for collaborators who acted with the utmost
professionalism and discretion that a job such as the position of secretary
required, meant that strong links between them (including family members)
were established, and in the longer term conditioned the margin of
manoeuvre that the monarch himself had when it came to choosing his
secretary of Universal Dispatch.
Finally, in the last two chapters we have put highlighted the role that
the secretariat of Dispatch had, as did the holder of the office, in the
complex game of political manoeuvring in the last years of the reign of
Charles II, as well as in the first five years of the reign of Felipe V. The
documentation consulted shows that except for specific cases, which would
cost them to lose royal favour, they deliberately maintained an ambiguous
position. The Secretary heard and gave hope to almost all sides but
committed himself to none. This is also what the subject of our biography
did.
Like Cardinal Portocarrero, who was the strong man of the monarchy
in this same period, Antonio de Ubilla was guided in his actions by what he
considered was best for the Crown and its longevity; so even though he
would not cooperate actively in favour of the Bourbon succession option, he
did not oppose the negotiations and movements of the Cardinal, who
considered that only this option would preserve the territorial integrity of
the Spanish monarchy in tandem with undertaking the necessary reforms
that would arrest its decline. As a result, Charles II's choice would
ultimately be the Duke of Anjou. However, the arrival of the new King did
not mean putting in train the long-awaited reforms that Portocarrero
wanted, but rather a series of movements that showed that in fact the most
important decisions were taken at Versailles and not in Madrid; and as a
result Portocarrero decided from 1703 to step into the background in light of
the fact that his proposals had not been and would not be taken into
account.
385
Along the same lines, we have seen that Louis XIV made use of the
Office to increase his influence in Spain. In the early years of the reign of
Philip V he chose to dispense with the dispatch of papers the King
maintained solely through his Secretary in the Office and replaced it with a
Council of Dispatch that would help the monarch in the adoption of his
decisions. This was an initiative that took power away from the Secretary
(who, incidentally, never enjoyed the support of the King or his consort),
who could not influence the young and inexperienced monarch, and also
allowed the main decision-making centre of the monarchy to become figures
representing French interests (especially its Ambassador).
But although this initial purpose of the Council of Dispatch allowed
Louis XIV to control Spain's destiny for years, it had only limited success.
The implementation of an organism too similar to the French Conseil d'en
Haut was not sufficiently suited to the realities of governing our country,
which was far from being the centralized State that the Sun King had set up
after several decades of reign, and it did not have expected results. Clashes
and conflicts were frequent within it, to the point where it was largely
inoperative; on top of this there was a progressive discontent among and
alienation of many great Spanish figures who had initially supported the
new King but viewed the French sector as being strengthened through
palace appointments and the Council of Dispatch not always acting, in their
view, in defence of the interests of Spain.
All this, in conjunction with the need to strengthen the executive
branch of the government of the Spanish Monarchy, led to a thematic
division of Universal Dispatch in 1705; this was also conditioned to a large
extent by the resignation of the Marquis of Ribas in January of that same
year, which demonstrated the difficulty for a single individual to carry all the
monarchy's bureaucratic responsibilities. With his decision Philip V
gambled definitively on an institution inherited in the Spain of the Austrias,
on top of which a centralised form of Spanish state began to take shape. The
ministerial system therefore began to develop.
386
All these results, however, did not constitute the end of the work but
the beginning. There are still a number of aspects of Antonio Ubilla y
Medina's biography to be discovered which, as new documentary sources
that will allow this to happen are located, will in turn allow us to understand
him better; and by the same token, this study of the Secretary of Universal
Dispatch cannot be considered definitive, because it is essential for other
researchers to undertake individual studies of the remaining figures who
occupied the role. Only in this way we will be able to understand the
importance of this seventeenth-century organism.
Our objectives, as we have already pointed out, consisted of
constructing a biography of the late secretary of Universal Dispatch in the
last moments of the seventeenth century and the beginning of the following
one, as well as to offer an analysis of the secretary of Universal Dispatch that
focused primarily on the period in which the protagonist of our story held
the office. Even in spite of the difficulties experienced in locating
appropriate documentation for this study, which were only partly eased
through consulting numerous domestic and foreign archives and libraries,
these are goals that we are confident of having achieved.
387
FUENTES
389
Fuentes manuscritas
ARCHIVO DEL AYUNTAMIENTO DE HONDARRIBIA (GUIPÚZCOA)
Fondo municipal. Subfondo Histórico.
- Actas Capitulares: libro 63.
- Relaciones. Relaciones con las autoridades militares. Guerras: negociado
5, serie II, libros 1, 3, 5 y 6.
- Relaciones. Relaciones con las demás autoridades y particulares:
negociado 8, serie III, libro 2.
ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (SEVILLA)
Contaduría: leg. 1030.
Contratación: legs. 594B, 5431 y 5437.
Escribanía: leg. 23D.
Gobierno, Indiferente General: cajas 479 (libro 1), 542 (libro 2), 553A (libro
3), 572 (libro 7) y 584 (libro 4).
México: legs. 62 y 191.
Títulos de Castilla: leg. 11.
ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (VALLADOLID)
Consejo de Guerra, Guerra y Marina: libros 89 y 98.
Catastro de Ensenada, Respuestas Generales: libros 457, 458 y 460.
Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte: legs. 8 y 36.
ARCHIVO HISTÓRICO DIOCESANO DE SAN SEBASTIÁN (GUIPÚZCOA)
Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano (Hondarribia-
Fuenterrabía)
- Libros 1ºB y 2º de Bautismos
- Libro 1º de Matrimonios
- Libros 1º, 2º y 3º de Defunciones
Parroquia de San Pedro Apóstol (Bergara)
- Libros 2º y 3º de Bautismos
- Libro 2º de Matrimonios
- Libros 2ºA y 2ºB de Defunciones
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (MADRID)
Órdenes Militares
- Orden de Alcántara: exps. 907, 1437 y 1618.
- Orden de Calatrava: exp. 932.
- Orden de Calatrava, Casamientos: exps. 142, 144, 286 y 745.
- Orden de Santiago: exps. 645, 945, 2012, 2067, 2579, 2582, 2890, 2936,
4097, 4619, 4658, 4884, 4979, 5059, 7254, 7298, 8247, 8248 y 8395.
- Orden de Santiago, Casamientos: exps. 88, 453 y 10443.
- Orden de San Juan de Jerusalén: exp. 23464.
391
- Expedientillos 1405, 1689, 1885, 2088, 2594, 3563, 3933, 4615, 5406,
10025, 13969 y 17452.
- Legs. 4145, 4428 y 4461.
Estado
- Libro 928.
- Orden de Carlos III: exp. 412.
Consejos
- Legs. 2753, 8970, 8976, 8983, 8988, 9824, 9968, 11754 y 51447 (2)
Fondos Contemporáneos
- Delegación Provincial de Hacienda de Madrid, Exento: leg. 884.
ARCHIVO HISTÓRICO DE PROTOCOLOS DE GUIPÚZCOA (OÑATI, GUIPÚZCOA)
Protocolos de Hondarribia
- Leg. 3/0556.
ARCHIVO HISTÓRICO DE PROTOCOLOS DE MADRID
Protocolos de Madrid
- Tomo 19.486
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÓRDOBA
Protocolos de Córdoba, oficio 4
- Legs. 16040P y 16041P.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA
Protocolos de Sevilla
- Leg. 10314.
ARCHIVO MUNICIPAL DE ARGANDA DEL REY (MADRID)
Fondo Notarial, Escribano Sebastián Herranz (1666-1711)
ARCHIVE DU MINISTERE DE LA DEFENSE (PARIS, FRANCIA)
Service Historique de la Défense, Centre Historique de la Défense, Armée
du Terre
- A1 1883.
ARCHIVES DU MINISTERE DES AFFAIRES ÉTRANGERES (PARIS, FRANCIA)
Correspondance Politique, Espagne
- Tomos 87, 89, 92, 117, 137, 141, 144 y 145.
ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA DE VALLADOLID
Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles, Antonio
Rodríguez
- Leg. 2.243 (1)
BIBLIOTECA HISTÓRICA MUNICIPAL DE MADRID
- Signatura B/29. Carta manuscrita de Antonio de Ubilla y Medina al
marqués de Fuente Pelayo pegada a un ejemplar del libro editado por el
primero en 1704.
392
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (MADRID)
Mss. 10889, 10901, 12777, 12964 y 19512.
Raros, 23888 (6)
BIBLIOTHEQUE NATIONAL DE FRANCE (PARIS, FRANCIA)
Ms. 9045.
BIBLIOTECA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (MADRID)
Mss. 9/278, 9/295, 9/301, 9/323, 9/325, 9/336 y 9/1378.
Salazar y Castro: A-53, D-29, K-15 y K-17.
FUNDACIÓN SANCHO EL SABIO (VITORIA)
Fondo Larrea
- Cajas 4 y 11.
SECCIÓN NOBLEZA - ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (TOLEDO)
Guadalcázar
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comprehende varias obras inéditas, críticas, morales, instructivas,
políticas, históricas, satíricas y jocosas de nuestros mejores autores
antiguos y modernos, Madrid, Imprenta y Librería de Alfonso López, 1787-
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Paris, Librairie Plon, 1893.
B. PUBLICACIONES OFICIALES Y FOLLETOS
Gaceta de Madrid
- Años 1705, 1707, 1715, 1726, 1737, 1746, 1879 y 1887.
BIBLIOTECA DE CATALUNYA
- Depòsit de Reserva, Toda 10-VI-23/10. UBILLA E MEDINA, Antonio de,
Ragioni della guerra del re cattolico contro il re di Portogallo, l'arciduca
Carlo di Austria, e i suoi alleati, Milà, 1704; [4] p.; 4º (20 cm).
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (MADRID)
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crusoe/pacifico/chile/
427
APÉNDICE DOCUMENTAL
429
1. INTRODUCCIÓN
Con este apéndice documental se pretende ilustrar la presente investigación
y ofrecer algunos textos originales en los que se basa. Los documentos
seleccionados ascienden a un total de treinta y tres. Las premisas que nos
han guiado para su elección han sido varias. Por un lado, hemos considerado
conveniente incluir algunos de los títulos de empleos y dignidades que se
concedieron a Antonio de Ubilla y Medina. Por otro lado, también hemos
tenido en cuenta que los textos reflejasen datos relevantes de la época en la
que transcurrió la trayectoria vital de nuestro personaje.
En cuanto a su fuente, hemos de señalar que proceden de siete
archivos y tres bibliotecas diferentes. Entre los primeros destacan los
obtenidos de los Archives du Ministère des Affaires Étrangères de Francia
(ocho) y los del Archivo Histórico Nacional de España (seis); mientras que
entre las segundas, debemos reseñar los localizados en la Biblioteca
Nacional de España (siete).
2. CRITERIOS DE EDICIÓN Y NORMAS DE TRANSCRIPCIÓN
2.1. Criterios de edición
La edición de cada uno de los textos contempla los siguientes
elementos: número de orden, datación tópica y crónica, regesta documental,
referencia archivística y texto documental propiamente.
Normas generales
1) Los textos transcritos han sido ordenados cronológicamente. En
consecuencia, a cada uno de ellos se le ha asignado un número en dígitos
romanos que aparece en negrita antecediendo a los demás elementos.
2) En el caso de la fecha, los componentes cronológicos empleados se han
dispuesto de menor a mayor, esto es: día, mes y año.
431
3) La data tópica se ha hecho constar siempre que figurase en el propio texto
documental el lugar de su expedición. Aparece antes de la data crónica,
separada por una coma y en el mismo renglón.
4) En los textos carentes de datación crónica y/o tópica, bien porque no se
ha conservado, bien porque nunca la ha tenido, se ha intentado conjeturar y
reconstruir con las mayores garantías, haciéndose constar la fecha o lugar
propuestos entre corchetes.
5) La regesta, o resumen de los contenidos de cada texto, ocupa el espacio
inmediatamente posterior a la datación tópica y crónica, y está formada por
un solo párrafo. En ella se ha procurado incluir una serie de datos
fundamentales: autor de la acción jurídica contenida en el texto documental,
su destinatario y la descripción de los aspectos sustanciales del documento.
2.2. Normas de transcripción
Normas generales
1) Los párrafos de la transcripción se han articulado respetando la
disposición del texto original, en general, con la máxima fidelidad posible al
mismo en este punto.
2) No se ha advertido el cambio de renglón y el de folio únicamente se señala
cuando el documento transcrito está foliado o paginado.
3) Las palabras omitidas en el texto por olvido evidente del amanuense se
han incorporado a éste entre corchetes.
La ortografía
1) Como norma general, se ha actualizado la ortografía, el uso de mayúsculas
y minúsculas, y los signos de puntuación y acentuación; a fin de facilitar la
lectura del texto. Se han exceptuado de dicha actualización los apellidos y
topónimos.
2) Se ha procedido a unir o separar aquellas palabras que aparecen, para el
criterio actual, incorrectamente separadas o unidas.
432
3) Otra corrección similar se ha tenido en cuenta al transcribir las
contracciones y síncopas inadecuadas –para el criterio actual- que aporta el
texto. En este caso, si desaparece alguna letra, se ha suplido por la
correspondiente.
Las abreviaturas
1) Las abreviaturas que aparecen en los textos se han desarrollado en toda
ocasión. Como salvedad, debido a que se mantiene su uso actual, se ha
dejado sin desarrollar la abreviatura etc. cuando así se utiliza en el propio
texto.
2) Para el desarrollo común de las abreviaturas no se ha intercalado ningún
signo especial ni tampoco se ha cambiado de tipo gráfico para representar
las letras elididas.
Los signos y notaciones especiales
1) La existencia de rúbricas se ha indicado con la aclaración correspondiente
entre corchetes y en cursiva.
2) Si en el texto aparece una adición interlineal realizada por el propio autor
del documento, se ha trascrito en el lugar que le corresponde en el texto.
433
3. DOCUMENTOS
DOCUMENTO 1
Fuenterrabía (Guipúzcoa), 27 de diciembre de 1599. Acta de matrimonio de
Antonio de Ubilla y María de Izaguirre.
A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del
Manzano (Fuenterrabía), Libro 1º de Matrimonios, f. 51v.
En la villa de Fuenterrabía, dentro de la casa de Pascual de Caycuegui, a
veinte y siete días del mes de diciembre de 1600 años, yo el bachiller don
Pedro de Çuloaga, vicario perpetuo de la dicha villa, desposé y casé en uno
por palabra de presente que hacen verdadero matrimonio al contador
Antonio de Ubilla con María de Eyçaguirre, vecinos de esta dicha villa con
haber hecho primero las proclamas que el Santo Concilio de Trento manda,
no habiendo hallado entre ellos impedimento alguno; y halláronse presentes
el contador Ubilla y el dicho señor Pascual de Caycuegui y Martín Sánchez
de Çuloaga, vecinos de la dicha villa, y oyeron la misa nupcial.
434
DOCUMENTO 2
Fuenterrabía (Guipúzcoa), 16 de abril de 1600. Acta de bautismo de Antonio
de Ubilla e Izaguirre.
A.H.D.SS., Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del
Manzano (Fuenterrabía), Libro 1ºB de Bautismos, f. 99v.
En 16 de abril de dicho año [1600] don Juan de Arce, clérigo, bautizó una
criatura del contador Antonio de Ubilla y de María de Yçaguirre; fueron los
padrinos el contador Ubilla y Madalena de Yçaguirre; diéronle nombre
Antonio.
435
DOCUMENTO 3
Aranjuez, 4 de mayo de 1620. Carta de Antonio de Ubilla e Izaguirre a la
villa de Fuenterrabía en contestación a otra anterior y poniéndose a su
disposición.
A.A.H., Fondo Municipal, E-8-1, libro 2, exp. 2.
Desde que Su Majestad cobró salud no ha parado en la corte, y yo es fuerza
que siga a mi dueño; y así estando con él en San Lorenzo el Real me envió el
señor alférez Juan de Casadevante, mi tío, la carta que vuestra merced fue
servida hacerme merced de que hago la estimación que puedo y debo, y he
dilatado su respuesta hasta enterarme primero de lo que vuestra merced por
ella me mandaba, suplico a vuestra merced como su humilde hijo lo que dé
mi voluntad, que lo uno y otro será a la medida de mis obligaciones y se
acuerde siempre de mandarme en todas ocasiones que prometo acudir a
ellas con las veras que es razón. Dios guarde a vuestra merced con la
felicidad que deseo. En Aranjuez a 4 de mayo de [1]620.
Antonio de Ubilla [rubricado]
436
DOCUMENTO 4
Madrid, 18 de noviembre de 1643. Acta de bautismo de Antonio Cristóbal de
Ubilla y Medina, bautizado en la iglesia parroquial de San Andrés de
Madrid.
A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8248.
En la villa de Madrid en diez y seis días del mes de diciembre de mil y
seiscientos y cuarenta y tres años, yo el licenciado Pedro Fernández
Cascarón, cura teniente de la iglesia parroquial de San Andrés de dicha villa,
bauticé en ella a Antonio que nació en veinte y ocho de noviembre de dicho
año, hijo de don Antonio de Hubilla y de doña Antonia de Medina su mujer,
viven en las tabernillas de San Francisco, en casas propias; fueron sus
padrinos don Cristóbal de Medina, caballero de la orden de Santiago y doña
Damiana Scolano; testigos Juan Maxolero y Blas García, y Andrés casado y
otros; y lo firmé ut supra. El licenciado Pedro Fernández Cascarón.
437
DOCUMENTO 5
Madrid, 9 de septiembre de 1663. Real cédula por la que Felipe IV concede a
Antonio de Ubilla y Medina el hábito de la orden de Santiago.
A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, expedientillo 3933.
EL REY
Los de mi Consejo de las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, cuya
administración perpetua yo tengo por autoridad apostólica, a don Antonio
de Ubilla y Medina he hecho merced (como por la presente se la hago) del
hábito de la orden de Santiago; yo os mando que presentándoseos esta mi
cédula dentro de treinta días contados desde el de la fecha de ella proveáis
que se reciba la información que se acostumbra para saber si concurren en él
las calidades que se requieren para tenerle conforme a las definiciones de la
dicha orden y pareciendo por ella que las tiene le libréis título del dicho
hábito para que yo le firme que así es mi voluntad fecha en Madrid a nueve
de septiembre de mil y seiscientos y sesenta y tres años.
Yo El Rey
Por mandado del rey nuestro señor
Alonso Fernández de Lorca [rubricado]
Cédula de hábito de la orden de Santiago a don Antonio de Ubilla y Medina
por decreto de Vuestra Majestad de 18 de julio de este año de [1]663.
438
DOCUMENTO 6
Madrid, 20 de junio de 1698. Título de secretario de Estado de la
negociación de Italia a favor de Antonio de Ubilla y Medina.
A.G.S., Escribanía Mayor de Rentas, Quitaciones de Corte, leg. 8, ff.
1486r-1491r.
Don Carlos, etc.
Por cuanto por haber fallecido el marqués de Villanueva, de mi Consejo y
secretario de Estado de la negociación de Italia y del Despacho Universal, ha
quedado vaca la propiedad de la referida secretaría de Estado de Italia y
conveniendo (sic) a mi servicio proveerla en persona de calidad, experiencia,
integridad, [1486v] y celo de mi servicio concurriendo (como concurren)
estas y otras buenas partes en la de vos don Antonio de Ubilla y Median,
caballero del orden de Santiago, de mi Consejo y secretario del Despacho
Universal, y atendiendo a lo mucho y bien que me habéis servido en más de
treinta y nueve años a esta parte, los diez y siete primeros en los papeles de
la secretaría de Estado de Italia, los dos sin sueldo y los quince con sueldo, y
plaza [1487r] del número en cuyo tiempo pasasteis de mi orden a servir en el
virreinato de Sicilia cuatro años con el manejo de las cifras, correspondencia
mía y de mis ministros, y volviendo a la dicha secretaría el año de seiscientos
y setenta los continuasteis hasta el de seiscientos y setenta y seis que os hice
merced de la secretaría de la Junta de los Reales Descargos que ejercisteis
más de seis años habiéndoos nombrado en este tiempo para que asistiésedes
[1487v] también en la Junta de los testamentarios de don Juan, mi
hermano, y en cinco de septiembre de mil seiscientos y ochenta y dos
pasasteis a servir la secretaría del Consejo de la Santa Cruzada, que habéis
ejercido más de doce años concurriendo también de mi real orden de
secretario de las diferentes juntas, a saber, en la que se tratan negocios
tocantes a la Inmaculada Concepción de la Virgen Nuestra Señora, la que se
439
formó para dependencias de mi Real Hacienda [1488r] y la del resguardo de
mis Rentas Reales, y el año de seiscientos y noventa y cuatro os hice merced
de la secretaría del Consejo de las Órdenes y después por cédula de veinte de
octubre del mismo año de la primera secretaría que vacase de las dos de mi
Consejo de las Indias y habiendo entrado en la de la parte del Perú lo
continuasteis a toda satisfacción asistiendo también en la secretaría del
Despacho y despachando conmigo en las indisposiciones del marqués de
Villanueva [1488v] por todo lo cual tuve por bien de elegiros por mi
secretario del Despacho Universal en cuyos empleos habéis procedido
siempre con el celo, puntualidad, de inteligencia debida y a toda satisfacción
mía y a imitación de vuestro padre el secretario don Antonio de Ubilla que
sirvió muchos años en la secretaría [de] Estado [de] Italia y fue oficial mayor
de ella y esperando que lo continuaréis con el mismo celo que hasta aquí he
tenido por bien de elegiros y nombraros como en virtud [1489r] de la
presente os elijo y nombro por mi secretario de la secretaría de Estado de
Italia en propiedad en lugar del dicho marqués de Villanueva por el tiempo
que fuere mi voluntad y que refrendéis todas y cualesquier provisiones,
instrucciones, patentes y cédulas que yo firmare y que decretéis todos los
despachos y memoriales que se proveyeren y acordaren en el Consejo de
Estado como lo hacen y ejecutan los demás secretarios que lo son del dicho
Consejo [1489v] y que llevéis por salario un cuento de maravedís al año y
más diez y nueve mil y siete reales de vellón que os concedo de aumento
como gozaba vuestro antecesor el marqués de Villanueva por resolución mía
a consulta del Consejo de Estado de veinte y cuatro de septiembre de
seiscientos y noventa y cinco, librado todo en la nómina de los de mi
Consejo demás de los cien mil reales que os tocan por el título de mi
secretario y ochocientos ducados de plata [1490r] para casa de aposento y
las propinas y luminarias y demás emolumentos que os deben tocar por esta
razón y llevan los demás secretarios de Estado, todo desde el día primero de
junio de este presente año que tuve por bien de haceros esta merced por
tanto mando, al presidente y los del mi Consejo de Hacienda y Contaduría
Mayor de ella, den las órdenes que fueren necesarias para el cumplimiento
de lo que les toca y que [1490v] habiéndose sentado en los libros esta cédula
os la vuelvan sobrescripta y librada para que la tengáis por título de lo
440
sobredicho y que asimismo se os guarden todas las honras, franquezas,
exenciones, preeminencias y libertades que por razón de dicho puesto os
deben ser guardadas sin que os falte cosa alguna según va referido que así es
mi voluntad y que tomen la razón de este título el contador [1491r] de las
mercedes que se hacen por mi Consejo de Estado y declaro habéis satisfecho
lo que pertenece al derecho de la media anata. Dada en Madrid a veinte de
junio de mil setecientos y noventa y ocho. Yo el Rey. Don Crispín González
Botello.
Asentóse el traslado del título de Su Majestad escripto (sic) en las cuatro
hojas antes de esta en los libros de quitaciones que tienen el gobernador y
los del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda como por el se manda.
Madrid, a XVII de julio de XCVIII años.
441
DOCUMENTO 7
Madrid, 29 de octubre de 1700. Decreto de Carlos II nombrando gobernador
de sus reinos al cardenal Portocarrero.
B.N.E., ms. 12964/20.
Habiendo sino Nuestro Señor servido de poner mi vida en el estrecho
término de perderla, y estando, por esta causa, imposibilitado de atender,
como siempre lo he deseado, al gobierno y providencias de que necesitan
mis reinos, y siendo ésta una obligación que no admite excusa ni intermisión
alguna, para cumplir con ella y con el cariño que siempre he tenido y tengo a
mis reinos y vasallos, y hallándome con tanta satisfacción y experiencias del
celo con que vos, el cardenal Portocarrero, Arzobispo de Toledo, de mi
Consejo de Estado, me habéis servido y ayudado en todo lo que he fiado de
vuestro grande amor, en las mayores importancias, quiero y mando que, en
el ínterin que Nuestro Señor dispone de mí, y llegue el caso de concederme
la salud que más convenga, o que falte, y se abra mi testamento, gobernéis,
en mi nombre y por mí, todos mis reinos, así en lo político como en lo
militar y económico, en la misma forma que yo lo he hecho hasta aquí y
pueda hacerlo en adelante, sin excepción ni reserva de cosa alguna. Y para
ello mando al Gobernador y los del Consejo de Castilla, al Gobernador y
Consejo de Aragón, y a todos los tribunales y ministros de dentro y fuera de
España, a los virreyes y capitanes generales, oficiales y soldados de mis
ejércitos y presidios de mar y tierra, obedezcan las órdenes que por escrito y
de palabra les diereis firmadas o rubricadas de vuestra mano y para su
ejecución y cumplimiento mando se den por dichos consejos todas y
cualesquiera órdenes que necesitan para el cumplimiento de lo que aquí
expreso y ordeno que con sola copia autorizada por mi secretario del
Despacho de este decreto porque el original ha de quedar como lo mando
rubricado de mi mano en vuestro poder por causa de no permitir la
indisposición que padezco el rubricar todos los demás que fueren
442
necesarios, acompañado de papel suyo se observe, cumpla y ejecute todo lo
referido con advertencia de que las resoluciones de las consultas, los
despachos y los decretos se han de formar en el propio modo que hasta aquí,
con solo la diferencia de que baste la rúbrica vuestra, en los decretos y
resoluciones y consultas y vuestra firma en los despachos y cédulas
poniendo antes de ella lo ejecutáis por mí y en todo lo demás se observará el
estilo que hasta ahora señalando de Su Majestad en Madrid a 29 de octubre
de 1700 al cardenal Portocarrero. Yo, don Antonio de Ubilla y Medina, del
Consejo del Rey Nuestro Señor, su secretario de Estado y del Despacho
Universal, certifico que, habiendo leído este decreto, en voz inteligible, de
verbo ad verbum, al Rey Nuestro Señor (Dios le guarde), hallándose en el
peligroso estado de salud que expresa en él, y entendídolo Su Majestad, pasó
a poner (como lo hizo) su Real señal en la forma que está, y al modo de lo
que siempre ha usado; y para que conste, de lo referido hice la presente,
firmada de mi mano, y con el sello secreto de Su Majestad. En Madrid, a 29
de octubre de 1700. Al cardenal Portocarrero.
443
DOCUMENTO 8
[Madrid], [ca. 1701]. Diálogo entre Perico y Marica que trata del estado
presente de España.
B.N.E., ms. 12.777, ff. 48r.-55r.
Perico y Marica parece sobraba.
aquellos que marras Marica responde:
viajes hacían, Perico no basta
discursos formaban lo que tantos dicen
en su estilo y trato y discretos callan.
están como estaban Porque todos quieren
si bien cuando mozos gobernar la danza
tenían más salsa y en baraja nueva
Mas todo consume disponer las cartas.
el tiempo y acaba Y así si tú quieres
y aún hasta los chistes prosigue relata
los quita la gracia. habla pues que miras
Discurren gustosos que nadie embaraza.
al ver que caros hablan Ya sabes que el rey
escriptas ahujas en gloria descansa
dos mil ignorancias. porque fue en sus días
Perico la dice un Juan de buen alma,
¿qué hacemos hermana, y aún de eso procede
cómo nos metemos que su muerte a España
nuestra cucharada? en lugar de llanto,
Si todos gobiernan le dio carcajadas.
porque ahora falta Que heredó este reino
lo que en otros tiempos un rey que se aguarda
444
a ver si es tan pepino Muy bien sé quien dices
o si es calabaza. el alma de Urraca,
Que en él es muy justo aquel don Purpúreo
tener esperanza honores de Papa.
pues nació como hombre Prosigue Marica
para ser monarca. pues sabes me agrada
Siempre he leído oír con rebozo
criarse en la Francia las cosas muy claras.
al son del arrullo Aquel presidente
de trompas y colas. tontón más de marca,
En eso no gastes jergón sin esparto
Perico la labia, borrego sin lana.
pues ves que en la corte Contra ese bonete
mil cosas nos llaman. provoco mis rabias
La reina en Toledo pues es su persona
muy desonsolada ni silla, ni albarda.
las lágrimas sueltas, Aquel ventolera,
las manos atadas. señor niño dama,
Estando sin uso mujer con calzones
ociosas sus garras, y hombre con faldas
que muy poco aprieta que fue a su obispado.
el que mucho abarca. Y quien tal pensara
De cómo solía y fue porque algunos
mandar es mandada, remojen las barbas.
ahora ella pide, Aquel que allá vino
y allende quitaba. de donde se estaba
La Junta en gobierno purgando delitos
muy desgobernada, de leve ignorancia.
a muchos destierran, Montalto es un hombre
a ninguno matan. de intención muy sana
El mandón del mundo, aunque en los discursos
señor tragaldabas tiene algunas macas.
que grita en secreto Aquel enfermero,
y en público calla. figura de pasta
445
en las apariencias Ubilla, aquel trasto
un cuerpo sin alma. a quien le faltaba
Siempre Benavente camisa, y la bula
fue para la cama suplía su falta.
el mejor amigo Y ahora se mira
que ha tenido España. con grandeza tanta,
Privando en la corte que ya no le cabe
señor Frigiliana en toda su ansia.
te acuerdas de cuando Él ha hecho su agosto
dijistes le ahorcaban. en buena invernada,
Aquestas columnas y todos aquellos
pusieron a España que alegan la parva.
mira qué cimientos Mas presto veremos
para asegurarla. la hoja doblada
Calla tú Marica poniendo a la margen
que no ignoro nada, el cargo y la data942.
y tú de esas cosas En viniendo el rey,
no sabes palabra. ¿qué haremos de Juana,
Aquesos que dices aquel almirante
muy mucho trabajan que así se llamaba,
más es para ver cuando aquel Cifuentes,
cuál es el que engaña. guapetón fanfarria,
Todos muy celosos hizo que supiesen
la justicia aman cómo carcajeaba?
quieren que no falte En verdad que dudo
pero que no la haya. que tuviera guarda
Porque si la hubiera faltando en la reina
fuerza es que empezara refugio de faldas.
por ellos que hacen Si ya no estuviera
millones de infamias. la mano tomada,
Sabes con quien tengo el duelo ajustado
muchísima rabia perdida la fama.
con el secretario
942Hemos señalado en negrita los versos
don Mono Piltrafa. dedicados a Antonio de Ubilla.
446
Perico qué dices
allá de Alemania,
que morder no pueden
aunque mucho ladran.
Que ahora las leyes
sirven de carlanza
a la humilde oveja
a la pobre España.
Portugal el pobre
compasión me causa,
pues para su miedo
le faltan ya bragas.
Ahora es muy bueno
lo que hace la Francia
porque es el conducto
por donde va el agua.
Si es buena o si es mala
mis voces lo callan
y aqueso lo dejo
para otra jornada.
Que en esta primera
aun esto me cansa
que el tiempo nos tiene
muy viejos hermana.
Y pues ya llegamos
a nuestra posada
de cuanto pasare
oye, mira y calla.
447
DOCUMENTO 9
Madrid, 23 de febrero de 1701. Carta de Antonio de Ubilla y Medina a Luis
XIV agradeciéndole su deseo de que continuase como secretario de Estado y
del Despacho Universal.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 87, f. 470 r. y v.
Señor
A los efectos de la piedad de Vuestra Majestad, reconozco la honra grande
que el rey mi amo (Dios le guarde) se ha servido de hacerme queriendo esté
a su pie continuando el ejercicio de su secretario de Estado y del Despacho
Universal, doy a Vuestra Majestad las más humildes gracias con mi mayor
veneración y respeto, y con las mismas circunstancias ofrezco a Vuestra
Majestad para desempeño de mi obligación que serviré al rey mi señor con
los más vivos y eficaces deseos de merecerle toda su gratitud y la aceptación
agradable de Vuestra Majestad Cristianísima. Nuestro señor guarde la
cristianísima persona de Vuestra Majestad como tanto he menester. Madrid,
23 de febrero de 1701.
Don Antonio de Ubilla y Medina [rubricado]
448
DOCUMENTO 10
Madrid, 10 de agosto de 1701. Carta de Antonio de Ubilla y Medina al
marqués de Torcy informándole que Felipe V le ha conferido un título de
Castilla.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 92, f. 108 r. y v.
Excelentísimo señor
Habiendo el rey mi señor (Dios le guarde) honradome con la merced
de título de Castilla, no excuso participarlo a vuestra excelencia y ofrecerme
con este nuevo carácter a su servicio y disposición, manifestando también a
vuestra excelencia el sumo reconocimiento en que me pone esta honra de Su
Majestad, más correspondiente de su grandeza y magnanimidad que igual a
mi merecimiento, aunque mis deseos procurarán siempre a este gran favor
del rey mi amo, en el mayor desempeño de mis obligaciones y
reconocimiento.
Con este motivo me pongo a los pies de Su Majestad Cristianísima,
del señor Delfín y demás señores príncipes en las cartas adjuntas, que
remito a vuestra excelencia para que se sirva pasarlas a las reales manos de
Su Majestad Cristianísima y Altezas Serenísimas, haciéndome también
vuestra excelencia el favor de expresar al mismo tiempo mi rendimiento; y
yo quedo a servicio de vuestra excelencia. Dios guarde a vuestra excelencia
muchos años como deseo. Madrid, 10 de agosto de 1701.
Excelentísimo señor
Besa la mano de vuestra excelencia
su mayor servidor,
Don Antonio de Ubilla y Medina [rubricado]
Excelentísimo señor marqués de Torcy
449
DOCUMENTO 11
Marsella, 30 de noviembre de 1702. Real decreto de Felipe V por el que
concede a Antonio de Ubilla, marqués de Ribas, plaza en el Consejo y Junta
de Guerra de Indias.
A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 553A, libro 3, ff. 30r-31r.
Por la gran satisfacción con que me hallo del amor y celo con que el marqués
de Rivas, mi secretario de Estado y del Despacho, procura adelantar su
mérito en mi servicio, y por el particular que ha ejecutado durante esta
jornada en que se ha logrado toda mi aprobación y gratitud, he resuelto
hacerle merced de plaza del Consejo y Junta de Guerra de Indias sin más
goce por ahora que el de las obvenciones que gozan los demás ministros
porque mi real ánimo es que se le mantenga todo el goce que le está
señalado como secretario de Estado de la negociación de Italia y la
propiedad de esta secretaría en la misma forma que hasta aquí, y caso que
tenga por conveniente en algún tiempo que se vuelva a establecer la Cámara
de Indias, ha de entrar en ella el marqués por de número de las razas de que
mandare formarla porque desde luego le hago merced de ella sin que
necesite de nueva declaración ni otro despacho que el que ahora he
mandado se le dé en virtud de este decreto y con la antigüedad para todo
desde la fecha de esta orden respecto de no poder hacer luego el juramento
por hallarse sirviéndome. Y porque por ahora no ha de gozar sueldo alguno
en el Consejo y Junta de Guerra, le relevo de lo que pudiera cargársele de
media anata por razón de lo honorífico. Tendráse entendido en el Consejo y
Junta de Guerra de Indias. Señalado de la real mano de Su Majestad. En
Marsella, a 30 de noviembre de 1702. Al duque de Medinaceli.
450
DOCUMENTO 12
Zaragoza, 3 de enero de 1703. Título de marqués de Ribas otorgado a don
Antonio de Ubilla y Medina para sí y sus sucesores.
A.H.N., Consejos, leg. 8976, año 1703, exp. 150.
Don Felipe por la gracia de Dios, etc. Por cuanto teniendo atención a la
calidad y lustre de vos don Antonio de Ubilla y Medina, caballero de la orden
de Santiago, comendador de las encomiendas de Quintana y Peso Real de
Valencia en la de Alcántara, mi secretario propietario de Estado de la
negociación de Italia y del Despacho Universal, a los buenos y largos
servicios que me habéis hecho, ejecutados con toda aprobación en los
empleos que habéis tenido, habiendo comenzado el año de mil seiscientos
de sesenta y uno con plaza de oficial entretenido en la referida secretaria y
pasado el de mil seiscientos y sesenta y seis (con licencia mía) con el duque
de Alburquerque, por su secretario, al viaje de la emperatriz y al virreinato
de Sicilia, donde tuvisteis la correspondencia con mis ministros y el manejo
de las cifras en que después de vuelta a España continuasteis en la dicha
secretaría sin embargo de hallaros en el grado de oficial entretenido, en la
cual continuasteis vuestros méritos hasta el año de mil seiscientos y setenta
y dos en que con atención a ellos se declaró la referida plaza por de número.
Que el año de mil seiscientos y setenta y cinco entrasteis a servir la
secretaría de los Reales Descargos en ausencias y enfermedades de don Juan
de Ocon, y después, por su fallecimiento, lo hicisteis en propiedad
cumpliendo en ella con vuestra obligación adelantando en su manejo la
mejor formalidad y regla para el mayor resguardo de aquel caudal y
beneficio de los interesados en él, omitiendo el interés de los derechos que
todos vuestros antecesores habían llevado. Que el año de mil seiscientos y
ochenta y dos os honré con la secretaría de Cruzada, la cual ejercisteis hasta
el de mil seiscientos y noventa y cuatro, y en el se os ascendió a la secretaría
451
de Órdenes que tuvisteis hasta el de mil seiscientos y noventa y cinco, que
pasasteis a la de Indias para del Perú en que continuasteis hasta el de mil
seiscientos y noventa y ocho que os hice merced de la de Estado y del
Despacho Universal, en que os halláis empleado con particular satisfacción
mía, habiendo en todo este tiempo [estado ]asistiendo como secretario en
diferentes juntas que de mi orden se formaron para efectos especiales del
real servicio y beneficio del común. Y atendiendo asimismo a la que mereció
don Antonio de Ubilla vuestro padre que fue mi secretario y oficial mayor de
la misma secretaría de Estado donde sirvió más de 30 años habiendo
seguido al señor rey don Felipe 4º (que está en gloria) en las dos jornadas
que hizo a Aragón; y que don Antonio de Ubilla vuestro abuelo fue veedor y
contador de los presidios de la provincia de Guipúzcoa; el capitán de
caballos y sargento mayor don Miguel de Ubilla, su hijo, caballero que fue de
la orden de Santiago, el año de mil seiscientos y treinta y ocho sirvió en el
sitio de la ciudad de Fuenterrabía con todo valor y puntualidad, habiendo
padecido la casa solariega y demás hacienda que tenéis en aquella ciudad lo
que todavía no se ha podido reparar; y se ve manifiestamente que el
licenciado don Sancho de Ubilla, hermano del dicho don Miguel (ambos
vuestros tíos) fue por visitador general a la isla de Santo Domingo, donde
falleció; y asimismo don Cristóbal de Medina, vuestro abuelo, fue
gentilhombre de la casa del cardenal-infante; y don Cristóbal de Medina, su
hijo, caballero que fue de la orden de Santiago, regidor de Madrid, ayuda de
cámara del dicho cardenal y secretario de la Junta de la Caballería y de la de
Minas y Población, murió siendo de mi Contaduría Mayor de Hacienda; que
os halláis casado con doña Ana María de Sobremonte, hija de don Gaspar de
Sobremonte, caballero que fue de la orden de Santiago, caballerizo de Su
Majestad y nieta de don Gaspar de Sobremonte, que fue de mis Consejos de
Cruzada, Italia y Castilla y tuvo los empleos de más consideración en el real
servicio, habiendo (entre ellos) estado a su cargo los papeles de la embajada
en Roma y servido todos los actos de embajador cerca de dos años, y don
Antonio Carnero, abuelo de la dicha dona Ana María (después de otros
empleos que ejerció con toda aprobación) fue mi secretario de Estado y del
Despacho Universal; y en remuneración de todos los méritos y servicios
expresados y por honraros más y sublimar vuestra persona y casa por
452
decreto señalado de mi real mano de dos de agosto de mil setecientos y uno
he tenido por bien de haceros merced de título de Castilla con facultad que
para después de vuestros días podáis disponer de él en la forma que fuere
vuestra voluntad, y en su conformidad y porque habéis elegido el de
marqués sobre el lugar de Rivas para que recaiga la referida merced es mi
real ánimo que ahora y de aquí adelante vos el dicho don Antonio de Ubilla y
Medina y vuestros sucesores cada uno en su tiempo perpetuamente para
siempre jamás os podáis llamar e intituléis, llamen e intitulen y os hago e
intitulo marqués de Rivas y doy y concedo licencia y facultad a vos el dicho
don Antonio de Ubilla y Medina para que después de vuestros días podáis
disponer del referido título en la forma que fuere vuestra voluntad. Y mando
a los infantes, prelados, duques, marqueses, condes, ricos hombres, priores
de las órdenes, comendadores y subcomendadores, alcaides de los castillos y
casas fuertes y llanas, y a los del mi Consejo, presidentes y oidores de mis
audiencias, alcaldes, alguaciles de mi Casa y Corte y Chancillería, y a todos
los concejos, corregidores, asistente, gobernadores, alcaldes mayores y
ordinarios, alguaciles, merinos, prebostes y otros cualesquier mis jueces y
justicias y personas de cualquier estado, calidad, condición, preeminencia o
dignidad que sean mis vasallos, súbditos y naturales, así a los que ahora son
como los que adelante fueren y a cada uno y cualquiera de ellos que os hayan
y tengan, llamen e intitulen así a vos como a los dichos vuestros sucesores
marqués de Rivas y a vos a ellos os guarden y hagan guardar todas las
honras franquezas, libertades, exenciones, preeminencias, prerrogativas,
gracias, mercedes y demás ceremonias que se guardan y deben guardar a
todos los otros marqueses de estos mis reinos todo bien y cumplidamente,
sin que os falte cosa alguna. Y porque según las órdenes dadas por el señor
rey don Felipe Cuarto a las personas a quien se diere título de marqués o
conde ha de preceder primero el de vizconde y quedar éste suprimido, por el
despacho del día de la fecha de éste os he dado título de vizconde de Medina,
el cual en conformidad de las dichas órdenes queda roto y cancelado en mi
secretaría de la Cámara y Estado de Castilla, y notado y prevenido en su
registro lo conveniente para que no valga ni tenga efecto ni se dé por
perdido, duplicado ni en otra forma en tiempo alguno. Y si de este mi
despacho y de la gracia y merced en él contenida vos el dicho don Antonio de
453
Ubilla y Medina o cualquiera de los dichos vuestros sucesores quisiéredes o
quisieren mi carta de privilegio y confirmación, mando a los mi
concertadores y escribanos mayores de los privilegios y confirmaciones y al
mi mayordomo, chanciller y notario mayores y los demás oficiales que están
a la tabla de mis sellos que os la den, libren, pasen y sellen la más fuerte y
firme y bastante que les pidiéredes y menor hubiéredes. Y declaro que de la
merced del título de vizconde habéis pagado el derecho de la media anata, y
también de la de marqués, que ésta importó quinientos y sesenta y dos mil y
quinientos maravedíes, lo cual han de pagar conforme a rechas de dicho
derecho todos los sucesores de este título. Dada en Zaragoza a res de enero
de mil y setecientos y tres. Yo el Rey. Yo don Francisco Nicolás de Castro y
Gallego, secretario del rey nuestro señor lo hice escribir por su mandado.
Manuel, arzobispo de Sevilla. Don Juan de la Iseca Albarado. El conde de
Gramedo y del Franco. Don Manuel de Arce y Astete. Don Sebastián de
Cotes y la Cárcel.
Salvador Narváez [rubricado].
454
DOCUMENTO 13
Madrid, 10 de septiembre de 1703. Carta del marqués de Canales a Luis XIV
informándole de que Felipe V le había encargado de los asuntos de Guerra y
agradeciéndole su confianza en él.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 117, ff. 260r-261r.
Habiéndose dignado el rey mi señor mandarme tome a mi cargo la
dependencia de las materias militares cerca de su real persona para que
separadas del ordinario curso que detenía su expedición sea ésta más breve
y puntual. Conociendo yo derivada esta benignidad del soberano propicio
impulso de Vuestra Majestad me pongo a sus reales pies con lo más
profundo de mi respeto dando a Vuestra Majestad muchas gracias por las
honras que se digna hacerme y no omitiré hacer presente a Vuestra
Majestad lo que ofrecí a Vuestra Majestad volviendo de Inglaterra que fue
que en cuanto me dure la vida hallarán Vuestras Majestades en mí una fe,
un celo y una aplicación a su agrado correspondiente a la suma felicidad de
verme en su gracia. Suplico a Vuestra Majestad rendidamente se digne
concederme esta credulidad. Guarde Dios la carísima real persona de
Vuestra Majestad como la cristiandad ha menester. Madrid, a 10 de
septiembre de 1703. El marqués de Canales [rubricado].
455
DOCUMENTO 14
Madrid, 14 de marzo de 1704. Carta del marqués de Ribas al marqués de
Torcy informando que por el mal trato que se le dispensaba por su
obediencia a Luis XIV decidió solicitar el retiro a Felipe V, no siéndole
concedido; por lo que solicita al monarca francés que medie para que se le
permita retirarse, ya que considera que su honor debería apartarse de
exponerse más a desaires y ajamientos.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 137, ff. 76r-77r.
Excelentísimo señor. Señor mío: Aunque yo canse y embarace el tiempo a
vuestra excelencia no he de excusar en todas las ocasiones seguras que se
ofrezcan repetir a vuestra excelencia mi estimación grande a sus favores, y
continuarle mis rendidas súplicas por su protección dándole cuenta al
mismo tiempo de que conociendo ya lo inútil que soy en servicio de mi amo,
procuré con lágrimas en mis ojos que la autoridad del señor abad de Estrées
y la del señor duque de Berwick me facilitasen la licencia de mi amo, de que
fue testigo Monsieur de (¿Puisegur?), pero el precepto de estos señores y sus
empeños de tanta veneración mía me sujetaron a obedecerlos viniendo en
esta jornada con el desaire y ajamiento943 que los mismos podrán informar,
atropellándome y diferenciándome en todo, cuando ni mi amor ni mi deseo
de servir, ni la aplicación y celo con que lo he ejecutado los haya
desmerecido, castigándoseme porque atiendo a los principales ministros del
Rey Cristianísimo mi señor, a que nunca faltaré, conociendo lo debo ejecutar
así por todas razones, suplico a vuestra excelencia que debido a estas
evidencias considere si ya mi honor debe apartarse de padecer más, y si
vuestra excelencia lo juzgare conveniente deba a su grandeza que Su
Majestad Cristianísima me dé el consuelo que espero de su real y
magnánimo corazón, pues yo estaré siempre a los pies de Su Majestad
deseando acertar con su mayor servicio y obediencia como también el que
943 Maltrato.
456
vuestra excelencia me emplee continuamente en cuanto pueda ser de su
mayor satisfacción. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años como
deseo. Casatejada944, 14 de marzo de 1704.
Excelentísimo señor
besa la mano de vuestra excelencia
su mayor y mas recibido servidor
El marqués de Ribas [rubricado]
Excelentísimo señor marqués de Torcy.
944 Localidad actualmente situada en la provincia de Cáceres.
457
DOCUMENTO 15
Versalles, 6 de agosto de 1704. Carta autógrafa de Luis XIV a Felipe V
comunicándole que no trasladará tropas francesas para la defensa de
Cataluña, porque las tiene dispersas en distintos países y las del Rosellón
son imprescindibles allí; el empeoramiento de la situación –perecen tropas y
una segunda campaña no parece posible- se debe a la incapacidad del
marqués de Canales, que no debe formar parte del Despacho; en tal
coyuntura se debe restablecer al marqués de Ribas en todas las funciones de
su cargo; espera que Felipe V siga depositando una gran confianza en el
embajador francés, duque de Gramont, cuyas orientaciones debe de seguir.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 144, f. 42r-43r.
J’aurais fort souhaité de pouvoir vous donner les troupes que vous me
demandés pour la défense de la Catalogne, mais les miennes sont occupées
présentement en tant de différents pays que je n’ay laissé en Roussillon que
celles qui sont absolument nécessaires pour la garde des places. Cette
province demeurerait sans troupes et la Catalogne serait mal secourue si je
les y fessais passer.
Ma flotte est en mer et j’ay lieu de croire que celle des ennemis n’osera
faire aucune entreprise en sa présence.
Vous me faites plaisir de me confier ce que vous pensés au sujet du
marquis de Rivas. Vous savais que je ne prétends le protéger auprès de vous
qu’autant qu’il convient au bien de votre service. C’est uniquement dans
cette vue que j’insiste encore à lui rendre toutes les fonctions de sa charge.
Je vous le demande pour le bien de vos affaires que je vois dans un fort
mauvais état : vos troupes périssent et j’ay bien de douter que vous puisiez
faire une seconde campagne.
Touts vos sujets unanimement en attribuent la faute à ceux que Votre
Majesté a chargé de ses ordres.
458
L’incapacité du marquis de Canales justifie les plaintes générales. Il
ne deviendra pas plus habille quand vous le ferais entrer dans le despacho.
Vous multiplierez seulement les contradictions.
Si la nécessité de remédier aux désordres était moins pressante, peut
être j’insisterais moins sur le rétablissement de Rivas, mais il me paraît
absolument nécessaire dans la conjoncture présente, et je prie Votre Majesté
de ne pas balancer davantage à faire ce que je lui demande pour le bien de
ses affaires.
Je me rapporte à ce que le duc de Grammont doit vous en dire encore
de ma part. Je vois avec beaucoup de plaisir la continuation de la confiance
que vous lui avez témoignée dès le commencement de son ambassade. Je
conte qu’elle ne diminuera point.
Il faut qu’elle soit entière pour me donner touts les moyens que je
souhaite de vous marquer en toutes occasions la tendresse et l’amitié
véritable que j’ay pour vous.
LOUIS
459
DOCUMENTO 16
Madrid, 10 de agosto de 1704. Carta del marqués de Ribas al marqués de
Torcy expresando su agradecimiento a Luis XIV por los favores recibidos945.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 141, ff. 361r-363r.
Excelentísimo señor. Señor mío: despachando prontamente este correo el
duque de Gramont no podré dilatarme lo que quisiera para consolarme con
vuestra excelencia y para corresponder con mis mayores estimaciones a lo
que vuestra excelencia me favorece y ampara, ejecutárelo en la primera
ocasión, y ahora no he querido dejar de lograr ésta para suplicar a vuestra
excelencia me haga el honor de ponerme rendidamente a los pies del Rey
Cristianísimo mi señor por las honras con que su grandeza y piedad ha
querido consolarme, siendo éste el mayor premio que jamás pude merecer y
el único empeño que me inflama más y más al mejor cumplimiento de mi
obligación como procuro, aunque con la desgracia de que no pudiendo faltar
el conocimiento al rey mi amo, [¿debe?] a Su Majestad la contraria
influencia que la justicia del conocimiento que no puede faltarle, pero poco
gustoso este tormento conozco que su tolerancia me facilita toda la gratitud
de Su Majestad Cristianísima nuestro amo, he suplicado al señor embajador
manifieste mi rendimiento como no dudo lo hará la fineza que en él
experimento, y juntamente como continúo en servir lo que ejecuté la
campaña pasada, lo que después he hecho y cómo se me corresponde, y los
favores, premios y medios que logra quien hasta ahora no se ha visto cedan
sus operaciones en el servicio de la real persona, mi amo, de sus intereses ni
del común beneficio, pero todo lo hace olvidar justamente la memoria que
reconozco en las honras del Rey Cristianísimo nuestro amo. Vuestra
excelencia no cese en depararme, que nunca he sido ingrato a quien me
945Ubilla debe estar haciendo referencia a la decisión del monarca francés de que volviese a
ocuparse de todos los asuntos de la secretaría del Despacho, especialmente tras ocupación
de Gibraltar; que éste menciona al final de la misiva.
460
favorece si mis obligaciones lo permiten, siempre me hallarán las órdenes de
vuestra excelencia con gran prontitud a obedecerlas.
Mucho cuidado debe darse a esta pérdida de Gibraltar, y el
sentimiento que los enemigos hallasen tan a poca costa como la ofreció el
poco cuidado de que ha dirigido su amparo en que podía habérsela
prevenido para que no fuere el primer pie que en todos los dominios de mi
amo hayan tomado nuestros enemigos, sin ser castigados, y si las
disposiciones de la primera importancia continúan por tales conductos se
deben (sin duda) temer mayores sentimientos, no lo permita Nuestro Señor
y guarde a vuestra excelencia felices años como deseo. Madrid, 10 de agosto
de 1704.
Excelentísimo señor
besa la mano de vuestra excelencia
su más recibido y mayor servidor
El marqués de Ribas [rubricado]
Excelentísimo señor marqués de Torcy.
461
DOCUMENTO 17
Madrid, 16 de agosto de 1704. Carta del marqués de Ribas al marqués de
Torcy expresándole su agradecimiento a Luis XIV por la confianza mostrada
al habérsele devuelto los asuntos de Guerra.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 141, f. 407 r. y v.
Creyendo que podría diferirse el despacho de este extraordinario, y que era
inseparable a mi obligación el explicar mi reconocimiento al señor Rey
Cristianísimo por los efectos que ha experimentado de su justicia en la
honra que me ha hecho el rey mi amo de mandarme corra con el despacho
de los negocios de la Guerra; pasé a escribir a Su Majestad Cristianísima, y a
ponerme a sus pies, con el correo intermedio de Flandes, que partió anoche;
pero como mi atención y afecto a vuestra excelencia es tan grande en todas
las ocasiones, no he querido omitir ésta ni dejar de prevenir a vuestra
excelencia de lo referido para que se sirva hallarse en inteligencia de ello;
suplicando a vuestra excelencia me continúe su fineza y favores, y
asegurando a vuestra excelencia la resignación que hallará vuestra
excelencia a ellos mi reconocimiento y de las veras como desearé
desempeñarle en obedecer y servir a vuestra excelencia. Dios guarde a
vuestra excelencia muchos años como deseo. Madrid, a 16 de agosto de
1704.
Excelentísimo señor
besa la mano de vuestra excelencia su
más recibido servidor
El marqués de Ribas [rubricado]
Señor marqués de Torcy
462
DOCUMENTO 18
Versalles, 26 de agosto de 1704. Carta autógrafa de Luis XIV a Felipe V
alegrándose del restablecimiento del marqués de Ribas; disculpándose por
el no envío de tropas francesas a España e insistiendo en la necesidad de
conseguir recursos propios; lamentando las pérdidas en Alemania, no
obstante lo cual los ejércitos franceses siguen siendo más numerosos que los
de los enemigos; y deseando conocer a través de Jean Orry la situación
exacta en España.
A.M.A.E., Correspondance Politique, Espagne, t. 144, f. 118r. y v.
J’ay reçu par Orry la lettre que Votre Majesté m’a écrite le 8me de ce mois.
Le tems ne m’a pas encore permis de me faire rendre conte du grand
nombre d’affaires dont il a été chargé et de l’état où il les a laissées. Je suis
persuadé qu’il peut m’en instruire mieux que personne. Il n’y a point de
recommandation plus forte, auprès de moi, que la protection que vous lui
donnés.
La confiance que vous me témoignés me fait un sensible plaisir, et s’il était
nécessaire d’inspirer ces mêmes sentiments au roi d’Espagne, je suis
persuadé que vous lui donneriez des conseils conformes à ce que vous
pensés vous-même. Je vous assure que ceux que vous recevez de moi ne
seront jamais que pour votre bonheur réciproque, et que je vous parlerai
toujours comme un père à ses enfants qu’il aime tendrement.
Le rétablissement de Rivas me paraissait absolument nécessaire. Je
m’étais principalement adressé à vous pour y porter le roi mon petit fils,
ainsi je suis très aise d’avoir encore cette nouvelle occasion de vous savoir
un gré infini de ce que vous faîtes et de la manière dont vous vous conduisez
dans les choses que je puis souhaiter.
LOUIS
463
DOCUMENTO 19
Plasencia, 1704. Razones de la guerra del Rey Católico contra el rey de
Portugal, el archiduque Carlos de Austria y sus aliados.
B.US., sig. A-109/039 (10), ff. 44r-47r. Impreso.
Razones de la guerra del Rey Católico contra el rey de Portugal, el
archiduque Carlos de Austria y sus aliados
EL REY
Es la guerra el último término de la justicia de los soberanos, debiendo
usarla lícita y honestamente, pero como sus sangrientas y horrorosas
operaciones oprimen las provincias y afligen los vasallos, es bien que en
estas ocasiones tengan el consuelo de saber los motivos de tan últimos no
excusados empeños. Bien pública fue al mundo mi precisa debida sucesión
en esta siempre venerada monarquía, y que a ella fui llamado por el derecho
de sangre que reconoció el católico rey don Carlos Segundo, mi tío (que haya
Gloria), instituyéndome su legítimo heredero y único sucesor en su Corona,
en que me aclamaron todos mis reinos, reconociéndome el Padre Común
que descansa en la silla de San Pedro; la majestad del Rey Cristianísimo, mi
señor y mi abuelo; las potencias marítimas de Inglaterra y Holanda; los más
principales príncipes y repúblicas de Italia; la mayor parte del Norte; y el rey
de Portugal; repitiendo unos y otros los actos ocurridos en lso cuatro años
de mi reinado, sin que la guerra movida en Italia y Flandes por el emperador
y sus coligados haya inmutado la fidelidad de mis reinos y de mis vasallos,
debiendo a Dios Todopoderoso tantos buenos suceso en que ha manifestado
mi justísima causa y que espero ha de continuarlos en defensa de ella. Pero
reconociendo últimamente que los maliciosos afectados influjos y
sugestiones contra la innata fidelidad de tanto leal vasallo de mis reinos de
España han movido a que con mal acuerdo no sólo haya dejado de cumplir
464
el rey de Portugal los tratados de liga ofensiva y defensiva con las dos
Coronas que estuvo ratificada sino que voluntariamente faltando a ella
descendió a la neutralidad haciéndola pública por sus ministros en una y
otra corte, en que también convenían; suspendió la formal declaración y se
incluyó en nuevas alianzas con el emperador, Inglaterra y Holanda,
ofreciendo tropas y acordando que la guerra segregue las principales
provincias de estos reinos y fingiendo el bien y la libertad de la Europa,
intenta poner al archiduque Carlos de Austria en posesión de toda España y
de sus dependencias consiguiendo al mismo tiempo que el archiduque haya
cedido desde luego para en aquel caso y en perpetuidad a Portugal la ciudad
de Badajoz las plazas de Alcántara, Alburquerque y Valencia en la
Extremadura; ya Bayona, Vigo, Tui y la Guardia en el reino de Galicia. Y
todo lo que está de la otra parte del río de la Plata en las Indias Occidentales
para que éste sirva de límite a las tierras de España, armándose y
auxiliándose de numerosas trompas enemigas de las dos Coronas y horror
de la religión Católica, permitiendo las puertas de aquellas sagradas iglesias
para que por ellas se introduzcan en las de mis reinos exponiéndolas al
sacrílego ultraje que las amenaza, e introduciendo también al archiduque
con sediciosos intentos y violando el derecho de las gentes; pues debajo de la
fe del seguro y sin preceder la guerra, hicieron represalia de navío e
intereses de mis vasallos.
Estas justificadas causas me han traído a poner mi persona a la frente
del ejercito en defensa del honor de mis vasallos tan adquirido de sus glorias
como de su celebrada y siempre igual fidelidad para que con ella y sus
esfuerzos sea envidiado objeto de las naciones, freno para sus enemigos,
escudo fuerte de la religión y bala firme de la perpetuidad de tan
importantes reinos y defensores de mi justicia, en la ocasión que la ha de
asegurar la guerra, y sea público en el mundo se desnudan debidamente mi
espada y la de mis reinos por la fe, por la Corona y por el honor de la patria;
para lo cual declaro por enemigos del Estado al rey de Portugal, al
archiduque Carlos de Austria y a sus aliados; y exhorto, encargo y mando a
todos mis vasallos que se unan conmigo a la defensa de su causa, se aparten
de las acechanzas que puede ponerles quien se sirve e intenta guerrear con
armas opuestas más a la fe que empeñadas a otro interés. Y para el
465
cumplimiento de todo lo que comprende esta resolución he mandado se
haga púbica en mis dominio y ejecute lo demás que conviene. Dado en
Plasencia a treinta de abril de mil setecientos y cuatro. YO EL REY. Don
Antonio de Ubilla y Medina.
Concuerda con la cédula de Su Majestad, de que queda un tanto
firmado del señor marqués de Ribas en la secretaría de Mar de mi cargo.
Don Francisco Dazas
466
DOCUMENTO 20
Madrid, 24 de abril de 1705. Merced de la encomienda de La Portugalesa, en
la orden de Alcántara, al marqués de Ribas.
A.H.N., Órdenes Militares, leg. 4428.
Don Felipe, etc., administrador perpetuo del orden y caballería de Alcántara
por autoridad apostólica. Por cuanto en atención a los llenos y largos
servicios de don Antonio de Ubilla y Median, marqués de Rivas, ejecutados
últimamente en el empleo de secretario del Despacho Universal, por decreto
de veinte y seis de enero pasado de este presente año le hice merced de la
encomienda de la Portugalesa de dicha orden que estaba vaca y hallándose
el referido marqués caballero profeso del orden de Santiago y gozando en
administración los frutos y rentas de las encomiendas de Quintana y del
Peso Real de Valencia en la misma orden de Alcántara, resolví se escribiese a
mi embajador en Roma para que solicitase breve de Su Santidad en
confirmación de esta gracia y para que el dicho marqués de Rivas sin
embargo de hallarse con el hábito del orden de Santiago y gozando en
administración de frutos y rentas de las dichas encomiendas de Quintana y
Peso Real de Valencia pudiese también gozar los de la dicha encomienda de
la Portugalesa en la misma orden de Alcántara y habiendo venido su
santidad en ello y expedido breve en esta conformidad en veinte y ocho de
febrero pasado de este presente año por una mi cédula de treinta de marzo
del mandé al presidente y los de mi Consejo de las Órdenes que en virtud de
ella y del referido breve diesen al dicho marqués de Rivas las cartas
provisiones y demás despachos de que necesitase para que durante su vida
pudiese administrar la referida encomienda y percibir y gozar sus frutos y
rentas según queda expresado con calidad que durante la dicha
administración hubiese de pagar al tesoro de la dicha orden de Alcántara lo
que tocase y correspondiese por razón de decenios conforme al tiempo que
la gozase sin perjuicio también de los demás derechos que perteneciesen al
467
común erario de ella en la forma que se acostumbra sin embargo de lo
prevenido y dispuesto en contrario por las definiciones de la misma orden y
otra cualquier cosa que hubiese en su denegación de hecho y de derecho o de
solemnidad que yo por lo que toca a la administración perpetua que tengo
dispense en ello por esta vez quedando en su fuerza y vigor para en lo demás
adelante; lo cual visto por los del dicho mi Consejo y lo que en razón de ello
dijo el mi fiscal de él a quien se mandó lo viese y he dicho breve original que
traducido del latín en romance por mi secretario de traducción de lenguas a
la letra su tenor es como se sigue:
A espaldas: Al muy amado en Cristo hijo nuestro Felipe rey católico de las
Españas.
Dentro: Clemente papa undécimo.
Muy amado en Cristo hijo nuestro, salud y bendición apostólica. Poco ha
que en nombre de tu Majestad nos ha sido hecha relación como tú que eres
administrador perpetuo nombrado por autoridad apostólica de las órdenes
militares de Santiago de la Espada y Alcántara, deseas en consideración de
los servicios que te ha hecho el amado hijo Antonio de Ubilla y Medina,
marqués de Rivas, caballero de la dicha primera orden en el empleo de
secretario del Despacho Universal conceder al dicho Antonio en
administración la encomienda llamada de la portugalesa de la segunda dicha
orden al presente vacante aunque posee otras dos encomiendas llamadas de
Quintan y del Peso Real de Valencia de esta orden también en
administración por indulto de la Sede Apostólica, y sin embargo de que
traiga el hábito de la primera dicha orden si para ello te sufrago nuestra
licencia y facultad y la de esta Santa Sede Apostólica por lo cual por parte de
tu dicha Majestad nos ha sido rendidamente suplicado que por la dignidad
apostólica nos dignásemos de proveer convenientemente en lo que dicho es
para con el dicho Antonio, nos pues queriendo en tu consideración hacer
especiales favores, gracias al dicho Antonio y por el tenor de las presentes
absolviéndolo y dándolo por absuelto de cualquiera excomunión, suspensión
y entre dicho y de otras cualesquier eclesiásticas sentencias y censuras y
penas impuestas a iure bel ab homine por cualquiera ocasión o causa si en
algunas en cualquiera manera hubiere incurrido para conseguir tan
468
solamente el efecto de las presentes inclinados a dichas súplicas por la dicha
autoridad apostólica y tenor de las presentes concedemos a tu dicha
Majestad plena y amplia facultad para que no obstante que el dicho Antonio
posea en administración otras dos encomiendas de la segunda orden y traiga
públicamente el hábito de la primera dicha orden concedas por dicha
merced autoridad apostólica también en administración al dicho Antonio
sobre dicha encomienda de Portugalesa con tal que durante la dicha
administración pague cada diez años que se reputan por vacas las
encomiendas de la segunda dicha orden al erario común de la sobre dicha
segunda orden a proporción del tiempo que la gozare la debida y
acostumbrada porción de los frutos, rentas y proventos de la sobredicha
encomienda de Portugalesa no obstante lo arriba dicho y las constituciones y
ordenaciones apostólicas y los estatutos y costumbres, establecimientos,
usos y naturalezas de las dichas órdenes aunque se hayan corroborado con
juramento, confirmación apostólica u otra cualquier firmeza y sien embargo
de los privilegios, indultos y letras apostólicas que contra lo arriba referido
en cualquiera manera se hayan concedido confirmado e innovado a todas las
cuales cosas y cada una de ellas teniendo sus tenores por plena y
suficientemente expresados y de verbo ad verbum expresados y en las
presentes insertos quedando para lo demás en su fuerza y vigor por esta vez
sola y para conseguir el efecto de las presentes especia y expresamente
derogamos y todo lo demás en contrario dado en Roma en San Pedro debajo
del anillo del Pescador el día veinte y ocho de febrero de mil setecientos y
cinco, y del nuestro pontificado año quinto. Lugar del anillo del Pescador +
saliverix.
Y conformándome con el dicho breve suso incorporado tuvelo por
bien y por la presente hago merced al dicho don Antonio de Ubilla y Medina,
marqués de Rivas, de la administración con el goce de los frutos y rentas de
la dicha encomienda de la Portugalesa en la dicha orden de Alcántara con el
hábito que tiene de la dicha orden de Santiago y sin que le obste no tenerle
de la referida orden de Alcántara para que la tenga y goce desde el día que
en virtud de esta mi carta por sí o por quien para ello su poder hubiere
tomare la posesión de la dicha encomienda en adelante por todos los de su
469
vida con calidad y condición que haya de pagar y pague a los tesoros
ordinario y de encasamientos de la dicha orden en el primero y segundo año
del goce lo que les perteneciere según bulas de Su Santidad y definiciones de
la dicha orden y asimismo lo que tocare por razón de decenios, prorrata
según el tiempo que la gozare sin poner en ello escusa ni dilación alguna
para lo cual mando al tesorero que es o fuere de dichos tesoros pida, reciba y
cobre del dicho marqués de Rivas y de las rentas de dicha encomienda a los
plazos y en la forma que se acostumbra todas las cantidades de maravedíes y
otras cosas que así tocaren y pertenecieren a los dichos tesoros y a cualquier
de ellos haciendo para ello todas las diligencias judiciales y extrajudiciales
que se requieran hasta que tenga cumplido efecto la dicha cobranza.
Y mando al comendador mayor, clavero, prior, sacristán y a los otros
comendadores, caballeros, priores, freiles y personas de la dicha orden de
Alcántara y a los concejos, justicias y regidores, caballeros, escuderos,
oficiales y hombres buenos de todas las ciudades, villas y lugares donde la
dicha encomienda tiene o tuviere rentas y a los administradores,
arrendadores, fieles y cogedores, terceros dezmeros de paños, de
mayordomos, tributarios y otras cualesquier personas a cuyo cargo ha sido
eso fuere de coger y recaudar en renta o en fieldad, mayordomía o en otra
cualquier manera los frutos y rentas, emolumentos y todas las otras cosas a
la dicha encomienda anejas y pertenecientes en cualquiera manera que le
acudan y hagan acudir con todo ello al dicho don Antonio de Ubilla,
marqués de Ribas, o a quien para ello su poder, causa o derecho hubiere
desde el día que como va dicho tomare la posesión de dicha encomienda en
adelante por todos los de su vida y que le guarden y hagan guardar todas las
honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, exenciones,
preeminencias, prerrogativas e inmunidades y las otras cosas y cada una de
ellas que por razón de dicha encomienda y como tal su administrador debe
haber y gozar y le deben ser guardadas según que mejor y más
cumplidamente recudieron y guardaron a los otros administradores con
goce de frutos, que han sido de dicha encomienda todo bien y
cumplidamente sin que le falta cosa alguna so pena de la mi merced y de
cincuenta mil maravedíes para la mi Cámara a cada uno que lo contrario
hiciere y porque en las definiciones de la dicha orden de Alcántara hay cinco
470
que disponen cerca de las obras y reparos de las fortalezas, casas y
posesiones de las encomiendas de ella que su tenor a la letra es como se
sigue:
Primera definición. Porque el interés público y bienes de nuestra orden
deben ser conservados para beneficio de ella común y particular de cada uno
mandamos que de cuando algún caballero o religioso de nuestra orden
fuere proveído de dignidad o encomienda o beneficio si arrendare se declare
en el arrendamiento que el arrendador expresamente queda obligado a
pagar las tercias del tesoro y encasamientos a los tesoreros y depositarios y
si no arrendare de fianzas legas llanas y abonadas que acudirá a los dichos
tesoreros y oficiales con las dichas tercias y desde ahora declaramos los
frutos de la dignidad o encomienda o beneficio por obligados al tesoro y
depósito de encasamiento de nuestra orden sin que sea necesario otra
determinación ni declaración alguna.
Segunda definición. Dicho habemos en el título antes de éste cómo se debe
hacer el tesoro y tesoreros y porque el depósito y depositarios aunque
difieren en los nombres son en el ser tan conformes trataremos asimismo de
qué cosas y cómo se deben hacer y quién deben ser los depositarios.
Primeramente porque las casas fuertes y llanas de encomiendas del orden
sean mejor reparadas y labradas mandamos que de aquí adelante todas las
dignidades y comendadores que nuevamente fueren proveídos el segundo
año de la provisión paguen la tercia parte de las rentas que rentaren sus
dignidades y encomiendas para los encasamientos de ellas de la forma y
manera que el primer año se manda que se pague la tercia parte para el
tesoro de la orden y los que tuvieren en sus encomiendas fortalezas y casas
fuertes paguen la mitad de los frutos para labor de ellas y en las provisiones
que Su Majestad o los maestres que después de él vinieren mandaren hacer
de las tales dignidades o encomiendas se mande que se pague la tercia parte
del segunda sí como dicho es y el capítulo nombre dos personas del hábito
para depositarios que sean abonados el uno que decida en el partido de
Alcántara y el otro en el de la Serena en quien se depositen las dichas tercias
partes y para que den buena cuenta y paguen los alcances que les hicieren
471
mandamos que antes que se les despache el título sean obligados a dar y den
fianzas de personas legas llanas y abonadas al dicho cargo y que las
escrituras que sobre ello se otorgaren envíen autorizadas al sacro convento
de Alcántara y se pongan en el archivo de las escrituras de nuestra orden,
quedando y teniendo una copia el secretario del Consejo y no puedan otra
vez ser reelegidos hasta tanto que hayan dado cuenta de sus oficio la cual
tercia parte queremos que se gaste en aprovechar y labrar las casas de las
dignidades y encomiendas si tuvieren fortalezas en el encasamiento y
aposento de ellas porque lo fuerte como está dicho el señor maestre es
obligado y esto se haga comparecer y voluntad de las dignidades,
comendadores nuevamente proveídos y si tuvieren más casa de una la dicha
tercia se distribuya y gaste en lo que pareciere ser más necesario con parecer
de la tal dignidad o comendador y dentro de tres meses primeros siguientes
como estuvieres cobrados los maravedíes que pertenecieren a los
encasamientos sean obligados a comenzar las obras y no alzar mano de ellas
los comendadores o alcaides hasta que sean hechas y acabadas y les
prohibimos que no manden hacer ni se hagan obras de tapias de tierra ni de
piedra y barro porque no son durables y no lo haciendo y cumpliendo así
cada visitador en su partido nombre y señale persona suficiente con salario
moderado para que lo cumplan y el tal salario pague el comendador o
alcaide de sus propios bienes y no de los maravedíes de los encasamientos y
haciéndose las obras por mandado de la persona así nombrada habiendo
libranza del visitador los depositarios lo cumplan y paguen y les sea recibido
en cuanta lo que en ello montare como si los mismo comendadores y
alcaides diesen las tales libranzas y si la tal dignidad o encomienda no
tuviere casa la tercia parte se convierta en acrecentamiento de rentas para la
encomienda y sean obligados a dar cuenta en el siguiente capítulo de lo que
así hubiere recibido y gastado y mandamos y declaramos que la dignidad o
comendador que nuevamente fueren proveídos entren contribuyendo para
el tesoro el primer año y la tercia parte que se da para las obras sea en el
segundo año siguiente o (¿arraba?) del tiempo que poseyeren la tal dignidad
o encomienda en el segundo año y se pague de la manera que se paga la
tercia parte del Tesoro y la cuenta del tesoro y encasamiento se ha de tomar
sólo por el Capítulo.
472
Tercera definición. Así como el tesoro fue establecido para que por este
medio las libertades y privilegios y los bienes de nuestra orden se
defendiesen y conservasen así nuestros mayores quisieron que por medio de
los depósitos de tercias y de encomiendas, mitades de tenencias y ayudas
ordinarias que los señores maestres y administradores hicieren a la orden
las moradas fortalezas y edificios de ella no solamente fuesen reparados y
mantenidos, más mejorados y aumentado por ende hablaremos de los
edificios cuáles son los que se deben hacer por definición, quién los debe
hacer y cómo y cuándo se deben hacer y qué dineros y con cuya autoridad.
Primeramente de dos maneras son los edificios por que o son reparos
o edificios de nuevo y los unos y los otros o son casas llanas o fortalezas y de
todo trataremos en las siguientes definiciones para que primero el señor
maestre y después las dignidades, comendadores otrosí los alcaides
entiendan a cuanto son obligados porque haciéndose como se hacen las
visitaciones de tarde en tarde muchas veces los visitadores en los reparos y
obras que mandan hacer en las fortalezas y casas de los comendadores
agravian a los que poseen las encomiendas y otras a los que las han poseído
por no se poder bien verificar y saber en qué tiempo han menoscabado o
caído los edificios que así mandan hacer y reparar ordenamos y mandamos
que las dignidades y comendadores y arciprestes y beneficiados y curas al
tiempo que fueren o enviaren a tomar la posesión de sus dignidades y
encomiendas sean obligados antes que tomen la dicha posesión de requerir
al gobernador o justicia mayor del partido que vaya o envíe a hacer la
descripción de las casas o edificios que la tal dignidad o encomienda o
beneficio tuviere poniendo particularmente como están labradas las casas y
de qué materiales y lo mismo hagan en los molinos y otras posesiones
semejantes y asimismo asienten las armas, prisiones, tinajas y vasijas y
todas las otras cosas que hallaren que son del servicio de las casas
asentándolo todo por menudo de manera que se pueda ver y saber el estado
en que el comendador o cura recibió la dignidad o encomienda o beneficio
para que en el mismo estado lo deje, de lo cual se hagan dos escrituras de un
tenor y firmadas del gobernador o justicia mayor y del comendado o persona
a quien envían a tomar la casa y posesión signadas de escribano público y la
473
una se envíe al convento para que allí esté en guarda y la otra quede en
poder de comendador o persona que enviare a recibir la encomienda y si el
comendador fuere negligente en requerir al gobernador y justicia mayor
para hacer esto pierda la cuarta parte de la renta de su encomienda de aquel
año y si el gobernador o justicia mayor no cumpliere o hiciere cumplir lo
susodicho enviando si estuviere ocupado por el no poder ir persona de
confianza a costa del tal comendador para hacer esta descripción, pague de
pena treinta ducados por cada vez que así lo dejare de hacer y cumplir la
cual pena una y otra aplicamos para los reparos de las obras del sacro
convento y en la mismo pena caiga el arcipreste o cura o beneficiado de la
orden.
Cuarta definición. Algunos comendadores nuevamente proveídos de
dignidades y encomiendas por no saber ni tener la descripción que hizo su
antecesor al tiempo que fue proveído de la tal dignidad o encomienda no
tienen noticia de lo que en ella falta y está disminuido en los edificios y otras
cosas pertenecientes a sus dignidades y encomiendas por ende ordenamos
que cuando alguno fuere proveído de dignidad o encomienda al tiempo que
tomare la posesión de ella lleve un traslado autorizado de la descripción que
hizo su antecesor que se manda poner en el sacro convento de Alcántara
para que por ella pueda averiguar si hay menoscabos en la encomienda o
dignidad y edificios de ella por culpa de su antecesor y lo hagan cumplir y
pagar de sus bienes y se gasten en el menoscabo y las justicias lo hagan así
cumplir y guardar y si en lo hacer fueren negligentes los comendadores y
dignidades nuevamente proveídos sea a su culpa y cargo el menoscabo que
los visitadores halaren en la visitación que hicieren en la tal encomienda o
dignidad.
Quinta definición. Cosa razonable es que cualquier persona tenga diligencia
y cuidado de acrecentar y reparar las casas que le son encomendadas en
administración y que con su cuidado siempre crezcan y se aumenten a lo
menos que estén siempre sanas y enteras y que por su culpa o negligencia no
se destruyan ni sean disipadas y el que así no lo hiciere sea por ello culpado
según la calidad de su negligencia, por ende ordenamos y mandamos que
474
todos los caballeros y freiles de nuestra orden sean tenidos de reparar y
mantener las casas y posesiones que les son o fueren encomiendas o
entregas si más no pudieren o a lo menos en el estado en que las recibieron y
si alguna cosas por culpa o negligencia de aquel a quien fuere encomendada
posesión alguna se cayere o derribare o se perdiere o menoscabare o no la
reparare o adobare en el tiempo que le fuere asignado o mandado que se
provea sobre ello según se declara en la definición y el que fuere ocupado o
negligente en lo cumplir sea punido por el señor maestre con consejo de los
ancianos ordeno el capítulo que los alcaides y sus tenientes así de fortalezas
y castillos y casas fuertes residan y estén perpetuamente en ellas so pena de
perder la parte de la renta que como tal alcaide lleva que correspondiere al
tiempo que faltare de no estar y residir en ellas la cual pena se manda al
visitador de la tal encomienda, castillo o casa fuerte la ejecuten para reparos
de ella sin remisión alguna, Su Majestad respondió que los alcaides tengan
personas en estas casas fuertes que habiten continuamente en ellas so la
dicha pena y con esto cumplan sin residencia personal forzosa del alcaide ni
su teniente.
Por ende, mando al dicho don Antonio de Ubilla y Medina, marqués
de Rivas, y al mi gobernador que al presente es y adelante fuere del partido
en cuyo distrito cae la dicha encomienda de la Portugalesa y a su teniente
ordinario y otras cualesquier justicias y jueces donde la dicha encomienda
tiene rentas, bienes, casas y posesiones y a cada uno en su jurisdicción que
guarden, cumplan y hagan guardar y cumplir todo lo que cerca de lo
susodicho y en razón de ello les toca so las penas y apercibimientos que se
contienen en las definiciones insertas y en esta mi carta y so pena de otros
cincuenta mil maravedís para la mi Cámara y mando que de esta mi carta se
tome la razón por don José de Gojenola y Yrusta mi contador de las
encomiendas, prioratos y dignidades de la dicha orden y por don Esteban de
Lastiri, tesorero de los tesoros de ella, y declaro haber pagado el dicho
marqués de Rivas el derecho de mesada y dado seguridad de pagar el de
media anata si Su Santidad me concediere breve para ello y en este caso se
ha de descontar lo que hubiere pagado de mesada de lo cual manda dar la
presente. En Buen Retiro, a veinte y cuatro días del mes de abril año de mil
475
setecientos y cinco. Yo El Rey. Yo don José de Fuendieta, secretario del rey
nuestro señor, le hice escribir por su mandado. El Almirante Duque. Don
Andrés Francisco Dóriga y Valdés. Licenciado don Juan Francisco de
Herrán. Don Domingo de la Espriella Estrada.
Tomóse razón del título de Su Majestad escritos en las diez hojas antes de
esta en los libros de la Contaduría de las encomiendas, prioratos, dignidades
y tesoros de las órdenes de Calatrava y Alcántara; y se previene que además
de los dos traslados que se han de hacer de la descripción como en el título
manda se ha de sacar otro autorizado para esta Contaduría y presentarle en
ella dentro de dos meses primeros siguientes so las dichas penas y asimismo
testimonio del día en que tomare la posesión por el nuevo provisto; sin que
pueda usar ni gozar de sus frutos sin certificación de esta Contaduría en que
conste haberlo ejecutado en cumplimiento de lo nuevamente mandado por
Su Majestad y acordado sobre este punto por los señores del Real Consejo de
las Órdenes. Madrid a 11 de mayo de 1705. Don José de la [ilegible] y Yrusta.
Es conforme a su original [rubricado]
476
DOCUMENTO 21
Madrid, 13 de febrero de 1705. Real decreto de Felipe V por el que concede
al marqués de Ribas el goce entero de su plaza en el Consejo de Indias desde
la fecha en que cesó como secretario de Estado y del Despacho Universal.
A.G.I., Gobierno, Indiferente General, caja 553A, libro 3, s.f.
He resuelto que al marqués de Rivas se le acuda con el goce entero de la
plaza de ese Consejo de Indias desde el día que tomé la deliberación quedase
sólo en el ejercicio de ella. Tendráse entendido en él y ejecutaráse así
dándole el despacho que necesitare para su observancia. Señalado de Su
Majestad. En Madrid, a 13 de febrero de 1705. Al marqués del Carpio.
477
DOCUMENTO 22
Madrid, 29 de enero de 1706. Carta del marqués de Ribas dirigida al
marqués de Fuente Pelayo, corregidor de Madrid, en la que dedica a Felipe
V un ejemplar de su libro editado en 1704.
B.H.M.M., carta original incluida en el libro B/29946.
Señor mío, valiéndome de lo que vuestra señoría me favorece en
todas ocasiones, y de su grande protección, tomo la licencia de ofrecer por
medio de vuestra señoría a Su Majestad el corto trabajo del libro en que se
refiere la sucesión del rey nuestro señor en esta monarquía, su ingreso en la
corte, viaje a Italia y campaña que hizo en Milán; y comprendiendo este
escrito la relación de lo que Su Majestad ejecutó, espero disculpará que mi
cortedad no haya correspondido a mi deseo de ponderar con las
correspondientes veneraciones todos los efectos de la grandeza de Su
Majestad, y que vuestra señoría por su parte me facilitará este indulto, y
muchas ocasiones del servicio de Su Majestad en que le obedezca. Nuestro
Señor guarde a vuestra señoría muchos años como deseo. Madrid, a 29 de
enero de 1706.
Besa la mano de vuestra señoría
su mayor servidor, el marqués de Ribas [rubricado]
Señor marqués de Fuente Pelayo
946Desconocemos los motivos por los que este ejemplar del libro de Antonio de Ubilla al
que se encuentra pegada la carta que transcribimos ha acabado finalmente formando parte
de los fondos de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, ya que la referencia más
antigua que hay en el ejemplar es un sello del Archivo General de Madrid.
478
DOCUMENTO 23
Madrid, 11 de febrero de 1706. Real decreto de Felipe V por el que se
conceden al marqués de Ribas despachos para imprimir la Jornada y
campaña que hizo Su Majestad contra Portugal; y real despacho que se
envió a Flandes en 26 de mayo en consecuencia de este decreto.
A.H.N., Estado, libro 928, ff. 178v-179r.
El marqués de Rivas ha escrito de orden mía la jornada y campaña que en el
año pasado 1704 hice a Portugal, [179r] y habiéndola visto y aprobado,
mando que por el Consejo de Estado se le den al marqués las licencias para
imprimirla por el tiempo y en la misma forma que se le dieron para la
jornada a Italia. Ejecutarase así. En Madrid a 11 de septiembre de 1706. A
don José Pérez de la Puente.
ooOoo
Serenísimo príncipe, etc. Porque el marqués de Rivas ha escrito de orden
mía una relación diaria de la jornada y campaña que en el año pasado 1704
hice a Portugal y, habiéndola visto y aprobado, le he concedido la facultad y
licencia necesaria y privilegio para que sólo él, o la persona que nombrare o
tuviere su poder, la pueda imprimir y hacer vender por el término de veinte
años en todos mis reinos y señoríos, imponiendo las renunciaciones y penas
acostumbradas en tales casos a los que contravinieren a ello. Por tanto,
encargo a vuestra excelencia que por lo que mira a esos países de Flandes dé
las órdenes que fueren convenientes para la ejecución y cumplimiento de
todo lo referido, que así procede de mi voluntad. Nuestro Señor guarde a
vuestra excelencia. Firmóle Su Majestad en 26 de mayo [de] 1706.
479
DOCUMENTO 24
Madrid, 9 de agosto de 1706. Carta del marqués de Ribas a destinatario
desconocido para que transmita a Felipe V su lealtad y obediencia tras haber
padecido la ocupación de Madrid por parte del archiduque.
B.N.E., ms. 19.512, ff. 114r-115v.
Excelentísimo señor
Gracias a Dios, señor excelentísimo, que me ha permitido el grande consuelo
de ponerme por este medio a la obediencia de vuestra excelencia, aunque lo
ejecuté con algún trabajo porque ha días que me moleta un achaquillo que
desde Plasencia me reconoció el cirujano del rey, pero ya todo me parece
nada con la esperanza de que brevemente he deponerme a los pies de mi
amo, y en [114v] el ínterin no he querido dejar de valerme del amparo de
vuestra excelencia y de lo que en todas ocasiones me ha sabido honrar por
sólo su grandeza para que me ponga a los pies del rey (Dios nos le guarde)
que ya aunque fuere arrastrando estuviera a ellos pero el motivo de
mantener la justicia en cuanto mi cortedad pudiese a toda costa, y el no
volver la cara a mi legalidad, me detuvieron no con pocas mortificaciones
que ya me iban [115r] previniendo en sacrílegos papeles impresos y con
voces de que estaba arrestado y dispuesto el desterrarme intentando por
estos medios se ocasionase mi fuga y acreditar con ella tiránica máxima de
poner en mala fe el testamento del rey que haya gloria pero no estaba
desprevenido de la verdad, y por ella y por mi amo me sacrificaba gustoso en
tanto riesgo, tolerando cuidadosas observaciones y reparos [115v] pues
aunque se llegó ya a tener por delito mi silencio no he querido dilatar más el
que esto lo entienda el rey por el acertado y corto medio de vuestra
excelencia y que estaré firme aquí para que ni aún ahora se pueda nunca
decir me aparté de esta importancia. Suplico a vuestra excelencia que si mi
inutilidad fuere capaz de servir a vuestra excelencia, no me niegue los
480
motivos para obedecerle. Nuestro Señor guarde la excelentísima persona de
vuestra excelencia muchos años como deseo y he menester. Madrid, 9 de
agosto de 1706.
481
DOCUMENTO 25
[Cuéllar, 1707]. Memorial del marqués de Ribas a Felipe V pidiendo la
gracia de que se le perdonase y se le permitiese volver a Madrid ya que
nunca colaboró con el archiduque durante la ocupación de Madrid del año
anterior.
B.N.E., ms. 19.512, ff. 108r-112v.
Señor
El marqués de Ribas puesto a los pies de Vuestra Majestad dice que en
obediencia de sus reales órdenes se mantuvo en la villa de Velilla, tres leguas
de la corte, más de siete meses y al presente queda en la aldea llamada Valle
Elado947, jurisdicción de Cuéllar, Castilla la Vieja, distante de Madrid veinte
y cinco leguas, sin embargo de haber hecho constar a Vuestra Majestad por
la más reverente y aceptable mano el importante fin a que su amor [108v] y
obligación al servicio de Vuestra Majestad le mantuvieron constante a vista
de los enemigos y riesgos a que estuvo expuesto como Vuestra Majestad lo
habrá reconocido del testimonio que expresaba copia de carta del marqués
de Fuente Pelayo, que fue corregidor de aquella villa donde constan las
repetidas órdenes que tuvo y con amenazas para poner preso al suplicante
no habiendo sido oficio suyo dejase de ejecutarlas sino piadosa benevolencia
que le redujo a suspenderlas, evidente [109r] prueba que califica haber
tenido los enemigos al suplicante por leal criado del Vuestra Majestad y
amante de su servicio, y que no entró en ninguna confianza que le
preservase de aquellos peligros a que gustoso se expuso para fe de su mayor
legalidad en lo que tanto importaba al crédito de la más relevante causa, y sí
en sujeto que el suplicante no expresa por no ser del grado correspondiente
a los decoros honrosos en que Vuestra Majestad se dignó poner al suplicante
947Este lugar era antiguamente conocido como Valle Helado o Vallehelado. En la actualidad
se denomina Vallelado y es uno de los municipios que integran la provincia de Segovia.
482
fue [109v] mérito grande el que los enemigos le pusiesen preso por
manifestar con sus regocijos el amor a Vuestra Majestad parece asiste al
suplicante más razón pues no fue diligencia suya el no haber padecido las
prisiones a que ya se le intentó reducir, ya que voluntariamente habiendo
pasado a haber entendido en tiempo las órdenes que tuvo el marqués de
fuente Pelayo y fue tanto más grande y relevante el motivo de haberse
expuesto a más evidentes arriesgados peligros, siendo también testigo el
mismo marqués de haber sido el suplicante [110r] uno de los primeros
vasallos que inmediatamente le ofreció su persona y hacienda para cuanto
fuese del servicio de Vuestra Majestad, consecuencia de lo que antes había
representado al obispo de Ceuta, inquisidor general, como lo manifiesta la
respuesta de su carta a la que el suplicante le escribió como todo se
reconocerá en las copias inclusas, llevándole este mismo celo al Consejo de
las Indias considerando pudiera servir en él a Vuestra Majestad como [110v]
no dejo de lograrlo con otros ministros esforzando el medio de suspender la
ejecución de injustas determinaciones dirigidas por los enemigos y el recelo
de sus posibles violencias sugeridas de malignos influjos que también
constará que luego que el suplicante vio embarazado como deseaba (y en
que tuvo parte) el intento de los enemigos, no volvió al Consejo residiendo
[111r] en su posada con abstracción de correspondencia y comunicaciones,
sin embargo por le ser tan constante el amor del suplicante a la real persona
de Vuestra Majestad y el celo por su servicio se halla arrojado de la piedad
de Vuestra Majestad que con esta sensibilísima demostración vacilando su
honor sin el empleo que la dignación de Vuestra Majestad fue servido
honrarle tan pobre como puede hacer constar perdida su poca hacienda por
no poderla asistir [111v] y que no siendo bastante la mayor aplicación a que
produzca para satisfacer sus cargas arrastrado en ajena posada con
descomodidad y dispendios avergonzado entre los que sólo ven el castigo
porque justamente infiero grave culpa porque ignoran lo que ejecutó en
servicio de Vuestra Majestad y riesgos a que estuvo expuesto pereciendo las
dos inexcusables obligaciones que mantiene como son una hermana
impedida de pies y manos y la madre de la mujer del suplicante, que en él
concurran las [112r] distinciones que le dio la fortuna en haber estado tanto
tiempo a los pies de dos tan grandes monarcas logrado en él lo que con celo,
483
voluntad y desinterés no consiguió otro, y que en la justificada consideración
de Vuestra Majestad no puede faltar la correspondencia a el amor,
puntualidad y desvelo con que ha procurado servir a Vuestra Majestad en
cuanto se dignó mandarle.
Por todos estos motivos suplica a Vuestra Majestad [112v] sea servido
usar de su clemencia y si en el suplicante hay la culpa en que su mal
entendimiento y no su ánimo le haya inducido, perdonársela Vuestra
Majestad para que este efecto de su grandeza reduzcan al suplicante a la
honra que tanto desea para crédito de su obligación de su amor y de sus
servicios en que recibirá merced.
484
DOCUMENTO 26
Madrid, 17 de enero de 1708. Título de marqués de Santa Sabina concedido
a Miguel de Ubilla para sí, sus herederos y sucesores.
A.H.N., Consejos, leg. 8976, año 1708, exp. 192.
Felipe, etc. Por cuanto teniendo atención a los servicios de vos don Miguel
de Ubilla, caballero del orden de Santiago, gentilhombre de la boca y
contador jubilado del tribunal y real audiencia de cuentas de la ciudad de
México en el reino de la Nueva España por decreto señalado de mi real
mano de veinte y siete de diciembre del año próximo pasado, he venido en
haceros merced de título de Castilla para vos y vuestros herederos y
sucesores; y porque habéis elegido el de marqués de Santa Sabina en su
consecuencia es mi voluntad que vos el dicho don Miguel de Ubilla y
vuestros herederos y sucesores en vuestra casa y mayorazgo en forma
regular cada uno en su tiempo perpetuamente para siempre jamás os podáis
llamar e intitular y os llaméis e intituléis y os hago e intitulo marqués de
Santa Sabina y por esta mi carta encargo al serenísimo príncipe don Luis mi
muy caro y amado hijo; y mando a los infantes, prelados, duques,
marqueses, condes, ricos hombres, priores de las órdenes, comendadores y
subcomendadores, alcaides de los castillos, casas fuertes y llanas, y a los del
mi Consejo, presidente y oidores de las mis Audiencias, alcaldes, alguaciles
de la mi casa y corte y chancillerías; y a todos los corregidores, asistente,
gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, alguaciles, merinos, prebostes
y otros cualesquier mis jueces y justicias y personas de cualquier calidad,
condición, preeminencia o dignidad que sean mis vasallos, súbditos y
naturales así a los que ahora son como a los que adelante fueren a cada uno
y cualquier de ellos que os hayan, tangan, llamen e intitulen así vos el dicho
don Miguel de Ubilla como a cada uno de los dichos vuestros herederos y
sucesores en la dicha vuestra casa en su tiempo marqués de Santa Sabina, y
os guarden y hagan guardar todas las honras, franquezas, libertades,
485
exenciones, preeminencia, prerrogativas, gracias y mercedes y demás
ceremonias que se guardan y deben guardar a todos los otros marqueses de
estos mis reinos todo bien y cumplidamente sin que os falte cosa alguna y
porque según las órdenes dadas por el rey don Felipe Quarto mi bisabuelo
(que está en Gloria) a las personas a quien se diere título de marqués o
conde ha de preceder primero el de vizconde y quedar éste suprimido; por
despacho de este día os he dado título de vizconde de Ubilla, el cual en
conformidad de dichas órdenes queda roto y cancelado en mi secretaría de
la Cámara y Estado de Castilla, y notado y prevenido en el asiento del libro
lo conveniente para que no valga ni tenga efecto ni se dé por perdido ni
duplicado ni en otra forma en tiempo alguno; y si de este mi despacho y de
la merced en el contenido vos el dicho don Miguel de Ubilla o cualquiera de
los dichos vuestros herederos y sucesores en la dicha vuestra casa ahora o en
cualquier tiempo quisiéredes o quisieren mi carta de privilegio y
confirmación, mando a los mis concertadores y escribanos mayores de los
privilegios y confirmaciones y a los mis mayordomos, chanciller y notarios
mayores y a los otros oficiales que están a la tabla de mis sellos que os la
den, libren, pasen y sellen la más fuerte y firme y bastante que le pidiéredes
y menester hubiéredes; y declaro que por lo que toca al título de vizconde
habéis dado satisfacción al derecho de la media anata y también de la
merced de marqués, que ésta importó quinientos y sesenta y dos mil y
quinientos maravedíes, el cual han de pagar conforme a reglas del mismo
derecho todos los sucesores en este título. Dada en Madrid a diez y siete de
enero de mil setecientos y ocho. Yo El Rey. Yo, don Francisco Antonio de
Quincoces, secretario del rey nuestro señor, lo hice escribir por su mandado.
Don Francisco Ronquillo. El conde de Gondomar del Puerto y Umanes. El
conde de la Estrella.
Salvador Narváez [rubricado]
486
DOCUMENTO 27
Madrid, 18 de febrero de 1715. Carta del marqués de Ribas a la reina
agradeciéndole su mediación para ser repuesto como consejero en el
Consejo de Indias.
B.N.E., ms. 19.512, ff. 295r-296r.
Señora
No podía dejar de enmendarse mi fortuna habiendo logrado la mayor que
experimento en haberse vuestra majestad dignado de aceptar benignamente
a sus pies el rendimiento con que me puse a ellos de que doy a vuestra
merced las gracias y también cuenta de que la clemencia del rey, Dios le
guarde, se ha dignado mandarme continúe el servirle en la mesma (sic)
plaza que tenía en el Consejo de las Indias, y con la propia antigüedad
[295v] y conociendo sin duda el influjo que ha movido la memoria y
voluntad de Su Majestad como puedo faltar a la debida y grande obligación
de volver rendidamente agradecido a los pies de Vuestra Majestad con dos
justísimas súplicas: la primera para que Vuestra Majestad haga mayor mi
felicidad admitiendo el corto don de este empleo que consagro a Vuestra
Majestad como a mi primer dueño, y la segunda para que deba a Vuestra
Majestad con las insinuaciones de su gratitud que la reina, su sobrina y mi
ama, conozca mi [296r] agradecimiento y me continúe su real protección y
amparo. Nuestro Señor guarde la (¿corona real?) de vuestra majestad como
la cristiandad y sus vasallos hemos menester. Madrid, 18 de febrero de 1715.
487
DOCUMENTO 28
Madrid, 20 de enero de 1717. Real decreto de Felipe V en el que se nombran
a los consejeros y secretarios que habían de componer el Consejo de Indias.
A.G.I., Gobierno, Indiferente General, leg. 542, libro 2, ff. 7r-8r.
Considerando necesaria la asistencia en el Consejo de Indias de un
presidente o gobernador de él, y que el conde de Frigiliana, actual
presidente, se halla en edad tan adelantada que no puede concurrir con la
continuación que se requiere y teniendo al mismo tiempo muy presente su
grande amor a mi servicio y el celo con que por dilatados años ha
desempeñado la confianza de los empleos en que por su señalado mérito se
le ha ocupado, he resuelto exonerar al conde de Frigiliana de la asistencia y
negocios del Consejo de Indias quedando con el goce del sueldo de doce mil
escudos de vellón, y con los honores de presidente como antes, y nombro
por gobernador de dicho Consejo de las Indias a don Andrés de Pez en
atención a sus servicios y a los especiales que me hizo en esta guerra pasada
en siete expediciones de mar, de dilatadas navegaciones, concluyéndolas con
mandar mis armas navales sobre el sitio de Barcelona, y porque el mayor
número de consejeros suele embarazar la más breve expedición de los
negocios y aun dificultar el acierto de las resoluciones por el mayor concurso
y variedad de dictámenes, mando que don Francisco Javier de Goyeneche
quede jubilado reteniendo el goce de la mitad del salario y los honores de
consejero y en adelante se compondrá el Consejo de un gobernador o
presidente, seis ministros togados, dos de capa y espada, dos fiscales y dos
secretarios, y los que con actual ejercicio presentemente se formarán,
mando que sean el dicho gobierno don Andrés de Pez, don Alonso Carnero,
don Alonso Araciel, marqués de Rivas, don Diego de Zúñiga, don Gonzalo
Machado, don Manuel de Silva, don Diego de Rojas, don Martín de Miraval,
don Antonio de la Pedrosa, fiscales don Antonio Valcárcel y don Juan
Caballero de Soto y secretarios don Francisco de Quincoces y don Andrés de
488
Covarrutia, y porque este número excede al que tengo establecido por regla
fija mando que así como vayan vacando las plazas que excedieren el referido
número queden suprimidas. Y también mando cese la Junta de Azogues y
que todas las dependencias y negocios que antes se trataban en ella se traten
en adelante en ese Consejo de Indias. Tendráse entendido en él para su
puntual cumplimiento. Rubricado de la real mano de Su Majestad. En
Madrid a 20 de enero de 1717. A don Andrés de Pez.
489
DOCUMENTO 29
Fuenterrabía, 29 de agosto de 1721. Carta de la ciudad de Fuenterrabía al
marqués de Ribas al objeto de que transmitiera en su nombre a Felipe V su
agradecimiento por su restitución al dominio español.
A.A.H., Fondo Municipal, E-5-II, libro 5, reg. 3.
Muy señor mío: Habiendo llegado el caso de mi restitución al deseado
dominio del rey, y siendo preciso manifestar mi más justo agradecimiento
de este beneficio de su poderosa mano, he determinado en Junta de mis
especiales se envíen a vuestra señoría las adjuntas cartas con una en blanco
para que vuestra señoría se sirva desempeñar mi confianza eligiendo la que
mejor pareciere a vuestra señoría o llenando la que va en blanco, aunque
sería de mi mayor aprecio y estimación que vuestra señoría personalmente
me desempeñase concurriendo con otro si fuese gusto de vuestra señoría
pues todo dejo como tan justamente al arbitrio y acertada disposición de
vuestra señoría y por este medio espero se logrará mi deseo de cumplir con
Su Majestad enteramente con el más justo agradable obsequio de mi
obligación. Suplico a vuestra señoría le deba este nuevo favor con muchos
órdenes de su agrado en que acredite mi reconocimiento. Dios guarde a
vuestra señoría en toda fidelidad. Fuenterrabía y de mi Consistorio agosto
29 de 1721.
Señor marqués de Ribas
ooOoo
Carta escrita al rey
Señor. Habiendo la soberana piedad de Vuestra Majestad con su alta
providencia servido de disponer tan felizmente mi restitución a tan suave,
tan deseado y más amado dominio de Vuestra Majestad, llego con el más
490
profundo rendimiento a ponerme a sus reales pies y manifestarle con la más
respetuosa reverencia que confesando esta singularísima fortuna por la
mayor que puedo lograr, lo he celebrado con demostración del más
imponderable gozo y alborozo y en muestras de mi más crecido
agradecimiento y verdadero amor doy a Vuestra Majestad humildemente
mis mayores, más rendidas y obsequiosas gracias por este beneficio de la
mayor importancia, que reconoce sin grande obligación a la real
magnificencia de Vuestra Majestad; ratificando nuevamente mi siempre
inmutable fidelidad con todas las seguridades que la tendrán pendiente
perpetuamente de su real voluntad.
Nuestro Señor guarde la católica y real persona de Vuestra Majestad
como la cristiandad y sus vasallos hemos menester. Fuenterrabía y de mi
Consistorio 29 de agosto de 1721.
Otra
Señor. Habiendo la soberana piedad de Vuestra Majestad, con su altísima
providencia, servídose disponer tan felizmente mi restitución al suave, tan
deseado y más amado dominio de Vuestra Majestad, he encargado al
marqués de Rivas, uno de los hijos de mi primera nobleza, se ponga en mi
nombre a los reales pies de Vuestra Majestad y explique mi más crecido
agradecimiento a este singularísimo beneficio que reconoce sin grande
obligación a la real magnificencia de Vuestra Majestad, ratificando
nuevamente mi siempre inmutable fidelidad . Suplico que con la mayor
veneración a Vuestra Majestad se digne honrarme en oírme con el agrado de
su gran benignidad admitiendo este corto obsequio de mi verdadero amor.
491
DOCUMENTO 30
Madrid, 8 de septiembre de 1721. Carta del marqués de Ribas a la ciudad de
Fuenterrabía informando de haber cumplido con la misión que se le
encomendó de hacer llegar a Felipe V la carta de agradecimiento de la
ciudad.
A.A.H., Fondo Municipal, E-5-II, libro 5, reg. 3.
Esta mañana con la carta de vuestra señoría de 29 del pasado recibí las
demás que vuestra señoría se sirvió remitirme, todas tocantes a la
importancia de dar cuenta vuestra señoría a Su Majestad de hallarse ya libre
de la enajenación padecida, de que tantas enhorabuenas me he repetido
como primer interesado, y ya otra vez he cumplido mi obligación
celebrando, como vuestra señoría, este buen suceso y dando ahora a vuestra
señoría las más rendidas gracias por la honra de servirse de mi
mandándome pasase luego a los pies de Su Majestad para poner a ellos la
carta de vuestra señoría; ha procurado mi respeto obedecer a vuestra
señoría de forma que el rey conozca que vuestra señoría por su parte ha
cumplido con todas las circunstancias correspondientes a este asunto, pero
sabiendo que Su Majestad pasa hoy a Segovia, y con la experiencia de que no
es bien embarazarle en su diversión, tomé el medio de escribir al marqués
de Grimaldo la carta cuya copia va incluso, enviando en ella la de vuestra
señoría, cuya respuesta no he esperado por no detener esta satisfacción a
vuestra señoría a quien la daré luego que me llegue; y en todo deseo haber
acertado a obedecer y servir a vuestra señoría como lo procuraré en cuanto
gustare mandarme. Y vuelvo a vuestra señoría las demás cartas por
parecerme bastante con lo ejecutado. Nuestro señor guarde a vuestra
señoría muchos años como deseo y he menester. Madrid a 8 de septiembre
de 1721.
492
Besa la mayo de vuestra señoría su
hijo y más rendido servidor
el marqués de Ribas [rubricado]
Señores Muy Noble, Muy Leal y Muy Valerosa ciudad de Fuenterrabía.
493
DOCUMENTO 31
Madrid, 16 de enero de 1724. Escrito de despedida del marqués de Ribas al
rey Felipe V tras su abdicación a la Corona española a favor de su hijo Luis I.
B.N.E., ms. 19.512, f. 444r y v.
Señor
A tal ejemplo sólo pueden corresponder copiosas lágrimas a quien tan mal
ha servido y sirve a Vuestra Majestad como yo por mi conocida cortedad,
pero ahora en que Vuestra Majestad piadosamente nos alecciona para morir
quiero desde luego para cuando me suceda postrarme por este medio ante
Vuestra Majestad, pues no tengo licencia para otro, y suplicar a Vuestra
Majestad rendidamente, como lo hago, perdone toda mi insuficiencia y
grandes defectos pero si fuera tan dichoso que me faltasen y Vuestra
Majestad permitiese que mis días feneciesen a sus pies no me embarazara la
distancia y la posibilidad por estar felizmente a ellos. Nuestro Señor guarde
la católica real persona de Vuestra Majestad como la cristiandad ha
menester. Madrid a 16 de enero de 1724.
494
DOCUMENTO 32
Madrid, 24 de enero de 1724. Felicitación del Consejo de Indias al rey Luis I
por su ascenso al trono de España.
B.N.E., ms. 19.512, f. 442r.
Este Consejo se halla con las dos mayores obligaciones que han podido
ocurrirle para poner su obligación a los pies de Vuestra Majestad siendo
ambas sin diferencia iguales la primera la inimitable resolución del rey
nuestro señor (Dios le guarde), padre de vuestra merced trasladándole
Corona, cetro y gobierno por dedicarse a la primera importancia a que
dichosamente siempre atendía expresando este católico dictamen por su real
decreto de 10 del presente mes que publicándose en el Consejo movía
lágrimas que ponderaron todo el asombro y ternura de sus clausulas,
consecuentes de ejemplo digno de la debida solemnidad y cristiana
enseñanza, sobre que debe decir el Consejo consuelen mucho a Vuestra
Majestad los efectos que prometen estas altas inspiraciones, indicando
ciertamente a la real persona de Vuestra Majestad a sus reinos y vasallos las
enteras felicidades que se necesitan y siendo ya la que se experimenta y
celebra el haberse Vuestra Majestad dignado con reverente tierno cariño y
atención respetuosa a su amante padre de Vuestra Majestad recibir el grave
cargo de la Corona y la fatiga inexcusable de su gobierno, lo aprecia
rendidamente a Vuestra Majestad el Consejo dando a Nuestro Señor
infinitas gracias y a Vuestra Majestad la enhorabuena quedando empeñado
el Consejo en el más exacto cumplimiento de su obligación y vivo deseo que
le faciliten la mayor gratitud y satisfacción que procura merecer a Vuestra
Majestad. En Madrid a 22 de enero de 1724.
495
DOCUMENTO 33
Madrid, 10 de octubre de 1726. Poder para testar otorgado por Antonio de
Ubilla y Medina, marqués de Ribas.
A.R.Ch.V., Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, Pleitos
Civiles, Antonio Rodríguez, leg. 2.243 (1), pieza 2.
En el nombre de Dios Todopoderoso amén. Sepan cuantos esta pública
escritura de poder para testar vieren como yo don Antonio de Ubilla y
Medina, caballero profeso del orden de Santiago, marqués de Rivas, señor
de las villas [7v] de Rivas, Velilla de San Antonio y de Torrebermeja,
comendador de las encomiendas de Quintana, la Portugalesa y el Peso Real
de Valencia en la orden de Alcántara, gentilhombre de cámara del rey
nuestro señor don Felipe Quinto (que Dios guarde) con llave de entrada, del
Consejo de Su Majestad en el Real y Supremo de las Indias y de la Cámara
de ellas, ministro decano en uno y otro tribunal, natural y vecino que soy de
de esta villa de Madrid, hijo legítimo y de legítimo matrimonio de los
señores don Antonio de Ubilla, secretario que fue de Su Majestad y oficial
mayor de la secretaría de Estado de la negociación de Italia, natural de la
ciudad de Fuenterrabía, y [8r] de doña Antonia de Medina, ya difunta, y
natural que fue de esta dicha villa, hallándome enfermo en la cama de la
enfermedad que Dios Nuestro Señor ha sido servido darme y por su infinita
misericordia en mi sano juicio y entendimiento natural, creyendo como
firme y verdaderamente creo y confieso en el misterio de la Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo Dios
verdadero, y en los demás que tiene, cree y confiesa nuestra Santa Madre
Iglesia Católica Apostólica Romana, regida y gobernada por el Espíritu
Santo, bajo de cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como
católico cristiano invocando como invoco por mi intercesora y abogada a la
Sacratísima Virgen María, [8v] Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Señora
Nuestra, santo ángel de mi guarda, santo de mi nombre y a los Santos
496
Apóstoles, San Pedro y San Pablo y a todos los demás santos y santas de la
Corte Celestial, y especialmente al glorioso seráfico padre San Francisco en
cuya sagrada tercera orden soy hijo profeso de ella para que intercedan con
su divina majestad, perdone mis graves culpas y pecados y lleve mi alma a la
carrera de Salvación.
Digo que por cuanto tengo comunicadas y conferidas todas las cosas
tocantes a mi testamento y descargo de mi conciencia a la señora doña Ana
María Fernández de Mesa Sousa Cárcamo y Haro, marquesa de Rivas, mi
legítima mujer, [9r] en virtud de lo cual y en la vía y forma que mejor de
derecho lugar haya, por la presente otorgo que doy todo mi poder cumplido
el que en tal caso se requiera y deba valer en cualquier manera a la dicha
señora marquesa mi mujer para que en mi nombre haga y otorgue mi
testamento según y en la forma que se lo tengo conferido y tratado que
siendo todo ello dispuesto y otorgado por la susodicha desde luego y para
cuando llegue el caso lo apruebe y ratifico en todo y por todo como si por mí
mismo lo fuera y a su otorgamiento presente fuese.
Y mando que cuando la voluntad de Dios Nuestro Señor fuese servido
llevarme de esta presente vida, mi cuerpo sea amortajado con hábito de
nuestro padre seráfico San Francisco y adornado con el manto capitular
como tal caballero profeso que soy del orden de Santiago [9v] y sepultado en
la capilla de los Medinas, sita en el convento de Nuestro Padre San
Francisco de esta corte e hizo labrar el señor Cristóbal de Medina, mi abuelo
materno, donde también están enterrados mis padres y todos mis parientes
y en cuanto a la disposición de mi entierro y demás funeral lo dejo a
voluntad de la dicha señora marquesa de Rivas, mi mujer, para que lo
ejecute según la hora que mejor le pareciese a quien la suplico y encargo
atienda mucho a excusar cualquier circunstancia superflua que pueda
conducir vanidad.
Ítem mando se digan por mi alma e intención tres mil misas su
limosna de tres reales de vellón cada una, y sacada la cuarta perteneciente a
la [10r] iglesia parroquial del señor San Andrés, donde soy parroquiano, las
demás se digan y repartan en los conventos y partes que pareciese a la dicha
señora marquesa mi mujer, que así es mi voluntad.
497
Declaro que de mis libros de cuenta y razón que tengo en mi poder, y
en que he procurado observar la mayor puntualidad y claridad, consta todo
lo que debo a diferentes personas y de los papeles que a su favor tengo
hechos, y lo que por su cuenta he pagado, y así mando que cuanto antes se
procure satisfacer inviolablemente todo lo que a cada uno resultare
debérsele hasta el día de mi muerte, y en la misma conformidad el que se
cobre todo cuanto se me estuviere debiendo por cualquier título o razón
hasta el referido día [10v].
También declaro que en la escritura de capitulación que precedió al
tiempo y cuando contraje matrimonio con la dicha señora doña Ana María
Fernández de Mesa, la cedí desde luego y ofrecí la encomienda llamada de
Quintana en la orden de Alcántara de que la majestad del rey nuestro señor
don Carlos Segundo (que haya Gloria), de quien fue secretario de Estado y
único del Despacho Universal entre las muchas honras que debía a su real
grandeza y piedad me hizo merced por dos vidas, y de que tengo despacho y
breve de Su Santidad confirmándolo, que se hallará entre mis papeles en
vista de lo cual vuelvo de nuevo en fuerza de esta cláusula a ratificar como
ratifico lo dispuesto y [11r] prevenido por la dicha escritura de capitulación
matrimonial y a mayor abundamiento desde luego nombro para la segunda
vida en el goce de la referida encomienda a la dicha señora marquesa de
Ribas mi mujer con las mismas preeminencias y emolumentos que yo la he
gozado y gozo; y por cuanto al presente gozo y poseo otra encomienda en la
misma orden de Alcántara que se intitula del Peso Real de Valencia por que
le pertenecen los derechos que se llevan en el dicho peso real y la toca la
nominación de los oficiales de que se necesita para el uso de él de que así
mismo me hizo merced la piedad del dicho señor rey don Carlos Segundo
también por dos vidas y de que tengo los despachos y breve de Su Santidad
confirmándolo, en fuerza de lo cual nombro a la dicha señora doña Ana
María Fernández [11v] de Mesa y Sousa, marquesa de Rivas, mi mujer, para
que después de mis días entre en el goce de dicha encomienda según y en la
misma forma que yo la he gozado y gozo.
Ítem declaro que la grandeza y piedad del rey nuestro señor don
Felipe Quinto (que Dios Guarde), en atención a haberle servido de su
498
secretario de Estado y del Despacho Universal a lo que había procurado
merecer en las disposiciones de la Junta de los Reinos que juraron a Su
Majestad, fue servido hacerme merced de título de Castilla con la
denominación de marqués, y dándome en propiedad la referida villa de
Rivas, sita dos leguas y media de esta corte sobre el río Jarama con su
jurisdicción alta y baja, mero mixto imperio y tolerancia, [12r] penas de
sangre y calumnia y bienes mostrencos con las demás rentas que
pertenecían a Su Majestad y constan de los despachos que para ello se me
dieron y tengo entre mis papeles para que gozase del dicho (¿articulante?)
título villa de Rivas, y todo lo demás que queda referido y pueda disponer de
ello a mi voluntad en virtud de cuya amplia facultad nombro a la dicha
señora doña Ana María Fernández de Mesa y Sousa, marquesa de Rivas, mi
mujer, para que durante su vida y después de la mía tenga, goce y posea el
dicho título y sea señora de la dicha villa de Rivas con todas las
preeminencias, facultades, honores y rentas que se me concedieron y
constan del dicho título y demás despachos reales a que me remito; y mando
que después de haber fallecido uno y otro quede el [12v] dicho título de
marqués de la dicha villa de Rivas y sus rentas por bienes libres y propios
míos con las demás que dejaré yo para que se apliquen a los fines y efectos
que adelante expresaré.
Ítem declaro que aunque la casa en que al presente vivo, sita en la
calle que llaman de las Tabernillas de San Francisco, inmediata al colegio de
San Ildefonso de niños de la doctrina, y cuya casa tiene todo su fondo
incluso en el sitio del dicho colegio, la cual hizo labrar el señor don Cristóbal
de Medina, mi abuelo materno, y de que también la gozó dicha señora doña
Antonia de Medina, su hija y mi madre, y la señora doña Melchora Ortiz de
la Vega, su legítima mujer y mi abuela materna, por el testamento que
otorgaron de mancomún [13r] y bajo del cual falleció el dicho señor don
Cristóbal de Medina, mi abuelo, intentaron dejar vinculada la referida casa y
su accesoria llamando al dicho vínculo a don Cristóbal de Medina, su hijo,
caballero que fue del orden de Santiago y regidor de esta dicha villa y a sus
herederos y sucesores con las calidades y circunstancias que habían de
preceder para que gozase del dicho vínculo y que después del fallecimiento
del dicho señor don Cristóbal de Medina sin haber tomado posesión del
499
dicho vínculo, usado de él, ni sucesión alguna, se apartó la dicha señora
doña Melchora Ortiz de la Vega de lo que dispuso en el referido testamento
que otorgó de mancomún con el dicho señor su marido y nombró por
sucesora del mayorazgo a la dicha señora doña Antonia de Medina, su hija y
mi madre. Y porque en la intentada fundación del vínculo concurren todas
las nulidades [13v] que tengo expresadas con citas de instrumentos y otras
en cuya vista han declarado diferentes abogados de esta corte ser nulo el
dicho vínculo y que puedo disponer a mi voluntad de la dicha casa como de
los demás bienes mío propios por cuyos motivos pasaré a pedir ante los
señores de la Cámara de Castilla el que se declare también por nulo el dicho
vínculo y si Dios Nuestro Señor no me permitiere la vida para que lo pueda
solicitar por que no me asiste el menor reparo y escrúpulo de conciencia por
la gran justificación que tengo hecha por instrumentos en el papel que llevo
referido y pareceres que en vista de él dieron y firmaron los abogados en
declarar como declaro que la dicha casa y accesoria no son vinculadas [14r]
sino enteramente libres y propias mías y puedo disponer de ellas a toda mi
voluntad por lo cual mando se incluyan con la demás hacienda que yo dejare
al tiempo de mi fallecimiento, y si sobre lo referido hubiere alguna persona
que pretenda pertenecerle el vínculo y por él las referidas casas quiero y es
mi voluntad que cualquiera de mis herederos y testamentarios se oponga a
esta demanda y defiendas mi derecho en todas instancias y en los tribunales
competentes hasta conseguir la declaren a favor de mi hacienda que para la
dicha defensa y demás pleitos que al presente tengo pendientes les doy el
poder que fuere necesario con todas las fuerzas y firmezas que previene el
derecho hasta su fenecimiento y conclusión.
Ítem que en caso de declararse que las dichas casas deban subsistir
vinculadas [14v] para que suceda en ellas la persona a quien perteneciere el
dicho vínculo deban ir con el gravamen y carga que tenían de dos censos, el
uno de cuarenta y ocho mil y sesenta y nueve reales de vellón de principal
impuesto sobre ellas con autoridad de la justicia en el cual me subrogué por
escritura otorgada en catorce de enero del año de mil seiscientos y noventa y
nueve ante Pedro Cubero Tirado, escribano de provincias; y el otro de mil y
cien reales de vellón de principal que estaba impuesto a favor de Su
majestad y en su real nombre al de la Junta de Aposentos de corte cuya
500
escritura de subrogación pasó y se otorgó ante Florencio de Luzuriaga,
escribano que fue de dicha real Junta de Aposento, su fecha en veinte y ocho
de abril del expresado año de noventa [15r] y nueve, como resulta uno y otro
por dichas escrituras que tengo entre mis papeles a que me remito con tal de
que se me han de bonificar en el caso de que suceda lo mencionado en esta
cláusula, las mejoras y reparos que tengo hechos en dichas casas, cuyas
circunstancias para que en todo tiempo conste lo prevengo así.
Mando que luego que fallezca se haga inventario y tasación judicial de
todos los bienes y hacienda que tengo en esta corte y fuera de ella, y
ejecutado en toda forma se vendan todos los competentes hasta que se
hayan pagado todas mis deudas sobre lo cual encargo la conciencia a mis
herederos para que lo ejecuten y cumplan que así es mi voluntad.
Ítem es mi voluntad que la dicha señora marquesa de Rivas, mi
mujer, asista [15v] a todos mis criados dándoles lo que fuere su voluntad por
vía de legado y por lo respectivo a don Miguel Bernard de Barrio Canal,
nuestro criado mayor, pido y suplico a dicha señora le mantenga en su
asistencia por la entera satisfacción que tengo de su bien proceder y
conocimiento de mis pendencias que han estado a su cuidado; y a Francisco
Carrera, mi lacayo, en atención al mucho tiempo que me ha estado sirviendo
en esta corte y jornadas que se me han ofrecido le mantenga sirviéndose de
él con la misma ración que al presente le doy, que todo ello espero merecer
de dicha señora marquesa mi mujer en su gran caridad y cristiandad.
Nombro por mis albaceas y testamentarios a la dicha señora doña
Ana María Fernández de Mesa Sousa Cárcamo [16r] y Haro, marquesa de
Rivas, mi legítima mujer; al excelentísimo señor don Baltasar de Zúñiga,
marqués de Valero, presidente de dicho Real y Supremo Consejo de las
Indias; al señor don Gaspar Girón Venegas de Córdoba, del mismo Consejo;
al señor marqués de Villanueva y de la Nava de Barcinas; ya los señores don
Juan Bautista de Zuloaga, maestrescuela de la ciudad de Cádiz, don Pedro
Ignacio de Zuloaga ya don Gabriel de Zuloaga, residentes en esta corte, a
todos juntos y a cada uno in solidum les doy todo mi poder y facultad
cumplida, el que en tal caso se requiere y de derecho sea necesario para que
luego que yo fallezca entren y se apoderen de todos mis bienes y hacienda y
501
los vendan y rematen en pública almoneda o fuera de ella y de su valor [16v]
cumplan y paguen y ejecuten todo lo contenido en este poder y que se
contuviere en el testamento que en su virtud se hiciere, cuya facultad les
dure todo el tiempo que sea necesario aunque sea pasado el año del
albaceazgo y mucho más, por cuanto les prorrogo por el demás que
necesitaren.
Y en el remanente que quedare de mis bienes y hacienda, mueves y
raíces, derechos y acciones habidos y por haber que me toquen y pertenecen
por cualquier causa, título o razón dejo instituido y nombro por mi única y
universal heredera a la dicha señora doña Ana María Fernández de Sousa
Cárcamo y Haro, marquesa de Rivas, mi [17r] legítima mujer para que los
haya y sea usufructuaria enteramente sin reservación de cosa alguna de
todos ellos por los largos días de su vida sin poderlos vender, empeñar ni
enajenar de ellos en tiempo ni manera alguna, esto en atención a su
apreciable y conocida calidad y méritos grandes de su persona y a la
cuidadosa atención y conformidad que la he debido y para que durante su
larga vida pueda mantenerse con la estrechez a que las pocas rentas que
producen mis posesiones y estimara tener más que pudiese gozar la dicha
señora marquesa mi mujer para que con algún descanso se mantuviese con
la mayor decencia.
Y después de su fallecimiento nombro en propiedad por mi única y
universal [17v] heredera de todos los dichos mis bienes y hacienda a la dicha
venerable orden tercera de penitencia de nuestro padre San Francisco de
esta corte para que se conviertan y distribuyan enteramente en la memoria y
obra pía de redención de cautivos que en dicha orden tercera está fundada.
Y caso que por algún accidente que pueda ocurrir no subsista dicha
memoria y obra pía se conviertan y distribuyan todos los dichos mis bienes y
hacienda en la enfermería de la masa orden tercera para la asistencia y
curación de los enfermos de ella.
Y en el caso de que la dicha señora marquesa de Rivas, mi mujer,
pasare a tomar otro cualquier estado no manteniéndose de viuda, la excluyo
de tal heredera usufructuaria, [18r] y pasen y recaigan todos los dichos mis
bienes y hacienda en la dicha orden tercera para los fines y efectos que llevo
502
especificados en esta cláusula que todo ella así es mi voluntad lo en ella
contenido para que se ejecute y cumpla declarando como declaro no tener
hijos algunos.
Y por el presente revoco y doy por nulos y de ningún valor ni efecto
todos y cualesquier testamento, poderes para testar, codicilos y otras
cualesquier disposiciones que antes de esta haya hecho y otorgado por
escrito, de palabra o en otra cualquier forma que ninguna quiero valga ni
haga fe en juicio ni fuera de él, sí sólo lo contenido en este poder que al
presente hago por mi ultima y postrimera voluntad y que se contuviere en el
testamento que en su [18v] virtud se hiciere en aquella vía y forma que
mejor lugar de derecho haya.
Y asimismo nombro por mi testamentario, además de los que llevo
expresados, a los señores ministros que después de mis días me sucedieren
de dicha orden tercera con la facultad necesaria y el de cada uno de dichos
testamentarios in solidum como va especificado para cuya firmeza lo otorgo
así ante el presente escribano y testigos en la villa de Madrid a diez días del
mes de octubre año de mil setecientos y veinte y seis, siéndolo don Antonio
Fernández del Campo, don Manuel Pérez, Juan de Herrera, don Francisco
Monasterio y Juan Antonio Gómez de Valderrama, residentes en esta corte y
su ilustrísima dicho señor otorgante a quien yo el escribano [19r] doy fe
conozco. Lo firmó el marqués de Rivas ante mí Fernando Marta de Lara.
503
ANEXOS
505
Anexo nº 1
Cronología
507
1643
28 de noviembre. Antonio de Ubilla y Medina nace en Madrid en las
casas principales de su familia materna, siendo bautizado en la parroquia de
San Andrés el 16 de diciembre.
1648
10 de febrero. Fallece en Madrid Antonio de Ubilla e Izaguirre, padre
de Antonio de Ubilla y Medina.
1648
Mayo y octubre. Paz de Westfalia, que puso fin a la Guerra de los
Treinta Años en Alemania y a la Guerra de los Ochenta Años entre la
Monarquía Hispánica y los Países Bajos.
1659
7 de noviembre. Tratado de los Pirineos.
1660
9 de junio. Matrimonio de Luis XIV con María Teresa de Austria, hija
del monarca español Felipe IV, realizado en la Isla de los Faisanes.
1661
15 de julio. Antonio de Ubilla es nombrado oficial entretenido de la
secretaría de Estado en la negociación de Italia.
6 de noviembre. Nace en Madrid Carlos José (futuro Carlos II), hijo
de Felipe IV y de su segunda mujer Mariana de Austria.
23 de noviembre. El Consejo de Estado es dotado con dos secretarías:
una parara el Norte (Flandes) y otra para el Sur (Italia).
509
1663
18 de julio. Felipe IV hizo merced del hábito de la orden de Santiago a
Antonio de Ubilla. Lo vistió el 31 de octubre.
1665
17 de septiembre. Fallece Felipe IV a los 62 años, sucediéndole su hijo
Carlos II.
1666
3 de abril. Por real cédula, Felipe V concedió licencia a Antonio de
Ubilla para que acompañase como secretario de Cámara al VIII duque de
Alburquerque a la entrega de la infanta y a Sicilia.
Nithard se convierte en valido de la reina gobernadora Mariana de
Austria.
1668
5 de enero. Se firma en Madrid la Paz de Lisboa, por la que la
Monarquía Hispánica reconoce la independencia de Portugal.
19 de enero. Se firma en Viena el primer Tratado secreto de Reparto
de la Monarquía española.
1669
Febrero. Don Juan de Austria marcha sobre Madrid.
Marzo. Nithard debe exiliarse tras ser desterrado.
1674
Revuelta de Mesina contra el gobierno español, apoyada por los
franceses.
1675
29 de enero. Antonio de Ubilla es nombrado secretario ad honorem
de la reina.
6 de noviembre. Carlos II alcanza la mayoría de edad.
510
1676
Antonio de Ubilla recibe el título de secretario de la Junta de los
Reales Descargos.
1677
23 de enero. Don Juan de Austria es nombrado primer ministro.
1679
17 de septiembre. Fallece don Juan de Austria.
18 de noviembre. Carlos II contrae matrimonio con María Luisa de
Orleans, sobrina del rey francés Luis XIV. Ésta falleció sin sucesión en 1689.
1682
5 de septiembre. Antonio de Ubilla es nombrado secretario del
Consejo de la Santa Cruzada.
1683
19 de diciembre. Nacimiento en Versalles del duque de Anjou, futuro
Felipe V.
1690
Carlos II concede a Antonio de Ubilla la secretaría de Estado y Guerra
de los Países Bajos. Ubilla representó renunciando al cargo, y el rey aceptó.
4 de mayo. Se celebra en Valladolid el enlace nupcial de Carlos II con
Mariana de Neoburgo.
1692
28 de octubre. Nace en Viena José Fernando Leopoldo de Baviera,
hijo del elector Maximiliano Manuel de Baviera y de María Ana de Austria;
hija del emperador Leopoldo y de la infanta Margarita Teresa, hermana de
Carlos II de España. Fernando José falleció en Bruselas el 6 de febrero de
1699.
511
1694
15 de enero. Fallece en Madrid Antonia de Medina, madre de Antonio
de Ubilla.
4 de octubre. Carlos II nombra a Antonio de Ubilla secretario del
Consejo de las Órdenes en gobierno. Recibió el título en propiedad el 8 de
noviembre.
1695
12 de junio. Antonio de Ubilla es nombrado secretario en gobierno del
Consejo de Indias en la negociación de Perú. Fue nombrado en propiedad
para esta plaza el 1 de julio.
1696
13 de septiembre. Primer testamento de Carlos II, declarando
heredero a José Fernando de Baviera.
1697
Septiembre y octubre. Tratado de Ryswick (Rijswijk), el cual puso fin
a la guerra de la Gran Alianza, que enfrentó a Francia contra la alianza
formada por Inglaterra, España, el Sacro Imperio Romano Germánico y las
Provincias Unidas.
1698
Enero. Cesa por enfermedad el marques de Villanueva de la Sagra,
ocupándose Antonio de Ubilla de la secretaría del Despacho Universal.
24 de febrero. Llegada a Madrid del marqués de Harcourt, embajador
de Francia.
20 de junio. Carlos II nombró a Antonio de Ubilla secretario de
Estado de la negociación de Italia.
11/13 de octubre. Tratado de La Haya, por el que se acordó el segundo
reparto de la Monarquía Hispánica.
512
14 de noviembre. Carlos II otorga ante Antonio de Ubilla su segundo
testamento declarando heredero de su Corona a José Fernando Maximiliano
de Baviera.
1699
6 de febrero. Fallece el príncipe José Fernando de Baviera.
25 de marzo. Segunda tratado secreto de partición de La Haya.
28 de abril. “Motín de los gatos” en Madrid ante la subida de los
precios provocada por la crisis alimentaria.
25 de mayo. Tercer Tratado de reparto de la Monarquía española.
1700
25 de marzo. Firma del tratado secreto de reparto por parte de
Francia, Gran Bretaña y Holanda.
3 de octubre. Carlos II otorga su tercer y último testamento ante
Antonio de Ubilla.
29 de octubre. El cardenal Portocarrero será nombrado regente de la
monarquía.
1 de noviembre. Fallece Carlos II, procediendo poco después Antonio
de Ubilla a la apertura y lectura de su testamento.
16 de noviembre. Felipe V es declarado rey de España.
5 de diciembre. Clemente XI es elegido nuevo papa.
1701
1 de febrero. El Parlamento de París confirmó el derecho de sucesión
a la Corona francesa del rey de España Felipe V.
18 de febrero. Felipe V entra en Madrid y confirma en su cargo de
secretario de Estado y del Despacho a Antonio de Ubilla.
8 de mayo. Los procuradores de las ciudades castellanas con voto en
Cortes juran y rinden pleito homenaje al nuevo rey, Felipe V, en la iglesia del
convento de San Jerónimo.
Agosto. Felipe V concede a Antonio de Ubilla un título de Castilla con
la denominación de marqués.
513
7 de septiembre. Se forma la Gran Alianza de La Haya (Gran Bretaña,
Holanda y el Sacro Imperio).
11 de septiembre. Se celebra el desposorio del rey español con María
Luisa Gabriela de Saboya.
12 de octubre. Felipe V convoca las Cortes catalanas, que concluyeron
el 14 de enero de 1702.
1702
20 de junio. Felipe V concede a Antonio de Ubilla asiento en el
Despacho.
La Gran Alianza declara la guerra a Francia.
1703
17 de enero. Felipe V regresa a Madrid tras su viaje a Aragón y sus
posesiones italianas.
12 de septiembre. El archiduque Carlos de Austria es proclamado en
Viena Carlos III de España.
Septiembre: Se nombra secretario del Despacho de la Guerra al
marqués de Canales, retirándosele a Ubilla el manejo de esta materia.
1704
Marzo. Desembarco del archiduque Carlos en Lisboa (Portugal).
4 de agosto. La escuadra inglesa del almirante Rooke toma Gibraltar.
Agosto. Felipe V suprime la secretaría del Despacho de la Guerra,
reintegrando a Ubilla el manejo de todos los asuntos del Despacho.
Diciembre. Antonio de Ubilla adquiere, por compra, el señorío de
Velilla.
1705
29 de enero. Felipe V cesa a Antonio de Ubilla como secretario de
Estado y del Despacho Universal, nombrándose en su lugar al segundo
marqués de Mejorada.
5 de mayo. Fallece el emperador Leopoldo I de Habsburgo.
514
5 de diciembre. El archiduque Carlos, coronado Carlos III, convoca
Cortes en Cataluña.
El marqués de Ribas adquiere el señorío de Velilla.
1706
Junio. Ocupación de Madrid por el marqués de las Minas, general en
jefe de las tropas portuguesas. Felipe V evacua la capital y se refugia en
Burgos.
Septiembre. El marqués de Ribas es desterrado de Madrid por su
supuesta colaboración con el bando del archiduque Carlos durante la
ocupación de la capital.
1707
1 de enero. Juan V es coronado nuevo rey de Portugal.
25 de abril. Las tropas de Felipe V, al mando del duque de Berwick,
obtienen la victoria de Almansa contra el ejército aliado.
Abolición de los fueros de Aragón y Valencia.
1708
29 de septiembre. Los ingleses toman Mahón.
1709
15 de enero. Ruptura de relaciones entre Felipe V y el papa Clemente
XI. El Papa, tras la invasión austríaca de los Estados Pontificios, reconoce al
archiduque Carlos como rey legítimo de España.
1710
Carlos III restablece por decreto todos los Consejos tradicionales de
la Monarquía Hispánica, oponiéndose con ello a la nueva planta política
establecida por los Borbones.
8 de diciembre. Victoria borbónica en Brihuega.
12 de diciembre. Victoria borbónica en Villaviciosa.
515
1711
17 de abril. Fallece el emperador José I.
Octubre. El archiduque Carlos es elegido emperador del Sacro
Imperio Romano Germánico.
22 de diciembre. Carlos VI es proclamado emperador.
1712
5 de noviembre. Felipe V renuncia ante las Cortes españolas a la
Corona francesa. Éstas aprobaron la ley Sálica, la cual impediría la vuelta de
los Habsburgo a la Corona española.
1713
Enero. Se abre en la ciudad holandesa de Utrecht el congreso que
daría lugar a una serie de tratados multilaterales firmados entre 1712 y 1714
por los países beligerantes en la Guerra de Sucesión Española, conocidos
como tratados de Utrecht y Rastatt.
10 de mayo. Se promulga en España la Ley Sálica.
1714
31 de octubre. Jorge I de Inglaterra es coronado rey de Gran Bretaña
y de Irlanda.
Ocupación inglesa de la isla de Menorca.
1715
6 de febrero. España y Portugal firman el Tratado de Utrecht.
Febrero. Antonio de Ubilla es repuesto en su cargo de consejero del
Consejo de Indias.
1 de septiembre. Fallece Luis XIV de Francia.
24 de diciembre. Felipe V ratifica su matrimonio con Isabel de
Farnesio.
1716
16 de enero. Se aplican los Decretos de Nueva Planta en Cataluña.
516
1717
4 de enero. Se firma la Triple Alianza (Francia, Inglaterra y las
Provincias Unidas) contra España.
España vulnera el Tratado de Utrecht y se hace temporalmente con la
isla de Cerdeña.
1718
11 de agosto. La armada británica derrota a la española, poniendo
final al intento de España de recuperar Sicilia.
1719
Cataluña y Guipúzcoa son invadidas por un ejército anglofrancés
durante la Guerra de la Cuádruple Alianza.
1720
17 de febrero. El Tratado de la Haya pone fin a la Guerra de la
Cuádruple Alianza.
1721
26 de enero. Felipe V se vincula a la Cuádruple Alianza, cumpliendo
estrictamente las exigencias de los aliados
27 de marzo. Tratado de alianza defensiva entre Francia y España. En
uno de los artículos de este tratado se contempla la sucesión de Parma y
Toscana a favor del infante don Carlos de Borbón, que había nacido en 1716.
13 de junio. Tratado de Madrid entre Francia, Inglaterra y España
1724
10 de enero. Felipe V abdica en su primogénito Luis I, que sólo
gobierna durante seis meses
9 de febrero. Proclamación de Luis I como rey.
31 de agosto. Muerte de Luis I de España a causa de viruelas
1725
30 de abril. Tratado de Viena, en el que el emperador Carlos VI
reconoce a Felipe V como rey de España.
517
1726
16 de octubre. Fallece en Madrid el marqués de Ribas a los ochenta y
cuatro años.
518
Anexo nº 2
Glosario histórico
519
1. INTRODUCCIÓN
Aunque muchos de los términos aquí glosados pueden consultarse en
cualquier buen diccionario, hemos preferido recogerlos tanto para facilitar
la lectura del trabajo como para precisar algunas circunstancias propias y
particulares del tema objeto de nuestro estudio. En este sentido, hemos
tratado de ofrecer, en aquellos casos que ha sido factible, definiciones y
aclaraciones tomadas de obras y documentación de la época; y cuando ello
no ha sido posible, hemos acudido al Diccionario de la Real Academia de la
Lengua, así como al conocido como Diccionario de Autoridades.
2. GLOSARIO
Alcabalas: Gravamen sobre las compraventas, establecido ya en el siglo
XIII. Tras una breve etapa en que consistió en el cinco por cien del
precio de venta, pasó pronto a un cuota del diez por cien. La alcabala
gravaba todas las ventas, incluso las sucesivas de un mismo bien, de las
que se exceptuaban algunos alimentos. Gravaba también los trueques o
permutas, con la particularidad de que en tales supuestos debía
abonarse sobre el valor de ambas.
Alfoz: Distrito con diferentes pueblos, que forman una jurisdicción sola.
Almoneda: La venta de las cosas que públicamente se hace con
intervención de la justicia a voz de pregonero, que publica la cosa que se
vende y el precio que dan por ella, para que vayan pujando unos a otros
los compradores y se acreciente el precio, y se remate (DA).
Amusco: También musco. De color pardo oscuro.
Apreciadura: Acción de apreciar un bien por un valor inferior al que
realmente valen. Se solía utilizar cuando se diezmaba o tributaba por
ganados, especialmente cuando lo que se debía dar o diezmar no llegaba
a una cabeza.
521
Cahíz: Medida de capacidad para áridos, de distinta cabida según las
regiones. El de Castilla tiene 12 fanegas.
Cámara de Castilla: Sala principal del Consejo de Castilla. Se ocupaba de
los patronatos reales y de los nombramientos.
Celemín: Cada una de las doce partes en que se dividía la fanega.
Censo consignativo: Conocido también como censo al quitar, consiste en
un préstamo hipotecario por el que se somete un inmueble al pago de
una pensión anual como interés de una suma de dinero recibida. Su
origen es la necesidad de disponer de liquidez en situaciones adversas
poniendo el censatario como aval una parte o la totalidad de sus
posesiones.
Censo reservativo: Consiste en la cesión de la propiedad plena de un
inmueble, reservándose el derecho a percibir una pensión anual que
debe pagar el censatario.
Consejo de Cruzada: Organismo encargado de todo lo concerniente a la
recaudación del impuesto eclesiástico de la bula de Santa Cruzada.
Consejo de Estado: Creado por Carlos I en 1526. Es el principal Consejo
de la Monarquía Hispánica, y sus competencias se extendían sobre toda
ella.
Consulta: Por extensión, el documento escrito entregado al rey por alguno
de sus Consejos. Se trata de un resumen sobre algún tema para que el
monarca tomase una decisión al respecto.
Corregidor: Cargo nombrado por el rey y el Consejo de Castilla.
Representaba el poder real en su jurisdicción.
Cortes: Asambleas representativas en Castilla, Navarra y cada uno de los
cuatro reinos de la Corona de Aragón. Son convocadas por el rey y en
ellas se aprobaban, sobre todo, los servicios y el cobro de otros
impuestos extraordinarios. Dejarán de convocarse a partir de 1714 en la
Corona de Aragón tras la supresión de sus fueros.
Covachuela: Por excelencia se llama la secretaría del Despacho Universal,
donde asiste el secretario con quien el rey despacha y donde están los
522
oficiales, que por este motivo se denominan de la covachuela. Se le dio
este nombre por estar situada en una de las bóvedas de palacio (DA).
Cuartilla de tierra: Cuarta parte de un celemín.
Diezmo: Derecho del diez por ciento que se pagaba a la Iglesia, al rey o a
otros individuos sobre los frutos que se producían y sobre el valor de las
mercaderías que se traficaban y llegaban a los puertos, o entraban y
pasaban de un reino a otro.
Ducado: Moneda equivalente a 11 reales y 1 maravedí, o 375 maravedíes.
Emolumento: Remuneración adicional que corresponde a un cargo o
empleo.
Enfiteusis: Cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de un
inmueble, mediante el pago anual de un canon y de laudemio en cada
enajenación de dicho dominio. Esta última debía contar con licencia del
propietario para ser considerada válida.
Encomienda: Merced o renta vitalicia que se daba sobre un lugar,
heredamiento o territorio.
Entretenido: El que está esperando ocasión de que se le haga alguna
merced de oficio o cargo, y en el entretanto le dan algunos gajes con que
pueda sustentarse (DA).
Era: Pedazo de tierra limpia y bien hollada en la que se trillan las mieses.
En algunas partes suelen estar empedradas con guijarros finos.
Espontón: Lanza de unos dos metros de largo, con el hierro en forma de
corazón, que usaban los oficiales de infantería.
Estanco: Embargo o prohibición del curso y venta libre de algunas cosas, o
asiento que se hace para reservar exclusivamente las ventas de
mercancías o géneros, fijando los precios a que se hayan de vender.
Fanega: Medida de capacidad y de superficie. Como medida de capacidad
se corresponde con 55,5 litros y se dividía en 12 celemines, mientras que
como medida de superficie variaba en función del lugar, pero también se
dividía en 12 celemines.
523
Freire: Caballero casable de la Orden Militar de Santiago. Junto a los
caballeros estrechos y los religiosos/as santiaguistas, que profesaban el
celibato y vivían en comunidad, constituían las tres clases de miembros
que integraban la Orden Militar de Santiago. Es lo mismo que freile.
Furriel: Cabo que tiene a su cargo la distribución de suministros de
determinadas unidades, así como el nombramiento del personal
destinado al servicio de la tropa correspondiente.
Gaje: Emolumento, obvención que corresponde a un destino o empleo.
Juro: Especie de pensión anual que el rey concede a sus vasallos
consignándola en sus rentas reales, o alguna de ellas, ya sea por merced
graciosa (perpetua o temporal), para dotación de alguna cosa que se
funda o por recompensa de servicios hechos (DA).
Laude: Lápida o piedra que se pone en la sepultura, por lo común con
inscripción o escudo de armas.
Laudemio: La parte que se paga al señor del dominio directo en las ventas
que se ejecutan de las propiedades dadas en enfiteusis o censo perpetuo
(DA).
Legua: Medida itineraria que se define regularmente por el camino que se
anda en una hora.
Librea: Paje o criado que usa la librea o traje que los príncipes, señores y
algunas otras personas y entidades daban a sus empleados y que
permitía identificar a quién servían.
Martiniega: Tributo o contribución que se debía pagar el día de San
Martín.
Media anata: 1. Derecho que se paga al ingreso de cualquier beneficio,
pensión o empleo secular, correspondiente a la mitad de lo que produce
en un año. 2. Cantidad que se satisface por los títulos y por lo honorífico
de algunos empleos y otras cosas.
Obvención: Limosna o ayuda concedida para contribuir al decente
sustento de quien la recibe. Podía acompañar a los salarios.
524
Oficial: En las secretarías y otras oficinas, aquel que tiene plaza con sueldo,
y que está sujeto a las órdenes del que es jefe de ellos, como el
secretario, el contador, etc (DA).
Oficial entretenido: En las secretarías y otras oficinas, aquel que ejerce la
función de oficial sin tener plaza y al que mientras que se le hace la
merced de dicho cargo, se le dan algunos gajes para que pueda
sustentarse.
Ológrafo: También hológrafo. Hace referencia a un testamento o memoria
testamentaria escrita de puño y letra del testador.
Opúsculo: Obra científica o literaria de poca extensión.
Orden Tercera: Agrupación de seglares que, dependiendo de las órdenes
mendicantes (franciscanos, dominicos, carmelitas, etc.) se guían para su
perfección espiritual por la regla de la orden correspondiente.
Portazgo: Derechos que se pagan por pasar por un sitio determinado de un
camino.
Primicia: Prestación de frutos y ganados que además del diezmo se daba a
la Iglesia.
Regimiento de dragones: Tropas que podían combatir indistintamente
en posición de infantería o de caballería.
Revellín: Relativo a fortificaciones. Obra que tiene un ángulo flanqueado y
dos caras, pero sin traveses. Se coloca siempre delante de las cortinas
porque su fin en cubrir éstas y los flancos de los baluartes y defender las
medias lunas.
Rey de Armas: Cargo al servicio del rey cuya misión consistía en tiempos
pasados en ser portador de la declaración de guerra y publicar la paz, y
en elaborar los escudos de armas según las reglas del blasón tanto
familiares como de municipios.
Sala de Mil y Quinientas: Sala del Consejo de Castilla destinada para ver
los pleitos graves en que, después de la vista y revista de la chancillería
en el juicio de propiedad, se suplicaba ante el rey por vía de agravio,
previo el depósito de mil quinientos doblones.
525
Señorío: Territorio entregado por la Corona a un señor, laico o eclesiástico,
a diferencia del de realengo, que permanecía bajo control del Estado. El
señor, además de acumular en él rentas y patrimonio, ejercía la
jurisdicción, lo que legalmente implicaba el traspaso de ciertas
competencias públicas de la Corona a un particular para que las
ejerciera dentro de sus dominios.
Serranos: Nombre con el que se denominaba a los pastores que venían con
ganados de las sierras.
Trasmochal: Concepto no recogido ni en el Diccionario de la RAE ni en el
Diccionario de Autoridades pero que parece ser un derivado del verbo
trasmochar, consistente en cortar ramas a los árboles. De este modo, el
concepto haría referencia a árboles a los que se hubieran podado las
ramas.
Veinticuatro: Individuo que ejercía el cargo u oficio de regidor en algunas
ciudades de Andalucía (DA). Córdoba, Sevilla o Granada eran algunas de
las que denominaban a así a sus capitulares.
526
Anexo nº 3
Biografías
527
ALBERONI, Giulio (Ducado de Parma, 21.05.1664 – Piacenza,
26.06.1752). Nacido en una familia de origen humilde, decidió formarse
como sacerdote. Llegó a España en 1711 como secretario del duque de
Vendôme, pero al morir éste al año siguiente solicitó y se le concedió la
embajada de Parma ante Felipe V. Mantuvo una buena relación con la
princesa de los Ursinos, lo que facilitó que se aceptase su propuesta de
que fuese Isabel de Farnesio (sobrina del duque de Parma) la elegida
para contraer nuevas nupcias con el monarca tras enviudar. La nueva
reina no dudó en agradecer este gesto al eclesiástico, facilitando su
nombramiento como Grande de España, consejero del rey y obispo de
Málaga; aún más, solicitó al papa su nombramiento como cardenal, que
recibió en 1717. Desde este destacado puesto en la corte, promovió la
recuperación de las posesiones italianas perdidas en el Tratado de
Utrecht a fin de recuperar el prestigio perdido y limitar el poder de
Viena. Aunque inicialmente contó con el apoyo de Francia, el Reino
Unido no estuvo dispuesto a permitir estas conquistas; promoviendo la
formación de la Cuádruple Alianza, a la que también se sumó Francia.
Felipe V, consciente de que estaba en una situación complicada con todo
el continente en su contra, ordenó en diciembre de 1719 al cardenal
Alberoni que abandonase España. Caído en desgracia, marchó a Italia;
donde hubo de esquivar a no pocas persecuciones hasta que el papa
Clemente XII lo nombró su legado en Rávena, pero los métodos que
empleó en la campaña contra la República de San Marino hicieron que
lo destituyese en 1740, sólo unos meses después. Optó entonces por
volver a Piacenza, donde falleció948.
ALFONSO VIII DE CASTILLA (1155-1214). Conocido como “el de las
Navas” o “el Noble”, fue rey de Castilla desde 1158 y 1214. Hijo de
Sancho III de Castilla y Blanca Garcés de Pamplona. Es conocido por su
victoria sobre los almohades en la Batalla de las Navas de Tolosa (1212).
Le sucedió en el trono su hijo Enrique I.
948 Consuelo MAQUEDA ABREU, Alberoni: entorno jurídico de un poder singular…
529
ALBURQUERQUE, VIII duque de. Véase FERNÁNDEZ DE LA CUEVA
Y ENRÍQUEZ DE CABRERA, Francisco.
ALLONVILLE, Charles Auguste d’ (Louville-la-Chenard, Francia,
18.05.1664 – 20.08.1731). Marqués de Louville. Preceptor del duque
d’Anjou. Acompañó a Felipe V en sus primeros años de reinado, siendo
nombrado Jefe de la Casa Francesa desde 1701 a 1703. Contó con gran
influjo en la corte española. En 1703 pasó a servir al duque de Borgoña.
Contrajo matrimonio en su localidad natal con Hyacinthe Sophie
Béchameil de Nointel (1690-1757)949.
ARIAS Y PORRES, fray Manuel (Alaejos, Valladolid, 01.11.1638 –
Sevilla, 16.11.1717). Comendador de Benavente (1668), del Viso (1674) y
de Quiroga, Gran Cruz y Baile de Malta por concesión del papa
Inocencio XI, lugarteniente del Gran Maestre y antiguo embajador de la
Orden. El 17 de diciembre de 1692 fue nombrado gobernador del
Consejo de Castilla; cargo que desempeñó hasta agosto de 1696; le fue
conferido de nuevo el 19 de mayo de 1699, ejerciéndolo
interrumpidamente hasta el 14 de noviembre de 1703. Fue uno de los
regentes del reino nombrados por Carlos II en su testamento hasta la
llegada de Felipe V. Fue nombrado consejero de Estado el 26 de
diciembre de 1701. Promovido arzobispo de Sevilla en 1702. Se le
concedió la dignidad cardenalicia el 30 de enero de 1713950.
BERWICK, duque de. Véase FITZ-JAMES STUART, James.
BLÉCOURT, Jean-Denis (1640-1719). Marqués de Blécourt. Brigadier de
infantería. Tras la marcha en mayo de 1700 de Henri d’Harcourt,
embajador extraordinario de Francia en España, Blécourt quedó como
encargado de los asuntos de Francia en calidad de enviado
949Lázaro POZAS POVEDA, “El marqués de Louville: un enviado de Luis XIV…”, en José
Manuel de BERNARDO ARES (coord.), La sucesión de la Monarquía Hispánica…, pp. 107-
122.
Lorenzo CARDELLA, Memorie storiche de’ cardenali…, VIII, pp. 125-128. Alfred
950
MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés aux
ambassadeurs…, p. 28.
530
extraordinario. Su misión concluyó oficialmente el 15 de diciembre de
1700951.
CALVA, Rodrigo de. Natural del valle de Camargo en las montañas de
Burgos y vecino de Santander. Contrajo matrimonio con Luisa Mensa,
natural de Madrid. Fue su hija Gerónima Calva y Mensa, primera mujer
de Antonio de Ubilla y Medina952.
CARNERO, Antonio (Bruselas). Caballero de Santiago. Fue secretario de
Estado y del Despacho Universal. Capitular de Madrid en 1643. Contrajo
matrimonio con Ana María López de Zárate, hija de Juan López de
Zárate y Juana Balaguer. Testó en Madrid el 31 de agosto de 1661953.
CASTELLDOSRIUS, marqués de. Véase Manuel de SENTMENAT-OMS
DE SANTA PAU Y DE LANUZA.
CASTIGLIONE, Baldassare (Casatico, Mantua, 06.12.1478 – Toledo,
02.02.1529). Conde de Novellata. Tras recibir una formación humanista
en Milán, participaría como militar en diversas batallas; como la de
Garellano, en la que servía a Francesco Gonzaga, donde el ejército
francés y sus aliados italianos fueron derrotados por las tropas
españolas del Gran Capitán. Entre 1504 y 1513 residió en la corte ducal
de Urbino recibiendo el encargo de varias misiones diplomáticas. Entre
1513 y 1616 fue embajador en Roma. De nuevo en Mantua, contraería
matrimonio en 1616, enviudando no mucho después; por lo que decidió
abrazar el estado eclesiástico. En 1524, el papa lo nombró nuncio y
colector general de la Cámara Apostólica en España. Fue autor de la
célebre obra El Cortesano954.
COLBERT, Jean-Baptiste (París, 14.09.1665 – 02.09.1746). Marquis de
Torcy. Hijo de Charles Colbert, asesor jefe de Luis XIV. Enviado
extraordinario del rey en Portugal, Dinamarca e Inglaterra. Sus grandes
Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
951
aux ambassadeurs…, p. 450.
952 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Santiago, exp. 88.
953 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
954Marina CASTIÑEIRA EZQUERRA, “El principado de Urbino como corte-jardín…”,
Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV: Historia Moderna, 12 (1999), pp. 20-22.
531
aptitudes y capacidades harían que el monarca le concediera en 1689 el
derecho de suceder a su padre como secrétaire d’État aux Affaires
Étrangères, cargo que ocuparía desde 1696 hasta 1715. En último año
sería designado conseiller au Conseil de Régence. Contrajo matrimonio
el 13 de agosto de 1696 con Catherine-Félicité Arnauld de Pomponne
(1678-1755), hija de Simon Arnauld, marqués de Pomponne, secrétaire
d’état aux Affaires Étrangères, y de Catherine Ladvocat955.
CONDE-DUQUE DE OLIVARES. Véase Gaspar de Guzmán.
DAUBENTON, Guillaume (Auxerre, 1648 – Madrid, 1723). Jesuita. Por
deseo de Luis XIV, acompañó a Felipe V a España como su confesor;
ejerciendo sobre él una gran influencia. Tras ser expulsado en 1705
debido fundamentalmente a su colaboración con la princesa de los
Ursinos, su ausencia fue cubierta por el padre Robinet hasta 1716; fecha
en la por consejo de Alberoni, el rey volvió a llamar a Daubenton para
que fuese de nuevo su confesor. Se mostró partidario de Alberoni, lo que
le granjeó la enemistad de un importante sector que luchó por su
caída956.
ESTRÉES, César d’ (París, 05.02.1628- Longpont, Soissons, 18.12.1714).
Hijo del mariscal François d’Estrées Annibal. Obispo-duque de Laon y
Par de Francia en 1653. Nombrado cardenal el 24 de agosto de 1671.
Desempeñó importantes misiones diplomáticas en Baviera y Roma,
donde llegó a ser camarlengo del Sacro Colegio. Colaboró con su
hermano en la embajada de éste en Roma, sustituyéndole en algunas
ocasiones durante la guerra de Mesina (1674-1678). En 1678 fue enviado
extraordinario del rey de Francia en Baviera para asegurar el
matrimonio del Delfín con la princesa electoral, María Ana Victoria. El
31 de diciembre de 1688 Luis XIV lo nombró comendador de la Orden
del Santo Espíritu. Nombrado embajador de Francia antes la corte
Española, el cardenal se une a Felipe V en Milán el 17 de octubre de 1702
y lo acompaña en su viaje por Génova, Provenza y Cataluña, llegando a
Madrid en enero de 1703. En la corte española el cardenal se granjearía
955 Jean MEYER, Colbert…, p. 355.
956 Catherine DESOS, La vie du R.P. Guillaume Daubenton…
532
no pocas enemistades por su carácter altanero, contándose entre sus
enemigos al cardenal Portocarrero y a la princesa del os Ursinos. Los
desencuentros d’Estrées con ellos, al igual que con Louville y Orry, cada
vez se hicieron más frecuentes, lo que llevaría a que el cardenal debiera
abandonar Madrid el 11 de octubre de ese mismo año. Aún así, Luis XIV,
como prueba de que aprobaba su proceder, lo nombró abad de la Abadía
de Saint-Germain-de-Prés; donde fallecería. Llegó a ser decano de la
Academia Francesa, en la que había sido recibido en 1657957.
ESTRÉES, Jean d’ (1666 – 03.03.1718). Abad d’Estrées. Embajador de
Francia en Portugal desde 1692 hasta 1697. Hermano del mariscal
Victor Marie d’Estrées y sobrino del cardenal d’Estrées, lo acompaño a
España en 1702 tras haber sido nombrado aquel embajador de Luis XIV
en Madrid; empleo en el que le sucedería en agosto de 1703. Tras
acompañar a Felipe V en la campaña de Portugal en 1704, regresó a
Francia en julio de ese mismo año. Fue nombrado arzobispo y duque de
Cambrai en enero de 1716. Formó parte del Consejo de Asuntos
Extranjeros durante la Regencia francesa; y fue uno de los cuarenta
miembros de la Academia Francesa958.
FERNÁNDEZ DURÁN, Miguel (1681-1721). Marqués de Tolosa desde
1721. Comenzó su carrera en la administración como oficial de decretos
de una de las secretarías del Consejo de Guerra desde 1705.
Posteriormente, obtendría los nombramientos de secretario del rey y de
secretario del Consejo de Órdenes. En 1706 pasó a ocupar un puesto de
oficial en la secretaría del Despacho de Guerra y Hacienda, donde
ascendió hasta convertirse en titular de la misma en 1714. Al año
siguiente se le agregarían los asuntos correspondientes a Marina, que
simultaneó con los de Guerra y Hacienda hasta 1721. En este último año
pasaría a ocupar una plaza de consejero de Indias. Fallecería muy poco
957Comte de JAMETEL (édit.), Lettres inédites: Louis XIV, Philippe V, roi d'Espagne,…, p.
145.
Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
958
aux ambassadeurs…, pp. 85-87.
533
después, tras ser exonerado de su cargo por un asunto financiero no del
todo claro959.
FERNÁNDEZ DE LA CUEVA, Francisco (Génova, 17.11.1666 – Madrid,
28.06.1724). X duque de Alburquerque con Grandeza de España, VII
marqués de Cuellar, IX conde de Ledesma y de Huelma. Capitán general
de la Armada del Mar Océano. Comendador de la Orden de Santiago.
Gentilhombre de Cámara. Hijo primogénito de Melchor Fernández de la
Cueva, IX duque de Alburquerque, y de su mujer Ana Rosalía Fernández
de la Cueva, hija de Francisco Fernández de la Cueva, VIII duque de
Alburquerque. El 5 de abril de 1702 fue nombrado virrey de México,
permaneciendo en el cargo hasta 1710960. A su vuelta, Felipe V le impuso
el collar del Toisón de Oro.
FERNÁNDEZ DE LA CUEVA Y ENRÍQUEZ DE CABRERA,
Francisco (Barcelona, 1619 – Madrid, 27.03.1676). Hijo de Francisco
Fernández de la Cueva, VII duque de Alburquerque con grandeza de
España y de su tercera mujer Ana Enríquez de Cabrera y Colonna, hija
del IV duque de Medina de Rioseco y IX Almirante de Castilla. Fue
caballero de la Orden de Santiago desde 1635. Participó en 1638 en la
defensa de Fuenterrabía. Virrey de Nueva España desde 1653 a 1660. En
1666 fue nombrado embajador extraordinario a Viena para acompañar a
la infanta Margarita de Austria que iba a contraer matrimonio con su tío
materno Leopoldo I de Habsburgo. Entre 1667 y 1670 desempeñaría el
cargo de virrey de Sicilia, siendo nombrado miembro de los Consejos de
Estado y Guerra y Mayordomo May0r del rey a su vuelta a la corte.
Falleció en Madrid, al parecer, de un ataque al corazón. Contrajo
matrimonio en 1645 con Juana Francisca Díez de Aux Armendáriz y
Afán de Rivera, II marquesa de Cadreita; que posteriormente
desempeñaría los empleos de camarera mayor de las reinas María Luisa
de Orleans y Mariana de Neoburgo961.
959 María Victoria LÓPEZ CORDÓN, “Instauración dinástica y reformismo
administrativo…”, Manuscrits, 18 (2000), p. 106.
960Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
aux ambassadeurs…, p. 42.
961 Cesáreo FERNÁNDEZ DURO, Don Francisco Fernández de la Cueva…, pp. 335-355.
534
FERNÁNDEZ DE MESA Y FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Alonso
(Córdoba, 16.12.1670 – 23.12.1711). Señor de la villa de Chanciller,
marqués de Villaseca y veinticuatro de Córdoba. Hijo de Andrés
Fernández de Mesa Cabrera y Argote, caballero de la orden de Calatrava,
veinticuatro de Córdoba y señor de la villa de Chanciller, y de su primera
esposa Paula de Córdoba y Figueroa. Contrajo matrimonio en Córdoba
el 12 de noviembre de 1687 con Ana Antonia de Argote, hija de Diego de
Argote y Mesas, caballero de Calatrava, y de Inés de Berlanga y
Menchaca, la cual era natural de Málaga962. En julio de 1704 heredó de
su tío materno Goméz Luis Fernández de Córdoba el marquesado de
Villaseca963. Fue medio hermano de Ana María Fernández de Mesa y
Sousa, mujer de Antonio de Ubilla y Medina.
FERNÁNDEZ DE MESA CABRERA Y ARGOTE, Andrés. Caballero
de Calatrava964, señor de la villa de Chanciller y veinticuatro de la ciudad
de Córdoba. Natural de Córdoba. Hijo de Alonso Fernández de Mesa y
Argote, veinticuatro de Córdoba, y de Leonor Cabrera de los Ríos965.
Casó en primeras nupcias en 1668 con Paula Fernández de Córdoba y
Figueroa, hija de Luis Gómez Fernández de Córdoba y Figueroa,
caballero de Calatrava y señor de la villa de Villaseca, y de Isabel
Fernández de Córdoba966; de cuyo matrimonio tuvo a Alonso e Isabel
Fernández de Mesa y Córdoba967. Tras enviudar, en 1675 contrajo
segundas nupcias con Ana María de Sousa y Cárcamo968. En 1684
enviudó de su segunda mujer, de la que le quedaron cinco hijos vivos.
Casó por tercera vez con María Fernández de Córdoba Ponce de León y
Cárcamo, de la que quedó viudo en 1685 sin descendencia, que lo dejó
962 A.H.N., Estado, Orden de Carlos III, exp. 412.
963Francisco RUANO, Casa de Cabrera en Córdoba…, pp. 470-471. Descripción
genealógica y historial de la ilustre Casa de Sousa…, p. 306.
964 A.H.N., Órdenes Militares, Calatrava, exp. 932. Vistió el hábito en 1648.
965 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
966 A.H.N., Estado, Orden de Carlos III, exp. 412. En 1703 se comprobó que este
matrimonio no constaba en el libro de actas de matrimonios de la parroquia de Santa
Marina, donde se realizó el enlace, por lo que se procedió, previo auto y declaración de
testigos, a inscribirla entonces.
967 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
968 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Calatrava, exp. 142.
535
instituido como heredero de sus bienes en partes iguales con su madre.
Otorgó testamento en Córdoba el 4 de noviembre de 1686, en el que dejó
como sucesor de su mayorazgo y mejoró en el tercio y quinto de sus
bienes a su hijo mayor, Alonso Fernández de Mesa. Falleció poco
después, siendo sepultado en el entierro de su casa y mayorazgo que
estaba en la capilla de San Jacinto del convento cordobés de San
Pablo969.
FERNÁNDEZ DE MESA Y SOUSA, José (Córdoba, 1683). Hijo de
Andrés Fernández de Mesa Cabrera y Argote, caballero de la orden de
Calatrava, veinticuatro de Córdoba y señor de la villa de Chanciller, y de
Ana María de Sousa y Cárcamo970. Hermano entero de Ana María
Fernández de Mesa y Sousa, tercera esposa de Antonio de Ubilla y
Medina.
FERNÁNDEZ DE PORTOCARRERO, Luis Manuel. (Palma, Córdoba,
08.01.1635 – Toledo, 1709). Segundo hijo del marqués de Almenara.
Nombrado cardenal en 1669. Virrey interino de Sicilia (1677-1678).
Obispo de Palestrina. Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas.
Canciller Mayor de Castilla. Del Consejo de Estado. Estuvo a cargo del
gobierno de la Monarquía Hispánica durante la agonía de Carlos II y
durante las ausencias de Felipe V a comienzos de su reinado. Formó
parte de la Junta de Gobierno instituida por Carlos II en su último
testamento.
FITZ-JAMES STUART, James (Moulins, Francia, 21.08.1670 –
Philippsburg, 12.06.1734). Hijo natural de Jacobo II de Inglaterra y VII
de Escocia y de Arabella Churchil, hermana de John Churchill, duque de
Marlborough. Primer duque de Berwick, Par de Francia y de Inglaterra,
duque de Fitz de James, de Liria y de Jérica, conde de Tynemouth,
Grande de España de primera clase, mariscal de Francia, consejero en el
Consejo de Regencia, caballero de las Órdenes del Rey, de la Jarretera y
del Toisón de Oro, gobernador del Alto y Bajo Limousin y de la villa de
Estrasburgo, generalísimo de la Armada de Su Majestad en Alemania.
969 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19041P, año 1686, ff. 273r-282v.
970 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19040P, año 1684, ff. 240r-242v.
536
Hizo su carrera militar en Francia y participó en la guerra contra los
turcos. Derrotó a las tropas austracistas en la batalla de Almansa el 25
de abril de 1707. Tras dos meses de asedio, entró en Barcelona el 11 de
septiembre de 1714971. Lideró el ejército que durante la guerra de la
Cuádruple Alianza ocupó diversas plazas fuertes como Fuenterrabía y
San Sebastián. Escribió unas Memorias.
FUENTE PELAYO, I marqués de. Véase MATANZA Y CORCUERA,
Fernando.
GRAMONT, Antoine Charles (¿?, 1645 – París, 25.10.1720). Tercer
duque de Gramont y par de Francia en 12 julio de 1678. Segundo hijo de
Antoine de Gramont-Toulonjon y de Francisca de Chivré. Gobernador
de Bayona y de los países adyacentes el 13 de mayo de 1668. Gobernador
y teniente general de Navarra, Béarn y de Saint-Jean-Pied-de-Port el 20
de diciembre de 1673. Se distinguió en las guerras de Holanda de 1672 y
en el sitio de Besançon en 1674. Fue recibido en el Parlament el 8 de
agosto de 1678. Embajador extraordinario de Francia en España desde
el 2 de abril de 1704 hasta mayo de 1705. No confiaba en el marqués de
Ribas, por lo que impulsó su caída; que tendría lugar en enero de 1705.
El regreso de la princesa de los Ursinos supuso su derrota, ya que la
había combatido con todas sus fuerzas. Con la marcha de Gramont, cayó
también el padre Daubenton, que lo había apoyado. Contrajo primeras
nupcias con Marie Charlotte de Castenau, dame de Jonville, el 14 de
mayo de 1668; y segundas con Anne Baillet de La Cour el 31 de julio de
1705972.
GUZMÁN, Gaspar de (Roma, 06.01.1587 – Toro, 22.07.1645). Valido de
Felipe IV. Conde de Olivares, duque de Sanlúcar la Mayor, marqués de
Heliche y conde de Arzarcóllar. Del Consejo de Estado. Comendador
Mayor de Alcántara. Camarero y Caballerizo mayor del rey. Chanciller
mayor de las Indias. Hijo de Enrique de Guzmán, II conde de Olivares,
Información biográfica incluida en el prólogo de Francisco Canals Vidal a Francisco de
971
CASTELLVI, Narraciones históricas…, I, p. 18.
972Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
aux ambassadeurs…, pp. 89-92. Christophe LEVANTAL, Ducs et pairs et duchés-pairies
laïques…, pp. 620-621.
537
que desempeñaba cuando nació el cargo de embajador de España ante
Roma. Su programa político lo recogió en su Gran Memorial de 1624,
consistente en un plan de reformas para reforzar el poder real973.
HARCOURT, Henri d’ (¿?, 02.04.1654 – París, 19.10.1718). Marqués de
Beuvron y primer duque d’Harcourt. Desempeñó diversos puestos como
militar. Fue gobernador de la provincia de Luxemburgo y del condado
de Chiny; y teniente general desde 1693, desde cuyo puesto mandó la
armada de Mosela en 1695 y 1696. Fue nombrado embajador
extraordinario de Francia en España a finales de 1697 para restablecer
las relaciones diplomáticas interrumpidas tras el regreso a Francia del
conde de Rebenac en 1689. Llegó a Madrid el 24 de enero de 1698.
Debido al tenso escenario que se derivó tras la firma por parte de
Francis de un nuevo tratado de reparto, d’Harcourt regresaría a Francia
en mayo de 1700974. Volvería a ocupar esta embajada entre 17 de
noviembre de 1700 y el 8 de octubre de 1701. De vuelta en Francia, sería
nombrado Mariscal el 14 de enero de 1703 y Par en 1709975.
LA TRÉMOILLE, Marie Anne de (París, 1641 – Roma, 05.12.1722).
Princesa de los Ursinos. Hija de Luis II de La Trémoille (1612-1666),
primer duque de Noirmoutier, y de Renée-Julie Aubery, fallecida en
1679. Se casó en primeras nupcias en 1659 con el príncipe de Chalais,
Adrien-Blaise de Talleyrand-Périgord, muerto en 1670. Se volvió a casar
en febrero de 1675 con el príncipe italiano Flavio degli Orsini (1620-
1698), grande de España y duque de Bracciano y de San Gemini.
Adoptaría el apellido de su segundo marido, que en francés se tradujo
como “des Ursins” y en español como “de los Ursinos”. Por mediación
de Luis XIV, en 1701 fue nombrada camarera mayor de la reina de
España, María Luisa Gabriela de Saboya. Como consecuencia de las
intrigas políticas en las que participó, en abril de 1704 cayó en desgracia
y fue llamada a París por Luis XIV; regresando a España al año
siguiente. En diciembre de 1714, la nueva reina, Isabel de Farnesio, la
973 John Huxtable ELLIOT, El conde-duque de Olivares…
Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
974
aux ambassadeurs…, pp. 449-451.
975 Christophe LEVANTAL, Ducs et pairs et duchés-pairies laïques…, pp. 647-649.
538
expulsó de España; haciéndola escoltar hasta la frontera con Francia. Se
retiró a Roma976.
LOUVILLE, marqués de. Véase Charles Auguste d’Allonville.
MANSO DE VELASCO Y MARTÍNEZ DE ZENZANO, Luis Nicolás
(1708 – 1782). II marqués de Ribas de Jarama. Caballero de Santiago
desde 1748977. Sargento mayor en Manila978. En 1759 adquiere por
compra a la Venerable Orden Tercera de Madrid el título y señorío de
Ribas de Jarama979.
MARCIN, Ferdinand, conde de (Lieja, 1656 – Turín, 07.09.1706).
Conde de Marcin, marqués de Clermont, conde de Graville, barón de
Dunes, señor de Mézières. Mariscal de Campo en 1693 y director general
de la caballería en 1695. En el año de 1701 sería nombrado teniente
general. Ejerció como embajador extraordinario en Madrid en los años
1701 y 1702, siendo su cometido esencial el de convencer a Felipe V de la
cesión de los Países Bajos a Francia, en recompensa por la ayuda
prestada. El 5 de septiembre de 1701 acompañó al rey a Cataluña, donde
esperarían a la reina María Luisa Gabriela de Saboya para celebrar el
correspondiente matrimonio, tras el cual saldría en abril de 1702 con
destino a sus posesiones italianas. Asistió al Consejo de Despacho a
partir de septiembre de 1701. En diciembre de 1702 se despidió de
Felipe V en Perpignan. A comienzos de 1703 fue nombrado mariscal de
Francia y el 2 de febrero de ese mismo año Caballero de la Orden del
Espíritu Santo. Falleció combatiendo en Turín980.
MARTÍNEZ NAVARRETE, Andrés (Anguiano, La Rioja, septiembre de
1631 – Madrid, 1700). Caballero de la Orden de Santiago desde 1670.
Hijo de Andrés Martínez de Prado y de Ana Navarrete. Residió en su
Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
976
aux ambassadeurs…, p. 19. Madame de SAINT-RENÉ TAILLANDIER, La princesse des
Ursains. Une grande dame française à la cour d’Espagne…
977 A.H.N., Órdenes Militares, expedientillo 17452.
978 Carmen MARTÍNEZ MARTÍN, “Linaje y nobleza del virrey don José Manso de
Velasco…”, Revista Complutense de Historia de América, 32 (2006), p. 273.
979 A.H.N., Consejos, leg. 11754, año 1759, exp. 7.
980 Linda and Marsha FREY (eds.), The Treaties of the War of the Spanish…, p. 275.
539
localidad natal hasta 1662, cuando marchó a Madrid a contraer
matrimonio981. Tras adquirir por compra una regiduría del concejo de
Madrid, accedió a ella por real título de 22 de diciembre de 1666.
Continuó en ella hasta su fallecimiento. En 1670 adquirió por compra el
señorío de Velilla al tercer marqués de Leganés982. Vocal de la Junta
General de Comercio y Moneda desde 1683 hasta 1700983. Fue miembro
de la Contaduría Mayor de Cuentas984. Aunque contrajo matrimonio en
la parroquia de San Luis de Madrid el 20 de febrero de 1662 con María
Francisca de Ituño y Aguirre985, no dejó ningún heredero986.
MATANZA Y CORCUERA, Fernando (Burgos, 1648). Caballero de la
orden de Alcántara desde 1684987. Corregidor de Granada, Córdoba
(1700-1701) y Madrid (1703-1707). Contrajo matrimonio en 1672 con
Francisca Vélez de Guevara y Caicedo. Felipe V le concedió el 28 de
febrero de 1704 el título de marqués de Fuente Pelayo988.
MENSA, Clemente (Valladolid, 1602 – Madrid, septiembre de 1696).
Secretario del Consejo de Aragón en la parte de Cerdeña. Padre de Luisa
Mensa, que contrajo matrimonio con Rodrigo de Calva989.
NEOBURGO, Mariana de. Véase María Ana del PALATINADO-
NEOBURGO.
ORRY, Jean (París, 04.09.1652 – 29.09.1719). Señor de Vignory. Estudió
Derecho. En junio de 1701 llega a España para hacerse cargo de las
finanzas de la monarquía. Desde ese año hasta 1715 reside en España,
salvo algunos periodos como el periodo de caída en desgracia de la
princesa de los Ursinos (1704-1705). En los últimos años de su estancia,
981 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4979.
982 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, pp. 402, 395 y 230.
983Pedro MOLAS RIBALTA, “La Junta General de Comercio y Moneda…”, Cuadernos de
Historia. Anexos de la Revista Hispania, 9 (1978), p. 33.
984 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 402.
985 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 4979.
986 Mauro HERNÁNDEZ, A la sombra de la Corona…, p. 143.
987 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 907.
988 Elenco de Grandezas y Títulos Nobiliarios Españoles…, p. 407.
989 B.R.A.H., Salazar y Castro, D-29, f. 55v.
540
sería nombrado superintendente general del ejército y le concedió el
título de veedor. Sus servicios a la Corona serían recompensados con el
título de conde de Vinaroz990.
PALATINADO-NEOBURGO, María Ana del (Düsseldorf, 28.10.1667 –
Guadalajara, 16.07.1740). Hija del Elector del Palatinado del Rin Felipe
Guillermo y de María Amalia de Hesse-Darmstadt. Reina consorte de
España, casada con Carlos II el 28 de agosto de 1689. Tras la muerte de
su marido, Felipe V dispuso que saliera de Madrid antes de que él
entrara a la corte; dirigiéndose hacia Toledo. Allí permaneció hasta que
en 1706 celebró la llegada de su sobrino el archiduque Carlos, lo que le
valió el destierro a Bayona (Francia) que Felipe V ordenó. Allí
permaneció hasta que por mediación de su sobrina Isabel de Farnesio,
segunda esposa del rey, se le permitiría regresar a la corte española en
1739991. Se comentaba que durante su exilio había contraído matrimonio
morganático con un miembro de su séquito Jean de Larreteguy, con el
que parece que tuvo descendencia992.
PALLOTA, Filippo. Arquitecto de Su Majestad. Ayuda de furriel de la
reina María Luisa Gabriela de Saboya. Su condición de dibujante e
ingeniero facilitaron que fuera autor de numerosos grabados de edificios
y escenas de comienzos del siglo XVIII. A él le debemos la mayor parte
de las láminas que se incluyeron en el libro sobre el viaje de Felipe V a
Italia escrito por el marqués de Ribas. Fue autor, junto a Buonaventura
Ligli, del cuadro Batalla de Almansa (1709), conservado en el Museo del
Prado. Falleció en 1721.
PORTOCARRERO, cardenal. Véase FERNÁNDEZ DE
PORTOCARRERO, Luis Manuel.
RAMÍREZ DE SAAVEDRA, José (Córdoba, ca. 1612 – Ribas, Madrid,
04.05.1662). I vizconde de Ribas (1637) y I marqués de Ribas (1641).
990Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
aux ambassadeurs…, p. 23. Anne DUBET, Un estadista francés en la España de los
Borbones…
Alfred MOREL-FATIO et Henri LEONARDON (édits.), Récueil des Instructions donnés
991
aux ambassadeurs…, p. 454, nota 1.
992 Pedro VOLTES BOU, Felipe V fundador de la España contemporánea…, p. 173.
541
Segundo hijo varón de Gaspar Juan Arias de Saavedra y Ramírez de
Mendoza, V conde de Castellar, y de Francisca Ulloa de Osorio y
Saavedra. Fue soldado en el tercio de Alonso Ladrón de Guevara, donde
ascendió a capitán. Resultó gravemente herido en la batalla de Avins
(1635), cayendo prisionero de los franceses. Rescatado unos meses más
tarde, saldría al mando de un tercio hacia Flandes donde logró
recuperar varias plazas. En premio a sus servicios recibió el título de
marqués en 1641. Al año siguiente sería ascendido a general. En sus
últimos años de vida vivió retirado en Ribas. Contrajo matrimonio con
Andrea de Agramunt, de la que tuvo a Francisco Ramírez de Saavedra y
Agramunt, II marqués de Ribas993.
ROBINET, Pierre s.j. (Stenay, Meuse, Francia, 22.03.1652 – Estrasburgo,
Francia, 07.11.1738). Ingresó en la Compañía de Jesús en 1671.
Finalizada su formación enseñó Teología en Pont-à-Mousson y
Estrasburgo entre 1692 y 1698. Tras acompañar desde 1698 hasta 1701
al embajador al embajador extraordinario de Francia en Dinamarca, fue
rector sucesivamente de los colegios-seminarios de Estrasburgo y
Reims. En esta última ocupación se hallaba cuando Luis XIV lo eligió en
1705 como confesor de su nieto Felipe V durante la ausencia del padre
jesuita Guillaume Daubenton, permaneciendo en esta ocupación desde
1706 hasta 1716. En 1711, junto a Rafael Melchor de Macanaz, propuso al
rey la creación de la Biblioteca Real, germen de la actual Biblioteca
Nacional de España. La llegada de la nueva reina en 1714 y su
vinculación y defensa de sus amigos Macanaz y Orry, llevará a su
destitución en marzo del año siguiente. De vuelta en Francia volvió a ser
rector en Estrasburgo y provincial de Champaña994.
ROUVROY, Louis de (París, 16.01.1675 – 02.03. 1755). Duque de Saint-
Simon desde 1693. Hijo de Claude de Rouvroy, duque de Saint-Simon, y
de su segunda mujer Charlotte de L’Aubespine. Contrajo matrimonio
con Gabrielle Dufort de Lorges, futura dama de honor de la duquesa de
993 http://www.tercios.org/personajes/saavedra.html [consultado: 22 de mayo de 2010].
994Leandro MARTÍNEZ PEÑAS, El confesor del rey en el Antiguo Régimen…, pp. 558-560.
José CANO VALERO, Melchor Rafael de Macanaz…, p. 68. José María VALLEJO GARCÍA-
HEVIA, “Macanaz y su propuesta de reforma…”, Revista de la Inquisición, 5 (1996), p. 217.
542
Berry. Amigo personal del duque de Borgoña, hijo primogénito del Gran
Delfín. Asimismo, fue amigo desde la infancia del Regente duque de
Orleans, lo que le permitiría participar de distintos honores. Escribió
unas voluminosas Mémoires que cubren el periodo 1695-1723. En 1721
viajó a España como embajador con el fin de casar a Luis XV con una
infanta española.
SAINT-SIMON, duque de. Véase Louis de Rouvroy.
SENTMENAT-OMS DE SANTA PAU Y DE LANUZA, Manuel de
(Barcelona, 15.01.1651 – Lima, 24.04.1710). Primer marqués de
Castelldosrius desde 1690. En 1703, a instancias de Luis XIV, Felipe V lo
hizo Grande de España de primera clase. Pertenecía a una distinguida
familia catalana Cursó estudios en la Universidad de Barcelona. En 1673
se casó con Juana de Oms y Oms (1659-1699) con quien tuvo quince
hijos. Entre 1681 y 1688 fue virrey en Mallorca. Enviado especial a
Portugal en 1691 y embajador en 1695. Como embajador en París entre
1698 y 1702, se ocupó de organizar la sucesión de los Borbones en
España. Nombrado virrey del Perú en 1702, ejerció este cargo desde
marzo de 1707 hasta su muerte995.
SOBREMONTE, Gaspar de (Aguilar de Campoo, 14.01.1601). Era
hidalgo notorio de casa y solar conocido. Hijo de Alonso Bravo de
Sobremonte y Margarita de Leoni. Fue del Consejo de Su Majestad en el
Real de Castilla, en el de Italia y en el de Cruzada996. Fue teniente de la
Sumaria de Nápoles, por lo que pasó la parte más importante de su
carrera en Italia antes de ser nombrado consejero de Castilla por real
decreto de Felipe IV de 10 de septiembre de 1655997. Contrajo en 1622 en
su localidad natal con Luisa de Rebolledo, hija de Francisco de
Rebolledo y Luisa de la Peña, de quien tuvo a Gaspar de Sobremonte y
Rebolledo998.
995 B.R.A.H., Salazar y Castro, D-29, f. 76r.
996 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, 58.
997 Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, pp. 68, 86 y 509.
998 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
543
SOBREMONTE Y CARNERO, José Francisco (Madrid, 05.10.1663 –
Madrid, 18.12.1729). Hijo de Gaspar de Sobremonte y Rebolledo y de
Juana Carnero. Empezó a servir como paje a Carlos II, empleo en el que
estaba en 1689. Después sirvió a Felipe V como gentilhombre de la boca
y caballerizo de Su Majestad, así como capitán teniente de la Guardia de
Corps. En 1703 se le hizo merced de un hábito de la Orden de Alcántara,
con la encomienda de Esparragal. En 1704, al extinguirse la Guardia de
Corps o de Archeros, el monarca lo nombró gentilhombre de Cámara y
conductor de embajadores; empleos que sirvió hasta su fallecimiento999.
Contrajo nupcias en 1696 con María Francisca Gaytán de Ayala1000, hija
del IV conde de Villafranca de Gaytán, al que sucedió. De este
matrimonio nació Joaquín José de Sobremonte, que heredó el
condado1001.
SOBREMONTE Y REBOLLEDO, Gaspar de (Aguilar de Campoo,
14.04.1624 – Madrid, ca. 1669). Caballero de Santiago en 16551002. Era
hidalgo notorio de casa y solar conocido en Reinosa. Hijo de Gaspar de
Sobremonte, del Consejo de Su Majestad en el Real de Castilla, y de
Luisa de Rebolledo1003. Ejerció como embajador en Roma durante dos
años1004, habiendo comenzado en este destino en 16581005. Contrajo
matrimonio el 19 de septiembre de 1655 con Juana Carnero y Zárate,
aportanto ella una dote de 276.307 reales y él unas arras de 44.000
reales1006. De este enlace tuvieron cinco hijos: Luisa, Ana María, José,
Francisco y María Antonia Sobremonte y Carnero1007.
999 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, 58.
1000 A.H.N., Órdenes Militares, Casamientos Calatrava, exp. 286.
1001 José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, III, 58.
1002 A.H.N., Órdenes Militares, expedientillo 3563. Vistió el hábito en 1655.
1003 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
1004 A.H.N., Consejos, leg. 9824, año 1727, exp. 3.
1005Gaspar de Sobremonte comienza en 1658 sus labores como nuevo agente –ya que se
había decidido no darle el nombramiento de embajador ordinario- de España en Roma
(Carlos PUYOL BUIL, Inquisición y política en el reinado de Felipe IV…, p. 685).
1006Janine FAYARD, Los miembros del Consejo de Castilla…, p. 309. Cita A.H.P.M,
Protocolos de Madrid, protocolo 6267, f. 894.
1007 A.H.N., Órdenes Militares, Alcántara, exp. 1437.
544
SOUSA CÁRCAMO, Ana María de. Natural y vecina de la ciudad de
Córdoba. Hija de Juan Alfonso de Sousa Fernández de Córdoba,
caballero de la Orden de Alcántara, veinticuatro de Córdoba y señor de
Villa del Río, y de Ana de Cárcamo Haro y Eraso. Contrajo matrimonio
en 1675 con Andrés Fernández de Mesa Cabrera y Argote, caballero de la
orden de Calatrava, veinticuatro de Córdoba y señor de la villa de
Chanciller. De este matrimonio nacieron siete hijos, de los que dos
murieron muy niños, y sólo cinco (José, Ana, María, Luisa y Leonor
Fernández de Mesa y Sousa) sobrevivieron a sus padres. Ana María de
Sousa testó en Córdoba el 16 de junio de 16841008, falleciendo poco
después.
SOUSA Y FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, Juan Alfonso de (Córdoba,
1630). Caballero de la Orden de Alcántara, veinticuatro de Córdoba y
señor de Villa del Río1009. Contrajo matrimonio con Ana de Cárcamo
Haro y Eraso, naciendo es este enlace Ana María de Sousa Cárcamo.
TORCY, marquis de. Véase Jean-Baptiste Colbert.
URSINOS, princesa de los. Véase María Ana de La Trémoille.
VADILLO ESTRADA Y VELASCO, Manuel de (Ciella, ¿? – Madrid,
1729). Caballero de Santiago desde 16851010. El sustituto de Fernández
Campo en 1714 en Justicia y Gobierno, sólo sabemos algunas cosas, por
lo que su perfil resulta más difuso. El primer marqués de Mejorada,
como pariente suyo, lo colocó en el servicio real en 1673 como oficial
último de la secretaría del Despacho Universal. Posteriormente, pasaría
a la de Estado en la negociación de Italia, donde fue ascendiendo. En
1698 fue nombrado secretario del Consejo de Órdenes. Más adelante
serviría en las secretarías de Justicia de la Cámara de Castilla y del
Consejo de Italia. En 1700 volvería como oficial a la del Despacho
Universal. En 1705 se le ofreció la secretaría del Despacho que dejaba
Grimaldo, pero la rechazó; un gesto que molestó a Felipe V, que propició
su desgracia. En 1706 se le nombró secretario único del Consejo de
1008 A.H.P.CO., Protocolos de Córdoba, oficio 4, leg. 19040P, año 1684, ff. 240r-242v.
1009 Descripción genealógica y historial de la ilustre Casa de Sousa…, p. 198.
1010 A.H.N., Órdenes Militares, Santiago, exp. 8395.
545
Estado, y en 1714 secretario del Despacho de Justicia y Gobierno.
Ocuparía poco tiempo dicho empleo, ya que se le concedió una plaza en
el Consejo de Indias1011.
VENDÔME, duque de. Veáse Louis Joseph Vendôme.
VENDÔME, Louis Joseph (París, 01.07.1654 – Vinaroz, España,
11.06.1712). Llamado el Grand Vendôme. Nieto de un hijo ilegítimo del
rey Enrique IV de Francia. Duque de Vendôme, de Beaufort, d’Étampes
y conde de Penthièvre. Hijo de Louis Vendôme, duque de Vendôme y de
Mercoeur, y de Laure Mancini (sobrina del cardenal Mazarino).
Comandó el ejército que invadió Cataluña en 1695. Al comenzar la
Guerra de Sucesión española sería nombrado jefe del ejército francés en
Italia1012.
VILLARS, Louis-Claude-Hector de (Moulins, 08.05.1653 – Turín,
1734). Marqués de Villars y, desde septiembre de 1705, primer duque de
Villars; príncipe de Martigues y vizconde de Melun. Nombrado par de
Francia el 5 diciembre de 1709. Enviado extraordinario de Francia en
Viena desde diciembre de 1697 hasta agosto de 1701. Mariscal de
Francia desde el 20 de octubre de 17021013. Ministro plenipotenciario en
el Congreso de Rastadt desde noviembre de 1713 hasta marzo de 1714.
Grande de España de primera clase1014.
ZULOAGA, Gabriel José de. (Fuenterrabía, Guipúzcoa, 1684 – Madrid,
1764). Hijo de Pedro Ignacio de Zuloaga y Josefa de Moyúa, casados en
1672. Desarrolló su carrera profesional en el ejército. Fue capitán de las
reales guardias, teniente general del ejército y gobernador de Venezuela
desde 1737 a 1747. En 1753 fue nombrado capitán general de Guipúzcoa.
Fue consejero en el Consejo de Guerra. Felipe V le concedió por sus
servicios el título de conde de la Torre Alta1015. Adquirió en 1738 la
1011María Victoria LÓPEZ-CORDÓN, “Instauración dinástica y reformismo....”, Manuscrits,
18 (2000), p. 106.
1012 Jean Claude PASQUIER, Le Château de Vendôme…
1013 François Joseph Guillaume PINARD, Chronologie historique-militaire…, III, p. 113.
1014 Christophe LEVANTAL, Ducs et pairs et duchés-pairies laïques…, pp. 972-974.
1015 Juan Carlos MORA AFÁN, Familia y poder en Época Moderna…, pp. 137-138.
546
hacienda de la familia Ubilla, con la que estaba emparentado, que había
pasado a la VOT de San Francisco de Madrid al fallecer Antonio de
Ubilla y Medina.
547
Anexo nº 4
Escritos de Antonio de Ubilla
549
I
Juramento y pleito homenaje que los reinos de Castilla y León,
por medio de sus capitulares, y los prelados, Grandes y Títulos,
y otras personas, hicieron el día ocho de mayo de mil setecientos
uno en el Real Convento de San Gerónimo, extramuros de la villa
de Madrid, al Rey Nuestro Señor don Felipe Quinto, y del que Su
Majestad hizo a sus reinos (1701)1016.
Luego que se tuvo la deseada noticia de que el Rey Nuestro Señor don
Felipe Quinto (que Dios guarde) llegó a los confines de sus reinos,
empezando a experimentar prácticamente los efectos del amor de sus
vasallos, en los acreditados corazones de los nobles y valerosos hijos de las
provincias y señoríos en la Cantabria, en cuyos rendimientos y liberalidades
[102] hizo Su Majestad cabal conocimiento de la celebrada y siembre firme
leal obligación de los españoles.
Pretendieron todas las ciudades y cabildos eclesiásticos de los reinos de
Castilla, León, Cataluña, Aragón, Valencia y Navarra, como asimismo las
Chancillerías, Audiencias y Universidades, la licencia de venir a la Corte con
las representaciones de sus comunidades para manifestar en su nombre los
obsequios de su respeto, y los alborozos de su felicidad, y conociendo Su
Majestad cuán propio era de su benigno ánimo el permitir a sus reinos este
consuelo y no diferírsele el menor tiempo, mandó a los tribunales a quien
toca concediesen la licencia a las comunidades referidas para que enviasen a
sus comisarios a dar la enhorabuena a Su Majestad por la sucesión a esta
Corona, y besarle la mano en señal de su obediencia, y estando ya Su
Majestad en el cargo de gobernar sus reinos dio la regla más cómoda y fácil
para lograr como deseaba el hacer manifiesto a sus vasallos mantendría la
1016 Seguimos en esta transcripción el texto incluido por el propio Antonio de Ubilla en su
libro sobre la jornada a Italia publicado en 1704, al considerarlo la versión definitiva. Aúna
sí, las variantes entre la versión impresa en 1701 y la de tres años más tarde son puntuales y
referidas básicamente a cuestiones de estilo.
551
Justicia, las Leyes, los Fueros y los Privilegios de estos reinos de Castilla y
León, jurando su observancia con la solemnidad que más lo asegurase y
como las mismas leyes y costumbres lo disponían y considerando que los
reinos se hallaban con el peso de las contribuciones a que obligó su propia
defensa en ocasiones antecedentes y que el Real ánimo de Su Majestad bien
instruido de su gran conocimiento y que con él desea todos los alivios de sus
vasallos quiso excusar gastos a las ciudades, como se les seguirían mayores
si llamase a Cortes para sólo el efecto de que le hiciesen el juramento y [103]
homenaje; y así dio orden para que al tiempo que las ciudades de voto en
Cortes de los reinos de Castilla y León nombrasen los comisarios par
quienes había pedido la licencia (como se ha dicho) los diesen poder para
hacer los actos de juramento y pleito homenaje cuya orden se envió por la
Cámara de Castilla en la forma que contiene el despacho siguiente.
EL REY. Concejo, Justicias, Regidores, etc. Siendo tan de mi Real agrado
las expresiones de vuestro amor y celo y el deseo que manifestáis de
explicarle por medio de vuestros diputados, asando a esta Corte con el
motivo de mi feliz arribo a ella y teniendo señalado el día diez de abril par a
mi entrada pública, he querido (condescendiendo a vuestra estancia)
ordenaros (como lo hago) nombréis dichos diputados, y siento tan justo y
conveniente que en vuestro nombre y de todo este reino prestéis el
juramento de fidelidad que sois obligados a hacerme, y habiendo de ejecutar
yo el de guardaros vuestros fueros y privilegios, será tan conveniente como
preciso que los dichos comisarios traigan poder cumplido, amplio y bastante
p0ara el referido efecto asegurándoos que en todas ocasiones
experimentaréis el de mi Real gratitud. De Buen Retiro a 10 de marzo de
1701. Yo El Rey. Por mandado del Rey Nuestro Señor, don Francisco Nicolás
de Castro.
Inmediatamente que fue recibida en las ciudades esta orden, nombraron
sus capitulares en la forma que en semejante caso acostumbra cada una y
dieron el poder los cuales con la presteza de su obligación y con el empeño
de su cargo vinieron a esta Corte con [104] igual lucimiento a la
representación de sus ciudades y a la calidad de sus personas, pasando luego
a solicitar la audiencia de Su Majestad para ejecutar el primer acto preciso
de ponerse a sus pies y besar su Real mano en nombre de la ciudad que
552
representaban y a quienes apadrinó toda la nobleza como interesada en las
aclamaciones y obsequios de Su Majestad.
Después que los comisarios de las ciudades de voto en Cortes cumplieron
con la obligación de besar la mano a Su Majestad se sirvió resolver el día en
que había de hacer el juramento, eligiendo el domingo ocho de mayo en que
se celebra la aparición del Arcángel San Miguel teniendo Su Majestad muy
en su apreciable devoción, cuán tutelar es de todos sus dominios este
glorioso arcángel, a quien hay tantos templos erigidos en sus reinos con el de
la venerada y antigua memoria del Monte Gargano en el reino de Nápoles,
siendo este el lugar donde sucedió la aparición de este arcángel en ocho de
mayo del año de cuatrocientos y noventa y tres, en común tradición, desde
cuyo día todos los años se ha continuado esta festividad y en el que también
el año de quinientos y ochenta y nueve (según Escolano y Nieremberg) fue
aclamado y reconocido por Católico Rey de esta Monarquía Recaredo en el
Tercer Concilio Toledano, en cuya ciudad por venerable memoria que se
conserva en su puerta de Visagra, está colocada la imagen de San Miguel
como tutelar suyo y timbre glorioso de sus antiguas armas; y no menos se
debe a tan gran Patrocinio el de la estimada Orden Militar en Francia,
siendo cierto que sus caballeros han conseguido con esta protección los
mayores triunfos como [105] lo contesta Estéfano Pasquier en sus notas.
Hiciéronse de orden de Su Majestad las prevenciones a su Mayordomo
Mayor, y por éste a los demás ministros y oficios de su Real Casa, par que
cuidase de las disposiciones y adornos correspondientes a función de tan
grave solemnidad.
En treinta de abril, habiendo precedido de orden de Su Majestad de
veinte y nueve del mismo el bailío don frey Manuel Arias de la religión de
San Juan de Jerusalén, uno de los gobernadores que fue de España, y actual
del Consejo de Castilla, del Consejo de Estado, con asistencia de don
Antonio Ronquillo y Briceño, Conde de Gramedo y de Francos, y de don
Manuel de Arce y Astete, caballeros de la Orden de Santiago, ambos del
Consejo y Cámara y a quienes nombró el gobernador y con la de don
Francisco Nicolás de Castro, marqués de Campollano, caballero también de
la misma Orden, del Consejo de Su Majestad, y su Secretario de Cámara y
Estado de Castilla y de Rafael Sanz Maza, Secretario de Su Majestad y
553
escribano de Cámara más antiguo de los del Consejo a quien por orden de
Su majestad se había mandado despachar título de escribano del reino, por
no haberle entonces nombrado, sin servirle las personas que por juro de
heredad y contratos tienen la propiedad de estos oficios par que hiciesen el
reconocimiento de los poderes que los comisarios de las ciudades y villa
traían. Y vistos por los ministros referidos hicieron consulta a Su Majestad el
mismo día, dando cuenta de tenerlos por bastantes, y declarándolo así; y Su
Majestad fue servido responder a esta consulta: quedaba enterado.
[106] En el ínterin que se prevenía y adornaba la iglesia del Real
Convento de San Gerónimo, extramuros de Madrid, donde el Rey Nuestro
Señor había resuelto hacer y recibir el juramento por haber vuelto después
de su entrada pública en esta Corte a su palacio del Buen Retiro se hico por
el siguiente despacho de Su Majestad, expedido por la Cámara de Castilla y
refrendado del propio secretario de ella, la convocatoria para los Grandes y
Títulos de Castilla, mandándolos Su Majestad concurriesen a hacer el
juramento y pleito homenaje.
EL REY. Duque, etc. Habiendo convocado las ciudades y villa de voto en
Cortes, a fin de ejecutar el juramento de fidelidad y homenaje que son
debidos hacerme y estando señalado para ello el día ocho de mayo siendo
vos obligado a hacer el mismo juramento y homenaje os he querido advertir
de ello para que os halléis el referido día en el Convento de San Gerónimo a
la expresada función, como estoy cierto lo haréis de buena voluntad. De
Buen Retiro a 29 de abril de 1701. Yo El Rey. Por mandado del Rey Nuestro
Señor, don Francisco Nicolás de Castro.
Mandó el Rey Nuestro Señor se avisase de su Real orden, como se ejecutó
por su Secretario del Despacho, par que asistiesen este día en el banco de
prelados y para hacer el juramento y pleito homenaje a don Francisco
Álvarez, Arzobispo que fue de Mesina, y actual Obispo de Sigüenza, y a don
Gregorio de Solórzano, Obispo de Ávila, ambos del Consejo de Su Majestad;
el primero asistió al acto referido, y el [107] segundo se excusó por
indisposición. Y hallándose en esta Corte don Andrés Rigio, Obispo de
Catania, del Consejo de Su Majestad, y el Maestro don fray Ángel
554
Maldonado, de la Orden de San Bernardo, Obispo de Oaxaca, del Consejo de
Su Majestad; vino el Rey en que concurriesen este día con los demás
prelados, dispensando la práctica de no asistir en la capilla sino es los que lo
son en los reinos de Castilla, León , Aragón, Cataluña, Valencia y Navarra,
ya todos precedió don Pedro Portocarrero y Guzmán, Arzobispo de Tiro,
Limosnero Mayor de Su Majestad, Patriarca de las Indias, y los demás
prelados seguían por la antigüedad de sus consagraciones.
Adornáronse las paredes de la iglesia por toda ella con tres órdenes de
tapicerías de oro y seda, las de mayor aprecio de las muchas que sirven a Su
Majestad en su Real Palacio de Madrid; habiéndose atendido a que todas la
que se colocasen en lugar tan sagrado no fuesen alusivas a historias
profanas.
Las tribunas que tiene el palacio de Buen Retiro a la iglesia, las repartió el
Mayordomo Mayor, señalándolas para las señoras y la de Su Majestad
estuvo cerrada y en la inmediata asistió el Gobernador del Consejo.
En la Capilla Mayor y crucero de la iglesia se levantó un tablado que
igualaba con la primera grada inmediata al Altar Mayor, y seguía por
longitud de sesenta y cuatro pies superficiales, hasta que las doce gradas por
donde se bajaba de él terminaba en la división del cuerpo de la iglesia de
cuyo lugar se [108] quitaron para este día la reja y puertas que dividen.
Tenía por latitud ciento y cuatro pies, y le ceñían por una y otra parte
barandas de plata y todo cubierto de vistosas alfombras.
Al colateral de la Epístola se puso un dosel y pendientes de él por su
cuadrado las cortinas correspondientes que uno y otro estaba bordado de
imaginería de plata y sedas y figurada toda la historia de Moisés, y por
adentro era la tela de carmesí y plata con flecos de los mismo; el sitial, silla y
almohada que estaba dentro era de la misma tela, y en su espacio se puso
una alfombra de imaginería como matices de oro, plata y sedas; pónese a Su
Majestad este dosel en todas las iglesias donde concurre, observando el
estilo inconcuso, cuyo origen proviene del conopeo o pabellón que ponían
los reyes de Francia, como el curioso más latamente verá referido por Juan
Chifecio en su Aula Sacra Principio Belgic.
Desde el dosel hasta el Altar se dejó lugar bastante para los asistentes al
pontifical, y aunque en todas las demás funciones de capilla en que Su
555
Majestad concurre se le pone el sitial y dosel al lado del Evangelio, en ésta
del juramento se colocó en el de la Epístola, fin que para ello hubiese otro
motivo que el hallarse así prevenido en las relaciones de otros casos
semejantes a éste.
Entre el altar y la cortina donde estaba Su Majestad se puso una silla de
terciopelo carmesí con guarnición de oro para el Cardenal Arzobispo de
Toledo, que había de celebrar la misa de pontifical.
Al lado del Evangelio, en la misma línea, cortando el ángulo, se puso el
banco de prelados cubierto con un bancal de tapicería.
[109] También se puso al lado del Evangelio, y en frente a la cortina de Su
Majestad, una silla de terciopelo carmesí guarnecida de oro y delante un
banco cubierto también de terciopelo, para el cardenal don Francisco de
Borja, electo Obispo de Calahorra.
Inmediatamente a la silla del Cardenal Borja seguía el banco de
embajadores cubierto con un bancal de tapicería y delante otro cubierto de
terciopelo.
El altar estaba adornado con un frontal de tela blanca de plata y otro y
una grada cubierta de lo mismo, sobre la cual en el medio de ella había una
cruz de plata sobredorada, cuatro candeleros con sus cirios, al lado del
Evangelio, y tres al de la Epístola, como se previene cuando se celebra
pontifical; y por este ínfimo lado del altar seguía la creencia adornada con la
misma tela que el frontal donde se puso todo lo que se necesitaba para el
pontifical.
La noche antecedente dio orden el marqués de Villafranca, Mayordomo
Mayor, al Mayordomo que entró de semana, que fue don Francisco Grillo de
Mari, marqués de Francavila, del Consejo de Guerra, de la hora en que todo
había de estar prevenido para el día siguiente, y le entregó relación de lo que
era de su cargo, y lugares señalados en la iglesia a los que debían concurrir
en ella y en el acompañamiento.
El domingo ocho, día señalado para hacer Su Majestad a sus reinos el
juramento, y recibirle, y el pleito homenaje de sus diputados, se dio
principio a la función viniendo las guardas a palacio formadas y divididas
con poca diferencia una de otra; la de la noble Guarda de Corps (que llaman
de los Archeros) con el marqués de Laconi, caballero del orden [110] de
556
Calatrava, gentilhombre de la Cámara de Su Majestad, del Consejo de
Aragón, y don José de Sobremonte y Carnero, caballerizo de Su Majestad y
teniente de esta Guarda; uno y otro vestidos de gala, pero de negro y con
joyas en caballos bien adornados y los soldados vestidos también de negro
con los bohemios de su librea marchando formados y con clarines. Siguió la
guarda española, de que es capitán el marqués de Quintana y Monte Alegre,
gentilhombre de la Cámara de Su Majestad, y la condujo su teniente don
Gaspar de Bustillos, caballero de la Orden de Alcántara y caballerizo de Su
Majestad, vestido también de negro y a caballo, y la Guarda marchando en
orden con pisanos y cajas. En la misma forma entró la Guarda alemana, de
que es capitán el conde de Alba de Aliste, conduciéndola su teniente don
francisco de Etenard, caballero de la Orden de Calatrava, y uno, y otro
teniente con grande lucimiento y los capitanes de estas dos Guardas no
vinieron con ellas por el estilo de no practicarlo en ninguna función, por la
circunstancia de ser Grandes. Y desde los cuerpos de guardia se
distribuyeron por sus cabos las escuadras que de la española y alemana
habían de tomar los puestos y puertas en la iglesia y tránsitos por donde Su
Majestad había de bajar a ella.
Media hora antes que hubiese de salir Su Majestad, dio orden el
Mayordomo Mayor al de semana para que bajase a despejar la iglesia de
numeroso curso que en ella había, disponiendo quedase el más decente, de
forma que no sirviese de embarazo y lograse el ver un acto tan propio del
amor del rey [111] a sus vasallos, y de rendimiento y obediencia de estos a Su
Majestad.
Dio orden el Mayordomo Mayor al de semana para que hiciese subir a
palacio a los diputados de las ciudades, Títulos y caballeros que estaban
esperando en la iglesia.
A las ocho y tres cuartos salió Su Majestad de su Real Cámara, sirviéndole
el Mayordomo Mayor y Caballerizo Mayor y los gentiles hombres de la
Cámara. Y pasando por la galería de los Grandes donde estaban todos, llegó
el guadarnés que tenía el estoque real, y habiéndole dado a don García de
Guzmán, primer caballerizo, este se le entregó al Caballerizo Mayor, quien
sacándole de la vaina le sirvió a Su Majestad, que le dio orden para que le
llevase por tocar a su empleo el ejecutarlo cuando no se halla presente el
557
conde de Oropesa, cuya casa tiene esta preeminencia, y estarle conde en
Oropesa indispuesto. En esta galería tomó su bastón el Mayordomo Mayor,
y poniéndole sobre el hombro derecho salió el acompañamiento en esta
forma, y llegando Su majestad a la pieza de embajadores, en que estaban
don Francisco Aquaviva y Aragón, Arzobispo de Larisla, nuncio de Su
Santidad, don Juan Mocenigo, embajador de Venecia, y don Francisco
Constanzo Oporto, de la Orden de San Juan, embajador de Saboya, no
habiendo concurrido el duque de Harcourt, embajador extraordinario de
Francia, por estar gravemente enfermo. Al hacer estos ministros la
reverencia a Su Majestad, los quitó el sombrero y al volvérsele a poner les
mandó cubrir y juntamente al cardenal Borja y a los Grandes.
[112] Unido ya este acompañamiento con los gentiles hombres de la boca,
y de la casa, Títulos, y caballeros, y los diputados de las ciudades y villa, que
todos esperaban en la saleta y fueron en el acompañamiento
indistintamente y fin la formalidad de preferencia. Dispuso el Mayordomo
de semana, con la orden del Mayordomo Mayor, prosiguiese el
acompañamiento como lo hizo en la forma siguiente.
Iban delante don José Sotelo, caballero del hábito de Santiago, y don
Lorenzo de Morales y Medrano, alcaldes de Casa y Corte; don Diego
Baquerizo, caballero de la Orden de Santiago; don Antonio de Oviedo; don
Francisco Fausto de Dueñas; don Juan de Ayuar; y don Antonio de Borques,
caballeros de la misma Orden; don José de Vrive; don Juan de Pineda,
caballero del a misma Orden; don Arnesto de Aerserdem; don Juan de
Brizuela, caballero de la Orden de Alcántara; don Juan Miguel de Vergara,
caballero de la Orden de Santiago, don Ramón de Bocanegra y Lerma; don
Pedro de Monroy, caballero de la Orden de Santiago; y don Isidro Bonifaz;
todos caballeros pajes de Su Majestad, con su ayo don Juan Antonio de
Salinas y Zavala, caballero de la Orden de Calatrava. Los caballerizos,
gentiles hombres de la Casa y los de la Boca, Títulos y diputados de las
ciudades y villa. Después iban cuatro maceros de la Real Casa, con sus
insignias de plata sobredoradas puestas sobre el hombro de dos en dos.
Seguían los mayordomos con bastones, después los Grandes y el
Mayordomo Mayor; luego cuatro Reyes de Armas con sus cotas bordadas, en
ellas todas las Reales Armas de Su Majestad y de los reinos, [113]
558
inmediatamente al Rey Nuestro Señor un poco más adelante el Caballerizo
Mayor descubierto con el estoque desenvainado, y levantada la cuchilla
arrimada al hombro derecho, presentación de la justicia. Llevaba Su
Majestad vestido negro, con botonadura de diamantes y los collares de la
Orden de Santi-Espíritus, y el del Toisón, que este último le había recibido
en cinco de mayo día de la Ascensión, con la solemnidad que disponen los
establecimientos de esta insigne Orden, y por mano del duque de Monteleón
y Terranova, gentilhombre de la Cámara y Caballerizo Mayor de la Reina
Nuestra Señora, a cuyo efecto vino desde Toledo por hallarse allí sirviendo a
Su Majestad y por el más antiguo de los caballeros de esta Orden, de los que
concurrieron en el capítulo, y en la Corte, que fueron los duques de Escalona
y de Béjar. Llevó su Majestad adornado el sombrero con un cintillo de
diamantes y al lado derecho una rosa de oro, que engarzaba y guarnecía el
diamante a quien por su excesiva magnitud de le da el nombre de estanque,
y del medio de esta rosa pendía una tan recta bien formada y crecida perla
que por no haberse descubierto otra igual e su perfección se llama la
Peregrina. Seguía a Su Majestad el cardenal Borja y después los
embajadores y gentiles hombres de la Cámara. Cerraba la Guarda de Corps
con su teniente, porque el capitán iba a la mano izquierda de Su Majestad,
un poco detrás de su Real Persona, que guardaban los dos Archeros como es
costumbre.
Bajo Su Majestad en la forma referida por la escalera principal de este
alcázar y paso por los cuerpos del guardia y el tránsito de la escalera, que
bajaba a la [114] iglesia, y entrando con el acompañamiento por la puerta
principal que sale al cuerpo de ella, subiendo Su Majestad al a tarima al
llegar a la corina, y antes de entrar en ella se quitó el sombrero, hizo
reverencia al altar, y ocupó el sitial, donde hizo oración.
Tomaron los Grandes su lugar en el banco, que tenían al lado de la
Epístola, inmediata a las gradas de la tarima.
A distancia de este banco, y por el propio lado, con corta diferencia,
ocuparon el suyo los Títulos; y por la parte del Evangelio, en la misma
disposición, había otros dos bancos que el inmediato a las gradas servía para
que a su tiempo bajasen a él los prelados, cuando hubiesen de hacer el
559
jurante y homenaje; porque en el ínterin, que se celebró la misa estuvieron
en su banco junto al altar.
Los capellanes de honor tomaron su lugar al lado de la Epístola, junto a la
Creencia, en banco raso sin cubrir; y junto a los prelados estuvieron en pie
dos capellanes de honor para asistirlos.
Sentáronse los comisarios de las ciudades y villas en el banco que estaba
más abajo del de los prelados, frente de los títulos; y los grandes se cubrían
cuando lo permitía el ceremonial.
En otro banco menor, cubierto de bancal de tapicería, que cerraba las
líneas, haciendo frente al altar tomó su lugar Toledo.
Los cuatro reyes de armas quedaron en las gradas de la tarima, dos a cada
lado; y después de ellos, en la misma forma, los cuatro maceros.
Corría por parte de afuera de estos bancos una valla de cinco pies de alto
con puerta, que guardaron [115] los porteros de cámara; y en el lugar que
había desde la valla hasta las paredes de la iglesia, estuvieron los gentiles
hombres de la boca y casa, y muchos caballeros.
El caballerizo mayor con el estoque tuvo su lugar después de la cortina,
inmediato al altar, a quien seguía el mayordomo mayor cubierto en las
ocasiones en que lo estaban los Grandes, pero el caballerizo mayor estuvo
siempre descubierto respecto de ser preciso por tener el estoque real en toda
la función.
En el lado del Evangelio, frente de la cortina, tomaron sus lugares el
cardenal Borja y los tres embajadores, precediendo al nuncio y después el
embajador de Venecia, a quien seguía el de Saboya.
Desde el lugar donde estuvo la silla del cardenal Borja y contiguos a la
pared de la iglesia seguían algunos ministros de los Consejos, que como
testigos para este acto han concurrido en los antecedentes, empezando por
el de Castilla y como decano de él tuvo el primer lugar don Juan de Layseca,
que también es de la Cámara, y como más antiguo en ella le tocó leer los
juramentos; seguía el marqués de Campollano, secretario de Cámara y
Estado de Castilla (a quien para este acto se le despachó título de notario de
los reinos) lugar que ocupó por la declaración que hizo el rey nuestro señor
don Felipe IV (que está en gloria) en ocasión del juramento del serenísimo
señor príncipe don Baltasar Carlos su hijo primogénito, y de la serenísima
560
reina doña Isabel de Borbón, por febrero del año de mil seiscientos treinta y
dos, por pretensión que entonces introdujo [116] el Consejo de Aragón, que
entre sus consejeros y los de Castilla no se había de interponer otro
ministro.
Seguíanse después don Antonio Ronquillo Briceño, conde de Francos y de
Gramado, y don José Portocarrero, marqués de Castrillo, del Consejo. Por el
de Aragón concurrieron don José Rull, ministro Togado y don Félix de
Marimon, marqués de Serdañola, de capa y espada, y don José de Villanueva
Fernández de Híjar, protonotario de Aragón; seguían por el Consejo de Italia
don Pedro Guerrero y don Antonio Jurado; por el de Flandes, en
consecuencia de haber concurrido por merced especial del señor Felipe IV
en el juramento referido del príncipe su hijo, concurrieron el barón de
Elisea, ministro togado; no habiendo podido asistir por indisposición el
marqués de Castelmoncayo, de capa y espada, que son los dos de actual
ejercicio de este tribunal; y después Rafael Sanz Maza, secretario de Su
Majestad, escribano de los reinos; y habiéndose avisado de orden de Su
Majestad (como es estilo) por el Secretario de Despacho, al marqués de
Mancera, presidente del Consejo de Italia, al conde de Monterrey del de
Flandes, concurrieron en su banco de Grandes; y el rey fue servido de
mandar se avisase también a los que gobernaban los Consejos de Indias y
Órdenes para que asistiesen a esta función en el lugar correspondiente al
carácter de sus personas, y en esta conformidad asistió en el banco de los
grandes el marqués del Carpio que como gran chanciller del Consejo de las
Indias, y no haber presidente [117] en él, tienen las mismas preeminencias; y
aunque el conde de Villaumbrosa, marqués de Santillán, gentilhombre de la
cámara de Su Majestad, es gobernador del Consejo de las Órdenes, con los
honores de presidente no concurrió.
Todo así dispuesto, el cardenal don Luis Manuel Fernández Portocarrero,
arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, del Consejo de Estado de Su
Majestad, y dos veces gobernador de esta monarquía, que había esperado de
pontifical a que bajase Su Majestad, dio principio al oficio y con capa pluvial
y mitra echó el asperges y pasando desde el altar a la cortina donde estaba
Su Majestad a cuya real persona dio el agua bendita y volviéndose al altar
dijo las oraciones dispuestas por la Iglesia y a que respondió al música de la
561
Real Capilla que estaba en el coro en copioso número de voces e
instrumentos y el capellán de honor que hacía el oficio de receptor de la
capilla, que fue don Francisco Ladrón de Guevara, por estar indispuesto él
que lo era, dio el agua bendita a todos los circunstantes con las preferencias
acostumbradas. Acabado el aspersorio, empezó el cardenal la misa
celebrando este día la de Angelis, con las oraciones particulares a este día.
Y los capellanes de honor que asistieron al pontifical, fueron:
Don Francisco Ladrón de Guevara, que (como va dicho) sirvió de receptor
por indisposición de don Gerónimo José de Urritigoitia, canónigo de
Calahorra.
Don Francisco de Córdoba, de diácono [118].
Don Juan Ramírez, de asistente mayor.
Don Miguel Cifre, también de diácono.
Don José Chirinos, sirvió la mitra.
Don Pedro Daza, la paletilla.
Don Lucas de Ordovas, el báculo.
Y por asistentes
Don Diego Castañón.
Don Luis de los Cobos.
Don Manuel de Águila.
Don José de Valladolid.
Don Antonio Luján.
Don Felipe de Barrios.
Don Antonio Zapata.
Don Diego Godo.
Don Manuel de la Calzada.
Don Bernabé de Villena.
Don Juan Delcius.
Don Carlos Massa.
562
Acabada la misa, volvió el cardenal a su asiento, y desnudándose de la
casulla, le pusieron la capa pluvial, en cuyo intermedio un ayuda de la
furriera puso una silla de terciopelo carmesí con franja de oro en medio del
altar, con el respaldo hacia él, y a los pies una almohada; y habiendo
ocupado esta silla el cardenal, le puso delante el mismo ayuda de la furriera
sitial de terciopelo carmesí con la franja de oro, y don Frutos de Olalla,
maestro de ceremonias, en él un misal abierto por el solio del canon, y
encima una cruz.
Inmediatamente subió el mismo rey de armas a la tarima y poniéndose a
la parte del Evangelio, dijo [119] en alta voz: «Oíd, oíd, oíd la escritura de
juramento que hace nuestro rey y señor don Felipe V, que Dios guarde».
Y después salió de su lugar don Juan de Laiseca, como consejero más
antiguo de la Cámara, y haciendo genuflexión al altar y reverencia al rey, y
cortesía a los circunstantes, poniéndose a la parte del Evangelio al principio
de la grada que bajaba al cuerpo de la iglesia, junto a la barandilla; y a su
lado, hacia el altar, el secretario de la Cámara, leyó don Juan de Laiseca en
alta voz el juramento siguiente.
Escritura de juramento que hace el rey nuestro señor
Que vuestra Majestad, como rey que es de estos reinos de Castilla, de León,
de Granda y de los demás reinos y señoríos de la Corona de Castilla, jura a
Dios y a los Santos Evangelios que con su mano derecha corporalmente toca
y promete por su fe y palabra real a las ciudades y villa cuyos comisarios
aquí están presentes y a las otras ciudades, villas y lugres de estos reinos que
representan, y a cada una de ellas como si aquí fuesen en particular
nombradas que tendrá y guardará el patrimonio y señoríos de la Corona real
de estos reinos y como por las leyes de las Partidas, y las otras de estos
reinos (especialmente la ley del señor rey don Juan hecha en Valladolid) está
proveído y mandado y que contra el tenor y forma y lo dispuesto en las
dichas leyes no enajenar a las ciudades, villas y lugares, términos ni
jurisdicciones, rentas, pechos ni derechos de los que pertenecen a la dicha
Corona, y patrimonio real, y que hoy día tiene y posee y le pertenece y
pertenecer puede; y que si lo enajenare que la tal enajenación que así [120]
563
hiciere sea en sí ninguna y de ningún valor ni efecto y que no se adquiera
derecho ni posesión por la persona a quien se hiciere la enajenación y
merced; así Dios ayude a Vuestra Majestad y los Santos Evangelios, amén. Y
otrosí, Vuestra Majestad confirma a las dicha ciudades, villas y lugares, y a
cada una de ellas sus libertades, y franquezas, exenciones y privilegios, así
sobre su conservación en el patrimonio de la Corona real, como en lo demás
de los dichos sus privilegios contenido; y les confirma los buenos usos,
costumbres y ordenanzas confirmadas; y así mismo les confirma los propios
y rentas, términos y jurisdicciones que tienen y les pertenecen así y según
que por las leyes d estos reinos está prevenido y que contra lo en ellas
dispuesto no les será quitado ni disminuido ahora ni en tiempo alguno por sí
ni por su real mandado, no por otra alguna forma, causa ni razón; y que
mandará que así les sea guardado y cumplido y que persona alguna no les
vaya ni pase contra lo susodicho ni contra cosa alguna ni parte de ella ahora
ni en ningún tiempo ni por ninguna manera so pena de la su merced, y de
las penas en los privilegios contenidas. Todo lo cual Vuestra Majestad como
rey y señor de estos reinos, a suplicación de sus comisarios de las ciudades
que están presentes, jura y promete y otrosí confirma y dice.
Luego que se leyó este juramento pasó el cardenal arzobispo de Toledo a
la cortina y poniéndose Su Majestad en pie se quitó el sombreo y puso la
mano derecha en la cruz que estaba sobre el misal que tenía en las suyas el
cardenal y dijo Su Majestad en voz un poco alta: «Así lo digo, prometo,
confirmo y juro»; y volvió a sentarse y el cardenal tomó su lugar.
Subió el rey de armas y dijo: «Oíd, oíd, oíd la escritura de juramento,
pleito homenaje y fidelidad que los prelados, Grandes, Títulos, caballeros y
comisarios de las ciudades y villa que por mandado de Su Majestad están
aquí prestan [121] y hacen al Católico Monarca don Felipe V, como a
heredero y sucesor legítimo de estos reinos y señoríos, y como a rey y señor
natural de ellos».
Habiendo vuelto a su lugar el rey de armas, salió otra vez don Juan de
Layseca con los propios ministros y poniéndose en el mismo lugar donde
estuvo antes, leyó el juramento siguiente.
564
Juramento de los prelados, Grandes, Títulos, caballeros y comisarios de las
ciudades y villa
Los que aquí estáis presente y seréis testigos como los prelados, Grandes,
Títulos y comisarios de las ciudades y villa de voto en Cortes que aquí por
mandado de Su Majestad están presente en voz y nombre de estos reinos,
todos juntamente de una concordia libre y espontánea y agradable voluntad
y cada uno por sí y sus sucesores, y los dichos comisarios por sí y en nombre
de sus constituyentes, y por virtud de los poderes que tienen presentado
(que se han dado por bastantes) de las ciudades y villa que representan estos
reinos y en nombre de ellos, guardando y cumpliendo lo que de derecho y
leyes de estos reinos deben y son obligados y su lealtad y fidelidad les obliga
y siguiendo lo que antiguamente los infante, prelados, grandes, caballeros y
procuradores de Cortes de las ciudades y villa de estos reinos en semejante
caso hicieron y acostumbraron hacer, y queriendo tener, guardar y cumplir
aquello dicen que reconocen y han y tienen y reciben al católico monarca
don Felipe V (que presente está) por rey y señor natural de estos reinos de
Castilla y de León, y de Granada y de todos los demás reinos y señoríos a él
sujetos, dados, unidos e incorporados, y pertenecientes; y que así como a
heredero y propietario [122] de ellos le tienen y tendrán por su rey y señor
natural; y prestan obediencia, reverencia y fidelidad que por leyes y fueros
de estos reinos son obligados a Su Majestad como buenos súbditos y
naturales vasallos y prometen que bien y verdaderamente tendrán y
guardarán su servicio y cumplirán lo que deben y son obligados a hacer y en
cumplimiento de ello y a mayor abundamiento; y para mayor fuerza y
seguridad de todo lo sobredicho, vos los prelados, Grandes, Títulos y
caballeros por vosotros y los que después de vos fueren y os sucedieren; y
vos los dichos comisarios de las ciudades y villa que representáis al reino en
nombre y ánima de vuestros constituyentes, y de los que después fueren en
virtud de los poderes que de ellos tenéis, y por vos mismos todos unánimes y
conformes decís que juráis a Dios nuestro Señor, y a Santa María su Madre,
y a la señal de la cruz, y a las palabra de los Santos Evangelios, que están
escritas en este libro misal que ante vosotros tenéis abiertos, la cual cruz y
Santos Evangelios corporalmente con vuestras manos derechas tocaréis, que
565
por vosotros y en nombre de vuestros constituyentes y de los que después de
vosotros y de ellos fueren, tendréis realmente y con efecto a todo vuestro leal
poder al dicho católico monarca don Felipe V, por vuestro rey y señor
natural, y como a tal le prestaréis la obediencia, reverencia, sujeción y
vasallaje que le debéis y haréis, y cumpliréis todo lo que de derecho debéis y
sois obligados de hacer y cumplir y cada cosa parte de ello; y que contra ello
no iréis ni vendréis, ni pasaréis directa ni indirecta en tiempo alguno ni por
alguna manera, causa ni razón que sea así dios os ayude en este mundo a los
cuerpos, y en el otro a las ánimas donde más habéis de durar; el cual, lo
contrario haciendo decís que os lo demande mal y caramente, como aquellos
que juran su Santo Nombre en vano; y demás allende de esto, decir que
queréis ser habidos por infames, perjuros y fementidos, y tenidos [123] por
hombres de menos valer, y que por ello caigáis e incurráis en caso de aleve y
traición, y en las otras penas por leyes y fueros de estos reinos establecidas y
determinadas. Todo lo cual vos, los dichos prelados, grandes, títulos y
caballeros, por vosotros y los que después de vosotros fueren y os
sucedieren. Y vos los dichos comisarios que estáis en nombre del reino por
vos y en nombre de vuestros constituyentes y de los que después de ellos
fueren decís que así lo juráis, y a la confesión que se os hará del dicho
juramento respondéis todos clara y abiertamente diciendo así lo juramos,
amén. Y otrosí, vos los prelados, grandes, Títulos y caballeros, pro vosotros
mismos y por los que después fueren y os sucedieren. Y vos los dichos
comisarios, por vos mismos y en nombre de vuestros constituyentes y los
que después de ellos fueren, decís que hacéis fe y pleito homenaje una, dos y
tres veces, según fuero y costumbre de España en manos de don Francisco
Casimiro Pimentel, conde de Benavente, que de vos y de cada uno de vos le
toma y recibe en nombre y favor del dicho señor católico monarca don
Felipe V, que tendréis y guardareis como lo que dicho es y cada cosa y parte
de ello; y que no iréis ni vendréis ni pasaréis contra ello, ni contra cos ni
parte de ello ahora ni en tiempo alguno por ninguna causa ni razón so pena
de caer e incurrir lo contrario haciendo en las penas susodichas y en las
otras en que caen e incurren los que contravienen y quebrantan el pleito
homenaje hecho, y protestado a su rey y señor natural; en señal de lo cual
566
decís que como a tal rey y señor natural con el acatamiento y reverencia
debida le besáis la mano.
Acabado de leer este juramento, volvieron a sus lugares don Juan de
Layseca y demás ministros que estuvieron con él subió el rey de armas y
hechas las precisas reverencias volvió la cara al lugar donde [124] estaban
los Grandes y en voz alta dijo: «Subid conde de Benavente a recibir el pleito
homenaje», par que le había elegido el rey el día antecedente, mandando al
secretario del Despacho le diese aviso de ello como lo ejecutó por papel suyo.
Habiendo subido el conde de Benavente y echo las reverencias tomó el
lugar junto al altar al lado de la Epístola contiguo a la silla del cardenal, y el
conde estuvo en pie y descubierto.
En esta ocasión el patriarca y los demás prelados bajaron al cuerpo de la
iglesia y se sentaron en el banco que se les previno.
Volvió a subir el mismo rey de armas y dijo: «Llegad cardenal Borja a
hacer el juramento y pleito homenaje».
Y pasando el maestro de ceremonias donde estaba el cardenal le fue
acompañando hasta el altar y puesto de rodillas y las manos en la cruz y
misal le recibió el juramento el cardenal arzobispo de Toledo en la forma
siguiente, en la cual le continuaron todos los demás.
JURAMENTO
«Que juráis de guardar y cumplir lo contenido en la escritura de
juramento que aquí se os ha leído así Dios os ayude y estos Santos
Evangelios; a que respondió: sí juro, y amén».
Acabado el juramento que hizo el cardenal Borja pasó a donde estaba el
conde de Benavente y en pie puestas las manos en las del conde hizo el
pleito homenaje con las palabras que se siguen cuya forma observaron todos
los demás [125].
567
PLEITO HOMENAJE
«Que hacéis pleito homenaje una, dos y tres veces; una, dos y tres veces; una
dos y tres veces, y prometéis y dais vuestra fe, y palabra de cumplir y
guardar lo contenido en la escritura, que aquí se os ha leído; a que
respondió: así lo prometo».
Después de haber hecho el cardenal Borja el pleito homenaje pasó a besar
la mano al rey y Su majestad le quitó el sombrero, habiendo vuelto al
cardenal Borja a su lugar subió el rey de armas y dijo: «Subid prelados a
hacer juramento y pleito homenaje»; y dando principio a ello el patriarca y
prosiguiendo los demás prelados hicieron el juramento y pleito homenaje y
besaron la mano.
Volvió el rey de armas y llamó a los grandes diciendo: «Subid Grandes a
hacer el juramento y pleito homenaje»; e inmediatamente fueron subiendo
como se habían sentado observando las propias ceremonias antecedentes y
después de haber ejecutado el juramento pasaron a hacer el pleito homenaje
en manos del conde de Benavente y besando la de Su majestad volvieron a
sus lugares y los que concurrieron en el banco de Grandes en el cuerpo de la
iglesia, fueron según estaban sentados los siguientes.
Grandes que estaban sentados en el cuerpo de la iglesia por el orden
siguiente
Don Joaquín Ponce de León, duque de Arcos, gentilhombre de la cámara
[126].
Don Francisco de Benavides Ávila y Corella, conde de Santisteban, del
Consejo de Estado.
Don Juan Domingo de Haro y Guzmán, conde de Monterrey, gentilhombre
de la cámara, del Consejo de Estado y presidente del de Flandes.
Don Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, del Consejo de
Estado, y presidente del de Italia.
Don Pascual Francisco de Borja, duque de Gandía.
568
Don Juan Manuel Fernández Pacheco Girón y Portocarrero, duque de
Escalona.
Don Melchor de Guzmán, Dávila y Osorio, marqués de Astorga y Velada.
Don Juan de Silva Mendoza Luna y Sandoval, duque del Infantado y de
Pastrana, gentilhombre de la cámara.
Don Juan Tomás Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla, gentilhombre
de la cámara, del consejo de Estado.
Don Francisco Téllez Girón, duque de Osuna, gentilhombre de la cámara.
Don Francisco Álvarez de Toledo, duque de Montoro, marqués del Carpio,
gentilhombre de la cámara, chanciller mayor de Indias.
Don Pedro Damián de Meneses Noroña y Portocarrero, duque de Camiña,
gentilhombre de la cámara.
Don Juan Manuel de Zúñiga, duque de Béjar.
Don Antonio Martín Álvarez de Toledo, condestable de Navarra,
gentilhombre de la Cámara.
Don Cristóbal Portocarrero y Luna, conde de Montijo, gentilhombre de la
cámara, del Consejo de Estado [127].
Don Rodrigo Manuel Manrique de Lara, gentilhombre de la cámara, del
Consejo de Estado.
Don Agustín de Alencastre Sande y Padilla, Duque de Abrantes.
Don Pedro de Leyva y la Cerda, conde de Baños, gentilhombre de la cámara.
Don Félix Fernández de Córdoba, duque de Sessa y Baena, gentilhombre de
la cámara.
Don Fernando de Aragón, duque de Montalto, marqués de los Vélez,
gentilhombre de la cámara, del Consejo de Estado y presidente del de
Aragón.
Don Francisco Casimiro Alfonso Pimentel, conde de Benavente, sumiller de
corps de Su majestad, que aunque se le da el lugar en la tarima para recibir
el pleito homenaje, estuvo primero con los demás Grandes, hasta que
llamado del rey de armas subió ala función.
Don Gabriel Ponce de León, duque de Baños.
Don Diego Gaspar Vélez Ladrón de Guevara, conde de Oñate, gentilhombre
de la cámara.
Don Miguel de Noroña, duque de lInares, gentilhombre de la cámara.
569
Don Antonio de Zúñiga, marqués de Aguilar.
Don Juan de Mendoza Manrique de Lara, marqués de Castromonte,
gentilhombre de la cámara y gran chanciller del Consejo de Hacienda.
Don Álvaro Bazán, marqués de Santa Cruz.
Don Tereso Spineli Sabeli, príncpe de Cariati.
Don Joaquín López de Zúñiga Chaves y Chacón, conde de Miranda, duque
de Peñaranda.
Don Martín de Guzmán Enríquez Niño y Moxica, marqués de Montealegre y
de Quintana, gentilhombre de la cámara [128].
Don Juan Enríquez de Cabrera, conde de Alva de Liste.
Don Gaspar de Mendoza Ibáñez de Segovia y Peralta, marqués de Mondéjar.
Don Fernando Piñateli, duque de Híjar.
Don Alonso de Guzmán el Bueno.
Don Carlos HOmodey y Pacheco,marqués de Castelrodrigo, gentilhombre de
la cámara.
Don Carlos Luis de Croy, duque de Abre.
Don Nicolás Fernández de Córdoba y Figueroa, marqués de Priego, duque
de Feria, gentilhombre de la cámara.
Don Nicolás Piñateli y Aragón, duque de Monteleón, gentilhombre de la
cámara, y caballerizo mayor de la reina nuestra señora.
Y los que estaban por sus empleos en la tarima inmediatos a Su Majestad y
en los lugares que se han referido fueron don Fadrique de Toledo Osorio,
marqués de Villafranca, gentilhombre de la cámara, del Consejo de Estado y
mayordomo mayor.
Don Juan Claros Alonso de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia,
gentilhombre de la cámara, del Consejo de Estado y caballerizo mayor.
Don Francisco Casimiro Alfonso Pimentel, conde de Benavente, sumiller de
corps.
Después de haber ejecutado los Grandes el juramento y pleito homenaje y
vuelto a su lugar, subió el rey de armas y llamó a los títulos de Castilla,
diciendo: «Subid Títulos a hacer el juramento y pleito homenaje»; y
subiendo, como estaban sentados, y observando las propias formalidades,
hicieron el juramento y pleito homenaje, besaron la mano y volvieron a su
asiento y fueron los siguientes [129].
570
Relación de títulos
Don Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero, gentilhombre de la cámara de
Su Majestad y de su Consejo y Cámara de Indias.
Don José Franco Fernández de Córdoba y Mendoza, conde de Talara y
gentilhombre de la cámara.
Don Fernando de Silva, conde de Cifuentes.
Don José Lasso de Castilla, conde de Villamanrique.
Don José Manrique de Lara, conde de las Arnayuelas, gentilhombre de la
cámara.
Don José Solís, conde de Montellano.
Don Pedro Alarcón, marqués de palacios, gentilhombre de la cámara.
Don Diego Fernández de Acuña, conde de Requena, gentilhombre de la
cámara y mayordomo.
Don Mateo Garnica, marqués de Valdetorres.
Don Gregorio de Rojas, conde de Mora.
Don Francisco Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, conde de Fernán Núñez, del
Consejo de Guerra, gentilhombre de la cámara.
Don Diego Hurtado de Mendoza, conde de la Corzana, del Consejo de
Guerra.
Don Francisco Antonio de Agurto, marqués de Gaztañaga, del Consejo de
Guerra y comisario general de la infantería y caballería de España.
Don Manuel de Saavedra, conde de Escalante.
Don Álvaro Sarmiento, conde de Rivadavia, gentilhombre de cámara [130].
Don Baltasar de Rivadeneira y Zúñiga, marqués de la Vega de Buycillo, del
Consejo de Hacienda.
Don Fracisco Manuel, conde de Santa Cruz de los Manueles.
Subió el rey de armas y llamó a los regidores de las ciudades diciendo:
«Subid diputados de las ciudades y villa de voto en Cortes a hacer el
juramento y pleito homenaje».
Los diputados de Burgos y Toledo subieron juntos, los de Toledo a la
mano derecha de los de Burgos, y después de haber hecho las reverencias al
571
Altar, a Su Majestad y la cortesía a los demás concurrentes, pretendieron los
unos y los otros preferirse en hacer el juramento y pleito homenaje,
refiriéndolos de Toledo tocar a aquella ciudad esta prerrogativa por la
antigüedad y notorias preeminencias que la competen, juzgándola cabeza
del reino. Los de Burgos pretendieron ser aquella ciudad a quien
únicamente pertenecía este privilegio; y unos y otros diputados hicieron esta
instancia en breves templadas y reverentes voces, y el rey nuestro señor
atajó esta pretensión, diciendo: «Toledo jurará cuando yo lo mandare; jure
Burgos»; y haciendo unos y otros reverencia a Su majestad, le suplicaron
mandase darles testimonio de ello; y Su Majestad respondió: «Así lo
mando»; y los de Toledo volvieron a su banco, y los de Burgos hicieron el
juramento y pleito homenaje, y besaron la mano y volvieron a sus asientos.
Las demás ciudades y villa subieron a hacer el juramento y pleito
homenaje, y el rey de armas publicaba el nombre de la ciudad y villa con la
precedencia que entre sí han obtenido, y la que por sorteo, [131] les había
tocado a las que no la tienen decidida, que unos y otros fueron los
siguientes, y por ellas los diputados que se expresan.
Comisarios de las ciudades de preferencia señalada
Por la ciudad de Burgos asistieron como comisarios don José Antonio
Benito de Riaño y Meneses, conde de Villariezo, y don Benito Rodríguez de
Salamanca.
Por la ciudad de León, don Manuel de Quirós Bravo y Acuña, señor de
Villanuelas, y don Gerónimo Fernández Cabeza de Vaca y Mogrobejo,
marqués de Fuenteoyuelo.
Por Granada, don José Montalvo, y don Juan Gallardo Muñoz.
Por Sevilla, don Miguel de Jaurigui y Guzmán, marqués de Villagandul, y
don Juan Alonso de Cárcamo y Urdiales.
Por Córdoba, don Luis Rodrigo Mesía de la Cerda, marqués de Armijo, y don
Martín Fernández de Cárcamo y Figueroa.
Por Murcia, don Luis Salad y Sandoval, y don Francisco González de
Avellaneda.
572
Por Jaén, don Francisco Ignacio de Quesada y Vera, y don Francisco de
Ceballos y Villegas [132].
Por las ciudades que el día antecedente habían sorteado entre sí los lugares
y el que a cada uno tocó, son los que se siguen
Por Guadalajara, don Diego del Hierro, vizconde de Palazuelos, y don
Domingo de Zúñiga Tobar y Guzmán, sustituidos del duque del Infantado y
conde de Galve, a quienes se dio el poder.
La ciudad de Plasencia y villa de Alcántara componen el voto por la
provincia de Extremadura; y por Plasencia asistió don José Sanz de Vitoria,
sustituto del marqués de Malpica, a quien venía el poder; y por Alcántara,
don Pedro de Oviedo Villamartín.
Por Zamora, el marqués de Fuente el Sol, alférez mayor, que por estar malo
no asistió, y lo ejecutó sólo su compañero don Alonso Ordóñez.
Por Cuenca, don Felipe Suárez de Figueroa y Montoya, y don Francisco
Nicolás Crema, marqués de Ciadoncha.
Por Ávila, don Diego Dávila y Guzmán, marqués de Alvacerrada, y don
Miguel Cayetano de Contreras Carvajal y Ribera.
Por Toro, don Juan de Tordesillas Cuevas y Rascón, y don Diego Vázquez de
Aldana.
Por Madrid, don Manuel de Alcedo y don Félix Delgado y Escobar.
Por Segovia, don Antonio de Porres Tapia y Monroy, y don Francisco Suárez
de la Concha.
Por Valladolid, don Antonio Rodríguez de Vera, capitular, y Francisco
Herrero, diputado mayor de sus gremios [133].
Por Palencia, don García Giraldo Bigil y Argujo, y don Andrés Sánchez.
Por Soria, don Lorenzo de Morales y don Lucas Gerónimo Yánez de
Barnuevo.
Por Salamanca, don Francisco Maldonado Rodríguez
Por Toledo, don Juan Alfonso Guerra y Sandoval y don Juan Sánchez de la
Fuente.
573
Galicia la tocó el segundo lugar en el sorteo, después de Guadalajara y por
no haber llegado los poderes de aquel reino no concurrió con las demás
ciudades.
Luego que los comisarios de las ciudades hicieron el juramento y pleito
homenaje salió de su lugar el mayordomo mayor y poniéndose enfrene del
Altar hizo la reverencia y también a Su Majestad y la cortesía a los
circunstantes y poniéndose de rodillas inmediato al cardenal arzobispo le
recibió el juramento y pasó después a hacer el pleito homenaje en manos del
conde de Benavente, y besando la del rey volvió a tomar su lugar, y salieron
del suyo los mayordomos de Su Majestad, que fueron por sus antigüedades
en esta forma.
Mayordomos de Su Majestad
Don Alonso de Revadeneyra, marqués de la Alameda, gentilhombre de la
cámara.
Don José Fernández de Córdoba Garcés Cantillo de Mendoza, conde de
Priego.
Don Alejo de Guzmán, gentilhombre de la cámara [134].
Don Francisco Grillo, marqués de Francavila, del Consejo de Guerra.
Y hecho el juramento y pleito homenaje, y besado la mano, volvieron a
sus lugares.
Después el rey de armas dijo: «Subid comisarios de la ciudad de Toledo,
de voto en Cortes, a jurar y prestar el pleito homenaje a Su Majestad»; y
habiéndolo ejecutado, uno y otro llegaron ala cortina, y don Juan Alfonso
Guerra, regidor de la dicha ciudad, hizo a Su majestad una breve oración,
suplicando la favoreciese y honrase, manteniéndolos sus privilegios,
confirmándoselos y aumentándoselos; a que Su Majestad respondió: «Yo lo
haré»; y entonces este comisario entregó a Su majestad la carta de ciencia
que tenía de su ciudad y dio las gracias a Su Majestad, y él y su compañero
besaron su real mano y pidieron se les diese testimonio de todo y Su
Majestad lo mandó así.
574
Habiéndose apartado los comisarios de Toledo, salió don García de
Guzmán, primer caballerizo de Su Majestad del lugar donde estaba, que era
detrás de la cortina, y haciendo las reverencias que habían ejecutado todos,
pasó a donde estaba el caballerizo mayor y después de haber hecho el
juramento y pleito homenaje y besado la mano, volvió a tomar el estoque y
don García de Guzmán a su lugar.
Después que el caballerizo mayor hizo el juramento y pleito homenaje
pasó el mayordomo mayor al lugar a donde estaba el conde de Benavente y
poniéndose este enfrente del altar, y haciendo las reverencias, llegó a
ejecutar el juramento, y después [135] hizo el pleito homenaje en manos del
mayordomo mayor, y éste volvió a su lugar, y quedando allí el conde, se
levantó el cardenal arzobispo, y pasando a la silla que tenía al lado de la
Epístola, le desnudaron del pontifical y después haciendo genuflexión al
Altar, la reverencia al rey, y cortesía a los circunstantes, pasó al lado del
Evangelio, donde estaba el cardenal Borja, que con las mismas ceremonias
que al Cardenal Arzobispo había pasado a la silla que éste tenía al lado de la
Epístola, donde se vistió el pontifical, y después pasó a sentarse en la silla
que estaba delante del altar.
Y el cardenal arzobispo salió inmediatamente acompañado del maestro
de ceremonias, e hizo el juramento hincado de rodillas recibiéndosele el
cardenal Borja, y pasó después a ejecutar el pleito homenaje en manos del
conde de Benavente, y llegó después a besar la mano al rey, y Su Majestad le
quitó el sombreo y volvió a sentarse en la silla del lado del Evangelio; y el
conde de Benavente haciendo la reverencia al altar, al rey y la cortesía a los
demás, bajó de la tarima y tomó su asiento en el banco de grandes.
El marqués de Campollano, secretario de la Cámara, haciendo las
reverencias, asistiéndole el escribano mayor del reino, dijo en alta voz:
«Vuestra Majestad, como rey y señor natural de estos reinos y legítimo
sucesor en ellos, acepta el juramento de fidelidad y pleito homenaje y todo lo
demás en este acto ejecutado en favor de Vuestra Majestad, y pide que
Rafael Sanz Maza, nombrado por Vuestra Majestad por escribano de los
reinos lo dé por testimonio y manda que a todos los prelados, [136] Grandes,
Títulos, caballeros y demás personas que en semejantes ocasiones
575
acostumbran jurar, se vaya a recibirles el mismo juramento de fidelidad y
homenaje?». A que Su Majestad se sirvió responder: «Así lo acepto, pido y
mando».
Después salió de su lugar el comisario más antiguo de Burgos haciendo
las reverencias acostumbradas y dijo a Su Majestad en nombre del reino.
«Señor. El reino besa los reales pies de Vuestra Majestad por tan gran
merced, como ha sido servido hacerle en la concesión y otorgamiento de la
escritura de su real juramento; y suplica a Vuestra Majestad mande dar a
toda ciudad un tanto autorizado y signado de la dicha escritura, que Vuestra
Majestad ha otorgado, en que recibiremos todos muy grande merced». A
que Su Majestad se sirvió responder: «Yo os agradezco mucho lo que me
habéis dicho, y mando se os dé el testimonio que pedís».
Y porque algunos Grandes y Títulos que se hallaron en la corte no
pudieron concurrir este día a hacer el juramento y pleito homenaje, y
también le deben ejecutar y asimismo los prelados, grandes y títulos que
están ausente y los que se hallan fuera del reino y tienen territorios en las
Castillas, nombró Su Majestad por resolución a consulta de la Cámara al
cardenal arzobispo de Toledo, para recibir el juramento y al conde de
Benavente el pleito homenaje a los que se hallaban en la corte; y para loa
ausentes se dieron por el gobernador del Consejo y la Cámara las
providencias que se practicaron el año de mil seiscientos treinta y dos en la
ocasión del juramento del señor príncipe don Baltasar Carlos; y por lo que
toca a los prelados, Grandes y Títulos de [137] los demás dominios de Su
majestad se remitió a que ejecutasen este acto según y como se estila en cada
reino.
Concluido ya este acto empezó el cardenal Borja en Te Deum Laudamus
(que después prosiguió la música) y acabado y dicho el cardenal la oración,
volvió a su silla, donde le desnudaron del pontifical.
Salió luego Su Majestad de la cortina, y haciendo reverencia al altar,
volvió a su cuarto por la misma parte, por donde bajó a la iglesia y con todo
el acompañamiento el cual se fue quedando en las piezas destinadas a cada
576
clase; y el estoque le entregó el caballerizo mayor en la galería de los
Grandes, donde le había recibido; y acompañaron a Su Majestad hasta su
cámara el mayordomo mayor, el caballerizo mayor y los gentiles hombres de
la cámara.
La tarde de este día pasó Su Majestad por dentro del sitio del Buen Retiro
a visitar la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Atocha, patrona de esta
villa, protectora y amparo de estos reinos, y la especial devoción de sus
catolicísimos reyes, a que con grande ejemplo ha dado principio Su
Majestad.
Por la noche, continuándose cuarta vez las luminarias públicas por el
tratado casamiento de Su Majestad con la serenísima señora doña María
Luisa, princesa de Saboya, fueron duplicadamente celebradas esta felicidad
y la del juramento y homenaje de estos reinos al rey nuestro señor, dios le
guarde, y el amor y benignidad con que Su Majestad los había aceptado.
577
II
Real ordenanza de 29 de septiembre de 1704 para el servicio,
disciplina y mando de los dos regimientos de guardias de
infantería españolas y valonas1017.
Don Felipe, etc. En consecuencia de haber resuelto formar dos regimientos
para que sirvan de guardia a mi persona en las cortes y en las campañas, y
que también puedan servir en los ejércitos y demás partes adonde las
enviare en el todo u en parte, y que sean compuestos de vasallos míos, el uno
de la nación española y el otro de valones; y estando ya ambos formados con
sus coroneles, oficiales y soldados, y ejerciendo actualmente su empleo,
conviene declarar las ordenanzas que han de observar, así cuando yo esté en
campaña como no hallándome en ella para que se omitan todas las dudas
que pudieran ofrecerse en la forma del servicio, que estos regimientos o la
parte de ellos que pasare a los ejércitos o plazas han de hacer; he resuelto
establecer y formar las ordenanzas que en adelante se expresan, las cuales
quiero se observen, cumplan y ejecuten sin faltar a ellas en cosa alguna.
SERVICIO QUE HAN DE HACER CUANDO EL REY ESTUVIERE EN EL
EJÉRCITO
1. Cuando yo llegue al ejército, los coroneles de mis guaridas me
preguntarán el número de compañías que quiero para mi guardia.
2. Por ahora he mandado entren dos de guardias españolas y dos de
guardias valonas; y se continuará así hasta que yo mande otra cosa.
3. Es mi voluntad que mis regimientos de guardias españolas y valonas
guarden por de fuera mis tiendas.
José Antonio PORTUGUÉS, Colección general de las ordenanzas militares…, V, 228-
1017
243. Estas ordenanzas serían derogadas por el artículo 1º de la Real Ordenanza Militar de 1
de marzo de 1750.
578
4. Las dos guardias formarán a dos de fondo cada una en la entrada
principal de mis tiendas: a saber, la guardia española a la derecha saliendo
de mis tiendas, y la valona a la izquierda, también saliendo de mis tiendas.
5. Los capitanes se pondrán delante de las guardias hacia el lado de mis
tiendas; los segundos tenientes y alféreces en el centro con las banderas; y
después los tenientes, observando no ponerse más de un paso de distancia
del frente cuando yo pase delante de la guardia.
6. Habrá dos alabardas de distancia de hilera a hilera, los tambores estarán
repartidos igualmente a la derecha y a la izquierda de la guardia, como
también los sargentos, que los pondrán entre ellos, y los soldados,
igualándose con la primera hilera.
7. A la entrada principal de mis tiendas se pondrán dos centinelas, una
española a la derecha y una valona a la izquierda, y que las demás centinelas
rodearán mis tiendas de forma que puedan impedir se arrime a ellas gente
no conocida, común, desaseada o de mala traza; y cuidarán también que
alrededor de ellas no se ejecute ninguna indecencia.
8. Siempre habrá un sargento y un cabo de escuadra, o segundo cabo de
escuadra, nombrados para mudar las centinelas, y se juntarán todas en el
cuerpo de guardia antes de pasar a mudarlas, lo que ejecutarán yendo
formados, y traerán consigo en la misma forma al cuerpo de guardia a los
que salieren de centinela.
9. Nunca se mudarán las centinelas sin que los sargentos o cabos de
escuadra nombrados para ello hayan reconocido antes si tienen las armas
cargadas, cebadas y en buena forma, y ellos padecen algún accidente, que
pueda embarazar el que hagan centinelas, y si tienen vestido y armas
uniformes.
10. Los sargentos y cabos de escuadra de muda visitarán cada media hora y
en todos los tiempos las centinelas para ver si están con vigilancia y si
observan regular y exactamente las órdenes que se les han dado.
11. Si en la visita que se hiciere a las centinelas se hallare alguna en estado
que no convenga continúe en estar en la posta, el que rondare irá
prontamente al cuerpo de guardia para hacerla mudar.
579
12. Se tendrá el mayor cuidado de que nadie haga fuego alrededor de mis
tiendas.
13. También se observará que nadie se acampe a sesenta pasos de mis
tiendas, excepto los primeros oficiales de mi casa, los cuales se acamparán lo
más cerca que se pueda, pero dejando lugar suficiente para que mis guardias
de a pie y de a caballo se puedan poner en batalla y hacer sus funciones
alrededor de ellas sin embarazo.
14. No se permitirá que ninguna despensa, vivandero ni mercaderes armen
barracas ni vendan en los contornos de mis tiendas.
15. Las centinelas atenderán de noche a que no se haga ruido junto a ellas; y
si vieren andar con cuidado alguna persona desconocida cerca de mis
tiendas, la detendrán y llevarán al cuerpo de guardia para saber quién es.
16. Cuando oyere misa, las centinelas que estuvieren en paraje de ver el
sacerdote que la celebra se quitarán el sombreo y se pondrán de rodillas
desde que consagra hasta la comunión.
17. Mi guardia no saldrá nunca del cuerpo de guardia para tomar las armas
si no para mi persona; pero cuando la guardia estuviere sobre las armas, las
tomará y tocará la llamara para los coroneles de mis guardias: a saber, la
guardia española para el coronel de mi regimiento de españoles y la guardia
valona para el coronel de mi regimiento de guardias valonas; y se supone
está sobre las armas siempre que éstas no estuvieren puestas en manojos o
en el cuerpo de guardia.
18. Permito a los coroneles de mis regimientos de guardias, que puedan
tomar cada uno una centinela de mi guardia, habiendo pretendido más este
honor que el tomar guardia de estos cuerpos.
19. Las compañías de granaderos no entrarán de guardia en el ejército.
20. Si por accidente tocase salida a uno de los capitanes que estuviesen de
guardia a mi persona, o pronto a entrarla, antepondrá mi guarda a la salida,
y lo mismo harán los oficiales subalternos; pero a la salida de la guarda
volverán a tomar su turno de destacamento.
580
21. Haráse todas las noches la visita exactamente después de estar yo
recogido, y se pondrá particular cuidado en que los soldados estén toda la
noche en el cuerpo de guardia; si alguno faltare a la visita, o a la noche del
cuerpo de guardia, se le castigará rigurosamente y por la mañana se le dará
al sargento mayor la lista de la visita.
22. Los coroneles de mis guardias tomarán de mí todas las noches el Santo
al acostarme, y me darán la relación de la guarda.
23. No pudiendo los coroneles venir a tomar el Santo, los comandantes de
cada guardia y los sargentos mayores de cada regimiento le tomarán y se le
llevarán a su cuartel.
24. Cuando el teniente coronel esté de guardia y yo le dé el Santo, estará
obligado a llevársele al coronel, en cuyo caso no le tomará ni le llevará el
sargento mayor, tomándole sólo el teniente coronel para la guardia y para el
regimiento.
25. La relación de la guardia, en ausencia del coronel, me la deberá dar el
sargento mayor; y a falta de éste, el ayudante mayor o segundo ayudante de
semana.
26. Aunque las compañías que entren de guardia no estén completas de
oficiales, no se tomarán de otras compañías para cumplir el número de los
que falten porque mi guardia se ha de entrar por compañías, y cada oficial
debe seguir la bandera.
27. Los días de marcha, la guardia que hubiere de entrar en la parte en que
yo hiciere tránsito o acampare marchará con las tropas del campamento.
28. A la general se tomarán de las guardias que salieren la tercera parte de
soldados y oficiales subalternos para escoltar toda la marcha mis bagajes
gruesos y menudos.
29. Haráse un destacamento semejante para escoltar el tesoro.
30. Lo demás de la guardia se volverá al campo, con los capitanes y
banderas, a incorporarse con sus regimientos.
Brigadieres
581
31. Cuando un brigadier de día fuere visitando los puestos, si pasare por el
de un sargento tomará el sargento su alabarda, hará poner los soldados en
ala, descansando sobre las armas; y si hubiere un oficial de más puesto, se
pondrá delante de la guardia, su espontón junto a sí, sin tomarle, y el
sargento en la forma que va dicho.
Mariscales de campo
32. Cuando visiten los puestos y las guardias los mariscales de campo del
ejército, los oficiales, que se hallaren mandando, harán tomar las armas a
los soldados y ellos se pondrán delante de la gente con el espontón en la
mano y los tambores no tocarán.
33. Si el mariscal de campo en el ejército pasare delante de los regimientos
de mis guardias, estando en batalla mis soldados, estarán armas al hombro,
los sargentos en sus puestos, con alabardas, y los oficiales en sus puestos, sin
espontón; los tambores no llamarán.
34. El mariscal de campo que se hallare mandando en jefe tendrá para su
guardia quince hombres y un sargento, el tambor no tocará y no servirá más
que a acompañar la guardia a la ida y a la vuelta; pero cuando hiciere la
visita de los puestos, o viere los regimientos en batalla, en este caso los
oficiales subalternos tomarán sus espontones y los tambores no tocarán.
Tenientes generales
35. El teniente general que mandare en jefe tendrá de guardia treinta
hombres con un alférez, el tambor no llamará; y si no hay alférez, entrará de
guardia un segundo teniente.
36. El teniente general que mandare en jefe, viendo el regimiento en línea o
en los puestos, los oficiales subalternos tomarán los espontones y los
tambores no tocarán.
582
37. Aunque el general esté en el ejército, si el teniente general pasare delante
de mis regimientos de guardias estando en batalla, o en los puestos, los
oficiales subalternos tomarán el espontón, y los tambores no llamarán.
38. El teniente general de provincia, comandante en la dicha provincia,
adonde mis dos regimientos de guardias estuvieren de guarnición, no tendrá
más que treinta hombres de guardia con un alférez, o segundo teniente, los
tambores no llamarán.
39. Si dicho teniente general, comandante en la provincia, quisiere ver
desfilar mis regimientos de guardias, los capitanes se pondrán junto a él, los
oficiales subalternos tomarán los espontones, y marcharán delante de las
compañías, y los tambores tocarán la marcha.
Generales de ejército
40. Los generales de ejército tendrán de guardia treinta y cinco hombres,
con un alférez o segundo teniente, que alternarán, y los tambores tocarán
llamada.
41. Cuando el general viere mis dos regimientos de guardias en la línea, o en
otros puestos, los capitanes y demás oficiales tomarán el espontón y los
tambores tocarán llamada; pero los soldados no presentarán las armas ni se
le saludará.
42. En todas las partes adonde el general se hallare con mis regimientos de
guardias, no haciendo servicio de general por patentes, pero solamente de
teniente general y comandante en aquella provincia se le tratará como
teniente general.
Capitanes generales
43. Cuando los capitanes generales manden los ejércitos tendrán para su
guardia cuarenta hombres y un teniente que alternará con los segundos
tenientes y los tambores llamarán.
583
44. Al tiempo que los capitanes generales visiten los puestos o vieren el
regimiento sobre la línea, los soldados estarán con las armas al hombro, los
capitanes y oficiales tomarán el espontón y los tambores tocarán.
45. A los capitanes generales que mandaren los ejércitos se les saludará con
el espontón dos veces durante la campaña: a saber, la primera y última vez
que los regimientos debieren parecer en su preferencia.
Coroneles
46. Cada coronel de mis guardias tendrá para su guardia cincuenta hombres
de su regimiento con un teniente o segundo teniente, que alternarán entre
sí; y esto será en todas partes donde no estuviere yo y la reina; y donde
encontraren los regimientos se saludará a cada uno.
47. Todo el cuerpo de guardia de los regimientos de guardia, excepto el de
mi casa o del de la reina, tomará las armas expresamente a los coroneles: a
saber, el del regimiento español al coronel español y el de los valones al
suyo; pero esto no se hará con los coroneles de mis guardias por otro
regimiento.
48. Cuando mis regimientos de guardias la hicieren por mi orden a alguna
persona, en esta ocasión no tomará las armas sino para persona a quien
guardare.
49. Al entrar en la campaña, los sargentos mayores de mis regimientos de
guardias tendrán cuidado de que cada furriel traiga cordón, y en él
señaladas las distancias ordinarias: a saber, de diez y ocho pies de distancia
desde la frente hasta las banderas, y otros tantos desde las banderas hasta
los manojos de las armas.
50. El sargento mayor de brigada no llevará consigo el campamento más que
tres sargentos de cada batallón, los cuales han de tener un cordón con la
medida de la frente de banderas de sus batallones.
51. El ayudante mayor nombrará un sargento de cada batallón para la
limpieza del batallón y del campo.
584
52. Cuando se estuviere de asiento en un campo, la asamblea y retirada se
tocará a un tiempo por todos los tambores de los regimientos, yendo y
viniendo por todo el frente de banderas de ambos batallones.
53. No siendo el campo más que de paso, los tambores de cada batallón
tocarán sólo delante del suyo.
54. Todas las guardias que se sacaren de los regimientos de guardias se
juntarán en el centro de la brigada, de donde marcharán a sus puestos.
55. Los ayudantes mayores, y los segundos, acamparán siempre lo más cerca
que pudieren de sus regimientos sin que se les permita el alejarse de ellos.
56. Los sargentos no podrán castigar a ningún cabo de escuadra, o segundo
cabo de escuadra, ni maltratarlos de palabras; pero los podrán poner presos
y dar parte al sargento mayor cuando hubieren cometido algún yerro que
merezca castigo.
57. Los capitanes de granaderos no podrán mandar nunca el batallón, y
cuando llegaren a ser comandantes por su antigüedad podrán elegir o
mandar el batallón o quedarse de capitanes de granaderos.
58. Todas las veces que mis regimientos de guardias tomaren las armas, los
capitanes y demás oficiales se hallarán precisamente delante de los
batallones y harán la visita de sus compañías.
59. Los comandantes de los cuerpos y de los batallones cuidarán de hacer
que los oficiales subalternos vayan en las marchas en sus divisiones, y los
capitanes marcharán también en sus puestos.
60. Un oficial de cada compañía hará todos los días la visita después de
tocada la retirad y, si faltare algún soldado, enviará a dar parte por escrito al
sargento mayor por un sargento de la compañía; y el sargento mayor
mandará castigar los soldados que no se hubieren hallado, de que dará
después parte al coronel o comandante del cuerpo.
61. Al entrar las guardias, un sargento de cada compañía dará parte al
sargento mayor del estado en que se halla su compañía.
62. Nunca saldrá ningún soldado del regimiento en destacamento sin que el
ayudante mayor, que junta los destacamentos, haya reconocido si lleva todo
585
lo necesario, así de munición como de piedras para las armas, y demás cosas
pertenecientes, y para que vaya uniforme el regimiento.
63. En cada batallón habrá siempre cincuenta hombres de piquete, los
cuales tendrán sus armas en manojos a la derecha del batallón.
64. El piquete no saldrá nunca a formarse si no es para el capitán general.
65. Cuando el capitán general pasare, se formará el piquete en el blanco que
está a la derecha del batallón, a cuatro de fondo, y la primera hilera a igual
de las primeras tiendas del frente del batallón.
66. Cuando yo esté en el ejército, y que pase por el frente de los batallones
de las guardias, el piquete no tomará las armas, y sólo se formará como para
otra general. Estos cincuenta hombres del piquete se sacarán de cada
batallón a la llegada al campo, a cien pasos del frente, y se tendrán allí con
sus armas dos horas, para que el campo no quede sin gente, mientras los
soldados vuelven de cortar yerba para sus barracas.
67. Cuidará el tambor mayor en cada regimiento de que los tambores estén
prontos a la derecha del regimiento media hora antes de que se haya de
tocar la retirada, con las cajas al hombro, para poderlas tocar todos juntos
así que el cañón avise.
68. Mis regimientos de guardias harán el servicio igualmente con la demás
infantería del ejército conforme a la ordenanza siguiente.
69. Queriendo prevenir las dificultades que pueden ofrecerse en la forma del
servicio de mis regimientos de guardias españolas y valonas que he creado
desde primero de enero de mil setecientos y tres, con todos los demás
regimientos de infantería de mis ejércitos; y queriendo también al mismo
tiempo distinguirlos por el honor que logran de guardar mi persona y
atendiendo a los buenos servicios que me han hecho: ordeno y mando que el
capitán que se hallare comandante de cada uno de los referidos
regimientos, o de algún destacamento de ellos, en cualquier de mis ejércitos,
aunque sea coronel, teniente coronel o capitán, y no tenga grado de oficial
general, goce del privilegio de coronel de guardias españolas y valonas, y que
en esta consecuencia tenga la primera salida y mande a todos los demás
maestres de campo o coroneles de infantería de mis ejércitos; y que los
586
demás capitanes, así los que tienen al presente las compañías como los
demás capitanes que lo fueren en adelante, y también los ayudantes
mayores que tienen al presente patentes de capitanes de guardias españolas
y valonas aunque en adelante no tendrán más grado que el de teniente según
la antigüedad de su patente, gocen del grado de coronel de infantería, y en
esta calidad marcharán según la antigüedad de sus patentes con los otros
coroneles de infantería, de forma que también en las promociones de
brigadieres en que se les elija por tales, tomen su día antes de los coroneles
de los regimientos en cuyas patentes fueren posteriores a las que tuvieren de
capitanes de guardias; y cuando los referidos regimientos de guardias fueren
a la trinchera, no haya brigadier que no sea de sus cuerpos; pero en
cualquiera otra ocasión, sea marchando los cuerpos enteros o en
destacamentos, obedecerán sin dificultad a todos los brigadieres del ejército,
haciendo los oficiales y soldados el servicio juntamente con las demás tropas
sin distinción, pero los destacamentos de los dichos regimientos tengan la
derecha; y que a la reserva de lo que va expresado en la presente ordenanza
concerniente al grado de los comandantes de los referidos regimientos o
destacamentos de ellos y el solo caso de la trinchera sirva igualmente con la
demás infantería del ejército procediendo siempre los oficiales de igual
grado del regimiento de mis guardias españolas a los de mi regimiento de
guardias valonas.
70. Ordeno y mando a los que sirvieren el empleo de sargentos mayores
generales de mis ejércitos tengan cuidado en hacer observar lo arriba
contenido prohibiéndoles so pena de mi desgracia permitan que se
contravenga a ello. Y también ordeno y mando a mis tenientes generales que
mandaren mis ejércitos atiendan mucho a la entera ejecución de la presente
ordenanza.
71. Deseando manifestar a los oficiales de mis regimientos de guardias
españolas y valonas la satisfacción con que me hallo de sus servicios y dar a
los tenientes, segundos tenientes y alféreces de los dichos regimientos un
grado proporcionado al que gozan los capitanes: ordeno y mando que en
todas ocasiones los tenientes de los referidos regimientos de mis guardias
españolas y valona, como también los segundos ayudantes mayores, que lo
587
son al presente; bien entendido que los que fueren en adelante segundos
ayudantes mayores, no tendrán más grado que el de segundo teniente, según
la antigüedad de su patente, marchen después de los tenientes coroneles y
manden a todos los capitanes de los otros regimientos de mi infantería; y los
segundos tenientes y alféreces de los referidos regimientos de mis guardias
tomarán turno después de los capitanes y antes de todos los tenientes de los
demás regimientos de infantería, sin que se pueda poner en ello dificultad
alguna. Y ordeno y mando a los capitanes generales y gobernadores y a mis
tenientes generales en mis provincias y ejércitos, a los mariscales de campo
de ellos y demás oficiales generales que tuvieren el mando en las tropas y a
los gobernadores de mis villas y plazas cuiden de la observancia de esta
orden.
72. Y es mi voluntad que todo lo que está expresado en el reglamento de
Flandes1018, así en lo tocante a las ordenanzas del Consejo de Guerra, que se
ha de formar en los regimientos para la ejecución de la justicia, como para
toda la disciplina militar y servicio de la guerra, se ejecute enteramente sin
derogarle en nada, menos en los capítulos en que ahora, por lo que toca al
reglamento general de estos reinos, he tenido por bien derogar como derogo.
Y para que se tenga presente uno y otro reglamento, y conste de sus
ordenanzas, mando que en los traslados que se saquen de este reglamento se
incluya y ponga subsecuentemente el de Flandes, y las referidas ordenanzas
por lo que toca al Consejo de Guerra; para lo cual, y la más puntual
observancia de todo lo aquí expresado, mandé despachar el presente
firmado de mi mano, sellado con el sello secreto y refrendado de mi
infrascrito secretario de Estado y del Despacho. Dado en Madrid a 29 de
septiembre de 1704. YO EL REY. Don Antonio de Ubilla y Medina.
1018Este reglamento de Flandes son las ordenanzas expedidas por Su Majestad para el todo
del ejército en la villa de Bruselas a 18 de diciembre y 10 de abril de 1702.
588
III
Madrid, 23 de abril de 1712. Discurso por haber faltado en corto
espacio de tiempo, y en las más florecientes edades, el serenísimo
señor don Luis Decimoquinto, primogénito del Rey Cristianísimo
y Delfín de Francia; la serenísima señora duquesa de Borgoña, su
hija; a quien también siguió en aquel funesto camino el
serenísimo señor duque de Borgoña, su esposo, nieto de Su
Majestad Cristianísima y Delfín sucesivo de Francia1019.
[274r] Señor mío, favoreciéndome vuestra señoría hizo concepto de que
sería capaz de conferir con vuestra señoría y ponerle por escrito algún
discurso con el asunto de haber faltado en corto espacio de tiempo y en las
más florecientes edades, el serenísimo señor don Luis Decimoquinto,
primogénito del Rey Cristianísimo, mi señor, y Delfín de Francia; la
serenísima señora duquesa de Borgoña, su hija; a quien también siguió en
aquel funesto camino el serenísimo señor duque de Borgoña, su esposo,
nieto de Su Majestad Cristianísima y Delfín sucesivo de Francia; cuyos no
tan tempranos dolorosos accidentes se esperaban. Haciéndolos más fatales,
falleció inmediatamente [274v] el serenísimo señor duque de Bretaña,
primogénito de Su Alteza Real a los pocos días que apareció tercer delfín.
Quisiera primero llorar con vuestra señoría las causas de estos sentimientos,
y ocuparle en dar y recibir el pésame por ellos, pero como solicité ejecutar
este respeto personalmente (como sabe) y el motivo de este escrito debe
reducirle a lo que vuestra señoría me ha mandado, paso a obedecerle debajo
del seguro de su palabra de que el rey mi señor ha venido en ello, sin cuya
licencia no me fuera lícito cumplir aquella obligación e introducirme en tan
difícil asunto y peligrosas consideraciones, con el sagrado de este real
permiso y el que tiene la humana capacidad con ministerio, o sin él, de
1019 B.N.E., ms. 19512, ff. 274r-291v. Se trata, muy probablemente, del borrador del
manuscrito inédito. Felipe V ordenó al marqués de Ribas que lo escribiera para remitirlo a
la corte francesa a través del embajador marqués de Bonnac. Este carácter de borrador lleva
a carezca prácticamente de signos de puntuación, por lo que hemos optado por incluirlos a
fin de facilitar la lectura.
589
cultivar el entendimiento en campo que tanto puede [275r] producir
arrojando los granos más naturales al terreno y correspondientes a la
posibilidad propia; y aunque por la justa obligación de haberme
experimentado en las fructuosas heredades que en mi tiempo poseyeron el
rey mi amo y la majestad del señor don Carlos Segundo, su tío, pudiera ser
capaz enteramente de la mejor política, fue tan descuidada mi aplicación
que me dejó inútil aún para la menor máxima; pero no siendo otra la
obligación del vasallo que la de obedecer a su rey, así este primer cargo y
pronto cumplimiento a él suplirán los desaciertos, y protestando que sólo
deseo servir al rey mi señor cuanto sea de su real gratitud y más conveniente
al bien de sus reino, digo a vuestra señoría lo que alcanza aún por discurso
innecesario [275v] pues por la Divina Misericordia nos hallamos en España
con nuestro pretendido consuelo de un joven rey santo, sano, fuerte, capaz,
asistido visiblemente con el poderoso brazo de Dios y que en la más
floreciente edad nos ha asegurado un igual sucesor a la maravillosa lis que
produjo la mejor primavera para que en la mayor ancianidad ayude y
sostenga el peso del gobierno y que también con brevedad esperamos nueva
fianza que asegure eternamente celebrada esta posteridad, que harán más
firmes todas las sucesiones, que éstas anuncian y se esperan.
Y si bien aquellos referidos y dolorosos sucesos han excitado en la
Francia las malencólicas (sic) apariencias, ideadas en una distancia larga y
en otra muy pequeña, no por esto ha de hacerse creíble la desconfianza
[276r] que tales ejemplares los ha desengañado la experiencia, manteniendo
durable cuanto la presión consideró muy débil. Vive el rey de Francia mi
señor, vivirá aún más que su memoria, habiendo de ser eterna, le ha dejado
Dios en un biznieto el consuelo mayor a sus debidas aflicciones, el objeto
donde ya han concurrido todos sus afectos; aquí descansa y aquí espera la
producción estable.
Rígense las monarquías por especial y divina providencia, no
esperarla el humano juicio es seguir la voluntad propia, ajena enteramente
de precaver males que no puede curar; que inmediato ejemplar da nuestra
España. Todo lo perdimos y hoy todo lo tenemos. Dividieronse los reinos
con crecidos y señalados promontorios, que los distinguen [276v] y
590
contienen, no es acaso ni particular disposición atribuyese a quien dividió la
tierra de las aguas, y dio reyes a los reinos; y así (ilegible) el humano
discurso que si (ilegible) los dejamos vacilaremos infructuosos, no siendo
capaces de dar reglas a quien sin ellas tienen prescriptos con acierto los
futuros sucesos; y manteniéndome en la firma credulidad de que no faltarán
legítimos sucesores en los tronos, obedezco al rey y ejecuto la orden de
vuestra señoría.
Es tan sutil como ligero el pensamiento, no le detienen la tierra, el
mar o el tiempo, todo lo registra y como para satisfacer a lo que vuestra
señoría me ha insinuado no puedo valerme de otro medio, le es preciso
[277r] la licencia para que usando de sus propiedades corra los años y
pasando muchos antevea el fatal día de que Francia carezca de la antigua
deidad que la domina, y del nuevo ángel que la espera, prosiguiendo su
curso hasta dejar firmes columnas que aquel reino mantengan; y publicando
cuanto le he examinado lo explicaré si llego a comprenderlo.
Algunos grandes monarcas en ostentación de su poder y sabiduría
discurrieron sobre monarquía universal, pero la primer y más observada
atención de todos ha sido y será la de que no se unan las Coronas.
Bien lo acordó y mandó así el rey mi señor don Carlos Segundo (que
haya gloria) en su testamento instituyendo en él como su legítimo heredero
en [277v] las coronas de España al rey mi señor (Dios le guarde), pero
previniendo la incompatibilidad de que pudiese recaer también en Su
Majestad por algún accidente la Corona de Francia dispuso que en tal caso
quedase al arbitrio de Su Majestad la elección de aquella u (sic) esta Corona
y para en el de no dejar Su Majestad sucesión llamó a la de estos reinos al
serenísimo señor duque de Berri (sic), su hermano, y extinta su línea, llamó
al señor archiduque don Carlos de Austria con la excepción del Imperio, y
terminada su progenie llamó al serenísimo señor duque de Saboya y
sucesores suyos; y el rey mi señor declaró después el derecho de sucesión en
esta Corona al serenísimo señor duque de Orleans [278r].
Cuyas prevenidas y regulares sucesiones aseguran no faltará en
muchos siglos la de esta monarquía y su separación.
591
Ciñe dichosamente la Corona de Francia la Majestad Cristianísima de
Luis Decimocuarto el Grande, mi señor, siendo el más antiguo coronado
príncipe en el mundo, ha quedado por inmediato sucesor de Su Majestad su
biznieto el serenísimo señor duque de Anjou y Delfín de Francia, hijo único
del serenísimo duque de Borgoña; y estos dos importantes polos distan
entre sí y los ha mensurado el tiempo a setenta y tres años, siete meses y
ocho días hasta el de hoy, pero aunque tanto convenía establecer duración
como ésta se descubre fuera del firmamento y para nuestro discurso se ha de
pasar la línea que promedia entre estos astros y navegar con el trasladado
polo, cuyo moderno [278v] nacimiento influye el recelo de que la inmediata
vecindad con la tierra y sus vapores le obscurezcan y ya sin una y otra
maravilla quien se halle la formidable, hermosa y rica nave de la Francia, sin
dirección y expuesta a los naufragios. ¡Oh vivacidad del pensamiento, qué
pocas veces favoreces con anunciados consuelos, siempre castigas a quien te
deja suelto!.
Supuesto el caso de hallarse el rey, mi señor, árbitro de las dos
Coronas, como podremos adivinar que será la privilegiadamente elegida de
Su Majestad para que el juicio de este pronóstico se haga debajo de algunos
principales antecedentes parece deber ser los que demuestra cada Corona.
Lloró España dilatado tiempo la esterilidad de sus dominantes, y lloró
últimamente [279r] la negada esperanza a su deseo, pero superior influjo
terminó aquella triste constitución con la más festiva y celebrada; descubrió
sucesor legítimo de estas Coronas al rey mi señor, fue pretendido y deseado
de sus reino y vasallos, aceptólos benigno, alborozados le esperaron y
recibieron puntuales y obedientes le juraron, animosos le han defendido,
siendo coronados leones y fuertes castillos que ahuyentaron y
duplicadamente rechazaron los enemigos para que estos triunfos diesen a Su
Majestad sobre la razón de su nativo derecho el privilegio de la conquista.
Empeño que hace más deleitable y propio lo adquirido que se ofendiera el
honor y la espada despreciando sus fatigas y a los que a su ejemplo y favor
derramaron sangre y sacrificaron vida [279v].
Dos mundos comprende la siempre celebrada Corona de España,
siendo los frutos del primero los que la hacen poco menesterosa de ajena
592
sustentación y adorno esparciendo sus sobras que trabajan y enriquecen
ajenos reinos; y el segundo liberalmente franquea frutos hijos del (ilegible)
minas de oro y plata, cuyos armados desperdicios hacen general moneda al
universo, estimable distinción que posee esta Corona; no dejan de tenerla
igual los españoles, pues en su bien compuesta y robusta naturaleza, no
innovan los climas: hacelos respetuosos su mesura, engríelos la vanidad,
saben tolerar pacientes, coléricos se encrudecen, (ilegible) logran la
obediencia en la guerra, son bizarros en literatura, estudiosos en las artes,
aplicados en necesidad sufridos y en amor a sus reyes no imitados; fíngelos
[280r] perezosos el acierto porque los detiene y desconfía, pero
determinados con admiración le hallan y distribuyen las adversidades, no
los acobardan como ni lo feliz los encrespa, estiman lo animoso sin
diferencia porque quieren sin ella las exenciones del respeto, desde su
infancia aclaman a sus príncipes, serena su nombre los enojos de aquella
menor edad, guerreros se arman en ella en defensa de su aún no bien
conocida obligación y últimamente la fe castellana no ha merecido ninguna
penitencia.
Ha sido y es la Francia admirada magnitud en reinos y provincias,
poderosa por su opulencia, abundante por sus copiosos frutos, rica por sus
comercios, son sus naturales despiertos, galantes, afables, aplicados,
estudiosos, valientes, debe la Europa a su enseñanza la mejor escuela de la
milicia [280v] y de las ciencias, han dominado todo cuanto han querido, y
después despreciado, célalos envidiosa la emulación por la antigua posesión
de felices y poderosos, han descrito mares y tierras que pisan y surcan con
enseñanza, amparan gustosos a forasteros, y sin desprecio hacen estimable
su trato, es su primera obediencia la del rey, igual su amorosa fidelidad, la
inclinación sobresaliente a las armas hacen honrosa vanidad en profesarlas,
manifiestan la distinción de su naturaleza en los ejércitos y, finalmente, dan
y prestan generales, oficiales y soldados que conquistan, defienden y ayudan
en otras Coronas.
Resumidamente hemos hecho consideración de lo que en sí contienen
los dos reinos para que aún estas mal dibujadas señas de sus importancias,
guien la voluntad por la [281r] más segura razón para que se llegue al fin de
593
que un reino u otro no peligre y sobre las conveniencias que en ellos se
cifran gane la inclinación lo que pierda la justicia.
Otra reflexión debemos hacer que es de la más principales a nuestro
asunto, bien sabe vuestra señoría que lo precioso y estimable de los reales
vínculos es la sucesión de los reyes, pues con ella se consideran perpetuos y
faltándolos muy temporales; templando esta tibieza aun el amoroso fuego de
los vasallos por juzgar también de breve término su mérito y muy sujeto al
olvido.
Ya he referido a vuestra señoría la felicidad que goza España con la
sucesión que posee (que Dios mantenga), la que en breve se aguarda y la que
aseguran sus floridos padres.
Pero ya que llegó al contrario suceso [281v] en Francia, debo
proponer medio que le subsane; si el rey mi señor, árbitro de las dos
Coronas, elije la de Francia parece no debe enajenar de aquel mayorazgo la
que también es vinculada sucesión y en que principalmente consiste la
permanencia; dividir aquella es apropiarse las dos Coronas, poseyendo la
una y trasladando la otra dejando legítimos derechos que con el tiempo
susciten iguales pretensiones, no pudiéndose tener por temeraria la que el
serenísimo señor duque de Berri (sic) introdujese con el pretexto de que
habiendo heredado su hermano el rey mi señor por sí y sus herederos y
sucesores la Corona de España, y en su falta estar primeramente llamado Su
Alteza Real a esta Corona, había llegado el caso de suceder [282r] en ella
porque eligiendo el rey mi señor la de Francia por consecuencia la elegía
también para su descendencia, y entonces era privilegiado acreedor su Real
Alteza.
Nació primogénito e inmediato sucesor del rey mi señor en la Corona
de España el serenísimo señor don Luis, primero de este nombre, príncipe
de las Asturias, mi señor, tienenle reconocido, jurado y hecho pleito
homenaje de obedecerle y guardarle fidelidad los reinos de las Coronas de
Castilla, León y Aragón, y todos sus vasallos, con que si pudiera llegar el caso
de tomar el rey mi señor la posesión de la Corona de Francia por juzgarlo
más conveniente se puede premeditar que teniendo tan celebrado y primero
sucesor, no le privaría del beneficio [282v] que Su Majestad había elegido
594
dejándole rey de las Españas y aunque éstas debiesen tan venerable fineza y
demostración de su paternal amor, siempre Su Alteza Real quedaría con el
derecho de inmediato sucesor a la Corona de Francia por no ser capaz de
perderle por su legítima naturaleza, ni que otra obligación por exuberantes
motivos y fuerzas que contenga pueda perjudicarle y menos si se hiciese en
su menor edad, con que en caso semejante al en que hoy discurrimos se
moviera en Francia nuevamente la controversia de que se trata en que será
posible ocurran más inconvenientes.
Pero negado como se considera que un padre prive a su primero y
amado hijo de que vuelva [283r] a nacer Delfín de Francia, para que después
navegue el espacioso mar de su Corona, y por esta considerada mayor
grandeza lleve Su Majestad con su persona al príncipe mi señor ¿quién
asegurará que los reinos que le han jurado y los vasallos que le adoran
detengan en tan triste y no esperada soledad las copiosas y sentidas lágrimas
de su filial y rendido cariño? Y asistidos del mismo derecho de ser jurado
nativo sucesor inmediato a esta Corona, abrace su respeto a este deseado
príncipe pretendiendo que el corazón de cada vasallo sirve de sagrado que le
oculte para detenerle, bien admitidas y disculpadas fueran del rey mi señor
estas reverencias pero su justificada política las correspondiera con la
gratitud más no con el efecto de que pudieran recelarse, mal acordados
consuelos [283v] que disculparán la fidelidad y embarazarán el intento.
Confiadamente debe esperar también España la felicidad de tener
presto un infante y tan célebre suceso no dejará de discurrirse, facilite el
medio de que el rey y el príncipe, mis amos, pasen a Francia dejando elegido
rey de España a este segundo hijo y hermano, a que debe satisfacerse que la
calidad de segundo no desiguala el amor en el padre ni le faltará la
consideración de no embarazarle lo que los no esperados acasos pueden
ofrecerle.
Diráse que si naciere infanta lo que se espera dará más acertada
solución en nuestra duda porque si el rey mi señor pasa a Francia con el
príncipe su hijo, quedará la infanta reina de España [284r] respecto de no
embarazarlo las Leyes de Castilla y si bien sentirá apartar de sí tan querida
prenda, la anticipará lo que el preciso tiempo detuviera y la dejará en
595
posesión de lo que en Francia también por sus leyes nunca pudiera darla.
Débese juzgar que como padre la constituyera gustoso en esta grande
dignidad, pero como rey tan sabio y experimentado conocerá muy bien es de
su primera obligación atender a su varonía que no fuera bien haber gravado
en los corazones españoles las lises para pocos días, pues aunque el tiempo
pudiera ofrecer y asegurar nuevo enlace de ellas con la infanta, el mismo
tiempo suele inmutarlo todo y ya puede pretender España por posesión de
siglos que como en ellos la tuvo de sus augustos reyes, se la mantenga en los
que faltan [284v] la siempre esclarecida extirpe de Borbón.
He dicho cuanto mi cortedad ha permitido sobre los motivos que en
mi concepto deben hacer perpetua en España al rey mi señor y a sus hijos, y
porque no quede sin respuesta el argumento que la curiosidad me proponga
de que dando por cierto el supuesto de que el rey mi señor prosigue rey de
España, si el príncipe su hijo u otro hermano suyo pretendiesen la
sustitución (sic) en la Corona de Francia cómo podría ni debería negárseles;
digo que el rey admitió la Corona de España debajo del firme contrato de la
elección ya dicha, y en usando de ella se apartará por consecuencia del
derecho [285r] a la que dejare sin gravar por esto su conciencia, ni hacer
perjuicio a sus hijos porque es acto libre y personalísimo de Su Majestad de
su único interés independiente de otros a cuyas circunstancias ha de ceder la
voluntad de los hijos, que no tienen facultad alguna en la elección.
También porque no se eche menos y mueva más, no excuso acordar,
aunque estará muy presente aquella celebrada dejación que hizo del imperio
el señor Carlos Quinto, y no me entrometo en si eligió más u (sic) dejó
menos, ni comparo dignidades que respeto, los soberanos las distinguen y
los vasallos las ponderan, sólo se ha detenido la atención en la observancia
de que al señor Carlos Quinto se ofreció por la Corona de España renunciar
la [285v] nativa del Imperio; y al rey mi señor don Felipe también Quinto le
puede ocurrir la elección de la propia Corona de Castilla y dejar la nativa de
Francia, celebren y aclamen a Su Majestad sus vasallos, este blasón glorioso
si le merecieren y tribútenle correspondientes reconocimientos.
He cansado mucho a vuestra señoría con tanto discurso, cuando la
desgracia que se ha imaginado puede en lo natural suceder en Francia es
596
quede el reino en gobierno de menor edad, yo concediera la razón si se
tratase de pretérito tiempo, pero para el futuro confieso que las antiguas
menores edades de reyes de Francia las describen [286r] trabajosas sus
historiadores, mas la última engrandeció aquella Corona, dio el sindéresis a
su creciente monarca para que mejorándole se haya engrandecido cuanto
aún no cabalmente es celebrado luego como puede para este temido
acontecimiento; dejar de prescribir reglas, aún las más próvidas que las que
hallo para el gobierno, ha hecho diestros ministros que celebran reinos
extranjeros que empeñados a la correspondencia de su merecida confianza
tributarán nuevas finezas en amor suyo y de la patria a cuya principal y
quieta conservación asistirán como tan propios los empeños de el rey mi
señor y de sus armas; seguridad que ha permitido la envidiada unión y
temidas alianzas; sosieguen la [286v] imaginación estas esperanzas y no
menos la aliente el ejemplo de España en la menor edad de su difunto rey
don Carlos Segundo, mi señor, fue en ella bien recibido, aclamado,
obedecido y respetado, mantuvieronsele íntegros todos sus reinos,
defendieronsele de los enemigos, entregaronsele todos los heredados,
contribuyeronle gustosos los vasallos, celebraron y sirvieron con amor
reverente y fidelidad constante pues como pueden apartarse de este horno
los súbditos de otras monarquías y menos los de la de Francia donde las
respetuosas correspondencias a los príncipes hacen generales reglas de
enseñanza [287r] estos sucesos no los evita ninguna providencia, deben
pasar por ellos los reinos y vasallos agradeciendo a Dios la ocasión de mayor
merecimiento no puede el discurso prevenir remedios porque el más leve
sería grave culpa y horroroso delito contra el derecho y la justicia.
Estrecho más el lazo quitando el consuelo de la esperada menor edad
y dejando a Francia pendiente de la voluntad, la inclinación y el interés del
rey mi señor pero como no es fácil el examen de tan reservado arcano me
remito al que podrán pronosticar las consideraciones ya expresadas y
determinándome diré lo que en esto discurro.
Falta la Corona de Francia de la [287v] importante sucesión (Dios no
permita) llega el tiempo de que el rey mi señor ejerza la facultad de admitir o
renunciar aquella Corona; si la deja ha de ser para que se ponga a quien por
597
esta maravillosa acción puede sucesor legítimo en ella como lo será el
serenísimo señor duque de Berri (sic) su hermano, hijo tercero del
serenísimo señor Luis Decimoquinto, Delfín de Francia mi señor (que haya
Gloria) y nieto de la Majestad Cristianísima del rey mi señor Luis
Décimocuarto el Grande (que Dios guarde).
Si el rey mi señor admitiese aquella Corona, parece querrá adornarla
con su real sucesión por las causas que también se han referido [288r] con
que a la Corona de España quedaría legítimo sucesor el serenísimo señor
duque de Berri (sic), sus hijos y descendientes por ser llamado a ella como se
ha visto; con que ahora hemos de cotejar qué congruencias pueden seguirse
de esta regia mutación, no he descubierto más que las que indica este
movimiento porque el ser rey de España el rey mi señor y de Francia el
señor duque de Berri (sic), y por el contrario permutasen las coronas no
resultaría más novedad que la de los objetos para uno y otro igualmente
quedarán coronados que a mí no toca dar opinables preferencias.
El rey mi señor heredó las Coronas de España el año de mil y
setecientos [288v], en este tiempo personalmente ha reconocido parte de
sus mares y sus reinos, ha mandado sus ejércitos en cinco campañas, ha
logrado aplaudidos triunfos en señalados vencimientos, ha continuado con
aciertos, el gobierno político ya instruye a sus ministros, conoce de los
vasallos el ingenio, es liberal sin desperdicio, caritativo de piadoso corazón,
atento a los negocios, la aplicación no le cansa, aborrece el ocio, enseña con
la virtud, corrige con lo modesto, tolera incomodidades, alienta con ejemplo,
en sí nada le hace falta porque de todo es contento, y últimamente es el
David ponderado de estos tiempos, y si bien [289r] tan dichosas
propiedades y lucidas aplicaciones deben mover a la Francia a que en
ocasión sea su rey, todavía en aquel caso necesitaría de nuevo estudio aquel
difícil gobierno que hallará innovación mientras tomaba este tiempo porque
si bien Su Majestad nació en él, le experimentó pocos años y sólo con la
teórica que diferencia tanto de la práctica.
Tiene, sin duda, el serenísimo señor duque de Berri (sic) las propias
virtudes y esfuerzos que su hermano, que el árbol bueno tiene sus frutos
iguales, ha registrado ya también Su Alteza Real parte de aquellos reinos, ha
598
mandado ejércitos, ha logrado victorias, se halla en edad de veinte y cinco
años, siete meses y veinte y tres días, con esposa [289v] dependiente de su
Real Casa, que robustamente sanos prometen las sucesiones repetidas que
importe a aquel, a éste y demás reinos tiene las aventajadas experiencias de
las leyes, gobierno y naturales que le ha dado la manutención en aquella
corte todo este tiempo y las que con ventaja puede adquirir con la esperanza
de reinar y trasladar a España necesitaría de nuevas averiguaciones.
Con que las congruencias se reconocen sin ventaja, acredítalo más
esta consideración a que se reduce el motivo de todo este dilatadísimo
discurso; a que el rey mi señor pueda ser rey de Francia y el serenísimo
duque de Berri (sic) lo [290r] sea en España, o, por viceversa mi amo quede
en España y su alteza real en Francia, ¿quién se atreverá a mediar entre tales
hermanos? Nadie, pero yo osara a decir que el amor del rey mi señor a su
alteza real fácilmente le cedería aquella Corona porque si la juzgara mayor le
trataba como padre y si igual le complacía la voluntad como hermano ambos
nacieron vistosos ramos del mejor laurel no disminuirá la hermosura de su
adorno a cada uno la más o menos vecindad del polo y el rey mi señor
conseguiría haber tenido en sus manos los dos mejores cetros y en sus sienes
la dos mayores Coronas, y que galante y cariñoso permutó el mayorazgo con
el segundo hermano podráse decir [290v] que el reino de Francia deseara a
mi amo querrá bien por lo mismo pretenderemos sus vasallos y pues los de
aquel reino no atribuirán contra los respetos de su alteza real aquella
demostración más los veneraremos defendiendo al rey que gustosos
poseemos y ternísimamente amamos, todo lo digo por conocimiento
práctico, no por propio interés que en cuanto es de mi parte amo tengo que
he de seguir mientras me dure la vida.
He dicho a vuestra señoría lo que en negocio tan arduo ha podido mi
cortedad discurrir pero terminaré este escrito con una resolución infalible, si
llega el caso es de la voluntad del rey mi señor el determinarle si es a nuestro
favor segunda vez agradecidos se lo reconoceremos [291r] si nos arroja lo
lloraremos o permita el Cielo se excuse tal desconsuelo así lo esperamos
porque no se han dejado de entender promesas de agradecimiento por
correspondientes sacrificios a la Reina de los Ángeles en satisfacción de todo
599
su patrocinio porque no había de castigar Nuestro Señor a estos reinos
haciéndoles limitado el justificado consuelo que devotos le suplicaron y por
decirlo mejor, no puede temerse que ya el rey lo ha asegurado con voces
católicas, que orlan sus monedas diciendo Dextera Domini exaltavit me1020,
la mano derecha del Señor me exaltó, explicación que acredita lo satisfecho
y aquieta las ambiciones de otros deseos. Dios guarde [291v] a vuestra
señoría muchos y felices años como puede. Madrid, a 23 de abril de 1712.
Besa la mano de vuestra señoría su mayor servidor. El marqués de Ribas.
Señor marqués de Bonac.
Este fragmento se corresponde con el versículo 16 del Salmo 97 del Libro de los Salmos,
1020
que en latín dice: “Dextera Domini exaltavit me; dextera Domini fecit virtutem”.
600
Anexo nº 5
Organigramas
601
Organigrama 1
Ascendientes por línea paterna de Antonio de Ubilla y Medina
(siglos XVI-XVII)
Juan Pérez de Ana de Estrada Salvador María Martín de
Ubilla Izaguirre Irargui
Antonio de María de Cristóbal Medina Melchora Ortiz
Ubilla Izaguirre
Antonio de Antonia Medina
Ubilla
Antonio de
Ubilla y Medina
Organigrama 2
Ascendientes por línea materna de Antonio de Ubilla y Medina
(siglos XV-XVII)
Pedro González
de Vega
Fernando de Catalina López Bernardino de
Medina Vega
Cristóbal de María de la Cruz Pedro Gutiérrez María Martínez Diego de Vega
Medina
Cristóbal de Elvira Martínez María Ortiz Diego de Vega
Medina
Cristóbal de Melchora de
Medina Vega
Antonio de Antonia de Cristóbal de
Ubilla Medina Medina
Antonio de
Ubilla y Medina
603
Organigrama 3
Conexión familiar de Antonio de Ubilla y los marqueses de Santa
Sabina
Juan Pérez de Ana de Estrada Salvador de María Martín de
Ubilla Izaguirre Irargui
Antonio de María de
Ubilla Izaguirre
Tomasa Sequera Miguel de Ubilla Antonio de Antonia de
Oxirondo e Izaguirre Ubilla e Izaguirre Medina y Vega
Juana Josefa Ignacio de Ubilla Miguel José de Antonio de
Echevarría y Sequera Ubilla y Sequera Ubilla y Medina
Juan Esteban de
Ubilla y Echevarría
Ignacia de Diego López de
Ubilla y Castro Zárate Vargas
Mª Ángeles López de Zárate Joaquín Ignacio
Vargas y Ubilla de Barrenechea
604
Organigrama 4
Sucesión en el marquesado de Ribas de Jarama
(siglos XVIII-XIX)
Antonio de Ubilla y Medina
I marqués (1701-1726)
En propiedad de la Venerable Orden Tercera de
San Francisco de Madrid (1726-1759)
Luis Nicolás Manso de Velasco
II marqués (1759-…)
Francisco Manso
III marqués (…-1811)
Rafael Manso de Santa Cruz Francisca Javiera Tous de
IV marqués (1811-1878) Monsalve
sin descendencia
Alberto Manso de Velasco Mª de la Piedad Téllez Girón y
y Chaves 1871
Fernández de Velasco.
V marqués (1878-…) Condesa de Peñaranda de
Bracamonte. Grande de España
de primera clase
Fuente: A.H.N., Consejos, leg. 11754, exp. 7; leg. 9968, exp. 8; leg. 8983, exp. 274; leg.
8988, exp. 2796; y leg. 8970, exp. 559.
605
Organigrama 5
Parentesco entre los secretarios del Despacho Antonio y
Alonso Carnero, Juan Antonio López de Zárate y
Antonio de Ubilla y Medina
Cristóbal de Medina Melchora de Vega
Antonio de Antonia de Melchora de Juan Iñigo López Juana
Ubilla Medina Medina Álvarez de Zárate Balaguer
Antonio de Ubilla y Medina María Álvarez Iñigo López Antonio Carnero Ana María
I marqués de Ribas de Jarama de Zárate (1661) López de Zárate
(1698-1705)
Juan Antonio López de Zárate Alonso Carnero
I marqués de Villanueva de la Sagra (1694-1695)
(1697-1698)
Fuente: A.H.N., Órdenes Militares, expedientillos 3490, 3491 y 3933. En negrita los secretarios del
Despacho Universal y las fechas en que ocuparon este cargo. Elaboración propia.
Organigrama 6
Alianza matrimonial entre las familias de los secretarios del
Despacho don Blasco de Loyola y don Luis de Oyanguren
Blasco de Loyola Úrsula Rey Luis de Oyanguren Alfonsa de Vallecilla
(1665-1669) (1661-1665)
Fernando Antonio de Loyola y Rey Alfonsa Oyanguren
I marqués de la Olmeda
Ignacio de Loyola y Oyanguren
II marqués de la Olmeda
Fuente: José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustresn…, II, pp. 61-62. En negrita los
secretarios del Despacho Universal y las fechas en que ocuparon este cargo. Elaboración propia.
606
Organigrama 7
Conexión familiar de Antonio de Ubilla y los marqueses de
Villanueva de la Sagra
Cristóbal de Elvira Martínez Diego de Vega María Ortiz
Medina Gutiérrez
Cristóbal de Melchora de
Medina Vega
Cristóbal de Juan Álvarez Melchora de Antonia de Antonio de
Medina y Vega Medina y Vega Medina y Vega Ubilla e Izaguirre
Iñigo López de María Álvarez y Antonio de
Zárate Medina Ubilla y Medina
Juan Antonio López de Zárate
y Álvarez de Medina
Organigrama 8
Cuadro genealógico de los marqueses de Mejorada
Pedro Fernández Teresa Salvatierra
del Campo Blasco y Adanza
I marqués de
Mejorada
(1669-1677)
Pedro Cayetano Fernández María de Alvarado Bracamonte
del Campo Marquesa de la Breña
II marqués de Mejorada Señora de la Gorgorana
(1705)
Mariana Sinforosa Fernández del Campo Juan Alfonso de
II Marquesa de Mejorada Sousa y Portugal
Marquesa de la Breña Conde de Canales
Fuente: José Antonio ÁLVAREZ Y BAENA, Hijos de Madrid, ilustres…, IV, pp. 245-247. En negrita
los secretarios del Despacho Universal y las fechas en que ocuparon este cargo. Elaboración propia.
607
Anexo nº 6
Cuadros
609
Cuadro 1
Extensión de los señoríos de Ribas y Velilla en 1751
Fanegas Celemines %
Señorío de Ribas 3.173 5 39,66
Señorío de Velilla 4.829 1½ 60,34
Total 8.002 6 ½ 100,00
Fuente: A.G.S., Catastro de Ensenada, Respuestas Generales, libros 460, f. 279v; y 457, f. 302v.
Cuadro 2
Planta de la secretaría del Despacho Universal en febrero de 1705
Empleo Titulares
Secretario Pedro Cayetano Fernández del Campo, marqués de Mejorada
Manuel de Vadillo
Leonardo Eleius
Lorenzo de Vivanco
Francisco Castejón
Oficiales José Grimaldo
Francisco de Ocio
Manuel de Zumenzu
Agustín de Beiztegui
Juan Bautista de Orrantía Landaeta
Fuente: Gaceta de Madrid, 17 de febrero de 1705.
611
Anexo nº 7
Mapas, planos y vistas
613
FIGURA 1
Vista de Fuenterrabía y su aldea de Irún en el siglo XVII
Fuente: Detalle de la lámina de la Plaza de Fuenterrabía. SÁNCHEZ RUBIO, Rocío;
TESTÓN NÚÑEZ, Isabel; y SÁNCHEZ RUBIO, Carlos M., Imágenes de un imperio
perdido: el Atlas del marqués de Heliche. Plantas de diferentes Plazas de España, Italia,
Flandes y Las Indias, Badajoz, Junta de Extremadura, 2004.
615
FIGURA 2
Vista del convento de San Francisco de Madrid en el siglo XVII
Fuente: Detalle del Plano de Pedro de Texeira (1656).
616
FIGURA 3
Vista de Fuenterrabía en 1719
Fuente: Antonio BONET CORREA, Cartografía militar de plazas fuertes…, p. 109.
617
FIGURA 4
Término de Fuente el Fresno en 1770
Fuente: A.G.S., Mapas, planos y dibujos, 22, 049. Es un detalle.
618
FIGURA 5
Términos de Ribas y de Velilla en 1770
Fuente: A.G.S., Mapas, planos y dibujos, 22, 049. Es un detalle.
619
FIGURA 6
Mapa del Partido de la Serena en el siglo XVIII
Fuente: A.H.P.C., Mapas, planos y dibujos, nº 7.
620
Anexo nº 8
Imágenes
621
IMAGEN 1
Calle Ubilla en Fuenterrabía (Hondarribia)
Fuente: Postal del siglo XIX propiedad del autor.
623
IMAGEN 2
Parroquia madrileña de San Andrés en el siglo XIX
Fuente: Postal del siglo XIX propiedad del autor.
624
IMAGEN 3
Retrato de Francisco Fernández de la Cueva (1637-1676),
VIII duque de Alburquerque
Fuente: Fernando GARCÍA DE CORTAZAR Y RUIZ DE AGUIRRE (ed.), Nueva Historia de
España…, II, p. 164.
625
IMAGEN 4
Genealogía de Gerónima Calva, primera esposa de Antonio de
Ubilla y Medina, elaborada por Luis de Salazar y Castro
Fuente: B.R.A.H., Colección Salazar y Castro, D-29, f. 55v.
626
IMAGEN 5
Escultura funeraria del secretario del Despacho Pedro Fernández
del Campo, I marqués de Mejorada
Fuente: Margarita ESTELLA MARCOS, “Estatuas funerarias madrileñas del siglo XVII…”,
Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 48 (1982), p. 280. La escultura se
conserva en el Museo Arqueológico Nacional (Madrid).
627
IMAGEN 6
Grabado que representa el Juramento y Homenaje de Fidelidad
que los reinos de Castilla y León hicieron a Felipe V en 1701
Fuente: Grabado incluido en Antonio de UBILLA Y MEDINA, Succession de el
Rey…
628
IMAGEN 7
Palacio de la familia Fernández de Mesa en Córdoba
Fuente: Fotografía del autor (2009).
629
IMAGEN 8
Basílica madrileña de San Francisco el Grande en el siglo XIX
Fuente: Postal del siglo XIX propiedad del autor.
630
ÍNDICES
631
Índice de figuras del texto
633
Cuadros
Cuadro I.4.1. Empleados en la casa del marqués de Ribas en 1726-1727……… 085
Cuadro I.8.1. Comparación entre las tasaciones del señorío de Velilla
realizadas por la testamentaría de la Ituño en un pleito seguido por el
marqués de Ribas………………………………………………………………………. 143
Cuadro I.8.2. Rentas en maravedíes de la encomiendas administradas por
el marqués de Ribas en 1712……………………………………………..………… 155
Cuadro I.8.3. Comparación entre el líquido de las encomiendas que
administró el marqués de Ribas (1700 y 1738)……………………………… 156
Cuadro I.9.1. Legados concedidos a los criado de la casa del marqués de
Ribas en 1726-1727……………………………………………………………………….. 161
Cuadro I.9.2. Tasación realizada en 1732 de los bienes del marqués de Ribas
que quedaron en Fuenterrabía tras su fallecimiento……………………… 164
Cuadro II.2.1. Secretarios del Despacho Universal (1621-1705)………………. 253
Cuadro II.5.1. Integrantes de cada una de las secciones en las que la
princesa de los Ursinos proponía dividir en 1705 el Consejo de
Despacho…………………………………………………………………………………….. 355
Cuadro II.5.2. Distribución semanal de las reuni0ones de las secciones del
Consejo de Despacho que pretendía establecer en 1705 la princesa de
los Ursinos………………………………………………………………………………….. 355
Gráficos
Cuadro I.8.1. Aprovechamiento agrícola del señorío de Ribas en 1751………… 135
Cuadro I.8.2. Aprovechamiento agrícola del señorío de Velilla en 1751………. 146
Imágenes
Imagen II.2.1. Esculturas funerarias de Juan de Insausti y su mujer…..……… 260
635
Índices del Apéndice Documental y del Anexo
637
ÍNDICE DE DOCUMENTOS
Documento 1. Fuenterrabía (Guipúzcoa), 27 de diciembre de 1599.
Acta de matrimonio de Antonio de Ubilla y María de Izaguirre……. 434
Documento 2. Fuenterrabía (Guipúzcoa), 16 de abril de 1600. Acta de
bautismo de Antonio de Ubilla e Izaguirre………………………………….. 435
Documento 3. Aranjuez, 4 de mayo de 1620. Carta de Antonio de
Ubilla e Izaguirre a la villa de Fuenterrabía en contestación a otra
anterior y poniéndose a su disposición………………………………………. 436
Documento 4. Madrid, 18 de noviembre de 1643. Acta de bautismo de
Antonio Cristóbal de Ubilla y Medina, bautizado en la iglesia
parroquial de San Andrés de Madrid………………………………………….. 437
Documento 5. Madrid, 9 de septiembre de 1663. Real cédula por la
que Felipe IV concede a Antonio de Ubilla y Medina el hábito de la
orden de Santiago……………………………………………………………………. 438
Documento 6. Madrid, 20 de junio de 1698. Título de secretario de
Estado de la negociación de Italia a favor de Antonio de Ubilla y
Medina…………………………………………………………………………………… 439
Documento 7. Madrid, 29 de octubre de 1700. Decreto de Carlos II
nombrando gobernador de sus reinos al cardenal Portocarrero…….. 444
Documento 8. [Madrid], [ca. 1701]. Diálogo entre Perico y Marica que
trata del estado presente de España…………………………………………. 444
Documento 9. Madrid, 23 de febrero de 1701. Carta de Antonio de
Ubilla y Medina a Luis XIV agradeciéndole su deseo de que
continuase como secretario de Estado y del Despacho Universal… 448
Documento 10. Madrid, 10 de agosto de 1701. Carta de Antonio de
Ubilla y Medina al marqués de Torcy informándole que Felipe V le ha
conferido un título de Castilla…………………………………………………… 449
639
Documento 11. Marsella, 30 de noviembre de 1702. Real decreto de
Felipe V por el que concede a Antonio de Ubilla, marqués de Ribas,
plaza en el Consejo y Junta de Guerra de Indias………………………… 450
Documento 12. Zaragoza, 3 de enero de 1703. Título de marqués de
Ribas otorgado a don Antonio de Ubilla y Medina para sí y sus
sucesores……………………………………………………………………………….. 451
Documento 13. Madrid, 10 de septiembre de 1703. Carta del marqués
de Canales a Luis XIV informándole de que Felipe V le había
encargado de los asuntos de Guerra y agradeciéndole su confianza en
él………………………………………………………………………………………….. 455
Documento 14. Madrid, 14 de marzo de 1704. Carta del marqués de
Ribas al marqués de Torcy informando que por el mal trato que se le
dispensaba por su obediencia a Luis XIV decidió solicitar el retiro a
Felipe V, no siéndole concedido; por lo que solicita al monarca
francés que medie para que se le permita retirarse, ya que considera
que su honor debería apartarse de exponerse más a desaires y
ajamientos……………………………………………………………………………… 456
Documento 15. Versalles, 6 de agosto de 1704. Carta autógrafa de
Luis XIV a Felipe V comunicándole que no trasladará tropas
francesas para la defensa de Cataluña, porque las tiene dispersas en
distintos países y las del Rosellón son imprescindibles allí; el
empeoramiento de la situación –perecen tropas y una segunda
campaña no parece posible- se debe a la incapacidad del marqués de
Canales, que no debe formar parte del Despacho; en tal coyuntura se
debe restablecer al marqués de Ribas en todas las funciones de su
cargo; espera que Felipe V siga depositando una gran confianza en el
embajador francés, duque de Gramont, cuyas orientaciones debe de
seguir…………………………………………………………………………………….. 458
Documento 16. Madrid, 10 de agosto de 1704. Carta del marqués de
Ribas al marqués de Torcy expresando su agracedimiento a Luis XIV
por los favores recibidos…………………………………………………………… 460
640
Documento 17. Madrid, 16 de agosto de 1704. Carta del marqués de
Ribas al marqués de Torcy expresándole su agradecimiento a Luis
XIV por la confianza mostrada al habérsele devuelto los asuntos de
Guerra…………………………………………………………………………………… 462
Documento 18. Versalles, 26 de agosto de 1704. Carta autógrafa de
Luis XIV a Felipe V alegrándose del restablecimiento del marqués de
Ribas; disculpándose por el no envío de tropas francesas a España e
insistiendo en la necesidad de conseguir recursos propios;
lamentando las pérdidas en Alemania, no obstante lo cual los
ejércitos franceses siguen siendo más numerosos que los de los
enemigos; y deseando conocer a través de Jean Orry la situación
exacta en España……………………………………………………………………. 463
Documento 19. Plasencia, 1704. Razones de la guerra del Rey Católico
contra el rey de Portugal, el archiduque Carlos de Austria y sus
aliados…………………………………………………………………………………… 464
Documento 20. Madrid, 24 de abril de 1705. Merced de la
encomienda de La Portugalesa, en la orden de Alcántara, al marqués
de Ribas…………………………………………………………………………………. 467
Documento 21. Madrid, 13 de febrero de 1705. Real decreto de Felipe
V por el que concede al marqués de Ribas el goce entero de su plaza
en el Consejo de Indias desde la fecha en que cesó como secretario de
Estado y del Despacho Universal……………………………………………… 477
Documento 22. Madrid, 29 de enero de 1706. Carta del marqués de
Ribas dirigida al marqués de Fuente Pelayo, corregidor de Madrid, en
la que dedica a Felipe V un ejemplar de su libro editado en 1704… 478
Documento 23. Madrid, 11 de febrero de 1706. Real decreto de Felipe
V por el que se conceden al marqués de Ribas despachos para
imprimir la Jornada y campaña que hizo Su Majestad contra
Portugal; y real despacho que se envió a Flandes en 26 de mayo en
consecuencia de este decreto……………………………………………………. 479
Documento 24. Madrid, 9 de agosto de 1706. Carta del marqués de
Ribas a destinatario desconocido para que transmita a Felipe V su
641
lealtad y obediencia tras haber padecido la ocupación de Madrid por
parte del archiduque……………………………………………………………….. 480
Documento 25. [Cuéllar, 1707]. Memorial del marqués de Ribas a
Felipe V pidiendo la gracia de que se le perdonase y se le permitiese
volver a Madrid ya que nunca colaboró con el archiduque durante la
ocupación de Madrid del año anterior………………………………………. 482
Documento 26. Madrid, 17 de enero de 1708. Título de marqués de
Santa Sabina concedido a Miguel de Ubilla para sí, sus herederos y
sucesores………………………………………………………………………………… 485
Documento 27. Madrid, 18 de febrero de 1715. Carta del marqués de
Ribas a la reina agradeciéndole su mediación para ser repuesto como
consejero en el Consejo de Indias………………………………………………. 487
Documento 28. Madrid, 20 de enero de 1717. Real decreto de Felipe V
en el que se nombran a los consejeros y secretarios que habían de
componer el Consejo de Indias…………………………………………………. 488
Documento 29. Fuenterrabía, 29 de agosto de 1721. Carta de la
ciudad de Fuenterrabía al marqués de Ribas al objeto de que
transmitiera en su nombre a Felipe V su agradecimiento por su
restitución al dominio español…………………………………………………. 490
Documento 30. Madrid, 8 de septiembre de 1721. Carta del marqués
de Ribas a la ciudad de Fuenterrabía informando de haber cumplido
con la misión que se le encomendó de hacer llegar a Felipe V la carta
de agradecimiento de la ciudad………………………………………………… 492
Documento 31. Madrid, 16 de enero de 1724. Escrito de despedida del
marqués de Ribas al rey Felipe V tras su abdicación a la Corona
española a favor de su hijo Luis I………………………………………………. 494
Documento 32. Madrid, 24 de enero de 1724. Felicitación del Consejo
de Indias al rey Luis I por su ascenso al trono de España…………….. 495
Documento 33. Madrid, 10 de octubre de 1726. Poder para testar
otorgado por Antonio de Ubilla y Medina, marqués de Ribas………. 496
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ÍNDICE DE ESCRITOS DE ANTONIO DE UBILLA
I. Juramento y pleito homenaje que los reinos de Castilla y León, por
medio de sus capitulares, y los prelados, Grandes y Títulos, y otras
personas, hicieron el día ocho de mayo de mil setecientos uno en el
Real Convento de San Gerónimo, extramuros de la villa de Madrid, al
Rey Nuestro Señor don Felipe Quinto, y del que Su Majestad hizo a
sus reinos (1701)…………………………………………………………………….. 551
II. Real ordenanza de 29 de septiembre de 1704 para el servicio,
disciplina y mando de los dos regimientos de guardias de infantería
españolas y valonas………………………………………………………………… 578
III. Discurso por haber faltado en corto espacio de tiempo, y en las
más florecientes edades, el serenísimo señor don Luis Decimoquinto,
primogénito del Rey Cristianísimo y Delfín de Francia; la serenísima
señora duquesa de Borgoña, su hija; a quien también siguió en aquel
funesto camino el serenísimo señor duque de Borgoña, su esposo,
nieto de Su Majestad Cristianísima y Delfín sucesivo de Francia
(1712)……………………………………………………………………………………. 489
643
ÍNDICE DE ORGANIGRAMAS
Organigrama 1. Ascendientes por línea paterna de Antonio de Ubilla
y Medina (siglos XVI-XVII)……………………………………………………….. 603
Organigrama 2. Ascendientes por línea materna de Antonio de Ubilla
y Medina (siglos XV-XVII)……………………………………………………….. 603
Organigrama 3. Conexión familiar de Antonio de Ubilla y los
marqueses de Santa Sabina………………………………………………………. 604
Organigrama 4. Sucesión en el marquesado de Ribas de Jarama
(siglos XVIII-XIX)……………………………………………………………………. 605
Organigrama 5. Parentesco entre los secretarios del Despacho
Antonio y Alonso Carnero, Juan Antonio López de Zárate y Antonio
de Ubilla y Medina………………………….………………………………………….. 606
Organigrama 6. Alianza matrimonial entre las familias de los
secretarios del Despacho don Blasco Loyola y don Luis de
Oyanguren…………….……………………….………………………………………….. 606
Organigrama 7. Conexión familiar de Antonio de Ubilla y los
marqueses de Villanueva de la Sagra………………………………………….. 607
Organigrama 8. Cuadro genealógico de los marqueses de Mejorada... 607
644
ÍNDICE DE CUADROS
Cuadro 1. Extensión de los señoríos de Ribas y Velilla en 1751………..... 611
Cuadro 2. Planta de la secretaría del Despacho Universal en febrero
de 1705..……………………………………………………………………….. 611
645
ÍNDICE DE MAPAS, PLANOS Y VISTAS
Figura 1. Vista de Fuenterrabía y su aldea de Irún en el siglo XVII... 615
Figura 2. Vista del convento de San Francisco de Madrid en el siglo
XVII………………………………………………………………………….. 616
Figura 3. Vista de Fuenterrabía en 1719……………………………………… 617
Figura 4. Término de Fuente el Fresno en 1770…………………………… 618
Figura 5. Términos de Ribas y de Velilla en 1770…………………………. 619
Figura 6. Mapa del Partido de la Serena en el siglo XVIII……………… 620
646
ÍNDICE DE IMÁGENES
Imagen 1. Calle Ubilla en Fuenterrabía (Hondarribia)…………………… 623
Imagen 2. Parroquia madrileña de San Andrés en el siglo XIX………. 624
Imagen 3. Retrato de Francisco Fernández de la Cueva (1637-1676),
VIII duque de Alburquerque………………………………………………………. 625
Imagen 4. Genealogía de Gerónima Calva, primera esposa de Antonio
de Ubilla y Medina, elaborada por Luis de Salazar y Castro…………… 626
Imagen 5. Escultura funeraria del secretario del Despacho Pedro
Fernández del Campo, I marqués de Mejorada………………………….... 627
Imagen 6. Grabado que representa el Juramento y Homenaje de
Fidelidad que los reinos de Castilla y León hicieron a Felipe V en
1701 ……………………………………………………………………………………….. 628
Imagen 7. Palacio de la familia Fernández de Mesa en Córdoba……. 629
Imagen 8. Basílica madrileña de San Francisco el Grande en el siglo
XIX……………………………………………………………………………………….... 630
647