Esclavos arrojados a las murenas
Al cenar Augusto una vez en casa de Polión, uno de sus siervos rompió un vaso de cristal.
Al momento Polión ordenó que agarraran a aquel siervo y, para no muriese de una muerte
cualquiera, lo lanzasen a las murenas que una gran piscina contenía. Sin embargo, el
muchacho se escapó de las manos de los siervos, y se arrojó a los pies del césar, no
rechazando la muerte, sino suplicando no ser pasto de los peces1. Conmovido por tan gran
crueldad, Augusto asumió el beneficio de ese esclavo infeliz, pero no pudo obtener el
perdón de su cruel amo. Entonces ordenó que fueran llevados ante el vasos de cristal y
los rompió todos con su mano, liberó al siervo y ordenó que la piscina fuera llenada.
1
Literalmente, “suplicando que él no fuera pasto de los peces”.