U3 Saludcolectiva
U3 Saludcolectiva
Unidad 3
Enfermería en la salud colectiva
Autoras:
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Salud Colectiva
Unidad 3. Enfermería en la salud colectiva
Introducción de la unidad
Enfermería en la Salud Colectiva
El conocimiento de las ciencias humanísticas como la filosofía y la ética cobra vital importancia en la
formación de la enfermería y comprenden el sistema de creencias de nuestra disciplina, que incluye la
búsqueda del conocimiento de manera permanente. Por lo tanto, los valores estudiados por la axiología
son expresiones que deben utilizarse conjuntamente con el equipo de salud y específicamente para
preservar y cuidar la vida de cada una de las personas que solicitan un cuidado integral por parte del
profesional de enfermería, con la finalidad de que este se desempeñe con valores y principios éticos
que le permitan tener un mayor acercamiento y compromiso emocional con el paciente, con el fin de
darle un cuidado de calidad.
En la presente unidad se analizan los valores y dimensiones éticas para el trabajo ante la colectividad
que supone el conocimiento y ejercicio de la libertad en diversos grados; también se abordará el
desarrollo comunitario y la autogestión para la salud, como sistemas de autoayuda, autoorganización y
autogobierno del individuo. Y por último se abordan los cuidados transculturales, el rol para brindar
cuidados, ya sea por acomodación, remodelación, o rediseño de las acciones emprendidas por parte
del profesional de enfermería, quien estará en todo momento educando conforme a la cultura de la
población y favoreciendo la autogestión del cuidado a la salud para que se vea reflejada en el
desarrollo de la comunidad.
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Ana Laura Pacheco Arce
Objetivo de la unidad
1. Analizar la importancia de los valores y dimensiones éticas de la enfermería hacia los
colectivos, con la finalidad de que el profesional de esta área desempeñe su papel como
aquel que brinda cuidados integrales y, por lo tanto, un servicio de calidad.
Temas
Valores y dimensiones éticas para el trabajo ante la colectividad
Desarrollo comunitario
La autogestión para la salud
Las decisiones y acciones de los cuidados transculturales
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Unidad 3. Enfermería en la salud colectiva
Existen muchas clasificaciones de los valores, según el autor o el sistema filosófico con el que se
catalogan, pero consideraremos cuatro ámbitos particulares de algo valioso o de relevancia axiológica
(Méndez, 1985):
Un código de ética hace explícitos los propósitos primordiales, los valores y obligaciones de la
profesión. Tiene como función tocar y despertar la conciencia del profesionista para que el ejercicio
profesional se constituya en un ámbito de legitimidad y autenticidad, en beneficio de la sociedad, al
combatir la irresponsabilidad en la práctica profesional, sin perjuicio de las normas jurídicas plasmadas
en las leyes que regulan el ejercicio de todas las profesiones.
“… es una reflexión que cada uno de nosotros debe hacer sobre su propia libertad
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Ana Laura Pacheco Arce
puesto que cada uno de nosotros, conoce y debe conocer más que a nadie a un sujeto,
UNO MISMO, ya que desde el punto de vista de la libertad, podemos ver los efectos de lo
que hacen los otros, pero no estamos dentro de ellos para determinar cuáles son sus
objetivos, sus intenciones, su buena o mala fe, en cambio si estamos conscientes del interior
de nosotros mismos; el juicio ético deberá ser sobre nuestra propia plenitud, sobre nuestra
propia excelencia como seres humanos. Naturalmente ese juicio ético versa sobre nuestra
actitud o nuestra acción como seres humanos en relación con otros ya que no somos seres
aislados”
Ser
Enfermería
Fuente: Archivo personal de la Mtra. Ana Laura Pacheco Arce, Profesor de Carrera Asociado “C
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la misma sociedad, afrontando nuestra vida en común con los otros, con la posibilidad de intervenir
socialmente a partir de la responsabilidad que cada uno elige y le toca según su ubicación social, pues
cada uno de nosotros: piensa, ama, teme, habla y muchas cosas más, por lo que, todos en el conjunto
de deseos, sentimientos y espíritu, damos y nos dan.
Lo anterior va conformando la esencia de lo que es y nos hace ser humanos, y la humanidad, como
también dice Savater (2000), “es la matriz social”, es decir, nacemos por segunda vez en el seno de la
comunidad humana, por lo tanto, la ética se encarga del sentido de la vida con libertad para ser y
hacer con una visión en donde todos puedan ejercer derechos y obligaciones, fomentando la
convivencia durante todo el ciclo vital.
Pues bien, después de haber aclarado de manera general el papel de estas ciencias debemos
preguntarnos:
o ¿Qué es un valor?
Fuente: Archivo personal de la Mtra. Ana Laura Pacheco Arce, profesora de Carrera 6
Asociado “C”
Ana Laura Pacheco Arce
La enfermería tiene que ver con la existencia de los seres humanos, por lo tanto no es casual que
durante su formación cursen asignaturas que apuntan hacia el conocimiento integral del mismo,
tratando de que lleguen a valorar sus necesidades bio-psico-sociales, su respuesta y adaptación al
ambiente, las amenazas a su salud y las intervenciones para mantenerla o recuperarla, a veces en esta
compleja y agotadora tarea se pierde de vista el objetivo de la ética y la filosofía; vale la pena recordar
que: la práctica de enfermería es la expresión del conocimiento, el cuidado es el eje central, el objeto
de estudio de la disciplina que requiere de ser investigado para generar una práctica del cuidado
basado en teorías que lo sustenten para que sea autónomo y de calidad, por lo tanto, la disciplina
maneja el conocimiento de enfermería o ciencia de la enfermería y la ciencia de enfermería es el
cuerpo de conocimientos ganado a través de la investigación que guía nuestra práctica.
Por lo tanto,
es importantísimo
Social Biológico incluir en la
formación de
Enfermedad enfermeras
elementos
Muerte acerca de los
Salud valores y el
humanismo, este
Vida último nos
permite
Psicológico Espiritual
reflexionar y
velar porque el
Fuente: Archivo personal de la Mtra. Ana Laura Pacheco Arce, Profesor de Carrera Asociado “C
hombre sea
humano y no inhumano o “bárbaro” es decir, fuera de su esencia, por lo que en este sentido son los
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valores los que expresan la esencia del hombre y a la vez lo van enriqueciendo históricamente con las
creaciones de la cultura, la civilización y la humanización. En concreto, los valores como la libertad, la
paz, igualdad, justicia, amor, entre otros, debieran estar presentes en todos los actos que enfermería
realice para poder afirmar que esta es una ciencia y un arte del cuidado integral y comprensivo dirigido
a la persona, familia y comunidad, considerando el entorno donde se desenvuelven, todo ello para
promover o restablecer la salud.
Los valores que podría mencionar en este momento podrían ser muchos, pero solo citaré un ejemplo
de la posesión del valor para su aplicación.
Debemos tener presente la dignidad de la persona, ya que el trato debe ser igualitario y no por ser
blanca o negra, hombre o mujer, pobre o rico, indio o “gente de razón”, sino solo como semejante. La
dignidad es no juzgar a nadie por nada que esa persona no haya hecho o no pueda remediar, por lo
tanto, se juzgará por lo que sí hace, reconociendo también sus capacidades y no su linaje, procedencia
o buena o mala familia, etc. “La dignidad es considerar a cada individuo como alguien proyectado
hacia un futuro de acciones y de libertad y no simplemente, condicionado por la necesidad, la
tradición y la genealogía” (Méndez, J., 2006)
“Solo otros seres humanos como nosotros pueden rescatarnos de la insignificancia reconociendo
nuestra dignidad de seres pensantes que se saben mortales, esa es la base de la dignidad
humana” (Savater, F., 2000).
La ética sirve para reflexionar sobre los valores e intentar potenciarlos al máximo y de ahí parte otro
de estos: la tolerancia, que significa la disposición dentro de ciertos límites a aquello que no nos gusta,
esta radica en no presionar, hostigar o marginar de alguna manera a quien crea algo que a nosotros no
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Ana Laura Pacheco Arce
nos gusta o parezca incómodo, desde luego que como todos los valores, debe tener límites para ser
llevada a cabo, ser real y eficaz.
De estos planteamientos se deriva el hecho de que los conceptos de nuestra disciplina deben ser
claros para todos los que nos dedicamos a ella, así como la integración de ciencias como la filosofía y
la ética, necesarios para incrementar nuestro paradigma, ya que el pensamiento se conforma como un
acto del
rodea.
De aquí que no basta con la salud del cuerpo, sino también del alma, del espíritu y la mente en
equilibrio con su ambiente, ya que esto puede provocar otros males como: la injusticia, ignorancia y
soberbia, motivo por el cual, el reconocimiento de todos estos elementos forman parte de la reflexión
que en un primer momento nosotros como profesionales de la salud debemos hacer para nosotros
mismos con franqueza, para poder afirmar la premisa de otorgar salud a nuestros pacientes, ya que
estos deben ser considerados como un todo de manera holística, respetando su cosmovisión, su
entorno, su modo o estilo de vida, conociendo incluso su filosofía de vida y también el contexto social,
económico y político en que se desenvuelven. Solo así podríamos decir que la enfermería otorga un
cuidado integral basado en conocimientos científicos y técnicos, con un enfoque humanístico.
Por lo tanto, enfermería debe ampliar también su concepción de la asistencia y fomento de la salud
de los colectivos, un mayor conocimiento de la persona, ampliar su concepción de la vida en una
dualidad con la salud y a la enfermedad con la muerte, ya que es en estos hechos donde el cuidado
de enfermería debe volcarse no solo para el enfermo, sino también para el sano, pues la vida y la salud
son también valores, aunque en algunos casos estén determinados por las condiciones, estilo, potencial
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y calidad de la vida, elementos que desde el punto de vista filosófico se unen a la ciencia para respetar
la vida.
Cuidar de la vida, según Collière (1992), se convierte en un principio fundamental a partir de buscar
la vida, luchar por vivir, vivir en plenitud y aceptar la terminación de la vida. La enfermera profesional
debe asumir el compromiso de cuidar de la vida como un arte, es decir, con sentimientos sin lo cual no
sería posible existir, este arte se inserta en el contexto de la vida cotidiana y no de la enfermedad ni de
la lucha en contra de la muerte, ya que parte de la premisa de favorecer, cuidar la vida para que
permanezca y sea firme, se desarrolle o disminuya y acabe con tranquilidad y paz.
Los cuidados de enfermería representan entonces un todo, un trabajo permanente y continuo donde
se desarrolla el ingenio, la creatividad, la organización de los recursos, principalmente con relación al
estilo de vida, por ejemplo: los cuidados del cuerpo y los cuidados alimentarios para asegurar la
continuidad de la vida y permitir así atravesar las diferentes etapas, no solo en un transcurrir del tiempo
sino con calidad de vida.
De ahí que el significado de la vida para enfermería implica tres etapas: ser cuidado, cuidarse y
cuidar, todo va unido, por lo tanto cuidar es movilizar y estimular todas las capacidades potenciales de
vida ya existentes, para despertarlas y desarrollarlas, reforzar y compensar las capacidades que todavía
no se han desarrollado y cuando aparece la vejez, cuidar, estimular, fortalecer las capacidades que
disminuyen, que se debilitan o que se agotan y también compensar las capacidades alteradas o
perdidas.
Los cuidados de enfermería, por lo tanto, deben acompañar a esas grandes etapas de la vida, y no
solo a la enfermedad, ya que los tratamientos solo se dirigen a los efectos nocivos que las causan, es
decir, se puede vivir sin tratamiento, pero no se puede vivir sin cuidados, curar no puede reemplazar al
cuidar, ya que debe haber un enfoque anticipatorio al daño.
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Ana Laura Pacheco Arce
Es así que el saber y el hacer de la enfermería debe reconocer a la ética y a la filosofía para orientar
su objeto de estudio hacia el cuidado y satisfacción de las necesidades que de la vida y salud de la
persona se desprenden con una visión integral donde lo biológico, psicológico, social, cultural y
espiritual están en un mismo nivel, tanto para cuidar al sano como al enfermo y no solo para dedicarse
a curar o tratar enfermedades, sino para valorar y cuidar la vida humana.
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El desarrollo de la comunidad es un complejo proceso, integrado por fases o etapas sucesivas, con
una dirección determinada, destinadas a alcanzar una serie de objetivos prefijados. Con el fin de
organizar las acciones se proponen las siguientes etapas:
Etapa inicial:
o Capacitación
o Motivación y promoción
o Estudio de la comunidad
o Planeación con el consentimiento de la comunidad
o Considerar aspectos culturales de la comunidad
Etapa de realización:
o Organización
o Coordinación de recursos
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Aurora García Piña
o Orientación y dirección
Etapa final:
o Evaluación
o Integración institucional
Ampliación y jerarquización
Cabe señalar que los grupos pueden conformarse para los fines que convengan, por ejemplo, de
centro de madres adolescentes y clubes de adultos antialcohólicos.
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Aurora García Piña
Ejemplo de ello es la asociación ciudadana Sumendi, surgida en 1986 sin fines lucrativos para
promover la autogestión de la salud, contra una medicina que mitifica a la ciencia, se vende a las
multinacionales, nos trata de forma paternalista (cuando no autoritaria). Ante la confusión de muchas
terapias “alternativas”, acientíficas, esotéricas, consumistas y sin compromiso social, reivindicamos una
nueva cultura de la salud desmedicalizada donde cada persona, grupo o comunidad busquen
maneras de vivir diversas, interdependientes y cada vez más autónomas, ecológicas, gozosas y
solidarias, es decir, ver la salud individual y colectiva desde lo integral, global, complejo e
interdependiente
Aunque este modelo más integral y comprometido es apoyado por la inmensa mayoría de los
especialistas en salud colectiva, en la práctica apenas se le tiene en cuenta, ya que la industria
farmacéutica presiona muchísimo condicionando la investigación, y así los esquemas no cambian y a
los profesionales de la salud se nos ha inculcado un modelo biomédico o biologicista que nos cuesta
cambiar; seguimos soñando con esa píldora mágica que aliviará esta o aquella enfermedad intratable.
En 1975 Iván Illich hizo una crítica radical a la medicina oficial. La medicina oficial expropia la salud
de la gente a través de la medicalización de la vida, es decir, desde que nacemos hasta que morimos
cada vez más expertos pretenden ocuparse de más facetas de nuestra vida: concepción y
anticoncepción, embarazo, nacimiento, crianza, adolescencia, sexualidad, problemas personales,
prevención, curación, menopausia, vejez e incluso la propia muerte. (Palomar, 2002)
Esto no implica que no necesitemos profesionales de la salud: serán necesarios en muy diversas
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circunstancias; pero Illich sostiene que debe haber un equilibrio entre lo que podemos hacer por
nosotros mismos (autonomía) y lo que nos viene dado de fuera en forma de bienes o servicios
(heteronomía).
Sin ir más lejos, después de más de 100 años de existencia todos deberíamos haber aprendido a usar
las aspirinas de una forma racional y autogestionaria, y no siempre es así. Todavía miles y miles de
personas mueren por hemorragias gástricas causadas por la aspirina. (Palomar, 2002)
Nuestro organismo es una unidad cuerpo mente maravillosa que tiene infinidad de recursos: internos
y externos. Aprender a aprovecharlos hoy en día es más fácil debido al desarrollo de numerosas
ciencias y al mayor acceso que tenemos a las diversas culturas del planeta de las que podemos
aprender mucho.
El cuerpo se autorregula, crece sabiendo ya desde la primera célula en el vientre de nuestra madre,
su sabiduría inconsciente es imparable y más tarde alcanzamos la consciencia, lo cual nos hará incluso
más poderosos. Miles de millones de células sabiamente coordinadas en órganos, aparatos y sistemas
armoniosamente integrados entre sí. Aún ignoramos mucho de este funcionamiento fantástico, pero se
conoce que nuestro cuerpo produce innumerables sustancias para su mantenimiento, autodefensa y
regeneración: proteínas, hormonas, enzimas, neurotransmisores, etc.; origina por sí mismo casi todos los
elementos que necesita para hacer frente a los estímulos y retos que la vida nos depara: excitantes,
sedantes, analgésicos, lubricantes, hidratantes, laxantes, protectores solares, antiinflamatorios,
antisépticos, antibióticos, antivíricos, antioxidantes, antitrombóticos, etc.
Como el resto de la naturaleza, nuestro cuerpo tiene unos límites, una capacidad de aguante y no
podemos dilapidar sus recursos sin dejar de sufrir consecuencias más o menos serias. En la antigua
Grecia existía la diosa de la salud, Higia, que simbolizaba el arte de vivir con digna salud, manteniendo
el patrimonio orgánico y aprendiendo a restablecerse cuando uno enfermaba. (Palomar, 2002)
Muchas veces ignoramos las “señales” que el cuerpo nos manda y ocultamos los síntomas con
pastillas, hierbas, actitudes negativas etc. ¿Y si simplemente probáramos a escuchar a nuestro cuerpo?
Pues descansaríamos más, comeríamos menos, viviríamos más relajados y seguramente nos
regularizamos de manera natural; sin embargo, hacerlo en esta sociedad de consumo es casi
subversivo, es como transgredir una ley no escrita que nos empuja a consumir más y más bienes y
servicios (sean estos oficiales o “alternativos”, que para el caso es lo mismo...). Alienados por la sociedad
de consumo que nos genera falsas necesidades, casi sin darnos cuenta que les hacemos el juego a los
negociantes de la salud.
No hay panaceas para los problemas del ser humano, muchas veces solo el esfuerzo, la constancia y
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Aurora García Piña
el aprendizaje combinado con nuestro instinto, inteligencia y, sobre todo, nuestro sentido común (que
supone desalinearse), conforman una digna alternativa autogestionaria y anticonsumista que puede
contribuir a aumentar nuestros poderes o capacidades, la dignidad de la gente y de los pueblos.
En el aspecto psicosocial, cada persona puede hacer mucho por sí misma para cambiar su vida,
como parte de la comunidad se pueden hacer muchas cosas en común para construir una sociedad
más justa, ecológica y solidaria. De nada sirve quejarnos, patalear o resignarnos. Los humanos somos
(cuando nos lo proponemos) inteligentes, intuitivos y solidarios.
Ya hay mucha gente en marcha; infinidad de colectivos y algunos movimientos sociales laboran
cotidianamente local y/o globalmente para cambiar una sociedad en la que persisten aún
innumerables injusticias y problemas planetarios. En una sociedad donde la crisis del valor esfuerzo está
provocando diversos problemas de salud individual y colectiva, es una prioridad desperezarse, entrenar
la voluntad y globalizar la solidaridad.
Algunos ejemplos que podríamos enumerar para actuar ya en los tres aspectos de la salud: físicos,
psicológicos y sociales, desde hacerse vegetariano (o mejorar nuestra dieta), hacer ejercicio regular,
trabajar en lo que queremos, hasta apuntarse a una asociación, apoyar una buena causa, iniciar un
proyecto digno (por pequeño que este sea), pasando por conocernos a nosotros mismos, mejorar
nuestro autocontrol y relaciones interpersonales. El umbral del tercer milenio es un buen pretexto para
retomar las riendas de nuestra vida. (Palomar, 2002).
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La situación actual se caracteriza por valores y estructuras sociales en continuo proceso de cambio,
se generan requerimientos personales y sociales, nuevas necesidades de salud ante aspectos como la
migración, tasa de natalidad, maternidad, paternidad etc., estas en ocasiones no pueden ser
autosatisfechas, por tanto se requiere de cuidados culturales profesionales.
Por lo anterior, se reafirma en el presente escrito el cuarto nivel del esquema del “sol naciente” de
Madeleine Leininger, el cual se refiere al tipo de cuidados que brinda el profesional de enfermería, ya
sea para mantener-negociar, adecuar o rediseñar los cuidados de las personas, familias y colectivos.
Cabe hacer mención, como lo refiere Vásquez (2002), que pueden presentarse limitaciones, tales como
el privilegio de la tecnología, la orientación curativa y escaso cuidado por parte del equipo de salud;
así como las imposiciones del sistema de salud.
Según Madeleine Leininger (Marriner, 1998) el cuidado de la salud tiene semejanzas y diferencias de
acuerdo con su contexto cultural. El cuidado transcultural, exige tener una relación empática con las
personas y comunidades, comunicarse con habilidad en los diferentes escenarios y adquirir
conocimiento cultural; estos elementos permiten identificar las diferencias y similitudes del cuidado y
ofrecer acciones sensitivas y competentes desde la perspectiva cultural identificadas y compren didas
para que las enfermeras sean eficientes al asistir a las personas, ofreciendo un cuidado culturalmente
congruente.
El conocimiento cultural en enfermería implica que para proveer el cuidado cultural, la enfermera
debe asumir un modelo de práctica profesional centrada en la aplicación de cuidados integrales y
holísticos, desmarcada del modelo biomédico, para ello debe tener ciertas habilidades que faciliten la
competencia cultural con el mismo.
Además implica el respeto por las diferencias culturales, sensibilidad para entender cómo estas
influyen en las relaciones con las personas y habilidad para ofrecer estrategias que mejoren nuestros
encuentros culturales de acuerdo con las necesidades. En otras palabras, la enfermera debe identificar
de quien cuida aquellas prácticas y valores dignos de mantener y promover el bienestar y condiciones
de vida adecuadas para la conservación de la salud.
Dentro del esquema del sol naciente se menciona que existen cuatro niveles de interacción entre
nuestro ambiente, aspectos sociales, religiosos, instituciones y el profesional de enfermería.
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Aurora García Piña
NIVEL 1
Representa la visión del mundo y los sistemas
sociales
NIVEL 3
Equipo de salud identifica cuidados culturales
universales y multiculturales
NIVEL 4
Cuidados enfermeros: preservación,
acomodación y remodelación
El nivel cuatro determina el nivel de las acciones y decisiones de los cuidados enfermeros, es ahí
donde se desarrollan los cuidados culturalmente congruentes y se conceptualizan en tres formas, con el
fin de guiar juicios para decisiones y acciones.
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Por ejemplo, si la visión de la persona indica que algunas acciones o conductas no influyen de forma
adversa sobre su estado de salud es cuando se negocian ambas perspectivas, es decir, se pueden
combinar la medicina tradicional y occidental, como: reducir la dosis de una medicación
antihipertensiva por remedios derivados de hierbas puede ser perjudicial, o bien, de acuerdo con la
creencia, en el caso de mujeres americanas, a quienes les gusta su aspecto corporal grande, se
pueden molestar si les proponemos bajar de peso; los sijes ortodoxos no se cortan el pelo, lo que puede
entrar en conflicto con la necesidad de afeitar la piel para determinadas intervenciones médicas
(Kozier, 2008).
Siguiendo con las mismas autoras, se refiere que las enfermeras profesionales en el área pueden
realizar la valoración cultural de la persona y su familia, se puede iniciar aprendiendo rituales,
costumbres, prácticas de los principales grupos culturales, de esta manera se asimilará de la riqueza
multicultural de nuestro país. Cabe señalar que no pueden realizarse suposiciones de dicha población,
ni preguntar de las conductas o alternativas de curación reconociendo las actitudes, prejuicios y
estereotipos propios.
Se tiene que aceptar que las personas o familias tienen derecho de realizar sus propias elecciones
sobre la atención sanitaria, si ellos lo desean, pueden solicitar su estado de salud, así como del
tratamiento recibido. Y por supuesto, en todo momento mostrar respeto y cooperación con los
cuidadores empíricos y profesionales de la salud.
Hay algo muy importante: el cuidado de enfermería dentro de las escuelas e instituciones de salud
sigue siendo acto aprendido y de técnicas, lo cual se opone a cuidar de los individuos para que est os se
desarrollen. Cuidar empieza por uno mismo, es decir, con la cultura que uno nace y en la que se vive
(Vásquez, 2002).
Comprender el cuidado, desde la perspectiva de Leininger, implica aprender de las personas sus
formas de vida, sus contextos, sus sentimientos, sus preocupaciones, sus creencias, prácticas y valores,
en sucesos tan diversos como la maternidad, paternidad, nacimiento, adolescencia, adultez, vejez,
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Aurora García Piña
enfermedad y muerte, con el fin primordial de ofrecer un cuidado coherente con la cultura.
Como reflexión final: la investigación se configura en una puerta de entrada que permite percibir
esas perspectivas y también en un puente que aproxima al profesional de enfermería a la cotidianidad
de las personas para aprender de ellas, se puede utilizar investigación de tipo cualitativa, apoyada del
método etnográfico, diario de campo etc.
Leininger (Marriner, 1998), afirma que con el tiempo esta área se convertirá en un nuevo dominio del
ejercicio de la enfermería, que se reflejará en un ejercicio profesional diferente, definido y
fundamentado en principios culturales y diseñado específicamente para orientar los cuidados de la
enfermería a individuos, familias, grupos e instituciones; sostiene que la cultura y la asistencia son los
medios más generales y holísticos que permiten conceptuar y comprender a las personas.
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Unidad 3. Enfermería en la salud colectiva
o El trabajo entre instituciones sociales y las personas, con la finalidad de favorecer la salud a
través de acciones educativas.
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Fuentes de información
Collière, M.F. (1982). Promover la vida. Madrid: Interamericana.
Hernán, S. M. y Pastor, V. (1988). Salud Comunitaria. Teoría y Práctica. Madrid: Ediciones Díaz de Santos.
Kozier, B., Berman, A., Snyder, J. y Shirlee, E. (2008). Fundamentos de Enfermería. Procesos y práctica (Vols.
I y II). Madrid: Pearson.
Savater, F. (2000). Los caminos de la Libertad, cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes del ITESM. México:
Ariel.
Vásquez, T. (2002). El arte y la ciencia del cuidado. Grupo de Cuidado, Antioquia: Facultad de
Enfermería.
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