DEPORTE COMO FENOMENO SOCIAL
El deporte es hoy día un fenómeno de extraordinaria importancia social que
merece la atención de investigadores y estudios. Pero también forma parte de los
estímulos, situaciones, experiencias y emociones a los que cualquier ciudadano/a
de las sociedades más avanzadas se puede exponer. Es decir, ocupa un lugar
preeminente del imaginario social cada vez más “mundializado” al que asistimos
recién estrenado el siglo XXI.
Si hablamos del campo de la motricidad como una las dimensiones de la
globalidad de la persona, sin duda el deporte es la manifestación más popular,
tanto desde el punto de vista de su práctica como de su consumo en forma de
espectáculo. En los discursos que frecuentemente nos llegan se suele relacionar
el deporte, especialmente la práctica físicodeportiva, con numerosos beneficios
físicos, psicológicos y sociales.
El deporte es presentado como un gran instrumento para el desarrollo integral del
ser humano. Existe una gran cantidad de estudios y reflexiones sobre los
beneficios de la práctica físicodeportiva en cada una de las áreas de desarrollo del
ser humano: física (mejora de salud y prevención de enfermedades en distintos
sistemas fisiológicos, mejora de habilidades motrices…), psicológica (mejora de la
autoestima y el autoconcepto, aumento de la sensación de competencia, mejora
de las situaciones de estrés, trastornos sueño, depresión) y social (mejora relación
con los demás, cooperación, sentimiento de equipo, reforzamiento de identidades
colectivas…).
A ello podríamos añadir su potencial como medio educativo y de transmisión de
valores morales. Sin embargo, no debemos caer en una retórica simplista que
defiende el deporte como un fenómeno positivo pero se y que, por tanto, debe
promocionarse entre la población.
Si hablamos de los efectos positivos sobre la dimensión física, debemos
considerar que la práctica físicodeportiva es saludable si se dan una serie de
condiciones. Fundamentalmente, cuando incide en la mejora de la condición
física-salud, cuando se realiza en un entorno seguro (espacios, materiales,
equipamientos…) y cuando su práctica se desarrolla con continuidad a lo largo de
la vida de la persona.
Desde el punto de vista psicológico, es el ejercicio aeróbico el que permite
mejoras en situaciones de estrés, depresión, ansiedad o nerviosismo. Asimismo,
es importante que los desafíos y habilidades puestos en juego sean semejantes,
establecer metas realistas, obtener información constante de los progresos y
mantener la concentración en la práctica para que la experiencia deportiva sea
realmente óptima.
Y qué decir del desarrollo de habilidades sociales y valores morales. Quizá es en
esta área donde surgan mayores problemas para identificar el deporte como una
práctica positiva en la formación del carácter del ser humano y en la promoción de
valores sociales democráticos. “Del deporte a la sociedad: sobre valores y
desarrollo del ser humano” Cornelio Águila Soto.
Especialmente los deportes colectivos, pueden proporcionar situaciones
formativas que favorezcan la igualdad, la tolerancia, la resolución de problemas en
el seno del grupo.
En definitiva, el deporte y el ejercicio físico mejoran de forma general la función
mental, lo que repercute en todos los planos psíquicos y emocionales,
contribuyendo a una mayor sensación de bienestar y optimismo. Dado el efecto de
la práctica regular de ejercicio físico sobre la autoestima y la mejora de la
percepción de uno mismo, el deporte también ayuda a mejorar depresiones leves
o moderadas y puede representar una terapia antidepresiva en sí mismo.
NICOLLE PACHECO RAMIREZ
Estudiante
BIBLIOGRAFIA
García M, Puig N, Lagardera F. Sociología del deporte. Madrid:
Alianza editorial; 2002.
Parlamento Europeo. Dictamen sobre vandalismo y violencia en el deporte.
Comisión de Juventud, Cultura, Educación, Información y Deporte. Noviembre,
1987.