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Créditos
Moderadora de Traducción
krispipe

Traducción
3lik@ NaomiiMora
Aelinfirebreathing Rimed
Anamiletg Rose_Poison1324
krispipe Vale
Mais Wan_TT18
Manati5b Yiany
Maria97Lour YoshiB
Mary Rhysand

Recopilación y Revisión
Mais & Manati5b

Diseño
Evani
Índice
Sinopsis Capítulo 22

Capítulo 1 Capítulo 23

Capítulo 2 Capítulo 24

Capítulo 3 Capítulo 25

Capítulo 4 Capítulo 26

Capítulo 5 Capítulo 27

Capítulo 6 Capítulo 28

Capítulo 7 Capítulo 29

Capítulo 8 Capítulo 30

Capítulo 9 Capítulo 31

Capítulo 10 Capítulo 32

Capítulo 11 Capítulo 33

Capítulo 12 Capítulo 34

Capítulo 13 Capítulo 35

Capítulo 14 Agradecimientos de la autora

Capítulo 15 Próximamente

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21
Sinopsis
Julia Hughes siempre ha jugado a lo seguro hasta que
aprendió una lección muy dolorosa. Ahora está empezando de
cero con un nuevo trabajo en el pantano de Luisiana—y un
abrasador encuentro con un extraño—solo para descubrir que
él es Lucian de Vincent… su nuevo empleador.

Los hermanos de Vincent comparten una gran fortuna y


una oscura reputación. Julia cuida a su hermana con
problemas, pero una presencia amenazante en la mansión—y
la tentación siempre presente de Lucian—demuestran ser
peligrosamente molestas.

La abuela de Lucian dijo que los hombres de Vincent se


enamoran una vez… y con fuerza. Aparentemente, es el turno
de Lucian. El cuidado compasivo de Julia con su gemela hace
que Lucian quiera exponerse. Pero es mejor para Julia no
saber algunos secretos.

El reciente “suicidio” del padre de Lucian es la última de


una serie de muertes en la finca. Alguien está eliminando a los
de Vincent. Y la mejor manera de llegar a Lucian puede ser a
través de Julia…

Moonlight Sins - De Vincent #1


Para cada lector que escoge este libro. Gracias.
Capítulo 1
Traducido por 3lik@

¿ Es verdad? ¿Lo qué dicen de las mujeres que vienen aquí? —


Uñas bañadas en un brillante esmalte rojo le recorrían el
estómago a Lucian de Vincent, quitándole la parte delantera de la
camisa—. ¿Que ellas... enloquecen?

Lucian arqueó una ceja.

—Porque me siento un poco desquiciada. Me siento un poco fuera


de control. Te he deseado tanto tiempo. —Labios del mismo color de esas
uñas le agitaron el cabello más corto alrededor de su oreja—. Pero nunca
miraste en mi dirección. No hasta esta noche.

—Ahora, eso no es verdad —dijo él, arrastrando las palabras,


buscando la botella de bourbon.

La había mirado a ella más de una vez. Probablemente escudriñado


un poco. Con todo ese cabello rubio y ese cuerpo en ese vestido escotado,
definitivamente lo había hecho, junto con la mitad de los clientes del Red
Stallion. Diablos, probablemente alrededor del noventa por ciento de
ellos, hombres y mujeres, habían mirado en su dirección más de una vez,
y ella era muy consciente de ese hecho.

—Pero siempre estabas tan concentrado en otro lado —continuó, y


podía oír el puchero formándose en esos bonitos labios rojos.

Se sirvió un trago de bourbon de veinte años, tratando de averiguar


a quién más podría haber estado prestando atención. Las opciones eran
ilimitadas, pero nunca se centró en nadie en particular. La verdad era
que ni siquiera estaba prestando atención a la mujer detrás de él, ni
siquiera cuando presionó lo que parecían pechos maravillosos contra su
espalda y deslizó su mano debajo de su camisa. Ella hizo este sonido, un
gemido gutural que no le hizo absolutamente nada, mientras su mano se
aplastaba contra los tensos músculos de su estómago bajo.

Solía haber un momento en el que no hacía falta más que una


sonrisa cómplice y una voz sensual para atraparlo tanto que podía clavar
su pene en la pared. Y solía tomar incluso menos para él follar y perderse
por un tiempo.

¿Ahora?

No tanto.

Sus pequeños afilados dientes atraparon el lóbulo de su oreja


mientras deslizaba esa mano hacia abajo, sus ágiles dedos centrándose
en su cinturón.

—¿Pero sabes qué, Lucian?

—¿Qué? —dijo, llevando el pequeño y pesado vaso con hielo a sus


labios, lanzando hacia atrás el líquido ahumado sin siquiera
estremecerse. El bourbon se deslizó por su garganta y calentó su
estómago mientras miraba la pintura sobre la barra. Esta pintura no era
la mejor, pero había algo en las llamas que le gustaba. Le recordó el
ardiente fluido de la locura.

Ella le liberó de su cinturón.

—Voy a asegurarme de que nunca vuelvas a pensar en alguien


más.

—¿Eso es...? —Se detuvo, frunciendo las cejas mientras buscaba


en sus recuerdos.

Mierda.

Había olvidado su nombre.

Santo infierno, ¿cuál demonios era el nombre de esta mujer? Las


llamas violeta-rojas de la pintura no le dieron la respuesta. Respiró hondo
y casi se atragantó con su empalagoso perfume. Era como una fanega de
fresas arrojado en su boca.

El botón de su pantalón se soltó y luego el sonido metálico de una


cremallera llenó la espaciosa habitación. No más de un segundo después,
su mano estaba debajo del elástico de sus boxers, y justo donde su polla
descansaba.

Su mano se congeló por el momento más breve. Parecía dejar de


respirar.

—¿Lucian? —arrulló, rodeando sus cálidos dedos alrededor de la


mitad de la longitud erecta.
La obvia falta de interés de su cuerpo hizo que su labio se rizara
con disgusto. ¿Qué diablos estaba mal con él? Tenía una hermosa mujer
tocando su polla y estaba tan excitado como un colegial en una
habitación llena de monjas.

Él estaba... diablos, simplemente aburrido. Aburrido de ella,


consigo mismo, con todo esto. Esta mujer usualmente era su estilo. Pasa
un poco de tiempo con ella y nunca más vuelvas a verla. No estuvo con
una mujer más de una vez, porque cuando lo haces, comienzas a tener
un hábito, y ese hábito se volvería muy difícil de romper. Alguien pilla
sentimientos, y ese alguien no era él, jamás. Pero se sintió... aliviado con
esto.

La sensación de simplemente estar sobre eso, sobre todo, era un


malestar que lo atormentaba en los últimos meses, sofocando casi todos
los aspectos de su maldita vida. La inquietud se había hundido bajo su
piel y se extendía por sus venas como la maldita hiedra que se había
apoderado de las paredes exteriores de toda la casa.

Había estado sintiendo esto mucho antes de que todo se pusiera de


cabeza.

Ella arrastró su otra mano debajo de su camisa mientras apretaba


su agarre.

—Me vas a hacer trabajar para esta polla, ¿no?

Él casi río.

Diablos.

Teniendo en cuenta dónde estaban sus pensamientos, ella iba a


tener que trabajar muy duro. Bajando el vaso hacia la barra, dejó caer la
cabeza hacia atrás y cerró los ojos, lo que obligó a su mente a despejarse.
Ella estaba maravillosamente callada mientras lo trabajaba con su mano.

Ahora más que nunca necesitaba esto, una liberación sin sentido,
y ella… ¿Clare? ¿Clara? Algo que comenzaba con una C, de eso estaba
seguro. En fin, sabía lo que estaba haciendo. Él se estaba endureciendo
con cada segundo que pasaba, pero su cabeza... sí, su cabeza no estaba
en esto.

¿Desde cuándo su cabeza debe estar en esto?

Amplió su postura, dándole un poco más de espacio mientras


alcanzaba ciegamente la botella de bourbon de miles de dólares. Esta
noche trataba de perderse, de sentir que realmente estaba vivo. Como
todas las noches habían sido, pero especialmente ahora, porque tenía
cosas de las que debía encargarse mañana.

Pero no necesitaba pensar en eso ahora mismo. No necesitaba


sentir nada más que su mano, luego su boca, y tal vez el camino…

Los sonidos suaves y apenas audibles de los pasos en el piso de


arriba lo obligaron a abrir los ojos. Inclinó la cabeza hacia un lado,
pensando que estaba escuchando cosas, pero allí estaba de nuevo.
Definitivamente pasos.

¿Qué demonios? Extendiendo la mano, agarró su muñeca esbelta,


deteniéndola. Ella no estaba feliz con eso. Su agarre se movió,
acariciándolo más fuerte y más duro. Puso la presión suficiente en su
mano para acallarla.

—¿Lucian? —La confusión llenó su tono.

No respondió mientras se esforzaba por escuchar algo. No había


forma de que hubiera escuchado lo que creía. Porque no había forma de
que alguien en las habitaciones de arriba pudiera moverse y que nadie
más estuviera en esas habitaciones.

No había personal aquí durante la noche. Todos se negaban a estar


en la mansión de Vincent una vez que la luna estaba alta en el cielo.

El silencio le dio la bienvenida, así que había una buena posibilidad


de que estuviera escuchando cosas y se lo debía al maldito bourbon.

Jesús, tal vez era él quien perdió la cabeza.

Sacando su mano de sus pantalones, se giró y se enfrentó a la


mujer. Realmente era hermosa, pensó mientras estudiaba su rostro
vuelto hacia arriba, pero descubrió hace mucho tiempo que la belleza era
un obsequio voluble dado sin pensar. En la mayoría de los casos,
realmente era solo superficial, y la mitad del tiempo ni siquiera era real.
Era manipulado y alterado por dedos hábiles.

Curvando su mano alrededor de su nuca, se preguntó cuán


profunda era su belleza y exactamente dónde se ponía fea. Presionó su
pulgar contra su pulso, interesado cuando el ritmo se aceleró.

Sus labios se abrieron cuando sus pesadas pestañas bajaron,


protegiendo sus ojos del color de los irises nativos que acababan de
florecer en todo Luisiana. Apostó a que tenía una o dos coronas
escondidas en su casa, junto con bandas que la declaraban una de las
muchas caras bonitas que el Sur ofrecía.
Lucian comenzó a bajar la cabeza cuando su celular sonó desde la
parte superior de la barra. Inmediatamente la soltó y se volvió mientras
ella soltaba un murmullo de decepción. Caminando hacia su teléfono, la
sorpresa lo recorrió cuando vio el nombre de su hermano en la pantalla.
Era tarde, y además, el hijo pródigo seguramente ya estaba en la cama,
en algún lugar de esta misma casa, a esta hora de la noche. Dev ni
siquiera estaría con su prometida, follando toda la noche como Lucian se
imaginaba que las felices parejas normales hacían.

Por otra parte, le costó trabajo imaginarse a la prístina Sabrina


follando cualquier cosa.

Se decían cosas sobre los hombres y las mujeres de la familia de


Vincent. Uno parecía completamente falso. Su tátara-tátara-abuela una
vez afirmó que cuando los hombres de Vincent se enamoran, lo hacían
tan rápido y fiero, sin razón ni dudas.

Y eso era una mierda absoluta.

El único de todos los que se habían enamorado alguna vez era su


hermano Gabe y mira cómo resultó eso. Un maldito desastre.

—¿Qué? —Lucian contestó el teléfono mientras alcanzaba la botella


de nuevo.

—Tienes que venir al estudio de papá ahora —ordenó Dev.

Sus cejas se levantaron cuando su hermano colgó el teléfono. Esa


era una petición interesante. Deslizando su teléfono en el bolsillo, se
subió los pantalones y se quitó el cinturón, tirándolo al sofá cercano.

—Quédate aquí —dijo, deslizando su teléfono en su bolsillo.

—¿Qué? ¿Me estás dejando? —exigió ella, sonando como si ningún


hombre se hubiera alejado de ella una vez que tuviera su mano sobre su
polla.

Lanzando una sonrisa en su dirección, abrió la puerta que


conducía al porche del segundo piso.

—Sí, y me estarás esperando cuando regrese.

Su boca se abrió, pero cuando salió al aire frío, supo que ella podría
ponerse tan enojada como quisiera, pero aún estaría allí, esperándolo.

Cortando el porche, llegó a la escalera cerrada y se dirigió hacia la


habitación trasera del piso principal donde los escalones estaban
despejados. El mausoleo de una casa estaba tenuemente iluminado y
silencioso, mientras sus pies descalzos caían sobre los pisos de baldosas
que se convertían en madera dura.

Tardó un par de minutos en llegar al estudio, ya que estaba en el


ala derecha, escondido de las miradas indiscretas de quienes visitaban la
casa de Vincent. Incluso tenía su propia entrada y acceso.

Lawrence, su padre, tomó garantizar la privacidad a un nivel


completamente nuevo.

Sus pasos se ralentizaron cuando se acercó a las puertas cerradas.


Sin tener idea de lo que le esperaba en el estudio, pero sabiendo que su
hermano no lo llamaría a esta hora de la noche por nada, se preparó para
cualquier cosa.

Las pesadas puertas de roble se abrieron silenciosamente, y Lucian


se detuvo por completo cuando entró en la habitación bien iluminada.

—¿Qué diablos?

Dos piernas se balanceaban levemente, los mocasines de cocodrilo


Brooks Brothers a varios pies del suelo. Había un pequeño charco. El
hedor podrido en la habitación le dijo lo que era.

—Esta es la razón por la que te llamé —dijo Dev desde algún lugar
de la habitación, con tono insulso.

Lucian arrastró su mirada sobre los pantalones oscuros que


estaban húmedos a lo largo de la parte interior de los muslos. Encima de
la torcida camisa de vestir azul turquesa, medio metida y medio salida.
Las manos y los brazos estaban flojos a los lados y los hombros caídos.
El cuello descansaba en un ángulo antinatural.

Probablemente tenía algo que ver con el cinturón alrededor del


cuello.

El cinturón que estaba envuelto alrededor del ventilador de techo


que fue importado de India e instalado hace poco más de un mes. Cada
vez que el cuerpo se balanceaba, el accesorio del techo marcaba como el
reloj del abuelo.

—Jesucristo —gruñó Lucian, las manos cayendo a los costados


mientras su mirada parpadeaba rápidamente alrededor de la habitación.
El charco de orina se estaba extendiendo hacia la antigua alfombra persa
de color beige y dorado.
Si su madre estuviera viva, estaría agarrándose de sus brillantes
perlas con horror.

Una sonrisa irónica se curvó en la esquina de sus labios ante la


idea. Dios, echaba de menos a su madre cada maldito día desde que lo
dejó—los dejó a todos—esa noche húmeda, tormentosa y sofocante. A
mamá le había gustado que las cosas fueran hermosas, eternas e
intactas. Era lógico que hubiera dejado esta tierra de esa manera.

Preocupado más por esos pensamientos que por la muerte que se


aferraba a la habitación, rodeó a la derecha y se dejó caer en la silla de
cuero. El mismo en el que había pasado muchas horas encaramado
rígidamente cuando era niño, escuchando en silencio uno de los muchos,
muchos ejemplos de por qué era una desilusión tan sobresaliente. Ahora
estaba más despatarrado que sentado, con los muslos extendidos. No
necesitaba un espejo para conocer su cabello, rubio, mientras que el de
sus hermanos era oscuro, parecía que una docena de manos lo habían
atravesado. No necesitaba respirar demasiado para captar el maldito
aroma afrutado del perfume que se adhería a su ropa.

Si Lawrence lo viera así, su labio estaría curvado de una manera


que sugería que había olido algo profundamente desagradable. Sin
embargo, Lawrence nunca lo miraría de esa manera otra vez,
considerando que ahora estaba colgando del ventilador de techo como
carne en un gancho de carnicero.

—¿Alguien llamó a la policía? —preguntó, tocando con los dedos


largos el brazo de la silla.

—Eso espero —dijo Gabriel, arrastrando las palabras. Se apoyó


contra el aparador de roble cereza pulido. Las copas de cristal chocaron
juntas. Las jarras de brandy y whisky fino apenas se movieron.

Gabe, considerado el hermano más normal de la horda de Vincent,


parecía todavía medio dormido. Vestido sólo con un par de sudaderas, se
frotó ociosamente la mandíbula mientras miraba las piernas
balanceándose. Su cara estaba demacrada y pálida.

Por otra parte, aquellos que sostenían esa opinión tampoco


conocían al verdadero Gabriel.

—Llamé a Troy —respondió Dev sombríamente desde donde estaba


al otro lado del estudio. Parecía el hijo mayor, el que ahora estaba
aparentemente a cargo de toda la dinastía de Vincent, siempre debería
aparecer. Cabello oscuro peinado cuidadosamente, mandíbula libre de
barba, y ninguna maldita arruga en los pantalones de lino en los que
dormía. Probablemente se detuvo para plancharlos.

—Le dije lo que pasó —continuó Dev—. Está en camino.

Lucian miró a Dev.

—¿Tú lo encontraste?

—No pude dormir. Me levanté y vine aquí. Vi que la luz estaba


encendida y así fue como lo encontré. —Dev cruzó los brazos sobre su
pecho—. ¿Cuándo llegaste a casa, Lucian?

—¿Qué tiene eso que ver? —preguntó.

—Solo responde la pregunta.

Una lenta sonrisa de comprensión tiró de su boca.

—¿Crees que tuve algo que ver con el estado actual del querido y
viejo papá?

Devlin no dijo nada. Esperó. Típico de Dev, sin embargo. Tranquilo


y frío como una tumba recién cavada. No era nada como Lucian. Nada.
Fue Gabe quien observó a Lucian como si adivinara la verdad, como si lo
supiera mejor.

Lucian puso los ojos en blanco.

—No tengo idea de si estuvo despierto y aquí abajo cuando llegué.


Utilicé mi propia entrada y estuve felizmente involucrado en otras
actividades hasta que me llamaste.

—No te estoy acusando de nada —respondió Dev en el mismo tono


que había usado cientos de veces durante su infancia.

—Por supuesto como el infierno que no suena así.

¿Qué tan jodido era eso? Su padre estaba colgando del ventilador
de techo con su propio cinturón de cuero de seiscientos dólares, y Dev le
preguntaba sobre su paradero. Sus dedos se inmovilizaron en el brazo de
la silla. Fue entonces cuando notó la mancha roja a lo largo de su
puntero. Curvó sus dedos hacia adentro.

—Entonces, ¿dónde estaban ustedes dos?

Dev levantó sus cejas.

Gabe miró hacia otro lado.


Negando con la cabeza, se río por lo bajo.

—Miren, no soy un experto forense, pero parece que se colgó.

—Es una muerte no intencional —declaró Gabe, y Lucian se


preguntó de qué crimen televisivo aprendió esa frase—. Aun así lo
investigarán. Especialmente porque parece que no... No se dejó ninguna
nota. —Hizo un gesto con su barbilla hacia la superficie libre de desorden
del escritorio—. Sin embargo, ninguno de nosotros realmente ha buscado
una. Mierda. No puedo creer esto…

La mirada de Lucian se posó en el cuerpo de su padre. Tampoco


podría él.

—¿Llamaste a Troy? —Se centró en Dev—. Probablemente va a


lanzar una maldita fiesta. Diablos, deberíamos estar celebrando.

—¿Tienes algo de decencia? —rechinó Dev.

—¿En serio me estás haciendo esa pregunta en referencia a nuestro


padre?

La mandíbula de Dev se apretó en el más mínimo destello de


emoción.

—¿Tienes alguna idea de lo que la gente va a decir sobre esto?

—¿La expresión en mi rostro da alguna indicación de que me


importa lo que piensen los demás? —preguntó Lucian suavemente—. ¿O
en algún momento de mi vida que me importó?

—Puede que no te importe, pero lo último que nuestra familia


necesita es ser arrastrado por el barro una vez más.

Había muchas cosas que su familia no necesitaba, pero una


mancha más oscura sobre la reputación poco prístina de la familia era la
menor de las cosas de las que preocuparse.

—Tal vez nuestro padre debería haber pensado sobre eso antes...
—Se detuvo, moviendo su barbilla hacia donde colgaba.

Los labios de Dev se estrecharon, y Lucian supo que le costaba


cada gramo de autocontrol a su hermano no responder. Después de todo,
Dev tenía años de practicar la moderación cuando se trataba de Lucian
hostigándolo.

Dev no dijo nada, simplemente rodeó las piernas de su padre y salió


del estudio, cerrando silenciosamente las puertas detrás de él.
—¿Dije algo? —reflexionó Luc, arqueando una ceja.

Gabe lo miró con dureza.

—¿Por qué haces eso?

Él levantó un hombro en un encogimiento de hombros descuidado.

—¿Por qué no?

—Ya sabes cómo se pone.

La cuestión era que Luc sabía cómo molestar a Dev, pero ¿acaso
Gabe? Él no lo creía. Probablemente porque Gabe no quería ver cómo Dev
realmente se ponía cuando ese control bien practicado se agrietaba
apenas una pulgada.

Gabe volvió a mirar esas malditas piernas, su tono sombrío cuando


preguntó:

—¿De verdad crees que nuestro padre habría hecho esto?

—A mí me parece —respondió mientras se concentraba en las


espantosas manos blancas congeladas con el tiempo.

—¿Hay muy poco que pueda hacer que realmente me sorprenda,


pero ahorcarse? —Gabe levantó una mano, arrastrando sus dedos por su
cabello—. Ese no es su… estilo.

Luc tuvo que estar de acuerdo. Sería muy diferente en Lawrence


darles a todos un sólido dejarlos en paz.

—Tal vez es la maldición.

—¿Hablas en serio? —Gabe maldijo por lo bajo—. Estás empezando


a sonar como Livie.

La sonrisa regresó al pensar en su ama de llaves. La señora Olivia


Besson era como una segunda madre para ellos, una parte tan
importante de la casa como las paredes y los techos, pero la maldita
mujer era tan supersticiosa como los marineros en una noche
tormentosa. La sonrisa desapareció como un sueño.

Un profundo silencio cayó entre ellos cuando ambos se


encontraron mirando a su padre. Fue Gabe quien lo rompió, y habló en
voz baja, casi como si temiera que lo escucharan.

—Me desperté antes de que Dev me llamara. Creí haber escuchado


a alguien en el nivel superior.
El maldito aire se detuvo en la garganta de Lucian.

—Fui allí, pero... —El pecho de su hermano se levantó con un


aliento pesado—. ¿Sabes lo que planeabas hacer mañana? No podrás
hacerlo ahora.

—¿Por qué no?

—¿Por qué no? —repitió con una carcajada—. No se puede


abandonar el estado al día siguiente después que nuestro padre murió.

Lucian no vio ningún problema con eso.

—Dev se volverá loco.

—Dev ni siquiera sabe lo que estoy haciendo —respondió—.


Probablemente ni siquiera sepa que me he ido. Regresaré a la mañana
siguiente.

—Lucian…

—Es importante que haga esto. Tú lo sabes. No confío… No confío


en que Dev haya elegido a la persona adecuada. No hay forma de que me
vaya a dejar a un lado y dejar que se encargue de esto. —Su tono no
admitía discusión—. Dev puede creer que todos queremos que sea él
quien se encargue de esto. No me importa, pero tendré algo que opinar.

Gabe suspiró cansado. Pasó un momento.

—Será mejor que te asegures de que tu invitada entienda


completamente cuán importante es que no respire ni una palabra de lo
que ha sucedido aquí.

—Por supuesto —murmuró, levantándose perezosamente de la


silla. No le sorprendió en absoluto el hecho de que su hermano sabía que
había traído a alguien a casa.

Esta casa tenía oídos y ojos.

Gabe comenzó a caminar hacia la puerta.

—Encontraré a Dev.

Lucian vio a su hermano irse y luego se volvió hacia el cuerpo de


su padre, buscando algo, cualquier cosa dentro de él. El impacto que
había sentido al entrar en la habitación se había desvanecido antes de
que se formara por completo. Ese fue el hombre que lo crio, colgando del
ventilador del techo, y ni siquiera pudo encontrar un grano de pena
dentro de él. Veintiocho años de vivir bajo el pulgar de este hombre y no
había nada. Ni siquiera alivio. Solo un abismo de nada.

Miró hacia el ventilador de techo otra vez.

¿Lawrence de Vincent se ahorcó? El patriarca de la familia los


habría sobrevivido a todos por puro despecho.

Pero si no hubiera sido él, eso significaba que alguien lo hizo y lo


hizo parecer un suicidio. No era imposible. Mierdas más locas habían
sucedido. Pensó en los pasos que había escuchado. No podría ser...

Cerrando brevemente los ojos, maldijo por lo bajo. Esta iba a ser
una noche larga y no una divertida. Mañana lo iba a ser aún más. Cuando
salió de la habitación, se inclinó y levantó el borde de la alfombra,
apartando el pesado material del alcance del fluido que se extendía por
el suelo.
Capítulo 2
Traducido por krispipe

L ucian arrastró el culo por las escaleras sombrías, llevándolos


de dos y tres a la vez. Su vivienda no fue su primera parada.
Subió al tercer piso y entró en el pasillo cerrado a través del corredor. Los
apliques de pared iluminaban el camino, desprendiendo justo la luz
suficiente para ver unos pocos metros frente a él.

Pasando varias puertas cerradas de habitaciones que no se habían


abierto en años, habitaciones a las que el personal se negaba a entrar
por varias razones, se detuvo al final del pasillo. Los músculos a lo largo
de su columna vertebral se tensaron mientras miraba la puerta
blanquecina.

El pomo estaba frío contra su palma mientras lo giraba. La puerta


se abrió, moviéndose silenciosamente a lo largo de la alfombra de felpa.
El olor a rosas lo rodeó. Una luz estaba encendida en la habitación. Una
de esas pequeñas lámparas de noche con un color pálido. La figura que
yacía en la cama grande con postes hechos a mano apareció tan
increíblemente diminuta y frágil. Nada como había sido antes.

—¿Maddie? — llamó él, su voz sonó abrasiva para sus oídos.

No hubo movimiento desde la cama. Ni sonido. Nada que le diera


alguna indicación de que ella estaba despierta o incluso consciente de él.
Su pecho se apretó con el tipo de presión que ninguna cantidad de bebida
o juergas podría disminuir.

No había forma de que esos pasos pudieran haberle pertenecido a


ella.

Miró a la cama, a ella, por un momento y luego dio un paso atrás,


cerrando la puerta detrás de él. Frotándose una mano por la cara, se
dirigió al corredor y bajó un piso. Pasó junto a la habitación de huéspedes
vacía de la esquina que estaba diagonal a la suya.

Un tipo diferente de tensión se deslizó en sus músculos mientras


abría la puerta a sus habitaciones. Entrando, se detuvo de golpe.
Su invitada se levantó del sofá, completamente desnuda a
excepción de los jodidos tacones negros. Mierda, su mirada se movió
hacia abajo, siguiendo la mano con la punta roja que se deslizaba entre
la hinchazón de sus pechos y más abajo, sumergiéndose entre sus
muslos.

—Estabas tardando demasiado —dijo, y cuando él arrastró su


mirada hacia arriba, ella mordió su labio inferior—. Así que, pensé que
podría empezar sin ti.

Sonaba como una manera genial de pasar el tiempo para él.

Había una parte de él que quería cerrar la puerta y olvidar el


desastre que estaba sucediendo abajo. Demonios, era un hombre, y esa
era una mujer muy atractiva y muy desnuda frente a él, jugando consigo
misma, pero…

Maldición.

No podía permitirse hacer un viaje por ese pequeño y feliz camino.

Así que se concentró en su nariz, pensando que era un lugar seguro


para mirar.

—Cariño, odio hacer esto...

Ella se abalanzó sobre él como un maldito tigre en la naturaleza.


Saltando literalmente unos buenos treinta centímetros o más a través del
piso.

Saliendo del shock, la atrapó. No había forma de que la dejara caer


al suelo. Era un idiota, pero no tanto.

Largas piernas se envolvieron alrededor de sus caderas y cálidas


manos se aferraron a sus cachetes. Antes de que pudiera soltar un
aliento, su boca estaba sobre la de él, su lengua empujando entre sus
labios como si obviamente lo quisiera haciéndolo entre sus muslos.

Aparentemente también se ayudó de la botella de bourbon.

Podía saborearlo.

Agarrando sus delgadas caderas, la despegó como un envoltorio de


caramelo y la puso de pie.

—Jesús —gruñó, dando un paso atrás—. ¿Corriste en la


universidad?
Ella se adelantó, frunciendo el ceño cuando él la esquivó y se
inclinó, recogiendo el endeble par de bragas. Lo vio agarrar su vestido
después.

—¿Qué estás haciendo?

—Por mucho que aprecie el saludo entusiasta, vas a tener que irte.
—Le ofreció la ropa.

Ella bajó los brazos a los costados.

—¿Qué?

Buscando la paciencia que normalmente no tenía, tomó un


profundo, largo aliento.

—Lo siento, cariño, pero debes irte. Ha ocurrido algo.

Su mirada parpadeó hacia la puerta detrás de él, y le juró a Dios,


si uno de sus hermanos estaba parado allí…

—¿Qué ocurre? —demandó.

—Nada que sea de tu incumbencia. —Cuando no agarró la ropa la


segunda vez, la tiró en el sofá detrás de ella—. Mira, lo siento por esto,
pero te necesito fuera de aquí ahora.

Su boca se abrió y no hizo ningún movimiento para recoger lo que


él había arrojado en el sofá.

—No hay forma de que me pidas que me vaya.

¿Estaba él hablando en un idioma diferente?

—Lo que sea que esté pasando, puedo esperar…

—No puedes esperar, y realmente no tengo tiempo para esto —


interrumpió, su tono endureciéndose.

Ella lo miró por un momento y luego sus labios se apretaron.

—¿Tienes que estar jodidamente bromeando? Esto es una mierda


absoluta. —Su tono se elevó, y Lucian se dio cuenta de que estaba
obteniendo una respuesta a su pregunta de antes. Su belleza no corría
muy profundo en absoluto—. Me arrastras todo el camino hasta aquí, me
calientas ¿y luego me echas?

—¿Te caliento? —Se rio—. Mujer, apenas te he tocado.

—Ese no es el punto.
—Tienes que juntar tus cosas. O te vas desnuda como el día que
naciste o te pones tu maldita ropa. Personalmente, me importa una
mierda. —Dio un paso hacia ella, terminando con esta conversación—.
Pero tengo la sensación de que el conductor que te está esperando no
quiere tu culo desnudo en su asiento.

Sus mejillas se sonrojaron mientras caminaba hacia la barra.

—¿Sabes siquiera mi nombre? —dijo.

Oh, campanas del infierno.

Se sirvió un trago, sabiendo que esto iba a ir cuesta abajo tan


rápido como una pelota en el hielo.

—Es Cindy, para que lo sepas, imbécil —espetó.

Bebiendo el trago, se alegró de saber que había estado cerca de


adivinar su nombre. Terminando con la bebida, la enfrentó.

Cindy estaba calzando el pedazo negro de encaje en sus muslos.

—¿Tienes alguna idea de cuántos hombres morirían literalmente


por estar en tu posición ahora mismo?

—Estoy seguro de que hay una larga lista de ellos —respondió


secamente.

Arrebatando su vestido del sofá, ella lo miró fijamente.

—Oh sí, suenas tan genuino. —El material se deslizó sobre su


cabeza—. ¿Sabes quién soy?

—Sé exactamente quién eres.

—Ni siquiera sabías mi nombre, así que lo dudo. —Agarrando su


bolso de la mesa, arrojó el cabello rubio sobre su hombro—. Pero vas a
saber quién soy cuando haya terminado…

Jadeó cuando él se movió más rápido de lo que ella esperaba.


Acurrucó una mano alrededor de su nuca como había hecho antes.

—Sólo porque no recordaba tu nombre, no significa que no sepa


exactamente quién eres.

—¿Es así? —susurró, bajando las pestañas.

—Eres un fondo fiduciario caminando y respirando que está


acostumbrado a recibir cada maldita cosa que siempre quiere de su papá.
No entiendes la palabra no y tienes una absoluta falta de sentido común
cuando se trata de supervivencia.

—¿Y tú eres tan diferente? —Se inclinó, humedeciéndose el labio


inferior—. Porque parece que estás discutiendo sobre ti mismo.

Él bajó la cabeza, sosteniendo su mirada mientras el agarre sobre


su cuello se apretaba.

—No sabes absolutamente una mierda sobre mí si crees que es el


caso. No hay nada que puedas hacerme a mí o a mi familia que no pueda
devolverte tres veces peor, así que mantén tus pequeñas amenazas como
pensamientos inconclusos.

Su mano aterrizó en su pecho mientas sus ojos se cerraban.

—¿Estás seguro de eso?

Infiernos.

Ella estaba excitada con esto.

Disgustado, dejó caer su mano y la dejó tambalearse.

—No estuviste aquí. No estuviste cerca de esta casa esta noche. Si


le das a alguien la más mínima indicación de que estuviste, te arruinaré.
—Se detuvo, asegurándose de que tenía su atención—. Y antes de que
digas lo que tienes en la punta de la lengua, quiero que te tomes un
momento para pensar quién soy y qué puedo hacer.

Cindy había cerrado la boca en ese punto. Lo pilló y no le dio una


pizca de problemas después de eso.

Una vez que estuvo a salvo en el auto que la estaba esperando


detrás de la casa, él se reunió con sus hermanos en la sala de estar
principal.

—Te llevó suficiente tiempo —dijo Dev, su mirada moviéndose


sobre él—. ¿Y sin embargo, de alguna manera no pudiste encontrar el
momento para ponerte un par de zapatos o meter tu maldita camisa?

Lucian entrecerró los ojos mientras pasaba junto a su hermano.

—Te das cuenta de que son casi las cinco de la jodida mañana y
dudo que alguien vaya a estar prestando atención a la forma en la que
estoy vestido.
—Lucian tiene un punto —dijo Gabe desde donde estaba sentado
en el sofá, jugando al intermediario como siempre—. Es muy tarde… o
muy temprano. No es una gran cosa.

Dev inclinó su cabeza a un lado.

—¿La revisaste?

Él asintió.

—Es la misma de siempre.

Gabe recogió un mechón de cabello. Los extremos casi le llegaban


a los hombros. Su padre odiaba que lo mantuviera en el lado más largo,
alegando que lo hacía parecer como… ¿qué había dicho? un bueno para
nada?

—¿Qué vamos a hacer si comienzan a buscar en la casa y la


encuentran? Ni siquiera Troy sabe sobre ella.

—No hay ninguna razón para que busquen en la casa —respondió


Dev—. Así como no hay ninguna razón para que Troy sepa sobre ella. Ya
es suficientemente malo…

—¿Qué es suficientemente malo? —interrumpió Lucian, sintiendo


un destello de ira iluminando sus venas como un fósforo a la gasolina—.
¿Qué ella está aquí? ¿Qué está realmente viva?

—Iba a decir que es suficientemente malo que básicamente


hayamos tenido que financiar la oficina nueva que el Dr. Flores ha
querido construir durante los últimos cinco años para asegurarnos de
que respeta la discreción que se necesita en esta situación. —El tono de
Dev era insípido. Sin emoción. Nada—. Y quién sabe cuánto dinero… —
Su mirada se movió hacia la entrada un momento antes de que alguien
llamara.

Dev tenía esta habilidad sobrenatural de saber cuándo alguien


externo a la familia estaba cerca. En realidad era un poco espeluznante.

Lucian se sentó junto a Gabe cuando Dev salió de la habitación, y


levantó sus manos, arrastrando sus palmas por su cara.

—Mierda.

—Sip —respondió Gabe y eso fue todo lo que dijo.

Dev estaba de vuelta y detrás de él estaba el Detective Troy LeMere.


Troy parecía como hubiera estado en su cama, feliz con su nueva esposa,
cuando recibió la llamada. Los pantalones de color caqui estaban tan
arrugados como el cerebro de Lucian. La ligera cazadora no ocultaba el
arma en su cadera.

Se encontraron con Troy un verano que estaba en casa desde el


internado al que habían sido enviados en el norte. Se escabulleron de la
propiedad y terminaron en las canchas a pocos kilómetros por el camino.
Así conocieron a Troy, y aunque provenían de ambientes que no podían
ser más diferentes, se había formado un vínculo fuerte.

Su amistad había molestado a su padre hasta que Troy había


entrado en la academia de policía. Entonces, su padre estaba
entusiasmado con esa conexión, porque vio cómo podría explotarla
ahora.

A veces Lucian se preguntaba si esa era la razón por la que Dev


todavía se relacionaba con Troy.

—¿Qué diablos, muchachos? —preguntó Troy, frotando su palma


sobre el corto pelo oscuro. Sin condolencias. Él sabía mejor—. Todo el
camino hasta aquí pensé que esto era algún tipo de broma.

—¿Por qué bromearíamos sobre algo así? —preguntó Dev—. ¿A esta


hora de la mañana?

Lucian puso los ojos en blanco mientras Gabe murmuraba algo que
sonaba sospechosamente como “jódeme” en voz baja.

Troy estaba acostumbrado a Dev y básicamente lo ignoró.

—Entonces, ¿se ahorcó?

—En el viejo estudio. —Dev se hizo a un lado—. También puedes


venir y verlo tú mismo. Te mostraré el camino.

Troy no señaló que sabía exactamente dónde estaba el estudio,


pero mientras pasó junto a Lucian le lanzó una mirada. Lucian sacudió
la cabeza ligeramente.

Gabe suspiró pesadamente y se levantó mientras ellos


desaparecían por el pasillo que conducía al estudio.

—Mejor me voy antes de que Dev se dé cuenta de que todavía no


llevo puesta una camisa.

Él bufó.
—Estoy bastante seguro de que se ha dado cuenta de eso, pero
echarte mierda no es su pasatiempo favorito.

—Cierto, pero lo haré de todos modos.

Viendo a su hermano salir de la habitación, se apoyó en el cojín y


arrojó su brazo a lo largo de la parte posterior del sofá. Troy y Dev no se
fueron mucho tiempo. Quizá pasaron cinco minutos antes de que
regresaran.

Dev se paró frente a una de las muchas chimeneas que nunca se


usaban, sus brazos cruzados sobre su pecho y su expresión tan estoica
como la de una estatua. Troy parecía un poco agitado bajo su piel marrón
oscuro mientras se sentaba en el brazo de la silla cercana.

—Voy a tener que llamar al médico forense, pero podemos intentar


mantener este pequeño equipo.

—Apreciaría eso —respondió Dev.

Troy lo miró un momento y luego dijo:

—Antes de que todos lleguen aquí y esto se convierta en un circo,


¿cuál es la historia?

—¿Qué quieres decir? —Dev frunció el ceño—. Ya te dije. No podía


dormir, así que me levanté y vi que la luz estaba encendida. Lo encontré
así.

—¿En serio me estás diciendo que crees que el hombre realmente


se suicidó? —preguntó Troy, levantando las cejas—. Conozco a tu padre.
Ese bastardo sobreviviría a una bomba nuclear solo para…

—No —advirtió Dev, las aletas de su nariz dilatándose.

Troy entornó los ojos.

Lucian intervino antes de que la conversación se intensificara,


como la mayoría de las conversaciones que se hacían con Dev. Excepto
que el incremento era siempre unilateral.

—¿Cómo puede no ser lo que parece?

Su amigo le lanzó una mirada cómplice.

—¿Dónde estabas tú?


—Estaba en el Red Stallion. Llegué a casa un poco después de las
dos, creo. —Omitió la información sobre su invitada. No era necesario
arrastrarla a esto—. Bajé cuando Dev me llamó.

—¿Y Gabe? —Troy miró la habitación—. ¿A dónde fue?

—Se fue a poner algo de ropa —respondió, apoyando los codos


sobre las rodillas mientras se inclinaba hacia adelante—. Debería estar
de vuelta en cualquier momento, pero te estoy diciendo, hombre, así es
como lo encontramos.

Troy miró el teléfono enganchado a su cinturón y se volvió a


enfocar.

—Mira, saben que pueden confiar en mí. Cuando el forense llegue


aquí, no va simplemente a embolsarlo y llevárselo. Lo van a comprobar.

—Lo sé. —El tono de Dev era plano—. Padre estaba… estaba
teniendo algunos problemas últimamente, especialmente con todo lo que
está sucediendo con nuestro tío. Tuvo un duro tiempo lidiando con eso.
Ya sabes cómo era él sobre su imagen.

Interesante.

La mirada de Lucian se dirigió a su hermano. Sí, su tío, el ilustre


senador, se vio envuelto en un desagradable escándalo que involucró a
un interno desaparecido… o dos, pero su padre no parecía haberse
preocupado por eso. Ahora, su padre se había molestado mucho sobre
quién estaba en el tercer piso, pero eso tenía sentido.

—¿Han revisado las cintas de seguridad? —preguntó Troy.

—Las del exterior no mostraron nada sospechoso. Nadie viniendo


o yendo con la excepción de Lucian llegando a casa —explicó Dev—. Las
cámaras del interior dejaron de funcionar hace mucho tiempo.

Troy alzó las cejas.

—Bueno, eso suena un poco sospechoso.

—Es verdad —intervino Lucian—. No importa cuántas veces hemos


tenido a alguien aquí para mirar el sistema, este fallaba. Algún tipo de
interferencia. Sucede si alguien intenta usar una cámara normal aquí. Lo
único que parece funcionar es una maldita cámara de teléfono.

Troy frunció el ceño, luciendo como si quisiera señalar lo loco que


sonaba eso, pero Lucian no lo estaba engañando. La maldita transmisión
de vídeo se interrumpía constantemente y ni un solo técnico podía
encontrar una razón de por qué. Por supuesto, el personal encontraba
razones, razones sobrenaturales. Esta fue una de las muchas razones
por las que parte del personal empezó a sentirse incómodo en la casa.

—A su padre le importaba más lo que la gente pensaba de su


familia que su familia misma —dijo Troy unos momentos después, y Dev
no pudo decir una mierda sobre eso, porque era la verdad—. Habrá
preguntas Dev. ¿Cuánto valen las refinerías, las propiedades
inmobiliarias e Industrias Vincent? ¿Miles de millones? ¿Quién acaba de
heredar todo eso?

—Gabe y yo —respondió Dev sin dudarlo—. Esa era la voluntad de


nuestro padre. Dudo que haya cambiado.

Troy sacudió su mentón hacia Lucian.

—¿Qué pasa contigo?

Lucian se río por la pregunta.

—Me echaron de la empresa familiar hace un largo tiempo, pero no


te preocupes por mí. Lo estoy haciendo más que bien por mí mismo.

—Estupendo. Ahora puedo dormir por la noche sabiendo eso. —Se


volvió a centrar en Dev—. Lo que estoy intentando hacer ver es que la
gente a va hacer preguntas. Esto va a salir.

—Por supuesto que sí. —Dev arqueó una ceja—. Y lo que saldrá es
que murió por causas naturales.

Troy soltó una carcajada mientras sus ojos se abrían de par en par.

—¿Me estás tomando el pelo?

—¿Parece que te está tomando el pelo? —replicó Lucian secamente.

—Sí, puedo tirar algunas cuerdas, pero es una cadena realmente


grande la que se desenredaría tan rápido como mierda. —Troy sacudió la
cabeza—. El forense no va a no registrar un suicidio como una causa de
muerte natural.

Dev arqueó una ceja.

—Te sorprendería lo que la gente hará.

La expresión atónita se filtró fuera de la cara de Troy mientras


mirada a Dev como si hubiera pasado un segundo después de darle una
bofetada en la cabeza.
—En realidad, no me sorprendo por mucho, Devlin.

—Entendemos que tienes un trabajo que hacer —interrumpió


Lucian, ignorando la repentina mirada aguda de advertencia
instalándose en las facciones de su hermano—. Y no queremos que lo
arriesgues en absoluto. Podemos lidiar con… con lo que sea que la gente
vaya a decir o pensar.

—Es bueno saber que algunos de nosotros no vamos a heredar un


negocio de un billón de dólares. —La respuesta de Troy fue seca cuando
fijó a Dev con una mirada—. Qué suerte.

Dev hizo algo raro en ese momento, algo que Lucian no había visto
en un tiempo.

El diablo sonrió.

E l amanecer estaba luchando con las sombras mientras Lucian


esperaba en la sala de estar. Los que entraban y salían del
estudio de su padre estaban callados, y los que hablaban lo hacían en
voz baja. No había luces rojas y azules intermitentes fuera. Les hicieron
las preguntas mínimas. Dev todavía estaba con Troy, lo más probable,
asegurándose de que la historia que quería que fuera contada fuera la
que se escuchaba.

Levantó la vista de donde estaba mirando a la chimenea de piedra


mientras el equipo aparecía. Las palabras MÉDICO FORENSE estaban
garabateadas en el polo negro de uno de los hombres que estaba llevando
la camilla.

Le recordaba a una noche diferente con un final similar.

En realidad le recordaba a muchas noches.

Una mujer gritó. Lucian se levantó y giró hacia la entrada. La Sra.


Besson estaba allí, agarrando el brazo de su marido. Ambos estaban
pálidos.

—¿Qué está pasando?

Avanzando hacia adelante, tomó a Richard por el hombro y los guio


a ambos a una de las muchas habitaciones no utilizadas, lejos de la sala
de estar y el estudio.

—Lucian, ¿qué ha pasado? —preguntó Richard, sus ojos marrones


buscando los suyos.
Cuadrando los hombros, no estaba seguro de cómo decirles. No era
como si fueran a llorar la muerte de Lawrence, pero él todavía era su
empleador, todavía una parte importante de sus vidas.

—Ha habido un incidente.

Richard enroscó un brazo alrededor de la cintura de su esposa


mientras la mano de ella revoloteaba hacia donde su pelo plateado estaba
alisado en un nudo.

—Hijo, tengo la sensación de que eso es una subestimación


bastante grande.

—Sí, podría decirse que sí.

Lucian miró hacia la puerta mientras apretaba los hombros de


Richard. Livie era su ama de llaves, hacía un seguimiento del personal
que entraba y salía durante todo el día y todas las demás necesidades.
Su esposo era una especie de mayordomo y arregla todo. La pareja había
estado con ellos desde que Lucian podía recordar y sabía que ambos eran
de gran valor a pesar de algunos de los puntos de vista que tenían sobre
la casa y la tierra. Después de todo, tenían que trabajar con los de Vincent
y eran parte de esta familia, estaban allí para sus hermanos más que de
lo que sus padres lo hacían. Demonios, la hija de Livie y Richard solía
correr por estas salas siendo una niña, convirtiéndose en una segunda
hermana para todos ellos, pero Lucian no había visto a Nicolette en años,
no desde que ella se fue a la universidad.

—Lawrence se ahorcó en el estudio —dijo.

Líneas finas aparecieron alrededor de los ojos de Livie cuando los


apretó y murmuró lo que sonó como una oración en voz baja, pero su
esposo simplemente miró a Lucian y preguntó:

—¿Es eso cierto?

—Eso parece.

No había dudas en el significado de la expresión de Richard. Era la


misma que la de Troy. Era lo que todos, en el fondo, estaban pensando.
De repente agotado, se pasó una mano por el pelo.

—Lucian —llamó Gabe desde el pasillo, su mandíbula marcada en


una línea dura—. Necesitamos hablar contigo.

Dio un paso alrededor de la pareja.

—Si necesitan tomar un tiempo…


—No —dijo Livie, sus ojos marrones agudos—. Estamos bien.
Estamos aquí para ustedes chicos.

Una sonrisa cansada se dibujó en sus labios.

—Gracias —dijo, queriendo decirlo—. Simplemente manténganse


alejados del estudio de mi padre por el momento.

Richard asintió.

—¿Aún te vas mañana?

—Lo necesito.

—Lo sé. —Richard palmeó su hombro y le dio una sonrisa


sombría—. Mantendré el fuerte tanto como pueda.

Cogiendo la mano del anciano, la apretó suavemente, y luego


Lucian los dejó, haciendo su camino hacia su hermano. Cuando se acercó
a Gabe, vio que Troy estaba esperándolos en el pasillo. No vio a Dev.

—¿Quiero incluso saber lo que tienen que decir?

Gabe sacudió la cabeza.

—Probablemente no.

Troy mantuvo su voz baja mientras hablaba:

—Cuando bajaron el cuerpo del ventilador del techo, quitaron el


cinturón. Probablemente no viste esto debido a donde estaba colgado y
por el cinturón, pero…

Un escalofrío recorrió la columna de Lucian mientras miraba a su


hermano.

—¿Pero qué?

—Había marcas en su cuello. —Troy respiró profundamente—.


Alrededor de donde estaba el cinturón. Parecen arañazos. Eso significa
una de dos cosas. Se subió allí y después tuvo dudas, o no se puso ese
cinturón en su cuello en primer lugar.
Capítulo 3
Traducido por Manati5b

¿ Por qué tienes que dejarme? —gritó Anna. Pisó con su pie de
tacón y empujó hacia afuera su labio inferior mientras la
brillante bebida azul se derramaba sobre el borde de su vaso—. ¿Quién
me va a escuchar quejarme sobre mis vecinos del infierno o cuando
abiertamente valido a los representantes de farmacias realmente
calientes?

Julia Hughes se rio de su compañera, bueno, ex compañera de


trabajo de hace dos horas. Ella y varias de las enfermeras y el personal
del centro estaban en el bar a unas cuantas cuadras de donde
trabajaban, teniendo una pequeña fiesta de despedida. La cual se estaba
convirtiendo en la que iba a ser la peor resaca en la mañana.

Las apuestas de Julia estaban en Anna.

—Todavía tienes a Susan. Ella aprecia tus historias de aflicciones


y también le gusta revisar a los representantes.

—A todas les gusta revisarlos, pero tú eres la única soltera que


queda en nuestro piso. Tengo que vivir vicariamente imaginando que vas
a salir con ellos y tener ese tipo de sexo desagradable que te hace caminar
chistoso después.

Casi atragantándose con su champán, Julia bajó su vaso.

Anna sonrió y luego tomó un saludable trago de su bebida.

—Y no puedo intentar acomodar a Susan con cualquiera de ellos.

—Suerte para ella, porque esas citas nunca salieron bien —le
recordó Julia.

Esas citas resultaron ser realmente aburridas o terminaron sin


haber espectáculo. No había habido intermedios, y definitivamente no
sexo peligroso que la hubiera dejado necesitando un Tylenol al día
siguiente.
Julia se inclinó hacia adelante y apoyó los codos en la mesa
redonda y alta. Los zumbidos de la música rock se hicieron más fuertes
mientras su grupo se había extendido por todo el bar. El pastel de
felicitaciones que alguien trajo con ellos, había sido consumido minutos
después de que se revelara.

—Los voy a extrañar chicos —dijo ella, exhalando un profundo y


punzante aliento.

—En serio no puedo creer que estés haciendo esto. —Anna se


inclinó sobre ella, suspirando.

Con toda honestidad, una gran parte de Julia no podía creer que
había renunciado a su inofensivo seguro trabajo de enfermería y hubiera
tomado una estadía de hogar a varios estados de distancia, en una
diferente zona horaria. La decisión había sido completamente fuera de
lugar, que sus padres pensaron que estaba teniendo un tipo de crisis de
la mediana edad una década antes.

La decisión de aplicar por un trabajo de enfermería itinerante,


había sido impulsada por una botella de vino vacía y… una aguda
sensación de desesperación, una profunda, casi total necesidad de algo,
cualquier cosa para cambiar su vida. Casi se había olvidado de la
solicitud a la agencia, así que la llamada que llegó hace una semana,
había sido un shock. Había un trabajo en Luisiana, en casa, y ofrecía el
tipo de sueldo que casi la echa al piso.

La reacción inicial de Julia fue rechazarlo, pero no escuchó a esa


tonta voz que la mantenía despierta por las noches, la voz que hacía que
cada paso en su vida fuera demasiado medido y precavido. Entonces,
después de firmar un montón de formularios, incluidos un montón de
confidencialidad que la agencia le aseguró eran comunes en ciertas
situaciones, hoy había sido su último día en la instalación de vida
asistida donde había trabajado por los últimos tres años. Y eso también
significaba que hoy era el último día de normalidad para ella, porque
había hecho lo impensable.

Bueno, al menos para ella lo era, desde que vivía como si tuviera
miedo.

Miedo de nada en particular, pero casi de todo ahí afuera. Había


tenido miedo de dejar su casa para la universidad, miedo de terminar su
escolarización y tomar su primer trabajo “real”. Miedo a volar. Miedo a
manejar en las autopistas. Había temido esa primera cita hace tantos
años que resultó ser una de las peores decisiones de su vida. Y había
tenido miedo de dejar a esa persona que había estado cortándola en
pequeños pedazos todos los días de su vida.

Tener miedo no significaba que no se había esforzado a superarlo,


sino por lo general, que analizara demasiado y pensara demasiado cada
decisión que tomaba. Hizo las cosas más difíciles he hizo que lograr esas
cosas incluso más importante.

No iba a vivir más así, como si tuviera setenta años y hubiera


enterrado al amor de su vida tres años atrás en lugar de divorciarse de
él, que fue lo que había sucedido. Estos tres años se habían sentido como
si se hubiera rendido, era como si se la llevara silenciosamente la noche.

No más.

La mayoría de su ropa había sido embarcada con anterioridad y


mañana iba a abordar un avión.

—Estoy orgullosa de ti —dijo Anna, inclinando su cuerpo hacia


ella—. Te voy a extrañar como el infierno, pero estoy orgullosa de ti.

—Gracias —murmuró ella, parpadeando las lágrimas. Ella y Anna


habían crecido cerca con los años. Sabía lo que Julia había pasado con
su ex. Sabía lo mucho que significaba esto.

Anna se inclinó de nuevo, besando la mejilla de Julia. Colocó su


barbilla sobre el hombro de Julia.

—¿A qué hora es tu vuelo?

—Es a las diez, pero tengo que salir temprano para llegar al
aeropuerto.

—Pero no tienes que trabajar a primera hora en la mañana, así que


¿sabes lo que eso significa? —Enderezándose, inclinó el fondo del vaso
de Julia a su boca—. Es hora de beber y volvernos tontas antes de que
ambas terminemos llorando en la esquina del bar como dos perdedoras.
Y no queremos eso.

—Nadie quiere eso.

Sonriendo, hizo exactamente eso. Bueno, algo así. Julia no era una
gran bebedora, principalmente porque no le gustaba la idea de no tener
control sobre sí misma y generalmente se quedaba con el vino mientras
estaba en casa. Así que se terminó su champaña y a medio camino de su
segunda copa de cosas burbujeantes, su sangre estaba alegremente
zumbando.
Algunas otras enfermeras se unieron a la mesa, y Anna desapareció
para jugar un juego de dardos por encima del otro lado de la barra. Julia
intentó llevarle la pista, pero conforme se hacía tarde la multitud se
espesó. Atrapó vistazos de la pequeña rubia de vez en cuando y del
hombre que estaba jugando con ella. Era alto, pero entonces, cualquiera
a lado de Anna se veía alto. Su camisa de color oscuro se estiraba sobre
sus anchos hombros mientras levantaba su brazo para lanzar un dardo.
Incluso desde donde Julia estaba parada, podía ver lo bien formados que
estaban sus bíceps.

Quienquiera que fuera, tenía una linda espalda.

Sacudiendo su cabeza, volvió a concentrarse en el grupo que la


rodeaba. Anna estaba casada, tan felizmente. Estaba por todo el lugar y
hacia amigos a donde fuera.

Todo el mundo estaba hablando de los nuevos propietarios que


habían asumido el control a inicios de año. Todos habían estado
preocupados, inseguros de lo que eso significaba a largo plazo.
Obviamente, ella ya no se tenía que preocupar de eso, pero fue aliviada
por sus compañeros de trabajo que los nuevos dueños sabían lo que
estaban haciendo.

Dado que Julia nunca había hecho el asunto de enfermera


temporal y no estaba segura si tomaría otro después de que este trabajo
terminara, no tenía idea qué esperar de sus nuevos empleadores.
Respondería a la agencia que fue contratada, pero también respondería
a la familia para la que trabajaría.

Jugando con la base de su vaso, detuvo su mente de vagar por lo


que iba a pasar mañana. Estaba nerviosa, comprensiblemente, pero no
podía permitirse asustarse. Si lo hiciera, comenzaría a entrar en pánico
y luego conjeturaría por segunda y tercera vez. En este punto, era
demasiado tarde para…

—¡Julia! —canturreó Anna un segundo antes de agarrar su brazo


por detrás—. Hay alguien a quien necesito que conozcas.

Oh Dios.

Cada vez que Anna tenía a alguien que necesitaba que conociera,
generalmente era algún tipo excéntrico con el que se encontraba en ese
momento, uno que Julia realmente no quería conocer. Tragando un
gemido, lentamente se dio la vuelta y casi deja caer su vaso mientras su
mirada se movía del enrojecido y emocionado rostro de Anna al hombre
parado junto a ella.
Los ojos de Julia se ampliaron cuando vio al extraño. Santa
Madre… era como si su cerebro hiciera corto circuito y vaciara todo
pensamiento útil. Era el hombre con quien Anna estaba jugando dardos.
Sabía esto porque era la misma camisa oscura que resultó ser una
térmica con las mangas empujadas hasta los codos, y era alto. No solo
porque estaba parado a lado de una demente duendecilla en ese
momento, sino porque era un buen pie o más alto que Julia y ella no era
una mujer bajita.

Este hombre, quienquiera que sea, era absolutamente asombroso.

Tenía una rudeza sobre él. Pómulos altos, anchos y una bien
formada boca, con un arco de cupido perfecto. Un ligero mechón de pelo
cubría una mandíbula que parecía cortada en mármol. Su cabello
castaño dorado, ondulado a lo largo de la parte superior y más corto a
los lados. Apostaba que su cabello era casi tan rubio como el de Anna a
la luz del día. Basada en lo que podía imaginar bajo ese térmico y esos
pantalones oscuros, imaginaba que su cuerpo era tan increíble como su
rostro.

Y ¿esos ojos enmarcados en pestañas imposiblemente gruesas?


Eran una mezcla tan hermosa de azul y verde, recordándole a Julia
océanos cálidos y veranos.

Él se quedó allí mirándola con esos ojos, sus hombros sueltos, pero
ella tuvo la salvaje y clara impresión de que estaba enroscado, listo para
atacar a pesar de que todo en él parecía relajado.

¿Anna encontró a este espécimen de hombre en el tablero de


dardos? Julia necesitaba pasar más tiempo en ellos si este era la clase de
tipo que…

—Julia, Jules, este es… —Los ojos azules de Anna brillaron en


expectación mientras se giraba hacia el más hermoso hombre que Julia
había visto en toda su vida—. Lo siento. ¿Cómo dijiste que te llamabas
otra vez?

¿Cómo en el mundo pudo Anna olvidar el nombre de este hombre?


Una vez que Julia lo escuchara, estaría por siempre tatuado en su
cerebro.

Entonces él sonrió, y cada parte del cuerpo de Julia lo notó, desde


la coronilla de su cabeza, hasta la punta de los dedos de los pies, y
especialmente todos los lugares no utilizados en el medio. Su sonrisa era
torcida, el lado izquierdo elevándose más alto que el derecho,
absolutamente paralizador.
—Taylor.

Oh mi Dios.

Su voz.

Profunda y suave, había un toque de acento. ¿Tal vez del sur? Julia
no lo sabía, pero Taylor podía haber seguido y seguido y seguido.

—¡Taylor! Eso es. —Anna estaba sonriendo como un gato que justo
se acababa de comer un cuarto lleno de canarios—. En fin, esta es la
adorable y muy soltera Julia de quien te estaba hablando.

¿Ella dijo lo que escuché? ¿Muy soltera? ¿Estaba Anna borracha?


¿No se daba cuenta cómo era este tipo? No es que Julia fuera un fuego
flamante de basura. Tenía lo que su madre siempre clamaba eran rasgos
simétricos. Su rostro solo alineado a la derecha, y mucha gente
comentaba sobre su cabello. Mucho. Algunos incluso querían tocarlo, lo
que era súper raro, pero como sea. Era largo y grueso, cayendo en olas
más allá de sus pechos. En este momento estaba retorcido en un moño
desordenado. Solo tuvo tiempo para cambiarse después del trabajo y no
hizo nada con eso. De cualquier forma, sabía que tenía un aspecto
decente, pero no era una modelo de ninguna manera… no el tipo de mujer
con la que fácilmente podría imaginarse a Taylor. El tipo de mujer que
fuera alta o baja, pero definitivamente esbelta con curvas solo en el
“lugar” correcto. El tipo de cuerpo de Julia estaba pasado de moda antes
de que ella incluso hubiera nacido.

—Hola. —Taylor extendió su mano—. Un placer conocerte.

Su mirada cayó de su rostro a su mano y luego subió de nuevo. Su


sonrisa de lado creció mientras al tiempo que ella solo estaba ahí parada,
mirándolo boquiabierta como una idiota. Saliendo de su estupor, se las
arregló para levantar su mano.

—Un gusto en conocerte.

Sus dedos se cerraron alrededor de los de ella en un apretado


agarre.

—¿Te puedo invitar una bebida?

—Sí —Ana contestó por ella—. Puedes definitivamente conseguirle


una bebida.

Iba a matar a Anna.

Taylor se mordió el labio inferior.


—¿Qué te gustaría?

Mientras mascullaba algo de beber que ni siquiera estaba segura


de haber consumido antes, se dio cuenta de que aún le estaba tomando
la mano.

Él dio un paso adelante e inclinó su cabeza, así su boca se alineaba


con su oreja. Cuando habló, su aliento agitó los pequeños mechones de
su cabello, enviando una ola de apretados escalofríos por su columna.

—No huyas.

Contuvo el aliento.

—No lo haré.

—¿Lo prometes? —Apretó su mano suavemente.

—Lo prometo —repitió.

—Bien. —Se hizo hacia atrás, su mirada buscando y sosteniéndola


por un momento—. Vuelvo en seguida.

Solo entonces soltó su mano.

Absolutamente aturdida, lo vio girar y caminar hacia la barra,


separando a la multitud como si fuera una especie de dios. En todos sus
veintisiete años de vida, nunca había visto a alguien tan atractivo en
persona.

—Oh Dios mío, creo que tuve un orgasmo viendo eso —dijo Anna.

Los amplios ojos de Julia la vieron.

Ella aplaudió y brincó.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Julia—.¿Como si lo hubieras


ordenado de un catálogo llamado De Lo Que Están Hechas Las
Fantasías?

Anna soltó una risita.

—Estaba consiguiendo una recarga… de agua, debo añadir, y él me


preguntó si jugaba dardos. Por supuesto dije que sí. Tenía que hacerlo,
porque necesitaba ver que fuera verdaderamente real.

Ella totalmente lo entendía. Estaba teniendo un momento difícil


creyendo que era real.

—En fin, jugué un juego ¿y sabes qué?


—¿Qué? —Su mirada se movió sobre su cabeza. Vio a Taylor
todavía en el bar.

Anna la agarró del brazo otra vez.

—Preguntó por ti, Julia.

—¿Qué?

Ella asintió.

—Preguntó ‘quién era la hermosa mujer con la que estaba hablando


antes’, y esa eras tú. No era nadie más. Y esa fue la razón por la que me
buscó para jugar a los dardos. Fui usada. —Sonrió—. Y estoy bien con
eso. ¿Sabes por qué?

Julia apenas podía procesar algo de esto.

—¿Por qué?

—Porque estaba interesado en ti y esta es tú última noche en este


pueblo, así que iras a cualquier lugar que él quiera, y harás cualquier
cosa que él quiera. Como cualquier cosa. —Se inclinó, bajando su voz—.
Incluso anal. Porque yo lo permitiría. Oh sí.

—Oh mi Dios. —Julia se rio—. Estás loca. Ni siquiera lo conozco…

—Mi dulce niña de verano —dijo ella, y Julia frunció el ceño—. No


necesitas conocerlo para ir con él. Ese hombre está bien. Como si ni
siquiera fuera humano así de guapo es, y todo el tiempo que jugamos a
los dardos, te estaba mirando desde el otro lado de la barra.

¿Lo había estado haciendo?

—Esto… esto no puede ser real.

—Lo es. Julia, sé que has tenido una temporada seca… una
verdaderamente larga temporada seca, y tu ex era un asno, pero es
tiempo de que extiendas tus calientes alas y vueles libre nena. Este
hombre, este sexy hombre es…

—Detente. —Su corazón saltó en su pecho cuando vio a Taylor


caminando a lo largo del piso—. Está regresando.

Anna cerró la boca, pero la miraba de una forma que decía que
nunca la perdonaría si ella de alguna forma lo estropeaba. No tuvo la
oportunidad de realmente pensar en todo esto, porque Taylor estaba
caminando alrededor de Anna, y le dio a Julia una bebida que olía
afrutada.
—Estoy feliz de que estés donde te deje —dijo él, apoyándose en la
mesa—. Estaba preocupado de que te fueras corriendo.

—No —dijo ella, mirando a Anna sin poder hacer nada.

—Sí —contesto él sonriendo.

¿Qué se supone que debía decir ahora? ¿O hacer? Gracias a Dios,


se había cambiado por un adorable vestido negro, uno con una cintura
imperio y mangas que llegaban hasta los codos. Era un vestido viejo, pero
uno con el que siempre se sentía bien. Ahora, si solo hubiera tenido la
previsión de usar algo más que las bragas de algodón que tenían
calaveras.

Oh Dios mío.

¿Por qué incluso estaba pensando en eso?

Este tipo no iba a ver sus bragas cubiertas de calaveras.

Julia vio a Anna alejándose lentamente, dejándolos solos.


Sorbiendo su bebida, buscó una respuesta que no la hiciera sonar medio
estúpida.

—¿Por qué pensaste eso?

Eso fue lo mejor con lo que pudo salir.

—¿Honestamente? —Sus pestañas descendieron, brevemente


escudando esos grandiosos ojos—. Te ves medio temerosa.

Sus mejillas se sonrosaron una vez más.

—¿Es tan obvio?

—¿Así que tienes miedo? —preguntó él, levantando la botella de


cerveza hacia su boca.

No parecía posible, pero se sonrosó incluso más.

—No diría que tengo miedo. Solo…solo sorprendida.

—No tengo idea de porqué estarías sorprendida —contestó él, luego


tomó su bebida—. Me di cuenta de ti desde el momento en que entré.
Estoy seguro que no fui el único. Eres absolutamente deslumbrante.

Está bien.
Este tipo era bueno, realmente bueno. Con la forma en que dijo
eso, sonaba como que era verdad. La adulación usualmente no
funcionaba con ella, pero ¿viniendo de él? Es posible que sí.

—Eso es dulce de ti —dijo ella, y luego tomó un largo trago de lo


que sea en el infierno que había ordenado.

—No soy dulce. Solo hablo con la verdad. —Doblando su cuerpo


hacia ella, él colocó su cerveza en la mesa—. Así que tu amiga me estaba
diciendo que todas ustedes son enfermeras.

Asintiendo, se dijo así misma que se lo llevara despacio con la


bebida desde que pudo probar un poco de licor en ésta.

—Sí. Trabajamos en una instalación de vida asistida no muy lejos


de aquí… bueno, lo hacía. Hoy es mi último día.

—Ella estaba diciendo algo de eso —dijo él—. Que esto era una
pequeña fiesta de despedida.

—Sip. —Sorbió su bebida—. De hecho dejo el pueblo… el estado


mañana.

—¿En serio? ¿Hacia dónde te diriges? —El interés parpadeó a


través de su rostro.

Casi suelta abruptamente la palabra Luisiana, pero se detuvo en el


último minuto. Por una cosa, no sabía de Taylor Demasiado Caliente Para
Ser Real. Más allá de ese pensamiento, el Acuerdo no vinculante que ella
firmó era explícito. Las únicas personas que sabían a qué ciudad y estado
iba a ir eran sus padres. Solo Anna sabía que era Luisiana.

—Estoy tomando un trabajo en el sur —finalmente respondió, y


luego rápidamente cambió de tema—. ¿Qué hay de ti? ¿Vives por aquí?

Levantando su botella, sacudió su cabeza.

—Estoy en el pueblo por negocios. Haciendo algo de investigación.

—¿Investigación? —¿Estaba en el campo médico o periodístico?


¿Posiblemente un escritor de algún tipo?

Él tomó un sorbo de su cerveza.

—¿Siempre has hecho cuidados de asistencia de vida?

—No. Cuando salí de la universidad, trabajé en un hospital e hice


cuidados de emergencia —le dijo ella, mirando sobre sus hombros. Ya no
podía ver a Anna—. Trabajé en eso por alrededor de dos o tres años.
—Guau. Eso debió de haber sido intenso.

—Lo puede ser. Quiero decir, tendrás noches donde hay que lidiar
con nada más que quejas de dolor de estómago que algunas veces se
convierten en algo serio, pero por lo general es la gripa o algo malo que
la gente comió. Luego habrá noches donde pueden ser muy pesadas.

Su mirada deambuló sobre su rostro en una forma que consumía


intensamente, dejándola con un poco sin aliento una vez que su mirada
se conectó con la suya otra vez.

—Así que, ¿por qué lo dejas?

Tragando fuerte, levantó su vaso y tomó otro trago. No era como si


pudiera decirle que era porque cuando dejó a su esposo, dejó el pueblo
donde vivía y su trabajo. No fue eso lo que detuvo a Adam de intentar
entrar contactarla cada dos meses como un reloj. Eso solo se detuvo
cuando finalmente cambió su número y no lo dio a ninguno de sus
amigos en común. En el fondo, había sabido que él aprendería sobre su
partida y enloquecería, porque esa era la forma en que era. Su estómago
se desplomó ante la idea.

Maldita sea, todo eso fue asesinato del estado del humor.

Puso eso a un lado.

—Quise hacer algo diferente y estar más cerca de mi familia.

—¿La familia es algo importante para ti?

—Lo es. Soy hija única, así que fui mimada. —Su estómago se
hundió otra vez cuando él rio, pero fue un sentimiento diferente porque
su risa fue profunda y agradable. La sensación que causó fue como haber
estado en una montaña rusa justo cuando alcanzas la cima de la carrera
y ves todo el camino hacia abajo—. Está bien. No fui muy mimada, pero
soy cercana a mis padres. Son buenas gentes.

—Entonces eres afortunada —dijo él—. No mucha gente puede


decir eso.

—¿Qué hay de ti?

—No soy una de esas personas.

—Oh. —Parpadeó—. Siento escuchar eso.

Su cabeza se inclinó hacia un lado mientras la estudiaba


atentamente por el momento.
—Suenas como si estuvieras hablando con la verdad.

—¿Tal vez porque lo estoy haciendo? —sugirió ella.

—¿Sientes simpatía por virtuales extraños?

—Por supuesto. Todos deberían. —Se hizo a un lado mientras


alguien pasaba por su mesa, haciendo que el brazalete en el que estaba
su teléfono presionara su cadera—. Al menos eso es lo que creo.

—Estoy de acuerdo.

—Es bueno escuchar eso, porque… —Las palabras la dejaron


mientras él la alcanzaba con su mano libre, atrapando el mechón de
cabello que se había deslizado de su moño y había caído sobre su mejilla.
Sus labios se separaron en una suave inhalación mientras él colocaba el
mechón detrás de su oreja.

—Arreglado —dijo él, mientras su mano caía y sus dedos se


detenían a lo largo del costado de su cuello—. Aunque apuesto a que tu
cabello es magnífico.

Sus mejillas se sintieron cálidas. No tenía idea de cómo responder,


no cuando sus dedos acariciaban hacia abajo el lado de su cuello, el
toque como un susurro.

—¿Siempre quisiste ser enfermera? —preguntó él.

Un puñado de momentos pasaron antes de que pudiera responder.

—Yo… yo quería ser veterinaria cuando era más joven, como mi


papá, pero no pude lidiar con tener que poner a dormir a los animales.

—Sí, ese es un trabajo rudo. Yo tampoco podría hacerlo.

—¿Tú... tú tienes mascotas? —preguntó ella, sintiéndose un como


tonta por preguntar. ¿Era eso tan pobre como preguntar qué tipo de
deportes le gustaban? Realmente esperaba que la conversación no fuera
en esa dirección, porque no prestaba mucha atención a los deportes.

—No. No estoy en casa mucho. ¿Qué hay de ti?

—Yo tampoco, pero me gustaría una algún día. Siempre he tenido


este sueño de poseer un rescate de animales. —Se rio de nuevo, esta vez
sintiéndose un poco inconsciente, porque no tenía idea de porqué estaba
hablando sobre esto—. Ya sabes, cuando gane la lotería y tenga millones
de dólares que no necesite.

Una sonrisa se burló en sus labios.


—¿Así que en eso gastarías millones?

—Sí. Quiero decir, ¿para qué más necesitaría el dinero? —Aunque


si tenía una obsesión con bolsos de diseñador que no podía permitirse,
pero él no necesitaba saber eso.

—¿Qué tipo de animales rescatarías?

—Todo tipo de animales.

—¿Incluso peces dorados?

—Si necesitan ser rescatados, entonces sí —contestó sonriendo.

Él se desplazó más cerca.

—¿Qué hay de las serpientes?

—Ellas también, y sí, incluso roedores. Toda vida es preciosa.

Las cejas de él se levantaron en sorpresa.

—Está bien, así que eres o vegetariana, religiosa o ¿practicas


aikido?1

Soltando una risita, sacudió su cabeza mientras miraba a otro lado.

—No, escuché eso en un episodio de The Walking Dead. Lo siento.


Me gusta la carne, no soy muy religiosa y no soy tan profunda.

Taylor rio, y tuvo que contener un suspiro otra vez. Fue tan linda
risa.

—Mierda. Bueno, me alegro de escuchar esas tres cosas.

Echando un vistazo alrededor del bar, todavía no podía encontrar


a Anna en la siempre creciente multitud de personas. ¿A dónde diablos
había ido?

—¿Te gusta trabajar en vida asistida? —pregunto él, y cuando ella


lo miró, su mirada se profundizó en su boca. Tuvo un momento difícil sin
preguntarse qué se sentiría sentirla contra ella, contra otras partes.

Su cuerpo entero ardió. Dios, no podía recordar la última vez que


sintió una respuesta tan visceral con alguien que incluso no la había
tocado. Solo había sido Adam, y mientras el sexo con él había estado

1
N.T. Es un arte marcial que da armonía tanto a la mente como al cuerpo. Es la
búsqueda de la neutralización del contrario en situaciones de conflicto.
bien, solo pensar sobre hacerlo no había hecho que su pulso latiera tan
salvaje como ahora.

—¿Sra. Hughes? —Taylor sonrió.

Respirando profundamente, decidió que probablemente debería de


dejar de beber en este punto, así tendría una mejor oportunidad de
controlar sus hormonas.

—Sí, me gusta.

—¿Por qué?

Chico, no era él una cubeta llena de preguntas. Colocó su bebida


en la mesa.

—En cierto modo, caí ahí al principio. Cuando regresé a casa, era
una de las propuestas inmediatas —admitió, recorriendo su dedo a lo
largo del borde del vaso—. Y solo hizo clic.

—Ese tipo de línea de trabajo tiene que ser difícil. —Girando hacia
la mesa, colocó sus codos en la superficie y se inclinó—. Quiero decir,
muchos de los pacientes son, supongo, ¿paralizados? ¿Es esa la palabra
correcta para ello?

—Algunos de ellos lo están, pero hay varios niveles. —Echó un


vistazo hacia él, y descubrió que la estaba mirando de la misma manera
que lo había estado haciendo desde que comenzaron a hablar. Fue
intenso. La hacía sentir que no había una sola palabra que ella hablara
que él se perdiera. Su atención era simplemente indivisible—. Hay
pacientes que necesitan sus funciones básicas asistidas y otros que están
allí, pero… pero no completamente.

Él asintió lentamente.

—¿Y qué te hizo que te quedaras?

Esa era una pregunta difícil de responder.

—Creo que tuvo que ver el hecho de que algunos de esos pacientes
no tienen a nadie más. Quiero decir, no es que sus familias no les importe
o no estén ahí, pero mucha gente no sabe cómo lidiar con alguien que
está así de enfermo. Así que necesitan alguien que entienda… ¿sabes? Si
incluso alguien no puede responder o comunicarse, eso no quiere decir
que no pueden escucharte. Que no están ahí pensando…

—¿Algunos de tus pacientes no podían comunicarse pero podían


oírte?
—Sip. Diferentes enfermedades. Hay ciertos síndromes donde la
gente está atrapada. Diablos, hay investigaciones que apoyan que las
personas en ciertos tipos de coma pueden escuchar aquello que los rodea
—explicó ella—. Otros no pueden, pero de cualquier manera, esas
personas necesitan de aquellos que… que simplemente están dispuestos
a cuidar de ellos. —Se sonrojó un poco, sintiéndose como una bola de
maíz.

—¿Y eso es lo que haces? Los cuidas.

Julia lo hacía. Algunas veces más de lo que debería. Era difícil


apagar la naturaleza humana. Perder pacientes no era algo que fuera fácil
de tratar.

—Sí.

Él la estudió por un momento, y entonces una amplia sonrisa


apareció en su rostro. Era impresionante. Los comerciales de pasta de
dientes serian envidiosos.

—Bueno, tengo que ser honesto, nunca ha habido enfermeras que


se parecieran a ti cada vez que tenía que ver a un doctor. —Guiñó un ojo,
y maldición si no se veía bien haciéndolo—. Probablemente era algo
bueno, porque tendría todo tipo de razones para visitar al doctor
entonces.

Una sorprendida risa salió de ella cuando se volvió hacia él.

—Oh, lo que sea.

—No. En serio. Comenzaría con un dolor de estómago y luego


probablemente escalaria a un golpe en un dedo o dos, pero jurando que
estaba roto.

Riendo otra vez, sacudió su cabeza.

—Debes tener un buen seguro médico entonces.

—Algo como eso. —Y de alguna manera estaba incluso más cerca,


menos de un pie los separaba—. Estoy a punto de decir lo que tengo en
mente. ¿Estás lista para eso?

—Supongo. —Se agarró con fuerza a su bebida, su corazón


golpeando por todas partes. ¿Qué iba a decir?

Él hizo lo que había hecho antes, bajando su cabeza así su boca


estaba cerca de su oído. Diminutos bultos se elevaron por toda su piel ya
que ahora percibía el aroma picante de su colonia y jabón limpia, una
mezcla sorprendentemente embriagadora.

—Todo el tiempo que hemos estado aquí parados hablando, me he


estado preguntando a qué sabrán esos hermosos labios tuyos.

Su corazón hizo una voltereta mientras su cerebro intentaba


procesar que él realmente había dicho eso.

—Y también he estado pensando todo este tiempo que tus labios


no son lo único que quiero probar.

Santos humos.

Todo pensamiento coherente se desplomó por la ventana.

Retrocedió solo unos centímetros, alineando sus bocas de una


manera que sus respiraciones se mezclaron.

—¿Eso es demasiado directo?

Sí.

No.

Julia negó con su cabeza. No tenía control sobre su cabeza.

—Me alegra oír eso. —Taylor se echó hacia atrás, con los labios
curvados hacia un lado.

Ella se sacudió sobresaltada cuando su teléfono vibró contra el


costado de su estómago.

—Disculpa —murmuró, nerviosa y más que bienvenida distracción


porque cada parte de ella estaba enfocada en la idea de que él probara
sus labios y mucho más.

Buscó a tientas, sacando el delgado teléfono de la bolsa. La pantalla


todavía estaba encendida en el mensaje de texto. Era de Anna. Tuvo que
leerlo dos veces, porque no creía que lo había leído correctamente.

No quería molestarlos a ustedes dos. Me dirijo a casa del centro.


Consigue que chico caliente te dé un paseo y luego otro paseo. ¡Te quiero!

—Maldita sea —murmuró en voz baja. Iba a matar a Anna.

—Eso no suena bien.

Ella sacudió un poco la cabeza, dividida entre reírse y maldecir


nuevamente.
—No es nada.

—No suena de esa forma. —Golpeó su brazo contra el de ella—.


¿Qué es lo que sucede?

Exhalando bruscamente, guardó su teléfono en su bolso.

—Mi amiga… ¿Anna? ¿Con la que estabas jugando dardos? Como


que se largó.

—¿Déjame adivinar? ¿Era tu boleto a casa? —preguntó él, bajando


la barbilla mientras se inclinaba de nuevo, presionando su brazo contra
el de ella y permaneciendo allí.

—Sip. —Julia no se alejó.

La sonrisa torcida regresó.

—Yo puedo llevarte. Solo tomé esta bebida.

Su mirada se movió hacia él mientras los músculos bajos en su


estómago se apretaban. ¿Él llevándola a casa? ¿Planearía… probarla?
Está bien. Realmente necesitaba parar de estar pensando en todo eso.

—Gracias, pero está bien. Puedo tomar un taxi o…

—O puedes dejar que yo te lleve a casa. Después de todo, ¿no es


eso lo que tu inteligente amiga quería al dejarte aquí para valerte por ti
misma? —Desplegando un brazo, él se estiró y palmeó con un dedo la
parte superior de su mano—. Al menos eso espero, porque es lo que
quiero.

Sus labios se separaron mientras lo miraba.

—De hecho, me encantaría llevarte a casa Julia. —Ese dedo se


deslizó sobre su muñeca, hasta la manga de su vestido—. Me encantaría
pasar un poco más de tiempo contigo.

El corazón de Julia palpitaba por todas partes mientras lo miraba


a los ojos, perdiéndose un poco otra vez. Sabía que lo que él estaba
ofreciendo no era solo un viaje a casa, y eso provocó que los golpes de su
pecho se movieran mucho, mucho más abajo. Su cuerpo se sonrojó ante
la perspectiva.

—Di que sí —dijo él, arrastrando su dedo hacia abajo por su brazo.
Taylor trazó el hueso de su muñeca.

Su boca se secó. Decir que sí era la última cosa que normalmente


haría. Como morir al último, pero había una pequeña voz en la parte
posterior de su cabeza que estaba gritando sí, que estaba demandando
que no hiciera lo que normalmente haría. Que en su lugar, hiciera lo que
Anna había ordenado, extender sus alas de pájaro caliente y volara un
poco. ¿Podría hacerlo realmente? Entonces su boca y lengua se estaban
moviendo antes de que se diera cuenta de lo que estaba diciendo.

Julia dijo que sí.


Capítulo 4
Traducido por Rimed

E sto estaba sucediendo.

Esto estaba realmente sucediendo.

Y eso fue todo lo que ella pudo pensar en el corto, casi demasiado
corto trayecto a su apartamento. Taylor había conducido lo que
claramente era un auto rentado. Al menos eso esperaba ella, porque
estaba demasiado limpio para pertenecer a cualquier ser humano con
alma. Él parloteó durante todo el camino, obviamente a gusto con lo que
estaba por caer.

Tanto así que, a mitad de camino a su complejo de apartamentos,


él se estiró y puso su mano sobre la de ella, haciendo que dejara de jugar
nerviosamente con el borde de su vestido. Él no lo abarcó, pero enredó
sus largos y cálidos dedos en los de ella y los sostuvo.

El apretón de manos fue lindo, y le recordó las primeras citas y esa


dulce anticipación por todo lo que estaba por venir, pero esto no era una
cita. Era una aventura; una aventura con un hombre que se veía como
si perteneciera a la pantalla plateada.

Mientras cruzaban el estacionamiento y subían las escaleras, él lo


hizo de tal modo que era obvio que había desacelerado su paso de piernas
largas. Caminó junto a ella con una mano su espalda baja mientras las
manos de ella temblaban.

Realmente temblaban.

Había habido solo un puñado de momentos en su vida en que había


estado así de nerviosa, así de emocionada. Sus emociones estaban todas
enredadas en un nudo que estaba presionando su pecho.

En la puerta, erró en darle a la ranura de la llave en el primer


intento, golpeando la llave en el metal.
—Yo lo hago —ofreció Taylor, tomando con facilidad la llave de sus
casi dormidas manos. Ella observó sus dedos mientras él deslizaba la
llave en la ranura, pero no quitó el cerrojo—. ¿Julia?

Tomando un poco de aire, ella arrastró su mirada a la suya.

—¿Sí?

Sus ojos la escudriñaron.

—No tengo que girar la llave. Tú puedes hacerlo. Y podemos darnos


las buenas noches. O yo podría girar la llave y tú dejarme entrar. Y
podemos tener una realmente buena noche. Es tu elección.

Su elección.

Por supuesto que lo era.

Y Julia quería esto, quería lo que fuera que fuese a suceder detrás
de esas puertas, pero nunca había hecho esto antes. Jamás. Solo había
estado con su ex. Se habían casado jóvenes, en la universidad y nunca
había tenido aventuras de una noche ni había tenido la oportunidad de
explorar el sexo casual. No es que lo hubiera querido desde el divorcio,
pero no había pensado mucho en ello, no se había dado la oportunidad
de hacerlo.

Sexo… el sexo era una gran cosa.

Tenía graves carencias en el departamento de la experiencia y no


se necesitaba una estrella porno para darse cuenta de que Taylor estaba
muy bien instruido en todo esto.

Julia sabía que estaba muy fuera de su liga con él.

Pero no quería decir buenas noches. No quería dejarlo ir, porque


nunca lo volvería a ver. Se iría mañana y él iría a donde sea que fuera.
No iba a haber una segunda oportunidad y… y no quería añadir esta
noche, añadirlo a él a la lista de cosas que deseaba poder hacer de nuevo.

Así que recobró la compostura y se estiró, envolviendo su mano


alrededor de la de él y girando la llave.

—Me gustaría que entraras.

El pecho de Taylor se elevó bajo su oscura ropa.

—Has hecho mi noche.


Una sonrisa se arrastró a sus labios mientras abría la puerta y se
hacía a un lado.

—Eh, la mayoría de las cosas están embaladas. Excepto


obviamente por los muebles. —Señaló hacia el sillón mientras cerraba la
puerta—. Los muebles irán a una bodega.

Taylor caminó unos pocos pasos hacia adelante, observando el


pequeño apartamento. No había mucho que ver. Un cuarto de estar y una
pequeña área para comer frente a la cocina.

—Mi padre se va a encargar del almacenamiento debido a que los


de la mudanza no podrán venir hasta el fin de semana —continuó ella,
pasándolo—. El baño esta por ese corredor. —Dejó caer su pulsera en la
encimera y comenzó a darse la vuelta. ¿Tenía tiempo de cambiar sus
bragas en algo más sexy? La mayoría habían sido empacadas y enviadas,
pero quizás tenía algo mejor en su equipaje—. No tengo muchas cosas
para beber, pero estoy segura…

Julia se calló cuando su mirada conectó con la de él. Observó a


Taylor estirarse y enredar sus dedos en el cuello de su térmica. Sin decir
una palabra, tiró de aquella prenda por sobre su cabeza y bajo sus
brazos. Lanzándola detrás del sofá, bajó sus brazos.

—Oh —susurró ella, su mirada vagando sobre él—. Oh mi…

Taylor era hermoso.

Su piel era de un color dorado rojizo, y había un montón de piel en


exhibición, desde amplios hombros hasta aquellas fascinantes
hendiduras en cada lado de sus caderas y la sobresaliente vena que
desaparecía bajo sus jeans. Su pecho estaba extremadamente bien
definido tal como sus bíceps. ¿Y su estómago? Sin ser demasiado
musculoso, tenía abdominales legítimamente marcados. Julia apenas se
dio cuenta que esta era la primera vez que veía unos en persona.

La ladeada sonrisa estaba de vuelta para cuando se las arregló a


arrastrar su mirada nuevamente a la de él.

—Esto va a sonar a cliché como el infierno, pero me alegro de que


te guste lo que ves.

—¿A quién no le gustaría esto? —preguntó ella con genuina


curiosidad.

La sonrisa se extendió.
—No lo sé. Todo lo que me importa es si a ti te gusta.

—Simplemente sabes la cosa correcta que decir, ¿no?

—No realmente. —Taylor se acercó. Simplemente no caminó. La


acechó—. Sólo soy honesto.

—¿En serio? —Retrocediendo, ella chocó con la encimera.

—En serio. —Él se detuvo frente a ella, su mirada ardiendo en la


de ella, quemando su piel. Pasó un momento mientras ella se
concentraba en respirar tranquilamente—. Puedes tocarme si lo deseas
—dijo él—. Y realmente espero que eso sea lo que quieres.

Julia asintió. O al menos pensó que lo había hecho, porque él cruzó


el pequeño espacio entre ellos y enrolló sus dedos en su muñeca. Llevó
su mano a su pecho. Ella contuvo la respiración.

Presionó la palma de ella contra su pecho, luego deslizó su mano


por su brazo, sus dedos alcanzaron la manga de su vestido. Ella aplastó
su mano contra su cálida piel. Se sentía mareada mientras él la guiaba
sobre las pendientes y planos de su pecho.

—¿Cómo? —soltó ella antes de poder detenerse.

Una ceja se elevó.

—¿Cómo qué?

Dios ¿qué estaba pensando? Su mano hormigueaba mientras sus


dedos se enrollaban sobre su piel.

—Cómo… ¿Cómo hemos acabado aquí?

—Bueno —arrastró la palabra mientras llevaba nuevamente su


mano a la de ella—. Dejamos el bar, nos subimos a un auto y manejamos
hasta aquí, pero imagino que no es eso a lo que te refieres.

—Esa es una buena suposición.

Él bajó su cabeza, descansando su frente contra la de ella.

—Llegamos aquí porque te vi y quise llegar a conocerte mejor.


Luego lo hice. Y mientras hablaba contigo decidí que realmente quería
llegar a conocerte. —Comenzó a mover nuevamente la mano de ella. Las
puntas de sus dedos rozaron su cinturón—. Así es como llegamos aquí.

Un aleteo apareció profundamente en su pecho mientras cerraba


sus ojos.
—¿Y no viste ninguna otra mujer y pensaste que serían mejores
para llegar a conocer?

Él arrastró su frente sobre la de ella mientras inclinaba su cabeza


hacia un lado. Su nariz rozó la de ella.

—Vi otras mujeres. —Hizo una pausa, y su cabeza cayó hacia un


lado mientras la boca de él se arrastraba por su mejilla—. Mujeres en las
que normalmente estaría interesado en conocer mejor. Mujeres que no se
parecen en nada a ti.

Ella se puso rígida, sus ojos se abrieron de golpe.

—Guau. Eso puede ser un poco demasiado honesto.

—No es un insulto —dijo él, poniendo su otra mano alrededor de la


parte trasera de su cuello—. Créeme.

—Yo… no tengo idea de qué decir a eso —admitió.

La risa de él la hizo temblar.

—¿Quizás no debas decir nada?

—Quizás.

Taylor comenzó a moverse nuevamente y sintió primero su aliento


justo bajo su oreja y luego sus labios. Besó su pulso y luego mordió su
piel. Su lengua se precipitó sobre la mordida, calmando su piel. Un
gemido brotó de la garganta de ella.

El calor estalló en sus venas, enviando un rayo de pura necesidad


que casi hizo ceder sus piernas bajo ella. Entonces él guio su mano hacia
abajo nuevamente, más allá del cinturón.

Julia jadeó.

Dioses, podía sentirlo, duro y grueso bajo sus jeans. No había


equivocación en el tipo de respuesta que él estaba teniendo. Quizás ella
no era el tipo de mujer por el cual iba detrás normalmente, pero él estaba
metido en esto.

Él retrocedió.

—¿Sientes eso?

Incapaz de hablar, asintió.


—Así que ¿entiendes cómo llegamos aquí ahora? ¿Por qué estoy
aquí? —preguntó él—. Mi pene esta duro por ti. No por nadie más en el
bar. —Presionó la mano de ella contra él, envolviendo sus dedos alrededor
de su longitud—. Esto es todo por ti.

Su cara se ruborizó completamente.

Taylor se detuvo, mirándola. La sorpresa cruzó su rostro, seguida


de comprensión.

—Realmente no has hecho esto antes, ¿cierto? —Retiró la mano de


ella de su pene, llevándola nuevamente a su pecho—. ¿Todo esto del sexo
casual?

Sacudiendo su cabeza, se preguntó si su rostro se iba a incinerar.

—Realmente no lo he hecho.

—Ya veo. —Chupando su labio inferior entre sus dientes, deslizó


un dedo por el cuello de ella—. Realmente eres una chica buena. Me
gusta.

Levantó su vista hacia él, su corazón intentaba hacerse camino


fuera de su pecho.

—¿Pero sabes qué me gusta incluso más? —Bajando su cabeza,


sus labios rozaron su mejilla mientras decía—: Sé que hay una chica muy
mala allí que quiere salir y jugar.

Había una buena oportunidad de que lo hiciera, realmente lo


hiciera.

Las pestañas de él bajaron por un breve momento y luego aquella


inquietante mirada se clavó en la de ella.

—Voy a hacer algo que realmente, realmente vas a disfrutar. ¿Está


bien?

Iba a sufrir un paro cardíaco.

—Está bien.

Una sonrisa apareció en la boca de él y luego se desvaneció. Sus


manos estaban repentinamente sobre sus brazos y sin advertencia, la
giró. Jadeó nuevamente cuando él tiró de su espalda contra él, encajando
su duro cuerpo contra el de ella.

Antes de que pudiera preguntar qué estaba haciendo, la boca de él


estaba sobre su cuello. Dejó un ardiente camino de pequeños y calientes
besos mientras sus manos se deslizaban sobre sus brazos. Los ojos de
ella estaban abiertos, fijos en las oscuras puertas del gabinete frente a
ella mientras las manos de él se posaban sobre sus pechos.
Inmediatamente se hincharon, las puntas se tensaron hasta el punto de
casi ser doloroso. Las caderas de Julia se inclinaron hacia atrás, hacia
las de él, y mordió su labio frente al sonido de su profundo y gutural
gruñido.

Dios, nunca había oído a un hombre hacer ese sonido antes. No


así. No como si estuviera a punto de devorarla.

Esas manos siguieron moviéndose, deslizándose por sus costados


y luego por sus caderas. Los dedos de él se juntaron, tirando de la falda
de su vestido hacia arriba. Luego sus dedos se deslizaron por la desnuda
piel de la cara externa de sus muslos mientras mordisqueaba y lamía la
piel de su cuello.

Su corazón bombeaba por todo el lugar cuando su boca dejó su


cuello y luego estaba repentinamente agachado detrás de ella. Al
principio no tenía idea de lo que él estaba haciendo. Empezó a girarse
hacia él, pero se detuvo cuando aquellos dedos atraparon el borde de sus
bragas y las bajaron.

Oh Dios.

—Sal de ellos —ordenó él, su voz dura en el silencioso apartamento.

Julia obedeció, posando una mano en el mostrador para


equilibrarse mientras levantaba una pierna y luego la otra. En segundos,
las bragas fueron olvidadas en el piso y él se estaba levantando
nuevamente, arrastrando esas manos hacia arriba por sus piernas. Su
estómago estaba contra su espalda nuevamente. Una mano se quedó en
su cadera desnuda y la otra se hizo camino al cuello de su vestido.

—¿Cuán enfadada estarás si arruino este vestido? —preguntó él.

—No… demasiado.

—Perfecto —murmuró él, y luego agarró el frente de su vestido. Su


cuerpo se sacudió.

Julia apenas podía respirar mientras todo su cuerpo latía en


respuesta al sonido de la tela rasgándose. Bajó la mirada mientras el aire
frío hacia contacto con su pecho. Su sostén estaba expuesto entre los
retazos de tela. Gracias a Dios era lindo, uno de encaje negro que la hacía
lucir un escote increíble.
Y parecía que a él le gustaba lo que veía sobre su hombro.

—Maldición, son hermosas, Julia. —Soltó el vestido y el material


se abrió aún más—. Tú eres hermosa.

La cabeza de ella cayó contra el pecho de él mientras su mano se


deslizaba bajo la copa de su sostén. Miró por rendijas estrechas mientras
él hacía a un lado la copa, dejando un pecho al descubierto.

El gruñido de Taylor lanzó otro rayo de lujuria a través de ella.

—¿Estás mirando?

No quería responder.

—¿Julia?

Humedeció sus labios.

—Sí.

—Bien. —Su mano se envolvió alrededor de su pecho—. No quiero


que te pierdas ni un segundo de esto.

No había forma de que eso estuviera ocurriendo.

No podía desviar la mirada mientras su pulgar se arrastraba sobre


la rosada y arrugada y luego sobre su pezón. No había forma de detener
el gemido esta vez, y el sonido se transformó en su nombre. Estaba más
allá de la razón mientras él acariciaba su pecho antes de cambiar hacia
la otra copa. Hizo lo mismo, empujando el material a un lado y
descubriendo su pecho.

El brazo de él se enrolló alrededor de su estómago y esta vez sus


dedos encontraron un adolorido pezón. Lo atrapó entre sus dedos pulgar
e índice, entonces hizo algo que causó que su cuerpo entero se sacudiera
y una ola de cálida humedad se formó entre sus muslos.

—Oh Dios —jadeó ella.

—Mmm. —La boca de él se deslizó por la piel de su cuello


nuevamente—. Te gustó eso.

Ella no necesitaba responder, porque él sabía. Él lo hizo de nuevo,


y sus caderas se movieron como reflejo mientras un completamente
distinto tipo de dolor florecía. Taylor debió haberlo sentido, porque
usando un poderoso muslo, separó aún más sus piernas. Todos los
músculos en su cuerpo se tensaron mientras la mano de él viajaba desde
su cadera hacia su muslo interno.
—Estás aguantando la respiración —dijo él en su oído.

Lo hacía, realmente lo estaba haciendo.

—Tierno.

Un temblor sacudió su cuerpo mientras él rozaba sus nudillos


contra su centro. Entonces sintió el toque más suave, viajando
vagamente de adelante hacia atrás, molestando y provocando.

—Está muy mojada, Sra. Hughes.

Más allá de estar avergonzada o sorprendida por la crudeza de sus


palabras, sólo pudo gemir algo que sonó similar a un asentimiento.

—Vamos a tener que hacer algo respecto a eso —informó él


mientras su pulgar se involucró, dando vueltas en un lugar muy
sensible—. ¿Qué piensas?

Jadeando en busca de aire, puso su lengua a trabajar.

—Pienso… que tendremos que hacerlo.

Taylor recompensó su respuesta presionando sobre el manojo de


nervios. Gritando, se arqueó contra su mano. Él la acunó, apoyando su
espalda contra él, y oh Señor, había algo muy caliente en aquello. Podía
sentirlo a él palpitando contra su espalda baja, y ella estaba empapada,
sofocada.

Justo cuando los dientes de él atraparon el lóbulo de su ojera,


deslizó un dedo dentro de ella. Una especie de sonido estrangulado la
dejó. Una mano se movía sobre su seno mientras la otra lentamente y
tortuosamente se movía dentro y fuera de ella.

Su corazón tronaba en su pecho y estaba sin aliento sobre cuán


fácil él había tomado completamente el control sobre su cuerpo con tan
sólo sus manos, sus dedos. Y estaba sorprendida con lo rápido que se
había dejado ir, lo rápido que había dejado de pensar.

El cuerpo de Julia se movía, empujando contra sus manos y sujetó


cada una de las muñecas de él con una mano, suspendiéndolo y
sosteniéndolo contra ella. Cuando introdujo otro dedo dentro de ella, él
gimió. La agitación de la liberación se tomaba forma profundamente
dentro de ella. Sus caderas se movían más rápidamente.

—Eso es. —La voz de él era un cálido susurro contra su oído—.


Monta mis dedos.
Su ritmo cardíaco se disparó cuando aquellas pecaminosas
palabras se abrieron paso tan profundamente como lo estaban haciendo
sus dedos. Los ojos de Julia se cerraron mientras hacía precisamente
eso, moviéndose hacia abajo y atrás contra él. Él aceleró el ritmo mientras
inclinaba su barbilla hacia abajo, enterrando su boca en el hueco de su
cuello.

La tensión creció, girando más y más fuerte hasta que fue


demasiado.

—Oh Dios, no puedo… —Tiró de la mano de él.

—Puedes. —Continuó, rechazando su súplica—. Lo harás.

Era demasiado, demasiado intenso, y no había escapatoria de la


enloquecedora carrera. Julia estaba ardiendo por dentro. Fluía lava por
su sangre y justo cuando pensó que seguramente estallaría en llamas, él
enganchó sus dedos profundamente dentro de ella y la tensión explotó.

—Eso es. —La voz de él era ronca y espesa.

—Oh… oh Dios. —gritó ella, su cuerpo entero temblaba mientras


una asombrosa liberación atravesó su cuerpo. Era como un relámpago
embotellado en sus venas, saliendo por cada terminación nerviosa.

Era una agonía del tipo más dulce y la mataba, dispersando sus
pensamientos mientras la liberación se ondulaba y cedía. Saciada y
aturdida, se dejó caer contra su pecho, respirando pesadamente. Hubiese
caído directamente al piso si él no hubiera pasado un brazo alrededor de
su cintura.

La cabeza de Julia se inclinó hacia un lado y por unos pocos


momentos, estuvo callada, sintiendo el golpeteo de su corazón contra su
espalda. Los dedos de él aún estaban dentro de ella y cuando lentamente
los retiró, ella sintió otro profundo y pulsátil latido.

Tragó duramente.

—Yo… eso fue increíble.

Taylor estaba callado, presionó un beso al costado de su cuello y


arrastró su mano fuera de debajo de la falda de su vestido. Entonces
estuvo quieto nuevamente y podía sentirlo contra su espalda baja. La
comprensión de que había más por venir casi la hizo darse vuelta. Si él
podía hacer eso con tan sólo sus dedos ¿qué podría hacer con aquello?

Oh Dios.
Él iba a matarla en la mejor manera posible.

Pero entonces él hizo la cosa más extraña. Arregló su sostén y luego


la volteó, encarándolo. Ella abrió los ojos encontrando aquellos
peculiares ojos verdes azulados enfocados en los suyos.

—¿Taylor?

Levantando sus manos del cuerpo de ella, acunó sus mejillas. Un


pulgar acarició sobre la esquina de su labio mientras su mirada
parpadeaba sobre su rostro. Se inclinó, su cálido aliento seguía el camino
de su mirada, bailando sobre sus mejillas y sus ojos antes de instalarse
en sus labios.

Finalmente, iba a besarla. La anticipación volvió a inflarse y cerró


sus ojos. Si besaba de la manera que la había tocado, ella se quemaría
allí mismo.

—Gracias —dijo él, y un tenue ceño fruncido apareció en las cejas


de ella. ¿Le estaba agradeciendo? Entonces la besó, besó el centro de su
frente.

Los ojos de Julia se abrieron.

La ladeada sonrisa regresó y por unos cuantos momentos Taylor


solo la observó. No tenía idea de lo que estaba pasando, pero él bajó su
boca hasta su oído y susurró algo que no podía haber oído bien, porque
no tenía ningún sentido.

Y entonces él la estaba dejado ir y retrocedió, su mirada la recorrió


y Julia seguía allí de pie cuando él abrió la puerta y salió.

Se había ido.

Su cerebro aun sensible por un orgasmo increíble, todo lo que


podía hacer era estar ahí y observar el espacio en el cuál él había estado
momentos antes. Taylor se había ido sin que, bueno, sin correrse. Y se
había ido sin un intercambio de teléfonos o un beso, pero no sin una
despedida.

Julia pensó que había susurrado ‘hasta la próxima’ en su oído, pero


eso no tenía sentido. Ninguno. Tenía que haber dicho algo distinto y su
cerebro era demasiado inútil para descifrarlo correctamente. No que
alguien pudiera culparla por eso, porque…

Espera.

Él había dicho su apellido. Más de una vez.


Julia se dejó caer contra el mostrador, aturdida. A menos que Anna
le hubiera dicho su apellido, ¿cómo demonios él lo había sabido?
Capítulo 5
Traducido por Vale

A
noche no fue un error.

Eso es lo que se seguía repitiendo mientras se levantaba en


el último momento del amanecer y conducía al aeropuerto
después de despedirse de sus padres y mientras se quedaba dormida en
el vuelo bastante rápido. Anoche fue diferente y terminó un poco raro,
pero no fue un error. No tenía idea de por qué él se fue después de hacerla
venirse sin que él hiciera lo mismo, pero no iba a preocuparse por eso,
porque su cerebro neurótico de alguna manera lo retorcería a algo que se
reflejara negativamente en ella.

Y lo que ese hombre hermoso le había hecho fue demasiado...


demasiado increíble para empañar.

Antes de abordar el avión, le había dado una rápida actualización


a Anna. No entró en detalles, para disgusto de su amiga, pero sí le
preguntó a Anna si le había dicho su apellido. Cuando el avión aterrizó,
había recibido la respuesta.

Por lo que Anna podía recordar, ella no le había dicho su apellido.

Eso era increíblemente extraño, pero no tenía el espacio en el


cerebro para realmente preocuparse por eso en este momento. Sin
embargo, sus padres estaban preocupados por ella. Podía decir esta
mañana que pensaban que estaba haciendo una mala elección de vida.
Tal vez su decisión de tomar este trabajo de enfermería en un estado a
miles de kilómetros de distancia era un gran error. ¿Quién sabía? Pero
definitivamente era, sin lugar a dudas, la cosa más loca que jamás había
hecho.

Bueno, anoche fue probablemente un segundo cercano.

Pero lo más lejos que había estado de su ciudad natal de


Chambersburg fue el vuelo corto a Cleveland con su ex, Adam, para
visitar a su familia hace unos cinco años. Tomar un trabajo que requería
que se mudara, aunque fuera temporalmente, a una ciudad pequeña de
la que nunca había oído hablar fuera de Nueva Orleans era literalmente
lo contrario de lo que haría normalmente.

La ciudad ni siquiera parecía tener un nombre real. ¿LaPlace? Julia


sacudió un poco la cabeza mientras se dirigía a la escalera mecánica para
recoger su maleta, donde, según el Sr. Besson, se encontraría con el
conductor que la llevaría a la casa. El Sr. Besson se negó rotundamente
a permitirle alquilar un auto, alegando que la casa sería demasiado difícil
de encontrar incluso con GPS.

Reconfortante saberlo.

Si el Sr. Besson no hubiera sido investigado por la agencia, le


preocuparía que estuviera a punto de entregarse en bandeja de plata a
un asesino en serie.

Arrastró el olor a humedad que parecía impregnar cada rincón del


aeropuerto. De acuerdo, todavía estaba un poco preocupada. Sonaba
como si estuviera conduciendo hasta el pantano, que solo había
descubierto recientemente que no era lo mismo que una ciénaga. ¿Quién
lo sabía?

Aferrada a la manija de la misma pieza de equipaje de mano que


había tenido desde siempre, se colocó un mechón de pelo marrón detrás
de la oreja mientras observaba los grupos de personas amontonados
cerca de las cintas de equipaje.

Al llegar al final, se hizo a un lado y tragó saliva. Un revoloteo


nervioso se alzó en su vientre. Examinando a los hombres con trajes
oscuros y tarjetas de identificación, se dijo a sí misma que ya era
demasiado tarde para preocuparse de si esto era un error.

Había dejado su trabajo estable en el centro de atención asistida.

Terminó su contrato con su edificio de apartamentos.

Su auto se vendió y el dinero se transfirió a una cuenta de ahorros


que se negó rotundamente a tocar, ya que el Sr. Besson le aseguró que
tendrían un vehículo para que usara durante la asignación.

No había marcha atrás y eso era algo bueno porque tenía que irse.
Algo que Anna entendió, pero su madre no quería entender, no quería
ver. Algo que nunca quiso que su padre descubriera.

El aleteo cesó cuando sintió un nudo en el estómago. No pensaría


en Adam. Ahora no. Con suerte nunca más.
Tirando de la holgada blusa rosa pálido, se dirigió hacia la cinta de
equipaje, pero se detuvo y tuvo que mirar dos veces. La incredulidad la
llenó cuando vio JULIA HUGHES en la pantalla de uno de esos iPads
descomunales que cuestan lo mismo que un pago hipotecario.

Un joven vestido como si estuviera acompañando a un diplomático


a una reunión importante la estaba esperando. Vestía un traje negro
hecho a medida y zapatos que eran más brillantes que un diamante. No
había forma de que fuera su conductor. Tenía que haber algo extraño…

—¿Srta. Hughes? —preguntó el hombre, poniendo el iPad bajo su


brazo mientras caminaba hacia ella. Su mirada se movió hacia su
maleta—. ¿Es este su único equipaje?

¿Cómo la había reconocido? La inquietud llenó su estómago


mientras miraba a su alrededor, sin estar segura de qué o quién estaba
buscando.

—Sí. Es... es mi único bolso. Tuve que…

—La mayoría de sus pertenencias fueron enviadas antes —


respondió por ella, lo que fue un poco tranquilizador—. Mi nombre es
Brett y la estaré llevando hoy. ¿Puedo?

Julia parpadeó tontamente.

Él sonrió mientras alcanzó su equipaje, quitándole con éxito la


manija.

—¿Necesita usar un baño antes de irnos? A dónde vamos está


aproximadamente a una hora de aquí.

—Sí. No, estoy bien ―corrigió y sintió sus mejillas sonrojarse—. Lo


siento. Estoy un poco perdida. Mañana larga.

—Comprensible. —Mostró una sonrisa rápida pero cálida—. ¿Si me


sigue?

Así lo hizo, siguiendo al enérgico joven que pasaba junto a las


cintas, agradecida de que llevara los zapatos planos en lugar de los
tacones. Insegura de cómo debería vestirse para la primera reunión con
sus nuevos empleadores, había usado el único par de pantalones negros
que aún le quedaban sin sentir que estaban cortando la circulación a
toda la mitad inferior de su cuerpo. Preferiría haber usado un buen par
de calzas para el vuelo.

El aire cálido y pegajoso los recibió cuando salieron al garaje.


―Guau —dijo, sosteniendo la correa de su cartera—. Está bastante
caliente.

—Esto no es nada. Espera a que el verano realmente llegue —


respondió Brett sacando las llaves del bolsillo de sus pantalones—.
Rezarás por temperaturas por debajo de los treinta grados.

Julia había leído todo sobre las infames condiciones húmedas y


cálidas de Nueva Orleans. Nada en ella era pequeño y no se enfriaba
cuando las temperaturas eran de diez grados como su padre, que estaba
en el lado delgado de esbelto. Tenía un poco de aislamiento extra. Bueno.
Ella tenía más que un poco, y no había una cantidad de dieta o cardio
que cambiara el tamaño de sus caderas o muslos, así que se había
resignado a derretirse como la Bruja del Mago de Oz.

Faros se encendieron y luego Brett se detuvo detrás de un...

¿Era eso un... un Mercedes?

Julia miró boquiabierta el elegante sedán negro. ¿Qué demonios?


Nunca había estado dentro de un auto así en toda su vida. Se había
quedado allí tanto tiempo mirando el auto que probablemente costaba
más que los ahorros de su vida que ni siquiera vio a Brett moverse hacia
la puerta trasera del acompañante y abrirla para ella.

—¿Srta. Hughes?

Sintiéndose como siete tipos de estúpida, se apresuró a avanzar y


se deslizó en el asiento trasero. No tan graciosamente como un Mercedes
lo merecía, pero metió su trasero dentro sin parecer una tonta.

Y luego miró alrededor del interior como una tonta, apenas


resistiendo el impulso de pasar la palma sobre lo que seguramente era
un interior flexible. El coche olía como se imaginaba que uno nuevo lo
hacía, a pino y cuero.

Todo esto se sentía surrealista.

Brett estaba detrás del volante y el motor ronroneó. En cuestión de


segundos, salieron del garaje y luego su rostro se posó en las ventanas
polarizadas mientras salían del aeropuerto y entraban en una carretera
principal de la que solo había oído hablar en las noticias.

Nunca había sido llevada a ninguna parte por nadie más que su
familia o amigos, por lo que el silencio hizo que se torciera los dedos
incómodamente.
—Entonces, eh, ¿conduce a menudo para el Sr. Besson?

Brett se rio entre dientes.

—No a menudo, gracias a Dios.

Sus ojos se agrandaron.

—Usualmente hacen lo suyo, él y su esposa, y yo normalmente no


conduzco. Mi padre sí, pero tenía una cita hoy —explicó—. Nuestras
familias han trabajado juntas durante, vaya, por generaciones.

¿Por generaciones? Recostándose en el asiento mientras cruzaba


los brazos sobre su regazo, supuso que debía ser algo sureño o algo así.

—Voy a Loyola a tiempo completo, por lo que el dinero adicional no


lastima. —Se deslizó hacia la línea de pase.

—Oh, ¿qué está estudiando?

—Gestión empresarial, pero puede que cambie. Tengo solo dos


años, así que todavía no he tomado muchas clases principales.

Charlaron mientras la mente de Julia corría a un millón de millas


por segundo. No sabía mucho sobre el Sr. Besson más allá de la condición
de su pronto cargo y el pago, el salario que era más alto de lo normal para
este tipo de trabajos. Honestamente, había aplicado a la publicación
medio borracha con una botella de vino, después de comer casi una bolsa
entera de chocolates Dove durante una de las noches en que su cabeza
no se callaba y no podía dormir. En ningún momento pensó que
realmente iba a conseguir una entrevista o una oferta. Así que casi se
cayó cuando la agencia la llamó dos días después y le pidió que hiciera
una entrevista telefónica con el Sr. Besson.

Era una enfermera registrada que había hecho una temporada en


triaje, pero se había enfocado más en el cuidado de la vida asistida a largo
plazo en los últimos años. Sin embargo, sabía que tenía que haber otras
enfermeras que aplicaron que tenían muchos más años de experiencia
que ella, pero recibió la oferta y aquí estaba, siendo conducida al buen
Dios sabe dónde en un Mercedes.

Si terminaba muerta, al menos podría marcar eso de la lista de


deseos que no mantenía.

Se retorció en el asiento trasero. Todo había sucedido tan rápido.


Desde el momento en que se apresuró a solicitar el puesto y hasta ahora,
solo había pasado poco más de una semana y media. Nunca en su vida
había tomado esta clase de decisión que alterara su vida tan rápido y sin
pensarlo.

No hay vuelta atrás.

Solo tenía que seguir recordándose eso.

Brett había tenido razón sobre el tiempo. Aproximadamente una


hora más tarde, a unas pocas millas de la carretera, dobló por un camino
que no tenía una señal que pudiera ver. El interés despertó, miró por la
ventana y de inmediato quedó cautivada. Robles altos se alineaban en la
ancha carretera asfaltada. La clase de árboles que sabía debían haber
estado allí por siglos, probablemente mucho antes de que el hombre
poblara la zona. El musgo español cubría los árboles, creando un dosel
de sombra que dudaba incluso de que los días más brillantes pudieran
penetrar.

El camino siguió y siguió, incluso cuando los árboles se despejaron,


y colinas verdes y ondulantes se hicieron visibles. Y aun así condujo
hasta que el camino se llenó de árboles una vez más y llegaron a una
gran puerta unida a un pequeño edificio que parecía estar vacío.

¿Era esto una comunidad cerrada? No lo sabía, pero la puerta se


abrió cuando Brett tocó algo en el visor. Se estaban moviendo una vez
más, avanzando lentamente por la sinuosa carretera. Entonces la vio: la
monstruosidad de un hogar.

Su boca se abrió mientras se inclinaba entre los asientos


delanteros y la asimilaba con ojos grandes e incrédulos.

El hogar no podía llamarse así. Oh no, era más una mansión, o un


complejo que tenía los rasgos de las antiguas plantaciones que había
visto en Internet, pero esto se mejoró en el siglo XXI y algo más.

La parte principal del edificio tenía tres pisos de altura y cada lado
estaba flanqueado por estructuras que parecían ser de dos pisos.
Estaban todos conectados por balcones y corredores en cada nivel. Desde
el auto, podía ver a los ventiladores batiendo perezosamente desde los
múltiples techos.

Grandes columnas rodeaban el frente de la casa y continuaban a


lo largo de toda la estructura, dándole la impresión de que toda la casa
estaba perfilada en ellas. Los postigos eran negros, y flores coloridas
colgaban de las barandillas de hierro forjado en el segundo y tercer nivel,
pero había algo diferente aquí.

Toda la casa estaba cubierta de vides.


No podía entender cómo era posible con la casa que parecía que
había sido renovada en la última década más o menos. De acuerdo, no
sabía cuánto tardaban las vides en crecer, pero no había un pie de
espacio en el que las vides verde oscuro no se hubieran deslizado.

¿De dónde siquiera venían las vides? Había grandes robles


rodeando la casa, y no podía ver lo que había detrás del lugar, pero ¿cómo
crecían las vides de esa manera? Parecía anormal, pero las vides
agregaban a la belleza del hogar, dándole esta apariencia casi antigua.

—¿Es esta la casa correcta? —preguntó.

Brett se rio mientras miraba por el espejo retrovisor hacia ella.

—Eso espero, porque esto sería realmente incómodo si no fuera así.

Podía decir que estaba bromeando, pero ella estaba estupefacta.

—Esto... esto tiene que ser un error Quiero decir, tuve la impresión
de que el Sr. Besson no vivía en un lugar como este.

La comprensión se apoderó de su mirada cuando disminuyó la


velocidad en la entrada circular, pasando un todoterreno negro y otro
auto lujoso en el que nunca antes había estado.

—Todo tendrá sentido cuando se encuentre con el Sr. de Vincent.

—¿Sr. de Vincent? Estaba hablando con un Sr. Besson —dijo,


agarrando el respaldo del asiento. Su mente estaba girando. Sin embargo,
el nombre de Vincent era vagamente familiar. La razón estaba en la punta
de su lengua—. Lo siento, pero ¿a quién pertenece esta casa?

Por un momento, no pensó que respondería, pero luego lo hizo.

—Esta es la casa principal de la familia de Vincent. Ellos son para


quienes trabajará. —El auto se detuvo, y Brett se giró, de frente a ella—.
Ha estado hablando con el Sr. Besson porque los de Vincent son... bueno,
son muy privados y requieren un cierto nivel de discreción cuando se
trata de asuntos personales.

Había firmado muchos formularios de divulgación, obligándola


legalmente a mantener la boca cerrada acerca de la familia y su paciente,
o enfrentaría fuertes multas financieras, pero la agencia le aseguró que
eso era común. La mayoría de las familias que podían pagar este tipo de
cuidado en el hogar tenían una imagen que proteger, y además, ella no…

Entonces la golpeó.
La conmoción la atravesó cuando se dio cuenta de por qué el
nombre de Vincent le resultaba familiar.

Dios mío, sabía quiénes eran los de Vincent.

Todos sabían quiénes eran.

Congelada en el asiento trasero, le dolían los nudillos por la fuerza


con que se agarraba al reposacabezas. Los de Vincent eran una de las
familias más ricas de los Estados Unidos. Ricos como que tenían una
estúpida cantidad de dinero. El tipo de dinero que Julia y el 99.9 por
ciento de la población ni siquiera podían comenzar a procesar.

Y esa no era la única razón por la que había oído hablar de ellos.
No leía muchas revistas de chismes, pero de vez en cuando, recogía una
en la tienda de comestibles, y siempre había un pequeño reportaje sobre
uno de los hermanos, casi siempre del mayor.

Ahora que lo pienso...

Soltando el reposacabezas, agarró su bolso del asiento a su lado y


sacó la revista enrollada que había recogido en el aeropuerto de
Philadelphia. Hojeando las páginas, se detuvo en el artículo que había
acabado de leer.

El soltero más elegible de nuestro tiempo a punto de casarse con la


heredera.

Lo había mirado por arriba antes, obsesionándose más en la foto


del hermano mayor, Devlin, y su prometida que en el contenido. ¿Quién
la culparía? Él era preciosura con todo cabello oscuro, y ella rubia, pálida
e impresionante, una pareja que nunca veías en la vida real sino solo en
fotos o en el cine.

Su corazón comenzó a latir en su pecho. Esto no era real. No podía


serlo.

Los De Vincents eran conocidos como los Kennedy del Sur, la


realeza estadounidense, o al menos, así era como los tabloides se referían
a ellos y sus numerosas implicaciones en política y escándalos, más estos
últimos que los primeros, debido a los hijos... ¿Cuáles eran sus apodos?
Había tres de ellos si recordaba correctamente. Los apodos eran algo
morboso y extraños, basados en sus comportamientos salvajes y casi
increíbles. Su corazón saltó a su garganta. Recordó cómo los llamaban.

Lucifer.
Demonio.

Diablo.
Capítulo 6
Traducido por Vale

B ostezando ruidosamente, Lucian se pasó los dedos por el pelo


y luego se llevó la mano al muslo cuando Troy se puso a mirar
a Dev a los ojos desde el otro lado del escritorio.

Por supuesto, no estaban sentados en el estudio de su padre.

Livie tenía listo uno de los servicios profesionales de limpieza para


entrar a la habitación tan pronto como se despejó. Las señales de lo que
había sucedido en esa habitación habían desaparecido cuando Lucian
llegó a casa temprano en la mañana. Un día más tarde y el estudio de
Lawrence iba a ser otro lugar en la casa que estaba cerrado como si lo
que sucedió allí también pudiera ser sellado, olvidado como otros malos
recuerdos.

Los negocios ahora se estaban manejando desde la oficina que Dev


había instalado en el segundo piso hace varios años, la habitación de la
esquina que daba a la rosaleda demasiado grande que mamá solía
atender.

La única persona que faltaba en la improvisada reunión de las


mentes era Gabe, pero se había ido poco después de que Lucian
regresara. Gabe probablemente se estaba dirigiendo a su almacén.
Lucian dudaba que lo vieran por el resto del día.

Y Lucian estaba presente solo por una razón, que no tenía nada
que ver con por qué Troy estaba aquí o con su padre fallecido. Estaba
esperando, con bastante impaciencia, una llegada muy importante.

No tenía idea de lo que estaba a punto de pasar, pero por primera


vez en Dios sabe cuánto tiempo, estaba ansioso con la anticipación. Sabía
a qué hora aterrizó el avión, por lo que debería ser en cualquier momento.

Había habido muchas novedades para él en las últimas


veinticuatro horas.
―Te ves como una mierda ―comentó Troy, mirando hacia donde
estaba sentado.

Lucian levantó un hombro. ¿Qué podría decir? No había dormido


mucho la noche anterior.

—Creo que saben por qué estoy aquí —comenzó Troy—. Y sé que
tienes mucho en tu plato, pero no podía esperar más.

Dev se reclinó en la silla de cuero, cruzando sus brazos flojamente.

—Entiendo, pero lo que hablamos sobre la noche del incidente no


ha cambiado.

Lucian cerró los ojos y se movió en el asiento mientras se frotaba


las cejas con los dedos índice. Por mucho que se preocupase por Troy,
necesitaba que se fuera.

—Sí, bueno, el problema es que el jefe tiene un mal día y realmente


está presionando en esta investigación. Probablemente tiene algo que ver
con el ejército de abogados que descendieron al departamento de policía
pocas horas después de que se encontrara el cadáver de su padre. —
Golpeó su mano sobre el escritorio brillante y despejado—. Y creo que
dijo algo como ‘los de Vincent pueden controlar el mundo, pero no mi
departamento’.

—Interesante —respondió Dev de una manera que no mostró ni un


gramo de interés.

—Esto no va a desaparecer.

—El jefe puede pensar lo que quiera, pero lo que sucedió me parece
bastante claro. —Dev tomó su vaso—. Se colgó…

—Tenía arañazos en el cuello como si hubiera tratado de quitarse


el cinturón —aclaró Troy—. Y eso es un poco sospechoso. No dice que no
podría haber tenido un cambio de opinión, pero eso es poco probable. La
autopsia se realizará hoy más tarde. No estoy sugiriendo que vaya a
mostrar nada, pero probablemente nos deje con más preguntas que
respuestas. Y eso es como la maldita mañana de Navidad para el jefe en
este momento.

Dev tomó un sorbo y luego sacudió su muñeca mientras bajaba el


vaso. Líquido ámbar se arremolinó.

—Realmente no sé qué decir sobre eso.


—Por supuesto que no —murmuró secamente—. Estoy tratando de
ayudarlos chicos.

—Lo sabemos —intervino Lucian, lanzando a su hermano una


mirada de advertencia.

—¿Y tú? —La mirada fija de Troy estaba en Dev—. Necesito saber
todo para estar preparado para cualquier cosa.

—Lo sabes todo —respondió Dev suavemente.

La irritación picó a lo largo de la piel de Lucian. La verdad era que


Troy no sabía nada, y por lealtad hacia ellos, Troy se acercaría lo más
posible a arriesgar su insignia. Y Dev iba a sentarse detrás de ese
escritorio como si no le importara una mierda.

Troy seguro como el infierno no sabía quién estaba arriba. Dev


había ido a los extremos para mantener eso oculto, y Lucian solo había
aceptado porque había encontrado la alternativa inaceptable.

Richard apareció como un fantasma en la entrada. La expresión de


su rostro le dijo a Lucian que lo que habían estado esperando finalmente
había llegado. Lucian se incorporó, todas las huellas de cansancio
desaparecieron.

—Me disculpo por interrumpir —anunció Richard, con las manos


entrelazadas detrás de él—, pero tienes una reunión a la que no puedes
llegar tarde, Devlin.

—Lo siento Troy, pero tengo que irme. Al igual que mi hermano. —
Dev se levantó, arreglando los gemelos de su camisa—. ¿Podemos volver
a esto en una fecha más adelante?

Troy se sentó allí por un momento y luego sacudió su cabeza


mientras se levantaba.

—No esperen que esto simplemente desaparezca —advirtió,


mirando entre los dos—. No va a ser como todo lo demás.

Dev inclinó su barbilla.

—Por supuesto.

Girando, Troy se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo frente a


Lucian.

—Asegúrate de que tu hermano cabeza dura comprenda cuán serio


puede ser esto.
Lucian asintió a pesar de que sospechaba que Dev era muy
consciente de eso.

—Nos vemos luego —murmuró Troy.

Richard escoltó a Troy, asegurándose de que no terminara donde


ellos no lo querían. Ya estaba a medio camino de la puerta cuando Dev
lo detuvo.

—¿Dónde estabas ayer?

Lucian levantó un hombro en medio encogimiento de hombros.

—En ninguna parte.

—Creo que en ningún lugar es un lugar que fue ridículamente


innecesario. —Dev caminó alrededor de su escritorio—. ¿Te detuviste a
pensar cómo se vería eso? ¿Yéndote la mañana después de que tu padre
trágicamente se suicidara?

Sonrió con suficiencia.

—Realmente no creo que nadie haya esperado menos.

—¿Y eso es algo de lo que estar orgulloso?

—Me gusta pensar eso —comentó Lucian.

Dev suspiró mientras terminaba de jugar con sus gemelos.

—Aún no estoy feliz con esto.

La tensión se deslizó a lo largo del cuello de Lucian mientras lo


enfrentaba. Sabía exactamente a qué se refería su hermano.

—No estás feliz con nada. ¿Por qué esto sería diferente?

Dev cruzó sus brazos.

—Sabes a lo que me refiero. ¿Estamos trayendo a alguien a esta


casa después de lo que acaba de pasar? Es peligroso.

—Tomamos esta decisión antes de lo que sucedió con nuestro


padre. —Se puso en pie, mirando cara a cara a su hermano mayor—.
Pero tengo que preguntar, ¿qué es tan peligroso, Dev? ¿Hay algo que estés
escondiendo y te preocupa que alguien lo descubra?

Dev no se inmutó.

—Sabes de qué estoy hablando.


Obtuvo lo que estaba implicando sin que tuviera que entrar en
detalles.

—Ahora, pensé que habías dicho que nuestro padre tenía


problemas para lidiar con lo que su hermano estaba pasando —le
recordó.

Dev se calló.

Sus manos se curvaron en puños.

—No hay forma de que ella sea responsable de lo que le pasó a


Lawrence si es que no se lo hizo a sí mismo. Has visto en qué tipo de
condición se encuentra. Sabes lo que dijo el doctor. Solo Dios sabe dónde
ha estado o lo que le ha pasado, y lo único que te importa es lo que la
gente piensa sobre nuestra familia.

—No sabes lo que me importa, pero déjame explicarte algo. Sí, me


preocupa lo que piense la gente porque ¿qué crees que Troy o ese maldito
jefe de policía se preguntará cuándo se den cuenta de que ella ha
regresado, que regresó poco antes de que nuestro padre muriera en
circunstancias aparentemente sospechosas?

Sacudiendo la cabeza, Lucian sostuvo su mirada.

—No pretendas que estás preocupado por ella. Te conozco mejor


que eso. Esto no se trata de ti protegiendo a nuestra hermana.

—¿Me conoces mejor? —Sus ojos azul verdosos, del mismo color
que los de Lucian, ardieron intensamente—. ¿Crees que me conoces así?
¿Que no estoy tratando de protegerla?

Los labios de Lucian se curvaron en una sonrisa de suficiencia.

—Sí, lo siento. Voy a decir que es mentira ya que quisiste internarla


a algún hospital lejano. Encerrarla y olvidarte de ella.

Un músculo se flexionó a lo largo de la mandíbula de Dev. El primer


indicio real de emoción.

—Si quisiera encerrarla y olvidarme de ella, hubiera hecho


exactamente eso.

No había forma de que Lucian lo hubiera permitido.

—¿Por qué estás tan preocupado? ¿Hiciste una verificación de


antecedentes de la enfermera, verdad? —Aunque Dev no le había dicho
que sí, Lucian sabía que no había manera de que Dev la dejara entrar a
la casa sin una extensiva—. Probablemente cavaste tan profundo que
sabes lo que comió para cenar hace un mes. La investigaste.

—Lo hice —dijo, rechinando los dientes.

Lucian se acercó tanto que sus zapatos rozaron los costosos


mocasines que usaba Dev, casi los mismos que su padre tenía la noche
en que lo encontraron colgando del ventilador.

—Entonces, voy a preguntar una vez más, ¿por qué estás tan
preocupado?

Dev sostuvo su mirada.

—Chicos —llamó Richard desde detrás de ellos—. Su invitada está


esperando.

Una gran tensión fluyó de ellos, llenando cada pie cuadrado de la


espaciosa habitación. Ninguno de los dos se movió durante un largo
momento. Fue Dev quien dio un paso atrás y habló primero:

—¿No tienes algo que hacer ahora? —Hizo una pausa—. ¿Cómo
alguien a quien follar?

Una sonrisa casi cruel retorció los labios de Lucian.

—Nah, no en este momento.

—Qué mal. —Devlin lo rodeó.

No había forma de que Lucian le permitiera a Dev llegar primero a


esa habitación y no permitiría que Dev tuviera esta conversación solo.
¿Quién sabía lo que Dev diría sobre su hermana?

Maddie necesitaba a alguien compasivo. Alguien con paciencia, que


realmente se preocupara por ayudarla a mejorar mientras trataban de
descifrar lo que le había sucedido. De ninguna manera permitiría que Dev
pusiera en peligro eso.

Especialmente desde que Lucian se sorprendió al descubrir que su


hermano había contratado a alguien con todas esas cualidades.

—¿Dónde la tienes? —preguntó Lucian.

—Está esperando en la sala de estar inferior —respondió Richard.

Debido a que su hermano solo caminaría a un ritmo apaciguado y


apropiado, fácilmente lo esquivó a él y a Richard, bajando las escaleras
antes de que Dev llegara a la parte superior de la escalera.
Sus pasos eran largos, sus zapatos notablemente ridículamente
caros Stefano Bemer iban silenciosamente en los pisos de madera,
mientras se dirigía a la misma habitación donde había dado la noticia de
la muerte de su padre a Richard y Livie. Se acercó al arco abierto y se
detuvo por completo antes incluso de entrar a la habitación.

Hubo un momento, el segundo más pequeño, en el que se dio


cuenta de que iba a haber un antes y un después de este momento. Se
había sentido así la noche anterior, cuando entró en un pequeño bar sin
nombre y echó un primer vistazo a la enfermera que Dev había
contratado.

Verla de nuevo fue como verla por primera vez.

Lucian no tenía idea de lo que había estado esperando la primera


vez que vio a la Srta. Julia Hughes. ¿Alguien mayor? ¿Posiblemente
matronal? ¿Quién sabía? Pero estaba tan conmocionado entonces como
lo estuvo la noche anterior.

Sentada en el borde del sofá de la época victoriana, completamente


inconsciente de que él podía verla, estaba la mujer a la que había tenido
sus dedos dentro hacía menos de doce horas.

Era... mierda, era hermosa.

Hermosa de una manera que a menudo no se veía más. El tipo de


belleza que era de épocas que ya no reinaban.

Su cabello castaño oscuro estaba asegurado en un nudo prolijo,


con la excepción de un mechón que caía sobre su mejilla. Era el mismo
hilo que había metido detrás de su oreja anoche. Todavía quería ver su
cabello suelto para saber si sus sospechas eran ciertas. Sabía,
simplemente sabía, que tenía que ser grueso y largo.

La forma de su rostro era un corazón perfecto. Delicadas cejas


arqueadas sobre ojos que sabía que eran del cálido color del whisky. Una
nariz respingona y pómulos altos que eran aún más hermosos cuando
estaban sonrojados y su boca... oh Dios santo, su boca era una obra de
arte. Labios tan exuberantes que un hombre viviría toda su vida sin tener
el honor de probarlos, de saber cómo se sentían contra su propia boca o
alrededor de su pene.

Sí, estaba pensando alguna mierda.

Y ni siquiera había llegado a probarlos.


Como cuando la vio por primera vez, pudo ver su cara representada
en un lienzo. No sería fácil. Sabía que había mucha emoción en esa cara,
una emoción que siempre era difícil de traducir en la pintura. Incluso el
ligero surco en sus cejas sería difícil de capturar.

Sería un desafío.

Un honor.

A pesar de que estaba sentada, en posición rígida e incómoda en el


borde de ese sofá, sabía que tenía un cuerpo de ensueño. De proporciones
generosas, suave y sedoso en todos los lugares que quería explorar.

Hubo un zumbido en sus venas mientras la miraba, un calor que


lo quemaba desde adentro hacia afuera. Llamas que lo envolverían por
completo, y qué manera de quemarse.

La Srta. Julia Hughes había sido una sorpresa muy, muy


agradable.

A diferencia de su hermano, él era más práctico. En lugar de


contratar a un investigador, había hecho el trabajo de campo. Todo el
propósito del viaje a Pensilvania fue buscarla, ya que no había podido
encontrar nada en línea sobre ella. Ir a donde había trabajado y fingir
estar interesado en inscribir a un miembro de la familia. Todo lo que tenía
que hacer era sonreír y decir algunas palabras floridas, y fue capaz de
extraer información de su antiguo jefe.

Empleada estelar.

Muy querida por compañeros de trabajo y pacientes.

Iban a echarla de menos.

Y mientras estuvo allí, escuchó a la rubia amigable hablando de la


fiesta. Pura suerte que lo había puesto en el lugar y momento correcto
sin ser visto. Había ido a ese bar con la plena intención de entablar una
conversación, familiarizarse y, para ser honesto con Dios, eso era todo lo
que había planeado.

Pero luego la vio.

Luego habló con ella.

Y luego la había deseado.


Era vagamente consciente de que su hermano se acercaba a él.
Sabiendo que debía mirar hacia otro lado, descubrió que no podía, que
no quería.

—Lucian —advirtió Dev en voz baja.

Ignoró a su hermano cuando se acercó más. Cuando la vio por


primera vez anoche, tuvo una reacción puramente primitiva hacia ella y
había pasado demasiado tiempo desde que había sucedido. Demasiado
tiempo.

—Lo digo en serio. —La irritación era evidente en el tono bajo de


Dev—. Ni lo pienses.

Deseó que su hermano se callara para poder mirar a su enfermera


en privacidad silenciosa.

—¿Ahora cómo sabrías lo que estoy pensando?

—¿En serio me estás preguntando eso? —desafió en voz baja—.


Solo te importan dos cosas. Una de ellas consiste en follar lo que queda
de tus células cerebrales.

Lucian arqueó una ceja mientras lo miraba, porque no podía


discutir con eso.

—¿Qué es lo otro que me importa? Dime. Ya que sabes más sobre


mí de lo que aparentemente hago yo.

Las cejas de su hermano se cayeron de golpe.

—La razón por la que está aquí.

—Es cierto —murmuró, incapaz de discutir con eso tampoco.

Pero cuando volvió su atención a su enfermera, su hermana—Dios


lo ayude—estaba lo más alejado de su mente.

Lucian quería... quería pintarla.

Y no podía recordar la última vez que quiso hacer eso. Ese impulso
se le había escapado hace mucho tiempo, pero ahora le picaban los
dedos.

Por primera vez desde, bueno, siempre, miró a una mujer y


realmente pensó en lo que su tátara-tátara-abuela había dicho sobre los
hombres de la familia de Vincent. Tal vez había querido decir que caían
en la lujuria rápida y duramente, sin razón o vacilación.
Porque, oh sí, estaba experimentando un poco de lujuria dura.
Alejarse de ella la última noche había sido una de las cosas más locas y
fuera de lo común que había hecho alguna vez.

—Lucian —repitió Dev—. Quiero que la dejes en paz.

—Demasiado tarde para eso —respondió.

Dev se puso rígido mientras lo miraba y luego sus ojos se abrieron


ligeramente.

—¿A dónde fuiste ayer?

Guiñó el ojo en dirección a su hermano, se adelantó, dejando a su


hermano y sus preocupaciones en el pasillo, donde ambos pertenecían.

La Srta. Hughes se sobresaltó ante el sonido de sus pasos y


finalmente, finalmente levantó su barbilla y esas pestañas espesas. Vio
que sus ojos se abrían y pudo rastrear la confusión que brotaba de ellos
cuando lo reconoció, y cuando esos labios lujosos e increíbles se
separaron en una suave inhalación, el pequeño aliento fue directamente
a su pene.

No pudo evitarlo.

Lucian se inclinó ante ella con un ademán ostentoso que los


aristócratas habrían envidiado, tendiéndole una mano.

Esos ojos marrones cálidos cayeron a su mano y luego se


levantaron a su cara. El rosa en sus mejillas se profundizó y se extendió.
Sacudió un poco la cabeza. La incredulidad estaba grabada en cada
centímetro de su rostro.

Como a través de un túnel, escuchó a su hermano decir su nombre


otra vez, esta vez más cerca, y esta vez con un poco más de advertencia.
Pero no le importaba. Después de todo, era culpa de Dev, porque ¿en qué
demonios había estado pensando su hermano cuando la contrató? No es
que se estuviera quejando, pero ¿de verdad? ¿Dev no encontró una foto
de ella durante la verificación de antecedentes, y pensó, bueno, esto
puede no ser una buena idea?

Demasiado tarde ahora.

Porque sabía que podría haberla tenido la noche anterior.

Porque todavía la deseaba.

Y Lucian siempre, siempre obtenía lo que quería.


Esta no era la vida real.

Eso era lo que Julia estaba pensando mientras veía a Taylor


inclinarse frente a ella. Esto era algún tipo de sueño. Tal vez todavía
estaba de vuelta en su departamento, en la cama. O tal vez se cayó y se
golpeó la cabeza en algún lugar del aeropuerto. No había forma de que
Taylor estuviera aquí.

En tal estado de conmoción, apenas lo procesó tomando su mano.

—¿Srta. Hughes? —dijo en esa misma voz profunda que envió un


escalofrío por su columna vertebral.

Su boca se secó.

—Permítanme presentarme —dijo, arrastrando las palabras, con


los labios curvados en una pequeña forma que insinuaba todo tipo de
problemas.

Parpadeó lentamente. ¿Qué demonios? Sabía quién era.


Íntimamente. Como realmente íntimamente, pero eso no respondía por
qué él estaba aquí.

Abrió la boca y aspiró una respiración profunda que no llegó a


ninguna parte. Comenzó a levantarse, pero descubrió que no podía mover
sus piernas. El aire chamuscó sus pulmones mientras lo miraba. Esto no
podía estar pasando. Acababa de ver a Taylor en Pensilvania y había
sido... era solo un tipo caliente que conoció en un bar. No podía estar
parado frente a ella, a miles de millas de distancia.

—Quizás deberías respirar —dijo en voz baja, lo suficientemente


bajo como para que solo ella lo escuchara.

Por reflejo, tragó aire justo cuando las comisuras de su visión


comenzaron a difuminarse.

—Eso está mejor. —Y luego, más fuerte, dijo—: Soy Lucian Taylor
de Vincent.

Oh, mi santo infierno, quema el mundo a cenizas, ¿ era Lucian de


Vincent?

¿Cómo diablos no lo había reconocido anoche? Por otra parte, no


podía recordar la última vez que había visto una foto de él en la prensa
sensacionalista y, por supuesto, no habría esperado que él de todas las
personas paseara por un bar en, básicamente, una ciudad que
simbolizaba el medio de la nada. Pero era él, el hermano menor, al que
llamaban...

—Lucifer —soltó antes de poder contenerse.

Sus cejas se levantaron como una pulgada y esa sonrisa se


extendió, reluciendo dientes rectos, blancos, y oh sí, su sonrisa
definitivamente amplificó su calor en alrededor de un millón.

—Entonces, ¿has oído hablar de mí? Estoy halagado —dijo, con


tono ligero, casi provocador.

¿Halagado?

Los labios de Julia se separaron de nuevo, pero lo que le quemaba


la garganta era un camión lleno de palabrotas. Del tipo que le ampollaría
las orejas directamente. Comenzó a liberar su mano, a segundos de
descargar sobre él cosas como las que dudaba que hubiera
experimentado antes.

Lucian se aferró a su mano.

—Me complace verle, Srta. Hughes. Espero que su vuelo a Luisiana


haya transcurrido sin incidentes.

Mirándolo fijamente, decidió que estaba a segundos de pasar el


resto de su vida en la cárcel por asesinato. No es un asesinato a sangre
fría. Oh, demonios no, esto iba a ser un asesinato ardiente inducido por
la ira. Para empeorar las cosas, de repente, muchas cosas tenían sentido
para ella. Ahora entendía cómo él sabía su apellido, lo que significaba
que la había buscado anoche, en su estado, a mil kilómetros de distancia.
A Mil. Había ido a buscarla y ¿para qué?

Ni siquiera podía jodidamente procesar esto.

La amargura se envolvió rápidamente en la ira cuando se dio


cuenta de que ahora podía responder a todo el "porqué ella". Dios, quería
reírse, excepto que podría terminar gritando en su cara.

Y todavía estaba sosteniendo su mano, negándose a permitirle


liberar su brazo. Con ira aturdida, lo vio levantar su mano a su boca.
Besó la parte superior y luego él giró su mano, besando su palma
mientras sostenía su mirada.

La furia corrió a través de ella mientras le devolvía la mirada,


mezclándose con el calor que estallaba en sus mejillas al recordar
fácilmente lo que se sentía al estar presionada contra él. Recordaba
claramente cómo la mano que sostenía la suya ahora se había sentido
entre sus piernas, cómo…

Una sacudida de calor húmedo viajó por el centro de su palma,


disparando una ola de calor rodante directo a través de cada vena en su
cuerpo. ¿Había…? ¿Su lengua hizo…?

Le guiñó un ojo mientras levantaba la boca de su palma,


sosteniendo su mirada.

Lo había hecho.

Dios mío, una docena de emociones la golpearon. Insultada.


Disgustada. Enfurecida. Y porque había algo seriamente retorcido y roto
dentro de su estúpido cuerpo, sintió el núcleo de excitación revolviéndose
profundamente en su vientre. Estaba excitada incluso cuando su cerebro
estaba gritando abortar, abortar, gritándole que se levantara en este
mismo instante, lo golpeara en la garganta, y regresara al aeropuerto,
haciendo que su trasero redondo volviera pitando a Pensilvania.

Pero estaba encerrada en esa mirada azul verdosa, esa clase de


ojos, la clase de mirada que no solo prometía ese tipo de placer del que
solo oías, sino que amenazaba con el tipo del que probablemente no te
recuperas.

Del tipo que había tenido una probaba anoche.

Julia lo iba a matar.

Se le ocurrió un pensamiento nuevo y algo aterrador. ¿Era esto


incluso un trabajo real? ¿La contrataron para algo más? Porque nada de
esto…

Una garganta se despejó, sacudiéndola. Como si un trance se


hubiera roto, tiró de su mano para liberarla mientras todo su cuerpo se
ruborizaba.

Otro hombre había entrado en la sala grandiosa. Parecía el polo


opuesto de Lucian, más o menos de la misma altura pero más ancho,
vestido como si estuviera en un lugar de trabajo en lugar de en su casa.
Un aura de autoridad absoluta lo rodeaba cuando Lucian se movió hacia
un lado y luego se dejó caer en el sofá junto a ella.

No era un sofá muy grande.

Su rodilla presionaba contra la de ella.


—Soy Devlin de Vincent —dijo el más oscuro y grande—. Me
disculpo por mi hermano. Tiene los modales de un perro sin entrenar.

Su mirada entrecerrada se dirigió hacia donde Lucian estaba


arrogantemente tendido en el sofá junto a ella, con los muslos extendidos
y un brazo arrojado perezosamente sobre el borde de madera. Su sonrisa
se levantó cuando encontró su mirada con una pesada y caía.

—Y siento que necesito disculparme por algo de lo que no sé nada


—continuó Devlin, el que los tabloides llamaban Diablo—. ¿Parece que
ustedes dos ya se conocieron?

¿Cómo diablos respondía a eso? Vamos, sí. ¿Tu hermano apareció


en el bar local en un estado totalmente diferente anoche y terminó la noche
con los dedos entre mis piernas? Ah, y no tenía idea de que Taylor era el
segundo nombre que tenía de Vincent al final. Sí, no lo pensaba. Estaba
tan desconcertada por esto, por todo esto, que no podía formular
oraciones básicas.

—Nos conocimos brevemente anoche —respondió Lucian,


sorprendiéndola—. De hecho, hablamos sobre su carrera y las decisiones
para tomar este trabajo.

Sus fosas nasales se encendieron mientras sus manos se curvaron


en puños. Eso era parcialmente cierto.

—¿Es así? —No había una sola parte de Devlin que sonara como si
le creyera—. ¿Así que ahí es donde desapareciste?

Entonces se le ocurrió que Devlin no tenía idea de lo que Lucian


había hecho.

Lucian finalmente, gracias a Dios, dejó de mirarla y miró hacia su


hermano.

—¿Pensaste que te dejaría contratar a alguien sin que yo los


investigara?

Los labios de su hermano se adelgazaron mientras murmuraba:

—Tonto de mi parte.

Julia contuvo el aliento cuando la realidad de lo que estaba


sucediendo se estrelló contra ella con la fuerza de un tren de carga.
Lucian la había buscado para chequearla, y no de la manera divertida y
coqueta. Sabía quién era ella, que la habían contratado para que se
ocupara de alguien, si era por eso que estaba realmente allí, y la persiguió
en un bar, y...

Dios, su estómago se revolvió.

Julia nunca extendería sus alas cachondas y se dejaría volar de


nuevo.

Nop. Nop. Nop.

¿Fue anoche una especie de prueba? Para investigarla ética y


moralmente, porque si ese fuera el caso, había fallado asombrosamente.
¿Pero qué diablos decía eso de Lucian, que hiciera algo como esto? Nada
de eso realmente importaba. Julia se sintió sobreexpuesta y en una
trampa, como si hubiera entrado en una especie de trampa retorcida.

No.

De ninguna manera.

Había terminado con esto.

—Discúlpenme —dijo con dientes apretados, porque eso era todo


en lo que confiaba para decir.

Con la columna vertebral rígida, se levantó y agarró su bolso. Sin


esperar a que ninguno de los dos dijera una palabra, salió de la
habitación sin mirar atrás.
Capítulo 7
Traducido por 3lik@ & NaomiiMora

L ucian se levantó rápidamente, ya en la mitad de la sala cuando


Dev se puso de pie y preguntó:

—¿Será este otro desastre que voy a tener que limpiar?

No debió haber dicho eso.

Girando, Lucian se enfrentó con su hermano.

—¿Exactamente qué desastres has tenido que limpiar Dev? Porque


si lo pienso, no fuiste tú el que limpió el mayor desastre, ¿no es así?

—No estamos hablando de eso.

—Por supuesto no. Cuando estés listo para dar un paseo por el
baúl de los recuerdos házmelo saber, pero ahora mismo, necesito
encontrar a la Srta. Hughes antes de que salga de la propiedad y tropiece
con un pantano.

—No logrará salir de la casa —respondió secamente.

Eso era cierto, pero no el punto. Lucian entendió por completo por
qué Julia estaba tan molesta. No esperaba que ella sonriera y aceptara
todo sin hacer preguntas, aunque eso hubiera hecho la vida más fácil.
Probablemente se sintió engañada, y él podría admitir que sí.

—¿La follaste? —preguntó Dev.

La mano derecha de Lucian se curvó en un puño mientras miraba


a su hermano. Una ráfaga de ira se estrelló contra él.

—Eso realmente no es asunto tuyo, pero no, no lo hice.

La duda llenó su mirada acerada.

—Eso sería como un adicto dejando una jeringa llena.

Su labio se curvó.
—Bueno, tal vez no me conoces tan bien como crees.

—Eso también es poco probable —respondió Dev, mirando su reloj


con un suspiro de disgusto.

—¿Sabes lo difícil que fue encontrar a alguien a quien creía que no


sería atraído para vender su historia a la prensa sensacionalista? Ahora
voy a tener que empezar de nuevo. ¿Pensaste en eso? Para alguien que
está tan preocupado por su hermana, seguro como el infierno que no te
detuviste a pensar en lo que esto significaba para ella.

Lucian entrecerró los ojos.

—Nada ha cambiado. La Srta. Hughes es perfecta para el trabajo.

—Tal vez lo era Lucian, pero claro, ya no.

—Ella aún lo es.

Dev levantó una ceja.

—Me parece que ella probablemente está tratando de abandonar


esta casa en este momento.

—Solo necesito hablar con ella —aconsejó Lucian—. Pero ella no se


irá.

Su hermano inclinó la cabeza hacia un lado.

—Espero que no planees tratar de mantenerla contra su voluntad.

—Nunca haría tal cosa.

La expresión en la cara de Dev se volvió aburrida.

—Mira, lo que dije es verdad. Descubrí su nombre del papeleo que


tenías en tu escritorio y la revisé. Hablamos sobre por qué ella era
enfermera y mierda como esa. —Ignoró cómo terminó la noche, porque
eso realmente no era asunto de su hermano—. Ella no sabía quién era
yo. Es por eso que está molesta. Solo necesito hacerlo... suavizar las
cosas y todo estará bien.

Dev lo analizó por un momento.

—¿También hiciste tu propia verificación de antecedentes?

—Imaginé que ella pasó eso si la contrataste.

Dándole un breve asentimiento, Dev sacó su teléfono del bolsillo.


—Si se queda, estoy de acuerdo con eso, pero si causa problemas,
me encargaré de ella.

Lo último que Dev estaría haciendo era tratar con ella, pero asintió
para poder terminar la conversación. Girando, salió de la habitación. Sin
embargo, su hermano había tenido razón. Julia no había salido de la
casa. No había cruzado el pasillo.

—Sé que está tratando de hacer tu trabajo, pero realmente necesito


salir. —Hablaba rápido, su voz sonaba aguda—. Necesito hacer…

—Lucian —dijo Richard, luciendo aliviado cuando Lucian dobló la


esquina—. Creo que la Srta. Hughes necesita hablar contigo.

Ella se giró. Sus mejillas eran del rosa más bonito que había visto
y esos ojos marrones ardían.

—Taylor es la última persona con la que necesito hablar.

Las cejas de Richard se levantaron con curiosidad.

—¿Podrías darnos un momento, Richard?

Agarrando la correa como si fuera a usar la bolsa como arma, se


giró hacia Richard.

—No necesita darnos un minuto.

Apenas ocultando su sonrisa, Richard les dio una rápida reverencia


y luego giró sobre sus talones, corriendo a la velocidad de un hombre
mucho más joven.

—Srta. Hughes…

—No quiero hablar contigo. —Se giró hacia él—. En realidad, sí,
quiero.

Bueno, pensó que era un buen comienzo.

—Eres un mentiroso y un pedazo de...

—¿Cuándo te mentí? —interrumpió, juntando sus manos detrás de


su espalda—. Taylor es mi segundo nombre. Nunca dije que no fuera un
de Vincent y todo lo que hablamos fue de verdad.

—No te atrevas a jugar la semántica conmigo. Sabías quién era y


fingiste que no tenías ni idea.

—Sabía de ti, pero no te conocía.


—Semántica —siseó, situándose frente a él e inclinando la cabeza
hacia atrás—. Viniste al bar, hablaste con Anna para que poder
conocerme.

—Eso es verdad. Quería hablar contigo.

—¿Cuál es razón? —exigió y luego se apresuró antes de que él


pudiera responder—. ¿Estabas tratando de investigarme para este
trabajo de la manera más espeluznante e inapropiada humanamente
posible? Cuando pudiste simplemente presentarte como un ser humano
normal y hacerme todas esas preguntas. Por cierto, ahora tiene sentido
por qué estabas tan interesado en mis elecciones de carrera.

—Me interesaron tus respuestas…

—Porque tu familia me contrató —señaló.

—No es eso, pero me hubiera interesado de todos modos.

—Oh sí. Estoy tan segura de eso. Lo que hiciste fue increíblemente
incorrecto. ¿Entiendes eso?

—Bueno, no suena muy apropiado cuando lo describes de la


manera en que lo hiciste —estuvo de acuerdo, luchando por no sonreír.
Tan retorcido como estaba, estaba cautivado por su enojo y por cómo ella
iba de tú a tú con él—. Pero, sí, te estaba investigando.

Ella soltó una risa áspera mientras retrocedía.

—Supongo que fallé entonces, ¿por qué estoy aquí? ¿Solo para
hacer el ridículo?

—¿Qué? —Una sacudida lo atravesó como un balde de agua fría—


. Necesito dejarte algo claro. Si fallas, no estarás parada aquí. No llegarías
al avión, y no te estoy engañando.

Ese hermoso pecho se elevó bruscamente.

—Si crees que dos de esas cosas me harán sentir mejor, no es así.
Ni siquiera sé qué decir en este momento.

En este momento, Lucian decidió que la honestidad era la mejor


ruta para usar, pero estaban demasiado cerca de su hermano. Colocó su
mano sobre su espalda baja.

—Vámonos…

—No me toques —espetó ella.


Inclinando la barbilla hacia un lado, retiró la mano y dijo en voz
baja:

—Eso no fue lo que me dijiste anoche.

Sus ojos se agrandaron.

—Hijo de...

—Mi madre era un montón de cosas, pero no era una puta. ¿Mi
padre? Era un bastardo, sin embargo. —Colocando su mano en su
hombro, ignoró sus protestas y trató de quitarse de encima su agarre
mientras se dirigía hacia el pasillo. Alcanzando a su alrededor, abrió la
puerta y la guio hacia adentro.

—¿Cuántas habitaciones tiene esta casa? —exclamó, girando en un


lento círculo mientras observaba las sillas y sofás artesanales—.. Como
si alguien necesitara tantas sillas y sofás. —Pasó una mano por un brazo,
lo que dejó a Lucian un poco celoso de una silla—. Aunque esta artesanía
es increíble.

Una sonrisa se formó en sus labios.

—Honestamente, he perdido la cuenta de cuántas habitaciones


hay, pero hay muchas.

Julia dejó su bolso en el sofá y lo miró, cruzando los brazos.

—Solo necesito sacarme algo.

Con suerte sería su camisa.

Se guardó eso para sí mismo.

—Si hubiera sabido quién eras, no te habría dejado entrar a mi


apartamento ni habría hecho nada... cualquier cosa de eso contigo. —
Sus mejillas se sonrojaron aún más, recordándole el hecho de que la
noche anterior no era algo que ella hiciera a menudo, y el conocimiento
aún lo complacía tanto como antes.

—¿Entonces dices que no me dejarías quitarte tu vestido y follarte


con mis dedos? ¿Es eso lo que dices?

Ella hizo un sonido de asfixia mientras miraba alrededor de la


habitación vacía.

—No puedo creer que hayas dicho eso. Quiero decir, realmente no
lo creo.
—Es lo que sucedió y no me arrepiento. En lo absoluto.

—Bueno, yo me arrepiento. Obviamente —espetó, levantando sus


brazos—. La única vez que me voy a casa con un chico, resulta ser el jefe
que me buscaba para el trabajo para el que me contrataron.

—No te arrepientas —dijo, caminando hacia ella.

Ella se mantuvo firme.

—El hecho de que me hayas metido los dedos no significa que me


conozcas.

—Eso podría ser cierto, pero sé que quieres salvar serpientes y


ratas en tu santuario de animales. —Se acercó, emocionado cuando ella
no retrocedió. Bajó la cabeza para que estuvieran casi al nivel de los
ojos—. Y también sé cómo se siente cuando te vienes en mis dedos.

Julia contuvo la respiración.

—Y también sé exactamente cómo se ajustan tus pezones entre mis


dedos —continuó, bajando la voz cada vez más—. Y sé el sonido caliente
como el infierno que haces cuando te vienes. Entonces, sé que no te
arrepientes.

Ella miró hacia otro lado, exhalando pesadamente. Varios


segundos pasaron y luego dijo:

—Te fuiste sin ni siquiera... ¿sabes qué? No importa.

—No, si importa. —Cuando ella comenzó a mirar hacia otro lado,


él la agarró por el mentón y suavemente dirigió su mirada hacia la de él—
. No quería nada más que entrar dentro de ti. Diablos, era todo en lo que
podía pensar después de irme, y no importa cuántas veces me la sacudí
después eso, nada cambió.

Los ojos de Julia se agrandaron una vez más.

—No te busqué anoche para hacer eso. Ese es mi yo verdadero. Esa


no era mi intención —dijo, y diablos, estaba diciendo la verdad. No había
volado a Pensilvania para reunirse con su enfermera recién contratada y
honestamente no tenía idea de por qué no la había llevado a cabo cuando
la tuvo allí mismo, más que dispuesta. Él sabía que tal vez había ido por
el camino equivocado—. Probablemente debería haberte dicho quién era
antes, pero dudo que hubieras aparecido aquí si lo hubieras sabido.

Tragó saliva y luego retrocedió, fuera de su alcance.


—Creo que lo mejor en este momento es que pagues el vuelo que
voy a tener que reservar para volver a casa.

A Lucian no le gustó el sonido de eso.

—¿Volver a qué? Has dejado tu trabajo, ¿cierto? Ya ni siquiera


tienes un apartamento —le recordó—. No hay nada más que tu familia a
la cual volver.

Sus cejas se arquearon.

—No es como que lo haya olvidado, pero gracias por reiterarlo.

—No creo que lo haya hecho, pero siento que debo recordarte que
este trabajo bien remunerado es tuyo y, si no lo tomas, estarás
desempleada.

Sacudiendo la cabeza, apretó los labios.

—Es increíble. ¿Hay incluso alguien a quien me contrataron para


cuidar?

—Sí, por supuesto. Es alguien a quien me importa profundamente,


y es por eso que quería echarte un vistazo. —Hizo una pausa, deseando...
no, necesitando que ella lo entendiera—. Mi hermano no es muy bueno
para tomar decisiones donde debería haber emociones involucradas.
Tenía que asegurarme de que fueras una buena opción para el trabajo.

Su mirada parpadeó hacia él. Otro largo momento pasó.

—No veo cómo va a funcionar esto. Estoy... esto es vergonzoso —


dijo ella, y él vio la verdad de esas palabras en el brillo repentino en sus
ojos—. No sé cómo podría tomar este trabajo después de lo que ha
sucedido, después de sentir que me han engañado.

Un nudo ácido se formó en su estómago, una sensación vagamente


familiar. ¿Era culpa? Tal vez, ¿un poco de arrepentimiento? Un músculo
se flexionó en su mandíbula. Necesitaba disculparse. No porque debería,
sino porque lo necesitaba.

Tomó aliento.

—Lo siento.

—No lo hagas. —Sacudiendo la cabeza de nuevo, se giró hacia un


lado y comenzó a buscar su bolso.

Maldiciendo en voz baja, Lucian dio un paso adelante. Tomó su


mano.
—Lo siento. Esa no es una disculpa falsa. Lamento haberte hecho
sentir como si fueras engañada. Esa no era mi intención.

Su mirada voló hacia la de él mientras sus dedos se curvaban


impotentes alrededor del aire.

—Pero no me arrepiento de lo que compartimos. —Sus ojos


buscaron los de ella—. No voy a regresar eso. No tengo absolutamente
ningún deseo de hacerlo.

Algo más llenó esos hermosos ojos suyos. Algo que había visto en
muchos, muchos ojos de mujeres antes, pero parecía tan completamente
diferente cuando lo veía en los de ella.

—Tenemos dos opciones. Podemos ser adultos maduros donde


tuvimos un momento juntos y somos capaces de superarlo, o puedes
tomar una decisión realmente mala porque no te sientes cómoda.

—¿Tuvimos un momento? —susurró, y luego tiró de su brazo para


liberarlo. Levantó su barbilla—. Apenas fue un momento.

Una risa sorprendida casi se le escapó mientras la miraba


fijamente. Maldita sea. Le gustaba eso. Le gustaba ella. Era lo
suficientemente inteligente como para mantener su expresión en blanco,
porque al menos no estaba tratando de agarrar su bolso y salir corriendo.

Lucian no quería que se fuera y no era tan tonto incluso para


mentirse a sí mismo de que tenía razones puramente altruistas para
querer que se quedara, razones que no tenían nada que ver con su
hermana.

Pellizcando el puente de su nariz, bajó su barbilla. Maldición. Ella


no estaba convencida. Así que quiso lo que los de Vincent siempre hacían.
Endulzó el trato.

—¿Qué tal si te ofrecemos un… un bono de terminación? —dijo.

Dejó caer su mano y alzó la mirada.

—¿Qué?

—Una bonificación que recibirías al completar este trabajo. —


Ahora tenía su atención—. Una vez que ya no necesitemos tus servicios,
recibirás una bonificación considerable.

Julia estaba callada, y podía verla estudiándolo todo en su cabeza.

—Cuánto.
Luchando con una sonrisa, se inclinó y le susurró una cantidad al
oído. Su suave maldición lo hizo reír mientras retrocedía y lo miraba con
los ojos muy abiertos.

—Creo que esa bonificación sería adecuada —dijo—. Después de


todo, sería dinero más que suficiente para que lo uses como anticipo de
una bonita granja con una gran cantidad de tierra para tu rescate de
animales.

Una mano se elevó a su pecho.

—Tú... no puedes hablar en serio. Eso es un montón de dinero.

Él alzó un hombro.

—Realmente no es nada.

Ella parpadeó como si estuviera saliendo de un sueño.

—Tal vez para ti, pero para mí esa es la clase de dinero con el que
ni siquiera puedo contar.

Sus labios se crisparon.

—¿Se quedará, Srta. Hughes?

—¿Tendré esa bonificación de terminación por escrito? —respondió


ella.

Chica lista.

—Por supuesto. Tendré el contrato ratificado para ti al final del día.

Julia lo estudió por varios segundos, y por un momento, él


realmente pensó que iba a rechazarlo. Entonces tendría que agregar otro
número. Continuaría hasta que dijera que sí.

Ella exhaló bruscamente.

—Está bien. Me quedaré.

Lucian abrió la boca.

Julia lo interrumpió levantando su mano.

—Pero no vamos a hablar de lo de anoche. De nuevo. ¿Bien? Vamos


a pretender que nunca sucedió.

Él inclinó la cabeza.
Los ojos de ella se estrecharon, pero luego se dio vuelta y recogió
su bolso. De espaldas hacia él, Lucian no luchó contra la sonrisa que
curvaba sus labios. No prometió no hablar sobre lo de anoche o fingir que
no había sucedido. Lucian era un montón de cosas, pero no hacía
promesas vanas, unas que no tenía intención de cumplir.

Mientras Julia seguía a Lucian Taylor de Vincent de vuelta a la


habitación en la que había sido acomodada originalmente, seguía
gritando en silencio la cantidad de dinero que le había susurrado al oído.
No podría hablar en serio.

¿Un millón de dólares?

Un millón de dólares podría no ser mucho para él, pero para ella,
basándose en sus gastos, era el tipo de dinero con el que podría vivir
durante décadas.

Estaba aturdida, lo había estado desde que se dio cuenta de que


estaría trabajando para de Vincent y luego aún más cuando vio quién era
Lucian. ¿Ahora esto? ¿Haberle ofrecido un millón de dólares para no decir
olvida esto y lárgate de aquí?

Honestamente, no había una sola parte suya que se preguntara si


debería declinar el dinero. ¿Quién lo haría? ¿En serio? No era como si le
estuviera ofreciendo un millón para tener sexo con él o para asesinar a
alguien.

Y ni siquiera tenía el espacio en el cerebro en el momento para


descubrir cómo se sentía acerca de lo que había pasado entre ellos la
noche anterior. Ni siquiera sabía cómo se sentía al respecto ahora. Esta
mañana estaba con la idea de “sin arrepentimientos”, ¿pero ahora? Julia
no podría afirmar eso. Todavía se sentía como si hubiera sido engañada.
Era pedirle mucho que creyera que él no tenía ninguna intención de casi
enrollarse cuando se conocieron.

La mano de Lucian aterrizó suavemente sobre su hombro de nuevo,


impidiéndole caminar más allá de la habitación. Ella le lanzó una mirada
de advertencia.

Él guiñó un ojo.

Insufrible.
Eso es lo que él era. Un imbécil insufrible que acababa de ofrecerle
un millón de dólares para completar el trabajo para el que fue contratada.

Un idiota insufrible que también le había dado el primer orgasmo


no auto-inducido en muchos, muchos años, pero eso no era algo en lo
que se iba a enfocar.

Devlin todavía estaba en la habitación. Volteando hacia ella, dijo


algo por el teléfono y luego se lo metió en los bolsillos del pantalón. Su
mirada expectante se posó en ella.

Julia sabía que era hora de poner las cosas en orden. Inhalando
profundamente, su espalda se enderezó.

—Intentemos esto de nuevo. —Ofreció su mano al hermano


mayor—. Soy Julia Hughes.

Dev tomó su mano, la sacudió y luego la dejó caer como cualquier


ser humano normal.

—Entonces, estoy asumiendo que todo con mi hermano está...


arreglado.

Rezando para que no se sonrojara, asintió.

—Entonces, por favor, siéntate.

Se sentó y, para su disgusto, Lucian se dejó caer en el sofá junto a


ella.

—Lo siento por el incidente de hace rato, pero me atrapó un poco


por sorpresa, bueno, todo. —Cuadró los hombros—. Tenía la impresión
de que cuidaría a la hija del Sr. Besson. No tenía idea de que era, bueno,
que tú... —Echó un vistazo a Lucian. Había vuelto a mirarla con esa
sonrisa—. No tenía idea de que estaría trabajando para tu familia.

—Eso es comprensible. —Devlin se sentó en la silla a su derecha,


cruzando una pierna sobre la otra.

Entonces se dio cuenta de que sus ojos eran del mismo color que
los de Lucian, e igual de intensos, sino hasta más. Sin embargo, era un
tipo diferente de intensidad, uno en donde sentía como si Devlin pudiera
ver a través de su piel, desgarrando la finura y exponiendo sus secretos
más profundos y oscuros.

—Supongo que entiendes por qué no usamos nuestros nombres —


dijo Dev, y juraría haber escuchado suavemente al que estaba a su lado
soltar un bufido—. Valoramos mucho la privacidad y debemos ser muy
cuidadosos al contratar personal y permitir que la gente entre a nuestro
hogar.

Julia podía entender eso. Después de todo, eran los malditos de


Vincent, así que asintió. Aún no significaba que lo que Lucian había
hecho era justificable. Para ella, era una locura legítima.

—Afortunadamente eso no cambia tu aceptación de nuestra oferta


—dijo Dev.

—Ya hemos cubierto eso —respondió Lucian por ella, haciendo que
su mandíbula se cerrara—. Está un millón por ciento a bordo. Salir ahora
no será tan fácil.

La mirada de Devlin se deslizó de ella hacia su hermano. El corte


de su boca se tensó.

—Lo que mi hermano quiso decir es que ya has venido hasta aquí.
Desde Pensilvania, ¿cierto?

—Sí. —Eso no era lo que Lucian quiso decir—. No cambia nada.


Tomé el trabajo. No voy a ninguna parte.

—Me complace mucho escuchar eso —murmuró Lucian.

Dev cerró los ojos durante unos cinco segundos completos antes
de volver a abrirlos.

Ella decidió que el mejor rumbo posible era ignorarlo.

—Entonces, ¿supongo que el paciente no es la hija del Sr. Besson?

—Es nuestra hermana —respondió Lucian, y su mirada se dirigió


a la suya. ¿Su hermana?—. Estarás cuidando a Madeline de Vincent.

Desde el segundo en el que estuvo en ese auto y se dio cuenta de


que estaría trabajando para los de Vincent, no podía imaginar a quién
podría cuidar. La hermana nunca había sido una opción, porque
recordaba todo el drama de hace una década. Cada estación de noticias
lo había cubierto incesantemente durante meses.

Julia miró entre los dos hermanos.

—Pensé... ¿Pensé que su hermana había desaparecido hace una


década?
—¿Conoces lo de nuestra hermana? —preguntó Dev, sonando tan
feliz como Livie cuando le pedían que se quedara hasta tarde por una
razón u otra.

Julia asintió.

—Estaba por todos lados. Simplemente desapareció la misma


noche… —Se detuvo y la punta rosada de su lengua salió disparada,
mojando sus labios.

Oh diablos.

La excitación fue como un golpe en las entrañas de Lucian. Tenía


que mirar hacia otro lado, porque esto era ridículo. Estaba hablando de
una mierda seria y no sexy, y ahí estaba él, poniéndose duro.

Su mirada nerviosa se lanzó hacia él, y sabía lo que estaba


pensando pero no diciendo. Entonces lo dijo mientras su hermano se
mostraba silencioso.

—Nuestra hermana desapareció la misma noche que nuestra


madre... murió.

—Es imperativo que nadie fuera de la familia inmediata sepa que


está en casa —dijo Dev entonces—. Está en un muy... frágil estado. La
atención de los medios solo complicaría las cosas.

Ella bajó la mirada y pareció respirar profundamente.

—Entiendo. No tienes nada de qué preocuparte. La privacidad del


paciente es de la mayor importancia, ya sea que fueras Billy Bob2 en la
calle o un de Vincent.

—¿Billy Bob? —Lucian se rio entre dientes, y sus ojos se


estrecharon una fracción de pulgada.

Dev apretó la mandíbula.

—Me alegra oír eso.

—¿Tienen una idea de dónde pudo haber estado o qué podría haber
estado haciendo? —preguntó Julia.

—¿Por qué necesitarías saber eso? —preguntó Dev.

2
N.T. Expresión que hace referencia a un drogadicto o vagabundo.
Lucian abrió la boca para decirle a su hermano que tuviera
cuidado, pero Julia se le adelantó. Su barbilla se levantó y sostuvo su
mirada.

—Entiendo que esa discreción es un gran problema para ustedes.


Entiendo totalmente eso, pero van a haber cosas que necesito saber para
poder hacer mi trabajo de manera efectiva.

Dev cruzó sus manos alrededor de sus rodillas. Sus nudillos se


estaban poniendo blancos.

La esquina de la boca de Lucian se curvó. Bueno saber que Dev no


la empujaría fácilmente. Eso probaría ser... entretenido.

—Tendrán que ser abiertos y honestos conmigo —continuó,


impávida por Dev—. Si no, iré a ciegas y eso no ayudará a nadie. Saber
estas cosas posiblemente podría ayudar con su tratamiento. Si estuvo sin
comida o nutrientes básicos, por ejemplo. El tipo de condiciones en las
que pudo haber vivido también me ayudaría a guiarme en lo que se
necesitará.

—Parece haber estado bien cuidada —respondió Lucian, ganando


una mirada aguda de Dev. También tenía la atención de Julia otra vez,
así que punto para él—. Esta más delgada de lo que recuerdo, pero eso
fue hace diez años. También es más alta de lo que recuerdo, pero… parece
saludable.

—Bueno. ¿Y han hecho que la revise otro médico? —Cuando


Lucian asintió, frunció el ceño—. ¿Solamente apareció en la puerta de su
casa?

—No —respondió mientras la presión lo golpeaba en el pecho de


nuevo—. Gabe… Gabriel, nuestro otro hermano, la encontró flotando
boca abajo en la piscina.

—Oh, Dios mío. —Parpadeó varias veces mientras un poco de


rosado desapareció de sus mejillas—. Había agua en sus pulmones o…

—Estaba respirando cuando Gabe la sacó. Nuestro doctor dijo que


no parecía haber sufrido ningún daño en los pulmones. —Lucian exhaló
con fuerza—. No sabemos cómo terminó en la piscina y no sabemos
cuánto tiempo estuvo en ella.

Julia pareció reflexionar sobre eso y luego asintió secamente.

—Creo que lo mejor en este punto es que la vea.


—El doctor Flores vendrá pronto para reunirse contigo y revisar los
registros médicos de Madeline. —Dev descubrió sus manos y luego se
levantó—. Te llevaré a su habitación. Y Lucian —agregó—, necesito que
me esperes en mi oficina. Hay algo importante que debemos discutir.

Lucian sonrió burlonamente mientras bajaba la barbilla.

—Por supuesto.

Julia se levantó, recogiendo el bolso que era lo suficientemente


grande como para esconder un bebé en él. Tal vez incluso a un niño
pequeño. Gracias a Dios que no lo golpeó con eso. Hubiera dejado un
moretón.

Ella lo miró y un pequeño ceño desfiguró sus facciones. No dijo


nada, solo asintió y luego se apresuró a unirse a Dev, donde la esperaba
en la arcada. Lucian no estaba frunciendo el ceño mientras miraba su
hermoso trasero balancearse de lado a lado.

Cuando Julia pasó por debajo del arco, Dev le puso la mano en la
parte baja de la espalda. Ella ni siquiera pareció reaccionar al educado
gesto, a diferencia de antes, cuando Lucian había hecho lo mismo.

Dev miró por encima del hombro a Lucian, alzando una ceja
desafiante.

Un músculo se flexionó a lo largo de la mandíbula de Lucian


mientras se mantenía en su lugar, negando la repentina necesidad
primordial de quitarle la mano de Dev con mucha fuerza. Muy
dolorosamente. Semejante a romper algunos huesos dolorosamente, y
Jesús, eso era un poco preocupante.

Porque ese tipo de reacción bruta era excesiva, pero entonces,


Lucian era excesivo en todas las cosas.

Una gran parte de él sabía que debería haber aplastado el interés


creciente de anoche y que realmente no debería entretenerse ahora. Julia
estaba aquí por su hermana y si la seguía acosando, las cosas podrían
volverse confusas.

Y su hermana significaba el mundo para él. Eran inseparables


hasta esa noche. Después de todo, eran gemelos fraternos. Cuando
desapareció, eso lo había matado, y cuando reapareció en ese estado, lo
había matado de nuevo. Dev casi había estado en lo cierto cuando afirmó
que era la única otra cosa que le importaba. Debería enfocarse en algo,
alguien más. Había bastantes opciones disponibles.
Pero eso sería lo más inteligente por hacer.

Eso también significaba que sería lo que no haría.

Levantándose del sofá, salió de la habitación y encontró a Richard


cerca de la entrada.

—Tengo un trabajo para ti.

—¿Sí? —respondió.

Una lenta sonrisa apareció.

—Mueva las pertenencias de la Srta. Hughes al segundo piso.

Su expresión era notablemente suave cuando preguntó secamente:

—¿Hay alguna habitación en particular que tenga en mente?

—Sí. —Esa mueca se extendió a una sonrisa cuando comenzó a


retroceder, dirigiéndose a las escaleras—. Muévala a la habitación de la
esquina.
Capítulo 8
Traducido por krispipe

J ulia luchó por no mirar a Lucian mientras salía de la


habitación. ¿Iba a seguirlos? Esperaba que no, porque sería
difícil enfocarse en su paciente con él merodeando cerca, mirándola como
si quisiera una repetición de…

De acuerdo, ni siquiera podía terminar ese pensamiento.

Afortunadamente, Lucian parecía quedarse atrás mientras Devlin


la escoltaba por la escalera interior al tercer piso. Apartando todos sus
pensamientos, se centró en su entorno, terminando cautivada por toda
la artesanía de madera y la belleza de la casa.

Las paredes eran de un color dorado pálido, los rieles de los


asientos y sillas corrían a lo largo de los pasillos en un blanco antiguo.
Había pinturas que nunca había visto antes, tan realistas que casi podía
oler el aroma terroso del pantano o escuchar los sonidos de Jackson
Square.

—La carpintería de la casa es increíble —comentó, arrastrando una


mano a lo largo de una barandilla. Lo que parecían ser vides estaba
tallado en la rica madera.

—La mayor parte de la carpintería que has visto ha sido hecha por
Gabe —explicó Devlin sorprendiéndola—. Ha estado trabajando en eso
durante la última década más o menos.

—Guau. Es muy talentoso.

Él asintió.

—Cenamos aquí a las seis y media. Puedes unirte a nosotros si lo


deseas —ofreció, y ella no tenía idea de si realmente podría sentarse y
cenar con quien quiera que fuera ‘nosotros’—. Richard estará contigo en
breve para discutir el acceso a un vehículo. Como no tienes un horario
establecido, todo lo que te pedimos es que si debes salir, avises a Richard.
Por favor, siéntete libre de tomar descansos. Sé que su cuidado no
requiere observación constante, pero el doctor Flores discutirá eso
contigo.

Ella murmuró de acuerdo mientras jugueteaba con la correa de su


bolso.

Devlin estaba en silencio una vez más.

Ella lo miró, todavía un poco sorprendida de que fuera el Devlin de


Vincent el que estaba frente a ella. Era increíblemente irreal que hubiera
estado leyendo sobre él y su prometida hace unas horas y ahora estuviera
aquí.

Las fotografías no le hacían justicia.

—¿El tercer piso es una ampliación? —preguntó en el silencio entre


ellos.

—La casa original solo tenía dos niveles, construida a finales de


1700 —respondió.

Vaya. Eso era muy viejo. Lo suficientemente viejo como para estar
embrujado. Puso los ojos en blanco ante sus propios pensamientos. ¿Por
qué su cerebro siempre tenía que ir a algún lado horripilante?

Devlin continuó subiendo la escalera.

—Mi familia renovó toda la casa hace unos quince años. Se había
actualizado antes, la electricidad, fontanería y enfriamiento, pero
necesitaba más. El tercer nivel fue construido entonces, hecho en el
mismo diseño que el resto de la casa.

En la entrada del pasillo del tercer piso, notó varias puertas.

—¿Conducen a un balcón?

—Son más como porches, pero sí. Hay varias entradas desde el
pasillo y desde cada habitación —explicó, sin siquiera mirar atrás en su
dirección—. También hay una escalera exterior.

Más ventiladores se agitaron sobre sus cabezas, manteniendo el


flujo de aire en marcha. Este lugar debe ser una bestia para enfriarse en
verano.

—Es una casa hermosa.

Realmente lo era, pero había una… sombra que se aferraba a los


pasillos, a lo largo de los suelos y techos. Era como si los apliques de
pared incluso durante la luz del día no pudieran arrojar suficiente luz
para ahuyentarlas.

Devlin asintió.

—Era el orgullo y alegría de mi padre.

¿Era? Le pareció extraño considerando que tenía la impresión de


que el mayor de los de Vincent estaba aún vivo. También encontró
extraño que no fuera él el que estuviera hablando sobre el cuidado de
Madeline con ella. ¿Tal vez estaba de viaje por negocios?

Devlin se calló entonces, y ella asumió que no era muy hablador, y


estaba bien con eso. Después de todo, ¿qué demonios tendrían en común
sobre lo que hablar?

Nada.

Pensó en Lucian y se encogió por dentro. Anoche, se había


sorprendido por lo fácil que había sido para ellos hablar, ¿pero ahora?
Sabía que tenía que haber sido una actuación. Venían de dos mundos
muy diferentes.

Devlin se detuvo al final del pasillo, abriendo la puerta con bonitos


grabados. Un aroma de rosas la saludó. Caminando hacia un lado para
que ella entrara, Devlin mantuvo la puerta abierta mientras caminaba y
examinaba la habitación.

Junto a un juego de puertas dobles con cortinas blancas atrás,


había una silla grande y en esa silla había una mujer. Una fina manta
azul pálido cubría sus piernas y estaba metida alrededor de su cintura,
como si alguien la hubiera doblado amorosamente hacia atrás y luego
alisado todas las arrugas. Sus brazos eran pálidos y las manos
descansaban sin fuerzas una encima de la otra sobre su estómago.
Debajo de la camisa de algodón de manga corta, su pecho se elevaba y
caía en profundas respiraciones.

—Esta es nuestra hermana, Madeline —dijo Dev en voz baja. Él no


la miró. Solamente miró en la dirección general de su hermana.

Colocando su bolso en una silla cercana, Julia se dirigió a


Madeline. Inmediatamente, vio el parecido entre ella y Lucian. El mismo
cabello dorado y pómulos definidos. Ella tenía todos los detalles de su
rostro excepto que eran en una versión más femenina.

Madeline era tan hermosa como su hermano.


Su mirada estaba fija en una pintura cerca de las puertas, pero no
dio señales de ser consciente de que Julia estaba allí o de que su hermano
estaba en la habitación. El único movimiento era el parpadeo lento de
sus ojos, pero estaba en mejores condiciones de lo que Julia esperaba.

—Hola. —Julia se arrodilló junto a ella y sonrió—. Mi nombre es


Julia. Voy a estar aquí un tiempo para ayudarte.

Detrás de ella, Devlin se aclaró la garganta.

—No responderá. No ha hablado desde que regresó.

—Está bien —respondió—. Eso no quiere decir que no pueda


escucharnos. —O comunicarse en algún otro método, pero Julia pensó
que realmente no tenía sentido sacar eso ahora—. Voy a comprobar
algunas cosas contigo, ¿de acuerdo?

No hubo respuesta o reacción, pero Julia no esperaba una. Había


una posibilidad de que Madeline no procesara nada de lo que le estaban
diciendo, pero eso no significaba que no mereciera la decencia básica.

Julia se inclinó y tomó la muñeca de Madeline. Su piel estaba fría


y el pulso estaba un poco bajo, pero estable.

Con cuidado, colocó la mano de Madeline abajo.

—¿Pudo caminar hasta la silla o fue colocada aquí?

—Es capaz de caminar distancias muy cortas con ayuda. Creo que
mi hermano o Richard la movieron a la silla esta mañana. A ella… parece
que le gusta estar ahí. —Hubo una pausa y cuando habló, el sonido
estaba más cerca que antes—. El doctor Flores debería estar aquí en
breve.

Levantándose, se dio la vuelta y se puso rígida. Devlin estaba cerca,


solo como a un pie de distancia. No lo había escuchado moverse.

—El Dr. Flores profundizará en su condición.

Asintiendo, ella caminó discretamente hacia el respaldo de la silla.


Una rápida revisión de la habitación, encontró varios instrumentos
médicos que uno podría encontrar en el despacho de un doctor.
Esfigmomanómetro. Detrás del termómetro de oído. Un dispositivo de
medición de oxígeno. Equipo de catéter. No tenía idea de qué se estaba
tratando aquí exactamente. ¿Cuál era el diagnóstico?

—¿Podrías por favor salir de la habitación conmigo un momento?


—preguntó él, y ella lo siguió, mirando a la mujer en la silla. De vuelta en
el pasillo, él silenciosamente cerró la puerta detrás de ellos—. Srta.
Hughes…

—Por favor, llámame Julia.

Él asintió.

—¿Puedo ser franco?

Calculando que quería hablar sobre su hermana en privado, estaba


preparada para preguntarle al menos una docena de las cien preguntas
diferentes disparando en su cabeza al momento. Había dos súper
importantes. ¿Con qué había sido diagnosticada exactamente Madeline?
¿Y qué pruebas se habían hecho?

Devlin se volvió hacia ella, y fue entonces cuando se dio cuenta de


lo cerca que estaban una vez más. Podía ver una pequeña cicatriz debajo
del lado izquierdo de su boca, en forma de luna creciente. Así de cerca
estaban. Como su hermano, era más alto que ella, y cuando su mirada
inquebrantable se encontró con la de ella, inquietud floreció en la boca
de su estómago.

¿Nadie en su familia entendía el concepto de espacio personal?

Julia quería dar un paso atrás, pero se mantuvo en su lugar con


agallas. No era la misma mujer que se había casado con Adam. Se
mantuvo firme.

—Quiero hablar sobre mi hermano un momento.

Oh Dios, no.

—No tengo ni idea de qué fue lo que pasó realmente cuando mi


hermano viajó a Pensilvania para conocerte, y conociendo a mi hermano,
probablemente no quiero saberlo. Parte de mí quiere llamar a la agencia
y que envíen un reemplazo, pero mi instinto me dice que eres buena en
tu trabajo y que puedo confiar en que seas discreta.

Julia recordó de repente su pasado, cuando fue llamada a la oficina


del director por hablar demasiado en clase, excepto que esto era peor,
mucho peor.

—Está claro que Lucian está… todavía curioso sobre ti. —Devlin
sostuvo su mirada mientras cada músculo de su cuerpo se contraía—. Y
mi hermano tiene una forma de ser que hace que sea muy fácil olvidarse
de quién es. Tiene un talento increíble para causar que otros olviden el
sentido común.
Calor recorrió sus mejillas mientras su columna se tensaba aún
más.

—No pondría en peligro mi empleo por…

—Esto no se trata de mantener tu empleo —interrumpió él—. Lo


que decidan hacer o no los dos en su tiempo libre no es mi problema,
siempre y cuando no afecte a tu capacidad para realizar tu trabajo.

Espera. ¿Qué? ¿Realmente acababa de sugerir lo que pensaba?

—Esto es sobre el largo plazo, cuando tu tarea aquí se acabe y te


vayas de regreso a tu vida. Si eres inteligente, Julia, y me gusta pensar
que lo eres, lo ignorarás. Te mantendrás alejada de Lucian.

Lucian estaba sentado detrás del escritorio de Dev, sus pies


levantados sobre la superficie brillante y piernas cruzadas en los tobillos
cuando su hermano mayor finalmente reapareció.

Dev se detuvo justo dentro de la habitación, sus cejas se cerraron


cuando vio dónde estaba Lucian.

—¿Qué estás haciendo?

—Juego de roles —respondió Lucian, sonriendo cuando vio la


flexión muscular en la mandíbula de Dev.

—No creo que quiera saber en qué tipo de juego de roles estarías
involucrado.

Él inclinó la cabeza.

—Deja de ser un pervertido. Estoy intentando el rol de hijo pródigo.


Tú lo conoces.

—¿Cuéntame sobre eso? —Dev se acercó al gabinete de licor de


roble de cereza y abrió la puerta de vidrio.

—Es en el que se te confía que escoltes a una linda enfermera al


dormitorio de tu hermana enferma. —Lucian entrelazó sus brazos
perezosamente mientras veía a Dev sacar un botella de Bourbon—. Estoy
probando ese rol por el día. Viendo cómo encaja.

—Esta no es una conversación que planeo tener otra vez contigo.


—Dev sirvió dos vasos y luego colocó la botella de vuelta en su estante—
. Tan difícil como es para ti no tomar todas las decisiones basándote en
tu pene, quiero que lo intentes.
—No tomo todas las decisiones basándome en mi pene.

Cerrando la puerta del gabinete, trajo dos vasos, colocando uno


junto una rodilla de Lucian.

—Eso suena tan creíble como tú preguntándole solo sobre


enfermería ayer. Ya sabes, si continúas metiéndote con ella, solo va a
complicar las cosas.

Lucian levantó el pesado vaso.

—¿Es eso así?

Lo estudió por un momento y luego entrecerró los ojos.

—No la follaste. Si fuera así, no seguirías interesado en ella.

—No tengo idea de lo que estás hablando. —Hizo una pausa, viendo
la burla parpadear en la cara de Dev—. Creo que a la Srta. Hughes le irá
bien con nuestra hermana.

—Y asumo que has basado esa información en tu conversación con


ella ayer, porque hoy pasaste diez minutos follándola con la mirada y
poco más.

—No la follé los diez minutos completos. —Lucian tomó un sorbo


del rico licor—. Hubo unos dos minutos en los que realmente estuve
escuchando tu conversación con ella.

Dev resopló. Lo más cerca que había estado de una risa.

—Hablando en serio, sin embargo. Será buena para Maddie. —


Lucian pasó el pulgar sobre el borde del vaso.

—De hecho creo que tienes razón.

Lucian abrió los ojos.

—Mierda, ¿puedes repetir eso? Pero déjame agarrar mi teléfono


primero.

—Lindo. ¿Dónde está Gabe? —preguntó Dev, habiendo bebido ya


la mayor parte del bourbon que se había servido y ni siquiera era
mediodía.

—En la bodega —le recordó.

Dev bajó la mirada hacia su vaso.

—Entonces, ¿vamos a hablar sobre eso?


—¿Hablar sobre qué? —Lucian bajó el vaso a su regazo—. Vas a
tener que darme algún detalle más. Hay tantas cosas sobre las que
podríamos estar hablando.

Dev no respondió de inmediato. En cambio, terminó la bebida.

—El funeral. La prensa. La campaña de caridad que nuestro padre


debía albergar a final de mes. Los arañazos a lo largo de su cuello.

Lucian casi se ríe.

—Guau. ¿Gabe no está aquí, así que en realidad vas a hablarme de


esas cosas?

—Tiempos desesperados, hermano, tiempos desesperados —


murmuró Dev.

—Eso realmente lastimaría mis sentimientos, si los tuviera.

Un pequeño toque de una sonrisa apareció.

—Nuestro padre puede haber creído que eras un desperdicio


gigante del nombre de Vincent, pero yo no soy tan estúpido. —La mirada
de Dev se alzó hacia él—. Nunca he sido tan estúpido. No lo olvides.

Lucian levantó su vaso ante eso. Pasó un momento y luego se


permitió decir lo que nunca había dicho durante años sino décadas.

—Tal vez ahora podemos dejar de llamarlo nuestro padre. Todos


sabemos la verdad. Lo hemos sabido desde que éramos niños. Lo mismo
él. Después de todo, la forma en que fue escrito su testamento y cómo
se dividiría la compañía lo dijo todo.

—Nada de eso importa. Él te crio a ti y a Madeline. Los dos tienen


el mismo derecho que Gabe y yo. No hay nada más que discutir al
respecto.

Eso era, por supuesto, fácil de decir para Dev.

Después de un momento, Dev dejó caer la cabeza hacia atrás. Un


suspiro pesado se escapó.

—La prensa va averiguar sobre Padre. Lo más probable que esta


noche. No podemos mantenerlo en silencio más tiempo.

Lucian estaba sorprendido de que las noticias no se hubieran


filtrado ya, incluso con el dinero que estaba garantizando el silencio
temporal.
—Bueno, tendrás a tu prometida a tu lado —señaló.

Un latido de silencio pasó.

—No se lo he contado todavía.

Lucian casi se atraganta con el licor.

—¿Aún no le has contado a tu prometida que tu padre ha muerto?

—No. —Dev levantó la cabeza y abrió los ojos—. No veo el punto


todavía.

Él miró a su hermano.

—Guau. Su relación es una a la que aspirar de verdad.

—Como si ni siquiera supieras cómo es estar en una relación.


¿Cuál es tu regla de nuevo?

Lucian sonrió con suficiencia.

—No estamos hablando de mí.

—Y no estamos hablando de Sabrina y de mí. Lo que le cuento…

Pasos los silenciaron a los dos. La mirada de Lucian parpadeó hacia


la puerta y entonces maldijo por lo bajo. Lugo dijo más fuerte:

—Mejor me siento derecho, aquí viene un tesoro nacional.

Dev dejó escapar una sonrisa.

El senador Stefan de Vincent entró en la oficina de Dev como si


tuviera todo el derecho a estar allí, desabotonando la chaqueta de su traje
gris hecho a medida. Oro se reflejaba en su muñeca.

Ira estaba grabada en la cara de su tío, la misma cara que


compartía con su padre. Ellos habían sido idénticos.

—Ustedes dos tienen muchas explicaciones que dar.

Dev echó un vistazo a su vaso ahora vacío.

—Tendrás que darnos algún detalle más.

El senador se detuvo en la oficina central.

—¿Cómo diablos me estoy enterando ahora sobre la muerte de mi


hermano a través de un maldito abogado es suficiente detalle para ti?
—Pues, sí. Eso aclara las cosas. —Dev se levantó de la silla—.
¿Quieres una bebida? Parece que necesitas una.

Lucian se rio entre dientes mientras se recostaba en la silla,


cruzando su pie izquierdo sobre el derecho.

—¿Crees que el humor es apropiado? —exigió Stefan mientras


miraba a Dev—. Y sí, quiero una bebida.

—Creo que muchas cosas inapropiadas son graciosas.

Lucian tomó un trago. Stefan y Lawrence podrían haber sido


idénticos en apariencia, pero cualquier vínculo que la mayoría de los
gemelos tenían, como el que él compartía con Maddie, había desaparecido
entre los hermanos. Lucian siempre supo en el fondo, como una especie
de instinto inherente, que su hermana todavía estaba viva todos esos
años que estuvo desaparecida.

—Estoy seguro de que lo haces. —Stefan tomó el trago de Dev—.


¿Por qué ninguno de ustedes me lo notificó?

Dev volvió a sentarse.

—Bueno, considerando que la última vez que ustedes dos hablaron


terminó con mi padre amenazando tu vida, no entendí el punto.

Tristemente Lucian no había estado presente para esa discusión.

—Tuvimos nuestros problemas, pero él todavía era mi hermano. —


Stefan se bebió el bourbon como si fuera agua en una sequía—. Todos
ustedes no tienen derecho a guardar ese tipo de información de mí.

—Eso es agua pasada ya que lo sabes —señaló Dev.

—Deberían habérmelo notificado de inmediato. —Stefan caminó


hacia la ventana, tirando hacia atrás la cortina. Un músculo se flexionó
a lo largo de la mandíbula del hombre mientras miraba por la ventana,
al jardín de rosas. El vaso vacío aferrado en su mano—. No tuve la
oportunidad de…

Lucian esperó a que su tío terminara, y cuando Stefan no lo hizo,


echó un vistazo a Dev. Su hermano estaba concentrado en el senador,
mirándolo por encima del borde de su vaso. El senador dejó caer la
cortina. La luz se reflejó en el reloj de oro mientras metía su mano a través
de un cabello que era aún tan negro como el ónice, con la excepción de
la débil plata que se arrastraba a lo largo de las sienes. El padre de Lucian
llevaba un reloj como ese. La única diferencia era que tenían sus iniciales
grabadas debajo de la pieza central. Era como si Lawrence y Stefan
tuvieran que sellar sus nombres en todo.

—Quiero saber qué sucedió realmente. —Stefan se volvió, cruzando


los brazos sobre su pecho—. Porque sé que lo que me dijeron no era
correcto.

—¿Y qué te dijeron? —preguntó Dev.

Stefan hizo un sonido exasperado mientras fruncía el ceño.

—Sabes lo que me dijeron. Que mi hermano se ahorcó.

—Eso es lo que sucedió. —Dev cruzó una pierna sobre la otra—. Yo


lo encontré.

—Déjame repetir, Devlin. Quiero saber qué pasó realmente.

Lucian suspiró mientras colocaba su vaso sobre el escritorio.

—Lo que Dev acaba de decirte es lo que pasó. Lo encontró colgando


en su estudio. No hay nada más que contar.

—¡Y eso es una absoluta mierda! —Ira enrojeció las mejillas de


Stefan de un color carmesí—. Lawrence no habría…

—Nuestro padre estaba muy descontento con el último desarrollo


en su situación con la Sra. Andrea Joan —interrumpió Dev,
efectivamente silenciando al senador—. Estaba muy… angustiado por las
noticias que le dieron.

La mandíbula de Stefan se endureció.

—¿Y quién exactamente le estaba dando estas noticias?

Una leve sonrisa apareció en la cara de Dev.

—Ahora, ya sabes cómo le gustaba a nuestro padre descubrir


información.

Su tío guardó silencio por un momento.

—¿Piensas por un momento que voy a caer en esto? ¿Mi hermano


termina muerto un puñado de días después de que esta… esta chica
regresa? Tú crees…

—No metas a Maddie —advirtió Lucian en voz baja—. Ella no tiene


nada que ver con esto.
—Y tú eres un idiota ciego si crees que eso es verdad —escupió
Stefano—. Yo sé lo que sucedió aquí antes…

—No sabes una mierda. —Lucian retiró los pies del escritorio y se
levantó lentamente—. Tienes suficientes con tus propios problemas,
Stefan. Yo no vendría a meterme aquí si fuera tú.

—Apoyo esa declaración —agregó Dev.

—Oh, ustedes dos. —Stefan se rio con dureza—. Jodida uña y


carne cuando no está uno sobre la garganta del otro.

Lucian sonrió débilmente.

—¿No tienes suerte de que Gabe no esté aquí?

—Creo que si los tres estuviéramos aquí… —Dev bajó su vaso—.


Alguien más habría meado sus pantalones.

Lucian sonrió con suficiencia.

—Miren, pequeños cabrones. Todos ustedes no saben lo que les


espera si creen que no voy a descubrir lo que le pasó realmente a mi
hermano. —Stefan irrumpió en el escritorio—. Llegaré al fondo de esto.

—Que te diviertas —dijo Dev, el tono goteando con desdén.

Stefan golpeó la mesa con el puño.

—¿Creen que les tengo miedo? Sólo esperen. Todos tienen


esqueletos en el armario. Recuerden eso.

Agarrando la mano de Stefan, Lucian se levantó rápidamente.

—¿De verdad eres lo suficientemente estúpido como para


amenazarnos?

—Creo que lo es —comentó Dev.

Stefan intentó liberar su mano.

—Suéltame inmediatamente.

Eso no estaba sucediendo. Lucian apretó su agarre hasta que pudo


sentir los huesos en la mano de Stefan chirriando.

—Debes dejar que lo que estoy a punto de decir se te quede


grabado. Continúa amenazándonos, y aprende de primera mano lo
frescos que son esos cuerpos en nuestro armario.
Capítulo 9
Traducido por Vale & NaomiiMora

E l Dr. Flores era un hombre de mediana edad con cabello y piel


oscura, y una sonrisa cálida y fácil que realmente parecía no
desaparecer nunca. Apareció poco después de la advertencia extraña de
Devlin de mantenerse alejada de Lucian. Como si necesitara ser
advertida.

Había aprendido su lección.

No más vivir en el momento cuando se trataba de chicos, porque


cuando lo hacías, terminabas jugando con uno de los hermanos de las
familias más ricas del mundo que también resultó ser tu jefe.

Ugh.

En este momento no tenía tiempo de preocuparse por toda la


situación de Lucian. Estaba cien por ciento concentrada en lo que estaba
pasando con su paciente.

Flores le había explicado que cuando Madeline apareció, había sido


ingresada en el hospital donde trabajaba con un nombre falso. Se
completaron múltiples pruebas: análisis de sangre completos, incluida
toxicología. Pruebas de orina. Rayos X. Resonancia magnética. TAC.
Ultrasonidos. Todos ellos habían sido normales, lo que los dejó con pocas
respuestas y muchas preguntas.

—Básicamente está entre un estado de conciencia mínima y


emergencia de conciencia, pero no hay signos de coma o daño cerebral.
Parece que no está al tanto de nadie a su alrededor y de sí misma —dijo
mientras Julia observaba sus notas en la tabla—. Pero sus signos vitales
son buenos, así que originalmente sospeché algo parecido a un mutismo
a cinético.

—¿Síndrome de bloqueo? —Julia frunció el ceño. Ese era un


desorden neurológico relativamente raro.
—Pero no hubo anormalidades pontinas 3 . —Sus cejas se
fruncieron. Miró a Madeline como si fuera un rompecabezas que no podía
armar. Cuando Flores llegó, ayudaron a Madeline a volver a la cama. La
mujer apenas podía caminar. Por el momento, estaba dormida—. Tiene
patrones normales de sueño y vigilia, que vemos en otros trastornos
neurológicos que pueden simular el síndrome de enclaustramiento. Pero
puede comer y pararse con ayuda, y tiene reacciones a los estímulos. El
caminar es impredecible, he descubierto. Pero como viste antes, no puede
hacer más de unos pocos pasos por su cuenta.

Por eso su familia la había contratado. Obviamente, el doctor no


podía estar aquí todos los días revisando su presión arterial y pulso.
Necesitaban a alguien que pudiera asegurarse de que la alimentaran tres
veces al día, que la limpiaran y la movieran, para que no se desarrollaran
llagas de cama. Era obvio, basado en sus estadísticas y pruebas, que
Madeline no requería cuidado las 24 horas.

Julia cerró el archivo y miró a Madeline.

—Entonces, ¿qué está pensando? —preguntó, retirando


cuidadosamente un mechón de cabello que descansaba en la mejilla de
Madeline.

―Bueno —dijo con un suspiro mientras se alejaba de la cama y


caminaba hacia la bolsa que había traído con él y colocado en una mesa
oval junto a la puerta—. Estoy pensando que es algo psicológico.

Ella se enfrentó al doctor. Había pruebas que incluso los doctores


de emergencias más básicos podían hacer para ver si alguien estaba
fingiendo estar inconsciente. Ella los había visto frotar el pecho antes. Si
no estuvieras fuera, ibas a reaccionar.

—¿Crees que está fingiendo esto?

—No creo que ese sea el caso. Es altamente posible que su


condición pueda ser el resultado de un estrés emocional o mental
extremo. El cerebro puede convencer al cuerpo de casi cualquier cosa. —
Dobló el estetoscopio y lo colocó dentro de su bolso—. Por ejemplo, hay
personas que creen que en realidad están muertos. Se llama delirio de
Cotard, también conocida como Síndrome del Cadáver Caminante.

La mente sobre el cuerpo era una cosa real y fascinante. Lo que le


había sucedido a Madeline podría haber sido lo suficientemente
traumático como para forzarla a este tipo de estado, posiblemente

3
N.T. Una estructura localizada en la rama del cerebro.
dándole tiempo a recuperarse antes de poder lidiar mental y
emocionalmente con lo que le había sucedido.

Dios, la pobre mujer. No importa cuál sea la causa, esta no era


forma de vivir.

—¿Tenía alguna historia previa de enfermedad mental? —


preguntó.

El Dr. Flores levantó la vista de hurgar en su bolsa.

—Se da cuenta de que su trabajo aquí es simplemente brindar


cuidados paliativos, ¿correcto? No diagnosticarla.

Vaya.

Esa fue una forma algo educada de decirle que se calle y que haga
su trabajo que no era ni remotamente necesario.

—No estoy haciendo estas preguntas porque soy entrometida. Debe


darse cuenta de que cuanto más sepa sobre ella, mejor podré ayudarla o
buscar signos de deterioro o mejora.

—Lo siento. Está en lo cierto —dijo el Dr. Flores, enderezando su


bata de laboratorio blanca—. Conozco a los de Vincent desde hace mucho
tiempo, y... esquivo preguntas sobre ellos prácticamente cada vez que
salgo en público. —Tosió una risa seca—. Entonces, creo que estoy
acostumbrado a motivos ocultos.

Asintió.

—Entiendo eso. Disculpa aceptada.

Él echó un vistazo a Madeline.

—Ha habido problemas previos de salud mental con su familia. No


estaba tratando a ninguno de ellos ni a Madeline antes de su
desaparición, pero…

—¿Pero qué?

—Pero me dijeron que sí tenían algunos problemas con ella antes


de que desapareciera. Podía ser bastante rebelde e imprudente.

Su mirada se volvió hacia Madeline. Según la tabla, era apenas un


año mayor que Julia.

—Era una adolescente. Me imagino que la rebeldía tuvo mucho que


ver con eso.
El Dr. Flores no respondió de inmediato.

—No estoy muy seguro de lo que puede o no haber hecho, pero hay
una persona que definitivamente sabría y ese es su gemelo.

Sabía quién era sin preguntar. Simplemente basado en la


apariencia sola.

—¿Ella y Lucian son gemelos?

—Fraternales. —Esbozó una breve sonrisa mientras cerraba su


bolsa—. Es de familia. Su padre y su tío eran idénticos, y por lo que he
oído, hubo varios otros hermanos a lo largo de la línea de su padre que
fueron gemelos. En fin, tengo que volver al hospital. —Comenzó a
caminar hacia la puerta—. Si tiene alguna pregunta o surge algo, no dude
en ponerse en contacto conmigo.

Asintiendo con la cabeza, se despidió del doctor mientras le daba


vueltas a la nueva información, guardándola mientras su mente volvía al
comienzo de la conversación. Algo que Julia no podía entender.

Por lo que el mundo sabía, Madeline todavía estaba desaparecida.

Julia no le había preguntado al doctor Flores si la policía sabía que


Madeline había regresado, porque pensó que no se lo habían dicho. ¿De
qué serviría guardar un secreto así? Entendía que la familia no quería la
atención de los medios que tal revelación seguramente traería, pero eso
no iba a afectar a Madeline en este momento.

Pero alguien allí tenía que saber qué le había pasado, dónde había
estado todo este tiempo. ¿Su familia no quería saber qué le había pasado?

¿No querrían que la policía investigara para que pudieran llevar


ante la justicia a quien fuera responsable del estado de Madeline?

Llamar a esto un misterio era quedarse corto, pensó mientras


cerraba la puerta.

Julia estaba llena de preguntas, pero también se elevó una ola de


simpatía por la familia. Los hermanos perdieron a su hermana y madre
en la misma noche, y Dios solo sabía lo que le habían hecho a Madeline.
Los de Vincent pueden ser una familia extremadamente rica, pero todos
eran aún humanos.

A la muerte no le importaba lo rico que eras. Tampoco a la


enfermedad del cuerpo o de la mente.

Las partes más difíciles de la vida no discriminaban.


Exhalando fuertemente, se volvió hacia la cama. El siguiente
aliento quedó atrapado en su garganta cuando su corazón se revolvió
pesadamente.

Madeline estaba mirándola directamente.

Se quedó inmovilizada durante medio segundo, luego corrió hacia


su lado de la cama.

—¿Madeline?

La mujer le devolvió la mirada, su mirada vidriosa y... en blanco.


En realidad no estaba mirándola. Simplemente se había despertado y su
cabeza se había inclinado hacia ella.

—Jesús —murmuró Julia. Había una buena posibilidad de que se


auto infligiera un ataque al corazón. Era un movimiento de novata ser
sorprendida por eso, pero Julia se sentía fuera de su elemento en esta
casa, en esta habitación.

Por otra parte, había estado despierta desde el primer momento del
amanecer y después de recibir no una sino dos grandes sorpresas de su
vida, se había ido directamente al trabajo. Nadie la culparía por estar
nerviosa.

Julia no estaba sola con Madeline. Una mujer mayor apareció un


poco después de las dos, empujando un carrito pequeño y lindo. Había
varios platos cubiertos en la superficie, un almuerzo para Madeline y
suficiente comida para que Julia comiera el resto del día. La mujer se
presentó como la esposa de Richard y luego exigió que Julia la llamara
Livie, "al igual que los chicos".

Chicos no era una palabra que usaría para describir a los dos
hermanos de Vincent que había conocido hasta ahora. Sabía que había
uno más merodeando por ahí.

Julia había encontrado los suministros necesarios para atender las


necesidades de higiene y vejiga de Madeline. Sabiendo que algunos
pacientes que se encontraban en estado vegetativo podían tener una red
neuronal de adultos normal, se ocupó de estas cosas rápidamente,
manteniendo la mayor privacidad posible para Madeline. Para Julia, no
importaba si había una razón biológica o psicológica detrás de su estado
actual. Madeline merecía ser tratada con dignidad.

Había logrado que Madeline consumiera medio plato de caldo y


fideos después de encontrar los suministros necesarios para darle un
baño seco. Según su cuadro, Julia estaba preocupada por su consumo
de alimentos y por obtener los nutrientes necesarios. La mayoría de los
pacientes que estaban en el estado de Madeline terminaban con un tubo
de alimentación.

Alrededor de media hora después de alimentarla, parecía que


Madeline se había quedado dormida, dándole a Julia un poco de libertad
para explorar un poco.

Y eso era lo que estaba haciendo ahora.

Anteriormente, había descubierto que las puertas en las que se


había enfocado Madeline habían conducido a un pequeño vestidor donde
se habían guardado la mayoría de los suministros. Había un televisor de
pantalla plana montado en la pared a la izquierda de la cama, pero Julia
no lo había encendido. Había varias sillas espaciadas en toda la
habitación, una había sido colocada cerca de la cama cuando había
llegado antes. Ahora que el médico no estaba allí y no estaban hablando
del paciente, notó que había un libro en el estante de la mesita de noche.

Doblándose por la cintura, levantó el pesado libro de tapa dura,


reconociendo la cubierta verde con un niño con lentes.

Alguien, tal vez uno de los hermanos, le había estado leyendo Harry
Potter.

Eso era realmente dulce. Una sonrisa se dibujó en sus labios.

Un suave golpe sonó en la puerta. Colocando el libro donde lo


encontró, se apresuró alrededor de la cama y abrió la puerta.

El señor Besson estaba de pie en el pasillo, vestido como estaba


esta mañana, con la chaqueta negra, del tipo con faldones. ¡Faldones!
Había querido reírse, pero pensó que sería muy inapropiado. Y extraño
Definitivamente extraño. Al menos no llevaba guantes blancos que
combinaran con la camiseta.

—Si Madeline está descansando, pensé que podría mostrarle su


alojamiento antes de la cena —ofreció.

—Oh, eso sería encantador. —Miró por encima del hombro—. Está
dormida, así que ahora es el momento perfecto.

Él esperó mientras recogía su bolso y el plato del almuerzo


sobrante. Esa iba a ser su cena, porque no había forma de que se uniera
a ellos para cenar. Lo siguió por el pasillo, pasando por varias puertas
cerradas. Esperaba que la colocaran en una de las habitaciones cercanas
a Madeline, pero cuando comenzaron a bajar la escalera interior, pensó
que eso no estaba sucediendo.

—Lo que se envió por adelantado ha llegado —explicó, saliendo al


pasillo del segundo piso. Mientras caminaban por el pasillo, uno de los
apliques de la pared parpadeó y se apagó.

El Sr. Besson suspiró.

Julia no dijo nada mientras se acercaban al final. Se detuvo frente


a una única puerta que tenía una esquina que daba la impresión de ser
una salida a la escalera exterior y otra habitación.

—Livie guardó la mayor parte de su ropa —dijo, abriendo la puerta


y luego haciéndose a un lado—. También abasteció el refrigerador para
usted.

Ambas cosas la sorprendieron. Apreciaba los actos a pesar de que


estaba un poco extraña por alguien guardando sus prendas íntimas. Pero
al menos no tenía que hacerlo ahora.

—Gracias, Sr. Besson.

—Llámeme Richard, al igual…

—Que los chicos —terminó por él.

Sonrió con un asentimiento.

—Verá que tiene su propio baño adjunto y una pequeña área de


cocina para su uso. Si hay algún comestible que le gustaría buscar,
háganoslo saber. Las compras se realizan dos veces por semana, lunes y
jueves.

Julia entró a la habitación bastante grande, dejando que su bolso


colgara de las yemas de sus dedos. La habitación era similar a la que
estaba Madeline. Una gran cama con hermosa carpintería estaba
colocada contra la pared y frente a las puertas que conducían al porche.
Dos conjuntos más de puertas que asumió llevaban a un baño y a un
armario. Había una pequeña área de cocina completa con una mesa de
bistró, una nevera y un pequeño microondas.

—Espero que esto satisfaga sus expectativas.

—Oh, esto es más de lo que esperaba. De verdad. —Julia colocó el


plato cubierto sobre la mesa y su bolso en la cama y miró a Richard—.
En realidad, no tenía muchas expectativas. Me dijeron que me
proporcionarían mi propia vivienda y eso era todo. Esto es más que
suficiente.

Richard inclinó la cabeza.

—En la mesa encontrará una tarjeta con números de teléfono e


información sobre cómo entrar y salir de la casa. Mañana le mostraré qué
auto puede usar.

Realmente esperaba que no fuera un Mercedes, porque de verdad


no necesitaba estar detrás del volante de uno de esos autos.

—Encontrará nuestro número en la tarjeta, el de Livie y el mío —


aclaró—. Una vez que se sirve la cena y se limpia, no hay personal aquí.
No durante la noche. Si necesita algo, Srta. Hughes. Cualquier cosa. No
importa la hora de la noche. Por favor no dude en llamar.

—Oh. —Sonrió débilmente. Esa era una oferta agradable, pero un


poco rara—. Gracias.

Él asintió con la cabeza una vez más, le recordó la hora en la que


se servía la cena, y luego salió de la habitación, cerrando la puerta detrás
de él.

—Está bien —dijo en voz alta y luego se giró—. Realmente estoy


haciendo esto.

Frunciendo los labios, miró alrededor de la habitación, espiando


una pila de revistas junto a la cama. Era como si alguien supiera que las
necesitaría. Su trabajo tendría largos períodos de inactividad.

Lo primero que hizo fue sacar el teléfono de su bolso junto con un


cargador. Encontrando un enchufe cerca de la cama, puso a cargar su
teléfono. Había una llamada perdida de su madre. Le enviaría un mensaje
de texto luego.

Se quitó los zapatos y caminó hacia las puertas. El primer conjunto


era el armario, y sí, su ropa estaba colgada y otras fueron colocadas en
un amplio vestidor.

Encontró su alijo de batas de enfermera cuidadosamente dobladas


en los dos cajones inferiores. No había un código de vestimenta real, pero
cuando limpiabas a los pacientes y los ayudabas con sus cosas, no
querrías estar usando ropa de calle.

La segunda serie de puertas condujo al tipo de baño que no


esperaba en un millón de años. Una tina de patas de garras de gran
tamaño. Cabina de ducha separada con regadera de lluvia y panel de
hidromasaje.

Panel de hidromasaje.

Oh sí, iba a vivir en este baño.

Y no podía esperar para hacer de esa ducha a su mejor amiga


después de que terminara con Madeline esta noche.

Sabiendo que le quedaban unos minutos antes de regresar a la


habitación de Madeline, decidió satisfacer su curiosidad y abrió las
puertas que conducían afuera. La pegajosa calidez era tan inesperada
que casi la derriba. Habían pasado varias horas desde la última vez que
estuvo afuera, pero maldita sea. Ya podía empezar a sentir su camisa
pegarse a la piel mientras el rico y terroso aroma que le recordaba a la
excavación en los jardines la rodeaba.

Al pasar junto a un juego de sillas de mimbre y una mesa, se dirigió


a la verja de hierro forjado cubierta de enredaderas y contempló los
jardines.

La boca de Julia se abrió mientras apoyaba sus manos en la


barandilla.

Esta era la primera vez que veía lo que había más allá de la parte
trasera de la casa. Un gran jardín atestaba el lado derecho de la casa,
frescos brotes rojos floreciendo. Se dio cuenta de que había encontrado
el origen de las vides. Julia podía ver dónde empezaban, en algún lugar
en el fondo del jardín.

El patio daba a un camino que se dirigía directamente hacia una


piscina subterránea que literalmente era del tamaño en la que se
imaginaba que practicaban los buceadores Olímpicos.

Y había más.

A un lado de la piscina había una cancha de voleibol de arena.


Detrás de esta había una cancha de baloncesto. Había varios edificios
más pequeños que salpicaban el paisaje. A lo lejos, podía ver lo que
parecía ser una pared de cemento alta y… ¿y una pista de aterrizaje?

—¿Es eso un avión? —dijo en voz alta.

Mierda, eso era un avión.

Julia no tenía idea de cuánto tiempo estuvo parada allí, mirando al


suelo, al avión. La casa era enorme, lo suficientemente grande como para
albergar a una familia de treinta probablemente, y el exterior parecía un
patio de recreo para adultos.

—Gente rica —susurró, sacudiendo la cabeza.

Todo esto la hizo sentir completamente cómoda tomando un millón


de dólares de Lucian. Ahora que lo pensaba, realmente quería...

Arrojando sus manos hacia atrás de la barandilla, aspiró un agudo


aliento y miró hacia la barandilla. ¿Qué…? La enredadera se había
sentido como si hubiera… como si se hubiera movido bajo sus manos.
Eso era ridículo, pero...

Tenía que ser el viento. Julia levantó la cabeza y escudriñó el


porche. Excepto que no había viento. Su mirada se dirigió a las
enredaderas mientras hacía retroceder sus manos hacia su pecho. Un
escalofrío recorrió su columna vertebral. Girando, se apresuró a entrar,
cerrando las puertas detrás de ella.

Sobre el borde de su copa, Lucian miró la entrada al comedor.


Impaciente, los dedos de su otra mano golpetearon el borde de la mesa.
La gallina asada y las sabrosas papas acababan de ser colocadas hace
unos segundos, entre otros alimentos en los que apenas estaba
interesado.

Estaba esperando.

Había estado esperando.

El resto de su tarde y hasta casi anochecer había sido absorbido


por los planes. Como era de esperar, el senador estuvo dando vueltas y
todavía estaba allí, en la mesa de la cena, incluso después de su pequeño
enfrentamiento en la oficina de Dev.

Si el lema "la familia que pelea entre sí permanece unida" fuera algo
real, los de Vincent podrían haberlo registrado.

El incesante parloteo de Dev sobre cómo manejarían la noticia de


la muerte de Lawrence se mezcló con las propias demandas de Stefan
que hacían que el funeral pareciera una maldita boda.

Necesitaba ser digno del carácter de Lawrence. Poner. Los Malditos.


Ojos. En Blanco. En otras palabras, sería un maldito circo que él tendría
que licuarse solo para pasarlo.
Eventualmente, consiguieron que el equipo A de abogados hablara
por teléfono para anunciar el comunicado de prensa. Porque el infierno
debió de haberse congelado, Dev escuchó el consejo de la junta a pesar
de que su tío estaba totalmente en contra del plan.

Pero, por desgracia, el tío no tenía realmente voz ni voto.

La familia sería honesta, bueno, tan honesta como cualquiera de


ellos podría serlo. Anunciarían que Lawrence de Vincent se quitó la vida.
Una donación considerable se haría en su nombre a una de las
organizaciones nacionales de prevención del suicidio. El comunicado de
prensa salió hace una media hora, por lo que Lucian había apagado su
teléfono.

Para cuando había podido escapar, de alguna manera deseaba que


fuera su funeral el que estaban planeando. Sabía que Dev lo había
mantenido ocupado a propósito. No es como si pudiera acechar a su
enfermera libremente desde la oficina de Dev.

Lástima que las cámaras no funcionasen. Había aplastado su


trasero en frente de la señal de video todo el tiempo. Sonaba espeluznante
como la mierda, pero no le importaba.

—¿Por qué hay cinco lugares puestos?

Su mirada se dirigió a Stefan.

—¿Por qué sigues aquí?

—Porque vivo para hacer tu vida miserable —respondió.

—Familia. —Lucian suspiró—. Es maravilloso.

Stefan lo miró y le dio una media sonrisa; la misma sonrisa que


había visto a su padre darle mil veces.

—¿Qué? —demandó su tío mientras continuaba mirándolo


fijamente.

Antes de que Lucian pudiera responder, Dev apareció y tomó


asiento. No estaban en el gran salón de banquetes. Este era el comedor
más pequeño, equipado con una mesa ovalada que no te hacía sentir
como si estuvieras en la Última Cena a punto de ser apuñalado por la
espalda. Al menos en esta mesa, podías ver a alguien atacándote con el
cuchillo.

—Estamos esperando a... un invitado esta noche —respondió Dev,


recogiendo su servilleta de lino y colocándola en su regazo.
—¿Un invitado? —Stefan se echó hacia atrás, levantando su vaso
en el aire. Sin decir una palabra, fue llenado por uno de los empleados
que ayudaban a Livie en la cocina—. ¿Es Sabrina? —El interés chispeó
en sus claros ojos verdes.

El tipo de interés por el que Lucian curvaba los labios.

—No. —Lucian bajó su copa y esperó por la sola atención de su tío


antes de continuar—. Contratamos a una enfermera para que trabaje con
Madeline.

—¿Estás invitando a la enfermera a cenar?

Sus dedos se apretaron alrededor del vidrio cuando sintió que Dev
estaba a punto de decir algo. Lucian le ganó.

—Sí. Su nombre es Julia Hughes y la tratarás como si fuera la


heredera de un campo petrolífero perfecto y sin pozos.

Un músculo se flexionó a lo largo del ojo derecho de Stefan, tal


como había hecho el de su padre cada vez que se irritaba. Luego se
encogió de hombros... y luego realmente enojó a Lucian.

—No sé por qué se toman tantos problemas con su hermana. —


Hizo una pausa mientras miraba su bebida—. Esa chica estaba dañada
mucho antes de que…

—Cuando termines esa declaración, creo que vamos a planear dos


funerales en lugar de uno. —Lucian hizo una pausa, dejando que sus
palabras se asimilaran—. Y sabes que no es una amenaza vana.

Los labios de Stefano se apretaron.

—¿En serio? —Miró a Dev con incredulidad—. ¿Vas a permitir que


me amenace dos veces en un día?

Dev tomó su vaso.

—La última vez que revisé, no tenía absolutamente ningún control


sobre él.

Lucian sonrió burlonamente cuando la pálida mirada de Stefan se


posó en él. Levantó su vaso hacia su tío.

—Nunca te pedimos su opinión sobre Madeline —le recordó, y


ahora que lo pensaba, cuando le contaron a Stefano sobre el regreso de
Madeline, no había sido sarcástico sobre ello entonces. No como su padre
lo había sido. Honestamente, a su tío no parecía importarle en absoluto,
¿pero ahora? Diferente historia—. Nuestro padre tampoco te pidió tu
opinión.

—Como si tuvieras alguna idea de lo que Lawrence discutió


conmigo —respondió, con la mandíbula apretada.

—Bueno, sé que pensó que eras tan útil como un tenedor en un


azucarero.

Un lado de los labios de Dev se crispó.

El senador se recostó. Pasó un momento y luego se bebió lo que


quedaba en su vaso.

—Esta será una cena encantadora —comentó secamente Dev.

No si Julia no se presentaba. Cada vez más inquieto, se movió en


su silla. ¿Dónde estaba? ¿Y en qué parte del mundo estaba Gabe?
Usualmente para ahora estaba aquí abajo.

Solo unos segundos después, Gabe entró por el arco. Vio al senador
y le dio una mirada extraña a Dev, quien simplemente negó con la cabeza.
Gabe se dejó caer en un asiento, y cuando comenzó la cena, se hizo
evidente que Julia no iba a aparecer.

El apetito de Lucian desapareció. Una sonrisa irónica torció sus


labios. ¿Por qué había esperado realmente a que bajara? ¿Pero había
cenado? Dudaba que pestañeara ante su preocupación.

Lucian sabía lo que estaba haciendo.

Su enfermera se estaba escondiendo de él y eso no funcionaría.

El sol se había puesto hacía una hora o así y Madeline estaba en


su cama, vestida para dormir y alimentada cuando Julia regresó a su
habitación. Había corrido por los pasillos, no gustándole ni estos ni sus
luces parpadeantes. Realmente daban ese vibra amistosa redrum4.

Una vez que estuvo de regreso en su habitación, lanzó una serie de


textos rápidos a su madre, haciéndole saber que todo estaba bien, y se
comió lo que quedaba del emparedado que Livie le había traído esa tarde.
Estaba demasiado cansada para preocuparse por cómo se sentían los de

4
N.T. Referencia al libro “El Resplandor” de Stephen King; en donde el protagonista
constantemente veía esa palabra. Al revés dice murder, que en español significa
homicidio, asesinato, muerte.
Vincent sobre que se saltara la cena. Además, sus pensamientos estaban
por todos lados, saltando de la condición de Madeline—algo en lo que
debería estar pensando—al por qué Lucian se había detenido antes de
que las cosas se volvieran realmente interesantes la noche anterior—algo
en lo que realmente no necesitaba pensar.

Para nada.

No debería importar, especialmente ahora, considerando que


estaba trabajando para su familia, y todavía estaba extremadamente
enojada y sintiéndose como si hubiera sido engañada, pero esta pequeña
parte de ella se preguntaba por qué a él no le había interesado que le
devolviera el favorecer o tener sexo. ¿Había cambiado de opinión? ¿Se le
pasó la borrachera? Demonios, no creía haber bebido tanto, ¿pero era
todo un plan para ver qué tan lejos llegaría?

Ugh.

La comida en su estómago se agrió cuando se dijo una vez más que


nunca iba a dejar que su pequeño y lujurioso corazón se elevara otra vez.

Sintiéndose como si tuviera una película de avión asquerosa en su


cuerpo, finalmente iba a hacer uso de la hermosa ducha. Se quitó los
pantalones y la camisa, arrojándolos en una pequeña canasta dentro del
baño. En sujetador y bragas, recordó que las toallas estaban escondidas
en estantes estrechos justo dentro de la puerta del armario.

Salió sigilosamente a la habitación y corrió al armario. Encendió la


luz del techo. Estaban toallas más grandes en el cajoncito inferior.
Inclinándose, tomó una mientras aire frío se deslizaba sobre su brazo.

Julia frunció el ceño mientras agarraba la toalla y se enderezaba.


Se agitaron mechones sueltos de pelo a lo largo de su nuca. Un débil
rastro de escalofríos recorrió su columna vertebral.

Girándose, miró la parte posterior del armario, esperando


encontrar una gran grieta en la pared o ventilación directamente sobre
ella. Escudriñando la pared y el techo, no vio nada más que yeso blanco
y liso.

Frotándose la parte posterior de su cuello, miró a su alrededor otra


vez cuando una ola de pequeños escalofríos se extendió sobre su piel
desnuda. Sintió... Dios, esto sonaba loco, se sentía observada.

Obviamente no estaba siendo vigilada a menos que fuera por un


fantasma. No había ventanas y nadie más estaba aquí.
Se apretó la toalla contra su pecho mientras se retiraba del
armario, sintiéndose un poco ridícula. A pesar de que la casa había sido
renovada, todavía era vieja y la mayoría de las casas antiguas tenían
corrientes de aire.

Una vez que estuvo de vuelta en el baño humeante, se terminó de


desvestir, se soltó el cabello y luego saltó hacia el baño. Un gemido de
placer escapó de ella cuando los chorros golpearon todos los músculos
tensos. Mientras miraba pequeñas botellas, probó el lujoso gel para el
cuerpo con un nombre elegante que no podía pronunciar.

Este baño le recordaba a los de los hoteles muy caros. Del tipo en
los que las empleadas organizan tu maquillaje todas las mañanas y
noches para ti. Lugares sobre los que solo había leído pero nunca
experimentado.

Julia se tomó su tiempo, girando todas las perillas y sonriendo


cuando diferentes chorros se activaron, demostrando que se divertía
demasiado fácilmente. Girándose hacia un lado mientras se frotaba las
manos sobre los ojos, dejó caer la cabeza bajo el cabezal de la ducha una
vez más y...

Thump.

Julia se puso rígida mientras el agua corría por su piel. El ruido


sonaba terriblemente cerca y también sonaba como una puerta
golpeando algo, como una pared. Su corazón retumbó fuertemente
cuando una ola de pequeños golpes se lanzó sobre su carne. La sensación
de antes, cuando estaba en el armario, la golpeó de nuevo.

No se sentía sola.

Lentamente, arrastró sus manos por su rostro y bajó la barbilla. Al


abrir los ojos, miró hacia la izquierda. Alguien estaba parado al otro lado
del vidrio templado. Sus facciones estaban borrosas pero la forma era la
de alguien alto y ancho. Un jadeo sobresaltado se convirtió en un grito
ronco que sonó como una sirena en sus oídos mientras se tiraba hacia
atrás contra el azulejo.

Sucedió tan rápido.

Sus pies se deslizaron sobre la roca de guijarros del suelo de la


ducha. Trató de agarrarse a algo, pero solo se encontró con el aire y el
azulejo resbaladizo. Sus piernas salieron de debajo de ella y luego un
destello cegador de dolor iluminó un lado de su cabeza y después no
había nada.
Capítulo 10
Traducido por Wan_TT18 & Aelinfirebreathing

¿ Srta. Hughes? ¿Julia?

La voz sonaba como si viniera por un túnel. La confusión la


inundó cuando sintió que la constante caída de agua
desaparecía. El aire frío entró cuando dedos cálidos tocaron su hombro
y luego se deslizaron suavemente bajo la mejilla que parecía como si
estuviera cubierta en... piedra.

—Espero que abras tus ojos —la voz masculina profunda vino de
nuevo—. Porque realmente estás empezando a preocuparme.

¿Preocuparse?

Algo seco se extendió sobre su cuerpo, y fue entonces cuando se


dio cuenta que estaba acostada de lado. Una sensación punzante
constante despejó algunas de las telarañas que atestaban su cabeza.
Parpadeando rápidamente, su entorno comenzó a formarse a través de
mechones de cabello enmarañados en su rostro.

Había un hombre agachado frente a ella.

Nunca había visto a ese hombre antes, pero era guapo. Muy guapo.
Con cabello oscuro y largo hasta los hombros, detrás de las orejas. Una
barba incipiente cubría su mandíbula tallada. Su mirada se posó en las
amplias mejillas y la nariz recta, establecida entre ojos azul verdosos. Ese
hombre parecía una versión más joven... y cálida de Devlin.

—Ahí estás. —Sonrió, y era una media sonrisa familiar, que no


estaba muy segura del porqué le era familiar. Un momento después, él
apartó los mechones de pelo de su rostro—. Parece que te diste un buen
golpe en la cabeza. ¿Crees que deberías sentarte? ¿O deberías quedarte
dónde estás? Probablemente lo sepas mejor que yo.

Mientras miraba a este guapo desconocido en creciente confusión,


el resto de sus pensamientos dispersos se recompusieron.
Julia había estado en la ducha, jugando con los malditos chorros
de agua cuando resbaló y se cayó, porque...

Mierda, estaba desnuda.

Tomando aire como si se hubiera quedado sin tiempo, se sentó, y


se sentó demasiado rápido. La ducha giró y la cara del hombre nadó. El
dolor bajó por su cuello, haciéndola sentir tanta náusea que gimió.

—Vaya. —Él colocó sus manos sobre sus hombros,


estabilizándola—. No creo que debas moverte tan rápido como una
corredora olímpica.

Agarrándose para cubrirse, se dio cuenta de que él había colocado


una toalla sobre ella, pero se había caído a un lado cuando se sentó,
seguramente dándole un vistazo de sus golosinas. Como todo.

—Estoy desnuda —dijo enmudecida, con voz densa y ronca


mientras agarraba la toalla y la apretaba contra su pecho.

Esa sonrisa de medio lado apareció.

—Me he dado cuenta.

Estupendo.

—Bueno, estoy tratando de no darme cuenta —añadió, y luego le


guiñó un ojo.

Julia gimió en parte por vergüenza y porque su cabeza se sentía


como si estuviera a segundos de explotar.

El humor desapareció de su rostro.

—Bueno. No soy un doctor, pero realmente creo que podrías


haberte lastimado.

Bajando la mirada, vio un tenue rastro rosa a lo largo de las piedras


de color arena. Aferrándose a su toalla, tocó con cuidado el costado de
su cabeza. Julia reprimió un gemido y sintió un fuerte dolor en el cráneo.
Retiró su mano y su estómago se retorció cuando vio sangre en sus dedos.

—Mierda —murmuró.

El hombre se rió entre dientes.

—Sí, eso suena justo.


Su mente se aceleró a pesar del dolor. Podría estar bien o podría
tener una conmoción cerebral, lo último no era algo para perder el
tiempo. Al abrir los ojos, se encontró con que el hombre la miraba
atentamente, de la forma en que lo hacía Lucian.

—Lo siento. No nos hemos conocido todavía. —Él deslizó sus


manos por sus brazos, deteniéndose justo por encima de los codos—.
Soy...

—¿Gabriel? —terminó por él. Cuando él asintió, todo lo que podía


pensar era, genial, ahora dos de los tres hermanos habían visto sus
pechos. Increíble.

—La mayoría de las personas me llaman Gabe, sin embargo. —


Sonrió de nuevo—. Gracias a Dios que estaba afuera en el porche cuando
te escuché gritar.

Su mente aún se movía con lentitud.

—¿Sabes cuánto tiempo estuve inconsciente?

—¿Tal vez un minuto? Un poco más.

Bueno. Esa era una buena noticia. Más o menos

—¿Crees que deberías ponerte de pie? —preguntó.

Realmente dependía, pero Julia no quería pasar más tiempo


sentada en el piso de la ducha con una toalla que apenas la cubría.

—Creo que sí.

—Está bien. —Su mirada se dirigió a la de ella—. Prometo que no


miraré. Mis ojos están fijos en los tuyos.

Sintiendo el calor de sus mejillas, murmuró algo en la línea de


agradecimiento, y luego se aferró a la toalla mientras la ayudaba a
levantarse. Sus piernas temblaban un poco cuando salió de la cabina, y
las luces más brillantes sobre el fregadero aumentaron su dolor de
cabeza.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó, todavía aferrándose a sus


brazos.

—No lo sé.

Su mirada se apartó de la suya por una fracción de segundos y


luego las puntas de sus mejillas se sonrojaron.
—Aquí, déjame ayudarte con esto.

Antes de que pudiera decir que no, él tenía la toalla en sus manos
y la envolvió. Plegando los extremos superiores juntos. Todavía había un
hueco debajo de su pecho, pero al menos su trasero ya no estaba a la
vista.

—Vamos a llevarte a la habitación y a sentarte. ¿Cómo suena eso?

—Bien —murmuró.

Gabe asintió y luego deslizó un brazo sobre sus hombros.

—Per...

—¿Qué demonios está pasando aquí?

Haciendo una mueca ante la creciente demanda, miró por encima


del hombro de Gabe y vio a Lucian de pie en la entrada de la habitación.
Su estómago cayó hasta los dedos de sus pies curvados.

¿Podría esto empeorar?

Sí, se dio cuenta rápidamente. Devlin también podría unirse al


incómodo trío.

—Julia se cayó en la ducha —respondió Gabe con calma—. Se


golpeó la cabeza.

—¿Qué? —Lucian se lanzó hacia adelante, haciendo a un lado a su


hermano con facilidad—. ¿Estás bien?

Julia pensó que haber dicho que sí, pero la súbita proximidad de
Lucian y su contacto anularon sus ya dispersos sentidos. Sus manos
reemplazaron las de Gabe, e incluso con el latido en su cabeza, no había
forma de que pudiera ignorar la forma en que su cuerpo reaccionó a él.
Cada parte de ella era muy consciente del brazo que le rodeaba la espalda
y el que se deslizaba por su mandíbula, inclinando su cabeza hacia atrás
y hacia un lado.

—Jesús —murmuró.

Julia no tenía que ser una enfermera para saber que no sonaba
bien.

—Creo que estaré bien. Solo necesito... —Su jadeo la interrumpió


cuando, de repente, estaba en brazos de Lucian, acunada contra su
pecho.
Julia quedó atónita en silencio.

Ella no era una mujer pequeña, y él la levantó como si no pesara


nada más que una bolsa de papas. Entonces, él salió del baño.

—Bueno, justo iba a ayudarla a ir a la cama —dijo Gabe detrás de


mí, con su tono burlón—. Pero siempre tienes que superarme.

Al oír hablar a Gabe, salió de su estupor. Julia se agarró a la parte


superior e inferior de su toalla, tratando de no jugar al escondite.

—Puedo caminar.

—Me alegra oír eso —respondió Lucian.

—Eso significa que puedes bajarme. —Arrastrando una respiración


profunda, pensó que olía a comida, como pollo o algo así.

—No es necesario. —Lucian se detuvo y la ayudó a bajar—. Ya estás


aquí.

Ella se aferró a su toalla casi de por vida.

Mirando por encima del hombro hacia donde Gabe permanecía,


ladró:

—¿Has llamado a alguien?

Oh no.

—No creo que necesites hacer eso.

—No he tenido la oportunidad. —Gabe se metió la mano en el


bolsillo y sacó el teléfono—. Pero llamaré a Flores.

Julia se puso rígida.

—Pero…

—¿Puedes también agarrar una toalla limpia y un poco de hielo?


—preguntó Lucian, con sus ojos color verde marino fijos en ella—. ¿Cómo
pasó esto?

Ella exhaló bruscamente.

—Vi a alguien en el baño mientras me estaba duchando...

—¿Qué? —exigió Lucian.


Con el teléfono en la oreja, Gabe se volvió y los miró mientras
recogía una toalla del armario. Estaba hablando demasiado bajo para que
ella lo oyera, pero esperaba que el doctor le dijera que no podía llegar.

Se retorció cuando Gabe abrió la puerta del congelador en la


nevera.

—Había alguien en el baño. Lo vi a través de la puerta de la ducha


y me sobresalté. Yo... grité y me resbalé. Debo haberme golpeado la
cabeza con uno de los chorros.

—La escuché gritar —dijo Gabe, caminando hacia ellos con una
toalla en una mano, deslizando su teléfono en el bolsillo con la otra—.
Estaba afuera en el porche. Por cierto, Flores viene. Dijo que nos
aseguremos que no se duerma ni se mueva demasiado.

—Sé eso —respondió ella.

Gabe levantó una ceja mientras le entregaba la toalla a Lucian.

—Entonces también debes saber que cualquier lesión en la cabeza


debe tratarse con seriedad. ¿Cierto? Qué deberías dejar que un médico
te revise.

Julia abrió la boca, pero él tenía razón y ella estaba siendo


estúpida. Sabía que necesitaba otro par de ojos entrenados que la
revisaran.

—Yo no escuché nada. —Lucian ahuecó su mejilla de una manera


demasiado íntima y colocó la toalla contra lo que seguramente tenía que
ser un nudo. Julia hizo una mueca—. Lo siento —murmuró—. ¿Estás
segura de que viste a alguien?

—Sí. —¿Lo estaba, sin embargo? Su mirada se lanzó entre los dos
hombres—. Quiero decir, vi algo. Sé que lo hice.

—No había nadie aquí cuando entré —dijo Gabe, con voz suave a
pesar del hecho de que básicamente decía que era imposible que viera a
alguien—. Y vine tan pronto como te escuché gritar. Solo un puñado de
segundos podrían haber pasado.

—Pero... —Pero si no fuera una persona, ¿qué podría haber visto?—


. Vi algo.

—No estamos diciendo que no lo hiciste. —Lucian movió la toalla


cubierta de hielo—. Esas puertas de la ducha pueden engañarte,
especialmente cuando las luces parpadean intermitentemente. Crea
sombras que realmente no están ahí.

Julia pensó en las luces del pasillo.

—¿Siempre han tenido problemas de electricidad?

—A veces —respondió Gabe—. Si no oíste nada, ¿por qué estabas


aquí?

Esa fue una muy buena pregunta.

La mirada de Lucian parpadeó sobre su rostro.

—Solamente vine a molestarte.

—Al menos eres honesto al respecto —dijo secamente mientras


Gabe volvía al armario.

Esa sonrisa de medio lado apareció.

—Y te traje comida ya que decidiste que no éramos lo


suficientemente buenos para tu compañía.

—¿Qué? No es por eso que... —se interrumpió. Lucian sabía que


esa no podía ser la razón y que eso no era importante. ¿Podrían las luces
haber parpadeado brevemente, creando una sombra? La verdad era que
tenía los ojos cerrados y solo vio la forma brevemente.

Julia no lo sabía, pero lo que sí sabía era que todavía estaba


prácticamente desnuda.

—Me gustaría ponerme algo de ropa.

—Creo que Flores quiere que te quedes sentada —le recordó


Lucian.

—No me importa. No me quedaré aquí sentada en toalla.

—No es como si no lo hubiera visto antes —dijo en voz baja, la cual


no estaba segura de si Gabe podía oír.

Apretó la toalla con más fuerza y espetó:

—No es como si fueras a verlo de nuevo.

—¿Es eso un desafío? —preguntó, con los ojos brillantes—. Me


encantan los desafíos.

—Bueno, ese es un desafío que vas a perder.


Gabe se acercó a ellos, mirando con interés.

—¿Es esta tu bata? —preguntó.

—Sí. —Aliviada, la alcanzó—. Gracias.

Él asintió.

—A diferencia de algunas personas, sin mencionar ningún nombre,


prefiero que te sientas cómoda.

Lucian le arrebató la bata de las manos a su hermano antes de que


pudiera tomarla. Le pasó el paquete de hielo a Gabe.

—Nadie pidió tu opinión. —Se giró, la colocó sobre sus hombros y


luego comenzó a pasar uno de sus brazos a través de las mangas como
si ella no supiera cómo vestirse.

—¿Cómo está tu cabeza?

Gabe se sentó junto a ella, y un segundo después, era quien


sostenía el hielo en su cabeza. En una parte distante de su cerebro,
totalmente reconoció lo absurdo de la situación. Los hermanos conocidos
como Lucifer y Demonio estaban cuidándola al mismo tiempo como si
fuera una inválida… mientras estaba apenas vestida.

Si su cabeza no estuviera de nuevo latiendo tan bravamente,


probablemente estaría incómoda y un poco incómodamente excitada por
esto.

—¿Srta. Hughes? —dijo Lucian suavemente.

—Estupenda —masculló, sosteniéndose a la toalla mientras


pasaba el brazo a través de la otra manga. Alcanzó el final de la bata,
mirando hacia arriba y encontrándose con que Lucian no estaba mirando
su cara para nada. Su mirada estaba siguiendo su pecho hacia abajo,
sobre la hendidura de la toalla—. ¿En serio?

La sonrisa torcida apareció mientras él llegaba a su alrededor,


encontrando la cinta.

—Es solo que no puedo evitarlo.

—Entonces necesitas intentarlo. —Con las piernas aseguradas, se


deslumbró por él mientras ataba la cinta, sus manos tardándose en sus
costados—. Como mucho más fuerte.

—Así que... —Gabe dejó la palabra en el aire—. ¿Ustedes dos en


verdad llegaron a conocerse cuando él visitó Pensilvania?
Julia lo miró con atención, y de momento pareció mucho más
cercano a ella que antes.

Él ladeó su cabeza.

—Sabía que iba a ir.

—Eso es todo lo que Gabe sabe. —Lucian deslizó sus manos fuera
y se sentó en su otro lado. Su pierna entera presionó por la longitud de
su pierna derecha—. Pero sí, llegamos a conocernos.

La mirada de Gabe se deslizó de Julia y se centró en su hermano.

—No estoy exactamente sorprendido.

Julia cerró sus ojos, demasiado cansada y su cabeza seguía


golpeando para preocuparse realmente acerca de por qué estaban de
repente observándose. Diablos, ni siquiera le importó que en el momento
que conoció a Gabe, había estado desnuda yaciendo en el piso de la
ducha. Tal vez mañana se preocuparía, pero no ahora mismo.

Su mente estaba en cualquier otro lugar. Mientras estaba allí


sentada, acurrucada entre los dos hermanos, seguía mirando el contorno
en el otro lado del cristal de la ducha. Un pequeño escalofrío pasó a través
de ella. ¿Podrían solo haber sido luces parpadeantes jugándoles una
tratada a su cabeza? ¿O podría haber habido alguien allí, mirándola?

Lucian vio a su hermano enseñarle algo a Julia en su móvil y fue


incapaz de ignorar el irracional clavo de celos que lo apuñaló en la tripa.
Completamente ridículo, pero se estaba imaginando agarrando a Gabe de
la nuca de su cuello y lanzándolo a través de las puertas.

El doctor Flores lo guió hacia esas puertas, donde estaba haciendo


a un lado el equipamiento que utilizó para revisar a Julia.

—¿Ella va a estar bien, cierto? —preguntó.

—Creo que estará bien. Su equilibrio, memoria y reflejos están


todos bien, así que no pienso que necesitemos admitirla para más
pruebas. Probablemente tendrá dolor de cabeza, por lo cual dejé algo para
ella. —Sacudió su barbilla a la botella de prescripción sin marcar—. Si
esto es más que una contusión menor, lo cual no creo, necesitamos
prestar atención a los cambios en cuanto a la severidad del dolor y
cambios de comportamiento de los que está bien al tanto.
Lucian asintió mientras cruzaba sus brazos. Había escuchado a
Flores y a ella discutir los síntomas antes. Estaba aliviado que el
sangrado tras su oreja había parado hacía rato y no había necesitado
puntos.

—¿Está bien que duerma?

—Lo está. No tiene las pupilas dilatadas o confusión. —Flores se


giró, enfrentándolo—. En serio debería tomárselo con calma mañana.
Quedarse en la cama. Descansar. Esa es la mejor medicina. Realmente…

—Puedo escucharlos a ustedes dos —Julia llamó desde la cama—.


Solo para que lo sepan.

Lucian sonrío mientras Flores se sonrojó.

—Estamos encantados de saber que su audición está funcionando


adecuadamente, Srta. Hughes.

Sus ojos se estrecharon mientras Gabe se sentó de regreso en la


silla que había arrastrado hasta el lado de la cama.

—Estaré bien en la mañana.

—Julia. —El doctor sonó molesto—. Entiendo que este es su nuevo


trabajo y que quiera hacer lo mejor que pueda, pero necesita cuidar de sí
misma.

Sus labios jugosos se hicieron finos.

—Me aseguraré que descanse —le dijo Lucian, y había jurado que,
si su mirada fueran dagas, estaría muerto—. Gracias por venir. Lo
apreciamos.

—Siento como si necesitara tener un cuarto en su casa. —


Levantando su bolsa, asintió en dirección a Julia y Gabe—. Le enviaré la
factura.

Lucian lo acompañó hasta la puerta interior. Richard esperó en el


corredor para escoltar a Flores fuera, ansioso por salir de la casa ahora
que el doctor se estaba yendo. Dijo adiós y luego cerró la puerta. Dando
vuelta atrás, estaba agradecido que Devlin había dejado la casa poco
después de la cena. Al menos solo necesitaba averiguar cómo echar fuera
a un hermano.

Hablando de dicho hermano. Estaba sentado en la maldita silla,


observando a Julia, quien estaba haciendo movimientos nerviosos con el
borde de la sábana alrededor de su cintura. Caminó despacio hacia la
cama.

—¿Necesitas algo?

—No. —Ella echó una ojeada desde la pila de almohadas que


soportaban su cabeza. Su cabello se había retirado de su rostro y estaba
feliz de ver que el color regresaba a sus mejillas. Había estado tan pálida
cuando la había visto por primera vez en el baño—. Estoy... Dios, lo siento
por todo esto. Puedo cubrir la factura, lo que sea que cargue.

Mierda.

¿En realidad estaba disculpándose? La mujer pudo haber sido


seriamente lastimada o peor.

—No necesitas preocuparte por pagar nada —respondió Gabe—.


Eso ha sido arreglado. Sin discusión.

—Acordado —reiteró, sintiéndose un poco fuera de sí. Entre querer


desgarrar la garganta de su hermano cuando lo vio de pie allí con Julia
apenas en una toalla y luego su estómago cayendo cuando se dio cuenta
que había sido herida, pagar la factura por su cuidado era la última cosa
en su mente.

Se detuvo al otro lado de la cama y esperó hasta que ella le echó


un vistazo de nuevo. Solo entonces se sentó.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Poniéndose cómodo —sugirió Gabe con una sonrisa torcida en


su rostro.

—Eso. —Lucian se corrió para que su espalda estuviera contra la


cabecera de la cama. Sonrió desde donde ella lo miraba fijamente.

Ella miró hacia otro lado.

—Ustedes chicos no tienen que quedarse. Estoy bien. Pueden irse


a casa…

—¿Irnos a casa? —Gabe rio entre dientes—. Estamos en casa.


Todos nosotros vivimos aquí.

Sus cejas se levantaron.

—Gabe tiene habitaciones al final del pasillo. Dev está en la otra


ala de la casa —le dijo Lucian—. Y yo estoy justo atravesando el pasillo
desde aquí.
Ella cerró los ojos, pareciendo respirar por la nariz.

—Por supuesto.

Lucian sonrió.

—No sé por qué no pensé que ustedes vivían aquí —dijo, dejándose
descansar la espalda en las almohadas.

—Probablemente porque la mayoría de los adultos no querrían vivir


en la casa que crecieron, pero este lugar es tan grande que es como tener
tu propia casa —respondió Gabe—. No tengo que ver a Lucian si no
quiero.

—Pero quieres —cortó Lucian.

—¿Qué tan grande es este lugar? —preguntó Julia—. No he visto


mucho de él.

—¿Diablos? Alrededor de veintitantos miles de pies cuadrados. —


Gabe se rio cuando ella dejó salir una suave maldición—. Es ridículo. Lo
sé.

—Eso es solo... vaya.

—Sip. —Gabe parpadeó hacia Lucian—. Cuando te sientas mejor,


te daré un tour.

Lucian inclinó su cabeza a un lado, mirando a su hermano. Sabía


exactamente a por lo que Gabe estaba, el bastardo.

—Así que —continuó Gabe, volviendo a concentrarse en Julia—,


¿esta es tu primera vez en Luisiana?

—Sí. Nunca antes he estado tan al sur —dijo ella, alisando con sus
manos el cubrecama—. Siempre ha sido un lugar que he querido visitar...
—divagó, contándole a Gabe acerca de cómo amaría ver el Barrio Francés
en algún momento y que tenía una lista entera de comidas que quería
probar.

Ambos la estuvieron observando fijamente mientras habló, y él notó


inmediatamente que parecía estar más cómoda hablando con Gabe que
con él. Bueno, no había tenido un problema cuando se conocieron en el
bar, pero las cosas habían cambiado entre ellos.

—Lo siento —dijo ella cuando se detuvo y ninguno de ellos


respondió—. Ustedes probablemente no quieren escuchar sobre mi
necesidad consumidora de probar un pastel frito rociado en azúcar
espolvoreada.

Gabe dio una corta sacudida de cabeza.

—¿Beignets 5 ? Te encantarán. Y estaría más que feliz de


acompañarte a los mejores lugares en la ciudad. —Le disparó a Lucian
otra mirada que tuvo a su mandíbula apretándose más de la cuenta—.
En realidad, tengo una oficina de clasificación no muy lejos del Barrio
Francés.

Está bien. Eso fue suficiente.

—Si la Srta. Hughes quiere un tour de Nueva Orleans, yo la


acompañaré.

Ella arrugó su nariz.

—Estoy bastante segura que tengo opinión sobre esto.

—No la tienes.

—Si la tengo —repitió, mirando de frente fijamente.

—Estoy feliz de ver que una posible contusión no ha disminuido tu


terquedad —remarcó Lucian.

Ella envolvió su brazo sobre la sábana.

—Te estoy ignorando.

Se rio.

—¿Te das cuenta que no hay manera de que te dejemos trabajar


mañana, verdad?

Julia exhaló pesadamente.

—Aprecio la preocupación, pero no puedo perderme el trabajo mi


primer día entero aquí.

—Puedes y lo harás. —Lucian cruzó sus piernas sobre los tobillos—


. No es la gran cosa. Hemos estado haciéndonos cargo de Maddie antes
de que llegaras.

La frente de Julia se arrugó.

5
N.T. Beignet: es un dulce que se elabora mojando una fruta o una verdura en una
masa bastante líquida y friéndola en aceite.
—Pero…

—Estará bien. —Gabe se inclinó hacia delante de nuevo,


descansando sus codos en sus rodillas—. Podemos hacernos cargo. Dev
no tendrá un problema con eso.

—¿Qué hay del señor de Vincent? —preguntó ella—. ¿Lawrence?


No lo he conocido todavía, pero asumo que es quien me contrató.

A Lucian se le ocurrió que Julia no sabía, y esto podría ponerse


incómodo.

—No tendrá un inconveniente.

—Definitivamente no —añadió Gabe, echándose hacia atrás.

Ella suspiró de nuevo.

—Estoy feliz que ustedes puedan estar tan seguros sobre esto, pero
yo no puedo.

—Bueno, estamos seguros sobre esto porque nuestro padre está


muerto —le dijo Lucian.

—¿Qué? —Su cabeza se sacudió hacia él tan rápido que respingó


del dolor. Levantó una mano—. Auch.

Lucian inmediatamente se inclinó hacia delante, atrapando la


mano que estaba a punto de colocar contra el lado de su cabeza.

—Cuidado —le recordó.

Sus amplios ojos castaños se fijaron en los suyos.

—¿Tu padre está... está muerto?

—Sí. Falleció hace unos días —explicó, y deslizó su mano por su


brazo, sus dedos introduciéndose bajo la mullida manga de su bata—.
Hemos mantenido alejada a la prensa, pero la noticia acaba de salir esta
noche.

Gabe frotó su ceja con un dedo.

—Probablemente escucharás sobre ello eventualmente. Se suicidó.

—Oh por Dios. —Julia presionó su otra mano contra su pecho—.


Lo siento mucho.

—Está bien. —Lucian dejó ir su brazo antes de que se diera cuenta


que todavía la estaba tocando.
Ella miró de él a Gabe.

—No sé qué decir.

—No necesitas decir nada, en serio. No es la gran cosa —dijo Gabe.

Sus ojos se ampliaron.

—¿No es la gran cosa? Tu padre…

—Era un gigante y llameante imbécil —cortó Lucian, echando su


cabeza contra el cabecero mientras ella lo miraba—. Si hubieras tenido
la desgracia de conocerlo te sentirías de la misma forma. La simpatía no
es necesaria.

Julia lucía como si quisiera decir más, pero después de un


momento todo lo que dijo fue;

—Aun así, lo siento.

Él no estaba seguro de cómo reponer a eso. Por suerte, Gabe entró


en la conversación, suavizando la incomodidad, dándole suficiente
tiempo para mirar a Julia mientras estaba distraída. Sus pensamientos
volvieron a lo que había pasado. Estaba casi un cien por ciento seguro
que nadie podía haber estado en el baño. Gabe no era un jodido
pervertido, e incluso Lucian tenía sus límites. Obviamente ella había visto
una sombra y la confundió con una persona, lo cual era entendible.
Después de todo, estaba en un nuevo lugar, pero lo que pasó aun lo
enervaba, dejándolo inquieto.

Algún tiempo pasó antes que Gabe se levantara de su silla.

—Voy a salir. —Cruzó la corta distancia y luego se dobló, tocando


su mano y luego el borde de su mejilla—. Si se pone molesto, grita y
vendré a patear su trasero por ti.

Lucian resopló.

—Mantendré eso en mente —repuso ella.

La mirada de Gabe se levantó hasta la suya, y luego el bastardo


levantó su mano y besó la cima.

—Déjala descansar un poco.

Julia estaba inmovilizada a su lado.

—Buenas noches, Gabe —dijo él, su voz más dura de lo necesario.


Gabe sonrió.

—Buenas noches.

Ella murmuró algo de regreso y luego cayó el silencio hasta que


Gabe salió de la habitación, la puerta cerrada tras él. Ella aspiró una
respiración profunda.

—Ustedes son...

—¿Qué? —preguntó Lucian cuando ella no contestó.

—Ustedes son realmente susceptibles y realmente amigables.

Él se rio entre dientes.

—Eso significa que nos gustas.

—¿En serio?

—Sip. —Lucian asintió—. Porque amigable es usualmente la última


palabra que la gente usaría para describirnos.

Ella parecía hundirse más en las almohadas.

—Puedes irte, ¿sabes?

—Lo sé, pero estoy vigilándote justo como el doctor ordenó.

—No creo que eso es a lo que se refería el doctor Flores. —Bostezó


y sus cejas se presionaron juntas—. No puedo creer que caí y me noqueé
a mí misma.

—Sucede.

—En la ducha estando desnuda —añadió.

—Bueno, la mayoría de las personas están desnudas en la ducha.


—Sonrió, de alguna forma sabiendo que ella pondría sus ojos en blanco,
aunque no podía verla—. Por cierto, traje el apéndice de tu contrato —
dijo—. Está en la carpeta, junto a la comida que no has comido.

Sus labios tiraron y luego ocurrió un milagro. Sonrió solo un poco.

—Me siento como si fuera a terminar debiéndoles dinero cuando la


asignación termine.

Lucian sabía que eso no sucedería. Silenció cayó entre ellos, y


habría pensado que se había quedado dormida si no fuera por la forma
que sus dedos golpeaban sin rumbo la sábana.
—¿No tienes algo mejor que hacer? —preguntó ella—. No lo digo
por mal, pero estoy segura que hay algo que podrías estar haciendo.

—Siempre hay algo que podría estar haciendo, pero estoy bien justo
aquí.

La verdad era que uno de sus amigos lo había invitado al Red


Stallion esta noche. Había pensado ir solo para salir de casa y estar lejos
de Julia, pero prefería estar aquí. Extraño.

—No me quedaré para siempre. Solo quiero asegurarme que estás


realmente bien. No me digas que no necesito hacerlo. Sé eso. Quiero
hacerlo.

Sus labios se separaron, pero cerró su boca de golpe. Unos cuantos


momentos pasaron.

—Sé que suena como que no tuviste una buena relación con tu
padre. —Volviéndose con delicadeza, levantó su mentón. Sus ojos se
enfocaron en él—. Pero aun así lo siento.

Una extraña presión se afianzó en su pecho y luego se movió a su


estómago, formando un nudo amargo, desastroso, que no estaba seguro
de poder desenredar.

—Yo también.
Capítulo 11
Traducido por Aelinfirebreathing

J ulia no tenía idea de dónde estaban los hermanos, pero sabía


que, si la atrapaban fuera de la cama y en el cuarto de
Madeline, se volvería un infierno.

No estaba siendo estúpida respecto a su lesión. Julia estaba


tomándoselo con calma, pero su dolor de cabeza no era más que una
débil pulsación y después de haber pasado toda la mañana en la cama,
supo que echarle un ojo a Madeline no la iba a lastimar.

Además, no podía realmente quedarse en la cama por más tiempo.


No cuando eso permitía a su cerebro sobre-analizar cada segundo del
tiempo que pasó en la ducha. Con el sol colándose a través de las puertas
del porche, era difícil decir con seguridad lo que realmente había pasado
la noche anterior. ¿Había sido una sombra? ¿Una persona? No estaba
segura.

Y cuando su cerebro se aburrió por obsesionarse por todo el


incidente de la ducha, estaba pensando sobre el hecho de que Laurence
de Vincent había fallecido solo un puñado de días atrás y nadie lo había
mencionado hasta que ella dijo algo de él. Ese pedazo de información
parecía algo que alguien habría mencionado inmediatamente. Era un
hecho, los de Vincent estaban obsesionados con la privacidad, pero
vamos. Le pareció extraño. Y eso no era siquiera tomando en
consideración la respuesta de Lucian y Gabe. Julia no era lo
suficientemente ingenua para creer que todo el mundo tenía padres tan
maravillosos como los suyos, pero su reacción pareció extrema.

Entonces de nuevo, todo sobre los hermanos era extremo. No


quería pensar acerca del hecho que la primera vez que vio a Gabe, lo hizo
malditamente desnuda, pero él le habló y la trató como si la hubiera
conocido por años. Apareció esa mañana, llevando una bandeja de
desayuno y habló con ella acerca del trabajo con madera que había hecho
en la casa.
Lo mismo podría ser dicho sobre Lucian. Bueno, había otras
razones por las cuales Lucian actuó como si se conocieran el uno al otro,
pero eso fue... diferente. Se quedó a pasar la noche antes de que se
quedara dormida, y aun cuando eso debería haberse sentido impuesto,
no lo hizo.

La dejó sintiéndose confundida más que nada.

Suspirando, empujó esos pensamientos fuera de su mente


mientras se movió por el dormitorio de Madeline. Alguien la había movido
fuera de la cama, probablemente uno de los hermanos. Estaba en una
silla junto a la ventana cuando Julia se arrastró a la habitación. La
presión sanguínea y el pulso estaban dentro de los límites esperados.

—¿Cómo te estás sintiendo hoy? —preguntó Julia, peinando el


cabello de Madeline hacia atrás de un hombro—. Parece que va a hacer
un día precioso fuera. —Un pensamiento se le ocurrió cuando caminaba
alrededor de la silla—. ¿Me pregunto si podremos llevarte fuera antes de
que haga más calor? Estoy segura que disfrutarías eso.

Julia notó que la mirada de Madeline estaba fijada en la pintura de


nuevo. Curiosa, caminó más cerca para obtener una mejor vista.

Trazos tenues de líneas pinceladas se arremolinaban en sombras


de verde y marrón, eventualmente dando lugar al gris de las tumbas. El
detalle era asombroso, desde las diminutas hojas de hierba muerta hasta
la voluta diseñada en las columnas de la tumba. Incluso la cara del ángel
en el centro de la tumba estaba minuciosamente recreada. Casi parecía
una fotografía.

Esa pintura era hermosa, pero también era mórbida.

Su ceño se frunció. Al borde derecho del lienzo había dos letras


pintadas en blanco.

—¿M.D.? —susurró.

Se volvió lentamente, enfrentando la cama.

—¿Son esas tus iniciales? ¿Tú pintaste esto?

Madeline pestañeó.

Eso no era en realidad una respuesta obviamente, pero ¿qué clase


de coincidencia sería que hubiera una pintura colgada en la casa con
esas iniciales que perteneciera a alguien más? Aunque también podría
pertenecer a otro miembro de la familia, un ancestro ya fallecido.
Julia miró las manos quietas de Madeline. Sus dedos eran largos y
elegantes. Manos de una artista, justo como…

Cortó ese pensamiento con un gemido y se reconcentró. Si


Madeline era la pintora, ¿tal vez Julia podría encontrar utilidad en eso?
Había una tonelada de estudios que respaldaban usar el arte como medio
de comunicación con pacientes que no podían comunicarse verbalmente.
Tal vez algo como eso podría…

Pasos irrumpieron sus pensamientos. Julia se giró hacia la entrada


encogiéndose. Completamente esperaba que fuera uno de los hermanos
a punto de gritarle por estar fuera de la cama.

—Estoy en problemas —susurró a Madeline.

Una sombra apareció y luego un hombre vestido en un caro traje


gris carbón hecho a medida. Era un hombre mayor sorprendentemente
guapo con cabello oscuro que se estaba volviendo plateado en las sienes.
Se parecía tanto a Gabe y Devlin que si no hubiera sabido sobre su padre,
habría jurado que era él.

Se detuvo justo en la entrada, los mismos ojos con mezcla de azul


y verde corrieron desde donde Madeline se sentaba a donde Julia estaba
de pie. El hombre aclaró su garganta mientras ajustaba la corbata de un
gris más oscuro.

—Hola. Tú debes ser la nueva enfermera. —Su voz era profunda e


ilustraba un rastro de acento sureño.

Sin tener idea sobre quién era, asintió.

—Sí. Mi nombre es…

—Julia Hughes —cortó él, sonriendo ligeramente mientras daba un


paso dentro de la habitación—. He escuchado todo sobre ti.

Oh señor.

Eso podía significar tantas cosas.

—Bueno, me tiene en desventaja. No sé su nombre.

—Dudo que haya muchos que la tengan en desventaja —respondió,


y hombre, eso era una cosa rara que decir—. Soy Stefan de Vincent,
Senador de Vincent.

El senador. Oh mi Dios, había oído todo sobre él en los tabloides.


Mucho de ello, nada bueno. ¿No había desaparecido una interna que
trabajaba para su oficina bajo circunstancias sospechosas que estaban
ligadas a él?

—Veo que ha escuchado sobre mí.

Julia realmente esperó que lo que estaba pensando no estuviera


escrito en su rostro, porque, hola, era incómodo.

—Es un placer conocerlo.

Él levantó su mentón mientras observaba la habitación, su mirada


bailando sobre Madeline.

—Bueno, estoy aquí por negocios, y pensé que podía visitar a mi


sobrina.

—¿Le gustaría algo de privacidad? —preguntó, aunque un instinto


innato volvió esa oferta a ceniza amarga en su boca.

—Eso no es necesario. ¿Cómo está ella?

Estrechó sus manos juntas.

—Tan bien como se espera.

—¿Qué significa eso? —preguntó. Los ojos que eran tan iguales
como los de los otros de Vincent eran distintivamente más fríos—. ¿Que
está respirando y sentada por ella misma?

Una quemazón se inició en el fondo de su estómago.

—Lo cual es sorprendente considerando por lo que ha pasado.

—¿Y qué exactamente ha pasado la querida Madeline? —El


senador se cruzó de brazos—. Hasta donde se me ha dicho, nadie sabe
con exactitud. Por todo lo que sabemos, podría estar bien.

La frente de Julia se arrugó.

—Es dudoso que estuviera bien…

—¿Es eso una opinión médica o una personal? Pregunto porque


hasta donde puedo decir, está en un estupendo estado de salud para
alguien que estuvo perdida y presuntamente muerta por diez años. —
Sonrió y algo acerca del giro de sus labios se sintió imperioso—. Y como
estoy seguro que no está al tanto del comportamiento previo de Madeline,
por favor perdóneme si soy un poco escéptico por ella y su condición.
Su columna vertebral se enderezó como una necesidad impetuosa
de defender el honor de la mujer.

—Mi opinión médica es ella está en buen estado de salud a pesar


de lo que ha ocurrido.

—Hmm. —El sonido fue absolutamente desdeñoso. Caminó hacia


Madeline y Julia resistió la urgencia de apresurarlo. Afortunadamente se
detuvo a unos cuantos pies de la mujer—. Recuerdo la primera vez que
huyó. Tenía seis años. Se escapó con un primo suyo. —Su labio se
encrespó con disgusto—. Tuvo a su madre en histeria y a su... su padre
preocupado porque algo terrible le hubiera sucedido. Los chicos los
encontraron a los dos escondidos a unas cuantas millas de la propiedad
jugando algún juego.

—Los niños hacen eso —replicó.

—No estos niños. —Su mirada se elevó de Madeline a Julia—. No


esos tipos de juegos.

Ella frunció el ceño.

—No estoy segura de lo que se refiere…

—Por supuesto que no. Solo tenga cuidado Julia. Madeline tiene
una forma de ser. —Se volvió en sus talones—. Se mete bajo tu piel. —
Echó un vistazo a la puerta abierta mientras el sonido de pasos
acercándose se escuchó—. Solo pregúnteles a los hermanos.
Especialmente a su gemelo.

Unos cuantos segundos después, Lucian apareció en la entrada.


Tomó una mirada de los ocupantes en la habitación de su hermana y sus
manos se cerraron en puños.

—¿Por qué estás aquí?

Julia no estaba segura a quién le estaba hablando.

El Senador de Vincent respondió:

—Presentándome a la adorable Julia y visitando a mi sobrina


mientras espero que Devlin regrese.

Lucian se concentró en Julia y ni una sola cosa en su expresión


dijo que parecía que creyó lo que su tío afirmaba.

—¿Está todo bien?


Presionando sus labios juntos, Julia asintió mientras el senador se
volvía a Lucian.

—Por supuesto —respondió—. ¿Por qué no lo estaría?

—¿Es una pregunta seria? —preguntó.

—No seas tonto. —El senador palmeó el hombro de Lucian


mientras deambuló hacia la puerta. Deteniéndose, inclinó su cabeza
hacia Julia—. Fue encantador conocerte.

No había una maldita manera en que Julia fuera a decir la misma


cosa. El senador parecía saber eso, por la sonrisa satisfecha suya que
pareció una mueca y entonces se había ido.

Lucian observó fijamente la entrada vacía por un momento y luego


enfrentó a Julia.

—¿Qué quería?

—Lo que dijo. —Julia echó un vistazo a Madeline. Estaba todavía


observando fijamente la pintura—. Estaba visitándola.

Lucian resopló.

—¿Te dijo algo?

No queriendo antagonizar lo que obviamente ya era una relación


tensa, sacudió su cabeza. Además, ni siquiera estaba segura de qué había
estado hablando el senador. Quería saber si en verdad había una historia
de Madeline huyendo, pero era lo suficientemente sensata para saber que
no era el tiempo prudente de preguntar.

—No es tan amigable como tú y Gabe.

Lucian inclinó su cabeza.

—Estoy medio feliz de escuchar eso.

—Yo también.

—¿Cómo te estás sintiendo? Te habría visitado antes, pero no he


tenido la oportunidad.

—Estoy bien. —Sintió sus mejillas ruborizarse por alguna tonta


razón y rápidamente miró a otro lado—. Mi cabeza apenas duele.

—Supongo que tienes el cráneo duro —bromeó.


—Mis padres estarían de acuerdo con esa declaración. —Obligada
por una clase de magia oscura, se encontró mirándolo fijamente de
nuevo.

Dios, era tan hermoso que hacía a su corazón dar respingos. Parte
de ella todavía no podía creer lo que había pasado entre ellos. Unos días
después y no parecía real. Más como una especie de sueño acalorado,
pero el recuerdo de cómo toda esa dureza se sintió presionada contra su
espalda era casi imposible de reprimir.

—Luce algo sonrojada, Srta. Hughes.

Se estaba sintiendo un poco sonrojada.

—Julia. Puedes llamarme Julia.

Él simplemente sonrió.

Julia aclaró su garganta. Como estaba aquí y no le había gritado


todavía, decidió preguntarle por la pintura.

—Esa pintura de allí. ¿La hizo Madeline?

Lucian giró su cintura para mirar la pintura y estuvo silencioso por


un momento.

—Sí, esa es una de las suyas.

—¿Solía pintar mucho?

Él asintió.

—Es hermosa... y un poco mórbida.

Una sonrisa torcida levantó las esquinas de sus labios.

—Maddie podía tener gustos mórbidos cuando se refería a pintar.

Julia quedó un poco embobada por la manera en que su camisa se


estrechó sobre su hombro y la parte superior de su brazo mientras
levantaba la mano, arrastrando sus dedos por su cabello.

—Así que, estaba pensando…

—¿Sobre mí? —Dejó caer su mano.

—No. —Esa era una mentira—. Algunas personas en el estado de


Madeline pueden no ser capaces de comunicarse verbalmente, pero lo
pueden hacer por otros medios.
Interés picó en su expresión.

—¿A qué te refieres?

—Ha habido ejemplos de personas con ciertos trastornos capaces


de comunicarse por métodos más creativos, como música y arte. Esa
clase de cosas. —Echó atrás una hebra suelta de cabello, escondiendo el
respingo cuando sus dedos barrieron el lugar rasposo detrás de su
oreja—. Como ella disfrutaba pintar antes, puede que siga siendo capaz
de hacer eso.

Su mirada se disparó hacia donde su hermana descansaba.

—¿Crees que eso funcionará?

—Bueno, no es exactamente una ciencia o algo que funcione para


todo el mundo, pero puede levantar sus manos y ha estado mirando
fijamente esa pintura un montón. Y su pintura, si puede hacerlo, tal vez
no nos diga nada sobre dónde ha estado o cualquier cosa como eso, pero
no creo que haga daño, especialmente llevándola de vuelta al hábito de
hacer cosas que solía disfrutar. ¿Y quién sabe? Podría hacer que fuera
capaz de hacer otras cosas.

Él estudió a Julia por un momento.

—Estoy de acuerdo. No haría daño. Puedo tener los suministros


necesarios para el final del día.

Complacida de que no rechazara su idea, sonrió.

—Perfecto.

—Solo hay otra cosa. No deberías estar fuera de la cama.

Los hombros de Julia se tensaron.

—Lo sé, pero me siento bien y no he hecho nada realmente.

—No se supone que estés fuera de la cama.

—Y solo quería comprobar a Madeline.

—Aprecio eso, pero lo has hecho. Es hora de regresar a la cama. —


Pausándose, dio pasos hacia ella—. O te cargaré de vuelta a la cama.

Julia llevó su trasero de regreso a la cama.

Porque sabía que esa no era una vaga advertencia. Él haría


justamente eso.
Como el doctor había ordenado y los hermanos intentaron imponer,
Julia permaneció en su habitación el resto del día. Bueno, se había
escabullido en la noche para visitar a Madeline, pero además de eso, se
mantuvo acostada.

Parte de ella esperó que uno o ambos hermanos aparecieran


después de que Livie le trajo la cena, pero ninguno lo hizo. Se preguntó
si estaban siquiera en casa, y si no lo estaban, ¿significaba eso que estaba
en esta casa enorme sola a excepción de Madeline?

Eso era medio tenebroso.

Pero eso no era lo que la estaba manteniendo despierta. Su cuerpo


estaba caliente, demasiado caliente, y estaba.. zumbando con necesidad.
Incluso cuando lo que había hecho con Lucian había sido la primera
acción real que había visto en años, todavía tenía deseos.

Deseos que satisfacía semanalmente.

A veces más.

Esto era diferente, sin embargo. Más intenso. Probablemente


porque, por alguna maldita razón, había pasado la mayor parte de la
noche pensando en Lucian, en Lucian y en los breves momentos en su
apartamento. Había comenzado cuando la encontró en el cuarto de
Madeline y no había sido capaz de sacudir el sentimiento de su
respiración caliente sobre su cuello o la forma en que supo cómo tocarla.

Julia estaba excitada, y la habitación estaba oscura y silenciosa


mientras mordía su labio inferior y rodaba sobre su espalda.
Rindiéndose, dejó de pensar.

Cerrando los ojos y presionando sus labios juntos, deslizó su mano


debajo de la banda del inferior de su pijama. Sus dedos se deslizaron por
la piel mojada y dolorida y su respiración se detuvo. Sintiéndose
extrañamente perversa, introdujo un dedo dentro.

Un gemido ronco separó sus labios mientras sus caderas se


levantaron. No jugueteó. Oh no, su cuerpo estaba tan entregado en ese
momento que si Lucian aparecía, le dejaría...

Le dejaría hacer lo que sea que quisiera.

Sus movimientos causaron que las finas tiras de su top se


deslizaran por sus brazos y luego más abajo. La punta de su pecho
apareció, el pezón en punta y apretado. Lucian había hecho cosas
maravillosas con sus dedos, entre sus muslos y en sus pechos.

Gimió suavemente.

Julia se dejó regresar a la noche en su apartamento, fácilmente


conjurando la sensación de Lucian presionado contra su espalda, una
mano curvada alrededor de su pecho y la otra hundiéndose profundo
dentro de ella. Su pulso golpeó mientras sus dedos imitaban lo que
Lucian le había hecho. Dentro. Fuera. Dentro, fuera. Y se dejó caer
completamente en la fantasía. No era su mano. Era la de Lucian
llevándola al borde, dibujando lisa humedad hasta que no podía…

El placer estalló. Lamiendo por sus venas mientras su espalda se


arqueó y sus caderas se alzaron, empujando su propia mano. Cayó de
vuelta a la cama, su corazón acelerándose y su respiración saliendo en
bocanadas desiguales mientras suavizaba sus dedos fuera.

Dios.

Nunca se había corrido tan fuerte ni tan rápido por ella misma
antes. Con la garganta seca, tragó con fuerza mientras pestañeó abriendo
sus ojos. Había un débil destello de dolor por el lado de su cabeza. Lo que
había hecho probablemente no era una idea inteligente, pero no pudo
encontrar la energía para preocuparse. Su cuerpo se sentía
maravillosamente relajado y…

Un torrente de aire frío bañó su cuerpo. Hubo un suave calambre


que causó que cada músculo en el cuerpo de Julia se apretara.
Ampliando su vista pasó por la oscuridad como una flecha mientras tiró
lo alto de su espalda en su lugar. Se escuchó como si hubiera venido del
armario. Solo una rendija de la puerta estaba abierta, como la había
dejado.

Con su corazón acelerándose ahora por una razón diferente, miró


fijamente la puerta del armario hasta que su visión se volvió borrosa.
Toda clase de pensamientos locos llenaron su cabeza. Qué tal si el sonido
no había venido del armario sino de la misma puerta. Esa no estaba
cerrada. Uno de los hermanos podía haber ido a visitarla y ella estaba en
la cama, tocándose.

Está bien. Eso era ridículo. Era bastante tarde para que ninguno
de ellos la visitaran.
Julia rodó, enfrentando la puerta. Hundiendo una mano bajo una
almohada, cerró los ojos firmemente y se ordenó a dormir. La mañana
llegaría lo suficientemente pronto.

Mantuvo sus ojos cerrados, pero el sueño no vino. No importa qué


tanto lo intentó, no podía sacudir la inquietante sensación patinando por
su piel. La sensación de que no estaba sola en la habitación.

Entonces lo escuchó.

Pisadas desde arriba. El sonido era inconfundible.

Una arruga tiró de sus labios mientras se sentaba y miraba


fijamente al techo, donde el ventilador se agitaba silenciosamente. Su
cabello cayó sobre sus hombros mientras inclinaba a un lado su cabeza.
El dormitorio de arriba era... el de Madeline.

Julia se sentó bien derecha, forzándose a escuchar el ruido de


nuevo. Después de unos momentos, comenzó a creer que estaba oyendo
cosas, pero luego lo escuchó de nuevo. Alguien estaba arriba en ese
cuarto, caminando alrededor.

¿Podría ser uno de los hermanos?

Alcanzando el reloj en la mesilla de noche, dudó seriamente que


estuvieran despiertos a esta hora de la noche. Tirando de la manta,
balanceó sus piernas fuera de la cama y se paró.

El entrenamiento se apoderó de todo. Si fuera Madeline arriba,


caminando alrededor, algo sobre su condición había cambiado
obviamente. Necesitaba investigar.

Deslizó su pie en un par de chanclas y dejó la habitación, saliendo


al corredor interior.

Su mirada pasó como una flecha desde la amplia puerta en


diagonal hasta la suya. Su corazón saltó un poco mientras se giraba lejos
de esa área. Dios, él podía haber estado justo ahí, un puñado de pasos
más lejos de ella mientras se daba a sí misma un orgasmo con imágenes
suyas…

Ugh.

Detente.

Empujando los pensamientos de Lucian fuera de su cabeza, se


apresuró por el tenuemente iluminado corredor. Era amplio y los
candelabros de las paredes hacían muy poco por iluminar el camino. No
pudo evitar pensar en El Resplandor.

Un escalofrío bailó sobre su piel.

Si dos niñas en triciclos aparecían, estaba fuera como un ombligo.

Julia alcanzó la escalera y con rapidez hizo su camino hasta arriba.


El corredor superior era tan escalofriante como el de abajo. Cada paso
que tomó hizo que los pequeños vellos de su cuerpo se erizaran. Un
hormigueo comenzó justo debajo de su cuello, entre sus hombros.

Le recordó a… a ser vigilada.

Mordiendo su labio inferior, echó un vistazo a sus espaldas. Nadie


más estaba en el pasillo. Todas las puertas estaban cerradas, pero…

Se estremeció y retomó el paso. Su imaginación estaba tomando


todo de ella después de la noche anterior. Alcanzando la puerta de
Madeline, la abrió y rápidamente se detuvo, observando la habitación.

La lámpara junto a la cama estaba encendida, justo como Julia la


había dejado, y Madeline estaba también donde la había dejado.
Descansando pacíficamente en la cama, y nada más estaba fuera…

Un aire helado se precipitó por sus brazos, removiendo las puntas


de su cabello. Se giró a la derecha y vio las cortinas cubriendo el porche
ondularse y rizarse. Inhaló profundamente, sintiendo la mustia esencia
del exterior.

—¿Qué diabl…? —Sus cejas bajaron de golpe mientras cruzaba la


habitación. Apretando las cortinas blancas y delgadas las hizo a un lado.

Las puertas que llevaban al oscuro porche estaban abiertas de par


en par. Echando un vistazo sobre su hombro a la figura propensa que
era Madeline, realmente esperó que nadie la hubiera visitado y hubiera
estado tan indefensa.

Dándole la espalda a las puertas, las cerró silenciosamente y luego


pasó la cerradura. ¿Cómo diablos estas puertas se abrieron? Obviamente
no había sido Madeline. Ni tampoco era la fuente de los pasos.

Se alejó de las puertas, cruzando los brazos sobre el pecho. Alguien


había estado aquí arriba y tenía que ser…

El sentimiento del pasillo regresó, ese afilado hormigueo entre sus


omóplatos. Esta vez era mucho más fuerte, enviando un escalofrío por su
columna vertebral. Las puntas de sus orejas quemaron.
Su respiración se detuvo mientras descruzaba los brazos
lentamente. Una clase diferente de instinto roía hacia la superficie,
gritándole que no estaba sola en el cuarto. Que había alguien más en
aquella habitación y no era Madeline.

Con el corazón saltando en su garganta, se dio la vuelta. El aire se


detuvo en sus pulmones. Había estado en lo correcto. No estaba sola.

La mismísima fuente de sus fantasías más tempranas estaba en la


puerta.

Lucian.
Capítulo 12
Traducido por yoshiB

L ucian vio a Julia antes de que se diera cuenta que él estaba


parado allí. Estaba en el proceso de cerrar las puertas del
porche y de espaldas a él. Él sabía que no tenía idea de que estaba allí y
también sabía que probablemente debería anunciar su presencia, pero
se mantuvo callado como el pecado mientras se apoyaba en el marco de
la puerta.

Era la primera vez que veía su cabello suelto mientras no estaba


mojado y pegado a su piel. Su cabello era tan largo como imaginaba,
llegando hasta la mitad de su espalda en desordenadas olas. Sus brazos
estaban desnudos; la piel que mostraba era de un rosa pálido. Su mirada
vagó por los pantalones negros que abrazaban la curva de su culo. Cada
maldito segundo del día recordó cómo se sentía presionada contra él.

Ella pareció ponerse rígida por un momento y luego, lentamente,


abrió sus brazos y se giró.

Sus miradas se sostuvieron.

Varios segundos se extendieron entre ellos. Ninguno de los dos


habló, y una vez más, Lucian se sintió completamente embelesado por la
idea de trazar sus rasgos en una tabla de lienzo intacto.

Su hermana no era la única pintora de la familia.

Pero antes de que pudiera capturarla a la perfección con pintura y


brocha, pensó que necesitaría acercarse para conocer realmente la curva
de su mejilla y la línea de su mandíbula. Por el bien del arte, por
supuesto.

—Dios —jadeó ella, finalmente rompiendo el silencio mientras


colocaba su mano sobre su pecho, atrayendo su atención ávida. El
material de su camisa hizo muy poco para ocultar esos oleajes o los picos
atractivos debajo—. Ni siquiera te escuché entrar aquí.
Cerrando los ojos ante el sonido de su voz, inhaló profundamente.
Su tono era suave y ronco. Él capturaría los tonos en matices de rojo y
marrón. Abriendo sus ojos, arrastró su mirada hacia ella.

—Lo creas o no, puedo ser muy callado cuando quiero.

—Me doy cuenta.

—Ni siquiera voy a preguntar por qué estás fuera de la cama —dijo,
sonriendo levemente.

—Creí haber escuchado algo —dijo ella, mirando hacia atrás, hacia
una dormida Madeline—. Creí escuchar a alguien caminando por aquí.

—¿Y encontraste a alguien caminando?

Sus cejas se juntaron.

—No.

—No estoy particularmente sorprendido por eso.

Una expresión de confusión apareció en su rostro.

—¿Y eso por qué?

—¿No lo ha escuchado, Srta. Hughes?

—¿Escuchar qué? —preguntó después de un segundo.

—¿Escuchar los rumores sobre esta casa… sobre nuestra familia?

Una sola ceja se levantó mientras inclinaba la barbilla hacia un


lado.

—No tengo idea de a dónde vas con nada de esto, pero…

—Dicen que nuestra casa está embrujada. —No pudo evitarlo


mientras continuaba—. Y que nuestra familia está maldita. ¿O es la tierra
la que está maldita y nuestra familia la que está embrujada? Siempre los
confundo a los dos.

Lo miró por un momento y luego sacudió un poco la cabeza. No


hizo una mueca de dolor esta vez, así que con suerte eso significaba que
se sentía mejor.

—Muy bien entonces —murmuró, y luego habló más fuerte—. No


encontré a nadie caminando, ni siquiera un fantasma, pero las puertas
del porche estaban abiertas de par en par.
Bueno, eso era... raro. Frunciendo el ceño, miró a su hermana y
luego a la puerta. Nadie hubiera dejado esa puerta abierta.

—Estaban cerradas cuando la dejé.

—¿Cuándo la dejaste?

Él asintió mientras se apartaba del marco de la puerta y cruzaba


la habitación.

—Le leí.

Ella se giró, mirándolo.

—¿Eres el que le está leyendo Harry Potter?

—Sí. ¿Por qué suenas tan sorprendida? —Abrió las puertas del
armario, inspeccionando dentro, dudando de que encontraría algo.
Cuando ella no respondió, la miró por encima del hombro. Se veía
adorablemente estupefacta. Se rió entre dientes—. En realidad, ¿por qué
te ves tan sorprendida?

—No lo sé. —Cruzó sus brazos sobre su pecho—. Simplemente no


pensé que eras tú.

—¿Pensaste que era Gabe?

Sus labios se fruncieron, y cuando no respondió, sabía por qué.

—Intento hacerlo todas las noches. A veces no puedo —explicó a


pesar de que realmente no tenía que hacerlo mientras miraba hacia el
baño—. Pero creo que cuando le leo, la hace sentir… más cómoda.

—Probablemente sí —respondió Julia después de un momento—.


Siempre es bueno hacer cosas como esa. Deberías seguir haciéndolo.

Frotando su palma sobre su pecho, no estaba seguro de cómo


responder a eso.

—Bueno, nadie se esconde en el armario o en el baño, esperando


para saltar sobre nosotros.

—Es bueno escucharlo —comentó, y él sonrió ante la sequedad en


su tono—. ¿Habrían dejado Gabe o Devlin las puertas abiertas?

—No.

Enfrentándose a ella, se consternó al ver que se había acercado a


la puerta que daba al pasillo. Iba a irse. No quedaba nada por hacer.
Maddie estaba dormida. Era media noche y Julia debería estar
durmiendo, pero no estaba listo para que desapareciera en su
habitación. Y él era egoísta.

—Ni siquiera hubieran venido aquí para visitarla.

Abrió la boca como si quisiera responder, pero lo pensó dos veces.

—Bueno, alguien dejó esas puertas abiertas.

—Probablemente el fantasma. —Se acercó al lado de Madeline y


apartó un mechón de cabello de su mejilla fría. Deteniéndose, miró a
Madeline—. O fantasmas.

Puso los ojos en blanco.

Su sonrisa regresó cuando se inclinó y le dio un rápido beso en la


frente a su hermana. Levantándose, encontró a Julia mirándolo.

—Debe ser de sueño ligero, Srta. Hughes.

Ella parpadeó rápidamente y habría jurado que se sonrojó.

—Yo… No estaba dormida. Y por favor, deja de llamarme Srta.


Hughes.

—¿Pero y si me gusta llamarte Srta. Hughes?

Sus cejas se juntaron de nuevo.

—Creo que si quieres puedes, pero…

—¿Pero qué? —Dio la vuelta a la esquina de la cama, yendo


directamente hacia ella, disminuyendo la velocidad. Tenía la sensación
de que se habría ido si él se acercaba demasiado, demasiado rápido.

—Pero suena un poco raro. —Sus hombros se alzaron cuando dio


otro paso—. Prefiero que me llames Julia.

—Así que… —Se acercó más—. ¿Preferirías que estuviera más


familiarizado contigo? Me gusta esa idea. Mucho. Especialmente porque
tendría más sentido, considerando todas las cosas.

Una explosión de rosa cubrió el centro de sus mejillas.

—Eso no es lo que estaba sugiriendo, y es muy tarde. Sólo estaba…

—¿No era eso lo que estabas sugiriendo? —Ahora estaba a un pie


de ella, lo suficientemente cerca como para ver las pocas pecas debajo de
su ojo izquierdo.
Ella dio un paso atrás.

—Absolutamente no.

—Es una pena. —Se movió hacia adelante.

—No sé por qué es así. —Su barbilla se levantó de nuevo—. Mira,


tuvimos… una cosa breve. Pero no me conoces lo suficientemente bien
como para sentirte de esa forma.

Él no llamaría a lo que tenían una "cosa".

—Bueno, basado en esa teología, tampoco me conoces a mí, pero


supusiste que no podía haber estado leyendo para mi hermana… mi
hermana gemela. —Se acercó mucho entonces, lo suficientemente cerca
como para poder captar el leve aroma del perfume persistente.
¿Vainilla?—. ¿La misma hermana por la que exigí que contratáramos a
una enfermera? ¿La misma hermana por la que viajé en la mañana hasta
Pensilvania después de que murió mi padre?

Sus labios exuberantes se separaron en una fuerte inhalación.


Pasó un momento mientras mantenía su mirada fija.

—Ese es un buen punto… que no puedo discutir.

Lucian bajó su mentón y su voz.

—Soy realmente bueno en ganar argumentos.

Las comisuras de sus labios se crisparon como si luchara con una


sonrisa.

—Siento hacer un juicio rápido sobre ti.

—Tengo la sensación de que hay un 'pero' ahí, Srta. Hughes.

Ella dio otro paso atrás.

—Estarías equivocado en esa suposición.

—Hmm —murmuró, apoyando el codo contra el marco de la puerta,


por encima de su cabeza—. Tengo esta profunda sospecha de que estás
mintiendo solo para demostrar que estoy equivocado.

Entornó los ojos.

—Y yo tengo la sospecha de que no tienes ningún valor para el


espacio personal de otras personas.
—No creo que hayas tenido un problema con eso antes. —Bajó la
cabeza hacia ella—. Pero estarías cien por ciento correcta en esa
suposición.

—No es algo de lo que estar completamente orgulloso.

—Pero al menos puedo admitir cuando tienes razón. ¿Puedes


admitir cuando tengo razón?

Ella respiró profundamente y alzó los hombros.

—Tal vez no estoy admitiendo nada porque estoy tratando de ser


cortés.

—¿Dónde está la diversión de ser cortés?

Sus ojos se agrandaron mientras lo miraba como si estuviera


lidiando con un niño de cinco años.

—Puede que no sea divertido, pero ya que eres mi jefe, o uno de


mis jefes, creo que ser educado es el camino a seguir.

Su mirada se posó en su boca, y se preguntó una vez más cómo se


sentirían esos labios contra los suyos… y contra otros lugares en su
cuerpo.

—¿Sabes lo que pienso?

—En realidad no —respondió con ironía.

—Creo que la falta de educación es mucho mejor que la cortesía.


¿Sabes por qué? —Cogió un mechón de su cabello y corrió el mechón
entre sus dedos. Suave como el cachemir.

Ella se estiró, soltando el cabello de sus dedos.

—¿Por qué?

—Porque las personas suelen ser sinceras cuando están siendo


descorteses. —Levantó su mirada hacia ella—. Y generalmente mienten
cuando están siendo amables.

—No creo que conozcas a mucha gente decente si realmente


piensas eso.

—Tal vez. —Ladeó la cabeza hacia un lado—. ¿Conoces a mucha


gente decente?

—Solía —murmuró, mirándolo con cautela.


Al ver lo que estaba o no diciendo, él se rió profundamente.

—¿Estás sugiriendo que no soy decente?

Una delicada ceja se alzó.

—Bueno, Srta. Hughes, soy bastante indecente la mayor parte del


tiempo.

Una mirada de sorpresa se dibujó en su rostro una vez más.

—Bueno, supongo que ¿el reconocimiento es el primer paso?

—Eso es lo que dicen.

Ella esbozó una sonrisa rápida y luego se deslizó por la puerta


hacia el pasillo.

—Fue… agradable charlar contigo, pero…

—¿Por qué estabas despierta? —La siguió, cerrando la puerta de la


habitación de su hermana detrás de él.

Ahora de pie en el medio del pasillo, ella todavía tenía sus brazos a
su alrededor.

—Yo… Tengo un poco de insomnio.

—¿De verdad? Yo también.

—Oh. —Miró hacia el pasillo—. ¿Es por eso que estás despierto?

En parte el motivo. Esta noche, solo había estado sentado en la


pequeña habitación fuera de la sala de estar, un espacio que solía ser un
gran guardarropa antes de convertirlo en un estudio. Y todo lo que había
estado haciendo era mirar un lienzo en blanco durante las últimas tres
horas con las manos limpias y una mente abarrotada de pensamientos
sobre su llamado padre, sus hermanos y su hermana, y por supuesto,
sobre Julia.

Normalmente, cuando su cabeza se ponía así, pasaba la noche en


el Red Stallion hasta que encontraba a una mujer que le quitara los
pensamientos problemáticos. Excepto cuando Gabe le dijo que se dirigía
allí, Lucian había pasado la invitación.

Tenía que ser porque no se sentía bien dejando a Julia sola en la


casa después de haber sufrido un golpe en la cabeza. Y tampoco quería
alejarse demasiado de la casa desde que Stefan había estado husmeando
hoy. Visitando a Madeline por ¿genuina preocupación? Mierda.
Eso es lo que se había estado diciéndose a sí mismo.

—¿Sabes que es lo que realmente me ayuda cuando no puedo


conciliar el sueño? —preguntó en lugar de responder.

Ella lo miró como si temiera su respuesta.

—Hay un té que Livie tiene en la cocina. Creo que tiene manzanilla.


Siempre me ayuda. Al menos, simplemente a relajarse.

—Oh, manzanilla. —Desplegó un brazo y colocó un mechón de


cabello hacia atrás—. Eso tiene sentido.

Él apretó sus manos detrás de su espalda y dijo:

—Además, follar hasta que el sudor cubra cada centímetro de tu


cuerpo y estar cerca del agotamiento también ayuda. Me parece una
manera mucho más divertida e indecente de quedarme dormido.

Su boca se movió sin sonido.

—Eso… eso es realmente…

—¿Inapropiado? Sí. Lo sé. —Guiñó un ojo—. Vamos, te prepararé


una taza de té.

—Sí, eso no es necesario.

—Lo sé, pero quiero hacerlo. Además, me he vuelto muy bueno


haciendo el té. Estarás dormida en muy poco tiempo.

—Gracias, pero creo que volveré a mi habitación.

Lucian atrapó y sostuvo su mirada.

—Pero insisto, Srta. Hughes.

Todo en ella parecía congelarse cuando la orden entre ellos flotaba


en el aire. Podría decir que ella entendió que ya no era una solicitud. Una
persona buena y decente no haría lo que acababa de hacer, pero Lucian
no había mentido cuando dijo que era indecente. Quería más de su
tiempo y había utilizado todos los medios necesarios para conseguirlo.

Ella exhaló bruscamente.

—Solo una taza de té rápida.

—Por supuesto —repitió, orgulloso de sí mismo—. Solo una taza de


té, Srta. Hughes.
Julia se maldijo todo el camino por las escaleras hasta el nivel
inferior. ¿Cómo diablos se dejó coaccionar con una taza de té tan tarde
en la noche con Lucian?

Y Lucian totalmente la forzó a hacer esto. De las posibles cosas que


temía que un empleador le coaccionara a hacer, beber una taza de
manzanilla no era una de ellas.

La casa estaba en silencio mientras se dirigían hacia la cocina.


Estaba un par de pasos detrás de su alto cuerpo. Durante los tres niveles,
observó cómo los músculos de la espalda y la columna vertebral se
flexionaban y rodaban con cada paso. Se odiaba por eso, al igual que se
odiaba un poco por imaginarlo antes, pero en serio, era realmente
deslumbrante.

Julia no pudo evitarlo.

Pasando la habitación con una mesa ovalada y sillas elegantes a


su alrededor, abrió las puertas dobles, atrapó una antes de que pudiera
girar hacia atrás y chocar con ella. Respiró hondo y se obligó a seguir
moviéndose mientras él encendía las luces del techo.

La cocina era tan ridícula como sospechaba. Más grande que la


mitad de su apartamento en su casa, tenía armarios grises que llegaban
hasta el techo, hornos dobles de acero inoxidable y una parrilla de gas, y
uno de esos refrigeradores de aspecto futurista que probablemente
rastreaba lo que entraba y salía. Las encimeras parecían mármol blanco
con vetas grises, el tipo de encimeras que solo había visto en HGTV6.

Y la cocina ni siquiera parecía usada: ¡Dios mío! Le asaltó un nuevo


pensamiento. ¿Eran una de esas familias súper ricas que tenían, como
dos cocinas? ¿Uno para looks básicamente y otro donde se hacía la
verdadera cocina?

¿Quién necesitaba dos cocinas?

—Toma asiento —dijo él mientras cruzaba la cocina, con los pies


descalzos en silencio sobre las losas de azulejo que cubrían el suelo.

Se arrastró hasta uno de los taburetes alineados frente a la gran


isla. Sacó el taburete, sorprendida por lo pesado que era. Hizo una mueca
ante el horrible sonido áspero que hizo. Se congeló y alzó la mirada.

6
N.T. Home and Garden Television, es un canal estadounidense que se centra en temas
domésticos y de jardín.
Lucian estaba de espaldas a ella mientras tomaba una pequeña
caja de uno de los gabinetes.

Sentada, lo vio sacar una tetera del armario y casi se golpea la


cabeza con la encimera de mármol, pero lo último que necesitaba era una
segunda herida en la cabeza.

—¿No puedes simplemente calentar el agua con microondas? Estoy


bien con eso.

—¿Microondas? —Negó con la cabeza como si hubiera sugerido que


bebieran agua del estanque—. Tienes que hacerlo de la manera correcta.
Eso hace toda la diferencia.

—¿En serio?

—Sí. Mis métodos funcionan. —Llenando la tetera, sus labios se


curvaron hacia la esquinas mientras caminaba hacia la parte superior de
la parrilla.

Esa sonrisa.

Dioses.

Eso fue lo que la conquistó en el bar. Había algo burlón y


encantador, francamente sexy y atrevido de su sonrisa.

Tuvo que apartar la mirada y terminó mirando la estufa y sus


manos; supuso que era mejor que mirarle boquiabierta a la cara. Movió
su muñeca a lo largo de los controles y un silbido de llamas azules siguió
al rápido chasquido del encendido del gas.

Como no tenía fuerza de voluntad, levantó la vista. Él estaba


mirándola fijamente mientras colocaba la tetera sobre la estufa,
mirándola de esa manera intensa con la que se estaba familiarizando
rápidamente.

¿Miraba a todos de esa manera, como si estuviera recordando


minuciosamente cada detalle?

Los pensamientos se dispersaron y reconstruyeron juntos,


formando imágenes que trató de bloquear: imágenes de él haciendo cosas
en las que realmente no debería estar pensando.

Esta era una mala idea.


—Realmente no tienes por qué darte tantas molestias. —Poniendo
sus manos en la isla, comenzó a levantarse—. Además, me siento
somnolienta.

—No es molestia. —Él vino hacia la isla, y no solo caminó. Merodeó


hacia delante, deteniéndose al otro lado de la isla frente a ella—. Y
tenemos que hablar.

—¿Tenemos?

—Sí. —Puso sus antebrazos en la isla y se inclinó un poco. La barba


incipiente a lo largo de su mandíbula pareció haberse oscurecido. Tan
cerca como él estaba, pensó que sus ojos eran más azules que verdes en
ese momento—. Quiero contarte sobre esta tierra… sobre nosotros.

Sus cejas se levantaron.

—¿Sobre toda la cosa maldita o embrujada?

Él asintió y el resplandor en sus ojos era directamente tortuoso.

—Creo que si vas a estar aquí por un tiempo, necesitas saber lo


que dicen sobre esta casa, sobre nosotros y… sobre las mujeres que
vienen aquí.

¿Las mujeres que vienen aquí?

Bien.

Eso sonaba como un cubo lleno de todo tipo de errores.

A Julia le gustaba pensar que tenía una curiosidad saludable como


cualquier otra persona normal. Y a pesar de que el brillo en sus ojos
gritaba que la estaba tomando el pelo, quería saber a dónde iba a ir con
esto.

—Está bien. —Volvió a sentarse, apoyando los codos sobre la mesa


y apoyando la barbilla en la palma de su mano—. Cuéntame sobre los
fantasmas.

—¿Estás segura? —Mordió el labio inferior y lentamente lo dejó


caer. Eso fue lindo. También un poco sexy. De acuerdo, un montón de
sexy—. Puede asustarte.

Ella sonrió con suficiencia.

—No me va a asustar.

Las pestañas de él bajaron cuando llevó una mano a la encimera.


—La leyenda dice que solo dos cosas pueden sucederle a las
mujeres de la familia de Vincent o a las mujeres que vienen aquí. O bien
terminan… inestables… —Rastreando una veta gris, la miró—, o
terminan muertas.
Capítulo 13
Traducido por NaomiiMora & krispipe

J ulia lo miró por un momento y luego soltó:

—Eso es terriblemente mórbido.

Los hombros de Lucian temblaron con una risa baja.

—¿Lo es, ¿verdad? Y está a punto de volverse más morboso.

Ella no estaba segura de cómo eso era posible.

—Como habrás notado, al personal no le gusta estar aquí de noche.


La mayoría se niega rotundamente. —Continuó siguiendo el camino de la
veta en el mármol—. Creen lo que se ha dicho sobre esta casa y terreno.
Incluso hay personas en la ciudad que no vendrían aquí y pasarían la
noche. Ni siquiera Livie o Richard se quedarían aquí.

Pensó en lo que Richard le había dicho cuando le contó acerca de


la tarjeta con números.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—Por lo que puedo recordar de mi bisabuela, se cree que esta tierra,


toda esta propiedad y algo más, siempre ha sido mala. Corrupta. —Su
dedo se detuvo en el mármol—. Tenía que ver con todas las plagas que
solían golpear esta área. Fiebre amarilla. Gripe. Del tipo que mataba, y
durante años y años, se utilizó para separar a los enfermos de los sanos.
Como un tipo de campamentos de los enfermos. Mucha gente murió aquí.
Algunos dicen que fueron cientos. Otros dicen que fueron miles. El hecho
es que no hay mucha evidencia de que esta tierra se usara como tal. Gabe
una vez intentó buscar, y no había mucho, pero de nuevo, hubo muchos
incendios el día en que se desaparecieron muchos documentos, pero sí
sabemos que había gente enterrada aquí.

A pesar del hecho de que había querido patearle todo el camino


hasta la cocina, estaba interesada en la historia que estaba hilando.

—¿Cómo?
—Cuando se colocó la primera piscina…

—¿Primera piscina? —interrumpió.

—Hicimos una mejora hace unos años.

—Por supuesto. —Gente rica. Suspiró.

—Cuando se colocó la primera piscina... —Esperó a que dijera algo


más, y puso los ojos en blanco—, desenterraron fragmentos de hueso.
Unos pocos. Los suficientes como para hacer que te preguntes qué
demonios estaba sucediendo ahí. Los enviaron a un laboratorio en Baton
Rouge y confirmaron que eran huesos humanos. Creen que pudo haber
sido una cripta familiar que se deterioró con el paso de los años. Los
huesos terminaron en el suelo o en este terreno fueron donde trajeron a
los enfermos.

Un escalofrío bajó por su columna vertebral. ¿Quién quería saber


que podrían estar sentados en un posible perturbado cementerio o en
una tierra donde la gente afectada por una plaga fue dejada para morir y
pudrirse? Uh, nadie.

—Eso es.. espeluznante.

Vapor fluía lentamente de la boquilla de la tetera mientras él


asentía.

—Así que, la Abuela Elise solía decir que la gente viviendo aquí
hacían infelices a los espíritus atrapados en esta tierra. Ya sabes, nació
en esta tierra, en la parte original de la casa, al igual que su madre y su
madre antes que ella. Quería que derribaran esta casa y que la familia se
mudara.

—Eso suena extremo.

—Bueno, lo que sucedió aquí es extremo. —Apoyando la mejilla


contra su puño, levantó la mirada hacia ella a través de pestañas
gruesas—. La casa está plagada de sucesos extraños. Las luces
parpadean constantemente cuando no hay nada de malo con la
iluminación. Las cámaras no funcionan en este lugar.

Ella frunció el ceño.

—¿Cómo es posible?

Él encogió un hombro mientras la observaba.


—¿Quién sabe? Puedes tomar fotos aquí, pero ¿videos en vivo? ¿Al
igual que cámaras de seguridad? Simplemente no funcionará. Algo así
como interferencia. —Sus labios se fruncieron—. Alguien dijo una vez que
aquí había líneas cruzadas. Sea lo que sea eso, pero también hay ruidos
extraños. Golpes en la pared. Conversaciones que vienen de habitaciones
cerradas hace mucho tiempo. Gritos. Risas cuando no hay nadie más
cerca. Sombras.

¿Estaba sugiriendo que lo que vio en el baño era un fantasma?

—¿Y pasos? —preguntó. En realidad no creía en ninguna de estas


tonterías, pero una pequeña ola de escalofríos se alzó en sus brazos
desnudos.

—Y pasos. —Atravesó la isla y golpeó su dedo índice sobre la parte


superior de su mano—. Los escuchaste esta noche. Y nadie estaba en esa
habitación.

—Entonces ¿estás diciendo que escuché a un fantasma y un


fantasma abrió esas puertas? —La duda escurría de su tono mientras
ignoraba la forma en que su corazón saltó en su pecho al toque de su
dedo en su mano.

—No estoy diciendo eso, pero tú dime lo que escuchaste.

No podía responder eso, porque no tenía idea. Pero eso no


significaba que la fuente de los pasos o de las puertas abiertas fuera
sobrenatural.

—¿Qué tiene eso que ver con las mujeres?

—Entonces, obviamente, cualquiera que viva en esta tierra también


será maldecido. —Se apartó de la isla.

—Obviamente —respondió secamente.

Un lado de sus labios se curvó mientras caminaba hacia el armario


de nuevo. Su mirada bajó en picada. Hombre, tenía un gran trasero.

—La tierra corrompida corrompe a las personas que viven aquí.

Ella negó con la cabeza ante la ridiculez de lo que estaba diciendo


mientras lo miraba tomar dos tazas grandes.

—Creo que a tu familia le ha ido bastante bien viviendo en un


terreno corrupto.

Llevando dos tazas a la isla, sonrió.


—Se ve de esa manera, y no voy a mentir. Nuestra familia ha vivido
vidas geniales. En su mayor parte. —Se dirigió a la isla y, cuando pasó
detrás de ella, tomó un mechón de su cabello y se lo echó al hombro—.
¿Sabías que la casa original se ha quemado tres veces desde que fue
construida?

Sonaba como una construcción realmente horrible si ese fuera el


caso. Julia se metió el pelo que le echó sobre su hombro detrás de la
oreja.

—No lo sabía.

—Sip. El primer incendio quemó la casa hasta los cimientos. Mató


a una tátara-tatara-lo-que-sea tía y su hija. El segundo incendio en la
década de 1900 se llevó el último piso y mató a Emma de Vincent, que
acababa de dar a luz a Elise. —Cogió un cartón de leche de la nevera y
un pequeño bote del mostrador de lo que supuso que era azúcar—. El
tercero ocurrió en los años cincuenta. Quemó la casa de nuevo. Esta vez
acabó con mis dos tías.

—Guau. Eso es trágico.

Colocó la leche y el azúcar en la isla, junto a las tazas. Ella nunca


había puesto leche en su manzanilla y no tenía idea de cómo iba a saber.

—Tal vez ustedes deberían hacer que alguien revise las luces
parpadeantes de nuevo —sugirió, rezando para que la casa no volviera a
arder mientras estaba allí.

—No hay nada de malo con el cableado. —Caminando hacia la


parte superior de la estufa, tomó el mango aislado y se llevó la olla
humeante. Dos bolsas de té entraron en las tazas—. ¿Notaste algo
extraño sobre los que murieron en el incendio?

Lo notaba.

—Todas eran mujeres.

Él asintió mientras vertía el agua caliente en las tazas.

—Nuestra abuela murió aquí, justo afuera de la casa. Estaba en el


jardín de rosas y estaba llegando una tormenta. Pueden ser rápidas y
brutales por aquí —explicó, dejando a un lado la tetera—. Un rayo golpeó
un árbol cercano y cayó sobre ella, matándola instantáneamente.

—Jesús —susurró, con los ojos muy abiertos.


—Nuestro abuelo cortó todos los árboles después de eso, como si
fuera su culpa. —Vertió un poco de leche en cada taza—. Su hermana,
nuestra tía abuela, falleció justo al final del camino. Los frenos en el auto
en el que viajaba de repente fallaron. Murió al instante. El conductor ni
siquiera tenía un rasguño. ¿La tátara-tatara-abuela Elise? Llegó hasta
los noventa y ocho y luego murió en una caída por las escaleras del
segundo piso.

—Oh vaya… eso es… Ni siquiera sé qué decir. —Negó con la cabeza
mientras arrojaba cucharadas de azúcar en cada taza.

—Y no he terminado todavía. —Se acercó al fregadero, abrió uno


de los cajones y sacó una cuchara—. Varias primas han muerto de
maneras extrañas. Una en realidad se atropelló por accidente. No estoy
seguro de cómo sucedió eso, pero lo hizo, ¿y nuestra madre?

Julia se tensó cuando regresó a la isla.

Lucian se sentó en el taburete junto a ella, su cuerpo inclinado


para que la mirara.

—Nuestra madre se tiró del techo de esta casa cuando yo tenía


dieciocho años.

—Dios mío, lo siento. —Sus manos se dejaron caer en su regazo


mientras lo miraba. Estaba alcanzando las dos tazas. Sabía que su madre
se había suicidado, pero no cómo. No es como si el método hiciera la
diferencia. Cualquier método era trágico y desgarrador.

Lucian no pareció escucharla mientras le deslizaba una de las


tazas.

—Luego estaban aquellas que no murieron. Las primas que no


fallecieron intempestivamente han tenido… problemas. Algunos lo
suficientemente drásticos como para que otros miembros de la familia las
hayan internado en hospitales y asilos.

—¿Qué? —Lo miró fijamente.

—Eso fue hace mucho tiempo. —Su mirada parpadeó hacia la


suya, y el aire se atrapó en su garganta. Sus ojos... eran de un tono tan
hermoso. Ahora que estaba bajo las luces del techo, habían vuelto a ese
color verde mar que le recordaba a las cálidas aguas que nunca había
visitado. Tocó la taza—. Pruébalo.

Arrastrando su mirada desde la de él, levantó la cálida taza. Olía


increíble cuando la levantó. Tomando un pequeño sorbo, se sorprendió
del sabor dulce y ahumado.

—¿Qué piensas? —preguntó él.

Asintiendo con la cabeza, Julia tragó.

—Está muy bueno.

La sonrisa de Lucian regresó.

—Así que… ¿Crees que esta maldición tiene algo que ver con tu
hermana? —preguntó.

Su mirada vaciló.

—Parece que sí.

Curiosa a pesar de que sabía que no debería estarlo, preguntó:

—¿Y ustedes no tienen idea de dónde podría haber estado todo este
tiempo?

Lucian negó con la cabeza mientras recogía su taza. Se inclinó un


poco hacia atrás mientras doblaba una pierna. Su rodilla rozó su muslo,
enviando una oleada de escalofríos sobre ella que hacía lo posible por
ignorar.

—Sabes que desapareció la misma noche en que murió nuestra


madre. Primero pensamos que había huido porque estaba triste, pero
cuando no regresó…

Lo observó.

—¿Y ninguno de ustedes tiene ningún deseo de averiguar dónde ha


estado o qué le ha pasado?

Un músculo se flexionó a lo largo de la línea dura de su mandíbula.

—Sí, pero no es así… —Suspiró y luego tomó un trago—. No es así


de fácil.

Parecía bastante fácil para ella. Entendía que tal vez no les gustaba
la idea de la prensa sobre ellos, pero descubrir lo que le sucedió a su
hermana debería ser más importante que los inconvenientes de los
reporteros.

—Sé lo que estás pensando —dijo él.

Ella lo miró.
—No puedes creer que no estemos presionando para descubrir lo
que le sucedió. Entiendo que pienses eso. Respeto que te sientas de esa
manera. Lo hago. —Su voz era baja—. Nuestra familia... Bueno, a veces
manejamos las cosas de manera diferente. Eso puede ser difícil de
entender, pero es como es.

Julia respiró profundamente.

—Es difícil de entender.

Lucian le sostuvo una mirada un momento más y luego tomó otro


trago.

—La maldición parece extenderse incluso a las mujeres que no son


parte de nuestra familia.

Ella alzó las cejas mientras sorbía su té. Qué manera de cambiar
el tema súper rápido.

—Ha habido accidentes dentro y fuera de la casa a lo largo de los


años que han dañado gravemente al personal. No siempre mujeres, pero
si la mayoría.

—Entonces, debería tener cuidado en las escaleras —bromeó.

—Definitivamente me sujetaría a la barandilla. —Girándose hacia


la isla, su rodilla se movió contra su pierna de nuevo. Su mirada se
disparó a la suya. Él sonrió.

Julia se inclinó hacia la izquierda.

La sonrisa se ensanchó.

—Ha habido otras muertes y accidentes. La novia de Dev en la


universidad murió en un raro accidente de avión. Y creo que a él
realmente le gustaba, lo cual es mucho decir.

—Bueno, si estaba saliendo con ella, espero que de verdad le


gustara —razonó.

Lucian la miró extrañado y luego se rió.

—No conoces a Dev. No creo que Dev se sienta como la mayoría de


las personas hacia otros fuera de la familia. Estoy bastante seguro de la
única cosa con las que se involucra emocionalmente es en cuál par de
pantalones entallados se ve mejor con su camisa Oxford metida por
dentro.

Una risa sorprendida escapó de ella.


—Eso es terrible.

—Es cierto. —Puso la taza en el mostrador—. Luego estaba la novia


de Gabe de aquella época. Eso... sí, eso no terminó bien. —La sonrisa
juguetona desapareció de sus labios—. Eso no terminó bien para ninguno
de nosotros.

Ella bajó su taza. Una gran parte de ella quería que se explicara
sobre esa declaración. No tuvo oportunidad.

Lucian se aclaró la garganta.

—Entonces, esa es la leyenda. La tierra está maldita y, por lo tanto,


la familia.

—Parece algo injusto que se dirija a las mujeres.

Se formó una media sonrisa.

—Creo que encuentra maneras diferentes de meterse con los


hombres. Después de todo, somos conocidos por nuestros escándalos.

—Ese eres tú —convino, y luego lo miró de nuevo. Las preguntas


que deseaba desesperadamente preguntar surgieron a borbotones a
pesar de que sabía que debería irse a la cama. Se estaba haciendo tarde
y se estaba cansando. Finalmente. Y estaba el hecho de que realmente
no debería estar aquí con él por una plétora de razones.

Pero no se levantó para irse.

—¿Puedo preguntarte algo? —preguntó después de un momento.

Su mirada se deslizó hacia la de ella.

—Puede preguntarme cualquier cosa, Srta. Hughes.

Ahí iba fue de nuevo, diciendo su nombre así. La hacía sentir...


Dios, no lo sabía, pero nunca en su vida el modo formal de decir su
nombre se sintió tan sexual.

Sus pestañas bajaron mientras se mordía el labio inferior de nuevo.


Dios. Julia tuvo que mirar hacia otro lado.

—¿Por qué… no me dijiste quién eras cuando nos conocimos en


Pensilvania? Quiero decir, entendí que estabas... examinándome de la
manera más espeluznante posible, pero podrías haberme dicho. ¿Por qué
no lo hiciste?

—No sé por qué no lo hice.


La incredulidad la inundó cuando se enfocó en él.

—No puedes hablar en serio. Tienes que saber por qué.

Su mirada se dirigió a una entrada pequeña y abierta al otro lado


de la habitación. La puerta estaba plantada en la oscuridad, y supuso
que conducía a un vestíbulo o a otra habitación de ese tipo.

—Tienes razón —dijo después de un momento, su mirada


descansando sobre ella otra vez—. Lo creas o no, soy bastante bueno
leyendo gente. Sabía que serías buena para el trabajo después de hablar
contigo por unos quince minutos y yo... Debería haberte dicho entonces.

Sus cejas se levantaron porque él casi parecía como si no pudiera


creer que lo admitiera.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?

—¿Sinceramente? Ha pasado mucho tiempo desde que hablé con


alguien que no sabía quién era yo. Que no tenía que mantener una
conversación preguntándome si algo de lo que esta persona me estaba
diciendo era genuino o si estaban tratando de obtener algo de mí. —
Sostuvo su mirada—. Si alguien estaba buscando convencerme de
unirme a una aventura comercial, de tratar de llegar a uno de mis
hermanos a través de mí o intentar escalar una escalera social de mierda.
Cada vez que me encuentro con una mujer, ¿y saben quién soy? Me estoy
preguntando si está interesada en mí o si de alguna manera quiere
vincularse a mi nombre, a mi familia. Sí, eso puede sonar arrogante como
la mierda, pero no tienes idea de lo que es tener siempre que adivinar las
segundas intenciones de alguien.

Oh guau.

—Entonces, es por eso —continuó, el músculo flexionándose a lo


largo de su mandíbula—. Me estabas hablando como si fuera un tipo de
la calle. No tenías un propósito. Yo….Yo disfruté eso.

Julia se echó hacia atrás, algo sorprendida en el segundo en el que


admitió todo eso. Pero cuando realmente pensó en lo que dijo, se dio
cuenta de que sí sabía lo que era tener siempre que adivinar las segundas
intenciones de alguien. Con su ex, Adam, siempre había hecho eso.

—Entiendo.

Lucian parpadeó una vez.

Luego dos veces


Julia casi se rió de la expresión estupefacta que se colocó en su
rostro.

—¿En serio? —preguntó.

Lucian levantó un hombro.

—Todavía deberías habérmelo dicho, pero sé lo que se siente tener


que pensar siempre en por qué alguien está haciendo algo o diciendo algo.
Si hay otra razón por la que se comportan de la manera en la que lo
hacen. Como tener que adivinar en qué tipo de estados de ánimo estarán
o caminar sobre cáscaras de huevo. No es fácil de... —Al final, quedó
atrapada por la intensidad de su mirada. Era como si estuviera pelando
capas, viendo directamente dentro de ella, y se estaba acercando mucho
a ser demasiado personal—. En fin. —Aclaró su garganta y luego tomó
un sorbo de su té.

Varios momentos de silencio siguieron. Realmente necesitaba ir a


la cama. La mañana llegaría lo suficientemente pronto.

—Quiero saber acerca de ti —dijo él antes de que ella pudiera


hacerlo, y luego se movió más cerca, su rodilla presionando su muslo una
vez más—. Tengo preguntas. Estoy hecho de ellas.

Ella soltó una pequeña carcajada mientras negaba con la cabeza.

—No hay nada más que conocer sobre mí que lo que ya sabes.

—Literalmente hay todo que saber sobre ti —insistió—. ¿A dónde


fuiste a la escuela? ¿Qué te hizo realmente tomar un trabajo como este
en el que dejaste todo atrás?

—Fui a la Universidad de Shippensburg. Probablemente nunca


hayas oído hablar de ella. —Como si alguna vez fuera a contestar la
última pregunta. Terminando su té, sonrió débilmente—. Es muy tarde y
necesito dormir. Gracias por el té. Creo que funcionará.

—Pero no te he hecho la pregunta más importante.

Deslizándose del taburete, dejó que su cabello cayera hacia


delante, más allá de sus pechos.

—¿Y cuál es?

—¿Cómo puedes estar aquí y ser la criatura más hermosa que he


visto en mi vida?
La cabeza de Julia se movió hacia la de él tan rápido que pensó que
se le caería de los hombros. Todo sobre el tono de su voz y los ojos
ligeramente abiertos decía que estaba siendo sincero, pero no podía
hablar en serio.

Su mirada se agudizó. ¿Estaba bebiendo algo más fuerte que


manzanilla? Porque no había forma en el mundo de que realmente
creyera que ella era la criatura más hermosa que había visto jamás.

La pregunta ardió en la punta de su lengua. Si pensaba que era


tan hermosa, ¿por qué se alejó de ella esa noche en su departamento? Se
tragó la pregunta para no tener que tragarse su orgullo.

Al final del día, sabía quién era Lucian.

Era el tipo de persona que no podía pasar un fin de semana sin


follar. Existían. Había conocido a algunos en la universidad y en su paso
por el hospital. No eran exactamente particulares cuando se trataba de
con quién estarían. Casi todo se reducía a quién estaba disponible en ese
momento.

Lo que significaba que no iba a dejarse impresionar por los


cumplidos que eran arrojados tan a menudo como la basura.

Lucian se inclinó y luego habló en voz baja:

—Hay otra razón por la que no te dije quién era.

El cambio de tema la sacudió y le susurró:

—¿Por qué?

Él inclinó la cabeza para que su boca estuviera directamente sobre


la oreja de ella.

—Porque sabía que en el momento en que descubrieras quién era,


no me habrías dejado ir a tu apartamento.

Exhalando bruscamente, Julia supo que necesitaba alejarse y


detener esta conversación. Eso era la manera profesional y madura de
hacerlo, pero no se movió. Estaba inmovilizada en su taburete, su
corazón latiendo fuertemente en su pecho.

Él no había terminado todavía.

—Sabía que si averiguabas quién era, nunca me hubieras dejado


poner mi mano en esos bonitos muslos tuyos y nunca sabría lo suave y
resbaladiza que te sentías bajo mis dedos.
Un rayo de lujuria al rojo vivo explotó en sus venas mientras el
calor se vertía en su núcleo. Esas palabras crearon una tormenta dentro
de ella. Un temblor sacudió su cuerpo.

—Así que sí, esa es otra razón por la que no te dije quién era. —
Sus labios rozaron el lóbulo de su oreja, enviando un escalofrío ilícito a
través de su piel.

Con el pulso acelerado, retrocedió. Se sintió inestable cuando


Lucian se enderezó en su silla, y se sentía tan cerca, demasiado cerca
para hacer algo irrevocablemente imprudente. Como saltar de su
taburete y en su regazo.

—Se supone que no debes mencionar eso —le recordó—. Lo


prometiste.

Él inclinó la cabeza hacia un lado.

—No prometí eso.

Ella abrió la boca.

—No lo hice —insistió, y cuando ella arrastró la conversación a


través de sus pensamientos, se dio cuenta de que él tenía razón. No lo
había hecho.

Entornó los ojos.

—Aun así, sería lo apropiado.

—Y creo que ya sabes cómo me siendo haciendo lo apropiado.

Ella sacudió la cabeza. Ya era hora de terminar esta conversación.

—Gracias por el té, Lucian, pero… —Un jadeo la interrumpió.

Lucian se levantó y estaba frente a ella tan rápido que se


sobresaltó.

—Dilo otra vez.

La confusión la inundó.

—¿El qué?

—Mi nombre.

Estaban cerca, y él se alzaba sobre ella por un buen pie. Julia


extendió la mano, agarrando el borde de la isla.
—¿Por qué?

—¿Porque te lo pido? —ofreció, sus labios curvándose en las


esquinas—. Y porque me gusta cómo suena en tus labios.

Su corazón dio un pequeño salto extraño. No tenía ni idea de cómo


responder a esa solicitud. Ninguna en absoluto.

Pero entonces él se movió. Metió la mano en el pequeño espacio


entre ellos, atrapando un pedazo de su pelo que había caído sobre su
mejilla. Antes de que pudiera alejarse, el dorso de su mano se arrastró
sobre su mejilla mientras metía el pelo detrás de su oreja. Su estúpido,
estúpido cuerpo respondió de inmediato una vez más.

Calor atravesó sus venas, acumulándose en su vientre, lo que


estaba tan mal a muchos niveles diferentes que debería de estar
avergonzada. Saber eso no cambió una sola cosa sobre cómo su cuerpo
estaba tan dispuesto a lo que fuera que él quisiera. Una ola de pequeños
escalofríos bailaron sobre su piel. Sintió las puntas de sus pechos
apretarse mientras su cercanía inundaba sus sentidos.

Lucian bajó la cabeza, deteniéndose cuando solo quedaba un pelo


entre sus bocas. Ella arrastró un aliento desigual, inhalando el decadente
aroma de especias ricas y masculinas.

—¿Por favor? —pidió.

¿Qué estaba pidiendo de nuevo?

Su mirada bajó y esos labios se alzaron aún más, extendiéndose en


una sonrisa cómplice mientras levantaba su mirada hacia ella. Sabía lo
que él veía. Las puntas duras de sus pechos.

Un tipo diferente de calor inundó su sistema, obligándola a dar un


paso atrás. Cruzando sus brazos una vez más sobre su pecho, tragó un
bocado de maldiciones.

—Estábamos teniendo una conversación tan buena, rara, pero


buena, y tuviste que ir y arruinarla.

Su risa fue totalmente impertinente cuando se inclinó hacia la isla.

—Tengo esta sensación de que hay ciertas partes tuyas que no


creen que arruiné nada. Incluso voy a ir tan lejos como para decir que
estoy dispuesto a apostar que esas otras partes tuyas están realmente
muy interesadas.

Oh Dios mío, ¿era él de verdad?


Mientras lo miraba, se dio cuenta de que tenía un par de opciones
en este punto. O dejar que la inquietara con su audaz coqueteo o terminar
esa mierda.

Fue con la última.

—Mira, entiendo que eres un ligón. Eso es lo tuyo. Probablemente


ni siquiera te das cuenta de lo que estás haciendo o no puedes evitarlo.
Lo que sea. Solo necesitas saber que me entra por un oído y me sale por
el otro. No estoy aquí para aliviar tu aburrimiento o lo que sea.

Su mirada bajó nuevamente y su sonrisa se volvió indulgente.

—Tienes razón. No puedo evitarlo.

—Piensa que deberías esforzarte más. —Se giró antes de terminar


en otra batalla de ingenio innecesaria—. Buenas noches.

—Buenas noches, Srta. Hughes —gritó de vuelta.

Ella levantó una mano y en lugar de sacarle el dedo, movió los


dedos en una onda corta.

—¿Crees? —preguntó él justo cuando llegaba a las puertas.

Sabiendo que debería seguir caminando, se detuvo de todos modos


y se enfrentó a él, deseando por centésima vez que se pareciera a Pie
Grande en lugar de a alguien con el que estaban hechos los sueños.

—¿Creer qué?

—En lo de la casa y mi familia, ¿la maldición?

Ella rió suavemente.

—No. No creo.

Sentándose en el taburete en el que ella había estado, observó con


ojos pesados mientras recogía su taza.

—Deberías. Realmente deberías.

Lucian vio a Julia salir de la cocina y apresurarse por la casa


mientras él tomaba un sorbo de té. Él no se levantó para irse. No, esperó.

Y no tuvo que esperar mucho.

—¿Por qué le dijiste todo eso? —preguntó una voz detrás de él.
Bajó su taza a la isla.

—¿Y cuánto tiempo estuviste escuchando a escondidas nuestra


conversación?

—El tiempo suficiente.

Girando hacia la entrada al otro lado de la habitación, levantó un


brazo a la isla.

—Estás levantado tarde, Gabe.

Su hermano entró en la cocina.

—No podía dormir.

—Mi insomnio debe de ser contagioso.

—Posiblemente. —Miró hacia las puertas dobles—. Julia parece


una persona… realmente agradable. Una buena persona.

Inclinó la cabeza hacia un lado mientras miraba a su hermano.

—Lo es.

Gabe tomó su taza vacía, mirando el té sobrante como si pudiera


deletrear su futuro.

—Deberíamos dejarla en paz y dejarla hacer su trabajo.

Interesante, pensó Lucian.

—¿Dónde está este real “nosotros” entrando en juego?

—Sabes a lo que me refiero. —Volvió a colocar la taza y se encontró


con la mirada de Lucian—. Sabes lo que somos. Lo que siempre
terminamos haciéndole a la gente. Los destruimos y luego seguimos con
nuestras vidas como si nada hubiera pasado.

Una gran parte de Lucian quería negar eso, pero no pudo porque
era verdad. En cierto sentido. Pero pensó, ¿no cambiaban todas las
verdades en algún punto?

El silencio cayó entre ellos y luego Gabe se apartó de la isla.

—Intenta dormir un poco.

Gabe se fue entonces, desapareciendo en la oscuridad de lo que


solía ser la parte de atrás del porche pero que había sido sellada hace
años y convertido en una sala de almacenamiento.
En la tranquila cocina, Lucian dio media vuelta en el taburete y
cogió su taza. A medio camino de su boca se detuvo cuando un aire frio
agitó los cortos pelos de su nuca. Miró a la derecha justo cuando la puerta
del armario de donde había sacado el té se abría.

En algún lugar, en lo profundo de la casa, creyó oír una risa.

Y pensó que sonaba terriblemente como la bisabuela Elise.

Julia contuvo el aliento mientras lo intentaba de nuevo y ofreció el


delgado pincel a Madeline. Lo había estado sosteniendo hacia ella
durante al menos treinta minutos y el único progreso que habían hecho
era que Madeline parecía estar mirando el pincel.

—Vamos —murmuró Julia.

Lucian había hecho lo que había prometido. El lienzo en blanco y


el caballete habían sido llevados a su habitación, junto con una selección
de pinceles y pinturas colocadas en la mesa al lado de la silla.

Esta podía haber sido la idea más estúpida conocida por el hombre,
pero valió la pena intentarlo. Al menos Julia se sentía así.

Dejando ir su aliento, bajó el pincel y se volvió hacia la puerta


abierta cuando escuchó pasos acercándose a la habitación. En el
momento en que los vio, su cerebro se cortocircuitó un poco.

Oh mi…

Lucian fue el primero en entrar en la habitación y no muy atrás de


él estaba Gabe. Santo humo… Ambos causaban una impactante
impresión vestidos en trajes negros a medida. Por un momento, como que
olvidó quién era mientras los miraba. Gracias a Dios que Devlin no estaba
con ellos, porque había una buena posibilidad de que pudiera caerse del
taburete en el que estaba sentada si los veía a los tres vestidos así.

Inmediatamente pensó en lo que había hecho anoche mientras


pensaba en él. Lo que por supuesto le hizo pensar en la cosa real que
habían compartido, en lo que le dijo mientras ella bebía el té que le había
hecho. Sus dedos no eran nada comparados con los de él. De ningún
modo. Como no…

—Srta. Hughes. —Una sonrisa apareció en esos labios sensuales—


. Te hice una pregunta.

Ella parpadeó.
—¿Lo hiciste?

Gabe se puso al lado de Lucian. Hombro con hombro, eran


exactamente de la misma altura. Uno era la oscuridad a la luz del otro.

—¿Preguntó cómo van las cosas?

—Oh. —Echó un vistazo a Madeline. Todavía estaba mirando el


pincel que Julia sostenía—. Las cosas van despacio, pero estamos
trabajando en ello. ¿No es así Madeline?

El dedo de Madeline se torció.

Lucian cruzó la habitación, arrodillándose junto a su hermana.


Sonrió ante la cara impasible de ella.

—Pinta algo para mí y prometo que te leeré más de un capítulo más


tarde esta noche. Estamos llegando a una buena parte: donde Harry va
bajo el agua para salvar a sus amigos. Y, sí, lo sé. Te sabes esa parte de
memoria, pero sigue siendo igual de buena la décima vez.

Julia luchó con una sonrisa y perdió mientras miraba hacia donde
Gabe se detenía justo dentro de la habitación. Estaba mirando a su
hermano y hermana, con la expresión pellizcada con incertidumbre. Julia
quería invitarlo, decirle que estaba bien hacer lo que Lucian estaba
haciendo, centrarse en las cosas que sabían que su hermana disfrutaba.

Pero entonces la mirada de Gabe encontró la de ella. Sonrió con


cansancio, una curva de los labios que no alcanzó sus ojos llenos de
sombras.

—Compórtate —le dijo Lucian a su hermana. Alisando el cabello de


Madeline, Lucian se levantó y se volvió para mirar a Julia—. ¿Cómo te
sientes?

—Bien —dijo, con voz chillona—. Ya no me duele la cabeza.

Eso era parcialmente cierto. Si se doblaba demasiado rápido,


comenzaba a latir como su tuviera su propio latido, pero eso era lo que
esperaba para el próximo par de días.

—Me siento aliviado de escuchar eso. —Su mirada bañó su rostro,


deteniéndose en sus labios—. ¿Y cómo dormiste anoche? Espero que el
té ayudara.

Calor se movió dentro de su vientre y pareció agruparse entre sus


muslos. Necesitaba controlarse.
—Lo hizo.

Su sonrisa se extendió, y sus miradas se encontraron. Ella sintió


un poco sin aliento mientras él sostenía su mirada. A medida que los
segundos pasaban, tenía que preguntarse si de alguna manera sentía la
atracción no deseada hacia él.

Conociendo su suerte, probablemente.

Gabe se aclaró la garganta, llamando su atención.

—Vamos a irnos pronto. El funeral de nuestro padre es esta tarde.

—Oh. —Su mano se apretó alrededor del pincel—. Eso parece


rápido.

—Lo es —respondió Lucianv. Mejor así.

Gabe inclinó la cabeza.

—¿Hay algo que necesites antes de que nos vayamos?

—Richard y Livie se unirán a nosotros —agregó Lucian.

Ella sacudió la cabeza a pesar de que un fino escalofrío recorrió su


columna. Estar sola en esta casa enorme como que… la asustaba.

—Estoy bien.

Lucian miró alrededor de la habitación.

—¿Tienes tu teléfono contigo?

—Sí. —Extraña pregunta.

—¿Puedo verlo?

Insegura de por qué estaba haciendo esa petición, se levantó y


caminó hacia la mesita de noche. Desconectando su teléfono del
cargador, lo enfrentó.

—¿Por qué necesitas verlo?

—¿No vas a dármelo simplemente? —preguntó, sus ojos bailando.

—Uh, no.

Gabe resopló.

—Ella realmente me gusta.


—Por supuesto que sí —murmuró Lucian—. Quiero que grabes mi
número.

Su primer instinto fue negarse, pero eso sería comportarse como


una mocosa terca. Él le dio el número y ella lo anotó. Un momento
después, Gabe le dio su número.

—Si necesitas algo por alguna razón, llámame —ordenó Lucian.

—O puedes llamarme a mí —sugirió su hermano, sonriendo a


Lucian cuando sus ojos se estrecharon en finas rendijas—. No soy tan
mandón como él.

Julia sonrió.

—Eso es verdad.

—No soy un mandón. —Lucian frunció el ceño.

Su hermano soltó una carcajada.

—¿De verdad te conoces tan poco a ti mismo?

Lucian se cruzó de brazos.

—No tengo idea de que lo estás hablando. La Srta. Hughes no cree


que yo sea mandón.

Levantando una ceja, ella colocó su teléfono en la mesita de noche.

—En realidad creo que eres bastante mandón.

—Bueno. Permíteme reformular esa afirmación —respondió—. Te


gusta mi tipo de mandón.

Su mirada se posó en la de él, y su rostro se ruborizó cuando vio el


conocimiento, la mirada acalorada volvió a sus ojos. Ella sabía
exactamente a qué se refería, e iba a golpearlo… fantasear con él de nuevo
más tarde, pero definitivamente también se imaginaba golpeándolo.

—Bien, entonces. —Gabe colocó un brazo sobre los hombros de


Lucian—. Tenemos que irnos. Si llegamos tarde Dev se pondrá como loco
y nunca nos lo sacaremos de encima.

—Triste pero cierto. —Lucian comenzó a retroceder—. Recuerda. Si


necesitas algo, llámame. Si lo llamas a él, herirás mi frágil ego.

—Eso sería una pena —dijo ella secamente.


—Lo sé. No queremos que eso suceda. —Guiñándole un ojo de una
manera ridícula, se detuvo en la entrada—. Por cierto, me encanta el
atuendo.

Julia se miró sorprendida. ¿Qué demonios era lo que le gustaba de


su atuendo? Llevaba un viejo uniforme azul. Estaba tan llena de esto, un
ligón incorregible. Cuando levantó la vista, Gabe estaba empujando a
Lucian fuera del cuarto. Le dijo algo a Lucian demasiado bajo para que
ella lo oyera, pero fuera lo que fuera, hizo que Lucian riera, esa profunda
risa suya que te hacía doblar los dedos de los pies.

Ambos parecían de buen humor a pesar de que estaban yendo al


funeral de su padre.

—Extraño —susurró.

Diciéndose a sí misma que sus problemas con su padre fallecido


no eran su asunto, caminó hacia Madeline y se dejó caer en el taburete.
Era difícil no pensar en cómo Gabe no había intentado interactuar con
Madeline en absoluto. Si ella estaba encerrada allí, consciente de lo que
estaba pasando, eso tenía que doler.

Julia suspiró.

—Hay mucha historia con tu familia, ¿verdad?

Madeline no respondió, pero Julia levantó el pincel de nuevo. Un


momento pasó, y la mirada de Madeline bajó al largo y delgado mango
negro. Los dedos de su mano derecha se crisparon, y Julia se quedó muy
quieta, esperando y deseando que algo, cualquier cosa pasara.

Luego lenta, casi dolorosamente, Madeline levantó su mano y


envolvió sus delgados dedos alrededor del mango del pincel.
Capítulo 14
Traducido por yoshiB

L ucian iba a necesitar un barril de bourbon para pasar por este


servicio. Preferiría estar en cualquier lugar que donde estaba,
y esto técnicamente ni siquiera era el funeral. Era solo un servicio
conmemorativo donde el uno por ciento se codearía y pretendería
respetarse mutuamente.

En lugar de un ataúd había una gran foto enmarcada de mi viejo


querido padre. El cuerpo de su padre aún no había sido liberado. Una
vez que eso sucediera, se realizaría un funeral más pequeño y mucho
más privado.

En otras palabras, no hay nada tan ridículo como esto.

De pie en la esquina del gran vestíbulo, vio a Dev recibir a la


audiencia. Estaba hecho para su mierda, preparado y criado para eso.
Dev estaba en su elemento, mientras que el cuello de la camisa de Lucian
lo estaba ahogando y el traje le daba comezón.

Pronto, Dev se levantaría a la plataforma en la parte delantera,


tomaría el podio, y vomitaría tantas tonterías color de rosa sobre su
padre, que Lucian necesitaría llevar un Peptobismol para tragarlo.

Con suerte, podría escaparse sin ser detectado antes de que eso
sucediera.

Ya había rechazado cerca de medio centenar de condolencias y si


una persona más se acercaba a él con una forzada sonrisa de simpatía,
podría golpearlo directamente en la cara.

Lo único bueno que venía de este maldito circo eran las donaciones
que se realizarían y financiarían. ¿Aparte de eso? Nada.

—Podrías tratar de parecer que quieres estar aquí —dijo una voz
detrás de él.

Lucian sonrió con satisfacción mientras miraba por encima de su


hombro a Troy.
—No creo en el lema fíngelo-hasta-que-sea-verdad. —Esperó a que
Troy se moviera para ponerse a su lado—. ¿Y qué estás haciendo aquí?

Troy se cruzó de brazos.

—Pensé en ofrecer mis respetos.

Bufó.

—¿De verdad?

Su mirada oscura se deslizó hacia la de él.

—No me gustó un poco ese hombre, pero los considero a ustedes


mis hermanos. Para eso, me ocuparé de unos minutos de querer
golpearme en las bolas varias veces.

Lucian se rió por lo bajo.

—Estoy de acuerdo contigo en eso.

Cortándose hacia ellos a través de la multitud de personas estaba


Gabe. Sus pasos fueron largos y decididos, y parecía casi tan cómodo
como Lucian se sentía mientras esquivaba suavemente a un político
envejecido que se cruzaba en su camino.

—Casi te tengo allí. —Troy se rió entre dientes cuando Gabe se


detuvo para pararse con ellos.

—Cristo —gruñó Gabe, pasándose una mano por el pelo. Los largos
mechones inmediatamente cayeron hacia adelante—. Si tuviera que
escuchar una historia más sobre los viejos tiempos en Eton, voy a
lastimar a alguien.

Metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón, Lucian se


balanceó sobre sus talones. Observó a una rubia alta y delgada aparecer
al lado de Dev. Sus labios se torcieron en una sonrisa irónica.

—Parece que acabas de llegar a un lugar seguro.

—Maldita sea —murmuró Troy en voz baja al ver de quién estaba


hablando Lucian.

—¿Qué? —Gabe miró por encima del hombro y maldijo—. Aw,


demonios.

Al lado de Dev estaba Sabrina Harrington, la retocada—en


Photoshop—prometida heredera de Dev. Con su cuerpo esbelto y cabello
rubio como el hielo, parecía tan fría e intocable como su hermano mayor.
Hasta la fecha, Lucian no podía entender cómo diablos terminaron
juntos.

Especialmente desde que ella había sido sexy para Gabe años
atrás, después de que todos regresaran a casa de la universidad.

Lucian tampoco podía entender cómo Dev podía soportar estar con
la mujer el tiempo suficiente para siquiera contemplar la idea de casarse
con ella.

Los tres la miraron pasar un brazo pálido alrededor de Dev. El


mayor de Vincent la miró. Ella sonrió alegremente, pero la cara de Dev
permaneció impasible y su sonrisa no duró mucho.

—Guau. Parecen tan enamorados —comentó Troy.

—Sip —respondió Lucian mientras miraba a Gabe. Ahora estaba


ocupado mirando sus mocasines pulidos, luciendo como si quisiera
hundirse en el maldito piso.

—¿Dónde está tu tío? —preguntó Troy, frunciendo el ceño.

—En una de las habitaciones traseras con algunos de sus amigos


—respondió Gabe, inclinando su cuerpo para darle la espalda a Dev y
Sabrina—. Probablemente emborrachándose.

—Parece que va a tener un mejor tiempo que nosotros —respondió


Troy, echando otra mirada sobre la multitud—. Bueno, me voy a ir de
aquí, pero antes de irme… —Troy los enfrentó a los dos—. He mantenido
alejado al jefe tanto como sea posible, pero vamos a tener que hablar
pronto. Muy pronto.

Lucian pensó que los informes de la autopsia volverían o llegarían


pronto. Asintió.

—Mensaje recibido.

Troy le dio una palmada en el hombro y luego le hizo lo mismo a


Gabe.

—Los veo a todos más tarde.

Los hermanos vieron a Troy abrirse camino a través de grupos de


simpatizantes. Fue Gabe quien rompió el silencio con un profundo
suspiro que parecía más pesado que la charla a su alrededor.

—Tengo la sensación de que no vamos a estar contentos con lo que


muestra la autopsia.
La mandíbula de Lucian se cerró por un momento y luego dijo:

—Yo también.

El progreso requería paciencia del nivel virtuoso. Requería a


alguien que pudiera ocupar su cuerpo mientras esperaban. Al menos eso
era lo que Julia creía mientras observaba a Madeline.

La mujer había sostenido el pincel durante aproximadamente una


hora antes de haber contemplado la paleta de pintura. Julia había
demostrado con otro pincel lo que había descubierto, que no era un lienzo
real sino varias hojas de grueso papel de pergamino.

Julia pintó lo que parecía una figura torcida de palo, pero eso fue
lo mejor que pudo hacer. Hace unos treinta minutos, había sacado la
hoja con la que había estado jugando y ahora Madeline estaba mirando
fijamente la página en blanco, con el pincel temblando en su mano.

Una mezcla de aburrimiento y anticipación se arremolinó dentro de


Julia mientras estaba sentada allí. Podría haber encendido el televisor,
pero no quería que Madeline se distrajera, aunque pensaba que el hecho
de que sujetara el pincel fuera el único avance que podría hacer...

Madeline se movió.

Julia se mordió el labio mientras la mano de la mujer se cernía


sobre la bandeja de pinturas. Después de un par de momentos, sumergió
el pincel en un bote de pintura marrón y luego levantó la mano hacia el
papel. Su muñeca se movió y una tenue línea de pintura marrón se
extendió por el lienzo.

—Eso es Madeline —dijo mientras veía a la mujer hacer pequeñas


pinceladas con el color marrón oscuro—. Eso es increíble.

Y fue sorprendente que Madeline estuviera pintando… pintando lo


que parecían ser pequeñas volutas de líneas, pero aun así, eso era
realmente milagroso.

Tal vez incluso un poco demasiado milagroso, susurró una voz en la


parte posterior de su cabeza.

Inmediatamente, Julia se sintió terrible por pensar eso, pero tenía


expectativas realistas con este esfuerzo. Los pacientes con este tipo de
condiciones podían tardar semanas y meses, a veces incluso años, para
hacer el menor cambio posible. Incluso entonces, no era una pequeña
hazaña.

Pero el Dr. Flores creía que esto era psicológico, y si ese era el caso,
físicamente Madeline podía hacer cualquier cosa que hubiera podido
hacer antes. Había obstáculos mentales en lugar de físicos.

Mordiéndose el labio, estudió a Madeline mientras continuaba


trabajando con la pintura marrón. Después de un rato, cambió el color,
eligiendo un rojo que a Julia le recordó el terciopelo que cubría las sillas
en la habitación donde Julia se había sentado cuando llegó por primera
vez.

Mientras Madeline trabajaba en la pintura, Julia se debatía entre


querer darse palmadas en la espalda por pensar fuera de la caja y estar
en un estado de no creer que algo de esto realmente estaba sucediendo.

Pero tal vez esto era una especie de llave que eventualmente abriría
cualquier cosa que a Madeline le estuviera pasando y Julia necesitaba
tomar ventaja de eso.

—¿Sabes dónde estás, Madeline?

Su mano se detuvo sobre el lienzo.

Esperando que no estuviera cometiendo un error, respiró hondo.

—¿Sabes que estás en casa?

Madeline comenzó a pintar de nuevo, sombreando el carmesí en la


parte superior del pergamino.

—Sabes… ¿Sabes dónde has estado? —Cuando Madeline no


respondió, pero siguió pintando, Julia se frotó las palmas sobre las
rodillas—. Está bien. Solo necesitas saber que estás a salvo aquí.

El pincel se congeló, y Madeline pareció respirar profundamente.


Lentamente, giró la cabeza hacia Julia. Los ojos de la mujer eran amplios,
las pupilas contrastaban con la luz verde azulada.

Julia contuvo el aliento cuando leyó el miedo en los ojos de la otra


mujer. No había dudas de eso. Parecía aterrorizada, y el estómago de
Julia se llenó de nudos.

—Madeline… —Julia cerró la boca y vio que la mirada de la mujer


se lanzó por encima de su hombro. Una sensación punzante estalló a lo
largo de la nuca y se extendió sobre sus hombros.
Con la respiración entrecortada, se giró en el taburete. Su corazón
se tambaleó hasta su garganta cuando vio a un extraño de pie en la
puerta de la habitación de Madeline. El cuerpo de Julia reaccionó por
instinto. Tirando de sus pies, se plantó entre Madeline y este hombre
mientras su mirada se dirigía hacia donde su teléfono celular estaba en
la mesita de noche. Maldita sea, ¿por qué no estaba en su bolsillo?

Un hilo de miedo goteaba como hielo en sus venas. Todos se habían


ido de esta casa, así que quienquiera que fuera esta persona, era muy
poco probable que pertenecieran aquí. Y eso normalmente no sería algo
bueno, pero no estaba vestido como si estuviera a punto de sacar un
arma y exigir el acceso a una caja fuerte llena de ladrillos de oro. Llevaba
un polo de color cian metido en pantalones cortos de color caqui. Estaba
bastante segura de que estaba usando zapatos náuticos.

Era como el uniforme oficial de los ricos chicos blancos.

Por otra parte, dudaba de que la gente se vistiera de negro cuando


robaban lugares a plena luz del día.

—¿Quién es usted? —exigió el hombre antes de que Julia pudiera


hablar.

—¿Quién soy?

Impresionada, sus dedos se enroscaron en sus palmas. ¿Este


hombre irrumpe en esta casa y pregunta quién era ella? Pero había algo
familiar en este hombre a pesar de que estaba segura de que nunca lo
había visto antes.

Él entró en la habitación, y Julia se tensó mientras su corazón


golpeaba fuertemente contra sus costillas.

—Eres una enfermera —afirmó, un músculo a lo largo de su


mandíbula trabajando horas extras—. Te contrataron, ¿no es así?

Solo podía asumir que por ‘ellos’ se refería a los de Vincent, pero
no iba a responder.

—No sé quién eres o cómo llegaste a esta casa, pero voy a tener que
pedirte que…

—¿Qué? ¿Qué me vaya? Tengo más derecho a estar aquí que tú. —
Se hizo a un lado, y Julia se movió, manteniéndose entre él y una mujer
que no podía defenderse. El hombre se detuvo, entrecerrando los ojos—.
¿Realmente no tienes idea de quién soy? Soy Daniel Gabon.
Si bien dudaba que la mayoría de los ladrones y asesinos en serie
se presentarían, todavía no estaba demasiado aliviada.

—No conozco ese nombre.

—Por supuesto que no —respondió con amargura—. ¿Por qué te


dirían sobre mí?

Su mirada se dirigió a su teléfono de nuevo y luego por la


habitación, buscando un arma por si acaso.

Entonces toda la vibra del hombre cambió. Sus hombros cayeron


mientras sacudía su cabeza.

—Demonios, no estoy tratando de asustarte ni ser un imbécil. No


has hecho nada malo y tienes… mierda, no tienes idea de en lo que estás
metida.

El malestar de Julia creció.

—Lo siento, pero yo no…

—Soy el primo de Madeline, mi padre era el hermano de su madre


—dijo, pasando una mano por los cortos y puntiagudos mechones de
cabello—. No era mi intención mostrarme como lo acabo de hacer, pero
yo... —Su mirada se centró detrás de ella, y se dio cuenta de que ahora
podía ver a Madeline. Maldijo en voz baja—. Simplemente me pilló
desprevenido cuando la vi… las vi a las dos.

Ahora entendía porqué pensaba que le parecía familiar. Compartía


algunas de las mismas características que Madeline y Lucian: la nariz y
la curva de la mandíbula. Julia también recordó al senador mencionando
a un primo.

—Realmente no quise asustarte. —Levantó las manos mientras su


mirada suplicante volvía a Julia—. Pero tenía que venir aquí hoy. Era la
primera vez que pude saber que ellos no estarían aquí.

Insegura de si debería creerle o no, sabía que realmente necesitaba


llegar a su teléfono y enviarle un mensaje a Lucian. No tenía idea de si
realmente era su primo o si se le permitía estar allí.

—Está bien. —Su manzana de Adán se movió en un trago—. Puedo


decir que realmente te he asustado. Solo tenía que ver si era cierto.

Julia no necesitó preguntar si era cierto o no.


Él estaba mirando a su prima como si hubiera visto un fantasma.
Julia se giró por la cintura y vio que Madeline había dejado el pincel y se
había metido las manos en los bolsillos del suéter suelto.

Daniel se acercó y se arrodilló junto a Madeline. Mirándola


fijamente, respiró entrecortadamente.

—Mírate. Yo nunca… Nunca pensé que volvería a verte, pero aquí


estás, realmente estás aquí.

Con el corazón aun latiendo, ella avanzó lentamente hacia su


teléfono.

—¿Cómo supiste que Madeline estaba aquí?

Él la miró, algo de la dureza regresó a su mandíbula.

—Mis primos, tan seguro como el infierno, no me lo dijeron. —Sus


fosas nasales se encendieron—. Siempre me culparon. ¿Sabes? Cada vez
que éramos niños y hacíamos cosas de niños, siempre era mi culpa —
dijo, y el senador había mencionado que huían juntos—. Quiero decir, a
veces lo era, pero éramos niños. —Una breve sonrisa apareció cuando se
volvió hacia su prima—. Me culparon cuando ella… cuando desapareció
la última vez. Pensaron que tenía algo que ver con eso. No lo hice. —Hubo
una pausa—. ¿Ella se encuentra bien?

Julia sacó su teléfono de la mesita de noche.

—Ella está bien. No me dijiste cómo sabías que ella estaba aquí.

—Escuché algunos rumores hace una semana aproximadamente


—dijo mientras levantaba una mano hacia Madeline. No la tocó. Solo se
lo tendió hacia ella—. Tengo un amigo que trabaja en el hospital que
dirige el Dr. Flores. Dijeron que vieron a alguien que se parecía tanto a
Madeline que habían jurado que era ella.

Julia se sentó en el borde de la cama y rápidamente abrió su


teléfono. Bajando la mirada, pasó el pulgar a través de los contactos,
deteniéndose cuando vio el nombre. Le dio un clic.

—Pero lo descartaron. ¿Sabes? Todos pensaban que estaba muerta


—continuó—. Excepto yo. No lo hice.

Sus dedos se congelaron cuando vio que Madeline había sacado su


mano izquierda de su bolsillo. Los labios de Julia se separaron cuando la
mujer le tendió la mano a Daniel. Santo cielo. Si ella no estuviera sentada,
se habría caído.
Daniel dobló la mano alrededor de Madeline y su sonrisa se llenó
de alivio.

—¿Estás pintando? —preguntó con voz ronca.

Madeline miró a su prima, pero sus labios no se movieron. No hubo


respuesta verbal, pero Daniel cerró los ojos de todos modos.

Julia no tenía idea de lo que estaba sucediendo, pero le disparó el


mensaje rápido a Lucian y luego se agarró al teléfono mientras se
levantaba, moviéndose para estar cerca de Madeline por si acaso…
bueno, en caso de que algo sucediera.

—Ella… recién empezó a pintar hoy —dijo Julia, sintiendo que


tenía que decir algo.

Daniel levantó su mano, presionándola contra su frente.

—A Madeline le encantaba pintar. Podía sentarse durante días y


hacerlo si la dejabas sola. —Bajó las manos—. Maldita sea. Es un alivio
verte.

Julia sintió el teléfono vibrar en su mano y resistió el impulso de


comprobarlo. Lucian estaba llamando.

—Vas a estar bien —dijo, y sonaba como si se estuviera diciendo


eso a sí mismo. Soltó su mano y se levantó, deslizando sus manos en los
bolsillos de sus pantalones cortos. Echó un vistazo a Julia—. ¿Ha dicho
algo sobre dónde ha estado?

Julia negó con la cabeza.

Él miró a Madeline, que ahora había vuelto a mirar su pintura.

—Sé que has enviado un mensaje de texto a uno de ellos. —Daniel


soltó una risa ronca.

Su corazón se apretó. No tenía sentido mentir.

—Lo hice. Es mi trabajo.

—Entiendo —dijo casi cansado mientras daba un paso atrás—.


Será mejor que salga de aquí antes de que saquen mi trasero de aquí.

Los ojos de Julia se agrandaron.

—¿Te ves sorprendida? No deberías estarlo. Esos hermanos… —Se


detuvo con otra risa áspera—. Solo quería ver si era posible. Que
Madeline estaba aquí. Eso es todo. —Se mordió el labio, recordándole a
Lucian—. ¿Puedo dejarte mi número? En caso… bueno, ¿en caso de que
algo suceda? ¿Me lo puedes hacer saber? Estaría eternamente agradecido
si es así.

Julia estuvo de acuerdo, tomando su número a pesar de que no


tenía intenciones de usarlo.

—Gracias —dijo él, asintiendo en su dirección antes de dirigirse


hacia la puerta—. Realmente lo siento por la forma en que actué antes y
por asustarte. De verdad.

Ella forzó una sonrisa cuando su teléfono comenzó a zumbar en su


mano otra vez.

—Está bien.

—No hace falta que me acompañes hasta la puerta. —Comenzó a


cruzar la puerta, luego se detuvo y miró a Madeline. Ella había recogido
el pincel una vez más y lo estaba moviendo a lo largo del lienzo—. Mira,
siento que necesito decirte esto.

—¿Qué? —preguntó.

—Ten cuidado con ellos, los hermanos. —La mirada de Daniel se


encontró con la de ella—. Ellos no son… no son buenos chicos, ¿de
acuerdo? No me conoces en absoluto, pero créelo cuando digo que todos
son peligrosos y no se debe confiar en ellos. Madeline lo sabía y mira lo
que le sucedió.
Capítulo 15
Traducido por Rimed

M ientras Lucian estaba de pie en la entrada fuera del cuarto


de Maddie, casi sentía como si hubiese entrado a un universo
alternativo en algún momento luego de dejar la casa más temprano.

—Así que déjame aclarar esto. —Sus manos descansaban en la


barandilla, su espalda levemente encorvada—. Madeline realmente
respondió a toda la cosa de la pintura. Ella está, de hecho, allí pintando
en este momento. Lo acabo de ver con mis propios ojos. No tengo ni idea
de lo que está pintando, ¿Acaso ella sí? —Deteniéndose, miró a Julia—.
¿Correcto?

Una mirada de simpatía cruzó el rostro de Julia.

—Es mucho con lo que lidiar. Yo lo veía ocurrir y aun así no podía
creerlo.

—Y no solo eso, ¿mi primo Daniel encontró un modo de entrar a la


casa, darte un susto de muerte y arreglárselas para que mi hermana
respondiera a él? ¿Ella puso su mano en la de él?

Julia asintió.

—Eso… es lo que me pareció.

—Maldición —susurró él, levantando una mano de la barandilla y


frotándola en su pecho.

Estaba feliz de oír que Madeline había respondido a alguien. En


serio, pero maldita sea si no dolía como la mierda. Él era su hermano, su
gemelo. Y cuando estaba a su alrededor, ella no parecía siquiera saber
que estaba allí. Dejando caer su mano, dejó escapar un suspiro mientras
volvía a mirarla.

—Debería haberte advertido sobre Daniel. Simplemente no pensé


que averiguaría lo de Maddie.
Julia le había dicho lo que Daniel había mencionado sobre que
alguien en el hospital había creído ver a Maddie. Todos ellos deberían
haber estado mejor preparados para la posibilidad de que los rumores se
extendieran y se hicieran camino a Daniel y a otros.

—Me asustó, pero está… está bien. —Julia cruzó sus brazos
alrededor de su cintura—. No intentó herirme a mí o a Madeline.
Simplemente me tomó por sorpresa.

Él sacudió su cabeza.

—No. No está bien. Él sabe que no debe estar aquí.

—¿Cómo entró siquiera a la casa?

Lucian frunció el ceño mientras desviaba su vista hacia el terreno.

—Esa es una buena pregunta. Sé que no entró por la puerta


principal.

—¿Hay alguna otra forma de entrar?

—Daniel conoce esta casa lo suficientemente bien para recorrerla


con los ojos vendados de noche, así que, si hubiera una ventana sin
seguro, la habría encontrado. —Eso era algo que ya había encargado a
Richard revisar.

—No le dije nada más aparte de que Madeline no responde mucho


y que recién comenzó a pintar. —Una cálida y tenue brisa levantó los
cabellos sueltos alrededor de su rostro—. En realidad, no hizo muchas
preguntas. No creo que tuviera oportunidad. Se dio cuenta bastante
rápido de que te había escrito y se fue después de eso.

—No creo que le hubieras contado algo que nosotros no


quisiéramos que se supiera. —Enredó sus dedos alrededor de la
barandilla, aplastando las enredaderas bajo su palma. La última cosa
que Maddie necesitaba justo ahora era el tipo de mierda que seguía
siempre a Daniel. Volteándose hacia el terreno de abajo, soltó los dedos
de la barandilla—. No estoy para nada preocupado por eso.

A pesar de que él no la estaba mirando, la sintió acercarse. Paso


un momento y ella preguntó:

—Sé que no me corresponde preguntar, ¿pero por qué Daniel no


tiene permitido estar aquí? Quiero decir, ella respondió a él. Eso es algo
realmente bueno.

Lucian se alejó de la barandilla, encarándola.


—En primer lugar, tienes derecho a preguntar. Vives aquí. Cuidas
de Maddie. Y te las arreglaste para hacer que ella hiciera algo más que
sentarse y mirar una pared, así que te has ganado ese derecho.

La tensión de los hombros de ella se relajó.

—Está bien.

Él empujó una cadera contra la barandilla, cruzando holgadamente


sus brazos.

—La razón por la cual Daniel no tiene permitido estar aquí es una
larga historia.

—Tenemos tiempo —insistió ella—. Madeline ya cenó y podemos


verla desde donde estamos. —Señaló la puerta con su barbilla. Maddie
estaba sentada frente al caballete.

Lucian observó a su hermana a través de la puerta por un


momento, aún sorprendido de verla pintando. Desde que ella había
regresado, había temido que nada fuera a cambiar. Que su vida
consistiría en tener a alguien asistiéndola con casi cada necesidad
básica. Verla haciendo algo, cualquier cosa, por su propia cuenta casi lo
hace arrodillarse con alivio.

Y por terrible que sonara, estaba feliz de que ahora tenía un motivo
para tener la completa atención de Julia. Estaba descubriendo que eso
era algo extremadamente difícil de hacer, algo que nunca había
experimentado.

Normalmente siempre tenía el cien por ciento de la atención de las


mujeres.

Así que, esta era una experiencia humillante para él.

Lucian desvió su mirada de Julia, enfocándose en las puertas.

—Al crecer, Maddie y yo éramos cercanos. Estaban Dev y Gabe, y


luego Maddie y yo, pero debido a que yo era un chico, Maddie se fue
quedando de lado cuando mis hermanos y yo queríamos hacer algo.
Ninguno de nosotros lo hizo a propósito.

—Por supuesto que no —acordó Julia—. Solo eran niños.

Él asintió.

—Pienso que por eso ella y Daniel se volvieron cercanos. Su padre


era el hermano de mi madre. Así que, pasaban mucho por acá y Daniel
era hijo único. Su madre murió de cáncer cuando él era pequeño y su
padre, mi tío, nunca volvió a casarse. Cuando yo corría con Dev y Gabe,
los perseguía en realidad… —Se detuvo, riendo entre dientes—. Maddie
siempre se quedaba atrás con Daniel debido a que él es como un año más
joven que nosotros.

Julia se acercó a una de las sillas de mimbre cercanas a la puerta


y se sentó. La tenue luz del sol se asomaba sobre sus mejillas mientras
inclinaba su cabeza hacia atrás, mirándolo.

Él inhaló profundamente.

—En fin, ellos siempre se estaban metiendo en problemas.


Rompiendo cosas. Vagando por ahí sin decirle a nadie. Ese tipo de cosas.
Un par de veces huyeron y nos hicieron a todos entrar en pánico. —
Frotando ociosamente su mandíbula, recordó con facilidad aquellos
tiempos en que él y sus hermanos habían pasado horas buscándolos a
los dos—. Algunas de esas cosas continuaron cuando éramos
adolescentes. Nuestro padre no se preocupaba por nada de aquello, pero
nuestra madre realmente comenzó a tener problemas con eso.

Las cejas de ella se arrugaron.

—¿Pero por qué? Suenan como cosas normales de niños.

—Lo eran, la mayor parte lo eran. Quiero decir, lo creas o no, no


fui yo quien le dio a Maddie su primera cerveza o porro. Ni siquiera fueron
sus amigos. Fue Daniel. Así que, por supuesto, mamá se enojaba por eso.
—Una tenue sonrisa apareció en su boca—. Pero fue cuando, infiernos,
cerca de seis meses antes de que Maddie desapareciera y mamá… bueno,
sabes lo que le ocurrió a ella… que Daniel fue vetado de la casa. Él y
Maddie huyeron nuevamente y Maddie perdió un montón de escuela. De
alguna forma, los dos llegaron a Florida.

Lucian sacudió su cabeza.

—Ni siquiera puedo recordar porqué lo hicieron, pero las cosas no


fueron muy… cálidas aquí. En ese tiempo, Dev y Gabe estaban en la
universidad y solo éramos Maddie y yo. —Bajando su mentón, cerró sus
ojos—. Dev y Gabe hicieron del distraer a mi padre una forma de arte y
con ellos fuera, no había realmente nada entre él y nosotros. Ni siquiera
nuestra madre.

—¿No fueron todos ustedes a una escuela privada? —preguntó ella.

—Lo hicimos, pero era local. Estábamos en casa cada noche y fines
de semana. No alojábamos allí como el resto de los estudiantes.
Julia estaba en silencio, y cuando él abrió sus ojos y la miró, se
encontró con ella observándolo. Sus miradas estaban conectadas y se dio
cuenta de que no podía desviar la mirada. Realmente no quería.

Dios, ella era hermosa. ¿Se daba cuenta de eso? Sentada ahí
vistiendo ese uniforme azul claro y el pelo en un nudo alto, estaba más
deslumbrante que cualquier número de elegantemente vestidas mujeres
que merodeaban por el Red Stallion.

Gruesas pestañas bajaron, rompiendo su mirada. Ella aclaró su


garganta.

—Así que, ¿supongo que Daniel fue visto como una mala
influencia?

—Sí. Cuando Maddie desapareció luego de que muriera nuestra


madre, todos creímos que no había podido lidiar con ello y había huido
con él. Él lo negó, por supuesto, y yo pude haber sido… un poco duro
cuando no le creí.

—¿En serio? —respondió ella secamente.

Con los labios apretados, él bajó su barbilla mientras frotaba su


mandíbula.

—Es solo que… incluso cuando éramos jóvenes y Daniel estaba


alrededor, Maddie y yo aún éramos cercanos, pero una vez que llegamos
a la adolescencia, apareció una brecha entre nosotros que simplemente
no estaba antes. No lo sé. Todo eso probablemente sea normal. —Dejó
caer su mano—. De todas formas, Daniel no ha sido de las mejores
influencias.

—Pero si puede ayudar a Madeline a mejorar, ¿no sería mejor


olvidar cómo se comportaban de adolescentes? —sugirió—. Eso podría
realmente ayudarla.

Quizás así fuera. ¿Qué sabía en este punto? Lo único que había
logrado era hacer que Maddie se sentara por su cuenta.

Julia se inclinó hacia adelante, descansando sus codos en sus


rodillas.

—Hay algo más que me dijo Daniel. Ni siquiera sé si debería decirte


esto, porque creo que puede ayudar a Maddie, pero siento que necesito
hacerlo porque, bueno, simplemente lo siento. —Tomó aire
superficialmente—. Daniel…
—¿Te advirtió sobre nosotros? ¿Dijo que éramos malos o
peligrosos? —terminó por ella dado que ella parecía no querer continuar.

Julia cerró automáticamente su boca.

—De hecho, sí, algo como eso.

Él se rio entre dientes sin humor.

—Como dije, realmente no me llevaba bien con Daniel. Tampoco


mis hermanos. Él es familia y sé que se preocupa por Maddie, pero es tan
útil como un convertible en un tornado. No es el chico más brillante que
hay y en el último par de años, se ha valido de la herencia que le dejó su
padre.

Ella se enderezó.

—¿Su padre se fue también?

—Murió cerca de siete años atrás. Falla orgánica múltiple —


explicó—. Nuestro padre le ha estado prestando dinero por años, porque
nuevamente, es familia, pero cuando eso se detuvo hace seis meses,
simplemente digamos que, Daniel se embarcó en una campaña de
desprestigio para acabar todas las campañas.

—Guau —murmuró ella—, tu familia es… complicada.

—Eso es decirlo gentilmente. —Sonrió al ver la sonrisa aparecer en


los labios de ella—. Pensaré en dejar venir a Daniel. Dev lo odiará, pero
tendrá que lidiar con ello.

—Pienso que eso podría ayudar. —Miró hacia el cuarto. Maddie


seguía pintando. Él no tenía idea en lo que ella estaba trabajando. Eran
solo tonos rojos y marrones para él, con lo que parecía ser un juego al
azar de ojos—. Yo… sé que no eres un fanático de tu padre, pero lamento
que el servicio fúnebre fuese interrumpido.

Él comenzó a decirle que eso en realidad había sido una bendición,


pero cuando abrió su boca, por una vez en su vida, no tenía palabras.
Podía bromear todo lo que quisiera, pero mierda, nada de eso cambiaría
lo que había ocurrido hoy o lo que vendría mañana.

Lo que Troy les había dicho en el funeral permanecía en sus


pensamientos. La preocupación por su hermana y lo que estaba por venir
era como tener ácido de batería corriendo por sus venas.

Lucian tenía la sensación de que no iban a ser capaces de mantener


la reaparición de Maddie en secreto por mucho más tiempo, y cuando se
supiera, la gente comenzaría a revisar la línea de tiempo. Ellos habían
comenzado a pensar lo mismo que sabía que Dev y su tío habían pensado.

—¿Lucian? —llamó ella en voz baja.

Arrastrándose fuera de sus pensamientos, le sonrió.

—¿Hmm?

Su mirada busco la de él.

—¿Estás bien?

Una necesidad abrumadora de decirle lo que estaba en su mente


lo golpeó con la fuerza de una bala. Eso era extraño como el infierno.

—Sí. Solo ha sido un largo día.

Julia lo estudió por un momento y luego se deslizó hasta el borde


de su asiento.

—Es entendible. Bueno, yo mejor vuelvo allí. —Se levantó y dio un


paso hacia adelante—. Estoy segura…

Lucian no tenía idea de lo que había ocurrido.

Un segundo ella estaba de pie y al siguiente estaba cayendo. Se


lanzó hacia adelante, atrapándola con facilidad por los brazos antes de
que se golpeara en la cabeza en alguna cosa.

—Vaya —dijo él con una silenciosa risa, mirando hacia abajo a la


parte superior del pequeño y pulcro moño de cabello—. ¿Estás bien?

—Oh Dios mío —dijo ella, levantando su cabeza—. Yo simplemente


me tropecé con mis propios pies. —El rosa salpicó sus mejillas—. Eso
realmente acaba de ocurrir.

Una sonrisa tiró de sus labios mientras la enderezaba. Al menos,


así es como empezó. La estaba poniendo en pie, pero la siguiente cosa
que supo, la había empujado hacia él, contra él. La sostuvo cerca por los
brazos, suficientemente cerca para que sus pechos se presionaran contra
él y pudo sentirla inhalando bruscamente.

Maldición.

Lucian ahogó un gemido mientras su cuerpo respondía a toda la


suavidad presionada contra él. Se endureció en un segundo, casi
dolorosamente excitado con una necesidad casi irracional de tenerla, de
reclamarla, y maldita sea si nunca había sentido eso antes.
Era una locura. Podía tener a cualquiera. Salir de esta casa o hacer
una rápida llamada telefónica, y cualquier número de mujeres estarían
listas para él. Pero estaba obsesionado con la única que se le resistía.
Egoísta. Era irrevocablemente egoísta, pero no podía evitarlo.

Julia se tensó contra él, sus ojos se abrieron de par en par y él


rastreó ese rosa en su rostro, viendo cómo se profundizaba. Esperó a que
ella se alejara y le lanzara aquella mirada que encogería las bolas de la
mayoría de los hombres. O lo golpeara. Porque ya había habido
demasiadas veces donde se había visto como si estuviera a segundos de
patearlo en el estómago o en algún lugar peor. Si recordaba
correctamente, incluso había mencionado golpearlo en la garganta en
algún momento.

Pero… Julia se relajó.

Infiernos.

Su cuerpo se derritió contra el suyo como mantequilla caliente en


su lengua, y el maldito mundo alrededor de él dejo de existir. Cada célula
en su cuerpo se concentró en ella. Maldición, la quería en este momento.
Despojarla de esos delgados pantalones azules y tenerla contra la pared.
O tomarla como lo había hecho en el departamento. Tenerla afirmando la
baranda mientras él se perdía en cada maravilloso centímetro de su
cuerpo.

A Lucian ni siquiera le importaba quién pudiese verlos.

Pero primero quería saborear su boca. No sabía cómo su boca se


sentía contra la suya, como…

Liberándose de su agarre, Julia alisó sus manos por sus muslos


mientras retrocedía un paso. Él extendió su mano hacia ella, temiendo
que pudiese caerse, pero salió de su alcance.

—Tengo que irme. —dijo ella, y luego se precipitó dentro de la


habitación de Madeline, cerrando la puerta tras ella.

El instinto demandaba que fuera detrás, pero lo resistió mientras


cerraba sus ojos, concentrándose en tomar profundos y regulares
respiros. Pasó un largo, largo tiempo antes de que pudiese moverse de
donde estaba. Antes de que confiara en sí mismo para no ir a ella, no
mostrarle cuán mal estaba realmente.
Capítulo 16
Traducido por NaomiiMora & Yiany

J ulia no tenía idea de lo que Madeline había pintado en la


segunda hoja de papel. Era muy parecido al primero, una
mezcla de marrones y carmesíes mezclados en lo que le recordaba a un
tono carne. Había otro par de ojos. Al igual que el primero.

Julia no era artista y a menudo no le llegaba la importancia


artística de la mayoría de las obras de arte, pero los ojos flotando eran
un poco espeluznantes.

Sofocando un bostezo, se levantó del taburete.

—Vuelvo enseguida.

Madeline no respondió cuando Julia levantó el tazón y los


productos de limpieza que había usado antes. Llevando los artículos al
baño, se dispuso a lavar el tazón. Una vez limpio, lo colocó en la tina para
que se secara. Las toallas entraron en una pequeña canasta junto a la
puerta. Otro bostezo subió por su garganta mientras limpiaba el
mostrador del baño.

Anoche había dormido tal vez tres horas. No había escuchado


ningún paso misterioso, gracias al Señor. Su cerebro simplemente no
quería apagarse después de todo lo que hubo sucedido ayer… demonios,
en los últimos días.

Su mano se detuvo, causando que la tela húmeda se frunciera bajo


su palma mientras miraba hacia el dormitorio. ¿Cuál pudo haber sido la
fuente de los pasos la noche anterior? Tenía que ser uno de los otros
hermanos o tal vez su imaginación, pero no podía ser lo que Lucian
sugirió. ¿Fantasmas? Eso era… demente. Tan ridículo como el mismo
Lucian.

Sin embargo, hacía una magnífica taza de té.

Probablemente necesitaba eso anoche.

Cuando no estaba pensando en los pasos extraños, estaba dando


vueltas sobre todo lo que el primo Daniel había dicho y cómo Madeline
reaccionó ante él. Realmente esperaba que Lucian considerara permitirle
visitarla a pesar de sus problemas.

No podría hacer daño.

Daniel no era la única cosa con la que había estado despierta


pensando. Esa maldita exasperante sonrisa de Lucian se implantó
firmemente en su cabeza hasta que finalmente se quedó dormida.

Él era... dulce Jesús, era más que un problema. Podía entender


fácilmente cuántas mujeres arrojarían el sentido común desde la
ventana, junto con sus bragas, cuando se trataba de él.

Casi lo hacía anoche en el porche, fuera de la habitación de


Madeline. Su cuerpo prácticamente se había vuelto loco. Había estado a
segundos de cerrar los ojos e inclinar la cabeza hacia atrás lo suficiente
como para permitirle besarla.

Absolutamente ridículo.

Sabía que no debía incluso permitirse el ser cortejada hacia esa


posición donde había sido considerado seriamente el hacer toda clase de
imprudencias. Él solo tenía eso... esa manera suya.

Pero había algo más que vio en él ayer. En el corto período de


tiempo que conoció a Lucian, se desprendió de esta persona relajada, un
mujeriego rico sin ninguna preocupación en el mundo, excepto su
hermana. Era encantador y francamente astuto en sus bromas. Era un
demonio de lengua plateada cuando se trataba de palabras, pero vio la
grieta en la fachada. Había visto las sombras detrás de las palabras
suaves y la sonrisa fácil.

Estaba estresado y ¿quién podría culparlo por eso? Sin importar


cuán cómoda hubiera sido la vida de este hombre, estaba lidiando con
muchas cosas, y esa parte cuidadora suya, la casi idiota necesidad de
ofrecerle consuelo, había querido buscarlo anoche y hacer exactamente
eso.

Y es por eso que básicamente plantó la cara en la almohada toda


la noche.

Suspirando, colocó la pequeña toalla sobre el grifo y luego regresó


a la habitación. Se sentó en la silla junto a la cama, mordiéndose el labio
mientras examinaba a Madeline. La mujer estaba concentrada en su
pintura. Esta mañana, Julia hizo un chequeo. Sin fiebre. Su pulso era
un poco lento y su presión arterial era baja, pero eso podría ser normal
para ella o un subproducto de falta de movimiento, ¿pero aparte de eso?
No hubo signos de problemas graves de salud subyacentes. La atrofia no
había empezado a afectar sus músculos. Su piel no estaba cetrina ni
rojiza, simplemente pálida.

Julia se inclinó hacia delante, colocando el codo sobre la rodilla y


apoyando su barbilla en la palma de su mano.

—¿Qué te pasó?

No hubo respuesta.

La mirada de la mujer estaba fija en su pintura. ¿Qué sabía de


Madeline? Era rebelde cuando era niña y adolescente. Era muy cercana
a su gemelo hasta que se convirtieron en adolescentes, volviéndose más
cercana a su primo Daniel. Madeline obviamente no era cercana a sus
otros hermanos, no antes de su desaparición o cuando regresó.
Desapareció la misma noche en la que su madre había muerto. Eso era
hace casi diez años atrás. ¿La había afectado su muerte tan severamente
que la hacía vulnerable a algún depredador? ¿O la muerte había
desencadenado una enfermedad mental oculta? Por lo que Lucian había
dicho la noche en que le contó sobre su familia, sonaba como si hubiera
un hilo de enfermedad mental en la familia, y en muchos casos, ciertas
enfermedades podían ser hereditarias. Podría ser una mezcla de ambas
cosas.

Pero alguien tuvo que haberse ocupado de ella mientras estuvo


desaparecida. Eso no significaba que tampoco se estuvieran
aprovechándose de ella. Entonces, ¿quién se la llevó? ¿Cómo escapó? ¿Lo
había hecho?

Muchas preguntas.

Su teléfono sonó, sacándola de sus pensamientos. Pensando que


era Anna, ya que su amiga le había enviado un mensaje de texto anoche
diciendo que llamaría hoy, se levantó y se dirigió hacia donde estaba su
teléfono. Lo levantó, y su estómago se hundió.

La presión se apoderó de su pecho cuando vio el código de área y


el central. Era familiar, demasiado familiar, y definitivamente no era el
de Anna, cuyo número estaba guardado. Dirigiéndose a las puertas del
porche, presionó el botón para enviar la llamada al correo de voz. Se
quedó allí por varios momentos, esperando que sus sospechas no fueran
correctas. Porque no había forma de que pudieran serlo. Finalmente
había cambiado su número después de la última vez que le llamó. Sus
padres no se lo habrían dado.
Solo un puñado de momentos después, le llegó un texto y solo
fueron cuatro palabras. Cuatro palabras que no quería ver.

Es Adam. Llámame.

—Maldita sea —murmuró. Cerrando los ojos, apretó el teléfono con


fuerza hasta que le dolieron los nudillos. Maldición. Maldición. Maldición.

Alguien le había dado el número o de alguna manera lo había


conseguido, lo que no era sorprendente teniendo en cuenta lo que hacía
para ganarse la vida. Probablemente ahora sabía que ya no estaba en
Pensilvania.

No había forma de que fuera a responder.

Pero ¿el no responderle importaba? Evitarlo en el pasado nunca


pareció funcionar realmente. No a largo plazo. Pero ¿por qué tenía incluso
que lidiar con esto? Ni una sola parte de ella quería hacerlo.

Abriendo los ojos, borró rápidamente el texto y comenzó a apagar


el teléfono cuando volvió a sonar, del mismo número que antes.

Adam.

—Jesús —murmuró, silenciando la llamada de nuevo. Esto no


estaba sucediendo…

—¿Está todo bien?

Aullando por el sonido cercano de la voz de Lucian, giró y jadeó.


Estaba solo a unos pocos pasos detrás de ella. Santa mierda, ¿cómo no
podía hacer un sonido cuando era tan grande?

Su mirada lo recorrió.

¿Y cómo podía verse tan bien cuando obviamente se había


duchado? Su cabello estaba húmedo y de un tono más oscuro que
cuando estaba seco. La camisa de algodón gris claro que llevaba colgaba
de su pecho y de sus abdominales inferiores, insinuando los tensos
músculos de abajo. Parecía que se había dado una ducha, se había
aburrido de secarse y se había puesto la ropa, y luego venido
directamente hasta aquí.

—Oh, Dios mío —dijo ella—. ¿Eres parte fantasma?

—Tal vez. —Estaba mirando el teléfono que sostenía, con las cejas
fruncidas—. ¿Está todo bien? —repitió.

—Sí. —Llevó el teléfono a su pecho, con la pantalla hacia abajo.


Su corazón latiendo irregularmente—. Por supuesto.

—¿Estás segura de eso?

Julia forzó una ligera risa.

—Por qué habría…

El teléfono sonó de nuevo, el sonido amortiguado solo por sus


pechos. Era oficial. Dios la odiaba.

Él levantó una ceja.

—¿Vas a responder eso?

Presionando sus labios, sacudió su cabeza mientras deslizaba su


dedo por un costado y silenciaba la llamada. Mientras estaba en eso,
apagó el timbre.

—¿Y por qué no?

—Estoy trabajando, lo que significa que no debería hablar por


teléfono.

Lucian inclinó su cabeza hacia un lado.

—Tienes permitido contestar el teléfono y hablar con él.

Por supuesto que sí, pero ese no era el punto.

La mirada de Lucian se alzó y se movió sobre su rostro.

—¿Hay alguna razón por la cual no quieres contestar el teléfono?

Ella no sabía exactamente qué la hizo espetar. Tal vez era el hecho
de que Adam de alguna manera había obtenido su número de teléfono.
Tal vez era la falta de sueño. No tenía idea.

—Realmente no creo que sea asunto tuyo.

Un lado de los labios de Lucian se levantó.

—Hmm... Ahora esa respuesta me hace pensar que realmente hay


una razón por la cual no quieres contestar el teléfono.

—Ya sea que haya una razón o no, no importa. —Manteniendo el


teléfono en la mano, se cruzó de brazos. Su barbilla se levantó.

—Por cierto, me gusta el atuendo.

Ella ladeó la cabeza hacia un lado.


—¿Por qué sigues diciendo eso? Solo son pantalones.

—Pero hay muchas cosas que me gustan de ellos.

Julia decidió ignorar eso.

—¿Hay algo con lo que te pueda ayudar?

Su barbilla se inclinó y supo de inmediato que no era la pregunta


correcta.

—Hay muchas cosas con las que puedes ayudarme.

Julia puso los ojos en blanco a pesar de la forma en que su


estómago hizo una pequeña caída agradable.

—Permíteme reformular eso. ¿Hay algo con lo que estaría dispuesta


a ayudarte?

—Oh, Srta. Hughes. —Su voz era baja, con una cadencia sensual—
. Estarías dispuesta.

Sus labios se abrieron cuando su cuerpo relampagueó caliente,


muy caliente y luego frío.

—¿Hay literalmente algo que no puedas hacer sonar sexual?

—No. Es como un súper poder mío.

Sus ojos se estrecharon.

Lucian sonrió.

La impaciencia luchaba con la diversión renuente.

—¿No tienes un trabajo al que ir o algo así?

—¿Vivir una vida de libertinaje cuenta como un trabajo? —Su


sonrisa se volvió diabólica—. Porque si es así, merezco un aumento
salarial.

—No —suspiró—. No, no es así.

Riendo entre dientes, se volvió hacia su hermana.

—¿Cómo va Maddie?

Aliviada por el cambio de tema, se torció por la cintura.

—Está bien. Ha estado pintando toda la mañana.


Se dirigió hacia donde estaba sentada su hermana. Hablando con
una voz demasiado baja para que Julia la oyera, se quedó atrás hasta
que dijo:

—Como has tenido mucha experiencia trabajando con pacientes


como ella, su mejoría es… ¿normal?

Empujando a un lado la llamada para lidiar con ello más tarde, se


dirigió al pie de la cama mientras reflexionaba sobre cómo responder a
esta pregunta cuando ella misma había estado pensando lo mismo.

—He tenido pacientes que estaban en coma y otros con funciones


muy limitadas. Algunos mostraron signos de mejora e interés en
pasatiempos con los que solían involucrarse, pero ninguno... tan rápido
como esto.

Lucian miró por encima.

—¿Te refieres a que no has trabajado con alguien que parece no


tener una razón médica del porqué son como son o porqué pueden hacer
algo como pintar pero no hablar?

No queriendo mentir, asintió con la cabeza mientras extendía la


mano y enderezaba la manta al pie de la cama. Podía sentir su mirada.

—No está fingiendo esto.

La barbilla de Julia se sacudió y encontró su mirada.

—No estoy sugiriendo eso.

La mandíbula de Lucian estaba apretada mientras no decía dada.

—Fingir algo así sería extremadamente difícil. Créeme. No lo creo


en absoluto.

Lucian sostuvo su mirada por un momento y luego regresó a su


hermana.

—¿Acaso… alguien sugirió que lo está haciendo? —preguntó ella.

Él no respondió por un momento.

—Creo que mis hermanos sospechan que no es lo que parece.

Su mirada volvió a la cara de Madeline. No hubo ningún cambio en


su expresión. Una gran simpatía se apoderó de ella.

—¿Tienen una razón para pensar eso?


Lucian estuvo en silencio por mucho tiempo de nuevo, ella lo miró.
Se encogió de hombros entonces.

—Como he dicho antes, no estaban cerca de ella. —Hizo una pausa,


apartando el pelo de la cara de Madeline—. Mucho de eso tuvo que ver
con nuestro padre. Realmente creo que realmente no quería tener más
hijos aparte de Dev y Gabe.

Ella quería decirle que no podía ser cierto para hacerlo sentir mejor,
pero lo que había oído sobre el anciano de Vincent le decía que esas
palabras no funcionarían. Lucian lo sabía.

—Él… ¿No les prestó mucha atención a ti y a Madeline?

Él sonrió mientras dejaba caer su mano.

—Digamos que la única vez que nos prestó atención deseamos que
no lo hiciera. Nuestra madre…

—¿Qué pasa con ella? —preguntó cuando no continuó.

—Ella… Intentó compensarlo. —La ironía en sus labios se


desvaneció—. Realmente lo intentó, lo que a veces creó otro problema.

—¿Cómo?

—Compensarnos por nuestro padre creó problemas entre ella, Dev


y Gabe. Era casi como si nadie pudiera hacer lo suficiente, ¿sabes? —dijo
casi para sí mismo—. Cada paso adelante por uno de nosotros eran dos
pasos atrás para el otro. En fin, hay otra razón por la que vine aquí —
dijo.

Ella se imaginó que era pasar tiempo con su hermana.

—Si quieres un tiempo a solas, puedo…

—En realidad, vine a verte. —La miró y la seriedad desapareció de


su rostro. Esa sonrisa burlona regresó casi como si no hubiera estado
hablando de su familia—. ¿Ya has almorzado?

Le había dado algo de almuerzo a Madeline, pero aún no se había


sentado a comer.

—No mientas —dijo él—. Porque tengo una buena fuente de que no
lo has hecho.

—¿Entonces por qué preguntaste?

—Porque parecía lo más educado.


Cruzando sus brazos una vez más, ella sonrió con ironía.

—Pensé que no hacías cosas educadas.

—Estoy haciendo un esfuerzo por ti.

Lo miró fijamente.

—¿De verdad se supone que debo creer eso?

Sus ojos brillaron.

—Eso espero.

—No.

—No dije que lo creyera —aclaró con una sonrisa—. Pero es un


punto discutible.

—¿Cómo?

—Porque ya hice que Livie nos preparara un almuerzo.

Su mandíbula prácticamente cayó al suelo.

—Y Richard realmente ha acomodado este lindo y pequeño lugar


para que comamos, en el jardín de rosas, ya que es agradable afuera, así
que si dices que no, entonces has hecho que Livie y Richard hagan a todo
este trabajo por nada. Además, Livie está en camino a sentarse con
Maddie para que puedas tomarte un descanso.

Durante unos buenos diez segundos, ni siquiera pudo formular


una oración completa.

—Eres… Eres…

—¿Increíblemente sexy? Caliente. Impresionante —sugirió—.


¿Extremadamente inteligente? No, espera. —Levantó una mano—.
Entiendo. Soy irresistible e irremplazable.

Sus labios se crisparon.

—Más como reprensible y manipulador.

—Esas son mis cualidades menos encantadoras, pero son


efectivas, ¿verdad? —Esa maldita sonrisa se extendió—. Porque no vas a
decir que no. ¿Sabes por qué?

—¿Porque me has manipulado para que diga que sí?


—Bueno, además de eso, hice que Livie hiciera sus famosas
beignets7 caseras y avergonzarán a todo lo demás.

Maldito sea todo el infierno.

No había forma en que dijera que no a eso.

Y, por supuesto, él lo sabía.

El aire era cálido y la casa ofrecía suficiente sombra como para


hacer soportable el tiempo afuera. En aproximadamente un mes,
ninguna cantidad de sombra haría retroceder la humedad opresiva.

Aunque Lucian soportaría el aire pegajoso si eso significaba que


estaba pasando tiempo con su enfermera.

Aunque Julia parecía preferir caminar descalza por un pantano


que unirse a él, estaba satisfecho consigo mismo, especialmente cuando
la expresión de reverencia había reemplazado a la de irritación cuando
tuvo su primera buena vista del jardín de rosas.

Era un poco salvaje. Las rosas y las enredaderas crecían sobre el


camino y consumían los múltiples enrejados hasta el punto de que no se
podían ver ni la valla de hierro forjado que cerraba el jardín.
Probablemente dentro de unos años, las rosas cubrirían la mesa y las
sillas del bistró, pero se negó a permitir que nadie los tocara.

El jardín estaba como le gustaba a su madre.

Y por la forma en que Julia tocaba cada pétalo y cada hoja en el


camino hacia la mesa, tenía la sensación de que también le gustaba.

La acribilló con preguntas, impávido cuando era evasiva. Mientras


comían el almuerzo, descubrió que no había viajado mucho y que había
estado pensando en conseguir un gato antes de aceptar este trabajo.
Descubrió que no había ido a un cine en tres años, y terminó por explicar
que era casi imposible comerse un beignet sin azúcar.

Con cada pregunta que contestaba, podía decir que atravesaba una
grieta en su armadura y se relajaba un poco, sin sentarse tan rígidamente
en su silla o retorciéndose nerviosamente. Y cada vez que una de esas

7
N.T. Dulce que se elabora mojando una fruta o una verdura en una masa bastante
líquida y friéndola en aceite.
grietas se rompía, le recordaba la noche en el bar, antes que ella tuviera
idea de quién era.

Tenía el pelo nuevamente recogido, alejado de su cara y retorcido


en un nudo. Quería alcanzar a través de la mesa y arrancarle los alfileres
del pelo, dejándolo caer entre sus dedos.

Aunque dudaba que ella apreciara eso.

—Entonces. —Se recostó, con un vaso de té dulce en la mano


mientras se le ocurría otra pregunta de la que se moría por oír la
respuesta—. ¿Has estado casada antes?

Su vaso de té se congeló a mitad de camino hacia su boca. Una


sombra parpadeó en su rostro. No lo se perdió eso ni la forma en que se
tensó de nuevo.

—Yo… Estuve casada.

Sorprendido de que realmente respondiera, se calló.

—¿Divorciada?

Asintió.

—¿Qué pasó?

Su mirada se dirigió a las profundas rosas rosadas.

—Eso realmente no es algo en lo que creo que tengamos que entrar.


—Comenzó a bajar su vaso—. Y necesito…

—Escapar —sugirió.

Su mandíbula se fijó en una línea obstinada. Linda.

—En realidad, tengo que ir a trabajar, a diferencia de algunos.

Lucian se rio entre dientes. Si solo supiera.

—Solo hemos estado fuera unos treinta minutos. La mayoría de la


gente almuerza durante una hora. Nos queda tiempo.

Julia lo miró fijamente, esas cejas marrones oscuras fruncidas.

—¿Por qué? —Bajando su vaso, sostuvo su mirada—. ¿Por qué


quieres pasar tiempo conmigo y saber todo esto sobre mí?

No estaba seguro qué hacer con esa pregunta.


—¿Es tan difícil para ti creer que me interesaría pasar tiempo
contigo? ¿O llegar a conocerte?

Ella miró alrededor.

—Uh, sí. Sí lo es.

—Está bien. —Se inclinó hacia delante, sin romper su mirada—.


Está claro que no lo entiendes. Estoy interesado en ti, en conocerte y en
pasar tiempo contigo. Y si me preguntan por qué, realmente no puedo
responder eso. No lo sé. Simplemente es.

Lucian hizo una pausa, asegurándose de que lo estaba


escuchando.

—Y sé que piensas que es porque estoy aburrido. No lo estoy.


Créeme. Si quiero encontrar algo o alguien con quien ocupar mi tiempo
con, las opciones son literalmente ilimitadas. Y sé que piensas que es
porque quiero follarte. Eso es verdad. Lo hago. Obviamente.

Los ojos de Julia se abrieron cuando aspiró una respiración aguda


y audible.

—No voy a mentir sobre eso. Me acuesto en la cama durante horas


solo pensando en lo que me gustaría hacerte —continuó—. Es extraño,
sin embargo, el hecho que realmente quiero follarte y llegar a conocerte.
Esas dos cosas generalmente no se acompañan.

—Guau —dijo—. Simplemente guau.

Lucian se encogió de hombros.

—Oye, es una sorpresa para mí, pero no cambia lo que quiero.

Los centros de sus mejillas se sonrojaron mientras se recostaba en


su asiento. Esos labios exuberantes se separaron. Podía decir que no
tenía idea de cómo responder. Y no había estado jugando con ella. Era
cien por ciento honesto.

—Yo… Ni siquiera sé qué decirte —dijo, y sus palabras fueron


totalmente sinceras—. Como en absoluto.

El golpeteo repentino de tacones en la piedra le hizo cerrar la boca.


Lucian retrocedió y levantó su mirada justo cuando la prometida de Dev
apareció en el patio trasero.

Oh infierno.
Si había una manera infalible de matar el estado de ánimo, era ella
haciendo su aparición.

La heredera del imperio de transporte de Harrington cruzó la piedra


a grandes zancadas, su vestido negro hasta la rodilla contrastaba con su
cabello rubio helado y su piel pálida.

Julia se retorció en su asiento, siguiendo su mirada.

—Oh mi…

—Esa es la prometida de Dev. —Suspiró.

—La he visto antes. —Julia inmediatamente se giró hacia él. La


emoción brilló en sus ojos—. En revistas.

A Lucian no le gustó su entusiasmo. Sabrina era… bueno, lo que


había dentro de esa mujer no era tan bonito ni tan bien embalado como
lo de afuera.

—¿En serio? —Sabrina se detuvo en el borde del patio, sus labios


rojo sangre apretados. Lentes oscuros protegían sus ojos y un bolso que
probablemente era de la mitad de su peso colgaba de una muñeca
delgada—. ¿Estás almorzando con el servicio ahora, Lucian?

—Cuidado —le advirtió mientras Julia se ponía rígida en su silla—


. No tengo que ser amable contigo.

—La última vez que revisé, no tengo que ser agradable contigo
tampoco. —Su cabeza ladeó hacia un lado, y ni un solo mechón de cabello
se deslizó fuera de lo que fuera con lo que estaba recogido—. ¿Y quién
eres tú?

—Mi nombre es Julia. —Miró a Lucian.

—Ella sabe sobre Maddie —le aseguró.

—¿Eres la enfermera? —dijo Sabrina y luego soltó una breve


carcajada—. Está bien, entonces.

—Guau —murmuró Julia en voz baja.

—Estoy buscando a Devlin. —Sabrina inclinó su cuerpo en su


dirección—. ¿Sabes dónde está?

Como si realmente pensara que Dev estaría afuera en el jardín de


rosas, de todos los lugares. Conociendo a Sabrina, había visto a Julia
desde dentro y había venido a investigar.
—¿Parece que sé dónde estaría?

Ella frunció esos labios rojos chillones.

—Bueno, esperaba que serías útil por una vez.

—Maldición —murmuró Julia.

—Cariño, no soy útil de la manera que quieres. —Sonrió cuando


sus fosas nasales se ensancharon—. Pero como estoy seguro que puedes
ver, estás interrumpiendo y…

Gabe apareció en el camino del jardín, después de haber venido de


la otra entrada. Su hermano se detuvo. Bueno, Lucian estaba
equivocado.

Más bien Sabrina había visto a Gabe tratar de escabullirse fuera y


lo había seguido, buscándolo.

—Gabe, qué agradable sorpresa. —El tono de Sabrina cambió


cuando su mano flotó hacia el collar de diamantes alrededor de su
garganta, sus dedos se enredaron en la cadena.

Su hermano hizo una mueca.

—Hola, Sabrina. —Luego asintió a Julia y sonrió—. ¿Cómo estás,


Julia?

—Bien. Estaba terminando de almorzar. —Arrancó la servilleta de


su regazo—. Tuvimos los beignets de Livie. Fueron increíbles. Comí
tantos.

—Podemos decir eso —interrumpió Sabrina, su tono se instaló en


Lucian como si lo rociaran con ácido de batería—. Dado que la mitad de
los beignets parecen estar en el frente de lo que supongo es una camisa.

Lucian lentamente se volvió hacia Sabrina, pero antes de que


pudiera responder, Julia lo hizo.

—Bueno… —Bajando la mirada, pasó un dedo por el polvo de


azúcar que se había acumulado en su pecho. Llevándose el dedo a la
boca, le sonrió a Sabrina—. Lo estaba guardando para más tarde. —
Luego se metió ese dedo en la boca, chupando el azúcar de inmediato.

Mierda.

Lucian se puso tan duro que estaba seguro de que iba a reventar
la cremallera de sus jeans.
De pie, Julia se sacudió los pantalones.

—Pero necesito volver al trabajo. —Echando un vistazo en su


dirección, sonrió débilmente—. Gracias por el almuerzo. —Luego se volvió
hacia Gabe—. Nos vemos más tarde.

Gabe la estaba mirando igual que Lucian, lo que no los hacía ni al


él ni a Sabrina, por la apretada expresión que tenía, emocionados en lo
absoluto.

Caminando hacia el patio, ella asintió en dirección a Sabrina.

—Encantada de conocerla —dijo, y siguió caminando, sin darle a


la otra mujer la oportunidad de responder o ignorarla.

Lucian la observó con una pequeña sonrisa en sus labios.

—Realmente me gusta.

—A mí también —comentó Gabe.

Lucian lo miró.

—¿Qué podría gustarles de ella? —preguntó Sabrina, caminando


hacia el jardín con los tacones lo suficientemente afilados para asesinar
a alguien—. Parece que podría romper cualquiera de ustedes.

Su mirada se dirigió a ella.

—Suenas como una pequeña celosa, hambrienta…

—Sabes que me gusta cuando me insultas, Lucian. —Sonrió


mientras pasaba una mano por el respaldo del asiento en el que Julia se
había sentado—. Me hace sentir toda cálida y confusa por dentro.

—Como si hubiera algo dentro de ti que sea cálido —replicó.

La expresión de Gabe se volvió suplicante cuando Lucian se


levantó.

—Diviértanse. —Le guiñó un ojo a su hermano, que parecía querer


golpearlo.

Salió rápidamente del jardín y entró por la sala de la parte de atrás.


No había señales de Julia. A pesar que se había defendido de Sabrina,
todavía quería ver cómo estaba, especialmente porque realmente se
sentía responsable de cómo las personas interactuaban con Julia. Lo cual
era extraño como el infierno, porque no tenía idea de por qué.
Dirigiéndose hacia el pasillo, disminuyó la velocidad cuando vio a
Dev saliendo de la oficina de su padre. Interesante.

—Tu prometida actualmente está fuera hostigando a Gabe. Es


posible que desees recuperarla. Y también puede que quieras advertirle
que nunca hable con Julia o que vuelva a mirar en su dirección en
general.

Una ceja se levantó.

—Eso no es importante en este momento.

—Es realmente importante para mí.

Dev continuó como si no hubiera hablado:

—Acabo de recibir noticias del jefe del distrito. Han dictaminado


que la muerte de nuestro padre no fue concluyente. Están abriendo una
investigación de homicidios.
Capítulo 17
Traducido por yoshiB

L os de Vincent tenían habitaciones privadas en el tercer piso del


Red Stallion, donde solo los miembros de élite tenían acceso,
pero Lucian encontró a Gabe donde siempre lo hacía, en el bar del nivel
principal.

Lucian arrastró el aroma terroso de licor y tabaco rico mientras


atravesaba los pulidos pisos de madera. El bajo zumbido de la
conversación se mezcló con el sonido de vasos chocando.

—¿Soy así de predecible? —preguntó Gabe cuando Lucian se dejó


caer en el taburete acolchado de cuero.

—Sí. —Lucian miró a su alrededor. Unos pocos hombres en traje


de negocios estaban sentados a varios taburetes de distancia y solo un
puñado de las mesas estaba lleno. Sacando su celular de su bolsillo, lo
colocó encima de la barra.

—Te fuiste muy rápido.

Gabe tomó su copa mientras miraba el televisor que estaba sobre


la barra. Los números pasaban a lo largo de la parte inferior de la
pantalla.

—Ya sabes por qué me fui.

Sí, lo sabía.

—¿Aún después de ti?

Los labios de Gabe se torcieron en una mueca amarga.

—¿Qué piensas?

—Pienso que uno de estos días vas a tener que hablar con Dev. —
Lucian asintió cuando al barman llegó con un vaso y una botella de
Bowmore.

Su hermano bufó.
—Me aseguraré de que tengas asientos en primera fila para esa
conversación.

Demonios, Lucian se aseguraría de que estuviera en un código


postal diferente si ese día llegara.

—¿Has hablado con Dev antes de que te fueras?

Negó con la cabeza.

El sorbo de whisky contrajo los labios de Lucian.

—Estoy un poco sorprendido de que estés aquí y no en tu almacén.

—¿Sí?

—Sí —repitió—. Y estás siendo inusualmente vago.

—Esa es una palabra grande para ti.

—Tengo un gran cerebro.

Gabe soltó una risa seca.

—¿Sabes qué es lo que haces para sacarme de quicio?

—No estoy seguro si tenemos suficiente tiempo o licor para revisar


esa lista.

Él sonrió.

—Eres molestamente observador. La gente no se da cuenta de eso


sobre ti. Ves a través de un montón de tonterías, pero ¿sabes qué más
sé? Solo ves a través de la mierda que quieres ver. En cualquier otro
momento, te pones anteojeras.

La mano de Lucian se apretó alrededor del vaso.

—Sé a dónde vas con esto. Sé que tú y Dev creen que Maddie está
fingiendo...

—Ella está allá arriba pintando. —Los ojos de Gabe se encontraron


con los suyos mientras hablaba en voz baja y cortante—. Está en esa
habitación, pintando, ¿pero no puede hacer nada más? ¿Me estás
diciendo que eso no es sospechoso como el infierno?

—No sé lo que es, pero eso es irrelevante.

Sacudiendo la cabeza, Gabe tomó un largo sorbo de whisky.

—Déjame preguntarte algo.


—Si se trata de Maddie, no quiero escucharlo, porque no quiero
sacarte de este taburete y llamar la atención.

—No se trata de ella. Se trata de Julia.

Bueno, mierda, ese también era otro tema que pensó que
terminaría de la misma manera.

—¿Qué pasa con ella?

Gabe sujetó su mirada.

—¿Qué harías si dijera que estoy interesado en ella?

—Te patearía fuera de ese taburete. —Se inclinó, manteniendo el


contacto visual—. Pero sé que no te gusta como a mí.

Él levantó una ceja.

—Tal vez estoy lo suficientemente interesado.

Lucian entendió lo que estaba diciendo.

—Ya pasamos esos días, hermano.

—¿De verdad? No me pareció así hace un par de meses. ¿Cuál era


su nombre? ¿Laurie? Los tres tuvimos una buena noche. —Hizo una
pausa, mordiéndose el labio—. Podría ser otra buena noche con Julia.

Un músculo comenzó a trabajar a lo largo de la mandíbula de


Lucian.

—Es diferente.

—¿Quieres decir que ella es diferente?

—Sí —rechinó.

—Huh. —Gabe miró hacia otro lado y tomó otro trago.

Lucian entrecerró los ojos.

Pasó un largo tiempo y luego Gabe dijo un nombre que fue una
sacudida para el sistema.

—Emma.

Lucian se puso rígido. Ninguno de ellos hablaba de ella. Ninguno


de ellos se atrevería a mencionársela a Gabe.

—¿Qué hay con ella?


Gabe no respondió de inmediato.

—Su padre se puso en contacto conmigo esta mañana. —Bajó la


mirada hacia su vaso—. No dijo por qué, pero me preguntó si podía ir a
Baton Rouge la próxima semana.

—Mierda. —Lucian sintió que había más en esto—. ¿Y no sabes por


qué?

Gabe negó con la cabeza.

—Sabes que no he hablado con ella en años. Ni siquiera la he visto,


así que todo lo que puedo pensar es… —El siguiente respiro que tomó lo
sacudió un poco—. Algo debe haberle sucedido.

Oh diablos, si ese fuera el caso, eso sería malo.

—¿Necesitas que vaya contigo?

—No. —Levantó la vista—. Si ella está bien, no necesita vernos a


los dos ni a Dev. Lo dejó bastante claro la última vez que hablamos.

Eso era cierto, pero no le gustaba que su hermano entrara en esto


a ciegas. Emma era parte de un pasado difícil en el que ninguno de ellos
podía darse el lujo de pensar, especialmente Gabe.

—Entonces, dudo que me hayas rastreado para hablar sobre esto.


¿Cuál es tu razón para estar aquí cuando sé que preferirías estar
espiando a la enfermera?

—Alguien más está observando. —Habló en voz baja para que no


los escucharan—. La policía está abriendo una investigación de
homicidio. Solo es cuestión de tiempo antes de que llegue a las noticias.

Gabe apretó fuertemente el vaso.

—No es como si te importara eso.

—No, pero sabes que a Dev sí.

—Sí. —Pasaron varios momentos. Gabe se giró hacia él una vez


más—. Tengo que saber. Sólo entre tú y yo. Nada de mentiras. ¿Crees
que nuestro padre se suicidó?

Lucian exhaló exhausto y luego echó la cabeza hacia atrás,


terminando su bebida.

—No. No, no lo creo.


Jadeando despierta, Julia rodó sobre su espalda y parpadeó para
abrir los ojos. Su corazón latía con fuerza en su pecho mientras su
mirada recorría el oscuro dormitorio.

¿Dónde estoy?

Tardó unos momentos para que el entorno desconocido se ajustara


en su lugar. Estaba en su habitación en el complejo de Vincent. Era
jueves por la noche… o el viernes por la mañana. En realidad se había
quedado dormida con bastante facilidad, poco después de las once, pero
cuando las telarañas del sueño se aclararon, sintió que algo la había
despertado.

Su nombre.

Eso fue todo.

Juró haber escuchado a alguien llamarla por su nombre.

Entrecerrando los ojos, trató de distinguir las diferentes formas


oscuras en la habitación. El contorno de la silla junto a la puerta. Las
cortinas en frente del porche. La pequeña mesa… las cortinas. Flotaron
por el suelo como si una ráfaga de aire los agitara.

Oh Dios mío.

Su corazón dio un vuelco cuando se alzó de golpe. ¿Estaban esas


puertas abiertas?

Con la boca seca, se inclinó rápidamente y encendió la lámpara de


la mesita de noche. La luz suave inundó la habitación, persiguiendo las
sombras hacia atrás. Su mano izquierda se enroscó alrededor del borde
de la colcha mientras escudriñaba la habitación. Las cortinas blancas se
balanceaban, el centro ondeaba. El aire mohoso y frío se deslizó sobre la
cama, cayendo sobre sus brazos desnudos.

Cada músculo se fijó en su lugar por un segundo mientras un


miedo glacial echaba raíces en la boca del estómago y luego se ponía en
acción. Sacudiendo la manta de sus piernas, se levantó de la cama.
Corrió hacia las puertas, su corazón se le subió a la garganta mientras
retiraba las cortinas.

Las puertas estaban abiertas de par en par, y daban al porche


oscuro y tranquilo.
Por un momento, ni siquiera podía moverse mientras miraba hacia
la noche. Su cerebro simplemente no lo procesaría. No había forma.

—Cerré estos —se dijo a sí misma. ¿No es así?

Un pájaro trinó en algún lugar a lo lejos, sacándola de su estupor.


Extendiendo la mano, agarró las puertas y las cerró, tirando la cerradura.

Frotando sus manos por los brazos, se giró y su mirada se posó en


la puerta interior. Se apresuró a llegar a la puerta y la encontró cerrada.
Estaba casi segura de haber cerrado las puertas del porche antes de
meterse en la cama.

La inquietud le provocó un escalofrío en la espalda cuando se


apartó de la puerta y comenzó a sentarse en la cama cuando lo escuchó.
Pasos. Su mirada se dirigió al techo. El sonido era claro como el día. No
había duda de ello.

Caminando alrededor de la cama, siguió los pasos por la habitación


y luego simplemente se detuvieron, dejando a Julia de pie a unos metros
delante de su armario, lo que pondría la fuente de los pasos
aproximadamente en la misma zona.

Echó un vistazo al reloj. La misma hora que la noche anterior. Un


poco después de las dos de la mañana.

Julia esperó y cuando no volvió a oír el sonido, entrecerró los ojos.


Quienquiera que estuviese allí tenía que estar todavía en la habitación.
No oyó pasos que se dirigían hacia ninguna de las puertas.

Girando alrededor, agarró el largo cárdigan del respaldo de la silla


y se la puso. Abrió la puerta y salió al pasillo, decidida a averiguar quién
estaba paseando por la habitación de Madeline.

Dio unos pocos pasos antes de que se abriera la puerta de la


derecha y Lucian saliera al pasillo.

Oh santa madre de Dios…

Lucian no tenía camisa.

No había olvidado la visión que tuvo de él la noche en su


departamento, pero su memoria no hizo nada por ella.

Su piel era de color pardo dorado y había una gran cantidad de ella
en exhibición. Esos hombros eran anchos y sus pectorales bien definidos.
Su mirada se colgó un poco en los masculinos pezones oscuros antes de
bajar. No era demasiado musculoso, pero era esbelto y delgado.
Querido Señor, su cuerpo era incomparable. De seguro Adam no
tenía un cuerpo como este. No es que el suyo fuera malo. Era
simplemente normal. Y lo normal era bueno. Normal era seguro, porque
lo que Lucian tenía era un montón de problemas.

Tenía el tipo de cuerpo que querías tocar. Las puntas de sus dedos
hormigueaban ante la mera idea de trazar las profundidades y planos
tensos.

Sabía que debería dejar de mirarlo, pero no podía evitarlo. Los


pantalones de chándal que llevaba le subían indecentemente a las
caderas, mostrando dos hendiduras a cada lado y un leve rastro de pelo.

—Srta. Hughes.

Maldita sea. Su voz, el timbre suave y profundo combinado con la


forma en que pronunciaba su nombre, se arrastró hasta lo profundo de
su vientre y ardió.

—Estás mirando fijamente —dijo.

Oh, estaba haciendo más que solo mirar. Cristo, estaba mirando
tanto que estaba bastante segura de que la imagen de él estaba marcada
en su mente, así que su memoria ya no desenterraría imágenes nebulosas
de él sin camisa.

Enrojeciendo hasta las raíces de su cabello, se obligó a mirar hacia


otro lado.

—Lo siento.

—Por favor, no te disculpes. Me gusta que me mires fijamente.

Su mirada voló hacia la suya y lo vio sonreír. Hubo un giro


depredador en sus labios, del tipo que casi la dejó deseando ser la presa.

Él lentamente cruzó sus brazos, la posición sacando sus bíceps.

—Supongo que oíste los pasos.

Finalmente, al recordar por qué estaba en el pasillo, encontró su


voz.

—¿Los escuchaste también?

Lucian asintió.

Quería preguntar si planeaba echarle un vistazo o si simplemente


se quedaría allí y serviría como un caramelo visual. Decidió en contra de
eso. Dando un paso a su alrededor, reprimió un gemido cuando él la
siguió.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Estoy aquí para protegerte.

Julia inclinó la cabeza hacia un lado.

—¿De qué exactamente?

—Nunca se sabe.

Puso los ojos en blanco mientras tiraba de los extremos de su


suéter y continuó por el pasillo.

—Estoy bastante segura que para lo único que necesito protección


es para la única cosa que se hace pasar por un protector.

—Me hirió, Srta. Hughes. Profundamente.

—Claro —dijo, echando un leve ceño fruncido al parpadeante


aplique de pared.

Lucian llegó al lado de ella.

—No viniste a cenar esta noche.

No lo hizo.

—Tampoco viniste a cenar el día anterior.

Nop.

Haciendo uso de los comestibles que Livie había recogido para ella
durante la tarde de su segundo día aquí, se había preparado una pequeña
cena ambas noches. Después de su breve presentación a la prometida de
Devlin, realmente no quería enfrentar el potencial de tener que sentarse
a cenar con ella. No confiaba en sí misma para seguir siendo educada si
la mujer hacía otro comentario sarcástico.

—Y tengo la sensación de que me has estado evitando —dijo


mientras subían las escaleras.

Sip.

Lo que también fue otra razón por la cual Julia no había asistido a
sus cenas. Después de lo que le dijo y de cómo reaccionó ante su
honestidad acerca de lo que quería de ella, de cómo su cuerpo había
estado listo para abordar el tren de ‘Demonios Sí’, pensó que era
inteligente mantener la distancia.

Entonces lo hizo.

Durante el día, tomó la escalera exterior para evitar pasar por sus
habitaciones. Cuando apareció la primera vez para convencerla de que
tomara un almuerzo, se aseguró de que fuera difícil de encontrar,
generalmente almorzando en su habitación. Y cuando llegó para pasar
tiempo con su hermana, lo usó como un momento perfecto para
escabullirse y ponerse en contacto con sus padres.

O pretender hacerlo.

Pero ayer había hablado con su madre sobre Adam y cómo podría
haber obtenido su nuevo número. Ninguno de sus padres sabía cómo y
sabía que no mentirían sobre algo así.

Adam no había vuelto a llamar y, hasta este momento, su


Operación Evitar a Lucian había estado funcionando bien.

Él estaba callado, felizmente, mientras se dirigían a la habitación


de su hermana.

Por supuesto, no encontraron a nadie en la habitación de Madeline.


Las puertas del porche estaban cerradas y bloqueadas, y ella estaba
durmiendo. Con cuidado de no molestarla, salieron de la habitación
rápidamente.

—¿Vas a revisar su habitación cada vez que escuches pasos? —


preguntó una vez que volvieron al pasillo.

—Sí. —Sosteniendo juntos los bordes de su suéter, comenzó a


caminar por el pasillo. Lo más inteligente que podía hacer era volver a su
habitación y a su cama. Sola—. Es mi trabajo asegurarme de que ella
esté bien. Si alguien la molesta en medio de la noche o si…

—¿Si qué? —Él estaba justo a su lado, fácilmente manteniéndose


a su ritmo a pesar de sus piernas largas.

Ella no quería sugerir que era Madeline, pero a este punto, todo era
posible.

—Solo necesito verificarla.

Lucian estuvo en silencio por un momento.

—Te tomas tu trabajo en serio.


—¿Por qué no lo haría?

En el medio del pasillo, se detuvo y se paró frente a ella.

—Me gusta eso de ti.

—Mi vida ahora está completa.

Una sonrisa se formó.

—Todavía no, pero puedo ayudarte con eso.

Sus ojos rodaron con tanta fuerza que se sorprendió de que no se


le salieran de la nuca.

—Soy curiosa. ¿Habrías verificado esto si no lo hubiera hecho?

—Todos estamos acostumbrados a los ruidos extraños —explicó,


aún de pie frente a ella—. Pasamos muchas noches trabajando en el
seguimiento de esos sonidos y no encontramos nada. Ahora simplemente
los ignoramos.

—Pero tu hermana…

—Hubiera verificado esto —interrumpió—. Tu presencia es como


una pequeña bonificación.

Julia ignoró eso.

—¿Has escuchado pasos procedentes de esta cuarto durante


mucho tiempo?

Él no respondió de inmediato.

—Hemos escuchado pasos por toda la casa.

—¿Pero qué hay de la habitación de Madeline?

Alzando la mano, rascó con los dedos su pelo desordenado.

—Sé cómo va a sonar esto, pero no recuerdo haber escuchado nada


de esa habitación hasta que…

Esperó, con las cejas levantadas.

—Hasta la noche en que murió mi padre —terminó—. Entonces


escucho pasos. No encuentro nada.

Bueno, eso era interesante y… y sospechoso. Odiaba pensar eso,


pero ¿quién no lo haría?
—¿Y no hay forma de que sea Gabe o Devlin?

Lucian soltó una risa seca.

—Como dije, no son ellos.

Julia pensó en las puertas abiertas de su habitación. Tuvo que


haber dejado el pestillo abierto y no cerradas correctamente, ¿pero los
pasos? Tal vez eran los cimientos de la casa. Porque si no fue uno de los
hermanos y todo el asunto del fantasma era ridículo, tenía que ser un
truco de la mente.

No había otra opción.

Suspiró.

—Tengo que volver a la cama.

—Pero tengo un secreto que decirle, Srta. Hughes.

El buen Dios solo sabía qué clase de secretos tenía. Julia lo rodeó
y comenzó a caminar de nuevo.

—Hay una razón por la que has tenido tanto éxito en evitarme —
dijo, y ella lo miró con dureza. ¿Acaso esta conversación no había
terminado antes de que llegaran a la habitación de Madeline?—. Es
porque no he estado presionando.

Casi dejó de caminar, casi muerde el anzuelo.

—Lucian…

Él se movió tan rápido que no tuvo oportunidad de reaccionar.

En un segundo él estaba un poco detrás de ella y de repente su


espalda estaba al ras con la pared y él estaba justo en frente, con sus
manos plantadas a cada lado de su cabeza.

Santo cielo.

Había apenas unos centímetros entre sus cuerpos, pero juró que
podía sentir el calor que estaba arrojando mientras bajaba la cabeza para
que estuvieran a la altura de sus ojos. Julia se quedó sin aliento cuando
se apretó contra la pared.

—Maldición. —Su cálido aliento bailaba sobre su mejilla, moviendo


el cabello en sus sienes—. Realmente, realmente me encanta el sonido de
mi nombre saliendo de tus labios.
Algo parecido a la anticipación patinó sobre su piel.

—Realmente, realmente necesito que te alejes.

El tono de sus ojos se hizo más profundo mientras inclinaba su


cabeza, alineando sus bocas de una manera que sería perfecta para que
se besaran.

Y entonces los pensamientos más ridículos comenzaron a girar en


su cabeza.

¿Esto sería tan malo? Él afirmó que la quería. Había dejado eso en
claro, tan francamente humana posible. Su piel zumbaba con la mera
idea de tocarlo de nuevo, explorando toda esa piel desnuda y esos labios.
Todo lo que tenía que hacer era mover su cabeza un centímetro y luego…
luego solo necesitaba vivir un poco. Sumergirse en cualquier oscura
promesa que esos ojos azules suyos le ofrecían.

Extrañamente, no se sintió amenazada. De ningún modo. Incluso


teniendo en cuenta todo lo que había pasado con Adam, había sentido
algo completamente diferente al miedo o la ira.

Se había sentido atrevida en su lugar.

Esto no era normal en ella. De ningún modo.

Al igual que llevarlo de vuelta a su apartamento no era propio de


ella.

Ni siquiera le gustaba Lucian. De acuerdo, bueno, le gustaba el


Taylor que había conocido en el bar, pero no le gustaba mucho la versión
conocida como Lucian. Y lo que sabía sobre él, era todo lo que a ella no
le gustaba en un hombre. O al menos así se sintió. Lo encontró
exasperante y presumido, agresivo, y, está bien, el hecho de que le leyera
Harry Potter a su hermana era dulce y podía decir que realmente se
preocupaba por su hermana. Sintió que había más de él que... que la
persona sexual que camina, pero...

Pero lo que quería era solo un beso, y había pasado tanto tiempo
desde que la besaron, desde que sintió la posibilidad de ser devorada por
otra. ¿Qué tan malo podría ser eso? La conciencia atravesó su cuerpo y
las puntas de sus senos chirriaron bajo la fina camisa.

Este sonido profundo y masculino vino de Lucian, enviando un


dardo pulsante de lujuria a través de ella. Él lo sintió. No sabía cómo
podía, pero sabía lo que estaba pensando. Esas espesas pestañas se
deslizaron hacia abajo y supo que lo iba a hacer. Iba a besarla justo en
este pasillo. La empujaría contra la pared, atrapando su cuerpo allí con
el suyo, y ella quería sentirlo.

¿Qué podía salir mal?

La fría realidad se estrelló contra ella. ¿Qué podía salir mal?


Demonios. Todo, pero específicamente su trabajo.

Era oficial.

La maldición de la casa de Vincent era real, porque estaba


perdiendo la cabeza.

—Esto está jodido —dijo—. Tú Estás jodido.

—No estoy jodido, Srta. Hughes. Estoy tan roto como cualquiera,
pero no necesito que me reparen. No quiero que me reparen. —La
encerró—. Me gustan todos mis fragmentos y piezas jodidas. Ellos me
hacen quien soy. Me hacen real. La pregunta es, ¿puedes manejar lo real?

Realmente debería alejarlo ahora, especialmente porque le decía


que era un desastre. No es que necesitara esa confirmación, pero no lo
rechazó.

Entonces Lucian hizo ese sonido otra vez, haciendo que su corazón
se encogiera de desesperación. De alguna manera, ni siquiera lo sabía,
sus manos aterrizaron en su pecho. Su piel era lisa y dura bajo sus
palmas. No lo alejó.

Él bajó la cabeza y se detuvo a escasos centímetros de su boca. Un


tenso momento pasó cuando su corazón tronó fuera de control y su
cerebro gritó que terminara con esto antes de que fuera demasiado tarde.

—A la mierda —gruñó él.

Y luego la besó.
Capítulo 18
Traducido por 3lik@ & NaomiiMora

E l primer contacto de sus labios con los de ella no fue tímido ni


curioso. Su boca sobre la de ella destruyó todas y cada una de
las preocupaciones válidas que se le habían subido a la punta de la
lengua. Lucian mordió su labio inferior, y cuando ella jadeó, aprovechó
al máximo, profundizando el beso hasta que estuvo rodeada por el sabor
y la sensación de él.

Bebió de ella, besándola como si tuviera la intención de devorar


cada aliento que tomaba. Y así fue como se sintió Julia.

Devorada.

Julia nunca había sido besada así.

Su boca cubrió la de ella mientras se inclinaba, alineando todas las


partes más interesantes de sus cuerpos. Cadera con cadera. Pecho con
pecho. Su mano acunó su mandíbula, arqueando su espalda para tener
más acceso, y ella se lo dio mientras su corazón latía con fuerza y el pulso
se le disparaba.

Él deslizó una mano por su costado, debajo de la chaqueta y sobre


su cadera, hasta su muslo. Sus dedos se curvaron en su piel,
presionando a través de los delgados pantalones de pijama. El cuerpo de
Julia se hizo cargo sin pensarlo. Cuando levantó su muslo, ella acurrucó
su pierna alrededor de la de él.

Julia gimió cuando él se hundió en ella. Su ropa no era más que


una delgada barrera entre su calor y su dureza. Arrastrando sus manos
hacia su pecho, se aferró a sus hombros mientras sus caderas se
balanceaban contra las suyas. Ella tembló contra él, contra la pared.

Levantando su boca lo suficiente para hablar, Lucian arrastró su


pulgar a lo largo de su mandíbula.

—Dios, he querido hacer eso desde el primer momento en que te vi.


Julia se estremeció cuando respiró profundamente. Una pequeña
parte de su cordura regresó. No deberían estar haciendo esto. No en el
pasillo donde sus hermanos podrían encontrarlos. En ninguna parte.

—Lucian…

La besó de nuevo, silenciando las protestas en las que estaba


trabajando, pero esta vez fue diferente. Era lento y profundo, como si
ahora se estuviera tomando el tiempo de familiarizarse con cada
centímetro de sus labios. No era tan difícil, pero era igual de consumido,
si no más. Su cuerpo entero zumbó cuando un dolor profundo creció y
se intensificó cada vez que se presionó en ella.

Estaba intoxicada con sus besos.

La facilidad con que la él la distraía fue bastante tortuosa, lo que


le hizo preguntarse si así era como se ganó su apodo. Tendría sentido,
porque apenas podía recordar quién era ella y no protestó cuando la
mano de él dejó la cadera y encontró el camino bajo el dobladillo de su
camisa, deslizándose a lo largo de la piel desnuda de su costado.

Ella giró sus caderas contra las suyas, temblando cuando un


gruñido casi animal estalló en él. Jadeando entre besos, su espalda se
arqueó cuando su mano encontró su pecho. La lujuria la atravesó cuando
sus uñas se clavaron en sus hombros.

—Julia —gimió, y luego su lengua trazó sus labios nuevamente,


exigiendo la entrada.

Los dedos de Julia alcanzaron los mechones cortos y suaves de su


cabello justo cuando su pulgar rozaba su pezón. Julia gritó, y él se tragó
el sonido con otro beso abrasador.

—Me encantan esos sonidos que haces —dijo con voz ronca—. Solo
escucharlos podría hacerme venir.

Ella perdió el aliento que tenía.

—Tú... no puedes hablar en serio.

—¿No me crees? —Besó la esquina de su boca—. Tócame y


averígualo. Terminará en menos de un minuto. Así de caliente me pones.
Así de loco me tienes.

¿Tocarlo? Oh Dios, quería hacerlo. Mucho. Tanto así, que estaba


mareada solo por imaginarse haciéndolo.

La cálida y perversa boca de Lucian se movió a lo largo de su


mandíbula hasta su oreja.

—Puedo ayudarte a hacerlo. ¿Lo quieres?

Los ojos de Julia se cerraron mientras se mordía el labio inferior.


Esto era una locura. Necesitaba detener esto, pero no lo hizo cuando él
envolvió sus manos alrededor de su muñeca. Lo dejó recorrer su mano
por su pecho, sobre las apretadas protuberancias de su estómago.

Se detuvo cuando las puntas de sus dedos rozaron la banda en sus


pantalones.

—¿Qué piensas? —preguntó, bajando los labios por su garganta—


. Dices que sí, te ayudaré. Te demostraré cuán listo estoy para explotar.
—Atrapó la piel de su cuello entre sus dientes, enviando un rayo de placer
perverso por sus venas. Dejándola ir, apaciguó el aguijón con un golpe
de su lengua—. Puedo mostrarte lo que hago.

Lucian arrastró su boca hacia un lado de su garganta. Sus dedos


se abrieron ampliamente mientras se aferraba a su muñeca.

—Puedo mostrarte lo que hago cuando pienso en ti.

El cuerpo de Julia estaba en guerra con su mente. El sentido


común dictaba que debería decía que no, pero que eso no era lo que
quería. Debería saberlo mejor, pero no quería escuchar la voz de la
prudencia. Su garganta se secó cuando bajó la pierna y dijo con voz
ronca:

—Sí.

Su gruñido de respuesta se convirtió en un profundo beso que le


quitó la respiración y Julia se dio cuenta de que tenía muy poca
experiencia en ello.

—Gracias a Dios —susurró él, y luego arrastró su mano debajo de


la banda de sus pantalones.

Casi de inmediato, sus dedos rozaron la punta húmeda y dura. Se


retiró lo suficiente como para que cuando ella abriera los ojos y bajara
la mirada, pudiera ver la cabeza de su pene.

Con la otra mano, empujó hacia abajo los costados de sus


pantalones, exponiendo la gruesa, larga extensión de su erección. Los
ojos de Julia se agrandaron. Lo había sentido, así que tenía una buena
idea de su tamaño, pero verlo era una historia completamente diferente.

¡Dios mío!
Lucian movió su mano hacia la base y luego deslizó su mano sobre
la de ella, curvando sus dedos alrededor de su grosor. Luego la movió de
nuevo, lentamente arrastrando su mano hacia arriba y hacia abajo.

Ella sabía cómo hacer esto, pero había algo increíblemente caliente
con él guiando los golpes. Tenía el control en este momento, y que Dios
la ayudara, estaba excitada por eso. Completamente excitada viendo su
mano oscura tragándose la suya y sintiendo la piel caliente debajo de su
palma sacudiéndose.

—Mira —dijo él, besando su sien y luego la otra esquina de su


boca—. Míranos.

No tenía que decirle que hiciera eso. Julia no podía apartar la


mirada aún si lo intentaba. Él usó su mano para acariciarlo, lentamente
al principio y luego más rápido, apretando su mano hasta que todo su
cuerpo se sacudió.

Su cuerpo comenzó a moverse en sintonía con los movimientos de


sus manos. La gota de líquido creció y su corazón se aceleró. No podía
creer que estaba haciendo esto y no podía parar.

—Julia —gimió su nombre como si fuera una maldición y una


oración.

Levantó la mirada hacia él, y la intensidad ardiente de su mirada


casi la hizo caer de rodillas. Julia se inclinó hacia adelante, acercando
su boca a la suya. Lo besó, deleitándose con la forma en que su cuerpo
temblaba de repente. Su agarre sobre él se apretó, y le tomó un momento
darse cuenta de que ya no estaba moviendo su mano. Sus manos se
estrellaron contra la pared junto a su cabeza. Era todo trabajo suyo
mientras él profundizaba el beso, girando su lengua alrededor de la
suya.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que era ella quien tenía el
control.

Quizás siempre lo había tenido.

Y había pasado tanto tiempo, demasiado tiempo desde que se


sintió así.

—Demonios —exhaló Lucian contra su boca—. En verdad. No va a


durar ni siquiera un minuto.

Sus labios se curvaron en una sonrisa contra la suya. No tuvo


oportunidad de responder, porque la besó como un hombre que sale de
una sequía en busca de agua. Luego él se separó, escondiendo la cabeza
en el hueco de su cuello. Empujó una vez más y luego se estremeció
mientras gruñía una áspera maldición sobre su piel. Ella sintió espasmos
en su puño cuando encontró su liberación, mientras se la daba. Su
aliento sonaba tembloroso mientras aflojaba un poco su agarre.
Suavemente, se soltó y luego, torpemente, limpió el dorso de la mano por
su trasero.

—Está bien —dijo, sonando ronco—. Esos fueron como treinta


segundos. Tal vez debería sentirme avergonzado.

Julia se rió, incapaz de detenerlo.

Lucian levantó la cabeza de su cuello y moviendo solo una mano


de la pared, se alzó entre ellos, levantando la mano con la que la había
agarrado. Sosteniéndola, llevó su mano a su boca y presionó un beso en
el centro de su palma.

Su vientre se desplomó.

Vaya.

Una media sonrisa apareció cuando llevó su mano a su pecho,


haciendo cosas aún más raras en su estómago.

—Estoy de pie en el pasillo con mi trasero de fuera, y ni siquiera


me importa.

A Julia debería importarle eso, pero lo único que podía hacer era
reírse otra vez.

—Es bueno que seamos las únicas personas despiertas. Bueno,


nosotros y los fantasmas.

—Sí. Maldita sea, Srta. Hughes. —Presionó su frente contra la de


ella mientras respiraba entrecortadamente—. Creo que voy a querer
retenerte.

Sus palabras la sorprendieron, sacudiendo todo su sistema. No


sabía si era porque le gustaba la idea de lo que dijo o el saber que
probablemente no significaba nada. O tal vez ahora que el aire fresco se
estaba interponiendo entre sus cuerpos, el sentido común volvía con
fuerza.

Oh Dios mío.

¿Qué demonios estaba mal con ella? Había jurado que no iba a
volar esas alas cachondas de nuevo, especialmente no en un pasillo
donde cualquiera pudiera caminar sobre ellas.

Julia se tensó cuando desvió la mirada, cometiendo el error de


bajar la mirada. Dulce Señor, él todavía era enorme incluso cuando no…
está bien, no iba a pensar en eso. Se centró en su hombro.

—Yo…

—No digas que no debería haber sucedido. —Su voz era dura
cuando se inclinó hacia un lado, fijando su mirada en la de ella—. No
digas que lo lamentas o que debería olvidarlo.

Sus fosas nasales llamearon.

—No me digas qué decir.

—No te quedes ahí parada y pretendas que lo que acaba de suceder


no fue jodidamente increíble para los dos, a pesar de que fui yo quien se
vino.

La boca de Julia se abrió.

—Guau. Tu ego en realidad es ilimitado.

—No tiene nada que ver con el ego. —Estiró su cuello hacia el otro
lado cuando apartó la mirada, atrapándola una vez más—. Sé de un
maldito hecho que lo disfrutaste tanto como yo.

—¿Oh en serio?

—Realmente —respondió—. ¿Cómo puedo saberlo? Porque es la


primera vez que te escucho reír desde la noche en el bar como si no
pudieras evitarlo. Como si realmente estuvieras disfrutando. Fue una risa
real al igual que hace unos segundos, eso fue una sonrisa real.

Julia comenzó a negarlo, pero su boca se cerró cuando su pecho se


elevó en una profunda inhalación.

—¿Y la forma en la que me besaste? No puedes fingir eso y seguro


como el infierno que no besas así si te vas a arrepentir.

Jesús. Estaba en lo correcto. Julia lo odiaba por eso, y lo que


necesitaba en ese momento era no estar cerca de él. Necesitaba poner su
cabeza en orden.

—No importa. —Retiró su mano y se deslizó por debajo de su brazo


extendido, poniendo distancia entre ellos—. No debería haber sucedido.

—Tal vez debería haber sucedido. —Lucian negó con la cabeza


mientras se giraba hacia ella, levantándose los pantalones. Algo por lo
que estaba completamente agradecida—. ¿Alguna vez has considerado
eso?

—¿Por qué iba a hacerlo? —Levantó sus manos con incredulidad—


. Trabajo para ti, para tu familia. Técnicamente eres mi jefe. Eso… —Le
hizo un gesto hacia él—, fue literalmente lo último que debería estar
considerando.

Sus cejas se juntaron.

—¿A quién le importa si eres una empleada o no? Eso no me


importa ni a mí ni a mis hermanos. Lo que importa es lo que queremos.

Doblando sus brazos, dio un paso atrás—. El mundo no funciona


de esa manera. Otras cosas importan.

Él se adelantó, devorando la distancia que los separaba en un abrir


y cerrar de ojos.

—Así es exactamente cómo funciona mi mundo.

Julia lo miró boquiabierta, porque en serio, ¿cómo se suponía que


iba a responder a eso?

Pero luego la sorprendió una vez más.

Apretando sus mejillas, bajó la cabeza y la besó, la besó como la


primera vez. Y estúpida, estúpida, estúpida Julia no lo apartó. Se abrió
hacia él como una de esas rosas salvajes floreciendo en el jardín.

Lucian todavía la abrazaba cuando dijo:

—¿Y Srta. Hughes? Estás en mi mundo ahora.


Capítulo 19
Traducido por Mais

C arboncillo cubría sus dedos y el lado de la mano de Lucian.


Había tenues manchas negras a lo largo de su pecho desnudo.
Rayas que no tenía idea cómo habían llegado ahí. Sus ojos estaban
cansados y el calambre en su cuello no estaba mejorando, pero mientras
se sentaba y realmente miraba a lo que le habían dado las últimas horas,
el dolor no era nada más que una molestia menor.

Dejar la pintura por el carboncillo había sido una brillante idea.

Solo había algo más íntimo cuando dibujaba con carboncillo. Tal
vez era porque sus dedos estaban más cerca al lienzo y estaban envueltos
en la sombra y el borde de detalles más finos. Era un arte romántico,
Lucian siempre pensaba, más cálido y fluido que el aceite y brocha.

La mirada de Lucian se movió a través del lienzo.

Comenzó con el dibujo desde el momento en que regresó a su


habitación. Sin dormir. Nada para beber o comer. Las horas habían
pasado y aunque no había ventanas en esta habitación, sabía que el sol
se había crestado hace un tiempo atrás.

Julia lo miraba de vuelta; la línea exquisita de su mentón y las


líneas exuberantes de sus labios estaban reproducidas con manchas
grises y trazos. Él había capturado la mirada en su rostro momentos
antes que se diera cuenta lo que había hecho con él.

Sus cejas estaban relajadas y sus ojos pesados, con los párpados
caídos. Las pestañas habían sido difíciles de perfeccionar, pero había sido
la ligera curvatura de sus labios que le había tomado cerca de una hora
hacerlo bien. Era esa media sonrisa que había visto, relajada y satisfecha.
Solo el torcido más pequeño en sus labios, y había sido la sonrisa más
hermosa que jamás había visto.

El resto de ella había venido del recuerdo e imaginación. La había


dibujado reclinada de lado, su cabeza recostada en un pequeño puño.
Una sábana cubría sus caderas, cayendo al lado, exponiendo una
pantorrilla. Su estómago y pecho estaban desnudos, sus suaves bultos
grabados y sombreados con carboncillo. Era un Venus, su propio Venus.

La Srta. Hughes probablemente lo golpearía si veía esto.

Un lado de sus labios se curvó.

Valdría la pena.

Dejando el carboncillo en una bandeja cercana, se levantó y alzó


su brazo, estirando los músculos tensos. Luego salió de la habitación,
sintiéndose un millón de veces más claro que cuando había entrado.
Habían pasado años desde que había pasado la mejor parte de la noche
escondido en su estudio.

Y al hacerlo ahora era como despertar.

Maddie y él obtuvieron sus talentos de su madre. Ella era una


artista, capaz de dar vida a cualquier dibujo, ya sea hecho con un
marcador plano o el cepillo de aceite más caro.

Sin embargo fue algo más que alejó a su hermana y a él de sus


hermanos.

Después de una ducha rápida y cambio de ropa, fue arriba. La cosa


más loca sucedió mientras trotaba por las escaleras. Una extraña mezcla
de nerviosismo y anticipación lo asaltó. Sus pasos se ralentizaron y un
fruncido apareció en sus labios.

¿Realmente estaba nervioso… nervioso de ver a Julia?

Corriendo una mano por su pecho, se dirigió por el pasillo.


¿Cuándo había sido la última vez que realmente había estado nervioso
de ver a una mujer? No podía recordarlo.

Diablos.

Inseguro de qué pensar sobre eso, rodeó el pasillo y vio que la


puerta de la habitación de su hermana estaba abierta.

Maddie estaba en el caballete. Dios. Todavía no podía creer que su


hermana estuviera sentada y pintando. Todo gracias a la idea de Julia.
Lo que significaba que también estaba probablemente en lo correcto
sobre Daniel. Tanto como no quería a Daniel cerca, si ayudaría a su
hermana, convencería a sus hermanos de permitirlo.

Su mirada se movió hacia donde Julia estaba sentada, en una silla


cercana. Estaba observando a su hermana mientras se mordía el labio
inferior. Su expresión estaba tensa, como si estuviera perdida en un
mundo de pensamientos.

Lucían se preguntó si se estaba estresando por lo de anoche.


Arrogante asumir que no había nada más sucediendo en su vida, pero
estaba dispuesto a apostar que él estaba en su mente. Probablemente
estaba saliendo con una lista de supermercado de razones de por qué no
debería haber sucedido.

Inclinándose contra el marco de la puerta, se aclaró la garganta.

Julia saltó mientras su cabeza se levantaba. Rosado se expandió


en sus mejillas y su corazón se golpeó contra sus costillas al momento en
que sus miradas encajaron.

Ninguno de ellos dijo nada durante un largo momento. Lucian se


encontró raramente… sin palabras.

Fue Julia quién rompió el silencio.

Doblando sus brazos, se deslizó hacia adelante en su silla.

—Buenos días.

Una ceja se levantó.

—Tan remilgada y apropiada, Srta. Hughes.

El rosa se profundizó mientras sus labios se apretaban.

—¿Qué puedo hacer por ti, Lucian?

El sonido de su nombre viniendo de esa boca empujó lujuria justo


a través de él. Si su hermana no estuviera en la habitación, haría algo
para no tener que usar su imaginación para lo que había dibujado.

—Nada por el momento. —Alejándose de la puerta, caminó a través


de la habitación, completamente al tanto que lo miraba dudosa. Llegando
al lado de su hermana, se arrodilló—. Buenos días Maddie.

Su hermana no respondió mientras pasaba la brocha a través del


lienzo. Sus cejas se juntaron mientras él estudiaba el lienzo. Fuera de la
pintura pálida, pensó ver rasgos faciales. Miró hacia Julia.

—¿Cuántas hojas ha hecho?

—Tres. Esta es la cuarta —respondió—. Las he estado manteniendo


en el armario, fuera del camino.
Él asintió y luego se volvió a enfocar en Maddie.

—Entonces, estaba pensando —dijo mientras su hermana se movía


para hundir más pintura en la brocha—. ¿Cómo te sentirías si invitara a
Daniel este fin de semana?

La mano de Maddie se detuvo.

Él sostuvo el aliento mientras su hermana estaba allí, sin moverse.


¿Esa era una buena señal? ¿Mala?

—Posiblemente el Domingo, ¿para almorzar? ¿Te gustaría eso?

Su mirada bajó. Un momento pasó y luego ella comenzó a pintar


de nuevo.

Lucian permaneció agachado durante varios momentos en silencio.

—Hubo una respuesta. —Miró a Julia—. ¿Viste eso, verdad?

Sorpresa llenó su mirada mientras asentía.

—Definitivamente fue algo.

Él exhaló ásperamente mientras se levantaba.

—No tengo idea si es bueno o malo.

Julia descruzó sus brazos.

—Creo que es bueno. Quiero decir, eran amigos cercanos. No veo


cómo eso podría ser malo… malo para ella.

Lucian tenía que acordar con eso. Pasando sus dedos sobre su
cabello húmedo, dejó caer su mano.

—Voy a hablar con Dev. Usualmente sale la mayoría de los


domingos, así que no estará aquí. Si lo está, todo caerá rápidamente.

—Entonces, probablemente ese será el mejor momento —acordó—


. No necesitamos que ella esté estresada.

¿Pero cómo podían saberlo? Aunque acordaba con Julia, ¿qué


pasaba si al traer a Daniel a la figura la estresaba? No tenía ninguna
razón para creer que eso sucedería más que el hecho de que no le gustaba
el pequeño imbécil. Iba a tener que dejar ir eso.

Girándose hacia Julia, estudió su perfil mientras ella observaba a


Maddie. Estaba de vuelta a morder su labio inferior, urgiéndolo a hacer
algo sobre eso. Quería probar esa boca de nuevo, pero era lo
suficientemente inteligente para darse cuenta que necesitaba darle
tiempo.

Lo que le había dicho anoche era cierto. Ella estaba en su mundo


ahora, pero tenía que facilitarle comprender ese pequeño hecho.

—¿Puedes salir al pasillo un momento?

Una mirada de sospecha se situó en su rostro.

—¿Por qué?

—Prometo mantener mis manos y… otras partes para mí mismo.

Su mirada se lanzó hacia Maddie mientras los labios de ella se


presionaban en una delgada y dura línea. Se puso de pie y caminó más
allá de él, agarrando la manga de su camisa. Lo jaló hacia la puerta, y ni
siquiera pudo esconder su sonrisa.

—Srta. Hughes, ¿me estás maltratando?

—Cállate —siseó.

Él rió entre dientes.

—Como que me gusta esto.

—Eso es porque hay algo mal contigo. —En el pasillo, lo jaló varios
pasos lejos de la puerta. Dejó caer su manga y lo enfrentó—. En caso que
no lo hayas descubierto, tu hermana obviamente tiene dos orejas que
funcionan y puede ser capaz de entender lo que la gente está diciendo.

—Sip. Creo que entiendo eso. —Sonrió cuando los ojos de ella se
oscurecieron—. No tengo deseos de esconder que estoy interesado en ti.

Ella retrocedió un paso, sacudiendo la cabeza.

—Tal vez deberías.

—Bueno, entonces eso me convertiría en un mentiroso, y no soy un


falso o un mentiroso, Srta. Hughes.

—Oh Dios Mío —murmuró, frotando su ceja.

—No creo que él tenga algo que ver con ello.

Lentamente ella levantó la mirada y le lanzó una mirada sin


expresión.

—¿Qué quieres?
Él sonrió.

—Me gustaría que estés presente el domingo cuando Daniel está


aquí solo en caso que algo suceda.

Ella se vio como si eso fuera lo último que esperaba.

—Eh, mi agenda no está realmente hecha. Dev mencionó que los


fines de semana realmente dependían de mí, pero no tenía ningún plan
para el fin de semana. Definitivamente estaré disponible cuando Daniel
esté aquí.

—Perfecto. ¿Y sabes qué más es perfecto? —preguntó.

—¿Qué estás por irte?

Él rió.

—No. Eso significa que puedes unirte a Gabe y a mí para cenar


mañana.

—Espera. ¿Qué?

Mirando el pequeño clip que mantenían su moño en su lugar, se


preguntó qué tan enojada se pondría si él se lo quitaba.

—Gabe y yo tenemos una reservación en uno de los mejores


restaurantes de la ciudad cada sábado por la noche. Estaba pensando
que desde que querías ver la ciudad, estarías interesada en unirte.

Abrió la boca.

—No es gran cosa. Gabe estará allí, y a ti te gusta —razonó—. Tal


vez no tanto como yo te gusto, pero eso es algo bueno.

Los hombros de Julia se cuadraron. Un momento pasó.

—¿Quién cuidará de Madeline?

—Tendremos personal para que lo haga. Solo tenemos que volver


antes que se vuelva demasiado tarde —dijo, sonriendo cuando ella puso
los ojos en blanco—. Vamos, di que sí.

—¿Y si no digo que sí, entonces me manipularás en decirlo?

Lucian inclinó la cabeza a un lado.

—Si realmente eso es lo que necesitas para creer en decir, entonces


sí.
Ella resopló.

—Sabes, eres… realmente no hay palabras. —Sacudió la cabeza—


. Entonces, ¿no solo seremos tú y yo?

Luchando contra una sonrisa triunfante, asintió.

—Gabe estará con nosotros.

—Seguridad en los números.

Oh, sí solo supiera qué tan malo era creer eso, pero asintió una vez
más.

Soltando una respiración desigual, ella cruzó sus brazos una vez
más.

—De acuerdo. Iré contigo y Gabe, pero eso es todo. Solo cenar y
luego vuelvo a casa.

Maldición.

Casa.

Perdió un poco el balance, pensando que le gustaba la forma en


que se refería a esta casa como su hogar. Mantuvo eso para sí mismo.

—¿Cómo suena eso, entonces?

—Bien para mí. —Se hizo a un lado y luego se detuvo. Apretando


sus labios, alzó la mirada hacia él—. No sé si te lo dije ayer o no, pero
estaba pensando en ello y… sé que no eras cercano a tu padre, pero
espero que el servicio memorial te haya acercado de algún modo a tus
hermanos.

Sorpresa lo ató al suelo mientras la miraba fijamente. Ella lo decía


en serio. Lo podía sentir. Algo, tal vez su maldito corazón, se apretó en
su pecho.

Y aunque sabía que necesitaba darle espacio y tiempo, era un


bastardo ansioso. Antes de que ella pueda sentir qué traía él, inclinó su
cabeza y presionó un rápido y casto beso en la esquina de sus labios. Su
inhalación suave rebotó a través de él.

—Gracias —murmuró contra sus labios, y luego retrocedió,


dejando que su mirada viaje por encima de ese dulce rostro; sonrió y
luego se giró, dejándola de pie en el pasillo.
Gabe permaneció por la puerta de la habitación de Madeline,
inclinado contra el marco con sus brazos cruzados. No entró pero observó
a su hermana en el caballete. Cuando se volvió aparente que Gabe de
hecho no iba a entrar a la habitación, Julia caminó hacia él.

—¿Quieres un tiempo con ella?

Sin quitar sus ojos de la pintura, él sacudió la cabeza.

—Está bien. De hecho tengo un cliente con el que necesito ponerme


en contacto. —Su cabeza se inclinó a un lado mientras sus ojos se
entrecerraban—. ¿Sabes en qué está trabajando?

Ella sacudió la cabeza.

—No tengo idea.

—Yo tampoco —murmuró, cruzando un tobillo sobre el otro—.


Entonces, sobre mañana en la noche. —La miró, sus pestañas bajas—.
Estoy emocionado sobre nuestra cena.

Su mirada, muy parecida a la de su hermano, se enganchó en ella.


Al menos Lucian no estaba mintiendo cuando dijo que la cena incluía a
Gabe, pero su estómago se hundió extrañamente sin embargo.

—¿En serio?

—Sí. —Apareció una media sonrisa—. Estoy emocionado de


mostrarte Nueva Orleans.

Su mirada se lanzó hacia la de él. La forma en que dijo eso…

—Bueno, necesito irme. —Él se enderezó, alejándose de la puerta—


. Que tengas buenas noches, Julia.

—Tú también —murmuró.

Gabe se fue y la tarde se convirtió en una noche temprana. Para el


momento en que le tocó llamar a Richard para que ayude a mover a
Madeline a su cama, Julia estaba exhausta. Había pasado la mejor parte
del día maldiciéndose por la noche anterior y luego por acordar ir a cenar
con los dos hermanos.

Lo que extrañamente se sentía como si hubiera acordado a una


cita… con dos chicos… al mismo tiempo.

Mientras caminaba de un lado a otro en la habitación mientras


esperaba a Richard, deseó poder llamar a Anna y tener su consejo, ¿pero
cómo podía hacer eso sin decirle para quién estaba trabajando? Confiaba
en Anna, pero…

De cualquiera manera, había terminado de reprenderse. Julia se


puso seria consigo misma. No hubiese hecho lo que hizo anoche si no lo
hubiera deseado. No hubiera acordado cenar si no lo hubiera deseado.
Lo que no quería enfrentar, lo que más la aterraba para ser honesta, es
que sí lo deseaba.

Deseaba a Lucian.

Suavizando una mano temblorosa por su cabello, se detuvo en


frente de las puertas. Nubes gruesas y pesadas estaban pasando,
ensombreciendo el suelo entero. A la distancia, sonaba la tormenta.

Realmente lo deseaba.

Solo pensar eso hizo que su corazón saltara en su pecho. ¿Qué


haría si lo dijera en voz alta? ¿Qué sucedería si se lo permitía?
Obviamente él estaba en ella aunque todavía no tenía ni idea de por qué
se había detenido la noche en su departamento, pero, ¿qué hubiese
sucedido si… solo lo dejaba ir?

Julia cerró sus ojos y se mordió su labio inferior. Su empleo no


estaba en riesgo, pero estaba bastante segura que su agencia realmente
frunciría el ceño ante las actividades extracurriculares de la clase de
diversión y atrevido.

Realmente no se había permitido pensar en el adicional que


recibiría cuando terminara. Ni siquiera podía procesar eso aún, lo que
eso significaría a largo plazo.

¿Entonces, qué la estaba reteniendo? Si hubiera llamado a Anna,


esa sería la pregunta que ella haría. Y esa era la respuesta en la que Julia
no quería profundizar.

La verdad era que, estaba asustada de dejarse sentir, sentir


cualquier cosa que realmente fuera más allá que un interés pasajero.
Había sido de esa forma desde que había dejado a Adam. Esa relación
había sido un desastre gigante, y tal vez… tal vez tenía miedo de repetir
eso. Y cualquier cosa con Lucian sería un desastre.

Porque tenía una forma de meterse bajo su piel. Era encantador e


inteligente. Era seductor y peligroso, dejándola sentir completamente
fuera de control. Era increíblemente guapo y juguetón. Lucian de Vincent
era Realeza Americana.
¿Cómo podría no volverse loca con él?

Involucrarse con él podía llevar a sentir más que lujuria, ¿y


realmente quería que eso sucediera? Porque una relación con Lucian
llevaría a ningún lado. Ella se iría de aquí eventualmente y quería hacer
eso con su corazón intacto.

Un crujido de tormenta la hizo saltar fuera de sus pensamientos,


forzándole a abrir sus ojos. Segundos después, luz brillante cortó a través
del cielo, intensa y cegadora. Otra explosión fuerte de tormenta siguió
mientras el viento aceleró el paso, soplando alrededor del porche.

Julia retrocedió de las puertas, un poco enervado por lo cerca que


estaba la luz.

—Vaya.

—Estamos en una bastante tormenta fuerte.

Jadeando, Julia se giró y vio a Richard de pie dentro de la puerta.


¿Todos en esta casa tenían habilidades de ninja? Jesús.

—¿Cómo es que todos se mueven tan silenciosamente? ¿Son


humanos?

Richard rió entre dientes.

—Al Sr. de Vincent, Lawrence, no le gustaba la bulla innecesaria.


La mayoría de nosotros hemos aprendido a movernos tan
silenciosamente como sea posible.

¿Los pasos eran bulla innecesaria? Lo que era bizarro para Julia
era que todos podían moverse silenciosamente a través de la casa excepto
esa noche, donde pasos fantasmales recorrían con fuerza y sin rumbo.

—Muy bien entonces.

—¿Está lista para moverla a la cama? —preguntó él.

Asintiendo, Jula se giró hacia donde Madeline estaba recostada,


medio dormida en su silla cómoda. Richard se acercó y se detuvo,
mirando la pintura en la que ella había estado trabajando la mayoría del
viernes. Una mirada extraña cruzó su rostro mientras miraba la figura.

—¿Sabe en qué está trabajando? —preguntó. Para ella era todo


muy abstracto.

Con el rostro suavizándose, sacudió la cabeza.


—¿Está lista?

Juntos ayudaron a Madeline a ponerse de pie. El proceso era más


rápido cuando estaba Lucian, porque él simplemente cargaba a su
hermana. Entre ella y Richard, tenían que moverle un pie en frente del
otro mientras soportaban su peso.

Una vez que la tuvieron en la cama, una idea se le ocurrió a Julia


mientras cuidadosamente colocaba las piernas de Madeline bajo la
sábana.

—¿Cuánto tiempo ha trabajado por los de Vincent?

—Oh, bueno, desde antes que nacieran los chicos y Madeline. —


Colocó una almohada bajo la cabeza de Madeline—. Mi padre trabajó para
el padre de Lawrence. Creció junto con él. Fue natural terminar
trabajando para él.

—Eso es… vaya, realmente mucho tiempo. —Recordó el jovencito


que la había recogido en el aeropuerto. Había dicho algo similar.

Richard se alejó de la cama, poniéndose de pie al lado del vestidor.

—Estos chicos son como los propios. —Miró hacia Julia—. Livie y
yo no queríamos hijos para nosotros, así que nos daba felicidad mimar a
los chicos y Madeline cuando podíamos hacerlo.

Julia lo miró, preguntándose si estaba saliéndose de la línea al


hacerle la siguiente pregunta.

—¿No fue fácil para ellos de niños, ¿verdad?

Una especie de sonrisa triste cruzó su rostro.

—Lawrence fue muy duro con ellos. Esperaba mucho, así como su
padre de él. —Miró a Madeline durante varios segundos—. Nunca tuviste
la oportunidad de conocer a Lawrence. Podía ser muy duro pero… tenía
sus razones. No siempre acordaba con ellos, pero eran sus hijos.

Julia se preguntó qué clase de razones podría haber tenido para


ser tan terrible con sus hijos.

—¿Hay algo más que necesite?

—Nop. Eso es todo.

Él asintió y se dirigió hacia la puerta, donde se detuvo.

—¿Se unirá a los chicos para la cena esta noche?


Casi rió.

—No, solo me relajaré.

—Por supuesto. ¿Le gustaría que un plato sea enviado a su


habitación?

Su boca se abrió, pero le tomó un momento encontrar las palabras.

—No es necesario. Lo que Livie preparó fue más que suficiente.

—No es problema para nada. —La piel alrededor de sus ojos se


arrugó cuando sonrió—. Es mantequilla y costillas asadas a la hierba. Es
increíble.

¿Costillas asadas a la hierba? Su estómago gruñó en respuesta.

—¿Cómo puedo negar eso?

—No puede. Haré que lo envíen a las siete en punto.

—Gracias —dijo ella, todavía sintiéndose como si no debería haber


acordado.

Richard asintió y luego se giró, desapareciendo en el pasillo.


Sacudiendo su cabeza, entró al baño. Era extraño tener a alguien
esperando para que las cosas se hagan para ti. Sin importar cuánto
tiempo estuviera aquí, dudaba que fuera algo a lo que se acostumbraría.

Recogiendo las toallas limpias que habían sido colocadas en el baño


antes, las llevó al armario. Las colocó en su pequeño cuchitril. A la salida,
cerró la puerta. Su codo conectó con la pila de revistas y libros dejados
en la mesa por el vestidor. Cayeron al suelo, una tras otra.

—Por supuesto —murmuró, mirando hacia Madeline. Sus ojos


todavía estaban cerrados, pero Julia dudó que estuviera durmiendo.

Inclinándose hacia abajo, agarró las revistas y libros. Mientras las


colocaba de nuevo en la mesa, algo blanco yacía en el suelo.

Frunciendo el ceño, Julia se inclinó y recogió el pedazo de papel.


Era un pedazo de papel de una libreta, la sección rota de la esquina de
una página y doblada. El pedazo no se veía viejo, gris o amarillento.

Julia enderezó la pila mientras se levantaba, abriendo el pedazo de


papel en el camino. Se tensó, sus cejas juntándose mientras leía las dos
líneas escritas a mano.

Te extraño, pero no por mucho tiempo.


Te amo, pero siempre supiste eso.
Capítulo 20
Traducido por Anamiletg

G racias —dijo Dev por teléfono—. Agradecemos la llamada. —


Hubo una pausa mientras Lucian se rascaba la frente con su
dedo medio. Dev frunció el ceño—. Sí. Si necesitamos algo, nos
aseguraremos de avisarte.

Terminó la llamada.

—Eso fue maduro.

Lucian sonrió.

—También lo pensé.

Alzando una ceja, Dev se recostó en su silla.

—El teléfono no paraba de sonar.

Dev había atendido a los simpatizantes, las llamadas telefónicas,


los invitados y la prensa como si hubiera nacido para eso. Y lo había sido.
Asumiendo el papel de jefe de familia, el jefe del negocio era lo que había
estado esperando.

Lo que todos habían estado esperando.

Pero Lucian no estaba allí para hablar de lo increíble que era Dev
al asumir el papel de cabeza de idiota a cargo.

—Quería correr algo más allá de ti.

—¿Por qué tengo la sensación de que correr algo más allá de mí


significa que vas a hacer algo sin importar lo que piense?

—No lo sé. Quizás haya algún tipo de estadística que respalde esa
creencia.

—Quizás —murmuró Dev, haciendo un gesto para que continuara


mientras alcanzaba su vaso.
—Estoy pensando en invitar a Daniel a pasar tiempo con Maddie.
Creo que ayudaría. —Lucian le había contado a sus dos hermanos sobre
la aparición de Daniel poco después de que se enterara. Ninguno de los
dos estaba emocionado—. Y no importa cuán molesto sea, no podría
doler.

Dev apretó su mandíbula después de tragar el whisky.

—Prefiero tener un canguro rabioso en la casa que a Daniel.

Su frente se arrugó.

—¿Los canguros pueden contraer la rabia?

—No lo sé, pero me imagino que Daniel es tan destructivo como un


canguro en una tienda de porcelana con rabia —respondió Dev, y Lucian
se preguntó si su hermano estaba ligeramente ebrio—. Sé que ya vas a
hacer esto. ¿Cuándo?

Lucian se movió en el asiento, manteniendo sus pies en el borde


del escritorio de Dev.

—Domingo. No estarás aquí.

—Perfecto. —Dev hizo una pausa—. Es tu responsabilidad. Si él


causa problemas…

—Lo sé. Lo manejaré. —Lucian bajó una mano hacia el brazo de la


silla—. Hablando de problemas. ¿Alguna actualización de la policía?

—Hablé con Troy antes. Creo que será eliminado de la investigación


debido a nuestra amistad —explicó Dev, agitando el líquido en su vaso—
. El jefe no me ha hablado todavía.

—¿Los abogados lo están bloqueando?

Un fantasma de sonrisa cruzó los labios de Dev.

—Por supuesto. No estoy preocupado.

Lucian frunció el ceño.

—Parecías preocupado antes.

Dev levantó su mirada hacia Lucian.

—Eso fue antes.

—¿No te preocupa que el hecho de que estén investigando su


muerte vaya a salir a la prensa? —La incredulidad resonó a través de
Lucian. Lo único que le importaba a su hermano era cómo la gente veía
a la familia—. Estoy esperando que el jefe haga un anuncio público. Este
tipo de cosas podría hacer su carrera.

Dev sonrió entonces, la inclinación de sus labios fría como una


tumba recién cavada.

—O este tipo de cosas podría... terminar su carrera.

Julia estaba nerviosa mientras se duchaba y preparaba para salir


en la noche con Lucian y Gabe. Lavarse y luego acondicionarse el cabello
dos veces, seguro que se sentía como si estuviera preparando para una
cita. Incluso se afeitó, porque... por razones que no quería pensar.

Trató de pensar en otra cosa que no fuera para lo que se estaba


preparando. Su mente volvía a la hoja de papel que había encontrado la
noche anterior. ¿Quién podría haber escrito eso? ¿Había sido destinado
a Madeline y, de ser así, cómo había llegado allí?

Algunos de los libros eran viejos, décadas de antigüedad. ¿Tal vez


lo había deslizado en uno como un marcador? Julia no estaba segura,
pero la había vuelto a colocar en el mismo lugar, debajo de las revistas y
libros.

Planeaba preguntarle a Lucian sobre eso, pero no lo había visto


desde que le había pedido cenar. Ni una sola vez desde la mañana de
ayer, lo que era extraño ya que normalmente estaba en cada esquina. No
habría sabido si había estado en la casa si ella no hubiera visitado a
Madeline esta mañana, y lo hubiera escuchado allí leyendo para ella.

Julia se había acobardado y había corrido por el pasillo en vez de


encontrarse cara a cara con él, como haría un adulto.

Cuando regresó a la habitación de Madeline justo antes del


almuerzo, Lucian ya no estaba. A decir verdad, si no estuviera en la
misma casa que él, probablemente cancelaría la cena por pura ansiedad.

Pero esa no era una opción.

Mientras se secaba el cabello y curvaba los largos mechones en


ondas sueltas, luchó con su consciencia, sentido común y hormonas. Ella
era como una receta para malos brownies de elección de vida. El
veinticinco por ciento de ella sabía que no debería mezclar negocios con
lo que fuera. Otro veinticinco por ciento dijo que salir esta noche era un
gran error que probablemente conduciría a una serie de otros errores.
El cincuenta por ciento restantes se preguntaba si debería usar
bragas o no.

Puso los ojos en blanco ante su reflejo, sabiendo muy bien que iba
a usar bragas.

Terminando de aplicar el último trozo de máscara, decidió dejar de


enloquecer y... y bueno, que pase lo que tenga que pasar. Ese era su plan.
No iba a preocuparse por eso por un segundo más.

—Oh, Dios mío —susurró a su reflejo. Ese era el plan más


complicado conocido en la historia, pero era todo lo que tenía.

Aunque logró hacerse un ojo ahumado por una vez en su vida.

Alejándose del mostrador, tocó la faja de su bata mientras miraba


la ducha. No pudo evitar pensar en la sombra que había visto. Ahora
apenas le dolía la cabeza, pero cada vez que se duchaba, casi temía cerrar
los ojos.

Más aterrorizada de mantenerlos abiertos.

Temblando, abrió la puerta del baño y se detuvo tan pronto como


su mirada se posó en la cama. En el centro de la cama descansaba una
gran caja blanca con un lazo negro.

—¿Que...?

La caja definitivamente no había estado allí cuando entró al baño.


Su mirada entrecerrada se dirigió a las puertas. Todas estaban cerradas,
ella las había encerrado.

Sabía que sí, porque después de que se abrieran las puertas en


mitad de la noche, las verificaba dos veces.

Acercándose a la caja lentamente, cuidadosamente la levantó y la


deslizó hasta el borde de la cama. Julia se colocó el lado izquierdo del
cabello hacia atrás y luego respiró hondo, atrapó el sedoso arco en el
fondo y desenrolló la cinta. Cayó a un lado.

Julia se agarró a los bordes de la tapa y se levantó, inclinándose


hacia atrás como si una cobra estuviera esperando adentro para atacar.

Sin cobra.

Solo eones de papel de seda negro.

Apartando el delgado papel, jadeó al ver lo que había dentro.


Definitivamente no una cobra, sino algo igual de peligroso.
Era un toque carmesí en un mar de negro. Un vestido estaba
anidado dentro de la caja, y no el tipo de vestido que se compraría en Old
Navy. Sin siquiera tocarlo, podría decir que fue fabricado con el material
más fino; del tipo que probablemente ni siquiera podría nombrar porque
nunca tuvo suficiente dinero para comprar incluso donde se vendía este
tipo de vestidos.

Por un momento, casi no quiso tocarlo por temor a arruinarlo con


sus dedos mugrientos, pero luego la chica interior dio una patada, y ella
saltó hacia adelante.

Arrebatando el vestido, lo sacó de la caja. La cosa era


impresionante. Mangas coquetas y un escote en forma de corazón con
cuentas, el vestido tenía una cintura alta, que se ceñía justo debajo de
los senos.

—Santo cielo —susurró, alejándose de la cama y sosteniendo las


delicadas mangas sobre sus hombros. La falda llegaba justo debajo de
sus rodillas.

Era simplemente una belleza, y la última vez que usó algo así de
agradable tuvo que haber sido en su boda.

Sin embargo, ¿podría usar esto?

Bajando el vestido, lo miró fijamente. No había una etiqueta de


precio, pero dudaba que le costara lo mismo que lo que normalmente
pagaría por la ropa. Obviamente era un obsequio…

Una pizca de carmesí todavía era visible en la caja. Cubriendo el


vestido con un brazo, se inclinó hacia delante, retiró el resto del pañuelo
de papel y se rió.

Tacones rojos de tiras.

Fue entonces cuando vio la nota. Levantándola, giró la tarjeta de


color lino.

Firestones es formal. Quería que estuvieras preparada.

La escritura era hermosa, nada como la nota que había encontrado


antes. Julia no sabía por qué, pero se rió de nuevo.

—Esto es… una locura.

Estaba negando con la cabeza, pero sonriendo mientras levantaba


los tacones y los colocaba en la cama junto a la caja.
Solo había una persona que le hubiera dado este vestido y zapatos.

Lucifer.

Comprarle este vestido sin su permiso fue tan completamente


agresivo, tan completamente él. Apestaba a arrogancia y control, y sin
embargo, era extrañamente pensativo al mismo tiempo.

Una parte de ella no quería que le comprara ropa. Eso era


demasiado íntimo. La otra parte no podía esperar para probarlo.

Colocando el vestido en la cama, rápidamente se quitó la bata y se


puso un juego de bragas y sujetador, ambos rojos para combinar con el
vestido. Era un conjunto raro de parejas. Recogió el vestido y se lo puso.

Encajaba.

Dios mío, encajaba a la perfección, y ni siquiera quería pensar en


cómo Lucian pudo encontrar este vestido y asegurarse de que se ajustara
a la perfección a su cuerpo.

Lucian no debería haberse atrevido a comprarle este vestido o


zapatos. Era otra cosa inapropiada añadida a una larga lista de cosas
inapropiadas de las cuales ambos eran responsables.

Pero iba a usarlo.

Tirando de los talones, se volvió lentamente frente al espejo del


baño, sintiéndose como una Cenicienta cursi. Su reflejo llamó su
atención.

Apenas se reconoció a sí misma.

Su corazón latía violentamente mientras alisaba sus manos por el


elástico y halagador material. Nunca en un millón de años se imaginaría
en un vestido tan ajustado y sentirse… sentirse absolutamente segura y
hermosa en eso.

—Está bien —dijo, tragando un repentino nudo de emoción que


literalmente surgió de la nada.

Parpadeando para contener las lágrimas, salió del baño y agarró su


bolso. Suponía que iba a encontrarse con los hermanos abajo. Se detuvo
en la puerta, recogió sus emociones repentinamente salvajes, las controló
y luego salió de la habitación. Solo había dado unos pasos antes de que
se abriera la puerta de las habitaciones de Lucian.
La primera mirada de Julia hacia él le hizo cosquillas en el
estómago como si estuviera en una montaña rusa. Estaba impresionante,
vestido como si hubiera estado en el monumento de su padre, menos la
corbata y la chaqueta. Vestía una camisa de vestir blanca y pantalones
oscuros a la medida. Tenía el cabello seco, peinado hacia atrás, pero tenía
la sensación de que algunas de esas olas más salvajes y rizadas caerían
antes de que terminara la noche.

Lo había pensado antes y sabía que lo pensaría una docena de


veces a partir de ahora, pero Lucian de Vincent era casi tan hermoso que
no parecía real para ella.

Sus pasos se ralentizaron cuando se acercó a él. Fue solo entonces


que se dio cuenta de que la estaba mirando tan intensamente como ella.
Una ola de escalofríos recorrió toda su piel mientras su mirada vagaba
desde sus ojos hasta las puntas de sus zapatos.

—Maldición —murmuró él, arrastrando la mirada hacia su rostro—


. Srta. Hughes, eres absolutamente impresionante. ¿Lo sabes?
Asombrosa.

Ella sintió que su rostro se calentaba.

—Gracias. —Lentamente, levantó su mirada hacia la de él—. Y


gracias por el vestido y los zapatos.

—¿Te gusta? —Caminó hacia ella—. Tengo que decir que sabía que
te verías increíble en rojo.

Su corazón estaba tratando de abrirse camino fuera de su pecho.

—Lo aprecio, pero no deberías comprarme algo como esto.

—¿Y por qué no? —Levantó una mano, arrastrando sus dedos por
el largo de su cabello, atrapando los extremos—. Una mujer hermosa
merece cosas hermosas.

—Esa es una línea bastante agradable, estoy segura de que la has


leído en algún lado, pero no es...

—¿Apropiado? No usar este vestido habría sido inapropiado —


Extendió los mechones sobre su brazo—. Y no es una línea que leí en
alguna parte. Fue un pensamiento que decidí decir en voz alta.

—Está bien, entonces —dijo ella, totalmente consciente de las


puntas de sus dedos detenidos en su brazo. Dio un paso atrás—. Pero no
me compres cosas así si no tienes mi permiso.
Él ladeó la cabeza hacia un lado, la expresión de su rostro la dejó
seriamente preguntándose si ese era un concepto extraño para él.

—Entonces, ¿puedo comprarte cosas bonitas siempre que tenga tu


permiso?

Julia frunció el ceño. Eso no era lo que estaba diciendo en absoluto.

—Lo recordaré. —Sus labios se curvaron en una sonrisa—. ¿Estás


lista?

No era una gran pregunta, pero asintió de todos modos, a pesar de


que no estaba preparada de la manera que necesitaba.

Lucian apenas podía dejar de mirar a Julia mientras bajaban al


piso principal. Él no era el único que tenía ese problema. Gabe no había
dejado de mirarla tampoco.

Tal vez el vestido había sido una mala idea, porque lo único que
quería hacer era sacarla de allí.

Ella se interpuso entre ellos en el cálido aire de la tarde, con una


mano cruzada sobre su antebrazo.

Gabe la engatusaba con la lista de platos que ofrecía Firestones


mientras Lucian rastreaba cada línea de su rostro y curva de su cuerpo.

—Tienes que probar su Crawfish étouffée. Es asombroso.

—En realidad, nunca he probado cangrejos.

—Bueno, vamos a tener que cambiar eso esta noche. —Miró a


Lucian—. Haz que esta noche sea… noche de primicias para Julia.

Lucian levantó una ceja.

Mirando por encima del hombro hacia él, Julia bajó la barbilla.

—¿Te gustan… los mariscos?

Con su atención en él, se acercó a su espalda.

—Descubrirás que hay un debate sobre si el cangrejo de río se


considera marisco o no, pero, sí, me gusta toda la comida.

—Eso no es exactamente cierto —respondió Gabe, moviéndose así


que se paró frente a ella—. Lucian no es fanático de ningún alimento que
sea verde.
—¿En serio? —preguntó ella.

—Bien… —Él colocó su mano en su hombro, aliviado cuando ella


no se alejó al contacto—. ¿Las verduras son realmente comida?

Julia negó con la cabeza.

—Creo… vaya. —Se tensó—. ¿Eso es para nosotros?

Lucian levantó la mirada, observando la limusina negra que subía


por la rotonda pavimentada.

—Eso espero, ya que es nuestra.

—Lo envié para ser detallado. —Gabe se echó el pelo hacia atrás—
. Ha pasado un tiempo desde que la usamos.

La boca de Julia funcionó sin sonido durante unos segundos.

—¿Hablan en serio? ¿Normalmente los llevan en una limusina?

—Sí. —Lucian deslizó su mano hacia su espalda baja—. Es


bastante normal.

La limusina se acercó a los escalones de la entrada y Gabe bajó.

—No diría que la tomamos a menudo para dar una vuelta, pero
esta noche es especial. —Abrió la puerta de atrás—. Vamos a mostrarte
cómo vivimos.

Julia vaciló, y Lucian prácticamente podía sentir su creciente


inquietud.

—¿Qué pasa? —preguntó, con la voz baja.

—Yo… Esto es abrumador —dijo con una risa temblorosa—. No


estoy acostumbrada a esto, a nada de esto.

La repentina necesidad de consolarla lo llenó, y por un momento,


no pudo moverse ni hablar. Toda su vida solo había sentido la necesidad
de consolar realmente a su madre y a su hermana. Ni siquiera sus
hermanos.

Fue una sensación extraña para él.

Pero… le dio la bienvenida.

—Podemos llevar otro auto, si quieres. —Colocó sus dedos debajo


de su barbilla, guiando su mirada hacia la de él—. Si quieres pedir pizza,
podemos hacerlo.
—¿Pedir pizza? —Ella se rió.

—Si eso es lo que quieres —dijo, y lo dijo en serio. Haría lo que


quisiera—. Tú dime.

Julia apartó la mirada después de unos momentos, deslizando los


dedos de su barbilla. Respiró profundamente.

—No. Solo estoy siendo tonta. Hagámoslo.

—No estás siendo tonta.

Ella presionó esos bonitos labios rosados juntos.

—¿Estás seguro de eso? La mayoría de la gente estaría saltando de


emoción por viajar en limusina.

—No me importa la mayoría de la gente. —Y lo decía en serio.

—Está bien. Estoy lista.

—¿Estás segura de eso? Puedo sostener tu mano si quieres.

Julia puso los ojos en blanco.

Con su mano sobre su espalda baja, se inclinó y le habló al oído:

—Si tomas mi mano, Srta. Hughes, no podré dejarla ir. Sólo para
que lo sepas.

La sintió temblar mientras deslizaba la mano sobre su cadera.

—Y te hago saber que será mi elección si tomo tu mano. —Ella se


detuvo, mirándolo—. O la mano de otra persona.

—No creo que veas a nadie más —le dijo, y luego se enderezó
cuando Gabe abrió la puerta de la limusina.

Julia dio un paso adelante, lanzándole una sonrisa apretada


mientras le ofrecía su mano a Gabe. Ella arqueó una ceja y luego se
enfrentó a Gabe. Su hermano la ayudó a sentarse en el asiento trasero.

Echando la cabeza hacia atrás, se rió profundamente. Maldita sea,


ella era divertida. Y era... era algo completamente diferente.

Gabe le guiñó un ojo y se deslizó en la limusina. Lucian movió su


culo, bajando los escalones de la entrada. Al entrar, se sintió aliviado al
ver que Gabe se había sentado en el asiento frente a Julia. Al menos, no
iba a tener que eliminar físicamente a su hermano.
Por supuesto, Lucian se sentó al lado de Julia.

—Estamos listos, Denny —dijo Gabe a través de la ventana—.


Lamento la demora.

—No hay problema —fue la respuesta.

Lucian miró a Julia. Con los ojos muy abiertos, estaba


escudriñando cada centímetro del espacioso interior, desde la barra
surtida hasta los asientos de cuero. Cuando la ventana divisoria se cerró,
parecía que quería reírse.

—¿Es esta la primera vez que has estado en una limusina? —


preguntó Gabe.

Julia parpadeó mientras cruzaba las manos en su regazo, sobre el


pequeño bolso que llevaba consigo.

—He estado en una antes, pero nada como esto. —Hizo una
pausa—. ¿Es eso madera real?

—Sí —respondió Gabe, sonriendo—. De hecho, yo mismo hice la


carpintería. ¿Te gustaría algo de beber?

—Um… —Asintió y luego dijo—: Claro.

Gabe se movió hacia la barra. Una botella de whisky salió.

—Comencemos con algo más ligero —le dijo Lucian a su hermano—


. ¿Qué tal champán? Creo que tenemos algunos Krug.

—Eso tenemos. —Gabe sacó la botella y rápidamente abrió la tapa,


haciendo que Julia saltara. Sonriendo, Gabe llenó tres copas y las
repartió.

Lucian extendió su brazo a lo largo del respaldo del asiento. Ella lo


miró, pero no se movió.

—Él es grande con todo el trabajo con sus manos y esas cosas.

—Así lo eres tú —respondió Gabe, estirando las piernas. Sus


zapatos ahora estaban al lado de los de Julia.

—¿Trabajas también con la madera? —preguntó ella, bebiendo el


champán.

Él se rió entre dientes.

—No. De ninguna manera.


—¿No lo sabes? —Gabe chocó sus pies de los de Julia, ganando su
atención.

—¿Saber qué? —preguntó ella.

Su mirada se deslizó a Lucian.

—¿No le has dicho?

Él levantó un hombro.

—No tengo idea de qué están hablando ustedes dos. —Su mirada
rebotó entre los dos.

—Mi hermanito es muy talentoso. —Una sonrisa cruzó la boca de


Gabe mientras miraba a Lucian—. Verás, Madeline no es la única artista
de la familia.

Ella lo miró.

—¿Tú pintas?

Cogió un mechón de su cabello con los dedos y asintió.

—He sido conocido por salpicar pintura una o dos veces.

—¿Salpicar pintura? —Gabe se rió—. ¿De verdad estás siendo


modesto?

—¿Sería algo más?

Su hermano sonrió con satisfacción mientras se enfocaba en ella.

—Lucian ha hecho una fortuna con sus pinturas. Están colgadas


en todo el mundo, en casas privadas y en museos.

—¿Qué? —Julia lo miró como si estuviera sorprendida de que


supiera cómo colorear entre líneas.

—¿Estás tan sorprendida? —Él tiró suavemente de su cabello—. Mi


carrera de libertinaje me permite mucho tiempo libre.

Sus labios se crisparon cuando ella extendió la mano, liberando su


cabello de su mano.

—¿Por qué no dijiste nada?

—¿Por qué habría? Estoy bastante seguro de que hablo de mí lo


suficiente.

Gabe se rió.
—¿Hay alguna de tus pinturas en la casa?

—Unas pocas. —Encontró otro pedazo de cabello—. Podemos jugar


un juego más tarde. Adivinas cuáles son las mías.

—Eso suena como un juego estimulante. —Gabe los miró por


encima de su vaso—. ¿Puedo jugar?

—No —dijo Lucian—. Porque eso no sería justo para la Srta.


Hughes, ¿no es así?

—Por alguna razón, no creo que ninguno de ustedes juegue de


manera justa —comentó secamente Julia.

Gabe alzó las cejas.

—Guau. Ella ya está sobre nosotros.

Así era ella, pensó Lucian mientras pasaba el mechón de su cabello


alrededor de su dedo. A medida que se acercaban a la ciudad, Gabe bajó
las ventanas para que pudiera ver las luces brillantes. Desde ese punto
estaba pegada a la ventana, el vaso casi vacío colgaba olvidado de sus
dedos.

El tráfico los ralentizó al llegar a Canal Street. El sonido de la


música y los gritos, los cuernos y la risa se mezclaban con los diversos
aromas de la ciudad que entraban por las ventanas abiertas. Lucian
olvidó todo sobre su hermano. Todo su ser estaba enfocado en Julia.

Ella estaba prácticamente tarareando de emoción mientras


disfrutaba de la magia de la ciudad, girando hacia ellos cuando vio el
letrero de la calle Bourbon.

—Vamos a omitir a Bourbon —le dijo Gabe, su boca en una sonrisa


cariñosa—. Pero esta es la ruta escénica hacia dónde vamos.
Conduciremos a través de una parte del barrio aquí en unos momentos.

—¿No vamos a comer en el Barrio Francés?

—No. —La mirada de Lucian recorrió la longitud de una pierna


curva—. Dejamos el barrio para los turistas, pero creo que disfrutarán de
hacia dónde nos dirigimos.

Firestone estaba a varias manzanas del Canal, cerca de la calle


Gravier, y cerca del distrito comercial, en uno de los almacenes
recientemente rediseñados. Sin embargo, Denny le dio la ruta escénica,
reduciendo a Royal y luego volviendo a Decatur para que Julia pudiera
ver algunos de los hoteles más antiguos con baluartes de hierro forjado
y edificios más antiguos.

Navegar por las calles era una operación de restricción. Multitudes


de personas salían de los bares, siguiendo las estrechas aceras y calles.
En serio necesitarían darle a Denny una propina extraordinaria por este
viaje. El tipo de paciencia que requería conducir estas calles un sábado
por la noche era algo que solo pocos, los orgullosos y valientes podían
manejar.

Pero valió la pena ver el rostro de Julia iluminarse.

—Estamos aquí —anunció Gabe mientras Denny acercaba la


limusina a la acera.

Julia se apartó de la ventana y miró su vaso.

—Solo ponlo en la barra —dijo Lucian mientras Gabe abría la


puerta y salía—. Se encargarán de él.

Ella hizo eso y luego se inclinó hacia adelante, diciendo gracias a


Denny por la ventana.

Lucian salió del auto y se giró mientras Gabe esperaba en la acera,


bajo el ondulado toldo rojo, observándolos. Lucian extendió su mano
mientras Julia se deslizaba por el asiento. Llegó a la puerta abierta, sus
grandes ojos marrones moviéndose de su rostro a su mano mientras
levantaba su barbilla.

Julia obviamente recordó lo que él había dicho antes de que


salieran de la casa.

—¿Srta. Hughes? —dijo en voz baja.

Ella pareció respirar profundamente, tomar una decisión mientras


su corazón pateaba extrañamente en su pecho, y luego, casi tan
lentamente que era doloroso, puso su mano en la suya.

Lucian sonrió.
Capítulo 21
Traducido por krispipe

L
a langosta estaba deliciosa.

No le importaba si era marisco o no. Estaba increíble.


También lo estaba la burrata del aperitivo y luego el plato
principal de filete y guisos. Julia iba a necesitar ser llevaba fuera del
restaurante entre toda la comida y el vino que había consumido, y por
supuesto, los chicos pidieron postre.

Julia miró a Gabe. Él le sonrió mientras levantaba su copa de vino


en su dirección. Luego miró a Lucian. Él sólo… sólo la miró de una
manera que la hizo temblar mientras sorbía el vino, apenas saboreando
su sequedad. Julia desvió la mirada rápidamente, ojeando sobre el
restaurante.

Estaban sentados en una pequeña mesa redonda escondida cerca


de la pared donde la privacidad era permitida por las alcobas en las que
estaban sentados. El restaurante era encantador, de carpintería y
molduras hechas a mano, mesas vestidas con sábanas de color crema y
rojo, iluminadas por altas velas afiladas.

Varias veces durante la cena su mesa fue abordada por personas,


generalmente hombres mayores que los miraban con curiosidad. Nadie
había sido grosero, nada como conocer a la prometida de Dev. Lucian la
presentó cada vez, simplemente llamándola Srta. Hughes sin más
explicaciones.

La cena hasta ahora había estado genial. Igual que el viaje a la


ciudad y lo que había llegado a ver de Nueva Orleans. No podía esperar
para ver esos balcones cubiertos de flores y helechos una vez más. Julia
quería caminar por esas calles y tocar esos edificios, tocar historia.

Pero no esta noche.

Dudaba que pudiera caminar una cuadra ahora.


Lucian se movió, llamando su atención. No parecía haber mucho
espacio en la mesa, porque la pierna de Lucian descansaba contra la de
ella, y de vez en cuando la pierna de Gabe rozaba su pantorrilla.

—¿Todo bien? —preguntó.

Él había estado chequeándola durante toda la cena. Su


preocupación era… era dulce, porque sentía que era genuina, o al menos
eso era lo que el vino le estaba contando.

Entonces Julia asintió. Estaba muy bien. Los chicos mantuvieron


la conversación fluyendo, contándole sobre sus días en la universidad y
todos los problemas en los que se metieron mientras comían una cena
que tuvo que haber costado lo mismo que el pago de un auto de lujo.

Pero aún se sentía como una invitada, una invitada en su casa, en


su limusina, y ahora en la mesa donde imaginaba que solo los
extremadamente ricos podrían darse el lujo de comer. Los hermanos no
hicieron nada para hacerla sentir de esta manera. En realidad, se
comportaron justo al contrario, pero ella estaba tan fuera de su elemento
que se sentía como una impostora en un vestido de lujo, rodeada de gente
incluso más elegante.

Julia seguía esperando que alguien como Sabrina apareciera y la


revelara como un fraude.

—Así que… —Gabe se acercó, palmeando sus dedos en la mano de


ella—. ¿Cuáles son tus planes a largo plazo, Julia?

Distraída de sus pensamientos, se volvió hacia él.

—Eh, ¿quieres decir más allá de este trabajo?

Estaba recostado en su silla, su cuerpo delgado e inmóvil mientras


asentía.

—¿Piensas quedarte aquí o ir a casa?

—No lo sé. —Por alguna estúpida razón, miró a Lucian y luego


quiso golpearse—. Lo más probable es que me vaya a casa, pero en
realidad no he pensado más allá ya que no tengo plazo establecido.

Gabe inclinó la cabeza hacia un lado, mirando a su hermano.

—¿Has pensado sobre quedarte aquí? Creo… algunos de nosotros


realmente te extrañaríamos si te fueras.
Sus cejas se levantaron mientras tomaba un trago. Considerando
que solo había compartido un puñado de conversaciones con Gabe,
dudaba que él fuera una de esas personas.

—Yo te extrañaría. —Lucian se inclinó hacia delante, apoyando los


codos en la mesa—. Te extrañaría mucho.

—Uh-huh —murmuró ella, mirándolo de reojo.

—¿Dudas de mí? —Apoyó su hombro en el de ella—. Estoy más que


dispuesto a probártelo.

Sintió que su garganta y se pecho se ruborizaban cuando sus


miradas se conectaron. Demasiado vino, pensó, porque no podía apartar
la mirada, y sus rostros estaban cerca. Pulgadas separaban sus bocas.

—No creo que debas dudar de él —reflexionó Gabe.

Julia parpadeó y retrocedió abruptamente, su mirada se movió


hacia Gabe.

Él le sonrió.

—Creo que si te fueras, él estaría perdido.

Tomando un largo trago de su vino, recolectó sus pensamientos


dispersos.

—Creo que eso es una exageración.

El cálido aliento de Lucian se deslizó por un lado de su cuello,


enviando un escalofrío sobre su piel.

—Creo que me has desafiado.

Su corazón saltó en su pecho cuando Lucian se inclinó, señalando


al camarero con una mano levantada.

La sonrisa de Gabe aumentó un poco.

De repente, sintió que algo estaba cayendo mientras el camarero se


apresuraba con la cuenta. Apareció una de esas tarjetas American
Express negras que Julia no había visto nunca en la vida real.

—Ya vuelvo —dijo el camarero, y luego salió corriendo.

—Hay algo que debes ver antes de que nos vayamos. —Lucian se
reclinó hacia atrás, estirando su brazo a lo largo de su silla.

Compresión parpadeó a lo largo del rostro de Gabe.


—Demonios, casi me olvido de eso. —Su mirada se encontró con la
de ella—. Te va a encantar eso.

—¿Encantarme qué? —exigió ella.

Lucian palmeos los dedos en su espalda.

—Es una sorpresa.

Antes de que pudiera molestarlo, Gabe señaló con la cabeza hacia


una mesa diagonal a la suya.

—Oye, ¿ves quién está aquí?

Manteniendo su brazo sobre el respaldo de su silla, Lucian miró


por encima de su hombro.

—Demonios, no los he visto desde hace mucho.

Curiosa, estiró su cuello para ver de quiénes estaban hablando. Vio


a dos hombres que parecían tener aproximadamente su edad, uno de piel
clara y el otro oscura. Estaban con una mujer muy bonita sentaba entre
ellos.

—¿Quiénes son?

—Viejos amigos —dijo Gabe, levantando la mano en señal de


saludo mientras el de piel más oscura miraba y saludaba—. Están en un
par de juntas de caridad con nosotros.

Julia no pudo evitar preguntarse en qué tipo de obras benéficas


podrían estar estos hermanos.

—¿No van a venir a saludarlos?

Lucian se recostó, la sonrisa en su rostro sigilosa.

—No creo que estén dispuestos a interrumpir su cita.

—Lo cual es comprensible. —Gabe tomó un trago, sus gruesas


pestañas bajando.

Ella echó un vistazo a la mesa de nuevo. La mujer se inclinaba


hacia el hombre de piel más oscura, una hermosa sonrisa iluminaba su
rostro mientras él se inclinaba, besando su mejilla. La mirada de Julia
cayó sobre la mesa. El otro hombre estaba sosteniendo… ¿la mano de la
mujer?
Julia se quedó inmovilizada con su vaso de vino a medio camino de
su boca mientras comprendía lo que ellos decían y lo que estaba viendo
realmente. Esa mujer era su cita. No teniendo una cena con dos chicos
tipo de cita, pero una cita, cita con dos chicos.

Oh Dios mío.

Sus labios se separaron.

Lucian se rió entre dientes.

—Creo que acaba de descubrir lo que está pasando en esa mesa.

—Tengo que estar de acuerdo —comentó Gabe.

—¿Es una señorita de compañía? —espetó.

—¿Qué? —Lucian tosió, ahogándose con su bebida—. No. No es


una señorita de compañía.

—No hay dinero cambiando de manos allí. —Gabe parecía como si


estuviera a punto de estallar en carcajadas—. Confía en nosotros.

Su mirada rebotó entre los hermanos. Entonces la golpeó. Ella


estaba con Gabe y Lucian. Ambos se habían centrado exclusivamente en
ella… como los hombres en la mesa frente a ellos. Tanto Gabe como
Lucian casi habían competido por su atención durante la cena. Ambos
eran delicados y burlones, pero ellos… ellos eran hermanos y… y ella era
Julia.

Abrió la boca pero no salieron palabras mientras arrastraba su


mirada de la de Gabe a la de Lucian. Sus ojos estaban entrecerrados,
ocultando una gran cantidad de secretos.

Lucian le había advertido que estaba en su mundo ahora. Tal vez


este… este tipo de cosas eran comunes en su mundo. Definitivamente no
en el de ella, sin embargo. Al menos por lo que sabía. Su mirada voló a la
mesa de nuevo. La mujer estaba hablando y ambos hombres se
centraban en ella de una manera que hizo que los músculos bajos en su
estómago se apretaran.

Ni siquiera oyó al camarero regresar.

Lo siguiente que supo fue que Gabe había tomado su mano y


estaba tirando de ella para que se levantara. Miró hacia atrás, pero vio
que Lucian tenía su bolso metido debajo de su brazo. Caminaron por el
comedor, pero en lugar de dirigirse a la puerta frontal, Gabe los condujo
por un pasillo estrecho, pasando los baños.
—¿A dónde vamos? —preguntó.

—Es una sorpresa —le recordó Gabe, arrastrándola.

Un nervioso revoloteo comenzó en la boca de su estómago.

—No sé si me gustan las sorpresas.

La mano de Lucian le rozó la espalda.

—Esta te va a gustar.

Julia no estaba tan segura de eso, especialmente cuando Gabe


dobló una esquina y luego empujó las puertas que claramente decían
SOLO EMPLEADOS.

—¿Podemos estar aquí?

Lucian se rió entre dientes desde detrás de ella.

—Por supuesto.

Pasaron varios camareros y cocineros que miraron en su dirección


pero no dijeron nada. El aroma de filetes asados y pollo asado estaba en
todas partes, y notó vagamente lo increíblemente limpia que estaba la
cocina. Guau.

Quizá había bebido demasiado.

—Entonces, hay muchas gemas escondidas en la ciudad —explicó


Gabe, apretando su mano mientras tiraba de ella alrededor de fregaderos
cargados y pasaba otra puerta. Entraron en un pasillo oscuro—. Lugares
que solo unas pocas personas conocen.

—Bares y restaurantes escondidos —agregó Lucian cuando se


encontraron con un solo ascensor—. Bibliotecas y tiendas de cigarros,
clubes y otras cosas escondidas del público.

—¿En serio? —Tragó saliva, mirando hacia atrás.

—Sip. —Lucian sacó su billetera, y parecía tener algún tipo de


tarjeta en su mano. La pasó por el panel lateral del ascensor—. Tienes
que conocer la ciudad para saber dónde están.

La puerta del ascensor se abrió.

—Y tú necesitas conocer gente. —Gabe la empujó hacia adelante.

Julia entró e inmediatamente se dio cuenta de que el ascensor era


pequeño, como casi claustrofóbico una vez que Lucian se unió a ellos,
presionando un botón en la pared. El único botón. La puerta se cerró, y
entonces solo estaban los tres, de pie tan cerca que Julia pensó que
podría hiperventilar. Gabe estaba frente a ella y Lucian directamente
detrás. Había solo alrededor de una pulgada separando cada uno de ellos.

—Este es… es un ascensor pequeño —dijo, deslizando su mano


fuera de la de Gabe. Inhaló, atrapando el aroma de la colonia de Lucian
o de Gabe.

—Lo es. —El aliento de Lucian agitó el cabello en su sien—.


Probablemente no quieras saber lo viejo que es.

Se volvió hacia un lado, deteniéndose cuando su cadera rozó a


Gabe y su brazo se acercó realmente a cierta parte de Lucian con la que
estaba familiarizada.

—Si esta cosa se rompe, podría enloquecer.

—¿Tienes miedo de quedar atrapada en los ascensores? —preguntó


Gabe.

Tenía más miedo de quedar atrapada con ellos, pero no respondió.


Su corazón simplemente golpeó en su pecho cuando sintió la mano de
Lucian en su brazo. Su mirada se movió hacia Gabe, y su corazón saltó
a su garganta cuando él atrapó un mechón de cabello que había caído
sobre su mejilla.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Gabe mientras metía el


cabello errante detrás de su oreja. Sus miradas se conectaron cuando
Lucian deslizó su mano por su brazo. Se sintió mareada, como si no
estuviera recibiendo suficiente aire en sus pulmones para hacer la
diferencia. Un pequeño temblor comenzó en sus manos y viajó por sus
brazos. Su mente volvió a la mujer abajo, y se quedó sin aliento.

Ellos eran hermanos.

En ese momento, podría haber descubierto otra razón por la cual


a uno le llamaban Lucifer y al otro Demonio.

Eran realmente así de malos.

Apartó su mirada, enfocándose en la puerta. Este tenía que ser el


paseo en ascensor más largo conocido por el hombre.

La mano de Lucian hizo otro largo barrido, y pensó que Gabe podría
haberse movido más cerca. No estaba segura, y no estaba mirando, pero
de lo que sí estaba segura era del hecho de que no les había dicho a
ninguno de ellos que retrocediera. Ni una sola vez incluso había tenido
verdaderamente el deseo de hacerlo. Ni siquiera se le había pasado por la
cabeza. Su piel estaba hormigueando, sin embargo, sus nervios se
tensaron demasiado.

¿Qué demonios le pasaba?

Julia sabía muy bien que no podía culpar al vino.

El ascensor se detuvo bruscamente, haciéndola rebotar hacia


Lucian. Él la estabilizó mientras la puerta se abría, y aire
maravillosamente frío se precipitó en el ascensor de repente sofocante.

Le llevó un momento darse cuenta de que estaban en la azotea.


Gabe salió primero, y luego Lucian tomó esa mano que su hermano había
sostenido antes.

—¿Qué es esto? —Se sorprendió por la ronquera en su voz.

El agarre de Lucian en su mano se apretó.

—Vamos.

Sintiéndose como si estuviera en una especie de sueño, salió del


ascensor. Su amplia mirada se balanceó alrededor de la azotea. Había
perdido de vista a Gabe. Marquesinas blancas ondeaban suavemente en
el viento, cubriendo lo que parecían ser grandes tumbonas. Plantas altas
en macetas salpicaban la azotea, brindando privacidad e imaginaba que
sombra durante el día. Olía a cloro cuando cruzaron la azotea, así que
creía que había una piscina cerca. Estrellas cubrían el cielo sin nubes y
la luz plateada de la luna proporcionaba justo la luz suficiente para ver
tu camino.

—Guau —exhaló—. Esto es… guau.

Lucian la atrajo hacia él.

—No has visto nada todavía.

Tenía razón. La había guiado hasta una pared baja.

—Mira.

Estaban en lo alto, varias plantas, con vistas de la ciudad repleta


de abajo. Deslizándose libre, colocó sus manos en la pared y miró la
ciudad. Quedándose boquiabierta ante el esplendor, asimiló todas las
deslumbrantes luces de los autos y edificios.

—Esto es hermoso, Lucian. —Alzó la mirada hacia él—. En serio.


La mirada de Lucian siguió su rostro vuelto hacia arriba.

—Sí, lo es. Puedes ver más durante el día, pero no creo que se
compare con la forma en la que se ve por la noche.

Mordiéndose el labio, se giró de nuevo hacia la ciudad. Soltó una


risa temblorosa.

—Gracias.

Lucian no respondió.

Ella miró hacia él mientras deslizaba sus palmas sobre la áspera


superficie de la repisa.

—Hace… hace un mes, nunca habría soñado que estaría aquí, con
vistas al Barrio Francés o incluso en Nueva Orleans. Así que, esto es
bastante increíble para mí.

—Tú eres bastante increíble para mí.

Julia puso los ojos en blanco.

—Estoy hablando en serio.

—Yo también.

Sacudiendo la cabeza, observó las luces parpadeantes por unos


momentos.

—¿Dónde está tu hermano?

—Por ahí. —Lucian se apartó de la pared. Atrapando varios hilos


de su cabello, los puso sobre su hombro mientras caminaba detrás de
ella—. Creo que dándonos un poco de espacio.

Un escalofrío la golpeó.

—¿Y… por qué estaría haciendo eso?

—Sabes por qué.

La mano de Julia se detuvo en la repisa. Él tenía razón. Sabía por


qué.

Una mano se curvó sobre su hombro.

—¿Preferirías que no? Porque sé que estaría aquí en un segundo si


lo llamara.

Su boca se secó mientras su pulso se disparaba.


—¿Es eso de lo que va esta noche?

—Vas a tener que ser más precisa con esa declaración, Srta.
Hughes.

Ella sintió que sus mejillas se calentaban.

—Tú… ¿tú y tu hermano comparten mujeres? Como los chicos en


la mesa. ¿Es lo que hacen?

Él no respondió durante un largo momento.

—Yo no comparto cuando cuenta.

Su cabeza se inclinó hacia atrás.

—Eso realmente no responde a la pregunta.

La mitad de su cara estaba sombreada.

—Lo hace. Simplemente no quieres ver eso todavía.

Ella estudió la línea dura de su mandíbula.

—Yo… nunca he hecho algo así.

Su otra mano aterrizó en su cadera.

—No pensaba que lo hicieras. —Bajó su cabeza, deteniéndose cerca


de su boca tocando su mejilla—. Apuesto a que hay muchas cosas que
no has hecho.

Él tenía razón.

Tampoco sintió la necesidad de confirmarlo.

Los labios de Lucian tocaron su mejilla entonces.

—¿Lo harías?

Su estómago se hundió. Sabía a lo que se refería.

—Yo… no creo que podría. —Cerró los ojos, incapaz de creer que
en realidad estaban hablando de esto—. No estoy juzgando a nadie que
lo haga. Solo que no creo…

—Entiendo. Honestamente, eso es lo que quería escuchar.

¿Eso es lo que quería escuchar? Julia estaba confundida como el


infierno y extrañamente aliviada.
Sus labios ahora rozaron su sien.

—¿Frío?

Julia se estremeció de nuevo, pero no por la brisa helada, sino por


cómo él la hacía sentir.

—¿Srta. Hughes?

Ella se humedeció los labios.

—¿Qué?

Lucian deslizó su mano sobre su cadera y enroscó su brazo


alrededor de su cintura. La atrajo hacia él.

—¿Sabes lo que está sucediendo aquí?

Julia estaba aquí porque quería. Estaba dejando que este hombre
la tocara porque era lo que ella quería, y la verdad de eso era aterradora.

—Creo que sí que lo sabes. —Su aliento bailaba sobre su oreja—.


No sé por qué te resistes a esto. Sé que me quieres tanto como yo te
quiero.

Lo hacía. Oh Dios, lo hacía.

Sus ojos se cerraron.

Era oficial.

Julia estaba hasta el cuello cuando se trataba de Lucian de Vincent


y no iría en busca de aire pronto.

—Pero —dijo él, doblando su otro brazo alrededor de ella. La


abrazó—. No vendré a por ti otra vez.

Los ojos de Julia se abrieron de golpe.

—Tú vas a venir a mí.


Capítulo 22
Traducido por Wan_TT18

C uando Julia se vistió el domingo por la mañana, quería volver


a ese hermoso vestido rojo, solo para desgastarlo tanto como
pudiera. Porque ¿cuándo iba a tener la oportunidad de ponerse algo tan
bonito cuando volviera a casa?

Casa.

Esa palabra se sintió rara a pesar de que no había estado aquí


tanto tiempo, pero eventualmente se iría. Su trabajo terminaría, más
temprano que tarde, y probablemente pronto. Con Madeline pintando y
con suerte con la visita de Daniel esta tarde, ella estaba cada vez mejor.
O Madeline se volvería más independiente o los hermanos la trasladarían
a una instalación de vida asistida a largo plazo.

No podía imaginar que Lucian estuviera de acuerdo con esto


último, pero la única otra opción era tener un cuidador interno
indefinidamente. Eso no era inaudito, pero sí difícil.

Estaba ocupando esa posición más permanente, algo en lo que ni


siquiera podía pensar, porque cuando lo hacía... pensó en cosas que no
tenían nada que ver con el cuidado de Madeline y todo que ver con su
hermano.

Eso era muy inapropiado.

Por otra parte, simplemente debería darse por vencida en todo lo


apropiado. Especialmente después de anoche. Nada había sucedido. En
realidad no, pero se sentía como... como si todo hubiera pasado.

Vestida con pantalones vaqueros y una blusa holgada, llevó su taza


de café al porche. Aunque hoy estaría trabajando con Madeline, no podría
obligarse a usar uniformes.

Colocó su taza en uno de los pequeños soportes y luego caminó


hacia la barandilla. Los terrenos a continuación eran tranquilos, sin
movimiento, excepto por la brisa. No tocó las vides, principalmente
porque la asustaban. A punto de volver a su silla, escuchó algo en el
viento, algo que le provocó un escalofrío en la espalda.

El sonido... sonaba como la risa de una mujer.

Julia se dio la vuelta y levantó la vista. Todo lo que podía ver era el
piso del balcón por encima de ella.

Antes de siquiera saber lo que estaba haciendo, estaba caminando


a la derecha y trepando las escaleras exteriores que llevaban al cuarto
piso. Cuando llegó ahí, se detuvo. Las escaleras continuaban, todas
yendo a la azotea. Nunca había estado allí. No había tenido motivos.

Mordiéndose el labio, echó un vistazo al porche que conducía a la


habitación de Madeline y todas las otras vacías, luego levantó la vista.
Sabía que no había sido Madeline quien se estaba riendo y también sabía
que probablemente era solo un pájaro raro lo que había escuchado, pero
la curiosidad era una pequeña y molesta desvergonzada.

Julia subió el resto de los escalones, protegiéndose los ojos


mientras el sol de la mañana se liberaba de las nubes. Diminutas gotas
de sudor salpicaron su frente cuando llegó a la azotea.

Se dio cuenta de que esta vez había sido un espacio utilizable.


Enrejados altos alineados a un lado, cubiertos por las vides fuera de
control. Había grandes urnas vacías que, según creía, habían estado
llenas de flores que adoraban el sol. Algo blanco se elevó, llamando su
atención. Caminó sobre la superficie plana, mirando los arcos y picos que
se alzaban a cada lado de ella.

Como en el restaurante la noche anterior, había un dosel en el


techo, que cubría un gran y profundo sofá que parecía estar atornillado.
Era tan silencioso que imaginaba que solía ser el santuario pacífico de
alguien.

Girando por la cintura, vio que la luz del sol destellaba algo
plateado. Caminó hacia la derecha, sus pasos se ralentizaron cuando
llegó al borde del tejado. No había barandilla. Nada más que una caída
escarpada en el extremo, pero en el piso del techo había una urna de
plata atornillada.

Julia se arrodilló mientras miraba las flores frescas metidas en la


urna. No sabía qué eran las flores rosadas y blancas pálidas. ¿Iris?
¿Lirios? Julia no era una persona de flores, pero era obvio con el sol
cayendo sobre el lugar, estas flores habían sido colocadas recientemente
aquí.
Se levantó y luego dio un paso alrededor de la urna, acercándose
lo más posible al borde antes de tomar aliento, desequilibrada por la
altura. Julia vislumbró tierra estéril abajo. Un parche de hierba muerta.
Sin piedra. Sin vides. Nada.

¿Era esto...?

Julia dio un paso atrás desde el borde, su mirada siguiendo a la


urna. ¿Era aquí donde su madre saltó? ¿Era allí donde había estado y
decidió terminar con su vida?

Con el estómago anudado con inquietud, Julia cruzó sus brazos


alrededor de su cintura. Sintiéndose como si de repente estuviera en
terreno sagrado, se alejó de la urna de flores y luego se volvió
rápidamente. Bajó apresuradamente las escaleras al porche fuera de sus
habitaciones, sin poder evitar la idea de que acababa de invadir la
privacidad de la familia.

Sentada en una de las amplias sillas de mimbre, cogió la taza tibia


y la acunó entre sus manos mientras miraba la baranda cubierta de
enredaderas. Diminutos capullos se asomaban libres de las hojas. Si las
rosas florecieran por todas las vides, la casa tendría que parecer mágica,
como algo salido de un cuento de hadas en vez de como parecía ahora,
como si la mitad de la casa estuviera siempre en las sombras.

Una cálida brisa levantó los mechones de cabello y se los echó al


hombro mientras sorbía el café.

Vas a venir a mí.

A pesar de la calidez, se estremeció cuando se retorció en la silla.


Julia apenas había dormido anoche. Las palabras de Lucian la habían
perseguido, la habían tentado. Había dado vueltas sin querer nada más
que hacer eso.

Sabía de qué se trataba. Desde el primer momento que se


conocieron y hasta la noche anterior, él siempre fue el seductor; el que
tomaba su mano y la guiaba hacia todas las cosas que no debería estar
haciendo. Pero ya no más. Iba a obligarla a que viniera a él, porque si lo
hacía, no había manera de que ella pudiera jugar en su cabeza que no
había sido una decisión consciente.

Que si ella viniera a él, sería todo por sí misma.

Y si lo hiciera, ¿qué pasaría? Tendrían sexo, lo más probable es que


fueran geniales y alucinantes, pero ¿entonces qué? ¿Continuarán con
sus vidas como si nada hubiera pasado, ella cuidando de su hermana y
cuando el trabajo finalice, terminarían? ¿Una situación de tipo amigos-
con-beneficios? Obviamente nunca había hecho eso antes. Ni siquiera
estaba segura de tener algo que hacer, de tener sexo sin sentimientos. Y
basado en todo lo que sabía sobre Lucian, que no era mucho, eso era
todo lo que él quería.

Sexo.

Sin ataduras.

Pasos la sacaron de sus pensamientos. Al levantar la vista, casi


esperaba ver a Lucian, pero era Gabe.

—Oye —dijo, sonriendo mientras sentía sus mejillas calientes.


Nada más incómodo que pensar en tener sexo con alguien y tener a su
hermano arrastrándose sobre ti.

Ese hermano que aparentemente podría haber formado parte de


un trío.

Julia se retorció.

Realmente no necesitaba pensar en eso.

—¿Te importa si me uno a ti? —preguntó. Cuando ella negó con la


cabeza, él se dejó caer en la silla conjunta—. Entonces, escuché que
nuestro estimado primo va a venir hoy.

—Sip. —Ella lo miró—. Anticipo que será... interesante.

Él se rió entre dientes.

—Esa es una manera de decirlo. —Hubo una pausa—. Daniel no


es tan malo. Es increíblemente imprudente e inmaduro. Es alguien que
siempre necesitará un adulto presente.

—¿Vas a unirte a nosotros para almorzar?

Gabe estaba mirando la tierra mientras negaba con la cabeza.

—Me voy en una hora más o menos. Me dirijo a Baton Rouge.

—Oh. Eso suena divertido.

—Sí. —Él levantó una mano, recogiendo varios mechones de


cabello hacia atrás—. De hecho, voy a ver un viejo... amigo. Bueno, la
familia de un viejo amigo que no había visto en, infiernos, como hace siete
o más años. Es un poco raro, en realidad. No tengo idea de por qué
querrían verme.
Ella lo miró por el rabillo del ojo.

—¿Por qué no lo harían?

Una sonrisa irónica apareció en sus labios.

—Yo… como que salí con su hija durante unos años. Cuando
estábamos en la universidad y luego terminamos y regresamos durante
un par de años después de eso.

—¿Las cosas no terminaron bien?

Él bufó.

—Eso sería un eufemismo. —Palmeó las manos en sus rodillas—.


En fin, pasé un buen rato anoche. Espero que tú también.

El cambio de tema le dio latigazo.

—Sí. Fue muy divertido.

—Tendremos que hacerlo de nuevo cuando regrese. —Su mirada


se deslizó hacia la de ella—. Por supuesto, invitaremos a Lucian. —Le
guiñó un ojo—. No quisiera que se sienta excluido.

Ella le lanzó una mirada seca.

—No sé de lo que estás hablando.

—Diablos si no lo haces. Mi hermano está tan envuelto en ti, si digo


tu nombre, él viene corriendo. Bien sabes eso.

Sus ojos se agrandaron.

Él echó la cabeza hacia atrás y se rió.

—Sabes, probablemente no quieras escuchar esto, pero nunca he


visto a mi hermano actuar como lo hace cuando se trata de ti.

Sus cejas se levantaron.

—No estoy segura de lo que eso significa.

—Probablemente sea mejor que no lo estés.

Ella se giró hacia él.

—Yo... No sé qué decir. No vine aquí para comenzar una relación


ni nada por el estilo con nadie. Yo...
—No mezclarías negocios con placer. Lo sé. Eres un poco estricta.
—Las pestañas bajaron, protegiéndose los ojos—. No completamente.
Hay un poco de desenfreno en ti. Puedo sentir eso.

Pensando en el ascensor, Julie se sonrojó. No había ese tipo de


desenfreno en ella.

Moviendo sus manos hacia los brazos de la silla, él se levantó.

—En una nota seria, ¿sin embargo? No espero que seas más
personal conmigo o algo así, pero solo quiero que sepas que eres diferente
para él.

Ella bajó su taza.

—Realmente no estoy segura de si eso es algo bueno.

—Yo tampoco.

Entonces, sin esperar esa respuesta, no tenía idea de cómo


responder.

Gabe comenzó a girar, pero se detuvo.

—Tal vez sea algo bueno —dijo, haciendo una pausa—. Eres algo
bueno, sin embargo. En fin, te veré pronto. —Se inclinó, besando su
mejilla antes de que ella siquiera tuviera la oportunidad de darse cuenta
de lo que estaba haciendo—. Asegúrate de que Lucian se comporte bien
y no mate a Daniel hoy.

Y luego se alejó, desapareciendo por la esquina del porche, y Julia


se quedó sentada allí, preguntándose si estaba bromeando sobre
asegurarse de que Lucian no matara a Daniel.

Probablemente no bromeaba.

Suspirando, Julia colapsó y cerró los ojos. Los hermanos de


Vincent eran así... eran tan extraños y, sin embargo, tan atractivos, casi
tanto que casi anulaban la rareza.

Pero, sí, no lo hacían.

Vas a venir a mí.

Julia se estremeció de nuevo.

¿Podría hacerlo?
¿Podría descartar todas sus reservas e inquietudes? ¿Podría ir a
ver a Lucian simplemente porque lo quería... lo quería a él? ¿Podía dejar
que su pasado se fuera y vivir, vivir el momento? No estaba segura porque
todo eso todavía la aterrorizaba… porque ¿y si le explotaba en la cara?

¿Podría hacer esa elección?


Capítulo 23
Traducido por Rose_Poison1324

L ucian se encontró con su primo Daniel en la puerta.

—No te quiero aquí.

Daniel estaba parado afuera, con lentes de sol sobre su cabeza. Se


encontró brevemente con la mirada de Lucian antes de enfocarse
rápidamente sobre su hombro.

—Lo sé y agradezco que me dejes venir.

—Como si dejarte te detuviera de aparecerte aquí sin previo aviso.

—Lo siento por eso, pero tenía que ver…

—No tienes que ver nada. —Dando un paso adelante, agarró a


Daniel por el cuello de su polo azul claro y lo arrastró a través de la puerta
abierta de la entrada—. Si alguna vez apareces aquí sin avisar de nuevo
o incluso provocas que el corazón de la Srta. Hughes salte en su pecho,
te derribaré.

Los ojos de su primo se abrieron de par en par.

—Yo…

—¿Me entiendes? Y será mejor que pienses en esa pregunta antes


de que respondas, porque esta es la única advertencia que vas a recibir.

Las fosas nasales de Daniel resoplaron.

—Lo entiendo.

—¿De verdad?

La garganta del hombre se movió en un trago.

—De verdad.

Lucian soltó la parte delantera de su camisa, y Daniel se tambaleó


hacia atrás.
—Cierra la puerta detrás de ti.

Daniel lo hizo. Después de hacerlo, alcanzó a Lucian en la sala


principal.

—¿Están Devlin y Gabe por aquí?

Lucian resopló.

—¿Por qué? ¿Estás preocupado?

Caminando junto a él, Daniel se arregló la camisa.

—Solo quiero estar preparado en caso de que me rapten


nuevamente.

Él se rió entre dientes.

—Prefiero que estés en un constante estado de miedo.

Daniel no respondió hasta que llegaron a los escalones.

—No quise asustar a la enfermera. No sabía que estaría aquí.

—No importa. —Lucian resistió el impulso de darse la vuelta y


empujar a Daniel por las escaleras—. Toda tu vida estás causando cosas
que no quisiste.

—Eso es un poco cruel.

—La verdad no siempre es agradable.

Hubo un espacio de silencio antes de que Daniel respondiera:

—Eso es verdad.

No hablaron el resto del camino hasta el tercer piso, pero Lucian lo


detuvo antes de que doblaran el corto pasillo hacia las habitaciones de
Maddie.

—Si mi hermana se pone ansiosa o aparece agobiada, te irás de


inmediato.

Daniel se enfrentó a él.

—Sabes que nunca querría lastimar a Maddie o agobiarla. No


tienes que decírmelo dos veces.

Respirando profundamente, la mandíbula de Lucian se cerró


mientras miraba hacia otro lado. Daniel no estaba mintiendo. Por mucho
que le desagradara el pequeño hijo de puta, se preocupaba por Maddie.
Siempre lo hizo. Y Maddie se preocupaba por él. Era la única razón por
la que estaba aquí.

—Vamos —gruñó.

La puerta de la habitación de Maddie estaba abierta. Su hermana


estaba en el caballete, pintando lejos. Hoy parecía ser parte de la cara de
un niño. ¿Posiblemente? Y su hermana estaba vestida con gracia en lo
que parecía ser una especie de combo de vestido y suéter.

Pero no había sido su hermana a quien había notado primero.


Había sido Julia. ¿Qué tan jodido era eso?

Ella estaba de pie al lado de Maddie, sus largos y gruesos rizos


ondulados caían libres alrededor de su cara. Dios, no llevaba su cabello
suelto lo suficiente como para su gusto. Quería hundir sus manos en su
pelo, tomar en un puño los mechones…

Mierda, tenía que concentrarse y no en eso o volvería a lo que le


dijo la noche pasada más rápido que un rayo.

Julia miró cuando entraron, su mirada detenida en Lucian antes


de moverse a Daniel.

—Buenas tardes.

Daniel comenzó a avanzar, pero se detuvo y miró en dirección a


Lucian primero. Lucian sonrió con fuerza, y los hombros de Daniel se
tensaron.

—Hola, Srta. Hughes. ¿Cómo está?

—Estoy bien. —Se volvió hacia su hermana—. Madeline ya ha


comido, pero el almuerzo ha sido comprado. —Hizo un gesto hacia los
platos cubiertos que Livie debía haber enviado.

—¿Te importa si me siento con Maddie por un momento y


hablamos primero? —preguntó Daniel.

Julia negó con la cabeza.

—No tengo ningún problema con eso. —Se volvió hacia él—.
¿Lucian?

Por supuesto, que él sí. Tenía un problema cuando Daniel


respiraba, pero sacudió su cabeza negando. Su primo lentamente caminó
hacia donde estaba sentada Maddie. Cada movimiento fue cauteloso
mientras se sentaba en el asiento que Julia solía ocupar.
—Oye, dulce niña —dijo Daniel, con voz suave—. ¿En qué estás
trabajando?

No hubo respuesta. Maddie siguió pintando, pero Daniel siguió


hablando con ella como si estuviera respondiendo. De la misma manera
en que Lucian hablaba con ella. Él miró a su primo y hermana por unos
momentos, y luego su mirada se deslizó hacia donde estaba Julia.

La camisa de color crema que llevaba insinuaba las suaves olas


debajo mientras se inclinaba por la cintura, recogiendo uno de los
pinceles que Maddie debía haber tirado. Su mirada estaba hambrienta
cuando la vio colocarlo en la bandeja al lado de Maddie.

Cuando Julia retrocedió para darles un poco de espacio, se acercó


para unirse a ella en las puertas. Ella lo miró, pero rápidamente desvió
la mirada.

Él se inclinó y susurró:

—Me gustaron los uniformes. Pensé que eran lindos. Realmente me


gustaste en ese vestido anoche. Pensé que estabas hermosa. ¿Pero
viéndote en jeans, finalmente? Jodidamente sexy.

Su mirada se disparó a la suya.

Lucian le guiñó el ojo mientras juntaba sus manos detrás de su


espalda, arreglando su expresión en aburrida indiferencia cuando Daniel
miró por encima de su hombro hacia ellos.

—No te atrevas —susurró en el momento en que Daniel volvió a


concentrarse en Maddie.

Él levantó una ceja mientras inclinaba su cuerpo hacia ella y las


puertas, manteniendo un ojo su primo y hermana.

—¿Atreverme a qué?

—Pararte ahí como si no hubieras dicho eso.

Lucian presionó una mano contra su pecho.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

Sus labios se crisparon mientras ponía los ojos en blanco y luego


sonrió mientras sacudía la cabeza.

—Eres ridículo.

—Bueno, no puedes deletrear ridículo sin dic...


Julia le dio un golpe en el brazo, lo golpeó fuerte. Él se rió entre
dientes cuando ella se volvió rosa brillante, porque Daniel los miró otra
vez. El almuerzo fue más o menos como eso. Los tres escogieron la comida
mientras Daniel hacía toda la conversación unilateral, que fue un paseíto
por el camino de la memoria.

Hubo poca reacción de Maddie durante el almuerzo. Dejó de pintar


de vez en cuando y miraba en dirección a Daniel, por lo que Lucian creía
que eso era una mejora.

Dios, esperaba que sí.

Si tener a Daniel aquí cada maldito día ayudaría a Maddie,


entonces lo soportaría sin golpear al pequeño bastardo.

—Lo estás haciendo bien —comentó Julia mientras la ayudaba a


llevar los platos a la sala colocándolos en una bandeja—. Esperaba tener
que alejarte de él en algún punto.

—Tienes tan poca fe en mí.

—Más como expectativas bajas basadas en tus propias palabras y


las de Gabe.

—¿Qué dijo él?

—Más o menos lo mismo que ya has dicho —explicó, colocando el


mantel sobre los platos usados.

Él miró a Daniel y Maddie. Estaban en el caballete, donde los


dejaron. Su mirada se volvió hacia ella.

—¿Cuándo hablaste con mi hermano?

Ella se inclinó y recogió una servilleta que se había deslizado de la


bandeja.

—Obviamente cuando no estabas cerca.

—¿De verdad? Me siento un poco... celoso.

Enderezándose, lo inmovilizó con una mirada divertida.

—Se detuvo cuando yo estaba en el porche. Me dijo que se iba a


visitar a la familia de una ex novia.

—¿Él dijo eso?

Julia asintió, arrojando la servilleta sobre la bandeja.


—Sí. ¿Qué?

—Nada. Es solo que... esa fue una relación difícil. Él realmente


tenía sentimientos por ella.

—¿Qué pasó entonces? —Curiosidad llenó su voz.

—Ella se metió en una situación y nos ocupamos de eso.

Sus cejas se levantaron mientras lo miraba fijamente.

—¿Y eso que significa?

—Exactamente lo que dije —respondió.

Ella lo miró por un momento y luego negó con la cabeza.

—Será mejor que regresemos ahí.

—¿Qué?

—Nada.

Él la miró mientras ella regresaba a la habitación de Maddie.

—¿Estás orgulloso de mí?

Ella se detuvo en la puerta.

—Tal vez un poco.

—Tomaré eso. —Caminando junto a ella, extendió la mano, rozó su


mano sobre su espalda baja y justo sobre la curva de su trasero. Ella lo
esquivó rápidamente y se giró hacia él.

—Ups. Lo siento. Qué torpe soy.

—Tenías que ir y arruinarlo —murmuró detrás de él.

Sonriendo, cruzó la habitación. La sonrisa se desvaneció


rápidamente cuando Daniel se volvió hacia él.

—Tengo una idea —dijo.

Lucian se cruzó de brazos.

—No puedo esperar a escuchar esto.

—¿Cuál es tu idea? —Julia se unió a él.

Daniel miró a Maddie. Ella ya no pintaba. El lienzo estaba lleno.


—Esta es su antigua habitación, pero... ninguna de sus cosas está
aquí.

—Sus cosas habían sido empacadas. Lo que podía ser donado lo


fue. Todo lo demás fue desechado.

Julia lo miró fijamente, la incredulidad grabada en su rostro.

—¿Qué?

—No fui yo quien lo hizo. —Un poco molesto de que siquiera


pensara eso, se encontró con su mirada—. Fue nuestro padre.

Ella palideció.

—Sabías… ¿Sabías que lo hizo?

Parte de él no quería responder, pero lo hizo.

—No. No hasta que fue demasiado tarde.

La simpatía parpadeó en su rostro cuando se acercó, doblando su


mano a lo largo de su bíceps. Ella apretó suavemente.

—¿Qué pasa con las cosas de tu madre? —sugirió Daniel—. Sabes


lo cercanas que eran ella y mi tía. ¿Todavía te quedan algunas de sus
cosas o Lawrence consiguió deshacerse de eso también?

Lucian se tensó.

—No. Sus pertenencias todavía están en su habitación.

—¿Todas sus cosas? —La incredulidad coloreó su tono.

Torció su cuello y luego asintió.

—Su habitación ha permanecido como estaba desde la noche en


que murió.

—¿En serio? —La emoción llenó la mirada de Daniel—. Tal vez


podamos traer algunas de las cosas de tu madre para ella. Algo para que
lo mire, y ¿tal vez toque? ¿Eso suena tonto? —Se giró en el taburete,
mirando a Julia—. Tú eres la enfermera. ¿Qué piensas?

—No creo que sea tonto. —Dobló un brazo sobre su cintura—.


Exponer a los pacientes a sus propios objetos personales o los de un ser
querido es usado algunas veces, especialmente si hay problemas de
memoria. Y no sabemos si ella está teniendo problemas de memoria.

—Entonces, ¿no podría doler? —preguntó Daniel.


Ella sacudió su cabeza.

—No si tenían una buena relación. —Su mano se deslizó fuera del
brazo de Lucian—. ¿Lo hacían?

—Sí. —Su voz era ronca—. Ellas tenían sus problemas. Supongo
que como cualquier madre e hija, pero eran cercanas.

—¿Hay algo en particular que creas que atraería a Madeline? —le


preguntó.

Dios, las opciones eran ilimitadas. Cuando Maddie era pequeña,


jugaba durante horas con todas las joyas de mamá, especialmente con
los largos collares de perlas. Luego estaban los álbumes de fotos y los
diarios que su madre tenía. Maddie siempre estaba jugando con ellos.

—Hay algunas cosas en las que puedo pensar.

—Entonces, ¿qué piensan ustedes? —Daniel miró entre ellos.

Lucian no estaba seguro de si quería hacer esto. Entrar a la


habitación de su madre no era algo que cualquiera de ellos hiciera a
menudo. Demonios, era Livie quien mantenía la habitación limpia.

—¿Crees que podría ayudar? —le preguntó a Julia.

Su mirada lo buscó.

—No creo que vaya a doler.

Lo que significaba que no podía hacer nada… o podría ayudar a su


hermana. Y por ayudar a su hermana, lo haría.

—Está bien. —Lucian se pasó una mano por la mandíbula,


mirando a Julia. Ella asintió con la cabeza—. Puedo… puedo hacer eso.

—Genial. —Daniel se giró hacia Maddie, y Lucian pensó ver el


fantasma de una sonrisa en el rostro de su hermana.

Julia acababa de regresar a su habitación cuando su teléfono vibró


en su bolsillo trasero. Deslizando fuera el teléfono, se le hizo un nudo en
el estómago cuando vio el familiar código del área de Pensilvania.

Adam.

El instinto le dijo que era Adam, y ese conocimiento retorció sus


entrañas mientras miraba el teléfono. Él no la había llamado desde que
le envió un mensaje de texto, pero ella no era tonta. Sabía que llamaría
de nuevo… y de nuevo, pero el breve respiro le había hecho bajar la
guardia.

Julia comenzó a hacer lo que siempre hacía. Su pulgar se cernía


sobre el botón de rechazo, pero se detuvo. Evitarlo no estaba
funcionando. Cambiar su número solo lo desvió hasta que descubrió su
nuevo número. La vieja Julia ignoraría esta llamada telefónica.

Pero ya no era esa Julia, ¿verdad?

No.

No lo era.

El teléfono seguía sonando, el sonido era tan discordante como


clavos rasgando una pizarra.

Algo dentro de Julia se rompió. O tal vez algo dentro de ella cambió.
De cualquier manera, reaccionó. Julia respondió la llamada y su
estómago picó una vez más cuando dijo:

—Hola.

—Julia.

La voz era familiar en la forma en que las malas pesadillas lo eran,


y la única respuesta al sonido de la voz de Adam fue una mueca de dolor
y un candente estallido de molestia. Atrás quedaron los días en que su
voz provocaría desilusión y arrepentimiento de todo eso que podría haber
sido.

—Respondiste. —Parecía sorprendido—. Gracias a Dios. He estado


preocupado...

—Para —interrumpió ella mientras caminaba hacia las puertas—.


Tienes que detenerte justo ahí. No tienes ningún derecho a estar
preocupado. Ese día ha pasado hace mucho tiempo.

—Julia…

—No. —Su mano apretó el teléfono mientras bajaba la voz—.


Necesitas dejar de llamarme, Adam. Nuestro matrimonio se ha
terminado, lo ha estado por años. Necesitas detenerte.

—Solo porque no estamos casados, no significa que no tengo


derecho a saber qué demonios está pasando contigo. —Y allí estaba. La
sorpresa abandonó su tono—. Te levantaste y dejaste el maldito estado y
nadie me dirá dónde a donde fuiste.

—No tienes derecho a saber lo que estoy haciendo, Adam. ¿Cómo


no entiendes eso? —respondió—. Espera. No entiendes eso. Obviamente
no lo haces. Esta es la última vez que quiero saber de ti.

—No quieres decir eso. —Él suavizó su tono—. Vamos, Julia.


Todavía me importas y todavía me preocupo por ti.

Dando vuelta de las puertas, dio una profunda y calmante


respiración para que no comenzara a maldecir a todo pulmón.

—Te deseo lo mejor, Adam, siempre lo he hecho, pero no me


preocupo por ti y no pienso en ti. Nuestras vidas están completamente
separadas ahora. No quiero saber de ti otra vez y lo digo en serio.

Adam se calló.

Su corazón comenzó a latir en su pecho.

—Si sigues llamándome, eso es… eso es acoso y presentaré cargos.

Su inhalación fue audible.

—¿Me harías eso? ¿Sabiendo lo que eso podría significar para mi


trabajo?

—Sí, porque tú serías el que se haría eso a ti mismo. —Sus


hombros se alzaron—. Llámame una vez más y no solo presentaré cargos,
llamaré a tu esposa. Lo haré. Hemos terminado con esto.

Julia colgó el teléfono y cortó lo que sea que él estaba diciendo,


porque las palabras no eran importantes. Su corazón todavía estaba
golpeando contra sus costillas mientras esperaba a que el teléfono sonara
nuevamente.

Pero no fue así.

El teléfono permaneció en silencio.

Mucho, mucho más tarde, Julia yacía en la cama, la sábana y la


manta torcidas alrededor de sus piernas mientras miraba el ventilador
en el techo girando.
No podía dormir.

Su cerebro no se apagaría. La cosa era que ni siquiera estaba


pensando en lo que debería. Madeline y el almuerzo con Daniel, así como
la llamada telefónica con Adam fueron las cosas más alejadas de su
mente. Logró no pensar sobre la cena de anoche, lo que Lucian le había
dicho la mayor parte del día, ¿pero, ahora?

Sus prioridades estaban totalmente desordenadas, porque cuando


cambió de lado y luego rodó sobre su espalda unos momentos más tarde,
estaba pensando en él.

Cuando su mano rozó su trasero esta tarde, debería haber estado


ofendida. Demonios, debería estar en un constante estado de ofensa
alrededor de Lucian. Excepto que no había estado. Su cuerpo había
respondido de inmediato, ruborizándose ardientemente. Estaba en un
constante estado de caliente excitación.

Y todavía estaba tan malditamente caliente.

Julia estaba ardiendo, como si tuviera fiebre que no pudiera


tratarse con aspirina y descanso. La inquietud la consumió y se sentó,
arrojando sus piernas fuera de la cama.

La verdad es que Julia no solo estaba pensando en él. Estaba... ella


estaba tratando de trabajar hasta el nervio para hacerlo.

Para hacer esa elección.

—Oh Dios —susurró, pasando una mano por su cara. Su mano


estaba de hecho temblando mientras su corazón tronaba en su pecho.
Esto no debería ser la gran cosa. Así ella fuera a él o no lo hiciera. Y si lo
hacía, sabía lo que podría ser. Sexo. Nada más que sexo alucinante. Podía
lidiar con eso.

Al menos pensó que podría.

Vendrás a mí.

Tragó saliva mientras miraba la puerta de su dormitorio. Su ritmo


cardíaco se disparó mientras se ponía de pie. Sus piernas temblaban
mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho. Podía sentir sus pezones
presionando a través de la delgada camisola. Mordió su labio y solo por
un momento se permitió imaginar saliendo por la puerta, recorriendo el
puñado de pasos que la llevaban a Lucian. Se permitió imaginar qué
pasaría si tocaba a la puerta y él respondía.
Pensó en lo que él le haría.

Y sabía lo que permitiría.

Nunca en su vida había estado tan nerviosa. Nunca. ¿Eso era algo
bueno o malo? No lo sabía, pero iba a volverse loca y estresarse por esto.
Pasaría todas las noches despierta y deseando tener el valor…

Julia exhaló bruscamente. Deseando tener el valor. Hoy más


temprano, sintió como si ya no fuese la vieja Julia. Se enfrentó a Adam.
Se hizo cargo. La vieja Julia se quedaría donde estaba, pasando una
noche inquieta deseando.

¿Qué tal si dejaba de desear? ¿Dejaba de fantasear? Y, en cambio,


¿empezara a vivir?
Capítulo 24
Traducido por Yiany

E l suave golpeteo en la puerta de Lucian lo alejó del lienzo.


Lanzando el carbón a un lado, agarró un trapo cercano y se
levantó, limpiándose las manos.

Por alguna maldita razón, su corazón latía con fuerza en su pecho


mientras pasaba junto al sofá. El instinto le decía quién era o tal vez era
una ilusión.

Dios, quería que fuera ella.

Después de ese almuerzo con Daniel, sabiendo que iba a tener que
pasar por la mierda de su madre, quería que fuera ella al otro lado de la
puerta. Porque si fuera ella, sabía que no estaría pensando en su
hermana o en lo que tendría que hacer. Todo se centraría en ella. Todo lo
demás sería silenciado.

Necesitaba que se silenciara.

Lucian metió el trapo en el bolsillo trasero de sus pantalones


vaqueros y abrió la puerta, apoyando su mano en el marco.

Julia había venido a él.

Infiernos.

Casi cayó de rodillas allí mismo y le dio las gracias. Se detuvo,


porque sí, eso sería raro como una mierda.

Llevaba una bonita camisa con volantes que jugaba al escondite


detrás de un largo suéter abierto. Esas piernas estaban cubiertas con
pantalones apretados y negros. Pantalones que solo quería arrancarle.

Le tomó todo no agarrarla e inmediatamente llevarla al piso. Tuvo


que contenerse, porque una mirada le dijo que estaba tan nerviosa como
un gato en una habitación llena de mecedoras. Tenía la cara sonrojada y
estaba retorciendo los dedos mientras su mirada bajaba de su rostro a la
camisa blanca manchada de carbón que llevaba puesta.
—¿Por qué estás tan sucio? —espetó ella.

Él luchó una sonrisa.

—Bueno, buenas noches para ti también, Srta. Hughes.

El rubor en sus mejillas se volvió más rojo, el tipo de color que sería
difícil de reproducir.

—Lo siento. Es solo que tienes manchas en toda la camisa. —


Señaló en las cercanías de su pecho.

—Estaba dibujando con carbón. Es desordenado.

—Oh. —Su mirada se movió de su cara a su pecho y de regreso—.


¿Entonces también dibujas?

—Entre muchas cosas. —Se deslizó fuera del marco de la puerta—


. ¿Quieres entrar Srta. Hughes?

Sus labios se movieron, pero no hubo sonido por varios momentos.

—Lo siento. Sé que es tarde. No podía dormir.

—¿Así que viniste a mí?

Julia cerró los ojos y asintió.

—Si estás ocupado…

—Nunca estoy demasiado ocupado para ti. Estaba a punto de


hacerme una bebida —ofreció, dando un paso atrás—. Puedo hacerte
una, si quieres.

Lucian no creyó que fuera a responder o entrar. Dudó varios


segundos y luego cruzó la puerta. Cerró los ojos, lanzando una oración
de agradecimiento a cualquier Dios que estuviera escuchando. Cerrando
la puerta, la encontró parada al lado del sofá.

—Toma asiento.

Julia se sentó.

Pensando que era la primera vez que hacía algo inmediatamente,


casi se rio. La observó mientras caminaba hacia la barra. Dios, realmente
estaba ansiosa, y eso no le gustó. Quería—no, necesitaba—que se sintiera
cómoda.

Su mirada voló alrededor de la habitación.


—Guau. No sabía que tenías tanto espacio… privado.

—Nunca has estado aquí antes, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza mientras él agarraba la botella de whisky y


dos vasos.

—Es como un departamento.

—Bastante. Es un buen lugar para relajarme sin preocuparme por


mis hermanos. —Sirviéndose un whisky solo, quiso ir más suave con su
bebida y añadió solo un trago de licor a su Coca Cola. La quería relajada,
no borracha—. Tengo esta habitación, una que uso como estudio y una
habitación con baño.

Sus manos se frotaron sobre sus rodillas dobladas.

—¿Siempre trabajas en tu estudio aquí?

—Mayormente. —Colocando sus lentes sobre la mesa de café, la


rodeó y se arrodilló directamente frente a ella para estar a la altura de
sus ojos.

Julia retrocedió, sus ojos se abrieron de par en par.

Lucian apoyó sus manos sobre sus rodillas cuando se encontró con
su mirada.

—Sé por qué viniste a mí.

Ella contuvo el aliento.

—Y voy a pasar horas, tal vez incluso el resto de la noche,


asegurándome de que no te arrepientes —dijo, queriendo decir cada
palabra—. Pero nada, absolutamente nada sucederá si no quieres. ¿Lo
entiendes?

Tragando, asintió.

—Puedes salir por esa puerta en cualquier momento y nosotros…


podemos volver a intentarlo después. —Realmente esperaba que eso no
sucediera, pero no se detuvo—. O puedes optar por quedarte y dejar que
la noche nos lleve a donde sea que lo haga, ¿está bien?

Humedeció sus labios, el pequeño acto atravesándolo con un rayo


de lujuria.

—Está bien.
—Bien. —Sonrió y luego se levantó, alcanzando detrás de él.
Recogió su vaso y se la entregó—. Entonces, ¿por qué no podías dormir?

Tomó un sorbo mientras él se sentaba a su lado.

—Siempre he tenido problemas para dormir. No es serio como lo es


para algunas personas, pero es molesto.

—Conozco el sentimiento. —Su mirada se deslizó sobre su perfil.


Quería tocarla—. Si no puedes dormir, no olvides que tengo opciones para
ti. Estoy aquí para ayudar, a tu disposición.

Una breve sonrisa apareció en su rostro mientras bajaba el vaso.

—Ese té fue increíble.

—Lo es. —La miró por el borde de su vaso—. Pero la otra opción es
mucho mejor.

Ese dulce rosa regresó a su rostro.

—Así que… Yo, uhm, estaba explorando un poco esta mañana,


antes que Daniel viniera. Subí al techo.

Él se apoyó en los cojines y pasó el brazo por el respaldo del sofá.

—No deberías estar ahí arriba. No es el lugar más seguro.

—¿Porque no hay barandillas?

Lucian no respondió.

Ella lo miró a través de sus gruesas pestañas.

—Parecía que el techo se usaba con frecuencia.

—Mi madre lo hacía. Le gustaba allí, de noche o de día.


Probablemente porque a nadie más le gustaba subir.

Julia pasó los dedos por el borde del vaso.

—Bueno, alguien sube allí. Vi las flores, se veían frescas. ¿Fuiste


tú?

Lucian sacudió la cabeza.

—Lo creas o no, es Dev.

—Oh. —Parpadeó—. Eso es una sorpresa.


—Correcto —estuvo de acuerdo—. Pero en serio, por favor no vayas
allí. Lo último que quiero es que ocurra un accidente.

Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.

—¿Los accidentes ocurren allí a menudo?

—Los accidentes ocurren a menudo en todas partes en esta casa.


¿Recuerdas el baño?

—Oh Dios. Tienes que recordarme eso. —Presionó su palma en su


cara, apretando sus ojos—. Intenté borrar eso de mi memoria.

—Tú y yo.

Bajó su mano y lo miró extrañamente.

—¿Qué? Encontrarte desnuda en los brazos de mi hermano no fue


exactamente algo que quisiera ver.

—¿Algo que no querías ver? Intenta estar en mi lugar. —Se rio, y


los labios de Lucian temblaron ante el sonido suave—. No puedo creer
que la primera vez que conocí a Gabe fuera así.

—No creo que le importe —replicó Lucian secamente.

—Ni siquiera quiero pensar en eso. —Bebió su bebida.

Lucian se inclinó, colocando su bebida en la mesa esquinera que


Gabe había construido. Pasó un momento y Julia lo miró. Sus miradas
se enfocaron, y maldición si no sintió que había una especie de revoloteo
en su pecho.

—¿Estás lista para hablarme de ti, Srta. Hughes?

Ella sostuvo su mirada.

—Sabes mucho sobre mí. Lo has hecho desde el principio, incluso


antes de conocerte.

—No es verdad.

Julia negó con la cabeza.

—¿Qué quieres saber?

—Estabas casada. ¿Qué pasó?

Apartó la mirada cuando sus hombros se tensaron.

—Por supuesto, tenías que hacer esa pregunta.


—Quiero saber.

—Tal vez no quiero decírtelo.

—Vamos. —Apartó su mano del respaldo del sofá y golpeó con sus
dedos esos tensos hombros—. Te contaré sobre mis relaciones.

—Eso no es necesario.

—Creo que lo es. —Mantuvo los dedos sobre sus hombros—. Nunca
he estado en una relación seria a largo plazo.

—¿Qué? —Su mirada voló hacia la de él—. ¿En serio?

—Sí. Simplemente nunca quise. Normalmente no estoy con la


misma mujer más de una vez.

Su boca se abrió.

—Hay raras, muy raras excepciones, pero generalmente es una


regla mía. No vuelvas una segunda vez.

—No puedo creer que hayas dicho eso.

—Solo estoy siendo honesto.

—Sin embargo, déjame analizar esa honestidad —dijo ella—.


¿Tienes algún un tipo de fobia al compromiso?

Él se rio entre dientes.

—Creo que es solo que no he conocido a alguien con quien quisiera


comprometerme.

Sus cejas se levantaron.

—Guau. Ni siquiera sé qué decir sobre eso.

—Creo que la más larga fue hace un par de años. Duró


aproximadamente seis meses.

—¿Por qué terminó?

Levantó un hombro.

—Ella quería más. Yo no tenía más para dar.

Julia lo miró fijamente.

—Alguna vez… ¿Quieres dar más?


Lucian pensó en la pregunta, realmente lo hizo.

—Sí, lo hago.

Ella apartó la mirada de nuevo.

—Bueno, supongo que eso no es tan malo como no querer. —


Arrugó la nariz—. No puedo creer que nunca hayas estado comprometido
o algo así.

—No. —Hundió los dedos en los tensos músculos de sus hombros—


. Entonces, ¿cuál es el nombre de su ex marido?

Julia bajó la barbilla y dejó escapar un profundo suspiro.

—Adam.

—¿Todavía se hablan? —Pasó sus dedos por su cuello.

—No. —Ella tomó un trago, y él sintió los músculos a lo largo de su


cuello tensarse—. Él… llama de vez en cuando, pero no hablo con él.
Bueno, eso no es exactamente cierto. Llamó hoy más temprano en
realidad, pero creo… creo que es lo último que oiré de él.

Su atención se agudizó cuando recordó que ella ignoró una llamada


telefónica y se comportó de forma completamente extraña al respecto.

—¿Entonces no fue una ruptura feliz?

—Nop. —Sonrió débilmente mientras lo miraba—. Fue mi primer


novio serio. Estuvimos juntos en la universidad y casarnos parecía el
siguiente paso. —Se rio entonces—. Quiero decir, lo amaba. Lo hacía.

—¿Y luego qué pasó?

Pareció considerar qué decir a continuación.

—El amor simplemente no fue suficiente para hacerlo… para


hacerlo feliz.

Sus dedos se detuvieron. Todo sobre él se detuvo.

—¿Qué quieres decir, Julia?

—Él… no era el tipo más amable hacia el final. —Se inclinó hacia
delante, para que no estuviera tocándola—. Dios, no puedo creer que esté
hablando de esto.
—Por favor, no te detengas —dijo, al mismo tiempo, casi deseando
que lo hiciera, porque no estaba seguro de lo que haría si descubría que
su ex le había hecho daño.

Julia dejó su vaso sobre la mesa de café y luego tiró de su suéter.

—No siempre fue así. Es solo que… era difícil. Como que en algún
momento de nuestro matrimonio, todo dejó de hacerlo feliz. Era
demasiado crítico con todo: cuántas horas trabajaba, cómo se veía la casa
cuando llegaba a casa, cómo se cocinaba la cena, cómo yo lucía. No había
nada que pudiera hacer, ¿sabes? Lo intenté. Realmente lo hice.

Julia se rio de nuevo, esta vez el sonido fue menos inestable.

—Nadie podría criticarme por no intentarlo. Simplemente nada


funcionó. Cada conversación se convertía en una discusión. Cada
cumplido se convertía en una burla.

Lucian se obligó a permanecer callado.

—Solía culpar de eso a su trabajo. Era estresante. Es un oficial de


policía —dijo, y realmente no le gustaba hacia dónde se dirigía nada de
esto—. Entonces, su trabajo podía ser difícil, pero después de un
tiempo… Simplemente ya no pude lidiar con eso. Difícilmente dormíamos
en la misma cama, y me sentía como si estuviera…

—Siempre caminando sobre cáscaras de huevo —dijo, recordando


cuando ella había dicho eso antes.

Julia asintió.

—Dejarlo fue aterrador, porque era… era todo lo que conocía, y


siempre he tenido dudas, algo de miedo. No es que no haga cosas nuevas,
obviamente. Me cuesta mucho desarrollar el valor. Tiendo a pensar
demasiado.

—Nunca hubiera adivinado esa última parte —bromeó.

Otra pequeña sonrisa apareció.

—En fin, lo dejé hace unos tres años. No me quedé con él porque
fuera débil. Me quedé con él porque pensé que el amor sería suficiente.

—No creo que seas débil.

Otra sonrisa rápida apareció.

—A veces amar a alguien no es suficiente. No quiero sonar


amargada, pero el amor no puede arreglar todo sobre una persona. No
puede ser suficiente al final del día. No cuando ya no parece que la
persona está caminando por el mismo camino que tú.

Lucian estuvo de acuerdo, aunque estaba bastante seguro que


nunca había amado a alguien fuera de su familia.

—¿Y todavía te llama?

—Espero que ya no. —Tomó su bebida y tomó un trago saludable—


. Es como que le gusta reportarse. Lo odio, así que lo ignoro. De hecho,
cambié mi número de teléfono, pero se las arregló para descubrir el nuevo
número.

A Lucian realmente no le gustó cómo sonaba eso.

—Lo que pasa es que sé que no quiere que volvamos a estar juntos.
—Volvió a bajar el vaso y, por primera vez, se enfrentó a él—.
Simplemente no le gusta la idea de que siga adelante, incluso si él lo ha
hecho… y lo ha hecho. Se volvió a casar.

—Suena como un imbécil.

—Sip —estuvo de acuerdo.

Lucian no estaba seguro si debería hacer la siguiente pregunta.

—¿Te ha lastimado?

Sus cejas se levantaron.

—¿Físicamente? No. Nunca hizo eso. Sacó la mierda emocional y


mental. Ya sabes, el tipo de cosas que no dejan evidencia detrás.

—Pero no es así ¿cierto? —preguntó en voz baja—. Está en la forma


en que alguien se comporta. Está grabado en cada arruga de la cara y en
la sombra de sus ojos. Todavía deja su marca.

Su pecho se levantó pesadamente.

—Tu… tu padre, ¿lo hizo?

—¿Golpearnos? De vez en cuando, era conocido por hacerse físico.


Eso se detuvo cuando crecí o mis hermanos intervinieron.

La expresión de Julia cayó.

—Odio escuchar eso. Nunca deberías haber pasado por eso.

—Tú tampoco.
—Tienes razón. —Mordisqueando su labio inferior, llevó una pierna
al sofá—. ¿Golpeó a Madeline?

—Lo hubiera matado si lo hubiera hecho.

Lo miró por un largo momento y luego un poco de sangre


desapareció de su rostro.

—No estás bromeando.

—No. —Se encontró con su mirada de ojos muy abiertos—. No lo


hago. Es mi hermana.

Julia soltó los bordes de su suéter.

—¿Has…?

—¿He qué? —Cuando no respondió, se inclinó hacia adelante,


moviendo su mano hacia su rodilla—. He hecho algunas cosas.

Ella inhaló bruscamente.

—¿Qué tipo de cosas, Lucian?

—Cosas que le haría a tu ex marido si alguna vez tuviera el placer


de conocerlo.

—No puedes decir eso. Tú no...

—No digas que no te conozco, Julia. Lo hago. Eres amable y


afectuosa. Tienes la mejor risa, pero no te ríes lo suficiente. Eres
inteligente e incluso si crees que tienes miedo de las cosas, eres valiente.
Y espero que te des cuenta de la última parte. No estarías en esta casa,
lejos de todo lo que conoces, si no fueras así.

Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Y te conozco lo suficiente como para saber que caes en ese


pequeño grupo de personas por las que haré cosas terribles a quienes los
han perjudicado.

—¿Qué cosas? —preguntó después de un momento.

—Cosas de las que no estoy necesariamente orgulloso, pero que no


cambiaría. —Deslizó su mano por su muslo mientras sostenía su
mirada—. Haría cualquier cosa para proteger a aquellos que me
interesan. A decir verdad, también lo harían mis hermanos. —Levantó su
mano, hasta su cadera—. No hay nada que no haríamos.
—Eso es… eso es un poco aterrador.

Esperó que se apartara o moviera su mano, pero cuando no lo hizo,


se inclinó aún más cerca.

—Pero no creo que tengas miedo. No creo que todavía estuvieras


sentada aquí si lo tuvieras. —Sus rostros estaban a solo centímetros de
distancia—. ¿O sí?

Sus ojos se cerraron.

—¿Qué tipo de cosas has hecho, Lucian?

—Me he asegurado que alguien que lastimó a alguien que me


importa no lastime a alguien más otra vez —susurró contra su boca—.
No lo maté, pero eso fue lo más amable de mí.

Julia estuvo callada por un momento.

—¿Fue esa la situación de la que todos se ocuparon que involucró


a la ex de Gabe?

Maldición. Tenía una gran memoria.

—Sí.

—¿Alguien que merecía todo lo que hiciste?

Inclinando su cabeza hacia un lado, arrastró sus labios a lo largo


de la curva de su mejilla.

—Merecían eso y algo más.

Ella tembló.

—Tu… tu familia realmente es su propio mundo.

Él deslizó su mano por su costado, debajo del suéter.

—¿Sabes qué?

—¿Qué? —La mano de Julia aterrizó en su pecho.

Lucian la guio hacia atrás hasta que yacía en el sofá mientras se


elevaba sobre ella. Esos hermosos ojos color whisky se encontraron con
los suyos.

—Te quiero en este mundo, mi mundo, ¿y tú?

Los dedos de Julia se curvaron en la parte delantera de su camisa.


—Sólo… Solo por un momentito.

Una sonrisa real curvó las puntas de los labios de Lucian un


segundo antes de besarla. No se contuvo. Porque si ella no frenaba esto,
no se detendría. Quería esto, quería esto desde el momento en que la vio
en el bar.

Lucian la reclamó con el beso, y cuando su cuerpo comenzó a


temblar, supo que tenía que hacer esto primero. Porque si no lo hacía y
se desnudaba, no iba a durar. No cuando ya estaba duro y listo.

Se levantó, balanceándose sobre una rodilla.

—Quítate ese suéter.

Con las mejillas ruborizadas, se sentó y se quitó el suéter. Quedó


atascado debajo de ellos, pero no le importaba.

—Me encanta ese top. —Pasó un dedo a lo largo del encaje. Luego
se movió hacia sus pantalones. Agarrándolos, los deslizó,
desnudándola—. ¿Sin bragas? Srta. Hughes, estoy sorprendido.

—Cállate —dijo, su voz ronca.

Se rio entre dientes mientras le quitaba los pantalones de las


piernas. La tomó del tobillo, besando el arco de su pie y luego moviéndose
lentamente por el interior de su pierna, besándola y mordisqueándola.

—Oh Dios —exhaló ella mientras él pasaba su rodilla.

Deteniéndose, Lucian alzó la vista y vio esos pezones que se


agitaban bajo el fino material. Quería verlos. Cogiendo el borde de la
endeble camisa, la tiró. Ella se levantó, y luego quedó completamente
expuesta.

Lucian solo pudo mirar por un momento, sus ojos catalogando


cada suave curva y cada valle. Su imaginación no le había hecho justicia.
Jesús, era una diosa.

Entonces le dijo eso.

Julia se rio mientras sacudía un poco la cabeza.

—Estoy diciendo la verdad. —Lucian ahuecó sus pechos,


arrastrando sus pulgares sobre los picos rosados. Ella se estremeció en
respuesta—. ¿Confías en mí?

—Sí —dijo, y no dudó.


Lucian la besó ferozmente en respuesta. Su pene tan duro, que iba
a abrir sus vaqueros.

—Quiero que te sientes y te deslices hasta el borde del sofá.

El estremecimiento creció cuando se sentó completamente. Ese


hermoso cabello suyo cayó hacia adelante. Los pezones tensos se
asomaban por los espesos mechones cuando se levantó del sofá. Las
rodillas presionadas, se deslizó hasta el borde del sofá.

Podía sentirla temblar mientras besaba su pulso estruendoso y


cruzaba las manos sobre sus rodillas. Lucian besó su camino hacia
abajo, amando la suavidad de su piel, mientras separaba lentamente sus
piernas, cayendo de rodillas entre ellas.

Julia lo miraba con los ojos muy abiertos, sus manos agarrando el
borde del cojín a cada lado.

—Hermosa —dijo con voz ronca, asimilando la parte más íntima de


ella—. Dios, eres hermosa. No lo dudes nunca. Inclinándose, besó el
interior de su muslo y luego siguió esa delicada piel estirada hasta su
centro.

Lucian la lamió.

Ella gritó, arqueando su espalda.

Diablos, ya estaba mojada y húmeda para él. Gimió profundamente


mientras levantaba su mirada.

—¿Te gustó eso?

—Sí —exhaló, esos jodidos y pequeños pezones separaron su


cabello. La maldita cosa más caliente que alguna vez había visto—.
Obviamente.

Lucian se rio entre dientes mientras mordisqueaba la otra cara


interna del muslo.

—¿Cómo suena esto, Srta. Hughes? Voy a probarte y luego te voy


a follar.
Capítulo 25
Traducido por Yiany

E n la parte posterior de la mente de Julia, sabía que lo que


estaban haciendo podría ser un gran error. Pero eso era lo
interesante de la vida, se dio cuenta en algún momento entre salir de su
habitación y llamar a la puerta de Lucian. Era incorrecto. Se cometerían
errores.

No estaba haciendo esto pensando que algo saldría aparte de,


probablemente, el sexo más increíble que jamás haya tenido. Sin
expectativas. De eso se trataba esta noche.

Y en este momento, solo estaba concentrada en este hombre


absolutamente impresionante sobre sus rodillas frente a ella, entre sus
muslos. Lo que le ofrecía sonaba como el cielo, como algo que Julia no
estaba segura de poder manejar, pero estaba segura que iba a
averiguarlo.

—Parece increíble —dijo ella, y ni siquiera reconoció su propia voz.

Su sonrisa habría derretido su ropa si no estuviera ya desnuda.

—¿Vas a mirarme?

Ella contuvo el aliento.

—Voy a intentarlo.

—Será mejor que lo intentes realmente duro.

Julia no tuvo la oportunidad de responder.

Lucian terminó de provocarla. En un momento había estado


hablando y al siguiente su boca estaba sobre ella. Su cuerpo entero se
sacudió por el beso tan íntimo. El húmedo calor inundó sus venas cuando
hizo este sonido que le recordó a un hombre muerto de hambre.

Era tan húmedo y caliente que la devastó, la forma en que usó sus
labios y la forma en que movía la lengua en trazos provocativos. Sus
dedos estaban hurgando en la tela del sofá. Iba a destrozarlo.
Y su cuerpo se movía, encontrándose descaradamente con los
trazos de su lengua. Sensaciones primarias y deslumbrantes la
golpearon. Su cuerpo se estaba tensando.

—Lucian —gimió, su barbilla cayendo. Todo lo que podía ver eran


sus dedos marcando sus muslos y su frente.

Luego atrapó en su boca ese manojo de nervios, chupando y


lamiendo hasta que no pudo soportarlo. Gritó cuando la liberación fluyó
a través de ella, licuando hueso y músculo. Se derrumbó contra el sofá e
intentó cerrar las piernas, pero él no lo tomaría. Siguió adelante hasta
que su columna vertebral se curvó y volvió a gritar su nombre. Entonces,
solo entonces, levantó su boca y presionó un beso contra su muslo
interno.

—Me encantan esos sonidos que estabas haciendo —dijo, sus


manos aplanadas sobre sus piernas—. ¿Pero sabes lo que amo más? La
forma en que te viniste en mi boca. Jodidamente me encantó eso.

Julia exhaló entrecortadamente.

—Oh, vaya.

Esa media sonrisa apareció y se levantó, arrastrando las manos


por sus costados hasta sus brazos. Sus labios brillantes eran las cosas
más calientes que jamás había visto.

—No he terminado contigo.

—Espero que no.

Inclinándose, la besó, y pudo saborearse en sus labios y lengua. La


combinación la hizo sentir borracha. Aferrándose a sus brazos, la hizo
ponerse de pie. Todavía la estaba besando, el material de su ropa áspera
contra su piel demasiado sensible.

—Quiero volver a mi habitación, a mi cama —dijo él, y sonó casi


sorprendido por eso.

Ella corrió sus manos por su espalda.

—Eso suena como un plan.

Él se retiró un poco, lo suficiente como para que ella pudiera ver


su rostro.
—Nunca antes había tenido una mujer en mi habitación. Aquí, ¿en
esta habitación? Sí. —Su mirada buscó intensamente la suya—. Pero
nunca allí.

Su pecho se calentó y se iluminó, pero trató de no leer nada en ello.

—Bueno.

Lucian tomó su mano, guiándola por el sofá. Tan desnuda como


estaba, se sentía increíblemente cohibida. Nunca había caminado
desnuda por la casa cuando estaba casada. Sin embargo, ¿una mirada
abrasadora de Lucian mientras sacaba una caja de madera de la
estantería? Quería que la mirara. Esa mirada acalorada la hizo sentir
como la diosa que él dijo que era.

Abrió la puerta, soltando su mano cuando entró en la habitación


más fresca. Se encendió una luz sobre la gran cama. La habitación fue
un borrón para ella. Solo lo veía a él.

Lucian la miró con los osos entrecerrados mientras abría la caja,


arrojando una o dos láminas plateadas sobre la cama. Colocó la caja en
una cómoda.

Con los ojos fijos en los de ella, se inclinó y se quitó la camisa


manchada de carbón que llevaba puesta. Lo había visto sin camisa, pero
cada vez era como la primera vez. Su cuerpo era impresionante. Abrió el
botón y luego la cremallera, quitándose los vaqueros y los ajustados
calzoncillos azules oscuros.

Lo único que Julia podía hacer era mirar.

Cada centímetro de Lucian era impresionante. Desde el


desordenado cabello castaño dorado y esos amplios pómulos y labios bien
formados hasta los pectorales definidos y el estómago cincelado. Y
cuando la mirada de Julia se deslizó hacia abajo, vio que el resto de él
era igual de perfecto. Tenía esos músculos a cada lado de sus caderas,
esos surcos que solo quería tocar. El rastro de vello ligeramente más
oscuro llevaba a… Dulce Jesús.

El placer zumbó en sus venas cuando vio por primera vez lo que
había visto brevemente en el pasillo. Era… Dios, era hermoso, y ni
siquiera sabía por dónde empezar.

Lucian extendió su mano.

Con el corazón palpitando en cada punto del pulso, se acercó a


donde estaba parado y colocó su mano en la suya. La atrajo, y el primer
toque de sus cuerpos, pecho contra pecho, cadera contra cadera, sin
nada entre ellos, hizo añicos cada apariencia de un pensamiento
coherente.

Las puntas de los dedos de Lucian se deslizaron por sus caderas y


costados. Una mano atrapó el revoltijo de pelo y lo hizo una bola. Inclinó
su cabeza hacia atrás. Cuando habló, su boca bailó sobre la de ella.

—Esto ya es mejor que el té, ¿verdad?

Julia se rio mientras le deslizaba una mano por la nuca.

—Mucho mejor.

—Te lo dije.

Entonces sus labios estaban sobre los de ella, saboreando y


provocando hasta que su lengua recorrió la comisura de su boca. La
estaba besando como si no lo hubiera hecho antes, desacelerando hasta
que se abrió para él. De alguna manera, y realmente no tenía ni idea, la
llevó a la cama mientras la besaba. Siguió moviéndola, la mano bajo sus
brazos, levantándola aún más, nunca rompiendo el beso.

Una vez que la tuvo donde la quería, en el centro de la cama, se


puso de rodillas y simplemente… solo la miró.

El corazón de Julia comenzó a latir tan rápido que temió tener un


ataque al corazón.

—Qué… ¿Qué estás haciendo?

—Memorizar cómo te ves ahora mismo para poder esbozarlo más


tarde —dijo en una voz profunda y ronca que hizo que los dedos de sus
pies se curvaran.

—¿Qué?

Arrastró sus dedos a lo largo de su mandíbula y luego sobre sus


labios.

—Te he dibujado.

—¿Lo has hecho? —La sorpresa la llenó.

—Lo he hecho. —Esos dedos fueron reemplazados por su boca.


Siguió un camino de besos sobre su mandíbula y luego bajó por su
garganta.

Las manos de Julia se posaron en sus hombros.


—¿Puedo verlo?

—Tal vez. —Sus labios bailaron sobre su clavícula—. Pero ahora


tengo una mejor idea de cómo quiero dibujarte.

Considerando que estaba desnuda en su cama, no estaba segura


de poder manejar ese boceto. Pero entonces no estaba pensando en eso,
porque su boca estaba en movimiento, abriéndose camino hasta las
puntas doloridas de sus pechos.

Dios, sabía cómo usar esa boca suya.

Ella mordió su labio cuando su boca se cerró sobre un pezón. Sus


manos se apretaron sobre sus hombros y su espalda se arqueó cuando
él aspiró profundamente. Sus dedos encontraron el otro seno, y entre esa
boca y esos dedos, ya estaba perdida en él una vez más. El placer se
desató por todo su cuerpo mientras sus caderas se retorcían inquietas,
balanceándose contra su dura longitud.

Lucian deslizó su mano de su pecho. La palma de su mano se


deslizó por su estómago mientras su maravillosa boca reemplazaba su
mano. Cuando introdujo el otro pezón profundamente en su boca, deslizó
un dedo profundamente dentro de ella.

Un gemido separó sus labios cuando echó la cabeza hacia atrás.


Su cuerpo respondió sin pensar.

—Podría emborracharme con esos sonidos —dijo, trabajando con


otro dedo en ella. Abrió los ojos, respirando pesadamente—. Podría
emborracharme contigo.

Ese brillo diabólico llenó sus ojos cuando bajó su barbilla,


arrastrando su lengua sobre la punta de su pecho.

—Cada parte de ti es adictiva.

Ella deslizó su mano por su pecho, sus dedos se detuvieron en


músculos tensos. Un fuego estaba creciendo en su sangre otra vez.

—Podría decir lo mismo de ti.

Y era verdad.

Todo en él era adictivo. Se sintió como un demonio en ese momento,


persiguiendo la liberación que sabía que había prometido, la felicidad que
estaba creando con sus dedos y su boca. Un fuerte aleteo comenzó
profundamente en su interior. No era suficiente.
—Por favor. —Julia arrastró su mano hacia los mechones más
cortos de su cabello.

Él levantó su boca de su pecho. Sus dedos todavía estaban dentro


de ella, moviéndose dentro y fuera.

—¿Por favor qué?

Iba a obligarla a pedir... suplicar.

—Te quiero.

Lucian torció su mano, presionando su palma contra ella.

—¿Quieres que haga qué?

Ella hundió sus dedos en su cabello y tiró, dibujando una risa


ronca de él.

—Te quiero dentro de mí.

—Eso es lo que he estado esperando escuchar.

Lucian se movió, arrebató una de las envolturas de la cama. Tenía


ese condón en un tiempo récord. Pequeñas sacudidas de placer se
lanzaron a los extremos de sus nervios mientras alineaba sus cuerpos.
Se preparó, una mano en su cadera mientras empujaba unos
centímetros. Ambos se detuvieron, su respiración en tándem acelerado.

—Es… ha pasado mucho tiempo —susurró ella.

—¿Sí? —La besó y llevó su lengua a su boca—. Podría hacerme


sonar como un bastardo egoísta, pero me alegra oír eso.

Julia levantó una pierna, enganchándola sobre su cadera. El


movimiento lo obligó a hundirse más profundo, todo el camino. El sonido
que hizo cuando dejó caer su frente sobre la de ella fue casi su perdición.

—Vas a matarme —gimió él.

La presión de él dentro de ella le estaba robando el aliento.

—Creo que puedes manejarlo.

—No lo sé. —Sus labios se deslizaron sobre los de ella otra vez
cuando su gran cuerpo tembló—. Quiero alargar esto, pero no creo que
pueda.

—No. —Ahuecó su mejilla—. No quiero esperar más.


Lucian cerró los ojos brevemente.

—Gracias a Dios.

Entonces la tomó.

La boca de Lucian estaba sobre la suya mientras arrastraba su


espesa longitud casi hasta el final y luego se metía. El grito de Julia fue
tragado por su beso. Su plenitud estirándola tenía el placer aumentando
con cada empuje y tirón.

Sus manos estaban en todas partes. También las de ella. Sus dedos
se clavaron en su apretado trasero. Su palma se cerró sobre su pecho. El
balanceo constante de sus caderas incrementó cuando Julia susurró su
nombre una y otra vez, rogando por más.

Y le dio más.

Lucian le dijo con palabras acaloradas cuánto amaba la forma en


que se sentía, y esas palabras la quemaron. Sus movimientos se volvieron
frenéticos. El ritmo, perdido. No hubo más palabras. Solo gruñidos y
gemidos, un lenguaje de carne encontrando carne. Su espalda se arqueó
y sus caderas se levantaron, buscándolo, buscando más y más.

Luego estaba en ese límite precario de lo que sabía que iba a ser
hermoso y poderoso. Lucian pareció sentir esto, porque movió su cuerpo
a la perfección, y luego empujó y presionó, aumentando la fricción a
niveles intensos y consumidores. Sus caderas golpeando las suyas, todas
las pretensiones de control y seducción habían desaparecido.

La tensión se enroscó más y más fuerte, y luego se estiró entre


ellos, hacia donde se unían sus cuerpos, e hizo algo increíble con su
pulgar. Julia se rompió, la liberación explotando a través de ella. Oleadas
de placer la invadieron. Solo era medio consciente de su cuerpo chocando
contra el de ella.

—Julia… —Su voz era un tiro ronco contra sus labios cuando sus
caderas se sacudieron y luego se detuvo profundamente dentro de ella.

Parecía que había pasado una eternidad antes que alguno se


moviera. Lucian levantó lentamente la parte superior de su cuerpo,
apoyando su peso en un brazo.

—¿Estás bien?

—Más que bien —murmuró—. Fue…


—¿Asombroso? ¿Lo mejor que has tenido? —sugirió
amablemente—. ¿Nunca volverás a ser la misma? Viste a Jesús, ¿verdad?

Julia se rio mientras le daba un golpecito en el brazo.

Él tomó su mano y se la llevó a la boca.

—Fue increíble. Ni siquiera tengo palabras y siempre tengo


palabras. —Besando cada nudillo, luego bajó su mano a la cama—.
Vuelvo enseguida.

Julia se mordió el interior de la mejilla mientras salía con


delicadeza. Una vez que el peso y la calidez desaparecieron, Julia se puso
de lado. Lo vio caminar hacia una puerta cerrada que rápidamente
descubrió llevaba a un baño. El agua corría mientras se acurrucaba. Su
corazón todavía estaba acelerado y su cuerpo todavía sentía como si cada
hueso y cada tejido fueran reemplazados por plumas y relleno de
almohada.

Lucian regresó a la habitación, obviamente un cien por ciento


seguro con todo lo que exhibía. No se quejó cuando su mirada vagó por
él. Deseó poder dibujar, porque sus dedos prácticamente dolían con el
deseo de hacerlo.

El silencio se arrastró cuando Lucian regresó a la cama. Tiró de las


sábanas y luego trepó, estirándose sobre su espalda. El nerviosismo se
apoderó de ella, reemplazando esa maravillosa languidez que había
invadido sus sentidos. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Quedarse? ¿Salir?
Este hombre no tenía relaciones o mujeres más de una vez en su mayor
parte, por lo que probablemente no quería que durmiera en su cama. Lo
que probablemente era lo más inteligente por hacer. No debería estar
durmiendo en su cama.

Por alguna tonta razón que se sentía más serio que tener sexo con
él.

Probablemente necesitaba que le examinaran la cabeza, pensó


mientras comenzaba a sentarse.

—¿A dónde crees que vas?

Julia se detuvo.

—Regresaba a mi habitación.
—Uh, no. No, no lo harás. —Lucian enganchó un brazo alrededor
de su cintura y la arrastró hacia él, ajustando la parte frontal de su
cuerpo a su costado.

Entonces, adivinó que no volvería a su habitación.

Estaba rígida al principio, insegura de cómo procesar el hecho de


que no la estaba sacando de su cama. Lentamente, se relajó, dejando que
su mejilla cayera sobre su pecho y su mano sobre su estómago.

—¿Sabes qué? —preguntó él después de unos momentos.

—¿Qué?

—Creo que voy a necesitar un segundo. —Puso su mano sobre la


de ella, y Julia comenzó a sonreír—. Y tercero. Como un maldito buffet
de Julia sin parar.
Capítulo 26
Traducido por Rose_Poison1324

L a mirada de Lucian voló hacia el techo. La habitación estaba


oscura y el cuerpo caliente enroscado con el suyo estaba
durmiendo pacíficamente.

Pasos. Malditos pasos.

Sabía que eso es lo que acaba de escuchar, porque no se había


dormido. No, estaba acostado aquí, viendo a Julia dormir como una
especie de maldito pervertido. No podía evitarlo, sin embargo. Había una
parte de él que no podía creer que ella había venido a él, que se había
abierto sobre su ex marido y que no había tenido miedo cuando él admitió
que había hecho cosas de las que no estaba necesariamente orgulloso.

Se esforzó por escuchar cualquier otro signo de los pasos, pero


después de unos momentos, se encontró mirando a Julia otra vez. La
verdad era que si alguien estaba allí haciendo saltos, probablemente no
saldría de esta cama.

Lucian nunca antes se había sentido así.

Mierda. Realmente estaba fuera de su elemento aquí cuando se


inclinó hacia abajo, recogiendo varios mechones de pelo de su mejilla,
apartándolos de su cara.

Estaba cautivado con las líneas de su rostro. Tales ángulos


interesantes mezclados juntos para crear una forma tan perfecta. Era
adicto a todas las suaves curvas, queriendo memorizar cada pulgada con
sus dedos y labios. Y estaba fascinado con la genuina amabilidad que vio
en sus ojos y escuchó en sus palabras.

En su mundo, eso era algo raro.

Nadie era amable o servicial sin esperar algo a cambio. Julia era
ambas cosas y no esperaba nada.

Había amado a su ex marido; amó a un hombre que obviamente no


la merecía, y Lucian quería…
Detuvo esos pensamientos. ¿Qué demonios estaba pensando? En
realidad, ¿qué estaba haciendo? Porque sabía, en el fondo, que esta
noche no se trataba de librarse o sacar una obsesión fuera de su sistema.
No era nada de eso.

Entonces, ¿qué significaba eso?

Lucian no lo supo mientras arrastraba sus dedos por su brazo


desnudo. Ella se meneó en respuesta, presionándose contra su costado,
e inmediatamente estaba duro. Así de fácil. Ella ni siquiera estaba
despierta e intentando seducirlo, y él ya estaba seducido.

Deslizando sus dedos por su costado y sobre su cadera, sabía que


debería dejarla dormir. Demonios, probablemente debería obtener algo
de descanso también, pero eso no fue lo que hizo.

Se puso de lado, sonriendo cuando ella se movió sobre su


estómago, haciendo este pequeño murmullo. Cepillando su cabello a un
lado, presionó un beso en la nuca de su cuello y luego siguió su columna
vertebral hasta la curva de su trasero, besando y lamiendo.

Lucian supo el momento en que estaba despierta. Su cuerpo se


puso rígido por un segundo y luego se relajó. Él se levantó detrás de ella,
plantando una rodilla a cada lado de ella.

Ella levantó una pierna, sus caderas se movían inquietas mientras


él deslizaba una mano más abajo.

—Mmm —murmuró—. ¿Qué estás tramando?

—Segundos —le dijo—. Quiero segundos.

Y los consiguió, con Julia boca abajo y su trasero levantado,


presionando contra él cuando la sujetó por las caderas. Tomó esos
segundos, y cuando terminó, su cuerpo resbaladizo de sudor y el de ella
temblando con las réplicas de la liberación, él quería más…

Lucian necesitaba más.

Torciendo su cabello en un nudo, Julia empujó una gruesa


horquilla entre los mechones, asegurando el desorden del cabello en su
lugar.

—¿Seguro que quieres hacer esto?


Lucian no la miró mientras hojeaba un anillo de llaves.

—Sip.

Julia no lo creyó por un segundo. Desde el momento en que


apareció mientras estaba trabajando con Madeline y dijo que quería sacar
las cosas del cuarto de su madre para su hermana, era como una persona
totalmente diferente manifestada en frente de ella.

Se había vuelto tranquilo y remoto, y Lucian nunca estaba


tranquilo, nunca, ni remoto, especialmente no anoche... o esta mañana,
cuando la despertó una vez más, esta vez con su mano entre sus piernas
y su boca sobre sus pechos.

Él tuvo segundas.

Y luego terceras.

Entonces ella no estaba tomando la extraña vibra que estaba


arrojando personalmente. Tampoco se dejaba enfocar en lo que había
sucedido entre ellos. Ni una sola parte de ella se arrepentía de anoche,
en absoluto. Había sido bastante sincero la noche anterior sobre quién
era él. Lucian no necesitó decirle que esto iba a ser una cosa del tipo
aventura de una noche. Ella fue capaz de leer entre líneas lo que dijo.
Ellos no estaban comenzando una relación.

No estaban comenzando nada.

Pero eso no significaba... bueno, eso no significaba que no le


importara Lucian. Que estaba bien con lo que él se obligaba a hacer.

Al principio pensó que tenía algo que ver con Daniel, pero incluso
después de que se fue y un día después, Lucian todavía estaba en
silencio.

Le preocupaba cómo manejar esto a medida que avanzaba la tarde


y él ayudaba a su hermana a regresar a la cama. Pero fue Lucian quien
sugirió terminan con esto, y aquí estaban, de pie en el ala de la casa en
la que Julia nunca había puesto un pie mientras Livie se sentaba con
Madeline.

El ala izquierda lucía exactamente igual: largos pasillos con


numerosas puertas cerradas, y parpadeantes apliques de pared, excepto
que era más oscuro. Parecía que la luz brillante del sol desde el exterior
no podía penetrar ninguna de las ventanas. Había frialdad en el aire que
no estaba presente en el otro lado de la casa. Desde que Devlin y Gabe se
quedaban de este lado, imaginó que preferían mantenerlo más fresco y
esa era la razón de las diferencias de temperatura. La parte ilógica de su
cerebro estaba obsesionada con las historias de fantasmas sobre las que
Lucian le había contado mientras daba un vistazo al oscuro y estrecho
pasillo por el que habían atravesado.

Lucian maldijo mientras miraba las llaves.

Se sentía mal por él. Pasar por las cosas de su madre tenía que ser
doloroso, no importaba cuántos años había pasado. Mordiendo su labio,
echó un vistazo sobre su hombro mientras golpeaba su pie inquieto.
Lucian no necesitaba estar haciendo esto. Ella no quería que él estuviera
haciendo esto. Y sabía que probablemente se sentía como si tuviera que.
Que esta era su hermana a la que estaba ayudando y esta era la
habitación de su madre, una habitación a la que obviamente no
ingresaba a menudo, porque había tomado unos buenos treinta minutos
para que Lucian encontrara dónde tenia Livie guardadas las llaves.

—Lo tengo. —Lucian metió la llave en la cerradura. Un clic resonó


como un trueno, y con un giro de su muñeca, la puerta se abrió
lentamente. El aroma a vainilla flotaba.

Lucian no se movió cuando Julia se asomó por la abertura de un


pie o algo así. La habitación estaba oscura, así que no vio nada.
Humedeciendo sus labios, le puso la mano en su brazo. Su cabeza se
balanceó hacia la de ella, y esos ojos se cerraron.

Ella respiró brevemente, su mente se aceleró para encontrar una


manera de lograr que él aceptara no hacer esto.

—Tengo hambre —espetó.

Él arrugó la frente.

De acuerdo. Tenía que dar más detalles sobre eso.

—No tuve la oportunidad de desayunar. Alguien me ha retrasado


esta mañana. No diré nombres.

La expresión de Lucian se suavizó un grado.

—Así que estoy hambrienta. ¿Crees que puedes hacerme un


emparedado?

Ahora la miraba como si le hubiera crecido un tercer pecho en el


centro de su frente.

—¿Me estás pidiendo que te prepare un emparedado?


Arreglando una sonrisa en su rostro, ella asintió.

—Un emparedado de queso a la parrilla. En serio los amo, y no los


he tenido uno en mucho tiempo.

Él inclinó la cabeza hacia un lado.

—¿Un emparedado de queso a la parrilla?

—Sí. No soy exigente con el tipo de pan. Me gusta el buen, viejo y


poco saludable pan blanco, pero si tienes de trigo o lo que sea, lo tomaré.
—Podía sentir sus mejillas calentándose, pero ahora como que quería un
emparedado de queso, de verdad—. ¿Me puedes hacer uno?

Lucian solo la miró.

—Lo haría yo misma, pero no quiero tocar nada en esa cocina. Todo
parece valer más que mi vida. —Sonreía tan ampliamente que temía que
se le rompiera la cara—. Pero tengo mucha hambre y no te gustaría verme
realmente hambrienta.

—¿Y por qué no?

—Me pongo realmente de mal humor. Como en otro nivel, quiero


decir —le dijo, lo cual no era una mentira—. Si buscas en Google
hambriento, encontrarás una foto mía que te devuelve la mirada.
Además, me pongo súper mareada y enferma si no como cuando tengo
hambre.

—¿De verdad?

—Sip. —Eso no era exactamente cierto. Tampoco lo era su


siguiente declaración—. Creo que es una cosa como un bajo nivel de
azúcar en la sangre.

—¿Eso crees? —Una ceja se levantó—. ¿No deberías comer dulces


entonces?

Mierda.

—¿Tienes dulces? Porque eso sería genial, también. Dulces y un


emparedado de queso fundido.

Lucian bajó la barbilla y miró hacia otro lado mientras levantaba


una mano, agarrando la parte de atrás de su cuello. El silencio se
extendió entre ellos, y ella realmente pensó que iba a decirle que no, pero
luego suspiró.

—Pon seguro cuando hayas terminado.


Julia parpadeó.

—Encuéntrame en la cocina y tendré un emparedado de queso a la


parrilla esperándote. —Levantó las llaves—. Y dulces… para tus
problemas de azúcar en la sangre.

Ella mordió el interior de su mejilla mientras dejaba caer las llaves


en su palma.

—Lo haré.

Lucian comenzó a darse la vuelta y se detuvo. Pasó un momento, y


luego él caminó hacia ella. Sin decir una palabra, ahuecó su cara entre
sus manos y bajó la cabeza.

Su aliento se detuvo.

Besándola suavemente, arrastró sus pulgares a lo largo de la curva


de sus mejillas. Este era un tipo diferente de beso. No fue frenético como
todos los demás. Este… este se sentía como un agradecimiento.

Luego Lucian se alejó.

Julia cerró los ojos, exhalando entrecortadamente mientras


colocaba sus dedos contra sus labios.

—Dios mío —susurró, dejando caer su mano.

Tiempo para enfocarse. Mentalmente dándose una palmadita en la


espalda, abrió la puerta el resto del camino y dio un paso hacia adelante,
sintiendo ciegamente la pared hasta que encontró el interruptor. Lo
encendió y la luz inundó la habitación.

—Oh vaya.

La habitación parecía habitada, como si todavía estuviera en uso.


La bonita colcha lavanda estaba tendida, revelando una montaña de
almohadas en la cabeza. Muebles de colores cremosos salpicaban la
habitación: un diván y una silla para sentarse, un espejo ovalado de pie
y dos cajoneras. Había un par de anteojos en la mesita de noche cerca de
la cama. Botellas de perfume y joyas cubrían la parte superior de una
cómoda con espejo. Una puerta a la izquierda estaba abierta, revelando
un armario profundo.

Mientras Julia caminaba alrededor, vio que no había una mota de


polvo en ninguno de los muebles. Si no lo hubiera sabido, habría pensado
que alguien sí vivía en ésta habitación.
Pero el dormitorio era una instantánea en el tiempo, congelado.

No extrañaba que a Lucian le haya costado mucho entrar aquí. Era


como si su madre estuviera aún viva. Incluso había una bata azul sedosa
sobre la cama, como si hubiera sido dejada allí por su madre para ser
utilizada cuando regresara…

Julia frunció el ceño mientras miraba la bata.

¿Por qué alguien tendía una bata en una cama si no tenían


intenciones de volver a usarlo? Eso parecía realmente extraño.

Por otra parte, no sabía si su madre había dejado esa bata. Quizás
Livie lo hizo. No sabía, pero algo acerca de ver esa bata se quedó en su
mente mientras arrojaba las llaves sobre la cama y se ponía a trabajar.

Julia se sintió rara al revisar las cosas de la mujer, porque


realmente se sentía como si en cualquier momento alguien iba a aparecer
y gritarle. Ignoró la sensación de hormigueo a lo largo de la nuca y
cuidadosamente reviso a través de los cajones, buscando signos de los
álbumes de fotos o diarios que Daniel mencionó. Las perlas habían sido
fáciles de encontrar. Estaban acurrucados en una caja de terciopelo en
una de las cajoneras y encontró un alijo de perlas súper largas en
exhibición dentro del armario. Los recogió y los colocó en una gran cesta
de paja que había encontrado junto al vestidor.

No había señales de diarios o álbumes de fotos, al menos ningún


lugar obvio. Eso dejó la pila de cajas en la parte posterior del armario.
Había unas cuadradas grandes, como donde enviaban los bolsos o
sombreros de diseño. Varias cajas Gucci marrones estaban una encima
de otra, al lado de una pila de blancas. Julia las revisó, experimentando
cada nivel de envidia mientras descubría varios bolsos por los que habría
dado su brazo izquierdo.

Moviendo las cajas de Gucci a un lado, casi no lo vio al principio.


Julia se inclinó hacia adelante cuando su mirada aterrizó en el piso del
armario. Había una sección del piso, al menos tres tablas de
aproximadamente un pie de largo, que parecían extrañamente encajadas.
Pasó sus dedos sobre las tablas, descubriendo que estaban levantadas
una pulgada más alta que el resto. No se movieron cuando las forzó con
sus manos. ¿Había algo escondido debajo de los tableros o simplemente
habían sido reemplazados por alguna razón? Buscando algo que podría
usarse para tirar de las tablas, no vio nada que pudiera usar a excepción
de los percheros y dudó que eso funcionara.
Archivando ese pequeño descubrimiento, alcanzó la siguiente caja,
una blanca. Mirando dentro, encontró lo que estaba buscando.

—Bingo —susurró. Recogiendo la caja, la trajo a la cama y se sentó.


Abrió la tapa para ver mejor lo que había dentro.

Había golpeado el premio gordo.

Había tres grandes álbumes de fotos negros adentro. Sin embargo,


¿por qué los álbumes estarían guardados en una caja? Julia no tenía
idea. La familia era solo muy rara. Julia los colocó en la canasta y luego
volvió a meter la mano en la caja, recogiendo un diario desgastado,
encuadernado en cuero rojo con una correa de cuero que ataba el diario
cerrado. Pasó su dedo por la correa, levantando la pequeña llave que
colgaba del final. No iba con el diario, así que supuso que era solo algún
dije.

Julia tiró de la encuadernación de cuero, pero se detuvo, su dedo


se inmovilizó bajo la correa. Un rastro de dedos helados se deslizó sobre
su nuca, extendiendo una ola de pequeños bultos a lo largo de su piel.
Se quedó sin aliento cuando se le erizaron los vellos de todo el cuerpo.
Dando vueltas, no vio nada más que espacio vacío detrás de ella.
Escudriñó la habitación, medio esperando ver la aparición de la madre
de Lucian, pero por supuesto nada había allí.

Su imaginación estaba realmente fuera de control. El aire helado


era probablemente solo eso: aire pateando desde detrás de una de las
numerosas ventilas.

Echó un vistazo al grueso diario y luego apretó la correa.


Levantándose, colocó el diario en la cesta y luego recogió la caja. Ansiosa
por salir de la habitación que parecía un recuerdo viviente, rápidamente
volvió a poner la caja donde la encontró. Cogiendo la canasta, cerró la
habitación y luego se apresuró por el pasillo.

Julia nunca bajó tres tramos de escaleras tan rápido como lo hizo
en ese momento. Desafortunadamente, le tomó un tiempo espantoso
encontrar el camino a la cocina, tomando el pasillo equivocado y
terminando en la misma maldita habitación más de una vez. Pero ella
sabía que se estaba acercando, porque su estómago se quejó cuando
captó el aroma de queso derretido y pan frito.

Dios, era brillante.

Sacó a Lucian de una experiencia dolorosa y consiguió un


emparedado de queso a la parrilla. Se merecía ese dulce, también.
Sus pasos se ralentizaron cuando escuchó la voz de Devlin
proveniente de la cocina. Su estómago se hundió mientras miraba hacia
la canasta que estaba sosteniendo. Tenía la sospecha de que no estaría
feliz de saber que Julia se había quedado sola en la habitación de su
madre.

—¿Qué diablos estás haciendo? —preguntó Devlin.

—¿Qué parece? —Fue la respuesta de Lucian.

—En realidad parece que estás haciendo un emparedado de queso


a la parrilla.

—Felicidades —respondió Lucian secamente—. Puedes hacer


simples observaciones y reportarlas.

Julia sonrió.

—¿Desde cuándo comenzaste a comer como un niño de seis años


con un resfriado?

Su sonrisa comenzó a desvanecerse. ¿Qué demonios? Los adultos


comían emparedado de queso todo el tiempo. Al menos en su mundo lo
hacían.

El suspiro de Lucian prácticamente sacudió las paredes.

—¿Hay algo que quieras, Dev?

—Más o menos. Como no tuve la oportunidad de preguntar ayer,


¿cómo fue el almuerzo con nuestro primo?

—Fue increíble. Sabes, pensé, vaya, realmente hemos juzgado mal


al primo Danny-boy todo este tiempo. Y luego pensé, tal vez deberíamos
tenerlo para la cena cada…

—Olvida que incluso pregunté —intervino Devlin.

Hubo una pausa y Lucian dijo:

—¿Te importa siquiera si Maddie mostró alguna mejora? Porque la


pregunta que deberías haber hecho fue: ¿cómo respondió nuestra
hermana?

Oh Dios.

Julia miró alrededor del pasillo. Enlucido contra la pared como


estaba, realmente tenía miedo de moverse en este punto. Realmente no
quería que supieran que estaba oyendo esto.
—Lo siento, pero tengo otras cosas en mente además de las
extendidas vacaciones que nuestra hermana ha estado tomando.

—¿Vacaciones extendidas? —La risa de Lucian fue dura—. Eres un


imbécil.

Julia tuvo que aceptarlo.

—Entonces, ¿estas otras cosas en tu mente? ¿Tienen algo que ver


con la policía investigando la muerte de nuestro padre?

Espera. ¿Qué?

El agarre de Julia sobre la canasta se tensó.

—Como dije, el Jefe Lyon no va a representar un problema mucho


más tiempo. —Devlin sonaba aburrido con toda la conversación.

—Tienes una sorprendente cantidad de fe en nuestros abogados —


respondió Lucian.

Si Devlin respondió, Julia no escuchó lo que dijo mientras miraba


fijamente la cesta. ¿Por qué la policía estaba investigando la muerte de
su padre? Fue un suicidio, ¿no?

¿La policía seriamente investigaría un suicidio a menos que


sospecharan que era algo completamente diferente? Como, por ejemplo,
¿un homicidio? ¿Por qué…?

Devlin salió de la cocina, y el corazón de Julia salió de su pecho.


Esos ojos, del mismo color que los de Lucian, pero tan fríos como la
mañana de un invierno, se aferraron a los de ella.

—Buenas tardes, Julia.

Tragó saliva y fijó una brillante sonrisa en su rostro.

—Hola, Devlin. ¿Cómo… Cómo estás?

—Bien. —Su mirada se posó en la canasta, pero no miró adentro—


. ¿Y tú?

—Estoy bien.

Devlin asintió y luego pasó junto a ella. Ella torció la cintura,


mirándolo desaparecer a la vuelta de la esquina. Tenía que haber sabido
que los había escuchado por casualidad hablando. Volviendo a las
puertas de la cocina, se puso a caminar.
Lucian estaba parado en la parte superior de la estufa, un músculo
trabajando a lo largo de su mandíbula mientras apagaba el gas. Tomando
un volteador, movió el emparedado de una sartén a un plato.

—Oye —dijo, caminando hacia la isla—. Yo… Encontré las cosas


que estábamos buscando.

—Eso es genial. —Cogió el plato y lo acercó a donde ella estaba


parada, todavía sosteniendo la canasta. Su mirada se dirigió hacia la de
ella. Esos ojos no eran tan fríos como el de su hermano, pero todavía
estaban cerrados—. Gracias por hacer eso por mí.

—No es problema y gracias…

—Sé que realmente no querías este emparedado. —Colocó el plato


sobre la isla—. Sé lo que estabas haciendo. Por lo tanto, estoy diciendo
gracias y lo digo en serio.

Ella abrió la boca, pero ¿qué podía decir? Además, realmente no


quería hablar sobre esto o lo que encontró en la habitación de su madre.
Tenía preguntas. Muchas.

Julia no tuvo la oportunidad de preguntar una sola.

Dio media vuelta y salió de la cocina sin decir una palabra más,
dejándola allí con la canasta de los artículos de su madre. Su mirada
cayó al plato, el apetito desapareció por completo, y era una pena, porque
se veía increíble.

Miró hacia su canasta y luego se estremeció, y no tenía nada que


ver con la frialdad repentina en la habitación y todo que ver con los
hermanos.
Capítulo 27
Traducido por Rose_Poison1324

L as zapatillas de deporte de Lucian estaban rebotando en la


caminadora cuando «I Stand Alone» de Godsmack fue
interrumpida por la llamada entrante de Gabe. Había perdido la noción
de cuánto tiempo había pasado corriendo. Todo lo que sabía era que esta
era la tercera vez que había escuchado esta canción y que había estado
en el gimnasio de la casa desde que dejó a Julia en la cocina.

Demonios, su cabeza no se apagaría. Pensando malditamente


demasiado. Su hermana. Su primo. Lawrence. Dev. Julia. Estaba
tratando de sacar los malditos pensamientos de su cabeza.

Al presionar el botón para detenerlo, arrebató su teléfono del


soporte y se sacó los auriculares mientras montaba la correa hasta el
final de la caminadora.

—¿Cómo está Baton Rouge? —respondió, saltando fuera de la


caminadora.

—Ah, ha sido diferente —respondió Gabe, y Lucian frunció el ceño


ante el sonido de la voz de hermano. Estaba apagada—. ¿Cómo estuvo el
almuerzo ayer? Hubiera llamado, pero se me fue el tiempo.

—Fue bien. No estoy seguro de si Maddie respondió o no, pero creo


que fue bueno. Probablemente Daniel vuelva otra vez. —Caminando
hacia donde había dejado caer una toalla antes, la levantó del suelo. No
creía que Gabe necesitara saber que Julia había sacado cosas de la
habitación de su madre—. Así que, ¿qué está pasando en Baton Rouge?

Gabe se rió, y eso ni siquiera sonaba bien.

—Mierda, hombre… Ni siquiera sé por dónde empezar, pero estaré


aquí unos días más.

Frunciendo el ceño, se limpió el sudor y arrojó la toalla al cesto


cercano. La inquietud lo llenó.

—Háblame.
—Emma… tuvo en un accidente automovilístico realmente malo —
dijo su hermano.

—Mierda. —Puso una mano en la pared, con la espalda inclinada—


. Puedo estar allí en unos pocos…

—No. No, no puedes. Tienes que preocuparte por Madeline y Julia.


No puedes dejarlos con Dev —interrumpió Gabe—. Necesitas estar allí. Y
yo necesito estar aquí.

Su hermano tenía razón, pero a Lucian no le gustaba el tono de voz


de su hermano.

—¿Qué tan malo es Gabe?

Hubo un largo momento de silencio y luego su hermano dijo:

—Está en coma. No creen que vaya a despertarse.

—Hombre, no sé qué decir. —Lucian descansó su frente en su


bíceps. No importaba lo que dijera Gabe, Lucian sabía que los
sentimientos que tenía hacia Emma eran profundos—. Es por eso que
sus padres te llamaron para que fueras, así tú…

Así Gabe podría decir adiós.

Lucian ni siquiera se atrevió a decir eso.

—Eso y, uh, hay algo más. Ni siquiera sé cómo decir esto. Mierda
—gimió Gabe, y los vellos se erizaron por todo el cuerpo de Lucian—. Ni
siquiera me he hecho a la idea.

Enderezándose, Lucian se apartó de la pared mientras miraba las


máquinas de prensa de hombro y pierna.

—¿Qué está pasando?

El silencio ensordecedor le dijo a Lucian que lo que Gabe estaba a


punto de decir iba a ser una bomba, iba a cambiar todo.

—Yo… Tengo un niño —dijo Gabe, su voz ronca—. Tengo un hijo.

Después de acostar a Madeline, Julia recogió la pintura que había


terminado esa noche, un poco después de la cena. Definitivamente era la
cara de un niño, un niño de piel y cabello claro. Julia colocó la pintura
en el armario, junto con las demás.
Cuando regresó al lado de Madeline, sofocó un bostezo mientras
arreglaba la colcha.

—Encontré algunos de los álbumes antiguos de tu madre —le dijo


a la tranquila mujer—. Pensaba que podríamos revisarlos mañana. ¿Qué
piensas?

La mirada de Madeline se movió hacia ella.

Julia casi cayó al suelo. Madeline la estaba mirando en respuesta


directa a una pregunta. Eso no era mucho, pero era... era algo que no
sucedía a menudo.

—¿Te gustaría eso? Encontré unos tres álbumes. Los traeré


conmigo en la mañana. —Respiró hondo—. Encontré algunas otras
cosas, también.

La mujer la miró por un momento y luego inclinó la cabeza. Sus


ojos se cerraron.

Apartándose de la cama, revisó las puertas y luego dejó la


habitación de Madeline. Richard la estaba esperando afuera de su puerta
con una bandeja de plata en sus manos y el olor a carne asada emanaba
de ella. Tomó la bandeja y le agradeció. Después de cambiarse a ropa más
cómoda, lo que significaba polainas y una camisa suelta, profundizó en
la comida. El plato de pollo estaba increíble y después de comer su cena,
colocó la canasta de cosas de la habitación de la madre en la cama, y
comenzó a rebuscar a través de los álbumes.

Los de Vincent eran lindos como niños. Julia no pudo sino


quedarse en las fotos de Lucian. Incluso cuando era un niño, tenía esa
sonrisa traviesa y brillo en sus ojos. Cerró un álbum y luego miró el reloj.
Todavía era bastante temprano en la noche.

Mordisqueando su dedo, alisó su otra mano sobre su rodilla.


¿Estaba Lucian en su habitación? ¿Esperaba que ella…?

Nop.

No iba a pensar dos veces sobre nada de eso. Anoche fue increíble.
Demonios, en realidad estaba un poco adolorida, porque en serio, había
pasado mucho tiempo. Era casi como un himen regenerado.

Apartando una pierna de la cama, miró hacia la puerta.


Demasiadas preguntas rondaban una y otra vez en su cabeza. Quería
saber lo que Lucian y Devlin habían estado hablando antes, pero
también... también quería asegurarse que Lucian estaba bien.
No lo había visto desde la cocina. Ni siquiera sabía si estaba en la
casa.

Esa necesidad de consolarlo probablemente la hacía


increíblemente estúpida. Lucian no daba la impresión como alguien a
quien consolar y no estaba segura de que su deseo de hacerlo era
puramente por necesidad de asegurarse de que estaba bien.

Julia estaba ardiendo por él.

Se levantó de la cama, paseando sin descanso en su habitación. Su


mente se desvió hacia las cosas que él había hecho anoche. La forma en
que la tocó, la forma en que...

En fin…

Apartando los pensamientos de Lucian de su mente, se dejó caer


en la cama y recogió el diario. Abriéndolo con cuidado, descubrió que era
un diario y un bloc de dibujo. Había páginas donde su madre escribió
sobre lo que hizo en el día y luego otras llenos de intrincados y detallados
garabatos que iban desde rosas hasta retratos de personas que Julia
nunca había visto antes. Algunas páginas tenían fechas en la parte
superior. Otros no, pero por hojearlo, Julia imaginaba que este era el
diario que usó justo antes de morir. Varios pedazos de papel común
estaban doblados y atorados entre otras páginas. Julia sacó uno,
sintiéndose como una acosadora cuando lo abría.

Era una impresión de computadora de lo que parecían ser


mensajes de texto antiguos o posiblemente algún tipo de chat. No había
nombres. Solo burbujas de texto.

Sé que ella ya no quiere que nos veamos más, pero no me importa.


Te amo y estaremos juntos. No pueden detenernos.

Ellos van a intentarlo.

Solo debemos ser más cuidadosos.

Tal vez deberíamos simplemente decirles.

Dales la oportunidad de aceptarlo.

¿Hablas en serio? Nos matarían. De verdad.

¿Qué demonios era esto? ¿Mensajes entre su madre y otra


persona? ¿O eran dos personas desconocidas? No se necesitaba a un
experto forense a pensar que parecía como si alguien estuviera teniendo
una aventura.

Pensó en la nota que había encontrado en la habitación de


Madeline, entre los viejos libros y revistas.

Basado en lo que sabía del padre de los hermanos, no se


sorprendería si la madre tenía a alguien al lado. Su padre sonaba como
un verdadero idiota.

Sin embargo, encogiéndose, Julia dobló el papel y lo volvió a poner


en el diario. Siguió hojeando las gruesas páginas, deteniéndose en una
entrada fechada del 9 de diciembre. El pasaje estaba escrito en cursiva,
la tinta azul había comenzado a descolorarse.

A veces creo que debería decirles, pero no sé qué bien les haría. Al
final, probablemente me odiarían; odiarían a Lawrence incluso más de lo
que lo hacen ahora, pero no es justo cómo son tratados Madeline y Lucian,
y no está bien lo que creen. Yo sé la verdad. Él sabe la verdad. Si trata de
sacarlos, como sé que lo hará, lo haré. Les mostraré todas las pruebas. Les
dolerá a mis hijos, pero no dejaré que les haga esto a ellos.

Julia dejó de leer y cerró el diario. Frotándose los ojos, se dijo a sí


misma que realmente no tenía nada que andar husmeando a través de
esto. Leer el diario primero para asegurarse de que no había nada
potencialmente molesto en él era una endeble excusa. Estaba siendo
entrometida y realmente debería detenerse…

Un golpe en la puerta del dormitorio la hizo saltar. Se levantó, pero


antes de que pudiera dar un paso adelante, su puerta se abrió, y su
estómago se hundió de la manera más agradable.

Lucian estaba parado en la entrada, vestido como si hubiera ido a


un gimnasio o algo así, pero... perdió la camisa en el camino y encontró
un bar. Sostenía una botella de whisky en una mano.

—Oye —dijo, formulando la palabra mientras alcanzaba detrás de


ella y recogía el diario—. ¿Terminaste… de hacer ejercicio?

—Sí. —Entró pavoneándose en la habitación—. Hace unas cinco o


seis horas. Tal vez más. No lo sé.

Sus cejas se levantaron cuando se giró, mirándolo dirigirse hacia


la cama. Su caminar fue un poco extraño.

—¿Te perdiste o algo entonces?


—Es difícil perderse en tu propia casa —respondió, mirando
alrededor de la habitación mientras tomaba un trago de la botella.

Por supuesto. Tenían su propio gimnasio. Por qué no.

—¿Te perdiste?

Julia colocó el diario en la cesta.

—¿Perderse cómo?

Él se volvió hacia ella, bajando la botella. Sus ojos estaban


ligeramente desenfocados.

—¿A mi dormitorio?

—¿Qué? —Ella tosió una carcajada.

—Deberías haber encontrado tu camino hacia mí. —Se inclinó


hacia adelante, y atrapó el fuerte aroma a licor—. En cambio, te
encuentro aquí haciendo… —Miró hacia la cama—. No tengo idea de lo
que estabas haciendo.

—Bueno, no fui a ti, porque… —Se cruzó de brazos—. Estaba


leyendo entre líneas.

—Necesitas leer mejor entonces.

Julia frunció el ceño.

—Porque no hay líneas. —Él levantó la botella, señalando con un


dedo en su dirección—. Que haya escrito o dicho eso indicaría que no me
gustaría verte otra vez.

Sus ojos se estrecharon, y luego se sentó en el borde de la cama...


bueno, fue más como que se cayó. Ella se lanzó hacia adelante, agarrando
el fondo de la botella.

—¿Estás borracho?

Lucian resopló.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

Ella arqueó una ceja.

—Estás tan malditamente borracho. —Tirando de la botella,


suspiró cuando no lo soltó—. ¿Has estado bebiendo toda esta tarde?
—No pude beber y correr al mismo tiempo. —Puso los ojos en
blanco, todavía sosteniendo la botella cuando volvió a jalarla—. Quiero
decir, de regreso al día, cuando era más joven, probablemente. Ya no.

—Es bueno saberlo. Supongo. ¿Por qué no me das la botella?

Lucian jaló, jaló lo suficientemente fuerte que ella avanzó


ligeramente hacia él.

—¿Por qué no viniste a verme? —La miró con esos ojos suyos—.
¿No querías?

Julia sabía que estaba borracho, pero, no obstante contuvo el


aliento.

—Si quería —admitió.

—¿Entonces por qué no?

Ella estaba perdiendo la batalla con la botella.

—Porque no quería… no lo sé. Simplemente no sé lo que estoy


haciendo.

Una sonrisa perezosa apareció en su boca.

—Bueno, ¿adivina qué, Srta. Hughes? Yo tampoco sé lo que estoy


haciendo. Hay que averiguarlo juntos.

A pesar de su condición. Julia se rió.

—Dame la botella, ¿está bien? Solo por un ratito.

—Pero me gusta la botella.

—La cuidaré bien.

Presionando sus labios, Lucian bajó su barbilla.

—¿Promesa?

—Lo prometo.

—Está bien. —La soltó.

Negando con la cabeza, acercó la botella a la pequeña mesa de


cocina y la colocó allí, con suerte lo suficientemente lejos de su alcance.

—Vuelve —llamó él y se tendió de costado mientras estiraba el


cuello—. Vuelve aquí.
Ella luchó contra una sonrisa.

—Estoy aquí.

—No, no lo estás. —Dejó caer la cabeza sobre su hombro—. Tú


estás hasta allá, protegiendo mi whisky.

Julia se rió.

—¿Te haría sentir mejor si estuviera sentada a tu lado?

—Sí. —Rodó sobre su espalda y levantó sus brazos sobre su cabeza,


estirándose hasta que su espalda se arqueó y todos esos músculos se
flexionaron y se enrollaron—. Eso me haría sentir mucho mejor. ¿Sabes
por qué?

—¿Por qué? —Ella caminó de regreso.

—Porque me gustas, Srta. Hughes. Realmente me gustas.

Su pequeño corazón tonto dio un salto feliz.

—Me gustas también… —Julia chilló mientras él se sentó,


envolviendo un brazo en su cintura. Un segundo ella estaba de pie y al
siguiente estaba acostada de espaldas a su lado—. Santa mierda, incluso
borracho, eres rápido.

—Siempre soy rápido. —Deslizando su mano sobre su estómago,


alcanzó justo debajo de su ombligo y se detuvo—. Me gustas más aquí.

El Lucian borracho era un… interesante Lucian.

Con el corazón latiendo con fuerza, giró la cabeza hacia él. Él la


estaba mirando, y de repente, se veía tan increíblemente joven.

—Creo que me… gustas demasiado —dijo, y sus labios se


separaron en una aguda inhalación—. Alguien dijo una vez, y no sé quién,
que las palabras de un borracho eran los pensamientos de un hombre
sobrio. ¿Qué piensas sobre eso?

—Pienso que has bebido mucho licor.

Él se rió entre dientes.

—Creo que solamente soy más honesto. Entonces, ¿qué estabas


haciendo aquí?

Ella se movió sobre su costado, enfrentándolo.

—Estaba revisando los álbumes de fotos y otras cosas.


—Oh, hay mierda estimulante allí mismo. Ahora estoy aún más
contento de haber decidido irrumpir en tu habitación. —Dirigió su
mirada hacia el techo. Pasó un momento—. ¿Nos escuchaste a Dev y a
mí hoy?

Julia ni siquiera pensó en mentir.

—Sí. —No estaba segura si era un buen momento para sus


preguntas, pero las personas borrachas tienden a ser más boca floja—.
¿Hay alguna razón por la que están investigando su muerte?

Él resopló mientras negaba con la cabeza.

—Ninguno de nosotros cree realmente que se haya suicidado.

La sorpresa la llenó.

—¿De verdad?

Lucian negó con la cabeza.

—Podríamos estar equivocados, pero Lawrence… nos hubiera


superado a todos. No había una nota y había marcas de arañazos a lo
largo de su cuello. —Su frente se arrugó—. ¿Quién sabe? Ya sabes, ni
siquiera me importa. ¿Qué tan terrible es eso? No era un buen hombre.
Ya lo dije antes. Lo diré un millón de veces más.

Julia no supo cómo responder. Entendió que su padre era una


horrible persona, pero ¿no importarle si lo habían asesinado?

—Al final del día, aún es tu padre —dijo cuidadosamente.

Echando la cabeza hacia atrás, se rió a carcajadas.

—¿Qué? —exigió.

—¿No lo sabes? —Una pequeña sonrisa tiró de su rostro—. Llamo


a Lawrence mi padre porque nos crio a Maddie y a mí. En ese sentido, él
es nuestro padre, pero realmente no lo es.

Julia se sentó y lo miró.

—¿Él no es tu papa?

—No. —Se rió de nuevo—. Nunca nos dejó olvidarlo tampoco, a


Maddie y a mí. Mamá estaba ocupada con alguien más.

Esa nota... Dios mío, tenía razón. Había sido una aventura.
—¿Alguien más lo sabe? Quiero decir, supongo que Gabe y Devlin
sí.

—Sí —respondió—. Richard y Livie lo saben. También mi amigo


Troy. Nunca lo has conocido. Es un detective. Te gustaría. En fin, mi
padre incluso dejó la compañía y todo el dinero a sus herederos,
nombrando a Dev y Gabe.

Y luego Lucian guardó silencio. No dijo nada mientras miraba el


techo y golpeaba sus manos fuera de su pecho desnudo.

Ella levantó su pierna y se acercó más. Santa mierda, realmente no


podía creer todo esto. Su familia realmente era... Un desastre. Como un
programa de televisión. Cada vez que hablaba con Lucian, aprendía algo
más, algo que la hacía repensar todo lo que sabía sobre su familia, sobre
él.

Dios, realmente tuvo suerte cuando se trataba de todo el


departamento de la familia.

¿Es por eso que bebiste tanto hoy? —preguntó ella.

—¿Beber por él? —Se rió, pero el sonido era sin humor.

—No, acabo de recibir noticias inesperadas sobre Gabe.

Se calló, sabiendo que él estaba en Baton Rouge.

—¿Él está bien?

—Sí. No. —Cerró los ojos y exhaló pesadamente—. Va a estar bien.


Acaba de… acaba de obtener algunas noticias jodidas, Julia.

Todo de ella estaba enfocado en él.

—¿De su ex o de ella?

—Sobre ella. Estuvo en un mal accidente. No se espera que


sobreviva. Eso justamente lo matará. Él… sí, él la amaba. Demasiado. —
El pecho de Lucian se levantó con un fuerte aliento—. Ella... ella ocultó
algo grande de él. Dios. Algo enorme.

—¿Qué?

Durante un largo momento, no pensó que él respondería, pero


luego lo hizo.

—Tiene un niño. Está bastante seguro de que es suyo.


Su mano voló a su boca.

—Oh, Dios mío, ¿y él no sabía?

—No. —Levantando una mano, arrastró su palma por su rostro y


luego la dejó caer a su estómago—. ¿Cómo mantienes a alguien alejado
de su hijo? ¿Cómo haces eso?

Julia no tenía una respuesta. Era obvio cuánto lastimaba este


conocimiento a Lucian. La forma en que cuidaba a sus hermanos y
hermanas era real. El hombre quien lo crio quizás no le mostró lo que era
la lealtad y el amor, pero obviamente su madre lo hizo... o simplemente
estaba arraigado en él.

—No lo sé —dijo en voz baja, y realmente no sabía cómo alguien


mantuvo eso en secreto. Tenía que haber una gran historia allí.

Pasaron un par de minutos y Julia se inclinó, notando que su


pecho estaba ahora cayendo y subiendo más profunda y uniformemente.
¿Estaba…?

Lucian estaba desmayado. Así. Muerto para el mundo y borracho,


y todavía logró parecerse a un dios dormido. Alisó su mano a lo largo de
su mandíbula, sonriendo cuando él puso la mejilla en su palma.

En la superficie, este hombre y esta familia lo tenían todo, pero


Julia se dio cuenta de que dentro de él, dentro de todos ellos, no era lo
que parecía. Podría tener el mundo, pero no significaba que el mundo
fuera amable a cambio.

Porque era tonta, porque había una buena posibilidad de que se


estuviera resbalando más y más en este mundo suyo, involucrándose
demasiado, besó su frente. Besó su mejilla y luego se acurrucó junto a
él, quedándose con él porque sabía que él necesitaba eso.

Él la necesitaba a ella.
Capítulo 28
Traducido por Anamiletg

H abían pasado dos días desde que había encontrado su camino


borracho hasta la habitación de Julia. La resaca del día
siguiente había sido una verdadera perra, ¿pero despertarse en mitad de
la noche, todavía medio borracho y encontrar a Julia acurrucada contra
él? Bueno, eso hizo que los tambores de acero en su cabeza valieran la
pena.

Lucian no podía creer que en realidad no lo hubiera echado de la


cama. Tampoco podía creer que le hubiera contado sobre Gabe. Mierda,
debería haber mantenido la boca cerrada sobre eso. Ni siquiera había
hablado con Dev. Era asunto de Gabe, pero Lucian... se había encontrado
en la habitación de Julia y, aunque estaba borracho, estaba lo
suficientemente sobrio como para saber que quería hablar con ella.

Que confiara lo suficiente en ella para hablar sobre Gabe y el gran


secreto familiar. Por lo que sabía, ni siquiera Sabrina sabía la verdad.
Demonios, si Dev no le hubiera contado sobre la muerte de su padre,
dudaba que hablaran sobre la historia familiar.

Lucian dudaba seriamente que hablaran mucho.

No como Julia y él.

A pesar de lo que estaba sucediendo con Gabe y su hermana, las


cosas habían sido casi normales en la casa. Lucian pasó la mayor parte
del día buscando nuevas formas de buscar a Julia mientras trabajaba
con su hermana y comandaba su tiempo libre. Y cuando llegó la noche,
la sacó de su habitación y la llevó a la suya, o se hizo cargo de su espacio
vital.

Desde la primera noche que estuvieron juntos, no se habían


acostado separados, lo cual era realmente la primera vez para él. Muchas
cosas con Julia fueron las primeras.

Lucian se encontró pensando en Elise. ¿Qué dijo su bisabuela?


¿Que cuando los hombres de Vincent se enamoraban, lo hacían tan
rápido y sin razón? El pensamiento más loco sucedió. Quizás se había
equivocado. Tal vez no era lujuria.

Tal vez era algo más.

Cristo, ¿se estaba escuchando? Una chica aguanta sus


divagaciones de borracho y se preguntaba si estaba desarrollando
sentimientos. Realmente debería pegarse un puñetazo en este momento.

Eso no le impidió buscarla.

Lucian encontró a Julia en su habitación, sentada con las piernas


cruzadas en el centro de la cama y mirando su teléfono.

—¿Me estás acechando en las redes sociales? No tengo ninguna


cuenta, en caso de que lo estés.

Riendo suavemente, ella levantó la vista y colocó la pantalla del


teléfono sobre la cama.

—No todo lo que hago es sobre ti.

Cruzó la habitación y se dejó caer en la cama junto a ella.

—No me gusta el sonido de eso para ser honesto.

—Gran sorpresa allí.

Lucian sonrió mientras se estiraba de costado frente a ella.

—¿Qué estuviste haciendo?"

—Nada realmente. —Levantó un hombro—. Solo viendo las


noticias.

—¿Te unirás a nosotros para cenar esta noche?

—¿Contigo y...?

—Gabe debería estar de vuelta, pero sería más tarde o mañana. —


Solo lo sabía por un mensaje de texto que había recibido ese mismo día.
Aparte de eso, no estaba seguro de lo que estaba pasando.

La simpatía cruzó su rostro.

—Desearía que hubiera algo que pudiera hacer por él.

—Tú y yo, nosotros —respondió, entrelazando sus dedos alrededor


de los de ella. En este momento, no quería pensar en lo que estaba
pasando con Gabe. Habría tiempo para procesar todo eso, ya que lo más
probable es que cambiara sus vidas—. ¿Qué piensas?

—Lucian…

—Déjame decirte lo que pienso primero. —Llevó su mano a su boca


y besó su palma mientras la miraba—. Creo que deberías cenar con
nosotros y luego pasar un poco de tiempo con nosotros en lugar de
quedarte encerrada en tu habitación.

Ella no intentó apartar su mano.

—No sé si es una buena idea.

—¿Por qué no? —Movió su lengua a lo largo del centro de su mano,


satisfecho cuando la escuchó tomar aire.

—Porque... —Sus pestañas bajaron.

Bajó sus manos unidas a la cama.

—¿Porque qué?

—Simplemente no sé si está bien.

—Bueno, las cosas que son divertidas rara vez son correctas.

Ella suspiró.

—Por qué no me sorprende que respondieras de esa manera.

Lucian se rió entre dientes y luego se movió. Levantándose


rápidamente, se puso de rodillas y la agarró por los hombros. Ella soltó
un pequeño chillido que se convirtió en una risa cuando él la llevó a la
cama, boca arriba con él encima, una rodilla a cada lado de sus caderas.

—Eso te sorprendió —dijo, besándola.

Julia se rió en el beso y luego se alejó.

—Lo hizo. —Giró flojamente sus brazos alrededor de su cuello.

—Creo que necesito explicarte algo. —Él le pasó la mano por la


mejilla, por la garganta.

—No puedo esperar a escuchar esto —dijo ella, con tono seco.

Un lado de sus labios se levantó cuando arrastró su mano por el


centro de su top, deteniéndose entre sus pechos.
—Si voy a estar follando con alguien más de una vez, he decidido
que no voy a esconderlos. Eso puede sonar crudo, pero es la verdad.

Sus ojos se agrandaron.

—Guau. ¿Normalmente escondes a las mujeres con las que


duermes?

—Como sabes, normalmente no duermo con la misma mujer más


de una vez...

—Eso todavía suena tan mal como la primera vez que lo dijiste.

Él se encogió de hombros mientras deslizaba su mano por su


vientre.

—Pero nunca escondo el hecho de que he estado con ellas. Al igual


que no planeo ocultar el hecho de que estoy contigo. —Su mirada se elevó
hacia la de ella—. Y estoy contigo, Srta. Hughes. Voy a seguir estando
contigo.

Ella mordió su labio inferior mientras sus dedos jugueteaban con


la delgada banda de sus pantalones.

—¿En serio?

—Sí —dijo, sosteniendo su mirada mientras deslizaba su mano


debajo de sus pantalones y luego sus bragas—. Y eso significa que quiero
pasar tiempo contigo fuera de estas habitaciones. Es una sensación
extraña querer eso, lo admito.

Sus mejillas estaban sonrojadas.

—Guau, Lucian.

Él sonrió mientras bajaba sus dedos. Por la forma en que respiraba,


apostaría un millón de dólares a que ya estaba mojada para él.

—Quiero pasar tiempo contigo mientras paso tiempo con personas


que me importan.

Las gruesas pestañas de Julia bajaron cuando su pecho subió y


cayó pesadamente. Él se inclinó sobre ella, alineando sus bocas cuando
su dedo índice alcanzó su núcleo muy húmedo. Su cabeza retrocedió
ligeramente mientras él deslizaba su dedo a lo largo de su centro,
separándola lentamente. Adoraba cada pequeña captura en su aliento.

—Y si no estás de acuerdo, voy a pensar que solo me quieres en


esta cama y no en ningún otro lugar.
Ella le rodeó la nuca con la mano.

—Bueno, lo pones de esa manera, me sentiría como un asno si no


estuviera de acuerdo.

—Deberías. —El agarre en su cuello se apretó mientras arrastraba


su dedo hacia arriba y hacia abajo, hundiéndose cada vez más con cada
pasada—. ¿Hay alguna razón por la cual no quieras?"

Sus caderas se movieron debajo de él.

—Yo… ¿y si tu hermano no me quiere allí?

Lucian besó la esquina de su boca.

—Yo te quiero allí.

Jadeó mientras él trabajaba con su dedo dentro de ella.

—Pero yo... siento que no…

Lentamente empujando su dedo dentro y fuera, él amaba ese


pequeño grito suave que ella le daba. Podría comerlo.

—¿Te siente como qué, Srta. Hughes?

Ella estaba moviendo sus caderas en tándem con su dedo, cada vez
más sin aliento mientras agregaba otro.

—Siento… Siento que no encajo.

La mano de Lucian se aquietó, todo su cuerpo se aquietó mientras


la miraba. ¿Ella realmente se sentía de esa manera? Mierda. ¿Por qué
estaba sorprendido? Ella no había crecido como él, viviendo la clase de
vida que él y sus hermanos experimentaron. La mayoría de las personas
no sentirían que encajaran. Fue un tonto por no haberse dado cuenta
antes.

—Lucian —exhaló, sus caderas rodando contra su mano.

Él sacudió un poco la cabeza y luego la besó, la besó como si


pudiera besar las inseguridades.

—Encajas —le dijo. Enganchando su dedo, presionó su pulgar


sobre su clítoris—. No lo dudes nunca.

La espalda de Julia se arqueó mientras giraba el pulgar. Se levantó,


apoyando su peso sobre sus rodillas, para poder ver su expresión cuando
la pasión se rompió. Su otra mano se curvó alrededor de su garganta.
Podía sentir su pulso latiendo violentamente bajo su pulgar. Sus labios
se separaron y ese suave grito bailó en el aire mientras su cuerpo
apretaba sus dedos.

Dios.

Era hermosa. Todo sobre ella. Desde el rubor rosado en sus mejillas
hasta el pliegue que se formó entre sus cejas cuando la tensión era casi,
casi demasiado para manejar.

Lucian gimió su nombre, queriendo rebobinar los últimos


momentos y volver a verlo una y otra vez.

Después de lo que pareció una eternidad, los ojos de Julia se


abrieron. Sus miradas se encontraron, y una parte de él todavía estaba
en ella.

—Está bien —ella murmuró, una sonrisa saciada tirando de sus


labios—. Dios. Voy a pasar el rato con ustedes.

Él comenzó a sonreír.

—Pero primero… —Julia se inclinó, agarrando su muñeca. Sacó su


mano y luego se sentó. Lo hizo rodar, obligándolo a tumbarse sobre su
espalda. Sus manos se dirigieron a su cinturón—. Hay algo más que
quiero.

Lucian se dio cuenta rápidamente de que se refería a él.

Y lo tenía.

En sus manos y luego en su boca, y de maneras, que ella


probablemente ni siquiera lo sabía, en formas que solo estaba
descubriendo.

Con un vaso de vino en una mano y la mano de Lucian firmemente


envuelta en la otra, Julia lo siguió a través de la casa, dirigiéndose a un
pasillo en el que nunca había entrado antes. Se estaban uniendo a Dev
en la sala de estar. Dudaba seriamente que su idea de en qué consistía
una sala de estar fuera la misma que la de los Vincent.

Mientras crecía, su familia tenía uno. Había un televisor allí y un


viejo y gastado sofá que debería haber sido arrojado hace años. También
había habido un montón de basura que nadie usó escondida en la
habitación.

Lucian se detuvo bruscamente frente a una gran pintura. Era un


campo de amapolas naranjas quemadas, hierba húmeda y verde.

—¿Qué piensas de esta pintura? ¿Maddie o yo?

Habían estado haciendo esto toda la noche, antes de la cena,


durante, y ahora mientras se abrían paso a través del laberinto de un
hogar. Su tarea era adivinar cuál había sido hecha por su hermana y
cuáles habían sido pintadas por él. Hasta ahora ella apestaba en este
juego, porque ambos estaban por todos lados en términos de estilo.

Julia estudió la pintura, golpeada una vez más por lo realista que
era. Desde la distancia, la pintura podría confundirse fácilmente como
una fotografía. Como el que estaba en la habitación de Madeline.

—Tu hermana.

—No. Yo. Págame.

Suspirando, Julia pagó el costo de perder según lo establecido al


comienzo del juego. Se estiró sobre la punta de los dedos de sus pies y lo
besó.

Él rodeó con un brazo su cintura, ajustando su cuerpo contra el


suyo.

—Estoy empezando a pensar que estás haciendo esto mal a


propósito.

Ella rió mientras se aseguraba de no derramar el vino.

—No me importa perder, pero no lo hago a propósito. Es casi


imposible diferenciar su trabajo.

—Hmm. —Él se mordió el labio y luego retrocedió. Comenzó a


caminar otra vez, llevándola—. Qué lástima que hayas acertado todo
durante la cena. Estaba deseando que tuvieras que besarme frente a Dev.

Julia resopló.

—No estoy segura de que se haya dado cuenta.

Él la miró largamente por encima del hombro.

—Se habría dado cuenta de eso.


Su nariz se arrugó.

—Ustedes son, como realmente extraños. Es extraño de una


manera en la que no estoy segura de querer siquiera pensar.

—Más como raro de una manera que definitivamente has pensado


—bromeó, y entrecerró los ojos, porque, por supuesto, tenía razón—.
¿Cómo estuvo la cena para ti?"

—Estuvo bien. —Y esa era la verdad—. Estaba… nerviosa al


principio, pero bien.

La cena había sido normal. Bueno, no el personal que sirve tu


comida o vuelve a llenar tus bebidas. Eso no era normal. Era como comer
en un restaurante de lujo, pero Devlin había sido agradable, hablador a
su manera fríamente distante. Lucian se había comportado
principalmente. Una o cinco veces su mano terminó en su muslo debajo
de la mesa, pero había sido agradable y la comida había sido increíble.

Y aunque todavía no sentía que realmente encajara con ellos, eso


estaba en ella. La hicieron sentir lo más cómoda posible, pero fue su
cabeza la que la hizo sentir como una hierba entre rosas. El hecho de que
Lucian siquiera había reconocido que era una preocupación de ella antes,
que lo había sentido y luego le había dicho que pertenecía, la hizo... uf,
hizo que quisiera acurrucarse con él y hacer cosas.

Dios, realmente quería odiarlo.

—Entonces, además de tener pinturas colgadas aquí y en algunos


de los lugares que Gabe mencionó, ¿dónde más cuelgan tus obras de
arte? —preguntó.

—Vendo muchas de las pinturas para caridad. —Tiró de ella hacia


el pasillo.

—Eso es agradable de tu parte.

—Gran beneficio impositivo. —Lanzó una sonrisa por encima de su


hombro cuando ella gimió.

—¿Por qué tengo la sensación de que no es la única razón por la


que lo haces, pero eso es lo que quieres que la gente piense?

—No tengo idea de qué te haría pensar que tengo una naturaleza
altruista.

—Estoy realmente sorprendida de que entiendas lo que eso


significa —respondió ella.
Lucian se rió entre dientes.

—Si no estuviéramos a solo unos pasos de distancia de mi


hermano, te mostraría lo altruista que soy.

Ella se sonrojó ardientemente.

La mirada de Lucian se calentó.

—Te gustaría eso, ¿no? —La atrajo hacia sí nuevamente y bajó su


boca a su oído—. Te muestro más tarde.

Julia estaba en tanto problema cuando se trataba de él.

Dios mío.

Unos pocos pasos más y estaban frente a dos puertas dobles con
paneles de madera.

—Aquí era donde las cocinas solían estar antes de que la casa se
quemara. —Soltó su mano, empujó la puerta—. Era solo otra habitación
inútil hasta hace unos veinte años atrás.

Tenían muchas habitaciones inútiles, en su opinión.

—Qué bueno de ustedes dos finalmente unirse a mí —llegó la voz


de Devlin desde adentro—. Estaba empezando a pensar que me
abandonaste.

—Nunca haríamos eso. —Lucian mantuvo la puerta abierta para


ella.

Julia entró, y sí, la "sala de estar" no se parecía en nada a la que


creció. En primer lugar, la habitación era aproximadamente la mitad del
piso de abajo de la casa de sus padres y era una legítima sala de estar.

Un enorme sofá seccional en el centro de la habitación, frente a un


televisor que era del tamaño de una Hummer. Había una mesa de air
hockey, una mesa de billar, una de esas elegantes, de aspecto pizarra,
videojuegos tipo arcade, un bar bien abastecido, y, ¡por Dios! Era ridículo.

Dev sostenía un taco de billar.

—¿Juegas al billar, Julia?

Ella rió.

—No si no quiero hacer el ridículo.

Él inclinó la cabeza.
—Inteligente.

Insegura de si eso era un cumplido o no, bebió un sorbo de vino


cuando Lucian pasó junto a ella.

—Te jugaré una ronda.

—¿Prometes no hacer trampa?

Sonriendo, Lucian se dirigió al estante y agarró una señal.

—Ahora, Dev, ¿cómo se puede engañar al grupo?

Su hermano bufó.

—Si hay una manera, la encontrarás.

Julia se rió mientras se sentaba en uno de los altos taburetes de la


barra.

—Eso suena bien.

—Me gusta. —Devlin atormentó las bolas, arrastrándolas a su


posición—. Ella es inteligente.

Lucian parecía ofendido.

—Se supone que debes estar de mi lado, Srta. Hughes.

Ella alzó las cejas mientras sorbía su vino.

—Y demostrando que es tan inteligente como yo sigo diciendo que


es, ella permanece callada.

Levantó la rejilla mientras deslizaba una mirada en dirección a


Lucian.

—A diferencia de algunos.

Y así fue como pasó la siguiente hora. Lucian empujaría lo que


suponía que era cada botón de Devlin mientras que el hermano mayor
permanecía tan tranquilo como una mañana de primavera,
completamente sin atontarse. La capacidad de Devlin de ignorar casi
todos los comentarios de Lucian era realmente un talento impresionante.

Lo cual probablemente explicaba porqué estaba ganando el juego.

Por otra parte, Lucian no estaba realmente prestando atención.


Cuando no molestaba a su hermano, estaba concentrado en Julia. Ella
sabía esto porque estaba en cada roce casual de su mano sobre su brazo
cuando pasaba junto a ella. Y en la forma en que siempre llegaba a donde
estaba sentada cuando era el turno de Devlin y cómo mantenía contacto
visual con ella cada vez que hacia como él lo llamaba, un disparo.

A medida que avanzaba la noche, era fácil olvidar quiénes eran:


quién era ella. Y por qué estaba aquí. Era fácil pretender que esto... esta
era su vida.

—Creo que me va a ganar. —Lucian se apoyó contra la barra a su


lado mientras Devlin merodeaba alrededor de la mesa de billar. Solo
quedaba la bola ocho—. Puede que necesite mucho consuelo más tarde.

Julia puso los ojos en blanco.

—Creo que necesitas muchas cosas.

El interés chispeó en sus ojos.

—¿Nombra algunos? —preguntó, pero antes de que ella pudiera


responder, sonó su teléfono. Dejando de lado el taco, metió la mano en
su bolsillo—. Aguanta ese pensamiento, oye, Troy, ¿qué pasa? —La
sonrisa de Lucian se desvaneció—. ¿Qué? —Hubo una pausa—. ¿Estás
jodidamente bromeando?

Julia se tensó y miró a Devlin. Él no parecía estar prestando


atención.

Girando, Lucian se acercó al bar y tomó un control remoto. Se giró,


apuntando el control remoto al televisor grande montado en la pared
sobre la mesa de air hockey. Un momento después, el televisor se
encendió.

Lucian rápidamente hojeó los canales, deteniéndose en lo que


parecía ser un informe de noticias.

—Sí, lo tengo ahora. Te llamaré luego.

Julia se centró en la televisión. Era obviamente un canal local en


una pantalla dividida, reporteros detrás de un escritorio y uno afuera, en
un camino oscuro. Luces azules y rojas destellaron detrás de una mujer
bonita de piel oscura que miraba seriamente a la cámara.

Lucian subió el volumen mientras Dev echaba un vistazo al


televisor.

—El accidente de un solo vehículo ocurrió poco después de las 9:00


p.m. Por lo que me han contado, parece que sufrió una emergencia
médica y perdió el control del vehículo. El vehículo colisionó con lo que
parece ser un poste de teléfono y se encendió al impactar. Se cree que
Lyon murió en el momento del impacto —informó—. Una vez más, se
confirmó que el piloto era el Jefe JB Lyon, un veterano de treinta y tres
años de la…

¿Jefe Lyon? Había escuchado ese nombre antes. Cuando Lucian y


Devlin estaban hablando de la muerte de su padre. Estaba abriendo una
investigación, y Devlin había dicho...

La piel se le erizó y se volvió hacia Lucian.

Devlin había dicho que el jefe no plantearía un problema mucho


más tiempo, pero no podría haberlo sabido...

La mirada de Julia siguió a la de Lucian, y ella se acercó a él, el


acto fue algo que ni siquiera se dio cuenta de que había hecho hasta que
sucedió. Estaba mirando a su hermano, sus labios apretados y su
mandíbula formando una línea dura.

La mirada en la cara de Lucian causó pequeños nudos de temor en


su vientre. Estaba mirando a Devlin como... como si su hermano ya
supiera lo que le sucedió al jefe.

Como si Devlin podría haberlo esperado.

Un escalofrío recorrió la columna de Julia cuando vio a Dev


caminar alrededor de la mesa de billar.

—Bolsillo derecho de la esquina.

Las comisuras de la boca de Devlin se levantaron en una leve


sonrisa mientras alineaba su siguiente disparo y se inclinaba sobre la
mesa de billar. Él lo tomó. La bola blanca se disparó a través de la mesa,
entrando en la bola ocho y enviándola directamente al bolsillo de la
esquina derecha.
Capítulo 29
Traducido por Rimed

billar.
L ucian apagó la televisión y dejó el control remoto sobre el bar.
Tomando la mano de Julia, la guió al pasillo fuera de la sala de

La mano de ella se apretó alrededor de la de él mientras miraba


devuelta al cuarto.

—Lucian, estoy teniendo un momento de imaginación hiperactiva


o…

—No es nada —interrumpió él, sin querer oírla decir lo que también
estaba pensando.

Julia liberó su mano de un tirón.

—Eso es algo —bajó su voz—. Los escuché en la cocina el otro día.


¿Sabes cómo eso suena?

Lo sabía.

—Lo sé, pero no es lo que piensas.

—¿Qué piensas? —demandó ella—. Obviamente, piensas algo o no


me habrías arrastrado fuera del cuarto.

—De hecho, te estaba sacando de allí para pedirte que fueras arriba
y me esperaras. —Lo que era parte de la verdad.

Sus cejas se elevaron.

—¿Quieres que vaya arriba y espere por ti?

—¿Por favor?

Ella cruzó sus brazos.

—No sé qué decir además de que no importa qué, estás a salvo


aquí.
—No pensé que no lo estuviera —dijo ella, su mirada buscando la
de él—. Quiero decir, no estoy sugiriendo que él de algún modo asesinó
al jefe de policía y ahora me sienta insegura. Es solo que eso fue… eso
fue bizarro. Y ustedes chicos son realmente bizarros en cualquier día
normal, pero eso, eso fue realmente extraño.

Los labios de él se retorcieron a pesar del tema.

—Somos… diferentes. Lo sé. —Bajando su cabeza la besó


suavemente—. ¿Me esperas arriba? Por favor. Solo será un momento.
Entonces podremos hablar.

—¿Sobre? —Ella cruzó sus brazos.

Él paso una mano por la nuca de ella mientras descansaba su


frente contra la de ella.

—Sobre a dónde vamos desde aquí.

Ella se tensó.

—¿A qué te refieres?

Dios, tampoco estaba seguro, pero quería hablar sobre el futuro


con ella, sobre lo que estaban haciendo. Nunca antes quiso hacer eso en
su vida.

—Quiero hablar sobre nosotros, sobre lo que estamos haciendo. —


Sonrió débilmente mientras deslizaba su mano sobre la mejilla de ella—.
Todo es bueno. Bueno, espero que sean cosas buenas. A menos que solo
estés por el sexo y nada más, entonces supongo que probablemente será
malo.

Julia retrocedió, sus mejillas levemente sonrojadas y una mirada


de sorpresa en sus cálidos ojos.

—No estoy… no estoy solo por el sexo. Es decir, el sexo es increíble,


como guau, pero no estoy solo…

Lucian la besó entonces. No podría haberse detenido ni siquiera si


lo hubiera querido, y cuando ella separó esos labios, dejándolo entrar,
profundizó el beso.

—Estaré arriba en breve. ¿Está bien?

—Está bien —susurró ella, mirando a la puerta—. Incluso cuando


siento como si me hubieras distraído a propósito, pero está bien.

Él bajo su mentón, sonriendo.


—Sí quiero hablar sobre nosotros. Eso no es una táctica de
distracción. Solo es un momento sospechoso.

Julia se rio mientras estiraba los brazos.

—Te veo dentro de poco.

Lucian esperó hasta que ella estuvo fuera de vista antes de volver
a entrar al cuarto. Encontró a su hermano mayor sentado en el bar.
Caminando detrás de él, se detuvo directamente frente a Dev.

—¿Hay algo que quieras dejarme saber?

Dev sonrió.

—Siempre hay algo que me gustaría dejarte saber.

—Sabes de lo que estoy hablando. —Lucian apoyó sus antebrazos


en el bar—. El jefe está muerto.

—Eso es lo que las noticias acaban de decir. ¿Accidente de auto?


—Dev tomó un sorbo—. Qué tragedia.

Un músculo comenzó a trabajar a lo largo de la mandíbula de


Lucian. Pensaba en la misma línea que Julia. Era muy bizarro pensar
que Dev tenía algo que ver con el accidente del jefe. Especialmente desde
que habían dicho que había tenido una emergencia médica y Troy había
mencionado eso en el teléfono, pero había una parte de Lucian que no
estaba tan seguro.

—Dices tragedia —dijo finalmente Lucian—, yo digo que


coincidencia.

—¿Qué estás sugiriendo, Lucian? ¿Qué de alguna forma yo tengo


algo que ver con que él tuviera un problema médico y descarrilara su
auto? —Rio y luego tomó otro trago—. Tengo talento, pero eso es
imposible.

A decir verdad, nada era imposible cuando se trataba de los de


Vincent. Dev lo sabía. Lucian también.

—¿Realmente creer que tengo algo que ver con eso? —preguntó Dev
después de un momento.

Lucian encontró la mirada de su hermano.

—Los dos sabemos que iríamos a límites extremos para proteger


nuestra familia.
—Ambos sabemos que tú ya lo has hecho —señaló Dev.

—Sí y no lo escondo.

—Hmm. —Dev asintió y luego bajó su trago—. Sabes, pareces estar


volviéndote muy cercano a la Srta. Hughes. A pesar de que te había
aconsejado contra eso.

—Y tú estás cambiando el tema a algo sobre lo que no necesitamos


hablar.

—Pienso que es un cambio importante de tema y es definitivamente


algo sobre lo que debemos hablar. —Dev arqueó una ceja—. No pienso
que sea prudente.

Tirándose hacia atrás, Lucian sacudió su cabeza.

—Si tienes tanto problema con que me vuelva cercano a ella, ¿por
qué la contrataste en primer lugar? ¿Por qué siquiera contratarías a
alguien que pudiese captar mi atención o la de alguien más?

—Porque sabía que ella mantendría su boca cerrada.

Su instinto se encendió mientras encaraba a su hermano.

—¿Qué demonios significa eso?

—Asumo que has estado hablando con ella y no solo follándola —


comentó él y las manos de Lucian se empuñaron—. Sabes que ella estuvo
casada.

—¿Qué tiene que ver esto con su ex?

—Realmente no necesitabas cuidarla, Lucian. Hice un extenso


análisis de antecedentes sobre ella. Sabes eso. —Hizo una pausa—. Y
aprendí algunas cosas interesantes sobre ella. Alguien que se queda con
un esposo que la trata como mierda va a ser dócil, fácil de controlar.

Lucian no podía creer lo que estaba escuchando.

—¿Es por eso que estás con Sabrina?

Dev levantó un hombro con una risa.

Ira hervía en sus entrañas.

—¿Estás hablando jodidamente en serio ahora?

—Es la verdad. ¿Por qué estás tan ofendido por ella? Tu chica era…
Lucian reaccionó sin pensar. Su brazo se echó hacia atrás y su
puño conectó con la mandíbula de su hermano. La cabeza de Dev se fue
hacia atrás y luego, al segundo siguiente, estaba en el piso, sobre su
trasero.

Golpeando sus manos hacia abajo a la madera, se levantó, saltando


hacia el bar. Lucian aterrizó junto a Dev justo cuando él se estaba
sentando. Agachándose, se puso justo en la cara de Dev.

—No sabes ni mierda sobre Julia. En absoluto.

—Jesús —gruñó Dev, sobando su mandíbula—. ¿Qué demonios?

Lucian observó a su hermano, y fue como mirar a un desconocido.


¿Cómo demonios pudo haber contratado a Julia debido a su pasado
matrimonio? ¿Cómo pudo hacer ese tipo de horrible suposición sobre
ella, sobre cualquiera? Su hermano podía ser frío y apático. Demonios,
había habido ocasiones donde se había preguntado si Dev estaba a una
sinapsis fallida de ser un sociópata, ¿pero esto? Esto iba muy lejos.

Dev giró su cabeza hacia un lado, maldiciendo bajo su aliento.

Levantándose, Lucian retrocedió un paso y cuando Dev levantó la


vista hacia él, hielo cubrió su interior.

—En ocasiones ni siquiera te conozco, Dev. En serio no.

Julia entró a su habitación, aun recordando la fría y casi


presumida sonrisa de Devlin mientras las noticias anunciaban la muerte
del jefe. Se sintió paranoica por siquiera pensar que pudo tener algo que
ver con la muerte del hombre, porque eso era como algo que vería en las
telenovelas que veía su madre.

Era increíble siquiera sospechar de algo así de Devlin, pero… pero


esta familia, estos hombres, realmente operaban en su propio mundo.

¿Qué si Devlin tenía algo que ver con la muerte del jefe?

¿Qué pasaba si su padre había sido asesinado?

¿Qué cambiaría eso?

La última pregunta la detuvo en seco, ya que ya conocía la


respuesta y no estaba segura de lo que decía sobre ella. Eso no cambiaba
lo que sabía que estaba comenzando a sentir por Lucian.
Julia pasó una mano sobre su cabeza mientras se volteaba
lentamente, su pulso acelerado. Estaba… bueno, estaba realmente
enamorándose de Lucian y él quería hablar sobre ellos. Tenía esta
sensación de que estaban frente a una importante encrucijada y una vez
que hablaran, todo iba a cambiar realmente.

Pero los hermanos… ellos tenían un lado oscuro. Eran peligrosos.


Quizás no para ella. Quizás no para aquellos por los que se preocupaban,
pero eso no cambiaba lo que eran.

¿Podía aceptar eso?

¿Lo había hecho ya?

Era algo sobre lo que realmente necesitaba pensar. Julia se quitó


un brazalete que llevaba, tirándolo en la cama mientras caminaba hacia
el baño. Iba a ir al cuarto de Lucian, pero quería…

Sus ojos se estrecharon mientras observaba la cama. Algo faltaba.


¡El diario! Lo había dejado en la cama más temprano. Caminando
alrededor, se agachó y buscó bajo la cama. No estaba allí. No estaba en
el velador ni en ningún lugar que revisó.

—¿Qué demonios? —Se dio vuelta, frunciendo el ceño. ¿Dónde


puede…?

La constante caída de pasos en el piso de arriba llamó su atención.


No había modo de que fuera su imaginación o algún espíritu invisible
hiciera ese ruido. Y sabía dónde estaban los hermanos. No podían ser
ellos.

Girando, Julia se apresuró fuera del cuarto y hacia las escaleras.


No tenía idea de lo que esperaba ver cuando abrió de golpe la puerta del
cuarto de Madeline, pero lo que vio, no lo habría imaginado ni en un
millón de años.

Había una pintura terminada en el atril, una que no había estado


allí cuando se fue más temprano esta tarde. Era de un hombre, un
hombre que se veía exactamente como el senador… o el padre de ellos.

Y en el piso estaban todas las pinturas que Madeline había pintado


desde que habían llevado el atril a su cuarto. Estaban todas alineadas,
ya sea lado a lado o unas sobre otras, y…

—Oh Dios mío —susurró Julia deteniéndose repentinamente.


Julia no lo había visto antes. Ninguno de ellos lo había visto antes,
porque la pintura, la pintura había estado en piezas y una vez juntadas,
una imagen completa aparecía. Las pinturas habían sido un
rompecabezas, la mitad de un rostro pintado aquí y el resto en otro día.
Nadie lo vio hasta que habían sido juntadas las piezas.

Hasta que alguien las había juntado.

Aturdida, Julia caminó hacia el caballete, con cuidado de no pisar


las pinturas alineadas en frente de la puerta de entrada. Tomó la hoja y
la volteó, dejándola donde sabía que iba, en la esquina izquierda del
fondo.

Julia retrocedió, casi incapaz de procesar lo que estaba viendo. Era


un retrato familiar. Dos chicos de pelo oscuro parados hombro a hombro,
completamente solos.

Chicos que se veían muy parecidos a las fotos que Julia había
encontrado en el álbum de foto de la madre.

Y en el frente estaban un chico y una chica rubios, parados frente


a una mujer que debía ser su madre y un hombre que debía ser Lawrence.

La chica y el chico eran obviamente Madeline y Lucian.

Un escalofrío recorrió su columna. ¿Por qué Madeline los había


pintado de este modo? ¿Por qué…? El escalofrío se hizo más fuerte,
levantando los pequeños vellos de sus brazos.

Julia se volteó hacia la cama. Madeline yacía en ella, con los ojos
cerrados.

—¿Tú hiciste esto?

No hubo respuesta de Madeline, pero Julia caminó alrededor del


lado más cercano a ella.

—Madeline, sé que esa pintura no estaba terminada cuando me fui


antes.

Aún sin respuesta.

Julia la miró.

Algo estaba ocurriendo, había algo increíblemente mal ocurriendo


aquí.

—Madeline, ¿tú juntaste estas pinturas? —Su voz se agudizó y sus


manos se cerraron en puños—. ¡Respóndeme!
Los ojos de Madeline se abrieron.

Julia inhaló con fuerza. Madeline no la estaba mirando a ella. No.


Su mirada estaba enfocada en el…

Una puerta crujió detrás de ella y aire cálido levantó los cabellos
de sus hombros. El tiempo pareció enlentecerse incluso cuando todo se
aceleró. Se dio vuelta, con su estómago en el piso.

Daniel entró en el cuarto, pisando las pinturas. La lona crujía bajo


sus botas. En su mano, una mano enguantada, estaba el diario perdido.

Ella se tensó mientras daba un paso hacia atrás.

—¿Qué estás…?

Julia nunca pudo terminar la pregunta. El dolor explotó a lo largo


de su mandíbula. Las estrellas estallaron, cegándola, y luego no había
nada.
Capítulo 30
Traducido por Wan_TT18

L ucian quería golpear a Dev otra vez.

Así que abandonar esa maldita habitación era una de las


cosas más inteligentes que había hecho en mucho tiempo. Lo
único que lo calmaba era que sabía que se estaba acercando a Julia.

Cristo, iba a tener que decirle a Julia. No quería que ella lo supiera,
pero sintió que necesitaba hacerlo. Se sentía demasiado mal para
mantenerlo en secreto de ella.

Honestamente, no la culparía si empacaba sus cosas esa noche y


se marchaba. Si lo hiciera, probablemente haría más que golpear a Dev.

Al pasar por su habitación primero, descubrió que no estaba allí.


Se dirigió a la de ella a una corta distancia, frunciendo el ceño cuando
vio que la puerta estaba abierta.

—¿Julia? —dijo, observando la habitación.

La puerta del baño estaba cerrada, así que, a menos que se


escondiera en el armario, tampoco estaba allí. Eso significaba que solo
había otro lugar donde podría estar.

La habitación de Maddie.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios mientras giraba y


subía las escaleras. La devoción de ella por su trabajo y por su hermana,
era sólo otra razón por la cual la amab...

—Mierda —jadeó.

Lucian se detuvo en las escaleras. No se permitió terminar ese


pensamiento, pero sabía cuál era.

Era otra razón por la que la amaba.


De hecho, se sintió mareado subiendo los escalones, débil como
una mierda en las rodillas, pero estaba sonriendo mientras caminaba por
el pasillo y doblaba la esquina.

—Srta. Hughes, ¿estás…? —Se detuvo. La puerta de Maddie estaba


abierta, por lo que vio justo dentro—. ¿Qué diablos?

Su hermana no estaba en la cama.

No estaba en la silla frente al caballete.

Julia no estaba en la habitación, y allí estaban...

Lucian caminó alrededor de la cama, mirando las pinturas en el


piso. Sabía lo que veía, mierda, no tenía sentido, pero no había tiempo
para procesar realmente lo que su hermana había estado pintando,
porque Maddie ya no estaba.

Tampoco Julia.

Una sensación surrealista se estrelló contra él. Como si hubiera


experimentado todo eso antes, y mierda, lo había hecho. La noche en que
murió su madre.

Girando violentamente, se detuvo cuando algo rojo en el borde de


la colcha crema llamó su atención. Gotas... ¿gotas de sangre?

La presión se apoderó de su pecho cuando su mirada se dirigió


hacia las puertas abiertas del porche. Se lanzó hacia adelante, apartando
las cortinas mientras salía.

—¡Julia! —gritó—. ¡Maddie!

Mierda. ¿Dónde podrían estar? Su hermana no podría estar lejos…

Un grito agudo terminó en un quejido. Se giró, retrocediendo hasta


llegar a la barandilla mientras su corazón latía en su pecho.

—¿Julia?

Comenzó a caminar y luego a correr. El sonido vino desde arriba,


desde el techo.

—¡No vengas aquí, Lucian! —gritó Julia desde arriba—. Por favor...
—Otro grito agudo cortó sus palabras.

Como el infierno que no iría allí.


Cargó hacia arriba, los viejos escalones de madera temblando bajo
su peso. Alcanzó el techo en cuestión de segundos con su mirada salvaje
girando en torno al espacio oscuro. Solamente con la plateada luz de la
luna guiándole en su camino, casi no la vio de pie detrás del ondulado
dosel.

Alivio se estrelló contra él.

—Julia, ¿qué es…?

—No te acerques más. —Levantó las manos—. Por favor.

La preocupación explotó a través de él como perdigones. La luz de


la luna caía sobre ella. La sangre le empañaba la cara y le temblaban las
manos.

—Yo la escucharía si fuera tú.

Redujo la velocidad cuando Daniel salió de detrás del dosel. Casi


no reconoció a su primo, viendo que estaba vestido de negro, como un
maldito comando.

—No sé qué demonios está pasando aquí, pero si tú eres la razón


por la que está sangrando, voy a matarte.

—¿En serio? —Daniel se movió rápidamente, más rápido de lo que


Lucian hubiera esperado. En un abrir y cerrar de ojos, estaba parado
detrás de Julia, con un brazo alrededor de su cintura y su mano en su
garganta.

Daniel sostuvo un cuchillo.

—¿Qué diablos? —explotó Lucian.

Julia cerró brevemente sus ojos.

—Ha sido...

—Cállate —Daniel le advirtió, su mano se movía solo una fracción


de pulgada—. Dices una palabra y mueres, mueres ahora.

Un amargo estallido de pánico iluminó a Lucian. No tenía idea de


lo que estaba pasando o dónde estaba su hermana, pero en ese momento,
lo único que le preocupaba era sacar a Julia fuera de peligro.

—Déjala ir, Daniel. —Mantuvo sus manos en alto—. Por favor. Lo


que sea que esté sucediendo aquí no tiene nada que ver con ella.
Simplemente deja que se vaya.
El cuchillo que apuntaba al cuello de Julia tembló.

—Tienes razón. No tiene nada que ver con ella. Es más como que
estaba en lugar equivocado y en el momento equivocado. Se suponía que
no debía estar arriba. Se suponía que ninguno de ustedes debería estarlo.

La mirada de Lucian se dirigió a Julia. Un movimiento equivocado,


y se acabaría para ella, para ellos. Luchó por mantener la calma.

—Necesitas explicarme qué está pasando, Daniel.

La cara del joven estaba pálida.

—Ninguno de ustedes debía estar arriba. Hubiera tenido tiempo,


pero ella estaba allí y alineó esas malditas pinturas.

—Yo no... No puse esas pinturas allí —dijo Julia, haciendo una
mueca—. Oí pasos. Subí las escaleras para comprobar. Eso es todo.

—¿Los pasos? ¿Has sido tú? —demandó Lucian mientras un rayo


cruzaba el cielo—. ¿Todo este tiempo?

—Qué bueno que esas cámaras no funcionan, ¿verdad? Supongo


que tengo que agradecer a los fantasmas por eso. —Daniel se rió, pero el
sonido fue forzado—. Dios, no tienes idea. Eres un jodido idiota.

Las manos de Lucian se cerraron en puños.

—Entonces tal vez puedas ayudarme a entender. Deja ir a Julia y


tú y yo podemos hablar. Déjala ir y no te lastimaré. Solo hablaremos.

—Sí claro. ¿Piensas que soy estúpido? Sé que siempre pensaste eso
sobre mí, pero no soy el idiota. Diablos, no. —Comenzó a alejar a Julia
del dosel—. Voy a arreglar esto. Me ocuparé de esto, como si me hubiera
ocupado de todo durante diez jodi…

Lo que sonaba como una botella de champán siendo destapada


hizo eco en el techo. Daniel retrocedió y, al mismo tiempo, Julia gritó.
Rojo esparció el lado de su rostro mientras Lucian gritaba. Daniel cayó al
suelo, y el cuchillo resonó en el techo cuando Julia se inclinó hacia
adelante, cayendo de rodillas.

Lucian ni siquiera miró hacia atrás. Fue hacia adelante,


alcanzando el costado de Julia. Se arrodilló, agarrándole los lados de su
rostro ensangrentado mientras el pánico se abría con zarcillos helados.

—¿Estás bien? Julia, cariño, háblame.


—Estoy bien. —Respiró temblorosamente mientras levantaba la
barbilla. Sus ojos estaban muy abiertos—. La sangre, oh, Dios mío. —
Comenzó a alejarse y mirar detrás de ella.

—No mires. —Lucian la detuvo, cruzando un brazo sobre sus


hombros, tirando de ella hacia su pecho. Daniel estaba tumbado de
espaldas, con la mitad de la cabeza afuera. Se concentró en Julia,
limpiándose la sangre y los rastros de ella de su mejilla con sus manos.
Sus manos temblaban—. Dios, pensé... Pensé que iba a perderte, que te
perdí.

Julia estaba temblando tanto que estaba balanceando su cuerpo


mientras miraba por encima del hombro y vio a Dev parado a varios pies
de la entrada del techo, con una pistola en la mano.

—No tienes idea de cuánto tiempo he querido hacer eso. —Dev bajó
el arma—. Qué bueno que los escuché a todos gritar.

Lucian tosió hasta dejar salir una risa áspera. Demonios, acababa
de golpear a Dev en el culo y su hermano acaba de salvar la vida de Julia
y... mató a su primo.

La mente de Lucian estaba dando vueltas.

De repente, Julia se apartó de Lucian. Sus manos se clavaron en


su camisa.

—Lucian, tu hermana...

Dev gritó una advertencia que terminó en un gruñido. Un segundo


después, sus rodillas se doblaron y cayó hacia adelante, el arma se le
escapó de las manos. Cayó y no se movió.

Donde alguna vez estuvo Dev, Maddie estaba, inmóvil como un


fantasma en el camisón blanco en el que Julia la había vestido antes.

—No tienes idea de cuánto tiempo he esperado para hacer eso.


Capítulo 31
Traducido por Maria97Lour

L ucian tardó en levantarse.

—¿Maddie? ¿Qué…? ¿Qué hiciste?

—Vivirá. Por ahora. —Su hermana se arrodilló, dejando caer lo que


fuera que utilizara para noquear a Dev. Tomó el arma—. ¿Está muerto?
¿Daniel está muerto?

Cuando Lucian no respondió, ella gritó:

—¡Muévete! Aléjate de él.

Alcanzando detrás de él, sintió la mano de Julia doblarse alrededor


de la suya. La ayudó a ponerse de pie. Se alejaron de Daniel.

—Maldita sea —lloró Maddie cuando llegó a su lado. Se arrodilló,


colocando su mano sobre su pecho—. Daniel. Bebé.

Lucian estaba en estado de shock, shock absoluto.

—Maddie, estás caminando, estás hablando. Yo no…

—No entiendes. Lo sé. Lo siento. Realmente lo hago. —Cogió la


mano inerte de Daniel y le dio un beso—. No quería que vieras nada de
esto. No debiste hacerlo. Se suponía que no debía ser de esta manera.

Lucian estaba estupefacto.

—¿Qué se suponía que no fuera de esta manera? ¿Qué diablos,


Maddie? ¿Qué está pasando?

Su hermana se enderezó y dejó caer la cabeza hacia atrás mientras


suspiraba.

—Debería haber sabido que Daniel sería asesinado. Si él solo. . . si


hubiera mantenido su mierda todo este tiempo, como yo lo he hecho
durante años, esto hubiera funcionado, pero no. En el momento en que
apareció en esta casa, sabía que iba a arruinar todo.
—¿Tú…? ¿Has estado con él todo este tiempo? —preguntó Lucian,
sorprendido por su tranquilidad.

—Sí —dijo, bajando la cabeza. El viento levanto los largos y rubios


mechones colocándoselos alrededor de la cara—. Todo estuvo bien.
Nosotros… finalmente nos dejaron solos y me sentí feliz, pero
simplemente... nos quedamos sin dinero. Teníamos que hacer algo.

El shock dio paso a la repulsión cuando lo que su hermana estaba


diciendo comenzó a hacer clic en su lugar.

—¿Qué quieres decir?

Las manos de Julia empujaron la espalda de Lucian.

—Estaban juntos. Ellos eran…

—¡Estábamos enamorados! —gritó Maddie—. Sé que


probablemente todos piensan que está mal, pero no me importa. ¡Nos
amamos uno a otro! Y todo lo que siempre quisimos fue estar juntos.

Lucian sintió un nudo en el estómago.

—Eso es todo. —Maddie negó con la cabeza—. Pero conoces a


Daniel. Él es tan… tan débil a veces. Todo lo que tenía que hacer era
confiar en mí para encargarme de esto, y luego estaríamos juntos de
nuevo. Eso es todo lo que tenía que hacer. ¿Y ahora? Míralo.

No necesitaba mirar a Daniel.

—Dios, Maddie, ¿qué has hecho?

—¡No es mi culpa! —gritó—. Él cometió un error y supe que se


equivocó cuando apareció aquí. Sabía que solo sería cuestión de tiempo
antes de que lo arruinara y todo hubiera terminado, así que tenía que
arreglar esto. Todavía podemos arreglar esto.

Tambaleándose al darse cuenta de que su hermana había estado


con su primo, realmente había estado con él, y viviendo con él todo este
tiempo, sintió náuseas.

—Dime. Dime qué está pasando aquí.

Maddie miró a Dev y luego exhaló pesadamente.

—Volvimos porque necesitábamos dinero y sabía cómo podríamos


conseguirlo, no solo Daniel y yo, sino también tú, Lucian. Sabía lo que
podía hacer, pero... pero no sería fácil, así que tuve que...
—¿Tuviste que mantenerte alejada durante diez años? ¿Me
preocupaba que, y Dios lo sabe, que era lo que te estaba pasando? ¿Sabes
siquiera...? —Se cortó antes de perderlo—. ¿Entonces vuelves y has
estado fingiendo esta enfermedad? —Sus manos se abrieron y se cerraron
a los costados—. Jesús, esto fue... Maddie, esto es un desastre.

—Por favor, déjame explicarte, y luego lo entenderás. ¿De acuerdo?


¿Por favor? —suplicó su hermana.

No había forma de que Lucian entendiera algo de esto, pero asintió,


porque tenía que intentarlo. Tenía que saber qué había impulsado a su
hermana a hacer esto. Tenía que descubrir cómo nunca podría haber
visto venir esto cuando sus hermanos…

Cuando sus hermanos siempre habían sospechado del regreso de


Maddie.

—No quería irme durante todos estos años, pero tenía que hacerlo.
Solo quería estar con Daniel, pero tuve que dejarte.

—¿Porque no hubiera aceptado lo que tú y Daniel estaban


haciendo?

—Porque probablemente lo hubieras matado si te hubieras


enterado —dijo ella, y maldita sea si esa no era la verdad—. Pero tuve que
hacerlo porque… —Presionó sus labios mientras daba un paso sobre Dev.
Mientras caminaba por el techo, mantuvo la pistola apuntando hacia
ellos hasta que se agachó por el jarrón plateado que Dev lleno de flores
frescas. Ella lo miró por un momento—. Amé a mamá. ¿Lo sabes bien?

Un terror completamente nuevo llenó a Lucian.

—Pero nos descubrió a Daniel y a mí —dijo Maddie en voz baja—.


Estaba recibiendo impresiones de mis mensajes de texto. Nos atrapó
juntos.

—Oh Dios, no —susurró Julia, envolviendo sus brazos alrededor


de la cintura de Lucian.

—Estuvimos aquí cuando ella me dijo que sabía que Daniel y yo


estábamos juntos y que estaba mal. Ya sabía que estaba mal. No soy
estúpida, pero no cambió la forma en que me sentía. —Sollozando, se
levantó, limpiándose los ojos—. Me prohibió ver a Daniel, me dijo que si
no la obedecía, se lo diría al padre de Daniel. Solo... No sé lo que pasó.
Nos estábamos gritando la una a la otra, y solo quería… quería que se
detuviera y se callara, pero no lo haría y simplemente sucedió.
—No —dijo Lucian. Su corazón se estaba rompiendo—. No, Maddie.

Ella levantó su mirada hacia el cielo.

—La empujé y ella… Mamá perdió el equilibrio. Fue un accidente,


Lucian. No quise hacerlo solo sucedió.

Todo. Todo se detuvo dentro de Lucian. ¿Su madre no se suicidó?


¿Había sido Maddie? ¿Todo este tiempo había sido ella?

Los brazos de Julia se apretaron alrededor de su cintura justo


cuando se balanceaba. Sus pies… su mundo era inestable, desviado.

—Tuve que irme —continuó—. Entonces fui a Daniel. Le dije lo que


sucedió y me llevó a la casa del lago de su padre. A la que nunca van.
Yo... Me quedé allí con él. Nunca iba a volver. Nunca tendrías que saber
la verdad. Iba a estar lejos, pero... pero nos quedamos sin el dinero que
su padre le dejó y... necesitábamos dinero para sobrevivir Así que tuve
que volver a casa. Tenía que hacerlo... Tenía que asegurar nuestro futuro.

Lucian estaba entumecido. Si Julia no lo hubiera estado


sosteniendo, estaría de rodillas.

—Tenía un plan, porque sabía la verdad. Yo sabía la verdad. Iba a


regresar y fingir estar enferma. Me daría la oportunidad de encontrar el
diario de mi madre.

—¿Es por eso que Daniel nos pidió que revisáramos sus cosas?

—Ahí es cuando los planes cambiaron. —Arrastró su mano sobre


su cabeza—. Se suponía que Daniel no debía estar aquí en absoluto, no
entonces. Necesitaba tiempo para entrar en su habitación y su diario,
porque había una clave que necesitaba para llegar a los papeles.

—¿Qué papeles? —demandó Lucian, recordando vagamente haber


visto una llave enganchada al diario que Julia había encontrado.

—La prueba —dijo Julia.

¿De qué diablos estaban hablando?

Maddie asintió.

—La prueba: las pruebas de ADN que mamá había hecho cuando
éramos solo niños. Ella lo sabía. Me lo dijo, Lucian. Me dijo la verdad y
me pidió que no se lo dijera a nadie, y la escuché. ¡Mantuve ese secreto y
al final arruinó todo!

Su estómago se retorció.
—¿Qué pruebas?

Maddie saltó, sobresaltada cuando un rayo cayó cerca.

—Sabía que nosotros, que tú y yo, éramos los verdaderos


herederos. Éramos los únicos hijos de Lawrence.

—Tú... no puedes estar en lo cierto. —Lucian negó con la cabeza,


su estómago tocando fondo—. No hay forma…

—Es cierto, Lucian. Devlin y Gabe no eran sus hijos. Nosotros sí —


dijo ella—. Mamá me lo dijo. Me dijo que nos hizo una prueba a todos.
Ella tenía la prueba. Está en una caja fuerte.

—En el armario —susurró Julia—. Santa mierda, está debajo de


las tablas del piso.

Maddie asintió.

—Has estado leyendo el diario de mamá, ¿no? No te culpo. Me


gustas, Julia. Tú eres... dulce, pero realmente desearía que me hubieras
traído el diario. Entonces tal vez nada de esto hubiera sucedido. Quizás
hubieras podido ir a casa.

Lucian se puso rígido.

—Tú eres mi hermana. —Alcanzó su espalda, presionando su mano


en la cadera de Julia. La inclinó hacia atrás, efectivamente
manteniéndose entre la chica que ya no conocía y la mujer de la que sabía
que se estaba enamorando—. Pero no dejaré que lastimes a Julia.

—No tienes elección. —Soltó una risa rota—. No podemos tener


testigos.

Se concentró en ella y en el arma que apretó con fuerza en su mano


pálida, y continuó apartando a Julia de la vista de su hermana. Tenía
que mantener a Maddie hablando hasta que descubriera cómo terminar
con esto.

—¿Por qué no llegaste a casa a decirnos la verdad? Si Lawrence


fuera realmente nuestro padre, ¿por qué no decirlo? ¿Por qué pasar por
todo esto?

—¿Porque qué diferencia habría hecho? Dev se habría asegurado


de que la verdad quedara enterrada y de que nuestro padre aún estuviera
vivo. Definitivamente lo habría tapado. Siempre quiso a Dev y Gabe.
Nunca nosotros Tenía que irse antes de que pudiera encontrar los
papeles.
¿Tenía algo que ver con la muerte de Lawrence?

Julia de repente se tensó detrás de él. El movimiento por el rabillo


del ojo llamó su atención.

Gabe.

Estaba en casa y en el techo, cada vez más cerca de donde estaban


todos.

—¿Por qué las pinturas? —preguntó, manteniendo a Maddie


enfocada en él.

Ella se encogió de hombros.

—No lo sé. Solo quería que alguien viese la verdad. Solo lo quería.

Lucian negó con la cabeza. Dios, ni siquiera conocía a esta persona


parada frente a él. Era un fantasma, un fantasma retorcido.

Gabe se acercó.

—¿Así que mataste a Lawrence? —preguntó, ya sabiendo la


respuesta. Tenía sentido ahora. Si Lawrence todavía estuviera vivo, no
importaría quiénes eran los verdaderos herederos. Con él desaparecido y
la prueba de que Lucian y Maddie eran sus hijos, el testamento podría
ser impugnado.

Su plan era loco.

Y no fue solo el plan el que le demostró que nunca supo quién era
ella. Fue su relación con su primo. Era el hecho de que había matado a
su madre, accidente o no.

Maddie se rió roncamente.

—Ese era nuestro plan. Esa fue la única vez que se suponía que
Daniel estaría aquí. Lo mataríamos y luego... Entonces podría probar que
éramos sus hijos. Es por eso que volví de esta manera. Necesitaba
personas para no sospechar de mí.

Ella lo había engañado, pero no a sus hermanos. No a ellos.

—Pero no lo matamos. —Se rió de nuevo, limpiándose la cara


mientras una nueva oleada de lágrimas recorría su rostro.

—Mentira —dijo.
—No tienes que creer eso, Lucian, pero juro que no fuimos
nosotros. Aquí hay un asesino, y no soy solo yo. No soy la única, pero voy
a tener que hacerlo de nuevo. —Estabilizó el arma—. Podemos arreglar
esto, pero ella tiene que irse. Lo mismo ocurre con Dev.

Su corazón se detuvo en su pecho.

—Tú y yo podemos arreglar esto juntos. —Ella respiró hondo—.


Podemos arreglar esto. Como solíamos hacerlo. ¿Recuerdas? Cuando
nosotros…

Sucedió tan rápido.

Pero todavía tenía tiempo de advertir a su hermana. Pudo haber


detenido a Gabe. Todo esto podría haber terminado diferente. Pero
mantuvo el enfoque de Maddie en él.

Y una pequeña parte de él murió allí mismo.

Gabe se lanzó hacia adelante, empujando su hombro al lado de


Maddie. El arma disparó, pero el objetivo fue apagado. La bala salió
disparada inofensiva hacia el cielo. Tanto su hermano como su hermana
cayeron al costado, hacia el borde del techo.

Lucian se lanzó hacia adelante, corriendo hacia ellos mientras


caían hacia atrás. Llegó a sus lados justo cuando otra raya iluminaba el
cielo. Hubo solo una fracción de segundo, pero el tiempo fue más que
suficiente para no mentirse a sí mismo, fingir que no estaba haciendo
una elección entre salvar a su hermana gemela o su hermano.

Agarró el brazo agitado de Gabe, tirando de él hacia atrás mientras


su hermana gritaba, el sonido perdido en el trueno y luego silenciado por
el suelo de abajo.
Capítulo 32
Traducido por AnamiletG

M addie no había estado mintiendo.

Encontró la caja de seguridad debajo de las tablas del suelo


del armario. La llave adjunta al diario abrió la caja, y
dentro de ella estaban los resultados de paternidad. El ADN demostrando
que Lucian y Maddie eran, de hecho, los hijos biológicos de Lawrence, y
ni Gabe ni Dev lo eran.

Había sido un shock para todos ellos.

Demonios, todo había sido un shock, a pesar de que sus hermanos


nunca confiaron en el regreso de Maddie. Debería haberlos escuchado.

Las últimas veinticuatro horas estaban borrosas.

Una vez que Dev se había despertado, él y Gabe se pusieron a


arreglar las cosas mientras Lucian sacaba a Julia de la azotea y a su
habitación para limpiar y asegurarse de que estaba bien.

Además de algunos moretones y un conjunto de imágenes mentales


que probablemente nunca olvidaría, Julia estaba bien.

Mientras Lucian estaba con ella, uno de los hermanos llamó a


Richard. A pesar de la hora, el hombre había venido e hizo lo que tenía
que hacer.

Sus hermanos hicieron lo que necesitaban.

Con la ayuda de Richard, todas las pruebas de que su hermana


había regresado a casa desaparecieron. Toda su presencia había sido
borrada de la casa. Y la casa del lago en la que Maddie se había
escondido, bueno, la casa del lago ya no existía.

Entonces se llamó a Troy, y esa noche se reescribió. La historia


oficial era en parte cierta, en parte no. Daniel había entrado y había
estado amenazando a Julia y a Lucian. Dev había salvado el día, pero no
antes de que Daniel admitiera tener problemas financieros. La policía
salió. Todos fueron interrogados. Julia, quien fue introducida a Troy
como la novia de Lucian, respaldó la historia.

Más de una persona, incluido Troy, especuló abiertamente sobre la


participación potencial de Daniel en la muerte sospechosa de Lawrence,
y ninguno de ellos la corrigió. Lucian sabía que cuando comenzaran a
investigar a Daniel, encontrarían problemas financieros, pero no
encontrarían nada con respecto a Maddie.

Para el mundo, Maddie seguía desaparecida y nadie sabría la


verdad de lo que era responsable. Esa era su carga para llevar.

Y además, Lucian realmente no creía lo que su hermana decía. No


cuando Maddie había demostrado que era una estafadora y una asesina
que estaba dispuesta a matar de nuevo.

El sol ya estaba en lo alto en el cielo cuando la policía se fue y


Lucian finalmente estaba a solas con Julia. No podía hablar con ella
sobre nada de eso, y ella parecía sentir eso. Incluso después de todo lo
que había pasado, le ofreció un consuelo maravilloso con su cuerpo, y él
lo tomó, se lo tomó todo y le hizo el amor lenta y meticulosamente. Se
quedó con ella hasta que se durmió en sus brazos, hasta que supo que
tenía que dejarla para ocuparse de una última cosa con sus hermanos.

Lucian había levantado la manta y se la había puesto sobre los


hombros. Besando su mejilla, se apartó de la cama y se puso un par de
jeans. Agotado hasta el fondo, agarró la carpeta de papeles y se dirigió al
piso de abajo.

Dev y Gabe estaban en el estudio, ambos en silencio cuando él


entró. Ninguno de los dos levantó la vista cuando cruzó la habitación.
Inclinándose, encendió la chimenea de gas. Las llamas rugieron a la vida.

—¿Frío? —preguntó Gabe.

No respondió mientras abría el archivo y sacaba los papeles.

—Estos son los resultados de la paternidad. Me estoy deshaciendo


de ellos.

—No tienes que hacer eso —dijo Dev.

No. Lo sabía.

—Estos documentos no cambian nada. Lawrence no era mi padre.


—Empezó a arrojar los papeles a las llamas—. Nunca lo será.
Dev lo detuvo, atrapándolo por el brazo. Sus miradas se
encontraron.

—Podrías tener todo.

—No quiero todo —dijo, lo cual sentía—. No quiero nada de eso.


Nunca lo quise. Eso no ha cambiado.

Durante un largo momento, Dev sostuvo su mirada y luego colocó


su otra mano alrededor de la nuca de Lucian. Dev presionó su frente a la
de Lucian.

—Nunca quise tener razón acerca de Madeline —dijo en voz baja.

Se le formó un nudo en la garganta a Lucian.

—Lo sé.

Varios minutos pasaron, y luego Dev lo dejó ir. Inhalando un poco


de aire que no hizo mucho, Lucian tiró los papeles en las llamas.

Los tres vieron la evidencia convertirse en cenizas.

Sintiéndose más pesado que en años, Lucian caminó hasta el sofá


y se dejó caer a su lado. Le dieron un vaso de whisky, y se bebió la mitad
de un trago.

Descubrir lo que su hermana había hecho, lo que ella había estado


haciendo había alterado todo lo que Lucian había sabido y creído. ¿Su
madre? ¿Su jodido padre?

Por qué… ¿Por qué Lawrence lo había tratado como lo había


hecho? ¿Trataba a Maddie de la forma en que lo hizo? Tal vez, solo que
tal vez si el hombre hubiera sido un verdadero padre para ellos, Maddie
no hubiera terminado como lo hizo.

Y nunca tendrían las respuestas.

Nunca sabría si Lawrence sabía la verdad, y si lo hubiera hecho,


Lucian nunca sabría por qué los trato como lo hizo.

Hombre, eso era algo difícil de aceptar. Ni siquiera sabía cómo.

—No puedo creer que haya estado en esta casa cuando no


sabíamos —dijo Gabe, rompiendo el silencio—. Jesús.

¿Los pasos? ¿La sombra que Julia había visto mientras estaba en
la ducha? Algo de eso había sido Maddie. Algunos habían sido Daniel. Si
ese punk no fuera un cocodrilo, Lucian se aseguraría de que lo fuera.
—Lo siento —dijo Gabe—. No quise llevarla al límite.

—Lo sé. —Lucian cerró los ojos—. Podría haberlos agarrado a los
dos. Pero solo te agarré a ti. Esa es la verdad.

—No empieces con eso —ordenó Dev—. Y, Gabe, hiciste lo que


tenías que hacer. Todos lo hicimos.

Lo hicieron.

Como lo habían hecho antes.

Como siempre lo hicieron.

No hizo nada de esto más fácil.

—Tal vez es verdad —dijo Lucian después de un par de momentos.

—¿Qué? —Gabe se volvió hacia él.

Una sonrisa irónica torció sus labios.

—La maldición, toda esa mierda. Quiero decir, miren a nuestro


alrededor. Miren lo que le ha sucedido a casi todas las mujeres de nuestra
familia, a las mujeres que conocemos. Esta casa, este nombre lo mancha.

Gabe se puso rígido.

—Lucian…

—No puedes decirme que no lo crees. ¿Después de todo? —Su


mano se apretó sobre el vidrio—. Después de lo que pasó contigo, con lo
que está sucediendo ahora con Emma y tu hijo.

Su hermano miró hacia otro lado.

—Nuestra hermana mató a nuestra madre y luego se escondió


durante diez años. Regresó y fingió que no podía caminar ni hablar. No
puedes decirme que eso es una mierda normal.

—No es normal. —Dev se sentó en la silla frente a ellos—. No es


normal tener una familia que la gente cree que está maldita.

Lucian resopló.

El silencio cayó entre ellos y luego Gabe preguntó:

—¿Cómo estás manejando esto?

—No lo sé. —Lucian forzó una sonrisa mientras miraba su vaso—.


Pregúntame otra vez en cinco años.
—¿Qué vas a hacer con Julia?

—Si él fuera inteligente, la sacaría en el próximo vuelo de aquí. —


Dev miró a las llamas—. Ya no la necesitamos.

—No te estaba preguntando a ti —dijo Gabe, su tono endurecido


de una manera que Lucian nunca antes había escuchado—. Te
preocupas por ella. Sé que lo haces.

Había una buena posibilidad de que el cristal se rompiera en el


agarre de Lucian. La verdad era que todavía necesitaba a Julia. La
necesitaba ahora más que nunca y se preocupaba por ella.
Profundamente.

Sabía que la amaba.

Y Lucian sabía lo que tenía que hacer.


Capítulo 33
Traducido por Maria97Lour

G irando sobre su costado, Julia hizo una mueca ante la


punzada de dolor a lo largo de sus costillas. Era un dolor
sordo, pero tuvo suerte de que no las tuviera rotas.

Era muy afortunada en tantas cosas.

Con los ojos todavía cerrados y el corazón dolorido cuando los


acontecimientos de la noche anterior volvieron a ella, se acercó a Lucian,
pero su mano golpeó el aire y nada más. Con las cejas fruncidas, abrió
los ojos. La luz del día estaba bloqueada principalmente por las gruesas
cortinas, pero los fragmentos de luz se arrastraban por el suelo de
madera al pie de la cama.

Sosteniendo las sábanas contra su pecho y teniendo cuidado de no


forzar de sus sensibles costillas, miró alrededor de la habitación de
Lucian. Se quedó sin aliento cuando lo vio.

Lucian estaba sentado en una silla frente a la cama, medio cuerpo


echado en las sombras de la habitación. Tenía las piernas abiertas y, por
lo que podía ver, estaba inclinado en la silla, con un codo apoyado en el
brazo de esta y los dos dedos cruzados sobre los labios.

No se movía, tan quieto que podría haber sido confundido con una
escultura. La inquietud floreció cuando sus dedos se enroscaron
alrededor del borde de la manta.

—¿Lucian? —Se sintió estúpida por preguntar, pero tenía que


hacerlo—. Eres tú… ¿Estás bien?

Él no respondió durante un largo, demasiado, largo momento. La


inquietud creció como una mala hierba nociva enrollándose en la boca
de su estómago y extendiéndose por sus venas, amenazando con
estrangularla.

—Lo estaré —respondió, su tono vacío y plano—. Eventualmente.


Ella se humedeció los labios, haciendo una mueca cuando tocó el
corte a lo largo del labio inferior.

—Esa fue una pregunta estúpida. Lo sé pero…

—No es estúpida. —Hubo una pausa—. ¿Dormiste bien?

—Sí. Yo... creo que sí. —Entre todo lo que había pasado, había
estado agotada y había dormido lo suficiente, tanto que fue la clase de
sueño en la que ni siquiera recordabas lo que habías soñado—. ¿Dormí
mucho?

—Has dormido lo suficiente.

El aire se enganchó en su garganta otra vez. Deslizándose hacia el


pie de la cama, mantuvo la sábana sobre su pecho. Lucian había visto
cada centímetro de su cuerpo y algo más, pero se sentía extrañamente
vulnerable en este momento, así que sostuvo la sabana cerca. Su tono,
estaba apagado. Todo sobre él estaba apagado.

Lo último que recordaba era el sosteniéndola antes de quedarse


dormida.

—¿No dormiste en absoluto?

—Realmente no.

Julia puso sus pies en el suelo pero se detuvo, deseando que dijera
algo más, cualquier cosa. En vez de eso, simplemente se sentó allí,
mirándola desde las sombras. Pequeños nudos se formaron en su
estómago.

Julia ni siquiera podía comenzar a saber lo que estaba pensando,


qué estaba sintiendo. Sus hermanos podrían haber sospechado que las
cosas con Madeline no eran lo que parecían, pero Lucian siempre había
defendido a su hermana gemela. Ella se había enamorado del encantador
acto de Maddie, pero para él, era diferente.

No solo había descubierto que su hermana no era más que un


fraude, se había enterado que había matado a su madre. Los golpes no
habían dejado de llegar. Se había pasado la vida creyendo que el hombre
que los crió no era su padre y que por eso había sido tan odioso con ellos.
Pero esa no había sido la verdad.

¿Cómo podría Lucian siquiera procesar eso, que estaba más allá
del entendimiento de Julia, y era poco probable que supiera por qué su
padre se había comportado de esa manera con él y Madeline? Ninguno
de ellos sabía dónde estaba el diario de su madre ahora. Se perdió con
todos los fantasmas del pasado.

Y él... tuvo que ver morir a su hermana.

Sabía que él no iba a estar bien. No por un tiempo, y eso estaba


bien, porque ella estaría allí para él.

—Dime —dijo, buscando su mirada a través de las sombras—.


Dime qué puedo hacer por ti.

Hubo un largo silencio y luego dijo:

—Me alegro de que hayas dicho eso. Hay algo que puedes hacer por
mí.

—Cualquier cosa —respondió de inmediato.

Lucian finalmente se movió. Se levantó, y ella levantó la cabeza,


esperando que viniera a ella. No lo hizo. Lucian caminó hacia una
pequeña mesa pegada a la pared, junto a la puerta que conducía a su
sala de estar. Cogió algo, una carpeta. Volvió a ella, sosteniéndola.

Julia lo miró fijamente.

—¿Qué es esto?

—Es tu futuro —respondió.

¿Su futuro? Aturdida, le quitó la carpeta. Tan pronto como estuvo


en su mano, retrocedió, alejándose y caminando hacia las puertas de
entrada. Colocó la carpeta sobre la cama y la abrió.

—No entiendo...

Las palabras se escaparon, muriendo en el silencio mientras


miraba los objetos que tenía ante ella. Dos cheques certificados. Una era
el beneficio que Lucian le había prometido. Nunca había visto tantos
ceros después de un número en su vida. El otro tenía que ser su salario,
pero era mucho más del que habían acordado.

Con el corazón latiendo con fuerza, apartó el cheque a un lado y


jadeó. Un boleto de primera clase a Harrisburg, programado para
mañana por la mañana, le devolvía la mirada.

Parpadeó y luego negó con la cabeza. Gesto tonto, porque los


objetos no desaparecieron. Estaban allí, y aunque su cerebro estaba
gritando, diciéndole lo que quería decir, su corazón no quería escuchar
ni creer.
Lentamente levantó su mirada hacia él.

—¿De qué se trata esto?

—Sabes qué significan estas cosas.

Julia se estremeció ante la frialdad de su voz. Cerrando el archivo,


lo agarró con una mano mientras se levantaba.

—Sí, sé lo que significan. No soy estúpida. Lo que no entiendo es


por qué.

Bajó la barbilla mientras levantaba una mano y se la pasaba por el


pelo.

—También sabes el por qué, Julia.

Dio un suspiro tembloroso mientras su estómago se revolvía de una


manera que la hacía sentir como si el suelo se moviera bajo sus pies a
pesar de que estaba quieta.

—¿Quieres que me vaya? ¿Ir a casa y...?

—Puse algo extra —dijo rotundamente, dándole la espalda—. Por


el dolor y sufrimiento…

—¿Y para mantener mi boca cerrada?

Los músculos a lo largo de su espalda se pusieron rígidos.

—No dije eso. Sé que no contaras a nadie lo que viste aquí, lo que
sucedió aquí. Eres una buena persona.

Sus dedos se clavaron en la carpeta cuando la presión se apoderó


de su pecho.

—Soy una buena persona, pero me estás pagando...

—No quiero que lo veas así —dijo con la misma maldita voz. Sin
emociones. Plana—. Pero si lo haces, esa es tu elección.

—¿Mi elección? ¿Estás jodidamente bromeando? Nada de esto es


mi elección. Estás tomando estas decisiones por mí.

Lucian dejó caer su mano a su lado.

Julia se forzó a tomar una respiración lenta y regular a pesar de


que tenía ganas de gritar.
—Sé que has pasado por mucho, Lucian. Sé que necesitas tiempo
para lidiar con esto, pero alejarme...

—No te estoy alejando, Julia. —Sus manos se cerraron en puños—


. Estoy terminando esto.

Su boca se abrió, pero no hubo palabras para lo que pareció una


eternidad. Su pecho se quebró. Se rompió como si fuera una ramita seca.

—Yo…

—Richard y Livie tienen tus pertenencias empacadas. Ya han sido


preparadas —dijo, silenciándola—. Puedes tomarte tu tiempo
preparándote. Cuando lo hagas, Richard te llevará a uno de los hoteles
cerca del aeropuerto para pasar la noche.

Julia retrocedió un paso mientras lo miraba. Una bola cruda y


amarga se elevó en su garganta. Las palabras salieron antes de que
pudiera detenerlas, pero en el momento en que las dijo, supo que eran
ciertas.

—Te amo, Lucian. Me he enamorado de ti.

La columna vertebral de Lucian se tensó y se quedó quieto, pero no


dijo nada. No dijo nada.

Las lágrimas nublaron la visión de ella. Apartó la mirada, su


mirada se posó en la cama, donde acababan de hacer el amor unas horas
antes. Ahora parecía que fue hace una vida, y él estaba terminando esto.

La ira construida debajo del alambre de púas que apretaba


alrededor de su corazón cortando su interior.

—¿Ni siquiera puedes mirarme cuando dices esto?

Nada.

Ninguna respuesta.

La ira estalló, explotando como un volcán.

—¡Mírame! —gritó—. ¡Mírame y di que quieres que me vaya!

Hubo un silencio y luego Lucian lentamente se dio la vuelta. Esos


hermosos ojos verdes se encontraron con los de ella.

—Necesito que tomes el dinero y te vayas.

—No quieres decir eso.


Su mandíbula se apretó.

—No perteneces aquí, Julia.

Fue como si la hubieran golpeado en la cara, dio un paso atrás. Su


mano fue a su boca. Las lágrimas humedecieron sus pestañas. Sus
labios temblaron contra su palma cuando la ira y la tristeza la
atravesaron. Quería enojarse con él, pero sabía que si se quedaba un
momento más, lo perdería. Los gritos darían lugar a más lágrimas.

Él solo rompió su corazón, lo rompió en pedazos de una manera


que sabía que probablemente nunca se recuperaría completamente, pero
no destruiría su orgullo. Ella no iba a pararse aquí y suplicar, para
suplicarle después de que él dijera eso.

Julia hizo lo que le pidió.

Ella lo dejó.

Lucian no tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde el


momento en que Julia salió de la habitación. No se había movido, pero
sabía que había pasado un tiempo. No pudo borrar la expresión de
traición en el rostro de Julia. Si parpadeaba, estaba allí en la oscuridad.
Si él abría los ojos, veía su cara pálida dibujada y los moretones que se
destacaban claramente. Veía las lágrimas en sus ojos.

El palpitar irregular de su corazón, el desamor y luego la ira en su


voz resonaron en su cabeza. Quería que ella se enojara, porque era más
fácil lidiar con eso. ¿El dolor, sin embargo? Se talló a través de sus tejidos
y huesos.

Decirle que se fuera no era lo que quería hacer.

Era lo que necesitaba hacer.

Lucian sabía que había hecho lo correcto. No fue una decisión


impulsada por el whisky, aunque probablemente había bebido su peso
en esa mierda. A pesar de que había una parte lógica de él que no creía
en las maldiciones, al final no importaba. No era bueno para Julia. No él.
No lo era su jodida familia. La maldición puede ser una mierda o puede
ser real; no obstante, él y su familia la arruinarían.

Todos ellos tenían sangre en sus manos.


Y porque la amaba, estaba enamorado de ella, sabía que se merecía
algo mejor que el desastre que era su familia: su legado.

Estaba roto en fragmentos y pedazos que ahora estaban


envenenados.

Al igual que su padre. Mierda, ese hombre había sido su padre. La


bilis le subió por la garganta.

Aturdido, Lucian se encontró parado en su habitación. Ni siquiera


recordaba haber caminado, pero estaba allí. La cama estaba hecha, y
todas las pequeñas partes de Julia, las que hacían de esta habitación
una entidad viviente y respirable, se habían ido.

Era simplemente otra habitación que estaría encerrada y olvidada.


Otro espacio frío donde el amor debería haber crecido, pero de alguna
manera se había vuelto estéril o se había enfermado y retorcido.

Lucian cerró los ojos y tropezó, su espalda desnuda golpeando la


pared. Sus manos colocadas sobre sus ojos, las palmas presionando
hacia adentro. Su garganta ardía. Todo ardió.

Clavó las palmas en sus ojos, pero todavía vio a Julia. Todavía
podía oírla, y aún podía sentir su calidez y suavidad debajo de él. No
importa cuánto tiempo pasara, no podría sacarla.

Ni siquiera quería intentarlo.

—Mierda —dijo con voz áspera, dejando caer sus manos. Echando
su cabeza hacia atrás, miró alrededor de la habitación. Algo en la
cabecera de la cama llamó su atención. Acechando sobre las almohadas
apiladas, maldijo por lo bajo y agarró la delgada hoja de papel. Se vino
abajo.

Era el cheque.

El cheque de bonificación que le había prometido para que se


quedara.

Suficiente dinero para asegurar que su futuro fuera más que


cómodo.

Ella lo había roto.


Capítulo 34
Traducido por Mais

T
odo estaba mal.

Lentes de sol cubrían los ojos de Julia mientras estaba


sentada en la parte trasera del auto que Richard estaba
conduciendo. Los árboles y edificios a la distancia no eran más que un
borrón para ella.

Julia se sentía… inerte. Como si su cuerpo entero, por dentro y


fuera, hubiera sido rociado en lidocaína. Ni siquiera realmente recordaba
ponerse su ropa o dónde encontró a Richard. Julia no había perdido
tiempo. Solo tenía que salir, alejarse antes de tener una completa caída.
Apenas recordaba haberle dado un abrazo de despedida a Livie. La mujer
le había dicho algo, pero Julia no la había escuchado.

Todo lo que podía escuchar era a Lucian diciéndole que se vaya.

En todo lo que se podía enfocar era en su corazón destrozado y


enojo mientras rompía el cheque y lo dejaba en la cama. Un día
probablemente se arrepentiría de haber hecho eso, pero no podía tomar
ese dinero. Se sentía manchado y equivocado de alguna manera. El
dinero había sido usado para mantenerla aquí al principio y ahora para
enviarla lejos.

Todo estaba tan equivocado.

Dolor la atravesó, ocasionando que inhale profundamente mientras


miraba ciegamente por la ventana.

No perteneces aquí.

Otras tres palabras no podrían haberla herido más.

Amaba a Lucian. Tan loco como era incluso enamorarte de él, lo


había hecho. Había sido aterrador desde el momento en que se dio cuenta
que había desarrollado sentimientos por él. Había sabido entonces que
era arriesgado. Sus vidas no se parecían en nada, y había luchado con el
miedo de que nunca encajara, pero había confiado en él, había confiado
que nunca la haría sentir así. Al final, no importaba cuántas personas
levantaran sus narices hacia ella o la hacían sentir tonta en un vestido
bonito. Mientras estuviera a su lado, no le hubiera importado.

Apretó sus ojos contra la quemazón de lágrimas frescas. El


entumecimiento se estaba desvaneciendo, y lo que había sucedido
comenzaba a realmente encajar.

Habían estado en el auto cerca de treinta minutos, solo a mitad de


camino del aeropuerto, y ni siquiera había comenzado a lidiar con todo
lo que le había sucedido en las últimas veinticuatro horas.

Y sabía que Lucian tampoco lo había hecho.

Aquellas malditas lágrimas se liberaron, viajando por sus mejillas.


¿Cómo iba a continuar después de esto, como si nada hubiera sucedido?
¿Cómo Lucian se supone que iba a seguir?

Un temblor la atravesó. Se estaba yendo. Iba a hacer lo que Lucian


le había pedido, pero irse se sentía… se sentía mal. No porque dolía y esa
clase de dolor solo era el principio, sino porque se sentía como si ella…
como si se hubiera rendido.

Que aunque le había ordenado que se vaya, era ella rindiéndose


ante él… dándole el control al rendirse.

¿Había hecho lo correcto?

—Srta. Hughes, ¿puedo decir algo?

El sonido de la voz de Richard la sacó de sus pensamientos. Apartó


su mirada de la ventana y la levantó hacia el frente. Él no había dicho su
nombre durante todo ese tiempo. Si lo había hecho, no lo había
escuchado.

Se aclaró la garganta.

—Claro.

—No sé si Lucian alguna vez le dijo esto, pero cuando era pequeño,
era el chivo expiatorio. —Miró por el espejo retrovisor—. Para sus
hermanos y su hermana… especialmente su hermana. Se metería entre
Lawrence y Madeline. Lucharía por ella.

Limpiando las lágrimas de su rostro, dejó salir una respiración


temblorosa.
—Él… —Se detuvo mientras sacudía la cabeza—. Mencionó algo
así.

—¿Le contó que sus hermanos lucharon por él? Eso no sería una
mentira. Lo hicieron la mayoría del tiempo, pero no… no como lo haría
por ellos. No sabe lo lejos que ha ido por su familia. Incluso si cree que
lo hace, no lo sabe.

Julia bajó sus manos a su regazo, sus dedos curvándose en sus


palmas. Sabía algo de lo que había hecho por sus hermanos, algo de ello
atemorizante más allá de creerlo, pero había aceptado las cosas que había
hecho por lealtad y una fiera protección que sabía que ella mostraría por
su propia familia. ¿Había más?

Con Lucian, con los hermanos de Vincent, siempre había más.

Esto no era lo correcto.

Algo… algo poderoso y seguro se estaba construyendo dentro de


ella. Sus manos se abrieron y cerraron sin descanso.

La mirada de Richard se movió hacia el espejo retrovisor una vez


más.

—Nunca ha tenido a alguien que pelee por él de la forma en que ha


luchado por otros.

Inhaló profundamente.

—Tengo que preguntar. ¿Va a luchar por él, Julia?

Lucian estaba de pie frente de la puerta cerrada. Nunca en su vida


había entrado a la habitación. No cuando era un niño. No como adulto.
Pero ahora estaba de pie ante la habitación de su padre, donde su madre
ni siquiera durmió.

No sabía por qué vino aquí, pero había dejado la habitación de Julia
y de alguna manera aquí es donde se encontró. Lucian buscó la manija
de la puerta. Sin seguro, se abrió y aire helado salió mientras entraba.

La habitación era amplia, y eso no tenía nada que ver con su


muerte. Nadie había empezado a empacar su mierda todavía. Era solo
que su padre, su actual maldito padre, no veía la necesidad por cosas
frívolas e inconsecuentes. El mismo hombre no escatimaba en absoluto
con su atención y amor.

Lucian estaba de pie ante la cama, la única en esa casa que no iba
de acuerdo al diseño de Gabe. La cama estaba hecha, almohadas planas
en lo alto. A la derecha había un vestidor. Había una televisión montada
a la pared. Y una silla. Eso era todo.

Jodidamente vacía de vida.

Así como su padre.

Tal vez si Lawrence hubiera sido un mejor padre, Maddie hubiera…


no se hubiera convertido en la forma en que era. Tal vez si su padre de
hecho hubiera actuado como si les importara una mierda, ella no hubiera
terminado de la forma en que lo había hecho.

Él estaba muriendo por dentro.

Había perdido a su hermana. Había perdido a Julia.

Rabia roja sangró por cada poro. No pensó y entró a la habitación,


aferrándose a los bordes de la sábana. Liberando de un tirón la sábana y
colcha, las arrancó de la cama, lanzándolas al suelo.

Girándose, caminó a zancadas al televisor. Agarró la pantalla y jaló.


Músculos a lo largo de su brazo y espalda se flexionaron y se apretaron
mientras el aparato se atrapaba entre sus pernos. Pero la furia era una
droga poderosa. Yeso voló al aire mientras el aparato cedía, rompiendo
los pernos.

Lucian lanzó el televisor al piso, molares rechinando mientras la


pantalla crujía, luego se rompía.

La silla siguió, hacia la pared al lado. El hueco que rompió no hizo


nada, absolutamente nada para detener la rabia. Caminó a zancadas
hacia el vestidor.

Agarrando una caja de madera, la lanzó fuera del vestidor. Anillos


volaron a través de la habitación, deslizándose en el suelo. Cigarros
rodaron. Un reloj cayó contra la cama deshecha. No el que su padre
siempre usaba. Uno diferente que la madre de Lucian le había dado por
Navidad un año. El bastardo de su padre nunca lo usó, sin embargo. El
maldito precio todavía seguía puesto, casi una década después.
Se giró hacia el vestidor, a la siguiente pila de libros y botellas de
colonia. Deslizando su mano a través de lo alto, botó los libros y botellas.
El crujido y rompimiento de vidrio no hizo nada para atenuar su rabia.

El aroma abrumador de pino llenó la habitación mientras agarraba


el vestidor y le daba vuelta. Cajones cayeron, golpeándose contra el suelo.
Retrocedió, su cuerpo temblando y su respiración pesada. Quería
destrozar la habitación, erradicar cada pedazo de su padre.

—Lucian.

Cada músculo de su cuerpo se tensó mientras cerraba los ojos.


Mierda. Ahora estaba escuchando la voz de Julia. ¿Había perdido la
cabeza? Tendría sentido, considerando todo.

—Lucian —vino de nuevo la voz de Julia—. Por favor.

Una serie de piel de gallina se levantó sobre su maldita piel. Sus


manos se abrieron y cerraron a sus lados y luego, lentamente, se giró.

Julia estaba en la puerta, su cabello cayendo en ondas sueltas


alrededor de su afligida y pálida cara. Era realmente ella. De carne y
sangre.

Su pecho se levantó y cayó profundamente. No debería de estar


aquí. Dios, debería de estar muy lejos de él. ¿No le había dicho que se
vaya?

Su garganta tragó en un movimiento visible mientras daba un paso


adelante, deteniéndose cuando se tensó.

—¿Qué haces?

—Redecorando —dijo con voz ronca—. ¿Te gusta mi diseño?

Julia hizo una mueca cuando esos hermosos ojos cálidos brillaron.

—Oh Lucian.

—No lo hagas. —Levantó una mano—. Te dije que te fueras. ¿Por


qué estás aquí?

Esperaba que se estremeciera, que esa hermosa cara se


empalidezca aún más, pero eso no fue lo que sucedió. Ese ligeramente
puntiagudo mentón se levantó y sus hombros se cuadraron como si lo
hubieran hecho cientos de veces antes, usualmente minutos antes de que
ella lo pusiera en su lugar.

—Estoy aquí —dijo—. Estoy aquí, porque te amo.


Fue Lucian quién se estremeció. Retrocedió un paso.

—No…

—No. —Su voz fue como un crujido de trueno en mitad de una


tormenta de verano—. Vas a callarte y vas a escucharme.

Lucian parpadeó. Sorpresa lo hizo callar.

—No puedo imaginar por lo que estás pasando y lo que estás


sintiendo. Las últimas veinticuatro horas han cambiado completamente
tu vida, cambiado todo lo que conocías, pero no han cambiado quién eres
tú.

Una risa dura explotó de él.

—Sé exactamente quién soy.

—No creo que lo sepas. —Tomó otro paso hacia adelante—. No creo
que lo sepas para nada.

Con su mandíbula moviéndose, apartó la mirada.

—Solo conoces la mitad de lo que he hecho…

—Sé suficiente para saber que eres el hombre que amo —lo
interrumpió con palabras que fueron como un cuchillo en el pecho—. Sé
que eres fieramente leal y protector. Sé que eres increíblemente talentoso
y generoso. Sé que eres inteligente y divertido. Sé que ni siquiera puedo
quedarme enojada contigo incluso cuando me estás sacando de quicio.
Sé…

—¿Sabes que soy malo para ti? —dijo con voz ronca.

Ella sacudió la cabeza.

—No lo eres.

—Nena, no lo entiendes. Esta jodida casa, esta jodida familia va a


arruinarte así como pudre a todos.

—Eso no es cierto. Sé que no lo es —insistió—. Porque no te arruinó


a ti. No te pudrió a ti.

Dios, aquellas palabras abrieron su corazón, porque quería


creerlas tanto. Quería que fueran ciertas.

Julia se detuvo a unos pasos de él, de pie al lado de la pila de


sábanas y mantas.
—Puedes enojarte conmigo. Puedes decirme que me vaya, pero no
lo haré.

Su respiración, de hecho su respiración, jodidamente se atrapó en


su garganta.

Sus manos se volvieron pequeños puños.

—Acepto lo que eres, sé que estás jodido. Sé que tu familia


completa es desastrosa, y acepto todas esas piezas rotas. Puedo lidiar tu
realidad. Puedo lidiar contigo.

Se tensó. Mierda. Ni siquiera estaba seguro de estar respirando.


Aquellas palabras rompieron a través de la niebla de enojo y dolor.

—Te amo —continuó ella, manteniendo su mirada—. Y porque te


amo, no voy a rendirme ante ti… en nosotros. Voy a luchar por ti. Así que
acostúmbrate. Soy tuya. Tú eres mío.

Lucian se rompió.

Ni siquiera sabía qué parte de lo que ella dijo lo logró. Tal vez fue
todo. Tal vez fue el hecho de que volvió, que estaba de pie en frente de él,
luchando por él, por ellos, cuando nadie en su vida entera realmente lo
había hecho por él.

Cualquiera haya sido la razón, no importaba.

Julia era suya.

Y él era de ella.

Lucian se lanzó hacia adelante, cerrando la distancia entre ellos.


Agarró sus mejillas y su boca bajó.

—Dios, Julia. Lo siento. Te amo. Jodidamente lo siento tanto. No


sé en qué estaba pensando. No sé qué estoy haciendo.

—Está bien —dijo ella, agarrándose de sus hombros—. Te amo


Lucian. Ese es el motivo por el que estoy aquí. Ese es el motivo por el que
estaré aquí. Lo solucionaremos.

—No te merezco, pero mierda, te amo. —Sus labios golpearon los


de ella. Intentó ser gentil, disminuir la velocidad. Trató de controlarse,
pero estaba completamente roto.

Palabras que nunca había dicho salieron de él. Le dijo cómo se


sintió cuando entró a esta habitación, lo destrozado que estaba por su
hermana. Le contó sobre sus miedos de arruinarla. Hizo todo esto entre
besos, entre desabotonando sus pantalones vaqueros y deshaciendo el
cierre. Le contó sobre cómo lo mató mandarla lejos mientras se aferraba
a los estrechos pantalones negros que ella llevaba, bajando estos y sus
bragas, ayudándola a salir de estos. Lucian le contó una y otra vez que
la amaba mientras la llevaba al suelo de la habitación de su padre,
partiendo sus muslos y empujando dentro tan profundamente, tan
fuerte, que era como si estuviera tratando de fusionarlos juntos.

Julia se aferró a él mientras las cosas giraban locamente fuera de


control. Sus piernas estaban envueltas alrededor de sus caídas caderas,
una de sus manos enterrándose en su cabello y la otra sosteniéndose en
su brazo. Se arqueó a él mientras su cuerpo se empujaba dentro de ella,
y lo tomó; lo tomó a él, furiosamente susurrando contra su boca su amor,
perdón que él no merecía pero que muy bien honraría por el resto de su
vida.

Y eso es lo que tenía que hacer. Tendría que honrar a Julia. La


adoraría como la jodida luz en su vida que era, y nada —ni su familia, ni
él—, jamás se interpondría entre ellos.

Esto era ellos.

Esto era para siempre.

Su mano golpeó el suelo al lado de ella mientras ella gritaba, su


cuerpo en espasmos, apretándolo. La liberación se propagó por su
columna y perdió todo sentido de sí mismo. Gotas de sudor salían fuera
de él. El sonido de su humedad, de haber hecho el amor llenó la
habitación. Sus bocas se aplastaron y él saboreó la sal de sus lágrimas,
de ambos, porque mierda, podría haber estado llorando.

Podría haber sido redimido justo aquí.

Lucian se vino brutalmente, su nombre un ronco y rudo explosión


de aire de sus labios. Su peso cayó en ella. Trató de detenerlo, pero no
pudo, y al final, se dio cuenta que estaba bien, porque ella podía lidiar
con él, lo estaba haciendo.

Jadeando, arrastró su frente resbaladiza por el sudor sobre ella. Su


cuerpo se retorció alrededor de él, su respiración rápida y hueca. Durante
varios minutos ninguno de los dos habló. Solo se sostuvieron, sus
cuerpos todavía conectados, sus corazones ralentizándose.

Fue Julia quien rompió el silencio.

—Creo que hemos roto algunos entarimados.


Él se rió roncamente mientras salía de ella y se movía para que su
peso estuviera en su lado, en el suelo.

—¿Te hice daño?

—No —susurró ella—. Pero no creo que me moveré pronto.

—Yo tampoco. —Su mirada viajó por su longitud, sobre la camisa


arrugada, su mitad desnuda y sus muslos brillantes—. Srta. Hughes —
murmuró, levantando su mirada hacia ella—. Te he convertido en un
desastre.

Sus mejillas se sonrojaron de un bonito rosa.

—Eres terrible.

—Lo soy. Realmente, lo soy. —Serio ahora, suavizó una mano sobre
su mejilla—. Lo siento. Nunca debí mandarte lejos, decir esas cosas. Tú
perteneces aquí. Siempre has pertenecido a mí.

—Para. Lo sé. Está bien. —Ahuecó su mentón en sus manos—. No


hay nada de lo que debas disculparte. Vas a estar bien…

—Vamos a estar bien. —Dejó caer su frente contra la de ella de


nuevo. Necesitaban salirse del suelo e ir algún lado que no estuviera lleno
de una vida de malos recuerdos. Una idea se le ocurrió de pronto e
inmediatamente fue todo lo que quería.

Lucian levantó su cabeza.

—Vamos a mudarnos.

Sus cejas se juntaron mientras lo miraba.

—¿Qué?

—Vamos a mudarnos. Vamos a encontrar un nuevo lugar… tal vez


en la ciudad. A ti te gustaría eso, creo. —Asintió. Nada se sentía más
correcto—. No vamos a quedarnos aquí.

—¿Tal vez pregúntame si quiero mudarme contigo? —dijo,


claramente bromeando.

—Volviste. De alguna manera estás atrapada conmigo. —Dejó un


beso rápido en la punta de su nariz—. Pero en serio. No quiero quedarme
aquí. Ya no. Tomaremos nuestro tiempo. Encontrar el lugar perfecto, pero
no vamos a vivir aquí.

Ella deslizó una mano a su pecho.


—Creo que es una brillante idea.

Lo era.

—Que se joda esta casa.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

—Que se joda esta casa.

—Sí —murmuró él, buscando sus ojos.

La sonrisa en su rostro creció.

—Quiero decir, además de lo obvio, sería genial vivir en algún lado


donde no tengo que preocuparme sobre ser empujada por las escaleras
por fantasmas vengadores o que la casa misteriosamente se queme a mí
alrededor mientras estoy durmiendo. Así que estoy completamente bien
con la idea.

—Nos aseguraremos que la siguiente casa no esté embrujada.

Julia rió mientras envolvía sus brazos alrededor de él,


sosteniéndolo con fuerza contra ella, y esa risa fue por un camino largo
a atrapar algo de la oscuridad apiñando su alma, su corazón. Fue solo
una risa, y ya se sentía un poco más ligero, más brillante.

Lucian la besó, sacando fuera todo lo que sentía por ella en ese
beso mientras su mano se deslizaba hacia arriba, sus dedos curvándose
en su cabello. Julia tenía razón. Él también.

Estaría bien.

E iban a estar más que bien.

Mientras estuvieran juntos.


Capítulo 35
Traducido por Mais

Dos meses después

L ucian se despertó antes que Julia, como lo hacía cada mañana.


Bueno, excepto por ese fin de semana en que ella se había ido
a casa a decirles a sus padres que se iba a quedar en Luisiana, quedarse
con él.

Y como cada mañana, se levantó sobre su codo y la miró, todavía


sin poder creer que ella estuviera aquí, que esta era su vida y que se
había encontrado enamorado y era enamorado de vuelta.

Con honestidad a Dios, nunca esperó esto… esperó a ella.

Lo que probablemente daba el motivo de que cada vez que se


despertaba, siempre se encontraba revisándola, casi como si se estuviera
asegurando que fuera real y que estaba ahí.

Los últimos dos meses habían sido el cielo.

Y ellos habían sido el infierno.

Ni siquiera había comenzado a trabajar a través de su mierda. La


traición de Maddie y su muerte todavía estaba demasiado reciente. A
veces él y Julia hablaban de ello. No seguido. Sus hermanos nunca traían
el tema. Lo mismo podía decirse de su padre y la verdad de quiénes eran
sus hijos paternos. No era discutido, porque, ¿qué había que decir, en
qué había que habitar?

Además, Gabe tenía su propia mierda con la que lidiar, y basado


en los gritos de anoche y el altamente sospechoso y extraño silencio que
siguió al golpe de una puerta después, supo que su hermano tenía las
manos ocupadas.

¿Y Dev?
¿Quién diablos sabía qué sucedía con él? Se había vuelto más
remoto y sin emociones que antes, y mierda, Lucian no había creído que
eso fuera posible.

Algo estaba cambiando en su hermano mayor.

Algo que no era bueno.

Lucian no quería pensar en nada de eso ahora. Hoy era un gran


día. Ambos necesitaban sacar sus traseros de la cama y empezar a
moverse, pero primero…

Suave luz del sol se insertó bajo las cortinas, deslizándose hacia su
cama. Julia estaba recostada a mitad de lado, mitad en su estómago con
una mano bajo la almohada y la otra curvada holgadamente por sus
pechos desnudos. Su mirada viajó sobre sus picos rosados y luego sobre
la punta de su estómago hacia la llama de su cadera, y finalmente al
hermoso trasero curvilíneo. Su mano siguió su mirada y sonrió cuando
murmuró en su sueño, su espalda inconscientemente arqueándose
mientras palmeaba su pecho.

Lucían besó la suave piel de su hombro mientras arrastraba su


mano de su pecho, sobre su suave estómago. Estaba en la movida,
enviando un caliente y húmedo camino de besos a lo largo de la línea de
su columna mientras su mano se enterraba entre sus muslos,
ahuecándola.

Expandiendo sus piernas, Julia gimió en la almohada mientras él


deslizaba un dedo profundamente en ella.

—Buenos días —murmuró ella, sus dedos expandiéndose a través


de la cama mientras él presionaba hacia abajo su palma, justo en el lugar
que sabía que le gustaba.

Julia se movió ligeramente, inclinando sus caderas de vuelta hacia


él.

—¿Tienes algo para mí?

—Siempre. —Sonrió contra su piel mientras situaba una mano en


su cadera.

Un segundo después, él estaba hundiéndose profundamente en su


calidez. Su gemido fue perdido en su gruñido. Cuerpos moviéndose
juntos, él tomó su tiempo, llevándola al borde de la liberación una y otra
vez hasta que ya no pudo controlarlo más. Ella se vino antes que él,
gritando mientras golpeaba su trasero contra él. Aquellos apretados
temblores lo llevaron al borde, y estuvo perdido en ella, perdido de una
forma que nunca quería ser encontrado.

De alguna manera, Julia terminó de espaldas, un brazo


holgadamente envuelto alrededor de su cuello mientras levantaba su
cabeza, besando su mejilla y luego su boca, permaneciendo ahí por unos
minutos.

—Eres mi clase favorita de alarma.

Él rió entre dientes mientras se situaba de lado.

—Soy tu todo favorito.

—Cierto. —Rodó así ella lo estaba enfrentando—. ¿Qué hora es?

—Casi tiempo para que me ponga de rodillas en la ducha y me


asegure que pases el resto del día pensando en lo talentoso que soy con
mi lengua.

Ella carcajeó.

—Eres ridículo.

—No estarás diciendo eso como en diez minutos. —Alisó su cabello


hacia atrás de su rostro—. Pero en serio, tenemos que movernos.
Necesitamos estar en la ciudad a las once.

—Y necesitamos llegar al aeropuerto —le recordó—. El vuelo de mis


padres llega a las tres.

—Estaremos allí.

Julia hizo su cabeza hacia atrás y le sonrió.

—Espero que estés listo. Mamá y papá están emocionados de


conocerte.

Besó ambas mejillas.

—Me amarán.

—¿Porque eres irresistible?

—Bueno, sí, pero esa no es la razón. —Besó el puente de su nariz—


. Me amarán porque yo amo a su hija.
Sin ser completamente sorprendente, dejaron tarde la casa para ir
hacia la ciudad para encontrarse con el amigo Corredor de Lucian. No es
que Julia se estuviera quejando. Disfrutó demasiado el tiempo en la
ducha.

Mirando hacia él mientras fácilmente navegaban las ligeramente


menos llenas calles de Garden District, su aliento se atrapó en su
garganta. Meses y muchas e incontables horas con él y su respiración
aún hacia eso. Así como su corazón a veces se hinchaba como si hubiera
un globo atado en su pecho.

Él estaba concentrado en conducir, pero estaba sosteniendo su


mano, su pulgar inconscientemente moviéndose de adelante y atrás en
su palma. Había estado callado desde que habían dejado la mansión de
Vincent, y sabía hacia dónde había ido su mente.

Durante las semanas desde la noche en el techo, Julia había


aprendido a reconocer cuándo estaba atrapado en el pasado y envuelto
en todas las cosas que no había podido cambiar. Al principio, era varias
veces al día. Ahora había un par de días entre esos momentos que hacía
que su corazón duela y sangre por él y todas las respuestas que nunca
tendría.

Pero Lucian estaba pasando de ello, y ella lo estaba ayudando y


continuaría estando ahí. De eso se trataba hoy.

Julia apretó su mano, y él la miró. Un lado de sus labios se levantó.

—¿Qué? —preguntó.

—Nada. —Llevó su mano a su regazo, apretándola fuerte. No podía


esperar a que conozca a sus padres. Él no parecía nervioso para nada,
pero ella lo estaba porque, bueno, era Julia. Todavía se ponía nerviosa
sobre cosas estúpidas. Como el hecho de que estaba aplicando a trabajos
de enfermera y estaba preocupada por las entrevistas.

Lucian la estaba apoyando totalmente en que vuelva al trabajo,


yendo tan lejos como ofrecerle establecer entrevistas con varias clínicas
y hospitales. Con el nombre de Vincent, podía garantizarle un trabajo,
pero ella le hizo prometer que no se involucraría. Necesitaba encontrar y
obtener un trabajo por sí misma.

Pero había disfrutado totalmente las pequeñas vacaciones.

No habían pasado cada día en la mansión. Habían viajado, Lucian


llevándola a lugares con los que nunca había soñado.
A veces no podía creer que esta fuera su vida, que esto fuera suyo.
Eso sucedía mucho.

—Estamos aquí. —El auto disminuyó la velocidad y luego giró,


deteniéndose entre dos pilares de piedra. Una reja ya estaba abierta,
dándoles la bienvenida.

Todavía tenían un par de horas antes de conocer a sus padres en


el aeropuerto y una cosa muy importante por terminar primero.

Julia con suerte estaba viendo su nueva casa por primera vez.

Él ya había estado aquí unas cuantas veces, estableciendo las


mejoras y que cosas no iban, asegurándose que fuera “suficientemente
bueno” para ella por ver. Pasó su inspección, y entonces aquí estaban,
en el hermoso e histórico Garden District.

Los adoquines de la pista llevaban hacia una de las casas más


hermosas que Julia había visto. Al momento en que el auto se detuvo, ya
estaba abriendo la puerta y saliendo del auto.

Con ojos amplios, miró la reja de hierro, el patio y las columnas


pulidas y blancas. La casa antes de la guerra no estaba cerca de ser ni
tan grande o tan abrumadora como la mansión. Desde fuera todavía se
veía espaciosa y amó las rejas de arbusto colgando del porche del
segundo piso.

Lucían estaba viniendo detrás de ella mientras caminaba hacia el


porche. El Corredor abrió la puerta, esperando por ellos. Ella miró sobre
su hombro.

—Lo amo.

Él río.

—Ni siquiera has estado dentro.

—No me importa —insistió—. Lo amo. —Se detuvo mientras miraba


hacia donde estaba el Corredor—. Solo mientras no esté embrujada.

—Bueno… —Lucian dobló sus brazos alrededor de ella por detrás—


. Es Nueva Orleans. Nunca puedes estar muy seguro.

—No me digas eso.

Besó su mejilla.

—¿Por qué nos vamos dentro primero antes de que te hagas la


idea? Y si no te gusta, encontraremos otro lugar. Encontraremos algo.
Ya casi se había hecho la idea en base a lo que vio por fuera, pero
no lo dijo mientras se inclinaba en el abrazo de Lucian. Julia ni siquiera
estaba pensando en la casa en el momento o nada de lo que había
sucedido con su familia. Podían mudarse a esta casa o quedarse en la
mansión. Podían dejar Luisiana o decidir quedarse aquí. Nada de ello
realmente importaba.

Mientras cerraba sus ojos y respiraba profundamente, inhalando


la dulzura de las flores floreciendo en el patio, estaba más que lista a
admitir que había estado tan equivocada después que terminara su
matrimonio.

Julia había creído que el amor no podía ser suficiente, pero sabía
que con la persona correcta, y Lucian de Vincent definitivamente era el
hombre correcto para ella, el amor era suficiente.
Agradecimientos de la autora
Quiero agradecer a Kevan Lyon por siempre
estar allí para apoyarme en cualquier idea
que me viene a la mente y trabajar conmigo
cada paso del camino. No puedo
agradecerle lo suficiente a Taryn Fagerness
por lograr que mis libros estén en tantos
países como lectores sea posible. Por ti,
tengo una pared entera de libros
representando tantos idiomas. Gracias a mi
editora, Tessa Woodward, quién decidió
traer a la vida a los hermanos de Vincent, y
al maravilloso equipo en
HarperCollins/Avon Books.

Un enorme agradecimiento a ti, Stephanie Brown, por ayudarme


a mantener mi vida en el camino y hacerme reír. Sin Sarah Mass, Laura
Kaye, Andrea Joan, Stacey Morgan, Lesa Rodrigues, Sophie Jordan,
Cora Carmack, Jay Crownover, e infinitos amigos más, probablemente
hubiera perdido la cabeza para entonces. GRACIAS.

Nada de esto hubiera sido posible sin ti, lector. Por ti, puedo
escribir otro libro, traer otro mundo a la vida. Gracias.
Próximamente
Nicolette Bresson nunca pensó que
regresaría al complejo Bayou de Vincent. Es
donde sus padres trabajan, donde Nikki
creció... y donde Gabriel Vincent le rompió el
corazón. Sin embargo aquí está ella,
sustituyendo a su madre enferma. Evitar a
Gabe debería ser fácil, especialmente cuando
la mayoría del tiempo lo pasa tratando de
evitar ser apuñalada por la espalda por las
perchas maliciosas que frecuentan la
mansión. Pero escapar de los recuerdos de
Gabe, y mucho menos de su presencia
humeante, es más difícil de lo esperado,
especialmente porque parece estar
determinado a estar en el espacio de Nikki
tanto como sea posible.

Gabriel pasó años luchando contra su último encuentro con Nikki.


Él la deseaba entonces, pero por razones que eran malas para ambos.
Las cosas ahora han cambiado. Gabe ve más que una niña que él ha
conocido por siempre; ve a una inteligente, talentosa y conmovedora
hermosa mujer... una que está siendo acosada desde las sombras. Ahora,
Gabe hará cualquier cosa para mantener a Nikki a salvo, y para evitar
que la maldición de Vincent golpee de nuevo.

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