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Luvia de Relatos

Desde hace 20 años, la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de La Orotava convoca el concurso de Relatos Hiperbreves, y este año, para celebrar el XX aniversario de la edición, se recopilan todas las obras ganadoras en esta publicación. En estos veinte años se ha contado con la participación de más de un millar de personas

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Temas abordados

  • desamor,
  • censura literaria,
  • personajes,
  • naturaleza,
  • imaginación,
  • vida cotidiana,
  • experiencias,
  • microrrelatos,
  • ironía,
  • feminismo
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Luvia de Relatos

Desde hace 20 años, la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de La Orotava convoca el concurso de Relatos Hiperbreves, y este año, para celebrar el XX aniversario de la edición, se recopilan todas las obras ganadoras en esta publicación. En estos veinte años se ha contado con la participación de más de un millar de personas

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Lluvia

de relatos. 20 años contando


©2020 Editorial Taoro.
C/ Calvario, 26. 38300 - La Orotava. Santa Cruz de Tenerife.
info@[Link]
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@editorialtaoro

Maquetación: EdContratipo
ISBN: 978-84-120680-4-7
Depósito legal: TF 204-2020

Todos los derechos están reservados, incluidos los de reproducción total o parcial en cualquier
formato o soporte.
ÍNDICE

PRÓLOGO
¡ME CAGO EN CAPERUCITA!
GUAYOTA
ACUSACIONES
EL NOMBRE DE LAS COSAS
TERROR EN LA S.S.
AZUL
PURA VIDA
TIEMPO
LA HOJA
EL VIENTO ES UN CABALLO
PERDIDO EN TI
OSCURIDAD HELIÓFAGA
HISTORIAS DE LA HISTORIA
MIRADAS DE AMOR
IGNOMINIA
MIEDO
EFERVESCENTE
EN EL PANÓPTICO
BESO DE INVIERNO
LUCHA DE TITANES
EL ORDEN PERFECTO
SILENCIO
CAPÍTULOS PUBLICABLES
DESCALZANDO LA VIDA
INSTANTÁNEA
NADIE VIO SI...
UN GRITO DE INCOMPRENSIÓN
DISCREPANCIAS LITERARIAS
EL ABRAZO PERDIDO
PERDER EL NORTE
UN INVIERNO SIN TI
CRUELDAD
GRUÑIDOS Y VOCES
LA ENVIDIA EN LO BREVE DE UN DÍA
MIEDO A VOLAR
UN GOLPE MÁS
LA CUENTACUENTOS
EL JUGUETE
VENGANZA SENTIMENTAL
BUSCANDO LOS COLORES DEL ATARDECER
CUANDO ES AMOR DE MARIO
MIMARGARIMO
UN PLAN BRILLANTE
EL LÍMITE DEL HOMBRE CUERDO
AMOR INTRÍNSECO
SOLEDAD
LA PARIENTA
LÍMITES
NEVERISMO
BARRIO ALTO, LISBOA, 2001
DESDE LOS RECUERDOS
UN IMÁN PERSONAL
SOMETHING LIKE LOVE
SOLO RESPIRA
SECRETOS
EL LOCO DEL MUELLE
EL POETA
AGOSTO
EL DESCUIDO DE ERWIN SCHRÖDINGER
ERA UNA DE ESAS NOCHES
LA BIBLIOTECARIA
RECUERDOS DE TRAFICANTE
MALPAÍS
¿Y QUÉ DICE LA CONSTITUCIÓN DE NO HACER LIMONADA?
ÉRASE UNA VEZ UN ARTISTA SIN NOMBRE QUE PINTÓ UN CUADRO
SIN FIRMAR...
SE NOS APARECIÓ LA VIRGEN
LA PISCINA
MANTIS ATEA
EL LAGO DE LAS PALABRAS AHOGADAS
FOLLEMOS
CRUCE DE CALLES
MALDITOS CROMOSOMAS
EL DESIERTO
LA VIDA ENTERA
VIDA DE PERRO
CONTRA RELOJ
EL PARAGUAS AMARILLO
2100
AUDICIÓN
SINESTESIA
DURMIENDO CON MI ENEMIGO
EL SILENCIO
LA DESPEDIDA
A LA SALIDA DEL INSTITUTO
LUJURIA LIBERTARIA
VIBRA PORQUE NO ESTALLA
MI ABUELA SEVERA
EN UN INSTANTE





No siempre las grandes historias ni las buenas narraciones necesitan
largos textos o un sinfín de palabras entrelazadas, que cuentan... o no
cuentan... Con poco también se dice mucho, y yo diría que, a veces, hasta
mucho más. Unas pocas palabras bien armadas, con espíritu creativo y
empapadas de imaginación pueden ser la pócima perfecta y mágica para
crear una historia de intenso significado. Y así lo muestra esta publicación
que recoge las obras ganadoras de los concursos de relatos hiperbreves
convocados por el ayuntamiento en una veintena de años. Breves relatos,
grandes historias.

Francisco Linares García
Alcalde-presidente del Excmo. Ayuntamiento de La Orotava




PRÓLOGO




Las historias son historias porque se cuentan; si además se escriben, se
convierten en arte; y si además se concentran en la inquietante brevedad
del microrrelato, modulan hasta llegar a ser cápsulas de tiempo con
sentido, densidad, profundidad y energía. Así se construye este libro, con
las chispas del talento que destila esta asombrosa compilación de textos
hiperbreves que han sido, desde sus inicios, la sustancia de un certamen
imprescindible para la creación literaria y que ha servido en cada una de
sus ediciones como catalizador de la creatividad, la capacidad y el esmero
de quienes tienen la inmensa fortuna de sentir en palabras y, además, vivir
y hacer vivir a través de ellas.
Escribir puede ser sencillo; escribir bien, no tanto; escribir bien y hacer
literatura, muy difícil; escribir bien y hacer literatura en un relato
hiperbreve, solo está al alcance de unas pocas personas especialmente
dotadas, especialmente sensibles, especialmente especiales. Estas páginas
son muestra evidente de ello, y también de que la fórmula funciona: a
través de no más de ocho líneas es posible construir universos, idear
realidades, fabricar emociones, viajar en el tiempo, soñar, nacer, sentir,
morir a pesar de tan aparentemente limitado marco de expresión. Pero así
es la magia de las palabras cuando brotan comprimiendo entre sus letras y
sus escuetas fórmulas gramaticales infinitos mundos posibles.
Estos relatos son hiperbreves, pero el talento de sus autoras y autores es
inconmensurable.
Bravo por el logro, por la belleza y la calidad.
Que lo disfruten.

Bosco González









¡ME CAGO EN CAPERUCITA!




¡Me cago en Caperucita!, sí, sí, en Caperucita, la muy arpía… Si no fuera
por esa mosquita muerta… «Esta caperuza roja me la compró mi madre, así
no pasaré frío cuando vaya a visitar a mi abuelita». Entonces, ¿por qué coño
le quita seis centímetros de vuelto y se hace una minifalda? ¿Es que todavía
piensa la muy #@&%$ que somos tontos? «Voy a llevar esta tartita a mi
abuela que está enfermita». Pues si su abuela está tan enfermita más le
valdría a Caperucita llevarle algún antibiótico o al menos una aspirina, pero
no, le lleva una tarta, ¡para que se muera de azúcar la vieja! Y encima, le
hace caso al lobo y se va por el camino más largo: «¡Qué malo el lobito, me
engañó para llegar antes que yo a casa de mi abuelita y comérsela!». Pero
bueno, Caperucita, llevas 15 añitos yendo a casa de tu abuela y ahora
vienes con que no te conoces el camino… ¿Y tu madre te deja ir sola por ahí
sin conocerte el camino y con ese cinturón ancho que tú llamas falda
habiendo lobos en el bosque? O lo tuyo no es una madre o tú eres más lista
que la Blancanieves, que se hizo la dormida porque ya estaba hasta las
narices de los enanos.
Pero lo peor de todo es el egoísmo de la caprichosa roja esta. Ella va por
ahí provocando con su faldita, con su lencería roja, con su tartita de fresa,
haciendo como que el lobo la engaña (lobo que por cierto lleva meses
yendo al psicoanalista por culpa de una supuesta zoofilia: descubrió que le
gustaban las humanas) y no piensa en las consecuencias. Yo siempre lo he
dicho, la adolescencia es una época muy mala, llena de caprichos, de
bobería, de hedonismo y egoísmo, y se ve agudizada en gente como esta,
que con 15 añitos recién cumplidos ya es una estrella consagrada de los
cuentos infantiles, y que, como encima es guapilla, tiene a todo el mundo
como corderitos a su alrededor: Sí, Caperucita, lo que tú digas… Ay, qué
guapa es mi niña y qué lista… Por supuesto que no me dolió la caída,
Caperucita, hoy en día 100 metros ya no son nada… Y así está la niña.
Luego estoy yo, viviendo mi vida de lombriz de tierra, tan inocente, pero a
la vez tan necesaria para la humanidad y llega la palurda esta y se entera de
que si se muere su abuela se queda sin paga de los domingos, así que se
«arrepiente» y «convence» al leñador de que la salve de las entrañas del
lobo. Y ahí va el calentorro del leñador y no se le ocurre mejor idea que
llenarle la panza al lobo de piedras, que va a recoger, por supuesto, al lago
del río, donde yo tengo mi humilde hogar, construido durante dos largos
años a base de esfuerzos sobrelombríceos y de tener a mi familia
desatendida.
Por lo que estoy ahora dentro de un lobo que está hundido en el río,
porque el muy ignorante se asomó a beber agua ya que se encontraba
pesado (ay, mamíferos carnívoros… imbéciles). Conclusión: ¡ME CAGO EN
CAPERUCITA!



CARLOS JAVIER RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
I Certamen - Primer Premio - Única Modalidad





GUAYOTA




Puedo sentir tu calor, sí, realmente me tienes acorralado; percibo tu olor,
de forma clara, esa extraña mezcla de perfumes y aromas que turba mi ser,
que me desestabiliza.
A través de ti puedo apreciar la serenidad del mar, la suavidad de las
nubes, la profundidad de los barrancos y la escarpada voluptuosidad de las
laderas.
Realmente tengo esa sensación de movimiento en tus acusadas curvas,
cada una de las cuales enardece la concupiscencia del regreso y la
capacidad de cuestionarme, ¿qué hago aquí, contigo?
Es increíble, oscurece con una rapidez inusitada, pero el brillo de tus ojos
parece iluminar cada palmo del terreno, cada flor…
Me obligas a soñar, a sumirme en el sueño más que nunca, el sonido de tu
respiración acompaña la monótona, pero agradable canción que repites;
me recuerda al ronroneo de un felino. Y de repente despierto, y noto que la
suavidad de tus curvas ha desaparecido en pro de la frenética velocidad
con la que te mueves bajo mi ser, llegando a marearme, mi corazón se
acelera con cada uno de tus movimientos, como si de una danza ensayada
se tratase; ¡ya estoy llegando, sí, ya llego!, ¡oh… sí!
Presiono tu botón y se enciende el cartel de «parada solicitada», sí, al fin,
gracias querida guagua de servicio regular, mañana nos volveremos a
encontrar.



AYOZE REGALADO SUÁREZ
I Certamen - Segundo Premio - Única Modalidad







ACUSACIONES




Afinales de 1995, Joao Salgado despertó una mañana en el suelo de su
favela de Río de Janeiro. Sintió, una vez más, el aturdimiento del
pegamento inhalado la noche anterior. A sus diecinueve años era un
individuo criado en la soledad de la calle, inmunizado contra el miedo y el
prejuicio. Su estómago se estremeció castigado por un hambre antigua y
atroz.
Se levantó lentamente para no marearse y salió al callejón donde los
niños jugaban con palos y piedras. Buscó en su conciencia las causas de sus
penurias trazando en su futuro una serie de incógnitas que aprehendió con
calma.
Sin más, se dirigió al puente cercano a la Plaza de París, posó sus pies
descalzos sobre la baranda oxidada y, poco a poco, se fue precipitando
hacia el vacío viendo ante sus ojos dos o tres imágenes de su vida.
Su cuerpo quedó tendido boca abajo sobre las piedras mientras que su
alma fue juzgada en el purgatorio, en un procedimiento muy similar a eso
que llamamos justicia terrenal. Un fiscal le acusaba sin piedad de atentar
contra su vida por lo que solicitaba que fuera destinado al infierno. El fiscal
preguntó:
—¿Por qué se ha suicidado?
Joao Salgado permaneció algunos segundos en silencio. Después,
mirando fijamente al jurado, con una seguridad insultante, convirtiéndose
él en acusado, respondió con lentitud y claridad:
—¿Lo hice en defensa propia.



ACHAMÁN CRUZ ESCOBAR
I Certamen - Tercer Premio - Única Modalidad





EL NOMBRE DE LAS COSAS




De un cajón de mi olvido, crece por si sola y por última vez, como una
pompa, esta no correspondida historia ya desgastada de darle vueltas.
Frente a mis ojos, bajo la soledad del monte apartado, danzan las nubes
brindando con las nubes en ser sueños vestidos de formas. Es invierno, y
reconoce el entorno mi presencia, como siempre, como cada día.
Es tan a menudo y tan extraño, a destiempo, el oír de las maderas
enlazándose como notas de un piano que grita en balde borracho, y clama
hacerse notar sobre un pentagrama en pregón de que hábitat y su música
nacen de una ópera. No sé si es posible situar este perfil inmensamente
definido, que es la poesía de elementos, la vida natural del medio y nuestra
propia vida, como un arte de inagotables lienzos.
Al sol de una mañana de enero; rayitos de luz, que abren mis ojos a un
paraíso florido y mágico, él, suspende como a una mariposa, el iris precioso
lleno de verdad de una dulce maestra de algodón. A estas mañanas y a su
perfección, a este hijo único y sonriente de plata, a este canto cogido de la
mano, a esta riada deslumbrante de jardines, anhelo gozar a cada parpadeo
de sus colores y su salud.
¡Historias largas!, tan grandes como el universo y en solo una página,
caprichos.
El color del mundo es breve, dulce e inmenso; son las flores que salpican
nuestros pies, las formas caprichosas de los árboles y sus copas de
sombrero, el aire que se exhala y adormece, el silencio y sobre todo el
silencio disfrazado. Palabras y besos en una cara secreta donde van los
aromas recién nacidos. Belleza de cada día; naces, despiertas y duermes
para repetirte completamente diferente. Belleza, infinita y bella, bella…
De toda esta música que he escrito, de todo este concierto soberbio que
habéis oído preguntaréis, ¿qué queda y que sobrevivirá?, me diréis.
Respondo: Qué mejor música que la que gira en mi conciencia, grabando
todo lo hermoso de la vida para que cuando os lo diga, vosotros lo oigáis.
Veamos con el corazón como a nuestra propia vida, los latidos de las cosas.
Es nuestra ceguera, un malpaís descarnado y desolado de vacío.



ENRIQUE LABRADOR ARBELO
II Certamen - Primer Premio - Única Modalidad





TERROR EN LA S.S.




8:00 A.M.: De un lunes cualquiera, el maldito despertador me destrozaba
los tímpanos, a la vez que mi madre, descorría de un tirón las cortinas, la
claridad me hizo recordar que tendría que enfrentarme, cara a cara, con el
torturador de la S.S.
9:30 A.M.: Llegamos a un viejo edificio de cinco plantas, el terror
paralizaba mis músculos, quise dar media vuelta y echar a correr, pero,
agarrándome por la oreja, mi madre me lo impidió, llamándome cobardita
delante de unas señoras vestidas de verde, que seguramente serían las
cómplices del torturador; me sentaron en una sala con varias personas más,
en sus ojos se reflejaba el terror, mientras tanto mi madre me tranquilizaba
dándome palmadas en la pierna; de repente, salió de una habitación una
mujer alta, delgada y con gafas de culo vaso, y sin levantarse, se volvió hacia
nosotros con mirada de cordero degollado, desapareciendo con aquella
horrible señora tras la puerta.
10:15 A.M.: Un sudor frío recorría mi espalda, cuando de repente un
alarido escalofriante rompió el silencio de la habitación, en ese momento
tuve claro que aquel señor que acababa de entrar estaba siendo torturado;
en un arranque de valor, eché a correr escaleras abajo, oía los gritos de mi
madre ordenándome parar, una de aquellas señoras vestidas de verde se
interpuso en mi camino, pero la esquivé con un hábil regate, seguí
corriendo sin mirar atrás hasta llegar a mi casa y me encerré en mi
habitación.
RESULTADO: Tres meses castigado sin poder salir y un insoportable
dolor de muelas.
MORALEJA: Que la S.S. no tiene nada que ver con los nazis como había
visto yo en las películas, y como me explicó mi madre se trata de la
Seguridad Social y que el torturador, simplemente era el médico dentista.



KEILA DAYANA RAMÓN LLOVERA
II Certamen - Segundo Premio - Única Modalidad






AZUL




Azul es el cielo, azul es el mar; azul es lo que une a ambos.
Del horizonte hablo: esa línea que no se puede traspasar, ni siguiera
llegar a tocar, pero que está ahí, delante de nosotros y no podemos dejar de
mirar y de anhelar.
Esto, a mi entender es importante; tenemos que caminar hacia él ya sea
con un trasatlántico, con un velero en tempestad, con una barca a dos
remos o caminando sobre las aguas. La importancia está en el anhelo y la
esperanza de atraparlo. Hay que caminar. No podemos permanecer
pasivos como musgo sobre roca, golpeado una y otra vez por las olas.
Caminar es importante, incluso sabiendo que lo que esperas encontrar al
final del camino, y por tanto, lo que te motiva a tal caminata, no sea lo que
pensaste desde el principio. Lo que verdaderamente importa es el misterio.
Al principio del camino te pudiste haber imaginado que detrás de la línea
había un jardín con animalitos y arbolitos con frutas de infinitos sabores,
más tarde imaginaste oscuridad, un hermoso espacio donde no hay nada,
caída, hueco; luego un estado de ánimo, un sentimiento, una luz cegadora
que producía emociones jamás vividas; después pensaste que cuando
pasaras el umbral te encontrarías un sueño que te quedaba por soñar. Pero
qué más da lo que haya o deje de haber, lo que realmente importa es
plantearse qué puede haber. Lo importante es buscar el misterio, aunque
sepamos que no nos va a ser revelado.



ENRIQUE RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
II Certamen - Tercer Premio - Única Modalidad




PURA VIDA




Acaba de nacer.
Tendrá una chupa de látex natural. Los pañales, de celulosa extra
reciclada. La maleta del colegio tejida de cáñamo ecológico, y los lápices de
cedro repoblado. La ropa, exclusivamente de algodón procedente de
cultivos solidarios. Comida biológica sin tratamientos fungicidas,
herbicidas, ni abonos sintéticos. Champú, gel y desodorante sin fosfatos ni
alcohol. Espuma de afeitar biodegradable. Preservativos hipoalergénicos.
Solo whisky de malta, envejecido15 años en barricas de roble americano.
Gafas con cristales orgánicos, de lentes bifocales y progresivas. Babuchas
de pelo de borrego. Los implantes de la dentadura, de cerámica. El colchón,
de fibras de coco.
La lápida de mármol, de cantera controlada.



MIGUEL GARCÍA MORALES
III Certamen - Primer Premio - Única Modalidad





TIEMPO




Uno, dos, tres, cuatro... Despertó, dudando aún si lo hacía a causa de ese
molesto e incesante pasar y pasar de números o porque era real la
sensación de hastío al haber dormido durante millones de años, muchos
más de los que nadie necesitara. Atribuyó el malestar al exceso de
descanso: es normal estar un poco aturdido cuando acaba uno de estirar un
poco las piernas, y también el resto del cuerpo. No pudo. Seguía sin
explicaciones... treinta y nueve, cuarenta... «¿De dónde sale esa voz que no
hace más que contar y contar?», se preguntó. Ahora que prestaba atención
le parecía impensable que aquélla fuera la causa de su despertar, ya que no
se trataba de un sonido estridente, ni siquiera era una voz, como había
dado por hecho, era más bien un rumor sordo proveniente de un lugar muy
cercano, casi interior... cuarenta y ocho, cuarenta y nueve... Intentó
concentrarse en el rumor, hallar su origen, pero comprobó con nerviosismo
cómo le era imposible. Es más, se sentía cada vez más y más atrapado por el
devenir de los números... cincuenta y ocho, cincuenta y nueve...
¡¡¡UUUUNOOOOOO!!! Gritó, y lo hizo con todas sus fuerzas, unas fuerzas
provenientes de algún lugar oscuro, muy alejado de la propia voluntad. Se
descubrió exhausto hasta el extremo e incapaz de pensar, únicamente le
envolvía el imparable martilleo... uno, dos... veintitrés, veinticuatro...
cuarenta y ocho, cuarenta y nueve... Y ese temblor que crecía por dentro,
que le sacudía poco a poco, de dentro a fuera hasta que lo inevitable...
cincuenta y nueve... terminaba por ocurrir... ¡¡¡DOOOOOOOS!!!
Quiso morir, pero estaba demasiado cansado incluso para ello, emitió un
leve sonido de auxilio... «Tú no creías en la reencarnación, ¿no? Pues vete
acostumbrándote», le espetó el segundero en un tono que a él le pareció el
mayor de los desprecios.



CARLOS JAVIER RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
III Certamen - Segundo Premio - Única Modalidad






LA HOJA




Fue una mañana común, en la que aquella hoja empezó a pensar. Se giró,
y miró a la rama que le había dado la vida. Le daba vueltas a la idea de que
aquella rama hubiese tolerado que ella naciera en ese pequeño espacio que
ocupaba, dándole todo lo necesario para crecer. Pensaba en el sol, que le
había ofrecido el calor, en la lluvia, que había apagado su sed, y en cómo
también ellos habían hecho posible que continuara su existencia. Era una
pena que no pudiera expresarles su gratitud, y mientras se deleitaba con el
movimiento de las nubes, se desprendió. Su vida había llegado al final, y aún
así, se sentía agradecida por ello, porque ningún ser humano le hubiera
quemado hasta aquel instante, y pudiera dejar este mundo con dignidad, y
con la suavidad con la que el viento, la hacía bailar en el aire mientras caía.
Aquel momento se hizo eterno, porque tanto la rama como el sol, la lluvia,
los seres humanos y el viento, le habían hecho disfrutar de su existencia, y
ahora, del final de ella, tolerando su forma, su color, su procedencia y sin
pedir nada a cambio. Era inmensamente feliz, pero esa felicidad se vio
empañada por la tristeza en cuestión de segundos, cuando miró a su
alrededor y pensó en otras hojas, que podrían haber disfrutado de ese
momento como ella y no lo habían hecho, porque por su procedencia, color
y forma, alguien había arrebatado la dignidad convirtiéndolas en algo
artificial, sin piedad. Pero, ¿qué se puede esperar de los humanos, si no
pueden respetar su propia especie, si no han aprendido el significado de la
palabra tolerancia, y se matan entre ellos? Nada. No puede esperarse
respeto, ni tolerancia hacia la Naturaleza. Se apenó por ellos, que como en
su caso, comienzan a pensar al final de sus días. Y volvió a ser feliz aquella
hoja que llegaba a su fin, porque se sintió orgullosa de ser hoja, y no ser
humano, y poder morir con la dignidad y la alegría con la que había vivido.



ANA MARÍA LORENZO BALBOA
IV Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




EL VIENTO ES UN CABALLO




Era verano, la fresca brisa del océano golpeaba suavemente en mi rostro.
El incesante cosquilleo que sentía en mis pies no era más que el contacto
del ir y venir del agua, agua que no hace mucho tiempo formó enormes olas,
olas que ahora vienen a morir a mis pies sin más alternación que un breve y
leve suspiro que, en su conjunto, provoca ese grato susurro que parece una
melodía cantada por el propio mar, que se confunde con el sonido de las
aves y hace de la playa un lugar mágico.
Entonces, levanté mi mirada y encontré la tuya; tus ojos azules se
clavaron en los míos, tu mirada penetró hasta lo más profundo de mi alma,
y arrasó con todo lo que a su paso se encontraba. De pronto te vi y tú me
miraste a mí. Fue entonces cuando supe que no habría un solo segundo más
en mi vida en que al cerrar mis ojos, los tuyos, allí mirándome, no
estuvieran.
Entonces, comencé a soñar, soñaba que contigo yo volaba, que no
existían barreras que nos cortasen en paso; soñé que por tu amor yo
llegaría al cielo, o que por tu desamor yo caería al suelo, solo por ti, por tus
ojos, por tus labios…
De repente, una suave ráfaga de viento me evadió de mi ensueño y
respiré un aroma indescriptible, un aroma fresco, ligero y dulce, pero a la
vez amargo, pues, al abrir mis ojos, tú ya no estabas frente a mí. Entonces,
aprendí que el viento es un caballo que galopa por amplias praderas, que a
su paso trae el recuerdo, pero que tan pronto se va, aparece el doloroso
olvido. ¡No dejes que ese caballo galope por las praderas de tu alma! ¡No lo
dejes porque se marchará y te abandonará en el olvido!



MIGUEL ALFONSO GONZÁLEZ MANTECÓN
IV Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




PERDIDO EN TI




Sin saber cómo, sé que me esperan. No veo luz pero siento amor. Una
explosión, un gran flujo de sentimientos depositados en una persona, tú. Y
una vez en ti, dos se unen y me hallo. En un principio me ignoras, soy inútil
ahora… Es lógico, ni siquiera sé cuál es mi fin. No puedo hacer nada, solo
sigo lo que parece ser el orden natural de las cosas, pero dependo de la
voluntad de los que me tejieron. Tiempo después, he madurado. Ya tengo
menos espacio. Me encuentro en una bolsa de papel celofán que parece
que el tiempo va envejeciendo y deteriorando, como si su fin sea
protegerme y su destino romperse. Pero heme aquí, en un lugar tan oscuro
y a su vez tan hermoso que siento que solo ahora puedo disfrutarlo. De
cerca, emanan chorros de cariño y multitud de cuidados, acompañados de
una tierna tranquilidad… pero no lo entiendo. No entiendo esto. No sé por
quién me debo, ni tampoco a qué me debo. Pero de algo estoy seguro, sé
que estás esperándome en ti. Y todo ello es por ese órgano que palpita y
que se acelera porque sabe que yo estoy, ese que hace que no sienta
aquella fría soledad, el mismo que me hace crecer, que me hace seguir.
Ahora, es cuando empieza a tomar sentido todo. Ya recuerdo aquella voz
de antes del principio, la que me dijo que somos esa maravilla única en la
realidad, tan inocente y tan tierna, que poseemos la libertad de crearnos
como queremos. Esa voz que dijo «ve». La misma que me envió aquí. Algo
me empuja a salir. Aquella bolsa ha desaparecido. Siento que me sientes
más que nunca, que sufres y llorar por mí. Yo solo te quiero conocer. Esto
es el final y el comienzo de un derecho inevitable. Veo la luz. Me alejo de
ti… se abre esa salida. Por fin lo entiendo, eres la persona que me lleva a eso
a lo que llaman VIDA.



FRANCISCO JAVIER TRUJILLO ESTÉVEZ
IV Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




OSCURIDAD HELIÓFAGA




Hay una enredadera y un almendro. Desde mi escalera se ven bien.
Ahora, sentada en los peldaños, cierros los ojos y el mundo es naranja. Mi
piel se enciende con una cálida caricia del ambiente. Penetra en mi cuerpo
hasta derretir mis huesos, que ya no quieren moverse. Abro de nuevo los
ojos. La enredadera y el almendro siguen ahí, sufriendo en sus hojas la
ebullición de sus savias. Con lentitud y casi con dolor, giro la cabeza hacia
él. Parece que duerme, tiene apoyada la mano en su enorme barriga,
cubierta de gruesos hilos negros. Está sudando. Tiene la barba de más de
cuatro días. Respira pasivamente.
Él no sabe que ayer maté un perro, que he empezado a gastarme grandes
cantidades de dinero en productos de cosmética de antienvejecimiento,
que cada vez con más frecuencia mi amiga Andrea y yo nos citamos en su
apartamento y, mientras ella va conociendo cada lunar de mi cuerpo y me
va dejando marcas etéreas indelebles en la piel… él no sabe nada.
El día se está cerrando; un despido oblicuo y hasta mañana. Como en
forma de alfileres viene dañando la primera brisa nocturna. A medida que
la luz me va abandonando, en mi interior va aumentando una sensación o
un sentimiento.
Pienso en matarle, pero me da miedo. Le observo otra vez y con estupor
compruebo que continúa durmiendo. Es como un animal grueso y velludo,
horrendo. Le voy odiando poco a poco, con cada estrella que aparece. Es
sucio, todo está sucio. La oscuridad se come el sol, y ahora, yo me he
comido el miedo.



AMANDA IZQUIERDO GONZÁLEZ
IV Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




HISTORIAS DE LA HISTORIA




Érase un hombre pequeño, que vivía en una casa diminuta, rodeada por
huertos en los que apenas crecían un par de naranjeros, unas lechugas y
otros tantos tomates, a los que dedicaba sus momentos de silencio y
reflexión. Sus tierras se alimentaban de un estanque situado en lo alto de
su propiedad y que podía contemplarse desde la carretera más importante
y transitada del lugar.
Una mañana se levantó, y observó que en el muro de su estanque
aparecía una pintada: ¡¡Libertad!! Sin que tuvieran que pasar muchos años,
aquel mensaje despintado vino a ser sustituido por otros: ¡Viva la
democracia!, leyó en los sesenta. ¡Huelga general!, leyó a los setenta. ¡No al
aborto!, pintaron a los ochenta, sobre aquellos redondos muros de un
blanco de mil tonalidades. Mientras, nuestro amigo pensaba: «Hay que ver
cuánto ha visto este muro». Con la llegada de los noventa vio cómo crecían
otros muros, desaparecían los árboles, nacía un niño, fallecía una abuela y
se atropellaban mayor número de perros. Pero a su estanque no le faltaban
mensajes: ¡Paz!, ¡Igualdad!, ¡Trabajo!, ¡Mundo verde!... El hombre no
cesaba de admirarse ante lo mucho que había tenido que soportar su
estanque.
Una tarde, el hombre se sintió cansado. No salió a cuidar de su huerto,
como era su costumbre; prefirió echarse un rato. En su oscura habitación,
recostado sobre su colcha de flores y flecos, entró en un profundo sueño
del que no salió jamás. El mundo se estremeció, muchos niños cerraron sus
libros de historia. Se habían perdido los ojos que contemplaron el mundo a
través de un muro.



CARMEN RITA HERNÁNDEZ QUINTERO
V Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta





MIRADAS DE AMOR




Cuando se dieron cuenta era demasiado tarde, ¿quién iba a decir que se
enamorarían en aquellas circunstancias y de aquella manera?
Desde un principio aceptaron su destino —cada uno por su lado— y
aunque intentan evitarlo, ya que la vida antes de enamorarse los ha
condenado a vivir separados, no pueden dejar de amarse.
Han inventado un idioma con las miradas, el único con el que por un
pacto nunca firmado se hablarán de amor. Así, hay miradas de «te echo de
menos», miradas de «te quiero», miradas de «tiernos abrazos» o miradas de
«apasionados besos».
Pasan los años, su amor sigue intacto, no se desgasta con el roce de la
carne, y aunque a veces dudan en vivir una aventura apasionada, desde el
principio aceptaron su destino, siguen amándose con la mirada.



ROSA LETICIA QUINTANA EXPÓSITO
V Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




IGNOMINIA




Nadie me cree. Me llaman loco cuando lo cuento. He llegado a un punto
en el que prefiero evitar compartir tan importante y revelador documento
testimonial. Por la ignominia que supone hacerlo, hacia mi persona y mi
credibilidad.
Ya solo lo hago cuando la coyuntura es aparentemente apropiada;
cuando creo que la gente que me escucha es, al menos, relativamente seria
(y permítanme ese margen de duda).
—¡Vamos, cuéntalo!
—¡Otra vez!
—¿Otra vez?
—¡Otra vez!
Pobres ignorantes. Imperfectos borradores de anteproyectos de ilusos.
Creen que es mentira.
Y en efecto, no solo es real, sino que además es cierto. Yo soy de los
pocos que sé que ya alguien sabía (antes del comienzo de todo), que este
mundo se asentaba sobre un mal cimiento.
«Sí, señoras y señores, sí, yo hablé con él. Yo conocí al Sommelier de caldo
primitivo, y me dijo que, al catarlo, le pareció que tenía muy mal paladar».



ÓSCAR ROCÍO GONZÁLEZ
V Certamen – Mención especial - Modalidad Adulta




MIEDO




Llega la noche y me refugio en una esquina de mi habitación. Soy
consciente de que eso no va a impedir que las agujas del reloj corran
impasibles buscando la hora más oscura para hundirme, para dibujar en mi
cabeza todo tipo de fantasías aterradoras, pero hace que me sienta un poco
más segura dentro de mi pesadilla. Mi imaginación juega con mis sentidos.
Ya no soy capaz de distinguir la realidad de la ficción. Oigo voces en mi
mente, voces que me dicen cosas que no puedo llegar a entender. Mi
cabeza es como una bomba a punto de estallar. Siento que el corazón ha
abandonado mi pecho para anidar en mi cuello y hacer vibrar mis venas
hasta hacerlas estallar en mi mente.
Angustia. Impotencia. Sudores fríos recorren mi cuerpo: empiezan en
algún lugar de mi interior para apoderarse de todo mi ser. Siento la
humedad en mí. Siento bañado hasta el rincón más recóndito de mi cuerpo.
Un escalofrío recorre mi espalda. El sueño se va apoderando poco a poco
de mis ojos, mis párpados se cierran y yo lucho por controlarlos. No soporto
esta sensación de descontrol que me invade. Miedo. Miedo a sumergirme
en la más profunda oscuridad. Miedo a que mis ojos se cierren. Miedo a que
no se abran más. La oscuridad me asusta. La noche me aterra. Mi cama se
ha convertido en mi ataúd.



JEANNIBETH ACOSTA OSORIO
V Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




EFERVESCENTE




Hoy, por alguna extraña razón, me sentí una pastilla efervescente, en un
principio, lisa y con textura terrosa, perfectamente cilíndrica, anaranjada,
manchada de un tono más claro. Y entonces vi la mano, una mano humana
que me asía con grima, al menos mi tacto le desagradaba, y me obligó a
observar mi alrededor, lo divisé, el vaso de cristal lleno de agua, maldita
agua, ¡asesina!
Me precipitaba hacia lo más profundo de aquel infernal habitáculo, y ya el
agua se tornaba naranja con los trozos que se deshilaban de mí. Tan solo
sentí que me encendí, me encendía en el agua, escapaba de mí el oxígeno
que nunca tuve, el polvo ascendía en el agua, más que polvo, casi humo. Al
cabo me vi envuelta en la espuma de la superficie por falta de peso.
Desaparecí, me deshice en su lengua, se atrevió a mancillar mi sabor con
el de una fresa, ya era polvo, no era cilíndrica, no era corpórea, no era...
Hoy, por alguna extraña razón, me sentí una pastilla efervescente. Y nada
más.



DÁCIL YANES ALONSO
V Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




EN EL PANÓPTICO




Yde nuevo, no puedo más. Me falta el aire, respiro profundamente pero
no llega a mis pulmones. En mitad de la ciudad, postrado en el suelo, siento
cómo los síntomas de mi agonía vuelven a aparecer. Sin causa aparente, sin
defecto físico, sin enfermedad crónica, siento que muero. Me miran y no se
detienen, no son conscientes de que ellos mismos me provocan esto, de
que son los culpables de que la felicidad no sea mi aliada. No estoy atado,
pero no puedo caminar, no soy mudo, pero no puedo hablar, nada me
asfixia y me cuesta respirar. No estoy preparado para esta, la gran urbe,
con sus cientos de transeúntes que me miran incesantes, pupilas fijas en mi
ser, comisuras de ojos que se abren y cierran sin parar, mientras yo, en el
suelo, me percato de todo. Busco mi intimidad allá donde vaya y cada vez se
me hace más difícil. Cada movimiento que realizo queda registrado,
mientras me quemo en mi interior. Me encuentro en una cárcel de vasto
perímetro, concretamente en un panóptico. Estoy en esa celda donde cada
detalle queda minuciosamente escrutado por aquellos que me vigilan. No
pido ayuda ni compasión, solo quiero que me devuelvan mi libertad, mi
intimidad, mi vida. No me gusta ser observado. Tengo el derecho a elegir, y
yo elijo gritar. Grito por lo que pienso, grito por lo que siento, grito por la
indiferencia de la sociedad y, por último, grito por mí. En mitad de la ciudad,
ciego, mudo y atado, me levanto, los miro y grito porque quiero.



PEDRO BRAVO SOCAS
VI Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




BESO DE INVIERNO




Con la cabeza pegada a la bufanda, solo podía entretener mis sentidos
contando las veces que mis zapatos entraban en la escena. Mientras
caminaba, los árboles que se alzaban a los lados, custodiándome,
susurraban poemas de amor e iban dejando caer una hoja por cada verso
intenso que recitaban. Intenté sacar las manos de los bolsillos, para aclarar
mi mirada, pero la caprichosa brisa me había negado ese derecho, quería
verme llorar y congelar mis lágrimas. Pero yo, esta vez, no tenía ganas de
jugar. Las nubes abrazadas en oscuras orgías, derramaban sobre el mundo
los restos de sus desenfrenos, y todos los de aquel lugar nos quejábamos.
Los árboles dejaron de recitar poesía y silenciaron, y la brisa se disipó
enojada porque no conseguía distinguir mis lágrimas. El camino era largo,
aún no podía adivinar mi destino entre la neblina, ni siquiera sabía si valía la
pena pasar por esto para llegar, pero entendía que no había lugar peor que
este. Cada paso hacia delante oscurecía lo andando, no me atrevía a volver
la cabeza. Entonces, desenfundé mis manos para secar mi cara, y espiando
se encontraba el viento que me sacudió con un castigador soplo helado, no
dejaría el juego hasta verme rendido. Separé entonces mi barbilla de la
bufanda y encontré el banco camuflado, mi destino al fin. Pequeñas llamas,
algunas azules, brotaron de mis articulaciones en socorro de mi prisa, mi
alma deseaba tanto salir…
Y al fin, frente a ella, comprendí mi éxodo, y mi espíritu la abrazó movido
por los sentimientos de mi mente, y mi alma la besó sacudida por el
corazón. La excitación en el cielo creció, y las nubes se apretaron
apasionadas, la brisa nos rodeaba veloz mientras la lluvia nos mojaba
intensamente. Nuestro aliento se encontró en un chispazo, mis ojos no se
volvieron a abrir y mi mente se perdió en alguna parte del universo. El
sonido del diluvio se oía ya lejano, las gotas eran ecos de aplausos y los
árboles se agitaban sumidos en cómplices carcajadas. El tiempo no se
detuvo, se intensificó y comprimió en un momento, fluyó acelerado
quemando este recuerdo en mi memoria.



YERAY SCHWART CABALLÉ
VI Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




LUCHA DE TITANES




Tener que levantarme muerta de sueño a las tres de la mañana me
enfurece. Me irrita pensar que tengo que pasar cuarenta minutos en vela
buscándolo, con los ojos ensangrentados por el sueño roto. Aguzo mi oído,
no escucho nada. Esa nada me transporta directamente a los labios de
Morfeo y cuando este está a punto de besarme, aparece de nuevo el otro.
Lo odio, no puedo con él. Me irrita, me provoca. Sabe aflorar los más
deplorables e insensatos deseos que mi mal alberga. Mis incandescentes
ojos lo ubican, me levanto de un salto. Me coloco frente a él. Me mira
impertérrito aún sabiéndose acorralado. Sin quitarle el ojo, lentamente,
cojo el arma. Mi respiración es contenida, mis nervios se amontonan en las
sienes. Son las tres y media de la mañana y estoy en mi habitación,
desprotegida, frente a esta bestia inmunda. No puedo errar, NO, me va la
vida en ello. Parpadeo y al abrir los ojos, no está. Cual materia gaseosa
desaparece ante mis ojos. La ira se aprieta entre mis dientes y provoca el
dolor de mi mandíbula. Me giro. Lo busco. Me muevo. Lo presiento. Me está
mirando, está buscado mi punto débil. Ahora soy yo la acorralada. Mis
manos tratan de esconder mi cuerpo casi desnudo, y de pronto… touché. La
ha clavado, estoy herida. Lentamente giro mi tronco y en la pantorrilla
encuentro la estacada: una pupa roja cuyo picor viaja por las calles de mi
sangre apoderándose de todos los músculos, huesos, cartílagos, venas…
abarcando a mi ser completo. Un frágil suspiro me sirve de pésame y un
poco de alcohol intentará amortiguar la horrible picazón incandescente. Lo
odio, lo detesto. Siempre gana el maldito insecto.



SINTRA DA COSTA HERNÁNDEZ
VI Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




EL ORDEN PERFECTO




Desde hacía ya un buen rato, el negro manto del crepúsculo se había
convertido en una densa bruma extendida por toda la ciudad. La niebla
trepaba rauda por los edificios, lamiendo bajantes, tejados y chimeneas.
Abajo, sumidos en la maraña urbana, miles de anónimos ciudadanos se
dirigían en caótico tropel hacia sus casas. Los primeros en llegar, se
acomodaban en las butacas del salón para distraerse ante el espectáculo
cotidiano de la televisión. Otros, más preocupados por los ritos de la
convivencia disfrutaban con los suyos el placer de compartir la única
comida familiar del día; los menos, aunque todavía no era hora de irse a la
cama, hojeaban viejas revistas intentando enganchar el primer sueño.
Afuera continuaba el bullicio, si bien, en contra de lo que ocurría
normalmente, los espacios de silencio eran cada vez más prolongados;
como si todo se hubiera conjurado para hacer insólita una tarde común. Al
poco, todo fue noche: monólogo de oscuras sombras, de celajes
vertiginosos, de hoyos profundos y extraños. La oscura parca, envuelta en
su velo azabache, arribó puntual. Como cada día recorrió satisfecha la
vasta extensión de la ciudad montada en su carro negro. Nada perturbó su
calma; todavía no eran horas de que el canto del gallo o el ladrido de los
perros alteraran su tranquilidad. La negrura, mientras, diluyó las últimas y
perplejas farolas de la infinita periferia. Se respiraba una paz
desconcertante, pero nada hacía presagiar tragedias. Al contrario, allí
donde alumbraba una luz, bullía la vida, los gritos y el jolgorio familiar se
confabulaban dando una sensación de normalidad que negaba el viscoso
ambiente de la calle. De pronto, un chasquido indescriptible heló la sangre
de todos: tembló el mundo, las montañas se abrieron de cuajo, cayeron
edificios, chocaron trenes, se estrellaron aviones y la ciudad desapareció
engullida en la catástrofe. Al día siguiente, todos los diarios publicaron una
escueta nota de prensa enviada por el gobierno. «Los servicios de
protección civil han funcionado correctamente; todos estamos muertos,
por favor: ¡Que nadie salga de sus casas hasta nueva orden!»



JAVIER ESTÉVEZ ZAPATA
VI Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




SILENCIO




Océanos de nimbos se atragantan devorando azoteas dispuestas, aquí y
allá, sin orden aparente. El mundo gira fuera de mí y el cosmos sigue su
curso trascendental en el interior de mi alma. Los sonidos no tienen función
en la armonía celeste ni terrestre; nada fue creado para ser escuchado sino
lo que hombre inventó para tal fin. Quizá el Universo fue creado en
silencio, pues el ruido no existía antes que la capacidad inherente al
hombre inferir ideas a partir de los sonidos y ser conscientes de ello. Al
principio solo existía el caos: mudo, absorto en su propio devenir
contingente. El silencio es la llama que aviva mi fantasía, la orquesta de mis
frustraciones y ambiciones, el leit motive de esta existencia anónima,
clandestina. De otro modo, los sonidos o la música me distraen, llevándome
a otro estado, a otro lugar sin mi consentimiento expreso. Todo lo que no es
silencio es un rapto a la imaginación libre, pura e individualista. El ruido y la
música emergen con forma de sílfide, exhibiendo su entrepierna,
susurrándome como las sirenas a Odiseo: «Ven, ven a mis brazos». Lo que
destruye el silencio provoca el aborto de mi bestiario. El verdadero
monstruo de papel surge del silencio, el más puro y cruel; aquel que fue
dado a luz por palabras sordas, fruto de la preñez ignota de la escritura
libre.



DANIEL ARTILES RODRÍGUEZ
VII Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




CAPÍTULOS PUBLICABLES




Hansel ya no soporta más a Gretel. Tanto atracón de dulces y chocolates
la ha puesto gorda y fea, y lo que alguna vez fue un amago de incesto, hoy
es un más que casto odio fraterno.
Caperucita y el leñador no pasan tampoco por su mejor momento. Ni los
años ni los hijos han logrado amortiguar en ella el rumor interno, la duda,
de la pasión que hubiera podido ser y nunca fue con el lobo.
El cisne que antaño fue patito feo está ya harto de su vida. En el lago todo
es glamour, belleza, apariencia, pura perfección. Añora con todas sus
fuerzas su infancia, aquélla en que lo verdaderamente importante estaba
en el interior.
Pulgarcito no tiene problemas de pareja. Y ése es el problema. Tanto
hablar de que lo importante está dentro, de que la apariencia es
secundaria... pero su minúsculo tamaño sigue siendo un obstáculo
insalvable.
El gato ya no se pone las botas, esas botas que lo convirtieron en una
atracción de feria entre los humanos y en un apestado entre sus
semejantes. Le da asco el recuerdo de su propio orgullo. Ahora, ya no está
de moda entre los humanos, y los gatos no le perdonan sus aires de
grandeza.
Hoy se reúnen todos, y algunos más, en el local del Club de Esclavos de la
Añoranza. El tema del coloquio del día es: «La vida es gris, aunque haya
tenido capítulos publicables».



CARLOS JAVIER RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ
VII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




DESCALZANDO LA VIDA




El viejo Antonio siempre nos narraba sus historias desde sus pies; con
aquellos dedos grandes y gordos siempre desnudos en el charlón de la
puerta de su casa. —Son —decía— la parte de nuestro cuerpo que pasa más
tiempo junto a la tierra fecunda; son las raíces del hombre y el sostén más
importante del alma. Los pies pasan con nosotros la vida y son reflejo de ella
misma, porque son los que dejan la huella de nuestra estancia en el mundo. Así
nos contaba aquel viejito de mil arrugas mientras jalaba largas caladas en
su humeante cachimba de tabaco, narrando una a una todas aquellas
historias al sinfín de chiquillos que se ajuntaban en torno suyo todas las
tardes. —Nací el mismo día que mis pies; ellos son mis gemelos —aclaraba
irónico aquel viejo mago.
También nos contó que con el tiempo les buscó unas lonas para caminar,
pero que sus pies se quejaban tanto y armaban tanto jaleo por estar
acostumbrados a abrazar la tierra que pisaban, que no tuvo más remedio
que andar siempre descalzo. Así narraba cada una de sus historias aquel
viejo con la mirada perdida entre sus pies y el humo intenso. Antonio decía
que sus pies iban a buscar leña y cisco al monte y que él, desde que era
chico, los acompañaba. También nos contó que un día sus pies conocieron a
otros pies y que acabaron entrelazados, y que al final se hizo tan amigo de
su portadora, que para no separarlos nunca se casaron, y tuvieron hijos, y
sus pies, piececitos.
Pero un día, Antonio no humeaba aquel fétido tabaco en su puerta, se
había marchado para siempre. Todos corrimos a su encuentro para ver por
última vez a aquel entrañable anciano. Y allí yacía, en un cajón negro
vestido de arriba a abajo, todo elegante, como nunca antes lo habíamos
visto. Sus pies eternamente descalzos estaban ahora cubiertos de unos
relucientes zapatos de charol. Nunca olvidaré aquel día en que desvestimos
sus pies para dejarlos desnudos ante el estupor de la gente, como ellos
querían y Antonio consentía. Luego, pusimos dos rosas sobre su cuerpo,
una en el pecho, para despedirnos de Antonio y otra entre sus pies, para
decirles adiós también a ellos.



ZEBENSUI LÓPEZ TRUJILLO
VII Certamen - Mención Especial - Modalidad Adulta




INSTANTÁNEA




Siempre me ha gustado sentarme en el suelo los días de tormenta,
guarecerme tras el cristal de aquella ventana y soñar. No es una ventana
cualquiera, es La ventana: mi ventana, la ventana de horizonte infinito. Mi
parapeto frente al mundo. Es posible que por eso haya venido a
acurrucarme a esta esquina, buscando silencio, un detenerse en un
continuo devenir, un rastro de cuerda locura o de loca cordura. Tanto da.
Necesito una cifra. Busco una evidencia matemática que se convierta en
eufemismo de la muerte, o un poema de dolor desenfrenado que me invite
a gritar.
Cierro los ojos y aún te veo con tu objetivo escudriñando aquella escena.
Recuerdo esos ojos que te paralizaron justo después de captar la
fotografía, la misma que te atrapó a ti. Aquella mujer que te envolvió en su
dulzura de piel oscura, rodeada de deseos de cambio, o aquellos silenciosos
monjes vestidos de azafrán. Olía a desagüe. Escogiste aquel lugar para
acariciarlo con tu cámara réflex, cual amante irreflexivo, y aquel país te
elegiría a ti. Estabas allí, en la ruina de la civilización, el suburbio implacable,
lleno de muerte. Tú eras la única arma de toda aquella gente: Su valentía y
tú. Juntos llegabais a ser un tándem perfecto, como si la armonía al fin
hubiera decidido no pasar de largo y prefiriera recorrer las calles de tus
fotografías.
Regalaste al mundo la verdad y a mí me acariciaste con tus sueños.
Ausencia, lágrimas, vacío. A mi lado, tu premio por aquel reportaje; entre
mis manos, una fotografía: tú, sonriendo, desafiándonos a todos. Como
aquel último momento en que, consciente del desenlace, me abrazaste y
me miraste con ojos eternos. «Te quiero». Alzaste las manos. Más disparos.
Una sonrisa. Maldita necesidad de contar historias.
Maldita suerte de amanecer vivo.



DANA ALTEA ESPILO ÁLVAREZ
VIII Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil





NADIE VIO SI...




Ala izquierda, el camino sin sentido caminaba; a la derecha sonaba la
cascada, que caía.
—Yo estoy quieta.
En mi quietud había nubes y plantas tropicales, pero nada más.
En el suelo no había más que ruido, y el cielo era un techo sin estrellas.
—Estoy hecha de aire mecánico y púrpura.
No supe quién hablaba. Nunca lo supe.
Me apoyé sobre el pequeño muro del puente que aún recordaba últimos
alientos.
—Soy la sombra de la diosa andrógina.
Escuché rasgarse el agua, gimiendo, saltando al vacío, desesperada.
Olía a libertad inútil, a piel insensible, a mil años de espera
indispensable... Olía al recuerdo insomne.
Mis manos calladas soportaban la cálida angustia y no abrazaban a nadie.
Mis manos desnudas daban a luz a un calor que se esfumaba, que se echaba
a perder. Descansaban en la fría piedra.
Insustancial, pero magnífico, silbó entonces el desapercibido susurro en
el interior inalcanzable; que parecía estar calmado, casi dormido, cuando
hizo aparecer una exótica sonrisa que decía:
—Yo soy la mitad de mi ser.
Esto me hizo ver que yo únicamente había estado respirando un aire
verde, sombrío y curvo. Uno de mis pulmones se limitaba a esperar,
mientras que el otro... aún estaba por llegar.



DANIEL ARMAS NÚÑEZ
VIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




UN GRITO DE INCOMPRENSIÓN




Por ser mujer.
Al principio fue un grito que profundamente dolió, al instante un golpe
que penetró y sangró, al día una amenaza punzante y temerosa, que a
diario se convirtió en un modo de vida que comenzó con un grito de
incomprensión.



VIRGINIA SOSA FUENTES
VIII Certamen - Mención Especial - Modalidad Juvenil




DISCREPANCIAS LITERARIAS




—¡Galeano! —defendía Álvaro a grito pelado.
—Chéjov! —replicaba serena pero contundente Mónica.
—¡No, no... Galeano!
—¡No... Chéjov!
—¡Galeano te digo!
—¡Chéjov!

Después de varias horas de inerte discusión los cuerpos agotados se
miraron, se sonrieron levemente y se deslizaron hacia un beso casi eterno.
Cuando terminó el largo intermedio, él le dijo en voz baja al oído:
—Chéjov.
Ella corrigió:
—¡Galeano.



ZEBENSUI LÓPEZ TRUJILLO
VIII Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




EL ABRAZO PERDIDO




Dedicado a los hijos que nunca lo fueron.

De niño enseñaron que el acto de pedir es un arte...
...Tiene algo de poesía —al evadirte de ti mismo— algo de música —al
escuchar tus miedos y los suyos— un poco de pintura, pues solo a ratos
puedes ver la evocación surrealista del frágil óleo de la vida, y como no, la
escultura de un figurante perenne, que mira casi siempre a otro lado.
No recuerdo bien quién me enseñó a doblar mi dignidad al ritmo de una
moneda con rostro agradecido. Quizás las circunstancias han marcado mi
destino. Mi no destino. A veces, cuando el estómago deja de insistir con su
ruidoso anhelo vital, escucho a la gente masticar la indiferencia con la
saliva secretora de un conformismo alienante. Me miran. Se apiadan de mis
anfibios zapatos, de mis legañas infinitas, de los visibles huecos que dejaron
los dientes que nunca fueron míos. Me temen (solo deseo un abrazo).
Mi trabajo y mi afición se unen en la esquina donde no convergen las
delicias de la vida. En el borde de la acera franqueada por el color rojo de un
semáforo que muere, allí donde la luz y la tiniebla encuentran la excusa
perfecta, para seguir alentando la soledad del que nace para vivir a medias.
Aún hoy, veinte años después, puedo sentir cómo mis brazos son
desgarrados, cortados a sangre fría con una sierra oxidada (acaso con las
lágrimas que brotaron de mi alma). Lisiado para siempre. Un soldado sin
patria educado para mendigar. Un buscador de tesoros, esos que aguardan
camuflados por la ceniza del cigarrillo inacabo, del auto que con frecuencia
se detiene —no por empatía, sino porque el semáforo sigue siendo rojo—.
Hoy deseo poder abrazar la libertad. Aún sin manos puedo tocarla en
sueños. Y en su regazo natural, lejos de los brazos del mafioso maestro,
vuelvo a ser un niño. Uno más. Un pequeño pájaro que mueve sus piernas, y
se siente vivo porque nunca más planeará en el susurro de un suicidio
liberador.



INOCENCIO JAVIER HERNÁNDEZ PÉREZ
VIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




PERDER EL NORTE




No sé cuántos años llevo oyendo lo mismo: «¡Has perdido el norte!», me
dicen. Y lo cierto es que nunca lo tomé muy en serio. ¿Cómo podía haber
perdido el norte?
Además, siempre me lo reprochaban en momentos en que no venía al
caso: «¿Por qué has vendido la casa por tan poco dinero?». Y luego: «¡Has
perdido el norte!». ¿Qué tenía que ver? «¿Cómo puedes pensar que ser cada vez
mejor persona es un trabajo?». Y seguido: «¡Has perdido el norte!». ¿A qué
venía eso? «Que has pintado las tejas con pintura verde para no romper la línea
cromática del valle». Y dale... «Tú... ¡Tú has perdido el norte!». ¡Qué coño voy a
perder yo!...
Pero últimamente estoy sintiendo cosas que no me gustan nada. Cosas
muy raras. Le gente que no huye de mí, me trata muy mal, se me cuelan en
el supermercado, me gritan, silban y pitan cuando conduzco mi coche. Todo
es muy extraño. Siento como si la mayoría de la gente (el común) me odiara.
Estoy empezando a pensar que, efectivamente, he perdido el norte. Eso
sí, no sé cómo ni en qué momento, pero asumo la culpa que no parece ser
sino mía, a juzgar por el trato que recibo de todo el mundo.
Y pienso encontrarlo. De momento solo se me ocurre apelar a la
colaboración ciudadana, de algún alma caritativa que me ayude, así que he
pegado algunos carteles: «SE BUSCA EL NORTE. Se gratificará». Aunque
temo que será muy complicado encontrar un punto cardinal.



ÓSCAR ROCÍO GONZÁLEZ
VIII Certamen - Mención Especial - Modalidad Adulta




UN INVIERNO SIN TI




Dejar que la lluvia me arañe la piel, recorriendo el pasado con la vista
puesta en el cielo eternamente gris.
Erizarse la piel al abrazarse con el frío que nos muerde las entrañas y
dejar escapar todo calor de nuestro maldito edén.
Acariciar el sol para envolverlo en un manto de escarcha y permitirle que
sus rayos helados nos atraviesen el alma vacía de sentimientos.
Dar rienda suelta a las lágrimas gélidas que mantuvimos tanto tiempo
prisioneras entre las pestañas dormidas.
Sonreír sin ganas sabiendo que eso, todo eso es un invierno sin ti.



OLAYA CRUZ MENÉNDEZ
IX Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




CRUELDAD




Hoy me duele el estómago como le dolería a mi abuelo cuando se lo
llevaban los guardias al paredón, con su perrito detrás dando saltos de
alegría ignorante de lo que iba a suceder. Inteligente y leal siempre le
ayudó a encontrar los sitios más seguros para ocultar a fugitivos políticos.
Pero cuando alguien lo delató y tuvo que esconderse, el perro fue
observado y seguido. Al final dieron con él.
«Dichoso de ti, pensaba camino de la muerte, nunca sabrás que tu
fidelidad me mató».
El primer tiro fue para el perro.



RAÚL PÉREZ GARCÍA
IX Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




GRUÑIDOS Y VOCES




Dos hombres y dos perros van por la calle. Uno vestido de negro y otro
vestido de blanco. Los perros al igual que sus dueños se diferencian
ampliamente el uno del otro. El perro del hombre de blanco era negro, y el
del hombre de negro era blanco. Además, uno era de raza y el otro sato.
Ambos iban paseando y al cruzarse el perro negro, le dice al hombre de
negro: —Siempre he querido ser un perro blanco o al menos blanco con
manchas negras, pero ya ves—. De refilón y casi de espalda el perro blanco,
le dice al hombre de blanco: —Siempre ha querido ser un perro de raza y a
ser posible negro, o al menos negro con manchas blancas—. En esto que los
dos hombres se miran, el hombre de negro lanza un gruñido, a lo que el
hombre de blanco responde con un fuerte ladrido, mientras sus perros se
despiden con toda clase de insultos.



HALIAM PÉREZ FERNÁNDEZ
IX Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




LA ENVIDIA EN LO BREVE DE UN DÍA




La vieja vecina tiene un huerto. Todas las mañanas se dedica a él; muy
temprano, la veo laboriosa desde aquí. Vestida de negro siempre, con ropas
con las que pretende ocultar toda su piel de varices, costras, manchas,
arrugas, y también protege su cara con una sombrera de ala ancha que ata
bajo su cuello con una cinta azul, y camina con la cabeza agachada para no
tener que saludar a nadie. Dicen que no tiene pelo, se le fue cayendo con el
tiempo, como tantas otras cosas que también se le habrán ido cayendo...
En el huerto tiene algunas flores. Entre las flores prefiere las rosas, que le
van creciendo, suyas, con fuertes y turgentes cuerpos espinados. Brotan
enaltecidas, largas y delgadas, desafiantes entre la brisa. Tan brillantes,
delicadas, ruborosas, que permanecen en su protagonismo adolescente
aun cuando ella acerca su mano de uñas renegridas para tocarlas.
Espera a que estén estalladas, como estrellas, pétalos apretados,
insultando con su color despierto, cálidamente nuevo, hasta que le
abofetea la subrayada juventud del olor que desprenden.
Ese justo día se siente feliz.
Porque su fin, severa, puede asesinar la sensación silbante de esas bocas
oníricas que le escupen la misma palabra una y otra vez: «¡Vieja!». Y corta
el brote de salud perfecta; brusca, paladea el instante fugaz en el que el filo
destruye el cordón a la tierra, sintiéndose satisfecha con su obra.



AMANDA MARÍA IZQUIERDO GONZÁLEZ
IX Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




MIEDO A VOLAR




Cada vez estoy más cerca y no sé si podré hacerlo. Tengo miedo. Se me
revuelve el estómago y me quedo totalmente paralizada, pero hago un
esfuerzo por mover las piernas; un paso, después otro... Puedo rendirme,
huir, pero me demostraría a mí misma que soy una cobarde y eso no puedo
permitírmelo.
Miro a mi alrededor. Las caras de la gente lo dicen todo, se ríen, mis
propios amigos.
Los ojos me traicionan, o puede que la mente. ¿Por qué estoy tan
asustada? No lo entiendo, ellos no tienen miedo.
Está decidido, voy a hacerlo. Tal vez no acabe bien, pero si no lo intento
estaré defraudada conmigo misma. Será mejor que cierre los ojos...
A lo largo de nuestra vida tenemos que superar obstáculos. Nadie puede
ayudarnos, solo nosotros somos capaces de derrotar al miedo en un
enfrentamiento cara a cara. En ocasiones será sencillo, otras... no tanto. En
mi caso el obstáculo es una simple valla, un ridículo aparato deportivo que
me aterroriza de forma irracional.
Y tú, ¿de qué tienes miedo hoy?




YOLANDA MOJENA WILCE
X Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




UN GOLPE MÁS




—Maldita sea —murmuré mientras doblaba la esquina.
Corrí y corrí. Mis piernas me dolían y se tambaleaban del esfuerzo.
«¿Y esos morados?», recordé la voz de mi madre. «¡Pelea como un
hombre!», me gritó mi abuelo. Todos opinaban, pero ninguno me ayudaba.
Estaba harto, me dolía todo el cuerpo.
Odio levantarme por las mañanas. Odio a toda la gente que me ve sufrir y
no me ayuda. Odio a las personas que se ríen de mí por ser más blanco que
el resto. En definitiva, odio mi vida.
Aún recuerdo la última paliza. Estaba en la parada, cuando de pronto,
unos chicos se sentaron a mi lado y me susurró uno al oído:
—¿Cómo estás blanquito?
—Déjame en paz —murmuré mientras contenía el aliento.
—Sí sabes hablar. Yo pensaba que solo sabías gritar y llorar —sonrió otro
con una estúpida mueca.
—¡Anda! Y tú sabes montar en moto —dije señalando con la barbilla hacia
la moto de la que se acababan de bajar—. Yo pensaba que los cavernícolas
no sabían —balbuceé con el poco coraje que me quedaba.
El chico levantó el puño y me lo estampó en el ojo. Luego, me cogió de la
chaqueta y me arrastró detrás de una tienda. Y sí, sorpresa. Nadie se dignó
a ayudarme.
Defenderme había dicho mi abuelo. Qué estúpido consejo.
Tengo el cuerpo lleno de morados. De cicatrices que no tienen tiempo de
curar.
—Solo quiero una estúpida vacuna contra la diferencia —susurro. Sí,
estoy llorando. Corro y lloro. Lo hago todos los días. Cada vez que me
pegan pienso: «Solo un golpe más», pero nunca es verdad.



FABIOLA SOCAS EXPÓSITO
X Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




LA CUENTACUENTOS




Antes de empezar la narradora aclaró:
—No me gustan las historias de amor demasiado largas.
Hecha la salvedad, se mojó los labios, se acomodó el texto y se lanzó:
—Te quiero —dijo él.
—Yo a ti no —sentenció ella.



ZEBENSUI LÓPEZ TRUJILLO
X Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




EL JUGUETE




En aquellos días los pinzones azules aún sobrevolaban a cientos las
verdes copas del resinoso pino canario. Las olas, como hoy, ya rugían en la
costa rompiendo sobre arena negra, mientras sus espumosas crestas eran
visibles en el horizonte a lomos de ondas venidas desde el inmenso océano,
tan empeñado en poner de manifiesto su bravura y su fuerza. Las palmeras
se erguían junto a la playa, al tiempo que sus hojas bailaban gustosas la
melodía que silbaba el impertérrito viento, sin cesar un ápice en su recio
empeño de dominar los cielos. Dátiles dorados como el oro; sabrosos como
la miel; y cotizados por los extraños forasteros, asomaban entre sus ramas
provocando en todo aquel que recalaba bajo su acogedora sombra, el
deseo de comerlos.
El isleño había quedado prendado de tan curioso instrumento. Su sonido
agradable, la hermosa melodía que desprendía al tocarse, había sido para él
todo un descubrimiento. Esperada de su mujer un niño, un hijo varón, que
habría de llegar al final de aquel mismo invierno, más siendo pobre, ninguno
de aquellos curiosos ingenios pudo comprar para él, a los presuntuosos
conquistadores ibéricos. Sin rendirse, se inspiró en sus curvas y en el
vientre abombado de la futura madre, y a mano, decidió construirse uno,
solo que más pequeño. Dedicó cada día de los que le quedaba al año, a
elegir la mejor madera de roble y palo santo que más tarde secaba al sol
hasta el extremo. Una vez acabado aquel sería su regalo, un mero juguete.
El pequeño presente esperaba sirviese al infante al menos para
entretenerse. Sobre la caja un mástil de madera de cedro. Sobre el mástil
un diapasón de ébano negro. Cinco finas cuerdas había atado a los
extremos, y ahora, acabado, agudo y melódico su sonido desafiaba al
emitido por el viento. Fue entonces cuando el volcán, ajeno únicamente
atento a su propio desahogo interno, comenzó a expulsar una mezcla
heterogénea de vapor de agua; humo; gases; cenizas y lava. Todos lanzados
desde la profunda corteza en una erupción brutal y virulenta, a la par que
inesperada. El isleño, deprisa consiguió poner a salvo a la futura madre.
Descartando su propia vida, logró salvar también al pequeño juguete de las
llamas, mientras a su alrededor avanzaban ardientes, las serpenteantes y
lentas lenguas de magma. Años más tarde, el hijo ya mayor hacía gala de un
exquisito dominio al tocar aquel instrumento de apariencia tan simple. Y en
honor a su padre, recorrió cada pueblo compartiendo su extraordinario
talento. Fue desde entonces que al curioso instrumento, al pequeño
juguete, se lo conoció bajo el nombre de: El Timple.



VÍCTOR GONZÁLEZ PÉREZ
X Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




VENGANZA SENTIMENTAL




Las luces se apagaron, y me quedé solo con mis sentimientos. Entonces
empecé a escucharlos. Se movían, arrastraban los pies, susurraban,
lloraban y reían. En la sombra todos eran fríos, todos estaban medio
muertos. Intenté huir, pero la fuerza también se arrastraba hacia mí en
busca de venganza. De repente sentí la gélida mano del odio arañando mi
pierna. Peor fue la cálida garra de la felicidad acariciando mi espalda. La
crueldad iluminó la estancia y contemplé como la esperanza huía. Después,
volvió la oscuridad.



ANDREA HERNÁNDEZ MINGORANCE
XI Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




BUSCANDO LOS COLORES DEL
ATARDECER




Siempre me he preguntado cómo sería tocar una nube. Suave, blanda,
esponjosa… Puede que incluso atravesarla. Las formas que veo en el cielo
me inspiran ideas, sensaciones… me recuerdan aventuras, decepciones…
todo lo vivido y lo que queda por vivir; reflejan mis sueños y esconden los
temores, cubiertos por una capa de ese mágico algodón; pero sobre todo
cuentan historias.
Ahora veo un ave de plumas blancas. Viaja a través de un bosque
cubierto por la nieve, camino de una cascada encantada. Quiere pedir un
deseo: reflejar el color en su mirada. Observa el horizonte, le dice el dios de
la cascada, pues cuando el Sol se oculte entre las sombras de la noche el cielo se
teñirá de vivos colores. El animal le da las gracias y se despide con un
elegante batir de alas, esperando el atardecer.
Tal vez nunca vuelva a ver al ave si sepa si logrará cumplir su objetivo,
pero seguiré mirando al cielo y soñando con alcanzar las nubes.



YOLANDA MOJENA WILCE
XI Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




CUANDO ES AMOR DE MARIO




Cuando Mario ama, amar empieza a ser empezar a dejar, a dejar de
comer, a dejar de dormir, a dejar. La cabeza le duele, las piernas se le paran.
Cuando ama. Y tiene que salir, caminar hasta donde el, la, los, las vea y
ponerse de frente. Y dejar de salir, respirar. Cuando ama. Y se abre los
botones de la camisa. Y se remanga un brazo.
Cuando ama, se cuenta las costillas hasta la tercera (el lado de la
izquierda). Y cuando está seguro, va metiendo la mano por la piel hasta
dentro y aparta el esternón. Y coge el corazón y, aún latiendo, lo saca.
Cuando ama.
Entonces, lo regala. O lo entrega, mejor. Cuando ama. Y sin mediar
palabra, da la espalda y se marcha. Y ya puede comer y ya vuelve a tener
aire, sueño, con su hueco vacío, lleno de la certeza de que ahora ya no hay
daño que se cuele, de que ya todo el dolor, si duele, le dolerá a otro dueño.



TAZIRGA GARCÍA LÓPEZ
XI Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




MIMARGARIMO




Paseaba por el cebreado sus malabarismos y su cara de mimo de asfalto.
Sacando sonrisas a cambio de la voluntad proveniente del otro lado de las
lunas de los coches de la ciudad.
Cientos de rostros, tantos como neumáticos, en una caravana delante de
un semáforo en rojo, y entre los que cada día se repetían…la descubrió a
ella.
Su sonrisa brilló a través de una mañana gris humo de tubos de escape…y
salió el Sol. Y la buscaba cada día, más cerca o más lejos, para agradecerse
en su magia…como una terapia de reiki, en la que limpias el alma de
energías negativas y te ensanchas.
Y un día tuvo el valor de tocar en su ventana y regalarle una preciosa
margarita, en cuyos pétalos escondió lo que sentía…
Pero ella no supo deshojar con acierto el secreto de la flor…y al
penúltimo «Me quiere», le ensombreció el «No me quiere» que acabó con la
esperanza de las posibilidades anecdóticas.
Y un día la vio con otro, y ella lo vio a él. Y sus miradas se cruzaron
cómplices, pero tristes de saber que no fueron ellos los amos de su destino,
sino una torpe margarita que no sabía leer.



AARÓN DE LEÓN COELLO
XI Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




UN PLAN BRILLANTE




—Debemos actuar de noche, sin ser vistos. Son tiempos complicados para
una sociedad que está harta de que le chupen la sangre. Y recuerda actuar
siempre de incógnito.
—Sí, papá y tú procura que la fechoría se la atribuyan a otros, aunque
cada vez sea más difícil…
—Tienen sofisticados sistemas de alarma. No los soporto y desde que
enviudé, tengo el miedo puesto en el cuerpo. Aquella bestia se cargó a tu
madre con un desafortunado y brutal sartenazo.
—Le dio con lo primero que le vino a la mano ¡Esquívalos! Son tan
incautos que la mayoría de esos dispositivos emiten una lucecilla roja que
indica cuando el equipo está activado. Debemos prescindir de los locales
que lo tengan.
—Pues cada vez quedan menos sitios donde actuar. Y si nos pillan de
infraganti… Por culpa de la crisis, que les proporciona una dosis extra de
insomnio, se despiertan al más mínimo ruido. El otro día casi me gasean.
Una dulce niña empezó a gritar: «Mamá, mamá ¡Socorro!». Y su madre sacó
rápidamente del cajón un espray anti-ladrones. Por suerte, la señora no se
había puesto sus gafas y se confundió cogiendo el inofensivo desodorante
de la niña. Así que me pude escabullir por la ventana. ¡Menudo pestazo!
—Papá, nos arriesgamos demasiado por apenas nada. Tengo un plan
infalible. He estado observando un sitio idílico. No hay alarmas y nos
podemos escurrir por las rendijas de ventilación. Por la mañana está
concurrido, pero a la noche ese banco nos estará esperando…
—¡Un banco! Pero si estamos tan enclenques que no podremos con las
bolsas, pesan demasiado.
—Papi, no nos las llevaremos. Solo haremos un agujerito chiquitín para
que salga un chorrito y beberemos sangre hasta saciarnos.
—¡Hija mía, para tener un seso de mosquito, has tenido una idea
brillantísima!
—Mosquita, papá, mosquita.



MARTÍ CASAL PELEGRÍ
XII Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




EL LÍMITE DEL HOMBRE CUERDO




Hacía ya varios meses de su patético cambio, había pasado de llevar una
existencia medianamente común entre sus coetáneos a arrastrar una
taciturna a la par que sombría imagen a su espalda, tirando de su pesar
como monótonos y cansados caballos tiran del pesado y tosco carruaje de
su amo. El ya no era el amo de su vida. Lo eran sus cadenas, esas cadenas
que lo ataban al tedio y a la extrema y enfermiza misantropía que había
tenido desde entonces, provocada por quien sabe qué. Seguramente el
causante de su metamorfosis fue el mismo culpable de la existencia de
dolor y hastío en la mayoría de la humanidad; ese cruel dictador de
sentimientos, cruel y despiadado. Esto es suposición de un servidor, claro
está, nadie lo supo con certeza, quizás él sí.
Quien sabe lo que le había hecho cambiar; vestirse con harapientos
trapos largos, descuidados, sucios; algo poco correcto para su entorno, esa
gran selva grisácea de cemento y hormigón que lo enjaulaba, y lo volvía
más misántropo con el paso del tiempo. Quien sabe lo que le había
transformado en un ser solitario, en un jinete errante en busca de ganas de
soñar aun estando rodeado por un vasto desierto de pesadillas. Qué es lo
que lleva a un hombre a portar una espeluznante coraza en su rostro,
cubierto de enmarañado pelo y tupida barba. Que lleva a un joven con alma
de adulto y mirada de anciano a odiar el triste retrato que le dibuja su
espejo. Aquel ser indeseado por sí mismo y excluido por su entorno había
llevado el rumbo de su existencia al límite del hombre cuerdo. Se había
convertido en un aprendiz de Diógenes, una cuita más sobre la tierra.



MATÍAS ZABALETA GARCÍA
XII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




AMOR INTRÍNSECO




Tal péndulo armónico aguardo las elipses de tu cuerpo, al ángulo de mi
existencia en trayectoria predecible. Perímetro de sueños tu estela
circundante, rectangular dominio de refracción apreciable.
El infinito de tus labios, energía calórica variable.
Geometría de los sentidos, cinética a velocidad constante.
Curvas convergen extraviadas en superficies completando un espacio.
Tus verdes ojos; campos… magnéticos. Fuerzas de atracción en tiempos
reales.
Coeficiente total de rozamiento en una ecuación imaginaria, inclinación
hacia tus límites, común gravedad de polos opuestos.
Suspendido en la parábola de tu vientre navego del Cielo a los Infiernos.
Gradual y cartesiana singladura, ondulación de cómplice silencio.
Me deslizo en una espiral de caricias atravesando circulares luces
mágicas, derivando al fin en fuegos de artificio; en amor poliédrico,
atómico… intrínseco.
Mecánica fatal, insensata geometría del amor. Encerrados en un
paréntesis, maravillosa proporción.



REYES PINTADO NÚÑEZ
XII Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




SOLEDAD




Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita.
Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo,
muy amable, de dónde eres. Y comenzamos una conversación entretenida,
llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado
y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez
que la viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos
charlando.
No sé qué me movió a volver la cabeza, tan solo unos pasos más allá. Se
estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro,
sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos
minutos el amplio pozo de su soledad.



ENRIQUE MORALES DÍAZ
XII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




LA PARIENTA




De todos los parientes que una persona de pro puede llegar a tener, dicen
que incluso soy más indeseable que la mismísima suegra cuando me subo
por las nubes ¡Pobres suegras!. Como si en ese anodino mundo no existiera
un debido rol correspondiente para cada uno. Me acusáis de ser
imprevisible, de crear desconfianzas, de ser la oveja negra que os llevó a la
ruina, de causaros temor y quitaros todos los rayos de esperanzas. Pero,
cuando estoy a la altura de las circunstancias o de vuestras expectativas y
os salvo de la tormenta, ni tan siquiera me lo agradecéis y simplemente me
devolvéis un tímido suspiro. Incluso cuando me relajo receláis de mí. Lo
peor de todo es que hasta que no me veáis caer bien abajo, no estaréis
tranquilos y satisfechos.
El tiempo quita y da razones y hasta el momento no ha resultado exitosa
ninguna de vuestras ofensivas para frenarme. Así que fastidiaos, porque
desafortunadamente para todos vosotros, a más sobre preciada que esté
yo, os deparará un futuro más arduo y espinoso. Y caerá sobre vosotros una
oleada de adversidades y los peores pronósticos de crecimiento, paro y
déficit de toda la Unión Europea. Pero yo sigo siendo vuestra prima.
La prima (de riesgo).



MARTÍ CASAL PELEGRÍ
XIII Certamen - Primer Premio - Modalidad Juvenil




LÍMITES




Su cuerpo semejaba una pluma a punto de caer. El brazo derecho aún se
agarraba firmemente al frío hierro de la barandilla que se había convertido
en el límite entre el mundo conocido y el por conocer. Sudaba. Su rostro era
un pergamino antiguo donde se dibujaban letras indescifrables, momentos
vividos como trozos de celuloide de una película donde el protagonista se
aferra a la vida sin encontrar razones suficientes. Su cuerpo se extiende...
cae... se arrepiente... una voz que le llega en la inconsciencia del momento le
suplica detenerse... es demasiado tarde... está convencido que, pese a todo,
la muerte no será más que un cambio de dirección.



ALBA BETHENCOURT GUTIÉRREZ
XIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Juvenil




NEVERISMO




«Ve a por el hielo» dijo Cecilia, y él obedeció, dejándola con los ojos
vendados y las manos atadas. Aunque parezca lo contrario, aún no habían
intimado lo suficiente como para conocer todas las obsesiones insanas que
se traslucen en la convivencia. Glacio era un hombre de principios, o más
bien, de uno solo: «En la nevera, mejor». Primero fue la harina, para evitar
los ácaros; luego la almohada, para dormir del tirón; los preservativos, para
prolongar el orgasmo; el detergente, para que las sábanas no se peguen al
cuerpo; el teléfono inalámbrico, para que no suene tan alto, el champú y el
gel, para que hagan espuma; los souvenirs imantados, para que no rayen la
puerta del congelador; y también los zapatos, para empezar con brío las
mañanas. El frigorífico de ella, en cambio, era el reino de la nada, regentado
por una cubitera y un ron añejo a medio terminar. Glacio apuró la botella
antes de regresar a la habitación. «Tengo una idea, mejor». Tomó a Cecilia
en brazos, besó sus labios dulcemente y la introdujo con suavidad en la
nevera.



NURIA LÓPEZ SIVERIO
XIII Certamen - Primer Premio - Modalidad Adulta




BARRIO ALTO, LISBOA, 2001




«Complicó tanto la trama de su vida, y concibió una idea tan íntima de
cada una de las personas que conoció, que ya no sabía quién era o qué hacía
cada uno y de qué modo influían sobre él y sus pesadillas. Decía, por
ejemplo, tomar café muchas mañanas con el profesor Ramírez, que murió
hace ya tantos años... No era raro encontrarlo solo en un restaurante
bisbiseando ante una silla vacía (...)»
Escuchaba todo esto, y sus variantes, cada tarde, agarrado a la barra del
tranvía que me llevaba a mi piso extranjero tras las clases. Aún hoy me
parece ver a aquellos dos hombres oscuros, de mediana edad, con bigote
arreglado, gafas de pasta y anacrónicos trajes... «¿Sabes?» Siempre me trató
con cierto descuido e indisimulado desdén. Solo fui attrezzo, bambalina, un
actor secundario y sin gracia, que vivía en un piso destartalado al que
siempre adjetivó como «difunto» o «marchito» ...
Cada crepúsculo escuchaba casi el mismo diálogo, una charla rutinaria
que, invariablemente, atrapaba mi atención. La noche solía caer de pronto
cuando, sin darme cuenta, me veía con angustia avanzando entre edificios
en ruinas de una ciudad difunta o marchita, donde no reconocí jamás a
nadie en las calles.



IVÁN CABRERA CARTAYA
XIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad Adulta




DESDE LOS RECUERDOS




Ayer fue el día de visita. Como siempre, ella se encontraba sentada en
aquel rincón cerca de una gran ventana, en su sillón viejo pero cómodo. Ella
misma lo había hecho traer desde su casa. Tal vez, el único de tantos
objetos que le recordaba su antiguo hogar: hermoso, cálido y cómodo.
Desde que su pasado empezó a ser su presente su casa se convirtió en un
lugar desconocido y frío para ella. En ese rincón, podía observar a través de
los cristales el pasar de los días. Aunque su mirada era el mismo reflejo de
la ausencia, aún conservaba esa belleza natural de cuando era joven. Era
una ausencia mental y emocional. ¿Cuánto daría por saber qué era lo que
le estaba sucediendo, perdida en sus recuerdos? Era tanta su impotencia
que solo surgían los más bellos momentos de su existencia: su primer amor,
los bailes de la adolescencia… O las lágrimas derramadas de felicidad
cuando nacieron sus hijos, esos que ya no recordaba. O la tristeza infinita
que le dejó su compañero en su partida hacia las estrellas.
Confundida y perdida, se preguntaba cómo recuperar lo más valioso que
poseía: su presente.



DANIELA DE JESÚS CEDEÑO CASANOVA
XIV Certamen - Primer Premio - Modalidad A




UN IMÁN PERSONAL




Despierto, me descubro sonriendo. ¿Por qué?. No sé, pero ya a mi edad,
pocas son las cosas que de verdad me sorprende. Sé que mi fiel amigo de
madera, compañero de pasos, me espera apoyado en la silla. Hoy ni lo miro.
Avanzo despacio, atento a cada foto cubierta de polvo que me empeñé en
guardar.
¿Para qué? Nunca se sabe, cualquier ser humano siente anhelo de
tiempos mejores. Abro las ventanas, el sol ilumina cada partícula de polvo
que flota, una por cada día que esta sala ha estado a la sombra, olvidada.
Algo me atrae, como si de un imán se tratase. Y salgo.
Y sí, allí está mi imán, sentada junto a un árbol, preciosa, el espejismo de
la mujer que nunca llegó a ser mía del todo porque terminó siendo más de
la enfermedad. Me mira feliz y, como si nuestro último encuentro hubiera
sido ayer mismo, me saluda. Con un gesto, me invita a ir a su lado, supongo
que ya para siempre. Ahora comprendo la sonrisa con la que me levanté.
Esa sonrisa de felicidad, ante el final que nos sorprende, pero que todos
esperamos más tarde o más temprano, no fue en vano. Y corro, feliz yo
también, hacia ella.



AMANDA VICTORIA HERNÁNDEZ VERA
XIV Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




SOMETHING LIKE LOVE




Rememoras algo parecido al amor… Quedásteis en el cine. Película: La
ventana indiscreta de Hitchcock. Hace treinta segundos tu mano
serpenteaba entre las bragas (parecen tejidas por imanes microscópicos de
una fuerza cósmica sin precedentes en la hagiografía de la atracción
universal) de Dorothy McAlister. Le haces cosquillas. Manchas los
calzoncillos. Stop, musita ella. No puedes detenerte. No ahora, que los
imanes se han fundido con tus dedos de alambre y hundes tu cabeza entre
el poético coseno de sus senos. No, ahora no. No cuando sus uñas color
infierno se deslizan derredor de tu miembro celestial y muerdes su pezón
izquierdo y un sonido seráfico mana de sus labios y fluyen, por la comisura
de tu embocadura, mil y un antipoemas, y el cielo abre su cortina de nubes y
las estrellas te guiñan el ojo o puede que solo iluminen la sombra de tu
pupila del este rozando el pezón derecho de Dorothy. Abren la puerta del
conductor. Tú eres el conductor. El señor McAlister señala con la boca de
su rifle la pantalla de cine. En la secuencia la mano derecha de L. B Jefferies
escribe en un papel: What have you done with her?



INOCENCIO JAVIER HERNÁNDEZ PÉREZ
XIV Certamen - Primer Premio - Modalidad B




SOLO RESPIRA




Respira… el tiempo se ha acabado. No queda nadie a quien salvar. Solo
quedas tú. Solo y malherido. Respira... te han abandonado. Quisiste dar la
vida por todos ellos y ellos te la han quitado. Respira... huele a fuego, a
carne abrasada. A miedo y metralla. Calles bañadas de sangre y humo,
donde la soledad grita sorda al silencio mudo. Respira... la partida está
terminando y solo te queda una vida y cinco minutos. Cinco minutos fueron
los que te separaron de ese avión, sin frío, sin hambre y con morfina. Fue un
grave error detenerse, esa familia hubiera terminado muriendo. En esta
tierra ya no existe suerte para nadie. Suspira... las lágrimas de aquel niño
inocente te han matado. Un soldado no debe tener corazón. O muere.
Suspira... solo una opción. Sin dolor, ni hambre, ni frío. No quieres salvajes
torturas. Quieres dejar de ser carne. Prefieres ser aire. Suspira... No
mueres por las lágrimas, mueres por dinero. Por vanidad, petróleo y basura.
Te han dejado morir aquellos que están en sus hogares ajenos a todo.
Suspiras. Coges aire. Un disparo. Una familia sobrevive. Un soldado muere.
El dinero y el petróleo siguen su cauce. La soledad sigue gritando sorda al
silencio mudo. Tú solo respira...



LAURA RODRÍGUEZ QUINTERO
XIV Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




SECRETOS




Damián tiene un secreto. Cuando su mujer va por la tarde al cursillo de
peluquería, él aprovecha para subir a la azotea con unos prismáticos a
observar a los vecinos del edificio de en frente. La anciana viuda del
segundo piso que siempre está viendo telenovelas y a veces se pone a llorar
mirando la foto de su marido. El joven heavy del tercer piso que pone la
música a toda hostia y se pone a brincar encima de la cama. El gordo sucio
del cuarto piso que está en el paro y lo único que hace es beber cerveza y
ver los partidos de fútbol en digital mientras la mujer trabaja sin parar.
Pero su favorito es el monitor de aeróbic del quinto piso que cada semana
se trae una clienta del gimnasio para tirársela. Hoy ha invitado a una rubia.
Damián se queda pasmado, deja los prismáticos en el suelo y se pone a
correr escaleras abajo.
Se acaba de enterar de que su mujer no está apuntada a un cursillo de
peluquería.



LUIS ALEJANDRO ACOSTA GARCÍA
XIV Certamen - Primer Premio - Modalidad C




EL LOCO DEL MUELLE




Todos reían. Jamás le habían visto coger pez alguno. Día tras día
depositaba los libros en el veril, desplegaba la silla y caña en mano se
disponía a pescar. Por engodo tiraba páginas de La Metamorfosis y como
carnada usaba miga hecha con hojas de La Odisea.
Era conocido como El Loco del Muelle.
Hasta aquella tarde que picó una sirena y desapareció con ella.



ANTONIO JAVIER GONZÁLEZ PÉREZ
XIV Certamen - Segundo Premio - Modalidad C




EL POETA




Bajó de su coche y se tapó la nariz con las manos. Aquel olor putrefacto
seguía allí, intacto, como siempre. Anclado en la ciudad.
No era un lugar para un poeta. Pero la bruja más hermosa de la ciudad lo
estaba esperando. Y él, lo sabía.
Caminó entre las sombras, hasta que una luz roja, salvadora, le abrió una
vereda hacia ninguna parte. Allí estaba ella: despeinada, maltratada y
consumida, fumándose un cigarrillo.
El joven poeta la miró, y se acercó a ella hasta que pudo rozar su cuerpo y
sentir su aliento. Besó su lengua y atrapó su regusto a ceniza.
En alguna parte de su mente, descubrió que los ángeles caídos, también
habían estado en el cielo.



CRISTINA REGALADO RAMOS
XV Certamen - Primer Premio - Modalidad A




AGOSTO




Cuando te vi doblar la esquina de la calle supe que te había perdido.
Recuerdo cómo el bochorno de aquel mediodía caía sobre mí. Recuerdo
el sonido de mi nombre cuando salió de tus labios y mi desconcierto al no
saber si la gota que te resbalaba por la mejilla era cosa del calor o cosa mía.
Recuerdo que me desbordé del sentimiento que ahondaba en mi pecho al
escuchar tu voz quebrada y lloré mientras tu nombre se me escapaba mil
veces de la boca en un intento de retenerte a mi lado para que me dieras
una vida y media.
Recuero muchas cosas... Y a ti.
Ha pasado tanto tiempo que después de siete perdí la cuenta de los
veranos que llevo sin ver tus pechos bajo el sol de nuestra isla, tanto tiempo
y es ahora cuando comprendo que creí haberte olvidado y no lo he hecho.
De pronto has caído como el peso del calor de aquel mediodía de agosto y,
después de haberme autodeclarado inmune a ti, me doy cuenta de que te
extraño.
Y de que nunca he dejado de hacerlo.



PAULA DE VEGA GARCÍA
XV Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




EL DESCUIDO DE ERWIN SCHRÖDINGER




—El gato está encerrado en la caja. Dentro de ella hay un compartimento
con veneno, el cual se activa gracias a la acción de un electrón, que tiene un
50% de posibilidades de activarse. Pero como el electrón es capaz de estar
en lugares distintos al mismo tiempo, habrá líneas temporales en los que se
active y líneas en los que no. Así que el gato puede estar vivo, muerto, o las
dos cosas a la vez. La Superposición —explicó el científico.
—¿Y usted qué cree? ¿Estará vivo o muerto? —curioseó Jonás.
—Nadie puede saberlo —contestó Erwin con una sonrisa pícara—. No sin
antes abrir la caja. Así que vamos a comprobarlo —sugirió impaciente.
Schrödinger temblaba de la emoción. Comprobó en su corazón la teoría
de la relatividad. Cuanto más se acercaban sus latidos a la velocidad de la
luz, más lento pasaba el tiempo en el resto de su universo. Su borrosa mano
acertó a agarrar la caja y, no sin dificultades, la abrió. Estaba
completamente vacía.
—Ups... —fue lo único que acertó a farfullar, ante la mirada atónica de su
alumno.
Parece que algún otro yo ha olvidado meter el gato en la caja...



AUGUSTO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
XV Certamen - Primer Premio - Modalidad B




ERA UNA DE ESAS NOCHES




La tarde acababa de hundirse en el horizonte, y la noche cayó de pronto y
se adueñó de cada espacio. Era una noche muy negra, sin luna, y desde mi
habitación a oscuras escuché cómo alguien caminaba en la huerta de al
lado. Lo delataba el crujido seco del millo y el ladrido súbito de un perro.
Nada me hizo estar seguro de ello, pero intuí que en las cercanías había
otra persona que esperaba o seguía al caminante. Un viento repentino
comenzó a lamer la noche y los grillos y las ranas se escuchaban cada vez
con más intensidad. Me pareció percibir un bisbiseo, apenas un
intercambio mínimo de palabras. Oí un golpe seco con algo contundente,
un mazazo que retumbó como un gong en la madrugada. Después un
cuerpo que cayó entre el millo con estrépito, y el carraspeo árido que
precede a un salivazo. Luego una última palabra pronunciada con rencor en
una lengua desconocida. Apenas me di cuente cuando clareó y el día se
anunció en la ventana; pero no me atreví a mirar por ella ni a salir afuera.
Volví a escuchar cómo alguien caminaba en la huerta de al lado con
ansiedad. Me equivoqué: Aún era de noche.



IVÁN CABRERA CARTAYA
XV Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




LA BIBLIOTECARIA




La bibliotecaria lo intentó todo. Sin embargo, le fue imposible inculcar el
interés por la lectura. Como último recurso convenció al alcalde y convocó,
Quijote en mano, a todos los vecinos en la plaza del pueblo.
Subió a lo alto del quiosco y leyó en voz alta. La vieron gorda y baja,
redonda como una pelota; de nariz chata, ojos saltones, pelo moreno, corto
y rizado, con poca sal en la mollera, abrazada al texto como si fuera su
jumento. Continuó la ventura y pareció cabalgar a lomos del libro, lanza en
ristre, para hacer gran servicio a Dios al quitar tan mala simiente sobre la
faz de la tierra y atacó las ramas de los árboles cual gigantes. Más tarde, al
contraluz de las hojas, oyeron el suspirar de una mujer a la espera de su
caballero andante.
—¡Válgame Dios! —gritaron los asistentes tras ver cómo la bibliotecaria
al cerrar el libro desapareció en su interior.
Ahora todo el pueblo ha picado espuelas y se ha echado al monte en su
busca. Entre letras y renglones; entre párrafos y capítulos, no pararán
hasta dar con ella.




ANTONIO JAVIER GONZÁLEZ PÉREZ
XV Certamen - Primer Premio - Modalidad C




RECUERDOS DE TRAFICANTE




En los días importantes se tiende a mirar atrás. Quizá por eso, mientras el
orador se perdía en una aburrida perorata para presentarlo, aprovechó
para rememorar los comienzos de su meteórica carrera como traficante,
cuando aún no conocía la máxima que rige el negocio: la relación entre el
peso de la mercancía con la que se trafica y su valor, deber ser mínimo.
Así, se remontó a sus comienzos, cuando empezó comerciando con
personas: mentía a hombres y mujeres del tercer mundo para explotarlas
sexualmente a ellas y a base de gruesas gotas de sudor a ellos. Pero la gente
pesaba demasiado, y no poseía un gran valor. Se internó después en el
lucrativo tráfico de armas, pero estas seguían pesando demasiado.
Encontró una buena senda con los diamantes primero, con las drogas
después... hasta que descubrió el objeto más valioso en relación a su peso, y
comenzó a traficar con él: el billete de 500 €.
Por fin el orador termina, y él sube a recoger el premio al mejor banquero
del año.



JUAN MANUEL RUIZ SUÁREZ
XV Certamen - Segundo Premio - Modalidad C




MALPAÍS




Detuvo el coche al borde de la desierta carretera. Se apeó y caminó a
trompicones sobre la colada de lava milenaria con la vista fija hacia una
tunera que se erguía solitaria, milagrosamente enhiesta, en medio del erial
calcinado. Observó con fascinación los frutos morados que la orlaban, sin
percatarse de que un lagarto enorme vigilaba desde el suelo todos sus
movimientos con ojos ambarinos, prehistóricos. De repente, una nube de
insectos se arremolinó a su alrededor y manoteó para apartarlos, al tiempo
que profería un grito que el eco le devolvió distorsionado. Debió de asustar
a unas pardelas, que levantaron el vuelo con sigilo. Recorrió con la vista la
llanura pedregosa y desolada, recubierta por un humilde manto verdinegro
salpicado de ocre, y cabeceó contrariado. «... un paisaje lunar, abrupto e
inhóspito, donde la vida es imposible...», decía el folleto que lo había guiado
hasta allí. Está confundido, masculló. Y su balbuceo quedó pronto disuelto
en el soplo salino de los alisios que arreciaban desde la costa.



FULGENCIO RUIZ BRAGADO
XV Certamen – Accésit - Modalidad C




¿Y QUÉ DICE LA CONSTITUCIÓN DE NO
HACER LIMONADA?




Interesante el amargo sabor del limón. Tengo uno en mi mano. Dicen que
si la vida te da limones, tienes que hacer limonada, pero a mí la limonada no
me gusta, nunca me ha gustado. ¿Y ahora? ¿Qué hago ahora? ¿Soy una
revolucionaria sin cordura? ¿O es que cuando crearon este mundo caótico
no pensaron en mí? Lo siento, pero me quedo con mi limón, en su plenitud y
concordancia. Y después, vienen y te molestan con que tienes que
encontrar tu media naranja, ¿Media? ¿Qué tienen ustedes con mutilar
fruta?. Salgo de un abismo oscuro y entro en una guerra ya perdida, ya no
veo belleza en la abundancia de los días, solo geometría, formas, formas
variopintas y melancólicas que me piden misericordia, quizás solo sean
caras tristes que me observan con suspicacia, como si hubiese cometido el
peor de los pecados, pero no. Yo no lo he hecho, solo me he quedado con mi
limón, porque sí, porque es mi limón. Total, todas las formas desaparecen,
todas las formas se deforman, y pasan a ser solo una reminiscencia de
noches de domingo.




BERA VILLAVICENCIO ÁLVAREZ
XVI Certamen - Primer Premio - Modalidad A




ÉRASE UNA VEZ UN ARTISTA SIN
NOMBRE QUE PINTÓ UN CUADRO SIN
FIRMAR...




Dividamos el mundo en dos: los que pintan y los que son pintados.
Artistas y lienzos. Los artistas mandan, los lienzos obedecen.
Obviemos el «Había una vez en un lugar cuyo nombre no quiero
recordar…» y vayamos directamente al momento en el que un artista sin
nombre pintó un cuadro sin firmar. Formalmente quedaron, dos
profesionales tomando un café «¿Quieres ir a casa?», preguntó el artista. El
lienzo respondió con mirada pícara.
Un pobre lienzo y un loco artista se sentaron en un sillón a charlar. El
artista no llegó a pedir permiso, porque el cuadro nunca le dijo que no. Así
que preparó sus colores, paletas y pinceles. «Empecemos con esto», dijo
colocándose su bata manchada. Toda la noche pintando, arduo trabajo
repasar las líneas más finas. «¡Estate quieto!». El lienzo no para de temblar.
«El pincel me hace cosquillas». Hasta el alba estuvieron dibujando.
«Acabado al fin».
El lienzo se miró en el espejo y contuvo una lagrimilla de emoción para no
correr la pintura. El artista le abrazó. Y, como dije, nunca lo firmó. Porque el
arte no tiene dueño. Porque el arte se creó para ser amado.

La Artista



ATTENYA M. ÁLVAREZ LÓPEZ
XVI Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




SE NOS APARECIÓ LA VIRGEN




No veas lo que me pasó, loco. Iba con el Flaco por la autopista del Norte
en su fotingo, un Peugeot 206 negro tuneado. Llevábamos un fleje con dos
kilos de coca… Sí, sí, para el Negro, claro, claro… Pues el Flaco le pisaba a
fondo, ya sabes cómo es, no sé si a 180 o así, y por allí nadie va a esa
velocidad… Sí, sí, íbamos follados, que cuando el Flaco le pisa, le pisa… Pues
no sé si fue cambiando de carril o qué coño hacía, pero en la curva de El
Sauzal, ¡PUM! Vaya trompada que nos metimos con una guagua TITSA… Sí,
sí, como lo oyes, una de las que va al Puerto de la Cruz… A ellos no les pasó
nada, pero a nosotros… Buf, ni te cuento, yo iba en el asiento del copiloto y
escapé loco, la puerta de detrás hecha gofio y el maletero… Pero calla, que
eso no es lo peor, lo peor fue que del trompazo apareció la Guardia Civil y,
claro, nosotros acojonados. Total, que nos preguntaron qué pasó, nos
pidieron los papeles, hicieron el atestado y nos recogió la ambulancia, por
prevención. Ya nos íbamos cuando nos paró de nuevo el picoleto y yo
entonces recordé la farlopa y me pensé lo peor, ¡pero va el tío y nos da la
mochila! ¡La mochila con los fardos de coca! Viene y nos dice que nos la
dejábamos en el coche. Chacho, chacho, ¡se nos apareció la Virgen!



JAVIER RIVERO GRANDOSO
XVI Certamen - Primer Premio - Modalidad B




LA PISCINA




El niño lleva ya mucho tiempo en el agua. Es verano, ha aprobado todo y
está de vacaciones. Ni quiere ni se decide a salir. Tiene las yemas de los
dedos arrugadas, y su madre ha ido muchas veces al jardín para gritarle que
salga y se seque de una vez. Pronto caerá la noche y la cena casi está lista.
El papá está a punto de llegar. El niño se sumerge una y otra vez, bucea
hacia el fondo como si hubiese perdido algo y tratara de encontrarlo. El
fondo es negro, parece muy profundo, y casi no se ve. Solo logra distinguir
algunos corales y medusas, rocas, algas, y raros peces medianos y
polícromos sin ningún parecido entre sí. El niño teme lo que ansía y tiembla.
Respira con dificultad, está agotado; pero no ceja en su empeño. Del fondo
emerge de pronto un cuerpo que le horroriza y le provoca un grito. Es un
cadáver muy blanco y ha sido parcialmente mordisqueado por los peces. El
cuerpo está atado de pies y manos a un bloque de cemento. Reconoce el
rostro pálido y ojeroso: es su madre, pero entonces, ¿quién lo llama desde
el jardín para que entre a cenar? El niño prefiere no salir de la piscina. La
vida de fuera le da más miedo que la quietud impotente de los muertos.



IVÁN CABRERA CARTAYA
XVI Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




MANTIS ATEA




Suena Marvin Gaye. Imaginen una navaja. No piensen en la navaja de
Ockham. Primer plano de las cuerdas vocales de Bukowski. La excitada
nostalgia de un brote de locura en plano medio. Versos, un millón de versos
adictos a los cuerpos que se alejan. Eleanor Smith se corta las venas con la
aguja del tocadiscos. Llega la poli. La señorita Smith yace en el suelo
abrazada al tocadiscos. Un policía me apunta con la pipa. Lo he visto en
tantas pelis que es atrezo de mi piel. El poli me ordena que me tire al suelo.
Aterrizo como puedo sobre Eleanor. Pienso en Leslie Nielsen. Se lo hago
saber al poli. El poli se lo dice al otro poli. El otro poli desenfunda su pipa.
¡Calma!, eructo. Insisto en que la chica no está muerta, y, sí, es mi chica. Les
hablo de Orfeo, de la psicomagia y de los actos poéticos. Otean no el
horizonte, sino sus cinturones, en busca de armas de invención masiva.
Mueren en el acto. Son innecesarios para filmar mi desvelo: ¿Por qué las
mantis religiosas se meriendan a sus amantes a ritmo de tsunami, dejando
intactas las alas del cadáver? Podemos quedar como amigos, canturrea
Eleanor Smith, la chica de mis sueños.



INOCENCIO JAVIER HERNÁNDEZ PÉREZ
XVI Certamen - Primer Premio - Modalidad C




EL LAGO DE LAS PALABRAS AHOGADAS




Comenzó a caminar con su libro apretado a su pecho. Parecía empotrarlo
en su cuerpo. No se daba cuenta, pero de tanto apretar, las páginas se
estaban exprimiendo y las palabras caían como hojas tristes del otoño. El
libro quedó vacío y las palabras quedaron regadas y desordenadas, sin
sentido, sin historia. Al darse cuenta de lo sucedido, comenzó a llorar y
tanto lloró, que se secó toda la tristeza que guardaba debajo de sus cejas.
Se formó un gran río que arrastró las palabras y las llevó en su cauce hasta
formar un lago. El Lago de las Palabras Ahogadas guardaba en su cuenca las
palabras que nunca dijo, las que tantas veces pensó y jamás se atrevió a
decir, las que apretaba en su pecho y se ahogaban en su garganta. Su libro
contaba la historia que quería vivir, pero no era su historia, debía crear la
suya. Se sentó a pescar palabras para armar oraciones que dieran sentido a
su vida. Allí sigue en la orilla, pescando en su lago las palabras que no sabe
decir, las que cuestan porque tienen vergüenza, las que pesan porque
tienen pasado, las que duelen porque tienen tristeza, las que buscan
felicidad en medio de su profunda pena.



ANGÉLICA DEL ROSARIO PEROZO PIÑA
XVI Certamen - Segundo Premio - Modalidad C




FOLLEMOS




«Intuyo que has vuelto», susurré en voz baja.
Sé a lo que has venido, y es para continuar el juego, dicha partida carece de
nombre, sin embargo, tú lo consideras follar, pero esta vez follaremos a mi
manera.
Porque cada vez que te veo se paraliza el mundo, y en mi campo de visión
sobresales tú. Quieres llevarme al paraíso, y no sabes que cada vez que me
miras yo ya estoy en él. Hablas de sexo duro, pero no hay nada más
placentero que tu sonrisa. Me agarras del pelo para que disfrute, y no sabes
que yo solo disfruto cada vez que te siento cerca. Pides que me corra, y te
puedo jurar que no sabía lo que era un orgasmo hasta que me cogiste de la
mano por primera vez. Deslizas tus labios por mi pecho intentado buscar la
punta del iceberg, mientras yo lo único que busco en tu pecho es tu
corazón.
Cariño mío, eso es follar.



MICAELA HERNÁNDEZ GONZÁLEZ




CRUCE DE CALLES




Creo firmemente que existen personas que son ciudades. Ciudades
realmente inmensas, repletas de calles y, en ocasiones, callejones. Quizás
sean callejones oscuros que te atrapen, sin salida, en los que aprenderás a
amar la oscuridad. Quizás sean calles con muchos escaparates tentadores,
donde encontrarás prendas que pensarás que están hechas a tu medida,
que se ajustan a tu figura y te envuelven. Ciudades de las que aprenderás a
amar su constante ruido, el que añorarás el día que conozcas el silencio.
Calles en las que no tendrás que disculparte por gritar a pleno pulmón ni
por reírte a carcajadas, por caminar descalzo o mojarte con la lluvia.
Ciudades que nunca te cansarás de recorrer, siempre quedará algún nuevo
rincón por descubrir. Y serán esos los pequeños rincones de los que aún no
te has marchado y ya estás deseando volver, no importa cuánto viaje,
regresarás. Calles que huelen a aceptación incondicional, a una sensación
similar a la de un hogar. Existen personas que son ciudades, calles y hogar.
Si encuentras a alguna no dudes en recorrer sus calles sin paraguas y
encontrar sus rincones escondidos.



ALDARA HERNÁNDEZ PÉREZ
XVII Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




MALDITOS CROMOSOMAS




¿Nunca te ha pasado eso de entrar en un bar, sentarte con tu novia,
hermana o amiga y que le sirvan a ella la cerveza que pediste para ti? Sin
preguntar. Y a ti el cortado. ¿O esto de salir de noche solo y volver a casa,
con miedo, yendo por las zonas más transitadas e iluminadas, no vaya a
ser…? No vaya a ser que por el camino te encuentres a una de esas
borrachas «viejas verdes». «¿A dónde vas tan solo, guapo?», se escucha de
fondo; tú no atiendes, solo quieres salir corriendo. Pervertidas.
¿De verdad nunca has tenido que recoger tu coche del mecánico y que
este dirija todas sus explicaciones a ella? ¿O eso de ir al gimnasio y que te
miren mal? Las mujeres mientras más cachas mejor, pero un hombre con
tanto músculo... antinatural.
Lo peor, sin duda, es tener que escuchar una suerte de alabanzas y
silbidos sin ton ni son cuando caminas por la calle. Te pones tu camisa de
cuadros, sin querer enseñar más de la cuenta, para que no te tachen de
buscón. Pero, nada más pisar la acera, te sientes sexualizado. Todo tu
cuerpo es sexo. Ahora bien, si mi novia me dice que me ponga otra camisa,
me la cambio. Porque ella no es como las demás. «Y lo hago por tu bien», me
dijo mientras le daba un sorbo a mi cerveza.



MANUEL ALEJANDRO RIVERO GARCÍA
XVII Certamen - Primer Premio - Modalidad B




EL DESIERTO




El otro día andaba yo con prisas por las calles de la Villa cuando me topé
con Groucho Marx. Decidí acercarme a él y pedirle la hora. No me daba
tiempo de coger la guagua 107. Así que cuando lo alcancé, sonreí y, con mi
vago nivel de inglés, le pregunté: «Güot taim isit?». Obviamente no
entendió un carajo. Sin embargo, me miró, esbozó una sonrisa con sorna y
me dijo algo tan incomprensible que solo pude salir pitando y subirme al
primer taxi que pasaba. Le dije al taxista que me llevara hasta el desierto.
No sé por qué dije tal cosa, lo único que recuerdo es que, sin pestañear,
arrancó y tiró para allá. Aturdido por aquella situación, me quedé dormido.
El taxista me despertó al llegar. Y, para mi sorpresa, era la viva imagen de
Groucho. Salgo del coche y veo, a lo lejos, una figura que se me acerca. De
nuevo, el señor Marx, delante de mí, sonriendo con aquellos dientes color
amarillo nicotina. No dejaba de sonreír y eso me ponía aún más nervioso.
Yo no era nadie en aquel mundo. Solo un pobre diablo que, simplemente,
soñaba con ser algún día tan conocido como Napoleón. ¿Acaso era para
tanto?

Motsechia Vidalli (pseudónimo)



VIOLETA LÚA HEREDIA VILLAVICENCIO
XVII Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




LA VIDA ENTERA




La bala abandonó el cañón del fusil, y mientras avanzaba lenta hacia el
condenado, le dio tiempo de huir ayudado por el pequeño grupo de
rebeldes junto a los que se había levantado en armas. Se escondió en una
aldea cercana, raptó a la ahijada del cura y lo obligó a casarlos, después de
jurarle amor eterno. Escaparon montados en el caballo robado al alguacil y
pasaron por campesinos en un pueblo donde no les hicieron preguntas. Le
pusieron una azada en una mano, pero con la otra cogió un saco de
monedas de oro que encontró bajo el colchón de la viuda dueña de la finca,
y se pagó el barco hacia el otro continente, donde fue traficante de
esclavos. Se enamoró de una mulata fuerte que lo llenó de hijos a los que
les contaba historias increíbles de guerra y sangre, y murió de viejo en los
brazos oscuros de su mujer, casi sin sentir la bala que le atravesaba
limpiamente la frente, mientras el pelotón de fusilamiento lo veía caer, con
una sonrisa en los labios, viviendo lo que no iba a ser.



PAOLA MIREYA TENA RONQUILLO
XVII Certamen - Primer Premio - Modalidad C




VIDA DE PERRO




El viudo volvió a casa a la hora de comer. La visita al hospital se había
prolongado casi hasta el mediodía y después le había costado encontrar la
presencia de ánimo suficiente para subirse a una guagua que lo trajera de
vuelta. En casa, el perro lo esperaba con resignación. Era un perro viejo y
artrítico al que quedaban como mucho dos años de vida (si es que no había
que sacrificarlo antes para ahorrarle una agonía dolorosa). El viudo no
tenía hambre, así que le puso la correa y lo condujo maquinalmente al
parque de al lado.
En el parque, el viudo se sentó a fumar mientras el perro orinaba contra
la hierba. «Qué viejo está», pensó. Y recordó la época en que su esposa aún
vivía y el perro era apenas un cachorro. Durante un momento miró al vacío
sin pensar en nada, hasta que recordó la visita al hospital, la radiografía, el
tumor y la desolación en el rostro del oncólogo que lo atendía. Entonces lo
invadió una gran tristeza. Para aguantarse las lágrimas, se concentró en los
movimientos del perro, trabajosos y lentos.
«Le queda poco», pensó con afecto. Y al instante sintió una punzada de
envidia, casi de celos: «pero él no lo sabe».



JORGE GARCÍA GARCÍA
XVII Certamen - Segundo Premio - Modalidad C




CONTRA RELOJ




Míralo, otra vez. No para, siempre igual, golpeándome. Cuando está
enfadado puedo sentir como mi cuerpo golpea el suelo. Al menos esta vez
deja que me queje. ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Solo soy un simple iPhone.

Ese niño me tiene harta, ni estudia, ni trabaja... ¡Peter! ¿Piensas vivir del
cuento toda tu vida?

Dicen que en una relación la distancia no importa, pero en esta sí. Cuanto
más me alejo, más lento van las cosas. Y cuando me doy cuenta, ya no te
tengo. Wifi, te echo de menos.

«El proyecto Contra Reloj, de carácter formativo y creativo, pretendió
fomentar y poner en valor la escritura, la elaboración de microrrelatos, ofrecer
recursos y herramientas técnicas entre el alumnado de 1º de Bachiller de los
centros educativos de La Orotava. Las obras se realizaron de manera grupal y en
corto espacio de tiempo.»



GRUPO: PALYS. I.E.S.: LA OROTAVA – MANUEL GONZÁLEZ PÉREZ, LAURA HERRERA
RODRÍGUEZ, PAULA MÉNDEZ PÉREZ, ALONDRA QUINTERO QUINTERO, SAMUEL OLIVA
PACHECO, YAIZA GONZÁLEZ MARTÍN
XVII Certamen - Primer Premio - Modalidad «Contra Reloj»




EL PARAGUAS AMARILLO




Tenía la mirada oscura, vacía. Opaca, carente de vida. Inerte, cual muñeco
de felpa abandonado en un rincón de la infancia.
Tic, tac.
Miraba por la ventana desde las alturas, atisbando en silencio a todos y
cada uno de los individuos de la multitud que circulaban como hormigas
por la gran avenida.
Tic, tac.
Un paraguas amarillo apareció, rompiendo la monotonía gris de la vía. Su
portador cruzó el peatón e hizo sentir al hombre de la ventana como un
titiritero; notaba sus hilos tirantes moviéndose a su merced.
Tic, tac.
Un coche negro se abrió paso a través de la avenida como una exhalación,
casi cortándola en dos, llevándose por delante al sujeto del paraguas
amarillo. Solo a él.
El hombre que observaba desde lo alto sonrió ante los gritos y el caos
generado.
Hora de buscar su próxima víctima.



REBECA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ
XVIII Certamen - Primer Premio - Modalidad A




2100




«Año 2100. Después de la Tercera Guerra Mundial, en la cual luchamos
por los recursos, el mundo ha cambiado mucho. Los humanos han dejado
huella en la Tierra. Los bosques desaparecen; los océanos, llenos de nubes
de plástico, se han elevado catastróficamente haciendo desaparecer
pueblos, ciudades, e incluso islas.
Las estaciones como las conocíamos han cambiado. No distinguimos
entre ellas, solo hay épocas de calor abrasador o frías heladas. La población
ha disminuido considerablemente desde la época de sobrepoblación, en la
cual solo los más poderosos pudieron conservar alimentos y medicinas. En
este punto, ya es demasiado tarde para arreglarlo. La gente cometió el
error de pensar que invertir en encontrar otros planetas habitables era
mejor que invertir en salvar el nuestro.
Ojalá pudiéramos volver atrás y enmendar nuestros errores. Muchos
pusieron sus esperanzas en la tecnología, en los avances que creían que
salvarían nuestro planeta. Me temo que la humanidad tiene los días
contados.»
No dejemos que esto se convierta en nuestra realidad. Actúa.



WENDY JIMÉNEZ GONZÁLEZ
XVIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




AUDICIÓN




La mañana no podía empezar de mejor manera. Me han llamado desde
bien temprano para decirme que había pasado con creces la primera fase
de selección y esta misma tarde me esperaba el jurado más exigente de la
prestigiosa Escuela de Ballet de mi ciudad.
Me preparé un bol de frutas para desayunar, con unas tostadas de pavo y
aceite de oliva, puse algo de música y dediqué un rato a depilarme las
axilas. Fui a dar un paseo para relajarme, me duché y me dispuse a salir.
Una beca, solo una va a conceder la mejor escuela de ballet del país y es la
oportunidad para la que tanto me he esforzado ensayando día tras día.
Con ese pensamiento atravesé el enorme portón que presidía la sala del
teatro donde iban a tener lugar las pruebas definitivas. Cuál fue la sorpresa
del jurado al ver que la preciosa y delicada bailarina que esperaban, la
prometedora actuación que había conseguido la mejor nota en las
calificaciones, no llevaba tutú.
—Buenas tardes, me llamo Manuel.
Estereotipos.



YAIZA LORENZO GARCÍA
XVIII Certamen - Primer Premio - Modalidad B




SINESTESIA




Quiero dejarte. Sí, lo he estado pensando y quiero dejarte. No es por mí,
es por ti, por tu forma de ser, de tratarme, de mirarme. O a lo mejor si es
por mí, por cómo me haces sentir cuando estoy contigo, por cómo me
siento cuando estoy sin ti. Quiero dejarte y, créeme, me cuesta mucho,
pero es lo mejor para los dos. No puedo seguir así. Quiero dejarte porque
ya me cansé, no puedo más. No tengo fuerzas para resistirme. Me rindo.
Quiero dejarte entrar, y que me conozcas bien. Quiero dejar que toques
mi cuerpo y mi corazón. Que me acaricies el pelo con esa cara de tonto
enamorado que pones. Que me beses y me digas que me quieres. Quiero
que no me dejes de querer.
Quiero que cojas el libro que soy y que borres todo lo anterior. No, mejor,
que leas los capítulos pasados, escribas un punto y aparte y que comiences
uno nuevo. Elige un título bonito, pero no te centres en eso; céntrate en la
forma, el contenido. Escríbeme.
Quiero que me hables y que me dejes hablar. Quiero que escuches mis
silencios, porque es ahí cuando lo estaré diciendo todo. Pero, sobre todo,
quiero dejar que me dejes cuando quieras. Quiero que no me dejes ir pero,
si te quieres ir, vete. Puerta abierta. Libertad. Y cuando tú también quieras
dejarme, solo entonces, te dejaré.



MANUEL ALEJANDRO RIVERO GARCÍA
XVIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




DURMIENDO CON MI ENEMIGO




Miro mi mano derecha y juego con el anillo que hace mucho tiempo que
me ha dejado marca. Marca en mi dedo, en mi cuerpo y en mi alma. Cómo
puede una marca de amor dejar un surco de odio, de violencia, de miedo.
Oigo que la llave entra en la puerta. Dios mío, otra vez no. Hoy no. Los
niños duermen un sueño inocente y feliz. Ellos. Fruto del amor. ¿Amor?
¡Cielos, nunca hicimos el AMOR!. Solo fui un depósito de sus embestidas
desesperadas, de sus necesidades de sexo. Fui su objeto sexual. Lo sigo
siendo.
Él, tan perfecto fuera de casa y tan abominable dentro de ella. «¡Qué
suerte tienes con tu marido! ¡Qué buen padre! ¡Te ha tocado la lotería!». Y
yo sonrío por fuera. Y me rompo un poco más por dentro. Callando las
voces que dicen «¡Habla, grita, denuncia, no sigas esta mentira!». Y pienso
en mis niños, en sus caritas, en sus risas, y me crezco, me lleno de fuerza y
energía y me siento empoderada. Siento que puedo, que debo, que voy a
luchar, y abro mi boca, sabiendo que esta vez no la volveré a cerrar, que
esta vez sacaré todo ese dolor y hablaré. Y entonces él pasa su brazo por
mis hombros y me sella la boca con un beso. Sella mi boca, mi alma y mi
vida. Y muero por dentro.



MARÍA DEL MAR BALLESTEROS LÓPEZ
XVIII Certamen - Primer Premio - Modalidad C




EL SILENCIO




La oscuridad, el frío, los latidos de mi corazón y ese olor a humedad que
me transportaba a las tardes de mi infancia en las que jugaba entre los
trajes roídos de mi abuela, escondida en su viejo armario para que mis
primos no me encontraran. Algo me rodeaba, no podía identificarlo, pero
era acogedor, conseguí mover un poco los pies y las manos. Aparecieron
recuerdos, el corazón me latía cada vez más fuerte; la muerte de mi padre,
el abrazo de mi madre ayer. «¿Realmente fue ayer? ¿Qué día es hoy? ¿Por
qué está todo tan oscuro? ¿Qué es esto? ¿Dónde estoy?». El atardecer con
mi hermana, los abrazos en el sillón marrón, la invitación a compartir un
aguacate, el disfraz de esquimal, la hierba de don Antonio, los cafés en
Venecia, su vocecita diciendo mi nombre y su sonrisa. Escucho algo: —
Todos la recordaremos, siempre estará con nosotros. El corazón parece
explotarme en el pecho, escucho un grito: —¡¡¡Noooo!!!—. ¿Es mi madre?
Grito: —¡¡¡Estoy vivaaaa!!!
El sonido de la tierra caer y… EL SILENCIO.



MARÍA AUXILIADORA GAJATE SIVERIO
XVIII Certamen - Segundo Premio - Modalidad C




LA DESPEDIDA




El abuelo pasa mucho tiempo sentado en las piedras de una playa
cercana. Mamá me remanga los pantalones y yo corro por la arena hasta
llegar a donde está él. El abuelo no tiene mucha fuerza, así que yo solo
escalo y me siento a su lado. No sé qué le pasa a mi abuelo, antes me
contaba historias, pero ahora solo me mira. Mamá está preocupada por mí.
Yo pienso que debe prestarle más atención al abuelo. Cuando vamos a la
playa mamá ni siquiera se da cuenta de que el abuelo está ahí. Siempre me
hace volver a casa y nunca me deja despedirme. Papá tampoco me dice qué
le pasa al abuelo. Se molesta conmigo pero él no llora como lo hace mamá.
Papá se preocupa de mamá pero tampoco se preocupa del abuelo. Nadie se
preocupa del abuelo. Ahora la que me cuenta historias es abuela. Una vez
me acompañó a ver al abuelo pero no escaló por las piedras. El abuelo miró
a la abuela, pero la abuela me miraba a mí. Abuela me dejó despedirme del
abuelo. Abuelo me miró por última vez y se fue. Estoy muy triste porque ya
no veo al abuelo. Ahora que todos nos hemos despedido el abuelo se ha
marchado.



CAROLINA QUINTANA CABRERA
XIX Certamen - Primer Premio - Modalidad A




A LA SALIDA DEL INSTITUTO




Salí seis minutos después de que sonara el timbre, y digo seis minutos
exactos porque subir desde la planta menos tres a la planta número uno me
suele llevar tiempo y más si estoy rodeado de estudiantes cansados,
sudados y desesperados por llegar a casa, bueno, llegar a casa y decir a
gritos: «¡¿Mamá, qué hay de comer?!». Una vez arriba comienzo a calcular
cuánto tiempo tardo desde la puerta del instituto hasta el final de la calle,
miro el reloj y comienzo a caminar esquivando a otros tantos adolescentes
como yo, con maletas llenas de libros y bolas de papel, intento esquivar
zancadillas y alguna que otra risilla de los más grandes del instituto.
Empiezo a pasar por la zona de los fumadores, estudiantes de mi misma
edad o menores que yo, que han decidido fumar para fingir que no tienen
problemas como los tenemos el resto. Sí chicos, yo también tengo miedo a
crecer, y ya han pasado otros seis minutos.



JAVIER HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
XIX Certamen - Segundo Premio - Modalidad A




LUJURIA LIBERTARIA




Debo reconocer que la Libertad me resulta extremadamente excitante.
Esa mujer aguerrida, con el vestido hecho jirones, pecho al descubierto,
dirigiendo al pueblo con su bandera tricolor, me descubre pasiones
incontroladas difíciles de atajar.
No obstante, avergonzado, nunca lo pude confesar a mis compañeros de
Partido: ellos jamás lo habrían entendido. Hablaban de la Libertad para
aquí, la Libertad para allá, y yo simplemente asentía con la cabeza mientras
pensaba en colarme bajo sus faldas. Así, cuando en las asambleas
clandestinas terminábamos alzando los puños y gritando al unísono
¡Liberté!, un sudor frío recorría mi cuerpo y me desvanecía imaginándola
perdiéndose, sudorosa, entre mis labios.



ZEBENSUI LÓPEZ TRUJILLO
XIX Certamen - Primer Premio - Modalidad B




VIBRA PORQUE NO ESTALLA




(Empieza a sonar música de espera)
Si a causa de esta moneda que me arrebatan, he de convertirme en nube de
tormento... por ella yo libraré la lucha de los sofistas.
Por ella me sobrepondré al suave oleaje de las lenguas entrenadas y
declinaré los ofertados encantos oscuros de las tecnologías más
seductoras. Ni siquiera la dinastía de la manzana engordará en mi boca
como para acallar la llamarada de la justicia.
Si perezco en el intento… que se agrien todas las salivas previas a
primeras palabras de amor y se arañen todas las pantallas con insolentes
desnudos tornasolados por los electrones.
Que se derrumbe la atmósfera de datos y arrebatos que mantiene la
osada imposición de sus tributos. Que los rayos ansiosos, prisioneros del
plástico y el vidrio, sacudan los apéndices de las hojalatas que orbitan esta
danza macabra de mensajes tergiversados y de… ¡BIIIIIIIIP! ¡GRACIAS
POR LA ESPERA!, LE ATIENDE YANIRA, ¿EN QUÉ PUEDO AYUDARLE?
—Hola… les llamo porque su compañía me ha cobrado de más en la
factura telefónica.



CAROLINA PAÑOS NAVARRO
XIX Certamen - Segundo Premio - Modalidad B




MI ABUELA SEVERA




Mi abuela tenía un nombre que le iba a la perfección: Severa. Solo con su
rostro, imponía un respeto que olía a miedo. Crecimos con ese terror en las
entrañas, tanto que, el día que la abuela murió, mi hermano mayor soltó un
sonoro suspiro de satisfacción.
Pero días más tarde del entierro, mi madre llegó a casa con un retrato
enorme de medio cuerpo de la abuela y lo colgó en el salón de la tele. Desde
ese momento, sentimos su presencia, fría, seca, mirándonos.
Una noche, harto ya de aquellos ojos que nunca se cerraban y de aquella
boca amargada y enfadada, mi padre cogió la foto de la abuela y la metió en
el cajón más recóndito de la alacena... Al día siguiente, se pegaron las
lentejas. Por la noche, hirvió la leche y se rebasó tanto, que mi madre
estuvo limpiando media hora la cocinilla. Después vinieron los
electrodomésticos: la lavadora se rompió, el bombillo de la entrada se
estalló y los cachitos de cristal nos cortaron los pies. Pero cuando se
rompió la tele… ¡ay! cuando se rompió la tele, mi padre lo vio todo muy
claro: esa noche, sacó el retrato de mi abuela Severa del cajón más
profundo de la alacena y lo volvió a colocar en lo alto del mueble.
La muy puñetera, estaba sonriendo.



JOSEFA DÍAZ SÁNCHEZ
XIX Certamen - Primer Premio - Modalidad C




EN UN INSTANTE




Aquella hipnótica banda blanca que desaparecía y volvía a aparecer,
llamó su atención desde el instante en que le sentaron sobre la coloreada
toalla. Ni siquiera los juguetes que manoseaba impidieron la fijeza de su
mirada en ese desconocido movimiento que se producía cada cuanto, allá
en la lejanía. Su cuerpo inició un balanceo que le permitió posar manos y
rodillas y el impulso suficiente para trotar por la pendiente, rápido, sin
esfuerzo alguno. La desafiante masa, ahora tan cercana, parecía llamarle en
cada giro. La alcanzó justo cuando se enrollaba y así el océano acogió al
niño de un bucle amoroso. Fue un contacto frío y desconocido. Sintió que
entraba en un mundo nuevo, quizás aquella iba a ser su primera escuela: el
aprendizaje de la atrayente crueldad. Abrió la boca y ya no sintió nada más.
Mientras, sus padres sentados sobre la arena. Él leyendo mensajes del
móvil y ella, justo ahora, levantando la cabeza del libro y apartando la
sombrilla para asegurarse de que su niño juega tranquilo y seguro.



MARÍA CARMEN CEJUDO BRUNO
XIX Certamen - Segundo Premio - Modalidad C

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