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⌞𝐃𝐮𝐥𝐜𝐞 𝐩𝐨𝐬𝐭𝐫𝐞⌟
▸Obligatoria◂
La brisa que golpeaba su cara era tan seca que lograba secarle la
garganta con cada paso que daba hacia el bosque, debía ser por la semana
tan calurosa que se había presentado o por el sol que amenazaba con
tragárselos a todos; aun así respiró con dificultad antes de saltar hacia el
río ocultándose debajo del puente. Escuchó las pesadas pisadas encima de
la vieja madera minutos después, debía darle crédito a los policías que ya
llevaban siguiéndolo por más de veinte minutos; el pelirrojo no sabía que el
precioso collar de la tienda de joyería en la avenida principal valiera tanto;
sonrió al alzarlo, la poca luz que se filtraba capturaba su belleza. Los latidos
de su corazón estaban acelerados así como la adrenalina que recorría en su
organismo, no era que le gustase hurtar o matar a alguien por ser un
psicópata, todo se debía al sentimiento explosivo: la sangre que fluía en
todo su cuerpo estaba cargada de locura y pasión, casi como una buena
noche desenfrenada. ¿Cuál era la diferencia entre el sexo y el asesinar, si
ambos se disfrutaban con la misma mezcla de emociones?
Se recargó en la sucia pared y guardó el objeto en su bolsillo, de
pronto el valor de esa experiencia dejaba de interesarle ante cada nueva
idea, siempre iba por más, no repetía sus acciones a menos que lo
ameritaran; no volvería a esa calle, éso era seguro. Respiró profundo una y
otra vez hasta que se aseguró de no escuchar nada a su alrededor para
salir; de la cintura para abajo su ropa estaba mojada, sus zapatos eran tan
pesados que se le dificultaba andar.
Nunca había estado dentro del bosque, algunos decían que ciertos
animales aparecían a mitad de la noche, sin embargo, para alguien como
Nicholas eso sólo resultaba más atrayente, por lo que no se molestaba en
tener cuidado en el ruido que generaba con cada pisada. Tarareaba la letra
de Believer de Imagine Dragons cuando el grito de una persona atrapó su
atención, fue cuestión de segundos para que iniciara a correr hacia el
corazón de los árboles sin detenerse a leer las señales; muy tarde se había
dado cuenta que estaba entrando a un terreno totalmente desconocido e
inigualable.
–Bienvenido a Macchiato –la voz tan cerca de su oído lo hizo
tropezar hasta caer de rodillas al suelo.
¿Qué? ¿Esto es…? ¿Caramelo? ¿Un piso de caramelo?
Todo había cambiado, ¿había muerto en el río? ¿Al fin estaba
pagando cada uno de sus pecados? Parecía haber entrado a un mundo con
elevado azúcar. El aire olía a pastel recién hecho, las casas parecían de
jengibre, y diferentes tipos de postres deambulaban por toda la zona que era
dividida por un lago de chocolate.
–¿Dónde estoy? –preguntó, suponiendo que la voz imaginaria le
respondería; con su dedo índice acarició lo que antes era tierra y lo levantó
para llevárselo a la boca, efectivamente era caramelo.
–Bienvenido, Mazapán –repitió la risueña voz, giro a su derecha para
encontrarse con una pequeña hada que lucía más a un bombón volador.
Su extraña apariencia hizo que se angustiara, parecía haber
entrado a un mundo animado, tal vez tenía una contusión o un traumatismo
craneoencefálico y todo era parte de su imaginación. Sus manos poco a
poco empezaban a transformarse en masa, pequeños trozos de cacahuate
se incrustaban en su piel y toda su ropa mojada desaparecía para dejarlo
cubierto en una envoltura transparente. ¿Dónde está el collar?
Se levantó de un salto, no podía ser cierto, no había corrido hasta
acá para nada, ¿dónde estaba el collar? ¿Dónde estaban sus cosas? ¿Dónde
estaba su cuerpo, su consciencia y su vida?
–¡¿Qué demonios?!
Ahora era un mazapán, el famoso dulce mexicano con azúcar,
cacahuate y huevo; una masa tan frágil que hasta el aire con pequeñas
nubes de algodón de azúcar podían derribar y destruir.
Era verdad después de todo, había entrado al reino de Macchiato y
ahora era un habitante más de ese extraño mundo azucarado.
𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚𝐭𝐢𝐯𝐚. #DP #𝖬𝖺𝗓𝖺𝗉𝖺́𝗇