Proceso y Concepto de Sedimentación
Proceso y Concepto de Sedimentación
El tipo más extendido de sedimentación ocurre cuando los derrubios (restos sólidos arrancados a
las rocas) transportados por una corriente de agua, se depositan en el fondo del cauce de un río,
en una llanura de inundación, en un embalse, en un canal artificial, o en un dispositivo artificial
construido especialmente para separar la materia en suspensión. Toda corriente de agua,
caracterizada por su caudal, tirante de agua, velocidad y forma de la sección tiene una capacidad
de transportar material sólido en suspensión (además de moléculas en disolución). El cambio de
alguna de estas características de la corriente puede hacer que el material transportado
se deposite o precipite; o que, por el contrario, el material existente en el fondo o los márgenes
del cauce sea erosionado.
Puesto que la mayor parte de los procesos de sedimentación se producen bajo la acción de la
gravedad, las áreas elevadas de la litosfera terrestre tienden a ser sujetas prevalentemente a
fenómenos erosivos, mientras que las zonas deprimidas están sujetas prevalentemente a la
sedimentación. Las depresiones de la litosfera en la que se acumulan sedimentos, son
llamadas cuencas sedimentarias.
El proceso de sedimentación
El proceso de sedimentación puede ser benéfico, cuando se piensa en el tratamiento del agua, o
perjudicial, cuando se piensa en la reducción del volumen útil de los embalses, o en la reducción
de la capacidad de un canal de riego o drenaje.
Potabilización del agua En la potabilización del agua, el proceso de sedimentación está gobernado
por la ley de Stokes, que indica que las partículas sedimentan más fácilmente cuanto mayor es su
diámetro, su peso específico comparado con el del líquido, y cuanto menor es la viscosidad del
mismo. Por ello, cuando se quiere favorecer la sedimentación se trata de aumentar el diámetro de
las partículas, haciendo que se agreguen unas a otras, proceso
denominado coagulación y floculación.
En el tratamiento de las aguas residuales, este proceso se realiza para retirar la materia sólida fina,
orgánica o no, de las aguas residuales, aquí el agua pasa por un dispositivo de sedimentación
donde se depositan los materiales para su posterior eliminación, el proceso de sedimentación
puede reducir de un 20 a un 40 % la DBO51 y de un 40 a un 60 % los sólidos en suspensión.
Dispositivos sedimentadores
Transporte sólido
Por medio de un flujo hídrico de un curso de agua superficial el material sólido es transportado
hasta un lago o hasta el mar, o bien se va depositando progresivamente a lo largo de su recorrido,
en el mismo álveo, o en caso de inundaciones, en las llanuras de inundación, o llanuras aluviales.
El origen del material sólido transportado por un flujo de agua puede ser natural, cuando proviene
de la erosión de la superficie del terreno, de la erosión del cauce principal y sus tributarios y de
deslizamientos naturales del terreno. El origen de los materiales es artificial, o andrógeno, cuando
proviene de la destrucción de la vegetación, de sitios de construcción (vías de comunicación,
ciudades), de explotación de minas, o de desechos urbanos e industriales.
La cuantificación del transporte sólido es muy importante en estudios de obras de ingeniería,
como el diseño de vías de navegación interna, en localización de tomas para sistemas de agua
potable o de riego, en el diseño de diques o puentes y, al mismo tiempo, es una operación muy
difícil de realizar. El costo de las mediciones del transporte sólido es alto, sobre todo en pequeñas
cuencas de montaña, y requiere además un estudio prolongado en el tiempo dada su extrema
variabilidad.
Cantos rodados
En suspensión: se trata del transporte de material granular particularmente fino, como por
ejemplo limos, arcillas o arenas finas. La capacidad de un flujo de transportar materiales
en suspensión depende, además del tamaño de las partículas, de la velocidad de la
corriente de agua. Todo el material en suspensión es lo que conforma la turbidez del agua.
Este material se deposita en la medida en que disminuye la energía cinética del agua.
El transporte total en suspensión se define como el volumen de sólidos por unidad de tiempo que
cruza una sección transversal del cauce y cuyo peso es soportado por las fuerzas que el fluido
ejerce sobre él. La importancia de este modo de transporte radica en que, cuantitativamente, el
volumen total transportado en suspensión generalmente es mucho mayor que el transporte de
fondo.
Transporte de lavado. La parte del material en suspensión que proviene de la erosión de los
suelos es llamado, por algunos autores, transporte o carga de lavado, y está formado por el
material transportado en suspensión de tamaño más fino que la mayor parte del material del
fondo del cauce. Esta carga se mantiene en suspensión sin intervenir en los procesos de
agradación y degradación del río. Sólo en zonas de velocidades muy bajas este material puede
decantarse, como por ejemplo, en los embalses.
El origen del material de lavado se encuentra principalmente en la erosión del suelo de la cuenca
por la escorrentía de la lluvia y, en ocasiones, puede provenir de la erosión de las márgenes u
orillas del río.
Generalmente la corriente de un río puede conducir volúmenes muy grandes de carga de lavado,
ya que está compuesto por partículas bastante finas, donde su velocidad de asentamiento es
inferior a las fuerzas ascendentes turbulentas, las cuales permiten en condiciones normales de un
cauce viajar en suspensión, incluso en las condiciones mínimas de velocidad de un río. Por esto, el
volumen transportado depende fundamentalmente de la tasa de abastecimiento o erosión de la
cuenca y de las condiciones geológicas e hidro climatológicas de la zona y no del caudal líquido.
Para tener un cuadro completo del fenómeno de transporte de material por una corriente
de agua debe, sin embargo, considerarse también el transporte en forma de disolución (o
químico), que involucra las sales minerales disueltas en el agua. Se trata de minerales
solubles en el agua de lluvia, extraídos de las rocas, y trasportados disueltos por los cursos
de agua. En algunos casos particulares, como por ejemplo en los salares, este componente
del transporte sólido es el predominante.
El caudal sólido mide, por unidad de tiempo, la cantidad de material sólido transportado por la
corriente, en una sección determinada. Cada tipo de transporte sólido tiene su propio
procedimiento para ser medido.
Transporte y sedimentación
En función de la pendiente del curso de agua, de su caudal, y por lo tanto de la velocidad del flujo
de agua, el fenómeno del depósito de materiales sólidos involucra materiales de granulometría
cada vez más fina, en la medida en que disminuyen los factores mencionados. Al aumentar la
fuerza tractiva de la corriente aumenta también la parte del transporte sólido que permanece en
suspensión y la que se mueve en el fondo del lecho.
El transporte sólido de un curso de agua, al tener características tan variadas, exige también una
gama variada de procedimientos para su determinación, involucrando instrumentos específicos
para cada caso. A continuación se describen algunos de estos dispositivos y procedimientos.
El material sólido en suspensión en una corriente ya sea que provenga de un proceso de saltación,
o que sea transportado en suspensión durante un recorrido mayor, es muy influenciado por la
velocidad y la turbulencia del medio que lo transporta. Por ese motivo el dispositivo destinado a
capturar la muestra a ser analizada debe alterar lo menos posible el punto donde la muestra es
tomada. Algunos de estos dispositivos son: la llamada botella Delft; el muestreador US BM 54, o el
USP-61.
Existen dos procedimientos para efectuar estas medidas de transporte sólido, aplicables según la
finalidad específica para la cual se efectúa la medición: La primera es una medición instantánea. En
este caso mediante un dispositivo se captura, en un determinado punto de la sección del flujo, una
muestra de agua que se retira para su análisis en laboratorio. Y el segundo, que podría
denominarse integrador. El procedimiento consiste en aspirar mediante una pequeña bomba una
cierta cantidad de agua, conteniendo el material sólido transportado en suspensión, durante un
tiempo determinado ∆ t . Midiendo en el laboratorio el material sólido capturado V s (en gramos) y
el volumen de agua bombeado V a (en litros), se determina el transporte sólido Q s expresado en
Q Vs
g/litro, como: s=
Va
El material que encontramos en el fondo del lecho de un curso de agua, básicamente puede tener
dos orígenes: puede estar formado por el material grueso que la corriente no ha conseguido
desplazar, o puede estar formado por materiales arrastrados durante algunos eventos de
avenidas.
El estudio del transporte de fondo es más complejo que el estudio del material transportado en
suspensión.
El transporte sólido de fondo, en cursos de agua con lecho de grava, ha sido descrito por algunos
investigadores, como un fenómeno que puede descomponerse en diferentes fases, en particular
con dos condiciones de movimiento de los sedimentos. Superado el estado crítico del inicio del
movimiento, en una primera fase, el transporte de sedimentos se manifiesta con una intensidad
moderada junto a un determinado umbral del caudal líquido, mientras que, en la segunda fase, la
intensidad de arrastre de fondo se incrementa. El umbral del caudal líquido que define el límite
entre las dos fases del transporte sólido correspondería al caudal de cauce lleno, aun cuando se
asocia el inicio de la segunda fase con la ruptura del acorazamiento del lecho y se lo relaciona con
un caudal igual al 80 % del correspondiente al cauce lleno. La intensidad de transporte, mucho
mayor en la segunda fase, se presenta sólo durante intervalos de tiempos breves, sobre todo en
pequeños cursos de agua de lecho de grava y alta pendiente, por lo que la mayor parte de la
producción anual de los sedimentos se produciría durante la primera fase.
Para la obtención de muestras del transporte sólido de fondo se pueden utilizar varios tipos de
muestreadores, entre los que se puede recordar el tipo BTMA (Bed Transport Meter Arnhem), el
muestreador Helley Smith, USBL-84, el muestreador Delft Nile (DNS) y el muestreador de arrastre
KAOLYI, entre otros.
1. Clima
La variable climática más importante es la lluvia, debido a su fuerte influencia en ciertos procesos
de erosión hídrica (erosión de impacto, riles, cárcavas, etc.) (Morgan, 2005). Sin embargo, no todas
las tormentas son iguales, por lo que existen algunas más erosivas que otras. Variables como
cantidad de agua caída (mm) e intensidad de la tormenta (mm/hr), son las que determinan la
erodabilidad del evento. Así, en una tormenta cuya intensidad es relativamente baja, las tasas de
infiltración no serán superadas, por lo que no se producirá escurrimiento superficial, soslayando el
proceso de erosión laminar, así como la formación de riles y cárcavas. Además, dicha tormenta no
producirá erosión de impacto relevante, pues el tamaño de sus gotas no contará con suficiente
energía cinética como para desprender las partículas de suelo superficial desnudo. Por otro lado,
una tormenta intensa, no sólo presenta un alto potencial de erosión de impacto, sino que también
genera escorrentía superficial, dando lugar a los procesos erosivos anteriormente mencionados
(García-Chevesich, 2008). La duración de la tormenta, así como la distribución temporal de su
intensidad, también son factores preponderantes en las tasas de erosión producidas. Una
tormenta de larga duración provocará la contribución hídrica de toda la cuenca, aumentando los
caudales en los cursos de agua y generando más escurrimiento superficial. Además, tormentas
cuya intensidad máxima ocurre en su etapa final, cuando los suelos se encuentran ya saturados,
también producirán una mayor cantidad de escurrimiento superficial. Esto sugiere que las
condiciones iniciales de humedad en el suelo, es decir, el tiempo transcurrido desde la última
tormenta, también es una variable influyente en las tasas de erosión hídrica para un suelo dado
(Fournier, 1972; García-Chevesich, 2008). La temperatura de las gotas de agua producidas por la
tormenta también influye en las tasas esperadas de erosión y sedimentación. Una tormenta cuyas
gotas se encuentran a temperaturas bajas, infiltrarán el suelo a tasas muchos menores,
produciéndose escurrimiento superficial con más facilidad (Slack et al., 1996). En otras palabras, la
erosión producida en tormentas de invierno supera las tasas de pérdida de suelo en una tormenta
de verano de igual duración e intensidad. Pese a que la intensidad de la tormenta se encuentra en
directa relación con la erosión y sedimentación producida, son las de intensidad intermedia las
que, en el largo plazo, producen la mayor cantidad de pérdida de suelo (Morgan, 2005), debido a
una combinación entre período de retorno y erosión unitaria (Tabla 1).
Tabla. Relación entre intensidad de tormentas y erosión producida en Zanesville, Ohio (Adoptado
de Fournier, 1972).
El clima también juega un rol preponderante en los procesos de erosión eólica, pues el
desprendimiento de las partículas ocurrirá sólo si el suelo se encuentra seco. Por ende, sólo
regiones de climas áridos y semiáridos son susceptibles a erosión por causa del viento, lo que no
significa que existan algunas excepciones en otros tipos de clima. Como es de suponerse, el clima
también influye en el movimiento de tierra por acción del hielo y la gravedad, detallados en otras
secciones de este documento. i. Índices de erodabilidad de una tormenta La medida más
adecuada para la comparación de la erodabilidad entre tormentas es la generación de un índice,
determinado en base a la energía cinética del evento (Morgan, 2005). De este modo, la
erosibilidad de una tormenta está en función de su duración e intensidad, así como el agua caída y
la velocidad y diámetro de las gotas de lluvia. Se ha comprobado que el tamaño de las gotas está
relacionado con la intensidad de la tormenta, aumentando su D50 a medida que la intensidad se
incrementa (Laws y Parsons, 1943), relación que se mantiene hasta intensidades no superiores a
los 100 mm/hr (Hudson, 1963). A intensidades mayores, el diámetro medio de la gota disminuye
con el aumento de la intensidad de la lluvia, debido a la inestabilidad producida por las
turbulencias sobre las grandes gotas. Sin embargo, sobre los 200 mm/hr el diámetro medio de las
gotas vuelve a aumentar con la intensidad de la tormenta (Carter et al., 1974). Debe tenerse en
cuenta que lo anteriormente expuesto no es una regla general, pues la realidad es que tanto el
tamaño de la gota, como su distribución espaciotemporal varían de acuerdo a la ubicación
geográfica (Kinnell, 1981; McIsaac, 1990). Sin embargo, es posible relacionar, en forma general, la
intensidad de una tormenta con la energía cinética producida por ésta. Debido a la alta
variabilidad geográfica de las características precipitacionales, muchas ecuaciones han sido
desarrolladas, relacionando la intensidad de las tormentas con la energía cinética producida. Sin
embargo, la ecuación elaborada por Wishmeier y Smith (1958) ha sido una de las más utilizadas,
describiéndose a continuación, mediante la Ecuación 1:
EC = 0,283 (1-0,52e−0,042 I )
2. Vegetación
La vegetación actúa como cubierta protectora, estableciéndose como un buffer entre el suelo
y la atmósfera (Morgan, 2005). Como regla general, la efectividad de la vegetación para
reducir la erosión de impacto depende directamente de la altura y continuidad de la copa de
los árboles, así como la densidad de la cobertura superficial (pastos, hierbas y arbustos).
Estudios demuestran que las hojas lobuladas, típicas de especies arbóreas latifoliadas, forman
gotas cuyo diámetro dobla el de las gotas de lluvia (Brandt, 1989). Además, se dice que a siete
metros de altura de copa, las gotas que impactan el suelo lo hacen a una velocidad
equivalente al 90% de su velocidad máxima, lo cual indica que a mayor altura de copa, mayor
erosión se produce (Figura 1). En otras palabras, si bien las copas de los árboles interceptan la
lluvia, éstas no reducen la energía cinética de las gotas de agua. Como resultado, las tasas de
erosión de impacto bajo las copas de los árboles pueden ser hasta tres veces mayores que las
producidas en suelos desnudos que reciben precipitación directa (García-Chevesich, 2008). Sin
embargo, los componentes aéreos (ramas y hojas) de algunas especies arbóreas son más
efectivos en cuanto a la absorción de la energía cinética contenida en las gotas de agua, así
como la disminución del escurrimiento superficial y la velocidad del viento. Especies
frondosas, de ramas horizontales y copas relativamente bajas, son consideradas las más
efectivas contra la erosión de impacto. En cuanto al tipo de hoja, las acículas de especies
pináceas (en inglés needles) tienen la capacidad de desintegrar las gotas de lluvia,
minimizando el potencial erosivo de éstas, mientras que otro tipo de hojas (palmadas,
lobuladas, etc.) actúan como microcuencas, formando gotas de mayor tamaño, dando lugar a
los efectos erosivos ya descritos (Figura 1). Del mismo modo, las gotas se concentran en áreas
focalizadas, excediéndose las tasas de infiltración y dando lugar al indeseado escurrimiento
superficial (Morgan, 2005). Además, las cortezas lisas generan mayores volúmenes de
escurrimiento fustal, mientras que una corteza rugosa va a retener una mayor cantidad de
agua de lluvia, por lo que menor será el escurrimiento superficial.
Figura. Las copas de los árboles no reducen la energía cinética de las gotas de agua. En la
imagen, tomada en Pennsylvania por Sidney Schwartz, se aprecian raíces expuestas debido a la
erosión de impacto producida bajo árboles de copas altas.
La presencia de una cobertura vegetal no solo protege el suelo contra la erosión de impacto,
sino que también brinda rugosidad al terreno por el que el flujo superficial viaja, reduciendo su
velocidad y, por ende, su poder erosivo (Morgan, 2005). Dicha rugosidad se expresa
comúnmente en términos del coeficiente de Manning, el cual representa la suma de la
rugosidad de la superficie del suelo, la microtopografía y la cobertura vegetal. La altura de la
vegetación y la profundidad del flujo superficial juegan un rol preponderante en la
erodabilidad del caudal. Como regla general, mientras más densa y homogénea sea la cubierta
vegetal, mayor es su efectividad en la disminución de la erosión laminar (García-Chevesich,
2008). La presencia de una cubierta vegetacional también reduce, significativamente, la
velocidad del viento, mediante la adición de rugosidad a la superficie edáfica (Morgan, 2005).
Esto se traduce en que el viento a ras de suelo no cuenta con energía suficiente como para
desprender y transportar las partículas, gracias a la presencia de las plantas. Los componentes
subterráneos (raíces) de especies herbáceas, arbustivas y arbóreas constituyen una variable
indispensable en cuanto al control de la erosión y la sedimentación, pues mantienen el suelo
en su lugar (Figura 2). Se ha demostrado que la presencia de raíces profundas ayuda a prevenir
movimiento de masas en laderas, principalmente porque dichas masas se encuentran
“ancladas” a la tierra gracias a las raíces de los árboles (Figura 3). Además, las raíces
superficiales finas ayudan a sujetar el suelo, formando un conglomerado firme y difícil de
romper, incluso con un reducido número de raicillas y suelos de baja cohesividad (Morgan,
2005).
Figura. Las raíces de los árboles mantienen las partículas de suelo en su lugar. Imagen tomada
por Pablo García-Chevesich en las cercanías de Lebanon, New Hampshire.
Figura 3. Las raíces de las plantas ayudan a sostener el suelo en su lugar, siendo las raíces
superficiales (A) las más adecuadas para controlar la erosión hídrica y eólica. Por otro lado, las
raíces más profundas (B y C) ayudan a prevenir movimientos de masas en pendientes
(Adoptado de García-Chevesich, 2008).
Figura. Efecto de la cobertura vegetal en las tasas de erosión relativa (Adoptado de Coppin
and Richards, 1990).
3. Hojarasca
En ambientes boscosos o similares, los cuales no han sido, significativamente, alterados por el
hombre, las capas superficiales de suelo se encuentran cubiertas por una hojarasca (Figura 5),
compuesta, principalmente por hojas y ramas provenientes de la masa arbórea. Básicamente,
la hojarasca está formada por tres capas: (1) L (del inglés litter), constituida por material
vegetal no descompuesto; (2) D (duff), en donde el material vegetal se encuentra parcialmente
descompuesto; y (3) H (humus), la capa más importante, pues es la que posee los nutrientes
en un estado disponible para las plantas, en la cual la descomposición del material vegetal es
total (Brady y Weil, 2000). Al igual que la cobertura vegetal, la hojarasca también protege el
suelo contra la erosión de impacto, impidiendo que la gota de lluvia golpee directamente la
superficie del suelo. Por otro lado, la hojarasca disminuye la velocidad del flujo superficial,
debido al aumento en la rugosidad por la que éste viaja (García-Chevesich, 2008).
4. Tipo de suelo
La materia orgánica puede mejorar casi todas las propiedades del suelo, pues la presencia de
ésta aumenta la aireación e infiltración, así como la cohesividad interparticular. Además, la
materia orgánica facilita el crecimiento vegetacional mediante la adición de nutrientes en el
suelo. Por estas razones, el contenido de materia orgánica de un suelo dado es una variable
relevante en términos de su resistencia a la erosión y, por ende, la producción de sedimentos
(García-Chevesich, 2008).
La estructura y permeabilidad de un suelo también juegan un rol preponderante en la
determinación de la erosibilidad, debido a su influencia en la cohesividad de las partículas y la
infiltración del agua entre los conglomerados en cuestión. No olvidemos que la capacidad de
infiltración de un suelo está en directa relación con la generación de escurrimiento superficial,
responsable de la erosión laminar y otros procesos de erosión hídrica. Los suelos sin estructura
definida, así como los suelos de estructura granular, por lo general poseen una alta capacidad
de infiltración, es decir que son menos susceptibles a la erosión laminar. Por otro lado, los
suelos de estructura masiva y plateada son más fáciles de erosionar, pues poseen tasas de
infiltración menores (García-Chevesich, 2008).
Determinando las cuatro variables descritas con anterioridad (porcentaje de limo, porcentaje
de materia orgánica, estructura y permeabilidad), se puede estimar un índice de erosibilidad
para un suelo dado (Foster et al., 1981), por medio de la siguiente ecuación:
5. Topografía
La velocidad del caudal influye fuertemente en la erosión hídrica. Se sabe que la velocidad
mínima para desprender y transportar una partícula de suelo está en función del diámetro de
ésta. Sin embargo, una vez que la partícula ha sido desprendida, se necesitará menos energía
para que ésta siga en movimiento. Así, Hjulstrom (1935) determinó la velocidad mínima
requerida para el desprendimiento (erosión), transporte y depositación de partículas de suelo,
según su diámetro, relación que se ilustra en la Figura 7. Nótese que se necesitan mayores
velocidades para el desprendimiento de una partícula dada. Sin embargo, ésta será
transportada en forma de suspensión, sólo si la velocidad del caudal es alta o, en su defecto, si
la partícula posee un diámetro reducido. De lo contrario, dicha partícula será depositada en un
corto lapso.
Figura. Variaciones en las tasas de erosión (E) y depositación (D), según cambios topográficos a
lo largo de una pendiente (Adoptado de Terrence et al., 2002).
La velocidad del caudal, en conjunto con las otras variables vistas en este capítulo, explican la
distribución de sedimentos a lo largo de los cursos de agua, según donde uno se encuentre.
Por lo general, los ríos de montaña están compuestos por grandes bloques de piedra
redondeada (por la acción del impacto generado entre éstos) y aguas muy claras, pues la
velocidad del caudal es tal que todas las partículas finas ya han sido transportadas río abajo
(Figura 8, izquierda).
Por otro lado, los ríos de valle y los que desembocan en el mar poseen fondos compuestos por
sedimentos finos, que se han ido depositando debido a la reducida inclinación del terreno, la
cual disminuye la velocidad del caudal (Figura 8, derecha).
7. Uso de la tierra
Pese a lo expuesto en este capítulo, la realidad actual hace que las características de las
concentraciones de sedimento en los ríos dependan, casi exclusivamente, de las actividades
humanas (manejo de la tierra) a nivel de cuencas hidrográficas (García-Chevesich, 2008). El
uso de la tierra es lejos el factor más importante dentro del conjunto de los factores que
afectan la erosión y la sedimentación. Durante los últimos años se ha construido y urbanizado
más terrenos que la suma de todas las áreas urbanas de los siglos anteriores (Terrence et al.,
2002). Los sitios en construcción representan la actividad humana más devastadora, en
términos erosivos, debido a la agresividad espacial y temporal asociada a éstos (Figura 9).
Figura. Diagrama de Hjulstrom, el cual indica la velocidad mínima requerida para desprender,
transportar o depositar partículas de suelo, según su diámetro, para flujos de agua (Adoptado
de Hjulstrom, 1935).
Figura. Por lo general, las altas pendientes hacen que los ríos y arroyos de montaña estén
constituidos por aguas cristalinas y la ausencia de sedimentos finos en el fondo de los cursos
de agua. A la izquierda se ilustra un estero de la región de Tatras, Polonia, cortesía de Andrzej
Wrotniak (www.wrotniak.net). Por esta razón, las diferencias naturales entre la concentración
de sedimentos en aguas de ríos de montaña y valle se deben principalmente a variaciones en
la pendiente de los terrenos en que se encuentran. La imagen de la derecha muestra una vista
aérea de la desembocadura del río Pájaro, en California, gentileza de Gregory Morris
(www.gmaeng.com)
Por esta razón, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) ha establecido
estrictas regulaciones en cuanto al control de la erosión y la generación de sedimentos, las
cuales se aplican a gran parte (97,5%) del rubro de la construcción. Cualquier individuo en los
Estados Unidos que modifique el suelo en más de un acre, debe elaborar un Plan de
Prevención de la Contaminación de Aguas Lluvia (SWPPP), en conjunto con las agencias locales
correspondientes, con el fin de minimizar la sedimentación de los ríos y evitar millonarias
multas.
Figura. Los sitios de construcción son los más dañinos en términos de pérdida de suelo. En la
fotografía se puede apreciar una excesiva sedimentación, producto de una urbanización
ocurrida cerca de Birmingham, Colorado. Gentileza de Nelson Brooke, Black Warrior
Riverkeeper.
Actividades forestales como la tala rasa, raleos y construcción de caminos, entre otras,
representan una enorme alteración en el ciclo hidrológico, lo que se traduce en una
disminución de la intercepción de copa y la capacidad de infiltración de los suelos, debido al
uso de maquinaria pesada. Dichos disturbios generan gran cantidad de erosión y
sedimentación.
Actividades del rubro agropecuario también provocan un daño permanente a los suelos, lo
que se traduce en erosión y sedimentación. El sobrepastoreo no sólo disminuye la cubierta
vegetal protectora de los suelos, sino que también compacta el suelo, produciendo más
escurrimiento superficial y dando paso a distintos procesos erosivos (Figura 10). Por lo general,
las prácticas agrícolas exponen el suelo al impacto de las gotas de lluvia, sumándose la erosión
hídrica provocada por los canales de regadío.
Otro factor importante dentro de las actividades humanas es la minería, sobre todo cuando se
practica en zonas con climas lluviosos. Dentro de la minería, los relaves representan el mayor
problema, pues éstos están compuestos no sólo por sedimentos, sino también por elementos
tóxicos producidos en el proceso de extracción de minerales. Esta situación hace muy difícil el
establecimiento de vegetales, debido a la alta toxicidad de dicho sustrato. La fitorremediación
es la práctica más común para controlar erosión en relaves, impidiendo el avance de
sedimentos tóxicos a sectores más bajos de las cuencas en que se encuentren las actividades
mineras. Por último, los incendios forestales y algunas quemas controladas alteran
fuertemente el ciclo hidrológico de las cuencas, disminuyendo la intercepción, exponiendo el
suelo y creando muchas veces una capa hidrofóbica, la cual elimina la infiltración e incrementa
el escurrimiento superficial, causando cuantiosos daños en los sectores más bajos. En la Figura
12 se expone una vista panorámica de un severo incendio que quemó varios cientos de
hectáreas de Pinus ponderosa en Arizona. Dicho incendio ocasionó muchos problemas
erosivos en los canales que drenan la cuenca, ilustrándose un ejemplo en la Figura 13.
Figura. Los incendios forestales dejan la superficie del suelo expuesta a la erosión hídrica. En la
imagen, una vista panorámica del incendio Rattle Snake que ardió en 1994, quemando una
gran porción de las montañas Chiricahuas en Arizona, provocando diversos aluviones río
abajo.
Figura. Erosión severa ocurrida en Cave Creek, Arizona, producto del incendio forestal Rattle
Snake, ocurrido en los sectores altos de las montañas Chiricahua.
Cauce
El lecho menor, aparente o normal, es aquel por el cual discurre agua incluso durante
el verano (de ahí que algunos le den el nombre permanente). El lecho mayor o llanura de
inundación, que contiene al primero, solo es invadido por el curso de las crecidas y, en general,
durante la estación anual en que el caudal aumenta y cuyo periodo depende, por su duración y
por la época del año en que se sitúa, del régimen propio de cada río.
La naturaleza de cualquier lecho fluvial es siempre una función de la dinámica del flujo y de
los materiales geológicos locales que pueden influir a dicho flujo.
Dinámica fluvial
El ciclo hidrológico
El ciclo del agua en la naturaleza o ciclo hidrológico, es decir, el recorrido que el agua en sus
distintos estados físicos pasando de la hidrósfera a la atmósfera, de aquí a la litósfera y
nuevamente a la hidrósfera, es un proceso esencial para la existencia de vida sobre la Tierra.
Las aguas corrientes completan ese ciclo hidrológico (1). La dinámica fluvial integra todos los
fenómenos que se producen en la superficie terrestre como consecuencia de la acción de las
aguas continentales, en particular de las aguas que forman los ríos. La acción de esas aguas es,
principalmente, de dos tipos: de erosión y de sedimentación, constituyendo en conjunto, los
principales agentes del modelado fluvial.
Las cuencas hidrográficas constituyen áreas bien delimitadas de la superficie terrestre que se
deben interpretar en su conjunto cuando se consideran como regiones naturales sujetas a
ciertos procesos muy importantes con el fin de evaluar los recursos hídricos y económicos en
general de cualquier país y que, en el caso de los grandes ríos, puede corresponder a varios
países o regiones supranacionales.
Cuenca de un río
Caudal de un río
El caudal de un río es la cantidad de agua que lleva ese río en un momento dado. Se mide en
m³/s en los sitios de aforo convenientemente situados según las necesidades en la
planificación de las cuencas hidrográficas (por ejemplo, antes o después de una confluencia, a
la salida de una región montañosa o llana, etc.).
El régimen fluvial es el comportamiento o fluctuación del caudal de un río a lo largo del año,
monto obtenido promediando los caudales promedio de cada uno de los meses del año
durante la mayor cantidad de años posible. Se refiere a variaciones del caudal que suelen
quedar registradas en los lugares de aforo mediante unos aparatos automáticos de registro
denominados fluviómetros (si el registro es manual) y fluviógrafos cuando el registro es
automático. Se denomina registro fluviométrico a las variaciones momentáneas del caudal de
un río que quedan grabadas de manera automática en una cinta impresa. El régimen fluvial
constituye, a su vez, el promedio de los aforos diarios, mensuales y anuales durante un largo
período de años.
El presente ejemplo es una estructura básica, que no tiene relación con algún ejemplo de
la realidad, simplemente se creó con fines demostrativos, por lo que el río y el tramo de
estudio son únicos y llevan el nombre de “8XS”.
Para las condiciones de flujo se trabajará con el modelo de flujo casi inestable, el cual
representa u hidrograma con series discretas de flujo estable, además el transporte de
sedimentos puede ser computado sobre este flujo de manera constante, fue creado
debido a que flujo inestable es difícil de manejar; cada salto de tiempo es dividido en
duraciones de flujo, incrementos computacionales y cambiando el lecho de estudio. Los
cambios en la morfología son resultado de cada incremento computacional.
Posteriormente el salto de tiempo de mezclado en el lecho puede evolucionar
rápidamente basado en los parámetros anteriores mencionados. Por ello se basa la
importancia de modelos de flujo casi inestable, ya que permite construir modelos precisos
y calibrarlos, usa el motor de análisis estable y debido a que el análisis de sedimentos
cambia las secciones de corte, y a su vez no se deben usar cuando los flujos de
almacenamiento son significantes por lo que en estas situaciones se debe usar el modelo
de flujo inestable, que a su vez se puede asociar con soluciones complejas.
Para empezar, se tiene que ajustar la geometría del modelo, la cual será correspondiente
con un tramo en línea recta, contando con 8 estaciones de 0 a 1000 las cuales son
alimentadas con su propia elevación, no habiendo diferencia significativa entre cada
segmento.
Una vez creada la geometría se puede proceder a editar el solucionador de flujo casi
inestable, el cual nos permite ver las divisiones del rio, pero debido a que es un único
tramo solo visualizaremos el inicio y el final del tramo como condiciones, a lo que se le
deben editar los tipos de condiciones de borde, en esta parte se colocará en la parte baja
(tramo 0) una condición de profundidad normal, y a la parte más alta “upstream” se
colocará series de flujo, siendo estas editables de la siguiente manera, se especifica un
tiempo de simulación el cual contiene datos de duración de flujo, incremento
computacional y el flujo en pies cúbicos por segundo.
Una vez editada esta información se puede proceder a editar la información respecto a
sedimentos, esta información se puede colocar por tramos o en total, mucha de esta
información es considerada basado en la sección de corte, por lo que si se actualizan
nuevas secciones habría que modificar la información de sedimentos, en un río puede
haber múltiples lechos los cuales son movibles, se puede especificar las condiciones para
cada uno en Hec-RAS, en este ejemplo se trabajaron con 6 diferentes lechos móviles, el
transporte está basado en la ecuación de continuidad de sedimentos, siendo el calculo del
sedimento de entrada mucho más sencillo que el de salida, la capacidad de transporte de
sedimentos depende de la clase del grano, por lo que una variable importante para la
edición de sedimentos es colocar los tamaños de grano presentes en la zona. Existen
variedad de ecuaciones que dominan el transporte de sedimentos, la que usaremos en
esta simulación es el método de “Ackers-White”, para el método de ordenamiento es
“Thomas (Ex5)” y para el método de velocidad de caída “Ruby”.
Debido a que los sedimentos modifican el volumen del lecho se tiene que especificar la
máxima profundidad y mínima elevación que pueden contener sedimentos, y
adicionalmente se modifican los extremos derechos e izquierdos del río como
desviaciones, los cuales pueden ser implementados por perfil y por tipo de material de
sedimentos a modelar, por último, se especifica las condiciones de borde para el
sedimento, en nuestro caso escogeremos “Carga de equilibrio”.
Por último, queda especificar las condiciones del modelo BSTEM, el cual se basa en un
método de falla el cual contiene puntos de elevación entre el borde del banco y el tope
del pie del lecho, estos valores se modifican en la última parte del transporte de
sedimentos.
A su vez la selección del método BSTEM, requiere de la opción de “Definir material”, esto
permite modificar los valores de sedimentos y los materiales, esto permite aumentar la
complejidad del modelo y el detalle de este.
Consideraciones
El método que usar en transporte de sedimentos depende de las condiciones del río y de
la experiencia del modelador para ajustar mejor el modelo según las consideraciones
particulares de cada condición, esta información se puede encontrar en bibliografía
respecto a Hec-RAS.
El material del sedimento puede variar según la estación por lo que un modelo de
sedimentos no debe ser único, se deben considerar estaciones del año y también
actividades que modifiquen la carga,
SEDIMENTACIÓN EN EMBALSES
Uno de los principales problemas que a menudo afectan a los embalses, es su pérdida de
capacidad debido al depósito de sedimento en su interior. Independientemente de que
como parte del diseño de embalses, está el disponer de un volumen para almacenar
dichos azolves, muchas veces es rápidamente rebasado, con la consecuente pérdida de
volumen útil en el embalse. En otras presas, aunque el volumen reservado para azolves no
haya sido sobrepasado, la velocidad con que se pierde, hace prever que el embalse
perderá capacidad de almacenamiento antes de lo previsto, con la consiguiente
disminución de disponibilidad .de agua. En algunos casos extremos, el embalse puede ser
inutilizado totalmente. Si, además, se considera que los costos para evitar la erosión de las
cuencas son elevados y con resultados a largo plazo, y que también lo son los costos de
extracción del material depositado, entonces se entenderá porqué en muchas ocasiones
es mejor construir un nuevo embalse que rehabilitar el azolvado. Lo cual no siempre es
posible, pues además de las altas inversiones económicas, cada vez escasean más los sitios
donde es posible construir una nueva cortina.
Dos datos (ref 7) referentes a los EUA, sintetizan claramente la magnitud del problema de
sedimentación; uno anualmente se pierde 50 millones de dólares por los daños causados
por la sedimentación de embalses, y el otro aproximadamente 1200 millones de m3 de
sedimento se depositan en los vasos cada año.
según la disminución de la velocidad del agua por el efecto de ampliación del cauce y el
crecimiento del tirante, formando en la "cola" del vaso una acumulación de sedimento
grueso denominado delta. El sedimento más fino continuará hacia adentro del vaso como
una corriente de densidad, para posteriormente al detenerse, depositarse en el fondo de
este. Existen embalses en los que tal corriente no llega a formarse, y se produce en el
vaso, o en gran parte de este, una turbidez generalizada que evolucionará, según la
dinámica particular del almacenamiento.
El delta se moverá hacia adentro del embalse según las características de las avenidas y la
variación de los niveles en el vaso. En los grandes embalses, la formación del delta tiene
importancia por el efecto que causa hacia aguas arriba del río y por el volumen que ocupa
dentro del vaso. El remanso en ocasiones inunda áreas que antes de la formación del delta
no se inundaban. Sin embargo, existen casos en los que la penetración del material grueso
dentro del vaso llega a ser tan acentuada, que pone en peligro las instalaciones en la
cortina. Cuando la presa no es muy grande y sus extracciones o derrames son muy
frecuentes, es posible que el delta ocupe gran parte del vaso y en tal caso el sedimento
grueso sí constituye la principal pérdida de capacidad, ya que gran parte del material fino
muy probablemente no será retenido pues continuará hacia aguas abajo.
El material que se deposita en el fondo del embalse, estará sujeto a una compactación al
transcurrir el tiempo. Este efecto se verá acentuado al cambiar sensiblemente los niveles
en el vaso, haciendo que se produzca un alternado secado y humedecimiento del material
sedimentado. Esto induce dos problemas importantes, uno, el cambio de volumen
depositado a través del tiempo, que repercute en la cantidad de agua almacenada, y otro,
la dificultad de remover sedimento altamente compactado.
Las corrientes de densidad, aunque son un fenómeno que fácilmente se puede generar en
un laboratorio, su detección en campo presenta grandes dificultades. Por esta razón no ha
sido posible definir una clara relación entre los trabajos teóricos y el fenómeno real. Esto
es particularmente importante, porque el manejo de una corriente de densidad permitiría,
en algunos vasos, aliviar el problema de sedimentación, pues al conocer su
comportamiento tal vez pudieran extraerse del embalse antes de que el material que
transportan se sedimentara.
Cuando la corriente de densidad no llega a formarse, y solamente se genera turbidez en el
embalse, lo cual generalmente ocurre con concentraciones bajas de sedimento, el
problema principal no radica en la cantidad depositada, sino en la afectación de la calidad
del agua. Dicho problema se vuelve fundamental desde el punto de vista ecológico, pues
muchas veces se producen alteraciones de la flora y la fauna del almacenamiento en
cuestión. Esto además de alterar la calidad del agua que en ocasiones se emplea como
potable para una población.