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HABILIDADES TERAPÉUTICAS (Extracto)

Este documento describe las habilidades terapéuticas fundamentales para ser un buen terapeuta. Identifica la escucha activa como una habilidad esencial, que implica recibir el mensaje del cliente con atención e interés, procesar la información para comprenderla mejor, y emitir respuestas que demuestren que se ha escuchado activamente. También destaca la importancia de la autorregulación para evitar que las propias emociones y juicios interfieran con la escucha efectiva. Finalmente, señala algunos obstáculos com

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HABILIDADES TERAPÉUTICAS (Extracto)

Este documento describe las habilidades terapéuticas fundamentales para ser un buen terapeuta. Identifica la escucha activa como una habilidad esencial, que implica recibir el mensaje del cliente con atención e interés, procesar la información para comprenderla mejor, y emitir respuestas que demuestren que se ha escuchado activamente. También destaca la importancia de la autorregulación para evitar que las propias emociones y juicios interfieran con la escucha efectiva. Finalmente, señala algunos obstáculos com

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HABILIDADES TERAPÉUTICAS

Arturo Bados López y Eugeni García Grau


Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos
Facultad de Psicología, Universidad de Barcelona

CARACTERÍSTICAS PERSONALES GENERALES PARA SER TERAPEUTA

Cormier y Cormier (1991/1994) y Ruiz y Villalobos (1994) señalan las siguientes:

- Tener un interés sincero por las personas y su bienestar; esto implica no tratar de
obtener beneficios personales y no anteponer las propias satisfacciones a las
necesidades del cliente.

Así pues, hay que evitar:

a) El voyeurismo, esto es, las indagaciones dirigidas básicamente a la


satisfacción de la curiosidad personal.

b) El abuso de poder. El poder y la autoridad inherentes al rol de terapeuta no


deben usarse con el fin de mostrar la propia superioridad sobre el cliente o
influir en las decisiones y valores del paciente más allá de los objetivos
terapéuticos.

c) La autoterapia o centrarse en aquellos problemas de los pacientes que tienen


que ver con dificultades personales del terapeuta independientemente del
impacto que tengan en la vida del cliente.

- Saber y aceptar que hay estilos de vida diferentes, todos ellos respetables y creer en
que todas las personas tienen aspectos positivos que pueden desarrollar.

- Autoconocimiento. Conocer cuáles son los propios recursos y limitaciones tanto


personales como técnicas. Limitaciones personales serían temor al fracaso, necesidad
excesiva de control, necesidad de aprobación, creencia en que los propios valores son
los más adecuados, etc. Estas limitaciones pueden conducir a comportamientos
antiterapéuticos tales como evitar aspectos conflictivos, tratar sólo los aspectos más
superficiales del problema, dominar las sesiones, enfadarse con los clientes que no
cumplen, evitar el uso de confrontaciones, satisfacer las necesidades de dependencia
de los clientes, tratar de imponer el propio sistema de valores, etc.

- Autorregulación. El autoconocimiento debe ir acompañado bien de una


autorregulación suficiente para que los propios problemas y dificultades no interfieran
en el tratamiento bien de la derivación de aquellos pacientes que las limitaciones
propias no permiten tratar adecuadamente. Si las limitaciones son importantes, un
terapeuta debe buscar tratamiento para las mismas. Una aplicación importante del
autoconocimiento es que el terapeuta sepa detectar cuándo experimenta fuertes
reacciones emocionales en respuesta a sus pacientes (lo que otros autores denominan
contratransferencia; Freeman, 2001; Leahy, 2001). Todo terapeuta debe ser sensible a
sus procesos internos y a los procesos de interacción durante la terapia, analizar sus
propias motivaciones y reacciones internas e impedir que influyan negativamente en la
terapia. Si a pesar de todo persiste una intensa implicación emocional positiva o
negativa con el paciente, puede derivarse este a otro terapeuta. Algunos programas de
formación de terapeutas ofrecen a estos la posibilidad o la obligación de realizar
terapia personal, aunque no se ha demostrado que haber realizado dicho tipo de
terapia conduzca a mejores resultados posteriormente en el tratamiento (Beutler,
Machado y Neufeldt, 1994). De todos modos, quizá una variable mediadora
importante sea la razón o razones por las que un terapeuta busca terapia personal.
Sería interesante que los programas de formación de terapeutas incluyeran módulos
opcionales de desarrollo personal ([Link]., para aumentar el autoconocimiento y mejorar
cualidades personales, habilidades sociales y manejo del estrés) y que, aparte de estos
módulos, aquellos que lo necesiten busquen la ayuda de otro profesional ([Link]., en
caso de manejo de reacciones emocionales hacia ciertos pacientes, abuso de poder,
crisis personales).

- Tener un buen ajuste psicológico general, aunque esto no quiere decir que el ajuste
deba ser total. En términos generales, una buena salud mental por parte del terapeuta
va asociada a mejores resultados del tratamiento.

- Experiencia vital. Una amplia experiencia vital, ya sea por experiencia directa o
vicaria, facilita la comprensión de los sentimientos y vivencias de los pacientes y la
búsqueda de soluciones a los problemas de estos. Ciertas experiencias vitales recientes
(divorcio, depresión, crisis de pánico) pueden hacer aconsejable no tratar a pacientes
con problemas parecidos debido a posibles efectos de interferencia.

- Conocimiento de contextos socioculturales diversos. Conviene que el terapeuta


conozca las normas y valores de los contextos socioculturales de sus pacientes, ya que
pueden influir en los problemas de estos o en la fijación de los objetivos terapéuticos.
Un conocimiento directo de todos los contextos es imposible, por lo que habrá que
basarse en las informaciones proporcionadas por los pacientes, por personas de su
entorno y por posibles publicaciones al respecto.

- Haber recibido una buena formación teórica y práctica y confiar en su propia


habilidad y técnicas terapéuticas.

- Energía y persistencia. Hacer terapia cansa física y emocionalmente, por lo que se


requiere una buena dosis de energía. Es probable que los terapeutas pasivos y con
poca energía inspiren poca confianza y seguridad a sus clientes. Por otra parte, el logro
de resultados terapéuticos requiere tiempo, por lo que se necesita paciencia y
persistencia.

- Flexibilidad. Un terapeuta debe saber adaptar sus métodos y técnicas a los problemas
y características de cada cliente. Además, debe estar abierto a la adquisición de nuevas
competencias.

- Cumplimiento de principios éticos y profesionales establecidos en el código


deontológico de la profesión. Por ejemplo, la confidencialidad (con las excepciones de
maltrato a menores o peligro del cliente para sí mismo u otros), la derivación del
paciente cuando se carece de habilidad en la problemática de mismo, la búsqueda de
supervisión en el caso de terapeutas principiantes y la evitación de las denominadas
relaciones duales (económicas, sexuales, sociales, etc.) paralelas a las terapéuticas.

ESCUCHA ACTIVA

Saber escuchar es fundamental en terapia. Al escuchar,

a) se facilita que los clientes hablen sobre sí mismos y sus problemas y


comuniquen información relevante;

b) aumentan las probabilidades de comprender mejor al cliente;

c) se potencia la relación terapéutica;

d) se anima a los clientes a ser más responsables de su proceso de cambio y a


ver al terapeuta más como un colaborador que como un experto; y

e) es más probable que la intervención terapéutica tenga éxito.

La escucha activa implica tres actividades:

a) Recibir el mensaje, lo que implica atención e interés por el mismo. Hay que
prestar atención a diversos aspectos del cliente:

- Comunicación no verbal y vocal (apariencia, expresiones faciales,


mirada, postura, orientación corporal, gestos, entonación, volumen, etc.) y
cambios en esta.

- Comunicación verbal: lo que dice y en qué momento, lo que dice


implícitamente, las emociones explícitas o implícitas, lo que no dice (temas que
evita, personas importantes que no menciona), los temas recurrentes ([Link].,
autoexigencia), las contradicciones en que incurre.
- Actitud hacia el terapeuta y la terapia.

b) Procesar los datos atendidos, es decir, saber discriminar las partes


importantes y establecer su significado. Aquí, los valores y creencias del
terapeuta y las emociones que experimenta pueden conducirle a interpretar
sesgadamente el mensaje, de modo que oiga lo que quiere escuchar. De aquí la
importancia de que el terapeuta observe sus propios pensamientos y
emociones en la sesión y los autorregule en caso necesario.

c) Emitir respuestas de escucha. Entre estas, hay varias que se pueden


manifestar mientras se escucha, tales como mirada amigable, asentimientos de
cabeza, inclinación y orientación corporal hacia el cliente, expresión facial de
interés y comentarios del tipo “ya veo”, “sí”, “entiendo”, “uhm”, “continúe, le
escucho”. Además, una vez que el terapeuta interviene, comunica al cliente que
le ha escuchado activamente mediante respuestas verbales de distinto tipo
congruentes con lo que ha manifestado el cliente. Como se verá más adelante,
son importantes aquí las clarificaciones, paráfrasis, reflejos y síntesis.

Algunos obstáculos para la escucha eficaz son (Cormier y Cormier, 1991/1994;


Marinho, Caballo y Silveira, 2003):

a) no tener interés por el cliente o sus problemas;

b) la tendencia a juzgar los mensajes del cliente;

c) experimentar reacciones emocionales ante el comportamiento del paciente


([Link]., ansiedad, frustración, enfado) que resulta difícil controlar;

d) distracciones asociadas con las propias preocupaciones;

e) interrumpir al cliente de forma innecesaria;

f) no respetar los temas que son importantes para el cliente;

g) la tendencia a formular hipótesis firmes con pocos datos y a atender


selectivamente a los datos que las confirman;

h) la tentación de responder a la información que el cliente todavía no ha


comunicado formulando preguntas antes de tiempo;

i) realizar interpretaciones u ofrecer sugerencias de forma prematura;

j) la presión que uno se impone para resolver problemas o encontrar


respuestas;

k) variables situacionales como el exceso de calor o frío, el ruido o la hora del


día; y
l) no encontrarse bien o sentirse cansado ([Link]., por exceso de trabajo o falta de
sueño).

No escuchar activamente al cliente es un grave error, ya que no se sentirá


comprendido y el terapeuta puede estar satisfaciendo sus propias necesidades
en vez de las del paciente. Por otro lado, el exceso de escucha también es
problemático, ya que si el terapeuta se limita básicamente a escuchar, el cliente
puede no recibir la ayuda necesaria.

EMPATÍA

La empatía es la capacidad de:

a) comprender a las personas desde su propio marco de referencia en


vez del correspondiente al terapeuta, y

b) saber comunicar a la persona interesada esta comprensión. La


empatía implica en primer lugar entrar en el marco de referencia del
cliente y comprender sus sentimientos, percepciones y acciones; es
decir, ver las cosas no como son “objetivamente” o como las vería uno
mismo de estar en el lugar del cliente, sino tal como el cliente las
experimenta.

En segundo lugar, es preciso comunicar al paciente la comprensión de los sentimientos


y significados que expresa de modo manifiesto o latente. Ahora bien, lo importante es
que el paciente llegue a sentirse comprendido.

La empatía, en su nivel más alto, implica no sólo comprender los pensamientos y


sentimientos expresados por el cliente, sino también captar las implicaciones
emocionales, cognitivas y conductuales que aquellos tienen en su vida. Es lo que se ha
definido como comprender el significado más allá de lo que el paciente expresa (Ruiz y
Villalobos, 1994).

La comunicación al cliente de la actitud empática se hace a través de diversos medios:


a) La escucha activa, la cual incluye las respuestas mencionadas en los siguientes
puntos y el empleo de señales de que se está escuchando: mirada amigable,
asentimientos de cabeza, inclinación y orientación corporal hacia el cliente, expresión
facial de interés, comentarios del tipo “ya veo”, “sí”, “entiendo”, “uhm”.

b) Tratar aquellos aspectos que son importantes para el cliente.

c) La formulación de preguntas tendentes a clarificar lo que el cliente expresa.

d) La utilización de paráfrasis y de síntesis o recapitulaciones.


e) El empleo del reflejo. Este no consiste simplemente en repetir o parafrasear lo que
ha dicho el cliente, sino que implica la expresión de los sentimientos del cliente, tanto
de los directamente expresados por este como de los que permanecen a nivel
preconsciente.

Aunque la empatía incluye el empleo de reflejos, no es necesario emplear estos


frecuentemente. Su uso continuado puede ser incluso contraproducente, tal como se
explicará después. Por otra parte, conviene remarcar que la empatía presupone la
escucha activa, pero va más allá. Para que haya empatía, el terapeuta debe
comprender al cliente desde el marco de referencia de este y debe saber comunicar
esto al cliente, de modo que este se sienta comprendido. Decir simplemente al cliente
que se empatiza con él (“realmente, sé lo que siente”, “entiendo por lo que está
pasando”) no comunica una actitud de empatía; se requiere algo más. Por otra parte,
los aspectos no verbales pueden potenciar o debilitar la comunicación de la actitud
empática. No es lo mismo decir “le molestan las críticas de su madre” con un tono
neutro que con un tono que venga a significar “si le entiendo bien, se siente muy
molesto por las críticas de su madre, ¿es así?”.

Finalmente, la comunicación de la actitud empática cumple varias funciones:

a) comunica el deseo del terapeuta de comprender al cliente,

b) permite a este corregir las percepciones erróneas del terapeuta, y

c) facilita que el cliente sea más consciente de sus propios sentimientos.

Con un gran número de clientes, la empatía mejora mucho la relación terapéutica y


facilita el cambio.

Además, la empatía permite:

a) comprender mejor las conductas negativas del cliente (incluidas las


resistencias al cambio),

b) evitar emitir juicios sobre estas,

c) reducir las reacciones emocionales ante las mismas y

d) pensar mejor en posibles soluciones

Descuidar la actitud empática y dedicarse sólo a las “labores técnicas” puede llevar a
ver al terapeuta como insensible, especialmente en las primeras sesiones. La actitud
empática es especialmente importante con aquellos clientes que vienen a consulta no
por propia iniciativa, sino presionados, o incluso traídos, por otras personas. En estos
casos conviene ganarse su confianza hablando de temas que les interesen y
haciéndoles ver que uno comprende su postura y que no está de la otra parte. El
terapeuta debe tener cuidado en no proyectar sus propias actitudes y expectativas en
el cliente, ya que podría distorsionar el informe de este.

Por otro lado, una fe excesiva en la empatía puede llevar a aceptar como verídicas las
introspecciones del cliente, las cuales no tienen por qué serlo. Debe buscarse un
equilibrio entre la comprensión empática y la comprobación objetiva de las
afirmaciones e inferencias del client.

Es importante distinguir entre empatía y simpatía. Esta se refiere a un compartir las


emociones del cliente, a una identificación emocional con su modo de ver las cosas. La
empatía, por otra parte, tiene un componente intelectual además de emocional.
Implica conocer la base cognitiva de los sentimientos del cliente y mantenerse
independiente de estos para preservar la objetividad hacia los problemas del cliente.
Un terapeuta, aunque empático, debe darse cuenta de los pensamientos del cliente
que conducen a este a determinados sentimientos y no tiene por qué estar de acuerdo
con aquellos, caso de que sean erróneos o desadaptativos.

La empatía tampoco es mostrar compasión hacia el cliente; decir “realmente lamento


que se sienta tan deprimido” manifiesta bondad y consideración, pero no empatía.

Pautas para ser eficiente en la comunicación de la comprensión empática:

a) Concentrarse en las expresiones verbales y no verbales del cliente.

b) Concentrarse en las respuestas que expresan el mismo afecto y significado


que las del cliente.

c) Formular las respuestas en un lenguaje apropiado para el cliente.

d) Responder en un tono afectivo similar al comunicado por el cliente.

e) Mostrar un gran interés.

f) Después de haber conseguido la comunicación descrita en el apartado “b”,


tantear el expandir y clarificar las experiencias del cliente a niveles más
profundos (esto permite al cliente descubrir, aceptar y/o explorar otros
sentimientos y significados).

g) Concentrarse en lo que el cliente no expresa, buscar completar lo que falta


en vez de quedarse simplemente con lo que se ha dicho.

h) Emplear la conducta del cliente como la mejor guía para evaluar la eficacia
de las propias respuestas.

El terapeuta demuestra su interés y disposición a ayudar al cliente. El terapeuta dedica


un tiempo y sus habilidades y esfuerzos para comprender y ayudar al cliente; también
se compromete en una relación en la cual dominan las necesidades e intereses del
cliente, mientras que las exigencias personales del terapeuta quedan minimizadas.

La preocupación por el cliente debe ser genuina (y no simulada; si este fuera el caso,
habría que cambiar de terapeuta) y no rutinaria, y el cliente no debe sentirse agobiado
ni culpable por la gran dedicación del otro.

Es importante que el paciente perciba que se le acepta incondicionalmente como


persona, sin emitir juicios de valor sobre sus pensamientos, sentimientos y conductas.
Por otra parte, aunque ciertas acciones y pensamientos pueden parecer reprobables,
hay que mantener una actitud no crítica hacia el hecho de que hayan ocurrido. Esto no
quiere decir que no se pueda hacer reflexionar al paciente sobre los pros y contras y
consecuencias personales y sociales de los mismos; pero esto debe ser visto como una
muestra de interés hacia él y las metas del tratamiento en vez de como críticas o
descalificaciones

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