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Espiritualidad Amigoniana

Este documento resume la espiritualidad amigoniana como centrada en Cristo y la misericordia de Dios Padre. Se basa en la parábola del buen pastor que busca la oveja perdida, como expresó el fundador Luis Amigó. La espiritualidad amigoniana implica estar siempre en salida hacia los demás, especialmente los más necesitados. También requiere innovación y adaptación a los cambios sociales para cumplir mejor su misión de evangelización.

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Espiritualidad Amigoniana

Este documento resume la espiritualidad amigoniana como centrada en Cristo y la misericordia de Dios Padre. Se basa en la parábola del buen pastor que busca la oveja perdida, como expresó el fundador Luis Amigó. La espiritualidad amigoniana implica estar siempre en salida hacia los demás, especialmente los más necesitados. También requiere innovación y adaptación a los cambios sociales para cumplir mejor su misión de evangelización.

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UNIVERSIDAD CATÓLICA LUIS AMIGÓ

FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES


PROGRAMA DE TEOLOGÍA
MATERIA: TEOLOGÍA ESPIRITUAL
MAESTRO: DIEGO FERNANDO BEDOYA BONILLA PBRO.
ESTUDIANTE: VÍCTOR HUGO MOLINA ARANGO
03/04/2020
MEDELLÍN

LA ESPIRITUALIDAD AMIGONIANA, ACCIÓN CARISMÁTICA QUE VIVE

CRISTO COMO LA MISERICORDIA DEL PADRE

Este ensayo busca penetrar en el interior mismo de la inspiración carismática que condujo a

Luis Amigó a hundir las raíces de su espiritualidad en la realidad de un Dios que se revela

siempre en salida, en movimiento, en búsqueda permanente, en donación excesiva y en

Amor desmedido.

Toda la vida y la misión amigoniana se soportan en las palabras escritas por el Padre

Fundador en la Carta testamento: “Vosotros amados hijos e hijas, han sido constituidos por

Él zagales de su rebaño, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada hasta

volverla al aprisco del Buen Pastor” (OCLA, 251).

El fragmento contiene la esencia de lo que somos y hacemos. Es preciso que esté siempre

en el sistema radicular de toda aproximación teórico-práctica al carisma amigoniano. El

fundamento bíblico del legado espiritual del Padre Amigó, se soporta en la parábola de la

oveja perdida (y encontrada) narrada en el Evangelio de Lucas, capítulo 15, en la que el

pastor diligente encamina sus esfuerzos a la búsqueda de aquella que se ha apartado del

grupo y por eso está en riesgo inminente de perder su vida. El citado texto epistolar es un

elemento estructural que vincula ontológicamente el acontecimiento amigoniano con el

cristiano, legitimando la existencia y permanencia del primero con la realidad y


dinamicidad del segundo. Al respecto Vives (1986): “El carisma terciario-capuchino […]

encuentra en la cristología redentora –catequéticamente contenida por expresa voluntad del

P. Luis en la figura del Buen Pastor- su síntesis, y el centro vivificante de la mística del

amor misericordioso” (p. 313).

Habéis de ir en pos de la oveja descarriada. Esta frase escrita por el Padre Fundador en la

Carta Testamento se ha convertido en un cliché, se viene repitiendo mecánicamente durante

años y lo que es la expresión más perfecta de la espiritualidad-misión del terciario

capuchino hoy funge como una tradición trasnochada, no como criterio de identidad y

fidelidad. El devenir histórico reclama un urgente retorno al sentido pleno de este legado de

Luis Amigó, revaluar lecturas reduccionistas y románticas, entrar en el espíritu propio del

mandato y actuar en consecuencia. Se trata de un movimiento constante, que mantiene al

ser del religioso amigoniano siempre en salida, de sí mismo y de las seguridades

construidas en el ejercicio de la misión. Lo atisba Vives Aguilella cuando afirma:

Cristo Buen Pastor es modelo de identificación para todo amigoniano que busca insertarse

en los problemas de la humanidad, sobre todo, de aquella que está más necesitada: sale y

corre tras ellos […] no satisfecho con encarnarse preferencialmente con los problemas de

los hermanos más pobres, se desvive cada día por medio de la desinstalación que se

esconde tras la actitud de búsqueda a que le arrastra el amor (Vives, 1986, p. 314).

Es necesario fijar la mirada en la palabra desinstalación, pues define perfectamente la

esencia misma del Jesús que revela a un Dios Trinitario que acontece siempre en salida, en

movimiento (acción). El peregrinaje es una actitud que brota del impulso interior que lleva

a expandir cuanto antes el reinado de Dios, hacer que todos se salven y plenifiquen sus

vidas en la Verdad (1 Tim 2, 4). El establecimiento de estructuras que garanticen


seguridades en las que el cristiano se pueda quedar tranquilo (instalado) es abiertamente

contrario al Evangelio. La espiritualidad amigoniana, en consecuencia, se identifica en su

totalidad con dicha realidad y si quiere permanecer fiel ha de estar siempre en camino hacia

el interior de la naturaleza humana y todo aquello que la circunda. Así lo expresa Juan

Antonio Vives:

De aquí, pues, el que la espiritualidad terciario-capuchina –cuyos seguidores han sido

llamados explícitamente por e P. Luis a configurarse, como zagales, con la misión propia

del Buen Pastor (OC, 1831) – tenga necesidad de descubrir en Él , y fundamentalmente a

través de esta actitud de ‘peregrinaje apostólico’ que lo caracteriza y compendia dentro del

magisterio amigoniano, el centro vital y vivificante de su mística de amor misericordioso

[…] que fue minuciosamente transmitida por el Fundador (Vives, 1986, p. 317).

Sin duda alguna las realidades del mundo contemporáneo suscitan un imperativo en la

acción carismática Amigoniana (que es lo mismo que espiritualidad amigoniana):

emprender caminos que conduzcan a la Congregación a resignificar su experiencia misional

en aras de responder con eficacia a las necesidades de quienes son sus destinatarios. Luis

Amigó y los primeros religiosos fueron lo suficientemente audaces para adaptarse a los

cambios del momento, la misma actitud ha de abrirse paso en la mente y el corazón de los

amigonianos de hoy. Sin miedo, sin resistencia, sin defender acérrimamente experiencias

que se acercan a su caducidad pero que brindan seguridad y bienestar ha de emprenderse el

recorrido, seguramente doloroso pero pascual, hacia un ejercicio evangelizador que impacte

válidamente la vida de los jóvenes, de sus familias y de su grupo social.

El ex Superior General, Marino Martínez Pérez lo manifiesta categóricamente en la

ponencia inaugural del III Congreso Internacional de pedagogía amigoniana:


Podríamos decir que, por fidelidad, tradición o costumbre; por percibir que se hacía el bien

y se hacía bien hecho; porque no teníamos competencia que nos exigiera innovar; porque

nos acostumbramos a hacer más de lo mismo, o por otras realidades que no sería el espacio

para dilucidar; el carisma y la acción de su Espíritu, los encerramos dentro de nuestro

estatismo. Lo que nació en Santa Rita en 1890 y lo sistematizó por primera vez en 1906 el

Beato Domingo de Alboraya, quien era su director, con pequeños cambios de acuerdo con

las circunstancias, tiempos y contextos, la columna vertebral del amigonianismo se

mantuvo en su estado original: institucionalizado, encerrado en las cuatro paredes de los

reformatorios, centros de protección o colegios de niños con altas vulnerabilidades, pero en

todos, desarrollando el mismo método educativo, el conductismo puro y duro con notas de

humanismo cristiano, señalado por cierto en el Manual de Usos y Costumbres de 1933 (que

se repitió en 1941), en el capítulo VI titulado: Del trato con los alumnos (p. 76) (Martínez,

2018).

Es hora pues de “sacudir el polvo de las sandalias” (Mt 10, 14) y emprender las acciones

necesarias para diseñar procesos audaces de “refundación” de la misión apostólica que

hundan sus raíces en la inspiración carismática inicial. Pueden cambiar las formas de

acción, pero nunca el fondo espiritual que suscitó el querer fundacional inspirado por el

Espíritu en Fray Luis Amigó.

Con todo esto se afirma que la espiritualidad amigoniana se expresa en las siguientes

características: Cristocéntrica y, por lo tanto, Trinitaria; siempre en salida; encarnada;

desinstalada; creativa/creadora; peregrina e innovadora; integradora y marcadamente

misericordiosa. Todos estos valores, brotan única y exclusivamente de la persona de Jesús

de Nazareth y fueron transmitidos por el Padre Fundador a partir de la vivencia de su propia

experiencia de Dios.
La espiritualidad amigoniana no es otra cosa que un modo particular de ser cristiano, de

acuerdo a la inspiración carismática obrada en la persona de Luis Amigó y transmitida por

él a quienes optan por vivir el bautismo como camino constante de misericordia y

transformación.

REFERENCIAS
 (2009) Biblia de Jerusalén. Bilbao: Desclée de Brouwer

 Religiosos Terciarios Capuchinos (2001) Regla y vida: constituciones. Roma: Curia

General

 Religiosos Terciarios Capuchinos (2006) Manual de espiritualidad amigoniana.

Martín Impresores: Valencia

 González, A, T.C. Vives, J.A (1986) Monseñor Luis Amigó y Ferrer: obras

completas. Madrid: católica

 Vives Agulella. J.A (1986) Testigos del amor de Cristo. Estudio sobre la

espiritualidad del P. Luis Amigó y de los Terciarios Capuchinos. Roma

Congregación de Religiosos Terciarios Capuchinos

 Congreso Internacional de Pedagogía Amigoniana (2018) Perspectivas y desafíos

en el siglo XXI. Medellín: Religiosos Terciarios Capuchinos

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