El Sector Forestal Las Empresas Forestal PDF
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RESUMEN
Las últimas décadas han sido testigos de un progresivo proceso de sensibilización medioambiental que
ha modificado sustancialmente el entorno genérico en que tradicionalmente han venido operando las
empresas de carácter forestal. De esta manera, los factores político-legales, ecológicos y
medioambientales, socioculturales y la propia comunidad local han experimentado notables cambios y
suponen un nuevo crisol de oportunidades y amenazas que condicionan el devenir de aquellas firmas
cuya actividad se hallan íntimamente vinculadas a las funciones productoras, protectoras y recreativas
de las florestas. La presente comunicación realiza un sucinto recorrido por el actual macroentorno en
que operan las empresas forestales –con especial referencia al sector silvícola onubense- y diserta
acerca de las transformaciones más significativa que el mismo ha experimentado de forma reciente.
PALABRAS CLAVE: Entorno General, Sector Forestal, Desarrollo Sostenible, Multifuncionalidad.
ABSTRACT
Last decades have been witness of a progressive process of environmental sensitization who has
modified substantially the generic environment in which traditionally forest companies have come
producing. This way, political, ecological, social and cultural factors have experienced remarkable
changes and suppose a new crucible of opportunities and threats. This communication analyses the
current environment in which forest companies operate - with special reference to the Huelva’s forest
sector - and treats on the transformations most significant that the same one has experimented.
KEY WORDS: General environment, Forest Sector, Sustainable Development, Multifunctionality.
1. INTRODUCCIÓN.
Desde su nacimiento, las ciencias forestales se han caracterizado por sustentar sus pilares de conocimientos
básicos sobre una serie de materias que recaen en el ámbito de las Ciencias Naturales, tales como la Geología, la
Biología, la Botánica, la Zoología, la Ecología, la Fisiología Vegetal, la Selvicultura, etc., configurando de esta
manera un cuerpo central disciplinar del que las Ciencias Sociales en general y la Economía en particular han
sido desterradas o cuando menos relegadas bajo la consideración de materias marginales. De esta manera,
disciplinas como la Sociología o áreas de conocimiento como la Organización de Empresas han resultado ajenas
al pasado discurrir de la ciencia forestal y sólo en la actualidad comienzan a adquirir cierto predicamento en
virtud del relevo paradigmático que viene experimentando la misma, un relevo que enfrenta a esta disciplina a
nuevos retos en los albores del siglo XXI para atender a los cuales su tradicional cuerpo nuclear de
conocimientos debe abrirse a los requerimientos propios de un planteamiento interdisciplinario.
Ante este marco, no debe resultarnos extraño el escaso predicamento de que en el pasado ha sido objeto la
literatura en materia de economía de la empresa forestal, algo que en la actualidad se está intentando vencer a
efectos de adquirir un conocimiento más profundo de la empresa forestal y de los aspectos y peculiaridades que
la caracterizan (Porras Bueno, 2002d), lo que contribuirá sin duda al desarrollo de estudios tendentes a mejorar el
desenvolvimiento y la gestión de este tipo de firmas.
Haciendo suyos los propósitos expuestos, el presente trabajo supone un acercamiento de las ciencias
empresariales al ámbito silvícola en general y al de la empresa forestal en particular, en un intento de efectuar
una propuesta delimitadora del sector forestal y de plantear la coyuntura por al que atraviesan las grandes
dimensiones externas que condicionan su presente y su devenir tanto inmediato como mediato. Todo ello a
través de una comunicación en la que la figura docente y el rol investigador procuran cauces de simbiosis ,
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tratando de adecuar al esqueleto estructurador de la materia empresarial los conocimientos aprehendidos sobre
los aspectos económicos y sociales de la disciplina forestal.
Hablar de sector forestal en un sentido amplio, conlleva la necesidad de abandonar manidas concepciones
reduccionistas que alimentadas en un enfoque tradicional productivista limitan aquél a un ámbito agrario
primario, o a lo sumo amplían su marco de referencia para dar cabida a cuantas actividades secundarias o
terciarias se vinculan con el aspecto productor del monte. En efecto, el nuevo paradigma de sostenibilidad, que
como en otras disciplinas ha alcanzado también a las Ciencias Forestales, ha supuesto un replanteamiento de las
funciones silvícolas y un redescubrimiento de cometidos ambientales, biológicos y recreativos otrora
menospreciados. Ello ha servido para ampliar la concepción teórica de un sector, en el que diferentes agentes
operan en torno a la triple funcionalidad socioeconómica, protectora y paisajística del bosque, desarrollando
actividades que, bien de forma íntegra y pura, bien en términos de simbiosis mixta con otros sectores,
manifiestan un evidente carácter forestal, al hacer referencia al bosque y a sus diversas posibilidades de
aprovechamiento. De esta manera, actividades como la apicultura, la montanera o el propio ecoturismo, son
contempladas a la luz de un nuevo enfoque que permite distinguir en ellas indudables vínculos con la floresta, lo
que atribuye a las mismas una mayor o menor contribución forestal (Porras Bueno, 2000).
Teniendo en cuenta esta nueva conceptualización de la realidad forestal, el sector a ella vinculada se puede
considerar conformado desde una perspectiva tripartita por una serie de elementos que son los siguientes
(Gutiérrez de Loma et al., 2000):
El presente trabajo se va a centrar en uno de estos elementos conformadores, la empresa forestal, de la cual
analizaremos no su contenido sino su entorno, lo que nos conducirá paradójicamente a abandonar su
caracterización interna para abordar la influencia y los condicionamientos que una serie de factores, entre los que
se encuentran, como no, los restantes elementos silvícolas identificados, ejercen o pueden ejercer sobre la misma
en un futuro más o menos mediato. Por tanto, y salvo el sucinto contenido del próximo epígrafe, lo que
“poblará” las siguientes páginas serán aspectos referentes a las diferentes dimensiones que quedan en las afueras
de la que pudiéramos denominar “industria forestal” y que no obstante, condicionan de manera actual o potencial
y en todos casos de forma significativa la actividad de ésta.
La empresa forestal es un tipo particular de empresa con sus propias características, pero que responde a los
aspectos genéricos propios de cualquier firma.
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Tabla 1. Tipos de Empresas Forestales.
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Otro aspecto que suele manifestar la empresa forestal y que condiciona sin lugar a dudas su función social es su
ubicación, por lo general muy próxima al entorno rural, lo que le confiere un ingente valor estratégico y la
conforma en muchas ocasiones como potencial instrumento de desarrollo para áreas deprimidas desde un punto
de vista socioeconómico y con escasos o nulos usos alternativos para sus suelos.
Aun cuando resulta difícil definir e identificar la industria forestal clarificando las actividades que comprende y
aquéllas otras que aparecerían excluidas de su ámbito de referencia, una de las maneras más significativas de
clasificar las empresas que la conforman atiende al tipo de actividad que desarrollan. A su vez, esta clasificación
puede integrarse dentro del sector económico de actividad de la firma, de forma que una categorización sintética
podría responder al esquema que presenta la Tabla 1.
Si bien la identificación del sector forestal desde un punto de vista puramente teórico puede resultar una tarea
relativamente sencilla una vez discutidas y barajadas las diferentes opciones que existen para la delimitación de
sus fronteras sistémicas y clasificadas sus firmas por tipo de actividad y sector, la captura de las empresas
forestales en la práctica escapa a esa simplicidad y deviene cuestión compleja, dada la pluralidad y diversidad
que las caracterizan y la falta de detalle que presentan las clasificaciones oficiales de actividades económicas con
arreglo a las cuales se confeccionan las bases de datos empresariales 1 . Por tal motivo, desde una perspectiva
pragmática cualquier intento de desarrollar un estudio que abarque el conjunto de empresas forestales debe
vislumbrarse a la luz de un comedido y prudente objetivo de aproximación y ser consciente de las limitaciones
con que deben ser interpretadas las conclusiones a que el mismo dé lugar (Porras Bueno, 2000).
Son muchos los aspectos externos a las empresas forestales, que pueden condicionar de manera genérica el
futuro devenir de la industria forestal. Entre todos ellos, destacamos como los más importantes, por su potencial
poder influenciador: los factores político-legales, vinculados a un agente miembro del sector forestal como es la
Administración Forestal, los factores ecológicos y medioambientales, relacionados con el propio recurso
silvícola y con los usuarios que hacen uso del mismo, los factores socioculturales, ligados a la nueva concepción
que sobre el recurso y sus cometidos ha surgido desde diversas instancias y la comunidad local, que en la
frontera delimitadora entre entorno genérico-entorno específico, representa a los enclaves rurales en cuyo seno se
incardina la superficie forestal (Porras Bueno, 2000).
Las normas legales bajo las que operan los propietarios de predios selvícolas a la hora de ejercer la gestión de su
explotación o que restringen la actividad productiva de empresas transformadoras potencialmente contaminantes,
o la presencia de determinadas especies en la planificación territorial, son buena prueba de las limitaciones con
las que ha de contar la empresa forestal a la hora de llevar a cabo su actividad. Otros factores políticos
condicionantes en este sentido son, por ejemplo, la fiscalidad o la normativa laboral. Tampoco se ha de olvidar el
papel potenciador que sobre el sector forestal puede ejercer la administración por medio de políticas de fomento
dirigidas a la concesión de ayudas a actividades económicas forestales o a la propia extensión y mejora de las
masas silvícolas existentes. Por último, no debemos obviar que el 35% del monte español es de titularidad
pública y que en este sentido, la actuación de la administración es fundamental de cara a optimizar el desempeño
multifuncional del monte público y la satisfacción que de él recibe la sociedad.
Desde esta perspectiva resulta necesario estudiar dentro de estos factores una serie de elementos o variables,
como son la normativa europea, nacional y regional o las políticas, programas, planes y estrategias que desde
diversas instancias supranacionales, nacionales, regionales y locales se ponen en marcha a fin de promover el
desarrollo del sector.
No podemos afirmar que a nivel de la Unión Europea exista en la actualidad una auténtica Política Forestal,
perfilándose como mucho una Estrategia Forestal comunitaria que enarbola reiteradamente el principio de la
subsidiariedad (Thomas, 1997). Pese a todo, es evidente que la atención europea hacia los bosques se ha
intensificado progresivamente desde el Tratado de Roma, de tal forma que las tímidas y diseminadas medidas
silvícolas que fueron apareciendo al amparo de la política ambiental y agraria, conforman en la actualidad un
1
Piénsese por ejemplo en la dificultar de averiguar qué parte del Valor Añadido Bruto proveniente de la hostelería, la restauración o el
transporte, procede del turismo rural y cinegético y cual tiene su origen en otro tipo de actividades turísticas.
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importante bloque normativo que está intentando integrarse como parte de la nueva Política de Desarrollo
Rural. En este sentido, diversos reglamentos europeos al conceder ayudas a la forestación, a las mejoras
silvícolas y a la transformación y/o comercialización de productos forestales, aportan una importante inyección
financiera a la extensión y capitalización de los predios forestales, y representan una buena base desde la que
procurar optimizar el valor añadido y el empleo que el bosque genera en zonas especialmente deprimidas. Por
otra parte, tampoco puede olvidarse la incidencia forestal de normativas ambientales como la Directiva
HÁBITATS que, en un intento de conservar la biodiversidad, supondrá la ampliación de los espacios protegidos
europeos y por tanto la acentuación del cometido protector de los enclaves forestales en ellos ubicados. Ya en el
plano de los programas e iniciativas comunitarias, el LEADER o el PRODER constituyen grandes oportunidades
para el desarrollo sostenible de nuestras áreas rurales, ofreciendo en el apartado silvícola la posibilidad de crear
nuevas empresas forestales vinculadas a actividades de recreo y ocio en ámbitos como el cinegético o el
micológico, de modernizar las ya existentes en sectores dedicados a la transformación de recursos como la
madera, el corcho, los frutos forestales, etc., o de desarrollar proyectos de turismo rural desde los que aprovechar
el importante valor recreativo y paisajístico de nuestros bosques.
En el apartado nacional, se espera expectante la inminente gestación de una legislación Forestal Básica que
venga a sustituir el anacrónico conjunto de normas preconstitucionales que en la actualidad regulan esta materia.
Mientras ello ocurre, la reciente aparición de la Estrategia Forestal Española intenta recoger los cambios en
política silvícola que diversas instancias internacionales vienen propugnando desde la célebre Cumbre de Río,
unos cambios que, a tenor de diversos autores, esta Estrategia asume tímidamente y con temor, pero que en
cualquier caso conllevan una nueva forma de ver el bosque y su relación con la sociedad (Ministerio De Medio
Ambiente, 1999). En este sentido, y junto a medidas tradicionales que velan por la potenciación del cometido
productor del bosque, tanto en el apartado agrario como en su posterior aprovechamiento industrial y
comercializador, la verdadera innovación de este documento radica en la asunción de las externalidades positivas
que el monte reporta y en la consecuente necesidad de retribuir al propietario silvícola por estos beneficios. Así,
la Estrategia pretende garantizar el mantenimiento de estas externalidades al margen de la vía tradicionalmente
usada, consistente en un estricto control administrativo que vulneraba en gran medida el derecho de propiedad
privada. La nueva fórmula propuesta viene a recompensar las limitaciones que la función social de la propiedad
conlleva, a través de medidas incentivadoras, tales como subvenciones o menor presión fiscal, lo que supone una
oportunidad para las industrias silvícolas ubicadas en el sector primario.
En resumidas cuentas podemos decir que el actual compendio regulador del sector supone la protección y el
fomento de la triple funcionalidad del monte, concediendo el legislador prioridad a los cometidos no comerciales
del mismo y favoreciendo el desempeño de su función productora siempre y cuando se muestre compatible con
la salvaguarda de las funciones protectoras y paisajísticas. Acorde con esta idea, no todas las especies forestales
son objeto del mismo interés, y así, frente a la evidente bondad con que se trata a las especies autóctonas de
elevada vocación protectora, las especies exóticas de crecimiento rápido, caso del eucalipto, son contempladas
con recelo, intentándose restringir en gran medida su presencia en nuestros montes, lo que supone una seria
amenaza para el conjunto de actividades económicas que tienen lugar en torno a ellas, tales como las industrias
forestales de primera transformación dedicadas a la trituración de madera o las de segunda transformación
ubicadas en el sector de Papel o Cartón (Consejería de Agricultura y Pesca, 1990).
Aunque todo lo que tiene que ver con los recursos naturales y los factores bioclimáticos siempre ha tenido una
gran importancia en la actividad productiva y empresarial –sobre todo en una industria que se nutre de un
recurso natural renovable como es la forestal-, ha sido en los últimos años cuando se han desarrollado
aceleradamente un conjunto de valores ecológicos que vuelcan hacia el medio ambiente una gran preocupación
social. El estudio de estos factores para el entorno forestal nos debería llevar a analizar dentro de la cuestión
medioambiental, la problemática ambiental, es decir, la valoración objetiva del medio ambiente y las
percepciones ambientales, o lo que es lo mismo, la valoración subjetiva de dicha problemática.
El problema medioambiental deviene hoy en día una cuestión inaplazable, cuya resolución pasa por actuar sobre
las fuerzas de fondo que lo ocasionan –desmedido crecimiento demográfico, excesivo e inadecuado crecimiento
económico e incremento desigual en la distribución de la renta- y no sólo sobre los síntomas en que se
materializa –contaminación y esquilmación de recursos naturales-. Para ello, la sociedad debe asumir unas
nuevas pautas de comportamiento que en muchos casos conllevan la ruptura con estilos de vida fuertemente
arraigados en nuestra idiosincrasia, aceptando como deseables conceptos como la calidad de vida, la solidaridad
o el desarrollo sostenible. A fin de ampliar el plazo disponible para este difícil pero necesario reto, contamos con
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dos instrumentos como son la tecnología y el comercio, que en ningún caso pueden suplir la indispensable
conversión comportamental propuesta (Porras Bueno, 2000).
Las actuales actuaciones en el ámbito medioambiental ponen de manifiesto, independientemente del marco
territorial analizado, la aplicación de un inadecuado tratamiento que intenta actuar sobre las consecuencias
visibles de los problemas ambientales, manteniendo invariable el paradigma socio-político dominante del
industrialismo donde en realidad radica el origen del problema. No debe resultar extraño por ello, que los
avances en la resolución de esta cuestión sean escasos, cuando no inexistentes (Agencia Europea De Medio
Ambiente, 1999).
Un factor que viene a agravar la difícil resolución del problema es la inconsistencia que en muchos casos
presenta la conducta de los individuos respecto de sus preocupaciones y predisposiciones (Seoánez Calvo, 1997).
De esta forma, resultan ineficaces medidas como la información, la educación o la sensibilización
medioambiental, que en todo caso consiguen crear un mayor interés y una mayor preocupación por el elemento
ambiental (Centro de Investigaciones Sociológicas, 1996), pero que rara vez logran traducir esa actitud en
comportamientos "ecológicos". Así, en países como España resulta familiar la figura del "free-rider", persona
que dice está preocupada por el medio ambiente y que se muestra favorable a la resolución del problema
ambiental, pero que no está dispuesta a participar activa y/o pasivamente en la misma cuando ello conlleve un
sacrific io para su nivel de vida (Gómez Benito et al., 1999; Gómez Benito y Paniagua Mazorra, 1996). La
dificultad de asumir una "conciencia ambiental" se incrementa en regiones que, como Andalucía, cuentan con
gran número de enclaves deprimidos desde el punto de vista económico-social. En estas zonas, la precaria
situación impide asumir nuevos valores más allá del anhelado incremento del nivel de vida, dejando en un
segundo plano, de acuerdo con la tesis "post-materialista", la preocupación por la situación ambiental.
Por otra parte, en la dicotomía rural/urbana, la población asentada en las ciudades y que tiene sus necesidades
materiales suficientemente cubiertas, experimenta distorsiones en su percepción de lo natural que le llevan a
"sacralizar" el medio ambiente, propugnando la separación entre el mismo y el ser humano, en vez de una
armónica convivencia entre ambos. A la vez, este individuo que "limpia" su conciencia ecológica con acciones
puntuales poco costosas, como el reciclado de vidrio o de papel, no duda en seguir utilizando su vehículo
particular o en mantener su desenfrenado nivel de vida.
Dentro de este marco ambiental genérico, los bosques son percibidos por sus pobladores más cercanos como
anhelada fuente de riqueza económica y social que no llega a cumplir las expectativas en ellos depositadas,
mientras que la sociedad urbana reclama de la silva su conservación, demandando cada vez en mayor medida
unos cometidos protectores y recreativos por los que no está dispuesto a compartir el coste que su mantenimiento
requiere (Porras Bueno, 2000; Porras Bueno, 2002c). Ante esta situación, se hace evidente la amenaza para los
propietarios de fincas forestales y para aquellas industrias forestales vinculadas a la mera actividad productora
del monte, abriéndose sin embargo una oportunidad para el surgimiento y el desarrollo de toda una serie de
empresas forestales capaces de aprovechar sosteniblemente todo el potencial de beneficios intangibles ligados al
monte, tanto desde un punto de vista protector –empresas de obras y servicios- como desde una perspectiva
paisajística y recreativa –empresas de ocio-.
No cabe duda de que el futuro del monte y de la industria forestal a él vinculado va a depender de la
trascendencia y del papel que de aquí en adelante le confiera la sociedad y de las nuevas pautas culturales que
asimile ésta con respecto a aspectos como el problema medioambiental. También es necesario tener en cuenta
nuevas modas como la preocupación por los productos naturales y por los obtenidos mediante técnicas “amigas
del medio ambiente”, el deseo de retorno a la naturaleza y el mayor tiempo de ocio disponible, o el deseo de
buscar protección frente a la degradación ambiental, factores todos ellos que pueden suponer importantes
oportunidades para los productos y servicios que las empresas forestales ofertan.
Dentro de los factores socioculturales se pueden analizar dos tipos de dimensiones: la cuestión medioambiental y
las nuevas perspectivas de la cuestión forestal. Dado que la primera fue objeto de estudio en la dimensión
ecológica, nos limitamos ahora a la segunda, dentro de la cual abordaremos tres aspectos relevantes para la
conformación de un nuevo paradigma forestal: las funciones del bosque, su valoración y el desarrollo forestal
sostenible.
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Comenzando por las funciones silvícolas, hay que señalar que dentro del paradigma de la multifuncionalidad que
hoy en día opera a escala internacional, el bosque deviene un ente reportador de múltiples cometidos de
naturaleza socio-económica, protectora y paisajístico-recreativa (Rojas Briales, 1995), cometidos que incluso
pueden llegar a coexistir sobre un mismo espacio forestal y que desde una perspectiva histórica han ido
adquiriendo un reconocimiento sucesivo y progresivo (Bauer-Manderscheid, 1980). De acuerdo con este nuevo
enfoque multifuncional, y atendiendo a las restricciones físicas del propio tipo de bosque, compete a la sociedad
definir qué demandas requiere de su medio silvícola a fin de efectuar una ordenación acorde con las mismas. A
este respecto, y de forma generalizada todo apunta hacia un mayor reconocimiento global de la relevancia
forestal, que en términos relativos, comportará una terciarización de la silva como ecosistema reportador de
beneficios biológicos, ambientales y recreativos, lo que conlleva una ingente oportunidad para las empresas
forestales de servicios. Este fenómeno acaecerá con especial intensidad en nuestros bosques de tipo
mediterráneo, caracterizados por su innata escasa productividad maderera y por su elevada riqueza en
biodiversidad. En cualquier caso y pese a lo dicho, no debemos olvidar la necesidad de particularizar espacial y
temporalmente todo estudio y a este respecto, no podemos obviar por ejemplo, la estratégica importancia socio-
económica que los bienes forestales de naturaleza tangible y comercial seguirán poseyendo, en particular, en las
poblaciones que conviven con el bosque, lo que mantiene en gran medida la trascendencia de la industria forestal
de explotación y de transformación de la madera y supone grandes posibilidades futuras para aquellas empresas
forestales ligadas a la industrialización y comercialización de Productos Forestales No Madereros (PFNM) como
las setas, los frutos forestales, el corcho, las plantas, los productos apícolas, etc, (Porras Bueno, 2002a; Baldini,
1993).
En el apartado de la valoración forestal, El valor total del bosque aparece conformado por la suma de varios
tipos de valores, algunos vinculados al uso presente de los beneficios que la silva reporta, valores de uso actual,
otros asociados al diferimiento del disfrute de dichos beneficios, valores de uso futuro, y una tercera categoría
desligada de cualquier uso y asociada a la existencia per se del elemento silvícola, valores de no uso (Campos
Palacín, 1994; Gregersen et al., 1997). Pese al reciente desarrollo de una metodología surgida con el fin
específico de capturar todo este tipo de valores, en la actualidad constituye aún una entelequia aproximarnos con
acierto y fiabilidad a los valores de no uso y de uso futuro del bosque, resultando incluso imprecisa la
delimitación de su valor de uso actual, sobre todo en aquellas componentes intangibles ligadas a los beneficios
ecológicos de nuestras florestas (Commission On Sustainable Development, 1999). Dentro de la partida "valor
de uso actual" no sólo son los beneficios indirectos de la silva los que encuentran dificultad para encontrar
traslación a las cuentas macroeconómicas anuales, también las utilidades directas lo hacen, en la medida en que
no posean un mercado real capaz de traducir en términos monetarios la relevancia de tales funciones. De esta
forma se llega a adoptar el erróneo y cínico criterio de identificar valor con precio, negando con ello el
reconocimiento de cualquier cometido silvícola incapaz de generar flujos de naturaleza financiera. A la luz de
todos estos planteamientos, resulta evidente que el bosque ha sido en el pasado y sigue siendo en la actualidad
objeto de una infravaloración que conduce a la subestimación de la real y potencial importancia que le confiere
la sociedad. Este fenómeno conlleva el menosprecio de lo forestal en las decisiones políticas y económicas,
trasladando a la silva a un segundo plano y condenándola a un endémico olvido y a un irremediable abandono.
Se llega así a la paradoja por la que la racionalidad económica opera en contra de una intuición social que
manifiesta la necesidad de conservar el bosque. Con el fin de vencer esta anómala e indeseable situación, los
eruditos de la cuestión forestal se han bipolarizado entre quienes abogan por perseguir una cuantificación exacta
del verdadero valor silvícola, dentro de la corriente de pensamiento de la Economía Ambiental y quienes,
asumiendo la imposibilidad y/o la inoportunidad de aquella, propugnan el legítimo reconocimiento de su
trascendencia en la toma de decisiones aun cuando ésta no aparezca traducida en términos de unidades
monetarias; estos últimos conforman la escuela denominada Economía Ecológica (Porras Bueno, 2002b). En
cualquier caso, el importante papel que la industria forestal puede desempeñar a la hora de devolver al monte su
indudable trascendencia económica es manifiesto, en la medida en que sólo la transformación y la
comercialización de los outputs forestales pueden multiplicar hasta por diez veces su valor primario.
Por último y en referencia al desarrollo forestal sostenible, indicar que la gravedad que a nivel mundial han
adquirido los problemas medioambientales ha conducido a un replanteamiento del paradigma socioeconómico
subyacente en nuestro actual modelo de desarrollo económico. De esta forma, y frente a los que defienden la
preservación de dicho paradigma, eso sí, suficientemente adaptado para dar cabida a la cuestión ambiental, se
encuentran quienes abogan por su sustitución en favor de un nuevo enfoque paradigmático denominado
"desarrollo sostenible". Este nuevo enfoque se caracterizaría por su condición de "verde", "solidario",
"cualitativo" y "participativo". Dentro de este nuevo modelo de desarrollo económico, internacionalmente
considerado como deseable, y en el ámbito de la disciplina silvícola, se ha comenzado a propugnar en fechas
recientes una "gestión forestal sostenible", concepto que algunos forestalistas consideran coincidente con el
tradicional principio de persistencia silvícola pero que en cualquier caso introduce una nueva visión
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multifuncional en un ámbito secularmente presidido por el objetivo de la producción maderera. Así y todo, la
dificultad de financiar este tipo de gestión con los exiguos ingresos monetarios que el monte reporta en la
actualidad (Porras Bueno, 2001), plantea serias dudas sobre la efectiva implantación de la misma, no
encontrándose aún un instrumento eficaz para ello en la denominada certificación forestal a través de la cual el
consumidor "verde" traslada sus exigencias "ecológicas" al propietario silvícola. De todas formas, y en caso de
que el instrumento certificador reciba una acogida general, ello puede suponer un evidente elemento
condicionador para la actividad de los propietarios forestales en concreto y en general para la de toda la industria
forestal. Los aspectos "solidarios" y "participativos" que caracterizan al nuevo modelo de desarrollo sostenible se
han traducido a nivel forestal en unos proyectos mucho más atentos al estratégico valor socio-económico de la
silva en áreas rurales tradicionalmente deprimidas y en los que el desarrollo es planteado de abajo hacia arriba,
con el fundamental aprovechamiento del "saber hacer" campesino (Clément, 1995).
Si bien el diagnóstico de la comunidad local que aquí se recoge hace referencia concreta al monte onubense, la
común problemática del monte mediterráneo da lugar a que dicho diagnóstico pueda extrapolarse al resto del
territorio nacional sin incurrir con ello en errores substanciales.
Las áreas onubenses con destacada vocación forestal, se encuentran generalmente caracterizadas por una
situación "deprimida" tanto en el aspecto demográfico, como en el cultural y económico. Se trata de territorios
con poblaciones en retroceso, acuciados por un fenómeno de envejecimiento, lo que dificulta la puesta en
práctica de actividades económicas activadoras; además, este inconveniente se acentúa dado el escaso nivel de
instrucción de los habitantes de la zona, factor devaluador del que hoy en día es considerado como el principal
recurso con que cuenta cualquier localidad: el capital humano. Por último y en el aspecto económico, a las de por
sí reducidas rentas per capita de los vecinos de estas áreas, hemos de sumarles bajas tasas de actividad -lo que
implica un potencial de trabajo no utilizado- y elevadas tasas de paro (Carrasco Carrasco y Porras Bueno, 1997).
Dentro de un marco como éste, el sector forestal deviene un elemento estratégico de cara a procurar el desarrollo
socioeconómico de estas zonas desde una perspectiva sostenible y endógena. Esta importancia se magnifica aún
más en aquellas áreas geográficas donde los factores naturales o las limitaciones normativas en aras a la
preservación impiden usos alternativos del territorio, restringiendo de esta forma las potenciales vías de
desarrollo.
Como aspectos favorables debemos referir un incomparable y valiosísimo patrimonio natural y cultural
recientemente "redescubierto" y demandado por la sociedad. Este importante patrimonio constituye la base de
atracción o reclamo de un pujante turismo rural depositario de importantes potencialidades para contribuir al
desarrollo sostenible de localidades serranas que, de un tiempo a esta parte, vienen experimentando un proceso
de terciarización en su economía. Se abren de esta forma grandes oportunidades a los desempeños paisajísticos y
recreativos de los montes que se ubican en esas zonas y a las empresas que en ellas se localicen con el ánimo de
su aprovechamiento (Porras Bueno, 2002c).
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