UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO
FACULTAD DE ENFERMERÍA
ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE ENFERMERÍA
“FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y RESILIENCIA
EN LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES
DE LA CALLE. TRUJILLO – 2010”
TESIS PARA OPTAR EL TÍTULO DE LICENCIADA EN ENFERMERÍA
AUTORAS:
Br. SALAS ALTUNA, CLAUDIA EMPERATRIZ
Br. VELÁSQUEZ ACOSTA, SHIRLEY RUTH
ASESORA:
Ms. BELINDA VILLANUEVA VALERIANO
TRUJILLO – PERÚ
2010
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~
SUMARIO
Pág.
AGRADECIMIENTOS ......................................................................................
SUMARIO...................................................................................................2
RESUMEN...................................................................................................3
ABSTRACT.................................................................................................4
I. INTRODUCCIÓN............................................................................5
II. MATERIAL Y MÉTODOS...............................................................33
III. RESULTADOS..................................................................................45
IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN................................................................52
V. CONCLUSIONES...............................................................................64
VI. RECOMENDACIONES......................................................................65
VII. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS...............................................66
ANEXOS...................................................................................................78
~2~
“FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y RESILIENCIA EN LOS ADOLESCENTES
TRABAJADORES DE LA CALLE. TRUJILLO – 2010”
Claudia Emperatriz Salas Altuna 1
Shirley Ruth Velásquez Acosta 2
Belinda Villanueva Valeriano 3
RESUMEN
El presente estudio es de tipo descriptivo correlacional y de corte
transversal. Se realizó en adolescentes trabajadores de la calle que
pertenecen al Programa “Educadores de calle” de la ciudad de Trujillo,
durante los meses de Febrero y Marzo del 2010, con el propósito de
determinar la relación que existe entre el nivel de Funcionamiento Familiar y
el nivel de Resiliencia.
La muestra se obtuvo utilizando el muestreo aleatorio simple y estuvo
conformada por 60 adolescentes, que cumplieron con los criterios de
inclusión. La información se obtuvo mediante los siguientes instrumentos:
“Escala de Funcionamiento Familiar” y “Escala de Resiliencia”, válidos y
confiables, aplicados mediante la entrevista personal, considerando los
derechos de anonimato, libre participación y confidencialidad.
Los resultados fueron analizados estadísticamente y presentados en
gráficos y cuadros estadísticos de simple y doble entrada, encontrándose
que el mayor porcentaje de los adolescentes presentaron un nivel de
funcionamiento familiar alto (45 por ciento) y son medianamente resilientes
(66.7 por ciento). Para el análisis estadístico de la relación entre variables se
aplicó el Test de Independencia de Criterios (Chi Cuadrado), encontrándose
influencia altamente significativa (p=0,000 < 0,05) entre el nivel de
Funcionamiento Familiar y el nivel de Resiliencia.
Palabras claves: Funcionamiento Familiar; Resiliencia, Adolescentes.
1 Tesista, Bachiller en Enfermería de la Universidad Nacional de Trujillo.
2 Tesista, Bachiller en Enfermería de la Universidad Nacional de Trujillo.
3 Asesora. Maestra en Enfermería. Profesora Asociada, Dpto. Académico de Enfermería de la
Mujer y el Niño de la Facultad de Enfermería, Universidad Nacional de Trujillo.
“FAMILIAR FUNCTIONING AND RESILIENCE IN STREET WORKING
ADOLESCENTS. TRUJILLO – 2010”
Claudia Emperatriz Salas Altuna 1
Shirley Ruth Velásquez Acosta 2
Belinda Villanueva Valeriano 3
ABSTRACT
This study is a descriptive – correlational research and cross section.
It was made with street-working adolescents from the Program “Street’s
Educators” of Trujillo, during the months of February and March of 2010, with
the purpose of determinate the relationship between Familiar Functioning
level and Resilience level.
The sample was obtained using simple random sampling; and it was
composed by 60 adolescents, who obey the incorporation criteria. The
information was obtained though two instruments: “Scale of Familiar
Functioning” and “Scale of Resilience”, both valid and reliable. They were
applied by personal interview, considering the rights of anonymity, free
participation and confidentiality.
The obtained data was processed statistically and they were
presented in uni-dimensional and bi-dimensional charts and graphics, which
reported that the most percentage of the adolescents presented a High
Familiar Functioning (45 percent) and Medium Resilience (66.7 percent). For
the statistical analysis and the relation between variables was applied the
Test of Independence of Criteria (Chi - Cuadrado), that reported that there
are high significance between Familiar Functioning Level and Resilience
Level.
Key words: Familiar Functioning, Resilience, Adolescents
1 Thesist, Nursing Bachelor of the National University of Trujillo.
2 Thesist, Nursing Bachelor of the National University of Trujillo.
3 Advisor. Master in Nursing. Associate Professor of the Woman and Child’s Department of the
Faculty of Nursing of the National University of Trujillo.
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I. INTRODUCCIÓN
Aproximadamente a los 10 años de edad, los niños y las niñas
comienzan un largo viaje a través de la adolescencia. Con sus senderos
escarpados e indefinidos, este fascinante viaje puede resultar agotador y
confuso, revitalizador y apasionante. Señala el comienzo de una búsqueda
de la identidad y de un camino para darle un sentido a la vida y encontrar un
lugar en el mundo (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF,
2002).
La actual generación de adolescentes es la mayor registrada en la
historia humana, se calcula que en el mundo hay 1.200 millones de jóvenes
entre 10 y 19 años de edad, estos representan el 20 por ciento de la
población total y de este 20 por ciento, el 85 por ciento se encuentra en los
países en vías de desarrollo (Fondo de Población de las Naciones Unidas,
UNFPA, 2005).
Se estima que entre 1960 y 1990, el número de adolescentes entre
los 10 y 19 años de edad en América Latina aumentó en 138 por ciento; así
mismo, en 1999 la población entre los 10 y 24 años de edad alcanzó los 155
millones, representando alrededor de un tercio de la población total de
América Latina y El Caribe (Ministerio de Salud, MINSA, 2009).
En el Perú constituyen el 20,7 por ciento de la población, traducido en
cifras conformaría aproximadamente 5 679 770 adolescentes. A nivel de La
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Libertad constituyen el 21,2 por ciento, que en cifras conformaría 342 890
adolescentes (Instituto Nacional de Estadística e Informática, INEI, 2007).
Esta población ha alcanzado una cifra sin precedentes, por lo tanto,
es fundamental que sean reconocidos como un grupo de alto valor para el
desarrollo de la sociedad, como capital humano y actor protagónico de su
propio desarrollo, con derechos y capacidades para intervenir en su presente
e impulsar acciones que impacten en ellos y logren una participación activa
en su propio destino y en el desarrollo colectivo (Krauskopf, 2000).
La adolescencia es una época de oportunidades y riesgos. Los
adolescentes se encuentran en el umbral del amor, de la vida de trabajo y de
participación en la sociedad de los adultos. Sin embargo, la adolescencia
también es un tiempo en que algunos jóvenes se comprometen en
conductas que cierran sus opciones y limitan sus posibilidades (Papalia y
Wendkos, 2005).
Además hay situaciones en las que los adolescentes tienen que tomar
decisiones que corresponden a los adultos, asumiendo así
responsabilidades excesivas para su edad. Esto no los prepara para la
autonomía, sino que significa que se adapten de forma incorrecta, con
graves consecuencias para sí mismos. Inclusive puede producir el efecto
contrario, ya que las decisiones independientes para las que uno no está
preparado provocan temores, fracasos y dependencias (Organización
Panamericana de la Salud, OPS, 1998).
A nivel mundial, son víctimas de trabajo infantil-adolescente 246
millones de niños(as) y adolescentes, de ellos, casi las tres cuartas partes
(141 millones) lo hacen en situaciones y condiciones de peligro. El mayor
porcentaje infantil-adolescente trabajador se encuentra en África
Subsahariana (29 por ciento), uno de cada tres menores de 15 años trabaja;
Asia y el Pacífico (19 por ciento); América Latina y el Caribe (16 por ciento)
lo equivalente a 17,4 millones de menores (UNICEF, 2004; Consejo de
Derechos Humanos, 2007).
En el Perú, según la información dada por la Encuesta Nacional de
Hogares sobre Condiciones de Vida y Pobreza, ENAHO (2007); el 69,4 por
ciento de los adolescentes sólo estudian, de modo que su desarrollo integral
estará mejor protegido. Sin embargo hay otro segmento poblacional que
realiza, además, otras actividades. El 26,5 por ciento de adolescentes
realizan actividades económicas, de ellos el 21,1 por ciento comparte el
estudio con el trabajo y un 5,4 por ciento se encuentra en situación de
desventaja y desigualdad pues sólo trabajan y no estudian; en tanto que un
4,1 por ciento no realiza ningún tipo de actividad, es decir, no estudia ni
trabaja.
Según resultados del último Censo Nacional, el 14,02 por ciento de la
población total de adolescentes son parte de la Población Económicamente
Activa (PEA) y este grupo representa el 7,8 por ciento del total de la PEA
(INEI, 2007).
Además, la población ocupada de 6 a 17 años creció en 9,1 por ciento
entre el año 2001 y 2006, es decir los menores que trabajan son 2 168 000,
con respecto al año 2001 cuando se registraron en este grupo 1 987 000
menores trabajadores. El 64 por ciento de ellos pertenece a los
departamentos de la sierra, el 27 por ciento en la costa y el 8 por ciento en la
selva (ENAHO, 2007).
La principal actividad económica de los trabajadores infantil-
adolescentes en el Perú es la de trabajador no calificado, servidumbre, peón,
vendedor ambulante y afines; la segunda actividad económica más frecuente
es la de trabajador de servicio personal como vendedores del comercio o
mercado; en tercer lugar la de obrero y operario de minas o industrias
manufactureras; en cuarto lugar la de trabajador en el área de agricultura y
pesquería; y por último la de obrero de construcción, fábricas, etc (MINSA,
2009).
En cuanto al distrito de Trujillo, las principales actividades económicas
son: Vendedor ambulante (54,1 por ciento), cargador de bultos (9,2 por
ciento), limpieza de nichos (7,6 por ciento), ayudante de un familiar (4,1 por
ciento), limpieza de carros (3,2 por ciento), repartidor de periódicos (2,3 por
ciento), reciclador (1,6 por ciento), lustrador de calzado (1,4 por ciento),
cuidador de carros (1,2 por ciento), cantante de microbuses (0,9 por ciento),
piruetas (0,5 por ciento) y otros (13,8 por ciento) (Ministerio de la Mujer y
Desarrollo Social, MIMDES, 2008).
El trabajo infantil-adolescente es toda actividad sistemática y
económica, remunerada o no, realizada por niños, niñas y adolescentes
menores de 18 años; que forzados por personas o circunstancias tienden a
solventar su autoabastecimiento o al sostenimiento familiar lo que mediatiza
su desarrollo físico, mental e intelectual pleno (Organización Internacional
del Trabajo, OIT, 2006).
La realidad económica y social que vivimos impulsa a los niños(as) y
adolescentes provenientes de familias pobres a trabajar para mantenerse a
sí mismos y complementar el ingreso de su hogar. Por su parte, los
adolescentes trabajadores al no contar con una preparación técnica o
profesional acorde con el progreso tecnológico y las exigencias del mercado
de trabajo, se ven obligados a desempeñarse en cualquier tipo de actividad,
muchas veces en condiciones inadecuadas y ambientes peligrosos, en
largas jornadas laborales, con salarios bajos y en horarios que provocan que
la mayoría de ellos abandonen el sistema educativo formal; situación que no
les asegura el desarrollo de su proyecto de vida al ver limitadas las
posibilidades para lograrlo (Contreras, 2000).
El fenómeno social del trabajo infantil-adolescente es el fruto del
imparable crecimiento urbano, la pobreza enraizada y la falta de alternativas.
Algunos huyen de la violencia de la casa, otros se ven obligados a buscar
trabajo, porque sus padres no los pueden mantener. Los niños que no han
roto sus vínculos familiares suelen entregar sus ingresos a su madre para
contribuir de esta forma a la economía doméstica (UNICEF, 2002).
Así mismo, es necesario distinguir y diferenciar el trabajo nocivo y
formativo. El trabajo nocivo, es aquel que pone en riesgo el desarrollo y
bienestar mediato e inmediato de la niñez, es decir toda ocupación laboral
que pueda vulnerar alguno de sus derechos, consagrados en la Convención
sobre los Derechos del Niño. El trabajo formativo, es aquel que no coloca en
riesgo a la niñez, sino más bien promueve el desarrollo de sus capacidades
y habilidades (Alarcón, 2004).
Por lo tanto no podemos concluir que el trabajo que realizan menores
es perjudicial para éstos; eso depende de la forma en que se lleve a cabo,
las condiciones del mismo, la posibilidad que tenga de acceder a los centros
escolares; de tal manera que el trabajo no interfiera en su formación
intelectual, física y psicológica (Macías, 2008).
El trabajo infantil-adolescente que debe abolirse y cuya eliminación es
la meta común de los 175 estados miembros de la OIT corresponde a alguna
de las tres categorías siguientes: Un trabajo realizado por un niño o niña que
no alcance la edad mínima especificada (14 años en Perú); y que, por
consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del
niño o de la niña. Un trabajo que se denomina trabajo peligroso porque, ya
sea por su naturaleza o por las condiciones en que se realiza, pone en
peligro el bienestar físico, mental o moral de adolescentes, o niños y niñas
que están por debajo de la edad mínima para trabajar. Cualquiera de las
incuestionablemente peores formas de trabajo infantil, que
internacionalmente se definen como esclavitud, tráfico de personas,
servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, como el
reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados,
explotación sexual comercial y pornografía, y actividades ilícitas (Programa
Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, IPEC, 2008).
Algunos trabajadores de la calle se restablecen mucho más
rápidamente que otros de los traumas sufridos. Según han constatado sus
educadores, ni su edad, ni su sexo, ni la índole de sus desdichas explican la
rapidez con la que se reponen. ¿De dónde procede, pues, su capacidad de
resistir los choques, de tener ese arranque benéfico que les permite
reanimarse y volver a empezar desde el principio? Esto es producto de su
capacidad de resiliencia (Repper le Bulletin, 2005).
La resiliencia no debe ser entendida como la negación de las difíciles
experiencias de la vida, es más bien la habilidad para seguir adelante a
pesar de ello. La herida o el daño es un hecho real, pero a pesar de las
heridas infringidas, para muchos, estas situaciones que fueron críticas y
traumáticas pueden ser elementos de aprendizaje, crecimiento y superación
humana. El enfoque de la resiliencia es una mirada esperanzadora, en vez
de poner énfasis en aquellos factores negativos que permitirían predecir
quién iba a sufrir un daño, trata de ver aquellos factores positivos que, a
veces, sorprendentemente y contra lo esperado, protegen a un niño o
adolescente (Rubio, 2009).
MARCO TEÓRICO - CONCEPTUAL
El desarrollo y, en general, la vida del ser humano se desenvuelve a
través de sucesivas etapas que tienen características muy especiales. Cada
una de ellas se funde gradualmente en la etapa siguiente. Sin embargo, no
hay un acuerdo unánime para determinar cuántas y cuáles son esas etapas.
Tampoco se puede decir cuándo comienza exactamente y cuándo termina
cada etapa, pues en el desarrollo influyen diversos factores individuales,
sociales y culturales. Por eso se dice que cada ser humano tiene su propio
ritmo de desarrollo (Ávila, 2005).
Adolescencia, palabra que deriva del significado latino del verbo
adolecere “crecer o llegar a la madurez”. Es la etapa de vida en que el ser
humano experimenta un rápido proceso de crecimiento físico y maduración
emocional e intelectual (Papalia, 2005).
La adolescencia es un período de transición entre la niñez y la edad
adulta y, por motivos de análisis, puede segmentarse en tres etapas:
adolescencia temprana (de 10 a 13 años de edad), mediana (14-16), y tardía
(17-19). Es una época muy importante en la vida debido a que las
experiencias, conocimientos y aptitudes que se adquieren en ella tienen
implicaciones importantes para las oportunidades del individuo en la edad
adulta (UNICEF, 2007).
Esta etapa es en efecto difícil de sobrellevar, debido a los grandes
cambios fisiológicos y psicológicos que conlleva. Son éstos tan variados y
numerosos, que sitúan al adolescente en un estado de desequilibrio e
inestabilidad, al que llegan todos los individuos como resultado de los
intentos de adaptación a las nuevas exigencias y perspectivas que se
proyectan sobre su futuro inmediato. El adolescente no sólo debe
enfrentarse al mundo de los adultos sin estar todavía debidamente maduro y
preparado, sino que además, y al mismo tiempo, debe superar
definitivamente su etapa infantil, en la cual ha vivido con sus necesidades
básicas satisfechas y con los papeles a desarrollar por cada personaje,
dentro de su pequeño mundo familiar y escolar definidos (Enciclopedia de
Pedagogía y Psicología Infantil, 2005).
Hasta esta etapa, según Erikson, el desarrollo depende mayormente
de lo que se hace para nosotros. De aquí en adelante, dependerá
principalmente de lo que hacemos. Y mientras que la adolescencia es una
etapa en la que no se es ni un niño ni un adulto, la vida es cada vez más
compleja a medida que se trata de encontrar la propia identidad, la lucha con
las interacciones sociales, y lidiar con las cuestiones morales (Harder, 2002).
Para Erikson la principal tarea de esta etapa de la vida es resolver el
conflicto que genera el logro de la identidad versus la confusión de identidad,
para lograr convertirse en un adulto único con un sentido coherente del yo y
un papel que sea valorado en la sociedad. Para construir la identidad, el yo
organiza las habilidades, las necesidades y los deseos de la persona para
adaptarlos a exigencias de la sociedad. Es decir, la identidad significa saber
quiénes somos y cómo encajamos en el resto de la sociedad. Exige que
tomemos todo lo que hemos aprendido acerca de la vida y de nosotros
mismos y lo moldeemos en una autoimagen unificada, una que nuestra
comunidad estime como significativa (Papalia y Wendkos, 2005; Boeree,
1998).
Para lograrlo tienen que repetir las batallas de muchos de sus
estadíos de desarrollo previos. La tarea de desarrollar confianza en sí mismo
y en los demás. El desarrollo de la autonomía se plantea en expresar su
derecho a elegir libremente. En cuanto al sentido de iniciativa, el adolescente
tiene una imaginación y una ambición sin límites y aspira a hacer grandes
cosas. El sentido de laboriosidad surge cuando elige una profesión. Según
se cumplan estas tareas, influirán en la capacidad del adolescente para
alcanzar un sano concepto de sí mismo y una identidad propia satisfactoria
(Kozier, 2005).
En el ambiente del adolescente existen factores y antecedentes que
aumentan sus posibilidades de iniciar conductas de riesgo, las que son
hechos o situaciones propias de la persona o de su entorno que aumentan la
probabilidad de desarrollar desajustes psicosociales, sin embargo, también
hay factores que la protegen de las influencias adversas, a los que se les
denomina factores protectores; que son todas aquellas características,
hechos o situaciones propias de la persona o de su entorno que elevan su
capacidad para hacer frente a las adversidades o disminuyen las
posibilidades de desarrollar desajustes psicosociales frente a la presencia de
riesgo. Sin embargo, es interesante señalar que el carácter protector que
adquieren estos factores les otorga la interacción que cada uno tiene con el
medio que rodea a las personas en momentos determinados (Kotliarenco,
1997; Silva, 1999).
Así mismo, para Rutter y Serrano, citados por Rojas (2005) se
denominan factores protectores en los adolescentes a las circunstancias,
características, condiciones y atributos que facilitan el logro de su salud
integral y sus relaciones con la calidad de vida y el desarrollo de éstos como
individuos y como grupo. Algunos de estos factores puede estar en las
personas mismas: Son las características, logros o atributos presentes,
antes, durante y después de la adolescencia; otros pueden estar presentes y
operar en el ámbito de la familia; otros aparecen como características del
grupo o de las comunidades y sus organizaciones en los programas de los
diversos sectores de beneficio social.
Tomando como base resultados de diversos investigadores, como
Smith y col., Lane y col., Serrano, Rutter; citados por Rojas (2005), los
siguientes son los principales factores protectores: Resiliencia, autoestima,
autoconcepto, sentido de pertenencia e identidad grupales, perspectivas de
construir proyectos de vida viables, escalas de valores congruentes con un
desarrollo espiritual adecuado, estructuras y dinámica familiares congruentes
con los procesos básicos y las funciones de la familia, microambientes
familiares, escolares, laborales, deportivos y recreativos que sean
saludables y propicios para el desarrollo de los adolescentes.
En la promoción de la salud de la adolescencia es importante y debe
ser un objetivo prioritario el fortalecimiento de los factores protectores, entre
ellos, la resiliencia, ya que es el instrumento básico para hacer frente a las
situaciones de riesgo.
Desde hace mucho tiempo, la humanidad ha observado que algunos
seres humanos logran superar condiciones severamente adversas y que,
inclusive, logran transformarlas en una ventaja o un estímulo para su
desarrollo bio-psico-social (OPS, 1998).
El vocablo resiliencia tiene su origen en el idioma latín, en el término
resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar
(Diccionario Ilustrado Latín-Español/ Español-Latín, 1999).
Este término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar a
aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo,
logran superarse y salir de ellas fortalecidos e incluso transformados,
desarrollándose psicológicamente sanos y exitosos (Kotliarenco y col., 1997;
Lara y col., 2000).
La resiliencia, es definida como la capacidad universal de todo ser
humano de resistir ante condiciones adversas y recuperarse desarrollando
paulatinamente respuestas orientadas hacia la construcción de un ajuste
psicosocial positivo alentador a pesar de la existencia simultánea de dolor y
conflicto intrapsíquico (Silva, 1999).
Además se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e
intrapsíquicos que posibilitan tener una vida “sana” en un medio insano.
Estos procesos se realizan a través del tiempo, dando afortunadas
combinaciones entre los atributos del niño y su ambiente familiar, social y
cultural. Así no puede ser pensada como un atributo con que los niños nacen
o que los niños adquieren durante su desarrollo, sino que se trata de un
proceso que caracteriza un complejo sistema social, en un momento
determinado del tiempo (Rutter, 2001).
Esta capacidad es sometida a prueba, es decir se activa frente a
situaciones de estrés severo y prolongado, lo que generaría a su vez, una
serie de condiciones que provocan mayor resistencia o vulnerabilidad. Por lo
tanto, la resiliencia surgiría de la interacción entre los factores personales y
sociales y se manifiesta de manera específica en cada individuo. Estas
diferencias individuales, serían producto del procesamiento interno del
ambiente (Kotliarenco y col., 1997; Lara y col., 2000).
De igual manera se considera que la resiliencia está presente en todo
ser humano y evoluciona a través de las fases del desarrollo o ciclo vital,
pasando de ser comportamientos intuitivos durante la infancia, a agudizarse
y ser deliberados en la adolescencia, hasta ser proyectados en la conducta
propia de la edad adulta (Quintero, 2007).
Existen factores que favorecen la resiliencia, que son hechos o
situaciones propias del adolescente o de su entorno que elevan su
capacidad para hacer frente a las adversidades o disminuyen la posibilidad
de desarrollar desajuste psicosocial frente a la presencia de factores de
riesgo (Silva, 1999).
Basile (2004), los clasifica en: Individuales (habilidades cognitivas,
aptitud social, locus de control interno, sentido de amor positivo, inteligencia
por lo menos promedio, control de las emociones e impulsos, tolerancia a la
frustración, comprensión, análisis de las situaciones, capacidad de atención
y concentración). Familiares y sociales (altas expectativas por parte de los
familiares, lazos seguros con los padres y otros adultos que modelan
conductas positivas de salud y sociales). Del medio (conexión entre la casa y
la escuela, participación de los jóvenes, compromiso, responsabilidad en las
tareas y decisiones, leyes y normas de la comunidad favorables).
Igualmente existen factores de riesgo para la resiliencia, que son
hechos o situaciones propias de la persona o su entorno, que aumentan la
posibilidad de desarrollar desajuste psicosocial. Se consideran: Atraso en las
habilidades del desarrollo, baja inteligencia, incompetencia social,
dificultades emocionales, clase social baja, enfermedad mental,
desorganización familiar, conflictos familiares, problemas interpersonales,
poco apoyo emocional y social, disponibilidad de alcohol y drogas, pobreza,
maltrato físico o psíquico, explotación, violencia, discriminación de género,
injusticia social, guerra interna o externa (Silva, 1999; Basile, 2004).
El trabajo infantil puede funcionar tanto como un factor de riesgo
como un factor protector. Funciona como factor de riesgo cuando implica
peligros potenciales para la integridad del niño (malas influencias,
explotación, riesgo para su salud, etc.) o cuando no es valorado por la
familia y no se le brinda un reconocimiento por su labor. Es factor protector
cuando se realiza en buenas condiciones y es fuente de reconocimiento por
los padres (Silva, 1999).
Grotberg (1996), ha creado un modelo donde es posible caracterizar
a un niño resiliente a través de expresiones verbales como: “Yo tengo”, “Yo
soy”, “Yo estoy”, “Yo puedo”. En los cuales aparecen los distintos factores de
resiliencia, como la autoestima, la confianza en sí mismo y en el entorno, la
autonomía y la competencia social. La posesión de estas verbalizaciones se
considera una fuente generadora de resiliencia.
Un adolescente resiliente muestra algunas o varias de las siguientes
características a pesar de su exposición a situaciones adversas. Se valora a
sí mismo: Confía en sus capacidades y muestra iniciativa para emprender
acciones o relaciones con otras personas. Tiene capacidad de disfrutar de
sus experiencias: Se le ve contento, puede reír, es capaz de jugar y pasarla
bien; puede gozar de emociones positivas y proyectarse con optimismo
hacia el futuro; tiene sentido del humor. Se puede relacionar bien con las
personas: Tiene amigos, le gusta participar en actividades con ellos, se lleva
bien, es recíproco; puede que a veces pelee pero es capaz de amigarse;
tiene en general buena relación con sus padres y maestros (Silva, 1999).
Así mismo, es creativo: Tiene capacidad para usar su imaginación y
transformar las cosas, innovando; encuentra orden, belleza y finalidad a
partir del caos y el desorden; puede dar ideas, ser original, flexible en la
percepción de los hechos, le gusta realizar manualidades. Tiene curiosidad
para conocer: Tiene motivación y mucha iniciativa por descubrir, interés por
el aprendizaje y lo que puedan obtener de él, su rendimiento escolar es
adecuado. En relación a su comportamiento: Es capaz de llevar a cabo
tareas que se esperan para su edad, es autónomo, orienta su
comportamiento positivamente, conoce las normas y es capaz de seguirlas.
Estos indicadores fueron considerados para el presente trabajo de
investigación (Silva, 1999).
La resiliencia se presenta en diversos grados: desde altamente
resilientes hasta poco resilientes, que va a depender del ajuste y adaptación
psicosocial (AAP) que el adolescente presente en todas las áreas de su
desarrollo (AD): Intelectual, socio-emocional, física, relaciones
interpersonales y satisfacción en las experiencias. Se considera una persona
altamente resiliente si presenta un AAP en todas las AD, medianamente
resiliente si presenta un AAP en casi todas las AD aunque con algunos
conflictos significativos, poco resiliente si presentan desajuste en algunas AD
pero se evidencian una serie de recursos para ser desarrollados y muy poco
resiliente si presentan desajuste en casi todas las AD y aunque en muy poca
cantidad hay ciertos recursos psicológicos. Estos indicadores fueron
considerados para identificar el nivel de resiliencia de los adolescentes
(Silva, 1999).
Un aspecto importante para el desarrollo del adolescente es la familia,
pues la calidad de los vínculos familiares puede muchas veces potenciar la
resiliencia o de lo contrario, no dejar que se desarrolle.
No es fácil definir el término familia de modo que se aplique a todas
las culturas, subculturas o épocas históricas, porque hay muchas formas de
vida familiar. Según una definición, la familia está constituida por dos o más
personas relacionadas por nacimiento, matrimonio, adopción o decisión, que
tienen vínculos afectivos y responsabilidades (Shaffer y Kipp, 2007)
Bustamante (2004) concibe a la familia como un organismo vivo y
complejo, cuya trayectoria de vida es un transcurrir de diversidades,
adversidades, semejanzas, diferencias, individualidades, singularidades y
complementariedades, que lucha por su preservación y desarrollo en un
tiempo-espacio y territorio dado, y al cual se siente perteneciente,
interconectada y enraizada biológica, solidaria, amorosa, cultural, política y
socialmente.
La familia es la principal influencia socializadora sobre el adolescente
y transmisor de los conocimientos, valores, actitudes, roles y hábitos que
una generación pasa a la siguiente (Whaley y Wong, 1995; Rice, 1997).
Considerando que la familia es el entorno social más cercano que
tiene el adolescente, dependerá de las condiciones positivas que encuentren
los adolescentes en ella, para que les facilite superar esta etapa de una
manera más o menos adecuada, y los ayude a consolidar sus recursos y
habilidades psicosociales. Por el contrario si las condiciones son negativas,
la familia tendrá papel gravitante en la aparición de problemas en las
distintas esferas del desarrollo del adolescente y ámbitos de actuación del
mismo (Ugarte, 2002).
Las funciones familiares son importantes para la resocialización, el
desarrollo y el bienestar de los adolescentes, así como de sus familias. Se
pueden mencionar cinco funciones y responsabilidades familiares
relacionadas entre sí: a) La provisión de los recursos básicos para la
subsistencia, b) El cuidado del hogar, c) La protección de los jóvenes, d) La
orientación y promoción del desarrollo físico y psicológico de los jóvenes, y
e) La defensa y apoyo de la causa juvenil ante la comunidad o la sociedad
mayor. Una de las formas más importantes en que los padres pueden
ayudar a los adolescentes a tener una transición exitosa a la vida adulta
consiste en mantener el equilibrio entre la necesidad que el adolescente
tiene de individualidad y su necesidad de mantener sus vínculos
emocionales con su familia (Maddaleno y col., 1995; Rice, 1997).
Para Ares (2002), un funcionamiento familiar saludable, implica el
desarrollo de una dinámica adecuada en la familia. Al hablar de
funcionamiento familiar, nos referimos al establecimiento de determinadas
pautas de interrelación entre los miembros del grupo familiar. Las que se
encuentran matizadas por la expresión de sentimientos, afectos y emociones
de los miembros entre sí, y en relación con el grupo en su conjunto.
El funcionamiento familiar es considerado como la dinámica relacional
interactiva que se da entre los miembros a través de la interacción entre la
cohesión y adaptabilidad, es decir una familia es funcional en la medida que
establece vínculos afectivos entre sus miembros y promueve el desarrollo
progresivo en la autonomía, además que sea capaz de cambiar su
estructura para superar las dificultades evolutivas dentro de la familia (Olson
y col., 1983; Ortiz, 1999).
Olson y col. (1985), en la Universidad de Minesota, elaboraron la
Escala de Funcionamiento Familiar Faces III (Family Adaptability & Cohesion
Evaluation Scales), siendo su tercera versión. Permite obtener información
de los miembros del sistema familiar y puede ser usado como instrumento
diagnóstico del funcionamiento familiar. Fue elaborado para obtener, tanto el
funcionamiento familiar real, como el ideal; y así evaluar la funcionalidad
familiar teniendo en cuenta dos dimensiones: cohesión y adaptabilidad,
según el Modelo Circumplejo.
La "cohesión familiar" es definida como la ligazón emocional que los
miembros de una familia tienen entre sí. Dentro de la dimensión de cohesión
es posible distinguir cuatro niveles: desligada (muy baja), separada (baja a
moderada), conectada (moderada a alta) y aglutinada (muy alta) (Zegers,
2003).
Además Olson y col, referido por Duarte (1992), incluyen en esta
dimensión cinco categorías: Ligazón emocional, límites familiares,
características de las coaliciones, intereses comunes y recreación, la
manera de compartir el tiempo y amistades.
La cohesión desligada se refiere a familias donde prima el "yo", esto
es, hay ausencia de unión afectiva entre los miembros de la familia,
ausencia de lealtad y alta independencia. En la cohesión separada si bien
prima el "yo" existe presencia de un "nosotros"; una moderada unión
afectiva, cierta lealtad e interdependencia entre ellos, aunque con tendencia
hacia la independencia. En la cohesión conectada, prima el "nosotros" con
presencia del "yo"; son familias donde existe una considerable unión
afectiva, fidelidad e interdependencia entre ellos, aunque con una tendencia
hacia la dependencia. Finalmente en la cohesión aglutinada, prima el
"nosotros", apreciándose máxima unión afectiva entre los familiares, a la vez
una fuerte exigencia de fidelidad y lealtad hacia la familia, junto a un alto
grado de dependencia (Zegers, 2003).
La "adaptabilidad familiar" es definida como la capacidad de un
sistema familiar de cambiar su estructura de poder, relaciones de roles y
reglas de relación, en respuesta al estrés situacional o evolutivo. Los cuatro
niveles de adaptabilidad que se describen son: rígida (muy baja),
estructurada (baja a moderada), flexible (moderada a alta) y caótica (muy
alta) (Zegers, 2003).
Así mismo, Olson y col, referido en Duarte (1992), incluyen en esta
dimensión cinco categorías: Estructura del poder familiar, estilos de
negociación, el tipo o grado de disciplina, la relación de roles y las reglas de
relación.
La adaptabilidad caótica se refiere a ausencia de liderazgo, cambios
aleatorios de roles, disciplina irregular y cambios frecuentes. La flexible, a un
liderazgo y roles compartidos, disciplina democrática y cambios cuando son
necesarios. Por otra parte, la adaptabilidad estructurada ha sido entendida
como aquella en que el liderazgo y los roles en ocasiones son compartidos,
donde existe cierto grado de disciplina democrática y los cambios ocurren
cuando se solicitan. La adaptabilidad rígida alude a un liderazgo autoritario,
roles fijos, disciplina estricta y ausencia de cambios (Zegers, 2003).
Según Olson citado por Zegers y col. (2003), a partir del Modelo
Circumplejo los niveles centrales de cohesión y adaptabilidad son los más
viables para el buen funcionamiento de la familia considerándose
problemáticos los niveles extremos.
Duarte (1992) afirma que en la dimensión de cohesión, demasiada
cercanía conduce a sistemas enredados y demasiada separación conduce a
sistemas desconectados; además en la dimensión de adaptabilidad,
demasiado cambio puede conducir a sistemas caóticos, mientras que el
cambio demasiado escaso conduce a sistemas rígidos.
Las familias con buen funcionamiento familiar, son aquellas donde
hay poca discrepancia entre los padres, éstos están de acuerdo en lo que
quieren para sus hijos, ya sea percibiéndolos como son. De esta forma la
comunicación es efectiva, la autoridad compartida, existe ayuda mutua, se
establecen límites, existe disciplina y se mantiene un nivel óptimo de
autoestima, por el contrario, una familia con funcionamiento familiar
deficiente está relacionado a la interacción negativa entre sus miembros,
inconsistente provisión de límites, distanciamiento y abandono afectivo,
atención dirigida a los hijos sólo ante comportamientos inadecuados, crisis
marital y patrones disfuncionales de comunicación (Arévalo, 1992).
En las familias donde el funcionamiento familiar es bueno el
adolescente se sentirá seguro, los lazos emocionales adecuados permitirán
un acercamiento con la familia, especialmente con sus padres (Dusenbury y
col., 1992).
MARCO EMPÍRICO
Existen reportes de investigaciones relacionadas con las variables del
presente estudio; así tenemos que:
Aguirre (2004), investigó acerca de la capacidad y factores asociados
a la resiliencia en los adolescentes del C.E. “Mariscal Andrés Avelino
Cáceres” de Pamplona Alta de San Juan de Miraflores, Lima; donde
encontró que el 97,6 por ciento poseen una capacidad de resiliencia entre
alta y mediana, de los cuales el 54,3 por ciento poseen más factores
protectores y el 44,4 por ciento presentan más factores de riesgo. En el 24,3
por ciento la familia es considerada como el factor protector más importante,
20,6 por ciento es la comunidad y 10,75 por ciento consideran a la escuela.
En los adolescentes con capacidad de resiliencia alta, el 20,5 por ciento lo
constituyen las mujeres y el 14 por ciento los varones.
A nivel local, Moreno y Muncibay (2000), en un estudio realizado en el
distrito de Moche de la ciudad de Trujillo acerca de la resiliencia en las
adolescentes embarazadas, se encontró que el 60 por ciento presentan
resiliencia alta, el 40 por ciento tiene resiliencia media y no se encontró
ninguna adolescente embarazada con resiliencia baja.
Villanueva (2005), realizó una investigación sobre el nivel de
resiliencia y estilos de vida promotores de la salud en adolescentes del
Hogar San José de la ciudad de Trujillo, teniendo como resultado que el
nivel de resiliencia en los adolescentes en promedio correspondió a la
categoría de medianamente resiliente, mientras que para los estilos de vida
promotores de salud en promedio se evaluaron como normales. Así mismo
se encontró que existe una relación positiva y significativa entre el nivel de
resiliencia y los estilos de vida saludables en los adolescentes del hogar San
José.
Delgado y León (2006), en su trabajo sobre el Análisis comparativo de
los niveles resiliencia entre los alumnos del 5º año de secundaria del C.E.P.
“Santo Domingo de Guzmán” y del C.E.E. “Inca Garcilazo de la Vega” de los
distritos de Chicama y Chiclín respectivamente, encontraron que el nivel de
resiliencia predominante en los alumnos de ambos sexos es el nivel Medio y
en menor proporción el nivel alto.
Cabrera y Villanueva (2007), en su trabajo realizado en Trujillo sobre
la relación entre resiliencia, pobreza y maltrato intrafamiliar en adolescentes
trabajadores de la calle del “Programa Educadores de la Calle”, concluyen
que existe relación significativa entre resiliencia y pobreza; además
concluyen que no existe relación significativa entre resiliencia y maltrato
intrafamiliar en los adolescentes de dicho programa.
En relación a la variable nivel de funcionamiento familiar, Angulo y Gil
(2003), en su trabajo de investigación sobre funcionalidad familiar y su
relación con el perfil de salud de los adolescentes del C.N.M. 80706
Miramar- Moche, hallaron que el 56.5 por ciento de estos adolescentes
tienen buen funcionamiento familiar, seguido del 35.2 por ciento con regular
funcionamiento familiar y el 8.3 por ciento con deficiente funcionamiento
familiar.
Velásquez y Villaroel (2004), en un estudio realizado sobre la relación
de los factores protectores: Proyecto de vida y funcionamiento familiar con la
salud mental; reporta que el 57 por ciento de adolescentes del C.E.M. “José
Antonio Encinas” del distrito de Víctor Larco, presentan buen funcionamiento
familiar y un 34.4 por ciento regular funcionamiento familiar, seguido de un
deficiente funcionamiento familiar con 8.6 por ciento.
Rumay y Agreda (2007), que en su estudio realizado sobre
funcionamiento familiar y autoestima en el riesgo de consumo de drogas en
adolescentes de la I.E. “César Vallejo”, La Esperanza, reporta que el 47.5
por ciento de estos adolescentes presentan funcionamiento familiar alto, el
39.6 por ciento presentan funcionamiento familiar medio y el 12.9 por ciento
presentan funcionamiento familiar bajo.
Respecto a la relación entre las dos variables estudiadas, un grupo de
investigadores peruanos citados por Ugarte (2002), realizaron estudios en
diferentes lugares del Perú (Lima, Trujillo, Huancayo y Tarapoto),
encontrando correlación entre niños resilientes y familias que poseían
calidez, cohesión y estabilidad; al igual que otros encontraron esa
correlación con familias que tenían fuertes relaciones entre padres e hijos,
marcadas por interacciones positivas, y la presencia de formación, afecto y
disciplina consistente.
Así mismo, Arana y Quispe (2008), investigaron acerca del
funcionamiento familiar y resiliencia en adolescentes de la I.E. Nº 81032 de
varones del distrito de Guadalupe – Pacasmayo, y encontraron que el nivel
de funcionamiento familiar influye significativamente en el nivel de resiliencia
en la población estudiada, es decir, el nivel alto de resiliencia (32.4 por
ciento) era más frecuente en aquellos adolescentes con alto nivel de
funcionamiento familiar y; por el contrario, el bajo nivel de resiliencia fue más
frecuente cuando el funcionamiento familiar era bajo (27.3 por ciento).
La problemática de los adolescentes trabajadores de la calle es una
realidad existente que no debemos ignorar, puesto que día a día se
acrecienta el número de esta población; y siendo conscientes de que una de
las labores de la enfermera es velar por el desarrollo y bienestar físico,
psicológico y social de nuestra niñez y adolescencia, es de nuestro interés
inmediato realizar investigaciones que nos ayuden a detectar la problemática
de estos adolescentes en riesgo.
Los adolescentes son vulnerables por naturaleza, al encontrarse en la
última etapa para consolidarse como adultos, por tanto requieren de
personas con quienes puedan establecer una relación de confianza que les
ayuden a entender y resolver sus dificultades, preocupaciones, expectativas
de vida; y que deberían encontrarlos en el seno familiar.
El enfoque de la resiliencia nos brinda una visión optimista del
desarrollo humano; es una mirada esperanzadora, que en vez de poner
énfasis en aquellos factores negativos que permitirían predecir quién iba a
sufrir un daño, trata de ver aquellos factores positivos que, a veces,
sorprendentemente y contra lo esperado, protegen a un niño. La idea de
resiliencia mantiene la esperanza viva: aunque la balanza esté inclinada
hacia un resultado negativo, sabemos que muchos niños escapan a su
destino y que es posible promoverle (Rubio, 2009).
Los profesionales de la salud se encuentran, en su quehacer
cotidiano, con niños y adolescentes que viven situaciones de tragedia o de
estrés, que parecen difíciles o imposibles de superar. Sin embargo, la
realidad muestra que no sólo las superan, sino que salen renovados,
creativos y hasta optimistas de esas encrucijadas. Los agentes de salud
pueden desarrollar acciones que promuevan la resiliencia, pues éstas
dependen del contexto cultural en el que están insertos, de la familia, y de
las características individuales del niño y del adolescente.
El objetivo de la enfermería es satisfacer las necesidades humanas a
través del desarrollo integral de las personas, considerándolas como un ser
holístico y complejo en cada una de sus etapas. En el caso del adolescente,
cobra vital importancia el desarrollo de habilidades psicosociales, en el cual
mediante acciones educativas al adolescente, familia y comunidad, se busca
que estos puedan desenvolverse y desarrollar su nivel de resiliencia para
que logren superar condiciones adversas.
En la actualidad existe el Programa de Atención Integral del
Adolescente, es ante esta realidad que el rol de profesional de enfermería
que labora en el primer nivel de atención, cumple un papel trascendente e
importante donde su participación debe ser activa puesto que a través de
sus actividades preventivo-promocionales debe fomentar el desarrollo
integral del adolescente fortaleciendo su resiliencia, autoestima, identidad,
aceptación a sí mismo y la resistencia a la presión de grupo, así como la
promoción de valores y hábitos socialmente aceptables, para la prevención
de conductas de riesgo, con el fin de contribuir a la adopción de conductas
saludables.
Por las consideraciones antes expuestas es que nos vimos
motivadas a realizar el presente trabajo de investigación, ya que durante
nuestras prácticas como estudiantes e internas de enfermería en el área de
Enfermería en Salud del Escolar y Adolescente; y en nuestra vida cotidiana
nos encontramos con adolescentes trabajadores de la calle, luchando por su
supervivencia y deseo de superación a pesar de las adversidades que tienen
que afrontar.
El propósito de la presente investigación está orientado a conocer el
nivel de resiliencia en relación con el nivel de funcionamiento familiar de los
adolescentes trabajadores de la calle, con la finalidad de que los resultados
sirvan de base para la implementación de programas dirigidos a los
adolescentes, que le permitan fortalecer sus habilidades sociales y en
consecuencia prevenir conductas de riesgo. Así mismo se busca despertar
la conciencia del rol social que debe ser asumido por los profesionales de
salud, principalmente de enfermería, de la gran responsabilidad que les
compete frente a los futuros ciudadanos quienes van a tener la
responsabilidad de construir un futuro para las generaciones venideras.
Por lo anteriormente expuesto, se plantea la siguiente interrogante:
PROBLEMA:
¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE EL NIVEL DE FUNCIONAMIENTO
FAMILIAR Y EL NIVEL DE RESILIENCIA DE LOS ADOLESCENTES
TRABAJADORES DE LA CALLE DE LA CIUDAD DE TRUJILLO, 2010?
OBJETIVO GENERAL:
Determinar la relación que existe entre el nivel de funcionamiento
familiar y el nivel de resiliencia de los adolescentes trabajadores de la
calle de la ciudad de Trujillo, 2010.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
Determinar el nivel de funcionamiento familiar de los adolescentes
trabajadores de la calle de la ciudad de Trujillo, 2010.
Determinar el nivel de resiliencia de los adolescentes trabajadores de
la calle de la ciudad de Trujillo, 2010.
II. MATERIAL Y MÉTODOS
1. TIPO DE INVESTIGACIÓN Y ÁREA DE ESTUDIO:
El presente proyecto de investigación de tipo descriptivo-
correlacional, de corte transversal (Polit y Hungler, 2000). Se realizó con
los adolescentes trabajadores de la calle del Programa “Educadores de
calle”, de los sectores: Cementerio Miraflores, Mercado La Hermelinda y
Mercado Mayorista de Trujillo, durante los meses de febrero y marzo del
2010.
2. POBLACIÓN DE ESTUDIO:
2.1. UNIVERSO
El universo está conformado por 120 adolescentes trabajadores
participantes del Programa “Educadores de calle” de la ciudad de Trujillo.
2.2. MUESTRA
Está constituida por 60 adolescentes trabajadores de la calle,
procedentes del universo y que cumplieron con los criterios de inclusión,
con sus respectivos padre, madre o cuidador.
Para determinar el tamaño de la muestra se utilizó la fórmula de
muestreo aleatorio simple (Anexo Nº 01).
2.3. UNIDAD DE ANÁLISIS
La unidad de análisis estuvo constituida por los adolescentes
trabajadores del Programa “Educadores de calle” de la ciudad de Trujillo;
que cumplieron con los criterios de inclusión y sus respectivos padre,
madre o cuidador.
Criterios de inclusión:
Que pertenezcan a ambos sexos, cuyas edades oscilen de 10 a 18
años de edad.
Que no presenten alteraciones mentales.
Que vivan con sus padres u otros familiares.
Que asistan regularmente a su lugar de trabajo.
Que acepten de forma voluntaria su participación en la
investigación.
3. INSTRUMENTOS PARA LA RECOLECCIÓN DE DATOS:
Para la recolección de datos del presente proyecto de investigación
se utilizó dos instrumentos: Escala de Funcionamiento Familiar FACES III
y Escala de Resiliencia.
A) ESCALA DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR FACES III (FAMILY
ADAPTABILITY & COHESION EVALUATION SCALES) - (Anexo Nº
02)
Esta escala fue diseñada por Olson y col. (1985) en la Universidad
de Minesota - Estados Unidos, siendo su tercera versión. Permite obtener
información de los miembros del sistema familiar y puede ser usado como
instrumento diagnóstico del funcionamiento familiar. Fue elaborado para
obtener, tanto el funcionamiento familiar real, como el ideal; y así evaluar
la funcionalidad familiar teniendo en cuenta dos dimensiones: cohesión y
adaptabilidad.
La prueba está conformada por 20 ítems para la escala ideal y 20
ítems para la escala real, 10 corresponden a la dimensión cohesión y 10 a
la dimensión adaptabilidad.
En cuanto a la distribución de ítems, los que corresponden a
cohesión se clasifican en cinco categorías: Ligazón emocional (11, 19),
límites familiares (7, 5), características de las coaliciones (1, 17), intereses
comunes y recreación (13, 15), la manera de compartir el tiempo y
amistades (9,3).
Los que corresponden a adaptabilidad, se clasifican en cinco
categorías: Estructura del poder familiar (6, 18), estilos de negociación
(12, 2), el tipo o grado de disciplina (4, 10), la relación de roles (8, 14), y
las reglas de relación (16, 20).
A cada ítem le corresponde un valor de 1 hasta 5 según sea el caso:
Alternativas Puntajes
Nunca 1
Casi nunca 2
Algunas veces 3
Casi siempre 4
Siempre 5
La escala permite obtener una puntuación general y por niveles. El
puntaje general resulta de sumar las puntuaciones alcanzadas en los 20
ítems de la escala real y los 20 ítems de la escala ideal, para luego
obtener la diferencia de la escala ideal menos la real. Siendo el puntaje
mínimo de la escala 0 y el máximo 80 puntos.
Se toma como criterio que “a menor puntuación de diferencia entre
la familia percibida y la familia deseada es indicador de un buen
funcionamiento familiar” y “a mayor puntuación de diferencia entre la
familia percibida y la familia deseada es indicador de un bajo
funcionamiento familiar”.
Por otro lado, para obtener el puntaje de cohesión se suman los
ítems impares y para la adaptabilidad familiar se suman los ítems pares.
Siendo el puntaje mínimo de cada nivel 10 y el máximo 50 puntos.
B) ESCALA DE RESILIENCIA - (Anexo Nº 03)
Es un instrumento estructurado y diseñado por Arana y Quispe
(2008), modificado por las autoras teniendo en cuenta los indicadores
para identificar el nivel de resiliencia referidos por Silva (1999).
Este instrumento consta de 2 partes:
Datos Generales: Está constituido por los siguientes datos: Edad,
sexo, ocupación, sector al que pertenece y personas con las que
vive.
Estructura: El instrumento consta de 6 indicadores conformados por
33 reactivos, de los cuales 27 son positivos y 6 negativos o
invertidos.
INDICADORES ITEMS
Valoración de sí mismo 1,2,3,4,5,6
Capacidad de disfrutar de sus experiencias 7,8,9,10,11,12
Relaciones interpersonales 13,14,15,16,17,18,19
Creatividad 20,21,22,23,24
Curiosidad para conocer 25,26,27,28
En relación a su comportamiento 29,30,21,32,33
Cada reactivo tiene cinco alternativas de respuesta:
Para los ítems positivos (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15,
16, 17, 18, 20, 21, 23, 25, 27, 28, 29, 30, 31, 32), la calificación será:
ALTERNATIVAS PUNTAJE
Siempre 4
Frecuentemente 3
A veces 2
Nunca 1
Para los ítems invertidos: (8, 19, 22, 24, 26, 33), la calificación será:
ALTERNATIVAS PUNTAJE
Siempre 1
Frecuentemente 2
A veces 3
Nunca 4
El puntaje mínimo de la escala es de 33 puntos y el máximo de 132
puntos.
4. CONTROL DE CALIDAD DE INSTRUMENTOS:
4.1. Prueba piloto
La prueba piloto se aplicó a 30 adolescentes trabajadores de la calle
de la ciudad de Trujillo, del sector Cementerio Miraflores, con
características similares a la población en estudio. Esta prueba permitió
verificar la comprensión de los reactivos por parte de los adolescentes y a
la vez realizar las correcciones necesarias en algunos ítems, así como
también se permitió establecer el tiempo promedio de la entrevista.
4.2. Confiabilidad de los instrumentos
La confiabilidad de los instrumentos se determinó mediante el
coeficiente de Alfa de Cronbach (que sirve para establecer la confiabilidad
de una escala y se basa en la consistencia de la misma), considerándose
confiable cuanto más se acerque a uno, obteniéndose los siguientes
resultados:
INSTRUMENTO ITEMS ALPHA DE CRONBACH
Escala de Funcionamiento
20 0.801
Familiar Real: FACES III
Escala de Funcionamiento
20 0.820
Familiar Ideal: FACES III
Escala de Resiliencia 33 0.793
4.3. Validez
La validez interna se realizó en base al indicador de correlación inter-
ítems y las estadísticas ítem - total.
La validez y confiabilidad de la Escala de Funcionamiento Familiar
FACES III fue demostrada por Olson y col. (1985) en un estudio con 2412
familias, en el cual se ha modificado la redacción de algunos ítems para
mejorar la comprensión de los adolescentes.
Esta escala cuenta con el respaldo de 25 años de investigación y
más de 700 publicaciones científicas y es un instrumento cuyos alcances
y limitaciones, así como su proceso de validación en español se han
evaluado en nuestro medio, con el rigor metodológico que confiere
(Gómez, 2008).
La Escala de Resiliencia también ha sido validada en trabajos
anteriores realizados en diferentes poblaciones como el realizado por
Silva (1999) y Arana y Quispe (2008), modificando la redacción de
algunos ítems para mejorar la comprensión de los adolescentes.
5. PROCEDIMIENTO:
Para la ejecución del presente estudio de investigación se planificó
con el coordinador del Programa “Educadores de Calle” de la ciudad de
Trujillo, con la finalidad de informarle sobre el propósito de estudio de la
presente investigación y obtener facilidades para recolectar la información
necesaria, mediante la aplicación de los instrumentos.
La aplicación de los instrumentos para la recolección de datos se
realizó en reuniones convocadas por el coordinador del programa, tanto
para los adolescentes como para los padres de familia en diferentes
fechas, éstos fueron llenados directamente por los adolescentes que
conforman la muestra, y sus respectivos padre, madre o cuidador, previa
explicación de los objetivos y propósito de estudio para facilitar su
colaboración; y respetando la confidencialidad y anonimidad. El tiempo
promedio del llenado de los instrumentos fue de 20 minutos. Al concluir la
aplicación de los mismos se verificó el llenado, teniendo en cuenta que
todos los reactivos estén marcados para evitar errores posteriores y se les
brindó orientación sobre las necesidades identificadas, mediante
consejería, sesiones educativas y entrega de material educativo.
6. TABULACIÓN Y ANÁLISIS ESTADÍSTICO DE DATOS:
Los datos obtenidos fueron ingresados y procesados por
computadora con el Software SPSS (Statistical Package for the Social
Sciencies) versión 15.0.
Los resultados se presentaron en cuadros estadísticos,
unidimensionales y bidimensionales, de forma numérica y porcentual, con
sus respectivos gráficos estadísticos, de acuerdo a los objetivos
planteados.
Para determinar la relación de las variables se aplicó el Test de
Independencia de Criterios Chi-Cuadrado. El nivel de significancia se
estableció en 5 por ciento, es decir p< 0.05.
7. CONSIDERACIONES ÉTICAS:
Para la realización de la investigación se tuvo en cuenta los
siguientes principios éticos:
Anonimato: Se tuvo en cuenta este criterio desde el inicio de la
investigación al mantener el anonimato de los participantes de la
investigación.
Libre Participación: Este derecho fue protegido directamente al
solicitar a los adolescentes su participación libre, explicándoles el
objetivo de estudio.
Confidencialidad: Los datos obtenidos fueron utilizados sólo para
efectos de la investigación, se les dio a conocer a los participantes
que la información proporcionada tendría carácter secreto.
8. DEFINICIÓN DE VARIABLES:
8.1. VARIABLE INDEPENDIENTE
Nivel de Funcionamiento Familiar
a. Definición Nominal
El funcionamiento familiar es considerado como la dinámica
relacional interactiva que se da entre los miembros a través de la
interacción entre la cohesión y adaptabilidad, es decir una familia
es funcional en la medida que establece vínculos afectivos entre
sus miembros y promueve el desarrollo progresivo en la
autonomía, además que sea capaz de cambiar su estructura para
superar las dificultades evolutivas dentro de la familia (Olson y col.,
1983; Ortiz, 1999).
b. Definición Operacional
Es la percepción que el adolescente y su cuidador tienen
sobre su dinámica familiar. Se obtuvo a través del puntaje total
alcanzado por la Escala de Funcionamiento Familiar, mediante la
diferencia de puntuación de la escala ideal menos la real y
considerándose el promedio de la valoración realizada tanto por el
adolescente como por su cuidador.
Se clasificó en:
Nivel de Funcionamiento Familiar Puntaje
Alto 0 – 9 puntos
Medio 10 – 22 puntos
Bajo Más de 22 puntos
8.2. VARIABLE DEPENDIENTE
Nivel de Resiliencia
a. Definición Nominal
La resiliencia es la capacidad universal de todo ser humano
de resistir ante condiciones adversas y recuperarse desarrollando
paulatinamente respuestas orientadas hacia la construcción de un
ajuste psicosocial positivo al entorno a pesar de la existencia
simultánea de dolor y conflicto intrapsíquico (Silva, 1999; Rutter,
2001).
b. Definición Operacional
Para efectos del presente estudio, es definido según el
puntaje obtenido en la escala correspondiente y se considera
como:
Nivel de Resiliencia Puntaje
Altamente resiliente 108 – 132
Medianamente resiliente 83 – 107
Poco resiliente 58 – 82
Muy poco resiliente 33 – 57
III. RESULTADOS
TABLA Nº 1
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR DE LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA
“EDUCADORES DE CALLE”. TRUJILLO – 2010.
Adolescentes
Nivel de Funcionamiento Familiar
Nº %
Alto 27 45.0
Medio 24 40.0
Bajo 9 15.0
Total 60 100.0
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo - 2010
El presente cuadro muestra la distribución porcentual de los adolescentes según nivel de funcionamiento familiar,
observándose que el 45 por ciento de ellos presentan un nivel de funcionamiento familiar alto, seguido del 40 por ciento con nivel
de funcionamiento familiar medio y el 15 por ciento con nivel de funcionamiento familiar bajo.
~ 46 ~
GRÁFICO Nº 1
UNCIONAMIENTO FAMILIAR DE LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE”. TRU
ncionamiento
o
Funcionamiento Familiar Medio 40%
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo - 2010
TABLA Nº 2
NIVEL DE RESILIENCIA DE LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE
CALLE”. TRUJILLO – 2010.
Adolescentes
Nivel de Resiliencia
Nº %
Muy poco resiliente 0 0.0
Poco resiliente 6 10.0
Medianamente resiliente 40 66.7
Altamente resiliente 14 23.3
Total 60 100.0
Fuente: Escala de Resiliencia, Trujillo, 2010
Del cuadro se observa que el 66.7 por ciento de los adolescentes son medianamente resilientes, seguido del 23.3 por ciento
que son altamente resilientes, mientras que solo el 10 por ciento son poco resilientes; y no se reporta casos de adolescentes con
muy poca resiliencia.
GRÁFICO Nº 2
NIVEL DE RESILIENCIA DE LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA
CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE”. TRUJILLO – 2010
Poco resiliente
Altamente resiliente 10%
23.3%
Medianamente
resiliente
66.7%
Fuente: Escala de Resiliencia, Trujillo, 2010
TABLA Nº 3
RELACIÓN ENTRE EL NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y EL NIVEL DE RESILIENCIA EN LOS ADOLESCENTES
TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE”. TRUJILLO - 2010.
Nivel de Funcionamiento Familiar
Total
Nivel de Resiliencia Bajo Medio Alto
Nº % Nº % Nº % Nº %
Poco resiliente 5 55.6 1 4.2 0 0.0 6 10.0
Medianamente
4 44.4 21 87.5 15 55.6 40 66.7
resiliente
Altamente resiliente 0 0.0 2 8.3 12 44.4 14 23.3
Total 9 100.0 24 100.0 27 100.0 60 100.0
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar y Escala de Resiliencia, Trujillo - 2010 X2 = 34.495 p=0.000
Se aprecia una relación altamente significativa entre el nivel de funcionamiento familiar y el nivel de resiliencia, esto se muestra
observando que la alta (44.4 por ciento) y mediana resiliencia (55.6 por ciento) es más frecuente en aquellos adolescentes con
nivel de funcionamiento familiar alto y; por el contrario la poca resiliencia es más frecuente cuando el funcionamiento familiar es
bajo (55.6 por ciento).
GRÁFICO Nº 3
RELACIÓN ENTRE EL NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y EL NIVEL
DE RESILIENCIA EN LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE”. TRUJILLO - 201
FUNCIONAMIENTO FAMILIAR
87.5% Funcionamiento
90.0 Familiar Bajo
80.0
70.0
60.0
55.6% 55.6%
50.0 Funcionamiento
40.0 44.4% 44.4% Familiar Medio
30.0
20.0
10.0
0.0 Funcionamiento
8.3% Familiar Alto
4.2% 0.0% 0.0%
Poco resilienteMedianamente resilienteAltamente resiliente
NIVEL DE RESILIENCIA
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar y Escala de Resiliencia, Trujillo- 2010
IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN
La adolescencia, periodo de transición, es una etapa del ciclo de
crecimiento que marca el final de la niñez y precede la adultez; esto implica
tanto el crecimiento físico como el desarrollo cognoscitivo, psicológico,
emocional y social. Durante esta etapa el adolescente debe desarrollar
conocimientos, actitudes, funciones y habilidades que van a contribuir a su
crecimiento y desarrollo personal (Freyre, 1997).
Además la adolescencia determina en la familia una serie de
situaciones nuevas y conflictivas, exigiendo de ésta una reestructuración en
sus relaciones, que proporcionen al adolescente un medio adecuado para su
desarrollo. Esta reestructuración debe incluir un cambio en las reglas, límites
y modelos de autoridad y disciplina, en los estilos de vida familiar. Es decir,
se hace necesario que la familia funcione adecuadamente en el
cumplimiento de sus roles de tal manera que sea capaz de promover una
mejor calidad de vida en sus miembros (Ugarte, 2002).
El funcionamiento familiar es la forma en que el sistema familiar, es
capaz de enfrentar las crisis, valorar la forma en que se permiten las
expresiones de afecto, el crecimiento individual de sus miembros y la
interacción entre ellos, sobre la base del respeto, la autonomía y el espacio
del otro (Ortiz, 1999).
El buen funcionamiento familiar es un aspecto importante en el
desarrollo del adolescente y actúa como factor protector para el desarrollo
~ 52 ~
de la resiliencia. De este modo elevará su capacidad para hacer frente a las
adversidades y disminuirá la posibilidad de desarrollar desajuste psicosocial
frente a la presencia de factores de riesgo (Silva, 1999).
Al respecto, en la Tabla 1 y Gráfico 1, que corresponde al nivel de
funcionamiento familiar de los adolescentes trabajadores de la calle del
Programa “Educadores de calle”, se observa que el 45 por ciento de ellos
presentan un nivel de funcionamiento familiar alto, seguido del 40 por ciento
con nivel de funcionamiento familiar medio y el 15 por ciento con nivel de
funcionamiento familiar bajo.
Resultados que llaman la atención por la condición social de estos
adolescentes, que a pesar de estar trabajando en las calles tienen un buen
funcionamiento familiar; esto probablemente se asocia a la dinámica misma
de la familia trabajadora, donde generalmente sus miembros se dedican a
trabajar en un mismo ambiente pero con diferentes tareas, además podría
deberse a la consejería y al seguimiento que reciben tanto los adolescentes
como sus respectivas familias, de parte de los Educadores del Programa y
del apoyo de algunas instituciones, a través de talleres de capacitación y
visitas domiciliarias.
Los hallazgos obtenidos coinciden con la investigación realizada por
Angulo y Gil (2003), en su trabajo de investigación titulado “Funcionalidad
familiar y su relación con el perfil de salud de los adolescentes del C.N.M.
80706. Miramar- Moche”, quienes hallaron que el 56.5 por ciento de estos
adolescentes tienen buen funcionamiento familiar, seguido del 35.2 por
ciento con regular funcionamiento familiar y el 8.3 por ciento con deficiente
funcionamiento familiar.
Del mismo modo son corroborados por Velásquez y Villarroel (2004),
en su investigación “Relación de los factores protectores: Proyecto de vida y
funcionamiento familiar con la salud mental del adolescente del C.E.M. José
Antonio Encinas del distrito de Víctor Larco; quienes reportan que el 57 por
ciento de estos adolescentes presentaron buen funcionamiento familiar,
seguido de un 34.4 por ciento con regular funcionamiento familiar, y un
deficiente funcionamiento familiar con 8.6 por ciento.
Así mismo, coinciden con los resultados que obtuvieron Rumay y
Agreda (2007), que en su estudio realizado sobre “Funcionamiento familiar y
autoestima en el riesgo de consumo de drogas en adolescentes de la I.E.
César Vallejo- La Esperanza”; reporta que el 47.5 por ciento de estos
adolescentes presentan funcionamiento familiar alto, el 39.6 por ciento
presentan funcionamiento familiar medio y el 12.9 por ciento presentan
funcionamiento familiar bajo.
Por lo contrario, difieren de los resultados que obtuvieron Arana y
Quispe (2008) en su investigación acerca del funcionamiento familiar y
resiliencia en adolescentes de la I.E. Nº 81032 de varones del distrito de
Guadalupe – Pacasmayo, donde encontraron que el 64,6 por ciento de
dichos adolescentes presentaron un nivel de funcionamiento familiar
moderado, seguido del 26,8 por ciento con nivel de funcionamiento familiar
alto y el 8,7 por ciento con nivel de funcionamiento familiar bajo.
Olson y col. (1983) afirma que el funcionamiento de la familia está
dado por la interacción entre la cohesión y la adaptabilidad, un
funcionamiento familiar es alto en la medida en que se establecen vínculos
afectivos entre sus miembros, se promueva el desarrollo progresivo en la
autonomía y además que sea capaz de cambiar su estructura para superar
las dificultades evolutivas dentro de la familia.
Según Olson citado por Zegers y col. (2003), los niveles centrales de
cohesión y adaptabilidad son los más viables para el buen funcionamiento
de la familia considerándose problemáticos los niveles extremos.
En relación a la cohesión familiar de la población en estudio, se
encontró que tanto el 41.7 por ciento de los adolescentes como el 58.4 por
ciento de sus familiares (Anexo Nº 6 y 7) perciben a sus familias con niveles
de cohesión familiar media (familias separadas y conectadas), mientras que
el 58.3 por ciento de los adolescentes y el 41.6 por ciento de sus familiares
perciben a familias con niveles de cohesión familiar extremas (familias
desligadas y aglutinadas).
A mayor nivel de cohesión; mayor apego emocional, mayor
sentimiento de unión y una más explícita expresión de afecto entre los
miembros de la familia. Por el contrario, menor nivel de cohesión indica
desligamiento afectivo, aspecto asociado a una mayor propensión a
dificultades emocionales y del comportamiento en diferentes miembros de la
familia. Su importancia radica en que favorece la identificación física y
emocional y el establecimiento de sólidos vínculos y un fuerte sentimiento de
pertenencia del adolescente con el grupo familiar en su conjunto (Ferreira,
2003).
Aquellos niños y niñas que sostienen intercambios cálidos y
afectuosos con sus padres son quienes mantienen una relación más
estrecha cuando llega la adolescencia. Sin embargo, existen abundantes
datos que indican una disminución durante la adolescencia de la cercanía
emocional, de las expresiones de afecto, y de la cantidad de tiempo que
padres e hijos pasan juntos. (Oliva, 2006).
Además, en diversos estudios se encontraron diferencias
significativas en la evaluación de padres, madres e hijos. Estas diferencias
muestran tendencia a que las madres perciban a su familia más unida que
los padres y los mismos adolescentes (Oliva, 2006).
En cuanto a la adaptabilidad familiar, se encontró que el 75 por ciento
de los adolescentes y el 91.7 por ciento de sus familiares (Anexo Nº 8 y 9)
perciben a sus familias con niveles de adaptabilidad familiar media (familias
estructuradas y flexibles), mientras que el 25 por ciento de los adolescentes
y el 8.3 por ciento de sus familiares, las perciben con niveles de
adaptabilidad familiar extremas (familias rígidas y caóticas).
La adaptabilidad familiar se refiere en primer lugar a la flexibilidad o
capacidad de la familia para adoptar o cambiar sus reglas o normas de
funcionamiento, roles, etc., ante la necesidad de tener que enfrentar
determinados cambios, dificultades, crisis o conflictos por los que puede
atravesar la misma en un momento dado. La no presencia de esta
flexibilidad impide a la familia hacer un uso adecuado de sus recursos, lo
que provoca un aferramiento a esquemas, normas, roles, actitudes, que
resultan poco funcionales y dificultan encontrar una solución viable a la
situación familiar problemática (Ferreira, 2003).
Todas las familias enfrentan dificultades, cambios o tensiones que
amenazan su estabilidad emocional social o económica; tales como:
separación conyugal, infidelidad, hijos fuera de una unión estable, pobreza,
desempleo, enfermedades crónicas, muerte violenta, encarcelamiento,
violencia familiar. Esto no quiere decir que una vez que se presenta alguno
de estos eventos, la familia quede irremediablemente destinada a ser
disfuncional; lo que representa es la necesidad familiar de un reajuste, para
que el grupo logre asimilar esos sucesos como puntos de apoyo para su
propia evolución. (Oliva, 2006).
En relación a las familias en estudio, a pesar de las situaciones
difíciles, de crisis o conflictos en el hogar, sus miembros se brindan apoyo
entre sí, demostrando sus capacidades para adaptarse a esta nueva
situación con el respaldo de personas o grupos de apoyo; dando como
resultado un funcionamiento familiar alto en la mayoría de familias.
En la Tabla 2 y Gráfico 2, que corresponde al nivel de resiliencia de
los adolescentes trabajadores de la calle del programa “Educadores de
calle”, se puede apreciar que el 66.7 por ciento de los adolescentes se
encuentran en un nivel medianamente resiliente, seguido del 23.3 por ciento
que son altamente resilientes, mientras que solo el 10 por ciento son poco
resilientes; y no se reporta casos de adolescentes con muy poca resiliencia,
lo cual indica la capacidad de afrontamiento alternativo que tienen los
adolescentes para superar las adversidades.
En este contexto, la resiliencia es definida como la facultad de una
persona para desenvolver satisfactoriamente sus capacidades, aún sometida
a situaciones de estrés intenso o viviendo en un ambiente negativo y
adverso. Es un proceso dinámico, que tiene lugar a lo largo del tiempo, y se
sustenta en la interacción existente entre la persona y el entorno, entre la
familia y el medio social. Es el resultado de un equilibrio entre factores de
riesgo, factores protectores y personalidad de cada individuo, funcionalidad y
estructura familiar, y puede variar con el transcurso del tiempo y con los
cambios en el contexto (Pereira, 2002).
Además la resiliencia no se desarrolla en todos los individuos de la
misma forma ya que cada uno tiene diversas maneras de desenvolverse y
adquirir capacidades para superar sus problemas. Por lo cual es necesario
dejar claro que cada cual forma sus capacidades y elige como desarrollarlas.
La resiliencia es una característica que puede aparecer como producto de
una interacción positiva entre el componente personal y ambiental de un
individuo pero también como una forma para poder responder ante
situaciones de conflicto.
Los resultados encontrados son concordantes con la investigación de
Aguirre (2004) sobre “Capacidad y factores asociados a la resiliencia en
adolescentes del C.E. Mariscal Andrés Avelino Cáceres, del sector IV de
Pamplona Alta, Lima”, en donde concluye que el 63 por ciento de estos
adolescentes presentan resiliencia mediana, el 35 por ciento presentan
resiliencia alta y el 2 por ciento presentan resiliencia baja.
Así mismo, coinciden con los presentados por Villanueva (2005), en
su una estudio realizado sobre “Nivel de resiliencia y estilos de vida
promotores de la salud en adolescentes del Hogar San José, Trujillo”,
teniendo como resultado que el nivel de resiliencia en los adolescentes en
promedio correspondió a la categoría de medianamente resiliente.
Del mismo modo concuerdan con los resultados reportados por
Cabrera y Villanueva (2007), en su trabajo realizado sobre “Resiliencia y su
relación con pobreza y maltrato intrafamiliar en adolescentes trabajadores de
la calle del Programa Educadores de la Calle, encontró que el 61 por ciento
de dichos adolescentes son medianamente resilientes, el 34,2 por ciento son
altamente resilientes y el 4,8 por ciento son poco resilientes.
Por otro lado, Aponte (2005) en su investigación realizada sobre
“Conducta resiliente entre adolescentes del Hogar de la Niña y adolescentes
del Hogar San José- Trujillo”, concluye que la conducta resiliente que
predomina en las adolescentes mujeres del Hogar de la Niña es el nivel
medio (41.38 por ciento), seguido del nivel bajo (37.93 por ciento), y por
último un nivel alto (20.69 por ciento). Mientras que la conducta resiliente
que predomina en los adolescentes varones del Hogar San José es el nivel
bajo (58.62 por ciento), seguido del nivel medio (34.48 por ciento), y por
último un nivel alto (6.90 por ciento).
Wesgman (1998) refiere en su estudio realizado sobre resiliencia y
juventud, que los jóvenes son capaces de salir fortalecidos de las
adversidades que se les presentan, debido a que están atravesando el
“periodo de adaptación”, en el cual, los jóvenes pueden identificarse con
características de personas que les brindan una salida positiva para su vida,
aunque en su historia anterior hayan tenido episodios negativos.
Por consiguiente, es posible reforzar la resiliencia, ya que los
adolescentes a pesar de vivir en un medio cargado de aspectos negativos
y/o adversidades y de estar constantemente expuestos a situaciones de
riesgo; tales como pobreza, maltrato, explotación en su medio social sea de
mayor o menor intensidad en cada uno de ellos, se ven forzados a hacer uso
de su capacidad de afrontamiento productivo o resiliencia, mostrando interés
por su desarrollo y superación. Esto puede estar asociado a que poseen
alguna capacidad de soporte sea la familia, escuela, comunidad o grupo de
apoyo, que les permite seguir teniendo expectativas de ser ciudadanos de
bien con conductas socialmente aceptables.
En la Tabla 3 y Gráfico 3, que corresponde a la relación entre el
funcionamiento familiar y el nivel de resiliencia de los adolescentes
trabajadores de la calle del programa “Educadores de calle”, se observa que
de de los adolescentes que presentan funcionamiento familiar alto, el 55.6
por ciento son medianamente resilientes y el 44.4 por ciento son altamente
resilientes; en los adolescentes que presentan funcionamiento familiar
medio, el 87.5 por ciento son medianamente resilientes, el 8.3 por ciento son
altamente resilientes y el 4.2 por ciento son poco resilientes; y en los
adolescentes que presentan funcionamiento familiar bajo; el 55.6 por ciento
son poco resilientes y el 44.4 por ciento son medianamente resilientes.
Al someter estos resultados a las pruebas estadísticas de
Independencia de Criterios (Chi cuadrado) se obtuvo un valor de X 2=34.495
con una probabilidad de 0.000 < 0,05, siendo altamente significativa, es decir
que el nivel de resiliencia está influido significativamente por el nivel de
funcionamiento familiar en los adolescentes estudiados, esto se muestra
observando que la alta (44.4%) y mediana resiliencia (55.6%) es más
frecuente en aquellos adolescentes con alto nivel de funcionamiento familiar
y; por el contrario la poca resiliencia es más frecuente cuando el
funcionamiento familiar es bajo (55.6%).
Resultados que coinciden con los encontrados por Arana y Quispe
(2008), en su investigación “Funcionamiento familiar y resiliencia en
adolescentes de la I.E. Nº 81032 de varones del distrito de Guadalupe –
Pacasmayo”, quienes concluyeron que existe influencia significativa del nivel
de funcionamiento familiar en el nivel de resiliencia en estos adolescentes.
En toda familia se presenta una dinámica compleja que rige sus
patrones de convivencia y funcionamiento. Cuando resulta adecuada y
flexible es funcional, entonces contribuirá a la armonía familiar y
proporcionará a sus miembros la posibilidad de desarrollar sólidos
sentimientos de identidad, seguridad, bienestar y resiliencia (Silva, 1999;
Ugarte, 2002).
En la adolescencia el joven necesita a la familia como una fuente de
contención que le ayuda a enfrentar las exigencias de esta etapa. El
adolescente, pese a estar tratando de independizarse de los padres,
necesita de su apoyo constante, a través de vínculos estables y
contenedores para que puedan ordenar en forma adaptativa una realidad
que aparece como incierta. De este modo el adolescente que presenta un
buen funcionamiento familiar, se sentirá seguro; los lazos emocionales
adecuados permitirán un acercamiento con la familia, especialmente con sus
padres, constituyendo un factor protector para la resiliencia, caso contrario
ocurre en las familias con bajo funcionamiento familiar caracterizados por
conflictos familiares y falta de comprensión paternal, lo que conlleva a que el
adolescente busque refugio fuera del círculo familiar (Papalia y Wendkos,
2005).
Silva (1999) reporta en sus investigaciones que analizan la situación
de los niños víctimas de violencia política, que existen dos tendencias claras:
Los niños que se mostraban más resilientes pertenecían a familias en las
cuales había un sistema disciplinario, coherente y justo. En cambio, los niños
menos resilientes pertenecían a familias en los que el sistema de disciplina
era arbitrario y los castigos eran severos. Asimismo encontraron que en las
familias de los niños más resilientes hay normas claras, los niños saben qué
se espera de ellos. En las familias de los niños menos resilientes no hay
normas precisas, hay desorden.
Por tal motivo la importancia del funcionamiento de la familia en el
desarrollo de la resiliencia en el adolescente, radica en el logro de su
identidad personal, su autonomía, el establecimiento de un proyecto de vida,
y en la adquisición de competencias que le permitan insertarse en el mundo
adulto adecuadamente (Silva, 1999).
V. CONCLUSIONES
El análisis y la discusión de los resultados del presente trabajo de
investigación nos permitieron llegar a las siguientes conclusiones:
1. El 45 por ciento de los adolescentes estudiados presentó un nivel de
funcionamiento familiar alto, seguido del 40 por ciento con nivel de
funcionamiento familiar medio y el 15 por ciento con nivel de
funcionamiento familiar bajo.
2. En relación al nivel de resiliencia, el 66.7 por ciento de los
adolescentes estudiados son medianamente resilientes, seguido del
23.3 por ciento que son altamente resilientes, mientras que solo el 10
por ciento son poco resilientes; y no se reporta casos de adolescentes
muy poco resilientes.
3. Se encontró influencia altamente significativa entre el nivel de
funcionamiento familiar y el nivel de resiliencia (p=0,000 < 0,05), esto
se muestra observando que la alta (44.4 por ciento) y mediana
resiliencia (55.6 por ciento) es más frecuente en aquellos
adolescentes con funcionamiento familiar alto y; por el contrario la
poca resiliencia es más frecuente cuando el funcionamiento familiar
es bajo (55.6 por ciento).
VI. RECOMENDACIONES
En base a los resultados del presente trabajo de investigación se plantea las
siguientes recomendaciones:
Realizar réplicas del estudio en otras poblaciones de adolescentes
con diferentes realidades sociales para seguir validando los
instrumentos utilizados en la población peruana.
Realizar trabajos de investigación dándole un enfoque cualitativo, que
permitan identificar otros indicadores de las variables en estudio.
Que los resultados del presente estudio contribuyan a la
implementación de modelos de intervención de enfermería dirigidos a
adolescentes, teniendo como enfoque las variables en estudio.
Incentivar a los organismos gubernamentales a la difusión del
Programa “Educadores de calle”, con el fin de identificar y lograr la
inserción de todos los niños y adolescentes trabajadores de la calle
en este programa.
Motivar la realización de convenios institucionales (universidades,
institutos superiores, entidades públicas de salud) con el Programa
“Educadores de Calle”, para la realización de acciones de promoción
de salud integral de los adolescentes trabajadores de la calle.
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92272003000100006&script=sci_arttext
[Accesado el 27 de Diciembre del 2009]
ANEXOS
ANEXO Nº 01
TAMAÑO DE MUESTRA (Muestreo Aleatorio Simple)
Para obtener el tamaño de muestra en la presente investigación se utilizó el
muestro aleatorio simple, cuya fórmula es:
N*Z2 *p*q
no /2
(N 1) * E Z2 / * p * q
2 2
Donde:
Z / 2
: Valor tabulado de la Distribución Normal Estandarizada (Z/2 = Z0.975 =
1.96)
: Nivel de significancia del 5% (=0.05)
d : Precisión o error de muestreo del ±1% (d= ±0.01)
p : Proporción de adolescentes con adecuada resiliencia de 50% (p=0.50)
q : Proporción de adolescentes con inadecuada resiliencia de 50% (q=0.50)
pq : Varianza de máxima del 25% (p*q=0.25)
N : Población de 120 adolescentes (N=120)
no : Tamaño de muestra inicial
nf : Tamaño de muestra final
Reemplazando valores, obtenemos el tamaño de muestra inicial:
2
120*1.96 *0.50*0.50
no 119
(120 1) 1.962 *0.50*0.50
*0.012
Comprobando con el factor de corrección del muestro, tenemos:
no
f 119 0.988
N 120 (5%)
0.05
Como el factor de muestreo es mayor al 5%, se corrige el tamaño de muestra
inicial, mediante la fórmula del tamaño de muestra final:
nf no no
1 119
N
119 1 20
1 60
Por lo tanto, el tamaño de muestra será de 60 adolescentes trabajadores de la calle
Universidad Nacional De Trujillo
Departamento de Enfermería
Facultad de Enfermería
de la Mujer y el Niño
ANEXO Nº 02
ESCALA DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR REAL (FACES III)
Autor: Olson (1985)
Modificado: Salas y Velásquez (2010)
INSTRUCCIONES: Este test contiene proposiciones acerca de cómo es tu familia
en la actualidad. Por favor responda a todas de la manera más sincera posible,
señalando con una equis (X) la respuesta con la que se sienta identificada(o).
¿CÓMO ES TU FAMILIA?
Preguntas Casi Algunas Casi Siem-
Nunca
Nunca veces Siempre pre
1. Los miembros de mi familia se piden ayuda
cuando lo necesitan.
2. Cuando surge un problema, se tienen en
cuenta las opiniones de los hijos.
3. Se aceptan las amistades de los demás
miembros de mi familia.
4. A la hora de establecer normas de disciplina
se tienen en cuenta la opinión de los hijos.
5. Preferimos relacionarnos con los parientes
más cercanos.
6. Hay varias personas que mandan en mi
familia.
7. Los miembros de nuestra familia nos sentimos
más unidos entre nosotros que entre otras
personas que no pertenecen a nuestra familia.
8. Frente a distintas situaciones, nuestra familia
cambia su manera de manejarlas.
9. A los miembros de mi familia nos gusta pasar
nuestro tiempo libre juntos.
10.Padres e hijos conversamos sobre los
castigos.
11.Los miembros de mi familia nos sentimos muy
unidos.
12.Los hijos toman decisiones en nuestra familia.
13.Cuando nuestra familia realiza una actividad,
todos participamos.
14.En nuestra familia las normas o reglas se
pueden cambiar.
15.Es fácil pensar en actividades o cosas que
podemos realizar en familia.
16.Entre los miembros de la familia nos turnamos
las responsabilidades de la casa
17.Entre la familia consultamos entre nosotros
cuando vamos a tomar una decisión.
18.Es difícil saber quién manda en nuestra
familia
19.Para mi familia es muy importante la unión
familiar.
20.Es difícil decir qué tarea tiene cada miembro
de la familia.
Universidad Nacional De Trujillo
Departamento de Enfermería
Facultad de Enfermería de la Mujer y el Niño
ESCALA DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR IDEAL (FACES III)
Autor: Olson (1985)
Modificado: Salas y Velásquez (2010)
INSTRUCCIONES: Este test contiene proposiciones acerca de cómo te gustaría
que sea tu familia. Por favor responda a todas de la manera más sincera posible,
señalando con una equis (X) la respuesta con la que se sienta identificada(o).
¿CÓMO SERÍA TU FAMILIA IDEAL?
Preguntas Casi Algunas Casi Siem-
Nunca
Nunca veces Siempre pre
1. Los miembros de mi familia se pedirían ayuda
cuando lo necesitan.
2. Para solucionar un problema, se tendrían en
cuenta las sugerencias de los hijos.
3. Se aceptarían los amigos de los demás
miembros de mi familia.
4. Para establecer normas de disciplina se
consideraría la opinión de los hijos.
5. Nos gustaría relacionarnos sólo con los
familiares más cercanos.
6. Varias personas mandarían en nuestra
familia.
7. Los miembros de nuestra familia nos
sentiríamos más unidos entre nosotros que a
personas que no pertenecen a la familia.
8. Frente a distintas situaciones, nuestra familia
cambiaría su manera de manejarlas.
9. A los miembros de mi familia les gustaría
pasar su tiempo libre juntos.
10.Padres e hijos hablarían sobre los castigos.
11.Los miembros de mi familia nos sentiríamos
unidos.
12.En nuestra familia los hijos tomarían
decisiones.
13.Cuando nuestra familia realice una actividad,
todos participaríamos.
14.En nuestra familia las normas o reglas podrían
cambiar.
15.Sería fácil pensar en actividades o cosas que
pudiéramos realizar en familia.
16.Entre los miembros de la familia nos
turnaríamos las responsabilidades de la casa
17.Entre la familia consultaríamos entre nosotros
cuando vamos a tomar una decisión.
18.Sería difícil decir quién manda en nuestra
familia
19.Para mi familia sería muy importante la unión
familiar.
20.Podríamos saber qué tarea tiene cada
miembro de la familia.
Universidad Nacional De Trujillo Facultad de Enfermería
Departamento de Enfermería de la Mujer y el Niño
ANEXO Nº 03
ESCALA DE RESILIENCIA
Autores: Arana y Quispe (2008)
Modificado: Salas y Velásquez (2010)
INSTRUCCIONES: Este test contiene proposiciones acerca de tu forma de ser. Por
favor responda a todas de la manera más sincera posible, señalando con una equis
(X) la respuesta con la que se sienta identificada(o).
A) Datos Generales:
Edad: ………………………………. Sexo: F( ) M()
Ocupación: ………………………… Sector: ……………………………
¿Con quiénes vives?
Papá
Hermanos
Mamá
Otros ...………………………………..
B) Nivel de Resiliencia:
Frecuen-
Indicador Siempre A veces Nunca
temente
Valoración de sí mismo
1. Hago las cosas tan bien como
las personas de mi edad.
2. Acostumbro arreglarme para
verme bien.
3. Me gusta elegir la ropa que uso.
4. Siento que soy útil a mí mismo
y a los demás.
5. Considero que soy una persona
valiosa.
6. Puedo tomar decisiones sola(o)
con facilidad.
Capacidad de disfrutar de sus experiencias
7. Me siento alegre, contento.
8. Me molesto fácilmente cuando
hacen chistes de mi persona.
9. Frente a un problema reacciono
con serenidad.
10. Me río cuando cometo un
error sin importancia.
11. Veo el futuro con optimismo.
12. Tengo metas claras acerca de
cómo superarme.
Relaciones interpersonales
13. Mis amigos me aceptan como soy.
14. Mi familia y yo la pasamos bien
juntos.
15. Cuando me enojo con mis
amigas(os) me amisto
rápidamente.
16. Apoyo a mis amigas(os) cuando
están tristes.
17. Dentro de un grupo, me aceptan
fácilmente.
18. Puedo expresar fácilmente en
palabras lo que siento.
19. Me siento incómoda(o) cuando
estoy en compañía de otros, y no
me muestro a ellos tal como soy.
Creatividad
20. Las cosas que no sirven las vuelvo
útiles.
21. Hago manualidades.
22. Imito la forma de vestir de mis
amigas(os).
23. Frente a una dificultad busco
alternativas para superarla.
24. Prefiero que me digan cómo hacer
las cosas en vez de hacerlas por
mí mismo.
Curiosidad para conocer
25. Me agrada aprender cosas
nuevas.
26. Me aburre estudiar.
27. Leo folletos, revistas o libros y
practico deporte.
28. Me gusta preguntar a otros acerca
de lo que no sé.
En relación a su comportamiento
29. Estoy a gusto con las normas
establecidas en mi hogar.
30. Participo en las tareas del hogar.
31. Mi manera de ser ha cambiado
positivamente.
32. Por lo general soy optimista a
pesar que tropiece con muchas
dificultades.
33. Me gusta tomar bebidas
alcohólicas.
ANEXO Nº 04
DISTRIBUCIÓN DE LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE
LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE” SEGÚN
CARACTERÍSTICAS GENERALES. TRUJILLO - 2010.
Edad Nº %
10 a 12 años 10 16.7
13 a 15 años 32 53.3
16 a 18 años 18 30.0
Total 60 100.0
Sexo Nº %
Femenino 21 35.0
Masculino 39 65.0
Total 60 100.0
Ocupación Nº %
Aguatero y limpianichos 20 33.3
Ayudante de venta de abarrotes 13 21.7
Ayudante de limpieza 4 6.7
Ayudante de venta de comidas 10 16.7
Cargador 4 6.7
Reciclador 3 5.0
Atiende en tragamonedas 1 1.7
Vendedor ambulante 5 8.3
Total 60 100.0
Sector donde trabajan Nº %
Mercado La Hermelinda 20 33.3
Mercado Mayorista 20 33.3
Cementerio Miraflores 20 33.3
Total 60 100.0
Personas con las que vive Nº %
Solo papá 2 3.3
Papá y hermanos 1 1.7
Papá y mamá 1 1.7
Papá, mamá y hermanos 27 45.0
Papá, mamá, hermanos y otros 7 11.7
Solo mamá 1 1.7
Mamá y hermanos 9 15.0
Mamá, hermanos y otros 9 15.0
Mamá y otros 1 1.7
Hermanos y otros 2 3.3
Total 60 100.0
Fuente: Escala de Resiliencia, Trujillo - 2010
ANEXO Nº 05
ESTADÍSTICAS DESCRIPTIVAS DE LOS ADOLESCENTES
TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES
DE CALLE” SEGÚN RESILIENCIA Y FUNCIONAMIENTO
FAMILIAR. TRUJILLO - 2010.
Valor Valor Desviación
Variables Media
Mínimo Máximo Estándar
Resiliencia 65 117 100 10.9
Funcionamiento familiar 2 28 12 7.2
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar y Escala de Resiliencia, Trujillo
- 2010
ANEXO Nº 06
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR EN LA DIMENSIÓN COHESIÓN EN LOS ADOLESCENTES
TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE” Y SU FAMILIAR.
TRUJILLO - 2010.
Adolescente Familiar
Nivel de Cohesión
Nº % Nº %
Desligada 0 0.0 0 0.0
Separada 10 16.7 4 6.7
Conectada 15 25.0 31 51.7
Aglutinada 35 58.3 25 41.6
Total 60 100.0 60 100.0
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo - 2010
~ 86 ~
ANEXO Nº 07
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR EN LA DIMENSIÓN COHESIÓN
EN LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE” Y SU FAMILIAR. TRUJILLO - 201
58
60.0
51.7%
PORCENTAJE
50.0
41.7%
Adolescente
40.0
30.0 25.0%
16.7%
20.0 Familiar
6.7%
10.0
0.0% 0.0%
0.0
Desligada Separada Conectada Aglutinada
NIVEL DE COHESIÓN
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo – 2010
ANEXO Nº 08
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR EN LA DIMENSIÓN ADAPTABILIDAD EN LOS
ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE” Y SU
FAMILIAR. TRUJILLO - 2010.
Adolescente Familiar
Nivel de Adaptabilidad
Nº % Nº %
Rígida 1 1.7 1 1.7
Estructurada 8 13.3 19 31.7
Flexible 37 61.7 36 60.0
Caótica 14 23.3 4 6.6
Total 60 100.0 60 100.0
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo - 2010
ANEXO Nº 09
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR EN LA DIMENSIÓN
ADAPTABILIDAD EN LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES DE LA CALLE
DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE” Y SU FAMILIAR.
TRUJILLO - 2010.
70.0 61.7% 60%
PORCENTAJE
60.0 Adolescente
50.0
40.0 31.7%
30.0 23.3%
Familiar
20.013.3%
6.7%
10.0 1.7% 1.7%
0.0
Rígida Estructurada Flexible Caótica
NIVEL DE ADAPTABILIDAD
Fuente: Escala de Funcionamiento Familiar, Trujillo - 2010
ANEXO Nº 10
CONSTANCIA DE ASESORÍA
Yo, Belinda Villanueva Valeriano, Profesora Asociada del Departamento de
Enfermería de la Mujer y el Niño de la Facultad de Enfermería de la
Universidad Nacional de Trujillo, dejo constancia que he brindado asesoría
en la elaboración del proyecto de tesis titulado: “FUNCIONAMIENTO
FAMILIAR Y RESILIENCIA EN LOS ADOLESCENTES TRABAJADORES
DE LA CALLE. TRUJILLO, 2010”, de las Bachilleres: SALAS ALTUNA
Claudia Emperatriz y VELÁSQUEZ ACOSTA Shirley Ruth.
Expido la presente para los fines que los interesados crean conveniente.
Trujillo, 10 de Mayo del 2010
Ms. Belinda Villanueva Valeriano
Cód. 4196
~ 90 ~
ANEXO Nº 11
FOTOS
INSTALACIONES DEL PROGRAMA “EDUCADORES DE CALLE”
APLICACIÓN DE LOS INSTRUMENTOS A LOS ADOLESCENTES Y SUS FAMILI
LUGARES DE TRABAJO DE LOS ADOLESCENTES
Vendedora de verduras en Mercado La Hermelinda.
Vendedora de pollo en Mercado Mayorista.
Cargador en Mercado La Hermelinda.
Vendedor ambulante de golosinas.
Aguatera en Cementerio Miraflores. Aguatero en Cementerio Miraflores.
Limpianichos en Cementerio Miraflores.
Niña vendedora de flores apoyando a su mamá.
APOYANDO EN LAS ACTIVIDADES DEL PROGRAMA
Apoyo en las tareas escolares. Acompañando en las reuniones semanales.
Acompañando en las visitas domiciliarias.
Dando consejería a las madres de familia.
Compartir con los niños y adolescentes.
Paseo de despedida con los niños y adolescentes.