Introducción
El pasado 1° de agosto, en la mañana de un domingo, en un moderno supermercado de la
ciudad de Asunción, Paraguay, un incendio ocasionó 426 víctimas fatales, más de 510
heridos, 124 personas no identificadas y la destrucción total del establecimiento. Este
incidente es uno de los incendios más importantes en edificios de reunión pública o uso
mercantil a nivel mundial en las últimas décadas.
Asunción es la capital de la república del Paraguay y con 513.000 habitantes, constituye la
ciudad más importante de este país sudamericano. Fundada en 1537, las estrechas calles de su
centro histórico recuerdan la época en que fuera colonia española. El supermercado, sin
embargo, no se encuentra en la zona céntrica, por lo que presenta accesos rápidos, ubicándose
en la intersección de dos amplias y modernas avenidas, en el barrio conocido como Santísima
Trinidad. Se trata de un barrio de casas bajas, constituido en su mayoría por viviendas
unifamiliares de medianos recursos y algunos comercios minoristas.
El supermercado Ycuá Bolaños, pertenece a una cadena local que incluye otros dos
establecimientos. En lengua guaraní, segundo idioma del país además del castellano, “ycuá”
significa “agua surgente, manantial” y “bolaños” hace referencia al barrio donde se ubica el
primer supermercado de la cadena. La sucursal incendiada se denomina “botánico” debido a
la proximidad del Jardín Botánico de la ciudad de Asunción.
Inaugurado el 7 de diciembre de 2001, el supermercado ocupaba un edificio de dos plantas,
cada una con una superficie cubierta aproximada a los 4.000 m2. La planta inferior, al nivel
de la calle, ofrecía estacionamiento (aparcamiento) cubierto para 163 automóviles. Existía
también un sector de estacionamiento al aire libre. La planta superior, albergaba una gran
área de ventas y la plazoleta de comidas, así como la panadería, la cocina de la plazoleta de
comidas, los almacenes y otros sectores de servicio. Completaban la construcción dos
entrepisos (mezanines); el del lado sur del edificio, contenía las oficinas administrativas,
mientras que, el del lado norte, constituía un sector adicional a la plazoleta de comidas. Entre
ambos niveles de la plazoleta de comidas se alcanzaba una capacidad para 324 personas
sentadas.
La estructura del edificio era de hormigón armado, con paredes de mampostería realizadas
con bloques de cemento. El techo presentaba estructura portante mediante cabriadas de
perfilería metálica y, en algunos sectores, vigas reticuladas también metálicas. Esta estructura
no poseía protección que mejorara sus condiciones de resistencia al fuego. La cubierta del
techo estaba constituida por chapas metálicas acanaladas, bajo la cual se aplicó por aspersión
una capa de aislante de espuma de poliuretano combustible con un espesor entre 25 y 250
mm.
Un cielorraso suspendido (plafond) separaba este techo del área de ventas y de la plazoleta de
comidas. Este cielorraso se ubicaba a una altura de aproximadamente 5,6 m y estaba formado
por placas de aproximadamente 1,2 m x 0,60 m, soportadas por una estructura metálica
liviana sujeta a las cabriadas del techo mediante cables metálicos. Las placas del cielorraso
estaban compuestas por una capa de poliestireno entre dos capas de yeso.
El edificio poseía una entrada exclusivamente peatonal, ubicada en la esquina de la
intersección de las dos avenidas, Artigas y Santísima Trinidad. Esta entrada comunicaba, a
través de una escalera sin cerramiento, con el nivel del salón de ventas. Asimismo, desde este
nivel, una puerta independiente conducía a la plazoleta de comidas. Otra escalera permitía
alcanzar, desde esta plazoleta de comidas, el entrepiso donde se encontraban las mesas
adicionales.
La mayoría del público solía ingresar por los accesos para vehículos que poseía el
supermercado. Estos accesos eran dos, uno sobre la avenida Santísima Trinidad y el restante
sobre la avenida Artigas. Contiguas a este último acceso, se ubicaban otra escalera peatonal y
una rampa para utilizar con los carritos del supermercado. Tanto la rampa como la escalera
comunicaban el nivel de estacionamiento (aparcamiento) con el nivel superior
correspondiente al área de ventas. Ni la escalera ni la rampa se encontraban dentro de un
cerramiento resistente al fuego.
El ingreso de los vehículos de proveedores se realizaba por una entrada trasera independiente
que daba acceso a las áreas de servicio. El personal poseía una escalera independiente que
comunicaba el nivel de estacionamiento de vehículos (aparcamiento) con el área de servicio
en el nivel superior.
Desarrollo
El edificio tenía una instalación de gabinetes contra incendio (hidrantes de pared),
presumiblemente alimentada por un sistema de bombeo propio y por una conexión siamesa
para bomberos ubicada sobre la fachada de la avenida Santísima Trinidad. Aparentemente, la
fuente de agua del establecimiento no se encontraba operativa en el momento del incendio
(esto no pudo verificarse fehacientemente).
El edificio estaba protegido mediante un sistema automático de detección y alarma de
incendios. El local de ventas, la plazoleta de comidas y la mayoría de los sectores de servicio,
poseían detectores fotoeléctricos de humo; mientras que, en el área de estacionamiento de
vehículos (aparcamiento) y en los sectores de panadería, confitería y cocina, los detectores
eran termovelocimétricos. El sistema totalizaba 90 detectores fotoeléctricos de humo, 49
detectores termovelocimétricos, 10 estaciones manuales de alarma y 10 dispositivos de
notificación con alarma sonora y luz estroboscópica, además de otros tres elementos de
alarma sonora. Estos dispositivos estaban agrupados en 20 zonas de detección
convencionales, no interrogadas, y conectados a un panel de alarmas del tipo contra intrusión.
Ninguno de los testigos manifestó haber escuchado la activación de las alarmas de incendios.
Sólo la cocina industrial que servía a la plazoleta de comidas utilizaba combustible gaseoso,
siendo éste propano-butano almacenado en dos tanques ubicados en el área de servicios.
Estos tanques no se vieron involucrados en el incendio. Una parrilla para productos cárnicos
también se ubicaba en el sector de cocina y utilizaba carbón como medio combustible. Su
chimenea atravesaba el entrepiso de la plazoleta de comidas, el cielorraso y la cubierta del
techo, donde se encontraba un extractor eléctrico. El resto de los sistemas de calentamiento,
entre los que se cuentan los hornos de la panadería, poseían alimentación eléctrica. El salón
de ventas estaba climatizado mediante un sistema cuyos ductos de aire se ubicaban en el
espacio entre el cielorraso y la cubierta del techo.
De acuerdo con los peritos de ATF, el fuego se inició dentro de una sección horizontal de la
chimenea de la parrilla ubicada en la zona de la cocina. Esta sección horizontal poseía una
gran acumulación de grasa y ceniza que sirvió como combustible. El incremento de
temperatura debido al fuego debilitó la sujeción metálica de este tramo de la chimenea,
permitiendo que el fuego, hasta entonces confinado en el interior del ducto, saliera del mismo
alcanzando la cubierta superior del techo y avanzando hacia la parte más elevada debido a la
pendiente que el techo presentaba. Esto produjo el encendido del aislamiento de poliuretano y
de las placas del cielorraso.
El incendio que se desarrollaba en el espacio oculto entre el cielorraso y el techo, continuó
avanzando hacia el sur incrementando las llamas y la liberación de gases calientes. El calor
generado comenzó a debilitar la sujeción del cielorraso, y el fuego, finalmente, atravesó las
placas de este cielorraso alrededor de la chimenea de la parrilla en el entrepiso (mezanine) de
la plazoleta de comidas. Subsecuentemente, esto condujo a la caída de los vidrios en la pared
de separación entre la plazoleta de comidas y el local de ventas. En este momento el fuego es
visto por primera vez por los empleados y los clientes del supermercado.
La importante afluencia de oxígeno lograda al desaparecer el cerramiento vidriado, provocó
que se incendiaran los productos gaseosos de la combustión que había ocurrido hasta ese
momento, generando una bola de fuego en dirección sur-suroeste por encima del cielorraso
suspendido. La caída de nuevas placas del cielorraso, aumentó la cantidad de oxígeno
disponible, incrementando el desarrollo de esta bola de fuego que alcanzó la pared sur del
supermercado. En este punto, la casi totalidad de la mercadería presente en el local de ventas
se encontraba envuelta en llamas.
La onda de presión generada por este proceso hizo que las llamas fueran impulsadas hacia el
nivel inferior del estacionamiento de vehículos (aparcamiento) a través de la rampa que
vinculaba este nivel con el local de ventas. La trayectoria de las llamas quedó puesta en
evidencia por los vehículos afectados por el fuego y aquéllos que sólo presentaron daños
menores. Los mayores efectos observados en el extremo sur del edificio, se deben a la mayor
carga de fuego de los materiales expuestos para la venta en este sector tales como ropa,
textiles y mercaderías similares. Por el contrario, en el lado norte del salón de ventas,
contenía, en su mayoría, productos comestibles.
La propagación del fuego descripta coincide con las declaraciones de las víctimas
supervivientes, las cuales hacen referencia al fuego "que caía desde el techo" y expresiones
similares. Las numerosas explosiones a las que hicieron referencia numerosos testigos, se
explican por los efectos del fuego sobre latas de aerosoles, el compresor de una cámara
frigorífica y otros elementos.
Conclusiones Propias
Lo que primero salta a la vista en este supermercado es que se trataba de un edifico moderno,
construido recientemente y donde la aplicación de la normativa internacional en seguridad
contra incendios disponible durante el momento de su diseño y construcción, hubiera
seguramente evitado esta tragedia o, como mínimo, limitado las pérdidas de vidas. El
incendio del Ycuá Bolaños nos muestra los riesgos implicados en los edificios que no están
protegidos por rociadores automáticos, donde sus instalaciones, como la chimenea origen del
incendio, no cumplen la normativa aplicable a estas instalaciones, donde se presenta una
carga de ocupación superior a las posibilidades de evacuación de sus salidas y en los que la
legislación vigente, ya fuere por su incumplimiento o por no encontrarse actualizada, resulta
totalmente ineficaz para la protección de las personas y de las instalaciones.
Este incendio cuestiona una vez más, la estrategia de proteger edificios con grandes
superficies con sistemas de detección y alarma y con gabinetes de mangueras (hidrantes de
pared), en lugar de hacerlo mediante una instalación de rociadores automáticos. En el
incendio analizado, no hubo evidencia de que el sistema de detección y alarma anunciara
tempranamente el incendio y tampoco que las mangueras internas del edificio fueran
utilizadas en el combate del incendio.
Los factores que llevaron a que 426 personas murieran en el supermercado Ycuá Bolaños,
están hoy presentes en innumerables salas de espectáculos, centros comerciales, discotecas y
edificios de oficinas y de viviendas en Latinoamérica. Todos los latinoamericanos somos
testigos de la permanente tendencia a copiar los conceptos arquitectónicos del primer mundo,
olvidándonos de adoptar también las medidas de prevención y protección contra incendios
que son requeridas en esos países y que brindan una razonable garantía para las vidas y los
bienes.
En síntesis:
El edificio no cumplía el requisito de estar protegido totalmente mediante rociadores
automáticos. Sin embargo, sí poseía un sistema de detección, el cual no es exigido por
el NFPA 101. Detección de humo no es una protección equivalente a rociadores
automáticos.
Por referencia en el NFPA 101, la norma NFPA 96 sobre Ventilación y protección
contra incendios de cocinas comerciales, indica que es preferible la instalación de
ductos verticales o inclinados a ductos horizontales, pues éstos últimos pueden
acumular grasa. Aunque no se tienen detalles exactos de la construcción del ducto de
la chimenea, muy posiblemente éste no cumplía la distancia mínima de 46 cm de
separación entre el ducto y los materiales combustibles del techo.
No se cumplía con la cantidad de salidas necesarias. En efecto, la plazoleta de
comidas tenía una carga de ocupantes de 324 personas y poseía una única salida, en
vez de dos; el salón de ventas, por su parte, presentaba una carga de ocupantes de
1.126 personas y sólo tenía dos salidas, requiriéndose cuatro salidas independientes de
acuerdo con el NFPA 101.
En el salón de ventas no se cumplía con el valor de distancia total de recorrido. Esta
distancia era 96 m en vez de los 46 m exigidos.
La capacidad de los medios de egreso era de 821 personas mientras que la carga de
ocupación era 1.450 personas, sin tener en cuenta la ocupación del área de servicios.
De acuerdo con los planos y las fotografías, ninguna de las puertas abría en el sentido
del recorrido de egreso. No encontramos evidencia de la existencia de señalización de
salidas.
La espuma de poliuretano combustible aplicada al lado inferior de la cubierta del
techo, indudablemente incidió en el desarrollo del incendio. De acuerdo con el código
NFPA 5000 este material se puede utilizar si cumple con la norma ASTM C-1029 y si
el sistema de techado está listado bajo la norma UL 1256 o FM. Se desconoce si la
espuma plástica aplicada en la cubierta del supermercado cumplía con estos criterios o
con otros equivalentes.
Bibliografía Consultada
https://www.nfpajla.org/archivos/edicion-impresa/lugares-de-reuniones-publicas-
discotecas/986-el-incendio-del-supermercado-ycua-bolanos