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Toto Trejos

Este documento resume la vida y obra del poeta colombiano Toto Trejos. Nació en 1969 en Riosucio y publicó tres libros de poemas entre 1994 y 1995, además de varios ensayos. Pasó gran parte de su vida en la pobreza leyendo en bibliotecas. Su obra exploró temas como el amor, la política y la decadencia cultural. Falleció en 1999 a los 29 años, dejando un legado poético que capturó los turbulentos tiempos de violencia en Colombia durante las décadas de 1980 y 1990.
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Toto Trejos

Este documento resume la vida y obra del poeta colombiano Toto Trejos. Nació en 1969 en Riosucio y publicó tres libros de poemas entre 1994 y 1995, además de varios ensayos. Pasó gran parte de su vida en la pobreza leyendo en bibliotecas. Su obra exploró temas como el amor, la política y la decadencia cultural. Falleció en 1999 a los 29 años, dejando un legado poético que capturó los turbulentos tiempos de violencia en Colombia durante las décadas de 1980 y 1990.
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Por Harold Alvarado Tenorio

Hace 12 años, 11 meses, 5 días falleció en el Hospital San Juan de Dios la mañana del sábado 11 de
Setiembre de 1999 el poeta Toto Trejos, nacido el 7 de Noviembre de 1969, hijo de Esteban y Lilia
Reyes, una humilde pareja de vecinos de Riosucio, que bautizaron a su décimo segundo hijo como
Carlos Héctor. Seis años tenía cuando inició sus estudios de primaria en la escuela Francisco de Paula
Santander; dieciocho cuando terminó el bachillerato en el Instituto Nacional; veintiséis cuando ganó el
Premio Nacional de Poesía con su libro Manos ineptas.

29 de los 30 años mas perversos y turbulentos de la historia de Colombia en el siglo XX, los años
que van desde el fraude electoral del 19 de Abril de 1970 forjado por Carlos Lleras Restrepo contra el
dictador Gustavo Rojas Pinilla, hasta el camelo que llevó al poder a Ernesto Samper Pizano, el cuarto
de los presidentes elegidos con dineros del narcotráfico, cuando con las contra reformas educativa,
agraria, urbana, sindical, el auge de la marimba y la coca, la sistemática violación de los derechos
humanos, el paramilitarismo, el triunfo de las narco guerrillas comunistas, el holocausto del Palacio
de Justicia, el terremoto de Popayán, la desaparición de Armero y la Unión Patriótica, los cientos de
masacres contra las comunidades indefensas y el secuestro de cientos de policías, soldados y civiles
regresamos a un siglo XIX impensable para los habitantes de ese tiempo.

Ernesto Samper Pizano encarna en la historia todo lo despreciable de nuestro tiempo.


Descendiente de rancias familias bogotanas que han detentado el poder durante décadas, tataranieto
de Diego Fallon, Miguel Samper y Felisa Pombo, hermana del poeta; bisnieto de Tomas Samper,
nieto de Daniel Samper Ortega, sobrino de German Samper Gnecco, hermano del riquísimo cronista
Daniel Samper Pizano y tío de Daniel Samper Ospina, el chispeante director de SoHo, la asombrosa
corrupción de su gobierno permitió que las FARC realizaran los más enconados ataques que caterva
alguna haya emprendido contra el estado en Pueres, Puerto Leguízamo, La Carpa, San Juanito,
Arauquita, San Juan de Arama, Patascoy, El Billar, Miraflores, Uribe, Tamborales de Mutatá,
Pavarandó, Mitú, etc.

Según todas las crónicas, fue en 1985, a la edad de 16 años, mientras presenciaba la lectura de
poemas de Jaime Jaramillo Escobar en el Teatro Cuesta, cuando Trejos sintió la revelación de la
poesía. Esa noche X-504 fue sacando de su manga de nigromante, como era habitual, extensas tiras de
poesía mientras con su voz pastosa hizo el elogio del concepto de su negra, las virtudes de la digestión
de la pulpa de coco, el plátano hartón de cáscara roja, la pepita de la pitahaya, la granadilla y la
papayuela.

Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala,


se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala,
se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla!
Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas,
su habla es un canto largo, con las palabras cortadas.
Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada.
Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada.

Agüita de manzanilla,
tisana de ron y eneldo,
la raíz del limoncillo
y un manojito de espliego.
El aire huele a linaza
con astillas de canela.
Con alheña y con azúmbar
viene pintada mi negra.
Pintada no es la palabra,
viene más azul que negra,
como esculpida en el aire
durísimo de la piedra.

Desde niño había Toto frecuentado dia tras dia la Biblioteca Municipal de la Carrera Quinta, una
vieja casona abrumada por las goteras y el polvo, que tras la mudanza de sus libros a un nuevo local se
derrumbaría sumiendo en el olvido los paisajes de Sipirrá, el aire fresco y las amplias mesas, la pila
donde bebían los pájaros y el techo donde anidaban las collarejas. En esa casa ajena tuvo lugar su
crecimiento intelectual, allí leyó en Nietszche y Schopenhauer, Sartre, Camus y Plotino, en La gaya
ciencia y Zarathustra, en El amor, la mujeres y la muerte, en La nausea, El extranjero, El mito de Sísifo y El
hombre rebelde, en Las Enéadas; allí descubrió a Hölderlin, Pound y Kavafis, tres de sus poetas favoritos.

La poesía tal vez la deba


a mis años de infancia.
De pequeño, en vez de abatir pájaros,
levantaba jaulas para atrapar nubes.
Las veía en el cielo,
como aves exóticas
que podían, de momento,
transmutar en animales
o asumir formas diferentes.

Ahora que sé que no hay musas ni hadas


construyo palabras para atrapar del aire
lo que dice el silencio.

[Trampas]

Omitiendo las dos largas temporadas que pasó en Manizales tratando de estudiar filosofía y letras
en la Universidad de Caldas o haciendo de utilero para una orquesta de cámara, Trejos gastó el resto
de su vida entre la desolación y pobreza de su cuarto en casa de sus padres, la sala de recibo de
Guillermo Trejos, a quien recuerda no sólo como un generoso orfebre de remplazos dentales sino
como amigo e interlocutor, crítico certero y prudente, y la biblioteca del Parque de la Candelaria,
donde con letra menuda y estilográficas de tinta roja redactaría sus cientos de poemas y los pocos
ensayos que confirman una vida consagrada al magisterio de la poesía.

La obra de Trejos está contenida en tres libros de poemas publicados en vida del poeta [Poemas de
amor y desamor (Manizales, 1994), Ahasverus (Manizales, 1995), Manos ineptas (Medellín, 1995)]; una
selección de sus composiciones desconocidas dispuesta por Henry Luque Muñoz y César Valencia
Trejos, [Obra inédita (Riosucio, 2006)] y los ensayos [25 años sin Ezra Pound y con usura (1 de Abril de
1997); Evasión y visión poético política (13 de Agosto de 1997); La evasión en Hölderlin (19 de Octubre de
1997); Los narcisos de la decadencia, una mirada critica a la estética de fin de siglo (19 de Abril de
1998);Guillermo Trejos, una vida sin paralela (27 de Mayo de 1998); Celebración de la epopeya (13 de
Agosto de 1998) y El tercer templo y La naturaleza sagrada de las bibliotecas (Febrero-Marzo de 1999)].

Como es evidente, fue en el segundo quinquenio de la década de los noventas cuando Trejos
produjo y publicó la parte sustancial de su trabajo. Una obra de madurez, si aceptamos que, como
dice el poeta:

Había perdido los dientes a los siete años,


a los catorce adquirido la creciente pubertad,
a los veinticinco la barba y el color definitivo de la piel,
a los veintiocho, las señales del valor….

Entre 1985 y 1999 las viejas luchas reivindicativas de los colombianos, tanto de la intelectualidad
como de sus campesinos y obreros vieron aparecer como caída del cielo una nueva clase social que
prometía cambiarlo todo recurriendo a la maldición del narcotráfico. Nunca antes, nadie, pudo
imaginar que un puñado de bandidos iba a cambiar la historia de Colombia. Ni que la poesía iba a
resucitar de sus viejas cenizas convertida en instrumento de propaganda y la piedra de toque de
grandes corruptelas.

Todo había comenzado en el cuatrenio 1974-1978 bajo el gobierno de Alfonso López Michelsen,
hijo de aquel Alfonso Lopez Pumarejo que trató, en los años treintas, de incluir a Colombia en la
modernidad. Durante el gobierno de su renuevo esta nación se consolidó como el primer exportador
de cocaína y su historia contemporánea, ha recordado Alejandro Gaviria, será conocida AC y DC,
antes y después de la Coca. Como escribió David Vidal, el entonces corresponsal The New York Times,
“los narcotraficantes habían surgido no sólo como una nueva clase económica, sino como una poderosa fuerza
política, con enlaces corruptos en todos los niveles de gobierno”.

A finales de 1986, Semana publicó una reseña del estado de la poesía, concluyendo que “hoy los
poetas son tenidos como la permisible, inofensiva y en cierto modo, necesaria, franja de lunáticos". Indignada por
tales palabras, la futura integrante por el M-19 de Abril de la Constituyente de 1991, María Mercedes
Carranza, que acababa de recibir de manos de Genoveva Carrasco el inquilinato donde habían vivido
José Asunción Silva y Aurelio Arturo para transformarlo en una Maison Poétique, respondió, que el
poema es el único producto que permanece fuera de la sociedad de consumo, ajeno a las leyes de la
demanda y la oferta porque nadie financia una lectura de versos, en voz alta. El poema era, así, un
acto solitario que no requiere inversión económica para confeccionarle y menos disfrutar. ¡Cuántos
buenos poetas viven y han muerto ignorados y desconocidos! exclamaba Carranza Coronado.

El triunfo del narcotráfico y la escalada de la guerra entre guerrillas y paramilitares [1.500.000


hectáreas expropiadas, 32.000 asesinados o desaparecidos en unas 1347 masacres, 2500 sindicalistas ultimados,
unos 3 millones desplazados, 300 periodistas liquidados, otros tantos indígenas y cientos de concejales] ofreció a
un sector de la inteligencia colombiana la oportunidad de entrar en escena con beneficios y resultados
que nunca habían conocido.

En 1986, de los trece suplementos literarios que hubo en Colombia, sólo uno tuvo una página
dedicada a la poesía. Para entonces habían muerto las revistas dedicadas al género y sólo tres o cuatro
sobrevivirían, más como fuente de ingresos y tráfico de influencias de sus propietarios que como
instrumentos para la difusión de la literatura.

Hasta ese año existió el evento Que hablen los poetas auspiciado por el Banco de la República, cuyas
instituciones culturales terminarían al servicio de las multinacionales del libro de texto, la literatura y
las artes. Durante un cuarto de siglo, un pretendido bardo convirtió los enormes fondos de esa
institución pública en una suerte de peana para alcanzar una gloria que ni él mismo merecía y en
últimas sirvió a las editoriales y poetas de España y México más que a los genuflexos poetas
nacionales.

En 1997 Ernesto Samper Pizano y Jacquin Strauss Lucena crearon el Ministerio de Cultura para
dotar de ingresos a la nueva y descompuesta inteligencia que pretendía hacer de Colombia una
república de festejos, fandangos y rumba interminables. Desde entonces Casa de Poesía Silva y el Festival
de Poesía de Medellín hicieron de la poesía, con el apoyo infecto y vicioso de ese ministerio y las nuevas
secretarias de cultura de los distritos especiales, el más grande espectáculo de nuestro tiempo.
Filmes, videos, seriales de televisión, grabaciones, lecturas públicas, seminarios, todo ha servido para
prorratearse los presupuestos municipales y de los ministerios. En ningún otro país del mundo ha
servido la poesía tanto a los políticos de la guerra en su ejercicio del poder. Y como nunca antes, la
inopia de la poesía ha descendido las alturas de la ignorancia y ordinariez. Instrumentalizada y
pervertida como oficio y como forma de vida, la poesía, no parece dar señales de vida. Porque como
nunca antes, distritos y gabinetes, secretarias de cultura y empresarios del capital han invertido
desmedidas sumas de dinero para hacer brillar la lírica como otra joya de la pasarela y el
entretenimiento contemporáneo.

“¿Quién se va a inspirar produciendo algo imaginativo,-- escribió Trejos en Los narcisos


de la decadencia--, si lo que pide el espectador es algo que no le quite mucho tiempo, que lo
entretenga mientras parte el avión, mientras espera el metro; algo a lo que no haya que poner
mucha atención ni lo fatigue luego de sus ocho horas de trabajo; algo en lo que no tenga que
aportar nada? ¿Qué calidad poética, qué poesia va a exigir y exhibir el público, si lo que recibe
y habita en él se satisface con cualquier remedo artístico, si convive en la cultura del mal gusto y
es el efecto de su mala o nula educación estética? Muy fácil debe resultar al nuevo creador
producir sus obras; muy fácil tener público para ellas, cuando no rinde cuentas a la estética,
cuando nadie lo obliga a rendirlas, incluidos los contempladores. La catarsis aristotélica no
ocurre en el sujeto que mira obras de arte, porque dichas obras no conmueven, y si poseen algún
elemento catártico son infecciones y no vacunas para el espíritu; mensajes alienantes para un
espectador sin criterio al que manipula y enseña cómo vivir, cómo comportarse. Obras cursis
donde el autor tampoco ha experimentado una selección de las emociones y que, sin embargo, la
gente pide a gritos, siempre y cuando no comprometan su ánimo, porque lo que necesitan son
mensajes narcóticos, superficiales, triviales, carentes de sentido… Nunca antes el hombre había
producido tanto arte, nunca antes había podido apreciar tantas creaciones artísticas, ni las tuvo
al alcance de la mano, en casa, en las ciudades, gracias a los medios masivos de comunicación;
pero nunca antes había perdido tanto el tiempo, porque no es arte lo que produce, ni es arte lo
que admira, es un producto bastardo, una farsa estética.”

Es con este telón de fondo que Toto Trejos hubo de dedicarse al arte de la escritura. Y fue en Ezra
Pound y Kavafis, en su Canto XLV (1922) y Debieron resolver el problema (1930) que encontró una
justificación a su inquebrantable necesidad de evasión de una realidad que atosigaba y empujaba a
refugiarse en la literatura. Voy a leer en Kavafis porque revela mejor que una exegesis lo que sentía el
poeta.

DEBIERON RESOLVER EL PROBLEMA

Estoy al borde la ruina y sin hogar.


Esta maldita ciudad, Antioquía,
ha devorado todo mi dinero.
Esta maldita ciudad con su extravagante vida.
Pero estoy joven y sano.
Maestro en la lengua griega,
-(conozco a Aristóteles y Platón de cabo a rabo, y los oradores, los poetas y cualquier otro que mencione)-
tengo idea de asuntos militares,
y tengo amigos entre los jefes mercenarios.
Conozco algo del mundo administrativo.
He estado seis meses en Alejandría el año pasado,
y sé (y es útil) algo de lo que allá sucede,
las intrigas de Kakergetis, sus pillerías y todo lo demás.
Por eso me considero absolutamente calificado
para servir este país,
mi amada patria, Siria.
Con cualquier empleo que obtenga
trataré de ser útil. Eso intento.
Pero si me frustraran con sus maniobras
-conocemos su diligencia, no necesito decir más-
si ellos me frustraran, no es mi culpa.
Me acercaré primero a Zabinas,
y si ese imbécil no me aprecia,
iré donde su rival Grypos.
Y si ese idiota no me nombra,
iré directamente a Yircanos.

Cualquiera de los tres me necesitará.

Si no me importa con cual trabaje


mi conciencia está tranquila:
-los tres son igual de malos para Siria-
Pero estoy arruinado y no es mi culpa.
Sólo estoy tratando (pobre diablo) de acomodarme.
Los dioses poderosos debieron resolver el dilema
creando un cuarto hombre, un hombre decente.
Con gusto me habría ido con él.

Konstandinos Kavafis

El más pretérito de sus ensayos, 25 años sin Ezra Pound y con usura celebra la figura y el poema del
norteamericano que estuvo 13 años preso en una jaula por haber hablado y escrito contra las
democracias occidentales a favor del fascismo italiano atacando sus sistemas financieros y el dominio
del capital. Trejos destaca como Pound “pretendía cercar la estructura formal de la poesía mediante el regreso
a una férrea disciplina de las frases, encerrando un momento de sensibilidad en el espacio que ofrecen las palabras,
creando nuevos ritmos y concretando en imágenes el fenómeno poético”. Haciendo énfasis en como la
mezquindad y la servidumbre del capital bursátil y prestamista, encarado en Roosevelt, Morgenthau,
Lehman o Warburg, los usócratas, son una ignominia contra la libertad y son los campeones de una
corrupción total que ha destruido hasta el lenguaje, desinformando, oprimiendo la precisión de los
términos, enajenando el uso del idioma y las frases, de los ♣códigos, dominando las ideas o
destruyéndolas. “Sin caer en el panfleto, dice Trejos, nuestro poeta ve en la usura y sus servidumbres, un mal
para el alma y la naturaleza, las relaciones entre estos y el resto del mundo.”

Evasión y visión poético política, donde cita y comenta el poema de Kavafis, es un anuncio de su
extenso texto sobre La evasión en Hölderlin, que examina los conflictos sociales y metafísicos que le
llevaron a refugiarse en la literatura, el tiempo, el espacio, los personajes, la infancia y la locura pues
sentía que su persona y sus intereses no tenían un presente en el mundo que le rodeaba, una sociedad
“injusta, mediocre, contrahecha e innoble” donde reinan los políticos como flores del mal.

Schopenhauer, Nietszche, Hölderlin, Walter Benjamin, Rimbaud y Verlaine fueron sus maestros.

Varios de los críticos que se han ocupado de la obra de Trejos [Albeiro Montoya Giral, Arcesio
Zapata Vinasco, Carlos Arboleda Gonzales, Conrado Alzate Valencia, Mario Escobar Velasquez,
Roberto Vélez Correa o Sergio Acevedo Valencia], han anotado el carácter desencantado de su obra,
preguntando, en no pocas ocasiones, qué pudo causar tanto desapego a la vida, las creencias, el
presente o el futuro, en un hombre tan joven y tan inteligente. Pero mucho mas asombro les causa, el
que hubiese decidido desde temprana edad renunciar al dinero, cuando todas las oportunidades de
alcanzarlo de la más fácil manera, estuvieron a su alcance en esos años aciagos del auge de la
corrupción y el crimen organizado. Con su inteligencia bien había podido pasar a los anales y
memorias que viene celebrando hace más de dos décadas la horrenda televisión colombiana.

Las respuestas a esos interrogantes hay que encontrarlas en incontables lecturas y adicciones a sus
maestros, en especial a Nietszche, cuyas contradictorias postulaciones terminaron por convertir a
Trejos en una suerte de Poète maudit de la poesía colombiana de finales del siglo pasado. Un Isidore
Ducasse budista, blasfemo y sadomasoquista.

CONVIDADO DE PIEDRA

Me sentaré en las escalinatas


de la Plaza Mayor a ver pasar las horas.
Ninguna procesión, ningún séquito
me ahuyentará o hará cambiar de postura.
Tampoco me encerraré a discutir
conmigo mismo sobre tema alguno.
Seré un objeto, un ente
y espero que todos me vean así,
y ni siquiera me saluden.
Si llueve y todos corren
(como en la canción)
y tu no pasas me dará lo mismo.
No espero a nadie.
Seré un perfecto desconocido,
sin memoria, ni historia.
En las graderías
-ya no diré sentado-
no tendré sentidos,
como una piedra
más entre las piedras.

Federico Nietzsche sostuvo, durante la segunda mitad del siglo XIX uno de los combates mas
feroces contra los credos y doctrinas europeas, con un lenguaje soberbio, confesional e individualista,
pretendiendo demostrar, mediante una constante sospecha, que todo lo que se daba por bueno, santo
y verdadero era aparente, era añagaza. Con una insolencia atorrante, hablando para si, desmontó los
andamios que sostenían la religión, la filosofía, la historia, la moral, es decir la cultura, negando que la
vida, como era costumbre, fuese dolor e incertidumbre. Todo había que asumirlo con otros ojos y
aceptarlo como venía, haciendo de tripas corazón. Dionisos se niega a resignarse e invita, eternamente
joven, a la embriaguez y la alegría porque, según Zarathustra:

"Eternamente volverá a invertirse tu vida como un reloj de arena y eternamente volverá a


fluir cuando regresen todas las condiciones que te dieron origen. Y entonces volverás a encontrar
cada dolor y cada placer y cada amigo y enemigo y cada esperanza y cada equivocación y cada
hoja de pasto y cada destello de sol, la continuidad de todas las cosas. Este círculo, en el que
eres una semilla, siempre vuelve a resplandecer. Y cada círculo suele incluir una hora en que al
principio en un solo hombre, y luego en muchos, y finalmente en todos, surge la idea más alta,
la del regreso interminable de todas las cosas. Para la humanidad, esa hora es la hora del
mediodía".

A ese ciclo nietzscheano pertenecen muchos de los poemas de Toto Trejos publicados y escritos a
mediados de los años noventas, celebrando el doloroso empuje de la vida erótica o el poder
entrañable de la fantasía:

FÁBULA DEL DRAGÓN

Mientras dormía,
soñaba con un vasto incendio
inducido y avivado por las lenguas
de humo y fuego que exhalaba.
No sabía que entre las llamas
estaba la humana doncella.
Enterado de su pesadilla
despertó, sobresaltado, buscando
agua para salvar la vida,
buscando agua para apagar su incendio.
Sólo al morir logró beber del río.

NOCHE SABÁTICA

Eros no quiso que yaciéramos


e impuso más trabajo a nuestros cuerpos,
a cada instante más sed y más deseos,
hasta perder el control
y la razón se fue a otra parte.
Obedecimos a nuestros instintos,
nos tragamos las palabras.
La dictadura del placer nos consentía,
esa noche de sábado.
Tu recuerdo tampoco descansa en la memoria.

Pero la crudeza de su mundo personal, las derrotas afectivas, las malas noticias, los crímenes, la
insania de la vida de un predestinado en la pobreza hicieron que el poeta se fuera refugiando más y
más en la lectura de Schopenhauer cuya filosofía intempestiva, a contratiempo y contracorriente, le
confirmaba que todo intento por conocer a los otros y al mundo es artificio, los dioses un despojo de
las teologías del mundo antiguo, y, como en el sueño del burgués Hans Castorp [ávido de saberes
como el mismo Trejos], personaje de la novela de Tomas Mann que leyó siendo muy joven, tras los
paisajes, las islas y los santuarios se oculta una madrasta, la naturaleza, que nos devora para
perpetuarse. Ante este horror, sólo podemos encontrar alivios pasajeros en el arte, en especial la
poesía, que por segundos nos hace olvidar las miserias de la existencia. Entonces abandonó el mundo y
se refugió en la poesía y el alcohol, las pócimas que le llevaron a la muerte.
AL FILO DE LAS PALABRAS

Sé que vivo en medio de cuchillos,


que circundo hojas de navajas,
que debo caminar recto
y no volver a mirar para ningún lado.

En una palabra, donde quiera,


acecha el peligro, el abismo
que puede malograrme para siempre.

Pero, ¿quién me guiará para que elija


las palabras correctas?
¿Quién me advertirá a tiempo
cuál me hará sangrar,
cuál me traerá el bálsamo,
cuál el laurel?
¿Cuáles me harán cometer
menos errores y más aciertos?
¿Cuáles me atacarán por la espalda?
¿Cuáles, bienhechoras, servirán
para hablar con los Dioses?
¿Cuáles dirán que no quise
mis amigos se fueran,
y no otra cosa?

También quisiera conocer,


¿Quién asentirá lo que haga con ellas?
¿Quién me brindará, luego de saberlas,
un saludo, una sonrisa
y me quitará
el título - mal ganado - de ser su déspota
y no su indefenso empleado,
pues, no sé cómo vine a poner mi cabeza
en estas latentes guillotinas?

¿Cómo es que estoy expuesto


-por voluntad propia-
al filo de las palabras?

MONÓLOGO DE HÖLDERLIN

Inconsciente o no, emprendí el viaje


hacia los dioses de la inspiración
para robar el verbo divino
que no pusieron en nuestros labios.
Menesteroso, a falta de carro de fuego
fabriqué mi propio motor de palabras
(¡Qué mejor incendio para un alma atormentada!)
Subí con la mayor arrogancia que brindaba mi edad;
así que hube de abandonar
la familia y los amigos,
abandoné el pequeño mundo conocido,
abandóneme a mí mismo.
El reto lo asumí, sin advertir las consecuencias,
sin ni siquiera comprar el boleto de regreso,
y me aproximé, me aproximé tanto
que creí sentir en mis manos
el poder de escribir lo sublime,
pero Ellos,
que corrigen o rectifican el rumbo
hicieron lo último conmigo.
Castigaron mi osadía, devolviéndome abajo.
trastornando mi cabeza.
Perdido de la posibilidad de la luz,
Caí a lo más hondo,
haciendo reverencias a todo aquel
que se me pusiese al frente,
incluso hasta proclamarme
el más humilde de los seres.
Lo que intenté hurtar y me devastó,
algún día, con el tiempo –así no lo quieran
los Dioses- se reconocerá como Poesía.

Toda su obra posterior será un gran desencanto y aproximación a la muerte.

Mario Escobar Velasquez acertó al decir que la poesía de Trejos es íntima y auténtica pero sin una
señal que denote belleza, confianza o misericordia; mire hacia el cielo o tenga ilusión, cuestionando la
capacidad de expresión de los signos de la lengua, hablando de oscuridades, ejecuciones, desgracias,
condenas, amputaciones, suicidios y espectros. Una poesía nítida, cuya mayor virtud es el tono de la
voz del poeta, que hace que sus confesiones, --otra cosa no son—sean registros de sus penas,
desconsuelos y apremios con ritmos de réquiem, tedeum o miserere, sin que la fiesta incendie la
orquesta de cámara, donde anhela la muerte. En Monólogo de Hölderlin, Trejos anuncia su separación
del cosmos a fin de alcanzar el fuego de Prometeo, así los Dioses castiguen su audacia; ha resuelto
abandonarse a si mismo, alcanzar la ascesis del Buda de Schopenhauer, quemar las naves porque sabe a
ciencia cierta que nada tuvo en este mundo.

Fue Roberto Vélez Correa, uno de los más lúcidos críticos de la literatura nacional, quien mejor
retrató la estampa de Trejos. En su Literatura de Caldas recuerda como la publicación de sus poemas,
refiriéndose a su libro Ahasverus, fue una sorpresa literaria confirmada con Manos ineptas, que ganó un
premio nacional. Dice que esos poemas anticiparon un viaje de asombros y admiración que su autor
hizo por los rincones menos esperados del planeta sin salir de su pequeño mundo natal.
“Quizás la existencia para Carlos Héctor haya sido un extravío, sostiene Vélez Correa, y
contemplar desde su sensibilidad al Judío Errante se pudo convertir en un asomo al espejo de sus
pesadillas, sin más rostro que el que le permitió diseñar en sus notables poemas… Su temprana
muerte fue otro desconcierto para quienes desconocían la intensidad de su existencia, ese beberse
sorbo a sorbo las horas y apurar el final por una sed de aturdimiento que apenas si pudo apagar.
Cuando sus lectores supieron las circunstancias de su fallecimiento, quedó flotando en el
ambiente la certeza de una autodeterminación fatal, la de un esteta posmoderno que considera
inmoral superar la barrera de los treinta años y decide cortar. Trejos no sólo fue precoz sino
autodidacta. No tuvo una formación académica oficial más allá del bachillerato y, sin embargo,
derrochaba una cultura envidiable, alternada de una neurosis crítica que lo aisló en su
provincia, sin que por ello dejara de escribir y de hurgar en los papeles de sus autores favoritos.
Sus paisajes estaban en otra parte, Europa y Asia. De allí absorbió los mejores motivos para sus
mejores poemas, dictados en un lenguaje llano, pero de circunvoluciones profundas y a veces
indescifrables”.

Esta noche hemos recordado a Toto Trejos gracias al afecto de un puñado de sus amigos y a la
admiración que suscita su poesía, la más rara entre los cientos de autores que publicaron libros a
finales del siglo pasado, cuando este arte milenario terminó convertido en facturas de cobro de favores
a políticos y aventureros que decían buscar la paz. Solo un puñado de poetas colombianos de su
tiempo pueden colocarse a su lado.

Ya es hora que como Joseph Cartaphilus, vaya a dar con sus versos a otra parte, a ese lugar donde la
eternidad destina los trabajos de un poeta.

NUEVA VERSIÓN DEL HIJO PRÓDIGO

Vengo derrochando vida y dinero


desde que salí de casa, hace siglos
y no logro malgastar como quisiera.

Así que es absurda la parábola


donde se me muestra como alguien
que se ha perdido y ha perdido todo;
como el hambriento mendigo que come
hasta las sobras de los animales que cuida;
como el hijo que regresa derrotado.

Yo, que no he conocido más cerdos


que a mi padre y mi hermano,
ni más miseria y suciedad
que el lugar donde nací.

Yo, que en verdad,


no he pensado nunca en volver.

Manizales, Agosto 19 de 2012

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