TEORÍA KEYNESIANA
INTEGRANTE:
ECHAVEZ CASTRILLO JASIRIS
TUTOR:
ALEXIS OVIEDO
UNIVERSIDAD DE CARTAGENA-CENTRO TUTORIAL MOMPOX
ADMNISTRACION DE EMPRESAS IV
MOMPOX
2020
TEORÍA KEYNESIANA
El modelo económico keynesiano, es una teoría económica enunciada
en el siglo XX. Durante la gran depresión esta teoría en el momento no pudo
explicar las causas graves del derrumbe económico mundial ni tampoco brindar
una solución adecuada de políticas públicas para reactivar la producción y el
empleo. El principal postulado de la teoría de Keynes es que tanto la demanda
agregada, la sumatoria de los gastos de los hogares, las empresas y el
gobierno era el motor importante de una economía.
Este economista encabezo una revolución del pensamiento económico
que descalifico la idea de que el libre mercado automáticamente generaría
pleno empleo, es decir que toda persona que buscaba trabajo lo obtendría en
tanto y en cuanto a los trabajadores flexibilizaran sus demandas salariales.
Además Keynes argumentaba que una demanda inadecuada podría dar lugar
a largos periodos de alto desempleo.
Sin embargo, Keynes afirmaba que el producto de bienes y servicios de
una economía era la suma de cuatro componentes: consumo, inversión,
compra del gobierno y exportaciones netas. Además, propugnaba políticas
fiscales y anticiclicas, que actúan en sentido contrario al ciclo económico. Por
ejemplo, a proyectos de infraestructura que demanden mucha mano de obra
para estimular el empleo y estabilizar los salarios cuando la economía se
contrae, y elevarían los impuestos para enfriar la economía y evitar la inflación
ante un abundante crecimiento de la demanda.
Por otra parte, Lo que distingue a los keynesianos de otros economistas
es su creencia en las políticas intervencionistas para reducir la amplitud del
ciclo económico, que colocan entre los más importantes de todos los
problemas económicos. Keynes sostenía que los gobiernos debían resolver los
problemas a corto plazo en vez de esperar que las fuerzas del mercado
corrigieran las cosas en el largo plazo, porque, como escribió, “A largo plazo,
todos estaremos muertos”. La economía keynesiana dominó la teoría y la
política económica después de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de
1970, cuando en muchas economías avanzadas hubo inflación y un lento
crecimiento, fenómeno llamado “estanflación”; por lo que la teoría keynesiana
perdió entonces popularidad porque no ofrecía una respuesta de políticas
apropiadas para superar tal situación.
Los economistas keynesianos adoptaron en gran medida estas críticas,
incorporando a la teoría original una mejor integración del corto y el largo plazo,
así como una comprensión de la neutralidad del dinero a largo plazo: la idea de
que un cambio en la oferta monetaria afecta solo las variables nominales de la
economía, como precios y salarios, pero no ejerce efecto alguno en las
variables reales, como el empleo y el producto.
los mercados agregados quizá no se ajusten instantáneamente; por lo
tanto, la política fiscal puede igualmente ser eficaz a corto plazo. Según esta
teoría, la intervención estatal es necesaria para moderar los auges y caídas de
la actividad económica, es decir, el ciclo económico. Hay tres elementos
fundamentales en la descripción keynesiana del funcionamiento de la
economía:
En la demanda agregada influyen muchas decisiones
económicas, tanto públicas como privadas. Las decisiones del sector
privado pueden a veces generar resultados macroeconómicos.
Los precios, y especialmente los salarios, responden
lentamente a las variaciones de la oferta y la demanda, algo que
genera situaciones periódicas de escasez y excedentes, sobre
todo de mano de obra.
Las variaciones de la demanda agregada, ya sea previstas o no, tienen
su mayor impacto a corto plazo en el producto real y prudente de la
política monetaria.
En fin, esta teoría keynesiana se basa en una teoría macroeconómica,
es decir analiza más que todo el comportamiento de la economía en el ámbito
agregado, la cual da sentido a los términos de demanda agregada y oferta
agregada. Además, explica como atreves del gasto público se genera empleo
y por ende una variación positiva en la demanda agregada, es decir, los
ingresos el consumo que lleva a que se mejoren los niveles de bienestar de los
trabajadores.