MARCO TEORICO
Se considera de forma global que la “convivencia” como factor de desarrollo humano, es
un elemento indispensable en todas civilizaciones, para el alcance del equilibrio global. Sin
embargo, una de las mayores problemáticas actuales desde el punto de vista social, es la
alteración de dicha convivencia, a través de la generación de violencia; desde el hogar, en
la escuela, en las universidades, en el transporte público y en escenarios como los medios
de comunicación, la televisión, prensa, radio, redes sociales, páginas web, teléfono móviles,
entre muchos otros; en donde cotidianamente se observa, la influencia de fenómenos
sexuales, violentos, sangrientos, los cuales aprehenden sensorialmente nuestros jóvenes,
casi de forma incontrolable.
¿Cómo afectan las practicas socioculturales violentas la construcción escenarios de
convivencia?, ¿Cómo influye el entorno violento para la construcción de conductas
agresivas? Para responder a estos interrogantes, debemos contrarrestar los conceptos de
violencia conjunto el de convivencia escolar (Pérez & Pinzón. 2013).
Por tanto, y para contextualizar mejor el tema, el congreso de la república de Colombia
define en la ley 1620 de 2013, la cual crea el sistema nacional de convivencia escolar y
formación para el ejercicio de los derechos humanos, la educación para la sexualidad y la
prevención y mitigación de la violencia escolar el bullyng y ciberbullyng como sigue:
Acoso escolar o bullying: Conducta negativa, intencional metódica y sistemática de
agresión, intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento
deliberado, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico,
verbal, físico o por medios electrónicos contra un niño, niña o adolescente, por parte de un
estudiante o varios de sus pares con quienes mantiene una relación de poder asimétrica, que
se presenta de forma reiterada o a lo largo de un tiempo determinado. También puede
ocurrir por parte de docentes contra estudiantes, o por parte de estudiantes contra docentes.
ante la indiferencia o complicidad de su entorno. El acoso escolar tiene consecuencias sobre
la salud, el bienestar emocional y el rendimiento escolar de los estudiantes y sobre el
ambiente de aprendizaje y el clima escolar del establecimiento educativo.
Ciberbullying o ciberacoso escolar: forma de intimidación con uso deliberado de
tecnologías de información (Internet, redes sociales virtuales, telefonía móvil y video
juegos online) para ejercer maltrato psicológico y continuado.
Según la visión de los educadores, (Suarez, Ortiz & Muñoz. 2016), se encuentra que los
lugares donde más se presentan situaciones de violencia son en su orden, la salida del
colegio, lo que coincide con la investigación de Muñoz, Saavedra y Villalta (2007); el salón
de clases como lo referencian Hoyos, Aparicio y Córdoba (2005); y el patio de descanso,
corroborado por Valdivieso (2009) en sus estudios sobre violencia en la escuela. Es
importante señalar que todas las acciones de violencia en las instituciones generan
preocupación en la comunidad educativa, sin embargo, las manifestaciones de violencia
hacia los profesores por parte de los estudiantes parecen incrementar en las instituciones
objeto de estudio. Algunos medios indirectos que utilizan los estudiantes para enterar al
docente sobre sus ofensas son los mensajes en medio impreso y las nuevas tecnologías de la
comunicación, lo que coincide con los estudios de Stoffels (2010) y Gutiérrez (2015).
Debates teóricos sobre la violencia escolar
La violencia escolar constituye un fenómeno visible en las instituciones educativas y
consiste en la acción mediante la cual un individuo impone su fuerza, su poder y su
habilidad sobre otra persona que por alguna razón resulta vulnerable. Este comportamiento
violento es en ocasiones gratuito y en consecuencia los argumentos del victimario no
permiten justificar la agresión (Ortega, 1997). De acuerdo con su intencionalidad la
violencia puede ser de tipo ocasional (situaciones aisladas de maltrato) y de tipo frecuente
(situaciones de acoso). Cuando las conductas aisladas de maltrato escolar no son
interrumpidas y sancionadas de forma inmediata, “pasan a convertirse en procesos de acoso
escolar”. (Piñuel y Oñate, 2007, p.19).
La violencia entre los escolares es de tipo ocasional cuando se presenta de forma
eventual, accidental, casual o esporádica. Olweus (2004), expresa que no son situaciones de
acoso cuando dos estudiantes de la misma fuerza física o psicológica discuten o pelean. El
acoso, conocido internacionalmente mediante el término bullying, es un caso distinto, pues
supone la acción intencionada y continuada en el tiempo de victimizar a un individuo. Es
por ello por lo que las peleas entre iguales no siempre cumplen los requisitos de la
definición del bullying, que supone una agresión repetida y malintencionada para producir
daño en otro escolar, al que se percibe más débil; por el contrario, estas peleas a las que se
hace referencia son respuesta a conflictos de intereses o también a provocaciones recibidas.
En este caso, la respuesta agresiva, bien sea física o verbal, supone el empleo de estrategias
dirigidas al logro del objetivo que representa un interés en relación con la resolución del
conflicto. (Ortega, 1997). Como indican Valadez, Barragán, González, Fausto y Montes
(2008, p.16), “estas peleas se dan entre estudiantes de igual poder y con igual posibilidad de
responder a ellas”. Por el contrario, un niño es objeto de bullying cuando es víctima de un
cuadro de acoso y violencia que acarrea un número de conductas repetitivas de
hostigamiento que él estima como muy frecuentes o sistemáticas y que le exponen a un
riesgo cierto de desencadenar daño psicológico. (Piñuel y Oñate, 2007, p. 128). “El carácter
repetitivo, sistemático y la intencionalidad de causar daño o perjudicar a alguien que
habitualmente es más débil son las principales características del acoso”. (Dato, 2007,
citado por Castillo-Pulido, 2011, p.418).
Según su naturaleza, la violencia puede ser física (atacar corporalmente, pegar, empujar,
dar patadas, robar o dañar las pertenencias ajenas), verbal (insultar, poner motes, contestar
con un tono desafiante y amenazador, dejar al otro en ridículo) o psicológica (despreciar,
propagar rumores peyorativos, criticar en ausencia, marginar, excluir socialmente a los
demás, ignorando y evitando su participación). (Fernández, 1998, p.8).
La noción de violencia escolar, por otra parte, es una construcción social, lo cual
significa que es una elaboración construida desde el imaginario colectivo e impuesto por la
opinión pública a partir de un conjunto consensuado de normas y reglas que separan los
comportamientos aceptables de los que no lo son (Gamboa, 2016). En tal sentido, esta
construcción social es solidaria con la responsabilidad que corresponde a las comunidades,
que son las que construyen este tipo de nociones. (Osorio, 2006, p. 21).
Desde otra perspectiva, aunque se piensa que se trata de un tipo de conducta de auge
reciente, “la violencia social que asalta el orden escolar ha atravesado todas las épocas, los
géneros, las edades, las clases y las jerarquías” y se encuentran en todos los procesos y
situaciones que dieron origen a las organizaciones educativas del país. (Osorio, 2006: p.22-
23).
Prevención de violencia en el contexto escolar
La prevención de la violencia en contextos escolares incluye tres categorías: programas,
recomendaciones y actuaciones. Los programas se definen como un modelo, proyecto o
planificación ordenada que desarrolla un conjunto de instrucciones enfocadas en una serie
de actividades que conllevan un diseño experimental, que se evalúa de acuerdo con sus
resultados y se adecuan e implementan a otros contextos educativos. Tales programas
permiten desarrollar competencias sociales y personales, reducir la agresión y el conflicto y
aumentar la empatía.
Del Rey y Ortega (2007) proponen en sus trabajos tres líneas programáticas para la
prevención: La primera línea programática es la gestión democrática de la convivencia para
afrontar la vida en común. La segunda línea es el programa de trabajo en grupo
cooperativo para los procesos instructivos. La tercera línea es el programa de educación en
sentimientos, emociones y valores para la formación social y moral de los escolares.
En Colombia, Ramos, Nieto y Chaux (2007), proponen el Programa multicomponente
Aulas en Paz, que busca prevenir la agresión y promover la convivencia. Este programa
opera en grupos de dos niños inicialmente agresivos acompañados por otros cuatro
prosociales, con talleres, visitas y llamadas telefónicas para los padres y madres de familia.
Para Chaux, Lleras y Velásquez (2004), el programa Aulas en Paz está orientado sobre todo
hacia el desarrollo de competencias ciudadanas, es decir, hacia aquellas capacidades
emocionales, cognitivas y comunicativas que, integradas con conocimientos y
disposiciones, hacen posible que las personas puedan actuar de maneras constructivas en la
sociedad, como también los sostienen Lago, Gamboa y Montes (2013).
Kolstrein y Sekulovic (2004), recomiendan elaborar normas en conjunto con todos los
estudiantes para regular la intimidación, tener conversaciones frecuentes de manera
individual y por separado con los estudiantes respecto a esta problemática, integrar y reunir
a los padres, es decir, mantenerlos al tanto de lo que acontece con sus hijos, utilizar
metodologías educativas centradas en el aprendizaje cooperativo y dar pautas con la
finalidad de orientar a los adultos en dichas conversaciones.
Del Rey y Ortega (2007, p.13) recomiendan que el abordaje de la prevención de los
conflictos que cursan con violencia debe ser interdisciplinar. Tanto los servicios de salud
mental como las instituciones de protección social y los centros de educación formal
deberían involucrarse en la prevención. Todo plan de acción debe ser global y coordinado:
desde las instituciones de salud hasta las instituciones educativas, pasando por las de
protección y solidaridad. Asimismo, la formación del profesorado resulta fundamental, para
que la prevención se incluya en los planes educativos ya desde el currículo.
Influencia de los medios de comunicación en la formación de conductas agresivas y
construcción de convivencia
Los medios marcan un reto cultural para la escuela, que muestra la amplia brecha que se
abre entre la cultura desde la que enseñan los profesores y aquella desde la que aprenden y
vivencian a diario los estudiantes. Siendo así afirma: Los medios constituyen un ámbito
decisivo de socialización, de dispositivos de identificación y de proyección de pautas de
comportamiento, de estilos de identificación y de patrones de aceptación y/o de rechazo.
Hoy se puede apreciar cómo emerge una nueva generación, y cómo se construye no ya a
partir de figuras, de estilos y de prácticas tradicionales, sino a partir del juego de la
conexión-desconexión con los aparatos. El presente estudio sugiere cómo los jóvenes están
dotados de una elasticidad cultural. (Silva, 1998, p.66) La influencia de los medios de
televisión para consolidar hábitos o conductas aprehendidas, marca una línea de
importancia, pues: Por medio de la televisión el joven accede rápido y cómodamente a un
saber visual que subvierte el modelo escolar por etapas, legitimado por la autoridad del
maestro. Trasladada al hogar, la televisión cortocircuita las relaciones de autoridad entre
padres e hijos, al permitir que estos últimos accedan por su propia cuenta al mundo que
antes les estaba vedado, el mundo de los adultos. (Barbero, 1996, p.14) Para finalizar esta
justificación citamos a Postman en su libro La desaparición de la niñez (Tedesco, 1995,
P.69) quien sostiene que la televisión está develando el secreto que existía en los ámbitos
de la sexualidad, la violencia y la competencia de los adultos para dirigir el mundo.
La influencia del alcohol y las drogas en la formación de conductas agresivas
Los niños y jóvenes se desenvuelven en ambientes particulares, en donde el consumo de
alcohol y drogas, forma parte de las problemáticas comunes, en el contexto social, el barrio,
inclusive al interior del núcleo familiar, se encuentra expuesto a las devastadoras
consecuencias de estos fenómenos. Se convierten en consumidores o espectadores de
consumo, y las conductas de agresividad resultado de ello, son reprimidas y posteriormente
expuestas en el ambiente escolar. Así: La directora del Instituto de Atención y Prevención
de las Adicciones (IAPA), Marcela López Cabrera, dijo que la violencia o acoso escolar en
secundarias y últimos grados de las primarias del Distrito Federal de México se incrementa
de manera considerable cuando entre los estudiantes consumen algún tipo de droga
permitida, como el alcohol, el tabaco u otras sustancias. (González, 2001, p.1) De las 21
familias que componen los hogares de los estudiantes de grado octavo, al interior de se
consume alcohol por parte de los padres, esto nos muestra que no solo en el contexto social,
sino al interior del mismo núcleo social, se consolida una aprehensión casi que permitida,
del consumo de estas sustancias para los jóvenes, pues al realizarse por parte de los madres,
se construyen un modelo de aprendizaje familiar. Los aspectos sociales y de salud de la
droga, que supone una amenaza para los propios usuarios como para sus familias, se
reconocen cada vez más. Hay estudios que muestran que el alcoholismo provoca conflictos
en la familia y la desintegración familiar es una situación cada vez más frecuente, que
puede tener consecuencias para todos los familiares. (Garza, 2011, p.11) La desintegración
familiar, abre una brecha amplia, un vacío en los horarios, compañías, amistades y
actividades que realizan los adolescentes, pues al no existir una vigilancia o control
permanente por parte de sus padres, nace una libertad, para experimentar, probar e
interactuar con factores como el alcohol o las drogas.
La influencia de los grupos urbanos y armados.
El termino grupos urbanos o tribus urbanas como los denominó el sociólogo francés
Michel Maffesoli, no es un fenómeno reciente, corresponde a grupos que comparten
ideologías, creencias, pensamientos y actividades que practica todos los días o con
frecuencia, dependiendo de sus conocimientos, necesidades, economía y cultura. Sin
embargo en las comunidades vulnerables o de nivel económico bajo, estos grupos tienden a
no poseer una ideología clara y adoptar hábitos como el consumo de alcohol y drogas en
espacios públicos, generando ambientes desagradables en las comunidades donde se
radican. La principal problemática, en cuento a la manifestación en el contexto social de los
grupos urbanos, se centra en un factor “la falta de identidad”. Nuestros jóvenes, continúan
inmersos en el círculo vicio social; en donde al no existir una familia funcional, al no
existir, el control o acompañamiento del modelo familiar adecuado, se generan vacíos, los
cuales producen una falta de identidad. Pues el adolescente en proceso de construcción de
la personalidad, aprehende de su realidad social y necesita casi innatamente sentirse
identificado con un modelo o patrón social. La problemática de ello, radica principalmente,
en que en barrios vulnerables como Ospina Pérez, en donde los estudiantes de grado
Octavo se desenvuelven, los grupos urbanos, no poseen, identidades culturales sociales;
sino que se escudan en determinada ideología urbana, para fomentar prácticas como el
vandalismo, hurto y consumo de alcohol y drogas. Se repite una década tras otra desde
principios del siglo pasado, cuando los grupos urbanos se formaban para defender su
territorio y su identidad del racismo, la extorsión, la invasión y los ultrajes de otros grupos,
incluida la policía que siempre los ha perseguido. Hoy tienen motivos distintos para
juntarse, giran en torno a la música, la ropa y los accesorios de marca. (Garza, 2011, P.13)
Otro factor que golpea fuertemente nuestra sociedad, en este caso el sector nororiental, es la
influencia de grupos armados al margen de la ley Plantea: Los impactos de la violencia e
inseguridad urbana sobre las democracias modernas y la gobernabilidad no han sido
analizados como variable independiente. Generalmente los exámenes se centran y toman
como eje de estudio el narcotráfico y el micro-tráfico, sin embargo recientes
investigaciones muestran que la participación de la población en organizaciones criminales
más que derivado de la pobreza es una forma de participación y protesta social por la
exclusión que se da en sociedades modernas. (Ávila, 2010, p.5)
Sistema Nacional De Convivencia Escolar Y Formación Para Los Derechos Humanos,
La Educación Para La Sexualidad Y La Prevención Y Mitigación De La Violencia
Escolar
Este Sistema reconoce a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos, y a la
comunidad educativa en los niveles de preescolar, básica y media como la responsable de
formar para el ejercicio de los mismos, conforme a lo dispuesto en la Constitución Política
Nacional, las Leyes 115 de 1994 y 1098 de 2006, las disposiciones del Consejo Nacional de
Política Social y demás normas asociadas a violencia escolar, que plantean demandas
específicas al sistema escolar.
Principios del Sistema:
Son principios del sistema nacional de convivencia escolar y formación para los
derechos humanos, la educación para la sexualidad y la prevención y mitigación de la
violencia escolar:
Participación.
En virtud de este principio las entidades y establecimientos educativos deben garantizar
su participación activa para la coordinación y armonización de acciones, en el ejercicio de
sus respectivas funciones, que permitan el cumplimiento de los fines del Sistema. Al tenor
de la Ley 115 de 1994 y de los artículos 31, 32, 43 Y 44 de la Ley 1098 de 2006, los
establecimientos educativos deben garantizar el derecho a la participación de niños, niñas y
adolescentes en el desarrollo de las estrategias y acciones que se adelanten dentro de los
mismos en el marco del Sistema. En armonía con los artículos 113 y ?88 de la Constitución
Política, los diferentes estamentos estatales deben actuar en el marco de la coordinación,
concurrencia, complementariedad y subsidiariedad; respondiendo a sus funciones
misionales.
Corresponsabilidad.
La familia, los establecimientos educativos, la sociedad y el Estado son corresponsables
de la formación ciudadana, la promoción de la convivencia escolar, la educación para el
ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los niños, niñas y
adolescentes desde sus respectivos ámbitos de acción, en torno a los objetivos del Sistema y
de conformidad con lo consagrado en el artículo 44 de la Constitución Política y el Código
de Infancia y la Adolescencia.
Autonomía
Los individuos, entidades territoriales e instituciones educativas son autónomos en
concordancia con la Constitución Política y dentro de los límites fijados por las leyes,
normas y disposiciones 4. Diversidad: El Sistema se fundamenta en el reconocimiento,
respeto y valoración de la dignidad propia y ajena, sin discriminación por razones de
género, orientación o identidad sexual, etnia o condición física, social o cultural. Los niños,
niñas y adolescentes tienen derecho a recibir una educación y formación que se fundamente
en una concepción integral de la persona y la dignidad humana, en ambientes pacíficos,
democráticos e incluyentes.
Integralidad
La filosofía del sistema será integral, y estará orientada hacia la promoción de la
educación para la autorregulación del individuo, de la educación para la sanción social y de
la educación en el respeto a la I Constitución y las leyes.
La familia como institución
Dentro del marco de estos principios, cabe citar que la ley 1620 de 2013, también indica
responsabilidades que tienen la secretaria de educación, los establecimientos educativos, los
rectores, docentes y administrativos y finalmente la familia, que en su Articulo 22, presenta
a la familia, como parte de la comunidad educativa, en el marco del Sistema Nacional de
convivencia escolar y formación para los derechos humanos, la educación para la
sexualidad y la prevención y mitigación de la violencia escolar, además de las obligaciones
consagradas en el artículo 67 de la Constitución Política, en la Ley 115 de 1994, la Ley
1098 de 2006, la Ley 1453 de 2011 y demás normas vigentes, deberá:
Proveer a sus hijos espacios y ambientes en el hogar, que generen confianza, ternura,
cuidado y protección de sí y de su entorno físico, social y ambiental.
Participar en la formulación, planeación y desarrollo de estrategias que promuevan la
convivencia escolar, los derechos humanos, sexuales y reproductivos, la participación y la
democracia, y el fomento de estilos de vida saludable.
Acompañar de forma permanente y activa a sus hijos en el proceso pedagógico que
adelante el establecimiento educativo para la convivencia y la sexualidad.
Participar en la revisión y ajuste del manual de convivencia a través de las instancias de
participación definidas en el proyecto educativo institucional del establecimiento educativo.
Asumir responsabilidades en actividades para el aprovechamiento del tiempo libre de
sus hijos para el desarrollo de competencias ciudadanas.
Cumplir con las condiciones y obligaciones establecidas en el manual de convivencia y
responder cuando su hijo incumple alguna de las normas allí definidas.
Conocer y seguir la Ruta de Atención Integral cuando se presente un caso de violencia
escolar, la vulneración de los derechos sexuales y reproductivos o una situación que lo
amerite, de acuerdo con las instrucciones impartidas en el manual de convivencia del
respectivo establecimiento educativo.
Utilizar los mecanismos legales existentes y los establecidos en la Ruta de Atención
Integral a que se refiere esta Ley, para restituir los derechos de sus hijos cuando éstos sean
agredidos
Esta ley se presenta como una herramienta, para docentes, padres de familia y
comunidad educativa en general, ya que en esta, hay participación de entidades tales como:
comisaria de familia, ICBF, alcaldías, gobernaciones, entre otros, que pueden aportar su
apoyo en pro de brindar una mejor calidad de vida a las víctimas y generar cambios
positivos en los victimarios, procurando ambientes de armonía y proyección social,
generando así, una sociedad con mejores ciudadanos, comprometidos con la paz, el
desarrollo y la convivencia.
Finalmente, (Urbina, Hernandez & Gamboa. 2018), La manifestación de conductas
violentas es, pues, un fenómeno que requiere de atención esmerada y profesional. Por ello
es preciso formar mejor en su manejo al personal de los centros educativos a fin de
prevenirlas y reconducirlas tanto dentro de la institución como fuera de ella. Considerando
que la escuela es el lugar donde los individuos construyen la idea de sociedad y que es
allí donde se consolidan los valores aprendidos en el hogar, es de vital importancia diseñar
y aplicar en las instituciones estrategias que favorezcan la convivencia pacífica entre los
escolares, así como crear pautas de conducta que funcionen en los contextos extraescolares,
durante el tiempo de la educación formal, sí, pero sobre todo en la edad adulta, cuando ya la
personalidad, el carácter y los valores se hallan consolidados y rigen por sí solos los
comportamientos sociales de las personas.
Cuando no se tratan a tiempo, las agresiones desembocan en situaciones de pérdida del
control. Por lo tanto, resulta relevante reflexionar desde la práctica pedagógica del maestro
si las acciones que se implementan en casos de maltrato son eficaces y oportunas; asimismo
es conveniente discurrir sobre el necesario rediseño de los métodos de intervención cuando
estos no se ajustan al beneficio de los escolares y de la propia figura docente.
De igual forma es fundamental comprender que la escuela no puede asumir sola la
responsabilidad de educar al individuo y modificar conductas y que en consecuencia se
hace necesaria la participación no solo de docentes y directivos, sino también de padres de
familia, comunidades eclesiásticas, gubernamentales y de la sociedad en general.
La investigación hace evidente la necesidad de ahondar más en el tema de violencia en
el contexto escolar, pues es la problemática es compleja y posee múltiples aristas. Los
resultados permiten entrever el camino de futuras investigaciones en la ciudad y en otros
contextos en torno al fenómeno de la agresión en la escuela. En este sentido valdría la pena
investigar sobre las fuentes generadoras de violencia en las instituciones educativas, los
factores que propician y confirman actos inadecuados entre los miembros de un centro
educativo. Igualmente, importante resultaría indagar sobre la intensidad con que se
presentan las agresiones entre escolares, lo cual que permitan tipificar a los agresores y
víctimas de maltrato en la ciudad y establecer con mayor precisión protocolos de
intervención que regulen las conductas agresivas y desvictimicen al agredido. Un tema,
finalmente, del que se conoce mucho en otros contextos, pero escasamente en el nuestro, es
el del ejercicio y magnitud del maltrato virtual en la ciudad, teniendo en cuenta no solo a
los estudiantes sino también a los docentes en cuanto potencialmente víctimas y agresores.