Unidad I Conceptos básicos de la economía
Objeto de estudio
Todo individuo desarrolla una serie de actividades a lo largo de su vida, como por ejemplo
alimentarse, vestirse, educarse, divertirse, etc. para lo cual dispone de recursos que
resultan limitados, por lo que su preocupación será encontrar la mejor manera de utilizar
esos recursos escasos de forma de satisfacer sus necesidades.
La economía es la ciencia que se ocupa del estudio sistemático de las actitudes humanas
orientadas a administrar los recursos, que son escasos, con el objetivo de producir bienes
y servicios y distribuirlos de forma tal que se satisfagan las necesidades de los individuos,
las que son ilimitadas.
Desde el punto de vista del individuo la economía se concentra en el estudio de la
asignación de sus recursos escasos de forma de obtener la satisfacción máxima de sus
preferencias. Asimismo, desde el punto de vista de la sociedad el interés se centra en
como obtener el máximo nivel de bienestar dados los recursos disponibles. Por tanto, el
objeto de la economía es el estudio del comportamiento de los individuos y las
organizaciones que estos conforman, como las empresas, las familias, el Estado, etc.
Como en el caso de los individuos, la decisión fundamental a la que se enfrentan estas
organizaciones es también entre los deseos casi ilimitados de sus integrantes por bienes
y servicios y los recursos limitados con que se cuenta para satisfacerlos. Por ello, también
se podría definir la economía como el estudio de la decisión de la sociedad sobre qué
producir, cómo producir y para quién producir.
La economía trata con una faceta de los múltiples problemas del hombre y su vida en
sociedad. El problema de asignar recursos para satisfacer necesidades múltiples y
jerarquizables, es un problema importante, pero no el único que enfrenta el género
humano. Hay también objetivos de realización y formación en el campo espiritual o
valórico, por ejemplo, que no tiene que ver necesariamente con un problema económico.
Sin embargo, aún así, al dedicarle tiempo o recursos a esas actividades, las mismas se
vinculan directamente con el problema económico. Por ello, es muy importante entender
que la economía es un ángulo para abordar la compleja problemática humana, pero no es
la solución única y excluyente de los problemas.
Hay también otras disciplinas sociales que observan los mismos problemas o problemas
conexos que aquellos propios del campo económico; su respuesta no es ni irrelevante ni
inútil. Lo importante es que las ciencias sociales puedan interactuar para entregar una
visión o solución integral a la problemática humana.
La teoría económica utiliza una gran cantidad de supuestos en la construcción y
desarrollo de sus modelos de análisis. Tales supuestos se hacen no para distorsionar la
realidad, sino para simplificar el problema y poder tener modelos analíticos manejables,
con buen potencial para efectuar predicciones sobre el comportamiento esperado de las
variables centrales en análisis. Por ejemplo, cuando se plantea el supuesto de que existe
plena información por parte de los agentes económicos (oferentes y demandantes) acerca
de las condiciones en que funciona el mercado, no se quiere desconocer que en el mundo
real tal plena información difícilmente existe. El propósito del supuesto es dejar de lado
esta variable (que ha de merecer análisis separado) para concentrar el estudio en otras
variables centrales, como es el rol del precio (o de los precios) sobre la demanda.
La consecuencia obvia de la escasez es la necesidad obvia de elección. Es entonces
objetivo de la economía el estudio de cómo toman decisiones los consumidores, los
productores y los gobiernos, y cómo estas decisiones determinan la asignación de
recursos escasos en una sociedad.
En tanto los comportamientos humanos son materia de análisis de otras ciencias sociales
como la sociología, la ciencia política, la historia y la demografía en enfoques y
metodologías diferentes, estos resultan complementarios.
Campo de estudio
El campo de estudio convencional de la Economía abarca todos los problemas
relacionados con la determinación del precio de las cosas, con el análisis de actividades
que implican costos y que producen beneficios medibles en dinero, en suma, con la
producción y distribución de bienes y servicios para la satisfacción de necesidades
humanas.
Hoy la variedad de campos de estudio de exploración, registro y descripción de la
economía o una parte de ello, incluye ciencias sociales como una economía, así como
ramas de la historia (historia económica) o geografía (geografía económica). Los campos
prácticos directamente relacionados con las actividades humanas que implican la
producción, la distribución, el cambio, y el consumo de bienes y servicios en conjunto,
campos de ingeniería hasta direcciones y administración de negocios aplican también en
las finanzas. Toda la clase de profesiones, ocupaciones, agentes económicos o
actividades económicas, contribuyen a la economía.
La Economía estudia los caminos que escogen las personas y las sociedades para
aprovechar, de la mejor manera posible, los recursos escasos que les han proporcionado
la naturaleza y las generaciones anteriores. Es importante su estudio porque además de
proveer una manera singular de pensar, en términos de escoger las mejores opciones, es
una parte esencial del estudio del comportamiento de los individuos y de las sociedades.
La Economía tiene dos campos específicos de estudio: la microeconomía y la
macroeconomía.
La microeconomía se ocupa del comportamiento económico de la unidad individual, la
familia, la empresa y los sectores económicos como: el agropecuario, la industria, el
comercio y los servicios.
La macroeconomía estudia el todo, los agregados económicos, como: los ingresos, el
empleo, la producción, la moneda, las finanzas públicas, etc., a nivel nacional e
internacional.
Profundizados esos dos campos de estudio es importante integrar el análisis para lograr
compatibilizar los modelos y los instrumentos en un todo estructurado y comprensible.
La Economía tiene la característica de poder ser esencialmente una disciplina aplicada,
porque, en general, la teoría económica sirve a la creación de políticas económicas
orientadas a resolver problemas concretos que afectan a sociedades enteras. Es por
tanto, una ciencia que se circunscribe en la búsqueda permanente de respuestas a los
desafíos renovados y cambiantes que el entorno nacional, continental y mundial nos
plantea.
La urgencia de poder incidir en la realidad de las sociedades, impone a la Economía la
necesidad de auxiliarse de otras disciplinas como: la matemática, la estadística, la teoría
empresarial, las finanzas, la sociología, la historia, etc.
Además de las áreas básicas de la carrera, introducción a la economía, macroeconomía,
microeconomía, todos los estudiantes deben conocer y desarrollar competencias en las
siguientes áreas:
Finanzas públicas: a partir del planteamiento del papel del Estado en las actividades
económicas y sus funciones, se estudia la significación de la política presupuestaria
gubernamental en su doble vertiente: política de tributación y de gasto público.
Comercio internacional: se estudian diversos enfoques teóricos sobre los orígenes del
comercio internacional y su impacto en las economías nacionales. Asimismo, trata del
estudio de las finanzas internacionales y algunos elementos de política comercial
externa.
Desarrollo económico: se exponen las causas y consecuencias del desarrollo y
subdesarrollo económico, desde la óptica de algunas escuelas de pensamiento
económico. También se estudian las propuestas de diversas instituciones en torno a la
superación del estado de subdesarrollo.
Política económica: se profundiza el estudio de los instrumentos y objetivos de la política
económica, en sus diferentes componentes: política sectorial, política cambiaria, política
monetaria, crediticia, política fiscal, etc.
Economía política: comprende el estudio de las bases del pensamiento socio-económico
formulado por la doctrina del materialismo histórico.
Econometría: trata de la aplicación de los métodos cuantitativos a las investigaciones
económicas.
Moneda y banca: se exponen los orígenes y evolución de los medios de pago, el papel de
los intermediarios financieros y de la Banca Central en la Economía. Asimismo, de
estudiar la evolución, estado actual y perspectivas del sistema financiero nacional.
El supuesto de Céteris Páribus
A medida que trabaje en un modelo, trate de pensar en muchas variables relevantes que
supuestamente deben mantenerse “estables o constantes”. Céteris Páribus es una
expresión latina que significa que mientras ciertas variables cambian, “todo lo demás
permanece sin cambios”. En el ejemplo del consumo de gasolina, una condición clave
para simplificar el modelo es que no ocurran cambios en los ingresos de los consumidores
ni en otras variables que puedan complicar el análisis. El supuesto de céteris páribus
mantiene todo lo demás constante y nos permite concentrarnos en la relación entre dos
variables clave: cambios en el precio de la gasolina y cantidad de gasolina comprada por
mes.
Ahora suponga que un economista desea elaborar un modelo que explique la relación
entre el precio de la Coca–Cola y la cantidad comprada. Suponga que la teoría es: Si el
precio de la Coca-Cola aumenta, entonces la cantidad comprada disminuye, céteris
páribus”. Un obstáculo a este razonamiento surge al observar que, a pesar de que el
precio de la Coca-Cola aumentó en verano, algunas personas compraron más y otras
compraron la misma cantidad. Con base en esta observación del mundo real, usted
declara que la teoría es incorrecta. ¡Piénselo de nuevo!. El economista responde que el
modelo es válido con base en el supuesto de céteris páribus y le responde que su
observación no es razón suficiente para rechazar el modelo. La razón por la cual el
modelo parece defectuoso es que otro factor, un importante aumento en la temperatura,
causó que la gente comprara más Coca-Cola a pesar de un precio más alto. Si la
temperatura y todos los demás factores permanecen constantes cuando el precio de la
Coca-Cola aumenta, entonces la gente comprará menos Coca-Cola, como predice el
modelo.
El problema de la escasez.
La economía es parte de la vida de todas las personas, ya que cada individuo puede
consumir, ahorrar, trabajar, producir, invertir, tomar deudas, pagar impuestos, entre
muchas otras actividades, las cuales son estudiadas por la economía. Es por eso que
todos los días aparece en los diarios, en la televisión, Internet y otros medios, información
económica, la cual está relacionada con variables fundamentales para poder tomar
adecuadas decisiones. Algunas de esas variables se relacionan con los precios, las tasas
de interés, los salarios, el empleo, el tipo de cambio, los impuestos, etc. El poder conocer
y entender el comportamiento de esas variables es aún más necesario para aquellas
personas que dirigen un negocio, ya que de una adecuada compresión del entorno
económico actual y futuro depende el poseer una buena base para fundamentar
decisiones que conlleven al éxito de su negocio.
En este tema se pretende describir el problema económico, el cual da origen a la
economía, a la vez que se estudiarán algunos modelos que ilustran este problema y las
maneras en que la sociedad se organiza para hacerle frente.
De la definición de economía surgen dos conceptos fundamentales: la escasez de los
recursos y las necesidades ilimitadas de los individuos.
Un bien escaso es aquel que se produce o existe en cantidades limitadas.
La escasez de recursos se define en relación a necesidades que son ilimitadas y que
tienden a ampliarse con el desarrollo humano.
En este caso no se refiere a un problema tecnológico, sino de divergencias entre deseos
humanos y medios disponibles. Se trata entonces, de una escasez de carácter relativo,
por lo que en economía no se asocia necesariamente la escasez a la pobreza. Los países
que poseen abundantes recursos si bien pueden reducir la escasez no pueden eliminarla.
Los diferentes tipos de bienes, servicios y necesidades
Se define como bien a todo medio capaz de satisfacer una necesidad, tanto de los
eceindividuos como de la sociedad en su conjunto, los cuales se pueden clasificar en
bienes libres y económicos. La economía se ocupa de los bienes económicos así como
de los servicios económicos.
Los bienes económicos son aquellos que son escasos y transferibles.
Los servicios son aquellas actividades que, sin crear bienes materiales, se destinan
directa o indirectamente a satisfacer necesidades humanas.
Toda necesidad se satisface por medio de un bien o servicio, por lo tanto, al existir
diferentes tipos de necesidades existirán diferentes tipos de bienes económicos. Los
bienes primarios son los que satisfacen necesidades básicas como alimentarse, vestirse,
etc. Una vez que los individuos tienen satisfechas las necesidades básicas, surge otro tipo
de necesidades como por ejemplo, viajar, tener un auto, etc., las que clasificamos como
de carácter secundario.
Los bienes económicos se pueden clasificar en bienes de consumo o de capital. Los
bienes de consumo satisfacen directamente las necesidades de los individuos y se
dividen en durables (tienen un uso prolongado, por ejemplo, un televisor, una heladera) y
no durables (perecen en su utilización, por ejemplo, los alimentos).
Por otra parte, tenemos los bienes de capital, que son el conjunto de bienes que se
utilizan en el proceso de producción de otros bienes, dentro de los cuales se encuentran
los de capital físico (edificios, materias primas), capital humano y capital financiero
(fondos disponibles).
De acuerdo a su función, también se pueden agrupar en bienes intermedios o bienes
finales. Los bienes intermedios son aquellos que necesitan ser transformados para poder
ser utilizados como un bien de consumo (por ejemplo, harina) y los bienes finales, son los
que pueden destinarse al consumo en su estado actual (por ejemplo, el pan).
Los bienes que se utilizan en el proceso de producción, que denominamos factores de
producción, los dividimos en tres categorías principales: recursos naturales, trabajo y
capital. Los recursos naturales como factor productivo engloban el uso de la tierra en la
producción agropecuaria, así como también los productos minerales que se pueden
extraer de ella.
El trabajo puede destinarse a la creación de bienes materiales o a la producción de
servicios, como por ejemplo en el caso de un electricista. Existen numerosas actividades
que constituyen servicios como por ejemplo: la distribución de alimentos, las actividades
que se realizan dentro de un hotel, las vendedoras de un comercio, las actividades
financieras, etc.
Las necesidades humanas
Necesidad es la sensación de que algo nos hace falta. Hay necesidades fisiológicas,
sentimentales, racionales y espirituales.
De la gran gama de necesidades y deseos humanos, la economía busca satisfacer las
necesidades cuyos satisfactores pueden ser objeto de intercambio.
Las necesidades satisfacen carencias reales y naturales y los deseos carencias artificiales
o creadas. Para la economía es irrelevante si es un deseo o una necesidad, ya que no es
su objeto explorar el subconsciente del hombre. No se puede saber con certeza si un
hombre toma una Coca-Cola por deseo o por necesidad. Es imposible conocer donde
terminan las necesidades y comienzan los deseos.
Clasificación y escala de necesidades
Se han hecho infinidad de clasificaciones de las necesidades: primarias, secundarias,
terciarias; presentes, futuras; individuales, colectivas; ocasionales, intermitentes, etc.
Todas estas clasificaciones son relativas. No se puede hacer una clasificación
universalmente válida de las necesidades, ya que varían según el tiempo, el lugar y las
costumbres. Aunque hay necesidades como comer, que es de vital importancia para la
supervivencia, es imposible tratar de concretar cuando está plenamente satisfecha para
un grupo de personas; por ejemplo, según el sexo, la edad, el peso, costumbres y la
actividad desempeñada, varía el mínimo de calorías necesarias para vivir, de 1,400
calorías para unos a 8,000 para otros, o sea, que hay personas que necesitan para vivir, 6
veces más comida que otros.
La escala de necesidades varía no solo de pueblo a pueblo y de grupo a grupo, sino de
individuo a individuo.
Con el transcurso del tiempo el hombre se ha refinado en sus gustos. La civilización no es
sino la multiplicación de las necesidades, así como de los medios necesarios para
satisfacerlas y realmente es maravilloso el progreso que se ha alcanzado en ese sentido.
Las necesidades del hombre primitivo eran completamente elementales; como habitación
le bastaba una cueva o una enramada; una piel de animal cubría su cuerpo y como
alimento le eran suficientes las raíces, ciertos frutos y uno que otro insecto o animal. No
guardan comparación con las necesidades del hombre contemporáneo; con el confort y el
lujo en que viven, la diversidad de satisfactores con que cuenta y los medios de que
dispone para lograrlos.
Características de las necesidades
1.- Ilimitadas en número pero limitadas en capacidad.- Al satisfacer una persona
alguna de sus necesidades, surgirán otras y así sucesivamente. Por idiosincrasia
el hombre siempre quiere más y mejores cosas. Le es fácil acostumbrarse a lo
bueno y por naturaleza o por una característica psicológica, es un eterno
inconforme. Oscila como un péndulo, de un extremo en el que es presa de dolor,
desasosiego, frustración y rebeldía ante los deseos insatisfechos, al otro extremo
en el que es sujeto de saciedad, hartura y aburrimiento ante los deseos
satisfechos.
2.- Determinadas por el grupo del que formamos parte.- El grupo social, cultural y en
general, el círculo en que vivimos, es factor determinante para la formación, en
cada persona, de una escala diferente de necesidades: estudiantes, trabajadores,
campesinos, profesionales, etc.
3.- Se hacen continua competencia las unas a las otras.- Constantemente hay que
decidir entre la satisfacción de una necesidad u otra. El hecho de decidirnos por
una, va a implicar que no podamos cubrir otras. Hay una competencia continua
entre las diversas necesidades, que implica el satisfacer aquellas que se
consideren más urgentes, posponiendo la satisfacción de las menos urgentes.
4.- Son complementarias entre sí.- Al surgir una nueva necesidad, va a traer como
consecuencia otra más. Por ejemplo, el hecho de que tengamos un carro, va a
traer como consecuencia nuevas necesidades: la gasolina, las refacciones, etc.
La elección y el costo de oportunidad.
El satisfacer una necesidad implica la elección entre un conjunto de bienes y servicios.
Una vez que elegimos consumir o producir determinada cantidad de un bien estamos
renunciando a consumir o producir determinada cantidad de otro, dicha renuncia se
asocia en economía al concepto de costo de oportunidad.
El costo de oportunidad de un bien o servicio es la cantidad de otros bienes o servicios a
los que tenemos que renunciar para obtenerlo.
No sólo la producción de bienes y servicios sino todas las actividades que desarrollan los
individuos implican la toma de una decisión, es así que la economía analiza la forma en
que los diferentes agentes económicos eligen. Dicha elección se basa en una regla
denominada costo – beneficio, según la cual el individuo realiza una actividad si el
beneficio que le produce es mayor que su costo. Dicha regla define la racionalidad del
individuo que será objeto de estudio de la economía y al que denominaremos homo
economicus.
Si valoramos la posibilidad de ir al cine, aplicar la regla mencionada consiste simplemente
en evaluar los costos y beneficios asociados a la realización de dicha actividad. Así, el
beneficio de ir al cine sería el placer que produce disfrutar de una buena película; su costo
será, además de la entrada, el valor de todas las actividades a las que renunciamos,
como por ejemplo trabajar, ir a clase o escuchar música.
Si consideramos la economía en su conjunto, podemos asociar el concepto de costo de
oportunidad, al de frontera de posibilidades de producción.
La frontera de posibilidades de producción (FPP) muestra la máxima cantidad posible de
un bien o servicio que puede producir una economía, dados los factores productivos, la
tecnología disponible y la cantidad de otros bienes y servicios que se producen.
Si se están empleando todos los factores productivos disponibles, al querer producir más
de un bien necesariamente se tendrá que dejar de producir cierta cantidad de otro.
Ejemplo de Frontera de Posibilidades de Producción
La figura anterior supone una economía que produce dos tipos de bienes: vestidos y
alimentos, y se encuentra en un punto A sobre la FPP. Si se desea trasladarse a un punto
B, donde produciría más vestidos, el costo de oportunidad de incrementar la producción
de vestidos, será la cantidad de alimentos que dejará de producir.
Siempre que la economía se encuentre en un punto sobre la FPP, la producción de una
unidad adicional de un bien tendrá un costo de oportunidad asociado, que será la
reducción de la producción del bien alternativo. Estar en la FPP implica que estarían
utilizando todos los recursos disponibles. Los puntos por debajo de la frontera implican
despilfarro de recursos, mientras los puntos por encima de la misma no son alcanzables
dados los factores productivos y la tecnología disponibles.
Preguntas fundamentales de la economía
Tal como se ha mencionado anteriormente, los recursos son escasos y las necesidades
ilimitadas, de modo que el problema económico consistirá en:
¿Cómo emplear recursos escasos para producir bienes y servicios suficientes para
satisfacer necesidades ilimitadas?
Así la ECONOMÍA es la ciencia que estudia la forma en la cual asignan los recursos
escasos entre los diversos usos que compiten por ellos.
LAS PREGUNTAS CLAVE DE LA ECONOMÍA:
El problema económico puede expresarse a través de tres preguntas básicas, las cuales
deben ser contestadas por cualquier sistema de organización económica:
¿QUÉ Y CUÁNTO PRODUCIR? Es decir: ¿Qué bienes y servicios deben producirse y en
qué cantidades? Dada la existencia de las necesidades y que éstas se satisfacen con
bien, entonces es necesario determinar cuáles necesidades se van a satisfacer y cuáles
son los bienes que satisfacen esas necesidades. Esta es una pregunta de carácter
económico.
¿CÓMO PRODUCIR? O sea, ¿Cómo producir los bienes? Esta pregunta es de carácter
técnico, y se refiere a cuál será la tecnología empleada en la producción, cuáles son los
materiales necesarios, el tipo de mano de obra, el proceso de producción, etc.
¿PARA QUIÉN PRODUCIR? Es decir, ¿Quién obtiene lo que se produce? Esta pregunta
es de carácter social y su solución depende del modelo que siga la organización social, ya
que por ejemplo en una economía de mercado dependerá de la capacidad de compra de
los distintos consumidores.
Los Agentes Económicos y sus comportamientos
La economía doméstica
Las familias son las unidades de consumo, las cuales ofrecen los recursos que disponen
(capital, trabajo y recursos naturales) para poder satisfacer sus necesidades. El objetivo
de las familias es maximizar su consumo de bienes y servicios, dada su restricción
presupuestal, la que está determinada por el ingreso que perciben por poner a disposición
de las empresas sus recursos.
Una familia específica que cuenta con un ingreso limitado, a la hora de decidir comprar un
video o una computadora, considerará sus necesidades, los precios de ambos bienes y
sus preferencias, de forma que el resultado de la elección sea el más apropiado.
Las empresas
Las empresas son unidades de producción que se ocupan de producir los bienes y
servicios de la economía, para lo cual contratan factores productivos. Su objetivo es
maximizar su beneficio, el cual proviene de la diferencia entre los ingresos que obtiene
por la venta de los bienes y servicios, y los gastos en que incurre en la producción de los
mismos, esto es, la retribución a los factores productivos (capital y trabajo) y la compra de
bienes intermedios.
La empresa decide qué bienes producirá y qué medios utilizará para producirlos. Por
ejemplo, una empresa que confecciona ropa de lana deberá decidir que tipo de ropa
elabora (para hombres, para mujeres) y si contrata tejedoras o invierte en máquinas
tejedoras.
Modelo simple de circulación económica
Los agentes económicos se relacionan a través de los mercados determinando lo que
llamamos el circuito económico, que en su versión más simple considera una economía
sin relaciones con el exterior y sin participación del Estado. El circuito económico lo
representamos gráficamente en el siguiente esquema.
En el modelo simple de circulación económica las unidades económicas de consumo
(familias) compran los bienes y servicios producidos por las unidades económicas de
producción (empresas). Las familias deciden qué comprar y cuánto comprar y las
empresas deciden qué producir y cuánto producir.
Un mercado es el conjunto de vendedores y compradores de un bien, servicio o recurso
productivo. El encuentro de dichos agentes define el precio al cual se intercambiará una
unidad del bien, servicio o recurso y las cantidades a transar.
Para realizar sus compras las familias deben poseer una cantidad de dinero equivalente al
valor de las mismas, en tanto se supone que no existe ahorro ni desahorro, gastan en
cada período todo el ingreso que reciben.
El Estado
El Estado es un agente muy importante dada su capacidad de influir en la actividad
económica, por medio de la imposición de impuestos, subsidios, etc.
El Estado es la organización política que se da una sociedad en un territorio delimitado.
El sector público está formado por el conjunto de organismos que mantienen algún grado
de dependencia funcional, presupuestaria o jerárquica con respecto al poder central del
Estado.
Hasta principios del siglo XX se consideraba que las funciones del Estado se limitaban a
garantizar que se dieran las condiciones para que la actividad económica se desarrollara
sin dificultades, siendo los agentes privados los responsables de la misma. A lo largo del
siglo XX, se amplían y diversifican las funciones del Estado el cual pasa a brindar
servicios públicos a la sociedad, como por ejemplo sanidad, educación, etc., y también a
actuar como empresario ofreciendo bienes públicos y bienes privados.
Los bienes privados son aquellos que si son consumidos por una persona no pueden ser
consumidos por otra.
Los bienes públicos son aquellos que no tienen rivalidad en el consumo. Es decir, pueden
ser consumidos por toda la sociedad sin que esto implique la reducción del consumo para
algún agente económico.
La diferencia entre ambos bienes radica en el principio de exclusión en el consumo. Por
ejemplo, el hecho que un individuo coma una hamburguesa (bien privado) imposibilita al
resto de las personas a comerse la misma hamburguesa. En cambio, muchas personas
pueden disfrutar de una plaza (bien público) al mismo tiempo
Sistemas económicos
Las diferencias culturales, geográficas, étnicas, económicas y políticas de los países
caracterizan los distintos sistemas económicos.
Un sistema económico es el conjunto de relaciones básicas, técnicas e institucionales que
caracterizan la organización económica de una sociedad. Estas relaciones condicionan
las decisiones fundamentales que se toman en toda sociedad: ¿qué producir?, ¿cómo
producir?, ¿para quién?
El Estado puede asumir diferentes roles con respecto a la asignación de los recursos, lo
que determina diferentes tipos de sistemas económicos, a saber: de mercado libre,
centralizado y mixto. El sistema mixto es el único que se observa en la realidad; los
sistemas de mercado libre y centralizado son concepciones teóricas extremas.
Por su parte, la opción por un sistema u otro es fruto del desarrollo histórico y político de
las sociedades
El sistema de mercado libre
En el sistema de mercado libre son los agentes económicos privados, familias y
empresas, los que toman decisiones respecto a la asignación de recursos. El Estado no
interviene, si bien determina el marco jurídico en que dichas relaciones toman lugar.
Dichos agentes se supone que toman decisiones impulsados por la búsqueda de su
máximo bienestar, el cual redunda en el bienestar de la economía en su conjunto,
concebida como el agregado de dichos individuos.
La idea anterior surge con Adam Smith, quien sostiene que los individuos, que buscan su
interés personal en una economía de mercado, se ven llevados por una mano invisible a
tomar decisiones que redundan en el bienestar de todos. En una economía de mercado
libre los precios son el mecanismo a través del cual se responden las tres preguntas
planteadas. El libre juego de los oferentes y demandantes es un elemento clave de un
sistema de este tipo. De esa forma se determina un precio al cual las cantidades ofrecidas
de bienes y servicios son iguales a las cantidades demandadas.
El sistema centralizado
Un sistema centralizado se caracteriza por que la propiedad de los medios de producción
son estatales y las decisiones de asignación de los recursos se concentran en un
organismo de planificación central de carácter estatal. Las decisiones de asignación de
los recursos se toman sin que participen ni los precios ni el mercado.
En un sistema de este tipo es el Estado el que responde a las preguntas planteadas,
asigna los recursos a los diferentes agentes productivos, determina cómo realizar la
producción y define cómo distribuir dicha producción entre los consumidores
estableciendo la cantidad que debe recibir cada uno.
El sistema mixto
La mayoría de las economías se pueden definir como de sistema mixto, en el cual el
Estado colabora con la iniciativa privada realizando actividades como proveer ciertos
bienes y servicios, establecer impuestos, subsidios, etc.
El grado de participación del Estado en la economía es un punto de controversia entre
economistas, políticos, sociólogos y otros estudiosos del tema.
Existen situaciones que se considera que exigen la intervención del Estado, por ejemplo,
la producción de determinados bienes que contaminan el medio ambiente, ya que en
estos casos los mercados no asignan eficientemente los recursos, en tanto los precios de
mercado no incorporan los costos sociales que su producción tiene asociada.
En resumen tenemos:
Mecanismo del mercado libre (modelo capitalista): la oferta y la demanda determinan el
precio; los propietarios asignan los recursos para obtener las recompensas monetarias
más elevadas.
Economía centralizada (modelo socialista): la autoridad central determina el precio y
asigna los recursos para el logro de las metas.
Mixta: una economía que utiliza señales tanto del mercado como no del mercado para
asignar los bienes y recursos.
La siguiente tabla resume la forma en que cada modelo de organización económica
responde a las tres preguntas económicas fundamentales y la manera en que se organiza
la producción y se establece el régimen de propiedad de los recursos:
Centralizado Mercado Libre Mixto
Régimen de Los recursos Prevalece el régimen de Existe la propiedad
propiedad materiales están propiedad privada de los privada y estatal de los
sujetos al régimen de recursos materiales. Los recursos productivos.
propiedad social. En recursos poseídos por el También hay empresas
alguna medida estado serían una en las que el capital es
coexiste la propiedad cantidad relativamente copropiedad del estado
social colectiva con la pequeña con respecto a y empresarios
propiedad social de los de propiedad particulares.
consumo, con relativa privada.
libertad en la
contratación y
posibilidades de
empleo.
Organización Un ente planificador El mercado es la El estado no controla
de la diseña un plan Institución fundamental totalmente, pero si
producción económico que que actúa como participa activamente
contiene objetivos mecanismo coordinador como productor,
generales y metas de la actividad consumidor y regulador
específicas, con un económica. de la actividad
inventario de recursos El mercado al económica.
disponibles. establecer los precios y Coexisten mercados
La ejecución se da por cantidades de libres con otros cuyo
parte de las unidades intercambio determina la funcionamiento está
productoras y el asignación de los condicionado por la
control a cuerpos recursos productivos. intervención estatal.
técnicos.
¿Qué Esta decisión la toma Prevalece la "soberanía Se presentan las tres
producir? el alto nivel político, del consumidor", o sea Siguientes situaciones:
donde lo más que los consumidores 1. Bienes producidos e
importante es cuántos buscarán adquirir los intercambiados en
recursos se destinarán bienes de su mercados libres.
a la formación de preferencia, según su 2. Bienes producidos
capital, y luego los ingreso, y así en mercados
destinados a los determinarán qué intervenidos por el
bienes de consumo. bienes deben producirse estado.
y en qué cantidades. 3. Bienes y servicios
producidos
directamente por el
estado.
¿Cómo La decisión la toma el Esta decisión la toma el La decisión la toma el
producir? director de cada productor, de acuerdo productor, sea un
unidad productora de con las posibilidades empresario privado o el
acuerdo con los técnicas existentes y los estado, de acuerdo con
recursos y tecnología precios relativos de los los criterios técnicos y
disponibles. recursos productivos. los precios de los
recursos.
¿Para quién Los bienes de capital La distribución de la Algunos bienes y
producir? se asignan a los producción se efectúa servicios son
productores, mientras de acuerdo con la ofrecidos
que los bienes de capacidad de compra, gratuitamente por el
consumo algunos son la cual depende del estado, mientras que
proporcionados ingreso de las otros son distribuidos
gratuitamente y otros personas y los precios según la capacidad
son racionados. de los bienes. de compra de los
individuos.
División de la economía.
La ciencia económica es posible clasificarla en diferentes áreas como: microeconomía y
macroeconomía.
El Análisis Microeconómico
Al análisis Microeconómico también se le llama Teoría de los Precios, debido a que en
las economías liberales es a través del funcionamiento libre del mecanismo del sistema
como las acciones de los productores y de los consumidores se articulan y coordinan. Al
estudiar la formación de los precios, esa rama de la Economía se orienta hacia el estudio
de la oferta, de la cual son responsables los productores, y de la demanda, que depende
del comportamiento y de las reacciones de los consumidores. Además, se desempeña en
el estudio de los mercados en sus diversas manifestaciones desde las situaciones de
monopolio hasta el extremo teórico de competencia perfecta, examinando las
condiciones generales de equilibrio de las empresas en cada una de las posibles
situaciones de competencia. En seguida investiga la oferta y la demanda de recursos
productivos a partir de los procesos de producción a los cuales se pagan las
remuneraciones correspondientes (como por ejemplo, los salarios pagados al factor
trabajo y los beneficios atribuidos a la capacidad empresarial), para llegar finalmente a la
teoría de la distribución del ingreso.
El análisis Microeconómico puede alcanzar el óptimo económico siempre y cuando el
sistema de precios funcione libremente, orientando las acciones de cada uno de los
agentes del sistema económico. Los productores maximizarán sus ganancias al producir
los bienes y servicios más escasos, con menos competidores, y de precios más
remunerativos; los consumidores, maximizarán su satisfacción aplicando sus ingresos a
la adquisición de bienes y servicios que mayor satisfagan sus necesidades habituales; los
recursos de producción serán aplicados en la forma más eficaz posible a las actividades
que mejor aprovechen sus potencialidades.
El Análisis Macroeconómico
El análisis Macroeconómico se encarga básicamente de garantizar el mantenimiento del
pleno empleo de los recursos disponibles de los sistemas económicos, eliminando todos
los posibles focos de subempleo o de desempleo generalizado; también se ocupa de los
costos y beneficios; por último, atiende los asuntos relacionados con la inflación
procurando determinar las causas y los efectos de las alzas generales en los niveles de
precios.
Política Económica
Los avances logrados por parte de la Teoría Económica tienen como finalidad servir a la
Política Económica. En esta tercera parte serán utilizados los principios, las teorías, las
leyes y los modelos explicativos de la realidad.
Esa utilización tendrá por finalidad conducir más adecuadamente la acción económica
hacia objetivos predeterminados.
Por lo tanto, la Política Económica es una rama esencialmente dirigida hacia el
condicionamiento de la actividad económica. Los planteamientos hechos por la
Economía Descriptiva tienen como finalidad sustentar los avances alcanzados por la
Teoría Económica. En una descomposición de carácter utilitarista, éstos serán el
soporte de la Política Económica.
Por ejemplo, cuando usamos la expresión Política Económica Gubernamental nos
estamos refiriendo a las acciones prácticas desarrolladas por el gobierno con el fin de
condicionar, demarcar y conducir el sistema económico hacia la consecución de uno o
más objetivos económicos políticamente establecidos.
Principales objetivos de la política económica
En virtud de la complejidad de los sistemas económicos y por consiguiente, de la
diversidad de los problemas observados en ellos, la relación de los objetivos que puede
establecer la política económica es bastante amplia. Sin embargo, la mayoría de los
autores admiten que los objetivos principales pueden dividirse en tres conjuntos:
1.- Desarrollo Económico
El desarrollo económico puede señalarse como uno de los objetivos más significativos de
la política económica contemporánea. La búsqueda obstinada del desarrollo, por más de
dos tercios de la población de la Tierra, se convirtió en la característica fundamental de la
Economía de la postguerra.
Actualmente, los tres mil millones de habitantes del mundo subdesarrollado están
empeñados en una movilización histórica sin precedentes para alcanzar un gran objetivo:
el fomento acelerado de su crecimiento económico. Debido a las precarias condiciones
de vida de la mayor parte de los habitantes de América Latina, del Africa Negra y de Asia,
el desarrollo se ha constituido en uno de los objetivos económicos de más alta prioridad
social.
Su fomento es el fundamento esencial del despertar de los pueblos subdesarrollados;
fenómeno de grandes proporciones que se manifestó sobre todo después de la Segunda
Guerra Mundial.
En las naciones económicamente atrasadas se exigen mejores condiciones de vivienda,
de salud, de educación, además de toda una infraestructura de apoyo caracterizada por
programas energéticos, de electrificación, de comunicaciones, de medios de transporte
y de almacenamiento. Junto a todas esas mejores condiciones económicas generales, el
fomento del desarrollo exige, además, diversas modificaciones cualitativas que completan
el marco de referencia del estado de madurez y del nivel cultural de determinada nación.
2.- Estabilidad Económica
La estabilidad económica reúne tres objetivos básicos en los cuales la actuación de la
política económica es de importancia vital:
a) Mantenimiento del pleno empleo.
b) Estabilidad general de los precios.
c) Equilibrio de la balanza de pagos internacional.
El mantenimiento del pleno empleo es uno de los objetivos más importantes,
principalmente para las pocas economías desarrolladas del mundo occidental.
La Economía de los Estados Unidos, por ejemplo, ha fallado muchas veces en la
consecución de un nivel de empleo de acuerdo con su potencial. Involuntariamente la
mano de obra capacitada y el capital se han visto desempleados o subempleados. El
aumento de la tasa de desempleo no sólo redujo la eficiencia de la Economía
globalmente, sino que también provocó graves repercusiones sociales; su reducción, o su
total eliminación, es uno de los objetivos más significativos de la política económica que
tiene el propósito de dar condiciones generales de estabilidad a los países afectados por
el desempleo.
Por otra parte, paralelamente al fomento del pleno empleo, el objetivo de estabilidad
general de los precios, es importante porque la inflación, si es muy aguda y acelerada,
perturba el orden económico en general, crea tensiones, descapitaliza las empresas,
distorsiona el mercado de crédito y compromete la capacidad adquisitiva de la población.
Finalmente, con el mantenimiento del empleo y de la estabilidad de los precios, se
requiere equilibrio en la balanza internacional de pagos, pues el desequilibrio del sector
externo de una Economía puede inducir al surgimiento de presiones y de focos internos
de inestabilidad, amenazando no sólo el movimiento normal de los precios, sino el propio
mantenimiento del pleno empleo.
3.- Eficiencia Distributiva
El fomento de la eficiencia distributiva es un objetivo que implica la reducción de los
desequilibrios regionales y la disminución de las desigualdades en la distribución del
ingreso nacional entre las unidades familiares. La mala distribución del ingreso nacional
entre las familias y regiones de un país se ha caracterizado como uno de los más graves
problemas en las economías contemporáneas, debido sobre todo a sus implicaciones
políticas y sociales. En las naciones subdesarrolladas, este problema generalmente es
mucho más grave que en aquéllas donde ya se alcanzaron niveles satisfactorios de
desarrollo.
Pensamiento económico.
El surgimiento de la economía: mercantilismo y fisiocracia
Es hasta el nacimiento del mundo moderno que da inicio una reflexión teórica sistemática
sobre lo que podríamos llamar el fenómeno económico. De hecho es en esta época que
se concibe por vez primera a la sociedad como un sistema económico, “regido por leyes
propias, de acuerdo con las cuales podrían hacerse cálculos y predicciones de los
acontecimientos”. (Dobb: 1974, 30) Por supuesto que la reflexión sobre cuestiones
económicas había existido en épocas precedentes, por parte de los pensadores de la
antigüedad (Platón, Aristóteles), del mundo árabe y de la Edad Media. Pero se trata de
reflexiones aisladas, que no forman una disciplina o corriente de pensamiento, ni acaban
de delimitar un objeto de estudio propiamente dicho. Dichas reflexiones se hacen sin
diferenciar a la economía de la moral o la política o la ética. La discusión sobre el crédito
(la usura) desde el punto de vista de la Biblia es un ejemplo de ello.
¿Qué ocurría en el naciente mundo moderno que hizo necesario el surgimiento de la
economía como una disciplina específica del pensamiento social y con pretensiones
científicas? ¿Por qué en un inicio la economía llevó el apelativo de “política”?
Para responder estas preguntas hay que considerar importantes procesos económicos,
sociales y políticos que tuvieron lugar en el noroeste de Europa occidental, (Francia,
Holanda, Bélgica, Gran Bretaña) a lo largo de los siglos XVI-XIX. Se trata de cambios
centrales en el largo pasaje del mundo medieval al mundo moderno.
La primera de estas transformaciones tiene que ver con la expansión de las economías de
mercado ya que en esta época tiene lugar una amplia difusión de la producción mercantil
y de la circulación del dinero, que disuelven el orden económico del feudalismo. En las
palabras de un historiador se expresa el contraste a que da lugar esta expansión al paso
de dos centurias: “en el siglo XV, una gran parte de los habitantes de Europa casi no
manejaban dinero, por ejemplo, un agricultor podía conservar su casa y su granja
heredadas sin pagar renta, con solo trabajar las tierras del señor, podía tener derecho a
recoger leña en los bosques de su señor, solía pagar al molinero que molía su trigo con
una parte del grano; contribuía a la iglesia dándole diezmos de sus productos. Hacia
finales del siglo XVII, gran parte de la población, especialmente la urbana, de Inglaterra,
Holanda y Francia vivía dentro de una economía basada en los ingresos” (Clark, 1963:
182)
El segundo gran cambio se relaciona con la aparición y difusión de relaciones de
producción basadas en la contratación de mano de obra. En la base de esta nueva forma
de producción se encuentra la doble condición del trabajador asalariado sin medios para
producir y para vender por su propia cuenta. “Libre de medios propios de vida y libre para
contratarse”. A esta doble condición se llegó en Europa occidental mediante un proceso
conocido como la “acumulación originaria” y que consistió básicamente en llevar a cabo
cercamientos de tierras rurales, despojos de comunidades, venta obligada de fuerza de
trabajo, acompañado de leyes contra el vagabundaje, etcétera.
El tercer gran cambio de esa época es la conformación de burguesías comerciales al
calor de la conquista de América, Asia y en menor medida África, por parte de las
potencias europeas, con la consiguiente expansión del capital mercantil y la formación de
un mercado mundial bajo patrones colonialistas. Esto es producto, desde el punto de vista
de la técnica, de una seria de mejoras y progresos en los métodos de navegación, que le
dan a Europa una superioridad decisiva frente al mundo árabe y a la postre la llevarán a
ejercer un dominio de los mares del mundo. Surgen poderosas burguesías comerciales en
los principales puertos de lo que llegarían a ser posteriormente Italia, España, Portugal,
Francia, Holanda, Inglaterra. Entre esas burguesías se establece una intensa
competencia por alcanzar el mayor dominio marítimo y el control de los nacientes
mercados coloniales.
El cuarto gran proceso de cambio es de orden político y se trata de la conformación de los
llamados Estados – Nación absolutistas (Portugal, Francia, España, Holanda, Inglaterra).
Se trata de la forma tardía del estado feudal que acompaña a la transformación de la
nobleza terrateniente en una nobleza mercantilizada. Este estado se caracteriza por llevar
a cabo una centralización del poder político (y del excedente) en las protonaciones. Junto
con fenómenos tales como el surgimiento de la deuda pública tiene lugar la
nacionalización del comercio exterior, el proteccionismo comercial, el impulso de flotas
mercantes y fuerzas navales y militares; también tiene lugar el impulso y participación
estatal en manufacturas de bienes de lujo y elaboración de materias primas y
armamentos.
El estado absolutista es crucial en la formación de los Estados - Nación ya que promueve
la formación de mercados internos (eliminación de las barreras de comercio, unificaciones
monetarias, banca central en Francia) y promueve la conquista de mercados externos. Su
objetivo es en todo momento el de acrecentar la riqueza de la nación.“El estado
absolutista jugó un papel muy importante de la primera etapa de la transición (al
capitalismo) mediante la movilización del excedente económico, el impulso a la economía
mercantil, la producción manufacturera y la conformación de economías y estados
nacionales” (Dabat, 1991:)
De hecho el término de Economía Política con el que se bautiza inicialmente la economía
quiere decir economía de las naciones. La estadística aplicada a los censos, mediciones,
registros contables de los jóvenes estados era llamada en ese entonces “aritmética
política”- e incluso la economía en un principio era parte de dicha aritmética. En la
actualidad las llamadas “Cuentas Nacionales” equivalen a una aritmética o estadística
económica de las naciones.
Resumiendo: en esos siglos tiene lugar el surgimiento de nuevas dimensiones (mercantil,
dineraria, salarial, estatal e internacional) de la actividad económica. “El feudalismo con
sus feudos autosuficientes desde el punto de vista económico, social y político estaba
dejando paso a un creciente comercio, al auge de las ciudades…y a la expansión del
estado nación…La producción de bienes para el mercado estaba cobrando más
importancia y la tierra, el trabajo y el capital comenzaban a comprarse y venderse en los
mercados.” (Landreth y Collander, 2006: 43)
Mercantilismo: riqueza y comercio exterior
La primera corriente del pensamiento económico moderno es conocida con el término de
mercantilismo. No es una escuela bien definida ni con posturas teóricas unánimes. Se
trata de una corriente de pensamiento formada a partir de las ideas de hombres de
negocios y políticos que escriben folletos, dictan discursos, redactan artículos en el
transcurso del siglo y medio que va de inicios del XVII a mediados del XVIII. Los más
conocidos autores son Thomas Munn, William Petty, David Hume y Richard Cantillon.. En
muchos aspectos su pensamiento es confuso y contradictorio y por supuesto evoluciona
en muchos aspectos en un lapso tan largo (por ejemplo las posturas opuestas del
metalismo y del no metalismo)
Lo más relevante del mercantilismo es su idea acerca de la riqueza. Conciben su origen
en el comercio exterior, específicamente en las exportaciones realizadas por un país. La
riqueza consiste en la obtención de metales preciosos mediante el excedente de
exportación, lo cual se expresa como una balanza comercial positiva. En este sentido es
que la riqueza es igual al oro y la plata. Se dice que el mercantilismo confunde a la
riqueza con su equivalente general, el dinero.
Este enfoque conocido como metalismo plantea no exportar metales preciosos sino
exportar muchas mercancías e importar poco. De aquí se deriva una política
proteccionista colonialista orientada a acrecentar vía el comercio exterior la riqueza y el
poder de la metrópoli, asegurando la importación de materias primas baratas y la
existencia de mercados cautivos para los bienes manufacturados de exportación.
Acorde con los rasgos del estado absolutista, el mercantilismo postula en el plano
económico la subordinación del individuo al poder y el engrandecimiento del estado:
políticas de salario máximo, de criminalización del vagabundaje, de fomento al
crecimiento de la población a fin de contar con oferta abundante y barata de trabajadores.
Un aspecto central estudiado por autores mercantilistas es el relativo al dinero. Con
motivo de la inflación ocurrida en Europa durante el siglo XVI a raíz del ingreso de
metales provenientes de las colonias españolas en América, tienen lugar las primeras
reflexiones respecto del papel de la moneda en la actividad económica y surge la teoría
cuantitativa del dinero y los precios. Cabe destacar que es Bodino, un teórico de la ciencia
política, quien formula la primera explicación monetaria de la inflación: la inflación es
resultado de la abundancia de metales, es decir es consecuencia de un exceso de
circulante.
Los mercantilistas compararon el dinero con la sangre y lo consideraron un elemento que
impulsaba la actividad económica antes que un factor que elevara los precios. Lo
recomendable incluso era tener niveles de precios altos producto del ingreso de metales
preciosos. También estudiaron los problemas del tipo de cambio. Los antimetalistas
sostuvieron que el alto tipo de cambio no es la causa de la escasez de dinero sino su
efecto.
En una primera etapa lo que predominó fue el metalismo y la idea de atesoramiento pero
en el largo plazo se impuso el antimetalismo que enfatizaba la utilidad del dinero para
activar la economía y que en general tenía una visión más amplia de la riqueza, no
reducida a los metales preciosos. Aun cuando en general en el mercantilismo predominó
una visión de suma-cero del comercio internacional, en su etapa final comienza a transitar
hacia ideas liberales en torno al comercio.
El filósofo David Hume es el mejor representante del mercantilismo tardío: no metalista
(“las mercancías no son un medio para obtener metales sino la riqueza en sí”); crítico de
la idea de que un país podría mantener permanentemente una balanza comercial positiva;
exponente de la teoría monetaria de la inflación y de la relación existente entre masa
dineraria, precios, tipo de cambio, exportaciones y reservas internacionales. Este autor en
un interesante problema teórico formulado en 1741 se pregunta lo que sucedería si
Inglaterra perdiera de golpe 4/5 partes de sus metales, sugiriendo que los precios de sus
mercancías bajarían en la misma proporción, se abaratarían frente a la competencia
internacional generándose con ello mayores exportaciones que ingresarían metales
preciosos a la economía inglesa y a la larga ésta volvería a recuperar su riqueza metálica
original.
En resumen: ¿cuáles son las aportaciones del mercantilismo? Comenzar a ver a la
economía como un “problema” (serie de problemas) a estudiar, comenzar a verla como un
sistema en el que existen cierto tipo de interrelaciones. Asimismo son los pioneros en el
estudio del llamado sector externo y del sector monetario, explorando los principales
vínculos entre ambos: balanza comercial, dinero, inflación y tipo de cambio
La Fisiocracia y el primer modelo económico
Esta escuela francesa del pensamiento económico destaca especialmente por su noción
de la riqueza y su visión del sistema económico. Contemporánea del movimiento de La
Ilustración, es partidaria del liberalismo económico y su principal contribución sin duda
radica en la elaboración del primer modelo o diagrama de flujo para representar el
funcionamiento interdependiente del sistema económico.
El nombre de fisiocracia significa ¨poder de la tierra” pues el rasgo distintivo de esta
escuela es la idea de que la agricultura constituye la única actividad creadora de riqueza.
Se trata de una visión-observación de claro corte naturalista: la semilla sembrada en la
tierra, la aparición de la planta y luego de su fruto. De acuerdo a ello las demás
actividades únicamente transforman la riqueza surgida de la agricultura: ya sea en
alimentos, insumos o bienes manufacturados.
El contexto en el que se nutre esta escuela francesa es la del capitalismo agrícola en el
norte de Francia y de la agricultura capitalista inglesa, cuya manifiesta superioridad
productiva frente a la agricultura tradicional es motivo de reflexión y propuestas de política
económica por parte de los fisiócratas a fin de promover su difusión en el resto de
Francia.
Francois Quesnay, médico de la corte de Luis XIV, estudioso de la circulación corporal
sanguínea y un precursor de la neurología, es el autor más destacado de esta corriente.
Quesnay es quien formula la frase “laissez faire, laissez passer; le monde va luimeme”
(“dejar hacer, dejar pasar; el mundo va por sí mismo”), sin duda la más distintiva del
liberalismo económico. Escribe los artículos “Le granes” y “Le Fermieres” en la
Enciclopedia, y su principal aportación a la economía es Le Tableau Economique.
¿Cuál es la importancia de esta obra?
En ella se realiza la primera idea-representación de sistema económico como un
organismo económico-social: primer modelo macroeconómico que agrupa multitud de
unidades económicas en tres grandes sectores. Identifica o iguala a estos sectores con
las clases de los agricultores, los manufactureros y los terratenientes. Muestra la
circulación o “los flujos” del producto social, del dinero y del capital entre estos tres
sectores. El modelo también considera el consumo productivo y el consumo personal, la
depreciación y los adelantos de capital. Igualmente plantea la noción de excedente o
produit net. La Tabla Económica establece una serie de supuestos: reproducción simple,
es decir no hay inversión ni crecimiento del producto, no hay estado y por lo tanto
impuestos o gasto público, ni tampoco existe el comercio exterior con ingresos y egresos
de mercancías y metales.
La Economía Política Clásica: Adam Smith
Contexto
Se considera que el período de la Economía Política Clásica abarca de1776 a 1870: casi
un siglo en cuyo transcurso tiene lugar el inicio de la Revolución Industrial y su
propagación por Europa occidental y Norteamérica. Es también la era que corresponde al
capitalismo de libre competencia, así como a la etapa de ascenso al poder político de las
burguesías estadounidense y francesa, al igual que las de otros países de Europa.
En el plano intelectual es un período de predominio de la filosofía del liberalismo y la
época de oro del pensamiento de la Ilustración, “un movimiento en cuya base se
encuentra la confianza en la razón humana, una filosofía humanista que se esfuerza y
trabaja por el progreso” (Reale y Antiseri: 1988). De hecho las tres “Ideas-Fuerza” que
orientan al pensamiento de toda esa época son las de la Razón, la Libertad y el Progreso.
La Escuela Clásica proporciona por vez primera una visión teórica completa del sistema
económico analizando en su sentido más amplio los procesos de producción, distribución,
intercambio y consumo de bienes y servicios: desde la cuestión de los precios y el valor
de las mercancías, pasando por la acumulación de capital, el ciclo económico, el empleo,
la tasa de beneficios, el crecimiento económico, el comercio internacional y llegando a
considerar incluso las perspectivas a futuro del capitalismo.
La Revolución Industrial tiene su cuna en Inglaterra y se asocia con la maquinización de la
industria textil, el uso de la máquina de vapor, los ferrocarriles y los canales de
navegación. Recordar: la Revolución Americana (1776), la Revolución Francesa (1789) y
las Revoluciones Europeas (1848-1850).
En un primer nivel, de acuerdo a la trascendencia de sus obras, se ubican las ideas de
Adam Smith y David Ricardo. En un segundo nivel se encuentran las de Robert Malthus,
Jean Baptiste Say y John Stuart Mill. Hay un tercer grupo de autores más amplio con
aportaciones puntuales. (O’Brian, 1999: cap. 1). En estas notas nos concentraremos en
los dos primeros autores, si bien haremos señalamientos puntuales de otros.
La “Riqueza de las Naciones”
“An Inquiry in othe nature and causes of the Wealth of Nations” es el título de la obra más
importante en la historia del pensamiento económico. La “Riqueza de las Naciones”, como
se le conoce de manera abreviada, fue publicada en 1776, constituye la obra fundacional
de la economía, representa el libro por excelencia del liberalismo económico y su autor, el
escocés Adam Smith, es considerado, por las ideas ahí expuestas, el “padre de la
economía”.
Adam Smith era profesor de filosofía en la Universidad de Glasgow. Impartió cursos de
filosofía moral que comprendían, según las notas del curso o Lecciones de Glasgow
tomadas por un alumno, cuatro grandes unidades:
1. Teología natural (abordando temas como el Ser, Dios, la religión;
2. Ética;
3. Justicia (considerando principalmente cuestiones en torno a la propiedad privada);
4. Reglamentaciones estatales (políticas comerciales y financieras).
De la parte 2 de dichas notas surge posteriormente su libro Teoría de los Sentimientos
Morales, publicado en 1759. De la parte cuatro se desprende más tarde La Riqueza de las
Naciones (escrita durante los años de 1770-1776). Un acontecimiento muy importante en
la vida de Adam Smith es un viaje a Francia en 1759, ya que en el país cuna de la
Ilustración entra en contacto con los fisiócratas y la obra de Francois Quesnay.
La Riqueza de las Naciones está compuesta por los siguientes libros:
I. División del trabajo, valor, dinero y distribución (salarios, ganancia, renta)
II. Capital y moneda
III. Estudio histórico sobre el crecimiento económico
IV. Mercantilismo y Fisiocracia
V. Ingresos del Estado
División del trabajo y productividad
Adam Smith no tiene como marco de referencia para su análisis el comercio o la
agricultura sino la manufactura. Se trata de la manufactura previa a la revolución
industrial, lo cual significa que no existe aún la presencia generalizada de la máquina en
los procesos productivos. Estos procesos son intensivos, por el contrario, en el uso del
factor trabajo.
Tomando como ejemplo la manufactura de alfileres, Adam Smith afirma que en la división
del trabajo se encuentra la causa de la riqueza de las naciones. Su obra da inicio con el
efecto positivo que tiene en la producción de bienes la división del trabajo: el aumento en
la productividad.
Detengámonos un momento en este concepto clave de la economía: productividad.
Se trata de la relación entre los factores de producción utilizados para elaborar
determinado bien y la cantidad de bienes producidos. Una cierta disposición de factores
produce una determinada cantidad de bienes. Si se mantiene constante aquella dotación
y uso en el tiempo de esos recursos y aun así la cantidad de bienes elaborados aumenta,
se dice que la productividad se incrementó. Si por el contrario, dada esa misma cantidad
de factores, su uso en el mismo lapso arroja una menor cantidad de bienes, se dice que la
productividad descendió.
En el proceso de elaboración de un bien tan sencillo como lo es un simple alfiler, Adam
Smith observó que la división del trabajo incrementa la productividad: dividiendo entre los
obreros las distintas tareas que implica hacer un alfiler, aquellos producen una mayor
cantidad. En el ejemplo de Smith la producción de 10 obreros pasa de 20 alfileres por
trabajador al día sin división del trabajo a la cifra de 4 800 con división de tareas entre
ellos.
Adam Smith distingue tres causas por las cuales aumenta la productividad con la división
del trabajo:
1) Se reducen los ´tiempos muertos¨ que implica el pasar de una tarea a otra distinta;
2) El trabajador se especializa en una tarea adquiriendo así mayores habilidades o
destrezas en la misma y, por último;
3) La especialización y simplificación de las tareas facilita la introducción de
maquinaria y/o el mejoramiento de la misma.
El factor que motiva la existencia de una división del trabajo, según Smith, es “una cierta
propensión de la naturaleza humana a permutar, cambiar y negociar una cosa por otra”.
Esta propensión es la causa de la existencia del mercado.
El mercado
Para Adam Smith el mercado es la “mano invisible” que da equilibrio y armonía al sistema
económico. El mercado es lo que cohesiona al sistema económico articulando los
múltiples actos individuales en un gran agregado social.
Adam Smith radica el origen del mercado en la naturaleza egoísta del ser humano, es
decir en su proclividad a obtener beneficios o ganancias materiales. El interés individual y
no el altruismo o la solidaridad es lo que motiva a los agentes económicos a dedicarse a
tal o cual actividad. El mercado permite conjugar los intereses egoístas de las personas y
traducirlos en un bien común (es como en la fábula de Vicios Privados y Virtudes Públicas
o, para decirlo en la jerga de los economistas: “en el mercado los egos de los agentes
económicos arrojan externalidades positivas”).
Smith agrega que no discutirá si esta propensión es un “principio innato” del ser humano“o
si, como parece más probable, es consecuencia de facultades discursivas y del lenguaje”,
cuestión, por cierto, de suma actualidad en las neurociencias.
Para que ese mecanismo del mercado funcione se requiere a juicio de Smith la existencia
de una libre competencia entre los productores y prestadores de servicios, un sistema
económico que opere sin la intromisión del estado y sin la presencia de monopolios que
dificulten o atrofien el movimiento de esa “mano invisible”.
Únicamente en condiciones de libre competencia entre productores y consumidores los
precios establecidos por el mercado constituyen un mecanismo adecuado para orientar
las decisiones de los productores y consumidores y, consecuentemente, para llevar a
cabo una asignación eficiente de los recursos productivos. El mercado es el mecanismo
que da lugar a una adecuada división social del trabajo.
Precios y valores
Un aspecto central en la obra de Smith es que plantea los fundamentos, en ocasiones de
manera por cierto contradictoria, de una teoría de los precios y del valor, ambos temas-eje
del pensamiento económico, temas que por su naturaleza esencial han dado lugar a
debates seculares, con aportaciones, refutaciones, argumentos y contra argumentos de
una u otra escuela o corriente teórica.
Destaca de entrada que Smith distingue entre el precio natural de una mercancía y su(s)
precio(s) de mercado. El primero se encuentra establecido por las condiciones de
producción del bien y es el “indicador” en torno al cual oscila no gravitan los precios de
mercado, en constante variación por efecto de las fuerzas de la oferta y la demanda de
ese bien a cada momento. Asimismo, expone una doble teoría de lo que constituye el
precio natural: de una parte lo explica como determinado por los costos de producción y
de otra, lo analiza en función de los ingresos correspondientes a los factores de
producción (trabajo, capital y tierra) involucrados; es decir explica el precio de un bien de
acuerdo a la remuneración total factorial: la suma de los salarios, ganancias y rentas.
Respecto a la cuestión del valor Smith establece una distinción que resulta primordial: una
cosa es la utilidad específica de un bien (valor en uso) y otra es su valor económico (valor
en cambio o de intercambio). Asociada a esta distinción Smith formula la “paradoja del
valor”: la existencia de bienes con una gran utilidad para los humanos (vitales de hecho)
como por ejemplo el aire y el agua y que al mismo tiempo carecen de valor económico (al
menos en esa época así era con el agua) y la existencia de bienes con poca o escasa
utilidad como los diamantes pero que sin embargo poseen un alto valor.
Smith establece los fundamentos de la llamada teoría del valor trabajo, que se denomina
así pues afirma que en este factor –el trabajo- radica la fuente u origen del valor. Sin
embargo su argumentación ofrece dos versiones aparentemente similares pero de hecho
distintas: a una se le conoce como la teoría del trabajo incorporado y afirma que el valor
de un bien está dado por la cantidad de trabajo que costó producirlo, mientras que a la
otra se le conoce como la teoría del trabajo comandado y sostiene que el valor de un bien
está dado por el trabajo que ese bien permite “ordenar” o adquirir. Al estudiar a David
Ricardo veremos que la primera versión va a ser la que retoma en principio la Economía,
mientras que la segunda es desechada por errónea.
Acumulación y crecimiento
El crecimiento en el producto y nivel de ingreso de un país depende del crecimiento en la
población ocupada y/o del crecimiento de su productividad, lo cual depende a su vez de la
introducción de maquinaria o de una división del trabajo más eficiente a través de la libre
competencia en el mercado. Tanto el incremento en el empleo productivo como en la
productividad requieren de la acumulación de capital.
En Smith el crecimiento es un círculo virtuoso de mercado - división del trabajo -
productividad – eficiencia – acumulación – empleo – mercado - división del trabajo-
productividad, pero al mismo tiempo, está marcado por una dinámica cíclica de
crecimiento de los salarios - descenso en las ganancias - descenso en la acumulación
-descenso en la demanda de empleo - baja en los salarios - aumento de las ganancias
-aumento en la acumulación y así, en un ciclo continuo.
La Economía Política Clásica: David Ricardo
Las Corn Laws y los Principios de Ricardo
El segundo gran exponente de la Escuela Clásica es el hombre de negocios, financiero y
parlamentario inglés (de origen judío-español), David Ricardo. Sus Ensayos sobre las
Corn Laws inglesas (1815) cuestionan los altos aranceles para la importación de trigo
dado sus efectos de incremento en los salarios, reducción de las ganancias y elevación
de las rentas de los terratenientes. La libre importación de grano, en cambio, provocaría la
reducción en el costo de los alimentos, disminuiría la renta de la clase improductiva
propietaria de la tierra y elevaría los beneficios de los empresarios, con lo cual se
estimularía la acumulación de capital y el crecimiento. El conflicto entre los intereses de la
burguesía inglesa y los terratenientes marcará la obra de Ricardo.
Su libro, Principles of Political Economy and Taxation (1817), destaca como una de las
grandes obras de la Economía en razón de su método abstracto de análisis,
especialmente en el abordaje o enfoque dado a los siguientes cuatro aspectos o temas: la
teoría del valor trabajo (a la que despoja de la ambivalencia y confusión smithiana); la
teoría de la renta diferencial en la agricultura (que constituirá un antecedente para el
estudio de los rendimientos decrecientes en la economía); el modelo de la distribución del
producto social en salario, renta y ganancias conforme avanza la acumulación de capital
(conocido como Corn Model) y, por último; la teoría de las ventajas comparativas como
fundamento explicativo del comercio internacional y de sus ventajas para las economías
nacionales.
4 Mark Blaug habla de que “su atractivo intelectual reside en un notable talento para la
realización de colosales abstracciones”.
Teoría del valor
A Ricardo le interesa explicar el comportamiento de los precios naturales (valores) de las
mercancías a lo largo del tiempo y no el de los precios de mercado en el corto plazo.
Ricardo opta por la teoría del valor trabajo incorporado y desecha la del trabajo
comandado: “El valor de una mercancía, o sea, la cantidad de cualquier otra mercancía
por la que se intercambie, depende de la cantidad relativa de trabajo necesaria para su
producción y no de la mayor o menor remuneración que se pague por ese trabajo.” Esta
definición del valor de cambio es válida para todas aquellas mercancías que se producen
bajo condiciones de competencia estándar y no para aquellas como los libros, las obras
de arte, las monedas, los objetos de colección, etcétera, bienes cuyo valor depende de las
preferencias e ingresos de los consumidores.
Renta Diferencial
La teoría de la renta agraria es una de las piezas fundamentales en el sistema teórico
ricardiano. Ella postula que, dada la diferencia o heterogeneidad natural de las tierras
dedicadas al cultivo, en la agricultura los precios de las mercancías no se forman a partir
de las condiciones medias de productividad, como sucede en la industria, sino por las
condiciones de producción más atrasadas, es decir las de la tierra de menor rendimiento.
Ejemplo de Renta Diferencial
Tierra Tonelada por Costo Total Costo Unitario Renta
Ha
A 8 50 6.25 50
B 7 62.5 8.93 37.5
C 6 75 12.5 25
D 5 87.5 17.5 12.5
E 4 100 25
Si el cuadro anterior se refiriera a una industria constituida por 5 empresas, el costo de
producción estaría fijado por las condiciones medias, es decir, por la empresa C, dada la
capacidad de las empresas de salvar las diferencias de la productividad que no obedecen,
en este caso, a razones de orden natural como ocurre en la agricultura y demás
actividades primarias. Obsérvese también que a medida que se incorporaran las tierras E,
F, G…; cada una de menor calidad respecto a la anterior, la renta de las tierras A-E se
irían incrementando progresivamente.
Acumulación y distribución a largo plazo
Mientras que en Adam Smith prevalece una visión armónica, optimista y dinámica del
capitalismo, en David Ricardo existe una visión en la que se destaca el conflicto o pugna
de intereses en el plano distributivo y, además, se augura un futuro pesimista y estático
para el sistema económico basado en la acumulación de capital La acumulación de
capital conlleva el aumento de la demanda de alimentos para una creciente población que
se emplea en actividades manufactureras, comerciales, etcétera.
Esto implica la apertura de nuevas tierras al cultivo, las cuales Ricardo supone serán
siempre tierras de menor fertilidad y rendimiento que las ya cultivadas. Esto eleva la renta
apropiada por los terratenientes y al tener lugar una producción agrícola con rendimientos
decrecientes, se genera un aumento en el costo de los bienes agrícolas y por ende un
elevamiento de los costos salariales (destinados a la adquisición de alimentos).
Veamos con mayor detalle el conjunto de supuestos del llamado Corn Model: se trata de
una economía de monoproducción cerealera, en este caso trigo, y en la que la producción
agrícola arroja rendimientos decrecientes disminuyendo en el tiempo tanto el producto
medio como el producto marginal. Esto supone que la tierra no está sujeta a mejoras en
su rendimiento (uso de fertilizantes, nuevas técnicas, semillas mejoradas, etcétera). Se
supone también que la demanda de cereal está en función directa del crecimiento de la
población y que dicha demanda no varía al elevarse el precio del cereal. Se supone
también que el salario se destina por entero a la compra de alimentos y es de
subsistencia, es decir únicamente suficiente para cubrir las necesidades más
indispensables del trabajador y su familia.
En el largo plazo, dado que los precios de los bienes agrícolas son fijados por los costos
de producción de las tierras de peor calidad, la acumulación de capital elevará en
términos reales los ingresos de los propietarios de la tierra, elevará los costos de la mano
de obra en la medida que los alimentos serán cada vez más caros y disminuirá los
beneficios de los capitalistas. Las ganancias de estos últimos se verán mermadas y
“comprimidas” tanto por la renta como por los salarios, ambos en crecimiento a costa de
la primera. En esta lógica la relación ganancia/salario, o tasa de beneficio de acuerdo a
Ricardo, va disminuyendo inexorablemente con lo cual desaparece poco a poco el
incentivo de la acumulación hasta arribarse a lo que se denomina un estado económico
estacionario, es decir con acumulación cero y sin crecimiento.
La ventaja comparativa y el comercio internacional
El modelo ricardiano de productividad del trabajo y ventajas comparativas es punto de
partida obligado en el estudio del comercio internacional y sus repercusiones en el
desarrollo económico de los países. Dicho modelo se fundamenta sobre los principios del
valor- trabajo y establece un vínculo entre la productividad (relativa) del trabajo y las
ventajas (comparativas) de las economías en el comercio internacional.
Independientemente de su validez explicativa, la teoría ricardiana del comercio
internacional ofrece un ejemplo aplicado y simple de la división del trabajo y la asignación
eficiente del recurso trabajo.
Este modelo teórico tiene como supuestos básicos los siguientes:
a. La existencia de dos economías que cuentan con solo dos sectores productivos
que producen solo dos bienes;
b. En ambas economías existe únicamente solo un factor productivo, el trabajo;
c. La productividad de dicho factor se equipara con el nivel de tecnología,;
d. Dicha productividad se mide de acuerdo a los requerimientos unitarios de trabajo,
y;
e. No existe movilidad internacional de los factores, particularmente el capital.
En el ejemplo utilizado por Ricardo se trata de Portugal e Inglaterra y de la producción y
comercio de ropa y vino. Los requerimientos del factor trabajo se miden por hombres
ocupados al año; las cifras para el caso de Inglaterra son de 100 hombres para la
producción de ropa y 120 para la producción de vino. En Portugal, en cambio, los
requerimientos anuales de trabajadores son 90 y 80, respectivamente. Portugal es por
tanto más productivo en ambas actividades, es decir tiene ventaja absoluta frente a
Inglaterra en la producción de ambos bienes, pero de ahí no se deriva que únicamente
Portugal se dedique a producir tales bienes, como lo supondría la teoría smithiana del
comercio internacional asentada en la noción de las ventajas absolutas.
De acuerdo a Ricardo lo que rige en el intercambio comercial entre los países es el
principio de la ventaja comparativa. A Portugal le conviene especializarse en la
producción de vino donde su ventaja es mayor en relación con la ventaja que guarda en la
producción de ropa frente a Inglaterra (80/120 frente a 90/100 o ¾ vs 9/10). A Inglaterra,
por su parte le conviene especializarse en la elaboración de ropa, donde posee ventaja
comparativa (es decir menor desventaja absoluta) frente a Portugal.
Esa división del trabajo sería la más eficiente para ambas economías. Obsérvese que
estaría en el interés de Portugal importar ropa a cambio de vino incluso aunque pudiera
producir ropa con menos requerimientos laborales que Inglaterra. ¿Por qué? Porque al
hacerlo obtendría a cambio de la producción de vino que le costó 80 hombres al año, la
misma cantidad de ropa que tendría utilizando al año 90 hombres produciéndola
internamente. A Inglaterra, a su vez, le conviene obtener la misma cantidad de vino que
obtendría dedicando 120 hombres al año, mediante el intercambio de ropa que solo le
costó 100 hombres al año.
En este planteamiento sobre el comercio internacional existe el supuesto de que el trabajo
es un recurso limitado para cada economía (y para ambas en conjunto) y que su
aplicación en un sector, para producir determinado bien, “X”, implica un trade-off, es decir
tiene un costo de oportunidad en relación a su aplicación en otro sector con miras a
producir un bien “Y”. (Krugman y Obstfeld, 1996:15).
De acuerdo a esta teoría los “países exportarán los bienes que su trabajo produce de
forma relativamente más eficiente e importaran los bienes que su trabajo produce de
forma relativamente más ineficiente.” Así, al intercambiar bienes en los que tienen costos
relativos más bajos, las economías están intercambiando trabajo y se especializan en la
producción del bien en el que son más eficientes y lo cambian por el bien en el que lo son
menos. De este modo el comercio presenta un método indirecto (y más eficiente) de
producción que viene a abaratar el precio de los bienes intercambiados y amplía las
posibilidades de consumo (Krugman y Obstfeld, 1996: 20-22)
La crítica marxista de la Economía Política
Antecedentes: historia, socialismo y proletariado
Karl Marx, filósofo y revolucionario de origen alemán, es autor de Das Kapital; obra que
lleva como subtítulo “Crítica de la Economía Política”.
La exposición de las ideas contenidas en este libro requiere de una presentación previa
de las ideas filosóficas y políticas que acompañan o subyacen al enfoque económico de
este autor. Nos referimos a tres cuestiones claves del pensamiento marxista: su
concepción de la historia, su visión política sobre la sociedad burguesa y su idea sobre la
misión social de la clase obrera. Karl Marx, a diferencia de los economistas previos, no
comparte la visión empresarial-burguesa del mundo, ni tampoco hace suyos los
postulados enarbolados por el liberalismo económico y político, lo cual va a significar una
ruptura radical en la manera de abordar el estudio de la economía.
En el pensamiento filosófico alemán la vertiente de la filosofía de la historia ocupa un
lugar central durante el siglo XVIII e inicios del XIX. ¿Qué es la historia? ¿Únicamente una
sucesión de hechos y acontecimientos sin conexión y dirección alguna? ¿Cuál es el
sentido de la historia de la humanidad? ¿Qué fuerzas o factores “mueven las ruedas” de
la historia?
Si la historia de la humanidad tiene un principio, ¿tiene también un final? ¿Hacia dónde va
la historia? En Herder, Kant y Hegel existe una explicación idealista a estas interrogantes
y, en el caso particular de Hegel, una visión dialéctica, que remarca la contradicción y el
antagonismo como el factor que impulsa el movimiento histórico a lo largo de una serie de
etapas de evolución
Marx retoma esta tradición filosófica al tiempo que le imprime un giro materialista. La
historia no está determinada por la voluntad o la acción de ninguna providencia, espíritu
absoluto o ente metafísico, sino por las condiciones materiales y sociales de existencia de
los hombres. El materialismo marxista afirma que esas condiciones dependen del
desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción vigentes. Se
distinguen en tal perspectiva una serie de modos de producción a lo largo de la historia de
la humanidad: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y otros como el
llamado “modo asiático de producción”. Con excepción del comunismo primitivo en el que
no existía la propiedad ni la diferenciación de clases sociales, en los restantes modos de
producción está presente la contradicción entre clases sociales. La lucha entre amos y
esclavos, señores y siervos, capitalistas y obreros, es el motor que impulsa la dinámica
histórica. Para Marx la contradicción entre los intereses de la burguesía y del proletariado
conducirá a un nuevo tipo de sociedad comunista, con un alto grado de desarrollo de las
capacidades productivas y una abundante riqueza material (“el reino de la libertad”)
Esta concepción filosófica de Marx se vincula con el auge de las ideas y proyectos
socialistas acontecido durante la primera mitad del siglo XIX y que es representado, entre
otros pensadores y reformadores sociales, por Saint Simon, Charles Fourier y Robert
Owen.
Al mismo tiempo la visión de Marx se retroalimenta de las extremas condiciones de
miseria y explotación en las que vive la naciente clase obrera durante los inicios del
capitalismo. Al llamado socialismo utópico de la época, Marx –y su colega, coautor y
amigo Engels- le dan un sustento filosófico dialéctico-materialista. La obra económica de
Marx tendrá como objetivo central el demostrar las contradicciones del sistema capitalista
y fundamentar sus límites, así como su final a manos del proletariado.
Mercancía, trabajo y valor
El punto de partida del análisis económico marxista es la mercancía, forma básica de la
riqueza en una economía capitalista (“célula” de la sociedad moderna).El trabajo humano
que produce ´X´ mercancía reviste un doble carácter. Por una parte es trabajo concreto,
específico, con ciertas habilidades, destrezas, calificaciones, que se lleva a cabo con
determinadas herramientas y máquinas. Ese trabajo se concreta en el valor de uso de la
mercancía, es decir en lo que es su utilidad (“para lo que sirve”) de acuerdo a sus
propiedades físico-químicas. En cuanto que son bienes útiles las mercancías y los
servicios constituyen la riqueza “material” de la sociedad.
Por otra parte, independientemente del desempeño físico específico requerido, el trabajo
ejercido para producir esa ´X´ mercancía es gasto de energía humana, desgaste
físiconeuronal del organismo. Este trabajo abstracto es la sustancia del valor que posee
una mercancía y su magnitud se mide por el tiempo de trabajo socialmente promedio
requerido para elaborarla (“tiempo de trabajo socialmente necesario”). En su calidad de
portadoras de un cierto valor las mercancías son riqueza social, es decir riqueza
socialmente reconocida.
El valor expresa una relación social por lo que el monto de valor de la mercancía ´X´ no
está dado por la cantidad de trabajo abstracto contenido en ella en lo individual, sino por
la cantidad promedio de trabajo que cuesta producirla mercancía ´X´. En otras palabras: la
magnitud del valor de una mercancía está determinada por las condiciones medias,
sociales, de su producción y no por sus condiciones particulares.
El valor de la mercancía ´X´ se expresa en muchos valores de cambio, es decir muchos
precios, tantos como el número de mercancías con las que se puede comparar; es decir,
el valor de una camisa es igual a 100 pesos, igual a 8 dólares, igual a 6 euros; también se
podría decir que el valor de cambio-precio- de una camisa es igual a un reloj cassio de
pulsera o igual a 10 coca colas de un litro, etcétera. El precio es la denominación
cuantitativa de la riqueza valuada socialmente.
En el análisis de Marx el mercado es el espacio en el que “desaparece” la división de los
trabajos particulares y se reconoce la naturaleza social del trabajo. La concurrencia de
vendedores y compradores valida o reconoce ya sea como socialmente útil o ya sea como
socialmente innecesario el trabajo incorporado en tal o cual mercancía. Esta validación se
lleva a cabo mediante el mecanismo de los precios y significa que la producción a nivel
social no se planifica con anticipación, sino que se regula con posterioridad a través de las
altas y bajas de precios en los mercados. Marx considera al mercado como un
mecanismo social que muestra el sometimiento (alienación) de los individuos a fuerzas
externas a su propia voluntad, pero que han sido creadas por ellos. En este sentido el
fetichismo de la mercancía consiste en otorgarle al mercado poderes y atributos que se
imponen a la sociedad misma.
El plusvalor
La teoría del valor-trabajo conduce, en Marx, a una teoría del excedente capitalista o
plusvalor. Esta se asienta en la consideración de que la fuerza de trabajo es una
mercancía que posee valor y utilidad (valor de uso). El primero corresponde al valor total
de los medios de subsistencia del trabajador (y que hoy podríamos identificar como
“canasta salarial”) y varía de acuerdo a condiciones históricas, políticas, sindicales,
etcétera. La segunda corresponde a su cualidad de crear valor.
En una jornada de trabajo Marx distingue dos períodos de tiempo. El primero, al que llama
tiempo de trabajo necesario, corresponde al lapso de la jornada laboral durante el cual el
trabajador crea una magnitud de valor (agrega una cantidad de trabajo) equivalente al
salario que recibe. Al capital destinado al pago de los trabajadores Marx lo denomina
capital variable (v), en tanto que el invertido en maquinaria, equipo, instalaciones, etc…lo
clasifica como capital constante (c).
Durante el segundo periodo de dicha jornada llamado tiempo de trabajo excedente, el
trabajador sigue agregando trabajo al producto en elaboración, es decir, continua creando
valor en una magnitud que excede a su salario. A este valor excedente le denomina
plusvalor y a la relación pv/v la designa con el término de tasa de plusvalor o tasa de
explotación.
Marx distingue dos formas o tipos de plusvalor:
Uno es el que se obtiene mediante la prolongación de la jornada de trabajo de modo tal
que el trabajador labore más tiempo excedente; el otro se loga mediante el aumento de la
productividad en las ramas productoras de bienes – salario de modo tal que éstos se
abaraten.
La primera forma de generación del excedente implica un agotamiento absoluto del
trabajador mientras que la segunda supone una reducción relativa del salario, vale deir un
abaratamiento de los costos laborales. La primera forma de generación del excedente
está asociada a un “crecimiento económico extensivo” que excluye el cambio técnico,
mientras que la segunda implica la puesta en práctica de más avanzadas técnicas de
producir las cosas, y en particular de reproducir a un menor costo a los trabajadores. Esto
implica un “crecimiento económico intensivo”, es decir, basado en el crecimiento de la
productividad.
A la primera forma de excedente Marx lo denomina plusvalor absoluto y a la segunda
plusvalor relativo. Al cociente Pv/v lo denomina tasa de plusvalor o tasa de explotación.
Acumulación, salarios y desempleo
El movimiento que sigue el capital puede representarse de la siguiente manera:
El inversionista compra medios de producción (maquinaria, herramientas, materias
primas) y en el mercado laboral contrata trabajadores. En el proceso productivo los reúne
para llevar a cabo un proceso de elaboración de determinado bien, el cual, si suponemos
que todo el capital constante se deprecia, posee un valor superior al del valor de las
mercancías compradas por el capitalista. Esta mercancía al venderse le retorna al
inversionista una cantidad de dinero superior a la cantidad inicial.
Marx considera que la creación de la riqueza se encuentra en el acto productivo, mientras
que los actos de compra constituyen cambios de forma de la riqueza, de dinero a
mercancías y de mercancías a dinero. No obstante, el acto de compra-venta que se
realiza entre el propietario del capital y el trabajador, y la retribución que lo media, el
salario, son decisivos en la dinámica del sistema.
El salario es para Marx un concepto engañoso. En apariencia es el pago realizado por un
trabajo ´X´ a lo largo de un tiempo Ý´, con lo que pareciera que todo el trabajo realizado
por el trabajador es retribuido por el propietario del capital. Pero si así fuera no habría
excedente que el capitalista pudiera apropiarse. En realidad el salario retribuye solo una
parte del trabajo realizado, aquella que corresponde al valor de los llamados bienes
salario.
En Smith la acumulación era un proceso de progreso relativamente armónico entre las
clases. En Ricardo era un proceso marcado por el conflicto entre capitalistas y
terratenientes que llevaría a un estado de evolución económica sin alicientes para invertir.
En Marx la acumulación conduce a una creciente explotación y miseria del trabajador. La
acumulación de capital con cambio tecnológico es fuente de un desempleo que limita el
crecimiento de los salarios al que, en principio, impulsa la propia acumulación; crea
asimismo en el largo plazo una reserva de desempleados (“ejército industrial de reserva”)
que se encuentra lista y dispuesta a ser ocupada durante los períodos de expansión y
auge de la actividad económica.
Además de provocar una pauperización de las condiciones de vida de los trabajadores, la
acumulación conlleva a procesos de concentración y centralización de la riqueza en cada
vez menor número de propietarios, con lo cual, vaticina Marx, el antagonismo social entre
burguesía y proletariado tenderá a exacerbarse y conducir a un período de revolución
social en el que los capitalistas serán expropiados de los medios de producción.
Tasa de ganancia y crisis
Marx cuestiona enfáticamente la “Ley de Say” defendida por Ricardo, y que constituye un
postulado que sostiene la existencia de un equilibrio entre oferta y demanda a nivel
agregado y niega en consecuencia que las crisis –sobreproducción de mercancías-
puedan ocurrir en una economía de mercado, ya que ésta corrige los desajustes
temporales y sectoriales que puedan surgir. Marx, por el contrario, concibe a las crisis
como expresión de las contradicciones del capitalismo e inherentes al sistema. Las crisis
mismas, resultado de la caída en la tasa de beneficio, operan cíclicamente como un
mecanismo que contrarresta las causas de dicha caída y promueve su alza mediante la
depreciación de maquinaria, equipo e inventarios, la baja en los salarios, el aumento de la
tasa de plusvalor, así como el elevamiento de la productividad.
Retomando aquí la cuestión de la alienación de los individuos, para Marx las crisis
constituyen una expresión concentrada de fuerzas económico-sociales que escapan al
propio control de sus creadores.
La Escuela Neoclásica: El Enfoque marginalista
La visión microeconómica
En la primera mitad de la década de los años setenta del siglo XIX (1871-1874) tres
autores replantearon, de raíz, cada quien por su cuenta, la manera de abordar el estudio
de la economía: el inglés William S. Jevons (Theory of Political Economy: 1871), el
austríaco Karl Menger (Principles of Economics: 1871) y el suizo Léon Walras (Elements
D´economie Pure: 1874). Sus postulados e ideas constituyen los fundamentos del
marginalismo y dan inicio a lo que se denominará escuela neoclásica.
El marginalismo tiene sus precursores durante las décadas de los treinta, cuarenta y
cincuenta de ese siglo (Longfield, W. F. Lloyd, Dupuit, H. H. Gossen, R. Jennings y A.
Cornout. Gossen es el más importante). Entre Jevons, Menger y Walras existen múltiples
diferencias en cuanto a metodologías, lenguajes y en general contribuciones a la teoría
económica, lo cual no impide resaltar el hecho de que, de manera independiente, los tres
emprendieran un camino en la misma dirección teórica. Menger es fundador de la llamada
Escuela Austríaca a la que pertenecen Frederich v. Wieser y Eugene v. Bohm-Bawerk
En vez de un enfoque macroeconómico el marginalismo lleva a cabo un análisis
microeconómico, para nada orientado al estudio de los grandes agregados y variables
asociados a la visión del estado-nación, sino enfocado en los procesos económicos
singulares y menores de los individuos, las familias y las empresas. Al desaparecer los
grandes agregados macroeconómicos, en este enfoque desparecen también las clases
sociales y el ente social se diluye en individuos atomizados. En cuanto a sus
fundamentos, la economía no se asentará en una teoría del valor-trabajo sino en una
teoría de la utilidad como fuente y medición del valor de los bienes.
En línea de continuidad con el liberalismo económico, esta nueva escuela posee una
visión positiva sobre las ventajas de las economías de mercado, la propiedad privada y la
vigencia de la igualdad oferta-demanda postulada por la “Ley de Say”; de manera similar
enfatiza la necesidad de un “estado mínimo” que no altere el funcionamiento de los
mercados. En su visión del homo economicus comparte también la idea de individuos
egoístas y que actúan interesados en su beneficio personal, pero considera además que
en los agentes económicos existe un comportamiento basado en la toma de decisiones
racionales y motivadas siempre por un comportamiento hedonista (que busca el placer y
la felicidad y evita el dolor o sufrimiento).
Sin embargo, en ruptura con la tradición de la Economía Política, esta visión mantendrá
visiones radicalmente alternativas en lo que se refiere al valor y los precios, así como a la
distribución y la producción.
Durante las tres últimas décadas del siglo XIX esta escuela fue ganando aceptación
mientras que los postulados fundamentales de la Economía Política perderán influencia
teórica. En esto último incidieron varios factores: la realidad económica europea mostraba
que el análisis ricardiano de la distribución- teoría de la caída de la tasa de ganancia,
basada en los rendimientos decrecientes de la agricultura y la teoría malthusiana de la
población eran del todo erróneas; asimismo, las tendencias en el alza de los salarios de
los trabajadores durante la segunda mitad del siglo, mostraban que la tesis de que
aquellos se mantenían al nivel de subsistencia era igualmente equivocada.
Un tercer factor, de orden ideológico y político –pero sin duda también teórico- es que la
Economía Política había llegado a un límite, en la medida que la teoría del valor trabajo
fundada por la escuela clásica había derivado en una teoría de la explotación en la que se
apoyaban las acciones y postulados de las corrientes socialistas. En este lapso la
disciplina se vuelve más académica profesional, con una incorporación creciente del uso
de las matemáticas y, de hecho deja de llamarse Economía Política para denominarse
Economics.
La teoría subjetiva del valor
De acuerdo a John Stuart Mill, considerado el último exponente de la Economía Política,
la teoría del valor trabajo (y en general de los costos de producción) explica los
determinantes de los precios de bienes cuya oferta es altamente sensible a los cambios
de precios.
En cambio la teoría del valor trabajo deja de lado la explicación de los determinantes de
los precios de bienes como tales la tierra, las obras de arte, el vino, los artículos de
colección y que por cierto son una minoría respecto a los bienes totales, es decir bienes
cuya oferta no varía nada con los cambios en el precio
La crítica del marginalismo va mucho más lejos que esta objeción: llega a los
fundamentos mismos de la noción de valor. El valor no es atributo que dependa del
trabajo y los costos que implica elaborar un bien “X”, sino que depende de la utilidad
(léase placer, bienestar, felicidad) que quien lo adquiere espera recibir de él. El valor no
está en el objeto sino que es asignado a éste por el sujeto, por lo cual sus determinantes
no se encuentran en el pasado sino en el futuro, no en las condiciones sociales de su
origen –producción sino en las individuales de su realización – consumo.
El enfoque marginalista cuestiona a la economía política su incapacidad para resolver la
paradoja del agua y los diamantes (Smith ejemplificaba que los diamantes tienen poca
utilidad y mucho valor mientras que lo contrario sucede con el agua, que posee mucha
utilidad pero carece de valor) debido a considerar el problema desde el ángulo de la
utilidad total proporcionada por dichos bienes y no desde la perspectiva de lo que hoy se
denomina utilidad marginal decreciente.
La utilidad total es la suma de las utilidades de las dosis individuales; utilidad marginal o
final es la que proporcionaría la última dosis del bien.“Cada porción de riqueza está en
conexión con una porción correspondiente de felicidad”.
Ahora bien, si la utilidad es el placer o felicidad o bienestar esperado ¿es posible medir la
utilidad? ¿Con qué patrón se puede medir una variable psicológica?
Los partidarios de la utilidad cardinal dicen que sí se puede medir esa felicidad o bienestar
mediante una unidad de medida, en este caso “útiles” (grados de utilidad) que se asignan
a cada mercancía. (Ejemplo: naranja= 5 útiles; manzana= 6 útiles). Los partidarios de la
utilidad ordinal (W. Pareto) afirman que no se pude medir pero que si se pueden ordenar
jerárquicamente la utilidades provenientes de diferentes bienes (Ejemplo: saber si la
utilidad de una naranja es menor que, igual que, o mayor que la utilidad de una manzana).
Conforme se consumen más manzanas aumenta la utilidad total pero disminuye al mismo
tiempo la utilidad marginal. Hasta el consumo de la manzana 7, el individuo queda
saciado de manzanas, comer una más ya no le reportará alguna utilidad marginal, incluso
esta última es negativa después de cierto límite en el consumo de manzanas. La 1ra. Ley
de Gossen afirma que “cada acto sucesivo de consumir produce un placer cada vez
menor hasta llegar a la saciedad”.
¿Qué implicaciones teóricas tiene el planteamiento de la utilidad marginal?
Jevons formula una teoría del intercambio a partir de la maximización de la utilidad
(Ejemplo del maíz y la carne) y define a la economía como el estudio de las relaciones de
intercambio mediante las cuales individuos racionales maximizan su utilidad al llevar a
cabo la asignación de un stock de bienes entre diferentes usos, en el intercambio con
otros individuos, así como en la producción de bienes. En un sentido similar Menger
considera que la base del intercambio es la diferencia de las valuaciones subjetivas
respecto a los bienes.
La productividad marginal
Una de las aplicaciones más importantes del principio marginalista se encuentra en la
teoría de la productividad marginal que formulan inicialmente Jevons y Menger y que será
desarrollada por la segunda generación de marginalistas (Wieser, Wicksteed, Clark).
Jevons y Menger habían invertido la relación causal entre los precios de los factores de
producción y los precios de los bienes finales, afirmando que aquellos no son los
determinantes de éstos sino determinados por éstos; es decir, los precios de los factores
de producción dependen de la utilidad marginal de los bienes finales que ayudan a
producir.
Su precio es resultado de una imputación.
La teoría de la productividad marginal desarrollada por los marginalistas de segunda
generación, postula que el precio de un factor de producción es igual a su productividad
marginal en dinero, bajo condiciones de competencia perfecta y suponiendo una función
de producción donde uno de los factores es fijo y el otro variable. La teoría de la
distribución basada en la productividad marginal postula la competencia perfecta como
mecanismo óptimo de asignación de recursos: lo único que impide que cada factor sea
retribuido de acuerdo a su productividad marginal son los monopolios y otras limitaciones
a la competencia, como sería la injerencia del estado y la acción sindical.
Costo de oportunidad
Para concluir con esta revisión del enfoque marginalista, nos referiremos al concepto de
costo de oportunidad, formulado por Wieser, también austríaco y primero por cierto en
usar el concepto de utilidad marginal.
En economía existe una relación fundamental entre escasez y necesidad. Dada la
existencia de recursos escasos, la producción o el consumo de ´X´ bien implica sacrificar
la producción o el consumo de otros bienes. “en una economía con recursos escasos, el
verdadero sacrificio que entraña la producción (consumo) de algo lo constituyen las otras
cosas que podrían haberse producido (consumido); … si todos los factores de producción
(bienes) son escasos en la oferta respecto a la demanda de ellos, el costo de utilizar una
unidad cualquiera de factores (bienes) en la producción (consumo) de una mercancía, la
utilidad marginal de las otras mercancías que se dejan de producir (consumir) es su costo
de oportunidad”.
El costo de producción se convierte en un mero costo de oportunidad: el costo
representado por el sacrificio de la utilidad de aquellos otros bienes que se podrían haber
obtenido con los recursos utilizados para producir el bien en cuestión. Imputación y costo
de oportunidad son los pilares sobre los que se monta la teoría de la producción y dado
que aquello que para los empresarios representa un costo es un ingreso para los
propietarios de los factores de producción, la teoría de la distribución se deducirá como
una mera extensión del principio marginalista.
Digamos por último que a nivel microeconómico la teoría de la productividad marginal
tiene implicaciones y aplicaciones fundamentales para la teoría de la empresa y el uso
óptimo de los factores de producción
Alfred Marshall y la síntesis neoclásica
Economics
Es el título de la obra principal del inglés Alfred Marshall, publicada por vez primera en
1890, y considerada la más importante y completa de la escuela neoclásica y una de las
tres más destacadas en la historia del pensamiento económico. Marshall, exponente
número uno del neoclasicismo, retoma la herramienta básica del análisis marginal, pero la
incorpora en un método más amplio que reconoce la complejidad de la realidad a estudiar
(interdependencia de variables), que enfatiza la necesidad de abordar el estudio de esta
realidad “paso a paso”, mediante supuestos de variables que permanecen constantes
(Ceteris Paribus), y que incorpora también en la formulación teórica, por vez primera y de
manera por demás fructífera, la dimensión temporal.
En la teoría del valor y la distribución la obra de Marshall combina la tradición clásica de
poner énfasis en la oferta y la producción, con la postura marginalista a favor de privilegiar
la demanda y el consumo. Las páginas de Economics también destacan por el estudio de
la demanda y de sus diferentes variaciones al variar los precios de las mercancías y los
ingresos de las personas. También destaca por establecer algunos de los fundamentos de
la llamada economía industrial y es ampliamente reconocido por su modelo parcial de
equilibrio.
El excedente del consumidor
Una aplicación del principio marginalista por parte de Marshall es el concepto de
excedente del consumidor. La idea general se puede expresar del siguiente modo: el
precio que una persona paga por un bien nunca es mayor, y pocas veces es igual, al
precio que esa persona estaría dispuesta a pagar por dicho bien, en vez de prescindir de
él. Si el precio de un bien mide la última porción de utilidad del bien, eso significa que las
porciones precedentes le cuestan al consumidor menos dinero del que hubiera estado
dispuesto a pagar.
En relación al debate en torno al valor económico de los bienes Marshall adopta una
postura en apariencia ecléctica. Frente a los respectivos enfoques unilaterales de clásicos
y marginalistas, los primeros centrados en la oferta y considerando como dada a la
demanda, los segundos enfocados en la demanda y considerando como dada a la oferta,
Marshall considera que no es sólo el costo de producción lo que determina el precio o
valor de un bien, ni tampoco exclusivamente su utilidad para el consumidor. El precio es
resultado de una combinación variable de ambos factores: el precio es resultado del corte
de ambas hojas de las tijeras. Del lado de la demanda es la utilidad marginal. Del lado de
la oferta son el esfuerzo y sacrificio marginales.
La manera como oferta y demanda determinan vis a vis el valor de los bienes está en
conexión con la dimensión tiempo. El precio es fijado tanto por las condiciones de
producción como por las necesidades individuales de satisfactores, pero las diferentes
escalas de tiempo determinan la ponderación de unas y otras en la determinación del
precio.
Institucionalismo y Evolucionismo
Dos enfoques heterodoxos
A fines del siglo XIX e inicios del XX, justamente durante el lapso en el que el enfoque
marginalista-marshalliano se convierte en la corriente dominante del pensamiento
económico, surgen, en abierta contraposición a sus postulados, fundamentos y
metodologías, dos planteamientos alternativos: el institucionalismo y el evolucionismo
tecnológico. El primero es formulado por Thorstein Veblen y el segundo por Joseph A.
Schumpeter. Ambas propuestas son parte del llamado pensamiento económico
heterodoxo.
Al respecto cabe resaltar que la ciencia económica evoluciona no sólo a partir de los
consensos paradigmáticos sino a partir de la crítica, la polémica, los desacuerdos y las
rupturas.
Las heterodoxias tienen el mérito de señalar los puntos débiles y las fallas de la teoría
dominante y permiten por tanto apreciar y aprehender la realidad de manera distinta,
descubriendo aspectos y hechos que los enfoques previos no permiten destacar o
siquiera vislumbrar. En la historia del pensamiento económico las corrientes teóricas no
apegadas al mainstream de la época, han jugado un papel muy importante en el propio
avance del cuerpo central de la ciencia económica (Landreth y Collander, 2009: ).
Tanto institucionalismo como evolucionismo han cobrado una creciente importancia en las
últimas décadas, enriqueciéndose con nuevos conceptos y formulaciones teóricas. Sin
embargo, en estas notas nos limitaremos a exponer solamente los planteamientos y
conceptos fundacionales de ambas escuelas.
La crítica de Veblen
Veblen, estadounidense de origen noruego, es quien, con intención mordaz, califica al
pensamiento marginalista-marshalliano de “neoclásico”. Sus dos principales obras son
Theory of Leisure Class (1899) y The Theory of Business Enterprise (1904).Resumiremos
las ideas centrales de este autor considerando en conjunto, y no por separado, el
contenido de estos dos libros.
Pero antes hagamos explícito que el planteamiento de Veblen abreva de la escuela
histórica alemana (List, Gerschenkron), la cual en su momento había discrepado de los
planteamientos del liberalismo económico por considerar que ellos en modo alguno
correspondían a la realidad histórica alemana.
Veblen cuestiona a fondo la visión del homo economicus propia de clásicos y neoclásicos
y que está fundada en el utilitarismo de Bentham. El considera a partir de una visión
socio/antropológica que la naturaleza humana es impulsada por cuatro instintos: el
paternalismo, la curiosidad, la laboriosidad y la ambición. Rechaza asimismo el
racionalismo como fundamento del comportamiento de los agentes económicos y afirma
que la actuación en particular de los empresarios más bien corresponde a la de “salvajes
civilizados” que, en su irracionalidad, llegan a amenazar incluso al propio sistema
capitalista.
Veblen pone en duda la validez científica de elaborar modelos económicos abstractos
desapegados de la realidad. Rechaza por tanto la validez de modelos basados en la
competencia perfecta y crítica en general la metodología fundamentalmente deductiva
(que va de la teoría a la realidad) que subyace al neoclasicismo; defiende, en
contraposición, el método de investigación inductivo (que va de los datos reales a la
elaboración teórica) como el método científico. En este sentido rechaza la visión de
armonía económica y social a partir de la operación de las leyes del mercado y afirma la
existencia de clases y grupos sociales en conflicto permanente.
Veblen tiene una perspectiva holística de la realidad, que pretende el estudio de la
economía como parte de un estudio sobre la sociedad buscando establecer los principios
de una ciencia social unificada. Su visión es interdisciplinaria pues combina la historia, la
antropología, la sociología y lo que hoy denominamos psicología social. Su concepto
clave de institución es, en este sentido, una noción de espectro amplio pues no se limita a
hacer referencia a la importancia económica de las instituciones gubernamentales, sino a
los hábitos, las prácticas sociales, la cultura, la religión.
El enfoque institucionalista de T. Veblen es de inspiración evolucionista-darwiniana y en lo
que a la economía se refiere tal cosa implica un rechazo tajante a la noción de equilibrio
de variables y flujos a partir de la cual se estructura el enfoque neoclásico. Cuestiona
también la idea de la soberanía del consumidor propia del neoclasicismo y enfatiza que
éste se encuentra sometido a los valores y aspiraciones sociales propias de la clase
dirigente (ociosa), lo cual impregna sus decisiones como consumidor. De hecho las clases
trabajadores, según Veblen, lejos de buscar la transformación revolucionaria del sistema,
al modo en que lo idealizaba Marx, aspiran a convertirse en clase ociosa. Este es sin
duda un poderoso factor de estabilidad social.
Por otra parte Veblen observa que ciertos estratos de consumidores incurren en un
consumo notable de ciertos bienes, el cual viola el principio lógico de que a mayor precio
menor demanda; por el contrario entre más alto es el precio ocurre que su demanda es
mayor (“Bienes Veblen”).
Wesley Clair Mitchell y J. R. Commons, ambos estadounidenses, son los dos principales
discípulos de Veblen. El primero destaca por el hecho de que, consecuente con la
metodología inductiva, propugna por la creación de registros estadísticos que permitan
estudiar la economía y funda el National Bureau of Statistics Research(NBER) en los
Estados Unidos. Asimismo, da continuidad al estudio del ciclo de negocios,
considerándolo inherente a la economía, dada la interdependencia industrial-comercial-
financiera y la existencia de formas desarrolladas de dinero. Frente al comportamiento
económico de los “salvajes civilizados”, Mitchell argumenta a favor de la planeación
social.
Commons, en un sentido semejante aboga por la acción colectiva a fin de controlar la
acción individual. Estudia asimismo los diferentes tipos de transacciones económicas y la
dinámica del acuerdo entre los agentes económicos. Examinó también el papel de los
derechos de propiedad, las leyes y las organizaciones y su impacto en la evolución de la
economía.
Joseph Alais Schumpeter
El austriaco Joseph Alais Schumpeter, discípulo disidente de la escuela austríaca, se
distingue por otorgar una centralidad en el análisis económico y social a los procesos de
innovación y cambio técnico, considerándolos aspectos inherentes al proceso evolutivo y
al desempeño cíclico que distinguen al sistema capitalista. Sus obras principales son The
Theory of Economic Development (1911), Capitalism, Socialism and Democracy (1946) y
History of Economic Analysis (1954). En las líneas que siguen resumimos las ideas
fundamentales de las dos primeras obras mencionadas.
Schumpeter, haciendo caso omiso del interés neoclásico por la noción de equilibrio
económico, abordó sus aspectos dinámicos de transformación y cambio, enfocándose en
el papel del empresario que actúa como agente innovador de productos, técnicas,
mercados y procesos. Para ello, rebasó los límites economicistas de la integridad
neoclásica a fin de incursionar, con fructíferos resultados para la ciencia económica, en
los ámbitos de otras disciplinas como la Historia, la Ciencia Política y la Sociología
(Landreth y Colander, 2006).
De acuerdo a Schumpeter, un elemento clave del sistema capitalista es su dinamismo
fundado en la competencia que las empresas establecen, no en el terreno de los precios
como lo postula la teoría tradicional, sino en el campo de la innovación de productos,
procesos y mercados. La innovación es para este autor la invención aplicada con fines
económicos, está condicionada por un marco institucional-social y el empresario
innovador es el agente responsable del dinamismo económico del sistema y de su
vitalidad a largo plazo. Existen entornos institucionales, culturales y sociales que alientan
la innovación, mientras que otros en cambio la inhiben.
Las innovaciones empresariales generan nuevos métodos de producción, de
comunicación y de transporte, nuevas formas de organización industrial, así como
novedosas infraestructuras para el transporte, las comunicaciones y las actividades
productivas en general. Ellas están asociadas al crecimiento y desarrollo económicos
(Schumpeter, 1942).
Una característica de las innovaciones es que se presentan con una relativa regularidad y
lo hacen “en grupo”, en forma de “racimo”, dando lugar a ondas largas de actividad
económica, las cuales reconfiguran la estructura técnica y el tejido productivo, amplían la
extensión y la profundidad de los mercados, así como las condiciones de vida y los gustos
de los consumidores. El movimiento cíclico del sistema dentro de tales ondas de
crecimiento a largo plazo (recuperación, auge, crisis, recesión, recuperación) se
encuentra determinado en gran medida por las fases de expansión y de agotamiento de
las condiciones de productividad y rentabilidad asociadas a la introducción, despliegue y
agotamiento de las innovaciones tecnológicas.
Es ampliamente reconocido que en el análisis schumpeteriano las crisis económicas
constituyen un rasgo esencial en la evolución y la transformación interna del sistema. En
particular las crisis de naturaleza estructural propician amplios procesos de “destrucción
creativa” ya que cuestionan las estructuras productivas, técnicas y de configuración de
industrias y mercados vigentes, a la vez que estimulan la introducción de las innovaciones
de bienes, servicios y procesos que poco a poco reemplazan a las formas precedentes de
elaborar y consumir.
Las crisis en este sentido son benéficas para el sistema. El crecimiento económico está
ligado a la fase de prosperidad del ciclo pues representa el resultado final de la
introducción de nuevos productos y tecnologías. Este proceso corre acompañado de
excesos de inversión así como crediticios. Las recesiones en el ciclo sacuden a las
economías eliminando a las empresas menos eficientes y crean el terreno para la
expansión sobre la base de empresas más sanas, mejor gestionadas y más eficientes.
Schumpeter describió al capitalismo como un sistema económico basado en la propiedad
privada y la motivación del lucro en el que las innovaciones son llevadas a cabo por
empresarios que toman dinero prestado para tal fin. Se establece una relación entre el
capital productivo representado por los agentes económicos que crean riqueza
produciendo bienes y servicios, y el capital financiero personificado por los agentes que
poseen dinero u otros valores de papel y que buscan la obtención de ingresos líquidos.
El enfoque schumpeteriano se inscribe actualmente dentro de los planteamientos de la
Economía Evolutiva. Ésta se caracteriza por estudiar el “cambio económico” reivindicando
la noción de evolución, en el sentido biológico de adaptación y cambio en entornos en
constante movimiento y permanente mutación. Esta idea se presenta como una
alternativa metafórica y epistemológica a la rígida “mecanización” de los modelos teóricos
de la ciencia económica tradicional, modelos de fuerzas y movimientos inerciales, propios
de la física de cuerpos y no de los fenómenos sociales.
Keynes
La crisis de 1929 y la “General Theory”
Si la microeconomía tiene sus fundamentos en el marginalismo y en la obra de Alfred
Marshall, la macroeconomía moderna tiene sus fundamentos en la General Theory of
Employment, Interest, and Money (1936), escrita por el inglés John Maynard Keynes. Se
trata de la obra de economía más importante del siglo XX. Su trascendencia radica en
aportar una nueva visión del funcionamiento del sistema económico como un todo,
estableciendo las relaciones entre sus principales variables agregadas radica también en
formular una original teoría del interés y del dinero, así como por demostrar que el sistema
es intrínsecamente inestable debido a insuficiencias de demanda, mientras que los
mecanismos del mercado no tienden necesariamente al equilibrio. Sobresale asimismo
por destacar las consecuencias de la rigidez de los salarios y los precios en el ciclo y por
fundamentar los mecanismos de intervención y transmisión de las políticas fiscal y
monetaria. La General Theory vincula, suponiendo la existencia de tres mercados (de
bienes, financiero y laboral), la teoría del ciclo con la teoría monetaria, estableciendo
interrelaciones de variables monetarias y reales.
El enfoque keynesiano es fruto de la gran crisis de 1929. Ella no solo cimbró los cimientos
del sistema económico a escala mundial sino que también puso en evidencia, de manera
extrema, la no validez del principio de igualdad entre oferta y demanda agregadas,
postulado por la escuela clásica y neoclásica y conocido como Ley de Say. De acuerdo a
esa ley las crisis generales de sobreproducción eran imposibles, pero el hecho es que
precisamente eso es lo que estaba sucediendo a gran escala en las principales
economías del mundo, empezando por los Estados Unidos, seguido de Europa y el resto
del mundo.
Keynes establece una ruptura entre sus planteamientos y la teoría económica previa
asentada en esta ley, teoría a la que le denomina “clásica”. De acuerdo a esta última no
existe el paro involuntario y el desempleo se explica solo por factores externos al
mercado, los sindicatos y las políticas estatales.
Demanda y Propensión al Consumo
A nivel agregado Oferta y Demanda no tienden al equilibrio dado que al elevarse el
Ingreso se eleva el consumo pero lo hace en una menor proporción debido a una ley
sicológica fundamental: al aumentar el nivel de ingreso de las personas disminuye su
propensión a consumir.
A corto plazo, dadas condiciones sociales estables, existe en una economía determinada
una estabilidad en la propensión a consumir y a ahorrar. Los factores subjetivos y
objetivos que determinan el nivel de propensión al consumo son fijos. Pero conforme el
ingreso crece en el largo plazo, a fin de cerrar la diferencia entre oferta y demanda
agregadas y mantener el nivel de empleo, se requiere de una inversión igual a dicha
diferencia.
Uno de los fallos centrales que Keynes encuentra en la teoría clásica es el supuesto de
que cada acto individual de ahorrar aumentará la inversión global en la misma cantidad.
Si ese fuera el caso toda falta de gasto en el consumo sería compensado por un aumento
correspondiente en la inversión. El ahorro individual es una privación de demanda
potencial. Faltando al ahorro una compensación equivalente, la moderación no crea
riqueza sino pobreza. (Dillard: 68-70)
La Eficacia Marginal del Capital
La demanda de inversión es una variable más compleja e inestable que la demanda para
el consumo. Ella depende de la eficiencia marginal del capital. Está es inestable en el
corto plazo y tiende a la baja en el largo. Se define como el tipo de rendimiento más
elevado que se puede lograr sobre el costo previsto para producir una unidad más.
También puede ser descrita como la tasa de descuento que hace que el valor presente de
los rendimientos esperados sea igual al precio de oferta del bien de capital utilizado. Es,
desde otra perspectiva, la productividad marginal del capital como un porcentaje del costo
original del bien de capital adquirido, calculada a lo largo de la vida de la inversión del
capital. De una manera más breve: es la utilidad esperada de una nueva inversión, sin
deducir la depreciación ni los costos implícitos del interés.
Téngase en cuenta que el flujo de ingresos esperado por el empresario inversionista
depende de tres factores:
1) La productividad del bien de capital;
2) El precio de venta de la producción adicional, y;
3) El salario adicional y gastos materiales de utilizar el bien de capital.
El estímulo a la inversión cesa, por definición, cuando la tasa de beneficio esperado es
igual a la tasa de interés. “Las fluctuaciones en el volumen de inversión se explican en
gran parte por el carácter fluctuante e incierto de las previsiones respecto a los
rendimientos futuros de los bienes de capital y los términos futuros a que pueda prestarse
dinero a interés” (Dilllard, 1968: 13)
Interés y Preferencia por la Liquidez
La teoría tradicional del interés lo concibe como el pago por ahorrar, es decir, como la
recompensa monetaria por posponer el consumo. La originalidad de Keynes es
considerarlo como un pago por no “atesorar” o guardar dinero, es decir, por considerarlo
un pago por ceder liquidez. Este enfoque del crédito es muy fructífero analíticamente.
La preferencia de las personas, familias y empresas por tener liquidez (“efectivo”)
depende de tres tipos de motivos:
1) Operación;
2) Precaución, y;
3) Especulación
La preferencia por la liquidez determinante es la originada por motivos de especulación,
es decir la que resulta de la incertidumbre respecto del futuro de la tasa de interés.
La especulación así entendida significa retener liquidez para buscar beneficios de un
(supuesto) mejor conocimiento del futuro. En este sentido la acumulación de riqueza bajo
su forma dineraria existe en un sistema económico que es incierto. El dinero se concibe
por los agentes económicos como el nexo protector-especulativo entre el presente cierto y
el futuro incierto.
En los enfoques clásico y neoclásico (a los que Keynes, recordemos, iguala como
“clásicos” por compartir el mito del equilibrio entre oferta y demanda agregadas), debido
precisamente a sus presupuestos inamovibles de equilibrio macro en los mercados, no
existe espacio teórico para la incertidumbre, ni por tanto demanda motivada por el factor
especulación; solo existe demanda para transacciones pero no para especular, como en
el modelo keynesiano. El interés, desde la perspectiva de la llamada Ley de Say, no
puede ser visto como pago por ceder “efectivo”. Registremos de pasada que el propio
Keynes observa con agudeza lo interesante que resulta “que la estabilidad del sistema y
su sensibilidad ante las variaciones en la cantidad de dinero dependan tanto de la
existencia de una variedad de opinión acerca de lo que es en sí incierto”
La tasa de interés depende de la preferencia por la liquidez y de la cantidad de dinero que
circula en el sistema. A una mayor preferencia por la liquidez será mayor la tasa de
interés, y a una menor preferencia por activos líquidos, menor será la tasa de interés que
prevalezca en el mercado. La tasa de interés vigente en un momento dado, equilibra el
deseo de los agentes económicos por tener liquidez con la cantidad de circulante en el
sistema.
El multiplicador de la inversión
De las tres variables que determinan el volumen del empleo, a saber: La eficacia marginal
del capital, la propensión a consumir y el tipo de interés, la primera constituye el principal
factor determinante del desempeño cíclico de la economía. Los ciclos económicos son
consecuencia de las variaciones en la tasa de beneficio, más específicamente de las
fluctuaciones en las previsiones relativas a los tipos de beneficios e interés que habrá en
el futuro. Su caída es la causa predominante de las crisis mientras que su recuperación es
requisito para iniciar una nueva expansión de la economía. Como se ha visto la eficacia
marginal del capital es la variable más inestable del sistema.
El concepto de multiplicador permite explicar el carácter acumulativo de las recesiones y
de las expansiones económicas ya que mide los cambios ocurridos en el ingreso o renta
en relación con los cambios ocurridos en la inversión. El multiplicador de la inversión está
relacionado directamente con la propensión marginal al consumo e inversamente a la
propensión marginal al ahorro. A mayor propensión a consumir en la economía como un
todo mayor será el efecto multiplicador de la inversión; a menor propensión menor será el
efecto multiplicador de la inve/rsión.
Entre más elevada sea la propensión marginal a ahorrar, menor será el multiplicador y
viceversa.
Empleo, salarios y precios
El multiplicador de la inversión sirve también para estimar el impacto de ésta en los
niveles de empleo. Para ello Keynes da por supuesto que no existe desempleo provocado
por el ahorro de mano de obra al que las mejoras tecnológicas dan lugar (es decir no
existe desempleo provocado por el cambio tecnológico). Se trata de un supuesto válido
únicamente en términos de corto plazo y que no se sostiene, por supuesto, en el largo
plazo.
La cuestión tecnológica es un punto ausente del sistema keynesiano, resultado de una
visión cortoplacista de la economía. “En el largo plazo todos estaremos muertos” es la
frase invocada para recordar, entre otros aspectos de su planteamiento, la manera como
Keynes justificó dejar de lado los aspectos de largo plazo del desempeño económico, en
este caso los impactos negativos(desaparición de empleos) y positivos (creación de
nuevas ocupaciones) del cambio tecnológico en el mercado laboral.
El empleo en el corto plazo aumenta en razón de tres causas: aumentar la propensión al
consumo, aumentar la eficacia marginal del capital y disminuir el tipo de interés. Ya
hemos visto que la primera variable es estable en el corto plazo, mientras que las otras
dos no lo son. Si la propensión marginal a consumir es cercana a la unidad, las
fluctuaciones en la inversión producirán, a través del multiplicador, mayores fluctuaciones
en la ocupación, tanto a la baja como al alza. El empleo en este caso es elástico a la
inversión.
En cambio, si la propensión marginal a consumir es cercana a cero, las fluctuaciones de
la inversión ocasionarán fluctuaciones proporcionalmente menores en la ocupación, tanto
a la baja como al alza. El empleo aquí será inelástico a la inversión. En el primer caso se
requerirá poca inversión para alcanzar la ocupación plena. En el segundo mucha
inversión para lograr tal meta. En la realidad la propensión marginal se encuentra en un
tramo intermedio, un poco más cerca de la unidad que del cero, por lo cual las
fluctuaciones en la ocupación son altas y altas también las necesidades de inversión para
alcanzar el pleno empleo.
Pero ¿qué es lo que determina en última instancia los niveles de ocupación de los
trabajadores, y en general de los otros factores productivos? Keynes llama a este factor
demanda efectiva, definida como el punto en el cual se equilibran oferta y demanda
agregadas a cierto nivel de precios y de empleo. El nivel de empleo está determinado por
dicha intersección de equilibrio, que representa el punto donde las expectativas de
ganancia del empresario alcanzan su máximo. (Keynes, 1936: 56) A esto se denomina
nivel de empleo en condiciones de equilibrio. Como lo dice E. Roll: “el determinante
definitivo del volumen de ocupación es el grado en que los empresarios juzgan que tal
ocupación es rentable” (1976: 476)
Recordemos que de acuerdo a la escuela clásica y neoclásica no debe existir el
desempleo involuntario si los salarios bajan al punto en que la oferta y demanda de
trabajo se equilibren. Keynes consideró que esto no es teóricamente cierto pues la
contracción de la demanda a la que la baja salarial da lugar implica una mayor
discrepancia entre producción y consumo. Pragmáticamente consideró también que eso
era inviable dada la presencia de sindicatos.
Ahora bien, las razones por las que los costos y los precios se elevan cuando aumenta el
empleo son:
1) La ventajosa posición de los obreros para contratarse cuando el desempleo
disminuye,
2) Rendimientos decrecientes a corto plazo y,
3) “Embotellamiento” de la producción.
La inflación comienza cuando se alcanza el empleo total y sigue aumentando la demanda
efectiva sin que la producción responda a tales incrementos. La inflación surge cuando la
inversión es mayor de la suficiente para cubrir la diferencia entre la renta y el consumo en
el nivel correspondiente al empleo total de los factores de producción. Cuando se alcanza
la plena ocupación, cualquier intento de aumentar la inversión pondrá en movimiento una
mayor tendencia de los precios a subir sin limitación, independientemente de la
propensión marginal a consumir…(….) hasta llegar a esta situación, sin embargo, el
crecimiento de los precios irá acompañado de un aumento del ingreso global real”.
La economía se mueve en un sendero acotado por la inflación, de una parte, y el
desempleo de otra. Una tasa de desocupación cercana a la ocupación plena implica la
emergencia de la inflación. Una tasa alta de desocupación implica estabilidad de precios o
al menos un descenso en los ritmos de incremento del nivel general de precios. Este
aspecto fue demostrado empíricamente con el estudio de Phillips sobre la inflación y el
desempleo en Inglaterra: la llamada Curva de Phillips.
Políticas anti cíclicas
Keynes incorporó la presencia del estado en la noción misma de sistema económico y al
hacerlo llevó a la teoría económica al campo de la práctica gubernamental: una vez
demostrada la inestabilidad intrínseca al funcionamiento del sistema y su incapacidad
para alcanzar por sí solo la ocupación plena, Keynes formula las políticas económicas que
den estabilidad a la economía, frenando las tendencias al desempleo y paro involuntario
que acompañan a la recesión, de una parte, y, de otra, frenando las tendencias al
incremento de los precios durante la expansión. En el centro de su preocupación se
encuentra, claro está, formular las políticas que, dada la situación económica de la época,
permitieran a los países industrializados salir de la recesión. Lo distintivo en este punto es
que Keynes privilegia la política fiscal sobre la monetaria.
El planteamiento general de Keynes es el siguiente: en condiciones recesivas una política
monetaria expansiva, que provoque un descenso en la tasa de interés, puede tener
efectos muy limitados y llegar incluso a la total ineficacia en condiciones en que la curva
de demanda de dinero se va volviendo plana hasta el punto de llegar a la situación de que
las sucesivas inyecciones de liquidez son retenidas por los agentes como saldos
inactivos. A esta situación extrema se le conoce como trampa de liquidez.
En este caso un incremento en el gasto público produce todo su efecto multiplicador. El
tipo de interés no varía con el incremento de la demanda agregada y la inversión, en
consecuencia, no disminuye. En condiciones recesivas no existe “efecto expulsión”, es
decir no hay un incremento de las tasas de interés que al mermar la inversión privada
“amortigue” o “desplace” el impacto expansivo del gasto. La situación opuesta es cuando
el incremento de la demanda agregada eleva a tal punto la tasa de interés que la merma
en la inversión privada que esto provoca anula el efecto expansivo del incremento en el
gasto.
La Escuela de Chicago
La crisis de los años setenta y el agotamiento del keynesianismo
El ascenso del pensamiento keynesiano corresponde a un período en el que las
principales economías del mundo viven la Gran Depresión de los años treinta, y en el que
la economía internacional atraviesa por un proceso de “des internacionalización”, es decir
de fractura o rompimiento del mercado mundial, proceso que se había iniciado en 1914
con el estallido de la Gran Guerra, se había agravado por la crisis del ´29 y sus secuelas
de contracción del comercio y las finanzas a nivel mundial, y que desembocó finalmente
en una desarticulación de la vida económica internacional a partir del estallido de la
Segunda Guerra en 1939.
En cambio, desde el fin de este conflicto bélico en 1945 hasta inicios de la década de los
setenta, las principales economías del mundo vivieron un período de auge y estabilidad
financiera sin precedentes, conocido como el “boom de posguerra”, durante el cual el ciclo
económico de casi todas las naciones presenta alzas prolongadas y duraderas mientras
que se presentan crisis breves y poco profundas. La reorganización de la economía
internacional (FMI, GATT, Plan Marshall) a partir de los Acuerdos de Bretton Woods
(1944) trajo consigo una expansión del comercio y las finanzas con una notable
estabilidad cambiaria y monetaria, al tiempo que la economía internacional volvía a
retomar las tendencias a una mayor integración e interdependencia de las economías
nacionales. Asimismo, en las economías industrializadas el estado keynesiano benefactor
(“estado social”) vive su época de oro durante esas décadas de los años cincuenta y
sesenta.
Pero a inicios de los años setenta la dinámica económica mundial sufrirá un quiebre –y la
teoría económica un nuevo viraje- al conjugarse una serie de factores:
a) Llegar a su fin esa onda expansiva de larga duración que había estado asociada a
la producción en masa de los métodos fordistas;
b) Terminar también la era de Bretton Woods que había implicando la existencia de
sistemas de tipo de cambio fijo y, como fundamento de ello, la paridad oro-dólar ;
c) Entrar en una severa crisis fiscal los estados sociales, y;
d) Ingresar las economías en una situación inédita en la que se combinaban la
recesión y la inflación.
Como resultado de lo anterior en esa década la política económica propia del
keynesianismo ingresa a una etapa de agotamiento en su eficacia para manejar la
macroeconomía y, en consecuencia, la teoría keynesiana va a ser desplazada de su
posición académica dominante.
Milton Friedman y el monetarismo
Durante los años cincuenta y sesenta el principal cuestionamiento teórico al
keynesianismo provino de Milton Friedman, profesor de Economía en la Universidad de
Chicago y autor de Studies in the Quantity Theory of Money (1956), Capitalism and
Freedom (1962) y de la que se considera su obra más importante, A Monetary History of
the United States, 1873-1960 (1963). Sus críticas se centraron en la subestimación
keynesiana de la importancia de la política monetaria y en su énfasis al papel regulador
del estado vía la política fiscal.
Este enfoque que se conocerá como monetarismo o Escuela de Chicago, insistirá en la
importancia decisiva de la política de emisión monetaria por parte de los bancos centrales
y, desde una nueva perspectiva, retomará los principios liberales de las escuelas clásica y
neoclásica: lejos de ser inherentemente inestable, la economía se autoregula por sí
misma y las crisis y las depresiones son resultado de una errónea política monetaria.
La inflación de los años setentas se explicará como resultado de un exceso de emisión
monetaria, así como de políticas fiscales expansivas. La escuela de Chicago insistirá en
que a diferencia y en oposición al mercado, el gobierno es inherentemente ineficaz.
Friedman resume así su postura: “En los análisis de política económica, ¨Chicago¨
significa creer en la eficiencia del libre mercado para organizar los recursos, mostrarse
escéptico sobre la intervención del estado y poner énfasis en la cantidad de dinero como
factor clave en la producción de inflación” (Friedman, 1994)
Lo primero a considerar es la crítica a la función de consumo de Keynes. Éste se
equivoca al postular que el consumo de los individuos y las familias está en función de su
ingreso actual, presente; más bien se encuentra en función del ingreso permanente: se
supone entonces que los individuos consumen de acuerdo a una visión menos inmediata,
menos de corto plazo, respecto de lo que son sus ingresos.
Esta diferencia tiene consecuencias en la propensión marginal a consumir y por tanto en
el grado de eficacia que pueden tener las políticas económicas orientadas a estimular el
consumo agregado como herramienta de crecimiento: la propensión marginal a consumir
es más baja de lo que se desprende del supuesto keynesiano y, en consecuencia, es
también menor el efecto del incremento del gasto y la inversión en el consumo agregado.
Éste es en realidad menos elástico a las variaciones de aquellas de lo que suponía el
planteamiento de Keynes.
“El dinero importa”
Desde los inicios de la economía la relación entre dinero e inflación ha estado a debate.
Bodino y más tarde, a mediados del siglo XVIII, David Hume establecen lo que se conoce
como la explicación monetaria de la inflación y sientan las bases de lo que se conoce
como la teoría cuantitativa del dinero. El incremento en el nivel general de precios de una
economía obedece a aumentos en la cantidad de dinero circulante. Marshall, a su vez, dio
un fundamento microeconómico a la teoría cuantitativa del dinero e Irving Fisher planteó
la fórmula por la cual dicha teoría es conocida:
MV=PT
Donde M es la cantidad de dinero, V la velocidad de circulación, P el nivel general de
precios y T, el número de transacciones. En esta teoría la velocidad de circulación del
dinero se considera constante.
Tal vez el elemento más distintivo del monetarismo es su teoría de la inflación y la
importancia asignada a la política de emisión monetaria, y que se suele resumir con la
frase “el dinero importa” (“Money matters”). En la llamada moderna teoría cuantitativa del
dinero, la demanda de éste (entendido el dinero tan solo como demanda de saldos en
efectivo) está en función de tres grandes factores: la riqueza total de las personas, el
costo de retener dinero en posesión y las preferencias. Friedman afirma que la cantidad
de dinero demandada se encuentra en razón directa al ingreso real permanente y al nivel
de precios existente, mientras que está en razón inversa a la tasa de inflación esperada y
también en razón inversa, aunque menor, a la tasa de interés.
De acuerdo a Friedman la demanda de dinero a corto plazo es estable a corto plazo. Al
incrementarse la oferta monetaria por parte de la banca central, los individuos y familias
se deshacen de saldos en efectivo lo cual a nivel agregado incrementará la producción, o
los precios o una combinación de ambos. El incremento de los precios eleva a su vez la
demanda de dinero. El equilibrio entre oferta y demanda agregadas se restablece en el
largo plazo pero a un nivel general de precios más alto. Para Friedman la inflación es
resultado de un exceso de dinero emitido por la banca central.
A su vez, una insuficiente oferta dineraria puede llevar a la recesión. De esta manera es
como Friedman explica la recesión ocurrida luego de la crisis de 1929: la Reserva Federal
de los Estados Unidos llevó a cabo durante los años treinta una brusca reducción de la
base monetaria generando una política deflacionaria –es decir de caída en el nivel general
de precios- y contrayendo aún más el crédito. “La Gran Contracción –escriben Friedman y
Schwartz- es un trágico testimonio del poder de la política monetaria, no una evidencia de
impotencia, como creían Keynes y muchos de sus contemporáneos” (1963)
LOS BENEFICIOS DE LA DESTRUCCIÓN
Comencemos con la más sencilla ilustración posible: un vidrio roto.
Supongamos que una persona lanza una piedra contra el escaparate de una panadería.
El panadero aparece furioso en el portal, pero la persona ha desaparecido. Empiezan a
acudir curiosos, que contemplan con mal disimulada satisfacción los desperfectos
causados y los trozos de vidrio sembrados sobre el pan y las golosinas. Pasado un rato,
la gente comienza a reflexionar y algunos comentan entre sí o con el panadero, que
después de todo la desgracia tiene también su lado bueno: ha de reportar beneficio a
algún cristalero.
Al meditar de tal suerte elaboran otras conjeturas. ¿Cuánto cuesta un nuevo vidrio? ¿Mil
pesos? Desde luego es una cifra importante, pero al fin y al cabo, si los escaparates no se
rompieran nunca, ¿qué harían los cristaleros? Por tales cauces la multitud se dispara. El
vidriero tendrá mil pesos más para gastar en las tiendas de otros comerciantes, quienes, a
su vez, también incrementarán sus adquisiciones en otros establecimientos, y la cosa
seguirá hasta el infinito. El escaparate roto irá engendrando trabajo y riqueza en artículos
cada vez más amplios. La lógica conclusión sería, si las gentes llegasen a deducirla, que
la persona que arrojó la piedra, lejos de constituir una amenaza, se convierte en un
auténtico filántropo.
Pero sigamos adelante y examinemos el asunto desde otro punto de vista. Los que
presenciaron el suceso tenían, al menos en su primera conclusión, completa razón. Este
pequeño acto de vandalismo significa, en principio, beneficios para algún cristalero, quien
recibirá la noticia con satisfacción análoga a la del dueño de una funeraria que sabe de
una defunción. Pero el panadero habrá de desprenderse de mil pesos que destinaba a
adquirir un traje nuevo. Al tener que reponer el vidrio se verá obligado a prescindir del
traje o de alguna necesidad o lujo equivalente. En lugar de un vidrio y mil pesos sólo
dispondrá de lo primero o bien, en lugar del vidrio y el traje que pensaba comprar aquella
misma tarde, habrá de contentarse con el vidrio y renunciar al traje. La comunidad, como
conjunto, habrá perdido un traje que de otra forma hubiera podido disfrutar; su pobreza se
verá incrementada justamente en el correspondiente valor.
En una palabra, lo que gana el cristalero lo pierde el sastre. No ha habido, pues, nueva
oportunidad de «empleo». La gente sólo consideraba dos partes de la transacción: el
panadero y el cristalero; olvidaba una tercera parte, potencialmente interesada: el sastre.
Este olvido se explica por la ausencia del sastre de la escena. El público verá reparado el
escaparate al día siguiente, pero nunca podrá ver el traje extra, precisamente porque no
llegó a existir. Sólo advierten tales espectadores aquello que tienen delante de los ojos.
Queda así aclarado el problema del escaparate roto: una falacia elemental. Cualquiera—
se piensa— la desecharía tras unos momentos de meditación. Sin embargo, este tipo de
sofismas, bajo mil disfraces, es el que más ha persistido en la historia de la Economía,
mostrándose en la actualidad más pujante que nunca. A diario vuelve a ser
solemnemente proclamado por grandes capitanes de la industria, cámaras de comercio,
jefes sindicales, autores de editoriales, columnistas de prensa y comentaristas de radio,
sabios estadísticos que se sirven de refinadas técnicas y profesores de Economía de
nuestras mejores universidades. Por diversos caminos todos ponderan las ventajas de la
destrucción.
Aunque algunos no suponen que se puedan derivar beneficios de pequeños actos de
destrucción, ven incalculables ventajas si se trata de enormes actos destructivos. Nos
hablan de cuánto mejor nos hallamos económicamente en la guerra que en la paz; ven
«milagros de producción» que sólo la guerra origina y un mundo posbélico
verdaderamente próspero gracias a la enorme demanda «acumulada» o «diferida».
Enumeran alegremente las casas y ciudades que quedaron arrasadas en Europa y que
«tendrán que ser reconstruidas». En América señalan las viviendas que no pudieron ser
edificadas durante la conflagración, las medias de nylon que no pudieron ser
suministradas, los automóviles y neumáticos inutilizados, los aparatos de radio y
frigoríficos anticuados, etcétera. Así acumulan totales formidables.
Se trata, una vez más, del viejo tema: el sofisma del escaparate roto, vestido de nuevo y
tan lozano que resulta difícil reconocerlo. Esta vez viene respaldado por un sinnúmero de
falacias conexas. Se confunde necesidad con demanda. Cuanto más destruye la guerra,
cuanto mayor es el empobrecimiento a que da lugar, tanto mayor es la necesidad
posbélica. Indudablemente. Pero necesidad no es demanda. La verdadera demanda
económica requiere no sólo necesidad, sino también poder de compra correspondiente.
Las necesidades de China son hoy incomparablemente mayores que las de los Estados
Unidos, pero su poder adquisitivo y, por consiguiente, el volumen de «nuevos negocios»
que puede estimular es incomparablemente menor.
Pero cuando abandonamos el tema surge un nuevo sofisma que de ordinario esgrimen
los mismos que sostenían el anterior. Consideran la «capacidad adquisitiva» meramente
en su aspecto monetario y añaden que actualmente para disponer de dinero basta con
imprimir billetes. Como alguien ha dicho, imprimir billetes es, efectivamente, la mayor
industria del mundo, si se mide el producto en términos monetarios. Pero cuanto más
dinero se crea de esta forma tanto más desciende el valor de la unidad monetaria. La
depreciación puede medirse por el alza que experimentan los precios de las mercancías.
No obstante, como la mayoría de los seres se halla tan firmemente habituada a valorar su
riqueza e ingresos en términos dinerarios, se consideran beneficiados cuando aumentan
esos totales monetarios, aunque puedan verse reducidos a adquirir y poseer menor
número de bienes. La mayor parte de los «buenos» resultados económicos que la gente
atribuye a la guerra son realmente debidos a la inflación propia de los tiempos bélicos.
Pueden ser producidos de la misma manera por una inflación equivalente en tiempos de
paz. Más adelante volveremos sobre esta ilusión monetaria. verdad a medias, como
ocurría con el sofisma del escaparate roto. Este reportó, efectivamente, más negocio al
cristalero y la destrucción bélica proporcionará mayores beneficios a los productores de
ciertos bienes. La destrucción de casas y ciudades incrementará el negocio de las
industrias de la construcción. La imposibilidad de producir automóviles, radios y
frigoríficos durante la guerra acumulará una demanda posbélica para estos determinados
productos.
A la mayor parte de las gentes se les antojará que todo ello equivale a un aumento en la
demanda; y puede serlo, en efecto, en términos de pesos de inferior valor adquisitivo.
Pero en realidad se produce una desviación de la demanda hacia aquellos productos
determinados. Los europeos edificarán nuevas viviendas porque se hallan obligados a
hacerlo, pero al construirlas restarán mano de obra y capacidad productiva a otras
actividades. Al producir nuevas casas disminuirá en igual medida su capacidad adquisitiva
de otras cosas. Siempre que se incrementen los negocios en una dirección han de
reducirse correlativamente en otras, excepto en la medida en que las energías
productivas sean en general estimuladas por el sentido de necesidad y urgencia, En una
palabra, la guerra modificará la dirección del esfuerzo posbélico, cambiará el equilibrio
industrial, la estructura de la industria. Y con el tiempo, esto tendrá también sus
consecuencias; se producirá una nueva distribución de la demanda cuando se hayan
satisfecho las necesidades acumuladas de casas y otros bienes duraderos. Entonces
estas industrias temporalmente favorecidas tendrán que decaer en cierto grado para
permitir elevarse a otras que atiendan a distintas necesidades.
Es importante no olvidar, por último, que no sólo se registrarán cambios de la demanda de
posguerra comparada con la de preguerra. La demanda no se limitará a desplazarse de
una a otra mercancía, sino que en la mayoría de los países se producirá una reducción en
su totalidad.
Ello es inevitable si se considera que demanda y oferta son sólo dos caras de una misma
moneda; son la misma cosa vista desde ángulos distintos. La oferta crea demanda porque
en el fondo es demanda. La oferta de lo que se tiene es de hecho lo que puede ofrecerse
a cambio de lo que se necesita. En este sentido, la oferta de trigo por parte del agricultor
constituye su demanda de automóviles y otras mercancías. La oferta de automóviles
representa la demanda de trigo y otras mercancías por parte de la industria
automovilística. Todo ello es inherente a la moderna división del trabajo y a la economía
de cambio.
Este hecho fundamental pasa en verdad inadvertido para la mayoría de la gente, incluso
para algunos economistas de brillante reputación, por efecto de ciertas complicaciones
tales como el pago de salarios y la forma indirecta en que se llevan a cabo virtualmente,
mediante el dinero, todos los cambios modernos. John Stuart Mill y otros escritores
clásicos, aunque en ocasiones no supieran apreciar exactamente las complejas
consecuencias que provoca el uso del dinero, vieron al menos, a través del velo
monetario, las realidades que ocultaba. En ese sentido aventajaron a muchos de los
críticos actuales, a los que el mecanismo monetario confunde más que ayuda. La simple
inflación, es decir, la mera emisión de más dinero, con la consecuencia de salarios y
precios más elevados, puede aparecer como creación de mayor demanda. Pero en
términos de producción real e intercambio de mercancías efectivas no lo es. No obstante,
un descenso en la demanda de posguerra puede permanecer oculto a mucha gente en
razón a las ilusiones que provocan los mayores salarios, sobradamente rebasados por el
incremento de los precios.
La demanda posbélica en muchos países, repitámoslo, disminuirá en valor absoluto en
relación con la de la preguerra porque la oferta posbélica habrá disminuido. Esto resulta
evidente en Alemania y Japón, donde decenas de grandes ciudades quedaron arrasadas.
Es decir, que la cosa aparece lo suficientemente clara cuando formulamos un ejemplo
extremado. Si Inglaterra hubiese perdido todas sus grandes ciudades con ocasión de la
guerra, en lugar de haber sufrido sus consecuencias sólo en un grado reducido; si sus
instalaciones industriales hubiesen quedado arrasadas y la casi totalidad de su capital
acumulado y bienes de consumo aniquilados, de tal suerte que su población se hubiera
visto reducida al nivel económico de los chinos, pocos se atreverían a hablar de demanda
acumulada y diferida a causa de la guerra. Sería obvio que el poder adquisitivo habría
quedado disminuido en igual medida que la capacidad productiva. Una inflación monetaria
desenfrenada, al multiplicar por mil. el nivel de precios, podría indudablemente elevar las
cifras de la «renta nacional» en términos monetarios respecto a las de la preguerra; pero
los que sobre tal supuesto pensaran, con error notorio, ser más ricos que antes,
demostrarían su incapacidad para entender una argumentación lógica. Sin embargo, los
mismos principios son aplicables tanto a una pequeña destrucción bélica como a otra de
vastas proporciones.
Pueden darse, sin embargo, en compensación, otros factores positivos. Los adelantos
técnicos y su perfeccionamiento durante la contienda, por ejemplo, pueden incrementar
en mayor o menor grado la productividad individual o nacional. La destrucción bélica
desviará ciertamente la demanda posbélica de unos cauces a otros. Y un cierto número
de personas continuará engañándose indefinidamente al imaginar que goza de verdadero
bienestar económico a través de aumentos de salarios y precios originados por un exceso
de papel moneda. Pero la idea de que pueda alcanzarse una auténtica prosperidad
mediante una «demanda supletoria» de bienes destruidos o no creados durante la guerra
constituye evidentemente un sofisma.
LOS IMPUESTOS DESALIENTAN LA PRODUCCIÓN
Existe todavía otro factor que contribuye a hacer improbable que la riqueza creada por la
inversión estatal compense plenamente la riqueza destruida por los impuestos percibidos
y destinados al pago de aquellas inversiones. No se trata simplemente, como a menudo
se supone, de tomar algo del bolsillo derecho de la nación para ponerlo en el izquierdo.
Los inversionistas estatales nos dicen, por ejemplo, que si la renta nacional asciende a
$ 200.000.000.000.00 (siempre son generosos al fijar esta cifra), unos impuestos de
$ 50.000.000.000.00 al año significa transferir tan sólo el 25 por 100 de fines privados a
fines públicos. Esto es hablar como si el país fuera una gigantesca empresa mercantil y
como si tales operaciones implicaran meros apuntes contables. Los inversores estatales
olvidan que están tomando el dinero de A para entregarlo a B. Mejor dicho, lo saben muy
bien; pero en tanto extensamente aluden a los beneficios que el proceso reporta a B y se
refieren a las cosas maravillosas de que disfrutará y que no hubiera soñado si tal dinero
no le hubiera sido entregado, pasan por alto las consecuencias que A habrá de soportar.
Ven sólo a B y olvidan a A.
En el mundo moderno no se aplica a todas las gentes igual porcentaje de impuesto sobre
los ingresos personales. La mayor carga fiscal recae sobre un sector limitado de los
contribuyentes y dicha contribución sobre la renta ha de ser suplementada mediante otros
tipos de imposición. Tales exacciones inevitablemente afectan a las acciones e incentivos
de las personas que tienen que soportarlas. Cuando una empresa pierde cien centavos
por cada peso invertido y sólo se le permite conservar sesenta de cada peso ganado;
cuando no puede compensar sus años de pérdidas con sus años de ganancias, o no
puede hacerlo adecuadamente, su línea de conducta queda perturbada. No intensifica su
actividad mercantil, o si lo hace, sólo incrementa aquellas operaciones que implican un
mínimo de riesgo. Aquellos que se percatan de esta realidad se retraen de iniciar nuevas
empresas.
De esta suerte, los empresarios establecidos no provocan la creación de nuevas fuentes
de trabajo o lo hacen en grado mínimo; muchos deciden no convertirse en empresarios. El
perfeccionamiento de la maquinaria y la renovación de los equipos industriales se produce
a ritmo más lento, y el resultado, a la larga se traduce en impedir a los consumidores la
adquisición de productos mejores y más baratos, con lo que disminuyen los salarios
reales.
Un efecto semejante se produce cuando los ingresos personales son gravados en un 50,
60, 75 o 90 por 100. Las gentes comienzan a preguntarse por qué tienen que trabajar
seis, ocho o diez meses del año para el Gobierno y sólo seis, cuatro o dos meses para
ellos mismos y sus familias. Si pierden el peso completo cuando pierden, pero sólo
pueden conservar una parte de él cuando lo ganan, llegan a la conclusión de que es una
tontería arriesgar su capital. De esta suerte, el capital disponible decrece de modo
alarmante.
Queda sujeto a imposición fiscal aun antes de ser acumulado. En definitiva, al capital
capaz de impulsar la actividad mercantil privada se le impide, en primer lugar, existir, y el
escaso que se acumula se ve desalentado para acometer nuevos negocios. El poder
público engendra el paro que tanto deseaba evitar.
Una cierta carga fiscal es, naturalmente, indispensable para cumplir las funciones
esenciales de todo Gobierno. Unos impuestos razonables, adecuados a estos fines, no
interfieren seriamente la producción. Los servicios públicos que ofrecen a cambio y que,
por lo demás, salvaguardan la producción misma, suponen más que suficiente
compensación. Ahora bien, cuanto mayor sea el porcentaje de renta nacional que
absorban las cargas fiscales, tanto mayor será la disuasión ejercida sobre la producción y
la actividad privada. Cuando la carga total tributaria rebasa unos límites soportables, el
problema de buscar nuevos impuestos que no desalienten y obstaculicen la producción
resulta insoluble.
EL ODIO A LA MAQUINA
Constituye uno de los errores económicos más corrientes la creencia de que las
máquinas, en definitiva, crean desempleo. Mil veces destruido, ha resurgido siempre de
sus propias cenizas con mayor fuerza y vigor. Cada vez que se produce un prolongado
desempleo en masa, las máquinas vuelven a ser el blanco de todas las iras. Sobre este
sofisma descansan todavía muchas prácticas sindicales que el público tolera, sea porque
en el fondo considera que los sindicatos tienen razón, sea porque se halla demasiado
confuso para poder apreciar claramente las causas de su error.
La creencia de que las máquinas provocan desempleo, cuando es sostenida con alguna
consistencia lógica, llega a descabelladas conclusiones. Bajo tal supuesto, no sólo debe
estarse causando desempleo hoy en, día con cada perfeccionamiento técnico, sino que el
hombre primitivo debió empezar a producirlo con sus primeros esfuerzos por liberarse de
la necesidad y de la fatiga inútiles.
Sin ir tan lejos, volvamos a La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, publicada en
1776. El primer capítulo de este notable libro se titula «De la división del trabajo», y en la
segunda página del mismo nos dice el autor que un obrero no familiarizado con el empleo
de maquinaria utilizada en la fabricación de alfileres «apenas podría hacer un alfiler por
día e, indudablemente, no haría veinte», mientras que con el uso de esa maquinaria
puede fabricar 4,800 alfileres diarios. Así pues, siguiendo el razonamiento, ya en la época
de Adam Smith, las máquinas habrían desplazado de 240 a 4,800 productores de alfileres
por cada uno que permaneció en su trabajo. Si las máquinas no hicieran otra cosa que
privar al hombre de su trabajo, en la industria del alfiler existiría ya en aquella época un
99.98 % de desempleo. ¿Podría darse un panorama más sombrío?
En efecto, pudo darse, pero esto fue así porque la Revolución Industrial estaba todavía en
su infancia. Contemplemos algunos de sus aspectos e incidentes más destacados.
Veamos, por ejemplo, lo que ocurrió en la industria de fabricación de medias. Conforme
iban siendo instalados los nuevos telares, eran destruidos por los artesanos, que en un
solo tumulto destrozaron más de mil; se incendiaron talleres y se amenazó a los
inventores, quienes se vieron precisados a huir para salvar sus vidas, no quedando
restablecido el orden hasta que intervino el ejército y fueron deportados o ahorcados los
principales cabecillas.
Ahora bien, no debe olvidarse que, en la medida en que pensaban en su propio futuro
inmediato e incluso más lejano, la oposición de los revoltosos a la máquina era racional.
William Felkin nos dice en su Historia de la industria de géneros de punto fabricados a
máquina (1867), que la mayor parte de los 50,000 obreros ingleses empleados en la
fabricación de medias, y sus familias, tardaron más de cuarenta años en sobreponerse al
hambre y la miseria a que les llevó la introducción de la máquina. Pero en cuanto a la
creencia de los amotinados de que la máquina habría de estar desplazando
continuamente obreros; se equivocaban, ya que antes de que finalizase el siglo XIX la
industria de fabricación de medias empleaba, por lo menos, cien obreros por cada uno de
los empleados a comienzos del siglo.
Arkwright inventó en 1760 su maquinaria para el hilado del algodón. En aquella época se
ha calculado que existían en Inglaterra 5,200 hilanderos que utilizaban tornos de hilar y
2,700 tejedores; en conjunto, 7,900 personas dedicadas a la producción de textiles de
algodón. La introducción de la invención de Arknvright encontró oposición, por estimarse
amenazaba el medio de vida de los obreros, y la resistencia tuvo que ser vencida por la
fuerza. Sin embargo, en 1787, veintisiete años después de aparecido el invento, una
investigación parlamentaria mostró que el número de personas empleadas en el hilado y
tejido de algodón había ascendido de 7,900 a 320,000, o sea un incremento del 4,400 %.
Si se consulta el libro Cambios económicos recientes, de David A. Wells, publicado en
1889, hallará algunos pasajes que, dejando a un lado fechas y cifras absolutas, pudieran
haber sido escritos por cualquiera de nuestros actuales tecnófobos, valga el vocablo.
Citaremos algunos:
Durante los diez años transcurridos entre 1870 y 1880 inclusive, la Marina mercante
británica incrementó su actividad, sólo en cuanto a registros y despachos extranjeros,
hasta la cifra de 22’000,000 de toneladas. Sin embargo, el número de hombres ocupados
en esta gran actividad había disminuido en 1880, en comparación con 1870, en cantidad
aproximada de 3,000 (2,990 exactamente). ¿A qué fue debido? A la introducción de las
grúas a vapor y elevadores de grano en muelles y desembarcaderos, al empleo de la
fuerza de vapor, etcétera.
En 1873, el acero Bessemer, que no había sido objeto de medidas protectoras, costaba
80 dólares por tonelada en Inglaterra; en 1886 se fabricaba y vendía en el mismo país a
menos de 20 dólares la tonelada.
Durante el mismo tiempo, la capacidad de producción anual de un convertidor Bessemer
se había incrementado al cuádruplo, con ningún aumento, sino más bien ligera
disminución, del trabajo invertido... La potencia de las máquinas de vapor existentes en
funcionamiento en todo el mundo, en el año 1887, ha sido calculada por la Oficina de
Estadística de Berlín como equivalente a la de 200’000,000 de caballos, lo que
representa, aproximadamente, el esfuerzo conjunto de 1,000 millones de hombres; como
mínimo, el triple de la población obrera del mundo.
Parece que esta última cifra debería haber hecho reflexionar al autor del libro induciéndole
a preguntarse cómo es que aún quedaban empleos en el mundo en 1889, pero se
limitaba a concluir, con moderado pesimismo, que «bajo tales circunstancias, la
superproducción industrial... puede hacerse crónica».
Durante la depresión del año 1932 se reanudó, una vez más, la práctica de culpar del
desempleo a las máquinas. En pocos meses se habían extendido por todo el país, como
bosque en llamas, las doctrinas de un grupo que se denominaba a sí mismo los
Tecnócratas. Estos Tecnócratas volvieron al error, de que las máquinas desplazan
permanentemente a los hombres, con la sola particularidad de que en su ignorancia
presentaban este error como nuevo y revolucionario descubrimiento. Los Tecnócratas
fueron relegados finalmente al olvido entre fáciles ironías.
Pero su doctrina, que les había precedido, persiste. Se refleja en centenares de normas y
prácticas sindicales, encaminadas a hacer ineludible la intervención de mayor número de
obreros en determinada tarea, dilatar su realización durante el mayor tiempo posible o
simplemente obligar a los empresarios a mantener empleos inútiles, que se toleran e
incluso aprueban gracias a la conclusión que a este respecto reina en la mentalidad
pública.
Corwin Edwards, en su declaración ante el Comité Temporal de Economía Nacional,
como testigo del Departamento de Justicia, citaba innumerables ejemplos de tales
prácticas. En la ciudad de Nueva York se llegó a prohibir la instalación de equipo eléctrico
que estuviese fabricado fuera del Estado, a menos que se desmontase y volviese a
montar en la misma obra. En Houston, Texas, los fontaneros titulados y el sindicato
acordaron que la tubería prefabricada para la instalación sería colocada por los obreros
de la unión sindical sólo en el caso de que se suprimiera uno de los extremos roscados,
para ser roscada nuevamente en la obra. Varias delegaciones locales del sindicato de
pintores impusieron restricciones al uso de pistolas para pintar, en muchos casos
destinadas meramente a proporcionar trabajo, aun a cambio de exigir el más lento
proceso de aplicar la pintura a brocha. Una delegación local del sindicato de transportes
exigía que cada camión que entrase en la zona metropolitana de Nueva York llevase un
conductor local, además del propio conductor del vehículo. En varias ciudades, el
sindicato de electricistas requería la presencia de un operario en cualquier construcción
donde se precisase temporalmente de luz o energía, no siéndole permitido realizar trabajo
alguno de montaje.
Esta norma, según Mr. Edwards, «implica a menudo la contratación de un hombre que se
pasa el día leyendo o haciendo solitarios y cuyo único cometido es maniobrar un
interruptor al comienzo y al final de la jornada».
Se pueden citar prácticas análogas en muchas otras actividades. En los ferrocarriles, los
sindicatos insisten en el empleo de fogoneros en tipos de locomotoras en las que no son
necesarios sus servicios. En los teatros los sindicatos obligan al empleo de tramoyistas
incluso en representaciones donde no se utiliza escenario alguno. El sindicato de músicos
exige el empleo de músicos llamados «figurones» e incluso de orquestas completas en
lugares en que sólo se interpretan discos.
Podrían acumularse montañas de cifras que demostraran cuán equivocados estaban los
tecnófobos del pasado. Pero de nada serviría si no pusiéramos en claro por qué estaban
equivocados. La estadística y la historia de nada valen a la economía si no van
acompañadas de una básica comprensión deductiva de los hechos, lo que significa, en
este caso, una clara evaluación del porqué tuvieron que ocurrir las pasadas
consecuencias de la introducción de la maquinaria y otros dispositivos orientados a la
mayor economía del trabajo. De lo contrario, los tecnófobos aducirán, como aseguran de
hecho cuando se les hace resaltar los absurdos contenidos en las profecías de sus
predecesores, que «puede que sea así en lo que se refiere al pasado, pero las
condiciones actuales son fundamentalmente diferentes y es ahora cuando no podemos
seguir perfeccionando las máquinas economizadoras del trabajo». En efecto, la señora
Eleanor Roosevelt escribía en un periódico sindical, el 19 de septiembre de 1945:
«Hemos llegado ya a un extremo en que los mecanismos economizadores de trabajo sólo
son deseables cuando no desplazan al obrero de su puesto».
Si fuese realmente cierto que la introducción de la maquinaria es causa de creciente
desempleo y miseria, las deducciones lógicas serían revolucionarias, no sólo en el
aspecto técnico, sino también en lo que se refiere a nuestro concepto global de la
civilización. No sólo tendríamos que considerar calamitoso todo futuro progreso técnico,
sino que deberíamos contemplar con igual horror los progresos técnicos alcanzados en el
pasado.
Diariamente cada uno de nosotros se esfuerza en reducir en lo posible el trabajo que un
determinado fin exige; todos procuramos simplificar nuestro trabajo y economizar los
medios necesarios para alcanzar el objetivo deseado. Cualquier empresario, grande o
pequeño, ansía constantemente conseguir realizar sus particulares objetivos con mayor
economía y eficacia; es decir, ahorrando esfuerzo. Todo obrero inteligente procura reducir
el esfuerzo que le exige la tarea encomendada. Los más ambiciosos entre nosotros tratan
incansablemente de aumentar los resultados que puedan obtenerse en un número
determinado de horas. Si obrasen con lógica y consecuencia, los tecnófobos deberían
desechar todo este progreso e ingenio, no ya por inútil, sino por perjudicial. ¿Para qué
transportar mercancías entre Nueva York y Chicago por ferrocarril cuando podrían
emplearse muchísimos más hombres, por ejemplo, si las llevasen a hombros?
Teorías tan falsas como la señalada se articulan de manera lógica, pero causan gran
perjuicio por el mero hecho de ser mantenidas. Tratemos, por consiguiente, de ver con
exactitud lo que realmente sucede cuando se introducen en la producción máquinas y
perfeccionamientos técnicos. Los detalles variarán en cada caso, según sean las
condiciones particulares que prevalezcan en una industria o período determinados. Pero
tomaremos un ejemplo que comprenda las circunstancias más generales.
Supongamos que un fabricante de telas tiene conocimiento de la existencia de una
máquina capaz de confeccionar abrigos de caballero y señora, empleando tan sólo la
mitad de la mano de obra que anteriormente se precisaba. Instala la maquinaria y despide
a la mitad del personal.
Parece a primera vista que ha habido una evidente disminución de ocupación. Ahora bien,
la propia máquina requirió mano de obra para ser fabricada; así, pues, como primera
compensación aparece un trabajo que de otra forma no hubiese existido. El fabricante, sin
embargo, sólo decide adoptar la maquinaria, si con ella consigue hacer mejores trajes por
la mitad de traba]o, o el mismo tipo de traje a un costo menor. Suponiendo lo segundo, no
es posible admitir que el trabajo invertido en la construcción de la maquinaria fuese tan
considerable, en cuanto a volumen de salarios, como el que espera economizar a la larga
el fabricante de telas al adoptar la maquinaria; de lo contrario no habría economía y la
maquinaria no sería adquirida.
Vemos, por consiguiente, que todavía existe aparentemente una pérdida global de
empleo, atribuible a la maquinaria. Sin embargo, debemos siempre tener presente la
posibilidad real y efectiva de que el resultado final de la introducción de la maquinaria
representa, a la larga, un aumento global de empleo, porque al adoptar la maquinaria, es
tan sólo a largo plazo cuando el fabricante de telas espera, ordinariamente, ahorrar
dinero, y puede se precisen varios años para que la maquinaria «se pague a sí misma».
Cuando el costo de la máquina ha quedado compensado por las economías que facilita,
el fabricante de telas ve aumentar su beneficio (supondremos que se limita a vender sus
abrigos al mismo precio que sus competidores, sin esforzarse por abaratarlos). En este
punto puede parecer que se ha producido una pérdida neta de empleo, siendo el
fabricante, el capitalista, el único beneficiario. Ahora bien, en estos beneficios extras
radica precisamente el origen de subsiguientes ganancias sociales. El fabricante ha de
emplear su beneficio extraordinario en una de estas tres formas y posiblemente empleará
parte de aquél en las tres: 1) ampliación de sus instalaciones, con adquisición de nuevas
máquinas para hacer un mayor número de abrigos; 2) inversión en cualquier otra
industria, y 3) incremento de su propio consumo. Cualquiera de estas tres posibilidades
ha de producir demanda de trabajo.
En otras palabras, como resultado de sus economías, el fabricante obtiene un beneficio
que no tenía antes. Cada dólar ahorrado en salarios directos, por haber podido disminuir
el importe de sus nóminas, ha de ir a parar indirectamente a los obreros que construyen la
nueva máquina, a los trabajadores de otras industrias o a aquellos que intervienen en la
construcción de una nueva casa o automóvil para el fabricante o en la confección de joyas
y pieles para su esposa. En cualquier caso (a menos que sea un obtuso acaparador)
proporciona indirectamente tantos empleos como directamente dejó de facilitar.
Pero no termina aquí la cosa. Si nuestro emprendedor industrial realiza grandes
economías con respecto a sus competidores, o éstos imitarán su ejemplo o aquél
empezará a ampliar sus negocios a expensas de aquéllos, con lo que se proporcionará,
por lo tanto, más trabajo a los productores de las máquinas. Competencia y producción
comenzarán entonces a reducir el precio de los abrigos. Ya no habrá tan grandes
beneficios para los que adopten las nuevas máquinas; irán reduciéndose, al tiempo que
desaparecen para aquellos fabricantes que todavía no hayan adquirido maquinaria. Las
economías, en otras palabras, serán transferidas a los compradores de abrigos, es decir,
a los consumidores.
Ahora bien, como los abrigos son más baratos, los comprará más gente, y aunque
requiera menos mano de obra la confección de un mismo número de abrigos, éstos se
producirán en mayor cantidad que antes. Si la demanda de abrigos es de las que los
economistas llaman «elásticas», es decir, si un descenso en el precio determina una
mayor cantidad de dinero invertida en abrigos, puede que en su confección se precisen
todavía más operarios que los que eran necesarios antes de la aparición de las nuevas
máquinas. Ya hemos visto que fue esto lo ocurrido realmente en el caso de las medias y
otros productos textiles.
Pero el nuevo empleo no depende de la elasticidad de la demanda del producto particular
de que se trate. Supongamos que aunque el precio de los abrigos quedase reducido casi
a la mitad—descendiesen, por ejemplo, de 5 a 30 dólares—, no se vendiese ningún
abrigo adicional. El resultado sería que al tiempo que los consumidores seguirían
proveyéndose de nuevos abrigos en igual medida que antes, cada comprador dispondría
ahora de 20 dólares con los que previamente no contaba. Gastará, por consiguiente,
estos 20 dólares en cualquier otra cosa proporcionando así más empleos en otros
sectores de la producción.
En resumen, las máquinas, los perfeccionamientos técnicos, las economías y la eficiencia,
en definitiva, no dejan sin trabajo a los hombres.
No todos los descubrimientos e invenciones, por supuesto, consisten en máquinas
«economizadoras de trabajo». Algunos, como los instrumentos de precisión, el nilón, la
lucita, el contraplacado y toda clase de plásticos, mejoran simplemente la calidad de los
productos. Otros, como el teléfono y el aeroplano, cumplen misiones que el hombre nunca
hubiese podido realizar directamente sin su auxilio. Otros incluso hacen posible la
existencia de objetos y servicios, tales como rayos X, aparatos de radio y caucho
sintético, que de otra forma no existirían siquiera. Pero para el ejemplo anterior hemos
escogido precisamente el tipo de máquina que ha sido blanco preferido de la moderna
tecnofobia.
Es posible, desde luego, llegar a desorbitar la tesis de que las máquinas no desplazan en
definitiva a los hombres de su trabajo. Se arguye a veces, por ejemplo, que las máquinas
crean más empleos de los que sin ellas hubieran existido. En determinadas circunstancias
esto puede ser verdad. Cabe, ciertamente, que surjan muchísimos más empleos en
determinadas industrias. Las cifras del siglo XVIII para las industrias textiles representan
un caso típico. Sus modernas contrapartidas no son, ciertamente, menos sorprendentes.
'En 1910 se hallaban empleadas 140,000 personas en los :Estados Unidos en la recién
creada industria automovilística. En 1920, con el perfeccionamiento dei producto y la
reducción de su costo, dicha industria empleaba 250,000 personas. En 1930, al continuar
el perfeccionamiento y la reducción del costo, el número de empleados ascendió a
380,000. En 1940 había alanzado la cifra de 450,000. En 1940, la fabricación de
frigoríficos eléctricos ocupaba a 35,000 obreros, y la de receptores de radio, a 60,000. Lo
propio ha ocurrido en todas las industrias de reciente creación, a medida que se
perfeccionaba el invento y se reducía el costo.
También puede afirmarse, en sentido absoluto, que las máquinas han aumentado
enormemente el número de empleos. La población del mundo es hoy tres veces mayor
que la de mediados del siglo XVIII, antes de que la Revolución Industrial se hubiese
abierto camino. Es correcto atribuir a las máquinas este aumento de la población, pues sin
ellas la naturaleza hubiese sido incapaz de mantener tan numerosa población. Puede
afirmarse, en consecuencia, que de cada tres personas, dos debemos a las máquinas no
sólo el empleo, sino también la vida.
No obstante, es erróneo suponer que la función o finalidad primordial de las máquinas sea
crear empleos. Su verdadero objetivo es incrementar la producción, elevar el nivel de
vida, aumentar el bienestar económico. En una economía primitiva no es difícil conseguir
ocupación para todo el mundo. El empleo total —empleo total exhaustivo: continuo,
abrumador, extenuante—es característico precisamente de las naciones industrialmente
menos avanzadas. Donde ya existe verdadero empleo total, las nuevas máquinas,
descubrimientos e inventos, en tanto no se produce, con el tiempo, un aumento de
población, no pueden proporcionar mayor empleo. Es más probable que produzcan mayor
desempleo (pero adviértase que ahora estamos hablando de desempleo voluntario y no
involuntario) porque la gente puede permitirse el lujo de trabajar menos horas y los niños
y personas de avanzada edad no se ven ya forzados a trabajar.
Lo que hacen las máquinas, repitámoslo, es incrementar la producción y elevar el nivel de
vida. Esto se lleva a cabo en una de estas dos formas: abaratando los productos al
consumidor (como en nuestro ejemplo de los abrigos) o aumentando los salarios, al
incrementarse la productividad de los obreros. En otras palabras, o incrementan los
salarios o, al reducir los precios, aumentan el volumen de artículos y servicios asequibles
a un mismo salario. A veces consiguen ambas cosas. Lo que ocurra dependerá en buena
parte de la política monetaria seguida en el país. Pero en cualquier caso, máquinas,
invenciones y descubrimientos aumentan los salarios reales.
Antes de concluir este tema es conveniente hacer una advertencia. El gran mérito de los
economistas clásicos fue precisamente considerar las consecuencias secundarias no
inmediatas; preocuparse de los efectos de un programa o de una política económica
determinada, a largo plazo y sobre toda la comunidad. Pero su defecto consistió en que al
hacerlo así se olvidaban a veces de las repercusiones de tal programa en su aspecto
inmediato y particularista. Con excesiva frecuencia se inclinaban a minimizar u olvidar por
completo las consecuencias inmediatas sobre grupos especiales. Hemos visto, por
ejemplo, que los tejedores ingleses sufrieron tragedias como resultado de la introducción
de los nuevos telares para la fabricación de medias, una de las primeras invenciones de la
Revolución Industrial.
Ahora bien, tales hechos y sus modernas contrapartidas han llevado a algunos autores al
extremo opuesto de considerar solamente los efectos inmediatos sobre ciertos sectores.
Fulano de Tal pierde su empleo por la introducción de alguna nueva máquina. «No
pierdan de vista a Fulano de Tal», insisten esos autores «No se olviden nunca de Fulano
de Tal». Sin embargo, lo que en realidad hacen es preocuparse solamente de Fulano de
Tal, olvidando que Mengano acaba de obtener un empleo en la fabricación de la nueva
máquina, Zutano, otro en el manejo de la misma, y Perengano puede adquirir ahora un
abrigo por mitad del precio que solía costarle. Y por pensar solamente en Fulano de Tal
acaban por erigirse en defensores de sistemas absurdos y reaccionarios.
Indudablemente, debemos tener presente a Fulano de Tal, que ha sido desplazado de su
empleo por la nueva máquina. Quizá pueda obtener rápidamente otro empleo, incluso
mejor. Pero tal vez haya dedicado muchos años de su vida a adquirir y perfeccionar una
técnica especial que carece ahora de toda utilidad. Ha perdido los fondos invertidos en su
autocapacitación técnica, como su antiguo empresario perdió, tal vez, su inversión en
viejas máquinas y procedimientos que de pronto han quedado anticuados. Era un obrero
especializado y cobraba como tal. Ahora se ha convertido otra vez, de la noche a la
mañana, en obrero no especializado porque su vieja pericia de nada sirve ya. No
podemos ni debemos olvidarle. Representa una de las tragedias personales que, según
veremos, acompañan a casi todo progreso industrial y económico.
Preguntarnos qué solución debe buscársele —si debe abandonársele a su propio destino,
concedérsele el derecho a una indemnización por despido o un subsidio por paro,
acogerle al socorro estatal o enseñarle un nuevo oficio a expensas del Estado—nos
llevaría más allá del tema que tratamos de dilucidar. La lección central es que debemos
tratar de prever todas las consecuencias fundamentales de determinada política o
programa económico, sus efectos inmediatos sobre grupos especiales y sus efectos
remotos sobre todos los grupos.
Si hemos dedicado tan amplio espacio a este tema ha sido porque consideramos
cruciales nuestras conclusiones respecto a los efectos de la nueva maquinaria, las
invenciones y los descubrimientos, sobre el empleo, la producción y el bienestar. Si nos
equivocamos al enunciarlas, pocos serán los temas económicos acerca de los cuales
estemos en situación de acertar.
PLANES PARA LA MÁS AMPLIA DISTRIBUCIÓN DEL TRABAJO
Hay diversas prácticas sindicales encaminadas a proporcionar más empleo, haciendo
necesaria la intervención de mayor número de personas en determinada tarea o,
sencillamente, dilatando su realización durante el mayor tiempo posible. Tales prácticas y
su pública tolerancia derivan del mismo sofisma fundamental que dio lugar al temor a las
máquinas. El error radica en el convencimiento de que una forma más eficiente de hacer
algo elimina empleos, con el obligado corolario de que una modalidad menos eficiente los
crea.
Ligada a esta falacia aparece la creencia de que existe en el mundo una cantidad
determinada de trabajo que si no podemos incrementar discurriendo procedimientos más
absurdos de ejecución, podemos al menos intentar repartir entre el mayor número de
gente posible.
Este error se oculta en la minuciosa subdivisión del trabajo sobre la que insisten los
sindicatos; en las grandes ciudades y sobre todo en las industrias de la construcción, tal
subdivisión se hace más tangible. No se permite a los albañiles emplear mampostería en
una chimenea, trabajo que se considera exclusivo de los canteros. Un electricista no
puede desmontar un panel y volverlo a instalar para hacer una conexión eléctrica, porque
tal trabajo, por sencillo que sea, sólo debe ser efectuado por un carpintero. Un fontanero
no puede levantar o reponer una baldosa para eliminar un escape de la ducha; esta tarea
concierne a un plomero.
Los sindicatos mantienen constantemente una furiosa batalla de huelgas
«jurisdiccionales» para asegurarse la exclusiva de los trabajos de dudosa asignación. En
una declaración recientemente preparada por los ferrocarriles americanos para el «Comité
Fiscal y de Procedimiento Administrativo» aparecen innumerables ejemplos en los que la
Junta de Regulación de los Ferrocarriles Nacionales había decidido que «todas y cada
una de las tareas en el ferrocarril, por insignificantes que sean, tales como hablar por
teléfono o montar o desmontar un interruptor, son de tal forma exclusivas de una clase
determinada de empleados que si uno de otra clase, en el curso de sus normales
obligaciones, realiza tales tareas, no sólo debe percibir por ello, con carácter
extraordinario, el salario de un día, sino que, además, los miembros excedentes o en
situación de paro de la especialidad destinada a efectuar la operación deben recibir el
salario de un día por no haber sido llamados a realizarla».
Es verdad que algunos individuos pueden ser beneficiados a expensas de los demás por
esta minuciosa y arbitraria subdivisión del trabajo, siempre que ello ocurra exclusivamente
en sus respectivos gremios. Pero los que apoyan esta teoría como práctica general
olvidan que su aplicación eleva siempre los costos de producción y que, en definitiva,
reduce la demanda de trabajo y los bienes producidos. El propietario de una casa que se
ve forzado a emplear dos hombres para realizar el trabajo de uno, proporciona,
ciertamente, empleo a un obrero extra. Pero sus disponibilidades económicas quedan
menguadas justamente en esa medida, mengua que le impedirá invertir igual cantidad en
algo que ocuparía a algún otro operario. Como su cuarto de baño ha sido reparado a un
costo doble del normal, decide no comprar un nuevo suéter, como pensaba. El «trabajo»
no se ha incrementado, porque un día de empleo de un plomero innecesario ha supuesto
un día de desempleo de un productor de suéteres u operario de máquina. Sin embargo, el
propietario de la casa ha resultado perjudicado, porque en lugar de tener reparada la
ducha y haber adquirido el suéter, ha de resignarse sólo con lo primero. Y si
consideramos el suéter como parte de la riqueza nacional, el país dispondrá de un suéter
menos. Ello simboliza el resultado neto del esfuerzo encaminado a crear más trabajo
mediante su arbitraria subdivisión. esa medida, mengua que le impedirá invertir igual
cantidad en algo que ocuparía a algún otro operario. Como su cuarto de baño ha sido
reparado a un costo doble del normal, decide no comprar un nuevo suéter, como
pensaba. El «trabajo» no se ha incrementado, porque un día de empleo de un plomero
innecesario ha supuesto un día de desempleo de un productor de suéteres u operario de
máquina. Sin embargo, el propietario de la casa ha resultado perjudicado, porque en lugar
de tener reparada la ducha y haber adquirido el suéter, ha de resignarse sólo con lo
primero. Y si consideramos el suéter como parte de la riqueza nacional, el país dispondrá
de un suéter menos. Ello simboliza el resultado neto del esfuerzo encaminado a crear
más trabajo mediante su arbitraria subdivisión. a la salud o a la eficacia en el trabajo. Se
incluyó, en parte, con la esperanza de mejorar el ingreso semanal del trabajador, y en
parte, con el objeto de desanimar al empresario a mantener regularmente obreros en el
trabajo durante más de cuarenta horas semanales, para que de esta forma se viese
obligado a emplear obreros adicionales.
Existen numerosos proyectos para «impedir el desempleo» estableciendo la semana
laboral de 30 horas.
¿Cuál es el efecto real de tales planes, ya sean impuestos por los sindicatos o por la ley?
El problema se verá con más claridad si se consideran dos ejemplos. Supongamos, en
primer lugar, que se reduce la semana laboral ordinaria de 40 a 30 horas, sin que se
modifique el salario por hora. Contemplemos luego una reducción igual, pero con un
incremento en el salario por hora tal que permita la misma paga semanal para los obreros
ya empleados.
Consideremos el primer caso: la semana laboral queda reducida de 40 horas a 30, sin
variación del salario hora. Si existe un considerable desempleo cuando este plan es
puesto en ejecución, sin duda ha de proporcionar suficientes empleos adicionales. Sin
embargo, no cabe esperar que lo haga en número suficiente para mantener inalterada la
nómina y el número de hombres-hora, a menos que partamos del inverosímil supuesto de
que en cada industria ha habido exactamente el mismo porcentaje de desempleo y que
los nuevos hombres y mujeres empleados no sean menos eficaces en sus especiales
tareas, por término medio, que los que ya estaban empleados. Pero admitámoslo a
efectos del razonamiento. Supongamos que pueda cubrirse el número justo de obreros
adicionales en cada especialidad y que los nuevos obreros no elevan los costos de
producción. ¿Cuál será el resultado de reducir la semana laboral de 40 horas a 30 (sin
incremento alguno en el salario hora)?
Aunque se empleen más obreros, cada uno trabajará menos horas y no se producirá, por
consiguiente, un claro aumento en la relación hombres- horas Es poco probable que se
origine aumento apreciable en la producción. El total de las nóminas y el «poder
adquisitivo» no serán mayores. Lo ocurrido, aun bajo los supuestos más favorables (que
raramente se cumplirán) será que los obreros previamente empleados subvencionarán de
hecho a los obreros anteriormente desempleados, pues a fin de que los nuevos obreros
puedan recibir tres cuartas partes del salario semanal que anteriormente recibían los
antiguos, éstos, a su vez, sólo percibirán ahora también tres cuartas partes de los dólares
que antes recibían semanalmente. Cierto que los antiguos obreros trabajarán ahora
menos horas, pero la adquisición de un mayor ocio a tan alto precio, a buen seguro que
no la han decidido por el beneficio que pueda representar; por el contrario, es un sacrificio
hecho para proporcionar empleo a otros. Los dirigentes de los sindicatos que piden la
reducción de la semana laboral para «la más amplia distribución del trabajo» reconocen
de ordinario lo expuesto, presentando sus propuestas en una forma que pretende
conseguir para cada uno seguros beneficios sin pérdida de lo ya alcanzado. Redúzcase la
semana laboral de 40 a 30 horas, nos dicen, para procurar más empleos; pero
compénsese ese acortamiento incrementando el salario hora en un 33 por 100. Los
obreros ya empleados recibirán, por ejemplo, 40 dólares semanales por término medio, a
cambio de 40 horas de trabajo; a fin de que sigan percibiendo igual cantidad por sólo 30
horas de trabajo, debe aumentarse el salario-hora en un promedio de 1,33 dólares.
¿Cuáles serían las consecuencias de semejante plan? la primera y más evidente sería la
elevación de los costos de producción. Si suponemos que los obreros ganaban, cuando
trabajaban 40 horas, menos de lo que permitían el nivel de los costos de producción, los
precios y los beneficios, podrían haber logrado el incremento de] salario hora sin reducir la
duración de la semana laboral. Podrían, en otras palabras, haber trabajado igual número
de horas percibiendo su íntegro salario semanal aumentado en un tercio, en lugar de
recibir, con su nueva semana de 30 horas, una cantidad semanal igual a la anterior. Pero
si con la semana de 40 horas ganaban ya un salario tan elevado como el nivel de los
costos de producción y precios hacia posible (y el mismo desempleo que tratan de
suprimir puede ser signo de que ya obtenían incluso más que eso), entonces el
incremento en los costos de producción, como resultado del 33 por 100 de incremento en
el salario hora, será mucho mayor de lo que puede soportar el existente régimen de
precios, producción y costos.
Por consiguiente, el resultado de la elevación de salarios será un desempleo mucho
mayor. Las empresas más débiles habrán de cerrar sus puertas y los obreros menos
eficientes serán despedidos, reduciéndose la producción en todos los órdenes. Una
elevación en los costos de producción y una reducción en la existencia tenderán a elevar
los precios, con la consiguiente disminución del volumen de mercancías que podrán
adquirir los obreros con igual número de dólares; por otra parte, el aumento del
desempleo retraerá la demanda y ello provocará un descenso en los precios. El nivel que
finalmente alcancen dependerá de la política monetaria que se adopte. Pero si se
persigue una política de inflación monetaria que permita el pago de los incrementos
salarios-hora mediante una elevación de precios, ello representará simplemente una
forma velada de reducir los salarios reales, que volverán a ser iguales a los de antes en
cuanto a capacidad adquisitiva. E1 resultado sería, pues, el mismo que si la semana
laboral se hubiese reducido sin aumento en el salario-hora, cuyas consecuencias ya
hemos analizado.
En una palabra, los planes distributivos del trabajo se apoyan en la misma rara ilusión que
venimos considerando desde el comienzo de la obra. Las gentes que defienden tales
medidas piensan sólo en el empleo que proporcionarían a grupos o individuos aislados;
no consideran cuál sería su efecto sobre toda la comunidad.
Se fundamentan también estos planes, como antes señalábamos, en la falsa creencia de
que existe una cantidad fija de trabajo por realizar. No se concibe mayor desatino. No hay
límite al trabajo por hacer, mientras haya necesidad o deseos humanos insatisfechos, que
el trabajo pueda atender. En una moderna economía de intercambio se realizará más
trabajo cuando los precios, costos y salarios se hallen en las mejores relaciones de
reciprocidad. Más adelante veremos cuáles son dichas relaciones.
EQUIPO TEMA
1 El surgimiento de la economía: mercantilismo y fisiocracia
2 La Economía Política Clásica: Adam Smith
La Economía Política Clásica: David Ricardo
3 La crítica marxista de la Economía Política
4 La Escuela Neoclásica: El Enfoque marginalista
5 Alfred Marshall y la síntesis neoclásica
Institucionalismo y Evolucionismo
6 Keynes
La Escuela de Chicago
Rúbrica para evaluar el Ensayo:
Criterios Excelente Suficiente Regular Insuficiente
Capacidad de 15 10 - 14 5-9 0–4
Análisis y
Síntesis
Las ideas se El trabajo presenta El trabajo presenta En algunas partes El trabajo no
presentan con un orden lógico y un orden lógico. el trabajo no presenta ni un
claridad y está apoyado en Hace poco uso de presenta ni orden orden lógico ni una
precisión. elementos elementos lógico ni cohesión, estructuración
explícitos y explícitos, lo que lo que otorga al clara. Tiene
apropiados. dificulta seguir el escrito un carácter muchos problemas
pensamiento del confuso que de cohesión.
autor. distrae al lector.
Tiempo y forma 5 3 1 0
Tiempo de Entrega el trabajo Entrega el Trabajo Entrega el trabajo Entrega el trabajo
Entrega el día establecido con un día de con dos días de con tres o más
atraso atraso días de atraso
10 7-9 3-6 0–2
Ortografía Las ideas se Las ideas se Las ideas se Las ideas se
presentan sin presentan con presentan con presentan con
errores pocos errores algunos errores mucho errores
ortográficos ortográficos. (3 ortográficos. (5 ortográficos. (más
(acentuación, máximo) y algunas máximo) y fallas de 5) y muchas
puntuación y fallas en la en la puntuación y fallas en la
redacción.) puntuación y redacción puntuación y
redacción redacción
Rúbrica para evaluar las Diapositivas y la Exposición:
Criterios Excelente Suficiente Regular Insuficiente
Conocimiento del 10 7–9 4-6 0–3
Tema
Contenido Cubre los temas a Incluye Incluye El contenido es
profundidad con conocimiento información mínimo y tiene
detalles y básico sobre el esencial sobre el varios errores en
ejemplos. El tema. El tema, pero tiene los conceptos.
conocimiento del conocimiento del errores en los
tema es excelente. tema es bueno. conceptos.
Utiliza de manera
apropiada las
TIC’S
5 3-4 1-2 0
Contacto Establece contacto Establece contacto Establece contacto No mira a las
Visual visual con todos en visual con todos en visual en pocas personas durante
el salón durante el salón durante la ocasiones. la mayor parte de
toda la mayor parte de la la presentación.
presentación. presentación
5 3-4 1-2 0
Elementos del Los tipos de letra A veces los tipos Se dificulta la El texto es
texto. son fáciles de leer de letra son fáciles lectura general de extremadamente
y el tamaño de de leer pero en la presentación difícil de leer con
letra varía algunos párrafos, con párrafos muy largos bloques de
apropiadamente en colores y fondos largos, tipos de texto y tamaños de
los encabezados y obscuros, dificulta letra diferentes y letra muy
el texto. la lectura. fondos obscuros. pequeños,
El fondo y los inapropiado
colores utilizados contraste de
facilitan la lectura colores.
del texto.
5 3-4 1-2 0
Ortografía y La presentación no La presentación La presentación La presentación
Redacción contiene ningún tiene algunas tiene algunas tiene varias frases
error ortográfico ni frases ideas incoherentes incoherentes y
gramatical. incoherentes, pero y algunos errores presenta varios
no tiene errores ortográficos y errores
ortográficos. gramaticales. ortográficos y
gramaticales.
5 3-4 1-2 0
Volumen de voz El volumen es lo El volumen es lo El volumen es lo El volumen con
suficientemente suficientemente suficientemente frecuencia es muy
alto para ser alto para ser alto para ser débil para ser
escuchado por escuchado por escuchado por escuchado por
todos los todos los todos los todos los
miembros de la miembros de la miembros de la miembros de la
audiencia a través audiencia al audiencia al audiencia.
de toda la menos 90% del menos el 60% del
presentación. tiempo. tiempo.
Rúbrica para evaluar el Cuestionario:
Criterios Excelente Suficiente Regular Insuficiente
Conocimiento del 15 10 - 14 5-9 0–4
Tema
Contenido Cubre los temas a Incluye Incluye El contenido es
profundidad con conocimiento información mínimo y tiene
detalles y básico sobre el esencial sobre el varios errores en
ejemplos. El tema. El tema, pero tiene los conceptos.
conocimiento del conocimiento del errores en los
tema es excelente. tema es bueno. conceptos.
Capacidad de 15 10 - 14 5 - 10 0–4
Análisis y
Síntesis
Las ideas se El trabajo presenta El trabajo presenta En algunas partes El trabajo no
presentan con un orden lógico y un orden lógico. el trabajo no presenta ni un
claridad y está apoyado en Hace poco uso de presenta ni orden orden lógico ni una
precisión. elementos elementos lógico ni cohesión, estructuración
explícitos y explícitos, lo que lo que otorga al clara. Tiene
apropiados. dificulta seguir el escrito un carácter muchos problemas
pensamiento del confuso que de cohesión.
autor. distrae al lector.
Tiempo y forma 4 3 2 0
Tiempo de Entrega el trabajo Entrega el Trabajo Entrega el trabajo Entrega el trabajo
Entrega el día establecido con un día de con dos días de con tres o más
atraso atraso días de atraso
6 4-5 2-3 1
Ortografía Las ideas se Las ideas se Las ideas se Las ideas se
presentan sin presentan con presentan con presentan con
errores pocos errores algunos errores mucho errores
ortográficos ortográficos. (3 ortográficos. (5 ortográficos. (más
(acentuación, máximo) y algunas máximo) y fallas de 5) y muchas
puntuación y fallas en la en la puntuación y fallas en la
redacción.) puntuación y redacción puntuación y
redacción redacción
Los tres trabajos a entregar en el primer reporte son:
1. Ensayo de las Lecturas Los beneficios de la destrucción y Los impuestos
desalientan la Producción.
2. Diapositivas y Exposición del Texto.
3. Cuestionario.
Los trabajos se harán con las siguientes características:
a) Portada (libre), deberá tener el nombre del integrante o integrantes que lo
realizó o realizaron.
b) Para los trabajos realizados en Word, la configuración será: Márgenes 2 cm.
por lado, alineación justificada, Espaciado entre párrafos 12 puntos (solo
anterior; en el posterior se queda en 0), interlineado de 1.5, Tipo de Letra
Arial, 14 Puntos para el Título y 11 puntos para todo el trabajo.
c) El nombre del archivo estará formado de la siguiente manera: Apellido
Paterno, Apellido Materno, Primer Nombre y Nombre del Trabajo. Todo con
mayúsculas. Ejemplo:
AY GUEMEZ YESENIA DIAPOSITIVAS
BALAM DZUL JESUS CUESTIONARIO
BASULTO BASULTO KELLY ENSAYO
Si el trabajo es realizado por equipos, el nombre del archivo estará formado
por los datos de un integrante, ya que los demás nombres están en la
Portada.
d) Los días de entrega de los trabajos son:
Ensayo: Jueves 30 de Agosto
Diapositivas: Martes 21 de Agosto
Cuestionario: Jueves 30 de Agosto
Todos los trabajos se mandarán al correo [email protected]