Esfera Perceptual
Las capacidades sensorio-perceptuales y cognitivas de la persona, se observa la
adecuación de las funciones visuales, auditivas, gustativas, táctiles y olfativas
comprobando si existe alguna prótesis para la corrección de las mismas en caso
de ser necesario, en los demás sentidos se evalúa la sensibilidad a el frío, el calor
y a los olores, existencia o no de dolor.
El fenómeno de la percepción se refiere a la toma de conocimiento de los datos
sensoriales de nuestro mundo. La percepción igual que la conciencia y la atención,
está estrechamente relacionadas con la memoria. Las principales alteraciones
perceptivas se clasifican en:
Alucinaciones: Percepción sin objeto y con convencimiento de la realidad del
fenómeno por parte del sujeto que la sufre.
Pseudoalucinaciones: Percepción sin objeto que responde a vivencias imaginadas
que frecuentemente aparecen en el espacio interno del sujeto.
Alucinosis: Percepciones sin objeto pero criticadas correctamente por el sujeto que
vive el fenómeno como patológico.
Ilusión: Falsificación o deformación de una percepción real. Hay la presencia
efectiva de un dato sensorial con deformación de lo percibido.
La teoría de la percepción directa considera que la percepción es la captación
directa de la información ambiental contenida en el flujo estimular. Es decir,
supone que la extracción de información ambiental, significativa en sí misma, tiene
lugar sin que medie ningún proceso interno. En general, una teoría que se
centrase exclusivamente en el estímulo no propondría inferencia alguna,
simplemente podría considerar que el sistema perceptual se halla preprogramado
de modo natural, de forma que, determinadas propiedades del estímulo, darían
lugar a ciertos fenómenos perceptivos. Según esto, el trabajo de la Psicología
consistirá en investigar las relaciones funcionales por las cuales determinados
estímulos producirían ciertas percepciones. Por consiguiente, al hablar del
proceso perceptual nos hallamos ante un problema ajeno a la teoría de la
percepción directa y específico de las teorías inferenciales y constructivistas de la
percepción, las cuales postulan una serie de procesos internos encargados de
interpretar los datos sensoriales, a partir de los cuales se construye el output
perceptivo.
La Psicología cognitiva, al abordar los fenómenos perceptivos, no se centra
exclusivamente en el estudio del estímulo (input), ni en el de la respuesta
perceptivo (output), sino que se ocupa, fundamentalmente, de poner en relación la
entrada y la salida mediante los procesos intermedios encargados de transformar
la entrada (estímulo proximal) en representaciones inteligibles, así como de
intentar comprender las estructuras internas que lo posibilitan. Así, la teoría
cognitiva de la percepción intenta describir y explicar el proceso perceptivo que
tiene lugar internamente, plasmándolo en diagramas de flujo. Según esta teoría, el
output perceptual es la resultante de combinar los datos estimulares con
experiencias previas relevantes o hipótesis generadas internamente. En este
sentido, al considerar la percepción como un sistema que, partiendo de unas
premisas (información anterior y estimular), mediante inferencias llega a ciertas
conclusiones (por ejem., al reconocimiento de un objeto), puede ser considerada
como un proceso de razonamiento, de resolución de problemas.
R.G.Crowder(1982) postula una serie de estadios de procesamiento de
información, que deben intervenir necesariamente para hacer posible el
reconocimiento de patrones. Estos, se representan esquemáticamente en la
Figura 2
FIGURA 2.- Modelo de procesamiento de información de Crowder (1982).
Forgus (1976) entiende que la percepción implica una serie de etapas ordenadas
crecientemente según el grado de complejidad. Este autor se muestra de acuerdo
con el modelo serial que propone, para el reconocimiento de la identidad del
estímulo, la existencia de una progresión temporal de etapas durante las cuales se
logra la transformación sucesiva de la estimulación proximal sobre el receptor
sensorial. Tampoco excluye, de modo acorde con Neisser (1967), que estas
sucesivas transformaciones de la información tengan como consecuencia,
frecuentemente, una construcción activa de la información del estímulo, en lugar
de una decodificación pasiva de la información del medio. El modelo de Forgus se
representa en el diagrama de flujo de la Figura 3.
FIGURA 3.- Modelo de procesamiento perceptivo (Forgus, 1972)
Como puede observarse, para Forgus (1972), el proceso perceptivo comienza con
el proceso de 'transducción sensorial', mediante el cual ciertos mecanismos del
sistema nervioso transforman la información física del medio en mensajes
informativos inteligibles para los centros superiores cerebrales. Esta etapa impone
una selectividad de la información atribuible a la atención y a la sensibilidad de los
receptores sensoriales, para captar preferentemente determinado conjunto de
energía física. A continuación, tiene lugar el registro de la información estimular,
en el almacén sensorial (Sperling, 1960) o memoria icónica (Neisser, 1967).
Dada la corta duración de esta memoria retiniana, parte de la información será
transformada y transferida a la MCP (memoria a corto plazo, memoria activa o
espacio de trabajo), en la que tienen lugar las operaciones críticas (comparación,
decisión, etc), interaccionando con la información contenida en la MLP (memoria a
largo plazo), para recuperar la información pertinente. El proceso culmina cuando
el sujeto emite una respuesta motriz, por ejemplo, pronunciar el nombre del objeto
reconocido.
Destaca Forgus la bidireccionalidad del flujo de información, representada en el
esquema expuesto, mediante flechas que señalan en ambas direcciones. Como
vemos, este modelo se fundamenta en la teoría multialmacén de la memoria y en
una concepción secuencial del procesamiento.
El cerebro de la especie humana, al nacer, se halla inacabado, inmaduro. Debido
a esta inmadurez el cerebro humano posee una gran plasticidad y unas valiosas
habilidades para adquirir conocimientos durante un dilatado período de tiempo, lo
cual contribuye a reestructurar complejas redes de interconexiones, formando
genuinos circuitos neurales. En esta modificabilidad, a partir del conocimiento,
radica la gran capacidad de adaptación de los humanos a las diversas condiciones
ambientales. Sin embargo, para lograr una adaptación exitosa al medio con el que
interactuamos que incremente la probabilidad de supervivencia de la especie,
debemos ser capaces de extraer información (conocimientos) verídica y útil.
Debemos estar dotados de unos sensores (receptores) y sistemas perceptuales.
En nuestros días, se entiende por cognición, en cuanto acto de conocer, el
conjunto de procesos mediante los cuales el ingreso sensorial (lo que entra por los
sentidos) es transformado, reducido, elaborado, almacenado, recordado o utilizado
(Neisser, 1967).
La mente, en cuanto sistema que posibilita el conocimiento (la cognición) de la
realidad natural (interna y externa, a su vez, social, cultural, ambiental), trata de
conseguir su objetivo (la adaptación de la especie) a través de su actividad. Esta
actividad es, fundamentalmente, procesamiento de información. Para abordar el
estudio del sistema cognitivo humano, se analiza dicha actividad en una serie de
procesos básicos, los cuales no actúan independientemente, sino que interactúan
de modo coordinado. Así, Percepción, Aprendizaje, Memoria, Razonamiento, etc.,
son procesos cognitivos que tienen lugar en un mismo sistema, al que es habitual
referirse con la denominación de Sistema General de Procesamiento de
Información o Sistema cognitivo (véase Figura 1). En este sistema la percepción
vendría a ser el pilar básico en el que se asientan los procesos cognitivos
superiores (memoria, aprendizaje, razonamiento, pensamiento, etc.). Y ha sido
definida como el proceso de extracción activa de información y elaboración de
representaciones.
FIGURA 1.- Modelo de multialmacen de procesamiento propuesto por Atkinson y
Shiffrin (1968)
La epistemología se ocupa de la validez de los conocimientos que obtenemos, de
si es procedente el método empleado, si son fiables los saberes de que
disponemos. En definitiva, es una teoría crítica del conocimiento. Desde el punto
de vista epistemológico, o teoría del conocimiento, son abundantes los problemas
planteados en torno a los fenómenos perceptivos. En el núcleo de la cuestión se
encuentran, aún sin respuesta definitiva, los que se preguntan por la certidumbre e
incertidumbre de nuestro conocimiento. ¿Corresponde la realidad con la
representación cognitiva que el hombre tiene?, o ¿El mundo cognitivo es sólo un
producto inventado por la mente humana?. ¿Son fiables y válidos los datos
informativos que los órganos sensoriales captan y transmiten? o ¿nos engañan los
datos sensoriales?. Estas cuestiones giran en torno a la correspondencia entre lo
físico y lo psíquico y la validez de la percepción, existiendo una variedad de
posiciones teóricas que se enclavarían en los diversos grados del Realismo
(ingenuo o radical, moderado, etc.), nominalismo, idealismo, etc. Pero, en general,
todos los autores parecen admitir de modo incuestionable que existe un mundo
físico y, con menor rotundidad, que existe una cierta congruencia aceptable,
aunque no siempre, entre la información proporcionada por la energía física y la
experiencia psicológica correspondiente. Si bien, excepto la postura ecológica de
J.J. Gibson, se asume que, además de la información estimular y contextual,
intervienen las experiencias previas, las motivaciones, inferencias, expectativas,
etc., añadiendo un plus de información en la construcción del mundo perceptual.
Podría decirse que existen tantas definiciones de percepción como autores se han
ocupado de ella, sin que haya una que sea aceptada unánimemente por todos los
psicólogos. Al revisar la amplia variedad de definiciones existentes, se pueden
extraer aquellos aspectos que compartimos, al objeto de delimitar y caracterizar,
qué entendemos por percepción. Sintéticamente, caracterizaremos la percepción
mediante las notas que siguen:
Es un proceso en el tiempo, un flujo continuo y dinámico.
Siempre debe ser elicitada por estímulos del medio, por tanto, es necesario
que los receptores entren en contacto con la energía física del estímulo.
Transforma la información registrada por los receptores (input sensorial),
mediante cálculos que producen ciertas transformaciones, para producir
una respuesta (output perceptual).
El medio sobre el que operan las transformaciones (procesamiento de
información) son las representaciones, entendidas como descripciones
explícitas del estímulo, significativas para el sistema cognitivo.
Como consecuencia de cada operación resulta una representación y,
conforme avanza el procesamiento, éstas son de un nivel de abstracción
superior. De modo que, inicialmente (procesamiento temprano), se generan
representaciones basadas en la información contenida en el estímulo
(procesamiento guiado por los datos) y, en fases ulteriores (procesamiento
tardío), se añade a éstas información previamente almacenada,
expectativas, motivaciones, e información contextual.
La percepción no es absoluta, sino relativa, es decir, que no tiene lugar en
el vacío, sino que ocurre siempre en un contexto.
La percepción depende del nivel de adaptación previo del perceptor.
El propósito de este proceso es lograr una construcción o interpretación del
estímulo distal, con ayuda de inferencias, que sea significativa para el
sujeto que percibe.
La distinción entre el significado de lo propiamente perceptual y lo conceptual,
aunque artificial, resulta difícil ser delimitada, ¿Dónde acaba uno y empieza otro?.
Sin embargo, suele admitirse con mayor facilidad que el primero se relaciona con
lo concreto, mientras que el segundo se vincula con la abstracción de los
elementos. En definitiva, la percepción es significativa, tiene significado para el
sujeto que percibe, pero circunscrito al dominio de lo concreto, de lo espacial y lo
temporal.
Desde antaño, se plantearon numerosas cuestiones relativas a la organización
perceptiva, a su vez, una subárea de la percepción de la forma, tales como:
¿Percibimos partes separadas y luego las integramos? o ¿Percibimos
configuraciones globales?. O dicho en otros términos, ¿El procesamiento
perceptivo opera de lo particular (detalles) a lo general (totalidad) o viceversa?.
En definitiva, el núcleo de la cuestión se concreta en el problema de ¿Cuáles son
las unidades básicas de análisis en percepción?, ¿El todo o las partes?.
Tradicionalmente, esta controversia se debatía entre dos posiciones teóricas
enfrentadas:
Por un lado, el estructuralismo atomista, que proponía un análisis del
estímulo en los elementos constituyentes, que levantó una fuerte oposición
entre numerosos psicólogos a principios de nuestro siglo.
Por otro lado, el holismo de la Gestalt, quien, contrariamente, consideraba
que el todo era superior y no reductible a la suma de las partes
constitutivas. Que las propiedades de la totalidad no resultaban de los
elementos componentes, sino que emergían de las relaciones espacio-
temporales del todo. Sostenían que la percepción se hallaba organizada y
estructurada de modo innato y postularon un 'isomorfismo psiconeurológico'
o correspondencia topológica (de orden) y no topográfica (de forma) entre
la experiencia perceptiva y 'campos de fuerza' neurofisiológicos.
Los seres humanos no tenemos conciencia de percibir las diversas
manifestaciones de la energía del medio ambiente en porciones discretas aisladas
(ondas luminosas, acústicas, presión física, componentes químicos, etc.), sino que
los elementos energéticos componentes de la estimulación resultan organizados
en estructuras perceptuales (formas, objetos, escenas, secuencias, etc.).
Aquí surge el problema relativo a encontrar una descripción y/o explicación sobre
cómo y por qué cierta parte de la estimulación, a través de determinados
procesos, se organiza formando un todo significativo.
Es evidente que, como propuso la Psicología de la Gestalt, la experiencia
perceptiva tiene un carácter organizado y constituye una estructura de elementos
ordenados jerárquicamente, de modo que, en función de dicha jerarquía, quedan
determinadas las características de configuración, actualidad y significado. El
orden de esta jerarquía en la organización perceptual, según Fernández
Trespalacios (1986), es:
1. Discriminación figura-fondo.
2. Estabilización de la figura.
3. Reconocimiento y/o identificación de la figura.
Las Ilusiones
Definiremos las ilusiones perceptuales como aquellos fenómenos en los que el
estímulo percibido no se corresponde con el estímulo distal (objeto real).
Las ilusiones ponen en evidencia que la percepción no está determinada
objetivamente (exclusivamente por los datos del estímulo) de forma absoluta, sino
que existen determinantes estrictamente psicológicos, los cuales se ponen de
manifiesto merced a ellas, permitiendo de este modo un estudio privilegiado del
proceso perceptual y facilitando la verificación de teorías sobre la percepción.
Los fenómenos ilusorios en percepción no se producen exclusivamente en el
mundo visual; sin embargo, estas ilusiones son las más conocidas e interesantes.
Desde el punto de vista del procesamiento de información, que recurre a la
metáfora del ordenador, los errores ilusorios pueden atribuirse a tres causas:
Porque algún circuito (hardware) funciona incorrectamente: causa
patológica (trastornos perceptivos). Algo en el dispositivo no funciona bien.
Porque el programa de procesamiento es inadecuado (las claves utilizadas
son inadecuadas): ilusiones visuales.
Porque la información disponible en el estímulo nos induce a errores,
debido a fenómenos físicos (por ejemplo, la refracción de la luz que nos
hace ver una varilla semi-introducida en el agua como si estuviese torcida):
a estos fenómenos se les denomina ilusiones ópticas.
Tradicionalmente, las ilusiones perceptuales se han clasificado en tres grupos
básicos:
1) Efectos figurales: son distorsiones de posición, tamaño, longitud o
alteraciones de forma que ocurren sobre representaciones lineales y se
producen como resultado de la fijación ocular sobre una forma previa. En otras
palabras, son fenómenos de contraste entre figuras sucesivas. Se distinguen
aquí tres elementos:
A la figura percibida fijamente en primer lugar se denomina figura inductora.
Y a la figura presentada posteriormente, figura de prueba.
Al tiempo de fijación de la mirada sobre la figura de prueba se le llama
tiempo de inspección.
Ejemplo, en la ilusión de Müller-Lyer, si presentamos primero, durante un minuto,
la figura con las puntas de flecha y, seguidamente, el mismo segmento pero con
las puntas en sentido inverso, se produce un efecto de alargamiento o
acortamiento de la longitud del segmento (véase Figura 1a)
2) Ilusiones en tres dimensiones: son las que, a menudo, ocurren al enfrentarse
entre sí dos series de informaciones visuales.
Por ejemplo, en la habitación distorsionada de Ames, si se observan objetos
idénticos, colocados en las esquinas de la habitación, unos objetos parecen más
grandes que otros, ya que, al estar los objetos más próximos del observador,
producen una imagen retiniana mayor. [véase Figura 2].
3) Ilusiones lineales: son las que se producen directamente, sin inducción, por la
especial disposición de las líneas.
Ejemplos de éstas son: [véase Figura 1, a, b, c, d, e, f].
* La ilusión de Poggendorf: (Figura 1f)
* La ilusión de Zollner: (Figura 1c)
* La ilusión de Ponzo: (Figura 1e)
* Ilusión espacial del tamaño del círculo (Figura 3).
* La ilusión de la horizontal vertical, de W.Wundt: (Figura 1b)
* La ilusión de Hering: (Figura 1d)
* La retícula de Herman (Figura 4)
* La ilusión de la luna (Figura 5):
FIGURA 1.-
Ilusiones
visuales: a)
Müller-Lyer; b)
de la erpendicular;
c) de Zölner; d) de
Hering; e) de
Ponzo y f) de
Poggendorf.
FIGURA 3.- Tamaño del círculo.
FIGURA 4.- retícula de herman.
FIGURA 5.- La ilusión del tamaño de la
luna.
Por su parte, Gregory (1.969), en su trabajo sobre las ilusiones visuales, las
clasifica en otros tres tipos:
a. Objetos imposibles: son figuras que no se pueden percibir como un
solo objeto en el espacio ( Figura 6).
b. Figuras que aparecen distorsionadas: son figuras que parecen más
largas, o más cortas, o indebidamente curvadas, etc.: (véase, de
nuevo, Figura 1 a-b-c-d-e-f).
c. Postefectos figurales: es la ilusión producida
en una figura como postefecto de haber
percibido, inmediatamente antes, otra figura
distinta (véase punto 2 de este tema).
FIGURA 6.- Figuras de objetos imposibles.
Los estudios experimentales han puesto de manifiesto que la distorsión se
incrementa cuanto mayor es el tiempo de inspección; mientras que, al demorar el
intervalo entre la inspección y la presentación de la figura de prueba, a mayor
demora el efecto ilusorio es menor.
Las investigaciones de Gregory (1.969) parecen apoyar el hecho de que las
ilusiones son provocadas por las claves de profundidad (tridimensionalidad) y la
perspectiva lineal. Este autor relacionó las ilusiones con la constancia del tamaño
de los objetos, considerando que la constancia "viene dada por un proceso activo,
posibilitado, en general, por la información de la profundidad, que denominaremos
gradiente de constancia" (Gregory, 1.973; pp. 86).
Resumiendo, la correspondencia entre las propiedades percibidas y las objetivas
se denomina constancia; mientras que a la no correspondencia se le llama ilusión
visual. Entre estos dos polos (constancia-ilusión) cabe la existencia de un
continuum de outputs perceptuales, en el que el resultado logrado en una
percepción particular dependerá de la información suministrada por el medio
estimular, especialmente la información relativa a las claves de profundidad y
perspectiva.
FIGURA 1.
El ser humano se halla inmerso en un ambiente físico que necesita ordenar en una
concepción del mundo para responder, de manera adaptada a las restricciones
que le impone. Esta cosmovisión la elabora o construye estableciendo relaciones
entre los objetos a partir de sus percepciones. Mediante la percepción del espacio
(formas, objetos, etc.), la percepción del tiempo y la percepción del movimiento,
configura en su mente una representación de la realidad física. No obstante, aquí
sólo nos ocuparemos de la percepción del movimiento.
La evaluación de la esfera perceptual se ´puede hacer mediante la medición de las
funciones de los órganos sensitivos del ser humano corroborando si se encuentran
centradas en la realidad y percibiéndolas de manera correcta no solo para el
paciente sino también para las demás personas que se encuentran alrededor.
Pueda suceder que en algunas ocasiones esta función sensitiva se encuentre
distorsionada en los seres humanos y estas hagan que perciba en el ambiente
alucinaciones, ilusiones tanto de tipo visual, auditivo, táctil, olfativos entre otros.
El trabajo del terapeuta el utilizar las medidas e instrumentos adecuados para
poder evaluarlo y puede ir desde una conversación objetiva en terapia, como la
observación o instrumentos que sean efectivos a la hora de evaluarlo, va
acompañando al examen mental y tiene mucha relación con la esfera cognitiva
porque se debe recordar que la cognición trae consigo también inmersos dichos
procesos.