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En Momentos de Crisis

Este documento habla sobre cómo Dios es grande en momentos de crisis. Afirma que debemos decirle a nuestros problemas "cuán grande es Dios" en lugar de quejarnos a Dios sobre nuestros problemas. Explica que la crisis actual del coronavirus nos recuerda nuestra debilidad pero también la grandeza de Dios. Finalmente, cita varios pasajes bíblicos para argumentar que el poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad, y que debemos depender de su gracia en lugar de nuestros propios esfuerzos.

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En Momentos de Crisis

Este documento habla sobre cómo Dios es grande en momentos de crisis. Afirma que debemos decirle a nuestros problemas "cuán grande es Dios" en lugar de quejarnos a Dios sobre nuestros problemas. Explica que la crisis actual del coronavirus nos recuerda nuestra debilidad pero también la grandeza de Dios. Finalmente, cita varios pasajes bíblicos para argumentar que el poder de Dios se manifiesta en nuestra debilidad, y que debemos depender de su gracia en lugar de nuestros propios esfuerzos.

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EN MOMENTOS DE CRISIS, CUÁN GRANDE ES DIOS

Hay una famosa frase que dice: “No le digas a Dios cuán grande es tu problema, dile a tu
problema; ¡Cuán grande es Dios!

Esta frase debe ser aplicada en nuestras vidas, en todo tiempo y especialmente en el tiempo
de crisis que estamos viviendo.

La palabra más común en nuestros día es la palabra CORONAVIRUS, y quizá, aun en medio de
tanta información, aún seguimos sin entender realmente a qué se refiere en sí esta palabra, o
como es que... un organismo tan pequeño, invisible ante el ojo humano, pueda causar tanto
miedo y temor entre los seres humanos. Lo más seguro es que en la mayoría de nosotros el
miedo esté presente, quizá con sólo pronunciar la palabra coronavirus el miedo se apodere de
nosotros a tal punto que podamos perder la esperanza o aún la confianza en Dios. PERO,
SINCERAMENTE, LE HEMOS DICHO AL CORONAVIRUS: ¡CUÁN GRANDE ES NUESTRO DIOS!

Reflexionemos entonces en las implicaciones de esto, y cómo podemos nosotros redirigir


nuestras vidas en la dirección que Dios quiere que vivamos.

Las crisis tienen un momento y un propósito en nuestras vidas, ellas nos recuerdan lo pequeño
que somos, lo limitado que somos, pero al mismo tiempo nos recuerdan de la grandeza y el
poder de Dios en la vida nuestra.

Cuando el apóstol Pablo se encontraba ante una situación difícil en su vida, algo que para él
era muy doloroso y tormentoso, de hecho, él se atrevió a llamarlo un mensajero de satanás, un
aguijón en su carne, ese problema que le hizo en varias ocasiones, no sólo una, sino varias
veces, le hizo doblar sus rodillas ante el Señor y pedirle que esa crisis pasara lo más pronto
posible. Ante tal situación difícil, la respuesta que recibió del Señor fue la siguiente: “Bástate
mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”

Si usted nota la respuesta de Dios al apóstol Pablo, entenderá que Dios está consciente de su
debilidad, y que esa debilidad en su vida se ha visto manifestada por medio de la crisis y los
problemas que está afrontando, sin embargo, al mismo tiempo, la respuesta de Dios nos deja
ver que ante la crisis, es su poder y su fuerza la que debe prevalecer...”Mi poder se perfecciona
en la debilidad”.

Al leer la palabra de Dios me doy cuenta que muchas veces el mundo no puede entender el
mensaje de Dios que Él revela, el mensaje de la gracia, y es porque usamos el razonamiento
humano para entender las circunstancias que nos rodean, y sobre todo, usamos nuestras
fuerzas humanas para resolver nuestros problemas, crisis y conflictos; creemos que con
nuestras cualidades y capacidades vamos a alcanzar nuestras metas y bendiciones o que
podemos derribar murallas por nuestras fuerzas; PENSAMOS que mientras más fuertes seamos
en el trabajo, en el dinero y EN LA posición social entonces seremos siempre victorioso en la
vida…NO ES ASI! Por eso, la Palabra de Dios nos dice en 2 Corintios 12:7-10 “Y para que no me
enaltezca sobremanera por la grandeza de las revelaciones, me ha sido dado un aguijón en la
carne, un mensajero de Satanás, que me abofetee para que no me enaltezca. En cuanto a
esto, tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí y me ha dicho: “Bástate mi gracia,
porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, de buena gana me gloriaré más
bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo. Por eso me complazco en
las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque
cuando soy débil, entonces soy fuerte.”
En este pasaje de la biblia Pablo se lanza contra el razonamiento popular y de nuestra cultura
¿Puede imaginarse a alguien diciendo que la debilidad es mejor que la fortaleza? ¿Puede
imaginarse a las personas presumir de sus padecimientos? Pablo dice: “me gozo en las
debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias”. Pero Dios tiene un
propósito en todas esas experiencias dolorosas de la vida. Dios dice Mi gracia es suficiente
para ti. Mi amor y misericordia te permitirán seguir adelante.

Cada momento difícil de nuestra vida, cada enfermedad, prueba, necesidad, angustia y
persecución, es una oportunidad para que Dios manifieste su gracia; Y Cada momento de
debilidad es una oportunidad para que Cristo muestre su poder.

Las lecciones más profundas se aprenden en medio del dolor y de la prueba, en medio de la
enfermedad, cuando el diagnóstico del doctor es terrible, o cuando una noticia comienza a
traer un rumor tan terrible, como una ola de destrucción masiva, como un tsunami: el virus
mortal.

Es tiempo de aprender que cuando pasamos por una crisis horrible, una experiencia
devastadora desde el punto de vista humano. Es cuando más debemos apegarnos a la gracia
divina, gracia que va más allá de toda descripción.

Recuerde que nunca se experimenta esa gracia hasta que se necesita. El Señor también le dijo
a Pablo: “mi poder se perfecciona en [tu] debilidad”.

¿Qué significa eso? Significa que, cuando usted atraviesa por situaciones en la vida que no
puedes solucionar, usted se hace más dependiente de la fortaleza de Dios y no depende de la
suya. Dios permite que los problemas vengan a nuestra vida; Pruebas que solo Él puede
solucionar; Nos vemos en situaciones de debilidad y desamparo. En esas ocasiones, la fuerza
que encontramos es el poder de Dios.

Uno de los eventos más impresionantes, descritos en la escritura, ocurrió durante el ministerio
terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Después de una larga jornada, Jesucristo descansa en el
interior de una pequeña embarcación, sus discípulos, quizá charlando entre ellos de sus
propias cosas avanzan en aquel tranquilo mar, están ajenos a la tormenta que se avecina.

En el libro de Mateo 8:24 La Biblia dice: de pronto se desató una gran tormenta en el mar, de
modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido.” Cuando leo este texto, me
pongo a pensar en esta pandemia de dimensiones tan gigantescas que hoy nos abate. Oímos
hace apenas algunos meses del surgimiento de un nuevo virus que hacía algunos estragos en la
vida de algunas personas, allá en la distante China, pero tan acostumbrados hemos estado a
que se hable de enfermedades, que para nosotros no despertaba ninguna sospecha de la
enorme tempestad que esto traería, de la zozobra y angustia que esto podría provocar, del
miedo colectivo, del temor a la misma muerte que se apoderaría de la inmensa muchedumbre
de gentes en todas las naciones.

Seguramente ahora quien ha estado dormido y necesitaba ser despertado era el ser humano,
usted y yo que nos hemos dejado adormecer en medio de tantas cosas que nos absorben, en
medio del afán y el amor a las riquezas y las cosas materiales, en medio del engaño del mundo,
de los placeres carnales que arrastran nuestras almas cada vez más lejos de Dios y de su
voluntad.
Hoy es tiempo de volvernos al Todopoderoso Dios, a aquel que es más poderoso que cualquier
ejército espiritual de maldad, y ciertamente más fuerte que esta pandemia gigantesca que
amenaza con destruirnos.

Debemos de traer a nuestra boca las promesas de Dios y guardarla en nuestro corazón como
aliento de vida y fortaleza. En el libro de los salmos 73:25-26, la Escritura dice: “¿A quién tengo
yo en los cielos? Aparte de ti nada deseo en la tierra. Mi cuerpo y mi corazón desfallecen; pero
la roca de mi corazón y mi porción es Dios, para siempre." Una debilidad Puede ser una
limitación física, Una limitación “emocional”, como un trauma, una crisis nerviosa, y hasta una
Depresión. Ninguno de estos ejemplos es capaz de alejarte del poder de Dios o impedir que
Dios te use. 1 Corintios 2:1-5 “Así que, hermanos, cuando yo fui a ustedes para anunciarles el
misterio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Porque me propuse no
saber nada entre ustedes, sino a Jesucristo, y a él crucificado. Y estuve entre ustedes con
debilidad, con temor y con mucho temblor. Y Ni mi mensaje ni mi predicación fueron con
palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que su
fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” Hoy podemos
dar gracias a Dios que él puede sacar fuerzas de nuestras debilidades. ¡Hoy Podemos tener una
actitud de gozo al enfrentar las amenazas que llegan en nuestra contra! Porque sus promesas
hoy para nosotros la tenemos como en el pasado. Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre.

En Isaías 40:29 “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”
Cuando nosotros nos sintamos derrotados, y no hay fuerzas para continuar adelante, ¡es allí
donde Dios nos infunde de su poder! Él se perfecciona en la incapacidad humana, en medio de
nuestra situación de debilidad, el revela su grandioso poder para levantarnos. El da fuerza al
cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna. Mateo 11:28-30 "Vengan a Mí todos
ustedes los que están trabajados y cargados, que yo les haré descansar. Lleven Mi yugo sobre
ustedes, y aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus
almas. Porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga."

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