Strachey
Strachey
- 951 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
analistas tienen la fortuna de verse libres. El movimiento analítico mismo estaría menos expuesto a las
propuestas de introducir cambios en el procedimiento técnico ordinario, dado que éstas obtienen gran parte de
su poder, tanto de la incertidumbre reinante como de la naturaleza exacta de la terapia analítica.
El presente trabajo es una tentativa de sondear el problema, y aunque muestre que sus conclusiones son muy
dudosas y no pueden ser sostenidas, me consideraré satisfecho si consigo llamar la atención sobre la urgencia
del problema mismo. Sin embargo, deseo aclarar que lo que sigue no es una discusión práctica sobre técnica
psicoanalítica. Su valor inmediato es puramente teórico. Como materia prima, he tomado los diversos
procedimientos que (a pesar de divergencias individuales considerables) se consideran como dentro de los
límites del psicoanálisis “ortodoxo”, y los variados efectos que tiende a causar la aplicación de tales
procedimientos, según muestra la observación. He sentado una hipótesis que trata de explicar, más o menos
coherentemente, por qué estos procedimientos provocan aquellos efectos; y he intentado probar que si mi
hipótesis sobre la acción terapéutica del psicoanálisis es válida, de ella se sacan deducciones que podrían ser
útiles para juzgar la efectividad probable de cualquier tipo particular de procedimiento.
OJEADA RETROSPECTIVA
Sin duda, se objetará que he exagerado la novedad de mi tópico. “Después de todo”, se dirá, “nosotros
tenemos una larga comprensión de los principios fundamentales que rigen la acción terapéutica del análisis.”
Estoy completamente de acuerdo con esto; me propongo comenzar lo que tengo que decir con un resumen, tan
breve cuanto sea posible, de los puntos de vista aceptados sobre el tema. Con este objeto debo retroceder al
período comprendido entre los años 1912 y 1917, durante el cual Freud nos dió la mayor parte de lo que ha
escrito directamente sobre el aspecto terapéutico del psicoanálisis, especialmente la serie de trabajos sobre
técnica (2) y los capítulos vigésimoséptimo y vigésimooctavo de las Conferencias de Introducción al
Psicoanálisis.
—————————————
(2) Collected Papers, vol. 11.
- 952 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
“ANÁLISIS DE LA RESISTENCIA”
Este período se caracterizó por la aplicación sistemática del método conocido como “análisis de la
resistencia”. El método en cuestión no era de ningún modo nuevo en esa época y se basaba en ideas implícitas
por largo tiempo en la teoría analítica, particularmente en una de las más primitivas opiniones de Freud
respecto a la función de los síntomas neuróticos. De acuerdo con esta opinión (que se derivó, en esencia, de
los estudios sobre la histeria), la función del síntoma neurótico era defender la personalidad del paciente
contra una tendencia inconsciente de pensamientos que le resultaban inaceptables, al mismo tiempo que
gratificaba dicha tendencia hasta un cierto punto. Por tanto, parece deducirse que si el analista investigara y
descubriera la tendencia inconsciente y llevara al paciente a tener consciencia de ella, cesaría la raison d'être
del síntoma, debiendo éste desaparecer automáticamente. Sin embargo, nacieron dos dificultades. En primer
lugar, se descubrió que una parte de la mente del enfermo levantaba obstáculos al proceso; ofrecía resistencia
al analista cuando éste trataba de descubrir la tendencia inconsciente. Era fácil inferir que se trataba de la
misma región de la psique del paciente que había repudiado originariamente la tendencia inconsciente,
conduciendo a la creación del síntoma. Pero, en segundo lugar, a menudo sucedía que el síntoma persistía
inconmovible, aun cuando este obstáculo parecía haber sido superado, logrando el analista deducir o adivinar
la naturaleza de la tendencia inconsciente y llevando al paciente a quedar, en apariencia, perfectamente
enterado de la misma. La comprensión de estas dificultades condujo a importantes resultados teóricos y
prácticos. Teóricamente se puso en evidencia que un enfermo podía llegar a tener consciencia de una
tendencia inconsciente en dos sentidos. Podía darse cuenta de ella, por el analista, de una manera intelectual,
sin tener “realmente” consciencia de la misma. Freud ideó una especie de alegoría gráfica para hacer más
inteligible este estado de cosas. Se imaginó la mente como una especie de mapa. La tendencia primitiva
censurable era colocada en una zona de este mapa, y en otra, la información recientemente obtenida acerca de
aquélla y que el analista comunicaba al paciente. La tendencia inconsciente sería “realmente” hecha consciente
sólo si se podían “conectar” estas dos impresiones.
Una fuerza, en el interior del enfermo, impedía que esto sucediera. Se trataba, evidentemente, de la misma
“resistencia” que se había opuesto a
- 953 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
las tentativas del analista de investigar la tendencia inconsciente y que había contribuido a la primitiva
producción del síntoma. La eliminación preliminar de esta resistencia era la condición esencial para que el
paciente llegara a tener “realmente” consciencia de la tendencia inconsciente. Y era en este momento cuando
surgía la lección práctica: nuestra principal tarea como analista no consistía tanto en investigar la tendencia
inconsciente censurable, cuanto en librar al enfermo de su resistencia hacia ella.
¿Cómo vamos a emprender la tarea de destruir la resistencia? Nuevamente, mediante el mismo proceso de
investigación y explicación que ya hemos aplicado a la tendencia inconsciente. Pero esta vez no nos
encontraremos frente a las mismas dificultades que antes, puesto que las fuerzas que están manteniendo la
represión, aunque son hasta cierto punto inconscientes, no pertenecen al inconsciente en el sentido sistemático.
Son una parte del yo del paciente, que está cooperando con nosotros, siendo, por tanto, más accesibles. Sin
embargo, el estado de equilibrio no será desorganizado, ni se logrará inducir al yo a realizar la labor de
reajuste que se le solicita, a menos que podamos movilizar a nuestro lado, mediante el procedimiento analítico,
alguna fuerza nueva.
¿Con qué fuerzas podemos contar? En primer término, el deseo de curación del paciente, que lo impulsó al
análisis. Además, varias consideraciones intelectuales en las que podemos hacerle reparar: llevarlo a la
comprensión de la estructura de su síntoma y de los motivos de su repudio a la tendencia censurable; señalarle
el hecho de que estos motivos ya no son válidos por ser anacrónicos; que ellos podían haber sido razonables
cuando él era un niño, pero que en la actualidad no lo eran más. Finalmente, podemos insistir en que su
solución primitiva de la dificultad sólo le había conducido a la enfermedad, mientras que la nueva que
nosotros le proponíamos le ofrecía perspectivas de curación. Razones como éstas pueden tener importancia
para inducir al paciente a que abandone sus resistencias; sin embargo, el factor decisivo es por completo
diferente. No necesito decir que este factor es la transferencia. Llegados a este punto, debemos recordar, muy
brevemente, las ideas principales sostenidas por Freud sobre este tópico, durante el período que estamos
tratando.
TRANSFERENCIA
Quisiera advertir, primeramente, que no obstante haber llamado Freud la atención sobre el hecho de que la
transferencia se manifestaba bajo dos
- 954 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
aspectos: tanto negativa como positivamente, se conoció o se habló mucho menos sobre la transferencia
negativa que respecto a la positiva. Esto corresponde a la circunstancia de que el interés en los impulsos
destructivos y agresivos en general es sólo un progreso comparativamente reciente. La transferencia era
considerada predominantemente como un fenómeno libidinal. Se insinuaba que en todas las personas existía
cierto nńmero de impulsos libidinales insatisfechos, y que en toda oportunidad en que un nuevo individuo
aparecía en escena, estos impulsos estaban listos para unirse a él. Esta era la explicación de la transferencia
como un fenómeno universal. En los neuróticos, debido a las cantidades anormalmente grandes de libido libre
existente en ellos, la propensión a la transferencia deberá ser mayor y las circunstancias peculiares de la
situación analítica la incrementarán aun más. Estos sentimientos amorosos del paciente hacia el analista eran,
evidentemente, los que proveían la fuerza extra necesaria para inducir a su yo a abandonar las resistencias,
anular las represiones y adoptar una nueva solución para sus antiguos problemas. Este instrumento, sin el cual
no se podría obtener ningún resultado terapéutico. no era extraño. Se trataba, en realidad, del conocido poder
de la sugestión, que había sido abandonado ostensiblemente desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, ahora se
lo empleaba en un sentido muy diferente; en verdad, en una dirección contraria. En la época preanalítica
trataba de causar un incremento en el grado de represión; en el momento presente se lo empleaba ya para
vencer la resistencia del yo, o sea, para permitir la eliminación de la represión.
Pero la situación se fué complicando cada vez más, a medida que surgían nuevos hechos respecto a la
transferencia. En primer término, los sentimientos transferidos resultaron ser de varias clases: además de los
amorosos existían los hostiles, y estos últimos estaban muy lejos de cooperar con los esfuerzos del analista.
Aparte de la transferencia hostil, los sentimientos libidinales pertenecían a dos grupos: sentimientos amistosos
y afectuosos capaces de llegar a ser conscientes, y los puramente eróticos, que habitualmente debían
permanecer inconscientes. Cuando estos últimos se tornaban demasiado poderosos, incitaban las fuerzas
represivas del yo, incrementándole así sus resistencias en lugar de disminuírselas y produciendo una situación
que no era fácil diferenciar de una transferencia negativa. Fuera de esto, surgió íntegro el problema de la falta
de durabilidad de todos tos tratamientos sugestivos. ¿No amenazaría, la existencia de la transferencia,
- 955 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
con dejar al paciente analítico bajo el mismo sometimiento interminable con respecto al analista?
Todas estas dificultades fueron superadas cuando se descubrió que la transferencia misma podía ser
analizada. Pronto se vió que su análisis constituía la parte más importante de todo el tratamiento. Fué posible
llevar a la consciencia sus raíces en el inconsciente reprimido del mismo modo que era factible hacer
consciente cualquier material reprimido: induciendo al yo a abandonar sus resistencias; y no había nada de
contradictorio en el hecho de que la fuerza usada para resolver la transferencia fuera la transferencia misma.
Una vez que había sido hecha consciente, desaparecían sus características fijas, inmanejables e infantiles. Lo
que subsistía era como otra relación humana “real” cualquiera. La necesidad de analizar constantemente la
transferencia se hizo más evidente a raíz de otro descubrimiento. Se halló que a medida que el trabajo
proseguía, la transferencia tendía a invadir, por así decirlo, todo el análisis. Cada vez más la libido del
paciente era concentrada en su relación con el analista, fueron retirándose las catexias de los síntomas
primitivos del enfermo y surgió, en sustitución, una neurosis artificial, a la que Freud dió el nombre de
“neurosis de transierencia”. Los conflictos originales, que habían conducido a la aparición de la neurosis,
comenzaron a ser revividos en la relación con el analista. Este hecho inesperado está lejos de ser la desgracia
que podría parecer a primera vista. En realidad nos suministra nuestra gran oportunidad. En vez de tener que
tratar, como mejor podamos, con conflictos de un pasado remoto que están en relación con circunstancias
muertas y personajes momificados y cuyos resultados están ya determinados, nos encontramos envueltos en una
situación actual e inmediata, en la que el paciente y nosotros somos los principales papeles y cuyo desarrollo
está, al menos hasta cierto punto, bajo nuestro control. Si en este conflicto transferencial reavivado inducimos
al paciente a buscar una nueva solución en lugar de la antigua, solución en la que el primitivo e inaplicable
método de represión es reemplazado por una conducta más en contacto con la realidad, el enfermo no recaerá
en su anterior neurosis, ni aun luego de dejar el análisis. La solución del conflicto transferencial implica
simultáneamente la del conflicto infantil, dado que aquél no es más que una reedición de éste. Dice Freud, en
sus Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, que “el cambio es posible por las alteraciones que
ocurren en el yo como consecuencia de las sugestiones del analista. El yo se torna más amplio, a expensas del
inconsciente, debido a
- 956 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
la labor de interpretación que lleva el material inconsciente a la consciencia; a través de la educación se
reconcilia con la libido y está dispuesto a otorgarle cierto grado de satisfacción, y se disminuye su horror ante
las demandas de la libido por la nueva capacidad que adquiere de descargar cierta cantidad de ella mediante
la sublimación. Cuanto más cerca de esa descripción ideal se desenvuelva el curso del tratamiento, tanto
mayor será el éxito de la terapia psicoanalítica” (3). Cito estas palabras de Freud para aclarar que en el
tiempo en que las escribió él sostenía que el factor esencial de la acción terapéutica del psicoanílisis era la
sugestión ejercida por el analista, que actuaba sobre el yo del paciente de tal manera que le permitía ser más
tolerante con sus tendencias libidinales.
EL SUPERYÓ
En los años que trascurrieron desde que escribió este pasaje, Freud produjo muy poco que guardara
relación directa con el tema, y esta pequeña producción permite mostrar que no alteró sus opiniones sobre los
principios fundamentales tratados. En las conferencias adicionales que se publicaron el año pasado, él declaró
explícitamente que no tenía nada que agregar a las discusiones teóricas sobre terapia presentadas en las
conferencias originales quince años antes (4). Al mismo tiempo se produjo un desarrollo considerable en sus
opiniones teóricas, especialmente en la región de la psicología del yo. En particular, formuló el concepto del
superyó. La reexposición, en términos de superyó, de los principios terapéuticos que él había sentado en el
período del análisis de la resistencia puede no involucrar muchos cambios. Es razonable esperar que esta
información acerca del superyó será de especial interés desde nuestro punto de vista y en dos sentidos. En
primer término, deberá parecer altamente probable, a primera vista, que el superyó desempeñe un papel
importante, directa o indirectamente, en la producción y mantenimiento de las represiones y resistencias, cuya
demolición ha sido la finalidad principal del análisis. Esto se confirma si examinamos la clasificación de los
diferentes tipos de resistencias que hizo Freud en Hemmung Symptom und Angst (1926) (5). De las cinco
variedades de resistencias allí mencionadas, solamente una se atribuye a la intervención directa del superyó;
pero dos de las resistencias del yo,
—————————————
(3) Página 381.
(4) Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (1933), pág. 194.
(5) Páginas 117-118.
- 957 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
la resistencia de represión y la resistencia de transferencia, aunque en realidad son originarias del yo, se
establecen, como regla general, por temor al superyó. Por tanto, parece bastante probable que cuando Freud
escribió las palabras que acabo de citar, de que el cambio favorable en el paciente “se hace posible por las
alteraciones en el yo”, debía estar pensando, al menos en parte, en aquella porción del yo que posteriormente
separó en superyó.
Aparte de esto, en otro de los más recientes trabajos de Freud, Psicología de las Masas (1921), hay
pasajes que sugieren un punto de vista diferente: que el analista puede influir ampliamente al enfermo a través
del superyó de éste. Estos pasajes se encuentran en el curso de su discusión acerca de la naturaleza de la
hipnosis y la sugestión (6). Rechaza la opinión de Bernheim de que todos los fenómenos hipnóticos son
atribuíbles al factor de la sugestión, y adopta la teoría alternativa de que la sugestión es una manifestación
parcial del estado de hipnosis. Este, además, se asemeja al estado de enamoramiento, en cierta forma. Hacia el
hipnotizador, como hacia el objeto amado, hay “el mismo sometimiento humilde, la misma complacencia e
idéntica falta de crítica”; en particular, no puede haber dudas de que tanto el hipnotizador como el objeto
amado “se han situado en vez del ideal del yo del sujeto”. Dado que la sugestión es una forma parcial de
hipnosis y ya que el analista induce sus cambios en la actitud del paciente por medio de la sugestión, parece
deducirse que el analista debe su efectividad, en ciertos aspectos, al hecho de haberse colocado ea lugar del
superyó del enfermo. Hay así dos cursos convergentes de argumentos que consideran al superyó del paciente
como ocupando una posición de llave en la terapia analítica: que es una parte de la mente en la que una
alteración favorable tendría probabilidades de conducir a una mejoría general, y que es una parte de la mente
especialmente expuesta a la influencia del analista.
Casi inmediatamente después que el superyó hizo su debut (7), estas ideas plausibles fueron continuadas.
Ernest Jones, por ejemplo, las desarrolló en su trabajo sobre La Naturaleza de la Autosugestión (8). Al poco
tiempo, Alexander (9) emitió su tería de que la finalidad principal de toda terapia
—————————————
(6) Página 77.
(7) En un trabajo de Freud presentado en el Congreso de Berlín en 1922 y desarrollado subsiguientemente en
El yo y el ello (1923).
(8) “The International Journal of Psycho-Analysis”, vol. iv, 1923.
(9) En el Congreso de Salzburgo, en 1924: Descripción metapsicológica del proceso de curación.
- 958 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
psicoanalítica debe ser la demolición completa del superyó, y la arrogación de sus funciones por el yo. De
acuerdo con esta explicación, el tratamiento comprende dos fases. En la primera, las funciones del superyó del
paciente son puestas en manos del analista, y en la segunda fase, pasan nuevamente al enfermo, pero esta vez
las ejerce su yo. Según esta opinión de Alexander, el superyó (aunque él limita explícitamente el uso de esta
palabra a las partes inconscientes del ideal del yo) es una porción del aparato mental esencialmente primitiva,
anacrónica y apartada de la realidad, incapaz de adaptarse, y que opera automáticamente con la uniformidad
monótona de un reflejo. Cualquier función útil que desempeñe puede ser ejecutada por el yo; por tanto, nada se
puede hacer con él sino eliminarlo. Este ataque total al superyó parece ser de validez discutible. Es probable
que su abolición, aunque fuese una política práctica, implicara la pérdida de gran número de actividades
mentales altamente deseables. Pero la idea de que el analista asume temporariamente las funciones del superyó
del paciente durante el tratamiento, y que al hacerlo consigue modificarlo en algún sentido, concuerda con las
observaciones que ya he formulado.
De idéntica manera se expresa Radó en algunos pasajes de su trabajo El Principio económico en la
Técnica Psicoanalítica (10). La segunda parte de este trabajo, que iba a tratar sobre psicoanálisis, nunca fué
publicada, desgraciadamente; pero la primera, respecto al hipnotismo y la catarsis (11), tiene mucho interés.
Incluye una teoría de que el sujeto hipnotizado introyécta al hipnotizador como lo que Radó llama un “superyó
parásito”, el cual retira la energía y asume las funciones del superyó original del sujeto. Un rasgo distintivo de
la situación presentada por Radó lo constituye la naturaleza inestable y temporaria de toda esta disposición.
Por ejemplo, si el hipnotizador da una orden que está en exagerada oposición Con el superyó original del
paciente, el parásito es rápidamente expulsado; y de cualquier manera, cuando finaliza el estado de hipnosis
también termina la influencia del superyó parásito, y el superyó primitivo retoma sus funciones. Por discutibles
que puedan ser los detalles de la descripción de Radó, ésta no sólo recalca nuevamente la idea del superyó
como punto de apoyo de la psicoterapia, sino que llama la atención sobre la diferencia importante que existe
entre los efectos de la hipnosis y el análisis en lo que se
—————————————
(10) Leído, también, por vez primera, en Salzburgo, en 1924.
(11) “The International Journal of Psycho-Analysis”, vol. vi, 1925; en una prueba revisada, en alemán,
Zeitschrift, Bd. XII, 1926.
- 959 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
refiere a la durabilidad. La primera actúa esencialmente de un modo temporario, y la teoría de Radó del
superyó parásito, el que en realidad no reemplaza al original sino que simplemente lo pone fuera de acción,
presenta un buen cuadro de su funcionamiento aparente. El análisis, por el contrario, desde que busca influir el
superyó del paciente, aspira a efectos de mayor alcance y permanencia, principalmente a un cambio integral en
la naturaleza del superyó mismo del paciente (12). Algunos desarrollos más recientes en la teoría
psicoanalítica suministran una insinuación, así me parece, de los caminos por los que quizá se pueda alcanzar
una comprensión más clara de la cuestión.
INTROYECCIÓN Y PROYECCIÓN
Este último desarrollo de la teoría se ha ocupado mucho de los impulsos destructivos y los ha puesto, por
vez primera, en el plano de mayor interés; al mismo tiempo, ha concentrado la atención sobre los problemas
correlativos de la culpa y la angustia. Ocupan mi pensamiento las ideas, recientemente expuestas por Melanie
Klein, acerca de la formación del superyó y de la importancia que ella atribuye al proceso de introyección y
proyección en el desarrollo de la personalidad. De manera sumamente esquemática, expondré nuevamente sus
puntos de vista (13). Sostiene que el individuo está perpetuamente introyectando y proyectando los objetos de
—————————————
(12) Esta hipótesis parece implicar una contradicción con algunas declaraciones autorizadas, de acuerdo con
las cuales la estructuración del superyó se lleva a cabo finalmente en una edad muy temprana. Así, Freud
parece sostener en varios pasajes que el superyó (o al menos su núcleo central) se forma definitivamente en
el período en que el niño surge de su complejo de Edipo. (Véase, por ejemplo, El yo y el ello, págs. 68-69).
De idéntica manera, Melanie Klein habla de que el superyó “cesa” en su desarrollo y “ha terminado” su
formación al comienzo del período de latencia (Psicoanálisis del niño, págs. 250 y 252), aunque en muchos
otros pasajes ella dice que el superyó puede ser alterado por el análisis a una edad más tardía. No sé hasta
qué punto la contradicción es real. Mi teoría no refuta en lo mínimo el hecho de que en el curso normal de los
acontecimientos, el superyó se establece en una época precoz y que, subsiguientemente, persiste inalterado.
Por cierto que forma parte de mi opinión, el que en la práctica nada puede alterarlo sino el proceso del
psicoanálisis. Es conocido, que en muchos aspectos la situación analítica reconstituye una condición infantil
en el paciente, así que el hecho de estar analizándose puede arrojar, por así decirlo, el superyó del enfermo
al crisol nuevamente. O quizá es otro signo de la naturaleza no adulta del neurótico, el que su superyó
subsiste en un estado maleable.
(13) Véase Psicoanálisis del niño (1932), en varios pasajes, especialmente los capítulos VIII y IX.
- 960 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
los impulsos de su ello, y que el carácter de los objetos introyectados depende de la índole de dichos impulsos
enviados hacia los objetos externos. Por ejemplo, durante el período de desarrollo libidinal de un niño, en el
que se encuentra bajo el dominio de sentimientos de agresión oral, sus sentimientos hacia el objeto externo
serán agresivo-orales; luego introyectará el objeto, y este objeto introyectado actuará a su vez (a la manera de
un superyó), con respecto al niño, en un sentido agresivo oral. El próximo paso será la nueva proyección hacia
el objeto externo, de este objeto introyectado oralagresivamente, por lo que aquél parecerá ser agresivo oral.
El hecho de percibir al objeto externo como peligroso y destructivo hace que los impulsos del ello adopten
hacia dicho objeto una actitud aun más agresiva y destructiva, como autodefensa. De esta manera se establece
un círculo vicioso. Este proceso trata de explicar la extremada severidad que presenta el superyó en los niños
pequeños, como también el temor injustificado que éstos tienen hacia los objetos exteriores. En el curso del
desarrollo del individuo normal, la libido alcanza finalmente la etapa genital, en la que predominan los
impulsos positivos. Por tanto, su actitud hacia los objetos externos se tornará más amistosa, y de acuerdo con
su objeto introyectado (o superyó) será menos severa y el contacto de su yo con la realidad menos deformado.
Sin embargo, en el caso neurótico, a causa de frustraciones, o de una incapacidad del yo para tolerar los
impulsos del ello, o de un exceso innato de los componentes agresivos, no ocurre la evolución a la etapa
genital, sino que el individuo permanece fijado en un nivel pregenital. Su yo se encuentra expuesto, por una
parte, a la presión de un ello salvaje, y por la otra, a un superyó igualmente cruel, perpetuándose de este modo
el círculo vicioso que acabo de describir.
EL CÍRCULO VICIOSO NEURÓTICO
Me gustaría sugerir que la hipótesis que he expuesto de manera escueta puede ser útil no solamente para
formarnos un cuadro del mecanismo de una neurosis, sino también de la dinámica de su curación. No es
ninguna novedad el considerar a una neurosis esencialmente como un obstáculo o fuerza que desvía del curso
normal del desarrollo, ni tampoco lo es la creencia de que el psicoanálisis puede suprimir el obstáculo
(debido a las peculiaridades de la situación analítica), permitiendo así que continúe el desarrollo normal. Sólo
trato de precisar un poco más nuestras concepciones, suponiendo que el obstáculo patológico, que lleva
ulteriormente a la producción
- 961 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
del individuo neurótico, se debe a la naturaleza del círculo vicioso que he descripto. Si de alguna manera se
pudiera abrir una brecha en el círculo vicioso, los procesos de desarrollo continuarían su curso normal. Por
ejemplo, si se lograra que el paciente se asustase menos de su superyó u objeto introyectado, proyectaría
imágenes menos aterrorizadoras sobre el objeto externo y, por tanto, sería menor su necesidad de sentir
hostilidad hacia él; de este modo, el objeto que él introyectara, oprimiría con menos crueldad los impulsos del
ello, los que serían capaces de perder parte de su primitiva ferocidad. En síntesis, se establecerá un círculo
benigno en lugar del vicioso, y finalmente el desarrollo libidinal del paciente continuará hasta el nivel genital,
mientras que su superyó será comparativamente suave, como en el caso del adulto normal, y su yo tendrá un
contacto con la realidad relativamente sin deformación (14).
¿En qué punto del círculo vicioso debe abrirse la brecha y cómo debe efectuarse realmente? Es evidente
que alterar el carácter del superyó de una persona es tarea más fácil de decir que de hacer. Sin embargo, las
citas que he hecho de discusiones anteriores sobre el tópico sugieren que nos encontraremos con que el
superyó desempeña un papel importante en la solución de nuestro problema. Antes de continuar, será necesario
examinar más atentamente lo que se describe como la situación analítica. La relación entre las dos personas
que la constituyen es altamente compleja, y para nuestros fines, aislaré dos elementos en ella. En primer
término, el paciente en análisis tiende a centrar la totalidad de los impulsos del ello sobre el analista. No haré
más comentarios respecto a este hecho o sus deducciones, pues es bien conocido. Sólo quiero recalcar la
importancia vital que tiene para todo lo que trataremos, y continuaré de inmediato con el segundo elemento de
la situación analítica que deseo aislar. El enfermo, en el análisis, de una manera u otra tiende a aceptar al
analista como a un sustituto de su propio superyó. Llegados a este punto propongo utilizar la frase conveniente
que usó Radó en su explicación de la hipnosis y decir que en el análisis el paciente tiende a convertir al
analista en un “superyó auxiliar”. Esta frase y la relación que describe requieren evidentemente alguna
explicación.
—————————————
(14) Melanie Klein ha sugerido a menudo una opinión similar. Véase, por ejemplo, Psicoanálisis del niño,
pág. 369. La misma ha sido desarrollada más explícitamente y con mayor extensión por Melita Schmideberg:
Zur Psychoanalyse asozialer Kinder und Jugendlicher (Zeitschrift, Bd. XVIII, 1932).
- 962 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
EL ANALISTA COMO “SUPERYÓ AUXILIAR”
De acuerdo con nuestra hipótesis principal, cuando un paciente neurótico encuentra un nuevo objeto en la
vida ordinaria se inclinará a proyectar sobre éste sus objetos arcaicos introyectados, y el nuevo objeto se
tornará en objeto fantaseado en igual medida. Debe presumirse que sus objetos introyectados están más o
menos separados en dos grupos, actuando como objeto “bueno” introyectado (o superyó tolerante) y como
objeto “malo” introyectado (o superyó severo) (15). De acuerdo al grado de contacto con la realidad que
mantiene su yo, el objeto “bueno” introyectado será proyectado sobre objetos reales benévolos, y el “malo”
sobre objetos reales malévolos. Sin embargo, desde que él es neurótico, por hipótesis, predominará el objeto
“malo” introyectado, y tenderá a ser proyectado más que el “bueno”; y después de un tiempo, existirá la
tendencia a reemplazar el objeto “bueno” por el “malo”, aun allí donde al comienzo era proyectado el objeto
“bueno”. Por tanto, será exacto afirmar que, en general, los objetos fantaseados del neurótico en el mundo
exterior serán predominantemente peligrosos y hostiles. Además, hasta sus objetos fantaseados “buenos” en el
mundo exterior tendrán poco contacto con la realidad, ya que los objetos “buenos” introyectados serán
“buenos” de acuerdo a un modelo arcaico e infantil, y en cierto modo, se conservarán con el mero propósito de
contrarrestar los objetos “malos”. Retrocediendo al momento en que nuestro paciente neurótico encuentra un
nuevo objeto en la vida real, y suponiendo (como es el caso más habitual) que proyecta sobre éste su objeto
“malo” introyectado, el objeto fantaseado externo le parecerá, por esta razón, peligroso. Se asustará de él, y
para defenderse de dicho objeto se tornará más agresivo. Cuando, a su vez, él introyécta este nuevo objeto,
sólo estará agregando una imagen más terrorífica a las que ya ha introyectado. La nueva imagen introyectada
constituirá simplemente un duplicado de las arcaicas originales y su superyó quedará casi exactamente como
era. Lo mismo sucederá, mutatis mutandis, en los casos en que comienza proyectando su objeto introyectado
“bueno” sobre el nuevo objeto exterior que ha encontrado. Indudablemente, como resultado se produce un leve
reforzamiento del superyó tolerante a expensas del superyó severo,
—————————————
(15) Esta tendencia a establecer una separación entre objetos “bueno” y “malo” introyectados es discutida
por Melanie Klein en su trabajo Psicogénesis de los estados maníacodepresivos, “International Journal of
Psycho-Analysis”, vol. xvi, pág. 35.
- 963 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
y hasta cierto punto se mejora su condición. Su superyó no experimentará un cambio cualitativo, puesto que el
nuevo objeto “bueno” introyectado será simplemente un duplicado del original arcaico y sólo reforzará el
superyó “bueno” arcaico que ya existe.
Desde el momento en que este paciente neurótico entabla relaciones con un huevo objeto en el análisis, se
crea una situación diferente. Su superyó no es ni homogéneo ni está bien constituido; las consideraciones que
hemos hecho hasta aquí acerca de él han sido demasiado simplificadas y esquemáticas. En realidad, las
imágenes introyectadas que van a formarlo derivan de períodos diferentes de su historia, y en cierto grado,
funcionan independientemente. Debido a las peculiaridades de las circunstancias analíticas y al
comportamiento del analista, la imagen introyectada de este último tiende a ser separada definidamente del
resto del superyó del paciente. (Naturalmente que esto presupone cierto grado de contacto con la realidad por
su parte, lo que constituye uno de los criterios fundamentales de accesibilidad al tratamiento analítico; otro,
que ya hemos mencionado implícitamente, es la capacidad del paciente de dirigir sus impulsos del ello al
analista.) Esta separación entre la imagen del analista introyectado y el resto del superyó del paciente se torna
evidente en una etapa muy precoz del tratamiento, por ejemplo, en relación con la regla fundamental de la
asociación libre. La nueva porción de superyó dice al paciente que le es permitido manifestar todos los
pensamientos que se le puedan ocurrir. Esto actúa satisfactoriamente por poco tiempo, pues pronto se produce
un conflicto entre la nueva porción y el resto, dado que el superyó original dice: “No debes decir esto, porque
si lo haces, estarás empleando una palabra obscena o revelando tal o cual secreto.” La separación de la nueva
porción, que he denominado superyó “auxiliar”, tiende a persistir, por la exclusiva razón de que actúa
habitualmente en otra dirección que el resto del superyó. Esto es exacto no sólo para el superyó “severo” sino
también para el “tolerante”, pues aunque el superyó “auxiliar” es en realidad amable, no lo es en el mismo
sentido arcaico que las imágenes “buenas” que el paciente ha introyectado. La característica más importante
del superyó auxiliar es que el consejo que brinda al yo se encuentra basado firmemente sobre consideraciones
reales y contemporáneas, y esto sirve para diferenciarlo de la parte mayor del superyó original.
No obstante, la situación es en extremo insegura, existe la tendencia constante a destruir la distinción. El
paciente se halla expuesto, en todo
- 964 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
momento, a proyectar su imagen terrorífica sobre el analista exactamente como si fuera cualquier otra persona
que pudiera haber encontrado en el trascurso de su vida. Si esto sucede, la imagen introyectada del analista
será incorporada totalmente al resto del superyó severo del paciente, y por tanto, desaparecerá el superyó
auxiliar. Sucede muy a menudo que aun cuando se comprende que el contenido del consejo del superyó
auxiliar es diferente o contrario al del superyó original, se siente que su calidad es la misma. Por ejemplo, el
paciente puede sentir que el analista le ha dicho: “Si no dice todo lo que se le ocurre, le daré una buena
paliza”, o, “si no hace consciente esta parte del inconsciente, lo echaré de la habitación”. Sin embargo, esta
relación peculiar entre el analista y el yo del paciente, no obstante su labilidad y lo limitado de su autoridad,
parece poner en las manos del analista el instrumento principal para ayudar al desarrollo del proceso
terapéutico. ¿Qué arma es ésta, de tanta importancia en el arsenal del analista? Su nombre aflora de inmediato
a nuestros labios: es, naturalmente, la interpretación. Hemos alcanzado, así, el núcleo del problema que deseo
discutir en el presente trabajo.
LA INTERPRETACIÓN
¿Qué es, pues, interpretación, y cómo actúa? Parece conocerse muy poco al respecto, pero esto no impide la
creencia casi universal en su eficacia extraordinaria como arma. Hay que confesar que la interpretación tiene
muchas de las cualidades de un arma mágica. Naturalmente que así lo sienten muchos pacientes; algunos de
ellos se pasan horas suministrando interpretaciones propias, a menudo ingeniosas, aclaratorias y correctas.
Otros, además, obtienen una gratificación libidinal directa del estar dando interpretaciones, y aun pueden
desarrollar por ellas algo semejante a la propensión a las drogas. Los círculos no analíticos habitualmente se
burlan de la interpretación como de algo ridículo, o bien la temen como a un peligro terrible. Creo que no nos
damos cuenta de la frecuencia con que cierto número de analistas comparten esta última actitud. Esto se puso
de manifiesto, particularmente, cuando Melanie Klein discutió por vez primera la idea de dar interpretaciones
a niños pequeños. Creo que sería exacto afirmar que, en general, los analistas se inclinan a sentir que la
interpretación es algo extremadamente poderoso, tanto para bien como para mal. Me refiero a nuestros
sentimientos con respecto a la interpretación, en contraste a nuestras creencias razonadas. Parecería que hay
muchos fundamentos
- 965 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
para pensar que nuestros sentimientos, en relación con este tema, tienden a deformar nuestras creencias. De
cualquier modo, muchas de estas creencias aparentan ser contradictorias consideradas superficialmente, y las
contradicciones no siempre parten de diferentes escuelas de pensamiento, sino que a veces son sostenidas, en
apariencia, por una persona. Se nos ha dicho que si interpretamos demasiado pronto o demasiado
imprudentemente, corremos el riesgo de perder un paciente; que a menos que interpretemos rápida y
profundamente estamos expuestos a lo mismo; que la interpretación puede dar origen a ataques intolerables e
ingobernables de angustia, al “liberarla”; que la interpretación es el único modo de permitirle a un enfermo
hacer frente a un ataque ingobernable de angustia, al “resolverla”; qu las interpretaciones deben siempre
referirse al material en el preciso momento en que emerge a la consciencia; que las más útiles son realmente
las profundas; “¡Sed prudentes con vuestras interpretaciones!”, dice una voz; “¡Ante la duda, interpretad!”, reza
otra. Sin embargo, aunque hay mucha confusión en todo esto, no creo que tales opiniones sean necesariamente
incompatibles; los diversos consejos pueden referirse a diferente circunstancias y casos, e implicar distintos
usos de la palabra “interpretación”.
Es evidente que se emplea la palabra en más de un sentido. Después de todo, quizá es sólo un sinónimo de
la vieja frase que ya hemos encontrado: “hacer consciente lo que es inconsciente”, y comparte todas las
ambigüedades de esa frase. Porque en un sentido, si se entrega un diccionario alemáninglés a quien no sabe
alemán, se le estará dando una colección de interpretaciones, y creo que en este sentido es que se ha discutido
la naturaleza de la interpretación en un reciente trabajo de Bernfeld (16). Evidentemente, tales interpretaciones
descriptivas no tienen pertinencia con nuestro tema actual, y sin más rodeos, procederé a definir en la forma
más clara que me sea posible una clase particular de interpretación, que, en realidad, me parece que constituye
el instrumento fundamental de la terapia psicoanalítica y a la que por conveniencia daré el nombre de
interpretación “mutativa”.
Primeramente, haré una reseña esquemática de lo que entiendo por interpretación mutativa, dejando los
detalles para más adelante; y con miras a la claridad de la exposición, pondré por ejemplo la interpretación de
un impulso hostil. En virtud de su poder (estrictamente limitado) como superyó
—————————————
(16) Der Begriff der Deutung in der Psychoanalyse, “Zeitschrift für angewandte Psychologie” Bd. 42, 1932.
Gerö hizo un resumen crítico de este trabajo en “Imago”, Bd. XIX, 1933.
- 966 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
auxiliar, el analista permite que una pequeña cantidad de la energía del ello del enfermo se torne consciente
(en nuestro caso, bajo la forma de un impulso agresivo) (17). Dado que por la naturaleza de los hechos, el
analista es también el objeto de los impulsos del ello del paciente, dicha cantidad de impulsos ahora liberados
será dirigida conscientemente hacia el analista; y éste es el punto crítico. Si todo marcha bien, el yo del
paciente se dará cuenta del contraste que existe entre el carácter agresivo de sus sentimientos y la naturaleza
real del analista, ya que éste no se comporta como sus objetos arcaicos “buenos” o “malos”. Es decir, que el
paciente distinguirá su objeto fantaseado arcaico del objeto real externo. La interpretación se ha convertido,
así, en mutativa, puesto que ha abierto una brecha en el círculo vicioso neurótico. Como el paciente ha
comprobado la falta de agresividad en el objeto real externo, estará capacitado para disminuir la suya, y al ser
menos agresivo el nuevo objeto que él introyecta, decrecerá también la agresividad de su superyó.
Simultánamente a estos hechos y como corolario, el enfermo obtendrá acceso al material infantil que está
reviviendo en su relación con el analista.
Tal es el esquema general de la interpretación mutativa. Podrá notarse que en mi explicación el proceso
parece comprender dos fases. No deseo prejuzgar acerca de si estas dos fases se presentan en sucesión
temporal o si pueden ser dos aspectos simultáneos de un mismo acontecimiento. Pero con fines descriptivos es
más fácil considerarlas como si fueran sucesivas. Por consiguiente, se encuentra primero la fase en la que el
paciente se da cuenta de que ha dirigido directamente hacia el analista una cantidad particular de energía del
ello, y en segundo término, viene la fase en la que el enfermo comprende que dicha energía está dirigida hacia
un objeto fantaseado arcaico y no sobre uno real.
LA PRIMERA FASE DE LA INTERPRETACIÓN
La primera fase de una interpretación mutativa es en sí misma compleja, y en ella, una parte de la relación
del ello del paciente con el analista se hace consciente en virtud de la posición del último como superyó
auxiliar.
—————————————
(17) No intento describir el proceso en términos metapsicológicos correctos. En opinión de Freud, por
ejemplo, la antítesis entre consciente e inconsciente no es aplicable, estrictamente hablando, a los impulsos
instintivos, sino a las ideas que los representan en la mente. (The Unconscious, Collected Papers, vol. iv,
pág. 109.) No obstante, a los efectos de la sencillez, hablo durante todo este trabajo de “hacer conscientes los
impulsos del ello”.
- 967 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
En el modelo clásico de una interpretación, primeramente se le hará comprender al enfermo que su yo se
encuentra en un estado de tensión; después, que está trabajando un factor represivo (que su superyó lo amenaza
con castigarlo), y sólo entonces se le comunicará el impulso del ello que ha despertado las protestas del
superyó provocando angustia en su yo. Este es el esquema clásico, pero en la práctica actual, el analista opera
desde los tres ángulos, simultáneamente o en sucesión irregular. En un momento, se le puede revelar una
pequeña porciín del superyó del paciente en toda su crueldad; en otro, la disminución del desamparo de su yo,
y aun en otro, se puede dirigir su atención a las tentativas de reparación que hace como compensación por su
hostilidad. En algunas ocasiones, una fracción de la energía del ello puede ser incitada directamente a abrirse
paso por entre los últimos restos de una resistencia ya debilitada. Sin embargo, todas estas operaciones tienen
una característica en común: que se realizan en pequeña escala, porque la interpretación mutativa se rige
inevitablemente por el principio de las dosis mínimas. Creo que es un hecho clínico comúnmente aceptado que
las alteraciones presentadas por un paciente durante el análisis parecen ser extremadamente graduales casi
siempre. Nos inclinamos a sospechar que los cambios repentinos y grandes indican que están actuando
procedimientos sugestivos más bien que psicoanalíticos. Podrá explicarse la naturaleza gradual de los cambios
producidos por el psicoanálisis si dichos cambios son el resultado de la suma de un número inmenso de
pequeños pasos, cada uno de los cuales corresponde a una interpretación mutativa. La índole misma de la
situación analítica impone la pequeñez de los pasos. Cada interpretación involucra la liberación de cierta
cantidad de energía del ello, y como veremos pronto, si la cantidad liberada es demasiado grande, está
destinado a trastornarse el estado de equilibrio altamente inestable que permite al analista desempeñarse como
el superyó auxiliar del paciente. Se arriesgará toda la situación analítica, dado que estas liberaciones de
energía del ello pueden ocurrir solamente en virtud de la actuación del analista como superyó auxiliar del
enfermo.
Examinemos con mayor detalle los efectos que siguen al intento del analista de llevar a la consciencia del
paciente, de una vez, una cantidad demasiado grande de energía del ello (18). Por una parte, puede no ocurrir
nada; por la otra, puede producirse un resultado inmanejable; pero en ninguno
—————————————
(18) Parece como si también interviniera un factor cualitativo, es decir, que para el yo, algunas clases de
impulsos del ello le resultarían más repugnantes que otras.
- 968 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
de los dos casos se habrá efectuado una interpretación mutativa. En el primero (en el que aparentemente no hay
efectos), el poder del analista como superyó auxiliar no habrá sido bastante fuerte para la tarea que se ha
impuesto. Esto puede suceder, además, por dos razones diferentes. Una de ellas es que el impulso del ello no
haya sido suficientemente apremiante en el momento en que él trataba de ponerlo de manifiesto, dado que la
emergencia de un impulso del ello depende no sólo del permiso del superyó, sino también de la urgencia del
impulso, o sea, de su grado de catexia. Esto puede ser un motivo para el hecho de que a una interpretación le
suceda una respuesta aparentemente negativa e inocua. Pero el mismo resultado puede ser debido a que el
poder de las fuerzas represivas del propio paciente sea demasiado grande para permitir que su yo oiga la voz
persuasiva del superyó auxiliar, no obstante la urgencia real del impulso del ello. Tenemos aquí una situación
idéntica desde el punto de vista dinámico, pero distinta económicamente de la próxima que hemos de
considerar. En ésta, el paciente acepta la interpretación, o sea que le permite penetrar en su consciencia al
impulso del ello, pero inmediatamente le sobreviene una gran angustia. Esto se puede manifestar en varios
sentidos: por ejemplo, el enfermo produce un ataque de angustia, o muestra signos de enojo “real” con el
analista, sin discernimiento alguno, o puede abandonar el análisis. En cualquiera de estos casos, la situación
analítica se habrá desbaratado, al menos por el momento. El paciente se estará comportando como el sujeto
hipnotizado, quien rompe la relación hipnótica y se despierta de su estado de trance cuando el hipnotizador le
ordena la ejecución de un acto demasiado en desacuerdo con su propia conciencia. Esta situación es
manifiesta si el paciente responde a la interpretación con un ataque real de angustia o uno de sus equivalentes,
pero será latente si el enfermo no exterioriza respuesta. Este último caso puede ser el más difícil de los dos,
ya que está enmascarado, y creo que a veces es la consecuencia de un exceso de interpretación, aún mayor que
en el caso en que aparece la angustia manifiestamente (aunque es obvio que habrá otros factores de
importancia, en particular, la naturaleza de la neurosis del paciente). He atribuído esta amenaza de fracaso de
la situación analítica a una dosis excesiva de interpretación, pero podría ser más exacto imputarla a una dosis
insuficiente, puesto que no ha ocurrido la segunda fase del proceso interpretativo, en la cual el paciente se da
cuenta que su impulso se dirige hacia un objeto fantaseado arcaico y no hacia uno real.
- 969 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
LA SEGUNDA FASE DE LA INTERPRETACIÓN
En la seguncla fase de una interpretación completa, el sentido de realidad del paciente desempeña un papel
crucial, porque el resultado exitoso de esta fase depende de su habilidad para distinguir entre su objeto
fantaseado y el analista real, en el momento crítico de la aparición en la consciencia de la cantidad liberada de
energía del ello. ¿Qué clase de ayuda puede prestar el analista al paciente para que perciba esta distinción?
Por una parte, es mucho lo que puede hacer llevando al enfermo a darse cuenta, tan detalladamente como sea
posible, de la naturaleza exacta de las experiencias infantiles que determinan su imagen del objeto fantaseado.
Por otra parte, podría esperarse que también tratara de darle al paciente una descripción clara de él mismo tal
como es realmente; pero aquí la posición es más complicada. El problema se encuentra relacionado
estrechamente a uno que ya he expuesto, especialmente el de la extrema labilidad de la posición del analista
como superyó auxiliar. La situación analítica amenaza todo el tiempo con degenerar en una situación “real”.
Pero, en realidad, esto significa lo contrario de lo que aparenta; significa que el enfermo está siempre a punto
de convertir el objeto real externo (el analista) en el arcaico, o sea, de proyectar sobre aquál sus imágenes
introyectadas primitivas. En tanto que el paciente obra de esta manera, el analista se transforma en objeto
fantaseado, como cualquier otra persona con la que se encuentre el enfermo en la vida real. El analista deja
entonces de poseer las ventajas peculiares derivadas de la situación analítica; será introyectado en el superyó
del paciente como otros objetos fantaseados, y no podrá actuar por más tiempo en los sentidos que son
indispensables para la eficacia de una interpretación imitativa. En esta dificultad, el sentido de realidad del
enfermo es un aliado esencial pero muy endeble. Una de las cosas que esperamos del análisis es el
mejoramiento de dicho sentido de realidad; por tanto, es importante no someterlo a un esfuerzo innecesario.
Este es uno de los principales argumentos en favor de que el analista adopte con el paciente una actitud un
poco reticente y apartada, de que limite a la hora analítica su relación con él, es decir: de que le presente al
enfermo su yo real en pequentas dosis. Por esta razón fundamental, el analista debe evitar cualquier
comportamiento real que fortalezca el que el paciente lo considere como un objeto fantaseado “bueno” o
“malo”. Quizá esto es más evidente en lo que respecta al objeto “malo”. Por ejemplo, si el analista demostrara
que está realmente emocionado u horrorizado por uno de los impulsos del ello del
- 970 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
enfermo, éste lo trataría como un objeto peligroso y lo introyectaría en su superyó severo arcaico. Por una
parte, disminuiría el poder del analista de actuar como un superyó auxiliar y de permitir que el yo del paciente
tenga consciencia de sus impulsos del ello, o sea que decrecería su poder de efectuar la primera fase de una
interpretación mutativa; y por otra parte, como objeto real, se volvería menos diferenciable de los objetos
fantaseados “malos” del enfermo, hasta el punto que también se encontraría dificultada la realización de la
segunda fase de una interpretación mutativa. Tomemos otro ejemplo: supongamos que el analista se comporta
de modo opuesto y que apremia activamente al enfermo para que dé rienda suelta a sus impulsos del ello.
Existe la posibilidad de que el paciente confunda al analista con la imagen de un padre traicionero, que
primero lo incita a buscar gratificación y luego cambia repentinamente su actitud y lo castiga. En tal caso, el yo
del enfermo puede tratar de defenderse considerando al analista como si éste fuera su propio ello, y tratándolo
con toda la severidad de que es capaz su superyó. También aquí el analista corre el riesgo de perder su
posición privilegiada. Pero igual puede ser poco prudente para el analista el actuar realmente en el sentido de
incitar al paciente a que proyecte sobre él sus objetos “buenos” introyectados, porque el enfermo tenderá a
considerarlo como objeto “bueno” en un sentido arcaico y lo incorporará junto con sus imágenes arcaicas
“buenas”, usándolo como una protección contra sus imágenes “malas”. De este modo, tanto sus impulsos
infantiles positivos como negativos pueden eludir el análisis, puesto que su yo no tiene la posibilidad de
establecer una comparación entre el objeto externo fantaseado y el real, pudiendo perder así la oportunidad de
adaptarse a un mundo exterior en el que hasta los objetos “buenos” son tales en un sentido real y no en el
arcaico. Quizá pueda argüirse que por más buena voluntad y prudencia que tenga el analista no podrá impedir
que el paciente proyecte sobre él estas variadas imágenes. El argumento es indiscutible; no obstante, toda la
efectividad de un análisis depende de que eso se produzca. La enseñanza que dejan estas dificultades es
simplemente que nos recuerdan los estrechos límites del sentido de realidad del enfermo. Es un hecho
paradójico, pero verdadero, que el mejor procedimiento para asegurar que su yo será capaz de distinguir entre
fantasía y realidad es el de apartarlo de ésta tanto como sea posible. Su yo es tan débil y se encuentra tan a
merced del ello y del superyó, que sólo puede hacer frente a la realidad si ésta se le administra en dosis
mínimas. Y estas dosis son, en realidad, las que el analista le da bajo la forma de interpretaciones.
- 971 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
INTERPRETACIÓN Y APOYO
Me parece que es posible facilitar un acercamiento a los problemas de la interpretación y el apoyo por
medio de esta distinción entre las dos fases de la interpretación. Podrá suponerse que ambos procedimientos
pueden ser útiles o aun esenciales en ciertas circunstancias, y desaconsejables y hasta peligrosos en otras. En
el caso de la interpretación (19), la primera de nuestras fases hipotéticas es para “liberar” angustia y la
segunda para “resolverla”. Cuando una cantidad de angustia se encuentra ya presente o a punto de aflorar, una
interpretación puede permitir, debido a la eficacia de su segunda fase, que el paciente reconozca la irrealidad
de su objeto fantaseado terrorífico, reduciéndole así su propia hostilidad y por consiguiente la angustia. Por
otra parte, inducir al yo que permita llegar a la consciencia una cantidad de energía del ello significa
evidentemente buscar un acceso de angustia en una personalidad con un superyó severo. Esto es precisamente
lo que efectúa el analista en la primera fase de una interpretación. Por lo que respecta al “apoyo”, aquí sólo
puedo aludir brevemente a algunos de los problemas que suscita. Incidentalmente, creo que el término necesita
ser definido casi con tanta urgencia como la “interpretación”, y que abarca varios mecanismos diferentes. Con
respecto a esto, el apoyo puede ser considerado como el comportamiento calculado del analista para que el
paciente lo considere más bien un objeto fantaseado “bueno” que uno real. Ya he dado algunas razones para
dudar de la conveniencia de esto, aunque el procedimiento parece ser de gran valor en algunas ocasiones,
especialmente en los casos psicóticos. Además, podría suponerse, a primera vista, que tal actitud por parte del
analista favorecería directamente la probabilidad de hacer una interpretación mutativa. Creo que después de
pensarlo se verá que éste no es el caso, porque, precisamente, en tanto que el paciente considere al analista
como su objeto fantaseado, no se produce la segunda fase de la interpretación, ya que la esencia de ésta es que
el enfermo pueda efectuar una distinción entre su objeto fantaseado y el real. Es exacto que se consigue reducir
su angustia, pero este cambio no se habrá llevado a cabo por un método que implique un cambio cualitativo
permanente en su superyó. Por tanto, a
—————————————
(19) Por lo que respecta a la necesidad de “interpretaciones continuas y profundas”, a fin de disminuir o
prevenir ataques de angustia, véase la obra de Melanie Klein: The Psycho-Analysis of Children, págs. 58-59.
Por otra parte: “La angustia perteneciente a los niveles profundos es mucho más grande, tanto en cantidad
cuanto en intensidad; por tanto, es imperativo regular debidamente su liberación.” (The Psycho-Analysis of
Children, pág. 139.)
- 972 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
pesar de la importancia táctica que posea el apoyo, creo que no se lo puede considerar como un factor
operativo esencial en la terapia psicoanalítica.
Debe recalcarse que otros tipos de comportamiento del analista pueden equivaler dinámicamente a una
interpretación mutativa, o a una u otra de las dos fases de este proceso. Por ejemplo, un mandato “activo” de la
especie intentada por Ferenczi puede valer como la primera fase de una interpretación; el analista hace uso de
su posición peculiar para inducir al enfermo, de manera particularmente vigorosa, a que haga conscientes
ciertos impulsos de su ello. Una de las objeciones a este tipo de procedimiento puede expresarse diciendo que
el analista tiene muy poco control del dosaje de la energía del ello, y escasa garantía de que seguirá la segunda
fase de la interpretación, Incidentalmente, puede surgir el mismo patrón dinámico cuando el analista le exige al
enfermo efectuar una fantasía “forzada”, o aun, cuando aquél le hace una pregunta al paciente (en especial en
los primeros tiempos de un análisis). También aquí el analista está dando una interpretación a ciegas, que
puede demostrarle la imposibilidad de pasar más allá de su primera fase. Por otra parte, en el curso de un
análisis se originan constantemente situaciones en las que el enfermo tiene conciencia de pequeñas cantidades
de energía del ello, sin provocación directa alguna por parte del analista. Podría desarrollarse entonces una
situación de angustia, si no fuera que el analista, por su comportamiento, o también diríamos, por su ausencia
de comportamiento, permite que el paciente movilice su sentido de realidad y haga la distinción necesaria
entre un objeto arcaico y uno real. Lo que el analista hace aquí equivale a efectuar la segunda fase de una
interpretación, y todo el episodio puede valer como una interpretación mutativa. Es difícil estimar en qué
proporción los cambios que ocurren durante el análisis pueden no ser debidos a interpretaciones mutativas
implícitas de este tipo. Creo que a veces se considera incorrectamente como ejemplo de apoyo a una situación
de esta naturaleza.
«PROXIMIDAD» DE LAS INTERPRETACIONES MUTATIVAS
Ha llegado la oportunidad de dedicarnos a otras características que aparentan ser propiedades esenciales
de toda interpretación mutativa. En primer término, ya ha sido tratada una de ellas al considerar la ausencia de
efecto, real o aparente, que sigue a una interpretación. Una interpretación mutativa sólo puede aplicarse a un
impulso del ello que está realmente en estado de catexia. Esto se evidencia por sí mismo, dado que los
cambios producidos
- 973 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
en la mente del enfermo por una interpretación mutativa sólo pueden ser obra de una carga de energía que se
origina en el paciente; la función del analista es asegurar simplemente que la energía se canalizará por una vía
en vez de hacerlo por otra. De aquí se deduce que el tipo de interpretación informativa de “diccionario” no
será mutativa, no obstante lo útil que pueda ser como preludio de interpretaciones mutativas. Esto nos permite
varias inferencias prácticas. Cada interpretación mutativa debe ser “inmediata” emoeionalmente; el enfermo
debe experimentarla como algo real. Este requerimiento, de que las interpretaciones deben ser inmediatas,
puede expresarse en otra forma diciendo que hay que dirigirlas siempre al “punto de urgencia”. En algún
momento se encontrará en actividad un determinado impulso del ello: éste es el impulso que en ese momento
es pasible de interpretación mutativa. Indudablemente, no es factible ni deseable estar dando interpretaciones
todo el tiempo, pero como lo ha señalado Melanie Klein, la capacidad de elegir el punto de urgencia en
cualquier momento es una de las cualidades más preciadas en un analista (20).
LA INTERPRETACIÓN «PROFUNDA»
El hecho de que toda interpretación mutativa deba dirigirse a un impulso urgente nos conduce otra vez al
temor, que se siente con tanta frecuencia, de las posibilidades explosivas de la interpretación, en particular, de
lo que se álude vagamente como interpretación “profunda”. Sin embargo, no necesitamos sentirnos molestos
por la ambigüedad del término, ya que éste describe, sin duda, la interpretación del material genéticamente
próximo e históricamente distante de la experiencia real del enfermo, o del que se encuentra bajo una represión
especialmente intensa. De cualquier modo, se trata de material que normalmente le resulta por completo
inaccesible a su yo y está muy alejado de él. Además, parece razonable creer que la angustia expuesta a
desencadenarse por el acercamiento de ese material a la consciencia debe presentar una gravedad peculiar
(21). La cuestión de si es innocuo interpretar dicho material dependerá, como de costumbre, de la posibilidad
de efectuar la segunda fase de la interpretación. Por lo comün, el material que es urgente en las primeras etapas
de un análisis no es profundo. Al comienzo debemos tratar sólo con desplazamientos más o menos importantes
—————————————
(20) The Psycho-Analysis of Children, pigs. 58-59.
(21) The Psycho-Analysis of Children, pág. 139.
- 974 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
de los impulsos profundos; y el material profundo mismo es alcanzado únicamente más tarde y por grados, así
que no debe anticiparse la aparición súbita de cantidades inmanejables de angustia. Sin embargo, en casos
excepcionales hay impulsos profundos que pueden ser urgentes en un período precoz del análisis, debido a
ciertas peculiaridades en la estructura de la neurosis, encontrándonos, así, abocados a un dilema. Si
interpretamos este material profundo, el monto de angustia que se produce en el paciente puede ser tan grande
que su sentido de realidad resulte insuficiente para permitir la ejecución de la segunda fase, peligrando todo el
análisis. En casos críticos como los que estamos considerando, no debe pensarse que necesariamente se puede
evitar la dificultad no dando interpretación alguna, haciendo interpretaciones más superficiales de material no
urgente, o tentando apoyar al enfermo. En realidad, parece probable que estos procedimientos alternativos
sirvan poco o nada para salvar el inconveniente; por el contrario, ellos pueden aún exacerbar la tensión creada
por la urgencia de los impulsos profundos, que son la causa real de la angustia amenazadora. De este modo,
puede desencadenarse la angustia a pesar de los esfuerzos paliativos, y en ese caso, lo hará bajo las
condiciones más desfavorables, o sea, fuera de las influencias mitigantes que proporciona el mecanismo de la
interpretación. Por tanto, es posible que la interpretación de los impulsos urgentes del ello, no obstante lo
profundos que puedan ser, constituya el más seguro de los dos procedimientos alternativos que se le presentan
al analista frente a una dificultad de esta índole.
«ESPECIFICIDAD» DE LAS INTERPRETACIONES MUTATIVAS
Tendré ocasión de volver sobre este punto más adelante, pero ahora debo mencionar una cualidad que
parece necesario que exista previamente en una interpretación para que pueda ser mutativa, y que quizá sólo
sea otro aspecto de la que ya hemos descripto. Una interpretación mutativa debe ser “específica”, es decir,
detallada y concreta. En la práctica, ésta es una cuestión de grado. Cuando un analista se embarca en un tema
determinado, no siempre puede evitar que sus interpretaciones comiencen siendo vagas y generales, pero
finalmente será necesario resolver e interpretar todos los detalles del sistema fantaseado del enfermo. En la
misma medida que esto se realice, las interpretaciones serán mutativas, y se puede explicar gran parte de la
necesidad de repetir aparentemente las interpretaciones que ya han sido hechas, por el hecho de que es
menester llenar los detalles. Creo posible
- 975 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
demostrar que provienen de esta fuente algunos de los retrasos que los analistas desesperanzados atribuyen a la
resistencia del ello del paciente. Parece como si la vaguedad en la interpretación diera a las fuerzas defensivas
del yo la oportunidad, por la que siempre están en acecho, de contrariar los intentos del analista para que
llegue a la conciencia un impulso del ello urgente. Un efecto igualmente torpe puede producirse por ciertas
formas de apoyo, tales como el añadir un paralelo etnológico o una explicación teórica a una interpretación.
Procedimientos de esta índole pueden convertir, a último momento, una interpretación mutativa en su contrario.
El efecto aparente podrá ser altamente gratificante para el analista, pero la experiencia posterior mostrará que
no se ha conseguido nada de utilidad permanente, o aun, que se le ha dado al enfermo una oportunidad de
incrementar el poderío de sus defensas. Hemos alcanzado así, un tópico que no hace mucho trató Edward
Glover en uno de los muy pocos trabajos, en toda la literatura, que se abocan seriamente al problema de la
interpretación (22). Glover sostiene que es probable que una interpretación groseramente inexacta no tenga
efecto alguno, mientras que una ligeramente inexacta puede provocar un efecto no analítico, o más bien
antianalítico, al permitir que el enfermo haga más profunda y eficiente su represión. El usa este concepto como
la explicación posible de un hecho que siempre ha parecido misterioso: que en los primeros tiempos del
análisis se lograban resultados terapéuticos, a pesar de que aun no se había descubierto mucho de lo que
nosotros conocemos respecto a las características del inconsciente, y por tanto, de que la interpretación debió
de haber sido a menudo inexacta.
LA ABREACCIÓN
La posibilidad que discute Glover sirve para recordarnos lo difícil que es obtener la certeza de que los
efectos que siguen a alguna interpretación se dében a ésta verdaderamente y que no son el resultado de un
fenómeno transferencial de cualquier naturaleza. Ya he señalado que muchos pacientes logran una gratificación
directa de la interpretación como tal, y creo que algunos de los signos sorprendentes de abreacción que en
ocasiones siguen a una interpretación no deben ser aceptados por el analista sino como la evidencia de que en
un sentido libidinal se ha contribuído con algo más que con una interpretación.
—————————————
(22) The Therapeutic Effect of Inexact Interpretation, “The International Journal of Psycho-Analysis”,
vol. xii, 1931.
- 976 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
Sin embargo, todo el problema de las relaciones entre la abreacción y el psicoanálisis es muy discutido.
Sus resultados terapéuticos parecen, hasta cierto punto, innegables. No hay duda que de ellos surgió el análisis,
y aun en la actualidad existen psicoterapeutas que confían en ellos casi exclusivamente. Durante la guerra se
confirmó ampliamente su efectividad, en los casos de “neurosis traumática”. También se ha sostenido, bastante
a menudo, que desempeña un papel principal en la obtención de los resultados del psicoanálisis. Por ejemplo,
Ferenczi y Rank declararon que no obstante los avances de nuestros conocimientos, la abreacción subsistía
como el agente fundamental en la terapia analítica (23). Más recientemente, Reik ha defendido una opinión
algo similar, declarando que “el factor sorpresa es la parte más importante de la técnica analítica” (24). En el
capítulo sobre terapéutica de su texto de psicoanálisis, Nunberg ha adoptado una actitud menos extrema (25).
Pero también él considera la abreacción como uno de los factores componentes en el análisis, y en dos
sentidos. En primer término, menciona la mejoría producida por la abreacción, y la atribuye al alivio de la
tensión endopsíquica por la descarga de los afectos acumulados. En segundo término, señala que del proceso
real de llevar a la consciencia algo que hasta entonces permanecía inconsciente, surge un alivio de tensión
similar, aunque en menor escala. Al respecto, se basa en una afirmación de Freud de que el acto de hacer
consciente cualquier material involucra una descarga de energía (26). Por su parte, Radó aparenta juzgar que la
abreacción se opone por su función al análisis. Manifiesta que debe atribuirse el efecto terapéutico de la
catarsis (junto con otras formas de psicoterapias no analíticas) al hecho de que ofrece al paciente una neurosis
artificial a cambio de la original, y que los fenómenos observables cuando se produce la abreacción son
semejantes a los de un ataque histérico (27). Una consideración de
—————————————
(23) Entwicklungsziele der Psychoanalyse (1924), pág. 27.
(24) New Ways in Psycho-Analytic Technique, “The International Journal of Psycho-Analysis”, vol.
xiv, 1933.
(25) Allgemeine Neurosenlehre auf psychoanalytischer Grundlage (1932), págs. 303-304. Este capítulo
aparece en inglés en una versión abreviada y como contribución al trabajo de Lorand, Psycho-Analysis To-
day (1933). En la amplia lista de Nunberg sobre los factores que actúan en la terapia analítica creo que hay
muy poco que disienta con las opiniones vertidas en el trabajo presente, aunque he dado una explicación
diferente acerca de la interrelación que existe entre aquellos factores.
(26) Más allá del principio del placer, pág. 28.
(27) The Economic Principle in Psycho-Analytic Technique, “The International Journal of Psycho-
Analysis”, vol. vi, 1925.
- 977 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
las opiniones de estas diversas autoridades sugiere que lo que nosotros describimos como “abreacción” puede
implicar dos procesos diferentes: una descarga de afecto y una gratificación libidinal. En tal caso, el primero
de ellos podría ser considerado (al igual que otros procedimientos), como un auxiliar ocasional del análisis,
sin duda útil, y hasta como un compañero inevitable de las interpretaciones mutativas; mientras que podríamos
juzgar al segundo como un acontecimiento apto para impedir el análisis, especialmente si no se reconociera su
verdadera naturaleza. De cualquier modo, parecería razonable el creer que los efectos de la abreacción son
permanentes sólo en los casos en que el factor etiológico predominante es un suceso externo, es decir, que
aquél no es capaz de causar por sí mismo una alteración cualitativa radical en la mente del enfermo. Es
probable que su naturaleza sea sólo auxiliar, no obstante el papel que pudiera desempeñar en el análisis.
INTERPRETACIONES EXTRATRANSFERENCIALES
Si reconsideramos, por un momento, el cuadro que he dado de una interpretación mutativa con sus diferentes
características, notaremos que mi descripción parece excluir todas las clases de interpretaciones, con
excepción de las transferenciales. ¿Debe entenderse que la interpretación extratransferencial no puede poner
en marcha la cadena de acontecimientos que he sugerido como la esencia de la terapia psicoanalítica? Tal es
mi opinión, y ha sido uno de los propósitos fundamentales al escribir este trabajo poner en relieve las
diferencias dinámicas que existen entre las interpretaciones transferenciales y las extratransferenciales, lo que
sin duda ya ha sido observado, pero creo que nunca con suficiente claridad. Podemos reunir estas distinciones
en dos grupos: en primer término, es mucho menos probable que las interpretaciones extratransferenciales sean
dadas en el punto de urgencia. Necesariamente esto debe ser así, ya que en el caso de una interpretación
extratransferencial, el objeto del impulso del ello no es el analista ni se encuentra presente en ese momento, en
cambio, el punto de urgencia puede hallarse casi siempre en la transferencia, salvo en los comienzos de un
análisis y en otras circunstancias excepcionales. Se deduce que las interpretaciones extratransferenciales
tienden a dirigirse a impulsos alejados en tiempo y espacio, y que por tanto es probable que se encuentren
desprovistos de energía inmediata. En casos extremos, se parece a la comparación que hice con la entrega de
un diccionario alemáninglés al paciente. En segundo lugar, en el caso de una interpretación extratransferencial
y debido
- 978 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
también al hecho de que el objeto del impulso del ello no se encuentra presente en la realidad, al enfermo le
resulta menos fácil darse cuenta de la distinción que existe entre el objeto real y el fantaseado. Parecerá así,
que con las interpretaciones extratransferenciales es menos probable que ocurra lo que he llamado la primera
fase de una interpretación mutativa, y por otra parte, si ésta se produce, es menos probable que le siga la
segunda fase. En otras palabras, una interpretación extratransferencial está expuesta a ser menos efectiva y más
arriesgada que una transferencial (28). Cada uno de estos puntos merece un breve examen por separado.
Es un hecho de la experiencia común entre los analistas, el que con ciertos pacientes es posible continuar
indefinidamente dando interpretaciones sin producir ningún efecto aparente. En el excelente capítulo histórico
de Ferenczi y Rank hay una crítica divertida de esta especie de “fanatismo por las interpretaciones” (29). De
sus palabras resulta claro que ellos pensaban en las interpretaciones extratransferenciales, porque el peso de
su crítica recae en que dicha conducta implica el descuido de la situación analítica. Este es el caso más simple,
donde el principal resultado es una pérdida de tiempo y energía. Pero hay ocasiones en las cuales la política
de dar ristras de interpretaciones extratransferenciales es capaz de conducir al analista a dificultades más
positivas. En el curso de algunas discusiones técnicas realizadas en Viena hace pocos años, Reich (30) llamó
la atención sobre los apuros en que se ven los analistas noveles por extraer del paciente grandes cantidades de
material de manera desordenada e inconexa. Sostenía que esto puede llevarse a tal extremo, que el análisis se
convierta irremediablemente en caótico. Con mucho acierto señaló que el material con el que tenemos que
enfrentarnos se halla estratificado, y que al extraerlo, es de la mayor importancia que no haya más
interferencias que las que puedan ayudar al ordenamiento de los estratos. Sin duda él tenía en su pensamiento
la analogía con un arqueólogo incompetente, cuya inhabilidad puede anular para
—————————————
(28) Esto concuerda con el hecho de que los seudoanalistas y los analistas “silvestres” se limitan
generalmente a las interpretaciones extratransferenciales. Deberá recordarse que esto era genuino del
prototipo de analista “silvestre” descrito por Freud (Observations on “Wild” Psycho-Analysis, 1910,
Collected Papers, vol. ii).
(29) Entwicklungsziele der Psychoanalyse, pág. 31.
(30) Bericht über das ‘Seminar für psychoanalytische Therapie’ in Wien, Zeitschrift, Bd. XIII, 1927. Este
trabajo ha sido reeditado recientemente como un capítulo del volumen de REICH sobre Charakteranalyse
(1933), el que contiene gran cantidad de material con una relación interesante con el tópico del trabajo
presente.
- 979 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
siempre la posibilidad de reconstruir la historia de un sitio importante. No me siento tan pesimista sobre los
resultados en el caso de un análisis mal conducido, ya que la diferencia esencial consiste en que nuestro
material es viviente, y si se le da la oportunidad, se reestratificarí por sí mismo de acuerdo a su propia
armonía; y esta oportunidad es la situación analítica. Estoy conforme en cuanto a la presencia del riesgo, y me
parece que es muy probable que se presente cuando se acude excesiva o exclusivamente a la interpretación
extratransferencial. Los medios de prevenirlo, y el remedio, si es que el mal se ha producido, radica en volver
a la interpretación transíerencial en el punto de urgencia. Si podemos descubrir qué material es el “inmediato”
en el sentido que he descripto, el problema de la estratificación se resuelve automáticamente; y es una
característica de la mayor parte del material extratransferencial el no tener proximidad, y por consiguiente, el
que su estratificación sea mucho más difícil de descifrar. Las medidas sugeridas por Reich para impedir la
aparición de este estado caótico no son incompatibles con las mías; porque él subraya la importancia de
interpretar las resistencias como opuestas a los impulsos primarios del ello, y ésta es una política abandonada
precozmente en la historia del análisis. Una de las características de la resistencia es que surge en relación con
el analista, de manera que la interpretación de aquélla será casi inevitablemente una interpretación
transferencial.
Los riesgos más serios que acarrea el hacer interpretaciones extratransferenciales se deben a las
dificultades inherentes para completar su segunda fase, o en saber si ésta ha sido o no realizada. Por su
naturaleza, no se pueden predecir sus efectos. Parece constituir un riesgo especial el que el enfermo no lleve a
cabo la segunda fase de la interpretación, sino que proyecte sobre el analista el impulso del ello que ha hecho
consciente. No hay duda que dicho riesgo se aplica también, hasta cierto punto, a las interpretaciones
transferenciales. Pero es menos probable que se produzca esta situación si el objeto del impulso del ello se
encuentra presente en la realidad, y, además, si se trata de la misma persona que hace la interpretación (31).
(Podemos recordar una vez más el problema de la interpretación
—————————————
(31) Parece probable que toda la posibilidad de hacer interpretaciones mutativas dependa de que en la
situación analítica, tanto el que da la interpretación como el objeto del impulso del ello interpretado sean la
misma persona. No me refiero aquí al argumento mencionado anteriormente, de que en tal condición es más
fácil para el enfermo distinguir entre su objeto fantaseado y el objeto real, sino a una consideración más
profunda. Como ya he sostenido, el superyó original del paciente es el producto de la introyección de sus
objetos arcaicos, deformados por la proyección de los impulsos infantiles del ello. También he sugerido que
con los únicos medios con que contamos para alterar el carácter de este superyó severo primitivo es con la
mediación de un superyó auxiliar, que es el resultado de la introyección que el paciente hace de su analista
como un objeto. Desde este punto de vista, puede considerarse el proceso del análisis como la infiltración
del superyó auxiliar y su mayor contacto con el yo y la realidad en el superyó original, que es inadaptable y
rígido. Esta infiltración es obra de las interpretaciones mutativas, y consiste en el proceso repetido de
introyección de las imágenes del analista, así que la calidad del superyó original se va cambiando
gradualmente, dado que aquellas imágenes pertenecen a una persona real y no se deben a una proyección
deformada y arcaica. Desde que la finalidad de las interpretaciones mutativas es causar la introyección del
analista, se deduce que este último debe ser el objeto de los impulsos que aquéllas interpretan. Si esto es
exacto, las opiniones expresadas en el trabajo presente requieren algunas enmiendas, porque en tal caso, el
primer criterio de una interpretación mutativa será que la interpretación sea transferencial. No obstante, la
calidad de urgencia continuará siendo importante, pues de todas las interpretaciones transferenciales pasibles
de realizar en un momento dado, sólo serán mutativas las que traten con un impulso urgente del ello. Por otra
parte, aun la interpretación extratransferencial de un impulso urgente en extremo del ello, no podrá ser nunca
mutativa, aunque sin duda podría causar un alivio temporario por abreacción o apoyo.
- 980 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
profunda, y señalar que aun en las circunstancias más desfavorables sus peligros parecen disminuirse en gran
parte, si la interpretación es transferencial.) Además, en el caso de una interpretación extratransferencial
parece que hay mayor peligro de que transcurra silenciosamente todo este proceso, siendo así descuidado,
particularmente en los comienzos de un análisis. Por esta razón parece ser de importancia el estar alerta a las
complicaciones transferenciales luego de dar una interpretación extratransferencial. Esta peculiaridad de las
interpretaciones extratransferenciales es una de las más importantes desde un punto de vista práctico. A dicha
peculiaridad se debe que éstas puedan actuar como “alimentadores” de la situación transferencial, preparando
así el terreno para las interpretaciones mutativas. En otras palabras, al dar una interpretación
extratransferencial, el analista puede provocar a menudo una situación en la transferencia que luego le permita
hacer una interpretación mutativa. No se debe suponer que porque yo le atribuya estas cualidades especiales a
las interpretaciones transferenciales no se puedan efectuar otras. Por el contrario, es posible que una gran
mayoría de nuestras interpretaciones se realicen fuera de la transferencia, aunque debería agregarse, que a
menudo sucede que al dar ostensiblemente una interpretación extratransferencial implícitamente estamos
haciendo una transferencial. No sólo de grosellas se puede hacer un pastel, y si bien es cierto que las
interpretaciones extratransferenciales no son mutativas en su mayor parte, no por
- 981 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
ello son las menos esenciales, aunque no produzcan por sí mismas los resultados decisivos que involucran el
cambio duradero en la mente del enfermo. Si se me permite hacer una analogía con las trincheras de la guerra,
el aceptar una interpretación transferencial corresponde a la captura de una posición llave, mientras que las
interpretaciones extratransferenciales se asemejan al avance general y consolidación de una línea fresca, lo
que se hace posible por la captura de aquélla. Cuando este avance general pase más allá de cierto punto, habrá
otro impedimento, y antes de que se pueda volver a progresar será necesario capturar la nueva posición llave.
El curso normal de los acontecimientos en un análisis, estará representado por una oscilación de este tipo entre
las interpretaciones transferenciales y las extratransferenciales.
LAS INTERPRETACIONES MUTATIVAS Y EL ANALISTA
Aunque el dar interpretaciones mutativas sólo puede ocupar una pequeña porción del tratamiento
psicoanalítico, de acuerdo con mi hipótesis será la parte más importante desde el punto de vista de la
influencia sobre la mente del enfermo (32). Puede ser de interés considerar finalmente, cómo afecta al analista
un momento que tiene tanta importancia para el enfermo. Mrs. Klein me ha sugerido que el analista, al hacer
interpretaciones, debe superar alguna dificultad interna especial. Estoy seguro que esto se aplica
particularmente al dar las interpretaciones mutativas. Lo demuestra la forma cómo la evitan los psicoterapeutas
de escuelas no psicoanalíticas; pero muchos psicoanalistas se darán cuenta de que albergan en su interior
trazas de la misma tendencia. Como racionalización puede aludirse a la dificultad de decidir si ha llegado o no
el momento particular de hacer una interpretación. Pero detrás de esto hay, a veces, una dificultad en dar la
interpretación, porque el analista parece tener la tentación constante de hacer cualquier
—————————————
(32) Llegados a este punto, me gustaría recordar nuevamente al lector la propia explicación de Freud sobre la
naturaleza esencial de la terapia psicoanalítica. Citaré algunas palabras de su Autobiographical Study
(1925): “Es exacto que el psicoanálisis, como otros procedimientos psicoterapéuticos, emplea el instrumento
de la sugestión (o transferencia). La diferencia es la siguiente: que en el análisis no se le permite desempeñar
el papel decisivo en la determinación de los resultados. Se la usa, en cambio, para inducir al paciente a
ejecutar un trabajo mental: la superación de su resistencia de transferencia, la que involucra una alteración
permanente en su economía psíquica. El analista lleva al enfermo a hacer consciente la transferencia. Esta se
resuelve al convencerlo de que en su actitud transferencial está reviviendo relaciones emocionales que tenían
su origen en las cargas de objeto más primitivas, durante el período reprimido de su infancia” (pág. 77).
Como podrá verse, el trabajo presente es poco más que una elaboración de estas sentencias de Freud.
- 982 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
otra cosa en su reemplazo. Puede efectuar preguntas, dar apoyos, aconsejar o extenderse en disertaciones
teóricas, o aun realizar interpretaciones, pero que no son mutativas sino extratransferenciales, las que
careciendo de proximidad son ambiguas o inexactas. Puede también dar dos o más interpretaciones
alternativas, simultáneamente, o puede hacer interpretaciones mostrando al mismo tiempo su propio
escepticismo respecto a ellas.
Todo esto sugiere, que el realizar una interpretación mutativa constituye un hecho crucial, tanto para el
analista como para el paciente, y que al hacerlo se está exponiendo a algún peligro grande. Podremos
comprender mejor esta cuestión cuando reflexionemos que el analista en el momento de la interpretación, en
realidad está evocando deliberadamente una cantidad de energía del ello del enfermo, viviente, definida y que
se dirige directamente hacia él. Tal momento, más que ningún otro, pone a prueba sus relaciones con sus
propios impulsos inconscientes.
RESUMEN
Concluiré resumiendo los cuatro puntos principales de la hipótesis que he expuesto anteriormente:
1) El resultado final de la terapia psicoanalítica es permitir que toda la organización mental del paciente
neurótico, detenida en un estadio infantil del desarrollo, continúe su progresión hacia la condición
normal del adulto.
2) La principal alteración efectiva consiste en una modificación cualitativa profunda del superyó del
paciente, de la que se derivan, en general automáticamente, las otras alteraciones.
3) Esta modificación del superyó del enfermo se lleva a cabo en una serie de innumerables pasos
pequeños, por la acción de interpretaciones mutativas que efectúa el analista en virtud de que es el
objeto de los impulsos del ello del paciente, y debido a su posición de superyó auxiliar.
4) El hecho de que la interpretación mutativa sea el factor operativo esencial en la acción terapéutica del
psicoanálisis no implica la exclusión de otros procedimientos (tales como la sugestión, el apoyo, la
abreacción, etc.) como agentes en el tratamiento de algún enfermo en particular.
Traducido por Juan Carlos Bisi.
- 983 -
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
Article Citation [Who Cited This?]
Strachey, J. (1948). NATURALEZA DE LA ACCIÓN TERAPÉUTICA DEL PSICOANÁLISIS (1). Rev.
Psicoanál., 5(4):951-983
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).
PEP-Web Copyright
Copyright. The PEP-Web Archive is protected by United States copyright laws and international
treaty provisions.
1. All copyright (electronic and other) of the text, images, and photographs of the publications
appearing on PEP-Web is retained by the original publishers of the Journals, Books, and Videos.
Saving the exceptions noted below, no portion of any of the text, images, photographs, or videos
may be reproduced or stored in any form without prior permission of the Copyright owners.
2. Authorized Uses. Authorized Users may make all use of the Licensed Materials as is consistent
with the Fair Use Provisions of United States and international law. Nothing in this Agreement is
intended to limit in any way whatsoever any Authorized User’s rights under the Fair Use provisions
of United States or international law to use the Licensed Materials.
3. During the term of any subscription the Licensed Materials may be used for purposes of research,
education or other non-commercial use as follows:
a. Digitally Copy. Authorized Users may download and digitally copy a reasonable portion of the
Licensed Materials for their own use only.
b. Print Copy. Authorized Users may print (one copy per user) reasonable potions of the Licensed
Materials for their own use only.
Copyright Warranty. Licensor warrants that it has the right to license the rights granted under this
Agreement to use Licensed Materials, that it has obtained any and all necessary permissions from
third parties to license the Licensed Materials, and that use of the Licensed Materials by Authorized
Users in accordance with the terms of this Agreement shall not infringe the copyright of any third
party. The Licensor shall indemnify and hold Licensee and Authorized Users harmless for any losses,
claims, damages, awards, penalties, or injuries incurred, including reasonable attorney's fees, which
arise from any claim by any third party of an alleged infringement of copyright or any other property
right arising out of the use of the Licensed Materials by the Licensee or any Authorized User in
accordance with the terms of this Agreement. This indemnity shall survive the termination of this
agreement. NO LIMITATION OF LIABILITY SET FORTH ELSEWHERE IN THIS AGREEMENT IS
APPLICABLE TO THIS INDEMNIFICATION.
Commercial reproduction. No purchaser or user shall use any portion of the contents of PEP-Web
in any form of commercial exploitation, including, but not limited to, commercial print or broadcast
media, and no purchaser or user shall reproduce it as its own any material contained herein.
Copyrighted Material. For use only by REVAPA,PEPWeb. Reproduction prohibited. Usage subject to PEP terms & conditions (see terms.pep-web.org).