Comprendiendo la Hipnosis y sus Ondas Cerebrales
Comprendiendo la Hipnosis y sus Ondas Cerebrales
Mitos.-
Existen demasiadas equivocaciones con respecto a la hipnosis,
muchas de las cuales han sido difundidas por películas que
tratan de personas convertidas en zombis por una persona
extremadamente poderosa que exclama: « ¡Mírame a los ojos!»
Esto puede resultar interesante, pero es mera ficción y no tiene
ninguna relación con la verdad. A continuación expondremos
algunos de los mitos más comunes y los explicaremos.
Estado hipnótico.-
Cualquier persona sometida a hipnosis está muy consciente de
dónde se encuentra y de lo que está ocurriendo. El sujeto
escucha todo lo que sucede mientras está inmerso en un estado
parecido al sueño diurno, profundamente relajado. A menudo
siente el cuerpo entumecido o no tiene consciencia de tener
cuerpo.
Autohipnosis.-
Es posible autohipnotizarse. Muchas personas lo hacen
diariamente para impartirse órdenes constructivas. Es mucho
más sencillo autohipnotizarse si ya se ha pasado por la
experiencia de haber sido hipnotizado por otra persona y haber
recibido las instrucciones para hacerlo. Por medio de este libro
aprenderéis a hipnotizar a otras personas pero con las mismas
instrucciones aprenderéis a autohipnotizaros. Si trabajáis con
alguien que os hipnotice, aceleraréis el propaso de aprendizaje
de la autohipnosis.
Gastos.-
Alquiler (a menos que trabajéis en vuestra propia casa).
Publicidad. La publicidad es cara, pero necesaria en cierto grado.
Un anuncio (quizá de un tamaño aproximado de 7,5 x 10
centímetros) en el periódico del domingo será suficiente. Con un
contrato a largo plazo, será posible conseguir un precio más
bajo. Es ineludibleun pequeño anuncio en las páginas amarillas
de la guía de teléfonos. Un 70 por 100 de mis pacientes llegaron a
través de este medio; un 20 por l00 de la transmisión boca a
boca, y el 10% restante por medio del periódico.
Aceptad cualquier invitación para hablar sobre la hipnosis,
incluso reuniones en clubes locales, escuelas secundarias o
universidades y también reuniones de amigos, ya que
representan una excelente publicidad.
Honorarios.-
Cuando me retiré en el año 1992, mis honorarios eran de 50
dólares por sesión (cada sesión dura entre 30 minutos y una
hora). No prolongo la sesión más de una hora porque lo
encuentro contraproducente para el paciente. Los honorarios
incluyen la consulta previa y la consulta posterior a la hipnosis,
una cinta donde he grabado una de las sesiones (normalmente la
sesión número 5) y la información para la autohipnosis. Si tengo
que desplazarme, cobro una suma modesta en concepto del
tiempo de traslado y de la gasolina si el domicilio del paciente
dista más de 8 ó 9 kilómetros de donde me encuentro.
En algunas zonas del país (incluso en las grandes áreas
metropolitanas) es razonable cobrar entre 50 y 100 dólares por
sesión. Para ciudades pequeñas o zonas rurales es más adecuado
cobrar entre 20 y 40 dólares. Será preciso que evaluéis vuestra
situación para establecer vuestros propios honorarios.
Mi filosofía es que se debe cobrar lo necesario para cubrir gastos
y obtener una retribución que se ajuste al tiempo empleado y a la
experiencia del hipnotizador.
Debéis tratar de ofrecer el paciente el menor número de sesiones
posibles para alcanzar el objetivo deseado. Yo nunca he visto a
un paciente más de seis veces, ya que deseo que sea
independiente y capaz de resolver sus problemas por sí mismo. A
partir de la segunda sesión enseño a los pacientes a practicar la
autohipnosis para que dispongan de los recursos necesarios para
resolver sus problemas con la misma efectividad que lo haría yo.
Os recomiendo la misma estrategia en vuestra práctica. No seáis
codiciosos; debéis pensar, en primer lugar, en las necesidades de
los pacientes. De este modo trabajaréis correctamente.
Os recomiendo muy especialmente que solicitéis el pago de la
sesión por adelantado, ya que una vez concluida no habrá forma
de cobrar si el paciente decide no pagar u os entrega un talón en
descubierto. También es posible ofrecer un incentivo para esta
condición de pago por anticipado, por ejemplo que paguen cinco
sesiones en la primera consulta y se beneficien de una sexta
sesión gratuita.
CÓMO PRACTICAR LA HIPNOSIS
En primer lugar, debéis memorizar los ejercicios o, en su
defecto, tenerlos a mano para poder leerlos fácilmente. Luego es
necesario tener en cuenta una serie de situaciones, incluyendo el
tono de voz y el ritmo del discurso; la posición del sujeto y la
vuestra; el ambiente (incluyendo la iluminación, el ruido y los
sonidos de fondo); la grabación de las sesiones; la utilización de
un equipo exterior; la observación del paciente y, finalmente, la
comprobación de los resultados.
Tono de vez y ritmo del discurso.-
Utilizad vuestro propio tono de voz. Esto puede parecer una
afirmación fútil pero no lo es. He observado que muchos
hipnotizadores principiantes alteran deliberadamente su vez
durante las sesiones con el propósito de conseguir más
resonancia, más profundidad y cierta teatralidad. Esto es una
tontería; utilizad vuestra voz normal. Obviamente es una ventaja
tener una voz melodiosa y de gran resonancia, pero no es
fundamental. Es mucho más importante saber lo que se está
haciendo y tener una buena relación con el paciente.
Sin embargo, es necesario practicar el ritmo del discurso, ya que
éste debe ser lo suficientemente lento como para ofrecer al
sujeto el tiempo necesario para responder a vuestras directivas y
lo suficientemente rápido como para retener su atención e
interés. Si el ritmo es demasiado lento, la mente del paciente
puede desviarse hacia otros pensamientos, y es preciso lograr
que preste atención a vuestra voz. La experiencia os ayudará a
encontrar el ritmo adecuado.
Una pausa de dos a cinco segundos es un buen promedio. Por
ejemplo, relaje sus rodillas (pausa de dos segundos); relaje sus
pantorrillas (pausa de dos segundos); imagine una
escalera (pausa de tres segundos); está alfombrada. Imagine
usted la alfombra (pausa de tres segundos).
En algunos ejercicios de visualización puede ser necesario hacer
pausas prolongadas. Por ejemplo: imagine que está de pie en la
parte superior de una escalera de caracol (pausa 3
segundos); imagine cómo es la escalera (pausa 3 segundos); está
alfombrada (pausa 3 segundos); imagine cómo es la
alfombra (pausa 3 segundos).
No utilicéis el reloj para establecer el tiempo para las pausas;
hacedlo intuitivamente. Cuando dirijo la hipnosis, yo ejecuto las
instrucciones al tiempo que las indico, y de este modo encuentro
el ritmo adecuado.
Hablad en un tono de voz algo apagado y monótono. La idea es
aburrir la mente consciente del sujeto hasta el punto en que deje
de ser activa, permitiendo que la mente subconsciente esté
accesible y receptiva a la sugestión. Una excesiva inflexión de la
voz o demasiado dramatismo, pueden dar como resultado que la
mente consciente del sujeto pierda interés y permanezca activa,
impidiendo que la relajación profunda y la sugestión resulten
efectivas.
Posición física.-
Se puede practicar la hipnosis de pie o sentado. Los pacientes
pueden reclinarse en un sofá que sea cómodo, sentarse en una
silla de respaldo recto, tumbarse sobre una cama o en el suelo,
sentarse con las piernas cruzadas o permanecer de pie. Todas las
posiciones son correctas, pero no necesariamente para todas las
situaciones. Por ejemplo, un breve procedimiento de dos
minutos destinado a eliminar un dolor es adecuado para una
persona que está de pie, pero un procedimiento de treinta
minutos cuyo objetivo sea el control de la dieta no puede
practicarse con un paciente que permanezca de pie.
Una silla reclinable o de respaldo recto, o una silla sin
apoyabrazos, son las más indicadas para dicha situación, ya que
ofrecen al sujeto un soporte adecuado y resultan cómodas;
además, será difícil que el sujeto se duerma sentado en
cualquiera de dichas sillas. Yo prefiero que mis pacientes utilicen
una silla reclinable. Sin embargo, cuando practico la
autohipnosis opto por una silla de respaldo recto y sin
apoyabrazos. Como operador, también me inclino por este tipo
de silla.
Tumbarse sobre una cama resulta cómodo para el sujeto, pero
tiene la desventaja de que éste puede dormirse durante la
sesión, ya que tanto el cuerpo como la mente están
condicionados a dormir cuando el individuo adopta esta
posición y el cerebro alcanza alfa. Un operador experimentado
puede evitar que esto suceda. Obviamente, cuando se trabaja
con alguien que está postrado en la cama, se debe trabajar en
esta posición.
Tumbarse en el suelo ofrece el mismo inconveniente: el sujeto
tenderá a dormirse. Además, el suelo suele resultar incómodo y,
por esta razón, no lo recomiendo cuando se utilizan
procedimientos de larga duración.
Sentarse con las piernas cruzadas en el suelo también resulta
una posición incómoda y no es aconsejable para procedimientos
prolongados. Acostumbro utilizar esta posición para meditar
(una forma de autohipnosis) y obtengo excelentes resultados.
Cierta vez permanecí en meditación profunda durante una hora
y media en esta posición sin experimentar ninguna
incomodidad física. Dudo que una persona inexperta pudiera
permanecer en dicha posición y luego ser capaz de ponerse de
pie y, menos aún, de echarse a andar.
En general, mis pacientes utilizan la silla reclinable, y yo me
coloco frente a ellos en una silla de respaldo recto. La distancia
entre ambos es de unos 60 centímetros a 1,50 metros. Es
completamente indiferente que entre nosotros haya una mesa o
un escritorio. Yo me coloco lo suficientemente cerca del sujeto
como para hablar en un tono de voz normal y que me escuche
perfectamente, pero lo suficientemente lejos como para no
intimidarlo/a. Para algunos procedimientos que empleo en
ocasiones especiales, debo estar de pie junto al sujeto o incluso
tener un contacto físico con él/ella. Ésta no es la regla, sino una
excepción.
Lo ideal es que la silla del sujeto esté ubicada de forma tal que
sus ojos no reciban la luz. Las ventanas (a menos que las cortinas
sean muy gruesas) y las luces deben estar por detrás del
paciente, ya que de esta forma le resultará más sencillo relajarse
y estar cómodo/a.
Equipo auxiliar.-
Todo lo que se necesita es una grabadora portátil económica. Yo
la utilizo para grabar uno de los procedimientos de inducción
hipnótica mientras la practico y luego doy la cinta al paciente
(véase el capítulo 6). Si decidís utilizar sonidos de fondo, el
equipo también os servirá para ese fin.
Algunos hipnotizadores utilizan un dispositivo de descargas
eléctricas para condicionar a sus pacientes. Por ejemplo, durante
la fase de sugestión el operador puede decir: Imagine que está
usted fumando un cigarrillo. Aspire una bocanada de humo. (En
ese momento pulsan un botón y el sujeto recibe una descarga
eléctrica.) De este modo el sujeto equipara la acción de fumar a
una experiencia dolorosa. Estoy absolutamente en contra de este
tipo de procedimientos y dispositivos; pueden resultar
peligrosos y dañinos y son totalmente innecesarios. Un buen
hipnotizador puede alcanzar los mismos resultados sin recurrir
a dichos métodos. En una ocasión alquilé un despacho que
disponía de uno de estos equipos y me negué a aceptarlo como
parte del mobiliario, eludiendo firmar el contrato hasta que lo
retiraran. Mi consejo es que EVITÉIS CUALQUIER TIPO DE
DISPOS1TIVOS.
Observación del sujeto.-
Los puntos clave a tener en cuenta son los patrones respiratorios
y el tono muscular. Cuando el sujeto se sume en una relajación
profunda, la respiración es rítmica y ligera. De vez en cuando el
sujeto respira profundamente con una exhalación suave.
Observad las manos del paciente. ¿Sujetan los apoyabrazos?
¿Están inquietas? ¿Están crispadas? ¿O descansan sin evidenciar
tensión alguna?
La cabeza debe caer hacia delante debido a que los músculos del
cuello se relajan. La mandíbula debe estar floja. No debe haber
indicios de que los músculos están tensos ni rígidos.
Es posible que los párpados evidencien un ligero latido pero esto
no indica que exista tensión, por el contrario es un signo de que
el sujeto se encuentra en el estado denominado REM
(movimiento ocular rápido). Este estado tiene lugar cuando la
actividad del cerebro se desarrolla a unos 10 ciclos por segundo,
es decir se encuentra en la gama alfa. Si se observa el REM, el
sujeto está hipnotizado, aunque también puede suceder que un
sujeto hipnotizado no revele un REM.
En general, debéis buscar signos que os indiquen que el sujeto
está relajado para cercioraros de que está sumido en la hipnosis.
Los signos de tensión o nerviosismo indican que no ha sido
hipnotizado o que sólo está en una primera etapa del estado
hipnótico.
No debéis preocuparos si el sujeto no parece relajarse
demasiado. Ninguna persona reacciona igual que otra ante la
hipnosis. Simplemente debéis continuar con los ejercicios, ya
que serán efectivos en la mayoría de los casos.
He tenido pacientes que se relajaban completamente unos pocos
minutos después de comenzar la inducción hipnótica. Otros se
mostraban inquietos durante la mayor parte de la primera
sesión para luego relajarse sólo ligeramente. Unos pocos no
llegaron a relajarse hasta la segunda sesión. Solamente en una
ocasión no conseguí hipnotizar al sujeto, que después de la
tercera sesión, aún estaba tensa y en un estado de gran
excitabilidad. Le devolví su dinero y la mandé a un colega (que
obtuvo los mismos resultados insatisfactorios).
El mejor indicador de la respuesta de un paciente a la hipnosis es
preguntarle cómo se ha sentido una vez haya concluido la sesión.
El paciente os comunicará si ha logrado relajarse y lo que ha
experimentado. Es obvio que el mejor indicador es el resultado
final; por ejemplo, cuando el propósito de la sesión de hipnosis
sea abandonar el hábito de fumar y el paciente lo logre.
Comprobación.-
Algunos hipnotizadores realizan pequeñas pruebas durante la
inducción hipnótica con el fin de verificar si el procedimiento
está resultando efectivo. Por ejemplo, pueden solicitar al sujeto
que levante un brazo: «Su brazo es como un tronco, rígido e
inmóvil.» Si el paciente responde levantando el brazo, será
evidente que aún no está sumido en la hipnosis. Si no lo levanta,
la sugestión ha dado como resultado un cierto nivel de hipnosis.
Yo no realizo ninguna verificación. Mi teoría es que dichas
comprobaciones crean dudas en la mente del paciente, que
puede pensar: « ¿Acaso no está seguro de lo que hace?» « ¿Quizá
no soy un sujeto hipnotizable?» « ¿Será efectiva la sesión?» Y, por
otro lado, ¿qué es lo que haríais si la prueba falla y el paciente
levanta el brazo? Lo único que se puede hacer es continuar con la
sugestión, es decir, lo mismo que hubierais hecho de cualquier
modo. Debéis tener fe: la inducción hipnótica es efectiva.
CONSULTA ANTERIOR A LA HIPNOSIS
Esta consulta precede a la primera sesión de hipnosis, de la que
hablaremos en el próximo capítulo, y no se debería omitir, pues
es muy importante. (También se recomienda una especie de
consulta previa a la hipnosis para practicar la autohipnosis;
véase el capítulo 11.)
El objetivo de esta consulta tiene varias facetas. En principio es
el momento en el que se explica al paciente qué es la hipnosis y
en el que se responden las preguntas que surjan de esta
conversación. Brinda la oportunidad de establecer una relación
con el sujeto, ganar su confianza y hacer que realice diversos
ejercicios muy simples para que se tranquilice y se sienta
cómodo. Existen algunas preguntas clave que es necesario
formular al sujeto para decidir si es viable continuar con la
hipnosis real.
Si el sujeto no se siente muy inclinado a que lo hipnoticéis
(después de haberle explicado detalladamente el programa a
seguir), no debéis intentarlo. Lo aconsejable es pedirle que
piense en ello durante unos días, y decirle que estáis dispuestos
a responder cualquier pregunta.
En el caso contrario, cuando el paciente desea ser hipnotizado,
pero vosotros tenéis ciertas reservas, no deberíais hacerlo. Es de
vital importancia que entre ambos se establezca una relación de
confianza para que el programa sea un éxito. No debéis olvidar
que el objetivo de la hipnosis es ayudar a otra persona para que
sea capaz de gobernar su forma de conducirse y mejorar en algún
sentido la calidad de su vida. Esto es difícil de conseguir si
surgen obstáculos (tal como falta de confianza, aprehensión,
etc.) entre el operador y el sujeto.
No debéis titubear si creéis que no es necesario hipnotizar al
sujeto. Cierta vez acudió a mi consulta una mujer que iba a
iniciar una serie de seis sesiones con el propósito de controlar su
dieta. En la consulta previa a la hipnosis, mi sexto sentido me
indicó que no había armonía entre nosotros. Después de
formularle muy amablemente una serie de preguntas, la mujer
reconoció que sentía aversión por los hombres en general y que
no se fiaba de ellos. Rápidamente agregó: «Sin embargo, no
permitiré que este sentimiento interfiera en nuestro
tratamiento.» Obviamente, sus buenas intenciones no eran
suficientes; ella necesitaba ocuparse de ese odio antes de
dedicarse a controlar su dieta, y sólo lo lograría con alguien que
le inspirara absoluta confianza. Por lo tanto, decliné aceptarla
como paciente y le sugerí que consultara con una colega, con
quien fue capaz de solucionar el odio hacia los hombres y su
compulsión a comer. Fue entonces cuando me llamó para
agradecerme mi ayuda. No tengo ninguna duda de que ella
hubiera recurrido directamente a una mujer en caso de conocer
alguna. Una vez más, mi consejo es que penséis siempre qué es lo
mejor para el paciente, aunque con ello perdáis la oportunidad
de ganar dinero o de vivir una experiencia interesante.
ÁREAS PROBLEMÁTICAS
Atención médica. Si el sujeto está bajo atención médica, no se
debe interferir con ese tratamiento; no debéis jugar a ser
médicos, a menos que lo seáis de verdad (pocos médicos
conocen o practican la hipnosis), ya que ése no es vuestro papel y
puede resultar muy perjudicial para el sujeto. En los casos en
que el paciente está bajo tratamiento médico, le pido permiso
para hablar con el profesional que lo atiende. Si el sujeto no me
autoriza, entonces no acepto trabajar con él. Si, por el contrario,
está de acuerdo, puedo realizar mi trabajo con la ayuda de la
información obtenida durante la conversación con el médico.
Descubrir el motivo real. Con frecuencia el objetivo que el
paciente esgrime para someterse a la hipnosis no es el problema
real. A continuación expondré uno de los casos que ilustran este
punto con cierto humor: una atractiva mujer de mediana edad
acudió a mi consulta para ponerse a dieta. No me pareció que
tuviera problemas de exceso de peso, pero, a pesar de todo, le
expliqué qué era la hipnosis, dándole a conocer mi programa de
control de la dieta. Después de mis explicaciones, aún mostraba
cierta aprehensión a ser hipnotizada, de modo que continué
formulándole preguntas hasta que admitió que temía que yo
pudiera aprovecharme sexualmente de ella mientras estaba
hipnotizada. Le comuniqué que estaría consciente en todo
momento de lo que sucedería y que yo no podía forzarla a hacer
algo que ella no haría estando consciente. Sonriendo me
respondió:
”Precisamente ése es el problema”
Hace algunos años dejé de practicar la hipnosis con el fin
específico de controlar la dieta, las fobias o el hábito de fumar, y
comencé a trabajar con el único objetivo de mejorar la
autoimagen y tratar el estrés, pues considero que ambos
problemas son la clave para solucionar todos lo demás.
Obviamente, en cualquier caso puedo sugerir al paciente que
deje de fumar o que regule su apetito, pero el objetivo
primordial se centra en mejorar la autoimagen y/o controlar el
estrés. Estimo que cuando la imagen personal está equilibrada,
los problemas desaparecen o, al menos, es posible abordarlos de
una forma satisfactoria.
Mantener la calma. En ocasiones pueden ocurrir situaciones
extrañas y debéis estar preparados para solucionarlas con
serenidad y aplomo. El sujeto no debe pensar en ningún
momento que no domináis la situación. Nunca debéis mostraros
consternados, confundidos ni molestos, ni tampoco reprender
al sujeto ni expresar desilusión ante una respuesta. Debéis
aceptar todo lo que el sujeto diga y saber cómo tratar la
situación.
Nunca, repito nunca, debéis juzgar a vuestros pacientes.
Pongamos por caso que en una sesión surge el tema del aborto y
sois radicalmente antiabortistas; no intentéis ayudar a la joven
soltera que se siente culpable por haber abortado, ya que
vuestros propias sentimientos pueden aumentar su culpabilidad
en vez de ayudarla.
En cierta ocasión tuve que solucionar una de esas raras
situaciones: una mujer de mediana edad llegó a mi consulta en
un estado de histeria. Lloraba, chillaba y balbuceaba
incoherencias. Por fortuna, disponía de una hora antes de mi
próxima cita. Mi esposa, que era mi recepcionista, me ayudó a
conducirla hasta uno de los sofás y yo me senté frente a ella sin
decir ni una palabra. Dejé que llorara hasta que el cansancio la
venciera. A través de las palabras que murmuraba supe que
deseaba suicidarse y que estaba pensando en hacerlo cuando se
dirigía a mi consulta. Los detalles en los que se apoyaba esta
decisión no son relevantes para este ejemplo; su vida era una
completa confusión. Agotada por el llanto, finalmente me dijo:
«Siento haberlo importunado. Sé que no es posible
hipnotizarme ni ayudarme mientras me encuentre en este
estado.»
«Hablemos de ello», le respondí. «Sus ojos están rojos, parecen
arder.» Ella asintió. « ¿Por qué no los cierra y descansa un poco
mientras hablamos?» Así lo hizo, y a los pocos minutos estaba
sumida en estado hipnótico sin apenas darse cuenta. Mi
propósito era inducirla a que se comprometiera consigo misma a
vivir dos semanas más para tener la oportunidad de ayudarla. La
historia tuvo un final feliz. Después de cuatro sesiones
realizadas a lo largo de dos semanas, rechazaba la idea del
suicidio y comenzaba a recuperar su deseo de vivir. En las
siguientes semanas consiguió reestructurar su vida.
Olvido de las palabras. Si os olvidáis de las palabras que tenéis
que decir para hipnotizar al sujeto, no debéis perder la calma,
balbucear ni disculparos. Simplemente deteneos un momento
para luego continuar con la relajación, diciendo, por ejemplo:
«Relájese profundamente, cada vez más profundamente con
cada respiración.» Poco tiempo después, recordaréis las palabras
olvidadas (de lo contrario podéis buscar las hojas donde
previamente las habréis copiado). Mientras tanto, podéis
improvisar el texto hablando en un tono suave, lento y seguro.