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Busqueda Del Caso

Este documento presenta el caso clínico de "El hombre de las ratas" descrito por Freud en 1909. Se resume la historia del paciente Paul Lorenz, un estudiante de 29 años que sufría de neurosis obsesiva. El tratamiento psicoanalítico reveló que sus obsesiones se originaron en experiencias sexuales infantiles y temores relacionados con la muerte de su padre. El caso ilustra conceptos freudianos como el inconsciente, el conflicto entre deseos y defensas, y la génesis de los síntomas obsesivos a partir de

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Este documento presenta el caso clínico de "El hombre de las ratas" descrito por Freud en 1909. Se resume la historia del paciente Paul Lorenz, un estudiante de 29 años que sufría de neurosis obsesiva. El tratamiento psicoanalítico reveló que sus obsesiones se originaron en experiencias sexuales infantiles y temores relacionados con la muerte de su padre. El caso ilustra conceptos freudianos como el inconsciente, el conflicto entre deseos y defensas, y la génesis de los síntomas obsesivos a partir de

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ESCUELAS PSICOLOGICAS DINAMICAS

ACTIVIDAD 1-BUSQUEDA DEL CASO

MARIA LEAL

TUTORA

ANA DANIELA HIDALGO

JULIETH TATIANA NARANJO

ESTUDIANTES

CORPORACION UNIVERSITARIA IBEROAMERICANA

FACULTAD DE PSICOLOGIA

SEPTIEMBRE 2019
INTRODUCCION

La mente se divide en tres niveles. La más evidente: el consciente, que incluye todo de lo
que nos damos cuenta; el preconsciente, que representa la memoria ordinaria -acudimos a
ella para rescatar información-; y el inconsciente, que guarda pensamientos y sentimientos
menos aceptados. El inconsciente influye en nuestro comportamiento sin darnos cuenta, de
ahí la importancia de los sueños como material reprimido que aflora. Para visualizar esta
teoría, el padre del psicoanálisis decía que el consciente era la punta del iceberg, al
preconsciente, la parte intermedia, y el inconsciente, la base.

Este caso escrito por Freud en 1909 y titulado A propósito de un caso de neurosis obsesiva
“el Hombre de las Ratas” contiene en su presentación diversos aspectos clínicos
importantes. Se pueden tener variadas lecturas, según lo que se destaque de él. Por esto ha
habido heterogéneos abordajes al paso de los años. Una de ellas ha sido la que Lacan
realiza en el Seminario 0 titulado: El mito individual del neurótico: Poesía y verdad en la
neurosis en 1953. En este apartado se retomará la presentación de Freud de su material
clínico y las nuevas aportaciones que Lacan dio de este en el seminario citado, así como en
algunos otros textos.
Caso clínico “El hombre de las ratas”.

Ficha clínica del paciente.

Datos generales

Nombre: Paul Lorenz.

Edad: 29 años.

Sexo: Masculino.

Nivel de escolaridad: Estudiante universitario.

Psicopatología: Neurosis Crónica.

Duración del tratamiento: 1 año.

Resultado: Se logró la cura del paciente.

Motivo de consulta:

Se presenta en mi consulta manifestando padecer representaciones obsesivas ya desde su


infancia, pero con particular intensidad desde cuatro años atrás. El contenido principal de
su dolencia era el temor de que les sucediera algo a las dos personas a las que más quería:
su madre y la dama de sus pensamientos. Sentía, además, impulsos obsesivos, tales como el
de cortarse el cuello con una navaja de afeitar, y se imponía prohibiciones que se extendían
también a cosas triviales e indiferentes. La lucha contra sus ideas obsesivas le había hecho
perder mucho tiempo, retrasándole en su carrera. De todos los tratamientos ensayados, sólo
uno le había aliviado algo: una cura hidroterápica en un balneario, pero sólo porque durante
su estancia en el mismo halló ocasión de desarrollar una actividad sexual regular. Aquí, en
Viena, no se le ofrecía ocasión semejante, y sólo raras veces y con grandes intervalos
cohabitaba. Las prostitutas le repugnaban. En general, su vida sexual había sido muy
limitada. El onanismo había desempeñado en ella muy escaso papel, y sólo a los dieciséis o
los diecisiete años. Su potencia era normal, y hasta los veintiséis años no había conocido
mujer.

Iniciación del tratamiento:

El tratamiento inicio con la tarea de comunicar todo lo que se le viniera a las mientes,
aunque le fuera desagradable hablar de ello o le pareciera nimio, incoherente o disparatado,
y habiendo dejado a su arbitrio la elección del tema inicial de su relato, comenzó por lo
siguiente: Tiene un amigo al que estima mucho. Siempre que se ve atormentado por un
impulso criminal, acude a él y le pregunta si le desprecia considerándole como un
delincuente. El amigo le da ánimos, asegurándole que es un hombre irreprochable, sujeto
tan sólo desde su juventud a analizar sus actos con temeroso escrúpulo infundado. Análoga
influencia hubo de ejercer antes sobre él otra persona: un estudiante que tenía diecinueve
años cuando él catorce o quince, y cuya estimación elevó su opinión sobre sí mismo, hasta
el punto de que llegó casi a creerse un genio. Aquel estudiante pasó luego a darle clases
particulares, y entonces varió bruscamente de actitud para con él, dándole a entender que
era un inútil. Por fin advirtió que si antes le había mostrado simpatía había sido tan sólo
para lograr su amistad y conseguir ser recibido en su casa, pues estaba enamorado de una
de sus hermanas. Esta fue la primera grave desilusión de su vida.

Sexualidad infantil:

Hablando de su sexualidad infantil el comento que a la edad de 4 a 5 años tuvo una


institutriz, llamada Fraülein Peter, a quien una noche le pidió permiso para meterse debajo
de sus faldas, dejándole a condición que no le contara a nadie, en el relato el me dijo: “Pude
tocarle sin dificultad sus partes íntimas y todo su cuerpo” y desde entonces tengo una gran
curiosidad de contemplar el cuerpo desnudo de una mujer. A partir de los 6 años de edad
este ya presentaba erecciones este una vez se quejó con su madre, está ya sospechaba la
relación de aquel fenómeno con su imaginación y curiosidad, el comento: “Y yo andaba
preocupado con la idea morbosa de que mis padres conocían mis íntimos pensamientos, por
haberlos revelado yo mismo sin darme cuenta. Veo aquí el comienzo de mi enfermedad.
Había muchachas que me gustaban mucho y a las que deseaba ardientemente ver desnudas;
pero tales deseos iban acompañados de una sensación de inquietud, como si por pensar
aquellas cosas hubiera de suceder algo y tuviera yo que hacer todo lo posible para evitarlo.»
(Interrogado por mí, señala, como ejemplo de tales temores, el de que su padre muriera.)
«La idea de la muerte de mi padre me preocupó desde muy temprana edad y durante mucho
tiempo, causándome gran tristeza.» En este punto me entero, para mi sorpresa, de que el
padre del sujeto, al que todavía hoy se refieren los temores obsesivos que le atormentan, ha
muerto hace ya varios años.

Aquellos sucesos de sus seis o siete años que nuestro paciente nos describe en la primera
sesión del tratamiento no constituyen tan sólo el comienzo de su enfermedad, sino ya la
enfermedad misma, una neurosis obsesiva completa, a la que no falta ningún elemento
esencial y que es, al mismo tiempo, el nódulo y el prototipo del padecimiento ulterior,
constituyendo el organismo elemental, cuyo estudio es el único medio que puede aclararnos
la complicada estructura de la enfermedad actual. Vemos al niño bajo el dominio de uno de
los componentes del instinto sexual, el placer visual, resultado del cual es el deseo,
emergente siempre de nuevo con gran intensidad, de ver desnudas a las personas femeninas
que son de su agrado. Este deseo corresponde a la idea obsesiva ulterior, y si no entraña aún
carácter obsesivo, es porque el yo no se ha situado todavía en franca contradicción con él y
no lo siente como algo ajeno a sí mismo; pero ya se inicia, sin que sepamos de dónde
procede, una oposición a tal deseo, pues un afecto penoso acompaña regularmente la
aparición del mismo.

En la vida anímica del pequeño voluptuoso hay un conflicto. Junto al deseo obsesivo existe
un temor obsesivo íntimamente enlazado a él. Siempre que el sujeto piensa algo
relacionado con su deseo, surge en él el temor de que va a suceder algo terrible, y este algo
reviste ya una indeterminación característica concomitante siempre a las manifestaciones de
la neurosis. Si conseguimos encontrar un detalle en el que se haya concentrado alguna de
las vagas generalidades de la neurosis obsesiva, podremos estar seguros de que tal detalle
encierra el elemento original y auténtico que debía ser encubierto por la generalización. El
temor obsesivo era, pues, en este caso, reconstruido según su sentido, el siguiente: «Si
tengo el deseo de ver desnuda a una mujer, mi padre morirá.» El afecto penoso toma
claramente un matiz inquietante y supersticioso y da ya origen a impulsos tendentes a hacer
algo para alejar la desgracia, tales como se impondrán luego en las ulteriores medidas de
protección.

Hallamos, pues, un instinto erótico y una rebelión contra él mismo, un deseo (no obsesivo
aún) y un temor contrario (obsesivo ya), un afecto penoso y un impulso a la adopción de
medidas defensivas; esto es, el inventario completo de la neurosis. Y todavía algo más: una
especie de delirio o manía de contenido singular, según el cual sus padres conocían sus más
íntimos pensamientos, porque él mismo los revelaba en voz alta sin darse cuenta.

El gran temor obsesivo:

Paul cuenta que haciendo maniobras militares, en una marcha, perdió sus quevedos
(anteojos). Luego charló con unos oficiales, uno que le parecía que era cruel debido a
distintas razones. Este Capitán “cruel” contó sobre una tortura que se hacía en Oriente, que
consistía en atar al condenado y colocarle sobre el trasero una lata por la que luego hacían
entrar ratas (Raten) que se introducían por su ano. (Más adelante se verá que RATTEN se
relaciona con SPIELRATTEN, que significa “rata de juego” y que se refiere al padre de
Paul). Freud dice que Paul contaba esto con una expresión que podría entenderse como de
“horror ante su placer, placer por el ignorado”. Paul dice que mientras le contaban esa
tortura, lo asaltó el pensamiento de que eso mismo le ocurría a una persona que él quería (a
la dama amada y a su padre). Y para que aquello no ocurriera, Paul debió realizar en su
momento una acción obsesiva que consistía en pronunciar un “pero” seguido de un
movimiento de las manos. Este temor obsesivo es curiosamente más disparatado al tener en
cuenta que el padre de Paul ya había muerto. Al día siguiente de aquel relato, el Capital
cruel le alcanzó un paquete con sus quevedos perdidos, que le habían sido reenviados por
correo, y le dijo que un teniente había pagado ese reembolso y que Paul debía devolvérselo
a ese mismo teniente. Y en ese momento se le ocurrió a Paul que debía devolver ese dinero
a ese teniente o que de lo contrario ocurriría esa escena de la tortura de las ratas con su
padre y con la dama amada. El Capitán Cruel se había equivocado y en realidad no era al
teniente a quien debía devolverle el dinero Paul (sino a la empleada de la estafeta postal);
pero Paul ya se había hecho el juramento de que debía devolverle a ese teniente el dinero
para que no ocurriera aquello terrible, así que dio una serie de vueltas confusas para
finalmente poder terminar dándole el dinero a ese teniente y no a otro.

Introducción sobre la naturaleza de la cura:

La técnica psicoanalítica obliga al médico a reprimir su curiosidad, y dejar que el paciente


fije con plena libertad el orden de sucesión de los temas en el análisis. Por tanto en la cuarta
sesión recibí al paciente con la pregunta « ¿Cómo va usted a continuar hoy?» «Me he
decidido a contarle a usted algo que me parece muy importante y que me atormenta desde
un principio», respondió. Y comenzó a desarrollar, con minuciosa extensión, el historial
clínico de su padre, muerto

Nueve años atrás a consecuencia de un enfisema. Una noche, creyendo que la enfermedad
de su padre podía hacer una crisis favorable, preguntó al médico cuándo podría
considerarse pasado el peligro. El médico le respondió que al cabo de cuarenta y ocho
horas. No se le ocurrió que su padre pudiera morir antes de tal término y a las once y media
de la noche se acostó para dormir una hora. Pero cuando a la una despertó, un amigo
médico le comunicó que su padre acababa de morir. El sujeto se reprochó no haber estado
al lado de su padre en el momento de la muerte, y más duramente aun cuando la enfermera
le dijo que antes había pronunciado el enfermo su nombre, y al acercarse ella le había
preguntado: «¿Eres Pablo?» Creía advertir que su madre y sus hermanas se hacían análogo
reproche, pero no hablaron de ello

Concluiremos con la confesión de que esta teoría plantea en un principio grandes


problemas, pues el sujeto no podía dar la razón a su reproche de haber delinquido contra su
padre si sabía perfectamente que jamás se había hecho reo de nada contra él. En la sesión
siguiente mostró gran interés por mis explicaciones, aunque se permitió manifestar

En tanto que un duelo normal se extiende en uno o dos años, una tristeza patológica como
la suya puede alcanzar duración ilimitada. Hasta aquí llega lo que de este historial
patológico puedo comunicar detalladamente y en perfecto orden de sucesión. Coincide
aproximadamente con la exposición del tratamiento, el cual se extendió a través de once
meses.

Algunas ideas obsesivas y su traducción.

Como es sabido, las ideas obsesivas se muestran inmotivadas o disparatadas, lo mismo que
el texto de nuestros sueños nocturnos, y la primera labor que plantean es la de darles un
sentido y un lugar en la vida anímica del individuo, de modo que resulten comprensibles e
incluso evidentes. Pero en esta labor de traducción no hemos de dejarnos inducir en error
por su aparente insolubilidad, pues las ideas obsesivas más insensatas o extravagantes
llegan a ser solucionadas por medio de una labor adecuadamente profunda. Ahora bien: a
esta solución sólo se llega una vez que se logra relacionar cronológicamente las ideas
obsesivas con la vida del paciente; esto es, investigando cuándo surgió por vez primera
cada una de ellas y en qué circunstancias externas suele repetirse. Por tanto, cuando se trata
de ideas obsesivas cuya existencia ha sido breve, cosa muy frecuente, se simplifica mucho
nuestra labor investigadora. Podemos convencernos fácilmente de que una vez conseguido
el descubrimiento de la relación de la idea obsesiva con la vida del enfermo, se hace en el
acto accesible a nuestra penetración todo lo enigmático e interesante que el producto
patológico analizado entraña, o sea su significación, el mecanismo de su génesis y su
procedencia de las fuerzas instintivas psíquicas dominantes.

Otro impulso de mayor duración a un suicidio indirecto fue más difícil de aclarar porque
pudo ocultar su relación con la vida del paciente detrás de una de aquellas asociaciones
externas que tan rechazables parecen a nuestra conciencia. Un día, hallándose en una
estación veraniega, surgió de repente en su pensamiento la idea de que estaba demasiado
grueso y tenía que adelgazar. Comenzó, pues, a retirarse de la mesa antes que le sirvieran el
último plato, a correr sin sombrero por las calles bajo el ardiente sol de agosto y a subir las
pendientes de la montaña a paso gimnástico, hasta que la fatiga le hacía detenerse bañado
en sudor. Detrás de esta manía de adelgazar apareció también una vez, sin velo alguno, el
propósito suicida, cuando hallándose al borde de un precipicio se le impuso el
mandamiento de arrojarse a su fondo. La solución de estos disparatados actos obsesivos se
ofreció luego a nuestro paciente al ocurrírsele de pronto que por aquellos días se hallaba
también en la misma estación veraniega la dama de sus pensamientos, pero acompañada de
un inglés, primo suyo, que la cortejaba, inspirando intensos celos al sujeto.

La causa precipitante de la enfermedad.

El sujeto no tenía la menor sospecha de haber mencionado algo importante ni recordaba


haber concedido jamás valor ninguno a aquel suceso, que, por otro lado, no había olvidado
tampoco nunca. Esta circunstancia exige un comentario teórico. En la histeria es regla
general que los motivos recientes de la enfermedad sucumben a la amnesia lo mismo que
los sucesos infantiles con cuyo auxilio transforman aquéllos su energía afectiva en
síntomas. En aquellos casos en que resulta imposible un olvido total, el motivo traumático
reciente es atacado de todos modos por la amnesia y despojado por lo menos de sus
principales elementos. En semejante amnesia vemos la prueba de una represión anterior.
Otra cosa sucede generalmente en la neurosis obsesiva. Las premisas infantiles de la
neurosis pueden haber sucumbido a una amnesia, incompleta a menudo muchas veces;
pero, en cambio, los motivos recientes de la enfermedad aparecen conservados en la
memoria. La represión ha utilizado aquí un mecanismo diferente y, en realidad, más
sencillo. En lugar de olvidar el trauma, le ha despojado de su carga de afecto, de manera
que en la conciencia queda tan sólo un contenido ideológico indiferente y juzgado
insignificante. La diferencia está en el proceso psíquico que podemos construir detrás de
tales fenómenos. Pero el resultado es casi el mismo, pues el contenido mnémico indiferente,
sólo muy raras veces es reproducido y no desempeña papel alguno en la actividad mental
consciente de la persona.

En estas ocasiones suelen exclamar, asombrados e incluso jactanciosos, que aquello no


tiene para ellos la menor importancia. Así sucedió en el primer caso de neurosis obsesiva
que me procuró, hace ya muchos años, la comprensión de tal dolencia. El paciente, un
funcionario que padecía innumerables preocupaciones, me llamó la atención por el hecho
de que al satisfacerme los honorarios de cada consulta me entregaba siempre billetes de
Banco tersos y limpios. En una de estas ocasiones le dije, bromeando, que su calidad de
funcionario público se revelaba en aquellos flamantes billetes, directamente percibidos de
las cajas del Estado, respondiéndome él que tales billetes no eran, en modo alguno, nuevos,
sino que tenía la costumbre de limpiarlos y plancharlos en su casa, pues le daba
remordimiento de conciencia entregar a alguien billetes sucios, en los que seguramente
había de haber

El complejo paterno y la solución de la idea de las ratas

Todavía en otra forma intervenía el padre fallecido en la reciente explosión de la


enfermedad. El conflicto patológico era, en esencia, una lucha entre la voluntad
superviviente del padre y la inclinación amorosa del paciente. Recordando las confesiones
que el sujeto nos había hecho en las primeras sesiones del tratamiento, no podemos
rechazar la sospecha de que aquella lucha venía de muy atrás, habiéndose iniciado ya en sus
años infantiles. Según todos los informes, el padre de nuestro enfermo había sido un
hombre excelente. Antes de casarse había pertenecido al Ejército en calidad de suboficial y
la vida militar había dejado en él como residuos una cierta dureza de expresión y un gran
amor a la verdad.

De este punto debía depender que el niño pensara con intensidad indebida e inhabitual en
la muerte de su padre, que tales ideas emergieran en el contenido lateral de sus ideas
obsesivas infantiles y que llegara a desear que su padre muriera para que cierta muchachita,
compadecida por su desgracia, se mostrase más cariñosa con él

Estos últimos se muestran unánimes en considerar como raíz y fuente de todos sus
padecimientos el onanismo, refiriéndose con él a la masturbación de la pubertad. Los
médicos no saben a punto fijo, en general, qué juicio formar sobre él; pero influidos por la
experiencia de que también la mayoría de los hombres normales ha pasado durante la
pubertad por un período de onanismo, se inclinan casi todos a considerar exageradas las
manifestaciones de los enfermos. A mi juicio tienen más bien razón en este punto los
enfermos, que vislumbran algo perfectamente exacto, en tanto que los médicos corren el
peligro de desatender algo esencial.

La conducta de nuestro paciente en cuanto al onanismo había sido harto singular. No


desarrolló onanismo ninguno en su pubertad y, por tanto, según determinadas esperanzas,
hubiera tenido un derecho a permanecer exento de toda neurosis. En cambio, el impulso a
la actividad onanista apareció en él a los veintiún años, poco tiempo después de la muerte
de su padre. Después de cada satisfacción sexual de este género se sentía altamente
avergonzado y tardó poco en suprimirla por completo. A partir de este momento el
onanismo sólo volvió a surgir en él en raras y harto singulares ocasiones. Especialmente en
momentos felices de su vida o bajo la impresión de pasajes singularmente bellos de sus
lecturas

Algunos caracteres generales de los productos obsesivos

Esta definición nos parece hoy discutible en cuanto a su forma, aunque integra elementos
exactos. Tendía demasiado a la unidad y tomaba como modelo el proceso de los neuróticos
obsesivos mismos, los cuales, con su peculiar tendencia a la indeterminación, consideran
unitariamente como «representaciones obsesivas» los más diversos productos psíquicos. Es
realmente más correcto hablar de un «pensamiento obsesivo» y hacer resaltar que los
productos obsesivos pueden equivaler a muy diversos actos psíquicos, pudiendo ser
determinados como deseos, tentaciones, impulsos, reflexiones, dudas, mandatos y
prohibiciones.

Ha de reconocerse también que hasta ahora no ha podido ser estudiada con algún
detenimiento la fenomenología del pensamiento obsesivo. En la defensa secundaria que el
enfermo desarrolla contra las «representaciones obsesivas» que han penetrado en su
conciencia surgen productos que merecen un nombre especial. Recuérdense, por ejemplo,
las series de ideas que ocupan a nuestro paciente durante su regreso de las maniobras. No
son reflexiones puramente razonables que el sujeto opone a sus ideas obsesivas, sino algo
como productos mixtos de ambas formas del pensamiento. Toman ciertas premisas de la
obsesión por ellas combatidas y se sitúan (con los medios de la razón) en el terreno del
pensamiento patológico.

Por dos caminos especiales podemos llegar, además, a un conocimiento más preciso de los
productos obsesivos. En primer lugar, nos percatamos de que los sueños pueden ofrecernos
el texto auténtico del producto obsesivo, el cual sólo mutilado y deformado, como en un
telegrama mal redactado, se nos ha dado a conocer en la vida despierta. Tales textos
aparecen en el sueño como manifestaciones orales, contra la regla general de que las
palabras contenidas en los sueños proceden siempre de las pronunciadas u oídas por el
sujeto durante el día. En segundo lugar, la investigación analítica de un historial patológico
nos lleva a la convicción de que, frecuentemente, varias ideas obsesivas sucesivas, pero de
texto literal diferente, son, en el fondo, una sola y la misma.

El sujeto le había respondido negativamente, y pocos días después supo que aquella
muchacha se había tirado por un balcón. Se reprochó entonces su huraña conducta,
diciéndose que había estado en sus manos conservar aquella vida con sólo demostrar a la
muchacha un poco de afecto. De este modo fue como llegó a adquirir la convicción de
omnipotencia de su amor y su odio. Sin negar la omnipotencia del amor... haremos resaltar
que en ambos casos se trata de la muerte y aceptaremos la explicación, inmediata ya, que si
nuestro paciente se ve obligado, como otros neuróticos obsesivos, a exagerar el efecto de
sus sentimientos hostiles sobre el mundo exterior es porque gran parte del efecto psíquico
interno de los mismos escapa a su conocimiento consciente.

CONCLUSIONES DEL CASO DEACUERDO A LA TEORIA DE FREUD


ELLO, YO Y SUPERYÓ

Estos tres términos que pertenecen a los últimos trabajos de Freud dividen la mente humana
en tres partes. Así, el 'ello' es la parte más impulsiva que facilita las necesidades básicas y
se guía por el principio del placer buscando la gratificación inmediata. Por otro lado, están
el 'ego' que actúa de guardián y frena al 'ello' con la realidad como condicionante, mientras
que el 'superyó' aparece a partir de los cinco años y se refiere a la moral.

CONSCIENTE, PRECONSCIENTE E INCONSCIENTE

La mente se divide en tres niveles. La más evidente: el consciente, que incluye todo de lo
que nos damos cuenta; el preconsciente, que representa la memoria ordinaria -acudimos a
ella para rescatar información-; y el inconsciente, que guarda pensamientos y sentimientos
menos aceptados. El inconsciente influye en nuestro comportamiento sin darnos cuenta, de
ahí la importancia de los sueños como material reprimido que aflora. Para visualizar esta
teoría, el padre del psicoanálisis decía que el consciente era la punta del iceberg, al
preconsciente, la parte intermedia, y el inconsciente, la base.

LIBIDO

Frecuentemente usado como sinónimo de deseo sexual, Freud introdujo este término en
1894. En 1905, la libido sería pieza central de su estudio de la infancia al considerar que
desde que nacemos ya está presente y como fuente de psicopatologías -la excitación
acumulada insatisfecha como origen de angustia-.

NEUROSIS

William Cullen creó el concepto en 1769 pero de nuevo fue Freud quien
en los años 20 dio un giro a la entonces llamada 'enfermedad nerviosa'.
Así, la relacionó con otras enfermedades psicológicas. El austríaco
argumentaba que el paciente trataba de resolver en el presente un
asunto del pasado y lo hace con pautas automatizadas de
comportamiento que realiza sin darse cuenta, lo que impide que lleve
una vida normal.
REFERENCIAS

/Sigmund-Freud-conceptos-psicoanálisis (2002)

El yo y el ello. pp. 21-59.

Completas: Sigmund Freud (Vol. 21, pp. 57-140). Buenos Aires: Amorrortu (Trabajo
original publicado 1930).

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