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Ruptura Generacional y Esperanza

Este documento es un libro titulado "La Ruptura Generacional. Hacia una renovación de la esperanza" escrito por Milton Morrison. El libro argumenta que en la República Dominicana se ha producido un deterioro en varios aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que ha profundizado el subdesarrollo. Propone que se necesita una renovación de la esperanza a través de cambios en los principios y valores, así como en las unidades y agentes de cambio en el país.

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Ruptura Generacional y Esperanza

Este documento es un libro titulado "La Ruptura Generacional. Hacia una renovación de la esperanza" escrito por Milton Morrison. El libro argumenta que en la República Dominicana se ha producido un deterioro en varios aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que ha profundizado el subdesarrollo. Propone que se necesita una renovación de la esperanza a través de cambios en los principios y valores, así como en las unidades y agentes de cambio en el país.

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LA RUPTURA GENERACIONAL

Hacia una renovación de la esperanza


MILTON MORRISON

LA RUPTURA GENERACIONAL
HACIA UNA RENOVACIÓN DE LA ESPERANZA

Santo Domingo, R. D.
2010
TÍTULO DE LA PUBLICACIÓN:
La Ruptura Generacional

Segunda edición, corregida y ampliada


abril, 2010

AUTOR:
Milton Morrison

DIAGRAMACIÓN Y ARTE FINAL:


Eric Simó

DISEÑO DE CUBIERTA:
María Ventura

EDICIÓN AL CUIDADO DE:


Alexis Peña

IMPRESIÓN:
Editora Búho

ISBN: 978-9945-00-321-5

Impreso en República Dominicana


Printed in the Dominican Republic
A mi padre Mateo, por inculcar en mí
el sentido de la justicia y la responsabilidad.

A mi esposa Davidia,
fuente de amor y solidaridad.

A Charlize y Denzel, a través de cuyos ojos veo el país,


con el cual estoy comprometido.
CONTENIDO
Prólogo
Federico Jóvine Rijo ................................................................................11

Prefacio ......................................................................................... 19

CAPÍTULO I
Distorsión de la política ......................................................... 31

CAPÍTULO II
Mal manejo de la economía .................................................. 43

CAPÍTULO III
Globalización e identidad cultural ......................................... 57

CAPÍTULO IV
Debilitamiento del capital social ........................................... 67

CAPÍTULO V
Principios, valores y responsabilidad social ............................ 73

CAPÍTULO VI
Unidades y agentes de cambios.............................................. 83

CAPÍTULO VII
Mi visión acerca de las soluciones .......................................... 91

CAPÍTULO VIII
La vía alterna como epílogo ................................................ 121
PRÓLOGO
LA RUPTURA GENERACIONAL

Este libro de Milton Morrison titulado “La Ruptura


Generacional. Hacia una renovación de la esperanza” en el que
el autor, a quema ropa nos dice que: “En República dominica-
na se ha producido una corrosión en varios eslabones sociales econó-
micos políticos y culturales, profundizando de esa manera las cade-
nas del subdesarrollo nacional. Las últimas cinco generaciones del
liderzazo nacional no han podido dar respuesta a los principales
problemas que afectan nuestra nación” no nos da opción algu-
na desde el primer párrafo:
O estamos de acuerdo en esa afirmación de partida de
manera axiomática o cerramos el libro y leemos otro. Todo
el libro parte de la base del incuestionable deterioro de la
realidad dominicana.
Y en eso si que debemos estar todos de acuerdo. La
República Dominicana se encuentra en transitando un pe-
ligroso derrotero. Existe una explosiva conjunción de cir-
cunstancias internas y externas que determinan toda la si-
tuación pero los resultados serán igualmente los mismos.
El objetivo que persigue el libro es crear debate, gene-
rar discusión, aglutinar consensos. Es un libro provocador
de la primera a la última página en el que el autor prescin-
de de los formalismos tradicionales que han regido siem-
pre la estructuración semiótica de este tipo de trabajos y va
directamente a lo ideario, a las confesiones, a las propues-
tas. El autor no lo dice, pero está absolutamente conciente

13
Milton Morrison

de que detrás de las más floridas y elaboradas piezas de la


oratoria y literatura política dominicana los grandes
prohombres de las tres últimas Repúblicas nos han desgua-
zado la patria.
El libro plantea el desarrollo humano como una nece-
sidad impostergable y parte de un reconocimiento tácito y
sin tapujos de la realidad dominicana; esto lo hace de la
mano de informes realizados por organismos internaciona-
les y abundantes trabajos de investigación que soportan y
avalan cada una de sus afirmaciones. En el libro el autor
no trata de justificar ninguna tesis con sólidas fuentes bi-
bliográficas o referencias de rigor; aclara que todas están su
página Web. La idea central del trabajo no es defender
ninguna tesis ni apuntalar ninguna particular concepción
política de trascendencia partidaria, lo medular es cuestio-
nar las razones de nuestra realidad asumiendo que la reali-
dad misma es desoladora y brutal, para luego proponer la
manera de cambiarla.
Este no es un libro que viene a sumarse al eterno coro
que pregona la inviabilidad del Estado dominicano o la
supuesta decadencia innata de la dominicanidad.
No.
Este es un libro en donde el autor sostiene que existe la
esperanza y postula que esa esperanza debe y puede ser
renovada.
Este no es un libro que busca culpables, sino solucio-
nes a los problemas. Cuando señala que “Los partidos políti-
cos tradicionales han hecho del ejercicio político una práctica ten-
dente a debilitar la democracia, pues tanto las acciones de los
gobiernos como de la oposición responden a intereses particulares

14
LA RUPTURA GENERACIONAL

antes a que a los nacionales” no lo hace tratando de descartar


a los partidos como los principales entes que deben promo-
ver el cambio, pues reconoce como necesaria la participa-
ción de los mismos en la construcción de una política ca-
paz de afrontar la agenda nacional con una verdadera visión
de Estado.
Los motivos que justifican el libro se resumen en una
sola línea: “hace 30 años discutíamos los mismos problemas que
en la actualidad”. Una afirmación que da motivos como para
apurar todo el pote de prozac de un solo trago. Todo un
balde de agua fría a la clase política dominicana que no ha
sabido articular propuestas capaces de solucionar los viejos
problemas para poder afrontar los nuevos. Es un
cuestionamiento a un sistema partidario que ha soslayado
las prioridades nacionales en aras de las apetencias perso-
nales; una crítica a un sistema en donde desde hace más de
30 años las mismas personas discuten los mismos proble-
mas. No deja de ser paradójico que no tengamos una conti-
nuidad de políticas de Estado –tal como señala el autor- y
si una continuidad de problemas de Estado.
En el libro se evidencia que la forma actual de hacer
política ha generado más problemas de los que ha solucio-
nado, a través de la puesta en marcha de una centrífuga
demoníaca que cada día crece a través del populismo, el
clientelismo y el pragmatismo primitivo más rampante y
descarado.
El autor reconoce el crecimiento que ha tenido el país
en las últimas décadas y realiza valoraciones justas y objeti-
vas de los diferentes períodos históricos comprendidos, sin
importar los partidos tutelares del poder. Sin embargo, a

15
Milton Morrison

todos los cuestiona por igual, ya que en esencia lo que ha


habido es una réplica de las peores prácticas de gobierno,
una especie de darwinismo a la inversa en donde sólo sobre-
vive y se reproduce aquel modelo capaz de generar más
exclusión, inequidad y pobreza.
El autor reconoce los retos de la globalización y no
pierde el tiempo etiquetándola ya que la entiende como
irreversible –no es una opción, señala-, y plantea que corres-
ponde mas bien desarrollar las fortalezas identitarias que
puedan hace resistir el embate de otras culturas que supone
el libre flujo de ideas, culturas y personas por todos los conti-
nentes. Esa fortaleza de la dominicanidad debe darse desde
la justa apreciación y valoración que componen nuestra cul-
tura y nuestro folklore, sin denostar, sino más bien
enalteciendo y protegiendo nuestras raíces culturales.
En una época de grandes cambios y movilizaciones, la
identidad está en jaque y la dominicanidad la encarnamos
todos los dominicanos. No sólo le carga el dado al Estado y
a la política cultural que se ejecuta, sino que le endosa
buena parte de la responsabilidad a cada uno de los ciuda-
danos, sin importar dónde estos se encuentren.
Morrison cuestiona el debilitamiento progresivo de nues-
tro capital social -la verdadera riqueza del pueblo, señala- y
cuestiona de manera sistemática la corrosión de los princi-
pios y valores que deben guiar a cada ciudadano, institu-
ción o empresa.
A todo lo largo del libro el autor señala los grandes
problemas que nos acogotan, que nos cercan, que parecen
eternos e insalvables y a cada señala su particular visión de
solución.

16
LA RUPTURA GENERACIONAL

Si bien es cierto que “la política dominicana como hoy se ve


y se ejerce es una retranca para el desarrollo nacional” en la cual
se manifiesta la existencia de una complicidad social. El
autor sostiene la existencia de un futuro posible e inmedia-
to siempre y cuando se manifieste el concurso de todos los
ciudadanos. La refundación de la República sólo es posible
si de entrada aceptamos pura y simplemente que el proyec-
to republicano de Duarte al día de hoy no ha arrancado a
plenitud y que los valores que sustentaron las fuerzas que
posibilitaron aquel amanecer glorioso de febrero, se en-
cuentran resquebrajados y que han sido vendidos al mejor
postor.
El autor señala que “El debate político nacional se ha carac-
terizado por ser pobre, irrespetuoso, repetitivo, circunstancial, caren-
te de ideas fértiles de perspectivas futuras. Mas bien se ha enfocado
en desacreditar la reputación del opositor dejando de lado las pro-
puestas concretas y los planes de acciones en pro del bienestar de la
nación” y ese señalamiento nos emplaza: ¿Hay alguien que
sea capaz de desmentir esta afirmación?
No dejan de tener visos de nostalgia algunos capítulos,
afirmaciones y remembranzas de la infancia que a primera
vista no se encuentran concatenadas con el propósito ini-
cial de un libro de esta envergadura. Pero luego, cuando se
sigue leyendo, uno se da cuenta de que todo está relaciona-
do, de que las confesiones son así porque el libro es eso,
una invitación directa a la reflexión más intima que debe
darse en la conciencia de cada quien. Este libro es una
invitación a la esperanza, un renovado compromiso con los
valores más puros de la dominicanidad, con los ideales de
Juan Pablo Duarte y los trinitarios, una reafirmación de la

17
Milton Morrison

educación recibida en el hogar, fuente primigenia de todos


los compromisos a ser suscritos en la vida.
Este libro trasciende los partidos, las ideologías, los com-
promisos. Este libro sitúa en otro nivel de discusión lo
relativo al porvenir de la patria, proponiendo un concepto
que trasciende las limitaciones sociales, generacionales e
ideológicas. La Ruptura generacional promovida por Milton
Morrison no es sólo una renovación de la esperanza, es
también una renovación mental y moral, un invitación di-
recta e intransferible que hace el autor para que ese com-
promiso de cambio sea asumido por cada dominicano que
“entienda la necesidad de encauzar el destino del país sobre bases
éticas, participativas y equitativas orientadas por la definición de
una política económica que tenga al ser humano en su centro”.

FEDERICO JÓVINE RIJO


Santo Domingo de Guzmán,
12 de abril de 2010

18
PREFACIO
LA RUPTURA GENERACIONAL

En República Dominicana se ha producido una corro-


sión en varios eslabones sociales, económicos, políticos y
culturales, profundizando de esta manera la fisura de las
cadenas del desarrollo nacional. El liderazgo nacional no
ha podido dar respuesta a los principales problemas que
afectan nuestra nación.
El país se encuentra sumergido en una crisis
socioeconómica profunda, como consecuencia de las medi-
das desacertadas que se han tomado para enfrentar los pro-
blemas nacionales más acuciantes.
El Informe de Desarrollo Humano 2005, presentado por el
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),
plantea que la “República Dominicana se ha insertado en la
dinámica mundial de una manera que es social, económica e
institucionalmente excluyente, con un modelo que es insostenible en
el mediano plazo”. Este planteamiento nos lleva a pensar en
la carencia en cuanto a la inversión en del desarrollo hu-
mano que ha tenido el país en las últimas décadas. Las
acciones de los líderes políticos, salvo excepciones, han
reflejado un continuismo cómplice en la toma de decisio-
nes, siendo este uno de los principales obstáculos al desa-
rrollo nacional.
Para que la República Dominicana pueda comenzar un
proceso real de desarrollo humano cimentado en un estado
de derecho, ha de producirse una ruptura en términos

21
Milton Morrison

políticos, y sobre bases democráticas que soslayen aspectos


fundamentales del modus operandis de las generaciones de
dominicanos que han dirigido los destinos del país hasta el
momento. La clasificación generacional a la cual nos refe-
rimos abarca aquellos ciudadanos cuyas acciones y pensa-
mientos han llevado nuestro país hacia un estado de invo-
lución institucional, resquebrajamiento del estado de
derecho y marginación socioeconómica de la población.
La ruptura generacional no es cronológica, sino men-
tal, y podrá ser asumida por cualquier ciudadano que, inde-
pendientemente de su edad, se sienta comprometido en
contribuir con la creacion de una República Dominicana
como la soñaron los padres de la patria.
Creo firmemente en el fortalecimiento de la democra-
cia participativa. Una democracia que permita la participa-
ción activa de actores capaces de propiciar escenarios de
equidad, bienestar colectivo, respeto por las leyes y las insti-
tuciones, así como de hacer las modificaciones necesarias a
nuestra estructura jurídica, de tal forma que permita mayo-
res niveles de cumplimiento de los derechos y deberes de
cada ciudadano.
Lograr el desarrollo en la República Dominicana será
un objetivo que jamás trascenderá los límites de la mera
aspiración, si el sistema de partidos políticos continúa pro-
moviendo un clientelismo lacerante a las condiciones de
vida de las futuras generaciones. Todos sabemos que los efec-
tos de esa forma de hacer política no se perciben en el pre-
sente, sino en el futuro, ya que constituyen la base para la
corrupción de las estructuras institucionales y el debilitamien-
to progresivo del valioso capital social acumulado.

22
LA RUPTURA GENERACIONAL

Necesitamos un sistema de partidos políticos que ob-


tenga sus adeptos a partir de propuestas programáticas ata-
das a una agenda nacional de desarrollo, y consensuada
entre los legítimos representantes de los diferentes sectores
que inciden en la vida nacional.
La ruptura a la cual nos referimos no podrá producirse
sin el esfuerzo y colaboración de aquellos dominicanos que
entiendan la necesidad de encauzar el destino del país so-
bre bases éticas, participativas y equitativas. Ciudadanos
que entiendan la necesidad de materializar los derechos y
deberes consignados en la Carta Magna y en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, consideradas en múltiples
ocasiones como letras muertas.
La necesidad de la ruptura a la que nos referimos es un
sentir silente de la mayoría de los ciudadanos, indepen-
dientemente de la clase social, raza, religión, ideología
política, oficio o dedicación. Todos compartimos, de una
u otra forma, la creencia de que es necesario un cambio
sustancial en la sociedad dominicana, a los fines de cons-
truir un país donde prioricemos los intereses nacionales.
La pobreza que nos arropa es desgarrante y palpable
tanto en zonas urbanas como rurales. Si bien es cierto que
se trata de una pobreza definida como la carencia de recur-
sos materiales para satisfacer las necesidades humanas bási-
cas, esta tiene un componente subjetivo muy peligroso: la
desesperanza resultante de las promesas insatisfechas, y la
cual trae consigo la germinación de una baja autoestima.
No creemos que exista sector económico y social alguno
en nuestro país que auspicie ni desee la pobreza en sí mis-
ma. Estoy plenamente seguro que los sectores empresariales

23
Milton Morrison

entienden los beneficios de la relación de un bajo grado de


pobreza versus la seguridad ciudadana y la estabilidad so-
cial del país. Es sobre esa base que hemos llegado a la
conclusión de que los sectores productivos nacionales po-
drán interiorizar el concepto de la ruptura generacional, ya
que quienes han gobernado el país no han sabido respetar
ni propiciar las bases institucionales para el desarrollo de
la nación.
También sabemos que el pueblo llano entiende que las
prebendas del clientelismo les generan irrisorios benefi-
cios esporádicos en tiempos de proselitismo político. Y que
si se ha hecho partícipe de ese juego, es debido a la caren-
cia de alternativas que le brinden oportunidades sostenidas
para satisfacer sus necesidades más allá de lo básico.
El pueblo dominicano es en su gran mayoría noble, y
ante la disyuntiva de delinquir o trabajar dignamente para
obtener su sustento diario, sabemos que la segunda opción
es la preferida por todos, salvo excepciones de sujetos co-
rrompidos y marginados, que ven en la delincuencia una
forma de vida, siendo ellos mismos también víctimas de un
sistema social injusto.
La gente no es corrupta, violenta ni delincuente por na-
turaleza. Retrotraigámonos a la República Dominicana hace
varias décadas, cuando la delincuencia no llegaba a los alar-
mantes grados de hoy en día, y las rejas en las ventanas y
puertas de los hogares dominicanos eran elementos extra-
ños. Algunos podrían relacionar la violencia y la delin-
cuencia con el hacinamiento producto de las migraciones
rurales a zonas urbanas, o aducir que se debe al crecimien-
to económico pero inhumano, que ha logrado el país en

24
LA RUPTURA GENERACIONAL

los últimos años. Las causas reales de la delincuencia y el


deterioro social que afecta al país son otras: la pobreza y la
corrupción arrastradas como legado de la tiranía de Trujillo
y acentuadas por algunos sectores de poder que nos han
dirigido.
No podremos vencer la pobreza en la República Do-
minicana sino es sobre los hombros de ciudadanos del
conocimiento1. La educación para el saber y para el hacer
tienen una función trascendental en la lucha contra la
pobreza. Vista la educación como la organización sistemá-
tica del conocimiento para su aplicación en tanto que la
inversión en esta —en todas sus dimensiones— es funda-
mental para el desarrollo humano.
Hasta ahora hemos identificado como elementos que
contribuyen a la necesidad de la ruptura generacional aque-
llos que reflejan la incapacidad histórica de nuestros líde-
res para resolver los problemas nacionales. Tales elemen-
tos son:

• Falta de iniciativas para generar empleos producti-


vos.
• Debilitamiento del capital social acumulado.
• Incapacidad para solucionar el problema eléctrico.
• Carencia de mecanismos reales para erradicar la co-
rrupción gubernamental.

1
Acuñado el término en la misma línea de pensamiento del Dr. Peter Drucker,
cuando nos indica que la sociedad a la que nos dirigimos “el saber es el recurso
clave y no puede ser comprado con dinero ni creado por capital de inversión”.

25
Milton Morrison

• Incapacidad para mejorar los servicios de salud


pública.
• Falta de voluntad para invertir mayores recursos en
el sector educativo, de manera tal que la educación
sea de calidad y priorice la formación de ciudada-
nos con auténticos valores.
• Incapacidad para poner en marcha de manera satis-
factoria el sistema de seguridad social.
• Falta de políticas orientadas a la creación de oportu-
nidades para la juventud.
• Incapacidad para enfrentar la delincuencia y, por
ende, llevar paz a la sociedad.
• Incapacidad para brindar al sector empresarial y
productivo oportunidades y facilidades para su de-
sarrollo pleno en una economía de mercado más
humana, en la que el Estado desempeñe una fun-
ción reguladora.

Una forma de darnos cuenta de nuestra realidad social


y económica es repasando las estadísticas económicas y so-
ciales existentes. El referido informe del PNUD refleja la
realidad nacional de una manera demostrativa y constructi-
va. Por tanto, dicho informe debe ser el punto de partida
para reflexionar y luego actuar, a los fines de enmendar el
rumbo que llevamos como país.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es 0.777, lo que
nos sitúa en la posición 90 de 182 países evaluados. Ocupa-
mos el último lugar en el aprovechamiento de la riqueza

26
LA RUPTURA GENERACIONAL

con relación al desarrollo humano entre los países de


Latinoamérica y el Caribe.
La esperanza de vida al nacer en República Dominica-
na es de 72.5 años, casi igualando la media de la región es
de 72.7. Nuestras cifras de longevidad demuestran caren-
cias básicas en cuanto a la salud y la nutrición, producto de
la situación en que viven la mayoría de los ciudadanos.
Además, tomemos en cuenta las ausencias de garantías para
desarrollar una vejez satisfactoria.
El origen de la baja esperanza de vida la podemos en-
contrar en la desnutrición crónica infantil, la cual aumen-
tó a 7.2 por ciento en el año 2006, lo que representó un
aumento en el número de niños desnutridos, alrededor de
veinte mil, y de mantenerse dicha situación la tasa de creci-
miento aumentará en 2,500 por año.
El grado educativo promedio de la fuerza productiva es
la primaria, conjugado esto con la existencia de un 56% de
empleos informales en todo el país.
Un sistema de seguridad social precario, tanto en los
aspectos concernientes al seguro familiar de salud como a
las pensiones.
Un sector educativo con uno de los niveles de inversión
en función del PIB más bajo de la región, analfabetismo
alrededor del 13%; salarios bajos para los maestros; forma-
ción deficiente, no sólo de los estudiantes, sino también de
los docentes, y deficiencias en infraestructuras, materiales y
equipos educativos.
Un sector energético deficiente, con pérdidas en la dis-
tribución eléctrica de alrededor de 40%; un subsidio eléc-
trico muy alto y distorsionante; alta propensión al hurto de

27
Milton Morrison

energía y un valor agregado de distribución inflado por


una serie de costos innecesarios.
Además, una corrupción estatal que asalta a la vista de
manera preocupante. Un sector de zonas francas víctima de
la baja competitividad y productividad que ha generado
miles de desempleados. Y una ciudadanía amenazada por
la creciente delincuencia y la falta de seguridad ciudadana.
Después de repasar estos datos, coincidimos con el in-
forme del PNUD 2005 cuando dice: “la causa principal de la
pobreza dominicana y del bajo desarrollo humano relativo no es la
falta de financiamiento y de recursos económicos, sino el escaso
compromiso con el progreso colectivo del liderazgo nacional político
y empresarial durante las últimas décadas”.
Cuando analizo datos como estos, sólo pienso en la in-
sensibilidad de quienes nos han dirigido durante tantos años.
Realmente no podemos exculpar la clase política del país de
esta realidad, ya que son ellos mismos que, previo a cada
contienda electoral, se presentan en los barrios y callejo-
nes del país a vender falsas ilusiones y a comprar los votos
de los dominicanos más necesitados. Ellos conocen los
problemas que afectan a la población, pero no les dan res-
puesta, más bien se aprovechan de ellos. Por eso, es necesa-
rio unirnos en un esfuerzo trascendental para romper los
lazos con ese pequeño grupo de ciudadanos que tanto daño
han hecho a la nación.
Este no es un libro de cifras estadísticas ni datos históri-
cos acerca de la realidad económica, política y social de la
República Dominicana. Este es un libro que ofrece mi vi-
sión con respecto al país, y que resume el sentir de los
dominicanos de bien que reclaman, 166 años más tarde,

28
LA RUPTURA GENERACIONAL

los deseos de los hombres y mujeres que a través de la


historia han aportado a la construcción de nuestra nacio-
nalidad. Los mismos que nos legaron las expresiones de
Dios, Patria y Libertad, para referirse a que nuestra nación
debía regirse por criterios morales y éticos elevados. Aque-
llos que vieron la patria como el centro de nuestras accio-
nes colectivas, orientadas al bienestar nacional y la libertad
como la condición fundamental del ser humano de poder
elegir lo que su razón orientada a los mejores intereses
nacionales les indicaran. Esa es la base de la democracia a
la que todos aspiramos, y en la que creemos quienes enten-
demos la necesidad de la ruptura generacional.
Este es un libro dirigido a todos los dominicanos que
como yo, aspiran a contribuir con sus ideas y acciones a la
reconstrucción de una República Dominicana cuyos pila-
res sean la paz social, la democracia, la equidad, el desarro-
llo humano, la estabilidad económica, la transparencia, y
la justicia social.

29
CAPÍTULO I
DISTORSIÓN DE LA POLÍTICA
LA RUPTURA GENERACIONAL

Juan Pablo Duarte ideó y practicó un ejercicio político


basado en la ética y la dignidad. Nos enseñó con su ejem-
plo una forma de hacer política orientada al bienestar co-
lectivo de lo que él visualizaba como nación.
La sociedad de hoy no es igual a la de hace 170 años,
cuando se fundó la Sociedad Secreta La Trinitaria para
lograr la independencia. Nuestra sociedad dista mucho de
la concepción que dio origen a su creación.
La clase política tradicional han hecho del ejercicio polí-
tico una práctica tendente a debilitar la democracia, pues
tanto las acciones de los gobiernos como de la oposición
responden a intereses particulares, antes que nacionales.
El ejercicio político debe fortalecerse volviendo a sus orí-
genes éticos, basados en la solidez de la identidad nacional,
donde los hombres y mujeres están llamados a sobreponer
los intereses colectivos por encima de los individuales.
La política a la que aspiramos ha de construirse
reinventando las prácticas del pasado sobre la base del
mejoramiento de lo que hacemos en el presente. Si quere-
mos un mejor país debemos propugnar por un quehacer
político distinto y cónsono con la realidad que vive el mun-
do actualmente.
Lamentablemente, los líderes políticos dominicanos no
han entrado al ciclo del mejoramiento de su oficio, ya que
no han podido reinventar la política del pasado. Eso ha

33
Milton Morrison

traído consigo repeticiones de ideas y prácticas cuyos mode-


los sociales y económicos han fracasado, pues sus respues-
tas a las demandas de la sociedad han sido insuficientes. Es
necesario reinventar la política dominicana, y con ello a
algunos políticos que la ejercen de manera deshumanizada.
Llegó el momento de entrar en acción para quienes
entienden que pueden adecentar el espectro político domi-
nicano. Es hora de que actuen en consecuencia, de que
pasen a ser actores en vez de espectadores. Sólo así podre-
mos construir una democracia plural y del siglo XXI, no
una seudo democracia del siglo XX, matizada con los perío-
dos de 1916-1924, 1930-1961, 1966-1978 y 1986-1996, los
cuales representan alrededor de 60 años de dictaduras, cua-
si dictaduras, gobiernos ilegítimos e intervenciones, mien-
tras los dominicanos sensatos y de buena voluntad han
dejado el espacio a quienes tienen poco que aportar.
La política se nutre de acciones. Es por eso que necesi-
tamos actores políticos comprometidos con la realidad que
pretenden transformar; que redefinan sus prácticas políti-
cas para alcanzar y ejercer el poder, conscientes de que las
sociedades son el reflejo del accionar de sus líderes.
Necesitamos una política ejercida por políticos intere-
sados en construir y desarrollar el estado de derecho al que
todos aspiramos. Pero no un estado de derecho interpreta-
do como la seguridad jurídica de unos cuantos, sino uno de
carácter universal que garantice los derechos civiles, econó-
micos, sociales y culturales de la población en general.
De lo contrario, habrá de producirse —por el bien de la
nación— una ruptura generacional que conlleve a una res-
tauración política y social. Esa ruptura será el resultado del

34
LA RUPTURA GENERACIONAL

ciclo democrático que atraviesa nuestro pueblo, y cuya res-


ponsabilidad recaerá en aquellos que entiendan que las
democracias del nuevo siglo se fundamentan en ejercicios
políticos que promuevan la participación ciudadana y ar-
monicen el desarrollo humano con el económico.
Necesitamos políticos capaces de afrontar la agenda na-
cional con una verdadera visión de Estado que permita
alcanzar un desarrollo eficiente y sostenido, donde logre-
mos un nivel tal en que todos los dominicanos y dominica-
nas compartamos la misma visión y los mismos anhelos.
En tal sentido, la sociedad en general debe participar de
manera directa en la definición de lo que será el país den-
tro de 30 años. ¡No podemos seguir así!
No es posible conducir la República Dominicana por el
sendero del desarrollo si no se ejercen las funciones públicas
de manera responsable y honesta. Si no tenemos planes,
programas y proyectos claros, no existe forma alguna de me-
dir el avance, el estancamiento o el retroceso del país.
Todos sabemos que los grupos políticos predominantes
moldean la idiosincrasia de un país de acuerdo a la forma
como ellos ejercen el poder. Por tanto, ya es hora de que
los partidos políticos tradicionales hagan un mea culpa por
el derrotero hacia el cual han conducido históricamente a
la República Dominicana, con sus desaciertos.
¿Quién es responsable del clientelismo manifestado en
sus diferentes formas y plataformas sociales? Busquemos la
respuesta más próxima en los dos últimos siglos matizados
por las dictaduras de Ulises Heureaux, Trujillo y las aberra-
ciones de Santana y Báez, todo esto validado por la mayo-
ría de las organizaciones políticas que han influido en la

35
Milton Morrison

sociedad dominicana ¿Quién es responsable de que mu-


chos dominicanos persigan su bienestar renunciando a sus
valores, como si se tratase de un requisito indispensable
para ello? Las respuestas las tienen aquellos que han alcan-
zado el “éxito” con prácticas que riñen con la honestidad,
la ética y el trabajo.
Lamentablemente, hoy en día la política social que han
ejercido la mayoría de los gobiernos dominicanos es sinóni-
mo de clientelismo. Desde que Trujillo asumió el poder en
1930 hasta la fecha, y, exceptuando el gobierno del profesor
Juan Bosch, la política social se ha caracterizado por una
visión clientelista, una desvinculación entre la política social
y la económica, y por la dispersión de la acción social.
En el estudio acerca de la política social en República
Dominicana durante el período 1930-2007, preparado por
Cañete y Dotel (2007), se recogen algunas iniciativas positi-
vas cuya inconsistencia han degenerado en distorsiones so-
ciales. No obstante esa realidad, uno de los males fundamen-
tales del buen ejercicio del poder es la falta de continuidad
del Estado, principalmente en los procesos de transición
de un gobierno a otro. La continuidad estatal es una res-
ponsabilidad directa de los partidos políticos que debe
asumirse por el bien de la nación.
La falta de continuidad estatal genera altos costos hun-
didos para la economía nacional, invertidos en obras de
construcción que se inician y cuyas inversiones se pierden
al pasar los años.
A mediados de los 40 del siglo XX, Charles de Gaulle
pedía que Francia se elevara por encima del sistema par-
tidario. Y lo solicitaba en un momento en el que los

36
LA RUPTURA GENERACIONAL

partidos políticos y sus actores principales no habían cum-


plido con las demandas de su población.
Lo mismo ha de ocurrir en nuestro país: el bienestar y
el desarrollo tendrán que ser elevados por encima de los
partidos y los políticos. Estos deberán enderezar sus accio-
nes de manera tal, que no distorsionen la democracia o
irrespeten las leyes y las instituciones, a sabiendas de que
con ello propician que la población ejerza un voto pendu-
lar, no por la convicción de que hace lo mejor, sino por
rechazo a los ejercicios políticos mediocres, que cada vez
son mayores.
Hace 30 años discutíamos los mismos problemas que
en la actualidad: la crisis energética, las problemáticas del
sector salud, la educación o la migración, son sólo algunos
de los principales males que nos aquejan y que se han
agravado con los años. A tal grado que le han sumado a la
agenda nacional otros problemas para los cuales no se vis-
lumbran soluciones ni a corto ni mediano plazo, lo que
demuestra que la falta de solución a algunos problemas
han derivado en la creación de otros. Ejemplo de ello es
que al no tener políticas claras de reducción de la pobreza,
sumadas a las diversas crisis económicas que de manera
cíclica hemos tenido, nos ha llevado a aumentar los grados
de pobreza de manera alarmante, que junto a la falta de
oportunidades y el desempleo, se convierten en caldo de
cultivo de la delincuencia que azota el país.
Lo mismo sucede con el sector eléctrico, donde las últi-
mas generaciones de dominicanos han nacido sumergidos
en apagones. La empresa eléctrica estatal siempre fue vis-
ta como un antro del clientelismo político, situación que

37
Milton Morrison

convirtió dicha empresa en un elefante blanco, y todavía


hoy día, posterior a su proceso de capitalización, el gobier-
no tiene que disponer de cuantiosos recursos para subsidiar
las operaciones de las empresas eléctricas estatales.
El sector educativo ha sido uno de los menos atendidos
por los gobiernos dominicanos. Mejorar la educación es
parte de la retórica política, sin embargo, las acciones para
fortalecer dicho sector han sido tan pocas, que debiera ser
declarada en estado de emergencia.
La deficiencia de los servicios de salud pública habla
por sí misma. Así como estos sectores se encuentran mu-
chas de las áreas fundamentales en nuestro país, como re-
sultado de la dificultad de los gobiernos que han dirigido
el país para invertir en las prioridades nacionales.
A partir de la ruptura generacional visualizamos una
República Dominicana diferente, donde se establezca un
estado de derecho que brinde seguridad a la población.
donde estemos más cohesionados a partir del fortalecimien-
to del capital social, y donde exista transparencia del ejerci-
cio público y mayores castigos a quienes transgreden los
derechos y los bienes de la mayoría. En fin, puedo ver en el
futuro una nación más equitativa, con mayores oportunida-
des individuales, pero, sobre todo, más humana.
La política dominicana como hoy se ve y se ejerce es
una retranca para el desarrollo nacional. Existe una com-
plicidad que comienza a preocupar a la mayoría de domini-
canos que aspiran a una sociedad más justa.
La lucha contra la corrupción debe convertirse en una
acción sistemática y sostenible en el tiempo. No debe sus-
tentarse en promesas y poses sociales que encubren la

38
LA RUPTURA GENERACIONAL

impunidad y generan la impotencia de los ciudadanos, con-


virtiéndose luego en una costumbre colectiva que con el tiem-
po se transforma en una especie de complicidad social. Tan
culpable de los actos de corrupción es quien los comete,
como quien, pudiendo evitarlos permite que estos ocurran.
La corrupción se combate promoviendo una cultura
del cumplimiento de las leyes fundamentada en el forta-
lecimiento del Poder Judicial. La política no debe per-
mear la justicia ni esta coquetear con la política. Si bien
es cierto que en la República Dominicana se ha logrado
un avance importante en cuanto a la independencia de
la justicia, no es menos cierto que la solidez de este
importante poder del Estado es necesario para propiciar
la institucionalidad del país.
No podemos continuar hablando del flagelo de la co-
rrupción, debemos actuar dando riendas sueltas al poder
de las leyes.
Los políticos del siglo XXI serán aquellos que puedan
interpretar los reclamos de la sociedad y traducirlos en rea-
lizaciones positivas donde el populismo y el clientelismo
no tengan espacio.
El populismo como práctica encuentra lugar en la in-
certidumbre, la ignorancia y la pobreza de los pueblos. Es
usado tanto por los gobernantes como por la oposición, y
alcanza su clímax durante las campañas políticas.
Para reducir en República Dominicana las brechas del
populismo insatisfecho, o, más bien, la no materialización
de las promesas de campaña, las propuestas programáticas
presentadas por los partidos políticos deben surgir del aná-
lisis y de estudios profundos de las necesidades del país en

39
Milton Morrison

un momento dado. La conformación de un consejo de se-


guimiento a las propuestas programáticas de los partidos
políticos sería el primer paso para mitigar las frustraciones
colectivas y evitar el engaño al pueblo.
Dicho organismo debería estar compuesto por ciudada-
nos éticos, incorruptibles, y sin militancia partidista de nin-
guna especie, y cuya función fundamental sea validar el cum-
plimiento o no de las promesas realizadas en campaña.
Este consejo rendiría un informe anual de las ejecuto-
rias de los gobiernos, en función de los planes y proyectos
presentados en campaña. Así también, las debidas justifica-
ciones del incumplimiento.
De esta forma, en la postrimería de cada período gu-
bernamental la sociedad dominicana tendría juicios de
valores suficientes para evaluar el desempeño del gobier-
no de turno.
Uno de los elementos que más ha contribuido a la pérdi-
da de credibilidad política es la falta de sintonía entre los
dirigentes políticos y la sociedad. Es necesario que conoz-
can las necesidades de la sociedad que les rodean. En el
caso de un político, la falta de sintonía sociopolítica es
bastante grave, ya que lo aleja de la posibilidad de con-
cienciar a la población, dificultándose así la satisfacción
de sus necesidades.
El populismo y las improvisaciones han demostrado no
ser capaces de dar respuestas a los grandes problemas na-
cionales. La falta de unificación de criterios por parte del
gobierno y la oposición, así como el correcto discernimien-
to de cuales son las prioridades nacionales, han retrasado
nuestro camino hacia el verdadero desarrollo.

40
LA RUPTURA GENERACIONAL

Las sociedades se elevan en función del grado de las


discusiones de sus líderes. En los últimos años, el debate
político nacional se ha caracterizado por ser pobre, irrespe-
tuoso, repetitivo, circunstancial, carente de ideas fértiles y
de perspectivas futuras. Más bien se ha enfocado en desacre-
ditar la reputación del opositor, dejando de lado las pro-
puestas concretas y los planes de acciones en pro del bienestar
de la nación.
Es tiempo de pasar del debate circunstancial y de he-
chos irrelevantes al debate de ideas y perspectivas. Las gran-
des naciones del mundo se han desarrollado porque sus
ideas avanzadas han sido materializadas.
Las repeticiones de los discursos y propuestas demagógi-
cas han retumbado en los oídos de la sociedad, de tal mane-
ra que cada día despierta un poco más de su letargo imbuido
por un sector político que pierde credibilidad.
¡Ya basta de cantos de sirenas! No queremos propuestas
fallidas e insatisfechas a priori. Lo que necesitamos es creati-
vidad para transformar la realidad en la que estamos su-
mergidos. Una realidad que ha de llamar a los dominica-
nos a sumarse a un esfuerzo que reinvente la arquitectura
social dominicana.
Enriquecer el debate político es responsabilidad tanto
del gobierno como de la oposición. Los de oposición de-
ben realizar planteamientos constructivos acerca de las ac-
ciones de los gobiernos de turno, y éstos deben presentar
soluciones fruto de consensos, que beneficien a todos.
Una gran parte de la responsabilidad de fortalecer la
democracia dominicana descansa en las ejecutorias de los
partidos políticos; la otra, en los hombros de los ciudadanos

41
Milton Morrison

y ciudadanas que a través de las instituciones fortalecen


dicha democracia.
La ruptura generacional nos llama a ser partícipes de
nuestro propio destino, asumiendo la responsabilidad his-
tórica de reinventar el ejercicio político de manera tal que
los hombres y mujeres comprometidos con los mejores in-
tereses del país se unan bajo el mismo objetivo nacional;
que es el de construir una República Dominicana cónsona
con los intereses colectivos.

42
CAPÍTULO II
MAL MANEJO DE LA ECONOMÍA
LA RUPTURA GENERACIONAL

La economía nacional ha estado matizada en gran me-


dida por las acciones de los gobiernos de turno, y se ha
manejado en función de las prioridades individuales de
éstos. Esta situación se puede observar en el manejo que se
le da al presupuesto nacional, así como en los bajos grados
de rendimiento y transparencia en el uso y conducción de
la cosa pública.
En naciones con una fuerte institucionalidad, el presu-
puesto nacional es visto como un instrumento del desarro-
llo. En República Dominicana debe llegar el momento en
que las asignaciones presupuestarias sean el resultado de
las demandas y necesidades de la población, y estén susten-
tadas en programas y proyectos claramente definidos.
Por la distribución de recursos que exhiben los pre-
supuestos nacionales de los últimos años, se percibe que
las prioridades han estado extraviadas. Simplemente, es
necesario analizar que las inversiones en salud, educa-
ción, energía, agricultura y medioambiente, entre otras,
son desproporcionadas con relación a las necesidades de
cada sector.
Las inversiones en salud y educación en función del Pro-
ducto Interno Bruto (PIB) se encuentran dentro de las más
bajas en la región. La ley 66-97 establece el 4.0% del PIB
como la inversión mínima del gobierno central en educa-
ción. En cuanto al sector salud, la media latinoamericana se

45
Milton Morrison

estima cerca del 3%, y las inversiones nuestras en ese sector


se encuentran muy debajo de esa cifra. La inversión social
en estos dos sectores es baja, y es de ahí que se desprende la
necesidad de aumentar las partidas del gasto público en sec-
tores que son fundamentales para el desarrollo nacional.
En un estudio detenido de los presupuestos naciona-
les de los últimos 15 años se observa que la ejecución
presupuestaria revela desviaciones importantes entre lo
ejecutado versus lo presupuestado. Las ejecuciones presu-
puestarias de la Presidencia de la República alcanzaron
niveles porcentuales por encima de los ministerios y los
poderes Judicial y Legislativo, consignados en el Presu-
puesto Nacional en el período comprendido entre 1992 a
1997. Luego, en los períodos comprendidos entre 1997 y
2009 hubo una tendencia a la baja, pero manteniéndose
por encima de los porcentajes de ejecución de las demás
partidas presupuestarias. ¿En qué se invirtieron esos re-
cursos? No podría decirse que la inversión social ha absor-
bido dichos recursos, cuando nosotros como país registra-
mos porcentajes de inversión social en función del PIB
muy por debajo del resto de la región. Por ejemplo, en el
año 2007 se destinó el 9.0% del PIB para inversión social,
cuando los países del área promediaron 13.1% del PIB.
Como una manera de hacer una comparación que ponga
en evidencia nuestro subdesarrollo social, Costa Rica al
inicio de la década del 80 invirtió alrededor del 20% del
PIB en el gasto social.
Entiendo que los programas y proyectos sociales deben
adquirir mayor orientación participativa, con tendencia a
reducir el carácter paternalista que los ha caracterizado. La

46
LA RUPTURA GENERACIONAL

falta de participación de la sociedad en general en el


diseño, ejecución, monitoreo y evaluación de los proyec-
tos es uno de los factores de fracaso de muchas iniciativas
de corte social. Por tal razón, es imperativo entender la
importancia de trabajar con presupuestos participativos
que reflejen el sentir de los involucrados.
Es difícil asimilar que la tendencia natural en el sector
gubernamental sea la de consumir los presupuestos asigna-
dos, independientemente de la eficiencia del uso de los
recursos. Hacer los mismos proyectos con menos dinero,
como resultado de una gestión administrativa eficiente, es
lo que debería primar en la conciencia del servidor públi-
co, eso estimularía el ahorro nacional.
La transparencia y la rendición de cuentas en el mane-
jo del Presupuesto Nacional son fundamentales para au-
mentar la credibilidad de la sociedad en los gobernantes.
Debe ser obligatoria la rendición de cuentas por parte de
cada funcionario que maneje recursos públicos.
El endeudamiento es otro tema de preocupación, no
porque no sea entendible su necesidad para financiar
acciones cuyos recursos no disponemos en un momento de-
terminado, sino por el uso que se les da a éstos. Si bien es
cierto que no es posible crecer sin acceder a endeudamiento
externo e interno, aún es más cierto que gran parte de los
recursos no han sido invertidos en áreas productivas o que
generen retornos que permitan el pago del crédito que ha
dado origen a dicha inversión. La Ley 6-06 de Crédito Pú-
blico debe ser más específica en aspectos tales como los
porcentajes de endeudamiento, así como su destino. No
obstante, dicha ley debe ser puesta en práctica de manera

47
Milton Morrison

eficiente y efectiva, de forma tal que establezca criterios


para el endeudamiento, así como disciplina en el uso y
cumplimiento.
Es necesario sustituir de manera gradual los subsidios
generales a servicios y productos como la electricidad y el gas
licuado de petróleo (GLP) por mayor inversión social en
salud, educación y la creación de empleos y oportunidades
que les permitan a las personas pagar dichos servicios con
los recursos que generen. En los últimos años los subsidios
de electricidad y GLP han superado en términos de inver-
sión real los recursos destinados para salud y educación.
El subsidio eléctrico tal como se ha estado aplicando es
distorsionante. Quienes lo defienden lo plantean como una
necesidad en función de la realidad social, cuando realmente
es una consecuencia de la deficiencia estructural del mercado
eléctrico. Sobre todo, luego de haberse realizado un proceso
de capitalización de las empresas públicas. Se esperaba que el
sector eléctrico generara recursos suficientes para solventar sus
operaciones, pero en la práctica ha sido diferente.
Es contraproducente que la tendencia del subsidio sea al
incremento y, sobre todo, mayor que las inversiones anuales
tanto en salud como en educación. Ese incremento del sub-
sidio refleja la ineficiencia en este sector, replicándose dicha
realidad en otras áreas de la administración pública.
Es urgente eficientizar el mercado eléctrico en función
de sus costos reales. Es necesario generar electricidad con
combustibles más baratos, y menos dependientes del petró-
leo y con contratos menos lesivos al Estado dominicano.
Obteniendo precios de la electricidad más bajos, en-
tonces podemos atacar de mejor manera el hurto eléctrico

48
LA RUPTURA GENERACIONAL

poniendo en práctica la ley, a sabiendas de que la electrici-


dad subsidiada se usa de manera productiva, normal y se
derrocha; siendo la primera y la tercera opción, la de me-
nor y mayor aplicación, respectivamente.
La meta debe ser la redistribución de parte del subsidio
eléctrico hacia áreas sociales y económicas productivas a
largo y mediano plazo, tales como la salud y la educación,
al igual que en la incubación de micro y pequeñas empre-
sas, así como en el desarrollo de proyectos empresariales
de capital mixto público y privado para la generación de
empleos y oportunidades que les permitan a la población
generar riquezas y que puedan retribuir a la sociedad los
servicios subsidiados recibidos. De igual manera, en el otor-
gamiento focalizado y bajo asesoramiento de créditos para
sectores productivos incipientes.
Mientras los gobiernos sigan promoviendo subsidios a
través de la entrega directa de dinero a los beneficiarios, el
clientelismo no disminuirá. No obstante, el clientelismo
no es el aspecto más negativo de esa política, sino el daño
que se le hace a una sociedad cuando no se le brindan
opciones para generar sus propios recursos, y que con su-
puestas “ayudas”, las cuales no representan ni el 5% del
monto de la canasta familiar, se pretende comprar su con-
ciencia y silenciar su voz.
Debe llegar el momento en que todo ciudadano que
aspire a una posición pública, entienda que el presupuesto
nacional no es su herencia familiar.
¿Cuánto ha costado a la sociedad dominicana la falta
de regulación y fiscalización gubernamental en el sector
bancario? Tendríamos que analizar el impacto midiendo

49
Milton Morrison

las consecuencias de la quiebra de los bancos en el cuatrienio


1982-1986, entre ellos, el Banco Universal y la crisis banca-
ria desatada en el país a partir de 2003, con el Baninter,
Bancrédito y el Banco Mercantil como principales respon-
sables de dicha crisis. Esta situación produjo un desequili-
brio en las tasas de interés, el tipo de cambio y los precios,
llevando la inflación del país a dos dígitos.
La deuda interna del sector público se incrementó de
un 5.3% del PIB en diciembre de 2002 al 14% en junio de
2003, lo que significó un aumento equivalente a US$1,500
millones de dólares. El PIB decreció 0.4% en 2003, como
resultado de la crisis bancaria, la devaluación de la mone-
da y el aumento del petróleo en los mercados internacio-
nales. La deuda privada acarreada por el Estado domini-
cano significaba cerca del 66% del presupuesto del gobierno
central de 2003 o el equivalente del 13.2% del PIB. Tal
situación se reflejó en un aumento del índice de pobreza
del 45% al 62%, creando, según estadísticas de organis-
mos internacionales, más de un millón de nuevos pobres
en el país.
Las debilidades de fiscalización y regulación del siste-
ma bancario dominicano es una responsabilidad de todos
los gobiernos, tal como arroja el peritaje realizado a partir
de la explosión económica que se desató como resultado
de esta última crisis bancaria.
La ruptura generacional nos llama a detener esa com-
plicidad social, tan dañina, de los políticos tradicionales
con sectores económicos al servicio de los peores intereses.
El mal manejo de la economía nacional nos ha llevado
a momentos de crisis importantes. Cabe citar el primer

50
LA RUPTURA GENERACIONAL

semestre del año 1984, cuando la inflación subió a niveles


exorbitantes como resultado de la desacertada política
cambiaria, situación ésta que venía arrastrándose, producto
de la emisión de dinero inorgánico y un alto déficit en la
balanza de pagos. Al aplicarse medidas que limitaron las
exportaciones y los créditos bancarios, además de la aplica-
ción de impuestos indirectos y la congelación de salarios,
la devaluación del peso originó un aumento significativo
de la canasta familiar y la prima del dólar, lo que conllevó
a una de las huelgas generales más grandes que registra la
historia de los últimos 40 años.
En el período 1986 -1990 se registraron altos niveles de
inflación y devaluación importante de la moneda. Lo mis-
mo sucedió en el período 1994-1996 y 2003-2004, este últi-
mo matizado por la crisis bancaria descrita anteriormente y
la escalada alcista del precio del petróleo.
Es durante el período 1996-2001 que el país registra los
mayores niveles de crecimiento económico en función del
PIB, el cual no pudo traducirse en lo que se llama desarro-
llo económico, y mucho menos en desarrollo humano. A
pesar de que se lograron avances en indicadores económi-
cos y se pusieron en marcha iniciativas importantes duran-
te este período de crecimiento, la desigualdad existente
profundizó la deuda social con el pueblo dominicano.
Refiriéndose al crecimiento económico desde la déca-
da del 60 al inicio del siglo XXI, el PNUD, en el Informe
de Objetivos de Desarrollo del Milenio 2004 plantea que
“el contexto que precedió al año 1990, y que se prolongó a lo largo
de la década de los noventa en República Dominicana, fue el de un
crecimiento económico estable, pero desigual. Estable y desigual

51
Milton Morrison

pues, si bien creció a un promedio anual de 5.4% entre 1961 y


2002, no menos cierto es que ese crecimiento no se tradujo propor-
cionalmente en bienestar ciudadano y tampoco en mejores servicios
para la población”.
Para los fines de reducción de pobreza el crecimiento
económico es necesario, pero no es suficiente. Cabe pre-
guntarse si es mejor que los gobiernos traten de reducir el
coeficiente de Gini como factor de desigualdad, más que
celebrar un crecimiento económico improductivo y desigual.
Muy poco se puede hacer desde el punto de vista del desa-
rrollo humano con un crecimiento del PIB generado a
partir de la base de inversiones de capital no muy apegado
a los sectores productivos domésticos, con niveles bajos en la
generación de empleos y, en muchas ocasiones fundamenta-
do en mano de obra no especializada ni calificada. Quienes
dirijan el país deben saber que el crecimiento económico
que debemos propiciar en República Dominicana es el de
tipo endógeno, que acentúa la inversión en el capital hu-
mano como elemento generador de productividad.
Es importante señalar que a pesar de que se han reali-
zado planteamientos que compartimos sobre una
reorientación de la política económica en cuanto a las rela-
ciones comerciales, a los fines de reducir el déficit de la
balanza comercial del país, esto no se logrará si los niveles
de competitividad empresarial no mejoran. Desde hace dé-
cadas, la balanza comercial de República Dominicana ha
estado inclinada hacia el lado de las importaciones, prácti-
camente duplicando las exportaciones nacionales. Nuestra
balanza comercial es deficitaria con respecto a los Estados
Unidos y a Centroamérica. Importamos más que lo que

52
LA RUPTURA GENERACIONAL

exportamos, y no es posible revertir esta situación bajo una


realidad poco competitiva como la actual.
Desde finales de la década de los 90, nuestro país ha
firmado acuerdos de libre comercio con Centroamérica,
Estados Unidos y la Unión Europea, a través de los países
ACP y de manera bilateral. Los beneficios de dichos conve-
nios aún no se traducen en la manera esperada por la
sociedad. El sector empresarial ha tenido que competir bajo
condiciones no favorables, debido a su inserción apresu-
rada al escenario sin preparación alguna. Si bien es cierto
que no es posible recurrir al “patriotismo económico”,
como lo planteara el diputado francés Bernard Carayon
en su informe acerca de inteligencia económica,
competitividad y cohesión social ante el Parlamento fran-
cés, no es menos cierto que podríamos promover e
interiorizar algunos elementos de lo que podría llamarse
patriotismo económico dominicano.
Es preocupante el hecho de que muchas empresas no
lleguen a grados de competitividad que le permitan sobre-
vivir en la economía de mercado altamente competitiva
que nos presentan los acuerdos de libre comercio suscritos
con diversos países, principalmente aquellas empresas que
hacen esfuerzos por ser más competitivas, a través de la
inversión en capital humano, tecnologías e innovación en
sus procesos productivos.
Para ayudar al aparato productivo en circunstancias
amenazantes, debemos fomentar lo que podríamos llamar
como la reconversión industrial cognitiva, vista ésta como la
combinación del factor humano con la tecnología, cuyos
ejes centrales son el conocimiento y la creatividad.

53
Milton Morrison

Al mismo tiempo, deberíamos propiciar un movimiento


hacia un patriotismo económico desde el punto de vista de
la demanda que oriente a los consumidores para que valo-
ren los bienes y servicios producidos en el país, cuya calidad
y precios compitan con los importados. En este aspecto, hago
referencia a la ejecución de prácticas proteccionistas o dum-
ping, ambas prohibidas y consideradas desleales a la luz de
los acuerdos comerciales suscritos con otras naciones. Ni
mucho menos a la intervención del gobierno en el aparato
productivo nacional, un claro ejemplo de deficiencia
gerencial. Más bien, me refiero a un patriotismo económico
que incentive la competencia y la competitividad.
Un aspecto clave en todo este proceso será identificar
las ventajas comparativas con los mercados europeo, norte-
americano y centroamericano, para luego convertirlas en
ventajas competitivas. Es decir, especializar segmentos de
producción nacional donde nuestros rivales son menos pro-
ductivos, para luego diferenciarnos de tal manera, que la
rentabilidad de dichos sectores esté por encima de la renta-
bilidad media de la competencia. En tal sentido, no tene-
mos que producir lo que queremos, sino lo que debemos.
Se ha podido identificar gran confusión y desconoci-
miento en muchos políticos acerca del concepto de desarro-
llo. Si bien es cierto, existen diversas acepciones al término,
no es menos cierto que la clase dirigencial nacional no ha
podido articular ideas claras con respecto al real sentido
del desarrollo. Esto no sólo se traduce en la falta de una
visión correcta de hacia dónde nos dirigimos, sino también
en las débiles ejecuciones de los planes, programas y pro-
yectos que se presentan.

54
LA RUPTURA GENERACIONAL

Desde el punto de vista social, desarrollo es poder ofre-


cer una educación básica de calidad, con estadísticas de de-
serción y repitencia bajos; es tener un sistema de salud públi-
ca y seguridad social que respondan a los intereses genuinos
de la población; es respetar las leyes y poder contar con un
real estado de derecho. En el plano económico, desarrollo
es tener una sociedad con grados de pobreza casi nulos; es
contar con sectores productivos altamente competitivos;
es tener buenos niveles de estabilidad macroeconómica y
distribución equitativa de las riquezas. En lo político, es
elevar los debates al plano de las ideas; es fortalecer la
democracia, respetar los derechos de cada ciudadano y
ciudadana y, sobre todo, fortalecer las instituciones.
El Informe Mundial sobre Desarrollo Humano del año 2007
señala que: “el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de RD es
0.777 y ocupa el lugar número 90 de entre 182 países en el mun-
do”. Nos gusta más utilizar la medida del IDH, porque a
pesar de usar en su ponderación aspectos relativos a la
educación y esperanza de vida, también toma en cuenta el
crecimiento del PIB.
Visto esto, cabe señalar que la forma como se ha maneja-
do la economía en nuestro país en su conjunto no ha sido
la más adecuada. No obstante, reconocemos períodos gu-
bernamentales que han arrojado grados de estabilidad
macroeconómica muy por encima de otros. Cabe mencio-
nar el período gubernamental 2004-2008, que se erigió
de manera satisfactoria habiendo heredado una econo-
mía nacional muy lesionada del período 2000-2004. Sin
embargo, aún falta mejorar aspectos fundamentales de
transparencia en la contratación de bienes y servicios, así

55
Milton Morrison

como el fortalecimiento de las regulaciones y fiscalizacio-


nes en sectores fundamentales de la economía, donde sus
leyes adjetivas en muchas ocasiones son pasadas por alto.
También, debemos lograr una mayor eficiencia del gasto
público; acompañar efectivamente los sectores producti-
vos nacionales, para —junto a una política cambiaria y
monetaria adecuada— incrementar su competitividad y sus
capacidades exportadoras, y por último, fortalecer las le-
gislaciones existentes en el área de endeudamiento públi-
co, a los fines de mejorar la transparencia.
Bajo el concepto de la ruptura generacional, los dominica-
nos sensatos que se sumen a estas ideas deberán aspirar a
un desarrollo humano íntegro que combine el crecimiento
económico con la mejoría de la calidad de vida, la reduc-
ción de la desigualdad social y el respeto a los derechos
humanos.

56
CAPÍTULO III
GLOBALIZACIÓN E IDENTIDAD CULTURAL
LA RUPTURA GENERACIONAL

La sociedad del conocimiento asalta nuestros espacios.


La globalización no es una opción, es una realidad de la
cual somos parte, indistintamente de nuestros anhelos. El
proceso creciente de comunicación e interdependencia en-
tre los países y los ciudadanos del mundo conlleva a la
unificación de mercados, sociedades y culturas.
La globalización no es un fenómeno nuevo. Lo que
sucede es que anteriormente sus manifestaciones tendían a
ser acciones particulares de personas o grupos. Hoy día es
colectivo y no excluyente.
La UNESCO define cultura como el conjunto de los ras-
gos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan
una sociedad o grupo social.
Como consecuencia de la globalización, cada vez es más
difícil identificar identidades culturales puras. Es un error
observarla desde una perspectiva exclusivamente económi-
ca. Existe también una globalización cultural, que antece-
de la económica. Por ende, desde el punto de vista econó-
mico, si queremos ser exitosos en los mercados
internacionales debemos preparar recursos humanos que
conozcan la cultura de donde pretendemos penetrar.
La globalización económica ha implicado una liberali-
zación de los mercados. Las transacciones de bienes y servi-
cios se han fortalecido por la publicidad excesiva a través
de los medios de comunicación masivos, cuya masificación

59
Milton Morrison

ha reducido los espacios globales de forma estrepitosa. Esa


publicidad es la que, de algún modo, ha cambiado nuestros
patrones de comportamientos e invade nuestras tradicio-
nes y gustos, para de esa forma llevarnos a aceptar y dar
paso a los intercambios económicos.
En una gran proporción son los jóvenes los más suscep-
tibles a ser permeados por la transculturación, como resul-
tado de la presencia de distintas manifestaciones exógenas
que, indirectamente, van en detrimento de nuestra identi-
dad cultural.
Cada día es más necesario solidificar nuestra identidad
cultural; de tal forma que reduzcamos la tendencia a con-
vertirnos en consumidores e importadores de manifestacio-
nes culturales foráneas, y más bien nos convirtamos en
exportadores y consumidores de nuestro sello identitario
como nación.
Sobre la música sabemos que es una expresión sublime
de la espiritualidad de los seres humanos, así como una
alta expresión del arte clásico o popular. En el caso de la
música popular, hemos observado a través del tiempo varia-
ciones muy propias de la dinámica globalizadora y su
interacción con la cultura local. No ha de sorprendernos
que gran parte de la última generación de dominicanos y
dominicanas nacidos al inicio de los 90 no bailen meren-
gue o bachata, y no digamos la mangulina, el carabiné o el
merengue típico.
Cada vez son menos los que aprecian dichos bailes en
comparación con el rap, el reguetón y los bailes fruto de la
digitalización de la música, como sustituto de los instrumentos
tradicionales. ¿Acaso este comportamiento no es parte de los

60
LA RUPTURA GENERACIONAL

efectos de la globalización, que tiende a disminuir la presen-


cia de lo autóctono? Instrumentos musicales como el bongó,
la maraca, la güira y el acordeón hoy en día son escasos
en las producciones musicales de merengue y bachata.
Con esto no pretendo marginar las aplicaciones tecno-
lógicas resultantes de la dinámica progresista de la música,
para otorgar preferencias a elementos tradicionales de nues-
tra cultura. Pretendo, más bien, que sean diseñadas políti-
cas culturales orientadas a fomentar la internalización de
nuestras raíces, como paso previo a la adaptación o expan-
sión de nuevas expresiones culturales.
Creo, a partir de la ruptura generacional, que es nece-
sario la ejecución de políticas culturales que apoyen tanto
las manifestaciones clásicas como populares en el ámbito
de la música, paralelamente a una difusión masiva de nues-
tras raíces musicales.
Al igual que la música, el cine es otra vía fundamental
para promover los rasgos identitarios culturales de cual-
quier país, ya sea visto desde las concepciones culturales o
comerciales como lo es el cine hollywoodense. El cine es la
industria cultural que mayor peso ha tenido en la globaliza-
ción, mucho antes de la existencia de internet, es un porta-
voz por excelencia de identidades nacionales y culturales.
Precisamente fue a través del cine mexicano que se expor-
taron hacia el mundo muchas de las tradiciones culturales
más fuerte de México. Es justamente a través del cine de
Hollywood que se ha transmitido al mundo quiénes son y
qué pretenden ser los norteamericanos. Si prestamos aten-
ción, es a través del cine que podemos entender muchas de
las tradiciones de los países que producen películas.

61
Milton Morrison

En el caso de la República Dominicana es igual. Gra-


cias al despegue que ha tenido el cine dominicano en los
últimos tiempos, es posible percibir parte de la esencia del
pueblo dominicano en cada una de las producciones cine-
matográficas hechas aquí. La política cultural del Estado
dominicano debe tocar al cine para que con propuestas
cinematográficas de valioso contenido se pueda proyectar
la cara de la dominicanidad.
De lo que se trata es de lograr un equilibrio entre lo
que se exporta y lo que se importa, ya que en esta lucha
inevitable, desigual pero necesaria, sobrevivirán aquellas
culturas con mayor capacidad de permear otras.
La fuerza intrínseca de la globalización cultural trae
consigo influencias de unas culturas sobre otras. En este
proceso las alienaciones pueden ser fuertes y verse reforza-
das por la acción desinteresada del Estado dominicano en
el sector cultural.
La política cultural dominicana debe tender a la
profundización de las raíces de la identidad nacional. Hay
que fortalecer la cultura desde la base de la sociedad que es
el pueblo. Sólo de esa manera podremos garantizar el tras-
paso de la herencia cultural dominicana —y de una manera
sostenible— de generación en generación.
Por tanto, debemos participar en la globalización a tra-
vés del fortalecimiento de nuestra identidad cultural, que
es el sello distintivo palpable de la dominicanidad, descen-
tralizar y llevar la acción cultural a todos los municipios sin
imposiciones, fomentando la creatividad y el
empoderamiento de las comunidades.

62
LA RUPTURA GENERACIONAL

La diáspora dominicana juega un rol importante en la


definición de la identidad cultural en tiempos de
globalización. Por ello, hay que fomentar el intercambio
cultural entre la diáspora y quienes viven en el país. Los
dominicanos ausentes deben ser los principales portavoces
de nuestra cultura. De esta manera contribuirán indirecta-
mente con el fortalecimiento económico de la nación, al
dar a conocer el país desde una perspectiva cultural que se
podría convertir en comercial. Al mismo tiempo, debemos
respaldar a esos dominicanos para fortalecer su presencia
en las naciones donde se encuentren.
Existe una relación indirecta entre la brecha digital y la
identidad cultural de las naciones. Es decir, a medida que se
reduce la brecha digital, la posibilidad de transculturización
es mayor y bajo la existencia de una amplia brecha digital, el
contacto con otras culturas sería menor, y, por ende, el im-
pacto en las identidades culturales puras sería menor.
No obstante, la sociedad del conocimiento en la que
vivimos hoy día nos exige, para ser seres humanos competi-
tivos, una reducción a cero de la brecha digital. Por lo que,
existe una relación yuxtapuesta e interesante en cuanto al
mundo que vivimos hoy en día y el mundo que legaremos
a las futuras generaciones en función del acervo cultural
autóctono.
Es por eso que considero una responsabilidad de la
juventud dominicana portar la “doble ciudadanía” (glo-
bal y local) que la sociedad del conocimiento nos brinda
como consecuencia de la reducción de la brecha digital.
La única forma de hacerlo es participando activamente

63
Milton Morrison

de la globalización e ir acompañados de la dominicanidad


como sello identitario.
El Informe de Desarrollo Humano 2005 plantea con rela-
ción a la cultura y el desarrollo:
“La cultura es un medio para incrementar el desarrollo huma-
no en República Dominicana si está dirigido a fortalecer la capaci-
dad de agencia de la sociedad y la valorización de lo propio. Se
puede tener la mejor formulación técnica para el desarrollo huma-
no, pero si no hay una valorización de lo propio, difícilmente se
pueda alcanzar el objetivo.
Entre las acciones más urgentes para lograr la valorización de
lo propio es necesaria la incorporación de la dimensión cultural en
todas las políticas de Estado, dado que es desde esta dimensión que
la gente va a valorar los programas y metas encaminadas al desarro-
llo nacional.
Mientras más original y segura de sí misma sea una población
en términos culturales, mayor será su capacidad para aprovechar
positivamente las inevitables y hasta necesarias influencias cultura-
les externas”.
Es clara la imperiosa necesidad de fomentar la
interculturalidad sin exclusión y marginación de nuestra
cultura. La cultura dominicana encierra un capital social y
un valor histórico inmensos que debemos preservar.
Las instituciones que dirigen las políticas de educación,
juventud y cultura de nuestro país deben aunar esfuerzos
para reintroducir la educación en valores, artística y la ani-
mación sociocultural como parte del currículo educativo.
Existe un vaso comunicante muy directo entre juven-
tud, cultura y globalización que hay que potenciar para
obtener los beneficios que esperamos como nación.

64
LA RUPTURA GENERACIONAL

Sobre los hombros de la juventud descansa la responsa-


bilidad de convertirnos o no en ciudadanos globales con
identidad propia.
La ruptura generacional nos llama a aceptar las múlti-
ples opciones y manifestaciones que nos ofrece la sociedad
de hoy en día. Sin embargo, apela al fortalecimiento de la
identidad cultural dominicana como una forma de lograr
una mayor cohesión social.

65
CAPÍTULO IV
DEBILITAMIENTO DEL CAPITAL SOCIAL
LA RUPTURA GENERACIONAL

Diversos autores, entre ellos, Robert Putnam, Francis


Fukuyama y James Coleman, nos presentan el concepto de
capital social en tres componentes básicos: la confianza, el
comportamiento cívico y el grado de asociacionismo.
Específicamente, Putnam define el capital social como “los
aspectos de las organizaciones sociales, tales como las redes, las
normas y la confianza que permiten la acción y la cooperación para
el beneficio mutuo”.
El desarrollo humano al cual aspiro para nuestro país
deberá estar cimentado en bases sólidas de capital social, la
única garantía de construir un proyecto de nación sosteni-
ble y participativo.
Los partidos políticos, en tanto que organizaciones, apor-
tan o restan bastante al capital social de un país, sobre todo
por los aspectos relativos al asociacionismo y la confianza.
La encuesta sobre Cultura Política de la Democracia en
República Dominicana (Lapop 2006) refleja que la partici-
pación ciudadana en partidos políticos es de un 17.8%, lo
que los sitúa por debajo de la participación de las organiza-
ciones religiosas que tienen un 56% y por encima de la
participación cívica con un 12.4%.
Desde mediados de la década de los 60, la participa-
ción activa de los ciudadanos en organizaciones políticas
incrementó de manera significativa, declinando las afilia-
ciones partidarias de forma considerable a principios del

69
Milton Morrison

siglo XXI, como resultado de las insatisfacciones del pue-


blo dominicano al comprobar las prácticas del ejercicio del
poder de los principales partidos tradicionales. Esta ten-
dencia ha estado influenciada por la falta de confianza del
pueblo hacia los partidos políticos y el decaimiento de las
ideologías polarizantes.
De establecerse como norma el modus operandi actual de
los partidos políticos en las estructuras sociales y económi-
cas del país, se producirá un decrecimiento importante del
capital social que poseemos. Las estructuras estatales son
vistas cada vez más por los partidos políticos como una vía
de solución de necesidades personales, más que colectivas.
La desconfianza en agrupaciones políticas ha sido pro-
vocada por la situación socioeconómica que ha atravesado
el país durante las últimas décadas, representada en crisis
económicas, fuertes tensiones sociales derivadas de las cri-
sis económicas, continuos cambios políticos y, sobre todo,
las necesidades insatisfechas de la población.
Según la encuesta Lapop 2006, el porcentaje de confian-
za interpersonal para la República Dominicana en el 2006
fue de 60.4%. Esto significa que existe una tendencia real a
pensar que con quienes nos relacionemos son muy proclives
a engañarnos. La corrupción pública, el clientelismo y la
compra de conciencia son algunos de los elementos que
más han contribuido al deterioro de la confianza.
Desde el punto de vista económico, la corrupción pú-
blica reduce la inversión social, limita el ahorro, reduce los
recursos para el cumplimiento de los compromisos de deu-
das externas e internas, contribuye a la sobrevaluación de
proyectos, impide la transparencia del ejercicio público,

70
LA RUPTURA GENERACIONAL

produce desigualdad social, envía señales erróneas a la so-


ciedad, fomenta los caminos fáciles para la obtención de
bienes, y constituye un gran daño a toda la población.
Desde el punto de vista social, la corrupción se contra-
pone a la ética y la moral, y agrede la conciencia espiritual
e individual de la población, ya que usa los recursos de
todos para beneficios particulares de unos pocos, y cuando
la corrupción se beneficia de la impunidad, entonces ali-
menta distorsiones éticas y crea patrones conductuales so-
ciales que tienden a reducir la confianza interpersonal. Es
decir, la corrupción pública no sólo afecta aspectos econó-
micos de la nación, sino elementos conductuales y psicoló-
gicos de la población en sentido general.
El estudio nacional del costo de la corrupción para los
hogares de la República Dominicana de junio de 2007
revela que el 88.5% de los dominicanos considera que los
partidos políticos no hacen nada para erradicar la corrup-
ción. Además, que el 57% entiende que hay que castigar
los corruptos. Es penoso ver que un poco más de la mitad
de la población es quien entiende que hay que castigar
los corruptos. Esa baja intención hacia el castigo de la
corrupción no se corresponde con el alto porcentaje de
quienes entienden que los partidos hacen poco para com-
batirla. Sin embargo, los culpables de ese bajo porcentaje
hacia la propensión del castigo son los mismos actores
políticos que han asumido los poderes del Estado, y bajo la
impunidad y complacencia han degenerado la conciencia
ciudadana al hacerles entender por sus hechos que un cán-
cer social como la corrupción no encuentra real voluntad
política para su combate.

71
Milton Morrison

En las décadas de los 60, 70 y 80 los clubes culturales y


deportivos tuvieron una participación fundamental en el
fomento de valores cívicos y morales. Fue una época en la
que el movimiento clubístico aglutinó una juventud domi-
nicana que exigía respeto ante sus reclamos políticos, cultu-
rales y sociales. En toda esta época se creó un fuerte capital
social, como resultado de la interrelación de los individuos
basados en la confianza, y en torno a una serie de valores
compartidos.
Con la ruptura generacional aspiramos a un proceso
paulatino de cohesión que fortalezca el capital social acu-
mulado en las comunidades y las diversas agrupaciones so-
ciales. De manera tal que sustituyamos el concepto del go-
bierno centralizador y fuerte hacia uno de redes sociales
incluyentes, participativo y generador de cambios.

72
CAPÍTULO V
PRINCIPIOS, VALORES Y RESPONSABILIDAD SOCIAL
LA RUPTURA GENERACIONAL

Debió ser en la primavera de 1983, cuando desde el


balcón del edificio Cordero VI de la Benigno Filomeno
Rojas, observé una mañana, a eso de las 5:30, caminar a
mi padre rumbo a un destino para mí desconocido. Lo vi
ponerse la camisa y salir a enfrentar el día como siempre lo
hacia. A su regreso, una hora y media más tarde, traía sus
manos paridas con el desayuno de sus cuatro hijos. Desde
ese momento, no sólo por esa mañana, sino por las maña-
nas de toda una vida, he visto a mi padre hacer lo mismo.
De él aprendí, no por sus palabras, sino por sus acciones,
qué es ser responsable.
No he de negar mi preocupación desde hace años
acerca del rumbo de la sociedad dominicana, cuyo de-
rrotero apunta hacia el deterioro de los principios y va-
lores necesarios para construir un país más justo y equita-
tivo sobre la base del respeto humano. Aunque he tenido
esa constante preocupación, esta no se ha convertido en
desesperanza.
En el primer semestre del año 2007, comencé a sentir
una renovación de la esperanza cuando leí en la prensa
nacional que grupos de jóvenes solicitaban a la sociedad
un ejercicio político más ético basado en valores. Estos re-
clamos de transparencia han continuado manifestandose
en la sociedad dominicana. No fue tanta mi sorpresa por
esas declaraciones, porque meses antes había escuchado a

75
Milton Morrison

personalidades del mundo del espectáculo expresarse en


iguales términos, voces que lucen en ocasiones conservado-
ras y ajenas a la realidad política.
Entiendo que muchos ciudadanos poseen principios y
valores que no negocian, aun bajo circunstancias difíciles.
Si analizamos detenidamente nuestra historia, nos dare-
mos cuenta de qué tan reducido es el número de quienes
transgreden las leyes e intentan corromper a los demás. Si
todos actuáramos como esos corruptos, entonces dichas ac-
ciones no retumbarían tanto en nuestras conciencias, por-
que seríamos sus cómplices.
El respeto a los seres humanos debe comenzar por el
reconocimiento de sus derechos y la valoración de sus prin-
cipios. No es cierto que todos los miembros de los partidos
políticos tradicionales carecen de valores y principios.
Los partidos políticos son el reflejo de la sociedad y,
por ende, en ellos se encuentran muchas personas valiosas,
honestas, serias, con valores y principios. Realmente son
unos pocos los que dañan la imagen de la mayoría, y tratan
de sobreponer su supuesta “honorabilidad” en detrimento
de los que realmente la poseen.
El liderazgo político tradicional no puede seguir en este
juego de chantajes y empañamiento de honestidades a través
de la descalificación de unos u otros. Basta ya de realizar una
división política del bienestar colectivo y del desarrollo na-
cional. Las políticas sociales y económicas deben estar dirigi-
das a todos los dominicanos, no sólo a los ciudadanos de los
partidos gobernantes. La República Dominicana es una, y
en nuestras venas corre la misma historia, la misma raíz, las
mismas necesidades, el mismo dolor.

76
LA RUPTURA GENERACIONAL

En el verano de 1999, meses posteriores a haber reci-


bido el Premio Nacional de la Juventud, que otorga el
gobierno dominicano cada año, me marché a Inglaterra
a realizar mis estudios de maestría en Planificación y
Desarrollo, como resultado del esfuerzo económico fami-
liar y las colaboraciones de amigos.
Fruto a esa experiencia tuve la oportunidad de beber
en las fuentes del conocimiento de Inglaterra, de conocer
su cultura y sus tradiciones. Fue un período intenso que
marcó mi vida desde el punto de vista académico, intelec-
tual y de la vida cotidiana en sentido general.
Luego de un año de intensos estudios, a finales de
agosto, casi inicio de septiembre de 2000, regresé al país
en búsqueda de nuevas oportunidades y un nuevo trabajo.
En septiembre de 2000, se establece la Dirección Energía
No Convencional del Ministerio de Industria y Comercio
y por recomendación de un amigo me nombraron direc-
tor de dicho departamento, decisión difícil de tomar ante
las ofertas del sector privado. No obstante, el deseo de
realizar una labor que abarcara un espectro nacional me
atrajo. Además, era al mismo tiempo una forma de retri-
buir a mi país la oportunidad que se me había dado al
estudiar fuera.
Realmente, me había perdido el año electoral que co-
rrespondía a la transición del gobierno saliente de 1996-
2000 al entrante de 2000-2004, y, por ende, no había
contribuido con el partido que dejé gobernando cuando
fui a estudiar ni mucho menos para el otro que encontré
en el gobierno a mi regreso. Honestamente, me alegro de
que haya sucedido así, el costo de oportunidad hubiese

77
Milton Morrison

sido muy alto de no haber estado estudiando en Inglate-


rra en ese período.
Desarrollé mis funciones públicas como me han ense-
ñado mis padres con su ejemplo: apegado a la honestidad y
a la ética como la han desarrollado miles de dominicanos.
A quienes me acompañaron en dicha responsabilidad les
corresponde evaluar mis acciones, pero salí de allí con la
satisfacción del deber cumplido.
No obstante, y por tener claro el concepto de que las
acciones de los gobiernos son para beneficio de la pobla-
ción en general, indistintamente de su bandería política,
en la ejecución de los proyectos comunitarios fui acusado
como simpatizante del partido saliente por miembros del
partido en el gobierno externos a la institución para la
cual laboraba, por garantizar que en los proyectos que
ejecutábamos tuvieran un alcance para todos los habitan-
tes de las comunidades, independientemente de sus afi-
liaciones políticas. Así lo hice independientemente de los
criterios interesados provenientes del partidarismo ciego.
Tiempo después, al llegar el gobierno de 2004-2008,
fui acusado de ser simpatizante del gobierno saliente por
las nuevas autoridades, debido a que una familia que no
cumplía con los requisitos necesarios para ser beneficia-
ria de los proyectos comunitarios, mintió al decir que ha-
bía sido excluida porque pertenecía al partido de gobier-
no cuando no estaba en el poder. A ese argumento se
sumaron otros posteriores, muy típicos del sumidero de la
política vernácula utilizada para validar acciones futuras,
tratando de crear sombras sobre lo que entiende no es de
su parcela política.

78
LA RUPTURA GENERACIONAL

El concepto de la ruptura generacional implica dejar


claro que la condición de ser humano y su respeto debe
estar por encima de las afiliaciones políticas, si queremos
una República Dominicana próspera y justa. Es decir, que
todos converjamos en un mismo punto por el bienestar
de la Nación en detrimento de las maledicencias y el
atraso nacional.
La clase política tradicional ha enviado señales desfavo-
rables para la ética de la sociedad. Muchos políticos son
más ricos que empresarios tradicionales y personas que han
pasado su vida trabajando de manera honesta y devengando
beneficios sustanciosos. La situación clásica en la cual los
empresarios financian las campañas políticas ha variado:
ahora los políticos son empresarios capaces de financiar
sus propias campañas. Esos ejemplos son flacos aportes a la
democracia participativa. Lo que indica que aquel que más
tiene es quien puede optar por los cargos electivos en las
elecciones. ¡Eso tiene que cambiar ya!
Un clientelismo atroz ha avanzado en la arena política.
La compra de conciencias para el ejercicio del voto es una
de las formas de peor explotación de la pobreza y necesi-
dad humana. Sin embargo, somos más aquellos cuya con-
ciencia electoral no está en venta.
Es penoso observar en tiempos electorales como fami-
lias se contentan con una funda de alimentos que sólo les
permite comer por un día. Así como ser testigos del espec-
táculo de reparto de $300.00, RD$500.00 y hasta
RD$1,000.00, a fin de garantizar que una persona vote por
un candidato en específico. Esa es una práctica que nos
desvirtúa, nos denigra y nos atrasa como nación.

79
Milton Morrison

Otro punto crítico es ver cómo la asistencia social es


utilizada como un chantaje para la obtención de votos. Tam-
poco debe ser coartada la moral del ser humano predispo-
niendo sus intenciones de ejercer un derecho que a la vez
es un deber por medio de paupérrimas prebendas.
Dado los grados de pobreza que arropan al país, será
difícil convencer a nuestros ciudadanos de no aceptar las
dádivas que les ofrecen. Es más, deben seguir tomándolas,
porque en cierto modo es una retribución de lo que ellos
mismos han aportado a través de impuestos a la economía
del país, y cuyos recursos algunos políticos utilizan como si
fuese su patrimonio particular.
Lo que no será difícil es hacerles entender a los domi-
nicanos de todos los estratos sociales que el voto es secreto
y que la conciencia, para optar por las mejores opciones
para dirigir el país, no puede ser comprada al momento de
votar. Que quien intenta comprar su voto no le respeta,
más bien se aprovecha de su condición de pobreza. Que
debemos exigir a los gobiernos acciones que ayuden a digni-
ficar la condición humana de quienes los elegimos.
Una dádiva o una acción clientelista sólo dura un día.
Las inversiones reales en salud, educación, seguridad so-
cial, seguridad ciudadana, creación de empleos, buen ma-
nejo de la economía, esas sí nos ayudan a crecer como país.
Mientras continuemos vendiendo al mejor postor nuestro
voto por una gratificación momentánea, el bienestar del
país será cada vez más difícil de lograr.
Es tiempo de despertar, de no seguir complaciendo a
aquellos que se han aprovechado de nosotros debido a nues-
tras necesidades. ¿Cuántos desengaños no hemos sufrido

80
LA RUPTURA GENERACIONAL

como consecuencia de promesas insatisfechas? Rompamos


con esos dominicanos cuya forma de hacer política debilita
los cimientos de nuestra nación.
Es urgente que quienes entendemos el concepto de la
ruptura generacional hagamos que otros logren entender-
lo, para de esa forma luchar por el adecentamiento e ins-
tauración de una política basada en principios y valores;
una política moral que respete al ser humano. Es posible
dignificar, paso a paso, la política dominicana.

81
CAPÍTULO VI
UNIDADES Y AGENTES DE CAMBIOS
LA RUPTURA GENERACIONAL

Nuestros problemas no se resolverán buscando culpables


ni por medio de retaliaciones hacia los que creemos han
sido los responsables. La ruptura generacional nos llama a
ser partícipes de nuestro desarrollo por medio del cambio en
nuestras vidas. Y el cambio de nuestras vidas es responsabili-
dad de cada uno de nosotros, así como el cambio hacia el
país que queremos es responsabilidad de todos.
Los problemas nacionales de hoy son los mismos de
hace varias décadas. La clase política tradicional no se ha
ocupado de realizar las transformaciones estructurales en
el ámbito social, institucional, económico y político que la
República Dominicana requiere.
Para establecer el concepto de unidades de cambio re-
cordemos la famosa frase de John F. Kennedy: “no preguntes
qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu
país”. En el estado en que se encuentra la República Domi-
nicana es difícil preguntar qué puede hacer nuestro país
por nosotros.
Creo firmemente que la República Dominicana ha de
someterse a un proceso profundo de reformas estructurales
que transformen lo institucional, lo económico, lo político
y lo ético, estas reformas no se producirán al margen del
esfuerzo mínimo de cada ciudadano que tiene la opción de
convertirse en agente de cambio y gestionar su propio bien-
estar y del entorno en que viven.

85
Milton Morrison

El cambio en la sociedad sólo se producirá a través de


acciones que produzcan los agentes de cambio. Cada habi-
tante progresista que entienda la necesidad de la ruptura
generacional debe sumarse espiritual y materialmente a los
esfuerzos de las Unidades de Cambio (UC) y convertirse
en un agente de transformación.
Las UC serán núcleos sociales, grupos donde todos
contribuiremos a cambiar la realidad básica de nuestro
entorno. Nos convertiremos en catalizadores de inquietu-
des sociales, pero a la vez en forjadores de soluciones
propias, generadas en el mismo corazón de la provincia,
municipio, sección, paraje, comunidad o barrio donde
germine una UC. Estas serán células vivas de acciones
político-comunitarias.
Las UC servirán para unir los profesionales, técnicos,
empresarios, comerciantes, amas de casas, trabajadores for-
males e informales…, en fin, todos los ciudadanos con vo-
cación de servicio social y político, de manera tal que sean
soportes en la gestión primaria de necesidades individuales
y colectivas. Deberán ser estos entes cohesionantes del ca-
pital social.
El fortalecimiento del capital social y el desarrollo hu-
mano es parte de la misión de las UC. Si no desarrolla-
mos y potenciamos los seres humanos, hasta lograr en
ellos un reconocimiento de sus derechos fundamentales
como individuos y que puedan reflejarlos en la colectivi-
dad, el capital social generado no podrá reproducirse de
manera positiva.
Debemos crear tantas UC como comunidades o divi-
siones geográficas existan. Las luchas y reivindicaciones

86
LA RUPTURA GENERACIONAL

sociales serán gestionadas de mejor forma si los dominica-


nos nos organizamos en núcleos sociales cuya mentalidad
política de sus miembros sea distinta a la existente en los
partidos políticos tradicionales.
Las estructuras organizativas de los partidos tradiciona-
les y las UC se diferenciarán fundamentalmente por el
enfoque social y político de esas entidades. Todos los miem-
bros de las agrupaciones tradicionales podrán integrar las
UC cambiando su mentalidad política y volviéndose entes
dinamizadores de acciones sociales.
La acción política, el fortalecimiento del capital social
y el desarrollo humano son partes de la misión de las
UC. Estos han de ser las familias sociales de la nación,
replicándose en todo el país, en forma de una gran red
por el desarrollo nacional, cuyas acciones vayan orienta-
das a defender los intereses individuales de una manera
colectiva.
Las UC deben velar porque los niños y niñas del lugar
donde germinen asistan a la escuela, deberán dar segui-
miento a la salud de la comunidad, a través de la gestión
de servicios comunitarios. Ayudarán a canalizar las denun-
cias a las autoridades para un mejor seguimiento y control
de la delincuencia. También, podrán orientar acerca de los
derechos constitucionales de los ciudadanos, así como ofre-
cer servicios de consulta legal básica a través de uno de sus
miembros o agentes externos. Igualmente, las unidades de
cambio exigirán a las autoridades locales el cumplimiento
de sus deberes como prioridad.
Los agentes de la Unidad de Cambio deberán prepa-
rar planes de desarrollo comunitario en pos de generar el

87
Milton Morrison

desarrollo socioeconómico local, a los fines de que el go-


bierno central y los gobiernos locales (ayuntamientos) bajo
esquemas participativos los ejecuten.
La clase política tradicional ha demostrado una gran
incapacidad para sintonizar con el pueblo. No se han dete-
nido a escuchar los reclamos legítimos de la población.
Más bien, nos han confundido y presentado opciones de
corto alcance, que no contribuyen con el desarrollo nacio-
nal y mucho menos con la eliminación de la pobreza.
Existen muchas iniciativas tendentes a mejorar nuestra
calidad de vida que no necesitan de la intervención directa
de los políticos demagogos y populistas. ¿Necesitamos ayu-
da para cumplir nuestros deberes ciudadanos? ¿Necesita-
mos que nos digan que enviemos nuestros hijos a la escue-
la? ¿Necesitamos ayuda para respetar las leyes y las
instituciones existentes? Creo que no.
Sin embargo sí, necesitamos el soporte de gobiernos
conscientes en el suministro de equipos y medicinas de los
hospitales. Sí, necesitamos soporte para expandir el desayu-
no escolar y que nuestros hijos reciban una alimentación
básica previa a la enseñanza. Y sí, necesitamos oportunida-
des y empleos para desarrollarnos.
Por tanto, la nueva forma de conducir la nación que
nos plantea la ruptura generacional no es más que aquella
donde los agentes de cambio sean apoderados para que
puedan canalizar —y, de ser posible, resolver— los proble-
mas de sus comunidades.
Para la conformación de las UC debemos hacer un
censo comunitario enfocado básicamente en los recursos
humanos prestadores de servicio. Es decir, tenemos que

88
LA RUPTURA GENERACIONAL

censar cuantitativa y cualitativamente a los profesionales


de todas las áreas. Luego de determinar el capital humano,
sus destrezas y sus potencialidades, éste deberá ser instrui-
do para que pueda contribuir con sus conocimientos al
cambio social y de mentalidad política que propugna la
ruptura generacional.
La asistencia médica básica de la comunidad puede ser
supervisada por algún agente de cambio. Los servicios de
orientación legal básica pueden ser realizados por un agen-
te de cambio. Y muchos otros trabajos que necesitan asis-
tencia básica inmediata pueden encontrar respuesta a tra-
vés de las UC.
Muchos se han referido a la preparación de un plan
nacional de desarrollo con un horizonte de más de 20 años.
Desde el punto de vista conceptual, y para el desarrollo del
país, la idea está bien. No obstante, mi formación en plani-
ficación y desarrollo, así como las diversas experiencias que
conozco, me han indicado que los planes de desarrollo,
excluyentes de los principales stakeholders o involucrados,
tienden ha convertirse en pliegos de papeles burocráticos,
que pierden vigencia con en el tiempo.
¿Para qué sirven los planes nacionales si ellos no refle-
jan el sentir y las necesidades de la mayoría? El desarrollo
nacional debe estar basado en planes cuyos proyectos sean
insumos que reflejen las reales necesidades del país; y que
su misión sea la de transformar la República Dominicana
en una nación desarrollada donde exista un real estado de
derecho, donde la educación sea de una alta calidad y de
acceso universal; donde se proporcionen las mejoras funda-
mentales en el sector salud, de manera que se incremente

89
Milton Morrison

nuestra esperanza de vida; que la seguridad social asegure a


cada ciudadano una vida digna, tanto al nacer como en la
vejez; que seamos un país cuyo crecimiento económico se
logre transformar en desarrollo económico; que nuestro
aparato productivo sea tan competitivo que genere riquezas
en cualquier mercado, y que las oportunidades de todos los
seres humanos que habitan esta isla se encuentren por en-
cima del promedio deseado.
La gran red nacional de UC será el medio mediante el
cual se preparen los diagnósticos a corto, mediano y largo
plazo, y cuyos insumos servirán de plataforma para elabo-
rar un plan nacional de desarrollo, el cual deberá ser apro-
bado por ley y su ejecución sea fruto de la voluntad del
consenso de todos.
Debe quedar claro que todas las transformaciones socia-
les, políticas y económicas en las que se sustenta el concepto
de las unidades de cambio tendrán una acción real a través
de ejecuciones asumidas desde los poderes del Estado.

90
CAPÍTULO VII
MI VISIÓN ACERCA DE LAS SOLUCIONES
LA RUPTURA GENERACIONAL

La voluntad y el consenso son aspectos fundamentales


para solucionar cualquier problema nacional. De ahí mi
convicción de que la mayoría de los problemas que aque-
jan a la nación dominicana han carecido de ambos ele-
mentos a la hora de buscar soluciones.
Creo en la voluntad del consenso como un medio efi-
caz para resolver los problemas nacionales. No es suficien-
te lograr el apoyo de las mayorías, si no se tiene la voluntad
para examinar y atenuar las diferencias resultantes del con-
senso pertenecientes a las minorías, con el objetivo de ob-
tener resultados satisfactorios para todas las partes.
El sistema energético, la educación en todos sus as-
pectos, la salud, la seguridad ciudadana y social, el trans-
porte y respeto a las leyes, son ejemplos de las áreas cuyas
realidades representan escollos importantes para el desa-
rrollo nacional. Muchas personas en nuestro país desco-
nocen a grandes rasgos las verdaderas soluciones a esos
problemas, y estoy más que seguro de que en su íntima
convicción comparten enfoques y criterios parecidos acer-
ca de las posibles soluciones. A pesar de esto, el arcoiris
de intereses envueltos en estos problemas transforman
voluntades de consenso en soluciones particulares. Esta
es una condición peligrosa para el desarrollo nacional, y
se observa desde hace varios años.

93
Milton Morrison

Es bien conocido que la educación es uno de los princi-


pales medios para combatir la pobreza. Entonces, si quere-
mos reducir la pobreza a largo plazo en el país, debemos
empezar invirtiendo mayores recursos en este sector.
Es necesario hacer todo el esfuerzo posible para que las
portadas de los periódicos, al inicio de cada año escolar, no
sean dedicadas a niños y niñas sentados en bloques de
cemento o que la sombra de un árbol sea su aula.
Existe un divorcio entre los planteamientos de los go-
biernos en cuanto a la necesidad de invertir en la educa-
ción y la inversión que realmente hacen. Lo mismo ocurre
con los objetivos planteados y con el tipo de formación
académica que necesitamos para el país.
El problema educativo en República Dominicana tiene
varias aristas que se interrelacionan y cuyas mejoras po-
drían repercutir en el sistema educativo en su conjunto. Lo
primero a tomar en cuenta es que no podemos brindar
educación de calidad si no invertimos en la capacitación
de los maestros y las maestras. Es como responder la pre-
gunta de: ¿quién educa al educador? o ¿cuáles son los cono-
cimientos que brinda el educador a sus alumnos? La cali-
dad de la educación depende en gran medida de la inversión
en capacitación de los maestros.
La formación de los maestros ha de ser continua y pro-
gresiva. Los acuerdos de centros superiores de enseñanzas
con el Ministerio de Educación y la Asociación Dominica-
na de Profesores (ADP) deben expandirse aún más, para
que el grado académico mínimo necesario para impartir
docencia sea una licenciatura acompañada de cursos espe-
cializados en pedagogía.

94
LA RUPTURA GENERACIONAL

La capacitación ha de ser especializada. Un maestro


que imparta matemáticas y ramas afines, como aritmética,
geometría, álgebra o trigonometría, debe recibir una forma-
ción permanente y sistemática, en términos pedagógicos, en
esas áreas, para que los conocimientos que transmita no sólo
sirvan para el saber, sino también para el hacer. Es decir, la
educación perteneciente a las ciencias debe ser aplicada a
los fines de adquirir los criterios necesarios para motivar a
los estudiantes a utilizar su creatividad, de tal modo que usen
todo cuanto aprendan para mejorar su entorno.
En cuanto a las ciencias sociales, la historia y la litera-
tura, los maestros y maestras deben ser forjadores de la
creatividad y del análisis. Deben desarrollar la capacidad
analítica de los estudiantes, con el propósito de lograr que
estos pasen de la memorización y repetición de los hechos, al
análisis crítico y comparativo de los acontecimientos y a la
capacidad de formular propuestas.
Cada maestro debe tener acceso a la Internet y, de ser
posible, poseer un computador. La educación del siglo XXI
tiende a lo virtual, por lo que llegará el momento, dentro
de algunos años, que los maestros dominicanos tendrán
que ofrecer sus enseñanzas por medio de clases pregrabadas
en medios audiovisuales, y que su presencia en el aula será
sólo para aclarar o instruir acerca de conceptos que necesi-
ten ser profundizados. De esta forma, podremos estandari-
zar la educación dominicana: todos los estudiantes recibi-
rán las mismas lecciones, no importa su estatus social o
ubicación geográfica.
La reducción de la brecha digital, a través del acceso a
la información por medio de la internet y el uso masivo

95
Milton Morrison

del computador harán más competitivas nuestras aulas.


Los maestros deberán tener una mayor capacidad de res-
puestas, ante estudiantes que tienen acceso a informacio-
nes que ellos mismos, muchas veces, desconocen. Enton-
ces, la meta ha de ser una computadora para cada maestro
y centros de computadoras en cada escuela, para que to-
dos los estudiantes tengan acceso a Internet, bajo el pre-
cepto de que el conocimiento es de carácter universal.
Los gobiernos de los últimos 15 años han hecho bas-
tantes esfuerzos en abastecer las aulas de las escuelas con
laboratorios de computadoras. Pero no basta con la dota-
ción de los equipos si no se hace hincapié en la enseñanza
y aplicación real del computador y la Internet.
El salario de los maestros, al igual que el de los médicos,
es preocupante. Por la importancia misma de la educación
para el desarrollo nacional la profesión de maestro debe
adquirir una dimensión en la misma proporción de su apor-
te a la sociedad. No es posible impartir una educación de
calidad si quienes la imparten no tienen una vida digna. Un
profesor a tiempo completo debe devengar como mínimo
un salario equivalente al monto de la canasta familiar real.
De igual manera, el desayuno escolar debe aumentar
en cantidad, variedad y calidad. Debe tender a ser un desa-
yuno balanceado acorde con los grados de nutrición reque-
rida, e incluir una dosificación de vitaminas.
Creo en la importancia de la preparación intermedia,
orientada a la capacitación técnica previo a la universita-
ria. La capacitación técnica debe ser fortalecida por me-
dio de la creación de politécnicos y escuelas técnicas. El
sector educativo debe ir dando un giro en esa dirección.

96
LA RUPTURA GENERACIONAL

El desarrollo nacional llama a tener recursos humanos


capacitados técnicamente.
Los politécnicos existentes deben recibir mayor aten-
ción en recursos y oportunidades que las recibidas hasta
ahora. La capacitación técnica debe ser diversa, orientada a
las exigencias del mercado, pero también deben fomentarse
las escuelas de formación artísticas y culturales que pro-
muevan junto al bachillerato una formación en artesanía,
pintura, danza, teatro, cine, música, etc. Esta formación
artística debe estar enfocada no sólo para el crecimiento
del mercado dominicano, sino para convertirnos en fabri-
cantes de capital humano para la exportación.
Así como en la década de los 70 y 80, la formación
técnica profesional desempeñó una función fundamental
para el desarrollo, hoy en día la economía basada en el
conocimiento exige profesionales ligados a las ciencias apli-
cadas. Esta diversificación de la formación técnica y artísti-
ca contribuirán con una educación integral.
Una de las debilidades de que adolecen la mayoría de
las infraestructuras educativas nacionales es el mantenimien-
to. Las instituciones gubernamentales reservan muy pocos o
casi nada de recursos para mantener en condiciones adecua-
das sus edificaciones. El sector educativo no es la excepción
ante esta realidad. Muchos planteles escolares no se encuen-
tran aptos para que se imparta docencias en ellos. Este no
debe ser un problema exclusivo de los gobiernos, sino tam-
bién del interés de la comunidad, las asociaciones de padres
y amigos de la escuela, los comerciantes y empresarios locales,
quienes podrían asumir una función importante en ese senti-
do, pues son sus hijos los que estudian en esas edificaciones.

97
Milton Morrison

Fundamentalmente los planteles escolares se deterio-


ran por el mal uso. ¿Dónde está la autoridad de los profeso-
res para exigir a sus alumnos el cuidado de dichos plante-
les y sus mobiliarios? Todo se basa en el amor de lo propio
y en el amor de lo colectivo. Siempre he creído que quien
le hace un daño a un bien público le hace el daño a la
población general. Lamentablemente, hemos desarrollado
grados bajos de amor y protección a los bienes públicos
cuando debería ser todo lo contrario. Quienes mejores que
nosotros para proteger los bienes a través de los cuales
recibimos nuestros servicios.
El Ministerio de Educación debe realizar periódica-
mente un inventario de útiles y materiales en los centros
educativos, con el propósito de proyectar las necesidades
actuales y futuras.
Las butacas y pizarrones escolares no son tan costosos
como para que haya escasez de estos en las aulas. Crear
empresas autosostenibles para su fabricación podría ser una
solución. Es decir, industrias fabricantes de materiales esco-
lares con capital gubernamental bajo una modalidad de
joint venture con el sector privado, y administradas con con-
ceptos gerenciales avanzados.
Estudios recientes han demostrado una disminución
en la calidad de la educación superior. Durante mi expe-
riencia como director de la carrera de Ingeniería Eléctri-
ca de la universidad INTEC, pude percatarme del grado
decreciente en la calidad de la educación superior. Los
problemas en este ámbito son muy parecidos a los de gra-
dos inferiores, y la influencia gubernamental no es tan
influyente en cuanto a la operatividad, no así respecto a las

98
LA RUPTURA GENERACIONAL

regulaciones orientadas a mejorar la calidad, que puede


aplicar a través del Ministerio de Educación Superior, Cien-
cia y Tecnología.
Para mejorar la educación superior debe generarse el
vínculo universidad-empresa-gobierno. Las universidades
han de convertirse en laboratorios sociales, cuyos
desarrolladores e investigadores sean los estudiantes. En
tal sentido, deben integrarse como docentes, profesionales
cuyas experiencias reduzcan los espacios de la inexperien-
cia y la improvisación. Nuestro país posee profesionales
muy valiosos formados tanto en el país como en el extran-
jero, deben ser estimulados para que formen parte del cuer-
po académico de las universidades nacionales. De esta ma-
nera, las universidades tendrán que mejorar las condiciones
laborales de éstos, con la colaboración del sector privado y
el gubernamental.
Todo estudiante debe tener la capacidad de elegir dón-
de realizar sus estudios superiores. Por tanto, el esquema de
subsidio universitario debe cambiar. Más que subsidiar las
universidades, hay que subsidiar a los estudiantes y, a través
de ellos, el centro educativo de su elección. De esta forma,
fomentaremos la competencia y el mejoramiento continuo
de las universidades.
Y si la educación académica está en crisis, sucede lo
mismo con la educación hogareña. La educación académi-
ca formal debe ir acompañada de una buena educación
familiar, basada en valores. No es posible dar el salto cuali-
tativo al que aspiramos si los niños no son instruidos en
cuanto a la importancia de la educación para sus vidas, y si
no crecen con principios y valores.

99
Milton Morrison

Las deserciones escolares no disminuirán por tener pro-


fesores calificados ni por tener las mejores infraestructuras.
Todo ha de comenzar en el hogar, donde la responsabili-
dad, la honestidad, la ética y el amor al prójimo se incul-
quen como valores indispensables para la vida.
En síntesis, entiendo que no será posible obtener una
educación de calidad y orientada a los requerimientos de
la sociedad del conocimiento, si no invertimos lo necesa-
rio en el capital humano (maestros y estudiantes); en el
mantenimiento sostenido de las infraestructuras, equipos
y materiales; el fortalecimiento y creación de escuelas y
politécnicos orientados hacia la educación técnica; si no
somos coherentes en el seguimiento a los planes y proyec-
tos, y si no fortalecemos el amor a lo propio y la educa-
ción del hogar.

EL GASTO SOCIAL tanto en salud como en educación es


la garantía para el desarrollo humano. Sin embargo, todos
conocemos la situación en la que se encuentran nuestros
hospitales y muchas clínicas privadas.
Cuando pensamos en los médicos dominicanos, aque-
llos llamados a preservar y salvar la vida humana, lamenta-
blemente tenemos que volver a caer en el punto de hablar
sobre la dignificación de la vida humana. ¿Puede un médico
dominicano brindar sus servicios con amor y entrega si su
calidad de vida y la de su familia es pésima? Claro que no.
Sabemos que nuestra condición humana no nos per-
mite la satisfacción plena; la insatisfacción es inherente al
ser humano. Aunque siempre deseamos alcanzar mejores

100
LA RUPTURA GENERACIONAL

condiciones de vida, creo que serán distintos los recla-


mos y reivindicaciones en el sector salud, si la alimenta-
ción, educación, salud y vivienda de la clase médica es-
tán básicamente resueltas. Por tanto, no puede postergarse
más la revisión profunda de las condiciones salariales del
sector salud.
Las reformas y mejoras de la salud dominicana no pue-
den tratarse como temas coyunturales y de las agendas políti-
co partidistas. Deben tratarse como temas de política estatal.
Cada ciudadano y ciudadana debe asumir su cuota de
responsabilidad. Aquellos que menos tienen deben apor-
tar con el cuidado y el orden en las instalaciones hospitala-
rias al momento de recibir las atenciones. Los más afortu-
nados deben contribuir económicamente con la retribución
del servicio que reciben.
La gerencia hospitalaria debe despolitizarse. Los hospi-
tales deben entregarse a patronatos integrados por nota-
bles de las comunidades, que garanticen un sostenimiento
y mantenimiento de las instituciones con un apoyo guber-
namental y privado.
Los servicios de salud han de ser de carácter universal,
sin importar sexo, religión, raza, ciudadanía ni estatus
social, tal como está consignado en la Constitución de la
República.
Debemos dirigirnos a fomentar la salud preventiva des-
de la infancia. Las autoridades escolares deben contribuir
con esta acción, organizando jornadas de chequeos médi-
cos en los hospitales y clínicas, de tal forma que cada estu-
diante asista al menos una vez al año, a una revisión médi-
ca preventiva.

101
Milton Morrison

La tecnología de información tiene que estar al servi-


cio del sistema nacional de salud. Cada dominicano y do-
minicana debe estar inscrito en una base de datos que ha
de ser alimentada por las informaciones de las Oficialías
Civiles, a los fines de que exista una ficha o record de salud
para todo ser humano que nazca en República Dominica-
na. Esta información deberá estar accesible en una red
nacional de clínicas y hospitales que permita conocer la
historia de las condiciones de salud de cada persona, sin
necesidad de auscultar en archivos, a veces inexistentes, o
confiar en la memoria del paciente o el médico.
Esta acción facilitará la realización de un gran censo
nacional de salud, que nos permitirá identificar y conocer
los aspectos más importantes de la salud en nuestro país.
Así también, atender y advertir las enfermedades más co-
munes. Habrá que legislar en el Congreso Nacional, para
que sea votada una ley que permita la creación de esta
gran red de salud, y que establezca los controles necesarios
para su buen manejo.

EN LOS ÚLTIMOS AÑOS la delincuencia parece haber asal-


tado nuestra nación. Recuerdo que cuando niño una de las
características que más resaltábamos como país era su segu-
ridad en las calles, la paz y el sosiego, a pesar de las
precariedades económicas.
Una de las mejores demostraciones de cómo un ente
social sano se convierte en delincuente la aprendí al ver la
película John Q, protagonizada por Denzel Washington. En

102
LA RUPTURA GENERACIONAL

este film se revelaba cómo por la falta de oportunidades en


determinadas circunstancias, la desesperación lleva a un
ser humano a la frontera donde la honestidad y la raciona-
lidad se confunden y derivan en actos delictivos. Es por eso
que siempre he creído que la República Dominicana ha
tenido muchos John Q, que han cruzado la frontera racio-
nal y han hecho de la delincuencia su modo de vida.
La pobreza, la marginación social, los contravalores
morales y éticos, que algunos dominicanos han enarbola-
do a través de sus acciones, asociados con la falta de oportu-
nidades para los jóvenes, han contribuido a la degenera-
ción social que es la delincuencia. Por tanto, y en
contraposición, la estabilidad económica, la inversión so-
cial y la redistribución de la riqueza son armas poderosas
para combatir la delincuencia.
La prevención, en cuanto a la creación de futuros delin-
cuentes, se logra con la creación de oportunidades, y los
que ya son delincuentes se combaten con medidas enérgi-
cas de control y una posterior reformación social.
La vida de cualquier ser humano vale más que la inver-
sión que hay que hacer en los cuerpos castrenses en pos de
mejorar los controles y seguimiento a la delincuencia.
Por desgracia, nuestro sistema carcelario es fallido. Los
que delinquen no son reformados, más bien encuentran
en las cárceles un caldo de cultivo para reafirmar sus con-
ductas. Se debe reevaluar el sistema de fichaje del delito y
dar seguimiento a los ex reclusos, para lograr su reinserción
positiva en la sociedad.
Los grados de delincuencia en nuestro país obligan a
zonificar los delincuentes por áreas. Y las comunidades,

103
Milton Morrison

con el apoyo de las autoridades policiales y militares, de-


ben crear redes del tipo “delincuencia cero”, con mecanis-
mos de denuncias efectivos, para que las autoridades pue-
dan darle seguimiento a los delincuentes.
Sin embargo, será muy difícil disminuir la delincuencia
si quienes están llamados a combatirla sufren las mismas
calamidades y limitaciones que la mayoría de los dominica-
nos sumergidos en la pobreza. ¿Puede un policía o un mili-
tar combatir la delincuencia cuando sale de su casa y sus
hijos no tienen qué comer? ¿O cuando no cuenta con los
recursos económicos suficientes para brindar una educa-
ción y salud básicas a su familia? De ninguna manera.
Gran parte de los policías y militares son ciudadanos
meritorios, sólo por el hecho de que, a pesar de las preca-
rias condiciones en que viven, son capaces de ofrecerse a
defender a sus conciudadanos. Ellos necesitan una respuesta
del Estado dominicano. Necesitan un respaldo que sólo es
posible conseguir mejorando sustancialmente su calidad de
vida. Por ejemplo, pagándoles un salario digno y ejecutando
formas de reconocimiento y recompensas por su labor.
Necesitamos calidad y compromiso de quienes deben
cuidar la ciudadanía. No es un problema de cantidad,
sino de calidad. Los delincuentes no son tantos, son unos
pocos incontrolables.
Debe producirse una depuración rigurosa de las filas
policiales y militares, y reintegrar los agentes depurados en
otras labores productivas. Es decir, identifiquemos aquellos
que trabajan por vocación y premiémoslos y brindémosles
otras oportunidades a aquellos que han visto su inserción
en las filas castrenses como una forma o escape para ganarse

104
LA RUPTURA GENERACIONAL

la vida. Ellos son dominicanos que necesitan ayuda para


encauzar sus sueños en otras áreas. Si reducimos la canti-
dad de miembros en base al mérito y vocación, podremos
mejorar la calidad de vida de aquellos que se queden.
El combate de la delincuencia a la que me refiero
involucra tanto el aspecto correctivo como el preventivo.
No obstante, la delincuencia debe combatirse desde la raíz.
La Policía Nacional no puede actuar sola ni al margen de
los esfuerzos que debe realizar la sociedad en su conjunto.
La delincuencia no debe verse como un caso aislado de
la carencia de formación académica y hogareña. En tal
sentido, la escolarización primaria ha de ser de carácter
universal y obligatoria. El gobierno debe velar para que
cada niño asista a la escuela, independientemente de los
deseos de los padres y tutores. Además, hay que retomar las
enseñanzas de moral y cívica en las escuelas y colegios e
involucrar a los estudiantes en labores comunitarias perió-
dicas, que les permitan sensibilizarse socialmente e incre-
mentar el amor por lo propio: el amor por la patria.
Los trabajadores sociales deben encontrar espacios de
orientación para las familias dominicanas. Por tanto, se
debe fomentar la creación de centros especializados de tra-
bajo social y orientación familiar gratuitos.
Los Hogares Crea, las guarderías, las agrupaciones re-
ligiosas con fines sociales, instituciones como Doña Chu-
cha, Muchachos y Muchachas con Don Bosco y muchas
otras, regenteadas por grandes dominicanos anónimos,
pero con una gran vocación de servicio social, deben reci-
bir todo el apoyo del Gobierno para su funcionamiento
sostenido.

105
Milton Morrison

En líneas generales y bajo un horizonte de mediano y


largo plazo, entiendo que las raíces de la delincuencia se
combaten con acciones como las descritas anteriormente.

EL DESEMPLEO y la falta de oportunidades son situacio-


nes que pueden llevar a los seres humanos a delinquir. Los
partidos políticos que han gobernado la República Domi-
nicana han vendido falsas esperanzas a la sociedad, presen-
tando el gobierno como el empleador de todos, llevando a
cabo esa tarea de manera ineficiente e ineficaz.
El gobierno dominicano de hoy no es el mismo de
hace 25 años. Es más pequeño, ya que las empresas capita-
lizadas en 1997 eran las grandes receptoras de empleomanía
partidista y clientelista. Es por eso que, cada vez, es más
notoria la presencia de nóminas o “nominillas” especiales,
para sustentar “botellas” en el sector público.
Debemos rechazar las falsas promesas de empleos para
todos, con la llegada al poder de un partido y exigir mayor
respeto a la dignidad humana.
A todos nos conviene tener instituciones sólidas y
confiables. Por tanto, el desempleo masivo no debe encon-
trar espacio en las oficinas gubernamentales. La función
de los gobiernos es generar ambientes macroeconómicos a
los sectores productivos y de financiamiento masivo a la
micro y mediana empresas, favorables para que se desarro-
llen y se conviertan en los grandes empleadores. El sector
privado debe ser el motor empleador nacional. El gobier-
no ha de ser el puente o vía para que la industria nacional

106
LA RUPTURA GENERACIONAL

crezca y brinde empleos para todos, debe desempeñar una


función reguladora y facilitadora.
Tenemos que ser creativos en nuestra lucha contra el
desempleo. Hay que propiciar el fortalecimiento del sector
privado como eje generador de empleos, así como la crea-
ción de nuevas medianas, pequeñas y micro empresas.
El concepto de industrias autosostenidas que generen
beneficios que sirvan para crear nuevas empresas es una
respuesta al desempleo, a la vez que incentiva el empleo
productivo.
El gobierno podría generar bastantes empleos si se en-
foca en la creación de industrias híbridas con el sector
privado. Es decir, empresas cuya inversión de capital sean
atraídas por el gobierno, pero que la incubación y gestión
estén bajo la responsabilidad del sector privado, y parte de
las utilidades generadas sean usadas para crear otras em-
presas, bajo ese mismo concepto.
Por ejemplo, en el sector de la cultura deben promoverse
las empresas culturales creativas, no sólo como fomentado-
ras de bienes intangibles, sino como generadoras de divisas.
¿Qué esperamos para construir el Museo del Meren-
gue y la Bachata? ¿O las escuelas de música folclórica
autóctona, cuyos ritmos tanto gustan a los extranjeros?
Podríamos, también, fortalecer el sector artesanal, para con-
vertirlo en una industria.
La industria de la pintura y artes plásticas es otra inicia-
tiva para fomentar mayores empleos para los pintores y
artistas plásticos. Así también, crear una industria de la
escultura y seguir fortaleciendo el cine. Estas iniciativas,
como otras en su género, pueden ser empresas

107
Milton Morrison

autosostenidas que, a la vez, generen empleos y fortalez-


can la identidad cultural nacional. No es concebible que
la única fuente de empleo para los trabajadores culturales
dominicanos sea el Ministerio de Cultura y las institucio-
nes que la integran. Demos riendas sueltas a nuestro gran
potencial creador.
En términos de tecnología de información, podríamos
muy bien perseguir la meta de convertirnos en el
“Bangalore de América”, basándonos en la transferencia
de tecnologías y de recursos humanos foráneos califica-
dos, que nos permitan adquirir un “know-how” de calidad
a mediano plazo, de manera tal que impulse una indus-
tria local en este sentido.
El Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA) y el
Parque Cibernético son iniciativas muy buenas que pue-
den propiciar un parque de producción masiva en tecnolo-
gía de punta, como los tiene Schenzen, ciudad cuyo creci-
miento económico en la primera década del siglo XXI ha
sido extraordinario.
En el sector agrícola, podríamos aprovechar las ventajas
comparativas que nos brinda el DR-Cafta. Por ejemplo, espe-
cializándonos en los nichos de mercado donde nuestros com-
petidores son menos productivos, y los cuales a la vez serán
generadores de empleos para la República Dominicana.
Lo mismo podríamos lograr con el sector turístico, a tra-
vés de la especialización del turismo, de tal manera que ele-
vemos su calidad, así como los ingresos a percibir. Debemos
desarrollar turismo temático, ecológico, cultural, de monta-
ña, playa, golf, económico y de élite, que hagan posible
una diversidad turística en cantidad y calidad.

108
LA RUPTURA GENERACIONAL

Es responsabilidad de todos, y especialmente del Go-


bierno, crear las condiciones necesarias para propiciar la
inversión económica en las diversas áreas, respetando y
haciendo respetar las leyes y la regulación en cada sector;
manteniendo una economía estable y actuando como
fiscalizador de manera despolitizada.
Es posible reducir el desempleo en la República Do-
minicana sobre la base de la creación de fuentes de em-
pleos, la estabilidad necesaria para incubar y desarrollar
nuevas empresas, y el apoyo mancomunado del sector pri-
vado y público.

LAS INDEFINICIONES, desórdenes y confusiones que se


generan en sectores determinados de una sociedad ocu-
rren, en la mayoría de los casos, por una de tres razones: la
falta de marcos legales y regulatorios definidos, el incum-
plimiento de éstos o las imperfecciones contenidas en di-
chos cuerpos jurídicos. En la mayoría de los casos, la causa
de nuestros principales males es el incumplimiento de las
leyes y sus reglamentos.
Es preocupante, desde el punto de vista del desarrollo
del país, observar que el tema relativo al uso racional de
energía y las energías renovables, sea sólo tomado en cuen-
ta cuando aumentan los precios de los combustibles en
mercados internacionales. Y es lamentable que siendo
importadores netos de combustibles, no hayamos hecho
conciencia de que el tema energético es transversal, ya que
toca ejes fundamentales, como son: la economía, la
competitividad y la seguridad nacional.

109
Milton Morrison

Los precios del petróleo en mercados internacionales


afectan gravemente economías como la nuestra, ya que con-
tribuyen al aumento de la inflación y reducen el crecimien-
to del PIB real. Por tanto, debemos ejecutar acciones de
mediano y largo plazo tanto normativas, coercitivas y de
cambio cultural, que nos permitirán transitar el camino de
la independencia energética.
Ante todo, lo más conveniente es crear la conciencia
ciudadana de nuestra pobreza energética, como resultado
del derroche y el poco aprovechamiento de las alternativas
existentes.
Lo más sensato en el mediano y largo plazo para la
economía nacional sería desarrollar un mercado energéti-
co basado en combustibles autóctonos y, sobretodo, crear
un desincentivo del consumo desde el lado de la oferta,
acompañada de una gran conciencia ciudadana.
De acuerdo a las estadisticas del Banco Central, la fac-
tura petrolera en el año 2009 fue de US$2,654.8 millones
de dolares y para el 2010 se estima cerca de US$3,000.00
representando cerca del 30% de las importaciones nacio-
nales, así como un incremento significativo en el gasto
referente a los subsidios de la electricidad y el GLP.
Como una forma de reducir el impacto en la economía
nacional de los incrementos de los precios del petróleo, es
necesario desarrollar un programa de transferencia tecno-
lógica del proyecto de gasohol brasileño, así como la
reactivación del sector cañero para la producción de etanol.
De igual manera, deben brindarse las garantías necesarias
para que inversionistas locales y extranjeros desarrollen pro-
yectos de generación a pequeña y mediana escala, con fuen-
tes renovables.

110
LA RUPTURA GENERACIONAL

Además, debemos propiciar la ejecución de cooperati-


vas eléctricas con el propósito de crear segmentos
poblacionales energéticamente sostenibles, así como ejecu-
tar en el sector transporte cursos de manejo eficiente. Y
promover una cultura de ahorro de energía a través del
ejemplo, convirtiéndose el sector gubernamental en el pa-
radigma de la austeridad. También, normar y etiquetar la
importación de todos los artefactos eléctricos y prohibir la
importación de bombillas incandescentes, eficientizar el
tráfico vehicular sincronizando los semáforos y señalizando
las vías; cambiar horarios laborales y escolares, instalar plan-
tas de generación con combustibles más eficientes; realizar
auditorias energéticas en las industrias, comercios e institu-
ciones públicas, ejecutar sistemas de transportes masivos y
eficientes, renovar el parque vehicular y restringir la impor-
tación de vehículos ineficientes y de alto cilindraje por pe-
ríodos determinados.
Hacer uso racional de la energía debe convertirse en
algo más que palabras. Ha de ser la transformación de una
necesidad en una cultura, y sabemos que las culturas no se
construyen con acciones precipitadas e inmediatistas. Urge
crear una cultura de ahorro de energía, segmentada en
términos generacionales, e integrada al currículo educativo
en las escuelas dominicanas.
Hay que desarrollar las energías renovables, tanto para
producción de electricidad como combustibles. Primero,
por el gran potencial que poseemos para el aprovechamiento
sistemático, efectivo y productivo de los recursos naturales.
Segundo, por el elemento de seguridad energética, muy
importante hoy en día; y tercero, por el impacto ambiental
de dichas fuentes.

111
Milton Morrison

No obstante, creo firmemente que para desarrollar de


manera adecuada las energías renovables en República
Dominicana, necesitamos, primero, ejecutar una cultura que
fomente dichas energías, y que sirva como base de inspira-
ción y soporte a los enfoques energéticos de avanzada que se
desarrollan globalmente. Segundo, encontrar un punto de
balance de los incentivos fiscales y legales entre las tecnolo-
gías de energías renovables y las convencionales. Tercero,
impulsar un adecuado marco legal y regulatorio para el desa-
rrollo de las fuentes renovables de energía. Y, por último,
definir reglas de comercialización, interconexión y despacho
de la electricidad generada a partir de fuentes renovables.
En un país en el cual el PIB crece menos que el consu-
mo de energía, se atenta contra la competitividad de los
sectores productivos. Por tanto, la optimización y eficiencia
de los recursos energéticos es una necesidad inmediata para
lograr la competitividad nacional.
Se entiende por intensidad energética la relación entre
el consumo de energía y el valor del bien producido. En
términos macroeconómicos se considera la energía por
unidad de PIB, relación que disminuye sólo cuando se in-
corporan tecnologías más eficientes en los procesos pro-
ductivos, como parte de la ejecución de programas de uso
racional de energía.
En el caso particular del subsector eléctrico, el proble-
ma se resume en una relación circular cerrada, cuyos proce-
sos causales mutuos se reciprocan. Y donde existen varia-
bles reguladoras, que en vez de contribuir a la ruptura del
círculo, tienden a profundizarlo.

112
LA RUPTURA GENERACIONAL

La falta de cobro, el robo de la energía, la pobre regula-


ción y los altos precios han sido identificados como las
raíces del problema. En el primer caso, es responsabilidad
directa de las distribuidoras; en el segundo, de los consumi-
dores; en el tercero, de la Superintendencia de Electrici-
dad, y el último aspecto involucra a generadores, transmi-
sores y distribuidores.
El subsector eléctrico está encerrado en un círculo vi-
cioso entre la oferta y la demanda. La oferta, representada
por quienes producen y distribuyen la electricidad, y la de-
manda, por los clientes o usuarios.
Una parte alega que el problema radica en la falta de
pago de los clientes. La otra sostiene que no pagan por-
que no se les brinda un servicio continuo y de calidad.
No obstante, la situación se torna injusta para aquellos
clientes que pagan y no se les brinda el servicio, e igual
de injusta para las empresas que brindan el servicio a
clientes que no pagan.
Para romper el círculo vicioso, una de las partes debe
ceder. Desde una óptica ideal las contribuciones de ambas
partes deberían ser simultáneas y en la misma proporción.
Desde la óptica real deben ser sistémicas y graduales.
A nuestro entender, el círculo vicioso eléctrico se trans-
forma en un ciclo virtuoso en base a seis elementos:
Primero, si existe una ley de electricidad que sea aplica-
ble y respetada por todos.
Segundo, si se definen precios de electricidad competi-
tivos, basados en operaciones eficientes y óptimas de gene-
ración y distribución que reflejen costos reales.

113
Milton Morrison

Tercero, si el subsidio que aplica el Gobierno se utiliza


para que las distribuidoras den el primer paso y suminis-
tren un servicio constante y de calidad.
Cuarto, si todo el que usa el servicio eléctrico lo paga y
se genera un cambio de mentalidad que derive en una
cultura de pago del servicio.
Quinto, si el gobierno desempeña una función transpa-
rente y efectiva, no pretendiendo competir con el sector
privado.
Y sexto, si se fortalecen las instituciones reguladoras, y
se institucionaliza su independencia, para que estas hagan
cumplir las leyes, reglamentos y resoluciones de manera
justa y equitativa.
No existen soluciones individuales al problema eléctri-
co. Más bien, se requieren soluciones sistémicas que
involucren los problemas causales, como parte de la
solución. Ante esta realidad, planifiquemos no para actuar
a prisas, sino con acciones firmes y certeras que nos permi-
tan avanzar en el oscuro sendero de la búsqueda de solucio-
nes de un problema no coyuntural, sino centenario.

EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS la República Dominicana ha


visto incrementar los grados de pobreza de manera alar-
mante. De acuerdo a ONAPLAN, el 62% de la población
dominicana vive por debajo de la línea de pobreza.
Mucho se ha hablado de combatir la pobreza, pero poco
se ha hecho para reducirla. Los programas sociales orienta-
dos a reducir la pobreza se han convertido en mecanismos
clientelistas e instrumentos proselitistas de los partidos

114
LA RUPTURA GENERACIONAL

políticos. Quienes están llamados desde los estamentos es-


tatales a diseñar políticas de combate de la pobreza han
confundido el empoderamiento y la creación de oportuni-
dades y capacidades con el paternalismo, las dádivas y los
subsidios sociales. Por ejemplo, qué puede resolver una fa-
milia pobre con RD$300.00 ó RD$500.00 pesos que el
gobierno le asigne cada mes? ¿o con el regalo esporádico
de algún candidato político del gobierno o de la oposición?
La pobreza no debe enfrentarse de igual manera en
todos los sectores. Las necesidades de los pobres de la zona
rural no son iguales a las de los pobres de la zona urbana.
Hay que diferenciar las necesidades de los diversos grupos
sociales a través del conocimiento profundo de sus realida-
des. Es por eso que entendemos necesario desagregar la
pobreza, de tal forma que pueda ser atacada desde la mate-
rial hasta la espiritual.
La pobreza se debe combatir creando empleos, pro-
moviendo el microcrédito, incubando empresas, promo-
viendo la educación para el hacer, fomentando una real con-
ciencia ciudadana acerca de los derechos y deberes de los
dominicanos.
Para una persona pobre la forma más expedita de rom-
per el círculo de la pobreza a mediano o a largo plazo es a
través de la adquisición de conocimientos que le permitan
insertarse en el mercado laboral de manera satisfactoria.
Sin embargo, a corto plazo, lo que necesita es un empleo o
el apoyo para desarrollar una microempresa que le permita
sobrevivir y desarrollarse económicamente. En tal sentido,
deberá recibir orientación en cuanto a la inversión más
factible a realizar.

115
Milton Morrison

Otra cara de la pobreza es la insuficiente inversión en


infraestructuras que son necesarias en comunidades y pro-
vincias. Debe reducirse la migración rural hacia zonas
urbanas. La tendencia para mitigar la pobreza debe ser la
de crear condiciones adecuadas para los habitantes de las
zonas rurales. Condiciones que les permitan ser producti-
vos y desarrollarse. Por tanto, hay que incrementar las
inversiones en viviendas, carreteras, caminos vecinales,
puentes, canales de riegos, escuelas, hospitales, destaca-
mentos policiales…
La real descentralización del poder es clave para atacar
la pobreza de manera regional. Los presupuestos locales
permiten grados de eficiencia adecuados, cuyas inversiones
se ajustan a las necesidades comunitarias. Deben desarro-
llarse estrategias de reducción de pobreza locales cimenta-
das en programas de desarrollo contentivos de proyectos
sociales participativos, con las prioridades bien definidas, y
donde los consejos de desarrollo provinciales propicien con-
sultas ciudadanas abiertas y democráticas.
La pobreza dominicana encierra un problema de gé-
nero en sí misma. El concepto de la ruptura generacional
no es excluyente ni discriminatorio. Más bien entiende
que en una sociedad como la nuestra, donde existen tan-
tos hogares encabezados por hombres, deben
incrementarse las oportunidades para las mujeres, en el
entendido de que existe una correlación directa entre
mujer y pobreza. Si potenciamos las capacidades de las
mujeres y las empoderamos con oportunidades para
microcréditos y salarios competitivos, contribuiremos con
la mejora y bienestar de la familia, a sabiendas del vínculo

116
LA RUPTURA GENERACIONAL

existente entre madre e hijos en la familia, en cuanto a la


transferencia de recursos económicos.
Los gobiernos de los últimos años han orientado lo
que podría llamarse sus “políticas de desarrollo” bajo el
concepto del “trickle down”, de la década de los años 70, a
partir del cual se enfocan en el crecimiento económico del
PIB, como si éste fuera a expedirse a la población en forma
de empleos y otras oportunidades económicas o creará las
condiciones necesarias para una distribución más amplia
de los beneficios económicos que arrojaría el crecimiento.
¡Nada más falso que eso! Los resultados han sido un au-
mento de las desigualdades sociales y económicas en los
últimos años.
La cantidad de recursos que no han sido destinados a
la solución de los proble mas nacionales es enorme. Ne-
cesitamos que las leyes funcionen y sean aplicables a cual-
quier ciudadano que la transgreda. Ha de llegar el mo-
mento en el que la estructura institucional del Estado
funcione y se encuentre por encima de las acciones de los
hombres y mujeres.
La transparencia en la gestión pública es fundamental
para el desarrollo. La figura del referéndum revocatorio
debe ser tomada en cuenta para futuras enmiendas consti-
tucionales. Será la única forma de enviar señales a la socie-
dad de que quien no cumpla con los mandatos constitucio-
nales y viole la confianza de sus electores, será sustituido
como servidor público elegido.
El ejercicio de la política debe dejar de ser visto como
un instrumento de movilidad económica. Aquellos que ejer-
zan funciones estatales deben entender que su misión ha

117
Milton Morrison

de ser la de contribuir con el desarrollo de la nación domi-


nicana en sus diferentes vertientes, en el entendido de que
deberán ser bien gratificados en la misma proporción de su
responsabilidad, entrega y sacrificio.
Parte de la ineficiencia del Estado tiene su génesis en
la ausencia de mecanismos de seguimiento y control de sus
ejecuciones. No obstante, no es posible ejercer tales contro-
les si carecemos de instrumentos que definan y orienten
las acciones del Estado. Muchos han planteado la necesi-
dad de un plan o una agenda de desarrollo. Sin embargo,
los planes estatales están muy desacreditados, no por falta
de iniciativa e ideas, sino por la debilidad en la ejecución y
por su sostenibilidad. Eso se evidencia en la carencia de un
plan nacional de desarrollo y en la inconsistencia de la
gran mayoría de planes sectoriales que han sido prepara-
dos en las diversas áreas y cuya ejecución ha sido muy cues-
tionada. Por tanto, debemos identificar las necesidades
nacionales desde lo particular a lo general. Cada comuni-
dad, pueblo, provincia, ciudad, debe tener sus programas
y proyectos en función de sus necesidades. Luego deberán
asignarse las prioridades de ejecución de esos proyectos,
desde lo general hacia lo particular, bajo un método holísti-
co, y teniendo el desarrollo nacional como eje central.
El concepto de desarrollo que manejamos bajo la rup-
tura generacional es multidimensional, y parte de las con-
cepciones de los economistas Amayrta Sen y Michael Todaro.
Entiendo que seremos una nación desarrollada cuando
hayamos llegado a grados generalizados de satisfacción de
las necesidades básicas, tales como alimentación, salud, edu-
cación y seguridad. Además, una mejora considerable de la

118
LA RUPTURA GENERACIONAL

calidad de vida, a través de la creación masiva de empleos


productivos, mayor atención a valores humanísticos y cul-
turales que ayuden a elevar la autoestima. Seremos una
nación desarrollada cuando poseamos libertad de elec-
ción ante un amplio rango de alternativas sociales y eco-
nómicas, disponibles para todos los dominicanos.

119
CAPÍTULO VIII
LA VÍA ALTERNA COMO EPÍLOGO
LA RUPTURA GENERACIONAL

Los dominicanos al igual que los ciudadanos de cual-


quier nación del mundo, merecen oportunidades para cre-
cer. Y las oportunidades no surgen de la casualidad: han de
ser creadas.
Cuando el 31 de enero de 1999, recibí el Premio Na-
cional de la Juventud, otorgado a diez jóvenes sobresa-
lientes, entendí que esa premiación era un estímulo para
que jóvenes con cierto talento se desarrollaran y contribu-
yeran con su país en el futuro. En ese grupo se encontra-
ban Juana Arrendell, campeona panamericana de salto
alto; Wanda Rijo, campeona panamericana de levanta-
miento de pesas, y Nuris Arias, campeona panamericana
de voleibol femenino.
Otros éramos menos conocidos a nivel nacional, pero
en nuestras comunidades y áreas de acción teníamos un cier-
to reconocimiento. Tal es el caso de Mitzi Santana, una jo-
ven valiosa de San José de Ocoa, locutora y trabajadora co-
munitaria. Años más tarde de la entrega del premio me
encontré con ella, la misma joven sobresaliente, pero en esa
ocasión necesitando ayuda para tratar asuntos críticos de
salud, y desconcertada al ver cómo todas las puertas se cerra-
ban a su paso. Años más tarde y gracias a su voluntad ferrea
pudo superar dicha situación.
¿Cuántos casos de jóvenes valiosos ha de registrar la
historia parecidos al de Mitzi Santana? Miles. Pero, ¿dónde

123
Milton Morrison

se encuentran las políticas de juventud para dar respuestas


a casos como éste? ¡Tenemos que construirlas!
Cada joven dominicano es una mina por explorar. De-
bemos abrirles los caminos para que se desarrollen y elijan
la forma que crean pertinente para ayudar su país.
He podido conocer el trabajo y las aspiraciones de jóve-
nes valiosos que día a día luchan por contribuir de manera
positiva con su comunidad. Casos como el de Ramón Ama-
ble en La Mata de la provincia Sánchez Ramírez, o de
Carlos Candelario en Nagua, o del pastor Joel Comprés
en Castillo son ejemplos de superación y del gran poten-
cial de nuestra juventud.
Así como los jóvenes necesitan oportunidades, también
los niños que deambulan por las calles, los adultos mayo-
res, las mujeres y los hombres desamparados por las políti-
cas públicas orientadas a dar respuestas a sus necesidades
como seres humanos.
A diario estamos sometidos a una tortura deshumanizada
de la realidad dominicana. Los golpes, fruto de esa tortura,
pretenden insensibilizarnos. Es una descarnizada forma de
hacernos cómplices sociales ante nuestra impotencia y dé-
bil empoderamiento social. El oportunismo y la ley del
poder, más que el poder de la ley, asumen el control de la
sociedad.
La pobreza que nos arropa es desgarrante, real y palpa-
ble en zonas urbanas y rurales. Si bien es cierto que es una
pobreza definida por la carencia de lo material para acce-
der a las necesidades básicas del ser humano, esta tiene un
alto componente subjetivo muy peligroso: la desesperanza

124
LA RUPTURA GENERACIONAL

resultante de las promesas insatisfechas, contribuyentes en


la germinación de un amor por lo propio muy bajo.
Me preocupa el espectro político dominicano desde el
punto de vista ideológico. La realidad nos indica que el
ejercicio político se orienta cada vez más hacia el
pragmatismo primitivo, alejándose bastante de las ideolo-
gías políticas progresistas y de vanguardia necesarias para
la orientación y conducción del Estado.
Los partidos políticos nacionales son el reflejo más fe-
haciente del espectro social. Sabemos que en ellos existen
hombres y mujeres muy valiosos, con la capacidad necesa-
ria para sumarse al esfuerzo trascendental de conducir la
República Dominicana por los postulados reales de la justi-
cia social y el bienestar económico que tanto necesitamos.
Creo que es posible construir un proyecto de nación
que coloque al ser humano en su centro y le brinde oportu-
nidades, estabilidad económica y garantías de un estado de
derecho.
Creo que, aunque vivimos en una sociedad donde exis-
ten grados de desigualdad asombrosos, ningún dominica-
no quiere que sus hijos y nietos vivan la misma realidad.
Creo que es posible llevar nuestro país a altos niveles
de desarrollo humano, si ejecutamos políticas públicas orien-
tadas al bienestar de la mayoría.
Creo que es posible avanzar como nación, sin avasa-
llar, ni burlarse de la miseria e ignorancia del pueblo
dominicano.
Creo en una vía alterna que nos aglutine a todos en
una misma dirección.

125
Milton Morrison

Creo que podemos vencer la desesperanza que nos


comienza a arropar y entre todos construir una Repúbli-
ca Dominicana cuyos cimientos sean el ideario de los
fundadores de nuestra nacionalidad, y estén en sintonía
con aspectos económicos del mercado, la solidaridad y
valores morales.
He observado el ejemplo de ética y entrega de ciudada-
nos que han aportado y aún tienen mucho que aportar a
nuestro país, y no se atreven a zambullirse en el mar de la
política, en el entendido de que ésta carece de oxígeno
moral. Hago un llamado a los dominicanos para que de
una vez por todas nos unamos y renovemos nuestras espe-
ranzas a través de la participación activa del curso de nues-
tra historia, dejando de lado las banderías de todo tipo:
políticas, religiosas, raciales, de género y de clase social.
Finalmente, creo que es posible adecentar el ejercicio
político y construir el país que todos algún día hemos soña-
do. Por tanto, solicito que nos unamos y que seamos parte
de la ruptura de esos eslabones corroídos de la cadena que
nos ha impedido desarrollarnos como nación: es una de
las razones que me motivan a incursionar en la política
dominicana.

126
Esta segunda edición de La Ruptura Generacional, de Milton
Morrison, se terminó de imprimir en los talleres gráficos de Edi-
tora Búho, en el mes de abril de 2010, en Santo Domingo,
República Dominicana.

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