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Antunes Nueva Morfologia Del Trabajo

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Sumario Sociología del Trabajo 74

NUEVA ÉPOCA
Invierno de 2012

Artículos
Ruth Milkman, ¡El movimiento sindical estadounidense ha muer-
to! ¡Viva el movimiento sindical estadounidense!..................... 5
Nicolas Hatzfeld, Experiencias, políticas, formas de representa-
ción: tres ámbitos de la historia del trabajo del siglo xx ........ 19
Paul Stewart y Ken Murphy, Cómo sobrevivir al posfordismo:
despido y jubilación en la sociedad posfordista ..................... 31
Ricardo Antunes, La nueva morfología del trabajo y sus princi-
pales tendencias: informalidad, infoproletariado, (in)materia-
lidad y valor ................................................................................ 47
Nadya Araujo Guimarães, ¿Cómo salir del desempleo? Lazos fuer-
tes y lazos débiles en la búsqueda de trabajo en São Paulo,
Brasil................................................................................................ 69
Beatriz Fernández Águeda, Planificación urbana y declive indus-
trial: el papel del planeamiento en la evolución de la estruc-
tura productiva de Detroit tras la Segunda Guerra Mundial.... 93
Tomás Martínez Vara y Francisco de los Cobos Arteaga, Los tra-
bajadores de los «Talleres Generales de la Compañía de los
Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante», 1858-1936 ..... 121

Noticia
Itziar Agulló Fernández, Seminario Feminismo y cambio social.
Relaciones de trabajo y relaciones personales.......................... 146

Nota de lectura
Juan Manuel Iranzo, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff
(2011), Esta vez es distinto. Ocho siglos de necedad financie-
ra, Madrid, Fondo de Cultura Económica................................. 153
1

Sociología del trabajo 74.indd 1 06/02/12 14:28


Sociología del Trabajo
Revista cuatrimestral de empleo, trabajo y sociedad

Dirección
Juan José Castillo, Dpto. de Sociología III, Universidad Complutense.
Santiago Castillo, Dpto. de C. Política y de la Admón. III, U. Complutense.

Consejo de Redacción
Secretario: Pablo López Calle, Dpto. de Sociología III, U. Complutense, Madrid.
Arnaldo Bagnasco, Dipartamento di Sociologia, Universidad de Turín.
Juan José Castillo, Dpto. de Sociología III, U. Complutense, Madrid.
Santiago Castillo, Dpto. de C. Política y de la Admón. III, U. Complutense, Madrid.
Daniel Cornfield, Work and Occupations, Vanderbilt University (Estados Unidos).
Enrique de la Garza, UAM, Iztapalapa, México.
Juan Manuel Iranzo, Dpto. de Sociología, Univ. Pública de Navarra.
Ilona Kovács, Istituto Superior de Economia e Gestão, Lisboa.
Danièle Linhart, Genre, Travail, Mobilités, Université de Nanterre, París.
Marcia de Paula Leite, presidenta de ALAST, Universidade de Campinas, Brasil.
Pablo López Calle, Dpto. de Sociología III, U. Complutense, Madrid.
Ruth Milkman, Institute of Industrial Relations, UCLA, Estados Unidos.
Alfonso Ortí, Dpto. de Sociología, U. Autónoma, Madrid.
Andrés Pedreño, Dpto. de Sociología, Universidad de Murcia.
Michel Pialoux, Centre de Sociologie Européenne, EPHESS, París.
Ludger Pries, Ruhr-Universität Bochum, Alemania.
Helen Rainbird, University of Birmingham, Reino Unido.
José Mª Sierra, Dpto. Geografía, Urbanismo y O. del Territorio, Univ. Cantabria.
Agnes Simony, Institut for Social, Policy and Labour, Budapest, Hungría.
Paul Stewart, Univertity of Strathclyde, Glasgow.
Jorge Uría, Dpto. de Historia Contemporánea, Universidad de Oviedo.
Fernando Valdés Dal-Re, Dpto. de Derecho del Trabajo, U. Complutense, Madrid.
Imanol Zubero, Dpto. de Sociología I, Universidad del País Vasco, Bilbao.

© Sociología del Trabajo, 2012 Traducción de «¡El movimiento sindical


estadounidense ha muerto! ¡Viva el
© Los autores, 2012 movimiento sindical estadounidense!» por
Raquel Vázquez Ramil.
© Siglo XXI de España Editores, S. A., 2012
Traducción de «Experiencias, políticas,
formas de representación: tres ámbitos de
Sector Foresta, 1 la historia del trabajo del siglo xx» y de
28760 Tres Cantos «Cómo sobrevivir al posfordismo: despido
Madrid - España y jubilación en la sociedad posfordista» por
Tel.: 91 806 19 96 Sandra Chaparro Martínez.
Fax: 91 804 40 28 Traducción de «La nueva morfología
del trabajo y sus principales tendencias:
informalidad, infoproletariado, (in)
www. sigloxxieditores.com materialidad y valor» por Federico Palomo
del Barrio.
ISSN: 0210-8364-74 Traducción de «¿Cómo salir del desempleo?
Depósito legal: M-27.350-1979 Lazos fuertes y lazos débiles en la
búsqueda de trabajo en São Paulo, Brasil»
Impresión: FER Fotocomposición, S. A. por Encarnación Moya Recio.

Sociología del trabajo 74.indd 2 06/02/12 15:05


La revista
Sociología del Trabajo es una revista académica independiente y plural que se
propone difundir investigaciones y reflexiones sobre la realidad del trabajo,
junto al análisis crítico de la investigación sobre el mismo.

Bases de datos en que está recogida Sociología del Trabajo


— Compludoc
— DICE (Difusión y Calidad Editorial de las Revistas Españolas de Humani-
dades y Ciencias Sociales y Jurídicas) [CINDOC-CSIC]-ANECA
— Latindex
— Dialnet (Unirioja)
— Rebiun (Red de Bibliotecas Universitarias)
— RESH (Revistas Españolas de Ciencias Sociales y Humanas)
— Índice Español de Ciencias Sociales y Humanidades (ISOC-CSIC)
— International Bibliography of the Social Sciences (IBSS)
— IN~RECS (Índice de Impacto de Revistas Españolas de Ciencias Sociales)
— Sociological Abstracts
— Francis

s3OCIOLOGÓADEL4RABAJOha ocupado el primer lugar entre las revistas de su


área en el índice de impacto para el año 2010, y en el acumulativo para
el periodo 2004-2009 y el segundo lugar para el periodo 1994-2008 de
IN~RECS (Índice de Impacto de Revistas Españolas de Ciencias Sociales de
la Universidad de Granada). IN~RECS es un índice bibliométrico que ofrece
información estadística a partir de las citas bibliográficas para determinar la
influencia y el impacto científico de las revistas españolas en ciencias socia-
les y de los autores que publican en las mismas, [http://ec3.ugr.es/in-recs/].
s3OCIOLOGÓADEL4RABAJOha ocupado el primer lugar en su área del índice RESH
1999, 2000, 2001; el segundo en 2002, y el tercero en 2003 (elaborado por
el CINDOC-CSIC), siendo la primera en índice de impacto medio para el
periodo 1999-2003, con un índice de impacto medio de 0,282 y un índice de
valoración integrado de 45,45, que aporta los resultados del análisis de las
Revistas Españolas de Ciencias Sociales y Humanas desde el punto de vista
de su calidad, basándose en el uso y la influencia de cada una de las revistas
que aparecen citadas [resh.cindoc.csic.es].
s3OCIOLOGÓADEL4RABAJOcumple 31 de los 33 criterios de calidad del Catálogo
LATINDEX (Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas
de América Latina, el Caribe, España y Portugal), en junio de 2008.
sLa aceptación de artículos se rige por el sistema de evaluaciones externas
por pares.

Sociología del trabajo 74.indd 3 06/02/12 14:28


A los colaboradores
Presentación de originales
Los artículos y documentación mencionados más abajo, se presentarán en formato electróni-
co, así como tres copias en papel, dirigidas a la redacción de la revista: Sociología del Trabajo;
Facultad de Ciencias Políticas y Sociología; Universidad Complutense de Madrid; Campus de So-
mosaguas; 28223 Pozuelo de Alarcón (Madrid).
Los autores podrán enviar, además, para una mayor agilidad en la gestión, los formatos electróni-
cos a estas direcciones: [email protected]; [email protected]; y [email protected].
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Todos los artículos sometidos a evaluación deben ser originales inéditos, incluidos los traducidos
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calendario tentativo de aparición.

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ARTÍCULOS

RUTH MILKMAN*

¡EL MOVIMIENTO SINDICAL


ESTADOUNIDENSE HA MUERTO! ¡VIVA EL
MOVIMIENTO SINDICAL ESTADOUNIDENSE!

Tras la crisis financiera del 2008 y la elección posterior de Barack Obama


como presidente de Estados Unidos, floreció la esperanza de que el nue-
vo ambiente político y económico contribuyese a fomentar el resurgir del
moribundo movimiento sindical del país. Durante la campaña electoral
Obama expresó en repetidas ocasiones su simpatía por los trabajadores y
sus sindicatos, y en correspondencia, las organizaciones sindicales apoya-
ron su candidatura, no sólo aportando importantes recursos económicos,
sino también utilizando su capacidad de movilización para llevar a los
miembros de los sindicatos y a sus familias a las urnas.
En un gesto de reconocimiento, al poco tiempo de tomar posesión
Obama recibió a los líderes sindicales en la Casa Blanca, que los había
excluido durante casi una década. Asimismo, nombró a funcionarios afi-
nes al movimiento sindical organizado para ocupar puestos claves del
gobierno. El mismo día que accedió a la presidencia nombró a Wilma
Liebman, miembro de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB o
National Labor Relations Board), originalmente elegida por el entonces
presidente Clinton, directora del organismo1. A Liebman no tardaron en
seguirla otros dos miembros afines al NLRB, nombrados a pesar de las
tenaces objeciones de los grupos de presión financieros y de los republi-
canos del Congreso. Obama eligió como ministra de Trabajo a la congre-
sista Hilda Solis, cuyo padre, de origen mexicano, había sido enlace sin-
dical y tenía un amplio currículo de apoyo a los sindicatos. Solis, primera
latina elegida senadora del estado de California, lideró las reclamaciones
de subida del salario mínimo del estado y siguió defendiendo cuestiones
sindicales tras ser elegida para el Congreso. Otras personas vinculadas a
los sindicatos pasaron a ocupar puestos de responsabilidad en la Casa

Recibido 24-IX-11
Versión final 2-XI-11

* Ruth Milkman, Department of Sociology, CUNY Graduate Center, 365 Fifth Avenue, New
York, NY 10016-4309 USA. [email protected]
1
La NLRB supervisa las elecciones a representantes sindicales y regula otras disposiciones
de la Ley Nacional de Relaciones Laborales (NLRA) de 1935, que sigue siendo la ley sindical
básica del país.
Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 5-18.

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ARTÍCULOS Blanca. Y el programa de reforma del sistema sanitario de Obama, punto
legislativo esencial de su primer año como presidente, benefició a los
trabajadores y a sus familias, aunque menos de lo que las amplias pro-
puestas de atención sanitaria que el movimiento sindical organizado y
otras entidades habían previsto que se haría.
Sin embargo, los sindicatos y sus afiliados esperaban mucho más de
Obama. Muchos sindicalistas confiaban en que se aprobase la Ley de Li-
bre Elección para los Empleados (EFCA), una revisión de la NLRA que
había figurado entre las prioridades del programa legislativo de la Fede-
ración Norteamericana del Trabajo y Congreso de Organizaciones Indus-
triales (AFL-CIO) durante años y que por fin tenía posibilidades de con-
vertirse en ley cuando los demócratas ganaron las elecciones de 2008. Los
defensores de la EFCA sostenían que permitiría a los sindicatos captar con
mayor facilidad a trabajadores no afiliados (aunque desde el principio los
disidentes del movimiento sindical la consideraron una reforma deseable
pero insuficiente). La EFCA no obtuvo los 60 votos necesarios en el Se-
nado estadounidense, en parte por el inoportuno fallecimiento en agosto
de 2009 del senador Edward Kennedy, defensor a ultranza de la ley.
Como otros muchos que lo apoyaron en las elecciones del 2008, los líde-
res sindicales y los activistas de base se sintieron profundamente decepcio-
nados con el fracaso de Obama a la hora de presentar políticas económicas
audaces que subsanasen las crisis parejas del desempleo y las hipotecas. Por
cierto, los congresistas republicanos obstaculizaron los empeños de Obama
de aprobar legislación bastante moderada, aunque muchos se lamenten de
que Obama no ha defendido sus programas con suficiente agresividad y se
han apresurado a congraciarse con sus oponentes. Mientras tanto, la anémica
recuperación económica dejó la tasa oficial de paro rozando el 10 por ciento,
junto a un amplio espectro de subempleo y desempleo oculto. Millones de
personas han perdido sus casas, y otras muchas se enfrentan a la ejecución
de sus hipotecas, una triste realidad que contrasta estrepitosamente con el
rescate por parte del gobierno de los titanes financieros que desencadenaron
la crisis inmobiliaria. Y el crecimiento a largo plazo de las desigualdades de
riqueza e ingresos –en gran parte producto de la desmovilización sindical
(WESTERN y ROSENFELD 2011)– continúa imparable, alcanzando cotas que
no se habían visto en Estados Unidos desde hace casi un siglo.
A finales de 2008 resultaba tentador establecer paralelismos con la déca-
da de 1930, cuando la crisis económica y el ascenso político de los demó-
cratas del New Deal contribuyeron al resurgir del sindicalismo en Estados
Unidos. Pero los líderes sindicales estadounidenses que podían aprovechar
la ocasión para reconstruir el movimiento al socaire de la dramática situa-
ción de 2008 se dispersaron sumiéndose en una fratricida guerra sindical
interna. A principios de 2009 el Sindicato Internacional de Empleados de
Servicios (Service Employees International Union o SEIU), uno de los más
grandes del país, que ha crecido vertiginosamente desde los años ochenta,
desafiando el impulso gravitatorio general que había minado la afiliación
sindical en ese periodo, cayó en intensos debates internos. Al mismo tiem-
po, el SEIU emprendió un ácido enfrentamiento con otros sindicatos que
se habían unido a él en los años anteriores, tras abandonar la AFL-CIO para
constituir la federación rival Cambiar para Ganar (Change to Win o CTW).

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ARTÍCULOS
Mientras tanto, los líderes de la AFL-CIO concentraron sus energías en el
quijotesco empeño de conseguir la aprobación de la EFCA.
Pero lo peor estaba por venir. Tras las elecciones de mitad de legislatura
de 2010, que no sólo dieron la victoria a los republicanos en el Congreso
sino también en los estados y a nivel local, los nuevos gobernadores repu-
blicanos de Wisconsin, Ohio y otros estados emprendieron una sistemática
persecución sin precedentes contra los derechos de negociación colectiva
de los funcionarios de dichos estados. Se atacó el único bastión de resis-
tencia sindical, el sindicalismo del sector público que, entre otras cosas,
había funcionado como generosísima fuente de financiación de la campaña
de los demócratas en las últimas elecciones. Esta iniciativa de derechas,
cuidadosamente orquestada, cogió por sorpresa a la mayoría de los líderes
sindicales y amenazó con quebrar de raíz la época en la que habían pros-
perado los sindicatos del sector público, cuando la patronal antisindical de
las grandes empresas estaba desmantelando y disgregando sus equivalentes
del sector privado. A pesar de la contundente reacción de los trabajado-
res de Wisconsin y de sus partidarios y de movilizaciones similares en otros
estados, estos hechos pusieron a la defensiva a los sindicatos del sector
público, que ya sufrían presiones tras las políticas de austeridad dictadas
a partir de 2008. Las derrotas sufridas tardarían, en el mejor de los casos,
años en superarse.

Anatomía de la decadencia de los sindicatos


estadounidenses
En retrospectiva, era ingenuo creer que la crisis económica o el resultado
electoral de 2008 pudiesen revertir el largo proceso de decadencia de
los sindicatos. La crisis del movimiento sindical estadounidense es tan
profunda y estructural que no la habría frenado ni siquiera una adminis-
tración Obama más agresiva. La NLRB y otras instituciones creadas en los
años del New Deal llevaban mucho tiempo dominadas por los intereses
patronales y ya no funcionaban. Precisamente eso fue lo que motivó la
propuesta de reforma de la EFCA en primer término; pero aunque se
hubiese convertido en ley, los resultados habrían sido más acumulativos
que transformadores. En la actualidad, a pesar de los nombramientos
progresistas de Obama para la NLRB, la vía electoral de la representación
sindical sigue bloqueada; los empresarios, ante las campañas electorales
de la NLRB, contratan sistemáticamente «asesores» antisindicales que con-
tribuyen, de forma muy eficaz, a «evitar» la sindicalización valiéndose en la
mayoría de los casos de tácticas dilatorias y de la obstrucción sistemática.
En los últimos años los proyectos de organización sindical con resul-
tados positivos se han desmarcado totalmente de la NLRB para buscar
la aceptación del empresario, pero esta postura se enfrenta a una oposi-
ción cada vez más eficaz de la patronal. Como se ve en la Gráfica 1, las
tasas de huelga han caído radicalmente en tiempos recientes; las huelgas
son defensivas, enfrentamientos provocados por el empresario para debi-
litar a los sindicatos descontando grandes «recortes» de las ganancias de
contratos anteriores.

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ARTÍCULOS Gráfica 1. Promedio anual de huelgas de gran alcance en
Estados Unidos, 1971-2010, por décadas

300
275
250
225
200
175
150
125
100
75
50
25
0
1971-1980 1981-1990 1991-2000 2001-2010
DÉCADA

Fuente: Estadísticas del Ministerio de Trabajo de Estados Unidos: [http://www.bls.gov/


news.release/pdf/wkstp.pdf].

Ante este panorama, en vez de cambiar de actitud en la era Obama,


la densidad sindical en el sector privado ha continuado descendiendo,
como demuestra la Gráfica 2. En el año 2010 sólo el 6,9 por ciento de los
trabajadores asalariados del sector privado estadounidense pertenecían
a un sindicato, la tasa más baja desde la década de 1920. En el sector
público la densidad sindical es mucho mayor (36,2 por ciento en 2010) y
se mantiene estable desde hace décadas (véase Gráfica 2). Pero el hueco
entre las tasas de afiliación sindical de los sectores público y privado se
ha ido ensanchando de forma constante, y como el sector público acoge
a una parte relativamente pequeña de la mano de obra total, la afiliación
sindical general ha caído a la par que la desvinculación sindical del sector
privado.
Continúa siendo válido lo que Taylor Dark (2001) señaló hace una dé-
cada: la influencia política del movimiento sindical organizado es mucho
mayor de lo que cabría esperar observando sólo los datos de afiliación.
Los sindicatos siguen siendo una de las principales fuentes de financia-
ción de las campañas electorales de los demócratas y su capacidad para
movilizar a los electores es enorme en ciertas zonas del país. Ese hecho
provocó los ataques contra el sindicalismo dentro del sector público en el
año 2010. Pero aunque no hubiese esos ataques, como la afiliación sindi-
cal ha decaído, el peso político de los sindicatos se deteriora sin remisión.

Los cambios en la mano de obra y la demografía


de los afiliados a los sindicatos
El tamaño, el poder y la influencia del movimiento sindical estadouniden-
se alcanzaron el punto culminante a mediados del siglo xx, cuando la
fabricación de productos en masa constituía el eje dinámico de la econo-

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ARTÍCULOS
Gráfica 2. Densidad sindical en Estados Unidos, por sectores,
1973-2010

45
PORCENTAJE AFILIADO A SINDICATOS

40

35

30

25
Total Estados Unidos
20
Sector privado Estados Unidos
15 Sector público Estados Unidos
10

0
1973
1975
1977
1979
1981
1983
1985
1987
1989
1991
1993
1995
1997
1999
2001
2003
2005
2007
2009
AÑO

Fuente: Datos de la Encuesta de Población de Estados Unidos, procedentes de [www.unionstats.com].

mía del país. La densidad sindical comenzó a deteriorarse a finales de los


años cincuenta, aunque la tendencia descendente se aceleró a mediados
de la década de 1970, cuando la desregulación y la desindustrialización
se asociaron a las estrategias antisindicales de la patronal para provocar
la caída de la afiliación. Los sindicatos de la industria manufacturera, cen-
tro vital del movimiento sindical del New Deal, se vieron afectados de
forma especial. No sólo las manufacturas exigían menos mano de obra
debido a las nuevas tecnologías, sino que los trabajos se externalizaron
progresivamente a otros países. De forma simultánea, tanto en el crecien-
te sector servicios como en otros, las formas estables de empleo en las que
se había apoyado el sindicalismo de mediados de siglo fueron sistemática-
mente desmanteladas, puesto que los empresarios del sector privado ex-
ternalizaron los riesgos y recuperaron prácticas de principios del siglo xx,
como la subcontratación, esforzándose al máximo por recortar los costes
laborales mientras la desregulación fomentaba nuevas manifestaciones de
competencia salvaje. La explotación de los trabajadores, prácticamente
extinguida durante el apogeo del New Deal, resurgió con fuerza junto a lo
que se denomina «trabajo precario». Ambos aspectos recuperaron prácti-
cas que resultarían familiares a los trabajadores de hace un siglo y cuadra-
ban mal con las estructuras sindicales que habían arraigado a mediados
del siglo xx. La estabilidad laboral sólo sobrevivió en el sector público,
reforzada por el crecimiento del sindicalismo en dicho sector en los años
sesenta y setenta.
Al mismo tiempo, dos hechos esenciales alteraron radicalmente la
composición de la mano de obra. El primero fue la gran expansión de
la mano de obra femenina, que empezó a principios del siglo xx y se
aceleró muchísimo en los años setenta. Las mujeres entraron en masa en
las nuevas industrias de servicios y en el sector público. El segundo fue el
9

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ARTÍCULOS Gráfica 3. Tasas de sindicación por grupos demográficos concretos
en Estados Unidos, 2010

Todos los trabajadores 11,9

Mujeres 11,1
Hombres 12,6

Hispanos 10
Asiáticos 10,9
Negros 13,4
Blancos 11,7

Extranjeros 9,5
Estadounidenses 12,3

Licenciados universitarios 14
Estudios universitarios incompletos 11,7
Educación secundaria 11,5
Sin educación secundaria 6,1

55 a 64 años 15,7
45 a 54 años 15
35 a 44 años 12,8
25 a 34 años 10,1
16 a 24 años 4,3

Tiempo parcial 6,4


Jornada completa 13,2

0% 2% 4% 6% 8% 10% 12% 14% 16% 18%

PORCENTAJE DE SINDICALIZACIÓN

Fuente: Hirsch y Macpherson, 2011 [http://www.bls.gov/news.release/pdf/union2.pdf].

flujo de inmigración a Estados Unidos desde América Latina, Asia y África,


en sí parte de la extensión mundial de la inmigración, acelerado tras la
aprobación de una nueva ley de inmigración estadounidense en 1965.
Los inmigrantes de clase media ocuparon puestos profesionales, mientras
que la gran mayoría con escasos recursos y una educación formal limitada
nutrieron el floreciente sector de salarios bajos.
Estas dos transformaciones de la mano de obra también afectaron a
la demografía de los afiliados a los sindicatos. Mientras que en el punto
álgido de mediados del siglo xx los hombres blancos nacidos en Estados
Unidos sin estudios universitarios constituían la mayoría de las bases de
los sindicatos, en la actualidad la imagen es muy distinta, como muestra
10

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ARTÍCULOS
la Gráfica 3. El otrora enorme hueco de género en las tasas de afiliación
sindical casi ha desaparecido; los trabajadores negros se afilian más
que los blancos, y la tasa de sindicalización de los inmigrantes casi roza
la de los naturales de Estados Unidos. Los licenciados universitarios tien-
den a afiliarse más que los trabajadores con menor educación, y los que
no han concluido la educación secundaria son los menos representados
en las filas sindicales. Las tasas de sindicación son muy bajas entre los
trabajadores jóvenes, lo cual refleja el limitado alcance de la organización
sindical en los últimos años y, sobre todo, la falta de afiliación en los sec-
tores económicos en expansión en los que se concentran quienes acceden
por primera vez al mercado de trabajo. Por otro lado, como los trabajos
con representación sindical por lo general ofrecen salarios más altos y más
estabilidad, la rotación en ellos es baja, lo cual refuerza la probabilidad de
que sean ocupados por trabajadores de más edad que la media.
Dado el sistema de relaciones industriales del «ganador lo lleva todo»
que existe en Estados Unidos, el deseo de los trabajadores de ser (o no ser)
miembros de un sindicato –bien a título individual o dentro de los diferen-
tes grupos demográficos que se muestran en la Gráfica 3– no siempre se
corresponde con las verdaderas tasas de sindicación. En el contexto esta-
dounidense los sindicatos o bien representan a todos los trabajadores de
un trabajo concreto (o a veces, como en la industria de la construcción, de un
mercado laboral local o regional) o a ninguno. Y un detalle muy importan-
te, los trabajadores individuales casi nunca tienen ocasión de tomar deci-
siones independientes sobre su afiliación2. La sindicalización se produce
cuando lugares de trabajo entero se organizan, bien a través del voto ma-
yoritario en una elección supervisada por el gobierno o bien cuando el
sindicato obtiene el reconocimiento directo del empresario.
El hecho de que una proporción relativamente pequeña de la afilia-
ción sindical global sea producto de la reciente organización significa que
el determinante primario que lleva a un trabajador concreto a afiliarse no
son sus actitudes o preferencias con respecto a los sindicatos, sino que su
lugar de trabajo se haya organizado en algún momento, casi siempre en
un pasado lejano. Los trabajadores sindicados son más proclives a expre-
sar actitudes favorables a los sindicatos, pero más que una causa, es una
consecuencia de la afiliación sindical (véase FREEMAN y ROGERS, 1999).
Por otro lado, la mayoría de los grupos demográficos están desigualmente
distribuidos en el mercado laboral, y las tasas de afiliación sindical reflejan
esas desigualdades. Y así, el nivel de sindicación relativamente alto entre los
trabajadores negros se debe a su elevada representación en el sector públi-
co, el único factor de la mano de obra en el que ha crecido el sindicalismo.
Por el contrario, la baja representación de extranjeros en el sector público
explica que su nivel de sindicación sea inferior al de los trabajadores naci-
dos en Estados Unidos. Las mujeres trabajadoras también tienen una amplia
representación en el sector público, lo cual explica que se haya atenuado el
hueco de género en la afiliación sindical.
2
En ciertos casos en los que hay un sindicato, los trabajadores pueden elegir ser o no
miembros del mismo. Sin embargo, la situación contraria casi nunca se produce: si no hay
presencia sindical, como en la mayoría de los trabajos del sector privado estadounidense en
la actualidad, los trabajadores por su cuenta no pueden afiliarse a un sindicato.

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ARTÍCULOS
Género y sindicalismo
El género nos ofrece una interesante visión sobre la reconfiguración de la
afiliación a los sindicatos estadounidenses. Como muestra la Tabla 1, el pro-
fesorado, el personal sanitario y de otros campos dominados por mujeres
(la mayoría en el sector público) suponen una proporción de afiliación sin-
dical total mucho mayor que la anterior, dominada por el sector privado y
por obreros de fábricas y de la construcción de forma abrumadora.
A pesar de los avances en igualdad de género en la sociedad en ge-
neral, tanto el mercado del trabajo como la afiliación sindical siguen se-
gregados por razón de sexo. Las empresas de construcción, de transpor-
tes, los servicios de protección, y muchos sindicatos relacionados con la
industria aglutinan a hombres; en contraste, los sindicatos que represen-
tan a profesores, enfermeras y otros profesionales sanitarios y los sindica-
tos de cuello blanco son predominantemente femeninos. Hasta cierto
punto este modelo refleja la división entre el sindicalismo del sector pú-
blico y el privado, pero hay excepciones llamativas: muchos hombres que
trabajan en servicios de protección (policía y bomberos) y en los transpor-
tes pertenecen al sector público; del mismo modo, gran número de mujeres
sindicadas desempeñan trabajos de asistencia sanitaria en el sector privado.
Sin embargo, los sindicatos del sector privado siguen dominados mayorita-
riamente por hombres, sobre todo la construcción y las manufacturas, pri-
meros bastiones del trabajo organizado.

Tabla 1. Composición de los afiliados a sindicatos en Estados Unidos,


con distinción de categorías dominadas por hombres y mujeres, 2010

Porcentaje Porcentaje de
de afiliación mujeres (de todas
Categoría laboral
sindical total las categorías
en 2010 laborales)
Categorías con predominio de mujeres
Educación, enseñanza y bibliotecas 21,1 73
Enfermeras y otras profesionales sanitarias 6,5 78
Ocupaciones de auxiliares sanitarios 1,8 89
Tareas de oficina y administrativas 11,5 73
Subtotal 41,0
Categorías con predominio de hombres
Ocupaciones productivas 7,8 28
Construcción y extracción 7,1 2
Instalaciones, mantenimiento y reparaciones 4,9 4
Transporte y traslado de material 8,9 15
Servicios de protección 7,6 22
Subtotal 36,3
Otras categorías laborales 22,7
Fuente: Cifras de la autora a partir de datos de Hirsh y Macpherson, 2011, Cuadro 8a.

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ARTÍCULOS
La iconografía cultural del movimiento sindical, con sus nostálgicas
imágenes de cascos y monos azules y de trabajadores fabriles, refleja
más el legado histórico del movimiento que la situación actual. Los
cambios drásticos registrados en el pasado medio siglo en la demogra-
fía de los afiliados a los sindicatos están empezando a influir ahora en
la cultura y las prácticas del movimiento sindical. Los cambios topan
con obstáculos porque el movimiento sindical se ha reducido, en vez
de extenderse. Hay pocos puestos de liderazgo vacíos en un momen-
to de decadencia, y por ello los líderes sindicales representan casi
siempre la demografía del pasado más que la actual. No obstante, los
líderes de «Voz Nueva» (New Voice) que alentaron la elección de John
Sweeney a la AFL-CIO en 1995 hicieron grandes esfuerzos por incluir
mujeres (y gente de color) en la cumbre. Diez años después, cuando
se constituyó la Federación Cambiar para Ganar, su representante
principal fue una mujer (aunque ya no lo es); también el SEIU tiene
una presidenta. En este contexto hay que subrayar que los recientes
ataques contra trabajadores del sector público se centran en los do-
centes y otras ocupaciones dominadas por mujeres, en muchos casos
de forma explícita, exceptuando los cuerpos de policía y bomberos,
abrumadoramente masculinos.
El crecimiento futuro del sindicalismo en el sector público tendrá que
afrontar la realidad de que las mujeres suponen la mitad de la mano de
obra de Estados Unidos. Los sindicatos han de abordar «cuestiones de mu-
jeres», como la igualdad salarial, el cuidado de los hijos y el permiso fami-
liar. Los sindicatos del sector público ya han empezado a hacerlo en los
últimos años, pero el sector privado (en el que menos del 7 por ciento de
las trabajadoras están afiliadas a un sindicato) va muy rezagado.

Trabajadores inmigrantes y el futuro del movimiento


sindical estadounidense

Los sindicatos estadounidenses tienen en estima creciente el potencial de


los trabajadores inmigrantes que perciben salarios bajos como fuerza revi-
talizadora del movimiento sindical, y en las últimas décadas han adoptado
nuevas formas organizativas implantadas por los propios inmigrantes.
La organización de los trabajadores inmigrantes, que despegó a finales
de los años ochenta y continuó hasta la década del 2000, contribuyó al
resurgir de la actividad sindical en sectores y regiones clave, aunque se
ha estancado desde la crisis económica del año 2008. No sólo el derrum-
bamiento de la industria de la construcción estadounidense, provocado
por la crisis financiera, dejó sin trabajo a gran número de inmigrantes
en uno de los sectores privados en los que las iniciativas organizativas
eran más abundantes. También hay que contar con que la administración
Obama, a pesar de las promesas de la campaña electoral de realizar una
completa reforma de la política inmigratoria, no cumplió lo prometido,
sino que por el contrario deportó a un número inaudito de inmigrantes
indocumentados e intensificó el cumplimiento de la legislación inmigrato-
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ARTÍCULOS ria vinculada al puesto de trabajo. Mientras tanto, la elevada tasa de paro
ha hecho que muchos trabajadores nacidos en Estados Unidos muestren
menos comprensión ante las dificultades de los inmigrantes.
No obstante, la organización de los inmigrantes continúa, no sólo en
los sindicatos tradicionales, sino también en los «centros de trabajadores»
que surgieron a principios de los años ochenta y en otras organizaciones
comunitarias. Estas iniciativas son de las pocas con perspectivas de futuro
para el movimiento sindical. Los inmigrantes con sueldos bajos –concen-
trados en la escala inferior del mercado de trabajo, donde los salarios son
escasos, el empleo precario, se cometen flagrantes violaciones de las le-
yes laborales básicas y las normas son agobiantes– han emprendido una
serie de actividades para mejorar su situación. Los inmigrantes, que en
generaciones anteriores jugaron un papel fundamental en el movimiento
sindical estadounidense, llegan a Estados Unidos con el afán de mejorar
su posición económica; por tanto, ése es el motivo principal de que emi-
gren. Y en consecuencia, son más receptivos ante las medidas organiza-
tivas que los naturales de Estados Unidos.
El nuevo activismo laboral de los inmigrantes presenta tres tendencias
muy claras. La primera es el sindicalismo clásico. A principios de la déca-
da de 1980 el SEIU y otros sindicatos comenzaron a reclutar inmigrantes
latinos empleados en trabajos escasamente retribuidos de conserjería, co-
mercio minorista y hostelería, y en menos medida en la construcción y la
industria. El ejemplo más conocido es la campaña del SEIU «Justicia para
los Porteros», pero hay muchos más (véase MILKMAN, 2006). Como se ve
en la Gráfica 3, el nivel de sindicalización de los inmigrantes no va muy
a la zaga de los trabajadores nacidos en Estados Unidos. En el año 2000
la AFL-CIO cambió su tradicional apoyo a las restricciones inmigratorias
y adoptó una nueva política favorable a los derechos de los inmigran-
tes y a la legalización de los indocumentados; en la actualidad, práctica-
mente todos los sindicatos de Estados Unidos defienden los derechos de
los inmigrantes, al menos en teoría.
Junto a la tradicional organización sindical, los trabajadores inmigrantes
de salarios bajos han recibido la atención de las ONGs centradas en el
mundo del trabajo, conocidas en Estados Unidos con el nombre de «cen-
tros de trabajadores» (véanse GORDON, 2005; FINE, 2006; MILKMAN et al.,
2010). Estas organizaciones se han fijado en ocupaciones temporales en
las que las formas tradicionales de sindicación son difíciles de establecer,
como ocurre con el trabajo a jornal o el trabajo doméstico; las industrias
descentralizadas que los sindicatos abandonaron hace tiempo, como la
confección de ropa o los restaurantes; y los trabajadores legalmente exclui-
dos de la sindicación porque se clasifican como autónomos o «empresarios
independientes», caso de los taxistas. Algunos centros de trabajadores se
centran ocupaciones concretas, mientras que otros trabajan sobre la base
de identidades étnicas o nacionales. A diferencia de la mayoría de los
sindicatos, los centros de trabajadores no sólo abordan las cuestiones re-
lacionadas con el centro de trabajo, sino también las necesidades sociales
de los trabajadores con sueldos bajos, como la vivienda y la educación.
El tercer punto del activismo sindical inmigrante es el movimiento de
los derechos de los inmigrantes que tomó forma en los años noventa y

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ARTÍCULOS
saltó a la palestra en el año 2006, cuando millones de inmigrantes se ma-
nifestaron públicamente para protestar contra un draconiano proyecto de
restricción a la inmigración que estaba estudiando el Congreso de Estados
Unidos. Aunque utiliza el lenguaje de los derechos humanos y civiles y
cuenta con el apoyo de una amplia coalición de iglesias, organizaciones
étnicas y grupos comunitarios, los temas laborales son esenciales en la
agenda de este movimiento. La gran mayoría de inmigrantes sin autoriza-
ción a los que defiende son trabajadores con salarios bajos o tienen víncu-
los familiares con ellos, y el objetivo del movimiento es conseguir para ellos
estatus legal y eliminar así la principal barrera que se opone a la mejora de
sus oportunidades laborales y sus condiciones de trabajo.
Los sindicatos que representan a trabajadores inmigrantes, los centros
de trabajadores y los grupos defensores de los derechos de los inmigran-
tes han centrado sus esfuerzos en los más desfavorecidos, un sector que
aglutina a millones de trabajadores extranjeros sin papeles, en su mayoría
procedentes de México y América Central, que ocupan la escala inferior
del mercado de trabajo y cobran salarios ínfimos. Estos trabajadores son
especialmente vulnerables a los abusos del patrono, como pagar salarios
por debajo del mínimo legal y otras formas de «robo salarial» comunes en
los últimos años (véanse BERNHARDT et al., 2009; BOBO, 2009). Dichos
abusos, cuando violan leyes muy arraigadas, encienden la chispa de la
protesta popular. Por otro lado, frente a los miembros de los sindicatos
mejor pagados, cuyas pensiones y otros beneficios envidian los trabaja-
dores no sindicados, los inmigrantes más esforzados (con permiso de
trabajo o no) que sufren una explotación injusta ganan enseguida el apo-
yo y la comprensión general.
Hay tensiones entre estas tendencias del movimiento sindical inmi-
grante. Los líderes de los centros de trabajadores se muestran a veces
ambivalentes e incluso hostiles con los sindicatos tradicionales, a los que
consideran no sólo mal preparados para afrontar el reto de organizar a
los trabajadores inmigrantes que cobran salarios bajos, sino también de-
masiado burocráticos e inflexibles. Y algunos líderes sindicales dudan en
principio de la eficacia de los centros de trabajadores, con sus recursos
limitados y sus estructuras organizativas poco convencionales. Sin embar-
go, los centros de trabajadores y los sindicatos se han ido aproximando
en los últimos años, y se han involucrado activamente en el movimiento
a favor de los derechos de los inmigrantes. Los líderes sindicales aprecian
cada vez más las sinergias entre sus propios esfuerzos y los de los centros
de trabajadores, y muchos entienden que el futuro del movimiento sindical
pasa por la sindicación de los inmigrantes en todas sus formas.

Conclusión
En los últimos años la afiliación sindical en Estados Unidos se ha reduci-
do drásticamente, hasta niveles anteriores al New Deal. Los sindicatos de
la industria y el transporte, muy poderosos en otros tiempos, han queda-
do reducidos a sombras de sí mismos, en medio de guerras defensivas y
de la lucha por la supervivencia. En la actualidad también los sindicatos

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ARTÍCULOS de sectores públicos se ven obligados a adoptar actitudes defensivas,
sumidos en luchas de incierto resultado. En el sector privado los mayores
éxitos se han limitado a la sanidad y la asistencia social, que abarcan a
enfermeras y otras profesionales de la sanidad, al igual que las industrias
de servicios vinculadas a un lugar concreto que emplean a inmigrantes
con salarios bajos.
Enfrentados a perspectivas cada vez peores, los líderes del movimien-
to sindical organizado se han ido abriendo a nuevas ideas. El presidente
del AFL-CIO, Richard Trumka, ha cuestionado públicamente la pruden-
cia de una alianza duradera con el Partido Demócrata, lo cual refleja la
frustración por no haber logrado la promulgación de la EFCA y otras de-
cepciones de la era Obama. El AFL-CIO ha apoyado el recién constituido
Congreso de Trabajadores Excluidos, una red de centros de trabajadores,
y otros proyectos orientados a los inmigrantes que se han formado al
margen del marco convencional del sindicalismo.
Tanto la SEIU como la AFL-CIO, reconociendo implícitamente el aisla-
miento de los sindicatos de la sociedad extensa, se han volcado cada vez
más en los proyectos de tipo comunitario, apartándose de su tradicional
proyecto de reclutamiento según puestos de trabajo. La SEIU lanzó su
campaña de «Lucha por una Economía Justa» a principios de 2011, que
incluía campañas puerta a puerta en barrios pobres y de minorías urbanas
de todo el país; el programa de Trabajar en América de la AFL-CIO, ini-
ciado en el 2003, inscribe a trabajadores no sindicados que se movilizan
para cuestiones esenciales y proyectos de dinamización de votantes. A
nivel local muchos sindicatos han hecho coaliciones con organizaciones
de tipo religioso u otros grupos comunitarios.
Aunque es demasiado pronto para valorar los resultados de estos
esfuerzos, indican que los aún considerables recursos económicos y de
personal de los sindicatos pueden contribuir a apoyar un movimiento
de respuesta social amplia al enorme crecimiento de la desigualdad y del
poder de las grandes empresas que, sin cesar, ha ido pisoteando gran
parte de lo que los sindicatos habían conseguido en anteriores etapas
históricas. Prometedoras chispas de actividad como las manifestaciones
en pro de los derechos de los inmigrantes de 2006, y las protestas «Ocu-
pad Wall Street» de 2011, iniciadas por una nueva generación de jóvenes
activistas, han ganado considerable apoyo de los sindicatos. Como ha
dicho Stephen Lerner (2011), del SEIU, «los sindicatos tienen el dinero,
los miembros y la capacidad de organizar, construir y poner en marcha
un movimiento que desafíe el poder de la élite empresarial… [pero ellos]
deben permitir y procurar que otras organizaciones participen y movilicen
a sus miembros… [en] una nueva oleada de acción directa y actividad
de masas». Tal vez sea la contribución más importante que pueden hacer
los sindicatos en la coyuntura actual, puesto que se enfrentan al reto de
desarrollar nuevas formas de organización adaptadas a la mano de obra
del siglo XXI.

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ARTÍCULOS
Bibliografía
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ARTÍCULOS Resumen: «¡El movimiento sindical estadounidense ha muerto! ¡Viva el
movimiento sindical estadounidense!»
Este artículo explora el declive del movimiento laboral de EEUU en las últimas
décadas y su reorganización actual, destacando la creciente divergencia entre la
tasa de sindicalización en el sector privado, que había caído por debajo del 7%
en 2010 –la cifra más baja desde principios de 1930– y la del sector público, que
permanece estable en el 36% en 2010. Mientras tanto, la composición demográfica
de la afiliación sindical ha cambiado drásticamente. Pues había estado compuesta
predominantemente por varones no-universitarios blancos y la afiliación sindical
hoy cuenta con casi tantas mujeres como hombres. Y los trabajadores con nivel
universitario tienen una tasa de sindicalización más alta que cualquier otro grupo.
Así mismo, los trabajadores negros tienen tasas de sindicalización más altas que los
blancos, y los inmigrantes son tan propensos a ser miembros del sindicato como los
trabajadores nacidos dentro de los EEUU. El artículo concluye con una breve dis-
cusión de las perspectivas de revitalización de los sindicatos en los próximos años.

Palabras clave: Sindicatos, Organizaciones obreras, Relaciones laborales en


Estados Unidos, Cambios demográficos de la fuerza de trabajo, revitalización del
movimiento obrero.

Abstract: «The U.S. labor movement is dead! Long live the U.S. labor mo-
vement!»

This article explores the decline of the U.S. labor movement in recent decades
and its current disarray, highlighting the growing divergence between the unioni-
zation rate in the private sector, which had fallen below 7% by 2010 - the lowest
figure since the early 1930s - and the more stable rate in the public sector, 36% in
2010. Meanwhile, the demographic composition of union membership has changed
dramatically. Once predominantly comprised of non-college-educated white men,
U.S. union membership today includes nearly as many women as men, and college-
educated workers have a higher unionization rate than any other group. Black
workers have a higher unionization rate than whites, and immigrants are nearly
as likely to be union members as workers born inside the U.S. The article concludes
with a brief discussion of the prospects for union revitalization in the coming years.

Key words: Trade unions, Organized labor, U.S. industrial relations, Workforce
demographics, Immigrant organizing, Labor revitalization

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ARTÍCULOS

NICOLAS HATZFELD*

EXPERIENCIAS, POLÍTICAS,
FORMAS DE REPRESENTACIÓN
Tres ámbitos de la historia del trabajo del siglo xx

A partir del último tercio del siglo XX, por lo general un periodo considera-
do de crisis, los historiadores se han planteado nuevas preguntas sobre las
grandes transformaciones que han tenido lugar en el mundo del trabajo.
Los cambios en las modalidades de empleo, la redistribución geográfica de
las actividades, la reorganización de las empresas o los cambios técnicos,
por mencionar sólo algunas de estas novedades, requieren de un doble
análisis. Por un lado, como suele suceder en la historia, habrá que partir de
los estudios pioneros iniciados en la década de 1970 que también abordan
las décadas subsiguientes. En segundo lugar, debemos cuestionar los enfo-
ques más o menos explícitamente orientados al supuesto progreso logrado
a lo largo del siglo, lo que implica una revisión de conquistas anteriores.
De modo que la actualización de los conocimientos y los análisis históricos
han de incidir en estos dos aspectos: exploración y revisión.
Lo anterior nos lleva a preguntarnos sobre la relación existente entre la
disciplina histórica y el gran legado que constituyen los estudios realizados
en otros ámbitos de las ciencias sociales. De ahí que ciertas consideracio-
nes retrospectivas, como las formuladas por los sociólogos del trabajo
sobre su propia disciplina, resulten clarificadoras1. Subrayan, en efecto, las
elecciones concretas que presidieron las encuestas de antaño delimitan-
do el campo de estudio. Por otro lado, la renovación de los problemas
planteados por las ciencias sociales ha tendido a ordenar, casi por estratos,
los debates sobre los modelos sociales, económicos o tecnológicos. Así,
ciertas referencias casi evidentes al taylorismo2, el fordismo o el paterna-
Recibido 26-VI-11
Versión final aceptada 7-VII-11

* Nicolas Hatzfeld, Département d’Histoire, UFR SSG;2, rue du Facteur Cheval, 91025 Évry
Cedex, Francia. [email protected]
1
Anni Borzeix y Gwenaële Rot, Génese d’une discipline, naissance d’une revue. Sociologie du
travail, Nanterre, Presses Universitaires de Paris Ouest, 2010; Lucie Tanguy, La sociologie du
travail en France, Enquête sur le travail des sociologues, 1950-1990, París, La Découverte, 2011.
2
Patrick Fridenson, «Un tournant taylorien de la société française (1904-1918)», Annales
ESC, 5, septiembre-octubre 1987, pp. 1031-1060. André Gueslin, «Le paternalisme revisité
en Europe occidentale (seconde moitié du XIXe siècle, debut du siglo XXe siècle)», Géneses 7,
marzo 1992, pp. 201-211.

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 19-30.

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ARTÍCULOS lismo pueden nutrir los debates conduciéndolos en espiral, como en el
caso del postfordismo o neotaylorismo, sin que acabe de quedar claro qué
tiene que ver este vaivén de teorías y variantes con la realidad laboral
concreta. Dado este resurgir de los modelos conviene volver a las fuentes
originales y reparar en situaciones ancladas en prácticas localizables para
dar cuenta de su especificidad, a veces incluso de su carácter plural.
En el ámbito de la historia, el panorama también es bastante estático.
Antoine Prost señalaba en la conclusión de un libro reciente que el tra-
bajo está en declive pues, tras la década de 1980, ha perdido el lugar
central que ocupaba entre los valores fundamentales de la sociedad con-
temporánea3. El debate en torno a los temas esenciales parece haberse
cerrado. Sin embargo, esta situación nos ha llevado a replantearnos el
paradigma de la centralidad y la concepción del trabajo a la que remite,
a intentar desplazar este punto de vista y a buscar nuevas vías de análi-
sis. La centralidad a la que hacemos mención nos remite a la arena po-
lítica, cultural y social hacia la que se orientan las grandes teorías que
parten de la formación del movimiento obrero publicadas a lo largo de
las décadas de 1960 y 19704. En ellas se ponen en relación de forma
diferente el trabajo, las relaciones profesionales y los conflictos sociales,
la gestación del movimiento sindical y las corrientes políticas favorables
a la clase obrera5. Pero esta forma de entender el trabajo basándose en
los orígenes del movimiento obrero, propia de la segunda mitad del siglo
XX, no da cuenta de toda la historia del trabajo y los trabajadores6. Algu-
nos estudios alternativos no han tardado en señalar la precocidad de las
formas disonantes de protesta7. La historia de las empresas y organiza-
ciones aborda la cuestión desde otro punto de vista, pues surgió a la vez
que las técnicas que se aferran al estudio de las actividades contempo-
ráneas8. Lo que tienen en común estos diferentes ámbitos es que en ellos
se formulan preguntas en torno a los trabajadores y su trabajo. En cam-
bio, el trabajo ocupa un lugar secundario en el ámbito de las problemá-
ticas con las que no guarda una relación directa. De ahí la importancia
de que se le conceda un lugar en las investigaciones en las que se ana-

3
Antoine Prost, Autour du Front populaire. Aspects du mouvement social au xxesiécle, París,
le Seuil, 2006, pp. 316-317.
4
Edward P. Thompson, La formation de la classe ouvriére anglaise, París, Le Seuil/Gallimard,
col. Hautes études, 1988, p. 11 (edición original: The Making of the English Working Class,
Londres, Victor Gollanz, 1963); Michelle Perrot, Les ouvriéres en gréve. France 1871-1890,
París-La Haya, Mouton, 1974; Yves Lequin, Les ouvrieres de la región lyonnaise (1848-1914),
Lyon, Presses Universitaires de Lyon, 1977.
5
Rolande Trempé, Les mineurs de Carmaux, 1848-1914, París, Les éditions ouvriéres, 1971.
6
Christian Chevandier y Michel Pigenet, «L’histoire du travail a l’époque contemporaine, cli-
chés tenaces et novaux regards», Le movement social, 200, julio-septiembre 2002, pp. 163-169.
7
VVAA, Révoltes logiques, 1977, «Deux ou trios choses que l’historien sociale ne veux pas
savoir», Le mouvement social, 1000, julio-septiembre, pp. 21-30; Jacques Ranciére, La niut des
proletaires: archives du rêve ouvriére, París, Hachette, 1997 (1.ª ed. Fayard, 1981).
8
Patrick Fridenson, Histoire des usines Renault, París, Le Seuil, tomo 1, Naissance de la
grande enterprise, 1898-1939 (81.ª ed. 1972); François Caron, Histoire de l’explotation d’un
grand réseau: La Compagnie du chemin de fer du Nord, des origines à la nationalisation,
París, Mouton, 1973; Denis Woronoff, L´industrie sidérurgique en France pendant la révolu-
tion et l’empire, París, Éditions de l’EHESS, 1984.

20

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ARTÍCULOS
lizan los temas fundamentales de la sociedad contemporánea. Este enfo-
que se divide en tres ejes fundamentales que se superponen a todo e inter-
fieren entre sí.

El trabajo: experiencias y organizaciones


Convertir a los trabajadores en el núcleo de un estudio sobre el trabajo
es una experiencia personal y social. Asimilar las restricciones, reglas,
útiles y objetos supone adaptarse a ellos y crear un margen de maniobra,
incluso para la resistencia. De hecho, la acción requiere de un abanico de
prácticas diferenciadas que van de la acción puntual a la estrategia y cuya
combinación se actualiza sin cesar. En ese conjunto, la técnica requiere
de mediación social por el vínculo que establece con las prácticas que
implica realizar una labor y porque es en sí misma el resultado de un
esfuerzo aplicado9. El análisis del trabajo requiere el estudio tanto de la
organización formal como de los modos informales de organización de
la actividad, a fin de localizar y captar las reglas y prácticas por las que
se rige así como su significado. Desde otro punto de vista la observación
de prácticas y situaciones hace aflorar tensiones entre dos concepciones
diferentes10: por un lado, la tarea nos lleva a una definición del empleo y
los sectores laborales más o menos sedimentada por la tradición, las or-
ganizaciones y las convenciones; por otro, debemos tener en cuenta la
noción de utilidad relacionada con la de servicio, unas expectativas bas-
tante concretas y una lógica para el proyecto. Conviene que nos basemos
en las modalidades de esfuerzo realizadas por los trabajadores para afinar
los sistemas de reglamentación y localizar las reformulaciones del trabajo
que incentivan; unas veces para reordenar y otras para plantear propues-
tas alternativas o formas de resistencia.
Al realizar la actividad, las partituras individuales se inscriben en una
combinación de dos lógicas colectivas que se solapan: la solidaridad entre
pares y la dominación jerárquica que sirven para renovar continuamente
los acuerdos indispensables en la vida laboral. El eje ortogonal lo cons-
tituyen grupos organizados de diversa extensión atendiendo al lugar de
origen, las diferencias de género11, las categorías profesionales, las gene-
raciones, las experiencias conflictivas o las diferencias estatutarias, por
poner algunos de los ejemplos más destacados. La combinación de estos
grupos configura un panorama social en el que se imbrican estrechamen-
te las relaciones laborales en el lugar de trabajo y en general. Estos espa-

9
Yves Cohen y Dominique Pestre, «Présentation», en Yves Cohen y Dominique Pestre (dirs.),
Annales: Histoire, sciences sociales, n.º 4-5, julio-octubre, 1998, pp. 721-744.
10
Yves Schwartz y Louis Durrive (dirs.), L’activité en dialogues. Entretiens sur l’activité hu-
manie (II), Toulouse, Octares, 2009.
11
Catherine Onmés, Ouvriéres parisiennes: marches du travail et trajectories professionne-
lles au 20e siècle, París, Editions de l’EHESS, 1997; Laura Lee Downs, L’inegalité à la chain:
la división sexuée du travail dans l’industrie métallurgique en France et en Angleterre,
1914-1939, París, Albin Michel, 2001; Delphine Gardey, La dactylographe et l’expeditionnaire.
Histoire des employés de bureau 1890-1930, París, Berlín, 2001; Anne Sophie Beau, Un
siècle d’emplois précaires, París, Payot, 2004.

21

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ARTÍCULOS cios artificiales van más allá de los límites organizativos o jurídicos de las
organizaciones. Por otro lado, el mundo del trabajo y el de después del
trabajo interfieren continuamente entre sí debido a las reciprocidades que
se dan entre el mundo del trabajo y el mundo de la vida y al reflejo en el
mundo de las identidades de las relaciones laborales y lo que implican.
En un mismo orden de cosas el juego consta de encajes temporales dife-
rentes en los que se recrean los instantes sin cesar, pues las experiencias
pasadas y las perspectivas de movilidad profesional siguen uniendo a las
generaciones.
Los estudios en los que se utilizan las categorías de análisis depen-
diendo de cómo funcionen en situaciones concretas, requieren de un mé-
todo etnográfico. Si se utiliza en la exploración histórica facilita el desfase
entre modelos; el reajuste de los personajes y grupos de la Alltagsgeschi-
chte alemana es una referencia importante en este punto12. Así, más allá
del principio de fabricación en cadena, que grosso modo recorre el siglo
XX en su conjunto, devuelve toda su consistencia al lapso que existe entre
prácticas separadas entre sí por más de un siglo de transformaciones. La
combinación de ambos tipos de investigación por la que he optado en
mi tesis, consagrada al estudio de la fábrica de automóviles de Sochaux,
nos ofrece un conocimiento del presente lo suficientemente firme como
para servir de referente al historiador13. Los sociólogos han recurrido a
un análisis de los archivos similar, pues quieren fijar los referentes histó-
ricos para intentar establecer un diálogo entre éstos y las situaciones del
presente que analizan14. El grupo PRATO, compuesto principalmente por
sociólogos e historiadores, ha organizado un coloquio dedicado a este
tipo de análisis mixto15.
El hecho de convertir a la experiencia laboral en el corazón de nues-
tras reflexiones nos ayuda a obtener referencias precisas para comprender
las formas y técnicas de organización. La coordinación informática nos
permite una cierta disociación entre las organizaciones y el perímetro
clásico que venía dado por las empresas e instituciones de servicio pú-
blico. La distinción resalta aquellas formas de actividad en las que cabe
debatir sobre el estatus laboral solo hasta cierto punto, como en el caso
de las tareas domésticas consideradas voluntarias. El tema de las fron-
teras entre espacios de trabajo reconocidos y aquellos cuya legitimidad
se oculta o niega constituye una palanca preciosa para ampliar nuestros
conocimientos sobre las organizaciones y entender la variedad de formas
que revisten, de las más explícitas a las más subrepticias16. Al analizar a

12
Alf Lüdtke (dir.), Histoire du quotidien, París, Éditions de la MSH, 1994 (edición original,
Alltagsgeschichte, Francfort, Campus Verlag, 1989).
13
Nicolas Hatzfeld, Les gens d’usine: Peugeot-Sochaux, 50 ans d’histoire, París, Éditions de
L’Atelier, 2002.
14
Gwenaële Rot, Sociologie de l’atelier: Renault, le travail ouvrier et le sociologue, Toulouse,
Octarés, 2006; Séverin Muller, Á l’abattoir. Travail et relations professionelles face au risque
sanitaire, París, Editions de la MSH, 2008.
15
Anne-Marie Arborio et al. (dir.), Observer le travail. Ethnographie et histoire, approches
combinées, París, La Découverte, 2008.
16
Maud Simonet, La travail bénévole: travail gratuity ou engagement citoyen?, París, la
Dispute, 2010.

22

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ARTÍCULOS
las organizaciones qua organizaciones podemos articular el estudio de las
técnicas y reglas de compromiso social que las configuran. Por ejemplo,
sólo a principios del siglo XIX se crea la figura del contramaestre en las
fábricas17; una figura que, a finales del siglo XX se perderá en los múltiples
cambios que han asolado a las organizaciones industriales. Este tipo de
historia guarda distancias con los modelos tradicionales o estigmatizados
por discursos empresariales o contestatarios, hace resurgir la plastici-
dad, la variedad y el carácter evolutivo de empresas y establecimientos
industriales. A finales de la década de 1990, se pusieron en marcha di-
versos programas (entre ellos los que pretendían incentivar a Gerpisa
para estudiar el sector del automóvil) que han aportado un conjunto de
análisis que dan la réplica a los discursos normalizadores lanzados desde
el mundo empresarial y las ciencias sociales18. En ellos se estudian la
diversidad y complementariedad de formas de organización que pueden
perfectamente coexistir, así como los híbridos resultantes de la fusión del
modelo artificial que las organizaciones deseen adoptar19.

Políticas laborales
Si el paso de un punto de vista centrado en los trabajadores a otro basado
en la organización pretende sacar partido de la simetría existente en la esfe-
ra del trabajo, el que parte de la política ha de hacer frente a la prueba de
fuego de la vida pública. Existen interferencias múltiples y variables entre
ambos mundos. En efecto, los problemas relacionados con el mundo del
trabajo se han formulado de las formas más diversas y se mueven entre
dos mundos: el de la política y el profesional que son, de por sí, ámbitos
cargados de definiciones inestables. Las condiciones laborales se formulan
a menudo en términos políticos, tanto si se trata del reparto de poder como
de las formas de autoridad, expresión y representación o de los salarios.
En ciertos momentos históricos han sido los agentes sociales mismos los
que han reformulado estos temas y transformado en cuestiones políticas
lo que, en un principio, no parecían ser más que problemas estrictamente
profesionales o meras reivindicaciones20. Este tipo de reconfiguración ha

17
François Jarrige y Cécile Chalmin, «L’emergence du contremàitre. L’ambivalence d’une
autorité en construction dans l’industrie textile française (1800-1860), Le Mouvement Social,
224 (2008/3), pp. 47-60.
18
Charles Sabel y Jonathan Zeitlin, World of Possibilities: Flexibility and Mass Production
in Western Industrialization, París, Cambridge y Nueva York, MSH y Cambridge University
Press, 1997; Michel Freyssenet et al. (dir.), Quel modéle productif?, París, Éditions La Dé-
couverte, 2000.
19
Jean-Louis Robert, Les ouvriérs, la Patrie et la Revolution: París 1914-1919, París, Annales
Littéraires de l’Université de Besançon, 1995; Rolande Trempé, «Aux origines des comités
mixtes à la production: les comités de liberation d’enterprise de la región toulousiane», Revue
d’histoire de la Deuxiéme Guerre mundial, 131, 1983; Antoine Prost, «Une mouvement venu
d’en bas» en Claire Andrieu, Lucette Le Van y Antoine Prost (dirs.), Les nationalisations de la
Libération, París, Presses de la FNSP, 1987, pp. 65-88; Robert Mencherini, La libération et les
enterprises sous la gestión ouvriére, Marsella, 1944-1948, París, L’Harmattan, 1994.
20
Laura Pitti, Ouvriérs algériens à Renault-Billancourt de la guerre d’Algérie aux gréves d’Os
des années 1970. Contribution à l’histoire sociale et politique des ouvriers étrangers en Fran-

23

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ARTÍCULOS sido muy frecuente en tiempos de guerra y posguerra21, al igual que ciertos
movimientos sociales que inciden sobre el papel atribuido a la mano de
obra femenina o a los inmigrantes. En los años posteriores a 1968 ocurrió
algo similar, pues los temas relacionados con las condiciones de trabajo sal-
taron del ámbito de las reivindicaciones de los representantes de personal
a la arena política y se hablaba de ellos hasta en los consejos de ministros.
Desde un punto de vista más amplio, a escala internacional, cabe lamen-
tar la distinción entre work history y labour history22. La primera se centra
en la actividad laboral y la segunda en la gestación de formas de acción en
el seno de la sociedad constituida por las agrupaciones de trabajadores. La
unión de ambos enfoques resulta especialmente instructiva desde el mo-
mento en que concede prioridad al estudio de las experiencias de los movi-
mientos sociales y traslada las cuestiones laborales al ámbito de la política.
Las formas de intervención por parte del poder político nos llevan a
una visión más clásica de la historia del trabajo. El análisis de las formas
de acción en ámbitos que afectan a las jornadas laborales o, más recien-
temente, a problemas de salud en el lugar de trabajo23, nos ayuda a re-
evaluar esa historia de la acción pública y sus efectos en la época contem-
poránea, tradicionalmente entendida como un progreso más o menos
discontinuo. Desde finales del siglo XIX, la mayor intervención legislativa
y administrativa del Estado ha ido acompañada de una retracción relativa
de la regulación civil y penal de los conflictos, de formas de delegación
en los agentes sociales en lo referente a la administración del trabajo y
de una renovación de los rasgos específicos del mundo laboral24. Esta
forma de abordar una parte de la relación salarial facilita, en el ámbito
de la salud laboral, el deslizamiento de administradores y expertos de la
incertidumbre al escepticismo y de ahí a la negación de las patologías,
en la medida en que forman parte exclusivamente del mundo del trabajo,
sin presencia alguna en la esfera pública25. Observar a los partidos po-

ce, tesis doctoral, Universidad de París 8, 2002; Xavier Vigna, L’insubordination ouvriére
dans les années 68. Essai d’histoire politique des usines, Rennes, Presses Universitaires de
Rennes, 2007.
21
Jean Louis Robert, Les ouvriers, la Patrie et la Revolution: Paris 1914-1919, París, Annales
literaires de l’Université de Besançon, 1995; Roland Trempé, «Aux origines des cimtés mix-
tes à la production: les comités de libération d’enterprise de la región toulousaine», Revue
d’histoire de la Deuxieme Guerre mundial, 131, 1983; Antoine Prost, «Une meuvement venu
d’en bas», en Calire Andrieu, Lucette Le Van y Antoine Prost (dirs.), La nationalisation de la
Libération, París, Presses de la FNSP, 1987, pp. 65-88; Robert Mencherini, La libération et les
enterprises sous gestión ouvriére, Marsella, 1944-1948, París, L’Harmattan, 1984.
22
Jürgen Kocha, Work as a Problem in European History: An Introduction y Josef Ehmer,
Labour History and the History of Work: Differences, Similarities and Relations, Communica-
tions à l’International Economic History Congress, Helsinki, 2006.
23
Stéphene Buzzi et al. La santé au travail, 1880-2006, París, La Découverte, 2006.
24
Catherine Omnés y Paul-André Rosenthal (dirs.), «Les maladies professionelles: génese de
une question social», Revue d´histoire modern et contemporaine, 56-1, enero-marzo, 2009;
Anne Sophie Bruno et al. (dir.), La santé au travail, entre savoirs et pouvoirs (19e-20e siècles),
Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2011.
25
Paul-André Rosenthal y Catherine Omnés (coords.), «Les maladies professionelles: géne-
se d’une question social (XIXe et XXe siècles)», Revue d’histoire modern et contemporaine,
56-1, enero-marzo 2009; Anne-Sophie Bruno et al. (dir.), La santé au travail, entre savoirs et
pouvoirs (19e-20e siècles), Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2011.

24

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ARTÍCULOS
líticos, expertos y miembros de la administración pública o comisiones
paritarias, resulta muy clarificador. De forma más general, este ámbito
de estudio nos invita a elaborar una historia social de la acción pública
que pudiera explicar la intervención de los agentes sociales colectivos en
la definición y puesta a punto de esta forma de acción26. Requiere del
análisis de aquellas organizaciones que representan a las fuerzas sociales,
sindicales y patronales y del estudio de las orientaciones políticas que se
dan en su seno, y cómo se configuran. Resalta el carácter transnacional de
los conocimientos y las decisiones de carácter administrativo o político.
Los conflictos han ocupado tradicionalmente un lugar destacado en
la historia del trabajo y no han perdido nada de su gran riqueza27. Los
enfoques que se inspiran en la microhistoria o la antropología histórica
han renovado la forma de entender la singularidad de los sucesos, han
aportado nuevos registros de lectura28 y permiten articular las representa-
ciones y la racionalidad de los actores a la par que desvelan las interre-
laciones que guían sus estrategias. Lo que nos permite, a su vez, situar
a estas últimas en las redes de las que forman parte, seguir la evolución
de las organizaciones instituidas, atacarlas por la retaguardia haciendo
uso de los niveles temporales y los escenarios entrelazados. También nos
ayudan a rastrear dinámicas compuestas por sucesos significativos y las
singularidades en cuyo seno cobran mucho o poco sentido nuestras ex-
plicaciones29. En el caso francés, por ejemplo, hubo turbulencias obreras
a principios de la década de 1960 que prefiguraban los conflictos habidos
posteriormente en 1968, renovando los ecos de la Guerra de Argelia en
el mundo del trabajo. Lo anterior demuestra lo plurales que pueden ser
los conflictos. Profundizar en la especificidad de cada uno de ellos puede
permitirnos desvelar aquellos momentos en los que se traban o desunen
las configuraciones sociales. Así, reinventados desde el punto de vista de
su originalidad, los conflictos se ajustan de forma significativa a los aspec-
tos económicos, sociales o políticos de espacios tales como la empresa,
la región o la nación.

Las representaciones del trabajo: un objeto a singularizar


Si bien uno de los ejes fundamentales de la historia del trabajo es el aná-
lisis de las experiencias y las políticas, no es el único. Para averiguar qué
lugar ocupa el trabajo en las sociedades contemporáneas hay que estudiar
sus formas de representación establecidas. El nexo suele aparecer en los

26
Alain Chatriot, Odile Joint-Lambert y Vincent Viet (dirs.), Les politiques du travail (1906-
2006): Actuers, institutions résaux, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2006.
27
Patrick Fridenson, «Le conflit sociale», en André Burguière y Jacques Revel (dirs.), Histoire
de la France. L’Etat et les conflits, París, Seuil, 1990, pp. 353-452.
28
Jacques Revel (dir.), Jeux d’echelles; la micro-analyse à l’experience, EHESS/Gallimard/
Seuil, 1996; Alain Dewerpe, Charonne, 8 février 1962: Anthropologie historique d’un mas-
sacre d’Etat, París, Gallimard, 2006.
29
Jean-Claude Passeron y Jacques Revel, «Penser par cas: raissoner à partir de singularités»,
en Jean-Claude Passeron y Jacques Revel (dirs.), Penser par cas, París, Editions de l’EHESS,
2005, pp. 9-44.

25

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ARTÍCULOS razonamientos y en las representaciones que utilizamos para ilustrar nues-
tros análisis. Merece la pena que los cuestionemos a través de un estudio
específico de las figuras y temáticas que han pasado a formar parte de su
registro simbólico30.
Las diversas formas de representación se extraen del mundo del trabajo
donde se producen. Siempre encontramos creaciones verbales que forman
parte de la actividad o la subrayan31. Los documentos redactados para la
realización del trabajo desempeñan un papel muy particular debido al uso
que se les da o las estrategias de las que son objeto32. Los documentos
sindicales y empresariales también son relevantes, al igual que ciertos tipos
de prensa que a menudo reflejan enfrentamientos simbólicos cuyo conte-
nido y geografía social están repletos de información sobre los actores y
las escenas propias del mundo del trabajo. Otros productos son más bien
externos, como ocurre en el caso de la literatura, los programas radiofóni-
cos, la pintura o la fotografía, que pueden contener testimonios e historias
vitales. Los carteles suelen estar redactados de forma muy prescriptiva, lo
que les coloca en un lugar especial, mientras que hace ya tiempo que las
películas han desempeñado un papel relevante debido a las cargas que
suele conllevar su producción. No obstante, las representaciones cinema-
tográficas del trabajo constituyen un material de una riqueza excepcional,
tanto para llegar a conocer las actividades representadas como la forma
de verlas33.
Diversos temas y estilos circulan a través de todos estos géneros de
forma más o menos explícita. Plasman juicios de valor densos que po-
larizan las cuestiones. La igualdad y, sobre todo, la justicia y la dignidad
son elementos de la estructura que permiten distinguir el bien del mal
en la apreciación de la actividad, la autoridad, la organización, la remu-
neración, etcétera. La carga de trabajo y el esfuerzo que conlleva se po-
nen en relación con implicaciones sociales como el reconocimiento, la
cualificación o el oficio. También se los vincula al uso que se hace de
cuerpo y alma, a la fatiga y la usura cuyas representaciones e importancia
pueden variar considerablemente34. En el polo positivo podemos men-
cionar la cooperación y el sentido del que se dota al buen trabajo o la

30
CIDoSPeL e IpL (dir.), «Il lavoro come cambia, come si rappresenta. Metodologie, studi et
immagini del lavoro», Sociologia del Lavoro, 82, 2001.
31
Christian Thuderoz, La boite, le singe et le compagnon: Syndicalisme et enterprise, Lyon,
Presses Universitaires de Lyon–CNRS, 1994; Josiane Boutet (dir.), Paroles au travail, París,
L’Harmattan, 1995; idem, La vie verbal au travail: des manufactures aux centres d’appel,
Toulouse, Octarés, 2008.
32
Cédric Lomba, «Avant que les papiers ne rentrent dans les cartons. Usages ethnographi-
ques des documents d’enterprise», en Anne Marie Arborio et al. (dir.), Observer le travail.
Ethnographie et histoire, aproches combinées, París, La Découverte, 2008, pp. 29-44.
33
Nicolas Hatzfeld, Gwenaële Rot y Alain Michel, «L’ouvrier en personne: Une irruption
dans le cinéma documentaire (1961-1974)», Le mouvement sociale, 226, enero-marzo 2009,
pp. 67-78; idem, «Filming Work on Behalf of the Automobile Firm: The Renault Case (1950-
2002)», en Vinzenz Hedigue y Patrick Vonderau (eds.), Cinematic Means, Industrial Ends:
The Work of the Industrial Film, Ámsterdam, Amsterdam University Press, 2009, pp. 187-210;
idem, «Le travail au cinema; Une reapprentisage de la realité sociale», Esprit, 326, julio de
2006, pp. 78-99.
34
Alain Cotterau (dir.), «L’usure au travail», Le movement social, 124, julio-septiembre, 1983.

26

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ARTÍCULOS
calidad, evocados con discreción unas veces y sin ambages otras. Se dan
diversos intercambios entre ambos polos y hallamos una ambivalencia
parecida en el ámbito de la recepción y las representaciones. Es lo que
explica que se pueda invocar la imagen de Charlotte en Tiempos moder-
nos, tanto para describir un futuro próximo como para estigmatizar a un
pasado distante.
Con el tiempo se modifican las representaciones del trabajo y se re-
componen los temas. La figura del trabajador representada en los carte-
les propagandísticos cambia sensiblemente; se ha pasado del minero al
trabajador de la metalurgia y posteriormente a una figura plural. Otros
personajes han ido apareciendo junto al hombre de mono azul: mujeres
con gafas y blocs de notas en las manos y hombres con traje y corba-
ta igualmente provistos de gafas35. Hubo muchas representaciones de
obreros en la década de 1980 pero, entonces, lo que se representaba era
el cierre de establecimientos, como si la fábrica simbolizara mejor que
cualquier otro lugar la destrucción de empleo. Ya hemos mencionado la
discrepancia que existe entre el imaginario y la realidad de las categorías
obreras36. Pero hay otros temas que merecen nuestro interés. La cuestión
de la intensidad del trabajo fue variando considerablemente a lo largo de
la segunda mitad del siglo XX. Por ejemplo, los argumentos en torno al
esfuerzo dieron lugar a un fuego cruzado entre los principales sindica-
tos37. Los escritos más críticos se centraban en la reconstrucción del país
tras la Segunda Guerra Mundial, en las jornadas y los salarios, aparte de
en la racionalización del trabajo y la productividad. A partir de la década
de 1960 se empiezan a destacar el carácter embrutecedor del ritmo de
trabajo y la carga que suponen la repetitividad y la falta de sentido. A
finales de los años ochenta surge la figura del usurero físico y psíquico
debido al exceso de exigencias por parte de las empresas y a la indivi-
dualización de la relación salarial. Sin embargo, en uno de los momentos
en los que más se intensificó el trabajo, a principio de los años ochenta,
nos hallamos ante un silencio relativo al respecto que conviene poner en
relación con las modificaciones habidas en el contexto político y social38.
En general, los cambios en las formas de representación guardan una re-
lación laxa con la evolución real del trabajo. La incesante renovación de
las imágenes y temáticas invita a intentar aprehenderlas más sistemática-
mente y a adoptarlas como objeto de investigación concreto en el ámbito
del análisis del trabajo.

35
Fréderic Cépède y Eric Lafon (dirs.), Le monde ouvrier s’affiche: Un siècle de combat social,
París, Codhos/Nouveau Monde Éditions, 2008.
36
Stéphane Beaud y Michel Pialoux, Retour sur la condition ouvriére. Enquête aux usines
de Peugeot-Sochaux, París, Fayard, 1999.
37
Nicolas Hatzfeld, «Les syndicats de l’automobile aux congrés federaux: un modéle renouve-
lé (1948-1963)», en Elyane Bressol, Michel Dreyfuss, Joël Hedde y Michel Pigenet (dirs.), La
CGT dans les années 1950, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2005, pp. 35-47; idem,
«L’intensification du travail en debat. Ethnographie et histoire aux chaines du Peugeot-So-
chaux», Sociologie du travail, 46, 2004, pp. 291-307.
38
Philippe Askenazy, Damien Cartron, Frédéric de Coninck et al. (dirs.), Organisation et
intensité du travail, Toulouse, Octarés, 2006.

27

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ARTÍCULOS
Conclusión: algunas pistas transversales
Estos tres grandes ámbitos platean cuestiones transversales que quisiera
evocar a modo de conclusión.
Entre los problemas que hemos hallado hay algunos que dan lugar
a ejes de investigación que nos permitirían tener en cuenta niveles de
lo social muy distintos. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el caso de los
sindicalismos, a los que podemos estudiar desde diversos niveles de ob-
servación: desde la actividad militante en el seno de los talleres39 hasta
la trayectoria seguida por los sindicatos franceses desde una perspectiva
europea comparada40. La salud en el lugar de trabajo es un ámbito de
estudio reciente e innovador y crea un eje que propicia el mismo tipo
de estudio a diversos niveles. Uno de los problemas más acuciantes de
nuestra época, la multiplicación sin precedentes de patologías ligadas al
trabajo obligatorio y repetitivo, nos ha llevado a preguntarnos por la im-
portancia que se concedía a estas patologías a lo largo de los siglos XIX y
XX en el mundo laboral, tanto en la industria como en el sector servicios,
en relación a obreros y empleados. Las preguntas se plantean a niveles
diferentes: del lugar que ocupa la actividad a la circulación transnacional
y las instancias internacionales, pasando por el Ministerio de Trabajo
o la Seguridad Social41. Están repletas de aspectos sociales, culturales,
científicos, políticos e institucionales. La evolución de la forma en que la
sociedad trata los efectos nocivos del trabajo se estudia desde todos estos
puntos de vista que intentan fijar asimismo los desplazamientos del límite
entre lo normal y lo inaceptable.
Al margen de su contenido propiamente dicho, los distintos ámbitos
de investigación en torno a la historia del trabajo, aun adoptando for-
mas diversas, siempre tienen una dimensión transnacional42. Ésta nos
permite comparar la situación en los diversos países, generalmente del
ámbito del mundo industrial avanzado, para clarificar las especificidades
de la trayectoria francesa o los rasgos comunes a ciertos países durante
determinados periodos de tiempo. En segundo lugar nos permite jugar
con organizaciones internacionales como la Organización Internacional
del Trabajo o la Comunidad Económica Europea, estableciendo las for-
mas de cooperación que se dan entre los representantes de los países
miembros43. La dimensión transnacional ha surgido cuando, al margen de
39
Nicolas Hatzfeld, «Ergonomie, productivité et usure au travail. Une decennie de débats
d’atelier à Peugeot-Sochaux (1995-2005)», Actes de la recherche en sciences socials, 165,
diciembre de 2006, pp. 93-105.
40
Michel Pigenet, Patrick Pasture y Jean-Louis Robert (dirs.), L’apogée des syndicalismes en
Europe occidentale 1960-1985, París, Presses de la Sorbonne, 2005.
41
Nicolas Hatzfeld, «L’emergence des troubles musculo-squelettiques (1982-1996). Sensibi-
lities de terrain, definitions d’experts et débats scientifiques», Histoire et Mesure, vol. XXI,
n.º 1, 2006, pp. 111-140; idem, «Les maladies du travail face au déni administrative: la longue
bataille des affections périarticulaires (1919-1972)», Revue d’Histoire Modern et Contempo-
raine, 56-1, 2009, pp. 177-196.
42
Paul-André Rosental (dir.), «Health and Safety at Work: A Transnational History», Journal
of Modern European History, vol. 7, 2009/2.
43
Isabelle Lespinet-Moret y Vincent Viet (dirs.), L’Organisation international du travail:
origine, development, avenir, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2008.

28

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ARTÍCULOS
estructuras estáticas, han empezado a circular análisis, modelos, saberes o
referencias capaces de influir sobre las orientaciones políticas.
Por otra parte, el enfoque de las temporalidades se inspira en ciertos
aspectos en reflexiones históricas en torno a los tiempos presentes o muy
contemporáneos, en un intento de retomar las fórmulas de la historiogra-
fía francesa reciente. El peso de la memoria, a la vez recurso e impedi-
mento para recomponer el pasado, está relacionado con las temáticas de
cambio que se renuevan sin cesar al ser desplazado el presente. En ge-
neral, las escuelas de pensamiento proponen dos esquemas: una postula
la continuidad y la otra contrapone, para bien o para mal, el presente al
pasado. El análisis de la memoria social se presta a dos tipos de análisis
diferentes, el histórico y el etnológico, cada uno de los cuales da respues-
tas específicas sobre la presencia del pasado en la sociedad presente44. Su
aportación concreta a la historia contemporánea o de los tiempos presen-
tes, auténtico clásico para la disciplina, es la posibilidad de cartografiar la
pluralidad de situaciones implícitas en los procesos pasados en relación
a síntesis anteriores45.
Por último, los cambios de nivel, temporal o espacial, no agotan la
cuestión de la generalización. Otra solución inductiva, obtenida por ex-
tensión de este mismo tipo de análisis, es la comparación razonada de
los resultados y respuestas a diferentes situaciones o preguntas. Este tipo
de investigaciones pueden dar lugar a hipótesis consolidadas y ponerse
en relación con los trabajos que, desde el principio, se realizaron a gran
escala. Facilitan más que otras la formulación de preguntas y permiten
recuperar ciertas problemáticas. Desde este punto de vista, los programas
de cooperación constituyen un contrapunto indispensable en los estudios
dedicados a la exploración de estos problemas.

44
Michel Pigenet (dir.), Mémoires du travail à Paris, París, Créaphis, 2008.
45
Alain Dewerpe, Le monde du travail en France, 1800-1950, París, Armand Colin, 1998;
Patrick Fridenson, «Automobile Workers in France and their Work, 1914-1983», en Steven
Kaplan y Cynthia Koepp (eds.), Work in France, Ithaca, Cornell University Press, 1986,
pp. 514-547.

29

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ARTÍCULOS Resumen: «Experiencias, políticas, formas de representación: tres ámbi-
tos de la historia del trabajo del siglo XX»

Las transformaciones que han tenido lugar en las últimas décadas del siglo xx
invitan al análisis de la historia del trabajo, a reestudiarla desde tres puntos de vista.
En la experiencia laboral se mezclan aspectos técnicos, personales y sociales
que se inscriben en lógicas sociales colectivas diferentes con las que sólo coinciden
parcialmente. Organizaciones y colectivos se redefinen una y otra vez, desde el
punto de vista de las organizaciones formales, las redes implícitas, el presente inme-
diato y las carreras profesionales, el trabajo reconocido y las actividades ignoradas,
la jornada de trabajo y el ocio tras el trabajo.
En la dimensión política se traslada lo anterior a la vida pública. Su contenido
y su perímetro varían según las épocas. La acción del Estado entra en declive a
diferentes niveles y sus organismos se encuentran con diversos representantes del
mundo del trabajo. En el seno de esas interferencias los conflictos son los momen-
tos par excellence de puesta en cuestión y recomposición de las configuraciones
sociales y de su puesta en perspectiva política.
Por último, merece la pena que dediquemos nuestro interés a las diversas for-
mas de representación en el trabajo, tanto a las palabras como a las películas. Las
actividades, los personajes, los roles sociales, las cualidades o los juicios de valor,
es decir, los problemas representados varían a su propio ritmo. Las concordancias
o discordancias con las formas de evolución eficaces reflejan con viveza el lugar
asignado al trabajo en los imaginarios sociales.

Palabras clave: historia del trabajo, experiencias del trabajo, dimensión política
del trabajo, configuraciones sociales, representaciones del trabajo

Abstract: «Experiences, politics, ways of representation: three domains


for labor history in the twentieth century»

The transformations occurred in the last decades of the XX century invite to study
or re-study the history of work, from three points of view.
The experiment of work combines personal, technical and social aspects, and
falls under different collective logics which meet partly. The organizations and the
collectives are unceasingly redefined, since the formal organizations until the impli-
cit networks, in the immediate present as in the long time of the professional paths,
of the work recognized with the ignored activities, work with except work.
The political dimension of work puts this one to the test public life. It varies in its
contents or its perimeter according to the times. The action of the State is declined at
various levels and its organizations meet various representatives of the work world.
In these interferences, the conflicts are par excellence moments of setting in question
and recombining of the social configurations and their setting in political prospect.
Lastly, the representations of work draw an attention specific to their various
forms, since the words to films. The activities, the characters, the social roles, quali-
ties or the value judgments, finally the problems represented vary according to clean
rates/rhythms. The agreements or the discordances with the effective evolutions trans-
late with force the place assigned with work in the imaginary social ones.

Key words: history of work, labor movement, collective bargaining, representa-


tions of work, work and policy.

30

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ARTÍCULOS

PAUL STEWART Y KEN MURPHY*

CÓMO SOBREVIVIR AL POSFORDISMO


Despido y jubilación
en la sociedad posfordista

Introducción
¿Qué ocurre con los trabajadores que han sufrido daños físicos o psicoló-
gicos debido a la producción posfordista? Hoy contamos con abundante
literatura sobre la naturaleza de esta forma de producción, y algunos de
esos estudios se han convertido en parte de un prestigioso género que
analiza el impacto de las nuevas técnicas de gestión sobre la calidad
de vida de los trabajadores. ¿Qué hay de los que no alcanzan los niveles
exigidos? Aunque llevemos planteándonos esta pregunta al menos desde
que Parker y Slaughter formularon su rompedor concepto de «gestión por
estrés» (1988), no hemos sido capaces de aportar soluciones fáciles al pro-
blema. Siendo justos hay que reconocer que puede que se deba a la ten-
dencia mostrada incluso por los especialistas más críticos a mirar siempre
«más allá de la fábrica» para centrarse en los problemas de producción en
la medida en que atentan contra la reproducción social. Además, en los
primeros años de implementación de la gestión posfordista, lo que más
preocupaba era a qué nuevas formas de explotación se sometían las tareas
realizadas «en el trabajo». Los investigadores estaban obsesionados por ave-
riguar qué diferencias había entre el sistema de gestión posfordista y las
formas anteriores de control en el lugar de trabajo. De ahí que los más
críticos no se ocuparan del problema de si la exposición a este método de
trabajo podría tener consecuencias nocivas para la vida de los trabajadores.
¿Y qué ha ocurrido con las primeras víctimas del dogma ilustrado de la
eficiencia aplicado a la producción, la innovación y la participación
de los trabajadores? En estas páginas quisiéramos comprobar el impacto
que tuvo su vida laboral sobre antiguos empleados de la industria automo-
vilística basada en una gestión posfordista.
Recibido 14-X-11
Versión final aceptada 2-XI-11

* Paul Stewart, Departamento de Gestión de Recursos Humanos, University of Strathelyde, Graham


Hills Building, 50, Richmond Street, Glasgow G1 1XU, Escocia. [email protected]
Ken Murphy (Unite, at GM-UK). Ken Murphy ha trabajado para General Motors durante más
de treinta años, la mayor parte de ese tiempo en una línea de montaje. Ha sido delegado
sindical y miembro del comité del sindicato. [email protected]

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 31-46.

31

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ARTÍCULOS Este artículo es el resultado de un estudio más general sobre los efectos
de las prácticas de gestión posfordista sobre la salud de los trabajadores en
su lugar de trabajo, en casa y en el seno de sus comunidades. Los partici-
pantes procedían de una amplia gama de sectores como la industria auto-
movilística, el gobierno local o el Sistema Nacional de Salud en el noroeste
de Inglaterra. Nos hemos basado en un estudio piloto que analizaba la vida
laboral de personas cesadas, jubiladas o ambas cosas en sistemas de gestión
posfordista1. Es un método basado en datos históricos pero hace años que
sabemos que la jubilación anticipada a menudo es una forma encubierta de
despido (BEAN, 1989, p. 141). Es inevitable que el asunto afecte a las po-
líticas sociales, puesto que el empleador puede utilizar recursos del Estado
para hacer frente a los costes sociales de los trabajadores desplazados; unos
costes originados por las consecuencias psicológicas y sociales del trabajo
basado en la gestión posfordista (los costes generados por las jubilaciones
anticipadas son muy evidentes en la crisis actual, aunque probablemente
sea inevitable que estos recursos disminuyan según los sectores y depen-
diendo de la extensión y duración de la misma). El Estado, en su papel de
garante de los costes sociales de reproducción social, incluido el régimen
regulatorio (tanto si es keynesiano como si se trata de liberalismo enquis-
tado) y los salarios sociales, puede recurrir a soluciones fiscales para apoyar
la inversión en la industria y probablemente también la reubicación, la re-
conversión y el despido.
En la versión más amplia de este estudio examinamos los intersticios
de la regulación estatal y corporativa de esa plaga que es el trabajo pos-
fordista pero, en estas páginas, queremos explorar la idea de que depende
de un elemento de financiación estatal que es anterior a la reproducción
social: el dumping social de aquellas personas consideradas prescindibles
en un ciclo de reproducción basado en la eficiencia y financiado por la
educación y las políticas de bienestar estatales. Entendemos que obvia-
mente también incluye los costes médicos de las lesiones laborales de las
que se encarga el Servicio Nacional de Salud en el Reino Unido. Mooney
y Law (2007) han puesto de manifiesto la existencia de un elemento recu-
rrente en las prácticas posfordistas de gestión y dirección impuestas a los
empleados del Estado: la práctica y las consecuencias de lo que denomi-
nan procesos laborales de «bienestar extenuante». Conviene que tomemos
nota del vínculo existente entre los procesos laborales, la acumulación de
capital en la industria y las formas de gestión represivas utilizadas por el
Estado para lidiar, no sólo con los empleados estatales, sino con todos

1
El estudio se basó en 18 entrevistas y 55 cuestionarios realizados en una residencia de
ancianos y en domicilios particulares. Los participantes rellenaban los cuestionarios y los
enviaban por correo (20-Cowley/35-Ellesmere Port). En Cowley se institucionalizó la ges-
tión posfordista tras la firma de un acuerdo con Rover Tomorrow en 1992. En Ellesmere la
institucionalización tuvo lugar tras la firma del denominado Acuerdo V-6, en 1990. Todos
los encuestados eran varones, lo que puede deberse a la división histórica del trabajo entre
hombres y mujeres. Hasta muy recientemente, la mayoría de las trabajadoras de las plantas
de ensamblaje realizaban trabajos (hoy en día externalizados) no directamente relacionados
con las cadenas de montaje. Que haya mujeres en las cadenas de montaje es un fenómeno
relativamente reciente en el Reino Unido y nunca han superado el 5 por ciento de este tipo
de mano de obra. Su presencia no fue significativa hasta la década de 1980, lo que explica
su ausencia en los datos del estudio piloto.

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ARTÍCULOS
aquellos de los que ha de hacerse cargo cuando la gestión posfordista les
acaba «quemando». Socialmente, lo que está ocurriendo tiene algo de la
idea de «impulso» de la producción basada en el principio de «metal-salien-
do-por-la-puerta-de-la-fábrica» propio del fordismo que precedió histórica-
mente al mantra posfordista de «todo coche un coche deseado, todo con-
sumidor un consumidor voluntario». Por lo tanto, una posible solución
sería hacer pagar al capital el coste de las consecuencias sociales y psico-
lógicas de la gestión posfordista del liberalismo tardío. Algo similar a la
política de Europa y los EEUU que obligan a quien poluciona a pagar los
costes de la contaminación química del medio ambiente. Lejos de ignorar
los efectos del posfordismo en el lugar de trabajo deberíamos incluirlos
como un problema frecuente y darles un lugar en el espectro de enferme-
dades laborales, lo que permitiría una regulación sindical más profunda,
inter alia de la salud y la seguridad, por no hablar de que ampliaría los
criterios de calidad en el trabajo.
En el proyecto se analiza la relación existente entre prácticas laborales
(incluida la gestión posfordista), salud y seguridad en el lugar de traba-
jo, jubilación y despido. Analizamos en detalle dos aspectos: el tipo de
regulación existente en el lugar de trabajo y las formas de jubilación y
despido y, en segundo lugar, si la gente se jubila a la edad reglamentaria
y en qué medida ha afectado la naturaleza del trabajo que realizaron, uni-
da a la regulación en el lugar de trabajo, a su forma de jubilación. En este
artículo nos limitaremos a estudiar la primera de ambas cuestiones. Pero
antes, ¿por dónde empezamos para entender la jubilación y el despido en
el contexto de los orígenes de la gestión posfordista?

Tras la vida laboral en la sociedad posfordista


La relación existente entre cambios en el mercado de trabajo, procesos
laborales, estructuras por edad y patrones de trabajo nunca son el resultado
del uso de recursos humanos impersonales. Las implicaciones van más allá
del lugar de trabajo concreto al estar relacionadas con argumentos sobre el
tipo de sociedad en la que queremos vivir y el papel que deben desempeñar
las instituciones, incluidas las organizaciones de los trabajadores en nuestra
sociedad (ROBERTS, 2006).

Aunque hay algunos estudios, inter alia el de Burchell et al. (2002), sobre
la relación existente entre las nuevas formas de trabajo, incluyendo la fle-
xibilización, y los criterios de gestión con arreglo a los cuales se deciden
los despidos, no hay trabajos publicados sobre las consecuencias que
puede tener la gestión posfordista sobre la decisión individual de optar
por la jubilación anticipada. Uno de los problemas que suscitara Roberts
(2006) es el de qué sucede y qué hacer con los trabajadores de más edad
en el contexto variable de las organizaciones capitalistas de trabajadores.
Es un recordatorio, a partir de un varapalo al gobierno muy pertinente,
de que no podemos adoptar decisiones sobre la edad de jubilación sin
entender a fondo el «nuevo capitalismo». Queremos relacionar este tema
con el de qué sienten aquellos que han tenido que dejar su puesto de

33

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ARTÍCULOS trabajo antes de lo que hubieran deseado o anticipado y a qué métodos
se recurrió para lograr los objetivos de la dirección. Evidentemente se
suele optar por indemnizaciones pero, teniendo en cuenta la economía
de la producción posfordista (infra) no sería sorprendente que los des-
pidos y las jubilaciones anticipadas estuvieran estrechamente ligadas a
los rigores de las nuevas estrategias de gestión, incluida la producción
posfordista. Como reiteraremos en las páginas que siguen, haciendo hin-
capié en la importancia de la gestión por estrés como una debilidad de la
producción, creemos que la extensión y la forma que adoptan los ceses
anticipados de los trabajadores están estructuralmente relacionadas con
la gestión posfordista. Hoy disponemos de pruebas (infra) (en contra de
lo que especifica la ideología de gestión posfordista) sobre la relación
existente entre las prácticas laborales y el despido que sugieren que la
gestión posfordista permite a las empresas sobrevivir en el mercado, a
pesar de la crisis existente, a costa de la seguridad de los trabajadores. Es
decir, la gestión posfordista externaliza lo que, por lo general, se realizaba
internamente. Al igual que desplaza el riesgo del capital al trabajo intenta
desplazar el riesgo social (despilfarro-control del tiempo de trabajo) del
capital al Estado. Además, aunque tenemos gran número de pruebas so-
bre el uso de la jubilación para encubrir despidos (una interesante discu-
sión de temas sociológicos más amplios en BEAN, op. cit. y MACKENZIE
et al., 2006), debemos analizar los efectos de los regímenes de gestión
posfordista unidos a los de la economía política del despido y jubilación
sobre la gente, sus hogares y sus comunidades. En otras palabras, no nos
preocupa sólo el origen o el hecho mismo del despido o la jubilación,
sino también la continuidad entre las experiencias en el trabajo y la vida
post-laboral en relación a la ideología de gestión y la mercantilización
propia de las culturas posfordistas basadas en el consumo. Es decir, nos
interesa pasar de la gestión por estrés interna a la gestión por estrés ex-
terna cuyos efectos afectan a muchos trabajadores incluso en su vida pos-
laboral. Es una forma de ligar los procesos laborales al nuevo discurso
productivista del posfordismo.
Por último, hay que decir que todo lo anterior reviste su importancia
porque, si bien los sindicatos han sido muy eficaces a la hora de imponer
acuerdos en relación a las indemnizaciones y la protección de los traba-
jadores, sabemos muy poco de lo que le sucede a la gente sometida a
regímenes de gestión empresarial posfordistas. En otras palabras, ¿en qué
medida afectan a la salud y calidad de vida de los empleados cuando
cesan en su puesto de trabajo? Por lo general las indemnizaciones se fijan
en cantidades monetarias pero, si entendemos mejor las consecuencias
físicas y psicológicas que padece el trabajador aun después de haber de-
jado su empleo, podremos exigir que los empleadores paguen más. Es
otra forma de decir que, a la hora de fijar indemnizaciones y compensa-
ciones monetarias hoy no se tienen en cuenta los problemas de salud a
largo plazo; algo esencial para abrir el debate sobre quién debe pagar los
costes sociales y económicos de los despidos en una sociedad posfordis-
ta. El Servicio Nacional de Salud y otras agencias encargadas de imple-
mentar las políticas de bienestar cubren los costes pero no deja de ser un
traspaso de responsabilidad. Queremos argumentar a favor de una agen-

34

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ARTÍCULOS
da que traspase el coste de la gestión posfordista al empresario. ¿En qué
trasfondo social se inscribían los hallazgos del estudio piloto y cómo po-
demos siquiera empezar a explicar el posfordismo y su impacto sobre los
trabajadores que optan por la jubilación anticipada?

La producción posfordista: límites, causas y consecuencias


La regulación neoliberal de la economía suscitó una interesante paradoja.
Se habla del auge de una «gestión de calidad total» pensando en el consu-
midor. Pero, de hecho, estas nuevas formas de gestión, con su forma de
regular la implicación de los empleados y la producción posfordista, han
reducido la autonomía de los trabajadores. La paradoja se plantea porque
se supone que el neoliberalismo dependía menos de formas interven-
cionistas de control, no sólo a nivel económico sino también a nivel de
empresa. Evidentemente nunca se dijo que una política económica des-
regularizada requiriera de menos control interno en el día a día de la em-
presa y, en general, la literatura anglosajona nunca se ha ocupado de este
tipo de vínculos. Lo cierto es que la vida interna de la empresa se ha visto
sometida a una regulación mucho mayor. El término más utilizado en la
literatura anglosajona para describir esta sobrerregulación en el lugar de
trabajo es producción posfordista, pero se alude al mismo fenómeno des-
de otras tradiciones del pensamiento sociológico, sobre todo en Francia,
donde Durand ha descrito a este proceso como un flux tendu (2004). En
otras palabras, la paradoja sólo es aparente ya que, obviamente, cuando
la regulación externa es laxa (incluida la regulación jurídica) se requieren
formas de regulación de las mercancías (entre las que el trabajo es una
más) extensivas e intensivas.
La tradición anglosajona ha tendido a definir la producción posfordista
como una serie de cambios en el lugar de trabajo mientras que, en Fran-
cia, flux tendu hace referencia a cambios sociales más amplios en el seno
de la economía política. En el primero de los casos se vinculó la produc-
ción posfordista a la tradición de un movimiento obrero crítico y radical,
de ahí que en este tipo de estudios se hayan señalado las contradicciones
inherentes a las prácticas posfordistas en el lugar de trabajo. Aquí usa-
mos el concepto de producción posfordista aludiendo a sus múltiples
ramificaciones sociales y a la economía política, aunque debo decir que
nuestras conclusiones son pesimistas. Según Bouquin y Stewart (2009), el
desarrollo de esta forma de gestión económica de finales del siglo XX ha
sido crucial para desplazar a la producción keynesiana y las estrategias
de consumo (liberalismo establecido) también en el lugar de trabajo pero,
sobre todo, a nivel más general, para trasladar el riesgo a los trabajadores.
Es decir, si bien la carga de esta agenda de acumulación recayó de forma
significativa sobre los trabajadores, las restricciones definieron el contexto
en el que habrían de tener lugar las movilizaciones. Antes de pasar a con-
siderar el impacto de las regulaciones laborales posfordistas en relación
al fin de la vida laboral de los empleados, ¿cómo entender el surgimiento
y carácter de los regímenes laborales posfordistas?

35

Sociología del trabajo 74.indd 35 06/02/12 14:28


ARTÍCULOS
El carácter del posfordismo
Tanto en la literatura escrita por profesionales como en la de autores sim-
patizantes se definía al posfordismo como una forma de producción ten-
dente a economizar recursos, tanto materiales como humanos, y a implicar
a los empleados en el régimen de producción más de lo que lo hacía el
fordismo. A cierto nivel las anteriores afirmaciones son ciertas, pero sólo
si se defiende una visión muy limitada de la productividad, el despilfarro
y la participación porque sabemos que, si bien la producción posfordista
se toma muy en serio la participación de los empleados, todo depende del
lugar que éstos ocupen en el sistema. La producción posfordista tampoco
soluciona el problema del despilfarro en sí porque éste también depende
del lugar que ocupa en los procesos de producción. Es decir, unos par-
ticipan más mientras que, para muchos otros, se trata de un despilfarro
(SMITH 2000, p. 49, vid. infra, BAUMAN, 2004; STEWART et al., 2009).
Las paradojas de la producción posfordista sólo cobran sentido si con-
sideramos que el posfordismo forma parte de un rompecabezas contem-
poráneo. Entre estas paradojas cabe mencionar: el énfasis que se pone en
una tendencia universal a mejorar las capacidades de todos los trabajado-
res a pesar de que todas las pruebas apunten a lo contrario, en una mayor
participación de los empleados cuando tenemos pruebas que demuestran
lo limitada que es en realidad su participación, en una mayor atención a
la calidad de la vida laboral cuando todas las encuestas realizadas a em-
pleados demuestran que los trabajadores aceptan el sistema porque
no tienen más remedio y, por último, la noción de que el concepto y la
práctica del posfordismo se basan en el rechazo al despilfarro cuando, si
echamos un rápido vistazo general a las prácticas posfordistas, comproba-
mos lo mucho que se despilfarra practicándolas. Esto tiene su importancia
por dos razones. En primer lugar, siempre hay «despilfarro» en el sistema
y siempre hay alguien que paga por él, bien los proveedores y los inven-
tarios de sus fábricas o el trabajador con su esfuerzo físico. Puede parecer
que tienen tiempo «libre» cuando consiguen realizar la rutina en menos
tiempo del que calculara el ingeniero, pero lo que desperdician es el tiem-
po del empresario y éste quiere recuperarlo2. El «trabajo excedente» se
realiza única y exclusivamente a costa de las capacidades físicas de los
trabajadores individuales. Además, la producción posfordista despilfarra en
la medida en que se basa en un consumo depredador que recrea y ante
el que reacciona.

2
La esencia de la producción posfordista consiste en producir más con menos, es decir, en
incrementar los resultados económicos por unidad de mano de obra adquirida. Lo importan-
te es eliminar los «poros» del día de trabajo. En las plantas de automóviles Ford tradicionales,
los trabajadores estaban activos 45 segundos de cada minuto. En la típica planta basada en
la producción posfordista los trabajadores desempeñan sus funciones durante 57 segundos
por minuto. Si asumimos un diferencial de diez segundos en una planta de 2.000 traba-
jadores, se realizan unas 2.667 horas extra a lo largo de un turno de ocho horas. En una
semana laboral de cinco días se añaden unas 13.335 horas de trabajo extra, lo que equivale
a contratar a unos 333 trabajadores por semana de trabajo de cuarenta horas semanales. En
otras palabras, equivale a que cada trabajador realice el equivalente a más de un día extra
por cada semana de cinco días (Smith, 2000, p. 60).

36

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ARTÍCULOS
No debemos olvidar estas observaciones porque el paradigma de
producción posfordista se hizo hegemónico tan rápidamente que recibió
pocas críticas, no sólo en lo referente a su superioridad, sino también a
su utilidad desde la perspectiva de las ciencias sociales o el proceso de
cambio en la gestión. Pocos rebatieron las afirmaciones de sus defensores
de que una mejor organización indudablemente beneficiaría a los trabaja-
dores. Una de las mejores críticas procede de un equipo de investigación
formado por académicos y sindicalistas y publicado bajo el título Just
Another Car Factory (RICHARD et al., 1997; asimismo LEWCHUCK y RO-
BERTSON, 1997). Obviamente, la obra de Moody (1997) era una crítica
radical en la que se ponía de manifiesto el impacto sectorial mundial de
la producción posfordista. Los críticos se han centrado, en general, en las
consecuencias sociales internas (laborales) de la producción posfordista,
incluido su impacto sobre la salud y seguridad de los trabajadores, la ca-
lidad de vida laboral y las relaciones laborales en las fábricas (STEWART
et al., 2009).
Pero, si bien hubo quien señaló exitosamente lo mucho que tenía de
continuismo del fordismo, conviene tener en cuenta el punto de vista
de Tony Smith sobre lo que convierte a la producción posfordista en algo
único. Debemos reconocer que, si bien hace todo lo que sus defensores
aseveran que hace para favorecer al capital, no se dice nada sobre cómo
lo hace, ¿con qué tipo de retórica y a costa de quién?
Smith sostiene que la producción posfordista es la última reacción
del capitalismo ante la crisis del fordismo de la década de 1980, que no
genera exactamente lo que sus detractores creen pero tampoco logra los
objetivos previstos como dicen sus defensores. La producción posfordista
no puede lograr todas sus metas en ninguna circunstancia debido a un
malentendido que afecta a una de sus premisas centrales, a saber, que,
en último término, la dirección puede hacer lo que le plazca. Pero ¿por
qué surgió y qué es si no se trata de lo que los directivos y sus defensores
dicen que es?
En opinión de Smith, el auge de la producción posfordista se debe a
la crisis del modelo fordista de acumulación de capital, surgida en las últi-
mas décadas del siglo XX (pp. 6-8). Considera que se trata de una crisis ex-
presada en términos de lo que entiende son seis rasgos de la producción
y valorización capitalista (descritos con mayor detenimiento en la nota 3)
interrelacionados entre sí: capital constante, tiempo de circulación, pro-
blemas asociados al vínculo «entre ciencia y formas de capital», relaciones
ente el capital y la mano de obra en el lugar de trabajo (especialmente
interesante en nuestro caso por su relación con la gestión del trabajo),
relaciones entre el consumidor y el capital, separación institucional entre
las diversas unidades de capital a lo largo de la cadena de suministro3.
3
En opinión de Smith estos seis rasgos interrelacionados entre sí serían: 1) capital constan-
te, que incluye consideraciones sobre los elevados costes de las materias primas, inventarios
y la «inflexibilidad» de la maquinaria; 2) tiempo de circulación que hace alusión a los costes
asociados a las entregas, la organización de la burocracia y la calidad; 3) problemas asocia-
dos al vínculo existente entre la ciencia y las formas de capital en alusión a la «división
existente entre los departamentos de investigación y desarrollo en la estructura empresarial
fordista» (p. 7); 4) relaciones entre el capital y la mano de obra, especialmente relevante para

37

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ARTÍCULOS La producción posfordista reacciona ante esta crisis vinculando a las
nuevas tecnologías de la información con la gestión y el control de la
mano de obra y el capital recurriendo para ello a técnicas industriales y
de control de mano de obra japonesas (p. 12). Según Smith, no se trata
de si predomina en todo momento y lugar, sino en qué medida contribu-
ye a gestar nuevos modelos de acumulación de capital (tanto en el sector
privado como en el público). Lo fundamental es que «…parece al menos
plausible sostener que las formas de producción posfordista son de las
más dinámicas de la economía contemporánea» (p. 23). Mientras los ca-
pitalistas de otras regiones buscaban la automatización total, los japoneses
crearon, con la ayuda de «maquinaria industrial convencional de bajo
costo», lo que de hecho eran máquinas «multi-funcionales» (pp. 12-13).
Además, la producción posfordista condujo a la dispersión e integración
de nuevas tecnologías de la información que convierten al posfordismo
en uno de los rasgos característicos de la «segunda Era de la tecnología
de la información» (p. 13). Es lo que tiene que, por medio de la cualifica-
ción profesional, arroja niveles de productividad mucho más elevados de
lo que nunca fue posible en el fordismo, aparte de mejores niveles
de calidad y una innovación de productos más extensa (pp. 22-23).
Tanto si entendemos por cualificación el control técnico por parte de
los trabajadores de actividades específicas, como si nos referimos a la abru-
madora carga de trabajo y las tareas asociadas a la rutina de la cadena de
montaje, Smith presenta pruebas a favor del desarrollo de nuevas habilida-
des en el caso de ciertas categorías de trabajadores. Cuando se producen
mercancías en mercados laborales segmentados el posfordismo tiende a
reforzar esa característica, reduciendo considerablemente las condiciones
de trabajo de muchos para crear un núcleo de trabajadores más capa-
citados. De ahí que no dé importancia a la producción posfordista, por
des-cualificar (aunque reconoce que en muchos casos y puede que a nivel
general des-cualifique a muchos trabajadores) y profundizar en la explota-
ción capitalista, porque es evidente que el kaizen, el trabajo en equipo y
la informatización de la producción no merman la cualificación de muchos
de los trabajadores. Por otro lado, cualquier resultado negativo asociado a
los procesos de gestión y dirección posfordistas refuerza el conflicto que
pudiera haber entre la dirección y los trabajadores en el ámbito de las
relaciones laborales4. En concreto, el posfordismo recrea y mantiene tres

nosotros en la medida en que guarda una relación expresa con la gestión del trabajo. Con-
templa los costes crecientes de un cuadro independiente de gestores/trabajadores cuyos
niveles salariales no encajan con los problemas de productividad y calidad ligados a la di-
visión entre el control de calidad y la producción; 5) relaciones entre el consumidor y el
capital. En este caso hablamos de problemas del fordismo en general como la masificación
y estandarización de productos y servicios sin tener en cuenta los deseos e intereses de los
consumidores. La falta de eficiencia burocrática se une aquí a otros factores; 6) la separación
institucional entre las diversas unidades de capital a lo largo de la cadena de suministros ha
obligado a aumentar el gasto innecesariamente en los procesos internos de planificación,
seguimiento e implementación.
4
El debate sobre la adquisición de nuevas habilidades es crucial para entender la trayectoria
que sigue el poder en el lugar de trabajo. Ciertas investigaciones realizadas en el Reino Uni-
do por Gallie, Felstead y Green (2004) demuestran, al margen de la creciente complejidad
de los procesos productivos, el grado de elección personal en el desempeño, «…es decir, un

38

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ARTÍCULOS
rasgos de las relaciones capital-trabajo inherentemente antagónicos: coac-
ción estructural, explotación y una subsunción real del trabajo5.
La enérgica retórica de «todos ganamos» propia del posfordismo oculta
coacción estructural, explotación y una subsunción real del trabajo. Pero
¿basta con centrarnos en el trabajo y la producción para entender las impli-
caciones generales de nuestra crítica al posfordismo, o conviene echar un
vistazo más allá del lugar de trabajo? Puesto que la coacción estructural, la
explotación y la subsunción real del trabajo impiden cualquier consenso
supuestamente deseado en torno a la producción posfordista, creemos que,
para entender el posfordismo, hay que empezar por reconocer que hunde
sus raíces en la economía política del trabajo. Pero la economía política del
trabajo nos lleva necesariamente a considerar qué hay más allá del trabajo,
en un sentido restringido de los procesos laborales. Mooney y Law (2007)
han demostrado la importancia del posfordismo en el caso de los emplea-
dos del Estado para el ámbito de la reproducción social. Hablamos de un
mundo laboral tan heterogéneo como el mundo de la producción de mer-
cancías pero los intersticios de la explotación, la subsunción real y la coac-
ción estructural diferirán precisamente debido a que sustentan los costes de
producción, qua reproducción social, tres agentes sociales: los empleados
del Estado, el Estado mismo y los usuarios de servicios estatales (los enfer-
mos, parados y otros trabajadores excedentes, incluidos los prejubilados).
El proceso de valorización tiene un coste desproporcionado para los neo-
liberales y el capital posfordista ya que, si bien los trabajadores lesionados
o que perciben prestaciones cargan con el coste inmediato, con el tiempo
es el Estado el que se hace cargo, sobre todo si el trabajador pierde su
empleo permanentemente. No basta con decir que esta carga se paga a
plazos (pensión) porque erosiona el sistema provocando prejubilaciones y,
en algunos casos, acelerando cada vez más la concentración de riqueza
promovida por el Estado neoliberal.
Resumiendo, allí donde es el trabajador el que carga en gran medida
con los costes de reproducción, el empleador puede eliminar costes adi-
cionales desplazándolos a la mano de obra. Cuando los trabajadores pier-
den su empleo, el Estado y las agencias estatales se hacen cargo de unos
costes que el capital posfordista neoliberal intenta reducir con regulacio-
nes más estrictas (es decir, más represivas) que favorezcan su derecho a
obtener beneficios. Mooney y Law (2007) estudiaron el fenómeno del
posfordismo en el caso de las relaciones de trabajo y la asignación de ta-
reas a los empleados del Estado que han gestionado las bajas de la acu-
mulación posfordista del valor excedente y que, a su vez, se han visto
afectados por el barrido del posfordismo a través de los diversos sectores.
Pero parten en su análisis de la intersección entre la política, la ideología

mayor control sobre la ejecución detallada de la función asignada» (p. 162), que de hecho
disminuyó durante el periodo 1997-2001.
5
Coacción estructural: la falta de propiedad por parte de los trabajadores de los medios de
producción y la consiguiente compulsión económica al trabajo. Explotación: intensificación
del trabajo, incluida la extensión del tiempo de trabajo y la explotación de las divisiones
sociales. Los mecanismos sociales y organizativos del trabajo en equipo también son de vital
importancia en este caso (Fucini y Fucini, 1990; Garrahan y Stewart, 1992; Graham, 1994);
una subsunción real del trabajo.

39

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ARTÍCULOS del Estado neoliberal y la producción posfordista en el seno del Estado, lo
que no deja de tener su importancia. Sobre todo porque ponen de mani-
fiesto lo distinto que es trabajar para el Estado o ser un trabajador creador
de plusvalía. Centran su atención en el proceso de reproducción social de
lo que John Berger calificara de «claudicación». A los empleados del Estado
les preocupa cada vez más la apremiante situación de aquellos trabajado-
res que son las bajas necesarias del paradigma de la «gestión por estrés».
Tener que abandonar el mercado laboral antes de tiempo no debería ser
un problema en un sistema diseñado para detectar y eliminar los eslabo-
nes débiles de la producción. Pero supone un problema para los trabaja-
dores expulsados del mercado (en su opinión antes de tiempo) y aquellos
otros (empleados del Estado) que deben bregar con las consecuencias de
esta exclusión económica en su papel de empleados del Estado.
Queremos presentar un primer y tentativo relato que tenga en cuenta
estos tres aspectos interrelacionados entre sí. ¿Hasta qué punto son las
estrategias de dirección actuales las que obligan a los empleados a optar
por la jubilación anticipada o el despido? Fueron los empleadores los
que fijaron los criterios del despido (BURCHELL et al., 2002) y lo hicieron
en colaboración con los sindicatos? ¿Fue una elección individual? Para
responder a estas preguntas analizaremos la relación existente entre las
enfermedades crónicas, el estrés y la decisión de dejar el empleo o preju-
bilarse a cambio de una indemnización. ¿Qué conclusiones cabe extraer
teniendo en cuenta cómo se percibe esta relación entre la producción
posfordista y la prejubilación o el despido?

Metodología e introducción a los resultados


Este estudio piloto tiene su origen en una petición, en 2003, del comité
sindical de TGWU (Sindicato del Transporte y General de Trabajadores
británico) de Cowley que antes formaba parte del grupo Rover y en la
actualidad pertenece a BMW. Querían que se analizaran los informes mé-
dicos de la compañía sobre salud y seguridad en la planta y lesiones de
los trabajadores. Al TGWU le preocupaba la tendencia a rebajar el número
de los accidentes laborales6. Además, no se acababa de entender la velo-
cidad a la que estaban cambiando las lesiones laborales como consecuen-
cia del desarrollo de nuevas estrategias de producción (producción pos-
fordista) ni se informaba adecuadamente sobre ellas. Aunque había pruebas
suficientes en apoyo del punto de vista de los sindicatos, el número de
casos indiscutibles era algo limitado. Aun así, el sindicato sugirió que se
realizara una pequeña encuesta entre los jubilados para obtener la infor-
mación disponible sobre la relación existente entre jubilación, riesgos la-
borales y prácticas laborales. Mientras se realizaba la encuesta, el comité
sindical de la planta atravesó por cambios políticos significativos lo que
dificultó el acceso a antiguos miembros. De las 50 personas contactadas
sólo 20 enviaron los formularios (en torno a un 45por ciento). La primera
serie de datos de la encuesta de Cowley deriva de esta pequeña encuesta
6
Los médicos de la compañía atribuían las lesiones con demasiada frecuencia a actividades
no relacionadas con el trabajo.

40

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ARTÍCULOS
inicial. A pesar de sus limitaciones, el TGWU de Ellesmere Port (GM-
VAUXHALL) mostró interés por ellos y sugirió repetir la encuesta en su
planta. En esta ocasión nos acompañó durante las entrevistas el responsa-
ble sindical de salud y seguridad, lo que puede explicar que se enviaran
más cuestionarios por correo (35/50). No podemos comparar los datos de
ambas plantas porque se refieren a secuencias temporales diferentes
(COWLEY, 1992, antes de la implementación de la gestión posfordista y
ELLESMERE, 1990, tras su implementación) pero sí nos hacen plantearnos
una serie de preguntas que exploraremos en un futuro estudio transectorial.
Aunque no hayan sorprendido a los investigadores más críticos, los resul-
tados de nuestro estudio piloto son interesantes y demuestran que la ex-
tensión del problema requiere de un estudio sectorial más amplio. Hemos
extraído del estudio piloto algunos rasgos significativos que inciden muy
negativamente sobre la salud en términos de número y criterios compara-
dos, pero también parece que están en relación directa con las jubilaciones
y despidos que entendemos son consecuencia de las nuevas prácticas de
gestión (posfordistas) implementadas a principios de la década de 1990.
En rasgos generales, éstos son los datos cuantitativos más sobresalien-
tes obtenidos en Cowley.

1) El 50 por ciento de la muestra se jubiló a la edad obligatoria


(65 años). Nadie de este grupo de edad informó de efectos nocivos
a largo plazo por haber trabajado en la planta. Todos los encuesta-
dos menos uno, jubilado en 1992 tras la introducción de las nuevas
técnicas de gestión, se habían jubilado antes de la introducción del
posfordismo.
2) El 45 por ciento de los encuestados se jubiló a los sesenta y tantos
y el 5 por cien restante a los cincuenta y pico.
3) Desde principios de la década de 1990, todos los encuestados,
salvo dos, se prejubilaron voluntariamente alegando no estar de
acuerdo con el uso creciente de la producción posfordista. La ra-
zón más comúnmente alegada para la prejubilación era una combi-
nación de enfermedades profesionales recurrentes (lesiones cróni-
cas en los tejidos blandos que históricamente eran comunes entre
los atletas) y «cambios en las condiciones de trabajo en la planta».

Un extrabajador con 37 años de experiencia que se jubiló a los sesenta


años (había empezado a trabajar en la planta en 1955 y se jubiló en 1992)
describía Cowley como un entorno de trabajo paulatinamente más «duro»
debido tanto a las lesiones crónicas como a los cambios habidos en las
prácticas productivas.

Entré a trabajar para la compañía en enero de 1955, cuando aún se deno-


minaba Pressed Steel. Luego fue Rover y actualmente es BMW, como usted
bien sabe. Era duro trabajar allí pero en mis primeros años era soportable
porque nunca me importó el trabajo duro. Al principio nos pagaban por pie-
za producida pero luego pasamos a jornadas laborales fijas. No había gran
diferencia en lo que al trabajo respecta pero ganabas menos (risas). Luego
empezamos con la cantinela del trabajo en equipo que modificó completa-

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ARTÍCULOS mente nuestras condiciones de trabajo y nos puso a trabajar en la cadena de
montaje que te marca el ritmo…(suspiros)…Tras trabajar en Producción unos
treinta años, pasé a Inspección y luego trabajé como soldador otros tres años
más. En los últimos años me devolvieron a Producción, Sección de Accesorios,
lo que resultó muy duro debido a un dolor de espalda que ellos sabían per-
fectamente que padecía Tres semanas después me hice unas radiografías en
el John Radcliffe que mostraron que la causa del dolor eran tres vértebras
fusionadas. También padecía artritis. Me dieron un cinturón quirúrgico que
sigo llevando a día de hoy y me recetaron una medicación. Como sabía
que era el fin de mi carrera laboral lo hablé con la compañía y los sindicatos,
pero pasó mucho tiempo antes de que me fuera. No obtuve indemnización
alguna pero me dieron un subsidio por invalidez hasta los 65 años.

De Ellesmere Port merece la pena destacar tres rasgos de los datos


cuantitativos (todos los encuestados se habían jubilado tras la introduc-
ción de prácticas posfordistas en 1990).

1) El 80 por ciento se jubiló antes de la edad reglamentaria (65).


2) Todos los que se jubilaron a los cuarenta y tantos o cincuenta y tan-
tos años alegaron enfermedades profesionales recurrentes y nuevas
prácticas de gestión para prejubilarse.
3) De entre los que se jubilaron entre los 60 y los 64 años, sólo cua-
tro dijeron que la producción posfordista no había influido en su
decisión de prejubilarse.

La gran mayoría de los trabajadores de Vauxhall encuestados se ha-


bían prejubilado y, en la mayor parte de los casos, habían alegado para
hacerlo las condiciones de trabajo, en concreto la existencia de prácticas
de gestión posfordistas.
He aquí algunos ejemplos:

Vauxhall me permitió vivir aceptablemente bien pero, sinceramente, fue


gracias a las horas extraordinarias y debo reconocer que era matador. Ni si-
quiera tras la introducción del trabajo en equipo nos escuchó la dirección. Sin
embargo, el trabajo nocturno era lo que más afectaba a mi bienestar y mi vida
familiar. Me retiré en 1990 porque ya no podía soportar las nuevas condicio-
nes de trabajo y me prejubilaron, si es que se dice así (jubilado en 1999 a los
61 años / Embellecedores y Final).

Otro trabajador, antiguo operador de prensa jubilado a los 63 años


tras 32 años de trabajo, alegó para prejubilarse enfermedad profesional
crónica y la presión que suponían para el cumplimiento de las funciones
propias de su trabajo la automatización y los continuos cambios de ho-
rarios y planificación.
Otros hablan de la creciente intensidad de trabajo tras la introducción
de técnicas posfordistas (acuerdo 1990-V-6):

Las cosas se complicaban cada vez más a medida que había que realizar
más operaciones debido a las nuevas técnicas de gestión (jubilado en 1999 a
los 61 años / Embellecedores y Final).

42

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ARTÍCULOS
Otro trabajador, jubilado en 1998 tras «ser incapaz de seguir soportan-
do la presión de la velocidad a la que había que monitorizar», afirmaba:
Lo que acaba contigo es la presión infinita, ¿sabe? Creo que la dirección
debería mostrar más consideración hacia el monitor y se lo dije antes de irme.
Disfruté parte del tiempo que pasé en Vauxhall al principio pero es que en-
tonces todo era más fácil. Siempre estuve ocupado alternando mi trabajo con
las funciones de representante sindical y representante de salud y fundé la
sección de atletismo. Realmente creo que hay que hacer algo para que la re-
lación entre gerentes y trabajadores mejore. Aún me indigno cuando recuerdo
las injusticias cometidas en Ellesmere Port (jubilado en 1998 a los 53 años /
Accesorios y cadena de montaje de puertas).

Otros encuestados aludieron a lo importante que había sido la ayuda


de los sindicatos para conseguir las prejubilaciones y, en general, para
controlar ciertos aspectos del proceso productivo:

Sin el consejo de los sindicatos no habría conseguido una buena prejubila-


ción y se lo agradezco porque, sin ellos, le aseguro que mi vida hubiera sido
mucho peor tras la introducción del trabajo en equipo y las continuas reunio-
nes [sic] de perfeccionamiento (jubilado en 1999 a los 59 años / Acabado).

Lo cierto es que se habla de mejorar las cosas pero, para mí, la compañía
no era más que la forma de alimentarme y alimentar a mi familia. Estaba con-
tento con mi vida y siempre podía contar con los sindicatos; me ayudaron en
muchas ocasiones y siempre les estaré agradecido por ello (jubilado en 1998
a los 62 años / Embellecedores y acabado y Formación y calidad).

Cowley (total 20): razones para la prejubilación


Los gerentes Obtenida en Preferencias Prejubilación Prejubilación
fijaron los colaboración individuales debido a por cambios
criterios de la con los cambios en en el régimen
jubilación sindicatos el régimen laboral y
laboral y condiciones
condiciones de trabajo
de trabajo unido a
enfermedad
profesional
crónica
Ningún Todos los 3 7 4
encuestado encuestados
Ellesmere Port (total 35): razones para la prejubilación
Los gerentes Obtenida en Preferencias Prejubilación Prejubilación
fijaron los colaboración individuales/ debido a por cambios
criterios de la con los otros cambios en en el régimen
jubilación sindicatos el régimen laboral y
laboral y condiciones de
condiciones trabajo unido
de trabajo a enfermedad
profesional
crónica
Ningún Todos los 7 21 24
encuestado encuestados

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ARTÍCULOS
Conclusiones
Las ciencias sociales más radicales se han centrado en la producción posfor-
dista en las fábricas dando lugar a algo que tal vez pudiéramos denominar
«sociología de la fábrica». La causa fueron los informes sobre estrés y lesiones
en el lugar de trabajo. En términos generales se trataba de reconocer la im-
portancia de incidir inmediatamente sobre el deterioro de la calidad de la
vida laboral sobre la que se informaba tanto aquí como a nivel internacional
y de hacer frente a la poderosa ideología de la cadena de montaje (tayloris-
mo) y a los intelectuales orgánicos comprometidos con las nuevas estrategias
de producción. De manera que no resulta sorprendente que la economía
política posfordista ni fuera sometida a un escrutinio teórico ni se la tuviera
muy en cuenta. La consecuencia de esta falta de teorización que permitiera
vincular los cambios habidos en los lugares de trabajo a la economía general,
incluida la variable naturaleza de la reproducción social, es que sabemos
menos de lo que deberíamos sobre el impacto del posfordismo sobre los
trabajadores de mayor edad, incluidos aquellos que se han prejubilado a
consecuencia del posfordismo. Al fin y al cabo, hoy sí tenemos pruebas de
los efectos nocivos del posfordismo que siguen padeciendo los trabajadores
tras su jubilación. Los limitados datos de los que disponemos en el caso de
los trabajadores de Ellesmere Port se refieren a las consecuencias físicas del
posfordismo tras muchos años de jubilación. En muchos casos, las empresas
y organizaciones que aplican prácticas posfordistas están comprometiendo la
salud de sus empleados en el lugar de trabajo, pero sabemos poco de las
consecuencias psicológicas que hayan podido tener estas prácticas para los
trabajadores, sus familias y la sociedad en general. Por mucho que se orques-
te el aumento de la esperanza de vida, no reconocer la responsabilidad de
los empresarios cuyos trabajadores jubilados aún tienen que recuperarse
de los nocivos efectos físicos y emocionales del exceso de trabajo, es dejarles
irse de rositas. En realidad es el Estado el que carga con los costes financieros
de la producción posfordista a través de los servicios sociales y las clínicas
para pacientes externos (consideradas el pilar del salario social). El trabajador,
cuyo salario se convierte en pensión, suele estar poco preparado para hacer-
se cargo del coste financiero de muchos años de posfordismo. El hecho de
que la vida laboral se esté reduciendo apoya nuestra teoría de que la crecien-
te intensidad del trabajo, con los efectos nocivos que sabemos cada vez
mejor que conlleva, está reduciendo el número de trabajadores que sobrevi-
ven al posfordismo sin prejubilarse. Según la agenda de la gestión por estrés
tampoco se espera que lo hagan. Pero, en sus últimos años de vida laboral,
y teniendo en cuenta que la salud de muchos se ha ido deteriorando como
resultado directo de la producción posfordista, los trabajadores suelen pade-
cer daños físicos crónicos que los empresarios liquidan como prejubilaciones
(descritas por uno de los encuestados como un «despido anticipado perma-
nente») haciendo dejación de su responsabilidad. Hay que señalar que, a
veces, los gobiernos promueven paquetes de prejubilación, como ocurriera,
por ejemplo, en el caso del cierre de Rover en Birmingham y de Vauxhall
Luton en el 2000. Quizá haya llegado la hora de plantear que el empresario
pague por ello al igual que, hoy en día, quien poluciona paga compensacio-
nes financieras en otros ámbitos sociales, sobre todo medio ambiente.
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Sociología del trabajo 74.indd 44 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
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ARTÍCULOS Resumen: «Cómo sobrevivir al posfordismo: despido y jubilación en la
sociedad posfordista»

Los estudios más críticos sobre el impacto de la producción posfordista se ocu-


pan de los problemas que suscita a los trabajadores en activo, pero sabemos sor-
prendentemente poco sobre la relación existente entre la prejubilación, las lesiones
industriales y la producción posfordista. Tampoco hemos averiguado mucho sobre
el impacto continuado, físico y de otro tipo, que ha tenido la producción posfordista
sobre aquellos que ya no están trabajando. En este artículo mostramos la opinión de
trabajadores jubilados de dos plantas de ensamblaje del Reino Unido (BMW, antes
Rover, y Vauxhall-GM) sobre las causas que les llevaron a dejar de trabajar antes
de tiempo y el papel desempeñado por la producción posfordista en su percep-
ción del trabajo. Comenzamos con una definición del problema y hablamos de las
implicaciones generales de una sociedad posfordista antes de pasar a considerar la
naturaleza del posfordismo en el contexto del neoliberalismo tardío. Presentamos
dos argumentos relacionados entre sí para demostrar que los procesos laborales
posfordistas de cualquier lugar trasladan la carga de los costes de reproducción
social, incluidas las lesiones industriales que generan un abandono prematuro del
trabajo, del capital al trabajo y al Estado, especialmente en la Era del neoliberalismo.
Finalizamos exigiendo una agenda de restitución que obligue a pagar al capital,
como se hace en el caso de la protección medioambiental.

Palabras clave: Producción posfordista, crisis del fordismo, lesión, jubilación,


costes sociales

Abstract: «Surviving Lean Injury, Redundancy and Retirement in the


Lean Society»

While significant critical research into the impact of lean production addresses
the concerns of those at work, we know surprisingly little about the relationship bet-
ween early exit, industrial injury and lean production. Nor do we understand much
about the continuing physical (and other) impact of lean on those who have left
work. This paper considers the attitudes of retired workers from two final assembly
plants in the UK (BMW, formerly Rover, and Vauxhall-GM) regarding their reasons
for leaving work early together with their perceptions of the role of lean production in
bringing about changes to perceptions of their work. The paper begins with a defini-
tion of the problem and wider implications of lean for society before addressing the
nature of lean in the context of late neo-liberalism. Two related arguments involve
recognition that lean labour processes, wherever located, and specifically in the era
of neo-liberalism, increasingly shift the burden of the costs of social reproduction,
including industrial injury leading to early exit, from capital to labour and the state
and conclude by calling for an agenda of restitution whereby, in the manner of
environmental damage, capital, qua the polluter should pay.

Key words: Lean production, crisis of fordism, injury, retirement, social costs

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ARTÍCULOS

RICARDO ANTUNES*

LA NUEVA MORFOLOGÍA DEL TRABAJO


Y SUS PRINCIPALES TENDENCIAS
Informalidad, infoproletariado,
(in)materialidad y valor

1. Introducción
El mundo productivo contemporáneo, sobre todo desde el vasto proce-
so de reestructuración del capital que se desencadenó a escala global
a comienzos de la década de 1970, ha ido adoptando un claro sentido
multiforme, mostrando, por un lado, tendencias a la informalización de
la fuerza del trabajo a escala global y al aumento de los niveles de pre-
carización de los trabajadores y las trabajadoras.
En el extremo contrario, las tendencias que se vienen desarrollando
en las últimas décadas estarían haciendo visibles elementos que cabría
entender más «positivos» y que apuntarían hacia una mayor intelectualiza-
ción del trabajo, particularmente en los ramos dotados de mayor impacto
tecnológico-informacional-digital.
Las consecuencias analíticas de estas tendencias dispares no son pocas.
En el primer caso, se acentúan los aspectos destructivos del trabajo, su-
brayando el hecho de que las nuevas formas vigentes de valorización del
valor, al tiempo que incorporan nuevos mecanismos generadores de trabajo
excedente, precarizan, informalizan y expulsan de la producción a infinidad
de trabajadores que pasan a ser sobrantes, descartables y desempleados.
En el segundo caso, el acento se coloca en demostrar los «avances»
que, en último término, conducirían al trabajo informatizado, dotado de
un mayor carácter cognitivo y, por eso, diferenciado del trabajo mecánico,
parcial y fetichizado que, de raíz tayloriano-fordista, estuvo presente a lo
largo de todo el siglo XX.
Ésta es la compleja problemática que pretendemos examinar en el pre-
sente artículo. Para ilustrar y concretar estas formulaciones, en un primer
momento, indicaremos las principales manifestaciones o modos de ser de

Recibido 11-VII-11
Versión final aceptada 2-XI-11

* Ricardo Antunes es Professor Titular de Sociología en el Instituto de Filosofia e Ciências


Humanas de la UNICAMP. Es investigador del CNPq (Conselho Nacional da Pesquisa). Rua
Cecilio Feltrin, 705 Cidade Universitária - Barão Geraldo, Campinas - SP 13083-785 BRASIL.
[email protected]

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 47-66.

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ARTÍCULOS la informalidad (es decir, el denominado trabajo informal) y sus conexio-
nes con la creación de valor; a continuación, exploraremos los sentidos y
significados que subyacen en el advenimiento del infoproletariado y sus
conexiones con el trabajo material; finalmente, ofreceremos nuestra visión
de estas problemáticas presentes en el actual universo laboral.
Mediante el análisis de estos aspectos y tomando el ejemplo brasileño
como base empírica (sin dejar, con todo, de dialogar con tendencias y formu-
laciones presentes en un escenario global), podremos indicar algunas de las
principales tendencias que presenta en nuestros días el universo del trabajo.
Nuestra principal hipótesis es que, en lugar de una retracción o des-
compensación de la ley del valor, el mundo contemporáneo viene asistien-
do a una significativa ampliación de sus mecanismos de funcionamiento,
en los que el papel desempeñado por el trabajo –o lo que he dado en
llamar la nueva morfología del trabajo– resulta emblemático.
Un análisis del capitalismo contemporáneo nos conduce a entender
que las actuales formas de valorización del valor conllevan nuevos me-
canismos generadores de trabajo excedente, al tiempo que expulsan de
la producción a multitud de trabajadores que pasan así a ser elementos
sobrantes, descartables, desempleados. Este proceso tiene una funciona-
lidad clara para el capital, pues le permite ampliar a gran escala la bolsa
de parados, lo que globalmente reduce aún más la remuneración de la
fuerza de trabajo, mediante la retracción salarial de aquellos asalariados y
asalariadas que tienen empleo.
En plena eclosión de la más reciente crisis global, que afecta fundamen-
talmente a los países del norte, este panorama parece agudizarse, hacién-
donos asistir a un enorme «desperdicio» de fuerza humana de trabajo, a una
corrosión aún mayor del trabajo contratado y regulado, de matriz tayloriano-
fordista, que había venido siendo dominante a lo largo del siglo XX.
Tratándose de un proceso multitendencial, al tiempo que aumentan
esos grandes contingentes que se precarizan de forma intensa o que pier-
den su empleo, se asiste igualmente a la expansión de nuevos modos de
extracción del plustrabajo, capaces de articular una maquinaria altamente
avanzada, como es el caso de las tecnologías de la comunicación y de la
información, que ha invadido el universo de los bienes de consumo. Sus
actividades están dotadas de mayores «cualificaciones» y «competencias» y
suministran un mayor potencial intelectual (aquí entendido en el sentido
restringido que le atribuye el mercado), integrándose en el trabajo social,
complejo y combinado que añade efectivamente valor.
Es como si todos los espacios existentes de trabajo se convirtiesen
potencialmente en generadores de plusvalía, tanto los que aún mantienen
lazos de formalidad y contractualidad como los que, en la franja integra-
da en el sistema, se rigen por la informalidad abierta, al margen de que
las actividades realizadas sean predominantemente manuales o marcada-
mente «intelectualizadas», «dotadas de conocimiento».
En este universo caracterizado por la sumisión del trabajo al mundo
mecánico (tanto por la vigencia de la máquina-herramienta autómata
del siglo XX como por la máquina-informacional-digital de los tiempos
actuales), el trabajo estable, heredero de la fase tayloriano-fordista y, en
parte, modelado por la contratación y la regulación, está siendo sustituido

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ARTÍCULOS
por los más variados y diversificados modos de informalidad, de los que
son ejemplo el trabajo atípico, los trabajos terceriarizados (con su amplia
gama y variedad), el «cooperativismo», el «emprendedurismo», el «trabajo
voluntario», etcétera.
Esta nueva morfología del trabajo, además de incluir los más distin-
tos modos de ser de la informalidad, ha ido ampliando el universo del
trabajo invisibilizado, al tiempo que ha potenciado nuevos mecanismos
generadores del valor (aunque bajo la apariencia del no-valor) haciendo
uso de nuevos y viejos mecanismos de intensificación –cuando no de
auto-explotación– del trabajo1.
Como el capital sólo puede reproducirse acentuando su fuerte sentido
de desperdicio, es importante subrayar que es la propia «centralidad del
trabajo abstracto que produce la no centralidad del trabajo, presente en la
masa de los excluidos del trabajo vivo», los cuales, una vez (des)socializa-
dos y (des)individualizados por su expulsión del trabajo, «procuran deses-
peradamente encontrar formas de individualización y de socialización en
las esferas aisladas del no-trabajo (actividad de formación, de asistencia y
de servicios)» (TOSEL, 1995, p. 210).
Todo ello nos permite plantear otra hipótesis, que desarrollaremos en
las próximas páginas: en vez de la propalada pérdida de validez de la
teoría del valor, que, entre otros, han defendido Habermas (1989, 1991 y
1992) y Gorz (2003, 2005, 2005a), nuestra idea es que la aparente invisi-
bilidad del trabajo es la expresión fenoménica que encubre la auténtica
generación de plusvalía en prácticamente todas las esferas del mundo
laboral donde pueda realizarse.
Comencemos por la cuestión de la informalidad.

2. Esbozo para una fenomenología de la informalidad


Un primer análisis fenomenológico sobre los modos de ser de la informa-
lidad en el Brasil reciente pone de manifiesto el acentuado aumento del
número de trabajadores sometidos a sucesivos contratos temporales, sin
estabilidad y sin registro, que trabajan dentro y fuera del espacio produc-
tivo de las empresas, tanto en actividades inestables o temporales como
bajo la amenaza directa del desempleo.
Pasemos, pues, a esbozar algunas de sus principales manifestaciones.
Un primer modo de ser de la informalidad está presente en la figura
de los trabajadores informales tradicionales,

insertos en actividades que requieren baja capitalización, orientadas a la ob-


tención de una renta para consumo individual y familiar. En esta actividad,
viven de su fuerza de trabajo, pudiendo servir de auxilio en el trabajo familiar
o de ayudantes temporales (ALVES y TAVARES, 2006, apud ANTUNES, p. 431).

1
En el libro Riqueza e Miséria do Trabalho no Brasil, vol. I (Boitempo, 2009, 2.ª reimpre-
sión) y vol. II (Boitempo, en prensa), bajo nuestra coordinación, se ofrece vasto material
empírico sobre el escenario brasileño y se defienden las caracterizaciones que se exponen
a continuación.

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ARTÍCULOS Dentro de este universo, encontramos a los trabajadores «menos ines-
tables, que poseen un mínimo conocimiento profesional y los medios de
trabajo. En la mayoría de los casos, desarrollan sus actividades en el sec-
tor de los servicios. Es el caso de las costureras, los albañiles, los jardine-
ros, los vendedores ambulantes de artículos de consumo más inmediato
(alimentos, vestuario, calzados) y de artículos de consumo personal, los
camelôs (vendedores informales de la calle), los empleados domésticos,
los zapateros y los talleres de reparación» (ibid., p. 431).
Están también los trabajadores informales más «inestables», reclutados
temporalmente y, con frecuencia, remunerados por pieza o por servicio
realizado. Hacen trabajos eventuales y contingentes, caracterizados por el
uso de la fuerza física y por la realización de actividades que requieren
de baja cualificación, como cargadores, transportistas y trabajadores calle-
jeros y de servicios en general. Estos trabajadores más «inestables» pueden
llegar incluso a estar subempleados por trabajadores informales más «es-
tables» (ibid.; véanse asimismo LIMA, 2002 y 1999; CACCIAMALI, 2000).
Entre los trabajadores informales tradicionales podemos incluir los
«ocasionales» o «temporales» que desarrollan actividades informales cuan-
do se encuentran desempleados, mientras esperan una oportunidad para
retornar al trabajo asalariado.
«Son trabajadores que tanto pueden estar parados como son absorbi-
dos por formas de trabajo precario, viviendo una situación que, inicial-
mente, era provisional y que acabó haciéndose permanente. Hay casos
en que se combina el trabajo regular y el ocasional, haciendo trabajillos
y chapuzas. En estos casos, el rendimiento que se obtiene por las acti-
vidades desarrolladas es bajo». Se trata de «vendedores de diversos pro-
ductos (limpieza, cosméticos, ropas), de digitalizadores, de saladoras, de
afanadores y de sujetos que producen artesanía en horas libres» (ibid.).
Dentro aún de este espectro de actividades informales tradicionales,
se encuentran los pequeños talleres de reparación, estructurados y man-
tenidos por la clientela del barrio o por medio de relaciones personales.
Integrados en la división social del trabajo capitalista, este género de
trabajadores informales contribuye:

[…] a que se haga efectiva la circulación y el consumo de mercancías produci-


das por las empresas capitalistas. La forma de inserción en el trabajo informal
es extremamente precaria y se caracteriza por una renta muy baja, además
de no garantizar el acceso a los derechos sociales y laborales básicos, como
jubilación, FGTS [Fondo de Garantía por Tiempo de Servicio], baja médica,
licencia de maternidad. Si caen enfermos se ven obligados a parar de trabajar,
perdiendo integralmente su fuente de rendimiento (ibid., p. 432).

No hay horario fijo de trabajo y las jornadas laborales obligan con


frecuencia a tener que emplear las horas libres en aumentar la renta pro-
cedente del trabajo. Cabe añadir que, en el caso del trabajador autónomo,
además de recurrir al propio trabajo, éste puede llegar a emplear la fuerza
de trabajo de otros miembros de la familia, con o sin remuneración.
Un segundo modo de ser de la informalidad se corresponde con los
trabajadores informales asalariados y no declarados, que trabajan al

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ARTÍCULOS
margen de la legislación laboral, tras perder el estatuto de contratados
y pasar de tener una condición de asalariados con «carteira assinada»2,
a la de asalariados sin «carteira». Se ven así excluidos del acceso a las
resoluciones presentes en los acuerdos colectivos de su categoría pro-
fesional, quedando desprovistos de los derechos vigentes para quienes
tienen un contrato formal de trabajo. Esta tendencia, por ejemplo, se ha
venido acentuando, entre otras, en la industria textil, de confecciones y
calzados (ibid.).
Esto sucede porque la racionalidad instrumental del capital lleva a las
empresas a flexibilizar el trabajo, la jornada, la remuneración, aumentan-
do el grado de responsabilidad y de competencias, y creando una y otra
vez nuevas relaciones y formas de trabajo que con frecuencia asumen un
carácter informal.
En este ámbito podemos encontrar:

[…] el caso de los trabajos a domicilio que se especializan por áreas de ocu-
pación y que prestan servicios a las grandes empresas. Éstas también recurren
a la subcontratación para el montaje de bienes, la producción de servicios, la
distribución de bienes mediante el comercio callejero o ambulante (ibid., p. 432.
Véase asimismo CACCIAMALI, 2000).

Muchas veces, este modo de trabajo se realiza también en galpones


o naves –como en la industria del calzado– donde la informalidad es la
norma (ibid.).
Un tercer modo de ser de la informalidad lo encontramos en los traba-
jadores informales autónomos, que se pueden definir como una variante
de los pequeños productores de mercancías y que cuentan con su propia
fuerza de trabajo o con la de familiares, pudiendo llegar incluso a sub-
contratar fuerza de trabajo asalariada.
Conviene, sin embargo, señalar que estas

[…] formas de inserción del trabajador autónomo en la economía informal no


son prácticas nuevas. Se trata, por el contrario, de fórmulas reinventadas por
las empresas capitalistas, como forma de obtener la plusvalía relativa con la
plusvalía absoluta. Recordemos que hay diferentes formas de inserción del
trabajo informal en el modo de producción capitalista y, para analizarlas, de-
bemos considerar esa enorme heterogeneidad existente, tratando de desvelar
cuáles son los vínculos que se producen entre esos trabajadores y la acumula-
ción de capital (ibid., p. 433. Véase asimismo CACCIAMALI, 1997).

Sobre esta base, es posible entender que:

Proliferen los pequeños negocios vinculados a las grandes corporaciones,


que incluyen áreas de la producción, del comercio y de la prestación de ser-
vicios. Los pequeños propietarios informales actúan en ámbitos que no atraen
inversiones capitalistas de peso, atendiendo así a la demanda de determinados
bienes y servicios. Esos trabajadores adoptan este tipo de estrategias porque

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Documento legal que formaliza la relación de trabajo en Brasil.

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ARTÍCULOS sus pequeños negocios informales no tienen condiciones de competir con las
empresas capitalistas, siendo éstas las que definen su modo de inserción en
el mercado (ibid.).

Si consideramos que la informalidad se produce cuando hay ruptura


con los lazos formales de contratación y de regulación de la fuerza de
trabajo, cabe señalar que, a pesar de que la informalidad no es sinónimo
de condición de precariedad, su vigencia se traduce a menudo y de un
modo intenso en formas de trabajo desprovistas de derechos, que presen-
tan, por tanto, rasgos evidentes de precarización. La informalización de la
fuerza de trabajo viene así constituyéndose como un mecanismo central
en manos de la ingeniería del capital, que lo utiliza para aumentar la
intensificación de los ritmos y movimientos del trabajo e incrementar su
proceso de valorización. Al hacerlo, además, impulsa un importante ele-
mento de precarización estructural del trabajo.
Estos diversos modos de ser de la informalidad en Brasil, que sin duda
encierran trazos y características similares en varias partes del mundo del
trabajo a escala global, son emblemáticos de lo que aquí estamos formu-
lando como hipótesis: la ampliación de los más distintos y diversos mo-
dos de ser de la informalidad parece asumir, frente a los deconstructores
de la teoría del valor, un importante elemento de ampliación, potenciali-
zación e, incluso, realización de la plusvalía.
¿Por qué si no, en pleno siglo XXI y en el centro de la ciudad de São
Paulo, la más importante región industrial del Brasil, hay jornadas de tra-
bajo que llegan a las diecisiete horas al día en la industria de la confección,
mediante la contratación informal de trabajadores inmigrantes bolivianos
o peruanos (o de otros países latinoamericanos), controlados por patrones
a menudo coreanos o chinos?
Podemos citar también el caso de los trabajadores afrobrasileños que
participan en el empaquetamiento y embalaje de los productos textiles y
de confección, en los barrios de Bom Retiro y Bras, en el mismo centro
de la ciudad de São Paulo, cuyos productos, exportados al mercado afri-
cano, se basan en un trabajo extenuante y claramente manual, «braçal»,
como los propios trabajadores lo denominan.
Otro ejemplo lo encontramos en el agro-negocio del azúcar. Aunque a
menudo establece lazos formales, es igualmente constante la burla de los
derechos laborales de los llamados «bóias frias», los trabajadores rurales
que cortan más de diez toneladas de caña al día (media en São Paulo),
pudiendo llegar ese número a dieciocho toneladas al día en el nordeste
del país. El objetivo es la producción de combustible de etanol, extraído
de la caña de azúcar.
Este diseño, sin embargo, no es exclusivo de la sociedad brasileña,
sino que encuentra similitudes en varios países. En Japón, se da el caso
reciente del ciber-refugiado, trabajador joven de la periferia de Tokio
que no tiene recursos para alquilar cuartos en pensiones, habitaciones
o apartamentos y que, por consiguiente, utiliza los cibercafés para, de
madrugada, descansar, dormir un poco, usar internet y buscar trabajo.
Estos ciber-espacios cobran precios bajos a los trabajadores pobres, sin
lugar fijo donde dormir, para que puedan pasar sus noches entre el uso

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ARTÍCULOS
de internet, un breve descanso y la búsqueda virtual de nuevos trabajos
contingentes, siendo por ello designados como ciber-refugiados.
Podemos añadir otro ejemplo más conocido, el de los jóvenes oriun-
dos de varias partes del país y del exterior que migran en búsqueda de
trabajos en las ciudades –los llamados dekasseguis– y que, sin casa o
residencia fija, viven en cápsulas de vidrio, configurando lo que he deno-
minado como obreros encapsulados (ANTUNES, 2010).
El ejemplo de los inmigrantes quizás sea aquel en el que esa tendencia
a la precarización del trabajo es más exacerbada. Con el enorme incre-
mento del nuevo proletariado informal, del subproletariado fabril y de
servicios, surgen nuevos puestos de trabajo que son ocupados por inmi-
grantes. Es el caso del gastarbeiter en Alemania, el lavoro nero en Italia, el
chicano en los Estados Unidos, el inmigrante del Este europeo (polacos,
húngaros, rumanos, albaneses, etc.) en Europa occidental, el dekassegui
en Japón, el boliviano (entre otros latinoamericanos) y el afrobrasileño
en Brasil, etcétera.
Así, además de las distinciones y transversalidades existentes hoy (en-
tre trabajadores estables y precarios; hombres y mujeres; jóvenes y adul-
tos; blancos, negros e indios; cualificados y no cualificados; empleados y
parados; estables y precarios), entre los muchos ejemplos que configuran
la nueva morfología del trabajo, el caso de los inmigrantes es asimismo
ilustrativo de ese panorama tendente a la precarización estructural del
trabajo a escala global.
Señalaremos brevemente algunas de las expresiones de ese fenómeno.

3. La punta del iceberg: la explosión de los trabajadores


inmigrantes
Un análisis de la situación de los inmigrantes puede ayudarnos a entender
que no es sino la punta más visible del iceberg que supone la precariza-
ción de las condiciones de trabajo en el capitalismo actual.
Pietro Basso, un estudioso del fenómeno en Europa, nos ofrece un
panorama de esta realidad social. En palabra suyas:

De un continente de emigrantes y de colonos, como lo fue durante siglos,


Europa occidental se ha transformado en una tierra de aumento continuo de
la inmigración proveniente de todo el globo. Hoy viven en su territorio cerca
de 30 millones de inmigrantes. Y si a los inmigrantes sin ciudadanía se añadie-
sen los que han obtenido la ciudadanía de alguno de los países europeos, se
alcanza un total de 50 millones, es decir, cerca del 15 por ciento del conjunto
de la población de la «Europa de los quince. (BASSO, 2010, p. 1).

De ese contingente, el 22 por ciento de los actuales inmigrantes pro-


viene de África, el 16 por ciento de Asia –siendo la mitad procedente
de extremo Oriente, de China principalmente, y la otra mitad, del sub-
continente de la India– y el 15 por ciento viene de América central y de
Sudamérica. El restante 45-47 por ciento está compuesto por los inmi-
grantes con ciudadanía de países de la «Europa de los veintisiete» y por

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ARTÍCULOS los procedentes de países europeos en sentido lato (turcos, balcánicos,
ucranianos, rusos) (ibid., p. 1).
El trabajador inmigrante encuentra así en industrias, constructoras,
supermercados, distribuidoras hortofrutícolas, agricultura, hoteles, restau-
rantes, hospitales, empresas de limpieza, etc., sus espacios principales de
trabajo, percibiendo salarios cada vez más exiguos. El autor recuerda que,
en una distribuidora hortofrutícola de Milán (Italia), los trabajadores ne-
gros descargan cajas de frutas al precio de 2,5 euros la hora, equivalente
al coste de un quilo de pan de pésima calidad. Y en la zona rural del sur
de España y de Italia,

[…] los salarios son aún inferiores y, muchas veces, no se pagan. A menudo,
estos trabajadores perciben menos de lo que deberían realmente percibir por
contrato, incluso porque la cualificación que se les atribuye, casi nunca co-
rresponde con sus competencias reales. Esto sucede bastante en el caso de las
pequeñas empresas que, al final, son las que más recurren a los inmigrantes.
A ellos, en general, les tocan las tareas más duras, peligrosas e insalubres. En
Italia, por ejemplo, según los datos oficiales, hay el doble de accidentes labo-
rales de inmigrantes en comparación con los nativos (ibid., p. 4).

Los trabajadores inmigrantes tienen, en general, los horarios más in-


cómodos, como jornadas nocturnas y en fin de semana. Añade que, sin
embargo, no se trata

[…] «solamente» de la sobreexplotación. En Europa, la entera existencia de


los inmigrantes y de sus hijos está marcada por discriminaciones. Discrimi-
naciones en el trabajo, en el acceso al trabajo, en el seguro de desempleo,
en la jubilación. Discriminados en el acceso a la vivienda, con alquileres más
caros para casas más deterioradas y en zonas más degradadas. Discriminados,
de hecho, en las escuelas (en Alemania son pocos, poquísimos, los hijos de
inmigrantes que llegan a la Universidad; en Italia, 42,5 por ciento de los es-
tudiantes hijos de inmigrantes están atrasados en sus estudios). Discriminados
en la posibilidad de mantener unida la propia familia, sobre todo si son de
origen islámico, discriminados para profesar libremente su propia fe religiosa
(existiendo la sospecha, en la actualidad, de que puedan ser potenciales «te-
rroristas») (ibid., p. 4).

Esta clase, por consiguiente, es al mismo tiempo la «mas desfavorecida


y la más global», formando, por esa misma razón, la parte de la clase tra-
bajadora que es «objetivamente, más que otras, portadora de aspiraciones
igualitarias y antirracistas, aunque lo sea en medio de mil contradicciones,
oportunismos e individualismos» (ibid., p. 6).
Por más que pueda parecer paradójico, Basso indica que estos/as tra-
bajadores/as manuales constituyen uno

[…] de los factores de transformación más potentes de la sociedad euro-pea


a la hora de superar las decadentes jerarquías y las fronteras entre naciones y
pueblos […]. [Son] un sujeto colectivo, portador de una necesidad de emanci-
pación social, porque ya con la «aventura», cada vez más peligrosa y costosa,

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ARTÍCULOS
de emigrar del propio país, están rechazando el «destino» de una existencia
limitada a la mera supervivencia; y porque, una vez aquí, no pueden aceptar
pasivamente la condición de inferioridad jurídica, material, social, cultural que
los aguarda (ibid., p. 6).

Recuerda el autor, tomando como referencia el caso italiano, que hay


incluso avances en la acción sindical de los inmigrantes. Si al inicio éstos
buscaban a los sindicatos para cuestiones de tipo asistencial, con el pasar
del tiempo y con la consolidación de sus presencias en los lugares de
trabajo se ha experimentado un incremento en el número de trabajado-
res inmigrantes que participa en las acciones sindicales, expresando las
«necesidades propias de los inmigrantes como obreros y trabajadores», y
que comienza «a desarrollar también un papel de representación de los
trabajadores italianos (hoy en día hay varios miles de inmigrantes que
son representantes sindicales)» (ibid., p. 8. Véase asimismo BASSO, 2008;
BASSO y PEROCCO, 2010a).
Las diversas manifestaciones que, en Europa, han expresado recien-
temente el descontento de los inmigrantes-trabajadores y de los jóvenes
en paro son emblemáticas. Por su sentido simbólico, cabe señalar la
eclosión, en Portugal, de varios movimientos de trabajadores en precario,
uno de los cuales se denomina Precári@s Inflexíveis. En su manifiesto,
este movimiento afirma:

Somos precari@s en el empleo y en la vida. Trabajamos sin contrato o con


contratos temporales de corta duración. Trabajo temporal, incierto y sin ga-
rantías. Somos operadores de call-centers, trabajadores en prácticas, parados,
autónomos, inmigrantes, trabajadores intermitentes, estudiantes-trabajadores…
No entramos en las estadísticas. A pesar de que somos cada vez más y más
precarios, los gobiernos esconden ese mundo. Vivimos de chapuzas y trabajos
temporales. Difícilmente podemos pagar el alquiler de una casa. No tenemos
vacaciones, no podemos quedarnos embarazadas, ni enfermar. Derecho a la
huelga, ni por asomo. ¿Flexiseguridad? Lo «flexi» es lo que nos toca a nosotros,
la «seguridad», sólo para los patrones. Esta «modernización» mentirosa está
pensada y construida de común acuerdo por empresarios y gobierno. Estamos
en la sombra, pero no callados.
No dejaremos de luchar al lado de quien trabaja en Portugal o lejos de aquí
por los derechos fundamentales. Esa lucha no es sólo de números, entre sindi-
catos y gobiernos. Es la lucha de trabajadores y personas como nosotros. Cosas
que los «números» ignoran siempre. Nosotros no cabemos en esos números.
No dejaremos que se olviden las condiciones a las que nos quieren redu-
cir. Y con esa misma fuerza con la que los patrones nos atacan, respondemos
y reinventamos la lucha. Al final, somos muchos más que ellos. Precari@s sí,
pero inflexibles3.

Discriminados, pero no resignados, ellos son parte integrante de la


clase que vive del trabajo y que expresa su voluntad de mejorar sus pro-
pias condiciones de vida a través del trabajo. Y ese análisis de la situación
3
Disponible en http://www.precariosinflexiveis.org/p/manifesto-do-pi.html. Consultado el
16 de agosto de 2010.

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ARTÍCULOS de los trabajadores inmigrantes en Europa occidental nos ayuda a pensar
que, quizás, la suya no sea sino la parte más evidente del iceberg en
lo que a las condiciones de trabajo y a su precarización se refiere.

4. La doble degradación: del trabajo tayloriano-fordista


al de la empresa flexible
Los indicadores que venimos apuntando nos permiten afirmar que esta-
mos adentrándonos en una nueva era de precarización estructural del
trabajo, de cuyas expresiones destacamos:

1) la erosión del trabajo contratado y regulado, dominante en el siglo


XX, y su sustitución por distintas formas de trabajo atípico, precari-
zado y «voluntario»;
2) la creación de «falsas» cooperativas que buscan dilapidar aún más
las condiciones remuneratorias de los trabajadores, erosionando
sus derechos y aumentando los niveles de explotación de su fuerza
de trabajo;
3) el «emprendedurismo», que se configura, cada vez más, como forma
oculta de trabajo asalariado, haciendo proliferar las distintas formas
de flexibilización salarial, de horarios, funcional u organizativa;
4) la degradación aún mayor del trabajo inmigrante a escala global.

Dentro de este marco, los capitales globales están exigiendo el des-


mantelamiento de la legislación social protectora del trabajo en varias
partes del mundo, aumentando la destrucción de los derechos sociales
que habían sido arduamente conquistados por la clase trabajadora desde
los inicios de la Revolución industrial y, en particular, cuando se mira al
ejemplo brasileño, desde 1930.
Como el tiempo y el espacio están en constante cambio, en esta fase
de mundialización del capital, la reducción del proletariado taylorizado,
especialmente en los núcleos más avanzados de la industria, y la paralela
ampliación del trabajo intelectual, están claramente interrelacionados con
la expansión de los nuevos proletarios. Y ese proceso se está dando tan-
to en la industria como en la agricultura y los servicios (y en sus áreas de
intersección, como la agroindustria, la industria de los servicios y los ser-
vicios industriales).
Del trabajo intensificado del Japón al trabajo contingente presente en
los Estados Unidos; de los inmigrantes que llegan al Occidente avanzado
al submundo del trabajo en el polo asiático; de las maquiladoras de
México a los/las empleado/as precarizados/as de Europa occidental; de
los trabajadores y trabajadoras de Nike, Wal-Mart y MacDonalds a los
call-centers y el telemarketing, este amplio y creciente contingente de tra-
bajadores y trabajadoras parece expresar distintas modalidades de trabajo
vivo, que hoy son cada vez más necesarias para la creación de valor y para
valorizar el sistema de capital.
Si durante del siglo XX hemos asistido a la era de la degradación del
trabajo, en la últimas décadas de ese siglo y los inicios del XXI estamos
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ARTÍCULOS
viviendo otras modalidades y modos de ser de la precarización, propias
de la fase de flexibilidad toyotizada, con sus elementos de continuidad
y de discontinuidad con respecto a las formas tayloriano-fordistas.
La degradación típica del taylorismo y del fordismo, que estuvieron
en vigor a lo largo de prácticamente todo el siglo XX, ha tenido (y aun
tiene) un diseño acentuadamente despótico, aunque más regulado y con-
tractualista. El trabajo tenía una conformación más cosificada y reificada,
más maquinal, pero, en contrapartida, estaba provisto de derechos y de
regulación, al menos para sus elementos más cualificados.
La segunda forma de degradación de trabajo, típica de la empresa
de flexibilidad toyotizada, es aparentemente más «participativa», aunque
sus elementos de reificación están aún más interiorizados (con sus me-
canismos de «implicaciones», «cooperaciones», «colaboraciones» e «indivi-
dualizaciones», «metas» y «competencias»), siendo así responsable de la
monumental deconstrucción de los derechos sociales del trabajo a la que
hacíamos referencia.
En este sentido, el movimiento pendular en el que se encuentra la
fuerza del trabajo viene oscilando cada vez más entre la perennidad de
un trabajo cada vez más reducido, intensificado en sus ritmos y despro-
visto de derechos, y una superfluidad creciente, generadora de trabajos
más precarios e informales.
En otras palabras, trabajos más cualificados para un contingente re-
ducido –es el caso de los trabajadores de las industrias de software y de
tecnologías de la información y la comunicación– y, en el polo opuesto,
modalidades de trabajo cada vez más inestables para un universo crecien-
te de trabajadores y trabajadoras.
En la cúspide de la pirámide social del mundo del trabajo, en su nueva
morfología, encontramos así los trabajos ultracualificados que actúan en
el ámbito de la información y el conocimiento.
En la base, aumentan la informalidad, la precarización y el desempleo,
como elementos todos ellos estructurales. Y en medio, encontramos la
hibridez, el trabajo cualificado que puede desaparecer o verse erosiona-
do, como consecuencia de las alteraciones temporales y espaciales que
afectan a las plantas productivas o de servicios en todas las partes del
mundo.
La informalización del trabajo, por tanto, con su diseño polimórfico,
parece ir poco a poco convirtiéndose en un rasgo constitutivo de la acu-
mulación de capital que se produce en la actualidad, una vez que resulta
cada vez más presente en la fase de liofilización organizativa, por usar la
denominación de Juan J. Castillo (CASTILLO, 1996 y 1996a), o de flexibili-
zación liofilizada, como hemos llamado a esa modalidad de organización
y control del proceso de trabajo.
Entender sus modos de expresión y sus significados resulta así vital en
nuestros días para alcanzar una mejor comprensión de los mecanismos y
engranajes que impulsan el mundo del trabajo hacia la informalidad, así
como el papel que desempeñan estas modalidades de trabajo en relación
con la ley del valor y con su valorización.
No obstante, en este proceso multitendencial, hay un nuevo contin-
gente de asalariados en franca expansión, del que son testimonio los

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ARTÍCULOS trabajos en el campo de las tecnologías de la comunicación y la infor-
mación (TCI), que abarcan desde actividades en empresas de software, a
los asalariados y asalariadas que crecen a diario en las empresas de call
center, telemarketing, etc., y que cada vez más son parte integrante de la
nueva morfología del trabajo.
Ursula Huws, de un modo sugerente, ha denominado este nuevo con-
tingente como cybertariado, al que Ruy Braga y yo mismo hemos llamado
infoproletariado. Su estudio es central para comprender las interacciones
que se producen entre los trabajos materiales e inmateriales, así como sus
conexiones con las nuevas modalidades del valor.
Así, tras haber mostrado algunos elementos sobre los nuevos modos de
ser de la informalidad, a continuación analizaremos cuáles son los rasgos
generales del infoproletariado o del cybertariado.

5. El advenimiento del infoproletariado


Las diversas tesis y formulaciones que han defendido la descentralización
del trabajo y su pérdida de relevancia como elemento social estructurante
–idea lanzada por Gorz (1982), desarrollada por Offe (1989), Méda (1987)
y Habermas (1991 y 1992), y reforzada por el contexto de cambios en el
mundo de la producción del último cuarto del siglo XX– han sostenido
que el trabajo vivo habría de ser algo cada vez más residual como fuente
creadora de valor, pues se estaría ante la emergencia de nuevos estratos
sociales oriundos de las actividades comunicativas, surgidas del avance
técnico-científico y del advenimiento de la «sociedad de la información»
(véase ANTUNES y BRAGA, 2009).
Posteriormente, Castells (2007) ha procurado «actualizar» los términos
del debate, anclado en estadísticas existentes especialmente (aunque no
sólo) en las sociedades capitalistas avanzadas, como Estados Unidos y
Europa, que apuntarían la superación del trabajo degradado, por medio
tanto del avance tecnocientífico como por la difusión de empleos cualifi-
cados con mayor «autonomía del trabajo».
En cierto modo, estas formulaciones recuperaban el argumento, en línea
con las sociedades postindustriales (BELL, 1977), que proclamaba la supe-
ración del trabajo degradado, típico de la fábrica taylorista y fordista, por
la «creatividad» propia de las actividades de servicios asociadas a las tareas
de concepción y planeamiento de procesos productivos, presentes en los
trabajos de las llamadas tecnologías de la información y la comunicación.
Estas tesis, sin embargo, no han tenido demasiado recorrido. Después
de algunas décadas, muchas de las investigaciones recientes han cuestio-
nado seriamente tales presupuestos, poniendo de manifiesto que el info-
proletariado (o cyberproletariado), frente al esquema que se acaba de
esbozar, parece apuntar mucho más hacia una nueva condición de asa-
lariado en el sector de los servicios, hacia un nuevo segmento del prole-
tariado no industrial, sujeto a la explotación de su trabajo, desprovisto
del control y de la gestión de su labor y que viene creciendo de manera
exponencial desde que el capitalismo avanzó con la llamada era de los
cambios tecno-informacional-digitales.

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ARTÍCULOS
En Brasil, por ejemplo, tras el inicio del ciclo de las privatizaciones por
el que pasó el sector de la telecomunicaciones, en la segunda mitad de la
década de 1990, se estimaba que, en 2005, el número de teleoperadores
que actuaban dentro y fuera de los call centers, las Centrales de Teleac-
tividades (CTAs), sería aproximadamente de 675.0004 (véase, asimismo,
NOGUEIRA, 2006).
En 2011, ese contingente se aproxima a la cifra del millón de traba-
jadores/as (con fuerte predominancia del trabajo femenino), de manera
que los/las teleoperadores/as representan una de la principales categorías
de asalariados, en franco proceso de crecimiento también a escala global.
Como sabemos, la privatización de las telecomunicaciones ha supuesto
un proceso de intensificación de la tercerización del trabajo, comportando
múltiples formas de precarización y de intensificación de los tiempos y
movimientos del acto laboral. Se ha producido así una clara confluencia
entre la tercerización del trabajo y su precarización, dentro de una lógica
de mercadurización de los servicios que han sido privatizados.
Castillo (2007) ha estudiado la evolución del trabajo en fábricas de
software y ha ofrecido algunas pistas empíricas y analíticas de interés.
Refiriéndose al trabajo de Michael Cusumano, ha afirmado que:
[…] la producción de software no es como cualquier otra empresa, como la
fabricación de muchos otros bienes o servicios. Una vez creado, cuesta lo mis-
mo hacer una copia que un millón. Es un tipo de empresa cuyo lucro sobre las
ventas puede llegar al 99 por ciento, pues se trata de un negocio que puede pa-
sar, sin más, de fabricar productos a fabricar servicios (CASTILLO, 2007, p. 37).

Y añade:
Muchos investigadores han llamado la atención sobre esta riqueza de figuras
productivas y de vivencias y expectativas de trabajo, e incluso han puesto el
acento en las repercusiones sobre la vida privada y la organización del tiempo.
Se ha puesto particular énfasis, precisamente, en los trabajadores de software,
cuyos puestos de trabajo se mueven entre la «rutina y los puestos de mayor
nivel» (ibid.).

Por consiguiente, frente a lo propugnado por las tesis de la «sociedad


postindustrial» y del «trabajo creativo informativo», el proceso de trabajo
en el sector de telemarketing ha estado estructurado por procesos contra-
dictorios, toda vez que:
1) articula tecnologías del siglo XXI (tecnologías de la información y de
la comunicación) con condiciones de trabajo herederas del siglo XX;
2) combina estrategias de emulación intensa de los/las teleoperado-
res/as, al modo de la flexibilidad toyotizada, con técnicas tayloris-
tas de control sobre un trabajo predominantemente prescrito;
3) asocia el trabajo en grupo con la individualización de las relaciones
de trabajo, estimulando tanto la cooperación como la competencia
entre los trabajadores, entre otros elementos que conforman su
actividad (ANTUNES y BRAGA, 2009a).
4
Véanse los datos referidos en el informe brasileño del Global Call Center Industry Project (2005).

59

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ARTÍCULOS Con todo, más allá de las limitaciones de esas tesis que no han sido
capaces de comprender las condiciones específicas que rigen el trabajo
de telemarketing, de los call centers y de las industrias de tecnologías
de comunicación y de información, otra cuestión que resulta igualmente
central es saber si estas actividades que se consideran predominantemente
inmateriales, tienen o no conexiones con los complejos mecanismos de la
ley del valor hoy operantes en su proceso de valorización.
Tratar de esta cuestión nos obliga a un análisis crítico de quienes han
defendido la desmedida del valor-trabajo. A ello dedicaremos el último
punto del presente artículo.

6. Trabajo, materialidad, inmaterialidad y valor


André Gorz, autor responsable de una vasta y conocida obra, se ha ali-
neado con los autores que defienden la «intangibilidad del valor». Según
él, el trabajo de carácter predominantemente inmaterial ya no se podría
medir con los patrones y normas preestablecidas y vigentes en fases
anteriores (GORZ, 2005, p. 18). A diferencia del autómata –modalidad
de trabajo propio de la era de la máquina de matriz tayloriano-fordista–,
Gorz afirma que los

[…] trabajadores posfordistas deben entrar en el proceso de producción con


todo el bagaje cultural que han adquirido en los juegos, los deportes de
equipo, en las luchas y disputas, en las actividades musicales, teatrales, etc.
En esas actividades fuera del trabajo, desarrollan su vivacidad, su capacidad
de improvisación, de cooperación. Es su saber vernáculo el que la empresa
posfordista pone a trabajar y explota (ibid., p. 19).

Según este autor, por tanto, el saber se habría convertido en la más


importante fuente de creación de valor, pues está en la base de la innova-
ción, de la comunicación y de la auto-organización creativa y continua-
mente renovada. Así, el «trabajo del saber vivo no produce nada mate-
rialmente palpable. Es –sobre todo, en la economía de la red– el trabajo
del sujeto cuya actividad consiste en producirse a sí mismo» (ibid., p. 20;
la cursiva es mía). Surge así la tesis de la intangibilidad del valor-trabajo:

El conocimiento, a diferencia del trabajo social general, no se puede tradu-


cir ni medir en simples unidades abstractas. No cabe reducirlo a una cantidad
de trabajo abstracto de la que sea equivalente el resultado o el producto. Cu-
bre y designa una gran diversidad de capacidades heterogéneas, es decir, sin
medida común, entre las cuales el juicio, la intuición, el sentido estético, el
nivel de formación y de información, la facultad de aprender o de adaptarse
a situaciones imprevistas; capacidades ellas mismas operadas por actividades
heterogéneas, que van del cálculo matemático a la retórica y al arte de con-
vencer al interlocutor, de la investigación técnico-científica a la invención de
normas estéticas (ibid., p. 29).

Su defensa de esta tesis queda así clarificada:

60

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ARTÍCULOS
La heterogeneidad de las actividades del trabajo denominadas «cognitivas»,
de los productos inmateriales que crean y de las capacidades y saberes que
implican, hace inmensurables tanto el valor de las fuerzas del trabajo como
el de sus productos. Las escalas de evaluación del trabajo se vuelven contra-
dictorias. La imposibilidad de establecer un patrón estándar para todos los
parámetros de las prestaciones demandadas se traduce en vanos intentos por
cuantificar su dimensión cualitativa y en la definición de normas de rendi-
miento calculadas casi al segundo, que no expresan la calidad «comunicacio-
nal» del servicio exigido por otros (ibid.).

Termina así concluyendo en la misma dirección de quienes defienden


la pérdida de referencia de la teoría del valor:

La crisis de medición del tiempo de trabajo engendra inevitablemente la


crisis de medición del valor. Cuando el tiempo socialmente necesario para
una producción se hace incierto, esa incertidumbre no puede dejar de re-
percutir sobre el valor de cambio de lo que se produce. El carácter cada vez
más cualitativo, cada vez menos mensurable del trabajo, acaba cuestionando
la pertinencia de las nociones de «plustrabajo» y de «plusvalía». La crisis de la
medición del valor cuestiona la definición de la propia esencia del valor. Cues-
tiona, en definitiva, el sistema de equivalencias que regula los intercambios
comerciales (ibid., pp. 29-30).

La desmedida del valor resulta así dominante y conduce al debili-


tamiento y al agotamiento de la teoría del valor. Cabe afirmar que esta
tesis muestra claras coincidencias con la formulación habermasiana, pues
sostiene que, con el avance de la ciencia, se produce una inevitable des-
compensación del valor, que hace superfluo el trabajo vivo. El siguiente
párrafo lo deja meridianamente claro:

Con la informatización y la automatización, el trabajo ha dejado de ser la


principal fuerza productiva y los salarios han dejado de ser el principal coste
de producción. La composición orgánica del capital (es decir, la relación entre
el capital fijo y el capital móvil) ha aumentado rápidamente. El capital se ha
convertido en el factor de producción preponderante. La remuneración, la re-
producción, la innovación técnica continua del capital fijo material, requieren
medios financieros muy superiores al coste del trabajo. El equilibrio entre ca-
pital y trabajo del «valor» producido por las empresas tiende a inclinarse de un
modo cada vez más acentuado a favor del primero […] Los asalariados debían
ser constreñidos a escoger entre el deterioro de sus condiciones de trabajo y
el desempleo (GORZ, 2005a, pp. 27-28; la cursiva es mía).

Si ya no hay posibilidad de medir el valor y la ciencia informacional


acaba sustituyendo al trabajo vivo, parece inevitable la desmedida del
valor, reforzada ahora por la idea de la inmaterialidad del trabajo.
No son pocos, sin embargo, los problemas presentes en estas formu-
laciones, si bien en este artículo no cabe más que indicarlos5.
5
En Antunes, 2010, 2010a y 2011, hemos tratado de ofrecer varios de los elementos críticos
que aquí señalamos a los lectores.

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ARTÍCULOS Frente a la propuesta de André Gorz, nuestra postura es que su análisis,
al convertir el trabajo inmaterial en factor dominante e, incluso, determi-
nante en el capitalismo actual, desvinculado de la generación de valor, ha
terminado obstaculizando la posibilidad de comprender las nuevas moda-
lidades y formas de vigencia de esa ley; modalidades esas presentes en el
nuevo proletariado de servicios (o cyberproletariado o infoproletariado),
que conllevan actividades de perfil acentuadamente inmaterial, pero que
son parte constitutiva de la creación de valor y están más o menos imbri-
cadas en los trabajos materiales.
Nuestra hipótesis es que la tendencia creciente (aunque no dominante)
al trabajo inmaterial expresa, dentro de la complejidad de la producción
contemporánea, distintas modalidades de trabajo vivo y, como tales, par-
tícipes en mayor o menor medida del proceso de valorización del valor.
No está de más recordar que las posturas que hiperdimensionan el
trabajo inmaterial y lo convierten en elemento dominante raramente consi-
deran las tendencia empíricas presentes en el mundo del trabajo en el sur
del planeta, donde se encuentran países como China, India, Brasil, México,
Sudáfrica, etc., dotados de un enorme contingente de fuerza de trabajo.
En el universo más analítico es necesario añadir que, dado que ciencia
y trabajo se mezclan de un modo aún más directo en el mundo de la pro-
ducción, la potencia creadora del trabajo vivo asume tanto la forma aún
dominante del trabajo material como la modalidad tendencial del trabajo
inmaterial, una vez que la propia creación de la maquinaria informacio-
nal-digital avanzada es resultado de la interacción activa entre el saber
intelectual y cognitivo del trabajo que actúa con la máquina informatizada.
En este movimiento relacional, el trabajo humano transfiere parte
de sus atributos subjetivos al nuevo equipamiento que resulta de este
proceso, objetivando actividades subjetivas (LOJKINE, 1995 y 1995a). En
la síntesis de Marx, son «órganos del cerebro humano logrado por las
manos humanas» (MARX, 1974a), lo que acaba por conferir, en el marco
del capitalismo actual, nuevas dimensiones y configuraciones a la teo-
ría del valor, toda vez que las respuestas cognitivas del trabajo, cuando las
suscita la producción, son partes constitutivas del trabajo social, complejo
y combinado que crea valor.
Recurriendo a una conceptualización de J. M. Vincent (1993), la in-
materialidad se ha convertido así en expresión del trabajo intelectual
abstracto, que no lleva a la extinción del tiempo socialmente medio de
trabajo para la configuración del valor, pero que, sin embargo, sitúa los
crecientes coágulos del trabajo inmaterial en la lógica de la acumulación,
insertándolos en el tiempo social medio de un trabajo cada vez más com-
plejo, asimilándolos a la nueva fase de producción del valor.

7. A guisa de conclusión
Por consiguiente, en vez de la propalada descompensación o pérdida de
validez de la ley del valor, la ampliación de las actividades dotadas de ma-
yor dimensión intelectual, tanto en la actividades industriales más infor-
matizadas como en las esferas comprendidas en el sector de servicios y/o

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ARTÍCULOS
de las comunicaciones, configuran un elemento nuevo e importante para
una comprensión efectiva de los nuevos mecanismos del valor6.
Más que una pérdida de relevancia de la teoría del valor, estaríamos
así asistiendo a una ampliación de sus formas, configurando nuevos me-
canismos de extracción del plustrabajo, como muestran los varios ejem-
plos que hemos presentado al inicio del presente artículo.
La ampliación de la producción inmaterial o «producción no material»
(MARX, 1994) en el mundo actual, por consiguiente, acaba por definirse
de un modo más preciso como expresión de la esfera informacional de la
forma-mercancía (VINCENT, 1993, 1995), en vez de ser entendida como
intangible y, por tanto, como no generadora de valor7.
Cuando Gorz afirma que el deterioro de las condiciones de trabajo y el
desempleo serían elementos conformadores de la tesis del debilitamiento
del trabajo, quizás quepa recordar que dicha tendencia está presente en
los propios orígenes del capitalismo. En el volumen III del Capital, entre
otras partes en las que abordó esta cuestión, Marx indica de modo premo-
nitorio esa tendencia al tratar de la economía en el empleo y la utilización
de los residuos de la producción:

El capital tiende a reducir a lo necesario el trabajo vivo directamente


empleado, a acortar siempre el trabajo requerido para fabricar un producto
–explotando las fuerzas productivas sociales del trabajo– y, por tanto, a eco-
nomizar lo más posible el trabajo vivo directamente aplicado. Si observamos
de cerca la producción capitalista […] comprobamos que procede con extrema
cuidado con respecto al trabajo efectuado, materializado en mercancías. Entre-
tanto, más que cualquier otro modo de producción, malgasta seres humanos,
desperdicia carne y sangre, dilapida nervios y cerebros […] Todos los cuidados
de que hablamos son fruto del carácter social del trabajo y, de hecho, ese
carácter directamente social del trabajo es la causa que genera ese desperdicio
de vida y de salud de los trabajadores (MARX, 1974, pp. 97 y 99).

Por tanto, si la «economía del empleo» es algo presente en la propia


lógica del sistema de metabolismo social del capital (MÉSZÁROS, 1995), la
reducción del trabajo vivo no significa pérdida de centralidad del trabajo
abstracto en la creación del valor, que hace mucho dejó de ser resulta-
do de una agregación individual de trabajo, para convertirse en trabajo
social, complejo y combinado y que, con el avance tecno-informacional-
digital, no deja de hacerse más complejo y potenciarse.

6
Cabe recordar que Toyota, en su unidad de Takaoka, publicaba mensajes de este tipo en
la entrada de la fábrica: «Yoi kangae, yoi shina» (buenos pensamientos significan buenos
productos). Business Week, 18, nov. 2003.
7
Véase asimismo Tosel, 1995. El enorme avance productivo de China e India, especialmente
en la última década, basado en la enorme fuerza sobrante de trabajo y en la incorporación
de las tecnologías de la información, es un argumento más a la hora de rechazar la tesis de
la pérdida de relieve del trabajo vivo en el mundo de la producción de valor, lo que debilita
asimismo los argumentos de quienes defienden la inmaterialidad del trabajo como forma de
superación, inadecuación o descompensación de la ley del valor.

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ARTÍCULOS
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ARTÍCULOS Resumen: «La nueva morfología del trabajo y sus principales tendencias:
informalidad, infoproletariado, (in)materialidad y valor»

El presente texto intenta explorar algunos de los principales sentidos y di-


mensiones que están acaeciendo en la esfera del trabajo, procurando entender las
consecuencias teóricas y empíricas que entrañan estas transformaciones. Contraria-
mente a la afirmación que niega la vigencia de la ley del valor, nos encontramos,
de un lado, en presencia de un significativo proceso de intensificación del trabajo
(informal, temporero, precario, subcontratado, de imigrantes, etc), de otro, estamos
presenciando la expansión del trabajo cualificado, multifuncional, dotado de ma-
yor o menor dimensión intelectual (telemática, trabajo en red y nuevas formas de
trabajo en el espacio doméstico) Estas metamorfosis no niegan, sin embargo, la ley
del valor cuando se considera la totalidad del trabajo, la capacidad de trabajo social
combinado, el trabajo colectivo como expresión de múltiples actividades combi-
nadas. La sociedad capitalista y su ley del valor van reduciendo cada vez más el
trabajo estable y aumentando en gran escala las diversas formas de trabajo parcial,
subcontratado, que devienen de forma progresiva parte constitutiva del proceso de
producción capitalista y de la ley del valor hoy en día.

Palabras clave: Informalidad del trabajo y ley del valor; Trabajo material e ima-
terial; Precarización; Infoproletariado; Metamorfosis del trabajo.

Abstract: «A new morphology of labour and its principal trends: infor-


mality, infoproletariat, (im)material and value»

This text explores some of the meanings and dimensions of the changes taking
place in the labour, as well as looking at the consequences, theoretical and empirical,
entailed by these transformations. Contrary to the affirmation of the end of law of
value, we are in the presence of a significant process of intensive labour (casual,
temporary, precarious, subcontracted labour, immigrants etc.) On the other hand,
we can see the expansion of “qualified”, “multifunctional” labour endowed with a
more or less intellectual dimension: telematic work, network-connected work and
new forms of homeworking. These metamorphoses do not deny the law of value when
one considers the labour totality, the socially combined labour capacity, the collective
worker as an expression of multiple combined activities. The capitalist society and its
law of value have increasingly less need for secure labour and an ever greater need
for diversified forms of partial, subcontracted labour, forms that in a growing scale
are becoming a constitutive part of the process of capitalist production and the law
of value today.

Key words: Informality of labour and law of value; Material and immaterial
labour; Casualization; Infoproletariat; Metamorphoses of labour.

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EL ESTADO DEL MUNDO 2012

ISBN 978-84-460-3498-8
Páginas 624

Los medios ofrecen noticias fugaces e inciertas que marcan el ritmo del planeta,
pero El estado del mundo 2012 facilita al lector un conjunto único de reflexiones
y análisis que permiten comprender, más allá de la actualidad inmediata,
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producción, a las fichas técnicas y a los mapas se suman todos los datos
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COMMONWEALTH
El proyecto de una
revolución del común

Michael Hardt y Antonio Negri

ISBN 978-84-460-3230-4
Páginas 400

«Puede que una palabra como amor suene rara en la boca de los
autores (marxistas) de Imperio, Multitud y del recién publicado
Commonwealth (Akal), una trilogía que ha sido tildada de Manifiesto
Comunista del siglo XXI, y que ha inspirado de modo directo las
grandes movilizaciones que estamos viviendo en este inicio de
siglo.»
Esteban Hernández, El Confidencial

«La izquierda está completamente absorbida por el mecanismo del


mercado y aterrorizada ante la tesitura de tener que salir de esos
mecanismos del propio mercado para poder seguir siendo izquierda.
Hoy vivimos la derrota del neoliberalismo y la tragedia de la
izquierda. Se trata de inventar una izquierda nueva, que dé espacio a
una nueva forma de pensamiento. Hay que reinventar la comunidad,
porque esta sociedad se ha dividido en dos categorías irreconciliables:
ricos y pobres. Se debe construir una nueva política.»
Toni Negri, en entrevista con Peio H. Riaño, Diario Público

www.akal.com

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ARTÍCULOS

NADYA ARAUJO GUIMARÃES*

¿CÓMO SALIR DEL DESEMPLEO?


Lazos fuertes y lazos débiles
en la búsqueda de trabajo en
São Paulo, Brasil**

Las redes sociales son mecanismos imprescindibles para desvelar no sólo


el proceso de circulación de las informaciones acerca de las oportunida-
des (ocupacionales, entre otras), sino también para entender la distribu-
ción social de esas oportunidades.
Hacer frente a este tema es una tarea especialmente aleccionadora si
se tiene en cuenta la actual agenda de la sociedad brasileña. En ella, las
condiciones de estructuración del mercado de trabajo, así como el peso, la
naturaleza y la forma de operar de las redes sociales, reflejan la experiencia
histórica de una nación que jamás universalizó un régimen de protección
amplio por la multiplicidad de los mecanismos de protección ofrecidos
y efectivo por la adecuación entre tales mecanismos y las necesidades
sociales existentes. Por el contrario, en el régimen de bienestar que cons-
truimos, el coste de la ausencia de empleo o de la búsqueda de trabajo ha
recaído mayormente sobre las espaldas de los individuos, muchas veces
desprovistos de formas institucionalizadas de efectiva protección, dado el
carácter reciente, restricto y poco efectivo de las políticas que sostienen la
institucionalización del empleo y del desempleo en Brasil. En tal contexto,
las formas de solidaridad social accionadas por los circuitos de relaciones

Recibido 28-IV-2011
Versión final aceptada: 9-XI-2011

* Nadya Araujo Guimarães, Departamento de Sociologia, Universidade de Sao Paulo, Av. Prof.
Luciano Gualberto, 315, 05.508-010 - Sao Paulo - SP – Brasil. [email protected] o [email protected]
** «Como sair do desemprego? Laços fortes e laços fracos na procura de trabalho em São
Paulo».
La investigación sobre la que se basa este texto contó con la financiación de la FAPESP/
Fundação de Apoio à Pesquisa do Estado de São Paulo (Proyecto CEPID-CEM 1998/14342-
9), y del CNPq/Conselho Nacional do Desenvolvimento Científico e Tecnológico (Proyecto
481268/2004-9). La autora agradece el apoyo de Monise Fernandes Picanço y Murillo Mars-
chner Alves de Britto en la preparación de los datos. Un primer esbozo del argumento fue
discutido en el Panel 6-11, «Workers and Regional Identities in Twentieth Century Brazil»,
realizado en el IX Congreso de la BRASA – Brazilian Studies Association, Tulane University,
New Orleans, USA, el 27-29 de marzo de 2008. Una versión más extensa de los resultados de
esa investigación se encuentra en Guimarães (2009). El presente texto ha sido expresamente
redactado para Sociología del Trabajo.

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 69-92.

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ARTÍCULOS personales, tejidas por los individuos en sus distintas esferas de sociabili-
dad, son fundamentales para desvelar los mecanismos por medio de los
cuales se reproducen las condiciones de acceso al trabajo, por no hablar de
las condiciones de apoyo a sobrevivencia (con y) sin trabajo.
El interés internacional por el caso brasileño es tanto más amplio
cuanto más fuerte se hace la presión de la crisis actual y el efecto del ajus-
te impuesto en sociedades hasta ahora más protectoras por sus normas de
empleo y regímenes de institucionalización del desempleo.
En este texto presento resultados de una investigación dirigida al enten-
dimiento de cómo las oportunidades ocupacionales se ponen al alcance de
los individuos. Para ello, focalizo los mecanismos que son accionados con
vistas a salir del desempleo. Destacamos especialmente la comparación
entre el papel de los mecanismos mercantiles que se establecen en el es-
pacio público (agencias de empleo, empresas de trabajo temporal, anun-
cios clasificados y similares) y los mecanismos no-mercantiles (redes perso-
nales) que se establecen en el ámbito de las relaciones privadas.
En este análisis busco dialogar con la literatura en el campo de la mo-
derna sociología de los mercados, la cual viene subrayando el rol de las
relaciones extraeconómicas en la configuración del comportamiento de los
actores en la vida económica (SWEDBERG y SMELSER, 1994; LIE, 1997;
FLIGSTEIN y DAUTER, 2007). En efecto, la movilización de las redes per-
sonales ha galvanizado el interés académico desde el trabajo seminal de
Mark Granovetter (1974). Las redes se revelaron un mecanismo de sorpren-
dente eficacia para proveer ocupación en grandes mercados capitalistas de
trabajo; y, en ellas, se consideran que serían los lazos más débiles aquellos
capaces de maximizar la circulación de la información ocupacional y de
aumentar las oportunidades individuales. Sin embargo, algunos estudios lla-
maron la atención hacia la inusitada virtualidad de los lazos más fuertes al
observar que, aunque efectivos para producir acceso al empleo, no siempre
aseguran acceso a ocupaciones de mejor calidad, lo que ampliaría el riesgo
de un nuevo pasaje por el desempleo (DEGENE et al., 1991).
El texto estudia el caso de la región metropolitana de São Paulo, el ma-
yor mercado de trabajo (y de intermediación) de Brasil. En él se analizan
los resultados de una encuesta guiada junto a una muestra de demandan-
tes de trabajo en agencias de empleo en 2004. Fueron entrevistadas 1.549
personas, localizadas en 50 distintas agencias, estratificadas según fuese su
mantenedor (gobierno, sindicato o empresariado privado), su tamaño y su
localización en la región metropolitana de São Paulo.
El hallazgo instigador viene del hecho de que aunque los individuos,
en el momento de la entrevista, estuviesen buscando trabajo en agencias
de empleo, y aunque respondiesen que ése era el mecanismo que más
utilizaban en dicha búsqueda, al analizar el modo por el que decían haber
obtenido sus tres últimos empleos, vimos que los mismos no habían sido
propiciados por esos agentes del mercado, sino por el recurso a las redes
tejidas en sus espacios privados de sociabilidad.
Se abre, en consecuencia, una agenda de preguntas de interés: ¿cuán
próximos o distantes del sujeto eran los contactos que permitieron el ac-
ceso a la ocupación? ¿Qué tipo de ocupación se obtiene? ¿Cuáles son las
características de aquellos pocos que procuran –y logran obtener– trabajo

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ARTÍCULOS
por medio de los mecanismos de mercado? ¿Serán esos mecanismos más
eficaces para proveer ocupaciones más estables y mejor remuneradas?
Para encaminar posibles respuestas a esas indagaciones, el texto se es-
tructurará en cuatro partes.
En la primera se retomará brevemente la discusión teórica acerca del
papel de las redes sociales en la búsqueda de trabajo.
La segunda parte retornará brevemente en el tiempo para caracterizar
el mercado de trabajo de la región metropolitana de São Paulo en el
momento en que antecede la investigación de campo; se pretende mos-
trar que los años noventa promovieron una notable inestabilización en
las trayectorias ocupacionales de los individuos, sujetos a un creciente
y recurrente desempleo, que se asocia a la intensa reestructuración de
las firmas. Esas dos tendencias produjeron marcada opacidad en la ope-
ración del mercado, ampliándose la importancia de las instituciones de
intermediación de oportunidades ocupacionales (agencias de empleo,
empresas de trabajo temporal y similares), aun sabiéndose que, para el
conjunto de la populación, eran las redes de familiares, amigos y co-
nocidos los mecanismos más accionados para buscar y obtener trabajo.
En la tercera parte, el análisis se detendrá en los datos de la encuesta
realizada en 2004. Inicialmente se caracterizará al individuo que procuraba
empleo por medio de los intermediarios, con especial interés en analizar el
tipo de mecanismo regularmente accionado en su búsqueda y confrontarlo
con el tipo de mecanismo que se mostró eficaz en la obtención de sus
últimos trabajos –si las redes personales o los mecanismos de mercado–.
Finalmente, el análisis se centrará en explorar el tipo de vínculo que liga
al entrevistado al proveedor de la información que le permitió obtener
un trabajo.
En la cuarta parte se exponen las primeras conclusiones.

1. Redes personales, búsqueda y obtención de trabajo: ¿cómo


circula la información ocupacional?
La reflexión acerca del tema de las redes sociales y su papel en el modo
de operar de los mercados de trabajo ha cobrado un significado especial
por su capacidad de plantear cuestiones teóricas que son centrales en
el actual debate de la sociología. Por lo que respecta a la sociología del
trabajo, es un tema crucial para el entendimiento de la naturaleza de las
nuevas relaciones de empleo y de las formas de acceso a las oportuni-
dades ocupacionales en contextos bajo creciente flexibilidad (BOYER,
1988; BOYER y DURAND, 1997). Sin embargo, el tema de las redes y de
su lugar en la organización de la vida social trasciende los debates en el
campo específico de los estudios del trabajo y nos remite a reflexiones
que cortan transversalmente distintos dominios temáticos de la sociología,
ya sean las relativas a los micro y meso fundamentos de la operación de
las macroestructuras sociales (una de las cuales sería el propio mercado
de trabajo), o aun la relativa a los resultados económicos de las relacio-
nes extraeconómicas (PORTES, 1998). La primera está en el centro del
interés de la teoría sociológica contemporánea; la segunda ya se mostró
71

Sociología del trabajo 74.indd 71 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS tan seminal que impulsó el nacimiento de la llamada «nueva sociología
económica» (SWEDBERG y SMELSER, 1994).
El interés teórico mayor en el presente trabajo se sitúa justamente en el
campo fronterizo entre las agendas de la sociología del trabajo y de la so-
ciología económica. La categoría «mercado» es aquella que se encarga de
establecer esa área de confluencia. Para la sociología económica, teorizar
acerca del funcionamiento de los mercados, así como de las firmas, desta-
cando los mecanismos sociales (extraeconómicos) que pautan su construc-
ción, fue un dominio privilegiado desde primera hora; y no sin razón pues-
to que mercados y firmas son dos focos centrales a las teorías relativas a la
dinámica de la vida económica formuladas por sociólogos y por economis-
tas (SWEDBERG, 1994; FLIGSTEIN, 1996; FLIGSTEIN y DAUTER, 2007;
STEINER, 1999 y 2004). En el caso de la sociología del trabajo, la categoría
«mercado de trabajo» ha estado desde siempre en el corazón de diversas
interpretaciones, ya sea de la dinámica de las firmas y de su proceso de
organizar y gestionar el trabajo, ya sea de las formas de la acción sindical y
de los procesos de formación y de representación de intereses colectivos de
los trabajadores (KALLEBERG y SORENSEN, 1979; BERG, 1981).
Sin embargo, el mercado de trabajo siguió por mucho tiempo como
un ámbito estudiado más por sus resultados, por sus configuraciones (o,
para usar un término caro a los economistas, su «estructura»), que por los
complejos procesos que en él tenían lugar, responsables de dotar a las
relaciones de trabajo que allí se pactaban de su particular estructuración
en formas institucionalizadas.
La insuficiencia de esta mirada no dejaría, temprano o tarde, de hacer-
se sentir. Faltaba aclarar por lo menos dos aspectos cruciales a una inter-
pretación sociológica. El primero: por qué, frente a una pluralidad de
posibilidades de intercambio entre los agentes, una –y solo una– entre
ellas se volvía efectiva1. El segundo: cuáles son los mecanismos moviliza-
dos por los agentes en su esfuerzo para transformar el presupuesto de la
infinidad de intercambios potenciales en el resultado final por el cual solo
uno de esos intercambios se consuma. El mercado por donde circula la
«mercancía fuerza de trabajo», ciertamente, no estaría libre del reto analí-
tico abierto por ese tipo de abordaje.
Los economistas habitualmente respondían a ese desafío recurriendo a
sus funciones de precio y productividad y al cruzamiento entre ambas, cuya
condición de posibilidad estaba anclada en el supuesto de la racionalidad
de los agentes económicos. Así, la «x» del problema estaría en la convergen-
cia de intereses alrededor del precio por lo cual un individuo cualquiera
aceptaría vender su trabajo (o comprarlo, si tomamos el punto de vista del
empresario), dada la productividad encarnada en un cierto quantum de
capital humano que posee el trabajador (o que se necesita adquirir, incor-
porando al negocio, si tomamos el punto de vista del empresario que
contrata). Así, fue de esa manera al mismo tiempo simple y elegante,
que los economistas resolvieron el problema analítico del encuentro entre
demandantes de empleo y ofertantes de oportunidades de trabajo.

1
Retomo, como inspiración, el argumento de Max Weber sobre el encanto de la dinámica
de los mercados para la imaginación del sociólogo (1922 [1961]).

72

Sociología del trabajo 74.indd 72 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Sin embargo, en ese tipo de interpretación los agentes quedaban des-
tituidos de aquello que nos atrae en tanto que científicos sociales, vale
decir, de su capacidad de interpretar, de conferir significado a partir de
distintas esferas de su experiencia. Estaban representados bajo una forma
simple, elegante, pero abstracta que los aprisionaba en la dinámica de la
vida económica y en el supuesto de la racionalidad como fundamento ex-
clusivo para su conducta. Si las características de la concurrencia perfecta
(como la transparencia, permeabilidad, homogeneidad, movilidad, entre
otras) han sido puestas en tela de juicio por la moderna sociología de los
mercados, es más dudosa todavía su prevalencia y aplicación en los mer-
cados por donde circula el trabajo, esa mercancía tan especial (WHITE,
1981; GRANOVETTER, 1985 y 1988; GARCIA-PARPET, 1986; SWEDBERG,
1994; FLIGSTEIN, 1996; STEINER, 1999 y 2004).
Sabemos que son socialmente complejos los mecanismos por los cua-
les se entrecruzan la oferta de trabajo y la búsqueda de trabajadores; y
que tales mecanismos movilizan instancias no-mercantiles, como ha sido
demostrado por Mark Granovetter y Nan Lin. Granovetter (1973, 1974,
1985 e 1988), al seguir pistas tan diversas como las de Polanyi (1944) y
White (1970 y 1981), documentó empíricamente que la creación y el desa-
rrollo del mercado (ahí comprendido el mercado de trabajo) dependería
de cierto numero de condiciones sociales y políticas que contribuirían
igualmente a su funcionamiento, lo que Swedberg (1994) posteriormente
denominaría como «estructura social del mercado».
Con respecto a la búsqueda de trabajo, por ejemplo, habría que consi-
derar los «contactos» a partir de los cuales las personas se hacían conoce-
doras de la información ocupacional pertinente. Así, al entrevistar jefaturas
y cuadros más altamente calificados en su famoso estudio, Granovetter
(1974) se dio cuenta de que el encuentro entre demandantes y ofertantes
de trabajo se realizaba por tres tipos distintos de mecanismos: los proce-
dimientos impersonales (como los anuncios y agencias de empleo), las
candidaturas espontáneas (mediante la prospección directa junto a los
empleadores) y los contactos personales. Poco más que 5 de cada 10 in-
dividuos investigados por él reconocían en los contactos personales, y no
en los mecanismos mercantiles, la gran vía para localizar oportunidades
ocupacionales. O sea, la articulación entre los ofertantes y los demandan-
tes de trabajo no se realiza por mecanismos únicamente mercantiles de
difusión de la información, sino que también es un subproducto de otras
relaciones sociales que no tienen una dimensión mercantil. El funciona-
miento del mercado de trabajo, como por demás el de otros mercados,
demanda, así, que sean examinadas estructuras sociales subyacentes para
comprender las formas de transmisión de oportunidades.
¿Qué importancia tienen estos hallazgos y reflexiones para un estudio
sobre oportunidades en el mercado y, más exactamente, sobre oportuni-
dades para salir del desempleo? Ellos sugieren que no todos los indivi-
duos tienen igual acceso a las informaciones ocupacionales pertinentes
y, en este sentido, no todos se benefician de igual modo de sus redes de
relaciones. A veces, dado que la red a que tienen acceso es menos eficaz
en términos de la información que en ella circula; otras, porque su propia
posición en la red es menos favorable que la de otras personas.

73

Sociología del trabajo 74.indd 73 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Nan Lin (2001) nos ofrece pistas importantes para avanzar en el tema.
Partiendo de la idea de que la estructura social es piramidal y de que en
ella siempre existe alguna congruencia de estatus, Lin sugiere que el capital
social movilizado por un individuo dependería fundamentalmente de la
posición de los miembros de su red en el conjunto del sistema de estratifica-
ción. En este sentido, los intercambios serían más fáciles entre personas más
próximas por sus posiciones de estatus que entre aquellas más distantes,
tipificando mecanismos de homofilia en la circulación de la información.
Así, el éxito de la acción de un individuo pasa a depender de la po-
sición en el sistema de estratificación de los individuos a los que está
ligado y no más exclusiva y simplemente asociado a su propia posición
individual o a la fluidez del sistema de estratificación. Al contrario, la
mensuración de sus oportunidades en la disputa por oportunidades en la
sociedad, entre ellas las ocupacionales, debe tener en cuenta no sólo lo
extensa que es la red en que la persona se inserta, sino también cuál es el
nivel más elevado alcanzado en ella y cómo se distribuyen las relaciones
en ese intervalo teniendo en cuenta la jerarquía de estratificación social.
Esa agenda teórica de investigaciones se revela particularmente clari-
ficadora cuando la tomamos en cuenta para entender una realidad como
la de los mercados de trabajo estructuralmente flexibles, poco regulados,
con fuerte peso de relaciones informales, y marcadamente desiguales en
términos de sus sistemas de estratificación, como es el caso de las gran-
des metrópolis latinoamericanas en general y de São Paulo en particular.
¿Cómo, en un mercado así constituido, los mecanismos mercantiles y no
mercantiles se combinan para conferir especificidad a su operación? Éste
será el objeto de la sección siguiente.

2. Entre el trabajo y el desempleo: los cambios de los


años noventa y los nuevos desafíos para los individuos
en búsqueda de empleo en São Paulo en los años 2000
Desde la década de 1950 São Paulo se ha consolidado como la mayor
metrópoli brasileña. Sin embargo, a partir del inicio de los años ochenta,
y de forma especialmente notable a lo largo de la década de los noventa,
la región pasó por una ola de cambios asociada al movimiento de rees-
tructuración macroeconómica y microorganizacional que evidenciaba las
nuevas pautas de integración internacional y de competición entre firmas.
Tal proceso afectó profundamente al mundo del trabajo con efectos sobre
las condiciones de ocupación e ingreso.
Estudios de economistas del trabajo ya desde la primera mitad de los
años noventa venían documentando algunos importantes correlatos en el
mercado de ese movimiento de reestructuración de las empresas: aumento
del tiempo medio de búsqueda de trabajo, intensificación del tránsito for-
mal-informal, encogimiento sistemático del empleo industrial, movimiento
de relocalización sectorial de los ocupados hacia el comercio y los servicios
(DEDECCA, MONTAGNER y BRANDÃO, 1993; DEDECCA y MONTAGNER,
1993; DEDECCA y BRANDÃO, 1993; AMADEO et al., 1993 y 1994; CARUSO
y PERO, 1995 y 1996; CARUSO, PERO y LIMA, 1997).
74

Sociología del trabajo 74.indd 74 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Gráfica 1. El incremento del desempleo (y sus diversas formas).
São Paulo, 1990-2001
Evolución de la tasa de desempleo
20
15
10
5
0
90

91

92

93

94

96

97

98

99

00

01
95
19

19

19

19

19

19

19

19

19

20

20
19
Total Abierto Oculto

Índice de crecimiento de la tasa de desempleo


300
250
200
150
100
50
0
91

92

93

94

96

97

98

99

00

01
95
19

19

19

19

19

19

19

19

20

20
19

Total Abierto Oculto

Fuente: SEADE–DIEESE. PED - Pesquisa de Emprego e Desemprego [Encuesta de Empleo y


Desempleo]. São Paulo, 1990-2001

Veamos un poco más detenidamente cómo se reconfiguró el mercado


de trabajo de la región metropolitana de São Paulo en los años que an-
teceden a la realización del trabajo de campo de la investigación cuyos
resultados presentaremos a continuación.
En primer lugar, las tasas de desempleo han alcanzado niveles inusi-
tados habiendo doblado en el curso de la década de 1990, destacando
especialmente el acelerado incremento del desempleo que se ocultaba
tras una ocupación precaria o tras la cesación temporal de la búsqueda
de trabajo (Gráfica 1)2.
2
En el sistema brasileño de información estadística las medidas del desempleo suelen decompo-
nerlo en dos parcelas: el «desempleo abierto» y el «desempleo oculto». El primero congrega a las
personas que no tenían ninguna ocupación en el periodo de referencia y que, en el momento de
la encuesta, estaban en búsqueda activa de trabajo. El segundo abarca a las personas que estén
en dos de las siguientes situaciones: i) la del «desempleo oculto bajo un trabajo precario», en la
cual, aunque el entrevistado hubiese declarado encontrarse en búsqueda de trabajo, mantenía
simultáneamente una ocupación irregular que, por su reducido numero de horas trabajadas y/o
por su bajo nivel de ingreso, no le aseguraba sobrevivir; ii) la del «desempleo oculto bajo el
desaliento», en la cual el entrevistado, pese a su necesidad de trabajo, no lo había buscado en
el periodo de referencia de la encuesta por carecer de condiciones (materiales o emocionales),
aun cuando lo haya estado buscando en un periodo más largo y antecedente a aquello que
se toma como referencia. En Brasil, por el hecho de que el sistema de institucionalización del
desempleo (congregando aporte financiero/seguro, soporte a la recalificación y a la demanda de
trabajo) es reciente, riguroso por sus criterios de elegibilidad, y reducido en el tiempo y volumen
de beneficios, las tasas de «desempleo abierto» suelen ser sensiblemente más bajas que en otros
regímenes de protección, dominando el «desempleo oculto».

75

Sociología del trabajo 74.indd 75 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Gráfica 2. El incremento en el tiempo de búsqueda de trabajo en São
Paulo (número de semanas)

80
70
60
50
40
30
20
10
0
1990

1995

2000

2005

2008
Total Abierto Oculto

Fuente: SEADE–DIEESE. PED - Pesquisa de Emprego e Desemprego [Encuesta de Empleo y


Desempleo]. São Paulo, 1990-2008.

La nueva coyuntura de los años noventa en la que se combinaban


recesión económica y reestructuración de las firmas conllevó a que el
tiempo destinado a la búsqueda de trabajo se volviese todavía más inten-
so (Gráfica 2).
Si consideramos el conjunto de los individuos desempleados, el núme-
ro de semanas en búsqueda de empleo se triplicó a lo largo de esos diez
años; se aceleró en la segunda mitad de los años noventa, en especial
después de 1997. Más que ello, mismo después de la retomada de la acti-
vidad económica y del crecimiento de los empleos en la segunda mitad
de los años 2000, se mantuvo el largo tiempo de búsqueda de trabajo, al
mismo nivel alcanzado en fines de los años 1990. Dicha búsqueda se vuel-
ve mucho más ardua para aquellos en situación de «desempleo oculto».
Asociado a lo anterior hay que subrayar una tercera tendencia recien-
te: los datos para São Paulo indicaban que cada 12 meses nada menos
que tres cuartos de los individuos económicamente activos cambiaban
de situación en el mercado metropolitano de trabajo. En un estudio rea-
lizado en 1996, Brandão, Watanabe, Ferreira y Montagner (2006) conclu-
yeron que en los años noventa menos del 20 por ciento de los individuos
que transitaron en el mercado de trabajo permanecieron en el mismo
sector de actividad, en la misma ocupación y sin cambiar su posición
ocupacional. En el otro extremo, más del 30 por ciento de los que tran-
sitaron presentaron cambios de sector, ocupación o posición ocupacio-
nal. Además, sólo el 10 por ciento de las transiciones ocurrieron hacia el
mismo sector y función, así como en una posición ocupacional distinta,
en un periodo marcado por la alteración de las condiciones contractua-
les, con reducción de los niveles de asalariado formalmente registrado
(con «carné de trabajo» firmado) en el sector privado.
Los autores concluyen aun que, al lado de la inseguridad ocupacional
que se expresa en el desempleo, habría que retener otra característica del
76

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ARTÍCULOS
mercado de trabajo de São Paulo en esa década: la intensidad e impre-
dictibilidad de las transiciones ocupacionales cuya dinámica no parecía
explicarse por variables como la escolaridad y la progresión en carreras.
Según las palabras de Brandão y sus compañeros:

La alternancia entre puestos de trabajo o entre ocupación y desempleo (o


inactividad) dificulta, para un grupo importante de la población en edad activa,
la constitución de trayectorias profesionales, haciendo que el cambio del em-
pleo esté poco asociado a la progresión vertical entre ocupaciones o a los logros
en la formación educacional de los trabajadores. En este sentido, frente a la
frecuencia de las transiciones entre las diversas condiciones de actividad, la exis-
tencia de un perfil típico de escolaridad se vuelve poco probable, como con-
secuencia del hecho de que en un mercado de trabajo heterogéneo, marcado
por intensa rotación, los nexos entre experiencia de trabajo, instrucción y esos
trayectos son muy frágiles, característica agravada por los cambios recientes en
la naturaleza de los puestos de trabajo que se han creado (2006, pp. 124-125).

La intensidad de las transiciones promovía, así, una relativa impredicti-


bilidad de los trayectos profesionales. Las modalidades recientes del cam-
bio entre ocupación y desempleo imposibilitaban que se construyesen
trayectorias ocupacionales que, aunque sujetas a transiciones recurrentes,
fuesen trilladas en el interior de un mismo sector de actividad profesional.
A la luz de esos trabajos, se puede concluir que el patrón de transición
ocupacional que en ellos se describe para los años noventa no se confunde
con el tipo de rotación en el uso del trabajo que fue documentado por la li-
teratura brasileña de las décadas de los setenta y ochenta (HOFFMANN, 1980;
FERRANTE, 1978; HUMPHREY, 1982). En primer lugar, porque el tiempo
promedio de permanencia en el empleo se ha reducido significativamente en
los años noventa. En segundo lugar, porque se alteró el antiguo modelo: la
trayectoria en el mercado dejó de sostenerse en la (alta) probabilidad de rein-
serción en la misma ocupación y/o en el mismo sector de actividad de origen
después de un tiempo (relativamente pequeño) de desempleo.
En resumen, los trabajadores en São Paulo han ingresado en los años 2000
bajo el impacto de una intensificada inseguridad ocupacional, consecuencia
de la perversa combinación entre, por un lado, el alargamiento de los tiempos
de desempleo y de búsqueda de trabajo y, por otro, un sistema de protección
todavía poco efectivo. El intenso tránsito entre situaciones en el mercado de
trabajo reflejaba el esfuerzo individual en el sentido de obtener algún ingreso
que permitiese la sobrevivencia dada la fragilidad de la protección institucio-
nal, aunque ello acarrease pasar con mucha frecuencia de la condición de ac-
tivos a la de inactivos, de ocupados a la de desempleados. Estas condiciones
produjeron en Brasil un fenómeno algo distinto de lo que fuera observado,
notoriamente a partir de los años ochenta, en los países económicamente más
avanzados. En éstos, fue el aumento del desempleo de larga duración lo que
se constituyó como desafío tanto a la interpretación de los cientistas sociales
como a los modelos de financiamiento de las políticas de protección social
construidas a lo largo de una sólida experiencia de regímenes públicos de
welfare (LEDRUT, 1966; MARUANI y REYNAULD, 1993; DEMAZIÈRE, 1995;
FRIOT y ROSE, 1996; GALLIE y PAUGAM, 2000; MARUANI, 2002).

77

Sociología del trabajo 74.indd 77 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Además, en las condiciones vigentes en Brasil durante los años 1990-
2000, la relación entre la oferta y la demanda de trabajo se ha vuelto
crecientemente opaca. Por lo que respecta a los desempleados se les hace
todavía más difícil obtener un nuevo trabajo, especialmente porque, fren-
te a la intensa reestructuración de las empresas, ellos pierden sus códigos
y conocimientos relativos a la operación habitual del mercado; sus anti-
guas estrategias de búsqueda ya no marchan. Por lo que respecta a los
empleadores, frente al fabuloso volumen de oferta de trabajo que les
llegaba a cualquier movimiento de abertura de puestos, el proceso selec-
tivo se volvía oneroso y casi imposible de gestionarse (movilizando sola-
mente a los sectores de recursos humanos de las firmas). Ese contexto
crea la necesidad del intermediario, aquel actor económico que construye
el puente entre circuitos opacos del mercado de trabajo. Además, la es-
cala en que esos fenómenos ocurren en una macrometrópoli como São
Paulo hacía de la intermediación de empleos un negocio no sólo viable,
sino que lo suficientemente amplio como para atraer crecientemente nue-
vas firmas de intermediación. Hay que resaltar además que cuando las
tasas de desempleo alcanzan sus picos, el contingente de los que procu-
raban trabajo llegaba, en ese periodo, a los 2 millones de personas en la
Grande São Paulo, un verdadero territorio del desempleo.
Así, en esa década, proliferaron las agencias de empleo y las empre-
sas de trabajo temporal, en un ritmo de crecimiento notable. Tómese
como ejemplo el corazón industrial de Brasil, la llamada «Región del
ABC», localizada en São Paulo3. Un estudio realizado entre las empresas
de intermediación de trabajo allí activas, en 2002, documentó la perfecta
sincronía existente entre la creciente llegada de esos intermediarios y la
intensificación del proceso de reestructuración de las firmas en la región
(PAMPLONA, 2002). Nada menos que el 60 por ciento de las empresas
privadas de intermediación que operaban en el ABC en 2002 habían sido
fundadas a partir de 1995; casi tres cuartos de ellas se habían establecido
en el curso de los años noventa, momento de auge de la intensa raciona-
lización en el uso del trabajo industrial en Brasil. Los datos relativos a la
localización de esas empresas en el Estado de São Paulo revelan, además,
que la región metropolitana concentra su parcela más importante y que
las firmas se aglomeran en clusters (GUIMARÃES, 2009).
La expansión de las instituciones volcadas hacia el llamado «negocio
del trabajo temporal» se encuentra registrada también en la literatura in-
ternacional, recubriendo tanto los Estados Unidos (PECK y THEODORE,
1999; BENNER et al., 2007), como Europa (KARTCHEVSKY y CAIRE,
2000; FORDE, 2001; BEYNON et al., 2002; GRAY, 2002; BERGSTROM y
STORRIE, 2003; KOENE y PURCELL, 2004), y hasta los países de América
Latina (ECHEVERRÍA, 2001). Todos esos estudios destacaban la nueva
3
La «Región del ABC» o el «ABC paulista» es el mayor brownfield brasileño. Es el más antiguo
y potente conglomerado de complejos industriales, capitaneados por las cadenas automotriz
y química, que se adensó a partir del surto industrial de los años 1960 en adelante. Locali-
zada en la región metropolitana de São Paulo, su denominación alude a las iniciales de los
nombres de las tres municipalidades formadoras originales de la región, todas con nombres
de santos, empiezando en «A», «B», y «C»: Santo André, São Bernardo y São Caetano do Sul,
establecidos en orden alfabético por sus fechas de fundación.

78

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ARTÍCULOS
Gráfica 3. Región metropolitana de São Paulo, 2001: mecanismos más
utilizados en la búsqueda de trabajo

Familia, amigos y conocidos 79,5

Contacto directo con empresas 66,0

Agencias privadas de empleo 39,8

Anuncios en los periódicos 28,8

Internet 5,0

Iniciar un negocio proprio 3,6

Fuente: Encuesta CEM - Seade, «Movilidad Ocupacional», Región Metropolitana de São Paulo,
abril-diciembre de 2001. Esa pregunta tenía respuesta múltiple. Apud Guimarães (2009).

figura que emergía en el mercado de trabajo organizando la intermedia-


ción entre, por un lado, necesidades cada vez más flexibles (en términos
numéricos y funcionales) por parte de las empresas y, por otro lado, la
búsqueda de nuevas oportunidades ocupacionales por trabajadores que
o habían sido desligados de sus antiguos contratos duraderos (que han
cedido lugar a funciones reestructuradas), o eran ingresados en el mer-
cado de trabajo.
Todavía, y retomando el caso brasileño, si es cierto que São Paulo, en
los años noventa, se constituyó en un pujante mercado volcado a hacer cir-
cular la información ocupacional, ni de lejos eso permite concluir que sólo
los mecanismos mercantiles pautasen, con exclusividad, la búsqueda de
trabajo entre aquellos brasileños que vivían en la mayor metrópoli del país.
En efecto, en una encuesta realizada en 2001, con una muestra repre-
sentativa de la población activa de la región metropolitana, encontré que
en su esfuerzo por procurar trabajo los individuos accionaban distintos
mecanismos y perseguían las más diversas metas (GUIMARÃES, 2006a
y 2009)4. Dos mecanismos se destacaban como los más frecuentemente
movilizados (Gráfica 3): las redes personales (referidas como expedien-
tes habituales de demanda por 8 de cada 10 entrevistados) y el contacto
directo con las empresas (referido por casi 7 de cada 10 entrevistados).
O sea, en São Paulo, al tiempo en que proliferaban las instituciones del
4
Se trata de la investigación «Movilidad Ocupacional», que se llevó a cabo por medio de un
cuestionario adicional a la Encuesta de Empleo y Desempleo (PED - Pesquisa de Emprego
e Desemprego), con un muestra representativa de la población en edad activa en la región
metropolitana de São Paulo. El trabajo de campo fue realizado por el Centro de Estudos da
Metrópole en conjunto con la Fundação SEADE/Gobierno del Estado de São Paulo. Durante
9 meses, entre abril y diciembre de 2001, alrededor de 27.000 domicilios fueron investigados,
lo que resultó en una base de informaciones sobre 53.170 individuos, de los cuales 28.189
fueron clasificados como ocupados, 6.627 como desempleados y 18.354 como inactivos. Un
cuestionario retrospectivo hizo la recolección de los eventos ocupacionales y las estrategias
de sobrevivencia y de obtención de trabajo entre 1994 (momento del Plan de Estabilización,
el «Plano Real») y 2001. Detalles y otros resultados disponibles en Guimarães (2006).

79

Sociología del trabajo 74.indd 79 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS mercado de intermediación, la búsqueda de trabajo era una iniciativa que
se solucionaba mayormente en el ámbito privado, vía mecanismos que
remitían al esfuerzo individual y solitario de prospección y/o movilizando
contactos personales. Ésos son dos mecanismos distintos y distantes de
los circuitos mercantiles que se habían constituido.
Sin embargo, al observar con un poco más de atención la Gráfica 3,
veremos que una tercera alternativa también allí se delineaba: casi 4 de
cada 10 individuos buscaban una salida en el mercado de trabajo por me-
dio de las agencias privadas de empleo. Muy poco, o casi nada, se sabía
aquí, en Brasil, acerca de quiénes eran esos individuos que recurrían a las
instituciones del mercado de intermediación en su búsqueda por ocupa-
ción. De eso trataré en la sección siguiente.

3. Los usuarios de las agencias de empleo: entre las


instituciones del mercado y las redes personales
El hallazgo de la encuesta de 2001 estimulaba a seguir avanzando de ma-
nera a bien caracterizarse al individuo que afluye al mercado de interme-
diación de trabajo en Brasil. Así, entre julio y agosto de 2004 una nueva
encuesta se llevó a cabo en la región metropolitana de São Paulo, entrevis-
tando una muestra de personas en búsqueda de trabajo en agencias de
empleo5.
La primera y más interesante constatación fue la de que, si para el con-
junto de la población en edad activa de la región metropolitana de São
Paulo (entrevistada en la encuesta de 2001) las redes personales eran el
más importante mecanismo de búsqueda de trabajo, para el individuo que
procuraba empleo por medio de las instituciones del mercado de trabajo
éste no parecía ser el caso. A la luz de los datos de la Tabla 1, ese individuo
suele ser un tipo especial de desempleado que podría llamarse provocati-
vamente como «profesional de la búsqueda» una vez que recurre sobre todo
a las instituciones especializadas del mercado de intermediación; y, curio-
samente, lo hace con una fidelidad destacable: aquellos a los que encon-
tramos buscando trabajo en una agencia privada decían que allí era el es-
pacio donde solían recurrir en su búsqueda de empleos; fidelidad similar
encontramos entre los demandantes que entrevistamos en las agencias sin-
dicales, así como en las agencias gubernamentales.

5
La encuesta de 2004, patrocinada por el Centro de Estudos da Metrópole (CEM), alcanzó
una muestra de 1.549 entrevistados, seleccionados con el siguiente procedimiento estadís-
tico. El universo de la investigación fue constituido por los demandantes de empleo en
agencias localizadas en la región metropolitana de São Paulo. Ese universo fue subdividido
en conjuntos menores (dominios) formados por los demandantes de empleo en los tres
tipos principales de agencias: estatales, sindicales y privadas, según datos del Ministerio
del Trabajo y Empleo, disponibles en julio de 2004. Para cada uno de esos dominios fue
extraída una muestra, cuyo diseño fue planeado independiente y diferentemente debido a
las características específicas de cada dominio. Dos rasgos fueron comunes a los tres diseños
de muestra: se utilizaron muestras estratificadas proporcionales al tamaño; y como no dispo-
níamos de un listado con todos los demandantes por empleo según cada tipo de agencia,
se adoptó como técnica de selección la del muestreo probabilístico en dos escalones (por
conglomerados).

80

Sociología del trabajo 74.indd 80 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Tabla 1. El demandante en agencias de empleo de São Paulo:
¿un especialista?

Porcentaje de respuestas según el


Sin trabajo, ¿qué hace? tipo de agencia de empleo en el que
localizamos al entrevistado
(Respuesta múltiple) Agencias Agencias de Agencias
Total
del gobierno sindicatos privadas
Busca informaciones sobre trabajo a
26,7 16,5 23,2 22,0
través de familiares y amigos
Intenta contacto directo con las
31,6 38,2 34,7 34,9
empresas
Busca por medio de agencias privadas 45,4 58,1 92,6 65,1

Consulta anuncios en periódicos 12,2 20,2 22,6 18,3

Busca por medio de internet 8,6 13,4 18,0 13,3

Intenta poner su propio negocio 0,0 0,0 0,0 0,0


Busca por medio de agencias del
89,4 23,7 20,4 44,2
gobierno
Busca por medio de agencias de
8,3 75,5 17,8 34,7
sindicatos
Otros tipos de iniciativas 5,7 7,2 4,4 5,8

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

Familiares, amigos y conocidos tienen, en la encuesta de 2004, poco


más que un tercio de la importancia que habíamos encontrado en la
encuesta a domicilio de 2001. En las agencias, en promedio sólo el 22
por ciento de los entrevistados (y, como máximo, el 27 por ciento) de-
cían utilizar sus redes personales en su búsqueda de empleo. Obsérvese
también que entre los usuarios de agencias se eleva el peso de los que
buscan trabajo por medio de internet: en la encuesta domiciliar de 2001
eran alrededor del 5 por ciento, y ahora son más del doble –13 por ciento
en promedio–, pudiendo alcanzar hasta el 18 por ciento entre los traba-
jadores que obtienen empleo en las agencias privadas.
Su condición de profesionales, de especialistas en la búsqueda de
trabajo, alude a otra particularidad que conviene destacar: una parcela
considerable de ellos está formada por individuos buscando activamente
trabajo, mientras que su sustento es proveído por una red (mayormente
familiar) de apoyo y protección. Tal situación es característica de los tra-
bajadores más jóvenes que tienen la condición de «hijos» y todavía viven
en el domicilio de su familia de origen y que, por lo tanto, no han com-
pletado su transición hacia la vida adulta, lo que nos proporciona otra
pista respecto al perfil de esos demandantes (Gráfica 4).
81

Sociología del trabajo 74.indd 81 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Gráfica 4. Situación ocupacional de los que buscaban trabajo en
agencias de empleo en São Paulo (2004)

300

250

200
Agencias del gobierno
150 Agencias de sindicatos
Agencias privadas

100

50

0
s s as
tra es es re os jo ) os os l
O or dos ular ción ula os id yo ba s» id ros id cia
d a
ja er eg era re g e s p
t en po tra ico ten hor ten so
a n a n « b n n
ab un s n
r o s, a
m de s co al ( m us m ram
a a a a
Tr em ore emu s n do
r d r re t i ra d os red do ion dos or s dosrog
s a do s
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la ab s aja
re ea su plea ca lea p lea r p
s, pl r o p p po
e gu Tr a b n te e m po em e m em
r Tr di
a es es es es
t u D D D D
Es

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

Ese hallazgo permite formular la hipótesis de que, en ese grupo, las


redes deben ser mucho más importantes como mecanismos de supervi-
vencia que como mecanismos de circulación de información ocupacional
y de obtención de trabajo; al menos las redes que se sitúan en el circuito
más próximo y alrededor de los llamados «eslabones fuertes» tejidos en la
familia nuclear o del domicilio de residencia.
Se podría añadir que los trabajadores que circulan en el mercado de in-
termediación, y en especial los que acuden a los intermediarios privados, son
mayormente jóvenes desempleados, muchos de los cuales buscan su primer
trabajo. Veamos la Gráfica 5. El grupo de 18 a 24 años de edad es el más
frecuente en todos los tipos de agencias investigadas, sobre todo en aquellas
públicas6. El perfil de ese empleado se completa cuando investigamos otras
características de la muestra, a saber, su escolaridad (mayor también entre los
jóvenes), su posición en la familia (importancia del peso de los que tenían
la condición de hijos) y su experiencia anterior en el mercado de trabajo
(sobretodo aquellos que carecen de ella).

6
Lo que no sorprende en razón de los servicios complementarios que allí son ofertados,
como la emisión de documentación para formalización y registro de los contratos de trabajo
(en especial el «carné de trabajo», en portugués «carteira de trabalho»), y la existencia de
programas especiales para jóvenes dirigidos a ampliar el acceso al primer empleo. Son los
mucho más jóvenes los que más necesitan de esos servicios.

82

Sociología del trabajo 74.indd 82 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Gráfica 5. Los jóvenes en el mercado de intermediación
de puestos de trabajo

45

40

35

30
Agencias del gobierno
25 Agencias de sindicatos
Agencias privadas
20

15

10

0
os os os os os os
añ añ añ añ añ añ
17 24 34 44 54 55
a a a a a
14 18 25 35 45 de
de de de de de ás
m

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

Sin embargo, nos esperaba una sorpresa. Cuando indagados con


respecto al mecanismo por medio del cual habían obtenido su último
empleo, aquellos «profesionales de la búsqueda» nos dijeron que habían
accionado sus eficientes redes de contactos personales. Repetimos la in-
dagación para el penúltimo y para el antepenúltimo de sus empleos; la
respuesta absolutamente predominante seguía siendo la misma: las redes
personales constituidas en los circuitos privados –y no los mecanismos
mercantiles– eran las que les propiciaban encontrar trabajo; incluso entre
aquellos individuos que decían buscarlo sistemáticamente por medio de
los mecanismos institucionalizados en el mercado de intermediación.
A pesar de que el cuestionario no había sido concebido para ope-
racionalizar una investigación que permitiese localizar dichas redes,
identificando su estructura o mensurando patrones de conectividad, sus
preguntas facultaban un primer acercamiento con vistas a caracterizarlas
mejor. Para este propósito clasifiqué los mecanismos movilizados en la
búsqueda de trabajo para diferenciar «circuitos», como los denominaré,
que denotasen grados de proximidad variables entre el sujeto y la fuente
de proveimiento de información que lo había llevado a obtener trabajo.
Así, identifiqué cuatro circuitos de proximidad distintos.

Circuito 1: en él la información ocupacional proviene de los individuos


más cercanos al entrevistado, sus familiares que conviven en
el hogar; por esto mismo lo denominé «Circuito doméstico».

83

Sociología del trabajo 74.indd 83 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Gráfica 6. Los mecanismos propiciadores de la obtención del ultimo
empleo. São Paulo, 2004

900

Número de entrevistados
800
700
600
500
400
300
200
100
0
Prospección Anuncios en Redes Intermediarios Otros
directa periódicos personales en el mercado

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

Circuito 2: en él la información ocupacional proviene de un círculo de


relaciones más amplio que el Circuito 1, al incluir una red
de contactos que avanza en dirección de su medio social más
próximo que involucra a amigos, vecinos y parientes (en ese
caso, que no cohabitan con el sujeto); lo denominé «Circuito
comunitario».
Circuito 3: en él la información ocupacional proviene de un círculo de
relaciones más amplio que el Circuito 2, que abarca vínculos
de otra naturaleza y tal vez menor intimidad, tejidos por el
entrevistado en su interacción con compañeros en sindicatos,
comunidades del barrio y otros tipos de asociaciones; lo de-
nominé «Circuito asociativo».
Circuito 4: en él la información ocupacional proviene de un círculo de
relaciones construidas en ámbitos tan amplios como los del
Circuito 3, aunque de otra naturaleza, de base profesional,
puesto que proviene de antiguos compañeros de trabajo, por
lo que fue denominado como «Circuito profesional».

Esos circuitos, definidos por su progresiva distancia respecto al entre-


vistado, pueden ser considerados como un proxy para la probable natu-
raleza de sus relaciones. Podemos suponer que los lazos fuertes tienen
mayor probabilidad de tejerse en los circuitos 1 y 2 que en los circuitos
3 y 4. Del mismo modo, arriesgamos asumir que, cuanto más se avance
en la dirección a los círculos más distantes de aquellos donde se espera
encontrar mayor intimidad, más probable será la dispersión de las co-
nexiones establecidas; en este sentido, esperamos que los vínculos recu-
bran un espacio de relaciones progresivamente más amplio. Y tal vez no
sea exagerado admitir que exista mayor probabilidad de que cuanto más
dispersas las conexiones, mayor el número de puentes que necesitarían
ser establecidos para articular circuitos de lazos más débiles. En este
sentido, aun sabiendo que el cuestionario no es la mejor forma para
medir la naturaleza de los vínculos o identificar la estructura de la red,
84

Sociología del trabajo 74.indd 84 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Gráfica 7. La capacidad de proveer acceso al empleo según los circuitos
de contactos. São Paulo, 2004

Número de entrevistados
700
600
500
400
300
200
100
0
Circuito 1 Circuito 2 Circuito 3 Circuito 4
(doméstico) (comunitario) (asociativo) (profesional)

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

tomamos la tipología de los circuitos como una forma de acercamiento


al asunto.
Asumiendo esos puntos de partida, se pueden contemplar los resulta-
dos en la Gráfica 7 respecto a la capacidad de cada uno de esos circuitos
de contactos para proveer información que dé como resultado una oportu-
nidad efectiva de trabajo para el entrevistado. De lo que se muestra en la
Gráfica 7 se puede inferir que fueron los circuitos de mayor proximidad, es
decir, los circuitos doméstico (Circuito 1) y comunitario (Circuito 2), los de
mayor capacidad para proveer la información que condujo al empleo. Esto
señala la mayor relevancia de los circuitos de mayor proximidad (en los
cuales esperamos que se tejan los lazos más fuertes), en tanto que permite
el acceso al trabajo. Sin embargo, aunque el circuito doméstico importa,
no es el más significativo; ese puesto lo ocupa el «circuito comunitario»,
formado por amigos, vecinos y parientes con los cuales no se cohabita.
¿Cómo explicarlo? Una buena razón radica en el perfil de la muestra,
en su mitad constituida por jóvenes, con poca experiencia de trabajo y
que intentan ingresar (o consolidar su inserción) en el mercado de tra-
bajo. En este grupo son poco relevantes los eslabones formados en los
circuitos asociativo y profesional. Solamente los que tienen más expe-
riencia en el mercado de trabajo disponen de un circuito profesional que
puede ampararlos en sus nuevas iniciativas en la búsqueda de empleo.
Este hallazgo, a su vez, confluye con el análisis de Degenne et al. (1991);
en un estudio con jóvenes franceses han señalado que son los lazos fuer-
tes aquellos con mayor eficacia vista su menor experiencia profesional.
La fuerza de los eslabones débiles requiere la mayor longevidad en el
mercado laboral.
Para observarlo mejor, controlamos el efecto de la variable «edad».
Y, de hecho, vemos en la Gráfica 8 que en la medida que aumenta cae
abruptamente la importancia del circuito de mayor intimidad (el domés-
tico) en la obtención de la ocupación, llegando a su representatividad
mínima entre los del grupo de «46 años o más». Esto es, son los contactos
más próximos al entrevistado los que se muestran más importantes para
la inserción de los jóvenes con menos experiencia. Crece, al contrario, la
85

Sociología del trabajo 74.indd 85 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Gráfica 8. La importancia de los circuitos cambia con la edad
São Paulo, 2004.

90
que obtuvo la información (%)
Circuito de contacto en el
80
70
60
50
40
Circuito 1
30 Circuito 2
20 Circuito 3
Circuito 4
10
0
14 a 17 18 a 25 26 a 30 31 a 45 46 años
años años años años ó más
Edad

Fuente: CEM, Encuesta «En búsqueda de trabajo»; muestreo representativo de demandantes


de trabajo en agencias de empleo de la región metropolitana de São Paulo, agosto de 2004.

importancia del circuito profesional, probablemente el más distante con


respecto al medio doméstico.
El circuito comunitario es aquel de efecto más ponderable con el aumen-
to de la edad, y esto parece ser otra novedad. Es posible suponer que en este
circuito predominan vínculos fuertes, el hallazgo nuevamente contraría la
expectativa de que los eslabones débiles son los más eficaces para promover
el acceso a las informaciones que redundan en obtención de empleos. Sin
embargo, ese tipo de hallazgo recuerda un argumento del propio Granovet-
ter (1974, 1985), que sugirió que entre los individuos menos calificados para
la competición en el mercado de trabajo, y en contextos de mayor pobreza,
serían los vínculos de mayor proximidad aquellos con mayor alcance y re-
curso, justamente por la menor especialización y la menor oportunidad de
movilidad geográfica por parte del demandante. Y éste parece ser el caso de
la gran mayoría de la muestra alcanzada por esta encuesta.
El circuito asociativo reveló una importancia mínima. Ese hallazgo es
elocuente, no tanto para contrastar hipótesis sobre los mecanismos de bús-
queda de trabajo, sino por lo que señala hacia posibles medidas de inser-
ción social de los desempleados en una metrópoli pobre como São Paulo.
Para decirlo en otras palabras, la creciente fuerza de las organizaciones de
la sociedad civil no parece reflejarse en un «empoderamiento» de los des-
empleados. En otra ocasión (GUIMARÃES, 2002) señalé cómo la condición
de desempleado no se constituye en el Brasil de hoy (al contrario de otros
contextos, véase el caso argentino) en un sustrato eficiente para la cons-
trucción de una identidad colectiva que produzca las diversas formas orga-
nizacionales de relieve que sostengan dicha identidad. Todavía, hay algo
más que destacar en ese hallazgo: la escasa capacidad asociativa de esos
individuos, que puede ser una medida de su relativo aislamiento7.

7
Dicho aislamiento suele ser más grave si tenemos en cuenta, como se ha señalado anterior-
mente, las características del sistema brasileño de protección a los desempleados: reciente,
restringido y poco diversificado por los beneficios que reparte.

86

Sociología del trabajo 74.indd 86 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
En el circuito profesional se revela la importancia del grupo de «antiguos
compañeros de trabajo». Con el paso del tiempo se da por hecho que el
aumento de la edad es un buen proxy de la mayor experiencia en el mer-
cado de trabajo. Este circuito expresa la importancia de los lazos débiles,
notablemente restringida en un cierto grupo de edad y muy restringida por
lo que respecta al conjunto de la muestra de los demandantes típicos en el
mercado metropolitano de trabajo en Brasil.

4. Breves comentarios finales a modo de conclusión


Hemos visto en la primera sección que la literatura del campo del mercado
de trabajo concibe la red como un mecanismo importante por medio del
cual el individuo puede acceder a nuevas informaciones ocupacionales, lo
que aumenta su probabilidad de (re)situarse en el mercado. De ese modo,
al depender de la naturaleza de sus redes, sus virtualidades a ese respecto
pueden ser mayores o menores. Vimos igualmente que las redes pueden
diferenciarse por la naturaleza de los vínculos que tejen, lazos (o eslabones)
fuertes o débiles, cuya intensidad fue traducida operacionalmente por au-
tores, como Granovetter, a partir de un conjunto de características como la
frecuencia del contacto, su intensidad emocional, la importancia de los
servicios recíprocos y el grado de intimidad de la relación.
Aunque el cuestionario que llevamos a cabo en 2004, en la región me-
tropolitana de São Paulo (hasta mismo por lo sorprendente del hallazgo:
trabajadores «especialistas» en la búsqueda por mecanismos mercantiles
que logran obtener sus empleos gracias a la eficacia de sus contactos pri-
vados de sus redes) no nos permitiese una operacionalización apurada de
la intensidad del vínculo, la elocuencia del resultado empírico encontrado
nos llevó a explorarlo en profundidad.
Partimos de la hipótesis corriente en la literatura de que el individuo
tendrá una red tanto más eficaz para generar nuevas informaciones cuanto
más diversificados sean sus contactos. Además, una red le será tanto más
útil (por las mayores probabilidades de que su candidatura al puesto de
trabajo sea temporalmente viable, esto es, que encuentre un puesto aún
vacante) cuanto mayor sea la velocidad de llegada de la información a
aquel en búsqueda de trabajo, lo que probablemente quiere decir cuanto
menor sea el numero de personas por medio de las cuales tal información
pase. Esto es, son necesarios puentes que conecten y estrechen los distin-
tos círculos de relaciones. Tales puentes serían responsables de conseguir
nuevas informaciones desde círculos de relaciones más distantes hasta un
círculo de relaciones más cercanas. De esta forma, la persona que dispon-
ga de más conocidos que produzcan puentes entre esos círculos dispondrá
de una red de contactos más diversificada, ganando así el acceso a una
mayor cantidad de informaciones; y más, obtendrá también mejores infor-
maciones una vez que tiene el medio más corto de conseguirlas, benefi-
ciándose de sus «contactos-puentes». En los lazos fuertes, los vínculos in-
mediatos con el sujeto tienden a ser redundantes, no demandan puentes, y
tienen una gran probabilidad de que produzcan información ya conocida
por el sujeto. Se infiere, de este modo, el argumento de la sección inicial:

87

Sociología del trabajo 74.indd 87 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS si los lazos fuertes proveen información, si dan acceso a oportunidades
ocupacionales en el mismo circuito social del sujeto, son ellos los que
tienden a facultar el acceso a oportunidades de trabajo cuya calidad no
impulsará la posición del sujeto en la jerarquía social.
¿Qué importancia tienen los hallazgos presentados hasta aquí para
estimular la reflexión sobre la dinámica de los mercados de trabajo?
Desde luego, revelan la compleja composición de los vínculos en un
mercado como el de São Paulo, sujeto a elevado y recurrente desempleo,
de lo que resultan trayectorias inciertas. Muestran, además, el peso de los
eslabones fuertes, de la homofilia que les caracteriza, y que termina por
neutralizar el posible paso del trabajo a la movilidad social, por su inca-
pacidad de generar información eficaz no solamente para alcanzar un
empleo sino también para acceder a oportunidades que ultrapasen las
condiciones del medio social de donde salió la valiosa información acerca
del puesto vacante.
Nuestros resultados han indicado que en la metrópoli de São Paulo, el
mayor conglomerado de agentes intermediarios de empleos en Brasil, la
articulación entre ofertantes y demandantes se realiza tanto por mecanis-
mos mercantiles como por mecanismos no-mercantiles de difusión de la
información. Y más: que tal articulación suele ser un subproducto de
relaciones sociales que carecen de una dimensión mercantil pero que
plasman, de modo indeleble, ese mundo tan fuertemente mercantilizado.
En este sentido, el funcionamiento del mercado de trabajo, como de otros
tipos de mercados, demanda que estructuras sociales subyacentes sean
examinadas. Sin eso, no se comprenderá las formas de transmisión de las
oportunidades.
Finalmente, esos resultados revelan que el proceso de construcción
social de la búsqueda de trabajo segmenta no solamente el acceso a las
oportunidades, sino también los espacios, diferenciando los mecanismos
por los cuales los individuos buscan trabajo. La descripción del proceso
de búsqueda en las agencias como un mundo donde se concentran tra-
bajadores jóvenes, material y simbólicamente preparados para comenzar
cierto tipo de búsqueda, puede ser un hallazgo valioso para comprender
las formas de operación de ese mercado que se localiza en el interior del
mercado de trabajo, el mercado de intermediadores de empleos.

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91

Sociología del trabajo 74.indd 91 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Resumen: ¿Cómo salir del desempleo? Lazos fuertes y lazos débiles en la
búsqueda de trabajo en São Paulo, Brasil

El texto analiza los mecanismos que son utilizados con vistas a salir del desem-
pleo. Aspira a entender cómo las oportunidades ocupacionales se ponen al alcance
de los individuos, compara el rol de los mecanismos mercantiles que se establecen
en el espacio público (agencias de empleo, empresas de trabajo temporal, anuncios
clasificados y similares) y los mecanismos no-mercantiles (redes personales) que se
establecen en el ámbito de las relaciones privadas. Analiza datos de una encuesta
por muestreo representativo a 1.549 demandantes de trabajo en agencias de empleo
en el año de 2004, en la región metropolitana de São Paulo, el mayor mercado de
trabajo (y de intermediación) de Brasil.

Palabras clave: desempleo, mercado de trabajo, Brasil, redes, intermediarios

Abstract: How to get out of unemployment? Strong ties and weak ties in
search of employment in São Paulo, Brasil

The article aims at analyzing the different mechanisms workers mobilize in


order to leave unemployment situation, comparing the role of market mechanisms
(as employment agencies, temporary work firms, and advertising) and non-market
mechanisms (as personal networks). Empirical evidence comes from a representative
sample survey with 1,549 job seekers, conducted on 2004 at São Paulo, the larger
metropolitan market in Brazil and its most important concentration of labor market
intermediaries.

Key words: unemployment, labor market, Brazil, networks, labor market inter-
mediaries

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ARTÍCULOS

BEATRIZ FERNÁNDEZ ÁGUEDA*

PLANIFICACIÓN URBANA Y DECLIVE


INDUSTRIAL
El papel del planeamiento en la evolución
de la estructura productiva de Detroit tras la
Segunda Guerra Mundial**

In excluding the practices of firms that fell outside


throughput lines of development we have achieved a syn-
thesis at the cost of flattening the diversity and eliding the
contingencies of historical process. […] it may also be worth
scrutinizing its assumptions, probing its silences, and recon-
sidering its simplifications.»
Philip Scranton1

Pocas ciudades ejemplifican mejor que Detroit el recorrido del auge al


declive. En 1920, Detroit, la cuna de la industria automovilística, era la
tercera ciudad industrial de Estados Unidos tras Nueva York y Chicago;
en la Segunda Guerra Mundial se convirtió en «America’s arsenal of
democracy»2 al acumular gran parte de la producción armamentística; en
1950 su población alcanzaba casi los dos millones de habitantes. Hoy
Detroit lleva casi dos décadas siendo la ciudad más pobre de Estados
Unidos, con niveles de desempleo y segregación social que se incremen-
tan anualmente y una población que apenas llegaba a los setecientos mil
habitantes en 20103.

Recibido 24-VI-11
Versión final aceptada 2-XI-11

* Beatriz Fernández Águeda, Profesora Asociada. Dpto. Urbanística y Ordenación del Terri-
torio, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, 28040
Madrid. [email protected]
** El presente trabajo es fruto de las investigaciones realizadas en Avery Library con motivo
de la estancia como Visiting Scholar en Columbia University (Nueva York) gracias a la con-
cesión de una beca del Consejo Social de la Universidad Politécnica de Madrid perteneciente
al IX Programa de Ayudas del Consejo Social para la formación de doctorandos. Agradezco
los comentarios y sugerencias de los evaluadores de Sociología del Trabajo que han servido
para mejorar su redacción final.
1
Scranton, Ph. (1991, pp. 88-89).
2
Sugrue (1996).
3
US Bureau of the Census. Profiles of General Characteristics, 2010.

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 93-118.

93

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ARTÍCULOS Si bien tradicionalmente se ha situado el inicio de la crisis de Detroit
en la década de 1970, en realidad para entonces el modelo del declive
llevaba décadas gestándose. Entre 1947 y 1963 Detroit perdió 134.000
puestos de trabajo en la industria4 y como bien argumentaba Thomas
J. Sugrue, «the coincidence and mutual reinforcement of race, economics
and politics in […] the period from the 1940s to the 1960s, set the stage
for the fiscal, social and economical crisis»5.
Efectivamente, el periodo de auge de la ciudad de la Segunda Guerra
Mundial y la posguerra sentó las bases de un modelo socioespacial rígido
y segregado, caracterizado por un incremento progresivo del conflicto
social y racial. Sin duda, Detroit es un ejemplo en el que las dinámicas
externas (el intenso proceso de suburbanización, la creciente capacidad
de la industria automovilística de descentralizar sus procesos productivos
o las decisiones internas de las empresas) marcaron especialmente el de-
sarrollo de la ciudad; sin embargo, las fuentes parecen indicar que la toma
de decisiones política, materializada a través de la planificación urbana de
posguerra, influyó en la evolución de la trayectoria productiva de Detroit.
El impacto de los planes urbanísticos sobre la estructura social de
la ciudad ha sido analizado en numerosas ocasiones6; sin embargo, sus
repercusiones sobre el tejido industrial no han sido, hasta la fecha, eva-
luadas. El objetivo de este artículo es valorar el papel de la planificación
urbana de posguerra en la evolución de la estructura productiva de De-
troit, ya que el estudio de los informes y planes publicados por la Detroit
City Plan Commission parecen apuntar a que el planeamiento contribuyó
a definir una trayectoria productiva caracterizada por una reducción pro-
gresiva de la complejidad.
Habitualmente se ha aceptado como un hecho indiscutible que, tras la
Segunda Guerra Mundial, Detroit sólo existía ya en función de la industria
del automóvil y que el «paisaje industrial global»7 que había caracterizado
a la ciudad a comienzos del siglo XX se había perdido para siempre. In-
cluso la Detroit City Plan Commission afirmaba: «for the rest of America,
Detroit exists primarily to put the nation on wheels»8. En ningún caso es
nuestra intención negar el papel dominante del sector automovilístico, ni
su indudable significación en el imaginario de sus habitantes y trabajado-
res. Sin embargo, Industrial Study. A Survey of Existing Conditions and
Attitudes of Detroit’s Industry9, una encuesta sobre la actividad industrial
realizada por la Detroit City Plan Commission, nos permite reconstruir
la realidad productiva completa de la ciudad y afirmar que Detroit aún
4
Ibid., p. 126.
5
Ibid., p. 6.
6
Thomas (1988, 1989 y 1997), Sugrue (1996), Darden et al. (1987).
7
Zunz (1982).
8
Detroit City Plan Commission (1944, p. 5).
9
Detroit City Plan Commission (1956). Industrial Study. A Survey of Existing Conditions and
Attitudes of Detroit’s Industry es el informe redactado a partir de una exhaustiva encuesta
por correo a las empresas industriales de más de ocho empleados de Detroit, Hamtramck
y Highland Park en 1953. A la encuesta respondieron el 65,6 por ciento de las empresas
de industria manufacturera (equivalentes al 81,2 por ciento de los trabajadores) y el 64 por
ciento de las firmas industriales no manufactureras (correspondientes al 75,5 por ciento en
términos de empleo).

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ARTÍCULOS
conservaba un importante grado de diversificación, tanto en el tipo de
empresa como en las ramas de la industria representadas. Sectores fun-
damentales de la base productiva de la ciudad desde finales del siglo XIX,
como la industria química y la alimentaria, los metales transformados, la
maquinaria, las imprentas y las fábricas de tabaco, aún permanecían en
el Detroit de 1953. No fue hasta la segunda mitad de la década de 1960
cuando la estructura productiva quedó limitada a un tipo de empresa (la
gran corporación industrial) y a un sector de la industria (el automovi-
lístico); la hipótesis del presente artículo es que el modelo espacial de
los planes urbanísticos de posguerra contribuyó a simplificar esta base
diversificada.
El documento básico para comprender las relaciones entre planifi-
cación urbana y desarrollo industrial en Detroit es el Master Plan de
1951, así como los estudios sectoriales realizados para su redacción. La
comparación entre la citada encuesta sobre la actividad industrial y las
propuestas urbanísticas permite comprender las contradicciones existen-
tes entre ambas.
Trataremos, por tanto, de analizar dichas fuentes en profundidad, es-
clarecer lo que el lenguaje propio del planeamiento (especializado y con
un alto componente normativo) apenas permite entrever y revelar las
relaciones entre planificación urbana y evolución de la ciudad industrial.

Detroit, ciudad segregada


Sin duda, en el momento de la redacción del Master Plan, Detroit se en-
contraba en una encrucijada10; la ciudad, al igual que muchas de las
grandes metrópolis americanas, llevaba sufriendo un importante proceso
de suburbanización desde la década de 1930. De forma progresiva se
impuso un patrón espacial segregado que dividía la ciudad en un centro
ocupado por la industria y sus trabajadores y una periferia destinada a las
clases altas basada en el modelo de la vivienda unifamiliar y el uso del
automóvil. Esta suburbanización se vio acentuada durante la Segunda
Guerra Mundial por las políticas de descentralización de la industria de
guerra que llevaron a la periferia de Detroit gran parte de las nuevas fá-
bricas. La estructura social de Detroit también se vio profundamente
transformada por la llegada de nuevos trabajadores atraídos por el auge
de la industria, en su mayoría de raza negra, procedentes del sur de Es-
tados Unidos. Como describe Thomas J. Sugrue, en 1940 Detroit se en-
contraba en su «zenit industrial»11, pero también estaba sentando las bases
de un modelo socioespacial profundamente desigual. Las necesidades de
vivienda obrera se incrementaron exponencialmente con la llegada de los
nuevos trabajadores y las políticas de exclusión racial de los barrios resi-
denciales de la periferia obligaron a los inmigrantes a concentrarse en la
única zona donde eran admitidos: el centro de Detroit. Se instalaron en
las viviendas que las clases medias habían abandonado en el centro de la
10
Thomas J. Sugrue lo califica como «a decisive turning point in the development of the
city». Sugrue, (1996, p. 126).
11
Ibid., (p. 19).

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ARTÍCULOS ciudad y en las que el deterioro era ya patente. El modelo segregado se
intensificó y a los conflictos de clase se unieron los que surgieron como
consecuencia de la discriminación racial.
Este proceso se acentuó aún más a partir de 1949 por las políticas
federales de apoyo al sistema crediticio y al sector inmobiliario, que fi-
nanciaron la compra de vivienda suburbana a las clases medias blancas
del país y por la financiación federal para la construcción del sistema de
autopistas12. Tras la Segunda Guerra Mundial, gran parte de las rentas
medias y altas de Detroit se habían trasladado a los municipios cercanos
y la ciudad era ya, fundamentalmente, de clase obrera; las intervenciones
sobre el soporte espacial (programas de renovación urbana de posguerra,
proyectos de vivienda social…) no hicieron sino incrementar el conflicto.
El nuevo modelo urbano ignoró el derecho a la ciudad de las clases tra-
bajadoras (especialmente las de raza negra) que fueron expulsadas de sus
viviendas sin planificar su realojo y segregados aún más por los planes
de renovación urbana y la apertura de autopistas en el centro de Detroit.
Las revueltas urbanas de 1943 y 1967 no fueron sino la expresión de un
conflicto patente que la acción urbana contribuyó a acentuar13.
Mientras tanto, la nueva red de carreteras convirtió a la periferia en
el espacio óptimo para el crecimiento industrial. Cualidades que hasta
entonces había aportado el centro de la ciudad (concentración, actividad
urbana, fuerza de trabajo cualificada, clima productivo, cercanía a redes
de transporte y proveedores…) habían perdido, aparentemente, gran par-
te de su valor. Los nuevos avances tecnológicos permitían descomponer
cada vez más los procesos de trabajo y las dinámicas internas de descen-
tralización de las empresas se vieron favorecidas en Estados Unidos por
la nueva red de carreteras que incrementó la accesibilidad del territorio
y la dependencia del transporte por carretera14. Este nuevo sistema de
comunicaciones no sólo convirtió a la periferia en un espacio a priori idó-
neo para la expansión de la industria sino que cargó sobre la colectividad
gran parte de los costes del transporte generados por la descentralización
de los procesos de producción15.
A todas estas dificultades se unía la progresiva pérdida del que había
sido su principal modo de vida desde finales del siglo XIX: la industria.
Detroit debía tratar de invertir una dinámica aparentemente imparable de
abandono de la ciudad por una periferia cada vez mejor comunicada. Los
municipios cercanos podían ofrecer no sólo mejor acceso al que ya era
el medio de transporte fundamental de la industria16, sino impuestos más
reducidos y suelo en abundancia a precios moderados17.
Si bien todas éstas fueron cuestiones comunes para la mayoría de las
ciudades industriales americanas, en Detroit se añadieron dos obstácu-

12
Hays (1985), Beauregard (2006), Thomas (1997).
13
Sugrue (1996), Thomas (1997), Darden et al. (1987).
14
«El alejamiento de espacios soporte de funciones en necesaria interconexión sólo es po-
sible mediante el establecimiento de un sistema de comunicaciones que permita mantener
una situación al menos igual de ventajosa», Ruiz (2002, p. 81).
15
Sobre la relación entre las redes de transporte y el modelo disperso véase Ruiz (2002).
16
Detroit City Plan Commission (1956), Tablas 36B, 37B, 84B, 85B.
17
Detroit City Plan Commission (1956), Tabla 24.

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ARTÍCULOS
los más. En primer lugar, los problemas derivados de una prolongada
ausencia de regulación: un tejido urbano en el que las viviendas y los
usos industriales compartían el mismo espacio (lo que el Master Plan
definió como «problems of disorder and compactness. Industrial plants,
homes and stores are so intermixed that each suffers from the interference
of the others»18), evidentes carencias en el sistema de espacios públicos
y equipamientos19 y un centro urbano que seguía todos los patrones de
obsolescencia señalados en las directrices federales. El segundo problema
al que se enfrentaba Detroit era la ausencia de suelo sin urbanizar que
limitaba las posibilidades de desarrollo a programas de renovación urba-
na que planteasen la demolición de las áreas consideradas obsoletas y/o
degradadas y su sustitución por nuevos barrios residenciales.
A las cuestiones de índole espacial se añadía un problema fiscal, ya
que gran parte de la recaudación municipal procedía del impuesto sobre
la propiedad, calculado en función del valor de tasación de las edifica-
ciones, que disminuía con la antigüedad20. El objetivo de la corporación
municipal parecía claro: era necesario emprender las operaciones de
renovación necesarias para reorientar un futuro fiscal incierto, reformar
un tejido urbano «obsoleto», impedir el éxodo industrial y fomentar el
crecimiento de la ciudad. En el modelo político de posguerra, las lógicas
económicas e inmobiliarias prevalecieron frente a las necesidades sociales
y el Master Plan se convirtió en el instrumento que hizo posible trasla-
darlas al soporte espacial.

El Master Plan de Detroit de 1951


Es necesario comenzar aclarando que el Master Plan de 1951 fue el pri-
mer plan de ordenación de escala municipal en la historia de Detroit21; se
trataba, por tanto, de la primera ocasión de orientar de forma global el
futuro de la ciudad y definir su estructura urbana y de usos. El plan co-
menzó a gestarse durante la Segunda Guerra Mundial y el documento
definitivo fue aprobado y publicado en 1951. Entre 1941 y 1956 la Detroit
City Plan Commission elaboró numerosos estudios sectoriales necesarios
para la redacción del plan; estos documentos describen de forma precisa
la realidad de la ciudad en aquellos años y constituyen las fuentes prin-
cipales de esta investigación.
La propuesta de la Detroit City Plan Commission fue tan clara como
radical: era necesaria una intervención global sobre la trama de la ciu-
dad, que acabara con las zonas degradadas del centro e impidiera que el
declive se extendiera. Teóricamente, la demolición de las áreas deteriora-

18
Detroit City Plan Commission (1951, p. 2).
19
En 1905 Frederick Law Olmsted, el autor de Central Park (Nueva York) y de Belle Isle, el
parque más importante de Detroit, ya había planteado la necesidad de un nuevo espacio
verde de grandes dimensiones debido al ritmo de crecimiento de Detroit; este parque nunca
se llevó a cabo. Detroit City Plan and Improvement Commission (1914).
20
Detroit City Plan Commission (1962, pp. 9-20).
21
En 1915 se había planteado una propuesta de ordenación pero nunca se llegó a aprobar.
Detroit City Plan and Improvement Commission. Preliminary Plan of Detroit (1915).

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ARTÍCULOS das permitiría a un tiempo crear aquellos espacios de los que la ciudad
carecía y aportar aquellas cualidades que empresas y residentes parecían
echar en falta. Sin embargo, los resultados fueron muy diferentes de los
previstos y los programas de renovación urbana de Detroit no sólo des-
truyeron barrios socialmente cohesionados sino que acentuaron la segre-
gación y el conflicto racial22.
La Detroit City Plan Commission atribuía el éxodo de habitantes y em-
presas a las mejores condiciones ofrecidas por la periferia; en el nuevo
escenario de competencia local por los recursos (desarrollo inmobiliario
y actividad económica), Detroit era, sin duda, la perjudicada ante una
periferia plenamente accesible y con un parque inmobiliario en cons-
trucción. Los documentos oficiales repiten en numerosas ocasiones las
que consideraban principales cuestiones a resolver: tráfico, ruido, falta
de espacios libres y barrios deteriorados; todas ellas (aparentemente)
consecuencia de los dos grandes problemas de Detroit: la degradación
urbana y la mezcla de usos industriales y residenciales. En el momento
en que la ciudad fuera renovada, limpiada de sus áreas insalubres y re-
modelada, la dinámica de abandono de la ciudad se invertiría. Detroit,
recuperada por la planificación urbana de posguerra de un proceso de
obsolescencia que no es sino parte del proceso de evolución de la ciu-
dad, podría garantizar un óptimo entorno de vida y trabajo. En definitiva,
el cometido del Master Plan era construir un soporte espacial capaz de
entrar en competencia con la periferia.
El plan propuso un modelo urbano muy claro, que daba respuesta
a los problemas antes enunciados a través de una segregación comple-
ta de los usos con el objetivo de impedir que Detroit continuara siendo
lo que un consultor de la Detroit City Planning Commission definió
como «an undifferentiated mass». Los usos residenciales se concentra-
ban en lo que el plan denominó communities23, mientras que la loca-
lización de la industria quedaba restringida a los corredores industria-
les (Mapa 1).
Éstos seguían el modelo histórico de asentamiento de las actividades
productivas en Detroit, similar al de otras muchas ciudades industriales.
Las fábricas habían ocupado las zonas con mejor acceso a las redes de
transporte, adoptando una configuración lineal en torno a las que hasta
entonces habían sido las principales vías de comunicación: el río y el fe-
rrocarril. El planeamiento confirmó este patrón espacial, definiendo como
áreas de uso exclusivamente industrial el frente del río y bandas a ambos
lados de las líneas del ferrocarril. Sin embargo, se aprecia una primera
contradicción entre los objetivos del plan y su formalización espacial. El
patrón histórico de asentamiento estaba vinculado a un medio de trans-
porte, el ferrocarril, que había dejado de ser esencial para la mayoría de
22
Para una descripción detallada de los planes de renovación urbana y su influencia en el
incremento del conflicto véase Thomas (1988, 1989 y 1997), Sugrue (1996), Darden et al.
(1987).
23
Áreas equivalentes en escala a nuestros distritos pero con la connotación especial de tratar
de facilitar la construcción de un sentido de la comunidad similar al que se producía en la
periferia. Hemos optado por conservar el nombre de communities, aunque a lo largo del
texto también nos referimos a ellas como barrios, distritos o áreas residenciales.

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ARTÍCULOS
Mapa 1. Land Use Industrial Areas. Master Plan, 1951

Fuente: Detroit City Plan Commission (1951).

las empresas de Detroit24. La situación de los corredores industriales del


plan aseguraba una óptima accesibilidad a la red de ferrocarril pero no
garantizaba una buena comunicación rodada. Si bien seguía unos criterios
acertados de continuidad con el patrón de localización de la industria, no
fue complementada, en cambio, por unas conexiones adecuadas con la
que era la principal red de transporte. En definitiva, si el objetivo era crear
unas condiciones de accesibilidad capaces de competir con la periferia,
los resultados de la propuesta no fueron los esperados.
El modelo del Master Plan se basaba en la certeza de que el nuevo
sistema de autopistas solucionaría los problemas de tráfico del centro de
Detroit y garantizaría un acceso óptimo a las fábricas. La red tenía, en
teoría, el objetivo de concentrar el tráfico industrial y separarlo así del
residencial, que (presumiblemente) discurriría por el viario local, en una
lógica heredada de la ciudad del Movimiento Moderno que extendía
los principios de la zonificación a la movilidad. Finalmente, las nuevas
autopistas no sólo no cumplieron los objetivos previstos sino que se
convirtieron en verdaderas barreras dentro de los barrios. Las decisiones
políticas sobre su trazado, que se proyectó sobre las áreas más pobres y
(en teoría) más deterioradas de Detroit, contribuyeron a incrementar unos
conflictos raciales ya evidentes25.
24
El 62.5 por ciento de la empresas recibían más del 70 por ciento de sus materiales por carretera
mientras que el 75 por ciento de ellas expedía más del 70 por ciento de sus productos a través
de este medio de transporte. Detroit City Plan Commission (1956). Tablas 36B, 37B, 84B, 85B.
25
Sobre el impacto de la red de autopistas en Detroit y sobre la elección estratégica de sus
emplazamientos para eliminar las áreas donde el conflicto social era más patente, véase
Thomas (1997), Sugrue (1996).

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ARTÍCULOS
Repercusiones del modelo espacial sobre la estructura productiva
Las consecuencias sobre el tejido social de los planes de renovación
urbana de posguerra en Detroit han sido analizadas en profundidad por
Thomas J. Sugrue y June Manning Thomas26; esta última también investi-
gó el impacto de los programas de renovación industrial27. Sin embargo,
hasta la fecha no se han estudiado las implicaciones del Master Plan de
1951 sobre la estructura productiva de Detroit. Sin duda, la decisión de
restringir los usos industriales a los corredores afectó a un número sig-
nificativo de empresas; nuestro objetivo es profundizar en las relaciones
entre planificación urbana y evolución industrial.
Para comprender las repercusiones del Master Plan es necesario, en
primer lugar, estudiar las diferencias entre la zonificación propuesta y la
realidad física de la ciudad, pues que el plan limitase los usos productivos
a los corredores industriales y los residenciales a las communities, no sig-
nifica que ésa fuera la distribución existente en Detroit. De hecho, ambas
diferían significativamente y de su adecuación iba a depender el futuro de
la ciudad; es, por tanto, necesario evaluar la cantidad de fábricas situadas
en los barrios residenciales y que debían trasladarse según el Master Plan.
En 1946 se publicó Present Land Use in Detroit. A Master Plan Report28,
que detallaba los usos del suelo de Detroit, en 1955 se actualizó en Exis-
ting Land Use29. Ambos documentos permiten demostrar las importantes
diferencias entre la distribución de usos existente y el modelo previsto
por el planeamiento; el Industrial Study hace posible corroborar estas
discrepancias al desagregar los resultados de la encuesta entre corredores
industriales y communities.
Una superposición de los corredores sobre el plano de usos existen-
tes del suelo permite comprender que, como el propio plan aceptaba,
existían verdaderos problemas en las zonas limítrofes de los corredores
industriales, donde se mezclaban las viviendas con las fábricas y talleres.

The pattern of major industry in Detroit is formed by the railroads and their
belt lines. The planning problems raised by industry are not so much with this
basic framework as with the contact and the intermixture of homes with industry
along the borders of the industrial corridors. The land use plan utilizes this esta-
blished pattern and shows where its fringes should be rationalized30.

Sin embargo, es necesario subrayar lo que el Master Plan evita men-


cionar. Pues los conflictos (y la necesaria «racionalización») no sólo esta-
ban en las viviendas situadas en lo que iba a ser zona industrial sino
también en las fábricas dispersas, ubicadas en las futuras áreas residen-
ciales. Se suscitan sin duda varias cuestiones: ¿qué futuro aguardaba a
estas fábricas?, y ¿cuántas y qué tipo de empresas se situaban dentro de

26
Thomas (1988, 1989 y 1997), Sugrue (1996), Darden et al. (1987).
27
Thomas (1990a), (1989b).
28
Detroit City Plan Commission (1946).
29
Detroit City Plan Commission (1955).
30
Detroit City Plan Commission (1951, p. 4).

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ARTÍCULOS
lo que el plan definía como communities? ¿Era la estructura productiva de
éstas diferente de la de los corredores industriales?
Para responder a la primera cuestión, es necesario señalar que el que
un plan urbanístico excluya un uso de un área de la ciudad no implica
su desaparición inmediata; sí supone, en cambio, que el tipo de actuacio-
nes que el propietario podrá llevar a cabo queden restringidas por el
planeamiento. Tras la aprobación del plan, dichas edificaciones quedarán
en una situación que en urbanismo se denomina fuera de ordenación31.
En Detroit, estas restricciones se detallaron en la Zoning Ordinance, apro-
bada en 1947, que establecía que las industrias situadas fuera de los co-
rredores no podrían modificar sus instalaciones, ni realizar ningún tipo de
obra de remodelación ni de ampliación32. Si bien esta limitación podía no
tener repercusiones inmediatas, a largo plazo las reformas serían necesa-
rias; al no poder realizarlas en su actual ubicación, las empresas se verían
obligadas a trasladarse. La hipótesis de la Detroit City Plan Commission
era que se irían a los corredores industriales donde, para entonces, las
viviendas habrían dejado suelo disponible. Sin embargo, no existía ningu-
na garantía de que las empresas no fueran a trasladarse más allá de los
límites de Detroit, como de hecho ocurrió.
La estrategia del Master Plan de restringir los usos industriales a los
corredores no deja de parecer arriesgada cuando el 23,1 por ciento de
las empresas industriales de Detroit buscaban un nuevo emplazamiento
fuera de la ciudad33 y un 11 por ciento aseguraban tener planes definitivos
de abandonarla34. Estas cifras variaban significativamente en función de la
rama de la industria y de su localización en la trama urbana: los sectores
más interesados en el traslado eran los vinculados a la transformación de
materias primas (del sector de la madera o el caucho a las refinerías de pe-
tróleo), que argumentaban la falta de suelo disponible; en cambio, apenas
un 10 por ciento de las imprentas o las empresas de la industria alimenta-
ria mostraban intenciones de salir de la ciudad35. Es especialmente signifi-
cativo que casi el 30 por ciento de las empresas de equipamiento para el
transporte (sector en el que estaba incluida la industria automovilística36),
declararan preferir un emplazamiento fuera de Detroit. Estas diferencias

31
Las sucesivas Zoning Ordinance de Detroit recogen los usos fuera de ordenación bajo la
denominación: Non-Conforming Buildings and Uses. Detroit City Plan Commission (1947),
Detroit City Plan Commission (1963).
32
«Any such non-conforming building or structure may be continued and maintained provided
there is no physical change other than necessary maintenance and repair […]. Any such non-
conforming use may be maintained and continued, provided there is no increase or enlarge-
ment of the area, space or volume occupied by or devoted to such non-conforming use»
Detroit City Plan Commission (1947, sec. 3.3, p. 9).
33
Detroit City Plan Commission (1956), Tabla 10B.
34
Ibid. Tabla 11.
35
La relación de empresas que preferirían una ubicación fuera de la ciudad en el sector del
equipamiento para el transporte era de 28.9 por ciento y en el caso de los metales transfor-
mados la proporción llegaba al 37 por ciento. Detroit City Plan Commission (1956). Tablas
1, 3, 5, 7, 10B y 59B.
36
El Industrial Study sigue la agrupación de la Standard Industrial Classification, en la cual
la industria automovilística (grupo 3711: Motor Vehicles and Passenger Car Bodies, grupo
3714: Motor Vehicle Parts and Accessories) queda incluida dentro del grupo transportation
equipment (Grupo 37).

101

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ARTÍCULOS Gráfica 1. Ubicación preferida por las empresas de Detroit
100% 3,8 3,3
4,4 5,9
90% 12,2
18,7 13,1
26 6 NS/NC
80% 4,1
10,2
70% 7,1
6,3 7,2 Combinación de las anteriores
11,5 2,5
60%
Otros municipios
50%
Periferia de Detroit
40%
57,3 61 63,3 74,4
30% Centro de Detroit

20%
Ubicación actual
10%
0%
Industrias Industrias Industrias no Industrias no
manufactureras manufactureras manufactureras manufactureras
situadas en situadas en corredores situadas en situadas en corredores
communities ind communities ind

Fuente: Elaboración propia a partir de Detroit City Plan Commission. Industrial Study, 1956,
Tabla 10B.

entre sectores, que se confirman en las demás respuestas a la encuesta del


Industrial Study, cobran especial significación cuando se relaciona el tipo
de empresa y actividad con su localización espacial y las implicaciones
espaciales del Master Plan.
También existían discrepancias significativas entre las empresas situa-
das en los corredores industriales y aquellas ubicadas en las communities.
Estas últimas estaban, en general, menos satisfechas con su localización
actual (Gráfica 1), pero mostraban, en cambio, mayor inclinación a buscar
nuevos emplazamientos dentro de Detroit. Sin embargo, la mayoría de
las industrias situadas en los corredores que no estaban satisfechas con
su ubicación preferirían trasladarse fuera de la ciudad. A partir de estas
consideraciones iniciales es posible distinguir las primeras disparidades
entre empresas según su localización espacial, diferencias que quedarán
explícitas al analizar el tipo de empresa y su actividad.
No obstante, antes de profundizar en esta cuestión debemos respon-
der a la pregunta de cuántas fábricas había en las communities y resulta-
rían afectadas por las decisiones del Master Plan. Los datos del Industrial
Study muestran que el modelo impuesto por el planeamiento condenaba
al traslado al 49 por ciento de las empresas de Detroit, equivalente al 26
por ciento del empleo industrial de la ciudad.
Tabla 1. Número de empresas y trabajadores de la industria
de Detroit. Communities y corredores industriales

Empresas no
Empresas manufactureras
manufactureras
N.º de N.º de N.º de N.º de
empresas empleados empresas empleados
Corredores industriales 1.293 346.726 746 41.973
Communities 991 83.010 938 54.507

Fuente: Elaboración propia a partir de Detroit City Plan Commission. Industrial Study. 1956,
Tablas 1, 3, 5 y 7.

102

Sociología del trabajo 74.indd 102 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Al igual que en otros casos, las decisiones políticas de posguerra tuvie-
ron una clara respuesta por parte de la sociedad civil de Detroit y si en el
caso de los programas de Urban Renewal fueron las asociaciones de veci-
nos y los habitantes los que se opusieron al traslado y destrucción de sus
viviendas37; en este caso, industriales y organizaciones obreras se unieron
en la crítica a los primeros borradores del Master Plan:
Industrial proponents loudly and persistently made their concerns known.
[…]. Dissatisfaction grew over the years, not only with the objective conditions
of industrial decline, but also with the city’s actions, which some perceived as
aggravating the situation. Industrial interests were particularly annoyed by re-
zoning action and early drafts of the master plan that they saw as insufficiently
sensitive to the needs of industrial land uses […]. This was not a one-sided
lobbying effort, however. Joining industrial special interests in their push for
industrial land use was organized labor, whose representatives frankly wanted
to make sure industrial jobs remained for their members to work38.

A pesar de estas críticas el plan siguió adelante y la industria quedó


restringida a los corredores. Efectivamente, se reflejan ciertas contradic-
ciones entre las intenciones del plan y su formalización espacial; si el
punto de partida era que «la industria es la razón económica de la exis-
tencia de Detroit»39 ¿por qué el modelo limitaba de forma radical la loca-
lización del principal medio de vida de los habitantes de la ciudad? La
justificación del plan era que Detroit debía proporcionar espacio adecua-
do para la industria40; es decir, se trataba de disponer del espacio idóneo
para el desarrollo de una industria modernizada. De los documentos de
la Detroit City Plan Commission se desprende que la considerada indus-
tria moderna (aquella que se quería atraer o conservar) estaba formada
por empresas con grandes necesidades de suelo, fábricas de una sola
planta, que empleaban fundamentalmente el transporte por carretera y
daban empleo a un gran número de trabajadores. Sobre esta simplifica-
ción de lo que podría constituir el futuro productivo de Detroit se cons-
truyó un modelo espacial preparado para servir a esa hipotética industria
moderna de un modo óptimo y se diseñó un emplazamiento para ella:
los corredores industriales. Sin embargo, este modelo dejaba de lado a
todas las otras empresas y modos de producir que no seguían esos crite-
rios pero que aún formaban parte de la base económica de Detroit. Estas
«otras» fábricas se situaban mayoritariamente, como veremos, en los ba-
rrios residenciales y se vieron profundamente perjudicadas por la necesi-
dad de disponer de un tejido residencial adaptado a los modos de vida
suburbanos y que pudiera competir con la periferia. La creación de este
óptimo41 espacio residencial determinó la decisión de eliminar la posibi-
lidad de que las actividades industriales (aun aquellas compatibles con el
uso residencial) tuvieran cabida en las communities.
37
Thomas (1988, 1990 y 1997), Sugrue (1996).
38
Thomas (1990a, pp. 8-9).
39
Detroit City Planning Commission (1951, p. 4).
40
Ibid., (p. 4).
41
Sobre las implicaciones y consecuencias del empleo de óptimos en la construcción de la
ciudad contemporánea véase Ruiz (2002, pp.88 y ss.).

103

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Tabla 2. Distribución del empleo industrial por sectores y localización.

Corredores Corredores Corredores Barrios Barrios Barrios Barrios


Industriales Industriales Industriales residenciales residenciales residenciales residenciales
(n.º empleados) (% empresas) (% empleados) (nº empresas) (nº. empleados) (% empresas) (% empleados)
Minería 260 0,08 0,07 - - -
Suministros y accesorios 27 0,08 0,01 - - -
Ind. alimentaria 9.497 8,35 2,74 118 14.609 11,91 17,60
Ind. del tabaco 204 0,08 0,06 5 439 0,50 0,53
Ind. textil 1.293 0,77 0,37 5 150 0,50 0,18
Ind. del vestido 929 1,55 0,27 55 2.419 5,55 2,91
Productos de la madera 1.088 1,86 0,31 14 488 1,41 0,59
Ind. del mueble 2.477 3,02 0,71 27 781 2,72 0,94
Ind. del papel 5.184 2,32 1,50 7 229 0,71 0,28
Impresión y publicación 1.986 3,48 0,57 145 11.354 14,63 13,68
Ind. química 10.213 4,87 2,95 42 1.925 4,24 2,32
Productos del petróleo 887 0,70 0,26 5 380 0,50 0,46
y carbón
Productos del caucho 8.427 0,85 2,43 1 22 0,10 0,03
Productos del cuero 807 0,46 0,23 5 227 0,50 0,27
Prod. de la piedra, la 3.592 3,17 1,04 23 1.254 2,32 1,51
cerámica y el vidrio
Ind. metalúrgica 14.335 6,81 4,13 27 4.250 2,72 5,12
Metales transformados y 46.517 20,80 13,42 123 6.205 12,41 7,48
mecánica
Maquinaria no eléctrica 62.580 26,06 18,05 233 13.288 23,51 16,01
Maquinaria eléctrica 3.205 1,93 0,92 20 1.114 2,02 1,34
Equipamiento del 169.039 6,26 48,75 46 18.776 4,64 22,62
transporte
Instrumentos de precisión 1.130 1,47 0,33 22 2.187 2,22 2,63
Varios 3.049 5,03 0,88 68 2.913 6,86 3,51
Total 346.726 100,00 100,00 991 83.010 100,00 100,00

Corredores Corredores Corredores Barrios Barrios Barrios Barrios


Industriales Industriales ( Industriales residenciales residenciales residenciales residenciales
(n.º empleados) % empresas) (% empleados) (n.º empresas) (n.º empleados) (% empresas) (% empleados)
Contratistas 8.103 15,95 19,31 445 15.568 47,44 28,56
Líneas de autobús y 80 0,13 0,19 3 393 0,32 0,72
ferrocarril local
Transporte por carretera 10.791 20,64 25,71 96 3.793 10,23 6,96
Otros tipos de transporte 1.388 0,80 3,31 9 584 0,96 1,07
Transporte fluvial 11 0,13 0,03 4 130 0,43 0,24
Servicios ligados al 2.030 2,14 4,84 4 215 0,43 0,39
transporte
Telecomunicaciones - - 3 14.813 0,32 27,18
Madera y materiales de 2.300 11,13 5,48 26 899 2,77 1,65
construcción
Mayoristas y minoristas 284 1,34 0,68 23 543 2,45 1,00
Infraestructuras: gas y 2.771 2,41 6,60 6 5.020 0,64 9,21
electricidad
Mayoristas 11.653 38,20 27,76 301 10.729 32,09 19,68
Estaciones de servicio 1.885 2,14 4,49 6 1.273 0,64 2,34
Piezas de automóviles 15 0,13 0,04 2 24 0,21 0,04
de segunda mano
Comercio de hielo y 662 4,83 1,58 10 523 1,07 0,96
gasolina
Total 41.973 100,00 100,00 938 54.507 100,00 100,00
Fuente: Detroit City Plan Commission (1956), tablas 1, 3, 5 y 7.

104

Sociología del trabajo 74.indd 104 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
Para comprender las repercusiones del modelo político materializado
en el Master Plan es necesario analizar la estructura productiva de Detroit,
con el objetivo de demostrar que estaba mucho más diversificada de lo
que se desprende de los documentos oficiales y también que las decisio-
nes del planeamiento afectaron principalmente a un tipo de empresa y a
unos sectores determinados que no se correspondían con las directrices
oficiales de «industria modernizada».
El Industrial Study permite aproximarse a estas cuestiones. No obstan-
te, es necesario justificar las limitaciones de la investigación, que quedan
definidas por las fuentes disponibles. Sería, sin duda, idóneo contar con
datos suficientes para un estudio industrial pormenorizado, que permitie-
ra analizar los procesos productivos y la organización del trabajo de las
fábricas de Detroit, de modo que fuera posible demostrar que las empre-
sas de las communities y las de los corredores industriales diferían más
allá de su dimensión en número de empleados y sus características espa-
ciales. No obstante, el Industrial Study no aporta esa información ya que
la encuesta que sirve de base al informe tenía una finalidad «urbanística»,
es decir, un carácter esencialmente espacial. Las preguntas a los empre-
sarios se centraban en cuestiones como la superficie de sus parcelas, sus
necesidades de suelo, la antigüedad de las edificaciones, los medios de
transporte utilizados, los problemas que presentaba su actual ubicación y
sus intenciones de traslado. El objetivo final era definir las causas de in-
satisfacción de las empresas, con el propósito de que el planeamiento
pudiera construir un soporte espacial para invertir la tendencia y evitar su
salida de la ciudad. Nuestra investigación parte, por tanto, de las limita-
ciones de las fuentes y en muchos casos se ve obligada a alcanzar sus
objetivos a través de aproximaciones sucesivas.
Las cifras generales presentadas anteriormente ya indicaban diferen-
cias evidentes en cuanto a dimensión empresarial entre las industrias de
los corredores y las de las communities: el número medio de empleados
por empresa de las primeras casi triplicaba a las segundas (Cuadro 1).
No obstante, las diferencias entre sectores son aún más significativas: las
empresas de equipamiento para el transporte y maquinaria eléctrica de
los corredores industriales daban empleo a una media de cinco veces más
trabajadores que las de los barrios residenciales, las de maquinaria no
eléctrica y metales transformados de los corredores triplicaban el número
de empleados de las de las communities. Sin embargo, en los sectores
con mayor presencia en los barrios residenciales las cifras se invierten; en
las ramas de la industria vinculadas al consumo local, tanto las empresas
de la industria alimentaria como las imprentas y empresas de publicación
(ambos sectores con mucha importancia en Detroit desde finales del si-
glo XIX) situadas en los barrios residenciales prácticamente duplicaban en
número de empleados a las de los corredores industriales42.
Estos primeros datos parecen ya indicar que existían diferencias im-
portantes entre la estructura productiva de las communities y la de los co-
rredores industriales. Sin embargo, para profundizar en dichas cuestiones
se plantean dos preguntas más: si la distribución espacial era homogénea

42
Detroit City Planning Commission (1956), tablas 1 y 3.

105

Sociología del trabajo 74.indd 105 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS (¿todos los sectores tenían la misma presencia en los barrios y corredores
o, por el contrario, existían ciertos tipos de industria, ciertos modos de
producción y de dimensión empresarial con mayor presencia en las futu-
ras áreas de uso exclusivo residencial?) y si la localización era uniforme
(¿existía la misma cantidad de fábricas en todos los barrios y corredores?
y de no ser así ¿qué implicaciones tenía el planeamiento en cada caso?).
El estudio de la actividad industrial permite corroborar que a pesar de la
fuerte concentración de la base económica en el sector automovilístico en
1956 aún existía una significativa diversidad industrial en Detroit (Tabla 2).
Como afirma Thomas J. Sugrue «to focus merely on the automobile-rela-
ted factories would miss whole sectors of Detroit’s industrial economy»43.
Y es que la base productiva de Detroit aún estaba diversificada, espe-
cialmente en los barrios residenciales. En 1956 continuaban existiendo
fabricantes de estufas, maquinaria o muebles, cerveceras, refinerías de
petróleo e imprentas y empresas de la industria alimentaria, textil, quími-
ca y farmacéutica, la mayoría de ellos sectores que habían caracterizado
la vida industrial de la ciudad desde finales del siglo XIX44. Mientras casi
la mitad de los trabajadores de los corredores industriales estaba emplea-
da en equipamiento para el transporte, la industria de las communities
era más variada: el equipamiento para el transporte ocupaba al 22,62
por ciento de los obreros, seguido de la industria alimentaria, la maqui-
naria no eléctrica y las imprentas, incluso sectores apenas presentes en
los corredores, como el vestido o los instrumentos de precisión, tenían
cabida en la estructura productiva de los futuros barrios residenciales
(Tabla 2). Por tanto, es posible concluir que la distribución espacial no
era homogénea: existían sectores con mayor presencia en los corredores
industriales y otros más vinculados a las communities. En la industria no
manufacturera, excepto por tres empresas de telecomunicaciones situa-
das en el centro de la ciudad que se apartan de la tendencia general, los
sectores más destacados en los barrios residenciales eran los contratistas
y los mayoristas. Estos últimos también tenían una importante presencia
en los corredores, al igual que las empresas ligadas al transporte (debido
quizás a la mayor cantidad de espacio y la cercanía con las redes de co-
municaciones). Respecto a la industria manufacturera, si bien el grupo de
equipamiento para el transporte y, en menor medida, el de maquinaria no
eléctrica sobresalían en toda la ciudad, los siguientes sectores en impor-
tancia no coincidían en corredores industriales y communities. Mientras
en los primeros destacaban los metales transformados y la metalurgia, en
los barrios residenciales resaltaban la industria alimentaria y la impresión
y publicación, sectores vinculados al consumo local.
Anteriormente, se han señalado las diferencias de dimensión en núme-
ro de empleados entre las empresas de communities y corredores. Si bien
el Industrial Study no aporta más datos para profundizar en la cuestión,
se puede hacer una estimación a partir de la dimensión de sus instala-
ciones. El informe no presenta el tamaño de las parcelas y la superficie
construida en función de la localización de las empresas, sino según el

43
Sugrue (1996, p. 18).
44
Farmer (1884), Fuller (1928), Ross y Catlin (1898).

106

Sociología del trabajo 74.indd 106 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS
sector al que pertenecían. Sin embargo, es posible una aproximación a
partir de los sectores con una presencia predominante bien en corredores
bien en communities; tanto por el tamaño de sus parcelas como por la
superficie construida de sus edificaciones, es posible afirmar que las em-
presas de las communities tenían, en general, menor dimensión que las
compañías de los corredores industriales45, algo que ya se presumía en
las tablas iniciales de distribución de empresas y empleados por sector y
ubicación en la ciudad.
Los corredores industriales, donde se situaban las parcelas de mayor
extensión, tendían a concentrar empresas más grandes y también con
mayores necesidades de suelo, mientras que en las communities, las fá-
bricas se situaban de forma dispersa, en parcelas de menor dimensión y,
habitualmente, contaban con un menor número de empleados. En cuanto
a la distribución por sectores, aquellos con mayor presencia en la ciudad
(equipamiento para el transporte, maquinaria no eléctrica) se ubicaban
principalmente en los corredores industriales mientras que la industria
de las communities estaba ligada o bien a empresas más pequeñas de
estos sectores o bien a ramas de la industria vinculadas al consumo local
(industria alimentaria, imprentas y publicación, contratistas, mayoristas e
infraestructuras).
Este análisis sirve, en realidad, para confirmar la hipótesis de que la es-
tructura productiva de las communities difería profundamente de la de los
corredores. A partir de los datos considerados, es posible inferir las impli-
caciones del modelo urbano del Master Plan y comprender cuáles eran sus
objetivos. Nuestra hipótesis es que la Detroit City Plan Commission apostó
por lo que consideró que era el futuro económico de Detroit a la vista de
la tendencia de las últimas décadas de concentración de la base productiva
en el sector automovilístico y en la gran empresa industrial. Sin embargo,
ese modelo excluía una realidad productiva paralela y compleja: empresas
sin duda más pequeñas, en sectores considerados con poco futuro pero
que cumplían un papel fundamental en la estructura económica de la ciu-
dad y, lo que es más importante, estaban profundamente arraigadas en la
ciudad desde finales del siglo XIX.
El propio Master Plan enunciaba entre sus objetivos la necesidad de
proporcionar emplazamientos adecuados para las fábricas modernas con
espacio de aparcamiento y suelo disponible para la modernización46. Y
es que, sin duda, la corporación municipal no contemplaba que en ese

45
Un 76 por ciento de las imprentas de Detroit se situaban en las communities y el 73 por
ciento de las empresas textiles del vestido. Mientras, el 92 por ciento de las empresas de
productos de caucho se ubicaban en corredores, al igual que el 81 por ciento de las de
papel. Detroit City Plan Commission (1956): tablas 1 y 3. Un 95 por ciento de las empresas
del sector del vestido y de las imprentas contaban con parcelas menores de 3.700 m2 mien-
tras que el 50 por ciento de las empresas de productos de caucho y el 42 por ciento de las
papeleras contaban con parcelas mayores de 9.290 m2. En cuanto a superficie construida el
79 por ciento de las empresas textiles y el 85 por ciento de las imprentas tenían instalaciones
menores de 3.700 m2, el 40 por ciento de las productoras de caucho y el 50 por ciento de
las de papel superaban los 9.290 m2. Detroit City Plan Commission (1956): tablas 46B y 47B.
46
«Suitable sites for modern industrial plants with parking, with a margin of area for mo-
dernization and expansion», Detroit City Plan Commission (1951, p. 4).

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Sociología del trabajo 74.indd 107 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS nuevo Detroit moderno, renovado y limpiado de sus barrios degradados
se conservaran diseminadas por el tejido urbano lo que consideraban
fábricas obsoletas. El objetivo final era, sin duda, que la base productiva
del nuevo Detroit estuviera formada exclusivamente por esa industria mo-
derna y para ello el planeamiento debía proporcionarle unas adecuadas
condiciones de reproducción. Aun así, el discurso oficial está plagado
de contradicciones, pues mientras los informes de la Detroit City Plan
Commission advertían de los peligros del monopolio del sector automo-
vilístico y de la necesidad de ampliar la base productiva para reducir la
vulnerabilidad a las crisis sectoriales47, las decisiones políticas y el modelo
urbano que las materializaba sentaron las bases espaciales que orientaron
a parte de esa industria fuera de la ciudad.
Queda, sin duda, justificar gran parte de las afirmaciones anteriores y
analizar lo que pudieron ser las causas principales que influyeron en la
definición de este modelo sociopolítico y espacial. Repasaremos, sobre
todo, las causas de la renuncia expresa del Master Plan a estudiar modos
de compatibilizar la actividad industrial en las communities, más allá de
los principios de segregación radical de usos propios de la época. Es ne-
cesario profundizar aún más en las características de estas empresas para
ser capaces de comprender las razones por las que los poderes locales
consideraron que la ciudad podía prescindir de ellas o bien confiar en su
futuro traslado a los corredores industriales.

Régimen de propiedad y movilidad empresarial


El Industrial Study aporta datos fundamentales para examinar estas
cuestiones. En primer lugar, asocia movilidad empresarial con régimen
de propiedad y permite deducir que las áreas con mayor proporción de
empresas en propiedad serían prioritarias en cualquier decisión:

If we assume that non-owner occupied plants are more mobile than


owner-occupied plants and would, therefore, be in a better position to leave
the city if dissatisfaction with the site arose […] Plants in industrial corridors
are also more tied down to their existing location by capital investment in land
and buildings than are plants in communities48.

Efectivamente, la proporción de empresas en alquiler en los barrios


residenciales era mucho más elevada que en los corredores. Sin embar-
go, al vincular exclusivamente las posibilidades de traslado al régimen
de propiedad, la Detroit City Plan Commission dejaba de lado factores
fundamentales: el grado de la ciudad o los requerimientos de ciertos
sectores y empresas, que necesitaban de la concentración propia de la
gran ciudad. Una vez más en los documentos oficiales parece reducirse
la estructura productiva de Detroit a un solo tipo de empresa con unas
necesidades concretas.

47
Detroit City Plan Commission (1941, p. 1).
48
Detroit City Plan Commission (1956, p. 64).

108

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ARTÍCULOS
Mapa 2. Localización de los barrios residenciales

Fuente: Detroit City Plan Commission (1951).

De hecho, las contradicciones del planteamiento se ponen de mani-


fiesto al contrastar estos datos con los de satisfacción de las empresas y
sobre todo con su preferencia por trasladarse fuera de Detroit. Al com-
parar las respuestas al Industrial Study de las empresas situadas en los
barrios residenciales que concentraban más empleo (communities 1 y 2,
situadas en el centro de la ciudad. Mapa 2) con las del corredor más im-
portante (corredor 1: 62 empresas y 80.891 trabajadores), se observa que
a pesar de que la teoría relacionaba unívocamente régimen de propiedad
y posibilidades de traslado, en el caso concreto de Detroit no existía un
vínculo directo. Es posible demostrar a partir de los datos siguientes que
las empresas de las communities estaban, en general, descontentas con
sus instalaciones pero no planeaban trasladarse fuera de la ciudad y, aun-
que existiera un mayor porcentaje de empresas en alquiler, sus planes se
centraban en buscar una mejor ubicación dentro de Detroit. Sin embargo,
las empresas de los corredores no satisfechas con su localización mostra-
ban una preferencia mayor por salir de la ciudad.
A partir de este análisis es posible afirmar la disparidad entre la estruc-
tura productiva de los barrios residenciales y la de los corredores indus-
triales. Para las empresas de las communities, las cualidades aportadas por
la ciudad y la vida urbana parecen aún factores que las hacían permanecer
en Detroit. Sin embargo, las compañías de los corredores industriales casi
podían obviar estas ventajas, de ahí su preferencia por trasladarse a una
periferia que podía ofrecer suelo en abundancia, buenos accesos a la red
de autopistas, espacio de aparcamiento e impuestos moderados.
109

Sociología del trabajo 74.indd 109 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS Tabla 3. Comparación del régimen de propiedad y la localización
preferida por las empresas de las principales communities y corredores

Empresas manufactureras Empresas no manufactureras


Empresas Empresas Empresas Empresas Empresas Empresas
en régimen cuya cuya en régimen cuya cuya
de alquiler ubicación ubicación de alquiler ubicación ubicación
(%) preferida preferida (%) preferida preferida
es la actual es fuera de es la actual es fuera de
(%) Detroit (%) (%) Detroit (%)
Community 1 48,1 49,9 14,4 47,1 52,2 9,9
Community 2 55,3 59,5 12,2 60,2 56,2 11,2
Corredor industrial 1 16,1 51,6 29,0 96,1 70,8 8,3
Total comm. 39,7 57,3 18,7 42,1 63,3 13,1
Total corr. ind. 22,1 61,0 26,0 24,5 74,4 12,2

Fuente: Elaboración propia a partir de Detroit City Plan Commission. Industrial Study (1956),
Tablas 9B, 43, 58B y 91.

Antigüedad del parque inmobiliario empresarial


El segundo factor decisivo en la definición de usos del Master Plan estuvo
probablemente relacionado con una cuestión fiscal; para comprender su
incidencia es necesario profundizar en el sistema de recaudación munici-
pal vigente en Detroit tras la Segunda Guerra Mundial. La principal fuente
de ingresos de la ciudad en 1957 era el impuesto sobre la propiedad (tax
property). Éste se calculaba en función de varias componentes, entre ellas
las tasas sobre el suelo y los edificios49, fijadas en función del valor de
tasación. De este modo, la depreciación producida como consecuencia
del envejecimiento del parque inmobiliario repercutía directamente en
la recaudación. En 1962 la Detroit City Plan Commission publicó un do-
cumento, Renewal and Revenue, en el que relacionaba directamente la
degradación de las edificaciones y los futuros programas de renovación
urbana con su impacto sobre el sistema de recaudación. De hecho, el
documento llegaba a adoptar el impuesto sobre la propiedad como indi-
cador del deterioro urbano.

A most significant portent for the revenue system is the age of the city’s
structures. A glance at the distribution of structures arranged by ages discloses
that nearly one-third of the structures were built during the 1920’s. What is
more, they will soon be in the age category characterized by rapid physical
deterioration and functional obsolescence. The impact on the real property tax
base when so many depreciated buildings enter this category simultaneously
will undoubtedly be severe, particularly if new construction is negligible50.

49
«The property tax consists of two principal components, real and persona. The real
property tax may be subdivided into taxes on structures and on land». Detroit City Plan
Commission (1962, p. 9).
50
Detroit City Plan Commission (1962, p. 22).

110

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ARTÍCULOS
Aunque Renewal and Revenue es una década posterior a la aprobación
del Master Plan, contribuye sin duda a explicar el contexto ideológico
en el que éste se desarrolló. Tomando como punto de partida su defini-
ción de vida útil de las edificaciones como «el tiempo durante el cual es
más rentable mantener un edificio que demolerlo»51 se puede comprender
en qué medida la industria envejecida de las communities apenas repor-
taba ya beneficios a la ciudad. En Renewal and Revenue se estimaba la
vida útil de las edificaciones industriales en cincuenta años (sin conserva-
ción) o setenta (con conservación), pero en todas las evaluaciones se hacía
uso del primer supuesto. El análisis de Renewal and Revenue y el impacto
sobre el sistema de recaudación municipal permiten explicar la atención
prestada a la antigüedad de las plantas industriales en el Industrial Study.

The median age for plants in industrial corridors was found to be 24 years
as opposed to 30 years for communities […]. Almost half of the industrial
corridors plants were 25 years old or older, whereas almost two thirds of the
communities’ plants fell within this category52.

Como ya se ha reiterado, las fábricas de las communities eran, en


general, más antiguas que las de los corredores industriales. Al comparar
los resultados de la encuesta del Industrial Study con las estimaciones de
Renewal and Revenue, las plantas industriales anteriores a 1914 estaban
a menos de una década de concluir su vida útil y el valor de tasación (y
con éste el impuesto sobre la propiedad) de las edificaciones anteriores
a la Depresión sería ya muy reducido.

Tabla 4. Edificaciones industriales anteriores a la Depresión

Empresas manufactureras Empresas no manufactureras


Edificaciones Edificaciones Edificaciones Edificaciones
anteriores a 1914 - 1930 (%) anteriores a 1914 - 1930 (%)
1914 (%) 1914 (%)
Corredores industriales 17,4 32,1 10,8 16,3
Communities 17,4 44,8 11,3 19,2

Fuente: Detroit City Plan Commission (1956), Tablas 18B y 66B.

De hecho, el caso de las communities era aún más grave, ya que los
tres barrios con el parque inmobiliario más antiguo concentraban la mi-
tad de las empresas de los barrios residenciales equivalentes al 62 por
ciento del empleo de éstas. En los tres barrios las edificaciones anteriores
a la Depresión superaban el 75 por ciento del total.

51
«The useful life of a structure is that time span during which it is more profitable to maintain
the building than to demolish it for an alternative development of the site. It is the determi-
nation of “profitability” and the “point of view” implied that are potentially confusing and
require elaboration. Profitability depends on the difference between benefits and costs, each
of which accrue to either the community or the individual or both». Ibid. (p. 23).
52
Detroit City Plan Commission (1956, p. 56).

111

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ARTÍCULOS Tabla 5. Edificaciones industriales anteriores a la Depresión
en las principales communities

Empresas manufactureras Empresas no manufactureras


Edificaciones Edificaciones Edificaciones Edificaciones
anteriores a 1914 - 1930 (%) anteriores a 1914 - 1930 (%)
1914 (%) 1914 (%)
Community 1 26,6 50,7 34,2 23,7
Community 2 23,6 58,2 19 30,2
Community 4 33,4 41,7 11,1 0
Total communities 17,4 44,8 11,3 19,2
Fuente: Detroit City Plan Commission (1956), Tablas 18B y 66B.

Sin embargo, al contrastar estos datos con otras respuestas a la en-


cuesta de la actividad industrial quedan patentes, una vez más, las con-
tradicciones entre la teoría general asumida por los documentos oficiales
y la realidad productiva concreta de las empresas de las communities
de Detroit. Mientras en términos generales la antigüedad de las edifica-
ciones se identificaba con deterioro y depreciación, las empresas de las
communities se mostraban satisfechas con el estado de conservación de
sus fábricas. De hecho, las respuestas al Industrial Study confirman que
estaban, en general, más descontentas con la ciudad que con sus propias
instalaciones. Las principales razones para trasladarse fuera de Detroit
eran los altos impuestos y la falta de espacio, seguidas por el tráfico y la
falta de aparcamiento53.

Tabla 6. Comparación entre antigüedad de las estructuras y su estado de


conservación según las empresas de las principales communities

Edificaciones Empresas Edificaciones Empresas


anteriores a satisfechas anteriores a satisfechas
la Depresión con el estado la Depresión con el estado
(%) de sus (%) de sus
instalaciones instalaciones
(%) (%)
Community 1 77,3 87,8 57,9 82,6
Community 2 81,8 82,8 49,2 89,5
Community 4 75,1 100 11,1 100
Total communities 62,2 89,2 30,5 89,3
Fuente: Detroit City Plan Commission (1956), Tablas 17, 18B, 65 y 66B.

Los datos sobre régimen de la propiedad y antigüedad de las edifica-


ciones pueden ayudar a comprender las razones últimas que llevaron a
la Detroit City Plan Commission a proponer un modelo espacial que obli-
gaba al traslado a toda una serie de empresas que estaban en general más

53
Detroit City Plan Commission (1956), Tablas 15, 16, 17, 25, 26, 63, 64, 65, 73 y 74.

112

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ARTÍCULOS
satisfechas con su situación que aquellas a las que se intentaba proteger.
En los corredores industriales se situaban empresas fiscalmente más ren-
tables, que daban empleo a un mayor número de trabajadores y, por
supuesto, las principales fábricas de automóviles que aún no habían
abandonado la ciudad; sin duda la intención de la corporación municipal
era evitar su traslado. De hecho, en ningún caso debe desestimarse la
presión ejercida por el sector automovilístico sobre las resoluciones polí-
ticas, ya que era una industria que no sólo empleaba al 63,6 por ciento
de los trabajadores industriales de Detroit54 sino que estaba fuertemente
concentrada en las tres grandes empresas del sector (Ford, General Mo-
tors y Chrysler)55. Thomas J. Sugrue analizó el poder de estas compañías
sobre la toma de decisiones, asegurando que tuvieron «una influencia
desproporcionada en el desarrollo de la ciudad»56.
Todos estos condicionantes, unidos a una confianza desmedida (carac-
terística de la época) en que la planificación urbana rescataría a la ciudad
de su proceso de deterioro, pudieron influir en un modelo espacial que
se adaptó a las necesidades de un tipo de empresa e ignoró las de todas
aquellas que no se ajustaban a las directrices oficiales.

Gráfica 2. Evolución del número de establecimientos industriales


en Detroit (1939-2002)
5.000
4.500
4.000
3.500
3.000
2.500
2.000
1.500
1.000
500
0
1939 1947 1954 1958 1963 1967 1972 1977 1982 1997 2002
AÑO

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de County and City Data Books. University of
Virginia Library. http://www2.lib.virginia.edu/ccdb.

Desde mediados de la década de 1950, el número de empresas indus-


triales de Detroit no ha hecho más que disminuir, mientras los sucesivos
planes urbanísticos confirmaban el modelo segregado de corredores in-
dustriales y barrios residenciales del Master Plan de 1951. Aun teniendo
en cuenta las dinámicas externas, se abre el debate de si las decisiones de
la planificación de posguerra no contribuyeron a agravar los problemas
que ya sufría Detroit.

54
Ibid. Tabla 5, p. 33.
55
En 1940 el 76 por ciento de los trabajadores de la industria del automóvil del Detroit
Industrial Area (condados de Wayne y Oakland) pertenecían a los Big Three. Detroit City
Plan Commission (1944), tabla 14, p. 37.
56
«Corporate executives and managers who controlled the city’s industry […] had a dispro-
portionate influence on the city’s development because of their economic power», Sugrue
(1996, p. 11).

113

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ARTÍCULOS
Conclusión
The rusting of the Rust Belt began […] in the 1950s57

La espiral de decadencia llevó a Detroit de ser el «arsenal de la democracia»58


a convertirse en la ciudad más pobre de Estados Unidos en el censo de
2010, con una tasa de pobreza del 36,4 por ciento. Desde el momento de
la redacción del Master Plan, Detroit ha perdido el 60 por ciento de su
población, el empleo industrial se ha reducido del 46 al 19,5 por ciento
en 2000 y la cifra oficial de desempleo en 2010 era del 25,3 por ciento59.
Sin duda las dinámicas de suburbanización y descentralización de la
producción fueron las causas principales del traslado masivo a la periferia
de la industria de Detroit. Sin embargo, a partir de todas las referencias
examinadas parece posible afirmar que el modelo sociopolítico planteado
desde la corporación municipal y espacializado a través del Master Plan
influyó de forma significativa en la evolución de la estructura productiva
de Detroit. El papel de la planificación urbana es ciertamente limitado
pero en este caso pudo contribuir a orientar la trayectoria de las empre-
sas de los barrios residenciales. El modelo del Master Plan no impedía
que esas fábricas permanecieran en su ubicación pero sí que su soporte
espacial pudiera evolucionar al ritmo de las transformaciones productivas.
Mientras los cambios tecnológicos permitían desarrollar nuevos y múlti-
ples modos de producir, el espacio de la fábrica dejaba, por una decisión
del planeamiento, de poder ser modificado en función de éstos. Ante
esta situación no es de extrañar que muchas de estas empresas siguieran
la dinámica dominante y, a pesar de manifestar en 1953 su preferencia
por permanecer en Detroit, abandonaran finalmente la ciudad por una
periferia mejor comunicada, con impuestos más bajos y mayores grados
de libertad.
Tras analizar los documentos publicados por la Detroit City Plan Com-
mission parece cobrar vigor la hipótesis de que el modelo urbano del
Master Plan tuvo como objetivo principal asegurar la continuidad de lo
que los poderes locales consideraban la industria principal de la ciudad.
Los corredores industriales no sólo aglutinaban la mayor cantidad de fá-
bricas y trabajadores, sino también las más modernas y aparentemente
con más futuro. Sin embargo, paradójicamente, también eran aquellas que
podían prescindir de la ciudad. El modelo urbano del Master Plan era la
materialización espacial de un orden político que trataba de evitar la hui-
da de Detroit de las empresas que (presumiblemente) más beneficios
podían aportar a largo plazo a la ciudad: fábricas nuevas (cuyo valor de
tasación no descendiera próximamente) y de gran dimensión (que propor-
cionaran empleo, aunque fuera descualificado, a la mayor cantidad posible
de trabajadores). En estas decisiones influyó indudablemente el poder de
las élites empresariales dominantes; June Manning Thomas documentó
57
Sugrue (1996, p. 6).
58
Sugrue (1996), Thomas (1997).
59
En 1950 Detroit tenía 1.849.568 habitantes, en 2010, 713.777. US Bureau of the Census.
Campbell Gibson (1998). U.S. Bureau of the Census, Profile of General Demographic Char-
acteristics, 2000 y 2010.

114

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ARTÍCULOS
cómo los empresarios industriales constituyeron, en efecto, uno de los
principales grupos de presión de Detroit en aquellas décadas y su reper-
cusión sobre las resoluciones políticas60. Sin embargo, no todas las em-
presas tenían la misma trascendencia para la ciudad (de hecho el Indus-
trial Study excluye a las fábricas de menos de ocho empleados); en un
contexto en que la industria del automóvil cobraba cada vez más peso en
la base económica de la ciudad (111.715 empleos directos en 193961) los
datos de la encuesta del Industrial Study debieron resultar, sin duda, alar-
mantes, pues casi el 30 por ciento de las empresas de equipamiento del
transporte declaró preferir un emplazamiento fuera de la ciudad62. Sin
duda, la intención fundamental de los poderes locales fue impedir, a cual-
quier precio, su traslado.
De este modo, la Detroit City Plan Commission trató de crear un so-
porte espacial altamente especializado y, en teoría, idóneo para la repro-
ducción de un tipo de espacio residencial (el de la comunidad suburba-
na) y una clase de empresa industrial (esa industria moderna con grandes
necesidades de suelo). Sin embargo, el precio a pagar era el incremento
de la rigidez del modelo. La segregación de usos del plan excluyó a otro
tipo de empresas que llevaban en Detroit desde finales del siglo XIX. Eran
empresas más pequeñas, en fábricas más antiguas y en su mayor parte
en alquiler, situadas en lugares aparentemente poco eficientes y que sin
duda añadían tráfico y molestias a unos barrios residenciales que en esas
condiciones no podrían competir con las comunidades suburbanas. El
resultado fue un modelo rígido, caracterizado por una zonificación que
segregaba radicalmente los usos en aras de una presunta racionalización
espacial que no era sino reflejo de una racionalización productiva y social.
Nada más lejos de nuestra intención que abogar por una doctrina del
laissez faire que hubiera dejado a la industria pesada entremezclarse en la
trama residencial. Sin embargo, entre la supresión de toda planificación y
el establecimiento de un soporte físico unívoco parece existir todo un
mundo de posibilidades63 sociales, productivas y espaciales que el planea-
miento contribuyó a descartar.
En definitiva, el pretendido incremento de la eficacia devino en el con-
secuente aumento de la rigidez de un modelo urbano que excluía todas
las posibilidades de evolución que no fueran la contemplada inicialmen-
te. Cuando esta no se cumplió, y habitantes y empresas continuaron su
éxodo, Detroit, que había prescindido de su capacidad de adaptarse a las
nuevas circunstancias, inició un declive del que aún hoy no se ha con-
seguido recuperar.

60
Thomas (1990a, pp. 8 y ss.) Sugrue (1996).
61
Detroit City Plan Commission (1944, p. 36), tabla 11. Ante la ausencia de datos para la ciu-
dad de Detroit posteriores a la Segunda Guerra Mundial citamos los utilizados por la Detroit
City Plan Commission en su informe económico.
62
Detroit City Plan Commission (1956), tabla 1.
63
Este mundo de posibilidades hace referencia a «a world of possibilities», Sabel Y Zeitlin
(1997).

115

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ARTÍCULOS
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117

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ARTÍCULOS Resumen: «Planificación urbana y declive industrial: el papel del planea-
miento en la evolución de la estructura productiva de Detroit tras la Segunda
Guerra Mundial»

Son pocas las ocasiones en que se cuenta con fuentes documentales que
permitan analizar las relaciones entre planificación urbana y evolución industrial
de una ciudad. Sin embargo, los informes y planes publicados por la Detroit City
Plan Commission tras la Segunda Guerra Mundial proporcionan la oportunidad de
estudiar estas implicaciones en una de las ciudades industriales más paradigmáticas.
El objetivo de este artículo es valorar el papel de la planificación urbana de pos-
guerra en la evolución de la estructura productiva de Detroit en la segunda mitad
del siglo XX. El estudio de los documentos parece apuntar a que el planeamiento
pudo contribuir a definir un modelo productivo rígido y excluyente que sentó las
bases del posterior declive de la ciudad.

Palabras clave: urbanismo, declive, industria, planificación, Detroit

Abstract: «Urban planning and industrial decline: the role of urbanism


on the evolution of Detroit’s industrial structure after World War II»

There are few occasions in which reliable sources allow to analyze the relation-
ship between urban planning and industrial evolution. Nevertheless, reports and
plans from Detroit City Plan Commission after World War II make it possible to study
its consequences in one of the most renowned industrial cities.
The aim of this paper is to examine the role of postwar urban planning on the
evolution of Detroit’s industrial structure. Documents may point out that urbanism
could have contributed to create a rigid productive pattern. This model would have
defined subsequent urban decline

Key words: urban planning, decline, industry, shrinking cities, Detroit

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EL FUTURO DEL
SISTEMA DE PENSIONES

Robin Blackburn

Historiador británico, es profesor


en la Graduate Faculty de la New
School University de Nueva York y
en el Departamento de Sociología
de la Universidad de Essex.

978-84-460-460-2767-6
448 páginas

Libro de referencia para entender la coyuntura económica


actual, centrado sobre todo en el sistema financiero y el
sistema de pensiones.

Robin Blackburn realiza un crítico examen sobre la crisis fiscal y la corrup-


ción empresarial de una sociedad en proceso de envejecimiento. Los acon-
tecimientos de los últimos años han hecho que se esfumen miles de millones
de dólares de los ahorros de los trabajadores a ambos lados del Atlántico,
revelando la incapacidad de la industria de servicios financieros a la hora
de desempeñar su papel como custodio de los ahorros y los fondos de
pensiones.
Blackburn plantea soluciones al identificar nuevas fuentes de financiación
de pensiones y esboza lo que podría ser un nuevo régimen progresivo de
fondos de pensiones, que abarque a todos los ciudadanos y en el que no
se pueda diluir ni eludir la responsabilidad.

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más importantes y prestigiosas publicaciones del pensamiento crítico de
izquierdas, llegando a convertirse en símbolo y bandera de la vanguardia
intelectual a nivel global. A través de sus rigurosos artículos, reseñas y entre-
vistas, firmados por grandes especialistas y escritores de renombre, en la
revista se trata la situación política internacional, la economía mundial, los
movimientos de resistencia global, la literatura universal, el cine contempo-
ráneo, la crítica cultural y las distintas formas y problemáticas de la creación
artística actual, siendo uno de los puntos de referencia constantes para la
investigación y el debate, así como parte del material de trabajo en innume-
rables universidades y centros de enseñanza de todo el mundo. La New Left
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ARTÍCULOS

TOMÁS MARTÍNEZ VARA


FRANCISCO DE LOS COBOS ARTEAGA*

LOS TRABAJADORES DE LOS «TALLERES


GENERALES DE LA COMPAÑÍA DE LOS
FERROCARRILES DE MADRID A ZARAGOZA
Y ALICANTE», 1858-1936

1. Introducción
Si nos preguntamos qué tipo de historia económica del ferrocarril se
ha hecho en España la respuesta no puede ser más clara: una historia
donde hay vías, máquinas, capital, precios y personal directivo, pero no
trabajadores. Estas páginas se ocupan de los trabajadores de los Talleres
Generales de Atocha de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a
Zaragoza y Alicante (MZA), dependientes del Servicio de Material y Trac-
ción. La actividad ferroviaria, por sus propias características, necesita una
gran variedad de instalaciones de mantenimiento, con funciones, medios
y dotaciones diferentes, a todas las cuales, y con independencia del ser-
vicio del que dependan, se las denomina talleres. En el caso de Talleres
Generales se trataba de las instalaciones donde, junto a los Talleres de
Clot en Barcelona, se realizaban en la Compañía las grandes reparacio-
nes, modificaciones y reconstrucciones del material motor y móvil; las
reparaciones menores, o lo que es lo mismo, el cuidado día a día, se
efectuaba en los talleres de los depósitos (máquinas) y en los de recorrido
(remolcado), ambos utilizaban piezas de repuesto también fabricadas en
los Talleres Generales.
Centros de reparación y centros fabriles al mismo tiempo, los Talleres
Generales constituyeron en el tiempo que media entre su creación en
1858 y la crisis final de la empresa en vísperas de la Guerra Civil el esce-
nario en el que con toda propiedad confluían –y se entrecruzaban– el
mundo industrial y el ferroviario. Sus instalaciones, medios de producción

Recibido 7-IX-2011
Versión final aceptada 9-XI-2011

* Tomás Martínez Vara, Departamento de Historia e Instituciones Económicas I, Escuela


Universitaria de Estudios Empresariales, Universidad Complutense de Madrid, Avda. de
Filipinas, 3, 28003 Madrid. [email protected]
Francisco de los Cobos Arteaga, Departamento de Filosofía, Área de Sociología: Universi-
dad de Castilla-La Mancha, Edificio Melchor Cano, Campus Universitario, 16071 Cuenca.
[email protected]

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 121-145.

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ARTÍCULOS y capital humano eran similares a los de la industria de construcción de
material ferroviario. La actividad era prácticamente la misma, pero con
una diferencia esencial: los talleres ferroviarios estaban dirigidos por las
compañías explotadoras, en este caso, MZA, cuya línea de negocio era el
transporte y no la construcción. A ese carácter híbrido, ambivalente, de
los trabajadores se refirió C. Chevandrier (1993) cuando escribió en su
excelente estudio de los talleres de Oullins: «Classe ouvrière étrange, hy-
bride, s’affirmant cheminots, paraissant métallos».
Que por el tamaño de las instalaciones, número de operarios y volumen
de actividad los Talleres de Atocha fueran, hasta comienzos del siglo XX,
una de las primeras industrias de Madrid explica la relevancia del tema1.
En cualquier caso, de los talleres ferroviarios en general, y de las relaciones
laborales dentro de ellos y de los efectos de arrastre sobre la actividad in-
dustrial madrileña en particular, es muy poco lo que se conoce aún com-
parado con la literatura de otros países2. De todos modos, gracias a los
trabajos de Pérez Sánchez (1992) y Lalana (2005) sobre los Talleres Princi-
pales de Valladolid (Compañía del Norte) y a los de Portillo Pérez de Vi-
ñaspre y Mar Molinero (2008) y Martínez Vara y Cobos Arteaga (2009) sobre
los Talleres Generales de Atocha comenzamos a saber cómo funcionaban
también en España.
Respecto a los dos últimos trabajos mencionados, el primero («Merca-
dos laborales internos en la compañía ferroviaria MZA, 1882-1889») tiene
que ver formalmente con los operarios de los Talleres Generales de Ato-
cha. En ese momento –afirman sus autores– ya operaba en ellos una cier-
ta estructura de mercados internos, lo que tal vez en esos años pudiera
resultar un tanto arriesgado3. El segundo [«Los Talleres Generales de MZA
(Atocha) (1858-1936)»], del que son autores los que esto escriben, se ocu-
pa del origen, ubicación, desarrollo de las instalaciones y evolución de su
equipamiento. En el apartado segundo del presente artículo se hace, a
modo de introducción, una breve sinopsis del citado trabajo, y se expone
por primera vez su organización funcional, francesa, y su evolución.
En el apartado tercero se considera la estructura del empleo y las formas
de acceder a él. Aparte del Reglamento de Contabilidad (1862), las dos
fuentes básicas utilizadas son los Libros de Matrícula, que comprenden

1
García Ruiz (2011, p. 193).
2
Mencionemos, sólo a modo de ejemplo, los estudios sobre Crewe (Drummond, 1989) en
Inglaterra, Malinas (Heesvelde, 2009) en Bélgica, Oullins (Chevandrier, 1993) en Francia,
Canadá (Hamilton y Mackinnon, 1996) y Midland (Bértola y Oliver, 2006) en Australia. La
Revue d’Histoire des Chemins de Fer dedicó los números 28 y 29 de 2002 al tema.
3
Para su análisis los autores se han valido de la información contenida en una base de
datos sobre los trabajadores de los Talleres Generales de Atocha entre 1882 y 1888, a la que
han aplicado los métodos de escalado óptimo para transformar las variables cualitativas en
cuantitativas, y, después, utilizar el análisis de componentes principales. Que los paráme-
tros de la estimación sean altos puede ser un indicio, pero en ningún caso una evidencia
histórica de la existencia de mercados internos. A finales del siglo XIX, en España «poco o
nada se ha hecho hasta ahora en este sentido [previsión]», en comparación con Alemania
y Francia. Son palabras de la bien informada Gaceta de los Caminos de Hierro del 9 de
octubre de 1892 que bien pueden servir de advertencia para no incurrir en anacronismos,
un fenómeno cada vez más frecuente.

122

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ARTÍCULOS
un total de cerca de 9.000 expedientes personales entre 1857 y 19344, y el
opúsculo Reglas provisionales para la admisión y permanencia en el ser-
vicio del personal fuera de la plantilla y para el paso a la plantilla del
mismo personal (MZA, 1917), donde se resume la polémica suscitada entre
los directivos en 1912 a propósito de aclarar –y regular– la situación y el
acceso del personal de la Compañía5. Se decide que sea ella misma la que
forme a los nuevos activos, a los que, una vez se hagan acreedores de un
contrato fijo, les extiende, para fidelizarlos, los beneficios sociales de la
empresa. Ahora sí –es una de las principales conclusiones– se puede ha-
blar en puridad de mercados internos.
Gracias a los Libros de Matrícula y de Presupuestos de la Red Antigua6,
desde 1913, conocemos –cuarto apartado– la procedencia del empleo así
como su evolución y niveles salariales, no muy diferentes de los de otros
grandes establecimientos industriales y en torno a la media general de la
Compañía. En el epígrafe final se exponen las principales conclusiones.

2. Un complicado emplazamiento que limitaba la expansión


Los Talleres fueron construidos entre 1856 y 1858 para reemplazar a los
muy modestos que en aquel momento había en Aranjuez y en Madrid,
adyacente al embarcadero de Atocha, pertenecientes a la antigua Com-
pañía del Ferrocarril Madrid-Aranjuez (1851) y adquirida por MZA del
grupo Rothschild7.
El diseño organizativo adoptado y los métodos de organización del
trabajo fueron, como no podía ser de otro modo, los propios de las ferro-
viarias francesas, y, más concretamente, el de la Compagnie du Chemin
de Fer du Nord (Nord), creada por los Rothschild.
De inmediato, para ampliar el negocio y favorecer las economías de
escala, la Compañía inició un proceso expansivo hacia el centro y sur
con importantes ramificaciones al este y oeste de la zona meridional de
la Península, adquiriendo líneas nuevas o anexionando otras ya en explo-
tación parcial o total. Con la línea transversal Valladolid a Ariza, abierta a
la explotación en 1896, la empresa cerró el ciclo de las grandes construc-

4
AHF [Archivo Historia del Ferrocarril], Libros de Matrícula L., 835, 836 y 837. La ficha por
trabajador a grandes líneas contiene: nombre y apellidos; lugar, fecha de nacimiento y estado;
fecha de incorporación, primer empleo y sección con el salario y las subidas; fecha de la baja,
motivo de la misma, oficio y salario. Existen, sin embargo, no pocos problemas, que obligan
a andar con tiento. Hasta los años 1872 y 1873 no se hicieron las regulaciones (es cuando
comienza el primer libro), lo que explica que las lagunas e incongruencias existentes en el
primer libro sean más numerosas. No existen registros de directivos, los de oficinistas son muy
pocos y el número de contramaestres y delineantes también es muy reducido. Las últimas
entradas que se registran son de 1934.
5
AHF/S/49/6.
6
Los Libros de Presupuestos ya fueron utilizados en Martínez Vara (2006).
7
MZA fue constituida en Madrid el 10 de enero de 1857, con la colaboración de la Sociedad
Española Mercantil e Industrial y con la intervención decisiva de la familia Rothschild, due-
ña de más de la mitad del capital social. Cuando se constituye la empresa, las tres cuartas
partes de la línea de Madrid a Alicante ya estaban construidas, aunque el eje de Madrid
a Zaragoza estaba todavía en sus comienzos. Se mantuvo como empresa privada hasta su
integración en Renfe en 1941.

123

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ARTÍCULOS ciones, y con la incorporación en 1898 tras la suspensión de pagos de la
Compañía de los Ferrocarriles de Tarragona a Barcelona y Francia (TBF o
Red Catalana de MZA) el de las grandes absorciones. TBF mantuvo, hasta
finales de la década de 1920, su identidad. Los Talleres de Barcelona-Clot,
el equivalente a los Talleres Generales de la Red Antigua, siguieron cum-
pliendo el mismo cometido.
Sólo tres meses después de constituirse la Compañía, el ingeniero
francés A. Jullien expuso al Consejo de Administración (CA) la necesidad
de crear unos talleres capaces de satisfacer las exigencias crecientes de
la Tracción. Aunque la naturaleza del terreno no fuera la mejor por la
proliferación de desniveles, Jullien eligió las inmediaciones de Atocha. El
recinto tenía forma de rectángulo, dentro del que iba a existir una clara
especialización zonal. Siguiendo las directrices de la época, las instalacio-
nes se articularían en torno a grandes patios internos pues era la forma de
obtener la iluminación adecuada hasta la generalización de la electricidad
y de poder realizar trabajos externos. La existencia de terraplenes, la dis-
posición de las vías principales al norte y la presencia del arroyo Carca-
bón al sur explican la orientación dada a estas instalaciones y sus graves
limitaciones expansivas. Dentro y fuera del recinto, la manutención y el
movimiento entre las dependencias se realizaba por las playas de vías or-
togonales, pequeñas placas giratorias, cangrejos y carros transbordadores
perpendiculares a las vías, caballetes de levante, grúas-pórtico, puentes
grúa y grúas móviles e incluso animales de tiro. Los obreros accedían
por el camino de las yeserías (luego Méndez Álvaro), sin necesidad de
atravesar la estación.
De inmediato se procede a equipar los Talleres del instrumental ade-
cuado, al tiempo que se contrata como instructores a técnicos del exterior,
preferentemente franceses, como franceses eran en su mayoría los directi-
vos, el capital, la tecnología y la forma de organización y gestión. Utilizaba
la fuerza motriz generada por máquinas de vapor. En febrero de 1859 los
talleres se hallan acabados y equipados con las «herramientas y máquinas
necesarias». Se trataba, según la Gaceta de los Caminos de Hierro (GCH),
de «la más hermosa fábrica en explotación que hay en España».
Por lo que se refiere a su organización funcional, Talleres Generales
(Atocha y Clot) constituyen una de las tres divisiones de que consta el
servicio de Material y Tracción. Depósitos y Trenes eran las otras dos8. El
ingeniero jefe de Talleres es quien dirige los trabajos a realizar, llevando
cuenta de los objetos o primeras materias que recibe y del coste de cada
reparación en los conceptos de mano de obra, material y gastos genera-
les. En 1893 deja de ser división, pasando a depender de la de Material9.
El cometido principal del jefe de Talleres, sin embargo, apenas varía.
A comienzos del siglo XX, concretamente en 1914, MZA detentaba, por
la cuantía de sus activos, el segundo lugar dentro del ranking empresarial
español, pisándole los talones a la Compañía de los Caminos de Hierro
del Norte de España, que era la primera. MZA controlaba un tercio (3.662
kilómetros) del tendido de la red de ancho ibérico y ocupaba también

8
Orden de Servicio 15 (1 de septiembre de 1862).
9
Orden de Dirección 164.

124

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ARTÍCULOS
casi un tercio (24.028 empleados) del personal ferroviario de este tipo de
vía10. Para atender eficientemente el tráfico creciente, la Compañía hubo
no sólo de perfeccionar y ampliar el material fijo y rodante (más potente,
rápido y pesado) sino también, y en consecuencia, remodelar y moderni-
zar los Talleres, recogiendo los adelantos que en el momento se estaban
produciendo, como la soldadura o el uso de herramientas pequeñas
movidas por aire comprimido, aunque el más decisivo fue la introduc-
ción de la electricidad como fuente energética (CARON, 2003). Para los
grandes talleres en general ello significó un gran salto hacia adelante ya
que, además de proporcionar iluminación, con los nuevos puentes-grúa
eléctricos se podrían levantar locomotoras enteras y con los motores eléc-
tricos de funcionamiento autónomo se incrementaban los rendimientos,
al permitir adaptar el ritmo de funcionamiento de cada uno a la máquina
donde se acoplase. El alumbrado se introdujo en los Talleres de Atocha
en 1890 y, trece años después, se instaló la fuerza motriz. El dinamismo
y nivel alcanzado lo puso de manifiesto la empresa en la Exposición de
Industrias Madrileñas de 1907. Buena parte de los artículos expuestos en
el elegante pabellón de la Compañía eran productos fabricados en los
Talleres Generales, lo que, a juicio de la GCH, revelaba «poseer perfec-
cionadas máquinas-herramienta y acertada elección en la mano de obra»11.
Pese a los esfuerzos realizados, los problemas de falta de espacio se
iban a complicar. De ahí que, en 1913, E. Maristany, el director general,
aconsejara al Consejo de Administración (CA) desdoblar los Talleres,
trasladando a otro emplazamiento las dependencias relacionadas con la
reparación de coches y vagones, y con ellas el Taller de Puentes (Vía y
Obras). Así quedaría disponible el espacio necesario para ampliar con la
conveniente holgura las instalaciones dedicadas a la reparación de má-
quinas y ténders. Propuso, asimismo, una reestructuración del Servicio de
Material y Tracción12. La Jefatura del Servicio residiría en Madrid y estaría
integrada por cuatro divisiones, una de ellas Talleres Generales, que ten-
dría a su cargo la dirección técnica y administrativa, tanto de los Talleres
de Atocha (Red Antigua) como de los de Barcelona-Clot (de la antigua
Compañía de los Ferrocarriles de Tarragona a Barcelona y Francia). El jefe
de la División de Talleres Generales seguiría, lógicamente, a las órdenes
inmediatas de la Jefatura de Material y Tracción; en casos de ausencia,
licencia o enfermedad del ingeniero jefe de la División de Talleres le
sustituiría el Jefe de los Talleres Generales de Madrid.
La idea de E. Maristany de desdoblar los Talleres Generales no surtió
efecto, pero, en cambio, sí se llevó a cabo el traslado a Villaverde del
Taller de Puentes, conocido desde entonces como Taller Central, al que
se dotó de una instalación y unos equipamientos modélicos, aunque para

10
Su posición hegemónica dentro del negocio ferroviario español se mantendrá hasta su
desaparición para integrarse en Renfe en 1941. Para el lugar de las ferroviarias en el ranking
empresarial, véase Carreras y Tafunell (1996). Los activos laborales en Ballesteros y Martínez
Vara (2001). A principios de siglo el tamaño de la red de MZA era similar, en cada caso, a
la Compañía francesa de Midi o a la London & North-Western británica, por sólo citar dos
ejemplos.
11
Gaceta de los Caminos de Hierro, de 8 de noviembre de 1907.
12
AHF, Consejo de de Administración de MZA, L.396, fols 276-285; AHF, S/145/1.

125

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ARTÍCULOS ello hubo de esperarse a 1924 (MARTÍNEZ VARA y COBOS ARTEAGA,
2007). Pese a ello los problemas de espacio no desaparecerían. Hubo
planes de mejora durante la Dictadura Primorriverista, pero en los años
treinta las dificultades económicas de la empresa se tornaron insolubles.
MZA no estuvo ya en condiciones de realizar inversiones en capital fijo y
menos aún de equipar sus Talleres.
En esta difícil coyuntura, en abril de 1934, se planteó una nueva re-
forma funcional. Básicamente consistió en la supresión provisional de la
División de Talleres, colocando la sección de locomotoras bajo el control
de la División de Tracción y la de coches y vagones bajo el de Material
Móvil. El planteamiento que subyacía era que el trabajo que se realizaba
en los Talleres Generales era complemento del de los Depósitos y Reco-
rridos13. Fue la última.

3. Estructura y movilidad laboral en los Talleres Generales


Como es sabido, el primer gran reto que, en el terreno de las relaciones
laborales, hubieron de afrontar los equipos directivos de las grandes fe-
rroviarias consistió en seleccionar y dirigir a un conjunto elevado y hete-
rogéneo de trabajadores (CHANDLER, 1987). La elección del personal
idóneo y fiable no resultó tarea fácil, pues, al tratarse de profesiones casi
siempre nuevas, incluso en los diferentes talleres, no existía experiencia
de la que partir. Una vez seleccionados los candidatos, idóneos y fiables,
las ferroviarias –MZA no constituyó ninguna excepción– debieron, segui-
damente, suministrarles, formal o informalmente la cualificación a propó-
sito, habituarles a la dura disciplina requerida (SAVAGE, 1998; LUMMIS,
1994) y ligarles a las empresas con políticas incentivadoras. Para retener-
los, los gerentes, amén de hacerlos fijos, una situación muy ventajosa en
el mercado laboral de la época, combinaron prácticas de corte autorita-
rio-paternalista, tendentes a fomentar la cultura corporativa14, garantizar
la paz social y frenar el sindicalismo (COBOS ARTEAGA y MARTÍNEZ
VARA, 2011), con lo que Fitzgerald (1988, pp. 25-52) llamó «programas de
bienestar industrial» y los documentos de la época, franceses y españoles,
«instituciones sociales» o «ventajas a favor del personal»15, que, en el fondo,
no eran sino una versión ampliada e institucionalizada de las anteriores.
En 1858 se aprobó el mencionado Reglamento de Contabilidad (1862).
En él se hace por primera vez una breve sinopsis de la organización fun-
cional y del trabajo en los Talleres de Atocha antes descrito, que, en líneas
generales, se mantuvo hasta el final de la empresa. Como en los demás
talleres ferroviarios, y en la industria metalúrgica en general, «la organi-
zación del trabajo se lleva a cabo por secciones, es decir, agrupando en
un mismo espacio las tareas y máquinas similares», lo que le otorga una
«gran flexibilidad y permite una “supervisión especializada”» (LALANA,
13
AHF, S/168/296.
14
El sistema otorgaba a las compañías una discrecionalidad absoluta en la concesión de
cualquier tipo de prestación extrasalarial y en la distribución de plantillas y escalas profe-
sionales.
15
El caso francés en Ribeill (1980 y 1998) y el de España en Martínez Vara (2006).

126

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ARTÍCULOS
2005, pp. 48-49). En los inicios comprenden los Talleres de Atocha las
subsecciones de fraguas, calderería, fundición del hierro y cobre, afinado
y tornos, ebanistería, pintura, guarnicionería y el taller de armar. Cada
una tenía las correspondientes máquinas-herramienta manejadas por
operarios cualificados.
El cometido principal del jefe de Talleres –ya se ha señalado– era la
dirección de los mismos, hacía ejecutar «los trabajos de construcción o
reparación de pedidos por otros servicios» y examinaba «la calidad de las
materias y suministros de todas clases». El subjefe, obviamente, secunda-
ba al jefe y lo reemplazaba en caso de ausencia; eran nombrados por la
Dirección. Ambos, junto con el agregado y oficial de oficina, integraban
el personal superior, al que se accedía por nombramiento, no estaba
sujeto a reglas fijas y disfrutaba de sueldos elevados. A los jefes y agre-
gados seguía, en orden jerárquico, el personal directivo y administrativo
a jornal16, integrado por los delineantes (prestaban servicio con sus ayu-
dantes en la oficina de dibujo del taller bajo órdenes inmediatas de la
Jefatura de la División y Jefe de Talleres); los auxiliares de oficina (se
dedicaban a la tramitación de documentos, estadísticas y contabilidad,
prestando servicio en la oficina central de los Talleres, transcurrido un
tiempo ascendían a oficiales y algún afortunado a encargado o jefe de
negociado); los porteros, ordenanzas y guardas; y, por último, los con-
tramaestres, de los que dependían los jefes de cuadrilla, equipo y alista-
dores con sus respectivos ayudantes (confeccionaban y liquidaban libre-
tas de jornales, destajos, bonos, facturas, etc.)17. La figura del contramaestre
era fundamental pues era quien organizaba la producción; se accedía por
promoción entre los trabajadores más cualificados y fieles tras superar las
etapas de ayudante de contramaestre y subcontramaestre. Estaban, claro
es, entre los mejores retribuidos pues, aparte del salario, ya de por sí más
elevado, percibían primas de productividad por máquina y vehículo re-
parado18.
De los contramaestres dependían, obviamente, los «trabajadores pro-
piamente de los talleres», a los que los directivos no consideraban en puri-
dad ferroviarios. Estaban integrados, de un lado, por un elevado número
de profesiones para las que se exigía un elevado grado capacitación pro-
fesional (ajustadores, montadores, caldereros, forjadores, fundidores, terra-
jadores, fresadores, torneros, carpinteros, ebanistas, modelistas, cerrajeros,
vidrieros, electricistas, y así un largo etcétera), y, del otro, por aquellos
oficios a cuyos aspirantes sólo se les presuponía esfuerzo físico. De entre
los segundos, en un escalón inferior, estarían los mancebos y peones, cuya
divisoria a su vez no siempre era nítida. Las oportunidades de mejora pro-
fesional de este colectivo resultaban más bien escasas. A la empresa no
le resultaba difícil reemplazarlos en el mercado exterior; de ahí su escaso
interés por retenerlos. A medio camino entre los primeros y los segundos
16
AHF, S/49/6.
17
AHF, S/146/25,
18
Para los diferentes tipos de primas y perceptores véase AHF, /S/53/33. Al principio la ma-
yoría era de origen francés. Era frecuente que a los españoles se les mandase al país vecino
para que aprendieran el oficio. Hubo incluso alguno enviado a Gran Bretaña (AHF, Actas
del Consejo de Administración, lib. 376, fols. 144-145, sesión del 13 de septiembre de 1862).

127

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ARTÍCULOS se situaban los ayudantes de oficio19 y los aprendices. Era frecuente que
muchos de éstos abandonaran la empresa, con todo lo que le suponía de
pérdida de inversión. Por ello, y como se verá luego, desde finales del siglo
XIX y principios del XX, cambiará de estrategia, creando la figura del suple-
mentario. Mencionar, por último, la excepcionalidad del empleo femenino;
excepcionalidad por su escasez (sólo un puñado de costureras y alguna
lavadora) y excepcionalidad por su forma de acceso (viudas de operarios
fallecidos, menos un caso); la primera mujer ingresó como guarnecedora en
octubre de 1867 y se retiró como costurera por incapacidad física en 1909,
después de cuarenta años de permanencia en la empresa.
Si nos fijamos en la Tabla 1, entre 1858 y 1882, la empresa recurrió ma-
sivamente –no tenía otra opción pues los activos heredados de la adquisi-
ción de la Compañía Madrid-Aranjuez eran reducidos– al mercado externo
a la hora de contratar todo tipo de personal, cualificado, sin cualificar y
en formación. Pues bien, del total de contratados (2.985), sólo 58 agentes
(1,94 por ciento de los ingresados) alcanzaron la jubilación en la Compañía.
El 72,80 por ciento se fue de la empresa voluntariamente tras una breve
estancia en ella (2,4 años como media general), incluyendo los aprendices
y ayudantes de oficio, de los que el 84,44 por ciento de los primeros y
el 68,93 por ciento de los segundos no siguieron motu proprio la carrera
esperada20. La tasa de abandono del personal sin cualificación fue, como
era de esperar, más elevada, el 72,70 por ciento para peones y 81,45 por
ciento para mancebos, que en el caso del cualificado, el 66,60 por cien-
to21. Otras razones del abandono de la empresa fueron: fallecimiento (10
por ciento), incapacidad física (4,5 por ciento)22, traslado y servicio militar
(2,71 por ciento), ajuste de plantilla (0,7 por ciento), despido disciplinario
(6,6) y el resto por razones desconocidas.
Si en esos primeros decenios la empresa trató de retener a los tra-
bajadores, el resultado fue, desde luego, un fracaso rotundo, lo que no
debe sorprender si se tienen en cuenta las duras condiciones de trabajo
(disciplina espartana, larguísimas jornadas de trabajo23, bajo nivel sala-
rial), la rigidez en la política de promociones (sólo el 18,48 por cien de
los aprendices, el 9,91 por ciento de los ayudantes, el 9,04 por ciento

19
Cuando entre 1945 y 1946 desaparece la clasificación analizada, los ayudantes de oficio
del momento se convierten en oficiales de primera.
20
Únicamente 12 aprendices de los 87 que se fueron habían logrado un oficio cualificado.
21
Kinsford (1970) y Howlett (2001) describen una situación similar en las compañías británicas.
22
Recuérdese que hasta 1900 no aparece en España la primera ley de accidentes de trabajo.
La situación en la que quedaba el trabajador cuando se producía un accidente era la más
absoluta precariedad. Previamente aprobada por el Consejo de Administración, la Compañía
entregaba –no siempre– una suma aleatoria a la familia y, en algunos casos, colocaba a la
viuda o los hijos.
23
De octubre a mayo, el horario se iniciaba a las 6,30 de la mañana y terminaba a las 5,30 de
la tarde. El descanso para la comida duraba una hora en el invierno y hora y media en el
verano. Hasta la implantación de la jornada de ocho horas en 1919, y sin contabilizar el tra-
bajo de las oficinas, el tiempo de trabajo efectivo era de diez horas (seis horas en el caso de
las oficinas) y la permanencia en el Taller entre once y once horas y media. Los trabajadores
de Taller tenían derecho a descanso los domingos y festivos y los oficinistas –sólo estos– quin-
ce días de licencia con sueldo. El promedio de días laborables al año, descontando fiestas y
licencias por enfermedad, se situaba entre 300 y 305 días aproximadamente.

128

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ARTÍCULOS
Tabla 1. Profesión de los agentes al ingreso según los
Libros de Matrícula, 1857-1934
1857-1882 1883-1904 1905-1934
Profesiones Efectivos % Efectivos % Efectivos %
Personal cualificado
Acuñador 27 0,90 6 0,20 - -
Afilador 4 0,13 7 0,24 1 0,03
Ajustador 180 6,03 174 6,04 39 1,33
Aserrador 12 0,40 13 0,45 2 0,06
Auxiliares-alistadores 5 0,16 10 0,34 9 0,30
Calderero 126 4,22 34 1,18 19 0,64
Carpintero 609 20,40 278 9,65 146 4,98
Cepillador 13 0,44 4 0,13 1 0,03
Cerrajero 37 1,24 70 2,43 71 2,42
Contramaestres, 10 0,33 26 0,9 15 0,51
delineantes y encargados
Costurera 1 0,035 13 0,45 6 0,21
Forjador 70 2,34 28 0,97 11 0,37
Fundidor 75 2,51 63 2,20 20 0,68
Guarnecedor 51 1,70 59 2,05 24 0,82
Herramentista 6 0,20 3 0,10 - -
Herrero 14 0,46 1 0.03 1 0,03
Lamparista 27 0,90 20 0,70 - -
Modelista 6 0,20 7 0,24 8 0,27
Montador 219 7,33 48 1,66 - -
Pintor 179 5,99 406 14,10 48 1,63
Taladrador 21 0,70 1 0,03 3 0,10
Tornero 121 4,05 50 1,73 41 1,40
Personal sin cualificar
Guarda y portero 5 0,16 9 0,31 29 0,99
132 508 421
Ayudante 4,42 17,65 14,37
(119) (476)* (330)*
Mancebo 275 9,21 158 5,48 50 (2)* 1,70
Peón 553 18,52 621 21,57 394 (4) 13,45
Personal en proceso de aprendizaje
129 170
Aprendiz 4,32 5,90 82 (22)* 2,79
(12)* (88)*
Suplementarios - - 30 1,04 1.439** 49,12
Sin clasificar
78 2,61 60 2,08 49 1,67
Número de expedientes 2.985 100 2.877 100 2.929 100

* Las cifras entre paréntesis corresponden a aquellos empleados cuya actividad está ligada
a algún oficio determinado.
** De esta suma, 543 correspondieron a profesiones muy cualificadas (10 ajustadores, 134
carpinteros, 112 cerrajeros, 44 guarnecedores, 30 torneros, etc.), 331 a ayudantes de oficio
(131 caldereros, 92 montadores, etc.), 99 a mancebos y 466 a peones y auxiliares.
Fuente: Libros de Matrícula L., 835 (1856-1882), 836 (1883-1903) y 837 (1904-1935).

129

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ARTÍCULOS de los peones y el 4,72 por ciento de los mancebos alcanzaron un oficio
cualificado), la nula cobertura asistencial24 y, en el caso de los operarios
cualificados, que fueron los que más tiempo permanecieron en la empre-
sa (23,5 años los contramaestres, 9 los torneros, 8,7 los acuñadores, etc.),
las buenas oportunidades de éxito en las emergentes industrias metalúrgi-
cas y mecánicas o en otro sector25. Desgraciadamente, salvo en la época
de la Gran Guerra, las fuentes no nos dicen nada del destino al respecto.
Sólo sabemos que fueron muy pocos los que retornaron.
Entre agosto de 1882 y septiembre de 1903, la empresa contrató 2.877
efectivos, un número casi igual al de los veinticuatro años anteriores,
entre personal cualificado (45,89 por ciento), sin cualificar (45,16 por
ciento) y en proceso de aprendizaje (6,46 por ciento). Lo más destacable
de estos guarismos respecto a los del periodo precedente no es el lógico
descenso de los primeros (gran número de plazas ya estaban ocupadas),
ni la previsible subida de los segundos, sino, dentro de éstos, el gran
impulso de los ayudantes de oficio, y de los terceros, los aprendices (6,46
por ciento). Un indicio claro de que la empresa comenzaba a optar por
la formación específica en el puesto de trabajo y la promoción interna,
tendencia que no hará sino reafirmarse de ahora en adelante. De ese
modo, la Compañía trataba de asegurarse la provisión de mano de obra
con el perfil adecuado. El porcentaje de los que interrumpieron volunta-
riamente el contrato, aunque siguió siendo elevado (33,84 por ciento del
total de bajas), cayó de forma significativa con respecto al periodo prece-
dente no sólo en el caso de los aprendices (4,53 por ciento) y ayudantes
(14,84 por ciento), sino también en el de los trabajadores no cualificados
(28,82 por ciento), y lo hicieron igual que antes, es decir, poco tiempo
después del ingreso (2,1 años). Por profesiones, la permanencia en los
talleres se mantuvo prácticamente igual. La crisis económica finisecular
redujo la tasa de actividad en el país y deprimió la oferta de empleo no
especializado. Se mantuvo el porcentaje de bajas por incapacidad física
(3,09 por ciento), aumentó el de fallecidos (13,23 por ciento), traslados y
servicio militar (8,20 por ciento) y, como era de prever, también el de los
que alcanzaron la jubilación (7,29 por ciento), si bien los que más se
elevaron fueron los de expedientes disciplinarios (24,87 por ciento) y
regulación de empleo (3,66 por ciento). A diferencia del periodo anterior,
muchos peones mejoraron de profesión (38,8 por ciento).
Por último, de septiembre de 1903 a octubre de 1934, se confirmaron
las tendencias anteriores. Se contrataron 2.929 operarios, de los que sólo
el 16 por ciento fue personal cualificado, el 30 por ciento sin cualificar y

24
Cierto que, en 1865, los trabajadores de los Talleres Generales crearon la primera Caja de
Socorros, y que ese mismo año recibió la protección y ayuda económica de la compañía
(AHF, Actas del Consejo de Administración, lib. 377, fol. 156, sesión de 25 de julio de 1865;
Juez, 1992, p. 358), pero no parece que sus prestaciones fueran muy lejos.
25
Para los que entraban con oficio cualificado apenas si existían opciones de prosperar (el
número de contramaestres, ayudantes de contramaestre, subcontramaestres, jefes de cua-
drilla y jefes de equipo era muy reducido en relación con el total trabajadores de oficio).
Por ejemplo, el 92,5 por ciento de los acuñadores, el 98,3 de los ajustadores, el 96 de los
caldereros, el 98,5 de los forjadores, el 97 de los fundidores, el 93 de los guarnecedores, el
97,2 de los montadores y el 99,17 por ciento de los torneros acabaron con la misma profe-
sión que habían comenzado.

130

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ARTÍCULOS
el 5,9 por ciento en proceso de formación, siendo desde principios del
siglo –y esto es lo más importante– los suplementarios los más numerosos
(el 49,94 por ciento de todos los contratados). Pero ¿quiénes eran? El
opúsculo Reglas Provisionales para la admisión y permanencia en el ser-
vicio del personal fuera de la plantilla y para el paso a la plantilla del
mismo personal [de los Talleres] de 1917 dedica el capítulo IV a los «ope-
rarios temporeros», un terreno donde «reina la confusión»26, y a los «opera-
rios suplementarios» (MZA, 1917, pp. 40-49). Los primeros carecían de
expediente personal27 y se les utilizaba únicamente en trabajos eventua-
les. Acabado su cometido, terminaba también su vinculación con la em-
presa. Un mismo trabajador podía ser contratado de forma intermitente.
Las tareas a realizar no requerían ningún tipo de cualificación. Tan sólo
se les exigía la «habilidad y destreza indispensables para el desempeño de
su oficio»; únicamente cobrarían las horas trabajadas. En caso de acciden-
te se les aplicaría estrictamente los preceptos de la ley, y lo mismo pro-
cedía en el caso del descanso dominical. Entre la empresa y él «no debe
mediar otra estipulación que la del jornal a percibir y horas y naturaleza
del trabajo a prestar». Los operarios suplementarios, por el contrario, sí
poseían expediente personal con los mismos requisitos que los operarios
fijos. Este personal, mientras fuera suplementario, cubriría interinamente
y a prueba las vacantes que se produjeran en el empleo fijo o en las
plazas de nueva creación, por necesidades del servicio, debidamente au-
torizadas por la Dirección General. La figura del suplementario aparece
por primera vez en los Libros de Matrícula en 1889, pero no es hasta la
segunda década del siglo XX cuando cobró verdadera entidad; la mayoría
de los ingresos registrados desde entonces serán suplementarios, ligados
a una profesión concreta, incluyendo las de auxiliar, ayudante, peón,
mancebo y contramaestre (Tabla 1)28. Podían aspirar a esta condición los
temporeros, pero también obviamente los trabajadores provenientes del
mercado externo, siempre y cuando reunieran, entre otras, estas condi-
ciones: 1.º) saber leer y escribir, barrera de entrada clave para los tiempos;
2.º) tener 18 años y no haber cumplido aún los 30; y 3.º) mostrar integri-
dad y aptitud física, certificada por el médico. Habían de presentar, asi-
mismo, un certificado de buena conducta expedido por la Dirección de
Penales, Alcalde, o Alcalde de Barrio «y mejor, una garantía de persona
conocida de la Compañía», lo que no dejaba de ser una puerta abierta a
la endogamia, así como documentos acreditativos de su condición militar.
Aquellas solicitudes que reunieran los requisitos serían registradas y ar-
chivadas en el Servicio respectivo según orden riguroso de llegada. Cuan-
do se produjere una vacante, el aspirante sería sometido a un examen
práctico más un reconocimiento médico. Superados ambos, el jefe de
Servicio extendería un nombramiento interino de «operario suplementa-
26
AHF, S/49/6.
27
Eso es lo que dicen las normativas, aunque en el tercero de los Libros de Matrícula apa-
recen 32 temporeros (ayudantes y peones temporeros en su mayoría), alguno de los cuales
llegó incluso a oficial de segunda.
28
«Por disposiciones, todas verbales, se acordó [¿1912?] que el personal que se admitiese en
los Talleres, lo fuera con carácter suplementario, estando en esta situación durante un año»
(AHF, S/49/6-10).

131

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ARTÍCULOS rio» o «a prueba», paso previo al definitivo, que llegaría cuando hubiera
«demostrado ser eficiente y buen comportamiento y suficiencia» tras 12
meses (18 desde 1915) de interinidad. Debe resaltarse que únicamente el
10,35 por ciento de los 1.439 seleccionados no superaron el periodo de
prueba, unos (72) porque dimitieron, otros porque fallecieron (7), se
trasladaron (5) o cometieron alguna indisciplina y el resto porque se es-
timó que sus servicios no eran necesarios. El jornal será la remuneración
de su trabajo; no hay más vínculo con la empresa mientras persista la
interinidad. En caso de accidentes de trabajo se aplicarían estrictamente
los preceptos de la ley, optando, en los casos de incapacidad, por el
abono de la indemnización y despido del agente. Serán igualmente de
aplicación los preceptos correspondientes de la ley de descanso domini-
cal.
Dada la falta de centros especializados, por los que la empresa no
mostró ningún interés, en un modelo de producción «fabril artesanal»,
definido por una organización del proceso de trabajo basada en la divi-
sión de puestos de trabajo y tareas por cualificaciones»29, el aprendizaje
en la empresa se presentaba como el medio básico para la adquisición
por el trabajador de conocimientos técnicos y, como consecuencia, una
promoción en el oficio, amén de habituarlo a la disciplina y de suscitar en
él una identificación y complicidad con el oficio y la empresa30. Que el
incremento progresivo de suplementarios fuera correlativo al descenso de
la contratación de activos cualificados en el mercado externo y que la ta-
sa de abandono voluntario se hubiera reducido (tan sólo un 9,6 por
ciento de los que entraron como suplementarios dimitieron) en la mis-
ma forma que ha aumentado el tiempo de permanencia, incluidos los
mancebos (14,5 años) y (13,29 años), muestra el éxito a largo plazo de
la política laboral de la empresa a la hora formar –y fijar– a los nuevos
trabajadores31.
Pero ¿cuántos trabajadores había?, ¿de dónde provenían?, ¿cuánto ga-
naban? De esto se ocupa el apartado siguiente.

4. Evolución del número de empleados, procedencia


y remuneraciones
No es fácil conocer la evolución precisa del empleo en los Talleres Ge-
nerales hasta comienzos de la segunda década del siglo XX. Los únicos

29
Sancho Sora (2004).
30
«Está demostrado que […] hay algunos agentes […] que proceden de la clase de aprendi-
ces y [que] reúnen excelentes condiciones, tanto en el orden profesional como en su con-
ducta y adhesión a la Compañía»; «es natural que así ocurra puesto que se trata de agentes
criados y enseñados […] en el lugar». Este personal guardará «siempre hacia la Compañía un
respeto y cariño propio del bien recibido en ella y del porvenir […]». Así se expresaba el
jefe de Material y Tracción en un informe remitido a la Dirección de la Compañía el 10 de
junio de 1918 (AHF, S/56/52). Aunque el texto se refiere a los aprendices de los Depósitos,
el contenido es extrapolable a los suplementarios de los talleres.
31
Un proceso similar y en la misma época sucedió, según Mackinnon (1994), en la Canadian
Pacific Railway.

132

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ARTÍCULOS
datos creíbles de que disponemos para el periodo anterior son las cifras
escuetas que por decenios proporciona el Boletín Oficial de la Cámara
de Comercio e Industria de Madrid de septiembre de 1913. La fuente no
aclara si en los guarismos está incluido el personal superior y los directi-
vos y administrativo a jornal, si bien todo parece indicar que sí. A partir
de 1910 la información numérica es ya exhaustiva, sobre todo, la surgida
a raíz de la huelga de 1912 y la ofrecida por los Libros de Presupuestos,

Tabla 2. Operarios de los Talleres Generales de Madrid, 1870-1935

Años Operarios Índice 1870 = 100


1870 485 100,00
1880 670 138,14
1890 870 179,38
1900 976 201,23
1908 1.451 299,17
1909 1.430 294,84
1910 1.434 295,67
1911 1.346 277,52
1912 1.342 276,70
1913 1.340 276,28
1914 1.342 276,70
1915 1.313 270,72
1916 1.222 251,95
1917 1.220 251,54
1918 1.265 260,82
1919 1.314 270,92
1920 1.342 276,70
1921 1.444 297,73
1922 1.446 298,14
1923 1.500 309,27
1924 1.496 308,45
1925 1.500 309,27
1926 1.528 315,05
1927 1.527 314,84
1928 1.531 315,67
1929 1.552 320,00
1930 1.572 324,12
1931 1.580 325,77
1932 1.575 324,74
1933 1.510 311,34
1934 1.508 310,92
1935 1.504 310,10

Fuente: BCOIM (1913), pp. 1-8; AHF, W/46/8 (año 1913); AHF Libros de Contabilidad (Red
Antigua) 45-48, 50, 55, 60, 61, 65, 71-72, 79-81, 97-99, 107-109, 117-118, 125-127, 134-137,
144-147, 152-155, 162-163, 169, 176-177, 184-185, 191-192.

133

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ARTÍCULOS aunque no siempre coincide. Los datos de la Tabla 2 –están todos– deben
tomarse como lo que realmente son: un mero indicador de la tendencia.
En todo caso los guarismos son coherentes con lo que sabemos de la
evolución de la empresa. Si de 1870 a 1900 el número de trabajadores se
duplicó se debe a la expansión de la red (construcciones y fusiones). La
bonanza económica de la empresa explica el gran aumento en los años
previos a la Gran Guerra. Se entiende el deseo de E. Maristany de liberar
espacio para adecuar instalaciones y equipos. Durante el conflicto, sin
embargo, la pérdida de poder adquisitivo y la demanda de empleo es-
pecializado –«son muy buscados en la industria particular»– explican por
qué en el tiempo que duraron las hostilidades muchos efectivos de los
talleres cambiaron de empleo. En los Libros de Matrícula se hace referen-
cia expresa a 132 bajas por «ausencias prolongadas» y «dimisiones» que no
tienen otra justificación. El incremento entre 1920 y 1930 tiene que ver
con la implantación de la jornada legal y la buena coyuntura del negocio
ferroviario en los años de la Dictadura. La crisis económica general y la
propia del sector, y muy en particular la suya propia, fuerzan a la Com-
pañía a realizar reajustes de plantilla. «Se impone desde ahora y hasta
nuevo aviso –explica E. Maristany en una circular enviada a los diferentes
servicios de la Compañía el 31 de marzo de 1931– no se cubran ninguna
de las vacantes que se produzcan […] y no admitir personal temporero sin
autorización expresa de la Dirección». Las cosas ya no mejorarían.
Procedían de las industrias artesanales en declive por la mecanización
y concentración de la industria, unos, y del excedente de población agrí-
cola, donde abundaba el subempleo y desempleo encubierto, los otros.
Las variables origen geográfico y año de llegada nos permite relacionar la
procedencia con su actividad productiva (oficio). Los tres periodos de
la Tabla 2 se corresponden taxativamente con las fechas de los tres Libros
de Matrícula y no tienen otro objeto que delimitar un antes y un después
en cada caso. Cuando concluye el primero (1882), sólo restan para com-
pletar la Red Antigua los ferrocarriles Cuenca-Aranjuez y Ariza-Valladolid.
Más de un tercio de los trabajadores contratados en esos 26 años vienen
de Madrid, capital y región. Que entre ellos se contara mano de obra
cualificada (126 caldereros y ayudantes de caldereros, 178 ajustadores, 38
cerrajeros, 74 fundidores, 121 torneros, 218 montadores, 70 forjadores, 21
taladradores, 50 guarnecedores y 605 carpinteros, entre otros) explica el
peso que en la selección debieron tener las industrias artesanales rurales.
Una porción importante de los 116 aprendices, 551 peones y 270 mance-
bos contratados provino del campesinado del entorno regional.
El porcentaje de empleados nacidos en Madrid crecerá con el paso de
los años llegando a representar al final casi la mitad del colectivo total;
la estructura socio-laboral, sin embargo, cambia poco. Cae la cota del
empleo más cualificado, al tiempo que crece el número de auxiliares y
peones. Fuera de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León fueron las
regiones proveedoras de mano de obra por excelencia; sólo la primera
proporcionó un cuarto del total. En ambos casos, el grueso era excedente
de mano agrícola, al que se deben añadir, en el caso manchego, los ar-
tesanos de la madera (carpinteros). Por otro lado, la absorción del ferro-
carril Ciudad Real-Badajoz, en 1880, implicó el desplazamiento a Madrid

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ARTÍCULOS
de un contingente nada desdeñable de los trabajadores de los antiguos
talleres ferroviarios ubicados en la capital manchega, sobre todo los de
material remolcado. A las dos Castillas les sigue en importancia Andalucía
y Galicia, con un porcentaje similar, 4,76 y 4,02 por ciento. Si el perfil so-
cioprofesional de los gallegos reproduce el de los castellano-manchegos
(muchos peones y bastantes carpinteros), el de los andaluces se asemeja
al del resto de las regiones (artesanos tradicionales), salvo el caso de
Jaén donde los peones superan con mucho al resto de las profesiones.
Mientras la participación de sendas Castillas, Andalucía y Extremadura
aumentan su cuota, la presencia de las demás acaba siendo simbólica.

Tabla 3. Origen geográfico de los trabajadores contratados en los


Talleres Generales, 1857-1941

1857-1882 * 1882-1904 1905-1934


Andalucía 120 4,04 145 5,19 207 7,25
Aragón 81 2,75 44 1,57 45 1,57
Asturias 90 3,03 55 1,96 23 0,80
Baleares 3 0,10 2 0,07 - -
Canarias - - - - 1 0,03
Cantabria 20 0,66 - - 6 0,21
Cataluña 34 1,14 29 1,03 6 0,21
Castilla y León 273 9,22 298 10,67 248 8,69
Castilla-La Mancha 730 24,67 714 25,57 762 26,70
Extremadura 22 0,74 37 1,32 62 2,17
Galicia 120 4,05 60 2,14 17 0,59
Madrid 1.081 36,55 1.108 39,68 1.343 47,06
Murcia 46 1,55 42 1,50 54 1,89
País Vasco-Navarra 40 1,35 70 2,50 19 0,66
Rioja 25 0,83 8 0,28 8 0,28
Valencia 98 3,31 82 2,93 34 1,19
Francia 142 4,80 69 2,47 10 0,35
Otros países 32 1,08 29 1,03 8 0,28
Total** 2.957 100 2.792 100 2.853 100

* Recuérdese que los Talleres Generales heredaron los activos de los tallares de ferrocarril
Madrid-Aranjuez.
** Total de los que se conoce el origen.
Fuente: Libros de Matrícula L., 835 (1856-1882), 836 (1883-1903) y 837 (1904-1935).

Capítulo aparte merece la contratación de personal francés (el resto


del extranjero sólo tuvo carácter muy marginal). Se trata mayoritariamente
de personal muy cualificado, difícil de encontrar en los primeros años en
España. Este personal, atraído por el reclamo de buenos salarios, tuvo
en el primer momento la doble misión de realizar el trabajo y enseñar a
los aspirantes españoles. No debe sorprender que, en la primera etapa,
el colectivo mayor fuese el de los montadores (28), seguido de los ajus-
tadores (16), caldereros (14), torneros (9), carpinteros (9), pintores (9),
135

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ARTÍCULOS forjadores (6) y contramaestres (3). La llegada de inmigrantes franceses
fue disminuyendo a medida que estos oficios podían ser aprendidos in
situ o contratados ya en el mercado español. Todavía entre 1883 y 1904
vinieron 69, de los que 7 eran ajustadores, 14 pintores y 3 torneros, si
bien lo más destacable fue la llegada de 10 delineantes. En el tercer pe-
riodo, 1905-1935, el contingente ha quedado reducido a sólo 13, de los
que la mitad eran agregados a las oficinas. Para entonces habían perdido
totalmente su carácter formativo.
Las retribuciones revestían dos formas. Los miembros de plantillas no-
minales (jefes, subjefes y agregados) percibían sueldos por mensualidades
vencidas y los de plantillas numéricas del personal (la mayoría) fijo a jor-
nal y el eventual jornal por día de trabajo. Unos y otros podían mejorar
sus retribuciones mediante el incremento de las mismas, por antigüedad
o por ascenso a otra escala de mayor categoría. Las horas extraordinarias
y los destajos fueron los expedientes a los que recurrieron los gerentes
para evitar nuevas contrataciones y hacer frente a los aumentos de la
demanda y los trabajadores para incrementar sus remuneraciones32. Co-
mo los demás agentes, desde 1920 (sólo desde esta fecha), los operarios
de los Talleres tienen derecho a la gratificación de una mensualidad, a
razón de 26 jornales. A sueldos y jornales se debía agregar, dependiendo
de la época, profesión y categoría, un heterogéneo agregado de partidas
monetarias (pluses diversos, primas varias, ayuda familiar y socorros e
indemnizaciones en caso de accidentes), bastante marginales en el caso
de Talleres, y no monetarias (economato, prestaciones médico-hospita-
larias, medicamentos, billetes gratuitos), no fáciles de medir en términos
monetarios. Son las «prerrogativas» empresariales, destinadas –ya se ha
indicado– a fomentar una cultura corporativa. No tendrán, en cambio,
derecho a vivienda o ayudas para la misma, ni, como el personal de la ex-
plotación33, descansos y licencias anuales remuneradas al no trabajar los
domingos y festivos, que, obviamente, tampoco le eran remunerados. Se
entiende que pidieran reiteradamente a la Dirección que se les equiparara
con los de los servicios propios de la explotación. Como era de esperar,
la respuesta de la empresa fue siempre negativa, aduciendo como razones
últimas, que no únicas, «la elevación de los costes y el diferente estatus
que disfrutaban unos y otros»34.

32
AHF, C/577/1. Estos recursos fueron muy utilizados entre 1920 y 1923 para recuperar el
retraso en las reparaciones tras la Gran Guerra.
33
AHF, S/146/25. Servicios «activos» o «propios» de la explotación son aquellos que tienen
que ver directamente con el movimiento de los trenes (maquinistas, fogoneros, jefes de
estación, factores, conductores, revisores, etc.).
34
En un informe remitido al Consejo de Administración para su consideración a fines de
enero de 1918 a propósito de la petición de los trabajadores de los Talleres Generales del
descanso quincenal remunerado la Dirección expresa la conveniencia de «seguir consideran-
do los Talleres como un servicio auxiliar del ferrocarril» para así disponer de «la mayor li-
bertad que pueda convenirle» y externalizar la producción, si lo estimaba oportuno, no te-
niendo que realizar «ampliaciones» cuando se acercaba la fecha de «reversión al Estado».
Además, conseguía «evitar las grandes aglomeraciones de obreros en locales cerrados en los
cuales es fácil la propaganda para formular peticiones […] o bien para la difusión de ideas
subversivas y en su caso la producción de algaradas» (AHF, S/50/13). Varios conflictos en el
pasado –1859, 1868, 1881 y 1904, en el que participaron activamente las mujeres (Plaza,

136

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ARTÍCULOS
Ciertamente es una gran suerte que dentro de la tónica de precariedad
en lo que hace la información estadística disponible sobre la evolución de
los salarios en el siglo xIx y primer tercio del xx los Libros de Matrícula
den fe de las remuneraciones por trabajador fijo a lo largo de todo el
periodo entre 1856 y 1935. Existen dos profesiones, peones y carpinteros,
representativas del empleo secundario, no cualificado (mancebos y ayu-
dantes), la primera, y de los cualificados, la segunda, cuya información,
depurada, permite construir series homogéneas y sin discontinuidades de
las remuneraciones efectivas en el momento de acceso a la Compañía,
es decir, sin ningún plus adicional de antigüedad, y cuando, sin haber
cambiado de oficio, la abandonaron (Gráfica 1). Lamentablemente los
Libros de Matrícula no permiten hacer lo mismo con los integrantes del
personal directivo y administrativo, sí lo hacen, en cambio, los Libros de
Presupuestos desde 1913. Es de suponer que la situación que dibuja la
Gráfica 3 no fue diferente en el periodo anterior35.

Gráfica 1. Salario nominal de peones y carpinteros de los Talleres


Generales, 1862-1935 (ptas./jornada)

12

10

8
D. Peón
6 C. Peón
A. Carpintero
B. Carpintero
4

0
1862 1872 1882 1892 1902 1912 1922 1932

Fuente: Libros de Matrícula L., 835, 836 y 837.

La imagen general del jornal medio de los peones (Gráfica 1, C) es de


gran estabilidad hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, con un
nivel de partida muy bajo (probablemente la mayoría de ellos y/o sus
familiares hubieron de acudir a la economía informal para subsistir) y
fluctuaciones muy tenues36. La trayectoria es similar a la de los salarios
agrícolas (BRINGAS, 2000, p. 96), si bien éstos se situaban entre un 20 y

2004, pp. 173-193)– avalan esta consideración de los Talleres Generales como establecimien-
tos industriales, con conciencia de grupo y predisposición movilizadora.
35
Entre 1860 y 1903 los mayores ingresos correspondieron a los contramaestres, en torno
a 10,3 pesetas/día, seguidos a buena distancia de los delineantes, y los menores a los ayu-
dantes (2,6), mancebos (2,34), peones (2,12) y costureras (1,75).
36
«En estos Talleres no quedan [agosto de 1912] operarios ni peones que tengan menos de
2,50 pesetas de jornal», a excepción «de unos 20 aprendices adelantados u ayudantes que
ingresan como aprendices, y una lavandera recientemente admitida con 2 pesetas» (AHF,
S/183/14).

137

Sociología del trabajo 74.indd 137 06/02/12 14:29


ARTÍCULOS un 25 por ciento por debajo. La serie relativa a los carpinteros (Gráfico
1A) no depara grandes diferencias, salvo el desplome de los años sesen-
ta; el nivel medio es, obviamente, más elevado y el perfil de la serie,
aunque no llega a regresar enteramente a su punto de inicio, resulta igual
de plano hasta las mismas fechas. En cualquier caso, ambas series coin-
ciden, a grandes líneas, con la elaborada por Reher y Ballesteros (1893)
para diversas categorías de trabajadores contratados por el Ayuntamiento
de Madrid, y, en menor medida, con la industria metalúrgica Averly (SAN-
CHO RORA, 2004). La brecha en los dos casos de las series correspon-
dientes al comienzo y al final de la estancia en la empresa (A-B y C-D)
expresan de forma meridiana el bajo coste monetario que la renuncia a
la antigüedad suponía para el peón, más para el carpintero, hasta entrado
el siglo xx, lo que unido al bajo nivel de partida y la escasa probabilidad
de promoción justifica –insistimos– la elevada tasa de abandono volunta-
rio, que no logró moderar la ganancia de las remuneraciones en términos
reales por la tendencia bajista del IPC (Gráfica 2).

Gráfica 2. Salario reales de los carpinteros y peones de los Talleres


Generales, 1862-1935 (1913=100)

160

140

120

100
Peón
80 Carpintero

60

40
1870 1880 1890 1900 1910 1920 1930

Nota: se ha utilizado el deflactor de Ballesteros (1997).


Fuente: Libros de Matrícula L., 835, 836 y 837.

Como en tantos aspectos de la historia económica y social española,


europea y mundial, la Gran Guerra supuso un auténtico cambio de tra-
yectoria en todo lo relativo a las retribuciones del trabajo. En el sector
ferroviario, y más exactamente en MZA, el conflicto bélico tuvo lugar tras
la amenaza de primera huelga general ferroviaria de finales de 1912, a
consecuencia de la cual la empresa se vio obligada a subir los salarios,
reformar las condiciones de trabajo, modificar el sistema de pensiones y
extender las «ventajas»37. Pero, más que las mejoras, que en términos sa-

37
En junio de ese año se celebra el I Congreso del sindicato Unión Ferroviaria, y, meses
después, a finales de septiembre, se declaran en huelga los trabajadores de la red catalana
de MZA, adelantándose a la huelga general que se estaba gestando y alarmando por igual a
compañías y Gobierno. El hecho no era para menos pues se ponía en cuestión el funciona-
miento de un servicio considerado imprescindible por toda la sociedad. Sólo así se entiende

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ARTÍCULOS
lariales fueron marginales, el efecto trascendente fue, sin duda, el cambio
que, debido a la presión sindical, experimentaron las relaciones laborales,
que, de forma definitiva, dejaron ya de estar presididas por el modelo pa-
ternalista y conciliador. Desde entonces, los empleados van a percibir las
«ventajas» como derechos adquiridos en el ejercicio de su actividad conti-
nuada en la empresa y no como merced de la empresa. La Guerra desata
la espiral inflacionista. Los salarios nominales permanecen estacionarios
durante algún tiempo (Gráficas 1 y 3) y, aunque van a crecer después,
lo hacen en mucha menor medida que la inflación, por lo que el poder
adquisitivo de los trabajadores se desploma (Gráficas 2 y 4). Entretanto,
las cuentas de las compañías no hacen sino empeorar.

Gráfica 3. Evolución de los jornales reales de directivos y operarios de


los Talleres Generales. Números índices (1913=100), 1913-1934

180
160
140
120
Indice

100
80
60
40 Directivos y administrativos
20 Operarios
0
1913 1915 1917 1919 1921 1923 1925 1927 1929 1931 1933
Año

Fuente: AHF Libros de Contabilidad (Red Antigua), Cuadro 2.

En este contexto se debe entender la enorme conflictividad del sector,


acrecentada por la actitud hostil y miope de algunos directivos como fue el
caso del director general de Norte, J. Boix, detrás del que se podía ver la
alargada sombra de C. López Brú, segundo marqués de Comillas. Para los
gerentes la única solución pasaba porque el Estado revisara al alza las tarifas,
de manera que cubrieran los gastos de explotación, entre ellos los laborales,
las cargas financieras y una remuneración «razonable» del capital. Y eso es lo
que hizo el Gobierno a finales de 1918 al aprobar un recargo máximo del 15
por ciento sobre las tarifas existentes. La solución, provisional para las con-
cesionarias y definitiva para los trabajadores, llegaría de la mano de los an-
ticipos. El Gobierno decidió, en 1920, adelantar a las Compañías, con carácter
reintegrable y sin interés, las cantidades a que ascendieran todas las mejoras
de los haberes habidas desde que se inició la escalada inflacionista38. Al fin,

la actitud autoritaria y represora de Canalejas quien, para abortarla, y en connivencia con


las concesionarias, no dudó en recurrir, pese a su reformismo, al mismo procedimiento que
había utilizado en Francia A. Briand: la militarización del personal ferroviario (Cobos Arteaga
y Martínez Vara, 2011).
38
Los anticipos se otorgaron por la R.O. de 23 de marzo de 1920, confirmada por la del 10
de abril siguiente.

139

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ARTÍCULOS los salarios, aunque con el desfase temporal respecto a los precios de los
bienes de consumo, habían ganado la carrera a los precios. Los trabajadores
de los Talleres, como los de los ferroviarios de MZA en general (MARTÍNEZ
VARA, 2006), no sólo consiguieron recuperar el poder adquisitivo perdido
durante el ciclo bélico sino que todos, y de modo especial los estratos más
humildes (Gráficas 2 y 4), lo mejoraron ostensiblemente –y mantuvieron la
tendencia convergente (el crecimiento acumulado del salario real de los ope-
rarios rebasaría el 67 por ciento en 1933 mientras que el de los directivos no
llegaría a incrementarse un 20 por ciento)– en el decenio 1921-1930 (Grá-
fica 4)39. Es el mismo proceso que describen Maluquer y Llonch (2005) para
la industria textil catalana, Sancho Sora para la fundición Averly (2004) o
Fernández de Pinedo para Altos Hornos (1992), y a nivel general Vilar (2004).

Gráfica 4. Salarios reales de los directivos y operarios de los Talleres


Generales, 1913-1934 (1913=100)
180

160

140

120

100
Operarios
80 Directivos a jornal

60
1914 1916 1918 1920 1922 1924 1926 1928 1930 1932 1934
Fuente: AHF, Libros de Contabilidad (Red Antigua), Cuadro 2.

Los años treinta fueron, es sabido, muy complicados para las ferrovia-
rias. Los gastos de explotación no bajaron, pero la facturación se hundió
al tiempo que el Estado suspendía las ayudas. Para los directivos el en-
carecimiento del factor trabajo, debido a la política social republicana, la
creciente presión sindical y el renacer de la conflictividad, es el factor de-
terminante de la precaria situación de la empresa. Pero la realidad fue otra,
entre otras cosas porque los incrementos salariales fueron muy exiguos,
afectando únicamente a los estratos más humildes. Tal vez la aplicación
de una política de mayor moderación salarial y menor gasto social hubiera
atemperado las dificultades de la explotación, pero nada permite sostener
que, dada la crisis económica, la situación financiera heredada, los efectos
encarecedores de la política proteccionista y nacionalista y la competencia
de la carretera, a la larga, la empresa hubiera sobrevivido. Los frentes abier-
tos fueron muchos, y el incremento de los costes laborales sólo era uno de
ellos, y no precisamente el más decisivo (TEDDE, 1978).

39
De acuerdo con la Dirección General de Trabajo (1931, p. CLX), los obreros más favore-
cidos entre 1913 y 1930 fueron, en términos reales, los ferroviarios que ganaron un 19 por
ciento.

140

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ARTÍCULOS
5. Conclusiones
a) Los Talleres Generales comenzaron a funcionar a finales de la década
de los cincuenta en Madrid, reemplazando a los muy modestos que
en aquel momento había en Aranjuez (locomotoras) y en Madrid
(remolcado), pertenecientes a la antigua Compañía del Ferrocarril
Madrid-Aranjuez (1851). El difícil emplazamiento complicó la necesa-
ria ampliación. La división funcional fue la propia de las compañías
francesas, se fraguó en los primeros años de actividad y, a grandes
líneas, el esquema apenas experimentó cambios importantes hasta la
llegada de Renfe en 1941.
b) Que el incremento progresivo del número de contratados de personal
en formación sea correlativo al descenso de la contratación de activos
cualificados en el mercado externo muestra la estrategia de la política
laboral de la empresa a la hora de formar –y fijar– a los nuevos tra-
bajadores, conseguida en verdad ya en el siglo XX con la figura de los
suplementarios.
c) Nada tiene de extraño que el contingente mayor proviniera de la capi-
tal y su región, seguido de las dos Castillas, es normal. Como lo es que
el número de foráneos resultase testimonial, excepto en el caso de los
franceses, que fueron quienes, en los primeros lustros, se encargaron
de instruir y adiestrar técnica y prácticamente a los naturales en las
nuevas profesiones de las que no existía experiencia.
d) Conviene no olvidar que para los directivos los trabajadores de los
talleres en general, y de los Talleres Generales, en particular, no reali-
zaban tareas «propias de la explotación». Por ello no debían ser –y de
hecho no fueron– acreedores a la mayoría de las concesiones otorga-
das «ex gratia» por la empresa. Es un aspecto importante que, junto a
la escasa duración media en el empleo y el gran número de abando-
nos del empleo, no deben soslayarse cuando se estudia la existencia
o no de mercados internos en los Talleres.

Las remuneraciones en los Talleres Generales se situaron en torno a la


media general de la Compañía40, con diferencias muy acusadas entre ofi-
cios, y dentro de los oficios en los niveles de cualificación. Tras la espiral
inflacionista provocada por la Gran Guerra, los salarios respondieron con
retraso, pero a principios de los años veinte consiguieron recuperarse,
superar el nivel real anterior e iniciar una cierta convergencia. Eso no
debe, por lo demás, hacer olvidar el bajísimo punto de partida en algu-
nas profesiones y la persistencia de las grandes desigualdades. Pero estas
cuestiones, como otras muchas en las que no hemos entrado, exceden
los objetivos de este trabajo y serán tratadas más extensamente en uno
próximo.

40
Eran «iguales o parecidos a los que rigen en la industria privada», según la Federación
Internacional de los Obreros del Transporte (1924, p. 34).

141

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ARTÍCULOS
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144

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ARTÍCULOS
Resumen: «Los trabajadores de los “Talleres Generales de la Compañía de
los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante”, 1858-1936»
Los Talleres Generales de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zara-
goza y Alicante de Atocha (Madrid) comenzaron a funcionar a mediados del siglo
XIX. Se trataba de las instalaciones donde, junto a los Talleres de Clot en Barcelona,
se realizaban en la Compañía las grandes reparaciones del material ferroviario. Este
trabajo se ocupa de sus trabajadores desde los inicios hasta la Guerra Civil. En él
se analizan la estructura del empleo, las formas de acceder a él y su movilidad,
así como la procedencia geográfica del mismo y la evolución de los niveles sala-
riales. Una de las grandes novedades de este trabajo es la construcción de series
homogéneas de las remuneraciones de dos profesiones representativas del empleo
cualificado (carpinteros) y sin cualificar (peones), tanto en el momento de acceso
a la Compañía –es decir, sin ningún plus adicional de antigüedad– como cuando,
sin haber cambiado de oficio, la abandonaron. Que desde principios del siglo XX el
incremento progresivo del número de contratados de personal en formación fuera
correlativo al descenso de la contratación de activos cualificados en el mercado
externo demuestra que, a la larga, la estrategia laboral de la empresa a la hora de
formar –y fijar– a los nuevos trabajadores resultó un éxito. Es desde entonces cuan-
do, en puridad, se puede hablar de mercados internos.

Palabras clave: Talleres Generales, ferrocarriles, grandes reparaciones, compa-


ñía MZA, historia

Abstract: «The workers of the General Workshops of “The Railway Com-


pany from Madrid to Zaragoza and Alicante”, 1858-1936»

General Workshops of «The Railway Company from Madrid to Zaragoza and


Alicante» in Atocha (Madrid) started working in mid-nineteenth century. Their faci-
lities were equipped to undertake, together with the Clot Workshops in Barcelona, the
«heavy repairs» of locomotives and rolling stock. This paper deals with their workers.
It examines the functional organization, the employment structure, the social mo-
bility and the rules of admission, as well as the geographical origin of the workers
and the evolution of salary level. One of the great contributions of this paper is to
construct homogeneous series of the wages of two professions that are representative
of skilled labour (carpenters) and unskilled (labourers), both at the time of access
to company –that is, without any additional compensation linked to seniority– as
when, without having changed occupation, abandoned it. Since the early twentieth
century progressive increase in the number of contracts between the trainees was
correlated to the decline in recruitment of skilled workers in the market: it shows that,
ultimately, the labour strategy of the company when it comes to form and retain new
workers was a success. Since then is when it is actually possible to speak of internal
labour markets.

Key words: General Railway Workshops, Railways, Great Repairs, MZA, History

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NOTICIA

ITZIAR AGULLÓ FERNÁNDEZ*

Instituto de Investigaciones Feministas


Universidad Complutense de Madrid
SEMINARIO FEMINISMO Y CAMBIO SOCIAL.
RELACIONES DE TRABAJO Y RELACIONES
PERSONALES
6 y 7 de octubre de 2011
Escuela de Relaciones Laborales (UCM)

El simposio sobre feminismo y cambio social, que tuvo lugar los pasados
días 6 y 7 de octubre de 2011, es el resultado del trabajo que un grupo de
sociólogas de diferentes universidades de Madrid comenzó a realizar hace
más de diez años. En 1998, María Jesús Miranda, María Teresa Martín-
Palomo, Begoña Marugán Pintos y Cristina Vega Solís crearon el grupo
de estudio sobre Feminismo y Cambio Social, en la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociología de la UCM.
En las reuniones de este grupo se han discutido temas relacionados
con las mujeres y la vida cotidiana. Y así, durante todos estos años, se ha
ido «profundizando sobre los estudios de las transformaciones del trabajo
en nuestra sociedad», haciendo especial hincapié sobre el tema de los
cuidados. El análisis hecho ha ido desde los aspectos materiales hasta
aquellos asuntos más subjetivos y emocionales del propio trabajo.
Por ejemplo, en la edición de 2010 de este seminario, se reflexionó
«sobre la falta de justicia, sobre el amor y la violencia y se [subrayó] la
necesidad de repensar la vulnerabilidad y la dicotomía dependencia-
independencia desde una perspectiva feminista».
En este último simposio, el de 2011, y siguiendo la línea de los an-
teriores, se ha tratado de debatir sobre las relaciones de trabajo y las
relaciones personales, con el fin de plantear el estado de la cuestión. Y
ello, desde la perspectiva de diferentes disciplinas –historia, sociología,
economía, geografía…– con el claro objetivo de evaluar lo investigado
hasta hoy y desde ahí, abordar nuevos retos y perspectivas.
El seminario comenzó con la intervención de Marta Brancas, histo-
riadora, periodista y miembro de la Asamblea Feminista de Vizcaya. Su

* Es miembro del Grupo de Investigación Consolidado UCM Charles Babbage en Ciencias


Sociales del Trabajo [http://www.ucm.es/info/charlesb]. Despacho 2611. Facultad de Ciencias
Políticas y Sociología, Campus de Somosaguas, 28223 (Pozuelo de Alarcón). [email protected]

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 146-152.

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NOTICIA
presentación, «Cuestiones actuales sobre historia de las mujeres», permitió
ir recorriendo varios senderos.
Al inicio de esta intervención se hizo mención a la «masificación» de
la universidad, por parte de las mujeres, a partir de los años setenta, y
cómo ello derivó, en algunas disciplinas, en el interés por la introduc-
ción, años más tarde, de asignaturas, cursos y seminarios interdiscipli-
nares sobre Igualdad.
También, y al hilo de lo anteriormente expuesto, se pudo analizar la
introducción del término género, siendo éste mucho más preciso, según la
propia Brancas, en su acepción inglesa (gender). La llegada de dicho tér-
mino hizo posible el detallar el papel de las mujeres en la propia historia.
De este modo, Brancas recorrió dos corrientes existentes dentro del femi-
nismo: de un lado, la del feminismo relacional, esto es: las mujeres que ya
en el siglo XIX asumieron la igualdad desde la diferencia de ser madres. Del
otro, la corriente del feminismo igualitario, basado en la reivindicación
de las libertades y derechos individuales y de la autonomía (de género).
La visibilización del género en todos los ámbitos, según Brancas, ha
supuesto un cambio en lo simbólico permitiendo «reclasificar la acción so-
cial». Así, la Historia de las Mujeres ha señalado los límites de la Historia
Social. Es decir, la introducción de la Historia Social de las Mujeres dentro
de la propia Historia Social integra una parte importantísima que anterior-
mente no se hacía patente. Pues al fin y a la postre la Historia de la Huma-
nidad es la Historia de las Relaciones de Género, en que hay que incorpo-
rar a ambos de manera que la historia se pueda rehacer desde esta nueva
perspectiva.
Brancas terminó su intervención haciendo mención a la importancia
de trabajar sobre los hechos y los datos para obtener buenas investiga-
ciones en este terreno. En cierto modo, esta intervención terminaría por
entroncar con la mesa redonda que tuvo lugar la tarde siguiente y a la
que me referiré más adelante.
Posteriormente a esta intervención vino la de Begoña San José, miem-
bro del Fórum de Política Feminista. Su análisis, lúcido y realista, puso
sobre la mesa una serie de situaciones que actualmente se viven en temas
relativos a la Igualdad.
Siendo, todavía hoy, la Conferencia de Beijin (1995) el referente, San
José habló sobre los tres principios que salieron de aquélla. Por una parte,
habló de su programa, que debía expresar las acciones sobre Políticas
de Igualdad. De otra, los presupuestos con el fin de cuantificar y dedicar
recursos materiales para la puesta en marcha de dichas políticas. Por úl-
timo, el personal. Es decir, definir los órganos responsables –Ministerios,
Agentes de Igualdad, opinión pública…– involucrados en la puesta en
marcha y actuación de estas Políticas de Igualdad.
Una vez definidos estos tres principios, Begoña San José se preguntó
sobre la situación de los últimos años (los de la crisis) para ahondar en
la problemática que se vive y el cumplimiento de aquellos tres princi-
pios. Para ella, el hecho de haber extendido las políticas de igualdad a
Comunidades Autónomas y a Ayuntamientos ha propiciado que este
asunto vaya teniendo una menor visibilidad. La igualdad ha pasado a
ser un tema trasversal que aglutina distintas cosas (género, inmigración,

147

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NOTICIA etc…) y se ha dejado de tener en cuenta, entre otros asuntos, que las
mujeres españolas representamos a la mitad de la población.
La falta de aplicación de la Ley de Igualdad, según San José, radica en
el hecho de haber planteado esta crisis económica como la «crisis del la-
drillo», elemento que ha hecho que el mayor número de parados se die-
ra entre los hombres. De ahí que la filosofía aplicada durante todo este
periodo esté siendo el que cualquier tema relacionado con la igualdad es
prescindible, debido a que no es el momento de que las mujeres exijan
el cumplimiento o la mejora de la Ley ya que lo primero que se ha de
solucionar es la crisis económica que se atraviesa.
Por otra parte, San José destacó el hecho de que en estos años se ha
dado un cambio de ciclo debido a que ha sido la primera crisis en que
las mujeres no han salido tanto del mercado laboral formal, y eso, según
la conferenciante, debido a dos elementos. El primero de ellos da cuenta
del deseo de autonomía que hoy tienen las mujeres. El segundo, por la
apuesta educativa, previa, que este colectivo ha hecho antes de salir al
mercado de trabajo.
Los efectos más visibles de la crisis en cuanto a Igualdad se refiere,
destacaba San José, empezaron por la eliminación de las sedes dedicadas
a temas de Igualdad –puesto que en estos años, según ella, ha dejado de
ser un tema «políticamente correcto»–, un recorte de los gastos en Igual-
dad, eliminando o reduciendo las subvenciones destinadas a estos asun-
tos (subvenciones para asociaciones, ayuntamientos, etc.). Por último,
si bien los medios de comunicación, en estos años, han tenido un gran
impacto positivo sobre la opinión pública, es cierto también que siguen
existiendo reacciones machistas en cuanto a lo que se refiere a este tema.
Y además, el hecho de que la política de la Unión Europea sea la de
los recortes del Estado de bienestar, tampoco ayuda para que haya una
puesta en marcha y seguimiento de la Ley de Igualdad.
San José terminó destacando los elementos positivos y los inconve-
nientes del movimiento feminista. En aquellos positivos, encontramos,
entre otros, el haber conseguido una creciente conciencia ciudadana y
política en lo que se refiere a la Igualdad. En cambio, entre los inconve-
nientes, la conferenciante destacó el hecho de que el feminismo se haya
organizado de forma tal que es dependiente de las prestaciones asisten-
ciales. Además, terminó por destacar lo atomizado de este movimiento
y la dificultad para conseguir uno más unido. Por ejemplo, mencionó la
fractura existente entre los grupos feministas y el 15-M.
Bibiana Medialdea, profesora de Economía Aplicada en la Universidad
de Valladolid e investigadora en la Unidad de Economía y Género del
Instituto de Estudios Fiscales, expuso «Las desigualdades económicas en-
tre las mujeres y los hombres». Mediante el análisis de diferentes estadísti-
cas, esta investigadora fue explicando las diferencias de salarios habidas
entre mujeres y hombres y cómo la aplicación de determinadas políticas,
como es la tributación conjunta del IRPF, lleva a tener un comportamien-
to laboral determinado, y dañino, para las mujeres.
En su exposición, trató de explicar cómo la economía podía ser enten-
dida como un iceberg, del que hay una parte, mínima, visible pero, que

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NOTICIA
por debajo tienen una gran cantidad de elementos invisibles. Y ello se ha
de explicar para comprender el conjunto.
La parte visible sería aquella economía que explica el ámbito produc-
tivo de la sociedad. En ella, las mujeres viven una situación caracterizada
por ocupar peores puestos, por tener menos posibilidades de ascensos,
por verse obligadas a acceder a trabajos a tiempo parcial, por tener que
aceptar salarios menores para los mismos puestos ocupados por los hom-
bres (hasta un 25 por ciento menos de salario), etcétera.
Todo ello, con repercusiones claras en el ámbito que queda invisibili-
zado, el reproductivo. Por ejemplo, en el caso de los tiempos parciales
obligados y no deseados por las mujeres hace que éstas tributen menos,
con lo que terminan por tener pensiones más bajas. Además, esos mismos
trabajos a tiempo parcial, ante la creación de una familia y la llegada de
los niños al hogar, acaban por ser los primeros en abandonarse. Los sa-
larios suelen ser bajos y ello, ante los gastos que supondría pagar una
guardería, etc., hace que se vea, como posibilidad más rentable, el que la
mujer deje su empleo y se quede en la casa, cuidando del/de los hijo/s.
La consecuencia más inmediata de ello será la de que frena la carrera de
muchas mujeres.
A este hecho, explicaba Medialdea, no ayuda el sistema económico
que nos rige donde, por ejemplo, todavía hoy, existe la tributación conjun-
ta del IRPF. Y este elemento hace, también, que en demasiadas ocasiones,
los bajos salarios que perciben las mujeres y los no tan bajos de los hom-
bres hagan que, en las familias, se llegue a considerar que es mejor que la
mujer no trabaje, pues la devolución del IRPF suele ser más rentable que
el aporte económico que supondría el trabajo de aquélla.
La conferenciante terminó su exposición haciendo una crítica al sis-
tema económico capitalista actual que, claramente, dificulta el llegar a la
igualdad económica entre las mujeres y los hombres.
Otros temas relativos a la Igualdad fueron más encaminados a compren-
der la geografía de los cuidados. Éste fue el caso que Raquel Martínez Buján,
profesora de la Universidad de La Coruña, presentó en un trabajo sobre
«Geografías del trabajo de cuidados. Implicaciones de su privatización sobre
la creación de empleo». La «foto fija» que mostró, mediante los datos estadísti-
cos, sobre las diferentes situaciones vividas en las Comunidades Autónomas,
hizo conocer los diferentes tipos de aplicación de la Ley de Dependencia.
Mediante múltiples datos, la ponente fue mostrando las diferencias
habidas por región. Tras explicar cómo sigue siendo el modelo «familista»
el que prima en España, se centró en exponer cómo, en la mayoría de
las ocasiones, son las mujeres de los hogares las que terminan haciéndose
cargo de los cuidados de las personas dependientes y si no ellas, trabaja-
doras domésticas contratadas (no profesionales).
En el fondo del discurso apareció, nuevamente, cómo el hecho de los
bajos salarios y las jornadas parciales de las mujeres acaban siendo una
cuestión que se toma muy en cuenta a la hora de decidirse por el aban-
dono del mercado laboral y por la aceptación del cuidado de la persona
dependiente en el hogar.
Normalmente, en España, el tipo de ayuda a la dependencia suele termi-
nar siendo, en muchas Comunidades Autónomas, la percepción económica,

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NOTICIA que la propia familia distribuirá. Y en demasiadas ocasiones, el hecho de que
el salario de la mujer sea igual o algo superior a lo percibido por el grado de
dependencia del familiar que queda al cuidado facilita la decisión de dedi-
carse al dependiente, cercenando, durante largos periodos de tiempo, la
posibilidad de mejora laboral de estas mujeres dedicadas a los cuidados.
Nuevamente apareció el tema de las desigualdades entre los hombres
y las mujeres en la exposición de Lina Gálvez, profesora titular de Historia
e Instituciones Económicas y vicerrectora de Postgrado de la Universidad
de Pablo de Olavide. En este caso, se habló de las «Relaciones laborales
y relaciones personales».
En su discurso comenzó indicando que el modelo económico en el que
vivimos es generador de desigualdad y de escasez. Aun así, hombres y muje-
res tenemos la misma agencia, pero las desigualdades entre ambos se siguen
dando. Este hecho, además, no viene favorecido por la crisis de estos últimos
años, crisis que ha supuesto un retroceso en los avances que se habían ido
consiguiendo en materia de igualdad.
Todavía hoy, las encuestas siguen mostrando una realidad de desigual-
dades: son las mujeres aquellas que tienen mayores problemas para conci-
liar. Y ello, agravado por la situación de crisis, de elevado paro, etc… Esto
hace que en familias en las que los hombres se encuentran en situación
de desempleo, la conciliación, por parte de la mujer, de ambas esferas,
sea todavía más difícil. Su motivo principal es el no poder externalizar
las actividades del hogar a causa de la merma en los salarios y la falta de
corresponsabilidad y cambio de roles, por parte del hombre, ante este tipo
de nuevas situaciones.
Gálvez terminó subrayando que las mujeres terminan por ser, ahora
igual que antes, aquellas que trabajan más fuera y dentro del hogar, ele-
mento este que hace pensar en una situación de tipo estructural y que se
sigue manteniendo a lo largo de los años.
Durante toda su exposición, la crisis se mencionó múltiples veces.
Gálvez terminó por decir que si bien se acabará por salir de ésta, será con
un retroceso en el ámbito de la igualdad entre hombres y mujeres, y ha-
ciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Y junto a estas
consecuencias, según Gálvez, aparecerá un aumento de la economía in-
formal, cubierta, en la mayoría de los casos, por mujeres.
Así, mediante esta exposición, Lina Gálvez pretendió hacer entender
que las políticas de igualdad no pueden ser vistas como aquellas que sólo
se pueden poner en marcha en los momentos de bonanza y apartarlas de
la vida política en el momento en que existe una inestabilidad económica.
Según ella, este hecho habla por sí mismo de la calidad política de un
país y de su tipo de democracia.
Durante el seminario, también hubo tiempo para comprobar la situa-
ción y calidad en el mundo universitario.
Por una parte, María Jesús Miranda pudo exponer su visión sobre «La
investigación feminista a lo largo de los últimos 30 años».
Tras un breve repaso histórico del feminismo en España desde la
época franquista, María Jesús Miranda pasó a relatar cómo se llegó a una
formación académica más estructurada a través de diversos diplomas,
máster y cursos de doctorado.

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NOTICIA
Mencionó, además, una cantidad ingente de lugares en donde se im-
parte formación. Por una parte, 22 programas de postgrado en 26 univer-
sidades públicas y por otra, 69 cursos en instituciones privadas. Y ello no
suponiendo una buena calidad en todos.
De los programas cursados en las universidades, Miranda recorrió algu-
nos. Contó los comienzos y la deriva que ha ido tomando cada uno de los
analizados. Algunos fueron criticados por su carácter demasiado burocráti-
co y otros bien valorados. Entre todos, destacó el del Istitut Interuniversita-
ri d’Estudis des Dones I Gènere (iiEDG), impartido en la Universidad de
Barcelona; el Máster de Estudios Feministas y de Género de la UPV; el
Máster Universitario «Erasmus Mundus» en Estudios de las Mujeres y del
Género (Proyecto GEMMA), impartido en varias universidades de Europa
(Oviedo, Granada, Lodz, Bolonia, Budapest, Hulk y Utrech); el Máster de
Estudios de la Mujer ofertado en la Universidad Autónoma de Madrid. Tam-
bién hizo mención al VI Curso de Igualdad y Violencia de Género de la
Universidad Complutense de Madrid, a la Diplomatura de Género e Igual-
dad de la Universidad Autónoma de Barcelona y a algunos otros cursos y
estudios especializados.
Según Miranda, el mayor problema de todos estos estudios termina
siendo un corporativismo que hace posible el que no exista un control
de la calidad, ofertando un aprendizaje con un nivel muy diferente, de-
pendiendo del curso o máster seleccionado.
Para terminar, se pudo asistir a una mesa redonda titulada: «Pensando
sobre la investigación feminista hoy: retos y alternativas» y en ella intervi-
nieron: Elena Casado Aparicio, profesora de Sociología en la Universidad
Complutense de Madrid; Begoña Marugán Pintos y María Teresa Martín
Palomo, ambas profesoras de Sociología en la Universidad Carlos III de
Madrid y miembros del Consejo del Instituto de Investigaciones Feminis-
tas (UCM).
Desde las tres intervenciones y basándose, en la mayoría de las oca-
siones, en datos estadísticos, nos dieron una visión de lo que hoy viene
sucediendo en la universidad española en cuanto a temas de igualdad se
refiere. Para ello, usaron como ejemplo la Universidad Complutense de
Madrid y la Universidad Carlos III.
Mediante las intervenciones de Casado y Marugán pudimos ver una
realidad que sigue relegando a las mujeres a los peores puestos dentro
del ámbito de la universidad. Ellas terminan ocupando los trabajos me-
nos cualificados dentro del Personal de Administración y Servicios (PAS),
dejando los más elevados y mejor pagados a los hombres. Pero lo mismo
sucede dentro del Personal Docente e Investigador (PDI). Al final, las
mujeres sólo tienen porcentajes más elevados de presencia en los puestos
más inestables, los de profesor ayudante doctor y ello debido a que su
carrera se ve cercenada, pues comparando a los hombres y mujeres de la
misma edad, se puede ver cómo aquellos, en la edad en que las mujeres
se encuentran en este puesto, ya ocupan los de profesor titular. Además,
ellas suelen estar mucho menos presentes en los órganos de representa-
ción de la universidad.
En definitiva, mediante estos datos, tanto Casado como Marugán nos
mostraron la falta de igualdad en el ámbito universitario.

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NOTICIA Además, con la intervención de María Teresa Martín Palomo com-
pletamos una visión donde, según lo narrado por ella, en ocasiones la
investigación relativa a temas que conciernen al feminismo parecen tener
un menor valor que aquellas que versan sobre otros asuntos, haciendo
más complicado el obtener financiación, etc.
El Seminario se cerró con la satisfacción de haber dado muchos frutos:
discusiones interesantes y visiones interdisciplinares sobre asuntos relati-
vos al feminismo pero, por otro, con la duda de no saber si el año que
viene se podrá volver a llevar a cabo.
Habrá que esperar un año para saber si los papeleos burocráticos, que
siempre dificultan este tipo de actos del máximo interés, terminan dando
sus frutos.
Con el deseo de que así sea, las organizadoras cerraron estas jornadas.

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NOTA DE LECTURA

Carmen M. Reinhart y
Kenneth S. Rogoff, Esta vez es distinto.
Ocho siglos de necedad financiera,
Madrid, Fondo de Cultura
Económica, 2011

Juan Manuel Iranzo*


Zaragoza, octubre de 2011

Las crisis económicas fueron uno de los primeros fenómenos históricos a


gran escala objeto de análisis sociológico. En el marco teórico de la econo-
mía política del siglo XIX, Marx describió analíticamente el ciclo de negocios
industrial, y la acumulación secular de capital de todo tipo, como producto
del conflicto social en torno a la organización y apropiación del producto del
trabajo de una sociedad moderna. La posterior especialización de las disci-
plinas derivó en una peculiar división del trabajo. Quedó establecido que el
funcionamiento de los mercados era naturalmente racional, y que las ciencias
económicas podían estudiarlo con una metodología importada de la física.
Ocasionalmente, sin embargo, podían producirse distorsiones debidas a al-
guna incompetente o perversa intervención política o corporativa, o a algún
raro fenómeno de psicología de masas. Este terreno teóricamente residual
se cedió a la sociología económica.
Esta asimetría (la economía estudia analíticamente lo racional, la socio-
logía estudia analógicamente lo irracional) se basa en dos supuestos falsos:
que la racionalidad –que no es sino una forma convencional de valoración
y cálculo– no es un hecho social, y que la racionalidad nunca tiene efec-
tos perversos. Esta vez es distinto se sirve del más ortodoxo instrumental
analítico para proceder a la más rigurosa y oportuna recuperación de la
economía política y demostrar con claridad que las crisis financieras son
fruto de un cálculo racional que origina convicciones irracionales sobre la
estabilidad del sistema económico, y que lo que sea un cálculo raciona óp-
timo varía con la perspectiva de los participantes y con sus circunstancias,
y, en último análisis, raramente está exento de ambigüedad.
En primer lugar, Reinhart y Rogoff demuestran que, a gran escala his-
tórica, las crisis financieras no son episodios idiosincrásicos, esporádicos

* Universidad Pública de Navarra, Residencia Rey Fernando de Aragón, C/ Juan Ramón Jiménez
2, 50018-Zaragoza. [email protected]

Sociología del Trabajo, nueva época, núm. 74, invierno de 2012, pp. 153-1158.

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NOTA DE LECTURA y circunstanciales, sino un fenómeno característico y recurrente; un hecho
virtualmente estructural de los mercados financieros. Haciendo honor al
dictum de David Laitin («La historiografía de alta calidad es el arma secre-
ta de la buena ciencia social»)1, esta afirmación se basa en el análisis de
una vasta base de datos cuantitativa –que para algunas variables se re-
monta hasta el siglo XIII– y que, por primera vez, reúne valores de nume-
rosas variables macroeconómicas, así como datos sobre fechas y duración
de diversos tipos de crisis financieras de unos 76 países, que suman el 90
por ciento del PIB mundial. El libro en su conjunto es una magistral ex-
plotación, preliminar y tentativa, de estos datos, con todas sus limitacio-
nes; pero sus resultados son ciertamente reveladores.
El primero de ellos es que las crisis financieras no son fenómenos
necesarios o, cuanto menos, no lo es su frecuencia y gravedad. Entre los
países de la muestra, hay diecisiete que nunca han incurrido en el im-
pago de su deuda soberana, y, si bien ninguno de ellos se ha visto libre
hasta hoy de crisis bancarias, también lo es que son mucho más leves e
infrecuentes en unos que en otros. En general, los bancos que derivan
sus beneficios de operaciones en la economía real y tienen niveles rela-
tivamente bajos de apalancamiento2, y pocos activos de valor contable
dudoso, están bastante seguros. Lo mismo cabe decir de los estados que
son frugales en sus gastos, mantienen un modesto superávit fiscal y nive-
les relativamente bajos de deuda, y no cargan con demasiadas garantías
ocultas fuera de hoja de balance. Pero distintas circunstancias sociales
pueden inducir a los agentes económicos a abandonar la disciplina ne-
cesaria para mantener esa conducta, y cuando los mercados detectan ese
hecho comienza a generarse una crisis del más social de todos los fenó-
menos, aquél sin el cual no se produce ninguna forma de la cooperación
solidaria que constituye lo social: la confianza.
Cuando los inversores pierden la confianza en la solvencia (o la li-
quidez) de una economía encarecen los intereses de los préstamos y la
reducción del crédito provoca una contracción del tejido económico,
una crisis de la economía real. En principio, que las crisis de confianza
obedezcan a la detección de niveles excesivos de endeudamiento debería
hacerlas previsibles. (Los beneficios de la intermediación financiera pro-
vienen en no pequeña medida de saber sacar partido de los mercados en
expansión y de abandonarlos rápidamente, y con provecho, antes de que
colapsen.) La dificultad estriba en la determinación de cuánto es excesivo
y en el hecho de que ese valor es distinto para diferentes economías, y
más bajo cuanto menos próspero es un país.
Esa significativa diferencia de confianza va más allá del significado de
indicadores como la razón entre la deuda externa y las exportaciones –a
la volatilidad de cuyo precio son más vulnerables las economías modes-
tas, con finanzas internas débiles y dependientes de la exportación–,
porque, en ocasiones, no es fácil distinguir un país mal administrado, que
requeriría un cambio de política para recobrar su crédito, del que se ve
1
David Laitin (2011), Hegemonía y cultura, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas.
2
Razón entre el endeudamiento, especialmente en activos líquidos a corto plazo (como
depósitos en cuenta corriente), y la inversión, especialmente en activos de baja liquidez y a
largo plazo (como préstamos hipotecarios o a negocios con bajo flujo de caja).

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NOTA DE LECTURA
pasajeramente sin liquidez para superar una coyuntura adversa y al que
algo más de crédito puede ayudar; y porque la confianza en una econo-
mía, junto con que haya alcanzado cierta renta per cápita y registre una
baja volatilidad macroeconómica, se basa notoriamente en factores insti-
tucionales como la estabilidad social y política, la capacidad técnica mi-
nisterial para poner en marcha políticas fiscales y monetarias anticíclicas,
la competencia e independencia del banco central, la transparencia con-
table y estadística, la corrupción pública y privada, la lealtad geopolítica
a los países de los acreedores o la reputación de fiabilidad históricamen-
te adquirida3.
A esta incierta medida social de la fiabilidad de una economía –que
explica la necesidad de agencias de calificación, no necesariamente pri-
vadas–, la denominan Reinhart y Rogoff «intolerancia a la deuda» de una
economía nacional. Irónicamente, lo que se presenta como un indicador
objetivo de la dificultad relativa de acceso al crédito de una economía
se muestra en realidad como una escala de confianza intersubjetiva de
los agentes y expertos financieros. Y es un descubrimiento de primer or-
den que esa estimación experta de la fiabilidad de una economía acabe
revelándose como la variable que peor predice la evolución real de los
mercados y, más aún, que suele verse muy perjudicada, en tiempos de
euforia económica, por un exceso de confianza, un hecho social caracte-
rístico que Reinhart y Rogoff han descrito y bautizado como el Síndrome
«Esta Vez Es Distinto».
Este «síndrome» consiste en la convicción dominante de que las crisis
son cosas que les ocurren a otros, en otro lugar u otra época; que, aquí
y ahora, las antiguas reglas de evaluación ya no rigen porque, aprendien-
do de los errores pasados, la expansión actual se basa en sólidos funda-
mentos –reformas estructurales, innovaciones tecnológicas, mejor gestión
privada y adecuadas políticas públicas–. Lo sorprendente y revelador del
análisis que Reinhart y Rogoff hacen del síndrome en las vísperas de las
crisis de la deuda latinoamericana de la década de 1980, de los países
asiáticos orientales, Rusia y otros países emergentes a finales de la de
1990, la burbuja de los valores .com, y la crisis financiera global de 2008
es que los analistas no estaban equivocados. Aunque numerosos indica-
dores clásicos señalaban la inminencia de una crisis, y grave en todos los
casos, había buenas razones para pensar que el mercado se estabilizaría
por sí solo y que, en todo caso, había margen de maniobra temporal: las
economías emergentes siempre estaban exportando con creciente prove-
cho, los mercados de valores distribuían los riesgos con creciente eficien-
cia. Por eso cada vez es distinto.
3
Reinhart y Rogoff explican que sus datos obvian a más de cien países, básicamente, por-
que están excluidos de los mercados internacionales de deuda de capital privado. Estos
países financian buena parte de su comercio exterior y sus inversiones públicas con créditos
preferenciales de agencias intergubernamentales. La mayoría de ellos ha incumplido reite-
radamente sus compromisos de pago con éstas, pese a lo cual, y al continuo proceso de
reestructuración de su deuda, siguen recibiendo préstamos de ellas, por lo que los autores
sugieren –quizá no de forma irónica– que se las redefina legalmente como agencias de ayu-
da oficial, no financieras. Pero eso sería tanto como reconocer que en el mundo hay más
de cien estados financieramente fallidos, es decir, que el sistema económico mundial no
permite generalizar la creación política moderna por antonomasia: el Estado Fiscal.

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NOTA DE LECTURA Paradojas de la acción racional: demasiado de algo bueno puede ser
letal. Las crisis evidencian un punto ciego en los análisis: la desproporción
entre el capital que llegaba a esas economías, atraído por las promesas
de crecimiento económico, y la capacidad de crecimiento a corto plazo
de la economía real de esos países, derivó gran parte de la inversión a
proyectos de infraestructuras o industriales sin viabilidad real (el negocio
era construirlos) y hacia mercados de valores (inmobiliarios o financieros)
donde generaron burbujas que, por defectos contables (cuya intencionali-
dad es difícil de demostrar), no aparecían en las estadísticas de inflación.
Esa expansión basada en una deuda que crecía más deprisa que el pro-
ducto que ayudaba a generar era insostenible, y los expertos subestimaron
la inminencia de su límite. Contribuyó a ello, aún más que la codicia –y
según se infiere directamente del análisis de Reinhart y Rogoff–, una cierta
prepotencia metafísica.
Esa ingente entrada de capital –a menudo propiciada por un déficit en
la balanza corriente originado en la exportación de la base industrial para
abaratar costes laborales y ambientales, y reducir la capacidad de acción
laboral colectiva– provenía de las ventajas fiscales concedidas por los
gobiernos neoliberales de los países de altos ingresos a sus ciudadanos
de rentas elevadas mediante generosas rebajas de tipos, pródigas exen-
ciones y subvenciones, calculada tolerancia con la evasión fiscal y apro-
piadas políticas de precios. El crecimiento que propició legitimaba esas
políticas: en efecto, demostraba que los ricos y las empresas privadas
tenían la competencia idónea para tomar las decisiones económicas pro-
piciadoras de una prosperidad general justamente desigual.
Las crisis, por el contrario, parecen sugerir la conclusión opuesta. Los
autores refuerzan esta idea cuando observan que, históricamente, los pe-
riodos de elevada movilidad internacional de capital han producido repe-
tidamente crisis bancarias internacionales, usualmente favorecidas por
procesos de liberalización caracterizados por una regulación inadecuada
y una acusada falta de supervisión. Y también que las crisis tienden a
encadenarse rápidamente en un mismo país, y, en ocasiones, a arracimar-
se regional, e incluso globalmente, siguiendo una secuencia prototípica
que revela su base de datos.
Según ésta, la liberalización financiera (1), sobre todo asociada a un
déficit en la balanza comercial (así como público) propicia un sostenido
aumento de la entrada de capital exterior cuyo exceso, unido a un grado
de apalancamiento (endeudamiento) privado temerario, políticamente
tolerado, genera burbujas de capital productivo, inmobiliario o de activos
financieros negociables que desembocan en crisis de confianza que se
traducen en el colapso del crédito y en crisis bancarias (2). El colapso del
crédito fuerza la contracción de la economía y la escasez eleva los pre-
cios, a menudo multiplicados por las medidas públicas de estímulo y el
aumento de los pagos por desempleo y otros estabilizadores automáticos.
La suma de estos procesos contribuye a una devaluación de la moneda
nacional, un encarecimiento del crédito exterior, un crecimiento masivo de
la deuda pública y un agravamiento de la recesión. Si la recuperación
de las exportaciones o la ayuda exterior no relanzan rápidamente el cre-
cimiento, en este punto se produce (3) una bifurcación: puede haber o no

156

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NOTA DE LECTURA
impago de la deuda –interna o externa, o ambas, según lo aconsejen las
circunstancias económicas y políticas–, pero, con independencia de ello,
empeora la crisis de inflación y monetaria y la crisis bancaria alcanza su
apogeo, la actividad económica toca fondo y la reactivación procede, con
más o menos lentitud, según se acumula, interna o externamente, e invier-
te productivamente una nueva remesa de capital.
Las crisis se extienden regional o globalmente por efecto de reaccio-
nes automáticas nacidas de factores comunes (burbujas de valores, alta
entrada de capital atraído por el déficit por cuenta corriente), o por con-
tagio inmediato (generalmente, dependencia del mismo centro financiero
afectado), o más lento (caída del comercio internacional, que arrastra
el precio de las materias primas y los bienes manufacturados). Sin em-
bargo, la teoría económica no ve a las crisis bancarias como una causa
primera –menos aún ve sus causas sociales–, sino como amplificador de
otros factores –un crack bursátil, una guerra, una crisis social o política,
un gobierno que arruina el erario o una súbita caída de ingresos en los
mercados exteriores–, es decir, las ve como un accidente contingente, no
como un defecto de diseño estructural que alberga el potencial de un
accidente sistémico latente.
La teoría económica tampoco percibe la naturaleza social de las crisis
económicas. En el caso de la deuda externa, el hecho de que no exista una
jurisdicción internacional capaz de obligar el pago del país deudor eviden-
cia que el crédito se basa en la confianza del prestador –y en su codicia
atraída por unos intereses elevados–. Y la baja frecuencia relativa de los
impagos muestra que éstos raramente son fruto de una decisión puramen-
te económica, sino más bien de un complejo cálculo coste-beneficio que
comprende importantes consideraciones sociales –incluidos los sacrificios
sociales precisos para redimir la deuda a largo plazo o sufrir las consecuen-
cias de las represalias al impago– y que dicta la voluntad política de pagar.
La deuda interna, a su vez, aparece como un fenómeno clave. No sólo
constituye un porcentaje muy alto de la deuda pública total –generalmente
emitida a interés comercial, no indiciada a la inflación, y a largo plazo–,
sino que su impago es un remedio políticamente difícil, porque suele estar
en manos de agentes sociales influyentes, por su peso político o económi-
co, o por su mero número, y por esa razón las cifras de caída del PIB o de
las exportaciones tienden a ser peores que en los impagos de deuda exter-
na. Éstos, de hecho, suelen decidirse como medida para intentar no defrau-
dar la deuda interna –muy especialmente cuando ese acto pone en peligro
la solvencia del sector bancario local, importante acreedor del Estado.
Las crisis bancarias, a menudo consecuencia de aminoramientos del cre-
cimiento, y causa de recesiones y crisis de inflación, parecen resultar de las
luchas políticas en torno a la regulación del encaje o apalancamiento banca-
rio. Reinhart y Rogoff observan, sin embargo, que hubo un periodo sin crisis
bancarias (de finales de la década de 1940 a inicios de la de 1970) debido
al crecimiento sostenido global, a la represión de los mercados financieros
–control de tipos, encaje reducido, obligación de depósitos en el banco cen-
tral, etc.– y a la mano dura en los controles de capital. Y, aunque no sugieren
necesariamente que sea el mejor modo de prevenir las crisis financieras, lo
cierto es que la coincidencia resulta llamativa. No dejan de señalar, por aña-

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NOTA DE LECTURA didura, que la extensión de la liberalización financiera ha ido seguida, en
muy poco tiempo, por crisis bancarias allí donde se ha aplicado.
Sobre la crisis actual, los autores afirman que es tanta la similitud de
los datos en los años precedentes con los de otras crisis anteriores que
la hipótesis más plausible es que sus consecuencias sean tan profundas,
prolongadas y socialmente arduas como las de aquéllas. De aquí que, para
prevenir futuras crisis económicas sistémicas, esté surgiendo una nueva
línea de investigación sobre «Sistemas de alarma temprana». Estos «sistemas»
pueden señalar la presencia de indicadores asociados a las crisis, pero, por
descontado, no pueden predecir cuándo ocurrirán éstas ni qué gravedad
tendrán. No obstante, ya se aprecia que algunos indicadores (el tipo de
cambio de las divisas, los precios reales de los ciertos valores, la importa-
ción de capital y su destino, la razón entre la balanza por cuenta corriente
y la inversión exterior) son más eficaces que otros (señaladamente, las
valoraciones de los expertos: numerosos impagos han sido protagonizados
por países que poco antes habían recibido de éstos una alta calificación).
Reinhart y Rogoff señalan que las instituciones financieras internacio-
nales podrían proporcionar un bien público valiosísimo promoviendo un
estándar contable riguroso y exigiendo transparencia en los datos relevan-
tes para prevenir las crisis. Porque, por ejemplo, aún existe una inmensa
opacidad sobre la deuda, tanto pública como privada, y dudas sobre las
estadísticas macroeconómicas. Si el FMI ejerciera una macrosupervisión
prudencial podría ser más útil previniendo las crisis de lo que viene sien-
do mitigándolas. Más aún, podría promover una legislación común para
controlar con efectividad los grandes movimientos financieros –dirigidos
por las compañías gigantes– y así proteger a los reguladores de la in-
fluencia de los grupos de presión, que persiguen normativas laxas tanto o
más que elevadas tasas de beneficio. Los ejercicios de sostenibilidad de la
deuda podrían así tener en cuenta la vulnerabilidad de un país a «parones»
de entrada de capital y su umbral histórico de «intolerancia» a la deuda.
Pero quizá nada cambie en el futuro, porque el endeudamiento puede
generar burbujas engañosamente largas y prósperas, y aunque las econo-
mías muy apalancadas no pueden resistirlo indefinidamente, ni el más refi-
nado sistema de alerta temprana puede nada contra la capacidad de auto-
engaño de los agentes financieros y políticos, siempre dispuestos a creer
que esta vez el crecimiento es –además de mérito suyo– sólido, porque los
criterios preventivos anteriores y el principio de precaución ya no sirven,
porque esta vez es distinto4. La recurrencia de este síndrome debería decir-
nos algo sobre los mecanismos de seguridad colectivos, sobre la estructura
de la memoria, la atención, la inferencia y la demostración de escenarios
prospectivos en las sociedades «de la información», y sobre los desequi-
librios de poder en unas sociedades que se autodenominan «avanzadas».
4
Y no cabe omitir que la opacidad en la contabilidad de la deuda, de la que son cómplices
gobiernos y agentes financieros, sugiere que unos se benefician de tipos de interés inferiores
a los correspondientes al riesgo real y otros de oportunidades de inversión más atractivas
para sus clientes, más fáciles de gestionar (a la postre, sólo son intermediarios a comisión)
de lo que serían si su riesgo real fuese transparente. Lo mismo cabe decir de la redefinición
de variables estadísticas vitales, con presuntos efectos «cosméticos», que se traducen en
distorsiones de la información en el mercado, y en un distribución artificial y sesgada de
los beneficios y las pérdidas.

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f LIBROS RECIBIDOS EN LA REDACCIÓN

f Abaco. Revista de Cultura y Ciencias Sociales, n.º 67 (2011), «Traba-


jo y mercado. Polarización, crisis y cambios en el mundo laboral».
f Calvo Gallego, Francisco J. y Rodríguez-Piñero Royo, Miguel (dirs.),
(2011), Colocación y servicios de empleo, Madrid, Consejo Econó-
mico y Social.
f Consejo Económico y Social (2011), Economía, Trabajo y Sociedad.
Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral. España 2010,
Madrid, CES.
f Corouge, Christian y Pialoux, Michel (2011), Resister à la chaîne.
Dialogue entre un ouvrier de Peugeot et un sociologue, Marsella,
Éditions Agone.
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