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Carta de Gratitud a Jesús

El autor le escribe una carta a Jesús agradeciéndole por sentarse a hablar con él en la mesa del rey. El autor le cuenta a Jesús todos sus pensamientos y sentimientos más profundos, y Jesús lo escucha pacientemente y consuela su alma. Jesús sana las heridas del autor y le da palabras de vida y promesas. El autor aprecia que Jesús haya dedicado tiempo a darle sentido a su vida miserable y que lo ame incondicionalmente a pesar de sus errores.
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Carta de Gratitud a Jesús

El autor le escribe una carta a Jesús agradeciéndole por sentarse a hablar con él en la mesa del rey. El autor le cuenta a Jesús todos sus pensamientos y sentimientos más profundos, y Jesús lo escucha pacientemente y consuela su alma. Jesús sana las heridas del autor y le da palabras de vida y promesas. El autor aprecia que Jesús haya dedicado tiempo a darle sentido a su vida miserable y que lo ame incondicionalmente a pesar de sus errores.
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CARTA PARA JESUS

Sentado a la Mesa del Rey

En ésta misma mesa un día, Señor Jesús te invité a mi vida. Comenzó


el momento más especial de mi existencia, supe que tenía un Padre
que me amaba y alguien que me entendía. Te conté todas las cosas
que en mi corazón había, conociste los más recónditos lugares de mi
corazón; escuchaste pacientemente porque sabías que había un
torrente, un fuego, una necesidad en mi corazón de ser escuchado;
sabías que si alguna palabra, pensamiento ó sentimiento se quedaba
en mi garganta me haría daño.
Consolaste mi alma, recogiste en tu redoma cada lágrima que salía de
mis ojos, las guardaste con esmero, porque para ti eran las más
preciosas joyas de mi vida. Las tomaste en silencio, entendías que
lavaban mi corazón y cicatrizaban las heridas más sensibles, las que
hasta ese momento nada había podido remediar.
Luego comenzaste a hablar, y pude comprender que no sólo tenía un
padre, sino un amigo; y de tú Espíritu salió la dulce voz que me habló
palabras de vida. Cada promesa brotó de la escritura como sonidos
claros de tu boca y mi alma se sació de las grosuras de tu palabra.
Luego miraste mi cuerpo como medio muerto, fatigado de la lucha
solitaria que muchos años tuve, y tuviste compasión como buen
samaritano, pues me levantaste del suelo a punto de desfallecer, me
llevaste a la mesa y sanaste con medicina poderosa, tu sangre que
fluyó de las venas tuyas y transferiste aliento de vida; libraste la
batalla por mí en mi cuerpo y derrotaste la duda, al igual que la
enfermedad.
Miraste más profundamente en mi alma y reconociste las heridas
ocultas, y con mano delicada arrancaste esos quistes que me dejó la
frustración, el resentimiento, y otros sentimientos que marcaron mi
corazón año tras año. Te atreviste a seguir viviendo en mi corazón, a
pesar que todos los días entraba a las habitaciones de mi alma (en
algunas ocasiones me incomodé y hasta me opuse) pero con ese amor
que tienes hiciste una obra de orfebrería y limpiaste, ordenaste y
engalanaste mi vida. Sólo un fiel amigo como tú dedicó tiempo para
darle sentido a una vida miserable y despreciable ante los ojos de los
demás, pero tan valiosa para ti, como el tesoro escondido jamás
guardado y conservado para mí.
Gracias mi amado, mi salvador; nunca me has pedido sino una sola
cosa, que confíe plenamente en ti para que puedas actuar en mi vida,
y amarte para que ese lazo nos una estrechamente hasta la eternidad.
No merecía tanto amor mi Señor, pero he comprendido que no es
porque lo merezca, es por ese amor tuyo que superó todos mis
errores, para que aún de ellos me brindaras lo mejor de ti……………..a
tu hijo Jesús
Autor : Diego Zapata Marín
Ministerio Diego Y Yamile
Encuentro de Hombres 10, 11 y 12 de Agosto de 2018

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