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Resumen. La teoría política de Julien Freund, conocida especialmente por su obra cumbre de 1965,
L’essence du politique, descansa sobre bases epistemológicas y filosóficas que él mismo condensó en su
“teoría de la esencia”. Este modelo teórico, aunque lo aplicó en primer lugar a lo político, lo concibió
no obstante como una herramienta de análisis global de los fenómenos sociales en clave ontofenomeno-
lógica y, en este mismo sentido, antropológica. Aún no existe sin embargo una exposición completa de
esta teoría, a la que queremos dedicar ahora un primer estudio sistemático, con relación especialmente
a dos problemas: la circunstancia histórica en que se fraguó la teoría y su intención epistemológica
general, que solo puede ser adecuadamente entendida en su significación metafísica original.
Palabras clave: Teoría política; Filosofía social; Esencia; Carl Schmitt; Raymond Aron.
Cómo citar: Valderrama Abenza, J.C. (2019). Julien Freund, “teórico de las esencias”: un intento filo-
sófico de clarificación, en Res Publica 22.2, 461-476.
*
Universidad CEU Cardenal Herrera
[email protected]
1. Introducción
1
A la primera edición, con la que abría Sirey su colección “Philosophie philosophique”, saludada efusivamente
por P. Arnaud en las páginas de L’Année sociologique (17, 1966, pp. 231-233), le dieron continuidad otras cin-
co en Francia –la última en 2003, con postfacio de P.-A. Taguieff (“Julien Freund, penseur du politique”, pp.
829-867)– y dos en España, con traducción de Sofía Nöel: una muy próxima a la primera francesa en la extinta
Editora Nacional (1968), y otra prologada y mejorada medio siglo después por J. Molina Cano, de acuerdo
con la tercera edición francesa (1986), para el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (La esencia de
lo político [= EP], Madrid, C.E.P.C., 2018, edición que aquí seguiremos). En la Argentina e Italia los intentos
han resultado fallidos. También en Alemania, pese al interés de Carl Schmitt, sobre lo que también Molina ha
proporcionado valiosas informaciones (pp. LXXXV ss.)
2
De la amplitud de temas y de fuentes intenté dar cuenta en Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real,
Murcia, Sociedad de Estudios Políticos de la Región de Murcia, 2006, con un registro de títulos que en estos
últimos años no ha dejado de aumentar, tanto dentro como fuera de su Francia natal. Todo lo nuevo, con especial
atención a los escritos en lengua española, lo ha recogido J. Molina Cano en su insuperable introducción a la
reedición española de La esencia de lo político, op. cit., sobre todo p. XCI ss. Una presentación sintética de sus
horizontes temáticos en J. C. Valderrama Abenza, “Julien Freund, analista político. Contextos y perspectivas
de interpretación”, en P. Sánchez Garrido (ed.), Miradas Liberales. Análisis Político en la Europa del s. XX,
Madrid, Biblioteca Nueva, 2014.
3
Así en las reseñas de M. Nédoncelle para la Revue des Sciences Religieuses, 41, 1967, pp. 184-185: “Freund
regarde les choses en face –dice– et ne craint pas les couleurs franches”, p. 184; Claude Gousse en Sociologie
du travail, 2, 1966, pp. 212-214: un “monument de clarté et de profondeur de réflexion” (p. 213); o E. Serrano
Villafañé, en Anuario de Filosofía del Derecho, 14, 1969, pp. 248-251, aunque con la sospecha de si “este pro-
ducto tan alquimista y «puro» que el autor se propone” no acabará acarreando al final “una política concebida
en las nubes del pensamiento del autor”, esto es, en el fondo, “una política sin política” (p. 249). El mismo, con
ligeras diferencias, en Revista de Estudios Políticos, 163, 1969, pp. 199-209.
4
J.-W. Lapierre, “Quintessences du politique”, Esprit, 36, 1968, pp. 200-228, aquí p. 205. De “nouvel éléatisme”
(p. 201) tildaba el proyecto de Freund expuesto aquí. Un reproche antiesencialista asaz frecuente, también
mantenido por A. Manser, [L’essence du politique] The Philosophical Quarterly, 69, 1967, pp. 374-375 (“This
seems essentialism with a vengeance”, p. 375); F. Chevrette, [L’essence du politique] Canadian Journal of Po-
litical Science, 2, 1969, pp. 262-264; A.-J. Bélanger, “Le politique, concept mystificateur?”, Canadian Journal
of Political Science 17/1 (1984), pp. 49-64; G. Morel, [L’essence du politique] Études, 324, 1966, pp. 279-280;
P. Vidal-Naquet, “Tradition de la démocratie grecque”, en M. I. Finley, Démocratie antique et démocratie
moderne, París, Payot, 1976, p. 8. Entre quienes han tratado más de cerca la obra de Freund también asoman a
veces los mismos equívocos. Así, por ejemplo, A. Cambier, que vio a Freund “prisonnier d’une ontologie subs-
sentaba por lo visto un modelo teórico “demasiado débil para un libro de semejante
envergadura”, “mal concebido y ejecutado”, expuesto además mediante “fórmulas
desafortunadas”5 de una “tremenda banalidad”6; “un essentialisme naïf et faiblement
conceptualisé” incluso, como llegó a decir S. Laurens7, que apenas valía el viaje por
sus más de 750 páginas de minúsculos caracteres à la française8. Al contrario: “en
lugar de un tratado de cerca de 800 páginas que contiene un poco de todo y por eso
mismo oculta lo esencial, hubiera hecho mejor el autor concentrando en un centenar
de páginas la sustancia de ese original modo de concebir lo político que el lector vis-
lumbra al hilo de sus páginas pero que nunca llegar a apresar satisfactoriamente”9.
No cabe aquí –aunque es preciso– una exposición detallada de la teoría freundea-
na de la “esencia” que permita: (1) describirla en su intención epistemológica más
allá del campo específico que la vio nacer, que fue el análisis fenomenológico de lo
político; (2) justificar su estructura y detallarla sistemáticamente de acuerdo con los
principios que informan cada uno de los campos de actividad a los que Freund remite
cada “esencia” (desde lo político y lo religioso a lo económico, lo científico, lo ético
y lo estético): su raíz o donnée, sus presupuestos, finalidad y medios específicos10;
y (3) calibrar, por último, su validez como tal modelo teórico dentro del marco me-
tateórico en el que se mueve y que no puede rebasar en su aplicación metodológica.
Dado lo amplio de un programa semejante y la ausencia aún de estudios críticos al
respecto, nos contentaremos con presentar aquí al menos dos puntos previos: 1.– la
génesis de la teoría en el marco que describe, sobre todo, el largo periodo de gesta-
ción de aquella obra (1949-1965) y el cruce de relaciones personales que determi-
narán la dirección de todo este proceso (particularmente Carl Schmitt y Raymond
Aron); y 2.– su intención epistemológica fundamental, sin ningún otro detalle, que
esperamos aportar en alguna otra ocasión, con relación a un único problema: el ries-
tantialiste […] tributaire de préjugés métaphysiques qui expliquent son essentialisme systématique”, Pouvoir et
puissance dans la philosophie politique de Julien Freund (I), tesis doct. inédita, U.F.R. Philosophie, U. Lille III
- Charles de Gaulle, 2000, pp. 124-125. En el mismo sentido su ensayo “Les limites de l’essentialisme politique:
regard critique sur la philosophie politique de Julien Freund”, en J.-F. Rey (et al.), Politique et responsabilité.
Enjeux partagés, París, L’Harmattan, 2003, p. 113 ss.
5
L. Dion, [L’essence du politique] Canadian Journal of Economics and Political Science, 32, 1966, pp. 399-401;
cf. M. Fortmann, [Sociologie du conflit] en ibidem, 18, 1985, pp. 427-429.
6
J.-W. Lapierre, op. cit., p. 204.
7
S. Laurens, “L’extrême droite à l’Université: le cas Julien Freund”, Agone 54/2 (2014), pp. 13-26, aquí p. 17.
Desde luego, creo de lo más discutible que, como ahí se dice, “la mayor parte de los sociólogos o filósofos ex-
tranjeros hayan considerado sistemáticamente la obra filosófica de Julien Freund” en esos términos, sin aportar
más aval al respecto que las lecturas parciales de M. Fortmann y A. Manser. No es lo que piensa, por cierto, entre
los propios críticos, F. Chevrette, uno de los pocos que advierte el sentido filosófico del plan de Freund, y no
sociológico o politológico au goût du jour, de modo que “el carácter no-operacional de los conceptos que ofrece
no se debería utilizar en su contra. Por lo menos, porque en otras ocasiones, como en sus brillantes escritos sobre
Max Weber en particular, este autor ha demostrado ser un excelente sociólogo teórico, lo que todavía podría
ser si tuviera necesidad de ello, pero que en este caso no era su propósito. Es, en efecto, en el terreno filosófico
donde deberíamos entrar para debatir con él”, op. cit., p. 264. Por otro lado, Freund mismo se puso de frente
ante esas críticas en los últimos párrafos de su prólogo a la edición de 1978 de EP, pp. 7-8. Para más detalles, J.
C. Valderrama Abenza, “«Retour à la philosophie». La sociología como mediación metafísica en la obra de J.
Freund”, Pensamiento. Revista Pensamiento. Revista de investigación e información filosófica (en prensa).
8
Cf. L. Dion, op. cit., p. 399; A. Manser, op. cit., p. 375.
9
L. Dion, op. cit., p. 401.
10
El repaso general, muy esquematizado, de la teoría lo ofreció Freund en sus cursos en Lovaina de los años
1982-1984, recogido en J. Freund [= JF], Philosophie et Sociologie [= PhS], Louvain-la-Neuve, Cabay, 1984,
pp. 23-105.
go del esencialismo tantas veces puesto de manifiesto en las lecturas críticas de Fre-
und, de hipóstasis o quintaesencialización de los fenómenos históricos.
11
JF, “La crise du politique”, Revue française de science politique, 4, 1951, pp. 586-593. A partir de entonces,
colaboraría Freund en numerosas ocasiones en esta revista, en la que se tendrá muy presente su obra, bien que
curiosamente pasó por alto la edición de su opus magnum. Para sus inicios, vid. J. Leca, “Les 50 ans de la
R.F.S.P.: une relecture cavalière des débuts”, Revue française de science politique, 51, 2001, pp. 5-17.
12
JF, “Le centenaire de Lagneau, philosophe française né à Metz le 8 août 1851”, Le Républicain Lorrain (21
enero 1951); “Célébrités messines: Jules Lagneau”, Bulletin de la ville de Metz, 6, 1951, pp. 7-10.
13
École de France, 1951, pp. 18-19. Las siglas responden al Syndicat Général de l’Éducation Nationale, vincu-
lado desde su origen (1937) a la Confédération Française des Travailleurs Chrétiens (C.F.T.C.). Tras recibir
contestación, responde nuevamente en “Réponse à [Gabriel] Quencez, responsable du S.G.E.N.”, École de
France, 2, 1952, pp. 6-8.
14
Como ilustración de esos compromisos y el cruce de decepciones que provocaron su progresivo abandono, bas-
te JF, La aventura de lo político. Conversaciones con Charles Blanchet [= LAP], Madrid, Encuentro, 2019, pp.
35-53; J. Molina Cano, “Estudio Preliminar”, en JF, La esencia de lo político, op. cit., pp. XXV-XL; o nuestro
Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real, op. cit., pp. 34-44.
15
Para otras lecturas de esta distinción, que atraviesa toda la segunda parte del s. XX, J. Franzé, “La política más
allá del Estado: ¿una omisión de la violencia?”, Revista Española de Ciencia Política, 29, 2012, pp. 67-83.
16
Cf. P.-A. Taguieff, “Julien Freund, penseur du politique”, op. cit., p. 829.
O en estas otras, donde Freund especifica dos de esos que llamará sus “presupues-
tos” (Voraussetzungen):
17
Der Staat, 3, 1962, pp. 261-288.
18
Los cambios y añadidos tendrán por objeto sobre todo subrayar dos cosas: 1) la necesidad de remitir el análisis
de la democracia al de lo político en general, descargándolo de su perfil ideológico; y 2) la distinción conceptual
entre “le politique” como esencia y la política en su dimensión pragmática (la politique, der Politik). De ahí la
conclusión del texto tal y como quedará para Le nouvel âge, donde puntualiza: “Para nosotros, la muerte de la
política [la mort de la politique], tal y como aquí la entendemos, supone en contrapartida la rehabilitación de
lo político [réhabilitation du politique], como actividad al servicio del hombre. […] la actividad política no es
en sí misma más que una actividad entre otras, junto a la economía, el arte o la ciencia. El hombre no se realiza
más que en el ejercicio de todas estas actividades en plena contemporaneidad. Es de verdad demócrata quien
posee el sentido de lo político [le sens du politique], tal y como se acaba de describir”, “Essence du politique et
idéologie démocratique”, Le nouvel âge. Éléments pour la théorie de la démocratie et de la paix, París, Rivière,
1970, pp. 23- 73, aquí pp. 72-73. También de calado son sus notas sobre la clasificación de los regímenes, donde
incorporara su idea sobre la mésocratie. Sobre este punto, monográficamente, JF, El gobierno representativo,
Madrid, Encuentro, 2017.
19
JF, “L’idéologie démocratique et l’essence du politique”, Politique, 37-40, 1967, pp. 173-204.
20
“Die Demokratie und das Politische”, op. cit., p. 267; “Essence du politique et idéologie démocratique”, op. cit.,
p. 33.
21
“Die Demokratie und das Politische”, op. cit., p. 272; “Essence du politique et idéologie démocratique”, op. cit.,
p. 41.
22
Se lo hizo notar Schmitt en carta fechada el 4 de diciembre de 1959, comentando su artículo: “Ora riconosco
l’esattezza della relazione «commandement-obéissance» e la sua superiorità sulla relazione «protezione-obbe-
dienza» sinora ritenuta da me valida. La relazione «pubblico-privato», menzionata nei Suoi scritti precedenti,
non viene qui trattata”, JF, “La mia corrispondenza con Carl Schmitt”, en Studi Perugini, 1, 1996, pp. 179-220,
aquí p. 191. Vid. J. C. Valderrama Abenza, “Agón y Polémos. Polemocentrismo analítico y prioridad práctica de
la amistad en el pensamiento político de J. Freund”, Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, 1, 2017, pp.
117-133.
23
Cit. en P. Tommissen, Empresas Políticas, 5, 2004, pp. 117-124, aquí p. 117.
24
Cf. Ibidem, pp. 118-120. En el mismo orden se lo traslada a Schmitt en su carta del 18 de noviembre de 1959
(“La mia corrispondenza con Carl Schmitt”, op. cit., p. 183). Al respecto, lo que señala el mismo Freund en EP,
pp. 5-6.
25
Tal es la definición política, que no solo jurídica, que da Freund del régimen en el conjunto de su obra: “forma
jurídica que adopta una unidad política por medio de la institucionalización de una opinión predominante, ya
sea que ésta la imponga una minoría, o que se quiera y acepte por mayoría. […] El régimen descansa, en cual-
quier caso, sobre los prejuicios de una colectividad que, según las diversas épocas y su propia historia, adquie-
ren para ella la validez de evidencias y aspiraciones reguladoras”, JF, El gobierno representativo, op. cit., p. 74.
función del par privado y público. No otro es el objeto del estudio, pues, que ese pre-
supuesto en superficie oculto, alrededor del cual se determinan también los otros dos.
No hay duda así de que, aunque la formulación de la teoría discurre en paralelo al
desarrollo todo de la década, como el título original de su proyecto de tesis ponía ya
de manifiesto, en 1959 su estructura fundamental, en lo que se refiere al menos a la
esencia de lo político, estaba diseñada ya. Y no es casual que lo esté en ese preciso
año, y así haya quedado recogido en el texto de aquella conferencia de Obernai, pues
fue ese el momento en que Freund consagró su relación personal con quienes siem-
pre consideró sus “deux grands maîtres”: Carl Schmitt y Raymond Aron26. La “teoría
de la esencia” va de la mano, en efecto, del trato de Freund con ellos dos, primero de
forma puramente intelectual, al hilo de sus lecturas en los años iniciales de la década,
pero más adelante personal también, siendo justamente entonces, en 1959, cuando su
influjo tomó forma definitivamente.
Aunque las relaciones con ambos comenzaron tiempo antes (1952), fue en 1959
cuando en la biografía de Freund se produjo un hecho que, aparte de su evidente
repercusión vital, dejó profunda huella en el despliegue de su propia reflexión. Él
mismo lo evocaba en su prefacio a la segunda edición de L’essence du politique
(1978) como algo sin duda relevante para entender las siguientes ochocientas pá-
ginas del libro: la ruptura, no sólo intelectual, sino personal, con quien había sido
hasta entonces su director, Jean Hyppolite, declarada abiertamente en los últimos
días de 195827 y que le llevaría a solicitar a Raymond Aron la dirección de esta tesis
que aquel otro, en cambio –“socialiste et pacifiste”–, había rechazado. El suceso se
conoce suficientemente ya. Además de en aquel prefacio, volvió Freund sobre él en
su entrevista con Charles Blanchet en L’aventure du politique28, como también en su
artículo homenaje, “Raymond Aron, directeur de thèse” (1985)29.
A Aron le había conocido Freund por su lectura en los años de guerra de La
sociologie allemande contemporaine (1935)30, que le ganó para siempre a la socio-
Cf. “Algunas ideas sobre lo político”, Hespérides, 4-5, 1994, pp. 9-20, aquí p. 16; “La esencia de lo político”,
Signos Universitarios, 12, 1984, pp. 11-19, aquí p. 13.
26
EP, p. 6. Cf. D. Steinmetz-Jenkins, “Between two rights: Julien Freund and the origins of political realism in
France”, Patterns of Prejudice, 3, 2014, pp. 248-264; y “Plettenburg not Paris: Julien Freund, the New Right,
and France’s Liberal Moment”, en S. Sawyer & I. Stewart (eds.), In Search of the Liberal Moment. Democracy,
Anti-totalitarianism, and Intellectual Politics in France since 1950, Palgrave Macmillan, 2016, pp. 39-59.
27
En Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real, op. cit., p. 69, sitúo erróneamente la disputa en 1955, lo
que corrijo en “Agón y Polémos…”, op. cit., p. 120. En “Raymond Aron, directeur de thèse”, Commentaire,
28-29, 1985, pp. 55-58, Freund la fecha en las Navidades de 1958 (p. 55). Ni en el prefacio a EP de 1978 ni en
LAP, deja constancia expresa del momento.
28
LAP, pp. 41-46.
29
Nosotros mismos nos hemos detenido al respecto en Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real, op. cit.,
p. 69 ss.; “Julien Freund, analista político. Contextos y perspectivas de interpretación”, op. cit., pp. 109-110; y
en “Agón y polemós…”, op. cit., pp. 120-122. Más recientemente lo ha hecho J. Molina en su introducción a
EP, p. 40 ss.; también antes en “Julien Freund o la imaginación del desastre”, Nueva revista de política, cultura
y arte, 158, 2016, pp. 221-232, aquí pp. 229-230 y Altar Mayor, 76, 2017, pp. 191-197, aquí pp. 195-196.
30
Cf. Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real, op. cit., pp. 36-38; M. Pollak, “La place de Max Weber
dans le champ intellectuel français”, Droit et Société, 9, 1988, pp. 195-210.
31
Cf. L. Althusser, “Soutenance d’Amiens”, en Positions: 1964-1975, París, Éditions Sociales, 1976, p. 127.
32
JF, “Raymond Aron”, op. cit., p. 55.
33
Cf. JF, “Die Demokratie und das Politische”, op. cit., p. 265, 274; “Essence du politique et idéologie démocra-
tique”, op. cit., p. 30, 44-45.
34
De ahí la constante referencia a este texto en sus intercambios epistolares de esos años 59 y 60, cuya redacción
Freund le anuncia en 6 de octubre: “Attualmente sto terminando la mia conferenza sulla democrazia, che terrò
fra qualche giorno davanti ai membri del gruppo «Esprit». Quando il lavoro sarà pronto, Le invierò una copia
dattiloscritta” (“La mia corrispondenza con Carl Schmitt”, op. cit., p. 190). Cuando le llega esa copia, Schmitt le
escribe comentando alguno de sus puntos, sobre todo en carta del 4 de diciembre de 1959: “La Sua conferenza
è stracolma di idee e di materiale, forse troppo per una conferenza […] Ora riconosco l’esattezza della relazione
«commandement-obéissance» e la sua superiorità sulla relazione «protezione-obbedienza» sinora ritenuta da
me valida. […] Forse Lei ha toccato troppi tabù. […] Io seguo la Sua conferenza, che ho letto spesso e che
continuo a rileggere con grande gioia, non solo con innumerevoli pensieri e riflessioni ma anche con intense
emozioni, cioè con tutta la simpatia e le attenzioni di un vecchio onniscente”, Ibidem, pp. 190-192. Poco des-
pués se interesará por su publicación (Carta a JF, 16 de junio de 1960, cf. p. 194), cuya traducción alemana
impulsará además para Der Staat por mediación de Roman Schnur, como le hace saber el 6 de noviembre de
1960 (cf. p. 197).
35
JF, “Ébauche d’une autobiographie intellectuelle” [= “Ébauche…”], Revue européenne des sciences sociales,
54-55, 1981, pp. 7-47, aquí p. 29.
36
Lo recordaba en LAP, pp. 35-36, al igual que Tommissen, ayudando a deshacer una cierta confusión en torno a
fechas: “Cuando J.F. regresó a Estrasburgo a finales de noviembre de 1944, después de la reconquista de la ciu-
dad por la 2ª división acorazada del general (y futuro mariscal de Francia) Philippe Leclerc, recogió de la calle
de la disputa con Hyppolite, supuso para Freund una auténtica conmoción. Cuál no
sería su sorpresa, por eso, cuando días después, Paul Ricoeur, a quien había hecho
partícipe de su entusiasmo, le comunica que se había estado informando: su autor,
le dijo, había sido el Kronjurist del nazismo… “Me caí en redondo –recordaba Fre-
und–; estaba aterrado. Rumiaba en silencio mi consternación: ni una sola frase de la
obra me podía dar a pensar que su autor fuera un nazi”37. La decepción que le causó
semejante noticia le llevó a apartar al alemán del centro más inmediato de sus intere-
ses. Solo después, en 1956, se plantearía establecer contacto personal con él por me-
diación del germanista Pierre-Paul Sagave, catedrático en Aix-Marseille, que le pasó
sus datos. Pero en ese momento no se atrevió a ir más allá de tomar simplemente
nota de su dirección, sin decidirse a una relación directa. Para ello hubo de pasar un
cierto tiempo, precisamente hasta 1959, cuando después de haber leído nuevamente
algunos de sus escritos disponibles, resolvió escribirle comenzando una amistad que
sólo rompió su muerte en 1985, como un año y medio antes la de Aron38. Aquella
lectura fue decisiva para que Freund, siguiendo los impulsos metafísicos de su pro-
pia genialidad, transitara a través de su “teoría de la esencia” por el umbral abierto
en aquella primera gran sentencia con la que daba comienzo Schmitt su exposición:
“Der Begriff des Staates setzt den Begriff des Politischen voraus”39, el concepto de
Estado supone el de lo político. En esta simple idea hallaría él la confirmación de
sus propios planteamientos, aunque en su caso referidos a una serie de experiencias
personales que el francés veía necesitadas de una rigurosa depuración intelectual.
Goethe un puñado de libros que habían quedado en la acera después de la «defenestración» de la biblioteca del
Instituto de Filosofía por unos vándalos. Entre otros Der Begriff des Politischen de C.S.”, P. Tommissen, “Julien
Freund y Carl Schmitt. Algunos elementos para una reconstrucción de su amistad”, op. cit., p. 118.
37
“Ébauche…”, p. 29; LAP, pp. 48-53.
38
Cf. J. Molina Cano, “Estudio preliminar”, op. cit., donde detalla muy profusamente los puntos de unión entre
ambos autores y la importancia del papel jugado por J.F. en la recepción francesa de C.S.
39
C. Schmitt, Der Begriff des Politischen, Berlin, Duncker & Humblot, 1963, p. 20.
40
Carta a C.S. (Estrasburgo, 4 de septiembre de 1959), en “La mia corrispondenza con Carl Schmitt: 1959-1965”,
op. cit., pp. 181-182; cf. Carta a C.S. (18 de septiembre de 1959), ibidem, pp. 183-187.
41
EP, pp. 9 y 12. Cf. D. Steinmetz-Jenkins, “Between two rights: Julien Freund and the origins of political realism
in France”, op. cit.
42
De hecho, “Julien Freund, discípulo de Aron, es el más maquiaveliano de los escritores políticos franceses del siglo
XX”, como dicen J. Molina y J. A. Guillamón en “Jacques Maritain y Raymond Aron sobre el maquiavelismo
(1934-1982): un momento maquiavélico francés”, Revista de estudios políticos, 176, 2017, pp. 281-307, aquí p.
285. Para los elementos clave de la filosofìa de Aron que resuenan en la obra de Freund, vid., sobre todo, de J.
Molina, “Raymond Aron ante el maquiavelismo político”, Revista Internacional de Sociología, 50, 2008, pp. 9-33,
aquí pp. 27-28, 42; “El realismo político”, en E. Anrubia & Á. de Rueda (eds.), Felicidad y conflicto. Filosofías
para el mundo de mañana, Granada, Comares, 2017, pp. 15-27, aquí p. 21; “Le primat du politique. El realismo
político de Raymond Aron, Sociologia (Universidade do Porto), 16, 2006, pp. 205-229; “La política y su grandeza
sombría. Notas sobre el realismo político de Raymond Aron”, Revista Enfoques, 10, 2009, pp. 107-138; C. Gambe-
scia, Liberalismo triste. Un recorrido de Burke a Berlin, Madrid, Encuentro, 2015, pp. 44, 203; A. Campi, “Trittico
sulla guerra: Schmitt, Aron, Freund” y “Raymond Aron e la tradizione del realismo político”, en La politica come
passione e come scienza. Saggi su Raymond Aron, Soveria Mannelli, Rubbettino, 2015, pp. 27-50, 51-72.
43
Eso sí, del mismo modo que Freund hizo pasar por el tamiz de Schmitt el duplo público-privado que había toma-
do de Aron preferentemente, también hizo lo propio con el schmittiano Freund-Feind, obligándole a pasar por
el de Aron. Cf. G. de Ligio, “La vertu politique: Aron, penseur de l’ami et de l’ennemi”, Études internationales,
3, 2012, pp. 405-420.
44
Cf. “Ébauche…”, p. 29; Julien Freund, la imperiosa obligación de lo real, op. cit., pp. 50-60. Sobre las seme-
janzas y diferencias entre los planteamientos teóricos de C. Schmitt y Freund, cf., entre otros, J. Molina Cano,
Julien Freund: lo político y la política, Madrid, Sequitur, 2000, pp. 27-35 y 37-40; A. Campi, “Per una feno-
menologia del Politico: introduzione al pensiero di Julien Freund”, en JF, Diritto e politica. Saggi di filosofia
giuridica, Nápoles, Edizioni Scientifiche Italiane, 1994, pp. 137-167; P.-A. Taguieff, “Julien Freund, penseur du
politique”, op. cit, pp. 832-834, 836-840, 848, 850-852.
45
JF, “La passion de la politique”, Foi et Vie, 61, 1962, pp. 42-64. También explícito el planteamiento de las “esen-
cias” en JF, “Bref essai sur les sciences sociales”, Revue de l’enseignement philosophique, 6, 1960, pp. 50-65.
46
Ibidem, p. 63.
47
Ibidem.
que con la determinación de la esencia no sólo aflora la cuestión por su relación con
otras, en el sentido de su condicionamiento mutuo, y así también por sus posibles
formas virtualmente conflictivas o polemógenas. También, solidariamente, la pre-
gunta por la jerarquía supuesta en esa misma relación.
El problema tiene importancia por el riesgo que la vía metodológica recién plan-
teada corría de hipostasiar realidades históricas perfectamente alterables por la ac-
ción humana en el tiempo. Para solventar este riesgo debía la teoría mantener una
constante referencia a lo que de circunstancial y contingente se encuentra en la de-
terminación histórica de cada uno de esos marcos de actividad, entrelazados luego en
el orden social de conjunto. Solo así cabría discernir lo permanente en la variabilidad
virtualmente infinita de sus modalidades históricas, manteniéndose lo contingente
como contingente por su relación con lo que de éternelle –o simplemente, constan-
te– la esencia misma patentiza. La expresión de cada actividad en su orden prácti-
co-institucional le confiere al tratamiento fenomenológico de la esencia su correlato
empírico y le suministra el suelo histórico en el que sostenerse, con todo el abanico
de atribuciones de significación que lo histórico asimismo presupone.
religión, etc.48. Pero eso sí, dadas sus pretensiones ontológicas, con consecuencias más
graves, pues tendería inevitablemente a una suerte de naturalización fetichista de una
experiencia estrictamente circunstancial. Por eso las denuncias de eleatismo que abrie-
ron estas páginas, que en rigor –y a mi juicio– no se da. La “esencia” no alude a una
simple reconstrucción analítica de procesos históricos, sino a una determinada “mise
en forme” por parte de actores reales de un segmento dado de la realidad, no siempre de
acuerdo con una intencionalidad consciente, pero sí implícita. Su determinación, antes
que en las explicaciones del filósofo, se halla en la acción de sus agentes, en cuanto
forma, principio y regla para ella.
Mientras la “esencia”, por eso, acerca el concepto a la realidad, a modo de defi-
nición suya, el tipo ideal no: hace sus veces. Se trata de una “racionalización utópi-
ca, que nunca o raramente se encuentra pura en la realidad empírica y concreta”49.
La esencia, en cambio, en su doble sentido lógico y ontológico, es “un instrument
d’intelligibilité”50 de “une réalité qui dure à travers le temps et qui ne disparaît pas
sous l’action de circonstances”51: su referente no es una reconstrucción intelectual,
sino un tejido dado de experiencias. Es del orden del concepto, no de la idea52. La
“esencia” da razón de la realidad pero sin reducirse a ella; se infiere de ella, pero no
es su sublimación teórica, su máxima desmaterialización, su estilización ideal. A di-
ferencia de otros conceptos o “formas puras” con las que suelen operar las distintas
ciencias53, si da razón de la experiencia no es solo por ser categoría para su interpre-
tación, sino por intervenir ya antes como principio formal en su constitución.
Aun partiendo de una disparidad de métodos y preocupaciones últimas, Freund
encontró en sus continuas lecturas de Carl Schmitt una confirmación de esta misma
posibilidad de hacerse cargo de lo que de “éternel” se conserva en la experiencia,
política en este preciso caso. De ahí su intención de dar a partir de esa experiencia
con un criterio para la identificación de lo político, independiente del contenido es-
pecífico de las distintas formas de relación que pudieran darle su ocasión y materia.
El alemán encontraría ese Kriterium en la dialéctica de amigo y enemigo, de la que
sin embargo no hizo una definición conceptual global de lo político, ya que, según el
propio Schmitt, lo que se proporciona en dicho par de conceptos “no es desde luego
una definición exhaustiva de lo político, ni una descripción de su contenido”, sino
48
Obviamente, “una definición de la sustancia de la política corre el riesgo de confundir sustancia o esencia con el
contenido o las bazas de una lucha política determinada”, reconoce el propio Freund, “Préface” en C. Schmitt,
La notion de politique. Théorie du partisan, París, Calmann-Lévy, 1972, p. 21. Se trata, en el fondo, de aquella
“falacia historicista” que M. Riedel ponía en cuestión en las primeras páginas de su Metafísica y metapolítica
(I), Buenos Aires, Alfa, 1976.
49
JF, Sociología de Max Weber [= SMW], Barcelona, Península, 1967, p. 58. Vid. J. Coenen-Huther, “Le type idéal
comme instrument de la recherche sociologique”, Revue française de sociologie, 3, 2003, pp. 531-547.
50
EP, p. 818. Cf. JF, Philosophie philosophique [= PhPh], París, La Découverte, 1990, p. 106.
51
PhS, p. 24. Pocos han reparado en este doble sentido del concepto, salvo J.-P. Sironneau, Sécularisation et
religions politiques, La Haya, Mouton, 1982, p. 54. De todos modos, la distinción es del propio Freund: “la
notion d’essence […] peut prendre deux sens radicalement distincts, l’un purement phénoménologique quand
on parle de l’essence de…, l’autre ontologique, au sens où une chose est une essence”, Politique et impolitique,
París, Sirey, 1987, p. 286; cf. “Autorité politique et conduite économique”, en Économies et sociétés. Cahiers
de l’I.S.E.A., 1-2, 1974, p. 230.
52
Cf. EP, p. 480, 667; “Conflictualité sociale et intolérance”, en H.-B. Vergote, G. Duprat & J.-F. Collange (eds.),
L’intolérance et le droit de l’autre, Ginebra, Labor et Fides, 1992, pp. 75-90, aquí p. 86.
53
Cf. EP, p. 307.
“una determinación de su concepto”54, lo que no es, empero, para Freund55. Por eso
él no cree que pueda encontrarse en Schmitt una filosofía política tout court, como
teoría global sobre el fenómeno más allá de la delimitación de su noción: “Sería
inútil –dice– buscar en él un análisis filosófico, incluso fenomenológico de la polí-
tica en su conjunto. Ciertamente, se interesó en explorar la noción de política, pero
únicamente poniendo en evidencia ciertos criterios de reconocimiento, sin intentar
producir una teoría globalizadora que proporcionase una respuesta a todo”56.
Si lo que buscaba Schmitt con su “criterio” fue una explicación de lo político desde
su caso límite, Freund en cambio, mediante el rastreo de su esencia, lo que pretendió
más bien fue definirlo. Y es que, como recordaba Perpiñá, explicar no es definir, ni
toda definición, aunque lo permita, explica. Por el contrario, “explicar un hecho es de-
clarar «por qué se produce», y ello supone referir su existencia a otro hecho existente,
como generador o antecedente de él”, mientras que definir implica “determinar «qué
es» una cosa, o sea una referencia de su naturaleza a un concepto”57. La perspectiva de
interpretación de ambos, pues, difiere, al margen de todo cuanto en común indudable-
mente comparten o que incluso debe el francés también al alemán.
La función de la “esencia” no es en la obra de Freund solo metodológica (deter-
minar las notas que caracterizan cada una de nuestras actividades vitales ordinarias,
del tipo política, economía, religión, ciencia, etc.), sino que tiene pretensión de reali-
dad, entendiendo por “real” aquí no algo en el orden de la sustancia, sino en el de la
acción: aquellas mediaciones a través de las cuales el hombre busca dar cuenta ope-
rativamente de la irrestricción tendencial de su naturaleza, de acuerdo con los fines a
los que esa misma naturaleza se halla intencionalmente predispuesta: la verdad dada
su condición intelectual, el bien por la indeterminación de su voluntad, lo común por
su dimensión sociable, etc. El esse de la “esencia” responde, antes que al “ser” de sus
expresiones en las formas de la cultura –fuese el Estado, el trueque, la geometría o el
impresionismo plástico– al propio de su sujeto, que es el único ens politicum, œco-
nomicum, scientificum… posible. Sin esta inmediata referencia al supuesto óntico
(antropológico) de las “esencias” serían ciertas las acusaciones de “ontologización”
de lo práctico y “naturalización” de lo que obviamente no es otra cosa que producto
del genio histórico de los hombres en el curso de sus relaciones en el tiempo. Buscar
la “esencia”, por eso, que hace inteligible cualquier género de relación o actividad no
pretende hacer pasar por “eternas” formas sociales históricas por definición; fue el
modo en que se le abrió a Freund la posibilidad de recuperar la certeza metafísica de
la consistencia y perdurabilidad de la naturaleza humana, no “al margen” o “a pesar
de” la variedad de sus modulaciones socioculturales, sino precisamente “en ella”, en
la medida en que responden todas a una potencia constante en la estructura natural
54
Ibidem, p. 56.
55
Cf. EP, pp. 9-10. Según Schmitt, Freund “utiliza la distinción entre amigo y enemigo no (a mi manera) como
criterio, sino como uno de los tres présupposés (tres pares conceptuales: orden-obediencia, privado-públi-
co, amigo-enemigo), presupuestos esenciales de una teoría de lo político estructurada sistemáticamente”, C.
Schmitt, Teología Política [II], Madrid, Trotta, 2009, p. 129, n. 6. El programa de Freund, dice Molina, frente
al de Schmitt, “es abarcador de la metapolítica. La esencia busca una determinación material de lo político –lo
político como fragmento de la naturaleza humana– donde el criterio persigue solo una determinación formal –lo
político como una forma de relación o una forma de la sociabilidad”, “Estudio Preliminar”, op. cit., p. LXIX.
56
JF, “Vue d’ensemble sur l’œuvre de Carl Schmitt, Revue européenne des sciences sociales, 44, 1978, pp. 7-38,
aquí p. 22. Cf. P.-A. Taguieff, “Freund, penseur du politique”, op. cit., p. 840; P. Badillo O’Farrell, Fundamentos
de Filosofía Política, Madrid, Tecnos, 1998, p. 124.
57
A. Perpiñá, Teoría de la realidad social (II), Madrid, C.S.I.C., 1950, p. 301.
del ser. Los objetos todos de la cultura, simbólicos y materiales, las prácticas socia-
les, normas e instituciones, no son expresiones objetivadas, sin más, de una forma
inteligible dada como al margen de ellas mismas y capaz de sostenerlas desde fuera.
La “esencia” no es eso, no, un eidos a la espera de materializarse en el espacio-tiem-
po, pues entre aquella y sus expresiones no hay una relación de prius y posterius. La
única realidad se da a una siempre en la experiencia, en la que sí cabe distinguir –sin
separar– forma y contenido. Por eso, dice Freund, la esencia es histórica: “entraña
principios o presupuestos que están inmersos en la experiencia humana. […] Nada
tiene que ver con la esencia platónica, alejada de lo sensible y de las tribulaciones
del devenir”58.
58
LAP, p. 177. Cf. M. Maffesoli, El tiempo de las tribus. El ocaso del individualismo en las sociedades posmo-
dernas, Barcelona, Icaria, 1990, p. 108. En un sentido próximo, C. Bruaire, La raison politique, París, Fayard,
1974, p. 108.
59
E. Serrano Villafañé, op. cit., p. 249. Es también la idea que subyace en el modo con que N. Tenzer afronta la
posibilidad de una definición última (esencial) de lo político, en La política, México, Cruz O., 2000. Aunque
comienza su estudio con una comparación algo excesiva entre Aristóteles y Freund, como raros ejemplos de
interrogación filosófica sobre el concepto político (cf. p. 8), se niega después “a considerar siquiera una esencia
de la política o de lo político”, ya que a su juicio “el dominio político no siempre puede tener los mismos con-
tenidos ni formarse de igual manera, independientemente de los lugares y de las épocas” (p. 9). Pero en ningún
momento es esto último lo que sugiere Freund: la obstinación de las formas no implica la consagración de sus
contenidos.
60
JF, “Le pluralisme des valeurs”, en La fin d’un monde, crise ou déclin? (Actes du XVIIIème Colloque National
du G.R.E.C.E., 11.XI.1984), París, Le Labyrinthe, 1985, pp. 7-19, aquí p. 8. Cf. Aristóteles, Ét. Nic., VI, 11,
1143b 4.
6. A modo de conclusión
Con este modo de interpretar las cosas, Freund se aparta conscientemente de las
aporías derivadas de la confrontación puramente intelectual entre dos extremos: (1)
del idealismo que tendiera a medir el desarrollo de cada uno de los órdenes humanos
desde una ratio ajena a ellos, ya sea en un sentido interpretativo como práctico, a
costa de su especificidad y autonomía; y (2) del fenomenismo –historicista o sociolo-
gista– que redujera todo el sentido del ser a su puro acontecer en un devenir insupe-
rable, no habiendo nada perdurable, ninguna constante, en el flujo de la sucesión de
los fenómenos. La teoría de la esencia le permite a Freund observar las cosas desde
otra perspectiva, en la que ser como identidad y devenir forman parte compositi-
vamente de la estructura de la misma realidad histórica. Así que puede hablarse de
permanencia en el cambio, y no sólo a pesar de él, “volcada a una historicidad que se
actualiza en el tiempo de indefinidas formas sin que se le pueda imaginar un término
a tan dilatada historia”62.
Tal y como Freund la expone, más o menos sistemáticamente, la “teoría de la
esencia” pivota sobre la aceptación implícita de al menos cuatro supuestos de ca-
61
É. Durkheim, Règles de la méthode sociologique, París, P.U.F., 1990, p. 15 y ss. Cf., PhS, p. 285.
62
Cf. C. Blanchet, “De la nature du politique. La philosophie politique de Julien Freund”, Cahiers de Politique
Autrement, 1994, p. 15.
63
Sin duda este es el criterio último, que justifica todos los demás: la permanencia de la naturaleza metafísica del
hombre. En ella concentra Maurice Weyembergh aunque en correlación con la persistencia de sus formas de ex-
presión, la base metafísica de la filosofía del lorenés, que –escribe– “repose en son fond sur les points suivants:
l’homme a une nature qui se maintient au travers de l’histoire et s’exprime dans une série d’activités auxquelles
il ne pourrait pas ne pas se livrer. La nature de l’homme lui impose en effet une série de données qui constituent
son être et en même temps la base de ses activités”, M. Weyembergh, Entre politique et technique: aspects de
l’utopisme contemporain, París, Vrin, 1991, p. 100.