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Entendiendo las rabietas infantiles

El documento habla sobre las rabietas en los niños. Explica que las rabietas son comportamientos emocionales perturbadores que ocurren cuando un niño no puede satisfacer sus necesidades o controlar sus emociones cuando está frustrado. Generalmente ocurren en niños pequeños entre los 2 y 4 años, y desaparecen cuando aprenden otras formas de expresión. El documento provee consejos para padres sobre cómo manejar rabietas y evitar que ocurran, como identificar las causas, darles opciones, y no ceder o castigar después de una rabi
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Entendiendo las rabietas infantiles

El documento habla sobre las rabietas en los niños. Explica que las rabietas son comportamientos emocionales perturbadores que ocurren cuando un niño no puede satisfacer sus necesidades o controlar sus emociones cuando está frustrado. Generalmente ocurren en niños pequeños entre los 2 y 4 años, y desaparecen cuando aprenden otras formas de expresión. El documento provee consejos para padres sobre cómo manejar rabietas y evitar que ocurran, como identificar las causas, darles opciones, y no ceder o castigar después de una rabi
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LAS RABIETAS

¿Qué son las rabietas?


Son comportamientos o arrebatos emocionales perturbadores o desagradables. Se presentan con
frecuencia en respuesta a deseos o necesidades insatisfechas. Las rabietas tienen mayor
probabilidad de presentarse en niños pequeños o en alguien que no pueda expresar sus
necesidades o controlar sus emociones cuando está frustrado.

Consiste en un fuerte ataque de ira que incluye protestas, lloros e, incluso, el tirarse al suelo. La
rabieta ocasional en los niños se considera parte de su proceso normal de maduración y se origina
en una frustración por no poder imponer su voluntad. La desproporción y una excesiva frecuencia
de las rabietas acompañadas de violencia hacia sí o hacia otros se considera una anomalía
psicológica que debe ser consultada a un experto.
Entre los 2 y los 4 años la mayoría de los niños manifiestan su frustración de manera muy
intensa, mediante rabietas. A pesar de ser una reacción emocional frecuente a esta edad, las
rabietas son una reacción normal y que en principio deberían desaparecer entre los 4 o 5 años. A
estas edades los niños van adquiriendo lenguaje y estrategias más adecuadas para expresar su
frustración o su malestar, de manera que ya no necesitan recurrir a las rabietas para expresarse.

¿A qué edad comienzan las rabietas y a qué edad acaban?


Aunque los niños entre uno y tres años son famosos por sus rabietas, hay bebés que pueden
tenerlas incluso a partir de los nueve meses, y hay muchos niños de cuatro años que, aunque a
sus padres les cueste admitirlo, todavía se tiran en medio del supermercado a patalear.

Qué hacer si tu hijo tiene una rabieta


Recuerda que su exceso de enojo o de rabia le asusta a él mismo. Asegúrate de que no se haga
daño ni dañe a los demás.

Si después de que se le pase el ataque de rabia descubre que se ha golpeado la cabeza, te ha


arañado el rostro o ha roto un jarrón, verá estos daños como evidencia de que no se puede
controlar y que tú tampoco tienes el poder de controlarlo y mantenerlo seguro.

Poco a poco se relajará en tus brazos y los gritos se convertirán en llantos. La furia pasará y ahora
simplemente vuelve a ser un niño pequeño que ha gritado hasta quedar exhausto. Es hora de
consolarlo.
Hay algunos niños que no soportan estar en brazos mientras están teniendo una rabieta. La
restricción física les da más motivo para enojarse y empeora las cosas. Si tu hijo reacciona de esta
manera, no insistas en dominarlo físicamente. Aparta cualquier cosa que pueda romper e intenta
evitar que se haga daño a sí mismo.

No intentes discutir con tu hijo


Mientras la rabieta dura, tu pequeño está más allá de la razón.
No le contestes gritando, si es que puedes evitarlo
La rabia y el enojo son muy contagiosos y puede que te sientas más enojada con cada uno de sus
gritos. Intenta no participar en la rabieta. Si lo haces, probablemente la prolongarás ya que cuando
comience a calmarse, se dará cuenta del tono enojado de tu voz y comenzará de nuevo.
No le ofrezcas ninguna recompensa ni ningún castigo por una rabieta

Quieres que vea que las rabietas, que son horribles para él, no cambian nada, tanto a favor como
en contra. Si tiene una rabieta porque no dejas que salga al jardín, no cambies de opinión y dejes
que salga después de que se haya calmado.
De la misma forma, si ibas a dar un paseo antes de que tuviera la rabieta, debes seguir con el plan,
tan pronto como se calme.

¿Cómo evitar las rabietas?


A continuación os vamos a ofrecer una serie de pautas sobre cómo evitar las rabietas:
1. Identifiquemos lo que las causa
Que identifiquemos qué las causa, no quiere decir que podamos prevenirlas todas ni que el mundo
tenga que adaptarse a lo que nuestro hijo necesita. Las rabietas pueden ocurrir por un motivo
común, como por hambre, sueño, querer un objeto o atención o por un motivo particular. Es decir,
por algo que a nuestro hijo en particular le causa frustración.
Las rutinas pueden ser de ayuda, especialmente cuando estas están sometidas a un horario.
También es bueno que intentemos respetarlas durante el fin de semana, que es cuando más
tiempo pasamos con ellos y cuando es más probable que surjan.
2. Consideremos su petición
Cuando nuestro hijo nos haga una petición, una buena idea será considerar lo que nos pide.
Pensemos, ¿es muy descabellada o excesiva? Si no lo es, cedamos en los puntos de su petición
que sean razonables. Esto no quiere decir que cedamos en todos y cada uno de sus deseos, el
límite puede ser, ¿se hará daño a sí mismo?, ¿hará daño a otros?, ¿hará daño al medio o a la
naturaleza? ¿Podemos ceder sin que ello lo coloque en una posición de autoridad?
Los que tenemos la última palabra somos los adultos, pero habitualmente solemos utilizar el
“no” por defecto. De esta manera coartamos la curiosidad y la libertad, incluso el lenguaje de
nuestros peques: con ello provocamos más rabietas de las que son normales en estas edades.
Para estimular que nuestro hijo se exprese lo mejor es plantearle problemas sencillos con
alternativas concretas y fáciles de comprender. Por ejemplo “¿Quieres cenar pollo o carne?”,
“¿Quieres esta camiseta u otra?”. Este tipo de elecciones generan confianza y hacen que los niños
se sientan importantes. También evitaremos que con una pregunta directiva nos conteste “no” por
sistema.
“Un niño puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre
ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea”.
-Paulo Coelho-

3. Anticipemoles ciertas situaciones


Contemos a nuestros hijos lo que va a suceder, por ejemplo, “hoy vas a ir al cole y después de que
duermas la siesta y meriendes iré a por ti. Después iremos a casa de la abuela”, “vamos a cenar,
luego te ducharas y te lavaras los dientes, te leeremos un cuento y te dormirás”, y así con las
actividades que hagamos.
Saber lo que viene antes y después da seguridad al peque, si nos mantenemos firmes y
seguimos siempre las rutinas, evitaremos sembrar el caos y que nuestro hijo quiera romperlas. De
esta manera alejaremos tentaciones por las que puedan tener rabietas: contarle lo que vamos
hacer evita que genere planes alternativos en su cabeza.
Cuando tengamos dejar un lugar, avisarle 5 o 10 minutos antes de que tener que marcharnos.
También podemos negociar “5 empujones más”, “una vez más del tobogán”, etc. Esto evitara
muchas peleas e imposiciones y los niños se sentirán más respetados y les costará menos irse de
los sitios.
“No evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.
-Louis Pasteur-

4. Démosles opciones
Cuando es necesario que hagan algo y ellos se nieguen, démosles opciones. Por
ejemplo, “una vez más y nos vamos” o “te ayudo y lo hacemos juntos”, “te duchas y después
jugamos un rato juntos”. Nuestros hijos pueden llegar a sentir mucha impotencia ante nuestras
órdenes cerradas.
Al estar conformando su personalidad, el “no” es una respuesta reafirmativa casi automática. Para
evitar que se enfaden o frustren, podríamos ofrecerles una opción a cambio de lo que les
vamos a negar.

¿Qué no hacer cuando presentimos una rabieta?


Algunos de los puntos que tendríamos que tener en cuenta cuando presentimos que se va a
producir una rabieta son:
 No ceder a la demanda para que no se produzca la rabieta. Podríamos evitar esta, pero
vendrán otras y probablemente más intensas.
 No dar explicaciones largas, porque sus recursos atencionales son limitados.
 No perder la paciencia ni la calma, recordar que somos el adulto de referencia y no hacer
nosotros una rabieta también.
 No abandonar la habitación o irnos del sitio donde estábamos, acompañar a nuestro hijo,
darle opciones o distraer su atención.
CUÁNDO BUSCAR AYUDA
Si las rabietas están empeorando y usted no cree que pueda manejarlas, busque el consejo de su
proveedor de atención médica. Igualmente, consiga ayuda si descubre que usted mismo se está
tornando furioso y gritando o le preocupa que pueda reaccionar frente al comportamiento de su hijo
con castigo físico.
La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda llamar al pediatra o al médico de la familia
si:
 Las rabietas empeoran después de los 4 años
 Su hijo se lesiona o lesiona a otros o destruye pertenencias durante las rabietas
 Su hijo contiene la respiración durante las rabietas, en especial si se desmaya
 Su hijo también tiene pesadillas, involución en el control de esfínteres, dolores de cabeza,
dolores estomacales, ansiedad, se niega a comer o ir a la cama o se aferra a usted

LOS MIEDOS EN LOS NIÑOS

El miedo es una emoción instintiva y universal que funciona como un sistema de alarma al
avisarnos de un posible peligro real o imaginario. En este sentido, una cierta capacidad de miedo
es prueba de inteligencia y tiene una función positiva y protectora ya que advierte de la presencia
de un peligro (miedo al tráfico, coches, agua ...). Por ello, en la mayoría de los niños y niñas
aparecen miedos leves que se presentan sin razón aparente y que normalmente tienden a
desaparecer
Por qué tienen miedo los niños
Temer a los extraños, a separarse de sus padres, a la oscuridad, al colegio... son miedos
evolutivos. Son temores comunes de casi todos los niños, la mayoría pasajeros, de poca
intensidad y propios de una etapa evolutiva concreta. Están asociados a las distintas fases del
desarrollo y van variando a medida que evolucionan las características cognitivas, sociales o
emocionales de los niños.

Cada niño de acuerdo a sus características personales y de sus experiencias, vivenciará dichos
miedos de forma diferente o en distintos momentos que otros, o incluso no experimentará nunca un
temor determinado. No reaccionará de la misma manera un niño que ha sido agredido por un perro
que otro cuyas experiencias con animales han sido positivas.

Frecuentemente, los padres recurren al miedo para proteger a sus hijos de situaciones
peligrosas (enchufes, animales, tráfico), pero también, les meten el miedo en el cuerpo
innecesariamente para controlar su conducta. Es una práctica educativa que, aunque consiga que
el niño obedezca en ese momento, puede originar a la larga problemas más serios.

Miedos de los niños según su edad


- Durante el primer año, lo que más los sobresalta es la pérdida de sustentación, los ruidos
fuertes, los extraños y separarse de sus padres.
- A partir del segundo año, descubren que hay animales que les pueden hacer daño, que no les
gusta la oscuridad, que se angustian cuando se hacen alguna herida y que los asusta lo
desconocido. Por ello, siguen sin querer separarse de los padres.
- Con 3 y 4 años sus miedos se hacen más presentes. Su imaginación les juega malas pasadas y
crean acerca de los monstruos que se esconden en la oscuridad. También los asusta el daño físico
y aparece el miedo a los fenómenos naturales (truenos, viento, terremotos).
- Al llegar a los 5 y 6 años, mantienen el miedo a separarse de sus padres, a los animales, a la
oscuridad y al daño físico, pero además se suma el miedo a seres malvados (ladrones,
secuestradores) y personajes imaginarios (brujas, fantasmas, el “coco ”, personajes de dibujos
animados). Tampoco les gustan los médicos, sobre todo si llevan bata blanca, y los preocupa la
enfermedad y la muerte.
- El niño de 7 y 8 años sigue teniendo miedo a la oscuridad, a los animales y a los seres
sobrenaturales, y añade su temor a hacer el ridículo por la ausencia de habilidades escolares,
sociales o deportivas.

Cómo ayudar al niño a superar el miedo


 Primero, identificar lo que produce miedo.
 Hablar sobre las cosas que le causan temor, que se sienta escuchado.
 Transmitirle seguridad y confianza, siempre con un tono relajado.
 Alentarle a que se enfrente a sus temores de forma gradual, aunque al principio sea con
nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas.
 Fomentar su autoestima y autonomía. 
 Enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad: escuchar música, relajarse, o actividades
que le mantengan ocupado (contar fichas, enumerar comidas favoritas).
 Concederle algún poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una pequeña
mascota).
 Predicar con el ejemplo, de forma que tenga en nosotros un modelo adecuado de
superación.
 Ofrecer al niño una visión positiva del mundo. Hay que enseñarle a no preocuparse
excesivamente por las cosas y a encontrar soluciones a los problemas que le surjan.
 Mucho humor. Un buen antídoto contra el miedo es transformar aspectos aterradores en
características graciosas mediante dibujos y bromas.
Qué no hacer si el niño tiene miedo
 No se debe ignorar el miedo. Frases del tipo “no te asustes, no tienes motivo ” o tienes que
ser valiente” le hacen sentirse incomprendido y solo ante el peligro, ya que si sus padres
niegan su miedo, seguramente no le van a poder ayudar a superarlo.
 Tampoco hay que reaccionar de forma exagerada. El niño puede ver en ello más atención y
concesiones de las normales, que le libran de tareas y obligaciones, reforzando
accidentalmente los temores.
 No burlarnos del niño, ni regañarle. La ridiculización no le hace menos miedoso, solo merma
la confianza en sí mismo y hace que trate de ocultar su miedo.
 No evitarle los objetos y hechos que teme, ya que así supera momentáneamente el miedo,
pero no le ayuda a vencerlo definitivamente.
 Permitir al niño dormir en la cama con los padres debe ser algo muy excepcional, como
motivo de fiesta, pero nunca como medio para solucionar el problema.
 No mentir al niño. La información sobre un hecho que le sobrepasa (por ejemplo, vacunarse)
le puede ayudar a controlarlo. Simplemente hay que explicarle las cosas de manera sencilla
para que las pueda entender.
 Si son niños especialmente temerosos, evitar las historias de ogros, fantasmas o brujas, o
actividades que puedan asustarlos (películas de miedo, sustos...), sobre todo antes de irse a
dormir.

LOS CELOS

¿Qué son los celos?


Los celos infantiles son un sentimiento natural que surge en el niño cuando se siente desplazado.
Consisten en sentir odio y rechazo hacia personas a las que se quiere mucho. El hecho de que
sea un sentimiento contradictorio es lo que más dificulta su manejo.
Los niños tienden a ver las cosas como buenas o malas y les cuesta integrar dos facetas (una
positiva y otra negativa) de un mismo objeto, persona o situación.

Normalmente cuando hablamos de celos infantiles a todos nos viene a la cabeza la llegada de un
nuevo hermano a la familia. Sin embargo, los niños sienten celos en muchas situaciones.
Cuando tienen un hermano seguro, pero también cuando hay algún otro niño que llama la atención
de sus papás (sobrino, vecino, hijo de amigos, etc.),Incluso podríamos hablar de unos celos
"evolutivos" que son los que experimenta el niño cuando pasa por la fase de "enamoramiento" de
su mamá o su papá y tiene que compartir este amor con el otro miembro de la pareja parental.

Los niños nacen absolutamente dependientes de un adulto que cuide de ellos y que se
encargue de su crianza. Esta dependencia es física pero también afectiva. Necesitan un apoyo
constante en sus primeros años de vida. Cuando alguna circunstancia reduce el tiempo, el cariño o
la dedicación que los padres ofrecen a un hijo, surgen los celos. El niño siente que tiene que
competir por ganarse el cariño que hasta ese momento se le había otorgado de manera
incondicional.

¿Cómo se manifiestan los celos infantiles?


Los celos infantiles se manifiestan en ocasiones a través de conductas agresivas: pegar, morder,
pellizcar, golpear al rival o a los padres. Es decir, las conductas celosas se pueden manifestar
hacia el hermano, la nueva pareja, etc. o hacia las figuras de apego principal.
En otras ocasiones, se manifiestan mediante conductas que llaman la atención de los padres.
Puede que el niño no pegue o muerda, pero está constantemente hablando a gritos, dando golpes
para hacer ruido, haciendo cosas que sabe que no gustan, que provocarán el enfado de sus padres
y que, al mismo tiempo, conseguirán llamar su atención.

¿A qué edad aparecen los celos infantiles?


Los celos infantiles pueden aparecer a cualquier edad durante la infancia, pero su manifestación es
diferente.
 Cuando el niño es muy pequeño, menor de dos años, estas manifestaciones pasan más
desapercibidas, ya que los niños que temen perder el amor de sus padres pueden
manifestarlo mostrándose totalmente sumisos, obedientes, cariñosos en exceso... cualquier
cosa para que sus papás no les abandonen.
 A medida que crecen, los celos infantiles se manifiestan de manera más patente mediante
conductas agresivas y disruptivas, bruscas. Y a partir de los 5 ó 6 años los niños han
alcanzado un nivel de desarrollo cognitivo suficiente como para manipular emocionalmente,
casi como lo haría un adulto: retirando el afecto a aquellos por los que se siente
abandonado, por ejemplo.

¿Qué hacer ante los celos de nuestro hijo?


 En primer lugar, intentar entender qué es lo que los provoca.
 Hay momentos muy claros y evidentes como ocurre ante el nacimiento de un hermano. En
otros, los celos son una reacción comprensible pero poco esperable.
 Hasta cierto punto, podremos ponernos en su lugar y entender que los celos no son
más que una manifestación ante algo que les hace sentirse indefensos y vulnerables.
 Dejar que el niño exprese lo que siente, de una forma adecuada, que no resulte dañina
para él ni para otros.
 Cuando veamos que manifiesta celos, podemos acercarnos a nuestro hijo y decirle que
entendemos cómo se siente, pero que no puede golpear a otros o a sí mismo.
 Estar pendientes de posibles situaciones que disparen el comportamiento celoso.
 Es importante evitar realizar compensaciones de tipo material ya que lo que los niños echan
de menos en estas ocasiones es nuestra compañía y atención, no el hecho de tener un
juguete o un regalo.

 
ESTRÉS EN LA NIÑEZ

El estrés en la niñez se puede presentar en cualquier situación que requiera que un niño se adapte
o cambie. El estrés puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva
actividad, pero está vinculado con más frecuencia con cambios negativos, como una enfermedad o
una muerte en la familia.

Los niños aprenden a responder al estrés a medida que crecen y se desarrollan. Muchas
situaciones estresantes que para un adulto son manejables causan estrés en un niño. Como
resultado, incluso los cambios pequeños pueden tener un impacto en los sentimientos de seguridad
y confianza del niño. 

El dolor, las lesiones, las enfermedades y otros cambios son fuentes de estrés para los niños. Las
causas de estrés pueden incluir:

 Preocupación por las tareas escolares o por las notas


 Manejo de las responsabilidades como la escuela y el trabajo o los deportes
 Problemas con los amigos, el acoso escolar o las presiones de los compañeros
 Cambio de escuela, mudanza, lidiar con problemas de vivienda o no tener dónde vivir
 Tener pensamientos negativos de ellos mismos
 Cambios corporales, tanto en los varones como en las niñas
 Divorcio o separación de los padres
 Crisis financiera en el hogar
 Vivir en un vecindario o en un hogar inseguro

SIGNOS DE ESTRÉS NO RESUELTO EN LOS NIÑOS

Los síntomas físicos incluyen:

 Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios


 Dolor de cabeza 
 Empezar a mojar la cama o hacerlo frecuentemente
 Pesadillas 
 Alteraciones en el sueño
 Molestia estomacal o dolor de estómago
 Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad física

Los síntomas emocionales o de comportamiento pueden incluir:

 Ansiedad o preocupaciones
 Incapacidad de relajarse
 Miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños)
 Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista
 Rabia, llanto o gimoteo
 Incapacidad para controlar sus emociones
 Comportamiento agresivo o terco
 Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores
 Renuencia a participar en actividades familiares o escolares

CÓMO PUEDEN AYUDAR LOS PADRES

Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable. A
continuación se presentan algunos consejos:

 Bríndele al niño un hogar sano, seguro y confiable.


 La rutina en el hogar puede ser reconfortante. Tener una cena o una noche de cine en
familia puede ayudar a prevenir o aliviar el estrés.
 Dé siempre un buen ejemplo. El niño lo observará como un modelo de comportamiento
saludable. Haga lo posible por mantener su propio estrés bajo control y manéjelo siempre de
forma saludable.
 Sea selectivo con los programas de televisión, libros y juegos que los niños observan, leen y
juegan. Los noticieros y los programas o juegos violentos pueden producir miedos y
ansiedad.
 Mantenga al niño informado de cambios anticipados como los cambios en el trabajo o
mudanzas.
 Dedíquele tiempo de esparcimiento tranquilo a sus niños.
 Aprenda a escuchar. Escuche al niño sin criticarlo ni tratar de resolver el problema de
inmediato. En cambio, trabaje con su niño tratando de comprender y resolver lo que lo está
molestando. 
 Fortalezca los sentimientos de autoestima del niño. Utilice la estimulación y el afecto. Utilice
recompensas en lugar de castigo. Trate de involucrarlo en situaciones en las que pueda
tener éxito.
 Dele oportunidades de hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida. Cuanto más
siente el niño que tiene control sobre una situación, mejor será su respuesta al estrés.
 Estimule la actividad física.
 Reconozca los signos de estrés no resuelto en el niño.
 Busque ayuda o asesoría profesional del proveedor de atención médica, asesor o terapista,
cuando los signos de estrés no disminuyan ni desaparezcan normalmente.

CUÁNDO LLAMAR AL MÉDICO

Hable con el proveedor de atención médica, si el niño:

 Se va abstrayendo dentro de sí mismo, está infeliz o deprimido


 Está teniendo problemas en la escuela o interactuando con los amigos y familia
 Es incapaz de controlar su comportamiento o ira

ANSIEDAD EN NIÑOS
La ansiedad en niños consiste en la aparición de un intensa sensación de malestar sin un motivo
objetivo que lo justifique, acompañada de sentimientos de aprensión y pensamientos
reiterativos. Se trata de una de las alteraciones psicológicas que se presentan con mayor
frecuencia durante la infancia.

Recientes estudios han demostrado que las tasas de prevalencia de este tipo de problemas
psicológicos en niños se situaría entre el 9 y el 21%.

Características de la ansiedad en los niños

Las respuestas de ansiedad incluyen tanto síntomas cognitivos (referentes al pensamiento) como
síntomas somáticos (referentes al cuerpo), los cuales expresan una sobreactivación del sistema
autónomo del cerebro.

 En niños, las manifestaciones de ansiedad serán distintas en función de la etapa del


desarrollo en que se encuentren.
 Así pues, los niños más pequeños suelen presentar comportamientos estridentes, actividad
excesiva, llamada de atención, dificultades en los momentos de separación y alteraciones
afectivas al irse a dormir.
 En estos casos, muchas veces una mala evaluación de los síntomas de ansiedad puede
llevar a diagnósticos inadecuados como el trastorno de déficit de atención con o sin
hiperactividad (TDAH) o el trastorno negativista desafiante.
 Por su parte, los niños más mayores (adolescentes y preadolescentes) poseen una mayor
capacidad para describir sus vivencias subjetivas y son capaces de experimentar ciertos
síntomas como el miedo, el nerviosismo, la tensión o la rabia, así como manifestar ciertos
comportamientos inadecuados o antisociales.
 Además, en la ansiedad infantil cobra especial importancia el ambiente en el que se
desenvuelve el niño y, por lo tanto, el contexto donde expresa sus síntomas.

Así mismo, en la infancia pueden presentarse distintos trastorno de ansiedad, cada uno de ellos
con unas características determinadas.

Causas de la ansiedad en niños

Ahora bien, la ansiedad en los niños es común y puede manifestarse a través de tipos muy
concretos:

 Miedo a la separación. Puede que el infante no comprenda ni acepte la separación,


manifestando duda y temor. Sea el divorcio de sus padres o bien la exposición a cambios
como el comienzo de clases o pasar la noche en casa de un amiguito se encuentran en esta
clase de ansiedad en el nene.
 Ansiedad social. Como es sabido, los niños experimentan cierta timidez. Algunos se
mostrarán más tímidos al interactuar con otros niños mientras que otros se pondrán más
nerviosos en compañía de adultos extraños. Hay pequeños que se sentirán ansiosos ante
cualquier relación nueva.
 Evitar la escuela. Es uno de los momentos en que los pequeños más se ponen nerviosos.
Puede que extrañe a su madre y pretenda quedarse en casa. Por ello evitará ir al colegio,
expresando sus deseos o apelando al dolor estomacal.
 Ataques de pánico. Aquí la ansiedad en niños se presenta en períodos de miedo intenso
combinado con aceleración en el ritmo cardíaco, mareo y nauseas. Se trata de una
experiencia tan difícil de superar que estos chicos viven con temor de volver a vivir esta
experiencia.
 Trastorno obsesivo-compulsivo. En este caso de ansiedad y angustia, el menor se
encuentra atrapado dentro de un patrón de pensamientos y comportamientos repetitivos
imposibles de detener.
 Estrés post-traumático. Tiene lugar cuando el menor enfrenta un acontecimiento donde
su vida se encuentra en riesgo (abusos físicos o sexuales, hechos violentos, desastres
naturales o accidentes). Así, estos pequeños revivirán el hecho una y otra vez a través de
diversos pensamientos perturbadores. Los menores con estrés postraumático buscan evitar
todo lo que asocien con el trauma, así como presentan trastornos de sueño y sobresaltos.

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