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En busca de unos

axiomas universales

GENIOS
MATEMÁTICAS
En busca de unos
axiomas universales

Hilbert

RBA
Sumario

© 2013, Carlos M. Maárid Casado por el texto


© 2013, RBA Conteiúdos Editoriales y Audiovisuales, SA.U.
© 2017, RBA Coleccionables, S.A.

Realízación: EDÍTEC
Diseño cubierta- Lloreny Martí
Diseño interior: Luz de la Mora INTRODUCCIÓN ______..
Infografías: Joan Pejoan
Fotografías: Archivo RBA: 30,39ai, 39ad, 55a, 55bi, 66,85, capítulo i Los fimdamentos de la geometría
125,139bi, I65bd, 166; George M. Bergman, Berkeley: 159;
Bíblioteca Bancroft/Universklad de Berkeley; 165bi; Biblioteca
de la Umversidad de Chicago: 97a; Biblioteca del Congreso
capítulo 2 E1 desafío de Hilbert .
de Estados Utiidos: 39b; John CaJlas: 161; J- Colomb-Gérard:
91; Departamento de Matemáticas Stony Brook, Nueva York: capítulo 3 Axiomatizar la física .....
lOld; Siegfried Detlev Bendixen: 23; Konrad Jacobs: 55bd, 139a;
Kassandro: 165a; Robert Krewaldt/Biblioteca del Congreso de
Estados tlnidos: 41; Laboratorio Nacional de Los Alamos: 97bd;
capítulo 4 La crisis de fundamentos
Museo Boerhaave, Leiden: 97bi; Soylent Communications: lOli;
Universidad de St Andrews, Escocia: 117,139bd; capítulo 5 E1 fracaso del programa de Hilbert
Justus van Gent: 25.

lecturas recomendadas
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de
esta publicación puede ser reproducida, almacenada índice ..
o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

ÍSBN (Obra completa): 978-84473-8775-5


ISBN: 978-84473-8835-6
Depósito legal: B 46-2017

Impreso y encuademado en C-ayfosa (Impresia Ibérica)

Impreso en España - Pñnted in Spain


Introducción

Adelante, entremos en una biblioteca cualquiera y echemos un


somero vistazo a los libros que guarda. Comprobaremos sin di-
ficultad que las obras de Euelides, Newton o Einstein figuran en
Los anaqueles al lado de las obras de Platón, Aristóteles o Kant,
por no mencionar las de Cervantes o Shakespeare. Lo verdadero
junto a lo bueno y lo bello. Pero, alto ahí, un momento, ¿por qué
esta disposición? ¿Acaso se debe a la mano de algún descuidado
bibliotecario o, más bien, dando de lado al azar, hay aiguna razón
de fondo? Quizá debamos comenzar preguntándonos por qué las
obras de Euclides, y quien dice Euelides otro tanto podría decir
de Arquímedes, Leibniz, Euler o Gauss, siguen inmersas en nues-
tro presente, siguen vigentes. No en vano, durante sigios los Ele-
mentos de geometría de Euclides han constituido el manual con
que múltiples generaciones de estudiantes se han iniciado en las
verdades de la ciencia. ¿Cuál ha sido ei papel de la geometría y,
en general, de la matemática en ei conjunto del saber? Para unos,
la matemática fue el pórtico y la llave de la ciencia; para otros,
además, el alfabeto de la ftlosofía.
Sin embargo, la pregunta por el fundamento y la naturaleza
de las matemáticas ha tenido dcmasiadas respuestas. Casi tatttas
como matemáticos en el mundo han sido, desde los agrimenso-
res a la sombra de las pirámides hasta los matemáticos actuales,
pasando por los geómetras griegos. Ahora bien, desde la noche
de los tíempos, quien dice matemáticas dice demost
demostiación es el pegamento que mantiene unidas U
ticas. Pero, ¿qué es una demostración? Este es uno de 1 Nuestro reconido por la vida V]anK
Hilbert se articula en varias etapas oue r n ra c,entíflca ^ Uavid
gantes a los que nuestro protagonista, David Hübert 08^^
matemáliros -álgebra, geomS2
dedicó buena parte de su vida científica ¿En qué coL- ¿'l94a),
damentos de la matemáüca— qUe fue desanr M te°.nca y fun"
mostración de un teorema matemático? Más aún: ¿son ^ la de*
los años y que forjaron su reputación legendana1 p°alolargo de
bles todas las verdades matemáticas? Estos y otros mis em°slía'
del «bro no solotrabaremos contacto con los concep^Só
la frontera entre la ciencia y la filosofía, rodean las b ^08, en
o contnbuyó a aJumbrar, sino que también conoceremos a
matemática üna honda preocupación que consunüó & ^ de ^ nos de lo. personqjes mas importantes para la ciencia de coS-
dei amor de Hilbert por esta ciencia. gran P^rte
zos de! stglo xx. Mmkowski. Poincaré, Einstein, Von Neumann o
David Hilbert es probablemente uno de los matemáti Godel entre muchos otros, desfilarán por esias páginas. E1 lector
importantesquehaconocidoel siglo xx. Su obraen álgeb°S^ disfrutara de conocer o reencontrar a estas personalidades cuvos
metría, análisis, física, lógica y fundamentos de la matem v nombres todo estudiante de ciencias ha conocido a través de los
ha valido el caliíicativo de «Matemático del siglo». Este^ Tle objetos y teoreinas que los honran.
nombre tiene, naruralmente, su justificación. Su trabajo ^ Hilbert paso su infancia y su juventud en Kónigsberg, su ciu-
en calidad como en cantidad— posee un valor incalculable v ^ dad natal, para trasladarse, entrado ya en la madurez, a Gotinga,
donde residiría hasta el finai de sus días. Desde su plaza de ca-
nas tiene precedentes en la historia de las matemáticas. EstáTh
tedrático en ia inüversidad promovió la creación de un instituto
altura de Gauss o Poincaré. Pero, ¿se habría convertido en un mito
matemático que aglutinó a las mejores cabezas pensantes del mo-
si no hubiera sido HiJbert? A las continuas innovaciones y los es-
mento. En tomo a él medró la vanguardia de la matemática aie-
pectaculares resuitados a que acostumbró a sus contemporáneos
mana y, en general, europea, Hasta que la Uegada al poder de los
se tiene que añadir un carisma personal que cautivó y fascinó a nazis convirtió Gotinga en un eriaL
los matemáticos de la época. E1 camino que ha seguido la mate- La carrera del joven Hilbert comenzó a despuntar cuando
mática del sigio xx no puede explicarse sin su hueila. Su influencia resolvió, para asombro de sus coiegas, un peiiagudo problema
se deja notar sobre varias generaciones que han trabajado en los algebraico que parecía inabordable. Pero poco después dejó el ál-
celebérrimos problemas que marcó en la agenda del siglo. Fue, en gebra y comenzó a estudiar los fundamentos de la geometría, con
suma, un matemático de matemáticos. la inestimable ayuda del método axiomático. Su trabajo apostó
Mientras que su vida personai se caracterizó pór una enco- por el triunfo de este método. Él, más que cualquier otro, enseñó
miable tranquiiidad, su vida intelectual representó una aventura a los matemáticos a pensar axiomáticamente, y convirtió el nuevo
constante. Una vida que quizá no entre en la imagen del héroe, enfoque en la guía más segura en el universo ntatemático.
pero sí en ia del creador. Una historia que está esperando ser con- La conferencia que pronunció el 8 de agosto de 1900, un día
de sofocante calor, durante el Congreso Intemacional de Matemá-
Hilbert tuvo la suerte de vivir en una época en la que tanto
ticos de París mostró a la comunidad matemática la perspicacia
ias matemáücas como la física progresaron enormemente, aunque
del que pasaba por ser el hombre del ftitiuo en matemáticas. La
al mismo tiempo experimentaron convulsiones muy profundas,
lógica es la higiene del matemático, pero no es su fuente de aii-
flue cuiminaron en una nueva forma de hacer matemáticas y, en
mento. Son los grandes problemas los que le proporcionan el pan
nsica, en ia plasmación de toda una revolución. Un período que de cada día. Así, el abanico de veintitrés problemas que Hilbert
registro una extraordinaria eclosión de creatividad, y del que Hil- planteó se tradujo en otros tantos retos que concitaron las ener-
hert no solo fue espectador.

INTROOUCCION
,NTROOUCCIÓN
gías de muchos de los mejores matemáticos de los siguientes cien yeron grandes logicos y matemáticos de finales del siglo xix y
años. De resultas, la matemática saldría expandida en múltiples principios del xx, como Frege, Russell, Cantor, Poincaré, Brouwer
direcciones. Algiuios de estos problemas galvarúzantes han sido o Gódel. Movidos por la riqueza de las matemáticas fiiüsecuJares,
definitivamente resueltos (caso, por ejemplo, de la hipótesis del
este punado de matemáticos se pusieron a reflexionar sobre Ia
continuo), aunque otros (como la hipótesis de Riemann) siguen naturaleza y el alcance de su quehacer. Tres tendencias se dejaron
esperando una solución. sentir especialmente: ei logicismo, surgido con Frege y revitali-
Pero Hilbert no es solo un nombre mítico de la matemática. zado por Russefi, que defendía que todos los principios matemáti-
También lo es de la física, que transformó ei mundo durante el si- cos podían reducirse a leyes lógicas; el intiücionismo, creación de
glo xx. Las ecuaciones de la relatividad general están parcialmente Poincaré y Brouwer, que rechazaba los métodos de la matemática
en deuda con su genialidad creativa, que estuvo a la par de la de clásica que habían conducido a las paradojas; y, finalmente, el for-
Einstein. Por su parte, la mecánica cuántica se encuentra íntima- malismo, identificable con el pensanúento de Hilbert, que buscaba
mente figada a una estructura matemática que lleva su nombre: el axiomatizar la matemática al completo, demostrando rigurosa-
«espacio de Hilbert». Y es que el nuevo siglo encontró al matemá- mente que los axiomas no conducían nunca a una contradicción.
tico alemán perfilando —sin ser muy consciente de ello— lo que Hilbert lideró la escuela formalista, que en esencia defendía
sería una nueva rama del análisis matemático: el análisis funcional.
que ios razonamientos matemáticos podían ser presentados axio-
No obstante, son los fundamentos de la matemática el tema
máticamente, dentro de un sistema formal, sin mención alguna al
que más páginas reciama Las paradojas de ia lógica y de la teoría significado de los símbolos. Por medio de esta idea crucial, toda
de conjuntos, así como la pléyade de cuestiones abíertas sobre
referencia al escurridizo y paradójico infinito podría soslayarse.
la propía seguridad de la matemática clásica, habían provocado
Y, mediante la manipulación simbólica de un reducido número de
profundas divisiones en la comunidad científica y generado un
axiomas de acuerdo a una o más reglas de inferencia, Hilbert pen-
debate creciente sobre los fundamentos de la disciplina. Hacia
saba que podrían deducirse en un número finito de pasos todos los
1920, nuestro protagonista, entonces en la cima de su carrera, se teoremas de las matemáticas. Urto podría ver entonces la matemá-
embarcó resueltamente en un ambicioso programa de fundamen-
tica como un mero juego de fórmulas y el problema de demostrar la
tadón, por cuya defensa hubo de medirse a algunos de los prime-
no-contradictoriedad de los axiomas como una cuestión de combi-
ros espadas en matemáticas dei resto de Europa. Cual arquitecto
natoria finita, de im análisis ciüdadoso de Ias fórmuias que podían
que explorara los cimientos de un antiguo paiacio que amenaza
demostrarse dentro del sistema formal, de Ias secuencias de sím-
con derrumbarse, Hilbert recorrió las bases de la matemática bus-
bolos que producía el sistema. Pero los tenaces intentos de Hilbert
cando reparar sus grietas y asegurarla firmemente por los siglos
por resolver este punto, poniendo las bases de la matemática más
de los siglos. Quería borrar la fea mancha de las paradojas del
allá de toda duda razonable, se saldaron con un rotundo fracaso.
edificio por otra parte tan perfecto de la matemática. Le artimaba
Un lógico austríaco de nombre Kurt Gódel saltó a la fama
a ello una confianza ciega en que era posible probar que la ma-
cuando anunció en 1931 que los métodos de Hilbert eran insufi-
temática, debidamente axiomatizada, no contenía contradicción
cientes para demostrar la consisteneia de las matemáticas. Los
alguna, era consistente. Una cuestión que Hilbert había fijado
teoremas de incompletitud de Gddel cayeron como un jarro de
como uno de los primeros problemas de las matemáticas en la
agua fría sobre Hilbert y sus seguidores; y, a la postre, significaron
conferencia de 1900.
la quiebra de su programa. No era posible probar la certeza incon-
Siguiendo la pista a sus aportaciones, reviviremos una aven- trovertible de las matemáticas. E1 insobomable convencimiento
tura épica y apasionante en pos de la certeza, en donde conflu-
de que la matemática era la más segura de Jas ciencias acabó para

INTRODUCCIÓN
INTROOUCCIÓN
algunos en nna frustración colectiva e histórica. Las matemáti-
cas tienen una condición incierta, contingente y desfundada, pero
que, aun a trancas y barrancas, progresa.
Hilbert personijficó el ideal del matemático para ia generación
de entreguerras. Su patronazgo impulsó definitivamente la matemá-
1862 David Hilbert nace en la ciudad
tica modema, que se configuró como una ciencia axiomática que de Kónígsberg, Prusia.
monograña que incluye aplicaciones
a la Bsíca del momento, así como
estudia estructuras abstractas, lo que supuso una ruptura con la
una colección de herramientas
matemática del pasado, centrada en núnieros, fómiulas y figuras 1880 Comienza sus estudios de matemáticas
imprescindibles para desarroiiar la
en la Universidad de Kónigsberg, donde
en principio construibles. mecánica cuántica a partir de 1926.
entabla amistad con Adolf Hurwitz y,
David Hilbert fue, en definitiva, un matemático universai,
en especíal, con Hermann Minkowsld. 1915 Compite con Albert Einstein en la
pues tuvo un conocimiento casi total de todas las ramas de las
búsqueda de las ecuaciones (le campo
matemáticas de su tiempo. Fue el último ejemplar de una especie 1888 Se anota su primer gran triunfo
de la teoría de la relatividad generaJ.
niateniátíco aJ resolver el problema
ya extinguida.
de Gordan de la teoria de invariantes. 1922 Retoma casi en exclusiva el interés por
los fundamentos de Ias matemátícas,
1892 Es nombrado profesor titular de la
queriendo probar la consistencia de
Universidad de Kónigsberg. Se casa
la matemática ciásica para erradicar
con Kathe Jerosch.
las dudas escépticas sobre su validez
1895 Es nombrado catedrático de la sentbiadas por los intuicionistas.
Universidad de Gotinga gracias
1928 Publica, en eolaboración con Wilhelm
al buen hacer de Felix Klein.
Ackermann, Fu ndament,os de tógiea

1897 Publica £7 itiforme, una síntesis teórica, el primer manual en sentido

magistral de los conocimientos de modemo de lógica matemática


la época en el campo de la teoría
1930 Hilbert se retira de su puesto en
algebraica de números.
Gotinga. Da una confereneia muy

1899 Publica Fundmnmtos de la geometría, optimista tras ser nombrado ciudadano

en el que presenta todas las posibles de honor de Kónigsberg, que remata


con el lema «Debemos saber,
geoxnetrías con la única ayuda del
sabremos». Kmt Gcklel pone limites al
método axiomálico.
íormaüsmo auspiciado por Hilbert en
1900 Hilbert imparte ia célebre conferencia un congreso celebrado en paralelo.
tilulada «Problemas matemáticos»
1934 Publica, junto con Paul Bemays, el
en el II Congreso bttemacional de
primer vplumen de Fundamentos
Matemáticos en París.
de las rnatemáticas, que recoge los
1904 Rehabilita el princvpio de Diricklet avances parciales en la niateria.
para e! cálculo de variaciones.
1943 Muere en Gotínga (Alemania) mientras
1912 Compendia todos sus artírulos la Segunda Guerra Mundial se
sobre ecuaciones mtegrales en una desarroila con toda su crudeza.

12 INTRODUCCIÓN INTROOUCCIÓN 13
CAPÍTULO 1

Los fundamentos de la geometría

La carrera del joven Hllbert coraenzó a despuntar


cuando resolvió el esquivo problema de Gordan. No
obstante, aparcó el álgebra y la teoría de números y
se sumergió de lleno en el estudio de los fundamentos
de la geometría. E1 descubriraiento de las geometrías no
euclíde^s habia puesto en jaque a la venerable geometría
griega, con casi dos mil años de existencia. Una
reformulación del método axiomático permitió a
Hilbert poner orden en la materia, subrayando
que no hay una única geometría válida sino
muchas, cada una con un eoqjunto
diferente de axiomas.
Kónigsberg, año 1862. Se cumplían cincuenta y ocho años de la
muerte de Immanuel Kant. Y ciento veintiséis desde que Leonhard
Euier (1707-1783) solucionara el célebre problema de los siete
puentes. David Hilbert vino al mundo un 23 de enero. Lo hizo en
el seno de una fainilia protestante de clase media afincada desde
hacía dos generaciones en la capital de la Prusia Oriental. Una
Prusia que en esos momentos comenzaba a liderar la unificación
aiemana, guiada con mano de hierro por el káiser Guillermo I y
su canciller Otto von Bismarck. E1 padre era juez de la ciudad
y educó a su hijo en los severos vaiores prusianos: puntualidad,
disciplinay sentido del deber. La madre, en cambio, era aficionada
a la filosofía, La astronomía y, según cuentan, los números primos.
Ya en sus años escolares Hilbert manifestó una personalidad
tenaz, enérgica y decidida, aunque sufríó mucho en el instituto a
causa de la obligación del aprendizaje meramente memorístico.
No obstante, desarrolló una gran afición artística y literaria, que
compartía con su gusto por las matemáticas, aunque sin Uegar a
ser un matemático precoz. En 1880, se examinó para el ingreso
en la universidad, matriculándose en matemáticas, pese a que la
familia quería que orientase su carrera hacia las leyes.
Si bien es cierto que Kónigsberg no era Berlín, donde ejercían
profesores de la taüa de Karl Weierstrass (1815*1897) o Leopold
Kronecker (1823-1891), contaba con una sólida tradición mate-

LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRfA V


mátiea. Allí había dado clases Carl Jacobi (1804-1861), conside- Bste proyecto pasaba por presentación de alguna aportación
rado el segundo mejor matemátieo alemán en tiempos de Gauss. original. A tal fin, Hilbert viajó para encontrarse con Felix Klem
E1 telón de fondo de la educación que Hilbert recibió en la Univer- (1849-1926), uno de los popes de la matemática del momento.
sidad de Kónigsberg es el siguiente. Los matemáticos del últinio Pasados los anos, Klem dmaque supo inmediatamervte que este
cuarto del siglo xtx solían considerar que su discipiina se dividía joven era el hombre del porvenir en matemáticas. Siguiendo su
en tres: análisis, áigebra y geometría. E1 análisis incluía estudios consejo, Hilbert prolongó su viaje hasta París, donde conoció a
sobre el uso cada vez más riguroso del cálculo infinitesimal, la Henri Poincaré (1854-1912). E1 científico francés era solo ocho
resolución de ecuaciones diferenciales y, en general, la teoría de años mayor que Hilbert, pero se trataba ya de un matemático con-
funciones. E1 álgebra estaba poco a poeo dejando de parecerse a sagrado. Era el máximo exponente de la matemática francesa,
Ia que todos hemos estudiado en el instituto, para estudiar objetos que buscaba tomar el relevo de la sobresaUente matemática ale-
cada vez más abstractos, aunque sin descuidar la teoría de núme- mana. A resultas de esto, Poincaré y Hilbert no congeniaron, y
ros. Y, porúltimo, la geometría englobaba en realidad una familia este distanciamiento se convirtió con el paso del tiempo en ima
de geometrías diferentes y mal avenidas: la geometría euclídea y acendrada rivatidad cuyo trasfondo sería la toma del timón de la
las no euctídeas (ineluyendo aquí la geometría proyectiva), pero matemática del futuro (de hecho, las relaciones entre Poincaré y
también ia geometría diferencial y la geometría algebraica, que Klem tampoco eran buenas: la competencia entre ambos se había
empleaban herramientas prestadas del análisis y del álgebra. saldado con una crisis depresiva por parte del último). Durante el
viaje de regreso a Kónigsberg, Hilbert hizo un alto en la Univer-
«Toda disciplina matemática atraviesa tres etapas en su sidad de Gotinga para visitar a un recién instalado Klein. Gracias
a su medíación, entró en contacto con Paul Gordan (1837-1912),
desarrolio: laingenua, la formal y la crítica.»
uno de los mayores expertos en teoría de invariantes, un campo
— I>AVU) Hilbebt.
en el que Hilbert se apuntaría su primer gran éxito.

Hilbert siguió con aprovechamiento cursos de álgebra, aná-


Iisis y geometría; y en ellos conoeió al que desde entonces sería
su mejor amigo: Hermann Minkowski (1864-1909). Este condiscí- DEL ÁLGEBRA A LA TEORÍA DE NÚMEROS
puio era dos años más joven, pero iba un trimestre por delante.
Con poco más de diecinueve años liabía ganado el Gran Prernio La teoría de invariantes era una rama del álgebra del siglo xix que
de Matemáticas, concedido por la Academia de Ciencias de París estudiaba qué cantidades no cambian (permanecen invariantes)
(aunque la concesión no estuvo exenta de polémica, ya que hubo cuando transformamos un polinomio en otro de acuerdo a ciertas
quien habló de plagio). Ambos arnigos solían eaminar juntos y dis- reglas. Uno de los problemas abiertos más estimulantes había sido
cutir embelesados sobre matemáticas. Paseando exploraron cada bautizado como el problema de Gordan. En 1888, Hilbert dejó bo-
rincón del saber matemático. Un hábito peripatétieo de los años quiabiertos a sus contemporáneos ofreciendo unasolución revoiu-
de estudiante que Hilbert conservaría el resto de su vida. cionaria del problema, que Gordan, el rey de los invariantes, tildó
Con el título de doctor en el bolsillo, Hilbert pensó en ha- de «teológica». Hilbert consiguió demostrar el resultado que todos
bilitarse a fin de ganax la condición de privatdozent, que le per- los expertos en invariantes Uevaban años persiguiendo: el llamado
mitiría dar dases en la universidad (aunque sin sueldo por parte teoreina fundamental de la teoría de invariantes, que afirmaque
de la institución, cobrando solo la matrícula a los estudiantes). cualquier sistema de invariantes está finitamente generado (es

18 LOS FUNOAMENTOS DE LA GEOMETRÍA LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRf A 19


decir, smiplificando, que cualquier invariante del sistema puede
representarse como una combinación de unos pocos invanantes,
que foiman una base). Un bello teorema. en absoluto trivial. DEMOSTRACONES CONSTRUCnVAS Y DEMOSTRAC.ONES EX.STENCIALES
Lo que aquí nos interesa no es explicar su contenido, sino la
forma en que Hiibert lo demostró, ya que nos dará muchas pistas
del camino que tomó su carrera como investigador. A1 igual que dos alCernat.vas. O bien, de forma obvia, determina explicíamente^las solu-
hizo en otras ramas de la maiemática, Hilbert avanzó muchos de ciones rr.ed.ante cálculos y manipulaciones algebraicas:x=i y x=-i o bien de
los elementos que constituirían un nuevo enfoque. En este caso, otra manera. intenta responder indirectamente: garantiza recurriendo a algún
teorema que la ecuac.on bene solución. aunque no sepa hallarla. Naturalmente
el enfoque estructurai del álgebra, que se fija en las estructuras esta segunda v.a resulta de mayor utilidad cuando el matemático se enfrenta
que satisfacen los objetos matemáticos más que en los objetos a problemas mucho mas complicados que resolver una sencilla ecuación de
matemáticos en sí mismos; en los grupos, ideales, anillos y cuer- segundo grado. Muchas veces. con ecuaciones de grado superior. es más fácil
demostrar la ex.stencla de solución que dar con ella.
pos (las estructuras algebraicas) más que en los propios numeros
o polinomios concretos que contienen. Sin ser muy consciente de Una vía ya utllizada en la Antigüedad
eilo, Hilbert estabapreparando el álgebra abstracta del siglo xx y, Esta caracteristica es común a muchos problemas mateméticos. En la Antigüe-
de paso, defendiendo una nueva manera de hacer matemáticas, dad. Eucl.des demostró que existen infinitos números primos sin necesidad de
enumerarlos todos. Para ello, razonó por reducción al absurdo. El primer paso
que él abanderaría. en une demostración por reducción al absurdo consiste en negar el enuncia-
E1 tratamiento de Hilbert. era muy diferente al habitual: en do que se quiere probar. Euclides. para probar que existen infinitos'números
vez de buscar explícitamente la solución del problema, demostró primos, supuso que solo habia una cantidad finita: p(1 p2.pn. a partir de
esta suposición. comenzó a hacer deducciones hasta llegar a uña afirmacíón
que el problema no podía no tener solución. Su prueba no era absurda. En efecto. si suponemos que solo hay esos n números primos, enton-
constructiva Era existenciaL No ofrecía directamente la solución ces. una de dos: el número p, ■ p* ■... • pn +1 (formado multiplicándolos todos y
(«aquí está, esta es la base de invariantes»), sino que demostraba sumando unó) es primo, o no lo es. En el primer caso. existe una contradicción,
que necesariamente tenía que haberla («si no hubiera una base pues este nuevo número primo no es ninguno de los de partida. En el segundo
caso, si no es primo, debe ser divisible por un número primo, pero claramente
de invariantes, llegaríamos a una contradicción»). La demostra- ninguno de los p„ p2,.... pn lo divide (la división no es exacta, da 1 de resto).
ción dei teorema fundamentai se basaba, por tanto, en un razona- Y llegamos de nuevo a una contradicción. Por consiguiente. ia hipótesis
miento por reducción al absurdo. Una argumentación que no era de que solo hay una cantidad finita de números primos ha de ser falsa, y tiene
que haber una cant.dad infinita de ellos (aunque no sepamos determinarlos
aceptada unánimemente por la comunidad matemática. uno a uno). La reducción al absurdo, que Euclides y Hilbert tanto amaban, es
Kronecker, una de las grandes figuras de la matemática ale- una de las mejores armas de la matemática.
mana del momento, arremetió duramente. La demostración era
(supuestamente) «siniestra». Para Kronecker, una demostración
de existencia pasaba forzosamente por la construcción del objeto
cuya existencia se quería demostrar. En este caso, por la cons-
del artículo y, aunque al principio exigió cambios sustanciales,
trucción de la base de invariantes que Hilbert afirmaba que existía.
terminó apreciando la aproximación revoiucionaria de Hñbert.
No aceptaba la argumentación de que la no existencia de la base
Los trabajos anteriores de Gordan, repletos de páginas con cál-
implicaba una contradicción y, por tanto, la base en cuestión tenía
culos enormemente largos y complicados, contrastaban con el de
obligatoriamente que existir, aunque no fuera factible calcularla.
Hilbert, que procedía de manera breve, elegante y sucinta, por
No obstante, HiJbert pudo publicar su artículo en 1890 en los
medio de ima reducción al absurdo. Pero la intervención de íüein
Mathematische Annalen que editaba Klein. Gordan fue el árbitro
bie decisiva para limar asperezas entre ambos, dado que Hilbert

20 LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRfA


LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA 21
se había negado a cambiar ni una coma del articulo. Ai final, Gor-
dan acabó reconociendo que hasta la teología tenía sus usos.
Hilbert había desafiado y ganado a quienes insístían en que las EL ÁLGEBRA MODERNA Y EL NULLSTELLSNSATZ
demostraciones matemáticas debían proporcionar un método que Babiionios, egipcios y griegos resolvfan
mostrara explícitamente las entidades cuya existencia se quería ecuaciones de primer y segundo grado
demostrar. Había probado que la suposición de que la hipótesis mediante diversas técnicas algebraicas.
La influencia del álgebra geométrica
de Gordan («existe una base de invaríantes») era falsa conducía griega se percibe aún en la conserva-
a unacontradicción. Con eso bastaba Muchos años después, Hii- ción deexpresiones como «cuadrado» y
bert. expiicaría a sus alumnos la diferencia entre las demostracio- «cubo» para la segunda y tercera poten-
cias; «a al cuadrado» es un cuadrado de
nes constructivas y las que no io son (las existenciales) señaiando
lado a y «a al cubo» es un cubo de arista
que entre sus estudiantes (ninguno de los cuales era completa- a. La introducción de un nuevo aparato
mente calvo), había uno que teru'a menos pelos en Ia cabeza, aun- símbólico (Diofanto. Al-Juarismi. Vieta)
que no contaba con ningún medio de identificar a ese aJuinno. produjo una verdadera inflexión en el
desarrollo del álgebra que posibilitó su
despegue. En el Renaciniíento. Tartaglia
«¡Esto no son matemáticas! ¡Es teología!» (llamado asi por su tartarnudez) dio con
la fórmula para resolver ecuaciones de
— GrOKDAN, TKAS CONOCBR LA P81TEBA DE EfíLBBRT.
tercer grado. pero decidió mantenerla Gaussa la edad de clneuenta años.
en secreto. El astrólogo y matemático Litografía aparecida en Astronomnxh»
Lo que estaba en juego no era solamente el futuro de la teoría Gerolamo Cardano consíguió que se la
Nachrichten 0828).

de invariantes (un área de investigación que Hilbert dejó prácti- confiara, pero le traicionó y la publicó
haciéndola pasar por suya. Finalmente, Ludovico Ferrari, antiguo secretario
camente cerrada), sino algo más, mucho más en realidad: la lucha
de Cardano, dio con otra fórmula para resolver ecuaciones de cuarto grado.
entre dos visiones muy distintas del haeer matemático. Por un Sin embargo, la resolución por radicales de la ecuación polinómica de quin-
iado, la constructiva, típica del siglo xix. Por otro, la existencial, to grado se les resistió, Trescientos años después, Abel demostraría que es
imposible.
una tendencia que caracterizaría el siglo xx, y donde la paiabra
existir no tendría más que un significado: estar exento de contra- Gauss y el teorema fundamental del álgebra
dicción. E1 enfoque existencial hilbertiano iba a ser, como tendre- Pero para asistir al nacimiento del álgebra moderna hemos de asomarnos a la
mos ocasión de averiguar, la fuente de muchos de sus éxitos y de lectura de la tesis doctoral de Gauss, presentada en 1797. El genial Gauss halló
lo que se conoce como teorema fundamental del álgebra, que prueba que
muchas controversias posteriores.
cualquier ecuación polinómica de grado n posee exactamente n soluciones
Por fin, en 18.92, Hilbert vio eoronado su esfuerzo y fue nom- en el cuerpo de los números complejos. Aunque este resultado ya había sido
brado profesor titular de Ia Universidad de Kónigsberg. Pese a que conjeturado, entre otros, por Descartes (distinguiendo entre raices reales
e imaginarias), así como demostrado en falso por D'Alembert (su prueba
llegó a ser un profesor rauy b\ieno, apenas atrajo estudiantes en
contenia varios gazapos), solo con Gauss fue probado de forma completa.
sus inicios. Lejos de desanimarse, se tomó este período como un Su trabajo cambió dramáticamente el aspecto del álgebra. Precisamente, el
proceso de lenta pero continua maduración. Ese mismo año se largo camino de Hilbert a través de la teoría de invariantes sirvió para que
demostrara lo que se conoce como Nullstel/ensatz o teorema de los ceros: un
casó con Kháte Jerosch, a quien conocía desde la infancia (era su
potente resultado que generaliza el teorema fundamental del álgebra para
pareja de baiie favorita) y con quien tuvo un único hjjo, Franz, que el caso en que, en vez de una ecuación, tenemos un sistema de ecuaciones
nació al año siguiente, pero que desde pequeño sufirió una grave algebraicas.
enfermedad mental. Cuando al muchacho le diagnosticaron esqui-
zofrenia, su padre lo intemó en un manicomio, donde pasó buena tmmmammmm

LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA LOS FUNDAMENTOSDE LAGEOMETRlA 23


parte del resto de su vida. Desde ese momento Hilbert decidió
comportarse como si nunca hubiera tenido un hijo.
En 1895 tuvo iugar un cambio decLsivo en su vida. En ur\a LA PRIMERA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA
carta confidencial se le anunciaba el nombramiento, a propuesta
de Klein, como catedrático de la prestigiosa Universidad de Go- Las antiguas civilizaciones babilónica y
egipcia lograron apreciables conocimien-
tinga, donde habían ejercido dos grandes de las matemáticas tos geométricos. Pero sus «matemáticas».
como Gauss y Riemann. Su marcha no se hizo esperar. No aban- si pueden llamarse así, no sobrepasaban
donaría Gotinga jamás. un estadio técnico, ya que radicaban en
colecciones de recetas indicadas para re-
Entre tanto, Hilbert había pasado de la teoría de invariantes solver problemas cotidianos, que tenian
a la teoría de números, una disciplina típicamente alemana desde que ver con la práctica de los agrimenso-
que Gauss publicara sus Disquisitiones arithmeticae (1801) y res y en las que la noción de demostración
apenas se atisbaba. Los enunciados de los
se refiriera a ella como «la reina de las matemáticas». La Socie-
teoremas geométricos de Tales de Mileto
dad Matemática Alemana (fimdada en 1890 bajo la presidencia de (ca. 624 a.C.-ca. 546 a.C.) harían sonreir
Georg Cantor [1845-1918]) encargó a Hilbert y Minkowski la elabo a los agrimensores egipcios por su sim-
ración de un informe sobre el estado de la cuestión. Minkowski no plicidad y falta de utilidad (por ejemplo,
el diámetro de la circunferencia divide el
tardó en retirarse, porque estaba demasiado ocupado. YHilbert, en círculo en dos partes iguales); pero se tra-
solitario, hizo mucho más de lo que le pedían y esperaban. Escribió taba de los primeros teoremas, probados
una joya de la literatura matemática, un clásico de obligada par- por puesta en evidencia, y que siguen sien-
do verdad más de dos mil años después.
tida paratodos los investigadores del área. Der ZahlbeHcht. (El in-
Con el tiempo, Tales logró medir la altura
forme) está fechado el 10 de abril de 1897. En él recopiló todos los de la Gran Pirámide mediante una simple
conocimientos relevantes, reorganizados bgjo un nuevo punto de regla de tres. Otro que entabló contacto
vista, rehaciendo formulacíones y demostraciones. No solo reor- con babilonios y egipcios fue Pitágoras, Imagen Idaalizada de Euclides, pintsde
por Justus van Gent en 1474.
Bajo la dirección de Platón, la Academia
denó las piezas del rompecabezas que era la teoría algebraica de de Atenas sistematizó las matemáticas
números, sino que rellenó Ios huecos con investigaciones origina- pitagóricas, destacando Teeteto (ca. 417
les. Con sus propias palabras, entresacadas del prólogo al infonne: a.C.-ca. 369 a.C.) y Eudoxo (ca. 390 a.C.-ca. 337 a.C.); al primero se le atrl-
buye el teorema que establece que solo extsten cinco poiiedros regulares,
los cinco sólidos platónicos. Simultáneamente, los tres problemas clésicos
La teoría de numeros es un edificio de rara belleza y armonía. [... ] E1 (trisección del ángulo, cuadratura del círculo, duplicación del cubo) sirvieron
objetivo del presente informe es describir los resultados de la teoría de cuestiones fascinantes de la geometría del momento (imposibles de zanjar
empleando regla y compás). Pero hay que saltar de la Academia al Museo de
de números, con sus demostraciones, con un desarrollo lógico y des-
Alejandria para encontrarnos con Euclides. cuya obra — junto a la de Apolonio
de un punto de vista unificado, y así contribuir a acercar el momento y Arquímedes— cierra la época dorada de la geometría griega.
en que los logros de nuestros grandes autores clásicos de teoría de
números pasen a ser propiedad común de todos los matemáticos.

El informe colocó a HiJbert a la vanguardia de la matemática


zado. No era fácil prever lo que iba a venir el ascenso de Hilbert
europea. Desde luego, esta primera ojeada a su actividad matemá-
a cumbre del mundo matemático y la convicción general de que
üca en estos años clave de formación puede dar la impresión de
fue —al igual que Poincaré— uno de los últimos matemáticos uni-
que se trataba de un investigador muy bueno, pero muy especiafi-
versales, que dominó todos los campos de su ciencia, incluyendo

LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA


LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA
aquí su siguiente conquista: la geometría. Pero, para poder valorar Mientras que las nociones comunes son de raigambre pura-
la aportación fimdamental de Hilbert en este terreno, es necesario mente lógica, los postulados o axiomas son de naturaleza ne-
decir antes algunas palabras sobre el trasfondo histórico, sobre el taniente geométrica. Especifican, por así decir, las regias de
fuerte impulso que el siglo xlx dio a la geometría, y contar cómo acuerdo con las cuales se marupulan ios objetos matemáticos que
el descubrimiento de las geometrías no euclídeas cambió de for- Eucüdes ha defimdo previamente. Estos cinco postulados o axio-
mas son ios siguientes:
ma radicai el método axiomático.

1. DadosdospuntosAyBhay unarectaquepasaporambos.

LAS GEOMETRÍAS NO EUCLÍDEAS 2. Todo segmento puede prolongarse indefinidamente.

La geometría griega fue la piedra angular de las matemáticas 3. Dado un punto A y un segmento r, puede construirse una
durante siglos. En los EJlem.entos, un tratado que se remonta al circunferencia de centro A y de radio r.
300 aC., Euclides ofreció una presentación axiomática, extrema-
damente ordenada y estructurada, del corpus de conocimiento 4. Todos ios ángulos rectos son iguales entre sL
transmitido por los matemáticos pitagóricos y platónicos. Su pre-
sentación, influida por las reflexiones aristotélicas sobre ia lógica, 5. Si una recta corta a otras dos de modo que la suma de ios
poseía una característica muy destacable: un enorme rigor a la ángulos intemos a y (5 es menor que dos rectos, entonces
hora de demostrar cada teorema. las dos rectas se cortarán en un punto que estará del mismo
Los Elementos se dividen en 13 libros y contienen 465 propo- lado que los ángulos (véase la figura),
siciones geométricas, desde los principios más básicos a las con-
secuencías más elaboradas. Euclides comienza el Libro I eon una A diferencia del resto, el quinto postulado de Eucüdes tiene
lista de 23 defíniciones. de manera que el lector sepa precisamente un enunciado bastante poco intuitivo, lo que Uevó a que nume-
qué sigriifican los términos geométricos fundamentales (punto, rosos matemáticos —Ptolomeo (siglo n d.C.), John Waliis (1616-
recta, triángulo, circunferencia, etc.). Por ejemplo: «Un punto es 1703) y Jerónimo Saccheri (1667-1733), entre otros— intentaran
lo que no tíene partes». A continuación, defínidos los términos, demostrarlo infructuosamente a partir del resto de postulados.
Eucüdes presenta cinco postulados que sirven de fundamento a
toda su geometría. Estos postulados se presentan sin demostra- Esquema que
flustra el qufnto
ción o justificación. Sencillamente deben aceptarse. Son premisas postuUdo de
de todo lo demás. Por ejemplo: «Es posible trazar una línea recta Euclldes.

entre dos puntos cualesquiera». Finaünente, tras las definiciones


y l°s postulados geométricos, especifica una serie de nociones
comunes o verdades indiscutibles. Por ejemplo: «EI todo es mayor
que la parte» o «Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre
sí». A partir de aquí, Eucüdes comienza a meterse en honduras.
Así, la primera proposición de los Elementos muestra cómo cons-
truir im triángulo equilátero sobre un segmento lineal dado.

26 LOS FUNDAMENTOS OE LA GEOMETRÍA 27


iOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA
Cada uno superó en sutileza e in-
propio, o bien en el infinito. En consecuencia, la geometríapro-
genio ai anterior en su intento de
yectiva contradice el axioma de paralelas, ya que por un punto
probarlo. Pero en el curso de sus
exterior a una recta no pasa ninguna otra recta paralela.
demostraciones lo único que lo-
A comienzos del siglo xix, la geometría proyectiva recibió un
graron fue dar con formulaciones
gran impulso de manos del matemático francés Victor Poncelet
equivalentes del quinto postulado.
(1788-1867), un oficial napoleónico que aprovechó su cautlverio
Una de elias es el célebre axioma
en Rusia para perfeccionar sus ideas al respecto. A su regreso pu-
de paralelas: «Por un punto exte-
blicó el Tratado sobre las propiedcuies proyectivas de las jiguras
rior a una recta cabe trazar una
(1822), donde acuñó precLsamente el término geometría proyec-
única paralela» (véase la figura). tiva para referirse al estudio de las propiedades de las figuras que
Esquama que Otra versión equivalente establece que «ia suma de los ángulos
se conservan al proyectarlas, o de otra fonua, las propiedades
lluide paraieiT* Ú6 un triángulo 6s exactamente la de dos rectos». No obstante, la
que las figuras tienen en común con sus sombras, con sus proyec-
historia del quinto postulado o axioma de paralelas guardaba un
ciones. Estas propiedades incluyen relaciones de incidencia, pero
final sorprendente.
no de distancia o tamaño. Así, si tres puntos están alineados, al
¿Cómo lograron los matemáticos liberarse de las cadenas de proyectarlos siguen alineados, pero es muy posible que la distan-
la geometría euclídea? Durante más de dos mii años estuvieron cia entre ellos haya variado. Del mismo modo, la sombra que cada
convencidos de que era la única geometría posible, la única des-
uno de nosotros proyecta no tiene exactamente nuestro mismo
cripción convmcence del mundo, puesto que solo había un espacio tamaño. Avanzado el siglo, el matemático alemán Julius Plücker
físico. Pero, a lo largo del siglo xix el descubrimiento de geome-
(1801-1868) introdujo coordenadas en la geometiía proyectiva, lo
trías distintas (que no satisfaeían el axioma de paralelas) alimentó
que permitió algebrizarla y probar múltiplesresultados desde una
la ansiedad que sentían y les hizo pensar que habían estado equi- perspectiva analitica.
vocados demasiado tiempo. Aclarar esta cuestión palpitante era
Aliora bien, la geometría proyectiva constituía un caso muy
en cierto modo esclarecer qué forma tenía el mundo (si es que
especial de geometría no euclídea. Estaba claro que el axioma
tenía alguna).
de paralelas no se verificaba (puesto que en el plano proyectivo
Laprimera geometría no euclídea con la que se familiarizaron
no existen rectas paraleias). pero la geometría proyectiva no solo
era, aunque parezca mentira, una vieja conocida; la geometría pro-
renunciaba al axioma de paralelas, sino también a medir ángulos
yectiva Estageometría comenzó su andadura en el Renacimiento,
y distancias (ya que las proyecciones no los conservan). En suma,
cuando los pintores se interesaron por la proyección del espacio
no solo no se verificaba el quinto postulado de Euclides, tampoco
en el plano del lienzo. Descubrieron entonces una de las propie-
lo hacía, por ejemplo, el cuarto (que habla de ángulos). Este hecho
dades distintivas de la geometría proyectiva (y que la diferencia
hizo que los matemáticos no consideraran la geometría proyectiva
radicalmente de la euclídea); dos rectas que en el espacio tridi-
como una verdadera geometría no euclídea
mensional aparecen como paralelas, se transforman en el lienzo
La meta que parecía inalcanzable era construir desde cero una
bidimensional en un par de rectas secantes que se cortan en el nueva geometría que satisficiera todos los axiomas euclídeos a ex-
horizonte, en el infiiüto. A la manera como las vías dei tren, que
cepción del axioma de paralelas. Si este último se negaba, había
siempre son paralelas, aparecen en las fotografías como cortán-
dos opciones: o bien se negaba la existencia de rectas paralelas
°se en de fuga De modo que en la geometría proyectiva («no hay paralelas»), o bien se negaba la unicidad de la recta para-
dos rectas cualesquiera siempre se intersecan: o bien en unpunto
lela a una dada por un pimto exterior («hay más de una paralela»).

28 LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA


LOS FUNDAMENTOS DE IA GEOMETRlA 29
sería parte de Ia venerable geometría enclídea Go que parecía im-
posible). Mediante este subterfugio se probaba de una vez por
EL PROGRAMA DE ERLANGEN todas que la validez de la nueva geometría descansaba, precisa-
mente, sobre la de la geometría euclídea, que se tema por segura.
Felíx Klein 0849-1925), maestro de Hil- Este cometido le correspondió en parte a Eugenio Beltrami (1835-
bert, difundió una visión muy articulada
de la geometría. Cualquier geometria 1900), que ofreció un modelo local en 1868: la psmdúesfera. Dos
consístfa en un espacio y un grupo de años después, en 1870, Klein descubrió el primer modelo global
transformaclones. Asi pues, para Klein, de geometría no euclídea
la geometría era el estudio de las pro-
pledades de los objetos que quedan
invariantes a través de cierto grupo de
transformaciones o movimientos que se «Por amor de Dios, te lo ruego, olvídalo. Témelo como a las
han fljado de antemano. Obseslonado pasiones sensuales, porque Lo mismo que ellas, puede llegar
con el papel de la geometria proyectiva
como uniflcador de las distlntas geome- a absorber todo tu tiempo y privaríe de tu salud, de la paz
trías, demostró que esta, al venir dada de espíritu y de la felicidad en la vida.»
por el grupo de las proyecciones. que
era el grupo mayor, se constituia como Cakta de Fabkas Bolyai a SU BIJO JANOS, al saber QUE ESTABA TRABAJANOO
la geometria más fundamental, la que EN EL QUINTO POSTULAÜO DE EUCLIDKS.
descansaba sobre el mfnimo mimero de
Felix Klein.
hipótesis iniciales. Todas las demás geo-
metrias se der'ivaban de ella añadiendo Conozcamos el modelo de Klein. Imaginemos que nuestro es-
hipótesis adicionales. En concreto, lo hacia la geometría euclídea, que here- pacio se ha reducido al interior de un círculo (sin incluir su borde)
daba todas las propledades proyectivas. Esta es la tesis que difundió en la y construyamos una especie de diccionario haciendo correspon-
lección inaugural de su toma de posesión en 1872 de la cátedra en la Univer-
sidad de Erlangen,
der, uno a uno, una serie de términos, de la misma manera que
lo hace un diccionario corriente con las palabras de dos lenguas
cuyo significado es el mismo. Cuando Euclides dice «punto», no-
sotros pensaremos en los puntos del interior del círculo; y cuando
dice «recta», interpretaremos los segmentos que empiezan y ter-
Tanto Carl Friedrich Gauss (1777-1855) corao János Bol- minan en el borde del círculo. Con esta traducción hemos cons-
yai (1802-1860) y Nikolái Lobachevski (1792-1856) aeeptaron la truido un modelo de geometría no euclídea dentro del propio
existencia de paraielas negando su unicidad: por un punto ex- espacio euclídeo. Veamos qué ocurre con el axioma de paralelas.
terior a una recta pasaba más de una recta paralela. Estos tres Dada una recta r y un punto exterior A, hay más de una recta
matemáticos lograron deducir una buena ración de teoremas de paraleia a r que pasa porA En efecto, las rectas syt son paralelas
su geometría imaginaria sin llegar a ningún absurdo, a ningtma a la recta r, ya que no se cortan nunca en nuestro espacio, dentro
contradicción. Pero, ¿no estaría esperándolos a la vuelta de la es- del círculo (véase la figura 1, en la página siguiente). De la nada
quina? ¿Quién les aseguraba que si no hubieran llevado un poco se había creado ui\ nuevo y extraño universo. Defimtivamente,
más lejos sus deducciones no habrían Uegado a alguna contra- Euclides estaba herido de muerte.
ícción? A mediados de siglo se hacía cada vez más necesario Las dudas sobre la geometría no euclídea se disiparon aún
o ecer un modelo de esta nueva geometría dentro de la geometría más cuando se difundieron Las ideas que Bemhard Riemann (1826-
euciidea, de modo que si encerraba una contradicción, también 1866) había presentado en su disertación Sobre las hipótesis en

30
LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA
LOS FUNOAMENTOS DE LA GEOMETRlA 31
que se basa la geometna, ieida en
1854 (ante un Gauss casi octoge-
nario que no pudo disiniular su en-
tusiasmo ante lo que escuchaba),
pero no publicada hasta después
de su muerte. Basándose en los es-
tudios de este último en geometría
diferencial, Riemann planteó que
en cada espacio puede defmirse
una forma distinta de medir la dis-
tancia, de modo que una recta en
ese espacio (que, por defínición,
es «el camino más corto entre dos
puntos») no coincida con la idea
preconcebidaque tenemos de eila.
La curva especial resuitante, denominada geodésica, jugaría en
ese espacio el papel que ia línea recta hace en la geometría euclí-
dea. Según Riemann, el espacio euciídeo se caracteriza por tener
curvatura constartte cero, donde hay una úniea paralela (véase
ia fígura 2 [1]). Pero, si cambiamos el valor de la curvatura, obte-
nemos otro tipo de espacio. que será modelo de una geometría no
euclídea. Si la curvatura es negatíva, obtenemos la geometría
hiperbólica de Gauss-Bolyai-Lobachevski, donde por un punto ex-
terior a una recta pasa más de una paralela [2]. Por el contrario, si
ia curvatura es positiva, obtenenios la geometría elíptica, donde
no hay paralelas (3J.
Riemann contribuyó a aclarar cómo interpretar la esfera en el triángulo esférico de la figura 3, cuyos ártgulos suman 230°.
como un modelo de geometría eiíptica y, por tanto, de geometría Sin embargo, locaimente, a pequeña escala, la geometría eucH-
no euclídea, donde el axioma de paralelas es falso en el sentido dea parece cumplirse (véase la figura 4, en la que los ángulos dei
de que no hay rectas paralelas (como ocurre en la geometría pro- triángulo suman 180°). Además, el resultado de realizar otras iden-
yectiva). En la esfera, el papel de las rectas lo juegan los círculos tifícaciones permitió contemplar el plano proyectivo, a su vez, en
máximos. Entonces, si ilamamos rectas a los círculos máximos, términos de geometría esférica.
obtenemos un modelo euclídeo de la geometría elíptica. Y dos En resumen, los modelos de geometrías no euclídeas que los
circulos máxünos cualesquiera siempre se intersecan entre sí. Es matemáticos del siglo xix fueron sacando a ia iuz no hicieron sino
e caso de losmeridianosicrrestres,quesiempresecortanenlos devolver la pelota ai tejado de la geometría euclídea. En efecto, si
\A1 n°fCUmplirse el de paraielas, la suma de los án- antes esta última era la única que aparecía como válida y ahora re-
gul s de un tnanguio no tiene por qué ser 180°, como se muestra sultaba que la validez de las extrañas geometrías no euclídeas era

LOS PUNOAMENTOS de la
geometr/a
los FUNDAMENTOS de la GEOMETRlA 33
exactamente la misma que la de la geometría euclídea (puesto que Wilhelm Weber que conmemoraba su invención del telégrafo La
Ios distintos modelos estaban contenidos dentro de ella), cabía obra se convirtió enseguida en un paradigma esencial para la in-
hacerse la siguiente pregimta candente: ¿cuál era, entonces, la va- vesrigación de fundamentos y ha hecho por promover la práctíca
lidez de la geometría euclídea? ¿Podía demostrarse fuera de toda axiomátíca en el siglo xx lo mismo que los Elemmtos hicieron en
duda que no engendraba ninguna contradicción? Jos siglos anteriores.
La consecuencia más importante del nacimiento de las geo- E1 libro contenía una axiomátiea para la geometría que su-
metrías no euclídeas fue, en el orden de los fundamentos, sacar a peraba con creces no solo a la de Euclides, sino a las propuestas
la luz el problema de la validez de la geometría y de la matemática por Pasch o Peano. Hilbert había percibido con claridad que la
toda. Hasta entonces, la coherencia de ia geometría euclídea se labor de establecer el mínimo número de suposiciones del cual
había asegurado basándose en que se correspondía con el espacio pudiera derivarse toda la geometría no había sido aún comple-
físico, donde no hay contradicciones. Además de los interesan- tamente realizada. Es así que propuso un total de veintiún axio-
tes resultados que se iban agregando eontinuamente, la atención mas, que Hilbert no se sacó de la chistera, sino que venían siendo
se dirígió hacia estas preguntas fundacionales. EI enfoque axio- empleados imptícita o explícitamente desde antiguo y que, en
mático del úitimo tercio del siglo xix —capitaneado por Moritz
todo caso, no eran solo fruto del pensamiento puro, sino también
Pasch (1843-1930) y Giuseppe Peano (1858-1930)— se las planteó
de la intuición sensoiial (lo que justifica que el libro arranque
vigorosamente, pero solo con Hilbert encontraron una respuesta
con una citn de Kant), La geometría, según la concebía Hilbert,
definitiva. E1 paso previo a responderlas era buscar una axiomá-
estaba más cerca de la mecánica y de la física que del álgebra y
tica adecuada de la geometría euciídea, que cerrase las brechas
Ia teoría de números.
lógicas que se habían ido descubriendo gradualmente.
IDJbert formuló sus axiomas para tres sistemas de objetos
indefinidos. A los objetos del primer sistema los denominó por
convenienciapuntos-, a los del segundo, rectas; y, a los del tercero,
planos. Pero, a diferencia de Euclides, en ningún momento entró a
EL ENFOQUE AXIOMÁTICO DE HILBERT
definir los entes geométricos primitivos. Son Ios axiomas los que
Ios definen implícitamente, ya que establecen qué relaciones hay
AJ igual que hiciera con la teoría de invariantes, líegó un día en que
entre ellos. Determinan lo que se puede afirmar y hacer con pun-
Hiibert se cansó y abandonó la teoría de números, pasándose al
tos, rectas y planos. Para Hilbert había que purgar el significado
estudio de los fundamentos de la geometría. Nadie podía sospe-
que los objetos elementales colaban de matute. Son los axiomas, y
charlo, aunque hubiera dictado un par de cursos sobre la materia
solo los axiomas (sin ninguna idea preconcebida o dibujo alguno),
en Kónigsberg. Este cambio de rumbo pilló por sorpresa a todos
los que definen los objetos elementaies a través de sus relaciones
sus nuevos colegas de Gotinga. No obstante, en El informe Zahl-
mutuas. «IJno debería poder decir siempre, en lugar de “puntos,
bericht, Hilbert enfatizaba que el desarrollo modemo de la mate-
rectas y planos”, “mesas, sillas y jarras de cerveza”», escribió. Los
mática había sucedido ante todo bajo el signo del número y, acto
seguido, animaba a una antmetización de la geometría, orientada axiomas admiten interpretaciones múltiples, siendo esta caracte-
a m análisis puramente lógico del tema. Puede verse aquí la pro- rística la principal diferencia entre la axiomática material de
mesa de escribir los célebres Grwndlagen der Geometrie (Funda- Euelides y la nueva axiomática/omoí de Hilbert.
mentos de- ta geometría), que aparecieron en 1899 con ocasión Pero hay más. Hübert desplegó toda su habilidad matemática
de la inauguración en Gotinga de una estatua dedicada a Gauss y y organizó sus veintiún axiomas para la geometría euclidea en
cinco grupos:

34 LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA

LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA 35


— Axiomas de incidencia o eniace, que conectan entre sí los Sin «I sxioma ds
contlnuidad no se
diferentes objetos y, por ejemplo, permiten afirroar que
puede asegurar
«este punto yace en esta recta» o «esta rectayace en este que las dos

plano». \ circunferenclas
del dibujo se
corton en el punto
C y. por tanto.
—Axiomas de orden, que permiten decir, por ejemplo, «este que Sob posible
construlr
punto está entre estos dos» (como notara Pasch, esta clase 6l triángulo
equilátero de lado
de axiomas estaba compietamente ausente de la lista de >»B (taly como
postulados euciídeos). se aflrma en fa
Proposiclón I del
Llbro I da los
Efemontoi).
— Axiomas de congruencia, que sirven para comparar e igua-
lar segmentos.
./

— Axiomas de paralelismo, un grupo de axiomas que solo


contiene el célebre axioma de paralelas.

— Axiomas de continuidad, que son dos axiomas en realidad. Proposición I), porque pueden hacerlo en un punto con coorde-
Por un lado, el Uamado curioma de Arquímedes, que esta- nadas irracionales (en un agujero). E1 axioma de plenitud lineal o
blece que dados dos segmentos arbitrarios, si repetimos de continuidad de la recta permite identificar cualquier recta con
sucesivas veces cualquiera de elios, podemos lograr cons- los numeros reales R y, de este modo, el plano con R2 (esto es,
truir un segmento mayor que el otro en un número finito con el plano ai completo, con todos los puntos con coordenadas
de pasos; y, por otro, el axioma de plenitud lineal o de racionales e irracionales), donde está garantizado que las dos dr-
continuidad de la recta: ios puntos de una recta formaxi un cunferencias anteriores se cortan (véase la figura). Es el puente
sistema que no es susceptible de ampliación alguna b^jo la entre la geometría sintética, basada en diagramas y dibqjos, y la
condición de conservar la ordenación lineal, los axiomas geometría anaiítica, que solo recurre a razonamientos numéricos.
de congruencia y ei axioma de Arquímedes. Pero además de enunciar los axiomas, Hilbert fue pionero
en ascender del nivel puramente matemático en que se estudia
Este último axioma brillaba por su ausencia en los Elementos, la geometría al nivel metamatemático o metageométrico, que
pese a que su uso es indispensable incluso para demostrar la Pro- se preocupa por las propiedades que debe cumplir todo sistema
posición I del Libro I. Constituye una de las grandes aportaciones axiomático, en particular el que él estaba prescribiendo para la
de Hilbert el haberlo sacado a la lu2. Sin él, Q2 (esto es, el plano geometría. ¿Qué se puede pedira los axiomas? Hilbert señaló tres
en el que nos hemos quedado solo con los puntos que tienen coor- propiedades: independencia, consistencia y completitud.
denadas racionales) sería un modelo de la geometría euclídea, Un sistema de axiomas es independiente si ningún axioma
ya que satisfaría todos los axiomas anteriores. Y, sin embargo, puede deducirse de los otros, es decir, si el sistema de axiomas
como subrayara Richard Dedekind (1831-1916), en este plano agu- es el más económico posible porque no contiene redundancia al-
jereado dos circunferencias, cada una pasando por el centro de guna. Aunque no todos los axiomas que formuló eraii indepen-
la otra, no tendrían por qué cortarse (aigo que se presuponía en la dientes entre sí (como se descubrió más tarde), Hilbert demostró

36 LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA LOS PUNOAMENTOS DE LA GEOMETRlA 37


AXIOMAS, DEMOSTRACIONE5, TEOREMAS Y TEORÍAS

Desde una perspectiva axíomática, un axioma no es más que un enunciadocjue


se coloca, por una u otra ra2ón (en general. por su fertilidad), en !a base de
una teoria matemática para poder deducir teoremas a partir de él. Pero para
poder deducir teoremas necesitamos una serie de reglas de cfeducción o de
inferencia que nos digan cómo hacerlo. Los matemáticos usan habitualmente
dos reglas clásicas. Una es el modus ponens, que consiste en deducir de !a
implicación «Si P, entonces Q» y de la verificacíón de P, que se da Q. Y otra
es e! modus tollens, que consiste en deducir de la implicación «Si P, entonces
Q» y del hecho de que Q no se verifica. que tampoco lo hace P. De este modo.
formalmente. una demostración o prueba es una cadena de razonamientos
que permite obtener nuevos resultados aplicando los axiomas y las reglas de
inferencia. Al resultado fínal de una demostración se le denomina teorema.
Si a partir de un conjunto de axiomas S hemos podido deducir el teorema
f. sueleescribirseSh T(«res demostrablea partir de S»), donde el signo I-
representa la relación sintáctica de deducción o demostración. Einalmente. se
llama teoría al conjunto de todos ios teoremas que se pueden demostrar. Y
se llama modelo de una teoría a una estructura matemática en que los axiomas
son verdaderos. se satisfacen. Si M es un modelo del conjuntó de axiomas S.
se escribe Mf=s («M satisface S». es decir. «los axlomas S son verdad en M»),
El signo P representa la relación semántica de verdad o satisfacdón. Una de
las preguntas fundacíonales que se hará Hilbert es qué relación hay en mate-
máticas entre la relación de demostración y la relación de verdad (entre I- y poro suPEnion
1=): ¿es verdadero todo lo demostrable?. ¿es demostrable todo lo verdadero? IZOUIEHSA
Fotogrsfla de
Davld Hllbert
en 1886.

KOTO SUPEBiOf»
DERECHA.
Conjunto
escultór/co
la independencia entre los distintos grupos de axiomas. En con- erlgldo sn
conmemoraclón
creto, demostró que el axioma de paralelas era independiente del tíe Gaoss y Weber
en Gotinga. Con
resto de axiomas, es decir, que no podía deducirse a partir de ocailón de la
Inauguraclón tíe
ellos, con lo que cerró definitávamente una cuestión abierta desde dicho monumento.
Hllbert publlcó los
hacía siglos. Esto lo logró empleando un método que muy pronto Fune/amentoi da
la geametria
se volvió estándar: construyendo modelos de geometrías que sa- (1899).
tisfacen todos los axionias deseados excepto aquel del cual se F01Ü INFERKXC
investiga su independencia, en cuyo caso este último no puede Postal qus
representa la
ser consecuencia de los otros (ya que si lo fuera, obtendríamos Universidad dt
Kónlngsberg tn
una contradicción: el axioma y su negación). Para demostrar la torno a 1890.
en la que Hlibart
Independencia del axioma de paralelas, construyó un modelo de Ingresó una
década antet.
geometría no euclídea Y para demostrar la independencia dei

36 LO$ FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA 39


LOS FUNDAMENTOS D6 LA GEOMETRlA
asioma de Arquímedes, construyó un modelo de geometría no
arquimediana, donde existen magmtudes infimtesirnaies.De esta LA influencia del malogrado hertz
forma, fflbert, ai igual que Giuseppe Veronese (1845-1917), abno
las puertas del pensamiento a la exploración de otra nueva clase Es muy probable que Hilbert no conocie-
ra bien los trabajos axiomáticos de la es-
de ceometría. . cuela italiana de Peano, aunque sí los de
U segunda demanda que HiJbert hizo a su sist.ema axiomatico la escuela alemana, tanto en la corriente
es la consistencia. Un sistema de axiomas es consistente si no que se ínteresó por la geometría (Pasch)

genera contradicciones, si no puede deducirse ningima contradic- como en la que lo hizo por la mecánica.
Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894) mu-
ción a partir de eUos. También se dice que el sistema de axiomas rió cuando solo contaba treinta y siete
es, entonces, coherente o compatible. Los modelos de Beltrami, años. Pero en ese breve lapso de tiempo
Klein Poincaré y Riemann habían probado la consistencia rela- deslumbró a sus contemporáneos como
físico experimental (descubrió las ondas
íiva de las geometrías no eucKdeas respecto de la euclidea, ya
electromagnéticas y el efecto fotoeléc-
que estos modelos no euclídeos estaban contenidos dentro del trico) y, al final de sus días, como fisico
propio espacio euclídeo. Pero, ¿era consistente la geometría euclí- teórico. En 1894 publicó Los príncipios de
dea? Hilbert demostró la consistencia de la geometría euclídea en la mecánica presentados de una forma
nueva, donde exponía axiomáticamente
relación a ia aritmética, ofreciendo por vez primera un modelo dtcha ciencta. A su sistema axiomático
puramente numérico. Construyó un conjunto de números que le pedia dos requisitos: permisibilidad y
satisface todos los axionias geométricos, donde los puntos son corrección. La permisibilidad coincide
con la consistencia, con la ausencia de
ciertos pares de números algebraicos; las rectas, ciertas temas
contradicción. Y la corrección ló hace con la completitud, con que podamos
de esos números; donde la incidencia de una recta en im punto demostrar dentro de la teoría todo lo que es verdadero en el mundo. Dos
quiere dedr que se verifica cierta ecuación numérica, etc. De este conceptos. como puede comprobarse, en estrecho paralelismo con los que
modo, cualquier inconsistencia en su sistema axiomático de la introdujo David Hilbert.

geometría desembocaría en una ineonsistencia en la aritmética.


Cualquier contradicción en las deducciones hechas apartir de los
axiomas geométricos sería reconocida como una contradicción
aritmética (por ejemplo, 0=1). Ia abordó en el libro, pero a estas aJturas creía que la compatibi-
En cortsecuencia, Hilbert redqjo la consistencia de la geome- lidad de los axiomas de la aritmética podría probarse de manera
tría euclídea a Ia de la aritmética, que por aquel entonces daba relativainente sencilla (jcuán equivocado estaba!).
por supuesta, aunque no tardó en reconocer que se trataba de Por último, im tercer requerimiento que al cabo de pocos
un problema abierto al que inmediatamente asignó una alta prio- años Hilbert observó que debía pedirse, a ser posible, es la com-
ridad (como tendremos ocasión de ver en el próximo capítulo). pietitud (amtque apenas aparece esbozada en los Grundlageri).
Era natural. Las geometrías no euclídeas descansaban sobre la Un sistema axiomático es completo si podemos demostrar den-
euclídea, y esta última se apoyaba a su vez sobre la aritmética de tro deJ sistema todas las proposiciones que son verdad respecto
los núineros reales. A la manera como en el sueño del sabio indio de los objetos del sistema, es decir, si ninguna verdad escapa al
el mundo descansaba sobre un elefante, y el elefante sobre una poder de la demostración, si todas las verdades son demostrables.
tortuga. Pero, ¿y la tortuga? La pregunta por la consistencia de la Mientras que la consistencia nos asegura que todo lo demostrable
aritmética se planteó enseguida en toda su agudeza. Hilbert no es cierto («todos los teoremas son verdad»), la completitud nos

40 LOS FUNDAMENTOS OE LA GEOMETRlA 41


LO$ FUNOAMENTOS DE LA GEOMETRfA
garantiza lo recíproco: todo lo verdadero es demostrable («todas tianos, para quienes la geometría euclídea era la única posibie dado
las verdades son teorema»). Si el sistema de axiomas que propuso que la unicidad del espacio impUcaba la unicidad de la geometría.
para la geometría euclídea era completo, permitiría deducir todos Un espacio físico, ima geometría matemática. Gauss se guardó de
los resultados conocidos y por conocer de la geometría euclídea. publicar sus resultados por miedo al escándalo, ya que el descu-
No queremos adelantar acontecimientos, pero responder a esta brimiento de las geometrías no euclídeas constituía un motivo muy
cuestión no era baladí. Como explicaremos en el último capítulo, serio para poner en cuestión toda la fílosofía kantiana. Si había
Hilbert acabaría descubriendo que cualquier sistema axiomático más de una geometría lógicamente concebible, preguntar por la
mínimamente interesante es incompleto. En él lo verdadero no verdad de ima en concreto era como preguntar si el sistema de nu-
coincide con lo demostrable. Hay proposiciones verdaderas que meración decimal es más verdadero que el binario, o si el sistema
no pueden ser demostradas. Una situación paradójica que recuerda de coordenadas cartesiano lo es más que el polar. La relatividad de
a la del detective de policía que sabe con certeza quién es el asesino la geometría apuntaba, contra las ideas de Kant, a que el espacio
pero no es capaz de probarlo. Por suerte, en 1951, el lógico polaco era amorfo y carece de sentido preguntar qué geometría es laverda-
Aifred Tarski (1902-1983) demostró que una versión muy elemental dera. No fue Gauss el único matemático que sintió cierta antipatía
de la geometría euclídea es completa —obviamente, esta versión no por Kant, el gran filósofo paisano de Hilbert. Georg Cantor confe-
contiene a la aiitmética, por lo que no viola los famosos teoremas saba que su lectura le porna enfermo y se refería al sabio prusiano
de incornpletitud de la aritmética de Kurt Gódel (1906-1978)—
como «aquel sofístico fiüsteo que sabía tan poco de matemáticas».
Recapitulemos. Tres son los requerimientos que Hilbert esta-
A1 igual que Gauss, Hilbert tuvo sus más y sus menos con un
blece para su sistema de axiomas de ia geometría: independencia,
filósofo, como consecueneia de las ideas expuestas en los Fun^-
consistenciay completitud. E1 matemático alemán se planteó con
damentos de la geometría. En este caso, con el lógico y filósofo
acierto si su axiomática era minimal, demostrando en particular
Gottlob Frege (1848-1925). Este oscuro profesor de la Universidad
que el axioma de paralelas y el axioma de Arquímedes eran in-
de Jena fue (como veremos en el capítulo 4) el padre de la lógica
dependientes del resto. Además, resolvió parcialmente la cues-
modema, pero también uno de Ios más conspicuos defensores del
tión de la consistencia, probando la consistencia relativa de la
enfoque axiomático de los antiguos. La reacción de Frege tras una
geometría con respecto a la aritmética. En suma, sentó las bases
atenta lectura del libro de Hilbert no se hizo esperar. Dio inicio a
sobre las cuales estudiar axiomáticamente cualquier geometría,
una correspondencía y a im sinfín de malentendidos.
euciídea o no euclídea, arquimediana o no arquimediana; y mos-
En su primera carta, fechada a íinales de 1899, Frege sometía
tró cómo es posible derivar los resultados geométricos conocidos
el libro a una crítica dura y algo pedante. Irritado, pero armándo-
dependiendo de qué grupos de axiomas se admitan.
se de paciencia, Hilbert respondió con otra prolija rrúsiva. Sin em-
bargo, a partir de ese momento, se limitó a hacerlo escuetamente,
y cuando Frege le propuso publicar el intercambio epistolar, se
negó en redondo. No obstante, la polémica encierra gran interés,
EL GRITERÍO DE LOS BEOCIOS
por cuanto muestra el choque frontal entre dos concepciones del
método axiomático: la antigua o tradicional, representada por
En una carta escrita a un colega matemático en 1829, Gauss mani-
f'rege, y la nueva iniciada por Hilbert.
csta a que no pensaba publicar nada en vida sobre geometría no
Frege jamás cuestionó el análisis kantiano de la geometría, y
euclideapor temor al «griterío de los beocios». Con esta expresión
no concebía más método axiomático que el que Aristóteles des-
el matemático alemán aludía, sin duda alguna, a los filósofos kan-
cribiera en los Analíticos posteriores y Euclides ejercitaraen los

LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA


LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA
Eíementos. Los axiomas eran verdades evidentes entresaeadas de Curiosamente, otro que tampoco se encontraba cómodo con
la reaildad. En consecuencia, el axioma de paralelas era verdad o este uso de los ténrunos que aparecen en los axiomas como pa-
no lo era Pero no podía ser ambas cosas a la vez. En una de sus labras vacías que expresan generaiidad fue Henri Poincaré. E1
cartas, el filósofo aiemán escribía; matemático francés se sumó al carro de las críticas al libro de Hil-
bert, ya que detestaba a quienes querían reducir ias matemáticas
Na<iie puede servir a la vez a dos señores; si la geometría eucíídea es a rneras relaciones formales entre símbolos. Escribió una larga
verdadera, entonces hay que echar a la geometría no euclídea fuera reseña en la que acusaba al matemático aiemán de tramposo, por-
de la lista de las ciencias y colocarla junto a la alquimia y la astrología. que el método axiomático nunca es creador. No es un instrumento
conceptualizador original, pues disfraza y oculta Io que se quiere
Su postura retrógrada le impidió comprender que para Hil- axiomatizar. Según Poincaré, Hilbert terna siempre presente ia
bert los axiomas no eran más que esquemas abstractos que se geometría euciídea en sus Fwndamentos de la. geometria, aunque
situaban pragmáticamente como principios de la teoría matemá- lo negara. Su axiomática, aunque pretenda ser enfocada como una
tica. Y no eran, ni mucho menos, inamovibles. serie de definiciones impiícitas, part.e ya de unateoría existente y
Pero el disgusto de Frege fue aún mayor cuando leyó que Hil- se limita meramente a reorgaiúzarla. E1 titán francés salió ai paso,
bert estaba dispuesto a llamar «puntos», «rectas» y «planos» a una vez más, del titán alemán.
cuaiesquiera tres conjuntos arbitrarios que satisficieran sus axio- Mucho menos comprendió Frege el interés de Hilbert por el
mas, aunque fueran mesas, siiias y jarras de cerveza. Para FVege axioma de pienitud lineai o de continuidad de la recta, que es-
los axiomas hablaban de cosas reales y, por tanto, difíciimente tablecía que no existía otro sistema mayor de objetos que tam-
podían tener más de una interpretación posible. Hilbert volvió a bién obedeciera a los axiomas. E1 filósofo se quejó con rudeza al
reiterarle su posición por earta: matemático de que era como hacer teología con un axioma que
dijera: «Axioma 3. Existe ai menos un Dios». No deja de ser iró-
Cada teoría no es sino un tinglado de conceptos junto con ciertas re- rüco que fuera la segunda vez que el enfoque hilbertiano recibía la
laciones necesarias entre eilos, y sus elementos básicos pueden ser acusación de teológico. Pero más que un teólogo, Hilbert era un
pensados arbitrariamente. Si entiendo por puntos, etc., cualquier sis- místico, capaz de adivinar el futuro y otear el rumbo que tomarían
tema de cosas, por ejemplo el sistema formado por amor, ley, desho- las matemáticas.
Ilinador, etc., y considero que todos mis axiornas son váüdos para esas La polaridad entre Frege y Hilbert, como entre Gordan y él,
cosas, entonces resultan váüdos para esas cosas mis teoremas, como, es crucial para entender en qué se diferencian las matemáticas del
por ejemplo, el de Pitágoras. Con otras palabras; cada teoría puede siglo xix de Ias del siglo xx. Para FYege la existencia matemática
ser aplicada a una infinidad de sistemas de eleruentos básicos. terúa que ver con qué objetos materiáles o ideaies existen en el
mundo. Así, como hay solo un rnundo, tiene que haber una úmca
Para cuando FYege publicó un par de largos artículos tildán- geometría. Los sistemas axiomáticos venían, en principio, vacíos.
dole de Doctor Matasanos, Hiibert replicó por mano de Alwin En cambio, Hilbert mantema la opinión ratUcalmente opuesta Los
Korselt (1864-1947), mostrando de nuevo su concepción de la axiomas no solo codifican el comportamiento de ios objetos mate-
matemática: «Podemos, pues, llamarla también “juego de signos máticos, sino que también pueden crear objetos matemáticos nue-
vacío, carente de significado" y cosas por el estilo; como precisa vos si no incurren en contradicción. En consecuencia, uno tiene
asociación legal de proposiciones no preeisa de ninguna otra dig- «tás de una geometría en matemáticas, dado que cada una de ellas
nidad especial». es consistente (en relación a la aritmética).

44 LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRÍA


45
LOS FUNDAWENTOS DE LA GEOMETRlA
Los Grunúlagm fueron el broche perfecto a la edad heroica CAPfTULO 2
de la geometría, abriendo ei camino a toda una panoplia de geo-
metrías (las no euclídeas, las no arquimedianas, etc.). Fueron,
además, el primer hito en la corriente axiomatizadora moderna.
Desde 1900, pertrechado con su nuevo método, Hilbert impulsaría
la axiomatización del resto de disciplinas científicas. Si la axio-
mática había funcionado tan bien en geometría, ¿por qué no iba a E1 desafío de Hilbert
hacerlo en la aritmética, el análisis o la física?

La sombra de Hilbert es alargada


y se proyecta sobre gran parte del hacer
matemático del siglo xx. Cuando el 8 de agosto
de 1900 subió a la tribuna y tomó la palabra en el
E Congreso Intemacional de Matemáticos, Hilbert
condensó los retos futuros a los que debía enfrentarse
la matemática en veintitrés problemas, influyendo
decisivamente en la evolución de la disciplina.
Estaba levantando el velo tras el que se
ocultaba el futuro de las matemáticas.

46 LGS FUNDAMENTOS 06 LA GEOMETRÍA


('«htuí vl üA» 1900. l'n niiev'osiglo romenznba Mientra»cien-
tíw iW* m* di'halian rntre rerorrer los jmln’liones rli» la
Exp*í*>i«i l njversal o asLsiir a las conijietií’iones de Ioh Juoíos
tHuiijiM'UA. ffciwl HilbiTt loinaha la palahra en la Universiilad de
U STtsKia. coo orasión del II Congreso InlemarionaJ di* Mate-
nutii« <in. Vo üni j hal>lar dt* lo qiH* liahia demoMtrarlo, slno d<* lo
«jiK' qtK^LtÍM j«t«c <l**nK»su*tr Lo iuwui t*n calidad do «er uno dt» loa
mrjnr** malrnuürtH <k* «u K<‘n<*rat ión y lider de la es<-u<»la mate-
muiit'4 radtrada en < *< ujnga Y aunque su rharla no era una ron-
í«vfK» j»h*nana. ya »pH* HiIíhti se hahia demorado demaHÍíwlo a
ü iw >ra »k* Miviar un Utulo y los ontani/adores habian tenido que
ext luirla <1**1 j»n*^ranui. estaha llamada a ser la ponem ia má» re-
nmUia <k*l rt>ngn*so.
A sus tremta y ocho años. David IIillH*rt había ya demastrado
el brio tk* sus ideas. Tras revolucionar la teoría de invarianíes eon
un Lnetiiio salto de ahstrat aón. habia ÜK ursionado en la teoría de
numeros y en la geom«*tria axiomática, dejando a su paso obraa
que se convertirían en clásicos de ambas disriplina». Consciente
de ser uno de los matematicos más destar'ados, quería demostrar
su penetrante visión de conjunto de las malemática». Podemos
iniaginar a nuestro marematico ese caluroso 8 de agosto de 1900.
Alto, enjuto. con la barha recortada, y acompañado de sus incon-
furwiibles anteojos, se durigió ai estrado y tomó la palainu U) lU2C

*< o*
nara subrayar que el raotor del progreso en matemaücas era la rnisma, sin contammación. Aunque buera parte de su carrera en
Sución de problemas y para emplaaar a los matemattcos del los sigmentes vemte años permanecería Ugada a la físiea, quería
siglo xjí a resolver veintitrés cuestíones escogidas. rebatii- algunas de las ideas de su homólogo francés Según era su
costuinbre consulto con su anügo Minkowski, quien le escribió a
pocos meses de su participación en ei congreso:

HILBERT FRENTE A POINCARÉ He releído la conferencia de Poincaré y encuentro que todas sus
afirmaeiones están expresadas de un modo tan vago que no se pue-
Ei i Congreso Intemacional de Matemáticos se había celebrado den contradecir Más atractivo sería que intentes mirar haciaei
en Zúrich tres años antes, en 1897. E1 matemáüco francés Henri futuro, enumerando los problemas a los cuales deberían dedicarse
Poincaré había sido la estreüa del encuentro, con su conferencia los matemáticos en adelante. Así podrías crear las circunstancias
«Sobre las relaciones entre el análisis puro y la física matemá- para que se siga hablando de tu charla en las décadas venideras. Eso
tica». A resultas de ello, ahora era el presidente del comité orga- sí, debes tener en cuenta que la profecía tiene sus dificultades.
nizador. En París Hilbert quería demostrar su valía rivalizando con
el patrón de la matemática francesa. A1 igual que Klein, ansiaba Siguiendo su consejo, las primeras palabras que pronunció
recuperar el predominio, el prestigio para los matemáticos ale- Hilbert en París componían una hermosa batería de preguntas al
manes. Pero albergaba serias dudas acerca de cómo lograrlo. En respecto:
consecuencia, tardó más de la cuenta en elegir un tema para la
conferencia. ¿Cuáles serán los objetivos concretos por los que se esforzarán las
En su discurso, Poincaré había expuesto un programa marco mejores mentes matemáticas de las próximas generaciones? ¿Qué
para el desarrollo de las matemáticas. Esta ciencia posee un tri- nuevos métodos y nuevos hechos nos depararán las centurias por
ple fin. Un fin físico, consistente en proporcionar un instrumento venir en el amplio y rico campo del pensamiento matemátieo?
adecuado para el estudio de la naturaleza. Un fin filosófico, ayu-
dar ai filósofo a profundizar en las nociones de número, espacio E1 leitmotiv de su discurso fue revalorizar la matemática pura
y tiempo. Y, finalmente, un ftn estético, comparable a la música a través de los problemas que ella misma se propone. A su enten-
o ia pintura. Las matemáticas, añadía, merecen ser cultivadas en der, mientras las matemáticas ofrezcan abundanda de problemas,
sí mismas, no solo por sus apLieaciones, puesto que sin teoría la estarán vivas y efervescentes. Es la falta de problemas lo que pro-
investigación práctica y el progreso se estancan. Pero la mejor nostica la extinción o desaparición de una rama de la cienda Las
opción se da cuando los fines físico y estético son solidaríos. A lo ciencias avanzan resolviendo problemas. Pero, ¿qué característi-
largo de su charla, Poincaré se esforzó por mostrar en detalle la cas debería reunir un buen problema matemático? Para empezar,
relación entre la ciencia pura y sus aplicaciones, entre el anáüsis debería ser fácil de enunciar y explicar, y, además, difícil de resol-
y la física. ver, aunque no imposible, para no frustrar los esfuerzos.
Este entomo programático encontraría una respuesta fror Pero hay más, Hilbert aprovechó esta oportunidad inigua-
en los veintitrés problemas futuros de las matemáticas dado lable para divulgar su fe en la centralidad del método axiomá-
conocer por Hilbert Ambos matemáticos se conocían y se ad tico como vehículo de defínición de los conceptos matemáticos.
1 ,an’ ?6ro su GoncePCión de las matemáticas era muy distinta. Mientras que para Poincaré la intuición y las analogías físicas
matematico alemáq defendió el valor de la matemática pura ei jugaban un papel esencial, para Hilbert lo hacía la lógica más es-

50 EL DESAFiO DE HILBERT 51
EL OESAríO DE HIIBERT
uae e| neor y la simpUcidad. Como expücamos en e capuulo En nucstro interior escuchamos la perpetua Uamada he ahí un pro-

ZZo "fúltimo tercio del s.glo x,x asisüo a la consütunon de blema. Busca su solución. Puedes hailarla por medio de la razón
"nuevomododehaceren matemáticas.con una.n™,rad,- porque en matemóticas no existe el ignxrrabvmua.

cal respecto ai hacer matematico antenor. U nocton de estruc-


tura abstracta. induyendo aqui la de conjunto. se convyt.o en un Desafortunadamente, no sería así. Como es sabido esa es una
nuevo punto de partkla. ügado a una nueva forma de defiiueion, de las ideas que en los años treinta recibíó un fuerte golpe.
como la implicita por aviomas. Asimismo. aparecieron nuevos
métodos de demustracion, como los indirectos o existenciales,
y nuevos modos de expresión. que requerían el uso de lenguajes
fonmaJes. Una revolución que se fue imponiendo entre los mate- EL RETO DE HILBERT
máticos. aunque no sin uieltas del revés, y que debe mucho al
matemánco alemán. La lista de problemas matemáticos que HiJbert propuso contenía
A lo largo de la charla. HiJbert reiteró su concepción de la un total de veintitrés, aunque por limitaciones de tiempo solo
existencia matemática' si puede demostrarse que los atnbutos mencionó diez de ellos en su charla. No obstante, facilitó a los
asignados a un concepto no conducen nunca a una contradic- asistentes una copia impresa del texto completo, que enseguida
dón, entonces el concepto en cuestión existe matemátícamente. fue publicado tanto en Alemania como en Francia, lo que amplíó
Una afirmación tajante que tuvo que resultar chocante a oídos de su conocimiento y difusión. A contmuación vamos a enunciar los
muchos de sus colegas. También afirmó que al investigar los fun- veintitrés problemas, aunque solo vamos a describir algunos
damentos de una ciencia debia posrularse un sistema de axiomas (los más siinples y menos técnicos), ya que una exposición deta-
que contuviera una descripción exacta de las relaciones básicas Uada de cada imo nos Ilevaría demasiado lejos.
entre las ideas elementales de esa ciencia. Los axiomas así postu- Los problemas pueden agruparse en varios bloques, depen-
lados serían a la vez las defimciones de dichas ideas elementales, diendo de la materia que tratan: fundamentos de las matemáticas
y ninguna proposición de la ciencia bajo examen sería consíde- (a saber, los próblemas 1,2,3,4 y 5) y de la física matemática (pro-
rada verdadera a menos que fuera derívable de los axiomas en un blema 6), teoría de números (problemas 7, 8, 9,10 y 11), álgebra
número finito de pasos lógicos. (12,13,14 y 17), geometría (15,16 y 18) y análisis (19,20,21,22 y
Además, en el preámbulo filosófico a su lista de problemas, 23). Los ñmdamentos de la matemática, la geometría y el álgebra
Hiibert se opuso —al igual que ya hiciera Poincaré— a la corriente desde distintos ángulos, la teoría de números y el análisis están
escéptica, iniciada por el fisiólogo Erml du Bois-Reymond (1818- representados en Ia iista, junto con otros asuntos de ruás esquiva
1896) y secundada por el físico Pierre Duhem (1861-1916), que tan clasificación.
en boga estaba en la época. Para estos autores, la ciencia estaba Dentro del primer bloque nos encontramos con los problemas
llegando a su límite, de modo que había cierto tipo de cuestiones
de fundamentos de la matemática y de ia física:
que, según la máxima acuñada por Du Bois-Reymond en 1872,
«ignoramos e ignoraremos» («Igmramus, iyriorabimus!»). Por 1. EI problema del continuo (cuya explicación posponemos al
contra, Hilbert apuntaba con optimismo que todo problema ma-
capítulo 4). Baste por alioia contar que se trataba de probar
matico era resoluble, en el sentido de admitir una respuesta po-
la verdad o la falsedad de la famosa hipótesis del continuo
sitiva o negativa. Esta era una de
sus convicciones más íntimas y de Cantor, que afirmaba que no existe un subconjunto de la
un poderoso acicate en su trabqjo diario:
recta real cuyo caidinal (su tamaño, para entendemos de

52 EL DESAF/O DE HILBEftT
EL DESAFfO DE HILBERT 53
FOíO SUPESIO»:
E1 Club cfe
momento) esté estrietamente entre el de los numeros ra- Matemáticas de
Gotinga en 1902,
¿Zles yel de k» mímeros reales. AI proponer esta cues- En el csntro. Kl«in,
fundador del club,
üón eomo primer problema matemátlco del futuro, Hilbert con Hllbert a su
esiabatomando partido y apostando deeididamente por la derecha y un
puriado de
teoría abstraeta de coniuntos frente a sus opositores, que colegas y jóvenes
dlscipulos.

no eran docos. FOTOINFEHOR


I20UIERDA
El matemático
2. El problema de la consistencia de los axiomas de la arit- ruso Hermann
Minkowski en un
mética Esta cuestión, como vimos en el capítuío anterior, retrato de
juventud. Hilbert
era fundarnental, porque una respuesta positiva probaría mantuvo con él
una profunda
de forma indirecta la consistencia de toda la matemádca. amlstad basta la
En los Fundamentos de la geometrfa, Hilbert había dejado muerte de aquel
en 1909.
aparcado este problema, pero volvió a él en sus últimos
FÓTO INFERiOR
años como investigador, a partir de 1920, como explicare- OERECHA.
Hilbert con su
mos en el último capítuio. Por desgracia, el lógico austriaco mujer. Kháta
Jerosch, con
Kurt Godel demostró en 1931 que este problema era fomial- la que contrajo
matrlmonlo
mente indecidible. No es posible probar la consistencia de en 1892.
los axiomas de la aritmética.

3. La igualdad de los volúmenes de dos tetraedros de igual


base y aitura. En su libro, Hilbert se había preocupado por
definir ei concepto de área en geometría plana sin recurrir
al cáiculo infinitesima] (a las integralesj y Ío había logrado
caracterizando los polígonos de iguai área como aquellos
que son equicomplementables (esto es, simpíificando, que
se descomponen en el mismo número de triángulos igua-
les). ¿Era posible hacer Io mismo para el coneepto de volu-
men en geometría espacial? ¿Sería posibie caracterizar los
poliedros de igual volumen como aquellos que pueden des-
componerse en el mismo número de tetraedros iguales?
. Delm (1878-1952) respondió negativamente:
existen dos tetraedros de igual base y aitura (por tanto,
™,V0,ren) que’ sin ei"t»argo, no son equicomple-
tidad fm-T j ° 65 posib,€ eortar el primero en una can-
de mnHry 6 piezas poliédricas que puedan ensamblarse
dos dimeiw ^ ^Uede ei segundo. Mientras que en
dimensiones eraposible evitar un complicado proceso

EL DESAPfo DE HILBERT EL DESAFÍO DE HILBERT 55


de paso ai límite conocido como la escalera del demonio Por su parte, dentro del bloque de teoría de numeros Hilbert
y de ese modo definir el área sin emplear el cálculo, en apuntó cinco problemas:
tres dimensiones este proceso se mostró ímprescindible,
lo que impedía definir la noción de volumen sin recurrir al 7. Irracionalidad y trascendencia de ciertos números. Un nú-
análisis. mero trascendente es un tipo de número irracional, aquel
que no es raíz de ningún polinomio con coeficientes ente-
4. E1 problema de la línea recta como la distancia más corta
ros. Por el contrario, un número algebraico es cuaiquier
entre dos puntos. Hilbert propone que se continúe la inves-
número que es solución de una ecuación polinómica con
tigación de las distintas geometrías axiomáticas posibles
coeficientes enteros. Como todavía no se conoeían muchos
prestando atención a qué grupo de axiomas permite dedu-
números trascendentes (aparte de k y e), Hilbert pianteó
cir el resultado que afirma que en un triángulo ciialquiera la
una cuestión muy concreta: si a es un número algebraico
suma de dos de sus lados es siempre mayor que el tercero
(distinto de 0 y 1) y b es un número algebraico irracional,
y, por consiguiente, la línea recta es el camino más corto
¿es ab un número trascendente? Para Hilbert este era uno de
entre dos puntos. Aunque este problema tiene una formu-
los problemas más difíciles de la lista. No obstante, en 1934,
lación un poco vaga, adquirió una más precisa en el ámbito
A.O. Gelfond (1906-1968) y T. Schneider (1911-1988) demos^
de la geometría riemanniana, donde se trataba de construir
traron que así era. En particular, es trascendente.
todas las distancias posibles de forma que las lírieas rectas
ordinarias fuesen geodésicas (los caminos más cortos).
8. Estudio de los números primos. Aquí Hilbert planteó una
serie de cuestiones erúazadas con la distribución de los nú-
5. Análisis del concepto introducido por Sophus Lie (1842-
meros primos. La principal es, desde luego, ia célebre hipó-
1899) de grupo de transformaciones sin incluir la hipóte-
tesis de Riemann, que establece que una cierta función rela-
sis de diferenciabihdad de las funciones que componen el
grupo. cionada con estos números, y denominada función zeta de
Riemann tiene todos sus ceros en la recta Re(.z)=1/2
6. Tratamiento matemático de los axiomas de la física. H del plano complejo, es decir, todos sus ceros son números
bert estaba realmente interesado en la axiomatización ( complejos con parte real igual a 1/2. A día de hoy sigue sin
las distíntas ramas de la física (en especial, de la mecánh demostración, aunque mediante ordenador se ha probado
y del cálculo de probabilidades, que en la épocapasaba p< que los primeros 1,5 billones de ceros cumplen la hipótesis.
ser la herramienta más potente de la termodinámica) a f Pero también mencionó la cor\jetura de Goldbach (según la
de conferirles un foimato simüar al de la geometría, a la qi cual todo número par puede expresarse como suma de dos
consideraba una suerte de ciencia casi empírica. Era u números primos), la existencia de infinitos primos gemelos
problema en cuya resolución ya se había avanzado grach (es decir, de primos cuya diferencia es 2), etcétera
trabajo de físicos como E. Mach (1838-1916) y H. Hert
pero en el que los matemáticos aún no habían colaborad< 9. Demostración de la ley de reciprocidad más general en
cualquier cuerpo de números.
^^^úzación de la física obtendíl
narcialJr^01^05 ^ 61 pioxiino caPÍtulo) algmras victorií
10. Determinación de la resolubilidad de las ecuaciones dio-
parciales en las primeras décadas del siglo xx.
fántácas.

EL DESAFÍO DE HILBERT

EL DESAFÍO DE HILBERT 57
En el bloque de geometría;

EL DÉCIMO PROBLEMA DE HILBERT 15. Fundamentación rigurosa del cálculo enumerativo dP H


Schubert (1848-1911). 0 ae K
Este es uno de los grandes problemas. Parece engañosamente simple. pero
no lo es. Se trata de buscar algún procedimiento general que permita averi-
guar s¡ una ecuación diofántica tiene o no soluciones enteras, sin necesidad 16. Estudio de la topología de curvas y superficies algebrai-
de calcularlas. Una ecuación dioféntica es una ecuación en la que solo Ínter- cas, incluyendo aquí —en lo que significaba un guiño a la
viene un polinomio con coeñcientes enteros y se desean conocer todas las
soluciones enteras. Recibe su nombre por el matemático griego Diofanto obra de Poincaré— el estudio dei número y la forma de los
Csiglo iii d.C.), que se interesó por ellas. En particular. la famosa ecuación ciclos límite solución de ciertas ecuaciones diferenciales.
xn+yn=zn del último teorema de Fermat es una ecuación diofántica —en 1995,
Andrew Wiles (n. 1953) logró demostrar que la ecuación no tiene soluciones
18. Construcción del espacio a partir de poliedros congruentes.
enteras diferentes de cero cuando n es mayor que 2— El problema perma-
neció abierto durante setenta años, basta que en 1970 la teoría de números Este problema es uno de los clásicos de la matemática. Co-
y la lóglca matemática se dieron la mano: el matemático soviético Yuri Mati- nocido como el problema del teselado o del friso, consiste
jasevich (n. 1947), siguiendo ideas desarrolladas por Martin Davis (n. 1928), en determinar de cuántas formas diferentes puede relle-
Hilary Putnam (n. 1926) y Julia Robinson (1919-1985), logró demostrar que no
existe tal algorltmo. Esta última, convaleciente de una afección cardiaca, narse por completo el plano con figuras geométxicas idénti-
solfa pedir en sus cumpleaños el siguiente deseo: «Que alguien resuelva el cas. Ililbert lo amplió al considerar la posibüidad de rellenar
décimo problema de Hilbert. No p>odré descansar hasta que alguien dé con el espacio con poliedros congruentes (véase la figura). Se
la respuesta». Curiosamente. su hermana mayor, Constance Reid (1918-2010),
escribió la que pasa por ser la mejor biografía de David Hilbert. trataba, por tanto, de generalizar el estudio ya hecho de los lzqul«rd«.

grupos de simetría y las teselaciones —muchas de eüas re- Jaío rSiS


presentadas en los mosaicos de La Alhambra— del plano h«xágooos.
bidimensional al caso del espacio tridimensional Avan- teselselán d*l

ces intemiedios en esta materia se prodqjeron en 1910 de


11. Estudio de las formas cuadrátieas con coeficientes alge- manos de Ludwig Bieberbach (1886-1982), un matemático mmcado».
braicos eualesquiera.

En el bloque de álgebra:

12. Extensión del teorema de Kronecker sobre cuerpos abe-


lianos a cualquier dominio de raeionalidad algebraico.

13. Imposibilidad de resolver la ecuación general de séptimo


grado por medio de funciones de solo dos argumentos.

14. Demostración de la finitud de ciertos sistemas completos


de funciones.

17. Expresión de formas definidas por sumas de cuadrados.

B. DESAFlO de hilbert
56 EL DESAFlO DE HILBERT
que termmaría afiliándose al Partido Nazi y tomando el fproblema 1); la consistencia de Xa aritmétíca (2); la axiomatiza-
relevo de Hilbert Además, dentro de esfce apartado, Hilbert dón de teorías flsicas (6); vanos problemas de teoría de números
incluyó lafamosa coi\jetura de Kepler. ¿qué disposición de incluvendo la hipótesis de Riemann (7 y 8); la imposibilidad dé
esferas del mismo radio deja menos hueco libre en el espa- resolución de la ecuación de séptimo grado (13); una cuestión
cio? Kepler coi\jeturó que la manera en que el frutero co- sobre curvas y superflcies deñnidas por ecuaeiones polinómicas
loca las narapjas es la solución correcta —como de hecho (16); las soluciones analíticas de los problemas reguiares en el cál-
muy recientemente se ha demostxado gracias a Thomas C. culo de variaciones (19); la existencia de ecuaciones diferenciales
Hales (n. 1958)—. ordinarias que correspondan a grupos monodrómicos dados (21),
y UT1a cuestión de Poincaré sobre la parametrización de curvas
Y, finalmente, dentro del bloque dedicado al análisis, se en- algebraicas por medio de funciones automorfas (22).
contraban los últimos cinco problemas:
«Si despertara después de haber dorntido durante mil arios,
19. Estudio de la analiticidad de las soluciones de los proble- la primera pregunta que haría sería: ¿se ha demostrado la
mas regulares del cálculo de variaciones. hipótesis de Riemann?»
— David Hii.beet.
20. Estudio de la existencia de soluciones de los problemas
del cálculo de variaciones con valores de contorno. Muy recientemente, el ltistoriador de la matemática Thiele
Rudiger ha descubierto en un cuademo de notas que Hilbert terna
21. Demostración de Ia existencla de ecuaciones diferenciales la intención de añadir un nuevo problema, es decir, el número
lineales con grupo de monodromía prefrjado. 24, que finalmente descartó. E1 problema iba a consistir en lo si-
guiente: determinar criterios para la simplicidad o la demostra-
22. Uniformización de relaciones analíticas por medio de fun- ción de la máxima simplicidad de ciertas demostraciones. Hilbert
ciones automorfas (un problema cuyo origen estaba en buscaba desarrollar tma teoría general sobre los métodos de de-
los trabajos de Klein y Poincaré al respecto). mostración en matemáticas. Paradójicamente, algunos años des-
pués, él rrtismo fundaría (como estudiaremos en el capítulo 5) una
23. Extensión de losmétodos del cálculo de variaciones. Como teoría de la demostración.
veremos en el próximo capítulo, Hilbert contribuyó nota- Hubo, sin embargo, algimos olvidos importantes en la hsta.
blemente al progreso de esta área del análLsis (que estaba Varios caminos no seguidos. E1 álgebra matricial, la estadística,
directamente relacionada con los problemas 19 y 20, que la lógica o la matemática aplicada, que habían sufndo un intenso
se interesan por la existencia, la unicidad y las propiedades desarrollo a finales del siglo, junto a una topología, una teoría
de las soluciones del cáiculo de variaciones). Un tema que de la medida y un análisis funcional en gestación, fueron margi-
ha tenido una vitalidad extraordinaria en el siglo xx, lo que nados por Hilbert en su presentación. Exactamente igual que el
demuestra el buen olfato de Hilbert al terminar la lista de problema de los tres cuerpos o el último teorema de Fermat, que
problemas con una cuestión general acerca de este campo. fneron mencionados pero no propuestos como problemas abier
tos de la matemática del futuro. . .
miHra* ^°r ^0^0*011®3 tiempo, Hilbert solo pudo « La siguiente tabla recoge el estado actual de los veintitres
eZ e sus veintitrés problemas: la hipótesis del contii Pr°blemas de Hilbert:

EL DESAPÍO DE HILBERT 61
EL OESAFfO 06 HILBERT
Descripción Estado ~~~~ problefT13 Descripción Estado
Problema
Kurt Gódel (1938) y Pau| Resolver las formas
cuadráticas con coeficientes Parcialmente resuelto: Hasse
Cohen (1963) demostraron 11
numéricos algebraicos (1923) y Siegel (1930).
la imposibilidad de probaria
1 la hipótesis del continuo como cierta o falsa a partir Extensión del teorema
de los axiomas estándar de 12 de Kronecker Abierto.
la teoría de coniuntos.
Resolución de la ecuación
Kurt Gódel (1931) demostró^ general de séptimo grado Resuelto negativamente por
que establecer la consistencia 13 por medio de funciones de Arnold y Kolmogórov (1957).
2 Consistencia de la aritmética de la aritmética es un dos argumentos
problema formalmente
indecidible. Demostración de la Resuelto en sentido negativo,
14 finitud de ciertos sistemas mediante un contraejemplo,
Definición de la noción de
Resuelto negativamente completos de funciones por Nagata (1959).
3 volumen sin emplear el
por Dehn (1902). Fundamentación rigurosa
cálculo Resuelto por Van der Waerden
15 del cálculo enumerativo de
Construcción de todas las (1930).
Resuelto positlvamente Schubert
4 métricas cuyas rectas sean
por Pogorelov (1975).
geodésicas Topología de las curvas
16 Abierto.
¿Son los grupos continuos y superficies algebraicas
5 Resuelto en sentldo positivo
diferenciables de forma Resuelto en sentido positivo
por Andrew Gleason (1952). Expresión de formas
automática? 17 por Emil Artin (1927) y Georg
definidas por cuadrados
Parcialmente resuelto: Kreisel 0957).
— Mecánica: Hamel (1909). Conjetura de Kepler Resuelto por Hales (2005).
18
— Termodinámica:
Carathéodory (1909). ¿Son siempre analiticas las
6 — Relativídad especial: Robb soluciones de los problemas Resuelto afirmativamente por
Axiomatización de la física 19
(1914) y Carathéodory (1923). regulares del cálculo de Bernstein (1904).
— Mecánica cuántica: Von variaciones?
Neumann (1932).
— Teoría de la probabilidad: ¿Tienen solución todos
Kolmogórov (1933). los problemas variacionales Resuelto a lo largo del siglo xx.
20
con ciertas condiciones
¿Es ab trascendental, siendo Resuelto de forma
7 a * 0,1 algebraico y b de contorno?
independiente por Gelfond
rracional algebraico? y Schneider (1934). Probar la existencia de
-a hipótesis de Riemann ecuaciones diferenciales Resuelto de forma negativa
6 21
y la conjetura de Goldbach Abierto. lineales que tengan un grupo por Anosov y Bolibruch (1989).
monodrómico prescrito
Encontrar la ley de
9 eciprocidad más general en Resuelto por Emil Artin (1923). Uniformización de relaciones Resuelto independientemente
:ualquiercuerpo numárirr» 22 analíticas por medio de por Koebe y Poincaré (1907).
=ncontrar un algoritmo que funciones automorfas
10 letermine si una ecuación Resuelto en sentido negativo
< íiofántica tiene soluciones Extensión de los métodos Resuelto a lo largo del siglo xx.
3or Matijasevich (1970). 23
snteras del cálculo de variaciones

ELDESAFÍODEHIL8ERT 63
62
EL DESAFÍO DE HILBERT
la expresíón que acuñó Hermann Weyl (1886-1956) en su escrito
necrológico sobre Hilbert
L0S DIECIOCHO PROBLEMAS DE SMALE V LOS S.ETE PROBLEMAS pue un bello caso de profecía autocumplida. Pese a que la
f coiü'erencia de Hilbert no logró arrasti-ar a muchos asistentes (de
DEL MILENIO

En 1992 la Unión Matemátíca Internacional tomó la iniciativa de adaptar la con-


hecho, no se sabe a ciencia cierta si ni siquiera Poincaré, implíci-
de Hilbert de 1900 al desarrollo actual de las matematicas. A pesar de tamente aludido, acudió) ni generó un debate animado (apenas un
2 MOTeados logros de las matemátlcas del siglo xr, docenas de problemas ñhrrafe con Peano, que recordó a Hilbert los trab^jos de los mate-
otaSn ÍStan soluclón. Stephen Smale (n. .930, ganador de la Medalla
máticos italianos en relación al segundo problema), la reputación
Fields el equivalente al premio Nobel para matematicos) planteo en el año
2000 una lista con dieciocho problemas para el siglo xxt. Los tres primeros de su autor y la del claustro de Gotinga que tenía detrás hicieron el
son la hipótesis de Riemann. la conjetura de Poincaré (una famosa cuestión resto. Los problemas matemáticos del futuro fueron precisamente
topológica planteada en 1904) y el problema P=NP (ctiene todo problema
los que Hilbert marcó en la agenda porque su aura legendaria in-
resoluble en tiempo exponencial. no polinómico, una resolución alternativa en
tiempo polinómico?). Simultáneamente. el Instituto Clay instauró siete premios fluyó para que fuera así. De todos modos, las propuestas de Poin-
de un millón de dólares para cada uno de los denominados problemas del caré también se cumplieron: a modo de ejemplo, el desarrollo del
milenio. Algunos son nuevos, otros viejos conocidos, que llevan más de cien
anállsLs fiuicional, que tanto debe a Hilbert, se produjo en paralelo
años esperando una solución. Entre estos desafíos están. como es natural,
los tres ya citados. así como el problema de la existencia de soluciones en las al de la mecánica cuántica Y, pasada la tendencia de principios
ecuaciones de Navier-Stokes (que describen el movimiento de los fluidos). En del sigJo xx hacia la abstracción y las estructuras axiomáticas, se
2002 el matemático ruso Grigori Perelman (n. 1966) demostró uno de ellos.
ha vivido un despegue de la matemática aplicada (investigación
la conjetura de Poincaré; pero, sorprendentemente, rehusó recoger el premio
alegando que no quería ser expuesto como un anlmal en el zoológico. operativa, teoría del caos, etc.) que ha devuelto parte de la razón
al matemático francés.
Hilbert imprimió su sello sobre toda una era de las matemáti-
cas. Y. sin embargo. no basta su investigación para explicar el brillo
que irradiaba. Gauss y Riemann, por mencionar otros dos hombres
de Gotinga. ftieron matemáticos de más talla que Hilbert, pero su
EL MAESTRO Y LOS DISCÍPULOS impacto mmediato sobre sus contemporáneos fue índudablemente
rnenor. Ililbert, cual Flautista de Hamelin, sedujo a múltiples ma-
Hoy, más de cien aflos después, el balance es altamente positivc temáticos a seguirle al profundo río de Ias matemáticas puras. E1
más de la mitad de los problemas han sido resueltos, aunque a éxito de los problemas de Hilbert como programa de investigación
gunos no de la forma esperada. Otros, los menos, siguen abierto radica también en el círculo que logró crear a su alrededor. Con
(caso del problema 8: la hipótesis de Riemann, la estrella de 1 otras palabras, no es posible hacer un balance serio de su mfluencia
usta) o parcialmente abiertos (caso de los problemas 11, 12 y 16; si no se toma en cuenta que siempre destacó por ser un profesor
os problemas que Hilbert encomendó al nuevo siglo no cayeroi óe lo más laborioso. Hilbert destilaba un entusiasmo contagioso
en ^co roto, sino que fascinaron a varias generaciones de rnate
por intercambiar ideas científicas, a través de conversaciones o en
aación S,Rlen^rand° m verdaciero aluvión de artículos de investi largas caminatas. La piedra angular de su actividad matemática fue
resneto ml° V6rJIf problema óe Hilbert era una tarea digna d< oombinar investigación y enseñanza. Otto Blumenthal (1876-1944),
que resolvier^^h^ f f0rjar ^ caxTera- Cualquier matemáticc el Primero de los sesenta y nueve alumnos que acabaron una tesis
«laclasedehoimrdM° ^ l0S problernas ingresaba con ello ei óoctoral b<qo su dirección, rememoraba cuarenta años después la
honor de la comunidad matemática», por decirlo coi
^npresión que Hilbert causó cuando Ilegó a Gotinga-

B. desafío oe hilbert
65
ELDESAFIOOEHH.BERT
Coniparado con los demás profesores, aquel hombre ágil COn Su Naturalmente, también pesaron las circunstancias esto es el
poblada barba pelirroja y un atuendo bastante normal teiu'a un aire tiempo y el lugar: la pequeña pero poderosa Universidad de Go-
poco académico. Sus clases eran muy concisas. Las daba de una ñnga. La muerte del anciano Kronecker y el retiro de Weierstrass
forma irn poco aburrida, pero el rico contenido y la claridad de Su deseongelaron el mundo acadéirüco alemán, desembocando en
presentación hacían que uno se olvidara de la forma. A menudo pre- UJ1 baile de cátedras académicas del cual salieron muy benefi-
sentaba cosas nuevas que él mismo había descubierto, pero-se to- ciados Klein y Hilbert, quienes, como vimos, pudieron asentarse
maba la molestia de comprobar que todo el mundo le seguía. Daba definitivaniente en Gotinga. Una vez alli, ese gran político cien-
las clases para los alumnos, no para sí mismo. tífico que fue Felix Klem orquestó que Gotionga se convirtiera en
el centro matemático más importante del mundo, con un impre-
sionante grupo de profesores, entre los que descollaban Hilberty
Minkowski (quien se incorporó a la institución en 1902), así como
con numerosos discípulos de alto nivel y visitantes extranjeros.
RETRATO DE HILBERT CON SOMBRERO
Los txeinta y cinco años como docente en Gotinga dieron
Esta fotografía, tomada en 1912, ha pasa- para mucho. La nómina de discípulos de Hilbert es impresionante:
do al imaginario colectivo de los mate- Otto Blumenthal, Max Dehn, Erhard Schmidt (1875-1959), Richard
máticos. Sombrero panemá, ojos brillan-
Courant, Emst Zermelo (1871-1953), el famoso campeón mundial
tes tras los anteojos, barba puntiaguda,
voz que se adivina firme. Pero hay algo de ajedrez Emanuel Lasker (1868-1941), etc. Entre todos ellos so-
que este celebérrimo retrato notrasluce: bresale Hermann Weyl, quien se doctoró con Hilbert en 1908 y
la personalidad cautivadora de su prota-
le sueedió cuando se retiró en 1980. Iiilbert siempre actuó con
gonista. VJna pasión inquebrantable por
las matemáticas que se palpa en la flo- ellos como maestro, ayudándoles en la medida de lo posible. Así,
rida retórica de sus discursos. Y muchas por ejemplo, cuando brotó la oposición a la propuesta de que una
de esas excentricidades que habitual-
joven y eminente matemática, Emmy Noether (1882-1935), fuese
mente identificamos con los matemáti-
cos. Uno de sus discípulos contaba que nombrada profesora en Gotinga, Hilbert se enfrentó a sus colegas
un día tras otro se veia a Hilbert con los más reaecionarios, declarando con ironía: «No veo que el sexo de
mismos pantalones rotos, lo cual era un un candidato sea una razón en contra de su admisión. Después
poco embarazoso. La tarea de informarle
con delicadeza recayó en su ayudante, de todo, esto es una universidad y no un establecimiento de baños
Richard Courant (1888-1972). Una tar- públicos». Otra muestra de la libertad de su pensamiento.
de, aprovechando que atravesaban una
zona de arbustos espinosos, Courant le
dijo que se había roto los pantalones.
«>Ah! No». replicó Hilbert, «llevan I
ta» Aún ZT''™ SemanaS así' pero oadie se dad® cuen-
Gofínna rnatemat/co, que solía montar en bicicleta por las caltes de
~rnZsit,:TaT f:,rtear-En una ,¡e5ta “
letras del abecedario pj®”*80® 600 ^ombres de chíca para cada una de las
En ese momento Káthe «¡u « ^ SG '*690 3 'a letra ^ nadie sabia qué decir. If
podiais pensar en mí una vez». & intel'9ente muíer- señaló: «Por lo menos
r
J

EL Dfc’SAFfO OEHILBERT
67
^L DESAFlO OE HILBERT
CAPÍTULO 3

Axiomatizar la física

Los primeros anos del nuevo


siglo encontraron a Hilbert trabajando en el
campo del cálculo de variaciones y de Ias ecuaciones
integrales. Sus aportaciones dieron forma a una nueva rama
del análisis: el análisis funcional. Y, además, fueron claves
en la formulación matemática de la relatividad general y de
la mecánica cuántica. Hilbert compitió de igual a igual con
Einstein en la búsqueda de unas ecuaciones que incluyeran
la gravedad en el marco relathista Pero hay más:
el denominado espacio de Hilbert ha terminado
siendo la estructura matemática que
guarda la ilave de entrada al
universo cuántico.
Uno de los descubrimientos más recientes de los historiadores
de las matemáticas ha sido el alto grado de interés que Hilbert
manifestó por la física de su tiempo. La amistad de Minkowski y
la lectura de Hertz supusíeron dos importantes catalizadores de
este interés en su juventud; y la tradición matemática de Gotinga
hizo, indudablemente, el resto (Gauss, Riemann y Klein compar-
tieron el gusto por la física). Aún más: el hecho de que su activí*
dad científica coincidiera con el nacimiento de las grandes teorías
de la física del siglo xx, la teoría cuántica (1900) y la relatividad
(1905), intensificó esta afición durante las dos primeras décadas
del nuevo siglo.
Desde su llegada a Gotinga en 1895, Hilbert impartió nume-
rosos cursos y seminarios dedicados a la física matemática. No
es de extrañar, por tanto, que en la conferencia de París de 1900,
dentro del epígrafe dedicado al sexto problema, señalase que Ias
investigaciones sobre los fundamentos de la geometría sugerían
tratar de la misma manera, por medio de axiomas, aquellas cien-
rias físicas en que las matemáticas jugaban un papel destacado.
I-A mecánica, la óptica, pero también la termodinámica o la teoría
de la electricidad, debían seguir el pulcro modelo preconizadopor
geometría. E1 rigor no era ima propiedad exclusiva de la mate-
^Hática. La física podía hacerse completamente ngurosa segün ios
estándares del método axiomático.

AXIOMATIZARIA FfSlCA 71
de ias coordenadas espaciales respecto del tiempo). Una clase
En 1905, avanzando en esta direccion, el matemático aJemán especial de estas eaia.nones son nanladas ecumimes ^
ofreció una exposición axiomática de la mecámca, describiendo Jales, ® 1W 1ue se trata de detenmnar la üunción desconocidaa
el concepto de fuerza a través de varios axiomas sobre vecto- partir de una o varias ecuaaones en que intervienen las derivad®
res. A eontinuación, axiomatizó la teoría de probabilidades, tal de la fünciórL
y como esta aparecía dentro de la teoría cinética de los gases. Tras fundar el cálculo (diferencial e integral), Newton for-
Varios licenciados de Gotinga, relacionados con el insigne cate- jnuló las leyes de la física de una forma que relacionaba entre sí
drático, realizaron aportaciones significativas. En 1909, Georg las magnitudes físicas y sus ntmos de cambio. Es decir,p0rejem-
Hamel (1877-1954) axiomatizó Ia mecánica clásica y Constantin pjo, el espacio recorrido por un móvil con su velocidad, y la velo-
Carathéodory (1879-1950) hizo Io propio con la termodinámica. cidad del móvü con su aceleración. Las leyes físicas quedaron, por
Y, según veremos, Hilbert dio otro paso de gigante cuando en 1915 tanto, expresadas por medio de ecuaciones diferenciales, siendo
formuló sus propias ecuaciones para la teoría de la relatividad los diferenciales y las derivadas medidas de los ritmos de cambio.
general. Finalmente, a finales de los felices años veinte, intentó, La derivada de una función representa cómo varía el valor de la
en colaboración con Lothar W. Nordheim (1899-1985) y John von función, si aumenta, disminuye o permanece constante. La acele-
Neumann (1903-1957), anclar la mecánica cuántica en un sistema
raeión, por segiür con el ejemplo, mide los cambios en la veloci-
axiomático.
dad del móvil, la variación de la velocidad en el tiempo, porque
Pero su interés por la física no puede desconectarse de sus
es el cociente de los diferenciales de la velocidad y del tiempo;
aportaciones al análisis. Sus saltos del análisis a la física, y de Ja
en otros términos, es la derivada de la velocidad con respecto a1
física al análisis, durante las dos primeras décadas dei siglo, son
tiempo:
una constante a tener muy en cuenta Hilbert centró su atención
en dos ramas bastante próximas del análisis: el cálculo de varia- dv
a = —.
ciones y las ecuaciones integrales. De hecho, tres de los veinti- dt
txés problemas que Hilbert presentó en París trataban del cálculo
Sin embargo, la resolución de ecuaciones diferenciales, como
de variaciones y, en particular, del desarrollo de la teoría de las
de ecuaciones algebraicas, no siempre es fácil. Es más, casi nunca
ecuaciones en derivadas parciales. E1 hilo, precisamente, del que
vamos a comenzar a tirar. Io es. Cuando la función incógnita depende de unaúnica variable,
se Uaman ecuaciones diferenciales ordinarias. Por ejemplo, la
derivada de la función seno y=sen# es y' = cosr, donde y' denota
la derivada primera. Esta última función puede derivarse, a su
LAS ECUACIONES EN DERIVADAS PARCIALES vez, para dar y" = -sen x, de lo que podemos deducir la ecuación
diferencial y"=-y. Esta ecuación es una ecuación diferencial de
Las ecuaciones de toda la vida (las ecuaciones algebraicas) res- segundo orden, ya que aparece una derivada segunda
ponden a la necesidad de calcular números desconocidos, como Otro ejemplo de ecuación diferencial de segundo orden es
por ejempio las raíces de un polinomio. Pero en las aplicaciones segunda ley de Newton: F=m a («fueraa igual amasapor aceie-
de Jas matemáticas surgen a menudo problemas cualitativamente ración»), donde
distmtos: problemas en los que la incógnita no es un número sino
una funcion, que expresa la relación entre varias variables (por dv
a = —=
ejemplo, en el caso del moviiniento de un planeta, la dependencia di dF

73
72 AXIOMATIZAR LA FlSICA axiomatizar la FlSlCA
la aceleración es la dcri\-ada primera de 1a velocidad, pero tam- dios continuos como et agua, el aire u otros fluidos sin vi ,
bién ia derri'ada segunda de la posición, sí J*(í) denota ia posición dad Poco después, el matemático francés Joseph-Lou^í 81‘
del móvil en función del tiempo. 0TMrlM) erifocó su atcnción en la música. en la ecuacSr<£
En canibio. si la fíinción desconocida depende de más de una rivaflas parciales que representa la propagaeión de ias ondl t
variable y apaiecen derivadas con respecto a estas variables, se sonido. Y, más tarde. Jean-Baptiste Fourier (1768-^830)
Uaman ecuacionesi en derivadas paivmdes. Para citar un ejemplo
en el fldJO de calor' f,ro'>oniendo otra ecuación en derivadasña!
muy sencillo. el volumen V'de un gas es una función de su tenipe- dBles que describe su difusión. Entrado el mgloxix, las ecuacion^
raíura Fydela presión P sobre él: o sea V(TJP). Cuando T o P
de Navier-Stokes descnbieron el movimiento de los fluidos vis-
variaa V varia La derivada de V(TJ>) con respecto afse Uama
cosos, y las ecuaciones de MaxweU, el electromagnetismo Toda
derivada pamal rrspecto a T.yse escribe:
la naturaleza —sólidos, fluidos, sonido, calor, luz, electricidad—
av( T,P) quedó modelada mediante ecuaciones en derivadas parciales
dT Ahora bien, una cosa era dar con las ecuaciones del fenómeno en
cuestión y otra, bien distinta, resolverlas.
De igual modo.

W(T.P)
«La física se está haciendo demasiado compUcada
dP
para dejarsela a los físicos.»
es la deri mda parrial respecto a P. Como en el caso de las deri-
— David HiLAKrr.
vadas ordinanas, hay derivadas parciales segunda, tercera, etc.;
asi, como Uustración,
Las ecuaciones en derivadas parciales paradigmáticas soa de
dTV(T.P) hecho, tres ecuaciones gestadas en el ámbito de la física matemá-
dP2 tica: la ecuación de ondas, la ecuación del calor y ia ecuación de
Laplace. Antes de ocupamos de esta última, conviene introducir
es la segunda derivada parciaJ respecto a P. Pero las ecuaciones
una notación que simpüfica extraordinariamente su escritura: se
diferem*iales en <jue intervienen derivadas parciales presentan
Uama laplaciano de una función u = u(x, y, z, t) de las coordena-
rasgos peciüiares que las diferencian esencialmente de las ordina-
das espaciales y del tiempo a la suma de las segundas derivadas
rias. En el estudio de los fenómenos naturales, ias ecuaciones en
respecto de xy y, z:
derivadas parciales aparecen con tanta frecuencia como las ecua-
ciones diíerenciaies ordinarias, pero normaímente son mucho . d2u d2u d*u
-- +-r +-r.
más difícües de resoh er. dx* dy2 dz2
A lo largo del siglo xvui, estudiar un fenómeno fLsico y ha-
Este grupo de parciales recibió el nombre de laplaciano de
Ilar la ecuación diferencial que lo gobiema se hicieron sinónimos.
manos de James Clerk Maxwell (1831-1879), aunque su represen-
Asi. tras el haJlazgo por Newton de la célebre ecuación diferen-
taí‘ión mediante la letra griega delta mayúscula se remonta aun
c «fuerza igual a masa por aceleración», que rige el movimiento
tratado de 1833.
e os sLstemas de puntos y de los sólidos rígidos, el matemático
En estas condiciones, Aw = 0 es la ecuacién de Laplace o ecua-
zo n ard Luler (1707-1783) formuló un sistema de ecuacio*
016,1 de continuidad, que expresa que un fluido perfecto en el que
S en Pnvadas parciaJes que describía el movimiento de me-
no hay remolinos es indesüuctible. Esta ecuación codifica mate-

AXIOMATIZAP LA FI5ICA
75
AXIOMATIZAR la física
He eSto, la ecuacion de Laplace también recibe el nombre de «a*
áón del potencial. Pues bien podemos ya anticipar que una de
LA ECUACIÓN DE ONDAS Y LA ECUACIÓN DEL CALOR t aportaciones geruales de Hübert al anáUsis tiene que ver con
ja resolución rigurosa de esta ecuación en derivadas parciales.
La ecuación de ondas, aue describe la propagación de las ondas del sonido
o de la luz. pero también de las ondas fisicas producidas sobre una cuerda o
una membrana vibrantes. es la siguiente:

^-c’AU.
dt2 del problema al principio de dirichlet
Por su parte, la ecuación del calor. que rige cómo se difunde el calor. es decir,
cómo circula desde las zonas donde la temperatura es más alta a las zonas
I (Jno de los problemas relacionados con la ecuación de Laplace
donde es más baja, responde a la siguiente forma;
que trajo de cabeza a los matemáticos y los físicos del sigio m fue
e! denominado problema de Diricklet, llamado así en honor del
matemático alemán Peter Gustav Lejeune Dirichlet (1805-1859).
Ambas ecuacíones parecen engañosamente similares. salvo porque en la pri-
mera aparece la derivada segunda respecto al tiempo en vez de la derivada Consiste en encontrar una fwnción armónica en un dominio del
primera. Esta sutil diferenda matemótica tiene drásticas implicaciones físicas; espacio, es decir, una función u que satisface la ecuación de La-
la ecuación de ondas es reversible, en el sentido de que permanece invariante
place Aw = 0 en ese dominio del espacio, cumpliendo, en la fron-
si cambiamos el sentido del paso del tiempo. Matemáticamente; si cambiamos
f por -f. la ecuación no cambia, ya que al derivar dos veces los slgnos nega- teradel dominio (figura 1), que toma unos valores prefijados (por En al probrtma d*
D'richlet s* busca
tívos se cancelan. En consecuencia, la ecuación no regulariza las soluciones ejemplo, u -f en la frontera). Formalmente, si denotamos por Q una fundón u quc
con el paso del tiempo, con lo que se puede recuperar Información del pasado tome unos valor*s
aJ dominio y por y a la frontera del dominio:
(por esta razón los seres humanos empleamos señales luminicas o sonoras determínados
para comunicarnos). Por el contrario. la ecuación del calor no es reversible sn la fronlera y
í Aw * 0 en Q cuyo lapladano se
(al cambiar t por -f. no obtenemos la misma ecuación). La difusión del calor anule en el Interior
está orientada temporalmente. depende de la flecha del tiempo. Esta irre- [u = /env cfe la reglon.
verslbilidad se manifiesta en que la ecuación regularlza las soluclones con el
paso del tiempo, con lo que en general no puede recuperarse Informaclón del Este problema matemátíco estaba
pasado (la soludón correspondiente a un pico de calor termina por suavizarse relacionado con multitud de proble- Fiai
de tal modo que, pasado el tiempo, resulta imposible saber dónde y cómo
mas físicos. Uno de ellos proporcio- Condición de frontera. defimda
se produjo !a explosión o el encendido. dado que el calor se ha difundldo por a lo largo del borde de la reg'ón
todo el espacio). naba una idea sobre cómo resolverlo.
hnaginemos una membrana elástica
uniformemente estirada sobre una re-
g«ón del plano Q, delimitada por una
curvay. Supongamos, ahora, que se de-
máticamente unaperogrullada: si el fluido es incompresible, debe
salir tanto fluido de cualquier pequeño volumen en un instante forma el contomo de manera que cada
de üempo como fluye dentro de él. No obstante, al matemático y punto de y pasa a ocupar un punto de
físico frances Pierre^imon Laplace (1749-1827) se le apareció en cierta altura dada por la función/.
mecanica celeste estudiando el potencial gravitatorio, esto es, la Como es natural, al haber deformado
C1°n que mide la fuerza gravitatoria con que un cuerpo, tenga Su c°ntomo, la membrana se combará
ia torma que tenga, atrae a una masa puntual exterior. A resultas y comenzará a oscilar. Si la dejamos
^Ue 0scile tibremente, transcurrido

AXIOMATIZAR LA FÍSIGA 77
AXlOMATIZARLAFtSlCA
PcVb** poiicíon
d* «julllbrto d« la
dxdy.
irwn'brana pasado
«I tl«mpo.

Con otras palabras, la función que buscamos ha de dar, en


comparación con todas las posibles funciones que veriflcan la
^nia condición de contomo, el minimo valor posible para ta
ínergía. Sobre bases físicas se toma muy plausible que. dada cual-
quier curva cerrada en el espacio, existe una superticie de mínima
energía que la llena, porque cualquier superficie o membrana ten-
(jerá a adopta/ una configuración que re<iuiera la mínima energía
Conto el integrando de J{u) es siempre pasitivo (es unasuma
de í-uailraílos;. la inregrai J(u) siempre es mayor o igual que cero.
Por lo quc a Ihru hlet le pareció razonable que teiu'a que existir
una fiinnón u qu<* dé cl valor más p<»queño. NóU»se que si no es-
iuvi»»se esa cota infenor que supone el cero, podría ser que los
valores que rrfHuvieramos fue.sen cada vez más pequefio9 (0, -1,
-2. -3...) sw que hubiera nece.sariainente un vaior núnimo. Su-
ponierwlo la exi.sa*n< ia de esta función u minimizadora de J(u),
PirM'hlet deiTMisiro que la función u es annónica y, por tanto, sa-
cierto tiempo alcanzará el equiiibrio, adoptando ciertii posición üsface el pmMenia inn ial que se quería resolver.
(figura 2). Y nos gustaría calcular la magnitud de la deformación Ahora bi«-n. |o que no estaba nada claro es si existía efecti-
de cada punto del interior de la membrana respecto al plano, es vamente es<» nuiumo. esa función u donde la iníegral de Dirichlet
decir, ta altura que ahora ocupa, lo que se ha desplazado. La fun* aJí un/aha su menor valor. Ihénsese, por ejemplo, en el conjunto
ción u{x,y), que mide estas cantidades, satisface el problema de de uxtos los nuim»ros reaies positivos: todos son mayores o iguales
Diiichlet (en dos dimensiones).
que cert>. pcro no hay runguno que sea ei más pequeño (para cual*
Físicamente, parece claro que tiene que existir una funciói
Quier numero que seleccionemos siempre habrá uno niás prqueño).
u solución del problema y que, además, ha de ser única, puestc
infimo del eoqjunto (el cero) no se alcanza dentro deJ propio
que antes o después la membrana terminará parándose, y lo harí
coqjiuuo (los números positivos), por lo que no hay mínirno. Los
de una única manera. Sin embargo, matemáticamente la 'cuestiór
^fuerzos de Weierstrass y su escuela de matemáticos por funda-
no es tan evidente. En sus lecciones sobre la materia, Dirichlel
mentar rigurosamente la existencia de u se dieron de bruces con la
al igual que Gauss, G. Green (1793-1841) o W. Thompson (1824
^uesüóa No obstante, los físicos seguían creyendo que el Uamado
; ideó un método para resolver el problema y hallar la fun
Principio de Oi richlet garantizaba, precisamente, la resolución del
escon°cida u. Este método fue bautizado, posteriormente
como prmcipw de EHricfúet por Riemann. Pfoblema de Dirichlet. Solo Hilbert alrededor de 1904, Jogró reha-
lar el principio y demostrar fuera de toda duda la existencia del
fimción^ftnin ^ .c,or'*e*ufó en la posición de equilibrio estable la
^ro, para explicar su prueba, tenemos que sumergimos
el menor valnr°n ** tener la niín¿nia energía, es decir, debe dai carnP° fimítrofe del cáiculo de variaciones, que busca deter-
el menor va!or para ]a 5igulente integral (la enrrgia de DirichW
9Ué funciones hacen mínima una integrai

78
AXIOMATiZAR LA FfSICA

«MtOMATi/AA CA "VC*
n
pstantos buscando un minimo) Este es, en esencia, el núcleo del
EL CÁLCULO DE VARIACIONES fnlétodo de variaciones». Es más, Euler y Ugrange encontraron
nue para que una funcion m de C proporcione un valor extremo
E1 problema de la braquístórrona. o curva de descenso más rá-
rmáximo o mínimo) al funcional, F(u) tiene que satisfacer una
pido, fue históricamente el primer problema en el desarrollo del
cierta ecuación diferencial (las ecuaciones de Euler-Lagrange).
cálculo de variaciones. Entre todas las curvas que unen dos pun-
pero la satisfacción de esta ecuación era una condición necesaria PIGUftAj,
tosf se desea hallar aquella a lo largo de la cual una paiticuJa, Un arco
aunquenosuficiente. cicloíd*
moviéndose bajo la fuerza de ia gravedad, cae en menos tiempo. ontre Ays.
üna medida del éxito de esta constelación de ideas es que múl-
Considerando todas las posibles curvas que imen el pimto A con PGURA4:
üples matemáticos de los siglos xvm y xix se esforzaron por inter-
el pimto B, se busca aquella que minimiza el tiempo de caída, que De las tres
pretar las ecuaciones diferenciales que aparecían en la físicacomo trayecloriaj
puede expresarse en forma de integral. Por consiguiente, se trata pojlbles, ¿cull

de buscar la curva o función que hace menor el valor de esa inte- condiciones extremas de determinados funcionales. Las leyes fisi- «egiría una
particula para
gral. Este problema fue propuesto en 1696 por Johann Bemoulii cas podían reescribirse en términos de principios de mínimo, ya P»«r deAaB?
(1667-1748) a sus colegas europeos, y fue resuelto independiente- que la naturaleza se conducía siempre de la manera más econó- EI pr fnclplo da
rolnima acdón
mente por Newton, Leibniz, Johann y Jakob Bemoulli: la solución mica. Una meta que ya había acariciado Pierre de Fermat (1601- «tablece que
aquella que
no era la línea recta ni un arco de circimferencia, sino un arco de 1665) para la óptica: la trayectoria que sigue un rayo de luz cuando minimka una

una curva denominada cidoide (figura 3). pasa de un punto A a otro punto B de un medio distinto es aquella cantidad
denommatía
Las nociones básicas de esta nueva rama del análisis llevan que requiere el menor tiempo, así como Pierre Louis de Maupertuis aec/dn.

la firma de Euler y Lagrange. E1 primero fue, de hecho, quien la (1698-1759) para la mecánica, con
bautizó como cáJculo de varíaciones; y el segundo, el creador su principio de míniina acción (fi- RG ‘
del «método de variaciones>» que permite resolver muchos de gura 4). Los libros de física de fina- a
los problemas encuadrados dentro de la disciplina. La base de los les del siglo xix estaban llenos de •
problemas variacionales es la siguiente: se supone un conjunto principios similares, que afirma-
C de eiementos cualesquiera (números, pimtos geométricos, fun- ban que detemiinados procesos fí-
ciones, etc.)f a los que denotamos por u, y a cada elemento u le sicos sucedían siempre de manera
asociamos un número F[ u). Si C es un coqjunto numérico, F(u) que se minimizaba cierta cantidad.
es una función de una variable; si C es un conjunto de puntos del Eran los denominados príncipios
plano, F(u) es una función de dos variables; etc. Pero si C es un wríacionales.
conjunto de funciones. F{u) es lo que se llama un funcionaL que
En suma, esta venerable rama
en alguna de las diversas funciones que componen el cor\junto
del análisis era una suerte de ex-
puede tomar un valor extremo (máximo o mínimo).
^nsión del cálculo infinitesimal.
Para resolver un problema de cálculo de variaciones se com-
ientras que el cálculo tradicio-
paraba una función u de prueba con todas las funciones próximas,
na) enseñaba cómo hallar los
esto es, con aqueilas que se obtienen variando ligeramente la fun-
J^áximos o los mínimos de una
ción u de prueba (de aquí preclsamente el nombre de «cálculo de
cióll>el cálculo de variaciones
variaciones»), y se calculaba el funeional F a lo largo de cada fun-
®nseñaba cómo determinar la fun-
ción. La función solución tiene la propiedad de que el funcional
a Lo largo de todas las funciones próximas es siempre mayor (si 1 n que maximiza o minimiza un
eterminado funcional, que nor-

AXIOMATIZAR LA FlSlCA
AXIOMATI2AR U FÍSICA
- pequeños y convergían al valor ínfimo. Y a partir de efia ob-
„ llTlpnte veru'a expresado enformade unaintegral. Noobstante,
v0 el mínimo, es decir, la funcion u que alcanzabade facto ese
^Tproblema era mucho más diflcd y a flrtaies del siglo xix aún no
valor ínfim°- Físicos y matemáticos podían respirar tranquilos.
tobía podido especiflcarse una serie de cntenos que garantizaran
la existeneia del extremo (del máxuno o del irummo). No es de
extrañar, por tanto, que el cálculo de variaciones copara tres
de los veintitrés problemas de Hilbert.
LA CIENCIA EN LA ENCRUCIJADA
Mientras que en el problema 23 Hilbert planteaba una posible
generalización de los métodos variacionales, en los problemas
19 y 20 se preocupaba, respectívamente, por las propiedades y
A flnales del siglo xk, la física funcionaba correctamente den-
la existencia de las soluciones de los problemas del cálculo de tro del dominio de la experiencia común. La mecánica clásica
variaciones. En efecto, había dos cuestiones abiertas. Una era la (creadapor Newton) y la electrodinámica clásica (finalizadapor
existencia o no de solución (problema 20). Y otra, las propiedades Maxwell) proporcionaban un marco totalmente satisfactorio para
que esta solución, caso de existir, satisfacía. Desnudado de su la comprensión del numdo que nos rodea. Con el aumento de pre-
ropaje técnico, lo que Hilbert estaba preguntando en el problema cisión en los instrumentos de medida y la posibilidad de realizar
19 era si el tipo de problemas físicos que solían plantearse como experimentos más y más complejos, los físicos empezaron a estu-
problemas de cálculo de variaciones —el problema de Dirichlet, diar fenómenos en condiciones poco usuales: a velocidades muy
por ejemplo— debían tener siempre soluciones con el mejor com- altas (próximas a la de Ia luz) y a escala macrocósmica o micros-
portamiento: ¿las soluciones eran siempre tan suaves y regulares cópica. Fue entonces cuando comenzaron a surgir discrepancias
como las funciones anaL'tícas (que son derivables inlinitas veces)? con las predicciones suministradas por la física elásica, lo que
Este problema fue resuelto en 1904 por el matemático ruso Sergei motivó una profunda revisión de sus fundamentos y dio origen
Bemstein (1880-1968), como parte de su tesis doctoral (codiri- a las dos grandes teorías físicas del siglo pasado: la teoría de la
gida por Hilbert). Bemstein demostró que las soluciones de las relatividad y la teoría cvántica. La primera trataba de explicar
ecuaciones en derivadas parciales que interesaban a Iliibert —in- los fenómenos que ocurren a altas velocidades (relatividad espe-
cluyendo aquí las de la ecuación del potencial de Laplace— eran, cial) y a escalas cósmicas (relatívidad general), mientras que la
caso de existir, regulares, con un comportamiento inmejorable segunda se enfrentaba con los que tienen lugar a escala atómica
si satisfacían ciertas condiciones bastante simples sobre sus tres (mecánica cuántica).
primeras derivadas. Ahora era evidente que, por ejemplo, la inte- Hacia 1900, la claridad de la física clásica solo estaba oscu-
gral de Dirichlet, si alcanzaba su mínimo, lo hacía necesariamente recida por cuatro nubarrones, por cuatro problemas que inexpli-
en una función admisible. cablement.e se resistían: la radiación del cuerpo negro. el efecto
Pero fue en ese mismo año de 1904 cuando Hilbert dejó fotoeléctrico, los espectros de los elementos químicos y el viento
asombrado al mundo matemático al rescatar el principio de Di- eter- Mientras que los tres primeros abrieron las puertas a la fí-
richlet del descrédito en que había caído después de las críticas sica cuántica, el últímo lo hizo con la física relatívista. EI principio
de Weierstrass. Antes de Weierstrass se había supuesto que en el clásico de relatividad, debido a Galileo, no era capaz de explicar
cálculo de variaciones todo funcional tenía un mínimo. Hilbert ciertos fenómenos electromagnétícos medidos sobre un inte e-
demostró que en el caso concreto de la energía de Dirichlet J(y) j’ometro (el experimento de Michelson-Morley). En 1905, ort
abia, efectivamente, un mínimo. Construyó una sucesión rnini- ^uistein (1879-1955) sentó las bases de la teoría especial de ia
mizante de funciones, cuyos valores para la integral eran cada vez
relatividad con su artículo «Sobre la electrodinánúca de cueipos

82 AXIOMATIZAR LA FÍSICA 83
axiomatizar la FfSlCA
en movimiento* Para resolwer la aj>arente contradicción que SUr.
gia al estiKÍiar el comportamiento de las ecuaciones de Maxweli I LA CONJETURA de waring
bajo las transformaciones de Galiieo tsin recurrir a un hipotétiCo
\iento de «eri. Einstein propuso mantener la teoría de MaxweU Tanto para Minkowski como para Hiibert
la teoria de números era la creación más
modificando la mecaiuca de Newion. Habta que abandonar las
maravillosa de la mente humana. En 1908.
tmnsft^rmanones de Galüeo. susütuyéndolas por las transforma- aprovechando una tregua en su crisis de
oones de Lorentz. y adoptar —como es bien sabido— una hipó- salud. Hilbert demostró la conjetura pro-
lesw re\x>luoonana; la in\anan<Ta de la velocidad de la luz. Entre puesta por el matemático británico Ed-
I ward Waring (1734-1798): «Todo número
sus consecuennas se contaban las siguientes; el rechazo del éter
natural es igual a la suma de como mu-
la relatividad de la sonuitaneidad. la contracción del espacio. la cho 9 cubos, de no más de 19 potencias
dilaiaoon del uempo. etc. La teoría de la relatividad especial eli- cuartas. y asi sucesivamente». En otras
mmo de un f»lumazo la üusion del espacio y el tiempo absolutos palabras. se afirmaba. sin prueba algu-
na. que para cualquier potencia k hay un
de b fisica i Lasx a.
cierto número mínimo de tales potencias
La relatmdad especial. aunque tremendamente atrevida en -llamémoslo g(,k), dado que depende de
sus postulados fiscos. no requería matemáticas desconocidas la potencia k seleccionada— que permite
hasu entonces por ios fisicos —estaba. de hecho, en germen en expresar cualquier número n como suma
Edward Waring.
de exactamente g(k) potencias k-ésimas:
la obra de Pomcare y de H. Lorentz (1853-1928)—. En su alum-
bramienio Einstein empleó matemáticas poco exigentes. No obs- n = Jf, +Xj +...+ X'

tante. algunos ílskxw y matemáticos opinaban que una colección


de ideas fisicas y fik»óficas ran radicales debía aderezarse con un A titulo de ejemplo, Joseph-Louis Lagrange había Drobado en1770 que todo
número es la suma de cuatro cuadrados, es decir. que g(2)=4. Pero hasta
nuevo pianteanuento maiemático. Y aquí entró en juego un viejo Hilbert muy pocos avances se habían conseguido. Para algunos vaiores con-
conocido de Hdbeft su amigo llemiann Minkowski. cretos de k (k = 3, 4, 5. 6. 7 y 8). se nabia logrado acotar el valor de g(k), por
Amhos anugos haláan \uelto a reunirse en 1902. E1 prusiano J ejemplo, se había probado que s(4)s53. pero aún quedaba lejos demostrar
que bastaban solo 19 potencias cuartas para escribir cualquier número, esto
rechazj) el ofrwimiento de una cátedra en Berlín y, a cambio de
es. que g(4) = 19.
su permanencia en (kmnga, negocíó la dotación de otra cátedra
para el judio de ongen ruso. Gotinga se convirtió de la noehe a la 1 Un premio bien merecido
n'taáana en la meca de las mateniaticas teutonas. Allí vivian tres Hilbert, fiel a su estilo, no estimó directamente los valores de g(X) (cuyo cál-
culo exacto se obtendria a lo largo del siglo xx). sino que demostró indirecta-
profetas Klein. HiUtert y Minkowski. Muestra de io mucho que lc mente que la función g(k) está bien definida. es decir. que para cada /rtoma
dos últimos congemaron fue que entre 1902 y 1909 impartiero un valor finito (nunca toma valores infinitos. de !o que se deduce que siem-
aiimón vanos cursos de fLsica rnatemática, en particuJar sobi pre existe un minimo número de ootencias necesarias para escribir cualquier
número). Este hito le reportó el premio János Bolyai en su ed.cion de íaiu
e KÍinanuca de los cuerpos en movinúento (lo que hoy s
En calidad de miembro del jurado internaoonal. Poincaré ensalzo a o r
conooe por el n<mt,re de nHntwúM). Mmkowski, que había pe l matemático alemán, no solo por lo que se referia a la teona de numeros
n^nei ido niuy atento a las teorías pre-relalivistas de Poincaré I tambión por el amplio espectro de temas tratados. los invanan es,
«p hizo eco enseguida del enfoque preconizado por Eii mentos axiomáticos de la geometrfa. el principio de Dinc e • . d0 ej
resaltaba el rigor y la simplicidad de los métodos empleados, pond
on*sutuyó Uxía una sorpresa que este enfrxpie revoluciom
•nflujo de Hilbert como profesor
coruiHin I* Un ^®10 a*ulnno suyo en Zúrich, sobre cuyc
conocmuentos matemátu os albergaba aJguna duda. L.

A.XIOMATI2AP LA Pl$ICA
AXIOMATIZAR tA FfSICA
depender de su contenido energético-mat.erial, es decir si
Para Minkowski. había que considerar el tiempo como una
f'Lvedad tenía que curvar el espacio-tiempo, se precisaba una
cuaita dimensión. Había una ligazón ineludible entre el espacio y nmetría variable, no prefqada de antemano y muy distinta de ia
ej tiempo en vimid de la cuai existía una umca entidad: el espacio-
g ,al Un matemático conocido suyo llamó su atención sobre los
tiempo. Todo io que en Einstein era confuso aparecía ciaro en
Ühaios clásicos de Gauss, Riemann y, en especial, los publicados
ei nrnndo seudoeuclídeo de cuatro dimensiones que imaginaba
^Gregorio Ricci (1853-1925) y Tullio Levi-Civita (1873-1941) en
Minkowski. Este marco geométrico hizo mucho por la dlfusión
mOl. A la postre, estos últimos contuvieron la mayor parte de
de ia teoría de ia relatividad especial. Su impacto fue tremendo,
los elementos de la geometría riemanrtiana necesarios para ía
aunque tardó en asimilarse (parecía desconcertante que para
relatividad general. Con la ayuda de su amigo Marcel Grossmann
hacer física hubiera que recurrir a una geometría en que los vec-
(1878-1936), Einstein comenzó a estudiar dichos trabqjos y des-
tores pueden tener longitud negativa). A Einstein le pareció una
cubn'ó que constituían el aparato matemático que precisaba y
erudición superflua, en una actitud que encontró la oposición de
desconooía. Juntos, físico y matemático publicaron a finaies de
Hilbert. quien Uegó a afirmar «cualquier muchacho en las cailes
1913 un foUeto de veintiocho páginas titulado Esbozo de una teo-
de Gotinga comprende mejor que Einstein la geometría cuadridi-
ría general de la relatividad y de una, teoria de la gravitación.
mensional». Minkowski presentó su formaüsmo en varias confe-
Su meta era modelizar el universo como una variedad geométrica
rencias pronunciadas a lo largo de 1908, pero no vivió lo suficiente
tetradimensional, dotada de una métrica o distancia riemamtiana
para verlas publicadas y disfrutar del éxito que cosecharon: en
De ta mlsma forma
1909 murió eomo consecuencia de las complicaciones surgidas dada por ei tensor
que uno sábona
sujetada por dos
en una operación de apendicitis. Esta pérdida irreparabie agravó
la profunda depresión que Hilbert sufría desde el año anterior ds1 2 g,J<ix,dx¡. personas se
deforma cuando
se deja caer en
como consecuencia de un agotamiento nervioso. e/la un objeto. un
Este tensor métrico, que determinaba las propiedades geomé- cuerpo de masa
Un grande como
tricas (claramente, no euclídeas), caracterizaba también el campo ta Tierra curva el
espaclo-tlempo
gravitatorio (véase la figura). No obstante, las ecuaciones del
a su alrededor,
EINSTEIN, HILBERT Y LAS ECUACIONES campo gravitacional contertidas en el artículo no eran correctas y y esta curvatura
es la causa de
DE LA RELATIVIDAD GENERAL no tardaron en abandonarlas. Comenzó entonces un largo y fati- los movlmientos

goso período para Einstein, que solo vislumbraría Ia luz a finaies de atracción
gravitatorla que
A partir de 1911. Einstein dirigió sus esfuerzos a integrar la gravi- de noviembre de 1915. Einstein pugnaba con el cáiculo tensorial experimentamos
en su superficie.
taaón en su teoría especial de ia relatividad. Buscaba una teoría para dar con las ecuaciones correctas. Se estaba adentrando en
general. Pese a su reticencia inidaf Einstein acabó admitiendo la un °céano que solo los matemá-
utilidad del formalismo de Minkowski, puesto que le puso sobre 6cos, en realidad algunos ma-
la pista de que la clave estaba en la geometría. Se trataba de re- temáticos, se atrevían a suicar.
presentar los efectos de la gravitación por medio de la estructura Uno de eílos era nuestro prota-
geometrica del espacio-tiempo, que obligaría a los objetos a des- gonista: David Hübert.
p <uarse en la forma prevista Había que geometrizar la gravedad. Desde 1909, y hasta prác-
nipaHrt 08 totentos el formaiismo matemático em- ocamente 1920, Hilbert mostró
fuernn ÍÍTh fue bastante elemental y los resultados no 11113 ^ran inclinación por la física
prometedores. Si ia geometría del espacio-tiempo 0rica, aplicando los métodos

AXIOMATIZARLAFtS|CA 87
AX|OMATlZARLAFfSlCA
del cálculo de variaciones a ella. Fruto de todos estos años sería
ei Ubro publicado en 1924 en colaboración con Richaxd Courant;
Métodos de lafísica matemdtica, un manual de éxito durante las ecuaciones de campo DE LA RELATIVIDAD general
decenios. Hübert dedicó su atención a problemas físicos canden-
E! espacio-tiempo de Minkowski es un espacio de cuatro
tes, como los del átomo y la relatividad. Gracias al legado de teria retuerce el espacio-tiempodeMinkowski.demodoQueSff'U
Paul Wolkskehl, un rico industrial alemán aficionado a ias mate- de moverse en líneas rectas para hacerlo en curvas
máticas, pudo organizar periódicamente en Gotinga una serie de acción de la gravedad o. equivalentemente, de cierta aceleraci^Tf5' 53)0 'a
conferencias y estancias de académicos extrar\jeros de prestigio masa o energía ínyectemos. más se curvará el espacio-tiempo óe "í
La relación entre la presencia de masa-energia y |a forma del esoado ho
(Hilbert ironizaba a menudo con que la única razón por la qUe cuadridimensional viene dada por las ecuaciones de campo de Einsteiñ
se reprimía de probar el úitimo teorema de Fermat era para no
G =Mr
hacerse con los 100 000 marcos que el legado establecía como ^ c4 V
premio y acabar de golpe con la gallina de los huevos de oro).
En el primer miembro de la ecuación aparece G^. que es el tensor decurvatura
Entre los primeros invitados con cargo a estos fondos estuvie- de Einstein: mide la deformación del espacio y depende. a su vez. del tensor
ron Poincaré y Lorentz, cuyas charlas trataron sobre cuestiones métrico. de los gt¡ de la distancia. En el segundo miembro aparece] aparte del
relacionadas con la mecánica relativista. Pero, posiblemente, la número n, la constante de gravitación universal Gy la velocidad de la luzc el
tensor de energía-momento T^, que encarna la materia. Resumiendo: el es-
visita más famosa fue la de Einstein a comienzos del veraito de
pacio le dice a la materia cómo debe moverse, y la materia le dice al espacio
1915. Era la primera vez que el físico y el matemático coincidían. cómo debe curvarse. Anotemos. como curiosidad, que Hilbert fue el encarga-
Einstein impartió una serie de seis conferencias en Gotinga y se do de demostrar en 1917 que la geometria euclidea era la verdadera geometria
hospedó con la familia Hilbert. Tras varios días en su compañía, del universo si y solo si el tensor de energia-momento era idénticamente nulo.
esto es. en ausencia de materia. De todos modos, que la geometria eudídea
Hilbert estaba ansioso por poner su capacidad matemática al ser- haya sido destronada globalmente no quiere decir, ni mucho menos, que no
vicio de las nuevas ideas sobre la gravitación. Durante los meses sea útil localmente. en nuestro entorno.
siguientes ambos entraron en una fase de trabajo febril, con fre-
cuentes intercambios epistolares. Perseguían un mismo objetivo:
dar con las ecuaciones de la relatívidad generai.
En algún momento, a Einstein comenzó a preocuparle que
Hilbert estuviese tan implicado. Así, a íinaies de noviembre de ducían las ecuaciones de la gravitación y del electromagnetismo

1915, Hilbert escribió a Einstein ofreciéndole sus ecuaciones y (Einstein, en cambio, se limitó a la interac.ción gravitacional).
este, que acababa de descubrir las ecuaciones finales de la relativi- Postulaba, por un lado, que las leyes de la física están detemu-
dad general, le respondió inmediatamente, intentando establecer nadas de manera que cierta integral aJcanza su mínimo. Por otro,
su prioridad. Hilbert no pudo hacer otra cosa que mandar una qne cierta función que depende de la métrica riemanniana se
nota de felicitación. mantiene invariante bajo transformaciones arbitrarias de coor-
Tradicionalmente se ha afirmado que Hilbert descubrió la jtenadas. Quería hacer con la gravitación y el electromagnetismo
ecuaciones relativistas del campo gravitatorio antes que Eir 0 mismo que había hecho para la geometría: establecer con cla-
aUI^ue nurica reclamó la prioridad. Hübert envió su art ndad sus fundamentos y deducir los prineipales resultados a
,af.U. caff* 20 de noviembre de 1915, cinco días antes d Partir de un número mínimo de axiomas o principios básicos.

tos maremáfH Sh’viéndose de sus amplios conocimier Estructura axiomática, método deductivo y cálculo de vanacio-
cos, formuló un principio variacional del que se d t nes son los tres ingredientes fundamentales de todas las apoita-
Cl°nes de Hilbert a la física.

AXIOMATlZAR LA FÍSICA

AXIOMATIZARLAF'S'O
T

Ahora bien, si el artículo de Hilbert contenia Ias ecuacÍ0Il


de la relatívidad general en su versión más generai (geometri.
la ciencia y la gran guerra
zando no solo la gravedad, sino fambien el electromagnetisrno)
V si el artículo fue entregado por Hilbert cinco días antes qUe (1¡ 6n 1914, gran parte de los europeos cele-
ó e| desencadenamiento de la Primera
de Einstein, ¿no deberfa recaer el mérito del descubrintíento de la
Guerra Mundial con una euforia desenfre-
teoría de la relatividad general en Hilbert, por mucho que se reco-
nada Hilbért, por el contrario, dejó claro
nozca que Einstein allanó el camino? La respuesta a esta pregunta desde el primer momento que la guerra
es negatíva, por dos razones. La primera es porque la teoría hilber- le parecía absurda. En agosto de ese año,
tiana no era idéntica a la einsteiniana Formalmente eran equiVa. noventa y tres famosos intelectuales ale-
manes dirigieron un manifíesto al «mun-
lentes, pero diferían en la interpretación física. Para Einstein, el
do civilizado» en respuesta a la indlg-
método axiomático era de poca utilidad en la materia; y, además nación creciente por las acciones del
a diferencia de la mayoría de sus colegas, tampoco era partidario ejército alemán. Inmerso en esa atmósfe-
de que toda teoría física hubiera de expresarse mediante un prin- ra claramente nacionalista. Felix Klein
firmó la declaración que secundaba la
cipio variacionaL Aunque a día de hoy asociamos el nombre de
política del káiser. A Hilbert le pidieron
Einstein con el de un físico teórico ertsimismado en cuestiones que firmara, pero se negó insistiendo en
muy abstractas, conviene no perder de vista que tanto durante su que simplemente no sabfa si las acusacio-
educadón como durante su período de mayor creatividad siempre nes vertidas contra Alemania eran falsas
o no. Una conducta que lo equiparó a
se mantuvo muy apegado a la reaiidad física y experimental. Era Einstein. que. fiel a su pacifismo militante,
más inductivo que deductivo. tampoco se avino a firmar el manifiesto.
Aún más. en mitad de la contienda. en 1917,
Hilbert publicó un obituario laudatorio de Jean Gaston Darboux 0842-1917),
«Ha habido algo de malos sentinuentos entre nosotros, la causa I un distinguido matemático francés recientemente fallecido. Cuando los estu-
de los cuales no quiero analizar. [...] Objetivamente es una I diantes rodearon su casa pidiendo que rectificara esta conmemoración de un
matemático enemigo, Hilbert respondió exiglendo una disculpa formai (y la
lástima que dos colegas que se las han arreglado para sacar aJgo obtuvo). Por todo esto, el resto de colegas europeos lo vio como un esplritu
de este mezquino mundo no se lleven bien el uno con el otro.» libre. desdeñoso de tradiciones y convenciones. De modo que al acabar la
guerra. con la derrota sin paliatlvos de Alemania, mantuvo intacta su reputa-
- ALBBIT E.N8TE.N, « WA CA8TA DB.O.OA A HlLBBBT (20 DE DlCIIMIB, DE 1915).
ción. Y en el primer congreso internacional de matemáticos celebrado duian-
te el período de entreguerras (Bolonia. 1928. el VIII Congreso Intemacional de
segunda razón, tanto más importante, es que muy r Matemáticos). no dudó en insistir en el carácter universal de las matemáticas,
poniendo de relieve que todas las fronteras eran contrarias a la naturaíeza.
mente se ha conocido —gracias al historiador de la mater
^.Ue conten^do presentado por el catedráti L
k de Ciencias eI 20 de noviembre no
V correrrin ' 6111:6 pu^íicad°' Hilbert introdujo enmi'
cuenta el nreT U el día 6 de diciembre tenien Us EcUACIONES integrales
Hilbeit alteró ° P°r Emstein eI 25 de noviembre. Parec
ApZ^ZT^0neS ^ ^“las a las de Ein la etapa investigadora de Hilbert en el cálculo de variaciones le
^mmosidad a largo pl^ **** * epÍsodio no UevÓ s° en condiciones de participar en la elaboración de la teo a
relatividad general, la etapa que dedicó entre 1904 y 1 a

90
AXIOMATIZAR la física
91
axiomatizarlafIsica
I

«fp^ral no es vaás que un pro-


las ecuaciones integraies le pemntio lo prop.o con la mecáxüca m „fn Dara calcular el área
“cl Se trata, desde luego, de su contnbuc.on más ,mpor. ce^da por una curva. Pues
2Te al análisis matemático e, indirectamente, a la ñs.ca: una básicamente, una suma de
Trie de arb'culos que posteriormente recopilo en una monografia, ** n0 es más que una foma
Fundamentos de una teoría general de !as ecuaciones integrcdes ¡SS* de calcular el vaior
Lineales (1912), que conterüa no solo una teoría matemática rigu- eq ‘ ¡ntegral: se tra2a un número
rosa, sino también una gran variedad de aplicaciones físicas qUe f. de rectánguios dentro del
van desde la teoría cinética de los gases a la teoría de la radiación. éfea encerrada por la curva y se
Pero comencemos por el principio. Una ecuación integral se nnroxima esta área por la suma de
caracteriza porque la función desconocida aparece también den- Z. ¿reas dc cada uno de los rec-
tro de una integral. Por ejemplo: úngulos ívéase la figura). Cuando

el número de rectángulos se hace tender a infinito, las sumas de Un* ium» d»


Rlwrnnn «s la
x(t)+¡ K(t,s)x(s)ds = f(t), Rjemann convergen al valor exacto de Ia integral. Mediante esta sum» do |at ártai
o técnica, la ecuadón integral se desdoblaba en un sistema de in- d» lo» roctánguloa
d* I» flgura, (o
Onitas ecuaciones lineales. Resolver la ecuación integral de par- quo jlrve part
donde la función K(t,s) recibe el nombre de núcleo o kenwl (de aproxlrrur »1 iroa
tida era. por tanto, equi valente a resolver este sistema de infinitas •ncerrad» por I»
la raíz alemana kem, «núcleo, hueso») de la ecuación integral. curva, os daclr,
ecuaciones Unealc>s.
Dado el núcleo K(t,s) y la funeión/(0 (que se suponen funeiones I» lnt«gr»l d» I»
La noticia de Jos sensacionales resultados de Fredholm se ex- funcKm t(/) «ntr»
continuas), se trata de hallar la función desconocida x(t). • ib.
tendió conio la pólvora. En el inviemo de 1900-1901, un profesor
A lo largo del siglo xix se habían planteado algunas eeua-
visitante expuso la analogía entre las ecuaciones integrales y los
ciones integrales en relación con cuestiones físicas, como el
sistemas de ecuaciones lineaJes dentro del seminario de Hilbert
problema de la braquistócrona o el problema de Dirichlet. Pero
fue en 1888 cuando Paul du Bois-Reymond (1831-1889) acuñó en Goiinga, lo que hizo que se interesara vivamente por el tema y
el nombre de ecuaciones integrales para designarlas y propuso disparó su productividad en esta nueva dirección (llevado por el
que se desarrollara una teoría general de estas ecuaciones como entusiasmo, auguró que la nueva herramienta permitiría incluso
método altemativo para resolver problemas de ecuaciones dife- probar finalmente la hipótesis de Riemann). Sus sels trabajos al
renciales. respecto, publicados entre 1904 y 1910, contenían los rudimentoe
En 1900, el matemático sueco Ivar Fredholm (1866-1927) de una nueva rama del análisis (el análisis funcional) y conduje-
recogió una observación aparentemente inocua del matemático m ai coneepto de espacio de Hilbert, base de toda la mecánica
italiano Vito Volterra (1860-1940) y la empleó con gran maestría cuántica.
para ofrecer una nueva fonna de resolver el problema de Dirichlet
utilizando ecuaciones integrales. En su estudio de la ecuación del
potencial o ecuación de Laplace con condiciones de contorno, ‘Y SE H*ZO EL ANÁLISIS FUNCIONAL!
Fredholm transformó el problema en una ecuación integral como
la de amba, y explotó al máximo la semejanza entre esta ecuación ? ^álisis funcional estudia las funciones colectivamente, es
integral y un sistema de inflnitas ecuaciones lineales cuando se mecir’los espacios de funciones. Probablemente, los antecedentes
sustituye la integral por sus sumas de Riemann. Como es sabido, claros se encuentran en las ecuaciones integrales, que sugi

92 AXKDMATIZAR LA FISICA
AXIOMAT) za» LA WC*
iadrados era nmu, eSus identiflcaciones m a
rieron algebrizar el análisis (un enfoque típico del análisis funcio.
C en la ecuacion mtegral, el problema se transfom/ e3a'
nal), pero también en el cálculo de variaciones, donde aparecen
^nlver un sistema de infinitas ecuaciones
por vez primera las ideas de coryunto de funciones admisibleg
^Litas ílos coeflcientes de la función, que eran ri UÜtas
para resolver un problema y de distancia entre funciones (a través
j^e). Siguiendo con el ejemplo: si en Ia ecuación
del funcional). E1 aparato matemático que cristalizó con el análisis
funcional se convirtió a finales de los años veinte en el piiar de o
a:(í) + /K'(t,s)ar(s)(ís ■/(í)
toda una disciplina física: la mecánica cuántica. Este hecho cru-
cial deteiminó que se beneficiara continuamente de renovados y
vigorosos planteamientos ligados a la extensión del formalismo se representan las y por 9US coefi(,.
cuántico. tes de Fourier, entonces esta ecuación se escribe en tórmmos deí
• An oí'iictr'innoc- UC1
E1 análisis funcional generaliza las nociones geométricas del sistema infinito de ecuaciones:
espacio w-dimensional (distancia, teorema de Pitágoras, etc.) a
los espacios funcionales de dimensión infinita. Entre estos es- + P= 1,2,3...
q=\
pacios infinito-dimensionales destaca con nombre propio ei
llamado espacio de Hilbert, construido en el ámbito de las ecna- teyo la condición de que la suma de los diferentes coeficientes al
ciones integrales por el propio Hilbert, pero axiomatizado en cuadrado es finita, esto es, por ejemplo, que
conexión con la mecánica cuántica por su aventajado discípulo
John voti Neumann, que le dio este nombre en honor a su maes- 2xl<co-
p->
tro hacia 1930.
E1 espacio de Hilbert aparece en germen en un artículo de De esta manera, al pasar del reino de lo continuo al reino de
1906 (el cuarto de la serie de seis sobre ecuaciones integrales y el lo discreto, la integral se transforma en una suma (la operación
primer artículo genuino sobre análisis ftmcionaL). Podría deeirse, análoga).
simplificando, que las funciones solución de las ecuacioties inte- E1 espacio de todas las sucesiones de números reales de
grales formahan el espacio de Hilbert. En efecto, mientras estu- cuadrado sumable (hoy designado f2), donde había que buscar
diaba una ecuación integral, Hilbert tuvo la idea de considerar mt lasolución, era el espacio de Hilbert. En este espacio de sucesio-
sistema especial de funciones que cumpliera ciertas propiedades nes numéricas Hilbert definió, en analogía con el espacio euclí-
(por ejemplo, el sistema trigonométrico, para que fuera una base deo usuai, una distancia, y extendió las nociones clásicas de
del espacio funcional) y reducir la resolución de la ecuación a la tímite, continuidad, etc. Tanto Hilbert como sus mejores discí-
determinación de los coeficientes de la función incógnita respecto pulos (en especial, Erhard Schmidt, dentro de su tesis doctoral)
a ese sistema (para entendemos, las coordenadas de la función in-
explotaron al máximo esta semejanza geométrica del espacio
cogmta con respecto a esa base del espacio). Tomando el sistema
cional i2 con el espacio geométrico usual Rn. Toda la teoría
tngonométrico, se trataba de hallar la función desconocida por
e pspacios de Hilbert hizo la entrada en escena en su versión
me o de su representación mediante los coeficient.es de Fourier
canónica sobre el primer espacio con un número ínfimto de
(unasucesión iníinita de numeros que permiten expresar una fun-
^ensiones conocido.
íon e cuadrado integrable en forma de una suma de funciones
Estos años fueron decisivos para que cu^jase la posibilidad
togonometncas miütiplicadas por esos números). Los coeficien-
un análisis general de los espacios de funciones. En 1906 apar
> un o servó, satisfacían la condición de que la suma de sus
10 ,a te«is doctoral de Maurice Fréchet (1878-1973), que tuvo

AXIOMATIZAR LA FÍSICA
axiomatizarlafísica
una influeneia tremenda, ya que introdujo de modo abstra
noción de distancia en un conjunto de funciones, así eom0 eiCt° la
*»°camp«,tr,
de nociones geométricas asociadas. resfo oegrupo.D,
'*qü¡eftfa a
Poco después, en 1907, dos jóvenes matemáticos, Emgt p. Alfréd
cher (1875-1954), antiguo alumno de Minkowski, y Fiigyes n- is' FranZ;
M inseparab(,
(1880-1956), a la sazón profesor de enseñanza media en •Jm'go Herrnartn
Mlnkowskl; mujer
queña ciudad húngara, descubrieron independientemente una ^ “•sconocUfc;
Hilbert;
nexión inesperada entre el floreciente análisis funcional y otr C°' D»v(d Hilbert, y
^«Hedlngw.
los grandes descubrimientos matemáticos de la época: la -
de la integración de Henri Lebesgue (1875-1941), que venía as°? 1 OQuiEBOA
Einit,in dunnte
rar ias fisuras mostradas por las teorías de la integración ciásic1* «navljjtaa
Lwentz en Lelden
de Cauchy y Riemann. E1 teorema de Fischer-Riesz establece «n 1921. P,ra
«staülecer la
existe una correspondencia, un isomorfismo, entre el espaeiode teoria de lg
relatividad. el
Hilbert C2 y el espacio de las funciones de cuadrado integrable flsico atemán
sprovechó ,1
(que hoy llamamos L2). De la noche a la mañana había nacido un trabo|o de iantnz
Y Poincafé,
segundo modelo del espacio de Hilbert. Estos trabajos abrieron *d«másdeta
cotaboradOn
la puerta a la introducción de nuevos espacios fimcionales como matemática
generalización de los ya conocidos: los espacios C y L con p> [ d, Hllbtrt

FQtOlWSRIOR
(por ejemplo, si p = 3, de sucesiones/funciones de cubo’ sumable/ OÉRKHA.
integrable, etc.). John von
Neumann,
E1 bautismo oficial del análisis funcional como tal se pro- discfpufo de
Hilbert que dio
dqjo en 1922, con la publicación del libro Lecciones de anáUsis nombre al especto
de Hilbert en
funcional, de Paul Lévy (1886-1971). Ese mismo año apareció honor de su
maestro.
publicada la tesis doctoral del polaco Stefan Banach (1892-
), que buscaba demostrar una retahíla de teoremas válidos
para diversos espacios funcionales sin fijarse en la naturaleza
concreta de estos espacios (en las funciones paiticulares que
los componían).
.1PUra°sar[lent'e’ muchas de las contribuciones de Banach al
r crona^ se fraguaron en la ruidosa atmósfera de un
énora^ h coces ^polis (b^jo jurisdicción polaca en la
dor earxh ^ UerTlpo que demostraba su fama de buen bebe-
meS ?a n0tas SObre el de la mesa o en una ser-
matemátiro^ ^ notas escritas por Banach y otros insignes
en llamar el Cunrí ° aCompanaban fue Jo que después se ha dado

AXIOMATIZAR LA FfSlCA 97
AXfOMATlZABLAFlSlCA
ima axiomática coherente independiente de las w <
CUANTOS, MATRICES Y ONDAS
y que, por añadidura superase ese confuso baübu^
^ipios, leyes y recetas de calculo en que consistíalaS
Tras mü y un mtentos fallidos de expUcar la radiaeión del cuerp0
Sticaautígoa.
negro (esto es, dentro de una cavidad cerrada), el Hsico alemán
Max Planck (1868-1947) lo consiguió ai postuiar que la emisión y
la absorción de energía se realizan siempre en paquetes, de forrna «E1 optimismo lo aprendí de Sommerfeld, la felca
discontinua o «cuantizada». La energía, como el dinero, no toma de Bohr y 1=* matemáticas en Gotinga,,
valores dentro de un rango continuo, sino solo en unidades dis-
cretas. La «discretización» dictadapor Plank fue un acto desespe- HE18KNBM6.
rado en toda regla EI origen heroico de la teoría de los quanta se
remonta, por tanto, al 14 de diciembre de 1900, cuando presentó En 1925, un joven físico llamado Wemer Heisenberg (1901-
públicamente su ley de radiación del cuerpo negro. ,976) privatdozent en Gotinga, sentó las bases de la mecánica
Pero el dmmatis personae de la teoría cuántica antigua ín- ^uántica mientras se recuperaba de un severo ataque de alergia
cluye, amén de Planck, los nombres de Albert Einstein y Niels retirado en una isla. Heisenberg insistió en que el conjunto de
Bohr (1885-1962). En el annus mirabüis de 1905, Einstein aplicó todas las frecuencias y amplitudes de la radiación emitidaporun
la hipótesis cuántica al estudio de la luz: las ondas lumínicas átomo puede considerarse una descripción completa del sistema
están compuestas de pequeñísimas partículas (que solo poste- del áromo, aunque no sea posible interpretarlo en el sentido de
rionnente recibirían el nombre de fotones), como quedaría tes- ona trayectoria electrónica que provoca la radiación, puesto que
tado en el efecto fotoeléctrico. Hasta bien entrado el siglo xix, las órbitas de los electrones dentro del átomo son inobservables.
la visión corpuscular de la materia, heredada de Newton, había Además, comprobó que estos copjuntos de números (que, mate-
dominado sobre la visión ondulatoria. Hacia 1900 existía una con- máticamente, correspondían a los coeficientes de Fourier de la
cepción híbrida: los sólidos y los fluidos (líquidos y gases) eran expresión clásica del movimiento del electrón) no conmutaban.
vistos como compuestos de partículas, pero la radiación electro- Con otros términos: a diferencia de las clásicas, las cantidades
magnética se concebía como ondas. Y ahora resultaba que los cuánticas cimiplen, en general, que QP*PQ. Meses después, dos
físicos tenían que rechazar la concepción clásica de la materia colegas de Gotinga, el físico Max Bom y el matemático Pascual
(onda o partícuJa) en pos de una nueva concepción: onda y par- Jordan (1902-1980), reconocieron que estos conjuntos de nume-
tícula (como en el caso de la luz). ros Q y p se comportaban como matrices matemáticas, pese a
Por su parte, en 1913, Bohr, un becario —gracias a una cono- que el propio Heisenberg no sabía siquiera lo que era una matinz
cida marca de cerveza— en el laboratorio de Emest Rutherford (según confesó). La mecánica cuántica matricial creció en e jar
(1871-1937), cuantizó el átomo a fin de explicar los espectros dín al cuidado de Hilbert. No obstante, Gotinga esíaba divi a
atómicos. Las rayas discontinuas de los espectros eran conse-
dos grupos. Hilbert y los suyos hablaban del gran éxito caI^
cuencia de la cuantización de la energía de los electrones dentro
^ediante la introducción del cálculo de matrices en
del átomo. Desgraciadamente, el modelo atómico de Bohr fra- fras Qhe otros abominaban del tedioso espíritu matema
casó aJ aplicarse a átomos multielectrónicos, y los físicos fue-
^undaba la física atómica. „ ,/icq7-1961)
ron convenciéndose de que era necesario un cambio radical en
En la Navidad de 1925-1926, Erwin Schródinge^( ba
los fimdamentos de la física: una nueva clase de mecánica —flue
umbró la mecánica cuántica ondulatoria, nuen . ^
Max Bom (1882-1970) denominó mecánim cuánticar— que pre- - lUl „

AX/OMATIZAR LA FÍSICA
AXtOMATlZARLA*'**
T

bras de Hermann Weyl, su colega en Zúrich). A diferencia h


los imberbes físicos y matemáticos de Gotinga, pero al igUa| e
gran parte de la vieja escuela, Schrodinger no se sentía espe^
mente cómodo con la «mecánica cuántica de los Tres Hombre ^'torio cuya función de onda 'V sería la enc^T^^0 on'
(Heisenberg-Bom-Jordan). Buscando una teoría más intuitivS' Íttado'del sistema. Su trab^o tuvo uoa acogi^J^

UN PROBLEMA, DOS SOLUCIONES oscilación. En fisica cuantica, los autovalores E son Drer¡«
niveles de energía del electrón del átomo de hidrógeno i VfH*' '°s posibles
Atrevámonos a bucear un poco más profundo para averiguar cómo resolvía estos autovalores dan las frecuencias de loscuantos de iU7 (-Sf ' erenc'as entre
cada mecáníca cuántica el problema de hallar los diferentes niveles energéti- describiendo asi la estructura del espectro de radiación h |0neS)em,tidc>s'
cos del electrón del átomo de hidrógeno. En la mecánica matrícial habia que parte. los díferentes estados del electrón vienen dados oor i! P°r su
«diagonalizar» la matriz hamiltoniana H. que mide la energía total del sistema
esto es. determinar una matriz S de manera que la matriz W-S 'HS sea una
matriz diagonal; puesto que asi los elementos diagonales En son los valores
energéticos del electrón.
átomos. Con sus prop.as palabras: «Desarrollé mi teorla deintinitasvaril »!
e incluso la llamé análisis espectral sin ningún presentimiento de
tarde encontrarfa una aplicación para el espectro real de la fisica» Fue un¡

Por su parte, en la mecánica ondulatoria, se trataba d<


ondas de Schródinger. esto es, la siguiente ecuación

donde es la función de onda (independiente del ti


f,a energía; sí definimos el operador hamiltoniano c
la energia cinética més la energía potencial). la ecua
cnbirse. equivélentemente, que determina
problema de autovatores o problema de Sturm-Uom
a los matematicos franceses Jacques Cbarles Franc,
admlte ü?UVÍIIe 0809-18e2>- asi porque e;
adrmte solucon para ciertos valores de u, y de E qu
autofurciones y autovatores, respectivamente.

Autovaiores
En la ffsica cláslca, ios autovafores determinoban ocr

JaCques Charles FranCois Sturm (izquierda) y Joseph Liouville.

700
AXIOMATiZARLAFfelCA 101
AXIOMATIZAR LA FISICA
poraue resolver una ecuación diferencial, una cosa que los fisiCrK
habían hecho durante siglos, parecía mucho más sencUlo que J
Iflgdo8
contrar la solución de ciertas ecuaciones matriciales.
Así pues, el panorama que se les presentaba a los físjcos F] único objetivo de la física teórica es calcular resultaón
comienzos de la primavera de 1926 difícilmente podía resuita,.
se puedan compararcon la experiencia [...], Es ¿£2
más paradójico: disponían de dos mecánicas que exphcaban y
predecían los mismos fenómenos, pese a que cada una de eilas
innecesario que deba darse una descripción satisfactonadH
utüizaba un enfoque muy diferente y proyectaba una concepCión curso completo de l0s fenómenos»
muy distinta del microcosmos. Si Schrodinger calificaba la mecá-
— PA(il DíSac.
nicade matrices de «contraintuitiva>, Heisenberg no se quedaba
atrás y califkaba la mecánica de ondas de «repuisiva». Varios físi- £n el otoño de 1926, Pascual Jordan y el físico británico Paul
cos—el propio Schródinger, Carl Eckart (1902-1973) y Wolfgang Adden Maurice Dirac (1902-1984) comenzaron a elaborar por se-
Pauli (1900-1958)— se ianzaron a esclarecer Ia relación formal oarado la teoría de Las transfo'nn.aciones, a fin de unificar de una
entre ambas mecánicas. Su conclusión fue que ambos formalis- por todas ambas mecánicas cuánticas. Como las cantidades
mos eran matemáticamente equivalentes, aunque su demostra- cuánticas introducidas por Heisenberg defiman un nuevo tipo de
ción de que se podían construir las matrices Q y P a partir de las álgebra para el que la multiplicación no era conmutativa, Dirac de-
funciones de onda así como recíprocamente, no fue del todo cidió llamar q-números a las cantidades que así se comportaban
correcta. (aunque la «q» no era por quantum, en inglés. sino por queer, que
De hecho, fue mérito de Hilbert reconocer la profunda simili- significa «extraño», «poco usual»). Pues bien, el álgebra abstracta
tud entre ambos fonnaüsmos. Hilbert se rió mucho de Bom y Hei- de los q-números admitía diversas representaciones o imágenes
senberg porque, cuando descubrieron la mecánica matricial, se (a la manera que im mismo sistema de axiomas puede adnutir
encontraron con el mismo tipo de dificultades que, por supuesto, varios modelos), siendo dos de ellas las mecánicas matricial y
todos Ios matemáticos encuentran al manipular matrices infinitas.
ondulatoria. E1 problema es que para asegurar que todas las trans-
Cuando fueron apedirle ayuda, les dijo —recordando sus trabajos
formaciones entre imágenes de la mecánica cuántica funcionaban
sobre ecuaciones integrales de veinte años antes— que las úni-
correctamente, Dirac tuvo que recurrir al empieo de un ente ma-
cas veces que había tenido que ver con matrices fue cuando estas
temático ficticio: la función delta. Una función que, en verdad, no
aparecían como subproducto del estudio de autovalores de una
era función. Para los físicos se trataba de una idealización ütil,
ecuación diferencial con condiciones de contomo (en otros ternu-
^05 matemáticos se encargarían de rigorizar. Para los mate-
nos, cuando una ecuación integraJ se transformaba en un sistema
máticos, en cambio, era ima noción sospechosa, sin realida ma
de ínfinitas ecuaciones lineales). Les sugirió que si encontraban
^mática, cuyo uso solo se justificaba por las aplicaciones cas
Ia ecuación diferencial que originaba esas matrices, probable-
k fiinción deita de Dirac le aguardaba un triste sino, pues
mente obtendrían más información. Heisenberg y Bom pensaron
e esperar hasta 1950 para encontrar su acomodo dentro
que era un comentario para salir del paso, y que HiJbert no sabía
e°na de distribuciones creada por Laurent Schwartz ( . s
reaimente de lo que estaba hablando. Así que más tarde Hilbert
1(ÍIUras tanto, su falta de rigor dejó helados a los m e
se divirtió mucho indicándoles que podían haber descubierto la deG,°tinga.
“a onduIatoria de Schródinger seis meses antes que este,
si le hubieran hecho caso, claro. Esta fue la senda que, de facto, tino^ Gn estas>110 joven llamado John von Neumann Ü %'
como ayudame de lülbert. Tras haberse doctorado con una

103
axiomatizarlafIsica AX.OMATIZARLAÍISICA
T

35 "ma cuántica empieanao su querido método axi^S°bre


con^Erterd Sctoídí cnBerlíTS ento^
CC rili de Von Neumann dio alas al proyecto. CapitanefT’U
Hilbert estaba tratando de encontrar un modelo matemático ra,,' llegl'íos tres se embarcaron en la búsqueda de m mart,d P°r
nable para la mecánica cuántica; pero su tratanúerrto axiomáti£ ^Íadecuado, completamente riguroso. Así,, 10 larg0
ibaretrasado porque sufría ona anemia pemiciosa (una enfermp
<bieron juntos un arriculo trtulado Sobre los fundamai¿ ¡¡
dad mortal en esos años, de la que solo se recuperó gracias & '
tlecánica cuánnca. Hrlbert quena exploUr la fonnulación £
¡nsólito tratamiento experimental a base de extracto de hígatto'
Ll de 109 problemas físicos, que le parecía más versátil que la
A cabaBo entre 1926 y 1927, solrcitó a su asistente en física, Loth¿
vSante diferencial expresada mediante la ecuación de ondas o
W. Nordheim, que desmenuzara para él el contenido de las a[,j

/Vvn(x)- /Mx.y^OÓcfy,
LA FUNCIÓN DELTA DE DIRAC

En la mecánica matricial, se trataba de hallar una matriz S de manera que la es decir. si todo operador hamil-
matriz W=S-'HS fuese diagonal. Si se despeja HS en esta ecuación. queda toniano pudiera escribirse como
HS=SW. Y. si empleando la regia de multiplicación de matrices se escribe lo un operador integral. Pero. iesto
que significa esta última ecuación para los elementos de cada matriz. se ob* no era siquiera posible para un
tiene un sistema de infinitas ecuaciones lineales (que recuerda al que aparecía operador sencillo como la iden-
al transformar una ecuación integral): tidad (definida por para
toda función de onda)! Dirac no
D] se amilanó ante las dificultades
y, para salvarlas, recurrió a la
Por su parte. en la mecánica ondulatoria se trataba de resolver la ecuación de función 6. Esta función singular
ondas de Schródinger Hy=Ey. determinando los autovalores solución. Si en está definida por 6(z)=0 para
Diagrama esquemático de la detta de Dirac: una
la ecuación se introduce la autofunción iyn asociada al autovalor En, se llega a: todoz*0 [3] y. paradójicamen-
«funclónu que vale 0 en lodos sus puntos menos
te,/6(z)cfz=l [4]. ¿Cómo imagi- en el orlgen. donde vale infinlto, para asl Integrar l
HVn - EnVn. 12] nar una función que vale 0 en
todos los puntos menos uno y,
Tanto Hilbert como Dirac. una vez que reformularon ambos problemas de esta sorprendentemente, integra 1? Ahora bien, aceptando esta ficción y tomando
forma, procedieron a compararlos y observaron que [1] y [2] presentan una ft(x,y)=8 (x-y) como núcleo de la ecuación integral de arriba, puede expre-
estructura semejante: Hamiltoniano x XVZ=Energía x XYZ. En consecuencia, sarse la identidad. por ejemplo. como operador integral sin más que ap icar
la pregunta que se hicieron fue: ¿qué condiciones hay que asumir para po- las propiedades magicas de 6:
der igualar término a término la ecuación [1] de la mecánica matricial con la
ecuac ón [2] de la mecánica ondulatoria? Como «integrar» es en el reino de lo
contmuo (o análogo a «sumar» en el reino de lo discreto (el símbolo/provie- HWxy*Sh<x,yWy>cfy « ¡Kx -y>l'(y)dy -Vx)/6(-x- y)dyí’ ^)'1-^
íf'n una sucesíva estilización de la letra s larga). pensaron que
miemhrrTrta m !UfitfÍtUÍr “en el paso de lo discreto a lo continuo- al primer V, mediante cálculos similares, puede demostrarse que cufl'f^rr^)Cán¡cas
ambas ebla dy. Por consiguiente. la unificación entre Puede representarse como operador integral, de modo qu
con el Drimnr m'í cuant(cas se lo9raria si esta última expresión coincidiese cuánticas resultan a fortiori unificadas.
con el primer miembro de [2], resultando;


104 AXlOMATlZAfHAFÍSlCA
AXIOMATIZARLAFISICA
la versión discreta en términos de matrices. A1 íguai <we hieiera
físico húngaro Comel Lanczos (1893-1974) en 1926 (un mes antPí
curiosamente, de que Schródinger pubhcara su famosa eeuacióm' 1.0S ESPACIOS «EQUIPADOS» DE HILBERT

Hilbert, Nordheim y Von Neumann desarrollaron la mecánic ’


La mecánica cuántica de Von Neumann. impecable Dar3 (a
cuántica utilizando ecuaciones integrales. Sin embargo, ei resuJ tropezó con el hecho de que los ffsicos preferian la mater"ét¡cos,
tado de este primer acercamlento no fue muy saüsfactorio, ya rac. por cuanto resultaba más útil pese a su carencia *Z? JUántica * W-
que no pudieron esquivar el callejón sin salida de la clelta de Dira,. tiempo. gracias a los trabajos de Laurent Schwartz y Ale*Ln el paso del
en análisis funcional allé por los años cincuenta y sesenta I I Grothendieck
para pasar de una forniulación a otra.
adquirieron carta de naturaleza matemática al ser formal^Hf^0'^3
Sería Von Neurnaim en solitario quien concluyese la tarea de ciones generalizadas o distribuciones. Asi. el formalismode Dirar^n
fundar axiomáticamente lamecánica cuántica. Lo haría entre X92B sospechoso matemáticamente. al englobarse dentro de los
«,equipados»(o tnpJetes de Gelfandy. La idea es ligar Jo
y 1932, publicando una serie de cinco artículos y un monumental
de von Neumann (el riguroso espacio de Hilbert) y lo mejor del
tratado, Fundamentos matemáticos de la mecánica cuántica Dirac (la útil función delta) dentro de una estructura matemática consSení
A fin de dar un soporte matemático firme a la teoría cuántica, Con este fin, se procura ir más allá del espacio de Hilbert de cara a tocorZÍ
rechazó tanto el uso de las funciones delta de Dirac eomo la pre- objetos tan singulares como la función delta. pero sin perderal mismotiemDo
|a buena geometría del espacio de Hilbert. La solución consiste en conside-
dilección por las ecuaciones integrales de Hilbert. Su arma fue
rar una estructura alrededor del espacio siguiendo el espiritu de ia teoria de
otra; el análisis funcional. Creó un marco axiomático abstracto distribuciones: se toma el espacio de Hilbert usual y se equipa con otros dos
el espacio de Hübert (llamado así en honor de su maestxo), que espacios, uno más pequeño y otro más grande, que contienen respectiva-
mente todas las funciones buenas (funciones test) y todas las funciones malas
englobaba los casos particulares matricial y ondulatorio.
(funciones singulares, como la h de Dirac). Al conjunto de estos tres espacios
Los espacios matemáticos sobre los que se construyeron la es a lo que se denomina espacio «equipedo» de Hilbert o triplete de Gelfand.
mecánica matricial y la mecánica ondulatoria eran muy diferen-
tes: uno era discreto y algebraico; el otro, continuo y analítico. En
consecuencia, como se percató Von Neumarm, no era de extrañar
que la unificación entre ambos no se pudiera lograr sin cierta vio-
lencia sobre el formalismo y la matemática. Sin embargo, observó Schródinger —centrada en funciones e integrales— eran mate-
que los espacios de funciones definidos sobre eilos eran, esencial- máticamente equivalentes al no ser más que cálculos sobre dos
mente, idénticos. En efecto, los estados del átomo se representa- espacios de Hilbert isomorfos, idénticos.
ban en la mecánica matricial mediante sucesiones de números de Pero Von Neumann hizo mucho más. Hasta entonces se en-
cuadrado sumable, de modo que el espacio funcional que estaba tendía por espacio de Hilbert uno de los dos espacios concretos i2
detrás era i2) esto es, el espacio de HiJbert por antonomasia. Mas °Lr É1 fue pionero en concebir un espacio de Hilbert abstxacto,
aún, las fimciones de onda de la mecánica ondulatoria eran siem- en s^ntido actual. Abandonando cualquier representación con
pre de cuadrado integrable o, lo que es lo mismo, pertenecían al creta> tíabajó intrínsecamente con las nociones obtenidas direc
espacio funcional Lr Y para estos dos espacios era válido el teo- jamente de los axiomas, logrando extender la teoría espectr
m/vf ^sc^ier'^esz’ ^ien conocido por los matemáticos desde ilbeit de acuerdo a las necesidades cuánticas.
, que establecía que ambos espacios eran isomorfos. En resu- Hilbert babía asentado a principios de siglo las
men, Von Neumarm resolvió el rompecabezas de la equivalencia
PMio inltaito-dimensional. Pero fue un favor de la fortui> 9
matemática entre mecárúcas cuánticas al mostrar que la mecánica
*a teoría matemática tan abstracta, gestada con yem
e eisenberg centrada en matrices y sumas— y la mecáiuca de ^ación, le viniera como anillo a) dedo a la mecaiuca cuanuc

AXIOMATIZAR LA FlSICA AX/OMATiZARl


CAPÍTULO 4
npsde entonces, la estroctura matemátKa de la fis.ea cuáwfc,
<W «vaoio de HUbert. La d^cnpc.on del es.ado de ?n
^Tcuántico se ha,-e por med.o de un vector de ese
v nuumiwdes físicas tales como la energia se estudian median,-
"3ores definidos sobre el espacio de Hilbert. A resultas de |a
apancion áe Ia mecánica cuánrica la teona de los espacios de HiJ
bert quedó fundada axiománcamente, con el propio Hilbert como
La crisis de fundamentos
tesúgo de excepción.

Con la efervescencia de la lógica


matemática y de la teoría de conjuntos se consiguió
tratar un concepto que hasta entonces se había mostrado
íntratable: el infinito. Pero con ello se profundizó la fractura
que recorría la base de las matemáticas. Laproliferación de
paradojas mostró que la matemática estaba edificada sobre
arena. Los matemáticos se lanzaron entonces a una carrera
para refundax su ciencia. Algunos matemáticos tomaron
partido por el logicismo de Frege y Russell; el resto
se escindió en dos bandos irreconciliables: los
intuicionistas, abanderados por Brouwer,
y los formaiistas, dirigidos por Hilbert

axiomatizarlafísjca
Hacia 1920, Hilbert viró sus intereses hacia el inquietante territo-
rio de los fundamentos de la matemática. Un campo que cultivó
en exclusiva durante los últimos años de su vida como investiga-
dor. En cierta manera reanudó con fuerzas redobladas su examen
de las bases de la matemática, aunque ahora con unos objetivos
mucho más ambiciosos que veinte años antes. No se enfrascó en
la tarea en solitario. Lo hizo acompañado por dos fieles escude-
ros: Paul Bemays (1888-1977), uno de sus asistentes en Gotinga, y
Wilhelm Ackermann (1896-1962), un profesor de secundaria que
había sido alumno suyo (y a quien rehusó dar un puesto universi-
tario cuando se enteró de que iba a casarse y tener familia, lo que
a su juicio le distraería de la investigación). Como parte de esta
actividad, el matemático alemán y sus más íntimos colaboradores
se vieron envueltos durante el período de entreguerras en una
serie de vívidas discusiones con importantes matemáticos euro-
peos que mantenían visiones opuestas a la suya.
Es costumbre anclar el iiücio histórico de las reflexiones en
tonto al quehacer matemático allá por el último cuarto dei siglo
*“•Sin embargo, la curiosidad por la naturaleza del conocinuento
^atemático no es nueva. Es bimilenaría. Así, la primera cnsis
e ftindamentos se produjo en la antigua Grecia, cuando la m
^fica pitagórica se resquebrajó. Los pitagóricos pensaban q
os íos números eran racionales, como casaba con su cosm

FUNDAMENTOS
LACRlSISDE
síón pero pronto descubrieron que también había números iíUst£n (sigl^ iv d.C.) a la cabeza, aseveraban que la ,
cimales (como v/2). E1 descubrimiento de los inconmensm^,^ ^inita de los números existia en acto en el intelecto tahdad
hizo anicos su matemática. Los números racionales no agotaban
la realidad. E1 continuo real (una recta, por ejemplo) no está f0r.
mado por una colección dist'reta de átomos individuales. Los ^
bajos en fundamentos de Eudoxo (siglo nr aC.) alejaron el horror
al infinito irracional y pusieron los cimientos sobre los qUe Se
edificó la geometria euclidea.
Por su parte. como \-amos a comprobar, los trabajos llevados
„q derto número por grande que sea?
El préstamo del término platonismo del camno fiintós

n,ano derecha de Hübert, Paul Bemays, impartió en 1934. bL»


quería
uenta en

bautizar con un nombre sugerente ei modo de razonar de


las matemáticas modemas, en que los objetos matemáticos no
a cabo a propósito de la segunda crisis de fundamentación, ya en se construyen, sino que se toman como dados. Para Cantor. por
el sigk) xx, sirvieron para clarificar en qué consiste el método, el tyempio, la realidad de los números era mucho mayor que la reali-
rigor y la verdad de la nueva maremática, más axiomática que 'm- dad del mundo sensorial, ya que los ntimeros existían en forma de
tuitha, antes exLstencial que constructiva. A continuación, como ideas etemas en el intelecto divino. Gódel iba todavía más lejos y
paso prpvio a conocer la aportación de Hilbert, necesitamos pre- tomaba los conjuntos matemáticos como objetos tan reales como
sentar Jos escoUos a que tuvo que hacer frente. Entre ellos, una los cueipos físicos. Para los matemáticos platónicos, que han sido
serie de concepciones de la matemática antagónicas, que no apa- y son legión, los teoremas matemáticos no se inventan sino que
recieron de la nada sino que —-al igual que la que defendió nues- se descubren.
tro protagonista— están enraizadas en la propia evolución de la E! talón de Aquiles del platonismo es que sobrepuebla los
más segura de las ciencias. La expansión del análisis matemático cielos. E1 platonismo funciona bastante bien cuando se trata de
desde principios del siglo xlx es. en coqjunción con el arraigo de la defender que realmente existen entes matemáticos senrillos (el
teoría de coqiuntos y la lógica matemática, el hilo conductor de triánguio en general, ei cuadrado en general o, quizá también, la
una disnplina que se ha dado en llamar Jüosofía o fundamentos totalidad de los números naturales). Pero se viene abajo en cuanto
de las maicmótirwi. Pero volvamos por un momento ia mirada a abandonamos los objetos de la matemática antigua y pasamos a
ios orígenes...
considerar los artificiosos objetos de las matemáticas contempo-
ráneas: las clases, los conjuntos, las funciones y las complejas
cstnicturas abstractas que fueron saliendo al paso a lo largo del
siglo XIX.
¿ES OIOS UN MATEMÁTICO?

E! platonísmo es, históricamente, la fiiosofía originaria de


matematjcas. Platónicos han sido Platón, Cantor, Gódel... ei
EL LABERINTO del cálculo
** matemáticos. Pero, curiosamente, el primer j
todo es^m' Ue ^11’ SÍJ10 que creía ciegamente < griegos fundaron la geometría y subordinaron a ella !a arit
existenrií» ^ ,OS °^etos matemátícos están dotados ,Ca' ^ero aritmética fue independizándose de la geome a
cunferenciLL extatíri números como los triángulos o las ^ concurso del álgebra, lo que posibilitó, dos mil anos
sus instancias y de LLLiLT “ miSni0S’ indcP™dlentemí‘,,t<“ «I áw ’la redllcción inversa. La geometría encontró
y ae nuestras mentes. Los neoplatónicos, con ¡
a,gebra. que descansaba a su vez sobre la aritmética, reforzada

LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
UCBISISDEfUNOAMENTOS
T

, „,lWo cá]culo de Newton y Leibna. Pero la anímetfó^ Ul» n1T _ lns puíttos de la recta en dos clases ky**., p^ci0n
?" "Temáücas que se Uevó a la práctica entre los siglos *
*’f,B , lo. fc.'ÓJtLto
de risab^de una vuelta al rigor griego, que renunciara a l0s ^pros racionaiea au*. “muerosrealesno I0 son- n.
jivhi precisaba c¿jcui0 con infinitésimos. °s
■Juier corte que hagamos en 1» recta siempre eáste un *££
juegos^iem^tte^ ]aoscuridad del^álisis matemático
ÍÍe produce la dms.on de la recta en dos trozos. Si P,alf
eracJ absoluta. Augustin-I^uis Cauchy 1789-1857 rompió con
llníaque Dios geometnza etentamente, Dedekmdproponiae"
la tradición infmitesimai y refundó el anabsm sobre las nociones na de que el hombre antmetiza etemamente. Todos los numeros
de iínúte y función. E1 refinamiento del concepto de función fue lenta
habían reducido, en el fondo, a números naturales. Toda una
simultáneo al desarrollo de las teorias de derivacón e integración. se
/aña intelectual. Pero, ¿qué eran los números naturales?
Pero el Curso de análúis de Cauchy, que vio la luz en 1821, se
apoyaba a su vez en la noción de continuidad. Tanto el cálculo
de línútes como el manejo de funciones precisaban de una defini-
ción cuidadosa del continuo de números sobre el que se operaba. . A lógica como llave maestra
Pero ¿qué era exactamente el continuo? Las demostraciones de
pg lAS matemáticas
los teoremas fundamentales del análisis necesitaban de una de-
mostiación previa de la continuidad de la recta de números rea-
Es dentro de este panorama donde la aritmética asemejaba un
les. Los que enseñaban el cálculo no conocían las demostraciones
árbol que crecía hacia arriba sin cesar, al tiempo que sus raíces se
correctas de los teoremas e intentaban que las mistificaciones ofi-
hundían en las proñindidades, donde hizo acto de presencia la pri-
ciales se aceptasen como un acto de fe. Esto ocurría hasta con un
mera corriente fundacional: el logicismo. Para conocerla hay que
teorema tan básico con ei de Bolzano (1781-1848), que afirma que
acercarse a su primer defensor: Gottlob Frege (1848-1925). Este
si una función continua toma valores de signos opuestos en los
matemático alemán reparó en que toda la matemática descansaba
extremos de un intervalo, entonces existe un cero de la función
sobre Ios números naturales; pero, ¿cómo construirlos? La clave
en el interior del intervalo. Algo similar sucedía por la misma
estaba, a su juicio, al amparo de la lógica.
época con la geometría, y correspondió a Hiibert, según vimos en
Frege pasó su vida como un huraño profesor de la Universidad
el capítulo 1, aclarar la noción de continuidad.
de Jena. Tenía tan pocos alumnos que durante algún curso solo
Mediado el siglo xix, el problema fundamental residía, por
asistieron reguiarmente a elase dos, un filósofo y un comandante
tanto, en construir los números reales (el continuo) a partir de los
retirado que estudiaba por hobby. Era incapaz de conversar de otra
números racionales, ya que se sabía cómo construir estos a par-
tir de los enteros, así como los enteros a partir de los naturales. cosa que no fueran la lógica y las matemáticas, y siempre recondu-
Naturales, enteros, racionales, reales... el total de la matemática cía cortésmente cualquier conversación hacia ellas. Frutode esta
Eln 1872 se sucedieron ias construcciones de los números reales. peculiar obsesión fue su Conceptografía, publicada en 18/9 y que
En primer lugar, la teoría de los números reales que pudo recons- Uevaba por subtítulo Un lenguaje defármulas similar al antme-
truirse a partir de los apuntes de clase de Weierstrass, que identí- fco pa.ra el pensamiento puro. Frege vertió nuevos vinos en los
ficaba cada número real con una suma infinita de racionales. En riejos odres de la lógica, creando la «lógica matemática».
segimdo lugar, la teoría de Cantor, análoga a la de Charles Meray La lógica tradicional venía gozando de una mala salu
(1835-1911), en la que cada número real era el límite de una suce- erro> pese a que, según todas las apariencias, se haBaba e
sjon de racionales. Y, por último, la teoría de Dedekind, en Que Vamente concluida desde Aristóteles. Pero la lógica comenz

na LA CRISIS DE FUNDANENTOS
LACRÍSISDEFUNDAMENTOS

uM.
1» matemática. Tanto Ramon Llull (1232-1315) en
S^como Juan Caratnuel (1606-1682) en 1Wathesis Audax
aXiomas de peano
hlhían concebido unasuerte de algehra logim en laque todas b,
verdSesderazónquedaríancomprendidas dentro de unasuerte 1888. Ricbard Dedekind publicó ¿Qué
rlulo en una escritura universal, que Leibnrz bautizó coino y para pué sirven /os números?, un
nfluyente Iibro con sabor logicista del
cakulus mtiocinalor. No habria necesidad de mas controversias
' Hilbert bebió de joven. Sin embargo,
entre filósofos, pues estos las solucionanan como si fueran con- Oedekind definió los números naturales
tables Se sentarían en sus mesas, cogenan sus plumas y se dirían de un modo esencialmente diferente a
mutuamente: ¡calcuiemos! Estas semiUas germinarian en el álge. Frege. En 1889. dentro de un libro titula-
do Principíos de la aritmética., expuestos
bra de la lógica que George Boole (1815-1864) planteó en Las
según un nuevo método, el matemático
leyes del pensamiento, de 1854. ¡taliano Giuseppe Peano recogió el tes-
Pero Frege estaba más interesado en una lógica del álgebra tigo de Dedekind, aunque era descono-
que en un álgebra de la lógica, y en la Conceptogmfía formalizó cedor de su obra. y definió los números
naturales por medio de tres conceptos
la lógica de proposiciones y la lógica de predicados o de primer
primitivos (el cero. la función sucesor y
orden, es decir, de los razonamientos que hablan de ciertos obje- la igualdad) y cinco axiomas;
tos y de las propiedades que satisfacen estos objetos, pero no de Giusepp» Peano hac/a 1910.
las propiedades que a su vez verifican estas propiedades Qo que 1. Cero es un número natural.

pertenecería a la lógica de segundo orden). Posteriormente, en


2. Cada número natural tiene un sucesor.
Fundamentos de la aritmética (1884) sentó las bases del pro-
grama logicista, que desarrollaría en los sucesivos volúmenes de 3. Cero no es el sucesor de ningún número natural.
Las leyes fundamentaks de la aritmética, deducidas concepto-
4. Dos números distintos tienen distintos sucesores.
grájicamente (1893-1903). Frege sostenía que la lógica era ante-
rior a la matemátáca y que, por tanto, los conceptos matemáticos 5. Si un conjunto A contiene el cero y cada vez que contiene im número
debían ser reducidos a conceptos lógicos. La matemática no era contiene también el siguiente, entonces A contiene todos los naturales.
sino un apéndice de la lógica.
El quinto axioma recibe el nombre de principio de inducdón y desempeña
Por consiguiente, la aritmética era, en última instancia, ló- un papel fundamental para probar teoremas sobre los números naturales sin
giea, y las nociones aritméticas tenían que ser analizadas en tér- tener que comprobarlos para cada uno de ellos, de uno en uno. Este principio
minos puramente lógicos: «calcular es deducir». Con sus propias formaliza esa intuición de que cuando se tienen todas las fichas del dominó
colocadas en hilera, la caída de la primera de eilas (el cero) impl'tca la caida de
palabras: «todo teorema aritmético es una ley lógica, aunque de-
todas las demás (todos los naturales). A partir de estos axiomas, puede defi-
rivada». Simplificando el rigor mortis de los escritos fregeanos, en nirse la suma y la multiplicación de números naturales, así como ordenar os.
los que la pedantería y la precisión se reparten por igual, puede El resultado es conocido como aritmética de Peano.
decirse que Frege vino esencialmente a definir los números me-
diante clases, es decir, mediante corquntos o colecciones. A cada
número natural le correspondía la clase de todas las clases que
eran sutulares (equinumerables) con una dada. Por ejemplo, el
numero 3 es lo que tienen en común todas las clases siguientes.
ojas de un trébol normal, los colores de un semáforo, etc. la clas h Clases' En genera1. Frege
e e todas las clases vacías, el 1 con ia

IA CRISIS DE PliNDAMENTOS
lacrisisoekunoamentos
T

, Anle que la aritmética, y con ella todala matemá,-


clases unitarias, etc. V, puesto que solo hay tma da.se vacfa (
C1 _OK o = 0. E1 El numero i1 se aerirna
definia entonoo^
entonces _ 4Ue 'ÜC^ba)earse. E1 sentido común no era un faro lo V°Ivía
se denotacomo 0), c°mo
la dase'dc”todas las clases equinumerables con la clase (0)' 8 mantener a los matemáticos a salvo del nes^¡ P°de‘
posce un único elemento. De una manera análoga se qefillia\' toS *ontra los escarpados salientes de la lógica 8 de

resto de números.
Desgraciadamente, el axiáaz programa fregeano sería PUest
en entredicho por la proliferación de paradojas lógicas. En SUs
obras, Frege siempre partía de un principio: el prmcipio de COm, lA proliferación de paradojas
prehensión, que postula que a cada concepto es posible asignar]e
su extensión, es decir, empleando términos más actuales, que Hasta la primavera de 1901, cuando Russell tropezó con su pro-
todapropiedad determina la clase de los elementos que satisfacen pia paradoja, se consideraba, de acuerdo con Frege, que a cada
esa propiedad. Este axioma de existencia de clases era la «Ley propiedad le corresponde una clase: la clase conformada por las
Básica V» de Las leyes fundamentales de la aHtmética, y fue entidades que poseen esa propiedad. Russell estaba estudiando el
responsable de la colosal defunción del logicismo fregeano. En comportamiento de las clases propias, esto es, aquellas que son
una carta del 16 de junio de 1902, un joven matemático llamado miembros de sí mismas. Pongamos por caso, la clase de todas las
Bertrand Russell (1872-1970) informaba al profesor Frege de que clases (que, como es otra clase, se autopertenece) o la clase de
era posible deducir una contradicción dentro de su sistema a todos los conceptos (que, como resulta ser otro concepto, tam-
partír de esa maldita ley. La paradoja de la clase de Russell, que bién se autopertenece). E1 vicio lógico es irremediable: si en una
explicaremos más adelante, mostraba que hacer corresponder a biblioteca se coloca un catálogo con tapas negras de todos los
cada propiedad su clase asociada era, por más natural que pare- libros de la biblioteca que tengan tapas negras, dicho catálogo se
ciera, jugar con fuego. A1 conocer la antinomia, Frege añadió un autocataiogará.
apéndice al segundo volumen de Las leyes fundamentales de la Tomemos, ahora, con Russell, la clase R de todas las clases
aritmética en el que pretendía salvar el grueso de su trabajo res- que poseen la propiedad de no ser miembros de sí mismas, for-
tringiendo la aplicación del principio de comprehensión. Pronto malmente: R= [x: x £ x J, donde E es el símbolo de pertenencia.
se percató de que servía de poco, y paralizó la publicación del Y preguntémonos si R es miembro de sí misma, si R £ R es el caso.
tercervoliunen de su obra cumbre. Jamás se repondría del golpe. Vamos a comprobar cómo cualquier respuesta implica inmediata-
Impregnado de melancolía, reconocería sin esperanza pero sin roente la contraria. Si lo es, no lo es. Si no lo es, lo es. En efecto,
miedo el desastre:
^ReR, es decir, siR se pertenece así misma, entonces,pordefi-
hjción, R£Ry esto es, R no se peitenece a sí misma, ya que es la
Un científico no puede encontrar nada menos deseable que hallar cl®ses con esa propiedad. Pero, recíprocamente,
que todo el furidamento de su obra cae precisamente en el momen- R, entonces RE.R, puesto que cumple la propiedad que de-
to que le da fiu. He sido puesto en esta posición por una carta de e a clase de todas las clases que no son miembros de sí mismas.
Russell cuando este trabajo se hallaba casi terminado en rí ^11 clasSU^a’ se obtiene la contradicción: RSR si y solo siR¿R- La
prenta.
6 Se Pertenece a sí misma si y solo si no se pertenece a
Cuu: SITla' ^ussell quedó perpíejo ante el absurdo que había des-
rairari^T^ muestra de integridad intelectual, que Russell ad- e] ^0, ^Ina contradicción que posteriormente popularizó con
3 toda su F>ege le contestó a vuelta de correo cornu- 1 re de paradoja del barbero: el barbero de un pueblecdlo

118
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS 119
LACRtSISDEFUNDAMENTOS
. nlie gfeita a todos los hombres que no se afeitar, a s(
presime q ^ Entonces, un buen dia, al despertar <*,
"Jquién le afeita a él y descubre constemado que se afeita HOTEL INFINITO DE HILBERT
EL
pregunta q afeita a si mismo. E1 pobre barbero w
ci catedrático de Gotinga inventó una metáfora que exnlica

e “'“t Mr
El matemático francés llenn Poincare fue el pnmero en m-
v ciara algunas de las paradojas retacionadas con el mfinito
ticos descubrieron al nn.smo t,empo que las pafadolas pg^“ , p™'™*-
S,mDte

dicar aue la fuente de las paradojas que asaltaban la lógiea era parezca incretole. en un hotel con .nflnitas habUac,ones s,em™e h» a que
puevos huespedes. aunque el hotel las tenaa todas ocupato! c»51, Mra
circularidad, en forma de autorreferencia o autopertoneneia Laa camb.amos al huésped que se encuenlra en la primera habiíaci¿ a? “í?0- *
paradojas se sustentaban en el uso de defimciones impredieati. al de Ia segunda. a la cuarta; al de la tercera. a la sex(a yJ " S89unciir'
vas, de definieiones en que lo definido entra en la definición. Es hberamos todas las habitaoones .mpares, De modo que. como hay rtnit™
lo que, más tarde, RusseU denominó prinripio de circulo nir¡<m. números .mpares. no solo hay s.t.o para un nuevo vlajero que lledara aZ?
cepcton del hotel. s,no tamb.en para alojar a una cantldad Infinta dé viafe™
No es de extrañar, pues, que la violación de este prineipio coiv en ia mnrna s.tuaoón En ei mismo hotet de Hllbert podrlamos estabieceS
duzca a paradojas, antinomias y contradiceiones, mueluis di* cortciusiooes sorprendentes. ,nos
reconocibles incluso fuera de los lenguíyes formales, en los U*n-
- El tK)tel t-ene todas las habitaciones ocupadas y se marcha un huésped
gu^yes natiuaies. Sirva como ilustración la archieonocida puradoja
Entonces. e) numero de ocupantes sigue siendo el mismo (infinito).
del mentiroso, atribuida aEpiménides de Creta (y a la que inelino
san Pablo se refiere en sus cartas). En el verso de un poerna, Kpi- - S* se rrvarctvm todos los huéspedes que ocupan habltaclones pares, en-
ménides censura aios cretenses tildándolos de menrirosos. Pt*ro, lonces ei numero de ocupantes sigue siendo el mismo (infinlto).

siendo él cretense, su aíirmación, dicirn sobre si nusim», se trans-


- S*n emovgo s* se marchan del hotel todos los huéspedes que ocupan las
forma en «estoy mintiendo». En este caso, io que dice no puede ser M>*^:>ores oor ejemplo. de la quinta en adelante. entonces no quecte el
verdad, por lo que ios cretenses no mienten. Pero si no núenten, m»smo n^mero de ocupantes (ya solo habrla una cantidad finita).
Epiménides tampoco, por lo que los cretenses por fuerza mien-
Todo esto ry>s adv*erte de la gran flexibilidad del infinlto matemátlco y del
ten, y vuelta a empezar. cu-dado que rvay qua poner al realizar afirmaciones sobre él.
La lógica malemálica, como comenzó a llamarse gracias a
Peano, solo daba disgustos. Y Poincaré, que la consideraba inútii,
se burlaba: «Ya no es estéril; engendra contradicciones». Pese a
todo, el programa iogicista pergeñado por Prege iba a tener conu-
sus alumnos. que estallaron en rebeldía y ni siquiera se calmaron
nuación gracias ai desparpajo de Bertrand Russell y Alfred Nortli
cuando Peano les ofertó el aprobado general a cambio de que le
Whitehead (1861-1947).
P^rnútieran continuar dando clase enipleando su notación). En
En 1900, en un congreso intemacional de filosofía celebrado
^2, fiel al logicisino de Prege y al simboiismo de Peano, Rus-
en París, RusseU se topó con la reforma simbóiica de Peano. En
^ Pu^ticó Los principios de la matemática. Pero la luna de
1889, Peano había presentado sus Pi'incipios de la aritmética, en
con la lógiea duraría poco, pues poco antes de darlos a la
los queofrecía sus famosos cinco axiomas —incluyendo el princi-
^Prenta descubrió la paradoja que lleva su nombre. Hasta 1910,
pio de inducción— para ios números naturaies. usando im nuevo
sun oiismo que había diseñado. E1 simbolismo unidimensional Hab^jó codo con codo con Whítehead. Ambos matcmáD-
¡_ ****** tinta para salvar las contradicciones que las parado-
r, eai'° mej°r acogido que el simbolismo bidimensional de
ege en a conmnidad de lógicos y matemáticos (no asi entre OQn ían puesto al descubierto. Con losPrincipia mathcmauca
^13) sondearon más que nadie hasta la fecha los fun

130
C»ws»s D€ PUN0AMENT05
la clase de todos los pares, el 3 como )a
, . * las matemáticas. Esta obra deslumbrante signiflcú
eI 2 Ts Pero se 'Aeron obli8ad°s a introducir *todos
meT I mibort «la coronación de ia axiomatización».
'0SS ulara que para todo número existe otro mayor y^v°"!a
P" soslayar las paradojas, Russell y ^itehead fabncaron
Tl
aetipos,queexigequeparaqueXE ¥seaunafórr,lula
p ón no podía descansar en ninguna clase de
0° ^ peiición de
, los valores de Y han de ser del tipo mmediatamente
rStpo de valores de X De esta manera, ia propOSici*
m!temática fundándose a sí misma) sino en la propL TTu *
Z tnundo, al que se le prescribía que había de contene^T
Tclase de todas las sillas no es una silla» no es verdadera
ims Si no existieran infuutas cosas en el mundoTZ T °S
falsa sino carente de sentido, porque siilas solo pueden ser l0s
Ímámmo de n cosas, Russell y Whitehead serian incapa^
obietos no las clases de objetos. En otras palabras: se está come-
deílrnr el número »+1, ya que la clase de todas las (,+ i>tupla
tiendo él error de predicar una propiedad de un tipo a otro tip0
¡e„a vacíaal no haber n+1 objetos en elmundo. Hemiann Wevf
Aplicando esta alambicada teoría, los autores certificaron que las
discípulo de Hilbert, lo denunció con toda claridad,-
formulaciones que conducen a la paradoja de Russell dejan de
poníau a prueba la fe apenas algo menos que los primeros Padres
tenersentido: RSRes, ahora, una fórmula mal formada, al no
delalglesia
habermás que un tipo impficado.
E1 baiance fue que, en el mejor de los casos, Russeü y White-
head lograron reducir la matemática a una especie de megalógica
«Las matemáticas poseen no solo la verdad, sino la suprema
de parafco de los lógicos. Para decirlo contundentemente: la tesis
belleza, una belleza fría y austera, como la de ima escultura.» Iogicista, o bien es falsa, si la lógica no incluye una teoría de clases
— BErrsAbD Russell. (lo que en el próximo parágrafo Uamaremos teoría de conjuntos),
o bien es trivial, si la incluye. A día de hoy, aigunos lógicos tratan
En ios Principia, evitadas las paradojas, Whitehead y Russell de resucitar esta tesis poniendo todo su empeño en traducir las
pasaron a deducir la matemática de la lógica, pues a su entender matemáticas a una lógica de segundo orden adecuada (ya que la
no era posible trazar una raya entre ambas. Desde un punto de lógica de primer orden se mostró insuficiente); pero, como mu-
vistatécnico, el proyecto de logificación de los teoremas matemá- chos matemáticos han objetado, Ia lógica de segundo orden no
ticos se topó con numerosas dificultades. Es así que necesitaron es más que una matemática de conjuntos disfrazada con piel de
de un desarrollo más que concienzudo para lograr demostrar —¡en cordero. Como en la lógica de segundo orden se puede predicar
la página 379!— que 1 + 1= 2. Toda una locura. Además, tuvieron no solo de objetos sino también de propiedades, pueden defimrse
que ampliar la lógica a ima teoría generalísima de relaciones que múltiples nociones típicamente conjuntistas. Cuantificar sobre
absorbía en su seno axiomas tan poco satisfactorios, tan ad hoc, propiedades es, en último término, cuantificar sobre conjuntos,
como los de reducibilidad e infinitud. E1 ortopédico axioma de sobre el corfiunto de objetos que verifican la propiedad. Se trafa,
reducibilidad funcionaba como ima suerte de deus ex machina, entonces, de una lógica subyacente a la propia teoría de coi\jun-
que los autores justificaban pragmáticamente para torear las an- Ij05, may°r potencia expresiva, que permite caracterizar la ín-
tinomias y logificar las matemáticas: cuando una fórmula era de- itud o formalizar el principio de inducción en un úmco axioma
masiado complicada, se asumía que siempre podía simpfificarse a ngar de en un esquema de axioma que resume infimtos), es un
otra de un tipo inferior. la /a ^ Estamos donde estábamos: si la Lógicaincluye
E1 axioma de mfmitud era, por su parte, necesario para definfi si,^ade cor\juntos, la tesis logicfctaes verdaderapero trivial;
los numeros naturales ai completo. Siguiendo a Frege, definieron a °gica no la incluye, es radicalmente falsa.

122 123
CRIStS DE PUNDAMENTOS lacrisisderindamentos
EL NACIMIENTO DE LA TEORÍA DE CONJUNTOS

Los lógicos hacían auténticos malabarismos para resolver el Pr aRgumento «diagonal» de cantor
blema de las paradojas, pero ¿qué solución daban los matemá^
Uno de los grandes descubrimientos de
cos? Si los lógicos querían logijwar la aritmética, los matemáüco
Georg Cantor fue la existencia de con-
querían conjuntivizarla. Pero la conjuntivización de la matemá juntos no numerables, que no pueden
ticavenía de lejos. La teoría abstracta de conjuntos fue creada p0 ponerse en bíyección con los números :* f \
naturales. Uno de ellos es el continuo.
Cantor, pero el enfoque conjuntista en matemátícas era anterior & i

1
Mientras que los números enteros y ra-
Estaba en Riemann, pero sobre todo en Dedekind. Riemann había cionales son numerables, los números 'l» *
propuesto la noción de variedad, en un sentido colindante con el
de coiyunto, como fundamento de toda la matemátíca pura. Y De-
dekind había ofrecido un planteamiento cor\juntista del álgebraal
reales ya no lo son. No pueden empa-
rejarse uno a uno con los números na-
turales. es decir. no pueden enumerarse.
ponerse en una lista. uno detrás de otro. •. 1
i
& f
introducir nociones taJes como las de grupo, cuerpo e ideal (solo

■f/j
Consideremos la recta real y tomemos el
la noción de anillo se le escapó de las manos, y seria introducida intervalo entre 0 y 1. Expresemos todos
los números comprendidos en código bi-
por Hiibert).
es decir. mediante sucesiones de
La época heroica de la teoría de conjuntos arranca en 1872. nafi0,

Ese año, cuando pubíicaron sus respectivas construcciones de


0y 1. PorejempJo: 101001000... (prescin-
diendo del O y de ia coma decimal que
/i
/I %■ V

los reales, Dedekind y Cantor iniciaron su tormentosa relación precederia a la expresión). Vamos a de-
mostrar que la suposición de que se trata Georg cantor.
personal. En 1874, Cantor demostró que hay dos tipos de iníinito: de un conjunto numerable conduce a una
numerable (como el cor\junto de los números naturales) y no nu* contradicción. En efecto. si lo fuera podríamos escribir todos sus elementos
merable (como los números reales, esto es, como el continuo). en una lista como la siguiente:

Además, publicó que el cor\junto de números algebraicos es nu-


merable, y lo demostró empleando una prueba que Dedekind le
había hecho Uegar por carta, aunque sin reconocerle mérito a1*
guno (esta puñalada por la espalda fue la causa más probable de
la ruptura de su amistad). En 1879, Cantor presentó la noción
Fijémonos ahora en los elementos de la diagonal prlncipal. que hemos su-
de cardinal de un conjunto, que generaliza, por así decirlo, el brayado. Vamos a construir un elemento que, a pesar de ser una sucesión
concepto de número de elementos de un cor\junt.o al campo de los de 0 y 1, no está en la lista. Para ello, formemos la sucesión compuesta por
los siguientes números: como el primer término destacado era un 0, ponga-
conjuntos mfinitos. Una forma de averiguar si dos conjuntos fini-
mos un 1; como el segundo era un 1, un 0; como el tercero era un 0. un 1; etc.
tos poseen el mismo número de elementos consiste en extraer a la El elemento resultante empieza por 101... y no coincide con ninguno de tos
vez un elemento de cada uno de ellos tantas veces como sea posi- elementos de la lista. En efecto, no puede ser la primera sucesión. porque

ble. Si ambos cor\juntos se acaban a la vez, sabemos con certeza el Primer término es distinto; tampoco la segunda, porque hemos ' °
segundo término; ni la tercera. etc. Esto contradice el supuesto
que tienen el mismo número de elementos o cardinal. Como esta trataba de un conjunto numerable y. por tanto, expresaóíe en
idea no recurre a contar con números, es perfectamente extensi- metodo de demostración empleado recibe el nombre ¡ de (os
e mfluyó en otras demostraciones posteriores relevantes en
e a col\juntos iníirutos: dos corjuntos A y B se dice que tienen e
ndamentos de Ia matemática.
mismo cardinal, y se escribe | A| =|5|, si puede establecerse entre
e os una biyección, esto es, una correspondencia uno-a-uno.

124 125
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
ina crisis depresiva que le distanció de la matemática v iA
Mientras tanto, Dedetónd dio con una deflmcón de coniUnto iole
ia teologfe (aunque también se dedicó a defendeTcon Jh ^
jngnim más acertada que la de Cantor. Pasado el tiempo y limpj p^on era el verdadero autor de las obraa de ShakespeÍT
Tcrwves, ambas definiciones se demostraron eqmvaientes (m ^ Apartirde 1900, iateonacantorianaseconvfitió,^
lud del axúma de dección, del que tendremos ocasión de ha.
, Ingica, en un puente sobre aguas turbulentas. ParaleLm^
blar más adelante). Para Cantor, un coryunto es infinito si no „ la"parado.ias lóg.cas, surgieron las antinomias de lateonü fe
flnito esto es, si no puede ponerse en bryeccrón con aigfin núntero
! Intos- De hecho, la mayoría de paradojas qae hab,aban
natural Por contra, para Dedekind, retomando sugerencias de Ga-
f rlases encontraron su reformulacion mediante conjuntos (así
lileo y Bolzano, un conjunto es infinito si y solo si puede ponerse
nr ejemplo, la paradoja de RusseU). Pero aparecieron tambiéñ
en biyección con una parte propia suya Por ejemplo, los nümeros
lgunas nuevas: las paradojas del infinito. Mientras que las para-
naturales son infinitos porque son biyectables con los números
doias lógicas tenían que ver con la circularidad en la definición de
pares, haciendo corresponder al 0 el 0; al 1, el 2; al 2, el 4¡ v, en
iertas clases, las paradojas cor\juntístas lo hacían más bien con el
generai, a cada número n, su doble 2n.
^flnito. La principal de todas efias es la paradoja de Cantor acerca
de la colección de todos los coifiuntos. Sea V el «car\junto» de
«Es el más fino producto del genio matemático y uno de los todos los conjuntos. Como, según demostró Cantor, el cardinal
logros supremos de la artividad intelectual humana pura. Nadie de cualquier conjunto es estrictamente menor que el cardinal de
nos expuisará del paraíso que Cantor ha creado para nosotros.» su conjunto potencia (que se denota por p (Á) y comprende todos
lossubconjuntos o partes deA), se tíene que \V\ <\p(V% Pero, por
— DaVID HlLBEHT S08K EL TEABAJO MATEMÁTICO DE Gf.ORG CaNTOR,
BN SOBKK BL INFIMTO (1925). otraparte, por la definición de V, se tiene que el coryunto potencia
de V iia de estar contenido en V, porque V es el conjunto total, el
Para finades de 1882, Cantor tenía elaborada su aritmética de más grande, el que engloba a todos los demás, y nada hay más
cardinales y ordinales (transíinitos), así como planteada la lúpóte- aliá de él. En consecuencia, \V\ >\p(V% Lo que es un absurdo, una
sis del continuo. Los números naturales forman el coi\junto infinito contradicción, con el resultado anterior.
más pequeño que nos es dado imaginar. En consecuencia, su car- Emst Zermelo (1871-1953) fue el primer matemático en vis-
dinal, que es el primer cardinaJ infinito, se denota con la letra alef lumbrar una salida no logicista al laberinto (no en vano había des-
del alfabeto hebreo y el subíndice 0: K0. Este cardinal corresponde cubierto una paradoja similar a la de Russefi); había que pasar
a todos los conjuntos numerables y se trata del primer jalón en la de una teoría intuitiva a una teoría axiomática de conjuntos. Zer-
carrera hacia el infinito. E1 cardinal del continuo, de los números mrío, que desde 1897 se encontraba en Gotinga, siguió fielmente
reales, es —por razones que aquí no podemos explicar— 2^. En las instrucciones de Hilbert, quien le animó a fonrmlar un sistema
estas condiciones, la hipótesis del continuo establece que no hay de axiomas para la teoría cantoriana. Su apficación del método
ningún ínfiruto distinto entre los naturales y los reales, o dicho de ^omático a la teoría de corfiuntos es comparable a la de Hilbert
otramanera, que 2*° = K,. Lasecuenciade cardinales K0, K^2>-- en geometría. En 1908, Zermelo presentó la primera axiomatiza-
funciona como una suerte de metro patrón para medir el taniaño v*°n k teoría de coi\juntos, ligeramente pulida por Abraham
en el universo de los cor\juntos, donde hay iníinitos infinitos. Los aenkel (1891-1965) en 1922 (y por Von Neumann en 192M*
esfuerzos mfructuosos orientados a demostrar la hipótesis del con- corpora,. ej ^ regUiari(iad o fundamentaeión). e e
tinuo y los persistentes ataques de Kronecker a la teoría de corgun- .ntonces se conoce por sus iniciales, como axiomáticaZ/paraia
tos transfinitos perturbaron considerablemente a Cantor, provocán- ooífiuntos.

126
lacrisis defundamentos fundamentos
LA CRISIS
Pues bien, en ZF, la paradoja de la eiase de Russell se w
forma en la demostración de que esa clase no es un coryunt0 W
“njunto, por lo que tampoco existe dentro de la Z* J* un
otras palabras, de que no existe dentro de la teoría, con 10 que
un acerújo como el del barbero evidencia, por asíJ ZF’
antínomia se evapora en el aire. En efecto, si suponemos qUe
un conjunto y Uegamos a un absurdo, es que R no es un coryiulte „cia de un mdivrduo con esas características Aún ml'
tencia , >JS‘
rrs de ZF bloquean ia circularidad que precipita
is d<
Análogamente, la paradoja de Cantor se transforma en ia demos.
gasestrategias
=strategias en la inconsistencia de las paradojas LaTf ‘VW'

CLAS6S Y CONJUNTOS
Neumann-Bernays-Gódel (conocida entre los rnatemátiem n ,
La teoria de conjuntos de Zermelo-Fraenkel parte de la lógica de primer orden NBG). Von Neumann propuso una construcción ierárn,.,ra!r 6 acrónimo
con Igualdad y toma la relación de pertenencia G como primitiva. Los axiomas universo de los conjuntos, pue suele represen,arseesqu JSSl™ del
de ZF. enunciados verbalmente, son los siguientes: un cono invertido (ver figura). A partir del conjunto vacto e iteran^T TZT
una recursión transfmíta- las operaciones «partes de» v «uniónn! ^'ante
1 Oos conjuntos son idénticos si tienen los mismos elementos (axioma de todos ios pisos en que habitan
extensión). más pequenos hasta los mas grandes: 0=0,1={O>={0> 2={0 n~<0
En esta teoría, las paradojas de Russell y Cantor demuestran que R yVno son
2. Existe el conjunto vacfo 0. conjuntos sino clases, que si son admitidas dentro de la teoría Los elementos
cofmales con la jerarquía no son miembros de ningún otro conjunto, porque
3. Dado un conjunto jry una propiedad formalizable en el lenguaje de primer son demasiado grandes, y corresponden a las clases.
orden de la teoría de conjuntos, existe el conjunto de todos los elementos
de x que satisfacen la propledad (axioma de extracción o comprehen- V. la clase universal de todos los conjuntos
sión).

4. Sl x ey son conjuntos, entonces el par no ordenado <x. y) es un conjunto.

5. La uníón de un conjunto de conjuntos es un conjunto.

6. Se puede formar el conjunto potencia de cualquier conjunto, esto es, la


co ección de todos los subconjuntos o partes de cualquier conjunto es
otro conjunto.

7. Existe al menos un conjunto infinito (axioma de infinitud).

8 reempiazo)^6 U° COnjUnto por una función es un conjunto (axioma de

9- * no pertenece a x (axioma de fundamentación o regularidad).

tema ZFC (la «C»5pSorrA anade,el llamado axioma de elección. se tiene el sis-
de coniuntos 7rr f
conjuntos ZFC °/Ce'e. eeci^n en in9lés). En los años treinta Ja teoría
fue ampliada
por la teorfa de clases y conjuntos de Von

LACfilSlS OE FUNOAMENTOS

DE puNDAMENTOS
LA CRISIS
del estüo RER están prohibidas en ZF, puesto que el axioma de A pesar de su aparente unocencia, el a^rnade elec,, -
fundamentaoión o regiüaridad establece que ningún cor\junto 9G jlgunas sorprendentes y contraintuitivas ***
pertenece a sí mismo. Simbólicamente: Vx(x<£x). Con este axio- X es, como ejempliflco Zermelo, el teorerna dZ "a de
ma, los conjuntos peligrosos simplemente no existen. Ue asegura quc todo copjunto por raro que sea puedTjh5'’’
En el haber de ZF hay que consignar que, además de desactivar ordenado, es deor, ordenado lineaimente a lamanera d^L "

las paradojas de la teoría informal de coi\juntos, permitió prose- meros naturales, donde cualquier subcoqjunto posee SZ
guir la conjuntivización de la matemática: con la definición de una rüner eiemento. Pero hay más: el axioma de eLcción ZZ
función como un cor\junto de pares ordenados, ofrecidapor Felix Jnostró necesario para probar que la aiitmética de cardinaíesfiut
Hausdorff (1868-1942) y Kazimierz Kuratowski (1896-1980) algo ciona correctamente (que dos cardinales cualesquiera sieinDrp
más tarde, esta noción —pilar de todo el análisis— quedó conjun- son comparables), asi como para demostrar, através del lema dP
tivizada, lo que afianzó la fiindamentación coryuntista de las mate- Zom, múltiples resiütados básicos del álgebray del análisis Esto
máticas. Toda la vertiginosa variedad de estructuras matemáticas dio pie a una disputa mtemacional entre partidarios y detracto-
quedó reducida a sus componentes más básicos, los corfiuntos. res del axioma de elección (que incluso encontró su reflejo en
Sin embargo, los trabajos de Zermelo levantaron un gran re- un número especial de Mathematische Anmlen, revista editada
vuelo y causaron reacciones muy adversas entre los especialistas. por K3ein y Hübert). Por un lado, defendiendo esta potente hena-
Buscando probar la hipótesis del continuo, Zermelo había dado mienta, Zermelo, Russell y Hübert. Por otro, combatiendo su uso
forma en 1904 al axioma de elección. Este axioma establece que indiscriminado, un joven matemático neerlandés llamado Luitzen
es posible seleccionar simultáneamente un elemento de cada con- Egbertus Jan Brouwer (1881-1966), que contaba con el respaldo
junto de una colección infinita de cor\juntos no vacíos. Formal- de importantes matemáticos franceses: René-Louis Baire (1874-
mente, si5=(A, B, C,...} es una colección de corfiuntos no vacíos, 1932), Émil Borel (1871-1966) y Henri Lebesgue. Si ias felas eran
existe un conjunto Z que consta precisamente de un elemento de los logicistas, el Continente se lo repartieron entre los forma-
de A, uno de B, uno de C, etc. Bertrand Russell lo explicaba con listas, conducidos por Hübert, y los intuiciortistas, encabezados
la siguiente imagen: imaginemos un millonario que, cada vez que por Brouwer.
compra una caja de zapatos, compra una caja de medias. Supon-
gamos, además, que ya posee una colección infinita de c^jas de
zapatos y otra igual de cajas de medias. Si desease comprobar que
efectivamente tiene igual número de cajas de zapatos y medias, brouwer, la némesis de hilbert
podría ir sacando el zapato derecho de cada c^ja de zapatos y em-
parejándolo con una media de una c^ja de medias recién abierta Brouwer cuestionaba que Ias «cabrioias zermelianasv sirvieran
(si las c^jas de zapatos y de medias sin abrir se agotasen al tiempo, Para fundamentar las matemáticas con seguridad, de una vez por
sabría que posee igual cantidad). Pues bien, esto último no puede ^óas. Su preocupación no era otra que los castiUos en el aire que
llevarlo a cabo sin emplear el axioma de elección, porque este Venían construyéndose en las matemáticas abstractas óe os
axioma es lo que posibilita realizar ivftnitas elecciones arbitra-
veinticinco años. No le faltaba razón respecto a los n&g
rias en la colección de cajas de medias (pues, mientras que en
e axioma de elección. Gracias a él saldrían a la uz rn
cada caja de zapatos siempre puede seleccionar el derecho, no
l92m^°S matemáticos. Entre eüos, algunos añosm
hay diferencia alguna entxe las medias al no existir una media
qup k a parac*oja de Banach-Tarski. E1 teorema oc ce ^
derecha disünta de una media izquierda).
uso indispensable del controvertido axioma, p

130 LA CRISIS DE FUNDAMENTOS fundamentos


UACRISISOE
siguiente descomposición paradójica de coi\juntos en el espaci0
tridimensional: una esfera sólida puede descomponerse en un nú.
LA CURVA DE HILBERT
mero finito de partes disjuntas, de tal modo que a partir de eUas
pueden reconstruirse dos esferas idénticas a la original. Se trata, En 1877, Cantor construyó una biyección entre un
por recrearlo irónicamente, de la contrapartida matemática del En el segmento había tantos puntos como en el cuS*0 y Un Ct«drad«
milagro bíblico de los panes y los peces (lo único que asegura establecer una correspondencia uno-a-uno entre i! ,°' U ^lidadd
ei plano bidimensional le hizo exclamar: «¡Lo veo 1 3 Unidimens¡onal
la cordura es que las dos esferas idénticas a la original no son
más lejos, Du Boys-Reymond dijo que «repugnaba ai Creo!>>‘ Yend
medibles en el sentido de Lebesgue, con lo que la paradoja nunca Peano y Hilbert
1890 y 1891. peano H.ioert rmaginaron
.magmaron sendas curvas rn l, ° C°mún>>- Entr
Un>>-En
aparece a la hora de calcular volúmenes). recorrer cada punto
~ '"to de un
u" cuadrado. Las curvas
cUrvasTp“™"u« “Paces d
de poont,nuas
unidimensionales capaces de rellenar cuadrados bidimpn^ °,Hilbert (line
En 1907, en la Universidad de Ámsterdam, Brouwer obtuvo
sino ahondar el problema de la dfmensión. ¿Cómo distinqurí? n0 h¡Cíe'
el grado de doctor con la disertación «De los fundamentos de las «dimensiones»? Poincaré apuntó la necesidad de una definiri'T * ‘
matemáticas», en la que apuntaba maneras intuicionistas. Cinco de dimenslón. ,cl0n adec|J¿
años más tarde, convertido en un matemático consagrado, con un
Brouwer y la topologfa
enorme bagaje científico a su espalda, dictó la lección inaugural
Entre 1908 y 1911, Brouwer se tomó una pausa en su defensa a ultranzadPi
del curso académico 1912-1913, que tituló «Intuicionismo y forma- intuicionismo y sento los pilares de una nueva disciplina matemática- latoDolo-
lismo». Esta conferencia, prommciada el 14 de octubre de 1912, gfa. una especie de geometria sobre hojas de caucho (por emplear la feliz ex-
marcó el inicio de su plan de fundamentación de la matemática y presión de Poincaré). Primeramente se dedicó a ofrecer varios contraejemplos
que echaban por tierra la mayor parte de los resultados que Arthur Schoenflies
fue, de hecho, la primera vez en que aparecieron los rótulos «in-
(1853-1928). amigo de Hilbert, creía haber encontrado. Y. ya en 1911. presentó
tuicionismo» y «formalismo». En ella, Brouwer reivindicó a Kant, el teorema de invariancia de la dimensión bajo aplicac/ones bicontinuas, esto
Kronecker y al recientemente fallecido Poincaré —un rosario de es. homeomorfismos, lo que ponia fin a las dudas que habian sembrado Can-
tor, Peano y Hilbert: el espacio m-dimensional y el espacio n-dimens¡onal no
estrellas— como antecedentes de su posición.
son homeomorfos si m es distinto de n. Podrán ser biyectables, perojamás
Con las aportaciones de Gauss, Riemann y, finalmente, Hil- homeomorfos, porque esa biyección no será continua. La topología daba la
bert, la geometría había conseguido liberarse definitivamente del razón al sentido común.
yugo euclídeo kantiano (pese a la protesta de Frege). Brouwer
Tras cada rt»raclón
propuso abandonar el apriorismo kantiano del espacio, pero
adhiriéndose más resueltamente al apriorismo del tiempo. Las
matemáticas se ocupaban del conocimiento de las propiedades
del tiempo, puesto que el discurrir temporal se plasmaba en la
sucesión aritmética 0, 1, 2, 3, 4... E1 1 después del 0, pero antes
del 2. Y así sucesivamente.
Para Brouwer había que recuperar la visión constructivista
de las matemáticas de Poincaré. Pese a traducir y adaptar los
trabajos de Cantor al francés, Poincaré había tenido que hacer
frente a los epigramas en su contra de Russell o Zermelo, quie-
nes le habían tachado de retrógrado e ignorante del nuevo hacer
matemático. Pero Poincaré no se había quedado callado y había
contestado mofándose de la corriente logicista: «la lógica no es

LA CRISIS OE FUNDAMENTOS lacrisisdewndamentos


ryr

disvunción de una proposición y su negación es Una


estéril, engendra contradicciones», había escrito con regoCy0.
" ¡,a, es decir, es siempre verdadera, en cualqUier mo ' Verdad
Además, había apuntado que si todas las matemáticas pudieran
ser derivadas empleando solo las reglas de la lógica, resultaría
6lo de interpretación. Formalmente: M v De *5)0 0 uni-
0bien A es verdadera, o bien la negación de A lo es,
que la niatemática no sería mas que una gigantesca tautología^
una verdad lógica del estüo de A=A. Desde su punto de vista, la qtiier tercera opc.on queda smtemabcamente excluida (po “t
precisamente. se habla de «tercm exciuso»), Junt0
lógica recordaba a una máquina de fabricar salchichas, a cuya
no contradiccion (KAa^)) , aj prine¡pio dfi ¿ p
entrada se mete el cerdo y sale una ristra bien ordenada. Pero
las matemáticas no funcionaban como unapianola. La demostra- (t= \¡%(x = *)). este Pnncpm formaba Ias tres leyes cláslcas i¿
ción matemática constituía un mecanismo genuinamente creador, razonamiento.
gracias a esa intuición que nos permite probar infinitos silogismos Sin embargo, para Brouwer esto no tenía por qué ser así. Por
en un número finito de pasos: el principio de inducción. Este salto ejeniplo, como no sabemos si la expansión decimal de n contiene
de lo finito a lo infinito es lo que posibilitaba, a juicio de Poincaré, veinte ceros seguidos, la proposición «la expansión decimal de n
la maravilla de las matemáticas. La intuición es ese relámpago que contiene veinte ceros seguidos» no es —en clave intuicionista-
ilumina al matemático en mitad de ia noche y fecunda la invención ni verdadera ni falsa. Su valor de verdad no puede ser zanjado a
matemátiea. Es la mente humana ia que crea, por vía de la intui- día de hoy. Un correligionario de Brouwer afirmaba que el princi-
ción, los objetos matemáticos. pio de tercio excluso para este tipo de proposiciones podía ser vá-
lido para Dios, que conoce toda la secuencia infinita de decimales
«E1 arte de hacer matemáticas consiste en encontrar ese easo tal como es y de un solo vistazo, pero no podía serlo para la lógica
humana. Una lógica que, dando un giro de ciento ochenta grados
especial que contiene todos los gérmenes de la generalidad.»
al dogma íogicista, los intuicionistas consideraban como una rama
— Davtd Hilbert.
de la matemátiea y no al revés.
Esta forma de pensar inauguró lo que se conoce desde en-
Brouwer retomó la pintoresca filosofía de las matemáticas de tonces como «lógica intuicionista», formalizada por un aplicado
Poincaré, a quien había conocido personalmente en 1909. Frente estudiante de Brouwer: Arend Heyting (1898-1980). En la lógica
al platonismo y al logicismo, que defienden que las verdades mate- clásica, la doble negación de una proposición es equivalente a
máticas se descubren, el intuicionismo mantiene que son, en reaJi- la proposición, es decir, -r-^A <-> A. Pero la lógica intuicionista
dad, inventadas (una respuesta que comparte con el formalismo). techaza que de la doble negación de una proposición pueda de-
Sin embargo, a la pregunta sobre dónde reside la exactitud mate-
ducirse la proposición de partida. No se acepta, por tanto, que
mática, el intuicionismo brouweriano apunta a la mente, mientras
A. Esta revisión intuicionista de la iógica clásica responde
que el formalismo hilberüano señala al papel.
a que Brouwer rechazaba los razonamientos por reducción
Dos fueron los puntos de fricción entre Brouwer y Hilbert,
a surdo (que, según comentamos en el primer capítulo, Hil e
quienes se conocieron en persona durante unas vacaciones en
^pleaba con frecuencia). No por demostrar la falsedad de a ne
1909. Por una parte, la naturaleza de las matemáticas: como libre
abción A se seguía que A era verdadera, puesto que se a ia
construcción del entendimiento humano o como teoría axiomá-
^donadQ ej pnncjpjo tercio excluso. ,
tica. Por otra, el papel del principio de tercio excluso en matemá-
ticas. E1 nervio del intuicionismo es, precisamente, la negación las H matemático neerlandés solamente aceptaba como1
de este principio lógico que está en Aristóteles y que aflrma que demostraciones constructivas. Demostrar que taneí¡ n
te°rema es contradictoria no equivalía a demo

134 LA CRISIS DE FUNDAMENTOS

LACRISBMfUN »*^08
irtv. .
teorema es verdadero, porque para probar esto último habta qUe
construir explícitamente su contenido. Para los matemáticos tos numerables, consiaerando ios coqjuntos no niirn u C0I^Uri‘
tuicionistas, las demostraciones de existencia no constructivas “ütraintuitívos. Gomo dijera Kronecker: «Dios!r6^Iesc»mo
—-por reducción al absurdo— mforman de que en el mundo hav naturales, todo lo demas es obra del hornbre»
un tesoro escondido, pero no descubren su localización, razón nunierables no debían manejarse, a riesgo de'a^nno
por la cual gozan únicamente de un valor heurístico. Para que un paradojas. En la teona de coryuntos iMuicronista^60
objeto matemático exista no basta con que no engendre ninguna L.ihen el nombre de especies, y las únicao 3 C01tiuntos
contradicción, es necesario aportar un procedimiento efeetivo
de construcdón.
Las paradojas descubiertas en el contexto de la teoría de con-
juntos ofrecían evidencia tqjante, en opinión de Brouwer, de los
peligros de la matemátiea meramente existencial. No en vano
Kronecker siempre había argüido enconadamente frente a Cantor
que, si no construía los coi\juntos de que hablaba (y no podía ha- «¡El infiiuto! Ninguna otra cuestión hamspnado tan
cerlo, dado que la gran mayoría de ellos eran infinitos), los teore- proíundamen.te al espmtu del hombre; ningunalaideaí
mas de la teoría de conjuntos se evaporarían en el aire. Era obliga- estunulado taxr frucfiferamente su intelecto; pero ningún oto
do regresar a ia senda de la mateniática gríega, que era en esencia
concepto necesitamayor clarificación.»
intuicionista; porque era constructiva y el iníinito solo hacía acto
de presencia en un sentido potencial, nmica actual. Gauss ya había — David HitMrr.

expresado unaopinión similar con anterioridad: «Protesto contra


Por su parte, Arend Heyting se encaró con la aritmética. La
el uso de una cantidad infinita como si se tratase de una entidad
aritmética intuicionista comprende los mismos axiomas materná-
real, lo cuai nunca es lícito en matemáticas; lo infinito es solo una
ticos que la aritmética clásica, pero acepta linicamente lasleyes
fa^on d£ parler (una manera de hablar)». Para ios intuicionistas
ogicas que satisfacen a los intuiciorústas. Adiferencia de la teoría
todas las dificultades en los fimdamentos de la matemática nacían
e COIVjuntos intuicionista, que sacrificaba gran parte de la teo-
del uso del mfinito como aigo acabado y perfecto. Un abuso que se
na de coqjuntos clásica, la aiitmética intuicionista deparabauna
comete cuando se define un número real como, por ejemplo, el nú-
sorpresa: una estrecha relación con la aritmética clásica Kurt
mero 31=3,141592... Estos puntos suspensivos colocados después
Tódel probó, en 1933, que para eada fórmula demostrable en la
de las prímeras cifras decimales nos transmiten la falsa sensación
de que estamos ante un objeto cerrado. ^frnética de Peano existe una fórmula equivalente que es demos-
En resumen, se trataba de reconstruir la matemática clásica atit G'en de Heyting, así como recíprocamente. La
hasta donde fiiera posible, sin apelar al principio del tercio excluso mética intuicionista solo aparentemente era más débil que
y a la reducción al absurdo. En 1918, Brouwer comenzó su plan, aarmnéticaclásica.
que denommó «segundo acto de intuicionismo» (el «primero» dos ¡ Hermann Weyl intentó reconstruirdesdepostula-
era e e asis en la fundamentación intuitiva de la matemática), Se n tuici°nistas el análisis en su obra El continuo (1918). Weyl
rwinrv <<*?urráamentación de la teoría de conjuntos inde- er\ 8aba a admitir coryuntos arbitrarios de naturales, tomando
en .mente ^ principio del tercio excluso». Agarrándose al %blenta ^icajn°nte aquellos conjuntos infinitos que eran e-
lomsmo kantiano del tiempo, Brouwer se asentó en la enu- a9úeh S’ Construibles. Consiguientemente, solo alcanzó a de
0S niimeros reales que corTesponden a una ley antmeüca

LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
07
^CHBSDEFÜW)^05
Es decir, solo reconstruyó una cantidad numerable de los im^
rables números que comprende el continuo. Para un matemáüct Poro S'AEOk*

clásico, La recta real contiene todas las posibles sucesiones de


Cauchy o cortaduras de Dedekind, no solo aquellas que son defí. ‘‘r'h'8fWr!0cW
^HHben.
nibles, especificables mediante una regla constructiva, y que al ser
de su yj
una cantidad numerable dejan la recta real llena de agifieros, ^ecidoamiao

continuo atomizado. De lo que se desprende que el análisis intui- «fwhajyjü


mu¡8',KS»h*
cionista difiere sobremanera del análisis clásico. Los matemáticos ^•rabípoe,
eniaqU#ío
intuicionistas no aceptan, por ejemplo, el teorema de Bolzano d*d!c<i en cuwpo
1 shna a ij
Y viceversa: los matemáticos clásicos no aceptan muchos resul- dlsput* sobr*
tados intuicionistas (para los intuicionistas, por ejemplo, no hay los ^nclamento»
I* I» matemátlca
funciones discontinuas). contra loj
InfulcionlsUj.
La reconstrucción intuicionista de la lógica y de la matemá- 'O’OlNFEBioq
(ZCulEflOA
tica no fue muy halagueña, aimque gozó de mucha repercusión. Hilbert en
su jardin,
Más que una reconstrucción fue una demolición. La matemática
acomoañado por
intuicionista mutiló la matemática clásiea. E1 intuicionismo, con Hermann Weyt,
unodesus
su machacona apelación a la constructibilidad fundada en la más quertdoj
disclpulos, rm
enumerabilidad temporaJ y en el rechazo aL tertium non datur, sln embsrgo
abogópof
arrojó por la borda más de la mitad de los logros clásicos. Con Its ídeas
Intuictonntas,
Brouwer, las matemáticas ganaron en claridad, pero los matemá-
POTOIttfEJüOR
ticos contemplaron cómo la mayor parte de sus teorías punteras, DERECHA
LEJ. Brouwer,
que creían sólidas como rocas, se disolvían en humo. Aunque el el matemátlco
neerlandés
matemático neerlandés aceptó sin titubear la ruina del análisis, que lldtróel
movimiento
gran parte de la comunidad matemática la halló insufrible. Algu- lntuldonlsta
basandose
nos matemáticos comenzaron a referirse a la «amenaza bolchevi- en ilastres
antecedentes,
que» que Brouwer supom'a Y Hilbert tuvo que tomar cartas en el coipo fueron Kflnt,
asunto. Kronecker y
Poincaré. Fue «I
més acénimo
enemlgo clentfflco
de Hllbtrt

«ALEA IACTA EST»

La polémica formalismo-intuicionismo dominó todo el debate fun-


dacional durante los años veinte, teniendo a Hilbert y Brouwer
como sus máximos exponentes. E1 debate, bien sea por el carácter
difícil de Brouwer o bien por la gran influencia de Hilbert, tras-
pasó los ámbitos puramente académicos para convertirse en un

138
LA CRISIS DE RJNDAHENTOS
í

rin matemáticas. la hora de examinar los funr?


juego de etdrenmúentos P««n^ « TOonistas. u
, fgado. Desde 1900, pertrechado en lasegurid^f^ ha'
e^Srotación se inició en 1921, eon lo que Hilbert consideró uria
1,10 árico que tan bien había fiincionado en 0^ de metodo
deserción' Ia de su brillante alumno Hermann Weyl, que Public)5
en ese año un panfleto titulado «Sobre la nueva crisis de fMrja.
el tratamiento axiomático del resto de dÍKinte ®lbert
“"Ías en particular, de ia teona de <****£
mentos en las matemáticas», donde defendla las drásticas tesis de
Brouwer y se autoproclamaba apóstol del mtuicionismo, profeti-
^eros pasos para frnidax una teoría matemática de ££
Micntras que
Z
zando el advenimiento de una revolución matemática,
p^ación-
a. Mientras que el
« platomsmo el logieismo
y el
p.atomsmo y loeinwn- manteníanmos-

que
debate tocaba puntos importantísimos en la concepción ,7exactitud de la matematiea deseansaba en un reino celest Jv
y
de las matemáticas de Hílbert, pero la ferocidad con que el mate- * intuicionismo en la mentó humana, el fomuüismo hübeitiano’ll
mático alemán reaccionó en ocasiones se debió en parte a cues- jndaba a1 papel esento. La matemática podía verse, desde cierto
tiones de prestigio personal. Si el más prominente de sus discípu- punto de vista, como un juego de notaeiones carente de signifl.
los había cruzado las líneas para unirse al enemigo, ¿por qué no carío, como una hilera de signos sobre el papel, vados de sen-
podía hacerlo ei resto? tido, pero consistentes con ciertas reglas, como las del jyedrez,
A lo largo de los felices años veinte, coincidiendo con su úl- para manipularlos. JLa posición formalista que Hübert y sus co-
tíma etapa investigadora, ya a una edad avanzada, Hilbert. se de- laboradores (Bemays y Ackemiann) desarrofiaron proponía una
dicó en cuerpo y alma a la disputa sobre los fundamentos de la solución basada —como expticaremos con detaile en el próximo
matemática. Y lo hizo con una intervención rotunda, que dio un capítuio— en dos puntos: en primer lugar, una axiomatización
giro realmente novedoso al tema. Propuso im programa, «el pro- conjunta de la matemática y de Ja lógica; y, en segundo lugar, una
grama de Hilbert» (en parte esbozado en su célebre conferencia pnieba de la consistencia de este sistema formal. La prueba de
de París en 1900), para asentar firmemente, y de una vez para que no se podía deducir ninguna contradicción dentro del sistema
siempre, las bases de la matemática era la piedra clave del edificio formalista.
Para Hilbert, la ciencia era una suerte de organismo que crece No obstante, había un paso previo ineludible: plantar cara al
y se desarroila simultáneamente en múltiples direcciones. La cla- auge del mtuiciortismo entre los matemáticos europeos. Tras la
rificación de los fundamentos con ayuda del método axiomático Primera Guerra Mundial, las críticas a la matemática clásica plan-
era una de las fases de ese crecimiento y, a pesar de su importan- teadas por Brouwer y Weyl arreciaron y motivaron a Hilbert a
cia, no era necesariamente prioritaiia. Hilbert utitizaba una metá- intentar eliminar de raíz todas Las dudas escépticas. Hiibert era
fora muy a su gusto para describir esta concepción: consciente de que la posición de Brouwer y Weyl no era totalmen-
te mfundada y que era necesario, efectivamente, tomar precaucio-
El edificio de la ciencia no se construye como una vivienda, donde nes no caer en las paradojas de la teoría de coryuntos. Pero,
se asientan firmemente los cimientos antes de proceder a edificar y p0r otro lado, no estaba dispuesto a renunciar a la teoría canto-
agrandar ias habitaciones. La ciencia prefiere echar mano lo antes riana —-no en vano el primer problema de la fista de 1900 era e
posible
« de^ ampfios espacios donde potier
copnuua uuiiue poder moverse fibremente. Ysolo
moverse uuícuiciu^- - --- ,el wntinuo de Cantor— ni a los logros de la matemática dasica
J_ i «
después de esto, cuando aquí y allá surgen las primeras señales de tncluyendo aquí los conseguidos empleando el más atac o e
que los endebles cimientos no son capaces de soportar la expansidn °S el axioma de elección). Gran parte de sus conqms as
de las habitaciones, se emprende la tarea de fortificarlos y reafimiar- °mo matemático se habían debido a demostraciones de existen-
los. No es esto un signo de debifidad de la ciencia sino todo io con ciapre,cisaxnente del tipo al que Brouwer —como antaño Kronec
trario. Es el correcto y sano camino para su desarrollo. kero
^ordan— se oponía frontalmente.

MO
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
FUNOAM0TT05
LA CRlSlS DE
. flemasiado influyente a su muerte e inclma-,
Buscando contrarrestar su mflmo, Hflbert se pregu uó qué Sg
vie* de la que era editor-jefe, Mathematuch, , prestig>osa
podía hacer para no renunciar al pnncipio del tercio excluso. A 3
^cioniamo. En coasecuencia, i
SS qvfltarle este principio al matemarico era lo imsmo qUe pro.
Wbirle al astrónomo emplear el telescopio o al boxeador usar SUs
e‘ “!i limpia para expulsar a Brouwer del c0nsejo T®,ani!lbra
P" e l la oposición de Einstein, la mayorta de los
mrnos E1 catedrático de Goünga manifestaba su asombro y
disgusto porque todo un círculo entero de matemáticos hubiera
renunciado sin más aél, con las consecuencias tan dramáticas que
se desprendían de esU acción para la matemática. E1 contínuo o
ss.‘££*. *
in se plegaron a los deseos de Hilbert u n ^robros del

los números transfinitos de Cantor eran ejemplos de objetos ma- nunca en el soüps.smo^mstem calificó el episodio de^
temáticos condenados. Y el teorema que demuestra que existen entre sapos y ratones». Hdbert habiaganado unabataila,perom
infinitos números primos era, por su parte, un ejemplo estxella laguerra.
del modo de razonar prohibido. En efecto, la aceptación de que
toda proposición significativa es verdadera o falsa es fundamental
para el método de demostración indirecto. Euclides, según expli-
camos en el primer capítuio, demostró la existencia de infinitos
números primos probando que la tesis contraria era falsa, es decir,
haciendo uso indispensable del principio del tercio excluso. Como
su demostración no era constructiva, no permite determmar el
n-ésimo primo, no era válida para los intuicionistas.
Comparada con la matemática clásica, la matemática intui-
cionista suporna un resto lamentable, una serie de resultados
aislados e inconexos. E1 miedo recurrente de Hilbert era que el in-
tuicionismo consiguiese desmembrar la matemática, corriéndose
el riesgo de perder vaUosas adquisiciones. Una muestra de lo aba-
tido que se hallaba por el tema es que combatía el intuicionismo
incluso argumentando ad hominen, con aires poco académicos:

E1 programa de Brouwer no es una revolución sino solamente una


repetición con viejos métodos (en referencia a Kronecker] de un
golpe de mano 'mútü que, aun cuando ha sido emprendido con mayor
fuerza, ha falJado totalmente. Hoy el Estado está bien armado gracias
a los trabajos de Frege, Dedekind y C-antor. Los esfúerzos de Brouwer
y están de antemano condenados al fracaso.

Hacia finales de la década, cuando la pugna entre ambas fac-


ciones estaba en su punto álgido, Hilbert se sintió morir a causa de
la anerrna pemiciosa. En ese momento, temió que Brouwer se voi-

LA CRISIS DE
PUNOAMENTOS
lacrisisoe PJNOAMENt05
CAPÍTULO s

Elfracasodelprogranu
de Hilbert

Hilbert soñaba con fundar


las matemátícas sobre unabase axiomática. Por
desgracia, los teoremas de Godel acabaron con el suefto del
por entonces mejor matemático vivo. En unamatemática
concebida como un sistema formal siempre habrá hipótesis
cuya verdad o falsedad no se pueda demostrar. Y lo que es
mucho peor: nunca podrá demostrarse que no puede
deducirse una contradicción. Justo cuando el edificio
estaba a punto de terminarse, los cimientos
volvieron a hundirse.
„ ftnales de la década de los años veinte, el ángel del forma-
Ha el demonio del intuiciomsmo aún luchaban por el alma
roatemátíco. Pero, por suerte para HUbert, el formalismo
vegaba a toda vela. E1 cumplimiento del «programa de Hilbert»

^ecía estar aJ alcance de la mano. Nadie, ni los matemáticos más


^accionarios, ni ios más revolucionarios, expulsaría a los mate-
máticos de esa suerte de fantasmagórica catedral barroca que era
la construcción cantoriana de los infinitos. Nadie les forzaríaa
dejar de escuchar la sinfonía del infinito que era el análisis clásico.
Después de 1900, el año en el que impartió la renombrada
conferencia de París, Hilbert presentó sus puntos de vista so-
bre la crisis de fundamentos en ei III Congreso Intemacional de
Matemáticos de 1904, celebrado en Heidelberg, pero no volvió
sobre el tema durante los siguientes quince años, en los que el
análisis y la física le absorbieron por completo. A1 final, movido
por el deseo de dar respuesta a las críticas intuicionistas, regre-
só ala cuestión de las bases de la matemática, puntualmente en
1917 y de forma continuada desde 1922. Para Hilbert y la escuela
formalista, los objetos del pensamiento matemático son los sím-
bolos mismos; y el problema fundamental, el de la consistencia o
^o-contradictoriedad de las matemáticas. Para fundamentar de-
^tivamente las matemáticas no necesitaba de Dios, como Kro-
hecker, ni de la suposición de una capacidad especial de nuestro

EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT


4 veintitrés problemas abiertos de 1900, copando ei«
entendimiento acorde aJ principio de inducción, como P0in.
•J, (solo por detrás de la hipótesis del contmuo) y
ni de una intuición originaria, como Brouwer, ni tampoco
r a . eUa
oii* en
en el
el congreso
congreso de
de ÍQÍU r y «^mert
1904, aunque subl«
mente, de un axioma de iníinitud o de un axioma de redu^?"
<cÍtad de la empresa. No se trataba de btlar mode^^0
lidad, como Russell y Whitehead. La eliminación definitiva d
problema de los fundamentos de la matemática como tal en los qoe apoyarse para deducir la consistenía7^
vendría tras la prueba de la consistencia del sistema axiomát ^ blética, a la manera que se había hecho con los ■ de k
de las matemáticas. co 5mema, ya que con esto solo se probaría la consisten^ £
£* Había que elaborar una demostración de la ooas.lncl
^luta, basándose en la smtatos y no en la semántictt es decT
jstudiando si un sistema formal que expresara la aritnrétíca ner
LOS PUNTOS FUERTES DEL PROGRAMA nútía o no derivar contradicciones. F
No obstante, no fue hasta la difusión de las paradojas en
No es difícil rastrear los orígenes de las ideas de Hilbert. En 1900 tomo a 1904, cuando Hilbert se convenció de dedicar mayores es-
publicó una conferencia, dictada el año anterior ante la asamblea fueizos al análisis axiomático como parte de la tarea más amplia
anual de ia Sociedad Matemática Alemana, bajo el título «Sobre de establecer la consistencia de la aritmética (ya que, como vimos,
el concepto de número». Fuera de su libro sobre los fundamentos tanto ia geometría como el anáUsis se habían reducido a ella).'
de la geometría, este trabajo constituyó su segunda publicación Según acostumbraba, Hilbert escogió a un colaborador, en este
concemiente al método axiomático. En ella diseutió dos posibles caso Zermelo, como la persona sobre la que recaería la misión de
maneras en que los conceptos matemátácos pueden ser tratados: desarroUar la axiomatización de la teoría de coryuntos en detaUe.
la genética y la axiomática. E1 ejemplo clásico de apücación del
Fue de esta manera como los dos puntos fundamentales del pro-
método genético aparece en la aritmética Los números naturaies
grama hUbertiano comenzaron a perfilarse. Primero, la axiomali-
emergen de la intuición básica de contar y, con ei fin de crear zación. Después, la consistencia.
la posibilidad de restar dos números naturales cualesquiera, se
Era necesario, como primera etapa, formalizar la teoría de
amplía el sistema para incluir los números enteros. La necesidad
coryuntos, pero también la lógica y la aritmétáca Las definiciones
de poder dividir dos números enteros cualesquiera lleva a su vez
Jgenuas no permitían un razonamiento riguroso exento de para-
a introducir los números racionales y, finalmente, para poder cal-
°jas. Había que formafizar completamente las matemáticas cono-
cular raíces, se añaden los números irracionales, definiéndose
Cl »traduciendo todo su contenido dentro de un sistema forrnal
los números reales. Del otro lado, apostilló Hilbert, tenemos el
^presado mediante el nuevo lenguaje simbólico: 0 (el número
método axiomático, típicamente usado en la geometría (aunque
también en análisis, ya que Iiilbert mostró cómo axiomatizar los üóni’ftlnCÍÓn SUCesor^’ (no)i V(o), A(y), —>(impüca-
números reales). A pesar del alto valor pedagógico del método ge- a q ’ (cuantificador existencial), V (cuantificador universal),
nétáco, el método axiomático tiene la ventaja de proveer plena se- años'd^’ X ^variable)’ etc- Exactamente en 1928, cincuenta
gundad Lógica En este trabsyo temprano Hilbert planteó de forma Gs^Ues de la aportación pionera de Frege, Hüberty Acker-
expUcita y por vez primera la necesidad de abordar el problema detex^ Pundamentos de lógica teórica, el primer Ubro
e la consistencia absoluta de la aritmética como problema here- orden s C Í0 ^Ue actualmente se reconoce como lógica de primer
ado de la geometría (cuya consistencia relativa él mismo había v^rsalin ^ torruallzación alcanzó el rango de canónicay hoy es uni-
emostrado). Esta cuestión encontraría su hueco dentro de la üs' ^lecierr.er!te con°cida como sistema de Hilbert-Ackermann. Estar
sintaxis formal, así como proporcionaron los axiomas

EL FRACASO DEL PROGRAMA DE H.LB6RT

EL FRACA50 DEL PROGRAMA DE HILBERT


ner cabida las verdades a medias. Para Hub
y las reglas de inferencia de esta lógica, io que permite dedUp, tei Hol pnnrpntn Ha ---
Tse'ocupaba del concepto de prueba
nuevas fórmulas. La lógica de pnmer orden se convirüó e„ nue el físico repasaba
t< m^ra que el nsrco repasaba el
et funcionatni^ic la
verdadero cálculo. el fUósofo cnticaba la propia raaón. E1 desarrotol

<£* dE 14 dert!°SHtraC;Ón>> Penmt™ cons>derar laa


«En elprincipio fue el signo.» ^ í como resultado de meras combinaciones de SÍIZ,
__ DaV1D HlLBKET, La NVBVA FUNDAMF.NTACIÓN DS LAS MATEMÁTICAS (1922). <7glas formales prescritas. En estas condiciones, ba^S
^ar que ninguna derivación formai, ninguna combiSn
dC" tobolos podía conducir a la formula 0-0 (que es una COn
En el manual Hilbert y Ackermann se plantearon ciertas pre.
guntas metalógicas sobre las propiedades del cálciüo que habían ^cción). Con ello quedana esteblecida la consistencia de la
desarroilado. Se hacían eco, en particular, de la prueba qUe Ber- ;’éüfa En efecto, bastabaprobarquehabíaunafórmulaqüe
nays había ofrecido en 1926 de que la lógica elemental o lógica de nodía demostrarse, ya que si todas las fórmulas pudiesen de-
proposiciones era correcta (toda fórmula demostrable era verda- losu-arse podríamos deducir una contradicción (probando una
dera) y completa (toda verdad lógica era, a su vez, demostrable), „■ )osición
.cirión y
V su contraria), con lo que el sistema sería inrnncúc.
un resultado al que había llegado independientemente Emü Post tente. Recíprocamente, si el sistema fuese inconsistente, como
(1897-1954) en 1922. Y se planteaban si la lógica de primer orden de una contradicción se sigue cualquier cosa (ex cmtradictime
lo era, aunque reconocían no haber encontrado la respuesta sequitur quodlibet, según acuñaron con acierto los escolásticos),
Justo un afto después, en 1929, un joven lógico austriaco llamado podríamos demostrar cuaiquier fórmula (la fórmula «si OhO, en-
Kurt Gódel demostró la completitud de la lógica de primer orden tonces P» es siempre verdadera, válida, porque el antecedente
dentro de su tesis doctoral, dirigida por Hans Hahn (1879-1934), nunca es el caso).
aunque no publicada hasta 1930. Esta lógica era correcta (todas A lo largo de los años veinte, Hilbert introdujo la idea de que
las fórmulas demostrables son verdaderas) y completa (todas las su <teoría de la demostración» abordaría la cuestión de la consis-
verdades lógicas, todas las tautologías, son demostrables). En el tencia mediante dos niveles de consideración. Por un lado, el nivel
cálculo de predicados de primer orden la noción sintáctica de matemático, tal y como queda representado dentro del sistema
deducción y la noción semántica de verdad coinciden, tienen la fonnal. Por otro lado, el nivel metamatemático, un nivel de dis-
misma extensión. curso en el que se habla de las matemáticas axiomatizadas. En este
EI programa de Hilbert obterna un éxito inesperado y espe- dvel se procedería a probar la consistencia mediante una serie de
ranzador. toda fórmula lógicamente válida, en el sentido de verda- técnicas que estudiarían el sistema formal desde fuera, desconec-
dera en cualquier interpretación posible, era deducible mediante féndolo de cualquier significado numérico o relacionado con el
el cálculo descrito. Ahora bien, ¿qué pasaba si a este cálculo de tfifiwto, simplemente como cadenas finitas de signos prinutivos a
predicados puro se le añadían axiomas y reglas que hicieran refe- Partir de las cuales se pueden generar fórmulas y demostraciones
rencia a ia aritmética o a la teoría de cor\juntos? ¿Seguía siendo
e acuerdo a ciertas reglas predefinidas. Las proposiciones que se
correcto y consistente? ¿Y completo?
l eren a esfó esqueleto formal, a esta aritmética vaciada de signi-
Como segunda etapa, ñabía que convertir el concepto mismo
°'SOn las proposiciones metamatemáticas, que no se formu
de demostración en un objeto de estudio matemático para, Por
el 0!° e~ ler'8uaje objeto sino en el metalenguaje. Es algo así como
medio de ello, probar la consistencia de la aritmética y, de este
Paíiol cuando se usa en una clase de inglés para enseñar os
modo, erradicar todas las incertidumbres. En matemáticas no
ces tie uso de alguna palabra anglosajona. La pregunta por

150
EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT delprograhadehilbert
EL FRACASO
consistencia en matemáticas o, equivalentemente, la preg
si la fónnula 0 * 0 es demostrable era, en suma, como preg
una determinada posición de zyedrez es legal. es decir si ^5
ble llegar a ella partiendo de la situación iniciaJ de la pan ' i P°S¡ ^ lal y la suina, pero no la mulüphcación. Estos resultados
las reglas del movimiento de piezas. Para responder, uno n * * ^ en dos volmnenes escrttos por Bemays en nombr
al ^jedrez sino que reflexiona sobre el propio ajedrez JUe®
<Í!L
W baio haio el
el títul0
titulo I*»*™**"
Fundamentos * de Uu
tas rmtemáticas onp
matemáticas que
1934 yv 1939.
leH hUcarían en 1934 Sm embarso.
1939. Sin embargo, la fAnointA» i
laconsistenciade los
eopui
«Duda de los datos hasta que los datos no dejen lugar a dudas !p -o describían tma porción lo suflcientemente grande de
sistemas que
— Henu Polncaie. con mimeros naturales segtúa resistiéndose.
j.aritinéticacon

Pero Hilben msistía en que la demostración metamatemática


de ia eonsistencia de la arionética tenía que satisfacer tanto a l0
góohl: DESASTRES Y TEMPESTADES
matemáticos clásicos como a los intuicionistas, es decir. debT
hacerse mediante métodos finitarios, constructivos, que no re*
quiriesen la mtervención del inftnito. En efecto, como subrayó Hacia 1930, el primer punto del programa de Hilbert se había
Poincaré poco antes de morir. si para probar ia consistencia de la esencialmente cumplido: la lógica, la teoría de conjuntos y la
antmética se usaba el principio de inducción, es decir, el quinto aritmética estaban axiomatizadas. Quedaba todavía pendiente el
axioma de Peano, aunque fuera en e! plano metamatemático, se asunto de la consistencia y de la completitud de estas dos últiinas.
caía en un cúculo vicioso: se quería demostrar Ia eoherencia de Ese año Hilbert se jubiló tras cumplir sesenta y ocho años.
la aritmética empleando precisamente un principio aritmético. Se Conmoüvo del nombranúento corao ciudadano honorífico de Kó-
trataba de demostrar con razonamientos autoevidentes que los rágsberg, el catedrático emérito de Gotinga pronunció un discurso
propios métodos maremáticos, aun cuando implican la presencia ensu ciudad natal. En él, volvió a defender la idea de que no hay
del mfinito actual. son válidos, es decir. que no dan lugar a deducir problemas irresolubles en matemáticas. A1 terminar, se dirigió a la
una contradicción. Aún más: ililbert aspiraba a demostrar no solo radio local, donde declamó con igual intensidad la frase final de su
la consistencia de la matemáticEi, s'rno tantbién su completitud. •fecurso: «Debemos saber, sabremos». Después, sonrió. Todavía
Esta era la otra cuestión pendiente en la base de su conferencia se conserva la grabación y, si se escucha muy cuidadosamente,
del año 1900: la posibüidad de resolución de cualquier cuestión Pu«de oírse la risa íinal de Hilbert. Era el 8 de septiembre de 1930.
matemática.
Paradójicamente, como si se tratase de una broma del desti-
Hilbert y sus colaboradores lograron demostrar la consisten- % durante los tres días previos se había celebrado precisamente
cia de algunos slstemas íbrmales sencillos. Así, en 1922, HUbert ^ Konigsberg un congreso sobre epistemología de las ciencías
se fijó en una parte muy elemenlal de la aritmética y, est udiando
bfc '*?'U meta del encuentro era decidir hasta qué punto se ha-
el aspecto de las fórmulas demostrables, coneluyó que la fómuüa
solventado la crisis de fundamentos de las matemáücas. In-
0^0 ivo era una de ellas. Esta prueba fue posteriormente exten-
ftori„ler°n confei>enciantes dentro de cada una de las cornentes
dida por Ackermann en su tesis doctoral (fechada en 1925 y rea-
^onales. Por el logicismo, el lógico Rudolf Camap (1 m-
hzada bajo la supeivisión de Hilbert), así como simpüficada con
^ expuso la eoncepción de las matemáticas que a ia
elegancia por Von Neumann en 1927. Pero se trataba de avances
8üya Círculo de Viena: los teoremas matemáticos como

152 EL PRACASO DELPROGRAMA DE HIL8ERT

EL FB«*5O0ELP*OS*AHA‘*HILBERT
tautologías, verdades lógicas. Por el intuicionismo, Arend He
pretendiendo expulsar el infinito de las matemáticas. Y, por
malismo, John von Neumann, que estaba a la zaga de Hilb ^ ^°r'
á < precisa cuantificar sobre propiedades y no solosoZ
Pero no cabe esperar que la .ógica de los leníZ*
día 6, el joven lógico austriaco Kurt Gódel, de veinticuatro611
orden o supenor sea completa. Así que ur,a
había intervenido para comunicar un par de resultados qUe rj4*08’
temente había obtenido: «Puedo dar ejemplos de proposici df1^e.nos matemáticas en un lenguqje poco expresivo Jro
aritméticas verdaderas pero indemostrables en ei sistema f °Ile3 ^ tódca bs correcta y completa; o b.en fomtaüzamos nuestr^
••u-va " 'enios ma.emat.cos en un lenguqje expresivo pero c "
de las matemáticas clásicas». A pesar de su importancia, el
cio pasó desapercibido para todos los asistentes, a excepeiój^" subyacente es, en el mejor de los casos, correcta (solo L
Von Neumann, que quedó perplejo. Pese a sonar reiteradan ** ^ demostrar verdades) pero incompleta (no podemos de-
que lograba demostrar la eonsistencia de la matemática medi^ j- todas las verdades).
métodos finitarios, Von Neumann había comenzado a sosn u*
que no era reaimente posible y la breve comunicación de ese i ^
«Gódel es el lógico más grande de todos, después
tímido de gafas circulares pronto se le apareció como un hito ^
siempre se divisaria desde remotas distancias en el espacio y^en de Aristóteles.»
el tiempo. Era ia sentencia de muerte de la hermosa frase final de — JOHN VON NBUMANN 30BKE GODEL.

Hilbert La esperanza que el matemático alemán había manteniclo


viva durante más de treinta años iba a apagarse definitivamente Restringiéndonos al lenguaje de primer orden (donde solo
Las matemáticas no volverían a ser seguras. Con la pubiicación en 1 sepuede cuantificar sobre individuos), si inteipretamos los indi-
1931 de ias teoremas de incompletitud de Gódel, el programa de viduos como números, difícilnnente iremos más allá de una arit-
Hilbert fue cortocircuitado. Pero para explicar por qué, necesita- mética elemental (por ejemplo, el teorema que afirma que todo
mos unas gotas de lógica matemática. coujunto de núineros naturales posee un elemento mínimo es
Desde Aristóteles, sin olvidar las aportaciones escolásticas, inexpresable, ya que tendríamos que cuantificar sobre conjuntos
la lógica ha sido concebida como el estudio del razonanúento, de números), y jamás nos elevaremos hasta el anáüsis. E1 pro-
que nunca se da en el vacío sino siempre dentro de un lengujye. blema reside en que las funciones o las relaciones numéricas no
Con el paso del tiempo, los matemáticos fueron prestando mayor
son, a su vez, números. Sin embargo, esta dificultad se esfuma
atención a ia lógica de los ienguajes en que se expresan, con el
siconsideramos conjuntos, porque las funciones y Ias relaciones
fin de determmar sus virtualidades. La lógica les enseñó que hay
entre conjuntos son, a su vez, otros conjuntos: las n-tuplas de
dos nociones fundamentales a estudiar en un lenguaje: una de
eonjuntos son conjuntos. Esto plantea la importante cuestión
carácter semántico, la noción de verdad; otra de carácter sin-
e si toda la matemática es reducible a teoría de conjuntos. Si
táctico, la noción de demostración. Así, la dificultad estribaba
^tptetamos los individuos de nuestro lenguaje de primer orden
en determinar su alcance respectivo: si estas dos nociones, muy
oomo conjuntos, se comprueba empíricamente cómo la mayoría
distintas intensionalmente, coinciden extensionalmente. Con
matemáticos son definibles a partir de conjuntos. Este
otras palabras, si todo io demostrable es verdad (corrección) y si
todo lo verdadero es demostrable (completüud). Generalmente, con^1^15 ^Vest^8ación sedimentó en la mencionada teoría de
a un lenguaje rico en capacidad de expresión, corresponde una Prim^08 ^ Pnrtiendo de unos pocos axiomas formulables en
lógica pobre en propiedades interesantes. Por ejemplo, la iógica f0r^en« esta teoría de conjunlos fue capaz de tragarse una
mgente de la matemática de su tiempo.

EL FftACASO DEL PROGRAMA DE HIL8ERT


155
EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT
'.nieros primos (Uamada godelización desde entonces)
De nuevo, como al cabo comprendió Gódel, el preci0
oue pagar por esta riqueza teónca (expresividad) es ia e»105 "leros a los signos, demaneraquefnerafaetibleasociai
^¿eórica, que se manifiesta en vanos resultados de &*> fLula —y tamblen a cada ^mostración- un número
los teoremas de incompletitud. E1 primer teorema Pr^Clóm í ^lficara toda su estructura. Las proposiciones que habla-
# c0£ propiedades del sistema formal eran a su vez expre
existe una fóimula verdadera que no es demostrable en Zp f qi,e
Que el txabajo de Gódel tomaba los Pt'iwipia matken>.atka ? is¡t ^rlentro del sistema P°r m6dͰ de fórmulas aritméticas La
sistema formal de referencia, sus resultados son válidos paJ sa .rabilidad, por ejemplo, quedaba representada como una
otros sistemas afines). Y el segundo, que es imposible denJn? ^‘^nutnérica.
Ia consistencia de ZF en ZF. Más aún: una demostración estascondiciones, Gddelselasmgenióparaconstruiruna
de la ausencia de contradicción en ZF y, por ende, en ías mat * la G que aíinna de sí misma lo «Sutente: «soy indemostia-
ticas, únicamente demostraría que ZF y las matemáticas son / fÓrm Fsta fórmula era im ejemplo de sentencia indecidible dentro
hecho, contradictorias. Gódel acabó con las esperanzas del forin ? blC* tema format: ni eila ni su negación son teoremas, es decir,
lismo hilbertiano. Todos los esfuerzos por probar la consistenc3 ^ S1Ssuables. En efecto, Gódel consiguió demostrar que G es te-
de la matemática están condenados al fracaso. Con más precisión ^"strable si y solo si ->G es demostrable. Por io que, si deseamos
es imposible demostrar mediante métodos finitarios la ausencia m° el gjstema formal sea consistente, ni G ni -,G pueden serlo.
de contradicciones de cualquier sistema formal que contenga la S C lo fuese> como ->G afirma en términos metamatemáticos que
aiitmética de Peano —si se permite el empleo de artillería pesada q es demostrable (niega que sea indemostrable como ella misma

sí es posible probar la consistencia, como lo logró Gerhard Gent- afimia) sería posible demostrar también ->G y deducir una con-
zen (1909-1945), un alumno de Hilbert, en 1936, aunque mediante uadicción (Ga-G). Recíprocamente, si ->G fuese demostrable,
métodos transfinitos cuya evidencia es muy discuüble—. podnamos por la misma razón demostrar G y llegar a la misma
contradicción. En suma, la demostración de cualquierade 1 as dos
fórmulas impiicaría ipso facto la inconsistencia del sistema Pero
«¿Quién de nosotros no se alegraría si pudiera levantar hay más: si asumimos que el sistema formal es consistente, enton-
el velo tras el que se oculta el porvenir, dejando caer su núrada ces G es indemostrable pero verdadera. Si G fuera falsa, como lo
sobre los futuros avances de nuestra ciencia y los secretos que dice G es «no soy demostrable», entonces G sería demostra-
ble, Io que es imposible. En consecuencia, tenemos una sentencia
de su desarrollo?»
G que, aunque no demostrable, es verdadera.
— DaTID BlLRKBT, INTBODUCCIÓN D8 SU INTEBVENClON EN EL II CONCiBESO InTERNACIONAL
DB MaTEMAT)C06 EN PAttS.
La existencia de una sentencia indecidible implica que los
axiomas de la teoría no contienen la respuesta a todas las pregun-
tasformulables en el lenguaje formal, porque ni lasentenciani su
La paradoja del mentiroso fue para Gódel uno de los moto- negación son teoremas. Y como ella o su negación han de ser ver-
res de la demostración de los teoremas de incompletitud. El daderas, tenemos una fórmula verdadera indemostrable. Lo peor
la prueba esté a un paso de caer en la circularidad provocó ^ Qoe si uno anade la sentencia indecídible como axioma, apa
que más de un matemático —caso del sexagenario Zermelo-- recen otras nuevas. Los matemáticos despertaron de golpe e
no comprendiese su valor. Gódel ideó una hábü traducción deJ 8HU(,ño ^bertiano de la completitud, en que los sistemas axioma-
metalengu^je dentro del lenguaje: una aritmetización de la metf C0S Uo contienen fónnulas indecidibles y lo verdadero comc'’0
matemática. Mediante una audaz codificación numérica basa mPte con lo demostrable. Resumiendo: «consistente» imp

1S6 1S7
0ElPRO6RAMAOEHILBERT
BL FRACAS0 programa de HILBERT ELFRACASO
«incompleto»; y, recíprocamente, «completo^ inipiica
tente». Ningún sistema formal que contenga la aritméticTlCOl1ais‘
simultáneamente ambas cosas. Si suponemos qUe es c es 6U tsorema de indefinibilidad de la verdad de tarski
siempre será incompleto, es decir, contendrá verdades0nSÍStervte-
.„ríd Tarski (1902-1983) se preciaba
trables. Existirán algunas propiedades ciertas sobre los ° dem°s' A T r el mejor de los lógicos matemáti-
formaimente indecidibles, es decir, que no podremos dnUmeríVft de Svivos y cuerdos (con lo que evitaba
iü refutar a partir de los axiomas. em' C°S oerarse con el maniático y obsesi-
C° Gódel). Este lógico polaco. que lo-
Pero al primer teorema de incompietitud le sigue tm
l°rñ embarcarse para Estados Unidos en
teorema: como, según vimos, la consistencia es equivale fpxo y convertir la Untvers.dad de Ber-
marquelafórmula0*0noes demostrable, Gódel transf ** 6 &a^' Lley en la cap'tal mundial de la lógíca
Ltemática durante decenios. era noc-
úitima propiedad metamatemática en una fórmula aritnvtT° ^
támbulo y aficionado a las anfetaminas.
üamaremos C, y observó que lo que el primer teorema esSil^ fin de mantenerse despierto trabajan-
es, en eJ fondo, «C—G». La consistencia impUca que existe *** do incansablemente. Hizo suyo el aforis-
sentencia indecidible y, por tanto, ia incompietitud. De moci0lIr a mo hilbertiano de que el mejor descan-
so de un matemático se encuentra en
una prueba de Cpermitiría descargar G en la implicación «C^gI
la esposa de un colega, una reputación
Alfred Tarski en 196&
mediante el modus p&nens y, por tanto, demostrar G, lo e¡ de Casanova a la que tampoco fueron
imposible, ya que G es por construcción indemostrable. Por coiJí ¡ndiferentes sus doctorandas (en algún
guiente, C es también indemostrable. Este corolario soiprendente momento. amante y esposa llegaron a convivir bajo el mismo techo)-. una de
ellas, que logró resistirse. fue la matemática estadounidense Julia Robinson.
asegura que la eonsistencia de un sistema formal que inciuya ia Tarski es cólebre porque en 1933 publícó un extenso artículo en el que daba
aritmética no es demostrable dentro del sistema formal. En reali- una definición formal de verdad, inaugurando con ello la teoria de modelos.
dad, Godel no demostró propiamente este segundo teorema, solo 5i Hilbert. con su teoria de la prueba o de la demostración, esdareció la no-
ción sintáctica de demostraeión formal, Tarski hizo lo propio con la noción
argumentó a favor de su plausibilidad, sin llegar nunca a escribir la
semántica de verdad.
demostración prometida. La piimera prueba compieta, muy Iabo-
riosa, apareció curiosamente en 1939, en el segundo volumen de Otro teorema de llmitación
los FuTidamentos de las matemáticas de Bemays y Hilbert. En 1933, dos años después de que Gódel diera a conocer sus dos resultados de
incompletitud, Tarski extrajo otro teorema de limitación, aunque este teorema
Para rizar el rizo, a las limitaciones sintácticas que descu- ya fue enunciado y probado por Gódel en una carta a Zermelo fechada en 1931.
briera Gódel, se unió otra limitación semántica de los sistemas Expresado en términos de limite expresivo, este teorema establece que toda
formales de primer orden: el teorema formulado por Leopoid teoría formal de primer orden que contenga la aritmética básica es incapaz,
si es consistente, de expresar su propio concepto de verdad. Las teorias inte-
Lówenheim (1878-1957) y Thoralf Skolem (1887-1963) hacia 1920,
resantes no contradictorias no pueden contener una expresión «server a
sobre el que este último voivió en 19^3. En 1930, dentro de su óentro de su lenguaje, porque de ser así caerían en la paradoja del mentiroso.
prueba de ia completitud de la lógica de primer orden, Gódel de- Usando la gódelización. podría reproducirse una fórmula T que a irmara
mostro de pasada que toda teoría de primer orden consistente s( misma que es falsa. A continuación, se compondria con *a expr?^*°!\ .
verdad» que presuponemos que existe dentro del lenguaje, y egari
tiene un modeio en el que los axiomas se verifican, aunque nada
sigulente contradlcción: fes verdad si y solosi es falsa. Ppe^tpq .osióojcos
dijo sobre qué características tiene ese modelo o cómo constniir- afirma. Como el mentiroso: digo la verdad si miento. Des e u . ^ (as
lo. Lo que Lówenheim y Skolem percibieron con anterioridad es ^atemáticos han sido capaces de emplear la circulandad que prec p

que cualquier sistema formal de primer orden consistente tiene( Paradojas con gran provecho.

e hecho, un modelo numerable. Esto da lugar a la paradoja e

EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HtLBERT programaoehilbert


EL FRACASO DEL
Skolem: si ZF es consistente, posee entonces un
va fcompleta) de pnmer orden, pagainos el predo de per
rable. Es decir, ¡el continuo no-numerable que creT^0
^Kategoriddad. Habra modelos esfándar y no estándar de
dentro de ZF puede referir a un copjunto nunierableT8 ^jar der I» ca[oS naturales. La avaricia del tógico üene un coste
La teoría de los números reales, de la qUe esperama de ^
■^Cmás, Gddel coryeturó muy pronto que la hipótesis dei
que tengan el famüiar modelo no numerable (los querem0s
. nuo de Cantor, que en 1925 HUbert creia estar cerca de pro-
«reales»), tiene también un modelo numerable. Est '^reales
mpleand0 técnicas muy refinadas entresacadas de su teoría
que las teorías de primer orden no pueden controTT^ decir demostradón’ era un ejemplo de sentencia imkcidible en la
lidad de sus modelos. Así, por ejemplo, si ios axiom * Car(lina' ie , de couiuntos habitual. En 1938, restringiéndose al subuni-
de la aritmética se formulan en la lógica (incompletaH ^ Pean° te(,rl de los coniuntos constructibles, Gódel probó que no puede
orden, son categóricos (es decir, todos sus posiblesJ ° SegUndo r^nostrarse que sea falsa en ZFC. Inversamente, en 1963, Paul
isomorfos, tienen el mismo cardinal); pero si los foT?el°SS011 Chen (1934-2007) probó, empleando el método del forcing, que
ürmuiamos en

EL «ENTSCHEIDUNGSPROBLEM» O PROBLEMA DE LA DECISIÓN postulado que afirma que cualquier


definición alternativa de computabi-
En el IV Congreso Internacional de Matemáticos. celebrado en Bolonia en lidad es equivalente a la definición
1928, Hilbert aprovechó la ocasión para -aparte de contar de nuevo su plan dada por Turing en términos de sus
de salvación de la matemática- plantear la siguiente cuestión: ¿existe un máquinas. Recurriendo a una varian-
procedimiento mecánico que resuelva todos y cada uno de los problemas te ingeniosa del argumento diagonal
de la matemática, un algoritmo capaz de decidir en princípio todas las cues- de Cantor, Turing probó que hay mu-
tiones matemáticas, que dada una proposición matemática nos diga si es o chas más funciones que máquinas de
no un teorema? ¿Es. en otras palabras. decidible la matemética? Al igual que Turíng. O, expresado de otro modo,
las cuestiones de la consistencia y de la completitud, recibiría una respuesta que hay funciones no computables.
negativa. Tras los teoremas de Gódel, se entrevió que ía respuesta al problema Las funciones computables, como las
era un no rotundo al ser incompleta la matemática: el supuesto algoritmo se máquinas de Turing, son una cantl-
quedaría tiempo infínito pensando en la sentencia indecidible, ya que m ella dad numerable, esto es, agujas en el
n¡ su negación son un teorema. En consecuencia. el prob/ema de la decisión pajar de todas las funciones. Final-
solo quedó pendiente para la lógica de primer orden, que es, recordemos. mente, consíderando el problema
completa. Sin embargo, en 1936, Alan Turing (1912-1954) e independiente- de la parada, ofreció una respuesta
mente Alonzo Church (1903-1995) demostraron que la lógica de primer orden negativa a la pregunta de Hilbert, al
tampoco es decidible. tr,tscheidungsproblem: si existiera
ese procedimiento, también seria Estatua en pliarra y retrato de Alan Turing «i
La tesls de Church-Turing capaz de decidir en tiempo finito si el Museo deBletchleyParK.

Turing comenzó por plantearse qué quería decir pensar como una máquina, una máquina de Turing cualquiera se
mecánicamente. Su prímer triunfo consistió en definir el concepto de función Para tras un número finito de pasos . , .
computable: una función computable es aqueila que una máquina de Turing. ° entra en un bucle infinito cuando se le introduce cierto
una suerte de computadora sin limitaciones de espacio o tiempo, es caPa* ero esto último era, según demostró, imposible. No exis; e
Oe calcular. Simultáneamente. al otro lado del Atlántico, Church llegó a tden- e recibir como input un enunciado lógico o matema '
ticas conclus/ones mediante el desarrollo de un sistema formaf que Ham °utput «teorema» o «no-teorema» (aunque la propieda
calculo lambda. Desde entonces, se conoce como tesls de Church-Turing es ^ecidible en la restringida lógica de proposiciones).

160
EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT
tampoco puede demostrarse que sea verdadera en 7 ración de la matemática, besó la lona; pero, en cuanto filo-
y Cohen construyeron sendos modelos donde la h' Gó(lel laS matemáticas, ganó a los puntos.
respectivamente, verdadera y falsa. Así que ni la afiJn0teSÍS er^ ^wuentemente se dice que la posición platónica es la qUe
negación de la hipótesis del continuo son demostrabl ^,a caracteriza la actitud del matemático hacia la esencia de
mente lo mismo ocurre con el axioma de elección ^ Exacta- ^iplrna- E1 matemático en activo cree en la realidad de los
tencia e independencia con respecto al resto de axio C°nsis' Shietos matemáticos. Pero claro, cuando los filósofos empiezan a
probaron ambos matemáticos. E1 estatus del axioma^ ° sarle con sus preguntas, corre a esconderse bqjo las faldas del
y de la hipótesis del continuo dentro de la teoría de ° eleccióri flalismo y afirma: «la matemática no es más que una combina-
portanto, análogo aJ del axioma de paralelas en geomeSt0SeS’ ión de signos faltos de signiíicado, un bonito juego con fórmulas,
Cantor no es el único paraíso conjuntista disponible ^ El de niás divertido aún que el ajedrez». Aunque con eUo larelación que
E1 programa de Hübert quedó fuera de combate p0r óene con la realidad, con su significado real, quede entre tmie-
de los derechazos infligidos por Gódel. Tanto el primer co^ blas. Si se quiere certeza, hay que eliminar todo significado; pero
segundo problema de la famosa lista de veintitrés problem^Td1 sisequiere que las matemáticas tengan sentido, se hade abando-
Hilbert quedaron al fin resueltos, aunque de ima manera inimató nar la certeza Para el formalista estricto, toda teoría matemática
nable en 1900. En matemáticas, lo verdadero no coincide con lo no es sino una combinación de signos sin significado, como un
demostrable. Los axiomas y las reglas de inferencia que Hilbert jeroglífico desprovisto de ulterior sentido. En verdad, Ia mayoría
había puesto en cabeza no eran suficientes, no bastaban para de- de matemáticos son platórücos los días laborables, mientras fae-
ducir todos los teoremas matemáticos, siendo posible imaginar nan entre teoremas, proposiciones y corolarios, y solo se vuelven
proposiciones verdaderas pero no derivables en el sistema formal formalistas los fines de semana, cuando abandonan sus trabajos y
de las matemáticas clásicas. De hecho, «la aritmética es consis- charlan con los füósofos.
tente» era un ejemplo de este tipo de proposiciones indecidibles. Si bien es cierto que Hübert fue un formalista circunscrito al
Hilbert, que conoció a los pocos días los teoremas de Gódel (gra- campo de los fundamentos de las matemáticas, no puede decirse
cias a Bemays), intentó salvar parte de su programa permitiendo sin anibigüedad que lo fuese en su concepción general de la ma-
el uso de métodos no fmitarios para demostrar la consistencia de temática. Para el matemático alemán la matemática no tema nada
ía matemática. Pero, como ya dijimos, estos métodos son cual- Que ver con la arbitrariedad de un juego. Se trataba más bien de
quier cosa menos autoevidentes. Hilbert y sus pastores matemá- uu sistema conceptual cerrado, dotado de una necesidad intema,
ticos habían construido un recinto para proteger de los lobos al onde se cumplía que a nuevas ideas correspondían siempre nue-
rebaño, pero desconocían si habían dejado algún lobo dentro.
°s ^S1108 y rnanipulaciones.
có A ,0 ,ar§° de los dos últimos capítulos hemos comprobado
jjjf10 Cacia una de las concepciones de la matemática (plato-
pof0’ ,0^cismo, intuicionismo, formalismo) presenta dos caras.
BALANCE: LAS GRIETAS DEL FORMALISMO
conh,n ad°’1111 plan de fundamentación de las matemáticas (la
el con *1VÍZaCÍÓn del Platonismo, la logificación del logicismo,
Pese a que las dudas escépticas nunca fueron exorcizada5 ^ lism0\ ctivrsm° del intuic.ionismo, el axiomatismo del forma-
todo, la matemática clásica siguió gozando de la mejor s a bo tóniC(;0Or otro lado, una visión de la matemática (el realismo pla-
firmeza y el entusiasmo de Hilbert lograron mantener e ^ el conceptualismo intuicionista el nonimalismo
del gran barco de las matemáticas. E1 formalismo, en cuan )• A la postre, el formalismo demostró ser la cortiente

a FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT EL FRACASO DÉL PROGRAMA DE H.IBERT


rrrrssa c0fO 5CPEH01
foloflréfia de ia
tumba de Hllbert
«n Gotinga. Al pi.
de la láplda pu?d«
learse ia c#!«br«
frase que
Ptonunció «n
fuiwian sobre sus propias fimdamentacior.es ' aencias •l discurso tras
Durante la crisis de fundametitoc nft k. u ser nombrado
dudaoano
de derrumbe del edificio secular de las mnt^máT^ arnena honorlfico d«
Kñniflsberg:
bastante extendido pensar que &® «Debemos saber,
«abremos».
apimtalaron un presunto edificio en nj,r,as'po^f'^0™31
<=OTOIHrERiOR
la rnatemática siguió su curso sin apercibirse de “ *" **“* tZoyi6BOA;
Alfr«d Tarski y
gnetas. No en vano se estaba viviendo una ed^ Ttó.SUpues' Kuri Gfldel en
pléndidos y fértiles avances fteoría de la mJvf d ^ COn' Vlena. err 1935
Ambos
propiciaron «I
derrumbe del
se dtbqjo en el terreno de la lógica y la teoría de conjumos f edlHcio hllbertiano
con sus teoremas
m cho mas una msis de jnétodos, que renovó la fomta de h’ac de llmitaclóo.
matematicas. L FO’O iKPERiOP
OEHECríA.
Hilbert fue el campeón de la axiomáüca, un firme partidari Oavid Hllbert
a finales de la
del metodo axiomático no solo para la matemática sino para I década de 1930.
ciencta, Bajo su paüonazgo se expandió desde las raíces a toda
las ramas del árbol matemático. Pero, dejaudo de lado la brech
abierta por Gódel, hay que decir que el axiomatismo hilbertian
no encaja con el quehacer cotidiano del matemático, con su día
adía.
Si observamos a un matemático en acción, porque los artí-
culos no son más que los productos acabados de ese hacer, nos
asombraremos de la gran cantidad de razonamientos no formales
que hace. ¿Qué demuestran los teoremas de limitación de Godel o
Tarski para el matemático en activo? Que la matemáticaes un co-
nejo demasiado grande para sacarlo de una chistera tan pequeña
como es un sistema axiomático, por hábil que sea ese prestidigita-
dor llamado Hilbert. Es más, como patentiza la historia de los nú-
meros, la axiomática solo es posible si previamente ha habído una
fase de manejo operacional del modelo, es decir, solo se pueden
listar los axiomas de los números si ya se posee una ligera iúea
del constructo que se tiene entre manos. E1 método genético pre-
cede al método axiomático, y permutarlos ofrece la misma ven
taja que el robo sobre el trabajo honrado (la axiomática se arroga

EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT 165


164
EL FRACASO DEL PROGRAMA OE HILBERT
, t0 todo lo construido). Incluso los axiomas lógicos y
BOURBAKI deinItie orfa de conjuntos se han obtenido como resultado del
¡os ¿e l3. las demostraciones no formales. Además, cuando el

rnmmm
corriente razona sobre el continuo de números reales.
^^nsaen modelos no estándar (numerables) del continuo
janláSróten si se trab^a axiomáticamente dentro de ZFC y que,
Wue ^edento formalista, son tan válidos como el modelo es-
^ [)es(ie el punto de vista de) analista o del topólogo, para
icontinuo es ima realidacl operacional, laexistenciade
^odelos numerables significa simplemente pobreza del lenguaje
sentaba las matemáticas de un modo muy absbacto v^a Bourbak' f rmal como medio de imitación de los razonamientos no forma-
en unos Elemencos de matemádca altamente axiomab^fd^'S.Que Cristali^ ^ Pese a ]a luminosidad de la metáfora acuñada por Hilbert, la
presentar las matemáticas como serafines. purifSo’ í m'rf ?tendenc,aa
terrena. fue la responsable de la enseñanza dp u •de 1 da lncertidumbre matemárica no es un edificio, un templo, sino que se asemeja más
juntos desde ,a más tierna ^ de a una ciudad, con sus avenidas, sus barrios. sus zonas nuevas en
os años setenta y ochenta del siglo pasado. d E Pa durante construcción y sus zonas deshabitadas, cerradas por denibo.

LA CAÍDA DE LOS DIOSES

Con la Uegada de HirJer aJ poder en el año 1933, Ludwig Bieber-


bach—afiliado al Partido Nazi— se aupó a la cabeza de las mate-
máiicas alemanas. promoviendo una matemática «aria o aJemana»
(laDeus/c/ie MnOiemntik). La teoría de la relatividad fue denun-
ciada como un fraude judío. E1 mismo destino corrió la teoría
^ c°1)l,nlos. quizá a causa de que empleara el aifabeto hebreo
l°s cardinales transfinitos (aunque aquí íambién pesó que
^ fuera el aliado de Brouwer en Berlín). A los profeso-
ju os se les prohibió impartir clases y, uno tras otro, fueron
e^d°s de sus eargos.
telacb |IlStitUt0 ^atemático de Gotinga fue rápidamente desman-
bert SU presttSio intemacionaJ se hundió para gran pena de Hil-
ennann Weyl, su aluirmo predilecto y quien finalmente habíá
<]ue sy i ° l5312 ^^^erle, aunque era ario, hubo de emigrar, ya
El congr*so Bourbakl de 1938 (de liquierda a derecha): s. W«fl. C- Pisot. A- Well, Dieudonné.
(e l^Gr era de ascendencia judía, y terminó aceptando un
C. Chabauty, C Ehresmarm y J. Peisarte.
^aÍ de Estudios Avanzados de Princeton, donde
^lbert Einstein y Kurt Gódel. Richard Courant fue apar-

FRACASO DEL PROGRAMA OE HILBERT 167


EL EL FRACASO DEL PROGflAMA DE HIL9ERT
166
b

en Alemania. En una ocSf ° P°f nueva ^aciñ


alumno de doctorado qué curxo^f^10 a BlumeMhal « POlít
pondió que ya no se le pennito taparüendo ¿s“
con indignación. Cuando en un hí y el ««ttno' Lecturas recomendadas
nuevo ministro nazi de Educación esTT ’* Sentai'on aj S°
matemáüca en Goünga ahora que ka sTdo PregUnt6: *¿c«mo

'i-;™ M,"«s v,
en el tristemente famoso gueto de Th Muno ese núsmo af JM. v Sabina de Lis, J.C., Hilbert. Matemático fundamen-
República Checa. Felix Hausdorff n ere®lendstadt> en la actu tal, Madrid, Nivola, 2007.
nual de teoría de conjuntos sp si • ^aa escrito e] Pmner m Beí,B.T.,Los grandes matemáticos, Buenos Aires, Losada, 2010.
BovEfl, C., Historia de la matemáUca, Madrid, AJianza, 1996.
smei5^~s=s= RfiáN» «L EL sueño de La razón. La lógica matemática y sus pa-

=
fisica ¿eparable llna degradactó
rwdojas, Barcelona, RBA, 2010.
Grattah-Guinness, L (ed.), Del cáleulo a la teoria de conjuntos,
Madrid, Alianza, 1984.
David Hilbert murió en Gotinga el 14 de febrero de 1942 Gw.JJ.,Elreto de Hübert, Barcelona, Crítica, 2003.
mientras las armas rugían con toda su fuerza. Ai funeral de Hil Funáamentos de las Matemáticas, México D.F.,
UNAM, 1993.
ert asistió menos de una docena de personas. Y, sin embargc
aun resuenan Jas palabras grabadas en su tumba como epitaflo ^%o’^^i998lCíLS' la pérdida d* la certidumbre, Madrid,
vr müssen wissen. Wir werden wissen («Debemos saber, sa
bremos»).
Foundafin ^ Brouwer to Hilbert The Debate on the
% Press, i99g Mathematics in the 1920s, Oxford Univer-

°fitPREoor,Jp logicos' Madrid, Espasa-Calpe, 2000.


Editores,’ 2^atemati‘ca deí sigl° Madrid, Katz Barpal

Y°rk’ ^^gerVerlag, 1970.


°8Rrpri> K El nna / ^ nnatemáticas, Barcelona, Crítica, 2008.
Univefsitaria, 1993° ^ Cant0r’ Chile, Editorial

168 EL FRACASO DEL PROGRAMA OE HtLBERT

169
índice

Ackernumn, Wilhelm 13, 1H» 141, categoricidad 161


Ghurch, AJonzo 160
149,150,152
análisis 8-11,18,34,43, 46, 50, 53, clase 113, 116-119,122, 123, 127-
56,60,61,65,69,72, 77,80, 81, 129
92-96,101,104, 106, 107, 112, Cohen, Paul 62, 161, 162
114,130,131,137, 138, 147-149, completitud 37,41. 42, 150, 152-
155,164, 167 154. 157.158, 160
axionta Congreso íntemacional de
de elección 126,128, 130, 131, Matemáticos
141,162 1897Zúrich 50
de paralelas 28,29, 31, 32, 36, 1900 París 9, 13,47.49. 51.60,
38, 42, 44, 162 71. 72. 140.147.156
1904 Heidelberg 147
1928 Bolonia 91.160
coi\junto
cardinal de un 124,127
“ ^*Tha«-h( Ludwig 59, no numerable 124.125,129,
““'merithal, Oito 65, 67 137, 160
•lán.w 30^2, a5 numerable 124-126,129, 137,
^MuX 98-too, 102 138, 158. 160.161.167
,IJrt<ahi
consislencia lt, 13. 37,40-42, 54,
».»09 61.62. 141.147-154,156,158,
148, 167 160, 162
continuo, hip<>tesis del 10, 53,
C*TuflW>r8 U-24.4í 60, 62, 126. 130,149,161,
162
Courant, Richard 66-88, 167
Gauss, Carl Frlédrich 7, 8,12 ig iiituieionismo 11,132-134,136.138,
Dedíkind, 36-114’ ll6> Principta mathematica 121-123
23, 24, 30,32.34,39, 42, 43 65 140-143,147, 154,163
117,124,12(>, 1*% ^ 166 *
71, 78, 87, 132,136 ' ’ lxivariant.es 13,19, 20, 22-24,30.34,
prineipio

=aiiffisr-
geomet.ría 49,86
de inducción 117,120,123,134,
eudídea 18, 28, 30-36, 40,42-4f,
148,152,153
89,95,112 Kant, Immanuel 7,17, 36,43,132,
134,141,142,149-152,164, 156- de! tercio excluso 136,142
no euclíciea 15,18, 26,28-34 139
169,161.167
constructíva 12,20,22,112, 38,40,42-44, 46, 87 KJein, Felix 13,19,20, 21,24,30.31,
reducdón al absurdo 20,21,136,136
135,136,138,142 Gddel, Kurt 9, 11,13,42, 54 62 40, 50,55, 60,67,71,84,91,131
Riemann, Bemhard 24,31,32,40,
. . io o/i oo 119. 136. 112,113,129,137,145,150 154. Kronecker, Leopold 17.20. 58, 63, 65, 71, 78. 87,92.93,96, 124,132
141,142 162, 164,165, 167 67, 126,132,136,137,139,141, hipótesbde 10,57.61,62,64,83
Dirac, Paul 103-107 teorema de completitud de 37 142,147 Robinson, Julia 58,159
Dinchlet, Peier Gustav Ujeune 77 150,158,160
Ruasell, Bertrand 11, 109,118-123,
prúblema de 13,77-79,82,85, teoremas de incompletitud de Lobachevski, Nikolái 30,32 127-132,148
92 11, 42, 154, 156, 158.159 logicismo 11,109,115,118,121,
Gordan, Paul 19-22, 46,141 134, 141, 153, 163 Schmidt, Erhard 67,95.104
ecuarión problema de 13,15, 19,22 Schródinger, Erwin 90,100,102-
del potencial o de Laplace 75, Gotinga, Universidad de 9, 13,19, mecánica cuántica 10,13,65,69, 104,106,107
77,82,92 24,34, 39, 49, 55, 65, 67,71, 72,’ 72, 83, 92-94, 98-100, 103-108
diferencial 18,59,60,61, 63,73, 84, 88, 90, 93, 99, 100,103, lll’ metamatemática 151,152,156.158 Tareld, Alfred 42.131,150,164.165
74,77,81,92,102 121, 127,142, 153, 167,168 Minkowski, Hermann 9,13,18,24, teorema de indefinibilidad de 159
en derivadas parciales 72-77, 51, 55,67, 71, 84-86, 89. 96,97, teoría
82,100 Hausdorff, Felix 130,168 139 de coí\juntos 10, 54, 62,104,
integrai 13,69, 72,91-95,102, Heisenberg, Wemer 99,100,102, 109,112,123, 124, 126-128,
104-106 103,106 Nordheim, Lothar W. 72,104,106 136,137,141, 149,150,153,
Einstein, AJbert 7,9,10,13, 69, 83, Hertz, Heinrich Rudolf 41, 56, 71 155,161, 162.164,167.168
84,86-91, 97,98,143,167 Heyting, Arend 135,137,154 paradoja 109,118-124,127, 128, de la relatividad 13,69, 71,72,
EjUscheidungspixtbletn o problema Hilbert 129-132,136,137, 141,149,159 83, 84.86-91,97.167
de la decisión 160,161 curvade 133 de Banach-Tarski 131 de números 13,15,18,19,24,
Eucüdes 7,21,25-27,29,31, &5,43, espacio de 10. 69, 93-97,106-108 34,35,49, 53,57,58,61,85
de Cantor 127,128.129
142,166 detipos 122
hotel infinito de 121 deRusseU 118,119,121,122,
problemas de 58, 61, 64, 65, 82, 127-129 Türing, Aian 160,161
formalismo 11,13,35,86,94,106,
100, 162 de Skolem 160
107,132,134,138,141,147,154, programa de 140,145,147,150, variaciones, cálculo de 13,60,61,
del mentiroso 120,156,159
156,162,163 63. 69.72,79-83,88. 89.91.94
153, 154,162 Pasch, Moritz 34-36,41
rrege. Gottlob 11,43,44 45 verdad 8, 26,38,41-44, 52, 53,112,
Peano, Giuseppe 34,35,41,65.117,
115-122, 132,142,149 116.120,122,123,134,135,136,
ignorabimus 52, 53 120, 121, 133, 137,152,156,160
wndaniemos, crisls de 109 l I 142.145,150,151,154,156-159,
J40,147,153.164 independencia 37, 38, 42,162 axiontasde 117,152,160
infinilo 11, 28,29, 93-95,105,107, platonismo 112,113,134,141,163 162-163
Eundamenlos de lu geomeiri Von Neumann, John 9, 62, 72,94,
15.34,71,148 109,112,121,124, 126-128.134, Poinearé, Henri 8,9,11,19,25,40,
97,103,105-107,127-129,152,
136,137,147, 151-154,160,161 45,50-52, 59-61,63-65, 84,85,88,
154,155
actual 152 97,120,132-134,139,148,152

Inoice
ÍNDICB
I
Wrning, cor\j«»tura de 85
Weiewiraas, Karl 17, 67, 79,82,114
Weyl, Hermann 65, 67, 100,123 &rmei('. Emst 6 24,34
137, 139-141, 142, 167 I32'149,156 128.130.
Whltehead, Alfred Nt>rth 120-123
148

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