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axiomas universales
GENIOS
MATEMÁTICAS
En busca de unos
axiomas universales
Hilbert
RBA
Sumario
Realízación: EDÍTEC
Diseño cubierta- Lloreny Martí
Diseño interior: Luz de la Mora INTRODUCCIÓN ______..
Infografías: Joan Pejoan
Fotografías: Archivo RBA: 30,39ai, 39ad, 55a, 55bi, 66,85, capítulo i Los fimdamentos de la geometría
125,139bi, I65bd, 166; George M. Bergman, Berkeley: 159;
Bíblioteca Bancroft/Universklad de Berkeley; 165bi; Biblioteca
de la Umversidad de Chicago: 97a; Biblioteca del Congreso
capítulo 2 E1 desafío de Hilbert .
de Estados Utiidos: 39b; John CaJlas: 161; J- Colomb-Gérard:
91; Departamento de Matemáticas Stony Brook, Nueva York: capítulo 3 Axiomatizar la física .....
lOld; Siegfried Detlev Bendixen: 23; Konrad Jacobs: 55bd, 139a;
Kassandro: 165a; Robert Krewaldt/Biblioteca del Congreso de
Estados tlnidos: 41; Laboratorio Nacional de Los Alamos: 97bd;
capítulo 4 La crisis de fundamentos
Museo Boerhaave, Leiden: 97bi; Soylent Communications: lOli;
Universidad de St Andrews, Escocia: 117,139bd; capítulo 5 E1 fracaso del programa de Hilbert
Justus van Gent: 25.
lecturas recomendadas
Reservados todos los derechos. Ninguna parte de
esta publicación puede ser reproducida, almacenada índice ..
o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.
INTROOUCCION
,NTROOUCCIÓN
gías de muchos de los mejores matemáticos de los siguientes cien yeron grandes logicos y matemáticos de finales del siglo xix y
años. De resultas, la matemática saldría expandida en múltiples principios del xx, como Frege, Russell, Cantor, Poincaré, Brouwer
direcciones. Algiuios de estos problemas galvarúzantes han sido o Gódel. Movidos por la riqueza de las matemáticas fiiüsecuJares,
definitivamente resueltos (caso, por ejemplo, de la hipótesis del
este punado de matemáticos se pusieron a reflexionar sobre Ia
continuo), aunque otros (como la hipótesis de Riemann) siguen naturaleza y el alcance de su quehacer. Tres tendencias se dejaron
esperando una solución. sentir especialmente: ei logicismo, surgido con Frege y revitali-
Pero Hilbert no es solo un nombre mítico de la matemática. zado por Russefi, que defendía que todos los principios matemáti-
También lo es de la física, que transformó ei mundo durante el si- cos podían reducirse a leyes lógicas; el intiücionismo, creación de
glo xx. Las ecuaciones de la relatividad general están parcialmente Poincaré y Brouwer, que rechazaba los métodos de la matemática
en deuda con su genialidad creativa, que estuvo a la par de la de clásica que habían conducido a las paradojas; y, finalmente, el for-
Einstein. Por su parte, la mecánica cuántica se encuentra íntima- malismo, identificable con el pensanúento de Hilbert, que buscaba
mente figada a una estructura matemática que lleva su nombre: el axiomatizar la matemática al completo, demostrando rigurosa-
«espacio de Hilbert». Y es que el nuevo siglo encontró al matemá- mente que los axiomas no conducían nunca a una contradicción.
tico alemán perfilando —sin ser muy consciente de ello— lo que Hilbert lideró la escuela formalista, que en esencia defendía
sería una nueva rama del análisis matemático: el análisis funcional.
que ios razonamientos matemáticos podían ser presentados axio-
No obstante, son los fundamentos de la matemática el tema
máticamente, dentro de un sistema formal, sin mención alguna al
que más páginas reciama Las paradojas de ia lógica y de la teoría significado de los símbolos. Por medio de esta idea crucial, toda
de conjuntos, así como la pléyade de cuestiones abíertas sobre
referencia al escurridizo y paradójico infinito podría soslayarse.
la propía seguridad de la matemática clásica, habían provocado
Y, mediante la manipulación simbólica de un reducido número de
profundas divisiones en la comunidad científica y generado un
axiomas de acuerdo a una o más reglas de inferencia, Hilbert pen-
debate creciente sobre los fundamentos de la disciplina. Hacia
saba que podrían deducirse en un número finito de pasos todos los
1920, nuestro protagonista, entonces en la cima de su carrera, se teoremas de las matemáticas. Urto podría ver entonces la matemá-
embarcó resueltamente en un ambicioso programa de fundamen-
tica como un mero juego de fórmulas y el problema de demostrar la
tadón, por cuya defensa hubo de medirse a algunos de los prime-
no-contradictoriedad de los axiomas como una cuestión de combi-
ros espadas en matemáticas dei resto de Europa. Cual arquitecto
natoria finita, de im análisis ciüdadoso de Ias fórmuias que podían
que explorara los cimientos de un antiguo paiacio que amenaza
demostrarse dentro del sistema formal, de Ias secuencias de sím-
con derrumbarse, Hilbert recorrió las bases de la matemática bus-
bolos que producía el sistema. Pero los tenaces intentos de Hilbert
cando reparar sus grietas y asegurarla firmemente por los siglos
por resolver este punto, poniendo las bases de la matemática más
de los siglos. Quería borrar la fea mancha de las paradojas del
allá de toda duda razonable, se saldaron con un rotundo fracaso.
edificio por otra parte tan perfecto de la matemática. Le artimaba
Un lógico austríaco de nombre Kurt Gódel saltó a la fama
a ello una confianza ciega en que era posible probar que la ma-
cuando anunció en 1931 que los métodos de Hilbert eran insufi-
temática, debidamente axiomatizada, no contenía contradicción
cientes para demostrar la consisteneia de las matemáticas. Los
alguna, era consistente. Una cuestión que Hilbert había fijado
teoremas de incompletitud de Gddel cayeron como un jarro de
como uno de los primeros problemas de las matemáticas en la
agua fría sobre Hilbert y sus seguidores; y, a la postre, significaron
conferencia de 1900.
la quiebra de su programa. No era posible probar la certeza incon-
Siguiendo la pista a sus aportaciones, reviviremos una aven- trovertible de las matemáticas. E1 insobomable convencimiento
tura épica y apasionante en pos de la certeza, en donde conflu-
de que la matemática era la más segura de Jas ciencias acabó para
INTRODUCCIÓN
INTROOUCCIÓN
algunos en nna frustración colectiva e histórica. Las matemáti-
cas tienen una condición incierta, contingente y desfundada, pero
que, aun a trancas y barrancas, progresa.
Hilbert personijficó el ideal del matemático para ia generación
de entreguerras. Su patronazgo impulsó definitivamente la matemá-
1862 David Hilbert nace en la ciudad
tica modema, que se configuró como una ciencia axiomática que de Kónígsberg, Prusia.
monograña que incluye aplicaciones
a la Bsíca del momento, así como
estudia estructuras abstractas, lo que supuso una ruptura con la
una colección de herramientas
matemática del pasado, centrada en núnieros, fómiulas y figuras 1880 Comienza sus estudios de matemáticas
imprescindibles para desarroiiar la
en la Universidad de Kónigsberg, donde
en principio construibles. mecánica cuántica a partir de 1926.
entabla amistad con Adolf Hurwitz y,
David Hilbert fue, en definitiva, un matemático universai,
en especíal, con Hermann Minkowsld. 1915 Compite con Albert Einstein en la
pues tuvo un conocimiento casi total de todas las ramas de las
búsqueda de las ecuaciones (le campo
matemáticas de su tiempo. Fue el último ejemplar de una especie 1888 Se anota su primer gran triunfo
de la teoría de la relatividad generaJ.
niateniátíco aJ resolver el problema
ya extinguida.
de Gordan de la teoria de invariantes. 1922 Retoma casi en exclusiva el interés por
los fundamentos de Ias matemátícas,
1892 Es nombrado profesor titular de la
queriendo probar la consistencia de
Universidad de Kónigsberg. Se casa
la matemática ciásica para erradicar
con Kathe Jerosch.
las dudas escépticas sobre su validez
1895 Es nombrado catedrático de la sentbiadas por los intuicionistas.
Universidad de Gotinga gracias
1928 Publica, en eolaboración con Wilhelm
al buen hacer de Felix Klein.
Ackermann, Fu ndament,os de tógiea
12 INTRODUCCIÓN INTROOUCCIÓN 13
CAPÍTULO 1
de invariantes (un área de investigación que Hilbert dejó prácti- confiara, pero le traicionó y la publicó
haciéndola pasar por suya. Finalmente, Ludovico Ferrari, antiguo secretario
camente cerrada), sino algo más, mucho más en realidad: la lucha
de Cardano, dio con otra fórmula para resolver ecuaciones de cuarto grado.
entre dos visiones muy distintas del haeer matemático. Por un Sin embargo, la resolución por radicales de la ecuación polinómica de quin-
iado, la constructiva, típica del siglo xix. Por otro, la existencial, to grado se les resistió, Trescientos años después, Abel demostraría que es
imposible.
una tendencia que caracterizaría el siglo xx, y donde la paiabra
existir no tendría más que un significado: estar exento de contra- Gauss y el teorema fundamental del álgebra
dicción. E1 enfoque existencial hilbertiano iba a ser, como tendre- Pero para asistir al nacimiento del álgebra moderna hemos de asomarnos a la
mos ocasión de averiguar, la fuente de muchos de sus éxitos y de lectura de la tesis doctoral de Gauss, presentada en 1797. El genial Gauss halló
lo que se conoce como teorema fundamental del álgebra, que prueba que
muchas controversias posteriores.
cualquier ecuación polinómica de grado n posee exactamente n soluciones
Por fin, en 18.92, Hilbert vio eoronado su esfuerzo y fue nom- en el cuerpo de los números complejos. Aunque este resultado ya había sido
brado profesor titular de Ia Universidad de Kónigsberg. Pese a que conjeturado, entre otros, por Descartes (distinguiendo entre raices reales
e imaginarias), así como demostrado en falso por D'Alembert (su prueba
llegó a ser un profesor rauy b\ieno, apenas atrajo estudiantes en
contenia varios gazapos), solo con Gauss fue probado de forma completa.
sus inicios. Lejos de desanimarse, se tomó este período como un Su trabajo cambió dramáticamente el aspecto del álgebra. Precisamente, el
proceso de lenta pero continua maduración. Ese mismo año se largo camino de Hilbert a través de la teoría de invariantes sirvió para que
demostrara lo que se conoce como Nullstel/ensatz o teorema de los ceros: un
casó con Kháte Jerosch, a quien conocía desde la infancia (era su
potente resultado que generaliza el teorema fundamental del álgebra para
pareja de baiie favorita) y con quien tuvo un único hjjo, Franz, que el caso en que, en vez de una ecuación, tenemos un sistema de ecuaciones
nació al año siguiente, pero que desde pequeño sufirió una grave algebraicas.
enfermedad mental. Cuando al muchacho le diagnosticaron esqui-
zofrenia, su padre lo intemó en un manicomio, donde pasó buena tmmmammmm
1. DadosdospuntosAyBhay unarectaquepasaporambos.
La geometría griega fue la piedra angular de las matemáticas 3. Dado un punto A y un segmento r, puede construirse una
durante siglos. En los EJlem.entos, un tratado que se remonta al circunferencia de centro A y de radio r.
300 aC., Euclides ofreció una presentación axiomática, extrema-
damente ordenada y estructurada, del corpus de conocimiento 4. Todos ios ángulos rectos son iguales entre sL
transmitido por los matemáticos pitagóricos y platónicos. Su pre-
sentación, influida por las reflexiones aristotélicas sobre ia lógica, 5. Si una recta corta a otras dos de modo que la suma de ios
poseía una característica muy destacable: un enorme rigor a la ángulos intemos a y (5 es menor que dos rectos, entonces
hora de demostrar cada teorema. las dos rectas se cortarán en un punto que estará del mismo
Los Elementos se dividen en 13 libros y contienen 465 propo- lado que los ángulos (véase la figura),
siciones geométricas, desde los principios más básicos a las con-
secuencías más elaboradas. Euclides comienza el Libro I eon una A diferencia del resto, el quinto postulado de Eucüdes tiene
lista de 23 defíniciones. de manera que el lector sepa precisamente un enunciado bastante poco intuitivo, lo que Uevó a que nume-
qué sigriifican los términos geométricos fundamentales (punto, rosos matemáticos —Ptolomeo (siglo n d.C.), John Waliis (1616-
recta, triángulo, circunferencia, etc.). Por ejemplo: «Un punto es 1703) y Jerónimo Saccheri (1667-1733), entre otros— intentaran
lo que no tíene partes». A continuación, defínidos los términos, demostrarlo infructuosamente a partir del resto de postulados.
Eucüdes presenta cinco postulados que sirven de fundamento a
toda su geometría. Estos postulados se presentan sin demostra- Esquema que
flustra el qufnto
ción o justificación. Sencillamente deben aceptarse. Son premisas postuUdo de
de todo lo demás. Por ejemplo: «Es posible trazar una línea recta Euclldes.
30
LOS FUNDAMENTOS DE LA GEOMETRlA
LOS FUNOAMENTOS DE LA GEOMETRlA 31
que se basa la geometna, ieida en
1854 (ante un Gauss casi octoge-
nario que no pudo disiniular su en-
tusiasmo ante lo que escuchaba),
pero no publicada hasta después
de su muerte. Basándose en los es-
tudios de este último en geometría
diferencial, Riemann planteó que
en cada espacio puede defmirse
una forma distinta de medir la dis-
tancia, de modo que una recta en
ese espacio (que, por defínición,
es «el camino más corto entre dos
puntos») no coincida con la idea
preconcebidaque tenemos de eila.
La curva especial resuitante, denominada geodésica, jugaría en
ese espacio el papel que ia línea recta hace en la geometría euclí-
dea. Según Riemann, el espacio euciídeo se caracteriza por tener
curvatura constartte cero, donde hay una úniea paralela (véase
ia fígura 2 [1]). Pero, si cambiamos el valor de la curvatura, obte-
nemos otro tipo de espacio. que será modelo de una geometría no
euclídea. Si la curvatura es negatíva, obtenemos la geometría
hiperbólica de Gauss-Bolyai-Lobachevski, donde por un punto ex-
terior a una recta pasa más de una paralela [2]. Por el contrario, si
ia curvatura es positiva, obtenenios la geometría elíptica, donde
no hay paralelas (3J.
Riemann contribuyó a aclarar cómo interpretar la esfera en el triángulo esférico de la figura 3, cuyos ártgulos suman 230°.
como un modelo de geometría eiíptica y, por tanto, de geometría Sin embargo, locaimente, a pequeña escala, la geometría eucH-
no euclídea, donde el axioma de paralelas es falso en el sentido dea parece cumplirse (véase la figura 4, en la que los ángulos dei
de que no hay rectas paralelas (como ocurre en la geometría pro- triángulo suman 180°). Además, el resultado de realizar otras iden-
yectiva). En la esfera, el papel de las rectas lo juegan los círculos tifícaciones permitió contemplar el plano proyectivo, a su vez, en
máximos. Entonces, si ilamamos rectas a los círculos máximos, términos de geometría esférica.
obtenemos un modelo euclídeo de la geometría elíptica. Y dos En resumen, los modelos de geometrías no euclídeas que los
circulos máxünos cualesquiera siempre se intersecan entre sí. Es matemáticos del siglo xix fueron sacando a ia iuz no hicieron sino
e caso de losmeridianosicrrestres,quesiempresecortanenlos devolver la pelota ai tejado de la geometría euclídea. En efecto, si
\A1 n°fCUmplirse el de paraielas, la suma de los án- antes esta última era la única que aparecía como válida y ahora re-
gul s de un tnanguio no tiene por qué ser 180°, como se muestra sultaba que la validez de las extrañas geometrías no euclídeas era
LOS PUNOAMENTOS de la
geometr/a
los FUNDAMENTOS de la GEOMETRlA 33
exactamente la misma que la de la geometría euclídea (puesto que Wilhelm Weber que conmemoraba su invención del telégrafo La
Ios distintos modelos estaban contenidos dentro de ella), cabía obra se convirtió enseguida en un paradigma esencial para la in-
hacerse la siguiente pregimta candente: ¿cuál era, entonces, la va- vesrigación de fundamentos y ha hecho por promover la práctíca
lidez de la geometría euclídea? ¿Podía demostrarse fuera de toda axiomátíca en el siglo xx lo mismo que los Elemmtos hicieron en
duda que no engendraba ninguna contradicción? Jos siglos anteriores.
La consecuencia más importante del nacimiento de las geo- E1 libro contenía una axiomátiea para la geometría que su-
metrías no euclídeas fue, en el orden de los fundamentos, sacar a peraba con creces no solo a la de Euclides, sino a las propuestas
la luz el problema de la validez de la geometría y de la matemática por Pasch o Peano. Hilbert había percibido con claridad que la
toda. Hasta entonces, la coherencia de ia geometría euclídea se labor de establecer el mínimo número de suposiciones del cual
había asegurado basándose en que se correspondía con el espacio pudiera derivarse toda la geometría no había sido aún comple-
físico, donde no hay contradicciones. Además de los interesan- tamente realizada. Es así que propuso un total de veintiún axio-
tes resultados que se iban agregando eontinuamente, la atención mas, que Hilbert no se sacó de la chistera, sino que venían siendo
se dirígió hacia estas preguntas fundacionales. EI enfoque axio- empleados imptícita o explícitamente desde antiguo y que, en
mático del úitimo tercio del siglo xix —capitaneado por Moritz
todo caso, no eran solo fruto del pensamiento puro, sino también
Pasch (1843-1930) y Giuseppe Peano (1858-1930)— se las planteó
de la intuición sensoiial (lo que justifica que el libro arranque
vigorosamente, pero solo con Hilbert encontraron una respuesta
con una citn de Kant), La geometría, según la concebía Hilbert,
definitiva. E1 paso previo a responderlas era buscar una axiomá-
estaba más cerca de la mecánica y de la física que del álgebra y
tica adecuada de la geometría euciídea, que cerrase las brechas
Ia teoría de números.
lógicas que se habían ido descubriendo gradualmente.
IDJbert formuló sus axiomas para tres sistemas de objetos
indefinidos. A los objetos del primer sistema los denominó por
convenienciapuntos-, a los del segundo, rectas; y, a los del tercero,
planos. Pero, a diferencia de Euclides, en ningún momento entró a
EL ENFOQUE AXIOMÁTICO DE HILBERT
definir los entes geométricos primitivos. Son Ios axiomas los que
Ios definen implícitamente, ya que establecen qué relaciones hay
AJ igual que hiciera con la teoría de invariantes, líegó un día en que
entre ellos. Determinan lo que se puede afirmar y hacer con pun-
Hiibert se cansó y abandonó la teoría de números, pasándose al
tos, rectas y planos. Para Hilbert había que purgar el significado
estudio de los fundamentos de la geometría. Nadie podía sospe-
que los objetos elementales colaban de matute. Son los axiomas, y
charlo, aunque hubiera dictado un par de cursos sobre la materia
solo los axiomas (sin ninguna idea preconcebida o dibujo alguno),
en Kónigsberg. Este cambio de rumbo pilló por sorpresa a todos
los que definen los objetos elementaies a través de sus relaciones
sus nuevos colegas de Gotinga. No obstante, en El informe Zahl-
mutuas. «IJno debería poder decir siempre, en lugar de “puntos,
bericht, Hilbert enfatizaba que el desarrollo modemo de la mate-
rectas y planos”, “mesas, sillas y jarras de cerveza”», escribió. Los
mática había sucedido ante todo bajo el signo del número y, acto
seguido, animaba a una antmetización de la geometría, orientada axiomas admiten interpretaciones múltiples, siendo esta caracte-
a m análisis puramente lógico del tema. Puede verse aquí la pro- rística la principal diferencia entre la axiomática material de
mesa de escribir los célebres Grwndlagen der Geometrie (Funda- Euelides y la nueva axiomática/omoí de Hilbert.
mentos de- ta geometría), que aparecieron en 1899 con ocasión Pero hay más. Hübert desplegó toda su habilidad matemática
de la inauguración en Gotinga de una estatua dedicada a Gauss y y organizó sus veintiún axiomas para la geometría euclidea en
cinco grupos:
plano». \ circunferenclas
del dibujo se
corton en el punto
C y. por tanto.
—Axiomas de orden, que permiten decir, por ejemplo, «este que Sob posible
construlr
punto está entre estos dos» (como notara Pasch, esta clase 6l triángulo
equilátero de lado
de axiomas estaba compietamente ausente de la lista de >»B (taly como
postulados euciídeos). se aflrma en fa
Proposiclón I del
Llbro I da los
Efemontoi).
— Axiomas de congruencia, que sirven para comparar e igua-
lar segmentos.
./
— Axiomas de continuidad, que son dos axiomas en realidad. Proposición I), porque pueden hacerlo en un punto con coorde-
Por un lado, el Uamado curioma de Arquímedes, que esta- nadas irracionales (en un agujero). E1 axioma de plenitud lineal o
blece que dados dos segmentos arbitrarios, si repetimos de continuidad de la recta permite identificar cualquier recta con
sucesivas veces cualquiera de elios, podemos lograr cons- los numeros reales R y, de este modo, el plano con R2 (esto es,
truir un segmento mayor que el otro en un número finito con el plano ai completo, con todos los puntos con coordenadas
de pasos; y, por otro, el axioma de plenitud lineal o de racionales e irracionales), donde está garantizado que las dos dr-
continuidad de la recta: ios puntos de una recta formaxi un cunferencias anteriores se cortan (véase la figura). Es el puente
sistema que no es susceptible de ampliación alguna b^jo la entre la geometría sintética, basada en diagramas y dibqjos, y la
condición de conservar la ordenación lineal, los axiomas geometría anaiítica, que solo recurre a razonamientos numéricos.
de congruencia y ei axioma de Arquímedes. Pero además de enunciar los axiomas, Hilbert fue pionero
en ascender del nivel puramente matemático en que se estudia
Este último axioma brillaba por su ausencia en los Elementos, la geometría al nivel metamatemático o metageométrico, que
pese a que su uso es indispensable incluso para demostrar la Pro- se preocupa por las propiedades que debe cumplir todo sistema
posición I del Libro I. Constituye una de las grandes aportaciones axiomático, en particular el que él estaba prescribiendo para la
de Hilbert el haberlo sacado a la lu2. Sin él, Q2 (esto es, el plano geometría. ¿Qué se puede pedira los axiomas? Hilbert señaló tres
en el que nos hemos quedado solo con los puntos que tienen coor- propiedades: independencia, consistencia y completitud.
denadas racionales) sería un modelo de la geometría euclídea, Un sistema de axiomas es independiente si ningún axioma
ya que satisfaría todos los axiomas anteriores. Y, sin embargo, puede deducirse de los otros, es decir, si el sistema de axiomas
como subrayara Richard Dedekind (1831-1916), en este plano agu- es el más económico posible porque no contiene redundancia al-
jereado dos circunferencias, cada una pasando por el centro de guna. Aunque no todos los axiomas que formuló eraii indepen-
la otra, no tendrían por qué cortarse (aigo que se presuponía en la dientes entre sí (como se descubrió más tarde), Hilbert demostró
KOTO SUPEBiOf»
DERECHA.
Conjunto
escultór/co
la independencia entre los distintos grupos de axiomas. En con- erlgldo sn
conmemoraclón
creto, demostró que el axioma de paralelas era independiente del tíe Gaoss y Weber
en Gotinga. Con
resto de axiomas, es decir, que no podía deducirse a partir de ocailón de la
Inauguraclón tíe
ellos, con lo que cerró definitávamente una cuestión abierta desde dicho monumento.
Hllbert publlcó los
hacía siglos. Esto lo logró empleando un método que muy pronto Fune/amentoi da
la geametria
se volvió estándar: construyendo modelos de geometrías que sa- (1899).
tisfacen todos los axionias deseados excepto aquel del cual se F01Ü INFERKXC
investiga su independencia, en cuyo caso este último no puede Postal qus
representa la
ser consecuencia de los otros (ya que si lo fuera, obtendríamos Universidad dt
Kónlngsberg tn
una contradicción: el axioma y su negación). Para demostrar la torno a 1890.
en la que Hlibart
Independencia del axioma de paralelas, construyó un modelo de Ingresó una
década antet.
geometría no euclídea Y para demostrar la independencia dei
genera contradicciones, si no puede deducirse ningima contradic- como en la que lo hizo por la mecánica.
Heinrich Rudolf Hertz (1857-1894) mu-
ción a partir de eUos. También se dice que el sistema de axiomas rió cuando solo contaba treinta y siete
es, entonces, coherente o compatible. Los modelos de Beltrami, años. Pero en ese breve lapso de tiempo
Klein Poincaré y Riemann habían probado la consistencia rela- deslumbró a sus contemporáneos como
físico experimental (descubrió las ondas
íiva de las geometrías no eucKdeas respecto de la euclidea, ya
electromagnéticas y el efecto fotoeléc-
que estos modelos no euclídeos estaban contenidos dentro del trico) y, al final de sus días, como fisico
propio espacio euclídeo. Pero, ¿era consistente la geometría euclí- teórico. En 1894 publicó Los príncipios de
dea? Hilbert demostró la consistencia de la geometría euclídea en la mecánica presentados de una forma
nueva, donde exponía axiomáticamente
relación a ia aritmética, ofreciendo por vez primera un modelo dtcha ciencta. A su sistema axiomático
puramente numérico. Construyó un conjunto de números que le pedia dos requisitos: permisibilidad y
satisface todos los axionias geométricos, donde los puntos son corrección. La permisibilidad coincide
con la consistencia, con la ausencia de
ciertos pares de números algebraicos; las rectas, ciertas temas
contradicción. Y la corrección ló hace con la completitud, con que podamos
de esos números; donde la incidencia de una recta en im punto demostrar dentro de la teoría todo lo que es verdadero en el mundo. Dos
quiere dedr que se verifica cierta ecuación numérica, etc. De este conceptos. como puede comprobarse, en estrecho paralelismo con los que
modo, cualquier inconsistencia en su sistema axiomático de la introdujo David Hilbert.
*< o*
nara subrayar que el raotor del progreso en matemaücas era la rnisma, sin contammación. Aunque buera parte de su carrera en
Sución de problemas y para emplaaar a los matemattcos del los sigmentes vemte años permanecería Ugada a la físiea, quería
siglo xjí a resolver veintitrés cuestíones escogidas. rebatii- algunas de las ideas de su homólogo francés Según era su
costuinbre consulto con su anügo Minkowski, quien le escribió a
pocos meses de su participación en ei congreso:
HILBERT FRENTE A POINCARÉ He releído la conferencia de Poincaré y encuentro que todas sus
afirmaeiones están expresadas de un modo tan vago que no se pue-
Ei i Congreso Intemacional de Matemáticos se había celebrado den contradecir Más atractivo sería que intentes mirar haciaei
en Zúrich tres años antes, en 1897. E1 matemáüco francés Henri futuro, enumerando los problemas a los cuales deberían dedicarse
Poincaré había sido la estreüa del encuentro, con su conferencia los matemáticos en adelante. Así podrías crear las circunstancias
«Sobre las relaciones entre el análisis puro y la física matemá- para que se siga hablando de tu charla en las décadas venideras. Eso
tica». A resultas de ello, ahora era el presidente del comité orga- sí, debes tener en cuenta que la profecía tiene sus dificultades.
nizador. En París Hilbert quería demostrar su valía rivalizando con
el patrón de la matemática francesa. A1 igual que Klein, ansiaba Siguiendo su consejo, las primeras palabras que pronunció
recuperar el predominio, el prestigio para los matemáticos ale- Hilbert en París componían una hermosa batería de preguntas al
manes. Pero albergaba serias dudas acerca de cómo lograrlo. En respecto:
consecuencia, tardó más de la cuenta en elegir un tema para la
conferencia. ¿Cuáles serán los objetivos concretos por los que se esforzarán las
En su discurso, Poincaré había expuesto un programa marco mejores mentes matemáticas de las próximas generaciones? ¿Qué
para el desarrollo de las matemáticas. Esta ciencia posee un tri- nuevos métodos y nuevos hechos nos depararán las centurias por
ple fin. Un fin físico, consistente en proporcionar un instrumento venir en el amplio y rico campo del pensamiento matemátieo?
adecuado para el estudio de la naturaleza. Un fin filosófico, ayu-
dar ai filósofo a profundizar en las nociones de número, espacio E1 leitmotiv de su discurso fue revalorizar la matemática pura
y tiempo. Y, finalmente, un ftn estético, comparable a la música a través de los problemas que ella misma se propone. A su enten-
o ia pintura. Las matemáticas, añadía, merecen ser cultivadas en der, mientras las matemáticas ofrezcan abundanda de problemas,
sí mismas, no solo por sus apLieaciones, puesto que sin teoría la estarán vivas y efervescentes. Es la falta de problemas lo que pro-
investigación práctica y el progreso se estancan. Pero la mejor nostica la extinción o desaparición de una rama de la cienda Las
opción se da cuando los fines físico y estético son solidaríos. A lo ciencias avanzan resolviendo problemas. Pero, ¿qué característi-
largo de su charla, Poincaré se esforzó por mostrar en detalle la cas debería reunir un buen problema matemático? Para empezar,
relación entre la ciencia pura y sus aplicaciones, entre el anáüsis debería ser fácil de enunciar y explicar, y, además, difícil de resol-
y la física. ver, aunque no imposible, para no frustrar los esfuerzos.
Este entomo programático encontraría una respuesta fror Pero hay más, Hilbert aprovechó esta oportunidad inigua-
en los veintitrés problemas futuros de las matemáticas dado lable para divulgar su fe en la centralidad del método axiomá-
conocer por Hilbert Ambos matemáticos se conocían y se ad tico como vehículo de defínición de los conceptos matemáticos.
1 ,an’ ?6ro su GoncePCión de las matemáticas era muy distinta. Mientras que para Poincaré la intuición y las analogías físicas
matematico alemáq defendió el valor de la matemática pura ei jugaban un papel esencial, para Hilbert lo hacía la lógica más es-
50 EL DESAFiO DE HILBERT 51
EL OESAríO DE HIIBERT
uae e| neor y la simpUcidad. Como expücamos en e capuulo En nucstro interior escuchamos la perpetua Uamada he ahí un pro-
ZZo "fúltimo tercio del s.glo x,x asisüo a la consütunon de blema. Busca su solución. Puedes hailarla por medio de la razón
"nuevomododehaceren matemáticas.con una.n™,rad,- porque en matemóticas no existe el ignxrrabvmua.
52 EL DESAF/O DE HILBEftT
EL DESAFfO DE HILBERT 53
FOíO SUPESIO»:
E1 Club cfe
momento) esté estrietamente entre el de los numeros ra- Matemáticas de
Gotinga en 1902,
¿Zles yel de k» mímeros reales. AI proponer esta cues- En el csntro. Kl«in,
fundador del club,
üón eomo primer problema matemátlco del futuro, Hilbert con Hllbert a su
esiabatomando partido y apostando deeididamente por la derecha y un
puriado de
teoría abstraeta de coniuntos frente a sus opositores, que colegas y jóvenes
dlscipulos.
EL DESAFÍO DE HILBERT
EL DESAFÍO DE HILBERT 57
En el bloque de geometría;
En el bloque de álgebra:
B. DESAFlO de hilbert
56 EL DESAFlO DE HILBERT
que termmaría afiliándose al Partido Nazi y tomando el fproblema 1); la consistencia de Xa aritmétíca (2); la axiomatiza-
relevo de Hilbert Además, dentro de esfce apartado, Hilbert dón de teorías flsicas (6); vanos problemas de teoría de números
incluyó lafamosa coi\jetura de Kepler. ¿qué disposición de incluvendo la hipótesis de Riemann (7 y 8); la imposibilidad dé
esferas del mismo radio deja menos hueco libre en el espa- resolución de la ecuación de séptimo grado (13); una cuestión
cio? Kepler coi\jeturó que la manera en que el frutero co- sobre curvas y superflcies deñnidas por ecuaeiones polinómicas
loca las narapjas es la solución correcta —como de hecho (16); las soluciones analíticas de los problemas reguiares en el cál-
muy recientemente se ha demostxado gracias a Thomas C. culo de variaciones (19); la existencia de ecuaciones diferenciales
Hales (n. 1958)—. ordinarias que correspondan a grupos monodrómicos dados (21),
y UT1a cuestión de Poincaré sobre la parametrización de curvas
Y, finalmente, dentro del bloque dedicado al análisis, se en- algebraicas por medio de funciones automorfas (22).
contraban los últimos cinco problemas:
«Si despertara después de haber dorntido durante mil arios,
19. Estudio de la analiticidad de las soluciones de los proble- la primera pregunta que haría sería: ¿se ha demostrado la
mas regulares del cálculo de variaciones. hipótesis de Riemann?»
— David Hii.beet.
20. Estudio de la existencia de soluciones de los problemas
del cálculo de variaciones con valores de contorno. Muy recientemente, el ltistoriador de la matemática Thiele
Rudiger ha descubierto en un cuademo de notas que Hilbert terna
21. Demostración de Ia existencla de ecuaciones diferenciales la intención de añadir un nuevo problema, es decir, el número
lineales con grupo de monodromía prefrjado. 24, que finalmente descartó. E1 problema iba a consistir en lo si-
guiente: determinar criterios para la simplicidad o la demostra-
22. Uniformización de relaciones analíticas por medio de fun- ción de la máxima simplicidad de ciertas demostraciones. Hilbert
ciones automorfas (un problema cuyo origen estaba en buscaba desarrollar tma teoría general sobre los métodos de de-
los trabajos de Klein y Poincaré al respecto). mostración en matemáticas. Paradójicamente, algunos años des-
pués, él rrtismo fundaría (como estudiaremos en el capítulo 5) una
23. Extensión de losmétodos del cálculo de variaciones. Como teoría de la demostración.
veremos en el próximo capítulo, Hilbert contribuyó nota- Hubo, sin embargo, algimos olvidos importantes en la hsta.
blemente al progreso de esta área del análLsis (que estaba Varios caminos no seguidos. E1 álgebra matricial, la estadística,
directamente relacionada con los problemas 19 y 20, que la lógica o la matemática aplicada, que habían sufndo un intenso
se interesan por la existencia, la unicidad y las propiedades desarrollo a finales del siglo, junto a una topología, una teoría
de las soluciones del cáiculo de variaciones). Un tema que de la medida y un análisis funcional en gestación, fueron margi-
ha tenido una vitalidad extraordinaria en el siglo xx, lo que nados por Hilbert en su presentación. Exactamente igual que el
demuestra el buen olfato de Hilbert al terminar la lista de problema de los tres cuerpos o el último teorema de Fermat, que
problemas con una cuestión general acerca de este campo. fneron mencionados pero no propuestos como problemas abier
tos de la matemática del futuro. . .
miHra* ^°r ^0^0*011®3 tiempo, Hilbert solo pudo « La siguiente tabla recoge el estado actual de los veintitres
eZ e sus veintitrés problemas: la hipótesis del contii Pr°blemas de Hilbert:
EL DESAPÍO DE HILBERT 61
EL OESAFfO 06 HILBERT
Descripción Estado ~~~~ problefT13 Descripción Estado
Problema
Kurt Gódel (1938) y Pau| Resolver las formas
cuadráticas con coeficientes Parcialmente resuelto: Hasse
Cohen (1963) demostraron 11
numéricos algebraicos (1923) y Siegel (1930).
la imposibilidad de probaria
1 la hipótesis del continuo como cierta o falsa a partir Extensión del teorema
de los axiomas estándar de 12 de Kronecker Abierto.
la teoría de coniuntos.
Resolución de la ecuación
Kurt Gódel (1931) demostró^ general de séptimo grado Resuelto negativamente por
que establecer la consistencia 13 por medio de funciones de Arnold y Kolmogórov (1957).
2 Consistencia de la aritmética de la aritmética es un dos argumentos
problema formalmente
indecidible. Demostración de la Resuelto en sentido negativo,
14 finitud de ciertos sistemas mediante un contraejemplo,
Definición de la noción de
Resuelto negativamente completos de funciones por Nagata (1959).
3 volumen sin emplear el
por Dehn (1902). Fundamentación rigurosa
cálculo Resuelto por Van der Waerden
15 del cálculo enumerativo de
Construcción de todas las (1930).
Resuelto positlvamente Schubert
4 métricas cuyas rectas sean
por Pogorelov (1975).
geodésicas Topología de las curvas
16 Abierto.
¿Son los grupos continuos y superficies algebraicas
5 Resuelto en sentldo positivo
diferenciables de forma Resuelto en sentido positivo
por Andrew Gleason (1952). Expresión de formas
automática? 17 por Emil Artin (1927) y Georg
definidas por cuadrados
Parcialmente resuelto: Kreisel 0957).
— Mecánica: Hamel (1909). Conjetura de Kepler Resuelto por Hales (2005).
18
— Termodinámica:
Carathéodory (1909). ¿Son siempre analiticas las
6 — Relativídad especial: Robb soluciones de los problemas Resuelto afirmativamente por
Axiomatización de la física 19
(1914) y Carathéodory (1923). regulares del cálculo de Bernstein (1904).
— Mecánica cuántica: Von variaciones?
Neumann (1932).
— Teoría de la probabilidad: ¿Tienen solución todos
Kolmogórov (1933). los problemas variacionales Resuelto a lo largo del siglo xx.
20
con ciertas condiciones
¿Es ab trascendental, siendo Resuelto de forma
7 a * 0,1 algebraico y b de contorno?
independiente por Gelfond
rracional algebraico? y Schneider (1934). Probar la existencia de
-a hipótesis de Riemann ecuaciones diferenciales Resuelto de forma negativa
6 21
y la conjetura de Goldbach Abierto. lineales que tengan un grupo por Anosov y Bolibruch (1989).
monodrómico prescrito
Encontrar la ley de
9 eciprocidad más general en Resuelto por Emil Artin (1923). Uniformización de relaciones Resuelto independientemente
:ualquiercuerpo numárirr» 22 analíticas por medio de por Koebe y Poincaré (1907).
=ncontrar un algoritmo que funciones automorfas
10 letermine si una ecuación Resuelto en sentido negativo
< íiofántica tiene soluciones Extensión de los métodos Resuelto a lo largo del siglo xx.
3or Matijasevich (1970). 23
snteras del cálculo de variaciones
ELDESAFÍODEHIL8ERT 63
62
EL DESAFÍO DE HILBERT
la expresíón que acuñó Hermann Weyl (1886-1956) en su escrito
necrológico sobre Hilbert
L0S DIECIOCHO PROBLEMAS DE SMALE V LOS S.ETE PROBLEMAS pue un bello caso de profecía autocumplida. Pese a que la
f coiü'erencia de Hilbert no logró arrasti-ar a muchos asistentes (de
DEL MILENIO
B. desafío oe hilbert
65
ELDESAFIOOEHH.BERT
Coniparado con los demás profesores, aquel hombre ágil COn Su Naturalmente, también pesaron las circunstancias esto es el
poblada barba pelirroja y un atuendo bastante normal teiu'a un aire tiempo y el lugar: la pequeña pero poderosa Universidad de Go-
poco académico. Sus clases eran muy concisas. Las daba de una ñnga. La muerte del anciano Kronecker y el retiro de Weierstrass
forma irn poco aburrida, pero el rico contenido y la claridad de Su deseongelaron el mundo acadéirüco alemán, desembocando en
presentación hacían que uno se olvidara de la forma. A menudo pre- UJ1 baile de cátedras académicas del cual salieron muy benefi-
sentaba cosas nuevas que él mismo había descubierto, pero-se to- ciados Klein y Hilbert, quienes, como vimos, pudieron asentarse
maba la molestia de comprobar que todo el mundo le seguía. Daba definitivaniente en Gotinga. Una vez alli, ese gran político cien-
las clases para los alumnos, no para sí mismo. tífico que fue Felix Klem orquestó que Gotionga se convirtiera en
el centro matemático más importante del mundo, con un impre-
sionante grupo de profesores, entre los que descollaban Hilberty
Minkowski (quien se incorporó a la institución en 1902), así como
con numerosos discípulos de alto nivel y visitantes extranjeros.
RETRATO DE HILBERT CON SOMBRERO
Los txeinta y cinco años como docente en Gotinga dieron
Esta fotografía, tomada en 1912, ha pasa- para mucho. La nómina de discípulos de Hilbert es impresionante:
do al imaginario colectivo de los mate- Otto Blumenthal, Max Dehn, Erhard Schmidt (1875-1959), Richard
máticos. Sombrero panemá, ojos brillan-
Courant, Emst Zermelo (1871-1953), el famoso campeón mundial
tes tras los anteojos, barba puntiaguda,
voz que se adivina firme. Pero hay algo de ajedrez Emanuel Lasker (1868-1941), etc. Entre todos ellos so-
que este celebérrimo retrato notrasluce: bresale Hermann Weyl, quien se doctoró con Hilbert en 1908 y
la personalidad cautivadora de su prota-
le sueedió cuando se retiró en 1980. Iiilbert siempre actuó con
gonista. VJna pasión inquebrantable por
las matemáticas que se palpa en la flo- ellos como maestro, ayudándoles en la medida de lo posible. Así,
rida retórica de sus discursos. Y muchas por ejemplo, cuando brotó la oposición a la propuesta de que una
de esas excentricidades que habitual-
joven y eminente matemática, Emmy Noether (1882-1935), fuese
mente identificamos con los matemáti-
cos. Uno de sus discípulos contaba que nombrada profesora en Gotinga, Hilbert se enfrentó a sus colegas
un día tras otro se veia a Hilbert con los más reaecionarios, declarando con ironía: «No veo que el sexo de
mismos pantalones rotos, lo cual era un un candidato sea una razón en contra de su admisión. Después
poco embarazoso. La tarea de informarle
con delicadeza recayó en su ayudante, de todo, esto es una universidad y no un establecimiento de baños
Richard Courant (1888-1972). Una tar- públicos». Otra muestra de la libertad de su pensamiento.
de, aprovechando que atravesaban una
zona de arbustos espinosos, Courant le
dijo que se había roto los pantalones.
«>Ah! No». replicó Hilbert, «llevan I
ta» Aún ZT''™ SemanaS así' pero oadie se dad® cuen-
Gofínna rnatemat/co, que solía montar en bicicleta por las caltes de
~rnZsit,:TaT f:,rtear-En una ,¡e5ta “
letras del abecedario pj®”*80® 600 ^ombres de chíca para cada una de las
En ese momento Káthe «¡u « ^ SG '*690 3 'a letra ^ nadie sabia qué decir. If
podiais pensar en mí una vez». & intel'9ente muíer- señaló: «Por lo menos
r
J
EL Dfc’SAFfO OEHILBERT
67
^L DESAFlO OE HILBERT
CAPÍTULO 3
Axiomatizar la física
AXIOMATIZARIA FfSlCA 71
de ias coordenadas espaciales respecto del tiempo). Una clase
En 1905, avanzando en esta direccion, el matemático aJemán especial de estas eaia.nones son nanladas ecumimes ^
ofreció una exposición axiomática de la mecámca, describiendo Jales, ® 1W 1ue se trata de detenmnar la üunción desconocidaa
el concepto de fuerza a través de varios axiomas sobre vecto- partir de una o varias ecuaaones en que intervienen las derivad®
res. A eontinuación, axiomatizó la teoría de probabilidades, tal de la fünciórL
y como esta aparecía dentro de la teoría cinética de los gases. Tras fundar el cálculo (diferencial e integral), Newton for-
Varios licenciados de Gotinga, relacionados con el insigne cate- jnuló las leyes de la física de una forma que relacionaba entre sí
drático, realizaron aportaciones significativas. En 1909, Georg las magnitudes físicas y sus ntmos de cambio. Es decir,p0rejem-
Hamel (1877-1954) axiomatizó Ia mecánica clásica y Constantin pjo, el espacio recorrido por un móvil con su velocidad, y la velo-
Carathéodory (1879-1950) hizo Io propio con la termodinámica. cidad del móvü con su aceleración. Las leyes físicas quedaron, por
Y, según veremos, Hilbert dio otro paso de gigante cuando en 1915 tanto, expresadas por medio de ecuaciones diferenciales, siendo
formuló sus propias ecuaciones para la teoría de la relatividad los diferenciales y las derivadas medidas de los ritmos de cambio.
general. Finalmente, a finales de los felices años veinte, intentó, La derivada de una función representa cómo varía el valor de la
en colaboración con Lothar W. Nordheim (1899-1985) y John von función, si aumenta, disminuye o permanece constante. La acele-
Neumann (1903-1957), anclar la mecánica cuántica en un sistema
raeión, por segiür con el ejemplo, mide los cambios en la veloci-
axiomático.
dad del móvil, la variación de la velocidad en el tiempo, porque
Pero su interés por la física no puede desconectarse de sus
es el cociente de los diferenciales de la velocidad y del tiempo;
aportaciones al análisis. Sus saltos del análisis a la física, y de Ja
en otros términos, es la derivada de la velocidad con respecto a1
física al análisis, durante las dos primeras décadas dei siglo, son
tiempo:
una constante a tener muy en cuenta Hilbert centró su atención
en dos ramas bastante próximas del análisis: el cálculo de varia- dv
a = —.
ciones y las ecuaciones integrales. De hecho, tres de los veinti- dt
txés problemas que Hilbert presentó en París trataban del cálculo
Sin embargo, la resolución de ecuaciones diferenciales, como
de variaciones y, en particular, del desarrollo de la teoría de las
de ecuaciones algebraicas, no siempre es fácil. Es más, casi nunca
ecuaciones en derivadas parciales. E1 hilo, precisamente, del que
vamos a comenzar a tirar. Io es. Cuando la función incógnita depende de unaúnica variable,
se Uaman ecuaciones diferenciales ordinarias. Por ejemplo, la
derivada de la función seno y=sen# es y' = cosr, donde y' denota
la derivada primera. Esta última función puede derivarse, a su
LAS ECUACIONES EN DERIVADAS PARCIALES vez, para dar y" = -sen x, de lo que podemos deducir la ecuación
diferencial y"=-y. Esta ecuación es una ecuación diferencial de
Las ecuaciones de toda la vida (las ecuaciones algebraicas) res- segundo orden, ya que aparece una derivada segunda
ponden a la necesidad de calcular números desconocidos, como Otro ejemplo de ecuación diferencial de segundo orden es
por ejempio las raíces de un polinomio. Pero en las aplicaciones segunda ley de Newton: F=m a («fueraa igual amasapor aceie-
de Jas matemáticas surgen a menudo problemas cualitativamente ración»), donde
distmtos: problemas en los que la incógnita no es un número sino
una funcion, que expresa la relación entre varias variables (por dv
a = —=
ejemplo, en el caso del moviiniento de un planeta, la dependencia di dF
73
72 AXIOMATIZAR LA FlSICA axiomatizar la FlSlCA
la aceleración es la dcri\-ada primera de 1a velocidad, pero tam- dios continuos como et agua, el aire u otros fluidos sin vi ,
bién ia derri'ada segunda de la posición, sí J*(í) denota ia posición dad Poco después, el matemático francés Joseph-Lou^í 81‘
del móvil en función del tiempo. 0TMrlM) erifocó su atcnción en la música. en la ecuacSr<£
En canibio. si la fíinción desconocida depende de más de una rivaflas parciales que representa la propagaeión de ias ondl t
variable y apaiecen derivadas con respecto a estas variables, se sonido. Y, más tarde. Jean-Baptiste Fourier (1768-^830)
Uaman ecuacionesi en derivadas paivmdes. Para citar un ejemplo
en el fldJO de calor' f,ro'>oniendo otra ecuación en derivadasña!
muy sencillo. el volumen V'de un gas es una función de su tenipe- dBles que describe su difusión. Entrado el mgloxix, las ecuacion^
raíura Fydela presión P sobre él: o sea V(TJP). Cuando T o P
de Navier-Stokes descnbieron el movimiento de los fluidos vis-
variaa V varia La derivada de V(TJ>) con respecto afse Uama
cosos, y las ecuaciones de MaxweU, el electromagnetismo Toda
derivada pamal rrspecto a T.yse escribe:
la naturaleza —sólidos, fluidos, sonido, calor, luz, electricidad—
av( T,P) quedó modelada mediante ecuaciones en derivadas parciales
dT Ahora bien, una cosa era dar con las ecuaciones del fenómeno en
cuestión y otra, bien distinta, resolverlas.
De igual modo.
W(T.P)
«La física se está haciendo demasiado compUcada
dP
para dejarsela a los físicos.»
es la deri mda parrial respecto a P. Como en el caso de las deri-
— David HiLAKrr.
vadas ordinanas, hay derivadas parciales segunda, tercera, etc.;
asi, como Uustración,
Las ecuaciones en derivadas parciales paradigmáticas soa de
dTV(T.P) hecho, tres ecuaciones gestadas en el ámbito de la física matemá-
dP2 tica: la ecuación de ondas, la ecuación del calor y ia ecuación de
Laplace. Antes de ocupamos de esta última, conviene introducir
es la segunda derivada parciaJ respecto a P. Pero las ecuaciones
una notación que simpüfica extraordinariamente su escritura: se
diferem*iales en <jue intervienen derivadas parciales presentan
Uama laplaciano de una función u = u(x, y, z, t) de las coordena-
rasgos peciüiares que las diferencian esencialmente de las ordina-
das espaciales y del tiempo a la suma de las segundas derivadas
rias. En el estudio de los fenómenos naturales, ias ecuaciones en
respecto de xy y, z:
derivadas parciales aparecen con tanta frecuencia como las ecua-
ciones diíerenciaies ordinarias, pero normaímente son mucho . d2u d2u d*u
-- +-r +-r.
más difícües de resoh er. dx* dy2 dz2
A lo largo del siglo xvui, estudiar un fenómeno fLsico y ha-
Este grupo de parciales recibió el nombre de laplaciano de
Ilar la ecuación diferencial que lo gobiema se hicieron sinónimos.
manos de James Clerk Maxwell (1831-1879), aunque su represen-
Asi. tras el haJlazgo por Newton de la célebre ecuación diferen-
taí‘ión mediante la letra griega delta mayúscula se remonta aun
c «fuerza igual a masa por aceleración», que rige el movimiento
tratado de 1833.
e os sLstemas de puntos y de los sólidos rígidos, el matemático
En estas condiciones, Aw = 0 es la ecuacién de Laplace o ecua-
zo n ard Luler (1707-1783) formuló un sistema de ecuacio*
016,1 de continuidad, que expresa que un fluido perfecto en el que
S en Pnvadas parciaJes que describía el movimiento de me-
no hay remolinos es indesüuctible. Esta ecuación codifica mate-
AXIOMATIZAP LA FI5ICA
75
AXIOMATIZAR la física
He eSto, la ecuacion de Laplace también recibe el nombre de «a*
áón del potencial. Pues bien podemos ya anticipar que una de
LA ECUACIÓN DE ONDAS Y LA ECUACIÓN DEL CALOR t aportaciones geruales de Hübert al anáUsis tiene que ver con
ja resolución rigurosa de esta ecuación en derivadas parciales.
La ecuación de ondas, aue describe la propagación de las ondas del sonido
o de la luz. pero también de las ondas fisicas producidas sobre una cuerda o
una membrana vibrantes. es la siguiente:
^-c’AU.
dt2 del problema al principio de dirichlet
Por su parte, la ecuación del calor. que rige cómo se difunde el calor. es decir,
cómo circula desde las zonas donde la temperatura es más alta a las zonas
I (Jno de los problemas relacionados con la ecuación de Laplace
donde es más baja, responde a la siguiente forma;
que trajo de cabeza a los matemáticos y los físicos del sigio m fue
e! denominado problema de Diricklet, llamado así en honor del
matemático alemán Peter Gustav Lejeune Dirichlet (1805-1859).
Ambas ecuacíones parecen engañosamente similares. salvo porque en la pri-
mera aparece la derivada segunda respecto al tiempo en vez de la derivada Consiste en encontrar una fwnción armónica en un dominio del
primera. Esta sutil diferenda matemótica tiene drásticas implicaciones físicas; espacio, es decir, una función u que satisface la ecuación de La-
la ecuación de ondas es reversible, en el sentido de que permanece invariante
place Aw = 0 en ese dominio del espacio, cumpliendo, en la fron-
si cambiamos el sentido del paso del tiempo. Matemáticamente; si cambiamos
f por -f. la ecuación no cambia, ya que al derivar dos veces los slgnos nega- teradel dominio (figura 1), que toma unos valores prefijados (por En al probrtma d*
D'richlet s* busca
tívos se cancelan. En consecuencia, la ecuación no regulariza las soluciones ejemplo, u -f en la frontera). Formalmente, si denotamos por Q una fundón u quc
con el paso del tiempo, con lo que se puede recuperar Información del pasado tome unos valor*s
aJ dominio y por y a la frontera del dominio:
(por esta razón los seres humanos empleamos señales luminicas o sonoras determínados
para comunicarnos). Por el contrario. la ecuación del calor no es reversible sn la fronlera y
í Aw * 0 en Q cuyo lapladano se
(al cambiar t por -f. no obtenemos la misma ecuación). La difusión del calor anule en el Interior
está orientada temporalmente. depende de la flecha del tiempo. Esta irre- [u = /env cfe la reglon.
verslbilidad se manifiesta en que la ecuación regularlza las soluclones con el
paso del tiempo, con lo que en general no puede recuperarse Informaclón del Este problema matemátíco estaba
pasado (la soludón correspondiente a un pico de calor termina por suavizarse relacionado con multitud de proble- Fiai
de tal modo que, pasado el tiempo, resulta imposible saber dónde y cómo
mas físicos. Uno de ellos proporcio- Condición de frontera. defimda
se produjo !a explosión o el encendido. dado que el calor se ha difundldo por a lo largo del borde de la reg'ón
todo el espacio). naba una idea sobre cómo resolverlo.
hnaginemos una membrana elástica
uniformemente estirada sobre una re-
g«ón del plano Q, delimitada por una
curvay. Supongamos, ahora, que se de-
máticamente unaperogrullada: si el fluido es incompresible, debe
salir tanto fluido de cualquier pequeño volumen en un instante forma el contomo de manera que cada
de üempo como fluye dentro de él. No obstante, al matemático y punto de y pasa a ocupar un punto de
físico frances Pierre^imon Laplace (1749-1827) se le apareció en cierta altura dada por la función/.
mecanica celeste estudiando el potencial gravitatorio, esto es, la Como es natural, al haber deformado
C1°n que mide la fuerza gravitatoria con que un cuerpo, tenga Su c°ntomo, la membrana se combará
ia torma que tenga, atrae a una masa puntual exterior. A resultas y comenzará a oscilar. Si la dejamos
^Ue 0scile tibremente, transcurrido
AXIOMATIZAR LA FÍSIGA 77
AXlOMATIZARLAFtSlCA
PcVb** poiicíon
d* «julllbrto d« la
dxdy.
irwn'brana pasado
«I tl«mpo.
78
AXIOMATiZAR LA FfSICA
«MtOMATi/AA CA "VC*
n
pstantos buscando un minimo) Este es, en esencia, el núcleo del
EL CÁLCULO DE VARIACIONES fnlétodo de variaciones». Es más, Euler y Ugrange encontraron
nue para que una funcion m de C proporcione un valor extremo
E1 problema de la braquístórrona. o curva de descenso más rá-
rmáximo o mínimo) al funcional, F(u) tiene que satisfacer una
pido, fue históricamente el primer problema en el desarrollo del
cierta ecuación diferencial (las ecuaciones de Euler-Lagrange).
cálculo de variaciones. Entre todas las curvas que unen dos pun-
pero la satisfacción de esta ecuación era una condición necesaria PIGUftAj,
tosf se desea hallar aquella a lo largo de la cual una paiticuJa, Un arco
aunquenosuficiente. cicloíd*
moviéndose bajo la fuerza de ia gravedad, cae en menos tiempo. ontre Ays.
üna medida del éxito de esta constelación de ideas es que múl-
Considerando todas las posibles curvas que imen el pimto A con PGURA4:
üples matemáticos de los siglos xvm y xix se esforzaron por inter-
el pimto B, se busca aquella que minimiza el tiempo de caída, que De las tres
pretar las ecuaciones diferenciales que aparecían en la físicacomo trayecloriaj
puede expresarse en forma de integral. Por consiguiente, se trata pojlbles, ¿cull
de buscar la curva o función que hace menor el valor de esa inte- condiciones extremas de determinados funcionales. Las leyes fisi- «egiría una
particula para
gral. Este problema fue propuesto en 1696 por Johann Bemoulii cas podían reescribirse en términos de principios de mínimo, ya P»«r deAaB?
(1667-1748) a sus colegas europeos, y fue resuelto independiente- que la naturaleza se conducía siempre de la manera más econó- EI pr fnclplo da
rolnima acdón
mente por Newton, Leibniz, Johann y Jakob Bemoulli: la solución mica. Una meta que ya había acariciado Pierre de Fermat (1601- «tablece que
aquella que
no era la línea recta ni un arco de circimferencia, sino un arco de 1665) para la óptica: la trayectoria que sigue un rayo de luz cuando minimka una
una curva denominada cidoide (figura 3). pasa de un punto A a otro punto B de un medio distinto es aquella cantidad
denommatía
Las nociones básicas de esta nueva rama del análisis llevan que requiere el menor tiempo, así como Pierre Louis de Maupertuis aec/dn.
la firma de Euler y Lagrange. E1 primero fue, de hecho, quien la (1698-1759) para la mecánica, con
bautizó como cáJculo de varíaciones; y el segundo, el creador su principio de míniina acción (fi- RG ‘
del «método de variaciones>» que permite resolver muchos de gura 4). Los libros de física de fina- a
los problemas encuadrados dentro de la disciplina. La base de los les del siglo xix estaban llenos de •
problemas variacionales es la siguiente: se supone un conjunto principios similares, que afirma-
C de eiementos cualesquiera (números, pimtos geométricos, fun- ban que detemiinados procesos fí-
ciones, etc.)f a los que denotamos por u, y a cada elemento u le sicos sucedían siempre de manera
asociamos un número F[ u). Si C es un coqjunto numérico, F(u) que se minimizaba cierta cantidad.
es una función de una variable; si C es un conjunto de puntos del Eran los denominados príncipios
plano, F(u) es una función de dos variables; etc. Pero si C es un wríacionales.
conjunto de funciones. F{u) es lo que se llama un funcionaL que
En suma, esta venerable rama
en alguna de las diversas funciones que componen el cor\junto
del análisis era una suerte de ex-
puede tomar un valor extremo (máximo o mínimo).
^nsión del cálculo infinitesimal.
Para resolver un problema de cálculo de variaciones se com-
ientras que el cálculo tradicio-
paraba una función u de prueba con todas las funciones próximas,
na) enseñaba cómo hallar los
esto es, con aqueilas que se obtienen variando ligeramente la fun-
J^áximos o los mínimos de una
ción u de prueba (de aquí preclsamente el nombre de «cálculo de
cióll>el cálculo de variaciones
variaciones»), y se calculaba el funeional F a lo largo de cada fun-
®nseñaba cómo determinar la fun-
ción. La función solución tiene la propiedad de que el funcional
a Lo largo de todas las funciones próximas es siempre mayor (si 1 n que maximiza o minimiza un
eterminado funcional, que nor-
AXIOMATIZAR LA FlSlCA
AXIOMATI2AR U FÍSICA
- pequeños y convergían al valor ínfimo. Y a partir de efia ob-
„ llTlpnte veru'a expresado enformade unaintegral. Noobstante,
v0 el mínimo, es decir, la funcion u que alcanzabade facto ese
^Tproblema era mucho más diflcd y a flrtaies del siglo xix aún no
valor ínfim°- Físicos y matemáticos podían respirar tranquilos.
tobía podido especiflcarse una serie de cntenos que garantizaran
la existeneia del extremo (del máxuno o del irummo). No es de
extrañar, por tanto, que el cálculo de variaciones copara tres
de los veintitrés problemas de Hilbert.
LA CIENCIA EN LA ENCRUCIJADA
Mientras que en el problema 23 Hilbert planteaba una posible
generalización de los métodos variacionales, en los problemas
19 y 20 se preocupaba, respectívamente, por las propiedades y
A flnales del siglo xk, la física funcionaba correctamente den-
la existencia de las soluciones de los problemas del cálculo de tro del dominio de la experiencia común. La mecánica clásica
variaciones. En efecto, había dos cuestiones abiertas. Una era la (creadapor Newton) y la electrodinámica clásica (finalizadapor
existencia o no de solución (problema 20). Y otra, las propiedades Maxwell) proporcionaban un marco totalmente satisfactorio para
que esta solución, caso de existir, satisfacía. Desnudado de su la comprensión del numdo que nos rodea. Con el aumento de pre-
ropaje técnico, lo que Hilbert estaba preguntando en el problema cisión en los instrumentos de medida y la posibilidad de realizar
19 era si el tipo de problemas físicos que solían plantearse como experimentos más y más complejos, los físicos empezaron a estu-
problemas de cálculo de variaciones —el problema de Dirichlet, diar fenómenos en condiciones poco usuales: a velocidades muy
por ejemplo— debían tener siempre soluciones con el mejor com- altas (próximas a la de Ia luz) y a escala macrocósmica o micros-
portamiento: ¿las soluciones eran siempre tan suaves y regulares cópica. Fue entonces cuando comenzaron a surgir discrepancias
como las funciones anaL'tícas (que son derivables inlinitas veces)? con las predicciones suministradas por la física elásica, lo que
Este problema fue resuelto en 1904 por el matemático ruso Sergei motivó una profunda revisión de sus fundamentos y dio origen
Bemstein (1880-1968), como parte de su tesis doctoral (codiri- a las dos grandes teorías físicas del siglo pasado: la teoría de la
gida por Hilbert). Bemstein demostró que las soluciones de las relatividad y la teoría cvántica. La primera trataba de explicar
ecuaciones en derivadas parciales que interesaban a Iliibert —in- los fenómenos que ocurren a altas velocidades (relatividad espe-
cluyendo aquí las de la ecuación del potencial de Laplace— eran, cial) y a escalas cósmicas (relatívidad general), mientras que la
caso de existir, regulares, con un comportamiento inmejorable segunda se enfrentaba con los que tienen lugar a escala atómica
si satisfacían ciertas condiciones bastante simples sobre sus tres (mecánica cuántica).
primeras derivadas. Ahora era evidente que, por ejemplo, la inte- Hacia 1900, la claridad de la física clásica solo estaba oscu-
gral de Dirichlet, si alcanzaba su mínimo, lo hacía necesariamente recida por cuatro nubarrones, por cuatro problemas que inexpli-
en una función admisible. cablement.e se resistían: la radiación del cuerpo negro. el efecto
Pero fue en ese mismo año de 1904 cuando Hilbert dejó fotoeléctrico, los espectros de los elementos químicos y el viento
asombrado al mundo matemático al rescatar el principio de Di- eter- Mientras que los tres primeros abrieron las puertas a la fí-
richlet del descrédito en que había caído después de las críticas sica cuántica, el últímo lo hizo con la física relatívista. EI principio
de Weierstrass. Antes de Weierstrass se había supuesto que en el clásico de relatividad, debido a Galileo, no era capaz de explicar
cálculo de variaciones todo funcional tenía un mínimo. Hilbert ciertos fenómenos electromagnétícos medidos sobre un inte e-
demostró que en el caso concreto de la energía de Dirichlet J(y) j’ometro (el experimento de Michelson-Morley). En 1905, ort
abia, efectivamente, un mínimo. Construyó una sucesión rnini- ^uistein (1879-1955) sentó las bases de la teoría especial de ia
mizante de funciones, cuyos valores para la integral eran cada vez
relatividad con su artículo «Sobre la electrodinánúca de cueipos
82 AXIOMATIZAR LA FÍSICA 83
axiomatizar la FfSlCA
en movimiento* Para resolwer la aj>arente contradicción que SUr.
gia al estiKÍiar el comportamiento de las ecuaciones de Maxweli I LA CONJETURA de waring
bajo las transformaciones de Galiieo tsin recurrir a un hipotétiCo
\iento de «eri. Einstein propuso mantener la teoría de MaxweU Tanto para Minkowski como para Hiibert
la teoria de números era la creación más
modificando la mecaiuca de Newion. Habta que abandonar las
maravillosa de la mente humana. En 1908.
tmnsft^rmanones de Galüeo. susütuyéndolas por las transforma- aprovechando una tregua en su crisis de
oones de Lorentz. y adoptar —como es bien sabido— una hipó- salud. Hilbert demostró la conjetura pro-
lesw re\x>luoonana; la in\anan<Ta de la velocidad de la luz. Entre puesta por el matemático británico Ed-
I ward Waring (1734-1798): «Todo número
sus consecuennas se contaban las siguientes; el rechazo del éter
natural es igual a la suma de como mu-
la relatividad de la sonuitaneidad. la contracción del espacio. la cho 9 cubos, de no más de 19 potencias
dilaiaoon del uempo. etc. La teoría de la relatividad especial eli- cuartas. y asi sucesivamente». En otras
mmo de un f»lumazo la üusion del espacio y el tiempo absolutos palabras. se afirmaba. sin prueba algu-
na. que para cualquier potencia k hay un
de b fisica i Lasx a.
cierto número mínimo de tales potencias
La relatmdad especial. aunque tremendamente atrevida en -llamémoslo g(,k), dado que depende de
sus postulados fiscos. no requería matemáticas desconocidas la potencia k seleccionada— que permite
hasu entonces por ios fisicos —estaba. de hecho, en germen en expresar cualquier número n como suma
Edward Waring.
de exactamente g(k) potencias k-ésimas:
la obra de Pomcare y de H. Lorentz (1853-1928)—. En su alum-
bramienio Einstein empleó matemáticas poco exigentes. No obs- n = Jf, +Xj +...+ X'
A.XIOMATI2AP LA Pl$ICA
AXIOMATIZAR tA FfSICA
depender de su contenido energético-mat.erial, es decir si
Para Minkowski. había que considerar el tiempo como una
f'Lvedad tenía que curvar el espacio-tiempo, se precisaba una
cuaita dimensión. Había una ligazón ineludible entre el espacio y nmetría variable, no prefqada de antemano y muy distinta de ia
ej tiempo en vimid de la cuai existía una umca entidad: el espacio-
g ,al Un matemático conocido suyo llamó su atención sobre los
tiempo. Todo io que en Einstein era confuso aparecía ciaro en
Ühaios clásicos de Gauss, Riemann y, en especial, los publicados
ei nrnndo seudoeuclídeo de cuatro dimensiones que imaginaba
^Gregorio Ricci (1853-1925) y Tullio Levi-Civita (1873-1941) en
Minkowski. Este marco geométrico hizo mucho por la dlfusión
mOl. A la postre, estos últimos contuvieron la mayor parte de
de ia teoría de ia relatividad especial. Su impacto fue tremendo,
los elementos de la geometría riemanrtiana necesarios para ía
aunque tardó en asimilarse (parecía desconcertante que para
relatividad general. Con la ayuda de su amigo Marcel Grossmann
hacer física hubiera que recurrir a una geometría en que los vec-
(1878-1936), Einstein comenzó a estudiar dichos trabqjos y des-
tores pueden tener longitud negativa). A Einstein le pareció una
cubn'ó que constituían el aparato matemático que precisaba y
erudición superflua, en una actitud que encontró la oposición de
desconooía. Juntos, físico y matemático publicaron a finaies de
Hilbert. quien Uegó a afirmar «cualquier muchacho en las cailes
1913 un foUeto de veintiocho páginas titulado Esbozo de una teo-
de Gotinga comprende mejor que Einstein la geometría cuadridi-
ría general de la relatividad y de una, teoria de la gravitación.
mensional». Minkowski presentó su formaüsmo en varias confe-
Su meta era modelizar el universo como una variedad geométrica
rencias pronunciadas a lo largo de 1908, pero no vivió lo suficiente
tetradimensional, dotada de una métrica o distancia riemamtiana
para verlas publicadas y disfrutar del éxito que cosecharon: en
De ta mlsma forma
1909 murió eomo consecuencia de las complicaciones surgidas dada por ei tensor
que uno sábona
sujetada por dos
en una operación de apendicitis. Esta pérdida irreparabie agravó
la profunda depresión que Hilbert sufría desde el año anterior ds1 2 g,J<ix,dx¡. personas se
deforma cuando
se deja caer en
como consecuencia de un agotamiento nervioso. e/la un objeto. un
Este tensor métrico, que determinaba las propiedades geomé- cuerpo de masa
Un grande como
tricas (claramente, no euclídeas), caracterizaba también el campo ta Tierra curva el
espaclo-tlempo
gravitatorio (véase la figura). No obstante, las ecuaciones del
a su alrededor,
EINSTEIN, HILBERT Y LAS ECUACIONES campo gravitacional contertidas en el artículo no eran correctas y y esta curvatura
es la causa de
DE LA RELATIVIDAD GENERAL no tardaron en abandonarlas. Comenzó entonces un largo y fati- los movlmientos
goso período para Einstein, que solo vislumbraría Ia luz a finaies de atracción
gravitatorla que
A partir de 1911. Einstein dirigió sus esfuerzos a integrar la gravi- de noviembre de 1915. Einstein pugnaba con el cáiculo tensorial experimentamos
en su superficie.
taaón en su teoría especial de ia relatividad. Buscaba una teoría para dar con las ecuaciones correctas. Se estaba adentrando en
general. Pese a su reticencia inidaf Einstein acabó admitiendo la un °céano que solo los matemá-
utilidad del formalismo de Minkowski, puesto que le puso sobre 6cos, en realidad algunos ma-
la pista de que la clave estaba en la geometría. Se trataba de re- temáticos, se atrevían a suicar.
presentar los efectos de la gravitación por medio de la estructura Uno de eílos era nuestro prota-
geometrica del espacio-tiempo, que obligaría a los objetos a des- gonista: David Hübert.
p <uarse en la forma prevista Había que geometrizar la gravedad. Desde 1909, y hasta prác-
nipaHrt 08 totentos el formaiismo matemático em- ocamente 1920, Hilbert mostró
fuernn ÍÍTh fue bastante elemental y los resultados no 11113 ^ran inclinación por la física
prometedores. Si ia geometría del espacio-tiempo 0rica, aplicando los métodos
AXIOMATIZARLAFtS|CA 87
AX|OMATlZARLAFfSlCA
del cálculo de variaciones a ella. Fruto de todos estos años sería
ei Ubro publicado en 1924 en colaboración con Richaxd Courant;
Métodos de lafísica matemdtica, un manual de éxito durante las ecuaciones de campo DE LA RELATIVIDAD general
decenios. Hübert dedicó su atención a problemas físicos canden-
E! espacio-tiempo de Minkowski es un espacio de cuatro
tes, como los del átomo y la relatividad. Gracias al legado de teria retuerce el espacio-tiempodeMinkowski.demodoQueSff'U
Paul Wolkskehl, un rico industrial alemán aficionado a ias mate- de moverse en líneas rectas para hacerlo en curvas
máticas, pudo organizar periódicamente en Gotinga una serie de acción de la gravedad o. equivalentemente, de cierta aceleraci^Tf5' 53)0 'a
conferencias y estancias de académicos extrar\jeros de prestigio masa o energía ínyectemos. más se curvará el espacio-tiempo óe "í
La relación entre la presencia de masa-energia y |a forma del esoado ho
(Hilbert ironizaba a menudo con que la única razón por la qUe cuadridimensional viene dada por las ecuaciones de campo de Einsteiñ
se reprimía de probar el úitimo teorema de Fermat era para no
G =Mr
hacerse con los 100 000 marcos que el legado establecía como ^ c4 V
premio y acabar de golpe con la gallina de los huevos de oro).
En el primer miembro de la ecuación aparece G^. que es el tensor decurvatura
Entre los primeros invitados con cargo a estos fondos estuvie- de Einstein: mide la deformación del espacio y depende. a su vez. del tensor
ron Poincaré y Lorentz, cuyas charlas trataron sobre cuestiones métrico. de los gt¡ de la distancia. En el segundo miembro aparece] aparte del
relacionadas con la mecánica relativista. Pero, posiblemente, la número n, la constante de gravitación universal Gy la velocidad de la luzc el
tensor de energía-momento T^, que encarna la materia. Resumiendo: el es-
visita más famosa fue la de Einstein a comienzos del veraito de
pacio le dice a la materia cómo debe moverse, y la materia le dice al espacio
1915. Era la primera vez que el físico y el matemático coincidían. cómo debe curvarse. Anotemos. como curiosidad, que Hilbert fue el encarga-
Einstein impartió una serie de seis conferencias en Gotinga y se do de demostrar en 1917 que la geometria euclidea era la verdadera geometria
hospedó con la familia Hilbert. Tras varios días en su compañía, del universo si y solo si el tensor de energia-momento era idénticamente nulo.
esto es. en ausencia de materia. De todos modos, que la geometria eudídea
Hilbert estaba ansioso por poner su capacidad matemática al ser- haya sido destronada globalmente no quiere decir, ni mucho menos, que no
vicio de las nuevas ideas sobre la gravitación. Durante los meses sea útil localmente. en nuestro entorno.
siguientes ambos entraron en una fase de trabajo febril, con fre-
cuentes intercambios epistolares. Perseguían un mismo objetivo:
dar con las ecuaciones de la relatívidad generai.
En algún momento, a Einstein comenzó a preocuparle que
Hilbert estuviese tan implicado. Así, a íinaies de noviembre de ducían las ecuaciones de la gravitación y del electromagnetismo
1915, Hilbert escribió a Einstein ofreciéndole sus ecuaciones y (Einstein, en cambio, se limitó a la interac.ción gravitacional).
este, que acababa de descubrir las ecuaciones finales de la relativi- Postulaba, por un lado, que las leyes de la física están detemu-
dad general, le respondió inmediatamente, intentando establecer nadas de manera que cierta integral aJcanza su mínimo. Por otro,
su prioridad. Hilbert no pudo hacer otra cosa que mandar una qne cierta función que depende de la métrica riemanniana se
nota de felicitación. mantiene invariante bajo transformaciones arbitrarias de coor-
Tradicionalmente se ha afirmado que Hilbert descubrió la jtenadas. Quería hacer con la gravitación y el electromagnetismo
ecuaciones relativistas del campo gravitatorio antes que Eir 0 mismo que había hecho para la geometría: establecer con cla-
aUI^ue nurica reclamó la prioridad. Hübert envió su art ndad sus fundamentos y deducir los prineipales resultados a
,af.U. caff* 20 de noviembre de 1915, cinco días antes d Partir de un número mínimo de axiomas o principios básicos.
tos maremáfH Sh’viéndose de sus amplios conocimier Estructura axiomática, método deductivo y cálculo de vanacio-
cos, formuló un principio variacional del que se d t nes son los tres ingredientes fundamentales de todas las apoita-
Cl°nes de Hilbert a la física.
AXIOMATlZAR LA FÍSICA
AXIOMATIZARLAF'S'O
T
90
AXIOMATIZAR la física
91
axiomatizarlafIsica
I
92 AXKDMATIZAR LA FISICA
AXIOMAT) za» LA WC*
iadrados era nmu, eSus identiflcaciones m a
rieron algebrizar el análisis (un enfoque típico del análisis funcio.
C en la ecuacion mtegral, el problema se transfom/ e3a'
nal), pero también en el cálculo de variaciones, donde aparecen
^nlver un sistema de infinitas ecuaciones
por vez primera las ideas de coryunto de funciones admisibleg
^Litas ílos coeflcientes de la función, que eran ri UÜtas
para resolver un problema y de distancia entre funciones (a través
j^e). Siguiendo con el ejemplo: si en Ia ecuación
del funcional). E1 aparato matemático que cristalizó con el análisis
funcional se convirtió a finales de los años veinte en el piiar de o
a:(í) + /K'(t,s)ar(s)(ís ■/(í)
toda una disciplina física: la mecánica cuántica. Este hecho cru-
cial deteiminó que se beneficiara continuamente de renovados y
vigorosos planteamientos ligados a la extensión del formalismo se representan las y por 9US coefi(,.
cuántico. tes de Fourier, entonces esta ecuación se escribe en tórmmos deí
• An oí'iictr'innoc- UC1
E1 análisis funcional generaliza las nociones geométricas del sistema infinito de ecuaciones:
espacio w-dimensional (distancia, teorema de Pitágoras, etc.) a
los espacios funcionales de dimensión infinita. Entre estos es- + P= 1,2,3...
q=\
pacios infinito-dimensionales destaca con nombre propio ei
llamado espacio de Hilbert, construido en el ámbito de las ecna- teyo la condición de que la suma de los diferentes coeficientes al
ciones integrales por el propio Hilbert, pero axiomatizado en cuadrado es finita, esto es, por ejemplo, que
conexión con la mecánica cuántica por su aventajado discípulo
John voti Neumann, que le dio este nombre en honor a su maes- 2xl<co-
p->
tro hacia 1930.
E1 espacio de Hilbert aparece en germen en un artículo de De esta manera, al pasar del reino de lo continuo al reino de
1906 (el cuarto de la serie de seis sobre ecuaciones integrales y el lo discreto, la integral se transforma en una suma (la operación
primer artículo genuino sobre análisis ftmcionaL). Podría deeirse, análoga).
simplificando, que las funciones solución de las ecuacioties inte- E1 espacio de todas las sucesiones de números reales de
grales formahan el espacio de Hilbert. En efecto, mientras estu- cuadrado sumable (hoy designado f2), donde había que buscar
diaba una ecuación integral, Hilbert tuvo la idea de considerar mt lasolución, era el espacio de Hilbert. En este espacio de sucesio-
sistema especial de funciones que cumpliera ciertas propiedades nes numéricas Hilbert definió, en analogía con el espacio euclí-
(por ejemplo, el sistema trigonométrico, para que fuera una base deo usuai, una distancia, y extendió las nociones clásicas de
del espacio funcional) y reducir la resolución de la ecuación a la tímite, continuidad, etc. Tanto Hilbert como sus mejores discí-
determinación de los coeficientes de la función incógnita respecto pulos (en especial, Erhard Schmidt, dentro de su tesis doctoral)
a ese sistema (para entendemos, las coordenadas de la función in-
explotaron al máximo esta semejanza geométrica del espacio
cogmta con respecto a esa base del espacio). Tomando el sistema
cional i2 con el espacio geométrico usual Rn. Toda la teoría
tngonométrico, se trataba de hallar la función desconocida por
e pspacios de Hilbert hizo la entrada en escena en su versión
me o de su representación mediante los coeficient.es de Fourier
canónica sobre el primer espacio con un número ínfimto de
(unasucesión iníinita de numeros que permiten expresar una fun-
^ensiones conocido.
íon e cuadrado integrable en forma de una suma de funciones
Estos años fueron decisivos para que cu^jase la posibilidad
togonometncas miütiplicadas por esos números). Los coeficien-
un análisis general de los espacios de funciones. En 1906 apar
> un o servó, satisfacían la condición de que la suma de sus
10 ,a te«is doctoral de Maurice Fréchet (1878-1973), que tuvo
AXIOMATIZAR LA FÍSICA
axiomatizarlafísica
una influeneia tremenda, ya que introdujo de modo abstra
noción de distancia en un conjunto de funciones, así eom0 eiCt° la
*»°camp«,tr,
de nociones geométricas asociadas. resfo oegrupo.D,
'*qü¡eftfa a
Poco después, en 1907, dos jóvenes matemáticos, Emgt p. Alfréd
cher (1875-1954), antiguo alumno de Minkowski, y Fiigyes n- is' FranZ;
M inseparab(,
(1880-1956), a la sazón profesor de enseñanza media en •Jm'go Herrnartn
Mlnkowskl; mujer
queña ciudad húngara, descubrieron independientemente una ^ “•sconocUfc;
Hilbert;
nexión inesperada entre el floreciente análisis funcional y otr C°' D»v(d Hilbert, y
^«Hedlngw.
los grandes descubrimientos matemáticos de la época: la -
de la integración de Henri Lebesgue (1875-1941), que venía as°? 1 OQuiEBOA
Einit,in dunnte
rar ias fisuras mostradas por las teorías de la integración ciásic1* «navljjtaa
Lwentz en Lelden
de Cauchy y Riemann. E1 teorema de Fischer-Riesz establece «n 1921. P,ra
«staülecer la
existe una correspondencia, un isomorfismo, entre el espaeiode teoria de lg
relatividad. el
Hilbert C2 y el espacio de las funciones de cuadrado integrable flsico atemán
sprovechó ,1
(que hoy llamamos L2). De la noche a la mañana había nacido un trabo|o de iantnz
Y Poincafé,
segundo modelo del espacio de Hilbert. Estos trabajos abrieron *d«másdeta
cotaboradOn
la puerta a la introducción de nuevos espacios fimcionales como matemática
generalización de los ya conocidos: los espacios C y L con p> [ d, Hllbtrt
FQtOlWSRIOR
(por ejemplo, si p = 3, de sucesiones/funciones de cubo’ sumable/ OÉRKHA.
integrable, etc.). John von
Neumann,
E1 bautismo oficial del análisis funcional como tal se pro- discfpufo de
Hilbert que dio
dqjo en 1922, con la publicación del libro Lecciones de anáUsis nombre al especto
de Hilbert en
funcional, de Paul Lévy (1886-1971). Ese mismo año apareció honor de su
maestro.
publicada la tesis doctoral del polaco Stefan Banach (1892-
), que buscaba demostrar una retahíla de teoremas válidos
para diversos espacios funcionales sin fijarse en la naturaleza
concreta de estos espacios (en las funciones paiticulares que
los componían).
.1PUra°sar[lent'e’ muchas de las contribuciones de Banach al
r crona^ se fraguaron en la ruidosa atmósfera de un
énora^ h coces ^polis (b^jo jurisdicción polaca en la
dor earxh ^ UerTlpo que demostraba su fama de buen bebe-
meS ?a n0tas SObre el de la mesa o en una ser-
matemátiro^ ^ notas escritas por Banach y otros insignes
en llamar el Cunrí ° aCompanaban fue Jo que después se ha dado
AXIOMATIZAR LA FfSlCA 97
AXfOMATlZABLAFlSlCA
ima axiomática coherente independiente de las w <
CUANTOS, MATRICES Y ONDAS
y que, por añadidura superase ese confuso baübu^
^ipios, leyes y recetas de calculo en que consistíalaS
Tras mü y un mtentos fallidos de expUcar la radiaeión del cuerp0
Sticaautígoa.
negro (esto es, dentro de una cavidad cerrada), el Hsico alemán
Max Planck (1868-1947) lo consiguió ai postuiar que la emisión y
la absorción de energía se realizan siempre en paquetes, de forrna «E1 optimismo lo aprendí de Sommerfeld, la felca
discontinua o «cuantizada». La energía, como el dinero, no toma de Bohr y 1=* matemáticas en Gotinga,,
valores dentro de un rango continuo, sino solo en unidades dis-
cretas. La «discretización» dictadapor Plank fue un acto desespe- HE18KNBM6.
rado en toda regla EI origen heroico de la teoría de los quanta se
remonta, por tanto, al 14 de diciembre de 1900, cuando presentó En 1925, un joven físico llamado Wemer Heisenberg (1901-
públicamente su ley de radiación del cuerpo negro. ,976) privatdozent en Gotinga, sentó las bases de la mecánica
Pero el dmmatis personae de la teoría cuántica antigua ín- ^uántica mientras se recuperaba de un severo ataque de alergia
cluye, amén de Planck, los nombres de Albert Einstein y Niels retirado en una isla. Heisenberg insistió en que el conjunto de
Bohr (1885-1962). En el annus mirabüis de 1905, Einstein aplicó todas las frecuencias y amplitudes de la radiación emitidaporun
la hipótesis cuántica al estudio de la luz: las ondas lumínicas átomo puede considerarse una descripción completa del sistema
están compuestas de pequeñísimas partículas (que solo poste- del áromo, aunque no sea posible interpretarlo en el sentido de
rionnente recibirían el nombre de fotones), como quedaría tes- ona trayectoria electrónica que provoca la radiación, puesto que
tado en el efecto fotoeléctrico. Hasta bien entrado el siglo xix, las órbitas de los electrones dentro del átomo son inobservables.
la visión corpuscular de la materia, heredada de Newton, había Además, comprobó que estos copjuntos de números (que, mate-
dominado sobre la visión ondulatoria. Hacia 1900 existía una con- máticamente, correspondían a los coeficientes de Fourier de la
cepción híbrida: los sólidos y los fluidos (líquidos y gases) eran expresión clásica del movimiento del electrón) no conmutaban.
vistos como compuestos de partículas, pero la radiación electro- Con otros términos: a diferencia de las clásicas, las cantidades
magnética se concebía como ondas. Y ahora resultaba que los cuánticas cimiplen, en general, que QP*PQ. Meses después, dos
físicos tenían que rechazar la concepción clásica de la materia colegas de Gotinga, el físico Max Bom y el matemático Pascual
(onda o partícuJa) en pos de una nueva concepción: onda y par- Jordan (1902-1980), reconocieron que estos conjuntos de nume-
tícula (como en el caso de la luz). ros Q y p se comportaban como matrices matemáticas, pese a
Por su parte, en 1913, Bohr, un becario —gracias a una cono- que el propio Heisenberg no sabía siquiera lo que era una matinz
cida marca de cerveza— en el laboratorio de Emest Rutherford (según confesó). La mecánica cuántica matricial creció en e jar
(1871-1937), cuantizó el átomo a fin de explicar los espectros dín al cuidado de Hilbert. No obstante, Gotinga esíaba divi a
atómicos. Las rayas discontinuas de los espectros eran conse-
dos grupos. Hilbert y los suyos hablaban del gran éxito caI^
cuencia de la cuantización de la energía de los electrones dentro
^ediante la introducción del cálculo de matrices en
del átomo. Desgraciadamente, el modelo atómico de Bohr fra- fras Qhe otros abominaban del tedioso espíritu matema
casó aJ aplicarse a átomos multielectrónicos, y los físicos fue-
^undaba la física atómica. „ ,/icq7-1961)
ron convenciéndose de que era necesario un cambio radical en
En la Navidad de 1925-1926, Erwin Schródinge^( ba
los fimdamentos de la física: una nueva clase de mecánica —flue
umbró la mecánica cuántica ondulatoria, nuen . ^
Max Bom (1882-1970) denominó mecánim cuánticar— que pre- - lUl „
AX/OMATIZAR LA FÍSICA
AXtOMATlZARLA*'**
T
UN PROBLEMA, DOS SOLUCIONES oscilación. En fisica cuantica, los autovalores E son Drer¡«
niveles de energía del electrón del átomo de hidrógeno i VfH*' '°s posibles
Atrevámonos a bucear un poco más profundo para averiguar cómo resolvía estos autovalores dan las frecuencias de loscuantos de iU7 (-Sf ' erenc'as entre
cada mecáníca cuántica el problema de hallar los diferentes niveles energéti- describiendo asi la estructura del espectro de radiación h |0neS)em,tidc>s'
cos del electrón del átomo de hidrógeno. En la mecánica matrícial habia que parte. los díferentes estados del electrón vienen dados oor i! P°r su
«diagonalizar» la matriz hamiltoniana H. que mide la energía total del sistema
esto es. determinar una matriz S de manera que la matriz W-S 'HS sea una
matriz diagonal; puesto que asi los elementos diagonales En son los valores
energéticos del electrón.
átomos. Con sus prop.as palabras: «Desarrollé mi teorla deintinitasvaril »!
e incluso la llamé análisis espectral sin ningún presentimiento de
tarde encontrarfa una aplicación para el espectro real de la fisica» Fue un¡
Autovaiores
En la ffsica cláslca, ios autovafores determinoban ocr
700
AXIOMATiZARLAFfelCA 101
AXIOMATIZAR LA FISICA
poraue resolver una ecuación diferencial, una cosa que los fisiCrK
habían hecho durante siglos, parecía mucho más sencUlo que J
Iflgdo8
contrar la solución de ciertas ecuaciones matriciales.
Así pues, el panorama que se les presentaba a los físjcos F] único objetivo de la física teórica es calcular resultaón
comienzos de la primavera de 1926 difícilmente podía resuita,.
se puedan compararcon la experiencia [...], Es ¿£2
más paradójico: disponían de dos mecánicas que exphcaban y
predecían los mismos fenómenos, pese a que cada una de eilas
innecesario que deba darse una descripción satisfactonadH
utüizaba un enfoque muy diferente y proyectaba una concepCión curso completo de l0s fenómenos»
muy distinta del microcosmos. Si Schrodinger calificaba la mecá-
— PA(il DíSac.
nicade matrices de «contraintuitiva>, Heisenberg no se quedaba
atrás y califkaba la mecánica de ondas de «repuisiva». Varios físi- £n el otoño de 1926, Pascual Jordan y el físico británico Paul
cos—el propio Schródinger, Carl Eckart (1902-1973) y Wolfgang Adden Maurice Dirac (1902-1984) comenzaron a elaborar por se-
Pauli (1900-1958)— se ianzaron a esclarecer Ia relación formal oarado la teoría de Las transfo'nn.aciones, a fin de unificar de una
entre ambas mecánicas. Su conclusión fue que ambos formalis- por todas ambas mecánicas cuánticas. Como las cantidades
mos eran matemáticamente equivalentes, aunque su demostra- cuánticas introducidas por Heisenberg defiman un nuevo tipo de
ción de que se podían construir las matrices Q y P a partir de las álgebra para el que la multiplicación no era conmutativa, Dirac de-
funciones de onda así como recíprocamente, no fue del todo cidió llamar q-números a las cantidades que así se comportaban
correcta. (aunque la «q» no era por quantum, en inglés. sino por queer, que
De hecho, fue mérito de Hilbert reconocer la profunda simili- significa «extraño», «poco usual»). Pues bien, el álgebra abstracta
tud entre ambos fonnaüsmos. Hilbert se rió mucho de Bom y Hei- de los q-números admitía diversas representaciones o imágenes
senberg porque, cuando descubrieron la mecánica matricial, se (a la manera que im mismo sistema de axiomas puede adnutir
encontraron con el mismo tipo de dificultades que, por supuesto, varios modelos), siendo dos de ellas las mecánicas matricial y
todos Ios matemáticos encuentran al manipular matrices infinitas.
ondulatoria. E1 problema es que para asegurar que todas las trans-
Cuando fueron apedirle ayuda, les dijo —recordando sus trabajos
formaciones entre imágenes de la mecánica cuántica funcionaban
sobre ecuaciones integrales de veinte años antes— que las úni-
correctamente, Dirac tuvo que recurrir al empieo de un ente ma-
cas veces que había tenido que ver con matrices fue cuando estas
temático ficticio: la función delta. Una función que, en verdad, no
aparecían como subproducto del estudio de autovalores de una
era función. Para los físicos se trataba de una idealización ütil,
ecuación diferencial con condiciones de contomo (en otros ternu-
^05 matemáticos se encargarían de rigorizar. Para los mate-
nos, cuando una ecuación integraJ se transformaba en un sistema
máticos, en cambio, era ima noción sospechosa, sin realida ma
de ínfinitas ecuaciones lineales). Les sugirió que si encontraban
^mática, cuyo uso solo se justificaba por las aplicaciones cas
Ia ecuación diferencial que originaba esas matrices, probable-
k fiinción deita de Dirac le aguardaba un triste sino, pues
mente obtendrían más información. Heisenberg y Bom pensaron
e esperar hasta 1950 para encontrar su acomodo dentro
que era un comentario para salir del paso, y que HiJbert no sabía
e°na de distribuciones creada por Laurent Schwartz ( . s
reaimente de lo que estaba hablando. Así que más tarde Hilbert
1(ÍIUras tanto, su falta de rigor dejó helados a los m e
se divirtió mucho indicándoles que podían haber descubierto la deG,°tinga.
“a onduIatoria de Schródinger seis meses antes que este,
si le hubieran hecho caso, claro. Esta fue la senda que, de facto, tino^ Gn estas>110 joven llamado John von Neumann Ü %'
como ayudame de lülbert. Tras haberse doctorado con una
103
axiomatizarlafIsica AX.OMATIZARLAÍISICA
T
/Vvn(x)- /Mx.y^OÓcfy,
LA FUNCIÓN DELTA DE DIRAC
En la mecánica matricial, se trataba de hallar una matriz S de manera que la es decir. si todo operador hamil-
matriz W=S-'HS fuese diagonal. Si se despeja HS en esta ecuación. queda toniano pudiera escribirse como
HS=SW. Y. si empleando la regia de multiplicación de matrices se escribe lo un operador integral. Pero. iesto
que significa esta última ecuación para los elementos de cada matriz. se ob* no era siquiera posible para un
tiene un sistema de infinitas ecuaciones lineales (que recuerda al que aparecía operador sencillo como la iden-
al transformar una ecuación integral): tidad (definida por para
toda función de onda)! Dirac no
D] se amilanó ante las dificultades
y, para salvarlas, recurrió a la
Por su parte. en la mecánica ondulatoria se trataba de resolver la ecuación de función 6. Esta función singular
ondas de Schródinger Hy=Ey. determinando los autovalores solución. Si en está definida por 6(z)=0 para
Diagrama esquemático de la detta de Dirac: una
la ecuación se introduce la autofunción iyn asociada al autovalor En, se llega a: todoz*0 [3] y. paradójicamen-
«funclónu que vale 0 en lodos sus puntos menos
te,/6(z)cfz=l [4]. ¿Cómo imagi- en el orlgen. donde vale infinlto, para asl Integrar l
HVn - EnVn. 12] nar una función que vale 0 en
todos los puntos menos uno y,
Tanto Hilbert como Dirac. una vez que reformularon ambos problemas de esta sorprendentemente, integra 1? Ahora bien, aceptando esta ficción y tomando
forma, procedieron a compararlos y observaron que [1] y [2] presentan una ft(x,y)=8 (x-y) como núcleo de la ecuación integral de arriba, puede expre-
estructura semejante: Hamiltoniano x XVZ=Energía x XYZ. En consecuencia, sarse la identidad. por ejemplo. como operador integral sin más que ap icar
la pregunta que se hicieron fue: ¿qué condiciones hay que asumir para po- las propiedades magicas de 6:
der igualar término a término la ecuación [1] de la mecánica matricial con la
ecuac ón [2] de la mecánica ondulatoria? Como «integrar» es en el reino de lo
contmuo (o análogo a «sumar» en el reino de lo discreto (el símbolo/provie- HWxy*Sh<x,yWy>cfy « ¡Kx -y>l'(y)dy -Vx)/6(-x- y)dyí’ ^)'1-^
íf'n una sucesíva estilización de la letra s larga). pensaron que
miemhrrTrta m !UfitfÍtUÍr “en el paso de lo discreto a lo continuo- al primer V, mediante cálculos similares, puede demostrarse que cufl'f^rr^)Cán¡cas
ambas ebla dy. Por consiguiente. la unificación entre Puede representarse como operador integral, de modo qu
con el Drimnr m'í cuant(cas se lo9raria si esta última expresión coincidiese cuánticas resultan a fortiori unificadas.
con el primer miembro de [2], resultando;
K»
104 AXlOMATlZAfHAFÍSlCA
AXIOMATIZARLAFISICA
la versión discreta en términos de matrices. A1 íguai <we hieiera
físico húngaro Comel Lanczos (1893-1974) en 1926 (un mes antPí
curiosamente, de que Schródinger pubhcara su famosa eeuacióm' 1.0S ESPACIOS «EQUIPADOS» DE HILBERT
axiomatizarlafísjca
Hacia 1920, Hilbert viró sus intereses hacia el inquietante territo-
rio de los fundamentos de la matemática. Un campo que cultivó
en exclusiva durante los últimos años de su vida como investiga-
dor. En cierta manera reanudó con fuerzas redobladas su examen
de las bases de la matemática, aunque ahora con unos objetivos
mucho más ambiciosos que veinte años antes. No se enfrascó en
la tarea en solitario. Lo hizo acompañado por dos fieles escude-
ros: Paul Bemays (1888-1977), uno de sus asistentes en Gotinga, y
Wilhelm Ackermann (1896-1962), un profesor de secundaria que
había sido alumno suyo (y a quien rehusó dar un puesto universi-
tario cuando se enteró de que iba a casarse y tener familia, lo que
a su juicio le distraería de la investigación). Como parte de esta
actividad, el matemático alemán y sus más íntimos colaboradores
se vieron envueltos durante el período de entreguerras en una
serie de vívidas discusiones con importantes matemáticos euro-
peos que mantenían visiones opuestas a la suya.
Es costumbre anclar el iiücio histórico de las reflexiones en
tonto al quehacer matemático allá por el último cuarto dei siglo
*“•Sin embargo, la curiosidad por la naturaleza del conocinuento
^atemático no es nueva. Es bimilenaría. Así, la primera cnsis
e ftindamentos se produjo en la antigua Grecia, cuando la m
^fica pitagórica se resquebrajó. Los pitagóricos pensaban q
os íos números eran racionales, como casaba con su cosm
FUNDAMENTOS
LACRlSISDE
síón pero pronto descubrieron que también había números iíUst£n (sigl^ iv d.C.) a la cabeza, aseveraban que la ,
cimales (como v/2). E1 descubrimiento de los inconmensm^,^ ^inita de los números existia en acto en el intelecto tahdad
hizo anicos su matemática. Los números racionales no agotaban
la realidad. E1 continuo real (una recta, por ejemplo) no está f0r.
mado por una colección dist'reta de átomos individuales. Los ^
bajos en fundamentos de Eudoxo (siglo nr aC.) alejaron el horror
al infinito irracional y pusieron los cimientos sobre los qUe Se
edificó la geometria euclidea.
Por su parte. como \-amos a comprobar, los trabajos llevados
„q derto número por grande que sea?
El préstamo del término platonismo del camno fiintós
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
UCBISISDEfUNOAMENTOS
T
, „,lWo cá]culo de Newton y Leibna. Pero la anímetfó^ Ul» n1T _ lns puíttos de la recta en dos clases ky**., p^ci0n
?" "Temáücas que se Uevó a la práctica entre los siglos *
*’f,B , lo. fc.'ÓJtLto
de risab^de una vuelta al rigor griego, que renunciara a l0s ^pros racionaiea au*. “muerosrealesno I0 son- n.
jivhi precisaba c¿jcui0 con infinitésimos. °s
■Juier corte que hagamos en 1» recta siempre eáste un *££
juegos^iem^tte^ ]aoscuridad del^álisis matemático
ÍÍe produce la dms.on de la recta en dos trozos. Si P,alf
eracJ absoluta. Augustin-I^uis Cauchy 1789-1857 rompió con
llníaque Dios geometnza etentamente, Dedekmdproponiae"
la tradición infmitesimai y refundó el anabsm sobre las nociones na de que el hombre antmetiza etemamente. Todos los numeros
de iínúte y función. E1 refinamiento del concepto de función fue lenta
habían reducido, en el fondo, a números naturales. Toda una
simultáneo al desarrollo de las teorias de derivacón e integración. se
/aña intelectual. Pero, ¿qué eran los números naturales?
Pero el Curso de análúis de Cauchy, que vio la luz en 1821, se
apoyaba a su vez en la noción de continuidad. Tanto el cálculo
de línútes como el manejo de funciones precisaban de una defini-
ción cuidadosa del continuo de números sobre el que se operaba. . A lógica como llave maestra
Pero ¿qué era exactamente el continuo? Las demostraciones de
pg lAS matemáticas
los teoremas fundamentales del análisis necesitaban de una de-
mostiación previa de la continuidad de la recta de números rea-
Es dentro de este panorama donde la aritmética asemejaba un
les. Los que enseñaban el cálculo no conocían las demostraciones
árbol que crecía hacia arriba sin cesar, al tiempo que sus raíces se
correctas de los teoremas e intentaban que las mistificaciones ofi-
hundían en las proñindidades, donde hizo acto de presencia la pri-
ciales se aceptasen como un acto de fe. Esto ocurría hasta con un
mera corriente fundacional: el logicismo. Para conocerla hay que
teorema tan básico con ei de Bolzano (1781-1848), que afirma que
acercarse a su primer defensor: Gottlob Frege (1848-1925). Este
si una función continua toma valores de signos opuestos en los
matemático alemán reparó en que toda la matemática descansaba
extremos de un intervalo, entonces existe un cero de la función
sobre Ios números naturales; pero, ¿cómo construirlos? La clave
en el interior del intervalo. Algo similar sucedía por la misma
estaba, a su juicio, al amparo de la lógica.
época con la geometría, y correspondió a Hiibert, según vimos en
Frege pasó su vida como un huraño profesor de la Universidad
el capítulo 1, aclarar la noción de continuidad.
de Jena. Tenía tan pocos alumnos que durante algún curso solo
Mediado el siglo xix, el problema fundamental residía, por
asistieron reguiarmente a elase dos, un filósofo y un comandante
tanto, en construir los números reales (el continuo) a partir de los
retirado que estudiaba por hobby. Era incapaz de conversar de otra
números racionales, ya que se sabía cómo construir estos a par-
tir de los enteros, así como los enteros a partir de los naturales. cosa que no fueran la lógica y las matemáticas, y siempre recondu-
Naturales, enteros, racionales, reales... el total de la matemática cía cortésmente cualquier conversación hacia ellas. Frutode esta
Eln 1872 se sucedieron ias construcciones de los números reales. peculiar obsesión fue su Conceptografía, publicada en 18/9 y que
En primer lugar, la teoría de los números reales que pudo recons- Uevaba por subtítulo Un lenguaje defármulas similar al antme-
truirse a partir de los apuntes de clase de Weierstrass, que identí- fco pa.ra el pensamiento puro. Frege vertió nuevos vinos en los
ficaba cada número real con una suma infinita de racionales. En riejos odres de la lógica, creando la «lógica matemática».
segimdo lugar, la teoría de Cantor, análoga a la de Charles Meray La lógica tradicional venía gozando de una mala salu
(1835-1911), en la que cada número real era el límite de una suce- erro> pese a que, según todas las apariencias, se haBaba e
sjon de racionales. Y, por último, la teoría de Dedekind, en Que Vamente concluida desde Aristóteles. Pero la lógica comenz
na LA CRISIS DE FUNDANENTOS
LACRÍSISDEFUNDAMENTOS
uM.
1» matemática. Tanto Ramon Llull (1232-1315) en
S^como Juan Caratnuel (1606-1682) en 1Wathesis Audax
aXiomas de peano
hlhían concebido unasuerte de algehra logim en laque todas b,
verdSesderazónquedaríancomprendidas dentro de unasuerte 1888. Ricbard Dedekind publicó ¿Qué
rlulo en una escritura universal, que Leibnrz bautizó coino y para pué sirven /os números?, un
nfluyente Iibro con sabor logicista del
cakulus mtiocinalor. No habria necesidad de mas controversias
' Hilbert bebió de joven. Sin embargo,
entre filósofos, pues estos las solucionanan como si fueran con- Oedekind definió los números naturales
tables Se sentarían en sus mesas, cogenan sus plumas y se dirían de un modo esencialmente diferente a
mutuamente: ¡calcuiemos! Estas semiUas germinarian en el álge. Frege. En 1889. dentro de un libro titula-
do Principíos de la aritmética., expuestos
bra de la lógica que George Boole (1815-1864) planteó en Las
según un nuevo método, el matemático
leyes del pensamiento, de 1854. ¡taliano Giuseppe Peano recogió el tes-
Pero Frege estaba más interesado en una lógica del álgebra tigo de Dedekind, aunque era descono-
que en un álgebra de la lógica, y en la Conceptogmfía formalizó cedor de su obra. y definió los números
naturales por medio de tres conceptos
la lógica de proposiciones y la lógica de predicados o de primer
primitivos (el cero. la función sucesor y
orden, es decir, de los razonamientos que hablan de ciertos obje- la igualdad) y cinco axiomas;
tos y de las propiedades que satisfacen estos objetos, pero no de Giusepp» Peano hac/a 1910.
las propiedades que a su vez verifican estas propiedades Qo que 1. Cero es un número natural.
IA CRISIS DE PliNDAMENTOS
lacrisisoekunoamentos
T
resto de números.
Desgraciadamente, el axiáaz programa fregeano sería PUest
en entredicho por la proliferación de paradojas lógicas. En SUs
obras, Frege siempre partía de un principio: el prmcipio de COm, lA proliferación de paradojas
prehensión, que postula que a cada concepto es posible asignar]e
su extensión, es decir, empleando términos más actuales, que Hasta la primavera de 1901, cuando Russell tropezó con su pro-
todapropiedad determina la clase de los elementos que satisfacen pia paradoja, se consideraba, de acuerdo con Frege, que a cada
esa propiedad. Este axioma de existencia de clases era la «Ley propiedad le corresponde una clase: la clase conformada por las
Básica V» de Las leyes fundamentales de la aHtmética, y fue entidades que poseen esa propiedad. Russell estaba estudiando el
responsable de la colosal defunción del logicismo fregeano. En comportamiento de las clases propias, esto es, aquellas que son
una carta del 16 de junio de 1902, un joven matemático llamado miembros de sí mismas. Pongamos por caso, la clase de todas las
Bertrand Russell (1872-1970) informaba al profesor Frege de que clases (que, como es otra clase, se autopertenece) o la clase de
era posible deducir una contradicción dentro de su sistema a todos los conceptos (que, como resulta ser otro concepto, tam-
partír de esa maldita ley. La paradoja de la clase de Russell, que bién se autopertenece). E1 vicio lógico es irremediable: si en una
explicaremos más adelante, mostraba que hacer corresponder a biblioteca se coloca un catálogo con tapas negras de todos los
cada propiedad su clase asociada era, por más natural que pare- libros de la biblioteca que tengan tapas negras, dicho catálogo se
ciera, jugar con fuego. A1 conocer la antinomia, Frege añadió un autocataiogará.
apéndice al segundo volumen de Las leyes fundamentales de la Tomemos, ahora, con Russell, la clase R de todas las clases
aritmética en el que pretendía salvar el grueso de su trabajo res- que poseen la propiedad de no ser miembros de sí mismas, for-
tringiendo la aplicación del principio de comprehensión. Pronto malmente: R= [x: x £ x J, donde E es el símbolo de pertenencia.
se percató de que servía de poco, y paralizó la publicación del Y preguntémonos si R es miembro de sí misma, si R £ R es el caso.
tercervoliunen de su obra cumbre. Jamás se repondría del golpe. Vamos a comprobar cómo cualquier respuesta implica inmediata-
Impregnado de melancolía, reconocería sin esperanza pero sin roente la contraria. Si lo es, no lo es. Si no lo es, lo es. En efecto,
miedo el desastre:
^ReR, es decir, siR se pertenece así misma, entonces,pordefi-
hjción, R£Ry esto es, R no se peitenece a sí misma, ya que es la
Un científico no puede encontrar nada menos deseable que hallar cl®ses con esa propiedad. Pero, recíprocamente,
que todo el furidamento de su obra cae precisamente en el momen- R, entonces RE.R, puesto que cumple la propiedad que de-
to que le da fiu. He sido puesto en esta posición por una carta de e a clase de todas las clases que no son miembros de sí mismas.
Russell cuando este trabajo se hallaba casi terminado en rí ^11 clasSU^a’ se obtiene la contradicción: RSR si y solo siR¿R- La
prenta.
6 Se Pertenece a sí misma si y solo si no se pertenece a
Cuu: SITla' ^ussell quedó perpíejo ante el absurdo que había des-
rairari^T^ muestra de integridad intelectual, que Russell ad- e] ^0, ^Ina contradicción que posteriormente popularizó con
3 toda su F>ege le contestó a vuelta de correo cornu- 1 re de paradoja del barbero: el barbero de un pueblecdlo
118
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS 119
LACRtSISDEFUNDAMENTOS
. nlie gfeita a todos los hombres que no se afeitar, a s(
presime q ^ Entonces, un buen dia, al despertar <*,
"Jquién le afeita a él y descubre constemado que se afeita HOTEL INFINITO DE HILBERT
EL
pregunta q afeita a si mismo. E1 pobre barbero w
ci catedrático de Gotinga inventó una metáfora que exnlica
e “'“t Mr
El matemático francés llenn Poincare fue el pnmero en m-
v ciara algunas de las paradojas retacionadas con el mfinito
ticos descubrieron al nn.smo t,empo que las pafadolas pg^“ , p™'™*-
S,mDte
dicar aue la fuente de las paradojas que asaltaban la lógiea era parezca incretole. en un hotel con .nflnitas habUac,ones s,em™e h» a que
puevos huespedes. aunque el hotel las tenaa todas ocupato! c»51, Mra
circularidad, en forma de autorreferencia o autopertoneneia Laa camb.amos al huésped que se encuenlra en la primera habiíaci¿ a? “í?0- *
paradojas se sustentaban en el uso de defimciones impredieati. al de Ia segunda. a la cuarta; al de la tercera. a la sex(a yJ " S89unciir'
vas, de definieiones en que lo definido entra en la definición. Es hberamos todas las habitaoones .mpares, De modo que. como hay rtnit™
lo que, más tarde, RusseU denominó prinripio de circulo nir¡<m. números .mpares. no solo hay s.t.o para un nuevo vlajero que lledara aZ?
cepcton del hotel. s,no tamb.en para alojar a una cantldad Infinta dé viafe™
No es de extrañar, pues, que la violación de este prineipio coiv en ia mnrna s.tuaoón En ei mismo hotet de Hllbert podrlamos estabieceS
duzca a paradojas, antinomias y contradiceiones, mueluis di* cortciusiooes sorprendentes. ,nos
reconocibles incluso fuera de los lenguíyes formales, en los U*n-
- El tK)tel t-ene todas las habitaciones ocupadas y se marcha un huésped
gu^yes natiuaies. Sirva como ilustración la archieonocida puradoja
Entonces. e) numero de ocupantes sigue siendo el mismo (infinito).
del mentiroso, atribuida aEpiménides de Creta (y a la que inelino
san Pablo se refiere en sus cartas). En el verso de un poerna, Kpi- - S* se rrvarctvm todos los huéspedes que ocupan habltaclones pares, en-
ménides censura aios cretenses tildándolos de menrirosos. Pt*ro, lonces ei numero de ocupantes sigue siendo el mismo (infinlto).
130
C»ws»s D€ PUN0AMENT05
la clase de todos los pares, el 3 como )a
, . * las matemáticas. Esta obra deslumbrante signiflcú
eI 2 Ts Pero se 'Aeron obli8ad°s a introducir *todos
meT I mibort «la coronación de ia axiomatización».
'0SS ulara que para todo número existe otro mayor y^v°"!a
P" soslayar las paradojas, Russell y ^itehead fabncaron
Tl
aetipos,queexigequeparaqueXE ¥seaunafórr,lula
p ón no podía descansar en ninguna clase de
0° ^ peiición de
, los valores de Y han de ser del tipo mmediatamente
rStpo de valores de X De esta manera, ia propOSici*
m!temática fundándose a sí misma) sino en la propL TTu *
Z tnundo, al que se le prescribía que había de contene^T
Tclase de todas las sillas no es una silla» no es verdadera
ims Si no existieran infuutas cosas en el mundoTZ T °S
falsa sino carente de sentido, porque siilas solo pueden ser l0s
Ímámmo de n cosas, Russell y Whitehead serian incapa^
obietos no las clases de objetos. En otras palabras: se está come-
deílrnr el número »+1, ya que la clase de todas las (,+ i>tupla
tiendo él error de predicar una propiedad de un tipo a otro tip0
¡e„a vacíaal no haber n+1 objetos en elmundo. Hemiann Wevf
Aplicando esta alambicada teoría, los autores certificaron que las
discípulo de Hilbert, lo denunció con toda claridad,-
formulaciones que conducen a la paradoja de Russell dejan de
poníau a prueba la fe apenas algo menos que los primeros Padres
tenersentido: RSRes, ahora, una fórmula mal formada, al no
delalglesia
habermás que un tipo impficado.
E1 baiance fue que, en el mejor de los casos, Russeü y White-
head lograron reducir la matemática a una especie de megalógica
«Las matemáticas poseen no solo la verdad, sino la suprema
de parafco de los lógicos. Para decirlo contundentemente: la tesis
belleza, una belleza fría y austera, como la de ima escultura.» Iogicista, o bien es falsa, si la lógica no incluye una teoría de clases
— BErrsAbD Russell. (lo que en el próximo parágrafo Uamaremos teoría de conjuntos),
o bien es trivial, si la incluye. A día de hoy, aigunos lógicos tratan
En ios Principia, evitadas las paradojas, Whitehead y Russell de resucitar esta tesis poniendo todo su empeño en traducir las
pasaron a deducir la matemática de la lógica, pues a su entender matemáticas a una lógica de segundo orden adecuada (ya que la
no era posible trazar una raya entre ambas. Desde un punto de lógica de primer orden se mostró insuficiente); pero, como mu-
vistatécnico, el proyecto de logificación de los teoremas matemá- chos matemáticos han objetado, Ia lógica de segundo orden no
ticos se topó con numerosas dificultades. Es así que necesitaron es más que una matemática de conjuntos disfrazada con piel de
de un desarrollo más que concienzudo para lograr demostrar —¡en cordero. Como en la lógica de segundo orden se puede predicar
la página 379!— que 1 + 1= 2. Toda una locura. Además, tuvieron no solo de objetos sino también de propiedades, pueden defimrse
que ampliar la lógica a ima teoría generalísima de relaciones que múltiples nociones típicamente conjuntistas. Cuantificar sobre
absorbía en su seno axiomas tan poco satisfactorios, tan ad hoc, propiedades es, en último término, cuantificar sobre conjuntos,
como los de reducibilidad e infinitud. E1 ortopédico axioma de sobre el corfiunto de objetos que verifican la propiedad. Se trafa,
reducibilidad funcionaba como ima suerte de deus ex machina, entonces, de una lógica subyacente a la propia teoría de coi\jun-
que los autores justificaban pragmáticamente para torear las an- Ij05, may°r potencia expresiva, que permite caracterizar la ín-
tinomias y logificar las matemáticas: cuando una fórmula era de- itud o formalizar el principio de inducción en un úmco axioma
masiado complicada, se asumía que siempre podía simpfificarse a ngar de en un esquema de axioma que resume infimtos), es un
otra de un tipo inferior. la /a ^ Estamos donde estábamos: si la Lógicaincluye
E1 axioma de mfmitud era, por su parte, necesario para definfi si,^ade cor\juntos, la tesis logicfctaes verdaderapero trivial;
los numeros naturales ai completo. Siguiendo a Frege, definieron a °gica no la incluye, es radicalmente falsa.
122 123
CRIStS DE PUNDAMENTOS lacrisisderindamentos
EL NACIMIENTO DE LA TEORÍA DE CONJUNTOS
Los lógicos hacían auténticos malabarismos para resolver el Pr aRgumento «diagonal» de cantor
blema de las paradojas, pero ¿qué solución daban los matemá^
Uno de los grandes descubrimientos de
cos? Si los lógicos querían logijwar la aritmética, los matemáüco
Georg Cantor fue la existencia de con-
querían conjuntivizarla. Pero la conjuntivización de la matemá juntos no numerables, que no pueden
ticavenía de lejos. La teoría abstracta de conjuntos fue creada p0 ponerse en bíyección con los números :* f \
naturales. Uno de ellos es el continuo.
Cantor, pero el enfoque conjuntista en matemátícas era anterior & i
1
Mientras que los números enteros y ra-
Estaba en Riemann, pero sobre todo en Dedekind. Riemann había cionales son numerables, los números 'l» *
propuesto la noción de variedad, en un sentido colindante con el
de coiyunto, como fundamento de toda la matemátíca pura. Y De-
dekind había ofrecido un planteamiento cor\juntista del álgebraal
reales ya no lo son. No pueden empa-
rejarse uno a uno con los números na-
turales. es decir. no pueden enumerarse.
ponerse en una lista. uno detrás de otro. •. 1
i
& f
introducir nociones taJes como las de grupo, cuerpo e ideal (solo
■f/j
Consideremos la recta real y tomemos el
la noción de anillo se le escapó de las manos, y seria introducida intervalo entre 0 y 1. Expresemos todos
los números comprendidos en código bi-
por Hiibert).
es decir. mediante sucesiones de
La época heroica de la teoría de conjuntos arranca en 1872. nafi0,
los reales, Dedekind y Cantor iniciaron su tormentosa relación precederia a la expresión). Vamos a de-
mostrar que la suposición de que se trata Georg cantor.
personal. En 1874, Cantor demostró que hay dos tipos de iníinito: de un conjunto numerable conduce a una
numerable (como el cor\junto de los números naturales) y no nu* contradicción. En efecto. si lo fuera podríamos escribir todos sus elementos
merable (como los números reales, esto es, como el continuo). en una lista como la siguiente:
ble. Si ambos cor\juntos se acaban a la vez, sabemos con certeza el Primer término es distinto; tampoco la segunda, porque hemos ' °
segundo término; ni la tercera. etc. Esto contradice el supuesto
que tienen el mismo número de elementos o cardinal. Como esta trataba de un conjunto numerable y. por tanto, expresaóíe en
idea no recurre a contar con números, es perfectamente extensi- metodo de demostración empleado recibe el nombre ¡ de (os
e mfluyó en otras demostraciones posteriores relevantes en
e a col\juntos iníirutos: dos corjuntos A y B se dice que tienen e
ndamentos de Ia matemática.
mismo cardinal, y se escribe | A| =|5|, si puede establecerse entre
e os una biyección, esto es, una correspondencia uno-a-uno.
124 125
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
ina crisis depresiva que le distanció de la matemática v iA
Mientras tanto, Dedetónd dio con una deflmcón de coniUnto iole
ia teologfe (aunque también se dedicó a defendeTcon Jh ^
jngnim más acertada que la de Cantor. Pasado el tiempo y limpj p^on era el verdadero autor de las obraa de ShakespeÍT
Tcrwves, ambas definiciones se demostraron eqmvaientes (m ^ Apartirde 1900, iateonacantorianaseconvfitió,^
lud del axúma de dección, del que tendremos ocasión de ha.
, Ingica, en un puente sobre aguas turbulentas. ParaleLm^
blar más adelante). Para Cantor, un coryunto es infinito si no „ la"parado.ias lóg.cas, surgieron las antinomias de lateonü fe
flnito esto es, si no puede ponerse en bryeccrón con aigfin núntero
! Intos- De hecho, la mayoría de paradojas qae hab,aban
natural Por contra, para Dedekind, retomando sugerencias de Ga-
f rlases encontraron su reformulacion mediante conjuntos (así
lileo y Bolzano, un conjunto es infinito si y solo si puede ponerse
nr ejemplo, la paradoja de RusseU). Pero aparecieron tambiéñ
en biyección con una parte propia suya Por ejemplo, los nümeros
lgunas nuevas: las paradojas del infinito. Mientras que las para-
naturales son infinitos porque son biyectables con los números
doias lógicas tenían que ver con la circularidad en la definición de
pares, haciendo corresponder al 0 el 0; al 1, el 2; al 2, el 4¡ v, en
iertas clases, las paradojas cor\juntístas lo hacían más bien con el
generai, a cada número n, su doble 2n.
^flnito. La principal de todas efias es la paradoja de Cantor acerca
de la colección de todos los coifiuntos. Sea V el «car\junto» de
«Es el más fino producto del genio matemático y uno de los todos los conjuntos. Como, según demostró Cantor, el cardinal
logros supremos de la artividad intelectual humana pura. Nadie de cualquier conjunto es estrictamente menor que el cardinal de
nos expuisará del paraíso que Cantor ha creado para nosotros.» su conjunto potencia (que se denota por p (Á) y comprende todos
lossubconjuntos o partes deA), se tíene que \V\ <\p(V% Pero, por
— DaVID HlLBEHT S08K EL TEABAJO MATEMÁTICO DE Gf.ORG CaNTOR,
BN SOBKK BL INFIMTO (1925). otraparte, por la definición de V, se tiene que el coryunto potencia
de V iia de estar contenido en V, porque V es el conjunto total, el
Para finades de 1882, Cantor tenía elaborada su aritmética de más grande, el que engloba a todos los demás, y nada hay más
cardinales y ordinales (transíinitos), así como planteada la lúpóte- aliá de él. En consecuencia, \V\ >\p(V% Lo que es un absurdo, una
sis del continuo. Los números naturales forman el coi\junto infinito contradicción, con el resultado anterior.
más pequeño que nos es dado imaginar. En consecuencia, su car- Emst Zermelo (1871-1953) fue el primer matemático en vis-
dinal, que es el primer cardinaJ infinito, se denota con la letra alef lumbrar una salida no logicista al laberinto (no en vano había des-
del alfabeto hebreo y el subíndice 0: K0. Este cardinal corresponde cubierto una paradoja similar a la de Russefi); había que pasar
a todos los conjuntos numerables y se trata del primer jalón en la de una teoría intuitiva a una teoría axiomática de conjuntos. Zer-
carrera hacia el infinito. E1 cardinal del continuo, de los números mrío, que desde 1897 se encontraba en Gotinga, siguió fielmente
reales, es —por razones que aquí no podemos explicar— 2^. En las instrucciones de Hilbert, quien le animó a fonrmlar un sistema
estas condiciones, la hipótesis del continuo establece que no hay de axiomas para la teoría cantoriana. Su apficación del método
ningún ínfiruto distinto entre los naturales y los reales, o dicho de ^omático a la teoría de corfiuntos es comparable a la de Hilbert
otramanera, que 2*° = K,. Lasecuenciade cardinales K0, K^2>-- en geometría. En 1908, Zermelo presentó la primera axiomatiza-
funciona como una suerte de metro patrón para medir el taniaño v*°n k teoría de coi\juntos, ligeramente pulida por Abraham
en el universo de los cor\juntos, donde hay iníinitos infinitos. Los aenkel (1891-1965) en 1922 (y por Von Neumann en 192M*
esfuerzos mfructuosos orientados a demostrar la hipótesis del con- corpora,. ej ^ regUiari(iad o fundamentaeión). e e
tinuo y los persistentes ataques de Kronecker a la teoría de corgun- .ntonces se conoce por sus iniciales, como axiomáticaZ/paraia
tos transfinitos perturbaron considerablemente a Cantor, provocán- ooífiuntos.
126
lacrisis defundamentos fundamentos
LA CRISIS
Pues bien, en ZF, la paradoja de la eiase de Russell se w
forma en la demostración de que esa clase no es un coryunt0 W
“njunto, por lo que tampoco existe dentro de la Z* J* un
otras palabras, de que no existe dentro de la teoría, con 10 que
un acerújo como el del barbero evidencia, por asíJ ZF’
antínomia se evapora en el aire. En efecto, si suponemos qUe
un conjunto y Uegamos a un absurdo, es que R no es un coryiulte „cia de un mdivrduo con esas características Aún ml'
tencia , >JS‘
rrs de ZF bloquean ia circularidad que precipita
is d<
Análogamente, la paradoja de Cantor se transforma en ia demos.
gasestrategias
=strategias en la inconsistencia de las paradojas LaTf ‘VW'
CLAS6S Y CONJUNTOS
Neumann-Bernays-Gódel (conocida entre los rnatemátiem n ,
La teoria de conjuntos de Zermelo-Fraenkel parte de la lógica de primer orden NBG). Von Neumann propuso una construcción ierárn,.,ra!r 6 acrónimo
con Igualdad y toma la relación de pertenencia G como primitiva. Los axiomas universo de los conjuntos, pue suele represen,arseesqu JSSl™ del
de ZF. enunciados verbalmente, son los siguientes: un cono invertido (ver figura). A partir del conjunto vacto e iteran^T TZT
una recursión transfmíta- las operaciones «partes de» v «uniónn! ^'ante
1 Oos conjuntos son idénticos si tienen los mismos elementos (axioma de todos ios pisos en que habitan
extensión). más pequenos hasta los mas grandes: 0=0,1={O>={0> 2={0 n~<0
En esta teoría, las paradojas de Russell y Cantor demuestran que R yVno son
2. Existe el conjunto vacfo 0. conjuntos sino clases, que si son admitidas dentro de la teoría Los elementos
cofmales con la jerarquía no son miembros de ningún otro conjunto, porque
3. Dado un conjunto jry una propiedad formalizable en el lenguaje de primer son demasiado grandes, y corresponden a las clases.
orden de la teoría de conjuntos, existe el conjunto de todos los elementos
de x que satisfacen la propledad (axioma de extracción o comprehen- V. la clase universal de todos los conjuntos
sión).
tema ZFC (la «C»5pSorrA anade,el llamado axioma de elección. se tiene el sis-
de coniuntos 7rr f
conjuntos ZFC °/Ce'e. eeci^n en in9lés). En los años treinta Ja teoría
fue ampliada
por la teorfa de clases y conjuntos de Von
LACfilSlS OE FUNOAMENTOS
DE puNDAMENTOS
LA CRISIS
del estüo RER están prohibidas en ZF, puesto que el axioma de A pesar de su aparente unocencia, el a^rnade elec,, -
fundamentaoión o regiüaridad establece que ningún cor\junto 9G jlgunas sorprendentes y contraintuitivas ***
pertenece a sí mismo. Simbólicamente: Vx(x<£x). Con este axio- X es, como ejempliflco Zermelo, el teorerna dZ "a de
ma, los conjuntos peligrosos simplemente no existen. Ue asegura quc todo copjunto por raro que sea puedTjh5'’’
En el haber de ZF hay que consignar que, además de desactivar ordenado, es deor, ordenado lineaimente a lamanera d^L "
las paradojas de la teoría informal de coi\juntos, permitió prose- meros naturales, donde cualquier subcoqjunto posee SZ
guir la conjuntivización de la matemática: con la definición de una rüner eiemento. Pero hay más: el axioma de eLcción ZZ
función como un cor\junto de pares ordenados, ofrecidapor Felix Jnostró necesario para probar que la aiitmética de cardinaíesfiut
Hausdorff (1868-1942) y Kazimierz Kuratowski (1896-1980) algo ciona correctamente (que dos cardinales cualesquiera sieinDrp
más tarde, esta noción —pilar de todo el análisis— quedó conjun- son comparables), asi como para demostrar, através del lema dP
tivizada, lo que afianzó la fiindamentación coryuntista de las mate- Zom, múltiples resiütados básicos del álgebray del análisis Esto
máticas. Toda la vertiginosa variedad de estructuras matemáticas dio pie a una disputa mtemacional entre partidarios y detracto-
quedó reducida a sus componentes más básicos, los corfiuntos. res del axioma de elección (que incluso encontró su reflejo en
Sin embargo, los trabajos de Zermelo levantaron un gran re- un número especial de Mathematische Anmlen, revista editada
vuelo y causaron reacciones muy adversas entre los especialistas. por K3ein y Hübert). Por un lado, defendiendo esta potente hena-
Buscando probar la hipótesis del continuo, Zermelo había dado mienta, Zermelo, Russell y Hübert. Por otro, combatiendo su uso
forma en 1904 al axioma de elección. Este axioma establece que indiscriminado, un joven matemático neerlandés llamado Luitzen
es posible seleccionar simultáneamente un elemento de cada con- Egbertus Jan Brouwer (1881-1966), que contaba con el respaldo
junto de una colección infinita de cor\juntos no vacíos. Formal- de importantes matemáticos franceses: René-Louis Baire (1874-
mente, si5=(A, B, C,...} es una colección de corfiuntos no vacíos, 1932), Émil Borel (1871-1966) y Henri Lebesgue. Si ias felas eran
existe un conjunto Z que consta precisamente de un elemento de los logicistas, el Continente se lo repartieron entre los forma-
de A, uno de B, uno de C, etc. Bertrand Russell lo explicaba con listas, conducidos por Hübert, y los intuiciortistas, encabezados
la siguiente imagen: imaginemos un millonario que, cada vez que por Brouwer.
compra una caja de zapatos, compra una caja de medias. Supon-
gamos, además, que ya posee una colección infinita de c^jas de
zapatos y otra igual de cajas de medias. Si desease comprobar que
efectivamente tiene igual número de cajas de zapatos y medias, brouwer, la némesis de hilbert
podría ir sacando el zapato derecho de cada c^ja de zapatos y em-
parejándolo con una media de una c^ja de medias recién abierta Brouwer cuestionaba que Ias «cabrioias zermelianasv sirvieran
(si las c^jas de zapatos y de medias sin abrir se agotasen al tiempo, Para fundamentar las matemáticas con seguridad, de una vez por
sabría que posee igual cantidad). Pues bien, esto último no puede ^óas. Su preocupación no era otra que los castiUos en el aire que
llevarlo a cabo sin emplear el axioma de elección, porque este Venían construyéndose en las matemáticas abstractas óe os
axioma es lo que posibilita realizar ivftnitas elecciones arbitra-
veinticinco años. No le faltaba razón respecto a los n&g
rias en la colección de cajas de medias (pues, mientras que en
e axioma de elección. Gracias a él saldrían a la uz rn
cada caja de zapatos siempre puede seleccionar el derecho, no
l92m^°S matemáticos. Entre eüos, algunos añosm
hay diferencia alguna entxe las medias al no existir una media
qup k a parac*oja de Banach-Tarski. E1 teorema oc ce ^
derecha disünta de una media izquierda).
uso indispensable del controvertido axioma, p
LACRISBMfUN »*^08
irtv. .
teorema es verdadero, porque para probar esto último habta qUe
construir explícitamente su contenido. Para los matemáticos tos numerables, consiaerando ios coqjuntos no niirn u C0I^Uri‘
tuicionistas, las demostraciones de existencia no constructivas “ütraintuitívos. Gomo dijera Kronecker: «Dios!r6^Iesc»mo
—-por reducción al absurdo— mforman de que en el mundo hav naturales, todo lo demas es obra del hornbre»
un tesoro escondido, pero no descubren su localización, razón nunierables no debían manejarse, a riesgo de'a^nno
por la cual gozan únicamente de un valor heurístico. Para que un paradojas. En la teona de coryuntos iMuicronista^60
objeto matemático exista no basta con que no engendre ninguna L.ihen el nombre de especies, y las únicao 3 C01tiuntos
contradicción, es necesario aportar un procedimiento efeetivo
de construcdón.
Las paradojas descubiertas en el contexto de la teoría de con-
juntos ofrecían evidencia tqjante, en opinión de Brouwer, de los
peligros de la matemátiea meramente existencial. No en vano
Kronecker siempre había argüido enconadamente frente a Cantor
que, si no construía los coi\juntos de que hablaba (y no podía ha- «¡El infiiuto! Ninguna otra cuestión hamspnado tan
cerlo, dado que la gran mayoría de ellos eran infinitos), los teore- proíundamen.te al espmtu del hombre; ningunalaideaí
mas de la teoría de conjuntos se evaporarían en el aire. Era obliga- estunulado taxr frucfiferamente su intelecto; pero ningún oto
do regresar a ia senda de la mateniática gríega, que era en esencia
concepto necesitamayor clarificación.»
intuicionista; porque era constructiva y el iníinito solo hacía acto
de presencia en un sentido potencial, nmica actual. Gauss ya había — David HitMrr.
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
07
^CHBSDEFÜW)^05
Es decir, solo reconstruyó una cantidad numerable de los im^
rables números que comprende el continuo. Para un matemáüct Poro S'AEOk*
138
LA CRISIS DE RJNDAHENTOS
í
MO
LA CRISIS DE FUNDAMENTOS
FUNOAM0TT05
LA CRlSlS DE
. flemasiado influyente a su muerte e inclma-,
Buscando contrarrestar su mflmo, Hflbert se pregu uó qué Sg
vie* de la que era editor-jefe, Mathematuch, , prestig>osa
podía hacer para no renunciar al pnncipio del tercio excluso. A 3
^cioniamo. En coasecuencia, i
SS qvfltarle este principio al matemarico era lo imsmo qUe pro.
Wbirle al astrónomo emplear el telescopio o al boxeador usar SUs
e‘ “!i limpia para expulsar a Brouwer del c0nsejo T®,ani!lbra
P" e l la oposición de Einstein, la mayorta de los
mrnos E1 catedrático de Goünga manifestaba su asombro y
disgusto porque todo un círculo entero de matemáticos hubiera
renunciado sin más aél, con las consecuencias tan dramáticas que
se desprendían de esU acción para la matemática. E1 contínuo o
ss.‘££*. *
in se plegaron a los deseos de Hilbert u n ^robros del
los números transfinitos de Cantor eran ejemplos de objetos ma- nunca en el soüps.smo^mstem calificó el episodio de^
temáticos condenados. Y el teorema que demuestra que existen entre sapos y ratones». Hdbert habiaganado unabataila,perom
infinitos números primos era, por su parte, un ejemplo estxella laguerra.
del modo de razonar prohibido. En efecto, la aceptación de que
toda proposición significativa es verdadera o falsa es fundamental
para el método de demostración indirecto. Euclides, según expli-
camos en el primer capítuio, demostró la existencia de infinitos
números primos probando que la tesis contraria era falsa, es decir,
haciendo uso indispensable del principio del tercio excluso. Como
su demostración no era constructiva, no permite determmar el
n-ésimo primo, no era válida para los intuicionistas.
Comparada con la matemática clásica, la matemática intui-
cionista suporna un resto lamentable, una serie de resultados
aislados e inconexos. E1 miedo recurrente de Hilbert era que el in-
tuicionismo consiguiese desmembrar la matemática, corriéndose
el riesgo de perder vaUosas adquisiciones. Una muestra de lo aba-
tido que se hallaba por el tema es que combatía el intuicionismo
incluso argumentando ad hominen, con aires poco académicos:
LA CRISIS DE
PUNOAMENTOS
lacrisisoe PJNOAMENt05
CAPÍTULO s
Elfracasodelprogranu
de Hilbert
150
EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT delprograhadehilbert
EL FRACASO
consistencia en matemáticas o, equivalentemente, la preg
si la fónnula 0 * 0 es demostrable era, en suma, como preg
una determinada posición de zyedrez es legal. es decir si ^5
ble llegar a ella partiendo de la situación iniciaJ de la pan ' i P°S¡ ^ lal y la suina, pero no la mulüphcación. Estos resultados
las reglas del movimiento de piezas. Para responder, uno n * * ^ en dos volmnenes escrttos por Bemays en nombr
al ^jedrez sino que reflexiona sobre el propio ajedrez JUe®
<Í!L
W baio haio el
el títul0
titulo I*»*™**"
Fundamentos * de Uu
tas rmtemáticas onp
matemáticas que
1934 yv 1939.
leH hUcarían en 1934 Sm embarso.
1939. Sin embargo, la fAnointA» i
laconsistenciade los
eopui
«Duda de los datos hasta que los datos no dejen lugar a dudas !p -o describían tma porción lo suflcientemente grande de
sistemas que
— Henu Polncaie. con mimeros naturales segtúa resistiéndose.
j.aritinéticacon
EL FB«*5O0ELP*OS*AHA‘*HILBERT
tautologías, verdades lógicas. Por el intuicionismo, Arend He
pretendiendo expulsar el infinito de las matemáticas. Y, por
malismo, John von Neumann, que estaba a la zaga de Hilb ^ ^°r'
á < precisa cuantificar sobre propiedades y no solosoZ
Pero no cabe esperar que la .ógica de los leníZ*
día 6, el joven lógico austriaco Kurt Gódel, de veinticuatro611
orden o supenor sea completa. Así que ur,a
había intervenido para comunicar un par de resultados qUe rj4*08’
temente había obtenido: «Puedo dar ejemplos de proposici df1^e.nos matemáticas en un lenguqje poco expresivo Jro
aritméticas verdaderas pero indemostrables en ei sistema f °Ile3 ^ tódca bs correcta y completa; o b.en fomtaüzamos nuestr^
••u-va " 'enios ma.emat.cos en un lenguqje expresivo pero c "
de las matemáticas clásicas». A pesar de su importancia, el
cio pasó desapercibido para todos los asistentes, a excepeiój^" subyacente es, en el mejor de los casos, correcta (solo L
Von Neumann, que quedó perplejo. Pese a sonar reiteradan ** ^ demostrar verdades) pero incompleta (no podemos de-
que lograba demostrar la eonsistencia de la matemática medi^ j- todas las verdades).
métodos finitarios, Von Neumann había comenzado a sosn u*
que no era reaimente posible y la breve comunicación de ese i ^
«Gódel es el lógico más grande de todos, después
tímido de gafas circulares pronto se le apareció como un hito ^
siempre se divisaria desde remotas distancias en el espacio y^en de Aristóteles.»
el tiempo. Era ia sentencia de muerte de la hermosa frase final de — JOHN VON NBUMANN 30BKE GODEL.
sí es posible probar la consistencia, como lo logró Gerhard Gent- afimia) sería posible demostrar también ->G y deducir una con-
zen (1909-1945), un alumno de Hilbert, en 1936, aunque mediante uadicción (Ga-G). Recíprocamente, si ->G fuese demostrable,
métodos transfinitos cuya evidencia es muy discuüble—. podnamos por la misma razón demostrar G y llegar a la misma
contradicción. En suma, la demostración de cualquierade 1 as dos
fórmulas impiicaría ipso facto la inconsistencia del sistema Pero
«¿Quién de nosotros no se alegraría si pudiera levantar hay más: si asumimos que el sistema formal es consistente, enton-
el velo tras el que se oculta el porvenir, dejando caer su núrada ces G es indemostrable pero verdadera. Si G fuera falsa, como lo
sobre los futuros avances de nuestra ciencia y los secretos que dice G es «no soy demostrable», entonces G sería demostra-
ble, Io que es imposible. En consecuencia, tenemos una sentencia
de su desarrollo?»
G que, aunque no demostrable, es verdadera.
— DaTID BlLRKBT, INTBODUCCIÓN D8 SU INTEBVENClON EN EL II CONCiBESO InTERNACIONAL
DB MaTEMAT)C06 EN PAttS.
La existencia de una sentencia indecidible implica que los
axiomas de la teoría no contienen la respuesta a todas las pregun-
tasformulables en el lenguaje formal, porque ni lasentenciani su
La paradoja del mentiroso fue para Gódel uno de los moto- negación son teoremas. Y como ella o su negación han de ser ver-
res de la demostración de los teoremas de incompletitud. El daderas, tenemos una fórmula verdadera indemostrable. Lo peor
la prueba esté a un paso de caer en la circularidad provocó ^ Qoe si uno anade la sentencia indecídible como axioma, apa
que más de un matemático —caso del sexagenario Zermelo-- recen otras nuevas. Los matemáticos despertaron de golpe e
no comprendiese su valor. Gódel ideó una hábü traducción deJ 8HU(,ño ^bertiano de la completitud, en que los sistemas axioma-
metalengu^je dentro del lenguaje: una aritmetización de la metf C0S Uo contienen fónnulas indecidibles y lo verdadero comc'’0
matemática. Mediante una audaz codificación numérica basa mPte con lo demostrable. Resumiendo: «consistente» imp
1S6 1S7
0ElPRO6RAMAOEHILBERT
BL FRACAS0 programa de HILBERT ELFRACASO
«incompleto»; y, recíprocamente, «completo^ inipiica
tente». Ningún sistema formal que contenga la aritméticTlCOl1ais‘
simultáneamente ambas cosas. Si suponemos qUe es c es 6U tsorema de indefinibilidad de la verdad de tarski
siempre será incompleto, es decir, contendrá verdades0nSÍStervte-
.„ríd Tarski (1902-1983) se preciaba
trables. Existirán algunas propiedades ciertas sobre los ° dem°s' A T r el mejor de los lógicos matemáti-
formaimente indecidibles, es decir, que no podremos dnUmeríVft de Svivos y cuerdos (con lo que evitaba
iü refutar a partir de los axiomas. em' C°S oerarse con el maniático y obsesi-
C° Gódel). Este lógico polaco. que lo-
Pero al primer teorema de incompietitud le sigue tm
l°rñ embarcarse para Estados Unidos en
teorema: como, según vimos, la consistencia es equivale fpxo y convertir la Untvers.dad de Ber-
marquelafórmula0*0noes demostrable, Gódel transf ** 6 &a^' Lley en la cap'tal mundial de la lógíca
Ltemática durante decenios. era noc-
úitima propiedad metamatemática en una fórmula aritnvtT° ^
támbulo y aficionado a las anfetaminas.
üamaremos C, y observó que lo que el primer teorema esSil^ fin de mantenerse despierto trabajan-
es, en eJ fondo, «C—G». La consistencia impUca que existe *** do incansablemente. Hizo suyo el aforis-
sentencia indecidible y, por tanto, ia incompietitud. De moci0lIr a mo hilbertiano de que el mejor descan-
so de un matemático se encuentra en
una prueba de Cpermitiría descargar G en la implicación «C^gI
la esposa de un colega, una reputación
Alfred Tarski en 196&
mediante el modus p&nens y, por tanto, demostrar G, lo e¡ de Casanova a la que tampoco fueron
imposible, ya que G es por construcción indemostrable. Por coiJí ¡ndiferentes sus doctorandas (en algún
guiente, C es también indemostrable. Este corolario soiprendente momento. amante y esposa llegaron a convivir bajo el mismo techo)-. una de
ellas, que logró resistirse. fue la matemática estadounidense Julia Robinson.
asegura que la eonsistencia de un sistema formal que inciuya ia Tarski es cólebre porque en 1933 publícó un extenso artículo en el que daba
aritmética no es demostrable dentro del sistema formal. En reali- una definición formal de verdad, inaugurando con ello la teoria de modelos.
dad, Godel no demostró propiamente este segundo teorema, solo 5i Hilbert. con su teoria de la prueba o de la demostración, esdareció la no-
ción sintáctica de demostraeión formal, Tarski hizo lo propio con la noción
argumentó a favor de su plausibilidad, sin llegar nunca a escribir la
semántica de verdad.
demostración prometida. La piimera prueba compieta, muy Iabo-
riosa, apareció curiosamente en 1939, en el segundo volumen de Otro teorema de llmitación
los FuTidamentos de las matemáticas de Bemays y Hilbert. En 1933, dos años después de que Gódel diera a conocer sus dos resultados de
incompletitud, Tarski extrajo otro teorema de limitación, aunque este teorema
Para rizar el rizo, a las limitaciones sintácticas que descu- ya fue enunciado y probado por Gódel en una carta a Zermelo fechada en 1931.
briera Gódel, se unió otra limitación semántica de los sistemas Expresado en términos de limite expresivo, este teorema establece que toda
formales de primer orden: el teorema formulado por Leopoid teoría formal de primer orden que contenga la aritmética básica es incapaz,
si es consistente, de expresar su propio concepto de verdad. Las teorias inte-
Lówenheim (1878-1957) y Thoralf Skolem (1887-1963) hacia 1920,
resantes no contradictorias no pueden contener una expresión «server a
sobre el que este último voivió en 19^3. En 1930, dentro de su óentro de su lenguaje, porque de ser así caerían en la paradoja del mentiroso.
prueba de ia completitud de la lógica de primer orden, Gódel de- Usando la gódelización. podría reproducirse una fórmula T que a irmara
mostro de pasada que toda teoría de primer orden consistente s( misma que es falsa. A continuación, se compondria con *a expr?^*°!\ .
verdad» que presuponemos que existe dentro del lenguaje, y egari
tiene un modeio en el que los axiomas se verifican, aunque nada
sigulente contradlcción: fes verdad si y solosi es falsa. Ppe^tpq .osióojcos
dijo sobre qué características tiene ese modelo o cómo constniir- afirma. Como el mentiroso: digo la verdad si miento. Des e u . ^ (as
lo. Lo que Lówenheim y Skolem percibieron con anterioridad es ^atemáticos han sido capaces de emplear la circulandad que prec p
que cualquier sistema formal de primer orden consistente tiene( Paradojas con gran provecho.
Turing comenzó por plantearse qué quería decir pensar como una máquina, una máquina de Turing cualquiera se
mecánicamente. Su prímer triunfo consistió en definir el concepto de función Para tras un número finito de pasos . , .
computable: una función computable es aqueila que una máquina de Turing. ° entra en un bucle infinito cuando se le introduce cierto
una suerte de computadora sin limitaciones de espacio o tiempo, es caPa* ero esto último era, según demostró, imposible. No exis; e
Oe calcular. Simultáneamente. al otro lado del Atlántico, Church llegó a tden- e recibir como input un enunciado lógico o matema '
ticas conclus/ones mediante el desarrollo de un sistema formaf que Ham °utput «teorema» o «no-teorema» (aunque la propieda
calculo lambda. Desde entonces, se conoce como tesls de Church-Turing es ^ecidible en la restringida lógica de proposiciones).
160
EL FRACASO DEL PROGRAMA DE HILBERT
tampoco puede demostrarse que sea verdadera en 7 ración de la matemática, besó la lona; pero, en cuanto filo-
y Cohen construyeron sendos modelos donde la h' Gó(lel laS matemáticas, ganó a los puntos.
respectivamente, verdadera y falsa. Así que ni la afiJn0teSÍS er^ ^wuentemente se dice que la posición platónica es la qUe
negación de la hipótesis del continuo son demostrabl ^,a caracteriza la actitud del matemático hacia la esencia de
mente lo mismo ocurre con el axioma de elección ^ Exacta- ^iplrna- E1 matemático en activo cree en la realidad de los
tencia e independencia con respecto al resto de axio C°nsis' Shietos matemáticos. Pero claro, cuando los filósofos empiezan a
probaron ambos matemáticos. E1 estatus del axioma^ ° sarle con sus preguntas, corre a esconderse bqjo las faldas del
y de la hipótesis del continuo dentro de la teoría de ° eleccióri flalismo y afirma: «la matemática no es más que una combina-
portanto, análogo aJ del axioma de paralelas en geomeSt0SeS’ ión de signos faltos de signiíicado, un bonito juego con fórmulas,
Cantor no es el único paraíso conjuntista disponible ^ El de niás divertido aún que el ajedrez». Aunque con eUo larelación que
E1 programa de Hübert quedó fuera de combate p0r óene con la realidad, con su significado real, quede entre tmie-
de los derechazos infligidos por Gódel. Tanto el primer co^ blas. Si se quiere certeza, hay que eliminar todo significado; pero
segundo problema de la famosa lista de veintitrés problem^Td1 sisequiere que las matemáticas tengan sentido, se hade abando-
Hilbert quedaron al fin resueltos, aunque de ima manera inimató nar la certeza Para el formalista estricto, toda teoría matemática
nable en 1900. En matemáticas, lo verdadero no coincide con lo no es sino una combinación de signos sin significado, como un
demostrable. Los axiomas y las reglas de inferencia que Hilbert jeroglífico desprovisto de ulterior sentido. En verdad, Ia mayoría
había puesto en cabeza no eran suficientes, no bastaban para de- de matemáticos son platórücos los días laborables, mientras fae-
ducir todos los teoremas matemáticos, siendo posible imaginar nan entre teoremas, proposiciones y corolarios, y solo se vuelven
proposiciones verdaderas pero no derivables en el sistema formal formalistas los fines de semana, cuando abandonan sus trabajos y
de las matemáticas clásicas. De hecho, «la aritmética es consis- charlan con los füósofos.
tente» era un ejemplo de este tipo de proposiciones indecidibles. Si bien es cierto que Hübert fue un formalista circunscrito al
Hilbert, que conoció a los pocos días los teoremas de Gódel (gra- campo de los fundamentos de las matemáticas, no puede decirse
cias a Bemays), intentó salvar parte de su programa permitiendo sin anibigüedad que lo fuese en su concepción general de la ma-
el uso de métodos no fmitarios para demostrar la consistencia de temática. Para el matemático alemán la matemática no tema nada
ía matemática. Pero, como ya dijimos, estos métodos son cual- Que ver con la arbitrariedad de un juego. Se trataba más bien de
quier cosa menos autoevidentes. Hilbert y sus pastores matemá- uu sistema conceptual cerrado, dotado de una necesidad intema,
ticos habían construido un recinto para proteger de los lobos al onde se cumplía que a nuevas ideas correspondían siempre nue-
rebaño, pero desconocían si habían dejado algún lobo dentro.
°s ^S1108 y rnanipulaciones.
có A ,0 ,ar§° de los dos últimos capítulos hemos comprobado
jjjf10 Cacia una de las concepciones de la matemática (plato-
pof0’ ,0^cismo, intuicionismo, formalismo) presenta dos caras.
BALANCE: LAS GRIETAS DEL FORMALISMO
conh,n ad°’1111 plan de fundamentación de las matemáticas (la
el con *1VÍZaCÍÓn del Platonismo, la logificación del logicismo,
Pese a que las dudas escépticas nunca fueron exorcizada5 ^ lism0\ ctivrsm° del intuic.ionismo, el axiomatismo del forma-
todo, la matemática clásica siguió gozando de la mejor s a bo tóniC(;0Or otro lado, una visión de la matemática (el realismo pla-
firmeza y el entusiasmo de Hilbert lograron mantener e ^ el conceptualismo intuicionista el nonimalismo
del gran barco de las matemáticas. E1 formalismo, en cuan )• A la postre, el formalismo demostró ser la cortiente
rnmmm
corriente razona sobre el continuo de números reales.
^^nsaen modelos no estándar (numerables) del continuo
janláSróten si se trab^a axiomáticamente dentro de ZFC y que,
Wue ^edento formalista, son tan válidos como el modelo es-
^ [)es(ie el punto de vista de) analista o del topólogo, para
icontinuo es ima realidacl operacional, laexistenciade
^odelos numerables significa simplemente pobreza del lenguaje
sentaba las matemáticas de un modo muy absbacto v^a Bourbak' f rmal como medio de imitación de los razonamientos no forma-
en unos Elemencos de matemádca altamente axiomab^fd^'S.Que Cristali^ ^ Pese a ]a luminosidad de la metáfora acuñada por Hilbert, la
presentar las matemáticas como serafines. purifSo’ í m'rf ?tendenc,aa
terrena. fue la responsable de la enseñanza dp u •de 1 da lncertidumbre matemárica no es un edificio, un templo, sino que se asemeja más
juntos desde ,a más tierna ^ de a una ciudad, con sus avenidas, sus barrios. sus zonas nuevas en
os años setenta y ochenta del siglo pasado. d E Pa durante construcción y sus zonas deshabitadas, cerradas por denibo.
'i-;™ M,"«s v,
en el tristemente famoso gueto de Th Muno ese núsmo af JM. v Sabina de Lis, J.C., Hilbert. Matemático fundamen-
República Checa. Felix Hausdorff n ere®lendstadt> en la actu tal, Madrid, Nivola, 2007.
nual de teoría de conjuntos sp si • ^aa escrito e] Pmner m Beí,B.T.,Los grandes matemáticos, Buenos Aires, Losada, 2010.
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=
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David Hilbert murió en Gotinga el 14 de febrero de 1942 Gw.JJ.,Elreto de Hübert, Barcelona, Crítica, 2003.
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ert asistió menos de una docena de personas. Y, sin embargc
aun resuenan Jas palabras grabadas en su tumba como epitaflo ^%o’^^i998lCíLS' la pérdida d* la certidumbre, Madrid,
vr müssen wissen. Wir werden wissen («Debemos saber, sa
bremos»).
Foundafin ^ Brouwer to Hilbert The Debate on the
% Press, i99g Mathematics in the 1920s, Oxford Univer-
169
índice
=aiiffisr-
geomet.ría 49,86
de inducción 117,120,123,134,
eudídea 18, 28, 30-36, 40,42-4f,
148,152,153
89,95,112 Kant, Immanuel 7,17, 36,43,132,
134,141,142,149-152,164, 156- de! tercio excluso 136,142
no euclíciea 15,18, 26,28-34 139
169,161.167
constructíva 12,20,22,112, 38,40,42-44, 46, 87 KJein, Felix 13,19,20, 21,24,30.31,
reducdón al absurdo 20,21,136,136
135,136,138,142 Gddel, Kurt 9, 11,13,42, 54 62 40, 50,55, 60,67,71,84,91,131
Riemann, Bemhard 24,31,32,40,
. . io o/i oo 119. 136. 112,113,129,137,145,150 154. Kronecker, Leopold 17.20. 58, 63, 65, 71, 78. 87,92.93,96, 124,132
141,142 162, 164,165, 167 67, 126,132,136,137,139,141, hipótesbde 10,57.61,62,64,83
Dirac, Paul 103-107 teorema de completitud de 37 142,147 Robinson, Julia 58,159
Dinchlet, Peier Gustav Ujeune 77 150,158,160
Ruasell, Bertrand 11, 109,118-123,
prúblema de 13,77-79,82,85, teoremas de incompletitud de Lobachevski, Nikolái 30,32 127-132,148
92 11, 42, 154, 156, 158.159 logicismo 11,109,115,118,121,
Gordan, Paul 19-22, 46,141 134, 141, 153, 163 Schmidt, Erhard 67,95.104
ecuarión problema de 13,15, 19,22 Schródinger, Erwin 90,100,102-
del potencial o de Laplace 75, Gotinga, Universidad de 9, 13,19, mecánica cuántica 10,13,65,69, 104,106,107
77,82,92 24,34, 39, 49, 55, 65, 67,71, 72,’ 72, 83, 92-94, 98-100, 103-108
diferencial 18,59,60,61, 63,73, 84, 88, 90, 93, 99, 100,103, lll’ metamatemática 151,152,156.158 Tareld, Alfred 42.131,150,164.165
74,77,81,92,102 121, 127,142, 153, 167,168 Minkowski, Hermann 9,13,18,24, teorema de indefinibilidad de 159
en derivadas parciales 72-77, 51, 55,67, 71, 84-86, 89. 96,97, teoría
82,100 Hausdorff, Felix 130,168 139 de coí\juntos 10, 54, 62,104,
integrai 13,69, 72,91-95,102, Heisenberg, Wemer 99,100,102, 109,112,123, 124, 126-128,
104-106 103,106 Nordheim, Lothar W. 72,104,106 136,137,141, 149,150,153,
Einstein, AJbert 7,9,10,13, 69, 83, Hertz, Heinrich Rudolf 41, 56, 71 155,161, 162.164,167.168
84,86-91, 97,98,143,167 Heyting, Arend 135,137,154 paradoja 109,118-124,127, 128, de la relatividad 13,69, 71,72,
EjUscheidungspixtbletn o problema Hilbert 129-132,136,137, 141,149,159 83, 84.86-91,97.167
de la decisión 160,161 curvade 133 de Banach-Tarski 131 de números 13,15,18,19,24,
Eucüdes 7,21,25-27,29,31, &5,43, espacio de 10. 69, 93-97,106-108 34,35,49, 53,57,58,61,85
de Cantor 127,128.129
142,166 detipos 122
hotel infinito de 121 deRusseU 118,119,121,122,
problemas de 58, 61, 64, 65, 82, 127-129 Türing, Aian 160,161
formalismo 11,13,35,86,94,106,
100, 162 de Skolem 160
107,132,134,138,141,147,154, programa de 140,145,147,150, variaciones, cálculo de 13,60,61,
del mentiroso 120,156,159
156,162,163 63. 69.72,79-83,88. 89.91.94
153, 154,162 Pasch, Moritz 34-36,41
rrege. Gottlob 11,43,44 45 verdad 8, 26,38,41-44, 52, 53,112,
Peano, Giuseppe 34,35,41,65.117,
115-122, 132,142,149 116.120,122,123,134,135,136,
ignorabimus 52, 53 120, 121, 133, 137,152,156,160
wndaniemos, crisls de 109 l I 142.145,150,151,154,156-159,
J40,147,153.164 independencia 37, 38, 42,162 axiontasde 117,152,160
infinilo 11, 28,29, 93-95,105,107, platonismo 112,113,134,141,163 162-163
Eundamenlos de lu geomeiri Von Neumann, John 9, 62, 72,94,
15.34,71,148 109,112,121,124, 126-128.134, Poinearé, Henri 8,9,11,19,25,40,
97,103,105-107,127-129,152,
136,137,147, 151-154,160,161 45,50-52, 59-61,63-65, 84,85,88,
154,155
actual 152 97,120,132-134,139,148,152
Inoice
ÍNDICB
I
Wrning, cor\j«»tura de 85
Weiewiraas, Karl 17, 67, 79,82,114
Weyl, Hermann 65, 67, 100,123 &rmei('. Emst 6 24,34
137, 139-141, 142, 167 I32'149,156 128.130.
Whltehead, Alfred Nt>rth 120-123
148