FACULTAD DE CIENCIAS EMPRESARIALES
MARIA ISABEL BARRERA DIAZ 1223091
DILEMAS ETICOS
1. Dilema de Heinz
Uno de los dilemas éticos más conocidos es el dilema de Heinz, propuesto por
Kohlberg para analizar el nivel de desarrollo moral de los niños y
adolescentes (infiriéndose a partir del tipo de respuesta, el porqué de la respuesta
dada, el nivel de obediencia a las normas o la relativa importancia que pueda tener
su seguimiento en algunos casos). Este dilema se presenta de la siguiente
manera:
“La mujer de Heinz está enferma de cáncer, y se espera que muera pronto si no
se hace nada por salvarla. Sin embargo, existe un medicamento experimental que
los médicos creen que puede salvar su vida: una forma de radio que un
farmacéutico acaba de descubrir. Aunque esta sustancia es cara, el farmacéutico
en cuestión está cobrando muchas veces más cantidad de dinero de lo que le
cuesta producirla (le cuesta 1.000 dólares y cobra 5.000). Heinz reúne todo el
dinero que puede para comprarla, contando con la ayuda y el préstamo de dinero
de todos sus conocidos, pero solo alcanza a reunir 2.500 dólares de los 5.000 que
cuesta el producto. Heinz acude al farmacéutico, a quien le dice que su esposa se
muere y a quien le pide que le venda el medicamento a menor precio o que le deje
pagar la mitad más tarde. El farmacéutico sin embargo se niega, aduciendo que
debe ganar dinero con él ya que ha sido quien lo ha descubierto. Dicho esto,
Heinz se desespera y se plantea robar la medicina.” ¿Qué debería hacer?
2. Dilema del tranvía
El dilema del tranvía o del tren es otro clásico entre el dilema éticos/morales,
creado por Philippa Foot. En este dilema se propone lo siguiente:
“Un tranvía/tren circula fuera de control y a toda velocidad por una vía, poco antes
de un cambio de agujas. En esta vía hay atadas cinco personas, que morirán si el
tren/tranvía les alcanza. Tú te encuentras delante del cambio de agujas y tienes la
posibilidad de hacer que el vehículo se desvíe a otra vía, pero en el que se
encuentra atada una persona. Desviar el tranvía/tren hará que muera una
persona. No hacerlo, que mueran cinco. ¿Qué harías?”
Este dilema dispone además de múltiples variantes, pudiendo complicar en gran
medida la elección. Por ejemplo, la elección puede estar en que puede detener el
tranvía, pero ello hará que descarrile con una posibilidad del 50% de que todos
sus ocupantes mueran (y 50% de que todos se salven). O se puede buscar más la
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implicación emocional del sujeto: proponer que en una de las vías hay cinco o más
personas que morirán si no se hace nada y en la otra una, pero que esta una es la
pareja, hijo/a, padre/madre, hermano/a o familiar del sujeto. O bien un niño.
3. Dilema del prisionero
El dilema del prisionero es uno de los dilemas empleados por John Nash para
explicarlos incentivos y la importancia de las decisiones no solo propias sino
también ajenas para obtener determinados resultados, siendo necesaria la
cooperación para lograr el mejor resultado posible. Aunque es más económico que
ético, también tiene implicaciones en este sentido.
El dilema del prisionero propone la siguiente situación:
“Dos presuntos delincuentes son detenidos y encerrados, sin que puedan
comunicarse entre sí, ante la sospecha de su implicación en un robo a un banco (o
un asesinato, dependiendo de la versión). La pena por el delito es de diez años de
cárcel, pero no existen pruebas palpables de la implicación de ninguno en estos
hechos. La policía le propone a cada uno de ellos la posibilidad de salir libre si
delata al otro. Si los dos confiesan el crimen cumplirán cada uno seis años de
prisión. Si uno lo niega y el otro proporciona pruebas de la implicación de éste, el
informador saldrá en libertad y el otro será condenado a los diez años de cárcel. Si
los dos niegan los hechos, ambos permanecerán en prisión un año.”
En este caso, más que de moral estaríamos hablando de las consecuencias de
cada acto para uno mismo y para el otro y de cómo el resultado depende no solo
de nuestra actuación sino también de la ajena.
4. El ladrón noble
Este dilema plantea lo siguiente:
“Somos testigos de cómo un hombre roba un banco. Sin embargo, observamos
que el ladrón no se queda el dinero, sino que lo entrega a un orfanato que carece
de recursos para sustentar a los huérfanos que en él viven. Podemos denunciar el
robo, pero si lo hacemos es probable que el dinero que el orfanato ahora puede
usar para alimentar y cuidar a los niños tenga que devolver lo robado”.
Por un lado, el sujeto ha cometido un delito, pero por otro lo ha hecho por una
buena causa. ¿Qué hacer? El dilema puede complicarse si se añade, por ejemplo,
que durante el atraco al banco ha muerto una persona.