Comentario Contexto Cultural Del NT
Comentario Contexto Cultural Del NT
CONTEXTO CULTURAL
DE LA BIBLIA
Nuevo Testamento
Craig S. Keener
Traducido por
Nelda Bedford de Gaydou, Arnoldo Canclini, Gabriela de la Rocha, Raimundo
Ericson, Miguel A. Mesías, Edgar Morales, José Antonio Septién y Rubén Zorzoli.
2014
LOS EVANGELIOS
Mateo
Marcos
Lucas
Juan
Hechos
Romanos
1 Corintios
2 Corintios
Gálatas
Efesios
Filipenses
Colosenses
1 Tesalonicenses
2 Tesalonisences
1 Timoteo
2 Timoteo
Tito
Filemón
Hebreos
Santiago
1 Pedro
2 Pedro
1 Juan
2 Juan
3 Juan
Judas
Apocalipsis
Glosario
Mapas y tablas
Lista de abreviaturas
AT Antiguo Testamento
BA Biblia de las Américas
BJ Biblia de Jerusalén
BLA Biblia Latinoamericana
BLS La Biblia en Lenguaje Sencillo
DHH Dios Habla Hoy
GNC Good News Commentary
GNS Good News Studies
HNTC Harper’s New Testament Commentaries
ICC International Critical Commentary
LEC Library of Early Christianity
NIBC New International Bible Commentary
NICNT New International Commentary on the New Testament
NIGTC New International Greek Testament Commentary
NT Nuevo Testamento
NVI Nueva Versión Internacional
PB El Nuevo Testamento de Pablo Besson
RV Reina-Valera, 1909
RVA Reina-Valera Actualizada
RVR-1960 Reina-Valera Revisada, 1960
RVR-1995 Reina-Valera Revisada, 1995
SBLBMI Society of Biblical Literature: The Bible and Its Modern Interpreters
SBLDS Society of Biblical Literature Dissertation Series
SBLMS Society of Biblical Literature Monograph Series
SBLSBS Society of Biblical Literature Sources for Biblical Study
SNTSMS Society of New Testament Studies Monograph Series
TDGR Translated Documents of Greece and Rome
TNTC Tyndale New Testament Commentary
VM Versión Moderna
WBC Word Biblical Commentary
* Señala los términos incluidos en el glosario
CÓMO USAR ESTE COMENTARIO
El contexto cultural e histórico puede clarificar prácticamente cada versículo en el NT,
no obstante, gran parte de este material ha estado fuera del alcance de los lectores no
especializados en el tema. Aunque existen muchos comentarios útiles, ninguno de ellos
se ha concentrado exclusivamente en el material contextual. Sin embargo, es
precisamente este elemento, el contexto que señala la manera en que los escritores y
lectores originales del NT habrían entendido su mensaje, el que necesita el lector no
especializado, como un recurso para el estudio de la Biblia (la mayoría de los otros
elementos, tales como las circunstancias, pueden deducirse del texto mismo).
Existen algunos estudios del contexto cultural del NT, pero ninguno de ellos está
ordenado de una manera que permita al lector responder a todas las preguntas
pertinentes relacionadas con un pasaje dado. Esta deficiencia me convenció, hace doce
años, para embarcarme en este proyecto, el cual hace mucho debiera haberse
completado. Este libro está escrito con la esperanza de que todos los creyentes puedan
ahora leer el NT de manera mucho más comprensible.
UN COMENTARIO CULTURAL
El contexto cultural marca una diferencia en la manera en que leemos el NT. Por
ejemplo, debido a que en el mundo antiguo existían muchos exorcistas, los lectores de
aquella época no se habrían sorprendido de que Jesús expulsara demonios, pero debido
a que la mayoría de los exorcistas utilizaban encantos o técnicas dolorosas para tratar
de expulsar los demonios, resultaba sorprendente que Jesús los expulsara “por su
palabra”. Al considerar el conflicto que se produce en relación con el acto de cubrirse
la cabeza en 1 Corintios 11, en el contexto más amplio de las tensiones sobre los
elementos usados para cubrirse la cabeza entre las mujeres ricas y pobres en la Corinto
del primer siglo, se clarifica la enseñanza de Pablo en ese pasaje. Una comprensión de
los antiguos conceptos con respecto a la esclavitud demuestra que la enseñanza de
Pablo, lejos de apoyar tal institución, la debilita. El reconocimiento de lo que
significaba para los judíos el término “resurrección”, responde a las objeciones de
muchos escépticos de nuestro tiempo con respecto al carácter de la resurrección de
Jesús. Y así sucesivamente.
El propósito exclusivo de este comentario (a diferencia de la mayoría de los
comentarios) es permitir el acceso a los aspectos más relevantes del contexto cultural,
social e histórico, a fin de poder leer el NT de la manera en que sus lectores originales
lo habrían hecho. Aunque fue necesario incluir algunas notas sobre contexto o
teología, las mismas se redujeron a un mínimo para permitir que el lector realice la
mayor parte del trabajo de interpretación.
El conocimiento de la cultura antigua es crítico para entender la Biblia. Nuestra
necesidad de reconocer las circunstancias de los escritores bíblicos no niega que los
pasajes bíblicos sean válidos para todo tiempo; lo importante es tener presente que no
son válidos para todas las circunstancias. Diferentes versículos de la Biblia tratan con
situaciones diferentes. Por ejemplo, algunos versículos tratan sobre la manera de
alcanzar la salvación, algunos tratan sobre el llamado de Cristo a las misiones, algunos
tratan sobre su preocupación por los pobres, etc. Antes de aplicar esos pasajes,
necesitamos entender cuáles eran las circunstancias originales con que trataban.
Lo dicho no es para restar importancia a otros factores dentro de la interpretación
de la Biblia. El tema más importante, después de la aplicación del Espíritu Santo a
nuestro corazón y nuestra vida es siempre el contexto literario: leer cada libro de la
Biblia de la manera en que fue compuesto bajo la inspiración del Espíritu Santo. Este
comentario tiene solamente el propósito de proporcionar a los lectores un rápido
acceso al contexto del NT, no pretende ser la historia completa. En mi propia
predicación y enseñanza, me interesa más el contexto literario que la cultura. Pero los
lectores pueden deducir el contexto por su propia cuenta al estudiar la Biblia. Para los
ministros y otros lectores de la Biblia, la aplicación de las Escrituras es también
crucial, pero las aplicaciones específicas variarán según la cultura y según cada
persona, y estas, digámoslo una vez más, están fácilmente disponibles para los lectores
de la Biblia sin necesidad de ayuda externa.
Para la mayoría de los usuarios de este comentario, que no han estudiado griego
ni hebreo, resulta fundamental contar con una traducción buena de la Biblia, de fácil
lectura, para poder entenderla. (Por ejemplo, la RVA es una traducción más literal,
palabra por palabra; y la NVI o DHH, que son de más fácil lectura, son muy útiles.
Uno podría leer de manera regular de la NVI o DHH y estudiar pasajes con más detalle
o compararlos con la RVA.) En contraste con la media docena de los manuscritos
mayormente medievales en que se basó la Reina-Valera, contamos ahora con más de
cinco mil manuscritos del NT, incluyendo algunos de tiempos muy cercanos a los
cuales se escribieron los libros del NT (según se entiende con base en las normas
usadas para los textos antiguos). Estos manuscritos hacen del NT, sin lugar a dudas, el
trabajo mejor documentado del mundo antiguo y explican a la vez por qué disponemos
en la actualidad de traducciones más precisas que en el tiempo pasado. Pero la razón
más importante para utilizar una traducción actualizada es que está escrita en el idioma
corriente con que hablamos y en consecuencia resulta más fácil de entender. Entender
la Biblia de modo que uno pueda obedecer sus enseñanzas es, al fin y al cabo, el
propósito principal para leerla.
Otros métodos de profundizar en el texto en sí, tales como subrayar y hacer notas,
también resultan útiles a muchos lectores. Para encontrar una guía más completa sobre
la manera de estudiar la Biblia, recomendamos al lector consultar el práctico libro de
Gordon Fee y Douglas Stuart, La lectura eficaz de la Biblia. Editorial Vida, 1985.
Pero el principal factor en la aplicación de la Biblia, el cual no está disponible a la
mayoría de sus lectores, es el contexto cultural. Este comentario tiene el propósito de
cubrir esa necesidad y debe utilizarse junto con otros elementos importantes del
estudio de la Biblia: una traducción precisa y de fácil lectura, contexto, oración y
aplicación personal.
Una vez más, este comentario no será útil para aquellos que subestiman el estudio
del contexto, una regla de interpretación más básica que el conocimiento de la cultura.
Por esto, es mejor leer cada libro de la Biblia en forma completa, en lugar de saltar de
un lugar de la Biblia a otro. De esta manera es posible captar el mensaje total de un
libro de la Biblia en particular. Estos libros fueron escritos de uno en uno a diferentes
grupos de lectores, quienes los leyeron de a uno a la vez y los aplicaron a sus
situaciones específicas. Es importante tener presente este aspecto al leer, enseñar, o
predicar la Biblia. (Muchas supuestas contradicciones de la Biblia surgen de la
ignorancia del contexto y de la manera en que se escribían los libros en el mundo
antiguo. Los escritores de antaño, al igual que los predicadores modernos, a menudo
aplicaban y actualizaban el idioma ordenando y arreglando sus materiales, a la vez que
permanecían fieles al significado; de manera que el contexto es generalmente una guía
inspirada en cuanto a la manera de aplicar una determinada enseñanza de la Biblia.)
Antes de usar este comentario, siempre es importante verificar el contexto de un pasaje
en el libro bíblico en que aparece.
Una vez examinado un pasaje en su contexto, este comentario será una valiosa
herramienta. Uno podrá usarlo mientras lee la Biblia en sus devocionales diarios; o
podrá usarlo para la preparación de estudios bíblicos o mensajes. El único libro que los
cristianos evangélicos aceptamos como la Palabra de Dios es el libro más importante
que podemos estudiar, y es de esperar que este comentario ayude a todos los creyentes
en su estudio de la Palabra de Dios.
Aunque el formato de este libro ha sido puesto a prueba en el aula, en estudios
bíblicos, desde el púlpito y en el tiempo devocional personal, quizá no responda a
ciertas preguntas de índole sociocultural relacionadas con pasajes del NT. A pesar de
los esfuerzos por responder a las preguntas correctas, es imposible anticiparse a cada
interrogante; por esta razón, incluimos una lista de libros útiles sobre cultura antigua
en la breve bibliografía al final de esta introducción.
El lector podrá encontrar también información contextual relevante a un
determinado pasaje, bajo otro pasaje donde sentí que era más importante incluirla.
Debido a que el NT en sí está compuesto de libros dirigidos a diferentes audiencias
(Marcos estaba destinado a ser leído de manera rápida, en tanto que el propósito de
Mateo era ser estudiado y memorizado), mi tratamiento de algunos libros es más
detallado que el de otros. Al ser el libro más ajeno a los lectores modernos,
Apocalipsis recibe el tratamiento más detallado.
CÓMO USAR ESTE LIBRO
Este comentario puede utilizarse como referencia o en conjunto con el estudio
bíblico regular. Al leer la Biblia de manera devocional, o al preparar mensajes o
estudios bíblicos, la persona cuenta con dos de las herramientas fundamentales para la
interpretación de la Biblia en sí: el texto y su contexto. La tercera herramienta crucial,
que los antiguos lectores ya reconocieron, tuvieron en cuenta y vivieron, pero que no
está disponible para la mayoría de los lectores modernos, es el contexto histórico, el
trasfondo del texto. Este comentario está escrito para llenar esta necesidad en la
medida que sea posible hacerlo en una obra de un solo volumen.
El trasfondo antiguo más importante para las ideas del NT es el AT,
especialmente en su traducción griega. Este comentario incluye el trasfondo del AT,
pero debido a que ese contexto está disponible a todos los lectores de la Biblia, el
énfasis del presente comentario está puesto sobre otras culturas judías y grecorromanas
del primer siglo. Los escritores cristianos de los primeros siglos se basaron también de
manera natural en otras tradiciones cristianas de los primeros siglos, muchas de las
cuales tenemos a nuestra disposición en el NT; pero debido a que ese material está
directamente disponible para el lector, lo hemos omitido en su mayor parte aquí.
Asimismo, hemos omitido notas sobre contexto histórico que son transculturales,
porque los lectores de todas las culturas dan por sentada esta información.
Aquellos que usan el comentario junto con el estudio bíblico personal deben leer
antes el pasaje bíblico y examinar su contexto. Luego podrán beneficiarse en mayor
manera al examinar las notas de este comentario; las notas sobre pasajes relacionados
podrán también ser útiles. Una vez determinado lo que el texto bíblico decía a los
lectores originales, uno desarrolla una genuina identificación con los temas que se
tratan y está preparado para pasar al terreno de la aplicación personal.
Las circunstancias que rodearon la carta de Pablo a los romanos nos dan un
ejemplo de la manera en que una persona puede aplicar lo que aprende de este
comentario. En esa carta, Pablo sostiene que los judíos y los gentiles son salvos sobre
la base de las mismas condiciones, e insta a la reconciliación entre ellos dentro del
cuerpo de Cristo. En los EE. UU. de A., donde tantas iglesias todavía están segregadas
por cuestiones de raza y donde los cristianos blancos muchas veces no se han tomado
el tiempo para escuchar sobre las heridas que los cristianos negros y otras minorías
raciales han sufrido aquí, el mensaje de Pablo sobre la reconciliación racial resulta
dolorosamente relevante. Una vez que captamos la enseñanza del texto o el versículo
en su contexto histórico original, estamos en condiciones de aplicar ese pasaje tanto a
nuestra vida personal como a nuestra cultura actual.
Debido a que el mensaje original de la Biblia, una vez entendido, aborda los
temas humanos actuales en una diversidad de situaciones y culturas, la manera en que
lo aplicamos variará de una persona a otra y de una cultura a otra. (Por ejemplo, si
Pablo insta a los Corintios a tratar seriamente con el pecado, el principio es claro; pero
diferentes personas tendrán que tratar con diferentes pecados.) Por esa razón, la mayor
parte de la aplicación queda sujeta al sentido común del lector y a su sensibilidad al
Espíritu Santo.
Esta enseñanza generalmente tiene aplicación aun en aquellas ocasiones en que
sentí muy fuertemente que era necesario dar alguna guía con respecto a la aplicación.
Por ejemplo, en el tratamiento que hago de Mateo 24:15–22, pongo énfasis en aquellos
detalles que fueron cumplidos en los años 66–70 d. de J.C. Algunos piensan que
ciertas profecías en ese pasaje volverán a cumplirse, pero debido a que se trata más de
una cuestión teológica que de una cuestión histórico cultural, dejo el asunto a la
discreción del lector. De la misma manera, estoy convencido de que el contexto
histórico dado para los pasajes relacionados con el ministerio de la mujer debe llevar a
los lectores modernos a reconocer que Pablo en verdad acepta el ministerio de
enseñanza de las mujeres. No obstante, debido a la naturaleza de este trabajo, aquel
que no comparta esa convicción puede usar provechosamente el comentario en esos
pasajes sin sentirse forzado a tener que aceptar mi punto de vista. Es mi esperanza que
todos los creyentes sinceros, que luchan con el mismo contexto y el mismo trasfondo
histórico, habrán de llegar finalmente a conclusiones similares.
La mayoría de los lectores estarán familiarizados con palabras como sacerdote y
Palestina, pero aquellos términos con cuyo significado cultural el lector quizá no esté
familiarizado figuran en el glosario incluido al final de este libro, y están identificados
con un asterisco al menos una vez dentro de un determinado contexto. Algunos
términos teológicos muy repetidos (como Espíritu, apocalíptico, diáspora, fariseo y
reino) tenían significados específicos en el mundo antiguo, los cuales no pueden
mencionarse en cada versículo; el lector regular de este comentario hará bien en
familiarizarse con esos términos en el glosario.
CÓMO NO USAR ESTE LIBRO
No todo el contexto histórico ofrecido en este comentario es igualmente útil para
entender la Biblia. Algunos datos de contexto histórico serán muy obvios,
especialmente donde la cultura antigua y la cultura de los lectores modernos se
superponen. Del mismo modo, no todas las fuentes tienen igual mérito para nuestros
propósitos. Algunas fuentes, particularmente las fuentes rabínicas, son posteriores al
NT; una parte de la información de estas fuentes resulta más útil, en tanto que otro
material lo es menos, y al escribir este comentario he sopesado estos factores tan
cuidadosamente como me ha sido posible. Por lo general, figuran explícitamente en
este comentario solamente citas del AT y de los Apócrifos, y ocasionalmente citas de
los *seudoepígrafos judíos; citar todas las fuentes rabínicas, griegas y romanas, lo
habrían hecho demasiado pesado para muchos de los lectores.
Cierta información del contexto histórico se incluye porque la misma aparece en
los comentarios de estudio comunes, y los lectores deberán juzgar por sí mismos cuál
es la relevancia de la misma para la interpretación que ellos harán. El presente es un
comentario del contexto cultural; no determina la manera en que los lectores deben
entender o aplicar el texto, y aquellos lectores que disientan de algunas
interpretaciones que sugiero, aun así encontrarán muy útil este comentario.
Lo que es más importante, el lector general debe tener presente que cualquier
paralelismo entre una idea del NT y una idea del mundo antiguo no necesariamente
significan que uno haya copiado al otro, ambos podrían haber tomado un dicho o
concepto que era familiar en la cultura. En consecuencia, cito los paralelos
simplemente para ilustrar cuántas personas en aquella cultura habrían oído acerca de lo
que el NT decía. Por ejemplo, el uso que hace Pablo de los diferentes argumentos que
usaban los *retóricos (oradores públicos profesionales) señala que él se estaba
relacionando con su cultura, y no que él hubiera escrito sin la inspiración del Espíritu
Santo. Más aún, personas y fuentes de culturas que de ninguna manera estaban
relacionadas entre sí (p. ej., los *estoicos y el AT) podrán compartir algunos conceptos
simplemente porque esos conceptos tienen sentido en aquellas culturas (o aun en la
mayoría de las culturas), aun cuando no tengan sentido en la nuestra; nuestra propia
cultura a menudo limita inconscientemente nuestra comprensión de Pablo y sus
contemporáneos. Que la gente de antes no pensara como nosotros no significa que
estuvieran equivocados; hay mucho que podemos aprender de sus percepciones en
áreas como la retórica y las relaciones humanas.
De manera similar, cuando comento que Pablo usó el lenguaje de los filósofos
*estoicos, no estoy diciendo que Pablo hubiera adoptado el estoicismo; el discurso
filosófico público había sido en general influenciado por las ideas y la terminología de
los estoicos. En otros casos, la adopción del lenguaje filosófico es intencional; las
personas de afuera algunas veces interpretaban al cristianismo como una escuela
filosófica, y los cristianos podían utilizar esta percepción externa como un medio para
la comunicación del evangelio. Al igual que otros escritores, Pablo podía apelar a su
cultura en el lenguaje popular de su tiempo, aunque dándole a ese lenguaje un nuevo
giro.
Cuando cito una tradición judía posterior que amplía el AT, no pretendo implicar
que la tradición sea necesariamente cierta. Estas citas existen para ayudarnos a
sentirnos de la manera en que los primeros lectores y oidores del NT se sentían con
respecto a los personajes del AT; algunas veces los escritores del NT hacen alusión
también a estas tradiciones extrabíblicas (Jud. 14; 15). (No obstante, uno no necesita
suponer que los escritores del NT simplemente reciclaron imágenes judías anteriores a
fin de relacionarse con su cultura; a menudo existía una diversidad de puntos de vista
judíos, y los escritores del NT tomaron uno. Aunque los escritores del NT tuvieron que
acomodar el lenguaje de su día para comunicar su enseñanza, ni ellos ni nosotros
necesitamos ver la totalidad de ese lenguaje como falto de precisión. Algunos lectores
modernos señalan con mucha palabrería que los antiguos conceptos del mundo están
equivocados, pero los fenómenos algunas veces atribuidos a concepciones “primitivas”
del mundo, tales como la posesión por parte de espíritus dañinos, pueden ahora
corroborarse a través de evidencia transcultural; no es necesario “explicarlos” a través
del racionalismo occidental moderno.)
Por último, debemos siempre ser cautelosos en la aplicación; es importante que
apliquemos los versículos bíblicos solamente a situaciones genuinamente análogas. Por
ejemplo, no es correcto leer los ataques de Jesús a los líderes religiosos de su tiempo
como ataques contra todos los judíos, como han hecho algunos antisemitas. Jesús y sus
discípulos fueron judíos ellos mismos, y tal abuso del texto es tan erróneo como
utilizar el libro de Éxodo contra los egipcios en la actualidad (los profetas posteriores
del AT no lo hicieron, p. ej., Isa. 19:23–25). Los desafíos de Jesús contra la piedad de
las autoridades religiosas de su tiempo nada tienen que ver con la cuestión étnica; estos
desafíos tenían el propósito de confrontarnos a nosotros hoy como personas religiosas
y advertirnos que no debemos actuar como lo hicieron aquellos líderes religiosos. La
cuestión aquí era religiosa, no étnica. En otras palabras, debemos aplicar los principios
del texto a la luz de las cuestiones reales que los autores de la Biblia estaban
abordando y no ignorar el contexto histórico del pasaje.
Introducción
Paternidad literaria. En contraste con, por ejemplo, las cartas de Pablo, las
atribuciones de autoría en los Evangelios generalmente se basan más en la tradición de
la iglesia que en las evidencias que ofrece el texto en sí. Aunque esta tradición es
generalmente confiable, en el caso de Mateo podría no ser tan confiable (dado que la
misma tradición afirma también que el Evangelio original de Mateo fue escrito en
hebreo, lo cual no es cierto de nuestro Primer Evangelio). En consecuencia, la autoría
del Primer Evangelio está puesta en tela de juicio, pero hablaremos de Mateo, tanto por
la conveniencia como por la falta de otra designación mejor.
Fecha. La fecha en que fue escrito Mateo es discutida. Algunos eruditos
conservadores, como Robert Gundry, fechan a Mateo antes del año 70 d. de J.C. y
atribuyen su autoría a Mateo; otros eruditos igualmente conservadores fechan a Mateo
alrededor del año 80 y están menos seguros con respecto a quién fue su autor. Mateo
presta bastante más atención al tema del poder emergente de los *rabinos *farisaicos
que Marcos (pero aun así reconoce el poder de los *saduceos y los sacerdotes). Debido
a esto, y debido a que estos rabinos comienzan a alcanzar cierto poder político en
Siria-Palestina principalmente después del año 70 d. de J.C., es razonable suponer que
Mateo fue escrito en la década del setenta, aunque esta fecha no es segura.
¿Dónde fue escrito Mateo? El lugar más posible es el área de Siria-Palestina, porque
es allí donde los rabinos ejercieron su mayor influencia en las décadas del setenta y el
ochenta en el primer siglo. Pero una vez más, no es posible afirmar esto con certeza.
Circunstancias y propósitos. Mateo trata con las necesidades de sus lectores
cristianos de origen judío, quienes aparentemente están en conflicto con un círculo
religioso poderoso, de corte *farisaico (cf. 3:7 con Luc. 3:7; Mat. 5:20; 23:2–39). Los
integrantes del movimiento rabínico temprano, principalmente los sucesores de los
anteriores fariseos, nunca alcanzaron el poder que pretendían, pero comenzaron a
consolidar toda la influencia jurídica y teológica posible, especialmente en Siria-
Palestina, en los años posteriores al 70 d. de J.C.
Mateo presenta la traumática destrucción del templo, que probablemente había
ocurrido recientemente (ver el comentario anterior con respecto a la fecha), como un
juicio sobre el anterior círculo judío de poder (aunque fue principalmente saduceo) en
los capítulos 23–24. El autor quiere alentar a su comunidad a evangelizar a los
*gentiles además de su propio pueblo (cf. 1:5; 2:1–12; 3:9; 8:5–13; 15:21–28; 24:14;
28:19). La colección de enseñanzas de Jesús que presenta Mateo (especialmente en los
capítulos 5–7; 10; 13; 18; 23–25) debe utilizarse para hacer otros *discípulos para
Jesús, de la misma manera que otros discípulos judíos transmitían a sus propios
discípulos las enseñanzas de sus rabinos (28:19).
Género literario y fuentes. La mayoría de los eruditos considera que cuando Mateo
escribió su Evangelio, Marcos ya estaba en circulación. (No todos los eruditos aceptan
este punto de vista, pero está ampliamente aceptado como consenso.) Siguiendo la
práctica literaria habitual de su tiempo, Mateo siguió una fuente principal, la cual
consideró altamente confiable, Marcos, y luego entretejió material de otras fuentes
confiables. Debido a las limitaciones de espacio en este comentario, gran parte del
material que se encuentra tanto en Mateo como en Marcos recibe un tratamiento más
detallado solamente en la sección correspondiente a Marcos.
En el tiempo de Mateo las biografías se escribían de manera diferente que en la
actualidad. Los biógrafos podían escribir ya sea en orden cronológico (por ejemplo,
Lucas sigue el orden de sus fuentes con el mayor cuidado posible) o, lo que era más
frecuente, siguiendo un orden de temas. Mateo arregla los dichos de Jesús por temas, y
no cronológicamente: la ética del *reino en los capítulos 5–7, la misión del reino en el
capítulo 10, la presencia del reino en el capítulo 13, la disciplina y el perdón de la
iglesia en el capítulo 18, y el futuro del reino en los capítulos 23–25. Algunos
comentaristas han sostenido que Mateo agrupó los dichos de Jesús en cinco secciones
para hacer un paralelo de los cinco libros de Moisés (otras obras se dividieron en cinco
para corresponder con los libros de Moisés, a saber, Salmos, Proverbios, el tratado
*rabínico Pirke Abot, 2 Macabeos y quizá *1 Enoc).
El mensaje de Mateo. Este Evangelio o una de sus fuentes pudo haber sido utilizado
como manual de capacitación para nuevos creyentes (Mat. 28:19); los rabinos
enseñaban tradiciones orales, pero los cristianos judíos necesitaban un cuerpo escrito
de enseñanzas de Jesús para los convertidos gentiles. Mateo enfatiza una y otra vez
que Jesús cumple las escrituras judías, y argumenta a partir de esas Escrituras de la
misma manera en que lo haría un escriba capacitado. Presenta a Jesús como el resumen
de la esperanza de Israel para sus lectores judíos, pero también enfatiza las misiones a
los gentiles: la misión a los gentiles tiene sus raíces tanto en el AT como en la
enseñanza de Jesús. Mateo contraataca rápidamente a los líderes religiosos de su
tiempo que han atacado a los seguidores de Jesús; pero también advierte de los
peligros crecientes de un liderazgo religioso apóstata dentro de la comunidad cristiana.
Comentarios. W. W. Davies y Dale Allison, A Critical and Exegetical Commentary
on the Gospel According to Saint Matthew, ICC, 3 volúmenes. Edinburgh: T. & T.
Clark, 1988-, aporta información sobre el trasfondo judío. John Meier, Matthew, New
Testament Message: A Biblical Theological Commentary. Wilmington, Del.: Michael
Glazier, 1981, es bueno para los temas literarios, aunque el autor no estaría de acuerdo
con mi énfasis en lo que se refiere al contexto específicamente judío de Mateo. Sin
embargo, aquellos que están más familiarizados con el ambiente histórico de Mateo,
reconocerán que mi comentario es menos dependiente de otros comentarios y se debe
en mayor medida a fuentes primarias y a eruditos más antiguos como Joachim
Jeremias, T. W. Manson, Gustaf Dalman y, con algunas reservas, Josef Blinzler y J. D.
M. Derrett; y a estudiosos más recientes como E. P. Sanders, Geza Vermes y Martin
Goodman. Un estudio especializado que resulta útil es Marshall D. Johnson, The
Purpose of the Biblical Genealogies. SNTSMS 8, 2ª edición. Cambridge: Cambridge
University Press, 1998, cuyo tratamiento incluye Mateo 1:2–16; ver también C. S.
Keener, … And Marries Another: Divorce and Remarriage in the Teaching of the New
Testament. Peabody, Mass.: Hendrickson, 1992, que trata los pasajes de Mateo 5:17–
48 y 19:1–12; y Carl H. Kraeling, John the Baptist. New York: Charles Scribner’s
Sons, 1951, sobre Juan el Bautista.
1:1–17
El contexto histórico de Jesús
Las biografías antiguas por lo general comenzaban haciendo una reseña de las raíces
nobles de sus personajes. Aquí se relaciona a Jesús con la historia de su pueblo desde
sus comienzos.
1:1. El *Mesías habría de ser un “hijo [descendiente] de David”; “hijo de Abraham” se
aplicaba a los judíos en general, de manera que Mateo comienza recordándonos que
Jesús era judío. Las genealogías podían aportar unidad a un estudio de las etapas de la
historia entre personajes destacados (como el caso de Adán, Noé y Abraham en Gén.
5; 11). Los lectores griegos a menudo llamaban al libro de Génesis “el libro de las
generaciones”, y el título se utiliza también para las genealogías y otros informes
contenidos en él (Gén. 2:4; 5:1 *LXX). En Génesis las genealogías llevan el nombre
de la primera persona citada, pero la genealogía de Mateo lleva el nombre de la
persona con la que culmina: Jesucristo.
1:2–16. Tal como en las genealogías del AT, aunque en contraste con Lucas y las
genealogías grecorromanas, Mateo registra los nombres comenzando con los más
antiguos, para desplazarse luego hacia los más recientes.
Las genealogías recordaban al pueblo judío la soberanía de Dios en la concertación de
los matrimonios y la provisión de descendencia. A veces explicaban por qué una
persona se comportaba de cierta manera (p. ej., el ser Moisés descendiente de
infractores de la ley como Rubén, Simeón y [directamente] de Leví, ayuda a explicar
algunas de sus propias debilidades en Éx. 6:12–30). Lo más importante es que eran
esenciales para documentar el linaje correcto de una persona como un israelita puro (en
contraste con algunos otros galileos, que podrían ser descendientes de *gentiles
convertidos), un integrante de los sacerdotes, o de la realeza. Las genealogías también
podían servir como vínculos unificadores entre figuras destacadas de la historia. De
esta manera, Génesis vincula a Adán, Noé y Abraham (Gén. 5; 11). Mateo vincula a
Jesús con los *relatos del AT sobre los patriarcas, la descendencia real davídica y el
exilio.
En el templo se conservaban registros genealógicos, al menos parciales, de las familias
importantes (especialmente las sacerdotales). Luego que el templo fuera destruido en
el año 70 d. de J.C., cualquiera podía haber invocado ser de descendencia davídica,
pero el reclamo de Jesús fue hecho antes del año 70, cuando todavía podía verificarse
(Rom. 1:3). Aun después del año 70 d. de J.C., la evidencia de su descendencia
davídica todavía fue suficiente para ocasionar problemas con el gobierno romano a
algunos familiares de Jesús.
Las mujeres no necesitaban ser registradas en las genealogías antiguas, pero Mateo
incluye cuatro mujeres (1:3, 5, 6), tres de ellas gentiles (Gén. 38:6; Jos. 2:1; Rut 1:4) y
la otra también una gentil o al menos la esposa de un gentil (2 Sam. 11:3), aun cuando
omite los prominentes matriarcados en la tradición judía: Sara, Rebeca, Lea y Raquel.
De este modo sugiere, basándose en el AT, que Dios siempre tuvo en sus planes las
misiones a todos los pueblos (Mat. 28:19).
Los estudiosos han sugerido que algunas genealogías antiguas incorporaron material
simbólico basado en la interpretación de versículos bíblicos. Los intérpretes judíos de
las Escrituras a veces modificaban una letra o un sonido en un versículo bíblico para
volver a aplicarlo de manera figurada. Así, el texto griego de Mateo 1:10 dice “Amós”
(el profeta) en lugar de “Amón” (el rey perverso, 2 Rey. 21:18–23), y Mateo 1:8 dice
“Asaf” (el salmista) en vez de “Asa” (el rey bueno que se volvió malo, 2 Crón. 16); la
mayoría de las traducciones han oscurecido este punto.
1:17. Como era habitual en las genealogías, Mateo omite algunos nombres (en este
caso, quizás siguiendo la traducción griega del AT); la formación de patrones, tales
como tres bloques de catorce, hacía que las listas fueran más fáciles de recordar.
Algunos comentaristas han argumentado que Mateo usa catorce generaciones porque
el valor numérico del nombre David en las letras hebreas es 14. (A diferencia de las
letras en el alfabeto castellano, las letras griegas y hebreas eran utilizadas también
como números. La práctica judía de tomar en cuenta el valor numérico de las palabras
y encontrar significado en ellos llegó a llamarse gematría.) La división de la historia
en períodos era común; un texto judío posterior, *2 Baruc, divide la historia en 14
épocas.
1:18–25
El nacimiento de Jesús
Los biógrafos antiguos a veces exaltaban los nacimientos milagrosos de sus personajes
(algo especialmente destacado en el AT), aunque no hay paralelos cercanos al
nacimiento virginal. Los griegos contaban historias de dioses que embarazaban a
mujeres, pero el texto indica que la concepción de María no fue sexual; tampoco el AT
(ni la tradición judía) atribuye a Dios características sexuales. En el mundo antiguo,
muchos de los relatos de nacimientos milagrosos (incluyendo los relatos judíos, p. ej.,
1 Enoc 106) están profusamente adornados con elementos mitológicos (p. ej., bebés
que llenan de luz una casa), en contraste con el estilo narrativo directo de este pasaje
(compare la similitud de Éx. 2:1–10).
1:18. En aquel entonces el compromiso (erusin) implicaba más obligación que la
mayoría de los compromisos de hoy, y normalmente iba acompañado del pago por
parte del novio, de al menos una parte del precio establecido para la novia. El
compromiso, que normalmente duraba un año, significaba que la novia y el novio
estaban prometidos el uno al otro, pero aún no habían consumado el matrimonio; en
consecuencia, cualquier relación íntima con otra persona se consideraba adulterio
(Deut. 22:23–27). Para establecer los compromisos judíos eran necesarios dos testigos,
el mutuo consentimiento (por lo general) y la declaración del novio (en los
compromisos romanos, el solo consentimiento era suficiente). Aunque los anillos
fueron utilizados en el mundo romano, no es claro si es que los judíos de Palestina los
utilizaron en este período.
María quizá tendría entre doce y catorce años (dieciséis como máximo), y José quizá
entre dieciocho y veinte. Sus padres probablemente concertaron su matrimonio, con el
consentimiento de María y José. La privacidad entre personas comprometidas era
permitida en Judea, pero aparentemente desaprobada en Galilea, por lo que María y
José bien pueden no haber tenido ningún momento para estar a solas hasta entonces.
1:19. Bajo las leyes del AT, el castigo por adulterio era morir apedreado, y el castigo
se aplicaba también a la infidelidad durante el compromiso (Deut. 22:23, 24).
En los tiempos del NT, a José simplemente se le habría exigido divorciarse de María,
exponiéndola así a la vergüenza. Prácticamente nunca se aplicaba la pena de muerte
por causa de este tipo de ofensa. (Había tal obligación en los compromisos, que si el
prometido de una mujer moría, ella era considerada una viuda; pero un compromiso
solamente podía romperse o terminarse con el divorcio). Sin embargo, una mujer con
un hijo, divorciada por tal infidelidad, se sentiría fuertemente presionada por encontrar
otro marido, ya que quedaría desamparada si sus padres murieran. Pero debido a que
un divorcio podía efectuarse por medio de un simple documento con dos testigos, José
podía haberse divorciado de ella sin hacer más pública su vergüenza. (Solo era
necesaria la intervención de un juez si era la esposa la que pedía que el esposo se
divorciara de ella.) Mucho más tarde, la tradición *rabínica acusa a María de dormir
con otro hombre, pero al casarse con ella, José (v. 24) demuestra que él no creía que
este fuera el caso.
1:20. En el AT, los ángeles a menudo traían mensajes en sueños. En la literatura
griega, personas muertas (como así también deidades paganas) a menudo traían
mensajes, aunque esto no sucede en ningún lugar de la Biblia. No obstante, el AT hace
mención de intérpretes expertos en sueños, como Daniel (Dan. 1:17; 2:19–45) y José el
hijo de Jacob (Gén. 37:5–11; 40–41). Casi todas las historias desde aquí en Mateo 1
hasta el final de Mateo 2 incluyen la guía sobrenatural (sueños o la estrella).
1:21. El nombre Jesús (en *arameo Yeshua, y en griego Iesous) significa en hebreo
“Dios es salvación”. A menudo los padres querían que los nombres que daban a sus
hijos tuvieran algún significado, pero si Dios daba el nombre, era especialmente
significativo. El AT enseñaba que el pueblo de Dios sería salvo en tiempos del
*Mesías (Jer. 23:5, 6), y los lectores judíos del primer siglo habrían entendido que esta
salvación significaba mucho más que simplemente el perdón personal. Ellos oraban
por el día en que Dios liberaría a su pueblo de las consecuencias de sus pecados, de
estar subyugados por sus enemigos; muchos creían que esta liberación ocurriría
cuando su pueblo en conjunto se enmendara y se volviera a Dios de todo corazón.
Jesús vino a liberar al pueblo de su pecado personal y de esta manera liberarlo también
del juicio.
1:22, 23. Mateo cita Isaías 7:14 y señala una generalizada familiaridad con el contexto
de Isaías. En ese contexto, Asiria devastaría a Israel y Aram antes que “un hijo” se
desarrollara (Isa. 7:14–17). De este modo, “un hijo” parece referirse al propio hijo de
Isaías (8:3, 4). Pero todos los nombres de los hijos de Isaías tenían como propósito ser
señales que apuntaran más allá de ellos mismos (8:18); ¿y a quién, “Emanuel” o “Dios
con nosotros” (7:14), apuntaría más acertadamente que al hijo de David,
adecuadamente llamado “Dios Fuerte” (9:6; cf. 10:21; 11:1)?
1:24, 25. José actúa como los hombres y mujeres del AT que obedecieron el llamado
de Dios aun cuando éste fuera en contra de todo sentido común humano. El
matrimonio consistía en un pacto (en el compromiso; el contrato matrimonial también
implicaba una transacción monetaria entre familias), una ceremonia y la consumación,
lo cual ratificaba el matrimonio, normalmente en la primera noche de la boda de siete
días. Aquí José se casa oficialmente con María, aunque se abstiene de consumar el
matrimonio hasta después del nacimiento de Jesús. Los maestros judíos pensaban que
los hombres tenían que casarse jóvenes porque no podían resistir la tentación (muchos
hasta culpaban al cabello descubierto de la mujer de inducir al deseo sexual). José, que
vive con María, pero ejerciendo el autocontrol, se constituye de esta manera en un gran
modelo de pureza sexual.
2:1–12
Los buscadores paganos
Mateo informa a sus lectores que aun en el nacimiento de Jesús los maestros
religiosos, que eran los que más sabían (2:5), fracasaron en actuar basándose en la
verdad, mientras que personas paganas de quienes uno jamás esperaría que vinieran al
*Mesías judío, hicieron precisamente eso.
2:1. Herodes el Grande murió en el año 4 a. de J.C.; de manera que Jesús nació antes
del año 4 a. de J.C. en lugar de en el año 1 d. de J.C. Nuestros calendarios tienen un
error de varios años. Los “magos” (se debe notar que Mateo no dice que estos “magos”
hayan sido”, como tampoco que hayan sido tres; estos son datos incluidos en la
tradición luego de varios siglos) eran astrólogos paganos cuyas capacidades
adivinatorias eran ampliamente respetadas en el mundo grecorromano; los astrólogos
se habían hecho populares a través de la “ciencia” del Oriente y todo el mundo estaba
de acuerdo en que los mejores astrólogos vivían en el Oriente. El AT prohibía
explícitamente tales pronosticaciones a partir de señales (Deut. 18:11; cf. Isa. 2:6;
47:11–15), estableciendo en su lugar la verdadera *profecía (Deut. 18:15).
2:2. Los astrónomos han ofrecido diferentes sugerencias para la aparición de esta
estrella en la primera década a. de J.C. Los antiguos pensaban que los cometas y las
estrellas fugaces predecían la caída de los reinos; algunos emperadores aun desterraron
de Roma a astrólogos que emitían tales predicciones. Ya para este tiempo, muchos
judíos aceptaban la idea que las estrellas podían predecir el futuro. Aun cuando estos
magos eran paganos, Dios los había elegido para revelarse a ellos.
2:3. Muchos gobernantes temían a las señales astrológicas de su muerte. Se dice que el
emperador Nerón, en su tiempo, masacró a muchos nobles con la esperanza de que sus
muertes (en lugar de la propia) cumplieran la predicción de un cometa. Jerusalén era
un importante centro comercial. Los magos seguramente llegaron con un gran séquito
para que toda la ciudad lo notara. Recordemos que la gente estaba enojada con el
gobierno de Herodes, y por lo tanto los rumores pudieron haber circulado rápidamente.
El Rey Herodes, quien estaba al tanto de las amplias corrientes de pensamiento en el
imperio romano y auspiciaba templos paganos en medio de ciudades gentiles en su
reino, podría haber sido especialmente propenso a considerar significativa la misión de
los magos.
2:4. Los sumos sacerdotes pertenecían en su mayoría a la adinerada aristocracia de los
*saduceos. *“Escribas”, en el sentido limitado en que aquí se utiliza el término, se
aplica a los expertos en la *ley judía, la mayoría de los cuales eran también maestros
de la ley. Herodes ejerció en gran medida influencia sobre los líderes destacados del
pueblo, después de haber sacado por la fuerza a la mayoría de sus adversarios
políticos.
2:5, 6. Miqueas 5:2 predecía a Belén como el lugar de nacimiento del *Mesías, porque
el Mesías había de ser un descendiente de David, y Belén había sido la ciudad de
David. Era un pequeño pueblo a menos de dieciséis kilómetros de Jerusalén, la capital
de Herodes. Los magos habían venido a Jerusalén porque allí era donde ellos
esperaban encontrar a un rey judío, quizá uno de los hijos de Herodes. Lo sorprendente
es que los *escribas supieran dónde nacería el Mesías, y que aun teniendo
conocimiento no actuaran ni positiva (Mat. 2:11) ni negativamente (2:16). Debido a
que los sucesores de estos líderes de Jerusalén buscaron más tarde la ejecución de
Jesús (26:3, 4, 57), Mateo sugiere que la línea entre considerar que Jesús era algo que
simplemente debía acontecer, y crucificarlo, es muy delgada.
2:7, 8. El engaño de Herodes podría asemejarse al de un tirano anterior, el Faraón
(probablemente Seti I) que dio instrucciones a las parteras para que mataran a los
bebés hebreos, haciendo parecer como que nacían muertos, sin que las madres
pudieran darse cuenta a causa de la posición de parto utilizada.
2:9, 10. El texto podría solamente sugerir que la estrella parecía moverse debido al
propio movimiento de los magos. Aun si el objeto hubiese estado lo suficientemente
cerca de la tierra como para calcular su relación con Belén, Belén estaba tan cerca de
Jerusalén que cualquier distancia hubiera sido inexacta a menos que el objeto estuviera
a no más de 1500 metros de altura. Pero la descripción de la manera en que Dios guió
a los magos por medio de una señal sobrenatural, permite recordar cómo Dios había
guiado a su propio pueblo por medio del fuego y de la nube en el desierto (Éx. 13:21,
22).
2:11. Esta postura de adoración era la indicada para con los dioses o los reyes en el
Oriente (sin embargo, a diferencia de la mayoría de los pueblos del Mediterráneo, los
magos, aunque paganos, pueden no haber sido politeístas; quizá hayan sido
zoroástricos, aunque los estudiosos debaten sobre la naturaleza exacta del zoroastrismo
en este período). El incienso y la mirra eran los tesoros característicos del Oriente que
el mundo mediterráneo importaba habitualmente de allí (cf. 1 Rey. 10:10; Sal. 72:10,
11, 15).
2:12. La mayoría de los reyes reaccionaba con hostilidad ante potenciales usurpadores
y a las predicciones astrológicas de sus muertes. Que los magos necesitaran ser
advertidos en sueños que no volvieran a Herodes sugiere aquí su ingenuidad, una
inocencia que los judíos raramente esperaban de los *gentiles. La mayoría de la gente
en el mundo antiguo prestaba atención a los sueños especiales (1:20); algunos hasta
tenían reglas acerca de la manera de interpretarlos; y los griegos pensaban que los
magos tenían una inclinación especial hacia la interpretación de sueños.
La ruta principal que necesitarían tomar hacia el norte desde Belén pasaba
directamente por Jerusalén, y luego tomaba al este a través de Siria. Dado el probable
gran tamaño de su séquito, los magos no podrían acercarse a Jerusalén sin ser vistos, y
esto Herodes lo sabía muy bien. Por cierto, no había ruta importante que les permitiera
regresar sin pasar por Jerusalén. Es probable que ellos se hayan aventurado a dirigirse
muy al sur hasta Hebrón, y luego siguieran el áspero camino a Gaza a lo largo de la
costa, donde una nueva ruta los llevaría en dirección al norte. De esta manera, la ruta
los habría llevado a través de Nazaret, Capernaúm y luego hasta Damasco.
2:13–15
Egipto y un nuevo éxodo
2:13, 14. Una comunidad judía muy numerosa vivía en Egipto en este período. Quizás
una tercera parte de Alejandría, situada en el norte de Egipto, haya sido judía. Fue una
de las ciudades más grandes del imperio, con una población estimada en cerca de un
millón de personas. Alejandría incluía un elemento judío de buena posición
económica, y educado en el pensamiento griego. Sin embargo, la mayor parte de la
población egipcia estaba constituida por labriegos, los cuales se contaban entre los más
pobres del imperio. Por muchos siglos habían existido otras comunidades judías más al
sur, especialmente en Elefantina. La literatura judía de Palestina indica que muchos de
ellos ponían en duda la devoción de sus hermanos judíos de Egipto, aunque los judíos
egipcios se consideraban fieles a Dios.
El Nilo hacía fácil viajar dentro de Egipto, pero el camino de la costa a Egipto desde
Palestina no era de lo mejor, y Egipto sería más difícil de alcanzar desde Belén, al no
viajar hacia el norte por Jerusalén (sería necesario tomar la ruta del sur, más pobre, a
Hebrón; ver el comentario sobre 2:12). Egipto había servido de refugio en el pasado (1
Rey. 11:40; Jer. 26:21). Al partir “de noche”, la familia de José hizo que su ruta de
escape fuera imposible de rastrear; las palabras quizá evocaran también el recuerdo de
Éxodo 12:31 en los lectores judíos.
2:15. En el segmento que va desde la genealogía al Sermón del monte, Mateo
construye casi cada párrafo alrededor de por lo menos un texto del AT, explicando con
las Escrituras algunos sucesos en la vida de Jesús. El contexto de Oseas 11:1 se refiere
claramente a los israelitas al salir de Egipto en el éxodo. Mateo aplica este texto a
Jesús, porque Jesús resume y completa la historia de Israel (Mat. 1:1).
Mateo pudo haber tomado prestada de Isaías esta analogía interpretativa de
Israel/Mesías; Isaías 42–53 concentra la misión de Israel en conjunto con aquel que
puede dar cumplimiento definitivo a esa misión y sufrir a favor de todo el pueblo,
aquel que los cristianos más tarde entenderían que era Jesús. Herodes murió en el año
4 a. de J.C.
2:16–18
La matanza de Herodes: Un nuevo cautiverio
2:16. Debido a que la única ruta natural por la cual los magos podían haber regresado
era a través de Jerusalén (2:12), Herodes supo que los magos habían evitado
deliberadamente regresar a él. Herodes era famoso por acciones como la masacre
descrita en este texto. Un eventual rival suyo, joven pero popular, un sumo sacerdote,
tuvo un “accidente por ahogamiento” mientras nadaba en una piscina de poca
profundidad. En otra oportunidad, enfurecido con su esposa favorita la hizo
estrangular. Engañado, hizo ejecutar a dos hijos inocentes; y en su propio lecho de
muerte hizo ejecutar a otro hijo (quien en este caso era culpable). Aunque
probablemente sea ficticio, es oportuno un comentario del emperador: Mejor ser uno
de los cerdos de Herodes que ser su hijo (en el original hay un juego de palabras: júos
[cerdo] y juíos [hijo]). *Josefo señala que Herodes había ordenado que se ejecutara a
ciertos nobles cuando él muriera, para asegurarse de que hubiera luto; en cambio, a su
muerte fueron liberados, por lo que hubo celebración.
Una de sus fortalezas, Herodium, se podía divisar desde Belén, y es posible que haya
despachado guardias desde allí. El pueblo judío veía el infanticidio como un acto
pagano, horroroso. Los romanos lo aplicaban por lo general a los bebés deformes, y
fue utilizado también para controlar poblaciones oprimidas (Éx. 1:16; 1 Macabeos
1:60, 61; 2 Macabeos 8:4). Al igual que Moisés, Jesús evitó la suerte que corrieron
otros bebés varones (Éx. 1:22–2:10), y algunos judíos esperaban la venida de un
profeta “como Moisés” (Deut. 18:15, 18).
2:17, 18. Jeremías 31:15 se refiere a la figura del llanto de Raquel, quien fuera
sepultada en Belén (Gén. 35:19). Jeremías dijo que ella lloró por sus descendientes que
fueron llevados en la cautividad durante el exilio babilónico. Al igual que el justo
Jeremías, Jesús fue llevado a Egipto, pero Raquel tenía motivos para hacer luto
nuevamente ante el asesinato de su pueblo por parte de Herodes.
2:19–23
El Nazareno
2:19. Sobre los sueños, ver el comentario sobre 1:20.
2:20, 21. Los primeros lectores de Mateo indudablemente habrían entendido la
comparación entre Jesús y Moisés que se sugiere aquí (cf. Éx. 4:19).
2:22. Arquelao, uno de los hijos de Herodes que sobrevivió, demostró tener los peores
defectos de su padre y fue también un mal gobernante. Que su madre fuera
*samaritana seguramente tampoco le sirvió de recomendación ante sus súbditos judíos.
Su gobierno fue inestable, y los romanos finalmente lo destituyeron y lo desterraron a
Gaul (Francia).
2:23. La evidencia arqueológica en la región de Nazaret indica que mucha gente se
había trasladado allí desde Judea, del área cercana a Belén. José quizá haya tenido
amigos o familiares en Nazaret (cf. Luc. 2:4). Nazaret estaba en una ruta principal
desde la costa a Siria, y solamente a unos pocos kilómetros de la ciudad de Séforis,
conocida por la diversidad de sus culturas, y que en este tiempo estaba siendo
reconstruida. Aunque pequeña, Nazaret no habría quedado aislada de las corrientes
culturales más amplias de la antigüedad. No hay un texto único para la referencia de
Mateo aquí. No obstante, los autores en la antigüedad a veces combinaban textos, y
tanto griegos como judíos usaban juegos de palabras para transmitir sus conceptos en
los debates, de modo que este versículo podría ser un juego de palabras sobre el
término hebreo netser, “retoño”, un título para el *Mesías (Jer. 23:5; Zac. 3:8; 6:12; cf.
Isa. 11:1). (El único problema con esta sugerencia es que supone que los lectores
originales de Mateo ya sabían hebreo; probablemente solo los más instruidos entre
ellos lo supieran.) O podría ser un juego sobre la palabra “Nazareno”: haciendo una
ligera variante en algunas letras, podría referirse a los nazareos, una clase de personas
dedicadas a Dios (cf. Núm. 6:1–21).
3:1–12
El precursor de Jesús
Ver comentarios más detallados en Marcos 1:2–8. Isaías 40:3, citado en Mateo 3:3, se
refiere a un anuncio del nuevo éxodo, cuando Dios salvaría nuevamente a su pueblo de
la opresión que sufrían.
3:1. “En aquellos días” era una expresión común en el AT, especialmente en las
profecías relacionadas con el futuro (aunque no limitada a ellas). Muchas personas en
el tiempo de Jesús esperaban que del desierto viniera un gran líder que trajera
liberación al pueblo de Dios, en un nuevo éxodo. En el AT, en tiempos de severa
apostasía nacional, algunos profetas (como Elías) encontraron que les era necesario
vivir fuera del ámbito de la sociedad.
3:2. Los judíos reconocían que ahora Dios gobernaba el universo en un sentido, pero
oraban diariamente por el tiempo en que su *reino, o gobierno, sería establecido sobre
todas las naciones de la tierra.
(Ver el comentario adicional sobre Mar. 1:14, 15.)
3:3. Isaías 40:3 está en el contexto de la profecía de Isaías acerca de un nuevo éxodo,
cuando Dios nuevamente liberaría a su pueblo y los conduciría de regreso a Jerusalén
desde todas las naciones entre las cuales estaban esparcidos. Para que los caminos
estuviesen llanos y nivelados era necesario acondicionar el terreno, y los reyes de la
antigüedad, especialmente los reyes de Oriente, esperaban que los caminos estuviesen
adecuadamente preparados antes que ellos los usaran para viajar. Quizá pensando en la
precisión técnica, Mateo elimina aquí la cita que hace Marcos de Malaquías (pero cf.
Mat. 11:10).
3:4. La dieta de Juan es la de las personas muy pobres; aunque muchos criaban abejas
domésticas, Juan come únicamente miel silvestre. (La miel por lo general se obtenía
apartando a las abejas con humo para luego romper el panal; la miel era el único
edulcorante para las comidas y se consideraba el sabor más dulce.) Pero los *esenios y
otros israelitas piadosos (2 Macabeos 5:27) seguían tales dietas a fin de evitar la
comida inmunda.
Juan se vestía como Elías (2 Rey. 1:8) y otras personas que vivían fuera de la sociedad
(algunos como los *cínicos y Bannus, el tutor esenio de *Josefo, eran más *ascetas); la
alusión a Eliseo aquí sugiere que el final está cercano (Mal. 4:5, 6).
3:5, 6. Los paganos que querían convertirse al judaísmo necesitaban *arrepentirse y ser
*bautizados, pero Juan trata aquí a los judíos en base a las mismas condiciones que los
paganos (ver comentario adicional sobre Mar. 1:4, 5.)
3:7. Los antiguos pensaban que algunas clases de víboras salían del interior de sus
madres comiéndolas al abrir un boquete (ver, p. ej., Heródoto, *Plutarco). De por sí era
malo que a uno lo llamaran una víbora, pero ser llamado hijo de una víbora era aún
peor (matar a la propia madre o padre era el crimen más horrendo que podía concebirse
en la antigüedad).
3:8. El *arrepentimiento significaba apartarse del pecado. Se sabía que los *fariseos
mismos ponían en duda los actos de arrepentimiento si la persona supuestamente
arrepentida continuaba pecando. En algunas oportunidades, los profetas del AT
describieron la obediencia que una persona debía a Dios, o la bendición futura de Dios
sobre su pueblo, en términos de fruto (una imagen natural en una sociedad agrícola; cf.
Isa. 5:2; 27:6; Ose. 10:1, 12, 13; 14:7, 8; Prov. 11:30, 31).
3:9. Los judíos generalmente creían que eran salvos como nación, en virtud de su
descendencia de Abraham. La idea en cuanto a que Dios levantara un pueblo a partir
de piedras habría sonado a los oyentes judíos de Juan el Bautista más bien como una
mitología pagana (los griegos tenían una historia así) que como una realidad, pero
estas palabras enfatizaban que Dios no necesitaba de Israel para cumplir su propósito
(como en Amós 9:7; cf. Gén. 1:24). Algunos eruditos han sugerido también un juego
de palabras en *arameo sobre “hijos” y “piedras”.
3:10. La literatura judía algunas veces usaba árboles (como así también muchas otras
cosas) para simbolizar a Israel; en algunas ocasiones, el AT usó árboles en parábolas
de juicio contra las naciones (Isa. 10:33, 34; Eze. 31:2–18; Amós 2:9) o Israel (Isa.
10:18, 19; Jer. 11:16; Eze. 15:6). La madera de un árbol grueso (como un cedro del
Líbano) se usaría para la construcción de edificios, pero gran parte de la madera de los
árboles frutales delgados de Palestina (p. ej., los olivos o higueras) eran útiles
solamente para construir elementos pequeños o principalmente para combustible.
3:11. Los esclavos de personas de elevada posición social a menudo tenían una
condición social superior a la de algunas personas libres. Un esclavo (a diferencia de
un *discípulo, quien también servía a un señor o maestro) llevaba las sandalias de su
señor; Juan afirma aquí que no es digno siquiera de ser el esclavo de Cristo.
Los profetas habían predicho el derramamiento del *Espíritu de Dios sobre los justos
en el tiempo en que Dios estableciera su *reino para Israel (Isa. 44:3; Eze. 39:29; Joel
2:28). También decretaron fuego sobre los malvados (Isa. 26:11; 66:24; Jer. 4:4;
15:14; etc.). En Mateo 3:11, los malvados son bautizados, o sumergidos, en fuego
(3:10, 12); los justos, en el *Espíritu Santo.
3:12. Debido a que el mismo término griego puede significar tanto “espíritu” como
“viento”, la imagen del viento y el fuego continúa la idea de 3:11. La separación del
trigo de la paja era familiar para todos los judíos de Palestina, especialmente los
agricultores: arrojaban al aire el trigo cosechado, y el viento separaba el grano más
pesado de la paja más liviana. La paja no servía para consumo y por lo general se
quemaba. Algunos otros escritores también describieron el día del juicio como una
cosecha (4 Esdras 4:30–32; cf. Jer. 51:33; Joel 3:12–14) o a los malvados como paja o
tamo (Isa. 17:13; Jer. 13:24; 15:7; etc.). Que el fuego “nunca se apagará” señala, más
allá de la quema momentánea del tamo, a algo mucho más horrible (Isa. 66:24), a pesar
de que la tradición judía misma distaba mucho de la unanimidad con respecto a la
duración del infierno (en el glosario, ver *“Gehena”).
3:13–17
Jesús es acreditado por Dios
Ver mayores detalles en Marcos 1:9–11.
3:13, 14. Juan anticipa el inmediato bautismo de Jesús en el *Espíritu Santo (ver el
comentario sobre 3:11).
3:15. La respuesta de Jesús parece poner énfasis en su identificación con Israel en
obediencia a la *ley de Dios (cf. 5:17).
3:16. Muchos creían que el *Espíritu Santo ya no estaba disponible en su tiempo; otros
creían que el Espíritu Santo simplemente no obraba con tanto poder como en el tiempo
de los profetas, hasta el tiempo del fin. La venida del Espíritu Santo sobre Jesús indica
la inauguración de la era mesiánica y señala a Jesús como el portador del Espíritu y en
consecuencia el Mesías (3:11).
3:17. Muchos creían que las voces del cielo eran lo más cerca que cualquiera pudiera
llegar a estar de la *profecía en su tiempo. Jesús tiene ambas clases de testimonio: la
voz celestial y la profecía de Juan. La intención de Mateo es que sus lectores más
eruditos vean alusiones no solamente a un *Mesías real (rey) en el Salmo 2:7, sino
también al siervo sufriente de Isaías 42:1–4 (ver el comentario sobre Mat. 12:18–21).
4:1–11
Jesús supera las pruebas de Israel
Los tres textos de Deuteronomio (6:13, 16; 8:3) citados aquí (4:4, 7, 10) fueron
mandamientos que Dios dio a Israel cuando los probó durante cuarenta años en el
desierto. A diferencia del Israel de antaño, Jesús, como representante de Israel (1:1;
2:15), pasa las pruebas. Algunos eruditos compararon la batalla entre Jesús y el diablo
con la manera en que se desarrollaban los debates *rabínicos. Los relatos judíos
alababan a quienes soportaban y superaban las pruebas morales más severas.
4:1. Una de las descripciones más comunes de los actos de Dios en el AT era que él
“guió” a su pueblo en el desierto (ver especialmente Isa. 63:14, donde fueron
probados). Aunque el AT muy pocas veces menciona al diablo, su actividad como
tentador (cf. Job 1–2) se tenía mucho más en cuenta para el tiempo de Jesús. El detalle
sorprendente aquí para la mayoría de los lectores judíos no sería que el diablo tentara,
sino que lo hiciera él en persona.
4:2. Moisés también ayunó cuarenta días y cuarenta noches; Jesús podrá aparecer aquí
como un nuevo Moisés, el nuevo legislador (ver Mat. 5:1, 2). Israel también estuvo en
el desierto cuarenta años (ver la introducción a esta sección).
4:3. Los antiguos atribuyeron esta clase de obras a los magos, quienes afirmaban ser
capaces de transformarse en animales y de transformar otras sustancias, como por
ejemplo piedras en pan. Muchos judíos esperaban también un nuevo éxodo guiado por
un nuevo Moisés, con nuevo maná o pan del cielo. El diablo quiere conformar a Jesús
a las expectativas contemporáneas.
4:4. El diablo desafía o busca definir en Jesús la condición de hijo (4:3), obrando
contrariamente a la Palabra de Dios (3:17). Pero seguramente Jesús conocía el
contexto de Deuteronomio 8:3, el cual cita: él puede depender de la provisión de maná
por parte de Dios en el desierto, porque Dios es el Padre de Jesús como era también
Padre de Israel (Deut. 8:5).
Otros círculos judíos (tal como se observa, p. ej., en los *Rollos MM y en textos
*rabínicos posteriores) también usaron la frase “escrito está” para introducir las
Escrituras.
4:5, 6. “La santa ciudad” era un título de uso frecuente para referirse a Jerusalén. El
diablo lleva a Jesús a una parte del templo que se proyectaba sobre un valle profundo;
una caída desde ese lugar habría significado la muerte segura. Más adelante, los
*rabinos reconocieron que el diablo y los demonios podían manejar las Escrituras
expertamente. Aquí el diablo cita el Salmo 91:11a, 12 fuera de contexto; 91:11b define
claramente que la protección angelical por parte de Dios (cf. Mar. 1:13) es para
situaciones que acontecen a sus siervos, no una excusa para buscar conscientemente
tales peligros. El diablo elabora su tentación de acuerdo con la sabiduría judía
conocida (Sabiduría de Salomón 2:18).
4:7. Jesús cita Deuteronomio 6:16, que se refiere a la manera en que los israelitas
probaron a Dios, negándose a aceptar que estaba entre ellos hasta que obrara una señal
(Éx. 17:7).
4:8, 9. Este reino técnicamente no pertenecía al diablo (ver Dan. 4:32), quien era
dueño de los corazones humanos únicamente por ser un usurpador. Lo mejor que el
diablo podía hacer era convertir a Jesús en la clase de *Mesías militar y político al que
la mayoría de los judíos esperaba.
4:10, 11. Deuteronomio 6:13, que Jesús cita, prohíbe la idolatría (ver Deut. 6:14), un
mandamiento que, obviamente, cualquiera que adorara al diablo violaría.
4:12–17
El anticipo de la predicación a los gentiles
4:12, 13. Nazaret era una pequeña aldea agrícola y un suburbio de Séforis, la antigua
capital de Galilea; Capernaúm era una ciudad pesquera más grande, ubicada sobra la
margen noroeste del mar de Galilea. Las rutas comerciales hacían que los *gentiles
transitaran por allí. Capernaúm estaba sobre la frontera de Neftalí, pero no de Zabulón;
Mateo menciona esta última porque aparecen juntas en Isaías 9:1, que él cita en 4:15.
4:14–16. Al citar aquí Isaías 9:1, 2, Mateo indudablemente conoce el contexto: la luz a
la cual hace referencia es la del *Mesías (Isa. 9:6, 7). (Mateo se anticipa nuevamente a
la evangelización de los no judíos, al presentarla en su narración.) Muchos no judíos en
Galilea se habían convertido al judaísmo por la fuerza en el segundo siglo a. de J.C.;
anteriormente, se habían alineado con los enemigos fenicios de Judea (1 Macabeos
5:15). Sin embargo, inmediatamente después, muchos de Judea se establecieron en
Galilea, y sus habitantes eran judíos, fundamentalmente en el aspecto étnico, aunque
también en el religioso. Otro detalle más: Galilea estaba rodeada por todos sus lados
(excepto el límite sur, con Samaria) de ciudades *helenistas. Capernaúm (al igual que
Séforis y Nazaret más al sur) estaba situada junto a una de las más importantes rutas de
comercio de Palestina, que luego se llamó “el camino del mar”. Se trataba de una ruta
para las caravanas que se dirigían desde Damasco a Cesarea Marítima, que estaba
sobre la costa del Mediterráneo.
4:17. El resumen del mensaje de Jesús, como el de Juan el Bautista (3:2), es
*arrepentirse para estar preparado para el *reino. Los oyentes judíos del primer siglo
habrían oído en esta proclamación una advertencia sobre el inminente día del juicio.
4:18–22
Ejemplos de arrepentimiento
Los escritores de la antigüedad a menudo ilustraban sus enseñanzas (aquí, 4:17) con
ejemplos de *narraciones. Para mayores detalles, ver el comentario sobre Marcos
1:14–20.
4:18. La mayoría de los habitantes de la Palestina judía dependían del pescado salado,
el trigo y la avena para su sustento; en consecuencia, también eran comunes los
productos derivados del pescado, como las salsas de pescado. Entre los peces del mar
de Galilea había grandes carpas; este pescado se secaba, salaba, o conservaba en
salmuera o vinagre. Los pescadores eran una parte importante de la economía de
Galilea y vivían bien dentro del nivel de su cultura, mucho mejor que los numerosos
agricultores que trabajaban la tierra en gran parte del imperio romano. Se cree que la
red de arrojar tenía un extremo angosto que era arrastrado por el barco y un extremo
ancho que se mantenía sumergido por pesas de plomo (compárese con la red de
arrastre, de mayor tamaño, en 13:47); las redes probablemente estaban hechas de soga
o cuerdas tejidas en fibra de lino, papiro, o fibra de cáñamo.
4:19, 20. Los *discípulos generalmente elegían convertirse en estudiantes de cierto
*rabino, en lugar de que un maestro convocara él mismo a sus discípulos.
4:21, 22. Los pescadores tenían un ingreso mayor que el de la población promedio en
Galilea, de manera que Jacobo y Juan abandonaron un buen trabajo. Sin embargo, lo
que es más, dejaron a su padre y el negocio familiar; un abandono de esta naturaleza
podía fácilmente haberles traído deshonra en la comunidad. (No obstante, tanto judíos
como griegos tenían relatos similares y reconocerían esta súbita partida como una clara
señal de discipulado radical.)
4:23–25
Ejemplos de autoridad del reino
Es común que la literatura antigua incluya no solo segmentos más largos de
*narraciones, sino también declaraciones sumarias como este pasaje (también 9:35;
19:1, 2; etc.).
4:23. A los maestros visitantes, especialmente aquellos que eran populares, se les
invitaba a hablar en las *sinagogas, que en este período estaban guiadas por sacerdotes
o laicos que eran miembros destacados de sus comunidades.
4:24. Debido a que en Siria vivían muchos judíos, Mateo probablemente se refiera
aquí a los judíos de Siria (Mateo habría mencionado entusiasmado a los *gentiles si
ellos hubiesen venido). La presencia de multitudes que buscaban alivio en las aguas
termales de Galilea (como Hamat-Tiberias) testifica del gran número de aquellos que
buscaban la sanidad en el primer siglo; los maestros que tenían fama de sanadores (por
lo general magos gentiles) atraían también numerosos seguidores. Aunque algunos
escritores médicos contemporáneos (tales como Areteo, el médico griego del segundo
siglo d. de J.C., pero a diferencia del griego Hipócrates en el siglo quinto a. de J.C.)
pensaban que la epilepsia se debía a la actividad demoníaca; Mateo distingue aquí las
dos.
4:25. Decápolis” (las “diez ciudades”) era una zona *gentil que incluía una numerosa
población judía.
5:1–12
Las Bienaventuranzas
Mateo 5–7 es el primer bloque de material de enseñanza en Mateo que trata con la
ética del *reino. En 4:17 Jesús resume su mensaje: “¡*Arrepentíos, porque el reino de
los cielos se ha acercado!”; Mateo 5–7 muestra en mayor detalle el estilo de vida que
caracteriza a los que pertenecen al reino. La introducción a este bloque es una forma
literaria común del AT llamada bienaventuranzas. “Bienaventurados los … porque
ellos …” (p. ej., Sal. 1:1). Aquí las bendiciones son las promesas del reino para
aquellos que viven la vida que este exige. Los oyentes de Jesús las habrían entendido
especialmente como promesas para el tiempo futuro del reinado de Dios; nosotros
debemos leerlas también a la luz del aspecto presente del *“reino”. El reino futuro a
veces se definía a través de imágenes de relatos de la creación o del éxodo israelita de
Egipto, que los judíos consideraban como su redención original.
5:1, 2. Aunque la lectura de las Escrituras en público se hacía de pie, los maestros
judíos se sentaban para exponerlas, a menudo rodeados de *discípulos que se sentaban
a sus pies. Muchos eruditos han comparado este “monte” (cf. Luc. 6:17) con el monte
Sinaí, donde Dios por primera vez enseñó por medio de Moisés su ética a través de la
*ley (Éx. 19–20; cf. Isa. 2:2, 3).
5:3. Los escritores y oradores antiguos algunas veces encerraban, como entre
paréntesis, una sección de su material al comenzar y terminar con la misma frase. En
consecuencia, estas bendiciones tratan con el regalo del reino (5:3, 10).
Muchos judíos creían que el reino sería instaurado solamente por medio de una gran
guerra y la fuerza de las armas; Jesús lo promete a los “pobres en espíritu”, los
“mansos” o humildes (5:5), los “que hacen la paz” (5:9). En el judaísmo, la pobreza y
la piedad a menudo estaban asociadas; el término pobres podría abarcar tanto la
pobreza física (Luc. 6:20) como la fiel dependencia de Dios que ésta a menudo
producía (“en espíritu”, como en este caso).
5:4. El luto generalmente estaba asociado ya fuera con el *arrepentimiento o con la
pérdida de un ser querido; la combinación con “consolados” significa que es el
segundo aspecto el que se tiene en cuenta aquí. Puede significar aflicción por los
pecados de Israel, pero en este contexto probablemente se refiera al dolor de los
oprimidos. La “consolación” era una de las bendiciones prometidas para el tiempo
futuro en que Dios restauraría a su pueblo enlutado (Isa. 40:1; 49:13; 51:3, 12; 52:9;
54:11; 57:18; 61:2; 66:13).
5:5. Aquí Jesús cita las Escrituras (Sal. 37:9, 11). Los que “recibirán la tierra por
heredad” no serán aquellos que tratan de instaurar el reino política o militarmente, sino
aquellos que humildemente esperan en Dios. La forma hebrea del Salmo podría
significar “heredar el territorio” en un sentido más limitado (Sal. 25:13), pero en el
tiempo de Jesús los judíos esperaban que el pueblo de Dios reinara sobre toda la tierra,
como sugieren algunos otros pasajes del AT.
5:6. Los judíos entendían que Dios satisfaría también las necesidades de su pueblo en
el futuro reino (Isa. 25:6; 41:17, 18; 55:2), de la misma manera en que había provisto
para ellos en el éxodo cuando primeramente los redimió (Deut. 6:11; 8:7–10). Pero el
objeto de anhelo más importante debía ser Dios (Sal. 42:1; 63:1) y la instrucción en su
justicia (Sal. 119:40, 47, 70, 92, 97, 103; Jer. 15:16).
5:7. Algunos *rabinos posteriores expresaron afirmaciones similares (cf. también Prov.
11:17). Al igual que los pacificadores (v. 9), los misericordiosos no son aquellos que
buscan instaurar el reino por la fuerza. La misericordia que los judíos generalmente
esperaban recibir era esperada en el día del juicio (cf. Miq. 7:18, 19).
5:8. Los “de limpio corazón” (Sal. 73:1) eran aquellos israelitas cuyos corazones eran
puros o que no estaban corruptos, aquellos que reconocían que solamente Dios era su
ayuda y recompensa (Sal. 73:2–28). Los justos verían a Dios en el día del juicio (p. ej.,
Isa. 30:20), como en el primer éxodo (Éx. 24:10, 11).
5:9. En la tradición judía, tanto los judíos como los justos eran llamados “hijos de
Dios”; la última y gran declaración de esa realidad se haría a la vista de las naciones en
el día del juicio. Los *rabinos *fariseos que quedaron en el judaísmo de Palestina
luego de la guerra de 66–70 d. de J.C., fueron los que enfatizaron el camino de la paz
en lugar del camino de la rebelión propiciado por otros. Pero la mayoría de los demás
líderes judíos, incluyendo todos los grupos en Jerusalén menos los cristianos y algunos
de los fariseos, se habían unido en el espíritu de la rebelión, y tras el fracaso de la
rebelión fueron muertos o llegaron a ser considerados líderes ilegítimos.
5:10–12. Muchos de los profetas del AT sufrieron al llevar la Palabra de Dios a Israel
(p. ej. Jer. 26:11); la tradición judía aumentó el número de mártires proféticos y le
asignó un gran énfasis. La carga de la presentación de pruebas recaía siempre sobre el
profeta que hablaba lo que la gente quería oír (Jer. 28:8, 9; cf. 6:14; 8:10, 11; 23:17).
La mayoría de los judíos no creía que aún existían los profetas en el sentido del AT, de
modo que la comparación que hizo Jesús de sus seguidores con los profetas indicaba
que tendrían una misión extraordinaria. Sufrir por Dios era meritorio (Sal. 44:22;
69:7), y el judaísmo honraba grandemente a los que habían sido mártires por obedecer
la *ley; sin embargo, ningún otro *rabino llamó a sus *discípulos a morir en nombre
de él o por sus enseñanzas.
5:13–16
El verdadero discipulado
Un *discípulo del *reino que no vive como un discípulo del reino (5:3–12) tiene tanto
valor como la sal que perdió su sabor o la luz que no se ve.
5:13. Diversos eruditos han hecho hincapié en los diferentes usos que tenía la sal en la
antigüedad, como el de ser un conservante o un elemento que normalmente se
agregaba al estiércol de los animales. Pero el uso de la sal aquí es como un agente que
da sabor: “si la sal pierde su sabor” (la palabra griega puede también significar
“volverse necio”, de modo que podría incluir un juego de palabras).
Aunque la sal recuperada de sustancias saladas impuras tomadas del mar Muerto podía
disolverse, y dejar afuera solamente las impurezas, la enseñanza aquí es más cercana a
la que expresó un *rabino a fines del siglo primero. Cuando le preguntaron cómo se le
podía devolver el sabor a la sal cuando lo había perdido, respondió que debía salarse
con la placenta de una mula. Al ser estériles, las mulas no tienen placenta, y de esta
manera quería decir que aquellos que hacen una pregunta necia reciben una respuesta
necia. La sal no pierde su salinidad; pero si así fuera, ¿qué podría hacerse para
restituirle su sabor salado?, ¿salarla? La sal insípida era inservible.
5:14. La tradición judía consideraba a Israel (Isa. 42:6; 49:6) y a Jerusalén (como así
también a Dios y a la *ley) la luz del mundo. Aquí, la “ciudad” puede en consecuencia
ser Jerusalén; o puede ser cualquier ciudad elevada, cuyas antorchas durante la noche
la hacen visible desde los campos a su alrededor.
5:15, 16. Las pequeñas lámparas de aceite con mecha usadas en este período daban
poca luz en las casas típicas, las cuales tenían pocas ventanas; su mayor eficacia se
lograba al colocarlas sobre un soporte. Si se colocaba algo grande sobre ellas,
seguramente la luz se extinguiría totalmente.
5:17–20
La aplicación de la ley
Las demandas éticas de Jesús (5:3–16) no son menores que las de la ley dada por
Moisés; cf. 5:21–26.
5:17. Los maestros judíos decían que una persona “abolía” la ley cuando la
desobedecía (cf. Deut. 27:26), porque de esa manera se rechazaba su autoridad. Una
rebelión así contra la ley, en contraste con pecados específicos, garantizaba la
expulsión social y espiritual de la comunidad judía. La acusación de persuadir
abiertamente a otros de que la ley ya no era vigente, sería aún peor. Jesús se opuso no a
la ley sino a una interpretación ilegítima de ella, que ponía más énfasis en las
reglamentaciones que en el carácter.
5:18. Jesús se refiere aquí a la yodh, la letra más pequeña del abecedario hebreo. Más
adelante, los rabinos contaron la historia de que cuando Dios cambió el nombre de
Sarai por Sara, la yodh que fue quitada se quejó ante Dios durante muchas
generaciones hasta que él la reinsertó esta vez en el nombre de Josué. Los maestros
judíos utilizaban ilustraciones como ésta para enseñar que la ley era sagrada y que no
se podía considerar a parte alguna de ella tan pequeña como para que no fuera
importante guardarla.
5:19. Los *rabinos posteriores decidieron que el mayor de los mandamientos era
honrar a su propio padre y madre, y que el menor era respetar a un ave con cría; su
razonamiento era que ambos ameritaban la misma recompensa, la *vida eterna (sobre
la base de la vida en Éx. 20:12; Deut. 22:7). Un lector moderno podría preguntar: ¿Qué
sucede con la persona que quebranta uno y guarda el otro? Pero tal pregunta no tiene
en cuenta la enseñanza de este lenguaje de *hipérboles que típicamente otros maestros
judíos usaban para decir: “Dios hará responsable a cualquiera que tiene en poco aun el
mandamiento más pequeño”.
5:20. Los *fariseos eran los religiosos más respetados de este tiempo, y los *escribas
eran los supremos expertos en la ley (y sin duda lo eran de manera especial los escribas
fariseos). Los versículos 21–48 muestran lo que implica la demanda de Jesús de una
justicia “más elevada”. Los fariseos enfatizaron también la intención correcta del
corazón (kavanah); Jesús critica no solamente su doctrina sino sus corazones como
personas religiosas. Las comunidades religiosas guiadas por maestros fariseos quizá
hayan sido también opositoras de los cristianos judíos en Siria-Palestina en el tiempo
de Mateo, dándole a Mateo un incentivo adicional para registrar estas palabras.
5:21–26
El enojo como homicidio
Seis veces en los versículos 21 al 43 Jesús cita las Escrituras y luego, como un buen
*rabino, las explica (5:21, 27, 31, 33, 38, 43). La clase de palabras que usa (“Habéis
oído que fue dicho … pero yo os digo”), las usaban otros maestros judíos para
establecer el significado más completo de un versículo, aunque Jesús habla con mayor
autoridad que la que los maestros judíos normalmente afirmaban tener.
5:21, 22. “Necio” (“Raca”, RV y BA) es una palabra aramea que significa “cabeza
hueca”, el insulto es más o menos igual a: “fatuo”. Los castigos son aproximadamente
los mismos: el (día del) juicio (de Dios), el *sanedrín o suprema corte celestiales, y el
infierno. (La literatura judía describía el tribunal celestial de Dios como una corte
suprema o sanedrín, paralela a la terrenal.) El “infierno de fuego” es literalmente el
*“gehena de fuego”, que se refiere al concepto clásico judío de gehinnom, lo opuesto
al paraíso; en el gehinnom los malvados serían consumidos por el fuego (según
algunos maestros judíos) o torturados eternamente (según otros maestros judíos). No
solamente el acto externo del asesinato sino la elección interna de la ira que genera
tales actos violan el espíritu de la ley de Dios contra el homicidio.
5:23, 24. El judaísmo enfatizaba la reconciliación entre las personas; Dios no aceptaría
una ofrenda externa si alguien había oprimido o maltratado a su prójimo y no había
solucionado el asunto. En el AT Dios aceptaba solamente sacrificios ofrecidos con un
corazón puro hacia él y hacia el prójimo (Gén. 4:4–7; Prov. 15:8; Isa. 1:10–15; Jer.
6:20; Amós 5:21–24).
5:25, 26. Jesús regresa una vez más a la imagen de la corte celestial. Quizá use aquí la
costumbre de ir a la cárcel por deudas como otra imagen en la *parábola; esta no era
una costumbre judía, pero los oyentes judíos sabrían de ella como práctica entre los
*gentiles. No habría misericordia: la suma de dinero a devolver incluía hasta el último
(literalmente) cuadrante, la moneda romana de menos valor, equivalente al salario de
unos pocos minutos. (Detalles como el del “guardia” hacen que la parábola funcione
como un relato, pero no simbolizan nada en particular. Los antiguos relatores no
asignaban significado a cada detalle de sus parábolas; en el glosario, ver *“parábola”.)
5:27–30
La concupiscencia como adulterio
5:27, 28. Otros maestros judíos también repudiaban la concupiscencia; algunos hasta
llegaban al punto de considerarla adulterio, como hizo Jesús. El tema es, en
consecuencia, no la doctrina de los oidores de Jesús sino su corazón. La palabra griega
usada aquí es la misma del primer renglón del décimo mandamiento en la *LXX: “No
codiciarás la mujer de tu prójimo” (Éx. 20:17). El décimo mandamiento, contra la
codicia, obliga a los oyentes de Jesús a interiorizar los otros mandamientos de Moisés.
5:29, 30. El castigo corporal (cercenamiento de miembros externos, p. ej., Éx. 21:24,
25) es más fácil de soportar que la pena capital, el decreto de muerte eterna
pronunciado por la corte celestial. Algunos pensadores judíos creían que las personas
*resucitarían de la manera exacta en que habían muerto (p. ej. con alguna extremidad
faltante, como en el caso de muchos mártires) antes de ser físicamente restaurados, y
Jesús utiliza esta imagen.
5:31, 32
El segundo casamiento como adulterio
Bajo la ley judía, el “adulterio” hacía referencia únicamente a la conducta de la esposa,
no del esposo. Mateo no está de acuerdo con este concepto (5:28); pero debido a que
sus lectores deben obedecer la ley de sus comunidades, trata solamente con el tema de
la esposa.
Algunos *rabinos *fariseos permitían el divorcio por casi cualquier razón (al igual que
la ley romana); otros lo permitían únicamente si la mujer era infiel (ver el comentario
sobre 19:1–10; tanto la ley judía como romana requerían el divorcio cuando se trataba
de adulterio). Sin embargo, los rabinos más estrictos no restaban validez a los
divorcios más permisivos. En consecuencia, Jesús va más allá de la posición más
estricta: no solamente permite el divorcio únicamente si la esposa es infiel, sino que
considera al divorcio por cualquier otra razón como no válido, haciendo así que el
volver a casarse en esos casos sea adulterio. No obstante, esto pareciera ser una
*hipérbole (como en 5:29, 30), una manera gráfica de prohibir el divorcio excepto
cuando la otra parte ya haya quebrantado de manera irreparable el pacto del
matrimonio.
Si la interpretación que Jesús hizo de la ley fue más estricta de lo que la ley decía a
primera vista, nadie ha de haber pensado que él estaba contradiciendo la ley; la
“construcción de un cerco” alrededor de la ley era una práctica judía común que
implicaba asegurarse que no se quebrantara la intención de la ley.
5:33–37
Integridad, no juramentos
Las personas juraban por toda clase de cosas aparte de Dios, a fin de garantizar que su
palabra era veraz. Razonaban que si quebrantaban su juramento sobre la base de
cualquiera de estas cosas menores, al menos no estaban denigrando el nombre de Dios.
Con el tiempo, los *rabinos tuvieron que decidir cuáles juramentos eran absolutamente
inquebrantables. Jesús dice que todo aquello por lo cual uno pueda jurar pertenece en
última instancia a Dios, y exige que las personas simplemente sean tan buenas como la
palabra que empeñan. Jesús argumenta el asunto en parte basándose en las Escrituras;
Isaías 66:1 declaraba que el cielo es el trono de Dios y la tierra el estrado de sus pies.
La mayoría de los habitantes de la Palestina judía tenían cabello negro u oscuro a
menos que fuesen ancianos, en cuyo caso su cabello estaría emblanqueciendo; el
versículo 36 se habría entendido como una referencia al control de Dios sobre el
envejecimiento. La regla de Jesús aquí es más estricta que la letra de la ley, pero está
en concordancia con el espíritu de la misma (Deut. 23:21–23; Ecl. 5:5). Es posible que
los *esenios también hayan evitado los juramentos después del juramento inicial para
unirse a su grupo.
5:38–42
La no resistencia
Las expresiones son en parte una *hipérbole, pues los *discípulos no participarían en
conductas que pudieran de manera inmediata hacerles perder sus casas (cf. 2 Cor.
11:20). Pero la hipérbole tenía el propósito de provocar a los oyentes a considerar la
naturaleza radical de lo que se les estaba diciendo: Jesús está llamándolos literalmente
a valorar de manera suprema las relaciones y a desestimar las posesiones. (La
enseñanza es el desprendimiento absoluto motivado por el amor; cf. 5:43, 44.)
5:38. Lo de “ojo por ojo” y “diente por diente” era parte de la difundida ley del talión
en el antiguo Cercano Oriente. En Israel y otras culturas este principio estaba
implementado por una corte, y se refiere a la venganza legalizada; la venganza
personal nunca fue aceptada en la *ley de Moisés, excepto como una concesión frente
a la muerte de un familiar (Núm. 35:18–21). El AT no permitía la venganza personal;
David, un gran guerrero, reconoció este principio (1 Sam. 25:33; 26:10, 11).
5:39. El golpe sobre la mejilla derecha era el insulto más agraviante que existía en el
mundo antiguo (aparte del serio daño físico que podía causar), y en muchas culturas
figuraba junto a las leyes del “ojo por ojo”; tanto las leyes judías como romanas
permitían promover una causa judicial por esta ofensa. Un profeta podía llegar a
soportar un trato tan duro (1 Rey. 22:24; Isa. 50:6).
5:40. Las personas más pobres del imperio (p. ej., la mayoría de los labriegos en
Egipto) tenían solamente una prenda interior y una exterior, y el robo de una túnica
conduciría a un reclamo legal. Aunque las condiciones en la Palestina del primer siglo
no eran tan malas, este versículo podría indicar que era preferible despojarse de todas
las posesiones, aun (*hiperbólicamente) de la propia ropa, a fin de evitar una disputa
legal que afectara únicamente a la persona como tal. Jesús da este consejo a pesar de la
realidad que, bajo la ley judía, un reclamo legal para recuperar su túnica sería un caso
ganado para cualquiera. Un acreedor no podía tomar la túnica de una persona pobre, la
cual podría servirle a esa persona como su única manta en la noche al mismo tiempo
que su vestimenta (Éx. 22:26, 27).
5:41. Los soldados romanos tenían el derecho legal de expropiar el dinero producto del
trabajo personal, o del trabajo animal como también los bienes de los residentes locales
(cf. Mar. 15:21). Aunque la expropiación quizá no sucedía a menudo en Galilea sino
en otras partes, y el pensamiento de que podía suceder sería suficiente para hacer
prestar atención a los oyentes de Jesús frente a este ejemplo de no resistencia y hasta
de servicio dispuesto para con el opresor.
La jerarquía judía favorecía el statu quo con Roma; algunos revolucionarios querían
rebelarse. La mayoría de los judíos de Palestina en este tiempo querían la libertad, pero
no eran revolucionarios. No obstante, para el año 66 d. de J.C. la Palestina judía se vio
envuelta en una guerra, y para el año 70 la sabiduría del consejo de Jesús se hizo
evidente: Roma ganó la guerra, y los judíos, conducidos a la derrota por los
revolucionarios, fueron aplastados.
5:42. Los mendigos estaban por todas partes. La Biblia pone énfasis en dar a los que
estaban necesitados (Deut. 15:11; Sal. 112:5, 9; Prov. 21:13). Dios se ocuparía de las
necesidades de aquellos que ayudaran a los pobres (Deut. 15:10; Prov. 19:17; 22:9;
28:8). Las leyes bíblicas contra la usura y especialmente en relación con el préstamo a
los pobres antes del año del jubileo (Deut. 15:9; cada séptimo año las deudas debían
perdonarse; cf. Lev. 25) respaldan el principio que plantea Jesús aquí, pero él va aún
más lejos al poner énfasis en la actitud de dar de manera desinteresada (especialmente
Luc. 6:35).
5:43–48
Más allá de la no resistencia
5:43, 44. El AT no enseñaba explícitamente el odio por los enemigos (Éx. 23:4, 5;
Prov. 25:21, 22), aunque odiar a los enemigos de Dios era una emoción piadosa (Sal.
139:19–22); algunos grupos judíos, como los *esenios, enfatizaron el odio hacia
aquellos que estaban fuera del pacto. La ética griega algunas veces daba énfasis al
aprendizaje a partir de las críticas de los enemigos, pero también podía enfatizar el
asegurarse que uno hiriera más a sus enemigos que lo que resultara herido por ellos
(así hizo Isócrates, un orador y *retórico ateniense del cuarto siglo a. de J.C.).
La oración por quienes lo perseguían a uno (¡excepto que Dios los hiciera caer
muertos!) por lo general no había caracterizado ni siquiera a los más piadosos en el AT
(cf. 2 Crón. 24:22; Jer. 11:20; 15:15; 17:18; 18:23; 20:12; a menudo en Salmos, p. ej.,
137:7–9). Los filósofos griegos generalmente respondían a sus críticos de manera dura
y arrogante.
5:45. Los maestros judíos enfatizaban este aspecto universal de la misericordia de Dios
(también destacaban que las oraciones de los justos podrían traer lluvia en tiempos de
sequía; la declaración de Jesús no niega esa idea). Algunos textos judíos decían que al
ser como Dios, uno sería contado entre sus hijos (es decir, imitadores; p. ej.,
Eclesiástico 4:10).
5:46, 47. Algunos maestros judíos daban énfasis a la bondad para con los paganos
(*gentiles) para atraerlos a la verdad, pero la mayoría de las personas saludaban y
(aparte de alguna caridad) se ocupaban solamente de aquellos que conocían. Los
*cobradores de impuestos estaban considerados entre los judíos más apóstatas; a los
gentiles se los consideraba (generalmente con razón) paganos, inmorales, idólatras, y a
menudo antijudíos. Los judíos estaban de acuerdo en que uno no debía ser como los
paganos (así también el AT: Lev. 18:3; Deut. 18:9; Jer. 10:2).
5:48. Este versículo resume el pasaje de 5:21–47. La palabra *aramea para “perfecto”
puede significar “completo” o “entero”, incluyendo la variante de “misericordioso”
(Luc. 6:36); en este contexto, significa cumplir los requisitos de Mateo 5:21–47. La
Biblia ya ordenaba ser santo como Dios es santo (Lev. 11:44, 45; 19:2; 20:26), y el
judaísmo (al igual que algunos filósofos griegos) algunas veces sostenía su ética sobre
la base de imitar el carácter de Dios.
6:1–4
Dar en secreto
6:1. Este versículo es la tesis que introduce los tres ejemplos de piedad privada en 6:2–
16. El judaísmo enfatizaba que uno no debía hacer obras por amor a la recompensa,
aunque, sin embargo, prometía recompensa, como señala Jesús aquí; esta recompensa
se da en el día del juicio, como en el judaísmo. La oración, el ayuno y las dádivas a los
pobres eran los componentes básicos de la piedad judía (Tobías 12:8), y muchos
*rabinos hacían una lista de cualidades (p. ej., virtudes sobre las cuales estaba fundado
el mundo) en grupos de tres.
6:2–4. Ni los griegos ni los romanos apoyaban la caridad personal; las contribuciones
generosas a los proyectos públicos o a *protegidos más pobres estaban destinadas a
asegurar la popularidad del donante. En contraste, la caridad era central a la piedad
judía; algunos escritores hasta decían que salvaba a una persona, aunque leyes judías
posteriores técnicamente no permitían que uno donara más del 20% por sobre sus
diezmos.
Algunos comentaristas han interpretado de manera literal el sonido de la trompeta,
pero se trata de una *hipérbole (las personas no hacen sonar trompetas cuando dan
limosnas) y quizá refleje un juego de palabras (las alcancías para ofrendas de caridad a
menudo tenían forma de trompeta). No permitir que la mano izquierda conozca la
ofrenda de la mano derecha es claramente una *hipérbole. El lenguaje de “tener su
recompensa” es el lenguaje del pago adeudado en los antiguos recibos comerciales.
6:5–15
Oración en secreto
La estructura paralela de la sección mayor (6:1–18) y de este pasaje sobre la oración
está acentuada por la presencia de un modelo de oración (6:9–13; cómo no se debe
orar, 6:5, 7, 8; y cómo se debe orar, 6:6, 13). El judaísmo era mucho más serio con
respecto a la oración regular de lo que eran las religiones griega y romana.
6:5, 6. El problema no es la oración pública sino el dirigir los motivos hacia otras
personas en lugar de hacerlo hacia Dios. Era probablemente común que las personas
piadosas recitaran individualmente sus oraciones en la *sinagoga; no está claro que
todos oraran simultáneamente en todas las sinagogas en época tan temprana como la
de Jesús. La “habitación” (“aposento”, RVR-1960; “cámara”, RV) podría haber sido
un lugar usado como bodega o despensa; la mayoría de las personas no tenían
habitaciones privadas en sus casas, y esa sería la única habitación que tendría puerta.
Estar de pie era una posición común para la oración.
6:7. En este período, los estudiosos judíos estaban debatiendo el uso de oraciones fijas;
generalmente consideraban que eran aceptables si la intención de la persona era
genuina. Las oraciones griegas sumaban la mayor cantidad de títulos posibles que tenía
la deidad a la cual se oraba, esperando con esto asegurar su atención. Típicamente, las
oraciones paganas recordaban a la deidad los favores que uno había hecho o los
sacrificios ofrecidos, intentando obtener una respuesta del dios sobre una base
contractual.
6:8. El judaísmo reconocía que Dios sabía todas las cosas; en consecuencia, el tema
aquí no es la doctrina de los oyentes de Jesús sino sus corazones. Los judíos veían a
Dios de manera diferente de la que los griegos veían a sus dioses (aunque aun la fe
monoteísta no fue siempre lo que debía haber sido). En el judaísmo, Dios era un Padre
que se deleitaba en satisfacer las necesidades de su pueblo; el judaísmo también
reconocía que Dios conocía todos los pensamientos de una persona. Jesús basa la
oración eficaz en una relación de intimidad, no en un modelo de asociación comercial,
el cual estaba más cercano al que seguía el paganismo antiguo.
6:9, 10. Los judíos generalmente se dirigían a Dios como “Nuestro Padre celestial”
cuando oraban, aunque títulos tan íntimos como “Abba” (Papá) eran poco frecuentes
(ver el comentario sobre Mar. 14:36). Una clásica oración judía de ese tiempo (el
Kadish) proclamaba: “Exaltado y santificado sea su … nombre … y venga su reino
rápidamente y pronto”.
Las oraciones judías reconocían que el nombre de Dios sería “santificado”, “tenido por
santo”, en el tiempo del fin, cuando su *reino viniera, como también la Biblia decía
(Isa. 5:16; 29:23; Eze. 36:23; 38:23; 39:7, 27; cf. Zac. 14:9). En el presente, el pueblo
de Dios podía santificar su nombre viviendo de manera correcta; si vivían
equivocadamente, “profanarían” su nombre, o lo denigrarían entre las naciones (cf.
también Éx. 20:7; Jer. 34:16; 44:25, 26; Eze. 13:19; 20:14; Amós 2:7). Estaba
entendido que después de que su *reino viniera, la voluntad de Dios sería hecha en la
tierra como en el cielo.
6:11. Este versículo hace alusión a la provisión de Dios del “pan de cada día” (maná)
para su pueblo en el desierto cuando primero los redimió. Las oraciones para que Dios
supliera las necesidades básicas de cada uno, de las cuales el pan y el agua son los
ejemplos fundamentales, eran comunes en el mundo antiguo (cf. Prov. 30:8).
6:12. La enseñanza judía consideraba los pecados como “deudas” delante de Dios; la
misma palabra *aramea podía usarse para señalar a ambos. La ley bíblica exigía el
perdón periódico a los deudores de dinero (cada siete y cada cincuenta años), de modo
que la ilustración de perdonar deudas podría haber sido una ilustración gráfica
(especialmente si se tiene en cuenta que los abogados judíos habían encontrado una
manera de eludir la liberación de deudas de modo que los prestamistas siguieran
prestando).
6:13. Los paralelos con las oraciones judías antiguas, y posiblemente los términos
*arameos detrás del versículo, sugieren que la primera línea signifique: “No nos dejes
pecar cuando somos probados”, en lugar de “no nos metas en tentación” (o como dice
NVI “no nos dejes caer en tentación”), cf. 4:1; 26:41 en contexto; cf. Sal. 141:3, 4.
Algunos estudiosos han sugerido aquí una alusión al tiempo final del sufrimiento, el
cual se esperaba habría de preceder al *reino que venía. Debido a que las oraciones
judías se utilizaban comúnmente en contextos litúrgicos que finalizaban con una
declaración de alabanza, no debe sorprendernos el agregado de la bendición (“Porque
tuyo es el reino …”) a textos posteriores del original de Mateo.
6:14, 15. El principio del perdón que Jesús declara aquí parece ser que solamente las
personas que han experimentado la gracia saben cómo aceptar la gracia. Ver el
comentario sobre 18:21–35.
6:16–18
Ayuno en secreto
Al menos durante las estaciones secas, muchas de las personas más piadosas ayunaban
(sin agua, aunque esto era insalubre) dos días determinados por semana. Este ayuno se
consideraba meritorio, aunque el ayuno asceta (p. ej., ayunar solamente para “afligir la
carne”) estaba prohibido. El ayuno judío exigía la abstinencia no solamente de comida
sino de todo otro placer, lo cual incluiría la práctica habitual de ungirse la cabeza con
aceite para evitar el resecado de la piel; al evitarse todas estas prácticas, el ayuno se
hacía evidente. (Los griegos aceitaban su cuerpo antes de hacer ejercicios y luego
usaban un utensilio metálico para raspar la transpiración sucia que se acumulaba sobre
el aceite. Pero los judíos no practicaban esta costumbre y no se hace referencia a ella
aquí en Mat. 6.) Dios nunca había aceptado solamente un ayuno manifestado
externamente (Isa. 58:3–12; Jer. 36:9).
6:19–24
La importancia de no buscar las posesiones
Uno no debe valorar las posesiones tanto como para buscarlas (6:19–24), o tanto como
para preocuparse por ellas, porque Dios proveerá para las necesidades básicas (6:25–
34).
6:19. Maestros antiguos como *Hillel, un famoso maestro judío, generalmente
reconocían la corruptibilidad de los tesoros terrenales. Debido a que los ladrones
podían abrir boquetes en las paredes de una casa y robar la caja fuerte, las personas
adineradas por lo general intentaban uno de otros varios métodos para resguardar sus
bienes: invertir el dinero con los cambistas, depositarlo en un templo para su
salvaguardia (aun la mayoría de los ladrones se resistía a la idea de “robarles a los
dioses”), o esconderlo bajo la tierra o en cavernas, donde, sin embargo, la polilla (en el
caso de prendas valiosas) o el óxido (en el caso de las monedas) podían con el tiempo
destruir su valor.
6:20, 21. Los textos judíos hablaban de “acumular tesoros” con Dios (p. ej., Tobías
4:7–10). Algunas veces esto significaba que la persona generosa podía confiar en que
Dios le ayudaría en tiempo de necesidad; algunas veces (como en este caso) se refería
a tesoro en el mundo venidero.
6:22, 23. Jesús establece un contraste entre un ojo “sano” o “incorrupto” (en general,
las diferentes versiones traducen “bueno”) y un ojo “malo”, usando la forma singular,
que quizá incluya uno o varios juegos de palabras. Al decir un ojo “sano” o
“incorrupto”, que normalmente significaba uno generoso, está preparando para lo que
se dirá en el v. 24. En esa cultura, un ojo “malo” podía significar o bien uno enfermo o
uno avaro. (La NVI contrasta una “visión clara” con una “visión nublada”.) Muchos
creían que el ojo emitía luz y así lo capacitaba a uno para poder ver, en lugar de que el
ojo recibiera luz. Aunque aquí Jesús compara el ojo con una lámpara, habla de ojos
“enfermos” que no reciben luz. Ojos así se convierten en un símbolo de lo inservible
que resulta una persona avara.
6:24. Dos señores raramente compartían esclavos, pero cuando esto sucedía siempre
resultaba en lealtades divididas. Para “riquezas”, la RV conservó el término *arameo
“Mamón” (posesiones, dinero), con el cual Jesús aparentemente las personifica como
un ídolo, utilizando así otra antigua figura *retórica: la personificación.
6:25–34
La importancia de no preocuparse por las posesiones
6:25. La mayoría de las personas en la antigüedad tenían muy poco, más allá de las
necesidades básicas: comida, vestido y techo. Debido a que para ellos la adquisición de
estas necesidades a menudo dependía, especialmente en zonas rurales, de las lluvias
estacionales o (en Egipto) del desborde del Nilo, tenían razones suficientes para
preocuparse aun acerca de la comida y del vestido.
6:26, 27. Algunos filósofos antiguos enseñaban u obtenían moralejas de la naturaleza
así como de la filosofía. Muchos maestros judíos decían que la preocupación de Dios
en las leyes de la Biblia era solamente para los seres humanos (aunque estaba claro que
Dios cuidaba de toda la creación; cf. Sal. 104:27). Pero el de Jesús era un argumento
clásico judío de “cuánto más” (qal vahomer): Si Dios cuida de las aves (y los *rabinos
estaban de acuerdo en que él sostenía toda la creación), ¿cuánto más se preocupa por
los seres humanos?
6:28–30. Algunos comentaristas han sugerido que las flores aquí podrían ser
anémonas, que eran de color púrpura, el color que muchos lectores antiguos habrían
imaginado para los mantos reales de Salomón (6:29). Sin embargo, estas flores eran
combustible para el horno. Lo perecedero del pasto y las flores al secarse con el calor
del verano cada año era una imagen natural de la mortalidad humana (cf. Sal. 103:15,
16; Isa. 40:6–8).
6:31–33. El mundo pagano ciertamente perseguía tales necesidades, pero Jesús les
recuerda a sus oyentes que pueden confiar en su Padre (v. 32; ver el comentario sobre
6:7, 8) y deben buscar el *reino (v. 33).
6:34. Otros maestros judíos después de Jesús dieron el mismo consejo; si es que Jesús
usa una expresión común o si su enseñanza en este caso se convirtió en una expresión
común, es difícil de determinar.
7:1–5
Juicio recíproco
7:1, 2. La idea de un patrón para medir (la imagen proviene del antiguo mercado) se
usaba en otros lugares para el día del juicio o la retribución divina; el concepto de “así
como el hombre mide será medido” ocurre numerosas veces en fuentes judías
posteriores, y quizá haya sido una máxima. Para el principio, ver 5:7; 6:14, 15 y
Proverbios 19:17. Comparar también los principios del AT en cuanto a que los falsos
testigos debían recibir la pena que buscaban para el acusado (Deut. 19:18–21), y que
Dios se oponía a los juicios injustos (Éx. 23:6–8; Deut. 16:18–20).
7:2–5. Aunque la antigua cirugía ocular a menudo implicaba el uso del bisturí, aquí
Jesús claramente utiliza una *hipérbole. La imagen es vívida, impactante, hasta
ridícula y probablemente risueña para los oyentes de Jesús, pero transmite el concepto.
Los profetas apelaron a imágenes gráficas, empleando a menudo juegos de palabras
para comunicar su mensaje (p. ej., la versión hebrea de Miq. 1; Jer. 1:11, 12). El AT
(p. ej., Prov. 15:32) y la tradición judía subsiguiente enfatizaban que las personas
debían ser siempre lo suficientemente humildes como para aceptar la corrección.
7:6–12
Imitar cualidades divinas
7:6. Los cerdos y los perros se consideraban animales inmundos (Prov. 26:11; 2 Ped.
2:22), que no tenían aprecio por las cosas valiosas (Prov. 11:22). Los cerdos comían
las comidas más viles, y los perros eran carroñeros, y llegaban a comer aun sangre
humana. Los perros vagabundos gruñían a quienes les arrojaban comida tanto como a
quienes los ignoraban. La imagen sería, en consecuencia, poderosa y estaría más allá
de toda disputa para los oyentes de la antigüedad.
El asunto es qué significa el versículo en el contexto. Quizá signifique no corregir (cf.
Mat. 7:1–5) a aquellos que no quieren escuchar (cf. Prov. 23:9). Quizá signifique dar
solamente a quienes quieren lo que uno ofrece, como hace Dios (Mat. 7:7–11); en este
caso, el versículo vuelve a la idea de dar y de reciprocidad en el versículo 12.
7:7, 8. La fuerza con la que este versículo promete respuestas a la oración es muy poco
frecuente en la literatura antigua.
7:9–11. Jesús adapta aquí un argumento judío común llamado gal vahomer: discutir
desde lo menor a lo mayor (si lo menor es cierto, cuanto más lo mayor). El pescado y
el pan eran elementos básicos, integrales, para la dieta de la mayoría de los oyentes de
Jesús; no representan los lujos de los ricos.
7:12. Que uno no debía hacer a los demás lo que no quisiera que le hicieran a uno era
una enseñanza corriente; aparecía en el libro judío de Tobías, en la enseñanza del
maestro judío *Hillel y también en fuentes griegas.
7:13–27
Los dos caminos
7:13, 14. Los oyentes de Jesús estarían familiarizados con la imagen de “dos caminos”,
uno que conducía a la vida y el otro a la muerte. El énfasis de Jesús en cuanto a que
pocos están en el camino correcto aparece en 4 Esdras, pero no es tan común como la
imagen general de los dos caminos. La mayoría de los judíos creía que Israel en
conjunto sería salvo, y que los pocos que se perderían serían excepciones a la regla
general.
7:15. Aunque la mayoría de los judíos cultos no creía que los profetas habían
continuado en el sentido del AT, creían que los falsos profetas (cf., p. ej., Jer. 2:8)
seguían existiendo; *Josefo mencionó a muchos de ellos en el primer siglo. El
contraste entre lobos salvajes y corderos u ovejas inofensivas era proverbial.
7:16. Al igual que el trigo y la avena, las uvas e higos estaban entre las frutas más
valoradas y ampliamente consumidas de la tierra; los espinos y abrojos carecían de
valor y eran una molestia para los segadores, tal como menciona a menudo el AT. Para
un uso figurativo de los “frutos” en el AT, ver Isaías 5:6 y el comentario sobre Mateo
3:8.
7:17–20. La repetición de “por sus frutos los conoceréis” (7:16, 20) encierra como
entre paréntesis esta ilustración; este tipo de “paréntesis” se utilizaba comúnmente
como un recurso literario (llamado inclusio) para separar o destacar un párrafo. Los
profetas revelaban su condición de falsos si apartaban a las personas del Dios
verdadero (Deut. 13) o si sus palabras no se cumplían (Deut. 18:21, 22). Los *rabinos
permitían que los profetas suspendieran momentáneamente una enseñanza de la ley de
la misma manera en que los rabinos mismos lo harían, pero si negaban la ley en sí o si
abogaban por la idolatría, eran falsos profetas. Jesús enseña que si no viven
correctamente, son falsos (Mat. 7:21–23). Cf. Lucas 6:43–45.
7:21–23. Los milagros que Jesús menciona no son necesariamente falsos; es posible
profetizar por la inspiración del *Espíritu Santo y al mismo tiempo ser desobediente a
Dios y no ser salvo (1 Sam. 19:20–24). La orden de apartarse pertenece a un salmo
acerca de la vindicación de los justos (Sal. 6:8; cf. 119:115; 139:19).
7:24–27. Los rabinos debatían si era más importante oír la ley o cumplirla; la mayoría
concluía que oírla era más importante, porque uno no podía cumplirla sin oírla. Pero sí
insistían en que ambos aspectos eran necesarios. Nuevamente la imagen es del día del
juicio. La idea de ser finalmente juzgados por oir pero no obedecer era familiar (Eze.
33:32, 33). Pero ningún maestro judío aparte de Jesús invocó tanta autoridad para sus
propias palabras; tal autoridad estaba reservada para la ley misma. Algunos de los
oidores de Jesús más bíblicamente ilustrados podrían haber pensado en Proverbios
24:3 (“con sabiduría se edifica la casa”) y el contraste entre la sabiduría (que edifica
una casa en 9:1) y la insensatez en Proverbios 9:1–18.
7:28, 29
La respuesta de las masas
Los maestros de la ley nunca reclamaron para sí tanta autoridad como reclamó Jesús
(7:24–27); la autoridad de ellos provenía especialmente de construir sobre la tradición
anterior.
8:1–4
El tocar lo inmundo: La lepra
Mateo agrupa nueve relatos que contienen diez milagros específicos (algunos
comentaristas sugieren que Mateo quiere que sus lectores recuerden los diez milagros
de Moisés) en los capítulos 8–9: tres milagros en 8:1–17, luego enseñanza sobre el
verdadero discipulado (8:18–22); tres milagros más (8:23–9:8), luego enseñanza sobre
el verdadero discipulado (9:9–17); y por último otros tres relatos de milagros, uno de
los cuales incluye dos (9:18–33).
Los escritores antiguos usaron ejemplos para ilustrar enseñanzas: la autoridad de Jesús
sobre la enfermedad, los demonios y la naturaleza, llama a las personas a reconocer la
autoridad de él sobre sus vidas. En el pensamiento antiguo, los milagros podían llamar
la atención a, o certificar, ya sea a los maestros o a sus conceptos (en contraste con los
intentos racionalistas modernos de negarlos).
8:1. Para las autoridades, los maestros ambulantes con muchos seguidores eran
considerados amenazas a la estabilidad social; los romanos estaban siempre
preocupados por levantamientos en la Palestina judía. Los lectores familiarizados con
esta situación en la Palestina judía anterior al año 70 podrían reconocer aquí una
sugerencia de conflicto futuro.
8:2. La lepra era una enfermedad de la piel de aspecto desagradable para la cual la
Biblia había prescrito la separación del resto de la sociedad (Lev. 13:45, 46). Los
leprosos eran, en consecuencia, marginados sociales, y la mayoría de las personas
sanas prefería ignorarlos. “Señor”, usado para dirigirse a otra persona podría tener la
aplicación que tiene en nuestra sociedad actual, y no necesariamente señalaría aquí un
reconocimiento de la deidad de Jesús.
8:3. Estaba prohibido tocar a un leproso, y a muchas personas esto les resultaría
repugnante de solo pensarlo. La ley prescribía la separación del leproso de la sociedad
(Lev. 13:45, 46). Ver el comentario adicional sobre Marcos 1:40–45. No obstante, el
milagro mismo habría sido visto como la obra de un profeta poderoso (cf. 2 Rey. 5:14).
8:4. Jesús sigue aquí las normas detalladas en la ley sobre la lepra en el AT (Lev.
14:1–32). Las instrucciones con respecto a no contar el asunto a otro recuerdan la
actividad clandestina de algunos profetas del AT; con respecto al secreto mesiánico,
ver la discusión en la introducción a Marcos.
8:5–13
La fe de un no judío
Al incluir este relato de su fuente, Mateo alienta a sus lectores cristianos de origen
judío en la misión a los *gentiles. Aun una única excepción debía ser suficiente para
confrontar los estereotipos racistas.
8:5. La legión de soldados romanos más cercana estaba estacionada en Siria; también
había tropas en gran número estacionadas en Cesarea, sobre la costa del Mediterráneo,
y en la fortaleza Antonia en Jerusalén; Capernaúm, como puesto aduanero,
naturalmente habría necesitado contar con al menos algunos soldados. Los centuriones
comandaban una “centuria”, pero en la práctica ésta consistía de entre sesenta a
ochenta soldados, no cien. Eran la columna vertebral del ejército romano a cargo de la
disciplina.
8:6. Acerca de “Señor”, ver el comentario sobre 8:2. Durante sus aproximadamente
veinte años de servicio en el ejército romano los soldados no tenían permiso para
casarse. Muchos tenían concubinas ilegales en el lugar de sus funciones, una situación
que el ejército pasaba por alto y que a las concubinas resultaba redituable; pero en el
caso de los centuriones, que podían ser trasladados con mayor frecuencia, era menos
probable que tuvieran familias informales como sucedía con la mayoría de los
soldados. Sin embargo, de acuerdo con las definiciones antiguas, una casa (familia)
podía incluir sirvientes, y los sirvientes de la casa y sus señores en algunos casos
tenían una relación muy cercana, especialmente si componían toda la unidad familiar.
Los centuriones recibían mucho mejor paga que los soldados de menor jerarquía.
Tener sirvientes era demasiado caro para los soldados rasos.
8:7. La respuesta de Jesús puede leerse como una pregunta, un desafío, y no como una
afirmación: “¿Iré yo, y le sanaré?” (cf. 15:26). Si se lee como una afirmación, declara
la disposición de Jesús de cruzar un límite cultural importante. Al parecer, los judíos
piadosos normalmente no entraban en casas de *gentiles; ver el comentario sobre
Hechos 10:27–29.
8:8. El centurión, quien sabe que los judíos raramente entraban en casas de gentiles,
reconoce la misión especial de Jesús a Israel (cf. 15:27). Al mismo tiempo, expresa
una gran fe, porque entre todas las historias (tanto verídicas como espúreas) de
milagros de sanidad en la antigüedad, las sanidades a distancia eran poco frecuentes y
se consideraban especialmente extraordinarias.
8:9. La respuesta del centurión demuestra que él (con el respaldo de la autoridad de
Roma) entiende el principio de autoridad que ejerce Jesús. Los soldados romanos eran
muy disciplinados y (excepto en casos de motín) obedecían cuidadosamente las
órdenes recibidas; eran el ejemplo máximo de disciplina y obediencia dentro del
imperio romano.
8:10. Los *gentiles eran generalmente paganos, y no tenían fe en el Dios de Israel.
8:11. Este versículo refleja la clásica imagen judía del futuro banquete en el *reino de
Dios. Aunque la Biblia declaraba que era para todos los pueblos (Isa. 25:6; cf. 56:3–8),
la literatura judía en este período ponía énfasis en que estaba preparado para Israel,
quien sería exaltado sobre sus enemigos. En los banquetes, las personas se sentaban
según su importancia. Se “sentaban” en las comidas regulares pero se “reclinaban”
(como dice en realidad aquí) en las fiestas. Compartir la mesa significaba intimidad, de
manera que compartir con los grandes patriarcas Abraham, Isaac y Jacob se
consideraba que representaba una esperanza futura para los judíos, no para los gentiles,
con quienes los judíos no comían.
8:12. Los “legítimos” herederos son echados fuera; otros textos judíos usaron las
tinieblas de afuera para describir al infierno, a menudo el lugar en que estaban presos
poderosos espíritus inmundos; el crujir de dientes puede hacer alusión al Salmo
112:10.
8:13. Circulaban algunos relatos judíos acerca de obradores de milagros, pero los
informes acerca de sanidades a grandes distancias eran poco frecuentes y considerados
extraordinarios. En consecuencia, esta sanidad habría sido vista como milagrosa.
8:14–17
El Mesías sanador
8:14. Los arqueólogos encontraron lo que se cree fue esta casa, en un lugar cercano a
la *sinagoga. Se esperaba que los hijos adultos cuidaran de sus padres ancianos. (Para
más detalles ver el comentario sobre Mar. 1:29–34.)
8:15. Algunos hombres religiosos se abstenían de tocar a las mujeres en general, a fin
de evitar cualquier posibilidad de llegar a ser inmundos, a menos que tuvieran medios
por los cuales poder asegurar cuál era la condición de ellas (en base a Lev. 15:19). Que
la suegra de Pedro estuviera en condiciones de “servirles” a la mesa, una función
común de la mujer en la antigüedad (cf. Luc. 10:40), indica la medida en la que quedó
genuinamente sanada.
8:16. Los exorcistas a menudo usaban en cantos mágicos y buscaban manipular a
espíritus superiores para ayudarles a desalojar a otros inferiores; en contraste, Jesús
simplemente los echó fuera “con una palabra”.
8:17. En contexto Isaías 53:4 enfatiza particularmente la sanidad de los estragos del
pecado (53:5, 6; cf. Ose. 14:4), como señalaron algunos otros escritores cristianos (1
Ped. 2:24, 25). Pero dado el énfasis de Isaías en la restauración física en la era
mesiánica (35:5, 6), y la relación entre la sanidad física y la espiritual en la tradición
judía (cf. también Isa. 33:24), tiene sentido que Mateo encuentre también el aspecto de
la sanidad física aquí: Jesús inaugura la era mesiánica haciendo que algunos de sus
beneficios estén disponibles aun anticipadamente a la cruz.
8:18–22
Las demandas de Jesús
8:18. Por lo general, los *discípulos actuaban como siervos de sus *rabinos, llevando a
cabo órdenes prácticas relevantes al trabajo del maestro y su escuela, así como también
aprendiendo sus enseñanzas.
8:19, 20. Un discípulo generalmente buscaba su propio maestro. Algunos filósofos
griegos radicales que rechazaban las posesiones buscaban desanimar a los aspirantes a
discípulos a través de grandes demandas, con el propósito de ponerlos a prueba y
rodearse de los más dignos. Las comparaciones con animales constituían una técnica
de enseñanza razonablemente común (p. ej., las ahora famosas fábulas atribuidas a
Esopo). Al igual que los pescadores y los *cobradores de impuestos, los carpinteros
tenían un ingreso mucho mejor que el de los labriegos; el llamado de Jesús, no la
pobreza involuntaria, lo convocó a él y a sus seguidores a un estilo de vida sacrificial.
8:21, 22. Una de las responsabilidades básicas de un hijo mayor (tanto en la cultura
griega como en la judía) era el entierro de su padre. Sin embargo, el primer entierro se
llevaba a cabo casi inmediatamente después del fallecimiento de la persona, y los
miembros de la familia no estarían en la calle conversando con un *rabino durante el
período de reclusión y luto inmediatamente posterior al fallecimiento. Se ha
demostrado en tiempos recientes que lo que aquí se menciona es el segundo entierro:
cumplido el año del primer entierro, cuando la carne se había desintegrado y quedaban
solo huesos, el hijo volvía para enterrar nuevamente los huesos dentro de una caja
especial colocada en un hueco en la pared de la tumba. El hijo en esta narración podría
de esta manera estar solicitando una demora de hasta quizá un año. No obstante, la
demanda de Jesús en cuanto a que el hijo lo pusiera a él por sobre la mayor
responsabilidad que tenía para con su padre, podría haber parecido una herejía: en la
tradición judía, honrar al padre y a la madre era uno de los más grandes mandamientos,
y seguir a Jesús a expensas de no sepultar al padre habría sido considerado una
deshonra al padre (cf. Tobías 4:3, 4).
8:23–27
Señor de la naturaleza
Los relatos griegos acerca de aquellos que podían controlar la naturaleza eran por lo
general acerca de dioses o semidioses que habían actuado en el pasado lejano. La
tradición judía informaba de algunos maestros que podían orar por la lluvia o porque
deje de llover, al igual que Elías. Pero en la tradición judía la autoridad absoluta sobre
las olas y el mar pertenecían a Dios únicamente. ¡No es difícil entender por qué los
*discípulos no sabían cómo interpretar o captar quién era Jesús!
8:28–34
Señor sobre los espíritus inmundos
Las propuestas varían con respecto a la razón por la cual Mateo tiene dos
endemoniados aquí y Marcos solamente uno (ver el comentario sobre Mar. 5:1–20).
Una sugerencia es que Mateo incluye uno adicional porque había dejado de mencionar
a uno al omitir el relato registrado en Marcos 1:21–28. La duplicación de personajes
aquí no habría violado las convenciones judías clásicas de escritura de aquel tiempo.
8:28. Las tumbas eran ceremonialmente impuras y se las consideraba lugares típicos
donde habitaban espíritus malignos (una creencia a la cual aparentemente los espíritus
se acomodaban alegremente). Tanto gadarenos (aquí) y gerasenos (Mar. 5:1, NVI)
hacen referencia a gente de ciudades predominantemente *gentiles (Gadara y Gerasa)
en la región de Decápolis, pero Gadara estaba mucho más cerca del mar de Galilea
(Gerasa, una ciudad grande e importante, estaba a más de 45 km al sureste).
Aproximadamente 10 km al sureste, Gadara probablemente controlaba la tierra en que
sucede esta *narración. A menudo, en culturas que reconocen el fenómeno, la
conducta violenta todavía se relaciona con la posesión por parte de espíritus.
8:29. “Antes de tiempo” significa antes del día del juicio. Aparentemente, ni los
demonios esperaban que el *Mesías viniera en dos etapas, una primera y una segunda
venidas.
8:30. Había judíos que vivían en esta región, pero era predominantemente no judía; de
allí la existencia de cerdos.
8:31. Relatos antiguos acerca de demonios sugieren que si es que iban a tener que
abandonar a la persona a quien poseían, les gustaba negociar las condiciones menos
difíciles. Al oír que los demonios querrían habitar en cerdos impuros, los oyentes
judíos responderían: “¡Por supuesto!”.
8:32. En la tradición judía los demonios podían morir o ser atados; debido a que Mateo
no dice nada al contrario, sus lectores probablemente supondrían que estos demonios
habían sido destruidos o encarcelados.
8:33, 34. Las *narraciones del AT sobre Elías y Eliseo permitían a los judíos calificar
de “profetas” a algunos obradores de milagros, pero los griegos generalmente
clasificaban a los obradores de milagros como magos o hechiceros. Debido a que los
magos y hechiceros eran generalmente malévolos, y que la venida de Jesús ya había
tenido un costo económico para estos *gentiles de Decápolis (mandó a ahogarse a
muchos cerdos), era natural que estuviesen aterrorizados por él.
9:1–8
Autoridad para perdonar y para sanar
Era común abreviar relatos, como hace a menudo Mateo; al repetir el relato del
paralítico en Marcos (ver el comentario sobre Mar. 2:1–12), no menciona el momento
en que lo introducen por el techo.
9:1, 2. Muchas “camillas” eran esterillas; de esta manera, los amigos del paralítico
quizá lo hayan transportado sobre el lecho en el cual yacía permanentemente. Su
“propia ciudad” aquí es Capernaúm (4:13).
9:3. El judaísmo creía que solamente Dios podía perdonar pecados, pero la mayoría de
los judíos permitían que algunos de los representantes de Dios hablaran en nombre de
Dios. La pena en el AT por blasfemar el nombre de Dios (traerle oprobio en lugar de
honrarlo) era la muerte (Lev. 24:10–23). Según la ley *rabínica posterior,
técnicamente, la blasfemia implicaba pronunciar el nombre divino o quizá invitar a
otros a seguir a otros dioses. Según el uso más común y menos técnico, se aplicaba a
cualquier insulto que agravie al honor de Dios (cf. Núm. 15:30). Pero estos eruditos
jurídicos estaban equivocados al interpretar las palabras de Jesús como una blasfemia,
cualquiera fuese la interpretación que aplicaran.
9:4. El judaísmo reconocía que Dios algunas veces revelaba a los profetas lo que otros
estaban pensando o planeando.
9:5–7. Los maestros judíos sabían que solamente Dios podía, en última instancia,
perdonar (en el Día de la Expiación en respuesta a un sacrificio); pero también
reconocían que la sanidad venía en última instancia de Dios también. *Josefo nos
muestra que muchos falsos profetas en el tiempo de Jesús pretendían hacer milagros,
pero en la práctica no lograban cumplirlos; algunos de los críticos de Jesús quizá lo
hayan puesto en esta categoría. Sin embargo, el acto que realizó frente a estos testigos
seguramente los desafió a reconsiderar su interpretación.
9:8. Cuando los escritores antiguos informaban sobre milagros, generalmente
terminaban el relato con la reacción asombrada de las personas que lo presenciaban.
9:9–13
Un médico para los pecadores
9:9. Leví pudo haber sido un cobrador de impuestos que trabajaba para Herodes; con
una oficina en Capernaúm, es más probable que fuera un funcionario de aduana que
cobraba derechos de importación sobre los bienes que eran transportados a través de
esta ciudad por las importantes rutas comerciales cercanas. Aún más que los
pescadores, tenía un trabajo próspero y seguro al cual renunció para responder al
llamado de Jesús.
9:10. La gente en general consideraba algo honorable que una persona de dinero
invitara a un maestro religioso a comer. Sin embargo, los *cobradores de impuestos
eran considerados colaboradores de los romanos y eran despreciados por las personas
religiosas. Algunos comentaristas han señalado que “pecadores” puede referirse a
todos aquellos que no comían observando las leyes de pureza ritual, pero el término
probablemente se refiera a cualquiera que vivía de manera pecadora y no
religiosamente, como si no les importara lo que la comunidad religiosa pensara de
ellos.
9:11. Compartir la mesa era señal de relaciones cercanas entre los que la compartían.
Los *fariseos eran particularmente escrupulosos con respecto a sus reglas especiales
sobre la comida y no aprobaban comer con personas menos escrupulosas,
especialmente personas como los *cobradores de impuestos y los pecadores. Aquí
suponen que Jesús, al ser un maestro sabio, debiera compartir las convicciones
religiosas de ellos, que consideraban eran escriturales (Sal. 1:1).
9:12. La respuesta de Jesús juega con una imagen común de ese tiempo (la
comparación de médicos y maestros) para afirmar su enseñanza. La réplica aguda,
rápida y hábil, era característica de los maestros famosos, tanto en la tradición judía
como en la griega.
9:13. Otros *rabinos a menudo decían: “Vayan y aprendan” o “Vengan y vean”, para
dirigir a sus oyentes a las pruebas de las Escrituras para su autoridad. Oseas 6:6 no
rechaza el sacrificio o el ritual, sino que eleva la correcta relación con Dios y el trato
correcto a los pobres, los oprimidos y los marginados por encima del sacrificio y los
rituales (cf. similarmente 1 Sam. 15:22; Sal. 40:6; 50:7–15; 51:16; 69:30, 31; Prov.
21:3).
9:14–17
El ayuno correcto
9:14. La *ley exigía ayunar solamente en el Día de la Expiación, pero los judíos
religiosos, especialmente grupos como los *fariseos, habían agregado muchos otros
ayunos. Muchos de los fariseos quizá ayunaban dos días por semana sin agua,
especialmente durante la estación seca. El ayuno era una práctica importante para
combinar con la oración o la penitencia, de manera que habría sido poco habitual que
los *discípulos (aspirantes a *rabinos) lo hubiesen evitado totalmente. Un maestro era
considerado responsable de la conducta de sus discípulos.
9:15. Las fiestas de bodas requerían siete días de festejos; una persona no podía ayunar
o participar en otros actos de luto o trabajos esforzados durante una fiesta de bodas.
Jesús establece una analogía acerca de lo inadecuado que sería también ayunar
mientras él todavía estaba con sus discípulos.
9:16. Una vez más, el tema es lo inapropiado de ayunar en las circunstancias presentes.
La ropa vieja se habría encogido en alguna medida como resultado de las lavadas.
9:17. El vino podía conservarse ya fuera en jarrones o en odres. Los odres viejos ya
habían sido estirados al máximo de su resistencia al fermentar vino en ellos; si eran
nuevamente llenados con vino sin fermentar, volverían a estirarse, y los cueros viejos,
que ya se habían estirado a su límite, reventarían.
9:18–26
El tocar lo impuro: sangre y muerte
Resucitar a los muertos era un milagro extraordinario, atribuido en el AT a Elías (1
Rey. 17:21, 22) y Eliseo (2 Rey. 4:33–35). Para mayores detalles ver el comentario
sobre Marcos 5:21–43.
9:18, 19. Los “hombres principales” (“dirigentes judíos”, NVI) eran los funcionarios
principales de las sinagogas, y eran personas importantes en sus comunidades. Si el
contexto es todavía Capernaúm (9:1), es significativo que los seguidores de Jesús
pudieran incluir tanto a este hombre como a elementos más cuestionables de la
comunidad (9:9). Uno caería a los pies de alguno de posición social muy superior
(como un rey) o se postraría delante de Dios; por eso, que este hombre importante se
humillara así delante de Jesús significaba reconocer de manera seria el poder de Jesús.
9:20, 21. La enfermedad de esta mujer se manifestaba como si su período menstrual
durara todo el mes; la hacía permanentemente impura bajo la *ley (Lev. 15:19–33), un
problema social y religioso agregado al problema físico. Si ella tocaba a otra persona o
su ropa, hacía que esa persona estuviese ceremonialmente impura durante el resto del
día (cf. Lev. 15:26, 27). Debido a que ella haría impuro a cualquiera que tocara, no
debería haber estado entre esta densa multitud. Muchos maestros evitaban totalmente
tocar a una mujer ante el peligro de contaminarse accidentalmente. En consecuencia,
esta mujer no podía tocar a nadie ni ser tocada, probablemente nunca se había casado o
estaba ahora divorciada, y era una marginada de la sociedad judía. En un acto
impulsivo de fe, toca el “borde” del vestido de Jesús.
Sin duda, lo que toca la mujer es una de las borlas (zizith) usadas por los hombres
judíos, en obediencia a Números 15:38–41 y Deuteronomio 22:12; estas borlas estaban
en los extremos de su prenda externa, y en el chal de oración (tallith). Las borlas
estaban hechas de cordeles azules y blancos entretejidos.
9:22. Muchos antiguos creían que solamente los maestros que estaban más cerca de
Dios poseían conocimiento sobrenatural. Jesús usa su conocimiento sobrenatural para
identificarse con la mujer que lo había tocado, aun cuando a los ojos del público esto
significaría que había contraído impureza ritual.
9:23, 24. Los que tocaban flauta estaban allí para guiar a los presentes en sus
expresiones de luto. Aun en el funeral de la persona más pobre eran necesarias varias
plañideras profesionales; el funeral de un miembro de una familia importante como
ésta habría tenido muchas lloronas profesionales. El desahogo por catarsis durante el
luto incluía gritar y golpearse el pecho. Debido a que los cuerpos se descomponían
rápidamente en Palestina, las personas que hacían luto debían reunirse, en lo posible,
inmediatamente después del fallecimiento de la persona; en este caso, se habían
reunido aún antes de que llegara al propio Jairo la noticia de la muerte de su hija.
9:25, 26. La clase de impureza ritual más contaminante que uno podía contraer bajo la
ley judía era la que resultaba de tocar un cadáver (Núm. 19:11–22).
9:27–34
La sanidad de unos ciegos
9:27–31. “Hijo de David” era el título del *Mesías, pero en la mayoría de las expectati
vas del Mesías había una figura política o militar más que la de un sanador. No
obstante, estos ciegos entienden que existe una relación entre la sanidad y la identidad
de Jesús que no era parte de la tradición judía. Dios gobernaba por sobre la ceguera y
la vista (Éx. 4:11; Prov. 20:12) y podía responder a las oraciones de los profetas para
que quitara y restaurara la visión humana (2 Rey. 6:18–20).
9:32–34. Elías y Eliseo habían realizado milagros de sanidad extraordinarios; David es
la única figura registrada en el AT a quien Dios usó en exorcismo (1 Sam. 16:23).
Mateo 9:33 señala que las multitudes estaban grandemente maravilladas con sus
milagros.
9:35–38
La necesidad de más obreros
Las obras de Jesús en 8:1–9:35 deben convertirse en las de sus *discípulos en el
capítulo 10.
9:35, 36. Sin Moisés (Núm. 27:17) y sin rey (1 Rey. 22:17; 2 Crón. 18:16), Israel se
decía que estaba “sin pastor” o gobernante. Cuando Israel no tuviera otros pastores
fieles (líderes religiosos), Dios mismo sería su pastor (Eze. 34:11–16); el ministerio de
los pastores incluía alimentar (34:2, 3), sanar (34:4) y traer de regreso a las ovejas
perdidas (34:4–6). Así, Mateo 9:36 implica que aquellos que eran responsables de
pastorear a Israel, o sea, sus líderes, estaban fallando.
9:37, 38. La “mies” podría representar una imagen del final del tiempo (cf. el
comentario sobre 3:12), pero la idea aquí es más la de los testigos de Dios en Isaías.
Un *rabino de fines del primer siglo dijo algo similar a 9:37; no es posible determinar
si ya era un dicho judío clásico, si este rabino estaba influenciado por un dicho que se
originó en Jesús, o si el paralelo es una coincidencia.
10:1–4
La misión de los doce
Israel tenía doce tribus, y los grupos que elegían doce líderes (como se ve en los
*Rollos MM) lo hacían porque creían que su propio grupo era el remanente genuino y
obediente de Israel.
Las listas en Lucas y Hechos reemplazan al “Tadeo” de Marcos y Mateo con “Judas
hijo de Jacobo” (“Judas hermano de Jacobo”, RV y RVR-1960); cf. también Juan
14:22. Documentos antiguos muestran que era común que las personas fuesen
conocidas por más de un nombre, de manera que es probable que las diferentes listas
de *apóstoles efectivamente se refieran a la misma persona. Los sobrenombres eran
comunes, y hasta aparecían en las inscripciones en las tumbas. El “cananita” es la
palabra aramea para *“zelote” (Luc. 6:15); así, en algunos casos y traducciones
simplemente se dice “Simón el zelote” (Hech. 1:13). En el tiempo de Jesús, esta
palabra podía significar simplemente “una persona celosa”, pero puede significar que
habría participado en actividades revolucionarias antes de convertirse en un seguidor
de Jesús, lo cual es el significado más probable para cuando se escribieron los
Evangelios. “Apóstoles” significa “enviados”, o representantes comisionados. El
término hebreo análogo se usaba para los agentes comerciales, aunque el concepto
general es más amplio; un “enviado” se desempeñaba con toda la autoridad del que lo
enviaba, al extremo de que representaba exactamente la misión del que lo enviaba. En
el AT aparecen relatos de comisiones, como cuando Moisés le encarga a Josué que
continúe su obra y tome la tierra prometida (Deut. 31:23). Los *rabinos permitían que
sus estudiantes más antiguos enseñaran mientras aún eran estudiantes, a fin de
prepararlos para su propia tarea como rabinos.
10:5–16
La misión
10:5. La expresión “caminos de los *gentiles” probablemente se refiera a caminos que
conducían únicamente a ciudades griegas paganas en Palestina; de todos modos, los
judíos normalmente evitaban los caminos que conducían a esas ciudades. Galilea
estaba rodeada por regiones gentiles excepto en el sur, donde compartía fronteras con
Samaria. (Sobre los *samaritanos, ver el comentario sobre Juan 4:1–4.)
10:6. Una creencia judía común era que diez tribus de Israel se habían perdido y que
serían halladas en el tiempo del fin. Sin embargo, aquí Jesús usa “las ovejas perdidas
de la casa de Israel” en el sentido más común del AT: se alejaron del Señor (Isa. 53:6;
Jer. 50:6; cf. Eze. 34:5). La idea de que un mensaje era primero para Israel no impedía
que llegara luego a otros (Amós 3:2 y su contexto; cf. los oráculos contra las naciones
por parte de Isaías, Jeremías y otros).
10:7, 8. Que la misión de los *apóstoles sea la misma de Jesús resulta apropiado para
los “enviados” (ver el comentario sobre 10:1–4): ellos actuaban dentro de los límites
de su autorización. “De gracia habéis recibido [de Dios la *ley]; dad de gracia”, fue
una expresión judía posterior aplicada a los maestros de la ley. No es posible
determinar si es que en esta época temprana se trataba de un proverbio que Jesús
estaba citando.
10:9, 10. Deben viajar livianos, al igual que algunos otros grupos: (1) los labriegos,
que a menudo tenían un solo manto; (2) algunos filósofos ambulantes, llamados
*cínicos (probablemente representados en lugares tan cercanos como Tiro y Decápolis,
ciudades *gentiles que rodeaban a Galilea); (3) algunos profetas, como Elías y Juan el
Bautista. Deben estar totalmente consagrados a su misión, y no comprometidos con
preocupaciones de este mundo. La “bolsa” podría haberse usado para mendigar (para
eso la usaban los cínicos), pero compárese 10:11; con respecto a “cintos” para dinero,
ver el comentario sobre Lucas 6:38. Se dice que los *esenios recibían tal hospitalidad
de los otros esenios en diversas ciudades, que cuando viajaban no necesitaban llevar
provisiones.
10:11–13. La demostración de hospitalidad al albergar a viajeros era una de las
virtudes más importantes en la antigüedad mediterránea, especialmente en el judaísmo;
Jesús podría haber rescatado un antecedente para la dependencia de tal hospitalidad
por parte de los ministros itinerantes (2 Rey. 4:8–11); comparar el comentario sobre
Mateo 10:41. (Por cierto, la tradición israelita había exigido aun a los reyes más
malvados respetar a los profetas y no hacerles daño a pesar de sus críticas, cosa que
otros reyes de la antigüedad no habrían soportado.)
A quién era necesario saludar y a quién no, y en cuáles circunstancias se aplicaba cada
caso eran temas importantes del protocolo social, especialmente porque el clásico
saludo judío “Paz” (shalom) era verdaderamente una bendición o una oración
expresada a través del deseo, destinada a comunicar la paz. Jesús transpone tales temas
de protocolo con nuevas directrices.
10:14, 15. Los judíos piadosos que regresaban a la Tierra Santa no querrían siquiera
que el polvo del territorio pagano quedara pegado a sus sandalias; los representantes de
Jesús aquí tratan a las regiones que no responden como si fuesen profanas o paganas.
Sodoma es puesta como el máximo ejemplo del pecado, tanto en los profetas como en
la tradición judía siguiente; el punto aquí es probablemente que rechazaron a los
mensajeros de Dios, aunque fueron menores en importancia que Jesús (Gén. 19).
10:16. Los judíos algunas veces se veían a sí mismos (Israel) como ovejas entre lobos
(los *gentiles). El contraste entre lobos rapaces y ovejas o corderos inofensivos era
proverbial.
10:17–23
Promesa de persecución
10:17. Las cortes locales, o concilios que decidían casos, estaban gobernados por
ancianos locales o sacerdotes antes del año 70 d. de J.C.; en tiempos posteriores
tuvieron un equipo de *rabinos, con un mínimo de tres jueces por corte. Las
*sinagogas eran los sitios locales de reunión pública, y en consecuencia
proporcionaban el lugar natural para las audiencias y la disciplina pública. Algunas
veces la disciplina se administraba en la forma de azotes; bajo las reglas del segundo
siglo, el castigo por azotes para los judíos consistía en trece azotes fuertes sobre el
pecho y veintiséis sobre la espalda. Estas palabras habrían resultado particularmente
dolorosas para los judíos cristianos, porque significaban el rechazo de su predicación
entre su propio pueblo.
10:18. En el pensamiento judío, que un judío traicionara a otro judío entregándolo a
perseguidores “gentiles” era un acto horroroso. Los “gobernadores” son los
sobreveedores romanos en las provincias; los tres niveles eran: propretores,
procónsules, y procuradores. La palabra “reyes” quizá se refiera solamente a los
príncipes vasallos romanos, pero probablemente incluya a los partos y a otros
gobernantes de oriente, señalando virtualmente una persecución universal.
10:19, 20. Los judíos pensaban acerca del *Espíritu Santo especialmente como el
Espíritu de *profecía que había ungido a los profetas para hablar el mensaje de Dios.
10:21, 22. Ver Miqueas 7:5–7 (más explícito en Mat. 10:35, 36); esta división en la
familia también se convirtió en parte de otras imágenes judías del fin de los tiempos (p.
ej., *1 Enoc 100:2). En una cultura donde la lealtad familiar era esencial y la honra a
los padres lo más importante, estas palabras habrían sonado increíblemente duras.
10:23. Una tradición judía que pudo haber estado en circulación en los días de Jesús
advierte que en el tiempo de la tribulación final el pueblo judío, perseguido por su fe,
tendría que huir de una ciudad a otra. Los discípulos quizá hayan entendido sus
palabras en estos términos. Lo que Jesús quiere decir parece ser que ellos tendrán
siempre un lugar al cual puedan escapar, y algunos sobrevivirán hasta el final no
importa cuán severa sea la persecución (24:22).
10:24–33
Consuelo en la persecución
Al igual que la mayoría de los primeros cristianos y los cristianos celosos en muchas
partes del mundo en la actualidad, los lectores de Mateo enfrentaban persecución y a
menudo otros peligros como parte de su vida diaria. Las palabras de Jesús serían
consuelo para ellos.
10:24, 25. Los *discípulos debían servir a sus maestros, con la esperanza de
convertirse con el tiempo en maestros eficientes ellos mismos. Un esclavo podía
alcanzar cierta posición si pertenecía a un señor destacado, y en circunstancias poco
frecuentes (p. ej., si su dueño era una *persona libre) podía alcanzar igual posición
social después, pero nunca antes, de ser libre y obtener riqueza también. El versículo
25 contiene un juego de palabras: al leer “Beelzebul” como si quisiera decir “señor”
(del *arameo be el) de la casa (en hebreo zebul), Jesús habló del “señor de la casa”.
10:26, 27. Todo saldría a la luz en el día del juicio, como estaba claramente entendido;
por lo tanto no tenía sentido esconder nada ahora. Las azoteas proporcionaban el mejor
lugar para gritar mensajes que fueran oídos en las calles atestadas de personas.
10:28. El temor (respeto, solo que en un grado mucho mayor que aquél en el que
usamos el término respetar) de Dios era central a la tradición de la sabiduría judía y se
enfatiza repetidamente en la literatura judía; algunos escritores judíos hicieron
afirmaciones acerca del martirio similares a este pasaje (*4 Macabeos 13:14, 15).
Cuerpo y alma eran destruidos instantáneamente en algunas tradiciones judías con
respecto al infierno; en otras eran destruidos y atormentados en forma perpetua.
Contrariamente a las afirmaciones de algunos eruditos modernos, la mayoría de los
judíos coincidían con los griegos en que el alma y el cuerpo se separaban con la
muerte.
10:29–31. Los gorriones eran uno de los elementos más baratos que se vendían para
alimento de la gente pobre en el mercado; eran los pajaritos más económicos. Dos se
compraban por un assarion, una pequeña moneda de cobre de muy poco valor (menos
del valor de una hora de trabajo); Lucas 12:6 parece señalar que eran aún más baratos
si se compraban en cantidades mayores. El presente es un clásico argumento judío de
“cuánto más”: ¡Si Dios se interesa por algo de tan poco precio como los gorriones,
cuánto más se interesa por las personas!
10:32, 33. En las descripciones judías del día del juicio, el testimonio de las personas
justas a favor o en contra de otros tenía mucho peso delante de Dios. Los *rabinos
hablaban de los ángeles de Dios o de sus atributos de misericordia o juicio defendiendo
un caso delante de él. Aquí la defensa de Jesús como abogado delante del Padre pesa
mucho más que cualquier otra cosa en este mundo.
10:34–39
El precio del discipulado
10:34. Se creía, por lo general, que habría grandes sufrimientos antes del fin, y que el
*Mesías guiaría a su pueblo en una guerra triunfal seguida de un tiempo de paz. Jesús
asegura a sus oyentes que el tiempo de paz prometido está aún un tanto distante, y pasa
a explicar la naturaleza de los sufrimientos y conflictos presentes.
10:35, 36. El contexto de Miqueas 7:6, citado aquí, describe los horribles males en la
tierra y la imposibilidad de confiar siquiera en los familiares y amigos más cercanos, lo
cual continuará hasta que el Señor venga a vindicar a aquellos que esperaban en él.
Dada la creencia por parte de muchos judíos en cuanto a que el final estaría precedido
por un tiempo de sufrimientos, los *discípulos probablemente habrían entendido esta
palabra como una sugerencia en cuanto a que ya estaban experimentando los
sufrimientos de ese tiempo.
10:37. Jesús expone aquí el texto recién citado (Miq. 7:6) para traer una enseñanza
prácticamente inconcebible para la mayoría de sus oyentes. El amor a los miembros de
la familia, especialmente a los padres, era uno de los deberes más altos en el judaísmo;
el único que tenía derecho a exigir mayor amor era Dios mismo (Deut. 6:4, 5; cf. Deut.
13:6–11; 2 Macabeos 7:22, 23).
10:38. Un criminal condenado cargaba sobre sus espaldas la viga horizontal de la cruz
hasta el lugar de su ejecución, generalmente en medio de personas que se burlaban de
él. Este versículo habla de un camino ignominioso y doloroso hacia una ejecución
espantosa.
10:39. La mayoría de los judíos contrastaban la vida de este mundo con la vida en el
mundo venidero.
10:40–42
Los que reciben a los enviados de Cristo
Este pasaje vuelve al tema de la hospitalidad para con los mensajeros del evangelio
(10:11–14). El principio aquí es similar al del mensajero o agente designado dentro del
judaísmo, el cual representaba a quien lo enviaba en todas las capacidades de su
comisión. Dios, su gloria y su ley, e Israel, estaban también relacionados de esta
manera en la tradición judía. Este principio siempre se había aplicado a los profetas (p.
ej., 1 Sam. 8:7; cf. Núm. 14:2, 11; 16:11): Aquél que los recibía, recibía el mensaje de
ellos y en consecuencia la voluntad de Dios. Aquellos que suplían sus necesidades
serían asimismo recompensados (1 Rey. 17:9–24; 2 Rey. 4:8–37). Un vaso de agua era
el único regalo que la persona más pobre podría tener para dar, pero simbolizaría lo
suficiente. El agua fría era altamente preferida para beber (ver el comentario sobre
Apoc. 3:15, 16).
11:1–19
Más que un profeta: el precursor
Mateo 11:1 es un epílogo a 9:37–10:42. En 11:2–19, Juan, al igual que Jesús y los
doce, se transforma en un modelo para el discipulado cristiano.
11:1. A menudo se enviaban emisarios para preparar a la gente para la llegada de un
rey u otra personalidad importante. “Ciudades” tiene aquí un significado amplio en
lugar de un sentido técnico griego: no hay indicación con respecto a que Jesús haya ido
a ciudades grandes como Séforis o Tiberias. Aun la mayoría de las ciudades agrícolas
más importantes tenían menos de tres mil habitantes, y la campiña de Galilea estaba
llena de aldeas.
11:2, 3. La actitud de Juan aquí presenta un notable contraste con 3:14. Algunos
comentaristas sugieren que Juan está preocupado por informes en cuanto a que Jesús
ha estado tocando lo impuro (8:3; 9:20, 25); a este informe Jesús responde con los
resultados de esos contactos físicos (11:5). Lo más probable es que Juan, al igual que
la mayoría de sus contemporáneos, estuviera tentado a pensar en alguien que
introduciría el *reino (3:11) o un *Mesías de linaje real y no un obrador de milagros,
de manera que Jesús vindica su misión sanadora con un versículo acerca de las
bendiciones de la era mesiánica (11:5). Los *discípulos de Juan probablemente habían
viajado por la ruta principal hacia el norte desde Macaerus, la fortaleza de Herodes,
donde Juan estaba preso, atravesando Perea junto al Jordán, para pasar a Galilea donde
Jesús estaba enseñando.
11:4–6. Jesús cita señales de Isaías 35:5, 6 que se refieren a la llegada de la era
mesiánica; cf. Isaías 26:19; 61:1.
11:7. Las cañas eran frágiles (Isa. 42:3; *3 Macabeos 2:22), de modo que “una caña
sacudida por el viento” era notablemente débil (1 Rey. 14:15) y no podía confiarse en
ella (2 Rey. 18:21; Eze. 29:6).
11:8. Los profetas rara vez eran personas de buena posición social, y en tiempos de
maldad a nivel nacional eran forzados a desempeñarse fuera del ámbito de la sociedad.
(En los tiempos de David, Natán y Gad habrían sido profetas de la Corte; pero para el
tiempo de Acab, los profetas de la Corte eran corruptos, y Elías y otros debían
esconderse en el desierto o, en tiempos mejores, al menos permanecer fuera del palacio
del rey.) Los lujos de la realeza no son un patrón de santidad en el *reino.
11:9, 10. Muchos judíos en el primer siglo creían que los profetas en todo el sentido de
la palabra habían cesado de existir hacía mucho tiempo, pero habrían estado abiertos a
la restauración de los profetas en los tiempos finales. Al cumplir Malaquías 3:1, Juan
es más que un heraldo cualquiera de Dios; es el anunciador directo del Señor, que
cumple la profecía del regreso de Elías (Mal. 4:5, 6).
11:11. Esta afirmación eleva a los *discípulos de Jesús en lugar de rebajar a Juan (cf.
11:9, 10). Uno puede comparar el dicho *rabínico antiguo en cuanto a que Johanan ben
Zakkai, uno de los más respetados eruditos del primer siglo, fue el “menor” de los
ochenta discípulos de *Hillel; este dicho no estaba destinado a reducir la importancia
de Johanan sino a elevar la de sus contemporáneos. Llamar a Juan el “mayor” era una
forma judía típica de exaltación, que podía aplicarse a más de una persona a la vez; los
rabinos, por ejemplo, podían en una misma frase hablar a la vez de José y Moisés
como las mayores figuras de la historia de Israel (en el AT cf., p. ej., 2 Rey. 18:5;
23:25). “Los nacidos de mujer” era una frase familiar judía y del AT para los seres
humanos (p. ej., Job 14:1).
11:12. Los revolucionarios, como aquellos conocidos más tarde como *zelotes,
querían instaurar el *reino por la fuerza militar. Jesús usa de manera figurada el celo
de ellos para referirse al compromiso claro requerido para entrar al reino; describe a
sus seguidores como zelotes espirituales (cf. Mat. 10:34).
11:13. Los judíos algunas veces resumían la Biblia como “la ley y los profetas”;
muchos de ellos creían que después de los profetas bíblicos la voz profética estaba
silenciada hasta la llegada del tiempo mesiánico. Así, Juan introduce la era mesiánica.
11:14, 15. Malaquías 4:5 había prometido el regreso de Elías, que se decía nunca había
muerto (2 Rey. 2:11); el regreso de Elías se convirtió así en una parte de las
expectativas judías para el futuro.
11:16, 17. “¿A qué compararé …?” era una frase familiar que precedía a una *parábola
*rabínica o un argumento a partir de una analogía.
Los niños malcriados que simulan celebrar bodas y funerales (hubo un juego más
adelante que se llamó “entierren al grillo”) representan a los opositores insatisfechos
de Jesús y Juan; decepcionados con otros niños que no quieren jugar a un juego o al
otro, están siempre tristes. La palabra traducida “duelo” aquí significa “golpearse el
pecho”, una costumbre típica de hacer luto en la Palestina judía. La costumbre exigía
que aquellos que pasaban ocasionalmente se unieran a cualquier cortejo nupcial o
fúnebre.
11:18, 19. Juan el Bautista tenía las características de un aparente profeta *asceta,
como Elías; Jesús sigue un modelo más parecido a David, pero ambos son adecuados
en su momento. La acusación en cuanto a que Juan “tiene demonio” sugiere o bien que
es un falso profeta poseído por un espíritu maligno, o que es un mago que manipula
una guía espiritual; bajo las leyes del AT cualquiera de las acusaciones le garantizaría
la pena de muerte (Deut. 13:1–11; 18:9–20). “Comilón y bebedor de vino” era también
una acusación capital (Deut. 21:20); por lo tanto, esta acusación es seria.
Algunos comentaristas han sugerido que 11:19 identifica a Jesús con la imagen judía
de la sabiduría divina personificada (cf. 11:25–27); sin embargo, él podría estar
simplemente afirmando que al examinar su conducta (11:2) cualquiera puede
reconocer que es verdaderamente sabia.
11:20–24
El juicio de las ciudades
Los oráculos de juicio contra las naciones eran algo habitual en los profetas del AT
(Isaías, Jeremías, Ezequiel); también aparecen en los *Oráculos Sibilinos judíos antes
y durante el período del NT. El principio de que aquellos que tenían más luz eran
juzgados más estrictamente aparece en el AT (cf. Amós 3:2; Juan 4:11).
11:20, 21. Los judíos pensaban en Tiro y Sidón como ciudades totalmente paganas (cf.
1 Rey. 16:31), pero se sabía que algunos de sus habitantes que habían oído la verdad se
habían arrepentido (1 Rey. 17:9–24). “Saco y ceniza” (“cilicio y ceniza”, RVR-1960;
“ropas ásperas y ceniza”, DHH; “con muchos lamentos”, NVI) era la vestimenta
característica del duelo, incluyendo el duelo por *“arrepentimiento”. Corazín estaba a
una corta distancia a pie, a menos de tres kilómetros, de Capernaúm.
11:22. Según algunos relatos judíos acerca del tiempo del fin (del “día del juicio”,
como a menudo se lo llamaba), los justos dentro de las naciones paganas testificaban
contra el resto de su gente, dejando en claro que ninguno tenía excusa para rechazar la
verdad acerca de Dios.
11:23. El juicio a menudo estaba descrito en los términos que usa Jesús aquí (Isa. 5:14;
*Jubileo 24:31), especialmente contra un gobernante que se exaltaba a sí mismo como
una deidad (Isa. 14:14, 15, que trata acerca de la muerte del rey de Babilonia).
11:24. Ver el comentario sobre 11:22.
11:25–27
La revelación de Dios
En la tradición judía de la sabiduría, los genuinos sabios no eran aquellos sabios en su
propia opinión y que se apoyaban en su propio entendimiento (Job 12:24, 25; Prov.
3:5–7; 12:15; 16:2; 21:2; 26:12), sino los simples que comenzaban con el temor de
Dios (Job 28:28; Sal. 111:10; Prov. 1:7; 9:10). Mateo 11:27 quizá atribuya a Jesús el
poder de la predestinación (en las fuentes judías asignado únicamente a Dios); como
aquel que revelaba a Dios, él asume una posición que en la tradición judía a menudo es
atribuida a la sabiduría divina. Para la imagen de los niños, cf. 10:42 y 18:1–10; Dios
siempre había favorecido a los humildes (p. ej., 1 Sam. 2:3–9).
11:28–30
El verdadero día de reposo
11:28. Dios ofrecía descanso a los cansados (Isa. 40:28–31; cf. la invitación de la
sabiduría divina en Eclesiástico 24:19); esta no era la promesa que haría un maestro
cualquiera.
11:29, 30. Cuando un hombre llevaba un yugo lo hacía sobre sus hombros (cf., p. ej.,
Jer. 27:2); el judaísmo aplicaba a la obediencia esta imagen de la sujeción. Los judíos
hablaban de llevar el yugo de la ley de Dios y el yugo de su *reino, el cual uno
aceptaba al reconocer que Dios era uno y al guardar sus mandamientos. El propósito
de Mateo para las palabras de Jesús es que sean un contraste con las reglas de los
*fariseos sobre el día de reposo en el pasaje siguiente (12:1–14): La promesa de
“descanso para vuestras almas” viene de Jeremías 6:16, donde Dios promete aplazar su
ira si la gente se vuelve a él en lugar de prestar atención a las palabras de los falsos
líderes religiosos (6:13, 14, 20).
La literatura griega exaltaba la humildad en el sentido de la mansedumbre y la
permisividad, pero no en el sentido de la humillación personal; los aristócratas
desdeñaban la humildad como una virtud, excepto para los pobres. Sin embargo, Jesús
se identifica con aquellos de baja condición social, un valor más destacado en la
piedad judía.
12:1–8
La comida durante el día de reposo
Marcos 2:23–27 señala otros detalles, aunque los detalles consignados en Mateo,
escrito principalmente para cristianos judíos, habrían sonado menos como una
violación del día de reposo a los oídos judíos que lo que sonarían las palabras de
Marcos. La estructura de Mateo sigue la forma clásica de muchos informes antiguos
sobre argumentaciones: hace un resumen de la situación (12:1, 2), presenta argumentos
por vía del ejemplo (12:3, 4), la analogía (12:5), la comparación (12:6), la cita (12:7) y
su fundamento último (12:8).
12:1. La ley judía basada en Deuteronomio 23:25 (cf. Rut 2:2, 3) hacía provisión para
que los pobres comieran alimento mientras atravesaban un campo. El tema aquí es,
entonces, no que los discípulos tomaran el grano de otra persona sino que lo recogieran
en el día de reposo; más adelante la ley *rabínica designó a éste como uno de los
treinta y un tipos de trabajo que estaban prohibidos de realizar en el día de reposo.
12:2. El concepto moderno de los *fariseos como legalistas da una imagen injusta de
trivialidad para la piedad de los fariseos (probablemente de manera intencional, de
modo que los legalistas modernos no tengan que confrontarse con las bases reales de la
crítica de Jesús). No solamente los fariseos, sino otros judíos en todo el mundo antiguo
honraban el día de reposo y lo celebraban con gozo. La Biblia misma había prohibido
bajo pena de muerte las infracciones al día de reposo, de manera que los fariseos
lógicamente se molestaban cuando parecía que Jesús deshonraba el día.
12:3, 4. Aunque un rechazo abierto del día de reposo se consideraba una rebelión
contra Dios, diferentes grupos judíos presentaban sus argumentos para diferentes
interpretaciones de las leyes del día de reposo, y ninguno de ellos estaba en una
posición que le permitiera hacer prevalecer legalmente sus puntos de vista por sobre
los de otros. Los argumentos de Jesús aquí no habrían satisfecho a los fariseos, pero
podrían haber satisfecho a los ancianos o sacerdotes que servían como jueces en las
cortes locales.
12:5, 6. Como sabemos de fuentes posteriores, la mayoría de los *rabinos habrían
cuestionado un argumento basado meramente en un ejemplo como el de Mateo 12:3, 4
y Marcos 2:25, 26; resulta significativo que Mateo, quien escribe para lectores judíos,
tiene un argumento tomado de la *ley misma.
La ley de Moisés ordenaba el trabajo de los sacerdotes en el día de reposo (Núm.
28:10). Este es un argumento judío del tipo “cuánto más”: si era aceptable para los
guardianes del templo, ¿cuánto más para uno mayor que el templo? El templo se había
convertido en el símbolo central de la fe judía, y la sugerencia en cuanto a que un ser
humano pudiera ser mayor que el templo habría sonado presuntuosa e inadmisible para
la mayoría de los oídos judíos antiguos. Sin embargo, los maestros judíos podían
aceptar el principio de que algunas cosas tenían preeminencia sobre la observación del
día de reposo (rituales del templo, salvar una vida, la guerra defensiva, etc.), y
asimismo argumentar a partir de ellas.
12:7, 8. Jesús pasa a la ofensiva aquí, con un principio aún mayor tomado del AT; cf.
9:13.
12:9–14
La sanidad en el día de reposo
Otros detalles se tienen en cuenta en el comentario sobre Marcos 3:1–6. Mientras que
el argumento de Marcos no habría sido tan persuasivo para los *fariseos, al ser un
argumento a partir de una analogía de lo mayor a lo menor (Mar. 3:4), Mateo incluye
un argumento de lo menor a lo mayor que resulta más útil (12:12).
12:9, 10. Como es fácil de imaginar aquí, en este período podían suscitarse diálogos
informales en reuniones más pequeñas en la sinagoga, que eran bastante diferentes del
ritual que se observa en la mayoría de las iglesias y sinagogas en la actualidad. La
escuela de los fariseos que predominaba en este período, los shamanitas, no permitían
orar por los enfermos en el día de reposo; sin embargo, la escuela minoritaria, de Hillel
(que luego llegó a predominar), sí lo permitía.
12:11. Los *esenios habrían prohibido aun rescatar a un animal en el día de reposo,
pero muchos fariseos y la mayoría de los demás intérpretes judíos habrían estado de
acuerdo con Jesús. En algunos casos, se cavaban pozos para capturar animales
depredadores tales como los lobos, aunque el ganado podía caer también en ellos. Las
contra preguntas (como aquí, respondiendo a 12:10) eran comunes en los debates de
los maestros judíos.
12:12. Jesús usa aquí un clásico argumento judío, el de “cuánto más” (gal vahomer):
Si uno se preocupa por una oveja, ¿cuánto más por una persona? Este también, era un
argumento que sus opositores necesitaban entender, y por analogía mostraba la
inconsistencia de la interpretación que hacían de las leyes bíblicas sobre el día de
reposo.
12:13, 14. Los *fariseos, que tenían poco poder político en este período, no podían
hacer otra cosa que conspirar. Las cortes judías no podían aplicar la pena de muerte en
este período, aunque la ley de Moisés hacía lugar a ella ante la violación del día de
reposo (Éx. 31:14; 35:2). Los fariseos no tenían poder para destruirlo, y sus propias
reglas no les permitían procurar su ejecución si él los había derrotado en una discusión
sobre las Escrituras, pero esto no les impedía intentarlo. Aun si los lectores judíos de
Mateo hubiesen sido fariseos (lo cual es improbable), habrían tenido que ver a los
opositores de Jesús aquí como injustos y obstinados.
12:15–21
El Siervo ungido por el Espíritu
12:15, 16. Apartarse de esta *sinagoga con nuevos seguidores no era en realidad la
destrucción de la sinagoga; el judaísmo de Palestina en el siglo primero tenía muy
diversas expresiones, y no todos en una sinagoga necesitaban tener los mismos puntos
de vista.
12:17, 18. Es incuestionable que el pasaje del siervo en Isaías 42:1–4 se refiere en
contexto a Israel, no al *Mesías, a pesar de una tradición judía posterior que lo
aplicaba al Mesías (Isa. 44:1, 21; 49:3). Pero debido a que el siervo de Dios, Israel,
fracasó en su misión (Isa. 42:18, 19), Dios eligió a uno dentro de Israel para restaurar
al resto del pueblo (Isa. 49:5–7), quien llevaría sobre sí y en lugar de Israel (Isa.
52:13–53:12) el resto del castigo que ellos merecían (cf. Isa. 40:2). De esta manera,
Mateo declara que el Mesías asume la misión de siervo de Isaías 42:1–4, y se destaca
por la presencia del *Espíritu. Mateo traduce a Isaías conforme al lenguaje de Mateo
3:17 (“Mi … amado, en quien tengo complacencia”), que de otra manera era más
cercano a Génesis 22:2.
12:19–21. Este pasaje da énfasis a la humildad de Jesús, en contraste con el *Mesías
guerrero que muchos esperaban; esta era la razón para el secreto mesiánico (ver la
introducción a Marcos en este comentario). Era común citar solamente una parte de un
pasaje, dado que los oyentes más informados bíblicamente conocerían el contexto;
Mateo quiere que todos sus lectores capten la nota con la cual concluye: la salvación
para los no judíos.
12:22–37
La blasfemia contra el Espíritu
Ver el comentario adicional sobre Marcos 3:20–30.
12:22, 23. El *Mesías de las expectativas judías, un descendiente de David, no era un
milagrero, pero debido a que Dios estaba con Jesús en maneras tan extraordinarias no
es difícil ver cómo las personas le asignaban esperanzas mesiánicas. David fue
también el único exorcista registrado en el AT (1 Sam. 16:23).
12:24. Los exorcistas paganos buscaban sacar los demonios a través de encantamientos
mágicos. En el siglo segundo, los *rabinos todavía acusaban a Jesús y a los cristianos
judíos de usar la hechicería para realizar los milagros que todos reconocían que hacían.
Bajo las leyes del AT, la hechicería ameritaba la pena de muerte (Éx. 22:18).
El título de Beelzebul, “señor de la casa”, probablemente haga alusión a “Beelzebub”
(“señor de las moscas”, una posible distorsión de Baal-zebul), la deidad local de Ecrón
(2 Rey. 1:2, 3). En el judaísmo temprano, el título se aplicaba adecuadamente a
Satanás (*Testamento de Salomón).
12:25, 26. Jesús no niega aquí la existencia de otros exorcistas. Pero la retirada de un
demonio que con ese acto asignaba importancia a otro servidor de Satanás sería
solamente una retirada estratégica; una posible actividad así por parte de exorcistas con
poderes mágicos contrasta con el exorcismo masivo que lleva a cabo Jesús, el cual
claramente significa una derrota de Satanás (12:29). Tanto en la tradición judía como
en la griega la réplica aguda, rápida y hábil era característica de los maestros famosos.
12:27. “Vuestros hijos” significa “los miembros de vuestro propio grupo” (de la
misma manera que, p. ej., “hijos de los profetas” en el AT significaba “profetas”).
Debido a que algunos de los que estaban relacionados con los fariseos también
echaban fuera demonios (por métodos que parecerían más mágicos que los de Jesús),
ellos debían considerar cuidadosamente su acusación. Con respecto a ser los jueces de
otros, ver el comentario sobre 12:41, 42.
12:28. La creencia general era que de alguna manera el *Espíritu había sido apagado o
silenciado después de la muerte de los profetas del AT, pero que este retiro del Espíritu
Santo se revertiría en el tiempo del reino, cuando viniera el *Mesías. En el contexto de
12:18, Mateo desea que sus lectores interpreten este texto como la afirmación de Jesús
de ser el Mesías (12:23).
12:29. Muchas fuentes judías señalan que *Satanás o los demonios estaban “sujetos”,
o encarcelados después de que Dios los sometió; los textos de magia a menudo hablan
de “atar” demonios a través de procedimientos de magia. Sin embargo, aquí la
*parábola acerca de atar a un dueño de casa significa que Jesús había derrotado a
Satanás y que en consecuencia podía apropiarse de sus posesiones (liberar a los
poseídos de demonios).
12:30. Los antiguos maestros judíos definían sus conceptos con la mayor precisión
posible; esta afirmación y la de Marcos 9:40 significan: “Una persona está o bien de un
lado o del otro”. Otros dichos contrastantes similares a este circularon en la
antigüedad.
12:31, 32. Los maestros judíos por lo general enseñaban que los sufrimientos de una
persona en esta vida podían compensar algunos pecados; pero que ciertos pecados
graves se trasladarían al mundo venidero. (De manera similar, algunos maestros
declaraban que el *arrepentimiento del rey Manasés le permitió ser perdonado en este
mundo pero no en el venidero.) Los pecados “altaneros”, la rebelión deliberada contra
Dios, no podían ser expiados bajo las leyes del AT. La blasfemia se castigaba con la
muerte (Lev. 24:10–23).
De esta manera, Jesús considera la blasfemia contra el *Espíritu Santo, el rechazo
permanente de su identidad (Mat. 12:18) atestiguada por las obras del Espíritu (12:28),
como el peor de los pecados. (Sobre el significado de la blasfemia en general, ver el
comentario sobre 9:3–7.)
12:33. Para el uso figurado de “frutos” en el AT, ver el comentario sobre 3:8; el fruto
aquí son las palabras de ellos (12:34–37).
12:34, 35. Las palabras de ellos (12:36, 37) contra él revelaban la condición de su
corazón; con respecto a “generación de víboras”, ver el comentario sobre 3:7 (cf.
también Isa. 57:3, 4; 59:5–8). Otros maestros judíos a menudo destacaban también la
importancia de un corazón recto (aunque creer algo y ser algo no siempre es la misma
cosa, como testifican en la actualidad las vidas de muchos que afirman ser cristianos).
En la tradición judía sobre la sabiduría las personas se caracterizaban por sus acciones
como necias, sabias, pecadoras, etc.
12:36, 37. Muchos proverbios ponen énfasis en la importancia de hablar con prudencia
y señalan que el silencio es mejor que las palabras desacertadas (p. ej., Prov. 10:11;
15:4; 17:27, 28). Pero si había palabras que el judaísmo asociaba más que a otras con
la inmoralidad y el destino eterno, ellas eran la confesión básica de la condición de
único de Dios en la Shemá (“Oye Israel, el Señor tu Dios uno es”, Deut. 6:4; cf. Mar.
12:29); de todas las palabras desatinadas que pudieran haber revelado la condición de
sus corazones, los opositores de Jesús revelaron su corazón especialmente en el
rechazo de testimonio que era precisamente tan crítico como la Shemá (12:32).
12:38–45
Una generación endemoniada
Aquí Jesús vuelve a la carga: ellos, no él, son siervos de *Satanás.
12:38–41. Los debates judíos sobre los tiempos del fin incluían a convertidos de entre
los pobres, quienes testificaban contra aquellos que decían que eran demasiado pobres
para seguir a Dios; convertidos de entre los ricos, convertidos de entre los *gentiles, y
así sucesivamente. Aquí Jesús apela a los paganos que se convertían. Algunos
maestros judíos rechazaban a Jonás por su desobediencia inicial a Dios “en nombre de
Israel” (decían que él temía que el *arrepentimiento de Nínive dejaría en la
condenación al Israel que no se arrepentía). En el AT Nínive era responsable por
destruir para siempre el reino de Israel, y esta era la máxima ilustración de la maldad
(p. ej., Nah. 2:8; 3:1, 7); pero el arrepentimiento de Nínive en Jonás 3:10 enseñaba
también que Dios podía perdonar a los paganos que se volvían a él (Jon. 1:15, 16;
4:10, 11) como así también juzgar a sus siervos desobedientes (1:14, 15). (Algunos
*rabinos creían que Jonás representaba el arrepentimiento de los gentiles, porque ponía
de manifiesto la falta de arrepentimiento de Israel).
“Tres días y tres noches” (Jon. 1:17) no necesariamente implica días completos;
fracciones de un día de 24 horas se contaban como el día entero. En la ley judía
temprana, el testimonio de la muerte de una persona se aceptaba solamente después de
tres días.
12:42. Algunas tradiciones identificaban a la “reina del Sur”, la reina de Saba (1 Rey.
10:1) con la reina de Etiopía (cf. Hech. 8:27).
12:43–45. El punto de la enseñanza de Jesús es que aunque él expulsa demonios, esta
generación malvada los invita a volver aún con más insistencia. En la tradición judía,
el desierto era un lugar natural de habitación de demonios, y “otros siete” era una
forma tradicional de expresar castigo severo (Gén. 4:15, 24; Lev. 26:18), de modo que
los oyentes habrían entendido fácilmente lo que Jesús quería decir.
12:46–50
La verdadera familia de Jesús
Ver el comentario sobre Marcos 3:31–34. La fidelidad para con la propia familia y su
respeto por ella recibían tanto énfasis, que estas palabras seguramente impactaron muy
fuerte en sus oyentes. Muchos intérpretes judíos consideraban el mandamiento de
honrar al padre y a la madre como el más importante de la *ley.
Las relaciones familiares en el mundo antiguo a menudo estaban definidas por
jerarquías más que por lazos afectivos, de manera que se esperaba que las esposas y
especialmente los hijos (y, en hogares pudientes, los esclavos) obedecieran al padre de
la casa. Jesús puede así definir a su “madre y a sus hermanos” como aquellos que
obedecen a su Padre. Desconocer o repudiar a los miembros literales de la familia era
tan repugnante que aun el uso de la imagen habría sido culturalmente ofensivo. Más
aún, en el judaísmo, el lenguaje de parentesco espiritual o figurado (especialmente
“hermanos”) se entendía desde un punto de vista étnico (hermanos israelitas).
13:1–9
El sembrador, la semilla y los terrenos
Era común que los *rabinos enseñaran por medio de *parábolas, que eran ilustraciones
en forma de sermones, para comunicar su enseñanza o enseñanzas principales. Esta
forma de enseñanza judía de Palestina aparece en el NT solamente en las enseñanzas
de Jesús, y en consecuencia no puede atribuirse a la composición por parte de la
*iglesia posterior fuera de la Palestina judía.
La mayoría de los habitantes del imperio romano eran agricultores o pastores. El
círculo selecto de los instruidos a menudo ignoraba esta numerosa población, pero las
ilustraciones de Jesús muestran que ministró frecuentemente entre esta clase social.
Aunque Galilea estaba densamente poblada con aldeas y ostentaba dos ciudades
importantes (Séforis y Tiberias), la mayoría de sus habitantes eran labradores rurales.
13:1, 2. Jesús entra en la barca con el propósito de aliviarse de la presión de la
multitud, pero esto también haría que lo pudiesen oír con mayor facilidad; una persona
que hablaba a una multitud sobre la playa producía una condición acústica ideal.
13:3, 4. A menudo (aunque no siempre) la semilla se sembraba antes de arar la tierra;
así es que muchas veces podía acontecerle cualquiera de las suertes señaladas aquí. Un
agricultor podía sembrar arrojando las semillas con la mano, como probablemente sea
el caso aquí, o podía dejarla salir lentamente de agujeros en una bolsa cargada sobre un
animal. El “camino” es uno de los muchos senderos a través del campo.
13:5, 6. Gran parte de la tierra en Palestina tiene solamente una delgada capa de tierra
sobre la roca; si el sembrador no había arado primero, no sabría que había
desperdiciado semilla en esta tierra hasta después de sembrar.
13:7. Es probable también que estos espinos no hayan estado a la vista; en lugar de ser
arrancados, quizá habían sido cortados o quemados, quedando raíces de las cuales
podían crecer espinos junto con la semilla y luego ahogarla.
13:8. Un rendimiento de treinta, de sesenta, y de ciento por uno son cosechas
extraordinariamente buenas para la tierra de Galilea. El valle del Jordán normalmente
rendía entre diez y ciento por uno, de modo que una cosecha de ciento por uno no
necesariamente debía ser considerada milagrosa (Gén. 26:12; cf. Amós 9:13). Pero
para gran parte de Palestina el rendimiento promedio era de diez por uno (es decir, que
se obtenían diez semillas por cada semilla sembrada), y todos los rendimientos que
Jesús señala son excelentes.
13:9. En especial, los *discípulos aprendían al escuchar cuidadosamente a sus
maestros.
13:10–23
La parábola del sembrador explicada: la importancia de entender la Palabra
Que algunos miembros de la comunidad de los *discípulos no perseveraran, guarda
semejanza con los modelos del AT. En el AT algunas personas, como Saúl, se
apartaron de la obediencia a Dios, en tanto que otros, como David, perseveraron a
través de muchas pruebas.
13:10. Los discípulos hacían preguntas a su maestro hasta entender lo que quería decir.
13:11–13. Las *parábolas tenían el propósito de explicar el punto de un rabino,
ilustrándolo; sin embargo, si el punto no se definía, la parábola no pasaría de ser más
que un relato. Los rabinos tenían algunas enseñanzas más secretas que consideraban
que solamente sus discípulos más cercarnos podían manejar, y las reservaban para la
instrucción privada. El significado de las parábolas de Jesús, entonces, sería entendido
solamente por aquellos que habían elegido formar parte de su grupo.
13:14, 15. La gente en el tiempo de Jesús era como la del tiempo de Isaías, que oía la
palabra pero que no podía escuchar y arrepentirse genuinamente (Isa. 6:9, 10).
13:16, 17. Algunos textos judíos describen la manera en que los justos en el AT
anhelaban ver la era de la redención mesiánica y una revelación más plena de Dios.
Hacer una declaración acerca de alguien (en este caso, Jesús) por vía de bendecir a otro
(en este caso, aquellos que lo vieron en contraste con los ciegos de 13:15) era una
técnica *retórica aceptada en ese tiempo.
13:18–23. Los de afuera elegían lo que harían con la palabra cuando les llegara. Los
*rabinos algunas veces decían que una persona sería consumida o bien por la *ley o
por las preocupaciones de este mundo (v. 22).
13:24–30
La historia del trigo y la cizaña
Los terratenientes ricos controlaban la mayor parte de la tierra cultivable en toda la
extensión del imperio romano; sus propiedades eran trabajadas ya sea por labriegos
libres o por esclavos, cuyas opciones en la vida eran aproximadamente las mismas
(excepto que los esclavos podían también ser azotados o vendidos). Muchos de los
oyentes de Jesús (13:34) quizá hayan sido agricultores en establecimientos más
importantes, los cuales se habrían identificado fácilmente con la dificultad de la
situación que él describía.
13:24. “El reino de los cielos es semejante a un hombre que …” no significa que el
*reino se compare solamente con el hombre. Las *parábolas *rabínicas a menudo
comenzaban con “¿A qué compararé tal y tal cosa?” o, “Tal y tal cosa es como …”. En
estas parábolas la frase significaba que el tema estaba siendo explicado por la totalidad
de la analogía que seguía, no solamente por la palabra siguiente.
13:25–27. El elemento básico de la dieta palestina (y de la dieta antigua en general) era
el pan; por eso, el trigo era esencial. Pero había una planta venenosa conocida como
cizaña, que era muy parecida al trigo en sus etapas tempranas, y solamente podía
distinguirse de este cuando aparecía la espiga.
13:28, 29. Los campos normalmente se limpiaban de malezas en la primavera, pero si
las malezas se descubrían demasiado tarde, como en este caso, se corría el riesgo de
arrancar con ellas el trigo; el señor no quiere poner en riesgo su trigo. Sin embargo,
una vez que estuviera plenamente desarrollado, los segadores podían cortar el trigo
exactamente debajo de la espiga, dejando las malezas (cizaña) más cortas para cortar
en otro momento.
13:30. Aunque la Palestina del primer siglo tuvo indudablemente más forestación de la
que llegó a tener con el correr del tiempo, gran parte de la forestación de ese entonces
había sido talada, y el combustible no podía desperdiciarse; una vez seca, la cizaña al
menos servía para algo: combustible para el fuego.
13:31–33
Los relatos de la semilla de mostaza y la levadura
El enfoque de ambas *parábolas es que el *reino poderoso que todos esperaban podía
surgir de comienzos aparentemente oscuros, como Jesús y los *discípulos.
13:31, 32. Los estudiosos aún están en desacuerdo con respecto a qué planta se refiere
Jesús con la “semilla de mostaza”. Sin embargo, de ninguna manera es la más pequeña
de todas las semillas que los oyentes de Jesús pudieran haber conocido (la semilla de
orquídea es más pequeña); el punto es que se la reconocía como muy pequeña y, sin
embargo, producía una planta de gran tamaño. En la zona cercana al mar de Galilea
puede alcanzar una altura de tres metros, y en algunos casos ha llegado a los cinco
metros. No obstante, su altura habitual es de alrededor de 1,20 m; debido a que no era
una planta perenne, las aves no podrían hacer sus nidos en ella al comienzo de la
primavera. Sin embargo, la *hipérbole que Jesús aplica a la mejor imagen que tenía a
su disposición para destacar el crecimiento desde lo pequeño a lo grande, no cambia el
punto; el *reino podría comenzar en oscuridad, pero culminaría en gloria.
Aun si las aves no pudieran anidar en la planta de mostaza, podían posarse en ella (el
término de Mateo aquí se usaba de esa manera algunas veces); el lenguaje de Mateo
aquí hace alusión a Daniel 4:12, el esplendor del reino de otro gobernante. Las fuentes
sugieren que la costumbre palestina relegaba a las semillas de mostaza al campo
abierto más que a los huertos; uno podría así contrastar Mateo 13:31 con Lucas 13:19,
donde cada uno adapta la imagen para sus respectivos lectores.
13:33. Las ciudades romanas tenían panaderías, pero la imagen aquí es la de una mujer
de la zona rural de Galilea. El fermento, o la levadura, se mezclaba con la harina. Tres
medidas de harina (aproximadamente unos 22 litros) era todo lo que una mujer podía
amasar, y el pan resultante podía alimentar a unas cien personas.
13:34, 35
Enseñanzas secretas
Ver el comentario sobre Mateo 13:10–13. Mateo cita el Salmo 72:2, donde el salmista
describe su conocimiento en términos tradicionales de sabiduría hebrea y luego pasa a
explicar su contenido en el resto del Salmo: la historia de las acciones fieles y
salvadoras de Dios, y de la rebelión de su pueblo.
13:36–43
La separación final del trigo y la cizaña
Diversos grupos, como los *esenios, se aislaban del resto del judaísmo para buscar un
nivel mayor de pureza. Pero, como todos los grupos entendían, únicamente Dios
conocía los corazones de todas las personas. Solamente al final, en el día del juicio, se
produciría la separación concreta de los justos y los malos. La cosecha se utiliza en
otros lugares (p. ej., 4 Esdras 4:30–32; *2 Baruc 70:2; cf. Isa. 32:13–15; Jer. 31:27, 28;
Ose. 2:21–23; 6:11) como símbolo del fin, y los textos judíos algunas veces comparan
al infierno con un horno (*1 Enoc 54:6; algunos manuscritos en 98:3; 4 Esdras 7:36).
Otros textos judíos también hablaban de los justos que resplandecerían con gloria en el
reino futuro.
13:44–46
El valor del reino
13:44. Los tesoros a menudo se enterraban para protegerlos. La circunstancia más
probable contemplada aquí es la de un labriego que mientras trabajaba el campo de un
terrateniente rico halló el tesoro, pero volvió a cubrirlo para evitar que el dueño de la
tierra lo reclamara para sí. El labriego invirtió entonces todos sus recursos en ese
campo para obtener el tesoro. Era normal que entre los pobres circularan relatos de
hallazgos de tesoros; Jesús usa la idea del relato para alentar a sus oyentes a buscar un
tesoro mucho mayor que cualquier tesoro de la tierra.
13:45, 46. Los buceadores buscaban perlas en el mar Rojo, el golfo Pérsico y el océano
Índico, y algunas perlas podían valer sumas equivalentes a millones de dólares. Los
oyentes de Jesús probablemente estuvieran familiarizados con la idea básica del relato;
al parecer existía un relato tradicional muy similar, aunque no apuntaba a la misma
enseñanza con respecto al *reino.
13:47–50
La separación final de los peces
Para una discusión más amplia ver 4:19; sobre separación, 13:36–43; para el horno,
ver el comentario sobre 13:36–43. Se utilizaban diferentes tipos de redes para pescar;
las redes de arrastre (el tipo usado aquí) eran mucho más grandes que las redes usadas
en 4:18. Se cree que se utilizaban flotadores y plomadas para mantener una parte del
extremo ancho de la red sobre la superficie, mientras la otra parte era arrastrada en el
fondo.
13:51, 52
Escribas para el reino
La ley y la sabiduría a menudo se comparaban con tesoros (y en algunos casos con una
perla); naturalmente, los *escribas, que por lo general eran muy versados en la ley,
tenían el tesoro “viejo”, y el mensaje del *reino les daba algo nuevo. La imagen es la
de un dueño de casa que pagaba sus gastos con monedas nuevas y antiguas guardadas
en un cofre escondido en su casa. Algunos estudiosos sugieren que el Evangelio de
Mateo está dirigido especialmente a escribas cristianos cuya vocación es hacer de los
*gentiles discípulos del mayor de los maestros: Jesús (28:19).
13:53–58
Sin honra en su propia tierra
Para más detalles, ver el comentario sobre Marcos 6:1–6. La tradición de los profetas
que eran rechazados por su propia ciudad era antigua (Jer. 1:18, 19; 11:21–23), pero el
tema de la persecución de los profetas se había desarrollado aún más en el saber
popular judío subsiguiente.
En la época en que Jesús crecía en Nazaret, la demanda de carpinteros allí era grande
(para reconstruir la cercana Séforis, que había sido quemada y sus habitantes que
sobrevivieron hechos esclavos); en consecuencia, no es de sorprenderse que ésta fuera
la ocupación de José. Los carpinteros se ocupaban de todo tipo de trabajos en madera,
como arados, sillas y la madera para los techos. También se ocupaban de la albañilería
cuando los edificios se construían con piedras. Nazaret misma era una aldea pequeña
en este tiempo, con una población de entre 1.600 y 2.000 habitantes; en consecuencia
Jesús habría sido conocido para muchos de los habitantes de su ciudad.
14:1–12
Herodes ejecuta a Juan
Para un desarrollo en mayor detalle, ver Marcos 6:14–29. Este pasaje se refiere no a
Herodes el Grande, quien murió a los pocos años del nacimiento de Jesús, sino a
Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande y una mujer *samaritana, hermano de
Arquelao (2:22). Había gobernado en Galilea y Perea (esta última era una franja
angosta de territorio al este del Jordán) desde aproximadamente el año 4 a. de J.C., y
continuó en el poder hasta el año 39 d. de J.C.
14:1. Mateo usa el término “tetrarca”, verdadero título de Herodes Antipas, en lugar
del título sarcástico o liviano que le asigna Marcos (“rey”). “Tetrarca” significaba
originalmente gobernador de una cuarta parte de cierto territorio, pero los romanos lo
aplicaban a los gobernadores de cualquier sector del mismo; el reino de Herodes el
Grande había sido dividido en el 4 año a. de J.C. entre Arquelao (suplantado más tarde
por procuradores romanos), Antipas y Felipe.
14:2–4. Josefo, historiador del primer siglo, también señala la aventura amorosa de
Herodes Antipas con su cuñada Herodía. El tetrarca y su amante se divorciaron de sus
cónyuges para casarse, y con este acto Herodes ofendió a su ex suegro, el rey nabateo,
lo cual condujo a una guerra en la cual el honor de Herodes resultó seriamente dañado.
Por eso, Juan suponía que Herodes se enojaría por su predicación, pero igualmente
predicó; Herodes bien podría haber interpretado la predicación moral de Juan como
una crítica política.
14:5, 6. En este período, los judíos normalmente no celebraban los cumpleaños (Josefo
declara que la celebración de los cumpleaños estaba prohibida). Pero aunque la
mayoría de los judíos consideraban la celebración de los cumpleaños como una
costumbre *gentil, la aristocracia evidenciaba una considerable influencia griega. En la
fortaleza Macaerus de Herodes, los hombres y mujeres comían en salones separados,
de manera que Herodía no habría visto personalmente la conducta de Herodes para con
su hija Salomé.
14:7. El juramento de Herodes era el de un ebrio; como vasallo de Roma, no tenía
autoridad para comprometer parte alguna de su territorio (ver Mar. 6:23).
14:8, 9. Era una afrenta al honor de una persona quebrar un juramento delante de
invitados, aunque (como en este caso) los maestros judíos habrían condonado el
juramento.
14:10, 11. La ley judía requería un juicio antes de la ejecución; aquí Herodes, con el
poder que le asignaron los romanos, ignora esta ley. El descabezamiento era el método
de ejecución más rápido y menos penoso, y se llevaba a cabo con una espada, pero era
una costumbre griega y romana, contraria a la costumbre judía.
14:12. El hijo de una persona normalmente se hacía cargo del entierro; o bien Juan no
tenía hijos adultos (lo cual es probable), o sus *discípulos eran los únicos dispuestos a
cumplir esta función. Aunque en todo el mundo antiguo (excepto para algunos
filósofos excéntricos) se consideraba que la falta de un entierro adecuado era la peor de
las suertes, la ley judía prohibía el duelo público por aquellos que eran ejecutados
conforme a la ley judía, y Herodes podría haberse molestado por cualquiera que se
presentara a pedir el cuerpo.
14:13–21
La alimentación de los cinco mil
Para más detalles ver el comentario sobre Marcos 6:32–44. Los informes antiguos más
importantes sobre milagros de alimentación son los informes del maná y las codornices
que comió Israel en el desierto, y los milagros realizados por los profetas (p. ej.,
Eliseo, en 2 Rey. 4:42–44).
14:13–15. El pan y el pescado eran los elementos básicos de la dieta palestina; la carne
era más cara y casi nunca se comía, excepto en las fiestas. Los maestros normalmente
no eran responsables de alimentar a sus *discípulos con sus propios recursos.
14:16. Los estudiantes en la antigüedad a menudo pagaban a sus maestros (aunque
otros maestros se sostenían a sí mismos); era una actitud honorable invitar a un
maestro a comer y brindarle la máxima hospitalidad. Pero aquí Jesús, el maestro,
asume el rol de anfitrión o proveedor. (Aunque los *discípulos a menudo veían a los
maestros como figuras paternales, raras veces los maestros tenían los medios como
para proveer para los discípulos con base en sus propios recursos.) El énfasis dado en
la antigüedad a la hospitalidad incluía tanto la comida como el alojamiento para los
invitados.
14:17, 18. Con respecto a la incredulidad de los discípulos-profetas, cf. especialmente
2 Reyes 4:42, 43, cuando Eliseo les ordena distribuir la comida a la gente.
14:19. Era costumbre que el cabeza de la familia “bendijera” la comida o diera gracias
por ella antes de comer.
14:20. Una fuente informa que los judíos que viajaban llevaban consigo canastas; de
esta manera las doce canastas podrían haber pertenecido a los *discípulos mismos.
14:21. Una multitud de cinco mil hombres además de mujeres y niños era mayor que
la mayoría de las aldeas que cubrían la campiña de Galilea.
14:22–33
Jesús camina sobre el agua
Ver también Marcos 6:45–52. Tanto Moisés como Josué, Elías y Eliseo habían
realizado milagros relacionados con el agua, partiendo el mar o el río Jordán; pero el
único de quien el AT decía que se había desplazado o “movido” sobre las aguas era
Dios mismo (la NVI traduce en Génesis 1:2: “… y el Espíritu de Dios iba y venía
sobre la superficie de las aguas”).
14:22. Debido a que el maestro controlaba la duración de la experiencia de enseñanza,
se entendería que Jesús podía enviar a las multitudes a sus casas.
14:23. Los piadosos normalmente apartaban dos horas específicas por día para la
oración; aquí Jesús dedica la totalidad del resto del día para orar (aunque la duración
de este tiempo es incierta, debido al uso ambiguo que hace aquí Mateo de “atardecer”
y “noche” [vv. 15, 23]). Los montes eran lugares de oración para Moisés y Elías; aquí,
lejos de la agitada vida urbana de Galilea, Jesús podía encontrar soledad.
14:24. Es común que en el mar de Galilea se produzcan súbitas tormentas fuertes.
14:25. La cuarta o última vigilia de la noche era entre las tres y las seis de la mañana;
las vigilias comenzaban a las seis de la tarde. Los judíos a menudo dividían la noche
en tres vigilias, pero los romanos tenían cuatro.
14:26. La creencia en fantasmas o espíritus desencarnados era común a nivel popular
en la antigüedad, aun cuando la idea de los fantasmas contradecía las enseñanzas
judías populares con respecto a la *resurrección de entre los muertos.
14:27. La respuesta de Jesús es literalmente “Yo soy”, como bien señala la RVA;
aunque también puede traducirse “Soy yo”, como en muchas otras versiones, quizá
aluda a la revelación de Dios de sí mismo en Éxodo 3:14 e Isaías 43:10, 13: “YO
SOY”.
14:28–32. A pesar del fracaso de perseverancia de Pedro, al lanzarse a caminar sobre
el agua había hecho algo que ni siquiera los mayores profetas del AT habían hecho.
Caminar sobre el agua podría recordar a los lectores la ocasión del cruce del mar Rojo
o el Jordán por parte de los israelitas, pero era un milagro mayor. (En un relato que
hacían los *rabinos, no podemos determinar si se trataba de un relato de época tan
temprana como la de Jesús, el primer israelita en cruzar el mar Rojo comenzó a
hundirse bajo las olas, pero fue rescatado por la vara de Moisés, la cual partió el mar.)
Con respecto al rescate por parte de Jesús, cf. Salmos 18:16 y 144:7.
14:33. El término adorar se aplicaba a la honra ofrecida a los reyes paganos como
también a la ofrecida a las deidades. Aunque podría indicar la postración como señal
de respeto (p. ej., 1 Sam. 24:8; 25:23), es un término poco frecuente para expresar el
asombro de *discípulos judíos frente a un maestro humano, aun en historias de
milagros. Las antiguas historias de milagros (incluyendo muchas en los Evangelios) a
menudo finalizaban con el asombro y la alabanza de los oyentes.
14:34–36
Sanidades en Genesaret
El “borde” del manto de Jesús se refiere sin duda a las borlas que usaba como judío
practicante; ver el comentario sobre 9:20; cf. 23:5. La literatura antigua incluye
comúnmente no solo segmentos *narrativos más largos, sino también resúmenes
sumarios como este pasaje (cf. 4:23–25). Genesaret era una planicie sobre la costa
noroeste del mar de Galilea.
15:1–20
Tradición humana contra la Palabra de Dios
Para más detalles ver Marcos 7:1–23.
15:1, 2. Las fuentes judías contemporáneas siempre caracterizan a los *fariseos como
observadores de las tradiciones de los ancianos; de esta manera ellos sentían que
podían depender como de una mina de la sabiduría de los piadosos que los habían
precedido. El lavado de manos antes de las comidas era una de las más destacadas de
las tradiciones, pero no tenía fundamento directo en las Escrituras.
15:3. Jesús responde a la pregunta de los fariseos con una contra pregunta, como
hacían a menudo los *rabinos.
15:4–6. El judaísmo exigía universalmente honrar al padre y a la madre, e incluía el
sostén económico de los padres ancianos como parte de esta honra. Algunos, como
*Josefo, y muchos *rabinos, consideraban esta demanda como el mandamiento más
importante en la ley. En consecuencia, los fariseos no habrían estado en desacuerdo
con el ejemplo de Jesús; no recomendaban que las personas descuidaran el apoyo a sus
padres, pero el permiso de ellos con respecto a votos especiales dedicando cosas
exclusivamente para uso “sagrado” creaba este margen o excusa para aquellos que
pudieran haber querido usarlo (cf. Prov. 28:24). Algunas excusas legales (como ser el
prozbul, una regla antigua que burlaba la cancelación de las deudas que ordenaba la
ley al séptimo año) tenían el propósito de apuntalar el espíritu de la ley; esta,
inadvertidamente socavaba aun eso.
15:7–9. En su tiempo, Isaías atacó a los que daban valor a la tradición y no al mensaje
de Dios a través de la Ley y los Profetas; el mismo mensaje todavía tenía aplicación en
el tiempo de Jesús.
15:10, 11. En un relato posterior, Johanan ben Zakkai, un maestro judío de la
generación siguiente a Jesús reconoció privadamente a sus *discípulos que la impureza
externa en realidad no corrompía. Uno debía simplemente guardar los mandamientos
de Dios acerca de la pureza; pero esta clase de enseñanza, aunque se había difundido
ampliamente, no se enfatizaba en público, no fuera que las personas dejaran de guardar
las leyes ceremoniales (como sucedía entre algunos judíos de buena posición social en
Egipto).
15:12. Aunque los *fariseos (de cuyos maestros al parecer salieron la mayoría de los
*rabinos posteriores) prácticamente no tenían poder político, eran respetados y tenían
gran influencia entre la gente. En consecuencia, ofenderlos no parecía ser prudente.
15:13, 14. Las imágenes de arrancar o desarraigar (Jer. 42:10; 45:4; cf. 1:10; 11:16–
19; 12:2; 24:6; 31:28), de la ceguera (15:14; cf., p. ej., Deut. 29:4; Isa. 6:10; 42:19) y
de líderes que con falsedad guían a otros al error (Isa. 3:12–15; 9:16) son comunes en
el lenguaje de juicio del AT; los *Rollos MM describen de manera similar a la
comunidad de *Qumrán como un vástago plantado por Dios. La imagen aquí es la de
un agricultor que prepara su campo y lo limpia de malezas indeseables (cf. con 13:30).
El punto de la respuesta de Jesús a sus *discípulos es: No se preocupen por el poder de
los *fariseos, porque el día del juicio para ellos ya viene (Mat. 3:10).
15:15–20. Tales puntos de vista eran poco frecuentes, y aún menos frecuente era su
divulgación en público; ver el comentario sobre 15:10, 11. Los judíos liberales de
Alejandría, que ya no creían en la observación literal de las leyes sobre la comida (Lev.
11; Deut. 14), eran despreciados de manera particular por sus colegas más
conservadores. Pero todos al menos deberían coincidir con Jesús en que lo más
importante es el corazón (ver Isa. 29:13, citado en Mat. 15:8, 9; cf. también Isa. 59:13).
15:21–28
Misericordia para los cananeos
15:21. Tiro y Sidón eran tradicionalmente territorio pagano. Sidón había sido la ciudad
de Jezabel (1 Rey. 16:31). Pero en la misma generación, una mujer de esa región había
recibido comida y sanidad para su hijo de manera milagrosa a través del profeta Elías,
y de esta manera se convirtió en una creyente completa en el Dios de Israel (1 Rey.
17:8–24). En el período de Jesús, era necesario pasar por el territorio que pertenecía a
Sirofenicia, como en este caso, para llegar desde Galilea a Cesarea de Filipo. No
obstante, había muchos judíos que aún vivían allí.
15:22. Los cananeos, muchos de cuyos sobrevivientes habían sido empujados hacia el
norte, a Fenicia, durante la conquista Israelita, eran los enemigos de Israel más
despreciados moralmente en el AT. La caracterización de esta mujer con el término
que usa Mateo habría resultado muy irritante para algún lector judío que aún guardara
alguna tendencia racista. Pero al reconocer a Jesús como “Hijo de David”, *Mesías,
ella también reconoce el derecho del reino de David (quien también había incluido a
muchos no judíos como sus aliados) sobre la tierra. ¿Cómo podría un judío conservar
su prejuicio contra una mujer cananea como esta?
15:23, 24. La declaración de Jesús en el versículo 24 no impide una misión posterior a
los *gentiles. El siervo de Isaías 53:6–8 sufre a favor de las ovejas perdidas de Israel
(cf. Isa. 40:11; 56:11), pero la misión del siervo era, en última instancia, reconciliar a
todas las naciones con Dios (Isa. 42:6; 49:6, 7).
15:25–28. Ciertas personas en el AT, de las cuales se destacan especialmente la mujer
de Sidón a quien vino Elías (1 Rey. 17:18, 19) y la mujer sunamita en el caso de Eliseo
(2 Rey. 4:28–36), expusieron su necesidad delante de un profeta y no estaban
dispuestas a quedarse con un no; Dios respondió a sus oraciones con un sí. (Se dice
que algunos maestros judíos más cercanos al tiempo de Jesús ejercitaron la misma
clase de respuesta santa inesperada al orar por lluvia, etc.) Aun aquellos que tenían una
gran intimidad con Dios se acercaban a él solamente con el máximo de los respetos al
orar una oración insistente (Gén. 18:22–32); pero también se negaron a ser disuadidos.
15:29–31
Cojos, mancos, ciegos y mudos reciben sanidad
Aquí Jesús sana muchos tipos de enfermedades serias. Aun en una cultura donde las
personas no negaban la existencia de milagros, estas sanidades eran extraordinarias. El
resumen de Mateo de tales milagros quizá trajera a la memoria profecías de Isaías
(35:5, 6; cf. 29:18, 19, 23).
15:32–39
La segunda alimentación
El primer milagro de alimentación de Jesús (ver el comentario sobre Mat. 14:13–21)
no fue una excepción; él podía repetirlo en cualquier momento. Magdala (v. 39) era la
ciudad de María Magdalena; ha sido identificada con Taricaea, donde al parecer
trabajaban muchos pescadores.
16:1–4
Ninguna otra señal sino la de Jonás
16:1. Los *fariseos y *saduceos discrepaban en la mayor parte de asuntos. Los fariseos
tenían gran apoyo popular, mientras que los saduceos tenían poder político. Juntos,
podían formar un equipo peligroso. Al escribir probablemente después del año 70 d. de
J.C., Mateo a menudo vincula entre sí a los diversos líderes, aunque en su tiempo los
fariseos estaban ganando la exclusiva preponderancia en la política religiosa de
Palestina. Sobre esta clase de tentación, cf. 4:3.
16:2, 3. En el versículo 1 ellos piden una señal del cielo (cf. 2 Rey. 20:8, 9; Isa. 38:7; 2
Crón. 32:24); los astrólogos usaban señales en los cielos para predecir la caída de
emperadores, y los rabinos también trataban de interpretar tales señales. Escritores
judíos tales como *Josefo creían que había portentos en los cielos cuando iban a
ocurrir desastres (cf. también Mat. 24:29, 30). Algunos profetas, como Elías, habían
producido concretamente señales del cielo (invocó fuego del cielo, 1 Rey. 18:38) pero
la mayoría de las señales proféticas no eran tan espectaculares (Jue. 6:17; Isa. 7:11–14;
8:18; 19:20; 20:3; 37:30; 38:7; 66:19; Eze. 4:3; 12:11; 24:24, 27). Quizá los opositores
de Jesús estuvieran buscando una señal que validara su condición de profeta, algunos
rabinos creían que los profetas podían aun dejar de lado de manera temporal algunos
mandamientos de la *ley, con tal que estuviesen confirmados por señales, o quizá
meramente buscaban que él hiciera alguna predicción. (El “cielo” era un título judío
para Dios, de modo que ellos podían simplemente haber querido decir una señal “de
Dios”.)
16:4. Al igual que sus antecesores que no atendieron a las obras que Dios ya había
hecho entre ellos, esta generación es malvada (Deut. 32:5, 20 en contexto). Ellos ya
habían recibido señales (Mat. 16:3) aún más claras que las señales habituales de Dios
desde los cielos (16:2), pero la confirmación final sería la *resurrección (12:40).
16:5–12
Levadura maligna
16:5, 6. La tradición judía algunas veces usaba la levadura para simbolizar el mal.
Algunos maestros judíos hacían tales comparaciones (p. ej., describir la falsa
enseñanza como agua envenenada; en consecuencia, los *discípulos debían haber
reconocido que su *rabino podía hablar de manera figurada. Sobre los *fariseos y
*saduceos, ver el comentario sobre 16:1 y el glosario.
16:7–11. Al igual que Israel en el desierto, los contemporáneos de Jesús olvidaban
rápidamente la provisión de Dios en el pasado, y él a menudo los instaba a recordar (p.
ej., Deut. 8).
16:12. Los *saduceos negaban la *resurrección (Mat. 22:23) y los *fariseos se
aferraban a las tradiciones humanas (15:2, 3); a través de todo el Evangelio de Mateo,
ambos se oponen a Jesús.
16:13–20
El Cristo y la roca
16:13. Cesarea de Filipo (una ciudad diferente a la Cesarea que aparece habitualmente
en el NT, la cual estaba sobre la costa) era territorio pagano, cerca de una gruta
dedicada a la adoración de la deidad griega Pan; Herodes había dedicado también allí
un templo para la adoración a César. En consecuencia, estaba lejos de ser el lugar más
esperado para recibir una revelación divina. La ciudad estaba a unos 40 km del lago de
Galilea y unos 500 m más alta, lo cual explica la necesidad de hacer un alto en el
camino; estaba cerca del lugar donde nacía el Jordán, en el territorio de Dan, la
frontera norte del antiguo Israel.
16:14. Todas estas respuestas acerca de quién es Jesús caen dentro de la categoría de
los “profetas”; aunque la mayoría de los maestros judíos enseñaban que los profetas
habían cesado, la expectativa popular por los profetas del tiempo del fin permanecía
firme. Se esperaba el regreso de Elías (Mal. 4:5), y muchos de los milagros de Jesús se
parecían a los de Elías. Sus oráculos de juicio (Mat. 11:20–24) o su manera de rebajar
la impor tancia del templo (cf. 12:6; 24:1, 2) quizá hayan evocado la comparación con
Jeremías.
16:15, 16. Pedro tiene el título correcto, aunque el concepto equivocado de lo que
significa *Mesías (16:22). La línea real de David fue adoptada por Dios (2 Sam. 7:14),
de manera que era natural que el máximo sucesor a su trono sea llamado Hijo de Dios
(Sal. 2:7; 89:27), como observaron algunos intérpretes judíos en este período (p. ej., en
el Florilegium de la cueva 4 del *Qumrán, un comentario *esenio sobre 2 Sam. 7).
16:17. “Bienaventurado eres” es una forma común de bendición (cf. el comentario
sobre Mat. 5:1–12). “Barjonás” es la palabra *aramea para “hijo de Jonás”. “Carne y
sangre” era una frase judía típica para referirse a los “seres humanos”. Aunque todos
los judíos ponían énfasis en el aprendizaje a través del estudio de las Escrituras,
algunos reconocían también la iluminación divina (p. ej., en los *Rollos MM) o la
revelación (literatura *apocalíptica; algún misticismo *rabínico).
16:18. En *arameo, “Pedro” y “roca” son la misma palabra; en griego (aquí), son
términos análogos que para este período se usaban de manera intercambiable. Para la
idea de una persona como el fundamento sobre el cual se construye algo, cf. Isaías
51:1, 2; Efesios 2:20. (Esta promesa se hace a Pedro porque Pedro fue el que confesó a
Jesús [v. 16]; el punto es que Pedro es la roca en su papel del que confiesa, y otros
edifican sobre el fundamento a través de su proclamación de la misma confesión.)
El AT a menudo hablaba de aquellos que “edificaban” al pueblo de Dios (p. ej., Rut
4:11; Jer. 1:10) y oraban para que Dios edificara a Israel (Sal. 51:18; 69:35; 147:2; Jer.
24:6; 31:4, 28). En el AT (Job 38:17; Sal. 9:13) y en la tradición judía subsiguiente,
“las puertas del Hades” se referían al reino y poder de la muerte; la muerte misma no
silenciaría a la *iglesia. Contra aquellos que suponen que Jesús no podría haber
planeado la iglesia, aunque eligió a doce discípulos como el núcleo de un remanente
para Israel (cf. el uso simbólico de doce en los *Rollos MM), el lenguaje de una
“iglesia” ya estaba siendo utilizado por una comunidad de remanente entre sus
contemporáneos (Rollos MM).
16:19. Ser encargado de las llaves era una de las funciones más importantes que podía
tener un sirviente en una casa (cf. Mar. 13:32–34); un funcionario de alto rango tenía
las llaves en un reino (Isa. 22:20–22) y en la casa de Dios, el templo. Las llaves aquí
hacen referencia a la autoridad para admitir el ingreso al *reino (Mat. 23:13), sobre la
base del conocimiento de la verdad acerca de Jesús (16:16). La comunidad de
*Qumrán también tenía funcionarios que decidían sobre la admisión de miembros; la
decisión se tomaba sobre la base de la aceptación de las reglas de vida de la comunidad
por parte del postulante.
Muchos judíos sentían que la suprema corte judía actuaba sobre la base de la autoridad
del tribunal de Dios en el cielo, ratificando, en cierto sentido, sus decretos. “Atar” y
“desatar” (también 18:18) eran términos usados normalmente para la autoridad
legislativa de los *rabinos en la interpretación de las Escrituras (“prohibir” y
“permitir”), en consecuencia podían aplicarse a situaciones jurídicas también.
16:20. Para un comentario sobre el secreto mesiánico, ver la introducción al Evangelio
de Marcos.
16:21–28
Una redefinición de mesianismo
Pedro había divulgado la identidad secreta de Jesús (16:16), aunque conservaba un
concepto erróneo de lo que esa identidad acarreaba.
16:21. Aun la mayoría de los profetas del AT buscaron evitar el martirio en la medida
que les fuera posible, y se quejaron acerca de sus sufrimientos (1 Rey. 19:3, 4; Jer.
20:7–18). Aunque el martirio estaba asociado con los profetas, no era la meta de ellos;
pero parece ser la meta de Jesús aquí (cf. especialmente 20:28).
16:22. La tradición judía en este período enfatizaba un *Mesías triunfante;
aparentemente, solo un siglo después de la enseñanza de Jesús comenzaron los
maestros judíos a aceptar la tradición de un Mesías sufriente además de la de uno
triunfante. Una de las primeras reglas del discipulado en la antigüedad (con notables
raras excepciones) era: Nunca se debe criticar al maestro, especialmente en público.
Aquí Pedro rompe esa regla, incluso desde el punto de vista cultural.
16:23. La expresión “piedra de tropiezo” (BA) había llegado a utilizarse de manera
figurada para señalar aquello que llevaba a las personas a pecar o a tropezar en su fe.
Jesús identifica a Pedro con *Satanás porque propone la misma tentación: el reino sin
la cruz (4:9, 10). Los *rabinos algunas veces hacían juegos de palabras con los
nombres de los *discípulos; aquí la “roca” (16:18) se convierte en una “piedra de
tropiezo”.
16:24. Para 16:24–28 ver el comentario sobre Marcos 8:34–9:1. Transportar la viga
horizontal en camino a la crucifixión (donde el palo vertical ya estaba plantado
esperando a la persona condenada) significaba soportar la burla y el escarnio a lo largo
de un sendero que conducía a la muerte como criminal condenado. La crucifixión era
la peor forma de muerte por un crimen, la máxima pena romana aplicada solamente a
las clases sociales más bajas y a los esclavos; la sola mención de ella causaba horror.
16:25, 26. La vida de uno vale más que cualquier tesoro, el cual sería inservible si uno
no estuviera vivo para disfrutarlo (cf. Sal. 49:7, 8; Éx. 30:12).
16:27, 28. Jesús hace alusión a Daniel 7:13, 14 y en consecuencia aplica lenguaje del
AT que describe a Dios como juez máximo (Sal. 62:12; Prov. 24:12; Jer. 17:10; 32:19;
Eze. 18:30). La referencia a ángeles es probablemente de Zacarías 14:5, aunque encaja
en el contexto de la imagen en Daniel 7:13, 14. “Probar la muerte” era una expresión
idiomática para “morir”. El versículo 28 es una transición a la revelación que anticipa
el *reino, la cual sigue en 17:1–8.
17:1–13
La gloria brilla nuevamente
Este pasaje incluye tantas alusiones a la revelación que Dios hizo de su gloria a Moisés
en el monte Sinaí, que la mayoría de los lectores judíos de la antigüedad
indudablemente las habrían captado. Para más detalles sobre este pasaje, ver el
comentario sobre Marcos 9:2–10.
17:1. Los seis días hacen alusión a Éxodo 24:16, cuando Dios comenzó a hablar a
Moisés desde su nube en la montaña.
17:2. Algunos textos judíos describían a ángeles gloriosos o a los justos resucitados en
términos como los que describen a Jesús aquí, pero la alusión más fuerte a un aspecto
humano transformado gloriosamente se encuentra en Éxodo 34:29, donde el rostro de
Moisés irradiaba gloria debido a la revelación que Dios hizo de sí mismo a Moisés.
17:3. Los judíos esperaban el retorno tanto de Moisés como de Elías al final de los
tiempos. Ambos (Éx. 24:15, 16; 1 Rey. 19:8) recibieron palabra de Dios en el monte
Sinaí (también llamado Horeb).
17:4. Israel había habitado en enramadas (tabernáculos) en el desierto, mientras la
presencia y la gloria de Dios estaba entre ellos.
17:5. La nube de gloria cubría la montaña en Éxodo 24:15 y el tabernáculo en 40:34
(la misma palabra griega se usa en Éxodo 40:35 de la *LXX que usa aquí Mateo). A
las alusiones bíblicas en Mateo 3:17 la voz en este pasaje agrega Deuteronomio 18:15:
Cuando venga el profeta como Moisés, “a él escucharás”.
17:6–8. El temor de los *discípulos era característico de las personas en el AT y la
tradición judía posterior, cuando experimentaban revelaciones de Dios.
17:9–13. Los judíos creían que Elías regresaría antes del tiempo del fin para poner en
orden las cosas (Mal. 4:5, 6); la *resurrección de todos los justos que habían muerto
debía seguir a su venida, en el tiempo del fin.
17:14–23
Una fe inadecuada para el exorcismo
17:14–21. Para más detalles ver el comentario sobre Marcos 9:14–29. Al igual que
Moisés, al descender del monte, Jesús debe tratar con el fracaso de aquellos a quienes
dejó a cargo (Éx. 24:14; 32:1–8, 21–25, 35). “Movermontañas” era una expresión judía
para referirse a lo que era incomparablemente difícil (las montañas se consideraban las
más estables de todas las cosas; cf. Sal. 46:2; Isa. 54:10); las semillas de mostaza se
usaban proverbialmente para definir una cantidad pequeña. De esta manera, Jesús
señala a los discípulos que nada que Dios les pida que hagan será imposible si confían
en él; cf. Zacarías 4:7.
17:22, 23. Jesús predice lo que habría sido obvio a los discípulos, si ellos hubiesen
sabido que pensaba echar del atrio del templo a los cambistas: él iba a morir (cf. Mat.
18:31; 19:22; 26:22). Debido a que los discípulos entienden su *resurrección como la
resurrección general al final de los tiempos (17:9, 10), no alcanzan a captar lo que él
quiere dar a entender.
17:24–27
Los hijos están exentos
17:24. En todo el mundo antiguo, los hombres judíos adultos libres expresaban su
solidaridad con el templo y la Tierra Santa pagando un impuesto de medio siclo (Éx.
30:13–16); en los tiempos del NT este era de dos dracmas (como aquí), o el
equivalente al salario de dos días de trabajo. Después del año 70, en el tiempo de
Mateo, los romanos confiscaron este impuesto para el mantenimiento de un templo
pagano, y en el principio algunos judíos quizá se hayan negado a pagarlo; pero en el
tiempo de Jesús, cualquier judío leal al judaísmo lo habría pagado. Los cobradores
locales del impuesto quizá se hayan preguntado acerca del punto de vista de Jesús con
respecto al asunto, si es que él ya había manifestado alguna oposición al templo (como
más tarde en 21:12–14; 23:38–24:15); los cobradores no obligaban a pagar a los que
vivían de la contribución de otros (como podrían suponer que sería el caso de Jesús,
Luc. 8:3) o a los mendigos. Por otra parte, quizá simplemente se estarían preguntando
si lo pagaría en esta localidad o en otra parte, porque los *discípulos estaban en
constante movimiento.
17:25, 26. Como un buen profeta, Jesús responde a Pedro aun antes que Pedro
mencione el tema (1 Sam. 9:20; 1 Rey. 14:6; 2 Rey. 5:26; 6:32).
La respuesta a la pregunta de Jesús era obvia; la familia real no se autoimponía
impuestos. El punto de Jesús es, entonces, que el Hijo de Dios no debía pagar
impuestos para el mantenimiento de la casa de su Padre. (El principio de la exención
era conocido en el judaísmo: los servidores del templo, los sacerdotes, lo aplicaban a sí
mismos, para mortificación de algunos de sus contemporáneos *fariseos [*Mishna
Shegalim 1:3, 4 ].) Para los lectores de Mateo esta expresión significaría: No es porque
Jesús no se solidariza con el judaísmo (porque sí lo hace), sino porque él es la
esperanza del judaísmo, es que no necesita pagar.
17:27. No obstante, sobre la base de la solidaridad con el resto de la comunidad judía,
Jesús paga el impuesto. Si alguno de los lectores cristianos judíos de Mateo hubiese
estado buscando una excusa para evitar el pago del impuesto en su propio tiempo, este
versículo le habría alentado a pagarlo.
Un estatero equivalía a cuatro dracmas (cuatro denarios); en consecuencia, cubría el
impuesto para Jesús y para Pedro. Los maestros judíos tenían diversos relatos que
describían la manera en que Dios recompensaba a los judíos fieles que compraban
pescados y encontraban piedras preciosas en ellos; si estos relatos eran de época tan
temprana como el primer siglo (su fecha no puede determinarse con certeza), Pedro
quizá se hubiese sorprendido de que algo similar en realidad le había sucedido a él.
Algunos peces en el lago de Galilea tenían bocas lo suficientemente grandes como
para contener estateros; uno de tales peces era el que ahora es denominado Chromis
simonis (nombrado en honor a Simón Pedro).
18:1–6
La ofensa a los niños
Para mayor información ver el comentario sobre Marcos 9:33–37.
18:1. Algunos textos judíos hablan de diferentes recompensas y jerarquías en el *reino.
Las jerarquías y el status eran temas que los miembros de la sociedad antigua
enfrentaban diariamente.
18:2–4. Los miembros más débiles de la sociedad en la antigüedad eran los niños
pequeños; en la mayor parte de la sociedad antigua, la importancia de la posición
social (status) y la autoridad aumentaba con la edad. En la cultura judía, los niños eran
amados, no despreciados; pero el punto es que aparte de ese amor ellos no tenían una
posición social y no tenían poder ni privilegios fuera de lo que recibían como personas
absolutamente dependientes de sus padres. “Volverse” (“convertirse”, BA) quizá haga
alusión a la idea judía de “cambiar” (como traduce la NVI), regresar o *arrepentirse.
18:5. Sobre “en mi nombre”, ver el comentario sobre 10:40.
18:6. Tropezar” se utilizaba a menudo de manera metafórica para referirse al acto de
pecar o apartarse de la fe verdadera. Las piedras de molino se utilizaban para moler
cereales. Eran extremadamente pesadas, y el término usado aquí se refiere al tipo de
piedra de molino más pesada que era movida por un burro, y no tanto al tipo más
liviano que usaría una mujer. Los judíos consideraban este castigo como una clase de
condena horrible que ejecutarían los paganos; esto hace aún más horrenda la imagen
(cf. *1 Enoc 48:9). Ver el comentario sobre Mateo 26:24.
18:7–14
Los que ofenden a los indefensos
Este pasaje extiende la metáfora a todos los débiles en la *iglesia, incluyendo por
cierto a los niños. Los líderes y miembros de iglesia deben procurar no solamente
evitar causar tropiezo sino ayudar a volver a cualquiera que haya tropezado.
18:7–9. El judaísmo también establecía un equilibrio entre el plan soberano de Dios y
la elección (decisión) y responsabilidad humanas. En la medida en que los ojos
debilitados de una persona podían hacerle tropezar, podían entenderse como una
especie de piedra de tropiezo; sobre piedras de tropiezo, ver el comentario sobre 18:6;
sobre amputación o eliminación de extremidades, comparar el comentario sobre 5:29,
30 o Marcos 9:42–47.
18:10. Los lectores judíos reconocerían en general aquí el concepto del ángel guardián;
era común la creencia de que cada persona judía tenía uno. Más aún, los ángeles
recibían sus órdenes del trono de Dios; pero a diferencia de los ángeles inferiores y los
mortales, solamente los ángeles superiores veían de manera regular la gloria de Dios.
Aquellos que maltrataran a estos “pequeños” serían en consecuencia denunciados
directamente ante Dios por los ángeles superiores, y esa denuncia los dejaría en
posición desfavorable en el día del juicio.
18:12–14. Cien cabezas era el tamaño promedio de un rebaño en Palestina. La
literatura griega y la judía ofrecen otros ejemplos de pastores que debieron dejar el
rebaño o la manada para salir en busca de un animal perdido (cf. 1 Sam. 9:3); un pastor
podía dejar su rebaño al cuidado de los otros pastores con quienes trabajaba, los cuales
estarían cuidando sus propios rebaños. Dios rechazaba a los líderes religiosos que no
cumplían su función de cuidar de los quebrantados y débiles (Eze. 34:2–10), y Dios
mismo cuidaría entonces de las ovejas (34:11–16). En el AT, el pueblo de Dios se
describía comúnmente como ovejas (cf. el comentario sobre Juan 10:1–18).
18:15–20
La disciplina a los que ofenden
Es necesario tener presente que la totalidad del contexto de este pasaje sobre la
disciplina en la iglesia es la misericordia y el perdón; el perdón suaviza (pero no anula)
la fuerza de este pasaje sobre la aplicación de la disciplina a los ofensores dentro de la
comunidad cristiana. El énfasis del contexto está puesto en la esperanza de recuperar a
los equivocados, no en confirmarlos de manera irreparable en su culpa.
18:15. Este procedimiento era el indicado en la costumbre judía, los *Rollos MM, los
*rabinos y otros exigían que uno comenzara con la reprensión privada. Avergonzar
públicamente a una persona sin necesidad se consideraba un pecado, y los maestros
judíos enfatizaban la importancia de recibir reprensión.
18:16. Deuteronomio 19:15 (cf. 17:6, 7) era el texto clásico que las autoridades judías
citaban para exigir dos testigos. (Los *rabinos llevaban este principio a tal extremo que
un testigo ocular no era suficiente, aun cuando el mismo sorprendiera al asesino con el
cuchillo ensangrentado en su mano.) Se siguen procedimientos jurídicos estrictos en
este caso, porque está a punto de iniciarse una acción judicial; Jesús está de acuerdo
aquí con la práctica judía de la reprensión en privado, los testigos, y, por último, si no
hay un arrepentimiento, la asamblea de los jueces (18:17).
18:17. Una *iglesia propiamente dicha funcionaría como una antigua sinagoga, y las
sinagogas antiguas eran no solo recintos dedicados a la oración y el estudio, sino
centros comunitarios donde se aplicaba la disciplina a un miembro de la comunidad
que cometía un agravio. Esta disciplina podía asumir diversas formas, que incluían el
azote en público, pero las más severas eran diversos niveles de exclusión de la
comunidad. Al aplicarse el nivel de disciplina más severo, el ofensor sería tratado
como un pagano en lugar de un judío. Los paganos y los *cobradores de impuestos por
igual (los cobradores de impuestos eran considerados agentes de un gobierno pagano)
estaban excluidos de la vida religiosa de la comunidad judía. La advertencia final a una
persona antes de que una corte tomara una decisión (p. ej., Deut. 25:8) era un acto de
misericordia.
18:18. Muchos judíos entendían que la suprema corte judía actuaba sobre la base de la
autoridad del tribunal de Dios en el cielo, ratificando en cierto sentido sus decretos (los
tiempos de verbo aquí señalan también que la corte celestial decidió primero).
Aquellos que juzgaban casos correctamente sobre la base de la *ley de Dios
representaban su voluntad. “Atar” y “desatar”, términos normalmente utilizados para
sujetar o encarcelar en contraste con liberar o soltar, proporcionan una metáfora natural
para condenar o absolver en una corte. Como términos utilizados regularmente para la
autoridad legislativa de los *rabinos en la interpretación de las Escrituras, podían
naturalmente aplicarse a situaciones judiciales también.
18:19, 20. Los “dos o tres” seguramente se refiere a los “dos o tres testigos” de 18:16.
Estos versículos quizá se refieran a la oración de condenación pronunciada en una
excomunión judía; o podrían representar oraciones a favor del *arrepentimiento y
consiguiente perdón de la persona excomulgada (ver 1 Jn. 5:16). En cualquiera de los
casos es interesante notar que en el AT los testigos debían ser los primeros en ejecutar
el juicio de la corte (Deut. 17:7); aquí, ellos son los primeros en orar.
Diez varones judíos era el quórum mínimo para constituir una asamblea de la
*sinagoga, pero con frecuencia se decía que la presencia de Dios estaba aun con dos o
tres que se reunieran a estudiar su ley. En consecuencia, la presencia de Jesús se
presenta aquí como idéntica a la de Dios; cf. también Mateo 1:23; 28:20. (Uno de los
nombres más comunes para Dios entre los *rabinos posteriores era “el Lugar”, es
decir, el Omnipresente.)
18:21–35
Perdón para los que perdonan
18:21, 22. Setenta veces siete (algunos intérpretes leen setenta y siete) no significan
aquí exactamente 490; se trata de una clásica forma judía de expresar de manera
gráfica: “Nunca guardes rencor”. Debido a que el verdadero *arrepentimiento debía
incluir el apartarse del pecado, algunos *rabinos posteriores limitaron a tres veces las
oportunidades del perdón para un determinado pecado; Pedro quizá haya pensado que
su ofrecimiento de siete veces era generoso.
18:23. Sobre “el reino de los cielos es semejante” ver el comentario sobre 13:24. El
relato aquí es acerca de un rey *gentil, quizá uno de los gobernantes griegos de Egipto
antes que los romanos lo conquistaran. Aquí “siervos” podría referirse a sus esclavos
superiores, los cuales estaban en mejores condiciones que prácticamente la totalidad de
las personas libres de Egipto, la mayoría de las cuales eran labriegos. Sin embargo, en
este caso “siervos” probablemente se refiera a los sátrapas libres de la provincias, que
funcionaban como cobradores de impuestos para el gobernante en diversas regiones;
ellos también eran vasallos del rey. El gobernante les permitía cobrar impuestos para él
con un margen de ganancia personal, pero exigía de ellos eficiencia; este era el
momento del año en que arreglaría las cuentas con ellos.
18:24. Muchos trabajadores agrícolas hacían un gran esfuerzo para pagar los
impuestos, pero esta dificultad no reducía la responsabilidad del cobrador de presentar
al rey la suma exigida. Algunos de los *discípulos, y quizá hasta Jesús mismo, podrían
haber sonreído mientras el maestro relator contaba acerca de la medida en que el rey
había permitido a uno de sus sirvientes endeudarse: diez mil talentos probablemente
representaban más que la totalidad del ingreso anual del rey, ¡y quizá hasta más que la
existencia de moneda acuñada que había en circulación en Egipto en ese tiempo! En
cierto período, el talento de plata representaba seis mil dracmas, o el salario de seis mil
días de trabajo para un típico trabajador de Palestina; así, diez mil talentos serían
aproximadamente el equivalente al salario de sesenta millones de días (en otro período,
100 millones). Aunque los impuestos eran exorbitantes en aquel tiempo, especialmente
para los trabajadores rurales, *Josefo señala que el tributo anual de Galilea y Perea en
el tiempo del próspero Herodes era de solamente doscientos talentos; por lo tanto, era
inconcebible que un funcionario pudiera endeudarse de esa manera. El judaísmo
antiguo a menudo consideraba los pecados como deudas delante de Dios (ver el
comentario sobre 6:12).
18:25. Los gobernantes ptolomeos (reyes que gobernaron Egipto en el período griego)
nunca aceptaban excusas. Hacer esclavos de miembros de la familia como
consecuencia de las deudas de una persona era una práctica *gentil que a los judíos de
este tiempo les resultaba aborrecible. Las matemáticas no funcionan aquí; el precio
promedio de un esclavo era el equivalente al salario de entre quinientos y dos mil días
de trabajo, por lo que el rey no recuperaría siquiera una milésima parte de sus pérdidas
con esta venta. ¡Pero un rey con mejores habilidades matemáticas nunca habría
permitido en principio que el hombre se endeudara hasta tal extremo!
18:26. “Lo pagaré todo” era una promesa corriente en documentos comerciales de la
antigüedad. Pero a la luz de 18:24, esta promesa es claramente imposible de cumplir.
18:27. Dado lo implacables que eran los antiguos reyes del cercano oriente, y la
enormidad de la deuda, que este gobernante perdonara a su sirviente sería casi tan
imposible en el mundo real como lo era el tamaño de la deuda. Algunas veces los
gobernantes debían perdonar impuestos atrasados a los labriegos egipcios cuando el
fracaso de las cosechas les imposibilitaba pagar, pero los montos en cuestión eran
comparativamente pequeños.
18:28. Cien denarios representaban el salario de cien días de un trabajador común, lo
cual sería una suma pequeña para su colega cobrador de impuestos, después de arreglar
sus cuentas con el rey (18:23). Era asimismo una suma ridículamente minúscula
comparada con lo que el primer siervo le debía al rey. Pero aparentemente el siervo
perdonado, en lugar de hacer propio el principio de la gracia, había decidido ser
implacablemente eficiente en su exigencia de cobrar lo que se le adeudaba. Existen
informes de que en otros ámbitos de la antigüedad acreedores enojados recurrían a
acciones tan extremas como tomar a otra persona del cuello y ahogarla.
18:29, 30. Una persona que estaba en la cárcel no podía pagar sus deudas (v. 34), a
menos que sus amigos vinieran en su ayuda con la suma requerida.
18:31–33. Sería normal que el rey se enojara; el siervo perdonado sacó del servicio
activo a otro de sus sirvientes, lo cual representaba para el rey más pérdidas por
impuestos no cobrados. El rey había ganado más popularidad al convencer a sus
súbditos de su benevolencia, de lo que habría ganado por la venta del primer siervo;
pero cuando circularon los rumores que este primer siervo, su agente, estaba actuando
sin misericordia, causó un efecto perjudicial sobre su propia benevolencia.
18:34. La ley judía no permitía la tortura, pero los judíos sabían que los reyes *gentiles
(como también Herodes) la practicaban. Debido a que este siervo había caído del favor
político, no tendría aliados que se atrevieran a venir en su ayuda; y aun si los tuviera,
la suma que adeudaba haría que su situación siguiera siendo irremediable. Nunca
habría recuperado su libertad.
18:35. Los grandes contrastes de la *parábola son risueños y a la vez eficaces para
relajar la guardia del oyente de la antigüedad, pero los detalles espeluznantes de la
esclavitud por deudas, la tortura y demás, hacen impactante la enseñanza. Esta historia
habría hecho efecto en el oyente de la antigüedad.
19:1–12
Las razones para el divorcio
Este pasaje sigue la secuencia de un debate *rabínico.
19:1–3. Los *fariseos mismos debatían los fundamentos del divorcio implícitos en
Deuteronomio 24:1–4: La escuela de *Shammai, que predominaba en el tiempo de
Jesús, sostenía que el pasaje permitía el divorcio únicamente si la esposa era infiel; la
escuela de *Hillel, que finalmente se impuso, decía que un hombre podía divorciarse
de su esposa si ella quemaba las tostadas (un rabino posterior de esta escuela agregó:
“¡O si uno encuentra una persona más atractiva!”). El éxito de la sabiduría de un
protagonista que era puesto “a prueba” con preguntas difíciles era un tema antiguo (cf.
1 Rey. 10:1).
19:4–6. Una práctica de interpretación corriente era replicar a un versículo
comprobatorio apelando a otro. Al igual que los sectarios que escribieron los *Rollos
MM, Jesús apela al propósito original de Dios en la creación en Génesis 2:24.
19:7. Aquí Jesús se refiere a Deuteronomio 24:1, el texto básico que los intérpretes
judíos usaban para debatir los fundamentos para el divorcio.
19:8. Los maestros judíos de la *ley reconocían una categoría jurídica denominada
“concesión”: algo que estaba permitido solamente porque era mejor regular el pecado
antes que renunciar totalmente al control sobre el mismo. Frente al propósito de Dios
en la creación (Gén. 2:24), el divorcio caía de manera natural en esa categoría (cf. Mal.
2:14–16).
19:9. La escuela de *Shammai (ver el comentario sobre 19:1–3) no permitía el
divorcio excepto a causa de infidelidad por causa de la esposa (ya sea concretada o un
intento de la misma), pero no consideraba que el nuevo casamiento fuera adúltero.
Jesús es más consistente: si una persona se divorcia de su cónyuge sin fundamentos
válidos (infidelidad o pecados análogos; cf. 1 Cor. 7:10–13), el casamiento no queda
en verdad disuelto y el casamiento posterior resulta en adulterio. Esta afirmación (que
todas las uniones siguientes carecen de validez a menos que el primer casamiento
hubiera sido disuelto por infidelidad) podría ser una hipérbole y no algo literal, pero la
hipérbole se presenta de esta manera para que el punto quede perfectamente grabado y
no se desestime. El divorcio nunca debe tomarse livianamente.
Debido a que los hombres podían divorciarse unilateralmente de las mujeres, pero ellas
podían pedir el divorcio únicamente bajo ciertas condiciones muy limitadas (y en este
caso necesitarían de la ayuda de la corte), la oposición a esta clase de divorcio es
también una defensa de las mujeres casadas.
19:10. Los hombres judíos daban por sentado su derecho al divorcio. Casarse sin una
cláusula alternativa de escape en caso de que no funcionara (los padres concertaban los
casamientos y los cónyuges no siempre resultaban ser lo que se esperaba) hacía de la
idea del casamiento algo para temer.
19:11, 12. Los *rabinos reconocían diversas categorías de eunucos: aquellos nacidos
sin órganos sexuales (es decir, hechos eunucos por Dios) y aquellos hechos eunucos
por las personas, como los que servían en las cortes orientales. Pero nada era tan
ofensivo para la sensibilidad de los judíos como hacer eunuco a alguien, una práctica
que lo excluiría del pueblo de Dios (Deut. 23:1). Quizá con Isaías 56:4, 5 en mente,
Jesús usa este lenguaje gráfico para describir un llamado a permanecer soltero por
causa del *reino, aunque la soltería, también, generalmente estaba fuera de la corriente
de la vida social judía (ver el comentario sobre 1 Cor. 7).
19:13–15
Los hijos del reino son bendecidos
Para más detalles ver el comentario sobre Marcos 10:13–16; el relato de Mateo está
abreviado, pero la abreviación de tales relatos era una práctica común de la escritura en
la antigüedad.
Los niños eran socialmente incapaces y dependientes. Algunas personas en el AT
imponían sus manos a otros para conferir una bendición en oración. Los *discípulos
insensibles que trataron de apartar del maestro a los que buscaban su ayuda podrían
haber hecho recordar a los oyentes judíos el caso de Giezi, un discípulo de Eliseo que
finalmente perdió su puesto (2 Rey. 4:27; 5:27).
19:16–22
Un precio demasiado alto
Ver Marcos 10:17–22.
19:16. Las tradiciones griegas también hablan de jóvenes aristocráticos que querían
estudiar con un maestro famoso pero que estaban demasiado malcriados como para
llevar a cabo lo que el maestro exigía.
19:17. La tradición judía daba énfasis a la bondad de Dios (p. ej., *Filón: “Solo Dios
es bueno”) y aun usaba “el Bien” como un título para él (como asimismo para la ley);
al enfatizar la bondad singular y única de Dios, Jesús espera confrontar al hombre con
su propia necesidad. “Entrar en la vida”: “la vida” se utilizaba en algunos casos como
una abreviatura para “la *vida eterna”, la vida del mundo venidero).
19:18, 19. Estos mandamientos incluyen, de entre los Diez Mandamientos (excepto la
prohibición de codiciar, humanamente imposible de poner a prueba), los que están
orientados hacia las personas (en oposición a los que están orientados hacia Dios) y el
resumen de los mandamientos orientados hacia las personas: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo (Lev. 19:18; cf. Mat. 22:39).
19:20. Con la posible excepción del menos específico “Amarás a tu prójimo como a ti
mismo”, la mayoría de los judíos podría afirmar haber guardado los mandamientos
específicos recién mencionados. La expresión “joven” señala una edad de entre
veinticuatro y cuarenta años.
19:21. Solamente unos pocos maestros griegos radicales exigían tales cosas de
*discípulos potenciales. Las demandas de Jesús son más radicales de lo que permitían
las leyes judías de caridad (no sea que el benefactor quedara él mismo reducido a la
pobreza); reglamentaciones posteriores limitaron la caridad al veinte por ciento (lo cual
de todos modos era una cantidad importante, sumada a los diezmos e impuestos). Se
trataba de una prueba severa, no solo con respecto a si el discípulo valoraría al maestro
por sobre las posesiones terrenales, sino con respecto a su afirmación de amar a su
prójimo como a sí mismo.
19:22. El joven responde de la manera en que habrían respondido y efectivamente
respondían la mayoría de los aristócratas cuando se los confrontaba con tales
demandas. El *reino no tiene el propósito de ser una bendición adicional que viene
como agregado a una vida cómoda; exige el todo de la persona, de otro modo ya no
sería el reino. Por esa razón apela más fácilmente a los que tienen menos que perder.
19:23–29
Un análisis de costo-beneficio con respecto al reino
Ver Marcos 10:23–31.
19:23–26. Aquí Jesús claramente utiliza la *hipérbole. Sus palabras reflejan una
antigua ilustración para lo imposible: un animal muy grande que pasa a través del ojo
de una aguja. (El ojo de una aguja en el tiempo de Jesús significaba lo mismo que hoy;
la idea en cuanto a que era simplemente el nombre de una pequeña puerta en Jerusalén
está basada en una puerta del período medieval, y no arroja luz sobre la enseñanza de
Jesús en el primer siglo.) La corriente principal del judaísmo nunca negó a los ricos un
lugar en el *reino de Dios; muchos de sus benefactores y líderes eran ricos. Jesús
concede que los ricos podrán, por la gracia de Dios, entrar, pero solamente si dan su
riqueza a los pobres.
19:27–29. “Regeneración” era una palabra utilizada en los círculos griegos para la
renovación futura del mundo, y naturalmente se aplicaba a las expectativas judías de
un nuevo orden mundial (tales expectativas aparecen en Isa. 65:17; 66:22; y en los
*Rollos MM). La restauración de las doce tribus era una de las creencias clásicas
judías acerca del tiempo del fin. Los jueces fueron quienes gobernaron a Israel en el
AT antes de la institución del reinado israelita.
19:30–20:16
Los últimos y los primeros
El contexto agrícola de esta *parábola coincide con lo que se conoce a partir de otras
fuentes judías palestinas de la antigüedad. Otros *rabinos también contaban parábolas
parecidas a ésta, aunque el punto de Jesús es diferente del que se conserva en parábolas
rabínicas similares; sin embargo, típicamente, ambas presentan a Dios como un rey o
el dueño de una propiedad.
19:30. La literatura antigua a menudo empleaba un recurso llamado inclusio para
cerrar como entre paréntesis secciones de material referidos a un tema en particular;
19:30 y 20:16 encierran y separan esta parábola, que continúa naturalmente la idea del
mensaje en 19:23–29, de hacer un sacrificio en este tiempo. La mayoría de los judíos
creían que el día del juicio pondría en orden todas las cosas; los *gentiles serían
humillados e Israel sería exaltado.
20:1. Sobre “el reino de los cielos es semejante a”, ver el comentario sobre 13:24. Los
terratenientes ricos a menudo contrataban trabajadores temporales, especialmente
durante la época de la cosecha, cuando se necesitaban trabajadores para períodos
cortos. El trabajo comenzaba casi al amanecer, alrededor de las seis de la mañana,
antes de que el día calentara.
20:2. Algunos trabajadores temporales tenían también sus pequeñas parcelas de tierra;
otros eran hijos de aquellos que tenían pequeñas parcelas y no habían heredado nada
de la tierra de sus padres; y aun otros habían perdido su tierra y viajaban de un lugar a
otro buscando empleo. Un denario era el salario promedio de un día de trabajo.
20:3. Poco antes de las nueve de la mañana (la hora del día tenía que calcularse a partir
del amanecer) el dueño del campo encontró en la plaza del mercado a un grupo de
trabajadores temporales que esperaban que alguno los contratara. Si era tiempo de
cosecha y estos hombres tenían algo de tierra propia, es probable que hayan trabajado
a primera hora de la mañana recogiendo su propia cosecha madura.
20:4. Estos trabajadores habrían esperado recibir menos que el salario de un día
completo.
20:5. La “sexta hora” es el período inmediatamente anterior al mediodía, y la “novena
hora” sería poco antes de las tres de la tarde. Los trabajadores terminarían su tarea a las
seis de la tarde, de modo que aquellos recientemente contratados habrían esperado
recibir una suma considerablemente inferior a la que correspondía por un día entero de
trabajo.
20:6, 7. Estos trabajadores son contratados por una sola hora de trabajo; pero la
cosecha debe recogerse rápidamente, antes que finalice el día, y el trabajo aún no está
completo. Estos versículos describen la típica urgencia que caracterizaba la cosecha en
la antigüedad. Era común que en la plaza del mercado se congregaran no solo los
trabajadores temporales que buscaban empleo sino también los holgazanes.
20:8. La ley judía mandaba que los trabajadores cobraran al final de cada día, debido a
que los salarios a menudo eran apenas más que lo suficiente para las necesidades de un
día (Deut. 24:14, 15).
20:9–15. En todo el mundo mediterráneo los ricos a menudo otorgaban regalos
importantes a los pobres, y eran ampliamente exaltados por su beneficencia,
aumentando la posición social de los donantes. Debido a que la posición social definía
los roles en la sociedad antigua, aquellos que se quejaran por recibir el salario de un
día por un día de trabajo, serían considerados groseros y desagradecidos.
“Tienes envidia” es literalmente “¿es malo tu ojo?” (RV y BA); era una expresión que
significaba un “ojo avaro” (cf. Prov. 28:22, RV, y nota al pie en la RVA); sugerir que
los labradores eran avaros debido a que él era un benefactor generoso era una manera
humillante de decirles que se fueran. Todos los judíos afirmaban que Dios, quien era el
único legítimo dueño de todas las cosas, era un benefactor, no importa qué fuera lo que
diera; reconocían que solamente su atributo de misericordia permitiría que aun Israel
pudiera sobrevivir al día del juicio.
Los maestros judíos empleaban un relato tradicional similar acerca del día del juicio,
pero lo usaban para señalar precisamente lo contrario. Israel, que había trabajado
fuerte, recibiría un salario importante; los *gentiles, que habían trabajado poco,
recibirían poco. Sin embargo, en este contexto, el punto de Jesús desafía a los que
tienen dinero y posición en este mundo, judíos o gentiles, y promete que en el mundo
venidero Dios compensará a los que fueron oprimidos en este mundo.
20:17–19
Jesús como el último
En este contexto en el cual los de posición más humilde son exaltados, Jesús ofrece el
ejemplo extremo: someterse voluntariamente al ridículo y a la ejecución como un
criminal común a manos de los romanos, para ser vindicado por Dios en la
resurrección.
20:20–28
El mayor es el siervo
Ver el comentario sobre Marcos 10:35–45.
20:20, 21. Tanto en círculos judíos como romanos la intercesión indirecta de una
madre era a menudo más eficaz que la petición directa de un hombre por sí mismo (ver
también 2 Sam. 14:2–20; 1 Rey. 1:15–21; cf. 2 Sam. 20:16–22). Sin embargo, en este
caso no funciona.
20:22–24. La “copa” representa la muerte de Jesús (Mat. 26:27, 28, 39); Jesús quizá
toma prestada la imagen de la “copa de ira” en los profetas del AT (para referencias
ver el comentario sobre Mar. 10:38).
20:25. La conducta de los *gentiles es el ejemplo más negativo que puede darse (5:47;
6:7; 18:17). Los reyes israelitas habían estado sujetos a convenciones morales más
estrictas que los soberanos paganos vecinos (cf. el mayor abuso de poder por parte de
Jezabel que de Acab). La tradición judía reconocía que la mayoría de los gobernantes
paganos de los tiempos posbíblicos fueron también tiranos.
20:26, 27. Invertir el rol del señor y el esclavo era algo radical en cualquier parte en la
antigüedad; aun los pocos señores que consideraban que los esclavos eran
teóricamente sus iguales, no iban tan lejos como lo hace Jesús aquí. Los *discípulos
judíos servían a sus *rabinos; en la comunidad de *Qumrán, aquellos de menor rango
obedecían a los de rango mayor.
20:28. Aquí Jesús probablemente hace alusión al siervo sufriente de Isaías 53, que
ofrece su vida a favor de muchos. Se trata también de un argumento judío de “cuánto
más” (gal vahomer): si su señor servía, cuánto más debían hacerlo ellos.
20:29–34
Tiempo dedicado a los ciegos
20:29, 30. Aunque el camino de Jericó a Jerusalén era famoso por los ladrones, era
muy utilizado, y los grupos grandes (como el de Jesús) no corrían riesgo. Jericó era
una de las ciudades más ricas de Judea, y los mendigos allí no morían de hambre, pero
su vocación como mendigos y dependientes todavía los señalaba como pobres y
ubicados en la parte más baja de la escala socioeconómica (unos “donnadies” que
dependían de la misericordia de los transeúntes). “Hijo de David” señala que
reconocen a Jesús como *Mesías. “Ten misericordia de nosotros” podría ser un típico
pedido de limosna, aunque ellos aquí buscan algo más.
20:31. Aquellos que creían que su caminata a Jerusalén conducía al establecimiento
del *reino, bien podrían considerar que Jesús tenía cosas más importantes que hacer
que dejarse detener por esos mendigos, ya sea que simplemente estén queriendo una
limosna o que estén buscando algo más.
20:32–34. Los mendigos quieren más que una limosna, y Jesús demuestra una vez más
la diferencia entre su *reino y la clase de reino que la mayoría esperaba.
21:1–11
El rey humilde
Para algunos detalles más ver Marcos 11:1–10.
21:1–3. El acto de pedir prestado un asno podría interpretarse desde el punto de vista
de emisarios reales que requisan (exigen el servicio de) un animal en forma temporal;
Jesús, como el Señor, tiene derechos sobre todo lo que sus seguidores posean. A nivel
histórico, el dueño del asno probablemente lo entendió como una manera de brindar
hospitalidad a los visitantes a la fiesta, o quizá como el honor de ayudar en su camino a
un famoso *rabino. Algunos comentaristas han sugerido también que el dueño estaba
ausente y que aquellos que estaban a cargo de la casa, al oír que “el Señor los
necesita”, pensaron que lo estaban enviando a su verdadero dueño; pero ellos
seguramente conocerían a los otros sirvientes de su casa, y reconocerían que los
discípulos no eran parte de ella. Compare quizá Génesis 49:10, 11.
21:4–7. Los pollinos que aún no habían sido montados algunas veces acompañaban a
la madre. Siguiendo una práctica judía común de leer el texto hebreo obteniendo lo
máximo del mismo, Mateo lee Zacarías 9:9 como refiriéndose a dos animales en lugar
de referirse al mismo animal en dos maneras. El texto es mesiánico, como reconocían
en general los intérpretes de la antigüedad, pero la aplicación de esta parte a sí mismo
redefine el ministerio mesiánico de Jesús: los funcionarios usaban asnos para
procesiones civiles, no militares (p. ej., 1 Rey. 1:33). Así, este texto no representa una
“entrada triunfal” en el sentido de las procesiones triunfales romanas; es la recepción
que ofrece Jerusalén a un rey humilde y pacífico.
21:8. Los peregrinos a las fiestas a menudo recibían una bienvenida así, aunque la
aclamación de 21:9 sugiere que en el caso de Jesús la bienvenida se dio en una escala
mayor y más importante. Cf. Salmo 118:27 (NVI).
21:9. A excepción de la exclamación “hijo de David”, que señala un reconocimiento
del ascendiente de Jesús y una esperanza de que él es el *Mesías, la aclamación de
ellos es tomada del Salmo 118:25, 26 (“¡Hosanna!” significa “¡Salve!”). El Hallel,
compuesto de los Salmos 113–118, se cantaba regularmente durante la época de la
Pascua y estaría fresco en la mente de todos; generaciones posteriores aplicaron estos
salmos a la redención futura que esperaban. En Mateo 21:42, Jesús cita
mesiánicamente el Salmo 118.
21:10, 11. Jesús era más conocido en Galilea que en Judea; las fuentes antiguas a
menudo. eñalan las divisiones regionales entre ambas.
21:12–17
El desafío a la aristocracia del templo
Al igual que cuando Jeremías rompió la vasija en el templo siglos antes (Jer. 19), la
demostración de Jesús allí fue un acto profético que invitaba al *arrepentimiento y
advertía acerca de la inminente destrucción del templo (ver el comentario sobre Mat.
24:1, 2).
21:12. La *ley del AT requería que los visitantes a la fiesta compraran sus sacrificios
en Jerusalén, de aquí que fuera necesario que hubiera vendedores de palomas y otros
animales para sacrificios. Debido a que los visitantes venían con moneda extranjera (la
mayoría de las ciudades de Galilea tenían su propia moneda) los cambistas también
habían llegado a ser algo necesario. Aunque los cambistas en la antigüedad por lo
general lograban importantes ganancias, se dice que los que estaban en el templo
ganaban relativamente poco. El tema no es tanto el comercio en sí, y posiblemente
tampoco lo sea la cuestión en cuanto a si implica la explotación económica bajo la
apariencia de la religión; lo importante es dónde se lleva a cabo el comercio. Los
estudiosos han propuesto diversas teorías sobre la base de evidencia posterior,
incluyendo que la venta de animales se había instalado en el Atrio de los Gentiles
hacía muy poco tiempo; pero esta teoría es incierta.
21:13. El templo del AT no restringía oficialmente el acceso de mujeres o no judíos,
pero al extender las leyes judías sobre la pureza, los arquitectos del templo de Herodes
habían excluido a las mujeres del Atrio de Israel, colocándolas en un nivel inferior, y a
los no judíos aun fuera del Atrio de las Mujeres. Los no judíos que entraran a la parte
judía del templo lo hacían bajo pena de muerte; no obstante, en las festividades muy
concurridas, la multitud bulliciosa que rodeaba a las mesas de los comerciantes sin
duda ocupaba una parte importante del amplio espacio en el Atrio de los Gentiles.
Jesús cita aquí Isaías 56:7, que señala que el templo es para los *gentiles también, una
sutileza que algunos de los lectores más hábiles de Mateo podrían haber captado.
También cita Jeremías 7:11 (“cueva de ladrones”), dirigido a los líderes religiosos del
tiempo de Jeremías que pensaban que los intereses creados que ellos manejaban en el
templo los protegerían de la ira de Dios y la destrucción del templo. No fue así.
21:14. Aun a los sacerdotes hereditarios que estaban ciegos o eran cojos no les estaba
permitido el acceso al santuario (Lev. 21:18); esta regla se amplió con el tiempo, para
excluir a todos los ciegos y cojos (cf. 2 Sam. 5:8; ver también los *Rollos MM). Los
*rabinos del segundo siglo permitían pero no exigían que los hombres ciegos y cojos
participaran de las fiestas al igual que los otros hombres. Aunque aquellos que
controlaban el templo no se habrían opuesto a la presencia de ellos en el atrio exterior
(ver, p. ej., Hech. 3:2), el énfasis de Jesús con respecto a ministrarlos aquí constituye
una afirmación contracultural.
Los poderosos sacerdotes *saduceos que administraban el templo no estaban por lo
general buscando a un *Mesías; pero si lo hubiesen esperado, habrían esperado que él
o bien desafiara militarmente el poder de ellos, o que buscara una alianza. Desde el
punto de vista aristocrático, buscar seguidores entre los débiles era una manera necia
de tratar de establecer un reino.
21:15–17. Las pretensiones *mesiánicas amenazaban la estabilidad de la jerarquía del
templo tanto como el voltear las mesas (cf. 27:11). Debido a que los sumos sacerdotes
hablaban griego como primer idioma, Jesús cita para ellos de la traducción griega del
Salmo 8:2, que dice “alabanza”, en lugar del hebreo, que dice “fortaleza” (ligeramente
menos apropiado). Jesús quizá argumente con base en el gal vahomer (“cuánto más”):
Si Dios puede producir poder o alabanza de las bocas de niños, ¿cuánto más puede él
confundir a los poderosos por las bocas de estos pequeños?
21:18–22
El poder de la fe
21:18. Jerusalén se llenaba de visitantes durante la época de la Pascua, quizá llegaran a
500.000 personas, y muchos de los visitantes debían, en consecuencia, alojarse en la
campiña. “Por la mañana” quizá signifique una hora tan temprana como las seis.
21:19, 20. Para este tiempo del año las higueras cerca del monte de los Olivos tendrían
hojas, pero en esta época temprana solamente había frutos verdes de sabor
desagradable; los higos comestibles aparecían en los primeros días de junio. A menudo
el fruto verde se caía y quedaban solamente hojas.
La secuencia de los acontecimientos aquí difiere de Marcos (cf. Mar. 11:12–14, 20–
26); en la antigüedad la biografía no necesitaba ser cronológica, y los cambios en la
secuencia de Marcos no habrían sido considerados importantes. Para mayores detalles,
compare el comentario en el pasaje de Marcos.
21:21, 22. Desde el lugar en que Jesús y sus *discípulos estaban parados
probablemente pudiera verse el monte de los Olivos y (desde sus laderas) también el
mar Muerto; de esta manera, la ilustración de Jesús habría sido vívida para sus
discípulos. “Quitar montañas” era una expresión retórica para hacer lo que era
prácticamente imposible; aquí Jesús promete que nada sería imposible para ellos. Esta
promesa trae reminiscencias de la actividad milagrosa que caracterizó el ministerio de
algunos profetas del AT, como Elías y Eliseo.
21:23–32
La autoridad correcta
Los conflictos con las autoridades que se suscitarán en los capítulos siguientes reflejan
métodos clásicos de debates en la antigüedad: preguntas y respuestas, respuestas
agudas, e intentos por atrapar a los opositores con sus propias palabras. Para más
detalles ver el comentario sobre Marcos 11:27–33.
21:23–27. Jesús responde a la pregunta de las autoridades con una contra pregunta, lo
cual era algo común en el debate judío. Sostiene que su autoridad y la de Juan
provienen de la misma fuente, “el cielo” (una manera judía de decir “de Dios”; cf.
21:25). Esta respuesta sigue el principio legal judío en cuanto a que un mensajero
comisionado actúa con la plena autoridad de aquel que lo envía. El resto de la
interacción sigue el procedimiento normal para el debate en ese período.
Los sumos sacerdotes eran políticos, menos populares que los fariseos quienes no
tenían poder político, que debían equilibrar tanto los intereses de su gente como los de
las autoridades romanas. En consecuencia, debían tener presente la opinión popular
cuando tomaban decisiones que podían resultar desagradables a la gente (21:26).
21:28–30. Era natural que un padre le pidiera a su hijo que fuera a trabajar en la viña.
Que el hijo se hubiera negado a ir habría sido ofensivo para la sensibilidad moral judía:
este sería un hijo abiertamente desobediente, y la desobediencia era una ofensa
punible. Pero no ir después de haber prometido hacerlo era peor que no haberlo
prometido; este hijo violó su palabra para con su propio padre. El hijo que se negó a ir
pero se *arrepintió, claramente actuó mejor que el otro (cf. Eze. 18:21–24).
21:31, 32. Los piadosos consideraban a los *cobradores de impuestos y a las
prostitutas como excluidos de la práctica del judaísmo. Jesús no podría haber elegido
una comparación más ofensiva. La pregunta retórica, o la invitación a la
reconsideración hecha al final de la *parábola, era una técnica muy antigua para
desafiar a los oyentes (p. ej., Isa. 5:4; cf. 2 Sam. 12:1–7). “Camino de justicia”
significa un estilo de vida justo (Prov. 8:20; 12:28; 16:31), que eran tanto la práctica
como el mensaje de Juan.
21:33–46
Los labradores malvados y el terrateniente benévolo
Gran parte del imperio romano estaba controlado por terratenientes ricos, cuyas
ganancias de la tierra les permitía vivir en total comodidad. Sus propiedades
generalmente eran trabajadas por labradores que alquilaban la tierra, quienes
generalmente eran labriegos libres (como en Egipto), pero en otros casos por esclavos
(como en la mayor parte de Italia). Aunque los terratenientes alcanzaban gran honra
entre los pobres, si eran benévolos y trataban a sus obreros como los *protectores
urbanos trataban a los *protegidos de la clase baja, estos terratenientes generalmente
tenían poco incentivo para actuar de esta manera. Generalmente vivían lejos, a menudo
en las ciudades, y tenían poco contacto personal con sus trabajadores. Pero el
terrateniente en esta *parábola es tan benévolo que los aristócratas lo habrían
considerado ingenuo.
Jesús se dirige a los que se consideraban gobernantes de Israel (21:23) y les recuerda
que son meramente custodios designados por Dios (como los pastores de Jer. 23 y Eze.
34) sobre su viña.
21:33. La descripción de Jesús responde a la manera normal en que se preparaba una
viña, pero claramente alude a Isaías 5:1, 2, donde Israel es la viña.
21:34. Los pagos se realizaban en la época de la cosecha, ya sea por porcentaje
(generalmente, por lo menos el 25 por ciento) o una cantidad predeterminada.
21:35–37. Los terratenientes siempre tenían poder, social y legalmente, para imponer
su voluntad sobre los arrendatarios; se dice que algunos hasta tenían grupos de
asesinos a sueldo para tratar con inquilinos que causaban problemas. Aquí los
inquilinos actúan como si ellos fuesen los que tienen el poder, y lo explotan sin
misericordia (en contraste con el ideal de un terrateniente benévolo). Esta actitud
encaja en la tradición judía en cuanto a que Israel martirizó a muchos de los profetas
que Dios envió.
21:38, 39. Los arrendatarios especulan demasiado con respecto a la herencia. Aunque
ellos podrían haberla arrebatado bajo ciertas condiciones legales, el dueño podía
también estipular, y luego de las malas acciones de ellos ciertamente lo haría, que
algún otro heredara la viña; o los representantes del emperador podrían haberla
tomado. La historia pinta a los inquilinos como incomparablemente malvados y torpes;
sin embargo, los inquilinos son una metáfora transparente de los líderes religiosos que
son servidores de sí mismos antes que de Dios, como los oyentes de Jesús saben
(21:45).
21:40, 41. Los oyentes de la antigüedad se preguntarían por qué el dueño de la tierra
no había intervenido antes para expulsar a los inquilinos. La formulación de preguntas
era una manera típica en que los *rabinos incluían a los oyentes en el relato o la
enseñanza; lograr que los oyentes de las *parábolas pronunciaran juicio sobre sí
mismos era algo familiar que provenía de los profetas bíblicos (2 Sam. 12:5–7; 14:8–
17; 1 Rey. 20:40–42).
21:42. Este versículo es del Salmo 118:22, 23, parte del Hallel, como 118:25, 26
citado en Mateo 21:9. El edificio al que se refiere es el templo (ver Sal. 118:18–21,
25–27); en su carácter de piedra angular de un nuevo templo, Jesús representa una
amenaza para los constructores del antiguo (la aristocracia judía). (Los intérpretes
discrepan con respecto a si la “piedra … cabeza del ángulo” se refiere a la piedra
colocada en la esquina del cimiento o a la piedra que es la culminación de un arco,
pero este punto no es crucial para la interpretación del pasaje.)
21:43. Israel era una “nación santa” (Éx. 19:5, 6), pero la amenaza de transferir a otros
la condición de ellos ya había sido hecha antes (Éx. 32:10; Núm. 14:12). Dios rechazó
el desprecio de los edificadores (Mat. 21:42), y podría reemplazarlos (cf. 3:10).
“Producir” frutos (cf. 3:8) significaba entregar el fruto al dueño de la tierra (Dios), en
contraste con los inquilinos de la *parábola (21:33–42).
21:44. “El que caiga sobre “la piedra, refleja Isaías 8:14, 15 (cf. Isa. 28:16); la piedra
que cae sobre el ofensor hace alusión a Daniel 2:34, 44, donde el *reino de Dios,
descrito como una roca, desmenuza a sus opositores terrenales. Jesús usa aquí una
práctica judía común de exponer un versículo (Mat. 21:42) citando otros que
comparten la misma palabra o concepto clave, en este caso, la piedra divina. Un
*rabino posterior advirtió: “Si una vasija cae sobre una roca, ay de la vasija; si una
roca cae sobre la vasija, ay de la vasija; de una manera o de otra ¡ay de la vasija!”.
21:45, 46. Los líderes sacerdotales eran políticos astutos que tendrían cuidado de no
actuar públicamente en contra de los deseos del pueblo; los *fariseos gozaban de
popularidad entre la gente, pero no la suficiente como para desafiar directamente la
popularidad de Jesús. La aristocracia sacerdotal y los fariseos actuaban
concertadamente solo cuando era necesario preservar a su gente de sentimientos
revolucionarios peligrosos; el desafiar a un adversario común como lo sería un
pretendiente *mesiánico, encajaría en esta categoría.
22:1–14
Dar honra al hijo del rey, o morir
22:1, 2. Sobre “el reino de los cielos es semejante a” ver el comentario sobre 13:24. En
las *parábolas, los *rabinos a menudo comparaban a Dios con un rey, cuyo hijo
representaba a Israel; a menudo, el contexto era también una fiesta de bodas para el
hijo. Las fiestas de bodas eran frecuentemente grandes reuniones; una persona
acaudalada podría invitar a toda la ciudad a una boda. La asistencia a una boda exigía
cierto compromiso de tiempo valioso por parte de los invitados (los oyentes judíos
darían por sentado que una fiesta duraba siete días, y un rey esperaría que sus invitados
permanecieran durante la totalidad de la fiesta); este compromiso sería difícil de
cumplir para los labriegos. Pero el honor de ser invitado por un rey, y el terror de
ofenderlo, habría motivado a los invitados inteligentes a asistir. De todos modos, los
invitados quizá hayan sido terratenientes aristocráticos (22:5), quienes contaban con el
tiempo libre necesario para ese tipo de actividades.
22:3. Siguiendo la costumbre, ya había sido enviada una invitación anticipada (por eso
la frase “los que habían sido invitados”); los potenciales invitados no tenían excusa.
22:4. El rey reitera el honor de la invitación.
22:5. Despreciar al rey sería algo escandalosamente ofensivo. Podría sugerir
sentimientos de traición, y ciertamente invitaría a la ira de un rey; de esta manera, los
oyentes originales de esta *parábola se habrían sentido exasperados ante la increíble
estupidez de estos súbditos.
22:6. Esta conducta obviamente habría sido ilegal aun cuando los siervos no
pertenecieran al rey; pero los siervos de un rey tenían una condición superior que la
mayoría de las personas libres, y como mensajeros del rey representaban a su persona.
En todo el mundo antiguo la gente aborrecía el maltrato hacia los heraldos o emisarios.
Además, el maltrato de representantes reales era lisa y llanamente una traición, y
constituía una declaración de rebelión. Sin embargo, este era el trato que todos sabían
que los sirvientes de Dios, los profetas, habían recibido.
22:7. Los reyes no siempre vivían en el mismo lugar que la mayoría de sus súbditos; la
quema de la ciudad probablemente aluda específicamente a la destrucción de
Jerusalén, que fue incendiada en el año 70 d. de J.C. (ver 24:15). La quema de una
ciudad era el paso final hacia su destrucción total.
22:8–10. Los preparativos para la boda del hijo de un rey serían algo muy grande, y
sería un agravio al hijo que no hubiera invitados presentes. Por eso, como último
recurso, el rey invita a los plebeyos.
22:11–13. Aun los plebeyos sabían que no podían asistir a una fiesta real sin el
atuendo apropiado (al menos, limpio); esto sería una expresión de falta de respeto e
indolencia para con el anfitrión (¡quien ya para este momento del relato no está de
ánimo para mayores agravios!). Sin embargo, aquí, algunos de aquellos que se
presentaron a la fiesta (probablemente representando a los supuestos seguidores de
Jesús, como Judas) lo deshonraron.
Algunos eruditos sugieren un paralelo con un relato judío posterior en el cual un rey
invitaba a personas a una fiesta sin anticiparles la fecha. En este relato, solamente los
súbditos diligentes estaban vestidos y preparados a la puerta cuando llegó el día; los
demás debieron quedarse afuera avergonzados.
22:14. La última parte del relato ilustra el punto que muchos son invitados
(“llamados”) a una fiesta, pero finalmente pocos son los que se encuentran entre los
escogidos.
22:15–22
César y Dios
Aquí los opositores de Jesús buscan obligarlo a elegir entre la revolución, lo cual les
permitiría acusarlo delante de los romanos, y la avenencia a los romanos a lo cual ellos
suponen que él se opone (porque se opuso precisamente al liderazgo de ellos en el
templo). El éxito de la sabiduría de un protagonista que era “puesto a prueba” con
preguntas difíciles, era un tema antiguo (cf. 1 Rey. 10:1); la sabiduría superior de Jesús
queda demostrada en 22:15–46.
22:15, 16. Los *fariseos tenían la tendencia a ser nacionalistas, en tanto que los
herodianos eran partidarios de Herodes, el vasallo romano; trabajaban juntos
solamente en circunstancias extraordinarias; los fariseos estarían preocupados acerca
de los requisitos legales judíos para obtener testigos para una acusación, pero estarían
dispuestos a investigar acusaciones relacionadas con la falta de lealtad de Jesús para
con la *ley. No es de sorprenderse que ellos quisieran poner a prueba su enseñanza
aquí. A los herodianos, que tenían sus esperanzas puestas en una restauración del
gobierno herodiano en Judea (que en ese momento era gobernada por Pilato),
naturalmente les perturbaba cualquier figura *mesiánica que pudiera hacer que Roma
endureciera su control directo sobre el territorio.
22:17. Los fariseos opusieron las obligaciones de paz con Roma contra el fervor
nacionalista mesiánico, que suponen Jesús ha generado; dos décadas antes, una
desastrosa revuelta por cuestiones de impuestos había demostrado adónde podía
conducir un fervor tal. Si él asume públicamente la posición caracterizada por quienes
más tarde se llamarían *zelotes (no hay otro rey sino Dios), los herodianos pueden
hacerlo arrestar; si rechaza ese punto de vista (lo cual hace), puede arriesgar su
liderazgo.
22:18–22. En la palestina judía circulaba una moneda propia de cobre, que no incluía
la imagen del emperador endiosado, la cual era ofensiva al gusto judío (aunque
después del año 6 d. de J.C. de todos modos fueron monedas romanas). Pero en
Palestina, donde no estaba permitido acuñar monedas de oro o de plata, circulaban
comúnmente monedas extranjeras, que llevaban la imagen del emperador y hacían
mención de su status divino. El denario de plata, probablemente acuñado en Lyon,
debía pagar impuestos en Palestina de la misma manera que en cualquier otro lugar del
imperio, y los judíos debían usarlo ya sea que les gustara o no.
Los revolucionarios en el año 6 d. de J.C. habían protestado violentamente contra el
uso de esas monedas y se habían acarreado terribles represalias por parte de Roma. Si
los que interrogan a Jesús aquí están preocupados acerca del pago de los impuestos
romanos, obviamente no deberían estar llevando esta moneda. Las contra preguntas
que ponían en condiciones desfavorables a los oponentes eran características de los
maestros famosos tanto en la tradición griega como en la judía, y Jesús comprueba que
es de los más eficaces de los maestros de la antigüedad.
22:23–33
El Dios de los vivos
22:23. En el judaísmo antiguo, los *saduceos se destacaban de una manera especial
por no creer en la resurrección; los *rabinos que se consideraban sucesores de los
*fariseos a menudo catalogaban a los saduceos como herejes a causa de este punto de
vista (aunque los saduceos, que desaparecieron en los años posteriores al 70 d. de J.C.,
ya no estaban allí para responder).
22:24. La pregunta de los saduceos se relaciona con la ley del casamiento por levirato,
una costumbre practicada en muchas culturas, tanto en la antigüedad como en este
tiempo (ver Deut. 25:5). Proporciona protección económica y social para las viudas en
cierto tipo de sociedades con una fuerte orientación familiar, en las que las mujeres no
pueden ganar un salario. En el tiempo de Jesús y después, los estudiantes de la *ley
judía estaban todavía explicando este principio del AT, aunque en algunos aspectos las
leyes *rabínicas diferían del AT (p. ej., el hermano se casaba con la viuda y los hijos
que ella le daba ahora eran los de él).
22:25–27. Los saduceos toman prestada la idea del relato del libro judío de Tobías,
donde los primeros siete esposos de la justa Sara murieron, asesinados por el demonio
celoso Asmodeo. Algunos *rabinos del segundo siglo propusieron que una mujer que
enviudaba por segunda o tercera vez no debía volver a casarse, para no perjudicar
también a su próximo esposo (cf. Gén. 38:11). Los maestros generalmente proponían
ejemplos hipotéticos al definir la ley judía.
22:28. La literatura *rabínica está llena de ejemplos de la pregunta burlona formulada
por los paganos, los apóstatas, o aquellos a quienes consideraban herejes, como los
*saduceos.
22:29–33. Estaba aceptado ampliamente que los ángeles no procreaban (no era
necesario, dado que en la mayoría de las tradiciones no morían) y tampoco por lo
general comían o bebían. “Se casan” probablemente se refiera al novio, en tanto que
“se dan en casamiento” se refiere a la esposa comprometida por su padre. En las
discusiones con sus opositores *saduceos, los *fariseos generalmente trataban de
comprobar la *resurrección a partir de la ley de Moisés (un *rabino hasta sugirió que
la resurrección se enseñaba en cada pasaje de la ley; cf. también 4 Macabeos 7:18, 19;
16:25; 18:19). Jesús hace lo mismo aquí. Sostiene que Dios no afirmaría ser el Dios de
aquellos que ya no existen; por cierto, su fidelidad a su pacto exige que si él es el Dios
de ellos después de la muerte, la muerte no es la última palabra para ellos. Una de las
oraciones judías más comunes de este período recita la fidelidad de Dios para con
Abraham, Isaac y Jacob como una realidad viva para su propio tiempo.
Los maestros judíos algunas veces desafiaban el punto de sus opositores al apelar a
pasajes de las Escrituras que contenían frases como: “Anda y lee”. La acusación
implícita en “¿no habéis leído?” era aún más dura (22:31; cf. 12:3; 19:4; 21:16, 42).
22:34–40
Los mayores mandamientos
Siguiendo la técnica de interpretación judía, Jesús relaciona los dos mandamientos
entre sí (Deut. 6:5; Lev. 19:18) con una palabra clave común: “Amor”. La ética judía
enfatizaba repetidamente el amor a Dios y a los demás.
22:34–38. Este mandamiento era tan importante para el judaísmo que se lo recitaba de
manera regular. En el idioma griego, adjetivos como “grande” se usaban algunas veces
para expresar superlativos como “el más grande”. Deuteronomio 6:5 exigía amar a
Dios con todo el “corazón”, con toda el “alma” y con todas las “fuerzas”; “fuerzas”
pasa a ser aquí “mente” (lo cual estaba implícito en el concepto hebreo del “corazón”),
pero la imagen es todavía “con la totalidad del ser”. (Los escritores del NT
aparentemente revocalizaron el término hebreo para “fuerzas” como “mente”, un
término hebreo que sonaba de manera similar; esta clase de revocalización era una
práctica judía común de interpretación.)
22:39. La tradición judía algunas veces unía el segundo mandamiento con el primero.
22:40. Algunos otros maestros también usaban estos mandamientos como resúmenes
de la ley, la cual es la manera en que también aparecen en sus contextos en el AT.
22:41–46
El Señor de David
Por definición, el Cristo, o el ungido, era el descendiente real de David (Isa. 9:7; 11:1;
Sal. 2; 89; 132). Pero este concepto de la función mesiánica se prestaba a un concepto
revolucionario del *reino (ver el comentario sobre 11:10) y era inadecuado. Aquel que
reinaría en el reino de Dios era el “Señor” de David, no meramente su descendiente; en
consecuencia, sería mayor que el David resucitado.
Cuando los maestros judíos desafiaban a sus oyentes a resolver aparentes discrepancias
en las Escrituras, daban por sentado que ambos textos eran ciertos (en este caso, Jesús
sabe que él es tanto el hijo de David como el Señor de David) y su pregunta
simplemente apuntaba a la manera de armonizarlos. Los opositores de Jesús
aparentemente no tienen respuesta para su pregunta, quizá porque los intérpretes judíos
no aplicaban el Salmo 110:1 al *Mesías.
Cuando la literatura contemporánea señala que los oyentes estaban asombrados ante la
sabiduría (generalmente la del protagonista) de un orador sabio, se espera que los
lectores también respeten la sabiduría del orador (p. ej., 1 Esdras 4:41, 42).
23:1–12
Servir más humildemente que los fariseos
Los otros Evangelios también registran las disputas de Jesús con *escribas y *fariseos
(Mar. 12:38–40; Luc. 11:39–52), pero Mateo quizá enfatice más estas disputas que
Marcos y Lucas, porque escribas y fariseos constituían la principal oposición judía que
enfrentaban sus lectores en Siria-Palestina (ver la introducción a Mateo). Los escribas
y fariseos eran originalmente grupos diferentes, aunque de alguna manera tenían
elementos en común (Luc. 11:39–52), pero aquellos que amenazaban a los lectores de
Mateo eran los sucesores conjuntos de estos dos grupos. La intención de Mateo es
también que su advertencia se aplique a estas contrapartes opositoras en la *iglesia
(Mat. 24:45–51).
23:1, 2. Algunos estudiosos han identificado una silla destacada en muchas *sinagogas
como la “silla de Moisés” (cf. 23:6), pero Jesús presumiblemente usa esta expresión de
manera figurada. Los *escribas *fariseos que declaraban la ley creían que sus
tradiciones estaban fundadas en la propia enseñanza de Moisés, y se creían los
sucesores de Moisés para su generación.
23:3. Los maestros fariseos normalmente enseñaban que el conocimiento de las
Escrituras era más importante que obedecerlas, porque conocerlas era el requisito
previo para obedecerlas; pero ellos mismos habrían aceptado que es necesario
obedecerlas y no simplemente aprenderlas.
23:4, 5. “Filacterias” son los tefillin, pequeñas cajas que se sujetaban a la cabeza y a la
mano izquierda por una tira de cuero durante las oraciones de la mañana y de la tarde;
en estas cajas se colocaban pasajes de las Escrituras (la práctica estaba basada en Deut.
6:8). Estos pasajes se recitaban entonces como parte de las oraciones; las reglas con
respecto a ellas se hicieron posteriormente más estrictas bajo los *rabinos. Sobre los
flecos, ver Mateo 9:20 y 14:36.
23:6. La ubicación en los banquetes era algo crítico; aquellos a quienes se les
asignaban lugares de menor rango a menudo se quejaban, como puede corroborarse
ampliamente en la literatura antigua. Los lugares más destacados (los “primeros”) en la
*sinagoga probablemente variaban en este período en que aún no se había
estandarizado la arquitectura de la sinagoga; una sinagoga del primer siglo parece
sugerir una ausencia de rango en las ubicaciones. Pero los lugares de mayor honra
normalmente habrían sido aquellos que estaban más a la vista, probablemente cerca del
bema, la plataforma utilizada para la lectura de la ley; quizá los invitados distinguidos
recibían sillas en las sinagogas, en tanto que la mayoría de los oyentes usaban esteras
sobre el piso. En las asambleas de *Qumrán, el *sanedrín y las escuelas *rabínicas, la
ubicación era por rango.
23:7, 8. El saludo (“La paz sea con vosotros”) era tan importante socialmente que se
desarrollaron reglas específicas acerca de cómo saludar a quién y cuándo; los saludos
eran una cortesía fundamental en las culturas griega y judía. El no saludar con
exaltación a una persona superior en el conocimiento de la *ley era un insulto. Las
plazas del mercado eran los lugares más concurridos en la ciudad. “Rabí” significa “mi
maestro” y llegó a ser aplicado de manera general a los maestros como un título de
respeto (algo así como “Reverendo” o “Padre” en la actualidad); eran de manera
especial “maestros” de sus alumnos. Se los veneraba de diversas maneras.
23:9–11. A los rabinos también se los llamaba afectuosamente “Abba”, o “Papá”; ellos
se dirigían a sus *discípulos como si fuesen sus hijos, y la autoridad y honra de los
rabinos los colocaba en un nivel superior al de sus discípulos. Jesús dice que solamente
Dios debe recibir un respeto superior. Todos los cristianos son iguales (compañeros,
camaradas).
23:12. El principio expresado aquí aparece en Proverbios 25:6, 7 con referencia a la
ubicación en los banquetes, y en otras partes el principio se refiere al tiempo futuro
cuando Dios hará iguales a todos (Isa. 2:11, 12; 5:15; cf. Eze. 17:24; 21:26).
23:13–28
Ayes sobre los hipócritas
Al igual que las bienaventuranzas (ver Mat. 5:3–12), los ayes eran una forma de
oración del AT. Los profetas los utilizaban comúnmente y es algo similar a decir “Oh,
sorpresa” o, quizá aquí, maldiciones (“Maldito el que …” en contraste con la fórmula
de bendición: “Bienaventurados …”; cf. Deut. 27–28).
Los *fariseos no eran todos iguales, y los *rabinos posteriores, que se consideraban
herederos espirituales de los fariseos, señalan diversos tipos de críticas a los fariseos
cuyos corazones no estaban en orden (p. ej., “el fariseo amoratado” que
permanentemente chocaba con todo a su alrededor por cerrar sus ojos para evitar ver a
una mujer). Estos relatos destacan que las motivaciones son críticas; la mejor
motivación es el temor del Señor, o (en la versión más refinada) el amor a Dios. La
literatura rabínica condena de manera regular la hipocresía y exige motivos correctos.
Los opositores de Jesús habrían estado de acuerdo con la mayor parte de su ética, y
quizá habrían replicado que no estaban en realidad violándola.
Hipócritas significaba originalmente actores de teatro, pero para este tiempo el término
se usaba también peyorativamente para las personas de dos caras, cuya conducta era
diferente de su creencia o que variaba según las personas con quienes se relacionaban.
23:13. La imagen del poder para dejar a alguien fuera es la de un portero que tiene las
llaves de la casa; ver el comentario sobre 16:19.
23:14. Este versículo no está en todos los manuscritos griegos de Mateo (la RVA y la
NVI no lo incluyen, aunque lo agregan en nota al pie); con respecto al trasfondo de su
contenido, ver el comentario sobre Marcos 12:40.
23:15. Los *fariseos no tenían misioneros en el sentido propiamente dicho, pero los
judíos que vivían fuera de Palestina estaban siempre ansiosos por hacer conversos
entre los *gentiles, y se decía que el ala del fariseísmo más influenciada por *Hillel era
especialmente abierta a convertir a no judíos al judaísmo. El judaísmo continuó siendo
por muchos siglos una religión misionera, hasta que finalmente fue ahogado por la
legislación del cristianismo romano, con el cual competía (aunque los romanos
siempre habían resentido el *proselitismo judío, aun en tiempos precristianos). “Hijo
del infierno” quiere decir alguien destinado a ir allí. El problema aquí no es hacer
convertidos (28:19) sino enseñarles mal.
23:16–22. En este período, los judíos ya no permitían que se pronunciara el nombre
sagrado de Dios. Al realizar juramentos menores, algunas personas esperaban evitar las
consecuencias de jurar por el nombre de Dios y no poder cumplir su compromiso, o si
su juramento resultaba ser equivocado. A medida que las personas juraban o hacían
votos por cosas relacionadas con Dios en lugar de Dios mismo, más y más cosas se
convirtieron en sustitutos para el nombre divino, y en consecuencia llegaron a ser
maneras indirectas de aparentar jurar por Dios a la vez que esperaban amortiguar las
consecuencias. Ver el comentario sobre 5:33–37.
23:23. El principio de que las virtudes como la justicia, la misericordia y la fe eran las
más importantes es familiar en las Escrituras (Deut. 10:12, 13; Miq. 6:8), y los
*rabinos mismos algunas veces resumían la *ley desde el punto de vista de principios
generales como el amor. La mayoría de los *fariseos y otros intérpretes judíos como
*Filón estaban de acuerdo en que había partes más pesadas y más livianas en la ley.
Habrían respondido a Jesús que ellos prestaban atención a las minucias solamente
porque aun el detalle más pequeño de la ley era importante para los piadosos; ellos
enseñaban que uno debía dedicar tanta atención a los detalles pequeños como a los
principios. Pero Jesús no estaba en contra de la ley (ver Mat. 5:19); su punto es que
ellos debían haber aprendido primero lo que es la justicia, la misericordia y la fidelidad
al pacto (9:13; 12:7).
Los diezmos se usaban de manera especial para el sostén de los sacerdotes y levitas. El
“eneldo” (“anís”, en la NVI y DHH), y la “ruda” de Lucas 11:42, son palabras
similares en *arameo, y posiblemente reflejen aquí una fuente original aramea. La ley
no exigía explícitamente diezmar estas plantas verdes deshidratadas. Diversos grupos
de *fariseos discutían entre ellos si era que debían diezmar el comino.
23:24. La *hipérbole aquí es risible y ciertamente habría captado la atención de un
oyente de la antigüedad. Al intentar evitar la impureza que causaba un insecto muerto
en su bebida, los fariseos colarían un insecto tan pequeño como una mosca (y todo
aquello mayor que una lenteja) antes que muriera, a fin de resguardar el líquido (cf.
Lev. 11:32, 34). Los fariseos consideraban a los mosquitos, que eran más pequeños
que una lenteja, como exentos de esta impureza, pero el fariseo escrupuloso de la
hipérbole de Jesús no habría querido correr ningún riesgo. No obstante, a través de la
hipérbole, Jesús los acusa de que dejarían en el vaso a un camello (el cuadrúpedo
mayor en Palestina y ritualmente inmundo) y lo tragarían. Estaba bien prestar atención
a los detalles de la ley, pero habían equivocado el punto principal (Mat. 23:23).
23:25, 26. La pureza ritual era importante para los fariseos, de manera que lavaban sus
vasijas y se lavaban a sí mismos en baños rituales. La escuela de *Shammai, la
mayoría farisaica en este período, decía que la parte exterior de un vaso podía estar
limpia aun cuando el interior no lo estuviera; el punto de vista minoritario de los
seguidores de *Hillel era que el interior de la copa debía limpiarse primero. Jesús se
identifica con la escuela de Hillel en este punto, pero lo hace de manera que pueda
realizar una declaración figurada con respecto al interior del corazón.
23:27, 28. Nada contagiaba la impureza ritual tanto como un cadáver (hacía impuro
durante una semana a cualquiera que lo tocara [Núm. 19:11]); los *fariseos creían que
uno contraía la impureza si aun su sombra tocaba un cadáver o un sepulcro. Los
sepulcros que no estaban claramente identificados (o los osarios cubiertos de cal) se
blanqueaban cada primavera antes de la Pascua, a fin de advertir a los transeúntes que
los evitaran y de esta manera no se contaminarían; los fariseos o bien carecían de esta
advertencia (Luc. 11:44) o querían actuar como si fuera una señal de distinción en
lugar de una evidencia de impureza. “Blanqueados” probablemente haga alusión a
Ezequiel 13:10–12 y 22:28; la blancura quizá sirviera para ocultar la debilidad de una
pared, pero no impediría su caída.
23:29–39
Los que mataban a los profetas
Este es el último ay (23:29).
23:29, 30. El judaísmo antiguo señalaba, más a menudo que el AT, que Israel había
martirizado a sus profetas (p. ej., Jer. 26:20–23; cf. 2 Crón. 36:15, 16). En este período
la comunidad judía construía tumbas como monumentos para los profetas y los justos
(incluyendo algunos que no habían sido martirizados, como David o Hulda).
23:31. El punto de Jesús aquí es: “De tal padre, tal hijo”; el pecado y la culpa colectiva
continuaban entre los descendientes de los malos a menos que se arrepintieran (Éx.
20:5; Deut. 23:2–6; 1 Sam. 15:2, 3; Isa. 1:4; etc.).
23:32. Este es un desafío irónico, típico de los profetas (Isa. 6:9; Jer. 44:25; Amós 4:4,
5): ¡Adelante, pequen si quieren, pero Dios los juzgará por ello (Ecl. 11:9)!
23:33. Que a uno lo llamaran una víbora, o alguna especie de víbora venenosa, ya era
algo malo en sí (Sal. 58:4; 140:3; cf. Gén. 3). Pero se decía que la cría (generación) de
una víbora se abría camino comiéndose a su madre para salir de su vientre, de manera
que decirle a alguien que era el hijo de una víbora podría implicar que esa persona era
culpable del universalmente horroroso crimen del matricidio. En otras palabras, ¡esto
era peor que simplemente tratar a otro de víbora!
23:34. Según el AT los profetas eran enviados por Dios, o según algunas tradiciones
judías por la Sabiduría (cf. Luc. 11:49); aquí son enviados por Jesús.
Los judíos por lo general creían que los profetas totalmente ungidos habían cesado al
final del período del AT, y que serían restaurados únicamente en el tiempo del fin.
Aquí Jesús menciona diversas categorías clericales: profetas, sabios (maestros de
sabiduría que hacían circular proverbios, etc.) y *escribas para explicar las Escrituras
(cf. 13:52). La crucifixión era el castigo romano más severo, reservado para las clases
más bajas de personas no romanas; cualquier judío que entregara a otro judío a esa
clase de castigo era despreciado por su gente. Los azotamientos ordenados por la
*sinagoga eran una forma de disciplina aplicada a los miembros descarriados de la
comunidad judía (ver el comentario sobre 10:17); sobre “de ciudad en ciudad” ver el
comentario sobre 10:23.
23:35. Ser culpable de la sangre de alguien era algo serio, que tenía efecto sobre toda
la comunidad y no solamente sobre las personas directamente responsables (Deut.
21:1–9). Dios mismo haría venganza (Deut. 32:43; Sal. 79:10).
El orden de los libros de la Biblia hebrea es diferente al orden del AT en nuestras
versiones castellanas modernas; en ella Zacarías es el último mártir (2 Crón. 24:20–
22), y Abel es el primero, como en nuestras Biblias (Gén. 4:8). La tradición judía
amplió los relatos de ambos martirios, señalando que después de la muerte de Zacarías
apareció en el templo una fuente de sangre que ni siquiera la muerte de miles de
sacerdotes podía aplacar (cf. también Gén. 4:10, con respecto al clamor de la sangre).
El Zacarías asesinado en el templo era hijo del sacerdote Joiada (2 Crón. 24:22), no
Zacarías hijo de Berequías (Zac. 1:1), quien vivió mucho más adelante en la historia de
Israel. Pero Mateo usa la técnica de interpretación judía de combinar palabras clave
para hacer una coalición entre los dos Zacarías, en la que hace referencia a uno y alude
al otro, como hizo con Amón/Amós y Asa/Asaf en su genealogía en el capítulo 1. (La
sugerencia de algunos eruditos en cuanto a que “Zacarías” alude también a un profeta
martirizado en el año 67 d. de J.C. es improbable.)
23:36. “Esta generación” sucede también en Mateo 11:16; 12:42 y 16:4; ver el
comentario sobre 24:34. Esta es la generación que vería la destrucción del templo. Para
ver con más claridad un cuadro del clímax de culpabilidad en otras generaciones,
reflejado en una generación aún más culpable en la cual todo el juicio es derramado,
ver Jeremías 16:10–13.
23:37. La tradición judía afirmaba que el pueblo judío estaba bajo las alas de Dios, y
que cuando un judío convertía a un *gentil, lo que hacía era traer a ese gentil “bajo las
alas de la presencia de Dios”. El AT también describe a Dios como un águila que vuela
en círculos sobre sus crías (Deut. 32:11; cf. Éx. 19:4), protegiendo a Israel bajo sus
alas (Sal. 17:8; 36:7; 57:1; 61:4; 63:7; 91:4) y aterrorizando a los enemigos de Israel de
la misma manera (Jer. 49:22). Esta es una de las imágenes del AT del amor de Dios
por su pueblo; aquí Jesús cumple su rol divino.
Los profetas algunas veces se dirigían a Jerusalén en forma directa (Jer. 13:27), y la
repetición de un nombre al dirigirse a alguien en forma directa es común en los textos
judíos. Sobre “matar a los profetas” ver el comentario sobre 23:29, 30.
23:38. La “casa” podría significar Israel (Jer. 12:7), pero en este contexto casi con
certeza significa el templo (p. ej., Judit 9:13), que también quedaría “desierta” (Mat.
24:15) en el año 70 d. de J.C. En el AT, el templo era llamado casa de Dios; quizá
Jesús se refiera a él aquí como “vuestra casa” con el propósito de declarar que la
presencia de Dios ya se ha ido del mismo, como en Ezequiel 10–11.
23:39. Sobre la importancia de esta cita aquí, ver el comentario sobre 21:9. Los
profetas del AT y de la tradición judía siguiente sugirieron que la redención no vendría
hasta después del amplio *arrepentimiento de Israel (cf. Isa. 30:19).
24:1–3
Introducción al discurso sobre el juicio
El capítulo 23 da inicio a la advertencia de Jesús sobre el juicio contra ciertos
elementos del poder religioso; este capítulo extiende ese juicio al templo mismo.
Después que fuera destruido en el año 70 d. de J.C., muchos judíos vieron en la
destrucción la mano de Dios en juicio.
24:1. El templo de Jerusalén era una de las estructuras más espléndidas de toda la
antigüedad y parecía fuerte e invencible (cf., p. ej., la Carta de Aristeas 100, 101). Era
el símbolo central del judaísmo, y era reconocido por su belleza. Ver el comentario
adicional sobre Marcos 13:1.
24:2. Algunos filósofos griegos no se impresionaban ante estructuras magníficas, pero
la respuesta de Jesús va mucho más allá de esta actitud, él habla de juicio. Algunos
otros grupos judíos (incluyendo la secta de *Qumrán) también esperaban que el templo
fuera juzgado; pero la mayoría de los judíos, más allá de sus otras diferencias,
encontraban en el templo un símbolo de su unidad judía y se habrían afligido
grandemente de pensar que Dios podría permitir que fuera destruido (como en Jer.
7:4–15). Algunas piedras quedaron sobre otras (p. ej., parte de una pared aún
permanece en pie), pero esto no debilita la fuerza de la *hipérbole: el templo fue casi
totalmente derribado en el año 70 d. de J.C.
24:3. Los profetas del AT a menudo agrupaban eventos de acuerdo con su tema más
que por su cronología, y en este discurso Jesús hace lo mismo. Responde a lo que
gramaticalmente serían dos preguntas separadas: el tiempo de la destrucción del
templo y el tiempo del fin.
24:4–14
Eventos futuros
En muchos escritos *apocalípticos judíos (p. ej., *2 Baruc 70:7) aparecen señales
preliminares que indican la proximidad del fin, pero mucho material característico de
tales textos (la guerra final, la destrucción de Roma, etc.) falta aquí. La mayor parte de
las señales preliminares que otros pensadores apocalípticos esperaban para el fin,
explícitamente no son indicadores del fin aquí (Mat. 24:6–8).
24:4, 5. Muchas falsas figuras *mesiánicas surgieron en el siglo primero (y después); a
menudo atraían gran número de seguidores devotos. Aunque *Josefo, quien escribe
para lectores gentiles, los describe como “falsos profetas” y no como Mesías, las
aspiraciones políticas de ellos generalmente quedan manifiestas en sus descripciones.
24:6–8. Estas dificultades estaban asociadas con los sufrimientos que muchos judíos
pensaban precederían de manera inmediata al fin (p. ej., 4 Esdras 9:3; 13:31, 32; 2
Baruc 27:7; 70:3; *Oráculos Sibilinos 2:22–24; 3:660–61). Algunos compararon estos
sufrimientos con “dolores de parto”, o los “dolores de parto del *Mesías” o de la era
mesiánica (p. ej., en los Himnos de *Qumrán; cf. Isa. 13:8; Ose. 13:13). Para Jesús son
solamente el “comienzo de los dolores de parto” y caracterizan lo que sería la vida
normal en este tiempo. Describe algunos de ellos en lenguaje del AT (2 Crón. 15:6;
Isa. 19:2; Jer. 51:46).
24:9–14. La persecución universal, la apostasía y un avivamiento de las misiones
mundiales caracterizan la era final. Estos eventos comenzaron a presentarse en el
cristianismo del primer siglo, aunque no todavía a escala mundial.
Al estar bajo presión, muchos convertidos al judaísmo volvían al paganismo; los textos
judíos advierten de muchos judíos que se apartarán de Dios en el tiempo del fin, del
mismo modo que habían hecho poco antes del surgimiento de los macabeos en el
segundo siglo a. de J.C. La apostasía, y especialmente la entrega de amigos a los
perseguidores, se consideraban crímenes horrendos. De esta manera, los lectores judíos
habrían entendido fácilmente esta advertencia de Jesús acerca de la persecución y la
apostasía; sin embargo, su enseñanza con respecto a la extensión de las buenas nuevas
del *reino entre todas las naciones es contraria a la enseñanza judía prevaleciente.
Aunque los escritores *apocalípticos esperaban persecución por parte de las naciones,
no anticipaban una amplia conversión de gentiles antes del fin.
24:15–22
Los sucesos de los años 66–70
Un requisito previo para el regreso de Cristo era la serie de eventos cumplidos en los
años 66–70 d. de J.C., eventos correctamente predichos por Jesús.
24:15. La “abominación desoladora” en Daniel 9:27 sucede después de que el *Mesías
es cortado (un pasaje sujeto a diversas interpretaciones); Daniel 11:31 suena como si
debiera haber ocurrido en el siglo segundo a. de J.C., y 12:11 en el tiempo del fin, de
manera que algunos intérpretes han sentido que la *profecía se fue cumpliendo en
etapas. Algunos intérpretes creen que ciertas partes de la profecía de Daniel esperan su
cumplimiento; otros creen que la totalidad de la misma se cumplió en el siglo primero.
*Josefo, el historiador judío del primer siglo, sentía que Daniel se había cumplido
cuando los *zelotes dieron muerte a los sacerdotes en el templo en el año 66 d. de J.C.,
cometiendo un sacrilegio por el cual Dios trajo la desolación del templo (el
derramamiento de sangre humana en el templo lo profanaba; cf. el comentario sobre
Mat. 23:35). Este sacrilegio podría haber sido la señal para los cristianos para que
escaparan de Jerusalén (24:16); los historiadores cristianos de los primeros siglos
señalan que los profetas advirtieron a los cristianos judíos que huyeran de Jerusalén en
este tiempo.
El templo quedó “desolado” en el año 70, cuando los romanos lo destruyeron con
fuego y luego erigieron sus propios estandartes en el lugar. Tal como los judíos sabían
(se lamenta esto en los *Rollos MM), estos estandartes llevaban la insignia del
emperador romano quien era adorado como un dios en el Mediterráneo Oriental; con
esto habrían sellado la profanación del lugar. Los habitantes de Jerusalén habrían
sentido que aun el ingreso de estos estandartes a Jerusalén en forma temporal (como
había hecho Pilato aproximadamente tres años y medio antes que Jesús expresara esta
advertencia) contaminaba la ciudad santa. En varias ocasiones los jerosolimitanos
habían mostrado que preferían la muerte antes que la contaminación de su templo.
24:16. Las montañas eran el lugar más fácil para esconderse en Judea; ejércitos las
habían usado a menudo para la guerra de guerrillas (cf., p. ej., 1 Sam. 23:26; 1
Macabeos 2:28). La tradición cristiana de los primeros siglos señala que los cristianos
de Jerusalén huyeron a Pela, al pie de las montañas hacia el norte; aunque la zona
montañosa de Judea rodeaba a toda Jerusalén, la ruta hacia el norte a Pela sería a través
del valle del Jordán. Tanto las montañas como la ruta a Pela podrían haber ofrecido
lugares de refugio, pero la huida a Pela muestra que la expresión relacionada con
montañas en 24:16 (NVI) no fue compuesta luego del acontecimiento.
24:17. El techo, que era plano, se usaba para la oración, para disecar verduras, y para
otras funciones. La escalera que conducía a este techo estaba en la parte exterior de la
casa; de esta manera, uno podía bajar del mismo sin entrar a la casa.
24:18. Los trabajadores usaban un manto sobre su otra ropa cuando iban al campo a
trabajar a la primera hora del día, alrededor de las seis de la mañana; a medida que el
calor del día aumentaba, dejaban sus mantos al borde del campo.
24:19. Cuando una mujer estaba embarazada o en la etapa de amamantar se le hacía
más difícil viajar. La escasez de alimentos también haría del embarazo y la lactancia
algo mucho más problemático. Por cierto, *Josefo señala que el sitio de Jerusalén se
hizo tan difícil que algunas mujeres se comían a sus hijos (como en Lev. 26:29; Deut.
28:57; 2 Rey. 6:29).
24:20. El invierno limitaba las condiciones para viajar, inmovilizando aun a la mayoría
de los ejércitos. En el invierno el cauce de los arroyos que en otro tiempo estaban
secos estaban inundados, y se hacían difíciles de cruzar. Algunos fugitivos de
Jerusalén efectivamente trataron de escapar del sitio romano durante el invierno y, al
encontrarse demorados por estos arroyos crecidos, fueron alcanzados y masacrados.
La ley judía prohibía viajar a caballo, en mula, y otros medios de transporte en el día
de reposo; aun la distancia a pie que podía recorrer una persona estaba reglamentada.
En consecuencia, sería difícil obtener medios de transporte y pasajes en el día de
reposo, especialmente si los residentes de Jerusalén quisieran escapar secretamente sin
ser desafiados por los patriotas *zelotes. El día de reposo podía ser violado para salvar
la vida, pero aquellos que no reconocieran la urgencia de la situación no cooperarían.
(Si Jerusalén fuera sitiada en el año sabático, Lev. 25:1–7, sus habitantes rápidamente
se quedarían sin alimento; pero podemos suponer con tranquilidad que la idea aquí es
el día sábado y no el año sabático.)
24:21. Aquí Jesús toma prestado el idioma de Daniel 12:1, que hace referencia al
tiempo final de tribulación necesario antes de que los muertos fueran resucitados
(12:11–13). “Como no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni habrá
jamás” se utilizaba algunas veces como hipérbole (cf. Jos. 10:14 con Éx. 8:13; Núm.
14:20; 2 Rey. 6:18), aunque *Josefo coincide en que los sufrimientos del 66–70
exceden a cualquier sufrimiento anterior en la historia de la humanidad.
24:22. Jesús presumiblemente se refiere a los 1.260 días de Daniel; el tiempo sería
acortado para permitir que hubiese sobrevivientes.
24:23–28
Cuidado con los falsos mesías
24:23, 24. Algunos falsos profetas judíos en la Palestina del primer siglo reunieron
muchos seguidores al afirmar que podían realizar milagros, tales como abrir las aguas
del Jordán o derribar los muros de Jerusalén; fracasaron en llevar a cabo exitosamente
sus promesas. Además, muchos magos afirmaban poder realizar curas milagrosas y
algunos falsos profetas judíos probablemente afirmaron cosas similares.
24:25. La advertencia anticipada era siempre útil para confirmar la fe (Isa. 48:5).
24:26. Los supuestos *mesías generalmente venían del desierto, en un intento por
imitar a Moisés, quien mucho tiempo atrás había guiado a su pueblo a través del
desierto. (Los judíos esperaban un libertador similar a Moisés, como en Deut. 18:15.)
Después del año 70 d. de J.C., y especialmente después de la aplastante derrota en el
año 135 d. de J.C., muchos judíos palestinos se volvieron más escépticos con respecto
a los que pretendían ser mesías (los saduceos ya lo habían sido).
24:27. Los *falsos mesías no podían repetir esta señal. Esta es la venida del Señor
descrita en pasajes como Zacarías 14:3–8, en la cual Jesús cumplirá el papel que la
mayoría de los lectores judíos esperaba que Dios cumpliera.
24:28. El regreso de Jesús no será un acontecimiento secreto; será el lugar de la última
batalla, donde hará de sus enemigos comida para los buitres (Eze. 32:4–6; 39:17–20).
Ser comido en lugar de enterrado era considerada una suerte horrible (Deut. 28:26; 1
Sam. 17:44; Sal. 79:2).
24:29–31
Señales del fin
24:29. Esta referencia a eventos astronómicos es lenguaje del AT para el tiempo del
juicio de Dios en la batalla final (p. ej., Isa. 13:10; 24:23; 34:4; Eze. 32:7, 8; Joel 3:14;
Zac. 14:6). Un lenguaje cósmico similar también se aplicaba algunas veces a los
juicios u otros actos divinos en la historia (p. ej., Sal. 18:6–19; Jer. 4:20–28; *Oráculos
Sibilinos). La oscuridad era aparentemente un juicio aterrador en la antigüedad (Éx.
9:21–23). Tanto los judíos como los *gentiles consideraban a las señales en los cielos
como algo portentoso, y se dice que algunas señales en los cielos (a escala mucho
menor) acompañaron a la caída de Jerusalén.
24:30. Esta aparición celestial del Hijo del Hombre es la señal máxima de la venida de
Jesús (24:3). El versículo combina Zacarías 12:10 donde en el fin Dios lleva a su
pueblo a arrepentirse del dolor que le han causado, y Daniel 7:13, 14, donde un
representante del Israel sufriente recibiría de Dios el *reino y reinaría para siempre; cf.
también Apocalipsis. 1:7. En los *Rollos MM, el término “nubes” hace referencia a las
huestes de ángeles en el momento de la venida de Dios; en el AT, esta imagen podía
referirse a la nube de la gloria de Dios o a nubes entendidas literalmente.
24:31. Las cornetas se usaban para anunciar la llegada de reyes y para otros grandes
acontecimientos. En el AT se usaban especialmente para reunir al pueblo de Dios (en
la mayoría de los casos para la guerra); los profetas a menudo usaban la corneta como
un símbolo que advertía la proximidad de la guerra y la devastación (p. ej., Jer. 4:5, 19,
21; Sof. 1:16). La corneta ya había sido usada para la reunión del pueblo de Dios en el
tiempo del fin (Isa. 27:13), una reunión asociada con la salvación de Israel (Isa. 11:12;
43:5; 49:5; 56:8; y en general en la tradición judía) y para la guerra final de Dios (Zac.
9:14–16). Una oración judía de este período, recitada regularmente, menciona esta
futura reunión de Israel al sonido de la corneta; otros textos judíos concuerdan. Era,
por lo tanto, una imagen natural para la reunión de los creyentes (cf. 1 Cor. 15:52; 1
Tes. 4:16).
“Desde un extremo del cielo hasta el otro” quizá hable a través de una imagen común
de ese tiempo: el cielo era un domo sobre la tierra, de manera que esta frase es similar
a nuestra frase igualmente figurada: “de un extremo al otro de la tierra”, es decir, en
todas partes (cf. Mar. 13:27).
24:32–35
La certeza de la venida
24:32, 33. Esta es la primera de siete *parábolas del reino futuro, que hacen un
paralelo de las siete parábolas sobre la presencia del *reino en el capítulo 13.
A diferencia de la mayoría de los árboles de Palestina, las higueras pierden sus hojas
en invierno; sin embargo, estarían brotadas para este tiempo del año, anunciando el
fruto que debería aparecer en ellas en el verano. Jesús había usado anteriormente este
árbol como una parábola para enseñar sobre la destrucción del templo (ver Mar.
11:12–25). Pero el significado lo decide en última instancia el contexto: cuando las
señales que él había mencionado (incluyendo la destrucción del templo) se cumplieran,
su venida sería inminente.
24:34. El templo fue destruido aproximadamente 40 años después que Jesús
pronunciara estas palabras (las cuales se referían más bien a la caída del templo que a
la Segunda Venida; ver el comentario sobre 24:3). Los *Rollos MM anticipaban una
última generación de 40 años de tribulación antes del fin; Jesús deja indefinido el
período entre la última señal terrenal (la caída del templo) y su regreso.
24:35. Aun los profetas judíos no hablaban de esta manera acerca de sus propias
palabras (Zac. 1:5, 6); una afirmación así se utilizaba solamente para las palabras de
Dios habladas a través de Moisés y los profetas (cf. Jer. 31:35–37). Aquellos que
afirmaban que sus palabras eran inmutables creían que hablaban de manera infalible de
parte de Dios (cf. Zac. 1:5–10 y los comentarios sobre Apoc. 22:18, 19. Los rabinos
hablaban de esta manera con respecto a la autoridad del AT).
24:36–44
Lo incierto del momento de su venida
24:36. Ver quizá Zacarías 14:7. Aunque Dios había hecho saber a su pueblo las cosas
cruciales, siempre guardaba en secreto algunos misterios (Deut. 29:29: cf. 4 Esdras
4:52). Los maestros judíos luchaban con una tensión entre dos posiciones: (1) uno
podía predecir cuándo vendría el *Mesías, en un tiempo establecido únicamente por
Dios; y (2) uno no podía predecir su venida, pero él vendría en el momento en que
Israel se arrepintiera y siguiera totalmente a Dios.
24:37–39. La tradición judía enfatizaba los males de la generación de Noé con una
mayor profusión de detalles que la Biblia.
24:40, 41. En el contexto de 24:37–39, “tomado” posiblemente significa “llevado a
juicio” (cf. Jer. 6:11). La tarea de moler en un molino era asignada a las mujeres. A las
esposas de los *fariseos les estaba permitido trabajar junto con mujeres no religiosas
(siempre que no participaran en romper alguna de las reglas fariseas sobre la pureza);
así, el escenario de mujeres de diferentes convicciones que están trabajando juntas no
resulta inusual.
24:42–44. Los ladrones podían “forzar la entrada” a una casa al hacer un boquete a
través de la pared de barro de la típica casa judía de Palestina. Un dueño de casa de
buena posición social y con una vivienda de paredes más fuertes, a menudo tenía
sirvientes que cuidaran las puertas. A diferencia de un ladrón que entrara durante el
día, un ladrón que forzara su entrada por la noche podía ser matado impunemente,
porque se lo consideraba potencialmente peligroso (Éx. 22:2, 3).
24:45–51
Siervos vigilantes
A menudo, un dueño de casa de buena posición social tenía un esclavo que era un
“gerente” o “administrador” de su propiedad. Un esclavo de tan alto nivel podía estar a
cargo de repartir las raciones a todos los demás siervos, y podía abusar de su autoridad
solamente si el señor de la casa no estaba presente. (Era común la ausencia prolongada
de terratenientes y dueños de casa, especialmente si tenían otras propiedades en
lugares distantes. En algunos relatos de ese tiempo, los reyes, terratenientes, o esposos
que se ausentaban por largo tiempo constituían una tentación para aquellos que
quedaban atrás.)
Algunas leyes consideraban a los esclavos como personas, en tanto que otras los
consideraban cosas (para fines económicos). Aunque los señores podían azotar a los
esclavos, no les convenía económicamente hacerlo muy a menudo o severamente. Un
esclavo que abusaba de otros esclavos estaba dañando la “propiedad de su señor”; a
menudo estos otros siervos eran también objeto de la preocupación personal de su
señor. La ebriedad era aborrecida, especialmente si los esclavos tomaban vino y
comían desordenadamente a expensas del señor sin su conocimiento.
25:1–13
Las vírgenes alertas
Ser una virgen que acompañaba a la novia era un gran honor; la pesadilla de las
mujeres jóvenes era no estar preparadas y así ofender a la novia y ser excluidas de la
fiesta. Los creyentes profesantes deben resistir en fe hasta el fin (24:13).
25:1. Sobre “el reino de los cielos será semejante a”, ver el comentario sobre 13:24.
Las bodas se celebraban al atardecer, y se utilizaban antorchas como parte de la
celebración, que consistía en una procesión que abría el camino para la novia hasta la
casa del esposo. Es poco probable que las “lámparas” se refiera a las pequeñas
lámparas de aceite herodianas, que uno llevaría en su mano; toda la evidencia señala a
antorchas, que también se utilizaban en ceremonias nupciales griegas y romanas. Estas
antorchas podrían haber sido cañas envueltas con telas impregnadas en aceite. En
tiempos más recientes, en muchas aldeas tradicionales de Palestina, la fiesta de bodas
se realiza por la noche, después de un día de baile; las vírgenes dejan a la novia, a
quien han estado acompañando, y salen con antorchas a recibir al esposo. Lo escoltan
luego hasta donde se encuentra su esposa, y de allí los acompañan hasta la casa del
esposo.
25:2–7. Antorchas como estas no arden indefinidamente; ciertas fuentes sugieren que
podrían haber ardido durante apenas quince minutos antes que fuera necesario quitar
las telas quemadas, y nuevamente envolver las cañas con otras telas embebidas en
aceite. Al no conocerse todos los detalles de las bodas en la Palestina antigua, no está
claro si es que la *parábola contempla las antorchas como que permanecían encendidas
mientras que las vírgenes acompañantes dormían (para evitar la demora de tener que
volver a encenderlas), o como si fueran encendidas solamente después del primer
anuncio de la llegada del esposo (como piensan muchos eruditos). De una manera o de
otra, si el esposo se demoraba más de lo previsto, sus lámparas no durarían, a menos
que tuvieran una reserva adicional de aceite. Los esposos a menudo llegaban tarde, y
se repetía constantemente el anuncio de su proximidad, hasta que finalmente llegaban.
25:8. Las vírgenes necesitaban suficiente aceite para mantener las antorchas
encendidas durante la procesión y hasta la casa del esposo y el baile.
25:9, 10. Intentar compartir el aceite les habría dejado demasiado poco para cualquiera
de las antorchas y habría arruinado la ceremonia de bodas. Sin embargo, habría sido
difícil encontrar vendedores a esta hora de la noche (aunque algunos negocios podrían
haber estado abiertos si estaban cerca de una ciuda