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Cuentos Cortos para Niños

1. El resumen trata sobre un pobre leñador honrado que pierde su hacha al cruzar un puente. Una ninfa le ofrece tres hachas, de oro, plata y hierro, para que elija la suya. El leñador elige honestamente el hacha de hierro y la ninfa lo premia por su honradez.

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Cuentos Cortos para Niños

1. El resumen trata sobre un pobre leñador honrado que pierde su hacha al cruzar un puente. Una ninfa le ofrece tres hachas, de oro, plata y hierro, para que elija la suya. El leñador elige honestamente el hacha de hierro y la ninfa lo premia por su honradez.

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CUENTOS

EL HONRRADO LEÑADOR.

Había una vez un pobre leñador que regresaba a su casa después de una jornada de
duro trabajo. Al cruzar un puentecillo sobre el río, se le cayo el hacha al agua.
Entonces empezó a lamentarse tristemente: ¿Como me ganare el sustento ahora
que no tengo hacha?
Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecía sobre las aguas y dijo al
leñador:
Espera, buen hombre: traeré tu hacha.

 Se hundió en la corriente y poco después reaparecía con un hacha de oro entre
las manos. El leñador dijo que aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió
la ninfa, para reaparecer después con otra hacha de plata.
Tampoco es la mía dijo el afligido leñador.

 Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un hacha de
hierro.
¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mía!

 Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la pobreza a la
mentira y te mereces un premio.

 
1. El niño y los clavos

Había un niño que tenía muy mal carácter. Un día, su


padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada
vez que perdiera la calma, clavase un clavo en la cerca
del patio de la casa. El primer día, el niño clavó 37
clavos. Al día siguiente, menos, y así el resto de los
días. Él pequeño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su mal
carácter que tener que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó el día en que el
niño no perdió la calma ni una sola vez y fue alegre a contárselo a su padre. ¡Había
conseguido, finalmente, controlar su mal temperamento! Su padre, muy contento y
satisfecho, le sugirió entonces que por cada día que controlase su carácter, sacase
un clavo de la cerca. Los días pasaron y cuando el niño terminó de sacar todos los
clavos fue a decírselo a su padre.

Entonces el padre llevó a su hijo de la mano hasta la cerca y le dijo:

– “Has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en
todos los agujeros que quedaron. Jamás será la misma. Lo que quiero decir es que
cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado y mal carácter dejas una cicatriz,
como estos agujeros en la cerca. Ya no importa que pidas perdón. La herida
siempre estará allí. Y una herida física es igual que una herida verbal. Los amigos,
así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a quienes hay que
valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una
palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte”.

Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con
que el niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado,
este cuento se ha acabado.

 El papel y la tinta

Había una hoja de papel sobre una mesa, junto a


otras hojas iguales a ella, cuando una pluma, bañada
en negrísima tinta, la manchó completa y la llenó de
palabras.
– “¿No podrías haberme ahorrado esta humillación?”, dijo enojada la hoja de papel
a la tinta. “Tu negro infernal me ha arruinado para siempre”.

– “No te he ensuciado”, repuso la tinta. “Te he vestido de palabras. Desde ahora ya


no eres una hoja de papel sino un mensaje. Custodias el pensamiento del hombre.
Te has convertido en algo precioso”.

En ese momento, alguien que estaba ordenando el despacho, vio aquellas hojas
esparcidas y las juntó para arrojarlas al fuego. Sin embargo, reparó en la hoja
“sucia” de tinta y la devolvió a su lugar porque llevaba, bien visible, el mensaje de la
palabra. Luego, arrojó el resto al fuego.

7. La ratita blanca

El hada soberana de las cumbres invitó un día a


todas las hadas de las nieves a una fiesta en su
palacio. Todas acudieron envueltas en sus capas de
armiño y guiando sus carrozas de escarcha. Sin
embargo, una de ellas, Alba, al oír llorar a unos
niños que vivían en una solitaria cabaña, se detuvo
en el camino. El hada entró en la pobre casa y
encendió la chimenea. Los niños, calentándose junto a las llamas, le contaron que
sus padres hablan ido a trabajar a la ciudad y mientras tanto, se morían de frío y
miedo.

– “Me quedaré con vosotros hasta que vuestros padres regresen”, prometió.

Y así lo hizo, pero a la hora de marcharse, nerviosa por el castigo que podía
imponerle su soberana por la tardanza, olvidó la varita mágica en el interior de la
cabaña.
El hada de las cumbres miró con enojo a Alba.

– “No solo te presentas tarde, sino que además lo haces sin tu varita? ¡Mereces un
buen castigo!”.

Las demás hadas defendieron a su compañera en desgracia.

– “Sabemos que Alba no ha llegado temprano y ha olvidado su varita. Ha faltado,


sí, pero por su buen corazón, el castigo no puede ser eterno. Te pedimos que el
castigo solo dure cien años, durante los cuales vagara por el mundo convertida en
una ratita blanca”.

Así que si veis por casualidad a una ratita muy linda y de blancura deslumbrante,
sabed que es Alba, nuestra hadita, que todavía no ha cumplido su castigo

La aventura del agua

Un día que el agua se encontraba en el


soberbio mar sintió el caprichoso deseo
de subir al cielo. Entonces se dirigió al
fuego y le dijo:

– “¿Podrías ayudarme a subir más


alto?”.

El fuego aceptó y con su calor, la volvió


más ligera que el aire, transformándola en un sutil vapor. El vapor subió más y más
en el cielo, voló muy alto, hasta los estratos más ligeros y fríos del aire, donde ya el
fuego no podía seguirlo. Entonces las partículas de vapor, ateridas de frío, se vieron
obligadas a juntarse, se volvieron más pesadas que el aire y cayeron en forma de
lluvia. Habían subido al cielo invadidas de soberbia y recibieron su merecido. La
tierra sedienta absorbió la lluvia y, de esta forma, el agua estuvo durante mucho
tiempo prisionera en el suelo, purgando su pecado con una larga penitencia
FABULAS

 El lobo con piel de oveja

Un lobo pensó un día cambiar su apariencia para


así obtener comida de forma más fácil. Ni corto ni
perezoso, se metió dentro de una piel de oveja y se
fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente
al pastor. Al atardecer, fue llevado junto con todo el
rebaño al granjero, donde le cerraron la puerta para
que ningún lobo entrara a comerse a las ovejas. Sin
embargo, en la noche, el pastor entró buscando la
cena para el día siguiente, tomó al lobo y creyendo
que era un cordero, lo sacrificó al instante.

Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

5. Las ranas pidiendo rey

Cansadas las ranas del propio


desorden y anarquía en que
vivían, mandaron una delegación
a Zeus para que les enviara un
rey. Zeus, atendiendo su petición,
les envió un grueso leño a su
charca. Espantadas las ranas por
el ruido que hizo el leño al caer,
se escondieron donde mejor
pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la
superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande
desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima,
burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un
simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste
era demasiado tranquilo. Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua
que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.

Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y


honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.

Leyendas
El atrapasueños

Cuenta la leyenda de la tribu Objiwa, que una araña silenciosamente tejía su red en
la habitación de una abuelita llamada Nokomis.

Todos los días, Nokomis observaba a la araña trabajar, tejiendo su telaraña en


silencio. Hasta que una vez, mientras la observaba entró su nieto:

—¡Nokomis — gritó— mirando a la araña.

Entonces caminó hacia la araña con un zapato en la mano.

—No, Keegwa— susurró la anciana—, no le hagas daño.

—Nokomis, ¿por qué proteges a la araña? — preguntó el niño.

La anciana sonrió, pero no respondió. Cuando el niño se fue, la araña se acercó a la


anciana y le agradeció por salvarle la vida. Luego le dijo:
—Durante muchos días me has visto girar y tejer mi red. Has admirado mi trabajo.
A cambio de salvar mi vida, te daré un regalo.

La araña sonrió con su sonrisa especial de araña y se alejó tejiendo una red. Pronto,
la luna brilló sobre una mágica red plateada que se mecía suavemente en la
ventana.

Esta araña era en realidad, Asibikaashi, la encargada de cuidar de los niños y de las
personas de la Tierra.

—¿Ves esta red?, te enseñaré a tejerla —dijo la araña—. Uno de sus hilos atrapará
los sueños malos mientras que los sueños buenos pasarán por el pequeño agujero.
Este es mi regalo para ti.

Es así, como las madres y abuelas de la tribu Objiwa tejieron redes que atrapaban
los sueños malos y las pesadillas de los niños, asegurando muy felices sueños.

La piel del cocodrilo

Cuenta la leyenda africana que, antes de que el hombre habitara la Tierra, el


cocodrilo tenía una piel suave, lisa y dorada que resplandecía con los rayos del sol y
a la luz de la luna.
El cocodrilo se pasaba todo el día sumergido en las aguas fangosas protegiendo su
piel del sol y solo salía de noche. Los otros animales del pantano comenzaron a
notar la belleza de la piel del cocodrilo y llegaban en manada para admirarlo.

El cocodrilo se sintió muy orgulloso de su piel y comenzó a salir durante el día para
deleitarse con la admiración de los otros animales. Cada día, pasaba más y más
tiempo fuera de las aguas fangosas, exponiendo su piel a los abrasadores rayos del
sol africano.

—Soy muy hermoso, ¿no les parece? —les preguntaba a sus admiradores.

—¡Claro que sí! —respondían todos deslumbrados.

Pronto, los animales se cansaron de la actitud presumida del cocodrilo y dejaron de


visitarlo.

El cocodrilo, con la esperanza de recuperar la atención perdida, pasó todo el día,


todos los días, bajo el sol. Su piel se tornó gris, abultada y escamosa.

El cocodrilo nunca se recuperó de la vergüenza e incluso hoy desaparecerá de la


vista ante la presencia de otros, dejando solo sus ojos y sus fosas nasales sobre la
superficie del agua.
El conejo plasmado en la luna

Cuenta la leyenda azteca, que el dios Quetzalcóatl dejó su aspecto de serpiente


emplumada para transformarse en un hombre común y así poder explorar la
Tierra.

El dios se encontraba tan maravillado con los hermosos paisajes que siguió
caminando hasta que el cielo se oscureció y se llenó de estrellas. Cansado y
hambriento, se detuvo al lado del camino.

Un conejo pasó por su lado y le preguntó:

—¿Estás bien?

—No, me siento muy cansado y hambriento —respondió el dios.

Sin saber que estaba hablando con una deidad, el conejo rápidamente se ofreció a
compartir su comida con Quetzalcóatl.

—Gracias, pero no como plantas — le dijo el dios al conejo.

El pequeño animal sintió mucha pena por el viajero:

—No tengo nada más que ofrecerte, soy una criatura insignificante y tú necesitas
recuperar tus fuerzas, por favor cómeme y reanuda tu viaje.
El dios conmovido por el noble gesto de la pequeña criatura, regresó a su forma de
serpiente emplumada y sostuvo al conejo tan alto que su reflejo quedó plasmado
para siempre en la luna.

Luego, regresó al conejo a la Tierra y dijo:

—No eres una insignificante criatura, tu retrato pintado en la luz de la luna contará
a todos los hombres la historia de tu bondad.

Leyenda del Árbol de Navidad

Hay una leyenda sobre el Árbol de


Navidad que afirma que la costumbre de
armar el arbolito de Navidad se originó
en Europa cuando un pequeño niño perdido
buscaba asilo y un leñador y su señora lo
cobijaron en su casa. El niño en la noche se
convirtió en un niño vestido de oro, en
realidad era el Niño Dios que para
recompensarlo por haber sido tan buenos les
dió una rama de pino , les dijo que la plantaran que todos los años les daría frutos. 
Al crecer el pino les dió a la pareja unas bonitas manzanas de oro y nueces de plata.
En invierno la pareja vestía con manzanas y nueces al árbol cuando éste pedía sus
hojas. Dicen que ese fue el orígen del Árbol de Navidad. Hacia el año 1750, en
Bohemia, comenzó la costumbre de adornar los arbolitos de Navidad con bolas de
cristal.

La Leyenda de Rudolph, el reno de nariz colorada


Papa Noel siempre se representa al lado de renos , quienes tiran el trineo en el cuál
viaja llevando regalos a los niños del mundo. El trineo de Papa Noel está tirado de
nueve renos , uno de ellos con la nariz colorada, de un rojo muy brillante! Este
reno diferente fue un poco discriminado por los demás renos, pero resultó ser de
gran importancia para Papa Noel ya que una nocha muy fría…con mucha nieve y
muy oscura, el reno con su nariz brillante iluminó el camino y Papa Noel pudo
repartir los regalos a los niños gracias a él

Leyenda del Arcoiris


Hace mucho, mucho tiempo los colores estaban peleados entre si porque cada uno
de ellos quería ser el más importante. Todos eran hermosos , pero por eso no
podían ponerse de acuerdo. Fueron dando cada uno sus razones de porqué
pensaban que sobresalían sobre los demás. Cada uno habló y habló, pero no había
caso…no se ponían de acuerdo. Hasta que en determinado momento se levantó un
fuerte viento y un resplandor cruzó el cielo, era un relámpago.  En medio de la
tormenta habló la lluvia y les dijo a todos los colores que cada uno de ellos tenía
razón, pero que en realidad se necesitaban uno a los otros. Dios los había creado
para coexistor con armonía!  Los colores le dieron la razón a la lluvia y cuando pasó
la tormenta, se uniron todos los colores en una alianza, se unieron
formando el hermoso Arcoiris. Desde entonces, después de una lluvia, sale el
Arcoiris que prueba la promesa que se hicieron todos los colores.

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