0% encontró este documento útil (0 votos)
84 vistas155 páginas

TB

Mackenzie se entera de que su novio la dejó sin nada y vació su cuenta bancaria, dejándola sin dinero ni hogar. Ella necesita desesperadamente su trabajo como mesera para poder pagar sus gastos, pero llega tarde y su jefe la despide.

Cargado por

wendyzabaletaal
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
84 vistas155 páginas

TB

Mackenzie se entera de que su novio la dejó sin nada y vació su cuenta bancaria, dejándola sin dinero ni hogar. Ella necesita desesperadamente su trabajo como mesera para poder pagar sus gastos, pero llega tarde y su jefe la despide.

Cargado por

wendyzabaletaal
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

¡Apoya al autor comprando sus libros!


Este documento fue hecho sin fines de lucro, ni con la intención
de perjudicar al Autor (a). Ninguna traductora, correctora o
diseñadora del foro recibe a cambio dinero por su participación
en cada uno de nuestros trabajos. Todo proyecto realizado por 2
Paradise Books es a fin de complacer al lector y así dar a conocer
al autor. Si tienes la posibilidad de adquirir sus libros, hazlo como
muestra de tu apoyo.
¡Disfruta de la lectura!
Moderación y Traducción
Bella’

Corrección
belensanchezflores
claudiavero 3
Cherrykeane
EstherC
macciardi
vickyra

Lectura Final
Bella’

Diseño
Euma14
¿Hasta dónde llegarías para hacer realidad tus sueños?
Los sueños de Mackenzie Hart de abrir su propio restaurante se ven frustrados
cuando su novio la deja sin nada. Es el golpe final que la deja desesperada
e indigente.
Cansada de ser pateada mientras está en el suelo, sabe que necesita hacer
algo drástico para cambiar su destino. Pero derramar su corazón a un guapo
extraño puede haber cambiado su suerte para mejor.
Brock Walker necesita una esposa. Y rápido. Si ella acepta ayudarlo con su
problema, él le promete financiar su sueño de abrir un restaurante. Es una
oferte que no puede rechazar. Todos sus problemas se resolverán.
4
Hasta que conoce a su hermano gemelo, Ashton, y todos sus planes se van
al infierno.
Se suponía que sería fácil.
Mackenzie
Las famosas últimas palabras…
“Hoy es la última vez”
Esas fueron las palabras que me pronuncié esta mañana cuando dejé
mi pequeño apartamento tipo estudio en el epicentro del movimiento
contracultural de la ciudad en los años sesenta. Creo que mi dormitorio al
crecer era más o menos del mismo tamaño que todo mi apartamento, pero
vale la pena vivir en el codiciado Greenwich Village. Cuando crucé la
5
puerta esta mañana, saludada por una refrescante brisa, recordé
claramente pensar que no habría absolutamente nada que pudiera arruinar
mi estado de ánimo hoy. Y hasta hace unos tres minutos, fue verdad. No
dejé que me afectara cuando mi estúpido jefe, Paul Manfred, me llamó
"muñeca" mientras me daba una palmada en el trasero. No dejé que el
hecho de que mi idiota compañero de trabajo, Marco, insistiendo en
llamarme "Mac y queso" en lugar de Mackenzie me molestara tampoco.
Incluso cuando me tropecé con una bolsa de patatas que alguien dejó
tirada en el suelo de la cocina, lo que me hizo tirar una cacerola entera de
salsa béarnaise sobre mi chaqueta blanca de doble botonadura, conseguí
una sonrisa y lo dejé pasar.
Porque sabía que hoy era el último día de toda esa mierda.
Porque mañana por la mañana estaba a punto de entrar en el banco
y empezar un nuevo capítulo de mi vida.
Mi sueño de toda la vida de abrir mi propio restaurante finalmente se
hará realidad. Después de años de trabajar duro y ahorrar cada centavo
que pude, finalmente encontré un lugar que puedo permitirme. Es pequeño
y necesita algo de trabajo, pero está en una ubicación privilegiada, y sé
que podría ser todo lo que siempre he soñado, y mucho más.
En vez de eso, encuentro mi casa completamente destrozada y
vaciada cuando llego después de un largo día de estar de pie en la cocina.
Me había apresurado a ir a casa a cambiarme de ropa, para poder pasar
la noche de pie un rato más, todo para servir mesas en un evento de
catering y ganar dinero extra. Eso es algo que ni siquiera la Madre Teresa
podría poner en un lado positivo. Camino rápidamente por todo el lugar, lo
que no tarda mucho ya que mi apartamento es una caja de zapatos
glorificada.
Cada cajón del apartamento ha sido sacado y vaciado
descuidadamente en el suelo. Cada músculo de mi cuerpo se tensa más y
más con cada paso que doy. Saco mi celular del bolsillo para llamar a mi
novio Chris, pero luego mi mirada se posa en el trozo de papel en medio del
piso, justo donde solía estar mi mesa de café. La hoja de papel está doblada
por la mitad, y mi nombre está garabateado en ella. Inmediatamente
reconozco la letra, y el miedo fluye por mis venas. Mis dedos tiemblan
cuando la levanto. Desdoblo el papel y leo:

M, 6
Lo siento.
C.

Si esto no fuera tan patético, sería divertido. Aunque la nota solo tiene
dos palabras, la leí una docena de veces antes de que realmente asimilara
las palabras. ¿Lo siento? ¿Eso es todo lo que obtengo? Mi corazón se hunde
cuando el siguiente pensamiento aparece dentro de mi cerebro. Tenemos
una cuenta bancaria conjunta. Se me hace un nudo en el estómago. Mi
celular todavía está muy apretado en mi mano, por lo que rápidamente
pulso el código de acceso en la pantalla para desbloquearlo y abrir mi
aplicación bancaria. Aguanto la respiración mientras la aplicación se
carga, y cuando mi balance se muestra negativo en la pantalla, me
desplomo en medio de mi ahora estéril sala de estar, mientras las lágrimas
que han sido exiliadas a esconderse detrás de mis párpados durante años,
finalmente se derraman y fluyen libremente por mi cara. La última vez que
me permití llorar fue hace años, pero ahora mismo no podría contenerme,
aunque quisiera. ¿Qué demonios voy a hacer ahora? No solo se ha llevado
casi todo lo que podría tener algún valor, sino que ha sacado cada centavo
de nuestra cuenta corriente y, lo que es más importante, de nuestra cuenta
de ahorros. Aunque no había ni un centavo de su dinero. El pánico me
agarra por la garganta y me cuesta aspirar suficiente aire para tomar mi
próximo respiro. Mi pecho se contrae, y creo que literalmente siento que mi
corazón se rompe. Mi mente está corriendo a mil kilómetros por minuto, pero
no soy capaz de enlazar un pensamiento coherente. Me levanto y camino
sin pensar por el apartamento, secándome las lágrimas de la cara con el
dorso de la mano mientras trato de controlarme lo mejor que puedo. Mi
teléfono suena en el suelo y me muevo hacia este aturdida. Cuando veo el
número de Amber parpadeando en la pantalla, me doy cuenta de que se
supone que debo estar en el evento de catering ahora mismo. Y ahora que
Chris me ha dejado completamente arruinada, necesito este trabajo más
que nunca. Tomo el teléfono del piso y contesto.
—Oye —digo como saludo. Por algún tipo de milagro, me las arreglo
para que mi voz no se rompa, aunque ni siquiera reconozca mi propia voz.
—¡Chica! ¿Dónde diablos estás? Manfred está en pie de guerra.
Realmente no quiero ir, pero no tengo elección.
—Ya voy. Yo... tuve que lidiar con algo, pero estaré allí en diez minutos.
Cúbreme, por favor.
—Cariño, lo intentaré. Trae tu trasero aquí pronto.
7
—Lo haré, lo prometo.
Corto la llamada y rebusco entre algunas ropas que están apiladas al
azar en el suelo y saco un atuendo apropiado. Me visto en tiempo récord.
No tengo tiempo para maquillaje completo, así que me pongo un poco de
rubor en las mejillas, delineador y rímel en los ojos, y rápidamente me arreglo
el cabello. Cruzo la puerta en minutos. Cuando llego al final de la escalera,
estoy contenta de haber cargado mi pase del metro esta mañana, o
hubiera tenido que ir a pie. Después de una corta caminata hasta West 4th
Street, tomo el tren E y llego a mi parada en cinco minutos. Corro de la
estación al restaurante y llego sin aliento, pero solo veinte minutos tarde. Me
apresuro hacia la parte de atrás para dejar mi bolso.
—Gracias por venir.
Maldigo por dentro. Esperaba entrar sin ser detectada, pero
claramente este no es mi día. No estoy segura de cómo me vio tan rápido;
el lugar está lleno de gente. Dejo de caminar y me vuelvo hacia mi jefe
obviamente enojado.
—Lamento llegar tarde, pero ya estoy aquí —le digo sonriendo con mi
más convincente sonrisa falsa, reservada para momentos como este.
—¿Llegas media hora tarde y ni siquiera te molestas en llamar?
—Lo siento, yo…
—Escucha muñeca, eres buena en lo que haces, y buena a la vista,
pero no eres irremplazable. Me imaginé que no vendrías esta noche, así que
ya te he reemplazado.
—¿Qué? ¡No! Escucha, Paul, realmente necesito este trabajo esta
noche. No puedes simplemente...
—Seguro que puedo, y lo hice. Lo siento muñeca, te duermes y
pierdes.
Imbécil.
Maldita sea. Quiero decírselo a la cara, pero necesito este trabajo
ahora más que nunca. Cierro los ojos en un intento de controlar mi
temperamento. Cuento hasta diez en mi cabeza.
—Paul, necesito hablar contigo. Necesito este trabajo.
Levanta una ceja.
—¿Pensé que ibas a renunciar? 8
—Mis planes han cambiado. Realmente me gustaría quedarme.
—Tendré que pensarlo, muñeca. Después de todo, ¿quién dice que
no decidirás dejarme otra vez la semana que viene?
No tengo ni idea de qué decirle. He trabajado para este cretino
durante tres malditos años, y nunca he llegado tarde ni he amenazado con
renunciar.
—Escucha muñeca, no tengo tiempo para esto ahora mismo —dice,
molesto, antes de irse.
Las lágrimas arden detrás de mis párpados, pero me niego a soltarlas.
Después de todo lo que ha pasado hoy, mi estado de ánimo se tambalea
entre la ira y la desesperación. Me vuelvo para irme, pero me choco con mi
amiga Amber en su lugar.
—Chica, lo siento. Lo intenté, pero hoy está de mal humor —dice con
una sonrisa de disculpa.
Suspiro.
—No es tu culpa, cariño —le digo, incapaz de evitar que mi voz se
rompa esta vez. Empiezo a alejarme, pero Amber corre hacia mí y me
abraza con un solo brazo.
—Oh cariño, no es el fin del mundo. Iba a ser tu última noche de todos
modos, ¿verdad?
Temiendo que mi voz me traicione una vez más, sacudo la cabeza.
—Oh cariño, ¿qué pasa?
Pongo cara de valiente.
—Te lo diré más tarde, te lo prometo. Tienes que ir a trabajar —le digo.
Me evalúa, con la preocupación pintada por toda su cara.
—Espérame en el bar. Parece que necesitas un trago.
No estoy segura si beber es algo que necesito hacer en este estado
de ánimo, pero ahora mismo suena muy bien. Entonces recuerdo que no
tengo ni un centavo a mi nombre.
—No puedo, no tengo dinero conmigo. Yo…
—Chica, no te preocupes. Alex está trabajando; te mantendrá con
bebidas. Además, eres sexy. Apuesto a que harán fila para invitarte una
copa —dice de manera conspiradora.
Debe notar mi vacilación porque rápidamente añade:
9
—No acepto un no por respuesta. Lleva tu hermoso trasero a ese bar
y espérame.
Sonrío agradecida a mi amiga y asiento.
—Bien, pero me llevo esto —le digo, mientras agarro la bandeja de
bocaditos de patatas de salmón ahumado que hice esta tarde.
La sigo adentro y tomo el último lugar vacío en el bar.
—Oye M —me saluda Alex alegremente.
—Cielo, necesita emborracharse. Dale un trago y que sigan viniendo.
Mantén su trasero aquí hasta que salga del trabajo, por favor.
—Lo tengo, panecillo —dice con una sonrisa de satisfacción.
Amber hace muecas.
—¿No? —le pregunta Alex con una risita.
—No, sigue buscando amigo. Ése también es un no muy gordo —le
dice, con la nariz arrugada.
Parece que le divierte, y sospecho que está disfrutando inventando
estos nombres tontos para irritarla. Amber se aleja para ir a trabajar, y
cuando me doy la vuelta para mirar a Alex, dos vasos de chupitos han sido
colocados frente a mí.
—Bebe —me dice.
A juzgar por la sal y el limón, supongo que es tequila. Lamo mi mano y
le pongo un poco de sal. Tomo el primer trago, dando la bienvenida a la
sensación de ardor mientras el líquido dorado se desliza por mi garganta.
Tomo el segundo y esta vez ni siquiera me molesto con la sal.
—Si sigues ese ritmo, te desmayarás en menos de una hora. Lo que sea
que te esté molestando, créeme, no se arreglará emborrachándote.
Me doy la vuelta para mirar al tipo sentado a mi lado, que ha decidido
entrometerse en mis asuntos, pero tengo que mover el cuello para mirarlo
bien; es alto, incluso sentado.
—Es un whisky bastante grande el que estás tomando ahí, amigo. Tal
vez estás proyectando tus propios motivos sobre los míos.
Se ríe.
—Bueno, eres una cosita luchadora, ¿no? Aunque, puede que tengas
razón —dice mientras procede a drenar el líquido ámbar en su vaso.
10
El timbre de su voz es agradable, casi relajante. Sin embargo, estoy en
racha, lista para lanzar otro comentario inteligente, pero luego nuestros ojos
se encuentran, y algo sucede. No es atracción, aunque es cierto que el
hombre es precioso. Sin duda está muy bien peinado; su cabello rubio sucio
está perfectamente estilizado, ni un solo pelo fuera de lugar. Está bien
afeitado, y tiene pómulos por los que hasta yo mataría. Sus ojos color verde
esmeralda brillan con alegría. Puedo decir que no es atracción para él
tampoco, sino verdadera amabilidad.
—Tomaré otro —le dice a Alex—. Y lo que sea que la dama esté
bebiendo —continúa, señalando con la cabeza hacia mí.
—Tomaré lo mismo que él, Alex.
Me vuelvo hacia el guapo desconocido.
—Si vamos a ser compañeros de copas esta noche, al menos debería
saber cómo llamarte —le digo mientras le ofrezco mi mano.
Acepta mi oferta y me rodea con su mano.
—Brock Walker.
—Mackenzie Hart, pero mis amigos me llaman M.
—M es, entonces —dice con una sonrisa.
No pasa mucho tiempo antes de que Alex nos sirva las bebidas y las
coloque frente a nosotros.
—Bueno, Brock, ¿por qué brindamos? —pregunto.
Levanta su copa, y yo sigo su ejemplo.
—Que lo que nos preocupa se esfume tan rápido como tú acabaste
con esos tragos —dice con un guiño.
—Salud —digo, riendo.
Nuestros vasos hacen contacto, y yo tomo un sorbo. Este hombre se
está emborrachando con estilo.
—Entonces, ¿te gustan jóvenes?
Brock me mira, un poco confundido.
—Me perdí.
—Esta belleza solo tiene dieciocho años —le digo con una sonrisa de
satisfacción. 11
Levanta una ceja.
—Por supuesto que me estoy refiriendo a los Macallan —digo mientras
asiento hacia el trago que tiene en la mano.
—Hmmm... interesante. Pero podría ser una conjetura afortunada, o lo
viste servirlo.
Me encojo de hombros.
—Podrías tener razón, por supuesto, pero supongo que nunca lo
sabremos con seguridad —digo, mi tono desafiante.
Me divierto, meto un pedazo de patata en mi boca y hago un
movimiento para que Brock tome una también.
—Te diré algo —dice, inclinándose más cerca—. 50 dólares a que no
puedes volver a hacer eso.
Me burlo.
—No me levanto de la cama por solo cincuenta. Que sean cien y te
apuesto.
Tal vez sea el alcohol lo que me está afectando, pero cuando sonríe,
siento que mis entrañas se calientan. Brock se saca la cartera de la
chaqueta del traje, saca un billete de cien dólares crujiente y lo coloca en
la barra. Me siento mal por tomar el dinero de este hombre porque sé que
identificaré cada whisky que ponga delante de mí. Mientras estaba en la
escuela culinaria, trabajé en un bar de whisky para ayudar a llegar a fin de
mes, y nos animaron a probar todos los whiskies. Desarrollé un gran gusto por
ello, y supongo que se podría decir que soy una conocedora. Le sonrío.
—Me siento mal por tomar tu dinero, yo…
—Justo como pensaba, no puedes hacerlo —interrumpe.
—Bien, tomaré tu dinero entonces.
Brock hace un gesto a Alex.
—Bien, Kenzie, date la vuelta.
Pongo los ojos en blanco, tanto ante el acortamiento de mi nombre
como ante su petición, pero no digo nada y simplemente obedezco. Solo
han pasado un par de minutos desde que me dijo que me diera la vuelta.
Cuando lo hago, hay tres vasos colocados en la barra, y a los cien dólares
se han unido unos cuantos billetes más.
—Me dices los tres y obtienes 500 dólares. Si te equivocas, me debes
un trago.
12
—Eso no parece justo.
—Está bien, me debes dos tragos.
—No, me refiero a ti. Ese dinero es tan bueno como el mío —le digo
con suficiencia.
Miro a Alex, que está ahí de pie, sonriendo. Me conoce desde hace
años, desde que empezó a salir con Amber, y ha pasado muchas noches
en el bar de whisky con nosotros. Tomo el primer vaso y tomo un sorbo, una
sonrisa tirando de mis labios.
—Bueno, espero que lo hagas un poco más difícil, y con un poco más
de calidad —le digo mientras vuelvo a colocar el vaso en la barra.
—Bueno, señorita Sabelotodo, ¿cuál era ese?
—Johnnie Walker, Etiqueta Roja. Es agradable, pero definitivamente
hay mejores. —Levanto el segundo vaso y lo llevo a mis labios, el líquido color
miel deslizándose suavemente por mi garganta—. Bueno, eso está mejor. Y
parece que tenía razón; otro adolescente. ¿Te gustan los de 18 años, Brock?
Yamazaki, whisky de malta.
Finjo desinterés, suspirando dramáticamente cuando recojo el vaso
final.
Hago girar el líquido ámbar dentro del vaso y lo traigo a mi nariz.
Cuando huelo, ya sé lo que estoy a punto de beber. No sin dificultad
mantengo mis rasgos faciales educados a neutrales, especialmente con
Brock mirándome fijamente, claramente esperando que fracase. Ha
elegido otro Macallan, solo que esta vez un año diferente.
—Bueno, esto es otro Macallan.
Sonríe ampliamente.
—¿Estás segura?
—Sí, solo que esta vez es legal. Un cuarto de siglo, muy agradable —
digo mientras sonrío dulcemente.
Simplemente me mira fijamente por un momento antes de arrojar la
cabeza hacia atrás riéndose tan a carcajadas que es difícil no participar.
—¿Cómo diablos hiciste eso?
—Traté de advertirte, pero no quisiste escucharme. Trabajé en un bar
de whisky durante toda mi estancia en la escuela culinaria. ¿Esas
mordeduras de patata que has estado comiendo? Las hice esta noche.
13
Sonríe.
—Bueno, están fuera de este mundo, así que me quito el sombrero,
milady.
Le devuelvo la sonrisa y continúo.
—Así que, aunque realmente podría usar ese dinero después de lo que
ese pedazo de mierda me ha hecho, no me sentiría bien tomándolo —le
digo mientras intento devolverle los quinientos dólares—. Es como robarle un
caramelo a un bebé —añado con un guiño.
Frunce el ceño y no hace ningún esfuerzo para tratar de aceptar su
dinero. Lo coloco en la barra y lo deslizo hacia él.
—¿Es esa mierda la razón por la que estás bebiendo tus penas esta
noche?
Asiento.
—Háblame de ello —me insta.
Por alguna razón, probablemente el alcohol, ni siquiera dudo en
contarle todo. Cuánto he trabajado todos estos años, cómo he sido
financieramente responsable de Chris, cómo iba a hacer realidad mis
sueños, y cuán desesperanzador es todo ahora. Brock me escucha
pacientemente, no me interrumpe y no parece juzgarme.
—Gracias por escucharme y dejarme descargar en ti, pero me parece
recordar que no era el único aquí tratando de beber mis problemas...
—Soy gay —dice.
Me río a carcajadas.
—Eso no suena como una razón para ahogar tus penas. ¿O me lo
dices porque te preocupa que pueda estar coqueteando contigo? ¡Porque
no lo hagas! Ya he terminado con tu sexo —le digo—. Demonios, podría
intentar jugar para mi equipo —añado con un guiño.
Brock me mira, sus ojos abriéndose de par en par mientras se pasa la
mano por el pelo, arruinando así los mechones perfectamente peinados.
—No sé por qué te acabo de decir eso —murmura.
—Está bien, solo bromeaba. A mí no me importa. Eres lindo y todo,
pero como dije... no me interesa —digo, tratando de bromear para alegrar
el ambiente.
14
—Nunca se lo he dicho a nadie. Si mi familia se entera... No me
malinterpreten, mi familia es genial. Me quieren, pero mis abuelos... Bueno,
no son muy progresistas, ¿entiendes? Están muy orientados a la familia y son
extremadamente religiosos; nunca pueden saberlo. Mi hermano gemelo,
Ashton, ya es el hijo de oro. Si se casa antes que yo, seguro que me ganará
para ser el CEO.
Brock toma su turno y continúa derramando su corazón, y aunque
racionalmente sé que probablemente es el alcohol, siento como si nos
hubiéramos unido aquí esta noche. Saber que no solo está siendo amable
conmigo para meterse en mis pantalones también es una novedad. Me
emociono cuando el siguiente pensamiento aparece en mi cabeza.
—Lo que necesitas, amigo mío, es una barba.
Frunce el ceño.
—¿Qué tiene que ver el vello facial con esto?
—Estás bromeando, ¿verdad?
Brock me mira expectante.
—Cuando un hombre se casa con una mujer para evitar que la gente
descubra que es gay, eso la convierte en su “tapadera”. Una barba. No
puedo creer que no lo sepas —le digo, moviendo la cabeza.
Se sienta allí por un momento, absorbiendo esta nueva información.
—Puedo ayudarte a financiar tu restaurante, solo dame dos años.
Se ve tan serio ahora, que no puedo evitar reírme a carcajadas.
—¿Por qué financiarías mi restaurante?
—Bueno, si vas a hacer de mi esposa durante dos años, no puedes
salir con nadie más. Así que además de mantenerte demasiado ocupada
para hacerlo, parece el pago perfecto por tu tiempo.
—Eso es graciosísimo.
—No estoy bromeando.
—Estás borracho.
—Estás interesada.

15
Mackenzie
Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas
Lo miro fijamente. No puedo creer que esté considerando esto. Brock
me está mirando expectante.
—Claramente hemos bebido demasiado, Brock. Esta idea, por muy
tentadora que sea, es... es... bueno, es una locura.
—Lo suficientemente alocada para funcionar. 16
—Ni siquiera me conoces. ¿Cómo sabes que no soy una loca?
—Kenzie, no tengo ninguna duda de que eres la mujer más loca que
he conocido, y me encanta. Confía en mí, esto funcionará para los dos.
¿Qué puede salir mal? Ambos tenemos nuestras carreras de ensueño, y todo
lo que se necesita es fingir ser una pareja durante dos años. Eso pasará
volando.
Frunzo el ceño.
—No estoy tan segura de que me guste que me llames Kenzie.
Brock se ríe.
—¿Eso es lo único con lo que tienes problemas? Porque puedo
trabajar en eso.
Pongo los ojos en blanco.
—No puedo negar que estoy tentada, pero creo que debemos
discutir esto cuando estemos sobrios y ver cómo nos sentimos después de
una buena noche de sueño.
—Bien, pero ya he tomado una decisión. Necesito una esposa, y
quiero que seas tú.
—¿Cómo vamos a explicar este matrimonio repentino a nuestras
familias?
—Estoy seguro de que entre los dos podemos llegar a algo aceptable.
Además, eres hermosa, talentosa e inteligente. ¿Por qué no querría casarme
contigo?
Me inclino hacia adelante, asegurándome de hacer contacto visual.
—Creo que sería perfecto para ti, si no fuera por el miembro perdido
entre mis piernas —le digo con un guiño.
—Nunca he tenido una novia. Quiero decir, he tenido citas, por
supuesto, pero nunca más de dos, así que no se esperaba que me acostara
con ellas ni nada. Podemos decir que he estado suspirando por ti y que te
encerré cuando finalmente estuviste disponible.
No puedo evitarlo. Esa declaración provoca una carcajada.
—¿Y si tu familia me odia?
—No lo harán
—¿Y si mi familia te odia? 17
—¿A quién quieres engañar? No lo harán —responde con confianza.
—De acuerdo, te diré qué haremos; ambos nos iremos a casa,
tendremos una buena noche de sueño, nos tomaremos todo el día,
veinticuatro horas para asegurarnos de que estamos sobrios, y decidiremos
si esto es algo que realmente queremos hacer. Si ambos decidimos que lo
es, nos reuniremos aquí para cenar pasado mañana. A las siete en punto.
¿Trato hecho? —le pregunto, extendiendo mi mano.
Brock me mira con un brillo en los ojos y toma la mano que le he
ofrecido.
—Trato hecho.

El golpeteo en mi cabeza cuando abrí los ojos hace unos minutos es


implacable, pero es cierto que lo merecía. Me doy cuenta de mi situación
actual y, aunque hace solo un segundo pensaba que no podía sentirme
peor, el recuerdo de haber perdido todo aquello por lo que he trabajado
durante estos tres últimos años me enferma físicamente. La alarma que he
puesto en mi teléfono empieza a gritarme, y como es irracional, le doy una
mirada de enfado. Gimo y lucho para levantarme de la cama. Me siento a
un lado de la cama por un momento. Cada momento desde que entré aquí
ayer es borroso.
Anoche, después de que Amber finalmente terminó su turno y pude
contarle lo que había pasado, me regañó por no haber ido a la policía
todavía. Honestamente, ni siquiera se me había ocurrido; ni siquiera estoy
segura de por qué. Me está obligando a ir a la comisaría esta mañana, y
estoy bastante convencida de que vendrá solo para asegurarse de que
realmente lo haga. Ella llegará en cualquier momento, así que me levanto,
hago la cama y la vuelvo a colocar en su lugar en la pared. El apartamento
es tan pequeño que tengo una cama escondida en la pared.
Camino a la cocina y preparo el café antes de meterme en la ducha.
Debido a que me estoy quedando sin tiempo, paso de lavarme el cabello
esta mañana, y en vez de eso cierro los ojos mientras el agua caliente cae
en cascada sobre mi espalda, un pequeño gemido de aprobación
cayendo de mis labios. El calor está haciendo maravillas por la tensión en
mis hombros, y solo la promesa de la cafeína que tan desesperadamente
18
necesito, es suficiente para alejarme de la corriente celestial de agua. Me
acerco a un montón de ropa, saco un par de vaqueros y una camisa, nada
especial. Realmente necesito recoger estas cosas, pero supongo que habrá
tiempo para eso más tarde. Todavía tengo la toalla envuelta a mi alrededor
cuando entro a la cocina y encuentro mi teléfono sonando al lado de la
cafetera. Espero que sea Amber, diciéndome que ya casi está aquí, pero
cuando miro la pantalla, veo que es Paul Manfred. Mi corazón salta; ¡quizás
me está llamando para decirme que me devolverá mi trabajo! Contesto el
teléfono con impaciencia.
—¿Hola?
Paul se aclara la garganta, e inmediatamente me siento incómoda.
Normalmente se aclara la garganta cuando se prepara para darte malas
noticias.
—Hola Mackenzie.
Bueno, mierda en una galleta, me llamó Mackenzie en vez de
Muñeca. Esto no es bueno...
—Hola Paul, me alegra que llamaras —digo en un intento de hacer
que cambie de opinión.
Suspira.
—Lo siento Mackenzie, pero lo he pensado. Cuando entregaste tu
aviso, contraté a un reemplazo. Difícilmente puedo retractarme de mi
palabra, y quién sabe cuándo decidirás cambiar de opinión de nuevo.
Tengo un negocio que dirigir y tengo que pensar en eso primero. Sin
resentimientos, ¿verdad?
Aprieto la toalla a mi alrededor mientras trato de componerme. Por
segunda vez en tantos días, lágrimas arden en mis párpados. Solo que esta
vez, me las arreglo para mantenerlas adentro. Respiro profundamente.
—Entiendo. Gracias de todos modos —le digo, haciendo un esfuerzo
extra para mantener mi voz en equilibrio.
Le digo adiós y cuelgo el teléfono. Me quedo de pie un momento, los
ojos cerrados, los labios bien apretados. Inhalo y exhalo por mis fosas nasales,
tratando de calmarme. Suena el timbre de la puerta, corro hacia el
intercomunicador y mantengo apretado el botón. Ni siquiera tengo la
oportunidad de preguntar quién es.
—Abre la puerta. ¡Hace mucho frío! —se queja Amber.
Presiono el botón para que suba y me apresuro a encontrar un par de
bragas. Me pongo el sostén que cuelga del pomo de la puerta del baño,
19
preguntándome ociosamente cómo llegó allí. Mi cabeza empieza a latir de
nuevo, así que dejo de tratar de entenderlo. Me visto rápidamente, Amber
entrando en el apartamento mientras me pongo la camisa en la cabeza.
—Oh bien, has hecho café —dice como saludo mientras se acerca a
la cafetera.
Una pequeña sonrisa tira de mis labios. Una de las cosas que tenemos
en común es la necesidad de que la cafeína nos ponga en marcha por la
mañana. Cuando llego a la cocineta, ya ha sacado dos tazas y nos está
preparando café. Acepto con gratitud la taza que me da, sintiendo como
si me hubiera dado oro líquido. No importa lo tonto que sea para otros,
tengo un ritual para mi primera taza del día. Llevo la copa a mi nariz e inhalo
su aroma. Dejo que el aroma robusto del café me haga cosquillas en la nariz
y siga seduciéndome. Muy lentamente, me llevo la taza a los labios. Soplo
suavemente antes de tomar un poco de café en mi boca y dejo que el
líquido caliente acaricie mi garganta mientras trago mi dosis de cafeína tan
necesaria.
—Necesitaba eso —le digo a mi amiga con gratitud.
Ella me sonríe alegremente.
—Chica, yo también.
Amber me echa un vistazo, como siempre hace. Es así de maternal.
—¿Vas a ponerte una chaqueta o algo así? Hace un poco de frío ahí
fuera hoy.
Pongo los ojos en blanco dramáticamente, como si estuviera
realmente desanimada. Pero en secreto, me encanta que se preocupe lo
suficiente por mí.
—Sí, mamá.
Ella me da una gran sonrisa.
—Bebe. Tenemos lugares a los que ir, agentes de policía a los que ver.
Acabamos el café y le cuento la llamada que se acaba de perder.
En respuesta, ella envía un mensaje de texto grupal a nuestros amigos,
pidiéndoles que nos mantengan informados sobre trabajos de catering.
Deja que Amber sea optimista.
Me pongo una chaqueta ligera, agarro mi bolso y vamos a la
comisaría. Viajamos en silencio, lo cual es realmente inaudito cuando se
trata de nosotras. Sé que, de mi lado, es la vergüenza y saber que tengo que
contarles a extraños mi humillante historia. En cuanto a ella, estoy segura de
20
que se esfuerza por no decirme: Te lo dije.
Cuando finalmente llegamos a la estación de policía, y después de
una gran espera para hablar con un oficial, me dan mi segundo golpe del
día. El oficial básicamente me informa que no hay mucho que pueda hacer,
ya que lleva una mirada de juez “Oh, cariño” en su cara. Eso realmente me
molestó, pero admito a regañadientes que lo que está diciendo tiene
sentido. Vivíamos juntos, y en cuanto al dinero, la cuenta bancaria tenía su
nombre. Legalmente, no hay nada que pueda hacer al respecto.
—Tal vez puedas ir a través del sistema judicial —me dice.
Me quedo aturdida todo el rato. Mi mente está consumida por
pensamientos de enojo mientras pienso en todas las formas en que me
gustaría estrangular al pedazo de mierda de mi ex-novio. Estoy tan
consumida por el calor blanco, que ni siquiera me doy cuenta de que todo
ha terminado hasta que Amber me tira del brazo. Me siento muy derrotada
cuando salimos de esa comisaría. Ella une su brazo con el mío mientras
caminamos en silencio, mientras recuerdos de la noche anterior comienzan
a jugar en mi mente. Mi interés se despertó, pero ahora, sabiendo que no
tengo trabajo, ni restaurante, ni esperanza de recuperar mi dinero, ¿por qué
no estoy saltando en esta oportunidad? Dos años no es mucho, y creo que
nos llevaríamos muy bien. El sonido del celular de Amber rompe el silencio.
Ella contesta su teléfono, y mientras puedo oírla hablar, las palabras se me
pasan por la cabeza. De repente me clava el codo en el costado y le lanzo
una mirada exacerbada.
—Sí, no hay problema. Mackenzie no tendrá ningún problema en
cocinar una comida para siete personas. Solo envíale los detalles por correo
electrónico —dice antes de terminar la llamada.
Frunzo el ceño.
—¿Quién era?
Sonríe ampliamente.
—Ese, querida, era mi increíble novio, alias tu salvador —dice—. Ha
encontrado un dulce trabajo de catering para ti. Es un trato de una sola vez,
pero paga bien. Y puede conducir a un trabajo más estable.
Mi corazón literalmente baila feliz dentro de mi pecho.
—¿En serio? ¡Oh, Dios mío! ¡Podría besarlo ahora mismo!
—Será mejor que mantengas tus garras alejadas de mi hombre —dice
en su tono casi enfadado. 21
Levanto las manos, como si me rindiera.
—Está bien, está bien. ¡Puedes hacerlo por mí! —Guiño el ojo.
—Agh —gime en voz alta—. Oh, los sacrificios que hago por ti.
Adoro a Amber y sus travesuras dramáticas. Una vez más, ella me ha
ayudado. Por primera vez en días, siento que puedo empezar a recomponer
mi vida.

El trabajo de catering es para una fiesta privada en la que todo lo que


tengo que hacer es cocinar una comida de tres platos y aperitivos para siete
personas. ¡Pan comido! El cliente me envió un menú por correo electrónico,
y cuando lo revisé, descubrí que no era muy complicado. Tengo rienda
suelta con los aperitivos, así que, por supuesto, decido hacer mis bocaditos
de salmón con patatas, que son uno de mis platos de autor, después de
todo. Me dijeron que enviara por correo electrónico una lista de todos los
ingredientes que necesitaría y me aseguraron que estarían en la dirección
proporcionada. La única petición era que viniera temprano, por lo que me
reportaré con el portero del edificio de apartamentos de lujo en Manhattan
al mediodía.
En el ascensor, reviso mi uniforme. Es de un blanco prístino, ni una
arruga a la vista. Incluso llevo puesto mi sombrero de chef; es mejor que me
vea lo más profesional posible. Me bajo en el octavo piso y me dirijo al
apartamento 812 B. Toco el timbre de la puerta y me saluda una joven
desaliñada, aunque obviamente atractiva, que se presenta como Faye
Baker. Pongo mi bolso en la mesa junto a la puerta y la sigo a través del
apartamento hasta la cocina. Me dice que me siente en la barra del
desayuno y me ofrece un poco de café, que acepto con entusiasmo.
Hablamos un poco, pero cuando le pregunto sobre la fiesta de esta noche,
me sonríe torpemente.
—Voy a dar esta cena esta noche para impresionar a mi nuevo jefe.
Me he jactado de ser una excelente cocinera, pero francamente, no se me
debería permitir acercarme a la cocina.
Me río, pero ella me mira con los ojos ligeramente abiertos.
—No, en serio. No estoy bromeando. Soy una cocinera terrible. Ni 22
siquiera puedo hervir agua sin casi prenderle fuego a la casa. Realmente
necesito causar una buena impresión.
Le sonrío suavemente.
—Has venido a la mujer adecuada para el trabajo —le digo—.
Prepararé una comida de la que tu jefe e invitados hablarán en los próximos
días, créame.
Parece algo aliviada.
—Te diré algo, ¿por qué no te sienta aquí y me ves cocinar la comida?
De esa manera, puedes responder a las preguntas si surgen. Incluso puedes
ayudarme un poco agarrando cosas de vez en cuando.
Ella me mira, un poco incierta, pero asiente.
Me acerco al fregadero para lavarme las manos y empiezo a buscar
todos los ingredientes que necesito para el plato principal, sabiendo que me
llevará más tiempo hacerlos. En realidad, es divertido. Se siente como si
tuviera mi propio programa de cocina mientras camino por la cocina y le
explico en detalle a Faye lo que estoy haciendo. Hablamos de esto y lo otro,
y Faye me cuenta más sobre por qué está organizando esta fiesta para su
jefe y algunos clientes potenciales. Su jefe quiere un ascenso en el trabajo,
y conseguir que estos clientes firmen sería una gran ayuda para ello, lo que
a su vez sería bueno para ella. Cuando empiezo a prepararme para el
postre, me doy cuenta de que el tiempo ha pasado volando. Seguro que
ha sido divertido, pero dar una jugada por jugada me ha ralentizado
mucho. Insto a Faye a que vaya y empiece a prepararse para sus invitados
mientras yo pongo la mesa y limpio el desorden. Acabo de poner el último
plato cuando vuelve a entrar, sin parecerse en nada al desorden que
estaba cuando entré hoy temprano. Lleva un vestido de falda lápiz azul
marino que parece como si hubiera sido vertido. El sencillo vestido va
acompañado de un dramático collar y unos pendientes a juego que
complementan a la perfección el conjunto. No lo hubiera creído si me
hubieras dicho esta tarde que su trapeador rebelde de pelo rizado podría
ser domesticado en el precioso moño alto con el que entra.
—Vaya, puede que no seas buena en la cocina, pero eres una
maestra en todo esto de la preparación. ¡Te ves increíble, chica! Los dejarás
boquiabiertos —digo, genuinamente impresionada.
Sonríe y repaso las instrucciones con ella. Le explico que el postre está
en la nevera y que el horno mantiene caliente el plato principal y los
aperitivos. Solo necesita calentar los contornos.
23
—Bueno, mejor me voy...
Me interrumpe el timbre del intercomunicador. Los ojos de Faye se
ensanchan un poco antes de parpadear hacia el reloj de la pared. Si este
es el portero anunciando a uno o más de sus invitados, entonces llegan
temprano. Se disculpa y contesta. Ella regresa pronto, y el color se le ha ido
de las mejillas. Ni siquiera necesito preguntar.
—¿Hay otra salida?
Sacude la cabeza.
—Bueno, sé que esto suena raro, pero, ¿tienes algo de ropa para
prestarme?
Me mira, confundida por un segundo, pero luego la comprensión brilla
en sus lirios.
—Sígueme.
Sigo a Faye a su dormitorio, y ella corre a su armario. Segundos
después, ha sacado un bonito vestido y unos zapatos a juego.
—Por favor, dime que puedes usar una talla siete.
Sonrío, asiento y empiezo a quitarme la ropa. No puedo creer que
estoy en el dormitorio de una clienta desnudándome frente a ella. Ella debe
haber pensado lo mismo porque se excusa para darme algo de privacidad.
Rápidamente me pongo el vestido y los tacones que ella gentilmente me
ha prestado. Camino hacia su tocador, me quito los pasadores del cabello
y los sacudo para que se suelten en cascada alrededor de mis hombros.
Después de escudriñarme en el espejo, me pellizco las mejillas por un poco
de color y me pongo un poco de brillo en los labios. Ya que difícilmente
puedo salir con el uniforme, lo doblo y coloco ordenadamente en una silla.
Miro el reloj; observo que me cambié en menos de tres minutos, lo que debe
ser algún tipo de récord. Cuando salgo de la habitación, encuentro a Faye
paseándose por la puerta.
—Te devolveré esto lo antes posible.
Solo asiente, y rápidamente llegamos a la puerta principal.
—Gracias por todo —dice mientras abre la puerta.
Tomo mi bolso y me adelanto, mi atención se centra en Faye mientras
estoy a punto de responder cuando me golpeo directamente contra una
superficie dura. Miro hacia arriba y veo un par de hermosos ojos de color
marrón claro que me miran fijamente, llenos de una intensidad que me hace
estremecer, de una buena manera. Inclina ligeramente la cabeza hacia la 24
izquierda, y sus ojos vagan sobre mí. Una pequeña sonrisa aparece en su
rostro; y qué hermoso rostro es. No puedo ponerle el dedo encima, pero me
resulta familiar. ¿Quizás es un modelo? Ciertamente es lo suficientemente
guapo para serlo. El hombre debe hacer ejercicio porque el cuerpo en el
que me estrellé es tan duro como una roca.
Mierda, despierta.
Me obligo a recuperar la compostura.
—Hola —digo casi sin aliento. Molesta conmigo misma, me aclaro la
garganta—. Lo siento mucho. Estaba despidiéndome de Faye, y no miraba
por dónde iba —digo tímidamente.
Parece intrigado, pero no dice una palabra.
—Señor Walker, pase, por favor. Y por supuesto usted también, señor
y señora Kingsley.
Solo entonces me doy cuenta de las otras dos personas detrás de él,
lo que me sorprende porque son una pareja muy llamativa.
—Gracias de nuevo, Faye. Siento no poder quedarme para esa
maravillosa comida que cocinaste, pero tengo planes que no puedo
romper esta noche. Gracias por la invitación.
Me sonríe agradecida. Salgo al pasillo y paso al hombre al que acaba
de llamar señor Walker.
—Qué pena —dice mientras paso.
Lo miro sorprendida y veo un brillo travieso en sus ojos.
—¿Quizás en otro momento, señora...?
—Es señorita —le digo, no estoy segura de por qué siento la necesidad
de corregirlo—. Hart. Mackenzie Hart.
Sonrío dulcemente y luego me dirijo hacia el ascensor, segura de que
puedo sentir sus ojos ardiendo en mi espalda durante todo el paseo. Mi
sospecha se confirma cuando entro en el ascensor y me doy la vuelta.
Nuestros ojos se encuentran, y permanecen fijos entre sí hasta que las
puertas se cierran, cortando nuestra conexión. Me desplomo hacia atrás
contra la pared y suelto la respiración que no sabía que estaba
aguantando.
—Mierda —murmuro en voz alta.
Eso fue intenso. Me río. Mi celular vibra en mi bolso, lo saco y contesto.
25
—¡No me dijiste que tenías una cita esta noche! —dice Amber
acusadoramente al otro lado de la línea.
—¿Una cita?
—Sí, con el tipo guapo de la otra noche. No te hagas la tonta. Te está
esperando en el restaurante.
—Oh.
—No me digas "oh". ¿Vienes o no?
Ashton
Los cerdos deben estar volando…
No estoy seguro de que nada pueda arruinar mi humor hoy. Anoche
fue una victoria enorme para mí. Conseguir que Mika Kingsley se registre
como cliente definitivamente me pondrá en la delantera para el puesto de
CEO. No puedo negar que me sorprendió gratamente la habilidad de Faye
como anfitriona, y tengo que admitir que la comida fue increíble. Cuando
se jactó por primera vez de sus habilidades culinarias, lo tomé con un grano 26
de sal; ella no parece ser del tipo que cocina, pero yo estaba desesperado.
Después de enterarme de que Raeva, la esposa de Kingsley, prefiere un
ambiente íntimo en lugar de un restaurante de lujo de moda, me vi obligado
a cambiar de planes en el último minuto. Asegurarme de que la señora
Kingsley disfrutara de su velada era parte de mi plan maestro para poner a
Kingsley de buen humor y más susceptible a que hiciéramos negocios.
Además, no puedo negar que me alegró el hecho de que Faye
pudiera haber fracasado, y yo podría haberla despedido sin sentirme
culpable. Honestamente, siempre he creído que Faye Baker no es más que
una mimada miembro de la alta sociedad. Su padre es un abogado muy
poderoso y muy respetado; la razón principal por la que le di el trabajo en
primer lugar fue por los increíbles contactos de su padre. Todavía no puedo
creer que lo lograra, pero tal vez el hecho de que desesperadamente quiera
hacerlo por su cuenta y perder su imagen de niña rica mimada, la hace
esforzarse mucho más. Sea cual sea el caso, estoy impresionado. Tal vez no
debería ser tan duro con ella; ha demostrado su valía. Claramente la
decisión de contratarla ha funcionado muy bien para mí. Me recuesto en mi
silla, con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Me siento particularmente
feliz conmigo mismo, y una sonrisa me tira de los labios, extendiéndose de
oreja a oreja.
De repente, y no por primera vez desde anoche, la misteriosa belleza
aparece en mi cerebro. Mackenzie Hart; sus grandes y hermosos ojos azules
mirándome fijamente se han repetido en mi mente. A diferencia de la
mayoría de las mujeres con las que me relaciono, su impecable rostro estaba
prácticamente desprovisto de maquillaje. Por alguna razón que aún no
puedo señalar, no pude quitarle los ojos de encima. Nunca me han
importado las rubias en particular, pero por alguna razón, no me importó el
color de su cabello. Puedo recordar claramente la forma en que olía
mientras pasaba junto a mí. Ella olía dulce, no estoy seguro de que alguna
vez haya olido ese aroma, pero ahora ha sido quemado en mi memoria. La
intensidad que irradió de ella todavía me intriga. Me pregunto si sería
inapropiado pedirle a Faye que me consiguiera su número de teléfono, ¿o
tal vez concertar una cita? Mis pensamientos se ven perturbados por la voz
de mi secretaria en el intercomunicador.
—¿Señor Walker? Su hermano está en la línea uno. ¿Quiere atender la
llamada, señor?
Sonrío con suficiencia. Amo a mi hermano, pero ambos estamos
luchando por la misma posición, y siempre hemos sido competitivos. Y ahora
que estoy ganando, esta es mi oportunidad de restregárselo en la cara.
27
Mantengo presionado el botón para responderle.
—Tomaré la llamada, Mia. Gracias.
Levanto el teléfono de su base.
—Bueno, hola, hermanito —le digo como saludo porque sé que le
molesta mucho.
No tengo que ver su cara para saber que su nariz está arrugada ahora
mismo.
—Eres siete minutos mayor, Ash —se burla Brock, y para mi diversión,
suena claramente un poco perturbado.
—Todavía me hace mayor.
Suspira.
—Bien —admite—. Necesito que despejes tu agenda esta noche.
Tengo un gran anuncio. Estoy invitando a Gigi, Pops, y a unos cuantos
familiares y amigos más. Será una cena, así que trae tu apetito.
Ahora esto es interesante....
—¿Qué es este anuncio?
Brock se ríe. El bastardo sabe que captó mi interés.
—¿Por qué te lo diría ahora y arruinaría la sorpresa? Nop. Tendrás que
esperar como todos los demás.
No estoy seguro de que me guste a dónde va esto. Sea lo que sea, es
grande. Tal vez incluso más grande que conseguir la cuenta de Kingsley.
—Tu oficina está al final del pasillo de la mía, así que ¿por qué me
llamas en vez de venir a mi oficina?
—Hoy no estoy en la oficina. Tengo que ocuparme de algunas cosas.
Dejó de ser gracioso. No estoy seguro si necesito preocuparme por mi
hermano gemelo. Nunca se ha perdido un día de nada, especialmente del
trabajo.
—¿Brock? ¿Qué está pasando? ¿Necesito preocuparme?
Se ríe.
—No hay de qué preocuparse. Por una vez, Ashton, haz lo que te pido.
—De acuerdo, despejaré mi agenda. ¿Adónde voy?
—A mi casa.
28
—Allí estaré.
Colgamos después de eso, y el sentimiento petulante con el que
empecé mi día se ha evaporado rápidamente...

Salgo temprano del trabajo, lo cual es muy diferente a mí, pero estoy
ansioso y no puedo concentrarme en nada, así que no tiene sentido
quedarme en la oficina. Decido ir al gimnasio, porque para mí, nada me
aclara mejor la mente que un buen entrenamiento. Como sospechaba, el
ejercicio cumple con su propósito y para cuando llego a las duchas, me
siento como un hombre nuevo. De camino a casa, paso por la tienda y
compro una botella de vino. Después de todo, nuestra abuela, o Gigi, como
ella prefiere que la llamen, tendrá mi cabeza si me presento a una cena con
las manos vacías, aunque ella no sea la anfitriona. Mi hermano y yo fuimos
criados por nuestros abuelos desde que teníamos seis años, y los buenos
modales y la etiqueta fueron introducidos en nosotros durante toda nuestra
infancia. Sinceramente, no sé en qué nos habríamos convertido si no fuera
por ellos dos. Nos acogieron después de que nuestros padres murieran en un
trágico accidente de tránsito. Han sido increíbles; nos han criado y siempre
nos han tratado como a sus propios hijos en vez de a sus nietos. Gigi es
literalmente la galleta más dura que conozco. Lo único que valora por
encima de la decencia y la familia, es a Dios, es muy religiosa. Pops es un
poco más relajado, pero tiene una de las mentes de negocios más grandes
que conozco, y siempre he querido seguir sus pasos. Desafortunadamente,
no estoy solo. A pesar de que amo a mi hermano gemelo, no se puede
negar que ambos somos extremadamente competitivos, y Brock ha dejado
claro que también ha puesto sus miras en el puesto de CEO en Walker Inc.
Llego al edificio de apartamentos de mi hermano, pensando en cómo
manejarlo esta noche. Todavía tengo que restregar el hecho de que me las
arreglé para contratar a Mika Kingsley como cliente, algo que había
planeado revelar antes de la misteriosa llamada telefónica de esta mañana.
Después de reportarme al portero, me dirijo al apartamento del ático. Tengo
que felicitar a mi hermano, su apartamento es increíble. Está en una
ubicación privilegiada y parece como si hubiera sido escenificado para una
revista. Me he estado preguntando todo el día qué puede ser este anuncio,
pero no saber ningún hecho me está haciendo especular cosas
29
extravagantes. Ni siquiera tengo la oportunidad de llamar a la puerta
principal. Se abre y Gigi me mira radiante.
—Entra, entra —dice como saludo.
Me inclino para besarle la mejilla.
—Bueno, es agradable ser recibido así, Gigi —le digo.
Mi abuela, que por lo general es muy reservada, está sonriendo de
oreja a oreja, claramente extasiada por algo.
—¿Por qué no me dijiste que Brock tiene novia? ¡Y tan encantadora!
La miro, un poco confundido.
—¿Brock tiene qué?
Una imagen de mí tomando un sorbo de un trago en el momento
exacto en que ella me dice eso y lo escupo al final de esa frase destella en
mi cerebro. Estoy literalmente tan sorprendido, aunque nunca escupiría una
bebida delante de Gigi ya que ella tendría mi cabeza en una bandeja.
—¿Tú tampoco lo sabías? —pregunta, su tono sospechoso mientras
me lleva a la sala de estar.
Hay al menos media docena de personas en la habitación.
Caminamos hacia mi hermano, cuya espalda está frente a mí. Está de pie
junto a una mujer, su mano tocando ligeramente la parte baja de su
espalda. Dejo de caminar por un momento, contemplando la vista que
tengo ante mí con curiosidad. Gira la cabeza hacia ella, y puedo ver su
sonrisa desde el otro lado de la habitación mientras se inclina y besa su sien.
Me parto la cabeza. Nunca he conocido a mi hermano hasta ahora; es tan
reservado. Incluso a nuestro alrededor, su familia y sus amigos íntimos, creo
que nunca lo he visto abrazar a nadie más que a Gigi, y en realidad no tiene
otra opción. Pero aquí está, mostrando afecto público tan fácilmente, y me
está sorprendiendo. Una sensación de calor irradia a través de mí, y juro que
siento que mi corazón se hincha. Esta mujer debe ser increíble, y de repente
estoy increíblemente ansioso por conocerla. Me acerco a la feliz pareja con
Gigi en mi brazo.
—Mackenzie querida, ven a conocer a Ashton, el hermano mellizo de
Brock —grita mientras nos acercamos a ellos.
¿Mackenzie?
La mujer que está al lado de mi hermano se da la vuelta al oír la voz 30
de mi abuela y se vuelve hacia nosotros. Nuestros ojos se encuentran, y
puedo sentir mi sonrisa desaparecer. Mis pasos vacilan, el aire en la
habitación de repente se vuelve espeso. Los ojos que miro son los mismos
que me han perseguido desde que los vi por primera vez. Mackenzie Hart.
Sus ojos se abren un poco; supongo que ella también me reconoce.
—Joder —murmuro en voz baja.
Siento una punzada de dolor y me doy cuenta de que estoy
apretando los dientes. Estoy pensando en mil cosas a la vez, demasiado
aturdido como para saludar. El codo de Gigi hace contacto con mi
costado, y agradezco el dolor ya que me saca de mis pensamientos.
—Ash, lo lograste —me saluda mi hermano emocionado—. Ashton,
ella es Mackenzie Hart.
Mackenzie me sonríe, claramente más rápido que yo para
recuperarse.
—Creo que nos conocimos la otra noche. No puedo creer que no
hiciera la asociación. Sinceramente, a primera vista no se parecen en nada,
pero sabía que de alguna manera me resultabas familiar —dice con una
ligera risita.
El sonido de su risa revolotea a través de mí y es como música para
mis oídos.
Ya basta, Walker.
—Me alegro de verla de nuevo, señorita Hart —le digo, forzando una
sonrisa apretada.
¿Podría haberme equivocado sobre la atracción que sentí entre
nosotros esa noche? Aunque fuera por un momento, no he podido dejar de
pensar en ella.
—Por favor, llámame Mackenzie —me dice mientras extiende su mano
para que yo la tome.
La tomo incluso antes de decidirlo conscientemente, e
inmediatamente me arrepiento cuando mi cerebro se pone al día. En el
momento en que su mano entra en contacto con la mía, se siente como si
una corriente eléctrica sacudiera algo en mí; una sensación desconocida
en la boca de mi estómago. A juzgar por la rapidez con la que retira la
mano, sé que ella también la ha sentido. La voz de Brock me distrae de mis
pensamientos. 31
—Vayamos directamente al comedor. Mackenzie nos ha cocinado
una comida increíble.
La toma de la mano, e inmediatamente me siento hostil, aunque no
sé por qué. Me quedo un momento detrás de la multitud y miro a todo el
mundo entrar en el comedor. Respiro profundamente para contenerme y
seguir, lo que parece ser otro error más, ya que ahora me veo obligado a
sentarme en el único asiento disponible... justo enfrente de Mackenzie. La
hermosa, que no puedo sacar de mi cabeza, fuera de los límites, Mackenzie.
Me siento en mi lugar, tratando de evitar el contacto visual directo con todo
el mundo, especialmente con la novia de mi hermano, pero cuando ella se
levanta, mis ojos la siguen involuntariamente. Ella sale del comedor solo para
emerger momentos después, balanceando magistralmente varios platos, y
comienza a servirnos a todos.
—Estas son la especialidad de M, salmón ahumado y bocados de
papa —anuncia con orgullo mi hermano.
Mackenzie sale y vuelve a entrar en la habitación con el último de los
platos, colocando uno frente a mí. Respiro y saboreo el delicioso aroma que
emerge del plato. Inmediatamente reconozco el olor, y mi ceja se levanta.
Gigi nos instruye a todos a inclinar la cabeza y comienza a guiarnos en la
oración. Cierro los ojos y trato de concentrarme en lo que dice mi abuela,
pero es difícil. Vuelvo a la realidad justo cuando mi hermano les dice a todos
que disfruten de su comida. Me meto un mordisco de patata en la boca,
confirmando mis sospechas.
—¿Le diste esta receta a tu amiga el otro día, Mackenzie? —pregunto,
mi tono un poco más acusador de lo que pretendía.
Parece un poco arrepentida por un momento, pero se recupera
rápidamente, parece ser lo suyo.
—De hecho, compartí algunas de mis recetas con ella —responde
con suavidad—. Intercambiamos nuestras recetas a menudo.
O me está diciendo la verdad, o es una buena mentirosa.
Comemos una comida increíble, y mientras la conversación fluye
fácilmente, estoy observando. No puedo dejar de notar la forma en que
tiene el cabello torcido en un bollo apretado encima de la cabeza, dejando
al descubierto su largo cuello y el brillo de sus ojos mientras habla de comida.
Sus mejillas se ponen rosadas cada vez que alguien la elogia, la sonrisa
resultante ilumina cada centímetro de la habitación.
—Mackenzie es una chef increíble y muy pronto abrirá su restaurante 32
—dice Brock, radiante de orgullo.
Interesante…
Brock se levanta de su silla y se aclara la garganta.
—De acuerdo todos, estoy tan feliz de tener a todos los que son
importantes para mí aquí esta noche. Quería que todos ustedes finalmente
conocieran a la mujer de mis sueños.
Mackenzie lo mira y sonríe.
—También quería que todos ustedes fueran testigos del momento más
importante de mi vida —dice mientras se arrodilla sobre su rodilla derecha.
¡¿Qué demonios?!
La boca de Mackenzie se abre al tomar su mano en la suya.
—Sé que no todo el mundo sabe realmente cuánto tiempo hace que
nos conocemos —dice Brock, más que a ella que a cualquiera de nosotros—
. O, mejor dicho, cuánto tiempo he estado suspirando por ti —añade
riendo—. Pero yo sí sé que no puedo dejarte escapar ahora que finalmente
estamos listos para contarle al mundo acerca de nosotros. Eres increíble,
Mackenzie. Admiro tu fuerza, tu inteligencia y tu belleza, pero sobre todo te
adoro por la bondad de tu corazón. ¿Me harías el hombre más feliz del
planeta y aceptarías ser mi esposa?
La necesidad de golpear algo o alguien se me acerca sigilosamente,
como un ninja en la noche. Puedo sentir cómo se me escapa el color de la
cara. Me siento asqueado de mí mismo mientras lucho interiormente por mis
sentimientos. Aquí está mi hermano gemelo, por primera vez en su vida
derramando no solo su corazón, sino mostrando emociones y afecto por
alguien, públicamente. Estoy tan contento de que finalmente haya
encontrado a alguien, pero otra parte de mí, y me temo que es una parte
muy grande, odia el hecho de que tuviera que ser ella. Observo con horror
cómo saca un enorme anillo de diamantes. Miro desde él, hacia ella y hacia
atrás. Parece nervioso, como si no estuviera seguro de su reacción. Gigi está
sentada a su lado, llorando, con la mano en el pecho. Mackenzie sonríe a
Brock, y cuando oigo su respuesta, mi corazón se hunde.
—Sí, Brock. ¡Mil veces, sí!

33
Mackenzie
Decisiones

—También quería que todos ustedes fueran testigos del momento más
importante de mi vida —dice Brock.
Por un segundo, no estoy segura de lo que está sucediendo. Veo a
Brock caer de rodillas y jadeo. ¿Qué demonios...? Una risa rápida y aguda
escapa de mi garganta. Mi mente está corriendo a mil kilómetros por minuto.
34
No estuvimos de acuerdo con esto. Sí, acepté ser su esposa, o más bien su
tapadera, durante los próximos dos años. Sé que discutimos que
necesitábamos hacer la propuesta frente a su familia, pero no discutimos
hacer esto esta noche, la primera vez que los conocía. Estoy
completamente sorprendida.
Hablando de sorpresas, definitivamente esta no fue la primera
sorpresa de la noche. No puedo creer que el tipo con el que tuve el
momento más intenso de mi vida sea el hermano de Brock. ¿Cuáles son las
probabilidades? Ha estado en mi mente desde anoche, pero me dije que
atesoraría el momento. Se suponía que nunca volvería a ver a este hombre.
El momento que compartimos fue corto pero intenso. Lo deseé en el acto;
eso nunca me había pasado antes. ¿Estoy a punto de comprometerme
falsamente con su hermano? Mi mirada cae sobre mi mano, que está muy
apretada en la de Brock. La duda empieza a levantar su fea cabeza. Trato
de moldear mis rasgos faciales, esperando ocultar mis verdaderos
sentimientos en este momento. Me pregunto si debería salir de esto porque
si me siento así ahora mismo, ¿cómo voy a sobrevivir dos años? Se suponía
que esto iba a ser fácil, pero aquí está él mirándome, y todo en lo que puedo
pensar es en Ashton. ¿Por qué me molesta tanto? Lo conocí ayer durante 30
segundos. Y sí, he estado pensando en sus ojos, esos increíbles ojos marrones
claros que han estado flotando en mi mente desde la primera vez que
vagaron desvergonzadamente sobre mí anoche. Pero ni siquiera lo
conozco, y hasta que entró en el apartamento esta noche, nunca pensé
que lo volvería a ver. Pero ahora que lo ha hecho, me pregunto si es una
señal. Tal vez no sea demasiado tarde para echarse atrás. ¿Qué estoy
diciendo? ¿Realmente voy a renunciar a la oportunidad de alcanzar la
meta de mis sueños porque estoy deseando a un hombre que
probablemente ni siquiera siente lo mismo? ¿Soy estúpida? Necesito
alejarme de un hombre que puede despertar sentimientos tan intensos
dentro de mí en cuestión de segundos. Trato de tragar, pero tengo la boca
seca.
—Sé que no todo el mundo sabe realmente cuánto tiempo hace que
nos conocemos. O, mejor dicho; cuánto tiempo he estado suspirando por ti
—agrega riendo entre dientes. Dios mío, es convincente.
—Pero sí sé que no puedo dejarte escapar ahora que finalmente
estamos listos para contarle al mundo acerca de nosotros. Eres increíble,
Mackenzie. Admiro tu fuerza, tu inteligencia y tu belleza, pero sobre todo te
adoro por la bondad de tu corazón. ¿Me harías el hombre más feliz del
planeta y aceptarías ser mi esposa?
35
Puedo matar a Brock ahora mismo por dejarme caer esto de la nada.
Brock saca un anillo de diamantes ridículamente grande, que parece ser de
oro blanco o platino. Es hermoso. Al menos mi símbolo falso de para siempre
es bonito, pienso. Cierro los ojos y respiro hondo. Pongo mis ojos en él y sonrío
la mayor sonrisa que puedo.
—Sí, Brock. ¡Mil veces, sí!
Brock suelta el aliento y sonríe alegremente. Desliza el anillo sobre mi
dedo y lleva mis manos a sus labios. La besa suavemente, y nuestros ojos se
encuentran.
—Gracias, no tienes idea de lo que esto significa para mí —me dice
en voz baja.
Sé que esta última declaración no es fingida. Significa cada palabra;
esto significa mucho para él. A su lado Gigi, empieza a sollozar, y ella se
levanta para abrazarlo, o eso pensé. En vez de eso, me arrastra a su abrazo.
—Bienvenida a la familia, querida —dice, entusiasmada—. Estoy tan
feliz de que finalmente haya encontrado a alguien. He estado tan
preocupada.
Mi mirada busca a Brock. Parece dolorido por un momento, pero se
distrae rápidamente con el abrazo de oso que le da su abuelo.
—Bien hecho, hijo mío —le dice mientras le da una palmada en la
espalda.
Gigi me suelta y se apresura a abrazar a Brock. Los veo sonreír. Mi
sonrisa titubea cuando mis ojos se posan en Ashton. Parece... molesto. Lo
veo mirar la situación que tiene ante sí. Se queda en silencio, frotándose
distraídamente la barbilla. Nuestras miradas se encuentran, y de repente me
siento inundada de sentimientos de culpa. Me digo a mí misma que mire
para otro lado, pero mis iris están pegados a los suyos. Él da largos pasos
hacia nosotros, y trago con fuerza. Extiende su mano, y sin un solo
pensamiento o vacilación, la tomo. Me arrepiento inmediatamente, ya que
los escalofríos corren como un toque fantasmal sobre mi piel. Aspiro una
bocanada de aire.
—Felicidades —gruñe.
—Gracias —me las arreglo para decir—. Significa mucho para
nosotros —agrego mientras pongo mi mano en el brazo de Brock.
Brock pone su brazo alrededor de mi hombro, tirando de mí contra él.
—Sí, Ash, gracias. Estamos tan felices de que estuvieras aquí para
celebrar este momento con nosotros.
36
Ashton sonríe, pero no llega a sus ojos.
—¿Qué clase de celebración no tiene un buen brindis con champán?
Ambos nos volteamos para encontrar a Gigi y Pops (como insisten en
que yo los llame) de pie a nuestro lado, armados con dos botellas de
champán y copas de vidrio.
—Veo que has seguido mi consejo —dice Gigi con orgullo.
Brock arquea una ceja.
—Normalmente lo hago, pero no estoy seguro de lo que quieres decir,
Gigi.
—Les he dicho que siempre tomen unas botellas de champán frío, por
si acaso. Yo personalmente guardo un champán mejor, pero supongo que
Moët lo hará en un apuro.
Se me escapa una risita de los labios.
—No te preocupes, Gigi. Le enseñaré sobre el champán apropiado —
le digo, haciéndole un guiño conspirativo.
—Oh, ¿sabes algo de champán, querida?
—Gigi, encontrarás a mi hermosa prometida muy bien informada
respecto a cualquier cosa relacionada con la comida o el alcohol. Ella ha
estado en el mundo culinario en diferentes puestos —dice Brock con orgullo.
—La comida que cocinaste esta noche fue increíble, Mackenzie —
dice Ashton—. Me encantaron especialmente los aperitivos. Faye debe
haber seguido tu receta al pie de la letra porque sabían igual de bien la otra
noche.
¿Lo sabe?
—Faye es una cocinera maravillosa. Ella también me ha enseñado
algunas recetas —digo evasivamente.
Ashton no parece convencido en absoluto, y hago una nota mental
para advertir a Faye. Me gusta mucho, y no quiero que se meta en
problemas por algo tan tonto. Estoy a salvo de más preguntas cuando más
invitados se acercan a felicitarnos. Me siento aliviada cuando pongo
distancia entre Ashton y yo. El resto de la noche pasa volando, y después de
brindar por nuestra felicidad y darnos el gusto de charlar un poco más,
salimos a llevar a todos nuestros invitados uno por uno. Ashton es el primero
en irse. Se va rápidamente y no se queda como me temía, y no puedo negar 37
que es un gran alivio. Una vez que la última persona finalmente se ha ido,
Brock me toma en sus brazos para un enorme abrazo de oso.
—Estuviste increíble esta noche, Mackenzie —dice en mi cabello.
Me libera y camina delante de mí hacia la sala de estar. Está claro
que esta noche ha sido agotadora para los dos. Los dos nos sentamos en el
sofá y nos miramos el uno al otro.
—Bueno... creo que eso fue bastante asombroso. ¿Qué piensas tú?
—Tienes suerte de que piense en mis pies. ¡No puedo creer que me lo
propusieras sin decírmelo!
Brock se retuerce en su asiento junto a mí. Parece algo arrepentido, y
eso en sí mismo suaviza mi postura.
—Lo juro, ni siquiera estaba planeado. Recogí el anillo hoy para estar
preparado. Y cuando vi que todo iba tan bien, y vi lo feliz que estaba Gigi,
me quedé atrapado en el momento.
Suena como un niño pequeño ahora mismo, y es entrañable. Una
pequeña sonrisa tira de mis labios.
—Prométeme que tomaremos grandes decisiones juntos de ahora en
adelante, ¿de acuerdo? No me gusta la idea de entrar en mi boda sin una
pista, ¿sabes?
—Bueno, mierda, supongo que debería cancelar al cura —murmura
Brock mientras saca su celular de su bolsillo.
Mis ojos se abren de par en par.
—Estás bromeando.
Una sonrisa infantil aparece en su rostro.
—La mirada en tu cara no tiene precio —dice, claramente divertido—
. Sí, estoy bromeando.
Levanto una almohada del sofá y la lanzo hacia él, sonriendo
alegremente cuando llega a su destino.
—Hablo en serio, Brock. Si esto va a funcionar, tenemos que hacerlo
como un equipo. No más de esta mierda del lobo solitario, ¿de acuerdo?
—¿Lobo solitario? —Brock se ríe.
—Que Dios me ayude, Brock. Deja de jugar y prométemelo. 38
—Lo prometo.
—Bien, de acuerdo —digo, complacida.
Levanto la mano y admiro el anillo de mi dedo anular izquierdo. Brilla
brillantemente cuando la luz lo atrapa.
—Por favor, dime que esta cosa es falsa.
Brock me mira, con cara de asco.
—De ninguna manera me iba a proponer con un anillo falso, M. Estar
casado significa ser parte de un equipo. Incluso si este matrimonio es por
conveniencia, vamos a casarnos de verdad. Eso merece un anillo de
verdad.
La pasión de su voz me sorprende. Le sonrío.
—Querido Dios, necesitaré contratar a un guardia de seguridad para
que ande con esto.
—Por suerte, tu futuro marido puede permitirse esas cosas.
Pongo los ojos en blanco.
—Estás loco.
—Sí, ¿y qué suerte tienes de que vaya a ser tu chiflado durante los
próximos dos años? —responde con una sonrisa de satisfacción.
Pongo la cabeza contra el reposacabezas.
—Oh Dios —gimo dramáticamente—. ¿En qué me metí?
Brock se ríe a carcajadas.
De repente mis ojos empiezan a sentirse pesados, y un bostezo se me
escapa de las puntas de los pies. Brock se levanta del sofá y me extiende la
mano.
—Vamos, te llevaré a casa.
Está pinchando algo en su teléfono mientras esperamos el ascensor.
Como el caballero que es, me lleva abajo, donde ya hay un auto
esperando para llevarme a casa. Siempre preparado, esta vez, me rio para
mí misma. Brock me abre la puerta del auto y me meto en el vehículo que
me espera.
—Tengo una sorpresa para ti.
Eso despierta mi interés. 39
—Otra más, ¿eh? ¿Debería preocuparme?
La sonrisa juvenil vuelve a su rostro.
—Es una buena, lo prometo. Estate lista mañana a las diez en punto.
Te recogeré.
—Estaré esperando, futuro esposo —respondo.
Sonríe dulcemente.
—Hasta mañana, futura esposa.

De camino a casa le escribo a Amber, pidiéndole que venga. Por


suerte para mí, su turno casi ha terminado y acepta venir. Realmente
necesito hablar con ella sobre todo esto. Brock y yo lo hemos discutido, y
aceptó que ella puede ser mi única persona a la que puedo decirle la
verdad. Puedo mentirle a todos los demás, pero no quiero mentirle a la única
persona que siempre ha estado ahí para mí. Apenas me he quitado el
abrigo cuando ella entra al apartamento.
—Se supone que esa llave es para emergencias —le digo como
saludo.
—Dijiste que necesitabas verme lo antes posible, así que asumí que
era una emergencia —contesta.
Las dos nos reímos.
—Bueno, estaba a punto de abrir esta botella de vino. Créeme,
querrás un poco.
Arquea una ceja.
—Eso suena siniestro —dice mientras me evalúa con los ojos
entrecerrados—. Supongo que será mejor que empieces a servir —agrega.
Entramos en mi pequeña sala de estar, nos tiramos al suelo y nos
apoyamos en el pequeño loveseat en lugar de sentarnos en él. Tomo un
gran trago de vino, ni siquiera lo pruebo cuando lo trago. Luego respiro
hondo y todo empieza a derramarse como vómito de palabras. Apenas
recuerdo haber tomado un respiro en el medio. Cuando termino, Amber me
40
mira fijamente por un momento.
—¡Oh hombre! ¿Él es gay? Qué desperdicio, está buenísimo.
Estallo a carcajadas.
—Eso no fue exactamente lo que pensé que harías.
Ella se ríe.
—Bueno, es verdad.
Pongo los ojos en blanco.
—Chica, ¿qué te parece no salir con nadie en dos años?
Me encojo de hombros.
—Después de todo lo que pasó con Chris, lo último que me interesa es
salir con alguien —digo—. Además, espero estar demasiado ocupada con
el restaurante.
Mueve la cabeza y frunce los labios.
—¿Estás segura de que esto es algo que puedes manejar?
—Estoy bastante convencida de que puedo prescindir de las citas
durante unos años.
—No seas obtusa, M. No te sienta bien —dice con severidad—. Vas a
tener tu restaurante, seguro. Eso es genial, me encanta por ti, pero también
tendrás que vivir una mentira durante dos años.
Es verdad, y no es como si no lo hubiera considerado yo misma. Tomo
otro trago de mi vino.
—Haré lo que tenga que hacer, tanto por mí como por Brock.
Amber suspira.
—Está bien entonces —dice—. Bueno, si quieres que esté de acuerdo
con esto, tienes que prometerme una cosa
—¿Cuál es?
—No me pongas un feo vestido de dama de honor —dice.
Me echo a reír una vez más.
—Trato hecho.
Amber se acerca y pone su brazo alrededor de mi hombro.
—Ahora déjame ver este gran anillo. 41
Mackenzie
Nuevos Comienzos
Cuando las diez de la mañana se acercan, estoy lista y esperando (o
más o menos mordiendo el anzuelo) para averiguar lo que me tiene
reservado, lo cual es sorprendente desde que Amber y yo estuvimos
hablando hasta altas horas de la madrugada. Afortunadamente, Brock es
puntual como siempre. Lo veo fuera de mi edificio y se ve tan emocionado
como un niño en la mañana de Navidad. 42
—Buenos días, M —me saluda alegremente.
Le sonrío.
—Buenos días, noviecito.
Eso me gana una sonrisa burlona. Espero que nos subamos a un auto,
pero él insiste en que caminemos. Tomo el brazo que me ofrece y engancho
el mío alrededor del suyo. Brock se niega a decirme adónde vamos, así que
caminamos en silencio. Incluso en esta enérgica mañana, la ciudad está
llena de vida. Las aceras están llenas de peatones, y el sonido de bocinas,
sirenas lejanas, y gente hablando entre ellos o en sus teléfonos celulares
llenan el silencio. Inhalo profundamente a medida que el olor del café que
se está preparando me provoca la nariz. Sonrío mientras pasamos junto a los
muchos vendedores ambulantes y admiro los coloridos toldos de las tiendas
que esta parte de la ciudad tiene para ofrecer. El ajetreo de la ciudad se
siente como casa. No pasa mucho tiempo antes de que me dé cuenta a
dónde vamos, y mi pulso se acelera. Y como sospechaba, momentos
después, nos paramos frente al edificio donde yo esperaba abrir mi propio
restaurante. Definitivamente necesita un poco de cuidado amoroso, pero
en mi mente, puedo ver claramente lo que se supone que es. Mi agarre en
el brazo de Brock se tensa a medida que crece el vértigo dentro de mí. Saca
un juego de llaves de su bolsillo y lo cuelga delante de mí. Grito muy fuerte.
—¿Podemos entrar? —pregunto.
—Esperaba que lo hiciéramos. Hace un poco de frío aquí afuera —
responde Brocks, divertido.
Le quito las llaves, abro la puerta y la empujo para abrirla. En el
momento en que entro, un calor irradia a través de mí, y siento como si
acabara de llegar a casa. Empiezo a imaginar en qué se puede convertir
este lugar.
—Hoy nos reuniremos con algunas personas aquí para ayudarte a
empezar.
La voz de Brock me saca de mis pensamientos. Respiro hondo y cierro
los ojos por un momento, dejando que todo se hunda. Las lágrimas
comienzan a arder en la parte posterior de mis párpados a medida que la
realización fluye a través de mí.
—Está pasando de verdad, ¿no? —susurro, con miedo de que si lo
digo en voz alta lo sale.
Entendiendo que necesito un momento, él no responde; sino que
simplemente asiente. Caminamos por el lugar y le digo cuáles son mis planes 43
para el restaurante. Nos reunimos con algunos contratistas y conseguimos
que las cosas se resuelvan mucho más rápido de lo que pensé que lo
haríamos. Es increíble lo que se logra agitando algo de dinero. Poco después
de la una, aparece la diseñadora que contrató Brock. Aparentemente, ella
es muy importante y extremadamente talentosa. Estamos sentados en una
de las cabinas cuando ella se acerca. No estoy segura si alguna de las cosas
que me ha dicho son correctas, pero sí sé una cosa: ella es definitivamente
hermosa. Su largo cabello rubio arenoso fluye casi angelicalmente
alrededor de su rostro impecable. Sus piernas parecen durar kilómetros y
probablemente parecen más largas debido a los tacones de quince
centímetros sobre los que se está balanceando. Y por todos los cielos,
¿puede quitárselos? Prácticamente se desliza con una gracia que me hace
hacer una doble toma. Pero todas esas cosas no son nada comparadas con
los ojos de esta mujer. No estoy segura si es la iluminación o qué, pero
parecen de oro. Exudan tanta calidez, que solo es amplificada por sus
blancos nacarados mientras ella sonríe brillantemente. Se detiene delante
de mí y me ofrece su mano.
—Hola, soy Mikaela Kingsley. Estoy tan feliz de conocerla, Sra. Hart.
Si Brock fuera mi prometido de verdad y no supiera que juega en el
otro equipo, tengo que admitir que estaría un poco preocupada. Sonrío a
la belleza que tengo ante mí y acepto su mano.
—Hola, encantada de conocerte, Mikaela. ¿Está bien llamarte
Mikaela?
—Por favor, hazlo.
—Genial. Y por favor, mi nombre no es Sra. Hart, es Mackenzie, pero
mis amigos me llaman M. Y como tengo la sensación de que pasaremos
bastante tiempo juntas, por favor, llámame M.
Mira alrededor de la habitación.
—M, tienes un lienzo increíble aquí, y estoy tan emocionada de
trabajar juntas para hacer de esto todo lo que siempre quisiste.
El entusiasmo de Mikaela es definitivamente contagioso. Hablamos un
poco sobre cuáles son mis ideas, y ella me cuenta algunas de las suyas. Es
tarde cuando nos despedimos. Acordamos reunirnos en un par de días,
después de que los contratistas hayan hecho las mejoras necesarias en la
cocina. Brock me acompaña a casa, y mientras caminábamos en cómodo
silencio en el camino hacia allí, el viaje de regreso está lleno de
emocionantes charlas. Llegamos a mi edificio y lo invito a subir. Nos
sentamos en la cocina en mi pequeña mesa de comedor improvisada y nos
sirvo una copa de vino.
44
—Sabes, en algún momento necesitamos discutir los arreglos de
vivienda.
—¿Qué? ¿No te gusta mi casa? —me burlo.
—Listilla.
Me rio.
—Hablo en serio. Apenas podemos vivir a doce cuadras de distancia
una vez que nos casemos, y tu casa... bueno, es pequeña.
Honestamente, ni siquiera se me había ocurrido que tendría que
mudarme.
—Entonces, ¿qué sugieres?
—Bueno, esposa. Tal vez después de la boda, ¿puedes mudarte
conmigo? Tengo mucho espacio. De hecho, hay un cuarto de huéspedes
que podemos hacer tuyo. Si vamos a vender esta cosa, tiene que parecer
lo más real posible.
No puedo decir que no esté en lo cierto, pero la idea de dejar ir el
lugar que he llamado mi hogar durante tanto tiempo no me hace sentir bien.
—Quiero pensarlo, solo un momento. Y si decido mudarme, me
gustaría quedarme con el apartamento. Dos años pasarán rápidamente.
Brock frunce los labios, claramente reflexionando.
—Si eso es lo que quieres, entonces eso es lo que haremos.
Recoge su copa y la inclina hacia mí para brindar. Yo levanto la mía,
y hacemos sonar nuestras copas.
—Esposa feliz, vida feliz —dice con un guiño.
Los dos empezamos a reírnos.
—¿Y el amor de un marido pasa por su estómago?
—Totalmente cierto —dice mientras se frota la barriga.
—Entonces, ¿te quedas a cenar?
—Obviamente.
Doy los dos pasos hacia mi refrigerador para ver qué puedo juntar
para nosotros. Tomo algunos ingredientes para una simple pasta de pollo y
pesto cremoso. Cuando empiezo a prepararme en mi pequeña cocina, me
doy cuenta de que Brock tiene razón. Este apartamento era demasiado
45
pequeño para Chris y para mí. Y claramente, Brock y yo vamos a necesitar
un poco más de privacidad. Decisión tomada, entonces, me digo a mí
misma.
—No puedo esperar a cocinar en mi nueva cocina —le digo mientras
golpeo mi barbilla con mi dedo índice.
La cara de Brock estalla en una gran sonrisa.
—¿Entonces sí?
—Sí.

He estado súper ocupada estos últimos días, pero he amado cada


segundo. Hay tantas cosas que hacer, tantos detalles que enlazar. En
verdad, no parece que haya suficientes horas en un día. He estado bajando
y ensuciándome, ayudando a limpiar y pintar la cocina. Hoy han terminado
de instalar el nuevo congelador y todos los electrodomésticos nuevos.
Mientras he tenido mi mano en la pintura y la limpieza, hoy he estado
principalmente dirigiendo ya que he estado ocupada guardando los
ingredientes que ordené. Se supone que debo empezar a probar cosas
nuevas para añadirlas a mi todavía inexistente menú. Esta cocina es el sueño
de todo chef, y Brock me ha dado un presupuesto extremadamente
generoso, así que he podido conseguir las mejores cosas. Camino por el
comedor y admiro el trabajo realizado hasta ahora. Las paredes ya están
pintadas de un gris suave, y los pisos están adornados con azulejos de
travertino beige. Aparte de eso, todavía está desnudo. El diseño del
comedor es dominio de Mikaela, y ella me asegura que me sorprenderá; no
tengo ninguna duda de que ella dará a luz. Sí, he visto su portafolio y he oído
hablar de sus otros proyectos, pero el increíble trabajo que ha hecho en mi
oficina está más allá de lo que esperaba.
Regreso a la cocina y me dirijo a mi oficina. Ahora es uno de mis
lugares favoritos, probablemente porque es fácilmente la habitación más
hermosa que he podido llamar mía. Las paredes están recubiertas de papel
pintado a mano, de seda roja, y los suelos de roble son impresionantes. El
grande escritorio, en forma de L, está hecho de madera reciclada y tiene
una computadora nueva, y los cajones están llenos de cualquier material 46
de oficina que pueda necesitar. No estoy segura de cómo puso Mikaela sus
manos en esto, pero hay varios marcos de fotos en mi escritorio, cada uno
con un material y una forma diferente, mostrando imágenes que me
encantan. Hay una de Amber, yo, y algunos de nuestros amigos en mi fiesta
de graduación de la escuela culinaria. Otra de mis hermanas y yo, e incluso
una foto de Brock y yo. Hemos estado tomando un montón de fotos
últimamente, para ayudar a vender nuestra rutina de "estar enamorados".
Miro mi reloj y me doy cuenta de que necesito prepararme. Amber, a quien
he contratado como mi jefe de planta, entrevistará conmigo a la gente
mañana para el frente y la parte de atrás de la cocina. Así que me siento
en mi nuevo escritorio y repaso algunas de las aplicaciones.
—Veo que has estado ocupada.
Esa no era la voz que esperaba, y no puedo negar que estoy un poco
asustada. Miro hacia arriba y encuentro a Ashton Walker parado en mi
puerta. Es la última persona que esperaba ver, y aunque quiero actuar con
calma y serenidad, rezo interiormente para que mis traicioneras expresiones
faciales no me delaten. Mi corazón está latiendo fuerte dentro de mi
cavidad torácica. De repente, el aire de la habitación se ha vuelto espeso
y me cuesta respirar. Cada pulgada de mi cuerpo hormiguea, cada nervio
se pone de pie en atención.
—¿Puedo entrar?
Me doy cuenta de que espera mi respuesta, así que triplico mis
esfuerzos para recomponerme.
—Por supuesto, adelante. Qué agradable sorpresa —digo mientras
fuerzo una sonrisa.
Entra en mi oficina, y de repente hay una sensación de vacío en mi
estómago. Mis ojos se dirigen a la salida. No puedo estar a solas aquí con él.
—Pasaba por el vecindario y pensé en pasar a saludar —dice al llegar
a mi escritorio.
—Eso es... muy amable de tu parte, gracias —respondo tímidamente.
Sus labios se ondulan en una sonrisa sesgada, como si los dos lados de
su cara no pudieran decidir sobre una expresión en particular. Nos miramos
a los ojos y ninguno de los dos habla, al menos no con palabras. Necesito
decir algo, hacer algo, cualquier cosa, me digo a mí misma. Así que hago
lo único que me viene a la mente. Me levanto y rodeo el escritorio.
—¿Qué tal un tour? —ofrezco—. Aún queda mucho por hacer, pero
los huesos están ahí.
47
—Muéstrame el camino.
Le muestro el comedor y le cuento los planes que tenemos. Para mi
sorpresa, se aferra a cada una de mis palabras. Ashton es atento e incluso
me da algo de información. Nos dirigimos a la cocina, y con orgullo le
muestro cada detalle.
—¿Tienes hambre? —pregunto.
Frunce los labios, considerando mi pregunta.
—En realidad —dice—. Creo que sí. No he comido nada en todo el
día.
Sonrío.
—Bueno, mi nueva cocina acaba de ser instalada, y estoy deseando
probarla. ¿Qué tal un pequeño almuerzo? Necesito un conejillo de indias
dispuesto.
—¿Acabas de decirme que soy un roedor?
—Solo me ofrecí a alimentarte.
Sonríe.
—Y acepto con gusto.
—Eso dices ahora —me burlo con voz cantarina—. Sin embargo,
tendrás que ganarte la comida, así que por favor lávate las manos allí —
digo mientras señalo la pequeña estación de lavado de manos al otro lado
de la cocina.
Reúno todos los ingredientes y utensilios de cocina que necesito. Le
doy a Ashton un cuchillo y una tabla de cortar. Los acepta con un ciervo
atrapado en la mirada de los faros de su cara, lo que solo me divierte más.
—Has visto un cuchillo antes, ¿verdad?
Pone los ojos en blanco.
—Puede que te sorprenda, Mac, pero conozco bien la cocina.
Me burlo y levanto una ceja.
—Ah, ¿sí?
—Es un hecho.
—Estamos haciendo algo simple, solo una ensalada con salmón.
Asiente, gira sobre sus talones y se dirige al fregadero para lavar las
48
verduras. Me acerco a la estación de lavado de manos, me lavo las manos
y luego empiezo a preparar el pescado. Cuando miro a Ashton, me
sorprende ver que en realidad está cortando muy bien. No estaba segura
de si solo fanfarroneaba, pero parece que sabe moverse en una tabla de
cortar. Mientras trabajamos, me hace preguntas y yo se las respondo. No
pasa mucho tiempo antes de que el salmón esté en el horno y las verduras
estén listas para ser mezcladas. Empiezo a limpiar algunos de los platos,
lavándolos a mano. Ashton aparece a mi lado con una toalla y empieza a
secar los platos que lavo. Cuando terminamos, preparo la ensalada, que
está lista justo a tiempo para el salmón. Como todavía no hay mesas ni nada
en el comedor, decidimos comer en la sala de personal adyacente a la
cocina. La sala de personal todavía está vacía, pero tiene una mesa y
algunas sillas.
—Entonces —dice mientras toma su tenedor y lo apuñala en su
comida—. ¿Cómo lo hice?
—Te perdiste tu vocación. Estoy convencida de que naciste para ser
un lavador de lechugas.
—Ah, ¿sí?
—Totalmente.
—¿Totalmente?
—Sí, totalmente.
Ashton levanta una ceja y los dos empezamos a reírnos. La torpeza
que inicialmente se alzaba sobre nosotros parece haberse evaporado.
Terminamos nuestra comida, y él me ayuda a limpiar una vez más. La
conversación fluye libremente, y nos reímos bastante. En realidad estoy un
poco decepcionada cuando anuncia que tiene que irse.
—Gracias por el almuerzo. Estuvo delicioso.
—Gracias por ayudarme. —Sonrío al pensar en mi frase de
seguimiento—. Nunca he conocido a un mejor lavador de lechuga.
Se ríe y se da la vuelta para irse, pero se detiene a mitad de camino.
—Gracias de nuevo por lo de hoy, Mackenzie. Mi hermano es un tipo
con suerte.
Y con esas palabras me deja de pie ahí, preguntándome por qué su
amable despedida hace que me duela el pecho.
49
Mackenzie
Como ponerle lápiz labial a un cerdo…
Me emociono cuando recibo una invitación de Mikaela para asistir a
una exposición de arte. Piensa que podríamos encontrar algunas piezas
adicionales para el restaurante allí, y encima de eso, hay barra libre. ¿Qué
es lo que no te gusta? Me recogerá en mi casa en una hora. Incluso fui a
comprar vestidos para la ocasión, y me compré lo indispensable en el
armario de todas las mujeres, según Amber. Mi primer vestidito negro, 50
también conocido como LBD1. Añado una bufanda de colores para romper
la oscuridad y me pongo unos divertidos pendientes. Me pinto los labios de
rojo tono camión de bomberos y me pongo mis zapatos rojos de doce
centímetros para terminar. Estoy realmente contenta con el resultado
cuando me evalúo en el espejo y estoy lista unos treinta segundos antes de
que suene mi timbre.
Mikaela Kingsley viaja con estilo y con un séquito. Cuando llego abajo,
hay un gran SUV de lujo esperando en la acera. La puerta se abre y un
hombre alto con gafas de sol sale. Escanea el área, murmura algo y luego
cruza los brazos delante de su cuerpo.
—¡Oye, M! ¡Entra! —me llama Mikaela desde dentro.
Miro al tipo alto.
—No te preocupes por él. Solo es un guardia de seguridad. Finge que
no están aquí. Yo lo hago —dice riendo—. Lamento todo esto. Tengo un
hermano muy sobreprotector. Solía tener solo uno, pero lo perdí, y al día
siguiente era él y otro tipo. Luego me las arreglé para escaparme de ellos
dos, y ahora tengo tres. —Pone los ojos en blanco—. Ese hombre no tiene

1LBD: Siglas de Little Black Dress que español significa pequeño vestido negro.
sentido del humor. Por suerte, se ha calmado desde que se casó con Rae.
Pero él gana porque no quiero quedarme con cuatro de ellos.
No puedo evitar reírme de la mirada exasperada en su rostro que
coincide con el tono de su voz. Llegamos a la galería bastante rápido, y
estoy un poco nerviosa. La galería es grande y bien iluminada, y no puedo
dejar de notar las pocas piezas que se muestran justo cuando entro en el
concepto abierto de entrada.
—Nunca he estado antes en una de estas —digo, con los ojos muy
abiertos mientras entramos—. Me siento tan adulta ahora.
Mikaela sonríe.
—Iré por unos tragos. ¿Por qué no miras alrededor?
Asiento con entusiasmo y empiezo a vagar por las paredes que
parecen guiar a la gente hacia dónde ir. Empiezo a caminar por el sendero
obvio y me detengo en el primer cuadro que veo. Hay una pequeña
pelirroja de pie frente a ella, inspeccionando la pintura. No sé nada de arte
ni de lo que se supone que se ve en él.
—Es una pintura muy bonita, ¿no? —digo con una sonrisa, mientras 51
trato de conversar.
Resopla y yo estoy desconcertada.
—Quiero decir, los colores son bonitos —añado.
—Bendito sea tu corazón. No lo entiendes, ¿verdad? —dice mientras
se aleja moviendo la cabeza.
—Auch —digo detrás de ella.
Qué perra. Me encojo de hombros, voy a una pintura al azar y trato
de decidir qué es lo que estoy mirando. Es difícil de decir. Muevo la cabeza
como si eso fuera a ayudar a la situación.
—Los trazos del pincel recuerdan a un Van Gogh antiguo, ¿no crees?
Genial, otro de ellos, pienso para mí.
Me doy la vuelta y encuentro a Ashton Walker de pie a mi lado, como
si acabara de salir de la portada de una revista, vestido con un traje que
obviamente fue hecho para que le quedara perfecto. Mira la pintura, una
mirada pensativa en su cara mientras se sujeta la barbilla con los dedos
pulgar e índice. No tengo ni idea de qué decir, y no solo porque me resulta
difícil no mirar fijamente a esos ojos ardientes.
—Um, ¿supongo?
Se ríe.
—Lo siento, acabo de sacar eso de la nada. Solo bromeaba contigo.
—¡Eso fue cruel! —digo mientras golpeo juguetonamente su brazo.
—No pude evitarlo. Te veías tan adorable y perdida.
Sacudo la cabeza.
—Entonces, ¿qué estamos mirando? —pregunto.
Se inclina un poco y me hace una seña con el dedo índice. Me inclino
con impaciencia y curiosidad por saber cuál será su respuesta.
—No se lo digas a nadie —susurra, y mira a su alrededor antes de
continuar—. No tengo ni idea.
Frunzo los labios y sacudo la cabeza.
—Realmente debo verme fuera de lugar aquí, ¿eh? sin saber nada de
arte.
Sonríe.
—Vengo a estas cosas todo el tiempo, y no tengo idea de lo que estoy 52
viendo la mayor parte del tiempo. De hecho, la mitad de las veces están
vendiendo cosas que son tan ridículas y feas. Es como ponerle lápiz labial a
un cerdo y llamarlo hermoso.
Me rio.
Le conté lo del encuentro con la pelirroja y me dijo que la señalara.
Me extiende su brazo.
—Déjame mostrarte cómo divertirte en un lugar como éste.
Miro su brazo extendido y luego trato de encontrar a Mikaela en la
habitación abarrotada. Estoy segura de que la encontraremos en algún
momento si caminamos por la galería, así que acepto su brazo. Caminamos
hasta el medio de la habitación, y Ashton recorre el lugar. Supongo que ha
encontrado lo que buscaba porque casi me arrastra al otro lado. Hay un
lienzo grande en la pared, y está completamente en blanco salvo por un
pequeño punto negro en la esquina superior.
—Bien, aquí viene. Solo tienes que seguir mi ejemplo —dice.
Seguro que nos ha puesto en su camino.
—Tu interpretación es genial. No creí que hubiera nadie lo
suficientemente brillante para entenderlo —dice, moviendo la cabeza.
—¿Oh? Estoy convencida de que no soy la única aquí. Pregúntale a
cualquiera —respondo.
—Te lo digo, eres la única.
—Bueno, en realidad —dice la pelirroja—. Si quieres mi opinión...
—No lo hago —dice Ashton tranquilamente.
—Oh —dice.
—En realidad yo me muero por oír tu opinión —digo con una sonrisa—
. Estoy segurísima de que alguien como tú, ya sabes, alguien que lo
entiende, puede explicarnos lo que el artista trata de decirnos.
—Claramente, esta pintura trata de la lucha por ser diferente en un
mundo lleno de clones —dice con suficiencia.
—O, y yo solo estoy escupiendo aquí, pero eso puede ser un lienzo
vacío para reemplazar la pintura que compré hace veinte minutos —dice
Ashton.
El rostro de la mujer se torna rojo brillante.
—Yo... uh... —tartamudea. 53
Ashton extiende el brazo de nuevo, y esta vez lo tomo sin dudarlo. Nos
vamos, mientras intento con todas mis fuerzas no reírme.
—Ashton, mi héroe —bromeo mientras me pongo una mano en el
pecho.
Se ríe.
—¿Realmente compraste una pintura?
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—No. No tengo ni idea de lo que era ese cuadro. Tal vez tenía razón,
pero es pretenciosa y se lo merecía.
—Tenías razón.
—¿Sobre qué?
—Sabes cómo divertirte en estos lugares.
Caminamos un poco más por la galería, y para cuando veo a
Mikaela, está en una conversación profunda con un tipo, y ya casi es hora
de irse a casa. Es muy fácil estar con Ashton, es divertido, muy inteligente y
encantador.
Mikaela me ve y me saluda.
—Ahí estás —llama desde el otro lado de la habitación—. He
encontrado algunas piezas geniales para el restaurante. Ven a ver.
—Supongo que debería ir allí —digo, sorprendida de lo decepcionada
que estoy—. ¿Querrías acompañarnos?
Sonríe.
—En realidad tengo que irme —dice.
—Sí, supongo que es tarde.
—Sin embargo, me divertí.
Sonrío.
—Yo también.
Miro hacia atrás a Mikaela, que me está haciendo señas.
—Supongo que es mejor que me vaya —digo riendo. Parece que se
está impacientando.
Sin pensarlo, pongo mis brazos alrededor de su cuello y le doy un
abrazo. 54
—Gracias por defenderme antes. Te debo una.
—Oye, te tomo la palabra. Me gustaría una bandeja entera de esos
aperitivos que hiciste la otra noche la próxima vez que hagas una cena.
—Trato hecho.
Ashton
El hermano Walker malo
He estado despierto toda la noche, como lo he estado casi todas las
noches durante la última semana. Así que aquí estoy a las cuatro y media
de la mañana, dirigiéndome al Parque del Río Hudson en un intento de
despejar mi mente. Till I Collapse de Eminem está explotando mis tímpanos
mientras mis pies golpean el pavimento, mi ritmo castigador. Acepto el frío
abrasador que envuelve mi piel expuesta. Daré la bienvenida a cualquier 55
cosa que pueda alejar mis pensamientos de la única mujer que nunca
podré tener. He estado enterrándome con el trabajo, así durante el día es
más fácil distraerme lo suficiente como para mantener mis pensamientos
alejados de mi futura cuñada. En realidad, nunca he sido más productivo.
Solo esta semana, firmé con cinco clientes más y estoy listo para firmar con
otro hoy. Pero por la noche, cuando estoy acostado en la cama, no puedo
huir de ella. Sus grandes ojos azules aparecen en mi mente al momento en
que cierro los ojos. Me siento bastante culpable, joder.
Mackenzie Hart es increíble; es fácilmente la criatura más hermosa
que he visto en mi vida, pero eso es solo una pequeña parte de lo que la
hace notable. Es ingeniosa, dulce, inteligente y una increíble cocinera: su
pasión por la cocina es deslumbrante. Su sonrisa es lo suficientemente
brillante como para iluminar toda una aldea, y el sonido de su risa es el
sonido más dulce que he oído en mi vida. Ella es todo lo que Brock se
merece. Es fácil ver porqué tiene a mi hermano locamente enamorado
porque yo estoy ahí con él. Nunca actuaría según mis sentimientos; nunca
podría traicionar así a mi hermano.
En cambio, hago todo lo que puedo para enterrarlos, para aplastar
cualquier fantasía, cualquier ilusión de que algún día podamos tener una
oportunidad. Desafortunadamente, no puedo ignorarla, aunque hacerlo
me haría la vida más fácil. Se va a casar con mi hermano y será una gran
parte de mi vida; necesito aprender a vivir con eso. Continúo mi carrera
mientras trato de desterrar mis pensamientos de nuestro almuerzo del otro
día. La conversación nunca ha fluido tan fácilmente con nadie antes. Tal
vez si paso más tiempo con ella y llego a conocerla mejor, los sentimientos
que tengo disminuirán. Necesito pasar tiempo con ella y con Brock juntos.
Desensibilizarme. Sí, eso es exactamente lo que tengo que hacer, pienso.
Corro el tramo de cinco kilómetros y vuelvo. Regreso a mi apartamento y me
ducho, el agua caliente me calma mientras me cae en cascada sobre los
músculos que me duelen. Por primera vez en lo que parece ser una
eternidad, me permito relajarme. Las cosas van a mejorar.

Son poco más de las siete de la mañana cuando llego a la oficina, y


parece que soy el primero en llegar. Faye claramente fue la última en irse,
porque hay un montón de archivos en mi escritorio que no estaban aquí 56
cuando me fui anoche. Faye ha sido una bendición. Nunca me gustó tanto
la idea de contratarla, pero hasta ahora parece que ha dado sus frutos.
Agradecido, me sumerjo en el trabajo.
—Has sido un hombre ocupado.
El sonido de la voz de mi hermano me saca de mi concentración.
—¿Has oído hablar de llamar a la puerta? —respondo más secamente
de lo que pretendía.
Brock alza una ceja.
—Entonces, ¿quién orinó en tu cereal esta mañana?
Inmediatamente me arrepiento de mi tono. ¿Por qué estoy siendo un
idiota?
—Lo siento, estoy en medio de algo.
Suena como una excusa poco convincente, incluso para mí, pero mi
hermano me sonríe.
—Está bien, lo entiendo.
—¿Qué puedo hacer por ti esta mañana, hermanito? —digo con una
sonrisa de satisfacción.
Brock pone los ojos en blanco.
—En realidad vine a invitarte a almorzar.
—Es un poco temprano para almorzar, ¿no? —digo, incapaz de
resistirme a ser un sabelotodo.
Sin embargo, Brock no pierde el ritmo y continúa.
—M está terminando su nuevo menú y quiere que vayamos a probar
algunos platos.
No estoy seguro si es el pensamiento de verla o de comer su deliciosa
comida, lo que hace que las esquinas de mis labios se conviertan en una
sonrisa.
—Puedes decirle a Mackenzie que estaré encantado de ser su
conejillo de indias otra vez.
—¿Por qué crees que te ganaste una invitación? M me dice que
ustedes dos se divirtieron mucho conociéndose. Realmente aprecio que te
esfuerces por conocerla.
Una pequeña punzada de culpa engrosa mi garganta. Justo cuando 57
estoy a punto de intentar salir de esta tarde, llaman a mi puerta. Faye entra
momentos después.
—Oh, lo siento. No sabía que no estabas solo.
Dios la bendiga a ella y a su incapacidad de esperar a ser invitada a
entrar. Esta vez no me falló. Le sonrío, probablemente por primera vez desde
que trabaja para mí, y no es difícil ver que la está despistando.
—Está bien, Faye. Por favor, dame un par de minutos con mi hermano,
y podemos repasar las reuniones de hoy.
Simplemente sonríe, asiente y se da la vuelta. Llevar a su amiga a esto
puede ser algo bueno para mí.
—¿Puedo llevar a alguien? —pregunto.

Tengo algunas reuniones esta mañana antes de que sea hora de ir al


restaurante. Le pedí a Faye que me acompañara, y ella aceptó a
regañadientes. Por alguna razón estoy nervioso, y no tengo idea de por qué.
No estoy actuando como yo mismo en absoluto, y por dentro me contengo
cuando trato de convencerme de que me cambie de ropa. Quiero decir,
¿qué diablos me pasa? Estamos en un taxi hacia el restaurante, y decido
usar estos veinte minutos para prepararme mentalmente para verla.
—Señor Walker, ¿está bien?
Regreso de mis pensamientos cuando la voz de Faye atraviesa la
ensoñación. Me aclaro la garganta.
—Sí, estoy bien —murmuro, un poco molesto.
Faye baja la cabeza, e inmediatamente me arrepiento de haberla
atacado.
—Lo siento, no debería desquitarme contigo.
—Está bien —dice mientras mira por la ventana—. Honestamente, no
es que no esté acostumbrada —murmura en voz baja.
Sé que he sido un imbécil con ella, pero probablemente no habría sido
tan malo si no me hubiera estado mirando de la manera que lo hace, con
anhelo en su mirada. Esa mierda necesita ser cortada de raíz
58
inmediatamente. En lugar de tener que decirle que no me interesa, prefiero
que piense que soy un completo imbécil y que ella misma decida que no
soy el indicado para ella... Admito que me he pasado un poco últimamente,
así que decido fingir que no oí su pequeña indirecta.
—Tengo mucha hambre, ¿y tú? —pregunto.
Levanta la vista, con la sorpresa pintada en su rostro. Por un segundo
creo que está demasiado aturdida para responderme, pero recupera la
compostura.
—Muerta de hambre —dice con una pequeña sonrisa—. Estoy segura
de que Mackenzie nos sorprenderá.
Inclino la cabeza.
—Estoy seguro de que lo hará. Es una chef increíble. ¿Ya has estado
en el nuevo lugar?
—Oh... um, no, no lo he hecho. Pero he tenido la intención de hacerlo.
—Bueno, me alegro de que vayas ahora.
Miro por la ventana y me doy cuenta de que estamos a dos cuadras
del restaurante, lo que me molesta porque quiero preguntar algunas cosas
antes de llegar.
—¿Hace cuánto que son amigas?
—Es difícil de decir.
—¿Difícil de decir?
Mira hacia su regazo, donde sus dedos se acurrucan nerviosamente.
No sé exactamente por qué está siendo tímida, pero no es difícil deducir que
hay algo que no me está contando. Desafortunadamente para mí, el
conductor es mucho más rápido de lo que pensé que sería, y paramos
frente al restaurante. Faye sale corriendo del taxi como un murciélago del
infierno. Saco unos billetes de mi cartera, le digo al taxista que se quede con
el cambio y la persigo. Tengo la intención de continuar con mi línea de
interrogatorio, pero cuando entro en el restaurante, hay mucha más gente
de la que esperaba.
—Ah, ahí está, mi otro guapo nieto —dice Gigi mientras me besa las
dos mejillas.
Inmediatamente me ablando al verla. Mi abuela es una mujer
hermosa; los años han sido muy amables con ella. Es la mujer más elegante
que he conocido. Brock y yo adoramos a esa mujer, y vaya si lo sabe. 59
—Hola, Gigi. Te ves hermosa, como siempre.
Pone una mano en mi mejilla derecha.
—Siempre tan encantador —dice con calidez en los ojos.
—Solo expongo los hechos, Gigi. Siempre eres la mujer más hermosa
de la habitación.
Gigi me mira y engancha su brazo en el que le ofrezco. Escaneo la
habitación, diciéndome a mí mismo que estoy buscando a Brock, pero
sabiendo todo el tiempo que es a ella a quien estoy buscando. Una
pequeña punzada de decepción me pellizca cuando no la encuentro. Lo
cual es ridículo, por supuesto, ya que esta es su fiesta de degustación, y sé
a ciencia cierta que está aquí en alguna parte. ¿Qué carajos me pasa?
Reconozco a la mayoría de la gente aquí, pero también hay algunas
caras nuevas. Supongo que son amigos de Mackenzie. Gigi me lleva al
centro del comedor donde se encuentra la mesa más grande. Veo mi
tarjeta de presentación en esta mesa, lo cual me va muy bien porque desde
donde voy a sentarme, puedo mirar encubiertamente todo el lugar.
El lugar se ve increíble. Fue hace solo una semana que estuve aquí por
última vez, y no había ni un mueble aquí. Tengo una pequeña charla con
algunas personas en mi mesa, pero aún no me he sentado. Mackenzie entra
al comedor desde la cocina. Lleva puesto un uniforme completo de chef, y
me doy cuenta inmediatamente de los nervios que irradian de ella. Pero
Dios, es hermosa. Ella mira hacia arriba y me ve, nuestros ojos se bloquean,
y por un momento —lo juro— nadie más está aquí. Sonríe, y todo mi mundo
parece estar completo.
—¿No es cierto, Ashton?
—¿Eh? —digo sin mirar para ver quién me preguntó qué.
—¿Estás bien?
La voz de mi hermano hace que mi cabeza se desvíe hacia él.
Joder.
—Estoy bien. Solo estaba... estaba... pensando profundamente.
Miro hacia el lugar en el que estaba Mackenzie hace unos segundos,
pero se ha ido.
—Aparentemente sí. —Se ríe Brock—. Intentaba presentarte a Mikaela
Kingsley.
Bueno, eso despierta mi interés. Miro a la mujer obviamente hermosa 60
al lado de Brock y sonrío.
—Ah, señorita Kingsley —digo mientras tomo la mano que me ofrece—
. Es un placer conocerla por fin. Siento no haber tenido la oportunidad de
presentarme en la Galería la otra noche.
—¡Oh, por favor, no te disculpes! Fue una noche muy ocupada. Y
debes llamarme Mikaela —me dice mientras me devuelve la sonrisa.
—Mikaela ha hecho el diseño y la decoración —dice Brock con
orgullo.
—Has hecho un trabajo increíble aquí —le digo—. Estuve aquí la
semana pasada y no había nada. No creerías que podría verse tan increíble
en solo unos días.
—Bueno, gracias. Disfruté mucho el proyecto. Definitivamente fue un
trabajo duro, pero creo que lo hicimos juntos. Y por suerte para mí, ahora
puedo comer más de los increíbles platos de Mackenzie. —Sonríe—. Así que,
valió la pena —añade con un guiño.
—Totalmente —concuerdo con una sonrisa.
—Parece que hoy seremos compañeros de mesa.
Mis ojos se dirigen a la tarjeta que está al lado de la mía, y su nombre
está en ella.
—Te quedas atrapada con el hermano Walker malo. ¿Hiciste enojar a
alguien? —me burlo.
—¡Já! Te quedaste atascado con la hermana Kingsley mala, así que
tal vez eres tú quien ha hecho enojar a alguien —replica.
Me gusta, es lista.
Los dos nos reímos y saco la silla para ella. Me lo agradece y se sienta.
Brock se disculpa y se une a Mackenzie en la cabecera de la mesa. Se
aclara la garganta y ordena a todos que tomen asiento. Inmediatamente
me siento.
—Queremos agradecer a todos por venir hoy. Sé que todos ustedes
tienen horarios muy ocupados y se tomaron el tiempo para estar aquí, así
que gracias —dice Mackenzie mientras observa la sala.
»Ahora, espero que disfruten de la comida preparada para ustedes
hoy, pero necesito total honestidad. Hay una tarjeta encima de cada plato,
así que si hay un plato que no les guste, por favor díganos y por qué —dice 61
sonriendo dulcemente—. Cada mesa tendrá comidas diferentes. Aquellos
de ustedes que tienen alergias a ciertos alimentos o preferencias, han sido
tomados en consideración cuando los colocamos en una mesa, pero si
tienen alguna preocupación, por favor avísenme.
Detrás de ella una fila de personal de servicio comienza a alinearse a
ambos lados.
»Antes de comenzar, me gustaría pedirle a Gigi que nos guíe en la
oración.
Gigi, que está enfrente de mí, se levanta radiante. No creí que
Mackenzie pudiera ganarse a Gigi más de lo que ya lo había hecho, pero
creo que lo hizo. Todo el restaurante, incluido el personal de servicio, cierra
los ojos e inclina la cabeza, y yo sigo el ejemplo. Gigi dice una oración, y
cuando cierra su oración con amén, el sentimiento resuena por toda la sala.
—Sin más preámbulos, por favor disfruten de sus comidas —anuncia
Mackenzie.
La sala se llena de aplausos y ella resplandece. Brock tira de su silla, y
ella se acomoda con gracia. Lo intento con todas mis fuerzas, pero no
puedo dejar de mirar. Estoy agradecido cuando el mesero altera mi línea
de visión y coloca mi aperitivo frente a mí. Dirijo mi atención a mi compañera
de mesa a mi izquierda.
—Ciertamente huele increíble —le digo.
—Mmm, sabe aún mejor —dice después de tragar un bocado.
Le doy un mordisco y asiento hacia ella. Está, por supuesto,
asombroso, no es como si esperara algo menos. Degustamos los aperitivos,
y charlamos sobre esto y aquello. Mikaela es una distracción muy
bienvenida. Cada vez que encuentro mi atención flotando en la dirección
equivocada, ella vuelve a empezar la conversación, como si tuviera un
sexto sentido para mi dilema. Es inteligente y muy divertida, y al momento
en que el postre rueda, ambos nos reímos hasta las lágrimas.
Miro hacia arriba y me encuentro con los ojos de Mackenzie. Juro, por
un momento, que veo un parpadeo de algo. ¿Dolor? ¿Celos, tal vez? Debo
haberlo imaginado, me digo. Ella mira hacia otro lado, distraída por alguien
que se le acerca con palabras de elogio. Yo también aparto mis ojos, y sé
que necesito un momento. Me levanto y me disculpo y empiezo a ir al baño.
Me paran unas cuantas veces en el camino; menos mal que no tengo que
ir. Finalmente estoy a punto de entrar al baño de hombres cuando mi 62
teléfono suena en mi bolsillo.
Respondo, pero apenas puedo oír el ruido, así que me meto en la
oficina de Makenzie. Atiendo la llamada aquí, y me alegro de haberlo
hecho porque es un cliente importante. Me acerco al escritorio para
encontrar un trozo de papel en el que escribir. Garabateo algunas notas y
termino la llamada. Miro las fotos de su escritorio y me estremezco cuando
veo la de ella y Brock juntos, tan felices. Necesito superar esto... superarla.
Estoy a punto de irme cuando se abra la puerta.
Mierda.
Mackenzie entra, conversando con Faye, que es la primera en
notarme. Sus ojos casi se le salen del cráneo, y se para en seco.
—Damas —las saludo.
—Oh, Ashton —dice Mackenzie, mano en el pecho—. Me has dado
un susto de muerte. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Lo siento, tuve que tomar una llamada y había mucho ruido. Espero
que no te importe.
—Oh, um. No, por supuesto que no.
Quiero hacer preguntas, pero quiero más salir de aquí, así que me voy
con esto último. Pongo mis excusas, salgo de la habitación y vuelvo a la
mesa. Gigi está en profunda conversación con Mikaela Kingsley. No quiero
nada más que salir de aquí.
—¿Gigi? —interrumpo—, siento interrumpir, pero los negocios llaman y
tengo que ir.
Vuelvo mi atención a Mikaela por un momento.
—Fue un placer conocerte, ojalá nos volvamos a ver alguna vez —le
digo con una sonrisa genuina.
—Oh cariño, no trabajes demasiado. Siempre has sido demasiado
exigente —dice Gigi con la preocupación pintada en la cara.
Me inclino y beso su mejilla.
—Intentaré bajar el ritmo solo por ti, Gigi.
—No te olvides de la cena familiar del viernes por la noche.
—Ahora Gigi, ¿cómo podría olvidarlo? Cada tercer viernes por la
noche del mes, durante toda mi vida. ¿Alguna vez me he perdido una sola? 63
—No, no lo has hecho, pero especialmente no quiero que te pierdas
esta —dice conspirativamente.
—¿Oh?
Ella solo sonríe, y sé que no me dirá nada más, así que lo dejo pasar y
sabiendo que lo averiguaré pronto.
Mackenzie
El pequeño monstruo de los ojos verdes
Hoy es el gran día.
He invitado a amigos, familiares y profesionales de la industria a venir
a probar mi nuevo menú. Estoy tan emocionada como enferma del
estómago. Es casi mediodía, y se supone que la gente empezará a llegar en
solo media hora.
64
—Respira —me dice Amber mientras me destierra a mi oficina para
prepararme—. Tengo esto bajo control. Ahora vete.
Me rio.
—¿En serio? ¿Ahora vete?
—Ya me oíste —dice descaradamente, con la mano en la cadera y
todo.
—Sí, señora.
He estado cocinando todo el día y mi uniforme es un desastre
caluroso, y necesito desesperadamente cambiarme a uno nuevo. Hay un
pequeño cuarto de baño con ducha y un pequeño armario integrado con
un par de uniformes y ropa de emergencia, por si acaso me quedo
atascada en el trabajo. Mikaela ha pensado en todo. Hablando de Mikaela
pensando en todo, es una genio del diseño; el comedor se ve increíble.
Pinturas en colores vibrantes adornan las paredes, pareciéndose mucho a
pequeñas ventanas que representan paisajes impresionantes. Me encanta
el hecho de que hayamos conseguido tener un bar de vinos en un extremo
y un bar de whisky en el otro. Las paredes detrás de cada una de ellas están
repletas de botellas de whisky y vino, la colección es lo suficientemente
impresionante como para ser apreciada por los conocedores.
Originalmente planeé un bar de vinos, pero el bar de whisky es un homenaje
a cuando Brock y yo nos conocimos. También tengo varios platos y postres
a base de vino y whisky añadidos al menú.
Mikaela ha renunciado a cualquier idea de comedor de restaurante
tradicional, así que en lugar de mesas y sillas a juego, cada mesa es
diferente. Por alguna extraña razón encaja perfectamente, como si cada
pieza estuviera hecha para estar allí. No puedo creer que este lugar sea mío.
Abriremos a finales de mes y todavía no he revelado el nombre que elegí. Ni
siquiera se lo he dicho a Amber. Me encojo de hombros y me meto en la
ducha y dejo que el agua caliente corra sobre mí. Me quedo aquí un
momento, perfectamente quieta, con los ojos cerrados. Y, al igual que todas
las veces que he cerrado los ojos desde el día en que lo conocí, mis
pensamientos se dirigen hacia Ashton Walker.
Odio que sea el hermano de Brock y que tenga una atracción hacia
él que no puedo entender. También odio la triste verdad de que nunca
seremos algo, y sé que necesito sacarlo de mi mente. Aunque por lo general
trato de desterrarlo de mis pensamientos inmediatamente, hoy, ahora
mismo, me permito —por un momento—, pensar en él como si el calor del
agua me envolviera. La idea de su sonrisa, la que tira de las comisuras de sus
labios, me tranquiliza. No estoy segura de sí es el simple pensamiento de él o
65
el calor de la ducha lo que me marea. Termino, me pongo un uniforme
nuevo y me pongo una cantidad mínima de maquillaje antes de regresar a
la cocina para hacer mi último repaso.

He trabajado en el nuevo menú por un tiempo y espero que sea bien


recibido. La gente ya ha empezado a llegar, y mi estómago se está
revolcando.
—¿Estás lista para saludar a las masas? ¿O estás planeando tu fuga?
—bromea Amber detrás de mí.
—Siento que estoy a punto de vomitar —gimo.
—Estarás bien, lo prometo.
Miro por la ventanita de la puerta de la cocina que da al comedor, y
ahí es cuando lo veo entrar. Parece molesto cuando irrumpe por la puerta,
pero el cambio en su comportamiento es inmediato e innegable cuando
Gigi lo saluda. Un calor se propaga a través de mi pecho.
—Bien, estoy lista —le digo mientras abro las puertas y salgo al
comedor.
Trato de evitar el contacto visual inmediato con alguien, pero cuando
miro la habitación, mi mirada se posa sobre Ashton. Está al otro lado, pero
también me ve a mí. Sonríe y me calma. No puedo evitar sonreír. ¿Cómo es
que en un segundo, sin palabras, me ha calmado los nervios? Sé que
debería apartar la mirada, pero no quiero. Quiero aferrarme a este
sentimiento por un segundo más. Es como si estuviéramos teniendo una
conversación sin palabras desde el otro lado de la habitación. Brock
aparece a su lado con Mikaela a cuestas. Se ve impresionante, por
supuesto, y por alguna razón siento una punzada de desagrado. Veo su
cabeza saltar hacia Brock, y el momento se rompe. Rápidamente me voy y
empiezo a hacer mis rondas. Cada vez que miro a la mesa en el centro, lo
veo hablando con ella o sonriéndole, y me molesta. ¿Qué demonios...?
Llego a la cabecera de la mesa, donde hay dos asientos en lugar del
tradicional, y Brock se me une. Se inclina y besa mi sien.
66
—Se ve increíble aquí, y si los olores en la cocina son un indicio, los
sorprenderás.
Lo miro y sonrío. Brock y yo nos hemos acercado en las últimas
semanas. Pretender ser una pareja enamorada nos ha obligado a
conocernos rápidamente. Me aclaro la garganta en alto.
—¿Podría tener la atención de todos? —digo, lo suficientemente alto
como para ser escuchado a través de la charla en la sala. —Mis mejillas se
enrojecen mientras cada persona en la habitación fija sus ojos en mí—. ¡Si
todos fueran tan amables de tomar su lugar en sus asientos asignados,
estamos a punto de empezar!
Sonrío a la multitud y espero unos cuantos latidos antes de continuar.
—Queremos agradecerles a todos por venir hoy. Sé que todos ustedes
tienen horarios muy ocupados y se tomaron el tiempo para estar aquí, así
que gracias —digo mientras miro alrededor de la habitación—. Ahora,
espero que disfruten de la comida preparada para ustedes hoy, pero
necesito total honestidad. Hay una tarjeta encima de cada plato, así que si
hay un plato que no les guste, por favor díganos y por qué —digo sonriendo
dulcemente—. Cada mesa tendrá comidas diferentes. Aquellos de ustedes
que tienen alergias a ciertos alimentos o preferencias, han sido tomados en
consideración cuando los colocamos en una mesa, pero si tienen alguna
preocupación, por favor avísenme.
Todos los camareros empiezan a salir, justo a tiempo. Amber los ha
entrenado perfectamente; yo sabía que era la mujer adecuada para el
trabajo. Miro a Gigi y la veo radiante de orgullo. Creo que ella realmente me
ha aceptado como parte de la familia, y aunque esa siempre ha sido
nuestra meta, me siento mal. Quiero incluirla en la celebración de hoy, así
que tomo una decisión de último minuto.
—Antes de comenzar, me gustaría pedirle a Gigi que nos guíe en la
oración.
La veo ponerse de pie y sonreír alegremente. Está en su elemento; la
mujer parece cómoda hablando a una multitud, y sé de hecho que ama a
Jesús. Cada persona presente en el restaurante cierra los ojos e inclina la
cabeza. Gigi dice una oración, y cuando cierra su oración con amén, el
sentimiento resuena por toda la sala.
—Sin más preámbulos, por favor disfruten de sus comidas.
Los aplausos estallan, y no puedo evitar la sonrisa que ilumina mi rostro.
Brock me empuja contra él y me aprieta el brazo. Nos miramos el uno al otro,
67
y me muestra sus dientes perlados mientras saca mi silla. Me siento y le doy
una mirada agradecida. Los camareros empiezan a entregar la comida, y
yo examino la sala para ver las reacciones de todos. Mi mirada sigue siendo
atraída hacia Ashton, que está sumergido en una conversación con
Mikaela. No me gusta, ni un poquito. Cuando él le sonríe, la bilis se eleva en
mi garganta y se despierta una ira irracional hacia Mikaela. Ashton me mira
y levanta una ceja. Estoy siendo ridícula. No tengo ningún derecho sobre
ese hombre, y ella me gusta. Mikaela es una de las personas más dulces y
divertidas que he conocido en mucho tiempo. Un toque en el hombro me
obliga a dar la espalda. Es un crítico gastronómico al que invité, delirando
sobre la comida y hablamos unos instantes antes de que vuelva a su mesa
justo cuando los sirvientes empiezan a traer el postre. Brock se inclina.
—Creo que lo has conseguido, esposita —murmura Brock en mi oído.
Le sonrío, genuinamente complacida.
—Aún no hemos leído ninguna de las tarjetas de comentarios, pero
hasta ahora todos están limpiando sus platos.
—¿Has probado esto? —dice mientras toma otro bocado de su
postre—. Es increíble.
—Hola, ¿Mackenzie?
Me doy la vuelta y encuentro a Faye Blah a mi lado.
—¡Oh, hola! —digo, un poco sorprendida.
—Sé que estás muy ocupada, pero esperaba que pudiéramos hablar
un momento —dice mientras explora nerviosamente la habitación.
Definitivamente tiene mi atención.
—Claro —le digo—. Sígueme.
Me dirijo a Brock, quien está sumergido en una conversación con uno
de los críticos gastronómicos. Me disculpo y llevo a Faye a mi oficina.
—Lo siento mucho —dice de nuevo mientras nos abrimos paso entre
la multitud—. Pero mi jefe me está preguntando mucho... —Se calla y sus
ojos saltan cuando abro la puerta y entro en mi oficina.
La miro, confundida por una fracción de segundo.
—Damas.
La voz de Ashton me asusta casi hasta la muerte, y me agarro el
pecho.
—Oh, Ashton. Me has dado un susto de muerte. ¿Qué estás haciendo
68
aquí?
—Lo siento, tuve que tomar una llamada y había mucho ruido. Espero
que no te importe.
—Oh, um. No, por supuesto que no —tartamudeo.
Sonríe, casi torpemente.
—Esa llamada era muy importante, y tengo que irme. ¿Puedes
regresar por tu cuenta, Faye?
Asiente.
—Sí, señor Walker.
—Bien —refunfuña.
Camina hacia mí y me besa la mejilla.
—Gracias por el almuerzo. Estuvo increíble, como siempre.
Quiero decirle que es bienvenido, pero estoy atónita, completamente
silenciada por un simple roce de sus labios contra mi mejilla. No espera una
respuesta mientras gira sobre sus talones y se va.
Faye deja escapar un respiro, y yo salgo de él.
—Oh, Dios mío —susurra—. Eso estuvo cerca.
Levanto una ceja.
—¿Qué está pasando, Faye?
Arrastra una mano por su cabello.
—Ashton está haciendo preguntas sobre cómo nos conocemos, y no
sé qué decirle. Sé que no me debes nada, y cuando le dijimos esa mentira,
no sabía que estabas comprometida con su hermano. Yo... —Suspira de
nuevo—. No quiero perder mi trabajo.
Claramente, no contaba con volver a verme después de la primera
noche. Y para ser justos, yo tampoco. Le sonrío.
—No tienes nada de qué preocuparte. No diré una palabra, lo
prometo. Honestamente, esa noche aún no estaba comprometida y no
conocía a la familia de Brock, así que no sabía que Ashton era su hermano.
Su frente se arruga, y yo me rio.
—Es raro, lo sé, pero Brock y yo hemos mantenido nuestra relación muy
privada. Somos personas privadas —miento en voz baja. 69
Claramente aliviada, Faye me lo agradece una vez más y se va. Una
vez que cierra la puerta detrás de ella, me dejo caer en la silla de mi
escritorio. No puedo creer que un besito en la mejilla me desconcierte.
—Genial —murmuro en voz alta—, ¿qué voy a hacer al respecto?

La degustación, hace poco menos de una semana, fue un gran éxito.


El consenso fue unánime: a todos les encantó la comida. Todavía tenemos
un poco de tiempo antes de la gran inauguración y algunos detalles que
pulir, pero en general, estoy bastante satisfecha. Hoy, Brock y yo vamos a
algunos viñedos locales para probar y decidir sobre los vinos de la casa. Me
reuniré con él en su oficina porque tenía una reunión de la que no podía
salir. Hoy hace un día muy bonito, así que me estoy poniendo un vestido de
verano y unas sandalias muy bonitas. Incluso me he esforzado un poco con
el peinado y me he puesto maquillaje. Contratamos un chofer por el día
para poder beber y no preocuparnos por tener que conducir. Estoy más que
lista para una cata de vinos.
Tomo un taxi a Manhattan y me dirijo a Walker Inc. El rascacielos que
alberga la empresa es grandioso y extravagante, tanto que casi me siento
mal vestida cuando entro. Después de un tibio saludo en la recepción, que
se convierte en un juego de besar culos cuando la chica se entera de quién
soy, subo por los ascensores y me dirijo al piso treinta y ocho. Cuando llego,
me recibe una chica asiática muy atractiva que se presenta como May, la
asistente de Brock. Se rodea de un montón de hermosas hembras, y me
encuentro preguntándome si eso es a propósito. C
ortésmente me pide que la siga, y yo la obedezco. Caminamos hasta
su oficina y encontramos la puerta cerrada. Puede llamar, esperar un
momento y luego abrir la puerta. Brock, que está hablando por teléfono,
sonríe alegremente cuando me ve. Levanta un dedo para indicar que será
solo un momento. Le devuelvo la sonrisa y me siento en la silla frente a su
escritorio. Cuelga unos minutos después.
—Lo siento mucho —dice con una sonrisa de disculpa—. Ojalá pudiera
decirte que he terminado por hoy, pero resulta que me necesitan aquí, así 70
que no podré ir contigo hoy.
—Oh, bueno, tengo que admitir que estoy un poco decepcionada,
pero por supuesto tu trabajo es lo primero. Lo entiendo perfectamente.
Brock se levanta y se abrocha la chaqueta del traje.
—Me alegro de que lo entiendas. Afortunadamente, te he
encontrado un gran sustituto.
—¿Lo has hecho?
—Pfff, genial. El reemplazo perfecto, querrás decir.
Giro la cabeza para mirarlo.
Oh mierda, me digo.
—¿Lista para ir a probar un poco de vino, Mac?
Mackenzie
99 botellas de cerveza en la pared
Claramente, es una mala idea ponerme en una situación en la que el
alcohol y la atracción loca e inexplicable están en la mezcla. Pero no veo
otra manera de evitarlo. ¿Qué voy a decir? No, no quiero aceptar la amable
oferta de tu hermano de ocupar tu lugar porque tengo miedo de no poder
ocultar el hecho de que anoche soñé con arrancarle la ropa? En algún
momento, voy a tener que aprender a lidiar con pasar tiempo con Ashton, 71
y decido que no hay mejor día que hoy.
Sonrío y acepto la oferta con toda la gracia que puedo reunir. Veinte
minutos más tarde, nos sentamos en la parte trasera de una limusina y nos
dirigimos a la primera bodega. El asiento de cuero envolvente se siente
fresco mientras me siento y es una distracción bienvenida de mis propios
pensamientos. Me muevo con la falda de mi vestido y miro por la ventana
mientras nos alejamos. No me gusta la idea de estar en un lugar tan
pequeño y tan cerca de él. Respiro el olor limpio y terroso de su colonia. No
tengo ni idea de qué decir. Hay dos opciones para mí cuando me siento así:
O me apago, como ahora mismo, o no paro de hablar. Por suerte para mí,
Ashton es el primero en romper el hielo.
—Así que, la tierra del vino para nosotros entonces —dice con una
sonrisa—. Me encanta el vino, así que esto funciona bien para mí. Vino y
puntos brownie2 ¡Whoo! —dice mientras bombea el aire con el puño.
No puedo evitarlo, empiezo a reírme.

2Los puntos Brownie en el uso moderno son una moneda social imaginaria, que puede
adquirirse haciendo buenas obras o ganándose el favor de los demás, a menudo superiores.
—Ah, ahí está —dice, claramente satisfecho consigo mismo—. Sé que
no soy el hermano por el que te apuntaste, pero te prometo que la
pasaremos muy bien.
Le sonrío; en realidad es muy dulce. Observo, hipnotizada, como
Ashton comienza a desabrocharse la corbata, la saca del cuello, y luego
desabrocha un par de botones. Mi corazón está latiendo fuera de control
mientras los flashbacks del sueño de anoche parpadean en mi cerebro.
Enrolla bien la corbata y luego mira tímidamente a su alrededor en busca
de un lugar donde ponerla.
—Dámela —le digo mientras le tiendo la mano—. La guardaré en mi
bolso.
Me entrega su corbata, sin hacer preguntas. Se sienta, ahora
claramente más relajado. Es algo adorable.
—¿Te sientes mejor ahora?
—Mucho —dice con una amplia sonrisa—. Es bueno poder relajarse.
He estado trabajando sin parar últimamente.
—Dímelo a mí —digo mientras pongo los ojos en blanco—. Creo que 72
es la primera vez que me pongo ropa no relacionada con el trabajo. —Hago
una pausa y me tomo un segundo para pensar—. Bueno, ha sido un poco
porque no puedo recordar.
Los ojos de Ashton vagan sobre mí.
—Bueno, siempre te ves hermosa, no importa lo que lleves puesto.
Siento el calor inundar mis mejillas. No sé qué decir, así que sonrío y
murmuro un vergonzoso agradecimiento.
El resto del viaje está lleno de todos los temas de conversación que
puedas imaginar. Cubrimos todo, desde el clima y las películas hasta el
trabajo y los pasatiempos.
Si bien el comienzo fue incómodo, para cuando llegamos a la primera
bodega, el ambiente entre nosotros es cómodo. De hecho, aprendí
bastante sobre él.
Ashton sale del vehículo primero y me ofrece su mano. La tomo y dejo
que me ayude a salir. Es hermoso aquí afuera; huele a aire fresco, uvas y sol.
En algún lugar a la distancia, puedo oír campanas de viento, y me recuerda
a la casa de mi abuela. Cuando era pequeña, me encantaba sentarme en
su porche para beber limonada mientras escuchaba al viento jugar con las
campanas. Recuerdo estar sentada durante horas escuchando y mirando
a lo lejos.
Nos saluda un joven que no parece muy contento de estar
trabajando. Ashton y yo intercambiamos una mirada divertida.
—Querido Dios, tuvimos que quedarnos atascados con emo Eeyore —
bromeo.
Ashton se cubre la boca y se ríe.
Hacemos un recorrido por el lugar, y luego el señor “Odio mi vida” nos
lleva a la sala de degustación. Allí nos recibe el maestro sumiller que se
presenta como Gabriel LaRoux. Me recuerda al Inspector Gadget con
acento francés ya que es alto, delgado y tiene una nariz grande y
prominente.
—Adelante, adelante —nos dice—. Pueden sentarse aquí.
Su acento me hace sonreír.
Miro alrededor de la habitación y admiro los paneles de madera que
cubren toda la habitación de pared a techo. Hay barriles por todas partes;
algunos se utilizan para el vino y se colocan contra las paredes, y algunos se
73
utilizan como mesas altas con taburetes alrededor de ellos. El tema de la
madera está roto por ventanas con insertos de vidrieras, las luces de colores
danzando en las paredes mientras son traídas a la vida por la luz del sol.
Ashton y yo nos sentamos como se nos indicó y escuchamos
atentamente la presentación que se nos dio. Nos dicen que empezaremos
con los vinos blancos y ligeros antes de aventurarnos a los tintos más pesados
y atrevidos, con los vinos más dulces guardados para el final. Observo cómo
Ashton coloca la copa que Gabriel sirvió sobre la mesa y agarra el tallo
mientras agita. Inhala profundamente antes de tomar un poco en su boca,
tomándose su tiempo para revolver el líquido antes de finalmente usar la
escupidera para expulsar algo del vino. No es difícil deducir que haya hecho
esto antes. Ashton Walker es un hombre de muchos talentos, así que no estoy
segura de por qué me sorprende su experiencia en la cata de vinos. Estoy
convencida de que por eso Brock pensó que sería un buen sustituto.
—Presumido —le digo mientras lo empujo juguetonamente por el
costado con mi codo.
Sonríe tímidamente.
—Estoy bromeando, por supuesto. Estoy totalmente impresionada.
Parece que sabes cómo manejar una botella de vino.
—Te dije que sería un mejor reemplazo —dice con un guiño.
Seguimos catando más vino, encontrando algunos que nos gustan, y
pedimos algunas cajas. Nos deslizamos de nuevo en el auto y nos dirigimos
a la bodega número dos. Compartimos historias de nuestras experiencias
anteriores de degustación de vinos, y la conversación fluye fácilmente en
nosotros compartiendo travesuras universitarias. En realidad estoy un poco
decepcionada cuando llegamos. Esta vez, no nos saludan en el auto y solo
entramos. Parece ser un ambiente más relajado que la bodega anterior, y
un poco más tradicional también. Caminamos hasta el mostrador y nos
acercamos al hombre que está detrás. Parece preocupado con el
periódico que está leyendo y no nos ve venir.
—Hola —digo con una sonrisa amistosa—. Tenemos una cita para una
degustación.
El hombre mira hacia arriba desde su periódico.
—Ah, sí —dice mientras deja el periódico—. ¿Señorita Hart? Suba por
las escaleras al final del pasillo. Lleva a la bodega.
Damos las gracias al hombre y bajamos por el pasillo hasta llegar a
una gran escalera de caracol. Es hermosa, regia y parece una trampa
74
mortal.
—Yo iré primero —ofrece Ashton—. De esa manera puedo atraparte
si tu torpeza levanta su fea cabeza —dice riendo.
—¡Oye! No te conté sobre mi historia de Calamity Jane para que
pudieras burlarte de mí, ya sabes —digo fingiendo molestia.
Se ríe y comienza el descenso al sótano. Lo sigo de cerca, prestando
mucha atención para no caer. Estas sandalias se ven muy bien, pero estoy
repensando el aspecto práctico que no había considerado hasta ahora.
Cuando llegamos al final de las escaleras, está oscuro como el carbón. La
única luz es la que viene del pasillo de arriba, y aun así está atenuada. Las
campanas de alarma dentro de mi cabeza comienzan a sonar a medida
que nos aventuramos un poco más abajo en el pasillo. Pongo la mano
delante de mí, tratando de evitar chocar con algo. Las manos de Ashton se
enrollan alrededor de las mías, y creo que mi corazón está a punto de salir
de mi cavidad torácica. Estoy casi cien por ciento segura de que él puede
oírlo latir porque incluso yo puedo oírlo.
—¿Hola? —grito—. ¿Hay alguien ahí?
No me gustan los espacios reducidos, especialmente cuando no
puedo ver. El pánico me cierra garganta. Mi respiración comienza a ser
superficial, entrando y saliendo de mis pulmones a un ritmo rápido.
—¿Mac? ¿Estás bien?
No puedo encontrar mi voz, así que asiento, pero está oscuro y él no
puede verme. Trato de moverme, pero el miedo me ha paralizado. Me
encuentro incapaz de moverme.
—Oye, contéstame —dice con cierto tono de urgencia.
Siento que me arden los párpados con lágrimas, rogando ser
liberadas, pero estoy tratando de no soltarlas.
Me tira contra su cuerpo, y yo inhalo su olor. Me permito fundirme en
él, necesitándolo lo más cerca posible de mí.
—Shhh —susurra contra mi pelo—. Todo va a estar bien. Estoy justo
aquí.
Cada centímetro de mí tiembla cuando me acaricia el cabello
suavemente, se inclina y me besa la frente. Luego me besa la mejilla, lo que
hace que se me doblen las rodillas. Cierro los ojos y me encuentro
75
aferrándome a él con más fuerza. Sus labios rozan la comisura de mi boca,
y yo jadeo. Estoy abrumada por una necesidad tan fuerte que sobrepasa
mi miedo. Aguanto la respiración, esperando y queriendo que me bese.
De repente, la luz inunda el pasillo y trae la realidad con ella cuando
la puerta al otro lado se abre. Nuestros ojos se levantan, y se bloquean.
Ambos tenemos una mirada de sorpresa en nuestras caras. No puedo creer
que casi nos besamos, o peor aún, que desearía haberlo hecho. Él me libera,
y yo doy unos pasos hacia atrás.
—Lo… lo siento mucho —tartamudeo.
Me caen lágrimas por la cara y trato de limpiármelas con el dorso de
la mano. Los rasgos faciales de Ashton están manchados de grave
preocupación.
—Puedes añadir claustrofobia paralizante a la lista de las rarezas de
Mackenzie —digo en un intento de aligerar el ambiente.
Una pequeña sonrisa tira de las comisuras de sus labios.
—Lo siento mucho. No los escuché bajar. Estaba haciendo un balance
cuando la puerta se cerró detrás de mí —dice una atractiva y joven mujer
pidiendo disculpas.
Ambos nos giramos ante el sonido de su voz.
Ella enciende un interruptor de luz, y el pasillo está completamente
iluminado. Ashton se aclara la garganta y empieza a caminar hacia la
mujer. Los sigo hasta lo que resulta ser la bodega. Esta habitación es como
me imaginé que sería una sala de catas de vinos. Las paredes y los pisos son
de piedra, y están adornados con estante tras estante de botellas de vino.
También está claro que la temperatura aquí abajo está controlada hasta el
último grado. La habitación está dividida por puertas de cristal del suelo al
techo que se abren a un área más pequeña con un minibar y algunos
taburetes. La mujer se presenta como Viviane Reyes —síp, hasta su nombre
suena sexy—, y se disculpa una vez más. Estamos sentados en el barcito y
pasamos por la misma explicación que en la bodega anterior, solo que esta
vez, no soy tan involucrada. Escucho libremente mientras trato de desterrar
el rastro de besos de mi mente. Sé que solo intentaba consolarme y que esta
atracción que siento es unilateral y más allá de lo inapropiado.
Trato de actuar como si nada hubiera pasado, pero aún estoy
perturbada por el incidente de hace unos momentos. Hago los movimientos
de la degustación pero ni siquiera me molesto en usar la escupidera. Ashton,
sin embargo, se aferra a cada una de sus palabras y la llena de elogios sobre
76
su conocimiento. Observo y me estremezco mientras se pone en contacto
con esta mujer. Es atractiva con largo cabello castaño y rizado que fluye
libremente por sus hombros, labios gruesos y grandes ojos verdes. Tiene ese
perfecto botón de la nariz que las mujeres pagan por tener, y a pesar de
que está usando maquillaje completo, se puede decir que no lo necesita.
Con cada sorbo que tomo, me enfado un poco más. Pasamos por los vinos
blancos y nos metemos hasta las rodillas en los tintos cuando empiezo a
sentirlo de verdad. Cuando empiezo a hacer comentarios sarcásticos
dentro de mi cabeza sobre su aspecto, me doy cuenta de que estoy celosa.
¿Qué demonios...? Me disculpo y salgo de la habitación, con la intención
de encontrar el baño de damas, pero en cambio, en mi estado inducido
por el alcohol, decido subir y salir al auto. Me subo, saco mi celular y le
mando un mensaje a Amber para que se reúna conmigo en mi
apartamento más tarde. Ashton tarda unos veinte minutos en seguirme.
—Oye, ¿qué te pasó? Me preocupé cuando no volviste.
—Intentaba darte un poco de privacidad —digo, encogiéndome por
dentro ante mi tono hosco.
—¿Privacidad? Pensé que estábamos aquí para probar vino para tú
restaurante. ¿De qué estás hablando?
Se pasa una mano en el cabello, claramente frustrado. Pero ahora
mismo, no me importa. Todo lo que quiero hacer ahora es irme a casa. Me
siento humillada, y tonta. Sobre todo, me siento como una traidora. Sé que
Brock y yo no estamos enamorados, pero tenemos un acuerdo. Ha cumplido
su parte del trato, y casi destruyo nuestros sueños por la lujuria. Estoy
completamente disgustada conmigo misma, así como decepcionada.
Después de todo lo que pasó con Chris, ¿no aprendí la lección? No más
hombres.
—Simplemente no me siento bien. Me gustaría irme a casa ahora —le
digo.
Evito sus ojos a propósito y cruzo mis brazos como una niña petulante.
Se desliza en el auto a mi lado. Está tan cerca, que es simultáneamente el
primer y último lugar en el que necesito que esté ahora mismo.
—¿Mac?
Suspiro y dejo caer mi cabeza hacia atrás, los ojos cerrados con fuerza.
—Pensé que la estábamos pasando bien. ¿Qué pasó?
¿Se olvidó de mi locura irracional? 77
—Realmente no me siento bien y solo quiero irme a casa. ¿Podemos
irnos ya? ¿Por favor?
Todavía me niego a mirarlo, en parte porque estoy enojada, pero
sobre todo porque estoy avergonzada.
—Bien, vamos a casa —murmura.
Ashton le dice al conductor que regrese a la ciudad, y yo finjo estar
durmiendo todo el camino a casa. No sé si sabe que estoy fingiendo, pero
si lo hace, no presiona el tema. Me empuja suavemente cuando llegamos a
mi edificio de apartamentos, saliendo primero del vehículo para poder
ayudarme a salir. Me guía a una posición de pie desde el vehículo y no
aparta sus ojos de los míos. Es como si estuviéramos atrapados, incapaces
de alejarnos. No sé cuánto tiempo nos quedamos en silencio, pero parece
una eternidad. Sus iris, una mezcla de cobre y miel, me aprisionan y exigen
mi completa atención.
—¿Estás bien, Mac? —pregunta con voz ronca.
No estoy completamente segura de cómo me siento ahora mismo,
pero asiento.
—¿Estamos bien?
Trago con fuerza.
—Sí —grazno.
—Está bien —dice mientras asiente.
—Está bien —susurro.
Se inclina, y sus labios rozan mi mejilla tan ligeramente. No estoy
segura, pero juro que puedo oírlo inhalando mi olor.
—Buenas noches, Mac.
—Buenas noches, Ashton.
Apoya su frente contra la mía, solo por un momento, y luego se mete
en el auto. Me quedo mirando el auto dando la vuelta a la esquina antes
de entrar a mi edificio. Amber está de pie en la puerta, con los brazos
cruzados.
—Mackenzie Ellie Hart, ¿Qué. Carajos. Fue. Eso?

78
Ashton
La última cena
No puedo creer lo egoísta que he sido. Veo su perfecto rostro mientras
duerme tranquilamente. Llevamos casi dos horas en el auto y me he pasado
todo el tiempo castigándome. No puedo explicar lo mucho que quise robar
ese momento en el oscuro pasillo, lo desesperadamente que quería robar
ese beso. Se sintió como que necesitaba ese beso más de lo que necesitaba
tomar mi próxima respiración. Ni una sola cosa me importó más en ese 79
momento. Sé que, si esa chica no hubiera abierto la puerta cuando lo hizo,
habría reclamado sus labios, y no podría volver atrás. Tengo que hacerlo
mejor, y sé que eso significa que tengo que evitar pasar tiempo a solas con
Mackenzie. Esta es la última vez que estaré a solas con ella, me prometo.
El tiempo se acaba. Estamos cerca de su edificio y, extrañamente, me
siento aliviado y decepcionado al mismo tiempo. La empujo suavemente
en un intento de despertarla y sus ojos se abren. Salgo del auto y le tiendo la
mano. La mira durante un rato antes de agarrarla. ¿Está enojada conmigo?
La idea de que ella esté enojada conmigo es como una patada en las
pelotas. ¿Quizás todavía no se siente bien? Le pregunto si está bien y,
cuando no me responde, trato de encontrar la respuesta en sus ojos.
Nuestras miradas están fijas en el otro y la sensación que se deslizó sobre mí
mientras estábamos parados en ese pasillo oscuro está empezando a
regresar a mí; sé que tengo que mantenerla a raya. Finalmente, asiente. Sé
que no debería, pero no puedo evitar hacer mi próxima pregunta.
—¿Estamos bien?
Mis ojos le suplican en silencio y contengo la respiración mientras
espero su respuesta.
—Sí —suspira.
Suelto el aliento y el alivio me envuelve. El deseo de besarla es
abrumador, y lo combato con todo lo que tengo. Ahora sé lo que tengo
que hacer, y lo odio. Me inclino y me permito darle un besito en la mejilla.
Porque sé que esta será la última vez, inhalo profundamente y absorbo su
aroma, dispuesto a memorizarlo, ya que será todo lo que me quede. Le doy
las buenas noches, y ella me susurra las suyas. Por un momento apoyo mi
sien contra la suya, necesitando el contacto, aunque sea por un segundo.
Con gran dificultad, me alejo y camino hasta el auto que me espera. No me
atrevo a mirarla porque temo que, si lo hago, no podré hacer lo que
necesito hacer.

Es el tercer viernes del mes, lo que significa cena familiar. Tienes que
estar en tu lecho de muerte si quieres que te perdonen por no acudir, pero
si soy completamente honesto, no estoy del todo seguro de que Gigi no 80
cambiaría la cena a mi lecho de muerte si ese fuera el caso. La cena familiar
es una tradición, y Gigi es especialista en tres cosas: Jesús, la familia y las
tradiciones; en ese orden —sus palabras, no las mías—. Por lo general, espero
con ansias estas cenas, aunque impliquen un largo viaje de dos horas hasta
la casa de mis abuelos en los Hamptons. Esta noche es diferente porque sé
que ella estará allí.
El velo del crepúsculo se extiende ante mí cuando me detengo en el
camino de entrada. Por lo general, Brock y yo viajamos juntos, pero como
no estoy seguro de poder pasar dos horas con ellos dos en un auto sin querer
lanzarme (o lanzar a mi hermano) del automóvil, dije que tenía que irme
temprano para trabajar y opté por manejar yo mismo. El viaje fue muy
productivo, y lo pasé al teléfono. Hoy en día, incluso durante un largo viaje,
se pueden hacer negocios. Además, fue una distracción bienvenida de mis
pensamientos. Cuando abro la puerta principal para entrar en la casa,
estuve a punto de ser derribado por Gigi, lo que casi me hace soltar el jarrón
con flores que tengo en mis manos.
—Ahí está, uno de mis nietos favoritos.
Reviso dramáticamente el pasillo y luego me inclino.
—No hay nadie aquí, Gigi. Puedes admitir que soy tu favorito —digo
con un guiño.
Echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Eres terrible —dice—. Los dos son igualmente mis favoritos.
—Bueno, tal vez cambies de opinión después de esto —le digo
mientras le entrego las flores que le he traído. Su rostro se ilumina.
—Son preciosas. Siempre tan considerado —dice mientras besa mi
mejilla.
—Tengo que llevarle flores a mi chica favorita —le digo, mostrándole
una sonrisa.
—Siempre el encantador —dice riendo—. Todo el mundo está fuera.
Hace un día precioso, así que pensé que podríamos cenar en la terraza esta
noche.
Necesito un momento para tranquilizarme antes de poder manejar ver
a mi hermano tan feliz y enamorado de la mujer que no puedo sacarme de
la cabeza.
—Enseguida voy para allá. Voy a tomar un trago. Fue un largo viaje —
le digo.
81
—Está bien, cariño. Iré a poner estas hermosas flores en un lugar
privilegiado.
Me dirijo a la cocina para tomar una botella de agua y, tan pronto
como cruzo el umbral, quiero volver a salir. La espalda de Mackenzie está
frente a mí mientras hurga en el refrigerador. Lleva un vestido blanco
resplandeciente y, cuando mis ojos se posan sobre ella, no puedo evitar
notar los tacones rojos con los que lo ha combinado. Se ve increíble, y ni
siquiera la he visto de frente. Mi pecho se contrae, y justo cuando me
preparo para dar la vuelta y escapar, ella cierra la puerta. Gira, rápida
como un rayo, como si sintiera mi presencia. Una gran sonrisa aparece en su
rostro, y amo y odio esa sonrisa. Esa sonrisa que ilumina mi mundo cuando
no debería.
—Hola —dice con aspereza.
Escaneo rápidamente la habitación, y veo que solo somos nosotros
dos. Las alarmas están sonando fuerte dentro de mi cabeza. No puedo estar
a solas con ella, no cuando mi determinación ya se está debilitando con
solo verla, así que hago lo único que se me ocurre; le doy un rápido
asentimiento antes de darme vuelta rápidamente y escapar. Me voy tan
rápido que casi choco con mi hermano en el pasillo.
—¿Dónde está el fuego? —bromea.
Sonrío a medias y balbuceo una excusa poco convincente al pasar
junto a él para reunirme con mis abuelos afuera. Cuando salgo, voy a
ayudar a Pops, que intenta encender el fuego. Por el rabillo del ojo, veo a
Brock y Mackenzie entrar en la terraza. En un intento desesperado de
prolongar la separación entre nosotros, le pido a Pops que me cuente sobre
su nueva posesión más preciada: un Chevrolet Corvette L88 de 1967. No me
interesan en absoluto los autos, mucho menos los clásicos, pero aquí estoy
aferrado a cada una de sus palabras. Sabía que una vez que lo hiciera
hablar de sus queridos muscle cars3, yo estaría ocupado por un rato.
Claramente lo incentivé porque, a continuación, me lleva al garaje para
admirar a su nuevo "bebé". Pasa alrededor de media hora antes de que
regresemos afuera y volvamos a nuestra tarea de encender el asador. Para
cuando tenemos el fuego encendido, somos llamados a la mesa. Después
de una rápida parada en el baño para lavarnos, nos sentamos en la mesa
donde Pops nos hace a rezar antes de empezar. Me aseguro de tener la
boca llena de comida cada vez que Brock o Mac me dicen algo, lo que me
proporciona una excelente excusa para no responder. Además, Brock y
Mackenzie, aparentemente han accedido a tener su boda aquí mismo. Gigi
está encantada, y toda la comida se pasa en gran parte con la charla de
la boda. Para cuando disfrutamos del postre, Pops se aclara la garganta.
82
—Queríamos discutir algo con ustedes —dice mientras se pone de
pie—. Como ambos saben, estoy listo para retirarme. He trabajado duro
toda mi vida, y siento que es hora de dar un paso atrás y empezar a disfrutar
un poco de la vida. He construido esta compañía desde cero, y estoy muy
orgulloso de ver en lo que se ha convertido hoy.
¿Esto es todo? ¿Está eligiendo al próximo CEO? Pienso. Mis ojos se
dirigen a Brock en el momento exacto en que los suyos se dirigen a los míos.
Creo que ninguno de nosotros esperaba que esto pasara esta noche.
Vuelvo a centrar mi atención en Pops.
—Aunque sé que la compañía tiene éxito en gran parte gracias al
arduo trabajo que ustedes han estado dedicándole, nunca hubiera podido
llegar a ninguna parte sin el apoyo de la mujer más asombrosa que he
conocido —dice mientras mira con amor a Gigi.
A la distancia, puedo oír un tenue estruendo en el cielo, y empiezo a
sentir un mal presentimiento a en la boca del estómago. Estoy bastante

3 El término “muscle car” se refiere a un automóvil de tamaño medio-grande, con rasgos


deportivos y "musculosos", cualidades que lo hacen muy llamativo y le dan un aspecto
"agresivo".
seguro de que no me gustará a dónde va esto. Veo a Brock agarrar la mano
de Mackenzie y apretarla, y lo odio.
—Hemos discutido lo que tiene que pasar ahora. Ustedes dos no solo
han estado trabajando arduamente por igual, sino que han estado
constantemente superando mis expectativas. La decisión de a quién elegir
para ocupar el cargo de CEO de Walker Inc. ha sido casi imposible.
Gigi se acerca a Pops y toma su mano. Se lleva las manos
entrelazadas a la boca y la besa.
—Creemos que ambos lo merecen, pero solo uno de ustedes está
realmente listo para asumir este tipo de responsabilidad. Sé por experiencia
personal que un hombre necesita el apoyo de una mujer fenomenal para
triunfar en la vida y en los negocios, y sentimos que Brock la ha encontrado.
Siento como si me hubieran dado un puñetazo en el pecho.
—Felicitaciones, Brock. Te prepararé para ser el próximo CEO de
Walker Inc.
El piso debajo de mí desaparece, y mi garganta comienza a cerrarse.
¿Estás bromeando? ¿Se va a casar con la mujer que amo y consigue todo 83
por lo que he trabajado de un solo golpe? Me quedo aquí, aturdido y
congelado por un momento, y luego la ira se apodera de mí. Esto no es justo.
Me he dejado el culo trabajando por esto toda mi vida. Brock no empezó a
preocuparse por Walker Inc. hasta que nos graduamos de la universidad. He
estado trabajando para esta compañía desde que tenía diecisiete años;
sacrifiqué cada verano hasta que salí de la escuela. ¿Ahora Brock se
encuentra una esposa y me gana para el puesto de CEO? Al carajo con
eso. Mis ojos se dirigen hacia Brock. La expresión de su rostro es de júbilo y
alegría pura. Y eso me molesta aún más. Todavía no he hablado ni
reaccionado, y todo lo que quiero es salir de aquí. Pongo mi servilleta sobre
la mesa y me pongo de pie. Me vuelvo para mirar a mi hermano.
—Felicitaciones —digo, sorprendiéndome a mí mismo por la
inquietante calma de mi voz—. Considera esto mi renuncia.
Los ojos de Brock se abren de par en par y abre la boca para decir
algo.
—No lo hagas —le advierto.
Aprieto los puños mientras trato de dominar mi temperamento.
—Deja de actuar como una niña petulante, Ash. Siempre fuiste un mal
perdedor.
Y esa es la última gota que rompe la presa. Estoy en piloto automático,
y es como si me estuviera viendo mientras golpeo a mi hermano en el rostro.
Él cae, y ni siquiera me importa en este momento. Golpearlo me hizo sentir
bien. Mis ojos se dirigen hacia Mackenzie, que está mirando con la boca
abierta, claramente sorprendida. No puedo quedarme un segundo más, así
que empiezo a caminar hacia la casa. Gigi me llama, pero la ignoro,
acelerando mi paso. Siento que me estoy sofocando y tironeo de mi
corbata, arrancándola antes de tirarla descuidadamente al suelo mientras
continúo con mi salida. Tengo visión de túnel cuando me dirijo a la entrada.
En el momento en que salgo por la puerta el cielo se abre, me parece
apropiado, y siento como si el universo llorara conmigo mi pérdida. Me
sumerjo en la lluvia, abrazando la fría humedad.
—Ashton, espera.
Involuntariamente dejo de caminar cuando ella me llama.
Maldita sea.
Me doy vuelta y la veo caminar hacia mí, aparentemente sin
importarle en absoluto que se esté empapando. Además, es
sorprendentemente rápida con esos tacones. 84
—¿Qué demonios, Ashton?
Por supuesto, ella lo defiende, pienso amargamente. Otro puñetazo
en el estómago.
—¿Por qué actúas así? Es solo un título. No tires por la borda todo por
lo que has trabajado.
Ella tiene razón, por supuesto, y me doy cuenta en este momento que
no es el título de CEO lo que me tiene tan fuera de mí.
—Él tiene lo único que siempre he querido —le digo—. Y no voy a
quedarme para torturarme. —Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia
mi auto—. Entra, Mac.
—Es solo un trabajo, Ashton.
Me detengo abruptamente y giro para enfrentarme a ella. Incluso
empapada, es la criatura más impresionante que he visto. Nuestros ojos se
bloquean, mientras ella busca en los míos algún tipo de comprensión.
—No es el maldito título, Mac.
—¿Entonces por qué te comportas así? —dice, claramente
perturbada.
—¿Cómo?
—Como un... como un imbécil.
Una risa torturada se escapa de mi garganta.
—¿Realmente no sabes por qué estoy actuando como un completo
imbécil, Mac?
Su rostro se contorsiona en confusión.
—¿Cómo puedes ser tan ciega, Mackenzie?
—En serio, Ashton. No tengo ni idea de lo que estás hablando.
No estoy seguro de lo que se apodera de mí, pero me acerco a ella,
tomo su rostro en mis manos, y clavo mis labios en los suyos. Derramo todo
en este beso. Cada pensamiento, cada deseo reprimido, cada cosa que
he estado sintiendo. Estoy deseando interiormente que ella lo entienda. Ella
jadea, y yo aprovecho la oportunidad para profundizar el beso,
desesperado por probarla. Ella es intoxicante. Sus labios son suaves, llenos y
perfectos, tal como los imaginé. Me retiro y la miro. Sus ojos se abren de par
en par con sorpresa. Mierda. ¿Qué me permití hacer? Pongo mi frente
contra la de ella y suspiro.
85
—Lo siento —susurro.
No estoy seguro de cuánto duró el beso. Podrían haber sido segundos,
minutos, demonios, podrían haber sido horas. No fue lo suficientemente
largo. Nunca será suficiente con ella. Lo sé. Puedo sentirlo con cada fibra de
mi ser. La libero, y mi mirada se dirige hacia Brock, quien está de pie junto a
la puerta principal que está abierta de par en par. No se mueve. Mi cabeza
se vuelve de golpe hacia Mackenzie, que se ve horrorizada, y a mi hermano,
que tiene una mirada asesina en su rostro. Mierda, no puedo culpar a
ninguno de los dos. Me paso una mano por el cabello, tratando de ordenar
mis pensamientos. No hay nada que decir en este momento, nada que nos
haga sentir mejor. Sé que tengo que irme, pero me siento obligado a dejarla
con una verdad. Me dirijo a Mackenzie.
—Mentí —le digo—. No lo siento.
Y con eso, me doy vuelta y empiezo a caminar hacia mi auto. No miro
hacia atrás, solo entro y me voy.
Mackenzie
Sigue soñando
Hasta ahora el viaje de vuelta a casa ha sido tenso y silencioso. No
estoy segura de qué decir, y Brock está melancólico. Sus manos están
agarrando el volante tan fuerte que sus nudillos se están poniendo blancos.
No puedo creer el giro tan feo que ha tomado la noche, y no puedo creer
que dejara que me besara. Llevo algo de la ropa de Gigi ya que mi vestido
se empapó por completo. Aunque es demasiado elegante y un par de tallas 86
más grandes, estuve agradecida por la ducha caliente y la muda de ropa.
Me horroricé cuando me miré en el espejo y vi el aspecto de gato ahogado
que tenía. Brock quería irse tan pronto como me vistiera y me secara el
cabello, y creo que esa fue la última vez que habló. El paisaje está
parpadeando a un ritmo rápido, y he estado observando las señales de
tráfico durante todo el recorrido. Cuando llegamos a la Interestatal 278, sé
que nos estamos acercando a casa. Cuando vuelvo a mirar por el rabillo
del ojo, me doy cuenta de que el ojo derecho de Brock está hinchado y
empieza a ponerse negro y azul. Ashton realmente le dio un buen puñetazo.
Solo de pensarlo me hormiguean los labios. La culpa se apodera de
mí; disfruté de ese beso. Lo disfruté mucho más de lo que esperaba. Me
impactó. Que te besen así pasa en las películas o en esos libros de romance
cursi. No les pasa a las chicas como yo. No he podido dejar de obsesionarme
con eso desde el momento en que sus labios dejaron los míos. Al mismo
tiempo, estoy muy disgustada conmigo misma. He traicionado
completamente a Brock. No lo culpo por estar tan enojado, y estoy segura
de que está reconsiderando nuestro trato. ¿Quién podría culparlo? Metí la
pata, realmente.
—Lo siento mucho —suelto—. Sé que estás enfadado conmigo, pero
yo…
—¿Por qué estaría enfadado contigo? —interrumpe Brock.
—Bueno, con lo que pasó con tu hermano y el hecho de que no has
hablado conmigo desde que subimos al auto.
—Lo que hizo Ashton no fue tu culpa, M. Solo hizo lo que hace cuando
se enoja; se desquitó. Nunca antes me había pegado un puñetazo, eso es
nuevo, pero nunca ha sido un buen perdedor. Lamento que te metieras en
medio de eso, especialmente porque tratabas de cuidarlo. Aprecio que
hayas tratado de hacerlo entrar en razón. Creo que te besó para intentar
herirme, y lamento que te haya hecho eso.
Una pequeña punzada de dolor me golpea el pecho cuando dice
esa última parte. Pero probablemente tenga razón, pienso. Brock se acerca
y agarra mi mano. Me vienen a la mente las últimas palabras de Ashton. Dijo
que no lo sentía, pero ¿qué no sentía? ¿Besarme? Probablemente estoy
complicando esto demasiado. Estoy segura de que Brock tiene razón;
después de todo, conoce a su hermano mejor que yo o cualquier otra
persona.
—M, esta noche tengo todo lo que siempre he querido, y todo es
gracias a ti. Ash cambiará de opinión con el tiempo. Normalmente lo hace. 87
No es mi persona favorita en este momento, pero es mi hermano gemelo, y
lo amo.
Aprieto su mano.
—¿Cómo está el ojo?
—Duele como el demonio, que es principalmente por lo que he
estado tan callado. He estado tratando de concentrarme en la carretera
con un solo ojo.
Desde el ángulo en el que estoy puedo ver la hinchazón, pero no me
di cuenta de que en realidad estaba cerrado por la inflamación. Para ser
justos, solo lo miré furtivamente por el rabillo del ojo. Aun así, no puedo creer
que no se me haya pasado por la cabeza la idea de comprobarlo.
—Dios mío, Brock. Lo siento mucho. No he conducido un vehículo en
siete años, pero si quieres detenerte, puedo intentar llevarnos a casa.
Brock se ríe.
—Creo que me arriesgaré a llevarnos yo mismo. Tu discurso no fue
muy… um… ya sabes, tranquilizador.
—Escucha amigo, puedo ponerte un ojo morado a juego. No es por
presumir ni nada de eso, pero se me conoce por darle una paliza a la carne.
Los dos nos reímos a carcajadas, y la tensión que sentí antes se ha
evaporado.
—¿Y ahora qué? —pregunto.
—Ahora abrimos el restaurante, y me preparo para CEO. Ambos
tenemos todo con lo que hemos estado soñando —dice Brock.
Tiene razón, el restaurante es todo lo que siempre he soñado. Debería
estar extasiada, así que ¿por qué no me siento así?

La cocina es mi iglesia. El lugar al que voy para envolver mi mente en


cualquier cosa. Cuando cocino, me siento viva. Crear platos que la gente
disfruta me da alegría. Si hay un problema en mi vida, encuentro la solución
mientras creo magia en la cocina. Al menos, normalmente. Hoy no puedo
concentrarme en nada. Mi mente no deja de pensar en lo que pasó en la 88
cena familiar hace un par de días. No importa lo que haga, no puedo
quitarme ese beso de la cabeza. Nunca me habían besado así antes, y
aunque la parte racional de mí sabe que me besó para fastidiar a Brock, no
puedo negar que fue el beso más increíble que he tenido. Todavía puedo
sentir sus labios en los míos cada vez que cierro los ojos. Me ha afectado de
maneras que ni siquiera puedo comprender. Estoy intentando preparar algo
de comer mientras espero a que aparezca Mikaela. Vamos a repasar los
últimos detalles de la fiesta de inauguración del próximo viernes por la
noche. Suena la campana del horno, indicando que ha alcanzado la
temperatura correcta, así que deslizo la cacerola de lasaña y pongo el
temporizador.
—Huele increíble aquí.
Levanto la vista para encontrar a Brock de pie en mi cocina, y sonrío
al verlo. Pobre Brock. La hinchazón ha bajado bastante, y el color se está
desvaneciendo un poco, pero todavía se ve desastroso.
—Hola, espocito. ¿Estamos haciendo novillos?
Brock se ríe y señala su ojo.
—Bueno, duh. ¿No ves que yo soy el chico malo?
—Que es claramente por lo que estoy eligiendo casarme contigo.
—¿En serio? Pensé que era mi buen aspecto.
Me rio.
—Bueno, eso es solo la guinda del pastel.
Me lavo las manos antes de ir a mi oficina y me siento ahí.
—En realidad estoy aquí por una razón.
—¿Oh? ¿No solo para decirme lo guapo que eres?
Brock echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Bueno, no solo eso. Aunque es evidente que hay que ponerlo en la
conversación más a menudo —dice mientras mueve las cejas.
Me rio.
—Vine a darte esto.
Brock me da una carpeta color manila. La abro y echo un vistazo al
contenido.
—He pedido a mi abogado que prepare todo lo que hemos discutido.
Deberías echarle un vistazo y pedirle a tu abogado que también lo haga. 89
Todo parece muy normal. Dirigiré el restaurante como si fuera mío, y
la propiedad oficial me será entregada el día de nuestra boda. También
dice que mantendremos nuestros activos separados y que cualquier
ganancia que obtenga el restaurante es mío. Por supuesto, también dice
que estoy de acuerdo en no tener ningún reclamo sobre Walker Inc. o sus
ganancias. Abro el cajón de mi escritorio y saco un bolígrafo.
—Necesitas que tu abogado lo vea, M —protesta Brock.
—No es necesario. Cumpliste tu parte del trato. No tengo intención de
reclamar nada más que el restaurante. Has sido más que generoso, y
entiendo que tienes que proteger tus activos.
Firmo el contrato e pongo las iniciales en los lugares indicados antes
de devolvérselo.
—Tienes que quedarte con esta copia —dice mientras me entrega el
duplicado.
Me rio.
—Claramente, tu futura esposa necesita educación en
negociaciones de contratos —bromeo.
Sonríe.
—Gracias.
—¿Por qué me lo agradeces? Estoy bastante segura de que debería
agradecértelo. Siento que soy la única que está sacando algo de esto.
Niega con la cabeza.
—Quiero agradecerte por tu comprensión. Me preocupaba que
pudiera haber herido tus sentimientos.
—Brock, solo porque nuestro matrimonio no sea tradicional y no esté
enamorada de ti, no significa que no me gustes. De hecho, me preocupo
mucho por ti, y protejo mucho a los que amo —le digo, mirándolo
directamente a los ojos para que pueda ver que lo digo en serio—. Y te
protegeré de cualquiera. Incluso de mí —añado con un guiño.
Se levanta y rodea el escritorio. Me paro cuando me alcanza y me
abraza.
—Hacemos un buen equipo, ¿no? —me dice.
—Sí —estoy de acuerdo.
Llaman a la puerta a pesar de que está abierta de par en par; es 90
Amber que me informa que Mikaela está aquí.
—Me encantaría unirme a ustedes, chicas, pero tengo que volver a la
oficina.
Brock me da un beso en la mejilla y se vuelve para irse. Lo veo salir con
genuino afecto en mi sonrisa. Estoy tan contenta de que haya conseguido
lo que quería; ha trabajado tan duro. Aun así, no puedo evitar sentirme mal
por Ashton.

Me encanta estar cerca de Mikaela Kingsley. Nos hemos hecho muy


amigas, y no es difícil ver por qué. Ella es fácil de tratar y muy divertida, pero
también es una de las mujeres más trabajadoras que conozco. Sé a ciencia
cierta que no tiene que trabajar por su dinero; quiero decir, ¡los Kingsley
están forrados! Mik ha sido de gran ayuda para mí durante todo este
proceso, y aunque al principio solo tenía que ayudarme con el diseño, se
ofreció a ayudarme con la fiesta de apertura. En mi opinión, realmente
necesita empezar una compañía de relaciones públicas, ya que sabe cómo
presentar un negocio y conoce a las personas adecuadas para hacer que
las cosas sucedan. Todo lo que quiere a cambio de su ayuda es mi promesa
de hornearle algunos de mis buñuelos de crema de plátano y pastel de
fresa. A la chica le encantan los dulces. Haré gratis los postres de esta mujer
de por vida porque la fiesta que ha organizado para mí pondrá a mi
restaurante en el mapa. Hice algunos de los bocadillos de crema más
temprano esta mañana, asegurándome de hacer los suficientes para el
evento y para que ella se lleve a casa. Estamos hasta las rodillas de planes
de fiesta cuando la puerta del restaurante se abre, casi dándonos un
ataque al corazón. Miramos hacia arriba y vemos lo que supongo que es un
repartidor que entra con un enorme ramo de rosas rojas de tallo largo. Me
mira y luego a Mikaela, tratando de decidir con quién hablar, supongo.
—¿Mackenzie Hart? —le pregunta a Mikaela mientras la mira con
nostalgia.
Pongo los ojos en blanco. La mujer es impresionante, y ni siquiera lo
sabe.
—Nop —dice con una sonrisa que casi atropella al pobre tipo—. Esa 91
es ella.
Me sonríe tímidamente.
—Lo siento, el tipo dijo que la rubia caliente... —Su voz se apaga,
aparentemente reconociendo que probablemente no debería haber dicho
eso.
No estoy segura de si debería encontrar eso insultante o
increíblemente gracioso, pero opto por el segundo.
—¡Ay! —digo mientras me rio a carcajadas —. ¿Aparentemente, no
encajo en esa descripción?
El rostro del repartidor se pone rojo, así que decido tener piedad de él.
—¿De qué tipo estás hablando? —pregunto.
Juega con las solapas de su chaqueta y no me mira directamente
cuando habla, todavía claramente avergonzado.
—No dijo su nombre. Dijo que lo sabrías cuando leyeras la tarjeta.
—Eso es intrigante —dice Mikaela mientras aplaude con entusiasmo.
Me da las flores, y yo inhalo profundamente mientras la deliciosa
fragancia acaricia mis fosas nasales. Siento como si hubiera respirado
profundamente aire fresco de primavera. Veo el pequeño sobre metido
entre las flores y lo arranco. El tipo me está mirando ahora, y yo ladeo mi
cabeza. Es entonces cuando me doy cuenta de que probablemente está
esperando una propina.
—Oh, lo siento mucho, déjame agarrar mi bolso de la oficina —le dije.
—No es necesario dar propina. Ya se han hecho cargo.
—De acuerdo. Genial. Gracias.
Todavía no intenta irse.
—¿Hay algo más que pueda hacer por ti?
—Lo siento, me muero por saber si sabes de quién son. Fue tan
categórico en que tú lo sabrías. Simplemente no le creí, y el mensaje en esa
tarjeta...
—¿Leíste el mensaje de mi tarjeta?
No creí que fuera posible, pero ahora su rostro está aún más rojo.
—Yo... la cosa es que... estaba a su lado cuando lo escribió y... —
tartamudea. 92
Levanto mi mano para evitar que hable. Tengo que sacar al pobre
hombre de su miseria.
—Está bien, abriré la tarjeta —digo, moviendo la cabeza.
Mikaela está de pie detrás de él, tapándose la boca, y parece que
está intentando por todos los medios no reírse a carcajadas.
Saco la tarjeta del sobre. Dice:

#LoSientoPorNoSentirlo
X.
A.

Jadeo, y mis ojos se dirigen hacia Mikaela. Me mira con expresión de


preocupación.
¿Qué diablos se supone que significa esto?
—¿Y? ¿Sabes quién es? —pregunta emocionado el repartidor.
Asiento.
—Son de Ashton —digo, más a Mik que a él.
—Vaya —dice, impresionado—. Eso es increíble.
—De acuerdo, gracias por la entrega —digo, esperando que
entienda la indirecta.
Afortunadamente, sí. Se despide en voz baja y sale corriendo de aquí.
—Quiero saber TODO —exige Mikaela.
Mis manos cubren mi rostro. Niego con la cabeza y gruño fuerte.
—Solo para que lo sepas, no me iré de aquí hasta saberlo.
Una risita nerviosa sale de mi garganta. Mik levanta la frente mientras
me lanza una mirada de "sabes que hablo en serio".
Suspiro.
—Está bien, de acuerdo. Pero déjame alimentarte primero porque
vamos a necesitar unos tragos.
Así que, hacemos justamente eso. Comemos primero, compartiendo
una rica comida. La lasaña salió perfectamente, y la acompañamos con
pan de ajo trenzado casero y una ensalada mixta. Para cuando sirvo el
93
postre, ya hemos sacado dos botellas de vino y acabamos de abrir la botella
número tres. Creo que es la combinación de alcohol y el hecho de que es
tan fácil hablar con Mik, que le cuento todo. Bueno, casi todo. No le digo
que estoy prometida de mentira y definitivamente no por qué. No puedo
traicionar el secreto de Brock así, a nadie, pero le digo la versión de nosotros
de la que le hemos estado hablando a la gente. Le conté sobre conocer a
Ashton y encubrir a Faye. Le cuento cómo Brock me sorprendió en la cena
y cómo descubrí que Ashton era el tipo misterioso esa noche. Le hablo de la
bodega, del casi beso. Mikaela se aferra a cada una de mis palabras, y
cuando le cuento sobre el beso bajo la lluvia fuera de la casa de sus
abuelos, creo que está lista para caerse de la silla.
—¿Cómo te sientes por Ashton?
—No importa lo que sienta por él. Además del hecho de que solo
hace esto para fastidiar a Brock, estoy comprometida. He hecho un
compromiso.
—Bueno, vamos a abordar una afirmación de mierda a la vez —dice
Mik mientras me lanza una mirada de analítica —. No te oí decir que amas
a Brock.
—Lo hago. Lo amo.
No sé si me cree, pero no discute.
—¿Y crees que Ashton hace esto para fastidiar a Brock?
Asiento.
—¿Por qué piensas eso?
Me encogí de hombros.
—Brock lo cree así, y lo conoce mejor que nadie. Además, estoy lejos
de ser su tipo. En las fotos que vi cuando lo busqué en Google, le gustan las
morenas. Bellezas exóticas. Nada como yo.
Mikaela levanta una ceja.
—¿Lo buscaste en Google?
—Bueno, Amber lo buscó en Google. Miré por encima de su hombro.
Ella frunce los labios y me lanza una mirada que dice que no me cree.
—Bien —admito—. La hice buscarlo en Google.
Ella se ríe.
—Eso pensé —dice con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
94
No puedo evitar reírme. De repente, su expresión se vuelve seria.
—Hey, ¿M?
—¿Qué?
—¿Estás segura de que te casarás con el hermano correcto?
La miro, sin saber qué decir.
—Me doy cuenta de que esta amistad es bastante nueva, y te
prometo que no estoy tratando de sobrepasar mis límites. Pero
honestamente, tal vez deberías decidir cuál es tu respuesta antes de
casarte.
Vierto un poco de vino en nuestras copas, vaciando la botella número
tres y decido que ella tiene razón.
Mackenzie
Eres tan bueno como tus promesas
He estado pensando mucho desde la noche en que Mikaela y yo
hablamos. Desafortunadamente para mí, la mayor parte de ese
pensamiento ha sido tarde en la noche mientras yacía sola en la cama.
Estoy tan cansada de estar en desacuerdo conmigo misma, y odio que mis
sentimientos por Ashton estén en conflicto directo con mi compromiso con
Brock. Ahora bien, si tan solo pudiera quitarme ese beso de la cabeza, tal 95
vez podría evitar que mi cerebro lo repitiera constantemente dentro de mi
mente.
El sueño me ha estado eludiendo los últimos días. He estado dando
vueltas y vueltas todas las noches, y ahora estoy tan cansada que vivo de
mal humor. Diablos, si soy honesta conmigo misma, no he estado durmiendo
bien desde que empezó todo este lío. Mi estado de ánimo no es lo único
que sufre. Mi memoria está destrozada; si no lo escribo, no llega a realizarse.
El restaurante abrirá oficialmente sus puertas en dos días, y no me
siento ni cerca de estar lista. Siento que no alcanzo a estar en todo. Claro,
Amber y Mikaela me han quitado peso de encima para que pueda
concentrarme en cocinar y tener la cocina funcionando sin problemas.
Estamos cerca de tener todo organizado. Todo el personal está contratado,
todo el vino y el whisky ha llegado, las últimas renovaciones han sido
completadas, y todas las invitaciones han salido.
La prensa ha sido invitada, y Mikaela me ha asegurado que ha sido
comprobado todo para el evento de la noche de apertura.
Desafortunadamente, eso no cambia el hecho de que soy un enorme
manojo de nervios. Además de los nervios que tengo por el mal
funcionamiento de la noche de la inauguración, también estoy lidiando con
mi drama personal. He estado recibiendo flores todos los días; todas
hermosas, todas enormes, todas diferentes. Hoy recibí girasoles y ayer
tulipanes, pero todos vienen con el mismo mensaje:

#LoSientoPorNOSentirlo
X.
A.

El hombre me está enviando hashtags. Seguro que tiene sentido del


humor. Mi oficina está empezando a oler como un jardín en plena
primavera, no es que me esté quejando. Las flores son hermosas, y los colores
vibrantes me levantan el ánimo. Mientras que el hombre que me las envía
es confuso, no se puede negar que es romántico. Le había dicho que el rojo
es mi color favorito, así que me envió rosas rojas. Le dije que mi flor favorita
de niña eran los girasoles, pero me gustan mucho los tulipanes porque me
recuerdan a mi abuela. No puedo imaginar que todo esto sea una
coincidencia. Debió haber prestado atención mientras hablábamos.
Todavía no se lo he dicho a Brock porque no estoy segura de cómo 96
abordarlo. Además, lo último que quiero hacer es abrir una brecha más
grande entre ellos. Según Brock, Ashton no ha estado en la oficina desde la
cena familiar. Gigi está fuera de sí porque se niega a contestar el teléfono
cuando ella llama. Brock también dice que ha estado en su apartamento
varias veces, pero el portero siempre dice que no está en casa. Creo que
decirle a Brock que Ashton se está acercando a mí, especialmente de una
manera inapropiada, podría alimentar su ira, la cual estoy tratando de evitar
a toda costa.
—¿Ha llegado otro ramo de flores hoy? —dice Amber mientras entra
en mi oficina.
Realmente no estoy de humor para un sermón o un interrogatorio,
pero a juzgar por la mirada en su rostro y su actitud, eso es exactamente lo
que se avecina. Se inclina en la silla frente a mi escritorio.
—Sí.
—¿Vamos a hablar de ello?
—No.
—¿Qué vas a hacer al respecto, M?
—Absolutamente nada. Voy a ignorarlo hasta que se dé por vencido.
—Entonces, ¿qué? ¿Ahora juegas al avestruz? Meter la cabeza en la
arena no va a resolver nada. Tú lo sabes. Además, si realmente quisieras
ignorarlo, entonces no te quedarías con las flores —dice con suficiencia.
—¿Por qué iba a desperdiciar flores tan buenas? Son hermosas y me
gusta cómo huelen —digo a la defensiva.
Se sienta en silencio por un momento como si estuviera ordenando sus
pensamientos antes de hablar.
—Escucha, M. Lo entiendo. Yo te conozco. Joder, a pesar de que este
restaurante es todo lo que siempre has querido, y seamos realistas, este lugar
es impresionante, también sé que te preocupas aún más por Brock y por la
promesa que le hiciste. También sé que no estás siendo honesta contigo
misma.
Frunzo el ceño.
—¿De qué estás hablando, Amber?
Suspira.
—He visto la forma en que lo miras, Mackenzie. Nunca te había visto
mirar a nadie así antes, y me preocupa que te estés mintiendo.
97
—¿Mintiéndome? —repito.
—Sí, mentirte —dice en un tono que indica que está un poco irritada—
. Estás enamorada de ese hombre.
—¿Crees que estoy enamorada de Brock? —digo con una risa en mi
voz.
Ella entrecierra los ojos y me dispara una mirada asesina.
—No me vengas con evasivas. Estás enamorada de Ashton, y sé que
sabes que me refería a él.
Me burlo.
—Ni siquiera sé cómo llegaste allí —dije, molesta al levantarme de mi
asiento—. Pero no tengo tiempo para esto.
—¿Qué era esa pequeña exhibición frente a tu edificio? Había
suficiente calor entre ustedes dos para derretir el Polo Norte. Y ni siquiera me
refiero al beso del que me hablaste.
—Te dije que no tengo tiempo para esta mierda, y definitivamente no
estoy de humor —ladro.
Me levanto y salgo de mi oficina, pero Amber permanece sentada.
—Dejaste que te llamara Mac —dice detrás de mí.
Dejo de caminar. Nunca me había dado cuenta antes, pero él me
llama así. Extrañamente, no me molesta cuando él lo hace.
—¿Y?
—Odias que te llamen Mac.
—¿Sí?
Ella gime.
—Bien, no tienes que admitirlo ante mí, pero es mejor que lo admitas
ante ti misma. No solo estás a punto de casarte, estás a punto de casarte
con su hermano. No puedes regresar de eso. Si eso es lo que eliges hacer,
entonces te apoyo al cien por cien, pero no sería tu mejor amiga si no me
asegurara de que haces lo correcto para ti.
Odio admitir que también tiene razón. Sé que siento algo por Ashton,
pero no puedo actuar sin traicionar a Brock. Y yo nunca haría eso. Admitir
en voz alta que siento algo por él lo haría más real, y aún no estoy lista para
enfrentarlo.
98
Amber se pone de pie, se me acerca y me envuelve con sus brazos
en un fuerte abrazo.
—Hemos trabajado tan duro, y todo es tan perfecto. No quiero que
empieces a resentirte por el lugar de tus sueños.
—Eres una buena amiga, Amber.
—¿Buena? —se burla—. La mejor, querrás decir. La mejor de todas.
Me rio.
—Me corrijo.
—Por supuesto que sí.

Estoy en mi oficina archivando los recibos de varias entregas cuando


llaman a mi puerta. Brock entra con una sonrisa en su rostro. Lleva un par de
lentes de aviador, supongo que para esconder su ojo morado. Esa sospecha
se confirma cuando se quita los lentes. Su pobre ojo ha perdido la mayor
parte de la hinchazón, pero sigue siendo negro y azul, con los bordes
amarillos. Para un tipo con un ojo morado enorme, está de un humor
extraordinario.
—¿Qué te tiene tan animado hoy? —pregunto con una sonrisa.
—¿En serio? ¿La gente todavía usa la palabra animado en estos días?
—Aparentemente sí —digo riendo.
—Oh Dios, me voy a casar con una anciana —dice en un tono
exagerado y dramático.
—Escúchame bien, jovencito. No vuelvas a llamarme anciana, o te
tendré sobre mis rodillas en un segundo —le digo, dándole mi mejor
imitación de anciana. Ambos nos reímos demasiado de eso.
—Bueno, si quieres saber por qué estoy tan alegre... —dice mientras la
sonrisa de su rostro se duplica en tamaño—. Acabo de tener una reunión
con Pops.
—Oh... A juzgar por tu rostro y tu nivel de emoción, la reunión fue
terrible... —bromeo.
99
Eso me hace reír otra vez.
—Hablamos sobre Ashton y qué hacer con esta situación. Hemos
decidido que nuestras fortalezas están en diferentes lugares, así que
debemos unirlas y actuar como co-CEOs de Walker Inc. Ciertamente no es
algo nuevo, pero es muy poco común en el mundo de los negocios recurrir
a más de un CEO. Pero de esta manera, ambos conseguimos lo que
queremos, y Walker Inc. nos necesita a los dos allí —explica Brock con
entusiasmo.
Su emoción es contagiosa, seguro, y siento una enorme sensación de
alivio. Parte de mí ha estado tan preocupada por Ashton, y me he sentido
culpable por mi parte en todo esto. Ahora que sé que las cosas se arreglarán
para él, me siento mejor.
—Ahora ese idiota solo necesita contestar su maldito teléfono.
Llevamos días intentando ponernos en contacto con él. Nadie lo ha visto ni
ha sabido nada de él.
Una punzada de culpa me invade, y sé que ya no puedo permanecer
en silencio.
—Brock, hay algo que necesito decirte.
Aparentemente, esto despierta su interés ya que dirige su atención
directamente hacia mí, la preocupación grabada por todo su rostro.
—¿Qué pasa, M? ¿Estás bien?
El hecho de que se preocupe inmediatamente por mi bienestar solo
me hace sentir peor.
—Bueno, en realidad he oído de Ashton —admito, sintiéndome
arrepentida.
—¿Sabes algo de él? ¿Él te llamó?
—Um, no. Creo que ha estado tratando de disculparse. Me ha estado
enviando flores.
Brock frunce el ceño.
—¿Te ha estado enviando flores?
Asiento.
—¿Estas flores? —dice mientras señala los girasoles de mi escritorio.
—Sí. 100
—¿Y los lirios también?
—Sí, Brock. Déjame hacértelo más fácil: Él las ha enviado todas.
No menciono las tarjetas adjuntas, y lo que dicen, ya que estoy
tratando de pintarlo de la mejor manera. Lo último que quiero es
interponerme entre los dos hermanos más de lo que ya lo hice. Puedo ver
las ruedas girando dentro de su cabeza mientras golpea su dedo índice en
su barbilla.
—Bueno, tal vez arreglar las cosas contigo primero es su manera de
tender la mano.
—Sí, tal vez —digo con una sonrisa tímida.
—Así que, si no podemos ponernos en contacto con él, ¿entonces tal
vez puedas intentarlo?
Me estremezco.
—No lo sé, Brock. Realmente no quiero meterme en medio de todo
esto.
Brock parece decepcionado, e instantáneamente siento
remordimientos.
—Bien, le enviaré un mensaje y le pediré que se reúna conmigo
mañana. Puedo decirle lo que me dijiste, y luego él puede decidir por sí
mismo.
El rostro de Brock se ilumina, pero mi estómago se enreda. No estoy
segura de poder confiar en mí misma a solas con él. Recuerdo que se
supone que tengo que ir al mercado de granjeros del centro mañana para
conseguir productos frescos para la noche del estreno, y se me ocurre que
puedo hacer que él se reúna conmigo allí. Brock salta, casi se lanza sobre mí
y me abraza estrechamente.
—Eres la mejor, ¿lo sabías?
—Bueno, ya lo sé —le dije—. Pero puedes recordármelo tantas veces
como quieras —añado con un guiño.
—Trato hecho. Al menos una vez al día, todos los días, durante los
próximos dos años —dice mientras sostiene su mano sobre su corazón.
Me rio y saco mi teléfono para mandar un mensaje a Ashton. Mis
dedos tocan la pantalla mientras trato de escribir el mensaje más neutral
posible. Su respuesta es casi instantánea, como si hubiera estado esperando
junto al teléfono a que le enviara un mensaje. Está de acuerdo en reunirse
101
conmigo, diciéndome que lo está esperando. Brock parece un poco
perturbado, probablemente porque ha estado tratando de ponerse en
contacto con su hermano desde hace días sin resultados.
—Ya veremos. Tal vez todo se aclare mañana.
Sonríe.
—Eso espero. Necesitaré que sea el padrino de nuestra boda —dice
con una sonrisa—. Hablando de nuestra boda...
Me echo a reír a carcajadas.
—¿Acabas de cambiar a una conversación sobre nuestra boda?
Brock se ríe conmigo.
—Tal vez perdiste tu vocación como presentador de noticias.
—Crees que eres graciosa.
—Hmmm, ¿Quizás perdí mi vocación como comediante? ¿Qué
dices? ¿Debería cambiar el delantal por un micrófono?
—Quédate con el delantal —dice—. Porque las risas son divertidas y
todo eso, pero prefiero tener la barriga llena.
Echo la cabeza hacia atrás y me rio.
—¿Ahora quién hace bromas? —digo, negando con la cabeza.
—Nos estamos saliendo del tema. Quería pedirte un favor.
—Estás simplemente lleno de eso hoy, ¿no?
—Bueno, este es más para Gigi.
—Oh, ¿por qué no lo dijiste? Sea lo que sea, me apunto.
—Ni siquiera sabes lo que es. Tal vez quieras averiguarlo primero.
—Hmmm, eso suena siniestro.
Se ríe.
—Aun así, estoy dentro. Cualquier cosa por Gigi —digo con una
sonrisa.
—Escucha, hablo en serio. Si es demasiado raro para ti, puedes decir
que no.
—Suéltalo, Brock. ¿Qué es esto?
—Quiere que te pongas el vestido de mamá.
102
—¿El vestido de tu mamá? ¿Su vestido de novia?
—Sí.
—Oh.
Por un momento, no estoy segura de cómo reaccionar. No me parece
que sea lo correcto. Aunque todos los demás piensen que estamos
enamorados y que este matrimonio es real, los dos sabemos que no es así.
Me hace sentir culpable.
—Si te preocupa que el vestido se vea horrible, te aseguro que el
vestido es impresionante, y podemos hacer cualquier alteración necesaria.
—Brock, no podemos hacer eso. Ese vestido es especial. No puedes
desperdiciarlo conmigo.
—¿Con quién más voy a desperdiciarlo? Puedes estar segura de que
serás mi única esposa —bromea.
—¿Te estás olvidando de tu hermano? ¿Y si se casa? Su futura novia
tal vez quiera usarlo y se lo perderá porque yo ya lo usé.
—Pero Gigi quiere que tú te lo pongas. Además, el día que Ashton
Walker diga “acepto” es el día en que el infierno se congele y los cerdos
vuelen.
Odio estar igualmente contenta y herida por esa última parte.
—No estoy segura de esto, Brock. Gigi no se da cuenta de que este
matrimonio no es real. No quiero mancillar el recuerdo de su hija con su
vestido.
Toma mi mano en la suya y me mira a los ojos.
—Me entristece que mis padres no vayan a estar en mi boda. Nunca
han estado presentes en ninguno de nuestros grandes momentos, y creo
que, si mi mamá estuviera hoy aquí, le encantaría que te pusieras ese
vestido. Contigo llevándolo, será como si parte de ella estuviera en mi boda.
Sí, significaría mucho para Gigi, pero también para mí. ¿Podrías por favor
considerarlo?
Lágrimas arden en las esquinas de mis ojos. ¿Cómo se supone que voy
a decir que no a eso?
—¡Oye! No es justo que traigas a parientes muertos para ganar tu 103
discusión —le digo mientras le doy una palmada en el brazo.
Brock se encoge de hombros y me sonríe.
—En el amor y en la guerra todo vale.
Pongo los ojos en blanco.
—Bien —acepto—. Si realmente significa tanto para los dos, entonces
puedes decirle a Gigi que sería un honor llevar el vestido de tu madre.
Un Brock radiante se inclina y me da un beso en la mejilla.
—Gracias —dice dulcemente—. De los dos.
—Cualquier cosa por mi futuro exma.
—Lo siento, ¿tu qué?
—Bueno, en unos dos años, cuando nos divorciemos, tú serás mi ex
marido. Por lo tanto, mi exma digo con un guiño.
Brock se ríe a carcajadas.
—Retiro lo dicho. Tal vez necesitas probar suerte como comediante.
—Por suerte para mí, si el negocio de los restaurantes no sale bien,
siempre tendré una carrera de reserva. ¡Anotación!
Los dos nos reímos.
—Me muero de hambre —anuncia Brock—. ¿Qué tal si nos llevo a
cenar?
—Me encantaría —digo con una sonrisa.

104
Ashton
Casa de Naipes
Por primera vez en días, me siento renovado y listo para enfrentarme
al mundo. He decidido dejar la rutina de sentir lástima por mí mismo y
empezar a concentrarme en lo positivo. Hasta esta mañana, Mackenzie aún
no había respondido a ninguno de mis intentos de contactar con ella. Pero
hoy me envió un mensaje, pidiendo reunirse conmigo. Sé que no se da
cuenta de lo que siento por ella, y aunque no sienta lo mismo, no me rindo. 105
Haré lo que sea para ganármela. No me haré a un lado como lo hice con
el puesto de CEO. Sé que sintió algo cuando la besé; no hay manera de que
no lo hiciera. Ese beso fue intenso, y en cuanto a los primeros besos, fue
memorable. Solo su recuerdo arde como un fuego en mi mente.
Pero no puedo pensar en eso ahora mismo. Tengo que empezar a
poner mi vida de nuevo en marcha. Mientras que andar deprimido por mi
apartamento sin nada más que hacer que pensar en Mackenzie es
divertido, difícilmente es productivo. Es hora de ir a limpiar mi oficina en
Walkers Inc. y empezar a pensar en lo que quiero hacer a continuación. Me
ducho, me visto y me subo a un taxi. Se siente una extraña nostalgia cuando
llegamos a la entrada principal. Este edificio ha sido mi vida durante tanto
tiempo, y me ha encantado, todavía me gusta. Miro el rascacielos y lo
admiro mientras el sol brilla en las ventanas. Entro en el edificio y voy directo
a los ascensores.
—¡Sr. Walker, ha vuelto!
Mierda.
Esperaba evitar a la gente, pero me doy la vuelta y le sonrío a la
recepcionista.
—Buenos días, Ashley.
Ella resplandece, claramente contenta de que me las arreglara para
recordar su nombre. Me pregunto si se dio cuenta de que es mi visión de
veinte y veinte lo que me ayudó a notar la placa con su nombre desde tan
lejos.
—Buenos días, señor.
Le hago un gesto con la cabeza cuando se abren las puertas del
ascensor y subo dentro. La niña sigue mirándome con una sonrisa tonta en
la cara hasta que las puertas de metal se cierran. No teniendo ningún deseo
de tener más de estos roces, saco mi llave maestra de mi bolsillo para poder
pasar por encima de cada piso e ir directamente a la mía. Camino
directamente a mi oficina y a medida que me acerco, mi asistente Kevin se
pone de pie.
—Sr. Walker. No sabía que volvería hoy. ¿Quiere un poco de café,
señor?
—No, Kevin. Gracias. Necesitaré un par de cajas, por favor.
Parece confundido por un momento, como si le hubiera dado una
tarea imposible. Cuando entro en mi oficina, puedo ver por qué. Ya la han
vaciado.
106
—Ah, ya veo. No importa lo de las cajas —le digo con una sonrisa
tranquilizadora.
Asiente.
—¿Está mi hermano?
—Creo que sí, señor.
—Bien, creo que es hora de que le haga una pequeña visita.
Voy a la oficina de Brock con determinación. Su asistente se pone de
pie, pero antes de que pueda decir algo, la detengo.
—Solo serán unos segundos, querida. Cálmese. Asumiré toda la
responsabilidad —digo mientras paso de largo.
Ya he abierto la puerta de su oficina antes de que ella pueda
responder.
—El señor Walker está subiendo, señor. Hubo una reunión de marketing
en el séptimo piso.
—Está bien, entonces. Esperaré aquí mismo. Tomaré un café, por
favor.
Me mira, sin saber qué hacer.
—Pregúntale a Kevin cómo tomo mi café. Estará encantado de
mostrárselo —digo con desdén.
Es un poco mezquino, pero la chica me pone de los nervios. Siempre
lo ha hecho.
—Sí, señor —dice al salir de la habitación.
Me acerco a la ventana y miro hacia afuera. Su vista aquí es bonita,
pero no tanto como la de mi antigua oficina. Me pregunto si está planeando
mudarse a mi antigua oficina cuando observo un marco de fotos en su
escritorio que no estaba allí antes. Curioso, voy a su escritorio y recojo el
marco. Es una foto de él y Mac. Se están riendo, me imagino que de algún
tipo de broma interna. Odio esta foto porque debería estar yo con ella. No
soporto la idea de que se case con mi hermano o con alguien más. Pongo
el marco de nuevo en el escritorio, y mi mirada cae en una carpeta de
manila con su nombre en ella. ¿Por qué tiene un archivo con su nombre? Ni
siquiera considero no abrirlo. Empiezo a hojear el contenido de la carpeta y
mi sangre empieza a hervir. Mi corazón late fuerte y a un ritmo rápido dentro
de mi pecho, tan fuerte que puedo oír el latido de mis oídos. Empiezo a 107
sentirme mal del estómago, y cuanto más leo, más enfermo me siento.
Ahora puedo verlo claramente. Esto fue planeado desde el principio. Me
pregunto cuánto tiempo le llevó vaciar completamente mi oficina. La
puerta de la oficina de Brock se abre mientras entra corriendo.
—¡Ashton! ¡Estoy tan feliz de verte! Hemos estado muy preocupados.
Le has dado a Gigi un ataque de nervios.
Aprieto los puños a los lados, arrugando un poco la carpeta que tengo
en la mano. Miro a Brock y trato de controlar mi ira, pero mis fosas nasales se
abren en el momento en que mis ojos se posan sobre su rostro.
—¿Sí? ¿Gigi y Pops también lo saben? —grito mientras agito la carpeta
en el aire.
La cara de Brock se torna confusa, pero veo el momento en que la
bombilla se enciende y se da cuenta de lo que tengo en la mano.
—No.
—¿Tratas tu matrimonio como un negocio? ¿Te importa una mierda
ella? ¿Sabe que no te importa?
—Mackenzie sabe exactamente cuánto me preocupo por ella. Sé
que estar conmigo no es un premio, así que endulcé el bote.
—¿Endulzaste el bote? —digo, furioso—. ¿Estás bromeando con esto?
¿Saliste y te compraste una maldita esposa? Espero que el sexo valga al
menos la pena, porque por lo que puedo decir, ese lugar cuesta bastante
dinero.
—No seas grosero, Ash.
Una risa se me escapa de la garganta, y suena amarga y
estrangulada, incluso para mí. Paso por su oficina, forzándome a
mantenerme alejado de Brock porque me está costando todo lo que tengo
para no darle una paliza. Hizo trampa. Me engañó con todo por lo que he
trabajado toda mi vida, y me ha engañado para que no esté con Mac. Es
esa última parte la que me hace ver rojo. Mis respiraciones están saliendo
de mis pulmones rápidamente, como si estuvieran tratando de mantener el
ritmo de mis latidos cardíacos acelerados.
—Escucha, Ashton. Tú no lo entiendes.
—Oh, lo entiendo perfectamente. Ahora más que nunca. Veo que no
has perdido el tiempo para sacarme de aquí completamente, ¿eh?
—¿Qué? —dice, pareciendo confundido. Se rasca la cabeza. —No,
maldita sea, Ashton. Escúchame, por el amor de Dios.
108
—No. ¿Sabes una cosa? Ya he visto y oído suficiente. Me alegro de
saberlo ahora. Puedo dejar de torturarme.
Probablemente lo preparó para que yo también me enamorara de
ella. Todo esto ha sido una trampa para sacarme del camino y tomar la
posición de CEO. Bueno, si tanto lo quiere, que se lo quede.
—No lo entiendes, Ash —dice, enfatizando cada palabra.
—Por tu bien, será mejor que dejes de hablar ahora mismo, Brock.
Mis palabras están llenas de frustración y desdén. Tienes que amar el
olor de la traición por la mañana, pienso amargamente.
Comienza a abrir la boca para protestar, pero sus labios se cierran.
Aparentemente es lo suficientemente inteligente como para mantener la
boca cerrada. El deseo de golpearlo aumenta con cada momento. Incluso
cuando miro su ojo morado, todo lo que quiero hacer es darle un retoque.
Mis ojos se dirigen a la salida. Necesito salir de aquí. Miro a Brock, y nuestros
ojos se fijan.
—Ahora mismo, estoy tan asqueado contigo —digo enfadado—. Si
alguna vez ibas a ganar, debería haber sido porque eras mejor que yo, no
porque convirtieras a una mujer en una puta.
Lamento esas palabras en el momento en que salen de mi boca, pero
es demasiado tarde para retractarme. Han dado en el blanco porque las
orejas de Brock se ponen rojas antes que el resto de su cara. Puedo verlo
tratar de controlar su propio temperamento. Brock no es como yo; tengo
menos control sobre mis emociones. Brock, sin embargo, es una de las
personas más disciplinadas que he conocido. Cuando él grita sus siguientes
palabras, tengo que admitir que estoy un poco sorprendido.
—¡Cierra la maldita boca, Ashton! O con la ayuda de Dios, la cerraré
por ti. Si alguna vez te refieres a mi prometida como una puta de nuevo, será
lo último que hagas —ladra—. Y acosarla sexualmente, solo para
fastidiarme, es asqueroso. No volverás a ponerle un dedo encima,
¿entiendes?
Mis ojos se abren de par en par.
—¿Acoso sexual? ¿De qué carajo estás hablando?
—Besar a alguien contra su voluntad es acoso sexual.
Mi mente empieza a correr.
—¿Crees que la besé para fastidiarte? 109
Me mira como si hubiera dicho la cosa más tonta del mundo.
—¿Qué otra razón habría? ¿O fue solo porque podías?
—Debes ser literalmente la persona más tonta e inteligente que
conozco —digo.
Parece estupefacto.
—Mírame —exijo.
Sus ojos se dirigen a los míos.
—No la besé para fastidiarte. No la besé porque podía. La besé
porque no podía dejar de besarla. Estoy completamente enamorado de
ella, idiota.
Sus ojos se abren de par en par y su boca se abre. No puedo creer
que dejara escapar esas palabras. Aunque lo he sabido todo el tiempo,
decir las palabras en voz alta así lo ha hecho real. Y ahora está ahí fuera,
colgando entre nosotros, engrosando el aire. Nos miramos fijamente el uno
al otro por un momento, sin que ninguno de nosotros sepa realmente qué
decir. Maldita sea, ¿qué demonios he hecho ahora? Parece que no puedo
entenderlo todo, y ahora mismo hay demasiadas cosas entre nosotros como
para tratar de sentarme a hablar racionalmente.
—Felicitaciones, Brock —digo, mi voz desprovista de emoción—. Has
ganado.

Cuando entro en Morelli's, el lugar ya está vibrando. Hay una larga fila
esperando una mesa, pero todo lo que quiero es un asiento en el bar. La
comida en este lugar es genial, pero es lo último en lo que pienso ahora.
Ahogar mi dolor es lo que está en la agenda de esta noche. Encuentro un
lugar en la esquina de la barra y me siento en un taburete. Le digo al
camarero que quiero tres dedos de Macallan limpios, el más viejo que
tenga. Cuando me sirve la bebida, le paso un par de billetes de cien dólares
y mi tarjeta de crédito y le digo que deje la botella. Levanta una ceja, y
estoy seguro de que quiere discutir, pero cuando agarra los billetes y los
desliza en el bolsillo de su pecho, sé que lo ha pensado dos veces. Estoy
vertiendo un poco más de líquido ámbar en mi vaso cuando siento un 110
golpecito en mi hombro.
—¿Ashton Walker?
Me giro en mi asiento, y cuando lo hago, estoy cara a cara con
Mikaela Kingsley. Se ve increíble; es difícil negar que la mujer es hermosa.
—¿Día difícil? —pregunta mientras empuja la cabeza hacia la botella
que tengo delante.
—Se podría decir que sí —murmuro.
—¿Te importa si me uno a ti?
—No para nada, adelante.
Se desliza sobre el taburete vacío a mi lado.
—¿Quieres hablar de ello? —pregunta suavemente.
—Estoy bastante seguro de que tienes mejores cosas que hacer que
escuchar mis problemas.
Ella sonríe.
—Creo que puedo disponer de algo de tiempo.
—¿Quieres un trago? —pregunto.
—Claro, pero pediré algo un poco menos potente, si no te importa —
dice con un guiño.
Hace un gesto al camarero, quien casi se cae sobre sí mismo para
llegar a ella, y ordena un Kir Royale. Lo tiene delante de sí en cuestión de
segundos. Ella sonríe y agradece al camarero, que de mala gana se va para
atender a los otros clientes.
—Si vamos a estar haciendo todo esto de hablar y beber,
probablemente deberíamos poner algo de comida en nuestros estómagos
—dice, acariciando su vientre con la mano—. Porque tengo la sensación de
que tenemos mucho de qué hablar.
No he comido nada en días. He estado viviendo de bocadillos
calientes y bocados de pizza, así que una comida realmente suena bien.
Me doy la vuelta y miro la línea.
—Creo que puede tardar un poco —digo.
Se encoge de hombros.
—Tengo algunas conexiones aquí —dice con un guiño.
Mira a la anfitriona y levanta dos dedos. La anfitriona asiente, y menos
111
de cinco minutos después, camina hacia nosotros sosteniendo dos menús y
nos pide que la sigamos. Estamos sentados y ya hay bebidas esperando
mágicamente sobre la mesa.
—Esto es lo que yo llamo servicio —digo riendo.
Me pongo delante de la anfitriona y saco la silla de Mikaela para ella.
Se sienta con gracia, y yo me acerco a la silla que está enfrente y tomo mi
propio asiento. Comenzamos con una pequeña charla mientras
examinamos nuestros menús y pronto llega nuestra camarera. Nos comenta
algunos de los especiales. Mikaela pide un bistec con salsa bernesa, puré de
patatas y espárragos, y yo le digo a la camarera que me traiga lo mismo.
Sonríe, asiente y se va para poner en nuestro orden.
—Así que, ahora que está fuera del camino —comienza Mikaela—.
Hagámoslo. ¿Por qué estás aquí, claramente tratando de ahogar tus penas?
—Así de obvio, ¿eh?
—Ashton, tenías una botella de whisky caro frente a ti en el bar. Es
como si hubieras estado usando un letrero de neón que decía “ahogando
mis penas”. Realmente no fue difícil de deducir.
Tengo que reconocerlo, es muy perceptiva.
—Touché —murmuro mientras levanto mi vaso ante ella.
Tomo un gran trago del líquido ámbar, disfrutando de la quemadura
mientras se desliza por mi garganta.
—Hoy descubrí algunas cosas que han cambiado todo lo que creía
que era verdad.
—Así que finalmente te diste cuenta, ¿eh?
Mi frente se arruga. ¿Ella también lo sabía?
—¿Me di cuenta de qué?
—Que estás enamorado de la prometida de tu hermano —dice con
naturalidad.
Dejo salir una risa sorprendida.
—Y tú sabes esto, ¿cómo?
Mueve la cabeza mientras me lanza una mirada del tipo “no le
mientas a un mentiroso”.
—Mira, no estoy diciendo que fueras súper obvio, pero para alguien
como yo, que reconoce la mirada que tenías en tu cara cada vez que
112
estabas cerca de ella, fue fácil. Esa mirada en tu cara es la misma que tengo
cuando miro a Eric.
Estoy confundido por un segundo.
—¿Quién es Eric? —pregunto.
Mikaela me cuenta su historia, y eso me deja sin aliento. No era
consciente del hecho de que ella no recordaba los últimos cinco años de su
vida, ni sabía que casi fue asesinada dos veces por gente empeñada en
vengarse de su padre. Pero lo más desgarrador es el hecho de que ha
estado enamorada del mejor amigo de su hermano toda su vida, y no
puede seguir adelante. Ni siquiera puede mirar a otro hombre.
—Vaya —digo cuando termina su historia—. ¿Eric es sordo, ciego y
estúpido?
—En realidad —dice con orgullo—, Eric es uno de los abogados
jóvenes más talentosos de la zona.
—Espera un segundo —digo, frunciendo los labios—. ¿Te refieres a Eric
Hardwick?
—¿Has oído hablar de él? —dice con una sonrisa.
Asiento.
—Ciertamente lo he hecho. Acabo de terminar unos negocios con tu
hermano, y he tratado con Eric. Es muy astuto en verdad.
Ella pone su mano encima de la mía.
—Como puedes ver, sé lo que se siente amar a distancia. Adorar a
alguien y no poder expresarlo.
Tal vez es el hecho de que ella me contó toda la historia de su vida, o
tal vez es el hecho de que yo tengo la necesidad de purgarme, pero le
cuento todo. Le cuento de la primera vez que conocí a Mackenzie y cómo
no podía quitármela de la cabeza. Cómo me sorprendió la cena en la casa
de mi hermano, donde resultó ser no solo su nueva novia, sino también su
prometida. Digo cómo lucho para dejar de pensar en ella, y lo imposible
que es no tocarla cada vez que estoy cerca de ella. Le cuento cómo mis
abuelos eligieron a Brock para ocupar el cargo de CEO y por qué. Le hablo
del beso que puso fin a todos los besos. Y justo cuando pensó que había
terminado, la golpeo con lo que descubrí hoy. El contrato entre Brock y
Mackenzie, y cómo los dos están tratando su inminente matrimonio como
nada más que un negocio. Cómo me siento traicionado por Brock y 113
Mackenzie. Mikaela escucha atentamente, sin interrumpirme ni una sola vez.
Ella me deja sacarlo todo, y no siento que me juzgue, ni por un segundo.
—Creo que no estás mirando la imagen completa —dice mientras
golpea pensativamente el dedo índice contra sus labios.
Levanto una ceja.
—¿Qué te hace decir eso?
Solo sonríe.
—Solo creo que tal vez necesites obtener más datos antes de decidir
cuál es la historia completa.
—¿Sabes más de lo que dices?
—He compartido todo lo que puedo compartir contigo.
—Entonces, ¿hay más?
Se encoge de hombros.
—No es mi historia que contar, Ash. Pero creo que, si profundizas un
poco más, puedes encontrar algunas de las respuestas que buscas.
Ella levanta su copa, y yo levanto la mía en reacción.
—Levantemos nuestras copas por los que amamos a distancia.
Nuestras copas tintinean al hacer contacto.
—Salud.

114
Mackenzie
A las escondidas
Aparentemente, el que yo llevara el vestido de su madre era una
conclusión previsible porque la prueba está programada para esta noche,
¡y me lo pidió hace solo cinco minutos! Al mismo tiempo, Brock también está
atento e invitó a Amber. La prueba es en la casa de Gigi y Pop en los
Hamptons, y Amber está encantada. Nunca ha tenido un conductor que no
sea un taxista, y está eufórica con todo el viaje hasta aquí. Cuando llegamos 115
a casa de Gigi, me entero de lo que realmente está pasando: una prueba
de vestido y una mini despedida de soltera. Es dulce, pero muy inesperado.
Resulta que, Gigi sí que sabe hacer una fiesta. Ella ha hecho un
esfuerzo, y cuando llegamos a la casa, nos saluda un servidor con una
bandeja de copas de champán. Luego nos llevan a una habitación en la
parte de atrás de la casa que está preparada como camerino, y es
entonces cuando veo el vestido por primera vez. Estoy tan contenta que dije
“sí al vestido” antes de verlo porque es fácilmente el vestido más
impresionante que he visto en mi vida. Encarna el glamour de antaño y tiene
un escote en V. La silueta clásica de línea A tiene una ilusión de espalda
abierta con hermosos botones de seda y está hecha de encaje de
lentejuelas en celosía. El vestido tiene un precioso tren de ondas, y cuando
entro en él, me siento como una princesa. Por suerte, hay una chica que me
ayuda a ponerme el vestido porque definitivamente necesito ayuda para
ponérmelo. Cuando salgo de detrás de la mampara y camino hacia el
enorme espejo en el centro de la habitación, tanto Gigi como Amber
empiezan a llorar. Me subo al pequeño escenario frente al espejo y giro
mientras admiro el vestido en el reflejo.
—Se ve exactamente como pensé que se vería. Es perfecto para ti. Te
ves impresionante, Mackenzie —dice Gigi mientras se frota los ojos.
Mis ojos se dirigen hacia Amber, que es un desastre de lloriqueo y
asiente con entusiasmo.
—Este vestido es absolutamente magnífico, Gigi. Es un honor usarlo.
No creo que hubiera podido encontrar un vestido más perfecto si hubiera
buscado por todo el mundo —digo con una sonrisa agradecida.
—Gracias por llevarlo puesto, Mackenzie. Sé que la mayoría de las
niñas quieren un vestido nuevo, pero esto significa mucho para Brock y para
mí —dice mientras toma mis manos en las suyas—. Nunca estuve segura de
que algún día podría traspasar este vestido, ya que nuestros dos hijos son tan
reacios a tener citas. Honestamente, pensé que los dos morirían solos. Ni
siquiera creo que Brock mirara a alguna chica antes de conocerte.
Gigi ni siquiera sabe cuánta razón tiene. Verla tan emocionada...
hace que me sienta mal por el hecho de estar engañándola. Trago con
fuerza y espero que mi expresión facial no me delate.
—Bueno, el vestido puede ser tu algo viejo y algo prestado, y yo tengo
tu algo nuevo —dice Amber con una sonrisa.
—Y yo tengo tu algo azul. 116
Me doy la vuelta y encuentro a Mikaela Kingsley entrando.
—Te ves preciosa, Brock me invitó. Espero que esté bien.
Me acerco a Mikaela y la abrazo.
—Gracias por venir —le digo con una sonrisa genuina.
Caminamos hacia la sala de estar, donde me acomodo con cuidado
en el asiento, temiendo que pueda dañar este extraordinario vestido. Amber
excava en su bolso y saca una pequeña caja de Tiffany Blue. Se levanta, y
con una sonrisa alegre pintando sus rasgos, me la entrega. Levanto la tapa
y jadeo cuando veo el delicado brazalete de plata. Me emociono aún más
cuando noto que tiene mi piedra de nacimiento. Estoy llorando, algo que
no es propio de mí.
—Es hermoso, Amber. Muchas gracias —digo.
Me levanto y ella me abraza. Nos aferramos la una a la otra por un
momento. Estoy tan contenta de que esté aquí conmigo, ya que no
esperaba que el vestido fuera tan emotivo.
—¡Mi turno! —dice Mikaela con entusiasmo mientras aplaude.
Eso me hace sonreír.
—Bien, me han pedido que te dé algo azul, y espero que te guste. Lo
diseñé yo misma —dice mientras me entrega una pequeña bolsa de
terciopelo azul. Tiro de la cuerda y se abre. Cuando alcanzo el interior,
levanto una delicada liga entre dos dedos. Está hecho de seda azul y está
decorado con hermosas joyas.
—Oh, Mikaela. Es absolutamente encantador. Muchísimas gracias.
Camino hacia ella y le doy un gran abrazo. Esto fue muy dulce de su
parte.
—Muchas gracias a todos. No me esperaba todo esto —digo,
entusiasmada.
Me siento como un gran fraude. Además de Amber, estas señoras
piensan que me estoy preparando para casarme con el amor de mi vida.
Todo el esfuerzo que están poniendo en esta boda me hace sentir culpable.
Estoy agradecida de que Amber insista en ayudarme a quitarme el vestido
porque necesito un minuto con ella.
—No te sientas mal —susurra—. Probablemente le estás haciendo un
gran favor. Es muy probable que no vea a nadie usar el vestido de su hija
para casarse con uno de sus nietos.
117
Sé que está tratando de hacerme sentir mejor, pero sus palabras
tienen el efecto contrario.
—Ella ha sido tan increíble, y siento que estoy traicionando la memoria
de su hija.
Amber sonríe.
—¿Sabes lo que pienso? Creo que la mamá de Brock está mirando
hacia abajo y está agradecida de que estés ayudando a su hijo de esta
manera.
Sus palabras me hacen sentir un poco mejor. Nos tomamos un
momento para abrazarnos. Para cuando me he quitado el vestido y estoy
de vuelta con mi ropa normal, me siento de mejor humor.
Brock está muy molesto porque Ashton pasó por la oficina esta
mañana temprano. No estoy cien por ciento segura de lo que pasó, pero a
juzgar por la llamada telefónica que acabo de recibir de Brock, no fue
bueno. Estoy convencida de que Ashton no se presentará hoy en el
mercado agrícola. Brock me dijo que estaba muy molesto cuando se enteró
de nuestro trato. Por lo que él sabe, solo soy una cazafortunas, e incluso llegó
a llamarme puta. No voy a mentir, eso me duele. Para ser justos, no sabe que
Brock es gay o que yo soy su tapadera. Pero, aun así, duele. Por si acaso
decide aparecer, me voy dos horas antes de lo que dije que haría y me llevo
a Amber conmigo como amortiguador.
El Mercado Verde de Union Square tiene productos increíbles, y me
siento como un niño en una tienda de dulces. El sol nos ha agraciado con
su presencia, y el mercado está lleno de gente. Me encanta el ambiente de
ajetreo y bullicio; me pone en mi elemento. Hay una multitud de puestos que
venden de todo, desde frutas y verduras frescas, hasta flores y caramelos
exóticos, salsas y licores destilados, pretzels e incluso productos horneados.
Después de años de amistad, descubro que Amber es una increíble
regateadora y decido en ese momento que tendrá que venir a estas
compras conmigo más a menudo. Miro como ataca a su presa. 118
—Escucha amigo, me estás matando. Estos tomates son bonitos,
seguro. Pero a ese precio, no puedo permitirme el lujo de vender al por
mayor, y quién sabe cómo se verán en un par de días. Tienes que
deshacerte de ellos, así que ayúdame a ayudarte.
El pobre hombre ni siquiera sabe lo que le golpea, y ha sido
convencido de que está en un rincón, ella es muy buena en eso. Intento con
todas mis fuerzas no reírme, pero tengo que dar la vuelta y fingir que estoy
absorta en mi teléfono. Encontramos todo lo que necesitamos con bastante
rapidez, y Amber se las arregla para conseguir ofertas en cada uno de los
puestos a los que vamos. Nos entregarán casi todo, ya que los pedidos son
grandes. Cuando miro mi reloj y me doy cuenta de que le dije a Ashton que
me encontrara aquí dentro de treinta y dos minutos, me pongo nerviosa.
—Bien, creo que lo tenemos todo. Vamos —digo apresuradamente.
Amber hace pucheros.
—Pero yo quería un batido.
—Te haré diez batidos cuando volvamos al restaurante. Vámonos de
una vez.
—Agh, bien. Pero más vale que vengan con un bocadillo.
—Bien —ladro—. Vámonos.
Empezamos a caminar hacia el tren cuando veo que Ashton se
acerca.
Mierda.
Dado que la mayoría de los stands están situados delante de los
camiones, ofrecen una cobertura sorprendente.
—Ven —siseo mientras me meto entre un par de puestos y me
escondo entre dos camiones. Amber se agacha entre los camiones
conmigo, sin hacer preguntas. Uno de los propietarios se fija en nosotras y
nos mira con suspicacia. Se acerca y le dice algo a la mujer que está con
él. Me temo que nos va a decir que nos vayamos y nos descubra. Su esposa,
creo que es su esposa, se acerca a nosotros.
—Se supone que no deberías estar allí, sabes. ¿Puedo ayudarlas,
chicas? —dice con la mano en la cadera.
No estoy segura de qué decir. Evalúo a la mujer que tenemos delante.
Su rostro amigable está desprovisto de maquillaje, pero es lo suficientemente
atractivo como para serlo solo con su rostro en forma de corazón y sus 119
grandes ojos azules como una tormenta. Es fuerte, bajita y me recuerda a
mi tía Pat. Miro a Amber, sin saber muy bien qué decir, así que ella toma la
iniciativa en este caso.
—Ex loco, ¿sabes? El tipo de acosador —susurra Amber en voz alta.
La mujer nos mira un segundo, como si estuviera evaluando la
situación. Un ceño fruncido arruga su frente. Mis ojos se dirigen hacia donde
Ashton está parado, y él se está volviendo hacia nosotros.
—Agáchate —muerdo.
Aunque hablaba con Amber, la mujer se agacha con nosotros
instintivamente. Los tres estamos agachados entre los camiones.
—¿Se ha ido? —susurro.
Amber se levanta lentamente y escanea el área.
—Está parado a un par de puestos —susurra—. Creo que te está
buscando, M.
—No bromees, ¿por qué crees que quería irme? —digo, un poco más
fuerte de lo que pretendía.
—Shhhhh —advierte la señora.
Mis ojos se dirigen a Amber, que vuelve a agacharse. El humor baila
en sus ojos, y me tapo la boca para no reírme. Esta completa extraña está
totalmente interesada en que nos escondamos de Ashton.
—¿Cuál es? —pregunta.
—¿Ves a ese tipo de ahí con un traje? ¿Sabes el que sobresale como
un pulgar dolorido?
La mujer se levanta un poco para echar un vistazo, y le da a Ashton
una mirada.
—Bueno, maldita sea —dice—. Si no quieres que te acose, puedes
decirle que puede acosarme en cualquier momento.
Miro a nuestro alrededor y nos agachamos los tres, y la ridiculez de la
situación me golpea. Me pongo la mano sobre la boca y trato de tapar el
sonido de mi risa.
—Bien, escucha. Esto es ridículo —dice Amber—. Me acercaré a él y
le diré que no vas a venir. No podemos escondernos aquí todo el día. No se
sabe cuánto tiempo esperará.
—No, espera —siseé.
120
Pero llego demasiado tarde. Ya se ha puesto de pie y se dirige hacia
Ashton.
Mierda.
Me estoy agarrando el cuello tratando de ver qué está pasando. Ella
lo alcanza y él le sonríe. Pero la sonrisa se desvanece y su expresión se
endurece. No estoy segura de lo que ella le está diciendo, pero puedo decir
que no le gusta porque la tristeza nubla sus rasgos. Verlo así no me hace feliz.
Asiente y se da la vuelta, pero cambia de opinión. Se da la vuelta y le dice
algo antes de irse en la dirección de la que vino, que es por donde yo estoy
pasando. Me agacho de nuevo y mis hombros se desploman al suspirar
profundamente. La mujer, que todavía está agachada a mi lado, pone su
mano sobre mi hombro.
—¿Estás bien, querida? —pregunta con preocupación en su tono.
Tengo miedo de hablar porque no estoy segura de poder
mantenerme firme, así que asiento. Amber ha regresado a nosotros y me
mira con consternación escrita en toda su cara.
—Se ha ido —anuncia.
Mis ojos se dirigen hacia la mujer, y mientras todos nos levantamos, le
ofrezco mi mano.
—Me llamo Mackenzie —digo, presentándome—. Y ella es Amber.
Gracias por dejarnos escondernos un rato.
Fuerzo una sonrisa.
—Está bien, querida. Me llamo Clara, y ese viejo apuesto de allí es mi
marido, Tom.
Ella echa una mirada amorosa a su marido, que nos mira y sacude la
cabeza.
—Creo que Tom piensa que estamos un poco locas —dice Amber
riendo.
Clara ríe.
—Bueno, está acostumbrado a mis travesuras. Después de treinta y
tres, casi treinta y cuatro años de matrimonio, tiene que estarlo —dice
mientras nos guiña el ojo.
—Oh cielos, eso es maravilloso. Enhorabuena. Eso es todo un logro. 121
—Y estoy segura de que tu prometido y tú también tendrán un
matrimonio largo y feliz.
Mis cejas se juntan en confusión.
—Noté tu anillo, querida —dice mientras asiente hacia el enorme
diamante de mi mano izquierda.
No tiene forma de saber que mi inminente matrimonio tiene una fecha
de vencimiento fija y que el amor, el tipo de amor que comparte con su
marido, simplemente no está en las cartas para nosotros. Es extraño que esta
sea la primera vez que el pensamiento me hace sentir un poco vacía.
—Gracias, Clara. Espero que tengas razón.
—¿Cuándo es su aniversario? —pregunta Amber.
Clara sonríe.
—En realidad, nuestro aniversario es mañana.
Amber y yo compartimos una mirada, y creo que tenemos la misma
idea.
—Bueno, nos gustaría agradecerle su ayuda. Si aún no tienes otros
planes, mi restaurante abre sus puertas mañana. Me encantaría que tú y
Tom vinieran y disfrutaran de una comida para celebrar su aniversario, la
casa invita, por supuesto. Y si mañana no funciona, la invitación está abierta
para cuando quieras. Amber dirige la recepción y se asegurará de que
podamos acomodarlos.
—Qué oferta tan generosa —dice Clara con una gran sonrisa—. Nos
encantaría aceptarlo.
Le damos la dirección y le decimos que nos llame cuando decida a
qué hora quiere venir. Nos da un abrazo a los dos antes de irnos.
—Vengan y escóndanse conmigo en cualquier momento, chicas —
grita.

122
Mackenzie
No rompas mi corazón
Finalmente está aquí. La noche de apertura. Y aunque debería estar
emocionada, todavía me siento mal por lo de ayer. Mi mente se desvía
hacia la conversación que tuve con Amber mientras caminábamos hacia
el tren. En el camino, le pregunté qué le dijo a Ashton. Me dijo que le dejó
claro que Brock me le había contado todo, y que yo no quería verlo después
de eso. 123
—¿Eso es todo? —le pregunté.
—Sí. ¿Por qué?
—Porque parecía tan triste.
Se encogió de hombros.
—Sabe que metió la pata. Fue un idiota por decir las cosas que dijo.
Caminamos un poco más, sin que ninguna hablara por un minuto.
—¡Oh! También me dijo que te dijera que debes saber que aún no lo
siente.
Sigue diciendo eso, pero yo lo siento porque no puedo quitármelo de
la cabeza. Tengo que olvidarme del beso... y de él.
Sacudo la cabeza, tratando de despejar mi mente. He estado en la
cocina preparándome desde las nueve de la mañana. Tengo personal, por
supuesto, pero soy tan anticuada que me resulta difícil renunciar al control.
He trabajado tanto y tan duro para llegar aquí, y ahora que por fin llegó,
necesito que todo sea perfecto.
—Todo está sucediendo —dice Amber con voz cantarina mientras
entra en la cocina.
—¿Cómo va todo en la parte delantera?
—Todo y todos están listos para empezar. No te preocupes por eso.
Pongo los ojos en blanco ante sus palabras, para su diversión. Miro
alrededor de la cocina, revisando mentalmente mi lista de control. Sonrío
cuando estoy satisfecha de que todos los puestos estén marcados.
—Creo que estoy lista para empezar aquí, también —digo.
—Muy bien, ve a ducharte y ponte un uniforme nuevo. Entonces
podemos hacer un brindis rápido antes de abrir las puertas.
Amber me lleva a mi oficina, y como una ducha suena bien, la
escucho.
Después de una ducha rápida, me siento fresca. Pero las mariposas
en mi estómago están fuera de control. Estamos llenos hasta el cierre y el
resto del mes, gracias a los muchos contactos de Mikaela y a las críticas de
comida. Mikaela dice que es el misterio que rodea al nombre, aún por
anunciar, el que ha creado también cierta expectación. Entro en el
comedor y una sensación de logro me invade. El lugar se ve increíble, incluso
mejor de lo que me imaginaba cuando empezamos. Es difícil creer que este 124
lugar estaba en ruinas hace apenas unas semanas. Amber y Alex están
hablando con Brock y Mikaela cuando me acerco.
—Por fin —dice Amber cuando me uno a ellos—. ¿Podemos
finalmente abrir esto? —dice mientras sostiene una botella de Perrier-Jouët
Belle Epoque.
Mi champán favorito.
Me burlo de ella.
—Por supuesto, comencemos la fiesta —digo.
—¡Discurso! —dice Amber en voz alta.
—¡Sí, habla! —interviene Mikaela.
Sacudo la cabeza.
—Vamos, M. Danos unas palabras —dice Brocks mientras me da una
copa.
Le quito la copa y la levanto.
—Bien, entonces —digo—. Pero recuerden que ustedes pidieron esto
—advierto.
Amber ríe.
—Chicos, me encuentro esta noche aquí asombrada. Impresionada
por cada uno de ustedes y su duro trabajo y dedicación para ayudar a que
mi sueño se haga realidad. Después de lo que Chris me hizo, pensé que
nunca me iba a pasar.
Me giro ligeramente para mirar a Brock.
—Pero entonces te conocí, Brock, e hiciste posible creer en mi sueño
otra vez. Te adoro por eso —digo mientras sonrío.
Me giro un poco a la izquierda.
—Amber, has sido mi mejor amiga durante tanto tiempo. No recuerdo
una época en la que no fuéramos amigas. Siempre has sido mi mayor
animadora y mi luz en los días más oscuros. Has renunciado a la seguridad
laboral y lo has dejado todo para venir a ayudarme con el restaurante. Estoy
tan agradecida de que estés en este viaje conmigo. Te amo.
Me mira, las lágrimas brillan en sus ojos.
—Basta, M. Vas a arruinar mi maquillaje. —Sorbe—. No estaría en
ningún otro lugar. Tú lo sabes. Sé que este lugar va a ser un gran éxito, y estoy
contenta de ser parte de ello —grazna. 125
—Alex, lo mismo va para ti. Estoy agradecida de tenerte aquí, y te
adoro. Lo sabes. Sé que tenías un gran trabajo, y lo dejaste para trabajar
con las dos chicas más locas que conoces. Supongo que nos hemos
acostumbrado a ti, ¿eh?
Se ríe entre dientes.
—Bueno, podría decir que Amber me obligó, pero en realidad le
rogué que me aceptara. Siempre seré parte de tu equipo.
Le sonrío y me dirijo a Mikaela.
—Mik, tú y yo nos hemos hecho amigas rápidamente a través de todo
esto, y estoy tan feliz de que tú y tus piernas de diez kilómetros de largo
hayan entrado a este lugar. Has sido tan fundamental en convertir mi visión
de este lugar en una realidad e incluso has superado mis expectativas.
Espero que sepas que ahora estás atascada con nosotros porque te
adoramos —digo con un guiño.
Ella sonríe.
—Ídem, por supuesto. Y para que quede claro, eres tú la que está
atascada conmigo de por vida —dice ella con una risita.
—Bien, chicos, ¿están listos para averiguar cuál será el nombre de este
buen establecimiento?
—¡Sí! —dicen al unísono.
—Bien, síganme. ¡Brindemos afuera!
Todos me siguen afuera y les digo que se tapen los ojos. Tengo un
pequeño control remoto que enciende la luz y quito la cubierta del letrero.
Cuando se enciende mi cartel, me pongo a llorar.
—De acuerdo —digo—. ¡Pueden mirar! ¡Bienvenidos a Indigenous,
chicos!
Mikaela aplaude.
—¡Oh, me encanta ese nombre! ¡Es perfecto!
Brock pone su brazo alrededor de mi hombro y me empuja contra él.
—Recibe el sello de aprobación del marido —dice mientras me guiña
el ojo.
—¡Gah! Me encanta tanto, M —grita Amber.
—¡Bueno, chicos, es hora de brindar! —interviene Alex.
126
—Por Indigenous —decimos todos al unísono mientras nuestras copas
hacen contacto—. Salud.
Tomamos un sorbo de nuestro champán y volvemos a entrar, listos
para que la noche comience de verdad.

No puedo creer lo bien que va todo en mi cocina esta noche. Los


pedidos están saliendo como un reloj, y no hemos tenido nada más que
buenos comentarios hasta ahora. Tampoco se ha devuelto ni un solo plato.
Estoy ocupada preparando un plato cuando Amber entra en la cocina.
—Es hora de que camines por el comedor y saludes a los invitados —
dice Amber.
Hago una mueca.
—Estoy muy ocupada ahora mismo —protesto.
—Tonterías. Pueden manejar la cocina por unos minutos. ¿Cierto
chicos? Díganselo.
—Podemos manejarlo, chef —dice Martin, mi Sous-chef.
—Sí, Chef. Lo tenemos —dice Hannah, mi chef pastelera.
Gimo.
—Además, Clara y Tom están aquí. Tienes que venir a saludar.
—Bien —me quejo—. Déjame lavarme las manos primero.
—De acuerdo, me adelantaré —dice—. No me hagas volver y sacarte
a rastras —dice por encima del hombro.
Me lavo las manos y recuerdo que la tarjeta que tenemos para Clara
y Tom está en mi escritorio. Voy a mi oficina y cuando abro la puerta, casi
me da un infarto. Ashton está de pie junto a mi escritorio, mirando el marco
de la foto en su mano.
—Jesús, Ashton. ¿Qué estás haciendo aquí? Me has dado un susto de
muerte. Es la segunda vez que haces eso.
Pone el marco de nuevo en mi escritorio. Es la foto de Brock y yo. 127
—Lo siento, no quise asustarte. Solo quiero hablar contigo.
—¿Has pensado alguna vez en tomar el teléfono?
—Tu amiga dejó claro que no querías saber nada de mí ni volver a
verme.
—Sin embargo, aquí estás.
—Si hubiera llamado, ¿habrías contestado?
—Sí. Tal vez. No lo sé. Y ahora nunca lo sabremos con seguridad,
¿verdad?
Se acerca un paso más, y pienso por un segundo que mi corazón va
a salir de mi pecho.
—¿Lo amas? —exige.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Es una pregunta simple. ¿Tú. Lo. Amas?
No quiero mentirle, pero tampoco puedo decirle la verdad.
—No veo por qué eso es asunto tuyo —digo, tratando de desviar su
pregunta.
Se mete una mano por el pelo, la frustración irradiando de él.
—Maldita sea, Mac. Necesito saber.
—¿Por qué?
—Ya sabes por qué.
—No, no lo sé. ¿Quieres iluminarme?
—Escucha Mac, sé que sientes algo por mí. Lo sentí cuando te besé, y
si estoy en lo cierto, entonces no es posible que estés enamorada de mi
hermano. Porque si sientes una pizca de lo que yo siento por ti, por Brock,
entonces nunca me habrías dejado besarte, y mucho menos responderme
de forma tan natural.
—No estaba segura de cómo responder —digo débilmente.
Suena patético, incluso para mí.
—Mentira —ladra.
—Tengo que irme —digo mientras me doy la vuelta para irme.
Es tan rápido como un rayo y me alcanza antes de que pueda
parpadear. Me agarra del brazo y me empuja hacia él. Sus labios se estrellan
128
en los míos, e invade mi boca con los suyos. Me fundo en el beso sin dudarlo
porque soy incapaz de resistirme. He deseado su boca desde el momento
en que sus labios dejaron los míos. Su beso es como el canto de una sirena,
y estoy completa y totalmente a su merced. Gime en mi boca. De repente,
mi cerebro empieza a funcionar de nuevo y me doy cuenta de lo que estoy
haciendo. Lo aparto.
—Para —digo roncamente—. Tienes que irte.
Doy unos pasos hacia atrás y necesito desesperadamente un poco
de distancia.
—¿Ves, eso de ahí? ¿Ese beso? No se besa así a cualquiera, Mac.
Tiene razón, y quiero decirle lo que siento por él. Mi labio inferior
tiembla. Abro la boca para hablar, para decirle que tiene razón. Que lo
amo.
Pero él habla primero.
—Estaba en lo cierto, ¿no? Te casarás con mi hermano para que te
pague el restaurante.
Estoy estupefacta y aturdida por el silencio. Debe tomar mi silencio
como admisión porque continúa.
—Lo estás usando. No te preocupas por él. Solo te estás
aprovechando de un tonto enamorado.
Sus palabras me dan un puñetazo en el pecho.
No siente nada por mí, solo trata de engañarme.
Mi corazón se rompe en ese mismo instante.
—Déjame responder a tu pregunta —digo en un tono helado—. Amo
a tu hermano, y me casaré con él. Con o sin restaurante. —Doy un paso
hacia él, señalándolo con el dedo—. Y más vale que entiendas que esta es
la última vez que voy a dejar que insinúes que soy una especie de puta. —
Parpadea—. Tienes que irte ahora. No quiero volver a verte nunca más, y la
próxima vez que pienses siquiera en estrechar mi mano, mi rodilla estará
haciendo contacto con tus joyas de la corona.
—Mac, yo…
—Lárgate —muerdo mientras me giro y señalo hacia la puerta.
Siento que el color se escapa de mi cara, e imagino que he tomado
el color blanco de mi uniforme. Brock está de pie en la puerta abierta,
mirando horrorizado. No hay forma de saber cuánto de esto ha
129
presenciado.
—Brock, yo... —mi voz se apaga.
—Te lo advertí, Ashton. Lárgate de aquí. No puedes hablarle así.
Ashton abre la boca para hablar, pero es interrumpido por Brock.
—¡Vete. Ahora! —brama.
Las lágrimas fluyen libremente y se derraman por mi cara, nublando
mi visión. Soy arrastrada a un par de fuertes brazos.
—Está bien, M. Estoy aquí —susurra contra mi sien—. Lo siento mucho.
Seco las lágrimas de mi cara con el dorso de mis manos.
—No tienes nada que lamentar —le digo.
—¿Estás enamorada de él, M?
La pregunta me sorprende. Ha oído más de lo que pensaba. No quiero
decírselo, pero me preocupo demasiado por él como para mentirle.
—No importa.
—¿Lo estás?
—Creo que sí, sí —casi susurro.
—Ya veo.
—Pero no importa. Nunca podría estar con él, y mi compromiso es
contigo. No voy a faltar a mi palabra, lo prometo. Aun así, nos casaremos.
—Brock me mira con cara de dolor—. Escucha, no te preocupes, ¿de
acuerdo? No es que él también esté enamorado de mí. Solo estaba
enfadado y trataba de ahuyentar a una cazafortunas.
—Mackenzie, yo...
Brock no puede terminar su frase porque Amber entra en mi oficina.
—¿Qué demonios, M? ¿A qué se debe el retraso?
Mueve la cabeza cuando me ve. Ella corre hacia mí.
—¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien?
Asiento.
—Estoy bien, lo prometo —murmuro.
Sus ojos se dirigen a Brock.
—Ya la oíste —dice—. Ella está bien. 130
—De acuerdo —dice ella.
Sé que no se lo cree ni por un segundo, pero lo deja pasar.
—Te das cuenta de que no puedes salir con ese aspecto, ¿verdad?
Camino al baño y enciendo la luz.
—¿No crees que el look de mapache será un éxito?
Amber sacude la cabeza y se ríe.
—Tratemos de arreglar este desastre.
Logramos salvar mi cara y ponerme lo más presentable posible. Hago
mis rondas por el restaurante y me detengo en cada mesa para saludar a
los comensales, agradeciéndoles que hayan venido y nos hayan dado una
oportunidad. Me encanta ver a la gente disfrutar de mi comida. No tenemos
ninguna mesa vacía hasta que es hora de cerrar las puertas. Cuando el
último cliente feliz se va, todos estamos exhaustos.
Después de limpiar, invito a todo el personal a quedarse a descansar
un rato. Todos estamos sentados en la mesa más grande del restaurante,
disfrutando de una merecida bebida. Brock está sentado a mi lado, y yo
apoyo mi cabeza en su hombro mientras todos escuchamos a Hannah
contar animadamente la historia de cómo pensó que había ganado el
premio mayor, pero no lo hizo. Brock se inclina y me besa la parte superior
de la cabeza.
—Lo lograste, M —dice con orgullo.
—Lo logramos —digo, corrigiéndolo.
—Siempre tienes que tener la última palabra, ¿no?
—No.
Se ríe entre dientes.
—¿Ves?
—¿Ver qué?
Sacude la cabeza y sonríe.
—Lo que dije fue en serio, Brock.
Levanta una ceja.
—Has dicho muchas cosas —se burla—. ¿Cómo puede un hombre
mantenerse al día?
Le doy una palmadita en el brazo y se ríe. Lo miro y nuestros ojos se
131
bloquean.
—Te amo.
Me sonríe.
—Yo también te amo —dice mientras se inclina y me picotea en la
nariz.
Me hace cosquillas y me hace reír.
—¡Miren a los tortolitos, chicos! Son demasiado adorables —canturrea
Hannah.
Mis ojos se dirigen a Brock, y nos reímos.
—Somos adorables —digo.
—Creo que ya he oído eso antes —dice mientras me guiña el ojo.
—Estamos bien, ¿verdad? ¿Tú y yo? —pregunto.
—Mejor que nunca —dice.
Ashton
Diario de un imbécil
Los fuertes golpes en mi puerta me despiertan. Ha pasado más de una
semana desde que salí de mi apartamento, me afeité o me duché. Mi dieta
ha sido principalmente de la variedad líquida, y no estoy hablando de agua.
Incluso después de hacer el ridículo esa noche, Brock me ha estado
llamando y enviando mensajes de texto sin parar. No puedo enfrentarme a
él. Aunque me avergüenzo de lo que hice, una parte de mí sigue resentida 132
con él. El haber hecho el ridículo no borra el hecho de que me haya
traicionado. Él y Mackenzie, ambos. Hay otro golpe fuerte.
Maldita sea.
No me favorece para nada el palpitar en mi cabeza.
—Sé que estás ahí, Ashton —grita Brock a través de la puerta.
Espera unos cuantos segundos para que yo responda, pero mi boca
está demasiado ocupada siendo envuelta alrededor de la botella de
Macallan, la misma botella que ha estado allí desde antes de que fuera tan
groseramente despertado, que está muy apretada en mi mano.
—Ya he tenido suficiente, Ash. Tienes dos opciones. O me abres la
puerta ahora mismo, o le digo a Gigi que te haga entrar en razón.
Discuto fingiendo que no estoy aquí. Podría estar fanfarroneando.
—Te conozco, Ash. Y tú me conoces. No es una farsa. Tengo mi celular
en la mano ahora mismo.
Gimo y voy de puntillas a la puerta de mi casa.
—Voy a contar hasta cinco. Si no has abierto esta puerta para cuando
llegue a cero, estoy presionando el botón de marcar —amenaza.
Miro por la mirilla y veo que mi teoría de que mi hermano está
mintiendo no es correcta. De hecho, está sosteniendo dicho teléfono y un
pequeño portador con lo que parece ser café.
—Cinco.
Mierda.
—Cuatro.
Mi mano alcanza el cerrojo.
—Tres.
—Espera un momento —me quejo.
Desbloqueo mi puerta y la abro, pero no lo saludo. En cambio,
empiezo a caminar de regreso a mi sala de estar mientras tomo otro trago
de mi whisky. Me vuelvo a colocar en mi sofá y observo la expresión de horror
en la cara de mi hermano mientras evalúa mi estado y el de mi
apartamento. Sus ojos se dirigen a la botella que aún tengo en la mano.
Sacude la cabeza.
—Jesús, amigo. Necesitas abrir una ventana o algo. Aquí huele a 133
callejón —dice mientras arruga la nariz.
Es un maldito descarado, pienso maliciosamente para mí.
—¿Viniste a criticar mis habilidades de limpieza, o hubo otra razón
agradable para tu visita? ¿Había algo más que olvidaste quitarme?
—Tenemos que hablar —me dice—. Pero tal vez necesites despejarte
un poco primero.
—Claro, vuelve el año que viene o algo así. ¿Cuál es el momento
apropiado para recuperarse después de que tu hermano gemelo te robe
todo delante de las narices? Siempre lo olvido.
—Si dejaras de sentir lástima por ti mismo el tiempo suficiente como
para sacarte la cabeza del culo, entonces tal vez podríamos llegar a alguna
parte —dice.
Levanto mi ceja.
—Di lo que tengas que decir, y luego lárgate de mi apartamento.
Mueve una caja de pizza y un par de botellas de licor vacías del sillón
junto a mi sofá y las coloca en la mesa de café. Me da una de las tazas de
su portador.
—Bebe —exige.
—Es un poco tarde para intentar fingir que te importo un carajo, ¿no?
Suspira y me lanza una mirada irritada.
—Si te hubieras molestado en escucharme en primer lugar, podríamos
haber evitado todo este desastre —dice mientras rastrilla su mano a través
de su cabello—. Ese día que viniste a la oficina…
—¿Te refieres a cuando me enteré de que no perdiste el tiempo para
echarme?
—¿Quieres cerrar la maldita boca y dejarme terminar? —ladra Brock.
Levanto las manos.
—Bien, lo siento. Por supuesto, dale la vuelta a ese cuento.
Mueve los ojos y sacude la cabeza, claramente empezando a perder
la paciencia.
—Como te decía, no te quedaste el tiempo suficiente para ver lo que
realmente pasaba.
No sé adónde quiere llegar con esto, pero mantengo los labios
cerrados. 134
—Hablé con Pops sobre cuál sería el mejor curso para Walker Inc. y
ambos acordamos que tú eres una parte vital de la compañía.
Sus ojos se dirigen a la taza de café que tengo en la mano.
—Bebe —insiste de nuevo—. Necesito que tu cabeza esté despejada
para esto.
—Sí, porque un sorbo de café me va a despejar —me quejo.
Ignora mi comentario sarcástico cuando tomo un sorbo. Casi lo
escupo; ese imbécil me dio café negro. No puedo soportarlo sin una
tonelada de crema y azúcar. Una pequeña sonrisa tira de sus labios, y sé
que está tratando de no reírse.
—¿Recuerdas hace unos años cuando Larry Ellison renunció como
CEO de Oracle? No nombró a uno, sino a dos directores ejecutivos para que
ocuparan su lugar. Pop y yo coincidimos en que, aunque no es común, es lo
mejor para Walker Inc. tenernos a los dos al mando.
Mis cejas se juntan. No estoy muy seguro de entender lo que está
diciendo.
—¿Cómo explicas mi oficina?
—Si hubieras prestado atención cuando entraste en la mía, habrías
notado que toda mi oficina ha sido remodelada. Mikaela Kingsley también
diseñó una oficina completamente nueva para ti. Se suponía que iba a ser
una sorpresa, pero lo arruinaste entrando y saliendo como un murciélago
del infierno —dice riendo.
Tomo otro trago de mi café, olvidando por un momento el sabor
asqueroso.
—Y sé que no viste la placa en tu puerta, la que claramente dice
Ashton Walker, CEO.
Mi cerebro se está esforzando por arrancar.
—¿Entonces, lo que estás diciendo es que ambos estamos siendo
contratados como CEO cuando Pops se jubile?
—Sí.
—No lo sé...
—¿Qué demonios quieres decir con que no lo sabes? ¿Cuál es el
problema?
135
—El problema es que usaste a Mac para quitarme el puesto, en primer
lugar, Brock. No puedo olvidar eso.
—¿Realmente crees que pasó de esa manera, Ash?
Me mira fijamente, esperando mi respuesta. Cuando no contesto,
suspira.
—¿La amas, Ash? Quiero decir, ¿realmente la amas?
Levanto la mirada hacia él.
—Incluso ahora, lo hago.
—¿Incluso ahora?
—Te usó para conseguir su restaurante. No está enamorada de ti,
Brock. No digo esto por ser presumido, pero sé que siente algo por mí. No lo
admitirá, pero lo hace. Lo sentí cuando la besé. Sé que fue una cosa horrible,
pero la amo, Brock.
—No deberías ser tan duro con ella, ¿sabes? Mackenzie es increíble.
Con lo que ha hecho por mí, le debo diez restaurantes. No me usó ni se
aprovechó de mí, Ash. En todo caso, yo me he aprovechado de ella.
Y no por primera vez hoy, no estoy seguro de entenderlo.
—Necesito que entiendas que solo me ha sido leal a mí. Ha protegido
mi secreto, mintió a todos sus conocidos, porque es así de asombrosa.
—¿De qué coño estás hablando, Brock?
—¿Sabes lo que es una barba?
—Jesús, me afeitaré la maldita cosa más tarde. ¿Qué diablos tiene
que ver el vello facial con esto? Puedes comentar sobre mis opciones de
moda más tarde.
—Agh —dice—. Espero que te afeites esa cosa, pero no me refería a
eso.
—Voy a necesitar que vayas al grano. El golpeteo en mi cabeza
interrumpe mi proceso de pensamiento —refunfuño.
—Cuando un hombre que se siente atraído por otros hombres no
quiere que otras personas lo sepan, puede salir con una mujer o casarse con
ella para encubrir el hecho de que es gay. La mujer en este escenario es
conocida como una barba, una tapadera.
Parpadeo.
136
—¿Qué estás diciendo?
—Mackenzie es mi barba, Ash. Soy gay.
—¿Y ella lo sabe? —se me escapa.
Asiente antes de responder.
—Lo hace.
Me desintoxico al instante.
—¿Eres gay?
—Lo soy.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué tratas de ocultarlo? —pregunto, estupefacto—. ¿Crees
que eso cambia algo?
Brock me mira, silencioso y con la incertidumbre pintada en su cara.
—Quiero decir, además del hecho de que no te has acostado con la
mujer que amo, espera... no lo has hecho, ¿verdad?
Suelta una carcajada.
—No, no lo he hecho. A ella le falta una parte vital de la anatomía
para mí —bromea.
—Bien, bien. Así que, además del hecho de que no te has acostado
con la mujer que amo, el hecho de que seas gay no hace ninguna
diferencia para mí. Debes saber eso. Te amo, hermanito, pase lo que pase.
Me levanto y camino hacia él. Extiendo mi mano y la toma. Lo jalo y
lo abrazo.
—Siete malditos minutos—refunfuña.
Me rio y le suelto la mano.
Sé que intenta de ocultar las lágrimas que están claramente en sus
ojos.
—Te prometo, Ashton, que Mackenzie siendo mi barba fue solo para
quitarme a Gigi de encima. Cuando conocí a M, su novio le había robado
los ahorros de toda su vida. Ella había estado trabajando en dos trabajos
durante años, tratando de ahorrar suficiente dinero para abrir su restaurante.
Le robaron y la despidieron el mismo día. No me enorgullece admitirlo, pero
estaba desesperada y vulnerable, así que me abalancé. Nos conocimos por 137
casualidad. Le pedí que mintiera por mí, que fuera mi tapadera, sabiendo
muy bien que estaba desesperada. Y para asegurarme de que no tuviera
otra opción, le ofrecí a su empleador un año de alquiler gratis. Nos alquila la
propiedad, así que fue fácil. Así que, verás, soy el que se ha aprovechado
de Mackenzie, y no al revés. No estaba mintiendo cuando te dije que usé el
restaurante como la zanahoria colgante, pero se lo merece, Ash. No solo por
ser mi barba, sino por lo duro que trabaja.
—No me lo dijo cuando la confronté en su oficina el otro día.
—No me traicionaría así.
Asumió la culpa por mi hermano. El calor se extiende en mi pecho.
—Dices que sabe que eres gay, pero me dijo que está enamorada de
ti —digo, confundido.
—Te dijo que me ama, y lo hace. Y yo la amo. Simplemente no
estamos “enamorados”. Nos amamos como amigos íntimos o hermanos.
Me rasco la cabeza, tratando de repetir las palabras que me dijo.
—¿Por qué me dices esto ahora?
—Mi boda es esta noche.
—¿Qué?
—Me caso con Mackenzie esta noche en la casa de Hampton.
Trago.
—De nuevo, ¿por qué me dices esto?
—Porque te ama, Ash.
Mis ojos se abren de par en par.
—¿Y cómo sabes eso?
—Me lo dijo.
—¿Te lo dijo?
—Sí.
—¿Y sigue adelante con esta boda?
—Sí, enorme idiota, porque es leal como el infierno y piensa que me
traicionará si se echa atrás. No cree que sientes algo por ella porque
básicamente la hiciste creer que la besaste solo para fastidiarme y atraparla.
Cree que puede olvidarte.
Eso pica. 138
—¿Y qué se supone que debo hacer ahora? No tengo mucho tiempo
para hacerla cambiar de opinión. ¿No puedes simplemente cancelar el
asunto?
Me sonríe.
—Podría, pero no.
—¿Por qué no lo cancelaste?
—Porque tengo una idea mejor.

Me ducho como me ordenaron. Para horror de Brock, me quedé sin


navajas, así que solo me recorté la barba. Estoy limpio y me siento renovado
cuando entro en mi sala de estar. Brock también ha estado ocupado; mis
ventanas están abiertas, y todas las botellas de licor y las cajas de pizza
vacías han sido retiradas.
—Te arreglaste bien, gemelo.
—Ojos para ti mismo. No soy un pedazo de carne —bromeo.
—Eso es asqueroso. Eres mi hermano —se queja.
Me rio.
Brock mira su reloj.
—Es casi mediodía. Si nos vamos ahora, podemos llegar antes de la
fiesta nupcial a casa.
Sé que vamos a necesitar la ayuda de Gigi si voy a conseguirlo.
También sé lo que esto significa para Brock; va a tener que decírselo a
nuestros abuelos. Bajamos y nos metemos en un vehículo que nos espera.
—Aquí —dice mientras me da agua embotellada—. Necesitas
hidratarte.
Típico de Brock, siempre tratando de cuidar de todos. Debí saber que
nunca me haría daño, no intencionadamente. Conducimos en silencio por
un tiempo. Ha sido una gran mañana para los dos, y está muy lejos de haber
terminado. Ambos tenemos cosas más importantes con las que lidiar. 139
—¿Estás preocupado? —pregunto.
Asiente.
Me acerco, agarro su mano y la aprieto como solía hacerlo cuando
éramos niños.
—Pase lo que pase, te cubro la espalda, Brock. ¿De acuerdo?
Sonríe a medias.
—De acuerdo —responde débilmente.
—Lo digo en serio —le digo con urgencia.
Una lágrima rueda por su mejilla.
—Lo sé. Gracias.
Cuando llegamos a la entrada, los preparativos de la boda parecen
estar en pleno apogeo. Salimos del auto y Gigi sale corriendo de la casa y
me abraza.
—Oh, Ashton —solloza—. He estado tan preocupada.
—Lo siento, Gigi. De verdad que sí —le digo arrepentido.
Me abraza un poco más fuerte antes de soltarme.
—Déjame mirarte.
Arruga su nariz.
—¿Qué pasa con la barba?
Brock se ríe detrás de mí. Lo ignoro.
—Gigi, Brock y yo necesitamos hablar contigo y con Pops. Es urgente.
Frunce el ceño.
—Eso suena serio.
—No es nada malo, lo prometo —digo, tratando de tranquilizarla.
—Entremos entonces —dice.
140
La seguimos hasta el estudio de Pop, donde él tiene la nariz metida en
su crucigrama.
—Tómate un descanso, querido. Los chicos necesitan hablar con
nosotros.
Pops levanta la vista de su rompecabezas, y aunque puedo decir que
preferiría no hacerlo, sabe que no debe ponerse del lado malo de Gigi.
—¿Estará bien el estudio? —pregunta, mirándonos a los dos.
Me doy la vuelta para mirar a Brock, que está actuando como si
estuviera demasiado ocupado para responder mientras mueve los dedos.
—Claro —digo.
Todos nos sentamos en el estudio y jugamos el juego de mirar
fijamente por un minuto.
—Entonces, ¿alguien va a decir algo?—pregunta Gigi.
Mis ojos se dirigen hacia Brock. El color ha desaparecido de su cara, y
el sudor parece estar brotando de él. Nuestros ojos se miran fijamente, y
gentilmente le hago un gesto con la cabeza.
—Tenemos que prepararnos para una boda. ¿Te gustaría esperar
hasta después de eso para hablar? Tal vez les dé tiempo de juntar sus
cabezas —ofrece Gigi.
—¡No! —ladro, tal vez un poco demasiado fuerte.
Ciertamente me hace ganar una severa una vez más de Gigi.
—No puedo casarme con Mackenzie —dice Brock.
—No seas ridículo. ¿Por qué no?
—Bueno, en parte porque está enamorado de ella —dice mientras
asiente hacia mí—. Y está enamorada de él. —Los ojos de Gigi se abren de
par en par—. Pero sobre todo porque yo no estoy enamorado de ella, lo que
probablemente es porque soy gay.
Los ojos de Gigi se dirigen a Pops y luego aterrizan en los míos antes de
que se vuelva hacia Brock.
—Lo siento, Gigi. No quería mentirte, pero no podía arriesgarme a
perder a los únicos padres que he conocido.
—“No podías arriesgarte” —se las arregla Gigi para graznar antes de 141
que empiece a llorar incontrolablemente.
Brock tiene una mirada de pánico en su cara.
—¿Cómo pudiste, Brock? —dice Gigi a través de sus sollozos.
Mi cabeza se vuelve de golpe hacia Gigi.
—¿Cómo pudiste pensar que te querríamos menos?
Las lágrimas empiezan a correr, y Brock pierde la cabeza y llora con
Gigi en sus brazos.
—Estúpido, estúpido chico —murmura una y otra vez.
Pops se aclara la garganta.
—Brock, ¿no sabes que hemos perdido la autonomía sobre nuestros
sentimientos hacia ti en el momento en que tú y tu hermano nacieron?
Desde la primera vez que te vimos, amarte ha sido absoluto e infinito. El
hecho de que tu abuela y yo los amemos, incondicionalmente y sin importar
qué, es tan cierto como la muerte y los impuestos. Solo queremos que sean
felices.
Ahora incluso yo empiezo a llorar.
Lo libera y procede a acudir a mí.
—Y tú —dice mientras me señala con el dedo acusador—. ¿Cómo te
enamoras de la prometida de tu hermano? —Jadea—. ¡Oh! ¡La boda!
¿Mackenzie sabe de esto? —exige.
—Cielos, Gigi. Respira. Una cosa a la vez, por favor —digo riendo.
Le contamos casi todo lo que ha pasado y lo mucho que lo he
estropeado.
—Oh, querido señor —murmura mientras golpea su mano contra su
frente—. Y yo que pensaba que habíamos criado a dos chicos inteligentes
—le dice a Pops.
—La amo, Gigi, y necesito tu ayuda para convencerla de que me dé
otra oportunidad.
—¿Y tú estás de acuerdo con eso? —le pregunta a Brock.
—Lo estoy —dice con una sonrisa—. Más que bien, en realidad. Los
amo a los dos, y merecen ser felices.
Gigi sonríe radiante.
—¿Qué puedo hacer? 142
—Bueno, para empezar, necesito el anillo de mamá...
Mackenzie
Señor y Señora Walker
No puedo creer que me case hoy. Es raro; en mi cabeza, sé que esto
no es real y que solo estamos jugando a fingir. Y realmente, en cuanto a los
matrimonios de conveniencia, podría haberlo hecho mucho peor. Brock y
yo realmente nos cuidamos el uno al otro, y siento que es más de lo que
algunas personas lo han hecho. Sin embargo, el compromiso que estamos
asumiendo es real, y estoy nerviosa. Anoche tuvimos una despedida de 143
soltera, y aunque nos divertimos mucho (no estoy segura de por qué, pero
de alguna manera me desperté cubierta de purpurina), puede que nos
hayamos pasado un poco. Honestamente, me siento un poco mal esta
mañana porque tomamos demasiadas fotos anoche. Si no fuera por el
generoso regalo de bodas de Mikaela, una artista del maquillaje y
peluquera, probablemente me vería como el desastre caliente que me
siento. Estamos en una hermosa limusina blanca, en camino a la finca de
Pops y Gigi en los Hamptons. Gigi se ha hecho cargo de los preparativos de
la boda, y estando yo tan ocupada en el restaurante, estoy muy
agradecida. Además, esta boda es más para ella, así que la dejé tener
rienda suelta. Lo único que pedí es que Amber fuera mi madrina de honor y
Mikaela mi dama de honor. Además de eso, todo lo que estoy haciendo es
aparecer. Estamos peligrosamente cerca de llegar tarde, especialmente si
se tiene en cuenta que todos necesitamos ducharnos, peinarnos y
maquillarnos.
—Aquí —dice Amber mientras me da una copa de champán—. Esto
podría hacerte sentir mejor.
—No creo que mi barriga esté de acuerdo contigo —me quejo.
Amber se ríe a carcajadas mientras sirve una copa para Mikaela y otra
para ella.
—Levanten las copas —anuncia—. Por tus últimas horas como soltera.
¡Salud!
Gimo una vez más cuando las copas hacen contacto y el sonido viaja
a través de mi columna vertebral. Como no quiero invitar a la mala suerte
no tomando un trago en un brindis, tomo un sorbo.
Mikaela me da una botella de agua y un par de Advil, que acepto
con entusiasmo y gratitud.
—¿Cuánta gente viene a esta cosa? —reflexiona Amber.
Me rio.
—¿Sabes qué? Para ser honesta, no tengo ni idea. No entré en la lista
de invitados. Solo le dije a Gigi a quién invitar.
—Debe ser agradable. Boda elegante y nada de estrés —dice Amber
con una sonrisa de satisfacción.
Y nada de las cosas del matrimonio tampoco, pienso para mí.
—Te ves cansada, M. ¿Por qué no tomas una pequeña siesta?
Suena como una muy buena idea, y se lo digo. Me sonríe dulcemente 144
y me pone su chaqueta MacGyver como una almohada.
—Su Alteza —dice mientras finge hacer una reverencia.
Creo que me rio, pero no estoy segura porque estoy fuera en cuanto
mi cabeza golpea mi almohada real.

Soy suavemente sacudida y despertada mientras nos acercamos a la


entrada.
—Estamos aquí, muñeca —dice Mikaela en voz baja.
Mis ojos se abren y por un momento estoy desorientada. Me levanto
en posición vertical. Cuando miro por la ventana, hay gente por todas
partes, corriendo y haciendo preparativos de última hora para mis
inminentes nupcias. Todavía estoy tratando de concentrarme cuando la
puerta se abre. Todo el pequeño espacio está inundado de una gran
cantidad de luz solar y una fuerte emoción, que había sido
misericordiosamente mantenida fuera por los vidrios polarizados y la puerta
cerrada. Gigi está radiante mientras mira a los miembros de mi grupo
nupcial.
—Buenas tardes, señoritas —dice, sonriendo alegremente—. Hermoso
día para una boda, ¿no?
Amber es la primera en salir del auto. Mikaela la sigue, y yo soy la
última en salir del vehículo.
—Ven, ven —dice Gigi por encima del hombro—.Tenemos tanto que
hacer y tan poco tiempo para hacerlo.
Las tres intercambiamos miradas y nos reímos. Otro nuevo hecho del
que me he dado cuenta es que Gigi es una caminadora de velocidad; casi
estoy corriendo para seguirle el paso. Nos lleva a la casa de la piscina, que
ha sido completamente preparada para las necesidades de vestirse. La
estilista y maquilladora ya nos están esperando. Me llevan a la ducha y me
instruyen para ir primero. No me estoy quejando. Siento como si el alcohol
de anoche se estuviera filtrando por mis poros, y me muero por una buena
ducha. Cuando el agua caliente cae en cascada sobre mi espalda,
finalmente me relajo. Como en cualquier otro momento en el que estoy sola 145
últimamente, mi mente se dirige a Ashton. Me duele el pecho mientras las
últimas palabras que me dijo se repiten en mi mente. Ashton Walker me ha
roto el corazón, y estoy muy enfadada porque se lo permití, especialmente
después de que me prometí a mí misma que no me iba a permitir
enamorarme de nadie después de lo que hizo Chris. Me tomo un poco más
de tiempo de lo habitual, necesitando este tiempo para mí. Cuando entro
en el vestidor, casi desearía haberme quedado un poco más. La gente está
charlando alegremente, y aunque se supone que es un día feliz, no estoy en
el más hablador de los estados de ánimo. Las otras chicas se duchan mucho
más rápido, y para el momento en que mi cabello ha terminado de secarse,
las dos ya están duchadas. Ya que me están peinando, Mikaela es la
primera en pedir el gurú del maquillaje, no es que lo necesite. Si es posible,
se ve aún más impresionante que antes. Shay, la chica que me peina ha
terminado de ponerme los rulos en el pelo, así que voy a maquillarme
mientras Amber salta a la silla de Shay. Mik se está cambiando a su vestido
de dama de honor, dándonos un momento a los dos.
—¿Estás bien, M?
—Estupenda.
—¿Nerviosa?
—No realmente —miento.
Se ríe.
—Siempre tan testaruda —dice con una sonrisa de adoración en el
rostro—. ¿Estás segura de que quieres seguir adelante con esto? Digo, di la
palabra, y nos largaremos de aquí.
Mi turno para reírme.
—Ni siquiera te gusta caminar a ningún lado, ¿recuerdas?
—Cariño, por ti, caminaría hasta los confines de la tierra. Eres mi
hermana de otro hombre. Hasta te lo daría a ti —dice con un guiño
adicional.
—Te amo, chica. Gracias por estar aquí conmigo.
—¿Alguna vez me has visto decir que no a un bar abierto y comida
gratis? —dice.
Sabe qué decir exactamente para sacarme de esta depresión en la
que he estado, y estoy agradecida. Amber se arregla el cabello y la cabeza
para vestirse, y Mik se sienta para arreglarse el cabello. Hablamos de esto y
de lo otro, y le agradezco de nuevo su generoso regalo. Después de un rato,
Nia, la chica que nos está maquillando, me dice que estoy lista y me da la
146
vuelta para que me mire al espejo. La chica es un genio con un pincel de
maquillaje. Mi cara se ve impecable, y ni siquiera me reconozco.
—Es la hora —anuncia Amber mientras regresa a la habitación—.
Vamos a ponerte ese vestido.
Asiento.
El vestido está colgado detrás de una mampara en el otro extremo de
la habitación, así que me muevo detrás de esta y me desnudo. Se necesita
tanto a Amber como a Mikaela para que me ponga el vestido sin mancharlo
de maquillaje. Amber acaba de terminar de abrochar el último botón, y
estoy a punto de salir cuando una voz me llama.
—Para, no salgas.
Me congelo en el lugar.
—¿Por qué?
—Da mala suerte ver a la novia antes de la boda.
Mi corazón salta en mi garganta.
—Eso solo se aplica al novio.
—Lo sé.
Trago con fuerza.
—¿Qué haces aquí, Ashton?
—Bueno, reconoces mi voz. Eso es algo —dice en lo que creo que es
un intento de ser gracioso.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—Sí, espero que puedas.
—No es un buen momento para venir a pedir favores, Ashton. No estoy
segura de que te hayas dado cuenta, pero llego tarde a mi boda.
—Solo necesito un momento de tu tiempo. Y de Amber también.
Amber, ¿puedes salir de la mampara?
Alza una ceja hacia mí en pregunta. Yo asiento, y ella asiente. Sale y
camina hacia Ashton. Susurran por un momento. Intento escuchar lo que
dicen, pero sin éxito. Hay algunos crujidos y luego una risita.
—¿Qué está pasando?—pregunto, irritada.
—Espera, por favor —dice Amber.
¿Acaba de decirme que espere?
147
—Está bien, sal de ahí —dice.
Salgo de detrás de la mampara y jadeo. La habitación está llena de
rosas rojas, girasoles y tulipanes anaranjados. Hay velas esparcidas por todas
partes, y al lado de una vertiginosa Amber se sienta Ashton, que tiene los
ojos vendados y está sobre una rodilla.
—Tuve que ser vendado porque, como dije, da mala suerte ver a la
novia con su vestido antes de la boda. Y maldita sea, ya hemos tenido
suficiente mala suerte —dice con una sonrisa torcida—. Pero no necesito la
vista para ver tu belleza, Mac. Puedo sentirla. Tu corazón es la cosa más
hermosa que he encontrado, y lamento tanto haberlo lastimado. Sé lo que
hiciste por Brock. Me dijo lo que te pidió, y sé que no era solo el restaurante
para ti. Siento haber pensado que tenías intenciones maliciosas. Estaba
herido y no pensaba con claridad. No tengo derecho a pedirte esto, así que
estoy aquí, de rodillas y rogándote que me elijas a mí. No estoy seguro de
cómo voy a sobrevivir si tú no lo haces. Eres la primera y la última idea en mi
mente y alrededor del ochenta y cinco por ciento en el medio. Caminé esta
semana, pensando que te había perdido para siempre. Mac, no fue bonito,
y no puedo volver a pasar por eso. Si me dices que sí, te prometo que pasaré
el resto de mi vida compensándote por haberte hecho daño.
Su mano se desliza dentro de su bolsillo y saca una cajita de terciopelo
rojo. Jadeo una vez más cuando lo abre.
—Sé que no es tan grande como el que Brock te puso en el dedo, y
no tengo un restaurante que ofrecerte, pero este era de mi mamá. Significa
mucho para mí, y quiero que lo tengas como símbolo de mi eterna
dedicación a ti y a nuestra futura familia. Porque eso es lo que te estoy
ofreciendo, Mac. No te estoy ofreciendo dos años y un restaurante. Te estoy
ofreciendo tu para siempre.
El latido de mi corazón está fuera de control y mis ojos se mueven
hacia Amber, cuyo maquillaje está siendo arruinado por las lágrimas que
corren por su cara. Silenciosamente conversamos desde el otro lado de la
habitación.
—Escucha, no te decidas ahora mismo. Sé que podrías necesitar un
momento. Cuando sea el momento de salir, quiero que lleves el anillo del
hermano que elijas. De esa manera, ni siquiera tienes que decir las palabras.
Brock y yo estaremos parados al final de ese pasillo.
Asiento, olvidando por un segundo que no puede verme.
Amber le ayuda a ponerse de pie, y me deslizo detrás de la mampara.
148
—Oye, ¿Mac?
—¿Sí?
—Estaré esperando.
Espero sin aliento hasta que oigo que la puerta se cierra tras él. Tan
pronto como oigo el clic, Amber grita.
—¡Oh, Dios mío! ¿Qué vas a hacer?
Me muerdo el labio.
—No estoy segura —digo con dolor en la voz—. Sé lo que quiero, pero
está en conflicto con lo que debo hacer.

Entro al patio y camino hacia mi papá, que está parado al final del
pasillo esperando. Ni siquiera lo he visto hoy desde que hemos estado tan
ocupados preparándonos. Con suerte tendremos mucho tiempo para
ponernos al día después de la boda.
—Estás preciosa, nena.
Le sonrío.
—Gracias, papi.
Me besa la mejilla antes de bajar el velo, lo que oculta mi cara, pero
me permite mirar a hurtadillas sin que me descubran.
Miro alrededor del jardín y veo que Gigi ha hecho un trabajo
fenomenal. Es hermoso y como un cuento de hadas aquí afuera. Creo que
hay cerca de cincuenta personas presentes en este momento, todas de pie
frente a sus asientos a ambos lados del pasillo. Estoy en un sendero de seda
blanca que ha sido salpicado con pétalos de rosa rojos, y camino por el
pasillo hacia los hermanos Walker. Los amo a ambos, pero de maneras
diferentes, eso es seguro. Me preocupo profundamente por ambos, pero al
final, necesito elegir lo que es correcto para mí.
Doy pequeños y deliberados pasos hacia adelante. Parece simbólico.
Sonrío porque la angustia de sus dos facciones ni siquiera estropea sus 149
hermosos rostros. Los dos están zonificados en mi mano izquierda, que está
cubierta por la derecha. Lo siento chicos, tendrán que esperar y ver, pienso.
Una pequeña sonrisa tira a mis labios, y las mariposas en mi vientre son
ruidosas. Lo curioso es que en el momento en que tomé mi decisión, el
nerviosismo y el estrés se desvanecieron como la nieve al sol. Supongo que
hay paz en saber que tomaste la decisión correcta en tu corazón.
Llego al frente y estoy de pie frente a Ashton y Brock. Cierro los ojos,
respiro profundamente y dejo caer mi mano derecha, exponiendo el anillo
de compromiso de mi dedo izquierdo. Siento que se levanta el velo y que
mis ojos se abren. Él me sonríe y le devuelvo la sonrisa cuando mi decisión se
solidifica. No tengo ninguna duda de que he tomado la decisión correcta.
Odio tener que lastimar a su hermano en el proceso. Esa nunca fue mi
intención. Lo miro, y solo asiente y me da una pequeña sonrisa alentadora,
diciéndome sin palabras que acepta mi decisión.
—Por favor, siéntese —dice el ministro.
—Estamos reunidos aquí hoy para celebrar el amor de los jóvenes y
para ser testigos y partidarios del compromiso que comparten entre ellos.
Los novios querían que les agradeciera a todos por estar aquí y que
reconociera lo importante que es cada uno de ustedes para su relación.
También les gustaría reconocer a todos aquellos que no pudieron venir aquí
hoy, ya que ciertamente se les echa de menos, pero no se les olvida en este
día de celebración.
El ministro ahora me presta atención a mí.
—¿Quién entrega a Mackenzie en matrimonio con este hombre?
—Su madre y yo —dice mi padre, un poco agobiado.
Me besa la sien y pone mi mano en la mano de mi novio antes de
sentarse en el asiento delantero.
—El matrimonio da permanencia y estructura al amor de una pareja.
Es una manera de decirnos que no importa cuánto ronques o cuánto gastes
en el centro comercial, todavía estamos juntos en esto. El matrimonio es
decirle a la persona que amas que no vas a ninguna parte, y ese es un
compromiso poderoso para que dos personas se hagan el uno al otro.
Él me aprieta la mano y yo le aprieto de vuelta.
—El camino que ha traído a estos dos aquí hoy no ha sido fácil. Ha
estado repleto de desafíos para los que no estaban necesariamente
preparados, pero juntos han fortalecido su amor.
150
El ministro mira a los invitados.
—La abuela del novio quiere decir unas palabras.
—Me gustaría hacer una lectura de las Escrituras —dice—. Me gustaría
leer 1 Corintios, capítulo 13, versos cuatro al ocho.
Nos miramos fijamente mientras Gigi comparte su bendición con
nosotros. El ministro anuncia que es hora de leer nuestros votos.
—Estos votos son su manera de declarar abiertamente su promesa el
uno al otro, así como a todos los que están presentes hoy
Se vuelve hacia mí.
—Mackenzie, las damas primero.
Las lágrimas se acumulan en la parte posterior de mis párpados.
—Ashton —respiro—. Me has estado sorprendiendo desde el primer
día que te conocí. Ese también es el día que decidí mantenerme lejos de ti.
—Los invitados se ríen—. No por nada de lo que hiciste, sino porque creo que
mi alma reconoció la tuya, y me asustó muchísimo. Ciertamente ya hemos
tenido nuestra parte justa de dolores de cabeza y tribulaciones, y sé que hay
muchas más por venir. Pero sé que juntos podemos enfrentarnos a ellas y
salir fortalecidos. Te prometo que lucharé por nosotros y nunca me rendiré
en esa lucha. Me prometiste para siempre, y yo te lo sostengo —digo con
una sonrisa de satisfacción.
Ashton me mira.
—Mackenzie, a diferencia de ti, no me asustaba lo que sentí cuando
te conocí. La forma en que me sentí ese primer día al pasar por delante de
mí y entrar en el ascensor no se parecía a nada de lo que había sentido
antes. Aunque no me asustó, traté de negarlo, pero creció y ha seguido
creciendo, y sé que seguirá creciendo a medida que transcurran el resto de
nuestros días. La primera vez que vi tu sonrisa, iluminó todo mi universo. Sabía
que estaba en problemas. Cuando te robé nuestro primer beso, supe que
estaba acabado. Siempre te seguiré diciendo que no lo siento, ni lo sentiré
nunca. Gracias por elegirme. Te prometo, aquí y ahora, que no importa lo
que pase, siempre te elegiré a ti.
No creo que haya un ojo seco en la casa cuando terminamos.
Intercambiamos anillos y repetimos las palabras que se nos ordenan repetir.
Entonces, finalmente es el momento para el “sí, acepto”.
—Mackenzie, ¿aceptas a Ashton como tu esposo, para vivir juntos en
el pacto de matrimonio? ¿Prometes amarlo, consolarlo, honrarlo y cuidarlo, 151
en la salud y en la enfermedad, y abandonar a todos los demás, serle fiel
mientras ambos vivan?
—Sí —le digo, sonriendo a mi casi marido.
Repite las palabras a Ashton, que escucha atentamente. Es adorable.
—Sí, acepto.
—Por el poder que me ha sido conferido, los declaro marido y mujer.
Ashton, puedes besar a la novia.
Ashton toma mi cara en sus manos y mira mis ojos.
—La amo, señora Walker —murmura antes de que sus labios caigan
sobre los míos.
Se traga mi respuesta. Solo por un momento, todos los demás a
nuestro alrededor desaparecen. Disfrutamos del momento compartiendo
no solo nuestro primer beso no robado, sino también nuestro primer beso
como marido y mujer. No es hasta que el ministro se aclara la garganta que
nos damos cuenta de que tenemos que parar. Siempre hay tiempo para
más de eso después.
—Les presento al señor. y la señora. Ashton Walker. ¡Felicidades!
Nos volvemos a ver a nuestros invitados, que se llenan de aplausos
mientras nos paramos allí por un momento, disfrutando de nuestra felicidad.
Caminamos juntos por el pasillo y comenzamos oficialmente nuestra
caminata como marido y mujer.

La recepción está en pleno apogeo, y estoy viendo a Gigi y Ashton en


la pista de baile. Por fin he llegado a sentarme y no voy a renunciar a mi silla,
feliz de dejar que Gigi haga su baile. Brock se sienta en la silla que está a mi
lado y apoyo la cabeza contra su hombro.
—Lo siento mucho, Brock. Nunca quise lastimarte. Aprecio todo lo que
has hecho por mí, pero me hizo una oferta que no pude rechazar.
Brock me besa la parte superior de la cabeza.
—Niña tonta, ¿quién crees que le sacó la cabeza del culo para que 152
viniera a pelear por ti? —dice riendo—. Lo has hecho más feliz de lo que
nunca lo he visto, M, y te amo aún más por eso.
—¿Qué hay de ti? ¿Encontrarás otra barba?
—Nadie podría reemplazarte nunca —dice—. Además, le dije a Gigi
y a Pops. A ellos les parece bien, así que no me importa el resto del mundo.
Todas las personas que son más importantes en mi vida me conocen y aún
me aman y aceptan. He conseguido todo lo que quería, incluso lo que no
quería admitir para mí mismo que quería.
—No puedo decirte lo feliz que eso me hace, Brock. De verdad que sí.
—Lo sé.
Nos quedamos en silencio mientras vemos a Gigi y Ashton quemar la
pista de baile.
—Lo único es que ahora estoy atrapado en un restaurante —dice
Brocks, con los ojos fijos en los que bailan—. No conocerás a nadie que
quiera dirigirlo, ¿verdad?
Parpadeo hacia él.
—Puedes considerarlo un regalo de bodas.
—Brock, estás bromeando.
—No lo estoy.
—Estás borracho.
—Estás interesada —dice con una sonrisa de satisfacción.

153
154

Cuando Haylee Thorne no está escribiendo sus historias, trabaja


orgullosamente como una enfermera de registro en Kentucky. Haylee ama
leer y ver televisión (puede o no estar ligeramente obsesionada con el
anime), y hay muy pocas películas que no haya visto. Es conocida por
disfrutar una buena copa de champán, y puede comer una cantidad
ilimitada de papas fritas (en serio, es un problema). Cuando tiene algo de
tiempo libre (como un tiempo sin escribir o trabajar), Haeylee ama pasar
tiempo con su esposo, familia y amigos.
155

También podría gustarte