INTRODUCCIÓN - MARY
Una vez más celebramos la Pascua de Jesús, y este año de una manera atípica, pero por qué no,
también de una manera especial.
Durante este triduo pascual que hemos vivido de un modo extraño, pero intenso, hemos podido
experimentar el dolor y el escándalo de la cruz abriéndonos a todos los que sufren… hoy
ensanchamos el corazón lleno de gozo y damos gracias al Padre que nos ha salvado del sin
sentido y de la muerte.
El evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena madrugando para ir al sepulcro de Jesús,
“cuando todavía estaba oscuro. Y como ella, nosotros también hemos venido a visitar el
sepulcro del Señor. Si en pocas semanas un virus sembró el mundo de sepulcros, todavía con
los ojos nublados por las lágrimas hemos venido a buscar el cuerpo del Señor que nos ha salido
al encuentro como el señor resucitado. HOY EL CORAZÓN DEBE LLENÁRSENOS DE
ESPERANZA
Al entrar en oración hoy en este día de Pascua, tomémonos un momento para repasar las
últimas semanas y meses. Este ha sido un momento difícil de muchos cambios en la vida
cotidiana para todos en todo el mundo. Hagamos una pausa por un momento y consideremos
los momentos que Dios ha estado trabajando en nuestra vida... ¿Se le destaca un momento en
particular? ¿Un momento donde la luz del Cristo resucitado estaba presente y activa? Esa
misma luz está presente con nosotros ahora.
EVANGELIO - CÉLINE
PREGÓN - CÉLINE
REFLEXIÓN -
VALENTINA
Era todavía de noche y todo estaba a oscuras. Era muy de madrugada cuando María
Magdalena, empujada por su amor a Jesús sale hacia el sepulcro. La muerte no le acobarda
porque el amor es más fuerte.
Por eso para un cristiano no tiene sentido la tristeza ante la muerte, no se entiende el miedo y la
angustia. Hoy, fiesta de la Pascua, cuando celebramos la Resurrección de Jesucristo, el corazón
debe llenársenos de esperanza, de ánimo y de buenos deseos, de ganas de vivir... Vivir con esa
fe es dar contenido y valor a toda nuestra existencia, infundir optimismo y esperanza
permanente.
Para vivir esta realidad hemos de aventurarnos y asomarnos al sepulcro. Es decir; si tenemos
ojos para tantas cosas del mundo, ¡cómo no los vamos a tener para asombrarnos ante el
acontecimiento de la Pascua de Resurrección!
¿Qué existe el dolor? ¿Qué nos sacuden sucesos que enturbian nuestra felicidad? ¿Qué no todo
marcha bien? ¡Por supuesto! Pero, la Resurrección de Cristo, nos da la fuerza necesaria para dar
luz a esas situaciones. La Resurrección de Cristo no nos resuelve de un plumazo todo aquello
que atenta a nuestro bienestar, pero nos sitúa por encima para que seamos capaces de
enfrentarnos y darle solución.
ANA MARÍA
En este día de Pascua damos gracias a Dios por tres cosas fundamentalmente:
Primero: porque su Resurrección es motivo de esperanza. Porque el horizonte de nuestra
existencia, con la claridad de la Pascua, se hace más risueño, creativo, emprendedor y –sobre
todo- invitados a disfrutar lo que Jesús para nosotros conquista: la vida de Dios.
Segundo: su Resurrección es una razón para cambiar en aquello que haga falta. La cuaresma,
entre otras cosas, pretendía generar en nosotros un cambio y a mejor. ¿Lo hemos conseguido?
¿Cómo está nuestra oración? ¿Nuestra relación con los demás? ¿Nuestra vida personal? A la luz
de la Pascua se ve más necesario que nunca un cambio de actitudes y de forma de ser. A Pascua
reluciente, vida resplandeciente. Ojala alejemos de nosotros aquello que nos impide ser
“pascuas” nuevas. Es decir; pasos convencidos, abiertos, generosos, comprensivos,
perdonadores, orantes, etc.
Tercero: su Resurrección nos empuja a dar testimonio de su presencia real y misteriosa. No nos
podemos quedar enganchados a la cruz, ni entre sollozos recogidos en el sepulcro. Nuestra
vivencia de la Pascua nos hace saltar de alegría y, sobre todo, conscientes de una gran misión y
de un gran pregón: ¡Ha resucitado!
Estamos amenazados de Resurrección. ¡Qué alegría! Nosotros también como Jesús de Nazaret.
Pascua es Resurrección, es vida, es plenitud. ¿Quién nos la puede quitar? Escuchemos las
palabras de un amenazado.
“Dicen que estoy amenazado de muerte. Tal vez. Sea de ello lo que fuere, estoy tranquilo.
Porque si me matan no me quitarán la vida. Me la llevaré conmigo, colgando sobre el hombro,
como un morral de pastor.
A quien se mata se le puede quitar todo previamente, poco a poco, como se hace hoy: los dedos
de las manos, la lengua, la cabeza. Se le puede quemar el cuerpo con cigarrillos, se le puede
aserrar, partir, destrozar, hacer picadillo. Todo se le puede hacer y quienes me lean se
conmoverán profundamente con razón.
Yo no me conmuevo gran cosa. Porque desde niño, Alguien sopló en mis oídos una verdad
inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: “No teman a los que
pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la Vida”...
Dicen que estoy amenazado de muerte...
¿Quién no está amenazado de muerte? Lo estamos todos, desde que nacemos. Porque nacer es
un poco sepultarse también. Amenazado de muerte. ¿Y qué́? Si así fuere, los perdono
anticipadamente. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida,
amenazados de esperanza, amenazados de amor... Estamos equivocados. Los cristianos no
estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de resurrección”.
José Calderón Salazar. Periodista guatemalteco amenazado de muerte
POEMA
Has gritado, con tu escandalosa muerte, En esta noche, oh Señor, no existe ya el
fracaso
en medio de tanto ruido y, tu final,
ya no observaremos con temor al último día
ha podido más que la misma muerte
ni, mucho menos, teñiremos de negro
¡GRACIAS, SEÑOR! ¡ALELUYA!
los suelos por los que nuestros pies avanzan
¡HAS RESUCITADO, SEÑOR!
Has muerto, pero al morir,
nos has enseñado a mirar hacia el Padre
Has resucitado, y con tu resurrección,
a cumplir la voluntad de Dios y no la
nuestra nos das alas para soñar y volar en el cielo
eterno
a buscar el bien de los demás y no el propio
para combatir dudas y soledades
¡HAS RESUCITADO, SEÑOR!
Nos das ojos grandes para ver el mañana
frente al hoy que se nos impone
Se ha cumplido lo anunciado por los
profetas Colocas nuestros pies en el camino de la fe
hemos pasado de la tiniebla a la luz para esperar ante la desesperanza
del pecado a la gracia para gozar con la gloria que nos aguarda
de la falsedad a la gran Verdad para no alejarnos de ese surco que Dios
de la tierra al mismo cielo traza entre esta tierra y el cielo en el que
habita
de los interrogantes a tu VIDA como
respuesta ¡HAS RESUCITADO, SEÑOR!
¡HAS RESUCITADO, SEÑOR!
Y, porque has resucitado, te damos las
gracias
Lo eterno, en esta noche santa y divina,
Contigo, seremos invencibles
se impone a lo efímero
Contigo, llamados a la vida
El sepulcro se convierte en simple y vago
recuerdo Contigo, empujados al Padre
la losa de la muerte se fragmenta en mil Contigo, sin temor ni temblor, hasta el final
pedazos Movidos por la fe, con la fe y en la fe
y tú, Cristo, sales caminando y victorioso ¡HAS RESUCITADO, SEÑOR… Y NOS
¡HAS RESUCITADO, SEÑOR! BASTA!
POEMA 2
¡Aleluya! Este es el día, el gran día,
Que llena de claridad todos los días Este es el día que no hace distinción,
¡Aleluya! Y a todos ilumina con la fuerza de su luz.
¡Aleluya!
¡Aleluya!
Este es el día permanente, sin ocaso, ¡Aleluya!
Que no conoce sombras ni obscuridades. Este es el día que a todos nos invita,
¡Aleluya! A vivir la Vida en toda su plenitud.
¡Aleluya!
¡Aleluya!
Este es el día que llena de esperanza, ¡Aleluya!
A todos los que buscan nuevos horizontes. Este es el día que nunca se obscurece,
¡Aleluya! Porque es eterno el Sol que lo ilumina.
¡Aleluya!
¡Aleluya!
POEMA 3: PARA SER TU MENSAJERO
Ilumina mi sombra para llevar tu luz.
Ilumina mi sonrisa para abrazar tus resurrecciones.
Ilumina mi impotencia para fortalecerme en tu amor.
Ilumina mi andar para crecer en la entrega.
Ilumina mis palabras para no tener miedo a tus silencios.
Ilumina mis lágrimas para seguir sembrando.
Ilumina mis errores para aprender de vos.
Ilumina mi oración para no ser sordo a tu llamado.
Ilumina mi latir para no perder el ritmo del Reino.
Ilumina mis necesidades para animarme a vivir más allá de ellas.
Ilumina mi amor para que sea incondicional y hasta el extremo como el tuyo.
Ilumina mi soñar para despertar contigo.
Ilumina mi música para cantar con los demás.
Ilumina mis heridas para regarlas desde el manantial.
Ilumina mi carisma para que sea plenitud de vida.
Ilumina mi cercanía para construir a la vez distancias y puentes.
Ilumina mi Eucaristía para hacerlo en memoria tuya.
Ilumina mi paz para ser tu mensajero.
(Marcos Alemán, sj)
ORACIÓN FINAL
Nos tenemos que dejar encontrar por ti, Señor de la Vida, ¡quién sabe si a veces te buscamos
entre los muertos, cuando tú estás Vivo!
Haznos aprender que, más que buscarte, hay que dejarse encontrar por ti.
Hay que abrirse a tu presencia que nos llena de luz, nos sacia de Vida y nos ayuda a recorrer el
camino de la fe.
Ayúdanos a saber amar aquellos que fueron tus preferidos: los pobres y los marginados.
Ayúdanos a saber vivir con tus mismas actitudes de desprendimiento y de generosidad, de
darnos sin medida al servicio de todos.
Así, haciendo tu mismo camino, te podremos descubrir viviente en cada uno de los seres
humanos a quien tú tanto amas y compañero de nuestras vidas. AMÉN.