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La Manzana de La Discordia

Este documento presenta un resumen del mito griego de la Manzana de la Discordia. Narra cómo Eris, la diosa de la discordia, lanzó una manzana dorada en una fiesta en el Olimpo con la inscripción "para la más hermosa". Tres diosas reclamaron la manzana: Hera, Atenea y Afrodita. Zeus eligió al príncipe troyano Paris como juez. Afrodita le prometió a Paris el amor de la más bella mujer mortal, Helena de Esparta, si le d
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La Manzana de La Discordia

Este documento presenta un resumen del mito griego de la Manzana de la Discordia. Narra cómo Eris, la diosa de la discordia, lanzó una manzana dorada en una fiesta en el Olimpo con la inscripción "para la más hermosa". Tres diosas reclamaron la manzana: Hera, Atenea y Afrodita. Zeus eligió al príncipe troyano Paris como juez. Afrodita le prometió a Paris el amor de la más bella mujer mortal, Helena de Esparta, si le d
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Educación Religiosa Grado 11

Guía de lectura
Fecha:
Versión: 01 Página 1 de 1 LD-FR-108
08/01/2014 LICEO
DEPARTAMENTAL

TEMA:​ La mitología griega: el espejo del alma.


DESEMPEÑO:​ Interpreta los relatos mitológicos para descubrir sus significados.
Consigna: Lee con atención el texto, ojalá más de una vez.

LA MANZANA DE LA DISCORDIA

Tomado de:​ GARCÍA DOMÍNGUEZ, R. ¡Por todos los dioses! Norma. 2003.

Hera fue una de las esposas de Zeus, la más importante de todas ellas, la que el propio dios coronó,
junto a él, como reina y señora del Olimpo. Zeus y Hera son las dos grandes divinidades de la
mitología.

Las bodas de ambos fueron esplendorosas, propias de dioses, como podrás suponer. Tuvieron lugar en
el paradisíaco Jardín de las Hespérides, donde fructifican las manzanas de oro y donde las fuentes
manan ambrosía de inmortalidad. Las siete hespérides o ninfas del ocaso prepararon el escenario para
una boda de ensueño. Ellas mismas danzaron día y noche en torno a las mágicas fuentes, y al final de la
danza, una a una, fueron entregando sendas manzanas de oro a la recién desposada Hera.

Resulta que un día, el padre de los dioses organizó un soberbio banquete con motivo de las bodas entre
Tetis y Peleo e invitó a casi todos sus compañeros olímpicos, pero excluyó a Eride, diosa de la
discordia y madre de Lete (el olvido), Limos (el hambre), Algos (el dolor) y Ponos (la pena).

La siniestra diosa, como venganza, se presentó inesperadamente a los postres y lanzó sobre la mesa una
lustrosa manzana con un rotulito que decía: «Otórguese a la más hermosa de las diosas aquí presentes».
¿Y sabes quiénes eran las tres diosas presentes? Pues ni más ni menos que Hera, reina del Olimpo y
esposa de Zeus; Atenea, diosa del poder y de la sabiduría, y Venus, diosa de la belleza y del amor.

Eran tres las diosas en litigio. ¡Y vaya diosas! Tan altivas las tres, que ninguna aceptó, por principio,
que cualquiera de las otras dos pudiese ser la más hermosa. Cada una arrogaba para sí el privilegio de
llevarse la manzana de la discordia.
Los propios dioses comenzaron a dividirse en bandos y a ponerse del lado de una u otra de las
candidatas. ¡La más hermosa es Hera! ¡Ni hablar, Atenea es mucho más bella! ¿Pero es que no tenéis
ojos en la cara? ¡Nadie en el Olimpo gana en hermosura a la divina Venus!

Aquello fue como un concurso de belleza de los que se celebran ahora ¡La elección de Miss Olimpo! O
algo parecido. Y fue tal el desconcierto a la hora de la elección, que Zeus se vio obligado a poner orden
y a nombrar un juez que dirimiese el asunto. Un juez o árbitro que no tuviese nada que ver con el
Olimpo ni con la familia divina, ya que así no habría intereses o preferencias de ningún orden que
determinasen la elección.

Y Zeus pensó en París, un joven, valeroso y apuesto príncipe troyano. ¡Menudo susto se llevó cuando
Hermes, el heraldo del Olimpo, le comunicó la decisión del padre de los dioses! Pero cuando de veras
empezó a temblar de los pies a la cabeza fue cuando se presentó ante él la primera candidata. Hera
apareció en su máximo esplendor y le prometió a París que lo haría reinar sobre toda Asia.

Llegó luego Atenea, diosa de la sabiduría y de la fuerza, y prometió a París dotarlo de ambos carismas,
además de no ser derrotado jamás por sus enemigos, si era a ella a quien le otorgaba la manzana. ¡París
estaba hecho un mar de dudas! Hasta ahora la elección no podía ser más complicada: las dos aspirantes
eran hermosas y las dos le ofrecían regalos a cuál más tentador. Pero faltaba Venus (Afrodita).

Reflexionaba París mirando al mar, cuando de pronto, surgiendo de una ola, brillante de espumas,
apareció la diosa del amor y de la belleza. El joven se quedó absorto, embelesado. Diosa de la belleza
la llamaban y a fe que respondía con creces a tal nombre. Jamás París había visto tanta hermosura ni
tanta armonía en un cuerpo de mujer. Venus se acercó al príncipe y le solicitó para ella la manzana.

— ¿Y qué me darás a cambio? —Contestó París—. Las otras diosas me han prometido...

—Sé que amas la belleza por encima de todo, oh gentil príncipe de Troya —lo atajó Venus— Por ello
yo no te prometo ni poder ni riquezas; si me eliges a mí, te otorgaré el amor de la mujer más bella entre
las mortales: Helena de Esparta. París no dudó ya ni un momento.

Se presentó ante el padre de los dioses, se inclinó profundamente ante él y se expresó así: —Ya tengo
la decisión tomada, oh gran Zeus. —Que comparezcan, entonces, ante mi presencia las tres diosas
candidatas.

Así lo hicieron y nuevamente París, al verlas reunidas, sintió un sudor frío que le corría por la espalda.
Pero la decisión era bien firme. Tomó la manzana, irguió el pecho y caminó con paso decidido. Todos
los dioses olímpicos contuvieron el aliento. El joven príncipe se acercó al trío de diosas, se detuvo un
instante frente a ellas y con un gesto enérgico, pero al mismo tiempo lleno de galantería, entregó el
fruto a Venus. ¡Ella era la elegida, ella era la más bella de las divinidades del Olimpo!
En este caso el final no fue color de rosa. Trágico como pocos en la historia del mundo. La decisión del
joven Paris, aparentemente inocente, trajo como consecuencia una de las guerras más encarnizadas de
la antigüedad. — ¿Una guerra por una manzana? — Justamente. Al entregársela a la diosa Venus, Paris
estaba desencadenando la famosa guerra de Troya, la cantada por mí en los versos de La Ilíada, la
guerra entre griegos y troyanos a causa de la belleza de Helena de Esparta.

1). (El mito como psicología) Nombra 3 sentimientos que expliquen la psicología humana retratados en
el mito de la manzana de la discordia y explícalos a la luz del texto.

2). (El mito como religión) Escribe al menos dos grandes diferencias entre el mito de la manzana
entendida como religión y el cristianismo (catolicismo). ¿Encuentras alguna semejanza?

Los dioses son muy humanos


Hay diosas
Varios dioses

3). ¿Qué hecho(s) histórico(s) crees que podría explicar este mito griego?

4). A los mitos también se le han atribuido lecciones, advertencias o consejos

5). Elabora un meme que dé cuenta del episodio relatado en el mito.


EDUCACIÓN RELIGIOSA Y MORAL
TALLER EVALUATIVO LICEO
LIC. ALBERTO N. ISAZA DEPARTAMENTAL
Asignatura: Religión.

Taller de nivelación.

TEMA: Mitología griega.


COMPETENCIAS: Interpretativa y Argumentativa.

El mito ha cumplido tres funciones fundamentales:

Cosmogónico o Histórico: Son la primera forma que tienen para explicar hechos como el origen o
acontecimientos históricos relevantes.

Religioso:​ Son una de las primeras expresiones del espíritu religioso de los individuos.

Psicológico:​ No son narraciones inocentes. Explican verdades profundas del alma humana.

Ejercicio

Consulta y lee el mito griego: Orfeo y Eurídice. Pégalo en el cuaderno y responde:

1. ¿Qué aspectos, comportamientos o sentimientos de la psicología humana crees que explica?

2. Escribe las diferencias que existen entre las características religiosas del mito y el cristianismo
(catolicismo). ¿Encuentras alguna semejanza?
3. ¿Qué hecho(s) histórico(s) o cosmogónico (s) crees que podría explicar?

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