Loo Fest
Loo Fest
EDITORXS:
Maricela Guerrero, Sergio Ernesto Ríos, Xitlalitl Rodríguez Mendoza
ÍNDICE
5 Presentación 46 Postales desde mi cabeza
Maricela Guerrero (fragmentos)
Xitlalitl Rodríguez Mendoza Sergio Loo
5
Agradecemos y celebramos el espacio que grafógrafxs abrió
generosamente para este homenaje a nuestro querido, admirado
y muy echado de menos siempre —particularmente cuando B-52
o Alaska retumban en alguna pared del horizonte— Sergio Loo.
También agradecemos a Selva Hernández, por facilitarnos ma-
terial para dar a conocer la obra de Sergio. Y gracias infinitas a
Reyna Loo por el cariño y el apoyo incondicional siempre. Y como
decía el mismo Loo, abrazombis.
Maricela Guerrero
Xitlalitl Rodríguez Mendoza
Loofest
6
Chapo
Sergio Loo
Tengo
un abuelo que tiene el estilo de Diego
Rivera panza adentro del pantalón
y el cinturón bien amarrado para andar
tranquilo tiene
un banquito de madera
Pasa el sol de la mañana sentado sobre su banquito
recargado contra la fachada de la casa y su periódico y su radio
Mi abuelo tiene
la comida bien servida y el café con pan en la mañana
Luego va por su periódico
donde lee cosas que no son noticias porque a mi abuelo no
le interesa el Tratado de Libre Comercio las video
caseteras la caída
del muro de Berlín ni
esas cosas modernas porque
mi abuelo no es tonto y sabe
que los tiempos pasados fueron mejores
y allá se queda
con todo y banquito que ya va
Sergio Loo
por el 5° o 6° —así
reponiendo banquitos
retiene el tiempo en una fecha—
Chapo
7
fabulosas historias sobre mi abuelo Mi
abuelo un buen hombre que les quemaba
los libros comunistas a sus hijos y bajó
el switch de la casa en punto de las 8
para que los invitados a los 15 años de Adriana
se largaran a la voz de ya (y ya
es ya) Pero
como para esto mi abuelo católico dios
lo bendijo con una esposa y 11 hijos con sus respectivas bocas
hambrientas
3 veces al día Es
decir
11 x 3 = 33 alimentos diarios más los de él y su esposa Pero
como para esto mi familia
familia pobre mi abuelo y mi abuela
precavidos parieron los más
todos los hijos que pudieron para que mano de obra ayudaran
a sostener a la familia que no acababa
de nacer
crecer
comer
cenar
desayunar
comer de nuevo
Porque así
era la forma así
lo hizo su padre y el
padre de su padre y el
padre del padre de su
amén
Loofest
8
no registró a una hija sino hasta que nació la otra
Práctico u
olvidadizo
a las 2 les puso el mismo día y mes de nacimiento pero
aun así
no grandes fiestas de cumpleaños para ninguna porque
mi familia —y no me golpeo el pecho— pobre
Y por eso a los 16
mi abuelo sacó de la escuela a su primogénita y acta
modificada de nacimiento la puso a trabajar para ganar
quincenas y aguinaldos para comer porque total
mujer
y a la mujer
le brotan hijos
casa y un marido que la mantiene
así
debió
pero no
otra cosa si el primogénito varón
fue
porque ah
todo un caso mi abuela
Entonces
Chapo
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siempre niños y por tanto útiles
para hacer mandados
Tengo
un abuelo
al que le podría dedicar lindísimas canciones viejo
mi querido viejo
cabrón sentado también en la mesa no nos hace caso
ni escucha lo que ahora mismo le estoy diciendo
Mi abuelo tenía un cuadradito
de terreno cerca del volcán
y en el cuadradito de terreno un cuarto que nunca terminó de
construir
y frente al cuartito un árbol que daba aguacates y a nosotros o
a cualquier otro niño porque
insisto intercambiables nos ponía
a los frutos bajar Mi
abuelo con
su prominente barriga parado sobre su cuadradito de terreno una
versión de El Principito pero escrito por Juan
Rulfo hasta que un día le faltó dinero y lo vendió
y se quedó cabizbajo
Sobre su banquito se quedó con los ojos
como si de repente se le hubiera metido el tiempo
extrañado como cuando se percata
que la gente que le rodeó la vida ahora muerta
o enferma
o muy enferma
o saliendo del hospital
o mejor
Loofest
mucho
10
mejor gracias
a dios Mi abuelo acomedido
pregunta dolencias
a sus amigos para que cuando con el doctor Ay doctor
me
duele aquí
y
acá
y
cuando camino ¿Pero qué
me puedo tomar doctor? ¿Doctor? Y así
con medicamentos gratuitos
regresa para las dolencias de todos
Mi abuelo
antes un hombre duro
Un hombre duro con esposa y 11 hijos Primero
tuvo a Reyna
luego a Beba luego Betty luego a Pepe luego
a Lore luego a Ady luego a Juan luego a Pato luego Cabubi y así
hasta el orejón
del Gigio* Mi
abuelo la refutación del triunfo
del pasado paternal gobierno Pan
duro pero seguro aunque
a veces ni eso Duérmanse
los despierto cuando llegue su padre y cenamos pero mientras duérmanse
Sergio Loo
* Cfr
Chapo
11
Y así hasta el día siguiente pero ahora después
después del café sigue su banco y el sol de la mañana y el radio
o camina y se pierde hasta la hora de comer
Caminatas que nadie sabe a dónde va o por dónde anduvo
buscando a su hijo de 16 años después de la mañana del temblor
(septiembre 19
1985) Largas caminatas errantes caminatas sobre piedras
que antes muros edificios
por calles cerradas que antes la colonia Roma hospitales
hoteles restaurantes oficinas el forense
Hasta que lo encontraron pero no era él
Llevaba su ropa pero no era él
Se había puesto su pálida cara pero no era él
Llevaba puestos todos los rasgos que lo identificaban como su hijo
Pero no podía
Aunque llevaba su 1/68 de estatura
tez morena pantalón de mezclilla
chamarra rompevientos tenis “Charly” azul marino y
cabello lacio informes al
5- 97- 46- 21
o
3- 92- 19- 78
Pero no pudo
No fue él
Imposible que fuera él
Tengo un abuelo
que se recargó contra la pared
emulando un hospital derruido
Lo que antes la firmeza del Chapo
ahora sentado en un bote de Comex muro vencido
Loofest
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y nadie dijo nada
simplemente lo vieron
Por eso cada vez que el piso se cimbra
mis abuelos mis tías mis tíos
como arrancados arrastrados al terror de un septiembre (7
con 19 de la mañana el desayuno
a medio hacer) y palidecen
y se quedan entumidos
Ven losas vencidas y adentro huecos y en los huecos gritos
Y en los gritos piedras y muebles rotos que atrapan a la gente
O no gente
conocidos
desaparecidos
La cabeza se les revuelve entre las fechas que ya pasaron pero los
jalan
y no responden y los revuelven rezos se les rezos de les y
luego saturarse de llamadas ¿Dónde
está Adriana dónde Hugo dónde Liliana dónde Mario dónde
Lorena dónde Nashielli dónde Bárbara dónde Jorge dónde
Jonathan dónde Luis dónde Judith no
contesta Judith dónde está Judith Contesta
Contesta
Contestó Mi abuelo
tengo
que trae una bolsa de papel con pan para después del susto y
de nuevo
el retorno a la vieja buena época
Sergio Loo
la comida en la mesa
el plato con frijolitos
la abuela a un lado
Chapo
abundantes tortillas
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el radio
el periódico
el banquito
meter la jaula de los pájaros antes de
dormirse
y despertar temprano
y el café y la
caminata
y el banquito
de madera firme
el banquito
Este poema aparece en el libro Guía Roji, publicado en 2012 por el Instituto
Loofest
Veracruzano de Cultura.
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Bosquejo de Sergio Loo
15
fragmentaria, piezas distribuidas en un tablero ahora abandona-
do que nos toca rearmar.
Así como los miembros a lo largo de Sus brazos labios en mi
boca rodando van cayendo como una especie de tetris en la me-
moria del lector, al revisar necrológicas y perfiles que pudieran
ayudarme a maquillar este hueco de información biobibliográfica
que apenas y se asemeja al vacío que nos crece en el estómago
cuando pensamos en lo mucho que nos hace falta, salen montones
de homenajes y mesas en su honor en otras ciudades. Vi que en
2018 se celebró, en Morelia, la mesa “Punto de encuentro entre
literatura y diversidad sexual: un homenaje a Sergio Loo”, en la
que participaron el dramaturgo Carlos Talancón y el poeta mi-
choacano Daniel Wence —uno más de los amigos queridísimos
que me dejó Loo—, entre otros.
También vi que otro extraordinario artista y activista de los
derechos sexuales y de la diversidad sexual, Franka Polari (Omar
Feliciano o @tipographo en Twitter), quien falleció el 8 de marzo
pasado del mismo mal que aquejó a Loo —cáncer—, compartió
en 2014 poemas e ilustraciones de Sergio Loo para lamentar su
fallecimiento.
Así pueden contarse las redes infinitas que Sergio creó en
una constelación de referencias que alimentaron su literatura:
ese artefacto cinemático, inestable, imágenes desmantelándose y
cayendo, discurso cuyo significado puede solamente emerger del
movimiento, por esa impermanencia a la que Loo se predisponía
porque sabía que el momento es inasible, incluso si la literatu-
ra aspira a enmarcarlo. La poética de Loo es la salida, la fuga,
como afirma en Postales desde mi cabeza, probablemente el libro
donde la ternura se levanta en armas y se rebela sobre la oscuri-
dad: “(extrañas el clóset repleto de cobijas) (extrañas) (extrañar
Loofest
16
(pero tú eras el extraño y por eso te saliste) (tú estabas afuera y
por eso te saliste)”. Su poética y narrativa están basadas en dicha
desarticulación del lenguaje, como si estuviera haciendo fracking
gramatical a su herramienta de trabajo para extirpar los signifi-
cados posibles.
Mientras su poesía desarticula el cuerpo por miembros, mie-
dos, sensaciones y voces unas veces más introspectivas que otras,
su narrativa desvela el discurso individual dentro de un cuerpo
social: sus personajes sólo son sórdidos en sus silencios y descrip-
ciones; toda vez que se hallan conversando con sus amigxs, su ha-
bla lxs delata: soy, eres, es empiezan a desencadenarse, a brincar
como chivo en cristalería mientras la historia vira hacia derroteros
que siempre nos llevarán a nosotrxs y a esa aureola de luz negra
que llevamos como sino.
Al intentar este perfil, casi siento que lo traiciono. Y al recor-
dar el primer discurso de Toni Collette en Hereditary (Ari Aster,
2018) pienso en lo mucho que le habría gustado esa película. El
terror selló nuestra amistad a la primera caguama. La poesía no;
eso vendría después. Porque Sergio contaba cosas a través de sus
libros: collages entre ficción y realidad y ficción de nuevo. Por
17
y crítico implacable, Sergio siempre habló de la ciudad y sus no-
ches, si acaso vio “la madrugada de la glorieta de Insurgentes/
cuando azul verde rosa el cielo”, un ángelus premonitorio de las
horas inciertas que vería venir en Operación al cuerpo enfermo.
Su escritura, algunas veces circular en cuanto a fraseos dispuestos
cuidadosamente por aquí y por allá, funciona como un mapa que
nos va guiando por nuestra propia experiencia de vida.
Al intentar este perfil, casi siento que lo traiciono. Y entonces
viene a mi mente el epígrafe de Sus brazos labios…: “Escribir es
el último recurso cuando uno ha traicionado”, de Jean Genet.
No puedo dejar de preguntarme qué habría dicho Sergio Loo
si hubiera vivido la emergencia por el Covid-19 en la que ahora
se instaura nuestro mundo, y esa psicodeflación de la que habla
Franco Berardi, Bifo, y que nos tiene sumidxs en un encierro don-
de sólo postales desde nuestra cabeza se proyectan sobre la pared,
porque es lo único que nos queda.
Más que un intento por totemizarlo (él habría odiado eso),
este libro busca una relectura de su obra, con todas sus ilumina-
ciones y sus errores (le encantaban las deformidades): un momen-
to para recordarlo y seguir esa luz que nos lleve, de regreso, hacia
nosotrxs.
Narvantense (léase originario de la Colonia Narvarte para lxs
no chinlangxs), nació en la Ciudad de México el 15 de abril de
1982 y murió en la misma ciudad el 28 de enero de 2014. Fue
egresado de la Escuela de Escritores (Sogem) y de la Especia-
lización en Literatura Mexicana del Siglo XX en la UAM Azca-
potzalco; en 2010 fue estudiante de un posgrado en la Univer-
sidad Pompeu Fabra de Barcelona. Autor de los libros de poesía
Claveles automáticos (Harakiri Plaquettes, 2006, serie de la que
aquí se publican poemas inéditos); Sus brazos labios en mi boca
Loofest
18
Cultura, 2012); Postales desde mi cabeza (UANL, 2014) y del
libro póstumo Operación al cuerpo enfermo (Ediciones Acapulco/
UANL, 2015); así como de las novelas House: retratos desarma-
bles (Zeta, 2011) y la póstuma Narvarte pesadilla (Moho, 2017).
Su trabajo se recoge en diversas antologías, entre ellas Antología
de letras, dramaturgia, guion cinematográfico y lenguas indíge-
nas: generación 2013-2014, primer periodo (FONCA, 2014); Ar-
bitraria: muestrario de poesía y ensayo (Antílope, 2015); Divino
Tesoro (Casa Vecina, 2008); El poeta del siglo XXI. Memoria del
I Encuentro Internacional de Poetas en Cd. Delicias (Chihuahua
Arde Editoras, Delicias, Chihuahua; 2006); y El fungible. Especial
de relatos (Municipio de Alcobendas/Punto de Lectura, Alcoben-
das, España; 2006). Fue fundador de la distribuidora de libros
Setenta. Fue becario del FONCA en la disciplina de poesía y ga-
nador del VIII Concurso de Poesía de la Universidad Autónoma
Metropolitana. Colaboró en las revistas Papeles de la Mancuspia
(Monterrey), Versodestierro (DF), Gaceta Literal (DF), Navega-
ciones Zur (Mérida), Oráculo (DF), Tierra Adentro y Vice, entre
otras.
19
Sergio Loo
Mónica Nepote
20
abordó, a través de la escritura, su cuerpo enfermo. Cómo miró
centímetro a centímetro su proceso, no para entenderlo o rego-
dearse, sino en un afán de vivir enteramente la experiencia, sin sa-
lidas fáciles, sin recovecos. En ese hablar descarnado está también
un ejercicio de estilo y una reflexión de género: qué es el cuerpo
sino un espacio sitiado por la cultura, por el erotismo, por la en-
fermedad; qué es ese cuerpo sino una parte de nosotrxs mismxs
que se vuelve en contra de repente, convirtiéndose en una bomba
de tiempo; qué es el cuerpo sino un espacio en el que se experi-
mentan lenguajes, pasiones, reiteración, reformulación y desgaste.
Todo esto es el sabor de boca que me deja uno de sus últimos
libros (que todavía trabajó con su editora Selva Hernández), que
revisó con cuidado y que no alcanzó a ver publicado. Un libro
poderoso, un cristal que se rompe frente a nosotrxs.
Mónica Nepote
21
Loo inédito: Claveles automáticos
Maricela Guerrero
22
Escribo y lo imagino diciendo: ¡claro!, pero es que vimos mu-
cha televisión y muchas películas de superhéroes y la barra de
supervacaciones y, a veces, hasta tomamos clases en escuelas de
campamento de la Ciudad de México cuando se cayeron las nues-
tras en el temblor del 85; y, por supuesto, que vimos a los pájaros
patinadores. Por eso, estos Claveles automáticos, publicados por
la legendaria Harakiri Plaquettes, son de los primeros trabajos de
Sergio Loo dados a conocer y fueron acompañados por una pre-
sentación de Raquel Huerta Nava (1963-2018), quien dijo sobre
ellos lo siguiente: “En los poemas que conforman Claveles auto-
máticos hallo una exaltación de la vida y de la sensualidad con
imágenes de gran intensidad, como: caballos salvajes/desatan/un
puntiagudo grito desde la espinal dorsal”.
Con estas palabras de la extrañada Raquel, los invitamos a la
lectura de estos poemas que fluyen diversos, electrizantes y vigo-
rosos, como si fuesen leídos esta misma tarde.
Abrazombis, como decía el querido Sergio Loo.
Maricela Guerrero
Loo inédito: Claveles automáticos
23
Poemas inéditos
Sergio Loo
en un lugar
en el lugar
y a la persona
más o menos
correcta.
Loofest
24
Cuerpos sin nombre
difuminados
en las sábanas.
tú y yo,
por ejemplo,
Sergio Loo
Poemas inéditos
25
Tu lengua en mi boca,
saliva ajena
en mi cuello
Motores en tu sexo,
carne violenta
26
Su cuerpo en un extremo y el mío en el otro de la cama,
para nosotros,
laberinto amurallado
vuelto jardín.
porque
entre frases mal tiradas, puestas en jaque por sí, noté Sergio Loo
27
párvulas
avanzan
casilla
casilla,
esquivas
para no comerse.
Cuidadosos,
28
Déjame pensar que esta vez no eres tú y no soy yo,
y nada más.
Sergio Loo
Poemas inéditos
29
La deconstrucción de la forma:
Sergio Loo
Jonathan Minila
Yo sé que para ser buen narrador tengo que trabajar más mis
poemas. Lo sé. Y por eso estoy buscando clases de pintura.
Sergio Loo
30
Pensar en el universo, por ejemplo. Stephen Hawking se refiere a
él como extraño y maravilloso: “Se necesita una extraordinaria
imaginación para apreciar su edad, tamaño, violencia, e incluso
su belleza”, dice. Imaginación para conceptualizar la teoría del
todo. Pero, ¿qué es el todo? ¿Una explicación sobre Dios, sobre
el origen de la vida? Por otra parte, hemos podido estar siempre
en un error (estamos en un error). George Steiner se hace una
pregunta fundamental: “¿Quién puede decirnos si buena parte de
nuestra racionalidad, de nuestro análisis y de nuestra organizada
percepción no se compone de ficciones pueriles?”. El pensamien-
to, sin duda, tiene sus limitaciones y por ende sus condenas. Vivi-
mos en el engaño y en la frustración.
Sergio Loo, poeta y narrador que falleció a los 32 años, era
un observador y un habitante concienzudo de esta sociedad del
engaño. Antes de que estas preguntas llegaran a mí, él tuvo la
capacidad de discernirlas y plasmarlas en su obra. Hay que leerlo
una y otra vez para entender que lo profundo va disfrazado con
lo vano. La condena humana está en la propia manifestación de
Jonathan Minila
la conciencia. El pensamiento mismo es una grieta por la que se
filtra la condición humana: el universo que hemos inventado es
falso. Somos retratos desarmables, diría Sergio, imágenes que se
saben falsas, pero que lo niegan constantemente. Eso: la máscara
31
adaptarse al mecanismo existente; no obstante, ¿cuál es esa má-
quina que habitamos?
Sergio Loo falleció desafiando el orden social. Hablar de su
muerte también es hablar de su narrativa de alguna manera.
Él mismo escribió sobre el proceso de su cuerpo enfermo para
discernir las limitaciones del ser humano y explorar las formas.
¿Qué pasa si nos deconstruimos? ¿Qué pasa si retamos a la socie-
dad? La posición política, el desafío, modificar las formas son una
constante en la obra de Loo. Aquí está precisamente el punto que
une su obra poética y narrativa y que me permite explorar una
teoría muy personal en relación con su escritura. Lo más sencillo,
sí, sería hablar de las formas a primer nivel. La imitación de la
vida, quedarse en el aspecto primario de las manifestaciones; la
rebeldía como un acto sin sentido, el posicionamiento personal
bajo las estructuras establecidas. Sin embargo, él logró desafiar el
orden a tres niveles, más allá de la forma y del fondo. De hecho,
en su obra la forma es el fondo, y el fondo se manifiesta como una
limitante; por eso, nos enseña, hay que destruirlo.
Por esto, para hablar con precisión sobre la obra de Sergio
Loo es necesario ampliar nuestra perspectiva lectora con el fin
de poder percibir y analizar claramente cada una de las aristas
que nutren su trabajo narrativo: la estética particular que nutre
la fluidez metafórica de su narrativa, el humor negro, la crítica, la
rebeldía, las estructuras, las reestructuras, el manejo del lenguaje,
la fuerza de las imágenes, la postura política a través del reflejo
social, y una infinidad de detalles que cada lector podrá ir des-
cubriendo mientras lee sus novelas, sus cuentos. En cada lectura
tiene la virtud de mutar, de enriquecerse. Más allá de narrar un
fragmento de la realidad a la cual todos pertenecemos, Sergio Loo
nos ubica en ella, en la noche, en la tentación, en el lado b de la
Loofest
moral.
32
Referirse a la forma es indispensable, pues Sergio deconstruyó
el todo (su imagen, su significado) a través de su obra, retándolo
y burlándose de él. En vida publicó cuatro libros: tres de poesía
—Claveles automáticos (Harakiri Plaquettes, 2006), Tus brazos
labios por mi boca rodando (FETA, 2007) y Guía Roji (IVEC,
2012)— y una novela: House, retratos desarmables (Ediciones B,
2011). En 2013 ganó la primera convocatoria para publicación
de novela de la Editorial Moho con Pesadilla en la Narvarte del
infierno, que se publicó de forma póstuma en 2017 con el título
Narvarte Pesadilla. En 2014, la Universidad Autónoma de Nuevo
León publicó Postales desde mi cabeza en su colección Ínsula, y a
finales de 2015 Ediciones Acapulco publicó el que quizá sea uno
de sus libros más intensos y experimentales: Operación al cuerpo
enfermo, donde la exploración de las formas navega a todo nivel:
en el lenguaje, en la estructura narrativa, en el planteamiento de
la historia, en los propios personajes; todo esto como una vía para
mostrar no sólo una postura estética, de estilo, sino para señalar
el lado más deforme de la sociedad.
Jonathan Minila
Por medio de su uso característico del lenguaje, que decons-
truye una y otra vez, Sergio Loo juega con las palabras creando
un uso del idioma para reinventar al mismo tiempo las estruc-
turas narrativas. Es decir que reutiliza las formas establecidas,
33
fotografía en la que están (estamos) incluidos todos los habitan-
tes de la ciudad, de la noche. Con el uso de historias alternativas,
en un divertido juego que trastoca la formalidad de la literatura,
Sergio no sólo va contra las estructuras sociales, va contra la aca-
demia, contra las convenciones, contra la idea del todo. Un homo-
sexual fanático de los filmes de Almodóvar, un dj nudista que lidia
con un bloqueo creativo, una loca oficinista que recoge de la calle
el cuerpo de un muchacho que es una cosa o una planta o algo,
y una chica dark con problemas de personalidad que debe lidiar
con sus dones sobrenaturales: ver a través de los ojos las vidas pa-
sadas de las personas y convertir en animales, objetos o plantas a
sus amantes. La deconstrucción de las formas, del lenguaje, de las
estructuras y de los personajes se vuelve desde la publicación de
este libro un sello narrativo que marca la obra de Sergio. A través
de la experimentación logra dar voz a los seres marginados y a
una generación entera que se siente lejos, muy lejos de la socie-
dad. Es un grito de advertencia ante la falsedad de las cosas, de la
vida. Sergio Loo desafía el orden y propone una estética que sólo
podría definir como propia, descarnada, agresiva, que deja a un
lado la subjetividad del yo poético para expresarse en nombre de
un colectivo sufriente e indefenso que es la ciudad, la noche, sus
perversiones, sus fantasías y sus demonios.
En Narvarte pesadilla, Sergio Loo vuelve a la exploración de
las formas, de la ruptura estética. El protagonista, obsesionado
por las películas de terror comerciales y diversas fantasías mons-
truosas, es descrito como alguien deforme, un comediante trágico
y una farsa cercana a la crueldad. Protagonista que por cierto ha
fallecido, nos lo advierte Sergio desde el principio. De nuevo el uso
del humor negro, la desestructuración, la idea del individuo roto y
deforme, y del cuerpo como una limitante y una condena; la vida
Loofest
34
las familias y la exploración de los tabúes. ¿Qué es la carne? ¿Qué
es el cuerpo? Ilusiones.
Por otro lado, en uno de sus libros más reconocidos, Opera-
ción al cuerpo enfermo, un narrador —él—, en forma autobiográ-
fica, nos sumerge en el duro proceso que enfrenta contra el cáncer,
que comienza por invadirlo en una pierna. Las visitas al hospital
y el enfrentamiento a una realidad nueva. Los médicos, la fami-
lia cercana, la memoria, las relaciones humanas y la sexualidad.
Mediante el reconocimiento de su cuerpo, de la memoria misma,
nos presenta a dos extraños personajes que muchas veces podrían
parecer él mismo. En un exquisito juego de las estructuras, que es
precisamente un reflejo del pensamiento y forma característica del
estilo de Loo, nos lleva a adentrarnos a las profundidades de estos
tres personajes. El enfermo, una mujer y un hombre que, de varias
formas, y cada vez más, están relacionados entre sí. A detalle se
revela la representación metafórica de cada uno de ellos, lo cual
nos obliga a preguntarnos: ¿qué son en realidad estos personajes?
Él, en representación del ser, del enfermo; Cecilia, como el tumor
Jonathan Minila
—haciéndonos recordar que todos somos potencialmente células
dañinas: “entonces esta ya no es la historia de Cecilia, sino la his-
toria sobre los juicios sobre Cecilia”— y Pedro, como el cuerpo
que es imposible dejar a un lado o conocer, hasta que el dolor nos
35
el significado de estar sano (socialmente), de la muerte (social), de
la salud y del dolor (personal y social). ¿Será el dolor la respuesta
a un intento de ruptura en el orden? ¿Será la enfermedad la única
forma de revelarse? En su obra, Loo nos cuestiona sobre el miedo.
¿Será el miedo el camino a la aceptación de nosotros mismos? No
hay respuestas, únicamente piezas para que nosotros mismos les
demos forma.
La narrativa de Sergio, como su obra en general, es de rup-
tura, de estética en la deformación, de riesgo donde se juega con
la palabra, con el lector, con el vacío, con la estructura, con el
dolor, con el miedo y con nuestros prejuicios. En sus historias se
hace presente la exploración y deconstrucción estética a diversos
niveles: de las oraciones, de la estructura, de la historia y de los
personajes, formando un cuerpo que bien podría ser el de nosotros
mismos, un cuerpo enfermo. ¿O no somos acaso una falla? O, me-
jor dicho, ¿no somos acaso la falla misma? En efecto, leer a Sergio
Loo es leernos a nosotros mismos, es darnos cuenta del engaño, de
la falsedad de las formas.
36
Sus brazos labios en mi boca
rodando
(fragmentos)
Sergio Loo
Sergio Loo
bajo otro pecho
Mi cuerpo sabe
37
**
Apagas el cigarro
y nos vamos
anacoretas
cabizbajos
aún célibes esta noche
Loofest
38
**
**
Sergio Loo
pataleando una canción de los años cuarenta mientras la rueda de
roedor no dejar de girar y girar y girar Ella la Piaf
escondida vuelta añicos en la bocina de la radio entona
**
39
**
El Libro Sus brazos labios en mi boca rodando fue publicado por Tierra
Loofest
Adentro en 2007.
40
La poética del dolor: el cuerpo
como espacio en los poemas
de Sergio Loo
41
de que además de ser escritor, mi obsesión literaria también hacía
ilustraciones e incursionaba en el mundo de las artes plásticas. En
Loo encontré poesía, narrativa, ensayo y hasta instalaciones.
Mi trabajo final de la licenciatura fue una lectura detallada
de Operación al cuerpo enfermo, en el que lo analicé como un
texto-instalación que está atravesado por la lógica del contagio.
Sin embargo, me parece que esa lectura puede trasladarse a otros
textos de Loo. La repetición de ciertas temáticas, como el ero-
tismo, las relaciones familiares/amistosas —generalmente falli-
das—, el cuerpo, la ciudad y la enfermedad, permite vislumbrar
un mismo universo en el que están inmersas.
Claro, no es sólo la repetición de líneas temáticas, sino el uso
del lenguaje. Sergio Loo tiene la capacidad de ser sarcástico y
mordaz al tiempo que mantiene un absoluto dominio sobre sus
letras. Aun los textos más irónicos, como House: retratos desar-
mables y Narvarte pesadilla, muestran su conocimiento de los gé-
neros literarios, la metaliteratura y los estereotipos que él mismo
se dedica a desmontar.
Ahora bien, con base en las similitudes entre sus textos, fue
posible rastrear un elemento común en toda su poesía: el dolor.
Este funciona como un catalizador que permite trabajar con dis-
tintas formas del cuerpo. Además, la concepción del dolor se mo-
difica entre los textos, por lo que puede ser simbólica o literal
dependiendo del poemario que se esté leyendo. Para poder definir
la concepción utilizada en cada poema utilizaré las palabras de
Loo. Él es el mejor marco teórico para entender su propio cuerpo.
En sus poemas románticos, el dolor aparece como un sinó-
nimo del amor. Como una forma de reconectar con el cuerpo, el
dolor se convierte en la única forma de despertar corporal. Es sólo
mediante la queja física que se avivan ciertas partes corporales
Loofest
42
no es de sorprender que se quiera ligar el dolor al amor, pues se
ama en tanto se siente. En Claveles automáticos: “si fuese dolor,
te abrazaría fuertemente para que me quieras” (Loo 48), el dolor
pierde su connotación negativa para repensarse mediante el amor.
Siguiendo esta misma línea, el dolor también encontraría cabida
—literal y metafórica— en el erotismo. Más allá de cualquier con-
cepción sexual que infrinja dolor, este puede reconocerse como un
elemento placentero en tanto sentir el propio cuerpo en contacto con
el otro. Los adjetivos posesivos que utiliza Loo reconocen al cuerpo
no como uno solo sino como múltiple. La mezcla de posesión en pri-
mera, segunda y tercera personas desdibuja los límites corporales.
Ya no hay uno frente a otro, sino un espejo plural de cuerpos: “me
muerdes me debajo de las sábanas me tus mis manos desabotonan
me el sueño me enredas” (Loo, Sus brazos labios… 35).
43
de la espalda a Cecilia, para demostrarle que él, hombre y
enfermo, es más fértil que ella (Loo, Operación… 42).
44
sujeto lírico nos contagia a los lectores: todos padecemos el dolor
de la muerte de Rita. El contagio marca la lectura.
Finalmente, habría que analizar el dolor en términos de enfer-
medad. Para hacerlo es necesario entender al cuerpo como múltiple
en la poética de Loo. Además del uso de adjetivos posesivos plurales,
la polifonía y sinestesia son elementos básicos en su trabajo. Guía
Roji, por ejemplo, se construye a partir de distintas voces dentro de la
Ciudad de México: “salir de sí para llegar a sí mismo/ misma/ estoy
tratando de escarbarle ventanas al tiempo” (Loo, Guía Roji 82). La
voz lírica toma el lugar de su abuelo, sus amantes, sus familiares. La
cartografía es también una bibliografía, una polifonía móvil.
Así como la ciudad se puede entender como un personaje, los
personajes son su propio espacio. El cuerpo se convierte en el lugar
de enunciación y, mediante su desbordamiento, todo el poema es
45
Postales desde mi cabeza
(fragmentos)
Sergio Loo
**
Aquí
Loofest
46
aunque caucásicos turistas nadando para imitar
a paradisiacas postales
Aquí Barcelona o mi voz
conectada a mis ojos y mis ojos a mis manos o
el blanco de la página desde donde ensamblas mi voz
y me escuchas a partir de signos hermana
hermanita el agua del mar
está helada (no la niñez de sol de recoger
conchitas rotas) (no la niñez exacta donde
anclamos las razones para querernos)
Te hablo de la playa porque no puedo decirte lo
que aquí está pasando
Te describo la playa con anagramas detallados
para que entiendas lo que no te puedo
decir (estoy leyendo el Infierno
de la Divina Comedia en una edición barata) (los
turistas
caucásicos forman anagramas que no logro
traducir) (pasé
Sergio Loo
la mañana
47
y quedarme dentro) (no decir los nombres de los muertos) (cerrar
los ojos hasta olvidar cada nombre) (borrar mi nombre escrito en
la playa de nuestra niñez ahora toda tuya) (las fotos de paisajes me
conducen a experiencias ajenas/ reconfortantes/ de plástico) (decir
de mi pasado un nuevo plástico) (decir de mí una playa artificial
—llena de bosques de bondad— y ejecutarla) (fui feliz) (destruí
la cámara como a la amenaza de un futuro álbum fotográfico) (no
más recuerdos) (decir fui feliz y sonreír como una playa recién
inventada) (abolir la construcción de un nuevo pasado) (enterrar
nuestra niñez de conchas rotas destrozadas para siempre junto
al cadáver de nuestro padre) (tuve que hacerlo) (enmarcada la
foto de mi padre en un muro al que no pienso volver) (romper el
marco o llegar aquí) (no regresar)
Hermanita
pienso mucho en nosotros
48
(En blanco) (4 muros pequeños y una pantalla en blanco) (frente a
tus —nuestros— ojos) (tus ojos encerrados en un resplandeciente)
(tus ojos en sus propios huecos) (ovillos con los puños cerrados)
(blanco) (hace frío) (ya es diciembre) (pero no me vengas con tus
cursilerías) (ya no) (extrañas el clóset repleto de cobijas) (extrañas)
(extrañar es ver algo tuyo nadando afuera de ti sin que ello te
extrañe) (pero tú eras el extraño y por eso te saliste) (tú estabas
afuera y por eso te saliste) (te sentías afuera) (no sentías) (en
blanco) (la pantalla en blanco cuando deberías enviar un mensaje
diciendo que estás bien) (¿qué significa “estar” y qué significa
“bien”?) (en blanco significar) (¿dónde —de ti adentro— está la
cara del remitente?) (recuerdas una frase escrita por Kafka que
subrayaste hace años) (algo así como un extraño entre extraños
—la familia—) (era Kafka) (pero así no lo pronunció) (así no
estaba traducido y así no era el orden de las letras subrayadas con
tu mano y lápiz) (tu memoria se está borrando) (¿cuántos años
Sergio Loo
tenías?) (escribes al destinatario que ahora ya nada importa) (al
destinatario que ya nada) (nada afuera de ti porque lo extrañas) (lo
haces extraño) (¿a quién le escribes?) (ajeno) (enajenado adentro
49
Crónica de una presentación
decimonónica para
Operación al cuerpo enfermo
Maricela Guerrero
la amistad.
50
Celebro mucho que este libro se haya publicado en Acapul-
co editorial; que la Universidad Autónoma de Nuevo León
haya sido coeditora; que Selva Hernández se haya encarga-
do de acomodar cuidadosa y amorosamente las palabras y las
imágenes de los tratados de anatomía humana del anatomista
francés Jean Léo Testut en la caja tipográfica; que haya selec-
cionado el papel opalina color crema y una tipografía generosa
con los ojos lectores, Calson; que la encuadernación vaya en
geltex verde; y, sobre todo, que haya estado pendiente de que
los impresores dejaran un libro impecable, sin mácula ni erra-
ta, acompañada por personas muy brillantes, como Mónica
Nepote, Jonathan Minila y Sisi Rodríguez.
Maricela Guerrero
guaje zombi, no, además, ya que lo pienso, es raro.
51
cosas y por amor, dolor y canciones de ausencia, tristeza y odio.
Amor zombi.
mediante el optimismo.
52
En esa Operación extrema, Loo también hizo lo que hacen
filósofas como Butler o Preciado, cuestionar por el cuerpo,
evidenciar sus tensiones políticas, públicas, comunes,
experimentar su vulnerabilidad y distanciarse de la feliz idea
zombi de que ante las divinidades y la justicia somos todos
iguales. Y por iguales se entiende homogéneos, zombis en las
calles en busca de cerebros que comer.
Maricela Guerrero
prescribe la extracción de la mujer tumor.
53
Tarso
54
Operación al cuerpo enfermo
(fragmentos)
Sergio Loo
REGIÓN LUMBAR
(CINCO VÉRTEBRAS LUMBARES)
Voy a contarte la historia de por qué eres tonta, Cecilia: hay veces
que me muerdo las uñas del enojo porque no sabes los porqués
de la belleza de la naturaleza verde o bermellón. Voy a contar tu
historia. Estoy contando tu historia. Estoy contando tu historia.
¿La entiendes? ¿La entiendes? No la entiendes. Voy a contar tu
historia: engrapadora. Cecilia, tú no escuchas en tu cabeza las
razones que nos vienen del cielo. No escuchas porque eres ton-
Sergio Loo
ta. Tú no entiendes. Engrapadora. Engrapadora. Porque con la
engrapadora se te castiga, porque es importante que la gente se
divierta con la ley y castigarte nos hace aplaudir mucho. ¿Entien-
55
así te llamas. Por eso, tú, que te llamas Tonta, te has dedicado con
lujo de detalle a sabotear el orden del Castigador. Te hemos visto
en las noches bordando tu cuerpo con pequeñas tretas para no
obedecer. Te hemos visto: quieres ponerte tu propio nombre y ser
de ti, tuya como si fueras un objeto que no nos perteneciera. Te
hemos escuchado llorar tras los muros, encerrada en el baño, fu-
mando a escondidas sin nuestro permiso. No nos gustan tus mue-
cas, tus respuestas, tus gestos al andar. No sabes quién eres y por
eso te has dedicado a buscarte con desesperación: reniegas de co-
mer naranjas cuando te lo indicamos. Has dibujado desobedien-
cias en tu cuerpo. Has rodeado el orden de la engrapadora que te
mira desde el escritorio y te irradia orden y salud. Pero tú no lo
aprecias: tienes miedo porque eres tonta y sabes que un día te voy
a contar tu vida para que la entiendas. Has deformado irremedia-
blemente tu cuerpo para estar en contra de las cosas. Tu cuerpo es
el perímetro del orden: te haces llamar Engrapadora, su margen.
BULBO RAQUÍDEO
56
GLÚTEO DERECHO
Sergio Loo
del alma o del espíritu». || «Quédate a dormir conmigo para que
te enfermes de mí». Anormalidad dañosa en el funcionamiento de
una institución, colectividad, etc”.
57
ÁRBOL DE LA VIDA
PÍLORO
EL SACRO
(CINCO VÉRTEBRAS SOLDADAS)
Cecilia y yo. Los cuerpos que fuimos, las imágenes fotográficas irre-
petibles. Cecilia y yo besándonos desde adentro de dos cuerpos con
los ojos cerrados como si la imagen misma perpetuara lo que está-
bamos pensando y sintiendo durante ese flash, ese negro, esos labios.
NERVIOS ESPINALES
los diez y veinte años de edad. Treinta por ciento de los afectados
58
tienen una presentación francamente. Los pacientes frecuente-
mente experimentan dolor óseo intenso”.
PULMÓN DERECHO
TABIQUE NASAL
Sergio Loo
Abro los párpados: médicos. Cierro los párpados: médicos. Han
entrado en mi cabeza también. Realizan la cirugía en todas partes.
MÉDULA ESPINAL
Cecilia llegó después. Nadie tiene noticias de mí. Han pasado ho-
ras, cuatro con exactitud, y ni los camilleros, las recepcionistas, los
59
doctores tienen noticias. No saben dónde me localizo. No estoy re-
gistrado en ninguna cama de ningún pasillo de ningún piso. Hubo
o no hubo problemas durante la operación. Ha acabado o no. No
hay reporte. Cecilia le pregunta a mis familiares. No saben nada.
Encuentra a Pedro casi escondido en la sala de espera. No saben
qué decirse. Ella no se acerca para no descubrirlo ante mi familia.
Hay un silencio blanco, huele a cloro, una intersección de paredes
blancas donde los tres nos encontramos.
Loofest
60
Alameda Central
Sergio Loo
61
Escucha tu corazón y ven a cenar con nosotros tu familia
Todos deben estar festejando ahora
Al unísono todos deben
12 uvas para el niño Jesús
¿Por qué no quieres ser feliz?
Tú quieres cambiarle los nombres a las cosas
Tienes errores en la frente y problemas de aprendizaje
No entiendes que la av Reforma engalanada de flores de
nochebuena
No entiendes que av Reforma se ilumina para desearte feliz año
nuevo y tú
no escuchas
Pero con nosotros no cuentes
no nos vamos a dejar arrastrar por ti
¿No sientes la magia Coca Cola?
Si lo dices se vuelve real
Repite conmigo
No lo digas
Navidad otra vez
Repite conmigo yo
deformo
Ropa negra
Mi ubicación la Navidad
porque así me siento por dentro
El espejo está averiado
La radio a todo volumen
Recuerdo
Repite
nací en una determinada fecha
ingresé a una escuela para mi formación
Loofest
62
Mis semejantes testifican la materialidad de mi cuerpo
Los veo sonreír
Soy real
Pero el espejo averiado
Falla su destello o su filo me saluda con los dientes
Mis semejantes me quieren
se repite cada 8 horas después de los alimentos
Me oigo repetir villancicos que me distorsionan rumbo a la
alegría
Visto de negro por fuera
porque así me siento por dentro
Una distancia que nadie nota desde donde estoy
No estoy
Salen signos oscuros de mi boca extraña
Repite conmigo
El lenguaje construye edificios
El lenguaje construye edificios sociedades y urbes pero mis venas
dicen bruma
Sin sintaxis no hay ciudad
Al primer trepidatorio escombros de palabras sepultando los
cuerpos
y ya quiero ver a los rescatistas
lingüistas bondadosos corrigiendo la puntuación del desastre
Feliz Navidad Sergio Loo
63
Cállate
No estoy hablando contigo
De todas formas mira cómo terminó lleno de clavos
La verdad nos hará libres te repito
Repite
duplica la verdad en tu boca
Tienes el tacto averiado
¿Sientes?
La luz de la verdad te dará la receta
Macarrones con queso
pavo relleno
Eso debió doler
La verdad
está adentro de cada uno de nosotros
Está adentro de ti
tiene tu cuerpo
pero tú desarrollas el aislamiento con astucia
le pones el pie al orden
pero el orden te quiere y te manda saludos
te perdona
Las cosas siempre han sido así
Repite conmigo
Por algo son las cosas
Por error
Cállate
Quiero más sidra
Déjanos solos
Los restaurantes atascados de sonrisas y cuentas que se tragarán
el aguinaldo
Tenemos que hablar
Loofest
Piensa
64
piensa como yo quiero que pienses
piensa adentro del coro de nuestra felicidad
villancicos en el Zócalo
Mi nombre no se refleja en mi cuerpo mi carne
refleja distancia
Mi carne
Todos hemos puesto nuestro granito de arena
Objetos cuerda para colgarme
Encajo mi nombre en la carne de mis brazos
No escucho
rasgo el filo de la carne de mis piernas
Abierta la primera llaga
Visto de negro
Yaga roja
Busco el tacto de mi nombre para colgarme
Repite conmigo
Dolor si estuviera aquí
Aquí
para colgarme
¿Me escuchas?
Déjalo
se corta porque le gusta
Si le gusta lo hace feliz ¿Tú no quieres que sea feliz?
Tú cállate Sergio Loo
Repite lo que te diga para que lo que te diga sea lo que pienses
Repite lo que te diga para que lo que te diga sea lo que pienses
Digamos
Alameda Central
Ya vengan a cenar
La gente en el fondo es buena
Arréglale el cerebro y vengan a cenar
Pero qué lástima que nunca llegamos a conocer a la gente a
65
fondo
La vida una colección de acciones mira
así este collar
Verrugas
Perlas de la edad
¿No quieres bajar a abrir los regalos?
¿No quieres ver todo lo que no te regalaron?
Llenarte de objetos y la cadena
la hermosa Navidad que viene año tras año tras año tras año
tras año tras año
Repite conmigo
El espejo averiado a todo volumen
La idea de saltar
Imagina al niño dormido en su cunita de lenguaje
Ensangrentar el pavimento
Su perorata a lo lejos escucho no
Ahora no lo entiendes pero lo entenderás
Eres asimétrico pero con fe
Pero tú tan indolente
¿No ves que la cena se enfría?
Porque nosotros te queremos
pero tendremos que lincharte por tu bien si no cabes en el orden
Queremos que seas feliz al igual que nosotros
igual que nosotros
idénticamente
Sangre en el cemento
Para tenerte debajo los demás te señalan afuera
Y tendremos que lincharte si estás afuera
si nos atacas con tu quietud llena de distancia
Feliz Navidad
Loofest
66
Regresa
Tarde o temprano regresarás a tragarte esta pinche cena que te
hicimos con cariño
Asume el mundo
Vendrán más navidades y deberás participar en la dicha
No derrames la sopa
Adhiérete
Deslízate al coro de la buena gente
Discutir hace de las cosas problema
No hables
Ven
No saltes
Repite conmigo
vamos a cenar contentos
Sergio Loo
Alameda Central
Este poema forma parte de Guía Roji, libro publicado en 2012 por el Instituto
Veracruzano de Cultura.
67
Reforma esquina Periférico
Sergio Loo
Nubes sucias
Gris plomizo
Lluvia ácida
Pedacitos de metal o cielo
Clavos
La avioneta donde viene el Secretario de Gobernación
se va a desplomar en momentos
Nubes sucias
Mi abuela mira el cielo gris
Va a llover
Las avenidas en estancado drenaje de tránsito
En las oficinas hace mucho calor encerrado
Los ventiladores enredan el aire caliente
Ideas de cómo ascender de puesto
ideas de cómo quitar a ese sujeto de su escritorio
su oficina
Coprófagos por honorarios
La avioneta recorta la distancia
Va a llover
Radio de impacto
choque contra el pavimento
Mi abuela dice que va a llover y se calmará el calor
Loofest
68
preparados
Tienen nervios las futuras víctimas
se aferran a sus asientos
sostienen sus asientos
quieren cargar la avioneta
Palpable la velocidad
La avioneta a pique sobre la avenida Reforma esquina con
Periférico
Este momento debe ser importante para todos
Un momento Kodak
aunque nos enteremos mañana o ya noche en las noticias
como si aun estando lejos hubiésemos visto el negro
Nubes sucias por toda la ciudad
preparadas
Calor y contaminación
Estoy fumando un cigarro y las ideas
en su lógica de hélice
No sé si la hélice está dando vueltas o no
La realidad me parece efectista
y de poca verosimilitud
Supongo que al Secretario de Gobernación también
Estoy fumando un cigarro y las ideas no funcionan
Sergio Loo
averiadas
no pasaron la verificación
Una avioneta delirante trata de no hacerse carroña para los
Reforma esquina Periférico
reporteros
Primera plana
excremento en la calle
moscas zumbando alrededor
Alrededor
Paladeo y busco la palabra que dé en el clavo
69
Clavos remendando las asociaciones de ideas
ideas que no se desclaven por avería
Mañana
dirán que alguien no remachó la avioneta
o que todo planeado para arrancarle al Señor Presidente todos
los brazos derechos
Huele a nubes sucias
lodo o pavimento mojado
Mi abuelo mete la jaula de los pájaros a la casa
Pedacitos de cielo sucio mal remachado
Va a llover
Todos estamos en nuestros sitios
para la posterior reconstrucción de los hechos
Mi jefe borracho creyéndose gracioso
balbuceando idiomas que no conoce
Mi abuelo señala el cielo
Sus canarios trinan motorcitos averiados
tiran alpiste
hacen resbaloso el piso para los lentos pies de mi abuela
Mi jefe cree que lo que dice es importante
Mi jefe se cree importante
Rodrigo tiene una cita
muy cerca de donde será el negro
Una mujer en su oficina no se decide a hacer la llamada y opta
por sacarle más punta a su lápiz
Yo leo un libro
Historia de la Arquitectura Mexicana
Yo no voté por él
pero mañana me dará pena ver al Señor Presidente
llorando en cadena nacional
Loofest
70
citas canceladas
la colonia Polanco detenida
Los encorbatados evacuarán las instalaciones
muy
deficientemente
Si se tratara de un temblor
ya estuvieran bajo escombros
Mi jefe finge hablar en ruso y hay que reír con él
ay Rodolfo qué ocurrencias
El libro que estoy leyendo no explica nada
Se nota lo escribió un ingeniero
Van a ampliar los retratos de las víctimas
Van a poner sus caras sonrientes y formales
delante de los ataúdes
Los ataúdes en hilera
Mis abuelos frente al televisor
Los pájaros nerviosos pero dormidos
Qué frágil Señor Presidente con los brazos sepultados
Se sospecha de los designios caprichosos
astros jugando al jaque mate
Se sospechan erratas en el motor durante el vuelo
Hay montones de nubes sucias sobre la urbe
Sergio Loo
Se sospecha de la lluvia
Lloverá
Se sospechan o se escuchan festejos secretos
Reforma esquina Periférico
En el libro
una arquitectura sucede a la otra
sin sentido ni razón ni explicación
Nubes sucias revolviéndolo todo
Parece que las escribió un ingeniero
Al caminar un edificio art decó junto a una ruina junto a
71
una obra negra como si aquí
no pasara nada
de todas formas todos grafitteados
publicidad pegada sin permiso
olor a orines
indigentes envueltos en cartón
la marca de un gran impacto
un periódico con noticias viejas
Este poema forma parte de Guía Roji, libro publicado en 2012 por el Instituto
Loofest
Veracruzano de Cultura.
72
El mundo es más frágil de lo que
parece, ¿no crees?*
Iliana Vargas
Iliana Vargas
A veces me cuesta entender a la gente que no tiene sentido del
humor o, mejor dicho, que no tiene las ganas ni la capacidad
73
fuera por medio de las artes visuales, la escritura y las charlas lar-
guísimas y catárticas, eso otro que no se estaba diciendo. Por ello
nos entendíamos bien y por eso, entre varias cosas, lo extraño tan-
to; porque si algo compartíamos, además del gusto por lo bizarro,
lo oscuro, lo misterioso, lo sobrenatural y cualquier elemento que
se considerara ajeno al canon, era /sigue siendo/ nuestro despre-
cio por la reverencia hacia las buenas formas y lo políticamente
correcto.
Acaso coincidimos de inmediato en ello porque nos cono-
cimos cuando estábamos a finales de nuestra adolescencia y
principios de eso inexplicable que llaman “primera juventud”.
Aunque si lo pienso bien, él estaba en plena adolescencia y yo
ya me acercaba a la segunda década de vida cuando empezamos
a reunirnos en el colectivo Parodia de Vivos, al que llegamos
por un amigo en común: Augusto Quevedo, y donde colaboraba
gente que pintaba, escribía, hacía escultura, performance y mú-
sica para organizar eventos en lugares que en aquella época se
conocían como underground [no sé si este término sea vigente
aún, no porque ya no exista, sino porque el mainstream cultural
ha ampliado su mercado].
Por supuesto, éramos darks-góticos y amábamos a los vam-
piros y a todo tipo de manifestación artística relacionada con esa
estética, y una de las actividades que empezamos a incluir dentro
de nuestros eventos fue la proyección de películas que conseguía-
mos en el Chopo, la Lagunilla o Balderas. Nosferatu (Murneau,
1922), El Golem (Paul Wegener y Carl Boese, 1920), El gabine-
te del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920), Alucarda, la hija
de las tinieblas (Juan López Moctezuma, 1978) Suspiria (Darío
Argento, 1977) y El Necronomicón (Brian Yuzna, Chrisphe Gans
y Shusuke Kaneko, 1993) son las que más recuerdo ahora, pero
Loofest
74
José Martí, el Circo Volador y el auditorio de la Escuela Nacio-
nal de Antropología e Historia, se empezaron a armar maratones
de distintos ciclos temáticos, donde, además de vampiros y otros
monstruos clásicos, había extraterrestres, zombis, demonios, resu-
citados, reencarnados, descarnados, sangre y mutilaciones super-
gore. Aguantábamos toda la noche viendo películas y luego en la
mañana, cuando nos encaminábamos a nuestras casas, platicába-
mos de lo que habíamos visto.
Creo que en esa época fue cuando comenzamos a ejercitar
nuestros procesos de reflexión y lectura crítica de las diversas re-
presentaciones de la realidad, de nuestro gusto por ellas, de nues-
tras afinidades con determinados monstruos y, en particular, con
la otredad; con esa sombra no convencional, no aceptada, no po-
líticamente correcta en la que nos sentíamos /sentimos/ tan bien
porque nadie nos había /ha/ obligado a formar parte de ella.
El ansia (The Hunger, Tony Scott, 1983), El bebé de Rose-
Iliana Vargas
mary (Rosemary’s baby, Roman Polanski, 1968), La noche de
los muertos vivientes (Nigth of the living dead, George A. Ro-
mero, 1968), Están vivos (They Live, John Carpenter, 1988) y
75
papel de no vivo, que insistía en permanecer dentro de una so-
ciedad que ya lo rechazaba y segregaba desde que formaba parte
de ella en vida. Hay, por un lado, personajes que adquieren el ca-
rácter de lo sobrenatural mediante la marginación y la alienación
social a causa de un desorden de percepción de la realidad; de
participar accidental o voluntariamente en experimentos genéti-
cos; o de ser atacados por virus desconocidos que nunca termi-
nan del todo con la vida humana, sino que inciden en un proceso
de mutación donde se expone la monstruosidad que subyace no
sólo en cada individuo, sino en su comunidad. Por otro lado, es-
tán los seres cuyo origen es inexplicable o ilógico según las leyes
que codifican la normatividad en la que nos desarrollamos como
sociedad civilizada. Son seres que provienen del lado oscuro de la
naturaleza humana y nos incitan a explorar el espectro sensorial
más conectado con los instintos ferales, la premonición, la magia,
la sabiduría onírica y la visión chamánica que se manifiestan a
través de nuestra construcción de brujas, vampiros, fantasmas,
videntes y psíquicos, demonios, monstruos, bestias, resucitados y
todo tipo de entidades en cuyas características negamos lo hu-
mano y por tanto las confrontamos constantemente en nuestro
imaginario colectivo.
Si bien estos personajes y temas han sido tratados en la lite-
ratura desde el romanticismo del siglo XIX y lo fantástico desde
entonces (o antes) y hasta ahora, lo interesante es la manera en
que fueron adoptados y adaptados por el cine, ya fuera en una
versión lo más literal y apegada posible; un juego experimental;
o para nutrir los argumentos de historias absurdas, delirantes,
hiperviolentas y mórbidas; algunas con una producción decente
y otras —acaso la mayoría— con un bajo presupuesto y su auto-
mática categorización de serie B. De estas, había unas que Sergio
Loofest
76
petitivas, como Noche de graduación y Viernes 13; o porque, por
increíble que parezca, sí me daban miedo genuino sólo de pen-
sar, por ejemplo, en seres como Freddy Krueger persiguiéndome
en sueños, tomando en cuenta que mi momento favorito de la
vida es dormir, o en la posibilidad de que muñecos como Chucky
fueran poseídos por alguna deidad satánica y cobraran vida du-
rante la noche para matarme [cabría recordar que crecimos con
una de las leyendas urbanas más terroríficas después de la de La
Llorona: los pitufos de peluche, los trolls y los cabbage patch
eran juguetes endemoniados, capaces de rondar por la casa y en-
contrar formas extrañísimas de torturarnos y asesinarnos. Está-
bamos muy influenciados por la estética de películas o series en
blanco y negro, donde los muñecos que usaban los ventrílocuos
se levantaban y hablaban cuando no había nadie manipulán-
dolos, o habían sido resultado de un experimento macabro de
algún científico loco y malvado, en alguna película de El Santo].
Iliana Vargas
Sin embargo, a Sergio le llamaba mucho la atención que
toda una industria cinematográfica se sostuviera gracias a la fór-
mula de kitsch + sexo + morbo + sangre + situaciones inverosí-
77
somos personajes susceptibles de no saber contra lo que estamos
luchando; qué es a lo que nos enfrentamos; por qué luchamos a
muerte contra lo desconocido; qué queremos que sobreviva de
lo humano o de nuestra propia humanidad; hasta cuándo deja-
remos de comportarnos como zombis y caníbales para entender
que ninguna especie es mejor que otra y que al confrontarnos
moriremos a causa de nuestra propia cobardía; que la categori-
zación del bien y el mal no tiene lógica y que sólo existirá mien-
tras insistamos en generar dispositivos de control, pero, ¿nos
controlamos a nosotros mismos?
Hay un pasaje de la novela que retomaré porque ahora
es muy pertinente para entender mejor lo que estoy diciendo:
“Las películas de terror son ambivalentes: los villanos son un
‘sí’ a algo, un querer oculto. Decir ‘no’ es querer algo, otra cosa,
rearticular el paisaje a nuestro favor: venganza. El villano deja
entonces de significar un peligro para personificar una virtual
oportunidad contra el mundo que se autodesigna normal. Eso
es lo que quería Sergio, ser normal. Ser normal y edificar una
nueva normalidad” (p. 59).
“Edificar una nueva normalidad” es quizá la clave del có-
digo de comunicación que Sergio establecía consigo mismo y
con quienes le rodeábamos y tratábamos /tratamos/ de construir
esta nueva normalidad a partir de lo que el resto suele desechar
en automático. Por eso nuestras conversaciones, nuestras bús-
quedas creativas, nuestro consumo de propuestas literarias, vi-
suales, sonoras y cinematográficas se enfocan en discursos donde
lo abyecto-visceral-escatológico-extremo-irónico-paródico-sar-
cástico-terrorífico-inexplicable-alienado configuran una cadena
de incomodidades e inconformidades para decir soy otro, soy
ajeno a tus lineamientos racionales, a tus estructuras del “deber
Loofest
78
a tu negación de lo que existe aunque no lo puedas ver ni tocar,
a tu inocencia de creer que el mundo es uno e inmutable, a tu in-
capacidad de imaginarte como monstruo de película de serie B.
Iliana Vargas
El mundo es más frágil de lo que parece, ¿no crees?
79
Una canción para Rita
Sergio Loo
80
Que después de interpretar un papel secundario en la telenovela
Martín Garatuza Rita Guerrero decidió grabar 5 discos en estudio
y 2 en concierto acústico con Los Psicotrópicos pero mejor con el
nombre de Santa Sabina
( Sí así tal cual “Yo Rita Guerrero quiero grabar con Santa
Sabina 5 discos en estudio y 2 más en vivo para después rescatar
música del barroco con un siguiente proyecto que se llamará
Ensamble Galileo He dicho”)
Que los dolores en el pecho de Rita Guerrero comenzaron en 2010
para anunciar un cáncer y que de cáncer de mama moriría meses
después
81
Los que para no introducir botellas ni bebidas al masivo porque
“la seguridad somos todos” llegábamos ya borrachos y puestos
Los que borrachos y puestos coreábamos a todo pulmón y desde
el fondo del fondo de nuestra oscuridad siniestra todas y cada una
de las canciones de su mejor disco Babel
Todos los que este viernes en el trabajo se escaparon a facebook
para anunciar “Se murió Rita” desde su status personal
La muerte de Rita Guerrero ha invadido las redes sociales como
un espontáneo cáncer en el pecho que de repente fulminante llega
a la cabeza de Rita Guerrero para injertarle la muerte
y llenarnos de pena
porque ya no habrá nuevo disco ni reencuentro y nuestra juventud
ha sido un poco enterrada
porque el cáncer de mama no tenía por qué ser irremediable y
Rita es sólo una de las miles que por esto mueren en el país
porque para lidiar con el cáncer Rita Guerrero tuvo antes que
lidiar con el sistema de salud nacional y seguramente un tiempo
vital se le traspapeló
porque ella misma en facebook anunció que lo suyo no era tan
grave mientras sus compañeros músicos preocupados presurosos
se apuraban a organizar un concierto para reunirle fondos
porque ni con los fondos recaudados se logró un año más
La muerte de Rita Guerrero ha invadido las redes sociales y si
desde el espacio o el ciberespacio
se pudiese hacer una toma aérea de todos los usuarios ex jóvenes
que este viernes prendimos una pequeña flama amarilla con
nuestro encendedor y la mano en alto muy en alto
si eso se pudiera hacer que alguien tome una foto de esta constelación
sembradío de luces en la oscuridad en este último concierto
Este poema aparece en el libro Guía Roji, publicado en 2012 por el Instituto
Loofest
Veracruzano de Cultura.
82
Todas las fiestas del mañana
83
algo del lado de Led Zeppelin (Pink Floyd, cuando se querían
imbuir de exquisitez), llegaron las percusiones pastosas de Geoff
Barrow en Dummy, para reorganizar nuestras sinapsis. De pron-
to, resultó absurdo el hecho de que alguna vez llegara a parecer-
nos inevitable identificarnos con los cuentos de redención güera
bienpensante, salidos de Woodstock, y aunque no entendíamos
bien a bien de qué iban las rolas de Ok Computer, era claro que
nos hablaba a nosotros, más que a ningún otro grupo de humanos
en la historia. La claustrofobia de “Born slippy” y la infección
pixelada de “Come to daddy” se sentían como estar en casa.
Los gringos, por su lado, exprimían la ubre de lo que aún (¡y
hasta la fecha!) llamaban rock alternativo, hasta las últimas gotas
podridas del nu metal. Nosotros, por vil hueva mental, seguíamos
pensando que existía una dicotomía entre ellos y la avanzada in-
glesa del britpop y el rave. Napster y su descendencia tuvieron que
rompernos metafóricamente el cráneo para desmantelar nuestro
cerebro musical y reconstruirlo a partir de piezas metafóricas que
jamás embonaron de nuevo otra vez (nos hicieron un favor: miren
qué bien quedamos).
La siguiente cepa de bandas que alguien llegó a etiquetar
como salvadores del rock no le fueron impuestas a nadie con la
pretensión de seriedad de antes: The Strokes, Interpol, the Hives,
the Rapture… ya se sabe. Todo era un poco más parecido a un
juego. Lo mejor era que para entonces se podía brincar el paso
de apropiarse de ese (post) post punk, conectar durante toda la
noche la compu (de paso, dejar sin teléfono a la familia mien-
tras tanto) para bajar mp3s a la maravillosa velocidad de tres
horas por canción e ir directamente a los antecedentes: Velvet,
Joy Division, X-Ray Spex, Suicide, Television, Lydia Lunch, Sonic
Youth, Siouxsie, Bauhaus… Más o menos, esas volvieron a ser las
Loofest
84
distanciamiento vagamente nihilista que empataba bien con el es-
treno de siglo y con la estética de aquellos, para entonces, viejitos
o muertos.
Este cambio de referentes y el ánimo que le circundaba estaba
por acelerarse con la caída de las Torres Gemelas y la engorda de
las conexiones a la red. Como dato anecdótico, también por en-
tonces se canceló el futuro colectivo de la raza humana, por cor-
tesía de la civilización occidental y su economía mercantil. Entre
otras prestaciones, esa transmutación nos liberó del jipismo y su
ingenuidad concomitante. Era como si algo más grande que noso-
tros estuviera abandonado la adolescencia.
En esa renuncia casi rabiosa a la cursilería era donde se plan-
taba Sergio Loo para no solamente elegir su música y apropiárse-
la, sino también escribir (y ahí la razón de mi largo rodeo previo),
así como para todo, en general. No creo haber conocido a alguien
que asumiera esa postura de forma tan completa. Una renuncia
que a veces podía ser sardónica y otras desgarradora (sobre todo,
en su poesía), pero siempre sin resquicio para imposturas y falsas
solemnidades. La asociación entre su gusto musical (siempre asu-
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encontrarse a unos metros de mí, como espectador, con sólo tomar
el transporte público) se sumó el asombro por el boleto de Loo.
Durante esa y las siguientes veces que lo vi, le pregunté, admirado,
si había estado en el concierto (cosa que sí) y qué tal había resul-
tado la cosa, como si no pudiera hacerme a la idea. Digo que fue-
ron varias veces de haberle preguntado lo mismo, porque tomaba
mucho alcohol por entonces y me sucedían los cortocircuitos de la
memoria. Loo se hartó un poco de la entrevista recurrente, pero
si había algo con lo que su humor ácido hacía una mancuerna
impecable era su paciencia y sentido de la comprensión del otro.
Desde ese momento, era “Loo, el que había visto a Diaman-
da”. Y de ahí, se fueron apilando los encuentros y las referencias
musicales, a partir de cada recomendación mutua, en cada en-
cuentro (borrachera) nuestro y cada uno de sus adorables rega-
ños literarios. Estos últimos, eso sí, unidireccionales: Loo, como
se sabe, había leído todo y, en especial, conocía el trabajo de casi
cualquier persona que valiera conocer en el mapa de la escritura,
las editoriales y las revistas, en aquel momento. Y aunque dos
años mayor, yo lo ignoraba casi todo en el asunto. Como pocas
personas, él contribuyó a (o hizo su mejor esfuerzo para) qui-
tarme lo pendejo en lo que se refería a asumir la escritura como
inclinación o hábito.
Loo era poco impresionable cuando le presentaba música
nueva durante las pedas. Por entonces, aunque ya bajaba un poco
el furor de los blogs musicales, yo seguía en el plan de mamar
cantidades industriales del indie curiosito que había saturado la
década (entre otras muchas cosas, claro, pero mi pretendido om-
nivorismo musical necesitaba mejor curaduría, sin duda). Si de
pronto se me ocurría poner un disco demasiado salpicado de to-
nos pastel, él declinaba cortésmente la recomendación. Aplicaba
Loofest
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atributo excepcional para alguien borracho y que yo estaba muy
lejos de compartir (aún hoy, cuando empiezo a estar un poco,
digamos, efervescente, sigo entregando mi devoción automática a
cochinadas que sería mejor no ejemplificar). Además, no recuerdo
haberlo visto perder la facultad de articular enunciados comple-
jos ni de caminar erguido y en línea recta. Esto le hacía aparecer
casi como una figura oracular durante buena parte de la fiesta:
mientras la memoria y la capacidad de análisis se iban disolvien-
do para los demás, las suyas aparecían siempre intactas, como
si se hubiera tratado de un encantador y nosotros, las serpientes
neurodeficientes.
Así que la dinámica comenzó a ser la de una especie de guerra
amable, en la que yo sometía a su consideración rarezas menores,
casi automáticamente descartables (que lo serían incluso para mí,
luego de unos cuantos meses), y él respondía con rolas de lo más
profundo de la discografía de esa lista parcialmente citada líneas
más arriba: Velvet, Joy Division, Suicide y anexos. Casi siempre,
cosas que habían escapado a mi radar. A veces, me anotaba uno
que otro éxito (él casi nunca fallaba, por su parte): por lo general,
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(por entonces, yo solía decir que escribía). Los temas caían dentro
de lo razonable, nada digno de causar ataques de ansiedad: mé-
todos y hábitos para escribir, influencias, rasgos o estructura de
nuestros textos, géneros favoritos, y así. Todo, en un entorno tran-
quilo y de apoyo mutuo. Aun así, logré avergonzarme con cantin-
fleos y esdrújulas que quisiera extirpar de cualquier circunvolu-
ción que haya alojado su memoria. Al salir, Loo me dijo, con toda
tranquilidad, que había deambulado un chingo (lo cito textual).
Aunque al principio, me negué a admitir hasta qué grado ha-
bía hecho un desastre, intentó detallarlo con la mejor de las in-
tenciones (y claro, él aguantó como los grandes mis burlas por sus
respuestas, sin que lo merecieran; ahora me arrepiento un poco).
Pero dejó el tema por la paz cuando me vio ensimismarme y ru-
miar las cosas, empezando a caer en la cuenta de que mis respues-
tas, dichas casi sin pensar, eran indicador de un problema más
amplio.
El tema volvió unos días más tarde, al fondo de una madruga-
da que por milagro recuerdo con cierta nitidez. Puede que sea por-
que se trató de una de esas epifanías de bolsillo que llegan cuando
se ha tomado durante dos días continuos. Sonaba, “Heroin”, creo,
pero seguramente era algo del Velvet Underground & Nico (el del
platanito). Un disco que no se escucha al aventón y que le da cierto
peso específico a cualquier cosa que suceda bajo su influjo. Uno de
los favoritos de Loo, también. Antes de eso, desde mis primeros tex-
tos de talleres literarios, me habían preguntado muchas veces por
qué me gustaba escribir (o “para qué”), pero nunca de una forma
tan cargada de intención. Tanto, que repitió la pregunta después de
que le di una respuesta de fórmula, acostumbrado a la rutina de
sacar la cuestión del camino automáticamente:
—No, pero a ver, ¿qué quieres lograr con tus textos? No digo
Loofest
dónde los quieres publicar, sino qué quieres provocar con ellos.
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Se había puesto tan serio, que me obligó a pensarlo. De verdad,
pensarlo, como sólo se puede hacer cuando ya no se es casi capaz
de pensar y se lucha por descorrer los velos que en cualquier otro
momento se hubieran dejado en su sitio. No recuerdo qué intenté
responder esa vez, al menos no textualmente. Ni recuerdo con pre-
cisión la larga conversación que tuvimos sobre el tema después de
eso, más allá de retazos. Pero sí recuerdo que sentí haber puesto
varias cosas en su sitio, que hasta entonces había dejado desper-
digadas por ahí, indolentemente, desde varios años atrás. Tanto,
que aunque sin duda debo haber dicho una bola de sinsentidos, él
pareció satisfecho por el ejercicio de sinceridad.
Lo importante con esos momentos que uno, al menos, reviste
con la apariencia de la revelación, no es tanto su contenido en sí,
sino la impresión de claridad que causan; esa impresión es a lo
que uno desea regresar cuando ya han pasado, no a las ideas que
“se descubren”, que muchas veces puede ser apenas una superfi-
cialidad o un trabalenguas. Pasé varios días, a partir de entonces,
recordándome que no debía tomar tan a la ligera las cosas antes
de escribir la primera línea. Pero tampoco debía hacerlo con fal-
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Durante un buen tiempo (de nuevo, probablemente, hasta
ahora), cuando trataba de evaluar algo que estaba escribiendo o
que había escrito, o que estaba por empezar a escribir, el recuer-
do de la conversación con Loo era más una sensación que una
colección de argumentos. Era algo que me planteaba, de forma
general, como una necesidad de cercar mis impulsos cursis y au-
tocomplacientes, apuntarles con el dedo y reírme de ellos, como
habría hecho él, con paciencia y cariño. Y luego, preguntarme qué
quería lograr con eso, hasta ser capaz de responderme con cierta
sinceridad.
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House: Retratos desarmables
(fragmentos)
Sergio Loo
SONIA
Sergio Loo
dice: “Punk is not dead”- Su rostro son varios rostros deformes de
miedo. Josefina, la madre, la corre a cachetadas. Los berridos del
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venir. Desde la ventana del tercer piso Joselito se asoma y le arroja
las llaves del departamento. Campanadas rotas, las llaves contra
el piso.
—¿Me vas a saludar?
—¿No que no volvías?
—Ya ves.
—¿Y Gabriela?
—En su casa.
—Ya me la imagino.
—Está el niño, no empieces. Bájale.
—Ah, vienes a mi casa a decirme que le baje. Sólo eso me faltaba.
—¿Quieres que me vaya?
—¿A dónde, al cuchitril ese? ¿Con ese maricón?
—¿Por qué no puedo venir sin pelearme contigo?
—Mejor tómate este caldo de pollo. Te caerá bien.
Sonia ve el líquido caliente y hediondo, con sus islas de grasa y
secreciones de pellejo amarillo. El tazón hasta el borde. Imposible
no pensar en el cuero del pollo, chicloso, soltando sustancias. Sonia
mira a su madre a los ojos*. Al parecer esta visita será igual a la
de la semana anterior y el mes pasado. Joselito juega con un avión
naranja de plástico. Sonia lo carga y ayuda a planear el artefacto
por el cielo y el espacio exterior. No luce maternal, al contrario. Él
le sonríe abiertamente**. Ella con el rostro neutro baja al niño y se
pregunta qué fue del becerro, su primer novio.
* Érase una vez, detrás de los ojos de Josefina, un mapache amamantando a sus seis
crías.
** En 1988 Pierre-Yves cumplió siete años. Sus padres le regalaron una bolsa llena de
peces pequeños y brillantes: destellos de neón. En la pecera, casi invisibles, apenas
brillantina flotando en el agua. Tuvieron crías aún menos detectables. Pierre, muy
Loofest
pequeño para saber que debía separar a los padres de las crías, las dejó ahí, a mer-
ced de los peces que, como era de esperarse, se comieron a toda su prole. Uno de
esos diminutos puntos luminosos ahora es Joselito en esta vida.
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LUIS RAFAEL
Sergio Loo
calor de su cara. Huele a jabón barato. Palabras con C: canalla,
cabrón, culero. Escupo justo en sus ojos y me largo. En mi cubículo
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sea. Quiero estar contigo y estoy dispuesto a pagar por ello”.
—La ley del deseo.
—¡Ganaste el auto, querida! ¿Oye, qué crees? ¡Héctor, el que
siempre llega como tres horas tarde a todo, se nos va! A ver si no
pierde el avión.
—¿A dónde?
—A Inglaterra. Quiere ser Mary Poppins.
—¿Ahora sí?
—Yo no sé. Le vamos a hacer otra despedida. Es hoy en tu
casa y estás invitada. Lleva a los hombres que quieras pero, por
favor, a Merlina no: me da ñáñaras.
Ricardo y yo habíamos sido muy amigos hace diez años, más
o menos. Nos prostituíamos en la calle de Hamburgo, por Zona
Rosa. Hace poco nos volvimos a encontrar. No nos reconocimos.
De haberlo hecho no me hubiera ido con él a su departamento.
Estaba oscuro y nosotros, bastante tomados. Cuando muchos
han pasado por tu vida y entre tus nalgas, es difícil reconocer
hasta a tu padre, incluso si fue tu mejor cliente. Nos ligamos en
el cuarto oscuro del Tom’s un martes. Hasta el día siguiente lo
reconocí. No por él sino por su recámara. El altar a Almodóvar
no podía ser de nadie más. Esa noche no encendimos las luces.
Imposible distinguir, imposible saber si había alguien más en
el cuarto esperando para hacernos picadillo y tragarse nuestros
miembros destazados. Al despertar vi el poster de Qué he hecho
para merecer eso. No cualquiera lo podría tener. Era él, Ricardo,
con varios años encima. Lo desperté acariciándolo. Él trato de
besarme, pero le dije:
—“¿A cuántos hombres has tenido que olvidar? Dime algo
agradable. Engáñame. Dime que hubieras muerto si no vuelvo.
Dime que me quieres como yo te quiero”.
Loofest
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SONIA
Sergio Loo
un flyer: viernes 18, noche de aquelarre: Viva Hate, DJ Murphy,
exposición Híbridos, de Augusto Quevedo Lara. Rifa de
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en la calle, un puñado de darks negados a pagar la entrada. Parece
una manifestación de mimos gruñones. Entre ellos Horco, con la
playera de Nick Cave que ella le regaló. Apresura el trago.
Un día Horco llegó a casa de Sonia, que en ese entonces vivía
con su madre, Josefina. Mientras él pateaba el zaguán amarillo,
ella miraba sus ojos a través del espejo del baño: nada. Horco
entró furioso, como si Sonia le hubiese robado los boletos para
ver a Javier Corcobado en la Victoria. Se coló hasta la cocina
donde fue bienvenido por un ataque de cuchillos y tenedores. Ni
al caso las inofensivas cucharas. No dejó que Sonia le diera con
la sartén. La jaloneó hasta el cuarto. Forcejeos. Gritos. De bruces
en el suelo. Sonia se resbaló de Horco, se le escurrió hasta el
muro contrario. La respiración sin normalizarse. Ella miró por la
ventana. Le entraron ganas de ser una urraca con garras de ónix e
irse volando con los ojos de Horco entre las uñas. Él vio sus manos
nudosas, luego las piernas de Sonia escondidas bajo un faldón ocre
y unas botas negras con agujetas tan largas como su cabello. Se
abalanzó sobre ella. La ropa dispersa como fantasmas mutilados.
Ella le acarició el cráneo y con las piernas le solicitó sus caderas.
Él embonó sus muslos presintiendo la estocada. Tiernas bubas
el labial se le quedó impreso en la piel. Sus bocas se abrieron y
cerraron. Su cuerpo huesudo se zarandeó en el de Sonia. Sonia
dispuesta a salirse volando por la ventana llevándose consigo a
Horco entre las garras. No lo impidió. No dijo palabra alguna.
Sus párpados se abrieron lentamente, adivinando el orgasmo de
Horco. Colapsos. Sonia apenas alcanzó a acariciarle la barbilla
y a llamarlo por su verdadero nombre: Francisco. Entonces él se
sacudió igual que aquel muchacho que se convirtió en becerro al
eyacular. Un charco negro.
—¿Bueno?
Loofest
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—¿Qué pasó?
—Tengo un toro en la casa.
Igual que aquel muchacho que no volvió a ver, Horco se volvió
otro al venirse dentro de ella.
Gabriela y Sonia idearon un plan para mantener a su madre
lejos del departamento, al menos hasta pasada la media noche,
cuando el toro retornara en Horco***. Así, cuando Josefina abrió
la puerta, un hedor la llenó de asco. Agujeros en las paredes,
muebles desgarrados, plastas de excremento en las recámaras.
Todo en el suelo. Josefina otra vez no supo cómo había sucedido,
pero inmediatamente adivinó quién era la culpable.
Esa misma noche, en la calle de Carpio, en el departamento 4
del 142, un hombre llamado Luis Rafael le abrió la puerta a Sonia,
quien traía una maleta llena de ropa negra. Gabriela, la hermana,
había hecho el contacto. Luis Rafael venía buscando roommate
desde hacía meses. La recibió con agrado, una habitación recién
aseada y caldo de pollo para cenar. Qué asco.
Sergio Loo
House: Retratos desarmables (fragmentos)
*** Manuelillo Cortés, torero de apenas diecinueve años, inició su carrera con un toro
llamado Cuervo. Cortó rabo y una oreja. El público ovacionó cada movimiento de Ma-
nuelillo, gallardo y refinado, luciéndose al herir a un animal que ni la debía ni la temía.
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Narvarte pesadilla
(fragmento)
Sergio Loo
nista, pero esto se sabrá casi al final del libro, si es que se publica,
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porque hoy sólo se editan historias de narcos. Putas y narcos. Uno
debe escribir algo que pueda vender. Yo, de narcos, sólo conozco
a mis dealers y lo que pasa en los noticieros. Mi opción era volver
vampiro al protagonista. El protagonista se llama Sergio, no por-
que me guste mi nombre, sino porque aspiro a convertirme en el
Marcel Proust de la Narvarte. Entonces les endilgo mi nombre a
los protagonistas de mis novelas; ¿que cuántas novelas he escrito?,
tres, sumando esta. Si Sergio fuera un vampiro llegaría cobijado
por una noche lúgubre y lluviosa, Bauhaus de fondo, espectacular
y misterioso como el reencuentro de Velvet Underground. Aunque
en este caso el vampiro carecería de motivación. ¿A qué con esto?
Digo, ¿si ya eres inmortal a qué vienes a la Narvarte? El punto es
que Sergio, su cadáver, será hallado por su padrastro. Aunque en
realidad quien lo encontrará primero será su medio hermano, que
se llama Pedro y tiene trece años.
Pedro, de trece años, se ha quedado estupefacto en el umbral
de la puerta abierta ante su hermano Sergio que se desangra fren-
te a él. Es entonces cuando hace su aparición el padrastro, que se
llama Pedro también, como su padre y su abuela y su bisabuelo.
Sí, con tal de mantener el nombre bautizaron así a la niña, pero
aquella era otra época y a nadie le parecía extraño que la peque-
Sergio Loo
ña se llamara María Pedro Alejandrina Fuentes Paz y jugara con
los cadáveres que dejaba la Revolución, sí, como lo hiciera Nellie
Campobello. Eran amigas. La historia de María Pedro Alejandri- Narvarte pesadilla (fragmento)
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de la costilla derecha y en el corazón. De hecho, es tal la cantidad de
sangre que más bien parece que el charco germinó el cadáver de
Sergio que Pedro, su hermano menor, no deja de mirar. Amanece
en el DF, hay tamales en cada salida del metro. Hace frío. El padre
de Pedro que también se llama Pedro se acerca a la escena y ve
el cadáver de Sergio. Esto lo cuenta la madre muerta desde una
voz narrativa omnisciente y omnipresente. Pedro reconoce a su
hermano, aunque hace tiempo que no lo tenía frente a sí. Todos
los recuerdos que le vienen a la mente acerca de mí (vamos a
probar narrarlo en primera persona) se resumen en una
palabra: problemas.
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100
Loofest es una publicación especial de grafógrafxs editada por la Universidad Autónoma del Estado de
México, Instituto Literario 100 ote., Colonia Centro, Toluca, Estado de México, C.P. 50000, [Link]
[Link], grafografxs@[Link]. Editor responsable: Sergio Ernesto Ríos Martínez,
Secretaría de Difusión Cultural, Reserva de Derechos al Uso Exclusivo núm. 04-2019-060610350100-
203, ISSN: en trámite, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Secretaría
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México, C.P. 50090, Tels. (722) 277 3835 y 277 3836.
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Azar es un beso bien dado
en un lugar
en el lugar
y a la persona
más o menos
correcta
Sergio Loo